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Conocimientos útiles.

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Método anestésico.

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Discurría sia.fruto la humanidad, desde muy antiguo, buscando el medio de aten uar los dolores fisicos en el curso de las en'fcr!1led!!-des, y 1os que producían las operaciones quirúrgicas, cuando en el aüo de 1846 salió de un rincoo del nuevo muoclo, completamente resuelto, el ]}roblema que había desafiado los esfuerzos de tantos siglos, realizando lo que se con· sidoraba como la más bella quimera. El descubrimiento del método anestésico, el mós iJhportante qnizá de nuestro siglo, se presenta con. caractéres especiales: todos los inventos modernos se han desarrolladb de una manera lenta y progresiva, míentras el q_ue nos ocupa aparece desde luego llenando completamente su objeto; la rles· apRricion del dolor, que se sustituye en el paciente por un estado de bienestar y de placer, resultado que ha venido á cambiar por completo la faz de la ciencia quirúrgica. La idea de ~minorar el dolor del enfermo ha_preocupado á los hombres desde ei orígen de la cirugía: Pliuio afirma que el mármol de Memphitis pulverizado, y en linimento_ con el vinagre, adormece las partes á que se aplica, atribuyendo igufi les propiedades al cocimiento de lamandtrágora con vino. En la Edad media era muy comun el empleo de brebajes narcóticos, pero los desastrosos resultados que producían sobl'e el sistema nervioso, la lent~tud de sus efec.tos y otr_a .porcion de causas, obiigaron á los médicos á abandonar por completo su aplicacion. En los tiempos modernos se recurrió 3 nuevos y diferentes medios: al uso del ópio, cuya nociva impresion en e1 orga-c nismo animal hizo que se dese~hara; á la compruion n;ecánica producidn., por una Julio 31 de !869.

fuerte ligadura sobre la parte que babia de opera¡·se, desechad-a t-ambien, porq11e, léjos de extiuguir el dolor, venia á. n n mentarlo con otro nuevo;, á la aplicacíon del hielo, que ofrece mejores resultados, pel'"o compromete la salud del enfermo, y á la emÓ?"Í4f!1tez-alco!tólica, que sume al boro-. breen un estado de completa inseMibilidad, como ~e ha observado al practicar amputacionesá.individuosco rnpletamente ébrios, pero que sin embargo no puede considerarse como mrdio científico por el estado de embrutecimiento en que á. aquel coloca, asi como la degradacion que lo ca· racteriza y las reacciones que produce, causas más que suficientes para que se abandonara su uso. A fines del siglo pa.;ado se creyó el prb· blema resuelto por medio del magnetismo animal, pretension reproducida en nuestra época y fundada en resultados a-dmi, rabies obtenidos por este medio, c.uy~ • enumeracion se>ria muy curiosa, no deteniéndooos á hacerla por los estrechos limites en que debemos enterrar este escritci. El magnetismo animal no podia llenar el objeto que se deseaba, atendiendo á que es preciso que el individuo á quien se aplique tenga nna naturaleza especial muy poco comun . Desvanecida esta 'última esperanza, la ciencia declaró el problema insoluble, por lo que se comprende la sor· presa que. cótre sus hombres ,pro~uciria la notj.cia del notable,d.escubrimiento nacid·o en el laboratorio de un químico. Si bjeo, •como dijimos al principio, el invento procede de los EstadosNUnidos en 1846, su punto de partirla data de más antiguo, desde las notables experiencias hechas sobre los gases por Humphvy Davy, jóven aprendiz de una botica en la villa _de Cornonailles~eninglaterra,dedondele

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sacó Davis Guilbert para que se encarga· donar á Boston y la profesion de toda su ra de dirigir el laboratorio del establecívida. miento La :lnstituci01t pneumátiCa, consaCárlos Jackson, siguiendo los pasos de grado á estudiar las propiedades mediciDavy y Wels, ensayó la accion del éter nales de las agaas, puesto importante al sobre si mismo, demostrando con esta exque le elevó su talento cuando apenas con· periencia que no existía el peligro que á taba 20 aiTos. su empleo se achacaba. Pasados cuatro Encargado Davy, especialmente, de esaños sin que se repitiera la experiencia, tudiar las propiedades químicas de los gaverificó Jack.son la segunda en 1846 con ses y ~bservar su accion sobre la economía vVilliam Mor ton, en los Estados-Unidos, animal , verificó su primera expedencia en el que más tarde• hizo suyo el descubrí· Abril de 1799 con elrp?·otó(l}iao rle-nit?·ógeno 1 miento, agregando á la g-loria que' le daba que aspiró mezC'lado con- un poco de aire, asociar su nombre á una conquista cien tí· experimentando vértigds, punzadas en el · fiica, un monopolio' de invenci<.n en el vientre, aumento considetable en la in:que, graéias á los d~rechos sostenidos por tensidad del oido y la vista, excitacion en M. Jackson, figuraba este como legítirb.o las fuerzas musculares, una necesidad inventor y Morton como propietario para irresistible de moverse~ y, sin pérdida de e1rplotar el descutrimiento, que con seme· conocimiento, una especie de delirio que jante traba retardó a.lgun tiempo la parexaltaba sus facultades intelectuales. ticipacion á que todos tenían derecho de Repetida varias veces la experiencia, se un beneficio público. reprodujeron los mismos fenómenos, de 1os El método anestésico fundado en la apli· que dedujo Davy la consecuencia de que cacion del éter sulfúrico, fué perJeccioeste ga:; podría suspender ó abolir los doná.udose por los hombres eminentes en lores fisicos; como as-í ló hizo constar en ciencias quirúrgicas de Franci~, que se su libro, pasando de:;apercibida esta ob- propusieron investigar si los demás gases, servacion, que, á ser notada, hubiera ade· semejantes en su composicion á este, golantado en medio- siglo la ereacion del zaban de la misma propiedad anestésica, método anestésico. lo que en efecto se vió confirmado. El protóxido de nit'r-ó'geno, ó sea gas del 1 Fáltaba sin embargo dar cima al desPcwaíso, expQa·e al. q lle lo aspira á di,ver- 4 cubrimiento colocándolo á la altura en sos accidentes ·que se4trata.l'on ae evitar 1 que hoy'se encuentra. Cupo esta gloria á sustituyé:'ldolo por el d-ter )sitlfMico, que I.Mr. Souberain, profesor ,de la· facu ltad de· go~a de la mi.~ma propietlad fisiológica, 1 medicina en París; que en el ·añó ~cle 1830 !:lÍO q lle parlamos deciv. Ue qué modo ni' en descu.brió las notables propiedades del qu6 (•poca se veril}.có eite cambio. Estable- 1cloiJ'ojO?·mo,·de las que en 184'1 dió' cuenta cido ya el principio por Dá.>vy, faltabasolo'J á la acadernia'de ciencias, gas compuesto someterlo á la expe1·iencia. por la reaccioa de los cloruros de óJJidos Horacio Weh:; , dentista, lo verificó el 1 sobre el atcoltol, de composicion análoga pdmero a!'li que.• tuvo de él cónocirniento. á lá del étel', y cuya fácil aplicacron, la Hizo :Sobre sí In primera experiencia, haprontitud de sua efectos y el poco- peligro cit!urlosc arraucnr un die.ute- despues de que su admiuistracicm ofrecía, confit·mado aspirado aquel gas, Operacion qne repitió al pat·ecer pOI' diferentes et.periencias, le so'bre >arias personas con notable éxito. proporciouaron una entusiasta acogida. No ftté tan lisonjero el que obtuvo en una Bien pronto, no obstante, empezó á duoperacion pública verificada en·el hospital darse de la última propiedad enunciada, de Boston, E::;tados Unirlos; la. }Dala preatribuyendo á este gas la causa de las sú· paracion del gas, ó 1a variab).lid~.d de_su bitás defu ncioues ocurl'idas en. enfel'mos á uccion, l,iicieron que no produjera el efec.: quitmes se habia aplicado, lo que produjo ··! to deseado, lo q.ue caus~sWelJs-· tan tuna g-rande alárma que• dilS 1-ugár á ani- . dolorosa }Plpresion, que le obligo á -abanruados uebahes entrelos''sábio-s que ha'bian· ~

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proclamado su excelencia. Por desgracia que hubiera quien derramara sobre su los hechos no han confirmado por comple· tumba una sola lágdmn, ni depositara en to la opinion de tan ilustrea varones, y ella un tributo di! agradecimiento y de hoy día el éter ha venido á adquirir nueva respeto. ¡La posteridad le hará justicia! importancia, concurriendo con el cloroforEl conjunto de fenómenos que se desar· mo en la práetica del método anestésico. rollan bajo Ja influencia de los agentes Otro nuevo procediroiento para.Ia aplianestésicos, son de un carácter nuevo y : cacion de los agentes anestésicos ofrece presentan circttnstancias muy curiosas. hoy la ciencia, que desvanece, al parecer, Un ~ndividuo , sometido á la influencia de todos los inconvenientes del método hasta los vapor~s de éte!, empieza por experiaquí empleado. Me refiero á la clorojormentar ~ una sensacion desagradable que mizacion local, que consiste en aplicar por v/J. eiX.tinguiép,(j.ose poco á poco•: cun.ndo el l _ friccion el cloroformo á las partes que ],lan éter llega á los pulmones, m81tlifiesta des· de operarse, con lo que se evita el dolor al de luega los primet~os sin tomas de su acpaciente sin privarle qel uso de RUS facul- cion: el calor genenal au,menta; la sangre tadt-s durante la operacion, y cuyas inafluye á la ,cabe~a; una excitacion general mensas ventajas parecen ya entreverse, se manifiesta en eljpdividuo, que se agita aun cuando hasta el presente no corresviolentamente; los ojos se le humetiecen; pondan á los resultados obtenidos. la vista se le altera, marcando la accion del Hecho este ligerísimo relato histórico éter sobre el cerebro; vértigos y una cier· del origen y progreso del método anestéta locuacidad; vagas sonrisas; lágrimas sico, concluyamos dando una idea de su involuntarias y apagados lamentos indiintroduccion en Europa y de los notables c:zn el desórden de las facultades intelec· fenómenos que se desenvueh-en bajo -su tua1es sobre las que ha dejado de ejercer accionen el seno del organismo animaL- . e!~ alma su habitual dominíO; desaparece Conocido el descubrimiento en Inglater· poco á poco ~a excitacion•fisica, y el iudira y Francia por t·elacion del mismo Mol'· ,, vüluo queJa sumido en un sueüo profunton, empezaron á hacerse experiencü~s, ;· d(_?; la palj1~ez de su r ostro, la langn.,idez que hubo que suspender por el monopoli9_ de sus pá1·pados, la lentitud de las pnlpi· concedido á f>ste; sin embargo, Mr. J obel't, l ·~ ta_,cio~l,efl d!il Sll¡icorRtzon,, la disminucion de instado para q uc ensayara y comprara eJ1 j s~ c~!or )labituttl y~ l'a rigidez de sus procedimiento, fu~ el primero que hizp, I1il~~~br.9.S, oQ•&!l, ~1•. i~Hlividuo ~terizndo ,el patente en Fnweia la accion del ét.Gr poJ.7.f a¡¡p~ct~ ,ele ~!-~' cad-áver. En este estado se medio de notables ensayos en el hospitat . P,\~~de(;¡_ropu n,etneute r destrozat· su cuerpo, de San Luis. En vista de tan lisouj.~r.9s l y~sin eroJ:>a.N5Q; las•Juces de la inteligencia, resultados, el celo y el ardor de los méQ,i-'l 1 n.t~ •se hall extinguido por completo, rprue· cos de la capital se hizo extensivo á los de b.a ~videllte. de nuestra doble naturaleza. toda la Francia, uniendo sus esfu.erzos las., Pasados siete ú ocho minutos recobra el demás naciones para esparcir el uso de~ 1pacüm~e su sensibilidad sin c0.nservar tan benéfico procedimiento por la Europa más que un vago t'ecue11do de las impre· entera, cuyos más notables hombres se,. siones recibidas en un estado, que puede dedicaron al estudio del método anestési- " ~ prolongarse á. voluntad 1\Ql' repetidas in· co. Jackson y Morton, á quienes se consi-~ halaciones. deraba como sus únicos autores, recibié" p~ l;luen grado nos extenderiamos más ron el homenaje de pública admiráciou,~ s9qre este. punto, examinando sepa-ramientras el pobre Horacio Wels,.viendo,:_ damente los efectos que el éter ~produce se le arrebataba la gloria que le pertene_- ,. ,sobr~ la sensibilidad y las fa.eultndes in te· cia, y des pues de haber reclamado _en 1 ¡le2tuales, á. cuyo estudio se ha consagrado valde, se daba la muerte en los Estados- ,J el ilustre Mr . Biusson; pel'o temiendo abu· Unidos, abriéndose las venas y aspíran4o~ sar de la paciencia de nuestros lectores,

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Á,"'el éter hoata perder el cooocimi~nlo, ,si"

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muerte de muchos operadt>s, y sin que tan var q!ue, si e-n el momento en que la insen· funestos resultados pudieran explicarse sibilidaá aparece no se SR~pe!ld~Rlas inha· por los. medioe empleados Rara su agliJaciones de éter, la respiracion se detiene_, efecto de la paralizacion de los-órganos;_ cacion~ Sin emoargo, no es esra raztm bastante· la. sangre arterial pierde- su carácter dis· para desecharlo por completo, sino que á tintivo volviénduse negra, y el cora~on la ciencia corresponde perfeccionarlo y cesa de latir, signo ev-ide-nte de que la regul&rif,l;ar su· empleo. La AO'ademia de muerte ha venido á sustituir~ a] estado de medí·cina de París así lo hizo·en 185'7, deeterizacion en que yacía el individuo. perjudicial el. empleo e todo clarando· los de inhalacion de minutos seis, ó Cinco . ' •.. • l. v.~pore¡;. efe· éter· Y" tres de-l<?s del cl9~ofo;·. • aparafi>,ibhaladbr¡ y 'aconseja'ndó q·íl~pa·ra evitar· la. 'as:fiixia· se liiciera respirar el cl'oD;l'P, so u, bastantes ,pfV,'a producir el estado roformo por meaio de 'un pañueld ó espon· ··: ' , . de·co~pl~ta insepsibilidact lÍeconocidas las v~ntajas ~1 método ja sobre ePq'Úe ¡3e hubiera vertido. · · 1 a·nestésico, es preciso estudiaf', sin embar· El emp-leo del éter sulfúrico · n.o~ o.freció. go, si su.apÜcacion está exenta de peligros, ta.n graves peligros, srendo lbs casos de muerte por él' ocasionados en muy ·corto ó·si estos su pera-u á las: ventajas q.ue se le han at.ribuido. número. Esta es la. rnzon que decidió·& · Comparando desde luego. el número de los métlicos á adoptnr· de- nuevo su usE'>-, )f18 defunciones que prodtlCia la intensi· como inrlicamos· en otro lugar, en tanto dad del dolor ocasionaflo por las oper.aeio· que la ciencia en su constante progreso· ues quirúl·gicas, con e l de las que ocur-ren -encuentra un nuevo agente que, carecien· desde la. aplicacion del método que exami·· do de los peligros que ofrece el cloroformo, namos, se vé que este ha disminuido con .. goce d'e las. ven tajas q.ue el éter. Ql'OEOF ~ ::;idE'rablemente, pudiendo asegurarse que, ciona'. Proclamemos muy alto ra utilidad d'el' gracias á los benéficos efectos de los agen· método anestésico, que supera en mucho. tes anestésicos, la vtda. media de la humaá los inconvenientes que su aplicacion• ,nidad ha aumentado en una propo.rcion notable. Sin 'embargo,. algunos-tristes ac- ,presente., Las cifras comparativas de las• c-identes· ocurritles en ¡uglaterra y más eterizaciones verificadas en un largo espa· pacio de tiempo •y los resultados obtenidos· tarde en Francia, ~- causa de la adminisque ln medicina registra en sus anales, basÚ~cion de1 cloroformo, liicier-9.n dudar de · • tan· para desvanecer toda dúd'a. su¡:¡ excelep.te:; ~Ventajas, uando lugar · tan El descubdmiento americano no ha d'e' ll,initlstros. resultados á.· cah,¡rosos debates.. copsidét·arse únicamente como un adel_antcr en la Aca1etr,.ia de ciencias, q tie lo declar.ó obtenido en el bienestat· de la.humaniaad: absuelto de los crímenes qJle;Se le-imputa· estudio puede dar nuevo impulso á. su bao, si bien con, la prescripcion de qne · tan importantes como la ps-icolociencias no debia aplicarse más que por perso- j nos permitil~á penetrar tos miste· que gía, nas experimentada::;, á causa de ser un humana, y muy particularalma del rios agente de· los más energi~os, que podía. ta, que nos descubriráfl$iolog la á mente ser considerado como un vet.eno. Así•salió é ignorados de delicados má.s actos los el clorofor.mo victorioso de. aquel debate esto dijimos al Por existencia. nuP.stra académico, hasta que bien pronto hechos podía anestésico método el que principio nuevos y rle recon~ocida gra;eda'd vinieron impol'é bello más el como considerarse su· eñ á ofrecer irrecuaab:les arg:mnentos 'l.~ • >~ tante· de los. descu-brimientos moderlios. contra, fundados· en 118: demos~racion lie F~R!'IAN.DO s.u<TOYO. que el cloroformo · habia o~asiouado la 1

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TABACO.-SUS EFECTOS.

Ins truccioues familiares, N une~ es bueno, aun de los sen·tÍ'mieñtos é instinto;; más, nobles, el hacer háb_itos que encadeoen y r,;a.herrojert con su ~~t~­ uaz ínfluencia.lru;; fa~ultades intelectuales;. nunctt puede seT madre de biepes ni de salud una 1'8Z"OD que en SU intrincado mecanismo deja por fuerzas motoras y. predominantes á- los senti~s, relegando la refiexion á Jtlla e¡:¡tólida y brutal pasividad. Pero es pem:, es mucho más triste-y digno de lásjima, si tales hábitos, qÚe abusos repetidQs .han dauo 1fuerza y resí_:>· de hidt·a u;¡ata<lora. tencja-, llev~n"1 en sLJn J ,, ~ ~~ una accion,:wciv.a y, uestl'Uctora. Los sentitlos dan siempre lo&elementes á las percepci~nes; las percepciones dan siempre iden1?; las ideas moti v.os;.los moti· ' vos voluntad; pero esta voluntad· realizada, este libre. albedl'ío, distinto siempre de la voluntad fatal , de la voluntad necesaria, puede muy bien 'ser de esJ:lúreo erecta. cuanda se deJan . lleg&r, ~in purific,ar ni embrrOpurgar de b~st{tr.d,as mezclas, lo?; 1 delibe· 1 lá o~Óca-n r ' · .Y nes qu.e hurgan 1 . 1 l , racion. Hé aquílo qpe acontece en esós hábitos de que me ocupo: halagan los sentidos .Y ' las percepciones; doblegan la refiexion á un servilismo fa talista y á< una obediencia ciega; nutren en sensualismo ol'gánice, mientras infect'a:n d'e hética consuncion la~ levantadás 'f~culta<les de la Ínteligenci~; p:¡.atan a¡3>h9W~re, e~ su excelsa gran· <ilez1t para. vi~~, 4~ .f.lp\ipt+1 y de b)~~to,; ~pa· g~n en e1, celebrp,;h,ym,ano la luz purpüH·r na (,le la )ibert"~á y1 Q,e 1~ cQncie~9ia, para hundirlo _en el cáos tenebroso de !a ne'c esidad invencÚ~!~ y del dominio despótico. Esto es lo que se consig ue cuando obstinadamente se lucha contra lo que manda ~rden~ '" refiexion; esto es lo que estE> 11

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ri'liza el fecund·o campo cié la libertad mo·ral hum~na; en est~·es en ro q,ue se degerier:a · cuand'o- l~s u'elioeraciones en el eu1iendimiet:¡.·to no- gozali d~ la. man umision é indepenuencia precisas. " Y este resultado pue~e proclucirse por dos causas:. 6 por a'Ber-raciones de los sen· ¡· tidos, ó por falta de in~truccion y de cultivo de· las facultades psíquicas: manías y monomanías hay' en ~u e p'almar1amen te se demuestra- 10 primer-h; lo segundo hay muchos hábitos maior que lo denuncian • marcact.nmen..t'e. [J Jl(l~l ' Si las idea~ ' n~ soh' ~laráff, si las percep• ciones rio son categóricas, 1ás deliberacio· nes no tienen motivos determinantes sufi.M cientes para gui~r el libre albedrío .. Por eso es útil y hasta necesario el mar•· ear con indeleble rasgo esos excitadores. del sentimiento que lleva,n insidiosamente oculto el virus del .máT y el ingerto del' dolor¡; por eso hay 'que le':vant-arse en con-. tra dé esos hábitos que; considerados ino· 1 .l .:.l.il?•f. l " ,_ñ 1 J.• 1 1 centes por a gelle1~l1u·au, bu-r-lan u. rnu· chos, produciendo·ma'lel't'sin cuento que se atribuyen á. otras mu-y distintas causas; á ellos es á qui(mes·hay que· atacar de fren .. te para. desenmascararlos, y con su deanu d.ez ·dejar á la vista la lepra que los corroe y evitar el contagio. El abuso de la planta;cuyo nombre encabeza este articulo, es uno de esos liábi· tos arraig·ados más temib1~ de Jo . que se pignsa, y que ha pódido fkciimente 'insi· núatse esc'udado oon Jrluestra 'ignorancia y nuestra negligencia; abuso funesta que por sí solo reclama toda la fuer?.a ele una voluntad bien templada, y que a si y todQ tal vez triunfe, enseñoreándose sobre su victima co.mo premio y satisfaccion de la victoria. '1

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Los Conocimientos útiles.

El tabaco, desde que en el siglo XVI lo dió á conocer á Europa Fray Roman Pan e, se ha generalizado en el viejo mundo de una manera prodigiosa; parece que en la pila bautismal donde le fué impuesto el nombre (1), recibió tambien la virtud en· vidiable de halagar á todos, puesto que es inusitada la rápida propagacion que ha adquirido su cultivo. ; A los pocos auos de conoeido el tabaco en Espniia, sir Wnlter Barleigh lo introdujo en Inglaterra; en Italia el N uBcio Santa Cruce, y en Fvancia Nicot, ql!lien ya pretendió descubrí¡; en él virtudes me· dicinales calmantes y narcóticas. El tabaco habano, el del Brasil y el de Virginia, cultivados respectivamente por los espailoles, por los portugueses y por los anglo americanos, fueron, pues, los primeros en surtir á la vetusta Europa de hojas con que saciar la voracidad de su naciente apetito. La planta del tabaco se d-istingue fun-. damentalmente por sus flores. ·que tienen un cáliz más pequeño que la corola, de cinco sépalos y de forma de. cebo ó de dedal; de corola infundibuliforme, regular y de cinco pétalos. Además las hojas, más ·~ ménos anchas y adheridas al tallo por un pedúnculo ge· nera)fnente corto, tie.nen un . olor pe~re­ tra,nte y fuerte y un sabO'r {IC.re y ~Ue·· mante, '. ,Entre los componen.tes i}Ue JCOJ!lsrt ituyeu · estas hoja\) se .cuenta en pdmer.a linen la nicot·ina ó nicocianina de Reimann, que · Boutron analizó, y que es un a:lcalóide só· lido y volátil, alterable · fácilmente, y que toma un color oscuro al contacto de la luz; soluble en el agua y en el alcohof, y muy afine de los ácidos, con los que forma sales de di versas propiedades. Además de la nicotina, se desprenden al quemar ó fumar las hojas del tabaco, áci· do carbónico, amoniaco, un extracto amar· go, etc., principios que hay que tener muy en cuenta al querer estudiar ·la etiología de las enfermedades gne el fumar cura y produce. ( t) Se llam¡) tilboco por lr:¡bérse.le descubierto en la isla los indios lo llaman 1,;0;eu. ·

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El tabaco, antes de llegar á los almace· nes y al comercio, sufre ciertas preparaciones. El primer trabajo consiste en elegir las hojas, en limpiarlas de sus nervios yhumedecerlasdespues con agua, y mejor con agua salada, para privar y neutralizar de tal modo su fuE'rte y repugnante olor. Así preparada:; las hojas, basta arro· liarlas sobre sí mismas para formar los tabacos 6 pu1·os. Otras veces se calienta y tuesta el tabaco por medio del vapor, y se pica para usarlo envuelto en papeles más ó ménos largos y fumarlo en ciga'l'ritlos. En' fin, en otras circunstancias se le reduce á polvo, y hecho esto se amontona en grandes pilas, que entran pot· la calor en ferm entacion, y le dan al tabaco propiedades nuevas, privándole de otras que tenia; el tabaco preparado de este modo es el que se conoce en el comercio con e! nombro de ra,pé. El uso del rapé produce una hipersecrecion de la mucosa nasal (membrana sucideriana) y provoca el estornudo, por lo que se le emplea en medicina con excelente resultado como estornutatm·io; es expectorante además, pues aumenta y fa. vore'Ce l:a. .expu lsi4>n de las materias segregadas y r.etenide.s l:ln los brcmq·uios y en sus sutil~s y nurne.rosalS "-S.mi'fkacitmes. Cuandtl las hojas .del tstbaco se fuman, el' prhner erec-oo fl:siológieo q~ prO"cl.uce:m, · aparte de l·a sensaaion en ,el órg-ano del gústo, es el aumento de secrecion salival; a•a menta ó ptia.liam'G~nmios0 coondo el abuso llrael:l ~ue ~ea osnt1'1'Iuo, pt>-rque los alimentos, sobt1e tod'O los feculentos, no pueden sufrit en la boca las metllmórfo~s deleidas, ·y 'SU insolubilidad los hace impropios para el acto de 1a asimilacion. · Det~miu.a tambien el desarrollo excesi· vo de creroos órganos colocados en las fauces {~lip~.trQ:fi.a. de las amígdalas), dan· do lugar 1(1 Qa •qoe se ll«ma.a?rgina de los fum.arlotr&,'. IDl cá.ncet· de los lábios y de la lengua es 'llambien efe~o mu-chas veces de este vicio~o ·abuso, y tantG, \:}u e ha dado. lugar á que por algunos se le designe como propio de los que fuman, disti-nguiéndolo con la gráfica frase de cáncer r

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de los fz~~madores, con la que al lado de l_a naturaleza de la enfermerlad se anuncia el agente ocasional etiológico. Tnmbien el estómago se resiente de la reiterada y persi~tente accíon del humo del tabaco; se debilita, se enerva, pierde su tono, y consecuencia de este fenómeno las náuseas, loa vómitos, las malas digestiones, las neuralgias estomacales, los cólicos, las diarreas y las dispepsias con el séquito de su sin tomatología abrumadona. Una vez absorbido el humo del tabaco, llega á la sangre bajo la forma principalmente de nicotina, de ácido carbónico y de amoniaco: el alcaloide reaccioi:ia sobre los centros nerviosos, y su virtud narcótica despierta en el celebro fenómenos atáxicos, primero como desvanecimientos, vaiJos, debilidad, ~isiones, aberraciones sen~ timentales, y luego despues síntomas decididamente narcótic.;os, como oscurecimiento de las facultades creadoras, pérdida de la memoria, abatimiento general, eotu· mPcimiento, postracion, y hasta la misma muerte cuando la cantidad absorbida ha sido muy considerable. Y es muy asequible la explicacion de estos hechos que, no por ser insólitos, dejan de ser probables en algunas circunstan• cias. La int1·oduccion en la sangre de principios tan activos corno los que hemos enu . merado, no puede dejar ·de prodt:rcir trastornos . profundos en la economía, tanto· más cuanto que la mens·a jera de la vida, la panacea de la a::;imilacion ot·gánica, la sangre es la primera en empon~oñarse, - alterándose su plasma y quedando pobre y mezquina la 'Vi vificante potencia ·de su oxigeno. Por de pronto la nicotina, cuyos efectos tóxicos son tan formidables y rápidos como los del cura1·e "!! el ácido prúsico, alcaloid~ que en pequeñísima cantidad ha sido bastante para produciL· la muerte de los unimales colocados en los primeros grados de la escala animal; sustancia que inyectada á la dósis de gotas por debajo de los párpados, por una escoriacion ó por cualquiera superfiCie algo absorbente, ha pl'ivado en minutos de la vida, como al céle-

bre poeta Santeuil, á quien una pesada broma de sus amigos hizo victima de este tóxico, pues tuvieron la triste ocurrencia de hacerle tomar, sin saberlo, en un vaso de vino una porcion de rapll , creyéndolo .inofen¡¡ivo, por más que á pocos instantes la realidad viniese, aunque tarde, á advertirles su fatal impremeditacion. Además de la nicotina, llegan á la sangre el ácido carbónico y el amoniaco: todos tres distraen la formacion de glóbulos y la recomposicion de la fibrina, produciendo lo que en lenguaje técnico se llama dorosis, ó mejor cloro-a11,emia. El ácido carbónico, como esta en exceso, quema todo el oxigeno, privando á la organizacion, y quizá á los alimentos respiratorios (sustancias amiláceas, conicares, grasas, etc.), de su elemento modificador por excelencia y del agente de vida que infun· de en la sangre arterial la virtud plástica y regeneradora. Estas simples consideraciones bastan para comprender la razon de los efectos que hemos señalado como fin del abuso del tabaco, y aun de otros ml:ls que, como la parálisis grad?tal prog1·esiva y la impotencia de los órganos sexuales, rara vez se presentan, pero que la explicacion la tienen en la misma etiología de los demás fenómenos. Ahora bien, si la. nicotina es la .que en ,· primer término dá el grado de encl'gín morbifica al tabaco, es evidente que el que más cantidad tenga, más pernicioso será á. ]a salud, y asiesen efecto; el tabaco ha. bano y el del Brasil, que tienen '/too de ni· cotina, es ménos malo que el de Virginia y el francés, que tiene más del '!too· Pero el tabaco ¿,puede alguna vez ser útil ó al ménos no nocivo á las funciones de la vida~ Cuestion es esta que viene agi· tándose desde mucho tiempo atrás, y que hasta ahora apenas si ha dado otra cosa que hesitacion y dudas, con algun conato de luz, pero crepuscular y tibia, por Jo que nos tiene tan en tiniebla::~ como al final del siglo XVI. Al paso que hay a.utores que consi1leran el tabaco como una planta inocente, y hasta-la recomienda u para precaverse de

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~~3~4---,.------------------------------------------z. ~') y . ~. Los Conocimientos útiles.

ciertos males de espíritu , como el mal humor, la tristeza, la mehmeolia, la hipo· condría, y de ciertas enfermedades contagiosas, como las tifoideas, la disenteria. y la tisis; hay otros, entre ellos Raspail, Baillard, Ur. Cesere, etc., que se declaran abiertamente hostiles al uso, y sobre todo al abuRo de esta planta americana. El por qué de esta diversidad de pareceres tal vez sea ex.plicable, Y•depende, á mi modo de ver, en lo abstractas y vagas que son las palabras ?tso.y abuso; depende además de que la organizacion humana no se presta á la unidad más que en lo que atañe li las leyes inmutables de la materin; leyesfisico q1eimícas modificadas é influidas por otras leyes de órden divert!O, de distinta gerarquía, las 1Jitales; es causa tambien de este antagonismo y confusion el que se han desestimado y olvidado los temperamentos, las constitu· ciones, las idiosincrasias y hasta los ios· tintos y sentimientos; formas infinitas que no pueden privarse de la singularidad, y que hacen de cada hombre una individua· lidad aparte, sino en esencia, en accidente; sino en el fondo, en la forma; sino en principio en el fin y en resultados. Por eso que si los nerviosos é irritables perciben y sn fren bien pronto los efectos tóxicos del tabaco, los linfáticos en cambio resisten fácilmente á su letal influjo: por e¡¡o qp.e si un individuo siente alivio en un dolor de cabeza ó de dientes, ó en alguna otra cualquiera neuralgia, otros hay que basta el uso de aquella planta para que los sientan, y si los sentían, para que se les aumente y gradúe. De todo esto hay que deducir, pues, que la autoridad de los autores, por muy respetableg que sean, no ha de considerarse como infalible ni absoluta en asunto de este género. Si la ciencia antropológica., y la medicina de cousiguitmte, no la admiten nunca sin restricciones, por ser eminentemente práctica, ménos en este caso en que mal definidas las palabras se acomodan á interprP.taciones gratuitas y absurdas. El tabaco es un mal para la organizaoion, su acciones morbífica, su poder an-

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tifisiológico, yo así lo creo; pero no esencialmente por la autoridad del maestro, sino por el evangelio de la ciencia. El cargar la sangre de ácido carbónico; el consumir todo su oxígeno; el entorpecer la trasformacion de las sustanci~s hidro· carbonadas, como las grasas, resinas~ azúcares, etc.; el desfibrinar la sangre tlLüdificándola más y m á~; el robarle sus glóbulos rojo~, etc., etc., tod-o esto nCil puede ser compatible con las .condicio·n es fisiológicas; todo esto no puede pasar den· tro de los límitea ele la salud; tal descon· cierto ha de forzosamente deshacer el equilibrio funcional, base de la fisiologia humana. Para mí, pues, el uso del tabaco es un inminente y voluntario riesgo de incoar un proceso patológico, mayor ó menor segun las circunstancias individuales; el abuso es arrojarse con los brazos cruzados y con la falsa razon del suicida al tormento y al dolor de la enfermedad, ó quizá á la guadaña de la muerte. Mediten bien esto y sin preocupacion los entregados al tal vicio; piensen que minan sordamente su organizacion con la acritud de una ponzoña activísima; no olviden los efectos que hemos denunciado y que son la verdad, la pura verdad, sin mezcla de exage¡·acion ni de prevencion ninguna. Mas por si su reftexion es débil y no tienen una fuerte voluntad realizada que los impulse y los guie, sobreponiéndose á las exigencias sentimentales, aténganse al ménos, para mermar los efectos, á las sí· guientes prescripciones, con las quedare· mos fin á este trabajo. _ 1. 0 Los hombres no deben· de ningun modo empezar á fumar hasta los 20 años. 2. o Los de temperamertto irritable deben fumar ménos, en igualdad de circunstancias, que los flemáticos y los de exigua reaccion orgánica. 3.0 Los tabacos que llevan ménos nicotina en su composicion son ménos peli· grosos. 4.0 No debe fumarse diariamente más que media onza de tabaco habano, y ménos siempre del francés y del de Virgin~a~_J

fUNDACIÓN JUANELO TURRIANO


Los Conocimientos útiles. 5. 0 Son preferibles los puros á los ci· garrillos de papel, pues sfbien con estos se fuma ménos cantidad de tabaco, resecan mucho más la boca y dan sed que á veces, si se satisface, puede dar márgen á trastor· nos estomacales. 6.0 De todos modos no debe fumarse más que la tercera parte de cada cigarrillo 6 puro.

El tabaco seco es mejor que el húmedo, porque la nicotina se descompone á una temperatura elet'ada. 8.0 En fin, como medio antinicotiniano se emplea con buen éxito el ácida tánico, empapando en él unas bolitas de algotion y colocándolas· despues en el interior de las boquillas y porta-cigarros. '1. 0

FERNANDO

BvmoN.

