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Núm. 16.

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Los Conocimientos útiles

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MEDICINA PRÁCTICA.

Música.-Su influencia sobre la moral del hombre. ¿Quién no ha gozado esos instan tes de melancólico sentimentalismo, cuando doblegada el alma por acerba pena, percibe el eco dulce de una música que le trasporta sin saber en brazos de un afecto infinito á reg·iones fantásticas y de pura imagi· nacion '1 ¿Quién no ha tenido momentos en que, loco en el mundo, enajenado en deseos nefandos y materiales, ha olvidado lu nobleza de su sér, y una nota, un sonido tranquilo y melodioso, tal vez casual y furtivo, ha llegaJo á su corazon, elevándolo como mágica potencia á ideas <le la más encantadot·a felicidad '1 ¡Ah! Es que la música, esa série de sonidos q1te se llaman wnos á otros, segun San Juan Damasceno, es parte integrante del sentimiento humano; es, mejor, la forma de aquel, su más embelesadora manifestacion. La música es el estímulo más excitante de la fantasía; es la voz celestial que habla al espíritu el lenguaje ardiente de la verdad y ·del entusiasmo. No temais acciones viles ni bajas en quienes viven en ella; no sospecheis se confundan en el cieno de las pasiones y de la degradacion; que el mundo está muy léjos de las almas que sienten su benéfico influjo: tal vez caigan á.ntes en un exajerado sentimiento de misantropía que les haga olvidar la sociedad real de que son parte constitu-" y ente. La música es el remedio más universal y adecuado para moderar y curar las enfermedades más desastrosas y terribles de la humanidad, las enfermedades de la imaginacion y de la inteligencia, ó con más propiedad dicho, las de la razon y las del corazon. Ella es la que sirve de base de tratamiento, en el lindo manicomio del Dr. Mercurio; con ella muchos hipocondríacos y melancólicos han evitado una ~

Diciembre 19 de 1868.

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existencia funesta, ó una tísis que les llevase al sepulcro entre horribles padecimientos; á ella, en fin, se debe que muchos que ha brian materializado su aorazon en locas y li vidinosas aficiones 1 hayan podido recobrar el estado de excitabilidad tónica, p1·opia par·a poder concebir ideas nobles y levantadas. Bien lo demuestra por lo demás la tendencia instintiva de huir de los hombres cuando sufrimos los resultados desgraciados de afecciones morales. En la soledad, en el silencio, léjos del torbellino del m un· do y abismándonos en la coutemplacion sublime de la naturaleza, llegamos á dar con el elixir precioso que restituya la fuer· za y la resignacion que íbamos perdiendo en el desmayo de nuestra alma. Aquella languidez inconcebible; aquel ensimismamiento y concentracion febriles que se apoderan del sentimiento al respirar la virginal pureza que trasciende de una creacion, vista en su más simulada desnudez, no sé qué poder y qué accion bien· hechora llevan al pecho, que le tranquilizan y le conmueven: más ¿,qué sino una armonía mister·iosa puede ser el profundo susurro de las soledades?¿ qué, sino divinas é inefables melodías, brotadas del fon1o de la naturaleza? ¡Ah! Bendita sea esa ciencia qne tiene el poder de regir nuestras inclinacionesbendita mil veces la que pudo obrar en el corazon de Esaul y librarlo de su lóbrega melancolía. Sin ella todo fuera insulso y monótono; con ella, hasta el martirio se embellece y toma algo de poético que encanta y fascina. El instinto de la música existe, con muy raras excepciones, en todos los in di vid uos; y el más ó el ménos depende de la conformacion congénita del celebro, es decir, de TOMO

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la parte que Gall y muchos observadores dcspues de él han tenido como asiento de esta inclinacion ( relacion de los tonos). La predisposicion, pues, repito es in na· ta, y á no ser así no comprenderíamos cómo Mozart (el padre), por ejemplo, recorda ya á los seis años toda la Europa, admirando con su gusto é inteligencia m usical tan precoz y tan bien formada, ni cómo Hrondel y otros más, en la tierna infancia ya demostraban sus grandes cua· lidades , dando á la luz composiciones bri· llantes y exquisitas, imposibles al parecer para talentos tan niños y poco trabajados. Pero además de la predisposicion, cuén· tanse como concausas, entre ott·as, el temperamento, el género de vida, la educacion y las condiciones sociales. El linfático no siente la misma influencia ni tan poderoso atractivo á la música como el nervioso ó bilioso. Un hombre en· tregado á trabajos corporales excesivos, que desgastan su sensibilidad y sus fuerzas, no puede estar tan predispuesto como el que guarda ó fructifica su sentimiento en ocupaciones propias para ello: la mujer, en la vida m uelle y lánguida, 10oda de nuestros días, no ha de ser igualmente excitable á aquellas impresiones que la que se encuentra en circunstancias opues· tas. El que ha tenido, en fin, una vida continuamente contrariada y llena de afectos profundos que han iClo obrando sordamente sobre su corazon, no puede estar dispuesto del mismo modo á la músicn que el que ha sido flemático é impasible para todas las emociones. En la música hay que considerar dos partes esenciales : una que se relaciona con los sentidos y otra con el espíritunq uellos pet·ciben, y este recoge y trabaja las sensaciones; el predominio del espíritu para estos afectos da lugar á la melO'»tania. Ejemplo de melómano tenernos en Choron, fundador y director de la Escuela real de música religiosa y clásica, en Francia: hombre de un talento extraordinario que consagró toda su vida á destruir el gusto por la música de-mlltrmttllos y muy cargada, sustituyéndola por esa otr·a muy sencilla, natural y verdadera,

que era el sueño dorado de su corazon de artista. El estudio de la parte perceptiva, digámoslo así, nos lleva naturalmente á la explicacion de algunos fenómenos acústicos, tanto más dignos de esclarecerse, cuanto que están intimamente relacionados con las funciones de nuestro organismo ; más tarde dedicaremos dos palabras á la pin·te reflexiva , es decir, á los sonidos , obt•ando en el celebro é influyendo en el carácter de cada uno. Todo sonido es producido por las vibr a· ciones de las moléculas de los cuerpos; estas vibraciones consisten ...en su dilatacion y concentracion, ósea en la aproximacion y separacion de unas á otras. Este fenómeno da la intensidad (fuerte y débil); cuanto más pronunciado sea, tanto rnás intenso será el sonido y vice-versa. La agudeza de los sonidos consiste en el mayor 6 menor número de vibraciones -en un tiempo determinado: cuantas ménos vibraciones se produzcan, tanto másgra· 1:1e ó bajo es el sonido, y al contrario. Los limites de la escala que puede recorrer esta graduacion de altura se marcan por 32 vibraciones por 111 para los bajos, y 70,000 próximamente para los agudos; fuera de estos extremos, la mayor ó menor agudeza no es posible apreciarse. Cuan,lo el número de vibraciones de un sonido es igual al de otro, en un mismo tipo de tiempo, se dice que son UIJ'l,Ísonos. U na vez producido el sonido puede llegar hasta nosotros, ó directamente_por el cuerpo productor, ó por el in ter medio de cualquiera , no siendo indiferente ésta cir· cunstancia. Por eso que las ondas sonoras se trasmiten con más fuerza de cuerpo sólido á cuerpo sólido, que de cuerpo sólido al agua, y con mucha más que al aire: además, las membranas tensas tienen la particularidad de ser más sensibles á los sonidos que los cuerpos macizos. La velocidad difiere tambien en estos tres casos; pues el sonido recorre, por regla general, unos 330 metros por 1 11 en el aire, necesitando unos 1.500 próximamente en- el · agua y 3.000 en los cuerpos sólidos.

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Dadas las precedentes nociones, descendamos á detalles que sean más particular: mente afines con el objeto de este artículo. A este fin, debemos considerar los instrumentos de música comprendidos en dos grandes agrupaciones, una que incluye todos los llamados de cuerda, y otra los instrumentos de aire. En los instnementos de cue?·da los sonidos se producen por la vibracion de cuerdas tensas.- La intensidad de aquellos puede aumentarse 6 disminuirse segun que, con el dedo 6 con el arco frotado con resina (para que el rozamiento sea más - considerable), hagamos más ámplias ó más pequeiías las vibraciones; por otra parte, la intensidad del sonido es mayor siempre en estos instrumentos que la gue darían las cuerdas separadas, pues aumenta con las vibraciones que estas trasmiten y producen en las demás partes que con ellas tienen relacion ; asi, cuando suena una cuerda de violín, por ejemplo, la oscilacion vib1·atil de esta se comunica á la caja, al mástil 6 sobrepunto, y al alma, que vibran á la vez con igual uniformidad (unísonos) reforzando de este modo el so nido que la cuerda di6 primitivamente: quitemos sino al violin la especie de tallo colocado perpendicularmente entre las lá· minas de su caja (alma), y las cuerdas no -· darán sonidos tan claros -sustituyamos la trascola, que es de madera, por otra d~ una sustancia que vibre poco, y el sonido habrá disminuido tambien de una manera muy notable. La agudeza de los sonidos (número de vibraciones) se modifica, entre otras causas, por 1~ tension , por la longitud y por el grosor de la cuerda que los produce. Aumenta en raz01¿ directa del cuad1·ado del peso t¡1te la distiende, y siendo la ten-

del tambor.

bra, tensa por cuatro libras, dará la misma nota una octava más alta (1).

En la membrana del tambo1· hay que considerar dos caras; una externa que corresponde al conducto, y otra interna á la que se une el principio de una cadena de huesos que se articulan entre sí, y que se llaman, por 6rden de colocacion, ma?'tillo, '!J1Mtt¡1te, lenticula'r y est?·ibo. Esta cadenilla cruza una cavidad, que es la caja del tambor, y va á terminar en su pared más intel'Da. La caja del tambor está llena de aire, y á ella va á abocar un conducto que emp:eza en la garganta (trom-

(1) Toda not~ cslll scpnrndu de su corre$pondienle en lo próxima inmediota superior pOr un doble número de vibraciones; y de la inferior por la mitnd. Si el do de una

octava es producido por 20 vibraciones en 1 '', el do de la OCIOYa inmediata inferiOr Jo CStOrb ror 10, )" eJ de Jo SUjle• r¡or por 40.

sion la ,misma, en razon inversa de la longit1td: una cuerda, por ejemplo, si dá la nota "do distendida por el peso de una li-

OCJOYO

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El número de vibraciones que ejecuta una cuerda está en razon inversa de su rá· dio. Si una cuerda de 3 milimetros de rádio da 20 vibraciones por 1" , otra de 6 dará 10, es decir, habrá una octava de diferencia . Los inst?'1tmentos de viento suenan á expensas, no solo del aire que en ellos espira, sino del que conti~>nen ; produciendo ambos sobre las paredes en que chocan vibraciones que dan los diversos sonidos. Tanto las dimensiones, densid¡td y forma de los tubos como la tension y la can· tidad del aire puesto en movimiento, influ· yen en las mouifica.ciones de la vibracion, haciendo que los sonidos sean más 6 ruénos altos é intensos, segun las circunstancias que hemos señalado anteriormente, y á que obedecen del mismo modo que los incluidos en el otro g1·upo. Una vez producido el sonido llegan las ondas sonoras al oído que ha de percibirlas. Encuentran, primero, una especie de pantalla 6 pabellon (oreja), donde chocan y se reflejan, 'dü·igiéndose luego hácia un orificio que hay en el fondo, y e¡ ue es principio de un tubo qne se llama CO?¿d1ecto auditivo exte'rno. Este conducto es oblicuo de arriba abajo, de fuera adentro y de atrás adelante basta centímetro y medio de longitud, y adelante atrás en el resto, siendo su longitud total de unos tres centímetros; termina este tubo obturado por una membrana, que es la memb?·ana del timpa1w 6

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FU>lDACJÓN JUANELO TURRIANO


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pa de Eustaquio); por esta comunicacion que existe entre la faringe y la boca con el oido, es por qué, para oír mejor, abrimos instintivamente la boca, y efectivamente percibimos mejor hasta los sonidos más débiles. En la pared interna de la caja del tambor hay dos orificios; uno oval (ventana oval), donde termina la cadena huesosa, y otro redondo (ventana redonda). De aq.uel parte una pequeña c.avidad. (vestíbulo), y cuyacontinuacion s.on unos conductos que, por su !orma, se llaman semicirculares: en la ventana redonda empieza otra cavidad, arrollada sobre sí misma á modo de caracol, y á lo que debe su nombre (caracol). Los conductos semicirculares tienen invaginados otros tubos membranosos. de igual forma que ellos~ y entre aquellos y estos hay un líquido llamado perininfa: los conductos membranosos contienen tarobien otro líquido, que se llama endoninfa~ y sobrenadando en este unos pequeños cristales de carbonato de cal (polvo auditivo). Tanto en la endoninfa como en la perininfa vienen á terminar principalmente las ramificaciones del nervio q,ue con-

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Los Gonocimienlos útiles.

duce las impresiones al centro de percepcion. Ahora bien; una vez las ondas sonoras en el pabellon de la oreja, van refl.ejadas al conducto auditivo externo;. rec()rren la longitud de este (unas haciendo vibrar las paredes, ot!·as conducidas por el aire) y llegan á la membrana del tímpano: entra esta membrana en vibracion por influencia, y trasmite los sonidos al aire de la cajn del tambor ( 1) y á la cadenilla de huesos: por aquel pasan á la ventana redonda y al caracol ; y por esta á la ventana oval, al vestíbulo, á los conductos ~e­ micirculares, á la endoninfa, á la perininfa y á el polvo auditivo, órganos de los que, como dijimos, son trasmitidas inme'diatamente las impresiones al celebro por los filetes del nervio acústicoL Expuestas estas nociones del mecanismo de la percepcion del sonido, pasemos ahora á indicar algunas consideraciones sobre la parte reflexiva. (Se continu.a rá.}: FERNANDO BUTRON.

(t) Parte do los sonidos llegan il lo cojo del tambor por el Intermedio do In bocu , , do lu rJringc y de · la tromp!l de Eustaquio.

~Of'OCIMIENTOS

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OE FISICA.

LA ELECTRICIDAD .. '

VII. ( d)- Enumerados ya los principales efectos y fenómenos mecánicos, calO'l'íjicos y hvminosos que las descargas eléctricas pt·oducen, deberiamos, segun lo al principio de este articulo anunciado •. tratar ahora de los magnéticos, si á ello no se opusiese una dificultad considerable.: la de no saber cómo efectuarro con la necesaria claridad, sin aventurarnos ántes en una larga é inconexa digresion para ex plisar á nuestros lectores-qué·cosa es'·0 se deno~

(Conolusion.)

mina magnetismo; cómo se desenvuelve y manifiesta en varios cuerpos esta nueva fuerza ó agente misterioso de la naturaleza; y cómo se modifica su intensidad y manera de funcionar,. se excita ó amor tigua en diversidad de casos y circunstancias. Y pensado el asunto muy despacio, á suponer conocido lo que tal vez no lo sea, ó á truncar y embrollar con un episodio, tan extenso é importante casi como la historia principal, la ex.posicion razo-

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Los Conocimientos útiles. nada de los fenómenos más inmediata y estrechamente relacionados con la electricidad, paré~;enos preferible otro partido: el rle pasar por alto cuanto á los electromagnéticos atañe, sin perjuicio de relatarlos en ocasion más desembarazada y oportuna con el detenimiento y amplitud que, por lo ex.trai'íos 6 sing·ulares, y en varios conceptos intert:!Rantes 1 indudablemente merecen . (e)- Diferénciase una trasformacion corpórea , fenómeno ó efecto q~timico de otro físico en que por resultado del primero el cuerpo paciente experimenta una alteracion profunda y duradera y en cier· to modo sustancial; y solo un cambio de estado 6 de extructura, ó una mutacion temporal en los accidentes, sin aditamen· to 6 sustraccion de materia ponderable, por consecuencia del segundo. Sometido, por ejemp·lo, el hierro á una elevada temperatura, se funde 6 licúa, y como el agua en vasos ele variadas y extravagantes figuras, puede en touces moldearse y adquiril· multitud de formas distintas¡ mas no por· esto cambia de naturaleza, ni aumen· ta 6 disminuye en peso; y cuando la te!?peratura desciende y recupera el vah>r 6 gt·ado pl'imitivo, consolidase tambien. el metal y se convierte en cuerpo idéntico. casi al poco ántes expuesto á la accion repulsiva y desagregad ora del fueg·o . Abandonuuo, pot· el contrario, á la iutempérie, en Hmbieute impregnado de humedad, có.brese pronto el hierro de la especie de moho ó costra pulverulenta, conocido con el uom bre de O?'Ín, y poco á poco se corroe y desmo1'ona; y, aunque luego se proeure preservarle de semejante causa de alteracion y aparente destruccion, en orin continúa convertido, sin volver por sí solo á recuperar las propiedades que, como me-· tal dúctil: maleable y de gran tenacidad, le caracterizaban. El p:timer fenómeno, 6 laj1tsion del hierro, se denominafisico; y g1timico el segundo, 6 la orcidacion y cou version de aquel cuerpo en otro distinto, no solo por su aspecto y propiedades, sino por la índole y número ó cantidad de elementos ponderables que á componerle 1 concurren.

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La causa, real ó supuesta, de los fenómenos químicos se llama aji?údad, y debe considerarse como una especie de arno·r 6 inclinacion instintiva, en g1·ado muy diverso y variable, segun las circunstancias, que todos los cue1·pos de la naturaleza experimentan unos hácia otros, y en cuya vit·tud propenden á unirse, y se juntan y en apretado abt·azo se confunden efectivamente 1 cuando á ello no se opone a 'gun obstáculo insuperable, 6 algnna ot1·a fuerzn 1 atractiva ó t·epulsiva, de especie distinta y agente en s•·ntido contra· rio de la misma atlnidnd. Fuerzas amig·as ó auxiliares 1 unas veces, y adversarias, otras, de la afinidad, lo son todas las que agitan, animan y tt·asformao la materia ponde1·able, ó las varias aglomeraciones de materia que denominamos cuerpos : la luz, que parece la más inofensiva y pacífica; el cal01·; y la electricidad, ora se considere como manantial de calor y de luz, ora se atienda á su modo pr-opio de funcionar, distinto del de cualquiera otra. Por la influencia exclusiva de la l1tz, dos cuerpos sirnples y gaseosos, ellticlrógeno y el clo·1'o, que en la oscuridad permanecen tranquilamente mezclados y revueltos, como si ni amor ni ódio reciproco expedmentasen , súbitamente y con gTandísimo estrépito se combinan y engendran un tercer cuerpo, ácido clo?·ltid?·ico , dotado de multitud de propiedades, distintas de las-dearnboscomponentf's. Y por la accion de la misma luz, agente ahora en sentido contrario, enneg1·écense y se alteran ó descomponen el nit?·ato rle plata, y otras sales del mismo metal, por este motivo empleadas en la jotog'J·ajia, y que en la oscuridad por tiempo indefinido podrían conservarse sin modificacion 6 cambio sensible. Mucho más general y enérgica que la accion química de la luz es la del calor, excitador en unos casos de la afinidad recíproca de los cuerpos, y destructor de sus efectos, 6 de }as combinaciones ya realizadas, en otros. Calentando suavemente en una redoma de cristal 6 vasija de porcelana descubierta, y en contacto por lo tanto con el aire atmosfé1·ico, cier ta cantidad de

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Los Conocimientos útiles.

mercurio, este metal se combina poco á poco con el ox1geno del mismo aire, y de blanco como la plata y flúido como el agua casi, se convierte en cuerpo sólido, pul ve· rulento y rojizo; mas, si el calor aumenta, la com binacion se deshace, y el mercurio se evapora primero, condensa luego y reaparece, por fin, bajo el aspecto y con las propiedades que en un principio poseía. Esta doble manera de funcionar el calor, como ag·ente de síntesis ó de análisis, es de importancia inmensa; y, en mucha par· te, la ciencia y habilidad del qu.imico con· sist.cn en saber cuándo y cómo debe aplicarse aquella fuerza en un sentido, y en cuáles otros casos, si se emplea y dirige con discernimiento y esmero, produce efectos diametralmente opuestos. Y más eficaz y variada todavía que la influencia química de la luz y del calor es la que ejerce la electricidad sobre las moléculas de los cuerpos, ora para unirlas y constituir otras más complejas, ya para desagregadas y reducirlas al estado de siJnplicidad mayor que se conoce. ¿,Ni cómo extrañarlo, cuando las atracciones y r epulsiones de ambos flúidos eléctricos, de contrario 6 idéntico nombre ó especie, y de los corpúsculos á que se hallan temporal y pasajeramente adheridos, son como imágen viva y repr.eseotacion ó resultado tangible casi, de los 1nstintos de amor y de ódio, de amor al órden, á la si· metl'ia, á la variedad y á la belleza de las formas, de horror á la monotouía y al cáos, á que los cuerpos, atenuados por division extrema , parece que sumisos y ansiosos obedecen, al combinarse unos con otros, despojándose entonces de sus atributos cat·acterísticos y revistiéndose de otros nuevos, ó al separarse és~os de aquellos y resolverse poco á poco en unos cuantos elementos, por ignorancia tal 't'ez ó fa lta de experiencia, considerados todavia como esencialme?¿te distintos? Si la afl· nidad es algo más que una palabra, conveniente para recordar el orígen comun ó la pt·ocedencia de multitud de fenómenos de apariencia muy diversa, aunque del mismo tronco desprendidos, una fórmula de lenguaje y medio convencional de ex-

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presarse y entenderse brevemente, algo debe ser muy parecido á la electricidad, idéntico acaso, ó derivado por lo ménos de aquel p?·incipio, fuerza ó causa que con el último nombre pretendemos designar. Como causa determinante ó excitadora de calor, la electricidad provoca la combi· nacion de muchos cuerpos simples y la descomposicion total ó parcial de otros compuestos. El o()}igeno y ellticl?·ógeno, por ejemplo, encE-rrados dentro de un tu-bo de cristal, ó de un cañon metálico, de paredes resistentes, se combinan y resuelven en 1Japo?' ac1toso, cuando al través de la mezcla estalla una chispa eléctrica; y tal cantidad de calor se desprende de la corobinacion, y con tal energia propende por lo mismo el vapor de agua á extenderse y difundirse por el espacio, que, si la cavidad metálica ó cristalina se halla herméticamente cerrada por un tapon de corcho, como proyectil lanzado por la pólvora y con estrépito semejante, salta el obturador y vuela por el aire á gran distancia. Del propio modo, si al mechero ó pico me· tálico por donde fluye un chorro de gas del alun~lJrado, ó de ltid?·ógeno carbonado, se aproxima el disco de un elect?·óforo 6 una botella de Leyden, cargados de electricidad , entre el disco ó la botella y el mechero salta una chispa, y el. gas se inflama y arde, combinándose con el o:dgeno del aire , y convirtiéndose en vapor de agua y en ácido ca?'lJónico. Y si al conduc· tor de una máquina eléctrica se aproxima igualmente con la mano una copa 6 vaso metálico lleno de alcoltol ó de éter, uno ú otro cuerpo se inflaman tambien en el mo· mento en que entre el liquido y el conduc· tor brota una ráfaga luminosa. La pólvora ordinaria, mezcla intima y en determinadas proporciones de carbon, azufre y salitre, ó nit?·ato de potasa, no se intl,ama, sin embargo, con la misma facilidad y prontitud en condiciones de experimsntacion análogas á las referidas; mas esto proviene simplemente de la instanta· 'lteidad de la accion eléctrica y no de su fal· ta de energia; pues retardando un poco el movimiento y dispersion de la electr~cidad, ~

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247_ Los Conocimientos útiles. ____________ @ y______________________ ó disponiendo las cosas de manera que am· bos flóidos, positivo y negativo, emanados de una botella de Leyden, se combinen en contacto con la pólvora, al través de un conductor de segundo órden, como una hila ó torcida de algodon ligeramente humedecida, la com bustion se verifica como en cualquiera de los casos precedentes. Y si , en vez de la pólvora ordinaria, compuesto demasiado estable y difícil de perturbar y resolver en otros varios cuerpos dotados de elasticidad grandísima, se ero~ , plea la piroxiZa ó pólvo1·a de algodon, esto es, un copo de algodon en rama impregnado de ácido nitrico, lavado despues con agua destilada y cuidadosamente desecado por último, ni necesidad habrá para inflamarle de que la chispa le att·aviese; pues basta la conmocion que el aire experimenta al recomponerse el flúido neutro, conmocion trasroi:;i ble á la materia. detonan te, ó el desequilibrio molecular producido por la simple accion eléctrica por influencia, para que, situado el copo á muy corta distancia de ·la trayectoría luminosa, se en· cienda con estrépito y desaparezca convertido en nube impalpable y diáfana de gases. Y <le l~t misma manera que el aZr;odonpólvora, otros cuerpos, más inestables todavía y fácilmente detonantes, como el julminato de plata, revientan tambien, á un cuando la chispa no los toque ó caiga visiblemente sobre ellos, por un efecto de simpatía, de influencia lejana y de accion eléctrica indirecta, de ningun otro modo apreciable ó perceptible. Pero estos efectos, que así merecen el dictado de calor~ficos como el de químicos, no son los únicos, ni los más notables tampoco, en rigor pertenecientes á la última categoría, que la electricidad puede producir. Por la sola influencia del calor, el oxigeno y el ázoe, que en abundancia superior á toda ponderacion existen mezclados en la atmósfera, no se combinan uno con otro; y, sin embargo, en presencia ó contacto del agua, y, mejor todavía, de una solucion 6 lejía alcalina, sometidos á la coumocion reiterada, al desequilibrio y desagregacion, tal vez, qne en sus moléculas debe ocasionar una multí-

tud de chispas eléctricas, avivase su afinidad recíproca, y poco á poco se contbinan y convierten en el liquido corrosivo denominado ácido 'nítrico. Y Jo propio se observa y verifica con el ltidrógeno y el ázoe, elementos del amoniaco ó álcali volátil; con el ácido st~lfl~roso y el oxigeno, de donde procede el ácido S1~ljú1·ico; y con otros varios cuerpos, que á la simple ar.cion del calor resisten sin alterat·se, y se unen y trasforman, por el contt·ario, en otros más complejos bajo la influencia po· derosa y prolongada de la descarga eléctrica. De la descarga decimos, aludiendo al movimiento súbito y tumultuoso de la electricidad; porque si este flúido, ó lo que sea, esta fuerza, en suma, se trasmite dUJ•ante largo tiempo, y silenciosa y tranquilamente, de un lugar á otro, sus efectos, ora de análisis, ya de sin tesis química, son distintos, mucho más vat·iados, fáciles de producir y modificar, y de importancia teórica y utilidad práctica incomparablemente mayores que los basta ahora referidos. Desgraciadamente la pro· duccion y entretenimiento de las co'i·rientes eléct1·icas, con auxilio de las máquinas del mismo nombre en el articulo V descritas, si no es empresa de todo punto irrea· lizable, tampoco lo es sencilla y fecunda; y, por lo tanto, los efectos de corrientes tales, tan violentasyefímeras, derivados, si para el sábio y perspicaz investigador de las leyes y misterios de la naturaleza ofrecen interés sumo, pa1·a la mayoría de las gentes preséntanle muy escaso. Cuando tratemos de lapiZa de Volta, maravilloso g~nerador eléctrico del que nada he· mos dicho ni podido decir todavía, y expongamos su composicion, propiedades y principales aplicaciones, será ocasion pro· picia de completar el estudio, desaliñada y someramente esbozado ahora. (/)-En los séres organizados y vivos, plantas y animales, la electricidad puede producir sucesiva ó simultáneamente los varios efectos en las precedentes secciones de este articulo referidos; de conmocion, desequilibrio molecular y ruptura; de caldeamiento y evaporacion; y de análi-

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' ~------------------------------·--------------------------~~ Q 248 ~ Los Conocimieutos útiles .

sis, en unos ca:;o:;, ó agrupamiento en órden distinto de sus elementos ó principios consti tu ti vos, jugos alimenticios, y m a tedas asimilables ó secretadas, en ok os. t Y no engendra además alguno, gue propiamente merezca el nombre de jisio-

l6gico'f Dificil es afit·marlo, ni negarlo, rotun·· damen te tratándose de las plantas; p u ea la prontitud con que &lgunas germinan y se desa¡·rollan sometidas á una suave influencia eléctrica, SE' contt·aen y tuercen los tallos de otras, se abren 6 cict'ran las flores de aquellas y se activa ó retarda la circulacion de la sávia en éstas, así pueden considerarse como fenómenos puramente mecánicos, calorificos, ó q uimicos, como de categoría superior, y derivados de una modificacion esencial en la energía y modo de funcion ar de la fuerza creadora y conservadora que al vege tal vivo y lozano caracteriza, y le distingue del que yace por el suelo tronchado y muerto, y entregado á la a.ccion Jisolvente y dispersiva de las demás fuerzas de la natu!'aleza. En los animales y, muy en particular, en el hombre, la electricidad, prescindiendo de la excitaciou, más bien indirecta que directa ó inmediata,, que en los sen tidos del ojcto, de la vista y hasta del ol(ato, puede producir, ocasiona dos efec.tos , s.i.multáneos casi y mecánicos en realidad _, sjquier.a por sus consecuencias, ,rareza ,é i,m po,rtancia hayan no obstante merecjdo .e l nombre de fisiológicos : dolor en las coyunturas 6 articulaciones del cuerpo; .Y desazon, á manera de lto?·migueo, en la epidermis , y con troccion , como de calambre irresisti · ble, en la fibra muscular. Experiméntase verdadero do'l or en las articulaciones 6 mulos de los dedos, en las m ui'iecas, y en los codos y sangrías, cuando á la armadura interna de una botella de Ley den, ca1·gada de electricidad y sostenida por la externa con una .mano, se aproxima la otra, conforme en el artículo V1 se explicó, por un motivo fácil de comprender: porque la electricidad que, ~:_ trav6• de la caene y de los músculos

impt·eg nados de sangre , circula sin en contrar apenas resistencia, hállala muy grande y, á semejanza del agua en las angosturas y revueltas del cáuce por donde corre presurosa hácia el océano, se embravece entonces y pug·na por desbaratar los ob.stáculos que á su movimiento de propagacion y difusion indefinida y rapi· dísima se oponen, allí donde el anchUL'o~o y franco conductor, por el cual poco ánte¡;¡ fl.uia, se es.t;·er.ha O.e repente y es reemplazado por otro más imperfecto y des~g·ual, compuesto de tendones apretados y ¡·elativamcnte secos, de filamentos nerviosos, y del jugo grasiento, entre hueso y ~ueso delicadumeute extendido, como go ta de aceite en el empalme de dos órganos contiguos de una máquina complicada, en ejet•cicio constante y penoso, para amortiguar el r ozamiento y dificultar así el pronto deterioro y pulverizacion reciproca de ambas piezas ó palancaa en contacto. El hormig ueo en la piel, que principalmen te se nota cuando se toma un _bm'io :eléct?'ico, 6 permanece una persona aislada del suelo y en comunicacion directa con el conductor ele la máquina, mientras el disco gira y la electricidad se desprende y poco á poco afluye hácia su cuerpo y 1~ inunda , y propende luego á escaparse y dispersarse por la superficie, proviene de la repulsion intestina de la misma electricidad, trasmisible, en vit·tud de la adherencia de esta fuerza con la materia ponderable, <l. la epidermis 6 cútis, cabellera y barba del experimentador; y acaso de un leve caldeamiento :cte la sangre y de un incremento de velocidad en el movimiento cil·culatorio de líquido tan precioso. Durante la operacion háse observado, 6 creido notar, algunas veces, acelera-cion sensible en el pulso de la persona eiectrizada; y como por el interior de los tubos capilares, de procedencia ó extructura orgánica é inorgánica, el agua fluye mejor, cuando por el mismo conducto, y como adherida á las moléculas del liquido cit·cula una corriente eléctrica, que en el estado natural y más frecuente de las cosas, colúmbrase sin grande esfuerzo la razon 6 causa-

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L..os Con-ocimie·ntos uliles. del hecho observado; y las -consecuencia:S sobervecerse é irritarse, y dictar órdenes del mismo parece tambien que deseo de apremiantes y explícitas al cerebro, -6 el ser las refer.ida -;. sér de gerarquía superior que en ·el cerePor más difícil-se tieae, aunque en rea· bro reside 6 sobre el cet·ebro en primet• lidad ni más ~i ménos ·lo sea, el explicar lugar y con mat·cada preferencia actúa; la violenta contracoion muscularyfl.exion 4 ue, ,, el mensajl!ro acostum bt•ado á trasconsiguien"te de ·los brazos, que al paso de mitirlas y ejecutarlas yace rendido y sin aliento, y ni la~ oye siquiera ;·6 las oye y la de-scarga ·eléctrica al través del cuerpo humano auompaña 6 sucede. ¿De dónde se pone en movimiento, pero se distrae proviene 6 cómo se produce semejante mo· y pierde en el camino ; 6 tropieza en el vimiento1 -como de susto y repulsion indesempeño de su encargo con dificultades vol untaria é invencible? Pat·a contestar á y resistencias muy superiores entonces á esta pregunta, menester seria que antes su actividad y energ·ia habituales. hubiésemos comprendido y resuelto la di¿,Y qué mensajet·o 6 fuerza motriz es ficultad ·inmensa., oculta -en la siguie-nte, esta de que el cerebro dispone, y ~·ue·por al pnt·ecer· mucho más sencilla: 1. por q u\ las múltiples y enmarai1adas ramificaciosin la intervencion de la electricidad, nes del sistema nervios@ afluye en canticuando qttteo·emos, y en el actG -mismo de dad li1nitada hasta los músculos, los pequerer, los músculos se contraen, se do- netra, caldea y agita, contt·ae y ensancha, bla el brazo, .y con la mano crispada loy por su int-ermedio trabaja y se resuelve gramos levanta-r del suelo un peso enor- en &fecto 6 fenómeno eq11tivalente, percep· me2 ¿,Y ,por qué, al corto rato de ejerci- tibie y mensurable? cio, aun cuando ~on voluntad -firmísima ~ Nadie lo sabe. Mas si, por los resultainquebrantable continl!amos queriendo lo dos generales de su accion hubiésemos ex· mismo que desde un principio quisimos, clusivamente de juzgar, no seria absurd-o la contraccion muscular cesa, el brazo equipararla, en cierto modo y hasta cierto languidece y se estira, abrimos la mano, punto, á la n.isma virtud 6 fuerza eléctriy hast!l con placer soltamos el peso, poco ca. U na .y otra, ea efecto, se trasmiten antes con arrogancia y sin esfuel'Zo casi con velocidad prodigiosa, desue el lugar levantado? ¡J?or qué! ¿'Qu.ién lG salí>e, .y donde se d ,senv·uelven y parece que habi· en tono dogmático, como quien abr-iga tualmeuteresiden acumuladas, al reducido teatro donde deben funcionar, conforme persuasion profunda de la exactitud y trascendencia de sus palabras, se atreve· la voluntad y la inteligencia hubieren de· r-ia á referir lo? terminado ; ambas se propagan al través de la materia ponderable, y la agitan, Cuando, en estado de salud perfecta y trastornan y caldean ; ambas pt·odu-ceR despaes ·de prolongado ·reposo, r¡ue?·emos, parece que el cerebro dicta una órden im· contracciones musculares y nerviosas pa· periosa y emite una fuerza 6 eovia un reciclas, entumecimiento y cansan-cio, mensajero que, por los cordones y filaunas veces, é initacion y desasosiego, mentos nerviosos qae de todas partes aflu· otras, cuando su accion sobre el cuerpo yen hácia centro tan .importante y núcleo humano por largo rato se prolonga ·; y tan complicado de s~nsibilidad :y de vida, ambas desaparecen 6 se amortiguan, se .y de él se desprenden y ramificándose y a'11,iquila7¡, en la apariencia y en realidad atenuándose cada vez más, á medida que se trasforman en otras fuerzas 6 movila distancia aumenta, se extienden á tomientos, con prontitud pasmosa; y dedos los órganos) acude .presuroso donde mandan luego para regcner:;rse 6 rena· aebe ir, y efectúa sin dificultad ni tardan· cer y manifestarse de nuevo, y volver á za lo que el deseo 6 la voluntad excitada perturbar el equilibl'io molecular de los exige ; .pero si el organismo se halla quecuerpos, alimento y descanso, tiempo em· brantado .pot• el ejercicio, ó de cualquier pleado en un trabajo preparatorio de asimilacion y recomposicion, equivalente al modo lacerado., ya puede la voluntad en·

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trabajo de otra indole, ménos duradero y más enérgico ú ostensible, en su segunda evolucion destinadas á desempenar. Entre una y otra, sin embargo, existe diferencia, si no esencial, de grado y en los accidentes, profunda y muy notable. Guiado é iluminado el cerebro por un destello de luz sobrenaturª'l y divina, opera casi siempre con 6rden admirable y en armonia con las necesidades y objeto de la vida, como agente conservador y resta urador del equilibrio de la materia que otras fuerzas procuran infatigables perturbar ; y aunque, para expolear los órganos adormecidos y obligarles á desempei'iar presurosos las funciones que les con·esponden, supongamos se vale de la electricidad, fuera no solo absurdo, sino ridiculo, asemejarle á una botella de Leyden, 6 batería de botellas, que en los ratos de inaccion poco á poco se cargase, no sabemos cómo, y se descargase de repente, en la direccion y conforme la inteligen~ia dictare, y cuando la voluntad, por necesidad ó capricho, lo exigiere. Más complicado, en algun concepto, y sencillo y flexible, en otro, debe de ser el modo de funcionar de aquel centro nervioso y sentido universal, donde todos los sentidos parciales afluyen y aportan su variado contingente de noticias, placeres y dolores ; de aquella rueda principalísima, de cuyo movimiento ordenado dependen los movimien tos acordes de las demás ruedas, en número inmenso, de que la máquina humana consta: tan flexible y suave que á ningun otro puede asemejarse, ni con ninguno confundirse: tan comp~icado y misterioso que nadie ha columbrado todavía el principio y secreto de su accion, ó definido la fuerza de donde procede. La electricidad puede, sí, remedar impedectaruente algunos efectos producidos por esta fuerza, y tambien concertarse con ella, auxiliarla en el desempeño de sus funciones, y coadyuvar directa y eficazmen te al sostenimiento de la vida; pero, ciega, impetuosa y desatentada, le es más fácil tt·astornar y destruir en un momento lo que solícita y amorosa procura sin tre-

gua ni descanso la otra conservar y robustecer. El arte de atormentar y matar con auxilio de la electricidad se halla, en efecto, mucho más adelantado, y es de más sencillo desempeño, como tantas otras artes dañosas y reprobadas, que el arte y la ciencia de curar, de mitigar los dolores del cuerpo, y devolver la sensibilidad y la energia á los miembros entumecidos y medio muertos casi. No ya cuando el rayo cae, si es que cae, de las nubes sobre un sér organizado, sino cuando la chispa de una botella 6 de una batería eléctrica le penetra y atraviesa , el dolor sucede ó acompaña á. la conmocion , y dolor tal, que muchas veces derriba y mata, sin le· sion externa perceptible, ni quemadura, ni descomposicion quimica de los tejidos y jugos de que éstos se hallan impregnados: por un simple efecto de vibracion violenta, desarreglo y ruptura del sistema nervioso, de la médula espinal , cerebelo ó cerebro. Para matar up pájaro, un conejo, un perro, ú otro animal de mayor talla y resistencia, hay que proceder como diestro cazador en lances de compromiso y apuro: apuntar á la cabeza, é introd u· cir en la masa esponjosa, blanca y ce nicienta de los sesos ó de la médula, el pun· zante y m01·tifero dardo de la electricidad. La operacion inversa, de curar y devolver la sensibilidad y la energía de accion, por cualquier evento desgraciado perdidas, sea al organismo completo, sea á cualquiera de sus partes, ni es de tan pronto y seguro resultado, ni tan fácil de ejecutar como la primera, por manos adocenadas, sobre todo, y guiadas más por la audacia é inmoderado deseo de lucro, que por la humanidad, la ciencia y la experiencia. Como recurso terapéutico, la electricidad lo es desesperado y supremo, á que puede y debe apelarse, sí, pero con mesura y ex· traordinaria cautela, y por hombres muy· ejercitados en el tan noble como dificilísimo arte de curar y remediar los dolores y miserias físicas, que de consuno con las del espiritu, nos aquejan de continuo y poco á po: o nos corroen y destruyen. Por desgracia, el afan de novedades, la credu- ~

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~~ ______________________JG __o_s__a_o __n_o_c_i_na __ie__n_t_o_s__ú_t_il_e_s_.________________2__5~ lidad del mundo, la natural impaciencia y juicio, quebrantado por el dolor, de los enfermos, y la falta de criterio y criminal condescendencia de sus asistentes, han dispuesto las cosas de otro modo; y lo que, en determinadas y poco frecuentes circunstancias y condiciones, debiera ser a u· xiliar inapreciable de la verdadera ciencia, vése arrastrado por el lodo, manoseado y beneficiado casi siempre por voraz é impúdico charlatanismo. Por lo demás, y

repitiendo ahora con mayor motivo lo que al dat· pt·ovisionalmente por tet·minada la exposicion de los fenómenos elect?·o-q?tí'micos dijimos, no es la presente ocasion oportuna de tratar de las aplicaciones útiles de la electricidad á la medicina ; ni aunque lo fuera, nos encargaríamos, des· prov.istos como estamos de instruccion y de criterio propio justificado, del desempeiío de tan árdua y comprometedora tarea. MIGUEL MERINO.

CONOCIMIENTOS DE IIERALDICA. '

E L BLASON. (Continuocion.)

