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Hola Monjiña......

He vivido casi 41 años, a veces mejor a veces peor, con problemas y sin ellos, he vivido momentos de alegría infinita o de sofocante tristeza, he vivido la muerte de mi padre, lo que supuso un duro golpe a mi serenidad, provocó un periodo de tristeza interminable y el único consuelo que supe encontrar fue el pensar que él ya conoce la respuesta a todas las preguntas. No sabes cuanto le lloro. Cuantos momentos chungos resolvía con sus consejos, con su “no te preocupes, de todo se sale, Dios aprieta pero no ahoga”, “ya saldremos, ya haremos lo que tengamos que hacer”, “cuenta conmigo para lo que necesites”. Era más fácil vivir, tomar decisiones porque sabías que si algo fallaba él estaba ahí. En fin que la seguridad que daba tenerlo cerca se ha acabado. Ya no le tenemos. Ya sólo queda aquello de ¿qué diría mi padre? Sabes por qué escribo esto, sabes que es porque ya no está él, ya no sé qué opinión escuchar sin dudar, no tengo seguridad en que la respuesta que obtenga no esté influida por todos los sentimientos humanos que desvirtúan la verdad. El egoísmo, el miedo, el desconocimiento, la envidia, el despecho. Esto y más hacen que las opiniones que pueda escuchar sean demasiado subjetivas. Nada de esto influía en él, era de la única persona de la que no dudaría ni un segundo que sus palabras fueran sinceras. Si él respondía a una duda mía, o me aconsejaba cualquier cosa, seguía sus palabras ciegamente, pero él ya no está. Por supuesto que Olga reúne todas las condiciones para ser escuchada también, también la sigo ciegamente, la escucho y tengo en cuenta por encima de todo sus palabras, siempre, en los momentos más complicados tiene un “no te preocupes que todo va a salir bien”, en los momentos de desánimo que me produce el tener que salir de Madrid para ir trabaja r, ahí está ella para hacerme ver otras cosas que se me ocultan a veces. Así pues, he hablado con mucha gente, no buscando consuelo, que es sinónimo de resignación, sino buscando consejo. Dios, he hablado contigo, te he pedido ayuda, te he pedido consejo, y perdóname, no te he oído. Sabes que en agosto de año pasado, Olga se quedó embarazada. Era un bebé buscado, quiero decir que deseábamos tenerlo, queríamos una nuña, ya sabes, la parejita. Todo marchaba bien, las revisiones, las ecografías, las exploraciones. Habíamos pensado que Olga se sometiera a una amniocentesis pues dada nuestra edad pertenecíamos al grupo de padres denominados de riesgo. Así que en el mes de diciembre, fuimos al ecógrafo para realizarse la prueba. Consiste, ya sabes, en analizar el líquido amniótico por si existiera algún problema. Para ello


se realiza una ecografía simultánea. Pues bien, en esa ecografía nos dijo el médico que aparecía un engrosamiento en el pliegue nucal del bebé, que era un indicador que avisaba de la posibilidad de la existencia de Síndrome de Down, sólo un indicador, no os preocupéis hasta obtener el resultado, nos dijo. ¡Qué fácil! Claro que nos preocupamos, y mucho. Recabamos toda la información que pudimos sobre el dichoso indicador, en libros, en Internet, preguntando a expertos. Pasamos la nochebuena pensando en nuestro bebé, si estaría bien, que haríamos en caso de venir con SD (Síndrome de Down), animándonos mutuamente, Tú lo sabes. Fuimos a la misa del gallo, y allí, no sé qué le hizo sentir a Olga que era una niña. Lo tenía clarísimo. Era niña. Cantando el villancico de Adeste Fideles, a la vez que lo leíamos en una pantalla de cine que el cura había instalado en un lateral de la iglesia, los casi mil asistentes lo cantábamos, Tú lo viste...... Y leímos y cantamos, y el final de una estrofa decía “...in bethleem”. Las lágrimas nos corrían por las mejillas a los dos, tú sabes por qué. El caso es que al salir de la iglesia congelados de frío, apurando el paso hasta casa, Olga me dijo que traíamos una niña. Y ya en Navidad, comiendo con Adrián en nuestra casa, dije yo “si es niña la llamaremos Belén”, todos estuvieron de acuerdo al unísono. Y esto era raro pues ya sabes que queríamos llamar al bebé Guillermo si fuera niño, pero en la niña no coincidíamos, ellos querían Cristina y yo Susana, y lo defendíamos a capa y espada. Para buscar un acuerdo, sugeríamos de vez en cuando nombres, Ariadna, María, y otros muchos, pero nunca estábamos de acuerdo. Sin embargo, con Belén, fue instantáneo. Fue entonces cuando Olga se refirió al villancico y a Bethleem, y al momento en que nos miramos, y al momento en que sintió con toda la seguridad que era una niña. Así que se llamar ía Belén. El 28 de Diciembre, día de los Santos Inocentes, nos comunica el genetista que los temores eran fundados, el bebé tenía SD. Pero no solo eso, sino que "era de los más graves" ¿?, que tendría problemas para moverse, para hablar, que no se explicaba cómo no había abortado ya espontáneamente, que probablemente el embarazo no llegaría a término, que tendría problemas renales, respiratorios, que tendría cardiopatías congénitas y que de nacer, era probable que no alcanzara los seis meses de vida. Que nos firmaba el papel y con la firma de otro médico, ya podíamos ir a abortar. ¡Ah! Y que era niña. El mundo se hundió sobre nuestras cabezas, aguantamos el tipo mientras pudimos hasta que salimos de la consulta. Nada más llegar a la calle, Olga se