CONOCIMIENTOS VARIOS •

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Proteccion á los animales.

ficiencia para presentar la cuestion como se Lo poco ó nada conocido que es este asunto en p¡erece. España, y los importantes documentos que·á la En España, con sentimiento lo decimos, no vista tenemos ( f) nos mueven á presentarlo con existe ni una siquiera de estas sociedades ¡Ah , los detalles que en una publicacion de este gési nuestra débil voz fuese suf).ciente para hacer nero son posibles. comprender sus beneficios y llevar á cabo su Muchas personas, al oir hablar de proteccion fundacion!.. .. Se nos dirá que tenemos las Eco· á los animales, serien creyendo ver en esto' una nómicas, las de Amigos del País, más la corode tantas extravagan<!ias inglesas 6 un pasa~ paracion es inexacta; permítasenos que denomi· tiempo francés; pues bien, és preciso que comprendan la gran utilidad que moral y material- . nemos á estas teóricas, mientras que las protectrices son pur¡~mente prácticas. Si las primeras ~ente prestan al país en que residen las socie¡ estlmu,lan con sus discusiones, sus memorias · dades protectrices de animales., ¡i'remi"adas, s.us etposlciones, etc., las segunBajo este modesto titulo existe en muchas 0 das,, de~cendiendo á un terreno mucho má~ de poblaciones: 1. Un gérmen fecundísimo 0 pt:áctico, estimulan, aconsejan, vulgarizan Ja moralidad 'pública. 2. Un centro general y vér:: ciencia individualmente y ante las clases más dadero de prog reso industrial y agrícola. a.<iu'íi ' constante espejo de todas las ciencias físicas, . ínfimas de la sociedad; premian y SO,!Jleten al castigo dentro de sus atribuciones y de las lequímicas y naturales en su parte más práctica. Resumiendo, pues, estas sociedades la moral y , yes del país; ponen, .tlnalmente, en juego cuantos medios les son dables, por sencillos que pala ciencia, bases de la verdader~a y buena orgarezcan, para conseg uir sus objetos siempre innizacion de un país, no creemos arriesgar nada mediatos y tangibles. indicando que convenientemente distribuidas,-Bajo dos puntos de vísta pueden considerardirigidas y administradas pueden dar orígen á se las sociedades protect'r-ice~; i .(1 Por el placer un completo bienestar. Creemos que así lo f' que se experimenta al eje~utar un acto moral. comprenderá el lector, á pesar de nuestra insv~ 2.h Por_la utilidad pr~ct ica que report an. ' Recomiénpq.se á sí misnw e,l primer P}!Oto (1) l.o8 deb emos ~ lo tlna atonÓiou de Mr. Leonce de·ca-

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Jeuove,• dllutor eu •lereoho. condecoradO con varias cru~s- y

sin caer en la nota de ridit• ¡lamente carit~ttivo, .1 pr••iueuto de 1~ S.ociedud protectriz ~e Lton. _ _ 0 ·@ 4! TOMO 8. ~ ©.~----~--·----~- -----:!""-=~----:-=:.-::-·------~.~

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si consideramos con Mr. Caze.nove que es de corazones nobles hacer el bien por el bien ccms!derado en sí mismo. La tendencia del hombt·e al progreso, auxiliada del cristianismo, ha reducido á sus últimas trincheras la esclavitud y el vasallaje dé la mujer: háse llamado á esta aspiracion del hombre satisfaccion del bienestar de nuestros semejantes; mas si nos elevamos un poco en la esfera filosófica, se nos presentará como axioma la nmpliacion de esta verdad á. los séres que nos rodean; es decir, que el hombre no ejecuta el bien en beneficio solo de sus semejantes, en cuyo caso habria en él egoísmo de especie y seria vituperable, sino por esta satisfaccion de que Dios dotó á su alma cuando la conducen por el sendero de la vida acciones nobles y buenas en sí mismas. Pues qué ¿nada dice el cariño que hasta los hombres de costumbres más depravadas profesan hácia este 6 el otro animal de su compañía? ¿nada dice esa instintiva repulsion que sentimos hácia el martirizador de un animal? Si pues nuestra conciencia arguye en contra de éS'te hecho, su contrario, el primero, será bueno: luego ¿por qué no hemos de premiarle y castigar 6 reprimir el segundo? Dejemos por ahora este punto, que más adelante daremos 011evas razones en su pró. La utllitila\l practica de estas sociedades se demuestra con solo exponer sus objetos. 'El prh.tleró, resútnen dé todos los demás, es el lema, digámoslo así, d~ ellas: es, como su nombre lo indica, la protecci6'n de los animales en su más vasta ncepcion y el estudio de su utilidad en la naturaleza. Se esfuerzan en vulgarizar los mejores ·sistemas de alojamiento y alimentacion: se encargan de fuvorecer el aumento y mejorar 1aa especies de reconocida utilidad: procuran la destruccion de ias 1lSpecies totalmente nocivas. Un momento para cada una de estas tres ftases. El aloj1lmieuto ioftoye mucho en las enfermedades y muerte de los animales cuando es malo, así como prolonga In -vida y aumenta la canti dad y buena calidad de sus produc~os cuando est~ en buenas condiciones higiénicas. Probado está esto por la ciencia, y las sociedades protec-

trices tie~;~.en hechos trabnjos de impresion y publlcidad dándolo á couoc~H· con exactitud mate· mática. Véanse los establos usados por regla general y para toda clase de animales en España: su sttelo, lleno de excreme~tos y pienso en putrefaccion, no se limpia sino muy rara vez¡ gases eminentemente deletéreos (ácido sulfhídrico, amoniaco, compuestos de carbono) se están desprendiendo sin interrupcion; la ventil¡lcion casi nula; sin seperacion los animales y de aquí los contagios; las paredes infiltrando el agua de lluvia 6 de la tierra ..... ¿hay pulmones y naturaleza que resistan á la accion casi cOJltínua de tantos agentes contrarios? Si á esto agregamos la mala calidad de los alimentos (de que hablaremos luego) á nadie extrañará, por ejemplar que un célebre químico español, el Dr. Pou y Campa, reprobase como perjudiciales todas las leches de vacas de Madrid. La raza de ovejas denominada incrina y la de caballJs andaluza, glol'ias en otro tiempo de nuest1·o país, no consiguen aume'htarse, míen· tras nos sobrepujan con mucho en otras naciones: son deudores de ello á sus sociedades protectrices que, procediendo en la enseñanza de abajo arriba, es decir, directamente, no se afanan como nosotros por crear granjas y cabañas modelos para quien, no sabiendo, no puede apreciarlas. Procurañ la destruccion de. las especies totalmente nocivas La palabra totalmente es aquí la clave. Comprendiendo los legisladores de estas sociedades el admirable sistema de rotacion de la naturaleza, y la necesidad de no atacar directamente á ningun género ni especie de ani males, sino despues de bien comprobado que las pérdidas producidas por sus instintos destructores sobrepujan mucho á las ventajas que en otros ter~e:1os pudieran de ellos obtenerse, especifican para cada animal las condiciones y forma en que debe procurarse su, destr11ccion. Cruda guerra se ha hecho en diversas épo?as y localidades á los gorriones por la gran cantidatl de cereales que consumían; mas la experiencia y la misma teoría han venido á demostrar la necesitlad de su exis~encia para destruir los innumerables insectos que tambien atacan al tri- ~

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FliKDAClÓN Jt;A}!ELO TURRJAJ\0


Los Conocimientos útiles.

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go, cebada, etc., y con pérdidas mucho más dardos para infundir el terror á sus perse¿uisensibles. dores. Pero ¿córnó se disculpará el hombte que, Procuran evitar la vejez y muerte prematudisfrutando todas las lihezas de la creacion, ras, producto casi siempre de la avarici.1 de los usando, ó ínas bieñ, abusando á su antojo de dueños en la alimentacion. En el pasado inviet~ todos los shvicíos de los animales, cumplácese no, pues la cosecha de cebada fué casi nula, ai párecér en sus dolorés7 Aprovéchase injushan visto los labradores de toda España morir- ' tamente de su superioridad sobre ellos para seles muchos animales, y los que han quedado ejercer la más cruel industria, atormentándolos no se repondrán quizá en dos años. Véase si vivos para saciar los ojos con ¡¡us padecimientos las pérdidas son mucho mayores que si se les en los antiteátros, en 1a ca:.:a 6 en el matadero. hubiera alilll'entado bien y á todo c'o ste .. · R'eservado estaba á los siglos 1;odernos el im~­ Tienen tambien poi· objeto propagar las .tw·,·· ginar que los animales 's on unas máquinas inclones elelhentttles de veterinaria para- impedir, seu~ible~, ·verdader'os autómatas que pueden tanto las epidemias elitre lOS' animales mismos: degollar-se. Era forzoso desterrar aquella concomo la trasmislbn de- ciei'tas enfermedades al ni1seracion simpática que la naturáleza excita hombre. E&tán estos conocimiéntos tan perfecde suyo en nuestro interior cada vez que vemos tamente dados, que léjos dé do!.lstituir una in· · clavar el cuchillo en ef corazon de un pobre a ni· trusion en In ciencia y en el arte de veterinaria, mal que se entregó á in primera criatura del son poderosos auxiliares de ell!t: sus profesores universo, reputándola la más g erterosan: Y conpertenecen á las sociedades protectriceS si ~_. tinúá: «.X<i contento con ejercer tnn atroz barten en la localidad. bárie contra fos animales, cifró el hombre un Estudian los medios de dismíñuil# lm:f.fátligas hortiblé pllwel" efi éontemprai los tormentos de los auimales empleados éom~ fuerza motriz del ñombre." Cíta á Calíguln, Domtciano, Heó de carga, examirtando y pro~giendo todM·1os liogábalo y Neron, que hasta mand6 abrir á su sistemas de arreos y vehículos que tienden' a presencia el vientre de su madre. Y en verdad ello. Hacen prevalecer los procedimientos mélque este e~ et camino: usí como el hombre virnos doloroáos p!l>l·a d&r muerte á los a.nima1es tuose y caritativO' se compadece de sus semedestinados á la alimentaeion ó co:alqüier otrtOI jantes á la par que de los nnirnalés relativauso, $e esfuet:tan en deste11rar l0s•medios emmente, el desalmado que martiriza y mata sin pléados con cie'rtos antmales pa¡la• gatigfa-cer· razon alguna á un dnimal, está en camino, sino gustos ·y di vérsiones bárbaras y serrS'uates, ya en el hecho, de llacer lo propio co)l sus se· 'l'íenden á suprimir completamente las lachas~ mejantes. Refl.e1l'. ionemos, recordemos hechos, de animales y los juegos en que son sacrificoc..l y la vettlad quedará demoatrada. dos á un estúpido placer. El día 23 de Abril áe 1862, el Sr. O!ózaga Vénse atacados de frente en, los dos tltimos dijo e'tl el do'Jigreso que si el seiior Ministro de puntos, las luchas de ge:llos y los toros. Abste-la Gobernacion autorizaba la formacion de una niéndonos de enumerar aqui las muchas razO'só'cred'ad' en ~ liEfs'Uá míemb1·os se obligaran á no nes que en contfla de estos juegos se lllftl dádo aSistir á éstós' éspeétáculos, éÍ seria el primero recientemente, cita!l'emos dos de autoridades en irlscr1tí1r'~é. Las· palabrás i la posicion del que nos parecen competentes. Sr. Olózaga dan una gran base para la introVirey, en su Historia natural delgéuero humaduccion en España de estas sociedades cuya conno, dice: «Sí, no hay duda, el hombre, el moveniencia y hasta necesidad vamos probando. narca de la creacion, tan orgulloso de su noble Marcan un límite á las vivisecciones empleadestino, se convierte á veces en el más crimidas en las ciencias naturales, muchas innecesa· nal, el más despreciable de todos los anima· rias en v.erdud, pues se ejecutan sin direccion! les..... pues condenadas las serpientes á arrassin objeto determinado y sin utilidad ni pro vetrarse por el suelo, necesitaban sus temibles cho para la verdadera ciencia.

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Los Co-nocimientos ú 'tiles.

Hacen cumplir, por último, las leyes que en varios países J?rOtejen á los animales; propagan SU COnOCillJiento para que nadie, en caso de delincuencia, se llame ignorante; gestionan su planteamiento en las naciones donde no existen; las sociedades protectrices encuentran en ellas poderosos auxiliares. 'En F rancia existe la. llamada ley Grammopt, que. condena á los que emplean malos tratamientos para con. los animales dom~stiMs á. cin~o dias. de prision áquince francos de multa. En Inglaterra son varias las leyes dadas de un si~io á ~sta parte reprimiendo estas cruelda~es, y los tribunales condenan casi: siempre al pago ~e regulares cantidades por la misma causa. En Suiza se imponen veinte dias de arre_stto ó multa de S á 60 francos. En Baviera se oonsidera- eomo delito y se encarcela á. los cocheros q_ue estafan á. sus amos en el pienso de los caballos. En Prusia, en Bélgica y en c.asi todos los Estados alemanes hay leyes al tenor de tas anteriores. Imposible es describir con perfeccion los innumerables y beneficiosos objetos de estas sociedades, más ,pueden resumirse en los sig uientes: Domesticacion lo más general posible. • Educacion ó instruccion, segun el trabajo á que se dedique á. cada animaL Aclimatacion. Uso ó empleo segun su a¡:¡titud.. Propagacion.

Destruccion de especies nocivas. Dirigidos por · los más severos. principios. científicos y racionales, claro está que estos objetos darán, _com.o así sucede, magníficos resuJ..tados. Poco diremos sobre la orga~acion de estas sociedades. Independientes todas, pero unidas y_ en frecuentes comunicaciones entr~ sí, suelen

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estar regidas por un Consejo de Administracion compuesto de 20 á SO individuos que ejercen tres años, rinden cuentas en junta pública tres veces y son los encargados de Uenr á. la práctica cuantas decisiones se hayan admitido eomo convenientes. Los honorarios suelen ser de S.. á 5 francos anu.ale$, y grandes los. donativos. En Setiem.bre de t865 el.Dr. Pernep repartió 28.000 francos entre 28 sociedades. de Europa. Hemos concluido nuestro i,nsignificante t rabaj~. y nos resta añadir q,ue nuestro único deseo ha sido hacer comprender la necesidad que hay en España de estas sociedades, cuyo carácter, repetimos, eminentemente práctico, se necesita donde todo-son teorías. A la vista tenemos una. buena Memoria. sobre las ventaias respectivas que pueden resultar á la agricultura española de las la· bores de bueyes ó mula-s, premiada en i'195 por la Sociedad Económica de Madrid: su contenido convencería á muchos 111-bradores de los errores en que están: ¿la habrán visto? Ninguno: la Sociedad se contentó con imprimirla y repartir algunos ejemplares. Hé aquí la mision de las sociedades protectrices de animales; la propaganda individual y popufar. En el momento de terminar estas líneas, vemos en un periódico que el gobierno austriaco se ha dirigido á los de Francia, Suiza é Italia, y á nuestro Ministerio de Estado, proponiendo la celebracion de un tratado en el que S$3 adop· ten disposiciones para evitar la disminucion de . ciartas aves que prestan grandes servicios á los campos por la destruccion de muchos insectos. Nos abstenemos de añadir comentarios, pues el lector comprenderá fácilmente la importancia. de los asuntos enumerados, cuando tan decidídamente se tratan en altas regiones. J. GARcÍA-H&RRÁNz,

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Los Conocimientos

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Horologia.-HisLQria. de los sistemas cronométricos (1 ).

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(Cooclusioa}

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marqués Tycho-Brahe, maestro del gran KeEl uso del reloj de arena no llegó á hacerse pler, colocó en 1560 en su observatorio de Krageneral en· Inglaterra sino hasta el reinado de niesburg un reioj que marcaba los minutos y Eduardo el Confesor, que se extendió de 1041 á segundos. i066, y el primer reloj de agua fué traído de La invencion det reloj portátil fué poco antes Francia por Ricardo Oorazon de Leon, pocos de la de los relojes de mesa. Costaban un dineaños antes de subir al trono. ral, y se llevaban colgados de una cadena de Desde esta época se encuentra una laguna de oro de los brazaletes de las señoras. Claudia, dos siglos en los que no hizo progreso alguno mu.jer de Francisco I, tenia uno tan pequeño visible la horologia, y es preciso saltar hasta etque pudo ser engastado en un anillo. reinadC' de Oár!os V de Francia, época en q_ue La tradicion popular señala como inventor de se construyó el primer reloj propiamente dicho. los relojes de bolsillo á. Pedro Hele, de NuremBízolo en el año i S74 un árabe llamado Enrique berg, en el año 14.90. Parece, no obstante, segun de Vic, que se babia convertido á la religion disquisiciones de curiosos, que todo lo regiscristiana. El tal reloj era una máqujna colosal tran, basta los bolsillos de los reyes, que Rode quinientas libras de peso. Se movía por peberto, rey de Escocia, poseía uno la friolera de sas, tenia una palanca horizontal y estaba ciento ochenta años antes, ó sea en ISiO. A provisto de su campana para indi.car las horas. pesar de este dato, la fama y voz pública atriFroissart trae una descripcion minuciosa de buye á Alemania la invencion de los relojes, este ingenio cronómétrico. Fué colocado en la , tanto que Huarte, que escribía su Ea;timen de torre del Palacio Real, hoy Palacio de Justicia, . " ingenios en nuestro siglo de oro, llegó á decir y 'atraia gran concurrencia de curiosos diariaque los alemanes solo. lo tenian para hacer remente por alguli;OS meses despues de su ereclojes. Pero. como hay composicion para todo, se 1· cion . El constructor recibió en recompensa un ' titulo de nobleza y una pension vitalicia de den supone por algunos que la invencion fué esco_cesa originariamente, sino que el artífice tuv.o coronas de oro, siendo el primer lj.rtifice á quien ' una muerte repentina y se fué á. la otra vida tal distincion se concediera en Francia. con su secreto. Los primeros relojes alemanes Desde entonces se extendió.mucho por Euimportados á Inglatet·ra lo fueron en 159:1, y la ropa el hacer grandes relojes para edifl.cios púprimera dama que se adornó con este indispenblicos; pero basta principios del siglo XVI no se sable de nuestra civilizaclon, fué la celebrada _hicieron relojes para las habitaciones. El pripor su belleza Arabella Stuart. mero de esta clase de que se tiene noticia vino Los mayores progresos realizados en el arte de Florencia en {518, como regala de Julio "de de la horología se deben á Huyhens y Zulichem; :M.édicis, Papa despues con el nombre de Olepero Huyhens no hizo más sino tomar la idea mente VII, para el rey Francisco 1 de Francia. que antes había concebido Galileo. Nuestros Tambien fué en este siglo y en el primer año lectores recordarán la anécdota de la lámpara cuando Purbach aplicó la horología á los cálcususpendida de las bóvedas de la catedral de los a¡¡trooómicos. El famoso astrónomo dinaPisa, y cuya oscilacion hizo al astrónomo refle-

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Los Oonocimientos útiles .

péndulos podían ser aplicados á la medida del tiempo. Niño era Galileo cuando observó este 1 movimiento de la lámpara, pero pasados algu nos años, esto es, en i630, volvió á recordar aquel fenómeno, y trazó en un papel el plano para la construccion de un péndulo de reloj. El invento no pasó más adelante por entonces, y la honra de haber puestJ en práctica las teorías de Galileo estaba reservada á Hugens, quien en Hl57 remitió á los Estados generales de Holanda la descripcion de u'r¡ reloj éonstruido bajo nuevos princi.J?ios. El gran paso dado por este ingeniero consistió en la iutroduccion de la pé'ndola del muelle espiral. El nombre de H~gens va, pues, asociado al mecanismo más admirable y sencillo que jamás inventaran los hombres, como lo es sin duda alguna la péndola de un reloj. La invencion de los reloJes, tales como tos llevamos hoy en el bolsJUo, es debida al ing-lés Hooke, y data desde i658. Diez y ocho años despues fué fabricado en Amsterdam el prfmer reloj de ropeticion; pero desde esta época hasta el siglo presente, que hn-producicfo el cronómetro, no hubo miis progreso en la refoJeria, ni creen algunos que ya quepa más adelánte sino el de evitarnos el d·arles cuerda, encargandO' a la olectri'cl'dad de este cometido. En nuestros· utas no. esta aun d"edi<ftda la cuestion sobreo qué pqebl'o fabrica los mejore~t relojes. G'inefura tl'eva~~ 1'¡¡. battuta en el pasado sigto; pero á fu~rza de querer 'hacerlos baratos é iniind-ur al mundo de ginclJn'rws, lian degenerado algun tanto. La competencia verdadera está ahora lfmi tada á F'rancia é fn glaterra, la primera por la belle:¡¡a y delicad-e:¡¡a exquisita de sus relojes de señoras, y la segunda por la sen· cillez y seguridad de sus ref<>Jes para caballeros. Con todo eso, Francia no puede competir con los cronómetros que en fnglaterra se construyen, hoy conocidos y usados en todas partes. Los que llevan los l>uq ues de la marina de gu~r­ ra son obras maestras que pasman, lo cual no es extraño si se considera las rígidas wuebas á CJ.Ue los suj_etan antes de ser aprobados por el astrónomo principal del almirantazgo. Todos ~ los cronómetros navaies han estado de prueba

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seis meses por lo ménos, y algunos hasta dos años antes de expedirse la licencia de usarlos en la mar: pruebas que consisten en una série de experimentos científicos c0mprensivos de todos los cambios posibles de temperatura, haciéndolos pasar por el agua y por el fuego. Cuando uno de estos cronómetros ha resistido y salido airoso de tales ensayos, bien puede d,ecit·se que el constructo.r merece algo más que el título de mecánico.

L~s cron¿metristas ingleses envian sus relqjes al observatorio de Greenwich, aunque no , 1 hayan de ser destinados á la marina oficial, sino á la mercante ó á los particulares . Así se ve que los fabricantes de categoría reclaman la marca y sello de Gr~enwich en sus cronómetros, visto que los compradores se ·fian en ella, como en el contraste de las piezas de oro y plata. En España ha l1abido n-otables constructores de relojes, así en los pasados siglos como en nueetros días. Como ingenio notabilísimo puede citarse el colosal reloj de la torre de la catedral de Sevilla, construido en la fecha comparativamente remotísima del siglo XIV, y fué el primer reloj de camp~na que se co 0 oció en Espafia. Dicho ingenio futí destruido por una exhalacion, y sustitu4Jo P,Or la admir¡¡.b~ máq_,uina q ue,hácia 1 75~ construló el lego franciscano fray José Cordero.

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la fot·ma exterior de los relojes· de pared, sobremesa y de bolsillo, y las combinaciones de organls~os adicionales qt~e· se han inve'u tad.o son innumeraólc.s y originales por extremo, r equiriendo Iargo esP,acio el descrÍÚi rlas. tos reloies de caja de mau:era exquisitamente labradas, que l!roáuce el distrito manufacturer9 de Hartz en las montañas de Alemania, sorr conocidos y admirados en tocfo er oroe, no solq por. la seguriáad' de su marcha, sino por el mérito artístico de ra t~rna. It"n mocitos de estás sueten poner un cuco que canta á caaa cam~anada, y los hay con barómetros consistentes· en d"OS""tlguras de liombre y-d'"e mujer , sallell'db aquef it la puerta de un· cñalét" cuan el'<>' é!tí~mpo e"S"b'Ueno, mientras que la mujér está d~stinad'a" á anunciar el mal tiempo: lo cual ha dado origen á infiniclacl. de chistes y epígramnJen~re lo~ in-

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geniosos . Esta clase de relojes se ha puesto de moda cabalmente por la sencillez y mérito de sus cajas, que contrasta cou el oropel y ostentacion monótona de los franceses. Alg unos constructores españoles han hecho relojes que marcan la hora segun los meridianos de las principales capitules de Europa y de América, amen de esferas para marcar el año,

los meses y los di as. Finalmente, pa1·a pon Jerar _que en esta parte no vamos á la zaga á ningun pueblo, solo nos basta recordar que en el mismo mercado inglés gozan de merecida reputacion los relojes construidos por nuestro compa- triota D. Jose Losada, que ha alcanzado los primeros premios en los concursos ó exposicio· 1 nes internacionales. (Del Museo Universal.)

CRÓNICA:

ÜA1111NO DE HIERRO DEL PACÍFICO.-La COmpailla del camino de hierro del Pacífico acaba de establecer en la linea una docena de vagones-palacios que son magníficos. Uno de estos vagones puede llevar con gran comodidad 48 pasajeros; contiene tres salones de recepcion para tres personas cada uno; el resto puede trasformarse á voluntad en un solo departamento con asientos y mesas para u:>o de los viajeros durante el día, o bien quedar dividido en secciones separadas. Los asientos se abren de noche y forman una cama, en la que se coloca colchon, almohadas, ropa, etc., que durante el dia se guardan en una especie de armarios incru!'tados en el techo y disimulados con las molduras y decó:. radt> artísticámente hecho. El va~on 'tiené gabinetes de' tocador y de otros servicios. En las paredes del vagan· hay colocadas l!imparas de aceite y espejos que reftejan su luz por la noche; el interior está cubierto de ric¡rs tapicerías y 1 , presenta un aspecto suntuoso. Un reciente despacho telegráfico de Summit decía lo que sig~e: aEl expléndido vagon-restauram llamado Et 1 Intemacional pasa en este momento por las alturas del Summit á 8.2;;8 piés sobre el nivel del 1 mar, seguido de dos vagones-palacios que sirTen de dormitorio y forman parte de un tren que viene de Nueva-York y vá á Sacramento. Conduce en total l 46 pasajeros. En el vagonrestaorant hay á la mesa 48 personas. La cocina, que es muy pequeüa, queda ipvisible para los

pasajeros, que están cómodamente sentados. A.caba de servirse el almueno. Mientras que se recorren 30 millas por hora á través de·las soledades alpinas sobre un camino exento de polvo, y en donde se respira el aire puro de las montaüas, 48 personas están colocadas delante de una mesa servida con un lujo que solamente p'uede compararse con el de los hoteles de primera clase. Como El I11Lernacional es el primer vagon· restaurant que ha salvado la cumbre de ~iena-Nevada, todos los convidados han querido dedicar un brindis á In compañia del ferro· carril del Pacifico, que ofrece á los viajeros un bienestar y un confortable que no se encuentra en ningun·otro ca~lno de Europa ni América ... EL POZO llfÁS PROFUNDO.-La ciudad de San _Luis en los"Estados-Unidos tenia desde 1854 el pozo artesiano más profundo que hay en el mundo, porque medía 2.i09 piés, al paso que el famoso de Grenoble no tiene más que !792. Pero aquel pozo daba una agua poco abundante y cargada de azufre, así que las autoridades de la localidad resolvieron perforar otro y buscar el agua en las entrañas de la tierra hasta 3.000 piés; pusiéronse á la obra y se llegó á aquella profundidad, pero el agua no se presentaba. En vista de esto los trabajos se iban á suspender, cuando habiendo cambiado las autoridades en unas elecciones, y siendo los nuevos magistrados más emprendedoretl aun que sus predece-

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sores, el superintendente de las obr: s públicas recibió órden de perseverar en la tarea, aunque llnbiese que perforar el globo de-parte á parte. La obra ha continuado; pero desde hace algun tiempo !!e ha tropezado con una capa de granito muy resistente; apenas avanza el trabajo dos ó tres pulgadas por día, al paso que los gastos se elevan regularmente á. la suma de 1.600 dollars por mes. Los habitantes de San Luis, sin embat·go, no se desaniman ni desisten, y están muy satisfechos1 de su pozo hasta ahora sepo: á mediados de Julio tenia una profundidad de S.8S2 piés. Preciso será que algun día concluya el liquido por brotar y recompensar sus esfuerzos. EFEM¡,;RlDE CURIOSA.- Lo es seguramente la que vamos á referir, cuya fecha data de f7 de Agosto de f751. Darcet ;y: Ro~?-elle hacen ante In Academia de ciencias la curiosa experiencia de la evaporacion del diamante; ponen tres diamantes sobre tres pequeñas cápsulas de pasta de porcelana, y las colocan en una mufla (crisol), calentándolas gradualmente, y habiendo dejado una abertura para observarlas á cada instante. Desde luego los diamantes y las cápsulas comenzaron á enrojecer, unos y otros con un rojo mate; despues el color roj~: de los diamantes se hizo más vivo y se dife,renciaba del 1 ~ r..f ~ de las cápsulas. Insensíblemente ,los diamantes ¡u empezaron á disminuit:; ~e dejó que uno de ellos se evapora,ra , por compJ,~t~,) se retiraron los otros dos antes .1 de disiparse, lJero cu~ndo ya bab(a!f pe,rdido muc~a parte ·de S"f .P~s_o. Ft:\).n-¡ cisco I fué el que por primera vez hizo repetir estas experiencias, q ~e soJamente puede ejecutar un soberano. Se colocó una masa de diamantes y de rubís, valorada en 6.000 florines próximamente, en crisoles que se calentaron hasta el blanco durante veinticuatro horas; a! 1

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cabo de este tiempo, los rubís no habian eX'peTimentado alteracion alguna; los diamantes habían desaparecido completamente.

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NuEvo MÉTODO DE AMóRTAJAR.-Un qmmtco francés ha ideado un procedimiento, que consiste en extender en el fondo de la caja en que se coloca el cadáver y verter.luego sobre el cuerpo una capa de mortero líquido, compuesto de par~es iguales de cemento de Portland, de Vassy y de arena lavada. Al cabo de seis horas esta mezcla se endurece y adquiere pronto la solidez .de una piedra, formando al rededor del cadáver un estuc!J.e monolito perfectamente impermeable. Hace cuatro años que el invento¡· practica experiencias operando con diversos animales, cuyos cuerpos ha conservado así en su misma habitacion sin que produzann olor alguno. Despues de algun tiempo Ita roto la cubierta ó mortaja con dificultad por su mucha dureza, y La . encontrado en el medio en un estado de sequedad completa y perfectamente inodoros los cadáveres encet·rados. Este descubrimiento es importante y será conveniente que se confirme y complete con mayor número de experiencias, y que se estudien los resultados á que puede dar lugar. ÜASO DE AS~'IXIA.-El , olor de ciertos frutos

p~esenta ,Ío¡¡ mismos peligro~ que el. perfume de cíe~tas

:(:lores. Los membrillos,· por ejemplo, exhalan un olor penetrante que puede provocar la asfixia. Un periódico de Lyon refiere un caso recientemente ocut·rido de una señora.que h~biendo comprado un gran número de membrillos para hacer cómpota, los colocó en la habitacion de dormir: al di a siguiente, observando que no salia de la hnbitacion, su familia y vecinos penetraron en ella (y hallaron á la señora medio asfixiada.

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MADIIID: 1860.=1mprenla de Loa CoNocr•n"Tos óT!LEI 6 ougo de Franel•co Rolg, Arco do Santa Maria. :59.

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V Núm. 25.

Los Conocimientos útiles

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CONOCIMIENTOS DE

ASTnOi\O~IIA.

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l LAS

EST R~LLAS.

que todos los astros que lo forman están Al contemplar la expléndida superficie como incrustados en la bóvecln celeste, que envuelve nuestro globo, y al fijarnos cua l expléndidns perlas en su naQnt•ada en el g1·andioso espectáculo que á. nuestra concha, siendo asi q ne las distancias que vista oft·ece en las noches set·enas del inde ellos nos tieparan son muy de:-.iguales, vierno, cuando es más p ut·o el ambiente y y tan inmensas [:Jara la mayor parte, que más brillante la estela lu minosa de los asno hay unidad bastnnte grande q ue sirva ·tros que surcan el celeste espacio bajo los de término de compnrncion para medirlas. lazos de la ley universo!, la imaginacion, La única. y verdaue¡·a CIIUsa tle esta ilusin queret·, perriida en su inmensidad y i sion engañadora es la impet·feccion de fas:::inada por el vértigo de lo infinito, se siente vivamente impt·e¿;iouada y predis- ' nuestra -vista, que refiere este iumeoso arpuesta al estudio é iove;;tigacion de los ~ ; chipiélago de ftotantes isla:~ á la superficie del cielo, donde penetran los rayos vis uagrandes fenómenos astronómicos. les que á las estrell ns dirigimos, lo rni;:;mo La bóveda del cielo, con ese tinte azul que sucede cuando obset·vamos un objeto que toma ele las grandes masas de aire que la for man, como el verde del agua en la 1 cualquiera á truvés de un cristal, al que extensa superficie de los mares ó en eL reftrimos toda nuestra impresion. En un pl'incipio la mayot· e::scala de que tranquilo espejo de los lagos, nos ofrece podíamos disponer para weJit· las distancampo abierto á descubrimientos científicias que de los cuerpos celestes nos sepacos tales como los que inmortalizaron el ran, era elt·á.dio de la tierra, cuya long·igéuio de Newton. tud de 6.36:3.407 metros es peq ueñisima, A todos los puntos brillantes que tachocomparada con la que representa la que nao la grandiosa envolvente con su ceo de n osotros dista la estrella más _próxima. tellante luz, se les llama vulgar mente estreUas. Los astrónomos, sin embarg o, re- La astronomía nos ha proporcionado otra 24.000 veces mayor que la anterior con el servan exclusivamente este n ombre á los eje de la ó1·bita te?nst?·e, cur va que la cuerpos celestes que, teniendo l uz propia, tierra describe durante el año, y que á con set·van próximamente sus distancias pesar de su gran longitud, 38.230.000 leangulares en su rotacion diurna, distinguas, solo nos sirve para evaluar las dis-guiando además entre los astros otros dos tancias de los planetas, siendo insuficiente grupos, que son los pta?Mtas y co·metas, para las estrellas, de cuyo inmen~o alejacuerpos opacos que participan de un doble miento daremos idea con algunos ejemmovimiento. Solo de las primeras hemos plos. La distancia de la estrella más próde ocuparnos por ahora, siquiera sea lige· xima á nuestro sistema, la« del Oenta'U'l'o, ramente, dejando para más adelaut-e el es de 226.400 veces el rádio de la órbita estudio de las demás. terrestre, ó sea 8.603.200.000 leguas; la l. de la 61 del Oisne, que le sigue en proximidad, es de 589.300 veces esta misma dis· La primera ilusion que la mente se for tancia, que multiplicada por 785.600 dá la ja cuando contempla sin criterio científico de la Wega. Vienen despues: la estrella ese conjunto armónico de sistemas estelaSirio, de la que nos separan 52 billones de res que constituyen el universo, es creer leguas; la '"t de la Osa mayor, 58; la r1. de

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Agosto 7 de 1869.

