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HISTORIA DE DA AROUITECTURA CRISTIANA ESPAÑODA

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Policromía artificial. — a) Policromía arquitectónica. •—Parece indiscutible que los arquitectos ojivales, considerando el color como complemento de la forma, concibieron sus edificios para ser coloreados. ¿Totalmente? Algo cuesta el creerlo; pero la cosa es aceptable y discutible. Eo que es innegable, que ya que no todo el edificio, pintaron o pensaron pintar los grandes muros desnudos del interior y las partes importantes de la arquitectura, como los capiteles, las portadas, las claves de las bóvedas. Si esto no admite duda en la arqm'tectura extranjera, parece más natural en España, sujeta a la influencia y vecindad de los mahometanos, policromistas decididos de sus edificios. Eo que debió suceder muy frecuentemente es que en España, siempre pobre, la cosa no debió pasar muchas veces del intento. Así es que nuestros ojos, hechos a la monotonía de los monumentos ojivales, experimentan extrañas sensaciones ante las policromías de la Sainte Chapelle de París o de Santa Croce de Florencia. No poseemos en nuestro suelo ninguna iglesia que presente estos brillantes conjuntos; a lo más, algún salón monástico (como el Capítulo del monasterio de Sigena), donde se une la pintura mural a, la arquitectónica de las armaduras. Pintáronse con colores unidos y brillantes (los primitivos generalmente) las portadas, los sepulcros, los capiteles, las claves de las bóvedas, los elementos, en fin, importantes, y en algún caso toda una parte principal del edificio. De esto tÜtimo nos da ejemplo la capilla mayor de la catedral de Toledo : toda la sillería de pilares y muros está pintada de blanco, con las juntas doradas; los triforios están fileteados con diversos adornos en las enjutas; las claves y las primeras partes de los nervios, a ellas inmediatos, vivamente pohcromados con filetes y líneas diversas; toda la obra del cerramiento del presbiterio, pintada y dorada. Es un ejemplar de gran riqueza, hecho en los tiempos del cardenal Cisneros, reformador de aquella parte del templo. Más frecuente es hallar policromadas las portadas de las iglesias. Ea de la colegiata de Toro conserva, a pesar del feroz retoque del siglo xviii, restos de la pintura primitiva, vivísima y total. En el claustro de la catedral de Burgos están pintadas las puertas de ingreso a él y las de las capiUas de Santa Catalina y Corpus Christi. En el de la catedral de Pamplona consérvase con cierta briüantez la policromía de la puerta y de algunos sepulcros; en la de Toledo es notable la puerta de Santa Catalina, y son numerosos los ejemplos de claves de bóvedas, ménsulas y capiteles pintados. Eos fondos suelen ser rojos o azules muy intensos para que se destaquen bien las figuras y adornos; los escudos de armas llevan sús colores heráldicos; los adornos suelen tener colores claros. Esta policromía arquitectónica decae y muere con el siglo xv. Dos alardes constructivos de aquellos maestros que, anticipándose al Renacimiento, gustaban de dejar visible el aparejo de sus obras, dieron un golpe de muerte a aquel arte, sobre todo en los exteriores de los edificios, que se dejan con el color de la piedra. En el interior aun se sostiene en los fondos de capiUas, muros de coro, etc., etc.; pero esto entra en la pintura mural y de ello se trata en párrafo aparte. Cita especial merece otro género de policromía ornamental puramente arquitectónica y esencialmente nacional: la de los barros esmaltados. No es aventurado suponer que su uso se debe a influencias orientales, transmitidas por los mahometanos; a éstos, libres o sometidos (mudéjares), pertenece el empleo geneiral y la fabricación de estos

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HISTORIA DE LA ARQUITECTURA CRISTIANA_VOL_02_ParteII_OPT  

Historia de la arquitectura cristiana según el estudio de los elementos y los monumentos / por Vicente Lampérez y Romea

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