abrazó a mí y entre llanto desconsolado, casi descontrolado no dejaba de decir lo siento, lo siento, lo siento.... Tú como yo, sabemos que ella no es culpable de lo que pasa. No se debe a una negligencia suya, no se debe a un abandono suyo, no se debe a dejadez ni a nada que se le pueda achacar a ella. Se debe solo a una mala división celular. Ahora cabría preguntar ¿por qué? No se sabe. Me sentía como si hubieran apagado las luces y la luz de las pocas velas que encendíamos surgía de las muchas dudas que se nos planteaban. Ahora la búsqueda de información se encaminaba a averiguar lo más posible sobre el SD, qué es, en qué afecta a la niña, qué calidad de vida le espera, como se educa, como se cuida, qué cuidados especiales necesita, etc. etc... Hablamos con padres que tienen hijos con SD, con padres que habían abortado, con la Fundación Sindrome de Down de MAdrid... , conocimos sus experiencias. ¿Qué hacer? En esos momentos de dudas no solo yo, sino Olga también quisiéramos hablar con mi padre, ¿qué diría él? No lo sé. Ya sabes que escuchamos consejos de todo tipo. La mayoría nos inducía a abortar. ¿QUEEE? Ni hablar. Yo no quería ni escuchar las opiniones que inducían al aborto. Lo tenía muy claro. Pero hubo una circunstancia que me hizo recapacitar. Olga tenía dudas. No tenía claro que quisiera tener a la niña. Ahora sí que mi mundo se derrumbó completamente y le pedí a Santiago el Mayor que me diera palabras para poder expresar mis sentimientos, era capaz de sentir, pero no de expresarlos. No sé por qué a Santiago, quizás sea porque lo tengo en mi mesilla de noche o porque soy peregrino y confío en que él me guía en el Camino. No lo sé. Compartí los momentos de soledad en Soria con los momentos de trabajo, procuraba no estar solo para no volverme loco, estuve en casa de mi primo Paco, me hacía el remolón a la hora de salir de viaje hacia Soria los fines de semana, pero irremediablemente caía solo en mi casa, en mi cama y sin poder evitarlo, buscaba argumentos para justificar una decisión. Sé que no siempre se puede justificar lo que haces o decides, pero en este caso, que había que decir sí o no, quería saber por qué decía sí o por qué decía no. Me di cuenta pronto que esta decisión no la podíamos tomar Olga y yo independientemente, había que tomarla conjuntamente. Cuando me casé con ella dije para lo bueno y para lo malo, en la salud y la enfermedad todos los días de mi vida. Y lo dije en serio, se lo prometí a ella, y lo cumpliré, no por haberlo prometido, sino porque lo siento día a día. Y en este momento vivimos un mal momento, así que hay que vivirlo juntos. La primera oportunidad que mi trabajo me dejó para poder hablar con ella cara a cara, fue en el coche, regresando de compras de reyes de Soria a San