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1 Artltro, 61; la Polar, que dü:ta de nuestro sistema 73 billones; y por último, la Ca1 bra, la más distante de las que consideramos, que se encuentra á 170 billones, 392 1 millones de leguas. Esto en cuanto se re· fiere .á aquellas que pudiéramos llamar 1 nu(,'l!'tras vecinas, por hallarse en el mismo 1 lugnr del espacio que nosotros, pues respecto á todas las demás que 'en .nárnel'o de millotle:> dé millones pueblan la ininensi· dari del espacio, nos es imposible determinar su distancia por carecer de unidad hustante grande para ello. Además, los números que las representan sof.l de tantas cifro.s, que la vista no puede abarcarlos ni la imaginacion formar juicio exacto de las magnitudes que representan, despleg·ando á nuestros ojos, su sola contem· pla.cion, el panorama inmenso del infinito. Ütl'o xr.edio más claro y tangible podemos emplt'ar para dar más exacta idea de tan colosales distancias, y es el tiempo que tarda en llegar á nosotros la lllz que de ellos emana, sabiendo que su velocidad es de 70.000 lE>guas pol"'_segundo. Diremos, pues, refiriéndonos á las mismas.estrellas que acabamos de consid~rar, que los rayos luminosos que 'Saleb de la (%"del Oenta1vro . tardan 3 aiíos y 8 mes~s en herir nuestra retina; 12 y medio los ~~e We'ga,; Sl2 los de la estrelln Si1·io; 3'1 l'os de la Polar, y 73 los de la Gavra! y 'que ttrás allá de estos astros vecino'S, y $in 'Salir de •los que•el telescopio ~escubre con su gran poder -amplificador, los hag · que necesitan ~.006., 2.'il00, 10.000, 100.000 :años para o.qú·e su luz llegue á i!llpresioutarnhs·. A~í, pues, si al Cw1dor, q11e con su infinito poder di6 vida y movimiento á estos cuerpos errante:;;, pluguiet·a extinguír con su divino so· plo la luz de alguna de ellas, de h estrella Polar, por ejemplo~ nosotro-s seguiriamos percibiendo su centellante luz por c:;pacio ue 31 años, refiriendo la ~xistencia de aquella al mismo punto, del cielo de donde h<i. nmchos aiíos ha~ia desapa¡·ecido, 6 en donde quizá caminaba(:omo cuerpo opaco eu \'uelto en las eter.na-s sombras de la noche. Esto, q ne pudier·a parecer una mera hipótesis, se encuentra confirmado por hechos ·evid~n tes; realizados en

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las perpétuas trasformaciones que en la creacion se efectúan, sin que nos sea po.si· ble ni conocerlas ni estudiarlas. Erastótenes, Iliparco, Hers~'hel, Casini y otros, con las noticias que han sobrevivido á, su débil naturaleza, nos prueban que hubo en el universo ast1·os que hoy dia han desaparecido por completo; otros que han experimentado notables alteraciones en la intensidad de su lu:-~, algunos de una manera periódica, y muchos que han brillado por muy breve tiempol extinguiéndose para no volver más. De estos era la memorable estr·ella que en 1M2, y por espacio de 11 meses, enrique ció la constela.:. cion de Casiopea, produciendo con su apa· ricion, que fué al poco tiempo de la matanza de San Bartolomé, una viva cons· ternacion en la gente sencilla y timorata, á, quien se hizo creer que era la misma que condujo á los .Magos á Belén y qt~e presagiaba el fin del mundo. Todo cuanto llevamos dicho se refiere á las estrellas que el tele,copio más perfecto ha podido observar, y más allá de las cua· les nada vemos. ¿Podremos asegurar, por esta sola razon, que en ellas termina el universo, y que, á partir de los visibles astros que lo limitan, todo es vacío, .oscuri· dad y ru uerte'? De ni·ngun modo; fuera del vasto campo de nuestras exploraciones su número sigue et·eciendo en las regiones de lo invisible, y si hubo u-n Herschel-que, con el magnífico instrumento que lleva su FJ.omere, supo descubl'ir muchos de los sistelh'a-s hta-!lta entonces descomocidos , día lle~ará en que otro Herschel, con nuevos pe1-fecionamientos, nos descubra las belle· zas ae esos 1ugares inexplorad-os; d'Cl .mis· tno modo que Mr. Hartnack, con su precioso microscopio, nos mostró un mundo de séres animados que viven y ~se agitan en el seno del agua más limpia y trasparente, y cuya existencia no hubiéramos podido :;ospechar. E:>to supuesto: ¿,podremos preguntar al cielo exnlén dirlo el número de astros que lo pueblan'? Soiu el de aquellos que hemos lleo-ado á conocer puede calcularse, pero e , • tan et'rónenrnente, que no ex1ste armoma alguna entre los autores al fijarlo . Lalán- ~

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de, Delambre y Francrour contaban 75 millones de estrellas visibles, mi~n tras que otros han elevado esta cifra á 100 mi· llones. La desigual distancia que separa á las estrellas de nuestro ~istema hace que se presentel1 á la vista del observador con diferente intensitlad de luz, sirviéndonos este fenómeno para clasificarlas en dife~ rentes órdenes de magnitud, teniendo en cuenta que esta deuominacion de magnitud no se aplica á sus dimensiones, qne nos son desconocidas, sino á su brillantez aparente, pudiendo decir en general que las que más pequeñas nos parecen son las más lejanas. Ahora bjen; en los dos hemisferios se cuentan 18 estrellas de prime· rn magnitud; 60 de la segunda; cerca de 200 de lA tercera; 500 de la cuarta; 1.400 de lH quinta, y 4.000 de la sexta, cuya progresion aumenta rápidamente. Haata aqui el n_umero de las que percibirlilOii á la' simple vista, pues con el t:elesCOfJÍo ama se descubren otros diez ó•·tlenes en los q.ue el acrecentamiento munérieo es muy consi derab1e. En el octavo se cuentnn 40.000~ en el noveno 120.000, y WO.OOO en el décimo. De la magnitud trece contó Arago 9.566.000, y 28.697.000 de la décima cuartn, evalu3Jndo en 43 millones el número total de las que componían los 14 órdenes, que unidas á i'as,queiorrnan los órdenes 15 y 16, daban un t@tal de 75millooes seg·.un Lalande, DeJambre y Fl'ancreur., .núme.ro que otros autores han elevado á lOO miJ..lo. nes, segun dijimos antes. Las estrellas, verdaderos soles, facas d~ luz y de calor, experimontan á n uestra vista cambios instantáneos de brillo y de color:, manifestados por rápidas oscilaci.ones, que se conocen con el nom&re de cen· t·eUeo, fenómeno que ha tratado. de explicarse por d1v,elsos medios. A.rago, que odmitia la te0ria de ra. pl'c;;.pagnci<m ,de la luz por onihlac.i:oJ~, ~S.tri~uyó el centelko á interferencias lumitilosas , t:s decir, á cortas cesaciones del movimiento ondulatorio que se sucedjan con asombrosa rapi· d~z; Mr. Biot, que &dopta el sistema de la on~ision, piensa que el rayo iuminoso ex~ ~ perimenta miles de pequeñas refracciones,

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efecto de los cambios bruscos de deneidad ·que las capas atmosférieás experimentan á: causa de los gases y vapores que en ellas flotan, y la variacidn en las proporciones de calor y electricidad, opinion que no puede admitirse, porque la ea usa del feuómeno que establece Biot supone que e¡; te sea de algunos minutos, lo que no sucede, creyéndose más bien que esté producido por una ilusion tle nuestra vista, fuertemente herida por lia intensidad del bl'illo de los astr·os en medio de la oscuridad de la noche, lo q'ue parece explican· el por quó sea rnús perceptrble una-s nocltea que otras, y por qué es más débH en los planeta:¡ cuya luz es méno:> viva. La magnitud de las estrellas es inapreciab!e, presentándosenos tanto más pequeñas cúanto más perfecta es la lente con qu-e las observamos, medio por el que desapatece el fenómeno ele la i?·?·adiacior~, qlt!le á la. sirnpl0 vista aumentaba notal.>l~mente el dh\metro rd·e ellas~ .E&tu'dia,UJdo ·C~tt los tel~scopios de Herschei, de Struve y de lord Ros~ , gran número de estrellas que á simple \lista ó e u el can1-po de un anteojo ordinario habiau sido observadas, se vé que están compues· tas de 2, 3 6 4 distintas, pero tnuy próximas, y que se confunden al parecer en una sola. Her·schel llegó á .contar hasta 500 de estas, ascendiendo hoy su nún:.ero á 3.000. Se atribuyó en un princ-ipio la proximidad ctHi que las 'V:el.amos, y que se c1·eia aparente, á efecto.s d-e-óptiaa y de pr·o~"eccioo, sup0nieudo que lt1s eros astros que parecian ~oincidir ,estabart constantemente eu la misma direocion, aunque á grandes distancias. Sin embarge, aunque esto puc· de verifi.catse par.t\ algunos de ellos, el es· tudio detenido de sus 11lo~intientos, hecho coa una lente en la. 'qué lag C'et·das de la retícula estuv·ier•an >e<'liDoa!Ws de una maner-a pl:l.r·ticular, 1<m ,veníde á pt0bar que las d0¡¡ estrellas fol':tn'!ln muchas vecas sis· temas independiefrtes,g}rándo tlnb. y oti·a al rededor de nn centro -comun de grav.edad. Y ya que de las estrell~ nos ocupamos, bueno será que, antes de' tet·minar su es tu· dio, expliquemos un curioso fenómeno cla·

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ramente perceptible en las noches serenas, y con más frecuencia repetido en unos meses que en otros, sin que podamos co nocer la ca usa de esta diferencia. ~Quién no ha viato en las hermosas y tra-nquilas velarlas del estío cruzar 'e l espacio rasgos Luminosos y fugaces que recorren rápidamente el cielo, cual estrellas de.sprendidas del si-,tema estelar, q.ue 1'11 parecer van á sepultarse en las profundidades del abisn;lO'? ¿Y quién, guiado por una puel'il supersticioo, no ha contemplado con place-r tan brillantes surcos, que apenas aparecen cuando ya se extinguen, dejando en la débil imaginacion la creencia de ser ellos los fieles emisarios que anuncian la pronta realizacion de su mayor deseo'? Pues bien, estas ráfagas· luminosas que atraviesan el espacio con asombrosa velocidad, algunas veces d~ 12legu.as por segundo, se llaman estrellas fugaces, que por mucho tiempo se consideraron como arroyos gaseosos inflamados por causas eléctricas, ó sea verdaderos meteoros. Hoy se admite q.ue este fenómeno es producido por innumf'rables cuerpos, sémejantes á los planetas, que giran al rededor del sol, y no se hacen visibles basta que llegan á nuestra atmósfera, donde se inflaman ..

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Como complemento al' ligero e:lfámen· q_ue vamos haciendo de los fenómenos estelares, pasemos á estudiar los movimi:en· t.os que, siguiendo las leyes universales, realizan todos los dia.s las estrellas. Pero antes será conveniente q ue fijemos la significacion de la palabra ltorúonte que necesariamente hemos de emplear. Colocados en una extensa llanura, desde donde podamos abarcar la mayor ex.tension posible del cielo, observat·émos que esta esfera parece tocar á nuestro globo en la extension de una circunferencia, que determina lo que llamamos el ltorizonte, y con cuyo plano formal"- un cierto ángulo el eje, al l'ededor del cual verifica la tierra su rotacion diurna, y que por su interseccion con la esfera celeste

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fija dos puntos, que son los polos, a}fstral y óoreat. En un principio se creyó <fue el cielo era una superficie sólida á la cual se hallaban adheridos, á. semejanza de dorados clavos, todos los astrQS del universo, y en cuyo centro se encontrnba nuestro-glebo. Esta eva la opinion de Anuxímenes, astró· . nomo que floreció en el año 500 antes de JesuGristo, y de ella participaron tambien Aristóteles, Euclides, Séneca y aun Pitágoras, segun algunos aseguran. Los progresos de la ciencia desvanecieron tan la· m entable error, v.iniendo á establecer sobre sólidas bases las leyes fundamentales é· inmutables á que obedecen todos los cuerpos que constituyen el universo. Aun cuando los movimientos de las estrellas no son tan s<:Jnsibles para nosotros como los del sol y la luna, sin emba.rgo, con una ligera observacion podremos afir· mar que las primeras giran diariamente en derredor nuestro, y si nos fijamos en una de ellas cuando el sol comienza á marchar hácia su ocaso. la veremos que ap1we· ce en el hol'izonte por el lado de Oriente, se eleva majestuosa ocupando diferentes posiciones entre sus hermanas, y viene á oeultarse por Occidente, despaes de recor- · · rer á nuestra vista parte (le la curva que termina fuera del campo de- nuestras ob· 1;• . servaciones: al siguiente di a vue-1 ve~- apa' recer por el misme- 1ugar del horizonte q.ue en el anterior, repitiendo ig.ual moví · miento que sin excepcion r·eproduce diariamente, y al que se conoce con el nombre de ?'otacion diurna. El grandioso espectáculo· de estos mo· vimientos solemnes se intet·rumpe duran· te el dia; además el sueiio nos impide ob- il servar tan notable:3 fenómenos duran te gran parte de la noct:e , en la cual se des· tacan á favor de las densas tinieblas quela envuelven. Sin embargo, las.est!'e1las están presentes á nuestra vista tambien durante el día: ¿y cómo es que no las vemos-'? se preguntará. La razon es muy sencilla: cuando uno de los sentidos está fuertemente impresionado, se hace insensible á las ligeras impresiones ; por e::;o la vista, hericla por una viva claridad, deja

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Los Conocimientos útiles.

de percibir los objetos en un lugar poco alumbrado; el oído que ha experimenta~o la ¡;ensacion producida por un fuerte ruido, no percibe los ligeros sonirlos. El astro radiante del día, con sus torrentes de luz, npaga el brillo de las estrellas, que solo .á favordel vespertino crepúsculo comienzan á aparecer sucesivamente á. nuestra vista, cual puntos de oro sobre el velo azul de los cielos. La luna produce el mismo efec to sobre las pequeñas estrellas que le son muy próximas. Pueden, sin embargo, ser obse·r vadas du-rante el dia por merlio de una lente, ó desde el fondo de un poz0 abierto en direcdon al •:teio. Por medio de un instrumento llamado· teodolito podemos- convencernos de que las cur-vas que estos astros describen en su rotacion diurna son circulares, siendosus planos perpendiculares al eje de la tierra sobre el cual tienen sus respectivoscentros. A dichos cí1·culos se les llama pa,ralelos. Sus ·dimensiones son muy desi,.. gunles, y como el. tiempo, llamado dia si·de1·al, en que las-diferentes estrellas los re• corren es igual para todas, de aquí que la. velocidad de su ;movimiento sea. muy vário.. Las estrellas cambian de lugar en el cielo moviéndose siempre en la misma di, reccion, pero conservan sus posiciones r.elativas, sin que se crucen ijUS caminos, . formando caprichosos grupos llamados constelacio1~e~, q.ne se mueven ~o el firmamento sin que varíen sns figuras. Entre dh chns estrellas las hay que tra:~.an sus circulos completos sobre el horizonte, y por lo tanto son constantemente vi;tbles· para nosotros, como sucede con la Polar; ot r.as que lo cortan con Jos planos de sus círculos formando ángulos determinado¡¡, por lo que parte de su rotacion se realiza á nues· tra vista y parte fuera de ella bajo nuestro. horizonte; y otras que están constantemente ocultas para nosott·os por verificar, ba.jo él :;us rotaciones, pero que sin embargo po:lrán observarlas los habitantes de otros lugares de la tierra, en los que va· riarán todos los pormenores que acabamos de reseñar, viniendo á ser visibles paraellos, lo que para notros es invisible y vice, ~ v.ersa.

Los epicú•reos sostenían una teoria que por lo curiosa vamos á indicar. Suponían que los astros, despues q11e terminaban el trayecto que debían t·ecorrer á nuestra. vista, se apagaban al oculta~se por· Occidente, volviendo á revivir al otro dia cuando asomabaq por Oriente, creyendo oir, guiados por su ilusion, el vivo chisporro teo que diariamente producía el sol al sepultarse en el seno del Océano, á semejanza de 11n clavo ardiendo cuando de pronto se introduce en el agua. Esta hi.Rótesis absurda nació de la idea emitida por Xenopltanes, años 61'1 á 510 antes d0 Jesucristo, que suponía que la tierra esta· ba sostenida por un fundamento sólido, cuyos cimientos, ex.tendidos hasta el infinito, impedían que los astros terminaran su revolucion, obstáculo que los epicú¡·eos salvaron tan ingeniosamente como dejamos aicho. O.tra preocupacion tan original como la anterior existía en los primitivos tiempos, · con~istent.e en figurarse oian una música celestial de dulces acordes producidos por el movimiento de los astr-os. Una vez explicado el que siguen las· estrellas, preciso es medir su ex.tension, para lo cual existen dos instrumentos: un péndu,lo, que con sus oscilaciones isócro· nas determina duraciones iguales; y una lente, q~1e dirigida htLcia la e:;trella fija su. posicion. Uon ellos se. demuestra la ley enunciada, esto es : fj,1te todas las estrellas

ve'riflcan al rededor nuest?·o sus revoluci()..nes co·mpletas en el mismo tiempo. A pesar de lo dicho anterio1·mente, exis· ten algunas de aquellas que participan de movimientos propios angulares, indepeotes de los de las demás, con las cuales no guardan sus posiciones relativas, y que se desvían poco á poco de las constelaciones de que forman parte. En un principio se creyó que sus movimientos eran rectili· neos, pero luego se ha visto que los verifi· can al rededor de centros invisibles.

rm Flotando en e1 espacio, cual blanca espuma sobre el celeste océano de los cielos,

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Los Conocimientos útiles.

se ven infinidad de nubes blanquecinas llamadas nebulosas, que no son mas que masas de pequeñas estrellas en número muy considerable, y cuyas distancias á nuestro sistema son para algunas iocomensurables, necesitando su luz millones de años para llegar á nosotros. W. Herschel ha contado más de 2.000, pudiendo distinguir entre ellas dos grupos principales: uno que contiene las llamadas estela?·es, redondas, semejantes á lo:> cometas, pero que no varían de lug-ar en el cielo; y ott·as llamadas planetarias, redondas ú ovaladas , con una lu~ bastante ig-ual. Este célebre astrónomo creia que hts estrellas eran en un principio grupos de una sustancia luminosa que la atraccion ha condensado, y que muchas nebulosas po" drán algun dia formar estrellas bril·lantes. Compañera de esta mul.t.itud de nebulosas expléndidas que constelan btiUantemente las regiones celestes, se encuentra la Vía láctea, t•egion estelífera compnesta de más de diez y ocko millones de soles, de la que forma parte el sol, la tierra y los demás planetas del sistema. Su fotnla es lenticular,y su extensión de5'2.406.'000.000 de leguas. Lo dicho basta ·para que 'e1 le-é'tO'r éottlprenda lo que d4jimos al principio; que el cuadro más imponente y magní1lcr> que pueden contemplar nuestros ojos -es el de la inmensidad de los c_ieZos, e'n d'omie ~1 espucio se renueva sin cesar, sin •que poda· mos encontrar sus límite-s por hl~s ·qtre extendamos el vasto campo de nuestN:rs ·e xploraciones. · Terminaremos, pues, este 'artículo desvaneciendo una duda que quizá. preoctlpe á algun incrédulo 1ector. Los números representativos de las ·distancias que de las estrellas nos se¡ra'r'a11, pudieran parecer hipotéticos para aquellos que desconocen los medios de que el hombre se vale para calcularlos, con la misma facilidad y precision que pudiera hacerlo ayudado de un compás sobre la mesa de su gabinete. Demos una ligera idea del modo de realizar la operacion, con lo cual habremos dado cima á rste Jio-ero trabajo . o

Sabemos que la tierra describe una elip. se llamada la órbita terrestre, en su rotacion al rededor del sol. Pues bien, supon-

gamos que esta sea .M T N T' y E la estrella cuya distancia á m1estro g1obo quet•ettíos clelf:et•min~u·. Ol'lnsid>e'I'emos dos posiciones·de ~'a tierra en l'as· e·:·Hredlielades de un mismo di&metro de la llr'ait"a ·'T T', y desde ellas Itli~'álllos 'Siiéesi'vil:mente los ángulos que e§:te fozttna cb'b Ie1s ráyos visuales dirigidos á. la 'eS·trelln Ein estas dos pasiciones, que serán los E T T' y E T' T: restando su suma de 1'80°, tenjremos el que forll'láll e-n E los rayos visuales, y tomando la mitad, aquel bajo el cual veríamos desde la estrella el !femi-eje de In. órbita, ángulo que se llama el paralajé de1la estrena. Detebininado ~e, es fáci1 fijai' por medio del cál<ffi1(} la l<mgitud T E, que es lo que lbnséatúos. Ahot·a bien, para determinar este para~ laje se recurre á los cambibs de posicion, aparentes, que las estrellas próximas presen tan' efecto del movimiento elíptico de

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y la tierra al rededor del sol, cambio que es inapt·eciable para las muy lejanas, desde las cuales se percibe el semi·eje de la órbita bajo un ángulo tan pequeño, que

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hace imposible la determinacion del pa m· laje y por lo tanto de la distancia que de ellas nos separa. FERNANDO 8ANTOYO.

LlTERATURA.

La Égloga. La voz Égloga trae su origen del griego y significa, segun su etimologia, eteccion varia; pero en la acepcion que le ha dado el uso se designa con este nombre un poema pastoril ó camP.estre. El idilio difiere poco ue"la égloga como composicion literaria, pues en la opinion <le algunos retóricos solo se distingue en que cuando el poema pastoril se halla en forma de relacion; toma el nombre de idilio, al paso que <{Uando está en diálogo se llama égloga. La égloga debe tener siempre por objeto pie tar una accion campestre y ocurri<.la en el campo. No ha tenicj.o otro fin este género de composicioo .que el de presentar á los hombres, cuadros del estado más ~eliz y natural que les es permitido disfrutar, haciéndoles gozar de ellos únicamente por el encanto de la ilusion. Las poesias pas· toriles más perfectas hao sido compuestas en tiempos en que los hombres vivían más cerca que hoy de la naturaleza. La. biblia contiene muchas pastorales llenas de poesía y de gracia. Entre los antiguos las poesias de Teócrito, Virgilio, y Calpurnio son los modelos en este género. En 111uestro idioma tenemos las del célebre Garcilaso de la Vega, de las 4ue en uno denuestros números anteriores hemos dado una m11es· tra á propósito de la publicacion de labiografia de aquel insigne poeta, y del dulce ·M elendez, que ha escrito en el presente iiiglo. A continuaeion de estas ligeras nociones copiamos una de sns composiciones,

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llena de bellezas en sus imágenes, lengua· je y estilo. La poesia de este género no es hoy cultivada. Al gusto del presente siglo, tan decididamente pronunciado por la realidad de los intet·eses y de los goces materiale::; , no satisfacen ya la::; ficciones más ó ménos felizmente creadas por la fantasía. Vet·dad es que si bien una vida dulce, tranquila é moceo te tal cual puede di::;fru· tarse en los campos y cerca de la naturaleza, tiene incuestionable ventaja sobt·e una vida inquieta, azarosa y frecuentemente mezclada de amargura y fastidio, tal cual la producen las condiciones facti· cias de las ciudades, es tambien indudable que la culta y amable se~cillez, la encantadora inocencia, rara vez se albergan en la choza de nuestros pastores. Lo cierto es que la égloga es al presente un género ele poesía enteramente caducada y que perte· nece ya á la historia. Hé: aqui ahora la preciosa poesía del dulcísimo Melendez: BATILO.-ARCADIO.-POETA.

Paced, mansas ovejas, La yerba aljofar-ada Que el nuevo dia co_n su lumbre dora, Mientras en blandas quejas Le cantan la albOl'ada Las dulces avecillas á la aurora: La cabra trepadora ~ Ya suelta, se encarama Por el monte enramado:

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Vosotras de este prado Paced la yerba y la menuda grama; Paced, ovejas mias, Pue., de Abril tornan los alegres dias. lUejórase la tierra De verdor coronada, Y aparecen de nuevo ya las flores; Desciende de la sierra La nieve desatada, Y ejercen sus contiendas ios pastores: Todo el prudo es amores: Retoñan los tomillos; Las bien mulliJa.; llamas Componen 'en las ramas A sus hembras los dulces pajarillos; Y con susurro blando Vú. el anoyo las flores salpicando. Así, cual es sabroso Despues de noche fria El rocio del alba al mustio prado, O cual tras enojoso Invierno el alegria Sereno sol de Abril vuelve al ganado, Así, cual al cansado Pastor, que tras hambriento Lobo COI'I'ió, es la fuente Tras el Marzo inclemente, Tal es á wi del céfiro el aliento Y cual á abeja rosa, Del campo así la vida deliciosa. Apenas ha nacldo El dia en Jos oteros, De arreboles el cielo matizando, Por el alegre egido Saco ya mis corderos, Y alegres los cabritos van saltando Mient1·as el sol se vá alzando; Mil celosas porfías A la sombra en reposo Separo, si celoso Mi manso está por las corderas mias, Y si la noche viene El estrellado cielo me enl!retiene.

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Mas por aquella Joma Tras sus vacas manchadas El pastoril acento al viento dando, El dulce Arcadio asoma; Sus voces regaladas Más y más cada vez se van notando: Tambien viene cantando, Cual yo, de la florida Estacion. Salir quiero A encontrarle primero;

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Los C onocimi entos útiles.

Algo acaso dirá de mi querida, O la nueva tonada Que 'l'irsi canta á su Licori •lomada. AncA.Dio.-Quién viendo..el alegrí11 De este florido prado, Y el brillo y resplandores del rocío, O la hambrienta porfía, Con que pace el ganado, Y el soto Iéjos plácido y sombrío Y el noble seiiorio Con qu~ el claro sol nace, O las ondas sin cuento Que hace en la yerba el viento, Y l os hilos de luz que el aire hace, No senti rá movMo El corazon, y el ánimo embebido? Do quiera es primavera, Y por do quiera el prado Dá nueva flor y espíritu oloroso: Las vacas por do quiera Hallan pasto sobrado, _ Y tierna yerba de placet· sabroso: El ¡:lastor eu repo>1o Ya libre sus tonadas Puede cantar tendido, Vieñdo al hato querido Donde quiera las yerbas ir sobradas, Y pueden las pastoras Baílar alegres las ociosas horas. . . ...

Pero aquel que allí veo Que por el prado viene, ¿No es Datilo el zagal? Tan de mañana: ¡Cuán bien á mi deseo La suerte lo previene! Gu11rde el cielo, pastor, tu edad lozana. DaTlto.-La gracia sobrehumana De tu rabel y canto Guat·de del lobo odioso; Y sigue en tan !'abroso · Tono, que de los valles es encanto. Y el ganado alboroza, Y el choto jugueton por él retoza. ARCADJo.- Tú más antes al viento Suelta esa voz suave, Que á todas las zagalas enamora, Tañendo el instrumento Que el desden vencer sabe, Y ablandar como cera á tu pastora, y la letra sonora Oántame que le hiciste

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Los Conocimientos útiles. Cuando te dió el cayado Por el manso peinado Que con lazos y esquila la ofreciste, O bien la otra tonada De la vida del call!po descansada. Premio será á tu canto Este rabel, que un uia Medió en p1·enda de amor el sábio F..ipino, Y en él con primor tanto Pintó la selva umbr-ía, Que muestt·a bien su ingenio peregrino. Del 'formes cristalino Formó en él h\ corriente Que parece il· riendo, Y á lo·largo pacienclo Los manchados rebaños mansamente, Y á la ciudad de léjos Del sol como dorada á los reflejos. A un álamo arrimado Alegre un zagal canta, Mient ras su amada flores vá cogiendo: Por el opuesto lado Un mastín se adelanta ·y á otra zagala fiestas V·iene haci6ildo: Todo, que lo está viendo Léjos un ciudadano, El semblante afligido Y en cuidados sumido, Hacíendole á otro señas con la mano, Que al umbrnl de una choza Ríe entre los pastores y se goza. BAT!LO.-Y yo de Delio hube Una flauta preciada; Labrnua de su mano diestramente: Tan guardada la tuve, Que jamás fué tocada; Pero ml amor en dártela consiente. Los valles y la fuente Puso en ella de Otea (t); Cual po1· Abril el llano Con rosas mil galano Un muchacho en el cerro pastorea, Y el rabel otro toca, Y á contender cantando le provoca. De flores coronadas, Más bellas que las flores, Y el cabéllo á la espalda al viento dado, Van bailando enlazadas, Causando mil ardores Las zagalas en medio el verde prado: Un anciano está á un lado

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( 1) Sitio mu• rrecueolndo del aulor á loa orillas del

T01·mos.

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Que la ftanta les toca, Y algunas ciudadanas Mirándolas ufanas Y como que la envidia las provoca Con regocijo tanto; Pero tú empiez;:. y seguiré yo el canto. AncAoto.-Dulce es el amoroso Balido de la oveja Y la teta al hambriento corderuelo~ Dulce, si el caloroso Verano nos aqueja, La fresca sombra y el florido suelo: El rocío del cielo Es grato al mustio prado: Y á pastor peregrino Descanso en su cawino: Dulce el ameno valle es ni ganado, Y á mí dulce la vida Del campo, y grata la estacion tl.orida. Mire yo de una fuente Las menudas arenas Eutre el puro cristal andar bullendo, O en la mansa corriente De las aguas serenas Los sauces retratarse, entre ellos viendo Mi ganado ir paciendo: Miré en el verde soto Las tiernas avecillas Volar en mil cuadrillas. Y gocen del tropel y el alboroto Otros de las ciudades, Cercados de sus daiios y maldades.

BATILO.-¡Oh soledad sabrosa! ¡Oh valle! ¡Oh bosque umbrío! ¡Oh selva entrelazada! ¡Oh limpia fuente! ¡Oh vidll. venturosa! ¡Sereno y claro rio Que por los sauces corres mansamente} Aquí entre llana gente Todo es paz, y dulzura Y gloriosa armonía Del uno al otro dia; La inocencia de engaiio está segura, Y todos son iguales, Pastores, g,anaderos y zagales.

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El cielo sosegado Y el canto repetido De las pintadas aves por el viento, El balar del ganado Y apacible sonido "•Orma el b lan do aliento, . Que d el cetl.ro TO-r.tO

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Los Conocimientos útiles .

Tal vez el tierno acento De alguna zag aleja Que canta dulcemente Y este oloroso ambiente En grata suspension al alma deja, Y á sueño descansado . Brinda la yerba de mullido prado.

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AnCADto.-No á la cigarra es dado De voz haber porfía Con jilguero que canta en la enramada; Ni con cisne extremado En dulce melodía Puede ser abubilla comparada; Ni á tu voz regalada Mi tono desabrido. ¡Oh fuente! ¡oh valle! ¡oh ·prado! ¡Oh apacible ganado! Si el canto de Datilo es más subido Que el de los ruiseñores, Grata escuche Filena sus amores.

ARCADlO.-Cualla dulce llamada De paloma rendida Es al tierno pichon que la enamora; Cual yedra enmarañadá Que á reposar convida, Y cual agt·ada el baile á la pastora, 'l'al es tu voz sonora, Zagalejo, á mi vido: Ni .así es el prado ameno De grata yerba lleno De las ovejas con hervor pacido En fresca madrugada, Cual es á mi tu música extremada.

BATtLo.-La alondra e,n compañía De la alondra se goza, Y con su par el jilguerillo hermoso; El ciervo en selva umbría Con otro se alboroza, Y con el agua el ánade pomposo: Yo con el amoroso Rostro de mi pastora; Ella con sus corderas, Y estas en las laderas Cuando de nueva luz el sollas dora, Y á Arcadio mi tonada, Y á todo el valle su cantar agrada.

.... . ........ . .... DATtLo.-Los surcos, las labradas Laderas hermosean, Y del olmo la vid es ornamento: Las pomas sa2onadas El paladar recrean, Y al ánimo la flauta da contento. Al bosque el manso viento Tú á todo nuestro prado Le das, zagala mia, La risa y alegría: Al sentirte venJr bala el ganado. Y Melampo colea Y haciéndote mil fiestas t·e recrea.

PoE'fA.-Así loando rueron La su vida inocente Los dos enamorados pastorcillos, Y los pre~nios se dieron Del álamo en la fuente, Llevando allí á pastar sus corderillos: Y yo que logré oillos Detrás de una baya umbrosa, Con ellos comparado Maldije de mi estado: De entonces la ciudad me fué enojosa, Y mil alegres dias Gozo en sus venturos.as caserías.

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CONOCIMIENTOS DE BIOGRAFIA. • \S2J

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PASCAL.

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La vida de este sábio, escrita por su her· mana Mlle. de Perier, ofrece curiosos detalles, de que vamos ~hacer uu extracto,

para poner de relieve el carácter y los titulos de gloria á que se hizo acreedor el que fué matemático de primer órden, físico ~

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distinguido y filósofo profundo, cuyos pensamientos en religion demuestran la ferviente piedad de que se hallaba poseído. Nació Bias Pascal en Clermont-Ferrand el 19 de J uuio de 1623: su padre, Estéban Pascal, magistrado notable en aquel pun· to, vino á establecerse en Paris el año 1631 para dirigir por sí mismo la educacion de su hijo, -al que enseñó las lenguas latina y griega, prohibiéndole el estudio de las matemáticas. El discípulo, sumiso en la apariencia á su padt·e, le desobedecía durante las horas del sueiío, llegando, á fuerza de perseverancia, á aprender hasta la treinta y dos proposicion de los Elementos de :B'1tclides, en una edacl que no pasaba entonces de doce años. Cuando lle· gó á los diez y seis compuso un Tratado de secci01tes cónicas que causó gran sorpresa entre los sábios, hasta el punto de que Descartes se negara á creer que un ni i'io pudiera ser el autor de tan concienzuda obra. Semejante trabajo empezó á minar su salud desde la edad de diez y ocho ai'ios. Uno despues inventó esa ingeniosa máquina de aritmética por la que, sin necesidad de pluma y aun sin saber calcular, se obtienen toda clase de operaciones numéricas con una precision que aclmira. Sucesivamente redactó sus trubajos sobre las bases del cálculo de las probabilidades; su T·riángulo aritmético; su obra sobre el E quilibtl-io de los líq1tidos y sobre la Pesadez del ai1·e, y probó además, por medio de una experiencia que realizó el 19 de Setiembre de 1648, que los efectos que se habían achacado hasta entonces al horror del vacío eran causados por la citada pro pi~dad del aire. Un génio tan superior no desdeñó por eso los objetos de utilidad manual, inventando el carretoncillo arras· trado á brazo, feliz coro binacion de la pa· lanca y el plano inclinado. E u 1649 un ataque de parálisis acabó de quebrantar su salud, y entonces una de sus hermanas, religiosa de Port-Royal, le determinó á que abandonara el mundo por el retiro del cláustro, cuando apenas contaba treinta afio~ de edad. Desde entonces el sábio se convirtió en filósofo con la lec-

tura continua de los libros religiosos, á que se aplicó en el convento. Sus relaciones con los jesuitas le condujeron sin sentir por la pendiente ele la controversia, y de esta época datan sus célebres Oartas, qu~ son, dice Moreri, «como una obra maestra en el género del diálogo, tanto por la cultura de su lenguaje, como por la aguda sátü·a y el ingenio salpicados en ellas.» Desgraciada m en te se poseyó demasiado de un exagerado fanatismo, y creyéndose el elegido de Dios para salir á la defensa de la religion católica contra los ateos, los libertinos, hoy llamados lib1·e·pensadores, y los j uclíos, esparció sin ót·den ni concierto sus ideas, que fueron no obstante la base del gran libro que no consiguió ver terminado. En 1654 estuvo á pique de perecer, víctima del grave peligro que corrió sobre el puente de Neuilly: los caba llos del coche en que paseaba se desbocaron furiosos, precipitándose al Sena, pe'ro con tan bue· na suerte pa1·a el filósofo, que, roto el tiro de aquel, se salvó milagrosamente. Este siniestro, aun mucho despues de aconte· cido, dejó tan honda impresion en el áni· mo de Pascal, que á cada paso que daba creía ver abrirse á sus piés un pt·ecipicio. El que verdaderamente le rotlea ba, segun opi11ion unánime de sus comentadores, era el de la duda en que la imaginacion del sábio se iba sumiendo, la duda á que no podía sustraerse á pesar de las rígidas prácticas religiosas que se imponía, y á las cuales, segun Mr. Villemain , había apelado su vigorosa inteligencia, huyendo de la incertidumbre que lo dominaba. Dominado por ella fatalmente, trascurrieron para Pascal los últimos días tle su existencia, que al cabo se extinguió el15 de Agosto ue 1662, á la temprana edad de trienta y tres años, .sin haber conseguiJ o dar cima al monumento de saber que babia ocupado toda su inteligencia en la úl· tima parte de su vida. Los restos de esta maravillosa concepcion fueron recogidos y ordenados por los solitarios de Port Royal, que publicaron en 16'10 una edicion baj(l el título de Pensamientos de .Mr. Pas-

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cal sobre la religion, dándose á luz despues, entre otras varias, la que fi~ura como me· jor de 1776, anotada con sus demás obras, por Voltaire y precedida de un prólogo por Condorcet, ambos entusiastas admira·

dores del génio sublime y profunda erudi· cion de uno de los más notables pensadores de la edad moderna, al que consagramos en estas breves lineas un escaso tr.ibuto de admiracion. E. S.

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VIAJES·. El polo N o rte.

