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'T n a iniciativa del Consejo de Europa con una larga trayectoria y una V —/ amplia participación de países, es uno de los acontecimientos más relevantes que se realizan en torno a la difusión del patrimonio histórico. Durante unos días señalados, miles de personas participan en unas jornadas de puertas abiertas al patrimonio en los 48 países organizadores.

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Bajo el lema "Un paseo por tas villas de BIzkaia" la Diputación de Bizkaia, celebra por quinta vez consecutiva estas Jornadas

Europeas que tendrán lugar los días 30 de septiembre, 1 y 2 de octubre. En esta edición se realizarán visitas guiadas por los cascos históricos de las siguientes vidas: Areatza, Balmaseda, Bermeo, Bilbao, Durango, Gernika, Lanestosa, Lekeitio, Urduña, Plentzia y Porlugalete. El programa estará disponible a comienzos de septiembre en los lugares habituales de información: oficinas de turismo, centros cívicos, en los once ayuntamientos participantes, etc.

Bi¿kaíkuForu Diputación Forai Aldundía de BÍ7kaía


E D I T O R I A L ^ AUNIA KULTURA ELKARTEA trabaja por la investigación, conoci­ miento y divulgación de la etnografía y la antropología, la arqueo­ logía y la historia, la toponimia y sus etimologías, así como el medio natural que nos rodea, teniendo al ser humano como eje central de ese conocimiento. Se cumplen ya tres años desde que este objetivo, vertebrador del proyecto inicial, tomara cuerpo y se materializara en una publicación en la que dar cabida a los diferentes artículos que iban llegando a nuestra redacción. AVNIA comenzaba su andadura a finales del año 2002 con aquel n° 1, deslumbrante en su envoltura, aunque un tanto vacilante en sus contenidos. Era imprescin­ dible comenzar, dar el primer paso, y presentar el producto en público. Aquella ardua labor de declaración de intenciones, paseada un tanto atropelladamente por todos los municipios del Alto Nervión, cumplió su objetivo, a pesar de la minoritaria acogida obtenida en todos los casos. Por aquel tiempo, el trabajo mediático se sumaba al de programación, y ambos al de redacción, y a éste los de financiación y adecuación de locales. Sin embargo, como neófitos que éramos, desconocíamos aún el vértigo que nos propiciaría el ritmo de la propia revista, un tempo cadencioso y veloz a la vez, medido por el paso inexorable de las esta­ ciones, cada tres meses, como la caída de la lluvia o la nieve, de la hoja o la fruta madura, o como ta llegada del soÍ del estío, el viento del sur y el frío húmedo del norte. Se sucedían así los números publicados, y con ellos los temas, los colaboradores, los pequeños problemas y los éxitos, acostumbrados ya al persistente ritmo trimestral que nosotros mismos nos habíamos impuesto desde el inicio. Son muchas las personas, entidades privadas, asociaciones e institu­ ciones públicas, a pesar del poco tiempo transcurrido aún, que se han ido sumando al proyecto AVNIA de una u otra manera, bien mediante suscripción a la revista o adquiriéndola de manera continuada en los lugares de venta, bien insertando publicidad para ayudar en su financia­ ción, bien colaborando de manera activa en la redacción de artículos, y hasta desarrollando investigaciones que verán la luz por vez primera en nuestras páginas. A todas ellas nuestro agradecimiento infinito. Pero, nos hemos ido dando cuenta de que muchas de estas personas y entidades que no estaban desde el inicio desconocen un tanto nuestros objetivos como asociación y los principios que los regulan, ante lo cual, hemos creído conveniente volver la mirada atrás un momento para darlos a conocer o, en su defecto, recordarlos de nuevo y reafirmar así nuestro compromiso ineludible con la cultura. Es la razón de ser de esta edito­ rial, necesaria e inaplazable, que preside este último número de nuestra revista que también es la tuya, y que hace la docena, lo que supone una cierta madurez para afrontar con garantías el futuro que viene. Hagamos un poco de historia. El nombre de AVNIA proviene de la inscripción de una estela aparecida en el municipio de Laudio y atri­ buida a época romana, posiblemente al período altoimperial, datado en los siglos ll-lll de nuestra era. Según la interpretación realizada de la epigrafía, una mujer llamada Sempronia Aunia -escrito AVNIA en carac-


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teres latinos- habría mandado poner este sencillo monumento de piedra en memoria de su hija fallecida. Es éste, pues, el primer nombre de persona documentado en su totalidad en la comarca del Alto Nervión, pertene­ ciente a una indígena, una madre afligida por la pérdida de la hija amada. Nos pareció un hecho conmovedor en el que. además, se unían historia y lengua escrita, con la cita de un precioso y sugerente nombre que invocaba a aquella mujer perdida en el abismo de los siglos, el mismo sobre el que deseábamos arrojar luz con nuestro proyecto. AVNIA alumbra nuestro camino desde entonces, como una madre que hubiera recuperado su condición después de tanto tiempo, y de hecho, ese lado femenino apenas imperceptible, es quien mima y cuida cada una de las páginas de esta publicación. AVNIA no es, pues, una empresa mercantil, un proyecto para ganar dinero o una forma de sacar la vida adelante. Quienes dirigimos AVNIA estamos comprometidos con la militancia cultural, con el trabajo no remu­ nerado de quien pretende sacar adelante una Idea que, de otra manera, nunca llegaría a buen puerto. AVNIA carece de rentabilidad para cualquier empresa editorial, ya que la tipología de los artículos y la forma en que se tratan los temas dentro de la revista requieren un público lector que no es demasiado abundante en nuestra sociedad actual y. por lo tanto, no pro­ porcionarían los beneficios necesarios para su mantenimiento. En nuestro caso, todo lo que nos rodea es profesional y hay que pagarlo -diseño y maquetación. fotomecánica e imprenta-, por lo que los recursos obtenidos a cambio de la inserción publicitaria nos permiten afrontar tales gastos, muy elevados dada la alta calidad de la revista. Afortunadamente, no tenemos que repartir sueldos en nuestra redacción y ningún colabo­ rador cobra lo que debiera cobrar a cambio de su trabajo, a pesar de ser considerados algunos de ellos como verdaderos números uno en el ámbito profesional que desarrollan su labor. Sin lugar a dudas, ha sido éste nuestro mayor logro, el haber sabido contagiar nuestro entusiasmo a personas cla­ ves, muy ocupadas ya en sus respectivas vidas, y que. sin embargo, nos han ofrecido un apoyo impagable con los recursos de que disponemos, faci­ litándonos artículos, dibujos, fotografías, materiales y contactos nuevos, además de una amistad sincera que valoramos por encima de todo. AVNIA nació en Ayala, en la Cuadrilla de Ayala, con el fin de abordar una tarea pendiente que tiene que ver con el patrimonio cultural y natural de la zona, con su historia y sus gentes. Éramos conscientes de que para muchos aspectos del pasado llegábamos demasiado tarde, sobre todo en el ámbito de la comunicación oral, en el que la muerte ineludi­ ble de nuestros mayores comporta algo más que el dolor de la pérdida humana, puesto que con cada uno de ellos se van porciones de la memoria colectiva. Sin la realización de entrevistas mediante cuestionarios bien ela­ borados. muchos conocimientos de actividades pasadas, de tradiciones, de leyendas, de topónimos y vocablos se entierran para siempre con la per­ sona fallecida. Cientos de estos hombres y mujeres, verdaderos "códices humanos", se nos han ido ya y otros se nos están yendo cada día sin que hagamos demasiado para rescatar parte de su memoria.


R Creemos, sinceramente, que hay mucho por hacer, mucho por investigar y mucho por contar. En casi todos los pueblos hay algún grupo o personas individuales trabajando por la cultura con diferente grado de compromiso y de formación. Pero, en general, el excesivo celo hacia sus propios logros y el recelo hacia los del vecino han evitado las comunicaciones y la divulgación de muchos de los conocimientos adquiridos. El proyecto AVNIA surgió como un soporte donde publicar parte de ese cúmulo cultural, la memoria colectiva de un pueblo, desconocida por las nuevas y no tan nuevas generaciones de ese mismo pueblo. Un soporte en el que divulgar muchas de las investigaciones científicas que nunca lle­ gaban a la gente de a pie; una publicación, en suma, donde escribir sobre los grandes temas, pero también sobre los pequeños y los muy cercanos, aquellos que no tenían cabida fácil en tas ediciones de gran tirada. El resultado de aquel proyecto es casi una realidad. Hemos demostrado que las cosas cercanas interesan a la gente, que la historia y la arqueolo­ gía se leen con agrado, que la etnografía apasiona y que una publicación de calidad, como la nuestra, es viable social y económicamente. También hemos trasladado el centro de gravedad de la revista, desde el Alto Nervión, que acaparaba la mayor parte del articularlo en los primeros números, hacia un territorio mucho más extenso como es el occidente vasco: Álava y Bizkaia, a costa, eso sí, de un incremento importante en el número de páginas (de 100 a 140) que no se ha visto compensado en el precio de venta de la misma. No nos olvidamos de íos otros territorios vascos, cuya presencia en nuestra revista deberá ir necesariamente en aumento, ni de otras zonas aledañas como Cantabria, Burgos o La Rioja, repletas de temas más que sugerentes. La revista trimestral y las ocasionales publicaciones de libros exigen toda nuestra atención, pero también tenemos en mente algunas actua­ ciones sobre el patrimonio, investigaciones arqueológicas, organización de cursos y conferencias...; pero, para todo ello, desgraciadamente, ninguno de los dos miembros que conformamos AVNIA tenemos tiempo, por eso debemos ser prácticos y no pretender volar sin alas. Necesitaremos que sigáis implicados con AVNIA, que continuéis apoyándola. Seguimos preci­ sando colaboradores, gente que fotografíe, que dibuje, que investigue, que realíce entrevistas, que escriba. En suma, militantes de la cultura. A este respecto cabría recordar las palabras de Atxaga referidas a la lengua vasca y que nosotros hacemos extensibles a la recuperación de nuestro patrimonio cultural: "Oso-oso justuan ibiltzen gara bizitzan. Lan bat gehiago hartzea ia ezinezkoa da. Btorkizunean horrek ez dauka irtenbiderik. Lan estrak nekatu egiten du. Eta lan estra bat bada hizkuntza, hizkuntza erabiltzea, hizkuntza horipikutara jo an go da". "Andam os m uy justos en nuestras vidas. Casi nos es imposible asumir un trabajo más, y en el futuro esto no tendrá cambio. El trabajo extra, por lo tanto, cansa, y si utilizar el euskera supone un trabajo extra para nosotros, entonces, nuestra lengua desaparecerá".

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N ìk o A s to b iu a P ik at?^ Iñ a k i G a rc ía C a m in o L u iso L ópez X ab ie r O te r o E n rik e Ib a b c O r tiz C a rlo s O r tiz d e Z á ra te A lb e rto S a n ta n a M a ría José T o rrec illa G a b rie l V ázq u ez

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8 Trampas de caza. Inteligencia contra instinto

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22 La formación de un

Z U Z E N D A R ir / A FT A E R R E D A K Z IO T ALD EA J u an jo H idalgo Félix M u g u m tn D IS E IN U A ETA M A K E T A Z lO A

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Eikerronak Luiaondoko Administrazio Batzarrari

38 Garrastatxu, un paseo de naturaleza e historia por Gorbeia Luiso López


52 ¡Trato hecho! La saga de los Arbide F é l ix M u g u r u t z a

68 Perrería de Torrelanda

132 El rosal silvestre G a b r ie l V á z q u e z

134 Publicaciones recibidas

M a r ía ] o s é T o r r e c il l a

82 Un pastor centenario C a r l o s O r t iz d e Z á r a t e

102 Las casas de la sidra A lberto Sa n t a n a

114 La garrafa de Orozko N ik o A s t o b it z a Pik a t z a

138 Nuestras publicaciones


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texto y fotos « E N R iK E IBABE ORTIZ

No están muy claros los comienzos de la actividad cazadora, pero algunos autores citan al Homo habilis (2.300.000-1.600.000 años) como prim er cazador. Este Homo añadió a su dieta em inentem ente vegetariana, carne. Su expansión cerebral precisaba de proteínas y grasas animales y, aunque fundam entalm ente carroñero, -aprovechando los despojos de animales que habían m atado depredadores más poderososse hizo cazador.


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la Edad de Hierro -sus comienzos, siglo VI a.d.n.e - en la que el 95% de la carne consumida, según conclusiones de Xabier Peñalver en La Prehistoria en Eusl<al hierria procedía ya de animales domésticos. En esa larga y esencial etapa cazadora, la tecnología estuvo en gran medida en función de conseguir artilugios de piedra, madera, hueso, etc. que la hicieran más eficaz.

Se considera a la pica o "lanza de empu­ je", una buena vara de a veces más de dos metros de longitud, la primera arma ofensiva. Fuertemente asida con las maEltzaorra. nos atacaban al animal hasta darle muer­ te, con el consiguiente riesgo cuando de animales de envergadura se trataba. Aunque en la medida de lo posible, para abatir estas grandes piezas recurrirían a ahuyentarlas hacia precipicios para que se despeñaran, hacia fosas naturales o ste nuevo añadido a la dieta, artificiales hábilmente camufladas, donsegún asevera Juan Luis Arsuade luego serían rematadas, o hacia zonas ga en su obra La especie elepantanosas, en donde la menor movilidad gida, favoreció nuestra encefalización y del animal favorecería su captura, la complejidad de nuestro tejido y esEn busca de una mayor eficacia, y tructura cerebral, haciéndonos más inmenor riesgo, aquellos cazadores inventeligentes. Autores hay que afirman que taron la lanza, trasladando el centro de fue necesario nos hiciéramos carnívoros gravedad de la pica hacia la punta, consipara poder ser inteligentes. Así que, poco guiendo de esta forma que la misma fuea poco, al correr de los milenios, los seres ra lanzada con acierto a distancia, juan humanos, sin dejar de ser recolectores lu is Arsuaga en Ei Collar del Neandertal. de frutos, semillas, raíces etc. se fueron nos da a conocer las encontradas en las convirtiendo en consumados cazadores, turberas de Schóninger a 100 km al este siendo la captura de animales una de sus de Hannover, por Harmut Thieme, y a las actividades fundamentales, que impregque se conceden 400.000 años de antinó fuertemente su vida social, cultural, güedad. Son las herramientas de madera etc. Sólo a partir del Neolítico -primeros más antiguas que de momento se conobalbuceos hace unos 10.000 años a.d.n.e. cen. en el Oriente Próximo-, ayer como quien Aún mayor eficacia y mucho menos dice, con la progresiva domesticación de riesgo supuso la invención del propulsor. plantas y animales, la caza fue perdiendo "primera máquina de caza o guerra". Una importancia como medio para obtener^ vara de unos 50 cm. de longitud, con un la carne, para llegar en Euskal Herria a g gancho o topeen la parte posterior donde



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aletas y pedúnculo, lanzada por un arco simple atravesó limpiamente el cuerpo de un oso a 50 m.

■C .iz r ’ , ~rv!.o A partir de la domesticación de animales, sin que se dejase del todo 1a caza para obtener carne, la motivación principal para la práctica fue la defensa de la des­ pensa viva, la defensa de los rebaños de ovejas, cabras, vacas, caballos etc. de los ataques de los osos, lobos, linces, zorros, etc. etc. También para preservar los ali­ mentos almacenados de la voracidad de ratones, aves, etc. El último oso, en Gorbeia, fue abati­ do en 1818 por unos pastores de Orozl<o, que recibieron por ello 600 reales. El últi­ mo lince en 1777, por un vecino también de Orozko, en los alrededores del Aldamin, al que dieron 60 reales. El recuerdo de las viejas fosas camu­ fladas ha llegado a nosotros a través de las llamadas loberas (otsalekuak), de las cuales se consen/an en Euskal Herria dos, en bastante buenas condiciones, una en la sierra de Gibijo y la otra en la de Arkamo (Araba). Ambas son de las clasifica­ das como de paredes convergentes y fosa rectangular. Dos auténticos monumentos de nuestra cultura popular, de nuestro patrimonio etnográfico, al que en general tan poca importancia se le da y tan aban­ donado a su suerte está. En este punto citaremos como lobera notable, restaura­

da, con foso circular, la del valle de Valdeón en los Picos de Europa de León. Antonio González Salazar en uno de los Anuarios de Eusko Folklore menciona la existencia de un término en el monte Obekuri y Bajauri (Araba) denominado La Lobera, “un valle estrecho y alargado lle­ no de hoyos de un diámetro de dos me­ tros”. José Miguel de Barandiaran a su vez nos cita la existencia de una lobera entre Artzamendi y Mondarrain (Lapurdi) “cuyo recuerdo ha llegado a nosotros entre los pastores de la región de Itxasu”, así como de otra en Gorbeia, que nos ha costado localizar ya que no permanecía en la me­ moria de los actuales pastores. Al respec­ to diremos que ha sido el etnógrafo Isidro Sáenz de Urturi quien ha localizado - y nos ha comunicado- la existencia de la citada lobera, en las cercanías de las cue­ vas de Mairuelegorreta, así como los in­ dicios documentales de alguna otra que también existió en el macizo de Gorbeia. No vamos a decir más de las loberas, pues en el n® 7 de esta misma publica­ ción se recoge un documentado trabajo de José M® Gutiérrez Angulo. Para la caza del lobo, también se han utilizado los cepos, siendo especialmente interesantes los que Moisés D. Boza, en El Trampeo, llama "de postigo", de los que al parecer se han encontrado hasta el mo­ mento más de una docena en el norte de la Península Ibérica. En Euskal Herria, que nosotros sepamos existen cuatro al menos, todos procedentes de la zona del Baztan. También han sido hallados, mu­ chos en turberas, en Dinamarca, Suecia, Italia, Escocia, Polonia etc. José M. Gómez-Tabanera, nos presenta en su obra La caza en la prehistoria 4 uno de este último país, utilizado hasta el siglo XIX para la caza de ciervos, interpretando al igual que Boza, que algunos dibujos tectiformes de la cueva de El Castillo en Puente Viesgo (Cantabria) pudieran ser represen­ taciones de este tipo de cepos. A mí más me parecen que lo son de los barajones.


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que hasta tiempos recientes se han utili­ zado en muchos pueblos del norte de la Península para andar sobre la nieve. ¡Pero a saber cuál fue ía intención de aquellos formidables pintores del paleolítico su­ perior! Boza clasifica estos cepos en cántabro-astures y vasco-navarros, basándo­ se en algunas diferencias observadas. Los cántabro-astures son más anchos por el medio que por los extremos. También los llaman “abarquillados''. Los vistos en Euskal Herria, así como de los que tenemos noticia oral, tienen forma rectangular. Éstos llevan herrajes de refuerzo, aqué­ llos no. Las varas que hacen de muelle en nuestro caso son de boj, en los cántabroastures son de avellano, etc. Conocimos al que probablemen­ te haya sido el último lobero de Eusl<al Herria: Isidro García, de Lanzas Agudas, Karrantza. Con él colaboraba Eladio Or­ tiz, de Bernales, Karrantza también, cuyo abuelo llegó a capturar 49 lobos. Tuvimos la suerte de verle montar un formida­ ble cepo metálico en un paso de lobos en la Sierra de Ordunte. 153 cm medía de punta a punta de los flejes de hierro que hacían de muelles, pesando 15 kg. Lo primero que hacía Isidro, una vez el cepo en el suelo, era dibujar su contorno con un hacha pequeña. Luego con una azada abría una torca donde lo introducía. Una vez armado, es decir, abiertas las mandíbulas y sostenidas en precario ajuste mediante dos pivotes de hierro, lo cubría. Para ello ocultaba los bordes de musgo, moflo, por su poco peso, y la parte central, ocupaba por una tabla con uno de los pivotes citados, con tierra de hormigueros, igualmente por su ligereza, y porque en caso de helada, esta tierra evita que se atasquen los pivotes, es de­ cir, que se '‘suelden". Por último, se cubría todo con los ele­ mentos vegetales del entorno para que el lobo no recelase. Al pisar éste la tabla, rompía el ajuste de los pivotes, cerrán­ dose las potentes mandíbulas dentadas sobre alguna de sus patas. Desgraciada­


mente, en alguna ocasión también metió la pata alguna yegua. Este cepo no iba sujeto a lugar alguno. Nos decía Isidro, que si tal hiciera, el lobo en caliente, al no poder moverse, se mor­ dería la pata dejándola allí y huyendo. Así que el animal arrastraba el cepo, que se trababa en la maleza, hasta la extenua­ ción. En una ocasión un lobo, bien porque la fuerza de los muelles cortara su pata, bien porque lo hiciera, como hemos di­ cho, él mismo a dentelladas, huyó, apare­ ciendo en varias ocasiones por el Gorbeia, donde terminaron llamándole otsokojua, "el lobo cojo”. En otra ocasión otro lobo arrastró el cepo hasta el pantano de Ordunte, don­ de cayó y se ahogó. Isidro no los mataba. Con un golpe de palo los dejaba incons­ cientes, momento que aprovechaba para amarrarles las patas y ponerles la pipa. un palo atravesado en la boca detrás de los colmillos y sujetado con una cuerda. Después a lomo de una caballería lo en­ tregaba en el pueblo. Isidro ya no está con nosotros. Un buen día se fue a las grandes praderas más allá de todos los horizontes. Isidro, nunca olvidaré tu personalidad, tu digni­ dad de hombre de montaña, de soledad y silencio, tu hospitalidad y paciencia para enseñarme tus artes de caza. Naturalmente se han utilizado mu­ chos otros procedimientos para la muer­ te de este animal, habiendo sido fatal y mayoritario el empleo de veneno. Para ahuyentarlo, cuando su presen­ cia era advertida en las proximidades del rebaño o eran avisados por el mítico Basajaun, el señor de los bosques, los pasto­ res utilizaban diversos artilugios emisores de ruido: cuernos usados como trompeta, carracas, eltzaorras, bramaderas etc. La bramadera no es otra cosa que una tabli­ lla con una cuerda atada a uno de sus ex­ tremos. Para hacerla sonar es preciso re­ torcer la cuerda y luego hacer dar vueltas a la tablilla alrededor de uno. Emite un so­ nido intermitente y penetrante a medida

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que la tablilla gira sobre sí misma, en uno u otro sentido, debido al retorcimiento citado. Los animales, parece ser, asocian su sonido con la presencia de seres hu­ manos, huyendo los salvajes, y acudiendo los domésticos. En Araba la llaman furrufarra y furrunfarra. En la región leonesa, según Julio Caro Baroja, bufón, cerrunga, fungón, zumbadera o fungarrato, siendo utilizada también, como elemento de di­ versión en los carnavales. En Inglaterra se conocen como buUroarer. La eltzaorra, con forma como de un tambor, solían hacerla con un tronco va­ ciado, poniendo en una de sus bocas una piel de vaca, gato o tejón, que parece ser era la mejor. En el centro de la piel sujeta­ ban una cuerda que sobresalía por la otra boca. Para que sonase era preciso frotarla con los dedos de arriba abajo. La cuerda previamente tenía que haber sido lige­ ramente encerada o engrasada. También confeccionaban este artilugio con puche­ ros de barro, de ahí su nombre, a los que se rompía su base y hasta con recipientes de hojalata, como el de nuestro amigo Frantzisko Rekarte de Erratzu, hábil arte­ sano de collares de madera pirograbados para el ganado. En esta zona, durante mucho tiempo, tenían la eltzaorra secretamente guar­ dada o escondida, ante el temor de re­ presalias por haber sido utilizadas en el contrabando, en los años de la posguerra, parar despistar a la vigilancia de la muga, haciéndola sonar aquí y allá. El zorro es otro de los animales que ha sido y sigue siendo muy perseguido, tanto por sus acciones de rapiña, como por los beneficios que reportaban sus pieles. En Gorbeia, los pastores contrata­ ban a un alimañero, a un experto cazador para que les librara de ellos, por el daño que hacían en los rebaños. Uno de estos cazadores fue Frantzisko Agirrezabala, "Ezkerra", de Ipiñaburu (Zeanuri). Fran­ tzisko para su captura solía utilizar, como también se hacía en otras partes de Eus­ kal Herria, una caja, kutxa, raposera, arki-


lía. En Urdiain, según José M® Satrustegi la llamaban azkonar-kajia, “la caja de los tejones", pues también se empleaba para la captura de este animal, así como para liebres, conejos, gatos monteses, hurones, jinetas etc. Una de estas cajas que la hemos visto en Orozko. Tenía las siguientes medidas interiores: 107 cm.de longitud, 18 cm. de anchura y 21 cm. de altura. Uno de sus extremos estaba cerrado por varillas de hierro, que dejaban entre ellas pasar la luz: en el otro iba una portezuela que se abatía hacia el interior y hacia arriba, no pudiendo hacerlo hacia el exterior por­ que un par de maderitas se lo impedían. Esta caja se ponía en la boca de la madri­ guera, con la puerta levantada y sosteni­ da en esta posición por una cuerda, que hacia la mitad de la caja salía al exterior, hasta las varillas de hierro donde queda­ ba trabada por un palito o un gancho. El zorro al principio recelaba, pero acuciado por el hambre y animado por la luz que entraba por el otro extremo de la caja, terminaba por salir. Desesperado, mordía y arañaba las varillas, terminando por destrabar el gancho o palito, cayendo la puerta y quedando irremisiblemente capturado. Otro antiquísimo procedimiento, no sólo para la caza del zorro, sino también para animales de envergadura como osos, jabalíes etc. y para pequeños como co­ nejos, liebres, aves etc. ha sido el de los lazos corredizos. Se colocaban bien en las bocas de las madrigueras o en los pasos conocidos. El extremo de estos lazos iba fuertemente sujeto a una estaca, a una rama o a un árbol. Se mantenía en po­ sición vertical, sujetándolo a algunas ra­ mas o introduciendo su parte inferior en la raja de uno o dos palitos clavados en el suelo. En el caso de pájaros, solía hacerse un arco del que colgaban los lazos metálicos o hechos con crines o cerdas de caballos, con una vara hacia la mitad donde se posaban. Al emprender el vuelo se intro-


ducían en el lazo donde quedaban atra­ pados. El arco naturalmente había que colocarlo en su ambiente natural, como todas las trampas. En varias de las fotos que ilustran el presente artículo están fuera de él. Lo hacemos pensando que en un escenario aséptico, los ingenios que­ dan mejor explicados. También para el zorro, como para otros animales, se han utilizado los cepos metálicos, cuyo funcionamiento y estra­ tegia es la misma o parecida a la que he­ mos visto en el caso de los lobos. Otro procedimiento que también hunde sus raíces en la prehistoria, es el llamado de las losetas, en otros tiempos muy extendido por toda Euskal Herria y Península Ibérica. Según el tamaño de las piedras, estos ingenios podían ser utiliza­ dos para animales de diferente enverga­ dura, habiéndose empleado últimamente sobre todo, para la captura de aves y ma­ míferos de pequeño y mediano tamaño. Estas losas inclinadas, son sostenidas por la tensión que ejercen sobre las muescas de unos palitos ingeniosamente coloca­ dos, en un equilibrio tan precario, que en cuanto un pájaro se posa en el horizontal o ligeramente inclinado, o bien el mamí­ fero tira del cebo sujetado a é l se des­ estabiliza, viniéndoles la piedra encima. Xabi Otero nos informa que en la zona de Aezkoa (Nafarroa), a estos ingenios los llaman arrapalos.

