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MÉXICO


Sin lugar a dudas, Coyoacán es uno de mis lugares predilectos en el DF: las calles empedradas que aún guardan ese aire de cuando todavía era un pueblo a las afueras de la gran ciudad y las viejas construcciones, unas restauradas y otras dejadas a su suerte, permiten que se cree una atmósfera que pareciera no tener presente. El pasado que sigue resonando entre los callejones y las grandes paredes de las casonas y parroquias se mezcla con el futuro de los caminantes y los cubiertos que rechinan en las decenas de restaurantes y cafés, así como entre los gritos de los niños que corren por el Jardín Centenario.


El color tiene un lugar esencial en la cultura mexicana (si es que se le peude llamar así cuando hay tantos pueblos diferentes aquí reunidos). De igual forma, el águila con la serpiente conforman el ícono más representativo a nivel social y político. No en vano, ese fue el símbolo que le indicó a los prmieros mexica dónde debían fundar la ciudad de Tenochtitlán, hoy México DF.


Coyoacán es también hogar de una de las figuras más emblemáticas de la historia reciente mexicana; una artista cuyo rostro y obras son ahora parte del abusivo arte popular heredero de las latas de tomates. La casa azul, residencia de la familia Kahlo y en la cual Frida viviera y se encontrara con la muerte, está ubicada al norte del zócalo de Coyoacán, sobre la calle Londrés.


De igual forma, el antiguo pueblo de San Ángel también albergó otro de los hogares de Frida, en el cual también se encontraba la casa-estudio de Diego Rivera, así como la de su amigo y arquitecto (mismo que diseñara y construyera estos espacios), Juan O’Gorman. Allí se encuentran las casas de la pareja de artistas famosa por su separación, aunque unidas por un puente en la terraza de als mismas. En San Ángel también se encuentra la parroquia de San Jacinto, un vetusto edificio en cuya antesala se encuentra un enorme y hermoso jardín.


En la colonia Polanco se encuentra uno de los museos más recientes y llamativos de la ciudad: el Soumaya. Encargada por el magnate de las telecomunicaciones, Carlos Slim, esta construcción de contornos sinuosos y superficie brillante posee siete pisos de obras de arte de la colección personal de la familia Slim. El último piso es tal vez el más apetecido y visitado: una colección bastante rica y completa de esculturas de Salvador Dalí y Auguste Rodin. Y para completar el panorama, vale la pena decir que es el único museo de la ciudad que es gratuito para todos los visitantes todos los días del año.


Otro tema absolutamente recurrente en México, como se habrá dado cuenta ya y lo seguirá notando en las siguientes páginas, es el de la religión católica, sus antiguas relaciones con el poder político y la inmensidad de las construcciones que en todo lugar sobresalen. Dos ejemplos son la villa de Guadalupe, un conjunto de casi una decena de templos conmemorando la aparición de la virgen de Guadalupe en la colina del Tepeyac; y el templo de San Francisco Javier, unicado en el pueblo de Tepotzotlán, que además es la sede del museo nacional del Virreinato.


El paseo de la reforma es tal vez la vía más representativa del DF. A todo lo largo de la misma se encuentran numerosas esculturas que recuerdan a muchos de los héroes de la historia mexicana. Sin embargo, una de las propuestas más llamativas es una exposición titulada “Alas de la ciudad”, del escultor Jorge Marín que debía permanecer en Reforma hasta febrero de 2011. Sin embargo, a la fecha, las trece esculturas de bronce continúan en exhibición. Sobre Reforma también se encuentra el que hoy por hoy se ha consolidado como el ícono por excelencia de la ciudad: el ángel de la independencia, construdi en 1910 para conmemorar los 100 años de la independencia del país. En 2010, otra obra fue erigida para celebrar los 200 años de la independencia: la estela de luz. Sin embargo, esta última no ha contado con la misma suerte de su centanario acompañante, siendo hoy parte de un controvertido debate de corrupción.


