Page 1

I

Los cinco libros De la Cuarta Parte que mandó escribir y demostrar el Católico Rey don Felipe Segundo a su Ingeniero Mayor Juanelo. Y los consagra a su Majestad Católica por mano de su mayordomo Juan Gómez de Mora.

TOMO CUARTO El Libro Catorce trata de las Barcas que suben en lugar de Puentes para pasar los ríos y de otras puentes. El Libro Quince trata de las puentes de sólo madera. El Libro Diez y Seis trata de las maderas y de piedras y cuándo se cortan, y cómo se arrancan las piedras, y cómo se hace la calcina y el yeso y los ladrillos de diversas maneras. El Libro Diez y Siete trata de las piedras en universal y en qué tiempo se deben arrancar en la cantera y en qué sazón y tiempo se deben poner en obra, y cuáles son más fáciles de quebrar y cuáles más durables en la obra. El Libro Diez y Ocho trata de cómo se han de hacer las pilas de las puentes de piedra en diversas maneras.

FUNDACIÓN JUANELO TURRIANO


- •

; :

-


LIBRO CATORCE Libro de las barcas que sirven en lugar de puente para pasar los ríos, y de puentes

L

a necesidad humana ha buscado ocasión a los hombres de buscar remedio para pasar los ríos y el remedio que han hallado para ello para tales necesidades. De modo que han hallado los ríos de una muy extremada anchura y de un muy profundo hondor de agua, de modo que no dan lugar estos tales ríos o aguas a poderlos vadear. Y el haber de edificar en ellos puentes es cosa de muy grandísimo gasto, de modo que la necesidad ha buscado para poder pasar por encima de ellos. De modo que han buscado orden para pasar y han inventado unas puentes que son movibles para poder pasar. Que es con una barca, la cual camina por una maroma gruesa o sirga y está firmada a las dos partes del río. Y con esta invención han remediado sus necesidades y con poco gasto.

Es verdad que necesariamente conviene que haya una persona ordinaria para regir y gobernar. Esta puente movible o barca es la invención. Débense poner las barcas en lugares cómodos y, por el pasar, débese poner en lugar que el agua vaya recogida y que tenga en aquella parte mucha hondura y muy buenas orillas el río para poder entrar y salir de la barca cómodamente. Y la barca A es la de la sirga de las dos partes del río. Ufol. 204r] Hay otra invención de barca, la cual es muy diferente de la barca que hemos dicho arriba. Y cuando los ríos son de una demasiada anchura que las sirgas no puedan servir, no por causa de la anchura, porque siempre se podría hacer de tal modo la sirga que llegase de una parte a la otra, mas no es ése el inconveniente que hay en esto, por causa que la sirga ella no se puede levantar tan alta, ni menos el estirarla. De tal modo que cuando es en el medio del río, entonces toca dentro del río y por esta causa no puede servir. Porque, a veces, toca ramas de cien pasos dentro del agua, de modo que ha sido menester buscar otra invención para poder pasar estos tales ríos. De tal arte que han inventado, tomadas las sirgas, y hanlas puesto al contrario, como las más suelen y [Atraviesan los ríos. Estos han hecho al contrario, que han puesto la sirga a lo largo del río y con esta invención y artificio han ha[435]


T O M O III

liado su intento y han remediado su necesidad. El modo como le han acomodado, en esta manera: que han hincado en el medio del río una muy grande piedra, la cual es muy grandísima y en ella asido un pedazo de cadena. Y aquella cadena sobrepuja el agua, y han asido a la cadena la sirga. Y porque se conserve la sirga, que no ande dentro de la agua, hanle puesto unos barquillos que la sustentan encima de unas horquillas de madera, que están afijadas en los mismos barquillos. Y de estos barquillos hay tres o cuatro, y éstos tienen suspendida la sirga y los barquillos son muy [//o/. 205r\ simples, los cuales barquillos no sirven para más de sustentar la sirga, que no toque en el agua. Y han puesto cuatro o cinco o más barquillos, y la sirga ha de ser muy más larga de lo que es el medio del río. La cual sirga sirve para de una parte a la otra del río y suelen hincar un muy largo madero dentro, en el medio del río. Y cuando por causa del muy grande hondor no se puede hincar, entonces toman un grandísimo peso, el cual vaya al suelo. Y en este peso han asido una cadena, como arriba hemos dicho, tan larga que baste a salir encima del agua unas dos brazas de medir. Y en esa cadena han asido la sirga y la han puesto encima de los barquillos, como hemos dicho. Por donde no se gasta la sirga, ni aún es menester tanta, como en las barcas que la tienen [Atravesada de la una parte a la otra del río. Y esta invención es de este modo: donde hay la A, está asida la sirga, y los barquillos muy bien asidos a la sirga, así de popa como de proa. Y esto se hace por lo que hemos dicho, que no se moje la sirga dentro del agua y que no se vaya rozando. Y con esta invención han remediado sus necesidades y, aún, tiene más esta invención. Que nadie le puede cortar la sirga, ni menos hacerle pasar a fuerza, pues está asida en el medio del río, que desviándose un poco de la orilla la barca, no hay temor de ninguno que le haga daño, ni a él, ni a la barca, ni a la sirga. De modo que esta invención es una cosa mucho más segura que no es las otras maneras de barcas. Donde es asida la sirga es A. Los barquillos es B B B. La sirga es C. La barca es B y su cubierta es D. Ufol. 205v] Donde está asida la sirga a la barca es la G. Las entradas de la barca es H I. (Figura 277) Esta barca había de estar ante[í] de la barca que tiene los barquillos y ha sido por descuido. De modo que el poner de las barcas en esta obra, ha sido por ser ellas unas Ufol. 206r] puentes movibles, hechas al revés de las otras puentes de madera y de piedra, que aquéllas están fijas en un lugar y los que pasan por ellas, conviene que anden. En éstas es todo al contrario, que estas puentes se mueven y los que pasan en ellas no andan, están quedos. De modo que las unas y las otras sirven para un mismo efecto, aunque diferentes en forma y en el ejercicio de ellas. Las barcas están siempre debajo de protección de tutores que los rija y gobierne. Lo cual todas las puentes son fuera de tutores, porque ellas son de mayor edad y de este modo se conservan los unos y los otros. La invención de la barca con los barquillos es en el Po, en Italia, cerca de Mantua. De modo que no contentos de las invenciones de las barcas, mas han hallado otras de más expediente, aunque de mayor gasto. De modo que han hecho otra manera de puente, la cual es hecha con barcas. La cual pasa de una parte a la otra del río. Y también, ésta es puente movible, por causa que, como crece el río, se levanta y, cuando el agua mengua, abaja. Esta puente no tiene necesidad de ninguno que la rija o gobierne, de modo que así como es ancho o estrecho el río, así se le ponen las barcas, que si es muy ancho el río, pénensele muchas [436]


Libro Catorce

barcas en junto. La cual puente tiene ocho, diez, doce, según es el anchor del río. Y después de tener la anchura, así van compartiendo las barcas y el patio que queda entre una barca y la otra. Y ver si las maderas pueden alcanzar y, si alcanzan, no van duplicando más; mas no alcanzando, toman maderos [ / f o l . 206v] y se [Atraviesan a cada barca cuatro. Y que avance afuera de la barca todo lo que puede avanzar igualmente, como parece por los maderos encima de aquellos otros dos juntos a cada parte de la barca. Y hecho esto se ponen otros maderos al travieso del río, como aquí los dibujaremos. ¿Cómo conviene que ellas estén las barcas? Conviene que tengan muy levantados los costados encima de las barcas, armados con unos tablones gruesos por donde han de firmar los maderos encima de los barcos. La barca es A. Los maderos que suben como las costillas es D. Los tablones enclavados en los maderos D, son los que tienen la C. Y el entablado de la puente es E. (Figura 278) [4371