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r. LA MAR LIBRE DE HIELOS,

Qué se va á buscar al polo Norte~ Tal es la pregunta que el vulgo hace. Eviden· temeote no se oculta en los mistel'ios de , lus regiones árticas un nu.ev<() Eldorado. Hielos, siempre hielos, desier·tos cubiertos J de nieves, espectáculos..grándiosos y á v:e1 ces tl."nibles, auroras boreales que ilumi1' na u el cielo, .... lo .desconocido sobre todo, hé aquí Jo que at•·ae á los viajeros. Los resultados de los viajes 8on única1 mente pat·a la ciencia; jamás se. tratará de establecer relaciones comerciales con l os , desgraciados esquimales, los más miserables de todos los pueblos; es tambicn poco probable que los animales de aquellas tier· ras desheredadas del Norte puedan nunca ofrecer á los europeos una. caza lucrativa. El interés no está en esto. El primer punto que hay que aclarar es la exü;tencia en el polo mismo de una mar libre desprovista de hielos. Hay 6 no hay en los parajes más setentdooales espacios que gozan de una temperatura ménos fria que la de las comarcas que los rodean ~ Uespues de 'haber salvado las montañas de hielo que,_ cual formidables murallas, cercan el polo, se encontrará una especie de mar Caspio, una mar interior na vegable~ Tal es el más importante problema que hay que resolver. Se está en )a tarea: una noble emula.

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éion se ha apoderado de la mayor parte d·e lfts grandes naciones, que parece han tomado con empeño desatar el nudo gordia·· no del polo Norte y descubrir al fin eL l. JI enigma que e:dste desde tantos siglos. Estimulados por el mismo deseo algunos millares de osados viajeros, se han dado cita, lJOr decirlo así, á orillas de la mar li: 1· • bre de hielos. Muchas expediciones se han organizado · y actualmente se organizan en Suecia, en 1 Francia y en los E¡;tados· UniJos. Se arroan navios; se hacen los preparativos de la iucha. Hasta ahora la Gr.an Bretaña vacila en entrar tambien en la liza; por lo demás esta oacion ha dado pruebas suficien tes de rat·a energía y de arrojp para tener ahora derecho al descanso .. Más ade~ lante indicaremos el papel que ha desem,.. peñado en los grandes viajes de descubrLmientos. Para llegar al polo, tres vías principales parecen más pa1·ticularmente accesi~ bles: los parajes de SP.itzberg, los canales que bañan la parte occidental de la Groen· landia y el estrecho de Bering. La Alemania y la Suecia prefieren el primero de estos i tinerarios; Jos navegantes americanos é ingleses creen más favorable la ruta de Groenlandia, precedentemente seguida. por Kane, Hayes y otros muchos marinos; en fin,Gustavo Lambert, entusiasta viajero francés que actualmente organiza con, elfavor del público unae~pedicion,-quie-re lanzarse en . busca de la mar libre por el.

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Los Conocimientos útiles.

nuevo camino del: estrecho de Bering. Todas estas vias conducirán acaso al polo, pero en lo que desgraciarlamente no hay dulla es en los peligros que todas pre· sentan. Cuando tranquilamente sentado en una silla y con una perfecta quietud lee uno las relaciones de atrevidos navegantes que han quedado durante larg·o tiempo cautivos entre montañas de hielo, sufriendo frios de cuarenta graelos y pade· ciendo los horrores del hambre, no puede ménos de ex.tremccerse. Verdadera.men te que se uece~i.ta terrer una gr.an "Emerg-ía, estf)r animatlo de una. vocacio.n de viajet•o, _bien deciditla para afrontar con tranquili· dad, tales oln;tó.culos! El peligro se dice que ejerce un prestigie, uu vercladet•o atractivo, como el a bis· mo atrae a l que le contempla. Así es q.ue cuando se anuncia una nueva expedicion al polo se presentan en seguida centenares de valiente<; que se ofrecen cou empeño para form ar parte de las campañas árticas.

II. BSPBCTÁ.CULO DULAS REGIONES POLARES.

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Nacla puede dar idea exacta en nuestros paises, aun en los más rigurosos inviernos, de lo 1.1 u e son las regiones polares. Imagínense ioterminabled explanadas sin el Q}enor vestigio de át•boles; espacios ihdefinidos extendiéndose bajo un cielo bw· moso; allá errando y buscando pasto alg11nos animales carniceros, como martas, lobos, osos; más léjos esquimales extenua· dos de fatiga y encorvados bajo el peRo de la miseria y sufrimiento, llevando delante rebaños de rengíferos: ó bien saliendo de sus miserables chozas para apoderarse de una presn, que espera su familia con las angustias del hambre. Asís tase con el pensamiento á estos horribles combates que todos los dias está el hombre obligado á sostener para conquistar su alimento con peligro de la vida, y se tendrá. una idea ~e la existencia de los habitantes del Norte~ Sin embargo, en medio de estas tri.ates comarcas hay fenómenos admirables que

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cautivan al viajero. En primera linea es-tán las auroras boreales: el cielo se ilumi' na con ex.trauas y fantásticas luces; el ho· rizon te parece que se desgarra en medio de un mar de fuego; parece que el universo se abrasa con un vasto incendio. Algunos segundos uespues todo se extingue; todo entra en una profunda oscuridad. Otro fenómeno no ménos curioso, y que solo existe en las tierras árticas, es el de· las montañas de hielo (ice-bergs) que flotan en la superficie de los mares, empujadas por las corrientes. Los na vi os se a bren paso entre estas formidables masas dispuestas á desmoronarse; desgraciados de ellos si las encuentran en su camino ; en un instante putlden ser sepultados y aníq,uilados. Gustavo Lambert explica así la forma· cion de estas ciudadelas flotantes que viajan como fantasmas gigantescos á través de 1os mares árticos: Cuando se levanta viento todo se quiebra y desmenuza, y se produce uno de los espectácnlos más admirables que se pueden contemplar. Cada trozo pequeño de hielo que se funde se rodea de un peco deagua dulce que no se mezcla al agua sa· , lada del mar; los rayos del sol vienen á irisar todos estos charcos de 11gua, reproduciéndose eu una g·ran esenia el fenómeno de los f,l,nillos coloreados Je Ne,v.ton,, y reflejando todos los colores llel espectro solar, pero con u~a palidez general de tono, que en lugar del encanto produce una impresion penosa y lúgubre; parece que la naturaleza toda entera se entrevé· á través de una especie de cubierta de gasa. Estos son los embriones de las masas de hielo. Si se levanta un viento frio,. todo se coagula, la mar se solidifica en. grandes extensiones. Cuando llegan les calores de Junio todo se disloca ;. viene el deshielo, cuyos dettitus forman inmensas masas. Los ice-bergs tienen comunmente dimensiones colosales. Se han medido algunos que tenían 100 y 200 metros de altura sobre las aguas, y que debian llegar á 1.000 metros cie espesor . Cuando estas masas imponentes se ha·

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Los Conocimientos útiles .

llan en ciet·tas condiciones caloríficas, se hieuden, estallan bruscamente, se quiebran en mil pedazos y producen un ruido que comparan algunos testigos con el de descargas de muchas piezas de artillería.

III. LOS ESQUlM.\LES, SUS COSTUMBRES, ETC.

Por todas partes los hombres están en armonía con los países que habitan; es una ley fatai. Los esquimales tienen el cot·azon tan f1•io como los hielos, ent1·e los cuales viven; son ásperos, insensibles. «Extraño pueblo, dice el capitan Hayes: á pl'imera vista se creería que una cierta sociabilidarl es el fondo de las relaciones mútuas de estos hiperbóreos; seguidles de cerca; no cie!'l'an su puerta á su hermano enfermo, pero no se les ocurre siquiera que voluntariamente p1,1eda acudirse en ayuda del prójimo desgraciado. S1 á alguna distancia un miserable 1ucha con las angustias del hambre, ninguno le llevará un trozo de foca que le salvaría la vida. Cada eual no se ocupa ni cuenta sino con· sigo mismo, ni espera la asistencia del vecino, ni se le ocurre que hayan de ofrecerle la suya.» No piensan verdaderarpente más que en si mismos: se muestran implacables hácia los débiles, los ancianos y los imposibilitados. Si sobreviene el hambre, su alma, naturalmente poco sensible, se'encrudece aun más. Dejarán morir de hambre á su lado á toda su familia. Se ha visto á algu· nas madres devorar sus hijos, beber su sangre manifestando una horrible satisfaccion. Terminado el acto, saciada el hambre, el remordimiento no ha peneti·ado en su corazon! Obrando así los indígenas obedecen á una ley imperiosa. Conde· narles seria acaso injusto. El egoísmo está talmente infiltrado en las costumbres de los esquimales, que los viejos y los enfermos no se quejan jamás. Saben que es la costumbre! Ellos mismos en su juventud han obrado de la misma manera. Es muy frecuente ver á los maridos abandonar

Á susmujeresmoribundasy marchar~etran·

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quilamente á la pesca. A la vuelta, encontrando el sitio libre, hablan tranquila· mente de la compañera que han perdido. Su insensibilidad se 1revela de un modo manifiesto, sobre todo cuando alguno está para emprender el último viaje. Regla general: está para morirse un esquimal, se procede inmediatamente delante de 61 ~i los preparativos para inhumal'le. Hé aqui con este motivo una anécdota que tiene bien p1·onunciado color local. Una mujer groenlandesa está á punto de perder su marido: el moribundo no debe, al parecer, concl qir el di a: su excelente compañera le preguntaba á cada instante: -Oyes? comprendes'? entiendes todavía'? El pobre diablo respondía con una voz bastante clara: -Sí , sí, aun no estoy en disposicion de que me echen al mar! La. mujer vuelve á insi5tir con preguntas inútiles y molestar al enfermo. El tiempo pasaba y empezaba á parecer largo &. la es¡.¡osa del agonizan te; este persistía en conservar toda su presencia de espíritu; disgustada con tal lentitud, la mujer d~terminó hacer los preparativos para el entierro, y dispuso que se descolgasen las pieles que habían de servir de mortaja. 1:!.1 enfermo miraba con calma esta'S di'sposiciones fúnebres; se dej6 vestir' c<Jn su mejor traje sin reeistencia: y sin hacer la me· no1· observacion. Cuando los preparativos iban á terminar, ei1 mori'bundo, recobrando de pronto la: palabra:, rog-ó á; los asistentes que tu vieran paciencia y esperaran aun, porque se sentia mejor. Al dia siguiente ya estaba en pié. Poco faltó para que el desgraciado no fuese enterrado vivo! ' Los esquimales pertenecen, como es sabido, á la raza mongólica, y tienen todos sus caractéres ñsicos. Su nombre significa comedm·es de pescado C?'?trlo. El pescado es en efecto la base de su alimentacion; como se proporcionan muy difícilmente materias combustibles, comen la vianda sin cocerla: no hay que acusarles de mal gusto, lo hacen por necesidad. Beben con afan ~

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----------------~~ 567 ~ Los Conocimientos útiles. y~--------------------------la sangre de los morsos (1) y se alimentan lo más posible de grasa, materia que tiene la propiedad química de dar calor. Poco delicados en la eleccion y en la limpieza de los manjares, estos pobres indígenas han servido de diversion más de una vez á los viajeros por su glotonería y la singularidad de sus gustos. Citaremos algunos casos: Un dia, el capitan Lyon, de la marina inglesa, recibió á bordo la visita de un jóven esquimal, y le hizo comer á su mesa. El hiperbóreo se sirv1ó de sus dedos 'más que del tenedor; asi que, concluida la comida, el capitan creyó conveniente invitarle á que se lavara las manos, y le dió . una pastilla de jabon. Este cuerpo grasoso causó gran placer al tacto del esquimal, y dei>pues de haberse lavado no pudo resistir á la tentacion y se tragó el jabon como si fuera un sorbete. Otra anécdota: El capitan Lyon, despues de hacer el retrato de una ue las más bonitas mujeres del país, deseando conservar su amistad, se le ocurre regalarla un paquete de velas, explicándola el importante uso que tienen. (1) Género de nnimales roomlfuros marinos que se encuentran en el mor glociol.

Trabajo inútil! La encantadora groenlandesa se puso á comerlas. El galan te oficial inglés tuvo entonces la atencion de ir sacando de la boca de la dama las torcidas, q ne en su precipitacion se tragaba con el sebo. Entre las ocupaciones de los esquimales debe citarse desde luego la pesca de Jos pescados comunes, de la foca, y algunas veees de la ballena. Hienden el hielo y se apoderan de los pescados y de los morsos por medio de un arpon; en la época de la pesca de los grandes cetáceos se lanzan en medio de las olas sobre una ligera embarcacion que saben dirigir con s01·prendente habilidad. El traje de los esquimales no tiene ele· gancia: lus dos sexos usan poco más ó ménos los mismos vestidos: grandes botas forradas, medias de lana gruesa, pantalones de piel, una blusa y un sobretodo de piel de zorro ó de focas. Con este traje son casi tan anchos como altos. Sn inteligencia es muy limitada: uno de sus compatriotas la juzgaba bien poco favorablemente en una ocasion, pues hacién· dole observar el instinto de un elefante en el jardín zoológico de Lóndres, esclamó: «Oh! oh! elefante más inteligencia que esquimal!

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(Se conlinuard.)

CONOCIMIENTOS VARIOS.

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CRÓNICA.

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, AL POLo.-Una revista de París, que publica el Diario de Barcelona, dá las siguientes noticias sobre la expedicion al polo Norte, proyectada por Mr. Gustavo Lambert. Ya están recaudados los 600 000 francos que · se creen necesarios para llevarle á cabo, y se ba formado ya la tripulacion de El Boreal, que es el buque en que se ha de hacer la expedíVIAJE

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El Boreal, que recibe una armadura especial

para facilitar su permanencia y su paso al través de los hielos, irá provisto de carbon, de víveres y de diversas provisiones para una campaña de cuatro aiíos. He visto varias veces á Mr. Lambert, á quien conocía además íntimamente, entusiasmar á. auditorios inmensos, exponiendo su proyecto, refiriendo cómo se abre nn camino en los hielos

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cortándolos en trozos regulares, y cómo se latitud Norte, vió ante él el mar completamenhacen con estos cubos cllozas en las cuales te libre de hielo. Pudo haber virado hácia el puede albergar::se el viajero con una lám¡'lara polo, pe1;0 habiéndose ugotadó su provision de ilncendida; anunciando lo que habia visto en víveres y carbon, tuvo que reg¡·esar á San sus viajes anteriores, y describiéndolo con el Francisco. más pintoresco lenguaje: "Hay allí, decia, 800 Pues bien, el único camino que conduce al millones de hectáreas de tierra virgen y fértil, polo con estas condiciones es el del e::~trecho de con animales nuevos de una variedad inttnita, Dehring, en donde no hay que temer ice ber{Js, osos blancos gigantescos, rengíferos de toda y en el milmento del deshielo un buque sólido especie y aves en tal cantidad, que a veces ospuede penetrar en dos meses hasta las regiocurecen el cielo. ¡Qué estudios pueden hacerse, nes misteriosas que no ha mirarlo aun ningun cuántas observaciones recogerse y cuántas riojo ltumano. · quezas traerse á Europaf» Este es el camino que quiere seguir Mr. LamMr. Lambert atribuye el fracaso de las tenbert, el que hal!ia tomado hace un siglo el célebre tativas anteriores, en primer lug-ar al camino ca pitan Kook. Desgraciadamente fué asesinado defectuoso que se ha seguido, y en segundo lupor los habitantes de lus islas de Sandwich, y gar á la teoría mnl conocida de los hielos. Todas á no ser por este asellinato el problema estaria las expediciones inglesas y alemanas han toresuelto en el dia. El navegante francés contimado,.segun Mr. Lambcrt, un camino impracnúa la obra interrumpida, y todo induce á creer ticable J?Or estar obstl'uidos por i!lmensos espaque la llevará felizmente a cabo. cios de llielos in¡¡upcrables. Hay, dice,, dos especies de hielos; los ica-bergs y los ice-ficlds. Los ME!l.MA DEL CARBON DE PIEilRA.-Una experienprimeros constituyen trozos enormes, montaCia muy importante se ha hecho últimamente ñas flotantes de que es preciso alejarse, porque en los Estados-Unidos: se ha comprobado que destrozan inevitablemente el buque más sólido en el carbon de piedra colocado en montones al co.gido entre ellas; y los segundos, los ice-fields aire libre se produce un cierto trabajo de com6 campos de hielo, no tienen más que algunos bustion latente que le hace perder en un tras· piés de espesor; es la superficie del mar que, curso de tiempo de nueve meses, 50 por tOO cubierta de nieve, so ha congelado. Estas planpróximamente de su valor combus~ible . Conchas de hielo tienen con frecuen~ia una grande viene, pues, cubrir con un abrigo cualquiera ~xtens!~n, pero se puede penetr~ en sus hen- · los depósito¡¡ de carbon en las estaciones de los diduras, hacerlas volar, aserrarlas y abrir así caminos de hierro y en las fábricas donde perun. camino hácia el mar libre, cuya existencia manecen algunas semanas sin gastarlos. Parehan consignado Hayes, Kane, Wrangel y otros ce que un fenómeno análogo se verifica con el nrios. En el año último un ballenero norte~ carbon de leña, pero la pérdida no es tan consiamericano, Long, hallándose á los 54 grados de derable.

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Num. 24 .

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Los Conocimientos útiles.

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EL ISTMO DE SUEZ.

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La epoca de las grandes trasformaciones en que vivimos nos ofrece todos los dias nuevos elementos que añadir á los ya desarrollados en el presente siglo para robtener lA lmio~ y el eng·randecimiento d-e los pueblos, que antes solamen te les eran otorgudos por medio de la conquista y los 1\orrores sangrientos de la guer· entre 1 ra y el pillaje. Los ruil nilelantos que sucesi~ramente ndmü·amos son una prueba. del alto grado que llegó á alcanza r el progreso científico del esphitu en todos los ¡·amos del al'te. y del 'Bqui latado valor de la herencia legada á nuestros hijos, que la historia imparcial consigMrá orgullosa. El principal objeto de las múltiples aplicaciones logradas ten· dió casi siempre á aumentar la rapidez en las comunicaciones por medio de potentes máquinas y de allanadas vias, ó trazando tambien rectos caminos que acortaran la distancia. intermediaria entre los diversos puntos tle J¡¡ tierra. De la ú ltima de dichas condiciones par· , ticipa la colqsal empresa a barcada por Mr. de Lesseps para unÍ!· el Mediterráneo y el mar Rojo, cortando el istmo de Suez, que los separa, por medio de un extenso y ' profundo canal. Dos cosas necesitaba semejante proyecto para ser fácilmente planteado: el génio y la persevera ncia del llamado á realizarlo, y la s uficiente ilustracion y actividad en el país que lo ejecutara, y que en primer término había de reportar las ventajas, si el éxito coronaba sus esfuerzos. Regido el J.<:gipto, como los demás pueblos de Oriente, por instituciones más ó ruénr s de~póticas. fué, no obstante, el pri· mero que precedió á los demás en civilizacion. Situado entre dos desiertos, y expuesto por tanto á los rigores del viento abrasador que en ellos r eina, no impide que esté dotado de fértil suelo y que la agricultura recoja alli pingües cosechas, Ag<l$10 14 de 186\l,

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que exporta en abundancia á los demás mercados. Semejantes ventajas en un país tan seco y cálido, se conciben recordando que el Nilo, la .s ola corriente ne agua que lo atraviesa) se divirle en muchos brazos que riegan su territorio, y que sus periódicas inundaciones fecundan y vivifican los campos, multiplicando la variedad de sus frutos y la expléndida vegetacion de aquella na tu raleza tropical. Los soberan os que alll se han sucerlirlo comprendieron sábiamente la pcllticn q ne mejor respondia á sus intereses. y para desa rrollarla alentaron á su pueblo en el perfeccionamiento de Jos trabajos ag-rlcolas, cuyo ere· ciente progreso se ha tccado en la última crisis por que la Amét•ica del Norte atravesó, cuando, obligAda por las necesidades de la guerra á desatender el cultivo del algodon, salieron del Egipto cantidades fabulosas de este artículo para todos los mercados de Europa. Tales son las condiciones que ofrece este país privilegiado, lleno todo del recuerdo que le prestan a qu ellas artes con tanta elegancia cultivadas, y que tanto embelle· cian en lo antigno sus edificios y monumentos, desde la estancia del modesto egipcio, hasta el palacio de sus reyes , cu· yas tumbas, ó sean sus célebres pirámides, son q uJr.ás la primera maravilla que absorto contempla el mundo todavin, y que le despiertan la idea de su grandeza pasada, abriendo ancho campo á la investigacion del arqueólogo en el busto de sus imperfectas medallas ó en los geroglíficosentallados en la piedra de sus monumentos. No es esta la primera vez que se acome· te la obra de que vamos á. ocuparnos: loa griegos y los romanos, y hasta los egipcios, trabajaron en ella, halllt..ndose aun hoy vestigios, á la derecha del ya casi terminado canal, rie otro dirigido de:;de el Mediterráneo hasta el Nilo, cincuenta leguas antes de su desembocaclurl'l, y que T OMO

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Los Conocimienlos útiles.

realizaba por e.;te medio la union entre ambos mare::~, que tan indicada parecia por In naturaleza misma. Principióse la construccion ocho siglos antes de Jesucristo, llebióndo:;e á los faraones la primera idea de abdr por aquel punto -un camino dir~cto al comercio del Asia con Europa. Continuada cien años más farde por los persas, dueiíos entonces dé aquel extenso territorio, se sabe con certez'a que el canal funcionaba regularmente bajo los griegos y los romanos, trasport_ando sus aguas los productos de una cantera de pórñ1o, situada en la cadena arábiga, no lejos-de la costa del mar Rojo, desde donde eran con· ducidos al Nilo, y desde este al Mediterrá· nro hasta llegar á _Constantinopla, para ser allí convertidos en magnífica estatuaria, ornamento el más preciado de los templos y palacios cuyas ruinas admiramos todavía . Más tarJe, cuando la caída: del imperio romano cambió el modo de ser de las naciones, el Egipto, que era una de sus pro vincias, perdió mucha parte de la prosperidad alcanzada, y el canal, aband-onado, se fué poco ~ poco cegando; los árabes conquistadores lo rehabilitaron despues, y nuevamente lo utilizó el comercio durante uno ó dos siglos·. · Tal es la pl'imera parte d'e- una obra q'ue ahora en más grande escala está para llevartie á cabo, y el1a sérá sin duda fuente de riqueza y de prq.speridad crecientes para aquel inexplorado territorio, á cuyos puertos afluid.n en lo sucesivo las mercancias de todos los paises, y en donde el viajero hallará con los contrastes de la vida indigena los recuerdos clásicos del pasado y las inscripciones geroglíficas de sus obeliscos, que son como un libro de piedra cuyas mil páginas le revelan los pensamientos, las acciones, el éxito de las batallas y las instituciOnes civiles y religiosas de ese pueblo, al que tantos soberaños, tantos sacerd-otes y tantos sábios prestaron su nombre en la época más bri· liante de su pasada civilizacion. La empresa· abarcada ya por l\fr. de Les· seps encontró al principio s~rias dificultades con que luchar. Para construir un ca·

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na! entre ambos mares sin utilizar ningu~ no de los bra?.os del Nilo, babia primero que resolvet· un problema: la diferencia de nivel entre las aguas de uno á otro mar se calculó al principio en unos diez mett-os, lo que infundió sérios temores para . la realizacion del proyecto. Sin embargo! expedencias posteriormente verificadas con mayor estudio, redujéron dicha cifra á solo algunos cen ti metros, desvaneci~_ado el peligro que más lo amenazaba. , Respecto al trazado del can~ 11 decidióse, despues de un meditado exámen, ab_rit·l? casi en linea recta sin tocar con el Nilo, pero sí u tilizanclo los lagos naturales que existen. entre las dos costas. Las aguas de aquel, por tanto, entran á a~mentar las del cnnal por medio de uno de clerivncion que las toma en Zugazig y las conduce á lo largo de una gran parte de su curso, pr0porcionando un señalado beneficio á las tierras que atraviesa, tan escasas an - · tes de agua dnlce, y á los trabajad.ores del canal, casi siempre acampados sobre la roca ó sobre desiertos de arena. Su1·gieron tambien dificultades de diversa índole en la organizacion de la empresa: la envidia y la desconfianza paralizaban Jos esfuerzos de la compañía, que solo en fuerza de la decision del presidente y de la perseverancia de sus asociades log;ó tri,unfar de todas. El presupuesto se calculó al principio en tr~in ta millones de francos: más de doscientos van ya inv,e rti· dos, á más de un nuevo empréstito que fué preciso emitir. ¡ J úzguose de la acti vi· . dad y de las negociaciones que habrán sido necesarias para organizar semejante suscricion, para renovarla y para extender la propaganJa del proyecto .en cuestion! ' Trope7.Ó tambien la compañía en la opo: sicion que la suscitaron algunas potencias europeas, poco simpáticas á la realizacion de la obra, y que miraban tan solo su u ti· lidnd por el lado que podía afectar á- los intereses que tenian _creados: la Turquía-, celosa de sus derechos sobre el Egipto, é Inglaterra inquieta por el porvenir de su marina, emplearon toda su influencia para impeJir se llevara á efecto, y sostuvieron r

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Los Conocimientos útiles.

una cuestion que produjo dilaciones sin cuento. El virey de Egipto babia puesto á disposicion de la compañía 30.000 trabajadoresjellhas, que, aun cuando tratados á la europea, se utilizaban al fin por un módico jornal: esto produjo sérias reclamaciones por parte de los ingleses, q ue tan celosos pare~en mostrarse en la defensa de cuan,tos siquiera parezcan esclavos, y el r.esul· tado de las negociaciones que en su conse· cuencia se entablaron produJo el acertado arbitraje de Napoleon, por el que se obtu· vo el empleo en las ob1·as de un cierto número de indígenas libremente ajustados, pero indispensables para cierta clase de trabajos bajo aquel clima abrasador, que difícilmente soporta el europeo: coutratá· ronse además á mayra· precio obreros de todos los paisPs, que compensaban la diferencia de jornal con la supel'ioridad de su inteligencia y habilidad. La industria francesa, con sus poderosas máquinas, añadió un suplemento más de fuet·za á la que faltaba en brazos, organizó servicios complicados en mitad de las aldeas y de los campamentos situados en los desiertos del istmo, é instaló por último esas gigan tescas dragas cuya potencia alcanzaba á extraer en un dia ha~ta 10.000 metros cúbicos de material. Con tales y tao buenos elementos ·r eunidos el éxito no podia ménos de ser seguro, y desde el dia 17 de Noviembre inmediato, que es el señalado para la inauguracion, podrá recorrerse el canal. á todo lo largo, desde Soez á Puerto-Said, de· jando á un lado á Ismalia, dos nombrds estos que llevaron los soberanos del Egip to más decididos protectores de la perforacion del istmo. Ismalia y PttertoSaid son dos risueñas ciudades que nacie· ron ayer, y que hoy ya ofrecen al viajero ~os encantos, las distracciones y aun los ]Jlace~es de la vida del Cairo y de Alejan'dría. La distancia á la India se habia ya con· eiderablemente acortado desde la instala-eion del ferro-carril entre este último pun· to y Suez. Francia é Inglaterra obtuvie· Ton grandes ventajas de tal adelanto, la

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primera por sus extensas posesiones de la India, y la segunda por su reciente colo· nia de Co~hinchina: tambien, como era de esperar, sacó grantles utilidades de esta rápida comunicaoion el comercio de Alejandría, el del Cai•·o y el de Suez; pero un ferro -carril no bastaba á lns relaciones cada vez más crecientes entre la Europa y el Asia, y solo por medio de un Cflrnino más corto y que no opusiera las dificultades del trasbordo con que tt·opezaba la navegacion, podía alcanzat·se el doble resultado de la rapidez, combinado con la simpli· ficacion del viaje. El canal marítimo desde dichos dos puntos recorre una distancia de 162 kilóme· tros: su anchura es de lOO met1·os en la superficie y de 22 en el fondo, con la pro· fundidad de 8 metros, con cuyas condicio· nes es pel'fectameute navegable á lo~> bu· q ues de mayor calado, que pod1·án hacer el viaje, por ejemplo, entre CáJiz y Bombay solo recorriendo 2.224leguas, cuando ahora por el Atlántico hay 5.200. ¡ Admh·able espectáculo el que presen· tará de hoy más aquel país lanzaJo de una vez á la vida de los pueblos civilizados y consagrado al mismo tiempo por los t'e· <mer.d0s de su historia bíblica! El progre· so que en él vá á realizarse Jebe en lo su· cesivo alentarle á entrar de lleno en el concurso de nuestra actividad intelectual, que ,vá reuniendo en una todas las naciones libres. Si los pueblos·de Oriente consi· derasen mejor lo que sus antepasados hicieron y lo que la Europa les viene ofreciendo hace tan tos aiios, los indígenas egipcios, sacudiendo su habitual indolén · cia, sentirían la aspiracion natural en todo pQeblo ilustrado á conquistarse un sistema de gobierno más en nt·monla con los derechos y ja dignidad del hombre. El primer paso está dado, y al inf.a.tiga · ble Mt·. de Lesseps en pdrner término deberán los resultados q ne bi-m pronto obtengan con la explotllcion de la nueva vía qué se abre al comercio del mundo. Al c:; bo de treinta ulios consagrados á los negocios páblicos emllrondió este sábio proyectista la obra qu0 inmortalizará su nombre desde el Asia hnsta la América, ~·

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Los Conocimientos útiles.

~unas ambas de dos civilizaciones bien

distintas, y cuyas manifestaciones, aunque opuesta~:~, ¡¡.testiguan bastaJilte la gran· deza de la edad en que florecieron. Y no solo como iniciador del proyecto debe considerarse á Mr. de Lesseps, sino como dotado asimismo de las condiciones especiales que requiere su dhreccion para asegurar el éxito. Realizar en poco tiempo los capitales que la ebra exigia; reunir y establecer sobre eUerrene tan.,•

tos ingenieros y trabajadores, de todas condiciones y países; organizar múltiples y vastos servicios en medio del desierto, y perseverar en la tarea sin desfallecer ante las dificultades hasta verla rea1izada; todo ello es seguramente uno de los más bellos triunfos qu.e la ciencia y la industria moderna robaron á la naturaleza, prestando un servicio inmenso, que la. b~st~ria. consignará en sus más~ b.dHantes pagmas.

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CONOCI-MIENTOS DE HiSTORIA NATURAL .. •

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LA BALLENA.

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La ballena, monstruoso animal, gigante de la creacion, es un enorme cetáceo que se caracteriza por la carencia de dientes, siendo esto& reemplazados por barbas ó lá,. minas córneas, trasversales, delgadas, fi· brosas, afiladas en su borde y ocupando la mandíbula superior, pues la inferior se halla desnuda y sin armaduia. El género,. ó más bien la fami·lia, de-las ballenas se di·vide . en dos tr:ibus bien ·ca· 1•acterizadas, á saber: las ball'enas propia· mente dichas·, que- no tienen·. aleta en el dorso, sino algunas veces una giba, y los ba.leinópteros, q-ue poseen una aleta dorsal. Distinguen los naturalistas en estas dos tribus varias especi~s, pero.las clasifi· caciones que hay hasta ahora presentan mucha confusion por falta de datos seguros. La ballena, si se ha de dar crédito á au· torea antiguos, puede llegar á tener una longitud de 50 y aun de roo metros, y al· canzar sn peso hasta 150.000 kilógramos; pero es de creer que estas cifras son exa· geradas, porque las mayores que se han visto en nuestros dias no exceden de 23 ¡netros, y nuestros pescadores muy pocas

veces encuentran algunas que pasen de

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20. Un animal de esta talla ha pesadt> 70.000 kilógramos. Su cuerpo es proporcionalmente corto y grueso, teniendo su mayor diámetro alga· más atrás ele las aletas pectorales; por esta parte es cilindrico, y puede tener de lO á 13 mett·os de circunferencia; va en seguida disminuyendo de grosor, afectando cada vez más una forma algo cuadrada hasta ei nacimiento de la aleta caudal,. "Y al1í su diámetro no es más que de un metro ó de un metro· y 50 centimetros. El tronco se distingue de la ca,beza por una ligera depresion que marca el cuello: la cabeza es de u.n grueso enorme, igual al del cuerpo, y constituye con corta diferenéia el tercip de la longitud total del cetáceo, siendo obtusa por delante y casi tan larga como ancha. La boca, de una magnitud prodigiosa, tiene de 2 á 3 metros de an~bo, sobre 3 á 4 de alto, medido~C~ interio~mente: en la mandibula superior se cuentan sobre~ unas setecientas láminas trasversales ó barbas, cuyos bordes puntiagudos sirven para retener los gusanos, los moluscos y otros pequeños animales de que se nutren. exclusivamente. Estas láminas reciben en 1

el comercio el nombre de ballenas, y sir~ '~

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Los Conocimientos útiles.

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ven para armar los c01·séti y paraguas, no gris blanquecino en losindividuosióvenes, ménos que eu la fa bricacion de bastones, grises ó blancas en los adultos. baquetas y otros útiles. Esta monstruosa ballena, ese gigante Cuando el animal abre la boca para es- de la creaciou, de prodigiosa fuerza, es á. pirar su presa, lQs gusano$. y m0luscoa se la vez uno de los animales más tímidos é precipitan en ella con la masa de agua que inofensivos que respiran el aire vital. El los contiene. La ballena entonces ciert·a la 111en01' ruido, la menor agitacion del agua eoca, y el aguA, tatOizada á través de las le infunde pavor y le ahuyenta: continua· filas de barbos, deja aprisionarios á aquementE: está en acecho para avizorar la pre· llos pequeiios anirnales, que traga ~1 pnn- senci.a de un enemigo, para escapar de él to.·p ara comenzar la mism81 maniobra. Una -sumiéndose rápidamente en la profunuiparte de esta a.gua que su boca contiene, dad de los mares, donde, grt~cias á su orAes lanzada hácia afuera por lo,s e;;pirácu- ganizacion, puede permanecet· un cuarto ·los~ Muy dudoso pare~e, por más qHe lo de hora y más aun sin ascender á la suhayan afirmado muchos na1tut·alistas y la perficie para tomar· aliento, cuando se cree mayor parte de los viaje1·os. amenazad.n de un peligro inminente. Scoresby, observador concienzudo, que En las circunstancias ordinarias, y so~ ha visto coger más de trescientas, asegm·a bre todo cuando juega, reaparece á los que nunca observó el salir por estos conocho ó diez minuto¡¡: por último, cuando duetos de la respi-racion sino un vapor se halla descansando, ó cuando duerme, más ó ménos espeso, que se condensa por su resp1racion se efectúa con bastante el contacto del aire frío y cae en forma de frecuencia. Nada con tal rapidez, que se lluvia, pero sio formar saltu.dor. ha exagerado e-xtraordinariamente, pue:>Los espiráculos, en número de dos para to que, en su mayor velocidad, solo recoriodas las ballenas, son en estos animales) re 3 leguas marinas por hora; pero habino solamente el éon<.lucto- de la respiratualmen.te no pasa de 2 en el mismo tiemcion, sino que ademáa encierran los órga- po. Solo su cola es el órgano motor con el nos del olfato, que inútilmente se han-bus- cual se impele hácia adelante, y sus aletas cado en los clemás cetáceos. Este hecho ha pectorales, que tiene cons.tantem.ente exsido demostrado por Delalande en el NorUtendidas en pOBiciou horizontal, solo le c~per S.UJ'Itral, despues de haberse avansirven para mantenerse en equilibrio, y zado por Hunter y All>ers. ' sin inclinarse hácia lQs lados. Dichos espíráculos se hallan situados easi Se sumerge á grandes prof,undidadep~ en la parte más alta de la cabeza, y·á 5 me- " een la mayor facrlidaci y una ra>p~dez tal, tros 6 5 mHros y 51 centímetros de su exque cuando está muy asustada le acontece tremidad. El ojo, proporcionalmente muy · el herirse y hást1;1. estrellarse contra los pequeño, se halla situado algo mlls arriba • peñascos submarinos. Scoresby refiere q11e de la boca y de la comisura de los lábios, u.na ballena alcanzada por el arpon se ha como á. unos 65 centímetros cerca de las precipita-do á 400 brazas de profundidad aletas pectorales: estas tienen de largo de con una rapidez de 4.1eguas por hora. El 2- metros y 50 centímetros á 3 metros , y mismo autor aií_ade que algunas veces- se una latitud de 1 ó 2 metros. La aleta cau- extraen del fondo Jel mar, por medio del dal se extiende horizontalmente y afecta mortífero arpo-n, algunas ballenas que ana forma casi triangular, sin que tenga en la velocidad de su fugase han quebran· ménos que el ancho de 6 á 7 metros de l.l'n~ tado las mandíbulas y la cabeza Al chocar punta á. otra. El dorso de la ballena es liso, contra las rocas del fondo. sin aleta ni giba: el color de todas las par· Los últimos días rlel verano parecen ser tes superiores varía desde el negro al gris la estacion de los a mores pa t•a estos anima· más ó ménos oscuro, aunque algunas veles, que dan á. luz sus hijuelos al comences el fondo es negro, tambien variegado zar la primavera; pero ¿cuánto du1·a la 1 11 de gris. Las partes inferiores son de un gestacioli~ es lo que todavía se ignora. La ).