Leonardo. Hay sólo 50 Km y no fueron suficientes así que pasé de largo San Leonardo y continué el camino hasta Burgos. Hablamos, le expuse mis razones, torpemente pues continuaban sus dudas, le dije todos los problemas que podían surgir, que estábamos juntos para resolverlos, que exigiría un sacrificio extra sacar a la niña adelante y que estaba dispuesto a asumir todo lo que fuera necesario. A cada pero que ella podía aportar, contraponía una solución o un compromiso. Pero notaba que no era suficientemente convincente. Santiago, ¿donde estás? Sabía que la estaba convenciendo, pero no era ese mi objetivo. Si alguien te convence de algo es superficial, simplemente estas aceptando su opinión, lo realmente válido es estar convencido de motu propio, y eso no es lo que yo notaba en ese momento. Tarde o temprano volverían las dudas. Y así fue, Olga tenía un miedo oculto a enfrentarse a la situación de comentar el problema con sus compañeras de trabajo. Quizás por el acoso a que fue sometida por sus amigas y por otras personas. Lo mismo que mis palabras la convencieron de forma superficial de continuar con el embarazo, las palabras de otros la convencían de abortar. ¿Podía suponer yo que mis razonamientos tuvieran más valor que los de los demás? No. Mi opinión solo coincidía con las de algunos desconocidos que encontramos en internet. Entonces vi claro que había que coger el toro por los cuernos. Es decir, si tan seguro estaba yo de mi decisión, no tenía nada que temer de los razonamientos de aquellos que opinaban lo contrario. Tenía que poner toda la carne en el asador. Tenía que tener la seguridad de que lo que decidiéramos fuera lo correcto, y eso no era lo que se palpaba en nuestra casa. Se palpaba que hiciéramos lo que hiciéramos nos íbamos a equivocar. Ese castillo era el que había que derrumbar. Podía cortar por lo sano y decir que lo importante no era lo que pensaran los demás sino lo que decidiéramos nosotros. Pero no es esa la idea. Hay que vivir con el resto de la sociedad y la familia, y una imposición de ese tipo podía pesar en el futuro. Así que dije: de acuerdo, vamos a analizar los pros y los contras, y después analizaremos nuestros sentimientos, que también cuentan. Vamos a empezar de cero, voy a admitir la posibilidad del aborto, analizaremos las razones que lo aconsejan. Y vamos a analizar seguir adelante y las razones que lo aconsejan. Ahora, tata, deja de leer, levanta tu mirada al cielo, espera unos minutos en silencio y deja libre tu pensamiento, busca y busca una sola razón convincente que justifique el aborto. UNA SOLA RAZON, que no esté contaminada por el egoísmo personal, por el miedo, el desconocimiento, la envidia, el despecho... Cuando creas encontrar alguna anótala, analízala y verás como la borras si de