FUNDACIÓN JUANELO TURRIANO


TOMO

IV -

Las cuales barcas van Ufol. 207r] muy bien enclavijadas las unas con las otras y que puedan jugar, cuando pasan carros cargados. Débense poner las barcas tan apartadas, cuanto fuere posible, la una de la otra, por causa de algunas cosas que suelen traer el río. Y también, que pueda [ « ] pasar algunos barcos debajo de esta puente, y a las dos partes se le debe hacer dos entradas, las cuales estén muy acomodadas para entrar a la puente. Y si se hiciere esta puente donde el río viene a menguar, débese hacer dos pilas, a causa qua las barcas no queden en seco. Y por esta causa, se debe tener esta advertencia de poner esta puente en lugar cómodo para el entrar y salir de ella. Y en lugar que el agua tenga siempre llenas las ribas, a causa que menguando el agua, no quede parte de las barcas en seco, por causa del gastarse las barcas por no les tocar agua. Las barcas que intervienen, no son muy grandes, aunque se tiene cuenta, según la grandeza del río, en el hacer de estas barcas. De modo que con esta invención han hecho una puente muy cómoda para toda cosa, así para pasar peones, como carros, gentes de a caballo. De modo que la firmeza de esta puente es que esté[«] muy firmes las barcas y muy bien asidas con sus maromas o cadenas, que las tengan muy bien firmes, así en el medio del río, como a los costados. Conviene que estas maromas o cadenas vayan cruzando, que las barcas que están a mano derecha, que estén asidas a mano izquierda, y las de mano Ufol. 207v] izquierda van asidas a mano derecha. Y de este modo se tiene firme esta puente. Ella se hace con sus antepechos a las dos partes y, más de todo esto, que todos los maderos que van para el suelo de la puente, conviene que vayan asidos con sus clavijas de hierro, los unos con los otros. Que jueguen los unos con los otros, como va señalado A y C, con sus clavijas de hierro con sus cavetas, (Figura 279) en la manera que van aquí señalados. Que donde es la A y B, va puesta una clavija de hierro con su chaveta, a causa que no salga de su lugar. Y lo mismo es en C D, que hay otra. Y así van procediendo, de mano en mano, hasta el cabo todos los maderos. De modo que, cuando las crecidas vienen, suélese hacer dividir la puente en dos partes que vaya [a] arrimarse a la orilla del río, hasta tanto que haya pasado la corriente o la [438]


Libro Catorce

Figura

279.

Conviene señalar las barcas.

crecida, se vuelve a tornar a juntar y tórnase a enclavijar, como de primero. Y así es hecha una puente, que por ella puede Ufol. 208r] pasar cualquier cosa1. Y así se ha remediado el poder pasar por encima de los ríos y estas invenciones de puentes es (en blanco). El asir de las cuerdas a las dos partes del río, conviene que ellas sean asidas, de tal modo que las cuerdas o cadenas conviene que ellas sean muy largas, a causa que cuanto más vienen derechas, tanto más fuerza tienen y cuanto más [<2] travesadas van, tanto menos fuerza tienen y cuanto más [Atravesadas van, como se puede ver. (Figura 280) Figura

La gran diferencia que hay de las cuerdas de las barcas M M, que sus cadenas son A B y asen en D E, y cruzan en C. Las cuales cadenas vienen muy de travieso, que hacen ángulo obtuso a las dos partes. Los otros dos hacen acutos, como la figura lo demuestra. Las barcas O O, las cuales tienen sus cadenas F G I K y cruzan en H, y están asidas en las barcas I K, Ufol. 208v] las cuales hacen cuatro ángulos rectos 2 , tienen muy mayor fuerza que no tienen los dos acutos y dos obtusos cuanto en esto. Y de aquí se puede comprender, que cuanto más va derecha la cuerda o cadena que va más a su natural, que estando de travieso tiene menos fuerza. Y de 1 2

Tachado: por Tachado: las

ella. cuales.

[439]

280.


TOMO

IV

esto tenemos el ejemplo en la mano, que cuanto más está derecha la cosa que tiene mucha más fuerza. Y esto se puede ver. Póngase una cosa que cargue a peso para que sustente algún peso, que le tendrá sin doblegarse y pongan la misma cosa decantada, no le puede tener sin dejar de doblegarse y debajo del peso. Esto se ve muy manifiestamente. Y esto se ha de entender de cosa que se pueda doblegar, como es un madero. Hay otras maneras de puentes, las cuales son hechas en diversas maneras. Las cuales no3 sirven4 para peso ordinario, mas estas puentes sirven totalmente para pasar ejércitos de presto, que no para otro efecto. Porque estas puentes se pueden llevar en carros, que dentro de un día son armadas para poder pasar de presto el ejército, por no ser sentido del enemigo. Esta puente de que hablamos, es para sólo pasar gente de pie. Y estas puentes tienen más conveniencia con las barcas que con las puentes, por ser ellas cosas movibles. De modo que conviene tomar unos tablones que sean de grueso un jeme y tan largos cuanto es el madero. Los cuales tablones se agujeran por testa, en la manera que [/fol. 209r] aquí los señalaremos. Y vanse ajuntando los unos con los otros, de modo que es a modo de una cadena que es de una pieza y se doblega toda junta, como por la figura se puede ver. En el cabo A se enclavija. (Figura 281)

Esta puente, como hemos dicho, que es para pasar ejército. Y hácense piezas por causa que se puedan llevar con carros, marchando un ejército. Y de estas piezas se ponen juntas dos, tres a la par. Se juntan y se enclavijan con muy buenas clavijas de hierro, con sus chavetas. Y así se van armando de pieza en pieza, y 3

Interlineado: no.

4

Tachado: sirven.

[440]

FUNDACIÓN JUANELO TURRIANO


Libro Catorce

para armar esta puente no es menester barcos, que con solas mismas piezas se pueden armar. Que con unas cuerdas que la vaya deteniendo, conviene firmar muy bien la primera pieza, asegurarla que esté muy firme y, también, [/fol. 209v] hincar algunas estacas con mazo, hasta tanto que el río tenga mucha hondura, que no se puede más hincar. Y cuando serán en el medio del río, conviene hacer pasar uno con una cuerda, para que ayude a detener que el agua con el furor no la mueva, la que está asentada, y así ir procediendo, de mano en mano, hasta tenerla a la otra orilla del río. Y cuando fuese mucho el ejército, convendrá poner dos o tres de estos tablones a la par, para que sea muy más ancha de lo que es una pieza sola. De modo que con esta invención pasan los capitanes diestros en la milicia sus ejércitos los grandes ríos, entendiendo que si pasa por tierra de enemigos, que lo primero que se hace es poner gente a los pasos. Y con esta astucia de hacer estas puentes pasan los ejércitos sin ser sentidos adonde van. De modo que sin se mojar punto, se puede armar esta puente, como por la figura se puede comprender. Y por no haber de poner cuerdas, se pueden hincar unas estacas, como van señaladas en la puente R S, para que tengan firme y segura la puente, que el agua no le haga fuerza. En especial, cuando ella estuviese cargada de soldados, mucho más se zahunde y entonces r e s i s t e mucho más la agua en la puente, que no hace cuando está sin peso encima, está más fuera del agua y así hace menos fuerza la agua en ella. Ufol. 210r] (Figura 282) Ésta es casi la misma invención, excepto que ésta juega con aquellos hierros, que es el gancho B, juega en aquella anilla C. Y de este modo se arma más presto esta puente que no hace la pasada, aunque mucho más presto, por causa del encajarse aquellos cabos los unos con los otros, como se puede ver. Es verdad que no hay en ésta que buscar clavija, ni tener cuenta de guardar ningunas cosas, mas de sólo la M y la O, que todo lo demás va todo junto. Porque las piezas P Q, que la A B son de hierro en todas las piezas, van juntas. Y cuando el puente será armada, convendrá cubrirla de tablas o de fajos de caña cuando no se hallase tablas, y irlos cubriendo de tierra y así se pasará muy maravillosamente y con mucha facilidad. Hay otras infinitas maneras de puentes para este [/fol. 210v] mismo efecto, de poderla llevar en un ejército para pasar ríos. Las cuales cosas son infinitísimas, como son cubas o pipas hechas de madera, las cuales sirven para el mismo

[441]


TOMO

IV

efecto. Tómanse pipas y se atan una con otra, y ponerlas encima de unos maderos asentadas, los cuales están asidos los dos juntos. Y pónense las cubas por concierto y se le pone unos maderos hincados de punta, dentro de los dos que están dentro del agua, y encima se le ponen tablas a concierto. Y después, pénese unos otros maderos de largo y encima se le ponen tablas a concierto, y así se pasa con mucha presteza. Así como unos van armando, otros van poniendo lo que falta y así se va acabando con muy grandísima presteza estas puentes. Esta manera de puente se debe y puede armar toda junta a la orilla del río. Y después de ser armada, puédese, entonces, tomar unas cuerdas y irla trayendo, poco a poco, hasta la orilla del río de la otra parte. (Figura 283) Figura

283.