Y como una imagen vale más que mil farragosas palabras, lo más simple re­ sulta observar las fotos que acompañan este artículo para comprender el funcio­ namiento concreto de cada una de es­ tas trampas. El sistema más elemental es el que consiste en una losa sostenida por un palito y la que, para que caiga la citada piedra y aplaste al animal que está debajo, es preciso que el cazador, al acecho, tire de la cuerda atada al citado palo. En otras trampas, ya más evoluciona­ das, para que caiga la piedra de la trampa es preciso que el pájaro se coma los gra­ nos de trigo de las espigas, deslizándose entonces los tallos del lazo de la cuerda. También observamos cómo en otros ca­ sos la cuerda que baja en tensión del palo superior pasa por un agujero practicado en el vertical, y queda trabada por una almendra. Comida ésta, escapa la cuerda cayendo la losa. Otras de ellas, conocidas como satolak, han sido utilizadas para la caza de ratones en la sierra de Aralar. Una piedra adecuada podría hacer prescindible la tabla superior. Parecidas a las anteriores en cuanto a funcionamiento son las lla­ madas trampas de maza, utilizadas en el Pirineo Catalán, pero con atisbos de uso en otros lugares, entre ellos, en algunos puntos de Euskal Herria. El ratón entra en la caja por la parte superior y al tirar del cebo que está sujeto en el palito horizon­ tal, lo desencaja del inclinado deslizándo­ se la maza por un par de palos redondos. Otra singular trampa llena de ingenio para la captura de aves vivas, la hemos visto en el valle de Orozko y en el de Arratia bajo el nombre de txori-tranpa. Tenemos noticias de que también se ha utilizado en otras zonas de Euskal He­ rria, así como en Galicia donde reciben el nombre de cacifros. Como vemos en la foto, se trata de una especie de jaula con forma de pirámide truncada, hecha con varillas de avellano sujetas con mim­ bre, pequeños clavos, cuerdas o alambres.


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Isidro Carda con su cepo para lobos.

En la parte superior lleva una portezuela por donde meter la mano y sacar el ave capturada. Del fondo de la jaula parte un mimbre en forma deV o de arco, cuyo ex­ tremo llega al borde contrario de la jaula. Para su montaje se utilizan dos palitos de diferente tamaño, liados por una cuerda. El mayor se clava en el suelo, quedando suspendido de la cuerda el pequeño, cuyo extremo superior sostiene el borde de la jaula levantada y el inferior mantiene el mimbre a unos pocos centímetros del suelo. El pájaro atraído por el cebo, gra­ nos de trigo por ejemplo, se posa en el

mimbre, provocando el desajuste con el palo pequeño y cayendo la jaula. Las herramientas, artilugios y sistemas usados en la caza son numerosísimos. Es­ tos que aquí presentamos no son sino una muy pequeña muestra. Es recomendable la lectura, entre otros, de los libros, ya ci­ tados, La caza en la prehistoria de José GómezTabanera (Ediciones istmo. Madrid, 1980) y El trampeo de Moisés D. Boza (Editorial Hispano Europea S.A. 200Z). ENRIKEIBABE ORTIZ Etnúgrafo


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AYALA EN LA ALTA E D A D M E D I A (S IG L O S VIII-XI)

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La ap arición del valle de A yala en las crón icas históricas ^ fines del siglo IX, un monarca asturiapo llamado Alfonso, el tercero de ese (K>inbil%. emprendió la tarea de recoger por escrito la historia de su estirpe, cuyo origen hizo remontar a tiempos de los godos. Por tanto, a épocas añoradas por el rey: épocas que imaginaba gloriosas y muy diferentes a la que le tocó vivir mar­ cada por la amenaza de los enemigos del sur: los musulmanes que desde 711 do­ minaban la mayor parte de la península. En sus relatos los cronistas reales exalta­ ban el valor de aquellos antepasados de Alfonso que en las montañas de Asturias se organizaron para formar el primer núcleo de resistencia cristiana y. poco después, para ampliarlo extendiendo su

influencia a otros lugares del Cantábrico, desde Galicia hasta los Pirineos. En este contexto aparecen menciona­ dos por vez primera nombres de lugares que todavía hoy se conservan: Sopuerta, Karrantza, Bizkaia, Urduña, Alava, Alaon (identificado por la mayor parte de los historiadores con Ayala) o Pamplona. La aparición repentina de todos estos topó­ nimos en las Crónicas no quiere decir que estas tierras estuvieran desiertas hasta entonces. Por el contrario, son el reflejo de un mundo vivo, en expansión, que se estaba transformando porque las viejas estructuras políticas, económicas y socia­ les heredadas del mundo antiguo no re­ sultaban operativas y por ello era preciso buscar nuevas fórmulas que permitieran no i,ólo subsistir, sino también prosperar económica y socialmente. Desde esta perspectiva, la formación de Ayala debe enmarcarse en el proceso de transformación y desestructuración del entorno pirenaico que se inicia en el siglo VIII. Y hablamos de desestructu­ ración porque antes, al menos entre los siglos VI y VII, se constata cierta unidad que refleja la cohesión social de los habi­ tantes de ese ámbito geográfico, en cuyo extremo occidental se encuentra nuestra comarca. Prueba de esta unidad, son las necró­ polis halladas en determinados enclaves del sur de los Pirineos, donde los difuntos se enterraron con sus armas, siguiendo la moda funeraria "franca", tan distinta de la que emplearon tos visigodos, cuyos monarcas dominaban políticamente la Península desde la sede regia de Toledo. Esa unidad también se manifiesta en la denominación de "vascones", que los cro­ nistas visigodos o francos dieron a los ha­ bitantes de nuestro entorno, lo que supo­ ne que aquellos escritores -observadores ajenos al territorio-, percibieron en ellos suficientes peculiaridades y elementos de cohesión para diferenciarlos de otros y englobarlos bajo et mencionado etnòni­ mo. Uno de esos elementos fue, sin duda



alguna, la lengua, como se observa en los topónimos y onomásticos que se extien­ den desde los confines de Navarra hasta el oeste del Nervión y que según algunos lingüistas se formaron en esa época. En definitiva, entre los siglos VI y VIH. encontramos en el País Vasco una socie­ dad cohesionada y estructurada en tor­ no a unos jefes militares procedentes de importantes familias aristocráticas, cuyos dominios se extendían por los valles y montañas del área: por tanto, una sociedad distante de los tópicos que sostienen la existencia de grupos gentilicios aislados o co­ munidades basadas en el estricto parentesco vi­ viendo según pautas de comportamiento que algunos, errónea­ mente, han considera­ do prehistóricas. Esa sociedad, de la que apenas

sabemos nada, fue desestructurada por cuatro factores complementarios que se sucedieron en el tiempo: — La invasión musulmana del 711 que, destruyendo el reino visigodo de Toledo, afectó a la mayor parte de la Península, llegando a establecer guarniciones en enclaves tan septen­ trionales como Pamplona o Gijón, de donde pronto fueron expulsados. — La consolidación y fortaleza del reino franco, situado al norte de los Piri­ neos, especialmente desde que Carlomagno fue coronado emperador de Occidente en la Navidad del 800, ambicionando extender su influencia al sur de la cordillera, desde Cataluña al País Vasco. — El nacimiento del reino de Asturias, cuyos monarcas trataron de organizar política y militarmente el norte pe­ ninsular, como principal foco de resis­ tencia al Islam. — Los enfrentamientos de las principa­ les familias aristocráticas del Pirineo


que pugnaron por el gobierno de la antigua civitas de Pamplona, sede de la autoridad política y religiosa de ese entorno. Luchas que sólo se debilita­ ron a mediados del siglo IX cuando Iñigo Arista accedió al trono, con el apoyo de sus parientes de la Ribera del Ebro, los Banu Qasi, convertidos a la religión musulmana. Todo ello produjo importantes cam­ bios. Así, a lo largo del siglo VIII las refe­ rencias sobre los vascones casi desapare­ cen, al tiempo que, como se desprende de ta Crónica de Alfonso III, surgen nuevas realidades comarcales, designadas por topónimos que todavía perviven para de­ nominar alguno de los territorios históri­ cos que conforman Euskal Herria y, entre ellos, Ayala. Desconocemos, por ausencia de in­ formación, hasta qué punto estos to­ pónimos respondían a una realidad per­ cibida por sus habitantes, existían con anterioridad respondiendo a antiguas demarcaciones administrativas o fueron

creaciones de la corona astur que los bautizó con el objeto de incluirlos en su proyecto político. De la primitiva Ayala poco sabemos y ello pese a ser uno de los territorios vascos que conserva documentación altomedieval más temprana. De hecho la primera descripción casi geográfica de la zona se adivina -más que se ve- entre las brumas de un documento, manipulado por añadidos posteriores, que nos infor­ ma de la donación de los monasterios de San Vicente de Añes y Santiago y San juan de Uzuza -que se ha identificado con Ozeka- a la abadía de San Félix de Oca (Burgos) en el año 864. En aquel tiempo por “monasterio" no se entendía lo mismo que hoy. Entonces con ese nombre se designaba a una igle­ sia particular, esto es propiedad de una comunidad aldeana, de un señor, del con­ de o del rey y que, como cualquier otro bien patrimonial, podía ser vendida, com­ prada, transferida, dejada en herencia, etc. En consecuencia el “monasterio" era

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una fuente de riqueza más, y una de las más importantes de Ayala.

E l J o m in io ¿ e los “ m on a sterios” á e A ñ es y OzeUa ' : n este sentido, los monasterios de j /tfles y Ozeka, eran propiedad del conde ' Diego, y no estaban formados sólo / por la iglesia, sino también por diversos

bienes extendidos por un amplio térmi­ no, cuyos lindes se especificaron: desde la peña Urzanico y el alto Ugaratz hasta la iglesia de San Vicente. Los dos monasterios disponían de espacios ganaderos, donde mantener la amplia cabaña que el conde entregó al monasterio de Oca, constituida por 268 vacas, 42 yeguas, 83 cabras, 16 caballos, 7 muías, 1 asno, 21 aves, 85 cerdos y un rebaño de ovejas. Estos espacios podían ser de dominio público y, en consecuen­ cia, utilizados por el monasterio en ré­ gimen comunal, esto es compartido con otros vecinos. Pero también podían ser privados, como las dehesas que eran lu-


gares donde sólo podían pastar los ga­ nados de sus propietarios, e incluso las aguas de los ríos que se convirtieron en cotos de pesca explotados por los aba­ des de Añes y Ozeka. Y es que el conde Diego, en virtud de las funciones que desempeñaba como representante de la monarquía, titular de los montes y las aguas, concedió ese privilegio de explo­ tación a los monasterios, en detrimento de los restantes vecinos de las aldeas del valle. Junto a ello, esos dos monasterios poseían también campos orientados a la agricultura. En el texto se citan unas ser­ nas o tierras dedicadas a la siembra dei

cereal, conseguidas mediante rozas para poner en explotación áreas naturales y de bosque, situadas junto a la iglesia de San Vicente de Añes. En cualquier caso, las propiedades adscritas a esos monasterios no constitu­ yeron un espacio continuo y cerrado, sino un conjunto de lotes dispersos por el va­ lle. Así conocemos la existencia de otros lugares que no les pertenecían, como las aldeas de Angulo, Encima Angulo, Lejarzo, Urzanico. Pando de Sojo, Lujo. Erbi, Sojo, Obaldia -actual Nadaría- y Salmantón, que disponían de su propia iglesia y de la posibilidad de explotar comunalmente bienes públicos.

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ciones realizadas en Bizkaia, muchos mo­ rían jóvenes, antes de los 14 años, pero superado ese período crítico relacionado con la infancia y primera juventud, las A yala kace m ás perspectivas de supervivencia eran ma­ Je 1 0 0 0 años: u n paisaje yores, especialmente para los hombres, lium anizaílo dado que las mujeres corrían el riesgo de morir en el parto. En cualquier caso, ra­ l documento que venimos comentan­ ramente superaban la edad de 40 años. Físicamente no eran altos: 1,55 metros do nos da una primera visión del paisaje para las mujeres y 1,65 para los hom­ de hace casi 1150 años, pero esa bres. imagen puede ser enfocada y vista con Estos individuos vivían en comunida­ mayor nitidez gracias a la arqueología, des aldeanas en las terrazas de Sierra Sálciencia que nos permite acercarnos a los vada y Peña Angulo, sin ocupar el abrupto auténticos protagonistas de la historia: escarpe de la peña con cumbres por en­ hombres y mujeres anónimos que vivían, cima de los 1000 metros, ni el fondo del trabajaban, sufrían, gozaban y morían en valle que les debía de resultar poco atrac­ escenarios que todavía hoy en día pueden tivo di ser un lugar húmedo, sombrío, en­ identificarse en el paisaje actual, gracias a charcado, sometido a inundaciones y en las huellas que dejaron. consecuencia poco apto para vivir, para - Para esos individuos la vida no debió cultivar cereales, leguminosas o árboles ser fácil. Según sabemos por las excava­

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frutales o para el mantenimiento de su cabaña ganadera. Así se observa que la mayor parte de las aldeas altomedievales se encuentran en los dos escalones situados al pie de la sierra. En el más meridional, con al­ titudes que van entre tos 500 y los 700 metros dominado por planicies cubiertas de pastizales: y en el septentrional defi­ nido por tos valles de los ríos Izalde, Ibaltzibar y Artziniega, con alturas entre los 150 y 250 metros, aunque en éste caso los asentamientos se alejan de los cursos fluviales, de lo que es un buen ejemplo la ubicación del santuario de La Encina, antigua parroquia perteneciente a una comunidad aldeana. Los elementos que resaltaban en el paisaje de estas comunidades aldeanas fueron las iglesias y los cementerios, que se constituyeron en los auténticos cen­ tros de poder a través de los que progre­ sivamente se fue privatizando el espacio. Ninguna de estas iglesias se ha con­ servado, ya que después se han transfor­ mado y ampliado: pero, sin duda alguna, las excavaciones que se realicen en las parroquias de Añes, Salmantón, Olabezar, Sojo, Lujo, etc. proporcionaran los ci­

mientos de los primitivos templos, de losque sólo conocemos los hallados por M. J. Torrecilla en La Encina. En tos alrededores de las iglesias se extendían las necrópolis o cementerios. De hecho, la fundación de una iglesia implicaba también la acotación de un espacio más amplio en su entorno que gozaba de los mismos privilegios, y que estaba reservado para enterrar a los fie­ les fallecidos e incluso -ante nuestro asombro- para almacenar los excedentes productivos que generaban las comuni­ dades. En esos cementerios altomedievales predominaban las inhumaciones con et difunto colocado en posición de decúbito supino, mirando hacia el Este y sin nin­ gún tipo de ajuar, aunque había algunas excepciones. Las sepulturas podían estar excavadas en tierra, estar revestidas con lajas (de las que hay testimonio en Añes). o estar delimitadas por pequeños muretes (como en Aloria). Dadas las distintas funciones del ce­ menterio, para señalar el lugar que ocu­ paban tas sepulturas se utilizaron estelas o bloques de piedra apenas desbastados, pero que en ocasiones podían llevar algu­

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na decoración. De los siglos Vil uVIll es la estela de Luiaondo. Algo posteriores son las de Menagarai y La Encina. Estas dos últimas deben relacionarse con otras es­ telas alavesas, situadas al otro lado de la Sierra Salvada. En concreto, en las exca­ vaciones de los castros de Lastra (Valdegovía) P. Saenz de Urturi recuperó piezas muy similares, sobre todo, en la forma y técnicas de fabricación, datadas entre los siglos IX y X. Apenas sabemos a qué se dedicaban los ayaleses de la Alta Edad Media. Como fiemos visto, poco dicen las fuentes escri­ tas al respecto, aunque se pueden plan­ tear algunas hipótesis. En el documento del sigo IX que antes hemos citado, el bosque dominaba casi todo el espacio. Un siglo más tarde, otro documento por el que se cede el monas­ terio de San Victor de Cardea (Llodio) al de San Esteban de Salcedo, nos ofrece

una imagen más diversificada al hablar también de viñas, tierras de cereal y man­ zanares, lo que es prueba del crecimiento agrícola que afectó entre los siglos X y XI a todo Ayala, incluso a los escalones más bajos de la sierra. La documentación escrita no da más de sí. La arqueológica, sin embargo, abre nuevas perspectivas de conocimiento al considerar que el paisaje actual no es una construcción geográfica sino social, al ser el resultado de un proceso histórico que ha interrelacionado al hombre y a la naturaleza. Desde esta perspectiva en las huertas y en los paisajes actuales se pueden identificar vestigios de antiguas unidades de explotación abandonadas o transformadas. Estudios de este tipo no se han realizado en Ayala y tampoco en otras zonas del País, pero sin duda alguna la lectura estratigráfica de los pastizales de los dos escalones de la sierra preferen­ temente ocupados en la Alta Edad Media (que pueden verse en el terreno, en foto aérea y en cartografía) puede aportar in­ formación de gran interés para conocer la organización del espacio productivo en épocas pasadas, lo que, a su vez, nos permitiré ver y entender el paisaje actual con distintos ojos. Hasta el momento la impresión que se obtiene de una primera valoración de los datos arqueológicos es que en torno al año 1000 existía un hábitat fijo, semidisperso por las laderas de las montañas y formado por la agrupación de unas pocas viviendas situadas en las proximidades de la iglesia, aunque no necesariamente en su perímetro. Pero, el bosque dominaba el paisaje, constituyendo una fuente importante de recursos susceptibles de ser aprovechados por las comunidades medievales median­ te la recolección o la caza. En su interior, extensas masas forestales proporciona­ ban madera para construir las casas y ca­ lentar los hogares, frutos silvestres como las bellotas -nutritivamente similares a los cereales-, y carne para diversificar la


monótona dieta alimenticia de la pobla­ ción. Las especies vegetales, que cono­ cemos gracias registro arqueológico, hacen referencia a hayas, robles, alisos y avellanos, junto a otras especies propias de ribera como el fresno. Desde el punto de vista económico en estos bosques se abrían, además, al­ gunos claros que eran explotados a título individual, denominados dehesas en los documentos, y pastos deliberadamente preparados mediante roturación (amenibus pratis) cuya extensión supuso un recorte significativo de los derechos de aprovechamiento colectivo y que tal vez puedan identificarse con los “seles” que aparecen algo más tarde en la documen­ tación y que todavía hoy se pueden apre­ ciar en las fotografías aéreas en número realmente sorprendente.

U n m u n d o placad o ¿ e aldeas, pero organ izado desde el p od er ntre los siglos IX y XII se formaron la mayor parte de las aldeas que hoy co­ nocemos. La aparición de éstas, no se produjo de forma sincrónica, sino que respondió a un proceso histórico de lar­ ga duración reflejo y resultado del creci­ miento económico iniciado cuando me­ nos en el siglo IX. A la fundación de los asentamientos del siglo IX debieron de contribuir dos factores interrelacionados, que provoca­ ron el crecimiento. — En primer lugar, la debilidad de las aristocracias locales que, al perder en parte las funciones militares que debieron de desempeñar en la fase anterior, al ser éstas asumidas por fa­ milias próximas a las sedes reales de Asturias o Pamplona, perdieron tam­

bién un instrumento de dominio so­ bre tierras y hombres. — Y, en segundo, la fortaleza de los cam­ pesinos y ganaderos que pudieron ale­ jarse de las zonas controladas directa­ mente por las elites que detentaban el poder y colonizar nuevas tierras en los bosques y montes, donde la po­ blación era escasa. En cualquier caso, pronto el valle de Ayala fue de interés en la política de ex­ pansión del reino astur. Prueba de ello es que al frente del mismo aparezca un dele­ gado de la corona: el conde Diego, dotado de funciones administrativas y judiciales que le permitía acceder a la propiedad y explotación de tierras públicas. Gracias a estas prerrogativas se fue haciendo con el control de bienes comunales e iglesias, en definitiva con las principales fuentes de riqueza del altomedievo, lo que le permi­ tió apropiarse y dominar las aldeas cam­ pesinas que fueron cayendo en su órbita, como muestra el documen­ to del 864, en el que las aldeas

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de Lexartzu, Urzaniko, Soxo o Salmantón le pertenecían. Más tarde, en el siglo XI, Ayala se en­ contraba bajo la influencia navarra y fue objeto de la política de Sancho III el Ma­ yor y de su hijo García, quienes a efectos de gobierno procedieron a su reestructu­ ración, tanto eclesiástica como adminis­ trativa. Eclesiásticamente los reyes navarros pretendieron sustraer los monasterios o iglesias propias de sus propietarios y ponerlas bajo la autoridad del Obispo o de las órdenes religiosas. En este contex­ to debe entenderse el convenio que en 1095 hicieron el obispo de Calahorra y los representantes de la tierra de Ayala con motivo de la consagración de la igle­ sia de San Pedro de Llodio. Las potesta­ des y moradores del valle vieron que sus Iglesias podían ser absorbidas o quedar englobadas en la órbita de la iglesia de San Pedro, por lo que se apresuraron a mantener sus derechos sobre las mismas, no dudando para ello en pagar al Obispo bueyes, caballos, etc. Y es que el control de las iglesias proporcionaba a sus posee­ dores abundantes beneficios.