Los lamorequínes son la segunda especie de ornamentos. Se ha dado este nombre á cierto adorno en forma de hojas que cuelgan desde la celada y acompañan por uno y otro lado al escudo. Su origen, que es muy antiguo, proviene de cierto paño llamado mantelete con que se cubría el casco para que no se caldease con el sol y se destemplase, del mismo modo que se cubría la coraza con el tabardo ó cota de a?·'mas. La causa éle representarse en arroerías en forma de hojas ó tiras, es que como en Jos combates sacaban los caballe· ros hecho giras el mantelete de los golpes del enemigo, le perfeccionaban despues adornándole en los torneos con cintas y lazos de seda y con pedazos de tela de distintos colores rodeados al casco. Está reservado este adorno para las familias de remota nobleza , usando las ennoblecidas nuevamente el ornato de plumas ó penachos, reputado por ménos distinguido. Los lambrequines, ó sean las hojas, cin· tas, penachos y plumas, )lan de ser siem, pre del mismo color y esmalte que el cam· po y piezas del escudo. Los collartts de las ó?·denes son el tercer ornamento de las armerías y se colocan rodeando el escudo con la respectiva con-

decoracion pendiente á la punta. Las grandes cruces de las órdenes que no tienen collar ponen la banda correspondiente en derredor del escuélo, y la condecoracion del mismo modo que los anteriores. Los comendadores circundan solo la barba del escudo, y con una cinta más estrecha, de la que pende la cruzó venera, y los simples caballeros solo muestran hácia la barba del escudo un poco de la cinta sosteniendo la cruz. Los caballeros cruzados, en una de las cuatro órdenes, de Santiago, Calatrava, Alcántara y Montesa, y Jos que tienen concedida la de San Juan de J erusalem, deben poner la cruz detrás del escudo, de modo que presente solamente los brazos salientes de él. Cuando un caballero lo es de dos ó más órdenes, coloca el collar de la más antigua tocando al escudo, y luego á la parte exterior el que fuere ménos, como se vé en el escudo real de Espaiía, que el collar del Toison de oro está más inmediato á él, como más antiguo, que el de Cárlos III. No entramos en este lugar en la descripcion de cada uno de los collares ; lo haremos acaso en un capítulo especial,

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Los Conocimien los útiles.

que en otra ocasion dedicaremos á explicar las ó t· c EHi e • Las insignias de, dignidadu forman la. cuarta especie de ornamentos: citaremos las pr1ocipales. El PonJUice romanD·trae, además del~ tiara ya descrita, dos llaves detrás del escudo cruzadas en aspa, la una de oro y la otra de plata, liadas con un cordon azul y dos ángeles de c.cu·nac.ion, q.ue sostienen. con una.roano,la tiara y. coR In otra una ct·uz de tres travet·sas.. . La¡¡ demás. dignid,a des- eclesiásticas no tienen ott·as insignias heráldicas que el timbre que ya h~-'mos descrito. Las dignidades civiles tienen además de sus timbres el manto ducal , que consiste en u.n gran paño de escarlata forrado de armiños, sobre el que ponen-sus escuW>s lDs príncipes, archiduques y d'uq.ues , y ántes le usaban los cancilleres y presidentes de tribunales supremos. Esta última dignidad tenia por insignia dos brazos de carnaciou, que salen á uno y otro lado dtl la- barba del escudo, y q~e empuñan espadas de plata. Los empleos ó dignidades de las. casas reales tienen tambien signos especiales que varían en cada. una y no DDS detene~ mos en enumerar . De los correspondientes á· dignidades militares citar.emos el distintiv.o de-los a·ntiguos condestables, que·ponian de11rás del escudo dos bastones cruzados en aspa, marcados con los blasones reales de su nacion, y el de los. almirantes,. que era dos .áncoras en la misma posicioo .. La quinta espec-ie da o~na mentes son lal3 bande?·as. Se comprenden., no solo lasconocidas insigpias, de gu-erra que Uev:an este nombre, sino otl'as semejantes á ellas, como son : el g1don, cabdal, palon, p.endon,, estanda·rte, gO?ifalon, oriflama., etc. Estas insignias se colocan por fuera de los fian.cos del escudo, ocultando detr.ás de· este las astas ó .mangos. Solo pueden adornarse con banderas los escudos de las naciones, de los reyes y príocipe~. sober.anos y de los. altos .dig:natarios de la. milicia; sin embargo, por concesion, especial se han permitido á. algun,cabaUero noble,.- y continúan poniéndolas sus.sucesores, .aunque no sean miljtares. Ha}: alguna& -reglas

que fijan el número y posicion-de las banderas en los escudos de las d·ignid.ade& militares segun su categoría. Los tenantes y sopo'rtes, sexta- clase. de ornamentos de las armerías., son .ñguras de ángeles, hombre&, animale~ <madrú¡¡edos, aves ó. reptiles que se ponen como ad0rno . á los lados. del escudo exteriorm en te.1 ó bien det1·ás, para fig·urar que lo sostienen con las manos , garras ó grifos. Los heraldos establecen una diferencia entre tenantes y sopo?·tes. Tenante es aquell a figut·a que representa un ángel , un niño, una doncella, un hombre, un salvaje, ó bien en representacion poética las sirenas, l0s héveules,. etc. ,.que parece-tic.• ' ?Mn el escudo. Soportes, son las figuras de todos los animales cuadrúpedos, a~es- ó. ' reptiles, como, por ejemRlo, leones, leo .. pardos, águilas, dragones, etc., los cuales se ponen al lado del escudo, como si lesfuera cometida la g-uardia de él, con una postura fiera. y .dispueslla pa1--a dar. respeto y. espanto á aq.uellos que vieran las armas mal guardadas. La costu.m bre de· pone1! en los escudos estas . figUJ·as viene ae la que tenian los antiguos caballeros de hacer .llevar al tor· neo .sus. escud0s, conducidos por pajes. ó escuder0s , v:estidos caprjchosamente. de l~éroes·, sátir.os, leones·, etc.· Los reyes· y pQ·incipes seculares @,¡ecle-' siásticos son los únicos que pueden poner ángeles por tenau tes, que las más .veces e.stán vestidos de levitas, esto es, con alba y. dalmática, y -empuñando una bandera en la cual y en las .dalmáticas a.e v:en repetidos los blasones del escudo. TantG los tenantes como los- a.oportes 1 suelen sacarse de las mismas armas cuan· do en ellas hay alguna. figura-á propósite; como leones-, águilas , etc. Los tenantes de los reyes de-España y Francia son dos ángeles:. los reyes de Portugal usan dos dragones ;·los emperadores de Alema.nia y Rusia una águila exployada; los soportes de •-los reyes de Iugiaterra son un.leop.ard.o-y un unicovnio, etc. El sétimo ornamento, ó sea:. la di1>isa llamada tambien. ernpresa, es- una cifra,

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Los Conocimientos útiles.

:figura 6 lema, 6 ambas cosas juntas, en que lacónicamente se dá á conocer la no· bleza, empleo 6 hazaña del que la usa. La historia sagrada y la profana; los países civilizados y los pueblos bárbaros; los ejércitos cri:3tianos y los del islamismo, todos, en fin,.. siguiendo la invencion de los egipcios,, han puesto en prácti~a por m.eclio de la pintura de una cosa visible, 6 por un.a bt·ev.e sentencia, medio inteligi.,. ble, medio enigmática, la expresion de un pensamiento, la de un hecho heróico, la de uua empresa atrevida, y muchas veces la significacion y emblema de que ha dependido la suerte de una nacion y la consecucion de una victoria. El.l~baro del empet·ador Constantino, en el que grabó las palabras In !toe signo ?Jinces, no fué mas · que una divisa poderosa. y sobrenatural, bastante por si sola á vencer á sus ene~ migos. Aigunos autores dicen que las divisas se originaron en Jos torneos; paro la prá-c· tica es mucho más antigua, puesto que ·los griegos, los egipcios y Jos hebreos las usa· roo. Hé1·cules, al señalar como límite del m.undo los montes de Oalpe y A ?Jita, -puso el. N.on plus 11tlt1·~. verdadet·a di visa del q.ue creia no haber al otro lado del man otro mundo, otra tierra , otras naciones como hts que había recorrido. Véase en, las lüstorias la divisa ad.optada poP Agamenon: Es el ter?'o?: del ,t¡ene?'O .aumano, con referencia ulleon, cuya figura realzaba su escndo. Véase tambien la divisa latina de Alejandro Magno: Sttp?·a fO?·ttmam a?· !Ji.~.. trmtm ?neu;m: yo dominCPá lafo?·t'liiJUf, ó soy

(Í;]1oitro de lafo?·tw~a~· Se distinguen en armerías dos especies

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de divisas; las llamadas perfectas, qutl se coroponen de alma y C?te7']JO, esto es, de pa' labras y figuras, y las imperfectas, que solo tienen alma 6 C1tCJ']JO, ó sea palabras 6 fig-uras. De la primera especie es ejempl~J la divi.sa que se ostenta en el gran escudo real de España, que consiste en un sol, que es el ClUJ1']JO, y las palabras: A' solí'S ortu usque ad ocasum, que es el alma. Con esta. divisa se da á entender que el sol no· se ponía en los dominios españoles, cuando España,.dueiía·deambesmundos;saludaba

al astro del dia desde su oriente hasta su ocaso. De la segunda especie de di'Visa es ejemplo la del escudo real de· Ingla~rra, que lleva, sin CUM'po) las palabras: .Dios y nti derech(), l~} mismo que la de la órden de la Jarretiara: Honny soit q1ti mal y

pense:: sea·tenido po?'?Jil el que piense mal. La, divisa no tiene un lugar marcado en ~ escudo, pero generalmente se coloca

sobre la celada 6 SGbre la cimera, y en una cinta ó,lista ontleada q·ue suele salir de esta última. Cu-ando se escribe en el in· terior del escudo se llama exe?'(Jo ó mote, y ·su colocaci:en más eomun es en orla. Elpabellon, octavo ornamento, consiste en un gran manto cerrado por la parte superior, que encierra y cubre los escudos d-e los emperadores y reyes. Los pabellones tuvieron s·u origen en los tovneos, de las tiendas de campaña que se levantaban con el objeto de que los caballeros estuviesen á cubierto hasta el momento de en· trar en liza, y para que pusiesen alrededor de aquellas sus arneses, escudos y armas, colgadas, adornándolas con ricas tapicerías. El• pab'e llbn se compone d'e dos partes, la cwmbre, que es el sombrero, y las corti· nas, qua constituyen la falda, ó por otro nombre el: manto. El pabellon va siempre a·domado con·lQs·blasones del soberano á que pertenece; ·a-si·, el de los reyes de España· tiene-los castillos y. leones ; el de los emperadores 'de .A:lemania, águilas esployadas, y el· de los reyes de Francia, lises. El g1·ito de gtterra, que es el noveno Y. último ornamento, consiste en aquellas palabras con que los ejércitos tenían cesturobre de comenzar el combate y con las que les alentaban sus caudíllos. Cónvienen.los· autores en que el grito de guerra es prerogativa de los soberanos, y solo debe hallarse en sus escudos 6 en los delas-naciones, y se escribe como las divisas, en un listen 6 cinta volante en la parte más alta del timbre. Pueden distinguirse diversas clases en el grito de guerra. Unas veces es una sola palabra que expresa el apellido del soberano 6 el nombre de. una nacion, y se usa para reunir en el campo de batalla Jos soldados pertenecientes á la

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nacion ó partido, como España, Austria, Bo1·bon, Edtuardos, etc.; otras veces se compone de una ó más palabra~, pero tiene otra significacion, como la que usaban los españoles de Santiago cierra á Es. pafia, que pronunciaban para implorar de su patron tutelar la ayuda J;}ecesaria para vencer ; la de San Jorge, voz de guerra de los ingleses; Mont joye San .Dionisia, de los fl·anceses, etc. El grito de guerra de esta última clase es el que se pone solamente en los escudos.

Hemos expuesto lo más brevemente posible la descripcion de todas las partes ó elementos del blason, para adquirir un ligero conocimiento de la ciencia heráldica. Nos queda únicamente, no dando por ahora al asunto más extension, concluir con algunas observaciones generales y reglas de heráldica, que para no interrumpir la explicacion hemos omitido, las cuales serán objeto del artículo siguiente.

D.

CONOCIMIENTOS DE HISTORIA NATURAL. EL CASTOR. Los castores son unos animales muy célebres por la industria con que construyen sus habitaciones. Cuando quieren fundar un domicilio, eligen, con inteligencia, aguas bastante profundas para que no se hielen hasta el fondo, y sobre todo, cuando es posible, aguas corrientes, porque edificando siempre su vivienda en las orillas, la corriente les es muy favorable para arrastrar á donde ellos quieren la maqera que han cortado para la construccion. Para derribar un árbol, se reunen un número de operarios proporcionado á su grueso , se relevan y le atacan sucesivamente con los dientes. Las ramas gruesas las destinan á formar estacas para los diques, y las pequeñas , entrelazadas y endurecidas con tierra grasa, llenan los huecos. La cola de este animal le sirve de vehiculo para conducir el mortero, y de herramienta para prepararlo. Las fundaciones de estos diques tienen comunmente de 3 á 4 metros de espesor, y van en disminucion hasta uno. Las proporciones son guardadas exactamente. El lado de la corriente está siempre en talud, y el opuesto es vertical. El mismo arte, la misma regularidad se notan en la cons· ~uccion de laschozas,

casi siempre levan·

tadas sobre pilotes. Su forma es redonda ú ovalada, formando bóveda, y los mateÍ'ia· les no difieren del resto de la obra más que en ser ménos gruesos. El interior está revestido de una capa de mezcla que no deja la menor a bertlll·a. Las dos terceras par·tes del edificio están dentro del agua, la otra fuera. La parte superior sirve qe habitacion, la inferior de almacen. La entrada de cada choza está dentro del agua. La parte ocupada por· el castor está provista de follaje y en el mejor estado de limpieza. Cada vivienda sirve pat·a ¡ilojar de 3 á 10 animales. Algunas veces, pero esto es muy raro, este número se eleva á 25 y á 30. Estas cabañas están muy próximas entre sí , para que las comunicaciones entre las familias tengan mayor facilidad. Cuando algun dique sufre cualquiera avería, toda la comunidad trabaja en su reparacion. La morada del castor se ejecuta ántes del invierno, y sus provisiones se hacen durante esta estacion. Tiene, además, este animal otras gazaperas, situadas en las orillas, en que refu· giarse cuando atacan su habitacion; y por otra parte, no habita en su choza más que el invierno, pues durante el verano vive

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Los Conocimientos útiles.

cada familia aislada por distintos puntos. Los castores, cuando viven en sociedad, colocan siempre centinelas que les advier· tan la presencia del enemigo. Estos centinelas dan la señal de alarma pegando con la cola sobre las aguas, y á esta señal todos sus compañeros huyen hasta ganar el fondo del rio. Estos detalles se refieren á los castores de la América. Los suministrados por Gelibert respecto á los de la Lituania, se diferencian en muy poco. Las chozas constan de t1·es pisos y los diques tienen unos 13 metros de longitud; pero su forma y el sistema de construccion que emplean, no difieren en nada absolutamente de los anteriores. Hé aq ui un hecho referido por el mismo autor, que prueba la rapidez con que construyen sus diques. Un particular babia abierto una -zanja para regar su prado; el agua corrió en abundancia durante la tarde; al di a siguíen te, el prado estaba seco. Tratando de inquirir la causa de esta usurpacion, encontró que era un castor á quien se le babia ocurrido cons-

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truir un fuerte dique, durante la noche, en el orígen de la sangradura. La guerra impía que se hace á estos animales tiende e video temen te á hacer desaparecer su raza, al ménos en Améri· ca. En el afio de 1820 solo la compailía de la bahia de Hudson vendió 60.000 pieles de estos animales. La piel del castor se compone de dos clases de pelo; el uno corto, espeso, fino é impermeable al agua, cubre inmediatamente la carne; el otro, fuerte, largo y lustroso, reviste el primero y le libra en cierto modo de todo lo que pudiera estro· pearle. El primero es el que se emplea en el comercio de peleteria, y las pieles más negras son las más estimadas ; son muy raras las enteramente negras y las blancas. En otro tiempo el castor vivía en algunas localidades de Francia, y particularmente á las orillas del Gard, en el Medio· día. Hoy ha desaparecido enteramente de estas comarcas. Pero no vivía en sociedad como los de su especie de que hemos hablado, tenia su gazapera aparte como la nútria y otros animales análogos.

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CONOCIMIENTOS VARIOS.

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CR ÓNICA.

tierras con los numerosos cadáveres de los saltones. Un químico, llamado M. Jouglet, ha extraído recientemente de la langosta una materia colorante amarilla, de un matiz bastan te bello y que ofrece cierta analogía con el amarillo de cromo; color que, si se adoptase por la moda, podría elevar el salton á. la categoría de la cochinilla 6 del gusano de seda, en vez de pagarse hoy mucho dinero por su destruccion. Hemos oido tambien afirmar muy formalmente que el aceite de salton se empieza á emplear

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@·~~-------------------------------------------------~© ~ Los CGnacimientos úLiles. ~ 256 en Suiza para aderezar la ensalada; pero lo que es seguro es que en Francia se han hecho a~gu­ nos ensayos para introducir las larvas de la langosta en el arte culinario, y no son peores, á lo quo parece., quo los caracoles. En Prusia se aprovecha el snlton para hacer unns galletas apetitosas, que hacen las delicias de las perdices domésticas y de los pollos de

faisan . Estas últimas diferentes ap'li.cn.eion.es no of¡·eceu un gran ·interés bajo el punto de vi·.sta industrinl; pero nos parece .que el empleo de la langosta como abono está llamado á tener un porvenir, porque estos coleópteros contienen más do S por tOO de ázoe, la materia fertilizadora por excelencia , y abundan tanto á veces, que es posible recolectar algunos cientos de kilógramos con la mayor facilidad, haciendo á la vez un gran beneficio á los campos.

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to de repartir el botin, reparto siempre equitat.i>vamcnte realizado; pues segun el naturalista danés Acerbi, «lOS'Pescadores, léjos.de mostrar· se ingratos con los pájaros, les demuestran, por el contrario, su agrad11cimrento.» !;es arrojnn en efecto los intestinos y las cabezas de los peces, de los cuales las a ves se atracan lanzando chillidos de alegria, mientras que sus asociados so.lan las carnes de su captura y preparnn oon .J.os hígados et jugo de a.{Jua clulce, que se ;vendo en totlo el N011be á 1111 preoio elevado, y produce, segun dicon, .milagt•os para J.as ·.curas en que el aceito de hígado de bacabo no es bastante eficaz.

LA PESCA Y LOS PÁJAROS Eli NonuEGA.- Se estima mucho en Noruega, y sobre todo en La ponía, una especie de aceite que llaman jugo de ag«a dulce, sustancia que se extrae de unos peces que se cogen principalmente en el lago Pallajeroi, con lu colaboracion de las golondrinas de mar. Durante el corto verano que reina en Lap o~ nia , cierto número do pescadores van á construir barracas con ramas alrededor del lago mencionado, al cual puede , en cierto modo, nplicíu·sele lo que•decia un andaluz del1J.rt·oyuelo que atravesaba su lugar~: ¡ah! tiene más peces que agua ! Desde el momento en que los pescadores desamarran sus botes y los echan al agua, los pájaros toman la delantera y se dirigen en busca del pescado. Los remeros arreglan sus movimientos á los do esta nube viviente, porque saben que alli donde.se detiene y redobla sus gritos, donde algunos de los pájaros se adelantan y arrastran el ala por la superficie del lago, están seguros de encontrar ~verdaderos bancos de peces. Los pescadores se detienen en estos puntos, echan las redes y las sacan repletas. En seguida viene para los asociados el momenJ~

M.\01\ID: t 868.= 1mprenta de Los

CONOCUllltMTOB ÓTJL&S.

VIDA EN EL FONDO DE LOS MARES.-La administracion de la marina inglesa ha ordenado que el vapor de S. M., el Lightning, se ponga á dispo sicion de dos naturalistas encargados por la real Sociedad para hacer el sondeo al N. del .A-tlán tico. Segun la tcoria de Mr. Edward Forbes, la vida animal cesaría á una profundidad que exeede de 900 metros, y más de una vez ha podido comprobarse la inex.actitud de este aset:to. Se han extraído séres vivientes de mayores profundidades , y varios sábios pretenden que animales marinos pueden vivir á una profundidad 1de más de i .800 metros. ¿Por qué deben morirse, cuando la presion en el interiot· ae sus cuerpos contrabalancea la •.presion exterior? · ¿Por qué so debe asfixiar, cuando es muy pro•b able que el ag~a contenga más aire á mayor profundidad q uo cerca de la superficie? Puede sor, que en razon de ,)a ausencia de luz, no tengan colores 6 presenten en el órgano de la vista par ticularidades interesantes. Esta es una bonita c11estion científl.ca, y la real Sociedad ha hecho muy'bien en confiar su exámen al· doctor Cnrpenter y al profesor Wyrill Thomson, de Belfast, poniendo además á su disposicion una suma de 2.500 francos para gastos de preparacion y cooservacion de las muestras que recojan. Tan pronto como esté listo el vapor, saldrán los sábios y emplearán sus largas vacaciones en rastrear las profundidades del mar al LA

Oeste de las iSlas Feroes.

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11 oorgo do l~ronoieoo 1\oig. Arco de Sanla Morfa, ~.

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fUNDACIÓl\ JUA)JELO

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Núm. 17.

Los Conocimientos útiles.

lli~DICINA

PRACTICA.

Música.-Su influencia sobre la moral del hombre. (Canc1usion )

te inexplicable, que calma y suaviza sus La müsica, es decir, los sonidos relacioemociones. na dos armónicamente, ¿qué accion y qué El hombre en In cuna de su vida influencia pueden ejet·cer en el hombre? hasta la juventud necesita gastar y echar ¿Pot· qué esa fac¡¡ltad de desarrollar los fuera algo de la sensibilidad que le sosentimientos más antitéticos? ¿,Por qué un bra; por eso los niiíos sienten una inclihimno patriótico, un aire marcial, ha de nacion innata bácia una música expaninspirar ardoroso valor en el corazon más siva de sonatas bulliciosas y alegres que endeble y pusilánime , al paso que una aceleren y exciten su actividad para su música religiosa ó un canto triste y patéprontt> desarrollo. La música triste les es tico dulcifica y calma el fuego volcánico enojosa, les ofende, les daña, y es que redel alma más desesperada? ¿,Por qué el tiene la sensibilidad en los órganos) que bom bre más embrutecido y mal vado vierse extenúan y desfallecen por el espasmo te una lágrima de sincero arrepentimienque sufren. to cuando oye los ecos de una música tier· En el trascurso de la juventud el niño na, y aquel que es todo sensibilidad, todo se hace hombre : la naturaleza tiene que dulzura y mansedumbre, siente el poder surtir ya á otras necesidades que hasta en· titánico de la indign.acion y de irascibilitonces no habian aparecido. dad más impropia á su carácter? La organizocion á todo esto ha tomado i Ah! j Qué recurso tan heróico para laun regular desarrollo. El cerebelo (1) prebrar la felicidad del cor·azon humano! dispone al amor, y la música, á modo de i (:J,ué medio pedagógico tan excelente y excitante especial de las cualidades mOt·atan poco y mal explotado hasta nuestros les, alimenta con su estímulo el deseo de tiempos l la aficion: basta entónces el más pequeño La música, no solo es excitante de un aliciente, la ¡:nujer de ménos atractivo sentido como la luz de la vista y el olor para que se sienta narer el primer a.fecto del olfato; no es una simple impresion que amoroso. Puede ser éste fuerte ó débil; viene á entretener la vida y á favorecer el si débil, la música sentimental lo refuerlibre juego de todas las funciones., sino za, porque estanca y retiene el sentimienque tiene algo de sobrenatural, algo que no se explica , y que la hace panacea para to; sí fuerte, la música alegre es el más precioso lenitivo, porque consume y des"todos los disturbios y alteraciones del sengasta la sensibilidad sobrante. Y hé aqui timiento. que esta consideracion nos conduce á ex· Obra, es verdad, como otros extimulantes, atrayendo y llevando bá.cia sí la vida plicar algunos hechos; demuestra el parentesco que entre la necesidad de la que sobra en puntos enfermos del orgamúsica y la del amor existe, pues qQe esta, nismo: concentra en la parte cerebral, que es su asiento (Gall), el influjo vital nohabiendomujer en quien representarse, de otros órganos; mas no solo eso produ- puede, en cierto modo, entretenerse y hasta ce, sino que tambien templa el corazon, (i) Asiento. segun Gall, del Instinto de la propagacion. COmO bálsamo divino 1 é influye CU~l agen ·

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Diciembre 26 de 1868.

TOMO

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neutralizarse por aquella. Pocos hombres habrá que siendo naturalmente poco amorosos tengan el instinto de la música muy desarrollado. Además, ¿,qué hombre al sentir uua música apropiada á su tempe· raruento, condiciones sociales y género de vitla, no se complace en acariciar un extre· mecimiento vago y confuso, parecido al amor, que no es smo un amor moral, un amor sin objeto, un amor melancólico~ ¿,Qué amante no ha recordado con más placer á su adorada, cuando una buena música ha· llegado á deleitar su espíritu~ Dios es todo amor, porque en su perfeccion entraña la más perfecta armonía: la naturaleza es amor tambien, pot·que es tan at·mónica en sí como su divino artífice. El amor es la pasion que absorbe toda la moral del jóven ; por eso á él t·elacionaremos lo que tengamos que decir respecto de la dit·eccion del instinto de la música. Con este objeto debe considerarse el amor en sus dos extremos; mejor dicho, en sus dos modos de ser pasion : el amot• exajerado , romántico , ó sea el melancólico , y el amor grosero, sensual ó físico. El amor melancólico reclama sonatas alegres y bailables, mas bien que partituras de mucho sentimentalismo; armonías que ensanchen el c01·azon en vez de depri· mirlo. Los jóvenes románticos no deben de permitirse, por regla general, estudios al piano, sobre todo cuando se deja á su arbitrio la eleccion de piezas: no sé qué poder in terno les -conduce á elegir las que más les dañan. Su alma, dispuesta á la melancolía, les inclina con frecuencia á estudios demasiado melodiosos, que exaltan su imagimcion en vez de apagarla. Las reuniones en que hombres decidores y alegres cautivan la atencion, y en que sus dichos epigramáticos entretienen y distraen: esas reuniones en que el baile juega uno de los principales papeles, y en que se ríe y goza con completa satisfaccion y confianza, es el más bello recurso para conjurar y detener la sórdida con suncion que váextenuando el virginal sen· timentalismo de tan sencillos corazones.

A los jóvenes que, por el contrario, ó bien por una mala educacion ó por predis· posiciones naturales, tienen el único placer en los sentidos, hemos de tratarlos llamando su sensibilitiad al al_ma, que la tienen adormecida. Despertando esta al amor, el corazon , que es su antag·onista, cede, y los sentidos se acallan, produciendo ese dulce vinculo de dos elementos solidarios, cuyo enlace es el amor feliz. La música triste y cadenciosa es el gran medio; la repercusion y acumulacion de sentimiento en el alwa es el resultado. No temais el dejar que se entreguen á la m úsiea los que se encuentran en este caso , que en ella han de dat· con el bien apetecitio: en estas circunstancias el alma se excita y prevalece, si cabe así decido, sobre el corazon; en el caso anterior el co· razon es el que se aviva y suplanta las resoluciones del espíritu. Tambien en la d1reccion del instinto de la música hay que atendet· á los temperamentos. Una jóven de pelo negro, de ojos negros ó castaños, de mirada penett·ante, de formas salientes, de tez morena y de natural inquieto y vivo, no podrá resistir por mu· cho tiempo las impresiones de una música sublime y tierna. Vedla á poco desfallecer; vedla huir del mundo y hasta de su familia para entregarse á sus presentimientos; vedla tender su mirada pat·a no fij arse en ninguna parte; oidla suspirar; observad que no duerme , y jadeante y trémula vive ensimismada en su melancolía; ¿,qué tiene~ ¿,jpor qué busca la soledad~ ¿,por qué el menot· ruido, la más leve ::;ombra le exalta y colora sus morenas mejillas~ ... Es que está enamor·ada , pero ¡ah! de un ideal, de un sueño, de una exajeracion, de un delirio : llora y llora en su desconsuelo; ¡Pobre jóven! sus lágrimas son de profundo dolor; su pena emana tal vez de un , tardio arrepentimiento. Internarla pronto en el tropel y en el bullicio de la sociedad ; dadle amistades de hombres de mundo; proporcio·narle amigas que sepan su enfermedad y quieran consolarla: aconsejadle los viajes, los paseos, }os alimentos tónicos, la quina, la

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canela; hablad, en fin, á su corazon con música apropiada que le deshaga de la pérfida idea que ha anidado ~n su senti· miento. Corre sino á la muerte con pasos de jigan te ; la vida le fastidia; y solo un deseo y una degradante satisfaccion hace el placer ae su fantasia calenturienta. Ved en cambio esa otra mujer dejada é indolente: su pelo ceniciento, sus ojos gri· ses, su mirada inexpresiva, sus formas re· dondeadas; su gordura floja y su color blunco. l~eclinada eu su butaca, nada le inquieta, por nada se inmuta; su actitud es fria y glacial como la de un yerto ca· dáver. Vive para si, sin que nada le dé por lo que le rodea : la gula es tal vez la única pasion y el aliciente de su dormida sensibilidad. Si á esta jóven la dejais que pase la vida sin excitarla; sino estimulais su sentimiento con la música, ¿de qué puede servir á la sociedad sino de cuerpo de estorbo? Haced crear á su imag inacion y sentir á su pecho ; descubrid sus afanes, que están helados en la glacial indiferencia de su c01·azon: asi en cambio podt·á ser útil y comprender los encantos de la vida. De la juventud sale el corazon formado para las edades posteriores: el hombre, por otra parte, en la virilidad y en la vejez se deja guiar más bien por su inteligencia. La conciencia del deber y la tranquilidad y bienestar de su familia son medios suficientes para regular sus acciones. Despues de los 30 años, la música obra en el homb1·e como medio de solaz y de entretenimiento: es para él un recurso de distraccion entre las rudas ocupaciones que pueda proporcionarle su estado so· cial; pero de ahí no pasa. Es inútil casi siempre su influjo aislado para hacerle catubiar de deseos, y mucho ménos de

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hábitos, por poco arraigados que sean. Y la música como medio para curar ciertas enfermedades, ¿q uéconfianza puede merecer'? mucha. Vesanias hay que han resistido á todos los medicamentos imagi· nables, y la música por sí ha bastado para curarlas radicalmente. Descurret cuenta que un ministro de Napoleon I cayó enfermo de una afeccion moral sumamente horrible, que solo la música pudo curar radicalmente. El célebt·e artista Mr. Bénacet quedó en un estado de sopor y de letargo profundo á consecuencia úe una fiebre tifoidea: ya lo tenían por muerto, cuando acertó á pasar por cerca de su casa un hombre tocando en un organillo una marcha que gustaba mucho á aquel músico, y repetida junto á él por aiguo tiempo, bastó para sacarle á la vida. Pet·o este estudio se separa algo del objeto que nos hemos propuesto con este artículo, y por lo mismo ninguna otra cons1deracion ailadiremos. Para concluir, solo quisiera el poder de un lenguaje persuasivo que llevase á muchos el convencimiento de que el cultivo del instinto de la música es un precioso regulador de la moral del hombre. Todos los que estudien aquella ciencia deben de tomar la iniciativa : bella, muy bella es la mision que pueden imponerse. Establezcan escuelas, fomenten la aficion, hagan brotar en plantas todavía tiernas la sávia del sentimiento que las fot·tifiqÚe en contra del vendaval uel mundo; más tarde, á los médicos y á los moralistas in· cumbc continuar esta obra. Siembren pródigos aquellos la semilla bienhechora, que el fruto pudsimo bien ha de nutrir al corazon, si débil y raquíti· co está á punto de ceder al letal influjo de sórdidas pasiones. FERNANDO BOTRON.

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CO~OCIMIENTOS

DE FISICA DEL GLOBO..

Volcanes.-El Vesubio.

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Despues del reciente temblor de-tierra del Pe1·ú, que tantas catástrofes ha prod·tl· cido, y de cuyo suceso nuestres lectores tendrán conocimiento por los periódicos y correspondencias, se han manifestado sacudidas aisladas en Inglaterra, en el Mediodía de la Francia, en los Principados dnnubianos, en Alemania, en la América del Norte y especialmente en San Francisco. Al mismo tiempo el Vesubio presentaba señales ciertas de agitacion, preludio de una erupcion inminente. La erupcion, en efecto, ha tenido lugar el dia 15 del anterior mes de Noviembre. La descripcion de este fenómeno, tomada de una publicacion extranjera, habíamos creido oportuno trasladarla á la presente, en la seccion destinada á C'l'Ónica, pero nos ha sugerido la idea de dar á nuestros -lectores al propio tiempo una noticia de este antiguo y célebre volean, y precederla, además, de tma reseña descriptiva de los volcanes en general, de los fenómenos que acompañan á las erupciones y de algunos datos histÓl'icos importantes, formando así el presente artículo, que en nuestra opinion contiene noticias instructivas, de interés y á la vez d.e actualidad..

Volcanes.-Son los volcanes, ya una montaña ó promontorio terminado en una abertura ó boca que despide calor y humo, y arroja materias sólidas ó líquidas en fusion, ya una cavidad ó respiradero profundo que comunica con el interior del suelo y dá paso á las materias-que forman la erupcion. La forma más ordinaria de un volean es la de un vasto cono de cierta regularidad ~ométrica, formado en su mayor parte

de la sglomeracion de las mismas materias arrojadas por el volean. Se distingue en un volean, la abertura superior po1· donde aquellas salen, especie de cono invertido, que se designa con el nombre de crcíte?', y el conducto que desde el cráter conduce al depósito ó foco y dá paso á lns materias que constituyen la erupcion, y se llama chimenea. Se considera taro bien, en el cráter, el fonclo y los bordes, y en fin, la corona, especie de muro circular que rodea algunas veces el cráter. La profundidad d ~ este es variable, así como las demás dimensioneS'. En los cráteres apagados Das orillas están e ubiortas de vegelacion, y el fondo está las más de las veces lleno de aguas llovedizas, lo que le dá, cuando tiene bastante es_tension, la apadencia de un)ago, como sucede á. los de· Oastello-Gondolfo, de Nemi. de Ga bi, de la Solfatara, de Tí:voli, de Lago morto, etc. Los volcanes no están siempre en actividad; tienen, por el contrario, interrupr.iones más 6 ménos prolongadas. Llámanse volcanes extinguidos ó apagados aquellos de que no hay memoria ni nGticia de haber visto en erupcion; pero las intermitencias que existen en los volcanes en actividad no permiten afirmar que un volcan que se supone extinguido no se renovará un di a. El Etna y el pico de Tenerife, por ejemplo, han permanecido muchos siglos sin dar seña-l alguna de lo que pasa en sus inmensos y subterráneos hogares ó fD· cos que les hacen tan temibles. Las cimas de los Andes, el Ootopani, el Tu nguratura, raramente presentan más de unaerup· cion por siglo. El Capacurcu está tranquilo desde el siglo XVI. El Orizaba, en Méjico, no ha tenido erupcion tiesde 1565. Entre los 'volcanes contínuos ó en acti-

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onocimienlos úliles.

vidad permanente , si bien de intensidad variable, los más notables son lo5 siguien· tes: el de Stromboli, en las islas Eólicas, que no ha variado sensiblemente del estado en que hoy se encuentra desde tres siglos ántes de n nestra era; los de Massaya y Amatitlan, en Nicaragua; el de Isalco, en la república de San Sal7ador; el de Sangny, en el Ecuador, y otros en los archipiélagos de Asia y la mayor parte de los de Islandia. Volcanes inte?·?nitentes son el Vesubio y el Etna , los de Pichincha , en Quito, y de Popocatepelt, en Méjico, y algunos ott·os. No hay regla alguna que rija los períodos de calma; son completamente irregulares y variados, y como án tes se ha indicado, no hay medio alguno de conocer si un volean está extinguido por completo ó simplemente amortiguado, y reaparecerá algun dia. Pt·ecede comunmente á la erupcion de un volr.an ,)emblo:-cs del terreno donde el fenó1neno se vá á verificar, y un ruido subterráneo que se asemeja al de un trueno prolongado. Prep~rase tambien á veces la g•ran explosion despidiendo el volean humo y cenizas, que forman una nube q ne parece se mantiene adherida al terreno que rodea al cnHer. Acompañan á las erupciones volcánicas desprendimiento da calor y de luz, y algo · nas veces de lluvia, dett·uenosy relámpagos multiplicados, que se producen por l'a cantidad de vapo1· acuoso que se escapa del volean y del desari'ollo de electricidad que ocasiona el rozamíento de las gruesas nubes, que se deslizan unas sobre otras. Cuando el volean revienta se produce una espantosa detonacion seguida de otras y otras repetidas, y en cada una el cráter despide co1umnas inmensas de gases y vapores, vomita materias fundidas y arroja cenizas y grandes trozos de roca. Las sustancias liquidas que se presentan al estado de fluidez ígnea constituyen lo que se llama la?Ja , que se solidifica despues por el enfriamiento. Las corrientes de lava se extienden por los terrenos inmediatos, precipitándose torrencialmente

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como un cáuce de fuego, ó avanzando con lenta marcha, segun la inclinacion del ter· reno ó la naturaleza de los obstácn!os que encuentran. Algunas veces, por efecto de las conmociones del suelo ó porque la chi· inenea del volean no puede dar paso al cúmulo de materias que se agolpan para salir, el terreno se agl'ieta y se a bren n ue· vas bocas por donde la lava aprisionada se abre una salida y se desb01·da é invade por varios sitios á la vez, difundiéndose por los campos, ab1·asando y devastando cuan to toea, destruyendo edificios y sepultando poblaciones enteras. Los arroyos de lava desprenden, aun despues de trascurrir mucho tiempo, vapores blanq uecinos, humaradas, que se componen de vapor de agua, conteniendo en disolucion ácido muriático, hidrógeno sulfurado, amoniaco, sosa y hierro. La lava suele to· mar al cabo de algun tiempo una solidez tal, que se necesita algun esfuerzo para clavar un pilote. De la lavase hacen objetos de adorno, como camafeos, botones, platillos, etc. Se ha calculado la can ti dad de materia liquida que en algunas erupciones han arrojado ciertos ''olcanes. La del Vesubio, en 1794, dió próximamente doce millones de met1·os cúbicos; la del volean de la isla de Bor bon, en 1787, arrojó mas. de cuarenta y ocho, y en 179G cerca de treinta y seis. Una corl'iente de lava del Etna continuó su marcha hasta la distancia de 30 ó 40 millas, y en Islandia una erupcion del Hecla cubrió la mitad de la isla. La cantidad de cenizas y de materiales, ya pulverulentos, ya en trozos más ó mé· nos grandes que muchos volcanes arrojan, la fuerza expulsiva con que los despiden y las distancias que recorren exceden á toda ponderacion. Citaremosalgunosejem· plos para que pueda formarse una idea. Las cenizas que se elevan de los volcanes forman nubes tan espesas, que comar· cas enter·as quedan sumergidas en medio del dia en la más profunda oscuridad, y las cenizas son lanzadas á distancias de más de 50 miriámetros del lugar de la erupcion. Segun un autor, las de la erup· cion del Vesubio, en 472, llegaron á ex-

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Los Conocimientos útiles.

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tenderse hasta Constantinopla, es decir, á 100 miriámetros. Roma y Venecia son incomodadas muy frecuentemente por las cenizas de este mismo volean, y en 1794 cubl'ieron toda la Calabria. Las de los vol· canes del Asia y de la América se esparcen á más de 40 miriámetros del cráter que las ha vomitado. En la erupcion del Tomboro, de la isla de Sumbawa, que tuvo lugar en 1815, las cenizas fueron á caer en Java, Macasar, Batavia, Sumatra, etc., se hundieron bajo el peso de las cenizas muchos edificios situados á 60 kilómetros de distancia; murieron casi todos los habitantes del distrito de Tombo1·o, en número de 12.000: las escorias formaron en una gran extension del mar una costra de medio metro de espesor. En la erupcion del Vesubio del año 1779, los su1·tidores de lava, mezclada con piedras y escorias, ascendieron á 3.000 metros de altura, notándose el calor que despedía tan inmensa columna de fuego á más ue seis kilómetros de distancia. Los productos de la erupcion del Cotopaxi, en 1533, y entre ellos grandes peda· zos de roca se esparcieron en una extension de más de 25 kilómetros alrededor del volean. En 1822 un volean de Java tuvo una erupcion tan violenta, que los materiales expulsados llegaron á 60 k ilómetros, quedando destruidos y sepultados un gran número de pueblos muy separados d(:ll volean, y salvándose por el contrarlQ otros más cercanos. Podl'iamos citar muchos otros ejemplos que consignan varios autores. El estado de trastorno y devastacion de los países en que se verifican estas terribies catástrofes puede concebirse por cualquiera; abrasada la vegetacion, destruídas las poblaciones, sepultados sus habitan tes, el cuadro debe ser horroroso. Otro de los efectos inmediatos de estas espantosas conmociones es el cambio de aspecto de la superficie de la tierra. Donde ántes existía un valle aparece una colina, donde, por el contrario, existia una montaña, queda una explanada. Añádase tambien la desapnricion de antiguos cursos de agua

y de manantiales, la aparicion de otros nuevos, y las alteraciones en meno¡: escala del ¡·elieve del terreno, ya por la aglomeracion de los productos de los volcanes, ya por las conmociones del suelo. Java ofrece un ejemplo notable del efecto terrible de las erupciones volcánicas: la montaiia de Papandyany, que era muy elevada, ha desaparecido; en todo el espacio que ocupaba, el suelo conserva apenas un metro de altura. Son más frecuentes los casos en que se producen levantamientos del terreno, que dán origen á nuevos pro· montol'ios á mane1·a de ampollas, y á la formacion de colinas volcánicas de forma cónica por lo comun, y pudiéramos citar ejemplos numerosos si no temiéramos alarg·ar demasiado este artículo, en el que solo pretendemos dar una ligera idea descriptiva de estos sorprendentes fenómenos del g·lobo. Por la propia razon no podemos entr¡¡r en la explicacion detallada de la naturaleza de las m a tedas volcánicas, y en especial de la composicion de las lavas, y solamente para satisfac.e r hasta cierto punto la curiosidad del lector, que se pre· guntará «cuál es la causa de estos fenó menos», vamos á exponer algunas indicaciones acerca de la teoría de los volcanes. Explicacion completa y satisfactoria del fenómeno de los volcanes, así como de los temblores d.e tierra que con aquel tiene alg·una semejanza, no la hay; teorías más ó ménos probables fundadas en la deseo poc¡da y puramente hipotética constitucion del interior del globo, son las que han presentado los físicos y g·eólogos. Quién ba creído que las erupciones eran producidas por la combustion de las capas de hulla y de piritas que se inflaman cuando son humedecidas por las aguas. Un cé· lebre fisico explica el fenómeno diciendo que la tierra contiene á una cierta profundidad poderosas masas de metales que se conservan en estado metálico mientras que no tienen contacto alguno con el aire ni con el agua, pero que en el momento que este último cuerpo llega á filtrarse en ellas, se opera instantáneamente una dés· composicion que dá orígen á u11a gran (c~

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~--------------------~-o__s __c_o_n__o_c_i_rn__i_e_n_t_o_s__u_·t_i_l_e_s_.________________2_6__3_=_1 cantidad de calor y al desprendimiento de flúidos elásticos . causa de las erupciones. Créese tambien que existiendo en el interior de la tierra ya un solo foco incandescente formando su núcleo, ya varios focos ó bolsas de materias en fusion, el agua de la su pcrficie, y especialmente la del mat• , puede llegar por filtracion á estos focos, y su vaporizacion, encontrando un obstáculo P91' la presion á grandes profundidades, determina las erupciones. En la hipótesis de que el interior del g·lobo es una inmensa masa flúida, un Océano de fuego, seilá.lase tambien por alg·unos físicos como causa de los volcanes la influencia que sobre este Océano puede tener la accion atractiva del Sol y de la Luna, como la tiene sobre el Océano de agua en la superficie de la tierra. Lo que no admite duda es que el calor interviene como primero y principal agen· te en estos fenómenos; no cabe tampoco en afirmar que las reacciones químicas obran poJerosameo te , y si estudiando los fenómenos físicos y quimicos que se producen en nuestros laboratorios, encontramos, aunque en meno¡· escala , los mismos efectos que en grado infinitamente superior se realizan en la naturaleza, parece lógico atribuirles causas análogas. El calor, obrando sobre el cuerpo pólvora , produce su explosion , y si está encerrado ó comprimido, destruye, desagrega y lanza grandes masas. Estalla por la fuerza del vapor la calde1·a de una máquina produciendo iguales efectos. Muchas combinaciones químicas Jesarrollan calor, producen flúidos elásticos y dán origen á explo· siones, U u simple enfriamiento del agua contenida en una vasija produce al conge· larse su rotura, y con estallido si está herméticamente cerrada. Estos y otros muchos ejemplos dáo idea de los fenómenos de análogo origen que pueden ser causa de los volcanes, y esto es todo lo que sobre su difícil teoría podemos decir en este lugar.