A un costado de Reforma se encuentra el inmenso parque de Chapultepec, que en tiempos aztecas fuera el jardín en el que se criaban toda clase de especies exóticas traídas de otras tierras por orden de Moctezuma. Sobre una de las colina se erigió el castillo de Chapultepec, un lugar que vio cruentas batallas; que fue el hogar de Maximiliano y Carlota, los segundos emperadores de México; que también fue hogar de los presidentes y que ahora funciona como el Museo Nacional de Historia y, eventualmente, como set de filmación (como en la adaptación cinmetográfica de “Romeo y Julieta”, dirigida por Baz Luhrman). Desde el castillo se puede apreciar el paseo de la reforma y la Torre Mayor, el edificio más alto de la ciudad hasta la fecha. En las faldas del castillo se encuentra el monumento a los niños héroes.


Dentro del bosque hay una serie de lagunas que ofrecen diversos servicios, particularmente para a diversión y entretenimiento de los visitantes; como ocurre con el lago de chapultepec y las diversas barcas de pedal que son ofrecidas para dar paseos. El bosque de Chapultepec también es el espacio en el que se encuentra el Museo Nacional de Antropología. En una pequeña plazoleta que queda al final del paseo que da a la entrada del museo se lleva a cabo uno de los espectáculos más llamativos y apetecidos por los turistas: los voladores de Papantla. Pese a todo ello, no puedo negar que mi parte favorita son las jacarandas. La ciudad está invadida por estos árboles, los cuales florecen de forma torrencial y abundante durante la primavera, convirtiendo al DF en una gran mancha de lunares morados.,


Con casi una decena de salas en exposición permanente, en las cuales se ilustra y relata la historia de muchas de las culturas que han vivido en suelo mexicano, y una sala para exhibiciones temporales, el Museo Nacional de Antropología es el que mayor número de visitantes recibe durante el año. Desde turistas extranjeros hasta niños que van a hacer sus tareas y trabajos al museo, todos quieren pasar a ver, por lo menos, la piedra azteca del Sol. Lo más significativo en mi visita fue el pilar central: una inmensa columna con altos relieves que ilustran una fe casi ciega en la ciencia y su poder para llevar las riendas del progreso. Esta es una de las muchas muestras en las que el arte mexicano pone de manifiesto sus raíces profundamente positivistas luego de la revolución.


Pese a la popularidad de la piedra del sol, el museo ofrece una gran variedad de piezas que pese a sus humildes dimensiones y simplicidad, en algunos casos, pueden llegar a ofrecer un mayor deleite estético. En esta pequeña muestra se encuentran conchas cortadas y utilizadas para la adoración a Quetzalcoatl en su forma de dios de los vientos, un mascarón que identifica a la dividad del maíz, la máscara de Malinaltepec Guerrero, algunos de los famosos códices mayas y la estatua del dios mexica Xochipilli.


A poco más de una hora del DF en dirección norte se encuentra el famoso complejo arqueológico de Teotihuacán, en el cual se encuentra la llamativa y enorme pirámide del sol. El complejo es completado por la calle de los muertos, numerosos restos de casas y habitaciones, y las pirámides de la luna y de Quetzalcoatl, siendo esta última la más importante para los rituales de la cultura teotihuacana.


Al extremo sur de la ciudad se encuentra el parque natural de Xochimilco: un conjunto de canales, lagunas, viveros y reservas forestales que hace medio siglo aún ofrecían algunas de las vías de comunicación más importantes con el centro de la ciudad, pero que hoy son sólo un atractivo trurítico gracias al colorido de las trajineras que por ahí se mueven y al jolgorio que flota entre esas aguas oscuras. Es increíble pensar que este sea el hogar el axolotl, una especie de salamandra que sólo existe en este región y que tiene la particularidad de ser la única especie de salamandra que es sexualmente madura aún cuando su apariencia es la de un juvenil (retienen las branquias hasta la adultez).


En el corazón de la colonia Hipódromo-Condesa se encuentra el parque México cuyo principal atractivo lo constituye el sinnúmero de graffitis que adornan todas las superficies de concreto encontrables en el parque. Alrededor de este parque se da la vida de bares y restaurantes que tanta fama le han dado a la Condesa. Se puede apreciar además una de las tantas estaciones de Eco-bici, el servicio pagado que le permite a sus usuarios utilizar etas bicicletas públicas para moverse por el centro de la ciudad y sus alrededores.


