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VICENTE EAMPÉREZ Y ROMEA

con un cuerpo intermedio octogonal que preparase el tránsito de la torre a la flecha; pero, aun con esta carencia, las torres gemelas de Burgos merecen lugar preeminente entre las más hermosas de la arquitectura ojival. Ea torre de la catedral de Toledo (única que se concluyó de las dos que iba a tener) abarcó en su construcción desde los finales del siglo xiv hasta los mediados del XV. De la idea primitiva nada se sabe, pues quedó la construcción en el primer cuerpo, hso, con sahentes contrafuertes. Prosiguió hacia 1380 con otro enorme cuerpo, sin huecos, dividido en tres zonas, y distraída sólo su masa por una especie de arquería ciega, o más bien cuadrícula, de nervios puramente ornamentales. Bien se echa de ver que allí hubo manos mudéjares, maestras en distraer las superficies de los muros con líneas y ornatos que nada dicen en orden a la estructura. Un último cuerpo, calado por dos ventanas por frente y con alto cornisamento, corona la torre en su parte cuadrangular. Sobre ella se alza la flecha, de que se hablará más adelante. Cuanto tienen de cónstriictivas y francesas las torres de Burgos tiene la de Toledo de ornamental y española. Da torre del reloj de la catedral de León (véase la fotografía en la monoFIG. 430 grafía correspondiente) deTorres de la catedral de Barcelona bía estar, al finahzar el si(Fot. Archivo Mas) glo XIV, tan sólo a la altura del pórtico. Su continuación y terminación fueron obra del maestro Jusquin (1450-1467) y de su sucesor Alfonso Ramos (1487-1512), extranjero, a-lo que suena, el primero y español el segundo. Da torre de León es, como las de Burgos, cuadrangular hasta la plataforma donde se asienta la flecha, con contrafuertes angulares. Un primer cuerpo (sobre el del siglo xiv) con un gran hueco simulado, y otros dos con sendas ventanas por cada frente, son las líneas generales; archivoltas conopiales, doseletes y pináculos son los detalles. De la flecha que sale de la plataforma sin preparación, se hablará después. La torre de León es un buen ejemplar; pero la sequedad de líneas y perfiles, el poco vuelo de la coronación y la monotonía de los distintos cuerpos le dan cierta rigidez por carencia de movimiento y claroscuro. Da torre de la catedral de Oviedo es obra del siglo xvi, pero jugosa y bella (figura 303). Toda la zona baja está formada por cuatro grandes arcos que ingresan al pórtico, lo que le da aspecto aéreo y ligero. Suben luego dos cuerpos prismáticos con ventanales y contrafuertes angulares movidísimos y ricos de detalles. Hay otro cuerpo

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HISTORIA DE LA ARQUITECTURA CRISTIANA_VOL_02_ParteII_OPT  

Historia de la arquitectura cristiana según el estudio de los elementos y los monumentos / por Vicente Lampérez y Romea

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