Vesuoio .-Está situado á un miriámetro A,.:óximamente de Nápoles, y se eleva en-

meuio de una llanura tan aleg re como fértil. Su altura es de unos 1.300 metros en- 1 cima del nivel del mar ; pero ha. sufriJo algunas variaciones, puesto que en 1805 MM. de Humbold y Guay·Lussac reconocieron que el borde del ct·á ter había bajado desde 1794. El VesuLio está cercado de otros dos puntos culminantes que sellaman el J11onte di Sommo y el Ottoyanno. Las dos te1·ceras partes infedores del volcan están cultiv.adas; pe1·o Stl cima es estéril y casi siempre oculta entre las nubes. Al pl'incipio del siglo XVI , esta cúspide estaba todavía poblatla de vetustos robles y enormes castaños, y poclíase bajar en la boca del cráter hasta una profundidad de 65 metros. Se distingue con facilidad las lavas de l0s diferentes siglos. Algunas \e· ces se ven invadidas por likenes y musgos, que forman en este caso, con el tiempo, una tierra vegetal, la que á su vez se cubre de retama, espliego , tomillo, romero y otras plantas que se crian expontáneamente en los terrenos pedregosos. Cuando uno se aproxima á la cúspide, durante las erupciones, el calórico de las escorias es tal, que apenas se le puede soportar en los piés, y si se ese a r ba á algunos centímetros, se desprende humo. Existe tambien una gran sonoridad, y la caída de uua piedra causa uQa conmocion muy notable. Cuando la materia comprimida llega á abrirse una salida, su esfuerzo es anunciado por una fuerte explosion y algunas llamaradas. 1nmediatamente ríos de lavas se desbordan de la bo· ca del cráter y van á sepultar bajo sus masas enormes y ardientes los campos cultivados y pueblos enteros, de los que no queda ya un solo vestigio. El Vesubio, que babia dejado de arder en una época anterior á los tiempos histó· ricos, se volvió á encender de pronto el año 79 de Jesucristo, p1·imer año del reinado de Tito. Esta memorable erupcion se trag·ó á la vez á Herculano y á Pompeya, así como á Estravia, y causó la muerte de P linio, el naturalista, que fué sofocado por el humo. Pompeya no fué encontrada sino al cabo de diez y ocho siglos. Despues de esta erupcion, las más de-

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sastrosas han tenido lugar en 1757, 1794 y más recientemente en 1855 y 1862. Se vé aun la corriente de lava de 1%7 que arruinó la Ton·e-del-Greco, donde perecieron más de cuatrochntas personas; notardó más que seis horas para descender desde el cratet· hasta el mar, en cuyas aguas penetró hasta más de cien metros en una extension de anchura de más de tt·escientos. Los habitantes de Torre-del Gr-eco q ne han edificado rnucbas vece.s sus casas sobr·e el suelo varias veces incendiado, las hnn visto nuevamente destruidas eú 1862 por una corriente de lavas, cuya superficie estaba cubierta de azufre y antimonio. El ag-ua del mat· se retiró algunos metros de la orilla y estaba de tal modo agitada, que pa•·ecia en ebullicion. Violentas explosioues causaban temblot·esde tierra parciales, y bnjo la infiueucia de la presion interior, la montaña se agl'ietaba y la lava se escapaba por val'ias bocas abiertas más abajo del cníter principal. Al pié del Vesubio, la campiña es de lo más Je t·til y mejor cultivado que se encuentra en Nápoles, es decir, en la comarca más privilegiada de toda la Europa. Las célebres viñas, cuyo vino se conoce con el nombt·e de LaC?·yma OMisti, se eucuent¡·an en este sitio enteramente al lado de las tierras devastadas por la lava. Diríase que la naturaleza ha hecho un 'últi.' mo esfuerzo en estos sitios próximos al volean, y se ha adornado con sus más hermosos dones antes de perecer . Á medida que se sube, se descubre á Nápoles y el admirable país que le rodea; los rayos del sol hacen brillar )a mar como piedras preciosas; pero todo el explendor de la creacion se ex.tingue por grados hasta la tier-· ra de cenizas y de humo, que anuncia de antemauo la proximidad del volean. Las la vns ferruginosas de los años precedentes dejan e n el terreno su ancho y negro surco ; y todo es árido alrededor de ellas. Á cierta altUt·a, las plantas son muy esca sas ; despues los mismos insectos no encuentran con que subsistir en esta naturaleza consumida. Por último, todo lo que tiene vida desaparece, sa entra en el iropci'Ío de la muerte , y la ceniza de esta

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tie rra pulverizada rueda sol-o bajo la pi· sada incierUI: « Jamás los pastores eondujet·on á es tos &itios sus ganados ni rebaiíos. » En la explanada que domina el monte de fuego cubierta de pequeñas villas y casas de campo, está n Portici y la ciudad de H.esina, edificadas sobre las ruinas de Herculano; la p;·imet·a es un museo de todos los objetos recogidos con los despo -. jos de esta antigua ciudad. Una poblacion nueva tiene á sus piés una antigua, y la cah~s.tl'ofe que hizo desaparecer esta última amennza continuamente á la otra con el mismo fin. Ning·un otro volean puede set· mejor estudiado que el Vesubio; en una cima de la montaña, en medio de las lavas y escorias, se eleva un observatorio meteorológico, desde el cual, el director q ne se ha identificado , digámoslo así , con el Vesubio, trasmite las observaciones sobre los Jenómenos <le que este volean es t eatro freeu en temen te. Demos, para terminar, una nvticia de la reciente erupcion, extractada de una carta del mismo director M. Palmieri. Tuvo lugar el dia 15 de Noviembre; un nuevo cono se elevó majestuosamente al lado del que se levantó en 1867; este uuev-CJ c•·áter al'l'ojó de repente, en medio de columnas de humo tan sumamente densas que oscurecieron el cielo, grandes masas de lava y de piedras encandecidas. Una corriente de lava que se dirijia del lado de la A?·ena se ha detenido ; otra, despues de haber corrido sobre las Javas antiguas, se· ha extendido sobre la cañada de Faraon; en vez de seguir su curso ha torcido por la izquierda y ha invadido terrenos cultivados, devast!\ndolos y e u briendo algunas chozas y casas. Las famosas huertas célebres por sus viñas y frutos que parecía no tenían peligro , han sido atravesadas por una corriente destructora de más de 120 metros de extension ó anchura y de l O á 12 metros de espesor en su frente. Este poderoso rio ha recorrido en el primer dia dos kilómetros, ha pasado al lado de las villas de 'Mana y de San Sebastian, entre las cuales se termina la cañada de Faraon

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sin producir da üo, pero no ha sitio lo mismo en las de San Jorge y Cremano que se encontraban directamente en su curso. El día 20 han ;cajdo muchas cenizas y en el observatorio se notaba un fuerte olor dE>

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hidrógeno sulfurado. La activitlad .del ve,). can había disminuido y solamente arroja· ba á la fecha de las últimas noticias gran· des cantidades de humo por la parte más ele~ada.

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CARVAJAL.

CONOCIMIENTOS DE IIERALDICA. EL B L ASON. (Conclu&l.on )

den ocupar el mismo lugar, pero guardan la misma posicion. • 5. 11 Toda flgtwa natull'al, a1·t~jlcial 6 quin¿é?·ica, cuando es una sola, debe ocupar el centro del escudo, llenando lamal.a No kab1·á en los escudos de a'rmas inte?·io?· ni ercte'rio'J'mente pt~tnto, U11,ea ni yor parte del campo, aunque sin tocar á 01·namento q1~e no tenga stt significado y la circunferencia del mismo. 6. n Cuando hay tres piezas 6 figuras de representacio7t. las que se habla en la regla anterior, se 2.n Nzmca se pond'rá metal sobre metal , ni colo'r sob1·e colo'r. Exceptúanse po- colocarán dos en el ft·ente y una en la ba1·ba. Si por algun motivo particular se quísimos escudos concedidos por hechos ordenasen inversamente, esto es, dos en extraordinarios. De este número son las armas del reino de Jerusalem dadas á Go· la barba y una en el jefe, lo denotan los dofredo de Bullon por la conquista del _ heraldos con la palabra equilátems 'mal mismo, y que consisten en una cruz de ordenadas. 7.o. Las cimeras de figuras humanas, oro y cuatro crucetas de lo mismo en camaves ú otros animales cualquiera, y tampo de plata. Tambien las piezas konorables aparecen algunas veces del mi¡¡mo co- bien las de figuras quiméricas, se ponen lor 6 metal del campo, y entonces se les de perfil mirando al lado diestro del escudo, exceptuándose los soberanos qne las dá el nombre de cosidas. El color pú'rpt!tsitúan de frente, y los nobles bastardos 'J'a~ los arm,inios y ?Je?'OS pueden indistinmirando al lado siniestro. tamente colocarse sobre cualquier esmal8. a Para b'l'isa?·las armas, esto es, para te. Igual licencia go~a:¡;1las extremidades las que llevan los hermanos d.iferendar lenpicos, ga1·1·as, de los animales ,· como si y de las del primogénito entre menores y guas, a$(as, etc., y las co1·onas, colla1·es y llanas de :m padre, puras las serán que figuras racionales 6 irracionales cuando 6 figura peq ueiia pieza alguna aiiadirá se nacolor. verdadero están pintadas de su una estrelt~~~nbel, un como disminuida, 6 tural. colodeberán que etc., creciente, un Ua, blaso· 6 arme'rías .las 3." Para explicar escudo del diestro lado al 6 eljefe en car téctérminos los de nes se usará siempre los hijos legJitimos, y al siniestro los basnicos de la ciencia. tardos. En Francia, el hijo segundo pone 4.'a Lasjtg1was p'ropias deben estar co· lan~bel, el tercero la bordura, el cuarto el señalado paraje el en escudo el en locJ:tdas el quinto el baston, el sexto la coorla, la dos son cuando excepto heráldica, la por bastardos la t'ra?Jersa, etc. En E:J. los tiza, pueno que especie 6 más de una misma

Las principales leyes 6 reglas del arte heráldica, que hemos dejado de citar en los artículos an;teriores, son las siguientes :

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paila, segun disposicion de Cárlos II en 1668, deben ser las brisuras : para el hijo segundo el la·mbel, para el tercero un creciente, para el cuarto una est?·ella, para el quinto una rni'rteta, para el sexto un anillo y para el sétimo unajlor de lis. Los hijos de los anteriores deben sob?·e-b?·isar sns armas, esto es, cargar las antiguas b?·is1was con otras nuevas, guardando el mismo órden. Sin embargo de todo lo expuesto, en España desde algunos siglos se usa muy poco de las brisuras, llevando todos los hermanos de una familia noble las mismas armas del primogénito. .Pat·a dar razon de los esmaltes, figuras y ot·namentos de un escudo, cuya explicacion se llama blasona·r, se usará ue los principios siguientes : l. 0 Se nombra el campo expresando su esmalte , y des pues las figuras especificando su situacion, número y esmalte. 2.° Cuando hay varias figuras se comienza pot· la principal, á menos que esté sobrepuesta en otra pieza. 3. 0 Todas las piezas honm·ables tienen lugar de principales, excepto eljefe y la bo1·d1wa, que no se blasonan sino despues de las figuras que se encuentran en el escudo. · 4 .° Cuando se dá prip.cipio á blasona?' por otras figuras que aquella que ocupa el centt•o, se dice de esta, que se halla en abismo 6 en co?·azon, lo que se observará cuando es más pequeña que las que le acompañan. 5. 0 Si la figut·a del centro es mayor que las otras se blasona primero. 6. ° Cuando las figuras son de distintas especies se blasonan primero las de las particiones principales, luego las brochantes 6 sobrepuestas, y por último las que acompaiian. 7. o Las particiones principales tienen lugar de campo para nombrar su esmalte: antes que el de las otras particiones, aquellas que exceden en número á las demás; y en las que son en número igual, las que llegando al ángulo del can ton diestro uel escudo se apt·oximan á él , tocando con su ellmalte al j efe. 8.° Comi~nzase siempre por las partí-

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ciones de lo alto y despues por las de abajo. 9.0 Las voces pa·rtido, co'rtado, etc., no se expresan hasta haber nombrado el esmalte preferente. 10. Reasumiendo: para blasonar los escudos simples, se sigue el órden natural, precediendo á todo el esmalte 6 color del campo, luego las piezas principales, lnego las que cargan á estas, luego las que acompai'ían , luego las sobrepuestas y brochantes, y finalmente, las b1·isuras. Las armas <le familia que distinguen á las familia~ nobles de las plebeyas y á unas de ott·as, se dividen en ocho especies, llamadas dije?·encias, y son las siguientes:}. a Parlantes.-Cuando á primera vista significan el nombre 6 apellido que representan, como las armas de Castilla que son un castillo, las de Leon un leon, las de Granada una granada, etc. 2. a .A.rbit?·arias.- Las compuestas de capricho y sin observar las verdaderas reglas Je la heráldica, por lo qu_e no tienen valor alguno. 3.4 Ve1·daderas.-Cuando son ordenadas y compuestas segun las leyes y principios establecidos. 4.a .F'alsas ó irreg-z~la?·es .- Aquellas armas en que se falta á a lguna de las leyes de la het·aldica, pero por un motivo fundado, y se llaman tambien de enqt~eri?· 6 de enq1~C?'?'C; esto es, de inq uerir 6 a veriguar la causa por qué se ordenaron en aquella forma. 5.o. P1t1·as 6 llanas.-Cuando solo indican una familia 6 apellido sin mezcla de ningun otro. 6.a .Brisadas.-Aquellas que se les añ-ade alguna pieza 6 figUl'a para distinguirse los hermanos unos de otros, y especialmente del primogénito, que llevalaa pu'ras de la familia. 7.a Oa?'f!adas.-Las armas que se alteran 6 cargan, &uadiendo alguna pieza 6 jig1wa por re~ompen:a de algun hecho señalado. s.a ..Difantadas.-Llámame así, como tambien infamadas 6 descargadas, aque11as armns en que se quita, cercena 6 corta alg·una pieza para castigo é infamia del que las traia, como despojar á los leones

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Los Conocimientos úliles.

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de sus garras y lengua, á las águilas de Figwrado, el sol , los to?·tillos, bezantes sus alas y colas, á las lanzas y espadas de y otras piezas, cumtdo se represen tan con sus punta.s, etc. un rostt·o humano. Para reducir á términos técnicos todas Flabrmte, los palos ondeados y puntealas palabras de que hace uso el blason, dos en forma de llamas. hay diccionarios en todas las naciones. Flo1·adas, las pieza.s cuyos extremos Terminaremos estos articulas insertando terminan en flores 6 en hojas. algunas voces de las que son más frecuen Flotantes, las aves y peces que están temente usadas. sobre agua. Se llaman : Fustado , el árbol cuyo tronco es de dis· Acotados á dos escudos unidos por los tinto esmalte que las hojas, y los mangos flancos con las armas de dos familias dis· de las lanzas cuando están en el mismo tintas , y á los animales que s& represen- caso t·especto de la punta. tan con collar. G'ringoladas, las piezas que terminan Acornados, todos los animales que lle- en cabezas de serpientes. van cuernos de distinto esmalte que el Lampsadas, las lenguas de los animales cuerpo. de diferente esmalte que lo restante. Alada, toda figura que contra lo natu· Aia'rinos, todos los animales terrestres ral se pinta con alas. 1 que termiuen en colas de peces. Almenadas , toda pieza que tiene alMemb1•adas, las piernas de las aves de menas. otro esmalte que el cuerpo. A1·rancados , los árboles y p)antas que·. Naciendo, los animales que muestran dejan ver sus r aíces. so1" la parte superior del cuerpo. A1·mados, los animales que tienen uñas, Ondadas, todas las piezas en forma de y garras de otro esmalte distiuto que el 1 ondas. cuerpo, y las puntas de las lanzas, fie Paté, las cruces cuyos extremos se en. chas y otras armas que están en el mismo sanchan. caso. Picadas, lasaves cuyos picos tienen otro Bandada, todos los escudos y piezas lle· esmalte que lo demás. nas de bandas. Piñonadas, las piezas dispuestas en for· 'Bigar?·ada , cualquier figura que lleva ma de pirámide. varios esmaltes. Potenzada~ , todas las piezas te¡·minndas Bo?·dadas, las que tienen sus bordes de en forma de T. diferente esmalte que lo restante. Radiantes, las figuras 6 cuerpos lumi· Oapi1·otado, cualquier figura humana 6 nosos que despjden rayos. de animal con caperuza. Reco1·tadas, las giezas honorables que Cantonada la cntz, cuando está acom· no llegan á tocar en la circunferencia del pañada de otras figuras en los ángulos 6 escuJo. cantones del escudo. Sembrado, cuando ~e halla el campo llc· .Danteladas, las piezas que están guar· no de piezas sin número fijo , que se dá á necidas de una especie de puntas 6 dientes conocer cuando en la circunferencia del men~ dos. escudo aparece la mitad 6 pequciia parte .Del uno al ot1·o , las, figuras extendidas de las mismas figaras que se ven en él. sobre dos part¡ciones y que participan de Sostenida, una pieza que tiene otra unílos dos esmaltes de estas alternando. da por debajo . .Donjonnadas, las torres. 6 castillos que Ter1·asa, cuando en la punta del escudo tienen otras torres encima. aparece una parte de terreno 6 campo al Ebrancado·, el árbol que tiene sus ramas natural sobre la que se ven los árboles 6 cortadas. animales. Encendidos; los ojos de los animales de Vacias, las piezas abiertas que pm· me· ~ distinto esmalte que el cuerpo. dio de ellas dejan ver el can11po del escudo. ~ @@-·--------~~~----~~----------~------------~

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Los Conocimientos útiles.

cribiremos, ó, en términos técnicos, blasoTerminaremos con esto los artículos dedicados á exponer los elementos de la Cien- \ naremos el gran escudo de armas de España y los de las principales naciones. cía heráldica. En otra ocasion quizá des-

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CONOCIMIENTOS DE DlOGHAFIA. Jorge Stephenson, inventor de la locomotora. Jorg-e Stephenson nació el 9 de Junio de 1781 en Wylam, cerca de Newcastle, en donde su padre era maestro de fragua en una mina de cnrbon de piedra. La familia Stephenson de padres á. hijos venia perteneciendo siempre á la clase de tt·abajadores. Jorge trabajó desde luego como simple ob-rero en la extraccion de la bulla. A la edad de diez y siete años no sabia aún leer; pero verdadero investigador, perfecc!onaba todo lo que le il!teresaba. Amaba la máquina que le estaba confiada, como el cazador á su arma favol'ita. Dia y noche se ocupaba en arreglarla y limpiarla. Si.ptiendo la necesidad de instruir· .se, Jorge ft•ecuentó una modesta escuela de noche, en donde aprendió á leer , escribir y contar, y bien pronto se distinguió entre sus condiscípulos. A fuerza de persevet·ancia, de invenciones y de trabajos, Jorge consiguió al cabo cíe algunos años tener cien libras esterlinas, y fué ascendido al g rado de contramae~tre. Dos siglos ántes de Stephenson, los curiosos desocupados en París iban á ver en una casa de locos á Salomon de Caus. Reían con todas sus fuerzas cuando el pobre inventor les decía que se podía con el vapor poner en movimiento carruajes y barcos. D~spues de este tiempo, James Watt, fundándose en la invencion de Saloman, aplicó el vapor como fuerza motriz, pero la locomotora no se había aún ;descubierto. Se ensayó , si, mejorar los carriles, so· bre los cuales se trasportaba el carbon en vehículos tirados por 0a.ballos. Outram

en 1800, reemplazó la madet·a por dados de piedra para formar la via, que tomó el nombre de camino de Outram. Se hicieron taro bien m ucbos ensayos para el tra.s porte de personas y de mercancías; pero S te· phenson fué el que inventó la locomotora, como Watt la máquina de vapor. Se le !tomó tambien por un loco; pero Stephenson construyó su máquina, á la cual dió el nombre de Milo'rd. Arrastraba ochenta toneladas, y tardaba una hora en recorrer seis kilómetros, igualando á la fuerza de un caballo·. í Vaya una iovenJ cion!~esclamaban todos.-No se ha adelantado nada.~Todo se ha conseguido,respondió Stepbenson,-yo os lo digo; la máquina marcha, esto es todo lo que necesito; en cuanto á la velocidad, yo me encargo . En 1825, el primer camino de hierro se abrió á la ex.plotacion. El convoy, compuesto de treinta y ocho wagones de no· venta toneladas de peso, estaba cargado de carbon y de trigo, y llevaba doscientas cincuenta personas, á título de ensayo estas últimas, porque entonces no se pensaba en emplear los caminos de hierro para el trasporte de viajeros. Stepbenson dirigió en persona la maquina, y la admiracion fué general cuando se vió á la locomotora recorrer cuatro . leguas por hora. Lo principal estaba hecho; sin embargo, hubo tan pocas personas que quisieran confiar su vida á los carriles de hierro, que. un viejo vehículo, montado convenientemente sobre ruedas y bautizado con el nombre de Espe?'imento, bastó durante

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mitente en 1861, á la edad de sesenta y mucho tiempo para el trasporte de viasiete años. jeros. Al presentar estos apuntes biográficos, Cuando Stephenson habló de establecer creemos deber añadir dos palabt·as acerca el camino ue Liverpool á Manchester,. se del célebre ingenit:H'O del mismo nombre publicat·on contra él multitud de hojas y Stephenson, que fué hijo de Jorge. folletos, y la mayor parte de los :necániDespues de haber hecho sus estudos en cos y de los sáiJios eran de la opinion de la Universidad de Edimburgo y trabajade Jos autores; Stephenson contestaba con en la mecánica á la vista de su padre, fué uua sonrisa y proseguía sus trabajos. A despecho de todas las malaR profecias en 1825 á explorar las minas de oro y plata de Colombia. De vuelta á Inglaterra y de las malas voluntades, ell5 de Setiemen 1828, se ocupó de la cuestion entonces bre de 1830 colocó Stephenson su Ookete nueva de los caminos de hieno, y ganó ( asi es como se llamó á la locomotora) soun premio de quinientas libras esterlinas bre el ferro-carril y recorrió treinta millas ofrecido al inventor de una locomotora, en u ua. hora. con ciertas condiciones que se fija ron en Treinta años despues de haber entrado como uu simple trabajador en las minas el programa, y hasta entonces no se había sabido cumplir. Encargado en 1833 de la de Newcastle, Jorge Stepbenson, llevado construccion del camino de hierro de Lipor su propia máquina , viajó en nueve verpool á Birmiogban dió tales muestras horns de Livet·pool á Lóndres. La ciudad de t¡1lento, que desde entonces se le ende Liverpoolle acababa de erigir un mocargó de formar los planos y de dirigir la numento; otras poblaciones le concedían ejecucion de las principales lineas de cael derecho de ciudadano. En los últimos tiempos de su vida se re- . minos de hierro en Inglaterra. Fué tam· bien consultado sobre el establecimifnto tiró á su casa de campo, y cultivó su jarde la red belga y de los caminos de Sue dín con el mismo éxito que en otro tiempo cia. Su más admit·able obra es el puente había cultivado, digámoslo así , st1 mátubular Britannia, construido sobre el esquina. Su gran preocupacion era hMer trecho de Menai. Ha construido el puente que crecieran rectos los pepinos. Cultivó de Newcastle sobre el Tyne; ha formado tambien el anana 6 piña de América, y tambien un notable proyecto de camino ganó un premio por esta planta en comde hierro á través del Itsmo de Suez. En petencia con el duque de Devonshire. 1853 se trasladó al Canadá para el estaHasta el fin de su vida, Jorge Stephenblecimiento del puente de Montreal. En son .fué un hombre sencillo y modesto, tan fin, ha dejado escrito un interesante estusensato como espiritual. Su conversacion dio, titulado: Observaciones sobre la cons· era dulce y amena, gustándole mucho las t?"uccion de los caminos de Merro atmosfé. buenas ocurrencias y las comparaciones é ?"icos. imágenes populares. Murió este célebre ingeniero en 1859. Stephenson murió de una fiebre ínter-

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FISIOLOGIA VEGETAL. , Re)acion enlre el color y el perfunne de las flores. Un gran número de plantas, 6 de las partesquelasconstituyen,exhalan un olor más ó mér¡.os suave y más ó ménos desagradable que no siempre es debido á prin· cipios de la misma naturaleza; frecuente-, mente edta propiedad proviene de aceites volátiles, llamados esencias, que s~ pueden extraer y separar por ciertos procedimien· tos ; en otras especies el olor proviene de una sustancia inasible, digámoslo así, que no se puede cojer ni obtener separada, y que se designa más particularmente con el nombre de a1·oma; en fin, hay emanaciones producidas por la accion del calor sobre ciertos jugos vegetales ó bien por el trabajo de algunas de sus funciones orgánicas. Algunas veces la misma. planta tiene un olor diferente en sus diversas pm·tes; la flor del sauco , por ejemplo , exhala un olor muy agradable, al paso q.ue el de las hojas es casi repugnante. Se han estudiado pqr muchos n,aturalis· t~s y q uimicos las diversas especies de fiore,s y plantas, haciendo, por decir lo asi, la estadistica de su color y de su perfume y deduciendo la relacion ·entre estas dos cu&· lidades. V amos á presentar los curiosos resultados obtenidos y publicados recientemente por dos sábios químicos alemanes, que han examinado las flores de 4.200 plantas pertenecientes á 27 familías distintas. Con respecto á las relaciones numéricas que existen entre las diferentes especies de plantas de flores y el color que tienen, han hallado los resultados siguientes: De mil especies hay:

A

Plantas de flores blancas .. amarillas. ,

@@>---- - -

284

226

rojas. azules.. violeta. verdes. anaranjadas. pardas. negras . . . .

220 141 75

36

12 4

2

Resulta que el color blanco es el más general , y entre las plantas de flores de color las rojas, amarillas y azules se encuentran más comunmente que las de tonos de color in ter medio como el violeta, el verde y el anaranjado. En estas últimas el color violeta es el más comun, y en las primeras el azul el más raro y el amarillo el más frecuente. Las flores verdes son casi siempre de un amarillo verdoso , porque el verde puro es un color muy raro en la numerosa familia de flores. Respecto al número de flores olorosas que corresponden á las de cada color, se han halla,do las relaciones sig-uientes: Plantas de :flores blancas . . . 1000 Especies olorosas. 156 rojas. . . • . 92 verdes. . . . 83 amarillas. . . 79 violeta. . . . 76 pardas. . . . 64 anaranjadas. 60 azules. . . . 56

Resulta que las especies de flores blancas, que son las más numerosas, son tam· bien las más comunmente olorosas. Entre las flores de color las azules son las ménos. En fin, distinguiendo las flores de olor agradable de las de olor desagradable re· sulta el cuadro siguiente:

Á

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r_ ~-------~----------------------------------------n-7_1~y Los Conocimientos útiles.

PLA:\TAS DE FLORES.

blancas .. . 1000 rojas . . . . amarillas .. azules .. violetas .. verdes . . . anaranjadas.

Especies de olor Especies de olor egracloble. desagradable.

.

i46

iO

82

10

64

t5 11

89 57

19

61

16 40

20

...:;

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Segun este cuad1·o, se vé que las flores blancas ex.halan más comunmente un olor agradable que las de color, puesto que de mil plantas blancas hay 146 de un perfu· me agradable y lO solamente de olor desagradable, mientt·as que en las flores de color, de mil, hay por término medio 54 de buen color y 19 de malo.

CONOCIMIENTOS VARIOS.

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El invierno en Rusia. No está exento de peligros el poder asistir en estas comarcas á presenciar los fenómenos que resultan de la intensidad del frío; pero es un espectáculo muy curioso cuando uno es testigo de él por la primera vez. Hé aquí cómo un viajero habla respecto Íl. este asunto: "El invierno es más variable en Moscou que en San Peteraburgo; es decir, que el frio no es tan rigurosamente continuo en este último punto. Se citan varios hechos bastante extraños en testimonio de esta diferencia. Así se dice que no es raro en Moscou el que una cáscara de fruta que se arroje por una ventana y que quede por casualidad suspendida á la salida, se endurezca instantáneamente y permanezca colgada más de un mes, ántes que un rayo de sol, deshelándola, la haga caer á la calle. Semejante caso no se presenta nunca en San Petersburgo, donde aun cuando el termómetro baja muchas veces hasta 30°, lu proximidad del mar Báltico combate los vientos helados que soplan de la Siberia, y causa de un momento á otro revoluciones extraordinarias en la temperatura. No se recuerda que haya llovido jamás en Moscou durante los meses de Diciembre y Enero; en San Peteraburgo, por el.contrario, llueve con frecuencia durante estos dos meses, y como desde esta época, por uso i.m prescriptible , los trineos ya

han reemplazado á los carruajes, este género de locomocion, al cual ninguno renuncia, se hace mucho más incómodo en medio de la nieve derretida y del lodo. Sucede tambien que el invierno, á causa de estas transiciones, tan imprevistas y tan rápidas, es mucho más temible en San Petersburgo que en Moscou; sobre todo para los extranjeros que no tienen experiencia, ofrece peligros más sórios. No puede uno preservarse sino con precauciones constantes, minuciosas , infinitas. Desde el mes de Octubre, todo el que es ruso 6 está aclimatado desde algun tiempo en el país, vuelve á tomar las pieles, y no las deja sino en el mes de Abril, despues de la ruptura de los hielos del Newa. Grandes lumbres arden por todas partes; cada casa ha hecho s u respectiva provision de álamo, cuya brasa es más abundante que la de otra leña cualquiera ; y el criado destinado á su conservacion estudia la mejor manera de mantener, tanto como le es posible, una temperatura igual en las diversas piezas de la casa. ~ "Veinte grados de frío no asustan á un habitante de San Petersburgo; no obstante, empieza á echar una mirada curiosa sobre el termómetro. De 23 á 24°, continuas patrullas se establecen, durante la noche, á fin de impedir que Jos oficiales de policía y los centinelas se

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duerman en sus puestos, efecto muy singular, pero positivo, de la extremada intensida·1 del frío; s ueño terrible, del cual, el que es acometido, se despierta siempre en el otro mundo. A. los 25°, todos los teatros cierran sus puertas; los trineos se precipitan como flechas sobre la nieve amontonada, los peatones van á todo correr, la cabeza aprisionada entre las pieles de su ropon; una prcocupacion única absorbe á cada individuo, que es mirará las narices de todos los que sus negocios obligan á exponerse como él en la callo, y que, por su parte, le recompensan con la misma atencion. Si una blancura súbita, de la que ninguna sensacion física se experimenta, se manifiesta en esta pax:te del rostro, se lanzan sobre el transeunte en el que advierten este síntoma alarmante, y para reanimarle inmediatamente la nariz, se la frotan con nieve. >~A los 80°, solo el populacho Tschornoi-Narod 6 pueblo negro, como le llaman en Rusia, se aventura á salir á la calle. Familias enteras se encierran en sus casas ; no se encuentra en la calle un solo trineo medio decente. Sin embargo, aun entonces, las revistas militares no se interrumpen; y los más al~os dignatarios,

incluso el emperador, se presentan ~n ellas sin 1 abrigo. ,se comprende que bajo un cielo tan inclemente, por fríos tan horribles, las privaciones del pobre sean muy atroces. Se puede atlt·mar, 1 no obstante, sin exageracion, que el pueblo bajo sufre mucho ménos en Rusia que en nues- 1 tros climas, durante un 'invierno riguroso. Existen en todas las ciudades de alguna. impor· tancin establecimientos públicos destinados á tener grandes lumbre~, y á donde acuden todos aquellos cuyos medios no les permite tener fuego en sus casas. La fundacion de dichos establecimientos data de Catalina II. Accidentes deplorables señalan siempre la llegada de la mala estacion; pet·o suceden principalmente en lQS criados de los señores rusos , cuya imprevision para con sus servidores raya en la barbárie. ))Tampoco es preci¡>o olvidar que la mayot parte de las desgracias son debidas al abuso de las bebidas fuertes. La pasion del pueblo bajo por el aguardiente es superior á todo género de advertencias, y durante el invierno les es más ~ue nunca funesta.,

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MAOIUO: 1868.=lmprenta de Los

CONOCUHE IITOS úT!LU,

á oorgo de Jlranoisco Roig, Arco de Santa Morla,

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Núm. 18.

Los Conocimientos útiles.

27.3

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CONOCll\liENTOS DE INOUSTHIA. EL BRONCE. Es mtly frecuente tomar al bronce, asi en el órclen flsico como en el moral, como tipo de comparacion en la dureza. «Es más dut·o que el bronce», se dice de los cuerpos que se resisten á las fuerzas muscular·es: «tiene un corazon de bronce», se dice tambien hablando de sentimientos que se ablandan difícilmente á Jos ruegos del desvalido. El bronce, pues, ántes de que sepamos lo que es, lleva ya á nuestra imaginacion u na cualidad reconocida; la dureza. ~s­ tudiemos las demás. Entran en la composicion del bronce dos metales por lo ménos, el cobre y el estaño, y decimos por lo ménos, porque suelen asociarse á ellos el plomo y el zinc, cuando se quieren buscar en la liga ciertas condiciones que no dá la mezcla binaria de los primet·os. Y es notable, que entrando en esta mezcla dos cuerpos que no sou excesivamente duros, resulte de la union, como cualidad inherente, la dureza, y lo es más , que la adicion del más blando, el estaño, vá haciendo, á medida que aumenta la dósis, más duro el bronce que resulta. No es ménos de notar, que á la vez que esta adicion hace más compacta, más fusible, y de grano más fino la aleacion, en términos que los poros disminuyen y las moléculas se aproximan más, la densidad es mayor q ne la q ne dá el término medio de los dos componentes. Esta mayor compacidad puede comprobarse fácilmente con el siguiente experimento: tómense dos balas de cobre pur.o y dos de estaño, de igual magnitud ó vaciadas en el mismo molde; fúndanse las dos primeras en un crisol, y cuando hayan llegado al estado de liquidez, añádans~ :___s dos segundus, agitese bien la mezcla,

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Enero 2 de 1869.

y cuando la aleacion esté hecha, vi6rtase en el mismo molde ; se verá en seguida que ya no po(lremos hacer cuatt·o balas, sino tres, y eso quG In materia de que aho· rase dispone no es más que la suma de las dos pa1·ciales primitivas: este fenómeno prueba que hay una penetracion de un metal en el otro, y que el estado ele agregacion es más intimo, produciéndose por consiguiente una contraccion, tan difícil de explicar satisfactol'iamente, como la expansion que tiene lugnr cuando el cobre se une á la plata, y la inamovilidad que experimenta la densidad de los do;; elementos que entran en la aleacion del cobre y el bismuto, que resulta ser exactamente la densidad media de ambos metales. El bronce es la composicion que más cambia en sus condiciones de color, dureza, maleabilidad, textut·a y sonoridad, á medida que varian las pt·oporciones de los elementos. Asi, por ejemplo, su color es blanco cuando en lOO pat·tes de bronce entran 25 de estaño; si esta proporcion disminuye desde 20 á 14 por 100, vá tomando un co· lor amarillo, que se convierte en rojizo si desciende á 11 por lOO, y de aqtH en adelante toma decididamente el rojo más ó ménos amarillento. Respecto á su dureza, se advierte que se hace quebradizo cuando la proporcion del estaño pasa de 20 por lOO; pero si, por el contrario, desciende esta relacion, vá haciéndose maleable progresivamente; esta cualidad se inicia á una dósis de 11 por 100, á la cual cede á la lima sin g~an trabajo. A esta misma proporcion de 11 por 100 de estaño, el bronce empieza á ser sonoro: en el metal de campanas entra el estaño en un 25 por lOO. TO~IO

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Los Conocimientos útiles.

Empléase el bronce, entre otros usos, en la fabricacion de cañones, y estos exigen un metal ductil , duro, muy fusible, tenaz, fácil de moldear y tornear: esta cualidad se obtiene con la simple aleacion del cobre y estaño, en las proporciones de 90 de cobre y 10 de estaño para lOO de mezcla. Los estatuarios echan mano del bronce para sus obras de arte , y aunque añaden á la mezcla alguna vez una pequeña proporcion de zinc y plomo, es lo más comun el empleo de la aleacion de cañones. Y ad· viértase, que usan el bronce y no el cobre solo, p01·que este metal es mucho más tierno, se desgasta más fácilmente y tiene otra cualidad importante, á saber: que se solidifica muy pronto y es un grave inconveniente para que queden bien impresos en la obra todos los detalles delicados del moldeo. Tambien se fabrican con el bronce medallas de colores muy variados, debidos á la relacion de los dos elementos, siendo la más comun 95 partes de cobre por 5 de es· taüo. El bronce es susceptible de un dorado permanente y de gran belleza, y se suele elegir á este objeto una aleacion cuaternaria de cobre, zinc, 'estaño y plomo en estas proporciones: Cobre .. . Zinc . . . Estaño .. Plomo . .

82 partes. 18 1 á3 l,i5 á 3

Se advierte que las aleaéiones que tienen más plomo son ménos tenaces y más d~rn­ sas, por lo cual son preferibles para las piezas de pequeñas dimensiones. Otra aleacion que parece no exigir para el dorado sino los dos tercios del oro, es la -siguiente: 82_257 Cobre.. Zinc. · Estaño. . Plomo

17.481 0.238 (').02í;l

El bronce antiguo se imita fácilmente preparando una disolucion de 4 partes de sal amoniaco y 1 de bioxalato de potasa en 418 de vinagre incoloro : se moja en la disolucion un pincel que se exprime entre los dedos y se pasa ligeramente diferentes veces sobre el objeto, calentado ligeramente, hasta que se adquiere el color que se desea. Hay otro procedimiento que consiste en disolver 1 parte de sal amoniaco, 3 de cremor tártaro y 6 de sal comun en 12 pattes de agua hirviendo, á la que se añaden 8 de una disolucion de nitrato de cobre que tenga la densidad de 1,46. Se pasa varias veces, á intérvalos, esta mezcla por la .pieza, dejándola en un sitio húmedo, y se advierte que toma un tinte verde y permanente, cuya belleza aumenta con el tiempo. Un exceso de sal marina en la me2íCla hace la tinta verde amarillenta; si se disminuye aquella sal, toma más bien un aspecto azulado. El fundidor en bronce debe fundir sus metales con rapidez si quiere evitar las pérdidas en zinc, estaño y plomo que resultan de la ox.idacion. Se usan ordinaria· mente para la fundicion hornos reverberos de plaza eli ptica; pero para pequeñas cantidades son preferibles los crisoles de arcilla 6 de grafito en un horno de tiro. La superficie de los metales fundidos debe cubrirse con trocitos de hulla 6 de coke, y al añadir el zinc, es necesario empujarle á fin de que baje hasta el fondo del cobre fundido. No debe nunca verterse la mezcla en los moldes antes de haberla revuel· to bien para dar más adhesion á los diferentes elementos, y por regla general, los metales que más se alteran, como le sucede al estaño, son los últimos que se mezcl,a n. El enfriamiento debe ser tan rápido como sea posible, y así no se da lugar á que los metales se depositen segun su diferente densidad, formando una especie de cinta, lo cual seria un grave inconveniente. La práctica ha enseñado que cuando se añade al bronce una pequeña cantidad de hierro en forma de hoja de lata , se aumenta su dureza y su tenacidad.

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Los donocimientos útiles.

El bronce es de tantas aplicaciones en la industria y en las artes, que es inútil que nos detengamos á enumerar las. Basta lo dic~o para que se reconozca su impar· tancia y los caractéres que fe distinguen

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del la ton , con que suele confundirsele, y de cuya aleacion Dos hemos ocupado anteriormente (1). J.