Los monarcas procedieron también a organizar administrativamente su amplio reino que abarcaba un espacio mayor que la Euskal Herria actual. Para ello procedieron a dividirlo en tenencias o demarcaciones más pequeñas que los condados del periodo precedente. En Ayala constituyeron las de Llanteno y Tudela, encomendadas a dos miembros de una importante familia, los Velasco, de raigambre alavesa (Lope y Calindo Vellacoz). Las tenencias eran pues divi­ siones administrativas gobernadas por los tenentes, pero nada sabemos del lugar desde donde éstos ejercieron el poder. Normalmente lo ejercían des­ de castillos estratégicamente situados, como los guipuzcoanos de Aitzorrotz o Beloaga, pero de ello no se conocen tes­ timonios en Ayala, aunque sin duda los habrá y es probable que a través de la toponimia y de la arqueología podamos detectar las tenues huellas que nos han dejado.

DR. líUKI GARCÍA CAHINQ Arquefilogo de Ib DíputsciúnForai de Bizkaia. Profesor - tutor dela U.N.E.D. de Bergara.


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jarrastatxu UN P A S E O DE N A T U R A L E Z A E HISTORIA POR GORBEIA t e x t o « m iS D IQ PEZ fo tos « J U A N J O HIDALGO

El presente itinerario, conocido como Naturbide Garrastatxu, recorre una distancia de 15 kilómetros y combina deporte y naturaleza, siempre en un entorno muy humanizado desde los primeros tiempos. Quienes deseen bucear en el pasado podrán encontrar aquí algunos de los vestigios de aquellas formas de vida, evocando actividades como la minera, la de recolección de castañas, la forestal y la de fabricación de piedras de molino, actividades industriales unas y de subsistencia otras, cuyas enseñanzas eran transmitidas de padres a hijos hasta hace sólo unas décadas.

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odo el recorrido se sitúa en ios alrededores del santuario de Carrastatxu, localizado en las estri­ baciones de Gorbeia. Para acceder al lugar hay que llegar primero al pueblo de Baranbio, pertene­ ciente al municipio de Amurrio y asenta­ do en el valle del río Altube, muy próxi­ mo al vizcaíno ayuntamiento de Orozico. Frente al restaurante Hordago, al otro lado de la carretera, nace una pista as­ faltada de fuerte pendiente que, en ape­ nas 2,5 km, conduce hasta el bello otero sobre el que se sitúa la ermita. Toda la subida está flanqueada por plantaciones forestales de pinus radiata originarios de California e introducidos en el País Vasco desde finales del siglo XIX. Afortunada­ mente, la propuesta de senderismo que aquí hacemos discurre entre vegetación autóctona, por bosques de influencia me­ diterránea cuajados de robles y encinas, y bosques atlánticos de hayedos y bortales, con zonas de especies de ribera y mixtas en los cursos de agua. Este enclave es un excelente mirador sobre la Tierra de Ayala, las sierras de Gi­ bijo y Sálvada, y los montes de Orozko. Además, alberga un área de recreo con mesas, asadores, juegos para niños y una vieja cabaña con servicio de restaurante

los fines de semana. Junto al área se en­ cuentra el santuario dedicado a la Virgen de Garrastatxu, erigido en el s. XVII y es­ coltado por la casa del mayordomo a un lado y una cabaña para el ganado al otro. Todo el espacio del templo está delimi­ tado por un muro perimetral que contie­ ne en el centro una plaza abierta donde, hace ya 185 años, se celebraban concurri­ das corridas de toros. La construcción del santuario vino a sustituir a la cercana er­ mita de San Pedro en el lugar de juandalaperi, topónimo que deriva precisamente del propio nombre del santo. La devoción popular hacia la Piedad de Garrastatxu a través de los tiempos explicaría la rique­ za de sus posesiones, entre las que había colmenas, vacas, novillos, ovejas, cabras y bosques, por lo que sus mayordomos realizaban importantes ventas de ganado mayor y menor, además de cargamentos de lana, cera y carbón.

Inicio de] Ndtwrbide El itinerario comienza en el Santuario y recorre una zona interesante de los mon­ tes de Altube, coincidiendo en un buen trecho con el trazado GR 12 sin llegar a Burbona, y regresando junto a la muga vizcaína con Orozko. El sinuoso terreno y las bajas y pertinaces nieblas de nor­ te constituyen la principal dificultad del recorrido a la vez que un reto para su realización. Seguiremos para ello las 17 traviesas verticales situadas en los cruces de caminos a modo de postes de seña­ lización, indicadores precisos y acompa­ ñados en ocasiones de carteles ilustrados que nos permitirán conocer la historia oculta de estos olvidados rincones de montaña.

Tremesas

1 y 2

La n° 1 se encuentra a la derecha del Santuario. Desde aquí, antes de iniciar la


marcha por todo el cresterío, giramos a mano izquierda para bajar un desnivel de 50 metros en fuerte pendiente hasta en­ contrarnos una bocamina del año 1875. El túnel, de unos 30 metros de longitud, está excavado en cayuela y mantiene una altu­ ra que permite andar sin dificultad. Estas bocaminas son en realidad catas de filón o prospecciones, y en la mayoría de ellas no hallaron el mineral buscado. Coinciden con el apogeo de las minas del alto de San Antón, entre Baranbio y Lezama, las cua­ les proporcionaban abundantes cantida­ des de mineral de blenda y galena para la producción de plomo y zinc. Durante las guerras carlistas fue aprovechado por el bando carlista para la fabricación de mu­ niciones, sobre todo de bolas de plomo para cañón. En este sentido, los carlistas utilizaban la galena mientras arrojaban la blenda a las escombreras, un desprecio

del que más tarde se beneficiaría la indus­ tria del zinc. Teniendo en cuenta que en aquel momento había un presidio en Ba­ ranbio con los reclusos aprehendidos por el bando carlista, la mano de obra para este tipo de trabajos forzados a golpe de pico resultaba ciertamente barata. (Más información en Aunia n®4) Una vez realizada esta pequeña in­ cursión regresamos al inicio para seguir el cresterío hasta el término de Errotarrieta. Aquí podremos apreciar los restos de piedras de molino inacabadas, bien por rotura al darles la vuelta, bien por la mala calidad de la piedra. Aún se observa la mella de los cinceles de los canteros en los bordes de muchas de ellas. Entre helechos y tocornos seguimos descendiendo por la fuerte pendiente, teniendo cuidado con la peligrosa caída de nuestra izquierda, hasta encontrar el


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camino que llega del caserío Artabila por nuestra derecha, a escasos 200 metros de distancia. Inmediatamente llegamos a la traviesa n° 2, enfrente de la cual, al otro lado de la vaguada, se encuentra la Re­ serva Integral más grande del Parque Na­ tural de Gorbeia, de 66 has de superficie repletas de borto. Descendemos por las gradas del cor­ tado y, a través de una senda de aspecto salvaje, llegamos hasta los paneles expli­ cativos del almacenamiento de castañas y de las bocaminas, curiosidades que pueden verse en los alrededores. Para ello.

Vegetación en la zona de Intxutaxpe.

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deberemos salir del sendero y subir entre helechos por debajo de la peña Intxutaxpe unos 50 metros hasta alcanzar una bocamina y un erizal en mal estado de conservación. Volvemos otra vez al cami­ no y llegamos al erizal de Casimiro, total­ mente en ruinas. En este punto la senda se cruza con dos pistas, una perpendicular y otra paralela, que es la principal de la hondonada.

Traviesas n° 3 y 4 Ahora estamos en un altozano, traviesa n® 3, lugar que también es conocido como Probaleku.Aquí, en un tramo de unos cien metros, los bueyes que transportaban las maderas y piedras tenían que realizar un esfuerzo extra debido a que era la única cuesta que se inclinaba hacía arriba en el descenso de la materia prima desde el

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monte al valle. En esta pista principal, a la altura de Probaleku, se dio un hecho curioso protagonizado por un vecino de Intxutaxpe, José Ortueta. Este hombre, que era un conocido palankari, tuvo la desgracia de ver cómo una de la vacas, mientras bajaba leña en el carro, se rom­ pía la pata delantera. Ni corto ni perezo­ so, José desató a la vaca del yugo y ocupó su lugar junto al otro animal, de forma que logró llevar el carro hasta el caserío con la otra vaca, tras recorrer un kilóme­ tro de distancia. José falleció poco antes de 1936. Desde la traviesa n® 3 cogemos una pista y subimos por fuerte pendiente. Después de avanzar unos 500 metros, vemos a nuestra izquierda el erizal de Ibarrondo, cuyo estado de conservación es regular Entre tocornos, helechos y cas­ taños viejos, finalizamos la dura cuesta, dando vista a la traviesa n° 4.


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Desde Katxabasogaina vista hacia Nafarkorta.

Trdviesds 5y 6 <con opción de abandono) Durante la subida hemos visto algunas paredes que nos indican la existencia de roturas de trigo y patatas, todavía en cultivo hace cuarenta años. Esta zona fue rica en castañas, que se almacenaban en los erízales (kirikiño-hesi). Las varíedades de castañas conocidas aquí respon­ dían a los nombres de bizerluze, tortolas,

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tenemos la posibilidad de optar por con­ tinuar con el recorrido siguiendo hacia la traviesa n® 7 o por abandonarlo si es que deseamos acortarlo o posponerlo para una segunda parte. Si elegimos la segunda opción debe­ remos girar hacia la izquierda y pasar por las traviesas n® 16 y 17 hasta llegar al caserío Pikatza, último hito antes de re­ gresar al santuario de Garrastatxu. Para este pequeño pero interesante recorrido habría que contar con unas dos horas, al margen del tiempo que queramos perder en las paradas.

Traviesas

ba(e)rrígas, berdeiak, barandones, lupetxo, uleberak y de San Miguel. Continuamos en ligero descenso. A unos 5 minutos a ta altura del riachuelo tenemos, a unos 100 metros a la dere­ cha, un erizal en estado de conservación aceptable. Entre robles y hayas, llegamos al pinar de Sarastimun, traviesa n° 5. A continuación giramos hacia la izquierda y tras andar 500 metros llegamos al cru­ cero de Garate, traviesa n® 6. Desde aquí

7, 8 y 9

Prosiguiendo con la primera opción gira­ mos a la izquierda por un camino herboso y llano que bordea el pinar de Juandalaperi, nombre que le viene de la antigua ermi­ ta de San Pedro, desaparecida en el siglo XVIll. que coronaba este alto como lo de­ muestran las escasas ruinas que aún que­ dan en la cima. Continuamos ascendiendo por la pista principal, dejando a nuestra izquierda una antigua cabaña de cabras en restauración, para llegar a la campa de Katxabaso, traviesa n° 7. Katxabaso ha sido y es lugar de en­ cuentro de caminos de pastores, de caza­ dores y de montañeros. Aquí se encuen­ tran un bebedero y un corral destinados al ganado, y además, en la esquina del pinar de la campa podemos ver la punta del mojón que separa Araba de Bizkaia. Avanzamos por el camino principal, y a 500 metros nos encontramos en Pagotxikieta, traviesa n® 8. Giramos a la dere­ cha, por debajo de unos robles plantados, y seguimos ascendiendo suavemente, con buena panorámica. Tras andar 1,5 km y pasar la rotura del desaparecido caserío Arma, llegamos al riachuelo de Errekandigoiko, donde podremos refrescar nuestro sudor. A continuación nos adentramos en una zona cómoda para el caminante. Al borde del sendero, a la derecha, dejamos

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(a esquina de Birgenaurleku. En este pa­ raje se entremezclan robles. Iiayas. helé­ chos. espinos, tocornos y otros arbustos, y ha sido tradicionalmente escogido por los lugareños para recoger material con destino a las camas del ganado. Era un or­ gullo para los carreteros bajar la carga de helechos y hoja hasta la misma punta de los cuernos de los bueyes. Dicha recogida se acabó con la introducción del fardo de paja, mucho menos laborioso. Veremos enseguida el letrero de Domaikorta iturria. que nos indica el lugar de la fuente. Para llegar al manantial hay que abandonar la pista unos 20 metros a la derecha, hasta llegar al pozo, de agua blanda y buen paladar, donde se bebe con un vaso. Una anécdota refiere cómo en una marcha realizada por esta zona, un muchacho participante en la misma siguió el indicador de la fuente para preguntar a su regreso: "¿dónde esta la fuente?”. Sin duda, aquel muchacho desconocía que en los montes es muy frecuente encontrar fuentes sin el habitual caño. Poco más adelante llegamos a la traviesa n® 9. Proseguimos a través de la pronun­ ciada pendiente de la pista. A los cinco minutos, a mano izquierda, vemos unas

piedras de color del hierro que están re­ pletas de fósiles marinos, y un poco más adelante llegamos a un raso, donde los árboles aparecen muy castigados por los rayos. El camino continúa ascendiendo por el mágico y oscuro hayedo hasta la txabola de Otegi, traviesa n° 10.

Traviesas

1 o y 11

La txabola de Otegi desapareció al ser in­ cendiada sobre 1959. Su pastor Josetxu Otegi, del caserío Artabila abandonó pos­ teriormente el pastoreo en esta zona. Esta encrucijada de caminos, antigua morada de carboneros, ofrece varias po­ sibilidades al caminante, como es la de abandonar el Naturbide y seguir la pis­ ta que conduce a la cima de Burbona en apenas media hora (921 m). Desde Bur­ bona se abren nuevos horizontes hacia tos montes de Altube. en especial el que lleva a Andatoleta, lugar de escondite para la banda de los Granizos. Aquellos bandidos, carboneros de profesión, fueron captura­ dos un 31 de julio de 1869 en Gipuzkoa, acusados de dar muerte al cura del San­ tuario de Oro.


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En este mismo camino de Burbona, pero a unos 200 metros de la txabola de Otegi, tenemos los rasos y hondonadas de Castederra, muga entre Baranbio y Zula, donde los lugareños sitúan leyendas sobre encuentros de brujas. Sin duda, un hermoso y sugerente lugar. Dejamos esta zona mágica, propia de duendecillos y otros seres del bosque, y con orientación este subimos por el mo­ jón de Biozbizkar al cordal, divisoria de aguas entre las vertientes cantábrica y mediterránea. Las huellas sobre el terre­ no de las viejas trincheras nos indican las posiciones de los “rojos" en el año 1936, zona donde no hubo frente, pero que sí fue provista de un gran arsenal, como así lo atestigua la infinidad de bombas que año tras año van apareciendo. Continuamos por el cordal raso de Ganbidea hasta llegar a Saratxirriaga, tra­ viesa n® 11. Desde esta loma contempla­ mos las cimas de Oderiaga, Usotegieta, Gorbeiagana y Berretin que, debido a su altitud, parecen farallones en aptitud de custodia! Unos cien metros antes de llegar a la traviesa n® 11 hemos dejado una pista a la derecha y unas piedras movidas por

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B ^ n d o las ovejas en ta zona de Tajaiteku.


excavadora. Aquí se encontraba el dolmen de Canbidea, descubierto por José María Apellaniz en el año 1968 y descrito de la siguiente manera: “Dolmen corto, cerra­ do. Cámara compuesta por dos losas en pie, una de cabecera y otra lateral. Junto a estas hay otras dos, aunque arrancadas, dejadas en su lugar original. En areniscas del terreno." Asociado a él se encontró posteriormente un fragmento de hacha pulimentada. Desgraciadamente, el des­ conocimiento por parte de los trabajado­ res forestales de los bienes patrimoniales situados en montaña y la descoordina­ ción entre los diferentes responsables ha dado al traste con muchos de estos bie­ nes (dólmenes, caleros, ericeras, tejeras...) y con el valor cultural que atesoraban. Asimismo, todavía a mediados del siglo XX existía una majada pastoril en esta zona, con cinco chabolas de piedra de las que hoy tan sólo queda una.

Traviesas n® 12, 13 y 14 La opción de abandonar momentánea­ mente el recorrido del Naturbide es ten­ tadora si se desea subir a Oderiaga (1234 m), empleando unos 40 minutos, o hacer cima en el más cercano Nafarkorta (1017 m). Mientras tanto, bordeamos esta últi­ ma cumbre siguiendo la pista que des­ ciende hacia Oiargangoiko, donde unos pequeños túmulos de piedra siembran la duda sobre su origen, ya que según tes­ timonios podrían ser indicadores de las roturas de trigo y patatas efectuadas en el siglo XVIll, a 900 metros de altitud. Se inicia ahora un descenso pronun­ ciado hasta el término de Oiargan, tra­ viesa n° 12. Avanzamos hasta la traviesa

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Vivero deArlamendi. El muro perimetral, de 2 m de altura, se encuentra semiderruido, pero todavía puede apreciarse la majestuosidad de los árboles del interiory la robustez de los externos, m uy castigados por ta p oda para teña y carbón.

n®13. Desde aquí podemos salimos del Naturbide y atajar. Así, pasaríamos por la fuente de Katilu-iturri y la campa de Tajaileku para llegar a Katxabaso en 15 minutos. Si por el contrario, las fuerzas no nos han abandonado y deseamos proseguir con la ruta, no nos arrepentí-

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remos, ya que aún faltan por descubrir interesantes huellas de actividades hu­ manas pasadas. ' Continuamos el Naturbide. Guardan­ do altura nos introducimos en el arbola­ do de robles y hayas para llegar en 15 mi­ nutos a la traviesa n®14. En este “morro"

está situado el vivero de Arlamendi, que en la actualidad se encuentra semiderruido. Está cerrado por una pared de dos metros de altura, formando un óvalo de 250 metros de perímetro con hayas y ro­ bles de unos 100 años de edad. El pueblo de Baranblo realizaba la explotación del

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provincial, bajamos una fuerte pendiente durante unos 500 metros hasta el mojón de Muskertegi, donde giramos a la iz­ quierda. Enseguida llegamos a la pasada de Antzulueta para continuar subiendo una pequeña cuesta que nos conduce di­ rectamente a Katxabaso, traviesa n® 15. En todo el Naturbide, y con mayor abundancia en el cordal de Arlamendi, hemos apreciado varios tipos de seña­ lización con chapas, que nos indican la práctica de la caza, particularmente de jabalí y ciervo.

Traviesds

Caserío Pikatza y manantial ferruginoso.

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vivero a través de una subasta pública, correspondiendo la última al año 1901. Este enclave tiene interés añadido, pues a 500 metros de distancia y en la jurisdicción de Orozko se encuentra otro vivero, en estado lastimoso, conocido como 'Vivero antiguo", y algo más arriba se encuentra una peña donde los cante­ ros de Baranbio han sacado cientos de piedras de molino. Hoy sólo quedan las paredes de la txabola utilizada por aque­ llos canteros. Esta fábrica de piedras ya esta documentada en el siglo XVI, con el nombre de Arriolamendi. Dejamos el vivero y por una pista jalonada por los mojones de la divisoria

15, 16 y 17

En el pico de esta campa podemos ver el buzón que nos indica Katxabasogaina (605 m). En este tontorro haremos una parada para contemplar el precioso pai­ saje que se nos ofrece hacia el oeste. A continuación descendemos y en 5 minu­ tos alcanzamos el crucero de Garate y el caserío Pikatza. Este singular caserío tiene una fuente de agua mineral dentro de la casa, y otra de agua blanca o dulce con­ tra la pared de la casa. Junto a la era esta el aska que se utilizaba para la fragua. Su último morador fue Julio Picaza, fallecido hace una década. Dejamos atrás el caserío y un buen colmenar cubierto a la izquierda para lle­ gar a la pista asfaltada. Tras recorrer por ella 500 metros alcanzamos el santuario de Garrastatxu. punto de inicio y final del recorrido. Para realizar el Naturbide en el total de las traviesas hemos empleado cuatro horas y media. Es aconsejable realizarlo en primavera u otoño, acompañados de una makila, agua y algo de comida, y a poder ser evitando los domingos desde el 12 octubre al 12 de marzo, puesto que se corresponde con la época de batidas al jabalí. LUISQ LÚPE2 Miembro del grupo etnografico AZTARNA


septiembre^ todos los fines de semana cine

a>rriak 14, estírala UDALA AYUNTAMIENTO

antzerkia LA RATONERA @ zaroak4, estírala dantza OTEHiTZARI BIRAKA © benduak 3, estírala .musika BENITO LERTXUNDI




o artesanos. Pero cuando se compran gé­ neros en un lugar para revenderlos pos­ teriormente tal cual, es decir, sin Impri­ mir ningún cambio en el producto, y se obtienen en la operación unos suculentos beneficios, eso es ya harina de otro costal, eso es convertirse en algo muchas veces repudiado y otras más envidiado: eso es ser tratante, una persona cuya dedicación consiste simplemente en comprar géne­ ros para venderlos lo antes posible. Con los hermanos José Mari y Julio de la familia Arbide de Laudio, se cierra una línea compuesta de varias generaciones y que ha vivido por y para el trato de ga­ nado. Vidas de trajín, de compra de reses en unas ferias para revenderlas posterior­ mente en otras. Y de paso -especialmen­ te en tiempos pasadas- obtener notables ganancias. Algo que en principio parece muy simple y atractivo pero que la histo­ ria nos demuestra que tan sólo ellos han sido capaces de llevar a cabo con acierto.

Los orígenes de un oficio

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adié mejor que el clérigo Tomás de Mercado definió, en su J L ^ obra Suma de tratosy contratos (1569) lo que es en sí un tratante: cuando en un proceso de compraventa tan sólo se altera el precio final y no el producto para conseguir un beneficio. Decía que el trigo produce una notable ganancia final, pero que para ello ha habido que sembrarlo, cuidarlo y recogerlo. Es decir, se han dado en el producto unas modificaciones.Y eso es de labradores. Lo mismo sucede con la cría de ganados, haciendo que de un ma­ cho y una hembra procreen otro ejemplar que habrá que convertir en adulto. Y eso es de ganaderos. Y lo mismo con el vino o con la mayoría de los oficios primarios

Resultaría brusco si comenzásemos a ver­ sar sobre el trato de ganado sin reflexio­ nar previamente en torno a principales condicionantes históricos que hicieron factible el origen de oficios como el que nos acerca la saga de los Arbide. Por ello, y aunque se trate de aspectos mil y una veces manidos, no está de más sacarlos de nuevo a la palestra. Sabemos que desde el Neolítico -una de las grandes revoluciones culturales y sociales de la Historia- el ser humano aprende a domesticar los animales. Así, su alimentación deja ya de depender de la caprichosa fortuna en la caza: él mismo pasa a ser el regulador del aporte alimen­ ticio que le mantendrá y hará prosperar, aporte que será mayor o menor en fun­ ción de los animales que tuviese en pro­ piedad. Así comienza el interés desmedido por la posesión de ganado, la mejor ga-



rantía para una supervivencia sin dema­ siados percances. Testigos de bienestar que produce su tenencia son las remi­ niscencias léxicas que aún muchas E L T E R M IN O de las lenguas CA STELLA N O parecen dispo­ pecunia "dinero", ner en su acervo. Ellas nos invitan a proviene de pensar que su gé­ pecus “ganado", nesis se produjo el m ism o que en aquellos oríge­ nos aparece, ccisi nes mismos de la desapercibido, en ganadería. Sin ir más lejos, el tér­ P A LA BR A S C O M O mino castellano A G R O P E C U A R IO pecunia "dinero". proviene de pecus "ganado", el mismo que nos apare­ ce, casi desapercibido, en términos como agropecuario.

Igual le sucede al euskera, que para expresar el término “rico, acaudalado" se sirve de aberats con un casi seguro origen en abere "animal doméstico". Es decir, se es más afortunado, más rico, cuantas más cabezas de ganado se atesoren. Eso es algo perfectamente constatable aún en 1a actualidad en ciertas tribus africa­ nas como pudieran ser los masal, con un modo de vida propio del Neolítico, y en el que toda ostentación de poder econó­ mico se cuantifica en función del número de reses en posesión. Posteriormente, en otra gran revolu­ ción histórica -la que se da en torno ai año mil con el surgir de la vida urbana- el comercio consigue unos niveles de im­ plantación nada conocidos hasta enton­ ces. Es ahí, en esa sociedad que en gran medida vive en los caminos, donde se hacen cada vez más habituales las figuras

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de los tratantes, mercaderes y trajinantes, unos personajes que, a pesar de los pro­ blemas con las dificultosas vías de comu­ nicación, abusivos peajes de los señores feudales o bandidajes, fueron adquirien­ do progresivamente una notable fuerza presencial. Consecuencia directa de la expan­ sión de esta actividad comercial sería el comienzo del desarrollo de las ferias, es decir, encuentros entre ganaderos o tra­ tantes -además de otros tipos de mer­ caderes. evidentemente- en sitios seña­ lados y en fechas prefijadas. Eran de una importancia tal que su concesión para convocarlas era regulada directamente desde la Corona. Con las ferias se dispara el flujo de ganados entre zonas con excedentes de los mismos, es decir, con un nivel de cría superior al necesario para el simple

autoabastecimiento, y otras comarcas carentes de los mismos. Pues bien, los artífices de que dichas corrientes comer­ ciales ganaderas estuviesen siempre en óptimo funcionamiento fueron los tra­ tantes, unos de cuyos últimos testimo­ nios hemos pretendido acercar a estas líneas.