verdad has sido capaz de separarla de la contaminación. Si la encuentras dímelo y creeré que abortar será lo mejor. Me dijeron: “la vida con un niño con SD es muy sacrificada, hay que preocuparse de estimulación precoz, clases de logopedia, fisioterapia, controles médicos, hay que estar pendiente de él durante toda su vida”. ¿No será que pierdes libertad de movimientos? ¿No será que te echas a la espalda una responsabilidad que te va a atar para siempre?, ¿No será que no estás dispuesto a dar tu vida por tu hijo?, ¿no será que cierto sentimiento egoísta te impide darte a él?, ¿Acaso si tu hijo fuera normal no ibas a darle todo lo que necesitara durante el tiempo que lo necesitara?, En este caso el problema no se centra en el niño con SD sino en los padres que piensan así. Esto no es un motivo para abortar. Me dijeron: “es más fácil que tenga enfermedades, pueden tener problemas de corazón, o problemas de riñón, son más propensos a problemas respiratorios”. Bien, esto no merece ni comentario. ¿Qué niño nace con garantía de salud eterna?, Basta con darse una vuelta por un hospital infantil y mirar. ¿Son más propensos? Puede ser, pero esa propensión no justifica el aborto. Me dijeron: “Pobrecitos, tienen que trabajar mucho para conseguir una autonomía de vida suficiente, tardan más que un niño normal en aprender a andar, a leer a escribir, a lavarse, a vestirse”. ¿Será entonces mejor abortar para no tener que molestarnos en enseñarle todo esto? Me dijeron: “no sabes lo que va a ser de ella si faltáis los padres, va a ser una carga para su hermano”. Reconozco que aquí casi me rindo. Pero ¿qué va a ser de Adrián si faltamos nosotros?, ¿Alguien se plantea no tener un hijo por si alguna vez faltan los padres?, Es un supuesto que no se plantea con un niño normal. ¿Acaso se busca un orfanato para por si acaso faltamos los padres con un niño normal?, ¿Cuántos niños y niñas huérfanos de padre y madre están en alguna institución que los educa y mantiene?, es más, ¿cuántos niños con padre y madre están en alguna institución por ser abandonados? También hay instituciones que se hacen cargo de niños con SD, tanto si faltan los padres como si son abandonados, que los habrá. El problema no queda ni más resuelto ni menos que con un niño sin SD, así que tampoco veo un motivo justificado para abortar. Me dijeron: “tener una niña con SD es un mal trago, ¿qué pasa con el rechazo social? ¿Qué dirás cuando vean a la niña y digan pobrecita es mongólica?, ¿Cómo te sentirás?”. Esta razón está contaminada con el miedo, miedo al qué dirán, y, desde luego no es una razón para abortar. Leí en un póster con una foto de una niña con SD: “para ti soy mongólica, para mi pediatra tengo


el Síndrome de Down, para mi familia y amigos soy Belén” (no recuerdo el nombre que ponía). Me dijeron: “Es una carga económica importante, y no está al alcance de cualquiera el dar a la niña todo lo que pueda necesitar, hay que pagar las clases especiales, el logopeda, el fisioterapeuta, el colegio especial cuando crezca, etc...” Si hay que renunciar a algo renunciamos, y llegaremos hasta nuestro máximo posible. Aquí mi padre diría “Dios aprieta pero no ahoga”, “ya saldremos adelante”. Llegados hasta aquí me pregunto: ¿estaría justificado abortar porque no sabemos si podremos pagar sus necesidades sin renunciar a nada? ¿O si no sabemos como reaccionar ante la sociedad o la familia?, ¿O si no podemos garantizar un futuro estable para toda su vida?, ¿O porque no queremos dedicar el tiempo suficiente a su enseñanza?, ¿O porque no sabemos si va a sufrir alguna enfermedad?, ¿O porque no queremos sacrificar nuestras vidas por nuestros hijos? Si volvemos a leer este párrafo ¿encontramos alguna diferencia con un niño sin SD? ¿Qué padre no se ha planteado alguna vez estas dudas? Entonces ¿por qué nos planteamos la posibilidad de abortar si padece el Síndrome de Down? En cualquier caso tengo que admira r a Olga por dudar, por no saber si lo vamos a hacer bien, por temer que algo salga mal, porque eso demuestra que es consciente de la tremenda responsabilidad que podemos asumir, una vez decidido que seguimos adelante. Tengo que agradecerle que me enseñara a no tomar decisiones de este calibre a la ligera, porque a la ligera había decidido tener a nuestra hija, y gracias a Olga es una decisión meditada, La única posibilidad de resolver un problema vital como el que se nos ha planteado es ser consciente del problema, ser capaz de analizarlo y creer en nuestras posibilidades de solucionarlo. Me siento capaz de asumir lo que se nos ha dado, creo que estaremos a la altura. Dios tenía ahí a Belén y tenía que mandarla a este mundo, y de verdad creo que ha elegido la familia perfecta para que viva el tiempo que quiera darle. No me creo con derecho de privar a Belén de la posibilidad de vivir, al contrario me siento con fuerzas para afrontarlo y darle lo mejor que esté en mi mano, y hacer que su paso por este mundo sea lo más feliz que se le pueda ofrecer a un ser humano. Y ¿quién sabe la misión que tiene encomendada? Además, si hubiéramos decidido abortar, cuando Belén llegara de nuevo al más allá y se encontrara con su abuelo Gumersindo, qué podría decirle si le pregunta: ¿Y tú qué haces aquí?, ¿no tendrías que estas con mi hijo en el mundo?. O peor aún ¿qué le diría su madre cuando al morir se encuentre con ella?, Y si le