Ufol. 21 Ir] Débese firmar esta puente a la orilla muy firmemente. Las cubas A B y así se van poniendo, de mano en mano, y poniéndolas encima de los maderos F G. Y puestas aquellas clavijas H, para tener las cubas y encima de ellas los maderos C D. Y después, entablarle con tablas, que es la E, y así habrán acabado de hacer esta máquina. Y para hacer esta puente, conviene medir toda la anchura del río para saber cuantos maderos habrán de menester para hacer este puente. Aunque no se le ponga a las cubas maderos por debajo, no es inconveniente, con tal que las cubas estén ligadas con los maderos que llevan por encima. Ésta es maravillosa máquina para pasar artillería y otras cosas, como gente de a caballo. Y así tendráse muy excelente paso y, si fuere menester, se doblarían las cubas para hacer más ancho el puente por pasar más de presto un ejército. Hay otro modo de puente que se puede hacer con odres. La cual máquina es una cosa muy ligera para llevar camino, porque los odres son cosa que ocupa muy poco lugar, después de ser deshinchados. Y que es menester madera, como en las demás puentes. Así que conviene asir los odres los unos con los maderos con correas, después de haberlos hinchado. Y estos odres conviene poner el pelo hacia fuera, por Ufol. 211v] causa que la pez les conserva, porque estando hacia afuera a la carne, se gastarían los cueros, por causa del estar en el agua, que se pudren y se gastan con mucha facilidad. Es esta puente de mucho sustentamiento para pasar cualquier peso por encima. Pónense tres órdenes de odres y juntos, como van aquí abajo dibujados. Y ellos se atan con unas correas a los maderos. El odre es A: tiene dos correas, la una B, la hebilla C y la otra correa es D y la hebilla E. Pónense de diversas [442]

FUNDACIÓN JUANELO TURRIANO


Libro Catorce

maneras, basta dar el orden de ponerlos. Ellos hanse de poner cuatro órdenes de ellos y pondránse distantes, los unos de los otros, dos varas. (Figura 284) Ufol. 212r] De modo que [con] estos odres se hacen estas puentes. En diversas cosas se pueden acomodarse encima de ellos. De modo que es cosa muy cómoda éstas para llevar, que hacen menos bulto y menos embarazo, que con do [Í] cientos cueros se pueden hacer cualquier puente. Podráse hacer puentes en diversas maneras. Puédese hacer una puente sobre unos barquillos pequeños con sólo tablas, que traviesen del uno a lo otro, como ellas sean gruesas para pasar cualquier ejército. Podráse acomodar encima de maderos una puente en este modo: que juntando tres maderos, que es A y poner otros tres a una distancia que es B, y poner otros tres que es C. (Figura 285) Y irlos poniendo, de maFigura

[4431

285.


TOMO

IV

no en mano, hasta allegar a la otra orilla. Y después, poner otros maderos encima de aquellos a una distancia cómoda, la cual es D D D, y ir procediendo, de mano en mano, que es E E E. Y afirmados los de encima con los bajos, que están en el agua muy bien. Y después, ir poniendo tablas hasta llegar [//o/. 212v] al cabo y así se habrá hecho la puente, como conviene para pasar. La anchura de esta puente será de veinte palmos o más, según el mucho ejército o poco. Así se hará la puente y otras infinitas se podrán inventar los hombres que serán de buen ingenio. Y estos maderos que van a [/o] largo del río, conviene asirlos, que estén firmes, y los que van de travieso, es menester enclavijarlos con los bajos, que es A y B y C. Y los de arriba, que han de enclavijar de costado D con E, porque tenga mayor firmeza y seguridad que las tablas G. Aunque no se enclaven todas, no es inconveniente, mas de enclavar, de trecho a trecho, una o dos.

[444]

FUNDACIÓN JUANELO TURRIANO


LIBRO QUINCE De puentes de solo madera

l modo que se ha de tener en el hacer las puentes de madera, las cuales son de muy grandísimo cómodo donde ellas se hacen y a s i e n t a [ » ] . Las cuales son a modo de calles hechas, las cuales sirven, así las de piedra como las de madera, como las de piedra sirven, para un mismo efecto. Mas son muy diferentes en el artificio de ellas, así en la materia como en la forma.

E

La puente es una parte y muy principalísima de cualquier ciudad o villa. En el hacer de las puentes, conviene tener muy grandísimo miramiento en elegir el lugar donde se ha de hacer la puente, porque conviene hacerle en lugar que sea muy cómodo a todos, cuando es en una ciudad. Y por lo mismo, si se hiciese en el campo, conviene que sea cómodo a todos los convecinos [//o/. 213r] lugares que en aquel circuito están. De modo que no conviene que se haga en lugar escondido, ni menos que sea puesto en cantonada, ni dentro de algún barranco, antes se debe asentar en lugar público, que de muy aparte se pueda ver, por causa de diversos casos que pueden suceder y suceden cada día. Las puentes se deben procurar de hacerlas de tal manera que ellas se puedan acabar y no con excesivo gasto. Y que ella sea firme y duradera y casi perpetua, cuanto de sí la materia lo permita. Y débese escoger el lugar para asentar una puente, que sea ancho aquel lugar y que en aquella parte del río haya vado y que el agua vaya mansa y que tenga buen suelo para hincar los maderos. Y si caso fuese que no hubiese vado, a lo menos, que aquel lugar no sea más hondo que es aquel río, ni menos que el agua en aquel lugar tenga caída que sea muy grande, ni que tenga en aquel lugar ribas que ellas sean muy altísimas, ni que en aquella parte el río no vaya variando del camino ordinario asiento o suelo o camino. Que en aquella parte no tenga remolinos, ni que haya grandes pozos, los cuales se suelen hallar en los malos ríos, ni que haga el río en aquel lugar vueltas, ni cosas semejantes que puedan dañar a la puente, ni a las ribas. Y procurar de huir todos los revolvimientos que hacen las aguas. Y esto es por muchos respectos y causas, siendo las ribas en tal lugar que ellas estén para caer, como por huir lo que suele traer las avenidas o crecidas de los Ufol. 213v] ríos, de las bro[4451


TOMO I V

zas y árboles y troncos y otras cosas semejantes que suelen traer consigo las crecidas. En manera que se suelen embarazar estas tales cosas en los pies de las puentes, por donde no pueden pasar. Y por esta causa se van amontonando estas inmundicias y son parte para detener la agua que no pase libremente. De modo que esta puente de madera no es de ningún artificio, mas que es de primor. Que los unos maderos alcanzan y entrarán los otros, los cuales avanzaban afuera, tanto que bastó a suplir lo que faltaban los maderos de medio. Cargáronlos de tierra, de modo que el peso los sustentaba. Suelen gastar estas cosas y, aún, arruinar las puentes, así las de madera, como las de piedra, por causa que con semejantes pesos se suelen romper y ruinar los arcos y los pies de las puentes de madera. (Figura 286) Figura

286.

Ufol. 214r] Las puentes de madera son ellas muy más fáciles de hacer que no son las de piedra. Es necesario que cada una de estas puentes sean muy bien hechas firmes y muy seguras. Las puentes que se hacen de madera, conviene, como hemos dicho, que sean muy bien hechas, con mucha cantidad de madera y hacer muy buenas empalmaduras y ligazones muy maravillosas. Para haber de edificar una puente de madera, conviene tener aparejada mucha madera, así gruesa, como delgada y mucha clavazón y cercillos de hierro, cuerdas, azuches para poner a los pies que se han de hincar de la puente. Conviene t[<?«]er aparejado maza de madera para hincar los maderos, barcos para poder valerse dentro del agua, bancos para ir asentando los tirantes y antepechos y otras muchas cosas, las cuales son muy a d [ g e r e n t e s a esta materia. Y desp ués de haber hecho elección del lugar, conviene tomar lo ancho del río para saber cuán largo le viene a salir su puente, para saber ir repartiendo los trampos de la puente o tramadas y cuánto ha de haber de un pie al otro para saberla hacer con orden y concierto y medida. Y lo primero es tener muy buenos maderos para haberlos de hincar, y antes de asentar los maderos, conviene ponerlos sus azuches a la parte baja de hierro, que sean muy bien hechos con sus orejas para poderlos enclavar. Y conviene empezar a ir hincando los pies por su orden, como conviene, irlos poniendo en el (/fol. 214v] modo que se habrá determinado sobre qué forma se ha resumido de haberla de hacer. Empezaráse a hacer la demostración desde la más simple forma, hasta la más íntima que me parezca que se debe hacer. Débesele a toda puente de madera hacer su antepecho a las dos partes. (Figura 287) [446]

FUNDACIÓN JUANELO TURRIANO


Libro Quince

Figura 287. Primera manera de puente.

rtrrtíro-

mcLTuiia.

jjjuJ-wJ-Z

La puente C que es lo que está entablado de la puente, es el pie derecho que es A. Ha de ser un madero que sea grueso palmo y medio, a lo menos. Hase de hincar dentro de tierra nueve palmos, hasta diez. El madero D es el que recibe encima de sí el tirante B. Éstos no se han de empalmar por causa que el trecho no ha de ser más largo de lo que es el madero o los maderos ordinarios. Los rebotantes E Ufol. 215r] van a cada pie dos, el uno al contrario del otro, de modo que se vienen a topar en el medio del madero D. En la parte baja, débense asentar con sus represas. El antepecho de la puente ha de ser de alto cinco palmos, que es F. Los pies derechos es G, los cuales tienen a los costados unos rebotantes por mayor firmeza. Y los pies derechos G han de tener un rebotante H, el cual ayuda a detener el antepecho F, que no caiga hacia fuera. Esta puente H es harto diferente de la otra, la cual lleva más artificio de más madera, aunque me parece que tan segura es la primera, como esta segunda. Ello es cosa cierta que lleva más ligazón (.Figura 288) en los pies, que no hace aquélla pasada. Los rebotantes E, que van a la parte baja, son de mucho valor para sustentar los tres pies que van en rengle, que es A B C. Los dos maderos D que [ I f o l . 215v] los tiene a todos tres asidos con aquellos rebotantes E, que ayudan al madero F a sustentar, el cual sustenta los tirantes G, donde firman los tablones H. El cual puente ha de tener sus antepechos a las dos partes. En estas puentes de madera no se pueden asentar los pies, sin tener una muy grande maza con que se hincan los maderos dentro del suelo del río. Y esta maza la señalaremos al último de estas puentes de madera. Figura 288. Para poner delante de los pies de los puentes estos cuchillos.

fonjinei >pCetjrt< ieGuj'fnto (ti tí Cuf&ifCoT' —3

[447]


TOMO I V

Figura

320.