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proximidad tle las dos épocas acahadas _de mencionar ha hecho creer á la mayor par· te de los autores que el preñado de la ballena es de ocho á nueve meses; pero si se La <le juzgar por analogía, este período no debe ser menor de diez y ocho á diez y nueve. Efectivamente, es observacion ge ~ nernl que cuanto más considerable es la masa de un animal, más tiempo tarda e.l fete en desarrollarse en el seno materno. Sin embargo, esta regla no carece de ex.cepcion, y tal vez la ballena nos , ofrece un-a . Nunca dan ú luz más de un ballenato, que al nacer tiene ya el volúmen- de un buey, y hasta 3 6 4 metros de longitud. La madre le alimenta con su leche, pro· fesándole la mayor ternura; le sigue en sus juegos, le vigila;·no le pierde de vista un solo instante, le protege contra todos los peligros, cubriéndole con su mismo cuerpo, le defiende con un denuedo furioso, no le abandona ni aun despues de su muerte, y por último, üctima.heróica del amo¡• maternal, de un cariño ciego yapa· sionado, se deja asestar el arpon sobre el cadáver de su hijo. Los balleneros, que conocen perfectaroen te el cariño que estc.s anima,les se pro· fesan, han sabido explotarlo.. Cuando.per· ciben en medio de ronches de estos séros monstruosos un jóvén individl.'l.IO., por lo ·t·egular iropr.uden,te y., sin ex,pe'ld0ncia, se <apresuran á a-tacarle, bieM;eg-ur<!ls de qué su madre no tardará ~n presentarse y ofrecerse á sus golpes: dice;:;e que para amamantar s u hijuelo se tiende de lado, presentándole alter-nativamente los dos pezones que están situados en el pecho. La ballena, solo con la fuga, se defiende oontt·a sus numerosos enemigos. El más peligroso y cruel que tiene, .despues del hombre, es el delfin gladiador. Muchos de estos animales reunidos la cercan, la acosan, mordiéndole sin cesar; de este modo la fatigan, obligándole á abrir una boca de cuatro á cinco metros de diámetro. En· tonces se arrojan sobre su lengua, que es espesa y blanda, se la hacen trizas, la de··voran, y el enorme animal fallece derlolor en una desesperacion impotente. Dicese

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tambien q uc el narval y la sierra de mar le atacan y at1·avicsan con sus largas defensas, pero este hecho mE> parece .ex.tre. madamente dudoso, porque tal ataque ca· 1 rcceria para ellos de objeto, y seda, por consigui~nte, contra la marcha ordinaria de la naturaleza. Igualmente pueden con· tarse en el número de los enemigos, d-e la ballena fl·anca algunos moluscos y cr~¡;tá· ce os que adhiriéndose á su piel &e rn ulti. plica o e u ella como sobre una ¡•oca; pero pot· más _que tantas veces se b.aya: e:iiehq, 1 e::;tá especie nunca es atacada por Jos pad~- ' nos, wa.risco q.ue borad4 la piel de lama:yor parte de tlos demás cetáceos provi.stos de barbas, y penetra en sus carnes, 6 al ménos en su lardo . Casi siempre las ballenas caminan en tropas, bandadas 6 legwnes, y á veces se ven reunidas á pares. De cuando en cuan· do se sumerg·en, para abandonarse á inocentes juegos; pero generalmente nadan en la supet·ficie, teniendo fuera t.le~ agua una parte del dorso y de la cabeza, y duermen en esta actitud. La ballena ft·anca ha· bita en tot.loslos mares del globo, pero particula¡·mente eo jos lirmtrofes de los polos, donie es más comun que en cualquiera otra par·te. Su nútneJ"O ha disminuido consillera blemen te desde que los p"e scadores les han declarado u.na ,guerra a:q.ual, habiéndose refugiado en el,dia a J,~s regi<:J· nes h.eladas de la · Gro~n-lancUa, el . Spitz· b~t·g, el estrecho de Davis, la ."p ahía de .liaffi.n, etc. Actt.mlmente es muy raro gue aparezcan más abajo del círculo polar, como que solo ,ac.eideu-talrnente se prE)sentan algunos individuos cerca de los trópicos. -:PESCA. on LA. DA.LLBNA,-Desde los tiem· pos más t·emotos era ya conocida la pesca .de la .baUeua. Si hemos de creer á Oppiano, Xenocrates, Plinio, Estrabon, Éliano y algunos otl'os escritores de la antigüe· dad, es.ta.ba en 1ltSO entre los tirios, los grie· gós, la¡s romanos fY los · hab~tantes de las orillas del (':rOlfo arábigo. Tro.mbien se ejer· citaban en ella 1oschinos.desae tiempo in· memorial, y en el siglo IX. era ya un, ramo muy lucrativo de comercio y de iod~stria. En Europa, en épocas anteriores y poste-

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y finlandeses, la explotaban con muy buen éxito en las costas de Flandes, de la Lapo"nia y de Groenlanuia. Pero los que sobresalían en este género de intlustdo. eran los vascongados, los cua· les se limitaron por mucho tiempo á perse· guir á la ballemt en el golfo de Gascuña, hasta que en el sig-lo XV ó XVI.adelantaron sus expediciones al Canadá y la.Groen· landía. Empleábanse en ton ces én este ejercicio 50ó60 buques, y de 9 iL 10.000 marine· ros, y proveían á to<ln Eut·opu. u~ la mayor parte del aceite de ballena que necesitaba para su consumo. Con esto llegai·on a ser los modelos y maestt·os de las demás naciones en el arte de la pesca; pero los holandeses y los ingleses, qne habían sido sus discípulos, concluyet·on por ensefio- · rearse de este derecho. Los mal'iuet·os de la Bretaña, de la Normandía y de la Guyena, dividieron durante muchos años con los vascongados las inmensas utilidades que producía la pesca de ia ballena; pero al fin corrieron la misma suerte. En el siglo XVI fué principalmente cuando los armamentos de los holandeses principia1·on á adquil'ir alguna importancia. Sus buenos resultados excitaron la codicia y emulacion de los ingleses, que desde el año ló98 entraron en competencia con ellos, habilitaron muchos buques para la pesca de la Groenlandia, y poco despues llegaron al ex.tre~o de emplear la violencia para hacer les abandonar una industria cuyo exclusivo monopolio se habían propuesto adquirir. No por esto cedieron los holandeses, y firmes en su propósito formaron en Spitzberg un gran establecimiento para extraer el aceite dela ballena, medida que aumentó en un duplo sus productos y ganancias. El aliciente de esta pesca llevó á aq uellas elevadas latitudes un gran número de naves pertenecientes á. diferentes pueblos del Norte de Europa, como los de Bremen, Hamburgo y Dinamarca. Esta concurrencia fué un manantial de disturbios que vi· nieron á concluir en sangrientos comba-

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tes; andando el tiempo se celebt•at·on convenios, se dividieron los bancos y las co:Jtas, y todos pudieron dedicarse pacíficamente á una pesca que llegó á ocupar algunas veces basta 400 buques de gran porte de· todas las naciones. En solo el trascu1·so de 46 aiios, los holandeses pescaron 32.90.6 ballenas, cuyas barbas y aceite les pt•odujeron próximamente U)20.000.000 de rs. Sin embargo, su pro~peridad fué poco á poco en decadencia, y en el dia sus ex pe. diciones no son ni a11n la sombra de lo q 11e fueron en otro tiempo. La Inglaterra no omitió medio alguno pat•a auxiliar y proteger los esfuet·zos de·· sus súbditos. En 1786 no necesitaba ya el aceite de ballena de los extranjet·os. En' los cat<H'ce aiios anteriores á 1826, los armadores ingleses despachá ron en cada uno de ellos para los mares australes 40 ó 50 buques ballenet·os, cuyo producto ascendió á la enorme suma de 13.000.000 de libras esterlinas, y para los mares glacía· les 1.846 buques, que produjeron 6.2i6.790 monedas de la misma especie. Po1· último, de~de 1826 á 1830 inclusive, solo para los mares del Norte se equiparon432 buques. El gobierno ft·aucés, tan con ven ciJo· cor.uo el inglés de que la pesca de la halle· na, ad~más de su importancia, es una escuela práct>ica de uavegncion y un manantial de riqueza, se aprovechó del ¡·estable· cimiento de la paz en 1783 para reanimar aquel ramo 'd e in lustda: Desde ' 1784 á 1789, salieron de Duuquerque 17 expeui- · ciones; pero sus productos ni aun cubrie'" · ron los gastos ocasionados en ellas. Además el gobierno ft·ancés babia determinado establecer en Dunquerque una colonia de nautukeses, isleños americanoo de const¡mada habilidad en la pesca del cachalote, y facilitarles 36 buques, y la guerra entre la Inglaterra. y la Francia vino á dispersar por completo en 1793 aquella peq uefia co· lonia de pescadores. De 1802 á 1803 salieron de Dunquerque siete bajeles para la pesca de la ballena; pero todos ellos fueron apresados por los ingleses. Cuando se res· tableció la paz se pensó nuevamente en la pesca de la ballena, y desde 1816 á 1829 se formaron al efecto algunos reglamentos,

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se repitieron las e:tpediciones, y en la act,ualidad la Francia tiene 25 á 28 buques destinados á este objeto. Los ingleses y los anglo-americanos, unidos con la marina de Holstein y de las ciudades anseáticas , son los únicos que en el dia hacen en grande esta pesca. Los de Dinamarca, Hum burgo, Bremen y Lubec, envian tnmbien á. la pesca 60 ú 80 buques cada año. Acosada sin duda por 1os l·a rgos y encarnizr.do::; ataques que ha sufrido su especie, la ballena, tan comun en los ruares de Europa en la eclnd media, ha 'abandonado. las babias y costas que frecuentaba en otro tiempo, y se ha refugiado á los mares glaciales, donde se la pesca ahora desde el mes de Abril hasta el de Agos· to. Todavía se· la encuentra en los del hemisferio meridionnl, donde la p.esca se hace generalmente en la primavera.. Los buques .balleneros de Jos mares del Norte tienen de 105 á 120 piés de largo, 30 de ancho y 12 de profundidad, y están constt·uidos con mucha solidez para resistir el choque de Jos térppanos del hielo: su tripulacion se compone de cuarénta á cin· cuenta hombres. Cada buque tiene seis ó siete chalupas de cuatro remos, uno ó dos arponeros y u o patron, y están provistos de siete roscas de cordel de 720 brazas cada una, tres arpones, ocho ~buzos y otros utensilios. El arpon es una especie de anzuelo 6 garfio destinado, no á matar la ballena, sino á penetrar en su cuerpo y permanecer clavado en él, de modo que no pueda escaparse el cetáceo. En distintas épocas se han hecho ensayos para lanzar losarpqnes por medio de la artillería; pero como el resultado no ha sido satisfactorio, se ha adoptado como preferible el método de arrojarlos con la mano. En 1821 y 22 los capitanes ingleses Seo~ r esby y K!ly trataron de sustituir á Jos flrpones los cohetes á. la Oongreve: once ballenas herida:; por estos cohetes murieron instantáneamente en ménos de quince minutos, las unas eón violentas convul1 sione:J y arrojando las otras por los oídos ~ una cantidad enorme de sangre: solo una

vivió más de dos horas. Los cohetes de que hablamos están arruados de una ponta de acero, .s obre el q ne hay una bolita de hierro destinada á reventar como una granada en el cuerpo del animal: el que los dispara puede dirigir la puntería como con u u arma de fuego. El único inconveniente de este método consiste en ser muy poco ecdi:lómico, pues cada proyectil enesta muy cerca de 48 rs. Los chuzos ó lanzas que sirven para. matar las ballenae arponadas tienen 15 ,piés de largo y el hierro 5. En cuanto llegan al sitio de la pesca, las tripulaciones de los buqQes balleneros deben estar prontas á maniobrar, tanto de día como de noche. El CtLpitan ó uno de los principales oficiales, colocado en la gran gabia, tiende su vista por el Océano~ ·en cuanto divisa una ballena 6 la siente arrojar el agua, lo a:lvierte inmediatamente á la tripulacion. Al punto se echan al ag•ta los botes: uno de ellos rema direc· tame-nte hácia la ballena; cnando está ya cercn de ella, el arponet·o le arroja su arpon con fuerza, procurando herir al móns· truo en la oreja, en el dorso ó en otra par· te vital. Cuando el animal se siente herido suele hacer movimientos y convulsiones f-renéticas: el agua sale por sus oídos con uu ruido terrible, lanza espantosos rugídos y Rgita,en el aire su enorme cola., capaz de hacer astillas un bote con un sol·o golpe. Pero por lo regular se sumerge y huye con velocidad asombrosa: esta no baja entonces de 40 piés por segundo. A medida qué la ballena !le sumerge y se aleja, se deja correr la cuerda á que está atado el arpon, teniendo mucho cuidado de que se desarrolle y deslice con facilidad, porque como el borde de la chalupa se halla entonces casi á flor de agua, u~ solo instante de detencion hnria desaparecer entre las olas- la embat·cacion y pescadores. Es tan rápido el frote de la cuerda sobre el .borde de la lancha, que para impedir que se prenda fuego á la madera es necesario humedecerla sin cesar. ·dgun a que otra vez suelen encontrarse baLer.as tan vigorosas, que su captura cuesta esfuerzos increíbles.

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------------------·----L_ o__s__c_o_n_o_c_I·_rn _ i_e_n__to_s__u_·_t_il_e_s_._______________G_·_7_7 Unn ballena arponada permanece deba· jo del agua más ó ménos tiempo; pero por lo regular no pasa de media hora: trascurrido este intérvalo, la necesidad de respirflr la hace volver á la superficie, y pocAs veces aparece muy léjos del sitio en que ha sido herida. Unas veces se presenta como acobardada y en estado de sum'a debilidatl; otras, por el contrario, feroz y atrevida: entonces no es posible acercarse á ella sino con mucha precaucion; pero como vuelve á sumergirse al cabo de algunos min utos, se la arroja otl-o arpoo, y á veces dos, y se aguarda á que vuelva á npnrecer. Entretanto los botes se disponen á atacarla, y no bien se presenta cuando la acometen á lanzadas. Muy luego sns heridas arrojan á borbotc:mes sangre mezclada con aceite, enrojecen el agua del mar por un largo trecho, y suelen tambien llenar las lanchas de los pescadores. Esta consid·.!rable péruida de sangre diinninuye las fuerzas ele la ballena de un modo ba:,:tante perceptible. Sin embargo, cuando se aprox.ima su fin la acometen t1·osportes furiosos, endereza la cola, y volviéndola á los lados azota el agua con tal estruendo, que algunas veces se oye á una legua de distancia. Por fin, exánime y venc1da, se vuelve de espaldas ó sobre el costado, bate el mar por un breve rato con frecueutes latidos y movimientos de sus nietas laterales, y espiL·a. Luego que muere la ballena, los botes la remolcan ha<>ta el buque y la amarran fuertemente á uno de sus costados. En ton ces se verific~r sin demora la extraccion de la grasa y de las barbas: los marinet·os encargados de destrozarla, se ponen unos vestidos de cuero y zapatos con una especie de garaba tillos de hierro, pa1~a poder asegurarse en la. piel de la ballena, que no es ménos compacta y escurridiza que la de la anguila. Armados de cuchillos de buen acero, cuya hoja tiene 2 piés y el man· g·o 6 de lat•go, dan principio á su operacion por la parte posterior de la cabeza del cetáceo. El primer pedazo de grasa deben cortarlo todo á. lo largo del cuerpo del pescado, y lo demás en hojas-paralelas de pié y me·

dio de ancho, pero siempre dssde la c11 bem á la cola: despnes se parten en trozos de unas mil libras cada uno que se extienden sobre el puente y luego se colocan en la bodega. Luego que se ha quitado toda la grasa, se de~poja la cabeza y particularmente la lengua del animal, que por sí sola 'la á veces 6 toneles de aceite; el labio inferior es tnmbien una de las partes más curgAiias de gr.nsa; una. ballena suele dar hasta 5.000 libt· as de este líquido. Concluida esta operacion se &rroja al mar el esqueleto con los grandes pedazos de carne que siempre quedan unidos á él. Las aves ma1·ítimas, los tiburones y otros pece<> voraces se precipitan sobre e:Stos residuos, que son para ellos un excelente y apetitoso alimento. Luego se quiht á las hojas colocadas en la bodega. 111 corteza que las cubre, se las vuelve á cortat· en peJazos <le 11 pulgadas en cuadro, y se embarrilan, en cuyo estado se trasportan al puerto de donde ha salido el buque para derretir y extraer allí el aceite, que siempre suele perder en sus diversas prepa¡·aCiones una tercera parte de su peso. Las maniobras de la _pesca en el mar del Sur se dífet·eocian muy poco de las que acabamos de referir. No obstante, esta pesca exige allí un personal y un material ménos constderable, puesto que de ordinario bastan 24 hombres de tdpulacion y 3 chalupas Como nada se opone á que los buques puedan permanecer al ancla meses en teros en los mares del Sur, la grasa se derrite á bordo. Un viaje al gran Océano dura á veces dos ó tres años, y hay ejemplares de balleneros que han estado en el mar ocho meses seguidos sin recalar 6 arribar á pue1·to alguno. En otros tiempos las ballenas eran más grandes y se sacaban de ellas hasta 60 y 1:10 toneles de aceite; en el dia una ballena de tamaño regular no produce más que-de 30 á 40. Las del Spitzberg y Groenlandia dan más grnsa que las del Cabo-Norte; su aceite es muy estimado. Las ballenas que se pescan entre los trópicos son sumamAn· te pequeñas. No sucede así con las del Japon: 50 bastan para un cargamento. TOMO

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Los Conocimientos útiles.

y --------------------------------------------------~-De las diversas especies de cetáceos el cachalote es el único que suministra la esperma de ballena (spe1·ma ceti). Esta sustancia, de que se hacen hermosas bugías y que se emplea tambien en la farmacia, ::;e extrae principalmente de la cavidad cerebral del pescado, se vende á doble precio que el aceite del resto del cuerpo, y no es ráro sacar medio tonel de ella de la cabeza del cachalote . ·El aceite de ballena sirve para muchos usos: para el alumbrado, para la preP.ai·a· cion dé curtidos, para la fabricacion <le jabon, etc. Las barba:> sirven tam bien para varias industrias, y de pocos años á. esta parte se emplean con ventaja en las flores artifh;iales. Algunos pueblos de las regiones árticas, como los kamtschadales y groenlandeses, pescan la balleua en sus mismas costas. Este cetáceo les proporciona la mayor parte de los objetos de que tienen necesidad; comen su carne cocida, seca ó metlío corrompida, y con el resto de los despojos se hacen vestidos, calzado, odres, cortiuas, morteros, redes, mangos de cuchillos, ca-

noas, cajas de trineos y setos ó vallados para su.s campos. Unos se sirven para coger la ballena de dardos envenenados y de ¡•ede~ hechas de correas; y otros, á imitacion de lo~ europeos, de lanzas y de arpones. Pero ningunos desplegan tanta destreza y audacia como los salvajes del lito. ral de ia Florida. Ejercitados en nadar y bucear, en cuanto ven unn ballena se arrojan de un salto sobre su cabeza, la introciucen por uno de los oidos una especie de cuña de madera, y asiéndose en seguida fuertemente se dejan arrastrar por el animal, que se sumerge al punto. Cuando la necesidad obliga á la ballena á subir á la superficie, se aprovechan de aquella ocasion para introducirla ot1·a cuña en el otro oído, y quitá ndola la facultad de respirar, como no sea teniendo la boca abierta, la obligan á retirarae á la orilla ó á un sitio de poco fondo, último recurso que la queda para evitar que el agua del mar cien·e el únic.o conducto por donde puede todavía respirar. Entonces les es muy i'cícil á sus enemigos darle la muerte.

VIAJES. El polo Norte. (Continuaclon .)

IV. - .ANTIGUOS DESCUDRlMIENTOS Y PRIMI!JROS GRANDES VIAJES DEL SIGLO XlX : JOHN ROSS, EDUARDO .PARRY Y LYON.

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Los grandes viajes al Norte han atraído desde muy antiguo á los navegantes. Mucho antes de C1·istóbal Colon, los daneses, en el noveno y décimo siglo, visitaron los parajes inhospitalarios de la América se-

tentrional sin figurarse que descubrían los territorios extremos de un nuevo continente. Establecieron colonias en la Groenlandia-y ·en otra region pe1·teneciente á la masa continental propiamente dicha, á la que pusieron el nombre de Vinland, ó país de la viña virgen. Las disensiones intestinas de los Estados escandinavos privaron á los colonos de los socorros de la madre pátria; perecieron casi todos. Se han hallado despues del siglo XV los restos de sus estaciones, prueba irrecusable de su

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presencia hAsta en la Flori'ia. Han ido riz repetidas veces. lo cual es entre ellos a~"aso mAs léjos, como algunos creen, has· la señal caracteristica de la más viva sata el Yucatan y la América central? Se tisfaccion. ignora toda vía. Cuando adquirieron confianza subieron Sin detenerno') en este misterioso pasaal barco y procedieron á un eximen que á do, vengJ\mos a los descubrimientos del cada momento daba lu~ar á exclamacio siglo X lX. Los primeros viajeros que há- nes de adrniracion. Ya era un clavo ó unn cia 11:520 inteuttu·on grandes escursiones al cadena lo que les sorprendía; no habian Norte de la América, no buscaron, como visto jamás hierro! yn, ernn las \"ergas ó hoy, la famosa ular libre, aunque, por delas cuerdas; no conocían la mA.rlera y m u· cirlo así, era tradicional en geografía; se cho ménos las plantas textiles! empeñaron partwuhu·mcmte en hallar un <<Cómo! decian examinándo los mástipaso en el Océano glacJal ártico, al Norte les, hay animales que tienen semejantes del Nuevo Muuuo, paso que hubiera perhuesos!» mitido á la Eut·opa comunicar más rápiCreían, en efecto, qoe los más tiles eran damente con el Asia oriental y Ja Oceanía. despojos tie a lgun esq neleto <le ballena. A vuelo de pájal'o el trayecto era en efecJohn Ross no continuó hácia el Oeste to fácil y relattvameute de corta duracion: un viaje tan bien comenzado. Volvió á este paso, co ustautemente obstruido con Europa ~in hacer descubrimientos geolos hielos, h,, sido al fin hallado por Mac- gráficos impot·tantes, as\ que fué acogido Olure, pero jan¡¡l:; será una vía abierta fríamente por sus compatriotas, ménos para la navegac10n. sensibles á Jos relatos curiosos, á los deta· En 1818, Júhu Ho:;s, de la marina brilles pintorescos, que al objeto práctico que t ánica, ptmetro en el mar de Baffin con el deseaban alcanzar. proyecto de descubrir ei:lta famosa comuAl año siguiente, Eduardo ,Parry in ten · nicacion, que debía abreviar el trayecto ta tambien correr la suerte de las expedide Eut·opa al extremo Or1ente. El barco ciones árticas; franquea el estrecho de en que iba costeo desLie luego la Groen- Lancastre, penetra en la entrada del Prin· landta: de::~pues abandonó los parajes ya cipe-Regente, descubre el estrecho de Bar· muy conocJúos de los daneses para eutt·ar row, la isla Mel ville, la Geo1·gia se ten trioen mares que sin duda no hablan sido ja- nal y otras tierras de límites aun mnl más visitados por los europeos. A latitu- definidos y llamados despues archipiélago des muy elevadas, los navegantes encon- Parry. El invierno los retuvo prisioneros traron inLtig·enas que hasta en ton ces no á él y á sus marineros, en medio de los habían visto un navio . .1!:1 espanto de los hielos. Soporta1·on un frio tan intenso, esq uima.les fué grande. Suplicaban á los que el mercurio se congelaba en pocos ingleses que no les hicieran mal, y les pe· minutos. Durante muchas semanas el ter· dian por fa.vor que se alejaran. Una de sus mómetro ma-rcó 44° bajo cero. La mitad de primeras preguntas, refiriéndose al barco, los marineros tuvieron la nariz y los piés fué: «Qué es esta gran criatura~ Viene del helados. Para colmo de desgracia se decla· sol ó de la luna?» Aproximándose á la em- ró un incendio y no babia agua para apa· barcacion la interrogaban y creían bue- garle! namente que era un sér animado, alguna Pan·y y el capitan Lyon, que le acomballena de una nueva especie. Las velas, pañaba, estuneron en frecuentes relaagitadas por el viento, les parecían las ciones con los indígenas. alas de un pájaro gigantesco, y contriUno de los viajeros entra en una choza buían á la ilusion cómica de los esquima- y pide una de las lámparas humosas que les, que sin embargo fueron por fin. como alumbran el miserable recinto. La dueiia tantos otros, atraídos por regalos. A la de la vivienda consiente en vendérsela, vista de los presentes que se les hacían, pero se apresura á beberse el aceite que manifestaron su alegría tíráñdose la na· • contrenia, y antes de entregarla la limpia

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como los perros secan los platos ..... . Despnes de un viaje largo y penoso, Part·y volvió á Inglaterra, pero no se des· pidió para siempre de los hielos del polo; volvió segunda vez y proporcionó á la ciencia nuevos datos. En 1827 avanzó en los mares situados al Este de Groenlandia, y penetró el 25 de Julio de 1827 hasta los 82° 45'. Es hasta hoy el punto más avanzado á donde han llegado los exploradores del Norte. En 1829 el navegante John Ross se ü1terna de nuevo en medio de las regiones visitadtJS precedentemente por su compaLriota Parry: al poco tiempo quedó cautivo entre los hielos. Tuvo precision de invernar¡ de~pues de muchos meses creyó ya poder salir del recinto en que su embarcacion estaba encerrada por los hielos; el estío comenzaba. Ya se preparaba á decir adios á aquellos parajes malditos, cuando de prouto el cielo cambia; el frío se presenta de nuevo con gran intensidad. Los grandes témpanos que la mar empezaba á acarrear se acumulan, se detienen; una segunda vez el barco queda prisionero. IInbo que invernar nuevamente. Durante tres años las esperanzas de quedar en libertad fueron frustradas. En fin, cansados de espet·ar, los marinos toman la resolucion de abandonar su barco. Preparan las provisiones necesarias y empt·endeu su ma1·cha. Los viajeros atraviesan con admirable energia los desiertos que les rodean; ya cortando á sierra los hielos. ya haciéndo .. los saltar con minas, se abren paso á través de su masa franqueando lgs obstáculos y avanzando siempre. El invierno les amenaza nuevamente, y vá á sorprender. les en medio de los territo_rios más desola dos. Los víveres van á faltar; no saben qué partido tomar; se decidirán á separarse, á embarcarse á la ventura en débiles canoas. Un grito de sorpresa 11ena de esperanza á los ingleses; en el horizonte se percibe una vela! Las barcas se ponen á flote; los marineros redoblan su ar_dor. Será ~caso uua ilusiou'? Si la supuesta vela será uno de esos inmensos ice ·be?'!JS trasportados

por las corrientes'? La ansiedad aumenta la fuerza con que impulsan los remos; en pocos minutos van á saber la verdad. Por fin las dudas desaparecen; distinguen cla~ ramente un barco! Pero si es f~cil comprender la alegl'ia d~ estes desgraciados que se cuentan ya salvados, mejOl' se comp1·endru.:á. su ang·ustia cuando ven alejarse su tabla de salvacion; el barco continúa su rápida, marcha y vá á desaparecet·. li'ué este un hor.roroso momento pa1·a tolla la tl'ipulaciou; la idea de la muerte y de los tormentos del· hambre se apoderó de su espiritu. Hacen inútilmente seilaleá deses!Jeradas; el barco huye y pronto no le verán!. ... Felizmente el viento se calma, la embarcacion se detie· ne·¡ avanzan los marinos en sus canoas; se les vé; se les recibe con entusiasmo. Pocas semanas despues pisaban el suelo b-ritá.nico. En la m,isma época el capitan Back, tambien de la marina inglesa, y antiguo compañero de Franklin, hace importantes reconocimientos al Norte de la Nueva B1·etaña, y descubre el río que en honor suyo se llama hoy el Back. De 1837 á 1~39, Dease y Simpson recorren tambien las costas setentrionales de la América y exploran todo el litoral, salvo un intérvalo de 6 á 1 grados de longitud entre el rio Back y la peninsula de MelviHe. El doctor Bae, al frent~ de una pequeña expedicion de homb1·es intrépidos, descubrió este espacio. Muchos años antes, Franklin, llamado justamente el veterano de las expediciones polares, Hood y Richarson habían lle· vado á cabo victoriosamente grandes viajes al Norte.

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V. FRANKLIN.-LOS VIAJEROS BN

su· BUSCA..-

J . Y C . ROSS , INGLBPIELD, ETC.

Despues de largos y persistentes trabajos, y á pesar de la edad que ya alcanzaba, el almirante Franklin quiilo coronar su larga y brillante carrera con el descubrimiento del paso Noroeste Tomó el mando ~

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-------------- f T---------------------ros, poniéndoles collares con indicaciones de dos buques, el Erebo y el Te1'7'or, que ya habian resistido á los hielos bajo la direccion de Jame::; Ross. El 26 de Mayo de 1845, partiet·on de Eut·opa con provisiones en cantidad considerable; ~dgunos meses despues se recibieron por conducto de los balleneros buenas noticias de la ex.pedicion; no babia temor ni motivo para presentir una catástrofe; ~in embargo, despues de aquella época un silencio mortal ha reinado acerca de Franklin y de sus infortunados compnueros. Los meses, los aüos se pasaron sin noti- ¡ cia alguna. La Eut·opa entera se asoc1ó al inmenso dolor de Inglaterra. Realizóse , entonct)S tltl uot1:1ble hecho honroso para la humanidud; un g-ran número tl~ mari1 nos, conmoví los por la idea de que en 1 aquellas regiones se hallaban acaso prisioneros y vivo::; los desgraciados viajeros~ se lanzat·on á. su socorro. La ciencia es 1 más bella y seducto1·a cuando la guia el í 1 cerazon. La que comenzaba á llamarse viuda de 1 Fruuklin puso por obra cuanto puede ima· ginarse para descubrir las huellas de la·. expedicion; sacrificó su fortuna, su reposo y su salud. Animaba á los navegantes que se dirig1an del)ado del Norte; les acom-pañaba hasta los limites extremos d·e la Inglaterra; fletaba ella misma los barcos. Durante más de veinte años todas las expedicwnes intentadas en el Océano glacial ártico, al Norte del Nuevo Mundo, se esfo¡·zaron por encontrar las trazas del glorioso almirante. Este deseo et·a el principal estímulo; el intet·és científico venia en segundo lugar. Richardson, olvidando sus 62 años,. recorre el Norte de la. América inquiriendo por todas partes, tomando noticias de los iñdigenas y de los balleneros para. descubrir si tienen alguna noticia. del paso de su antiguo compañero. No ménos intrépidos John y Clark Ross, hacen indagaciones desesperadas, que son tambien infructuosas. De tiempo en tiempo disparan cañonazos de aviso; encienden fuegos de bengala en los extremos de los mastiles; hasta se trasforma á los animales salvajes

convenientes y dejándolos n libertad con la e;;peranza de que puedan servir, como la paloma de la biblia, para llevar la noticia dt la salvacion á Franklin y á sus compañeros. Trabajos inútiles! Lady Franklin, en presencia de tantos vanos esfuerzos, no cede aun: equipa un pequeño barco, el P?'incipe Albe?·to, que tuvo por comandantes á los capitanes Forsyth y Keuuedy. De la expedicion dirígida por este último formaua parte el valeroso fl'ancés René Bellot. Este jóven marino, de una r ara energ·ía, de un noble corazon, no ocupó el primer puesto en ninguna empresa; sin embargo, ha dejado un nomb¡·e célebre que figura hoy ·en-la historia dramática de los viajes. Nació en París en 1826, pero muy niño le llevaron á Rochefot•t, que fué su verdadera pátria. Recibió en sus primeros auos una sólida educacion, y entró des· pues en la escuela naval de Brest, donde se entregó con todo empeño á satisfacer su pasion por la marina. Antes de emprender las exploraciones que le han dado reputacion, combatió bajo la bandera francesa en Madagascar; á la edad de 20 auos obtuvo la cruz de la Legion de Honor. Nombrado algun tiempo despues alférez de navío, recorrió la Oceanía y la América meridional, y vo!vió á Europa á reunirse con el capitan Kennedy. El Príncipe Albe?·to, dirigido por estos dos marinos distinguidos, penetró en 1851 en el estrechó de Lancastre, atl'avesó el estrecho de Barrow y descubrió muchos parajes nuevos, entre otros un estrecho que recibió el nombre de Bellot; los viajeros encontraron en la puuta de Fury un depósito de víveres, u un bien conse1·vados, que John Ross babia dejado abandonado hacia veinte años. Las investigaciones hechas en estos via· jes no produjeron re$ultados satisfactorios; los esquimales á quienes interrogat•on no habían visto nada que sirviese para ha- , llar las huellas del almirante Franklin. Este mal éxito no desanimó todavía á Bellot, que hizo un segundo viaje reuniéndose á Inglefield.

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verdaderos mensajeros, cogiendo zor-

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Los mares árticos le fueron esta vez fatales; queriendo hacer un reconocimiento eu las inmediaciones del barco explorando Jos hielos que le rodeaban, fué sin duda empujado por el viento, y l!Uizado en alguna hendidura, desapareciendo sin que

jamás se hnyn podido precisar cuál fué la cau~a de su mnerte. La muet·te de Bellot fué unánimemente sentida La F1·ancia perdía un excelente marino llamado á figurar al lado de La Peruse y de Dumont d'Urville. (Se continuará.)

CO~OCIMIENTOS

DE OIOGHAFIA.

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(Continu~cion.)