(t) Véase el núm.

11,

p~g.

DE MoNASTERIO.

IGá.

CONOCIMIENTOS DE FISICA. MEDIDA DEL CALOR.

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l.-DILATACION DE LOS CUERPOS.

Calor y calórico son dos palabras que con frecuencia se usan indistintamente, sin embargo de que su significacion DO es rigorosamente la misma. Calórico es el agente natural que produce la sensacion del calor y ejerce su accion sobre todos los cuerpos, ocasionando una multitud de fenómenos; de modo que calórico es la causa, y calor el efecto. Refiriéndonos, por ejemplo, á los séres animados, calor es la sensacion producida por causa del agente ó flúido imponderable, invisible y misterioso llamado calórico. Teoría del calor e~ la ciencia que trata de las propiedades, de los efectos y de las leyes del calórico. Se usan , sin embargo, repetimos , indistintamente, no solo en el lenguaje comun, sino aun en el cientifico. La accion de este agente es universal é incesante sobre todos los cuerpos. Contrihuye á todas las modificaciones de la materia; desarrolla en las moléculas de los cuerpos una fue1·za repulsiva que lucha contínuamente con la atraccion molecnlar ; hace cambiar su volúmen producien; do dilataciones y contracciones; se comu· nica de un cuerpo á. otro ; hace cambiar de estado á la materia; anima toda la naturaleza; funde el hierro y los metales; hace hervir los liquides y los reduce á vap_or ; es la más poderosa fuerza de la industria; produce, en fin , la mayor parte de los fenómenos atmosféricos. y ahora bien , qué es el calórico'? Cuál

es su origen , naturaleza y modo de obrar'? Se ignora. Desde la antigüedad se vienen haciendo diversas hipótesis y establecien· do teorías para su explicacion. Hoy son dos las que dividen la opioion de los fisicos, la teoría de la emisio11, y la de las o1utulaciones. Nos alejaríamos del objeto de este artículo entrando en su exposieion, y remitimos sobre este punto á los lectores que deseen conocimientos más elevados á los extensos tratados de Física y obras especiales. Entre los efectos y propiedades del cnlor la mil.s g·eneral es la de ditatar los cuerpos. Cualquiera de nuestros lectores habrá oído y conocerá seguramente la ley general de que el calo?' dilata tos C1te?JJOS. Por se11 esta propiedad constante, se ha empleado como medida del calor, ó sea de la ~wtensidad del agente calórico. Antes de pasar á exponer cómo se ha utilizado eeta propiedad para verificar dicha medida, vamos á referir una série de efectos producidos por la citada propiedad y de experiencias que sirven para comprobarla. Escogeremos los ejemplos más sencillos y frecuentes; muchos serán cono· cidos de nuestros lectores; algunos, como comunmente sucede, habrán sido observa· dos sin darse cuenta de la causa que los produce ; todos, en fin, son interesantes. Loa cu-erpos en que el efecto de la dilatacion por el calor se produce más fácil y u,niformemente son los gases , despues vienen los liquidas y últimamente los sól¡dos.

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~-------------------------------------------------~© V Los Conocimientos útiles. 276 ~ quese la mano á la esfera ó depósito infeLa siguiente experiencia, respecto de rior de un termómetro y el nivel del lílos gases, puede hacerse por cualquiera. quido subirá inmediatamente. Y ya que Tómese una vejiga, y despues de haberla hemos citado la palabra termómetro, nomreblandecido en agua, introdúzcase, sobre de uno de los instrumentos ideados plando por el cuello, un poco de aire y despues átese fuertemente el cuello. En para medir el calor, hag-amos notar que se funda únicamente en la dilatacion de este estado la vejiga estará arrugada y floja. Si se la aproxima al fuego y se la los líquidos. La esfera hueca con el tubo capilar, conteniendo una cierta cantidad calienta fuertemente, se verá que se desarruga y se hincha redondeándose por de liquido, cuyo nivel sube cuando se cacompleto y hasta llegando á estallar. El lienta, y desciende cuando se enfria, consaire, calentándose, se ha dilatado y au- tituye un termómett·o. Luego nos ocupamentado de volúmen suficientemente para remos Je su constr ilCcion y condiciones; llenar la vejiga y oprimir sus pare_des. Si continuemos ahora con el fenómeno de la dilatacion. despues se la retit·a de la inmediacion del Se pueden observar las corrientes que fuego y deja enfdar, se deshincha y vuelve á arrugat·se; el aire se contrae ó dis- las dilataciones desiguales ocasionan en un líquido colocando al sol un va~o de minuye de volúmen. Compruébase el mis· algo profundo que contenga agua cl'istal mo efecto por esta otra experiencia. A se hAyan echado algunas parcual la en una esfera hueca de cristal se suelda un polvo. Se manifiestan bien de tículas tubo capilat· de nna cierta longitud. Se ascendentes á lo largo COI"I'ientes pronto llena la esfera de aire ó de otro gas , y se y descendentes calentada más parte la de intt·oduce en el tubo un po'Co de mercul"io el vaso Colocando ménos. está que la en que sirve de índice. Se calienta la esfera, corl"ienestas manifi<'stan se lumbre la á solamente con aproximar la mano ; el aire contenido en ella se dilata, hace su- tes más marcadamente ; las partículas del bir el indice en el tubo y llega. á hacerle fondo se elevan en cuanto su dilatacion las hace más ligeras; otras bajan para salir por su extremo superior abierto. reemplazarlas. Ordinariamente la coraire Consecuencia de la dilatacion del que desciende está en el centro de riente son mucho:; fenómenos que contínuamente pasan á n uestt·a vista. La corriente que la masn del liquido, porque las partes se protluce en una chimenea encendida, próximas á las paredes son las que se calos vientos en la atmó::;fera son el resultalientan más. Los fenómenos se reproducen do ele la dilatacion del aire. Cuando una en sentido in verso cuando se enfría el ag-ua. parte de la masa d~ este aire aumenta de Los líquidos adquieren por el calor una temperatura, se dilata, disminuye su fuerza de dilatacion tal que llega un modensidad y se eleva. El aire inmediato mento en que los vasos que los contienen no la pueden resistir. Cuando el mercurio más denso se precipita á ocupar el vacío que deja la masa ménos densa, y este llega en un termómetro al extremo supemovimiento ó cambio de lugar del aire rior del tubo, el más pequeño incremento produce el viento. de calor le hace estallar. Pasemos á. los liq uidos. El mismo apaVeamos ahora las dilataciohes de los sórato que acabamos de indicar, compuesto lidos, cuyos efectos se presentan con freele uua esfera hueca y de un tubo capilar, cuencia y son muy curiosos. puede servir para demostrar el efecto de Pueden comprobat·se por varios experila <lilatacion. Llénese la esfera de un lí- mentos muy sencillos. Una bola de metal quido cualquiera y caliéntese; se verá en que á. la temper11tura orrlinaria pasa fácilseguida elevarse en el tubo el nivel del li- mente por una anilla de diámetro un poco quido. Quién no sabe que si se pone al mayor, aumenta su volúmen, si se la ca· fuego una marmita llena de agua, se deslienta fuertemente, de modo que no pasa borda cuando el líquido se calienta'? Aplí- por la misma anilla, y vuelve á pasar

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Los Conocimientos utiles. cuando se enfria. Si se calienta tambien la anilla, su diámetro aumenta por la dilatacion, y la bola caliente puede pasar. Si se toman varillas metálicas de diversas sustancias, hierro, cobre, etc., con una cierta longitud y se ajustan exactamente á un patron formado de una lámina metálica y dos montantes verticales fijos en ella, se verá que despues de calentar las varillas no entran en el patron porque son más largas, y cuando se enfdun vuelven á adquirir su longitud primera. Cuando el tnpon de cristal de una botella se ha encajado mucho y no puede destaparse se calienta un poco el cuello de la botella y su dilatacion permite sacar el tapon con facilidad. Ocurre esto muchas veces en las casas, y cualquiera puede hacer la experiencia. A ca<la paso, digág:10slo así, se encuentran efectos de la diltt tacion de los sólidos que convencerán á cualquiera de esta pro· piedad del calor sin hacer experiencias. Por ejemplo, todo el mundo sabe que los relojes de péndola se atrasan en ver·ano ó cuando aumenta la temperatura, y se adelantan en invierno. Cuál es la causa? Es que la varilla de la péndola se dilata, y aumentando su long1tud las oscilaciones son más lentas; 6 ~e contrae, ·y disminuyendo aquella , son más rápidas. En los relojes de bolsillo , las alteraciones por causa de los cambios de temperatura tie nen la misma causa. El regulador del movimiento es un volante circular movido por un resorte espiral que, apretándose y aflojándose, hace dar vueltas al volante alternativamente sobre si mismo: si varía la temperatura, varian tambíen la fuerza del resorte y las dimensiones de este y del volante, y por consiguiente el reloj se adelanta 6 se atrasa. Se han ideado diversos medios para corregir los efectos de la dilatacion de los péndulos, combinando entre si convenientemente sus diversas partes; medios fuudados por lo general en la diversa dilatacion de diferentes metales. De este modo :;e construyen los llamados pénd1t· los compensado?·es. La explicacion de los

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diversos procedimientos empleados daría mucha extension á e::>te m·tícolo y saldria de su objeto. Basta, respecto ú este punto, con la ligera iudícacion que queda hecha. Sigamos exponiendo algunas aplicaciones de la dilatacion de los sólidos á las construcciones y á las artes. En los caminos de hierro las barras carriles sobre que ruedan los vagones están colocadas una á continuacíon de otrn, pero no se tocan, queda un pequefio espacio 6 iutérvalo de una á otra. Para qué? Para dejar libre jueg-o á la dilatacíon durante los calores del es ti o. Si no quedase este esp&cío y las barras se -tocasen, al dilatar· s~ se empujarían unas á otras con una fuerza imposible de dominar; se levanta· rian y arrancarían los coginetes. Al pa· sar del invierno al estío una línea de carriles de cíen kilómetros alarga más de setenta metros. Las uniones 6 enchufes de los tubos de conduccion deben estar dispuestas de modo que quede juego para la dilatacion. Las barras de las rejillas de los hornos no deben estar empotradas y sujetas por sus dos extremos; uno de ellos debe tener un espacio libre para permitir la dilatacion; de otro modo arrancnrian las paredes del horno. Cuando se calienta ó enfría bruscamente un vaso de vidrio, estalla; consiste en que por ser el vidrio mal conductor del calor, las paredes del vaso se calientan desig·ualmente y se dilatan tarobien desigualmente, ocasionando así su rotura. Citemos una aplicacion curiosa de la dilatacion de los sólidos. Para encajar las ruedas de los carruajes en la llanta 6 aro circular de hierro que oprime y sujeta fuertemente todas las piezas de madera de que se componen, á más de preservarlas de su desgaste por el rozamiento con el suelo, se practica la siguiente operaeion. Se escoge un aro de hierro de un diámetro poco menor quf' el de la rueda de madera, de modo que en sus condiciones ordinarias aquella no cabe, digámoslo así, en el aro. Se calienta este fuertemente, y entonces se dilata en todos sentidos y la rueda de madera entra sin dificultad;

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~~::__________________________________ L os Conocimientos ü.tiles. _____________~ _ una vez colocada, se enfría con agua brus· camente el metal; el aro se contrae y oprime fuertemente la rueda.-y queda sólidamente sujeto. La fuerza de dilatacion de los metales es inmensa. Es frecuente ver en algunas coustrucciones que las barras de hierro empott·adas en sillares los levantan y arrancan . cuando se dilatan ó contraen. Vamos á referir una aplicacion muy importante que se ha hecho de esta propiedad. Hauia en el Con'servatorio de Artes y Oficios de París una galería cuyos muros, cargados con el peso de los pisos superiores, se habían separado de la línea de aplomo, inclinándose exteriormente y tendiendo á caer hácia fuera. Mt>lard, director del Conservatorio, dispuso que secolocaran espaciadas unas barras de hierro que atravesaban la galería por cerca del techo, y cuyos extremos, perforando las paredes, pasaban al otro lado. Estos extremos eran de tornillo y en ellos se colocaron tuercas muy anchas, apretadas fuertemente contra las paredes. Con esta

disposicion se contenía ya el vencimiento de los muros. Se calentaron las barras, y alargándose entonces por la dilatacion, las tuercas se separaban de la pared y podían apretarse más, ganando algunos pasos de la rosca. Dejando luego enfriar las barras se contraían, y al verificarlo aproximaban la parte superior -de los muros una pequeña cantidad. Se volvían á calentar nuevamente las b~rras, conservando frias algunas, que servían para mantener la aproximacion ya obtenida, y se apretaban otro poco las tuercas. Conti· n uando así, se consiguió por fin restablecer el nplomo de las paredes. Esta experiencia manifiesta directamente la fuerza de contt·accion ¡ pero la fuerza de dilatacien es por lo ménos igual. Referidas, con lo que antecede, las experiencias y ejemplos más comunes de la dilatacion de los cuerpos por causa del calor, vamos á explicar la construccion de los instrumentos con que se mide la in· tensidad de este poderoso agente de la na· turaleza. (Se continuará.) F. CARVAJAL.

CONOCE\'IlENTOS DE HISTOUIA. La batalla de Clavija. En uno de nuestros números anterio· res (1) hemos tenido ocasion de citar el

!J'rito de guer'r a, Santiago cie'rra Espafía,

con que los españoles invocaban en otro tiempo á su patron Santiago en el acto del acometimiento, al romper contra los enemigos. Aquella expresion equivale á: «Üh tú, Santiago, acomete, embiste, cierra y destruye á los enemigos de España.» La piadosa costumbre de invocar al apóstol Santiago en los más tremendos lances con este grito de guerra, proviene de la célebre batalla de Clavijo, cuya descripcion y

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otros intere$antes pormenores copiamos de la Enciclopedia moderna. La batalla de Clavijo es una de las más famosas del largo período de la reconquista de Espaiia por los cristianos; y sin em· bargo , se ignora 4 punto fijo el sitio, el año y las circunstancias en que se verificó, y los críticos llegan hasta negar que semejante suceso se haya realizado en ningun sitio ni en ningun tiempo . Nada habían dicho de él los historiadores del siglo IX, en que generalmente se supone acaecido, ni tampoco los del siglo X, ni los del XI, ni los del XII, á pe-

-----------~--s-a_r_d_e_q_ue en todos estos

Pb.g_._25_4_.

tiempos hubo

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Los Conocimientos úliles.

escritores que refil'ieron los hechos contemporáneos. El arzobispo de Toledo, Rodrigo Jimenez, historiador del siglo XIII, y cuatrocientos ai1os posterior á la época de la batalla de Clavija, es el primero que hace mencion de ella, y la relata , y de él han tomado despues la noticia de este hecho Jos demás historiadores españoles. Cuenta dicho escritor , que habiendo en el ai1o de 834 de la era vulgar, reclamado Abdelrahman, emir de Córdoba, del rey de Leon, Ramit·o I, el tributo de las cien doncellas, que desde tiempo de Mauregato se pagaba á los árabes, el piadoso rey se resistió á pagar tributo tan infame, y despues de reunir á los arzobispos; obispos, magnates de su r eino, y de pedirles consejo, reunió tropas en considerable número, y entró por tierra de la Rioja para atacar á los árabes. Habiéndose encontrado ámbos ejércitos, y estando acampados uno delante de otro cerca de Logroño, y en un sitio que se llamaba Clavijo, la noche ánt.es de la pelea se apareció en sueños al rey Ramiro el apóstol Santiago, montado en un hermoso caballo blanco, y ondeando en su diestra una bandera blanca, manifestó al religioso monarca que el dia sig·uiente se presentaría en aquella misma forma en el campo de batalla á combatü· contra los infieles. En efecto, despues de recibir los sacramentos el rey y todas sus tropas, acometieron al enemigo invocando á grandes voces á Santiago, invocacion que fué desde entonces una costumbre para los cristianos españoles, siempre que entraban en accion. El santo apóstol hizo lo que había vaticinado á Ramiro, y sobre su caballo blanco destrozó á los musulmanes, dejando 70.000 de ellos muertos en el campo. Despues de esta grandísima victoria, y para señal perpétua de agradecimiento por el favor recibí· do del cielo, el rey Ramiro I hizo en Calahorra, en nombre de su reino, voto de en· tregar perpétuamente á la iglesia de Santiago de Compostela las primicias de todas las cosechas y vendimias, y una parte de todo botín que se hiciese peleando. ~El

arzobispo Rodrigo Jimenez tomó to·

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dos estos pormenores del diploma de la concesion anterior, conocida con el nombre de Voto de Santiago, que se conservaba en la iglesia compostelana. «Pero, ¿,quién no sospechará, dice el erudito Don Juan Francisco Masdeu , en su Hist01·ia c?'itica de Espafia, de la legitimidad y antigüedad de dicho diploma , viendo referido en él un acontecimiento memorabilísimo, que con ser tan digno de comunicarse á la postel'idatl, no se halla jarpás insinuado en ninguno de nuestt·os escritores por cuatro siglos enteros~ ¿,Quién no tendrá por invencion del siglo XIII un suceso tan ruidoso, do que no se halla memoria ning¡.ma ántes de dicho siglo~ ¿,Quién leyendo el diploma, no descubre sus incoherencias, sus inverosimilitudes, sus falsedades, SllS anact·onismos ~ El ha- blar D. Ramiro de sus padres y abuelos con las infames expresiones que se le po:. nen en la boca; el atribuir á nuestros reyes, tan piadosos y católicos , un asiento tan indigno de su religion y piedad; el suponer á dicho principe en la córte de Leon, ántes que Leon fuese córte, y aun ántes que volviese á salir de las tinieblas y ruinas en que la sepultat·on los árabes; el darle por mujer· á Urraca, no conocida por ningun escritor, sabiéndose de cierto que entonces estaba casado con Paterna ; el insinuar como proféticamente la cos· tumbre que se babia de introducir con el tiempo de invocar á Santiago en las ba4t· llas; el nombr·ar a?·zobisposcuandotodavía este titulo eclesiástico no era recibido en España; el dar al obispo Dulcidio un arzobispado cantab?·iense ó catalabrense, que jamás se ha conocido; el anticipar unos cien años la existencia de Saloman, obispo de Astorga; la fecha del reinado de Ra· miro en 834, ocho años án tes de ser rey; la firma de las personas reales repetidas y fuera de lugar; la de las potestades de la tierra, qne no suenan en otros diplomas; la del sayO?l- del'rey en lugar del escribano; estas y otras inverosimilitudes que pudieran notarse en el diploma, son indicios evidentes de que la obra es apócrifa y la batalla fabulosa.»

Hemos citado este párrafo de MaadeuJ

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Los Conocimientos úLiles.

porque reasume con preci~io1l y claridad todas las objeciones que han sido puestas al diploma real en que está la concesion del Voto ue Santiago. Pero á pesar de todas las observaciones _que contiene, y que todas son innegables en cuanto al fondo de los hechos citados, cualquiet·a que sea por otra parte la importancia que &. estos hechos se dé , todos los historiado· reil anteriores al siglo XVIII admitieron corno cierta la relacion de la batalla; la agricnltm·a de la Península ha venido pa· gnndo hasta nuestros dias á la iglesia de Compostela la onerosa contribucion llamadR Voto de Santing·o, y la Iglesia espa· ilola ha consagrado y consagra todavía el dia 23 de Mayo á rezar en conmemoracion de la milagrosa aparicion de Santiago. Antes de .Masdeu y despues de él, han sido muchísimos los que han acusado de apócrifo el diploma de la iglesia compostelana , cuyo cabildo se ha apresurado en muchas ocasiones á contestar á los ata· ques que se le han dh·igido, y ha tratado siempre de probar la verdad de la aparicion, de la batalla y de los antecedentes de esta; tales como el ignominioso tx:ibuto de las cien doncellas , y la autenticidad y legitimidad del diploma de Ramiro. Durante la. guerra. de la Independencia, tanto el gobierno intruso de José Bonaparte, como las Córtes de Oádiz, abolieron la con tribucion del Voto tle Santiago, que fuó restablecida en 1814, vuelta á abolir en 1821, restablecida otra vez en 1824, y que ha desaparecido por fin <te nuestro sistema tributario. Don Juan Francisco Masdeu explica sa-' tisfactoriamente los motivos que deb.ieron

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hacer creer al arzobis1.o D. Rodrigo la verdad de la batalla y del diploma. En cuanto á la formacion de este, cree que sn inventor ó redactor confundió varios hechos, y de algunos que eran verdaderos, vino á hacer una relacion con todas las falsedades ya mencionadas. En sentir de Masdeu , la verdadera batalla se dió en tiempo de Ramiro II y no del I, y hace ob· servar que haciendo esta suposicion resul· tAn verdaderos muchos de los pormf?DOI'es relntndos por .el diploma, como son el nombre de la mujer del rey, que efectivamente era Urraca, el ser ya Leon la córte del reino, y hasta la fecha, sustituyendo la era del Cósar á la vulg·ar. En cuanto á la aparicion dd Santiago, cree Masdeu que se verificó, pero no en dónde, cuándo y cómo se ha contado, sino en el año de 1058, cuando Fernando I de Castilla y Leon tenia cercada á Coimbra. Antes de acometer este cerco, dicho rey había ido en peregrinacion á la ciudad de San tiago á implorar para su empresa el favor del etelo. Algunos meses despues, un pei'egrioo vió en la misma ciudad al glorioso apóstol que, en traje de guerrero, montó á su vista en un magnífico caballo blanco, y le dijo mostráodole unas llaves que en la mano teuia: «Con estas el rey D. Fernando entrará mañana á la hora de tercia en la ciudad de Coimbra.» El peregrino contó la vision, y poco despues se supo en Santiago que todo babia sucedido como el peregrino había visto. · De estos diferentes &ucesos , mal entendidos y combinados, supone Masdeu qne nació la fábula de la batalla de Clavijo.

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CO~OCIMIEÑTOS OE ARITMÉTICA MERCANTIL.

EL T ANTO POR CIENTO. Siglo del tanto por ciento pudiera llamarse a l diez y nueve, con tanta r azoo al ménos como del vapor, ó de la electricidad, ó de las luces, ó de otros nombres diversos con que se te ha bautizado. Y no porque el tanto por ciento , es decir, la fórmula ó tipo para expresar el inte?·és que corresponde á un capital baya sitlo inventada en este siglo, sino porque en ningun otro seguramente ha sido más general la necesidad de usar aquella fór mula. Desde que el crédito, palanca poderosa de la industria, ha sido un instru mento manejado más ó ménos hábilmente y con más ó ménos buena fé por el gobierno y por los particulares, á causa del p1·ogreso de la ciencia económica, ayudado tal vez de la moda , el modesto problema de aritmética, conocido con el nombre de regla de inte'rés, ha sido de necesidad saberle resolver por toda clase de personas. Que la bolsa ha bajado ó subido tanto por ciento; que el papel del Estado de esta ú otra clase , de las numerosas que . . hay, dá de interés tanto ó cuanto; que la caja de depósitos abona tanto al año; que ros billetes del banco pierde?¡, tanto por ciento; que la sociedad taló cual dá- ú ofre· ce, que no es lo mismo,-tanto por ciento ú sus imponentes, etc., etc., son cuestio· nes que de un modo ó de otro interesan á las familias. El que no tiene ó afecta tener papel del Estado y necesita calcular los resultados de las oscilaciones de la bolsa, hace tal ó cual imposicioncilla por lo ménos en la caja de depósitos ó en la compañía A ó B, y ha de contar con los productos ciertos ó problemáticos; el que ni en uno ni otro de estos casos se encuentra, sufre -un des· cuento de tanto por ciento en su paga, y ha de calcular á lo que asciende para ar-

reglar su presupuesto; si ni aun esto le sucede, tendrá que descontar alguo billete del banco de Espafia, papel que no es mojado ciertamente, pe1·o que en algu u as ocasiones está húmedo; si ni a un esta desgi'acia ó sne1·te tiene, pasará por una tienda en que los géneros se venden con un tanto por ciento de rebaja sobre los p¡·ecios marcados, y necesitará. calcular el gasto que ha de hace¡· pa1·a su compra; y ea fin, si tampoco es esto lo que le ocurre, tendrá necesidad de visitar á algun prestamista, ó leerá estadísticas que le presenta¡·án los resultados en tanto por ciento, ó le ocurdrá otro caso cualquiera; el hecho es que por una ú otra causa á todos se p1·esenta en muchas ocasiones la necesidad de resolver, como al principio de ciamos, el pt·oblema del tanto por ciento. Queda con esto justificado el nombre que proponíamos se aiiadiera á los que ya ha recibido el presente siglo, y aunque asi no sea, lo que queda justificado es que nadie debe ignorar el capitulo de aritmética mercantil que enseña la regla de in· terés. No serán muchos ciertamente los que se hallen en este caso, sobre todo entre nues· tros lectores, pero como el objeto de esta publicaciones popularizar los conocimien· tos, y en caso necesario recordar al lector· lo que puede haber olvidado, y tambien enseñarle á que él á su vez enseñe á los más ignorantes, nos parece que no estará fuera de su 1ugar una explicacion en forma popular del citado problema. Y con estos preliminares, acaso ya de· masiado extensos, pasamos al asunto.

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El tanto por ciento es la unidad, unidades ó partes de unidad que de interés ó 1 0 ~ 96 TOMO 2.

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ganancia, de pérdida 6 de::;cuento, de alza 6de baja tocan, corresponden6se aplican á ciento de las propias unidades. Si, por ejemplo, el real es la unidad á que se refieren los números del problema, seis por ciento de interés, medio por ciento de baja, dos por ciento de descuento, quiere decir q ne cada cien reales dan seis de in· terés ; que de cada cien reales se debe re· bajar medio; que á cada cien reales se han de descontar dos. Con estos tipos estableci(los, el pt'imer problema y el más comun <} u e ocur'!'e es calcular cuánto dará. de interós cierta cantidad de reales, si ciento dan seis, 6 cn:\nto le corresponderá de baja á dicha cantidad si á ciento _corresponde medio, etc. Ocupémonos de este primer problema en todos sus casos. Cuando el número de reales que expresa la cantidau es múltiplo de ciento, es decir, es dos, tres, siete, veinte 6 un cierto número de veces ciento, el cálculo es b1en sencillo y pueden echar la cuenta hasta las mujeres, y decimos esto porque segun es fama no son fuer tes en cuentas; el interés, la baja 6 el descuento serán en tal caso dos, tres, siete, veinte 6 el mismo número de veces el tanto por ciento. Si es se·s por ciento, se1·á dos, tres, siete, vein· te 6 el mismo número de veces seis. Tantos cientos como tenga la cantidad, tantas veces el interés. De análogo modo, si la cantidad es una pat·te alicuota de ciento, es decir, si es la mitad, 6 la cuarta, 6la quinta parte, etc. , el interés que le corresponda será la mitad, 6la cua1·ta, 6la quinta párte del in terés po1· ciento. A cincuenta reales, por cjemplo, mitad de ciento, le corresponderá la mitad del tanto por ciento; á veinticinco la cuarta parte, etc. Esto es bien sencillo y al alcance de cualquiera; y generalizando el caso diremos que la pl'imera operacion que ha de hacerse, 6 en estilo popular, la primera euenta que se ha de echar para resolver el problema es averiguar cuántos cientos tiene la cantidad á quesequiereaplicar el tanto por ciento, 6 qué parte es de ciento, en el ouso de ser menor que este número.

Ahora bien, los cientos que tiene una cantidad,61apartequeesd.eciento,sedetermina dividiendo por ciento la cantidad. Y hé aquí la primera regla : divídase po1·

ciento la cantidad p1·op1testa; muttiptíquese el cociet¿te po?' el tanto· de inte?·és, es la segunda, y el producto obtenido por esta última op~racion es el resultado que se busca. Conque no hay más que.. saber dividir por ciento una cantidad y no ignorar la reg-la de multiplicar. La division por ciento de una cantidad es sencillísima; sepárese de la cantidad las dos últimas cifras de la derecha, y el número que queda á la izquierua es el de cientos completos que contiene la citada cantidad. . Si dichas dos últimas cifras son ceros, . la cantidad que queda á la izquierda expresa el número exacto de cientos, es decir, que la cantidad propuesta es un múltiplo de ciento, 6, como decíamos antes, es un cie1·to número de veces ciento, cuyo cierto número es precisamente el que que· da despues de separar dichas dos últimas cifras de la derecha. Ejemplos: 500 equivale á. 5 cientos; 2400 á 24 cientos; 2000 á 20 cientos; 341,00 á 341 cientos. Si las dos últimas cifras no son ceros, la cantidad no contiene un número exacto de cientos, sino que constn de un cierto número de estos y de alg\lnas unidades que no componen ciento. El ,número que que· da á la izquierda despues de separar las dos cif1·as rept•esenta aquel número de cientos, y es el cociente 6 resultado de la division con un error menor de una unidad, y para una aproximacion que muchas veces será suficiente en el cálculo del interés, se tomará como tal cociente exacto pa1·a multiplicarle por el tanto por ciento, segun lo antes dicho. El error será menor que una vez el referido -tanto por ciento. Y aun es fácil conseguir que este error se reduzca á la mitad, para lo cual bastará aiiadir una unidad á la cantidad · que queda á la izquierda y tomamos como resultado de la division, si el número separado que forma las dos cifras de la derecha es mayor de cincuenta. ~

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Los Conocimientos útiles. Ponga mos, á pesar de la sencillez del caso explicado, algunos ejemplos: t,A 3 por 100 de baja, cuánto corresponderá á. la cantidad 23800 rs.~ 238 (resultado de la division por ciento) multiplicado por 3, 6 sea 714 rs. Y á. la cantidad 238-15~ 238 (rosultado aproximado de la division) multiplicado por 3, 6 sea 714 rs., con un error por defecto, es decir, que falta ménos de la mitad de 3 rs. Y á. la cantidad 23!:\75? 239 multivlicado por 3, 6 sean 717, pero con uu err·or: por exceso, es decir, que so· bra ménos de la mitad de 3 rs. En muchos casos, como antes decíamos, bastará esta aproximacion, y en muchos otros tambien, que son los más comunes dP la vida ordinaria, la cantidad cuyo in· teré::; 6 descuento hay que calcular, es un número exacto de cien tos, y e u ton ces el re· sultado de la operacion en la forma dicha es tambien exacto. Por ejemplo, en los descuento::; de la paga de los empleados, porque los sueldos 6 anualidades son un número exacto de miles de reales, y por lo tanto, de cientos; en la pérdida de los billetes de banco cuyo valor es tambien un número exacto de cientos, y aun en las impo!:iiciones de capital, intereses ~e acciones, de bonos, etc., que representan tarnbien un cierto número de miles. Cuando no es suficiente la aproximacion y es preciso obtener resultado exacto, , e multiplica la cantidad que resulta ponien· do en la separacion de las dos cifras una coma, y siendo aquellas cifras decimales. En el producto se separan igualmente las dos últimas cifras, siendo el interés un número enterO", y la cantidad que queda á la izquierda es el resultado, con un error menor de una unidad. Las dos cifras que quedan á la derecha expresan centésimas de real , que pueden convertirse en moneda conocida segun luego diremos. Hay un caso muy comun que debemos citar, y es aquel en que el tanto de interés es de diez por ciento. La operacion es entonces más fácil, porque siguiendo la regla dada habría que dividir la cantidad propuesta por ciento y multiplicarla por

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diez, lo cual equivale evidentemente á di· vidirla solamente por diez, y como para esto basta separar la pl'imera cifra de la derecha, inmediatamente se obtiene el re· sultado, que es el número que queda á. la izquierda; operacion que puecle hacerse mentalmente. Esta observacion puede ser· vir in 1irectamente para hallar el resulta· do cuando el tanto por ciento es cinco, quince, veinte 6 un número exacto de ve· ces cinco, porque hallado tan úicilmente como be mos dicho el correspondien le. al caso de sor diez, se tiene en segui<la el de cinco, que será la mitad, el de veinte, que será el doble, el de quince, que será tres veces el de cinco, etc. Una reglilla mnemónica, es decil·, para ayudar á la memoria, creemos tambien conveniente citar aquí, dado el carácter y objeto de este artículo, porque sirve muchas veces para echar pronto la cuenta, y es la que sigue: cuando el interés es de cinco por ciento, á cada rniZ dMos corresponden mil reales. Expresándose con mucha frecuencia en miles de duros un capital, se deduce así en seguida el in· terés á dicho tipo de cinco por ciento, y del resultado puede obtenerse sin dificultad cuando es de diez, quince 6 veinte por ciento. Si además se tiene presente que el uno por ciento de mil duros es doscientos 'reales, combinando ambos resul~ados se obtiene con cuentas de simple memoria los interese.s á un tipo cualq niera de una cantidad expresada en miles de duros. Y para facilitar el uso de esta regla, si la cantidad no está expresada en miles de duros, es fácil hacerlo. Cuántas veces ocurre, por ejemplo, calcular el in· terés de cantidades como estas, doscientos mil reales, medio millon, un millon, etc.; pues bien, conviértanse mentalmente en diez mil duros, veinticinco mil duros, cin· cuenta mil duros; su interés al cinco por ciento será diez mil reales, Yeinticinco mil reales, cincuenta míl reales, etc. Veamos ahora el caso en que la canti· dad propuesta á la cual queremos aplicar lo que le corresponde de interes 6 descuen· toes menor que ciento.

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Ya hemos dicho que si es mitad, cuar:J

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quinta. ó dé ima parte, el resultado se ha· llará tomando igual parte del interés por ciento; pero fuera de estos casos hay que dividir por ciento la cantidad y luego mul· tiplicar por el tanto. Ahora bien, la division por ciento de una cantidad menor que este número es un quebrado cuyo denomi· nador es lOO, y cuyo numerado¡· es la can· tidad; multipliquese esta cantidad por el tanto de interés, y en muchos casos el producto será superior á ciento, y pod1·á.. luego dividirse por este número del modo que dejamos dicho para el caso anterior. Pongamos ejemplos. El seis por ciento de 35 rs. será. 6 multiplicado por 35, ó sea 210 , di vid ido por ciento, y esta division dá 2 I'S. y una frac· cion menor de medio real. El cinco por ciento de 40 rs. será 5 mul· tiplicado por 40, y el producto 200, divi· di do po1· ciento, que es 2. No es frecuente este caso entre los que ocurren en la vida ordinaria : casi_ puede decirse que solo se presPnta cuando los géneros de algun comercio se ofrecen con rebaja en los precios marcados; pero aun entonces los comerciantes facilitan el cál· culo, porque generalmente los precios son en números redondos, 20, 50, 80, por ejemplo, y Ja rebaja es lO ó 20 ó 50 por ciento. übsérvenlo nuestros lectores. Su· cede entonces qp.e sin cálculos ni quebra· dos se halla el resultado, porque si la rebaja es de lO por ciento, la que Cot'l'espon· de al precio escrito es el número que que· da suprimiendo el cero de la derecha; si es de 20, el doble de dicho númere; si es de 50, la mitad de la cantidad escrita. Hecha esta advertencia, continuemos. S1 en el caso que venimos considerando, es decit·, cuando la cantidad propuesta es menor de ciento, no pasa el producto de ciento, multiplicándola por el interés, el resultado es un quebrado, es decir, un nú· mero menor que la unidad, que puede convertirse en la unidad más pequeña de moneda para tener idea más clara de su valor. Adoptada actualmente la division decimal de la moneda , es decir, las décimas y milésimas que ya empieza á comprender la gente, no presenta el caso difi·

cultad; cualquier fraccionen centésimas, por ejemplo, el cociente de dividir 35 por 100, que seria treinta y cinco centésimas, multiplicándole por diez, es decir, añadiendo un cero á treinta y cinco, lo cual daria e1 número 350, este expresaría su equivalente en milésimas, tipo de moneda que debe ser conocido . En el ejemplo anterior de determinar el seis por ciento de 35 rs., se ha hallado el cociente ue 210 por ciento, que es , separn ndo Jas dos cifras de la derecha, 2 rs. y lO centésimas; estas diez centésimas equi· valen á cien milésimas ó á una décima, moneda conocida, y el resultado exacto del rute1·és que se buscaba es dos reales y u.na décima . En el problema primero de los intereses que uos ocupa hay casos en que ha de tomarse en cuenta otro dat<J, á saber, el tiempo. Sucede esto cuando desea averi· guarse el interés de un capital á un cierto interé$ durante un cierto número de años, siendo dicho interés ó tanto po1· c;ento el correspondiente á un año. Si solG se trata clel tanto por ciento de rebaja que se ha de hacer en el precio de un objeto, 6 del descuento que corresponde á un billete de banco, ó de la baja en un sueldo ó renta al cabo de un año, etc., entonces, ui se expresa que el tanto por ciento correspon· cla á un año, ni há lugar á, averiguar el descuento ó b11ja pot• un cierto· tiempo, Pino que es de una sola vez , al contado, digámoslo así. Ahora bien , en el caso primero, la regla anteriormente dada es la misma; pues- di· vidiendo la can ti dad por ciento· y multiplicándola por el interés a'liiUO.t, se obtiene el que á dicha cantidad correspende tarobien en un año; basta, pues, multiplicar este resultado por el número de años durante los cuales se quiere hallar el interés, y se obtendrá el que se busca; Puede suceder que el tanto por ciento correspondiendo á un año se quiera hallar el interés del capital en cierto número de meae& .menor ó mayor que un año. Si lo primero, dicho número de meses será una fraccion de año ó quebrado expresado por un numerador que será el número de me-

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pitales diversos :Y á distinto interés, duSe$ y un denominador que será doce, es rante tal 6 cual tiempo. decir, que un mes, dos, tres, etc., será 1 En :fin, hay ciertos ea sos particulares /u,'/,,, 8 /.,,etc.,deaño (1) ; pues bien, que facilítan el cálculo: por ejemplo, si el basta multiplicar el interés obtenido para tanto por ciento al año es 12, claro está. ~ la cantidad 6 capital, segun la regla ya que á cada mes corresponde uno por cien· dada, por el quebrado correspondiente al to ; si es seis, corresponde medio; si es de número de meses durante los que se quie· nueve por ciento, á cada cuatro meses re calcular el interés. Si el número de meses es mayor de un año, lo más fácil es corresponden t1·cs y uno y medio á dos: si es de diez por ciento, á cada treinta y seis calcular el COI'l'espondiente ár. un año y. días, uno. Aprovúchanse tales casos, cuandes pues añadir el que corresponde á los ocurren, . para echar más pronto la do meses de exceso. cuenta, como vulg-armente se dice. Puede tambien ocurrir que el tiempo Queda examinado con lo que precede esté expresado en días que no lleg·uen á lo que cotTesponde al pl'imer probletotlo componet· un mes, 6 en meses y dias, ó en los intereses. Nuestros lectores hade ma fin, en años, meses y días, siendo siempre el géne1·o de explicacomprendido brán el interés 6 tanto pot· ciento el corresponpropuesto, y no extra· hcmo& nos que cion diente á un año. Un dia será, segun lo ex· lo tanto que haya· por cdticarán ni ñarán presado en la nota, '/aso de año; dos, ocho, 2 ordinal'io de métouo el donado bao a mos veinte, etc., dias, ser;á 1 380' a1380' sn1 360 l etc.' capital, i el el e sea dicen, que los libt·os, de alío, y del mismo m"'do que para el caso des· establecen y etc., tiempo, el t interés, de ser expresado el tiempo en ;:neses, basenque los de conocida unaj6?'11t1tla, pues tará para hallar el resultado multiplicar conveniente o u pero aritmética, de tienden el obteuido para un año por el quebrado para uso ue las personas á que se dedica correspondiente al número de dias. Pueeste trabajo. Por lo demás, la tarea huden reducirse los meses á dias y tener en biese sido más fácil; se reducía á copiar cuenta solamente esta unidad de tiempo, un artículo de un libro de aritmética. de modo que un mes y ocho días, por Antes de terminar el p1·esente, y aunejemplo, es lo mismo que 38 días y que dejamos el explicar su resolucion para que 38 / 800 de año, y asi no hay más que calcuocasion, indicaremos los otros tres ot1·a lar dos resultados ó intereses, los que cor· comprendidos en la regla de problemas responden á uno ó varios años y los que son los siguientes: que interés, corresponden al número de dias de exceso 0 qué capital deberá imAveriguar 1. sobre el de niíos : sumando los dos resulun cierto tiemdurante que para ponerse tados se obtendt•á el que se busca. produzca una interés, cierto un con y po, De modo que resumiendo; dividir la que es forma, otra en dicho 6 , dada renta cantidad propuesta por ciento y multiplisabiendo ocurre; comunmenLe más que la car por el tanto, dá siempre el interés en que una persona cobra ciet·ta renta al aiío un año, y es la primera operacion; obtede un capital impuesto con un cierto inte· nido su resultado, se halla el corresponrés, averiguar á cuánto asciende este cadiente á un número de meses ó á un núpital. met·o de dias, multiplicando por la fraccion 2.0 Determinar cuánto tiempo deberá correspondiente,'como queda dicho. estar un capital colocado con un cierto in· Por lo general, para facilitar estos cálterés, para que produzca una cantidad culos y evitar operaciones, se emplean de intereses. dada tablas calculadas de antemano, en las que 0 Hallar el tanto por ciento á que 3. se expresa el interés correspondiente á ca· está impuesto un capital que durante cierto tiempo ha producido una cantidad conocida de intereses. (1) En tos cuestiones do intereses se censiMra eL ai•o dividido en doce meses iguales, do treinta dias cada uno, lo Finalmente 1 diremos dos· pn:labras res1 que equivulo 11 contar el año de trescientos s6sonta dias.