Si caminamos hacia el occidente de la antigua estación de trenes de Buenavista, son topamos con la colonia Santa María de la Rivera, una joya de tiempos ya añejados que, a diferencia de muchas de las otras colonias de historia de la ciudad, se encuentra en decadencia arquitectónica por no deicr que al borde del colpaso. Sin embargo, en el parque central de la colonia se haya el Kiosko Morisco, una construcción cuya historia y estilo borden en lo paradójico. El kisko fue construido a finales del siglo XIX para ser el ‘stand’ de México en la exposición mundial de 1884-5 (cabe preguntarse cómo un kiosko de fuerte influencia árabe y española es representativo de un país como México), que luego fuera a Missouri como parte de otra exposición, hasta regresar a México, en la alameda central. Posteriormente, el kiosko fue desplazada por el hemiciclo a Juárez y puesto en su actual ubicación.


Este relato gráfico por fin llega a mi parte preferida del DF: el centro histórico de la ciudad. Toda su vida gira en torno al zócalo, una inmensa explanada en cuyo centro se ve ondear la bandera de 6am a 6pm, siendo su salida y entrada uno de los protocolos más rigurosos y visitados de la ciudad. Es el lugar en el que se llevan a cabo todas las manifestaciones y huelgas públicas, así como festivales y conciertos masivos gratitos. Se encuentra flanqueado por la catedral metropolitana, el palacio nacional, los edificios del gobierno del DF y otros edificios en los que hoy funcionan numerosos hoteles y restaurantes.


La catedral metropolitana es una de las más grandes, así como imponentes, que he visto. Hay un tour que lo lleva a uno hasta sus techo y campanarios y desde el cual se tiene una vista preciosa del zócalo y el resto del centro. Además, es la única zona de la ciudad en la cual pueden encontrarse estos pequeños transportes que funcionan con bicicletas o motos. Una de las curiosidades es que en los alrededores de la catedral se encuentran numerosos ‘chamanes’ y otros personajes que, con la ayuda de numerosas hierbas, ramas, humos, y cantos, ofrecen limpiarte de todo lo malo que has ido acumulando y que no te permite salir adelante. Como todo en méxico, lo pagano siempre de la mano con lo católico.


De noche o de dĂ­a, con sol o con nubes amenazantes de lluvia, en medio de las manifestaciones o los festivales, las calles del centro histĂłrico de la ciudad de MĂŠxico siempre son un excelente lugar para perderse y dejar que los pies guĂ­en los ojos, o viceversa.


Al sur del zócalo se encuentra la calle de Regina, llamada así porque ahí se encuentra el antiguo ex-convento de Regina. Es un paseo completamente peatonal en cuyo inicio, al occidente, se encuentra el ex-convento y la universidad del claustro de Sor Juana, que cuenta con algunos muros verdes que parecen desafiar la gravedad. La calle la complementan numerosas entradas a vecindades, algunos cafés, restaurantes y tiendas, así como los transeúntes y vendedores. Allí me encontré con un vendedor de camotes que al dejar salir el vapor de sus máquinas hacen un ruido bastante fuerte que anuncia su presencia en als calles.


La recién remodelada Alameda central es definitivamente uno de los lugares más vivos de la ciudad. Como bien lo ilustrara Diego Rivera en su mural “Tarde de domingo en la Alameda central”, este inmenso parque ofrece sus espacios a adultos que buscan un lugar para sentarse y hablar, a los amantes apasionados que parece no importarles lo que pasa a su alrededor, a los niños que siempre son atraídos por las fuentes de agua, o a pequeños intérpretes, ya sean forasteros o danzantes tradicionales (como los niños que hacen la danza de los viejitos de Michoacán).


Colindando con la Alameda se encuentra el Palacio de Bellas Artes, un lugar cuyos escenarios me han dado ya bastantes alegrías y cuyo estilo se ha convertido en una insignia de este sector de la ciudad. Construido a principios del siglo XX bajo las órdenes del entonces presidente y dictador Porfirio Díaz, el palacio de pensó como una forma de darle un toque parisino a la ciudad. Después de todo, don Porfirio, un oaxaqueño de nacimiento, estaba obsesionado con Francia y quería hacer de México una pequeña París.


Como siempre, el muralismo es una parte constitutiva del paisaje urbano. Ya sean los más tradicionales con pinturas, hasta técnicas mucho más innovadores como el del portugués Vhils, realizado en 2012 durante la celebración del festival “All City Canvas” en la ciudad de México, el cual fue realizado mediante pequeñas y sutiles excavaciones sobre la pintura y ladrillos hasta obtener el rostro de una mujer que vendía flores en la Alameda central.


