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LAS DOS CARAS DE MAMÁ

UNA HISTORIA DE MARISA MACHO RUIZ


Las dos caras de mamá 2018 Marisa Macho Ruiz ©

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Funciones de contacto “Terapia Guestáltica” por Erving y Miriam Polster Curso Superior Terapia Gestalt Ilustración: Gabriel Ruiz Pérez (tito Gaby) Corrección: Juan Sánchez Benítez (gran amigo)


LAS DOS CARAS DE MAMÁ


—C

uéntamelo otra vez!— le dijo Blanca a su madre mientras apretaba su peluche favorito contra el pecho. Aquel cuento era su preferido y nadie mejor que su mamá sabía contarle aquella fabulosa historia, que comenzaba así: «Un buen día una niña llamada Blanca llegó muy contenta del colegio, había recibido su primer abrazo en grupo. Este mérito se conseguía cuando eras el alumno o alumna que mejor se había portado en clase durante toda la semana y Blanca, sin esmerarse demasiado, había logrado este fin. Entró por la puerta de su casa entonando un cántico gracioso y chillón: ¡He ganado un abrazo en grupo, un estrujón grupal merecía! Pues mejor que yo nadie supo portarse bien noche y día. Pero en vez de encontrar la alegría de su mamá, una gran ogra fea y peluda halló en su lugar y la única respuesta que dio a su dulce canto fue un arisco: - ¡Cierra el pico, niña! Sólo una mirada fue suficiente para que Blanca entendiera estas palabras y con suma pena a su cuarto se dirigió. ¿Quién es esta ogra que a mamá se tragó? Llevo días viviendo con este ser peludo que tan raro parece, cual sucio felpudo a mami sin duda con fuerza halagó. Cayó en la trampa, mas tiene que estar dentro no muy profundo la voy a encontrar. La reflexión de Blanca sirvió para que trazara un gran plan. En una pizarra comenzó a dibujar todas las cosas que caracterizaban a su mamá. Lo primero en plasmar, que le daban tanta paz, enormes brazos y manos, y protegida en su regazo cómo de menos no echar, tranquilita a descansar. tanta caricia y abrazo


A continuación la mente de Blanca pensaba en los ojos: Unos ojos y pupilas con mirada sin igual, ni el más bello de los dioses los podía igualar. Ojos, además, con su peculiaridad, tanto decían y tan poco escondían, que solo se veía la verdad. En ese punto le tocó el turno a las orejas: Unas orejas muy grandes y no por tamaño real, sino porque no encontraría en la estirpe de las madres otras preciosas orejas para poderla escuchar. ¡Y qué nariz la de su madre! Una nariz puntiaguda con las fosas de par en par, como sería capaz, sino, de apreciar su perfume sin llegarla a palpar. ¿Creerías que su boca era una de las maravillas del mundo? La boca suave y rosada, que con gran acierto solía dar los mejores besos siempre que te apetecía. Así llegó hasta su lengua. Una gran lengua en la boca tuvo que colorear, al recordar las comidas que tanto de mamá a Blanca les gustaba saborear. Pero sin duda de las cosas que más le unían a su mamá eran sus largas charlas:


Y sería imperdonable para así en la melodía sus conversaciones olvidar. de su voz poder reflejar Una nota musical el cariño y la emoción saliendo de su boca que al escucharla le da. hay que pintar y plasmar, Al pensar en la música recordó lo bien que se movía mamá: Su movimiento suave y cercano, como una danza de baile africano, con espirales de colores reluciente lo mostramos. Pero no sólo el baile, que además tenía el don de la palabra: Una palabra también habrá que apuntar, sin titubeos: “amor”, que mensaje más claro no hay para lo que me entrega mamá. Y que junto con Blanca, mamá y papá es la única palabra que aprendía a escribir, “nunca con un pero y siempre con un y”, como mi mamá me solía decir. La sonrisa que dibujar a su madre había perfilado en el rostro de Blanca, se tornó en tristeza: Ahora a la ogra voy a pintar para poderla a mamá comparar: ¡Seguro que no tienen nada igual! Y esto fue lo que dibujo pensando en la desdibujada ogra: Esta ogra macabra que se pueda sostener, parece no tener brazos a veces con mirada fija y manos no le hacen falta, que hielan el alma, de mi mamá no es un retazo otras mirando a todos ya que lo que toca los lados y a nada. lo hace con distancia. Orejas pequeñas Sus ojos dos puntitos pegadas a la cara, que miran sin nada ver porque poco escuchan o no dicen nada, más bien no escuchan nada.


¡Mucho mejor borradas! La única palabra Nariz chiquitita que en su cabeza sonaba, en medio de su cara miedo, mucho miedo que poco conoce de que la peluda lograra, el aroma de mi almohada. con un torpe movimiento La boca, una rayita, y a su madre arrebatara. poco más le hace falta, y ella sola se quedara porque ni melodía, siempre con un ‘pero’ ni conversación regalaban. y nunca con un ‘y’, Poco sabor y besos como la ogra parecía vivir. de estos labios sacaba. De pronto en su cuarto una cabeza asomó. La ogra en silencio hacia la pizarra andó. Al ver el dibujo se puso triste y su figura empezó a difuminarse para surgir la silueta de mamá a quien por fin había dejado escapar. Blanca no salía de su asombro: ¡para que mamá volviera sólo la tenía que pintar! Y la ogra macarra que tanto susto da, no queremos ya ni verla que no vuelva nunca más. Y si acaso volviera, ¡a trazar un gran plan! - ¿Te ha gustado la historia Blanca? - Claro, mamá. En ese momento, Blanca miró a su madre a los ojos, y preguntó: - ¿Verdad que nunca más en ogra te convertirás?

»

FIN


Cuentomarisa  

Este cuento está pensado para el curso superior de Gestalt

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Este cuento está pensado para el curso superior de Gestalt

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