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Los Conodmientos útiles.

peclo á lo que se entiende por interés simple é interés compuesto, aun á riesgo de molestar á algunos de nuestros lectores con materia tan árida. Llámase interés simpl¿ cuando la ganancia de carla aüo, ya se perciba al terminar aquel, ya despues de varios años, y junta con las cuotas de cada uno, queda separada del capital, y este se conserva él mismo para determinar y luego percibir lo que en cada un año le corresponda. Por ejemplo, si mil duros producen cada año mil reales y están impuestos dos años, producen y se cobran al cabo de los dos ail os dos mil reales, al cabo de tres, cuatro, etc., años, tt·es, cuatro, etc., miles de realus; el capital que produce los intereses es al principio de cada año constantemente de mil duros, y la renta anual constante de mil reales. Llámase interés compuesto cuando no percibiendo 6 retirando cada año la ganancia del capital, esta ganancia se añade 6 acumula al capital impuesto, de modo que, por ejemplo, mil duros, producen el primer año mil reales; al comenzar el se-

gundo se agregan estos mil reales al capital, que se convertirá en 21.000 rs.; su interés al cabo del segundo año será 1.050, y el capital al empezar el tercero, de 22.050 rs., con arreglo al cual hay que calcular el interés, y asi sucesivamente, cobrando por fin la suma de intereses de los di versos años , en vez de percibir, como en el caso del interés simple, tantas veces la ganancia del primer año, como número de años queda impuesto el capital. Y por esto suele decirse en ve.z de ganancia 6 producto á interés compuesto, ganancia con los intereses ac~tmulados. No hay necesidad de hacer notat· cuánto crece el producto al cabo de algunos años con el interés compuesto; cualquiera lo comprende. Un ejemplo, sin embargo, dará idea clara. Un capital colocado á interés simple de cinco por ciento se duplica al cabo de veinte años, el mismo capital percibiendo intereses acumulados, se duplica al cabo de catorce años y poco más . de dos meses. Y con esto terminamos el árido asunto que nos habíamos pt·opuesto.

X. CONOCIMIENTOS VAfliOS,

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Historia del olivo. El olivo, vegetal tan célebre en la historia, es de todos los árboles que dán fruto, el que se ha cultivado desde más antiguo: en tiempo deJacoL se sacaba ya aceite de su fruto. Se cree que fué trasportado del Atlas al Atico, y que los focenses, fundadores de Marsella, le introdujeron en la Galia. Cuando las aguas de} diluvio bajaron, Noé conoció que podía salir del arca viendo volver á la paloma que había soltado con una rama de olivo en el pico. Minerva y Neptuno se disputaron el honor de poner el nombre á la ciudad que Cecrops habia

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oditl.cado, y convinieron en que tendría este pri-

vilegio el que produjese instantáneamente uqa cosa más útil. Minerva, golpeando la tie_rra con su lanza, hizo salir un olivo cargado de flores; Neptuno, con un golpe de su tridente, dió orígen á un caLallo. Los dioses decidieron en favor de Minerva, que puso á la ciudad el nombre de Atenas. El olivo fué consagrado á Júpiter, pero más particularment~ á Minerva, que le habia dado á los atenienses y les babia enseñado á cultivarle. Vino á ser por esto el símbolo de la paz. Virgilio representa á Numa Pompilio con una rama de olivo en la mano para manifestar que su reinado era pacífico, y una rama de este árbol en ~

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_=©T _ __ _ _287 __ _útiles. ~ Conocimientos Los_ y_ _ _ _ _ _ las medallas, puesta en manos de un emperador, sig-nifica que la paz ha sido de larga duracion en su reinado. Segun los augures, un olivo herido por el rayo anunciaba la terminacion de la paz. Una corona de olivo era el premio de la victoria en los juegos olímpicos. De olivo estaba hecha la maza de Hércules y tambien la del gigante Polifemo. De su misma maza sacó Ulises un trozo , que aguzó, y con el que sacó al temible gigante el único-ojo que tenia. Jerjes, cuando se apoderó de Atenas, hizo incendiar el templo de Minerva, en el cual se hallaba, segun la tradicion, el olivo que esta diosa babia hecho crecer ; pero habiendo obtenido algunos habitantes el permiso de ir el dia siguiente á hacer sacrificios en medio de las ruinas, se cuenta que del tronco del olivo, á pesar de estar quemado, había brotado una rama de un codo de largo. En los Idus de Julio y en ciertas fiestas los caballeros romanos llevaban coronas de olivo, lo cual prtteba, segun Plinio, la gran consideracion de que gozaba este árbol, y añade que no era permitido emplearle en usos profanos ni aun encender con él el fuego en los altares de las divinidades. Los romanos daban como símbolo á La Clemencia, una de sus diosas alegóricas, una rama de olivo. El aceite de olivo era muy estimado en Roma y se vendía muy caro. Al principio de la república se consideraba al aceite más bien como un objeto de lujo que de necesidad.

Cuéntase que Diógenes, habiendo visto unas mujeres colgadas de unos olivos, exclamó: "Qué felicidad, si todos los árboles diesen fru tos de esta especie 1" San Lúcas, martirizado por los paganos, fué colgado de un olivo. Herodoto cuenta la siguiente historia: Dos jóvenes doncellas, naturales de Epidauro, que recibieron un grave ultraje, se ahorcaron de <.lesesperacion. En seguida las tierras de los epidauros se esterilizaron, y habiendo consultado al oráculo, pt·escribió que se levantasen á las dos víctima!:! estátuas hechas de madera de olivo cultivado. Los epitlauros no tenían este árbol en su territorio, y pidieron á Jo.,¡ ~ttenien­ ses que les permitiesen ir á tomarlo en el suyo; se lo concedieron á condicion de que todos los años enviarían diputados á Atenas encargados de hacer un sacrificio solemne á la diosa Minerva, que era. segun queda dicho, la creadora del olivo. Plinio dice que el aceite calma las olas del mar, y otros autores han sostenido esta asercion. El aceite de olivo tiene la propiedad de obrar mucho ménos sobre la aguja imantada que los otros aceites vegetales, pt·opiedatl en la cual está fundado un apat·ato electro-motor imaginado por B.osseau para reconocet•la falsiflct\Cion de este aceite por ott·os aceites. Al olivo le pdrjudica mucho el frio, y casi siempre perece cuando el termómetro baja á 12° bajo cero.

CRÓ~ICA.

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EnuPCION DEL EtNA.-Cuando la erupcion del Vesubio, de que hemos dado cuenta en el número anterior, se extinguía, han comenzado síntomas eruptivos en el Etna. Estarán en comunicacion las dos montañas volcánicas? La lava penetraría entonces en el interior de uno de los cráteres cuaouo el otro se obstruyera por un

cataclismo?.... El 27 de Noviembre ha comenzado la erupcion por una explosion formidable del cráter. Esta primera manifestacion no ha durado más que seis ú ocho horas. Despues ha habido un período de calma durante diez dias, en los cuales el cono volcánico no ha hecho más que despedir una cantidad de

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Los Conocimientos útiles. ménos abundante, acompañados de tiempo en tiempo de desbordamientos de lava. En la tarde del8de Diciembre comenzó una nueva erupcion, alcanzando su JUáximo de intensidad á las ocho de la noche. Desde Catana, de Taormiua y de toda la línea del camino de hierro, se veía sobre el gran cráter un inmenso haz de fuego: violentas explosiones se sucedían cada tresó cuatro segundos, y arrojabancon gran fuerza á una altu.rtl, que se ha calculado de 300 á 400 metros, enonnes masas ele piedra incandescentes, que rodaban clespnes de su caída á lo- largo del cono, desc1·ibiendo surcos cuya luz clara y brillante se destacaba sob1·e la iluminacion general d11la montaña. La poblacion de .Catana empezaba ú inquietarse. No tenemos hasta hoy uoticias posteriores de esta erupcion, que se presenta con terribles carac.téres. TRASFORMACION DEL AGUA DEL MAR EN AGUA POTABLE.

-Un ing lés, M. Normandy, ha inventado una máquina, por medio de la cual convierte fácilmente en potable el agua del mar. Parece que con una de estas máquinas se provee á la isla do Malta de 68.000 litros por dia; y otra dá á la guarnicion de Aden cerca de i 30.000 litros. El agua del mar queda perfectamente propia para todos los usos en que se emplea el agua dulce. Luz ELÉC'fRIO A ,\. BORDO DE LOS BUQUES.-Se han colocado dos aparatos de luz e!éctrica en dos buques fmnceses, y es de esperar que se generalice esta idea por las grandes ventajas que presenta. Además de señalar la situacion del buque y evitar choques en las noches sombrías y brumosas, puede servir para facilítar en cil·cunstancias análogas operacio9es náuticas y militares, que sin este recurso serian imposibles, y por consiguiente coloca al barco que

AlADlliD: i869.=lm />renta de Los

Co~octMtl!NTOB úrtus,

t enga el aparato en condiciones ventajosas. La experiencia ha demostrado que en una noche oscura, un rayo de luz proyectado por un aparato eléctrico y dirigido sobre una embarcacion situada á una milla. de distancia, la ilumina con claridad bastante para que se .perciban distintamente sus detalles y sus movimientos, al paso que el b!u·co donde está colocada la ln.z queda sumido en la oscuridad, á excepcion del punto luminoso. Se comprende el par tido que puede sacarse para las maniobras y para el uso de la artillería de este conocim iento exacto de la posicion, mov'jlmientos é intenciones de un navío enemigo. Ouando se tmta solamente de alumbrar un objeto para comodidad de Jos que tienen que efectuar una operacion cualq uiern,_ como un desembarco ú otra, fuera del barco que lleva el aparato, el rayo de accion de este resulta duplicado en la intensidad de su efecto, puesto que los rayos luminosos no tienen que volver á su punto de partida para producir la sensacion de In vista de los objetos iluminados. Se pu.ede, por lo tanto, permaneciendo á una distancia de dos millas por lo ménos, alumbra¡· la entrada ele un puerto, las inmediaciones de una playa para facilitar movimientos de embarque y desembarque de tropas, para efectuar el reconocimiento de puntos for~tlcados cuya lll.Jl'OXimuoion durante el dia fuese peligrosa, y aun pa1·a realizar un ataque. En tiempo de paz como de guerra, puede ser útil este aparato al jefe de una escuadra para trasmitir sin indecision órdenes importantes, y tambien para asegurarse despues de su exacta ejecucion. cosEn.-Funcionan en París máquinas de coser movidas por la electricidad. La costurera no tiene que mover el pédalo, smo solamente dirigir el trabajo ue la aguja. NuEVA MÁQUINA uE

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6 cargo de l•'ranolsco noig, Aroo de Santa María, $9.

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Los Conocimientos ü.tiles .

----------------------------------ENSEÑANZA POLITICA.

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EL COMUNISMO.

Así como al pié de un magnifico y fron· doso át•bo\ snelen b1·otar plantas par ásitas q ne, enlazándose al tronco, parecen abrazarle con amor y adornarle con su verdu· ra, cuando en realidad lo que hacen es robarle la sávia fecundante, así tambien, como plantas ponzoposas, al pié del gran· dioso árbol de toda revolucion brotan c1ertas ideas que , enlazándose íntimame u te á su fundamento, emponzoñan las ra ices y hacen que ese árbol que solo debe producir los frutos del bien y de la j usticia, ostente tambien entre la verdura de su ramaje frutos prohibidos, manzanas tentadoras que encierran la perdicion de quien intenta probad as. Dentro de toda revolucion se contiene otl·a segunda revolucion, que consiste en exagerar y llevar á sus últimos extremos y consecuencias las ideas y principios pro· clamados por los pueblos al inscribir tri un· ümtes sus libertades y derechos m~s legítimos. Llevad al último extremo la idea de libertad, y el individuo se juzgará omnipoten te, desconocet·á en la sociedad el poder de limitar sus derechos naturales, buacará la única ley en su conciencia, la única fuerza en su voluntad, y de este modo el individualismo ilimitado, roropiendo los moldes del principio de autoridad, llevará á los pueblos á la rebeldía, á la lucha de las parcialidades, al desórden, en suma, á la falta de todo gobierno, á la

ana'rquia.

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Exagerad la idea de derecho, y á nombre del derecho vereis nacer las mayores injusticias. Por mucho tiempo el pri1Jilegio se ha llamado derecho. Del derecho absolu· to del rey nace el despotismo. La patria po· testad daba en Roma al padre el derecho basta de vender sus hijos, y el derecho del '

Euero 9 do 1869.

padre era la tiranía rle la familia. El derecho ilimitado del marido anula á la mujer y establece la tir ania conyugal. El derecho, pues , exagerado como principio, y sin restricciones legales, es el padre de la injusticia. Ciceron lo ha dicho: S?(l?lllntt(I?Jt jus, S11/J'Jtma injustitia. Los rlerechos individuales deben ser el fundamento de toda sociedad; pero por lo mismo deben estar tan definidos, deben tener tan bien trazados sus límites, que ni el Estado los invada, ni el individuo se salga de sus confines naturales. Las más libres fermentaciones democráticas engendran las más opresoras dictaduras. Los imperios suelen ser los herederos de las república~; los césares son hijos naturales de las democracias: las más ferreas coronas han brotado del gorro frigio. Pero en ninguna parte se vé más claro y se hace más palpable el peligro de extralimitar las grandes ideas como en la idea de Ig1taldad. Pocos principios hay que á primera vista se ofrezcan más grandes, más justoa , más bellos que este, que parece ser el ideal de la justicia humana , el deside?·at1¿m de todos los pueblos y el complemento de todos los derechos. Y sin embargo, ninguno hay más peligroso, más opresor, más contrario á la naturaleza, más enemigo de la libertad. Si la tiranía quiere sentarse en su trono u niversal y hacer sus esclavos á los hombres, tome las apariencias y el nombre de Igualdad. Bien se comprenderá que aqui no se hace referencia á esa igualdad ante la ley. que no es otra cosa que la justicia, sino que se alude á esa otra igualdad material y social, cuya fórmula politica se conoce ~ con el nombre de Comunismo . TOMO

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Los Conoe;in'lientos útiles.

blo es en la antigua república de Lacede Hoy que todas las teorías salen á lapamonia, en la célebre Esparta. Las primelestra; hoy que la revolucion plantea toras leyes verdaderamente comunistas son dos los problemas; hoy que todas las aslas de Licurgo. Queriendo este famoso lepit·aciones se despiertan , y hoy que todos gislador acallat· las disensiones entre polos labios pronuncian grandes palabras, bres y ricos y establecer una perfecta pero palabras cuyo significado, los qne igualdad, dispuso la reparticion de la con más entusiasmo y fervor las pronuntíel'l'a por partes iguale::3, las comida::3 en cían, suelen ser aquellos que más las igno· comunidad y la supresion de la moneda; ran y desconocen, no parece inoportuno los objetos, bienes y pertenencias eran co· do.r una idea, siquiera sea somera y corom unes á todos los ciudadanos. A estas lependiosa, de lo que significa la palabra co· yes , que nseguraban, al parecer, la más munismo, y hacer una brevísima reseña equitativa igualdad, agreg·ó Licurgo otras histórica deLpapel que el comunismo ha leyes politicas para cimentar el poder é representado, en la sociedad como hecho independencia de Esparta. Harto conocida y en la ciencia como teoría . es aquella feroz y dura orgauizacion miE l ligerisimo exámen que vamos á halitar que hacia de los espartanos un puecm· de la historia del comunismo, y el sublo de guerreros, y así no entraremos á cinto análisis de las obras de sus más noanalizar la constitucion de aquella repúta l>lcs pnrtidarios, nos prestará ocasion de blica original. Solo diremos que si allí consngt·arle algunas observaciones crítipudo subsistir una apariencia de comocas, poniendo en evidencia, no solo lo nismo, fué debido á que nllado de aquella absurdo de los principios comunistas, no igualdad existía la más inicua de las des· solo sus mortales peligros, sino su impoigualdades: la esclavitud. Aquella flematencia para fundar nada sólido y durable, cracia de aristóc?·fttas vivía á espensas de por más que con la arrogante valentía de los ilotas, esclavos que estaban á su sersus promesas deslumbre á los incautos y vicio y hacían todos los trabajos: solo así anuncie el reinado de la igualdad y de la se concibe aquella comunidad tiránica justicia como soberanas del mundo. que sumía en la abyeccion á tantos sierImaginan ciertas asustadizas gentes, de vos, los explotaba y vivía ociosa á costa esas para quienes el libro de la historia de ellos. Aquel pueblo podía negar el está cerrado, y á quienes la nocion de las principio de la propiedad , porque deseog randes ideas solo llega de oidas, imaginocia el santo fundamento, el título leg-ínao, digo, que el comunismo es un engentimo de toda pt•opiedad: el trabajo. Socie· dro, una inveg~cion de estos malhadados dad de atletas y soldados , sociedad que tiempos modernos, contra los que se desal establecer la. comunidad hasta del pachan en declamatorias invectivas, preamor, al hacer comunes las esposas, barcisamente porque desconocen los pasados. r aba la familia y anulaba la aspiracion de E l comuuismo , por el contrario, es vieposeer y acrecentar los bienes; sociedad jo, muy viejo, y su origen data de remosemejante, era la unica que poclia escritísima antigüedad. bir sobre sus códigos la palabra comunisPara establecer la igualdad social y roo, que es la anulacion del trabajo, pormaterial empieza el comunismo por neque es la anulacion de la propiedad. El gar el principio de propiedad. E:n un Escomunismo de Esparta solo podía sostetado, la propiedad es comun á todos los nerse por la t:lsclavitud : el ciudadano de ciudadanos: nada es de nadie y todo es de Esparta solo podía vivir al poner la planta todos. El trabajo es igualmente obligatode su pié sobre la humillada cabeza del rio á todos y sus productos deben reparilota. Pronto, sin embargo, el instinto tirse por igual entre los miem-bros de la natural , la necesidad de poseer, rompe las comunidad. opresoras trabas de aquellas duras leyes, El primer ejemplo histórico que encony desde de la guerra del Peloponeso las tramos uel comunismo aplicado á un pue ~·-----·--·-- -·-·· ···---·- - - - " · - -- ·-- - - · - - ·

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Los Conocimientos úliles.

leyes de Licurgo caen en desuso, se es- á saber: los labradores, mercaderes y artablece el Jet·echo de compra y venta tesanos dedicados á los trabajos de la pro· de las tierras , la propiedad se reconcentra duccion ; los soldados exclusivamente enen algunas familias; en una palabra, cargados de la defensa de la ciudad contra aquel comunismo desaparece, dejando todo tumulto intel'ior ó ataque de extrancomo herencia la ignorancia, la incuria, jeros; y por último, los sábios y legisladores, 6 sea la casta privilegiada. No la inmovilidad, hasta que luego, perdido aquel temple de los primeros lacedemo- peca, pues, de muy democt·ática esta ¡·epública donde dos clases viven á expensas nios, Esparta decae, á pesar de los esde una te1·cera, y las tres juntas á costa fuerzos de Agis y Cleomenes, viniendo de los esclavos. por último á desaparecer por la.absorcion Conocida ele todos es aq ue11a ley brutal de las conquistas de l~o!lla. repug·nante que Plnton aplica para la y Igual suerte que Esparta vino á tener y perfeccionamiento físico y propagacion aquella sociedad comunista de Creta, que especie. Esta ley consiste en la de mOL·al regida por las célebres leyes de Minos, viy la familia . El matrimonio el anular vía á expensas de la servidumbre de los medio rlc ayunpor sustituido es himeneo jJeriecos, esclavos de idéntica índole que de lo que semejanza á que, en tamientos los ilotas. cabaganado el mejorar para hace se hoy El inmortal filósofo Platon, inspirándo: binan coro magistrados los vacuno, 6 llat· se en las ideas comunistas, escribió posteriormente su célebre libro La República, las parejas de modo que de el cruzamiento libro bello como todos los de aquel génio resulten hijos más bello::; y robustos. Estos, apenas nacen, deben depositarse en un asi· sublime, pero en el cual se pretende fundar lo de la comunidad, especie de inclusa una sociedad imposible bajo la base siemdonde las madres los amamantarán indis· pre deleznable de la teoría comunista. Hay que tener en cuenta que la idea del tintameute. Los niños deformes 6 de mala Estado en la antigüedad era distinta de la con textm·a será o condenados á muerte, y que hoy tenemos. Las inmensas agrupa· el abot·to será obligatorio para toda mujer ciones sociales que hoy constituyen las que conciba despues de los cuarenta aiios. Bien se comprende que una sociedad nacionalidades no pueden caber en las en pl'incipios tales, que anulan fundada mezquinas leyes antiguas, donde el Estaque circunscriben el depersonalidad, la ~ do es tan limitado que la ley le abarca fácilmente. El Estado, pues, para Platon es recho, que matan toda iniciativa, que arla ci1~clacl. Por eso la ciuJad imaginaria de rancan al corazon humano sus más hermosos afectos, que borran la maternidad, su libro la coloca completamente aislada, que hacen del amor una funcion social y separada por mar y tierra de todo exterior contacto y comercio, y allí enjaulados sus arrebatan al alma sus flores y sus perfuideales ciudadanos han de llevar á sus úl- mes , esa sociedad que hace del Estado una cárcel , de los ciudadanos una legion, de timos extremos las formas comunistas. La primera cosa que hace nuestro filóso- la anatomia la perfeccion del individuo, esa sociedad absurda solo puerl e existiL· en fo es e:;tablecer la esclavitud, que en su concepto es el fundamento de todo pueblo la region de las abstracciones, y nunca libre; absurdo extrauo que ántes hemos saldrá de las páginas de un libt·o teórico á visto practicado por la democracia lacede· realizarse en la esfera de los hechos históricos. monia, y ahora vemos sancionado por el Platonismo se ha llamado despues á tomás insigne pensador de la antigüedad. La libertad viviendo de la opresion ; la das las teorías ilusorias é irrealizables; igualdad cimentándose en la más indigna platónico se ha llamado al amor en su m¡;\s espiritual manifestacion, y en verdad que de las desigualdades 1 Tres clases, mejor dicho, tres eastas de quien esto escribe no puede ménos de pt•ociudadanos componen la ciudad dePlaton, testar contra semejante adjetivo, al rec:J

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Los Conocimientos útiles.

dar que se der·iva rlel nombre del filósofo que, si bien en otros escritos se elevó á sublimes alturas, en su república desterró á los poetas, anuló el corazon humano é hizo imposible el amor al prostituir los más altos sentimientos y al confundir los sexos en el impúdico y repugnante c?-·iadero de su teórica comunidad. Plnton es, pues., el primero.qne basó en principios filosóficos la teoría comunista, llevándola á sus últimas y rigorosas consecuencias, negando rotundamente el pt·incipio de la propiedad, que en su concepto es incompatible con el perfeccionamiento moral y político de un pueblo. Su discipu lú Adstóteles, en el libro seguudo de su Política refuta de un- medo terminante la doctrina de su maestro; doctrina que la antigiiedad rechazó eomo impracticable, basta el punto que e·l mismo Platon no se atrevió á proponerla, ó la vió rechazada, cuando fué invitado para dar constituciones á varias ciudades de Sicilia y Gt·ecia. Bien comprendió el gran filósofo que no era posible arrancar de la humana naturaleza el instinto innato de la pr0piedad, y á fin de conciliar esta con la igualdad, conciliacion imposible, pues ambas son antitéticas y se anulan mútuamente, ideó un sistema que armonizase ambas; y con tal propósito escribió su no ménos famoso

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Libro de las leyes.

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Para conseguir su intento imagina dividido el territorio en tantas porciones como ciudadanos libres, que si mal no re·

cordamos son cinco mil. Cada porcion es indivisible é inenagenable, pasando como una vinculacion del poseedor al hifo que aquel designe, de modo que aunque hay ya reconocido el derecho de propiedad, ningun propietario puede franqueat la tiránica línea de su casilla en el tablero social. Y, no solo está limitada la propiedad, siDo que pata que no se altere la matemática proporcion, la ley regulariza la propagacion á fin de que no crezca ni disminuya el guarismo legal de los ciudadanos. Es decir, que con la mira única de mantener la igualdad de fortunas, el legislador estanca la pt·opiedad y la ley se entromete hasta en los más.íntimos ~ecretos del amor, reduciendo á una degradante aritmética el códigQ de la legislacion social, convirtiendo la ptopiedad en geometda y la libertad en su despotismo igualitario que, al que1·er ni velarlo todo, solo logra reducir todo á la nada y detener el progresivo movimiento de las aspiraciones humanas. La igualdad absoluta, el t01dsou, es en. resúmen el ideal de Platon, ideal que encontró siempre resistencia en la naturaleza del hombre, é ideal que, como verellli)s en poste dores artículos, siempre que saliendo de las teorías ha. intentado establecerse en cualquiera sociedad, época y lugat·, solo ha producido luchas, horrores, tit·anias, crímenes y perturbaciones, viniendo al fin á ser condenado, ;sino al olvido, á lo ménos al desprecio universal y á la más absoluta impotencia.

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(Se continuará. } J.ost ALCALÁ. GALI.AN.o.

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CONOCIMIENTOS DE QUIMICA ~ ~-

ACIDO CARBÓNICO. J.

Existen en la naturaleza dos cuerpos importantes: el carbono, sólido que, segun ~~ sus diferentes modos de manifestarse, dá

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lugar al diamante' la plombagina' er cok, etc.; y el oxigeno, uno de los gases más esparcidos por el globo, y cuya infiuencia en la vida animal es bien conocida. Combinado:! en proporciones con ve- ~

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Los Conocimienlos útiles. nientes estos dos cuerpos simples, d>ln lugar á otro compuesto, llamado ácido carbónico, cuyas propiedades, influencia, preparacion y aplicaciones interesa conocer. El ácido carbónico puede afectar los tres estados, gaseoso, liq1~ido y s6lido. A la temperatut·a y presion ordinari-a, es gaseoso; liquido á la de cero grados y presion de t1·ein ta. y seis atmósferas; solidificándose á los seten.ta grados ba~o cero.. En el primer estado es incoloro, inodoro y de un sabor ligeramente ac1·e ;· en el segundo es tambien incoloro, muy movible y nota· ble por su gran dilatabilidad; en el tercero forma una mnsa vítrea, limpia y trasparen te.

rr. El ácido carbónico es, como lo indica su nombre, un ácido, es decir, uno de aquellos cuerpos que, como el vinagre ó ácido acético, el jugo de limon ó cícido cit·rico, y otros, tiene hL propiedad de enrojecer, si bien ligeramente, el jat·abe preparado con la flor de violeta. al ponerlo en contacto con este. En el estado gaseoso, que es del que con más extension nos ocuparemos, no alimenta la combustion de los cuerpos, y como consecuencia de esto, es impropio para la respiracion, pues este- acto constan te de la vida no es sino un efecto de aquella: el oxigeno del aire, comburente por excelencia, determina la combustion de ciertas sustancias orgánicas de los pul· mones, verificando, por este medio, la trasformacion d~ la sangre venosa en a1'te1·ial, despues de la cual sale al exterior un gas compuesto de ácido carbónico y una pequeña cantidad de vapor de agua. Segun esto, todo animal que se halle ro . cleado de una atmósfera. de este gas perece por asfixia.. No ejerce el ácido carbónico, sin embargo, accion deletérea sobre los órganos, puesto que puede existir en el aire en proporciones bastante considerabies, sin que los animales experimenten malestar alguno. Un sábio francés, Seguin, ha reconocido que el ait·e, cuando ~ con tiene un cuarto de su vo1úmen de áci-

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do carbónico, se hace irrespirable, experi· mentando el que de él se halle rodeado, dolor de cabeza, malestar genera 1, desvanecimiento completo, y por último la muerte. Purliera creerse que, siendo el oxígeno el único cuerpo que interviene de una manera activa en la respil·acion, fuera ventajoso que nuestra atmósfera la constituyera exclusivamente uicho gas' lo que seria altfrmente perjudicial, pues aumentando la cantidad de oxigeno, la combustion seria más intensa y más pt·onta la destruccion de nuest1·os ót•ganos. Además la sábia na tu raleza, que todo lo armoniza, tiene establecido un equilibrio admirable por el qua todos los sé1·es se pt·estan roútuo y generoso auxilio: el hombre y los demás animales contribuyen con el ácido carbónico, que en los diferentes actos de su vida producen, á la re pro luccion y desarrollo de los vegetales, recibiendo de ellos, en cambi.o, el oxigeno, elemento iodispen· sable á su existencia. El ácido carbónico favorece las funciones digestivas, y por ello es tan frecuente el uso de el bicarbonato de sosa ó rn,at¡nesia, aguas gaseosas, étc., de que luego nos ocuparemos lige¡·amente. El agua disuelve el ácido cat·bónico en pequeña cantidad, bajo lns condiciones ordinarias de temperatut·a y presion, pero puede aumentar aquella conside1·ablemen· te á medida que esta última sea mayor, constituy~ntlo un líq ui!l.o conocido con el nombre de a,qua gaseosa, cuyo gusto lige· ramente acre y ag¡·adable todo el mundo conoce. La solubilidad del ácido carbónico es de suma importancia, atendida la infl.uencia que pueue eje1·cer, en los diferentes usos á que el agua se aplica. Su presencia en las potables, siendo en corta cantidad, las presta una ligera sapidez agradable al paladar que favorece, como consecuencia. de una propiedad ántesenunciada, las funcion9s digestivas, por la accion excitante del áCido. Considerando ahora al agua bajo el punto de vista de su empleo en la a limen tacion de las calderas de vapor, deber ' mos obs~rvar que no existen en la naturaleza aguas puras; ade· ~

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~r ~~------------------~~~ {Q 204 Los Conocimientos útiles. ~· más del aire que con tienen en diso lucion, hay en ellas 1 en igual estado, una porcion de sustancias de las que solo consideraremos el ca1·bonato de cal, por su aplicacion á dicho caso. La solubilidad de esta sustancia aumenta en relacion á la cantidad de ácido carbónico que haya disuelto en el agua; por lo tanto, cuando una causa cualquiera determina el desprendimiento 1le este gas 1 se formarán en las calderas incrustaciones de carbonato de cal, producieudo accidentes gravisimos que deben procurar evitarse. Puede conseguirse esto introuuciendo en las calderas una fdC?tZa ta.l como patata , ó bien pedazos de vidl'io ó metales, tinturas colorantes, etc. No nos detenuremos en enumerar las diferentes razones en que dichos procedimientos se fundan . Las estalactitas y estalacmítas, que tanto embellecen algunas grutas notables, son el producto de depósito_s constantes de carbonato de cal, efecto de la evaporacion del ácido carbónico que lo mantenía disuelto en el agua, cuya infiltracion por el terreno produce, á nuestra vista, esas columnas esbeltas y figuras caprichosas que tanto nos sorprenden . El vapor de ácido carbónico á cero grados ejerce una presion de treinta y seis atmósferas, por lo que Brunelle dió preferencia en la aplicacion, que , propuso M. Da vi se hiciera, de los gases comprimí· dos como lllotores en las máquinas, problema que aun no se ha resuelto, y cuyas consecuencias no pueden preverse. Si se hace pasar una corriente de ácido carbónico por un tubo qqe contenga carbon, se apoderará este de parte del oxige· no del gas, dando lugar á la fot·macion del óxido de carbono, cuya presencia, aun en pequeñas cantidades, produce la muer· te. Esta es la causa del tufo de los brase ros que no están bien encendidos, y de la formacion del gas qije acabamos de considerar, el cual produce tan siniestros accidentes, fáciles de evitar con solo renovat· el nire de la habitacion en que está el foco calorífico.

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III. El ácido carbónico se encuentra en la naturaleza lib1·e ó combinado; nos ocuparemos por ahora solamente del libre. El ácido carbónico se desprende por entre las grietas del terreno en muchas lo· calidades, en las que, si bien no ocurren erupciones ígneas , han sido atormentadas en otro tiempo pot· convulsiones volcánicas. Las aguas de los manantiales que E"xisten en estos diversos sitios contienen ácido cat·bónico en disolucion y brotan con efervescencia en su nacimiento, pr9uuciendo las ag1tas gaseosas nat1wales. Sucede con frecuencia que este ácido carbónico que expontáneay abundautemeLte se desprende, va acumulándose allí ·donde el tetTeno se depl'ime y en las excavaciones naturales, cuevas y grutas en que el aire se renueva con 'dificultad, formando de este modo, por la superposicion de ca· pas gaseosas invisibles, una atmósfera ir· respirable en que perecen todos los anima· les envueltos por ella demasiado tiempo. La más notable de estas concavidades es la conocida con el nombre de Gruta del Per1·o, situada en Pozzuoli, cerca de Nápoles, y abierta en la roca sobre la pendiente de una fértil colina. El suelo irregular ·y formado de una materia negra, húmeda y siempre abrasadora, desprende el gas ácjdo carbónico bajo forma de pe· queñas burbujas que arra~tran una pequeña cantidad de vapor de agua. En vir· tud de su mayor densidad este gas no se eleva más de sesenta centímetros por cima del suelo, pudiendo penetrar, por lo tanto, un hombre en esta gruta sin peligro de su existencia, pues el gas no llega arriba de sus rodillas ; pero si un perro ú otro animal de su talla acierta á penetrat· en ella, su muerte, por asfixia, es segura. En la proximidad del lago Laacher, sobre los bordes del Rhin , el ácido carbónico se escapa silenciosamente del fond"O de una profunda cavidad , en forma de e m· budo, la que llena, y aun rebasa al exterior, formando una capa gaseosa de algu· na altura que produce la muerte de un sinnúmero de animales , los cuales, bus-

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cando su alimento en la superficie de la tierra, llegan hasta los bordes de tan hondo abismo . Los leñadores de los bosques inmediatos aprovechan esta tmmpa tan hábilmente dispuesta por la natur aleza. En la isla de Java existe, asimismo, un valle, objeto de terror para l0s habitantes de aquellas comarcas, llamado Valle det Veneno, cuyo suelo, conmovido por la accion de Jos volcanes, deja escapar torrentes de ácido carbónico. Alli se ven hacina· dos desde hace I'lfUChos siglos, como en un inmenso osado , los esqueletos de muchas de las fieras que habitan aquel país. Por todo lo dicho se comprenden los pe· ligros á que se expone el que, par a practi~;nr una exploracion, penetra, sin tomar precauciones , en un pozo ó cavidad mal ventilada. Para evitar estos terribles siniestros, conviene hacer que el aire se renueve préviamente en el interior; bien por medio de un tubo que, saliendo á la superficie de la tierra , lleg·ue al fondo de la cavidad; bien practicando en ella dos respiraderos en sus extremidades, uno al norte, otro al mediodía. Ambos procedimientos, sin embargo , son inaplicables cunndo la necesidad obliga á penetrar en tales parajes en un momento dado, como por ejemplo, cuando se trata de salvar á un individuo, próximo á asfixiarse. En este caso lo que conviene hacer es, arrojar, pot• medio de una bomba 6 regadera, un a disolncion de cwnoniaco, potasa ó sosa pal'a format·, por este medio, el carbonato de amoniaco, de potasa 6 sosa. Se desprende tambien el ácido carbóni· co, en la combustion de todas las sustancias carbonosas que se emplean en la calefaccion y en el alumbrado, tales como made1·as, ca1·bones , aceites , 'IJelas , etc.; pero lo que se obtiene en este caso es un gas impuro compuesto de ácido carbónico, azoe y oxígeno. Segun hemos visto , se desprende tambien este gas en el acto de la respiracion. El hombre lo produce diariamente en cantidad de medio metro cúbico, mientras que el buey y el caballo lo verifican por diez veces más. Debemos hacer observar respecto á dicho ácido un fenómeno notable: siendo su

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producciou síntoma de vida, se desprende abundantemente en los fenómenos de putrefaccion que siguen á la mue1·te. Esto se explica fácilmente: el hombre está compuesto de sustancias carbonosas que en pre~eocia del aire arden, siendo repuestas las pérdiuas que ocasionan en nuestros ót'ganos, por medio del alimento; cuando el animal muere, su cuerpo , convertido en una masa fl'ia, sufre al contacto uel aire una combustion lenta, y el carbon que enciel'l'a vuelve á la atmósfe•·a , despues que hubo sido elemen to de vida, bajo la forma de ácido ca•·bónico . Los mismos fenómenos se observan durante la descomposicion de los restos de vegetn les que constituyen parte del estiércol. Vemos, por lo tanto, cuán inmensa es la cantidad de ácido carbónico que en virtud de estas causas adquiere el aire. El procedimiento que generalmente se emplea en los laboratorios para pt·eparar el á.cido carbónico consiste en ca!cinar la piedra caliza, 6 sea el ca1·bonato de cal, en una retorta de arcilla sometida al calor rojo, de la cual se desprenderá el gas, que pod1·á recogerse en una campana de cristal.

I V. Los usos á que el ácido carbón ico gaseoso, libre, se destina son bien limitados, y su aplicacion más impot·tante es á la fa· bricacion de bebidas gaseosRs. Sus uifer entes combinacionet~ ofrecen mayor interés, bajo el punto de vista de su utilidad, y de ellas nos ocuparemos luego. En el estado líquido se hu. empleado de algunos años á esta parte , con el objeto de produ· cir enfriamientos consiuerables que sirvan para liquidar y aun solidificar muchas sustancias gaseosas. Ha sido preciso, para este objeto, idear procedimientos por los cuales pudieran obtenerse grandes cantidades de ácido cm· bónico liquido, lo que ha sido fácil conseguir mediante uu apar ato, que no nos detendremos á describir, y en el que se llega á obtener un depósito suficiente de dicho ácido liquido. Abrien · do la llave del recipiente que lo contiene,

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Los Conoci mionlos útiles.

el ácido carbónico se precipita con fuerza al exterior, tomando inmediatamente el estado gaseoso bajo forma dP. una nube blanca que produce, por donde pasa, un frío intenso. Si se recibe el chorro de ácido carbónico sobre una cajn metálica de paredes muy delgadas, gran parte del ácido se volatilizará, robabdo el calor necesario para su cambio de estado á las pa· redes U.el vaso y á la porcion q ne se conserva liquida, produciendo un descenso de ternpet·atura que puede llegar hasta setenta g-rados bajo cero , á la cual el ácido tomará el estado sólido, condensándose en f01·ma de copos blancos y esponjosos como la nieve. Bajo esta forma puede conservarse mucho más tiempo que en el estado líquido, pues su evaporacion es muy lenta, efecto de la poca conductibilidad de la materia. Un tet·mómetro de aire rodeado de esta nieve de ácido carbónico descenderá hasta setenta y nueve grados bajo cero. Pueden tenerse en la mano lm; copos de ácido carbónico sin experimentar un frio muy in tenso, pues se encuentran aislados de la piel, constantemente, por una corriente de ácido carbónico gaseoso que se desprende en la evaporacion; pero si se opl'imen fuet·temente entre los dedos, pro· clucen una sensacion dolorosa y la clesorganizacion de la piel cual lo baria una qnemadur a. Si se mezcla el ácido carbónico en el estado de nieve, eon un líquido que no se combine químicamente con él y que se congele á una temperatura bastante baj a, In evaporacion del ácido ser~ más rápida, porque el liquido interpuesto aumenta la conductibilidad de la materia, produciéndose una mezcla frigorífica muy enérgica qne congela los cuerpos en ella sumergidot·. Favoreciendo la evaporacion en la máquina neumática, por medio del vacío, la temperatura puede djsminuir hasta cien grados bajo cero. Ordinariamente es el éte'r el liquido que suele mezclarse con -el ácido carbónico en copos. Por medio de esta pasta frigorífica puede congelarse, en pocos minutos , un kilógramo de mercurio. Si un t.ubo que contenga ácido carbóni-

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co líquido, se abre repentinamente, se quebrará produciendo una fuet·te explosion, efecto del cambio brusco que.el ácido experimenta del estado líquido algaseoso.

V. Ocupémonos ahora, ligeramente, de algunas de las principales combinaciones del ácido cat·bónico. Entl'.e ellas, merece especial lugar la. piecl1~a de cat , 6 sea el ca1·óonato de cal, que ya hemos mencionado, compuesto de dos sustancias , el ácido carbóuico, producto de su calcinacion, y una materia blanca , sólida , llamada caZ, residuo de esta operacioo. El carbonato de cal está muy repartido por la superficie del globo y hay pocas sustancias cuyo uso sea más general. A su empleo en la constr uccion debemos las casas en que habitamos, así como los monumentos que perpetúan el recuerdo de las épocas más pt·ósperas de una nacion y el de sus más eminentes hijos. Los pueblos primitivos llegaron á levantar, por la sola superposicion de enormes piedras en bru· to, esas grandiosas construccio.nes cuya solidez nos asombra , pero cuya falta de arte las ha hecho decaer ante los monumentos modernos , construidos con materjales trabajados y reunidos pot· un mortero calcnrio, obras qtre llevan impresas en sí el notable adelanto de los conocimientos humanos. El carbonato de cal se encuentt·aen gran abundancia en Islandia y en Italia, constituyendo el mármol blanco, una de las materias que más embellecen los edificios y cuya aplicacion es g rande y cono~ida de todos. Las conchas de los 'llWl'u,scos, las cáscaras de los huevos de ave, los huesos del esq ueleto del hombre y los demás animales, están formados, en parte, de carbonato de cal. Se combina tambien el ácido carbónico con la sosa , dando lugar al bicarbonato de sosa, muy usado en medicina con aplicacion á facilitar las digestiones difíciles, para cuyo uso se fabrica en forma de pe queñas pastillas, mezclado con materias azucaradas. Para los mismos usos, se em-

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plea frecuentemente el ca•rbonato de mag-

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Otra. combinacion muy importante es la que forma el ácido carbónico con el plo· mo, ósea el ca1·bonato de plomo, llamado vulgarmente albayalde, muy usado en la pintura. Y por· último, combinado con el cob1·e, dá lugar tumbien al ca1·bonato de cobre, que se aplica á la pintura, y cuando está combinado con el vgua, como se encueu-

traen la naturaleza, pnrn ln fabl'icaciou de objetos de adorno, como tiestos, figu1·as de sobremesa, etc., que tienen un gran valor en el come ·<~io. Vemos, pues, que el ácido carbónico, ya en el e:;tatlo libr·e, ó combinado con otras sustancias, es de una gran• le impor· tancia, atendida su influencia en la vida de todos los séres orgánicos. Por eso hemos creído opot·tuno consagrarle este ar· tículo.

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Ftm:JANDO SANTovo.

CONOCIMIENTOS DE BIOGI1AFIA. Infancia y episodios de la vida de hombres célebres. HAYO N.