El monumento a la revolución, que ma´s que una celebración es el remanente de lo que no se pudo completar, es la cúpula central de una obra mucho más grande que se estaba construyendo cuando estalló la revolución en México, razón por la cual los fondos para temrinarla se cortaron y sólo quedó esta pequeña fracción de la obra completa. Enriquecida con numerosas fuentes y chorros de agua, es uno de los lugares predilectos para los juegos acuáticos populares. Pero, el mayor atractivo del lugar, en mi opinión, es ir a ver los hermosos atardeceres que, gracias a la ausencia de grandes edificaciones hacia el occidente, pueden apreciarse en todo su esplendor.


Al occidente del estado de México se encuentra Valle de Bravo, una pequeña población al pie de una gran represa artificial en cuya construcción debió inundarse gran parte del anterior pueblo. Ahora, todas las construcciones se encuentran sobre la ladera de la montaña, hay gran cantidad de actividades deportivas en el lago y muchas casas costosas que se encuentran en la playa. En general, es uno de esos lugares a donde os citadinos se van a vacacionar y a continuar con las actividades típicas de beber y rumbear.


Pero de ese viaje a Valle de Bravo, las mejores cosas estaban fuera del lugar, por la carretera. Mucho antes de iniciar el descenso al valle se encontraba uno de los santuarios de la mariposa monarca ubicados entre el estado de México y Michoacán. Aunque no era el típico santuario en el que las mariposas están por doquier y es imposible caminar sin pisarlas, es impactante ver tal cantidad de mariposas juntas. Además, a la entrada había un grupo de señoras locales que hacían unas quesadillas deliciosas. En la carretera se podía ver el nevado de Toluca, aunque no tenía nieve; y en otra de las exploraciones alrededor del Valle se encontraba la montaña de la cara de bruja.


Puebla, la ciudad cercada por los volcanes (el Popocatepetl, el Iztaccihuatl y el Malintxin), es también uno de los centros de la cultura española en México. La ciudad fue construida inicialmente como una población exclusivamente para españoles que sirviera como estación de paso entre la ciudad de México y el puerto de Veracruz. Un lugar en el que lo inhóspito del paisaje se complementa con un centro histórico religiosamente ‘austero’.


Una de las particularidades de Puebla es la diversidad de templos y construcciones religiosas que se encuentran. Desde la titánica catedral en el centro, hasta otros templos mucho más modestos pero con adornos internos o externos que suplen cualquier deficiencia que el tamaño no colme, como es el caso de los templos de Santa María Tonantzintla y de San Francisco Acatepec; o el templo de Cholula que fue construido sobre una pirámide indígena, en Puebla hay cabida para todo tipo de manifestaciones arquitectónicas religiosas. Pero también está lo secular, como ocurre con el teatro más antiguo aún en funcionamiento de América.


La ciudad de Morelia, capital del estado de Michoacán, tiene uno de los centros históricos mejor conservados y restaurados que he visto, además de que, a diferencia de otros que he conocido, no es tan oscuro en cuanto a los materiales de construcción, ofreciendo una luz que contrasta mucho con otras ciudades que he conocido. Llama la atención, en particular, el viejo acueducto romano que aún se conserva, con un trayecto que todavía supera el kilómetro de distancia, o los diversos edificios oficiales en cuyas paredes se cuenta la historia del pueblo mexicano una de las obsesiones de la época post.revolucionaria: que hasta las paredes y muros educaran.


La catedral de Morelia no se queda atrás en cuanto a imponencia y grandeza con sus similares del DF y Puebla. Su particularidad, así como el toque que le da su exquisita belleza, es que fue construida con piedra de cantera rosa, razón por la cual, y a diferencia de las otras tan grises y severas, esta catedral parece tener más vida, además de suavizar el paisaje. De igual forma, su vista nocturna es increíble. Morelia es una de las ciudades que mejor iluminación tiene, no solo a nivel de vías públicas y parques, sino que sus edificios cuentan con un sistema de iluminación que hacen de los paseos nocturnos un verdadero deleite.


El pequeño poblado de Pátzcuaro, a poco más de una hora de Morelia, ofrece un pequeño remando de paz. Numerosos templos adornan sus calles y no faltan las pequeñas tiendas de chocolate artesanal en las que se puede conseguir incluso el grano sin procesar del cacao.