AórBROSIO DE MORALES. Nació Ambrosio de Morales en Córdoba el año de 1513, y fueron sus padres el mé· dico Antonio de Morales, catedratico que fué de Filosofía y :Metafísica en la Univer· .sidad de Alcalá de Henatoes, y doña Meocía de Oliva, h1ja de Fernan Perez de Oliva, escJ'ltor distingui•lo: uno y otro consorte de noble cuna. Estudió Ambrosio, primero en Alcalá, y despues en Salamanca, en casa t.le su tio Fernan. De 19 años tomó el hábito en el convento de San Jerónimo, llamado de Valparaiso, vecino á Córdoba, donde, con la violenta re:>olucion de Orígenes, más valer·osa que loable, ejecutó en sí por su propia mano , deseoso de extinguir el carnal apetito, la pena que impusieron á Pedro Abelardo los feroces parientes de la enamorada Eloisa. Salió de la religion, y, en el estado de presbítero, obtuvo cátedra de Retórica en Alcalá; fué maestro de latinidad de D. Juan de Austria, cronista de Cá.rlos V y Felipe II. Escribió una Orónica de España que com· prende, continuando la que dejó principiada Florian de Ocampo, desde la guerra de Asdrúbal con Lucio Marcio, hasta los tiempos del rey D. Bermudo lll. Escribió tambien dos volúmenes de Antigüedades de España, y muchos opúsculos sobre asuntos interesantes. Murió en Alcalá de Henares á 21 de Setiembre de 1591. Los

escritos de Ambrosio, de sumo valor para su época, toda vía son estimarlos hoy; y «el que reflexione (como se dice en su vida) en el tiempo, en la falta de ilu~ tracion que teuian o ues tras historias, en la escasez de documentos, y en que se engolfó en rumbo no cursarlo acerca de privilegio8, cronología ofu3cada y conde3cénrlencia á relaciOnes piadosAs, hallará más que alabar en los progresos de su diligencia, método y buena fé, que motejar eu Jo que hoy pudiera disponerse de otro modo. Viva, pues, sin emula.:ion, aplaudido de la posteridad, coronado de guirnaldas por la historia , por la religioo, por la hone&.tidad y por la pátria.» EL MAR-QUÉS DE LA ENSENAD~. D. Zenon de Somodevilla y BePg.oechea nació en un pueblo de la Rioja llamado Hé1·vias, donde fué bautizado el 25 de Abril de 1702. Fueron sus padres Francis· co de Somodevilla y Villaverde, natura1 de Aléranco, y Francisca de Bengoechea y Martinez, natural de Azofra. El céleb.re ministro Patiño le confirió en 1.0 de Octubre de 1720 el nombramiento de oficial supernumerario qel ministerio de Marina, y en 172~ ascendió á oficial se· gundo, despues á oficial primero y comisario de matdculas de la costa de Canta· bria. En los años siguientes desempeñó

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Los Conocimienlos útiles.

importantes comisiones, hasta que en 1732 se le nombró mini:;tro de la gran escuadra que, á las órdenes de D. Francisco Cornejo, logró la reconq ui:~ta de Orán. A su regreso ascendió á comisario ordenador. y marchó á. Italia, encargado de la intendencia del ejét·cito que bajo el mando del Duque de Mon temar conquistó los reinos de Nápoles y Sicilia. Entonces recibió del nuevo monarca el titulo de Marq ués de la Ent~enada.

A la muerte de Patino, en 1737, se formó un Consejo del Almil·antazgo. en el cual fué nombrado Ensenada secretario, y poco despues intendente de marina. Renovóse la guerra de Italia, y volvió á marchar en Febrero de 1741 con el infante D. Felipe y el Duque de :Moutema.r, prestando tan buenos servicios á la marina española, que allí Ulismo fué nombrado consejero de guerra. Halllibase en la córte de Chambery , cuando recibió la noti~ia, por conducto del Marqués de Scoti, de que el. rey, por muerte del ministro Campillo, le nombraba, con fecha de 14 de Mayo de 1743, seet·etario de Estado y del despacho de Guerra, Marina, Indias y Hacienda, y ademá:) gobei'Uudor del Consejo y lugarteniente general del Almirantazgo, en atencion á su ac-reditada cond16cta y expe-

'riencia. Poco tiempo despues mm:ió Felipe V, y todos creyeron que caeria Ensenada del poder al subit· al trono Fernando VI , por ser hechura de la córte anterior; pero este rey, reconociendo las g1·andes cualidades de aquel gran ministro, no quiso inaugu· rar su reinado privándose de tan inteligente consejero. Ensenada levantó á la nacion del abatí· miento en que yacía: organizó la Hacienda; fomentó la Marina, á la que tanto impulso ha bia ya dado; protegió las ciencias y las artes; mejoró el sistema tributario, haciendo desaparecer el ruidoso sistema de los empréstitos, que ahora se considera por muchos como un gran progreso; estableció el colegio de Medicina de Cádiz, y arregló con Benedicto XIV el concordato de 1753, tan beneficioso para Espaiia, que

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puso término á las eternas disputas sobre el Real patronato, y que por sí solo basta. ría á perpetuar su nombre. La eterna ley de que Jos grandes hombres han de hallnr siempre en su camino envidiosos, e1 emigos de su glorta y de su fama, quiso tambien man .;llar la reputacion de Ensena<la. Coligárunse contra él los embajadores de Inglaten·a y Austria con el Duqne rle Hnéscat·, el Conde de Valparaiso y otros nitos fundonarios del Estado, que oblig-aron al rey, co9 el ma-· yor secreto, en la noch.) del 21 de Julio de 1754, á q •1e le de.:Jpoj ase de todo su poder, destituyéudole de sus elevados cargos. Ajeno Ensenada á la tormenta que se alzaba sobre sn cabeza, reposaba tranqui· lamente en sn casa, cuando de repente la vió invadida por un alcalde de córte y fuerza armada, secuestrados sus efectos y papeles, y se vió él mismo arrancado de su lecho: oyó la notificacion de salir aquella misma noche para Granada, y así lo verificó. Despues de permanecer algun tiempo en esta ciudad, obtuvo permiso para pasa¡· al puerto de Santa. Maria, donde permaneció hasta la muerte del rey. Así que subió al trono Cárlos III, alzó su rlestierro y volvió Ensenada á la c0rte. Celoso el Conde de A randa de la influencia que vol· vía á ejercer en el ánimo del nuevo rey, por sus prudentes y sábios consejos, consiguió que se retirase á Medio a del Campo, donde murió el dia 2 de Diciembre de 1781, á la edad de 79 aiios. Fué enterrado en la iglesia de Santa María de esta poblacion, donde se celebraron sus exequias sin lujo ni aparato, pues él mismo ordenó en su testamento que sus honras se hiciesen como las del hidalgo más pobre. LAGUNA. 1

Nació este hombre eminente en Segovia, en 1489, siendo hijo de médico. Hechos los primeros estudios, pasó á Sa· !amanea, donde cursó dialéctica cou el portugués Dr. Enriquez, y se graduó de bachiller en artes. De Salamanca marchó á. Paria, donde

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lamirlades que asol aban la Alemania y la con grandísimo aprovechamiento se dediprofunda perturbacion que produjo la re. có al estudio del griego y ·!a medicina, re· forma. fa· esta en doctor ue cibiendo el titulo Soliviantados y enconados los ánimos, cultad. á la pertut·bacion moral la física ó unióse traduccion una publicó Muy jóven aun, material. b;n 1542, siendo la ciudad de del griego, qne vertió en latin, de la obra de Ji'isonornia Aristóteles, dedicada á Luis Metz presa de una fiebre pesíilencial, Laguna acude al peligro, y previsor, sábio y Guillardo, obispo de Cllartres. sereno, multiplicase, cura al rico y le con· At poco tiempo escribió su Métltodus anatómica, que dedicó á Diego de Ribera, suela, cura al pobre y le socorre, arranca obispo de Segovia. presas á ~a peste, y esto contribuye á acrecentar su fama, y el pueblo agradecid9le .~ su regreso á España en I536, se divul· gó rápiflamente la vasta erudicion y el exige no le abandone La.guna, quien debiendo marchar á Colonia promete á los gran ta.Jento de Laguna, entrando á reloreneses volvet·, lo que cumple al cabo de genta•· una cáteLlra en Alcalá de Henares. tres meses. Ya en Alcalá, tradujo del griego al latín dos diálogos de Luciano, que intitulan, Bolonia le recibe en tri_unfo, celebra el uuo Oeibo, y el otro :I'ragopodagra, de· fiestas en su loor, le aclama doctor de su d1Cando aquel á Gonzalo.Perez, secretario Universidad, y le distingue con especial de Cárlos V, y este al Dr. Fernando Lopez cariño. de Escuria-1, proto-médico del emperador. Médico del Papa Julio III, quien le hizo Ig ualmente tradujo del griego al latín conde palatino, oráculo de las universidaellib1·o de jJJ1vndo de Aristóteles, que dedes, espejo de los doctos, consuelo de los dicó al mismo emperador, quien le tuvo aflig idos, maest ro de los ignorantes, sopresente y le llamó á Toledo para que asis· corre á Jos menesterosos, anima á los détiera 'á la emperatriz en su alumbrabiles, aconseja &. los grandes, ennoblece la ciencia y aprovecha los días de su vida en miento. bien de sus semejantes, muriendo en SeEn 1539 se graduó de doctor en Toledo. Por este tiempo le ordenó Cárlos V le govia en 1569 ca1·gado de laureles, bende· cido y estimado en su época, aclamado por siguiese á Gante, en donde, además de ejer· la posteridad . cer su pr.ofesion, tradujo la Histo~·ia de la Sus restos mortales fueron depositados .fiZosofta de Za lengua. En 1540, la ,república ,de. Metz, cabeza en Segovia <;n la iglesil:l. de San .Miguel, del ducado de Lorena, le llamó, y satisfa- ' cerrando su sepultura una magnifica lápida de bronce, que p~rtenecerá pronto al ciendo los derechos de aquellos ciudadamuseo arqueológico español. nos, empezó alli la época más brillante de Sus obras más notables snn: su vida, la que le inmoFtalizó, pues ape:Método anatómico. nas en Metz, fué el iris de paz que, apar.f)e la pre.servacion de la peste y s1t. cutando con una mano la tea de-la discordia, y auxiliando con la otra á los moribundos 'racion. apestados, y con la sola arma muy influEpitome de tas obras de Galeno. yente de su elocuencia, de su espíritu con· .De lterba panacea. Anotaciones á .Dioscó1·ides. ciliador, vino á dar una solucion á ltts ca·

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Mó.DI110: 1869.=1mprenta de Loe CoNOCUU!NTOS ÚTILR8 11 cargo de Franciaco Roig, Arco de SaniH Marlu, 59.

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y Núm. 25.

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Los Conocimientos útiles.

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CONOCUIIENTOS DE METEOROLOGIA. -o:x:::::ox::><>-

Pronósticos y preocupaciones.

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Predecir los fenómenos 1atmoaféricos; anuncJar con antelaaion de un a.ño, de un mes' y aun1 de ménos tiempo, 1'!ls 1luvias ó la ~equia, la calma ó las tempestades, los cambios de t~mperatum, los. vientos ~ue hnn de reinar, y poder anunciarlo con seg1,1:ridad, ó siquiera probabilidades de éx~­ to para una localidad y para un día deter· minado, es un problema que no ha sido aun dado al hombre resolver. Creer otra cosa, figurarse que hay hombres que se hallan en estado de predecir el tiempo, que han 1·oba lo á la naturaleza este gran se· creto, ó que son inspirados, es creer en las antiguas predicciones astrológicas, es creer en la existencia de nuevos profetas, es, dig~mos la verdad, ignorar y desconocer hasta que existe una ciencia. Al que conoce solamente los rudimentos de las ciencias físicas en general y de la astronomia y meteorologia en particular, debe admirarle y á la vez darle pena el observar con qué ilnocente credulidad la mayoría de las personas se enteran de las predicciones de un almanaque, con qué ridícula fé acog·en los anuncios de tal ó cual iluso ó especulador que se constituye en profeta. Y mas pena dá. aun convencerse de lo difícil que es desarraigar estas pre?Cupaciones, llevar la luz y el conocimiento á las inteligencias extraviadas. Si para hacerlo se les explica la ciencia, no la entienden; si únicamente se les dice: sabed que los verdaderos hombres instruidos, los sábios, los eminentes astrónomos de todos los tiempos y paises afirman y prueban la imposibilidad de estas predicciones que ·son empil'icas por lo ménos, cuando no completamente absurdas, os contestan afirmando á su vez que las predicciones de tal ó cual almanaque, ó del Zar_agozano ó del FrMwés, no han salido nunca fa· llidas, y que podrá ser verdad 10 q ue·dicen AgO&IO 21 do 1809.

los sábios, pero que se atienen á los resultados rle la perspicacia de su astrónomo. Y lo notable es que ese públic.m que lee los almanaques, anónimos eu su mayor parte, ni sabe q'uién los ha formado, ni se cuida de obtener la menor garantía de que l'os anuncios de buen tiempo, llwvias, vien· tos, tengan algun fundamento; ni le llama la atencion que donue un a.lmanaque dice b?len tiempo, otro dice malo. Ni mucho ménos echa de ver la habilidad con que están reiacta.dos los pronósticos para que puedan aplicarse á todas las eventualidades y á los diferentes fenómenos atmosféricos, á gusto, digámoslo asi, del inocente l~ct{)r. Y si el almanaque es de algun soi dissant, astrónomo, tampoco se le ocurre asegurarse rle si el tal conoce siquiera el globo en que vive; no sabe qui~n es, ni de dónde viene, ni cuáles son sus títulos; le juzga sin du1la inspi1·ado, y basta. Que tal ó cual periódico, no científico por supuesto, sino político ó noticiero, que es el género que el público acoge y lee, le dé a.l almanaquista el título de sábio, cante sus glorias y confirme de cuando en cuando sus pronósticos, y ya sobra.. . . . . . . . . . A las personas dominadas por la credulidad unida á. la ignorancia, excusado es que tratemos de convencerlas con un art.ículo sobre tan difícil asunto. Las que por razon de sus estudios conocen á fondo las ciencias físicas, no hallarían tampoco novedad ni aprenderían más con las ligeras reflexiones que en este lugar pueden tener cabida. Pero á otras muchas que ocupan, por decirlo nsi, un puesto medio · entre los ignorantes y los hombres de ciencia, creemos útil é instructivo dar .á conocer la parte más esencial del problema d"6 la prediccion del tiempo, examinando los fundamentos en que puede apoyarse su resolucion. Y para ello nada más á proTOMO

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~~------------~~~~-------------------------~~ ~ 386 Los Conoci nüen tos útiles. pósito que reproduci r aquí las excelentes cposideraciones que uno de nuestros más distingu.idos colaboradores há'escrito hace algun tiempo en el A.mtario del Observator.io de Madrid, tratando de este mismo nsunto. Nuestros conocimientos y autoril'!ad en la materia están muy por debajo de los del digno astrónomo de aquel esta bleci· mie~~o, y no pod:t:íamos .CUII!plir el pbjeto propuesto en este articulo, como· quedará cumplido trasladand o el inserto eu el refe,riqo Anua-rio. , An~es de verificarlo hagan;10s notar que la prevision del tiempo no-es una cuestion purament e especulat iva, sino, por el cont r,ario, de aplicacion inmediata y trascen,· c}ental á la prosperidad pública y á la vida del hombre. E:; necesaria para el desanollo de la agricultu ra, de la marina y de la industria. Cualqu'ier a comprende, en efec· ta, que los fenómenos de la v_e getacion, dependiendo de los meteoros atmosféricos, resultaría una gran utilidad de puder sehalar estos meteoros antes de su aparicion. El labrador vé con frecuencia desaparecer el fruto de sus trabajo~ por causa de un meteoro, cuyos efectos hubiera podido an'U1ar si hubiera podido preverle. Si el rn:ar1no conociese de antemano los fenómeno.s atmosféricos que ie habían de al'· . podría toma.r precanzar en su cammo, cauciones que en , la mayor parte de las o~asio nes le librarían de sus efectos. El comercio internacio nal por via marítima se haría con tanta seguridad como por tierra y podria adquirir un inmenso desarr?llo. La industria mjsma ,recogeria los frutos de la solucion del problema, y no habría que deplorar tan frecuentemente la pérdida y de,:¡truccion de establecimien~ tos industrial es por causa de meteoros atmosféricos. Consigna das estas ligeras- reflexiones, hé aquí el artículo. "•

. . . . . . . . . . . .. . . . . . . . . . _.

~ Por

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unánime convenio de cuantos sobre el particular hnn escrito, es la .Astrenomía una de las ciencias más perfectas entre las muchas que hoy se cultivan. con prc;¡vecho de los pueb)os y honra ,del ent~ndimiento humano; ningun-a cuenta más

verdades perfectamente demostradas, más descubrimientos portentosos, ni acaso tan· ' tas ni tan grandeJ 'aplicaciones de inmediata utilidad. La navegacio n y el comer· cio en su consecuencia, la Geografía y el gobierno interior de los pueblos, tan rela· cionado con ella, la Cronología, y con esta la historia de la humanida d¡ todas estas ciencjas y. ramos, de,,cuUur a. han nacido al arrimo de la. Astrqn_omia, y todas han ido poco á poco progresan do á medida que la última adelantab a. Pero aparte , Jo qué concierne · al movimiento y posiciones relativas de los astros, 6 sea á la influencia atractiva que ejercen uuos sobre otros, á sus volúmenes y masas, 'y á ciertas particularidades que en sus superficies se de.:~­ cubren, la Astronomía no nos dice, ni casi se concibe que pueda decir.nos nupca nada. Hoy, en efecto, el Sol brilla: en todo su ma· jestuoso explendor ; descúbrese un horizonte inmenso al través de la atmósfera diáfana: y pura; sopla una brisa casi insen· sible, y por la noche el dulce fulgor de las estrellas desciende del cielo mezclado con un su!,\ ve rocío; pero mañana, el Sol ,apare· cerá pálido y triste, envolverá n á la Tierra gruesas nubes, y entre espesa bruma se divisará solo el horizonte; á la brisa de ayer habrá sucedido un viento frio y ·desapacible, y ni una estrella alegrará la oscuridad de la noche. iÜómo ha de explicar esto la, Astronomía'? El Sol, la Luna, los planetas, todos los astros visibles ocupan hoy, con cortas diferencias, las mismas posiciones que ayer ocupaban ; todos han presenciad.o desde el · mismo puesto esta misteriosa trasformacion de la naturalez a, que nadie podía prever. Veamos, en. efecto, qué fundamen to tendrían cuantas pre· dicciones quisieran deducirse de la contemplacion ó exámen de los astros. En la antigüeda d se c11eia que ciertas constelaciones, y aun estrellas particula res, ejercían sob1·e la Tierra un influjo ma· nifiesto, ora dañoso, ora favorable, y de esta regla no se hallaban de ningun modo exceptuados los planetas. El frío del. invierno dependía en muy gran parte de en· contrare¡e entoncee¡ el Sol eu lugares del cielo poco abundant es de hermosas estr~-

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Los Conocimientos

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llas; el cA!ot• excesivo del verano de ir den compararse la 1uz y el calor que la aquel ust.ro p11saorlo sucesivamente eerca Tierra recibe de las estrellas y planetas, de las m ngo\n~as constelaciones de. los ni con la dulce claridad de la Luna, ni Gemelos, dü Or10n, dd Perro, del Leon y con los torren tes de calor y luz que nos de la Vírg~n; la. pé1·dida de una cosecha 6 envia el Sol'? ¿Acaso las noches más oscula salvacion de otra averiada de influjo de · .,.ras y frias no son, en general, aquellas en una estrella; una calamidad pública de ,la que maym número de estrellas se descuaparicion tle un cometa, como si el mundo bren'? Afortunadamente no hay que can·se viera libre alguna vez de plagas y casarse en combatir creencias desautoriz-alamidades; esta época bonancible ·de ha.das, q u~ los adelantos moclernos 'Van ha.lltllrse tal 6 cual planeta próxima á la ciendo desaparecer, y que desaparecerán Tierra; 1a otl'a de$g- t·nciarla del ~otivo pon completo á medida que la iostl·ucciou contrario. Pet·o en todo esto, que en su acabe de generalizarse . origen tal vez ueconoceda. algun funda. Con justa causa se dice que es el Solla mento de aparente solidez , llegó por fin á fuente de vida que agita el globo en que existir una lamentable confusion de causa habitamos. A él, en efecto, son debidos Jos y efecto con dos hechos nada más que sicambios notables de temperatura que en el multáneos; y se conctbe el motivo sin escurso del año se expel'imeutan, y la sucefuerzo. Cuando qu suce::;o extraordinario sion de las estaciones, como la diversidad interrumpe de pronto la acompasada arde climas, no reconocen otru. causa princi- monía de la naturaleza, busca el hombre pal que la accion calorífica de aquel astro la causa de aquel ltmóweoo, ó al )llénos el sobt·e la Tierra, variable á medida q1te signo precursor, ya para precaverse en nuestro globo va cambiando de l ugat· en adelante de sus daño:;os efectos, ya para el espacio. Explica la Astronomía cómo aprovechar los fnvot·ub les; pero no la bus· estas variedades de climas y de estaciones ca con el afan que debiera, porque la pedeben sucederse; en qué época del au<i rereza le tiraniza, y en vez de hallar el ver· cibirá un punto de la Tierra la cantiJad dadero móvil de los hechos observados, m&.xima de calor, y en cuáles la mínima; tropieza con un objeto, brillaute como por qué cuando en un punto del hemisfeilusorio, y le atribuye un poder de que no 1\io boreal el calor es g-rande, en el opuesto dispone, una influencia sobre los demás del austral es pequeüo; cómo con las laticuerpos que no ejerce, y á la que él mistudes debe á:l<terarse la 'temperatura, y mo se encuentra sometido. Dáda una excómo de esta canso. combinarla con el moplicaciou falaz de cualquiet· fenómeno, y vimiento de la Tierra al rededor de súeje admitida como buena por el público, el nacen los vientos regulares que renuevan demostrar su insuficiencia, por absurda y purifican la atmósfera; pero todo esto lo que sea, sustituyéndola coq otra más raefectúa prescindiendo de las irreg-ularidacional, pide mucho tiempo, y es tarea de des de nuestro globo, de los mares que algunos pocos hombres, que por desgracia cubren gran parte de su suelo, de los bosaparecen en el mundo muy de tarde en ques que ·hermosean su superficie y de tarde. Por lo demás, ¿cómo admitir que . otras cien circunstancias locales que m oastros situados á tan enormes distancias difican 6 destruyen las previsiones de la de la Tierra, como las estrellas se hallan, teoría. La prueba es c¡¡re si del Sol depen6 de masas tan pequeñas, atendida tam · dieran exclusivamente los cambios a tmosbien su distancia, como los planetas, proféricos, estos deberían ser siempre los duzcan sobt•e la atmósfera en que vivimos mismos y sucederse en el propio órdeu, un efecto sensible en alto grado~ ¿Por qué porque todos los años, salvas pequeñas le producirían algunos átomos perdidos diferencias, vienen á ser iguales las posien la inmensidad del espacio, y la via lácciones relativas de la Tierra con respecto tea con sus millares de mundos apenas al Sol¡ y que aquellus pet·turbaciones no ~asioMria ninguno? ¿Por ventura puise repiten con absoluta regularidad dema·

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siado se sabe por desgracia. A pesar de tales contrariedades es el Sol un astro tan interesante, su influencia sobre la Tiet·ra tan marcada, que juzgamos landnbles y dignos de ser· imitado8 con perseverancia los esfuerzos hechos por lós astrónomos ' moclernos para avedg uar cuál es la composicitm de aquel cnor·po brillante, cuáles las perturbaciones que en su seno pueden ocurrir, qué enlace existe e u tre las que en su superficie se observan y las que se ver ifican en nuestro globo. En tal manera de proceder hay, cuando ménos, lógica; se busca la causa de Jos fenómenos meteo· rológícos allí donde parece que deb~ resiuir, y no en la inmensidad de los cielos, donde tan fácil es extraviarse, caminando sin brújula. ni derrotero premeditado. Acerca de la infi.ueocia de, la Luna sobre la Tierra se ha escrito y dicho tanto, que, llegados á este punto, nos vemos obligados á examinarle con algun detenimiento. De varios modos puede -actuar la Luna sobre nuestro globo: por via de atl·accion, por sus acciones calprí.fica y' luminosa, 6 de alguna otra manet·a, hasta el presente desconocfda, muy poco probable por lo tanto, pero no por . esto incompatiule con las demás leyes ya estttdiadas. del m un do fisico. A la atraccion de la Luna, combinada cou la del Sol, son debidas las mat·eas, cuya reg·ularidad suele verse alterada por la amplitud de los mares, la forma ca.prichosa de los continentes, y por al~uuas otr·as circunst~ncias que merecen tambien llevarse en cuenta. Cuando las fuerzas atractivas del Sol y de la Luna conspiran en el mismo sentido, ó 'sea.cuando la Tier· ra y aquellos ·dos astros se "encuentran próximamente en línea recta, las mareas adquieren una grande altura, y menot· cuando se halla nuestro satélite eu ereciente ó meng1tante, ó sea cuando brilla cerca del meridiano en el - momento de ocultarse el Sol bajo el horizonte. ¿,InfluirAn algo sobre las vicisitudes atmosfédcas los cambios periódicos de altura de los mares? Tal •ez del modo siguiente. Sobre los mares, como sobre los con ti-

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nentes, se apoya la atmósfera que· nos rodea; si suponemos, pues, que esta se ·halla tranquila- y que de pronto la superficie-de las aguas varia, elevá udose 6 descen diendo~. resultará de aqui una perturbacion periódica como la causa que la .orig,ina, en el estado de equilibrio de las capasgaseosasatmo sféricas. Este desequi· librio primero engendrará des pues otro y otros sucesivos, é irá propagándose á larga distanCia de las costas de una manera perceptible, ó a.caso en realidad. inapreciaule. Ni es solo por su Mcion sobre los mares ~omo se concibe que la Luna sea causa de Wl movimiento en la atmósfera; por suinfluencia inmediata sobre este elemento gaseoso, parece asimismo que debe ocasionar iguales ó mayores efectos. Si es en verdad la fuel'za atractiva de la Luna suficiel.te pnra conmover el equilibrio de los mares, para destt·uir momentánea, pe~o visiblemente los efectos de la gravedad terrestre, ¿,cómo negar que sobr.e la atmósfera puede ejercer igual accion, y que así corno la::; aguas se levantan y descien· den en sus lechos, más 6 ménos segun el lugat• de la Luna, el aire por idéntico rootivo no ha ,de experimentar vicisitudes análogas, en épocas de sucesiou regnlar y continua? Parece al pronto que la teoría y la experiencia debían confirmar este género de racioc.ioio; más, por el contrario, una y otra demueskao lo deleznable de sus fundamentos y el riesgo que se corre en dejarse arrastra1· por la analogía á conclu:.ioues de tamaña trascendencia, como son todas las que con el estudio de la naturaleza se rozan. La teoria nos dice, por. ejeihplo, que los movimientos de las aguas sort solo grandes 011 la apariencia y perceptibles cerca de las costas, porque hay alli puntos fijos á qué referirlos, mientras pasan en alta mar casi sin ser notados; que cuanto más profundos son los mares, adquieren menor amplitud aquellos movimientos; y que aun en las más deshechas borrascas la agitacion superficial de las aguas no se trasmite á 30 ó pocos más metros de profundidad. Viene despues la reflexion y nos indica qu~ entre las per-

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baya lugar á duda, que de aquel astro no turbaciones atmosft!l'icas y las del Océano emanan rayos caloríficos'? ¿pues acaso an· no nos es ¡;e1·mitido establecer una comtes de tocar en la Tierra no pueden ser pleta. analogia, q ue no existe entre el aire absorbidos por la atmósfera'? y sentado y el agua, porque pa1·a ob::;ervar las últital supuesto, ¿no producirán un efecto mas ocupamo::~ sobre la Tierra un pue:;to muy notable sin que nosotros sospechemos. muy distinto que va¡·a pe1·cibir el influjo su existencia'? La base en que este razona· de las prime1·as: en un caso, en efecto, miento descansa es en verdad hipotética, miramos la superficie, en el otro nos agipero no absurda, ni aun inverosímil; supo· tamos en el fondo del elemento movible. niendo, pues, que nada hubiera que objetar La teoría y la observaciou, en fin,. nos ase· contra ella, concluiríase que la presén· gnran que del influjo directo de nuestro cia de la Luna sobre el bol'izonte deberia satélite no pt·oviene viento alg uno percepir acompañada de algun efecto pereeptibie, y que solo el peso de J.. aÍI'e aumenta tibie, porq ue en virtud del calor emanado ó disminuye poquisimo•y alternativamen· aquel astro el aire se dilataría y adq ui. de mayor su á halla se uua L la te, segun que un movimiento ascendente, recobra· riria en Tier1·a, la de distancia 6 á su mínima su expansion perdida los vApores rian pasar al altura mayor su en ó el horizonte condensados en nubes, y la atmósfera, en por el meridiano. Resulta, pues, de lo una palabra, se despejaría si se hallaba basta aquí expuesto, que si bien los 10ovinublada, 6 sufriría otra cualquier modifi· mientos de la atmósfera, debidos á la incacion, como la creencia popular atestiflueucia. luna1·, no son nulos, son al ménos gua~ Pero entiéndase que la facultad de incompa¡·able:; po1· su mezquina amplitud dispersar las nubes, atrihuiJa á. la Luna con otras pertu1·bacioucs gigantescas, cupor algunos obse1·vadores, no lo es por yo orígeu es m u y dificil reconocer, y que todos; y que aun aquellos que creen hade continuo se suceden unas á otras con , berla descubierto no le dan la importancia una irregularidad desoladora. que en general el vulgo le atribuyP.. Hay Si la fuerza atractiva no, acaso la academás aqui otra circunstancia que concion calot·ífica de la Luna sea causa de signar, y es: que aun suponiendo real grandes efectos, y deban en tal caso conaquel poder de nuestro satélite, punto, re· siderarse como señales ciertas de un própetímoslo, muy cuestionable, sus variaximo cambio de temporal las variaciones ciones obedecerían á la ley imprescindible de faz de twestro satélite. Veamos lo qu e de la continuidad, debiendo por lo tanto sobre este punto nos indica la:observacion: a umentar ó disminuir por grados sucesipoca cosa en verdad. La observacion efecvos á medida que aumentara 6 dismin~ tunda por algun físico de habilidad su ma ye1·a lentamente la porciou iluminada del y de una paciencia á toda prueba, valiéndisco de la Luna, y no por saltos al pasar dose de aparatos tan sensibles, que expueseste astro de una fa se á otra distinta. R e· tos al ardiente Sol de nuestras comarcas sulta de cuanto precede, que las predichu hieran casi en el acto quedado inutiliciones, basadas eu los meros cambios de zados, nos dice que el efecto calorífico de aspecto de nuestro sntélite, carecen de la Luna llena es á. duras penas perceptifundamento racional, y que no hay motible. Pero la. inteligencia. humana: no revo grande ni pequeño para que lloviendo, troccde facilmente ante este ni ante ninpor ejemplo, en el pdmer cuarto, deje de gnn otro obstáculo, por insuperable que llover el mismo dia en que los almanaques parezca. Convengamos, se ha. dicho, en señalan la Luna llena.» que el calor de lá Luna. no es sensible so(Se concluirá ) que sin esto, ¿significará bre la Tierra:

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.. CONOCIMIENTOS DE HISTORIA NATURAL. • tS2> •

EL COCODRILO. Segun Ouvier y los naturalistas· más autorizados, en las primitivas edades de la formacion <le nuestro globo, anteriores á las catástrofes diluvianas qoe cambiaron el estado de la ternpe-r·a tura· atmosférica actual, el género cocodrilo debia'es·tar ex.tel'ldido por toda la superficie de la tierra. s ~ ha descubierto un gran número de osamentas fósiles de Saurios, así en el Norte como en el Mediodía de Europa, en Asia, en Africa y en las dos Américas. En la actualidad no se encuentran estos anfibios más que en las regione.:;· tropicales, en los climas cálidos, en las aguas del Ganges, en la parte superior del Nilo y en las i~las de la Sonda. La Gambia, el Seoegal, -el Amazonas y muchos otros lagos y ríos de Asia, A frica y Américá, están infestados de una.especie más pequeüa, pero muy peligrosa para el hombre y parn los animales domésticos que frecuentan la1; corrientes de agua don de estos reptiles viven en grupos. BI cocodrilo', animal anfibio, es una especie de iagarto monstruoso; está cubierto de escamas á manera de 'escudos, peí•o tan sólidas y fuertes, que no las penetra una bala; su color es verdoso oscuro cou manchas amarillentas rojizas; tiene oblongo el hocico, corta la lengua y casi enteramente adheddn. á la mandíbula inferior, palmados los piés traseros, comprimida la cola, y en la parte superior de ella dos crestas luterales. A pesar de sus formas colosales para un reptil de su género es ligerísimo y se lanza con la mayor rapidez á la presa en que puede satisfacer los impulsos de su instinto feroz. Se ha dicho que los cocodrilos del Nilo y del Ganges son ménos feroces que los de la América y de las islas de la Sonda. El ~ cocodrilo que vive al estado salvaje es en

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todas partes lo mismo; feroz, pPudente, astuto, atrevido y cruel. -.tos• coaodrilos de las márgenes del- Nilo y ' del .GJ.anges ,acechan su presa ocultos en las cafüts de los pantanos, se arrojan sobre las rm ujeres ·que van á tomar agua y las arrastt·an al fondo del rio. Algunas veces suelen ir á atacar á los hombres á una distancia con· siderable del rio. En 1-820 un albanés que 'se quedó dormi<lo bHjo s u tienda fué agarrado por uno de estos reptiles y arrastrado en el Nilo. El cocodrilo, á. pesnr de su ferocidad, es susceptible de ser domesticado. ' Los egipcios y los habitantes del Indostan, que teninn una g ran veneracion por estos reptiles y les adoraban como una divinidad, fueron los primeros q.ue. consiguieron domesticAr tales mónstruos. Stra· bon cuenta que en un viaje -á Egipto, estando alojado en casa de un egipcio .de gran distincion, fué im~itado á asistir á Ja comida de un cocodrilo, sagrado, .que era tenido en g-ran veneracioo en el país. «•Este animal, dice¡ cubierto.de.sortij as, colhu·es y brazaletes, se llamaba 8ouchos. El egipcio 1lla\1nbn una torta hecha de buena haripa de flor ¡y una eopa de excelente vino. Fuimos juntos háoia el lago, donde el cocodrilo estaba muellemente tendido sobr·e láJarena. Un ministro se aproximó respetuosamente á esta singular divinidad, le separó cuidadosament~ las mandíbulas, y al propio tiempo otro ministro le fué introduciendo ·la torta en la boca, un poco de carne y el vino vertido gota á gota. El mónstruo se dignó tra garlo todo.» Un viaje1·o inglés cuenta haber visto, en nuestro tiempo, en la India el mismo espectáculo de los cocodrilos sagrados alimentados por Fakires.

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<<Se mató, dice, delante de nosotros dos cab1·as para la comida de la mañana. Durante esta operacion una docena de móns· truos salie1•oo lentamente del lecho limoso del estanque, vinieron arrastrándose hasta las orillas y estuvieron mirando con una. especiu de satisfaccion los preparativos d&l festín. »Ü~P.ndo Ju~ ,dps c~bras ~stuvieron hec~as trozos, un muchacho de m1eve años se aproximó gritundo: ow! ow! (ven! ven!) » -~ este grito todos los animales se puRieron en movimiento, salieron del agua y se arrojaron con avidez sobre los trozos de carne.» Herodoto dice que la hembra del cocodrilo pone de cincuenta á sesenta huevos, doble de grueso!5 que los del pato; que los cubre de arena en un paraje bien apartado y deja al calor solar el cuidado de incubarlos; lo cual se verifica en treinta dias. Durante este tiempo los visita con fre cuencia y ocultamente; cuando los pequeños salen del huevo los vigila con la más viva ternura; separa con paciencia todo lo que les puede perjudicar; los oculta, como Rhea, á todas las miradas con gran inquietud. El amor maternal se manifiesta en este animal en el más alto grado, porque sus pequeños están expuestos á gran· des peligros; el macho, Saturno anfibio, los busca para devorarlos. La fábula de Saturno y de Rhea no tiene otro orígen. El más antiguo de los animales habia sido tomado allá en la alta antigüedad por emblema del más antiguo de los dioses. En los tiempos posteriores, y en épo cas de decadencia, se confundió en una misma cosa el emblema y la sustancia; perdiendo de vista la primera idea de la divinidad, se hizo del cocodrilo un Dios. Herodoto hace mencion de un pequeño pájaro amigo del cocodrilo. ii:Todas las especies de animales terrestres y de pájaros le huyen; el trockylus 10olo vive en paz con él porque este peque,ño pájaro le hace un gran servicio. Todas las veces que el cocodrilo sale del agua para ir á tierra y se tiende con la boca entreabierta (lo cual tiene costu~bre de 1

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hacer voiviéndose hácia el viento de Mediodía), el trochylus se acerca y come todos los insectos que el cocodrilo tiene en la boca. Este animal, reconocido, no le hace uingun dauo » Un gran número ue naturalistas no han admitido la exactitud de este hecho y lo han considerado como una fábula de la antigüedad; pero en estos últimos tiempos se ha confirmado por v11rias observaciones. . <<Donde las aguas bajas dejan en seco un banco de arena, dice Hum bolt, se vé el cuerpo monstruoso del cocodrilo extendido como . una masa , de piedra, la boca abierta, cub1erto comunmente de pájaros.» Y en otra parte añade: ({Los cocodrilos ~·acen talmente inmóviles, que yo he visto los flamantes (1) descansando sobre su cabeza, y al mismo tiempo estaba todo el cuerpo, como un tronco de árbol, cubierto de pájaros acuáticos.» El cocodrilo tiene el sueño muy profun· do. Una. vez dormido se queda iumóvil como un tronco de árbol y no dá señal al· guna de vida. Una multitud de insectos de toda es_pecie, viendo esta gran masa inerte, la invaden, se extienden por todo el cuerpo y aun pene tran en su boca, siempre entreabierta, como lo habia observado Herodoto, hácia el viento del Mediodí~.