Los Arbide: de profesión trcitciiites Quizá Julio Arbide Mendieta ha aprendido en sus años de compraventa de ganado que hay que ser parco en palabras y me­ dir lo que se dice. Es una de esas personas en las que hay que intuir más observando sus miradas cruzadas que en la informa­ ción que de su boca pueda salir, siempre concisa y escueta en detalles.


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Nació hace algo más de siete déca­ das en el caserío Beasko, en las laderas que del barrio dé Goienuri de Laudio ascienden hacia el puerto de Garate, ya limítrofe este último con el vecino muni­ cipio de Okondo. Del mismo caserío son su hermano José Mari, más joven, y de él fueron su padre -Dionisio- o su tío José Mari. Todos ellos tratantes. Lo mismo que su abuelo y bisabuelo de Beasko y el otro abuelo, llamado José Mendieta, del caserío Gorostiola de Okondo. Todos con una vida entregada a la compra y venta de ganado. Una tan llamativa trayectoria familiar -será probablemente complica­ do documentar otros casos similares- así como la prácticamente no existencia de más tratantes reseñables en los contor­ nos hizo que el apellido Arbide haya sido y sea respetado como si de un linaje glo­ rioso en otras épocas se tratase. No sabe Julio a ciencia cierta por qué ni cuándo empezó esa dedicación en la familia pero sale airoso de la pregunta respondiendo sin complicarse la existen­ cia que él intuye que será “...algo de toda la vida".Tampoco demuestra excesiva va­ nidad cuando se despacha diciendo que probablemente comenzaron a dedicarse a esa labor “... porque no había otros que lo hicieran". Lo que sí aclara con un ma­ yor apasionamiento en la respuesta es la manera en que aprendieron, de genera­ ción en generación, las ardides del oficio, las mañas para el trato. Las adquirieron simplemente acompañando a las ferias a los mayores y observando cómo se las ingeniaban. Recuerda con la mirada baja y en una postura introspectiva las cuantio­ sas ganancias que el trato les aportó en otras épocas pretéritas. A renglón segui­ do y sin perder un segundo se apresura a maldecir exaltado las consecuencias que se derivaron del ingreso en el Merca­ do Común: el origen del fin del negocio, según sus reflexionadas apreciaciones. Añora también aquel día de 1945 en que su padre estimó que Julio era ya lo su­

ficientemente adulto como que pudiera acompañarle a aquella feria, una jornada tan fascinante para el joven muchacho que decidió desde aquel mismo instante dedicarse de por vida a lo único que ha­ bía visto en casa y que tan buen futuro parecía poder ofrecerle. Las décadas de los 60 y 70 fueron, en su opinión, las más boyantes que cono­ ció, ya que se vendían infinidad de vacas, especialmente las llamadas holandesas, conocidas por su gran capacidad produc­ tora de leche. Pero lo que realmente dio , . - r^ rr^ A r^ A ir' r\r-

gloria y distin-

LA S D EC A D A S D E

ción al trato ganadero fue la compraventa de bueyes. Se-

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cuando él era un pequeño aprendiz aún, eran

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maban la quin­ taesencia del negocio. Las vacas -comen­ ta - eran estimadas e incluso usadas para algún trabajo pero, en cualquier caso, no tenían nada que ver con el mayor objeto de codicia de un caserío: una buena pa­ reja de bueyes. Éstos tenían la ventaja de que servían para todo: para sembrar, para labrar, para engordar como carne, etc. Su progresiva desaparición comenzó hace ya varias décadas y vino motivada por la aparición de los tractores mecánicos. De hecho hace ya cerca de quince años que vendió el último ejemplar. Los mejores eran los bueyes de Astu­ rias y Galicia, los rojos, ya que eran no­ bles, trabajadores y fuertes. Por ello se vendían casi solos, sin necesidad de ar­ güir en demasía sus virtudes. Peores eran los tudancos, santanderinos, fácilmente reconocibles por su pelaje más blanco y que no dudaban en mochar o dar patadas al que se cruzara por delante. Es más

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aún, por prevenir problemas, los caseros procuraban evitarlos. La consecuencia es obvia: no eran buen negocio. También eran apreciados PARA Q U E E L los bueyes berproceso en sí cianos, una es1 pede de mezcla g en erase el entre ambas mom e n o r ^ ^ s t o —o dalidades y que m ciyor b eneficioeran conocidos

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ímpetu en fundamento del negocio de los Arbide con­ ^'^tía en algo que

excesiva m e n te simple: casi se­ manalmente acudían a alguna feria gana­ dera y que podía ser en Galicia, Asturias u otros puntos habituales como Ampuero, Gama, Ponferrada, Potes. Sotares, Orejo, Torrelavega, Unquera... para comprar no­ tables cantidades de bueyes o vacas. Así, en un mes normal podían mercar entre cuarenta o sesenta bueyes que habrían de transportar hasta el caserío Beasko de inmediato y como buenamente pudieran. Recuerda Julio cómo sus antepasados hi­ cieron muchas veces el camino a pie, un trayecto que solía durar, desde Asturias o Galicia, entre una semana y diez días. Se dormía en diferentes posadas que existían en los caminos y que solían dis­ poner de alguna campa en las cercanías, habilitada para tener recogido el ganado durante la noche. Julio, sin embargo, se benefició de las modernidades que tos tiempos mo­ dernos le pusieron en bandeja y que, en esta ocasión, no osa vilipendiar. Muy al contrario, se jacta de haber "quemado" tres camiones con la explotación de su negocio, algo que debe entender­ se como indicativo de ta gran cantidad de cabezas de ganado negociadas. Pero también nos habla del sistema más ha-

bitualmente utilizado: el tren. Cargaban el ganado comprado en vagones apro­ piados y llegaban con ellos hasta Sodupe (Bizkaia). Allí los descendían y, con grandes dosis de paciencia, repetían una y otra vez el recorrido que, por el muni­ cipio de Okondo primero y por el puerto de Garate después, hacía que el ganado entrase en las campas de los alrededores del caserío. No cabe duda de que la simple visión de aquellas manadas debía conformar un auténtico espectáculo. Así parece recor­ darlo el hoy ya mayor Jesús Zubiaur Urkijo, del caserío del alto de Garate. Nos co­ mentaba en cierta ocasión la impresión que siempre y desde niño le causaba ver cada partida de nuevos novillos y bue­ yes que subían, majestuosos y solemnes, con destino al caserío de los Arbide. por ta senda conocida como “las cuestas de Zaballa”. Acordes a tos principios más básicos del tratante y para que el proceso en sí generase el menor gasto -o mayor be­ neficio- posible, las fechas se calculaban minuciosamente para que el ganado pa­ sase el menor tiempo posible en casa. Así, tras pasar uno o dos días en sus propiedades, eran llevados a otras ferias habituales para proceder cuanto antes a su venta. Además de tas principales de la comarca, como pudieran ser el Viernes de Dolores de Laudio, San Juan en Kexaa (Aiara) o La Encina en Artziniega, sus plazas favoritas eran las de Arratia y, sin duda, la de Gasteiz, donde se convocaba una muy importante feria ganadera cada jueves. Este lugar era el más importante en volumen de ventas ya que allí se daban cita compradores de ta zona sur de Eus­ kal Herria, una zona en la que por ser mayoritariamente dedicada al cultivo de cereal, exigía gran presencia de bueyes para las labores agrícolas. Así, mientras en la vertiente húmeda del país un buey podía durar tranquilamente quince años de trabajo, en la vertiente sur, por las in-


Vaca de la raza holandesa, en el concurso de ganado celebrado en el Campo de Zamora (Amurrio, agosto de 1933).

finitamente mayores superficies cultiva­ das y por el esfuerzo que de ellas se de­ rivaba, una pareja nueva de bueyes solía necesitar recambio en un período de tres o cinco años: "los reventaban a trabajar" asegura Julio, con la sonrisa cómplice de quien sabe que esa era la más ideal de las situaciones para su negocio. Una vez exhaustos los bueyes se engordaban du­ rante un corto período de tiempo antes de ser sacrificados para consumo cárni­ co. Casteiz era sin duda el principal punto de venta para el lucrativo negocio fami­ liar. Por ello, no era extraño acudir hasta allí andando -una distancia superior a los cincuenta kilómetros- con la mer­ cancía. Cada día de feria, según asegura nuestro informante, se venderían entre todos los allí presentes un total de más

de cincuenta bueyes. Ello nos acerca a la importancia real que debió tener dicha feria. Los bueyes so­ LA FER IA D E lían salir de Gali­ G d steiz era \a cia y Asturias en las condiciones m ás im p ortante idóneas, ya que en volum en de así reportaban ventds ya que más beneficios al se áahan cita ganadero que los vendía. Sin em­ com pradores de bargo, en ciertas la zo na su r DE ocasiones y por EU SKA L HERRIA las razones que fuesen, correspon­ día a los Arbide practicar la castración a los novillos o, incluso su doma, sabiendo que con ello, a pesar el engorro, aumen­ taban los beneficios, ya que el precio de

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compra inicial descendía considerable­ mente. Para la doma de los nuevos bueyes se uncían junto a otro ya habituado y se les hacía trabajar duro, bien maquinando, bien trillando, sujetos siempre por el yugo al buey manso. Con el paso del tiempo su bravura se convertía en resignación y pa­ saba a transformarse en un animal dócil y sumiso. "Así, domado, -dice Julio- tenía

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buena venta porque, si no. la gente casi ni los quería". Lo principal de las ventas se daba en las postrimerías del verano y especial­ mente en otoño. Entonces se acudía a Galicia, una región con pocas ferias pero mucha producción de bueyes. Por eso,"... cada vez que se iba, solíamos traer mu­ chos, en torno a cuarenta o sesenta. Y se vendían..."


El trato Lo más costoso del acuerdo solía ser el regateo. Mientras unos compraban el animal en prácticamente cinco minutos, otros pasaban toda la mañana yendo y viniendo, subiendo paulatinamente la oferta anterior, hasta llegar al ineludible apretón de manos que cierra todo acuer­ do.

La clave para realizar una buena ven­ ta, al parecer, se basa en que de partida el comprador tiene que estar encaprichado con el novillo o buey. Tan sólo entonces se puede influir en su estado de ánimo para incitarle a la compra. Cuando está en duda, hay que ponde­ rar las virtudes del animaL Hay que decir que tiene buena planta, que es trabaja­ dor, etc. “Al fin y al cabo es -apostilla Julio- como cuando para enamorar a una chica se le dice qué ojos tan bonitos o qué color de pelo tan precioso tiene. Con eso suele ser suficiente, si realmente le gusta el animal". En algunas ocasiones, incluso ha habido que utilizar algún ami­ go a modo de gancho, haciendo como que él también estaba interesado en la compra, para que el indeciso se arriesga­ se a dar el paso. Pero más por ayudarle a superar el angustioso momento que por engañarle. En ese sentido, la familia Arbide siem­ pre ha preferido jugar limpio. En infinidad de ocasiones, si el baserrítarra se sentía defraudado porque la vaca comprada no daba la leche esperada o porque el buey en cuestión no era tan bueno como pa­ recía aparentar, se llegaron a cambiar los animales por otros que el comprador eli­ giese. Es más, el ganado vendido solía de­ jarse en prueba varias semanas antes de ser abonado, costumbre que. en alguna ocasión les dio algún que otro disgusto al comprobar que en la dirección facilitada no vivía el que había comprado el animaL A pesar de ello, y como cara opuesta de la moneda, los Arbide han sido y son espe­ cialmente queridos como tratantes allá por donde han pasado. En alguna otra ocasión les llegaron a pagar con un talón sin fondos o. como le sucedió a su abuelo, con dinero falsifica­ do. Pero era rara la vez en que sucedían este tipo de cosas. Lo normal era encon-

Fería de San Roque (Amurrío, 1933).

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trase en cada feria con infinidad de com­ pradores, ya amigos por tantos y tantos tratos compartidos, para pasar la mañana regateando la tasación en reales de aquel o este animal.

El fincíl Pero ya todo ha cambiado y Julio se muestra triste al ver que todo ese mundo se ve irremediablemente abocado a la ex­ tinción. Con palabras sabias nos recuerda que la clave del trato es el dinero: hay que vender. Ahora, según relata, se vuel­ ve de muchas ferias sin haber despacha­ do una sola cabeza. Algo comprensible en una sociedad en la que la ganadería y agricultura están sufriendo un mortal retroceso. Echa de menos aquellas bulliciosas mañanas en las que no daban abasto para atender a todos los compradores... o la imagen de su padre y tío ataviados -para evitar la suciedad de las vacas- con las blusas típicas, actuando frente al negocio con aplomo y solvencia. Ya es agnóstico frente a lo que fue el credo incuestiona­ ble en su vida. "Aquí no hay futuro de nada" -insis­ te. "Yo moriré con ello porque ya tengo setenta años. Si tuviese veinte no sé que haría..." -protesta a regañadientes antes de rendirse seducido ante el oficio que ha dado sentido a su vida: “ Lo que pasa es que no he visto otra cosa... Y me gusta... Aunque vaya mal, tengo que admitir que me gusta..." La mirada siempre esquiva de Julio se transforma de pronto en firme, segu­ ra e impasible. En el gesto se barruntan grandes dosis de nostalgia y melancolía contenidas. Es su manera personal, más expresiva que sus parcas palabras, de des­ pedirse para siempre de una actividad se­ cular que tan reconocida y respetada hizo a la estirpe de los Arbide.

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PERRERÍA DE UN EJEMPLO DE REUTILIZACIÓN DE NUESTRO PATRIMONIO Lo s restos de la ferreria de Torrelanda van a ser, en breve, objeto de restauración para destinarlos a vivienda. Los propietarios encargaron previam ente un informe técnico de valoración patrimonial y actuación arqueológica, con objeto de p rese rvar tanto sus valores h istórico-artísticos como la posibilidad de localizar testim onios que complementen el conocimiento de este tipo de instalaciones. texto «MARIA JDSETORRECILLA fotDs « FELIX MUGURUTZA

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n la actualidad se está finali^ zando la fase de exploración M ^ de campo, un sondeo de 25 m cuadrados y el proceso de "lectura de pa­ ramentos” y, posteriormente, se realizará un control de seguimiento de la obra. En las siguientes líneas resumiremos algunos de los aspectos más significativos de este elemento y la interpretación de los restos que hoy tenemos a la vista.

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Biografia del elemento

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El solar que ocupa la Perrería de Torre­ landa -"Torlanda" en pronunciación po­ pular- forma parte en la actualidad de un conjunto o barrio rural semiordenado presidido por la primitiva torre homóni­ ma y una serie de caseríos adyacentes que en el pasado, junto a los restos del arruinado molino y la ferreria menor, for­ maron parte del Mayorazgo de los Leguizamón en Orozko. Aunque existen menciones documen­ tales a ferrerías hidráulicas en Orozko a partir de 1377, no podemos afirmar con seguridad a qué instalación de las actual­ mente identificadas se refiere. La cita, pu­

blicada por P. Ojanguren (2002, p. 39), se ha atribuido a esta ferrería de Torrelanda. ya que manifiesta el deseo de los Ayala de levantar tres ingenios de este tipo en Orozko, Barakaldo y Okondo. Dado que To­ rrelanda perteneció también a esta familia, se concluye que dicha mención nos habla de la primera ferrería que ocupó el solar, si bien los restos analizados y los localizados hasta la fecha no refrendan, al menos por el momento, tanta antigüedad. Las primeras referencias documenta­ les inequívocas a la ferrería se remontan al siglo XVI. Formaba parte del conjunto de bienes expropiados por Carlos I al co­ munero Pedro López de Ayala, Conde de Salvatierra. En 1523 el rey vendió dichos bienes al licenciado Sancho Díaz de Leguizamón. incluía esta venta, además de la casa-torre y la ferrería y molino aso­ ciados, otros elementos relacionados con la siderurgia como la mitad de la ferrería de Arkotxa y la ferrería y molino de Unibaso. En 1593 estos bienes aparecen ya vinculados al mayorazgo de Leguizamón y permanecerían en él hasta bien entrado el siglo XIX. En 1594, las herederas del mayorazgo de Leguizamón arriendan a Juan Martínez de Acibay diversas propiedades entre las que se encuentra la ferrería de Olabarria, pues con tal nombre se citaba entonces Torrelanda y los derechos sobre todas las del valle de Orozko, y se citan explícita­ mente las ferrerías Uribiarte, Oketa, Olea, Aranguren, Usabel, Legorburu, Torrezar,


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Burulaga yAnuntzibai. En este documen­ to de arrendamiento se hace referencia a la destrucción sufrida por la ferrería de Torrelanda en la riada de 1593 y la obli­ gación de repararla y ponerla en marcha para setiembre de 1594. En los siglos siguientes Torrelanda for­ mará parte del nutrido elenco de instala­ ciones ferronas que trabajan en el valle de Orozko y convierten este valle en uno de los principales productores siderúrgicos del Señorío. Sin embargo, pocas noticias determinantes sobre su evolución y tra­ yectoria se contienen en la documenta­ ción conocida hasta la fecha. Sabemos que en un pleito de 1710 las instalaciones hidráulicas de los Velamazán, herederos del mayorazgo, incluían en Torrelanda "ferrerías mayor y menor, molino y here­ dades tocantes", lo que nos habla de una definición fundamental en el desarrollo espacial de la producción siderúrgica, si bien en 1796 se cita ya sólo como ‘‘ferre­ ría (en singular) y molino". De esta dicoto­ mía apuntaremos algunas hipótesis en la interpretación de los restos más adelante. La ferrería de Torrelanda junto con buena parte de las que se encontraban en Orozko, sobrevivió con dificultades a la crisis siderúrgica que afectó al País Vasco desde fines del XVIII. De las once

ferrerías que se constatan en este siglo en el municipio de Orozko y que alcanza­ ron con dificultad el XIX, a mediados de siglo sólo seguían nueve en activo, cuyos propietarios, unidos a otros ferrones de Baranbio, crearon en 1844 la Sociedad de Ferronería y Adhesión, orientada princi­ palmente a obtener y comprar carbones ventajosamente y sin hacerse la compe­ tencia. La decadencia era, sin embargo, irreversible y así, en 1880, sólo dos ferre­ rías seguían produciendo en todo el valle: la de Uribiarte y la de Oketa. Las razones de esta decadencia están más que suficientemente tratadas por la historiografía, apuntándose en general: D El evidente retraso tecnológico de estos centros (recordemos que en la década de los 40 se instalan ya en Bi­ zkaia los primeros altos hornos y en los 60 se trata de una tendencia ge­ neralizada ya en los nuevos centros de producción). Agudizado por la dificultad de apro­ visionarse de materias primas (subida del precio del carbón y exportación masiva de mineral a mercados extran­ jeros). La supen/ivencia de un sistema de producción anclado en el Antiguo Régimen (irregularidades de los me­ dios productivos por la dependencia hidráulica, grandes costos de mante­ nimiento de las instalaciones, vincu­ lación a propietarios absentistas que las arriendan, hecho que a su vez favorece la atomización de las células productivas e impide la capitalización). Las dos ferrerías supervi­ vientes -Uribiarte y Oketa- no han sido precisamente las más afortunadas en cuanto al lega­ do de sus restos. Sin duda los más interesantes los reúnen precisamente r ^ las tres situadas aguas abajo en el Altu9 be: Anuntzibai, Torrezar y esta deTorreReseñables, por lo singular de su desarrollo y soluciones técnicas, son los


restos de las terrerías de Osinluze (Uxuluxu) y de menor interés y mucho peor conservados lo poco que queda de las de Olabarri, Oketa o Usabel. Buena parte de ellas mantuvieron restos de sus elementos constitutivos porque los molinos asociados sobrevi­ vieron a la actividad terrona o colonizaron sus enclaves y en algunos casos fueron más tarde reaprovechadas como pequeñas centrales hidroeléctricas. Afortunadamente, a pe­ sar del abandono sufrido por estos vestigios en la última cen­ turia y su ocasional dedicación auxi­ liar agropecuaria (cuadras), en la actuali­ dad los restos conservados en Torrelanda son lo suficientemente expresivos como para considerarla, junto con Anuntzibai (por su monumentalidad y grado de conservación) y Osinluze Bekoa (por su singularidad de diseño y su tardía fecha de ejecución), lo mejor y más interesante del patrimonio ferrón de Orozko.

Análisis formal de los restos La ferreria se emplaza en la margen iz­ quierda del río Altube, a escasos metros de la Torre del Mayorazgo de Leguizamón, conocida popularmente como Torrelanda. La casa-torre fue en origen una residencia señorial cuyos aspectos formales super­ vivientes (sólido cubo vertical, cubierta a cuatro aguas, algunos huecos originales


de factura tardo-gótica) la vinculan a los últimos años del siglo XV o primeros mo­ mentos XVI, dentro de las notas habitua­ les de hermetismo de estas construccio­ nes en origen defensivas. En ia actualidad el elemento se encuentra notablemente desdibujado por el añadido de diversos cuerpos a nivel de planta baja y primer piso, con vocación residencial.

La presa de ia ferreria eri el barrio de Presatxu.

En la zona delantera, junto al actual ingreso, una casa de medianas dimensio­ nes y dos plantas, presenta en el acceso arco de medio punto de buena factura. Corresponde a lo que fue en el pasado la ermita de La Magdalena, incluida en el mayorazgo y reformada a mediados del siglo XX para destinarla al uso residen­ cial


El núcleo de explotación capitalizado por la torre debió incluir tempranamente la ferrería, que a continuación analizare­ mos. La presa de alimentación es un azud o dique de frente ligeramente curvo, cons­ truido en sillería y mampuesto, erigido sobre el lecho rocoso del río. Cubre un álveo de en torno a 20 metros, con una

altura aproximada de unos 3 ms. La colomadura está en parte mutilada y actual­ mente revocada con cemento. Presenta en el centro de la pantalla aguas abajo un hueco adintelado usado para la limpieza y dragado del dique. El canal apenas conserva poco más que la huella de su trazado. Existía has­ ta hace unos años parte del arranque del mismo junto a la presa, embocadura que desapareció por la obra del colector. El resto del trazado es apenas una depresión apreciable a lo largo del terreno inmedia­ to, pasando por delante de la torre hasta los restos del ingenio ferrón. Dadas las ca­ racterísticas del perfil, parece que se trató de una obra de cava o excavación en el terreno, y quizá sólo recibió refuerzos de muro en puntos sensibles (por ejemplo el pequeño puente que salvaba el cauce para facilitar el acceso a la casa-torre). Es­ tuvo en activo hasta la riada de 1983. La huella o depresión topográfica del canal desemboca en un interesan­ te elemento: el depósito de regulación. En la actualidad es poco reconocible, en especial porque ha sido utilizado como gallinero desde que el molino adyacente dejó de funcionar. Presenta diseño trape­ zoidal en planta, con el lado más largo en el frente de contacto con el desaparecido túnel hidráulico. Una parte fundamental del ingenio, la balsa colgada o antepara y el túnel hidráu­ lico que alojó las ruedas, ha desaparecido. Teniendo en cuenta la fecha probable de entrada en desuso -último cuarto del siglo XIX-, la obra debió arruinarse pro­ gresivamente, permaneciendo solo parte de su arranque como reformada estolda del molino adyacente. Hoy, en su lugar, además de la estolda mencionada solo se advierte la depresión topográfica que marca el socaz o canal de desagüe del molino, que seguramente dibuja las di­ mensiones en planta de la desaparecida antepara. El muro que limitaba el túnel está siendo objeto de excavación en este momento.