En Pátzcuaro se encuentra también un inmenso lago del mismo nombre, y dentro de él un puñado de islas habitadas y que pueden ser visitadas tomando alguno de los numerosos barquitos que constantemente van a ellas. La principal es la isla de Janitzio: un pequeño montículo que sobresale del agua, completamente ocupada por casas y pobladores y adornada en la cima con una estatua monumental de José María Morelos. La isla vive casi por completo del turismo e, incluso, muchas de sus costumbres, como la pesca con redes, sobrevive más por el espectáculo que se le ofrece a los turistas que por su utilidad o valor para la alimentación o vida cotidiana.


La ciudad de Oaxaca de Juárez, que en el transcurso de un año tuve la fortuna de visitar en dos ocasiones, es una pequeña aglomeración de historia, belleza y naturaleza. Para el día de muertos, las calles de centro se enceuntran abarrotadas con los numerosos visitantes que se adhieren a los festejos y peregrinaciones en un estallido de color y sonidos. entre los numerosos templos, sobresale el de Santo Domingo por su imponente figura y su delicado y exuberante interior. Y, desde una colina que mira hacia el centro histórico, el auditorio Guelguetza, sede del festival que lleva el mismo nombre y que reúne a todos los pueblos de Oaxaca durante el mes de julio, parece un gusrdián inmóvil que vela por el resto de la ciudad.


Hierve el Agua es un lugar alucinante. Ubicado a casi dos horas de Oaxaca de Juárez, entre montañas que gracias al verano y sus lluvias reverdecían por doquier, es un lugar en el que las aguas que brotan de la tierra llevan consigo grandes concentraciones de diversos minerales que se van depositando con el trasegar del agua entre las rocas, tiñendo las mismas con colores que de inmediato contrastan con lo circundantes, o acumulándose de forma monstruosa para formar inmensas caídas de piedra que cubren la montaña y la adornan como si de un vestido de fantasía se tratase.


El ex-convento de Cuilapam de Guerrero es una verdadera joya arquitectónica además de un lugar bastante fotogénico. Desde ahí se peude tener una vista hermosa de las montañas y valles de esta zona de Oaxaca, que contrasta entre el verde de la abundante vegetación que se concentra en algunos lugares y los colores tierra de las zonas que ya rayan con lo desértico.


Hasta el momento, la zona arqueológica que más me ha gustado ha sido Monte Albán. Se sitúa a unos pocos minutos de la ciudad de Oaxaca y las constucciones se hallan en la cima de una colina desde la cual se tiene un panorama absolutamente grandioso del paisaje oaxaqueño. Son construcciones sencillas, mucho más sensatas en sus proporciones, pero con un aire de grandeza que sólo ofrece la afortunada elección del lugar para erigirlas.


Ubicado en el pueblo de Etla, lo que hace unos años fuera una fácbrica de telas, es hoy el museo “El Casa”, uno de los espacios mejor reformados y restaurados que presta sus salones apra diversas exposiciones artísticas relacionadas con la vida cultural y cotidiana de Oaxaca. Además, gracias a su privilegiada posición geográfica, tiene una espléndida vista de las montañas y cañones que se forman y que nos conducen hacia la ciudad de Oaxaca de Juárez.


Para finalizar este primer año, me gustaría hacer una pequeña mención a la costumbre mexicana (aunque no todos los mexicanos la practican) que más me ha costado asimilar, y cuya profundidad parece no ser comprendida por muchos, como bien o manifiesta el reciente escándalo protagonizado por Disney. El día de muertos, celebrado el 1 y 2 de noviembre, es una de las celebraciones más ajenas y sui generis que he experimentado. Pese a su gran atractivo estético, no deja de ser una propuesta cultural que choca con nuestras propias costumbres y creencias. Los muertos, porque no es la muerte lo que se celebra, son visitados en los cementerios llevando ofrendas florales de cempazúchitl y borla de Santa Teresa, que transforman los espacios en lugares de inmenso colorido y vivacidad, además de comida y música que complementan el gran festín. Una celebración en la que las familias se reúnen a recordar al tiempo que reafirman el inescapable destino que a todos nos espera.


Realizado por: Juan Felipe Guevara Aristizabal juanfga@gmail.com Todas las fotos pueden ser encontradas en: http://www.flickr.com/photos/felilili/ Los mapas fueron extraĂ­dos de maps.google.com



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