La puente que hizo Julio Cesar sobre el río Rin, la cua[/] describe en sus comentarios, muchos la han querido glosar, mas al fin a muy pocos la veo acertar, en especial, en la fíbula, la cual es muy dificultosa de entender. Porque unos quieren que sea una cuerda con que atan todo. Otros quieren que sea una clavija de hierro. Otros quieren que sea una ligazón de madera. La cual fíbula me parece que se entiende que ha de ser una cosa a modo de una hebilla, por hacer casi el mismo efecto que hace la hebilla en la correa. La cual es en la manera que aquí en el medio se señalare a mi intención, según me parece (Figura 289) Ufol. 216r] debe estar. Las dos piezas G han de ir siempre para arriba y las otras dos, que es I, deben siempre ir de travieso, a causa que de otra manera no serviría, que las dos piezas I son las que toman el madero C, por razón que la una pieza le tiene que no le deja abajar y la otra no le deja tampoco subir para arriba. Los dos maderos D, que están a la parte de adelante de los pies A, conviene que estén más apartados, y las dos piezas E, que van del madero D a la A, es de mucha fuerza, por razón que cuanto más empuja la agua al madero D, tanto aprieta más el pie A hacia bajo, de modo que no es posible llevar los pies A sin primero haber quitado el madero D. Los dos rebotantes que están hacia el corriente del agua a la parte de detrás, ayudan mucho; de modo que los pies todos han de ir declinados algún tanto, de cara los unos de los otros. El madero C conviene que él sea muy grueso, a lo menos dos palmos. Los maderos A han de ser de grueso palmo y medio y los dos maderos D por lo mismo. Estos han de estar muy bien hincados y conviene ponerles azuches a los cabos bajos, porque de otro modo nunca se hincarán bien, por causa que no teniendo azuches la madera, tocando en cosa dura, luego se hace estopa y cuanto más golpes le dan, tanto más se embota y menos entra. Y el azuche, cuanto menos tuviere la punta corta, tanto más se hincará en el suelo, y cuan más larga, tanto menos entra dentro de tierra. Es causa de recogerse mucha broza y que en el tiempo de las avenidas o crecidas del río, que recibirán mucho daño y, aún, irán a peligro. Yo digo que todo es al contrario, por razón que cuanto más están apartados los pies Ufol. 216v] de una puente, que es muy mejor. Y más de esta razón, que se hace que entran muy menos pies, por causa del hacerse muy más anchas las tramadas, que a lo menos son de cincuenta palmos de ancho cada tramada y a[a]n se puede hacer de sesenta y de más, según tuviera la madera. (Figura 290) [448]

FUNDACIÓN JUANELO TURRIANO


Libro Quince

Ésta es la planta de la puente precedente que es A, aunque en ella se han puesto los rebotantes H H, los cuales no sirven, haciéndola en la forma que va aquí la planta A D. Los cuales maderos A D son defensa de los esperones que sustentan la puente, que es B C, E F; que en cada uno van ocho maderos, así de punta hacia la corriente del agua, que es I L, K M. Estos maderos han de ser recios, los que sustentan los corrientes G G, H H, los cuales van ligados con aquellos pedazos de maderos N N al cabo B E y los otros dos C F, que es O O. Y éstos tienen coligados toda esta máquina en estos esperones o cuchillos de madera para Wfol. 217r] defensa del agua que no haga daño en los pies de la puente. En la forma de la puente no está puesto muchas cosas que van aquí en la planta, por no confundir el entendimiento del que estudia la materia, por causa que no se entendería cuáles piezas son de cual, y viéndole la forma, así desnuda, mejor se comprende. Los árboles que son buenos de poner en estas obras de agua para los pies de las puentes de madera, el primero es el pino silvestre, que sea verde. El roble verde es muy mejor que no seco. La haya, el álamo, el chopo, la carrasca o encina verde, el fresno, el acebuche o olivo silvestre, el vernio y todos los árboles que nacen cerca del agua. Hay muchas maderas, son muy buenas para esto, que no nacen cerca de agua, ni aman tampoco el agua, como es el espino, el roble, la encina o carrasca, el olivo, el castaño. Mas para poner en los pies de las puentes son maravillosos, por razón de ser maderas muy sólidas y unidas. (Figura 291) [/fol. 217v] Esta armadura de puente es casi del mismo modo de la antecedente, salvo que tiene ciertas piezas más que no tiene aquella puente, que tiene los rebotantes H H, porque está añadido las dos piezas F F y la pieza C, que [449]


TOMO I V

Figura

320.

m

'i

fortifica mucho toda esta máquina. De modo que no me curaré de ir contando las particularidades, pues en la puente anterior se ha tratado a lo largo eso. (Figura 292) Figura

292.

[450]

FUNDACIÓN JUANELO TURRIANO


Libro Quince

El modo de hacer una puente, la cual fuese el río muy ancho y no se hallase suelo para poder hincar los pies en el río, por causa de la grandísima hondura de la [/fol. 218r] agua y por la muy poca firmeza del suelo o, por caso, que tuviese las ribas muy hondas, que no se pudiese edificar cómodamente, o que no se pudiese acomodar paso conveniente, convendrá hacer esta invención de puente. De modo que conviene hacer a las dos partes del río dos pilas muy grandísimas y muy gruesas y muy anchas, de lo que ha de ser la puente la mitad. Y cuando se irá levantando estas dos paredes, es necesario tener aparejado unos maderos de roble, que sean harto largos. Y así como se va levantando la pared, hanse de ir asentando, como va el madero E, y a una cierta distancia que le convendrá hacer, por causa de la mucha hondura y anchura del río. Porque con la anchura se ha de tener cuenta, porque si es muy ancho, conviene que se haga muy alta, por razón de ir sacando afuera los maderos para que alcancen a lo necesario del anchura. De modo que supongamos, que el río fuese do [Í] cientos palmos de ancho y no hay modo de hacer ningún pie en el medio del río. Así que conviene usar artificio en el hacer de esta puente. Y ello es cosa dificultosa de hacer, mas al fin no hay cosa, que por dificultosa que ella sea, que el ingenio humano no deja de le allegar al cabo, aunque no sea a lo sumo de la perfección. De modo que volviendo a la materia, conviene tener medido lo ancho del río, por causa del ir avanzando hacia afuera los maderos, aunque se eslarguen 5 dos, uno ante el otro, que vendrá a ser a la una y a la otra cuarto madero de salida. Conviene que los maderos primeros, que se asientan dentro de la pared, que entren a lo menos la tercera parte [/fol. 218v] de su largura.Y los maderos G-, que suben derechos, se han de empalmar con los que salen, que es E D. Los rebotantes C conviene encajarlos, algún tanto, en los maderos que salen derechos, que es E D F. Y estos rebotantes son aquellos que sustentan todo el peso de esta puente. Hásele de añadir en el medio la pieza M, con los dos rebotantes L, con el tirante K, con el rebotante I y los dos N. Y así la ensanchará cuanto quisiere, como se vayan sacando más maderos, tanto más se irá haciendo larga la puente. Y esto baste, que con los números que hay, [se] puede comprender. Cuanto más se irá saliendo, tanto más se irá alargando, tanto cuanto será necesario. Esta puente es cosa muy firmísima, por razón de los maderos que van asentados dentro de la pared. El madero que será en lo alto, se quiere hacer que se levante con la punta hacia arriba, a causa que el madero, que será en lo alto, tenga más peso en la parte de detrás. Y como hablo de uno, entiéndase de todos cuántos se asentaren. (Figura 293) [/fol. 219r] Esta puente es muy diferente de las demás que se han hecho, la cual es de un solo trampo o trecho. Ello es una invención muy buena, la cual es menester, que cuando se hubiese de hacer, convenía hacerla donde hubiese algún barranco o valle. Por causa de su muy grande altura, convendría hacerla donde hay alguna grande hondura, por causa que, si ella se ha de hacer ancha, —digo ancho lo que toma el río de una parte a la otra—, conviene que tenga muy altas las piezas, porque cuanto más bajas serán los maderos, tanto más baja será la puente. 3

Por:

¿alarguen?