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Junto a esta depresión donde estuvo la antepara se encuentran los restos de la ferreria, en desiguál estado de conserva­ ción. El taller ocupaba el espacio hoy va­ cío, el que media entre el edificio que va a ser objeto de rehabilitación y el canal de desagüe en los lados largos. Al hallarse arrasado por completo a cota actual, nos apoyamos en los paralelismos de otros ingenios similares para ubicarlo y evaluar­ lo. Sus dimensiones (8,24 m x 23,80 m) y su posición respecto a los restos con­ servados avalan esta opinión, así como la colmatación del suelo del mismo en un volumen no inferior a 1,50 m de aportes sedimentarios tardíos. Dadas las carac­ terísticas de lo conservado y el hecho de que tras el abandono no parecía haberse dedicado a nuevo uso. era viable suponer que sondeándolo localizásemos restos de interés con ciertas garantías de interpre­ tación restitutiva. Los resultados que está dando el sondeo nos lo han confirmado: tanto la hipótesis de dedicación como la presencia de restos del bergamazo, fon­ do del horno, asiento del yunque y cepo del mismo, etc. El proceso de excavación aún no ha terminado, y las conclusiones podrán mejorar nuestro conocimiento de estos ingenios y determinar líneas de in­ vestigación en el futuro aplicables a otro enclaves. En mejor estado se han trasmitido las carboneras, que hoy corresponden al edificio que se va a rehabilitar. Se trata de un elemento de dimensiones igual­ mente proporcionadas respecto a lo que suponemos fue el taller (14,26 m ancho X 23,80 m largo). Conforme a lo que re­ sulta habitual en las terrerías de “corte clásico” o formulación de época moderna -fines del XVI - V mitad del XVIll-, las carboneras se hallan separadas del taller por un potente muro (1,37 m de espe­ sor) que actúa a modo de cortafuegos. El espacio interno se compartlmenta en dos y en su muro medianil apoya elgallur de la cubierta. Dicha cubierta ha desapa­ recido en la zona norte, dejando uno de

los espacios al des­ cubierto. Comunican con el taller a través de sendas aberturas o accesos, en arco de despiece de lajas. Un tercer arco, entre los dos, correspon­ de al acceso a la oficina, con su característica alacena recer­ cada de sillar en el fondo. En el frente ha­ cia la carretera, la terrería presenta restos del sistema de carga de dichos alma­ cenes de carbón. Dispone de una escalera exterior adosada o “patín", de doble ata­ que, que permite alcanzar dos huecos de carga superiores. Por su lado, bajo la obra del patín, se abren a su vez dos arcos, uno por carbonera, que facilitaban el vertido desde la cota cero del terreno. En los late­ rales o lados cortos se aprecian también huecos utilizados para el aporte de car­ bón. En el lado norte son cuatro, adinte­ lados, practicados regularmente a lo largo de todo el paño, mientras en el lado sur en la actualidad se aprecia uno claramen­ te -hoy cegado- y quizá haya dispuesto de otro, aunque está muy reformado. Esta terrería dispuso al parecer de una arragoa o casilla para el calcinado previo de la vena, independiente e inme­ diata. Según noticias orales, el espacio que ocupa hoy la casa junto al acceso, era un lugar o tejavana "con arcos" que eventualmente era utilizado como re­ fugio por los gitanos y transeúntes. Sin duda, esta noticia debe estar en relación con la presencia de un antiguo horno de tratamiento preliminar de la mena o mi­ neral en crudo, para extraer la humedad del material y aumentar su ley metálica. Los sistemas utilizados eran diversos, pero por el carácter de la descripción que

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nos hacen en el barrio, debemos suponer que se trata del conocido como arragoa "de arquillos", con un aspecto y factura muy similar a los hornos de tos caleros tradicionales. Refrendando esta hipótesis, el sondeo geotécnico practicado en la es­ quina sur-oeste de la carbonera, permitió localizar una serle sucesiva de lechadas y suelos altamente mineralizados, que se encuentran en la parte más próxima a la casilla de la arragoa y concuerdan bien con el tipo de residuos que suelen gene­ rar. Por último, y sólo a efectos de reseña, hablaremos del molino adosado. En la ac­ tualidad este ingenio se haya en desuso, y presenta una planta rectangular irregular en la fachada trasera. El molino se sitúa en la mitad oeste, en el punto de con­ tacto con la propiedad que se va a reha­ bilitar. Ocuparía, por tanto, parte del úl­ timo tramo de la desaparecida antepara (modelo de reutilización muy frecuente en este tipo de elementos). Aprovecharía el depósito de regulación como balsa o represa, y muy probablemente parte de las dependencias de la ferrería menor o martinete en sus muros. Parece claro que este molino, tal y como se desarrolla en la actualidad, es incompatible en buena medida con la actividad de la ferrería. De hecho hipote­ ca el funcionamiento de la misma si los rodetes disponen en su favor del fluido en cabecera. Al parecer, a juzgar por los indicios conservados, la estolda ocupó en un principio la zona más alejada, hacia el este, y se desarrolla en voladizo sobre el espacio que atribuimos a la ferrería me­ nor, apeando la obra en pies derechos de madera, f^ás tarde, al abandonarse por completo la actividad ferrona, situó un tercer rodete en la cabecera del túnel hi­ dráulico. Por este motivo concluimos que dicho molino es posterior a los restos de la ferrería que se estudia. Aunque, como exponíamos al principio, en algún tiem­ po funcionaron coetáneamente ferrería y molino, por el momento podemos asegu­

rar que éste último se trasladó a un punto de mejores características cuando la fe­ rrería menor se abandonó y algo más tar­ de instalaría una nueva muela en el hueco que dejaba libre la rueda de los fuelles.

Hipótesis de interpretación Es difícil determinar en la actualidad dónde estuvo situado dicho ingenio con anterio­ ridad, y ha podido ser factible que estuvie-


se tanto aguas arriba como aguas abajo. A modo de hipótesis, y teniendo en cuenta lo que es habitual en estos casos, creemos que la evolución puede ser la siguiente: D Fines del XV-principios del XV!, existe ya una ferrería (quizá pueda haber sido levantada a fines del XIV, pero no po­ demos asegurarlo por el momento). D Fines del XVI: tras el arruinamiento por una riada la ferrería se reconstruye y se dispone al modo clásico (bipartito, doble carbonera, oficina, etc.).

11 Mediados del XVII: es posible que el éxito de la empresa anime a la crea­ ción de una segunda ferrería menor, aprovechando el otro lado del túnel y antepara. El molino asociado en ese siglo XVII, casi con toda probabilidad es poco más que una casilla y se debe situar aguas arriba (más habitual, con lo que estaría cerca de la casa-torre) y sin disponer apenas de balsa o cubo (“sangrando" casi directamente el ca­ nal o cauce de las ferrerías).

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AVANCE DE RESULTADOS DE LA INTERVENCIÓN ARQUEOLÓGICA ■N T O R R E L A N D A ___________________ La actuación de control y sondeo arqueológico, ha permitido ya conflnnar algunas de las hipótesis planteadas p or el in fo rm e previo. El fo n d o del taller se encuentra notablem ente reh u n d id o respecto a la cota de carboneras, evidenciando una vez más que estas estancias se excavaban en el suelo natural para obtener un salto útil de m ayor altura. Su superficie, de perfil irregular, presenta una gran resistencia o dureza, al haberse refractado la arcilla natural, tanto p or la acción del calor com o p o r los residuos de las labores de trabajo del hierro. Además, se em butieron en él en la últim a época cuatro placas de m etal maceado en bruto, seguram ente para recibir el yu n q ue y dar firmeza al pun to de anclaje del m ism o. Se han localizado restos del m u ro bergam azo y la ubicación del h o rn o de fundición u horno bajo tradicional, de fondo cuadrangular, y construido sobre la cota O del taller (no rehundido, com o es habitual en la zona occidental del territorio). A u n q u e esta estructura se conserva sólo de form a parcial, se ha recuperado el "cirillo" o "sigilo", pieza de m etal maceado que constituye el fo n do del hom o. El material recuperado es p o r el m om ento poco expresivo, pues su cronología corresponde a época contem poránea y moderna. También ha sido posible docum entar parte de la estructura de anclaje del mazo, constituida por dos piezas de sección cuadrangular y 5 0 X 5 0 cm aproxim adam ente, "atadas" en el subsuelo p or m ed io de una plancha de m etal y un em parrillado de madera transversal que se sujeta con potentes clavos de hierro em líutidos. Su localización en u no de los márgenes del sondeo ha im p ed id o recuperar com pletam ente su estructura y abre nuevas hipótesis de trabajo acerca de la disposición y dim ensiones de los elementos mecánicos de la ferrería. Una vez finalizada la prospección manual del taller, el trabajo se está desarrollando en paralelo a la obra, docum entando tanto las discontinuidades en los m uros del edificio conservado -c a rb o n e ra s -, com o el desnivel de estos almacenes y su perfil de carga. Confiam os en q ue las condusiones del proyecto aporten nueva luz al conocim iento singular de Torrelanda y su pasado, y al general de las ferrerías de nuestro entorno.

□ Fines del XVIII, la ferrería se reduce a una sola y, quizá, el molino sigue en su primitivo emplazamiento u opta por acercarse al salto, ocupando parte del solar de la ferrería menor desapareci­ da (más probable). B Fines del XIX, la ferrería se halla aban­ donada y el molino se apropia de la zona más ventajosa, ubicándose sobre el salto que alimentó a las ferrerías y aprovechando toda su obra hidráulica. El taller se arruina progresivamente. Q A principios del XX, hacia el norte de este espacio, se levanta una casa de planta baja y dos alturas, probable­ mente aprovechando las piezas del arruinado taller. Las carboneras se destinan a cuadras y serán objeto de reformas progresivas, intentando ha­ bilitar y mejorar las condiciones del interior. Q Fines del XX, el molino deja de funcio­ nar definitivamente tras las riadas de 1983.

La actuación de control y sondeo ar­ queológico. ha permitido ya confirmar algunas de las hipótesis planteadas por el informe previo y confiamos en que, si la adversa climatología de este año nos ofrece una tregua razonable, las conclu­ siones del proyecto aporten nueva luz al conocimiento singular de Torrelanda y su pasado y al general de las ferrerías de nuestro entorno. MARÍAJQSE TDRRECILU Directora de le intervenciún arqueológica en Torrelanda


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Las páginas más bonitas de la historia no están escritas con nombres de batallas o de reyes; son las que recogen la vida sencilla, pero apasionante, de mujeres y hombres de nuestro entorno, que siempre tienen algo que contar... al que desee escucharles unos minutos, con atención y cariño. No dejemos que la desidia nos arrebate el tesoro de su memoria. Mañana puede ser tarde. te x tD « CARLDS DRTtZ DE ZARATE f o t o s « FEU XM U G U RU TZ A


■ ^ austino, hijo de juan de Cuadra y Juliana Madaria, fue el mediaJL . no de cinco hijos. Nació en Lendoño de Abajo, el 13 de octubre de 1905, a la sombra de la ermita de la Virgen de Poza, a la que siempre ha venerado con especial devoción; de esto hace ya cien años. Pocos contarán con la satisfacción de llegar a una edad tan avanzada, y con una memoria tan envidiable. El trato con este anciano pastor es muy cordial. Se muestra presto a caminar contigo por los vericuetos de su memoria; por lugares por donde hace muchos años no ha vuelto a poner su pie, aunque sí, con frecuencia, su recuerdo melancólico. Desde muy joven el destino le llevó a cuidar las ovejas en la sierra Salbada. La airosa juventud de entonces le facilitaba la ascensión por ios pendientes senderos hasta su chabola. En la penumbra del atar­ decer, su corpulencia pudo hacer creer, a algún caminante, que se trataba de uno de aquellos míticos "jentillak" (Gentiles), a los cuales la tradición les atribuía una gran fortaleza y estatura. Su rostro no está marcado por la amargura: más bien al contrario: la son-

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risa franca y generosa se dibuja con faci­ lidad en su cara. Pocas cosas logran en­ turbian su faz; ni siquiera cuando evoca las dificultades inherentes a su oficio de pastor. Sólo los trágicos recuerdos de la Guerra Civil contraen los músculos de un rostro curtido por los vientos de la sie­ rra. En Faustino se hace vida un libro cen­ tenario de historia. Un libro escrito a base de vivencias profundas. Cuando marche al reino de la inmortalidad se habrá ce­ rrado un "incunable" de nuestra biblio­ teca viviente. Este libro ya no se podrá volver a leer; se habrá sellado para siem­ pre. Mientras tanto ahí está, abierto, para cualquiera que se acerque a compartir con él una relajada tarde. Sus piernas están ya cansadas, pero su memoria mantiene la lozana frescura de la juventud. Su viejo zurrón va cargado de múltiples experiencias, acumuladas a los largo de tantos años. Estas letras quieren ser un cariñoso homenaje para él.

Pastor Era apenas un niño,-unos 12 años-, cuan­ do Faustino se inició en el mundo del pas­ toreo. Todavía era demasiado Joven para aventurarse por la sierra Salbada, así que se tuvo que resignar a atender sus ovejas por los alrede­ dores del pueblo que le había visUNO D E LOS to nacer. Con 20 MOMENTOS años dio el paso YY\CXyOY definitivo como scitisfacdón pastor: la subida a la sierra. Era la p e rso n a l e ra prueba de fuego, c u a n d o transitciba la señal evidenp Q y g| cen tro del

e ^ a trc a c t innata. Para Faustino, ser pastor

.. Pueblo, con SU ejercito de o vejas, CAMINO DE lA SIERRA


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Chabola de Peña Redonda, en Bedarbide, muy próxima a la que habitara Faustino, hoy arruinada.

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era un gran orgullo. Uno de los mo­ mentos de mayor satisfacción personal era cuando transitaba por el centro del pueblo, con su ejército de ovejas, camino de la sierra. Se sentía hondamente sa­ tisfecho de aquel rebaño, fruto de tanto esfuerzo. La primera chabola la tuvo en “ Bidárbidi" (Bedarbide). Como si de un castillo

se tratara, desde esta atalaya natural do­ minaba el valle, sobre Orduña.Y como ojo divino podía otear los acontecimientos de los mortales, acaecidos allá, en los lejanos caseríos. Esta chabola ta compartía con julianico, un vecino del mismo Lendoño. Allí permanecían, desde el 8 de mayo -fecha emblemática en Orduña- hasta las primeras nieves del invierno. Junto a


Julián Loyo, “Julianico ", pastor, y quien fuera compañero de chabola de Faustino.

ellos, y en el mismo arranque del sende­ ro de Peña Redonda, otro pastor, Luciano Del Campo, habitaba otra chabola, al res­ guardo de la roca, junto a una pequeña oquedad. La chabola de Bedarbide se hallaba estratégicamente protegida de las incle­ mencias del viento y del temible bollo, el cual apenas hacía acto de presencia por estas latitudes de la sierra. La ubicación

era tan buena que las ovejas, al atardecer, regresaban ellas solas, después de deam­ bular, a lo largo de toda la jornada, bus­ cando los mejores pastos. La construcción de la chabola era muy sencilla; tan sobria que no poseía más que una dependen­ cia, en donde se hallaban la cocina y la cama. El rústico lecho estaba elaborado con hierba y brezo, y servía de lugar de descanso para los dos pastores, los cuales dormían vestidos, acompañados de sus fieles perros. Al contrario que en las casas del pueblo, las pulgas no hacían aquí acto de presencia. La humilde cocina apenas contaba con los útiles más imprescindi­ bles: pucheros, sartenes, cazuelas, trébe­ de... Al irse a dormir, cubrían el fuego con ceniza, y en ella dibujaban una cruz. El tejado era de césped, como mandaba la tradición. En el exterior ni siquiera exis­ tían corrales para las ovejas, pues el lobo no presentaba por aquel entonces había presentado aún sus credenciales sangui­ narias.

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Al cabo de unos años. Faustino pasó a "La Ponata", lugar perteneciente a la Jun­ ta de Ruzábal, compuesta por los pueblos de Lendoño de Abajo, Lendoño de Arriba, Mendeika y Belandia. Haciendo referen­ cia a estos cuatro pueblos, los mayores decían que sus campanas hablaban entre ellas cuando repicaban. Concordias exis­ tentes, desde tiempo inmemorial, permi­ tían pasar el ganado desde Ponata hasta Hayas Altas; a su vez, los pastores de Menerdiga podían llevar sus ganados hasta Ponata, y así lo hacían, sobre todo en los momentos de sequía en el verano, para que bebiesen en la fuente de Iturrigorri. Por aquella época eran varios los pas­ tores que cuidaban sus ganados en Po­ nata. Faustino tenía la chabola cerca de la Fuente del Horno, y estaba construi­ da totalmente "de torrones", tanto las

paredes como el tejado: a pesar de ello, no tenía ningún problema de humedad. Por las tardes, los pastores aprovecha­ ban a medir sus fuerzas: las armas para el combate eran las cartas; el mus era su juego preferido. Terminada la partida, vencedores y vencidos salían en busca de sus respectivas ovejas, pues en este lugar no regresaban ellas solas al entorno de la chabola. Según regía la ley no escrita, los pasto­ res no podían cerrar su refugio. Y si acudía a ellos alguien necesitado de refugio, estaban obligados a ofrecerle cena y prestarle cobijo para la noche. No era habitual que esto sucediera, pero, a veces, aparecía alguna persona que se había perdido en la sierra, o un mendigo, y allí encontraba amparo.


Por San Juan, en la puerta de la chabo­ la, se colocaba una rama de espino albar junto con diversas'flores. De esta manera quedaba protegida durante todo el año. Eran ritos ancestrales que han pasado de generación en generación. junto a los pastores no faltaba su mejor amigo: el perro. Su presencia era de gran ayuda, tanto para mantener uni­ do al rebaño, como para defenderlo del acecho del lobo, si llegaba el caso. El pe­ rro, junto con el palo de avellano, eran los tradicionales compañeros y aliados del pastor. Cuando se adquiría un nuevo perro, al igual que sucedían con un gato, se le daba varias vueltas en torno al fuego de la casa: de esta manera -según se creía­ se quedaba para siempre en el nuevo ho­ gar, evitando la tentación de regresar a su lugar de partida. Un problema que podía afectar al perro era que enfermase rabia. Según Faustino, numerosas creencias se dan en torno a esta enfermedad: cuando se rabiaban, se marchaban de casa, se por­ taban como locos y dejaban de comer, terminando por morir: se conocía a los perros rabiados por tener una mirada ex­ traña y triste; los canes con rabia nunca mordían a sus amos, pero sí al resto de la gente; al morder, envenenaban la sangre del mordido; si se veían reflejados en el agua, se tiraban a morder al "otro perro"... Un bonito gesto solidario surgía entre los pastores si a al­ guno de ellos le ocurría alguna desgracia con el ganado -una epidemia o un rayo que acababa con la mayor parte de ellas-: se le solía ayudar, ofreciéndole algunas cabezas para salir adelante.

La ]orr\ada La jornada de los pastores comenzaba de madrugada, antes de que el sol acariciase

con sus primeros rayos el horizonte; cuando las praderas huelen a hierba fresca, y los árboles se van desperezando del sueño nocturno, sacudiéndose el manto de la escar­ cha. Lo primero que hacían era ordeñar las ovejas. Acto se­ guido, un buen de­ sayuno, para recu­ perar las fuerzas. Tomaban morokil (harina de maíz con leche), o leche con pan o talo. La leche la colaban con ortigas, pues de esta mane­ ra "sabía muy bien”. Al cocer­ la, no faltaba en e puchero una ramita de hierba buena o "hierba santa”. Si todavía no habían subido las ovejas de ordeño, el desayuno consistía en tocino asado, a ve­ ces acompañado de talo. Faustino tenía que bajar todos los días la leche hasta su pueblo, por lo que decidió comprar un burro en Llorengoz, que le ayudase a sobrellevar este fatigo­ so trabajo. Hacia media mañana, cargaba las cantinas llenas en la burra, dos a cada lado, y se encaminaba hacia Lendoño. Para bajar a casa trazaron un sendero por Peña Redonda; el paso era muy dificul­ toso, por lo que tenía que descender su­ jetando el rabo del burro para que no se despeñara. Una vez de estar la leche en casa, su mujer, María Yarritu, era la que se encargaba de hacer el queso, y de ven­ derlo en Orduña. En el tiempo en que sólo tenían las ovejas de cría, y por lo tanto no se en­ contraban en la obligación de bajar la leche, transcurría un mes o más para

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cuando bajaban al hogar. En ese tiempo, el menú típico de cada día eran las habas, condimentadas con un poco de tocino. Si sobraba algo, en la cena agotaban las existencias del puchero. La jornada pastoril exigía dar res­ puesta a diversas necesidades: cuidar del ganado, ir a por agua, esquilar las ovejas, cortar el rabo a las corderas, etc. Las ovejas de leche las subían por San Juan, después de haberlas esquilado. Se procuraba esquiarlas en menguante, de esta manera -según creían- se conserva­ ba mejor la lana y sufrían menos los ani­ males. Esta labor les llevaba al menos una jornada, y eso contando con la ayuda de obreros que contrataban para la ocasión. La lana tenía un gran valor en aquella época; servía para hacer mantas, colcho­ nes, calcetines, etc. Con la lana negra se elaboraban cuerdas y calcetines negros. En esa época también bajaban las ove­ jas de cría para el esquile. Según decían, una vez esquiladas eran muy sensibles a las tormentas, ya que las podía llegar a matar. Para evitar este tipo de desgracias, cuando venía una tormenta, las recogían en la cuadra. A las ovejas más fuertes se les colo­ caba un cencerro. Como llevarlo al cuello suponía un importante esfuerzo, éstas engordaban menos que el resto; sin em­ bargo, ejercían la gran labor de guiar a sus compañeras. Los cencerros los com­ praban sin badajos, y eran los mismos pastores los que los elaboraban, con cuerno de vaca o de buey. Al año de haber nacido, se les cerce­ naba los rabos a las corderas, para que no les estorbasen a los pastores en el orde­ ño. Algunos lo hacían con una hoz al rojo vivo; el trabajo era muy rápido, pero se les producía más herida. Otros realiza­ ban esta tarea con un cuchillo; costaba más tiempo pero se les dañaba menos. Para curar estas heridas se les aplicaba un poco de ceniza. Según el parecer de los pastores, estos rabos eran un excelente manjar.