pregunta: ¿por qué no me dejaste vivir contigo? Creo que ninguna de las razones que podamos imaginar para justificar el aborto podría convencer a Belén de que abortamos por su bien y que lo hicimos porque la queríamos. Por el contrario podría pasar que después de traerla al mundo algo saliera mal y su vida fuera corta o no tuviera la oportunidad de ser feliz, o sufriera alguna enfermedad que dejara un mal recuerdo de su paso por la Tierra. En este caso podría preguntarnos ¿ por qué me hicisteis pasar por esto?. Habría entonces que hacerle ver que “nos creíamos en la obligación de darte la oportunidad de vivir, porque todos hemos de morir alguna vez, unos antes y otros después. Cuanto mayor eres al morir más oportunidades has tenido de ser feliz, y desde luego que si no llegas a nacer las oportunidades son nulas. No sé cómo se decide cuándo y de qué manera se ha de morir, y no me creo capaz de ser yo quien decidiera que tú no tuvieras esa oportunidad”. Estoy deseando que nazca, que crezca y que una mirada suya o una sonrisa o un logro en su desarrollo justifique la decisión que tomamos. ¿Es acaso comparable el abrazo de tu hija o un te quiero espontáneo con el vacío que podría quedar con su ausencia?. Aunque no desaparecerán las dudas, que siempre estarán con nosotros, ahora podríamos pensar que cualquier contratiempo pueda hacer que nos arrepintamos en el futuro. Bien, es posible, quizás sea más posible que en circunstancias normales, es más probable que llueva si hay nubes que si luce el sol. La cuestión es que no vemos el cielo por lo que no sabemos si está cubierto o no. Si yo fuera agricultor no dejaría de sembrar trigo por si el granizo me destruye la cosecha. Y llevando las cosas al extremo por qué vamos a engendrar un hijo si sabemos con seguridad que, aún siendo normal, algún día va a morir, por qué alimentarlo, educarlo si sabemos que morirá irremisiblemente. La incertidumbre del “cuando” de la muerte forma parte de la vida y no dejamos de vivir por no saber cuándo hemos de morir. Me parece triste privar a Belén de esa incertidumbre. Así, una vez que estamos en este mundo, hemos de vivir nuestra vida con responsabilidad, en todo, incluso en nuestra toma de decisiones, más aún cuando las decisiones que tomamos afectan a los demás, y aún más si afectan a nuestros hijos. Y nuestra primera decisión que afecta a nuestra hija no puede ser la última: no dejarla vivir. Puede ser que aquí se acabaran los problemas ¿ o no?, ¿Podría ser que la decisión de abortar supusiera el inicio de otro tipo de problemas?, ¿ Qué diría nuestro hijo Adrián sobre esto? ¿ Cómo le explicaríamos a la objetividad infantil de Adrián los motivos que nos pudieran llevar a abortar?, ¿Alguna de las razones que nos han dicho es suficiente para que Adrián se quede convencido de que hemos hecho bien?. Recuerdo lo que dijo cuando le comunicamos que su hermana tenía problemas, cuando le dijimos que tenía el Síndrome de Down, dijo “ bueno ¿y qué?, es mi hermana y yo la voy a