[451]


TOMO I V

Figura

293.

Esta puente se puede hacer harto ancha o larga, de modo que todo el artificio de esta puente es lo de[/] medio, donde es la B C C D E E F F, porque sabido acomodar eso, todo lo demás es fácil de hacer. Convendrá poner tres de estas armaduras, que es una en el medio y las otras dos, a los dos costados. Y convendrá ligarla de la una armadura a la otra, con maderos que sean muy bien coligados el uno con el otro. La A será tres maderos o cuatro de largo o más, que se vienen a empalmar el uno con el otro. Las otras piezas de los pies derechos, que es G G, esas piezas son de una muy grande valor para sustentar los tirantes A. Las otras piezas, que es K K y H H, sustentan mucho. Las piezas L L, 1 1 tienen coligado toda la máquina con tres órdenes. Conviene que se arme esta puente con mucha destreza, en especial, donde se vienen a juntar las piezas, que es menester saberles dar sus asientos, que eso es muy grande parte de la sustentación que tendrá en sí misma la puente, [/fol. 219v] por razón de la mucha coligación. (Figura 294) Esta invención de puente tiene parte de la manera de la pasada, aunque ella va harto variada en la hechura, excepto en lo de en medio, en todo lo demás es

[452]

FUNDACIÓN JUANELO TURRIANO


Libro Quince

muy diferentísima y muy bien ligada. Y es muy segurísima por razón de las piezas I I y K K, que ligan y aseguran mucho más a las piezas H H F F G G. Y si se quisiere duplicar las piezas M, será muy mejor, por causa que será muy más firme y más segura, a causa de las piezas N N N que las sustentan mucho. Mas convendrá poner unos maderos debajo, que firmen en tierra, por mayor firmeza, a las dos partes que es O O, Ufol. 220r] P P, que van estos dos maderos. Uno carga encima del otro, que tiene todas las piezas que van de punta para arriba, las cuales piezas e s F F G G H H N N . Y para hacer esta puente, la cual hase de suponer que se ha de hacer donde hay ribas muy altas o entre peñas, convendrá empezar, a las dos partes, a levantar de piedra dos principios de arco, para que hayan de hacer muy más ancha la puente y, aún, asegurarla mucho, por causa que cuanto más es apartada la madera de tierra, tanto más dura se conserva. Puédese hacer esta puente muy más ancha. Conviene que la madera sea recia y de muy buena leña cortada. Esta armadura es muy maravillosa, no tanto para puente, cuanto puede servir para cimbra para volver una bóveda de piedra encima de ella, sabiéndose acomodar de ella en irle dando la vuelta, como conviene, para que sirva de cimbra o remenate. Todos los tirantes convendrá empalmarlos, como arriba se ha dicho. Y esto será un edificio muy maravilloso de firme, haciéndose como conviene que se haga. Aquí yo no me curo de demostrar más de su firmeza. Es verdad que conviene que haya tres de estas armaduras, una en el medio y, otras dos, a los lados de la misma manera. Y por no confundir el juicio y el entendimiento de quien ha de entender una semejante cosa. Ufol. 220v] (Figura 295) Esta invención de puente es muy nueva manera de armadura, de los pies que van afijados en el suelo del río. La cual invención tiene aquellas aspas, las cuales son de muy grandísima ayuda en dos maneras. La una que tiene ligados los dos pies C D, que en ninguna manera puede faltar el uno solo, por causa del cruzar que hacen las aspas en cada uno de ellos dos pies C D y las aspas E E, por causa del ligarse en el medio en G y en C D; que ello de sí manifiesta que no se pueden quitar ninguno de los dos o hanse de quitar Figura

295.

A

[453]

FUNDACION JUANELO TURRIANO


TOMO I V

los dos de un golpe, porque en ninguna manera uno solo no puede quitarse. Aunque el agua tuviese comido todo el suelo del uno de los pies, no por eso se le puede llevar ni quitar, ni caer de sí. La Ufol. 22Ir] otra razón, por causa que hace avanzar afuera las dos piezas tan adelante en H I6, y sustentan el madero B. Y estos maderos B conviene ligarlos por testa y cualquier madera abastará, alcanzará de un trampo al otro con muy grande avanzamiento de madera, para poder hacer toda cosa y por anchos que ellos sean los trampos. De modo que ella es cosa de mucho artificio, ultra de las dos piezas F F que sustentan mucho, en dos maneras, que las dos piezas ayudan en de tener derechos las dos piezas E E, que es una muy grandísima ayuda a los pies C D. Estos dos pies han de estar apartados el uno del otro doce palmos o más, a causa que cuanto más estarán apartados, tanto es mejor, con que no sea tanto cuanto ha de ser el trampo. Y el estar apartados es por dos cosas, la una que, hincándose muy juntos estos pies, mueve el suelo, y lo otro es que se recoge mucha broza entre medí [As de los dos. Y eso sería causa del [Acumular mucha agua en aquella parte y podría ser parte de muy grande daño. Y el modo de la planta se señalará aquí adelante. Y por tanto, conviene ponerles algo apartado, por causa que no halle el suelo movido, y así queda muy firme y muy seguro. Bien sé que los maliciosos no dejarán de decir que estando los pies muy apartados, que esta puente A con sus tirantes B, con sus rebotantes E E E E y los pies G G G G, sustentan los tirantes B y cruzan por los pies aquellas aspas E E Ufol. 22lv] F F, las cuales se han de empalmar en los pies G a media muesca, así los unos, como los otros. Aunque haber de asentar las otras piezas juntas, que mucho se corta la madera por donde no tiene después ninguna fuerza. A quien lo supiere hacer, quedarále mucha substancia de madera, que ligando en tantas partes, no es posible que ella haya de faltar, haciendo tantas empalmaduras. Alguno me podría decir que aquellas aspas que bajan mucho, como ellas queden tan altas, que ninguna crecida las toque, eso basta, porque aseguran mucho los pies, por razón de coligarlos en diversas partes y así tendrán muy grandísima firmeza o ha de venir muy grandísimo siniestro o no se ha de llevar nada, por causa del grande ligamento que tienen las piezas, las unas con las otras. Y esto me parece que basta cuanto a esta materia de esta puente. A todas conviene hacerles sus antepechos, a causa de los animales que se pueden topar el uno con el otro y caer dentro del río, que 7 tienen aquellas (Figura 296) Ufol. 222r] aspas. Las aspas K y O van cruzando todo el antepecho y líganse con aquellos pies derechos que caen a peso. Y estos pies L han de subir muy altos, mucho más que no es el antepecho. Y ha de haber una traviesa o traviesas, las cuales son M, que asen los dos montantes o pies derechos que suben de la una parte y de la otra de los dos antepechos. Las traviesas o cadenas R Q P, ésas van de las dos partes del antepecho del un costado y del otro. Este antepecho sube muy más alto, que no es los antepechos que se hacen ordinarios en las puentes. Los pies de la puente que es A E G, requieren ser gruesos y muy largos y, a la parte 6 7

En el texto pone H I, pero en la figura pone H H. Por: ¿si no?

[4541


I

Libro Quince

Figura

296.

V

baja, la que se ha de hincar dentro de tierra, conviene ponerles sus azuches de hierro muy bien asentados. Y a cada pie tiene sus rebotantes D I T V, y el pie H está más delante de los pies de la puente. El cual pie tiene el rebotante y firma en el pie G, que cuanto más viene el río riguroso, tanto más aprieta hacia el suelo el pie derecho que es G. Las ménsulas que están al costado del pie A, que es C C, las cuales ménsulas o zoquetes C C sustentan dos maderos B B, que sustentan los tirantes P, los cuales van tres en la anchura de la puente, los dos van a los costados y hecho 8 en el medio. Y estos tirantes van empalmados y al cabo de las aspas, en la parte baja, van dos medios maderos, los cuales es N N, que sustentan [/fol. 222v\ los tres tirantes que van de cabo a cabo de la puente. Los otros dos tirantes que van en el antepecho, así de la una parte, como de la otra, que es R Q, que se ven [que] éstos van, también, de cabo a cabo de las dos partes de la puente. Toda esta máquina conviene empalmarla muy bien y, después, enclavarla con su clavazón muy buena, que sea muy larga, en especial, clavijas de hierro y clavos y otras infinitas clavazones, que para ello es menester. Y se conviene enclavar todo el suelo de la puente de muy gruesos tablones, de un 9 cabo y del otro. Y en el medio los maderos F F tienen ligados todos los tres pies, que es A E G, los cuales no se pueden desmarcar, sino que todos tres vengan a faltar juntos. Esta puente requiere que sean muy apartados los pies, por causa de las empalmaduras, que es menester que sea más de cincuenta pies, apartados los unos de los otros, y así entrarán muy pocos pies. En una semejante puente conviene tener cuenta en el hincar los pies, que calen dentro de tierra de diez a doce palmos, y que se tenga cuenta con las crecidas hasta cuánto suben en alto, porque las aspas no t o q u e [ « ] dentro de la agua. Que sería un daño muy manifiesto en que la agua tocase en las aspas, que podría ser parte que se cayese[»] las aspas por bien ligadas que ellas fuesen. Conviene [/fol. 223r] tener muy grandes advertencias en semejantes cosas de esta calidad. (Figura 297) 8 9

Por: ¿otro? Interlineado: un.