Francisco José Haydn nació en 1732 en Rohran, aldea de Austria. Su padre, pobre carretero, cargado de una numerosa familia, se distraía de sus penosos trabajos cantando de memoria algunos aires que re tenia con facilidad, y acompañánclose con una mala arpa, sin haber jamás aprendido la música. Tal fué la primera escuela de su hijo, que despues cuando era anciano recordaba con' placer los cantos favoritos de su padre. Un pariente del carretero, maestro de escuela en HambUJ·go, encantado de la bella voz del niño, se le llevó á su casa cuando tenia seis aiios: le enseñó á leer y escribir , elementos de latín y a1gunos principios de música. Haydn se ensayó taro bien en tocar algunos instrumentos. El maestro de capilla de la catedral ele V!ena vió en casa del preceptor, amigo suyo, á Haydn, que iba á cumplir ocho años, y le tomó para reemplazar á uno de los niños de coro que había perdido la voz. La educacion musical de José Haydn se pe1·feccionó en esta escuela, á pesar de que, así como en casa de su pariente, no era estimulado sino por golpes y privaciones. La bella voz de contralto del virtuoso jóven atraía mucha gente á la catedral,

pero se aproximaba la edad en que la na·turaleza, modificando las facultades lisicas del niño, le acerca m;\s al estado de hombre. El maestro de capilla 'temía este momento y pensaba en la manera de decidir á Ha.ydn l. una operacion muy com un en Italia, cuando el niño se ofreció casi por sí mismo á que se realizara el deseo de su maestro. Se fijó el dia y la hora; se toma· ron todas las precauciones, y José estaba ya impaciente por un pequeño retardo, cuando su padre, que había ido por casua· lidacl á Viena, supo por su mismo hijo el sacrificio á que le destinaban, é impidió que fuese consumado. EngaiTado en sus esperanzas, y viendo que su discípulo perdía la voz, el maestro de capilla aprovechó la ocasion de una pe· queña travesura que aquel hizo para despedir al desgraciado José en el mes de N o· viembre,álassietedelano~.:he,sindinero

y casi sin vestidos. Haydn pasó la noche sobre un banco de piedra. Al dia siguiente un músico llamado Spangler le vió y le reconoció. Spangler era sumamente pobre ; no tenia para él, su mujer y sus hijos más q ne un miserable granero sin ventana y sin fogon. Sin embargo, el buen corazon del músico le movió á ofrecer á José que participase de

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sn miserable albergue y de su mesa, que estaba eu armonía con su pobreza. José nceptó con júbilo ; despues llegó á hacer la fortuna de su bienhechor. Tenia en la misma casa, el célebre Metaslasio, una magnífica habitacion. Haydn dió durante t1·es años lecciones de canto y de piano á una sobrina de Metastasio; pero el gran poeta no adivinó al gran músico. Por toua recompensa el maestro recibía los alimentos. Esta situacion precaria duró largo tiempo, y á pesar de trabajar mucho, apenas poc.lia procurarse lo necesario el que debía despues llegar á ser tan célebre. Por fin, á los veintiocho años, obtuvo la plaza de segundo maestro de capilla del principe Esterhazy. Este fué el principio de su fortuna. Alindo de estos principios tan penosos, presentemos algunas escenas que alegraron el fin de su vida. Du1·ante el invierno de 1808 nna reunion de aficionados de la mejor sociedad de Vie· na' ejecutaba conciertos todos los domingos en una gran sala que podía contener quinientas pe1·sonas. Allí se oian las me· jores obras de los grandes maestros; las damas y los caballeros de más alta posicion tomaban parte en el canto y en la ejecucion. El 27 de Marzo del mismo año 1808 se determinó hacer La -0'l·eacion, de !Inydn, y se obtuvo del compositor, que tenia entonces setenta y siete años y no había salido de su casa despues de dos auos, el que asistiese al concierto. La sala estaba llena, y en el número de los concu¡·rentes se hallaban las personas más distinguidas de la córte y los artistas más célebres: Salieri, Girowetz, Hummel, etc. Se reservó para Haydn un sillon más rico. Cuando se anunció la llegada del ilustre anciano, la princesa de Esterhazy, á la. cabeza de un gran número de personas distinguidas por su cuna y por su mérito, fué á recibirle hasta el pié de la escalera. Hayc!n, conducido en una silla, fué colocado en el asiento que le estaba preparado al ruido de vivas repetidos-y de los acordes de la música. Dos damas le entrega· ron un soneto en italiano, de. Cnrpani, y un poema aleman, de Collin. Alrededor

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de su silla estaban el príncipe de Traumannsorf, gran maestre de la córte, y las personas más distinguidas. Este espectáculo imponente, estos homenajes que el ilustre músico no pensaba recibir, le coi)movieron tan vivamente , que no podía expresnr su sensacion, su felicidad, sino por palabras entrecortadas. «Jamás, dijo, he experimentado nada semejante ..... Que no dejara yo la vida en este momento!. ... » A la seiial dada, el concierto comen~ó. Seria dificil expresar el entusiasmo que la más bella obra de Haydn inspiró. No pudiendo él mismo expresar lo que sen tia, vertía lágrimas y levantaba las manos al cielo. Para evital'le tanta sensacion se le obligó á salir al fin del primer acto. Cedió á las vivas instancias de las personas que le rodeaban, y en el momento de abandonar la sala cx.t~ndió sus brazos sobre la reunion como para darla g1·acias y bende· cil'la: era su último adios. Dos meses despues Haydn espil·ó sin conmoverse y tranquilo como el último sonido de una lil·a armoniosa. Muchos años antes de esta escena todo el barrio en que Haydn habitaba, en la villa de Eisseustadt:, fué devorado por un fuego. Haydn perdió su casa con todo lo que con tenia.; cuando ocuuió este suceso estaba ausente . El principe de Esterbazy ordenó que ::;e edificase en seg·uida y en el mismo sitio una casa igual. Enc~rgó tam· bien que se reemplazaran los muebles, las ropas, los utensilios, todo lo que el incendio había dev01·ado con otros enteramente iguales. Sus disposiciones se ejecutaron con tanta exactitud, que cuando Haydn volvió creyó por el momento que su casa se habia salvado por milagro .. Haydn ha sido uno de los más grandes músicos de los tiempos modernos. Ha escrito cinco óperas italianas y cinco alemanas, pero con la falta de sentimiento dramático. En la música religiosa ha demost¡·ado una gran elevacion; ha compuesto diez y nueve misas; dosStabat, dos · :J'e.J)eumz, y varios trozos sueltos. No ha tenido rival para composiciones instrumentales , sinfonias , conciertos, sonatas, etc:

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HISTORIA POLITICA.

LA PÉRDIDA DE LAS AMÉRICAS. I.· Apr6veclntndo la general ignorancia que en nuestt·o pais reina sobt·c la historia del primer .cuarto del siglo que vá corl'iendo, de algunos dias á esta parte aparecen en determinados pct·iódicos clet·tas insinuaciones y hasta sueltos con aires y sombras de artículos, violentundo la exactitud de los hechos y dando á la emancipacion de las Americ:ts unos antecedentes y una interpretacion que merecen de todas veras correctivo. El propósito de lo uno ya lo comprenderán nuestros lectores, y no podemos ni queremos ocultarles tampoco el pensamiento que anima las rectificaciones que intentamos hacer. Mi entras los fabricantes de historias pretenden prevenir los ánimos, afirmando que las Américas se perdieron por la concesíon inoportuna de libertades, y por haber cedido los diputados peu insulares á las intrigas y la mala fé de los americanos, nosotros queremos probar que todo esto es inexacto; y lo probat•emos con testimonios nada sospechosos, como Toreno, Florez Estrada , Urq ui nao na, el fhmoso Argüelles y el no ménos ilustre historiador del siglo XIX, G. Gervinus, ton aficionado á las cosas de Espaüa y de la América latina, y tan Competente y tan imparcial en la explicacion de nuestros conflictos. De lo uno y de lo otro el lector sacara consecuencias y hasta el Gobierno (si á él llegan nuestras observaciones, libres de los comentarios de antesala) podrá reparar en la u tilidad ó la inconveniencia de acordar medidas liberales para Cuba y Puerto-Rico, ahora que las cosas por desgracia han tomado parecido rumbo al.de l809. Nosotros no queremos decir si en aquella crísis este 6 aquel pecó más; no tenemos para qué entrar en el estudio impurcia1 de los partí.dos que en América se disputaban la direccion del ánimo público y luego pretendieron impon er su dominacion. Creemos ser lo suficientemente justos para dar á cada uno su merecido, y lo bastante enérgicos para decir á todos la 1 verdad, pues que todos cometieron inmensos

pecados y todos mostraron grandes virtudes. Pet•o esto no es del momento. Lo que nos interesaessostener, e$ probat· que quien perdió las Américas no fué, no, la LtBJ!IlTAD . Ante todo pro testnt·emos que no vamos á explicat· detenid1ttnen tc la emaocipucion de la America met·idionnl. Creemos el hecho natural, determinado por muchas y muy anteriores causas; y por tanto, se nos antoja tan col'riente la separacion de Méjico, Costa-firme y Buenos Aires de España, como la del Brasil de Portugal. Solo que pensamos que no se debió hacer de aquel modo, ni entonces; pues que así de ning una manera convenía, ni á las colonias ni á la .Madre patria. Las diferencias tri:;tísimas, los sangr!entos conflictos que posteriormente han tenido lugar entre España y las Repúblicas americanas, en aquel suceso encuentrun mucha parte de su razon; y de élllan provenido tambien, muy singulc.rmente, las turbulencias y las catástrofes que aoiq uilan il. aquellos simpáticos puablos. Y en esto no pierde solo Espaun, no las Uepúblicus americanas: padece, y gmndemente , la humauiuad , la civi\izacion. Pero ya lo hemos dicho, nCi tomamos lasco sus tan de alto. La. cuestion es más ruodestapor lo ménos en sus térm inos. m problema debe plantearse así: Supuesto el estudo de las Américas, ¿ila conducta de l a~Metrópoli fa voreció ó coutu vo la emancipucion? Y supuesto que _ la favoreció (que en ello todos convenimos), lo hizo por sus medidas liberales y expansivas, 6, por el contrario, merced 6. las reservas de sus Gobiernos, á sus vacilttciones, sus errores, y, en fin, sus injusticias 7- Buscamos, pues, no las causas primeras, sino las ocasionales de tan gravísimo suceso. El período en que aquellas causas aparecíaron y tomaron un desarrollo que inevitable mente había de concluir en la emancipacion de la América meridional es el momento histórico ·que se extiende desde el levantamiento de España contra los franceses y la C:onstitucion de la J unta central hasta la vuelta del rey en 18 14. Cierto que antes así en la Plata como en el

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f __B__o_o__________________L__o_s__(_J_o_n_o__c_i_rn__ie__n_L_o_s__ú_L_i_le__s_._____________________ ~ IJio nada satisfechos de las estrecheces del viejo Perú, en Venezuela como en el mismo Méjicolonismo y de la inmoralidad y la opresion de co, se habían verificado movimientos de un Jos vireyes Fuera de estos grupos quedaba la carácter alarmante, aunque muy pronto sofo ma-sa del pais, que ni pensaba ni quería sériacados ; pP.ro estos sucesos responden á rausas, mente nada. cuando no superiores, de otro género. Y cierto Estos elementos subsistieron por largos añes tumbien que la insurreccioo americana se apaen la América meridional, y hoy mismo se parciguó un tanto despues de 1814 para renacer pan allí sus combinadas inf:luencius , modificaincont1·astable cuatro ó cmco aüos despues;. das nat.urnhnente por el hecho de la indépenpe1·o obsérvese qne la& causas de este renacidencia nmer·icana. Mas en la epoca á que ahora miento fueron las mismas que las de la insurnos referimos de la relncion de estos grupos y reccion p1·imera, y como si la venida de Moride la comunicnciC'n de sus ideas y aprensiones llo ú América pa1·alizó el curso de los sucesos en brotubun c..los sentimientos dominantes; un res18 14, 0 11 ello entró por mucho la esperanza, petnoso amor á Espniia y un d1sg usto p1·ofundo lnego defraudada, de q ue los capitanes realisrespecto del régimen político y económico q,ue tas seguirían ot1·a ¡;ond ucta más tolerante que allí privaba. Los independientes, como es nala do los vireyes y capitanes constitucionales . tural, no profesaban lo primero, pero en camAsí, pues, importa saber qué hicieron los bio el elemento oficial y el tntbajildor ó comergobernantes de la Península respecto á Ultraciante si ; por otra parte las clases monopolimar en este período. de 1809 á 1814, que tanta ;wdoras no con venían en lo i·•·ritante del coloslgniOcacion t.iene en nuestra ltistoria y tantos nismo del siglo XVIII, pero los come1·ciantes J resultados produjo. La época fué muy grave; los independientes Jo propalaban de todas madióse-entouces el primer golpe á la tradicion, ne•·us. Hechas, pues, las restas y compensacioy al entrar en la nueva vida, la misma voz que nes debidas, resulta que las dos ideas que llamó á los peninsulares en defensa de -la indetenían más adeptos , y los dos sentimientos puso y patriotismo el pendencia nacional, excitó n prueba la lealtad de nuestros reinos de Amé- que sobrenadaban en ar¡ uella confusion eran los que apunlados quedan_ rica. Y de ello hartas pruebas se djeron con moti Ridículo seria negar que allende los mares vo, y aun despues, del levantamiento de la Peexistiun fermentos de inde¡:.endencia. En todas las colonias los ha habido y los hay; solo que Linsula contra los franceses. La noticia fué las circuustancias los contienen ólus favorecen, aco'giJa allende los mares con entusiasmo : recibié•·onse con ,iúbilo los representantes de las y así la vista vulgar los distingue ó no con fa cilidad. En Ultrama1·, pues, babia insur.;entes, junttlS de Sevilla y de Oviedo; h iciéronse envíos u e J inero á Espttüa , y se resistieron las sugespo1·lo general' entre los criollos, y singularmentiones de los comisionados franceses, con una te en las clases de letrados y hombres de estulealtad , q,ue luego la Junta central calificó de dios, fo •·mados, como decia Humboldt de vuelta lteróica.- En cuanto á la desafeccion-general al de Amé1·ic:a, « po1· libros f1·anceses é ingleses>> , régimen colonial, recuérdense la actitud de y {1 este grupo se acercaba por instinto, y sin Buenos- Aires du1·ante su g loriosa guerra con darse de ello cueu tn , cierta parte del clero pnrlbs ingleses en l 806, y sobre todo despues bajo roq ni al, harto desatendido y hasta maltratado el gobiel'OO uel delegado de la Central Cisneros , en Ultramar. En cambio frente á este, cuyos así como la agitacion de .Méjico (el país más e.>- ~ recu¡·sos eran muy limitados, y cuyo éxito debía pañol de toda la Amél'ica) en los ultimos días depender más que de todo de lo imprevisto y de del inmoral Iturrigarui, y bajo la administralas torpezas de la Metrópoli, existían otros dos cion de Lizaoa. y de la Audiencia. grupos, numerosos y potentes, que no solo compensaban, sino que reducían al anterio.r á Ahora bien, supuestos estos antecedentes, ¿qué hicieron nuestros gobernantes para satisuna importancia verdaderamente mezquina. fncer lus necesidades de América y corresponder Estos g rupos eran: primero, el de las autoridll" á estos sentimientos? Primero y casi por un des, del alto clero, de los empleados y de los faaño obró la Junta central, aquella Junta, bajo vorecidos por los infinitos monopnlios qne la la in.ftuencia de Floridablanca, tan. poco amiga ley aseguraba á ciertas y determinadas clases; de la libertad; algo mús expansiva y discreta y dicho se está que todas estas gentes se perebajo Jovellanos y Garay, pero nunca tan franca cían por el absolutismo español; segundo, el y vaiiente como hubiera sido menester y como de los comerciantes é industriales, amantes sin entraba en los deseos del simpático Calvo de duda. alguna de la madre pátria (que para ellos Rozas. Des pues-se encar¿ó. de la cosa pú_blica la 1 comunrnente era la tierra natal), pero en ca m-

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f ___________L_o_s_a_o_n_o_c_in_J._l_-e_n_to_s_ú_t_il_e_s_._________3_0 l Regencia «muy adicta, como dice un historiador, á In causa de la independencia nacioual, pero ladeada y muy mu.::ho al órden antiguo,, que retardó cuanto pudo la convocatoria de Córtes, y que aun reunidas estas, acarició sobre ellas proyectos .s:lignos de entera reprobacían. Por último llegaron nuestras inmortales Córtes de Cádiz.

IL La Central de i 809, filé, como to~l'os saben, un p1·odigioso esfuerzo del país para dar unidad y cohesion á nuestra adrniral>le guena de la Independencia. A. c-ometida esta, punto ménos que JndiviJualmente, por casi todas las provincias de Espaüa, no tenia más di reccion·que la que caua general ó cada Junta le daba : en cambio tenia un gran espíritu, el espidtu nuevo, el espíritu liberal , siquiera envuelto en preocupaciones é impotente para levantarse todavía por cima del amor al tenuiio. Muchos han sido los impugnadúres del libro de 'l'oréno, escrito bajo la misma idea que nosotros profesamos; y sin embargo, nadie ha podi do negar el hecho de que la guerra, sostenida brillantemente en meaio de catástrofes y fracasos por las Juntas provisionales, cuando todo era libre y la misma irregularidad de la Revolucion daba desahogo á los sentimientos popu lares; la guen·a, ¡·epe timos, comenzó á declinar con la Junta central, influida por F lox~ida­ blanca., y harto respetuosa de aquel t raidor Consejo de Uastilla que todavía iutentaba hacer prevalecer el ant iguo régimen. Y hasta tal punto desmayó el ánimo público, coincidiendo con el restablecimiento de la Inquisicion y de las trabas de la imprenta y la negativa á convocar Córtes, que muy luego el ejército francés pasó Sierra-Morena, obligando á huhrá laCentral hasta los muros de Cádiz. Pues uien, esta Junta, en sus primeros momentos, no titubeó en proclamar la absoluta igualdad de España y América; "porq ue- decia en un decreto de Enero de 1809- los vastos y preciosos dominios que España posee en las Indias no son propiamente colonias ó factorías como las de otras naciones, sino una parte esencial é integrante de la Monarquía española, y á más po1·que la Junta deseaba estrechar de un modo indisoluble los sagrados vínculos que unen unos y otros dominios , como asimismo corresponuer á la heróica lealtad y patriotismo de que acababan: de dar tan decisiva pr ueba á la Espaiia , en la coyuntura más crítica que se ~

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babia vi.:;to hasta entonces nacion alguna» ( 1}. -Declaracion semrjnnte solo tuvo un efecto, el llamamiento de comisionados de América á la Central. Pero que llamamiento! En primer lu¡;ar hay que recordar que la Central se babia formado con dos diputados de cada prov iucia de la Península. elcgiJo:s por las Juntas p•·ovinciafes:. que á su vez debiau la vida á la eleccion pupula•· y que existían en medio de una irregular pero ilruplin libertad. En cambio el decreto de Enero dispuso que cada vircinato ó capitanía goneral de América enviase solo un d iputado, y que liL eleccion de este sell iciese por el vi rey ( hech um,uol absolutismo de Cárlos IV y de la inmoralidad de Godoy) entre los presentados po•· lo'> cabildos de las capitales. No podía Jarse utHt dt'sigualdad más monstruosa : no cabia cootradiccion mayor entre las- palabras y los netos de la Junta.. Pero hal>ia más-, y em que mientras en la Península el órden antiguo, mal def~udido por el Consejo de Castilla, se había míts ó ménos deshecho, y aun cuando la Central restableció al principio muchas intolerancias. ó nunca se obsen•aron en las más de las provincias, ó al cabo se suprimieron por ln misma Junta, in1 fluida por Jovcllaoos: en tanto, subsistía ínte gro el viejo colonismo allende l•lS mat·es, con el mismo personal administ•·ativo y la misma plenitud de poderes de los vireyes. Y que esto no se pasaba buenamente por los colonos lo prueban los sucesos de la Plata , que obligaron al Gobernado•· Cisneros á decretar el libre tráfico con los ingleses; y sobre todo las persecuciones verificadas por Casas y aun Emparan (representantes el uno de Cal'los IV y el otro de la Central) en Venezuela dumnte todo el año nueve, así eomo la agitacion que precedió al famoso y singular grito de Dolores en el espa ñolísimo Méjico. Las circunstancias hicieron que el decreto de la Central no tuviera cumplido efecto; mas aun prescindiendo de esto, siempre quedó para los americanos la manera con que en tao críticos momentos y para recompensar un patriotismo y una lealtad heróicos, la Junta centrai entendia la igualdad de aquellos reiniJS y la Penín sular Pero la entrada de los franceses en Andalucía determinó la dispersion de la Central y, des pues dt! varios incideotea, laconstitucion de la Regencia. Sin embargo, el mundo todo creyó muerta la nacionalidad española; y á Caracas y ( 1) Torcno.-llistoria del levanla01ionto, guerra y re.olu cion de Espalta . 'l'ou10 11.-Apéndíoo. aL libro 8 .•

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L os Conocirnienlos úliles.

Buenos-Aires llegó, con la noticia de la rota de Ocaüa y la dispet•sion de la Central, la de que muchas juntas provinciales, resucitadas en tan críticas ciccunstancias, ó se habían negado momentáneamente ó se negaban todavía á recono · cer aquella autoridad. Motivo ó pretexto, vellido des pues de la extraña e il-ritante conducta de la Junta central, respecto de -las Américas, ello fue que con esto se r;ecrudecieron las agitaciones en Venc:luela, siendo depuesto el ca pitan general y creándose una junta (que luego haLia de con ver ti rse en Congre;o.o) ai modo de las de 1:1 Península, para velar por la independencia nncionul, in vocundo el noml>re de Fernando VII. -Una COSlL análoga sucetlió en Buenos-Aires; mientras en Méjico se in icia aquel movimiento uo Dolores , que partiendo de abajo, sostenido vivamente po¡· el clero inferior y los indios, revh¡te desde el principio un carácter popular, que no ofrece ninguna o&ra de las revoluciones umerkanas de aquella época. La l:{egencia que en- 1810 vino á la vida no fué más discreta ni obtuvo mayores glorias que la Central. Pesaba, como ahora tambien se dice, hablando de nuestras provincias ultramarinas, cierta fatalidad sobre Amédea; pues que le cupo ser representada en aquel cuerpo por lu persona más refractaria á toda idea nueva y menos competente para acometer las reformas radicales que exigía el estado de aquellas colonias. El Sr. Lardizábal era de temperamento reaccionario, y solo las circunstancias le habianllevado á la Regencia; así que en ella fué siempre el mayor enemigo de las libertades que apuntaban y de las Córtes, que tan á despecho tuvo la Regencia que reunir . Hombre de incontestable ta lento, literato apreciado, y bien que nnoido en América, pt·eocupado exclusivaroen te de la poli tic a peninsular, dejábase influir mucho en las cosas de aquellas lejanas tierras por el grupo de monopolizadores que en Cádiz existía, y singularmente por los comerciantes que aun alli tanto interés debían tener en que subsistiesen ciertas estrecheces é intolerancias que redundaban en provecho de su bolsillo. Por tanto, poco era de esperar de la Regencia. Sín embargo, acometió dos medidas de gravedad ; la una, la com•ocatoria de diputados de América á las Córtes, y en tanto estos llegaban, el nombramiento de supjentes; y la otra, la libertad de comercio allende los mares; es decir, lu facultad Je comerciar con el extranjero. El primer acuerdo (que por cierto sufrió un impolltico retraso) se resintió de lo mismo que el de la Centt·al de Enero de 1809. L os dipu ta-

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dos se eligieron en la Península, Jos unos por las juntas provinciales y el resto por el sufragio universal, mediante el procedimiento de los comisarios, ósea la eleocion de tres grados, tomándose el tipo de un diputado por cada cincuenta mil almas. En oambio, en América los ayuntamientos de cada provincia debían elegir un diputado, aceptando indirectamente el tipo de un representante por cada cien mil habitan tes blancos y libres (·1)- prescindiendo de los negros y los indios. Estaba visto que los gobernantes peninsulares no podían prescindir de intet·pretnr la igtlaldnd nacional , consignando siempre la superioridad de la Penlnsula. En cuanto á la segunda medida grave que hemos indicado, o,jalá no hubiese salido de manos de la Regencia; pues que á poco de dar-la; y cuando ya en camino estaba de hacer sentir sus efectos, los comerciantes de Cádiz asediaron á los direcrores, y en nombre de los intereses creados y del sagrado de la pátria (lo de siempre!) les obligat·on, no solo á anular el decreto, sino á suponer que habin sido una falsificacion; llecho que nunca se probó. Y cuenta que la libertad de comercio ~:~ra una necesidad de América á que esta había ya resueltamente ocurrido; necesidad imperiosa de que no podía prescindir, y de que, por tanto, no prescindió. Por lo demñs el sta.tu quo. Y decimos mal el statu quo; pot·que la Regencia, no a viniéndose con los sucesos de Venezuela y Buenos- Aires, y mucho ménos con los d¡, Méjico, redobló las pe¡·socnciones y excitó á una actitud hostil á los que no siendo partidarios de la independen-cia al principio, se vieron obligados á secundarla, ya bajo la presion de los insurgent es , á quienes nunca se podt•á negar la energía y la s upet•ior inteligencia , por inás que su número fuet·a pequeiio, ya pot· la política de la metrópoli, locamente comprometida pot· unos cuantos ..... patriota$, de que todavía podemos ofrecer muestras, en la conservacion de todos los monopolios y todas las injusticias . "Tantas bellas pero e.;tériles promesas- dice Gervinus l'etiriéndose á e;;te período-y todas aquellas refot·mas aparentes, irrit.aron tanto más á los americanos, cuanto que, en los momentos en que tan fatales nuevas se recibían de España, comenzaban á creer que todos los partes que les habían anunciado hasta ento,nces victorias, habían sido forjados para engañar á

(i) Los AmériCQS tonion entonces unos quince millones de hoLilunlcs: do olloa ocho da indiO$, cuatro de negres y el rosto do Ll,ncos.

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~--------------------------------------------------------~= 505 Los Conocimientos útiles. .v.

?---------------------- ------------- ~ los habitantes de las colonias. Preguntábanse, y con razon, qué haría España luego de levantada de su caída, si en aquel momento en que se hallaba reducida á. un rinconcillo y sin otras esperanzas ni otros recursos que los que le daba América, hacia tan poca justicia á los americanos ! Esta sola consideracion debió empujar

á. los independientes resueltos á la accion y la ruptura » (1). (Se COfltinuará ) RA.' AEL

M

DE LABRA.

( 1) Uistorin d el siglo XIX.- 1\'. Los rM·olucion cs lctioos. cntilstrofo~ de 1810 e n América.

- La

CONOCIMIENTOS VAfHOS.

CARTA DE CATALINA II. Una revista mensual rusa ha publicado un manuscrito inédito del reinado de Catalina II, que es una carta autógrafa de esta célebre emperatriz á su hijo el czaro· witch Pablo, cuya traduccion ha publicado por primera vez la Gaceta ile los Cantinas ile ltie?'?'O y copiamos á contiouacion. "En mis relaciones con los sábios he aprendido que en el antiguo Egipto, en su época más floreciente, se prohibía á los extranjeros atravesar las fronteras: prohibicion por la cual adquirió gran renombre de prudencia y de sabiduría. Sigue su ejemplo, hijo mio : vela porque ningun libro, ni periódico, ni escrito, sea el que quiera, ni cu.l'lcatura, pase la frontera sin que estés advertido. El pueblo no debe tener una opinion díferente de la de su gobierno. No dejes, pues, entrar más l-uz que la extrictamente necesaria. Una instruccion demasiado extendida será tan perjudicial para tu pueblo como para tí mismo; porque una civilizacion anticipada se1·ia tan contraria al interés del pueblo como al del poder, segun tan perfectamente lo ha demostrado el filósofo de Ginebra, contemporáneo de mi siglo, y que se ha mostrado tan ingrato á mis beneficios, en una excelente obra, en la cual prueba, con gran fuerza de lógica, que el progreso y la instruccion son nocivos al pueblo . Rousseau tiene muchísima razon, j los acon-

ve1·dad; es decir, que es cosa difícil reinar so bre un pueblo que discute y se permite discutir los actos del gobierno. Si mis vasallos no tuviesen una gran veneracion por San Nicolás, patron de Rusia, si no fuesen ciegamente adictos á mi persona, puedes estar per!!uadido de que no me hubiera jamás ayudado á eclipsar la media luna; y que, sin mi omnipotencia, nun<.'ll hubiera llegado á destruir las instituciones republicanas de la Polonia. Te aconsejo gravar rigurosamente con impuestos los libros de procedencia extranjera, á. fin de encarecerlos hasta un punto que no puedan vivir en el impel'io. ApL·opósito de esto, podría yo citarte más de un Ji uro q Lte ha hecho mayo1· daiio á cierto gobierno que una batalla ó una provincia perdida. Conozco á los sábios: los he hecho venir á mi córte para vigilarlos mej or; para impedirles introducir en la sociedad status in statu. El desgraciado Luis XVI reinaría hoy aun, si no hubiera cometido la inmensa falta de convo· car los Estados generales. Por haber querido conocer su opinion y la de Jos periodistas sobre el estado de la Hacienda, este dé bil monarca ha sucumbido bajo el peso de un desastre, que él solo hubiera podido conjurar, al ménos durante su vida. La opinion popular debe estar sometida á la religion; y puesto que la religion y el pensa-

t~•-c_i_m_i-en_t_o_s_o_c_u_r_r_i_d_os-de_s_p_u_e_s_h_a__n_p_r_o_b-ad-o-es_t_a_,~i•u to humano son insop."ahles, el pensami:J

FIDIDACJÓN JUANELO TURRIANO


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L os ConocLmientos útiles.

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to debe someterse á la censura del clero. Hay hechos que 'Cl pueblo debe ignorar. No autorices sino unos pocos periódicos en el Estado, para no alimentar desmedidameute la curiosidad pública. Nada hay más difícil que reinar eo uo pueblo que pide cuenta y razon de todo. El

pueblo debe callarse y trabajar. La pluma de los sábios es más pet·judicial que la guerra. Haz deportat· a la Siberia á todo escritor que se ocupe de política. Solo con medidas de rigor es como se impone silencio y como se asegura la tranquilidad de un reino."

CRÓ:rjiCA.

VtAJE A LA INDIA POn EL ISTMO DE SuEz.--Debiendo vcl'iftcat·se á fln del año que comienza la navegacion por el canal marítimo de Suez, no carece de interés consignar en cuánto se abrevia la distt\ncia entre los puertos de Europa de lqs del extremo Oriente. El cuadro que sigue, en el cual se ha tomado Bombay como puerto de destino, es concluyente en este sentido. Este puerto p1Hece, en efecto, estar llamado á convertirsu en el principal punto de comercio del Oriente, cuando se termine la red de ferro-carriles que la enlaza con toda la India. Distancias basta Bomba y.

--------Leguas.

I'UEI\'rOS DE EUROPA Y DE AM~:R tC,\,

Constantinopla .. Malta ... 'l'rieste.. Oádiz ... Marsella .. Barcelona . . . . Lisboa . . . Burdeos .. El Ilavt·e..

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Por Suo,z.

Por ,el At,tantico,

L800 2 .662 2.340 ' 2.224

6. ·100 5.800 5.950 5.200 5.650 5.680 5.350 5.65,Q 5.800

~.374

2.406 2.500 2.800 2.824

MAOl\10: i869.=1mprenta de Los

CoNoct!ltH~·ros

ú'rtLRS,

Oislancias basta llomhay.

Leguas. PUERTOS OJo: IWIJOPA Y DE AMEillCA.

Lóndres. .. Li \'erpool.. Amsterdnm. San Pctcrsbur~o . .. Nueva-York.. Nueva Orleans .. ..

Por Soez.

3.100 3.050 3.100 3.'i00 3 .761 3.724

Por el Allaotico.

5.950 5.900 5.950 6.550 6 .200 6.450

La longitud del canal es de 162 kilómetros. Su pertll trasvet·sal ofrece una profundidad de 8 metros, por 22 de ancho en el fondo y ·iOO en la superficie de las aguas. La 'Coro pañia uni versal del jstm o se fo1·mó con un capital de 200 millones de fmncos; pet·o, á consecuencia de las dificultades que todo el mundo conoce, los contratos de la empresa fueron revisados, confl)rmándose con el arbitraje de Napoleon III, y los recursos se elevaron, en 30 de Junio de i857, á 309 200.000 francos. A esta suma ha sido necesario añadir, á fin del mismo año, el producto de un empréstito de 100 millones, tambieo de francos .

o cargo de

llrancisco Roig, Arco de Santo Maria, 59.

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fUNDACIÓN

JUANELO TURRIANO


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~ - Núm. 20.

Los Conoeimientos útil es.

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ENSEÑANZA POLITICA.

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.EL COMUNISMO. (C-onlinuacion.)

atacada en las turbulencias precursoras Uáse pretend·ido por algunas personas del imperio, no fué á nombre de un princi· parsus que el comunismo tuvo tambien y puede decirse que Jos ntaques eran pio, ello para tidarios en la antigua Roma, y bien venganzas contra los propietamás agrarias se fundan en las famosas leyes en aquellas agitadas y sangrientas ríos, alguna de los Gracoe. Empel'O si sociedad ha sido contraria á la docüina comunista, luchas políticas que marcan el fin de la lo fué ciertamente la romana, donde el antigua república romana. Tampoco pueden conside1·arse como un principio de la propiedad tenia un carác· ter tan absoluto, tan tiránico, que bajo triunfo del comunismo aquellas bacanales que 186 años ántes de Jesucristo tanto e::;te concepto no hay pueblo antiguo ni moderno que pueda comparársele. En Ro- alarmaron al Senado romano. La promisma la idea de la propiedad revestía las cuidad de sexos y los cultos secretos, más formas más exageradas de tal modo, que bien pueden considerarse como un efecto no solo las tierras eran propiedad, sino de asquerosa degradacion moral , por más que el rigor qne el Senado empleó para que hasta la familia se consideraba-taroextinguir aquella asociacion hag·a sospebien como una pt·opiedad del pad1·e de familia. Era imposible que una sociedad or~ char que abrigaba miras polHicas y atenganizada bajo esta base, la más caracte- taba &. las leyes fundamentales del imrística de su constitucion, pudiese acoger pedo. Al llegar á la época de la aparicion del nunca las ideas comunistas, que eran la negacion de todo su régimen social y po- cristianismo, si la indole de este escrito no se opusie1·a á ello, entraríamos á analizar lítico. Las célebres leyes agrarias de los Gracos la influencia de la doctrina y mo1•al cristianas en las ideas comunistas; pero sienno tenían por objeto, como alg·unos imaginan, despojar de la propiedad territorial do nuestra única mira narrat· sus vicisitudes históricas, nos abstendremos de á los antiguos poseedores, sino únicamente dividir entre todos los ciudadanos - abordar asunto de larga controversia y las tierras conquistadas y las que el rey que se enlaza con cuestiones de harto diAtaJo había legado al pueblo romano. Se versa indole. Los qu.e suponen ver no solo una san vé, pues, que no se atacó en lo más mini· roo el derecho de propiedad, y que se trató cion, sino una verdadera iniciacion del solo de hacer partícipes de sus beneficios comunismo en las prácticas del cristianis· á los plebeyos. A pesar de la incontestable roo, presentan como primer ejemp;o la vida justicia de aquellas leyes, el Senado y la de los apóstoles y áe los primitivos cristia· nos, olvidando que el carácter puramente aristocracia poseedora, y como tal egoísta, religioso de las primeras asociaciones crisconspiraron contra los Gracos, y el fin trágico de aquellos dos célebres tribunos tianas nada tenia de relacion ni semejanza con las leyes civiles de los pueblos. populares acabó con sus nombradas lePuesta la mira fuera de la tierra, cansayes, que, lo repetimos, no entrañaban grados á la predicacion de una doctrina esos principios disolventes del comunismo, que les hacia ver el cielo como la verdadestructor de la propiedad. Si esta se vió

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Enero 16 de 18G9.

TOMO

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FUNDACIÓN JUANELO TURRIANO


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Los Conocimientos útiles.

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dera pá.tria, y la fé como la mejor propiedad, perseguidos por do quiera y consagrados á la predicacion y divulgacion de la palabra que juzgaban divina, aquellos hombres, para vivir libres y difundirse por todas partes, formaron un fondo comun que constituyó la propiedad de la naciente Iglesia. Sn comunidad no era la reparticion de bienes; era la asociacion de bienes para un fin comun, siendo la caridad el lazo comun que unía todos los intereses, la limosna, la donacion voluntaria, y no el derecho, la base fundamental de aquella mistica sociedad. No hay, pues , punto de comparacion entre principios que obedecen á miras puramente espirituales, y los que hacen de los fines materiales el funtlaménto de las leyes humanas. Las congregaciones del Asia Menor, Siria, Macedonia, Grecia, Italia y otras, nada tienen que ver con el comunismo, por más que muchoa crean ver en el espíritu de fraternidad de aquellos fieles la realizacion de las quimeras comunistas. No faltan ciertamente ejemplos de verdadera fundacion comunista. El famoso filósofo neoplatónico Plotino obtuvo del emperador Galiano permiso para fundar en la Campania una ciudad que realizase la república de Platon, y se llamaria P/a. tonópolis , pero sus enemigos impidieron se llevase á cabo su proyecto. E u Egipto y en la isla de Samos imperó por algun tiempo la secta-.de los carpocra· cianos, fundaua en el siglo II por el filóso· · fo gnóstico Carpócrates y su hijo Epifanio. Este último, en su libro de La Justicia, negaba por completo la propiedad como un error y un atentado de las leyes humanas, y definía la justicia de Dios di· ciendo que era una comunidad con igualdad. Poniendo en práctica los absurdos errores de aquellos dos filósofos, sus sectarios iban desnudos, como primer signo de igualdad y libertad; comían 1 bebían y se bañaban juntos: las mujeres eran comunes á todos, y un marido se honraba ofreciendo su esposa á huéspedes y extranjeros si llegaban á su morada. No hay par.a qué hablar de los escándalos y obs cenidades de una secta que, a:l anular to-

das las propiedades, borraba la nocion de cuantos principios enaltecen al hombre y le diferencian de los brutos. Otro ejemplo notable nos ofrece la asocia· cion de los pitagóricos que en torno de su maestro Pitágoras se reunieron en un edi· ficio donde hacían vida comun. El ideal de la comunidad pitagórica era más bien moral y científico que político; sus miembros se dedicaban á la contemplacion de las ver· dades y al estudio de las ciencias : la virtud, la austeridad y pureza de costumbres, la paciencia más perfee.ta, la amistad más ' inalterable, la sobriedad , el respetó y sumision y el fervor religioso eran las cua· lidades indispensables para ser admitido, despues de largas y penosas pruebas, en aquella asociacion de sábios que, al consagrarse á los éxtasis contemplativos de la ciencia. á las abstt·acciones metafísicas y al reposo del espíritu, asociaban sus bienes, que en comuneran administrados por miembros designados al efecto. A pesar de su moralidad y pureza, los pitagóricos, tal vez porque se corrompieron ó porque tra· taron de predominar en las ciudades de Grecia y de Sicilia, se vieron perseguidos duramente, y sus comunidades tuvieron al cabo que disolverse. Cuni:li idéntica á la comunidad de los pitagóricos era la de los esenianos, que moraban en la parte occidental del mar Muerto. Distioguiase esta secta judai~a de la pitagórica en que predominaba más el espíritu religioso; pero sus prácticas eran cuasi las mismas. Con fines y prácticas muy semejantes encontramos tambien otra secta judaica en Egipto, conocida con el nombr~ de los· terapeutas. Vemos que desde estos tiempos ya todas las asociaciones comunistas revisten eL ca· rácter esencialmente religioso. Enarbolado por Constantino el Lába1·o y publicado el célebre edicto de Milan declarando religion del Estado el cristianismo, este adquirió ya su vertladera irnpor· tancia histórica. Hácia el siglo IV vemos por primera vez aquellas asociaciones cristianas que suelen citarse comO' prueba de que la religion de Jesus, no solo es

::J FUNDACIÓN JUANELO TURRIANO


Los Con o cimientos útiles. vorable, sino que busca su fórmula en la constitucion comunista de los monaste· ríos. Y en verdad que si se prescinde de la mira de cuantos ingresaban en la vida monástica aparece, no solo demostr ada la posibilidad, sino la excelencia de la comunidad humana. No es nue:;tro intento hacer un exámen de todas las órdenes monásticas que desde aquel primer monasterio del monte Colzim 'se fueron difundiendo hasta invadir todos· los pueblos de la cristiandad. Basta simplemente indicar que si todas ellas ofrecen ejemplos vivos de comunidad, no hay que olvidar que se regían por reglas tan estrechas y rigorosas que aniquilaban hasta la personalidad humana, teniendo por único fin el logro de una ilusoria bien· aventuranza ultr amu_ndana. No es, por lo tanto, pertinente la razon que, invo· cando este testimonio , alegan cuantos quieren sáncionar y demostrar con los ejemplos de la historia y la práctica de la religion la excelencia de las escuelas co· munistas ..... ¿,Puede reducirse á ese nihilismo ascético la libr e actividad de los pueblos? ¿,Puede el cómunismo, á nombre de la igualdad, hacer del mundo un con· vento, obligando al ciudadano á presentarse ante el superior inmóvil como un cadáver, pt1·inde ac cadave1·, y deponiendo ante él su conciencia, su derecho, su li~ b~rtad, sus 'pasiones , su propiedad y su trabajo? No es necesario discurrir mucho para comprender el absurdo de alegar en defensa de la filosofía comunista el ejemplo de las comunidades religiosas que, a un obedeciendo á un ideal superior, concluye· ron por cot•romperse y degradarse hasta el punto de que la mano de la. justicia h umana, por fortuna, las ha borrado casi por'completo de ·la haz de la tierra. No hay que olvidar que la comunidad monás· tica es posible , porque es una mera excepcion, es la de3viacion de unos cuantos de la ley de la vida. A.sí como la promiscui· dad de sexos en la com unidad espartana y platónica borraba el sentimiento de la familia, el ascetismo, la castidad de la co· munidad religiosa, al separar los sexo~ no solo destruía la familia, sino que hubiera

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concluido por la total estirpacion de la es· pecie humana, que solo vive del consorcio de los sért:s y de la libre accion de sus na· turales aspiraciones, dentro de la ámplia esfera de la sociedad civil . Cuasi todas las herejias religiosas desde el siglo V aparecen imprE'gnadas de cierto espiritu comunista, que los partidarios de esta escuela no han dejado de invocar como comprobantes de la excelencia y antigüedad de su doctrina. Aunque la célebre secta de los pelagianos en el siglo V se fundaba principalmente en la interpretacion del dogma religioso, la renuncia de las riquezas, que era uno de sus pl'incipios cardinales, ha dado lugar á considerarla, por lo ménos, con tendencias comunistas. A los que se escandalizan de lo que lla· roan impiedad del siglo, á los que se ex· tremecen ante las predicaciones del ra· cionalismo moderno, no seria inoportuno recordal'les aquellos osados heresiarcas, Brueys, Arnaldo de Brescia, Esperan, Henrico, aquellas numerooas sectas de los picardos , lombardos, apostólicos, catha· ros, hombres buenos, tUI·pulinos y tantas otras que durante los siglos XI y XH re. novaron los errores de los maniqueos y gnósticos y los escándalos de los carpocra· cianos, mezclando á sus arrogancias dogmáticas sus atentados politices, y las más de las veces ]a extravagancia ó inmorali· dad de sus costumbres. De todas estas sectas, las más importan· tes, por el papel que representaron en la historia, son las de los albigenses y valdenses, esparcida~; por el Languedoc y la Pt·ovenza, 'Y que despues de largas perse· cuci<Jnes, sangrientas luchas de exterminio y crueles degollinas vinieron á extin· guirse por completo. Cuante5d<>cumento s se conocen referentes á la historia y doc· trinas de estas dos célebres sectas, des· mienten por completo las suposiciones de los c0munistas, que en ell-as pretemden hall!lir ciertas prácticas de -sus principios. La demostracion de este aserto nos impon· dría extensas pruebas que no consiente la brevedad de este escrito. Otro tanto puede decirse de aquellas

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Los Conocimientos útiles.

otras sectas religiosas de los lolardos de Inglaterra, de los partidarios de Juan Wiclef y de Juan Hus. Inútil es buscar en los principios que proclamaban nada que directamente ataque á la pr.opiedad. Sus agresiones eran más contra el dogma ó cont1·a los abusos é inmoralidades de la Iglesia, y jamás en sus banderas se vió inscrito el lema comunista tal como hoy 1 le entienden sus apologistas. !· Bu nuestro P,róximo articulo nos.ocupa·

remos del printer ejemplo de verdadero comunismo que nos ofrece la historia en aquellas dramáticas luchas de los anabap· tistas de Alemania en el siglo XVI; luchas llenas de interés, luc.has descomunales en lasque, si el comunismo apareee triunfan· te por un momento, al cabo cae vencido, más por la debilidad de sus propios exce· sos y la embriag-uez de sus delirios, que po1· la fortaleza de sus enemigos..

