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J. F R A N C I S CO A LTA M I R A N O R.

F E

P A R A

H O Y

Jesús, el reposo del alma

El día semanal de reposo según la Biblia nos invita a una relación preciosa con el Hijo de Dios.

E

l alma se agita. El corazón se cansa. La mente se agota. El cuerpo sucumbe. Somos frágiles. Nos somete el cansancio. Las fuerzas declinan. Vacilamos entre la nostalgia y la alegría. No nacimos invencibles. Vivimos en un ciclo alternado por la actividad y el descanso. Nadie es fuerte de por vida. Derribados. Extenuados. Sin fuerzas para seguir. Quizá con ganas de encerrarnos dentro de un cuarto oscuro, bajo una colcha que nos cubra el desencajado rostro de la renuncia a la vida. ¿Cuántas veces nos hemos sentido así? Nos preguntamos si valdrá la pena vivir así; si tendremos las energías para aguantar hasta el final. Tememos desfallecer y a veces deseamos que nos bajen del tren de la existencia. Suspiramos profundo. Ansiamos un abastecimiento moral, una sobredosis de aliento y de fuerzas para seguir y de ánimo para reemprender. ¿A quién acudir después de que ya se ha probado todo? Los curanderos y la ciencia fallaron. Las fiestas, los vicios y los placeres han drenado a punta de espejismo la existencia humana. Las fórmulas televisivas son meramente eso. Las religiones hinchadas con normas externas solo han maquillado las profundas pasiones del ser humano. Nos cansa no ser auténticos. No aguantamos seguir sosteniendo el disfraz de la hipocresía. Esto igual agota. Y no lo soportamos más.

© LARS JUSTINEN

Jesús, el reposo del alma Jesús sosiega. Él es paz. Hace cesar las luchas del alma. Su voz compasiva entona la melodía de una nueva oportunidad en medio de este planeta convulsionado. El Galileo de sandalias polvorientas vuelve y nos dice hoy: “Vengan a mí todos

ustedes que están cansados y agobiados, y yo les daré descanso. Carguen con mi yugo y aprendan de mí, pues yo soy apacible y humilde de corazón, y encontrarán descanso para su alma. Porque mi yugo es suave y mi carga es liviana” (S. Mateo 11:28-30, Nueva Versión Internacional). En la Biblia, el descanso no es un lugar ni un periodo de tiempo. El descanso es una persona; esa persona es Jesús. Él no dijo: “Viajen a un lugar sagrado a descansar”, ni “entren a un recinto a encontrar quietud”. Alguien puede desplomar su cuerpo sobre una hamaca en verano, o caer agotado en la cama de una suite de lujo, pero eso no trae el descanso a la inquietud humana. Al alma tampoco la relaja un puñado de pastillas. El hombre solo halla descanso cuando se derrumba impotente a los pies de Jesucristo, el “Príncipe de Paz” (Isaías 9:6), el único que ha podido decir: “No se angustien. Confíen en Dios, y confíen también en mí” (S. Juan 14:1; NVI). Él afirma: “yo les daré descanso”. Jesús es el reposo, el sábado del alma humana.

Jesús y el sábado en unidad Jesús, el reposo del alma humana, es por tanto el Señor del día de reposo. Bíblicamente, el día del reposo no es el domingo, sino el sábado, el séptimo día de la semana (ver Génesis 2:1-3; Éxodo 20:8-11). Y tiene que ser así porque el sábado celebra la obra perfecta de Dios en la creación que culminó con el hombre como su obra maestra. Porque como él mismo dijo: “el sábado se hizo para el bien del EL CENTINELA

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hombre, y no el hombre para el sábado. En fin, el Hijo del Hombre aun del sábado es dueño” (S. Marcos 2:27, 28; versión Félix Torres Amat). Entrar en relación con Jesús, el reposo del alma, es aceptar al “dueño” del sábado. Jesús es el Creador del hombre y es el propietario del sábado. En él se reúnen la humanidad y el sábado. Jesús se identifica con el sábado, porque éste se identifica con el hombre. Y el hombre que acepta a Jesucristo acepta el sábado porque éste es el día de Jesucristo. El sábado no es el día de una religión; es el día de Jesús. Es el día de Jesús porque él es el objeto de la adoración; y es el día de la humanidad porque ella es el objeto del beneficio provisto por Jesús y su día de reposo. Respetar la santidad del sábado es respetar la santidad de Jesús. Jesús y el sábado son uno solo. Tocar a uno es tocar al otro. Veamos la relación entre ambos:

JESÚS

ELSÁBADO

Él es el Creador (Hebreos 1:1, 2).

Es la señal de Cristo como Creador (Éxodo 20:11)

Él es quien santifica (Hebreos 13:12).