[455]

FUNDACION JUANELO TURRIANO


TOMO I V

Figura

305.

Esta invención de puente, la cual va puesta en el aire, y esta manera de puente puede servir en lugar donde van muy rápidos los ríos y, también, en lugar o río por donde se suele traer muchas maderas, las cuales suelen encontrar en los pies de las puentes. Por esa causa se suelen caer; como los pies son movidos, luego que vienen las crecidas, se las lleva. Mas esta manera de puente conviene que tenga a las dos partes dos pilas muy gruesas, para que sustente[»] la puente, que es muy grande el peso. Los maderos que [Atraviesan la puente por la parte baja, es A. Las columnas que Vfol. 223v] suben derechas es D y el hierro, que [Atraviesa el madero A, es B. Los tirantes que van a lo largo de la puente es C y las traviesas, que sustentan aquellos pies derechos D, son E. Y ésas son las piezas que tienen más trabajo que ninguna otra en toda la puente, los tirantes que tienen ligada toda la puente. Y esta manera de puente es muy fuerte y cosa muy segura. (Figura 298) Figura

298.

Este madero es el que sustenta toda la puente. Que por aquellos agujeros pasan por ellos aquellos hierros B, los cuales conviene que sean muy recios, a causa que puedan sustentar el mucho peso. Y estos hierros conviene enclavarlos con unos clavos que sean muy recios y, en la parte baja, conviene que pasen unas clavijas de hierro muy recísimas, que atravieseM por aquel hierro que se enclava. Este es el hierro B, que pasa por los agujeros G del madero A. (Figura 299) Este hierro [Atraviesa por el hierro B, aunque este hierro H había de ir, algún [146]

| FFIJ FUNDACIÓN H G | | J JUANELO Ü E Ü J TURRIANO


Libro Quince

tanto, vuelto o torcido, a causa que entre con fuerza y, también, que está [//o/. 224r] muy más seguro. Y aunque ponga alguna más de estas invenciones, estos hierros servirán para todas. Y puédense variar los hierros, como lo verán algún tanto, como es I. (Figura 300) Este hierro B, que tiene atravesado el hierro I, que parece en algún tanto a la voluta del capitel jónico, es muy más fácil de hacer y, aún, muy más seguro y muy más fuerte, a causa que no tiene cosa que le haga perder la fuerza. Y también, I está mejor, por razón que coge el madero A con más fuerza, que no haría la clavija H. De modo que conviene que estos hierros sean muy recios, por causa que se l e [ í ] encomienda todo el peso de la puente. Ellos sean siempre más gruesos que delgados, porque, en este caso, piérdanse por recios que no por delgados. (Figura 301)

Figura 304. H

EK

¡mlmiuuuigjiuuiubWáUl^il*

Figura

H p 1g p

$

$ 1

B ! P

Esta fantasía de puente de madera, la cual [/fol. 224v] invención va casi a un mismo modo, aunque es muy diferente de la pasada; aunque ella es muy más fuerte que la primera, la cual va armada en el mismo modo, aunque tiene aquellos puntales a los dos cabos, que son de una muy grandísima ayuda y de muy grande sustentamiento. Y que causan muy grande ayuda para aliviar la carga y peso a los hierros y a todo lo demás. Mas conviene que las dos pilas ellas sean muy recias, porque ellas son las que [llevan] todo el peso, llevan la carga. Y por esta razón, conviene que sean muy largas y anchas por el muy grandísimo peso que carga encima de ellas, y por esta causa, es necesaria cosa que ellas estén muy bien fundadas, como conviene para semejante efecto y para sustentar un semejante peso, por razón que ellas son aquéllas que llevan toda la carga de la puente. (Figura 302) Esta invención de puente, así sin tener ningún pie [/fol. 225r] dentro de la agua. Y esta manera de puente sirve para donde los ríos son muy rápidos y son [457]

300.


TOMO I V

tan furiosos que ningún pie puede estar firme. Y esto lo causa la mucha madera que trae consigo las aguas y muchas brozas, que, también, por causa de la variación del asiento del suelo, por causa del ir variando la agua de asiento. Y por esta razón, no se le ponen pies dentro del suelo; que en los pies de los maderos, que una vez han sido mojados y mucho tiempo y, después, quedan en enjuto y les toca los soles, luego son podridos y son perdidos. Y por esta razón, no se les pone pies y por las causas ya dichas. Sólo consiste la fuerza en las dos pilas, de modo [que], aunque fuese algún río muy anchísimo, que se les podría hacer tres de estas puentes o cinco con este modo de arcos de madera, que van, así, con estas aspas y con aquellos pilares, que las sustentan las aspas o cruces. Aunque en esta manera de puente conviene poner aquellos hierros que sustentan el edificio, como en los demás que se han hecho, y con aquel modo se han de poner en los mismos hierros y en los mismos lugares que se han señalado. Este modo de puente es muy más fuerte y más segura, que ninguna de las demás que se han demostrado en esta manera o forma. Aunque muchas más se podían demostrar en esta forma, aunque muchas otras más en esta manera de puente, mas parece que de éstas hay hartas sobre esta misma invención. Consiste la seguridad en las pilas de los cabos y que en ellas se han firmado los dos cabos muy bien de la puente, que en ella[Í] consiste la seguridad. Ufol. 225v] Ahora demostraré el modo de las puentes de piedra, cómo ellas se han de hacer, según la opinión de los antiguos arquitectos y según las medidas [que] han ellos acostumbrado hacer en semejantes edificios. Y las cosas que han ellos observado en sus obras, como en el discurso de la materia de las puentes se verá, con aquellas reglas generales y particulares que en tales edificios se requieren observar y guardar, como preceptos importantísimos en tal materia de puentes, y varias formas que se demostrarán en el precedente capítulo. Acostumbran, ordinariamente, todos los que hacen puentes de madera, de servirse del instrumento que llaman maza, la cual es muy grande, para hincar los maderos en el suelo del río. La cual maza se sube en alto con el torno y con el artificio que ella tiene, ella misma se suelta y da muy grande golpe. Mas es cosa muy pesada para haberla de llevar de una parte a otra, por causa del grande peso y, aún, del muy grande band[>] o que tiene y, aún, en el dar de los golpes pasa muy grande rato de un golpe al otro, por causa del subir la maza con subir a bajar la cuerda. Aunque esto era harto fácil de remediar con asir una [458]


Libro Quince

cuerda a los ganchos que suben la maza y así se abajaría. De modo que hallo muy grandes inconvenientes para haberse de servir de esta máquina, y esto ha sido la causa de haber de buscar otra invención que sea muy más fácil y, aún, muy más cómoda para menear y dar los golpes muy más frecuentes. Y con más facilidad se hincan los maderos y, aún, más presto, aunque es [//o/. 226r] maza. Mas es diferente en el subir y bajar 10 y, aún, en el llevarla, que no es la grande. La maza que sigue es A, la cual tiene aquellos cuatro brazos D D, los cuales son un palmo de largo que avanza afuera de las dos piernas C C. Y estas piernas tienen abajo dos azuches, que es H H. Y tienen al costado los palos hincados, los cuales sirven de escalera para subir a poner 11 la maza, cuando se muda de un lugar a otro. Y las dos piernas C C tienen encima una traviesa E que las tiene asidas, aunque ellas se pueden estrechar y ensanchar en la parte baja, como fuere menester. Y en el medio de la traviesa E están afirmadas dos garruchas, en las cuales pasan las cuerdas B, y ellas son unas mismas cuerdas con unas lazadas al cabo para subir y bajar la maza, las cuales lazadas toman seis, ocho hombres cada parte y todos, a un tiempo, suben y sueltan, aunque nunca dejan de la mano las lazadas, mas sólo aflojan para el bajar de la maza. (Figura 303) í/fol. 226v] Las aristas I I son movibles, las cuales sirven para cuando la maza va hiriendo el madero y se tuerce. A esa causa, se mueven de manera que la maza le hiera y que le haga a enderezar. Y éstas enclávense en un pedazo de madera, aunque, cuando se hincan, las tienen dos hombres cada pierna. Y lo mismo hace la pierna K, ésa no es firmada a ninguna cosa, mas que un hombre la tiene firme, que no resbale. Y también, ella sirve para enderezar la maza, cuando empujarla adelante y cuando retraerla atrás, Y con esta invención dase mucha más prisa en el hincar el madero, por causa que en un instante es arriba, y lo mismo es en el bajar. Y así se da muy más frecuentes los golpes, y cuando se mueve de una parte a otra (Figura 304) Vfol. 227r] esta máquina, nunca se desata la cuerda de la maza, ni menos se saca de las garruchas, porque unos llevan la máquina y otros la maza a un mismo tiempo. Las aristas I I K están asidas a las piernas C C con unas clavijas de hierro, que juegan en las dichas piernas de la máquina. Éste es el modo de la maza y cómo va puesta la cuerda en ella con las lazadas, la cual va engastada dentro de la misma madera y van los dos cabos por las garruchas al contrario la una de la otra, como la figura lo demuestra. Y va, en la parte baja de la maza, hecha en redondo con un cercillo de hierro y, en la parte de arriba, van dos lañas de hierro que tienen debajo la cuerda, las cuales lañas no pasan más de cuanto son de grueso los brazos D, por causa que en el subir y bajar no fuese estregando en las piernas C C. La maza es de carrasca y los cuatro brazos D no pasan de parte a parte, mas sólo entran cuatro dedos en la maza cada uno de ellos y están afirmados con una clavija de madera. Y la cuerda de las lazadas, cuando ella es muy larga, hácese unas lazadas 12 con un palo en el medio, para que se pueda deshacer muy más presto, acortar o eslargar 13 , según el caso lo trajese. 10 Repetido: con más facilidad, se hincan diferente en el subir y bajar. 11 Interlineado: a poner. 12 Repetido: cuando ella es muy larga. 13 Por: ¿alargar?