querer igual aunque tenga problemas”. Reservándonos aún la posibilidad de abortar, le dijimos que no sabíamos si estaba bien y que era posible que no llegara a nacer. Y escurriendo el bulto, se lo dijimos de manera que no pareciera una decisión nuestra, incluso le dijimos que a lo peor ya estaba muerta en la tripa de mamá. ¿ Por qué?, probablemente porque pensábamos que sería más fácil de entender para él. Y fíjate que lección. No afectó a su serenidad infantil el hecho de que tuviera problemas, pero al decirle que posiblemente no naciera, rompió a llorar. El quería ya a su hermana y el perderla antes de tenerla soltó sus lágrimas y no el que tuviera el SD. ¿ Por qué?. Preguntas, dudas y más dudas. Sé que seguiremos dudando, y ante cada duda surgirá una solución, que encontraremos Olga y yo juntos, o que nos ayudarán a encontrar los expertos a los que consultemos. Ya sabes que prefiero afrontar los problemas de frente, que no los eludo porque entonces no dejarán nunca de ser problemas. Pienso que no se pueden esquivar ni ignorar, hay que resolverlos, porque la única forma de que un problema deje de serlo es solucionarlo. Y, según el dicho, si no tienen solución ¿por qué nos preocupamos? Y si la tienen ¿ por qué nos preocupamos?. La decisión ahora es ¿ queremos o no queremos enfrentarnos a este problema? Si la decisión fuera no ¿qué otros problemas acarrearía?, ¿Seríamos psicológicamente capaces de enfrentarnos a un posible arrepentimiento?, ¿Cómo afectaría esto al resto de nuestras vidas?. Siendo sí la solución el número de interrogantes es aún mayor. Me enseñaron en la universidad que entes de intentar resolver un examen, lo lea, lo relea y lo vuelva a leer, que la única forma de dar con la solución es entender primero lo que te preguntan, si no la respuesta puede ser todo lo disparatada que puedas imaginar. Los problemas que son más fáciles de resolver son los que están mejor enunciados. Un buen enunciado es media solución. En nuestro caso, el enunciado lo ponemos nosotros, las premisas las hipótesis, los métodos de resolución, la solución y para más “INRI” nosotros mismos corregimos el examen. Así pues no es fácil que suspendamos porque somos nosotros los que pondremos la nota. Dicho de otra manera, nadie nos va a juzgar por lo que hagamos o no hagamos, y si alguien nos juzga, su opinión no influye en la nota final. He querido conocer la opinión de cuantos me rodean, y entiendo sus posturas, que no son las mías afortunadamente para Belén. La inmensa mayoría son partidarios del aborto, cada uno tiene sus razones que me han explicado aún sabiendo la solución que teníamos decidida. Bien, respeto su opinión, pero no la comparto. Y no la comparto porque todos caen en alguno de los supuestos contaminantes que te he contado antes. Quiero que al morir me encuentre con Belén y me diga mirándome a los ojos: “gracias papá por dejarme compartir mi vida con vosotros”, o “no salió bien pero gracias porque pudimos intentarlo”.


Por último, quiero pedir perdón por los momentos en que perdí el control, y pedirle perdón a Olga por las cosas tan duras que le dije cuando en mi tozudez aún no era capaz de hablar con ella como habla una pareja que se quiere de verdad tanto como ella sabe que yo la quiero. Me gustaría tener un corazón gigante, y un cerebro mayor aún para ser capaz de preverlo todo, de solucionarlo todo y tener todas las respuestas, pero soy muy limitado. Muchas veces mi impotencia para expresar lo que siento me altera tanto el ánimo que pierdo los papeles y el control. Y no quiero. Sobre todo no quiero hablando con Olga, hay veces que sé que está equivocada en algo y, no sé por qué, no sé decir donde está la equivocación, no sé decir lo que pienso. Lo veo tan claro que no sé expresarlo. No tengo palabras. Y eso me da miedo porque a veces pienso que el equivocado soy yo y pasamos un mal rato sin necesidad, porque muchas veces realmente ella tiene razón. Reconozco que soy un cabezota y muchas desavenencias no existirían si hubiera sabido escuchar antes de formarme una opinión. Por eso es que tengo que pedir perdón a mi “zamburiña”. Y a ti tatiña, darte las gracias por seguir todo el mamotreto este, por leerlo tú porque sabes que creo que tienes enchufe en el Cielo, y El te escucha más y mejor. Por lo tanto, te ruego que le pidas que nos dé fuerzas para superar los retos que se nos plantean, que Belén nazca sin más problemas de los que ya tiene, que venga sana y que le podamos dar lo que necesite cuando venga al mundo. Te lo agradezco de antemano porque sé que lo vas a intentar. Y te agradezco además el apoyo que has querido prestarnos desde el principio aún sin saber cual iba a ser nuestra decisión. Quizás te he mandado esto porque pienso que después de la objetividad de mi padre estaba la tuya, y esa, afortunadamente, aún la tenemos. Muchos y muy grandes besotes para ti y para todas tus monjiñas.

San Leonardo de Yagüe a 10 de marzo de 2002

Carta a la monja  

De cómo tomamos la decisión de seguir adelante con el embarazo.

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