La tarea de cuidar el ganado propi­ ciaba que hubiese momentos en que se podían realizar otras tareas. Así, algunos pastores tallaban con esmero platos o cucharas de madera, que les servían para comer en la sierra; en ciertas ocasiones, de sus hábiles manos salía un almirez de haya para el servicio de la casa; en otros momentos ela-

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las fuentes. ^ En esta sieC A L C E T IN E S rra suele haber torcas con una boca tan pequeña que apenas son visibles, lo que aumenta su peligrosidad. Los animales que más fácil­ mente caían en ellas, por su inexperien­ cia. eran los corderos y los novillos. Si no eran muy profundas, los pastores bajaban a por ellos, descolgándose con una soga. Para evitar estas pérdidas de ganado, las simas pequeñas las tapaban con losas de piedra que arrancaban del mismo suelo. Otras torcas eran más grandes, como es el caso de una que se halla en Campo Seco, lugar situado entre Bedarbide y Ponata. cerca de Cuevallana: allí desapare­ cían bastantes ganados. De manera cotidiana los pastores de Ponata acudían a por agua a la Fuente del Horno, situada en la peña, sobre el refu­ gio; esta labor la realizaban al amanecer. Cerca se encuentra una piedra arenisca a la que todos los pastores acudían antaño a afilar sus cuchillos y navajas. ^ Llegaba la media tarde, y Faustino se 5 encaminaba de nuevo a la sierra. Había > que ordeñar y cuidar el ganado, día tras


día, sea cual fuere el día de la semana, laboral o festivo. Las ovejas no entendían - y siguen sin entender- de calendarios laborales. A la subida, si la sed apretaba, una buena solución era saciarse en la "Fuente los Ñudos", peculiar manantial ubicado en la subida a la sierra Salbada, por la Senda Negra. La costumbre exigía hacer un nudo en la hierba de los alrede­ dores, para que el agua no hiciese daño; sin embargo no faltaba algún escéptico que se evadía de esta obligación. Una vez terminada la labor, y antes de cenar, los pastores tomaban un vino caliente. Caldeaban una jarra de cuartillo y medio de vino en el fuego y le echaban un buen trozo de pan seco, el cual habían tostado previamente en las brasas, deján­ dolo casi negro. "Se le quedaba un cierto sabor a quemado". Primero se comían el pan empapado y después el vino restan­ te, que era poco, porque lo había absorbido casi todo el pan. Lo to­ maban todos los días. Cuando ya escaseaba el vino, bajaban a Llorengoz a reponer la sedien­ ta bodega. Acudían a este pueblo burgalés porque era más barato que en Ordu­

ña. Una vez de hacer el camino, también traían vino para casa. Llegaba la noche, y con ella, el miedo al lobo. Después de unos años sin su pre­ sencia, las primeras noticias que llegaban de Kobata anunciaban que uno de estos depredadores merodeaba por la sierra. Se había acabado la tranquilidad. A partir de ese momento, por la noche, en vez de dor­ mir plácidamente en la chabola, los dos pastores pernoctaban junto a las ovejas, cubiertos con una manta de lana y otra de estrellas. Había que defender con celo el rebaño, pues en ello les iba el presente y el futuro. Si detectaban su amenazado­ ra su presencia, gritaban a voz en cuello: "¡al lobo!", ¡al lobo!", alborotando todo lo posible, y éste huía atemorizado. Faustino nos cuenta algunas de las creencias que ha compartido con la gen­ te de su entorno y de su tiempo: los ojos del lobo, de noche, "relampaguean”; su cuello es rígido, por lo que, a diferencia del perro, no lo pueden mover para los lados; se han dado casos de atacar a las personas, incluso de matarlas; en invierno llegaron a bajar hasta el pueblo, arañando las puertas de las casas; cuando se han saciado no se detienen, sino que siguen matando; si se les pone veneno para ma­ tarlos, no lo comen, pues son muy astu­ tos... En una ocasión, en Kobata coloca­ ron varias ovejas vivas en una oquedad, a modo de sima, para que el lobo bajase a por ellas y no pudiese salir; pero el lobo no cayó en la trampa. Cuando se hacía una batida en la lobera de Santiago, acudían los pasto­ res de la sierra Salbada a participar en ella. De esta lobera se cuenta que, en una ocasión, cayeron en el hoyo un lobo y un jabalí: el jabalí destrozó rápidamente al lobo. A la lobera de San Miguel no iban porque ya estaba destrozada. No todo lo relacionado con el lobo era negativo. Cuando mataba a una oveja, los pastores se la comían, sin ningún reparo; pues como bien


dice el refrán: "las penas con pan, son me­ nos". También el águila merodeaba peli­ grosamente por la sierra; a la menor oca­ sión, ésta se lanzaba en picado en busca de los corderos del rebaño. Para cuando el pastor se percataba de lo sucedido, el ave rapaz ya elevaba el vuelo con la presa entre sus garras, ante la impotente mira­ da del pastor. Los pastores no sólo tenían miedo al lobo, o a otros depredadores. También les asustaban las brujas. Se hablaba de ellas a media voz, como queriendo no reconocer el indefinido temor que les causaba. Pero la tradición aseguraba que era allí, en la sierra, donde se encontraban; más que en el valle. Cada vez que contemplaban una estrella fugaz, veían en ella una bruja que

surcaba los aires. Y también un fenómeno extraño les indicaba la presencia de una bruja: una llamarada, a modo de bola de fuego, que cruzaba el firma­ LO S P A STO R ES NO mento antes de só]o ten ían m iedo las tormentas. al lobo o a otros Ante estas si­ tuaciones sólo depredadores; quedaba musi­ tam bién les tar una oración. A SU STA BA N LA S Los pastores B R U JA S permanecían con su rebaño de ovejas, en la sierra Salbada, hasta la llegada de las primeras nieves, en no­ viembre o en diciembre. El aviso urgen­ te lo daban las campanas de un pueblo cercano al puerto de Angulo. Los pasto-


res conocían bien aquel sonido. Si oían aquellas campanas era señal inequívoca de que el viento "Regañón" traía la nieve. Permanecer en la sierra más tiempo era exponerse a los temibles remolinos de nieve, perdiendo el sentido de la orienta­

ción, con funestas consecuencias para el pastor y para el rebaño. Era el momento de regresar a casa.

Leyendd de \a serpiente La tradición ha narrado la existencia de una gran serpiente en la Peña de Orduña.


Algunos la definían como dragón, pues echaba fuego por su boca y veneno por los ojos. Se decía que devoraba a los que se encontraba por su camino; y si no los hallaba cerca de su guarida, bajaba al valle a por ellos, especialmente en los días de bollo, en los que una larga nube rondaba por la ladera de la peña. La intervención de la Virgen -o un ángel según otras ver­ siones- fue providencial para acabar con aquel ser infernal. Así cuenta Faustino esta historia, que a su vez le han contados sus mayores: “El Corralejo es un refugio natural bajo la roca que se haya muy cerca de la Peña de la Antigua, a la derecha según se sube desde Orduña. Se llama “El Co­

rralejo" porque era un lugar donde los pastores tenían sus chabolas, y donde ordeñaban a los animales. Allí se escon­ día una enorme culebra, la cual se había desarrollado tanto por alimentarse de la leche de las ovejas, a la que era muy aficionada. A pesar de ser tan grande, los pastores nunca la habían visto ni sabían nada de ella, pues vivía totalmente ocul­ ta. Un día, estando los pastores cerca de la Virgen de la Antigua, la vieron bajar de El Corralejo, resoplando, haciendo con la boca un ruido terrible. Se dirigía al río de Tertanga, por el Pico el Fraile, para saciar su sed. Al llegar a su altura, cerca de don­ de se alcanza la subida a la sierra, a pocos metros de una antigua cabaña donde el


pastor cuidaba las vacas en tiempos pa­ sados, los pastores comenzaron a tirarle piedras, hasta que la mataron. Le arroja­ ron tal cantidad que llegaron a amonto­ nar un carro de ellas. Allí quedó muerta, sepultada, bajo las piedras".

¿Una simple leyenda? La serpiente, de la que nos habla la leyen­ da, bien podría hacer referencia a la diosa Mari -recordemos que todas las gran­ des diosas de la humanidad han estado relacionadas con la serpiente-, a la que algunos testimonios (alguno de ellos re­ cogido por Barandiaran) hacen referencia, situándola en estos parajes, precisamen­ te en aquellos días de niebla en que ésta se revuelve como un reptil por la ladera, amenazando el valle, y extraviando a los que osan adentrarse en esos momentos por el monte. Son los días del famoso "Bollo". Mari era la divinidad suprema, la dominadora de los agentes naturales, la poseedora de las llaves del sol. el viento, la niebla, las aguas y la tierra. El recuerdo de Mari nos retrotrae a un tiempo en que nuestra sociedad era ma­ triarcal La mujer detentaba la vida y la fertilidad. Era ella la que descubrió el se­ creto de la agricultura, el arte de tejer, de confeccionar cestos y vasijas. La mujer dominaba en la tierra y Mari gobernaba el inframundo y el cielo. Pero, con el transcurso del tiempo, las circunstancias cambiaron: sobre la faz de la tierra se empezaron a Imponer los hé­ roes guerreros, y Mari se vio relegada a las profundidades de su mundo subterrá­ neo, pasando a formar parte del olimpo de los desterrados. Con el tiempo, incluso, algunos la tacharían de bruja. No sólo le habían arrebatado el trono divino, sino

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Monte Txolopey, en su base, las chabolas de El Corralejo, donde se desarrolla la leyenda de la gran serpiente referida p or Faustino.

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también su dignidad de numen benefac­ tor. Sobre ella, al igual que sobre las de­ más diosas, recaería todo lo relacionado con la oscuridad y lo negativo. La serpiente, espíritu guardián y tó­ tem, representación y pareja a la vez de Mari, fue un día derrotada, asesinada, aplastada bajo las crueles piedras del poder, la fuerza y la guerra. La represen­ tante de la vieja diosa había sido vencida. Había muerto algo más que una vulgar serpiente, por grande que ésta fuera, a manos de unos pastores: era la expresión simbólica del espíritu femenino doblega­ do por el masculino. Era una lucha entre dos culturas: una, aquella en que la mujer ocupaba el lugar central, tanto en la so­ ciedad como en la mitología, y en donde se vivía en armonía con la naturaleza: y la otra, masculina, dominada por la fuerza y la guerra. El hombre pasaba a dominar a la mujer; se había producido una inver­ sión de poderes, cuyas consecuencias han llegado hasta . nuestros días. L A S D IO S A S 5g había dado

S E R P IE N T E S

dcl viejo m undo m c tria rc c l fueron j j destronad as por las nuevas creencias en divinidades , m ascu lin as tra íd a s por los P U E B L O S IN V A S O R E S IN D O E U R O P E O S

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un cambio so-

V en el olimpo. Las diosas serpientes fueron d e s tro n a d a s

creencias en di^inidades mascutinas. El viejo mundo seden-

y matriarcal, con sus cultos a las divinidades telúricas y sus sacrificios a la fertilidad agraria, perdía la batalla, dando paso a un nuevo orden, traído por los pueblos invasores indoeuropeos, de carácter patriarcal y pastoril, con sus cultos al fuego-sol masculino y sus dioses olímpicos y guerreros. Era el triunfo de los dioses solares sobre las diosas lunares. La

muerte de la serpiente, por parte de un héroe, pasó a convertirse en un acto sim­ bólico, prácticamente universal, en el que se representaba la victoria de la luz (mas­ culino) sobre las tinieblas (femenino). Quizás por este recuerdo en que Mari ocupaba el trono de las divinidades, la serpiente -su representación después demonizada-, ha conservado hasta tiempos recientes algunos retazos de su bondad primigenia, ya que, supuestamente, los elementos positivos que afloran en re­ lación a las serpientes, serían creencias supervivientes de aquella antigua religión matriarcal. Faustino recuerda un ejemplo de ello: "la manteca de culebra es bue­ na como medicina; se cortaba la parte de la cabeza y de la cola, por ser vene­ nosas, y se quitaba la manteca del resto; ésta servía para curar muchas cosas, pero sobre todo la sarna, untándose la parte afectada". Esto no es una excepción, pues se han mantenido hasta tiempos muy re­ cientes prácticas curativas relacionadas con las culebras. Sólo pondré un ejemplo: en diversos lugares de Álava existía la costumbre de colocarse una "camisa de culebra” en la cabeza -los hombres bajo el reborde de la boina- para curar el dolor de ésta. Mari, poseedora de la vida y de la muerte, ofrecía remedios mágicos para alcanzar uno de los más apreciados te­ soros: la salud. No nos debe extrañar, por ello, que, en diversos lugares de nuestra geografía, hasta hace pocos años, se haya considerado de mal agüero matar una serpiente. Soñemos en que, algún día -a poder ser cercano-, en el olimpo de los dioses, reinen en igualdad de condiciones las divinidades femeninas y masculinas, en plena armonía.Y eso sólo ocurrirá cuando en la tierra vivamos en solidario equilibrio el hombre y la mujer, sin sumisos ni do­ minadores. CARLOS QRTIZ OE ZARATE Sacerdote y etnúgrafa

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A rabako Foru Aldundía

Diputación Forai de Alava

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Entre las poblaciones de Calcedo-Yuso y Arreo, cercanas a SaífffSfe de Anana, se encuentra este enclave lacustre, considerado como el lago natural más importante de Euskadi. Su origen hay que buscarlo en la disolución de parte de los materiales que conforman el llamado diapiro de Salinas y cuya cubeta de erosión fue ocupada por estas aguas que llegan hasta los 25 metros de profundidad. Los aportes hídricos provienen de un arroyo de a ^ dulce y de un manantial salobre, fo ^ijé comporta una mezcla de aguas que ha tenido su incidencia en la diversidad de plantas acuáticas que componen las diferentes formaciones palustres. La tenca es la especie autóctona del lago, aunque debe compartir el medio con la perca americana, el carpin y el pez-¿ol. También son numerosas las aves que desarrollan su vida en'fBrno a estas aguas, y otras muchas las que aprovechan el enclave para pasar el invierno. Quejigos y carrascas medran sobre los pequeños cerros que envuelven el lago, propiciando un paisaje interesante para la realización de agradables paseos. Al parecer, la ermita de la Virgen del Lago que se asienta en los aledaños, no sería sino el templo parroquial de la desaparecida aldea de Lagos, originariamente llamada Lagus y dependiente del antiguo monasterio de Valpuesta. La conjunción formada por el lago natural, la advocación de la Virgen y el despoblado ha propiciado un hato de misterio sobre el que se sustentan algunas leyendas verdaderamente sugerentes. impulsando aún más si cabe a la visita del lugar.

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[¡ Len ozta ezagututen zan matsardaua. ; Sagasti asco girian, ta errico ardao edo ^ sagardauaz igaroten girian vizcaitar ta ' l l beste euscaldunac. (...) Eztago icusi '^ añ o geimbat talara topetan dirían eche ‘ zaarretan, egertaco eztiríanac gaur. Antes apenas se conocía el vino de uva. Había muchos manzanales y con el vino del pueblo, o sea con la sid ra, pasaban los vizcaínos y los demás vascos. ( . . . ) No hay más que ver la gran cantidad de lagares que se encuentran en los caseríos viejos, que hoy ya no sirven para nada. Juan Antonio Moguel. Peru Abarka, 1802


¿Qué hay en el mundo que pueda reem­ plazar cabalmente al vino? Probablemen­ te nada. Así que quienes tienen dinero lo importan directamente de Navarra y La Rioja y, mientras sueñan con la pronta llegada de las caravanas de arrieros car­ gadas de pellejos de tinto, se contentan con el zumo verde y ácido de las parras de txakoli que crecen al pie de las murallas de las ciudades. La producción y consu­ mo de este vino local -al que los vecinos ni siquiera se atreven a llamar “vino"- es minoritaria y netamente urbana, y sin duda no responde tanto a la demanda del discutible paladar de los clientes, como al férreo control de los abastos munici­ pales que ejercen los grandes propietarios y mayorazgos de las villas, que obligan a esde hace mil años los viajeros sus conciudadanos más modestos a inge­ y cronistas repiten sin cesar la rir todo el infame txakoli que sale de sus misma queja: los valles húme­ huertos dos de la vertiente cantábrica del país de antes de permitirles importar un vaso del deseado vino del sur. los vascos son una tierra pobre, desolo agri­ Una frontera nítida, pero invisible, di­ cultura miserable, que no da pan, ni fruto vidía a los vascos de la vertiente atlántica que merezca la pena. Y no les falta razón. en dos mundos enfrentados hasta fines Lo saben bien sus propios habitantes, que del siglo XVIll: la frontera de los hábitos de desde la Edad Media arrastran un conti­ bebida, que segregaba el reducido espacio nuo lamento porque en sus campos, y a de los consumidores de vino, limitado a pesar de su trabajo agotador, el trigo da las tabernas y mesas de las familias urba­ espigas escuálidas, el olivo no arraiga y nas, del inmenso territorio ocupado por las cepas de uva nunca maduran lo su­ quienes bebían exclusivamente sidra, es ficiente como para producir un vino que decir, el resto del país: todos los habitan­ pueda beberse sin agriar el estómago. tes de las aldeas rurales y los caseríos. La Hasta al mismo Señor de Vizcaya le saca­ sidra sí penetraba ocasionalmente en el ban romances irónicos en los que le des­ mercado urbano, sobre todo en las villas cribían como "Don Lope el Vizcayno: Rico de manganas, e pobre de pan e de vino". portuarias, pero la circulación en sentido contrario no existía. El vino no llegaba La carencia de pan, aceite y vino, los nunca al campo. No exageraba el párroco tres pilares de la alimentación y de la ri­ de Markina, Juan Antonio Moguel, cuan­ queza de los pueblos de la Europa medite­ do afirmaba por boca de Perú Abarka. rránea desde el Neolítico, hacen de estos valles un territorio despreciable a los ojos portavoz de todos los aldeanos de su tie­ rra, que "antes apenas se conocía el vino de la agricultura del pasado: condenado de uva", ni tampoco cuando llamaba a la a buscar sucedáneos de estos productos, sidra “el vino del pueblo": “ Errico ardao". que nunca tendrán el mismo valor, ni el En torno a 1800, casi siete siglos después mismo prestigio. La falta de trigo blan­ de la evocación de Lope Díaz I de Haro, la co se suplirá con harinas amarillentas riqueza de manzanas parecía ser lo único de mijo y, a partir del siglo XVII, de maíz que compensaba a los estómagos vascos americano; la ausencia de aceite con el de la pobreza de pan y vino. uso de grasas animales, pero ¿y el vino?

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Perù Abarka también decía que la importancia del consumo de sidra hasta la época inmediatamente anterior a sus diálogos podía medirse por ta gran abun­ dancia de lagares que se encontraban fuera de uso en el interior de los caseríos. Pero en este punto sus afirmaciones no resultan tan fáciles de comprender para el lector moderno. ¿Quién ha visto algu­ na vez uno solo de esos lagares? Allí don­ de hoy en día se ha conservado alguna prensa vieja utilizada para exprimir uva o manzana se trata siempre del tipo de ar­ tilugios que se inventaron precisamente en el siglo XIX: una jaula cilindrica de ma­ dera en cuyo interior se deposita la fruta, montada sobre un gran plato de piedra

y dotada de un husillo central metáli­ co en el que se rosca un mecanismo de compresión. Nada de esto existía hasta la Revolución Industrial, así que es legítimo preguntarse dónde están los lagares en los que supuestamente saciaban su sed de sidra todos los labradores det'País Vas­ co Atlántico en los siglos precedentes. Lo cierto es que las antiguas prensas de sidra no han desaparecido. Es más, afortunadamente se han conservado cientos de ejemplares,'que demuestran que Perú Abarca tampoco exageraba en esta ocasión, ya que, con certeza, consti­ tuyen sólo la punta del iceberg respecto a los millares que existieron. Pero lo más curioso es que hasta hace pocos años, y


debido a una simple cuestión de tamaño, nadie liabía reparado en ellos y se igno­ raba por completo su existencia. A veces el tamaño sí que importa y en lo que se refiere a los antiguos lagares vascos no se trata de que fuesen demasiado pequeños para ser localizados sino, por el contrario, que debido a sus descomunales dimen­ siones resulta muy difícil tener una visión global de los mismos y uno puede pasear cómodamente por su interior sin caer en la cuenta de que se halla en el corazón de una máquina. Esto es, de hecho, lo que ha ocurrido de manera unánime y generali­ zada a muchas familias que habitan en viejos caseríos del siglo XVI, sin ser cons­ cientes de que su casa, antes de ser una

granja o una simple vivienda, fue proyec­ tada por sus antepasados como una ver­ dadera casa de la sidra.

Cucindo el caserío es el \aqar. Simbiosis de b ccisa y \a mdqwincí El tipo vasco de casa integrada en un la­ gar de sidra se inventó durante la última década del siglo XV y se difundió con ex­ traordinaria rapidez a lo largo de las seis generaciones sucesivas. A mediados del siglo XVII ya habían dejado de construirse, pero las máquinas existentes siguieron uti­ lizándose ininterrumpidamente hasta que la rotura de sus piezas más costosas hizo inviable su reparación. Hoy no hay ningu­ na que se conserve entera, saivo un ejem­ plar que ha sido reconstruido en el caserío Igartubeitl, en Ezkio-ltsaso (Gipuzkoa). Una estimación conservadora permi­ te suponer que en este plazo de tiempo llegaron a construirse entre 8.000 y 9.000 caseríos-lagar. En Gipuzkoa se impusieron de forma unánime: ninguna casa del siglo XVI escapó a la norma obligada de incluir una gigantesca prensa de manzanas en su interior. En Bizkaia se extendieron desde su frontera oriental hasta el corazón de la vieja merindad de Uribe y, por el sur, hasta el valle del Cadagua, aunque compartien­ do el territorio con otras modalidades más simples de estructura arquitectónica. Del mismo modo se comportaron los valles de la vertiente cantábrica alavesa, las tierras de Alara y Aramaio, así como el Baztan y las Cinco Villas navarras, y con mucha me­ nor intensidad también penetró en Laburdi y en la Navarra de Ultrapuertos. No resulta sencillo adivinar por sus rasgos externos la presencia de un lagar en el interior del caserío, pues éste no se corresponde con un tipo único de facha­ da, sino que se adapta a múltiples varie­ dades y no se hace visible al espectador. El único elemento orientador es que la casa no debe de tener más de dos plantas, posee estructura de grandes postes vertí/W-

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cales de una sola pieza y necesariamente se cubrirá con un tejado a dos aguas. El lagar está situado en el piso superior del caserío y consiste fundamentalmen­ te en una enorme viga de roble, de en­ tre ocho y trece metros de longitud, que actúa como brazo de palanca accionada por un contrapeso colgado de uno de sus extremos. El contrapeso, situado en la planta baja, se une a la palanca mediante un gran husillo o tornillo de madera que atraviesa verticalmente los dos pisos de

la casa. Estas son las partes móviles de la prensa y en ningún caso se han con­ servado en su ubicación original. Lo que si se ha conservado, aunque casi siempre de manera incompleta, son las piezas fi­ jas que formaban la estructura del lagar, en particular las dos parejas de postes -denominadas bernias- que flanqueaban a la viga para evitar sus desplazamientos laterales y que son fácilmente reconoci­ bles porque tienen acanaladuras o perfo­ raciones laterales mediante las cuales se

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podía ajustar la inclinación y la altura del punto de apoyo de la palanca. También suelen conservarse, aunque con menos frecuencia, partes reconoci­ bles de la masera, nombre que recibía la amplia plataforma con suelo de tablones en ligera pendiente, que se delimitaba en el centro del piso alto, entre las parejas de bernias y bajo la palanca, y en la que se apilaban las manzanas troceadas previa­ mente con rítmicos golpes de pisón. Esta plataforma, de aproximadamente veinte

metros cuadrados de superficie, soporta­ ba el peso combinado de varias toneladas de fruta, la presión del brazo de palanca y su contrapeso, y una pila de gruesos maderos intermedios entre las manzanas y la viga, de modo que para resistir se­ mejante carga era preciso que descansara sobre una batería de poderosas vigas ho­ rizontales situadas bajo la tarima, a muy poca distancia entre sí. Cuando la máquina se ponía en fun­ cionamiento, dando vueltas al husillo


hasta conseguir levantar el contrape­ so del suelo, el zumo comenzaba a fluir lentamente y se colaba por un sumidero de la masera para ser recogido en el piso inferior -en la cuadra- en grandes tinas abiertas desde las que era rápidamente trasvasado a los toneles cerrados en los que fermentaría para convertirse en sidra. Muchos caseríos se construían en la la­ dera del monte para poder habilitar una dependencia estrecha y oscura como bo­ dega en la parte más baja; no en una cue­ va excavada, sino a modo de semisótano. También el recuerdo de estas bodegas, que siguen existiendo pero que hoy en día son utilizadas como rediles o esterco­ leros, ha desaparecido de la memoria. La razón de que se hayan podido con­ servar muchos restos de la estructura fija de los antiguos lagares es que estos forman parte indisociable del esqueleto del caserío y que no pueden eliminarse sin destruir el mismo. Las bernias son los pilares centrales del edificio y las que de-


terminan la altura de la construcción, del mismo modo que la longitud de la palan­ ca de viga determinaba la profundidad de ia planta de la casa, y la anchura de la masera era el módulo que articulaba las crujías del espacio interior. Todo el case­ río se concebía en torno a 1a osamenta de la enorme máquina de producir sidra y las familias de labradores vascos y sus animales domésticos se acostumbraron a habitar -probablemente sin ser muy conscientes de ello- entre los huecos li­ bres de un gigantesco artilugio mecánico. En ningún otro lugar del mundo se cono­ ce un fenómeno parecido.