los maderos

y aún más presto,

aunque

es maza, mas es

[1459]

FUNDACION JUANELO TURRIANO


TOMO I V

[//o/. 227v] Muchas veces acaecerá, que haciendo puentes de madera y, aún, de piedra, hallar en el suelo del río alguna peña, por donde no se pueda hincar ningún madero, de modo que para haber de poner los pies de la puente, no se pondrá por el inconveniente de la peña. La maza, en este lugar, ella no sirve ninguna cosa para esto. Conviene buscar otro medio de artificio para poner los maderos. Y para esto he imaginado otra invención. Considerando que los que vacían artillerías, que después de haberlas vaciado, que para quitarles las babas que deja el metal en ellas, que las barrenan con barrenas de hierro bien aceradas, para que el artillería sea muy limpia por de dentro. Considerando esto, que el metal es una materia muy durísima y al fin con este instrumento se limpian por de dentro. Y que por lo mismo, que con artificio se puede barrenar la peña para hacer agujeros en ella para poner los maderos dentro de ella. De manera que será necesario hacer un instrumento que sirva como barrena, aunque no sea en la misma hechura como barrena, la cual ha de ser tan ancha, como serán de grueso los maderos, que se querrán Figura

303. V

FF

[460]

FUNDACIÓN JUANELO TURRIANO


Libro Quince

Figura

304.

Lazada para acortar la cuerda.

cs> «i

poner por pies de la puente. Y si acaso los maderos fuesen más gruesos de lo que es la barrena, convendrá cepillarlos, que no sean ni más gruesos, ni tampoco más delgados; que la barrena ha de ser a modo de taladro y ha de ser muy gruesa y, aún, muy pesada, que a lo menos ha de pesar doscientas libras de hierro, la cual ha de ser hecha en manera como es una reja para labrar la tierra y ha de tener una coda o mango, que sea de largo seis palmos Ufol. 228r] y que sea cuadrada a cuatro esquinas. Y en la pala de esta barrena ha de estar muy bien acerada a los dos costados, la cual barrena se ha de encajar dentro de un madero que sea redondo, el cual madero no ha de ser más grueso que la barrena. La manera o forma de barrena es la que se sigue, con aquellas dos puntas y en los costados ha de tener una poquita de vuelta y el canto ha de tener corte, como tiene[«] las barrenas. (Figura 305) Convendrá encajar el astil de la barrena en un madero que sea muy largo y, después de puesto, es menester volver a poner un pedazo de madera que hincha lo vacío que queda y ponerle dos cercillos de hierro muy bien asentados. Y en el madero, en la parte de arriba, es [461]


TOMO I V

Figura 305.

menester hacerle unos cuantos agujeros para que se pueda ir rodeando 14 con un palo o con un hierro, cuando se querrá barrenar. Y conviene agujerear la peña unos ocho o nueve palmos de hondura, a causa que pueda tener fuerza el madero que se pusiere para Ufo!. 228v] pie de la puente. Y barrenaráse, si es piedra arenisca, en tres o cuatro horas un agujero y, si es otra calidad de piedra, o más o menos, según la dureza de la piedra. Y aún, se puede dejar algún tanto más grueso el madero cuatro o cinco palmos arriba y darle unos cuantos golpes con la maza, con tal que no sea mucho el gordor que se habrá dejado en el madero.

41

Esta invención podrá servir, también, para las.puentes de piedra, para poner maderos para desviar el agua, para poder hacer los cimientos de las pilas, que son hacer las cataratas o las defensas que, ordinariamente, se suelen hacer para tales efectos. Y porque con estos avisos y invenciones pueda cualquiera valerse en sus obras, como por causa de ellas pueda inventar otras cosas que sean de más calidad, así en esto, como en otras diversas cosas de arquitectura.

Esta barrena, cuando se quiere barrenar, no es en ello ninguna más invención, que el mismo peso de la barrena la hace d e s c e n der abajo y, aún, ayuda a bar[r]enar muy más presto. Sólo tener cuenta dónde \_se] pone la barrena y esto en la misma bastida y lo mismo lo que habrá agujereado la barrena, cuánto habrá entrado dentro de la misma peña. Y eso se conocerá por los mismos agujeros del madero, que es donde es la E, cuando habrá abajado el hondor, que al artífice le parecerá querer d e s c e n d e r en la peña, aunque no debe de barrenar menos de ocho palmos, ni tampoco más de diez, por causa que todo lo demás es cosa superflua, que muy poco más se hincan dentro de tierra. Aunque se ha tratado en otro lugar de esta misma materia y como siempre se le halla qué añadir a las cosas [//o/. 229r] de especulación. De modo que siempre que se habrá de fundar algún edificio dentro de algún río, en especial, pilas para haber de hacer alguna puente, mas ante toda cosa, conviene hacer una diligencia que es primero tentar con un instrumento la hondura del agua y con el mismo instrumento, qué suelo hay, si hay mucha arena o grava o piedras en aquel lugar, y cuánto es de alto el agua. Y para ver esto, conviene hacer un hierro, el cual sea muy largo y agudo y delgado, puntiagudo, en tal manera hecho que, calándole dentro, tenga una asta muy larga y junto de la punta tenga una cosa que, calándole dentro de 1 [a] arena o cieno o piedras, que volviéndole a sacar, saque algo de lo que hay en el suelo. Y el instrumento es A. (Figura 306) 1 Repetido:

para que se pueda

ir

rodeando.

[462]


Libro Quince

Figura

306.

y

Figura 307. Y después de visto la hondura, conviene tener aparejado mucha madera aserrada, que es el principio de la obra, que son tablas gruesas, cuartos de maderos, maderos enteros, mucha clavazón, muchos hierros para las tablas y otros hierros para los maderos que se han de hincar en el suelo. Los cuales hierros, que han de servir para los maderos, han de ser de esta hechura B, (Figura 307) que ha de ser ancho en la parte baja, donde ha de asentar el madero, que será en esta forma, a causa que golpeando el madero, que [/fol. 229v] no se haga estopa la punta, por causa de ser muy puntiagudo. Y como se hace una estopa en la punta, no da el golpe de la maza en firme y, por esta causa, no se hinca el madero como conviene. Y haciéndose los azuches en esta forma, los maderos no se doblegan en la punta y híncanse muy mejor por esta razón, que recibe el golpe enteramente y no da en vago y, así, se hinca muy mejor.