Es la señal de santificación (Éxodo 31:13)

Ofrece el reposo (S. Mateo 11:28, 29).

Es el día santificado para reposar (Éxodo 20:8-11).

Fue dado para todos los hombres (S. Juan 3:16).

Fue dado para toda la humanidad (Génesis 2:1-3).

Es eterno (Miqueas 5:2).

Se guardará por la eternidad (Isaías 66:23, 24).

Libera del pecado (S. Juan 8:34, 36).

Simboliza la liberación del pecado (S. Lucas 13:16; Deuteronomio 5:15).

Proporciona reposo de las obras como medio de salvación (Efesios 2:8).

Proporciona reposo del trabajo secular como medio de manutención (Éxodo 20:8-11).

Es Dios para los gentiles (Romanos 3:29, 30).

Podía ser observado por los gentiles (Isaías 56:1-7).

Se acepta por la fe (Romanos 1:17).

Se guarda por la fe (Éxodo 16:22-24).

Iguala diferencias sociales (Romanos 10:11-13).

Unifica los derechos sociales (Éxodo 20:8-11).

Lealtad al sábado, lealtad a Jesús Si el sábado, el día de reposo bíblico, séptimo día de la semana, es el día de Jesús, entonces la fidelidad en la observancia del sábado es la fidelidad a Jesús, el “dueño del sábado”. El sábado fue dado para beneficio del hombre; pero éste no lo posee, sino que lo respeta. Descansa en el día sábado, pero no lo manipula. El que dijo “acuérdate del sábado, para consagrarlo” (Éxodo 20:8; NVI), también reglamentó: “Trabaja 12

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seis días, y haz en ellos todo lo que tengas que hacer, pero el día séptimo será un día de reposo para honrar al Señor tu Dios. No hagas en ese día ningún trabajo…” (Éxodo 20:9, 10, NVI). Se nos pide respetar la santidad del sábado y abstenernos de lo común y secular por el impacto que esto tiene en nuestra comunión con Cristo. Leamos las siguientes palabras del profeta Isaías: “Si dejas de profanar el sábado, y no haces negocios en mi día santo; si llamas al sábado ‘delicia’, y al día santo del Señor, ‘honorable’; si te abstienes de profanarlo, y lo honras no haciendo negocios ni profiriendo palabras inútiles, entonces hallarás tu gozo en el Señor; sobre las cumbres de la tierra te haré cabalgar, y haré que te deleites en la herencia de tu padre Jacob. El Señor mismo lo ha dicho” (Isaías 58:13, 14; NVI). La unión entre el sábado y Dios es tal que no podemos afectar uno sin afectar al otro. La cumbre de la realización espiritual del ser humano solamente es posible en la comunión con su Creador en el día sábado. Se nos pide no hacer negocios en sábado para enfocarnos en Dios y no en nosotros; para depender de él y no de nuestras soluciones. Por lo tanto, la observancia del sábado es un acto de rendición al Señor, de descanso confiado en él. La experiencia del pueblo de Israel en el desierto pone en relieve que la observancia del sábado es la oportunidad para entrar en ese pacto de fe con Dios. Guardar el sábado es una prueba de fe. Todos los días de la semana caía maná del cielo, excepto el sábado. Los primeros seis días de la semana los israelitas debían recoger solamente la porción para cada día, excepto el día viernes, cuando debían cocinarlo y guardarlo para el día siguiente, sábado (ver Éxodo 16:22, 23). Seguir las instrucciones explícitas de Dios era ser leales a su Palabra. Dios dijo y lo cumpliría. Si alguno tomaba en los demás días doble ración con la intención de guardar para el día siguiente, criaba gusanos y hedía (vers. 20). Pero seguir la instrucción divina de tomar una doble porción en el sexto día para guardar para el sábado garantizaba que la comida no se contaminaría. La Biblia dice que el pueblo de Israel lo guardaba hasta la mañana del sábado, según el Señor lo había mandado por su siervo Moisés (vers. 24). Seguir las instrucciones de Dios sobre la observancia del sábado es creer en él. Yo te invito, amigo lector, amiga lectora, que vengas a Jesús y comulgues con él, el reposo del alma. Él traerá paz y quietud a tu vida. Ven a él y vendrás al sábado, su día. “Este es el día que hizo Jehová; nos gozaremos y alegraremos en él” (Salmos. 118:24). J. Francisco Altamirano R. es el autor del manual El camino a la vida, una guía para estudiar la Biblia en grupos pequeños, y escribe desde Battle Ground, Estado de Washington.

Jesús, el reposo del alma  

El sábado no es un día séptimo. Es más que un espacio en el calendario semanal. El reposo sagrado para el alma no está en el tiempo, lo es J...

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