En la Indi~ y el Egipto se cuentan so,bre el cocodrilo toda clase de historias, en las que lo verdadero está confundido de tal modo con lo inverosimil, que es dificil dis· tinguir la realidad de la fábula. Strabon refiere que los tentridas (habitantes de Denderah) abordaban los cocodrilos á nado, montaban á caballo sobre su lomo y los guiaban á su voluntad. Esta relacion se ha considerado como un cuento de las Mil'!/ una nocltes. Sin embargo es exacta. La conformacion de la osamenta del cocodrilo es tal, que tiene precision siempre de marchar hácia adelante en línea recta como un cuerpo de una sola pieza; no (i) Aves del Orden de los flamencos que habitan las otillas de los mares meridionales, r curo color es de un rcjito mur gubido.

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puede torcer el e ello ni volv.e:: ::u cabeza á. derecha ni izquierda Terrible si se le ataca de fren •e, es inofen ivo si se le eat e atacar de costadn. Toda su fuerza está en la tioca, armada de I·e:> t-es eu forma de gancho, capaz de coger un hombre y pnr· tirle en dod; pero si se con,sigue atravesar. le eula boca, con de:;treza ó por sorpresa, unn. barra de t ierro ó simplemente un palo, q1.1eda el mónstruo desarmado; viéndose imposibilitado, .se hace' humilde y se

somete á la voluntad del vencedor. M·uch'bs viajeros refieren casos en que ha-biendo logrado someter así á Jos cocodril{)s, han montado sobre ellos y les han dirigido á su volu'11tad. . Cuéotase del oocodrilo que llora sobre los huesos- de la víctima por habérsele concluido tan pronto .el apetitoso manjar, y de aqui han nacido las famosas lágrimas de cocodrilo proverbializadas ·en metafóricas y análogas aplicaciones •

VIAJES. El polo N o rte. •(Cooclusion.)

VI. MAC·CLURE.-BL DOCTOR KANE EN EL DESCU· BRIMIBNTO DE LA. MAR LIBRE.

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:M:ac-Clure, marino intrépido dotado de una admirable perseverancia, fué el primero que resolvió el problema-de la union de la Europa con el Asia por los mares que bañan el Norte de la América; en fuerza de su energía logró ir del estrecoo de Bering á los parajes groenlandeses; pero tardó tres años en realizar este trayecto. El paso, pues, de Europa á Asia puede juzgarse impracticable. Seria preciso un libro solamente para enumerar los obstáculos que tuvieron que vencer los viajeros; en algunos parajes tuvieron que abrirse camino haciendo cortaduras á golpes de hacha; soportaron durante algunas semanas una temperatura de 44 grados bajo cero! La Inglaterra, inquieta con razon de no recibir noticias de Mac-Ciure, envió en su busca al capitan Kellet, que tuv·o la suerte de encontrarle en el mes de Abril de 1853. Al año siguiente regresaron jun-

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tos á. Europa. En 1854 volvia tambien a Inglaterra el ca pitan Collinson, des pues de un interesante viaje de tres años en los mRres árticos. Uno de los héroes memorables de estas campañas polares fué el doctor Kane. Este in-t répido viajero tuvo el triste honor de ser ·el primero que recogió de los indigenas algunas noticias sobre el fin del almi· Tante Franklin; le contaron Jos salvajes que ha bian encontrado en medio de los hie· los algunas armas y restos de utensilios que pertenecían á hombres blancos. Más tarde, continuando las investigaciones, se obtuvo la certidumbre de que el terrible drama habia pasado en las inmediaciones del rio Back. El doctor Kane es uno de los viajeros más notables de los tiempos modernos. Su vida es una novela. Entre las biografías de los exploradores aventureros no hay alguna más interesante que la de este céH~bre americano. En la isla de Luzon (dió la vnelta al mundo antes de dedicarse á. los viajes del Norte), instiga4o por un deseo insensato de estudiar de cerca el· cráter del volean ~

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1 de Taal, hizo que le suspendieran de una cuerd a atndn á la punta de una roca de 200 piés de altura, para colocarse en un punto desde donde In vista podía penetrar directamente en el fondo de la sima, qne a~rojaba e,¡corias y humo. Este acto de audacia, propio de un geólogo demente, hizo que los naturales del país le toma1·an por un sé1· diabólico, y llegaron á amenazar su vitla. Algunos meses despues, en las islas Sandwich tuvo que defende1·se solo de una tropa ele salvajes que le atacó, como Atejandro en la ciudad de los Oxydracos. Pasa á Afr·ica, atraviesa el Egipto y vuelve á América; pnrte 11uevamente y recorre la Guinea, en donde adquiere unas calenturas que le duraron toda la vida. V u el ve de nuevo á los Estados-U nidos, su pútria, y á pesar de la enfermeJad que mina su naturaleza, toma parte en las empresas militar·es de los americanos. En Méjico dá Kane pruebas de UM generosidad digna de los tiempos pasados. En una batalla hiere gravemente al hijo del general enemigo; pero su buen corazon le inspira, y cura él mismo las heridos de su enemigo, cuidando á su prisionero como al amigo más querido. El mismo general es hecho prisionero, y queriendo los soldados americanos vengarse de este hombre asesinándole, Kane saca su espada contra los suyos, defiende á su prisionero y deja tendido á sus piés al primero que se atreve á avanzar; queda él mismo herido en esta noble lucha, y tiene que recibir á su vez los cuidados del que ha salvado. Todo esto es del género antiguo! El doctor Kane, comprendiendo que la mision del hombre no se cumple con brillantez ni utilidad sí no se vé en la vida más que batallas, quiso servir á la ciencia, y por consiguiente á su pais, con- trabajos científicos. Supo que un rico negociante americano concurría con su fo1·tuna á los esfuerzos de les exploradores en el Norte; adquirió la confianza del generoso capitalista, y á los pocos meses se hallaba en medio de los hielos de la Groenlandía, á la cabeza de una gran expedicion.

Salió de Nueva-York en 1853, pasó el eatrecho de Smith y condig uió avanzar en un triaeo más alh\ de los 80° de latitud Norte; uno de los marinos que le acompa ñaban, Morton, aun pudo llegar máa adelante, y descubr·ió en 1854 la célebre ma-;· libre que hoy lleva el nombre de mar de Kan e. Queda pues averiguado que en el extremo del eje terrestre y sus inme1liaciones hay u na tempe1·a tura méno::; fl'ia que en las regiones cit·cumpolares. La zona <le los fríos intensos parece que es inferior al grado 80 de latitud; pasada esta Hnea la mar se queda libre de los hielos, y los bar· cos-si fuese posible trasportarlos hasta allí-podrían navegar fácilmente sin obstáculo. Hé aq ui la grande , la curiosa cuel>tion que atrae á los naveg au tea. Teóricamente esta mar libre no contraría en nada el Mden g eneral de las leyes naturales. Es perfectamente compatible con la existencia de las grande:S corrientes que van del Sud al Norte y que lleg an hasta muy elevadas latitudes. El GltlfSt,ream es sin duda una de las causas más proba-bles. No dejan sin embargo de presentarse objeciones á esta opinion. Muchas personas han repetido la de que esta mar libre de hielos no ha sido bien vista y comprobada su existencia; que es una ingeniosa hipótesis de la ciencia; que no parece ver.osimil que el clima sea más suave en el punto más setentrional de la tierra. A esto puede respondet·se que la física terrestre, léjos de oponerse á estas condiciones climatéricas, extrañas á prime1·a vista, p_arece, por el contrario, que las jus· tifica. El exámen más elemental Je las diversas temperaturas del globo dá fuerza á aquella opinion; por ejemplo, en Africa no reina el calor más fuerte en el Ecuador, sino en las regiones inmediatas; pue· de suponerse por analogia que los frios más rigurosos no tienen lugar en el polo. La existencia de la mar libre se ha sospechado desde tiempos remotos. Las más antiguas cartas indican espacios no congelados á la extremidad del eje. Martín J3ehaim, en el siglo XV, dibujó claramenfe

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ruiJo estt·epitoso en que el sonido de cien trompetas no se hubiera oído más que la voz de un hombre, fuimos sacudidos, levantado::;, arremolinados entre una masa de témpanos tle hielo.» Gracias á sn buena estrella y á su energia ·salieron de este mal paso; pero poco tiempo despues volvieron á creerse perdidos. 1:!:1 navío se entró eu un golfo y fué casi repentinamente rodeado de ice bergs. «La vista, dice Kane, era verdaderamente att:'lrradora: por todas partes g¡·andes montículos de hielo surg:ian en medio de un cáos de témpanos eurenados unos con otl'os. Mi segundo, valiente y sereno, poco impresionable por su naturaleza, y acostumbrado además á todas las vicisitudes de su vi,i a de ballenero, no pudo evitar vet·ter algunas lágrimas ante esta desolacion! Salimos felizmente del peligro, encontrando despues de tres días de un rudo trabajo un paso libre. »Pero las provisiones se agotaban; no encontrábamos pájaros; el alimento insuficiente nos debilitaba; el pot·venir tomaba u.n aspecto cada vez más sombrío; perdímos tambien el sueño. »Extenuados de fatiga, muriendo de hambre, tal era nuest1·a situacion, cuando apercibimos una foca dormida sobre un témpano de hielo trasportado por la corriente. Era un buey marino, pero de un tamaiío colosal; temblando de ansiedad nos dirigimos con sepulcral silencio hácia el animal. Al aproximarnos la excitacion era tal, q ne los marineros no podiau remar. La foca no estaba dormida; cuando estábamos ú tit·o de carabina. levantó la cabeza; imposible explicar la expresion desoladora y de desesperaoion que.se pin tó sobre el rostro pálido y enfiaque~cido de mis marineros cuanuo vieron el movimiento del animal; de su captura dependia la vida de todos. Juzgando que estaba :.í tiro dí la señal convenida para disparar. Admirado de no oir la explosion, volví la cabeza; Patterson, paralizado por la emo· ciou, no podía mantener la carabina inmóvil. La foca, levantándose sobre sus aletas anteriores, nos miraba con aire in1 J:_bemos solamente es que en medio de un _ : t o y :o•o, preparándose á zamb:J ln mar libt·e sobre sn famoso globo de Nurerubet·g. Los marinos hablan desde el siJlo X VI de su exi.,tencia. En fin, lo que t:s m:ís seguro ha sido reconocida por dos navegantes, primero Morton y despues H 11yes. El 24 de Junio de 1854, uno de los compaiicro::; de Kane, el marino Morton, llegó á una mar no helada por los 80° 40' de la. titud. Fijó el pabellon americano en el cabo Constitucion, batido por las olas, y pudo ver á lo léjos la mar libre hasta el cabo Remon por Jos 82° 30' de latitud. No faltaron episodios dramáticos á los viajeros. Más de veinte veces estuvieron para quedat· enterrados entre la nieve 6 a pla.sta<los por las montañas de hielo. Para colmo de infortunio, los víveres escasean y están á punto de carecer de ellos; perseguidos por las tempestades, y evitanuo tener que invernar nuevamente, nvanzao con a fa o. «A pesar de todos nuestros esfuerzos, uice Kane, llegó un dia en que la marcha se hacia con len titud. El régimen de alimentacion, insuficiente, hacia sentir cada vez nHÍ.s .su;; desastrosos efectos; nuestras fuerzas disminuían insensiblemente. Pet·di mos el apetito: una racion de pan y rrwu tcea remojar! a en té nos bastaba. Pre· eentúsc una densa niebla , que a:umeutó nuestra desuuimacion . »Estundo en esta situacion, una enorme masa tie hielo que marchaba á la deriva comenzó <'t git·at· como sobre un eje, apt·oximfl.ndose al témpano con que estábamos abrigados. Este se puso en movimiento, y en un momento se produjo al rede:lor nuestro un cá.o.s espantoso. Maquinalmen· te cada uno ocupa sus puestos ocupándose de las embarcaciones. Durante un momeo· to yo perdí to la esperanza. La plataforma sobre la cual nos hallábamos estallaba ' por todas pal'tes; el hielo se quebraba y se amontonaba por todos lados. Disciplinados como estábamoE~, y acostumbt·ados á medit· el peligt·o haciéndole f1·ente, nin guno de nosotros puede decir cómo ni cuándo nos encontt•amos á flote . Lo que

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. durante m11chos años un verdadero vacío 1en el cuadro de los grandes navegantes de

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Los Conocimientos útiles llirse. En este momento suena nn tiro, y herido de muerte el auimal cae tenrlido cerca del agua, tan cerca, que la mar mojttba'su cabeza colgante al bord-! Jel témpano. »Yo qnise repetir un nuevo tiro para a¡:egurar su muerte, pero fué im nosibl~; ya no babia disciplina. Mis marineros, dando un g1·ito salvaje, cogen los remos y se precipitan hácia su presa medh locos de alegria. Blandiendo 'sus cuchillos corrían sobre el hielo llorando y riendo.» O~ro dia Knne y sus compañeros combatieron con un oso blanco. Kane, como hábil cazador, logró introducir una bala en la cabeza tlel animal. Morton tuvo en la misma campaña una aventura cineg·ética bastante conmovedora; la hembra de un oso defendió su hijne· lo con un!labuegncion digna de lástima; pero los caznd ~ res no tienen entrauas. Cuando los penos se aproximaban lapobre madt·e se sentaba sobre sud ancas, cogia al oso entre las patas de atrás y p{'leaba con sus gart·as, danclo feroces rugidos, que se oiau á. muchail millas de distancia. Alargaba el cuello, se a1'1'ojaba sobre sus enemig-os, rechinaba los dientes y movía sus garras como las alas de un molino de viento. Era un espectáculo que · conmovía ve1· al desgraciado animal apu· rado hxciendo de su cuerpo un escudo para cubrir al sér que le era querido. Uno de los mal'ineros puso fin á E'Sta escena matando al pobre Animal. El osezno murí6 sobre el cuerpo de su madre, que en las an::;ias ele su agonía enseñaba los díen· tes á sus enemigos. Las peripecias del notable viaje de Ksne han sido descritas y publicadas en varias obras que el patriotismo amedcano y la pasion par las a•enturas han hecho que se lean con un entusiasmo que pocos libros inspiran. Kane no gozó de este honor; volvió á ver su pát:·in para darle un eterno adios; falleció en la Habana el 16 de Febrero de 1857 á la edad de 35 aüos. Su muerte dejó

los mares árticos. Estaba reservad:> á Hayeil no .hacer olvi'lar á su antiguo colega, pe1·o sí igualarle. Este excelente explorador, despues de haber conseguido p r el método ameri· cano recoget· un gran número de simpatías pot· su p1·oyecto, yendo de ciudad en ciudad dando conferencias, reunió por fin una ~'l'an su'3cl'icion y partió á la cabeza de una peq ueña expedicion de madnos fa. miliarizados ya ln mayor parte con el cli · m a polar. Ya hemos dicho antes que tuvo la suerte de volvel' á ver la célebre mar libre des-cubier ta antes por Mot·ton. Sus exploraciooea se di~tinguicron por algu. nos inciden tea dramáticos; en una ocasion tuvo que sostener un combate en regla contra los mm·sos. DespuJs de esta época poco sepat·ada por lo demás de la actual, pue;;to que el viaje de Hayes se efectuó en 1863, parece que los navegantes se han retraído para voiver á. emprender con más ardor que nunca sus escursiones al Not·te. Ultimamente la Alemania ha dado la seiJal; el cálebre doctor Patermann ha pa· trocioado con su influencia la primera de estas expediciones á la conquista del polo Norte; ya el navío Ge1·man~tz ha v:.~elto en el mes de Setiembre despues tle habe¡· lle· gado hasta la la ti tu d ti e 81°, 5' E::~te Yiaje, sin resultado detiniti vo, qo ha desanimado á la perseveran te A lema ni a, y de nn día á otro se espera la salida de u u e vas expediciones. Los suecos han ensayado igualmente sin éxito franquear los hielos de las inmediaciones tle Spitzberg. Los EstaJos Unidos van á intentar fot·zat· el paso al Oeste éfe la Groenl<~ndia . En Francia se está nctualmente completando una suscricion abierta por el intrépido Lambert, antiguo alumno de la Escuela politécnica, que se ocupa en activar los preparativos pat·a ir _á plantar el pabellon nacional sobre las rocas bañadas por la mar libre.

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{Conclusion.)

EL CONDE DE ARANDA:.

Don Pedro Pablo Abarca de Bolea nació en Siétamo (Huesca), año 1719. Siguió la carrera militar en Parma; á los 21 años era oficial del ejército que Felipe V envió para restaurar al príncipe Cárlos en el trono de aquellos Estados. Durante esta campaña ~u cedió á su padre en el condado: distinguióse, contribuyendo á su feliz éxito, y fué promovido á brigadier. Al ocupar Fernando VI el trono de EsP,aña, obtuyo Arauda la faja, y desempe· ñó, por encargo del gobieruo, varias comisiones importantes en el Norte de Buropa. Ascenrlido á su regreso al g1·ado de teniente @'eneral, pa::~ó de embajador extraorninario á la corte portuguesa; fué luego director de artillería é ing·enieros, y de 1760 al 6~, reinando ya Cárlos III, representó á España en Polonia. Promovido des pues. á ca pitan general, lo fué de Valencia hasta el año d.e 17'66, en que, á. consecuencia del motín popular contra el ministt·o Esquilache, fué llamado á ocnpar la presidencia del Conse,io de Casti1la. De esta época data realmente la celebri· dad del Conde de Aranda. Llevando á cabo con actividad y celosa energía di versas reformas de las que sus talentos y amor á la civilizacion le aconsejaban, limitó la jurisdiccion del Santo Oficio ; restringió el abusivo derecho de asilo; instituyó academias científicas, so· ciedades de amigos del país, montes píos y escuelas gratuitas; favoreció la ereccion de las colonias de Sierra-Morena; mejoró y puso expeditas las principales carrete· ras; dió Inás. completa organizacion al ejército, estableciendo nueva ley de reem·

plazos, y llevó, por fin, su atención y: des• velo hasta los detalles más minuciosos de la administracion y de la política. Dimitió, al fin, la presidencia del Consejo y ,la capitania g·enet•al de Castilla la. Nueva, siendo nombrado embajador de· Francia, año de 17'73. La revolucion francesa le trajo de nuevo á su pátria. Cárlos IV acababa de suceder á su padre, y Arauda aceptó en 1792 un ministerio; pero muy pronto quedó relegado á io:) estrados del primer Consejo de la nacion. Tampoco en este pudo sostenerse, y desterrado á Jaeu, fué despues. trasladado, como preso, á la Alhambra de Granada. Acometido allí de un ataque apoplético, en 15 de Setiembre del.mismo año obtuvo licencia para pasar á los baños, de Alhama, luego á Sanlúcar de Barrameda, siendo ya testigo de los males que habia pronosticado, y por último á su paísnatal. E::.tablecióse en Epila, donde falleció cuatro años despues, en 9 de Enero, de 1798. VENTURA RODRIGUEZ.

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Ventura Rodl'iguez nació en Ciempo· zuelos, provincia de MadriJ , di a 14. 1le Ju· lio de 1717: sus padres fuer"on D. Antonio Rodríguez y Doña Jerónima Tizon; sus primeros principios en el arte. del dibujo los tuvo con el ingeniero D. Estéban hlar· chand, que entonces dirigía las obras de :\.raujuez; allí copió y estudió las traza3 qu.e Juno de Herrera había hecho para aquel palacio, y sobre tan buenos principios siguió s u carrera en la arquitectura ~in sepa1·arse jamás de ellos ..Despues de haber fallecido Marchand el año de 1733, siguió Rodriguez en Aranjuez delineando las obras que dirigia Ga-

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Los Conocimi entos útiles.

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1 luci y Bonavia, hasta la venida de Jubara

nando en 1752 sobre la base marcada por Madrid, el cual, habiendo visto algunos la junta preparatoria, y quedando con el dibujos de Rodl'iguez, le llamó para que honor de directores los expresados Sacft ese su delineante. Deliueó muchos plachetti, Pavía y Carlier~ se conti.rió á Don nos bajo la direccion de J ubara para e1 Ventura Rodríguez la plaza de primer di· palacio Real de Madrid, ayudándole en la rector de arquitectura, en cuyo puesto construccion del modelo del mismo palahizo ver á toda Europa la gran suficien cia. Estando en esta operacion mu1·ió J ucia.y los vastos C('nocimientos que poseia \}ara, y D. Ventura Rodríguez quedó solo para enseñar esta profesion en un estable· desempeñán ' ola. cimiento ta n celebrado entonces en todas A la venida de Sacchetti á España para. las naciones il ustradas del mundo. Repu.sustituir á su maestro, Rodríguez hizo los tado por el mejor arquitecto de España, planos y perfiles de lo que quedaba del de todas partes se le consultaba, se le oia antig uo alcázar, asi comu taml.J ien de toy se adoptaba su parecer; y si bien t uvo el dos los ed1ficios de al rededot', calles, plasentimiento muchas veces de no ver adop· zas y demás accesorios) para que Sacchet· tadas sus trazas, muy superiores á todas ti trazara sobre estos datos el p,alacio aclas demás, tuvo el convencimiento de las tual sobre el mismo emplazamiento qu·e ruines intrigas de los cortesanos, entre los tuvo el antiguo. Asistió D. Ventura á que siempre hay una idea pequeña domi~olocacion de la primera piedra, y ayudó paute, que si bien hoy se puede reputar á Sacchetti en todo cuanto fué necesario á como afrancesada, entonces para ser elela construccion del nuevo palacio, sin segante tenia que ser italiana; así fué que pararse de su lado. Tu.les fueron sus adehabiéndose mandado por Reales órdenes lantos, que merecieron la atencion de-la. de 17 de Agosto de 1757 y 6 de .Marzo de junta de obra:; y bosques, y á su propues1758, que hiciese las trazas y diseños de ta le nombró el rey, en 18 de Junio de las obras exteriores que se habían de ha1741, aparejador segundo del nuevo pala- cer en la plazuela de Palacio y en los jarcio por· ascenso de D. Antonio Marcelo, va- dines y bajada al Campo del Moro, sin lenciano. embargo de haber sido preferidas y aproAun cuando Rorlriguez no fué nombra.,- · hadas las suyas con gran ventaja á la:; de do director de los estudios ue la. junta pre· Succhetti, no merecieron ser ejecutadas. paratoria para el establecimiento de la Su aficwn por la ensefianza rayó tan Academia de San Fernando, t uvo mayor. alto , que no solo daba lf'CCioo.es en la Aca· parte en ellos que los mismos di-l·ectores demia, sino qne constituyó en su casa otr·a · Sacchetti, Pavia y Carl iers. En medio de escuela, donde recibía á. todos los jóvenes estas faenas delineó un magnífico templo, que querian dedica1·se con aplicacion al cuyos planos fueron presentados á la Aca- divino arte de Vitruvio, tt·atándolos como demiu. ue San Lúcas de Roma; y tal fué el á. sus hijos, !!in ocultarles nada de cuanto apt·ecio de esta sá.IJia corporacion, que le había aprenditio en esta profesio1:1. nomb1·6 académico de mérito de la misma El Ayuntamiento de Madrid le nombró en 1747. Co.a sus grandes servicios, con su su maestro mayor de sns obras y fu en tes, ~ran reputacion de sobr·esaliente matey el rey director general de la Heal Acai'oático, con la distincion que acababa de demia de San Fernando en 9 de Enero de hacerlela Acndemia de San Lúcas, y so1766, por tr:enio. La ue San Cárlosde Va· 'bre toJo con la gran reputacion que cada lencia le mandó el titulo de académico de día adquü·ia en Espaiia en el bello gusto mérito t>D 1768. El Duque de Lil'ia y el de la arquitectura 1 influyó en D. Feroan Marqués de Astorga el de maestro mayor do VI pnr·n que le nombrase arquitecto de sus obras y Estados. El cauiluo de Todelineauor mayor de las obr·as del- Real ledo e1 de maestro mayor de sus ob1·as en palacio, en 5 de Marzo de 1749. 17 de No:viembre ele 1772. El infaute Don Erio-ida la Real Academia de San FerLuis el de su primer arquitecto. La socie-

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Los Conocimien los úliles.

dad patriótica de Madrid el de su individuo facultativo en 1775. En este mismo año volvió á ser nombrado director general de la Real de San F¿rnando por otros tres niios. Desempei'ió tQdos estos destinos y otros infinitos con el mayor desinterés, celo y exactitud en beuet1cio de los establecímientos que le nombraron, y á satisfaccion de los magnates que se glorinbnn de su trato y amistad, y con especialidad el infante D. Luis, que no pudiendo siempre tenerlo á su lado por ::;us muchas ocupaciones, encargó á Goya el retrato de tan eminente nt•tista pam tener el placer de colocArlo en su cámara. Sin haber estado en Roma estudió todos los grandes monumentos y estilo:;; de la antigüedad. El rey, el Consejo y todos los prelados de España le admiraban por sus. grandes conocimientos y ·por la suma ama· bilídad de su trato, dándole una: fama incomparable dentro y fuera de España, y el glorioso n "Jmbre de Restawrad01· de la arquitectw·a española: falleció en Madrid el año de 1785, á los 'i8 años de edad; fué enterrado en la iglesia parroquial de San Márcos, que hubia él mismo construido en el .año 1'74.9, á la edad de 32 años Muehas obras debieran citarse si se en u· meraran todns las que hizo y proyectó; acaso serian muchos cientos de ellas, pero enumerando algunas basta. Iglesia de San .Márcos en Madl'Íd. Idem de lo::; Mostenses en Madrid, hoy plazuela. Interior, iglesia de la Encarnacion,_ Madrid. Presbiterio y retablo mayor de San !sidro, Madrid. Palacio del Duque .de Lida, Madrid. Palacio de Altamira, sin concluir, Madl'id. Todas las fuentes del Prado, Madrid. Palacio del infante D. Luis en Boadilla. Capilla de Belen en San Sebastian, Madrid . Capilla de la Virgen del Pilar, Zara. goza. TorreyfachadadelacatedraldeMurcia. Fachada de la catedral de Santiag-o.

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Truscoro de la catedral de Almería. Pórtico y fachada de la catedral de Pam. piona. Colegiata de Santa Fé, reino de Gra· nada . Iglesia de Santo Domingo de Silos. Iglesia de Agustinos filipinos, Valla· dolid. Ig-lesia de San Felipe Neri en hlálága. Siendo innumerables las que hizo en todas las provincias de EspaDa, y muchas más lasque proyectó y se aprobaron, p.ero no se hicieron. VILLANUEVA.

Nació en ~'fadriu en 15 de Sstiembre de 1739, de familia artística y muy conocida por su ilustracion y amor á las bellas artes. Su pa1lra D. Junn fué acreditado escul· tot· en .Madrid. A lo::; 14 años obtuvo un premio en la Academia de San Fernando; otro á los 17, y dos á los 18. Delineó el palacio nuevo de Madrid bajo la direccion de su her.m ano. Aplicado y reflexivo, obtuvo por oposicion una plaza de pensionado en Roma, donde pe1·maneció siete años, estudicmdo con notable aprovechamiento y gran ven· taja para España los monumentos más célebres de esa gran ciudad y las obras más notables que guardan sus archivos y bibliotec"as, como lo prueban los estudios, planos y diseños que de Roma ¡·emitió á la Acedemia de San Fernando. A su vnelta. se .fijó en el Escorial en 1167 á las órdenes del conventual obrero, con el mezquino salario de 9 rs. diarios, para impregnarseenelgusto de Juan Bautista de Toledo y Juan de Herrera, sin embar· go de haber sido nombrado aquel mismo año individuo de mé1·ito de la Acadel!lia de San Feroauuo, de cuya corporacion fué teniente directo1· en 1'770, director en 1774, arquitecto y fontanero mayor de Ma · drid en 1'780, y ep 1'787 arquitecto mayor de los sitios Reales, en los que construyó grandes y magnificos edifieios,

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Los Conocimientos útiles.

En 1792 mereció ser director de la A ca· demia expresada. Cárlos IV le nombró su arquitecto ma· yor y directot· de la limpieza ue Maurid con los hooot·es de comisario ordenador en 1798, concediéndole en 1802 los de in tendente de provinci::~.. Falleció en Madrid en 1811 con g ran sentimiento de los aman tes de las bellas artes é intelig·entes en at•quitectura, depo· ~itándosele públicamente en la bóveda de la capilla de Nuestra Señora de Belen, propia de los arq uite.ctos, en la parroq nia <le San Sebastiau, distincion que merecieron muy pocos españoles en aquella época de dominacion extranjera, en cuyo perío-

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do, sin embargo, se acordó muy acertada· mente lacreacion de cementerios públicos, prohibiéndose la inhumacion en capillas, conventos é iglesias. Laborio:;o y entendido, es autor de muchas obras dentro y fu~ra de Madrid, DO· tablcs y de mucho gusto, como arquitecto é ingeniero hidt·áulico. Como más notables, citamos las si· g·u ientes: Iglesia del Caballet·o de Gracia. Ohservatot·io astronómico de Madrid. Teatro Espailol. Entrada del .Tat·din botánico. Museo Nacional de pintura y escultura.

·CONOCIMIENTOS VARlOS.

CRÓNICA. LECHE CONC!i:NTR ADA.- Una compañía inglesa ha organizado en Uham ,canton deZug (Suiza), la preparación en g rande escala de leche concentrada para expedirla al comercio en cajas de hojl\ de lata IJe¡·roéticamente soldadas al est aüo. Por medio de ciertn. manipulacion, retiran á la leche, sin alterar ning uno de sus principios, y conse¡·vándola su crema y glóbulos butíricos, la mayor parta del agua que contiene; le añaden una cic1·ta cantidad de azúcar para hacerla incorruptible y darla la consistencia de jarabe espeso. Cuando se trata de usar esta leche, se le devuelve el agua que se le quitó, con lo cual vuelve aquella á su estarlo primitivo, con solo un pequeño sabor azucarado. El baron Liebig , que la ha anaHzado, ha dicho de la referida leche que no contiene sino leche de vaca con nzúcar, que posee todas las propiedades y condiciones de la leche pura, recomendándola como perfectamente saludable para Jos niiíos y enfermos. En otra segunda rt:lacion dice el citado Liebig que la leche concentrada que nos ocupa, disuelta en cuatro ó

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leche fresca de primera calidad que ha sido calentada. LA JNSTnucclON SUIZA.-Grande y en extremo admirable es el entusiasmo que por la instrnccion popular existe en todas las clases de Suiza. Todos los cantones dedicun á este noble y culto objeto sumas crecidas. Solo el Estado gasta franco y medio por cada habitante, y los muni~ cipios que, como en fi:spaña, son los encargarlos del gasto principal, invierten cantidades considerables. Solo en el can ton de Zuricll, los , Ayuntamientos invierten en la instruccion pri· maria millon y medio de francos, ó sea cien y medio por habitante. La pequeña ciudad de Winterther, que no tiene más que 5.000 almas, ha constmi Jo en dos años tres magníficas escuelas de nueva planta, situadas entre bellísí mos jardines, y costó cada una 6 000.000 de reales. Así se explica que sean contadas en toda Suiza las personas que carecen de instruccion . En el cantan de Ginebra se buscaba hace poco tiempo, para ensayar un n uevo método de enseñanza, una persona que fuese completamente ' ignorante, y no se encontró.

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L o s Conocimienlos útiles.

contrasta notablemente con el que presenta nuestra desgraciada 'España. ANTÍDoTo DEL rósrono.-Hace poco tiempo que la esencia de trementina figura entre los antídotos m as eficaces del fósforo introducido en e.1 estómago. Produce su efecto oponiéndose á que sea rápida la combustiou del fósfore, que se verifica en los tt>jidos por el oxígeno contenido en la sangre. La trementina, haciendo inerte en cierto grado al tóxico, permite al médico provocar su expulsion antes de que haya causado g randes estr·agos en la economía. Los periódicos de medicina refieren muchas aplicaciones de esta propiedad de la tr·ementina, que conviene saber, porque puede salvar en algunos casos la vida de los envenenados involuntaria ó Intencionalmente. EMPLEO D& LA REMOLACHA PARA I.AS HERIDAS.La remolacha rallada, ó sea desmenuzada con el rallo, puede ser ventajosamente empleada en la curaeion de una herida. Cuéntase la experiencia de unajóven que en una casa de campo pttso el pié sobre un clavo, el cual, atravesando e l calzado, le hirió en el pié. Su.fria horriblemente, y la intl.amacion de la herida aumentaba, no habiendo nada en la casa para aliviarla, y teniendo que acudir léjos para encontrar una bo tica. En esta situacion el jardinero ha b!ó de un remedio que él mismo había experimentado, y que, á pesar de ser tan sencillo, tenia mucha. eficacia. Privada de otro medio, la jóven quiso ensayarle, y el jt\rdinero, solícito, tomó una remolacha, la lavó bien, la ralló y la aplicó sobre la herida, manteniéndola con u na venda. En seguida notó la paciente una mejoría sensiL!e; el •dolor poco á poco fué disminuyend.e y la intl.amacion desapareció. Se contiñuó aplicando la remolacha rallada sobre la llaga, y en pocos dias la curacion fué completa. INDUSTRIA DEL PAPBL.-108 periódiCOS extran jeros han anunciado recientemente la invencion de un papel impermeable que puede servir para contener líquidos. Ahora apa¡·ece otro inventor que acaba de

fnbricar un papel tan resis tente, fi pesar de su f'lexib ilidad, que pnede coserse como las tela!! orrlinar:ias de lana y de nlgodon. Una camisa, unas enaguas, una f,,Jda de vestido de este papel cuestan poco más de dos reales, sin contar la hechura. Hace algunos años, cinco.() seis escasamente, que la industria del papel, aplicada á los vestidos, ha tenido origen, y al p•·esente ya está. resuelto el problema de confeccional' un traje completo de la cabeza á los piés para señoras y caballeros. Se empezó por los cuellos, puiios y pecheras de camisa en papel blanco; despues se les dió color. En 1866 se fabricaban mecánicamente en América: camisetas de pliegnes de diversas dimensiones: enaguas con 6 sin volantes y con volantes acanalados: gorros para hombres y mujeres. F.n 1867 aparecieron los calcetines de papel. En 1868 se inventó el sombrero de paja de papel. Y, en el presente año de 1869. hé aquí que se inventa un papel que puede recibir todos los dibujos y todos·los colores que se quiera; que se unen sus piezas y que se cose sin la menor rotura, pudiendo hacer de él camisas, faldas, chalecos, pantalones, gabanes y hasta zapatos, los cuales se hacen impermaebles por medio de una ligera aplicacion de caoutchouc. El traje, pues, está. completo. El inventor de este papel flexible y que no ~e desgarra, añade que se pueden fabricar sábanas, servilletas, manteles, cortinas, pañuelos para sonarse, et c. Con esta última aplicacion ya estamos al niv~l de los japoneses. NuEVA voz TÉCNICA.-En Nueva-York ha empezado á. usarse la palabra cablegram para. designar los despachos del telégrafo trasatlántico. Creemos que en nuestro idioma, así como es ya corriente la voz telégrama para significar un despacho telegráfico, trasmitido por medio de los hilos del telégrafo comun, se adoptará la de cablegrama para el caso en que el despacho sea trasmit ido por los cables submarinos.