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(Se contin·u ará) Josi.Í. ALCALÁ GALIANa.

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CONOCIMIENTOS DE FISICA. · -~ -

MEDIDA DEL CALOR (1). TERMÓMETROS.

La. imperfeccion de nuestros sentidos nos impide medir la. temperatura de los cuerpos por medio de las ·sensaciones más 6 ménos vivas que experimentamos, y ha sido preciso acudir á los efectos físicos que el calor produce sobre los cuerpos. Estos efectos son de muy diversas clases, pero se han adoptado las dilataciones y contracciones, por ser los más fáciles de observar y los más generales. Los instrumentos construidos con este objeto y fundados en la propiedad de que el calor dilata los cuerpos, se llaman en general

te?"mómetros. Los liquidas son los que se emplean prefet·entemente para la construccion de. los termómetros. Tambien se ha construido un te,rnwmet?·o de avre fundado en la dilatacion de este gas, de cuyo aparato daremos luego una idea, ocupándonos ahora de los ter.mómett·os de liq uidos. Los liquidas que casi exclusivamente se emplean 1 son el mercudo y el alcohol. El mercurio es de. todos los liquidos el que se dilata con más regularidad; no moja ni mancha. las paredes del depósito que le

contiene; no entra en ebullicion sino á una temperatura muy elevada; y en fin, tiene la propiedad de adquirir prontamente la temperatura del medio que le rodea. El alcohol tiene, entre otras propiedades, la de que no se congela con los frios más iiY· tensos conocidos. CuanJo se emplea este líquido se le colora de encarnado para que sea más visible, como habrá tenido ocasion de observar cualquiera en los termómetJ'OS de esta especie que se exponen al público y circulan en el comercio. El termómetro más comunmente usado se compone de un tubo capilar,. es decir, de diámetro muy pequeño, comparable con el de un cabello, de vidrio ó de cristal, soldado ,á un pequeño depósito cilindrico ó esférico de la misma materia y cerrado por la parte superior. El depósito y una parte del tubo contienen el mercurio ó alcohol y una escala graduada con las divisiones grabadas, ya sobre el tubo mismo, ya sobre u na regla en la que está. colocado aquel, sü·ve para medir la dilatadon del liquido, es decir, la cantidad que se eleva ó desciende ó la division á cuya altura se halla, en el momento en que se examina, la superficie de la columna líquida. Aunque el aparato es muy sencill'O y

~J-V-éa_s~-el-n-um_._i_S._p_ag_.-27_5·- - - - - - -- - tan comun que por do quiera se encuen:~

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Los Conocimientos útiles.

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una lámpara de alcohol 6 colocándole en como uno de los objetos más conocidos y un hornillo. El aire dilatado sale en p~11·te de más general uso, no se crea que su por el embudo. Se le deja üespue~ enfriar; construcciones tan fácil y que basta verter el líquido en sn interior, cerrar el el aire se cont1·ae, se produce una especie de vacío, y la presion atmosférica hace pa· tubo y aplicarle una escala. Es preciso llenar ci~rtas condiciones y proceder con sar una parte de mercurio al depósito por capilar que sea el tubo. Cuando cPsa de precauciou suma para lograr la construc· pasar, se calienta de nuevo y se deja encion de uno de estos aparatos. Cómo, por friar y entra una nueva cantidad, y así se ejemplo, se introducirá el líquido, siendo continúa. Es preciso que no queue aire en el tubo de diámetro casi invisible y no puel interior del tubo, y para conseguido se diendo verter en él dicho líquido como en una botella 6 depósito ordinario? Esta calienta el depósito basta que entre el primera dificultad se le ocurrirá á cual- mercurio en ebullicion; los vapot·es que se desprenden arrastran el nire y la humedad quiet·a que fije un poco la atencion y quieque podía tener aun el cristal; finalmente, ra satisfacer su curiosidad. Vamos por lo se cierra el tubo soldando su extl·emida.d tanto, aunque sin entrar en todos los deta11es, á exponer el procedimiento para la en una lámpara, cuidando que al hacerlo el líquido dilatado llegue hasta la misma construccion del termómetro y las condiciones principales que deben satisfacerse. extremidad. Es fácil compt·ender por qué se exige la condicion indicada de que no Es necesario elegír primero un tubo ha de quedar aire en el tubo; de otro cuyo diámetro interior sea el mismo en modo, al elevarse el mercurio por la di latoda su longitud, para que á. dilataciones iguales de llíquido correspondau espacies tacion, comprimida el aire dentro del tubo Y podría hacerle estallar. iguales, y las divisiones de la escala marEn Psta tlisposicion el aparato, se pasa quen capacidades iguales. Se comprueba á graduarle. Para la graduacion del tubo si el tubo está bien calibrado intro1ucienó constru cion de la escaln del termómedo un poco tle mercurio y observando si tro se determinan y marcan tlos puntos en diversos sitios del tubo ocupa el mismo intérvalo: claro es que si ensanchara en fijos, es decir, dos puntos á cuya altura algun sitio el interior del tubo, el índice está la superficie del liquido dentro del tubo para dos temperaturas conocidas é de mercurio oc u paria ménos longitud t y si estrechara seria mayor. Se desechan los invariables. Estas dos tempe1·atnras son la de fusion del hielo y la de ebullicion del tubos en que las diferencias sean notables, agua. La. experiencia hn. hecho conocer escogiendo uno en qne no sean sensibles. que la temperatura de fusion del hielo es :Rigurosamente igual el diámetro en toda invariable cualq.uiera que sea el oríg·en su longitud, es dificil hallar un tubo, pero del calor que la produce, y que el agua para las aplicaciones comunes del termó· met1·o basta una aproximacion. En otro destilada, á la misma presion y contenida en un vaso ó depósito de la misma matecaso es preciso dividir el tubo y luego la ria, entra constantemente en ebullicion á escala, no en partes de igual longitud, la misma temperatura. Se ha tomado, sino de igual capacidad, operacion fácil, pues, para primer punto fijo, 6 sea para pero en cuya descl'ipcion no creemos necero de la escala, la temperatura del hielo cesario detenernos. para segundo punto fijo la. fundente, Escogido el tubo y unido ·ó soldado su ebullicion del agua destide temperatura depósito iuferior, esférico 6 cilíndrico, se de metal y á la presion vaso un en lada procede á intt·oducir el liquido. Para esto atmosférica de o,m76. se suelda al extremo superior un pequeño Hacemos gracia al lector de los proceembudo, que se llena de mercurio, supoDiendo que este sea el líquido empleado: dimientos prácticos y aparatos que se em· plean para producir dichas temperaturas despues sé dilata el aire contenido en el tabo, calentando el depósito inferior con y señalar en el termómetro los dos puntos ~

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Los Conocimientos útiles.

6 alturas del liquido, cuya explicacion corre:tponde á un tratado de física y no á un articulo con las nociones más indispensables sobre el asunto y de carácter popular. Lo que si debemos advertir es que no todos los termómetros que el público vé en el comercio y se usan comunmente, se gradúan directamente determi· nando los puntos extremos de la escala por los indicados procedimientos. Ni es necesadl) para las aplicaciones comunes, ni seria conveniente, porque si tal trabajo de construccion se empleara en todos los termómetros, tendrían un precio elevado que restringiría su uso con perjuicio evidente, en vez del bajo valor á que se obtienen, facilitando su empleo. La graduacion de todos los termómetros que se ven en el comercio se hace por comparacion con otro buen termómetro que sirve de patron. Sometidos ambos gradualmen· te á la misma temperatura, se señala en el que se quiere graduar el número que expresa el patron. Obtenidos los dos puntos correspondientes á las temperaturas ya dichas de la licuacion del hielo y de la ebullicion del agua, el espacio entre ambas se divide en partes iguales, que se llaman grados, continuando' la division sobre el punto más elevado y debajo del inferior, escribiendo bajo el cero sucesivamente y descendiendo, uno, dos, etc. Si el número de divisiones es ciento, resulta el termómetro llamado centigtrado; si e.; d<:! ochenta, r-esulta el de Recttt?mw, nombre delfisico que adoptó esta division. Los grados inferiores al punto cero se dicen bajo ce?·o, y tambien sellaman grados negativos, y se expresan en la escritura anteponiendo al número correspondiente que marca la altura de la s'uperficie del liquido una raya ó signo llamado ménos. La temperatura más elevada del aire atroosfél'ico no excede de 60 grados en los climas más cálidos; por consiguiente, en los termómetros destinados á medir cambios atmosféricos es inútil llevar más allá del punto superior la division de la escala. Las reglas ó escalas sobre las que se ~ marca la division y acompañan á los ter·

mómetros pueden ser de varias sustancías: de metal, marfil, vidrio, etc., presentando estas materias respectivamente ciertas ventajas é inconvenientes. El vi· drio, por ejemplo, es quebradizo; el metal, que no tiene este inconveniente, tiene el de la dilatacion desigual con el vidrio del tubo termométrico; en el marfil hay que marcar de negro las divisiones y se borran con facilidad, etc. Puede tambien hacerse la division sobre una tira de papel que se coloca en un tubo de cristal unido ó soldarlo al tubo termométrico. Acabamos de decir que el espacio com· prendido entre los dos puntos fijos puede dividirse en cien partes ó en ochenta, cada una de las cuales expresa un grado. Dedúcese, pues, que los grados en ambas escalas no son iguales; que cuando. se diga el número de grados para expresar una temperatura, debe distinguirse si son del termómetro centígrado ó del termó~ metro de Reaumur, ó en Hmguaje abrevia-

do,sisongradoscentígradosógradosReaur 'imvr. Esta observacion tan sencilla es des-

cuidada por muchos, ó por mejor decir, es ignorada,-sensible es decirlo - y no por personas cualesquiera, rústicas ó de escasa instruccion, sino por muchas que debieran av:ergonzarse de tal ignorancia ..... Es muy coman colocar en los termómetros las dos divisiones ó escalas, una á un lado y otl'a á otro del tubm termomé· trico; sin embargo, ocurre con frecuencia el caso de comparar y reilucir á temperatura ó grados de una especie un número de grados de la otra, es decir, calcular á cuántos grados centígrados equivale un cierto número de Reaumur y vice-versa. Es bien sencillo el problema, como vamos b> ver. Puesto que el mismo espacio entre el cero y el punto de ebullicion se divide en 100 partes para la escala del termómetro centígrado y en 80 para la de Reaumur, 80 grados R. equivalen á 100 C., y un grado R. equivaldrá á 100/ 10 , ósea á s¡, de un grado C.: reciprocamente un grado C. es igual á 10/,oo, ó '/u de un grado R. ; por consiguiente, si se quiere expresar un nú· mero de grados R., 24;, por ejemplo, en ~

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su equivalente de C., bastará multiplicar 24 por $1~, es decir, tomar la cuarta parte y multiplicar por cinco, puesto que si un grado R . vale'/~ de uno C., 24 valdrán 24 veces '1~ - Recíprocamente si se tiene un número de grados C., por ejemplo, 25, y se quieren convertir en grados R ., se mul· tiplicará 25 por 4/G, es decir, se tomará la quinta parte y se multiplicará por cuatro. Es bien fácil la cuestion , como decíamos hace un momento, pero aunque sea fácil es preciso saberla; es una de aquellas cosas que nadie, que de una educacion me· diana se precie, debe ignorar, é insistimos sobre este punto, dando tregua. á la expli·

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cacion científica, porque hemos tenido ocasion de oir repetidas veces disparates ridículos y aun casi formales disputas sobre la temperatura á. que ha llegado el calor 6 á la que ha descendido, entre personas que, refiriéndose la 11 na á grados centígrados y la otra á gt·ados Reaumur, é ignorando el asunto, no podían ponerse de acuerdo: más aun, un caso cul'ioso de esta especie ha sido la causa de redactar y juzgar conveniente la insercion de este artículo. Hecha e¡;,ta digresion, que dispensarán los lectores, continuaremos el asunto en otro artículo. F. CARVAJAL .

CONOCUIIENTOS DE HISTORIA NATURAL. E L CISNE. Este bello animal, de la. familia de los palmípedos lamelirostros, ofrece cinco 6 seis especies 1 cuya pluma 1 blanca en la mayor parte 1 es enteramente negra 6 en parte negra en algunas. Se encuentra de todas las especies en los lagos, ríos y costas de casi todos los puntos del globo ; en Europa, en Asia, en las dos Américas, en la N ue va Holanda, y solamente en Africa es donde no se han hallado aun. No es po· sible dar del cisne una explicacion más satisfactoria y brillante que la que ha escri· to Buffon con una especie de amor por este animal. La extractamos á continúacion: En toda sociedad 1 sea de animales 6 de hombres , la violencia ha hecho los tiranos, la dulce autoridad hace los reyes: el leon y el tigre en la tierra; el águila y el buitre, en los aires, no dominan sino por el abuso de la fuerza y por la crueldad; al paso que el cisne en las aguas tiene todos los titulos que son el fundamento de un imperio de paz ; la grandeza, la majestad, la dulzura, con el poder, la fuerza, el valor y la voluntad de no abu-

sar de estas últimas cualidades y no eroplearlas más que para. la defensa. Sabe combatir y vencer sin atacar; rey pacífico de las aves acuáticas desafía el peligro de los tiranos del aire; espera al águila sin provocarla y sin temerla; rechaza los asaltos oponiendo á sus armas la resistencia de sus plumas y los golpes precipitados de una ala vigorosa que le sirve de egida; comunmente la victoria corona su valor. Por lo demás, no tiene más enemigo que el águila; todos los demás pájaros de guerra le respetan y está en paz con toda la naturaleza; vive como amigo más bien que como rey, en medio de numerosas tribua de aves acuáticas que se sorneten á su ley; no es más que el jefe, el pri· mer habitante de una república tranquila en la cual los ciudadanos no tienen nada que temer de su jefe, que no exige sino en tanto que el dá, y no quiere sino calma y libertad. Las gracias de su figura, la belleza de su forma corresponden en el cisne á su natural dulzura ; á todos agrada; adorna y embellece todos los lugares donde se pre-

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clavos que podemos sujetar y encerrar; sen ta ; se le quiere, se le aplaude, se le admim; ninguna especie de aves lo mere· libre sobre las aguas de los estanques, no ce mejor, porque en ninguna otra ha derpermanece en ellas ni se establece sino go rnmado la naturaleza tantas gracias que zando de la independencia necesaria para nos recuenlan sus más belias obras. Corte excluir toda apariencia de esclavitud ó de elegante de cuerpo, formas redondeadas, cautividad; quiere recorrer á su antojo las movimie ntos flexibles y sentidos, una acti· aguas, venir á tierra en las orillas, aletud ya animada, ya de muelie abandono, jarse aguas adentro 6 recorrer 'l as márge· totlo en el cisne respira la voluptuosiuad, nes abrigándose entr ~ los juncos 6 introel encH nLo que nos hacen experimentar las rlueiéudose e.n las ensenadas más retit·adas, g·t·ncias y la belleza; todo anuncia en él despues abandonar los sit1os solítarios y y l e representa como el ave del amor; vol ve~· á la socjedad á gozar del placer que todo justifica la espiritual y risueüa fábu· al parecer experimenta aproximándose á la mitológica que le hace padre de la más las personas , ron tal de que ha·lie en nosbella de las mortales (1). ott·os huéspedes y ami~ros y no amos y tiPor su noble ait·e, por la facilidad y ranos. libertad de sus movimientos en el agua Entre los antiguos, muy sencillos 6 muy debe reconocérsele no solo como el primer.o sábios parA llenar sus jardines con las be<.le Jos alados navegantes, sino como el más 11ezas frias del aTte en lugar de las bellea ca hado modelo que la naturaleza ofrace zas vivas de la baturaleza, los cisnes, sin para el arte de la navegacion. Su cuello embargo, formaban el ornamento de toelevado, su pecho, alto y redondeado, pados los estanques, animaban lo5 tl'isie5 recen la figum de la proa de un navío fosos de los castillos, embellecían todos los hendiendo las ondas ; su ancho estómago ríos. representa la cat·eua; su cuerpo inclinado El cisne nada. tan de prisa, que un homháCia adelante para empezar á moverse se bre marchando rápidamente por la Qrilla endereza y le,anta en popa; la cola es un le .sigue con dificultad. Lo que dice un naverdariero timon; los piés son anchos returalista, de que nada bien, anda mal y mos y sus gt·andes alas, semiabiertas al vuela medianamente, no debe entenderse viento y snnvemente infladas, son las. veen cuanto al vuelo, sino respecto al cisne las que empujan al barco v_iviente, nav).o bastardeado por una. domesticida 1 forzay piloto ó. la vez. rla, porque cuando vive libre en las aguas, Fiero de su nobleza, celoso de su 'her- ' y sobre todo salvaje , su vuelo es alto y mosut·a, el cisne parecé que hace gala y vigoroso. Hesíodo le dá el epíteto de altiostentacion de sus ventajas; ' tiene aire 1Jolante. Homero le clasifica entre las aves de buscar la aprobacion de los que le mimuy vinjeras, las grullas y los patos. Pluran, de cautivar la atencion, y la cautiva tarco atribuye á dos cisnes lo que Pindaro en efecto, ya se le ven de léjos en medio de dice de dos águilas que Júpiter hizo p!!rtir las aguas bogando majestuoso y dirigiende dos lados opuestos del mundo para sedo la flota de otras aves, ya se aproxime iialnr el medio en el punto en que se ená la orilia acudiendo á las señales que le contraran . llaman y viniendo á hacer~e admirar de El cisne, superior en todo al pato, que más cerca y á eiliibir sus be11ezas y sus no se alimentA más qne de plantas y seg t·acias con mil movimientos dulces, onmillas, sabe procurarse un alimento más dulantes y suaves. delicado y ménos comun; usa de astucihs A las ventajas de que le ha dotado la con tinuas para poder atrapar peces; toma naturaleza , el cisne reune la de la libermil posturas diferentes para el éxito de sn tad ; no es del número de los animales espesca, utilizando con ventaja su destreza y su fuerza; sabe evitar los enemigos 6 re· les : un cisne viejo no teme en el agua sistir Elo••n, causa de la guerrá de Troya, que (1) Lo 1 más fuerte; el golpe ele su ala es perro al ~' hOJ• ''" '·"'" y do '""'"' oro•{O<·modo M Om.

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y hácia el mismo tiempo se hallan en esmuy rápido y violento.; en fin, parece que tado de reproduci•·se. no tewe ningun-a nsechanza ni ningun Como el cisne col'ne frecuentemente yer· enemigo, porque tiene tanto valor como de pantanos, y principalmente alg·ns, bas mafia y como fuerza.. de preferencia en los ríos de curso sitúa se gtandes en vuelan Los cisnes salvnjes poco rápido, cuyas márgenes es· y sinuoso bandadas, y tambien los cisnes domésticos de herbazales. La pátria, por cubiertas tán sode instinto su mai'chan acuaddllados; el domicilio de eleccion del y as!, decirlo claraacciones sus todas ciedad est!\ en regiones del Norte; en las las en es ci:me, más el instiato, Este mente manifies~o. grato de la naturaleza, snponecostumbres comarcas setentdonales es donde anidu y se multiplica. En las regiones del Medioi.uocen.tes, hábitos tranquilos y un carácter dia no npnrecen los cisnes salvajes sino en -: delicado y sensible. los inviernos muy fríos. Cuando acuden á cua· ventajosa la tambien El cisne tiene los lagos de Suiza es ya uu presagio selidad de gozar hasta una edad muy avan· zada de· su bella y tranquila existencia: gu1·o para los habitantes de uu invierno muy riguroso. En este mismo caso es todos los o'bservadores convienen en que cuando acuden á. las costas de Francia, de goza de una vida muy larga: algunos llegan á darle de duracion hasta trescientos Inglaterra y sobt·e el Támesis, eu donde está prohibido matarlos bajo pena de una afios, lo cual sin duda es muy exagerado; fuerte multa. Los cisnes domésticos se pet·o un natural-i sta, habiendo visto un marchan entonces con los salvajes si no se gan:~o que segun datos seguros había viha tenido la precaucion de cortad es las vi do cien año .• , no duda en concluir por este ejemplo que la vida del cisne puede Y plumas g t·andes de sus alas. Los cisnes se han encontrado en tan gran canti'lad en debe se1· más larga, no solo porque es roa· las partes setentrionales de la América yor, sino porque tarda más tiempo en sacomo en las de Europa. Pueblan la bahía lir del huevo, pues la incubacion en las de Hudson, de lo cual debe tener origen aves corresponde al tiempo de la gestacion el nombre de cary·van.s-nest, que puede en los demás animales, y tiene relacion con traducirse, lleva nidos de cisne, con el el tiempo que tarda el desarrollo delcuer· cual el capitan Bulton ha designado la po, al cual es proporcionada la duracion larga punta de tierra que se interna por de la vida; el cisne tarda más de dos años el Norte en la bahia. Tambien hay muen crecer, y este tiempo es mucho, porque chos en el Canadá, desde donde parece que en las aves el completo desarrollo del cuer· van á invernar á Vii·ginia y á la Luisania. po es ménos lento que en los animales La voz habitual del cisne es más bien cuadrúpedos. · ronca que brillante; es una especie de esLa hembra empolla á lo mimos durante tridor ó grito agudo. Es al parecer un seis semanas; empieza á poner en Febrero acento de amenaza y de cólera, y uo se ha y pone cada día un huevo, cuyo número observado que para expresar el amot· tensuele ser comuomente de seis á siete. Esga ot1·o más dulce. Los antiguos, seguratos huevos son blancos y oblongos, con la mente, no pudieron modeh.tL' sus ci:mes cáscara gruesa y g·ruesos ellos taro bien. armoniosos, que tanto han celebrado, sobre Los cisnes anidan, ora sobt·e una cama de yerba seca en las márgenes de las aguas, los nuestros tlomésticos, qne pueden ca::li llamarse mudos. Sin embal'go, el cisne ora sobl'e un monton tle caiíascaidas, hasilvestre ha conservado mejor sus prero· cinadas y aun flotantes sobre las aguas. gativas, y parece que el sentimiento de la Los hijos nacen muy feos, cubiertos de un plumon gris ó amarillento; las plumas libertad absoluta tiene sus acentos especiales. Se distingue, en efecto, entre sus asoman algunas semanas despues y son gritos , ó más bien en la expaosion de su del mismo c9lor. Hasta diez y ocho meses voz, una especie de canto acompasado, 1 ó dos años no adquieren estas aves su her1 moso plumaje blanco, puro y sin mancha, modulado, cuyos tonos agudos y poco di-

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versificados están sin embargo muy léjos de la variedad dulce y brillante del canto de otras aves. Por lo demás, los antiguos griegos no solo atribuyeron al cisne una habilidad particular en el canto, consa· gt·ándole á Apolo, rlios de la música, sino q ne ponderaban sobre todo su dulzura en el instante de la muerte. Segun ellos, el cisne, único entre los séres que tiemblan todos al aspecto de su destruccion, cantaba en el momento de su agonia y preludiaba con armoniosos sonidos su úl· timo suspieo; próximo á espira¡·, y al dar á la vida un triste y tierno adios, era cuando el cisne producía dulces y conmo·

vedores acentos que, semejantes al ligero y doloroso murmullo de una voz baja, do· lorida y lúgubre, formaba su canto fúnebre. Ninguna fábula ni ficcion ha sido más celebrada, más repetida y acreditada en la imaginacion viva y sensible de los griegos. De ella. viene el llatpar hoy canto del cisne á la última obra de un autor 6 de un artista, y más propiamente de un gran poeta 6 de un hombre elocuente. Se dá. tambien el nombre de cisne á los g randes poetas y compositores. El cisne de JJ1á!ntua , se llama á. Virgilio ;•el cisne de Cambray, á Frenelon; el cisne de Pésaro, al inmortal compositor Rossini.

HISTORIA POLITICA. LA PÉRDID A DE LAS AMÉRI CAS. (C~ollnuocion.)

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Cuando las Córtes extraordinarias se rettnieron en Cádiz, la situacion era gravisima.. El• disgusto allende los mares se revelaba por todas pnrtes, y el pot·venir no parecía m uy lisonjero. A ht\ber sido otru la conducta de la Central y de ln l~ege~cia no hubieran llegado las cosas á aquel extremo. La una- dice Florez Estrada en un libro, que« para examinar imparcialmente las disensiones de la América con la España y los medios de su reconciliacion" publicó ~n i812-la una, «en vez de estrechar las Américas con la Península, autorizándolas para formar Juntas compuestas de hombres de probi dad y de la confianza pública, elegidos por todos sus naturales, que fuesen los cuerpos intermedios, que mantuviesen los vínculos de amor y de union entre el pueblo y el gobierno, y que remediasen las repetidas y notorias injusticias cometidas en aquellos países por empleados que no eran nativos de allí, y que solo hablan sido conducidos pnt·a hacer su fortuna, y sin ninguno de los motivos que tiene un natural paro. interesarse en el bien de su país natal, estuvo muy léjos de establecerlas , siendo de

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creer que esta sola providencia hubiera llenado de gozo á los americanos y hubiera impedido que se formase ningun partido de descontentos,, (i ). En eunnto á la Regencia,- dice tamaien el mismo escritor - «en vez de ejecutar inmediatamente, como había jurado, las disposiciones de la Junta central, relativas á que se verificase cu11nto ántes la representacion nacional, olvidándose de dar cumplimiento á tan sagrado deber, ninguna órden á este intento remitió á la América, cuando si la hubiera remitido por el primer correo, que llevó la noticia de su instalaclon, hubiera evitado la iusurreccion de Caracas y de Buenos-Aires, y de consiguiente la de toda la América- y luego de sabidas las novedades de la primera de aquellas poblaciones, en lugar de precaver la guerra civil accediendo á las justisimas proposiciones que Jos vocales de aquella Junta hacían en su carta de 20 de Mayo, dirigida al Marqués de las Hormazas , Ministro de Hacienda, sin atender á lo que dictaba la justicia en todo tiempo y sin consideracion al estado en que se hallaba la Penín(t)

l'ng. 11, cap. 2.•, porl. 1.•

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Los Conocimientos útiles. sula, decretó reducirlos por la fu erza y hacerles sufrir la ley que se les quisiese dictar» ( f ). Sin embargo, ántes de emplear los recursos violentos, envió la Regencia dos personajes, no desprovistos de medios militares , y sobre todo revestidos de plenos poderes para atraerse los ánimos de los insurrectos y pacificar la América. Pero lo mismo Cortavarria que Elio llegaron á Caracas y Buenos-Aires respectivamente con las manos vacías de reformas:- y claro era que al statu quo no se podían resignar los americanos. Fracasaron, pues, los proyectos de pacificacion, y el gobierno adoptó entonces una conducta en que Florez E.s trada vé á la par "el despotismo y la irreflexion» y que arrancó á un testigo, nada sospechoso -al Sr. Costa y Gali , peninsul~tr encargado de la fiscalía de la Audiencia de Caracas {2) -la triste afirmacion de que en " el país de los cafres no podían ser los hombres tratados con más desprecio y vilipendio.» Harto se comprende cuán mal preparado encontraron el t erreno nuestras Córtes de Cádiz. Se habían sembrado los ódios, y la sangre cor; 1·ia allende los m ares . En In Península oíanse solo los g ritos de muera España 1 leíanse únicamente las relaciones que una de las partes (la oficial) enviaba, y los interesados en el statu quo alzaban la voz excitando la pasion de la muchedumbre en provecho de lo que ellos llamaban la pátria y en realidad el·a sus bolsillos. y sin embargo, las úórtes, á. poco de reunirse en la isla de Leon, solicitadas por los suple11tes de Ultramar, dieron el famoso decreto de 15 de Octubre de 18:10, por el que primero, se «Confirmó y sancionó el inconcuso concepto de que los dominios espaiToles en ambos hemisfel'ios formaban una sola y misma monarquía, una misma y sola nacion y una sola familia , y que por lo mismo los naturales que fue:>en originarios de dichos dominios europeos ó ultramarinos, eran iguales en derechos a Jos de la Península, quedando á cargo de las Córtes tratar con oportunidad y con un particular interés de todo cuanto pudiese contribuir á la felicidad de los de Ultramar, como tambien sobre el número y forma que debía tener para lo sucesivo la representacion nacional en ambos hemisfel'ios »-y segundo . se «ardenó que desue el momento en que los países de Ultramar, en donde Re hubiesen manifestado conmociones, hiciesen el debido r econocimiento á la legítima autoridad sobera-

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o a, que se hallaba establecida. en la madre pátria, hubiera un general olvido de cuanto hubiese ocurt·ido indebidamente en ellos, dejando, si o embargo, á sa 1vo el derecho de tercero » ( 1). Dificil es apreci3,l' perfectamente el valor del decreto de Octubre. Nadie podrá negar que las Córtes, inspiradas en u o alto sentimiento de justicia y de amor á los reinos de América, se sobrepusieron basta cierto punto á las pasiones del momento. Pero nadie podrá negar tampoco que era muy distinto el punto de vista que para estimtu· la medida teoian los descontentos de Caracas y lluenos-Aires y los hom bres de Oúuiz; por Jo que si para estos el decreto era un verdadero RASGo, para Jos pl'imcros debía ser punto méuos que mora palabrería. A más no Sil olvide q ne aun aquella medida no fué solicttada por diputados. de América venidos de allí cuando el descontento estaba en las calles armado y voceando, sino por suplentes nombrados por la Regencia entre los amer·icanos que á la sazoo residían en la Península. Pero prescindiendo del valor· moral que la medidn tuvier·a, prescindiendo del cnr·ácter sulljetivo (pormítasenos la palab r·a) do In dispo>~icion, y tomando las casas más por· encima á. fin de npr·eciar lo que el decreto era en sí y los efectos que lógicamente dellia producit·, antójasooos incontestable que el decreto pecaba de insuficiente para remediar los males como se proponía. ¡Uua amnistía sin llmitacion alguna! Magnífico sin duda- á no acompañarle la eouservacion absoluta de todo el antiguo rég-imen ultramar·ino. ¡Una nueva declarncion de igualdud de españoles y ame ricanos ! Soberbio- á no venir des pues de nna dechu·aciÓn idéntica de la Junta central, y una interpretacion tan irritante como la que le habían dado las autoridades en América y aun la mil;ma Central y la H.egencia. Por esto, y algo más, no quedaron satisfechos los descontentos americanos, y los pocos diputados que despucs vinieron en este mismo sentido se expresaron. Vulgar es decir que aquellos diputados, junto con los suplentes desde el primer día, no pensaron más que en producir coniiictos , entorpecer la marcha de las Córtes y acelerar el momento de la emancipacion de América. Ignór ase, en primer lugar, la g.ran participacion que tuvieron en la gran obra de la Constitucion de 18 12, y como los Mejra. los Alcocer, los Morales Duarez y los Jáuregui flgural'on en

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Pág. 37. cap. 'l.•, part. 2.• Cilado por el Sr. Urquinaooa de Abril de 1837.

en el Congreso; aesioo

( t ) Coleccion de los decretos ! órdenes de lu C6rt6• generales J e:uraordinarias, ele., etc.-Tomo i. •

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primer término en aquellas inolvidables Córtes, lo mismo por su. inteligencia que por su decision y su actividad .-Por otro lado, es necesario no olvidar la posici~n especialisima que ocupaban; y bien que en alg una de sus pretensiones (como la de que se procediese á elegir de nuevo los diputados americanos de aquellas Córtes bujo un pié de extricta igualdad con la Península) pecasen su tanto de inoportunos, ni aun en O:>te caso se puede negar, en principio , la justicia á su demanda , y en lo general les sou1·aba la razon. ¿Qué era lo que aquellos diputados--reclamaban? Dígalo por nosotros D. Agustín A t•güelles, político harto citado por los enemigos de América, y á quien, naturalmente, no se tendrá por sospechoso. Dice así en su Eooámen histórico de las Cortes de Cádiz: <<En los principios y resoluciones generales que favorecían austractamcnte la libertad, los diputados liberales de Ultramar no se separaban de los de ELLropa. gn esto punto los intereses eran uniformes. Pero en su aplioaoion práctica é inmediata á todos los casos en que se intentaba conservar ilesa la autoridad suprema del Estado , dar fuerza y vigor al Gobierno en la Madre pat ria para sostene1· la union y coherencia de provincias tan distantes y dilatadas, se echaba de ver en Jos diputados de América cierta reserva 6 desvío, so advertía una como cautela; en s uma, no era posible desconocer que se dirigían lui.cia ot1·o fin, que se guiaban por reglas diferentes, si no cont1·arias á las que servían ele norma ú.los diputados peninsulares La supresiori de los vireyes y de las facultades eoot1·aordi· M1'ÍaS ajefes de J'I'OVÍ11Cias tan 1·emotas, SOliCitada con tanto empeño, á pesar de la alteracion tan considerable que hacia por sí sola en la naturaleza de estos cargos la forma de Gobierno representativo: el empeño en destruir el equilibrio é influencia , de la Metrópoli con una apli-

cacion estncta y poco meditada del principio abstracto de igualdad á la representacion de.. la América e1l las Cortes; el desacuerdo con los diputados libel'ales de Europa en la eleccion de regentes y consejeros de Estado, todos estos incidentes, y muchos otros de la misma clase, descubrían el verdadero espíritu y tendencia~de la diputacion de Ultramar» (f). (1) Capitulo VI. To1no ,11.- Bueno es recordar que en América subsistía . por lo que bace á la autoridad do los VÍI'OfCS. la loy 1. •• IÍIUIO 3. 0 , libro 3.)' de la Recopilacion de ludias , <1ue dice: • En todos los casos y negocios que se ofrecieren, hagan •lo IJUO les pareciere 1 viereo que couviene, 1 provean lodo •aquello IJUO Nos podríamos hacer 1 proveer, de C\lalquie•·a

Y en otra parte, el mismo autor escr.ibe: uMuchas otras proposiciones hechas en diversns épocas p&recieron demasiado graves para resolvel'lns sin mndu1·o exámen. Entre ellas se peclin la libertad de comercio extranjero del mismo modo que en la Pcninsula; la supresion de todos los estancos, y r¡ue el Erado se indemnizase por otros medíos de las cantidades que percibia balota aqui en l os ramos sujetos á aquellas restricciones. La primera proposicio.n en realidad no era nua refonna, sino el trastorno de todo el sistema económico y administr·ativo que regia cnt.1·o l a<~ colonias y l!~ Metrópoli .. .... ... -La cuestíon sobre los estancos en Ultramar no era ménos embari\ZOSa que la del comercio libre, ateucliendo "'1 estado de penuria y cnsís de la Metl'ópoli pa.m lmllur medios y r ecursos pecuniario:; con que sostuuor una guena tttn activa y cruel>>( 1). Nv hemos menester aüadir consideracion alguna illas oLservaciones de. D. Agustín ArgüeHe:>. Basta cou ellas, á nuestro parecer, para ju.stitlc!lr ht irnpucieuci!l y el disgusto de los diputndos am.ericanos. así como para probar •calitlad y cond1cioo quo sea. en los provincws de su cargo, •si 1>01' uuosh·a porOIVna so gohern~run. en lo que no tu~ie­ •ren o~1>ocinl p1oluh1cu>n.•-l~l v1rey de ~l ej1co. Duque de Llllaros, huhm oioho u ~u ~UCO>OI' : • Si el que viene a gohcrnur oste 1'01110 no se ucucnht repelida> veces que la resi•lenciu 1110~ r~gn•·osu e~ lu que se hu de tomar a l l' lr~Y en s u juiciO pa rlloul:•r pOI' lu Mujestad divina . puede ser mils sobe1·u no quo e l grun 'l'u•·co, pues no discurru·il 111nlduJ que no hiiJU q.u1en so lu J'u cihte, n i pruclioaro tirauia c¡ue no so le consionlu. • l~ n cuanto ll lo rcproscntucion políti co de América, obsórvdso 1'0 <¡u o hemos upuutado sob1·o la ¡>roporcion de los di¡mludos urnel'ionllc& con lo llOlllocióu üo América, así 001110 respeCIO dol modo ele 8cr aquellos elegidos. (1) Cupitulo VJ. 'J'omo 11. -No deue presciodirse de <I!lO hnsta 1778 los prohibiciones mcroun liles ha bía n llogaclo hasta lo imposible. l'or supuesto. los ex lrun¡eros estnbao absolu • lamdnlo inoopnciudoa I•OI'a comorcmr con los Américas: Jos \l8pa t)OI08 solo poilian hacerlo ¡1or el puerto de Cádiz. bujo lu inspe0clon de la cuan do Se villa y por medio de los fa. mosos galeones y las no méuos c61ebres ferias de Jalapa y l'nnnmó: y has tu las mismos provincias americanas no po<liao lroOcar entro •!. Oc~pues de los decretos de Ca rlos fU allbsisti~ solo la primera de estas prohibiciones: traba quo aleuna vez (como en Ouenos-.4ires en 1809) tuvieron que levantar temporalmente las autoridades españolas: que las Juntas a mericanos suprimieron. a poco de coosliluirse. y que o la pJSINl aooli() Fernando VIl en 18i 8 respeoto-<le Cllba 1 Puerlo-Hioo, para que estas islas prosperaran. En cuanto n los estancos {que croo de la sal, del plomo, do la pólvora r del azogue 1 sus compuostos, asl como del tabaco y de los nai¡Jes) ba7 que advertir qiJ,e recalan- sobre uuos pueblos gravados ya por un sinnúmero de impuestos indirectos Ion enojosos como el quinto del oro J pla ta extrai· dos , los II'Íbulos do indios, el ulmojarifazgo, las alcabalas sobre pulque y aguardieolc de caia, la loleria, los dos no-venos del ilicz•no. las bulas, ele., o te.- amen de las probi' bioionos on mutol'ia do cultivo, iudu:r~ria y pesca.

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©~-------------------------------------------------~ 51 7 Los Conocimientos útiles. ~

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más nuestro aserto de que el decreto de Octubre era insuficiente~ Las mismas Córtes lo demostraron uespues. Si fuese la ocasion de apuntar críticas sobre la conducta general de los diputados de América, alJO y aun alriOS tendríamos que censurar -por ejemplo, en el modo con que, punto ménos que por unanimidad, trataron al discutirse la Constitucion la cuestioo de razas. Pero este es el momeuto de ap¡;eciar su actitud y sus pretensioue::;, en lo que so refiere á la Madre patria. Y cuenta que al aprobar estas no desconocemos qne muchos de aquellos dipntados podían acariciar esperanzas de u.n porvenir independiente, pues que como dice tambien Ar.güelles , el triunfo de la Metrópoli en la lucha empeñada con el coloso francés, á los unos pnrecia l]_uiruera y á los otros punto ménos que imposible: en cuyas aprensiones les acompañaba la Eurojla entera. No fueron, sin embargo, completamente estériles los esfuerzos de los diputados ultramarinos; y vé auí una nueva desgracia de las Córtes de Cadiz. Resrstieron estas al principio á hacerlo todo, pre::~cinui endo de que en tan críticos momentos es de u~esidad acometer hasta lo temerario; y a la po:..tl'll, como hemos dicho, fueron concediendo, poco á. poco, mucl10 de lo que se ltlS

pedia. Así, declararon la libartau de cultiva y de industria, y la de pesca y buceo de perlns: revocaron la Real órden de In Re~encin al ca pi tan general de Puerto ·Rico, y cualquiera otra que hubiese sido expedida 6. cualquier punto de la Monarquía, por lasque las autoridac..les pudieran remover, conftnnl' 6 pt·ocede•· coutm persona alguna: abolieron totalmente el tributo y la mita de indios: proclamaron ue nuevo la igualdad de americanos y peninsular·es, insistiendo en un punto g¡·avisimo tratándose de colomas, -cual es el de la capacidad de los colonos pa1·a todos los empleos y destinos: suprimieron 1as m atdculas de mar: ex.tiuguie¡·on los estancos menores: admitieron como coloniales los géneros traídos á la Peníusula. en buques oxtraujeros: mandaron establece•· en Ultl'!lmar los Ayuntamientos y Diputaciones provinciales, y por último, extendiendo á. AIDéríca la famosa Constitucíoll de itH2. con vacaron, bajo un pié de igualdad con la Península, á Jos diputados americanos para las Córtes ordimuias de 1813 {i).