La rr\a\adura y la sidra El lagar entraba en acción durante una sola semana al año, a comienzos del oto­ ño. Era el tiempo de la majadura, cuan­ do se sacaba a las vacas de la cuadra, se vaciaba y limpiaba el pajar, se ajustaban


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las cuñas y se baldeaban con agua calien­ te los tablones de la masera, para que la madera se hinchase y el zumo no se co­ lase entre las juntas. Cada caserío poseía su propia prensa y su uso raramente se compartía entre vecinos. En una majadura se prensaban entre 3.000 y 4.500 kilos de manzanas, es decir, de 10 a 15 cargas, como se denominaban antiguamente, o bien entre 60 y 90 sa­ cos. como se empezó a medir en época más reciente. Se mezclaban todo tipo de variedades: "Beraza. gazamina, urtebetia, domentxa, kurkubieta, gorrigarratza, abapuruba..." como ennumeraba Perú Abarka, así como urtebi, saltxipi, txalaka, erregina o bizkai y otras manzanas au­ tóctonas ya desaparecidas. Abundaban sobre todo las variedades ácidas, porque crecían casi solas y rendían abundante zumo, mientras que las agridulces -más escasas y mucho más apreciadas- solían

reservarse para la mesa, y las dulces ten­ dían a utilizarse en una proporción mo­ derada, porque aunque aumentaban el grado alcohólico de la bebida formaban hilachos sucios en suspensión, por falta de tanino. Dependiendo de la mezcla y el número de cargas el rendimiento en si­ dra de una majadura podía oscilar desde 1.500 hasta 3.000 litros. Estamos hablando de una producción global de más de quince millones de litros de sidra anuales, que al igual que se maja­ ban independientemente en cada caserío se bebían, mayoritariamente, en la mesa familiar, servidos en jarras y nunca a la es­ picha. o txotx, una práctica reciente que sólo se ha puesto de moda en las sidrerías en el último siglo. La sidra que llegaba al mercado era considerada una bebida de segunda categoría en las tabernas, pero era apreciada por los marineros, quienes la incluían siempre en las raciones de a bordo, porque decían que viajaba bien, sin picarse a pesar del bamboleo del oleaje, y además que les ayudaba a evitar el es­ corbuto en las largas travesías oceánicas. También porque era muy barata. En los si­ glos XVI y XVII, en la época de apogeo de los caseríos de la sidra, el precio casi nun­ ca superó los diez maravedíes por azum­ bre: lo que al cambio actual equivaldría a tres litros por un euro. Tanto en el mar como en tierra, en un tiempo en que la escasa calidad sanita­ ria de las aguas era una causa recurrente de fiebres y problemas gástricos, la dis­ ponibilidad de un inagotable suministro de sidra a bajo precio, que los adultos consumían generosamente -a razón de casi dos litros diarios por cabeza- fue una constante fuente de salud y placer para los vascos: la sidra alimentó muchas bocas y conservó muchas vidas. Bendita sea pues la sabrosa herencia de Lope el Vizcaíno, aunque lloremos la ausencia del pan y el vino.

ALBERTDSANTANA Mistorísdor


ESTOS SON NUESTROS S ER V IC IO S M e d ic i n o A s i i t « n « i d l

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La huella de la nieve en nu^tra cultura ha tenido una importancia mayor que la que suponemos

LA DE La nieve, utilizada p ara la refrigeración y conservación de alimentos, co m o remedio para bajar la fiebre o aliviar las contusiones, e incluso para enfriar nuestra po pular garrafa^ ha estado presente en nuestras vidas desde hace al menos 5 .0 0 0 años.


■ ^ ue en Mesopotamia, cuna de ■ nuestra cultura, donde comenzó J L a utilizarse la nieve, converti­ da en hielo, para enfriar y conservar los alimentos. Más tarde, fueron los griegos y romanos quienes la emplearon, tanto para refrigerar alimentos y bebidas, como para usos terapéuticos diversos. Hipócra­ tes fue el primero en atribuirle diversas propiedades curativas, aunque con cier­ tas reservas, pues era consciente de los males que, según él, acarrea beber o co­ mer nieve, tales como reuma, espasmos y diversas afecciones del pecho. Según las teorías médico-filosóficas de la antigüe­ dad clásica, el hombre está compuesto de cuatro elementos: tierra, aire, agua y fue­ go, que se corresponden con los cuatro humores: húmedo, seco, frío y cálido. Las enfermedades surgen cuando se rompe el equilibrio entre los humores. Hipócrates decía, por ejemplo, que los que tienen complexión caliente, para restablecer el equilibrio, deben beber agua, enfriarse y reposar. Pero una cosa es beber agua de nie­ ve, o nieve helada, en la época estival, y otra bien diferente, como recomendaba Galeno, beber agua fresca de una fuente. Aristóteles fue el primero en advertir que

la nieve no es más que agua solidificada, una vez perdida esa porción de aire muy tenue propia del agua saludable. Es decir, la nieve licuada es sólo sedimento tèrreo y, por ello, contiene gérmenes nocivos para el organismo humano. Siglos más tarde, el emperador Nerón inventó un nuevo sistema de refrigerar el agua, para lo cual ordenaba cocerla y, seguidamente, enfriarla, dejándola caer a través de nieve helada. Pero la verdadera innovación fue la de Blasius Billafrehit, quien realizó un descubrimiento decisivo en el año 1550: si disolvemos salitre en el agua, hacemos disminuir su temperatura. Como veremos más adelante, hielo y sal son ingredientes indispensables para enfriar nuestra ga­ rrafa, sin que ello implique contaminar la mezcla, que es lo importante. Una cosa es enfriar un líquido echándole hielo y, otra bien diferente, enfriar el recipiente que contiene el líquido. El uso terapéutico de la nieve en el Renacimiento muestra todavía una fuer­ te dependencia de las creencias de la an­ tigüedad clásica, especialmente de la filo­ sofía neoplatónica, que atribuía al frío de la nieve helada unas virtudes casi celes­ tes. Pero la medicina más pragmática la usaba ya para aliviar los procesos febriles, producidos por el cólera o el tifus, para detener ciertos tipos de hemorragias, y como lenitivo en diversos traumatismos. En los siglos XVI y XVII se publicaron di­ versos opúsculos y tratados de medicina a propósito de la nieve y sus propiedades, entre tos que cabe citar: Tratado de la nieveydel uso della (Francisco Franco, 1569): Libro que trata de la nieve y de sus propie­ dades... (Nicolás Monardes, 1574); Car­ ta al doctor Pedro de Párraga Palomino, médico en la ciudad de Granada, en que se trata del arte y orden para conservar la salud y dllatarnuestra vida y buen uso del beber frío con nieve (Alonso González, 1612): Breves advertencias para beberfrío con nieve (Matías de Porres, 1621); U tili­ dades del agua de nieve y del beber frío y caliente (Fernando Cardoso, 1637).


Los pozos neveros La consecuencia práctica de este empe­ ño por utilizar el frío de nieve helada es la construcción de neveras, actividad que data de la época de Alejandro Magno, quien hizo llenar de nieve diversos fosos y cuevas en Petra, tapándolas después con hojas de roble. Tras la caída del Imperio Romano y los años oscuros de la Edad Media, la cultura islámica, que fue la de­ positaria de los saberes de la edad clá­ sica, volvió a iluminar a todo Occidente enseñándonos nuevamente las virtudes curativas e higiénicas del agua. La prolife­ ración de pozos neveros por todo el Me­ diterráneo así lo confirma. La primera nevera documentada en Eusl<al Herria fue la construida en el cas­ tillo de Olite, a principios del siglo XV, por orden de Carlos III el Noble (1387-1425). Posteriormente, la edificación de los prin­ cipales caseríos de Euskal Herria durante

los siglos XVI, XVII y XVIII, coincide también con la masiva difu­ sión del uso de las neveras. Monasterios, ayuntamientos y, más tarde, los dueños de grandes explotaciones agropecuarias, se lanzaron al acondicionamiento de al­ gunas simas naturales cercanas y a la construcción de nuevas neveras, incluso dentro de los terrenos del propio caserío, debido a la enorme riqueza que generaba


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la explotación de nieve helada, un recur­ so abundante debido a nuestra particular climatología y orografía. En este sentido, hay que decir que la naturaleza ha sido generosa en muchos valles vascos, espe­ cialmente en el de Orozko, con el com­ plejo kárstico de Itxina, en el rincón más salvaje de Gorbeia. En este inhóspito lu­ gar y a una altura de 1190 m,se utilizaron sucesivamente dos grandes simas natu­ rales, arrendadas por el Ayuntamiento de Orozko durante varios siglos: Neberabaltz y Neberabarri, que suministraron nieve helada a buena parte de la geografía de Bizkaia, incluido Bilbao.

Beber frío

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Más allá del uso de la nieve helada en me­ dicina, beber trío comenzó siendo un ras­ go distintivo de la burguesía acomodada de las ciudades, que podía permitirse el lujo de pagar el transporte de nieve hela­ da desde las neveras más próximas hasta sus casonas y lugares de ocio para poder disfrutar de una bebida tría en los días más calurosos del verano. La costumbre se fue generalizando de tal manera que, en poco tiempo, llegó a otros sectores sociales, convirtiéndose en algo habitual

en tabernas y fiestas a lo largo del siglo XVII. A este respecto, resulta ilustrativa una reseña de Esteban González, del año 1646: "...en una venta a cuatro leguas de Tatalla, bebiéndonos un azumbre de vino, más helado que si fuera deshecho cris­ tal de los despeñados desperdicios de los nevados Alpes: porque vale tan barata la nieve en aquel país, que no se tiene por buen navarro el que no bebe frío y come caliente”. Como consecuencia de la populari­ zación del uso de nieve helada, y si nos atenemos a los datos recogidos en las ponencias del seminario organizado en Fuendetodos (1999),duranteelaño 1705 se consumieron, únicamente en las posa­ das de Hernani, 684 arrobas, equivalentes a 8.550 kilos de hielo. A finales del siglo XIX, tras el descubri­ miento de máquinas que producían hielo mediante el éter, comenzó su fabricación industrial A comienzos del siglo XX, no sólo las grandes ciudades, sino también algunos pueblos pequeños contaban ya con fábricas de gaseosas que, además, producían hielo. Ello hizo que el acceso al hielo estuviera al alcance de muchas más personas y, en consecuencia, modifi­ có sustancialmente las costumbres rela­ cionadas con la refrigeración de bebidas.


"En Orozko -dice Bixente Uriondo- se fabricaba hielo en la Cooperativa Lechera, en años 1950-1960 cuando estuve tra­ bajando allí, aprovechando que disponía­ mos de máquina refrigeradora. También recuerdo que la familia Pagazaurtundua Mimenza tenía una fábrica de gaseosas en la casa de los Aspegorta, en Zubiaur, donde comenzaron a hacer hielo mucho antes que en la Cooperativa”. Sin embar­ go, en esos años era complicado hacer­ se con una barra de hielo. La producción era muy escasa todavía, tanto que algu­ nos bares lo compraban al de Gaseosas Otaola, de Arrankudiaga, que venía a Orozko los días festivos a vender hielo y bebidas. Otros bares, en cambio, con­ tinuaban abasteciéndose de la nevera de Itxina, en Gorbeia. "Recuerdo unas fiestas de San Antolín, en los años 1940-1945, -comenta Manu Etxebarria, del caserío

Aspegorta- que Txomin Larrea, dueño de un bar-restaurante, trajo hielo desde ítxina en un carro de bueyes, hielo cortado en barras con una tronzadera y tapado con helechos, pero llovió tanto que no les sirvió para nada. Sólo para dar traba­ jo. Tuvieron que sacar de los establos el agua del hielo derretido, además del que entraba por la calle".

Limondcicis, garrafas y bebeleras En el Lexicón Bilbaíno de Emiliano de Arriaga, publicado en 1896, aparece una receta de garrafa o vino helado del país, que reproducimos textualmente: "...de limón, nada. De vino blanco, tres partes. De agua fresca, una parte. Mezclarás el conjunto con una o más botellas de buen jerez o aromática manzanilla; disolverás


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dos azucarillos regulares por cuartillo de líquido mezclado. Hecho esto, agítese todo en una cantimplora, rodeándola de nieve con bastante sal en el cubo. Muéva­ se sirín-saran y tendréis la limonada". El tomo tercero del Atlas Etnográfico de Vasconia, al hablar acerca de La Alimen­ tación Doméstica en Vasconia, es más ex­ plícito a la hora de explicar el mecanismo de una garrafa, es decir, de la garrafa en­ tendida como recipiente. Los informantes se refieren al sistema que los de Zeanuri tenían de hacer garrafa a principios del siglo XX, probablemente el método más antiguo y rudimentario de enfriar el líqui­ do. pero sin contaminarlo. En un calderín de cobre ponían vino blanco rebajado con agua fresca, al que añadían azúcar. En otro recipiente, una tinaja o balde ancho, más grande que el calderín, se echaba sal a la nieve y se introducía el calderín de vino. Sujetándolo con ambas manos, hacían girar rítmicamente el calderín en uno y otro sentido, al mismo tiempo que le presionaban contra la masa de nieve. Pasado un tiempo, el vino comenzaba a congelarse y espesarse, momento en el que era servido a los comensales. La garrafa, tal y como la conocemos hoy día, tiene varias piezas. En primer

lugar, un recipiente exterior o cuba, que puede ser metálica, de madera, de corcho, y hasta de crístal. En segundo lugar, un re­ cipiente interior o cilindro, de menor diá­ metro. casi siempre metálico, que contie­ ne la mezcla. En la cavidad entre la cuba y el cilindro, se depositan el hielo y la sal. En tercer lugar, el cilindro tiene un aspa de dos o tres brazos que sirve para remo­ ver la mezcla. Hay garra/as en las que sólo gira el cilindro: en otras, sólo el aspa; las hay, también, en las que giran aspa y cilin­ dro, pero en sentido inverso uno del otro, que son las más comunes y las más uti­ lizadas en Orozko. Como curiosidad, dire­ mos que las garrafas de corcho, de uso en Extremadura y Andalucía, no tienen aspa dentro del cilindro. Finalmente, la última pieza es la manivela, que mueve la tapa, la cual está dotada de unos engranajes que mueven el cilindro y el aspa al mismo tiempo, de tal modo que el hielo deposi­ tado entre la cuba y el cilindro metálico va enfriando la mezcla hasta conseguir et grado óptimo de granizado. En todo este proceso la sal que se echa al hielo tiene

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una enorme importancia: produce una reacción química, mediante la cual va absorbiendo calor, al mismo tiempo que el hielo va derritiéndose poco a poco, es decir, el agua se vuelve más fría que el hielo, con lo que consigue alcanzar una temperatura entre 17 ó 18 grados bajo cero, necesaria para enfriar el líquido que contiene el recipiente interior o cilindro. Este modelo de garrafa es denomi­ nado heladera en diferentes regiones españolas y en países tan diversos como Alemania, Francia, Estados Unidos, Reino Unido y Suecia. Es un recipiente que, en la actualidad, se utiliza en Orozlco tanto para hacer un exquisito helado casero, al igual que en los países citados, como para preparar lo que hace un siglo se denomi­ naba limonada de txakoli y que, hoy día, recibe el nombre de garrafa. Aunque la tradición de hacer helado casero se con­ serva aún en algunas familias de Orozko, como por ejemplo la familia Manzarbeitia, del barrio Andrà l^ari, y la de Santisteban, del barrio Bengoetxea, que hacen helado desde hace muchos años, lo nor­ mal ha sido utilizarlo para hacer garra/a. La primera referencia documentada que poseemos acerca de nuestra limo­ nada o garrafa la hallamos en la obra del Dr. Moritz Willkomm, profesor de la Universidad de Leipzig, quien publicó en esa misma ciudad, en el año 1852, unos recuerdos de viajes, en los que incluía Una Ascensión al Gorbea realizada desde Orozko en 1850 y publicada por la re­ vista Pyrenaica en 1930. En uno de los


pasajes puede leerse: "Nuestro objeto era ahora llegar a la nevera de Orozco, pozo profundísimo, en el cual no se derrite la nieve durante todo el año, y que sirve por lo tanto para guardar la que se necesita para las limonadas y demás refrescos, que tanto apetecen los pueblos merionales..." José Luis Iturrieta, en su artículo El txakoUen los albores del s. XXI. de la re­ vista Gastronómica, menciona dos gran­ des banquetes celebrados en Bilbao a

principios del siglo XX que nos hablan de la limonada de txakolí o garrafa. En el del año 1908 estuvo presente la "limonada de txakolí", mientras que en el de 1926 se contó con "vino helado al estito del país". Iturrieta añade que este vino helado "se­ ría la popular garrafa". Pero, la garrafa, como bebida utilizada para celebrar al­ gún acontecimiento de cierta relevancia social, se ha hecho no sólo en Bilbao y otras ciudades importantes, sino también


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en pueblos más pequeños, precisamente donde mejor se ha conservado su uso y el secreto de su elaboración. Así, tanto en Zeanuri, como en Areatza (Villaro) y Otxandio, se mantuvo en el tiempo la tradición de hacer garrafa o limonada de txalíolí, aunque sin la fuerza con la que aún perdura en Orozko. También en Llodio, en cuyos montes se constata la existencia, al menos, de dos pozos neveros, se recuerda el consumo de garrafa hasta no hace mucho tiempo, siempre asociada a los períodos festivos celebrados en el centro del pueblo. Sabe­ mos además que antiguamente era co­ nocida con el nombre de txilibran, según se recoge en el trabajo sobre las neveras locales publicado por Félix Muguruza en la colección BAI (1996). Al parecer, dicho preparado -basado en una antigua rece­ ta del s. XVII- consiste en echar “...vino blanco y agua en igual medida. Cuando se trate de tinto, por cada azumbre [me­ dida para líquidos que equivale aproxima­ damente a dos litros] añadiremos medio litro de agua. Si se prefiere dulce, se le añadirá un poco de azúcar. Éste será pre­ viamente elaborado como si se tratase de almíbar, juntándose con otra cocción de finas rajas de limón. La mezcla será colada por medio de un trapo y añadida al vino que se encuentra en la garrafa. Se com­ pletará, si fuese necesario, con más agua y, con la tapadera de la garrafa o cantim­ plora abierta, sólo nos resta batirlo hasta alcanzar el punto requerido". Por si ello fuera poco, Faustino Cua­ dra el centenario orduñés que aparece en otro de los artículos de esta misma publi­ cación, recuerda vagamente cómo con la nieve recogida de la nevera de Txarlazo, los curas del lugar hacían una bebida muy fría a base de vino blanco y mucho azú­ car. A hurtadillas. consiguió beber algo de aquel brebaje y le pareció lo más delicio­ so del mundo. Tendría Faustino por aquel entonces catorce años. Probablemente ésta sea la única y última referencia del consumo de garrafa en Urduña.

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garrafa en Orozko

La garrafa ha servido, y sirve todavía en Orozko, para alegrar la sobremesa de cualquier fiesta, ya sea de ámbito familiar o de un grupo de amigos. La bebida que se obtiene es fría, muy fría, casi helada, y es muy apreciada desde siempre entre sus vecinos durante los rigores del verano. Para hacer una buena garrafa, es ne­ cesario contar como mínimo con varios productos: agua, vino blanco (el txakolí es.


en realidad, un vino blanco), coñac, azú­ car y limón. Para elaborar una garrafa de tres litros, es necesario seguir los siguien­ tes pasos: mezclamos una botella de vino blanco y un litro de agua. Añadimos tres copas de coñac y dos limones exprimidos con las manos, que los echamos luego dentro de la mezcla. A la hora de añadirle el azúcar, es muy importante fijarse en el día que hace, si es frío, caluroso, nublado... Con el día fresco, por ejemplo, hay que añadir más azúcar que cuando hace calor.

A continuación se prueba la mezcla para comprobar el sabor que va a tener la ga­ rrafa y, si es necesario, se añade algo más de coñac o azúcar. Después, se echa hie­ lo y sal entre la cuba y el cilindro. Final­ mente, una vez tapado el cilindro, se le da vueltas a la manivela hasta que la mezcla alcance el grado óptimo de granizado. La receta del Lexicón Bilbaíno, repro­ ducida con anterioridad, es excesivamen­ te alcohólica y, esto mismo, imposibilita el granizado del líquido. Cabe pensar con ello, que a las gentes de finales del s. XIX y principios del s. XX les bastaba con que la garrafa estuviera fresca, sin pretender alcanzar el grado perfecto de granizado que se consigue hoy día. A Juan Ramón Arrugaeta, la receta le recuerda a algunas garrafas que, según le contaba su padre, hacían en casa para la sobremesa de cier­ tas ocasiones, a las que “...cargaban tanto de alcohol que, al final, tenían que bajar las escaleras en carretilla...". En cualquier caso, según los enten­ didos, la garrafa que se hace para beber tras una copiosa comida puede y debe tener, incluso, un punto más de alcohol que la que se elabora para tomar como aperitivo. Uno de los aspectos a destacar de la garrafa es el carácter festivo que la en­ vuelve. La mayoría de la gente de Orozko, y de muchos otros pueblos del entorno, como Llodio o Amurrio, sabe lo que es una garrafa, pero su disfrute ha estado reservado en los últimos decenios, sobre todo, a las fiestas familiares. Sin embar­ go, en el pasado hubo una estrecha vin­ culación entre la garrafa y los toros en las fiestas patronales de San Antolín y en las de Andra Mari del barrio de Ibarra. Son muchos los que recuerdan aún a Segundo Estiballes, rodeado de su familia, hacien­ do garrafa en el tendidillo que el Ayun­ tamiento les instalaba encima de las co­ cheras de los autobuses, allá por los años 1950-1960. Su hija Elena, que sigue ha­ ciéndola en las celebraciones familiares, nos habla del pasado y del presente: "Mi

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padre, cuando iba a preparar una garrafa, cosa que sucedía en todas las ce­ lebraciones familiares y en las fiestas de San Antolín, se ponía un delantal blanco. Este detalle nos anunciaba que era fiesta en casa. Una fiesta que comenzaba muy temprano porque había que comprarle hielo al gaseosero, que venía a vender hielo y bebidas a los bares de Orozko. Mi padre decía que una paella era el mejor plato para beber garrafa, pero siempre para bebería durante la comida, no antes. En fiestas, la sobremesa continuaba en el tendido de la plaza, viendo la novillada. Hizo garrafa hasta un año antes de su fa­ llecimiento, en 1965. La tradición siguió en pié con mi cuñado Epi Urkijo y con mis hermanos Pedro y Pablo. Este últi­ mo sigue preparándola en casa todos los años en fiestas de San Antolín". Los primeros recuerdos de Juan Ra­ món Arrugaeta le llevan al bar de sus tíos.

años 1960-1970, donde vendían ga­ rrafa a todos aquellos que querían lle­ varla a los tendidos durante las corridas de toros, donde la acababan de hacer. "En aquella época, lo normal era hacer garrafa en las fiestas, y muchos la lleva­ ban a los toros. En mi casa, por ejemplo, siempre se ha hecho garrafa en cualquier acontecimiento, y hasta mis tías, que te­ nían 90 años, la bebían, pero nosotros no la llevábamos a las novilladas". A pesar de todo, la vinculación de la garrafa con ios toros fue grande en el pasado, sobre todo entre las personas que hacían garrafa. "Durante las novi­ lladas de San Antolín -comenta Manu Etxebarria- se veían garrafas en el ten­ dido del bar Arrugaeta, en et del Ayun­ tamiento y, por supuesto, en el palco. Estamos haÍDlando de los años 19701975. Recuerdo, por ejemplo, a Lucas Garbiras y a los hermanos Muñoz haciendo garrafa en el tendido. En ibarra, que solía haber también no­ villadas, José Luis Iriondo organizó un concurso de garrafas hacia 1970, pero sólo participaron tres o cuatro”. Entre los muchos visitantes que acu­ dieron en el pasado a las fiestas de San Antolín, algunos tuvieron la fortuna de probar la garrafa. Pablo Urzelai Astobiza, hijo y nieto de los recaudadores de im­ puestos del barrio Katea (La Cadena) de Orozko, aún recuerda con cierta sorna cómo en 1960 vino de visita el entonces famoso ciclista de Güeñes, Antonio Ferraz. Le acompañaba una cuadrilla de ocho amigos "...todos ellos de casta" y que "... les gustó tanto la garrafa, estaba tan rica, que no pudieron volver a casa debido a la borrachera que agarraron". Así pues, el ciclista debió regresar en aquella ocasión solo, sin su séquito de acompañantes. A pesar del marcado carácter festivo de la garrafa, en los dos últimos decenios la presencia de ésta en las calles de Oro­ zko ha sido mínima, a excepción de las preparadas entre 1975-1985 por miem­ bros del grupo de danzas Batasurja, que


la llevaban a los toros. Por esta razón, uno de los mayores sjjeños de Jon Ander Latatu ha sido durante estos últimos años recuperar la tradición de hacer ga/ra/a en la calle, en plena fiesta: “Aprovechando que a los integrantes de Orozkoko Soplagaitak nos contrataban para acudir a los toros a tocar diversas piezas musi­ cales, una de mis mayores ilusiones era preparar garrafa para llevarla al tendido y compartirla con los amigos. Casi era un acto testimonial, pero ha dado sus frutos. Pensando en la mejor manera de poten­ ciar la presencia de la garrafa en la calle, en la fiesta, hace tres años tomamos la determinación de organizar un concurso de garrafas, coincidiendo con las Fiestas de San Antolín, y que ya va por la tercera edición". La respuesta de la gente ha sido ex­ traordinaria, sobre todo de la gente ma­ yor. Personas vinculadas a la garrafa en

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otras épocas, pero que ya no la hacían ni siquiera en sus fiestas familiares. "Con el concurso -según nos cuenta Pedro Mar­ tín, dueño de una envidiable colección de garrafas- hemos conseguido que la gente mayor se vea otra vez en su juventud, y que la gente joven conozca un instrumen­ to y un método de diversión que desco­ nocía. Muchos están acostumbrados a ir a la tienda o a un bar a comprar bebida, luego la abren y la consumen. Hacer ga­ rrafa no es eso.Tenemos un instrumento, adquirimos los ingredientes, decidimos cuándo hacerla y por qué, mezclamos los ingredientes y empezamos a darle vueltas a la manivela. Cuando uno se cansa, otro ocupa su lugar. Hacer garrafa, en definiti­ va, es algo así como una filosofía de vida, es una forma de estar en la fiesta. No importa que la garrafa esté, finalmente, buena o menos buena, es una manera de pasar un rato agradable en compañía de


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amigos o familiares y. sobre todo, darle a la manivela supone algo especial. Si se le pusiera un motor, por ejemplo, perdería toda la gracia, todo el encanto". Precisamente, esta manera de enten­ der la garrafa y, en definitiva, de disfrutar de una fiesta, era lo que se estaba per­ diendo en Orozko. Según nos comentan sus organizadores, "cuando se consolide la presencia de la garrafa en la calle, en la fiesta, estamos planteándonos la posibi­ lidad de organizar degustaciones de ga­ rrafa y helados caseros, porque pensamos que es una manera de potenciar el uso de un instrumento maravilloso y, ciertamen­ te, muy antiguo". Tan antiguo que las ga­ rrafas de la marca ELMA de Arrasate, que son las más habituales, dejaron de fabri­ carse en 1950. Felizmente, tal y como nos explica TxemaAlangua: "es posible hacer­ se con una garrafa en Estados Unidos, un país con una larga tradición en la fabrica­ ción de helados caseros. La empresa White Mountain, por ejemplo, tiene modelos de garrafas de todos los tamaños, grandes, pequeños, y muy pequeños (júnior). Esto prueba, además, que este instrumento no es patrimonio de Orozko ni de otros pueblos vecinos diseminados por nuestra geografía con tradición de hacer garrafa. Lo original es el contenido”. Pero, no sólo hay garrafas en EEUU, también las hay en Suecia, Reino Unido, Francia y Alemania, como lo prueba la di­ versidad de piezas que Pedro Martín po­ see en su colección, algunas compradas en anticuarios y, otras, en olvidadas fe­ rreterías de la vieja Europa. Donde no se ha encontrado ninguna es en Italia, y ello a pesar de que en ese país hay una ex­ traordinaria tradición heladera. En cual­ quier caso, merece la pena el esfuerzo de buscar una y, si es necesario, restaurarla. Tener una garrafa, hoy día, es tener una pieza de museo. Una pieza de museo que nos permite, además, vivir la fiesta de otra manera.