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MADRID: teOO.=lmprenta de Los COIIOCÍIIIJ"Nroa dr11U 11 cargo de Francisco Rolg, Arco do Sonto Merla, 59. •

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CONOCIMIENTOS OE 1\fETEOROLOGlA. !

1 1--'ronóstic os y preocupaciones.

1 (Conclusion.)

·como la luz del Sol, amique én grado mucho menor, tiene la de la Luna la propiedad de impresionar las placas y pape·les fotográ,ficos muy sensibles, ó sea de alterar la composicion quíruica ele- algunas sustancias, mas numerosas de lo que no bá mucho hubiera podido nadie figu rarse. El enlace que exu;te entre el ag·en· te luminoso y las demás fuerzas natura· l~s, será ~<ti vez aun por largo tiempo desconocido, é inexplicable su mauera tle obrar sobre la materia; pero sobre la eficacia y multiplicidad de sus efectos no cabe incertidUJ;n bre. Repárese, en prueba de ello, en las grandes diferencias de as_ pecto y de coruplex10n que median entre una planta nacida y criada á la sombra Y otra de la misma especie expuesta á los rayos benéficos del Sol; entl'e un horubre libre, que vive á la luz del día, y ot ro encel'rado en un lóbrego calabozo, ó sepultado por hábito en un aposento retirado y sombrio. Parece, pues, indudable que la luz de la Luna, aunque de esca:;a' int ensidad, dé be producir algun efecto en las tt·aríquilas noches del año en la callada naturaleza, activar la vegetacion ó modificar el estado de salud y vida de los séres orgánicos. ¿,Pero basta lo que acabamos de exponer para explicar gran número de fenómenos atribuidos á la accion luminosa de la 1 Luna? ¿,Convendrá. como algunos opinan, cortar, por ejemplo, los árboles para evi1 tar su putrefaccion en el último cuarto que en el primero? ¿,podados, por el ¡11 mejor contrario, en este)' no en aquel? ¿,sembrar tales especies de vegetales en uno y tales ott·as en los demás? ¿,evitar la presencia de 1 . l. la Luna para que la piel no cambie de co~

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AgOijiO 28 de 1869.

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lor? ¿,donuir á cubiet·to de sus rayos para 1 no perder el don precioso de la vista? No ! basta de ningun modo en concep to de las más respeta · le:; ¡.r·•"ade"' t'lentíficas. Aquellas creencins populares, y otras 1 muchas que PL'r no tocar en E'l ridículo no hemos querido citar, no en todos lo::; paises idénticas, contradictoria::; muchas veces, ó no se apoya n en hecho alguno bien observado, 6, si se expresan todas las circunstancias del feoómeuo, admiten una exiJlicacion pl:msible y muy disti11ta de la vulgar. RecuérJese lo qt.e más arriba expusimos: el hombre nece~ita conocer las ca usas de los efecto.:; que má:> hiet·en su mente; cuando se ocultan á sus afanes, crea nna hipótesis, se familiariza con ella, y acaba por confun(iir con la reFJlitlad lo que fué en el ol'igen un sueiío. La Luna. ilumina nuestro horizonte muchos dias del me;:~; <le una constelacion del Sur pasa á otra del Norte con rapidez sorpt·endente; su brillo expedmflnta di versus a ltemativas, segun el estado diáfano ó brumoso de la atmósfera; en su disqo se 'descubren las caprichosas som!was de sus valles mezcla· das con el vivo resplanuor de sus mou tañas; y sus fases se suceden con regularidad, pero, sin embargo, en un órden admirable: cualquiera pt·opíedad oculta que á este misterioso astro se atribuya ha de encontrat· por lo mismo numerosos ereyen tes; cualquier fenómeno de origen desconocido corre riesgo de ser achacado á su poderoso influjo. Y con un poco ue credulidad no hay medio de salir del error. Si tal fenómeno, predicho siempre en términos vagos, no sucede en el mismo dia de un cambio de faz, ocur·rirá dos 6 tt·es días 1 antPs ó despues, ¿y quién repara en tan ~ T OMO

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poca cosa? Snlga cierta una vez la prediccion, y como en esto hay algo de mar,a vi!loso, nada importará que resulte fallida en todos los demás casos. Mientras tanto los partidarios de la accion lunar continuarán contemplando á su .astro favorito, ó forjando historias por su cuenta, sin Acordarse ninguno ni de la época del ni'io en que vive, es decir, de losefectosproducidos por el Sol durante el dia, ni del ca·· lor propio de la Tierra, ni de la radiacion de esta hácia los espacios celestes, ni del grado de humedad del suelo, ni del estado de la atmósfera, ni de otras muchas circunstaocias fisicas, prescindiendo de las cuales es imposible distinguir lo cierto de lo dudoso, ni desenmarañar la influencia exclusiva de nuestro satélite. Por eso la cienéiaLCs más prudente que los agoreros que.flspeculan con la credulidad del públi· co; no niega, ni en negarlo tiene el menor interés 1 que la Luna ej~rce sobre la Tierra alguo efecto; pero procura meditle, le compara con otros, debidos á orígenes m uy distintos, y no le da más importancia de la que posee en realidad. Eu 'el último tercio del pasado siglo vivía en~Pádua un sacerdote y físico distinguido llamado José Toaldo, que tanto en su Ensayo de Meteorología como en una memoria sobre las aplicaciones de esta .ciencia á la agricultura, premiada pot· la Academia de Montpellier , y de la que existen dos traducciones en castellano, sostuvo de buena fé la influencia de la Luna en los fenómenos terrestres. Prescindiendo de otras causas, opinaba Toal.do, y creía verlo confirmado por la observacion, que de lAs posiciones relativas de los tres cuerpos, Sol , Luna y Tierra, dependían en esta las variaciones de te mpe. r atura y de presion de la 11tmósfera, la sucesion de los vientos y la escasez 6 ab¡¡ndancia de las lluvias; y como aquellas posiciones, tras 19 años, ósea trascurrido el ciclo de Meton ó número de Oro, se repiten en el propio órden, concluía que así como los antiguos se hallaron en estado de predecir los eclipses anotando los acaecidos en tan breve término, así se conseguiría en los tiempos. módernos pre-

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decir los accidentes atmosféricos estudiando cuidadosamente en cada localidad los ocurridos en uno ó más de aquellos periodos. Como el eje de la órbita lunar cambia tambien de posicion en el espacio, y al cabo de 8 años y lO meses efectúa un giro completo, anunció asimismo Toaldo la especie de que en ciclos de esta amplítud, ó. próximamente de 9 años, se reproducirían con algun órden los fenómenos meteorológicos, debiéndose en tal caso deducir impo1·tantes consecuencias para el conocimiento de los futuros del 'exámen de los observados en los ciclos auterio'res. Pero el físico paduano tenia demasiado buen sen ti do para conocer que en la vida del mundo 19 ó 9 años son un breve soplo, y que aun suponiendo periódicas las revoluciones de la naturaleza, podrían estas abrazar un inmenso número de años 6 acaso de _siglos. Por eso al publicar su Oatendariometeo1·ológico, fruto de 40 aiios de observaciones, no se descuidÓ en advet·· tir que las predicciones y advertencias en él contenidas carecían de generalidad, y eran solo aplicables á los fértiles llanos de Lombardía, debiéndose efectuar en cada pais un trabajo parecido al suyo, para llegar á conocer con aproximacíoo tolerable los futuros cambios atmosféricos. Por alguo tiempo hao gozado de bastan· te crédito los periodos toaldinos, y acaso no re0onocen otro fundamento las predicciones de los aimanaques, puestas al lado de las diversas fases de la Luna; pero mas que de sólido peca aquel fundamento de endeble en demasía. Porque, en primer lugar, la Íey formulada en el número de Oro no es completamente exacta, y aunque lo fuera, de ella no se deduciria que las verdaderas distancias del SoJ, la Luna y la Tierra se reproducen de 19 en 19 años, sino solo sus posiciones angulares 6 aparentes, lo que es cosa muy distinta; ni los res~ltados que del segundo período, muy incierto tambien, se desprenden, concuerdan con los obtenidos del an-t erior; ni la observacioo, verdadera piedra de toque, confirma las consecuencias de esta teoría errónea; y en fin, porque ni las re· voluciones terrestres naturales, ni las que

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con el cultivo, los desmontes, la desecacion de lagos y otra:>, introduce todos los dias la mano del hombre, se llevan nunca en cuenta en semejante manera de proceder. Véase, pues, hacho este exámen sin pasion, antes con sentimi~nto, á lo que viene á quedar reduc:ido el papel de la Luna en las vicisitudes atmosféricas. A todo lo que ¡Jrecede se harán indndablernente dos objeciones, á que es necesario apresurarse á resp~..nder. ¿,Por qué, se nos dirá, se publican aun calendarios sazonados con numerosas pL'eclicciones meteorológicas? ¿En qué consiste que no siempt·e tales profedas resultan de.sacertadas? La culpa de que aquellos libros se publi· quen no e:s de sus autores, sino del públicoque los compra y prefie¡·e á todos los demás. Y no se alegue Ignorancia sobre su verdadero valor; pot·que cuauto hemos expuesto acerca del asunto se habia ya dicho en tono, ora sérw, ot·a festivo, por personas más versadas en la materia; y tras de nosotros no faltará aun quien se vea obligado á repetirlo. El público ama y busca lo maravilloso, no gusta de la verdad que viste traje sencillo, y exige de los que algo saben lo q!le no se halla al alcance de la sabiduría humana. Por eso Keplet·o , que hubiera robado á Newton una parte de su g·loria, si no pasara la vida corno u o relá.mpago, se vió forzado para subsistir ú. componer bo1·óscopos para los príncipes y nobles alernánes. ¿'Acaso se creerá que aquel ilustre gónio daba erédiLo á semejantes supercLerias? No; pero cuando la vet·dad se desprecia y la mentíra se paga, hay que fingir en obsequio de la misma verdad. U na cosa semejante ha :lUCedi<.!o con las predicciones de los alma· naques: debidas á la supersticion ó acaso al fl'aude, sostuviéronlas la ignorancia y la rutina, y van desapareciendo á medida que la ílustracion se ensancha, y que puede en voz alta confesarse la verdad, sin ' riesgo de verla escarnecida. ¡Que las predicciones de los almanaques no salen casi nunca fallidas! A esto responderá por nosott·os el célebre baron de Zach. En el tomo segundo de su corres- ·

poodencia, imp1·eso en Génova, habla de un Santiago Sylvius, famoso médico francés del siglo XVI, ardiente pat·tidario un tiempo de la astrologla judiciaria, pero que, arrepentido despues de los despropó·sitos q\1e con tal motivo habia creído y hecho creer, acabó por toma1·se la molestia de trastornar a 1 principio de cada año las predicciones de los calenda1·ios de su época, de escribir, po1· ejemplo, bo?'?'ascoso donde decia se1·enn, calma donde leia 'tlientos, etc., con lo cuallleg·ó á ser pronto un astrólogo consumado. Imiten nuestros lectot·e.s á este Snntiago Sylvius, y si no en · cuentran motivo de felicitarse, tan1poco tendrán po1· qué at·repen tirse. Las ruultiplicada.s é inútiles tentativas hechas para descubdt· el principio capital de los a~cidentes atmosféficos no desalentaron á los fís'i~..os de los Jos últimos siglos, y ya que de las me1·as consideraciones planetarias nada positivo había podido deducii'SC, se pensó en ernprend~t·se otro camino pa-ra remontarse poco á poco al &siento lle la verdad. Y es que en medio de tantos Jeserigaños, de tanto tiempo perdido y trabajo mal ewpleado, su iastinto dice muy alto á la humanidad que, en vez de.l cáosaparente que uos ofu€ca, reina en la naturaleza un órden admirable, una sencillez suma, como en toda obra que proviene inmediatamente de lJios. Muy opor tuno es lo que á propósito de este asun to dice el Sr. Rendu, secretado de la Sociedad meteorológica de Francia, que, co· locado en medio de la atmósfera, teatro de mil ftJnórnenos extraiios, parécese el hombre á la hormiga que se arrastra entre los surcos rect~ de una heredad, tro · pezando en un precipicio, ó retrocediendo ante un grano de artJna que confunde con una montaña; elevándose un poco, vé con extrañeza que las irregularidades que le asombraban son simples accidentes qn e contribuyen á embellecer el vasto y sencilio plan de la naturaleza. Gracias á la invencion y perfeccionamientos sucesivos del barómetro, del termómetro, del higrómetro y de los demád instrumentos hoy en uso en todoa los Observatorios, empezáronse á recoger cou

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hecha pedazos la valla que hoy se opone á los p1·ogresos sucesivos üe la cien oia. Esto es lo que en diversas ocasiones se ha penféricas , las circunstancias que les acomsado en emprender, pero lu que no se ha pañan y signos manifiestos que á. veces les llevado á yumpli<lo efecto nunca,., po1·q u e preceden. Recordaban los nuevos obreros obstaculos que demandan pat·a :~er supede la ciencia que de la observacion, efecrados toda la energía del homb:-e, retraen tuada concienzuda y constantemente, proá los m :ts fuertes, y á. empresas de resul· venían los grandes adelantos de la Astt·otarlo seguro, aunque glol'ioso, no prestan nomía modcma, y por eso les a lenta ba en nunca, y es natural, su tlecidido apoyo los su tr»bt>jo penoso la e;:;penmza de t•enuj¡· gobJt:I'llOS cautos. en bre ve téi'Inino lns elewE'ntos necesarios El número de Obset·vatoriQS existentes para acomelet· dé f1·eute la solucion lel en Eut·opa es.~ la vet·dad consideeable, y problema á que tanto interés pre.:;ta la so· su organizacion sistemática en aJgunos ciedatl; pero es iuútil oculta!' que ni tales paises, como sucede en el imperio ruso, e.:>peranzasse lwn VJ,to hasta la fecha rea· deja muy poco que apetecer; pero ni están !izadas, ni ha.y·probabiliuatles aun dt• que distribuidos con la uniformidad deseable, en mucho tiempo se r ealiceu.lndicarewos. ni se prncede en todos con el mismo órden , auoqu~ muy por encima, las d.ficultades ni el ardor en obs rvar se emplea desp¡1es que á ello se oponen. en la tarea mucho más ingt·ata de ordenar Si ha de descubrii·se la·causa de un tras· las observaciones, de resumirlas y compa· torno cualquiera en el órden natural de las rarlas entre sí para dedut.:it• de los núme · cosas, para hallarse un día con medios basros, á tanta costa r~unido:>, alguna conae· tantes pat·a ¡wedecir otro análogo, es indi::l· cuencia que sirva de estimulo 6 de t·ett·aipensable couo.:er el estado de la atmósfera miento en lo sucesivo. Por otra pa1·te, Eu. en la época normal que precedió á. su desropa, ó mejor dicho, la Europa culta, ocu· equilibrio, avel'iguar dónde tuvo este ::l U pa una pequeña porcion de nuestro globo, primer origen, cómo ~e propagó y hasta dónde se extendió su i nflujo; lo demás es , y aunque en la América rlel N01·te se ven las ciencias favorecidas, y por los remotos querer deducü· de la lectura de algunos vermates cruzan tambien algunas expt:Jdiciososel argumento complicado de un poema. nes sábias, queda aun gran parte de la Supongamo8, en efecto , un solo ObservatoTierra sin explorar, donde ni se emnren'r-io situado en cualq uiet· punto de Europa: den, ni es fácil empt'ender ciet·ta clase de .. io:; los todos supongá.mosle provisto de trabajos. ¿,Cómo formar:;e, pues, exacta trumentos necesarios, y conveng.a mos en de esta complic1.1da máquina del m un· idea que el celo de sus empleados ·es digno de solo el juego <le una rueda'? conociendo do, los mayores elogios: ¿,qué se habrá adepara la Meteorología, Afortunadamente lantado con esto? Nada. Como en linterna predecir las variaciosolo es no objeto su inexplicamágica veránse allí mil hechos tiene otro más futuras; atmosféricas nes movimienal bles sucedet·se unos á otros; y de bastante embargo, sin útil modesto, to, por ejemplo , la calma; al "frio, el calor; de muchos aprecio el excitar para interés devastadora á una lluvia abundante, una científicorporaciones algunas sábios,,de sequía ; pero ni se percibirá:el enlace que Noscultos. gobiemos los todos de y cas, entt·e todos ellos ~xiste , ni será factible se· no ndo mu el en que supuesto hemos otros parar los que dependen de causas locales indié Ob:;ervatorio, un que más hub~era ó accidentales, de los ocasionados por un cado la imposibilidad de adquirir en él agente superior. Establézcanse Obse¡·vauu conocimiento, ni aproximado siquiera, torios en otros varios puntos, trabájese eo las fuerzas naturales; pero, si á esto de todos bajo el mismo plan, á horas corres· con perseverancia se conseguirá tener no, c9mparado:;, pondientes, con instrumentos de sus efectos eu aquel punto, y del idea. autográficos si es posible, y será muy diperiódico en que se suceden. Porque órden fícil que ante tan rudo ataque no caiga algun sistema, desde el pasado siglo, pre-

1 ciosos apuntes sobre las vicisitudes a t wos·

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Los Conocimientos útiles. es cosa bien notable, y que demuest¡·a cómo la naturaleza obedece á una ley prio~ cipal y acaso única, ver cómo en cada país se reproducen siempre con cierta periodicidad los mismos fenómenos meteorol6gi cos: cómo, por ejemplo, predominan marcadamente ciertos vientos, cómo oscilan las temperaturas al rededot• tle un punto fijo, recoge por años la Tierra el mismo g'l'ado de humedad, y se vet:ifica, en fin, la série de cambios de temporal que constituye el clima de. aquella comarca. En el exacto conocimiento de estos cambios y alternativas, por días. por estaciones y por aiios, SP hallan interesadns la hig·iene, la agricultura y la misma teoría; y hé aquí por qné no debe nunca considerarse como perdido el establecimiento de un Observatorio aislado, sino, por el contrario, como muy útil, pues viene á ser un soldado más afiliado en la cruzada contra la materia que el espíl'itu del hombre tiene há tanto tiempo comenzada. ' Entt·e los diversos fenómenos naturales que con frecuencia se ofr·ecen á nuestras mit·adas, hay pocos más raros é incompreosibles que el de las estreUas fugaces . Con este nombre se designan esas ráfagas de fuego, calladas y mi::;tet'Íosas, que en la bóveda celeste se pet·cibeu, éspecialmente en las not:hes d:espejadas y oscuras, y que, rá;pidas como un relámpagé, aparecRn y desaparecen sin dat• casi tí.empo al observador para estudiar sus fot·mas y acciden· tes. Todas las investigaciones hechas enAmél'ica, Alemania, Bélgica y .Francia por astrónomos, fi.siu(J::; y viajeros de justa nombradía, desde fines del siglo anterior hasta el presente, no han bastado par.a formular una teoría satisfactoria de estas sing·ulares apariencias; pero sin emba•·go hoy es cosa averiguada: que tales ráfagas luminosas no tienen nada que ver con las estrellas propiamente dichas; que sus distancias á la Tierra varian entre 2 y 200 leguas; que sus tamaños aparentes, colores y movimientos son tambieo muy desiguales; que &. su desaparicion suele en algun caso seguir la caída de piedras meteóricas ó areolitos; que no hay noche sin ••

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estrellas fugaces; y que el número medio de las visibles aumenta 6 disminuye en las horas de una misma noche, y en las diversas noches del año, adquiriendo su máximo valor en la primera quincena del mes de Agosto. Al descubrimiento de estas y otras varias leyes muy importantes, ha contribuido como el que más Mr. CoulvierGravier, sostenido por su entusiasmo, y sin más recursos materiales que aquellos que su modesta iot·tuna le prestaba, por cuya razon ha merecido siempre los más cumplidos elogios de cuantos le han mencionado, y al fin, la proteccion del gobierno francés. Pero Mr. Coulvier no se ha contentado con mirar á las estrellas, ó por mejor decir, las ha mirado tanto, que ha. llegado á concebir acerca de su objeto en el universo la iJea, fundarla ó absurda, más extt·aña que pudo á nadie ocurrirle. De la marcha, ora recta, ora sinuosa ó curvilinea de sus meteoros favoritos, de sus colores blancos, rojizos ó azulados, de la lentitud ó rapidez de sus movimientos, de la amplitud total de su curso, enot·me algunas veces, otras de muy corto número de grados, y en fin, ele las más insignificantes cil·cun.stancias que les acompañan, sostiene i\lr· . Coulvier que pueden deducirse, con cet·tidumbre completa, todos los signos necesarios para predecir el temporal futuro, con dos, tres ó más dias de anticipaciou. Para penetrar en el porvenir y evitat· los peligros próximos, Dios, dice nuestro autor, ha dotado á los séres irracionales de un instinto profundo ; lo que el hombre debe temer 6 esperar, escrito se halla en el espacio con caractéres de fuego. Seru. muy cierta esta sentencia; más sin pruebas, t·ecelamos que como tal no quiera admitida nadie. Veamos las que Mr. Coulvier aduce en apoyo de su <loe' trina. A falta de un principio evidente sobre que apoyarla, establece el citado fisico di· versas suposiciones. No admite, como entre otros dedujo el mismo Sr. Biot de sus estudios sobre los fenómenos érepusculares, que la atmósfera llegue solo á 12 ó 14 leguas de la superficie de la Tierra, sino que quiere que su altura pase de Cien·

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to 6 doscientas; en una pala:bra, que se ex· th:nda hasta más allá de la region de las estrellas fugaces, en 0uya manúa de ver aeaso n·o<faltaria quien le prestara apoyo. Supone además que á pesar del frio que reina eu las alturas, al decir de muchos obser>adores de mérito, puede tumbien el vapor de agua elevarse hasta los últimos límites de la atmósfera, sin condensarse en nubes visibles ni precipitarse en lluvia. Y por último, sostiene que toda perturba· cion atmosférica 'Oiene de a?·riba (es su fra· se favo rita) , y que antes de llAg-ar á las capas inferiores ha debido producir algun efecto perceptible en el espacio. Tras de estas suposiciones, confiesa implicitament e Mr . Coulvier que no sabe lo que son en realidad las e~t1·ellas fug-aces, de dónde \'ienen, ni adóuJe van; pero esto le importa poco, porque entre otras muchas cosas dice a l Jleg·at· á cierto sitio: si hallándose el temporal en calma y despejado el cielo se mueven las estrellas fugaces tranquilam ente, sin variar de rumbo, no hay que temer por· de pronto vicisitud alg·una; si despues de recorrer su tt·ayectoría en un sentido, tuercen de camino ó retroceden, esto significa que en las altu ras domina una fuet·ut perturbado ra cuyos efectos no tardarán en sentirse sobre la Tierra; aparecen las estrellas fugaces y se apagan casi en el acto, indicio seguro de que abunda en la atmósfera el vapor de agua, y por consiguient e de próxima lluvia; son muy rápidos sus cursos, de co· lorrojizoalg unas, otrasglobul osas, varias de cont0rnos vag-os, plegad las velas, ma· rineros, porque Eolo ha soltado ya los hu· racanes. No se nos pregunte cuáles son los fun damentos científicos de ias anteriores pre· dicciones, porqu~, como ya lo dejamos in· dicado, se hallan fuera de nuestro alcance; hasta se nos figura que el mismo Mr. Coul· vicr había de encontrarse en grande apuro si se viet·a en la necesidad de responder 1 a. preguntas por el estilo. Por eso dicho seuor qo preseuta su sistema como una. consecuencia de la teoría, sino como re', . sultado, nunca desmentido, de sus innu~ t 1nerables observaciones; por eso recela

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que bajo su palabra, por muy respetable que sea, haya pocos que le acepten como bueno; teme qu.e alguno intente destruirle con epígramas de mala ley; y en este caso amenaza con devolver golpe por gol· pe. Muy mal hace en expresarse así, como en hablar siempre en estilo jactancioso en demasía Mr. Coul vier; porque si su sistema es bueuo, lo demostrará n los hechos de tal modo, que será preciso rendirse á la evidencia; y si absurdo ¡gran Dios! todo lo que en su defensa se alegue no ha de servir más que para ponerle en ridículo, con el~:>istema al autor, y con este á las mismas estrellas fugaces. ~o quisiéramos que tal cosa se verificara, pot·que l!ombres como Mr. Coulvier· lJO merecen al final de su carrera r·ecoger un desengaño por fruto de sus vigilia·s . Eu las p.lginas que preceden hemos procurado cumplir lo que al principio ·de nuestra tarea ofrecimos: exponer la verdad en el asunto de que íbamos á ocuparnos, respetando todo 1o que por cualquier concepto nos pareciet·a d1guo de respeto. s¡· de algo puede tachársenos , es de haber empleado nuestras escasas fuerzas, más que en la exposicion y defensa del actual sistema de ob~:~ervaciones meteorológicas, en la exposicion, un poco parcial por lo 1oinuciosa y apasiouada, de los sistemas contrarios. Dos razones nos han movido á obt·ar así: una. el temor de que á nuestras palabras se diera una interpretaci on tercida si nos ocupábamos en sosteoer lo que algm!o creerá conviene á nuestros intere· se:; per.:5.onales; otra la segul'idad que abrí· gamos de que para nada necesita nuestro apoyo el métoJ.o seguido hoy por los sábios má3 -eminentes de todos los países en el descubrimie nto de la verdad. A lo dicho no agregaremo s, pues, una sola palabra, porque la juzgamos inuecesada; pe1·o tam· poco concluiremos sin hacer mérito de las tentativas efectuadas en España para penetrar por el bueu camino, y de la penosa jornada que aun será preciso recorrer. Pocos renglones nos bastarán para ello. Hasta el año de 1851, si se han hecho observaciones meteorológicas en la Penín· sula con el laudable fin de determinar la

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variedad ue climas que en ella reina, habrá sido por personas amigas del saber, pero faltas de buenos instrumentos y de los demás medios necesarios para efectuarlas con órden, á horas convenientes, y sin interrupcion durante largo tiempo. Solo las séries recogidas en los Observatorios de San Fernando y Madrid, y en algun otro establecimiento científico, merecen, pues, antes de aquella fecha, tener· se en consideracion; mas tales observacio· nes siempre aparecerán escasas en número, inconexas en plan é incomparables Pntre sí, por ser de distinta procedencia los instrumentos, y algunos de construccion poco esmerada. En el año citado se pensó sériamente en plantear un sistema completo de observaciones meteorológicas, primero bajo la direccion de D. Juan Chavarri, y despues de D. Manuel Rico, catedráticos ambos de la Univer sidad central; compráronse para el efecto los instrumentos necesarios; publicáronse las instrucciones precisas á que debiañ atenerse los observadores, y hubo tambien la idea de estimular á estos con alguna recompensa. Pero ni 1o último se efectuó, ni todos los instrumentos llegaron del ex-

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tranjero en buen estado, ni para colocat·los se escogieron locales á propósito, ni, efectuadas muchas observaciones, se ordenaron, discutieron y publicaron en conjunto por largo tiempo, ni el tibio celo de algunos observadores correspondió al entusiasmo, digno de la mayor alabanza, de v~arios otros. Por eso hoy no se reciben ya t.oticias meteorológicas en este Observatorio más que de muy pocos puntos de la Península, de cualquier modo distribuidos, y muchas llegan demasiado tarde , desaliñadas é incompletas; pero en cambio se reciben quejas y reclamaciones, á que es imposible atender, de todas partes. Y no debe extrañarse nada de esto. Que todavía continúen en algunos puntos demostrando'su amor á la ciencia y al trabajo los seliores catedráticos de Física, cuando de sus penosas tareas ni honra ni provecho pueden apenas prometerse, cosa es ver-daderamente admirable; y que otros se quejen y resistan á emprender un trabajo delicado con malos elementos, lo juzgamos muy natural. ¿,Pero no habrá medio de mejorar este estado de cosas'?»

FIN DEL TOMO TERCERO.

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LOS

CONOCIMIENTOS ÚTILES.

IN DICE de las materias contenidas en este tomo. Páginas.

Páginas. ~gricultura.

Economía política.

El agricultot· . . . . . . . . .

321

~Sti'ODOIDÍa.

Las estrellas . . . . . . . .

• ' t: '

353

Biografía. Arago: . . . • . . . . . . . . • D. Leandro F. de Moratin. El Gran Capitan . . . . . . . . Quevedo . . . . . . . . . . . . Garcilaso de la Vega. . . . . . . . . . Ercilla. . . . . . . . . . . . . . ·.. . La Nuza . . . . . • . Juan de Mena. . . . Gravina. . . . . . . . Pascal • . . . . . • . • . . . . . . . • Ambrosio de Morales . . . . . . . . . El Marqués de la Ensenada . . . . . . Laguna. . . . . • . . . . . . . . . . . . El Conde de Aranda. . . . . . . . . •. Ventura Rodríguez . . . . . . Villanueva. . . . . . . . . . . . . . . .

49 201 262 273 ~75

Id.

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Los Calendarios. . . . . . • . . . . . .

CARTILLA DEL iRA BAJO.- Clasiflca-

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cion de nuestras necesidades. Del trabajo . . . . . . . . . . . . De la riqueza. . . • . . . . . . . De cómo se produce la rique7¡a. De las diferentes clases de trabajo... . . . . . . . Del capital . . . . . . . De las máquinas . . . . Del tiempo . .. . . . • De la division del trabajo .. De la asociacion .. Recapitulacion. . . •

21 1 225 241 257 26{ 289 305

Estadistica .

.291

290

Id.

Poblacion de Madrid.. . . . . . . . . . Movimiento de la poblacion de Madrid en i867. . • . . . . Suicidios . . . . . . . Poblacion de Roma.

383 396

Física.

329 36.2

382 =

Id. 398

Cronología.

4

LA

Propagacion del calor en los cuerpos. Higrometría. • . . . . . . . .

91 91

129 328

4

244

Física aplicada. 168

33

El telégrafo eléctrico . TOMO

3.

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Los Conocirnien tos útiles.

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l'áginas.

Páginas.

53 i45

Globos aerostáticos. Gemelo fotog ráfico . La luz eléctrica . . . La cue.:.tion de la navegacion aérea.

233

33 1

2H2

Poes ía de Gnrcilaso de la Vega .. La Égloga . . . . • . . . .

359

IUec:i nica. 113

Las máquinas de vapor ..

Física del globo.

l

L ""'s n1",.reas · • · · · · · · · . . . . . • .

lll!edit·tna.

294 311

Instr·uccioncs familiares ..

Fisiol ogía.

22

Olores . . . . . . . . . . . Propngacion . . . . . . . . Pers istencia del principio vital. .

62 77

Venenos . . . . . . .. . .

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81 120

..... ¡ i81

Suicidios por eft!cto du bebidas ¡¡Jcohó1ic os. . . . . . . . . . El tabaco, sus er~ctos. . . . . . . . . .

1111

314 341

llistoria. 65

Portugal y España . . ..

El viento . . . . . Kubes, nieLlns .. Trombas . . . . .

lli,..loria unh·ersal. TIEMPOS IIEI\ÓICOS.-Esparta.-Licurgo. -Su leg islacioo.-Sus usos y costum bres. . . . . . . . . . . . . . . . ATF.rcAs.-Solon .-Sus leyes -Su culturn.-Paralelo eutre Licurgo y So: l on . -Pisís trato.-~u gobierno.. lli~Sloria

84

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ln clustrin .

El velocípedo. . La CEII'veza . . .

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229 249

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Curtido de las pieles.. . ..

Literatura. FnAG!IIEIITOS ESCOGIDOS -El h uevo, las alas.. . . . . . La luz, la nocl·e. . . . • . . El canto. . . . . . . . . . . El nido, arquitectura de los pájaros . . . . . . . . .

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i58 -189 20'! •2!9 La der rota de los pedantes .. . . . . . 286 { 253 26.::1

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trasatlántico . . . . . . . . . . . . . .

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Nociones sobre la composicion de las tlenus a rables .. :Método anestésico. . . .

El púlo Norte . . . •

La teleg rofia submarina y el cable

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Pronós ticos y preocupaciones..

69 107 188

Química.

natural.

El Almi7.Cle . . . . . . . Pitolo.xia.-La ortiga . La B11lleoa . . . . . . . El Cocodrilo . . . •. :

lllrJ c t~o •·olo ¡;ia .

Ventajas de la in.struccion. Conferencia sobre la educacion de la mujer. . . . . . . . . . . • . • . . . . Las pequeiias industrias . . . . . . • . Origen de la escritura y sustancias en.spleadas para fijarla . . . . . . . . Las obras modernas de los ingenie ros. Noticias curios as acerca del cabello .. Curiosidades industriales y bibliográficas . . . . . . . . . . . . . ·. Fosforescencia del agua. . . . . . . . . El café . . • . . . . . . . . . . . . . . · Inüuencla del estudio de las ciencias físicas sobre la educacion de la mujer. Ordenes reales es paiiolas. . . . . . . . Horología.-Historia de los sistemas cronométricos . . . . . . . . . . . . . Histo'ria del algodon. . . . . . . . . .

10 1 .28 !4 ~ 43 1 58 45 78

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Los Conocimientos útiles. Página..

Discnrso de recepcion en la Academia } 301 de Ciencias exactas, del señor Don Eduardo Saavedra . . . . . . . . . . . 333 345 Proteccion á. los animales.. El istmo de S~ez. . . . . . . 369 Crónica.

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Consumo de carne de caballo.-Enseñanza superior de las mujeres en Rusia.-Eocuentro de un tren de camino de hierro con un elefante. -Pauperismo en Inglaterra.-Premio relativo á la histol"ia de la vacuna.-Efecto demográfico de las quintas.-Miel para dar buen sabor y olor á los vinos.-Un legado.- Estadística forestal de Austria.-Accidentes en los caminos d~ llie¡·¡·o.-EI pozo más profundo del mundo.Exito ele los velocípedos.-Agitacion del Vesubio.- Asociacion científica.- Descu hrimien to. -Estadística criminal -Estadística de poblacion -Hallnzgo de un tesoro.- Descubrimiento útil- Prensa periódica.- Los tesoros del mar.-Ferro-carriles de un solo rail.- Seguridud de los viajeros.-Telégrafos subterráneos.

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- Antídoto 'del fósforo.-Nuevo reactivo para descubrir la presencia de la lana en los tejidos de seda .-Progreso industriaL-Cable telegráfico.- Higiene rpúblicn.- Descubrimiento. Viticultura.- Conservncion de las carnes.Progresos del velocípedo.-Muerte de Erícson. - Extracto de carne de Liebig.-Enagenacion mental en Francia.-Medio de comprobar la. muerte.-Protectores de la instruccion.-Premio á la industria.-El Colodion.-El velocígrafo.-Sombre¡·os de papel -Accidentes ocurridos en 1868 en hl cxplotacion;de Jos ferro-carriles españoles.-Fenómeno notable.-Los periódicos.-Progrosos iod ustriales.-Máq uion de imprimir. -Túnel del 'l'ámesis. - Detencion instantánea de los caballos.-Viaje al rededor del mundo.-Camíoo do hierro del PacíficoEl pozo más profundo -Efeméride curiosa.Kuevo método de amortajar.-Oaso de asfixia. - Yiaje al polo.-l\1erma del ca rbon de piedra. -Leche concentrada.-La instruccion suiza.Antídoto del fósforo.- Empleo de la remolacha para las heridas.-Industria del papeL-Nueva. voz técnica.

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fUNDACIÓN JUANELO TURRIANO


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Los conocimientos útiles semanario enciclopédico popular : colección de artículos sobre todos los ramos del saber humano elegidos y compuest...