{Se cotttinuarci.) RA.'AEL

(1) Coleccion do decre101, ele.,

M.

DE LABRA.

elo. Tomos 1 y ll.

Ct>NOCIMIENTOS VARIOS •.

Anécdotas, máxiimas y prece;¡;:>tos útiles. Un-hombre codicioso y o tiro envidioso viajaLan juntos y encontraron á San Martin, quien, de.!!pues de haber andado algun tiempo con ellos, se dió á conocer, diciéndoles en el momento mismo de dejarlos:

Quiero haceros felices. Uno de vosotros que pida lo que desee , y se lo daré : al mismo tiempo que daré. eL doble de lo concedido al otro que nada habrá pedido. Hé aquí, pues, á nuestros dos compadres muy contentos, pero al mismo tiempo muy embarazados, porque cada uno de.ellos aspiraba á la· parte más ventajosa que el santo se reservaba

dar al que dejase de pedir.

En esta situacion, se ex.hortab11.n mútuamen-

te á pedir cuanto pudieran apetecer, pero ninguno queria usar de este derecho el primero por envidia de que el compañero gozariade dobles derechos y satisfacciones. 'rodas las razones, todos los ardides de que se vallan para determinar al compañero á que hiciera su demanda, no podían determinarlos á verificarlo, cuando el codicioso, en un arrebato de fu.ror, se avalanza al envidioso, y co¡,riéndole por la garganta amenaza extrangularle si no se determina á hablar el primero. En esta. apurada situacion conviene en hacerlo, y tomando consejo de su pasion, dice :

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Pues bien, ya que he de hablar el primero, lo haré, y PIDO TE!'IER I1N OJO MÉNOS. Dicho y hecho : inmediatamente quedó este tuerto y su compañero ciego. 'fal fué el bel)eficio que sacaron de su posiclon, resultando, segun esta leyenda, que el vicio fué castigado por el vicio mismo.

La alta aristocracia alem~na era un día sin disputa alguna la más vaná que existía sobre la tierra. Hasta el reinado del gran José Il, goza bu en Viena del ridículo privilegio de tener reservado un paseo exclusivamente destinado para ella, y en el que estaba rigorosamente prohibida la entrada á las demás clases. Aquel emperador abolió tan extravagante privileg io abriendo el paseo para todo el mundo. Resentida la aristocracia, que creyó ver con esta medida ajada su ilus~re prosapia, recurrió al emperador exponiéndole: «Que para guarda r el lustre de las clases y el equilibrio social, no debia permitirse el roce entre aquellas, y que así nadie debía pasearse sino entre sus iguales, razon por la que suplicaba á S. M. I. se sirviese revocar su decreto.» El emperador puso al már· gen de la solicitud lo siguiente: Si efectivamw· te nadie debe pasearse sino entre sus iguales, ¿con quién me paseuré yo? No me gu~da mds t·ecurso gua hacerlo solo en el pan_teon de Shomb·run. Es necesario advertir que en este se entierran los emperadores de Alemania; por consiguiente, no existiendo más emperador que él y no teniendo en sus dominios igual con quien alternar, le era forzoso, siguiendo los vanos prin· oipios de aquella nobleza, si quería pasearse, hacerlo solo por aquel panteon entre los cadáveres de sus antepasados.

Un náufrago abordó á una costa desconocida y escarpada. El g..-an peligro que acababa de correr tenia todavía exaltada su im.~inacion. Cree que Qstá pi!Ulndo u.na tie.rra salvaje , inhos·

pi talaría, y no vé en su temor más que hordas de antropófagos prontos á cevorarle. Deslizase entre las rocas y los árboles, precipitando ó suspendiendo el paso y figurándose oir su sentencia de muerte al menor paso. Llega por fin á un sitio en donde descubre trazas humanas. A su vista retrocede espantado, pero i oh dicha inesperada 1 al volverse, descubre no léjos de sí una horca ..... Desde aquel instante la calma vuelve á su corazon. Alza los ojos al cielo y ex clama: Bendito saais, Dios mio, porquo me habcis traido á un país civilizado.

«Por muy erguido que lleve el cuello una belleza, hacia notar un filósofo, siempre debe considerar que con los piés toca la tiérra.»

Preguntaron un día al doctor Johnson, por qué la vanidad es el tipo de la ignorancia, y contestó: «por la misma razon que.los ciegos llevan la cabeza más erguida que los que tienen vista.»

El .filósofo Zenon decía á sus discípulos : «Recordad que la naturaleza nos ha dado dos orejas y una sola boca para enseñarnos que es meoeste¡• escuchar mucho más que hablar.» Séneca decía: «Lo' que se óalla se puede decir, mas lo que una vez se ha dicho no puede ya callarse. y ha pasado á ser ajeno, lo que era solo y peculiar de uno.))

Plutarco en uno de sus npotegmas dice: que estando Agesilao, uno de los más célebres _capitanes de Lacedemonia, jugando un dia dentro de su casa con sus hijos,_ que eran muy peque.. ños, un amigo de confianza entró de improviso en la sala y le vió montado en una caña y corriendo entre los chiquillos. A la sorpresa del amigo, Agesilao, sin inmutarse, le dijo : «Suspende el j.:.tlcio; ju:¡¡garás cuandQ seas padre.,

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de modo que en su movimiento toque con la punta en la superficie de un cilindro ahumado que gira con una velocidad conocida. El ala, en cadu una de sus revoluciones, quita un poco del negro de humo que cubre el cilindro y deja una huella 6 señal de su paso. Obtiene así un dibujo en el que aparecen formas variadas, pero que cada una se reproduce periódicamente con los mismos caractéres y corresponde á una revolucion del ala. Valiéndose de un diapason cronógrafo, determina con exactitud el número do revoluciones del ala que hace el insecto por segundo. De este modo ha encontrado que en un segundo la mosca comun dá 330 ; e1 moscon 24.0; la abeja 190; la avispa ilO, etc. Cree el experimeuLador que el vuelo cautivo, _durante el cual e::.tudia los insecLos, debe producir mayor resistencia á los movimientos del ala y disminuir su frecuencia, de modo que las cifras anteriores deben ser menores de las correspondientes ul vuelo libre. En cuanto á. la forma del movimiento la observa colocando al extremo del ala una partícula 6 lentejuela de oro y poniendo al animal ~n un rayo de sol. Se nota de este modo la marcha qno signe el punto brillante , habiendo résultado on el exámen de diferentes insectos que Jos diversos puntos recorridos por el extremo del ala trazan siempre una curva de la forma de un ocho . FsTAoísr•cA.- Del estado que acaba de puulicar la direccion del Poor low Road, aparece que el número de pobres mantenidos por la caridad legal en Lóndres en !868, ha sido el de ! 43.53~; el año anterior lo fueron 14'1.190 indigentes, cuyo número no babia pasado en 1865 (año de grnn prosperidad comercial) de 102.034. Siendo la total poblacion de Lóndres 3 millones de habitantes, la proporcion de mendigos es inferior a la de París y Bru.:elas.

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Los Conocimíenlos úti-les.

MADl\1 0 : t 860.= l mpronla de Los

ÜOCIIE DE FERRO· CARnlL PROV1STO DE SU CAi\RfL.

-Un coC'be para pasajeros parecido á los que marchan por los carriles de las calles de los Estados-Umdos ha llamado la atencion en los ensayos que se hicieron en Broadway y otras adyacentes en Nueva-York. Este coche, constr.uiclo por Stepbenson, patente de .T. K. Glen, fecha 2 de Octubre de i867, marclta casi á la'inversa de los comunes. Entre la caja interior y exterior del coche, y en cada costado , se encuentra un armazon _provist o de unos carri les que se extienden á lo lnrgo del carru!Jje : uno en la parte de abajo y el otro en la de arriba, y los extremos efectúan una forma cur va , de manera que parece un óvalo aplastado y perpendicula1· a1 sue-lo. Corren por ese óvalo ruedas sujetas al armazon y á Jos carriles ; unos piés ó pedesta · les se extienden más allá de la circunferencia de las ruedas, cada uno correspondiendo á cuatro de ellas, y van unidos los unos á lvs otros por medio de barras, á 1as que se ha dejado el juego cvnveniente, y los conservan separados como seis p1és entre sí. El peso del carro gravita sobre la parte baja del óvalo, y el coche va tirado por dos caballos . Cuando los caballos echan á andar, cada parte, con .:¡u pié y ruedas , se m neve alrededor del óvalo por ar riba y abajo. resultando que, á medida que avanza el carruaje, los piés tocan sucesivamente el suelo y llevan el peso hasta qne ott·os los vengan á reemplazar ; t res piés' en cada lado, tocan constantemente al piso. L a máquina es sencilla , y se puede construir de poco peso para carruajes púbticos, ó más pesada para las cargas mayores. No se necesitan carriles; el carr uaje marcha sobre la tierra ó sobre los caminos de piedra. El inventor asegura que se puede utilizar para la agricultura en los pantanos y terrenos húmedos, y que se le puede aplicar el vapor. Quedan por hacer Jos experimentos de esta invencion sobre distintas clases de terrenos.

Coi!OCIIIllH~ros tlnu s, b. corgc de Ilr anolsco Roig, Arco de Sanla María

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- - - - - - - - - - - - - - - - - -· - - · - - - - - - - - - - - -~1~ ~~ 32 L Los Conocimie nlos útiles. ~ Num. 2 1.

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ENSEÑANZA POLITICA.

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EL COMUNISMO. (Conlinuocion.)

E1 planteamiento de ciertas doctrinas comunistas que, como veremos, en la épuca de los anabaptistas, llegaron á adquirir gran preponderanci a, va unido á aquel gran motivamento de la inteligencia que caracteriza al siglo XVI, siglo que, entre otras glorias, cuenta el triunfo del libre exámen, iniciado por el intrépido Lutero, y que viene á ser el renovauor de la conciencia humana y el impulsador de las socie darles modernas hácia el término de su progreso. En aquella agitada época, los problemas sociales y religiosos van tan intimamente unidos, que hasta se duda si la idea religiosa sirve de pretexto á miras poli ticas, ó si la innovacion polí tica busca su sancion, su autoridad y su prestig·io en la tradicion religiosa, que quizás se invoca para cohonestar atrevidas reformas ó insi· diosos ataques al derecho constituido. Mientras Lutero extremecia el mundo con su palabra y su predicacion reformista arrastraba á millares de fieles, extremeciendo el Vaticano y quebrantando aquella abrumadora unidad religiosa que pesaba sobre el mundo, uno de sus discípulos , el célebre Nicolás Stork, fundaba la secta de los anabaptistas ó rebautizadores. Provenía este nombre de que sostenian sus secuaces la invalidez del bautismo de los niños y la necesidad de un segundo bautismo. Pronto se unieron á Stork hombres tan notables como Me1anchton, Didyme, More 'y Carlostadt, y llevaron tan adelante la libre interpretacion del Evangelio, basando en él, no tan solo el dogma, sino hasta el derecho, ql:!e hasta el mismo Lutero, á pesar de su audacia reformista, hubo de alarmarse, y log1·ó con sus esfuerzos que el elector de

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Euero 23 de 1869.

Sajonia desterrase á aquellos atrevHos innovadores. Pel'O entre los discípulos de Stork babia uno que, por su elocuencia, su carácter y la novedad de s us ideas, debía hacer inútiles los esfuerzos de Lutero, y plantear de un modo terminante las doctrinas comunistas, deduciéndolas de los textos evangélicos. Era a-quel hombre Tomás Münze¡·, á quien puede considerarse como el primer comunista que por medio de sus apasionadas predicaciones logró sembrar la semilla de su escuela hasta el punto de producir f¡·utos verdadel'Os, pero ama¡· _ os, como despues veremos. Evocando el recuerdo de las primeras edades, como testimonio irrecusable, sostenía la perfecta ig ualdad de todos los hombres, la inmoralidad de las gerarq uías y la necesidad de repartir los bienes en comun. Semejantes teorías, amparadas al parecer con el apoyo de la fé y de la justicia, y propaladas en pueblos víctimas de la tiranía de una no· bleza avasalladora, de un clero rico y avaro, no podian ménos de hallar eco y conmover los ánimos comprimidos, eneadenados por la cadena del feudalismo. Aquel eco cundió por toda la Alemania, y aquel sacudimiento social dió márgen al levantamiento general que se conoce en la historia con el dictado de Guerra de los campesinos, del que daremos ligera idea. Tiempo hacia que se habían organizado sociedades secretas de campesinos de la Turingia, Suavia y Franconia con el objeto de sacudir el yugo insoportable de la nobleza y el clero. Una tentativa hecha por los siervos del conde Lupten no dio resultado. ninguno, y solo en 1524, cuando las predicaciones de Lutero y Stork TOMO .

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conmovieron la Alemania y aumentaron sagacidad y osadía, log1·ó allí el triunfo aquel fermento de rebeldía que abrigaban de sus partidarios. Dueño absoluto de la los campesinos, pudieron estos dar á su ciudad, á. pesar de la resistencia que le movimiento gran fuerza, poniendo á su hiciera el Senado, pudo poner en pr-áctica cnbe7.n al temible ventero Jorge Metzler, sus teorías comunistas. Declarados comuy ¡·edactanrlo sus doce c ~lebres artículos, nes todos los bienes, fué encargado de su que contenían las peticiones siguientes: reparticion , é instalándose en el palacio de1·echo de elegir sus pastores; reduccion de la Encomienda de San Juan de Jerusacle los uiezmos; disminucion de los imlem' hacia llevar á su presencia todos los puestos; mocleracion en los trabajos; abobienes muebles, los distribuía á su arbilicion de la servidumbre; derecho de caza, trio y admiuistraba á su antojo la justicia. pesen y corta de leñas; derecho de po-El poder de Münzer era omnímodo; secr te1·renos y arrendar propiedades a.geel pueblo que, viviendo sin trabajar de nns; restitucion de los pastos y dehesas los fondos comunes, le adoraba y le presusurpntlos por los nobles; abolicion del taba su cieg·o apoyo, hizo de él su absoluto tl'ibuto que al morir un padre de familia soberano, y á tal punto llegó su confiansatisfacian al señor la viuda y huérfanos; za, que dirigió amenazas á los vecinos justicia en los fallos. Todas estas peticiopríncipes, y se aprestó á la guerra de prones que debían ser juzgadas con el texto paganda. Temeraria era la empresa, pero cnwg6lico, en cuya autoridad y doctrina arrastrado por la misma irresistible fuerza las fund aban, fueron rechazadas por la desbordada del movimiento popular, tuvo nobleza, dando origen á la guerra. que lanzarse, mal de su grado, á una Como en toda guerra civil, grandes fue- guerra desigual. Al frente de ocho mil inron los excesos de aquellos rebeldes, que surgentes marchaba el audaz comunista, saqueaban castillos, conventos y ciudaá tiempo que cuarenta mil campesinos, des , capitaneados por el salvaje Metzler, capitaneados por Metzler, se dirigían en jefe intrépido, pero indigno de la causa su ayuda. que sustentaban, causa que cuasi triunfó, Bien comprendieron, el duque de Brvnsllegamlo hasta unirse á ella algunos nowick, el landgrave de Hesse y los electobles. res de llrandeburgo y Maguncia, toda la Bn tanto que mandados con triste éxito fuerza que la uuion de los dos ejércitos por el famoso Gcetz de Berlinchingen, daba á la causa ele la insurreccion, y por sucesor de Metzler, los campesinos luchaeso á toda prisa se dirigieron al encuentro ban por el triunfo de sus doce artículos, del de Müuzer, que era el ménos fuerte de Münzer continuaba sus predicaciones coambos. monistas, y despues de varias peripecias Hallábase Münzer posesionado de las que no hace al caso narrar, logró, instialturas de Frankenhausen, cuando divisó gado por Stork, excitar á los pueblos á al ejército enemigo que avanzaba, y que que sacudiesen todo yugo temporal, dele envió emisarios para intimar le la rendiclarasen comunes los bienes y se negasen cion. Grande fué el pánico que se apoderó al pago de las contribuciones, acudienüo de sus poco aguerridos soldados ; pero pa1·a ello á las armas. Así lo hicieron, y .Münzer los alienta prometiéndoles el apoempeza ron por destruir las iglesias; y yo sobrenatural de Dios, asegurándoles como coincidiese esta sublevacion con la que la simple manga de su vestido les serde los campesinos, pronto ambos movivirá de parapeto contra las balas enemimientos se aunaron é hicieron causa co- gas. Las primeras que llegan demuestran mun, sirviendo Stork de principal agente áaquellosconfiadosfanáticosquelamanga de aquella formidable alianza. de su caudillo no es el más firme escudo Pujante, si no vencedora, aquella inque puede ampararlos, y pronto la infansurreccion, Münzer se dirigió á la ciudad tería enemiga los derrota, la caballeria los de Mulhausen, y á. fuerza de elocuencia, extermina y Müuzer es hecho prisionero. ~

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b.

Los Conocim.ientos útiles.

A la rota y toma de Frankenhausen sigue la rendicion de 1li ulhausen y la ejecucion de lúünzer, que sufrió el tormento, y poco despues la muerte con noble entereza y resignacion. Triste fué el fruto de la predicacion comunista de Münzer, que, sin fundar nada sólido ni durable, solo trajo la paralizacion del trabajo, desgracias estériles y esa perturbacion pt'ofunda que caracteriza todo periodo histórico, todo movimiento político en que se atenta á los firmisimos fundamentos de la propü~dad. Despues de la batalla de Frankenhausen continuaron las luchas de los campesinos con un cat·ácter de crueldad., indigno del espirüu de justicia evangélica que preten. dian animaba sus doce articulos. Los desquites de la nobleza, al fin tl'iunfante, fueron no ménos terribles, y cerca de cien mil víctimas señalaron el fin de aquella revolucion que, vencida en su parte política, continuó preponderando como doct'rina religiosa, volviendo á renacer más pujante en el segundo periodo de los anabaptis· tas, que trataremos de bosquejar con toda la rapidez y concision que hemos impuesto á este ligero estudio histót:ico que nos ocupa. Mencionaremos casi de paso 'l a gran propag-anda do los anabaptistas en Suiza y,la alta Alemania, los cuales en la aldea de Zelicona formulan de un modo terminante el símbolo de sus doctrinas en la p'l·ojesíon de jd de Zelícona , que puede considerarse como la verdadera expresion qel pensamiento de la secta anabaptista. En esta declaracion de pdncipios aparecen consignados los de igualdad y comunidad , que les dan el verdadero carácter politico, no h~ciendo al caso ahora enumerar las extravagancias místicas de su fanatismo religioso en este segundo período de su historia. Las persecuciones, los edictos que se dieron para exterminar á los anabaptistas, que eran cazados como fieras y arrojados á los torrentes , dan á este período histórico un carácter tañ so m· brio, tan feroz, que prueba hasta qué punto el fanati~mo y la pasion política embrutecen y degradan á la humanidad.

323

En esta época vemos nacer las comunidades de los huttel'istas de Moravia, fun dadas por Ilutter y Scherding, discípulos de Stork, los cuales, convocando á todos los perseguidos anubaptistas, y compt·ando 6 arrendando bienes de la nobleza, fundaron, hlicia 1527, en la pt·ovincia de Mot·avia, una especie de colonia, que realizó las teorías comunistas de una manera que hablaría algo en favot· de esta escuela, si su efime¡•a du!'acion no demostrase la poca estabilidad de principios, que son la negacion de la personalidad. La habilidad de sus fundadores, la fertilidad del país, la ot·g·anizacion especial, la frugalidad, el trabajo asi luo, la sumision á una l'egla que eliminaba cuidadosamente las monstruosidades de un comunismo absoluto, todo esto contribuyó á dat· á aqueUa sociedad, cuasi agrícola, cier ra tranq uiliJad que la pet·mitió desat·rollarse y ofrecet· un admirable ejemplo de asociacion en comun. AbsUt·do es invocar este ejemplo en defensa del comunismo, pues hat· to demuestra la experiencia que aquella abdicacion de toda libertad, aquel automatismo polítko, aquel mate-rialismo que excluye toda expansion del espíritu ante lu idea de lo útil y lo necesario, no puede ser la regla á que se ajusten las sociedades modernos, tau llenas de vida, tan amantes de la libel'tad tan entusiastas de lo uello, y tan henchida~ de ese espiritu vig-oroso de la pt•opiedad, que es su vida, del progreso, que es su fuel'za, y de l'a civilizacion, que es su g loria . Perdida la austeridad de los primeros hutteristas, degeneradas sus costumbres, las discot·dias intcdot·es y los vicios inherentes á la natut·aleza humana concluyeron con las comunidades de Moravia, que, des pues de varias vicisitudes, vinieron cua. si á extinguirse en ménos de un siglo de fenomenal existencia. Larga seria de enumerar la série de interesantes y complicados episodios que señalan el último y más brillante período del comunismo anabaptista; periodo mar cado en las predicaciones de Melchor Hoff. roan y del panadero J unn Mathias, que centralizó actuel movimiento político-religioso en Munster , capital de la Westfalia.

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da los y atentados en Munster, pues fueron Pasaremos por alto las luchas de los dos muchos los que le siguieron. El delirio frepartidos que dividían á esta ciudad, los sacramentarios republicanos y los luteranos; nético de Juan y sus secuaces no tuvo lílas apostasías de Bernardo Rotham, las vemites, y la pluma traza con vergüenza los leidades de K.inpper Dolling, y nos fijareexcesos de aquellos hombres que, proclamos en la época en que el famosísimo Juan mando la igualdacl evangélica, se-entrega· Bocold, conocido con el nombre de Juan ban á todos los más aborrecibles despotismos y degradaciones. de Leyuen, eleva la secta anabaptista á su mayor poder, plantea los principios comuPor medio de una ridícula escena en que nistas en todo su vigor, y m·r-astra en su se hizo creer á la muchedumbre, dominada propia ruina la causa de sus secuaces. de ese último gt·auo de la estupidez,. que Por intrigas y motines había llegado á se Jlama 1anatismo, que Dios a~í lo deseaba, Juan de Leyden fué nombrado rey y sor dominador de Munster el profeta de los anabaptistas, Mathias. Cuando se 'disponía ciilóla corona que tanto ambicionaba. La á extender su dominacion por medio de expompa y rég·ia magnificencia qne desplegó, pediciones arriesgadas, fué una noche comal se avenían con aquellos principios co· g·ido por las tropas del obispo .de aquella munistas que tan alto proclamaba el anaciudad, que mutilaron sus miembros. baptismo. Pocos reyes han sido más adoEntonces se apoderó del mando Juan de radores del oro y las piedras y las telas ricas y vistosas, y los festines expléndidos y Leyden, hombre aun en la flor de su juventud, de carácter ambicioso, sagáz y el sibaritismo en todo su refinamiento, coenérgico, y que en el retiro, y consagrado mo aquel hombre bello, poético, jóven, libertino, que por una abel'l'acion de esas á las contemplaciones místicas, habia lo frecuentes en la humana historia, era tan Dios grado aparecer como un inspiraJo de de una secta que buscaba representante el á los ojos de aquellos fanáticos sectarios, ejemplos evangélicos el humildes los en quienes le dieron el pouer supremo consiigualdad y comuperfecta la de principio para derándole el predestinado por el cielo hombres. los de nidatl la empt·esn en que se hallaban empeilados. Juan de Leyden, rey, profeta, pontífice Juan U.e Ley den que, á sus brillantes cau'díllo, y hasta verdugo, pues él sumo, cunlidadüs de inteligencia, valor y hasta cumplió algunas ejecuciones, ofrece mismo sin ele hermosura, reunía la de afortunado, la cual todo es de poco valer en ei mundo, nna figut·a digna de est11dio y meditacion rechazó varios ·asaltos de las tropas del á cuantos p1·econizan la excelencia de cierobi::~po Walcleck, que se vió obligado á le. tos pl'incipios, olvidando que las dictaduvantar el sitio, y dió gran impulso y preras son el término de libertades que no lleponderancia á la causa de los anabaptistas. van el legítimo sello de la justicia y el ideal del derecho. Necesitaba Juan de Leyden afianzar su Las tropas del obispo estrechaban el si poder político, poco fit·me entonces, pues de la ciudad, y la destruccion de los tio fal se basaba en un prestigio que podría tar; y á este efecto, haciendo creer que Dios anabaptistas de Holanda, á quienes fracase lo inspiraba, nombró doce jueces para só una vasta conspiracion en Amsterdam, que le ayudasen en el gobierno de la nuedejó á los de .Munster en la más apurada va Sion, como le llamaban. situacion . .Mientras la ciudad perecia de Como todo usurpador, Juan sen tia el hambre, Juan nadaba en la opulencia y aguijon devorador de una ambicion crese entregaba á. todos los excesos ele sus ciente, y su gobierno era una série de tiplaceres, de sus tiranias, y ::;obre todo de ranias odiosas, siendo una de ellas la de essus crueldades. Merece citarse la terrible tablecer la poligamia, sin mas objeto que venganza que ejerció sobre su esposa, la satisfacer su desenfrenada pasion por las viuda de Mathias, por el solo delito de mujere::>, de las que llegó á tener diez y haberse compadecido de los miseros habisiete. Este ejemplo causó grandes escántantes que pereciandehambre .lndigna~ ©>--·

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Los Conocimien ios útiles. ? por aquellos piadosos sentimientos, hizo d.urante dos añcs, 1534 y 153:5. Al morir presentarse á su esposa ante la plaza, la acusó de supuestos crímenes, y él mismo con la espada hizo rodar por el suelo la cabeza de aquella infeliz y llilrmosa mujer. Al cabo la ciudad fué asaltada y saqueada por las tropas del obispo; Juan fué hecho prisionero, y despues de humillaciones y tormentos que no domaron su a1'1~o· gancia, fué ajusticiado en aquella misma plaza donde hauia levantado su trono y donde habia ejercitlo tan omnímodo poder

contaba solo veintiseis alios. Con Juan de Leyden termina la importancia de la secta anabaptista, que, planteando cuasi todas las doctrinas que constituyen el dogma comunista, probó que sus disolventes principios solo consiguen momentáneos triunfos, solo producen cataclismos y desgracias , pasando rápidamente como meteoros por el campo de la _historia, dejando solo la ¡·uina como huella d~ su paso pot·la sociedad. (Se cont,inuará)

Josli

ALCALÁ. GALIANO.

CONOCll\UENTOS DE lNDUSTHlA. El gusano de seda y la sericultura. l. A tres 6 cuatro mil leguas de nosotros, en el fondo del Asia, existen un árbol y una oruga. El árbol produce solamente anchas y verdes hojas, de las cuales la oruga se alimenta, y entrambos sin aparente importancia son origen de cierto producto que las naciones todas log¡·aron progresivamente explotar, dotando al comercio cou su adquisicion de un objeto de cambio altamente apreciado del mundo entero. El árbol á que nos referimos es la morera; la orug·a el gusano de seda, y su producto el que nos revela este nombre. Hacer sencillamente la descripcion del organismo, desarrollo y actividad de un insecto cuya importancia es tan grande en la industria, y examinar esta en la parte que concierne á las diferentes aplicaciones de aquel producto, hé aquí el fin que nos proponemos por considerarlo como uno de los que más excitan siempre la pública curiosid.D.d.

II.

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El g·usano de seda, 'Bombya; mori, del

género de los lepirlópteros, es simplemente una oruga de tnmaiío algo mayor que las que habitualmente vemos en los át•bo les frutales: como todas las de sn especie se trasforma en crisalida y despues en mariposa. Su cuerpo, largo y casi cilindrico, se halla dotad{) de una piel lisa dividida por varios anillos, ent1·e Jos que se observan unos puntos negros 6 estigmas, orificios po1· donde penetra el aire al interior produciendo la respiracion. Su cabeza la forman dos cuerpos duros y escamosos, que son los ojos, sumamente grandes, y en la parte inferior está provista de dos quijadas qne obran en sentido lateral, al contrario que en el hombre, y en la mayoria ue los animales que lo vel'ifican de arriba ú abajo. La boca presenta en el labio de debajo una vejiguilla 6 agujerillo por donde expele el hilo de seda con el que forma el capullo. Completan el sistema exterior diez pares de patas; cinco delante, escamosas, que son las cubiertas de las que luego tendrá la mariposa, y otras diez detrás, estas últimas destinadas á desaparecer más tarde. Respecto al interior del cuerpo, su extructura consiste primeramente en el tubo ~

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digestivo, que se extiende desde el exófago hasta un grao saco cilíndrico qtÍe es el es· tómago; sigue despues un pequeño intestino, y á los lados están el hígado y los rii'íones. El órgano que produce la seda se halla con tenido al estado líquido en dos vasos muy delgados que, partiendo de la cabeza donde se hallan reunidos, se extienden por el interior del cuerpo y concluyen hácia su dorso despues de algunas sinuosidades. Su color es blanco, amarillo ó vet•doso, seg·un la naturaleza dellíq uido que contienen, el que, al pasar por el orificio del labio, se seca al contacto del aire y forma el precioso filamento que constituye la seda. El sistema nervioso, colocado bajo el tubo digestivo, es en los insectos como en todos lo~ demás animales , de la mayor im· portancia, pot· ser el que anima los órganos é imprime movimiento á los músculos, atribuyéndoles la propiedad de contt·aerse y dilatarse. Pues bien, en el gusano de seda el sistema muscular se halla tan pro· dig iosamente desarrollado, que excede en supet·ioridad al del hombre en cuanto á la multiplicidad de los órganos, supuesto que contándose en este 529 músculos, el insecto en cuestion tiene· 1.647, ó sean 1.118 más, sin incluir los de las patas y la cabeza. La sangt·e en nosotros, y en casi todos ' eleslos animales, circula por las arterías de el cora~oo á todo el cuerpo, y vuelve pot· las venas al mismo sitio. En el gusano de seJa no es así; la sangre repartida por f 1 cuerpo baña en todos sentidos los órg·anos, y el aire, introducido como ya digimos por las estigmas que rodean el cuerpo en rela.cion á un sistema de canales ramificados que lo atraviesan en todas direcciones, penetra por ellos, llevando á la sangt·e el elemento vital de su existenci:t. II~.

Á

Examinado este insecto en su organismo, sigámosle paso á-paso en las diversas fases de su desarrollo. El gusano de seda pt·ocede de un huevecillo muy pequeño, primero blanco ceniciento, despues ama-

rillo blanquizco y por último de un color moreno más ó ménos pronunciado, que el aire le comunica: estos huevos constituyen lo que se llama simiente ile gusanos ile seda, cuya incubacion se obtiene á la primavera siguiente, ya por medio del calor natural, ó bien á favor de una temperatura artificial. Cuando sale el insecto del cascaroncillo, es de un color ceniciento y algunas veces rojo oscuro casi negro: su longitud es tan diminuta que apenas lleg·a á la de millmetro y medio. Admil'a, sin embat·go, el aumento de volúmen que progTesivamente adquiere hasta llegar al completo de su desarrollo. El hombre ya formado pesa unas cuarenta veces más que el niño recien nacido, mientt·as que el gusano de seda en su mayor crecimiento pesa 72.000 veces más que al salir del huevo. Para adquirit· en breve tiempo tal volú· men, se apresura desde que nace á nutrirse, comiendo vorazmente y durmiendo largas horas. Al cabo de algunos días el apetito cesa y el gusanillo queda como aletargado y sumido en una especie de sopor, por espacio de 24 á 48 horas, segun la temperatura. Entretanto su piel se re seca y arruga, ábrese luego por detrás de la cabeza á todo lo largo del cuerpo, y el insecto revive entonces, cubierto de una nueva envoltut·a que hubo de brotarle por debajo de la antigua. La duracion de estas mudas es más 6 ménos lat·ga , seg·un la prisa que se dá en comer y en aumentar por consiguiente de volúmen. Para obtener con má~ facilidad el desprendimiento de su piel, se sujeta por detrás al 'sitio que ocupa, con una seda que al efecto segrega, y empujando el cuet·po hácia adelante logra poco á poco salir de entre los pliegues de aquella:Por lo general todas las orugas s·ufren esta crisis, que se designa con el nombre de 'muda; pero á la de los gusanos de seda se la llama enfermedad, por ser en efecto un período en el que sucumben muchas veces si su constitucion no es sana. Cuatro veces experimenta este cambio, con la circunstancia siempre de perder la viveza y el apetito al acercarse la crisis, y de recobrar toda su vitalidad al resolverse esta.

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~---------------------------------------------------------~~ Los Conocimientos útiles.

Verificadas estas cuatro trasformaciones, el insecto deja de comer, provisto ya suficientemente del precioso líquido . Obsét·vasele entonces inquieto y vacilante, como buscando un sitio á propósito donde fijMse y llevar á cabo la rara mision á que stl IH'lturaleza excepcional le impele. Al ser notados estos síntomas es cuando cor responde al sericultor construirle con ramas de álamo ó de brezo una cuna ó vivienda en que posarlo cómodamente. Una vez asi instalado, el insecto se repliega hácia atrás, y muy pronto, por el or·ificio ya citado des u lábio inferior, se vé aparecer un impet·ceptible hilo de seda que, dirigido primero á un lado y otro, al parecer sin dit·eccion marcada, va formando como una especie de cordaje destinado á. fijar el capullo, objeto esencial de sus afanes. Más tat·de el trabajo se regulariza, y la forma ovalada del tejido empieza á dibujarse en derredor del hábil obrero. Pasan algunas horas más y aun se le percibe trabajando al través de la gasa traspat·ente cuyo espesor, á medida que aumenta, poco á poco va ocultando al tejedot· infatigable. Despues, la misteriosa urdimbre se hincha y endurece ; hácese opaca en tales términos , que ni al través de la claridad se trasluce , y el gusano por fio desaparece á la vista más perspicaz. El trabajo, no obstante , continúa al interior, y la duracion de la obra puede calcularse en 72 horas. El capullo asi terminado está por dentro liso y llano, y la seda que forma su envoltura presenta varias capas sobrepuestas, cuyo número suele ser de seis, segun el vigor de que esté dotada la oruga ; fór manse de un hilo enrollado en la dit·eccion de dentro á afuera; su longitud es tal que excede al ménos de 1.500 metros : su delgadez la demuestra el que reunidas ochenta hebras apenas forman el grueso de un milímetro, y su peso es tan escaso que 3.750 metros equivalen á un gramo , pudiéndose calcular que un kilógramo de peso representa 700 leguas de hilo de seda. El gusano teje su capullo ejecutando movimientos en todas direcciones con la 1 cabeza y el cnorpo apoyado en la parte {ft -

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posterior. A favor de aquellos enrolla simétricamente la hebra continua que á la vez segrega de su labio, siendo verdadera· mente pasmoso el número de movimientos que realiza hasta dejar el capullo duro y tupido como una pelota. La distancia que recorre en carla uno de aquellos se Clllcula en cinco milí:netros; de formn que, para tejer los 1.500 metros de longitud que tie· ne la hebra en las 72 horas que damos de duracion al trabnjo, ejecuta 300.000 movimientos en 24 hot·as, ó sean 4.166 pqr b ora y 69 por minuto, actividad que excede á la del más activo tejedot•, y que pone de relieve la robusta organizacion de este insecto, su resistencia inaudita en la realizacion sin cansancio de un trabajo menótorro, y su perseverancia, en fin, hasta eoronar la obra.

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IV. De_ntrodelcapullo así formado, una mera trasformacion experimenta el gusano, que principia, como en las anteriores, por el sopor y la inaccion, y concluye por otr a muda que lo convier te al estado de crisalida; su aspecto entonces se asemeja al de una haba de color de ceniza; el cuerpo es agarrotado, sin apariencia de cabeza nipatas; una masa informe más bien, cuya vitalidad apenas se revela. por algunos roo vimientos al exterior. Al través, no obstan te, de tan abyecto estado, una completa revolucion se efectúa en los órganos y en los tegidos de aquel sér deforme . La crisis se opera radical y violenta; ábrese la piel, cayendo á un lado y otro, y entónccs se nos muestra una nueva maravilla que admirar en aquel extraño sér. La materia inet·te y ciegá, la crisalida informe se ha trasformado en alada mariposa que, rompiendo impaciente su estrecha cárcel á favor de un líquido disolvente de la serla que derrama, se lanza revoloteando al exterior, en busca de una compañera en que depositar su sávia. La mariposa se compone de tres partes principales, que son : la cabeza, la capilla y el vientre. La cabeza tiene dos antenas con barbillas á cada lado, dispuestas como

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Los Conocimientos útiles.

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CRÓNICA.

cion de la produccion para el antiguo es incalculable. MEDIO SENCI~LO DE COMPROBAR LA MUERTE DE UNA

PEnsONA.-Se ha propuesto en Francia un pre~ mio de 20.000 francos para el qlte proponga un medio práctico y sencillo po1· medio del cual se pueda, aun en la más pob1·e nluea, reconocer con toda certidumbre la muerte real. Con este motivo, uo médico ha presentado el método que él emplea desde hace cuarenta años, y es como sigue: Si se coloca la mano de una persona con los dedos bitm unidos, á cuatro 6 cinco centímetros de una lámpara 6 de una bujía, la mano parece trasparente, de un color rosado; se vé la circulacion capilar y la vida en plena actividad. Por el contrario, si con las mismas condiciones se coloca la mano de una persona muerta, no se observa nwguno de los fenómenos precedentes : es una especie de mano de piedra, sin circulacion, sin vida. Este medio de verificar las defunciones, dice su auto1· que no se ha presentado hasta ahora por nadie y satisface á las condiciones pedidas. Exl'EntE\'\CIA cun!OSA.-Pura que se vea hasta dónde llega en otras naciones el deseo de observar, de es-tudiar y descubrir hasta los más di fíciles y al parecer poco importantes de los fenómenos de la naturaleza, un físico francés se ha dedicado á estudiar experimentalmente el movimiento de las alas de los insactos, determinando el número de g olpes del ala que durante el vuelo dan en un segundo diferentes clases de estos animales, y la forma del movimiento del ala, 6 sea. la curva. que describen sus puntos. Para lo primero, el experimentador coge al insecto con unas pinzas delicadas por la parte posterior del abdómen y coloca una de las alas

fUNDAC IÓN JUANELO TURRIANO


~~2--8-----------------~--o-s__C__o_n_o.__c_i-~--in_v_n_L_o_s__ú_t_i_le--s-.·------------------~~ los dientes de un peine. La capilla es la parte intermedia ent1·e la cabeza y el vien· tt·e, compuesta de piezas de escama bastante fuertes. De los estigmas para respirar que conserva. están prendidas seis patillas, habiendo desaparecido las demás; presen~ ta además cuatro alas, dos supel'iores y dos inferiot·es, cubiertas de escamillas blanqnizcas. El vientre se compone de anillos, tambien con estigmas, y en el extremo posterior de este aparato están colocados los órganos de la generacion, que hu·bo de adquirir en el pei'Íodo que sigue á la for macion de la crisalida, supuesto que el gu· sano es neutro . En las mariposas ~1 macho es más pe· queño que la hembra : el vientre de esta es más abultado, siendo sus movimientos ta1·uos y perezosos, al revés del macho, do· tado de una gmn vivacidad. Durante su breve existencia no usan de alimento alguno, y solo gozan de su estado de perfec· cion para reproducir su especie. Apenas salen del capullo baten las alas con gran rapidez, y !!e juntan los dos sexos repetida· mente, miéntras que la hembra va casi al mismo tiempo depositando sus huevecillos, en número hasta de quinientos. Concluida esta operacion mueren ambos, precedida la hembra por el macho. ¡ Aumü·able mision la del gusano de seda! Desarrollarse, construir un capullo, procrear y morir . En tanto que no da cima á su ta1·ea1 su actividad no cesa; terminada aquella, pet•petúa su raza y muere sin lograr siquiera ser madre, presintiendo tan solo á sus hijuelos al través de aquellos huevecillos que con tanta profusion deposita.

V. Los gusanos cle~seda están sujetos á varias enfermedades, de las cuales la principal es la moscar•l ina, bajo la cual se tuer· ce, se encoge , toma un tinte rojo y acaba por cubrit·se de un enmohecimiento blancuzco, que es un criptógramo microscópi· co, cuyo gérmcn se desarrolla en el cuerpo de l insecto en una porcion de ramificaciones que no tardan en hacerlo perecer . El mejor pt·oced4miento para atajar los progre~os <le tan horrible enfermedad es el propuesto pot· Guerin-Meneville y E. Robert, que con:;istc en evaporar esencia de trementinaen el local que ocupan y en el que se halla la simiente. El alimento del gusano de seda, como lo indica su nombre de Bombya; 11wri , es el de la hoja del g¡jnero morera en sus di ver · sas especies; de estas la que produce seda más fina y nerviosa es la del ?JWI'1M nigra, ::;i bien la del 'l1W'l'US aloa es más nutritiva. Se ha pt·ocurado tambien alimentarlos con otros vegetales que supliet·an á la morera cuanuo las heladas tardías suspenden su vegetacion, aun cuando no se haya logra: do reemplazat•la de un modo permanente. Hemos pt•ocurado analizar la extructura y recorrer las di versas trasformaciones por que pasa el industrioso insecto cuya descripcion nos propusimos, y réstanos solamente tratar de la industria que bajo et nombre de 8e'l·ic1J,lt1vra atiende á la cria y desarrollo del gusano, objeto á que nos ceñiremos en el próximo articulo, recorriendo de paso la historia de las aplicaciones y aclimatacion de este apreciado producto. E.

SANTOYO.

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