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Ahora que lo has visto, llega el momento de sentirlo. Ven a descubrir el Nuevo Passat.

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IKASTAUOA

CURSO - TALLERjoE

'LANÍASMEDICINALÍS UrriaHS-9 octubre Luiaondo Organiza: Aunia Kultura Elkartea on este curso se pretende acercar al interesado el fascinante mundo de ias plantas cuyos valo­ res terapéuticos han servido al ser humano para aliviar y poner remedio a gran número de dolencias y enfermedades desde hace milenios. Una práctica muy extendida, así mismo, entre la gente de nuestros case­ ríos y que, irremisiblemente, ha ido cayendo en des­ uso hasta desaparecer casi por completo, con todo que ello comporta de conocimientos perdidos. .

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D irector Gabriel Vázquez J(/t^na. Herbolario caserío Amaiau de Zeanuri y a tA o tM libro Plsritas M edicinales en el País Vasco. DESARROLLO DEL CURSO: Sábado 8

• Mañana (10.00 h - 13.00 h} Exposición de plantas y materiales p á n mejor acercamiento a las yerbas y remedios vegetales. _ • 13.30 h: Almuerzo • Tarde (15.00 h - 18.00 h) Charla en profundid^^ nales con la ayuda de dU D o m in g o 9

«Mañana (9,30 h - 13,30 h) Salida de campo a a(||óh. ÍU99' el fin de observar y habitan en nuestro entubo

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Kultura Elkartea

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HISTORIA EZAGUTU, ETORKIZUNA PRESTATU

CONOCER LA HISTORIA, PROYECTAR EL FUTURO

Iruña Okako A ztarnategi Arkeologiko Erromatarra Yacimiento Arqueológico Romano de Iruña de Oca BISITA ORDUAK: U niaren 16tik apirílaren 30era: Asteartetik larunbatera ll:OOetatik 15:00etara. Igande eta jaiegunetan 10:00etatik 14:00etara. Astelehenetan itxita. Maiatzaren le tik uniaren ISera: Asteartetik ostiralera ll:OOetatik 14:00etara. eta 16:00etatik 20:00etara. Laninbatetan ll:OOetatik 15:00etara. Igande eta jaiegunetan 10:00etatik 14:00etara. Astelehenetan itxita.

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EUSKO JAURIARITZA

un país .

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HORARIOS DE VISITA: Del 16 de octubre al 30 de abril: Martes a sábado, de 11:00 h. a 15:00 h. Domingos y festivos, de 10:00 h a 14:00 h. Lunes, cerrado. Del 1 de mayo al 15 de octubre: Martes a viernes, de 11:00 h. a 14:00 h. y de 16:00 h. a 20:00 h. Sábados, de 11:00 h. a 15:00 h. Domingos y festivos, de 10:00 h. a 14:00 h. Lunes, cerrado.

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en m a rcha

GOBIERNO VASCO

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n i H frecuente en nuestras tierras, donde lo ||M ^ ftram o s al borde de los caminos y entre 9 a n^H a del bosque. Sus llamativas flores nos vista al principio del verano y sus frutos o escaramujos, de color rojo intenso, los veremos ya maduros a finales de la estación. Estas bayas, también llamadas '‘tapaculos" por sus propiedades astringentes, son así mismo ricas en vitamina C, para lo cual los podemos aprovechar crudos, limpiándoles previamente sus huesillos y pelitos internos, y también en mermeladas. Toda la planta tiene propiedades, desde los tallos u hojas hasta las flores y los frutos. Los tallos y hojas los emplearemos como antidiarreico -al modo de las zarzas-, y para ello to­ maremos el líquido resultante del cocimiento de un puñado de brotes y hojas en agua. Por sus propiedades depurativas y reguladoras del sistema nen/ioso este cocimiento se toma, con buenos resultados, en los casos de afecciones de la piel. Las flores las emplearemos para ha­ cer colirios para los ojos en las conjuntivitis, así mismo son excelentes para tonificar el cutis y combatir los granos e irritaciones de la piel A pesar de ser poco utilizadas en nuestra tradi­ ción popular, las flores también las podemos tomar en infusión con propiedades buenas para las afecciones de las mujeres y como tó­ nico y estimulante suave en la fatiga, frigidez y depresión. También nos aliviará las jaque­ cas y dolores de cabeza. Sus frutos maduros, comidos enteros con sus pelitos internos, se empleaban en la antigüedad para expulsar las lombrices, especialmente la tenia o solitaria. Las rosas son veneradas en muchas cul­ turas como flor iniciatica y mística, simboli­ zando a la madre, al amor, la creatividad y la entrega. Los antiguos las utilizaban en rituales de protección del hogar y para atraer buenas energías. También son utilizadas para la ferti­ lidad y el amor. Las rosas rojas representan la pasión, la fuerza, la voluntad, y nos ayudaran en el amor, la salud y la capacidad de lucha. Las rosas amarillas, por el contrario, representan la perfección, la sabiduría y las capacidades men­ tales, y nos ayudan a ser más cálidos y menos celosos. Entre tanto, las rosas rosas represen­ tan el amor y la inocencia, el amor maternal.

sensible y generoso, y nos ayudan en la inseguridad, in­ diferencia y la falta de amor. Por último, las rosas blancas representan la inocencia y la pureza, y nos ayudan a limpiar nuestro cuerpo energético y a conectarnos con las energías espirituales y sanadoras. En tratamientos con elixi­ res florales las emplearemos para incrementar nuestra creatividad y equilibrio emocional, y nos ayudarán a estar bien con la vida y a des­ pertar nuestra sensibilidad y sensualidad.Tam­ bién equilibran y potencian la parte femenina que todos llevamos dentro.

GABRIELVAZOÜe; Herbolarlo de Ipiñaburu (Zeanuri)

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INFUSION: Hervir agua con 30 grs de brotes y flores por litro. Reposar 5 min y tomar 2 ó 3 tazas al día. Para tratamientos extemos podemos incrementar la cantidad de planta. VINAGRE DE ROSA AROMÀTICO; Calentar medio litro de vinagre de vino y añadir un puñado de pétalos de rosa roja y aromática. Dejar macerar todo durantelO días y filtrar. Aplicar para combatir el acné, las picaduras y las afecciones de la piel.

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HAITZULO ARTIFIZIALAK CUEVAS ARTIFICIALES Erlfjlozkotasun-guneak Araban Espacios de religiosidad en Álava

BILBAO: REGENERACIÓN DE LA CIUDAD POSTINDUSTRIAL Urbanismo, arquitectura, escultura y mobiliario en la nueva metrópoli

AUTOR«Armando Llanos EDITA« Servicio de Publicaciones del Gobierno Vasco / 35 )ág + CD-Rom (Euskara y castellano / 6 €

EDITA« Revista KOBIE (anejo 7, año 2004) AUTOR« Isusko Vivas Ziarrusta

Numerosos investiga­ dores se han acercado a este patrimonio eremítico y oculto que se extiende de este a oeste del territorio alavés, a través de la Rioja Alavesa, Treviño y Montaña Alavesa, los Montes de Vitoria y los valles deValdegobia.. Un total de 127 cuevas, incluidas todas ellas en el CD-Rom interactivo que acompaña al cuadernillo, se reparten por estos valles y barrancos, testimonio de aquellos pequeños conjuntos rupestres que, desde los siglos V-Vl, albergaron unas comunidades eremíticas que pueden considerarse como los conjuntos cristianos más antiguos del País Vasco.

El autor basa el presen­ te trabajo en su propia tesis doctoral, inci­ diendo en el desarrollo del espacio público en cuanto condición de la ciudad y lo arqui­ tectónico y el objeto escultórico en relación con el ámbito funcio­ nal del diseño urbano. Responde, asimismo, a una inquietud personal surgida por el devenir de los acontecimientos en la propia ciudad de residencia, Bilbao, un centro postindustrial en el que se están produciendo tan interesantes procesos de redefinición de entornos degrada­ dos.

MECALITISMO Y CEOCRAFfA. Análisis de los factores de localización espacial de los dólmenes de la provincia de Burgos Ain’OR« Miguel Ángel Moreno Gallo EDRA « Univ de Valladolid y Diputación Provincial de Burgos / Studia Archaeologica, n° 93 / 308 pág CONTACTO« morenobl@arrakis.es Como bien dice Germán Dellbes en el prólogo del libro, Miguel Moreno es el responsable de que el “vacío megalítico meseteño”, proclamado hace algunas décadas por importantes investigadores, haya pasado a ser "un espacio muy densamente ocupado” durante la prehistoria más reciente. Él sólo ha sido capaz, con la ayuda de su todoterreno, su novedoso sistema informático y oe GPS, y de algún acompañante ocasional, de reconocer más de 500 túmulos y dólmenes que cubrían apretadamente la mayor parte del territorio burgalés. Miguel A. Moreno fue así acumulando una dilatada experiencia como prospector que le ha llevado a investigar científicamente "la lógica de los emplazamientos" de los megalitos burgaleses, buscando pautas de actua­ ción por parte de aquellas gentes del Neolítico que muy bien pudieran extrapolarse, en parte, a otras áreas geográficas.


BOLAJOKOA EL JUEGO DE BOLOS « Juan José Zorrilla López ED IT A « Diputación Forai de Bizkaia / 84 pág (Euskara y castellano) / 5 €

AUTOR

El presente libro de pe­ queño formato y fácil lectura, publicado a dos columnas para dar ca­ bida al texto en ambos idiomas, e ilustrado con fotografías, mapas y croquis, viene a cubrir un vacío en la biblio­ grafía vizcaína dentro de este tema. Funda­ mentalmente se centra en las diferentes modalidades habidas en este territorio, pero no se olvida de los otros tipos de juego presentes en los territorios vecinos e incluso en Castilla-León. Tampoco olvida hablar de la historia del juego ni de a problemática actual, además de adentrarse en el terreno de la mitología y concluir con un interesante diccionario sobre el tema. En suma, un libro no sólo para los aficionados al juego de bolos sino para aquellas personas amantes de la etnología y la cultura popular.

JOSE ROTA. AEZKOA « Xabi Otero ED IT A « Editorial“Txoria Errekan, S.L" 128 p á g s/4 8 €

AUTO R

La trayectoria de Xabi Otero, con más de una veintena de libros de fotografía a sus espaldas, es la me­ jor garantía para avalar una obra de extrema exquisitez y en la que, como es habitual, los detalles se cuidan hasta la obsesión.En esta ocasión se nos plantea una visita al Valle de Aezkoa, en el nor­ te de Nafarroa, pero conducida a través de José Rota, personaje aezkoarra, panadero, molinero, artista y, sobre todo, conocedor de su cultura y pueblo como pocos. Él nos guiará, de la mano de las espectaculares fotografías de Xabi Otero y los textos de apoyo redactados por los más granados investigadores de la cultura vasca, a través del Valle para entrarnos en su etnografía, su vida y su razón de ser. Como suele ser habitual en este tipo de traba­ jos, la presentación es impecable, siempre basa­ da en una maquetación, impresión y papel de óptima calidad. Pero sobre todo, lo que da más atractivo al conjunto es la armonía, la misma línea estética que se percibe desde la primera hasta la última página de este bello libro.

ASKEGI (Revista Cultural de Iruña de Oca) EDITA

«Asociación Cultural ASKECI / N° 1 /Año 2005 / 122 pág/ 3 € Biblioteca de Mandares de Oca (TeL 945 361 864)

C O N TA C T O «

Damos la bienvenida a una nueva publicación que, con carácter anual y voca­ ción de durar, nace en el municipio alavés de Iruña de Oca. de la mano de un grupo de hombres y mujeres muy activos en el ámbito cultural, tanto en el campo científico como en el etnológico, artístico y literario. Así, en la editorial mencionan como objetivo principal "el estudio, fomento e investigación del patrimonio cultural de Iruña de Oca". Pretenden, por lo tanto, rescatar del olvido las antiguas formas de vida, con todo lo que esto conlleva de recupera­ ción socio-cultural para las gentes que un día participaron de aquella realidad y para las que no llegaron a conocerla. Invitan a todos los que tengan algo que contar sobre el citado municipio a que se unan al proyecto y participen en éL Nosotros, desde Aunia. les deseamos toda la suerte del mundo, porque cuantos más focos ardan en la noche del olvido menos memoria perderemos como pueblo.

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Altas temperaturas y escasez de lluvias La sequía es actualidad en todos los informativos. Y es que ha sido uno de los veranos con temperaturas más elevadas y escasas precipitaciones. Sin em bargo en Álava, de momento, esta situación no es tan alarmante com o en el resto de la península, aunque los efectos del calor y la escasez de lluvia se han notado en algunos municipios. Esforcémonos para tratar de que estas circunstancias no empeoren. A larm a de sequía La alarmante situación de extrema sequía que se está haciendo evidente en el resto del Estado no afecta de manera tan grave a Euskadi, pero empieza a hacer mella. Nuestras reservas de agua se encuentran en una situación medianamente óptima debido principalmente a dos razones: por un lado el factor climático y por otro la labor de las entidades gestoras. En lo que a la clim atología se refiere, las precipitaciones registradas este año, al contrario que en otras zonas, han sido más cuantiosas que las de los últimos ejercicios, además de las bajas temperaturas del invierno y las continuas nevadas. Sin embargo, este verano ha sido muy seco y caluroso, y sus consecuencias han empezado a sentirse en julio, cuando aparecieron los primeros problemas de abaste­ cim iento en algunos puntos de la Aiara, donde ha sido necesario el uso de cisternas. Desde el lado de los gestores, la labor del Consorcio de Aguas Kantauriko Urkidetza, cobra especial im portan­ cia en la administración del recurso. Para ello se han establecido unas Normas de Explotación de la Presa de IVIaroño a través de las cuales se regula el recurso; es una manera de controlar la cantidad de agua que hay en las reservas y como administrarla. El Consorcio en colaboración con otras instituciones impulsa la realización de las obras para el abasteci­ m iento en la red primaria de Ayala por más de 2 millones de euros. La primera fase se centrará en los

manantiales y su ejecución durará aproximadamente ocho meses. Así se mejora el sistema de abastecimiento de los pueblos de Aiara.

Extrem ar las precauciones Este contexto nos recuerda los problemas que hemos sufrido en años anteriores como consecuencia de la sequía. Por eso desde Kantauriko Urkidetza, Consorcio de Aguas de Ayala, se quiere recordar, que aunque el estado de nuestras reservas sea mejor que en ejercicios anteriores, es necesario consumir agua de manera responsable para que esta situación se mantenga.

Esfuerzos conjuntos Para mantener un buen nivel en nuestras reservas, desde el Consorcio se recuerdan una serie de consejos para ahorrar agua. Unas medidas que no sólo son ecológicas y solidarias, sino que pueden suponer un ahorro económico anual considerable para el consumidor/a: • Coloque una botella de agua en la cisterna del retrete para reducir el gasto de cada descarga. • Llene bien la lavadora y el lavavajillas antes de utilizarlos. • No emplee el inodoro como papelera. • Riegue las plantas al anochecer, se evita la evapora­ ción. • Cierre el grifo mientras se limpia los dientes o se enjabona. • Una ducha siempre es mejor que bañarse, consumi­ mos 300 litros cada vez que llenamos la bañera.


Publirreportaje

• Ur-botila ¡a rri komun-ontziko tangan, ur gutxiago xahurtzeko. • Ez erabili komun-ontzia paperontzi moduan. • Iturria itxi haginak garbitu edo xaboia ematen duzun bitartean. • Hobe da dutxatzea bainatzea baino, 300 litro ur behar ditugulako bainuontzia betetzeko. • Landareak gauean ureztatu, lurrunketa ekiditeko. • Ikuzkailua eta plater-garbigailua ondo bete, erab ili baino lehen.

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K a n ta u riko URKIDETZA Consorclo Oe Aguas Uren Panzuergoa


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AH1ÎUTA AGOTADA

Estelas: las piedras que hablan

El retomo del lobo

La meteorología en el Alto Nervión

Rappel en el Salto del Ncfvión I La cueva de Mariazulo I Castañas y enceras I Perderika Belaustegigoitia i Urduña: la ciudad y la memoria

La sierra deArrola 1 La torre de Manaka I Santxotena i La Petronila i RobertLaxalt I El roble de Atxondo I Sta. M* delYermo

I El bacalao I Los barrios de Orozko I El empedrado de St° Tomás de Zeberio I Ara de Cordeliz

La ciudad romana de Iruña-Veleia

AHITUTA AGOTADA

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Cumbres del Alto Nervión Geología de Corbeia I Minas de Karanbio I MadresAgustinas deArtziniega i Arqueología medieval en Lendoño I La gota fria I La patata

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N»suy juntas: lugarKtndicionales deminÜn

Bolatoki: el Juego de los bolos

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i Cuevas artificiales en Álava I Graffiti romanos en Sátvada I El curandero deKatuxa I LatorredeArtziniega

Etno^fía de las raquetas de nieve

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AHITUTA A

gotada

i Pico del fraile y Naranjo de Bulnes I Neandertales en Axlor I El chocolate I Cofradía de San Roque de Laudio I Ei castillo de Orduña

Etimologías: los nombres en venión original Jesús de Calindez I Batalla romana en Kuartango I Barrenadores i Ferreria deElPobal I Trashumancia en la Tierra deAyala I El bonito

El santuario rupestre de Atenaza Bnjjas y lamias en Laudio I Túnel de SanAdrián I Historia del lince en Gorbeia I Arbitrios y fielatos I lacercadeVitlaño I Los caracoles

El árbol Malato I EIHo^itaide SanAntón I Las murallas de Orduña I La Ristia deDotnaikia I Anboto, ruta porAtxondo I Pastelerías y confiterías en Bilbao

Loberas: vestigios de una lucha milenaria

Tierra deAyala; paso hacia Compostela La judería deVitoria I Nombres de pita I El barrio deAldama I Aralar;laruta de los gentiles i Los puentes de Bilbao I Intxaur-sattsa

Vikingos en Euskal Herria

---------- Tam bién puedes leer AVNIA en las bibliotecas d e :---------ARABA. Aguraín, Alegría-Dulantzí, Amurrio. Aramaio-lbarra, Arraia-Maeztu, Artziniega, Asparrena, Bastida, Eltzíego, Foru Artzibategia, Gobiaran. Guardia, Iruña Oka. Kampezu, Lantaron, Lantziego, Laudio, Legutiano, Lezo, Moreta, Oion, Okondo, Puentelarra. Urízaharra, Urkabustaíz, Villar, Zalduondo, Zuia, Sancho el Sabio, UPV-Gasteíz.

BIZKAIA. Arantzazu, Astarabudua Erandio, Barakaldo, Aldundia-Bilbao, Begoña-Bilbao, Bidebarríeta-Bilbao, Elorrio, Erandio, Gorliz, lurreta, Leioa, Mungia, Muskiz, Ondarroa, Karrantza, Sodupe, Gueñes, Urduña.

GiPUZKOA. Azkoitia, Azpeitia, Elgoibar, Errenteria, Eskoriatza, Hondarribia, Oñati, Ordizia.

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CUENTOS VASCOS. PINCELADAS LLODIANAS AU TO R« Gorka Urquijo (1895-1966) PRÓLOGO « David Río Raigadas PRIMERA EDICIÓN « Junlo 2005 / 80 págs. / 3 €

Un total de 15 cuentos componen la obra original de Gorka, circuns­ critos casi exclusivamente al medio rural del Llodio de mediados del siglo XX, resultando una imagen literaria muy romántica del llamado mito rural vasco, en el que se idealizan las formas de vida tradiciona­ les del País Vasco de entonces, a la vez que se rechazan los modelos urbanos que iban surgiendo en cada uno de nuestros valles. El cariño hacia su pueblo y el humor hacen acto de presencia en cada una de los relatos, perfectamente analizados y comentados en la Introducción que David Río nos presenta a modo de necesaria explicación para compren­ der mejor las lecturas que más tarde nos esperan.

LEYENDAS DE LA CASA DE MARIAKA Y OTROS POEMAS INÉDITOS

LEYENDAS DE LA CASA DEUAM AKA Y OTROS POEM AS EVÉDTTOS

AU TO R« Luis de Lezama y Urquijo (1826-1899). PRÓLOGO Y COMENTARIOS A LOS TEXTOS « Juanjo Hidalgo PRIMERA EDICIÓN « Junlo 2^003 / 60 págs. / 2 €

Son nueve poemas breves, más el épico dedicado al Fuerte Mariaka y otros dos relatos en los que el protagonista es Fabián de Mariaka, perso­ najes de leyenda adscritos a la casa-torre del mismo nombre.

JOSE PAULO UUBARRI

JOSÉ PAULO UUBARRI (OKONDO. 1755 - ABANDO. 1847) EUSKAL HIZTEGIA - DICCIONARIO VASCO AUTOR « Patxi Calé PRIMERA EDICIÓN « Diciembre 2003 / 144 págs. / 3 €

Con esta obra se pretende acercar al investigador y al público en general una parte de la obra de Ulibarri, aquel euskaltzale nacido en el Okondo del siglo XVIII. El trabajo de Patxi Galé ha consistido en transcribir y pre­ sentar de manera ordenada el pequeño diccionario recogido en la obra epistolar de Ulibarri, el Gutunliburua, acercándonos un total de 3274 palabras en un euskara del s. X IX , procedentes de sus lecturas y conver­ saciones, lo que supone un testimonio lexicográfico nada desdeñable.

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