Los maderos, cuando se quieren hincar, Figura 308. conviene ponerle[s] en la parte de arriba un cercillo que sea muy grueso. Y ha de ser estrecho en la parte de arriba y ancho en la parte de abajo. Y hase de acomodar, en tal modo, en el madero, que dando con la maza en el madero, que siempre dé, solamente, en el cerquillo de hierro y no en el madero. Y haciendo esto los maderos se hincan muy mejor y no se atormenta el madero. Y la argolla o cercillo ha de ser en la forma C, para este efecto. (Figura 308) Cuando se querrá fundar alguna pila, convendrá hacer la catarata o bastardel o encajonado, después de haber hecho aquellas diligencias, que conviene empezar a hincar en la delantera, antes de hacer otra ninguna cosa. Así que se empezará en la punta a hincar y después de hincado los dos costados, y antes de proceder, conviene ir sacando la grava o arena o piedras que habrá en aquel lugar. Y el modo cómo se ha de sacar con un instrumento. No levantar esa materia fuera del agua, mas de ir moviendo la tal materia que habrá en el dicho lugar, a causa que el agua la vaya llevando, antes [/fol. 230r] que se cierre la catarata. Lo cual se ha de tener cuenta en Figura 309. el hincar de los maderos, de ponerlos por orden y concierto, a causa que D esté[«] muy bien. Y hase de notar de firmar muy bien los tres maderos delanteros, por causa que ésos llevan todo el peso del agua, que [es] en estos maderos, y después de sacada la grava con este instrumento, que va aquí abajo, el cual es D. (Figura 309) Y este instrumento conviene tirarle con el torno, a causa que muy más fuerza se hace con el instrumento ergate o torno. Y este instrumento ha de tener en la parte baja unas puntas de hierro, algo torcidas, aunque no mucho. Y esto [463]

FUNDACION JUANELO TURRIANO


TOMO I V

se hace que se cale muy mejor dentro de la grava o cascajo o arena o cieno. Y por esta razón, es necesario que se hinque en el suelo. Y después de este instrumento, conviene que se sirva del instrumento que llaman roba, es medida de dos anegas 15 Roba es instrumento que con él toman la tierra de un lugar y la llevan a otro, mayormente, que este instrumento acostumbran [usar] los labradores para allanar los campos, cuando no están llanos. Y con este instrumento se va sacando y limpiando el lugar por donde se ha de fundar. Y este instrumento ya está puesto cuando tratamos del limpiar de los puertos. Y después de haber limpiado el lugar donde se ha de fundar, entonces se acaba de cerrar la catarata del todo y vase ligando de un madero a otro con maderos menos gruesos, que trabe del [/fol. 230v] un madero al otro muy bien, afirmando o coligando. Entonces se hincan dos órdenes de tablones a la redonda de la catarata. Y la orden que lleva a la parte de adentro, conviene herrar cada tabla en la parte que ha de ir hincada dentro de tierra. Y el herrarla ha de ser en el modo que va aquí abajo señalado E. Y el hierro es F, el cual se hinca dentro de tierra. (Figura 310) Figura

310.

Y estas tablas conviene cimentarlas en los costados, sólo eso; en lo demás, dejarlas así como la sierra las ha dejado. Y conviene tener cuenta de señalar las tablas, cuáles van juntas con cuáles. Y han de ir, de mano en mano, cimentadas, para que se conozca cuál va junta a cuál. Y estos tablones han de ser de grueso de dos dedos o más, por causa que no se dobleg[«]en con el peso de la tierra, que se pone entre medias de los tablones, que van a la parte de afuera hacia el agua. No hay necesidad de ponerle aquellos hierros, y esto es por evitar gasto y, también, trabajo. Y el poner de los tablones, conviene tener cuenta en saber ligar la catarata, a causa de que esté ligada, así arriba, como abajo. Y la ligazón ha de ser en el modo que aquí abajo se diseñará, aunque en el poner de los tablones, pónense en otra manera, que es a media junta, que como la figura, que aquí se señalará M. La cual invención es de más artificio, que no es a junta llana. Y cuando se pone la tierra entre los tablones de la catarata, conviene que la tal tierra sea grasosa, [/fol. 23Ir] y irla tapiando, como se hacen las tapias, a causa que se vaya condensando o apretando. Y esto se ha de hacer con la maza o pisón, el cual es H. (Figura 311) La catarata es N, la cual llaman los franceses «bastardel», y en estos reinos de España le llaman encajonado. Y esta máquina conviene tener mucha vigilancia en el fundar y con mucho ánimo. Y después de haber rodeado la catarata de sus maderos y tablones y tierra, es necesario sacar el agua de entre medio de la catarata, la cual agua conviene sacarla con diversos instrumentos. Y conviene tener mucha cuenta en la cantidad, por causa de saber acomodar los instrumentos que para ello son menester. Que si hubiere mucha hondura de agua, convendrá servirse de unos instrumentos, como es la [/fol. 23lv] cóclea, como la tesibica con bombas. Y si poca hondura de agua hubiere, podráse servir de la pala, la cual 15

Por:

¿fanegas?

[464]


Libro Quince

ha de ser de la forma y hechura de la pala P. Y con ésta se saca mucha cantidad de agua, con tal que no sea muy alta la catarata. Y también, se saca mucha agua con la portadera Q entre dos hombres, de manera que si fuere muy alta la catarata, convendrá hacer un andamio o entablado, para que con una cabalgadura o cabalgaduras muevan los instrumentos para sacar el agua, que haráse con más facilidad y con menos gasto y, aún, trabajo. Porque harán mucho más dos animales, que no harán ocho hombres, así que este aviso le tenga en memoria cualquier que emprendiere tal cargo. (Figura 312) Figura

312.

Con estos instrumentos se sacará el agua que habrá dentro de la catarata encerrada, mas si fuere mucha la hondura, convendrá servirse de los instrumentos dichos arriba o con otros semejantes para tal efecto. Se pueden acomodar bien, que muchas otras particularidades Ufol. 232r] se podrían poner para tales cosas, las cuales se dejan al arbitrio del edificante, que con su buen juicio se sabrá [465]

FUNDACION JUANELO TURRIANO


TOMO I V

acomodar en tales necesidades. Basta haber dado el orden principal, como conviene, para edificar semejantes edificios, que es imposible dar todos los remedios o avisos, que en tales obras pueden suceder, al que ha de edificar, por razón que los lugares son diversos y los efectos de los ríos, por ser ellos en diversas partes y diversos suelos y el corriente vario y, aún, las materias son diversas en cada provincia. Y por esta razón, no se pueden avisar de todas las cosas, como si dijésemos, que no se edifique tales edificios sólo con piedras labradas. Ypodría suceder haberse de edificar en parte que no haya piedra. Y por esta causa, no por eso se había de dejar de edificar, que si no había, habría ladrillo. Y por el contrario, si dijese que no se edificase sólo con ladrillo y en tal lugar no hubiese tal aparejo, no por eso se había de dejar de edificar. Hase dicho que en el limpiar de la grava del suelo, convendrá atarle una cuerda larga y con el torno se va tirando y con otra cuerda le vuelven atrás, y así se va, de mano en mano, moviendo y sacando la grava. Y después, se va sacando la arena hasta llegar al suelo firme, para poder fundar. Y también, se podrán servir con la rueda timpanada, la cual rueda va toda cercada a la redonda con sus rayos, como una rueda y tiene dos. suelos, que cubren todos los rayos. Ufol. 232v\ Y junto del eje despide la M g u a ; junto de la circunferencia tiene un agujero por donde entra el agua. Y esta rueda la pueden mover dos hombres, teniéndola asentada en lugar que ella pueda rodearse a la redonda, como conviene. Y los agujeros, así altos como bajos, conviene que tenga cada división dos, el uno por donde entra el agua, y otro por donde la vacía. Figura

Y la forma de la rueda es la que se sigue, aunque esta rueda no está con más de seis divisiones, se puede hacer de mucho más número, según el grandor, menos de seis no se puede hacer, demás cuantas más divisiones se puede hacer. Y donde es la A, entra el agua, y donde sale, es la B. El cual instrumento se ha de acomodar encima de un pie, para que sirva, aunque de esta rueda no la subirá muy en alto la agua. CFigura 313)

313.

P u é d e l e ] servir, para este mismo efecto para sacar agua, del instrumento de la mancha o barquín o fuellas, el cual es en la misma forma, sin faltar un punto de los que se sirven los herreros. El cual instrumento [//o/. 233r] sube harta cantidad de agua. Y el instrumento se puede mover en diversas maneras, en especial, que se puede hacer mover con la misma agua del río, que acomodadas dos manchas que sean de largo, a lo menos, siete o ocho pies de largo, por causa que cuanto es mayor el instrumento, tanto mayor hace el efecto. La de ha (Figura te, las

rueda es K, la que mueve el agua, la cual anda en el eje L, y las palas, donde ir el agua, es I. La cual rueda mueve la mancha con aquella aspa H. 314) Y es levantada la mancha en D, y así va moviendo, alternativamenmanchas. Y en el cañón E hay unos agujeros en F, por donde entra el [466]


Libro Quince

agua en el cañón. Y donde es la G, ha de haber una ventícula de cuero encima de una plancha de metal. Y la cual ha de ser agujereada y ha de estar firme y en el cuero, encima de la plancha, donde hay la G. Y ha de haber otra ventícula en la misma mancha, donde afirma el cañón con la mancha, que es E. Y también, ha de haber su plancha de metal agujereada, como en la parte G. Y estas planchas de metal Ufol. 233v] se ponen por razón, que como se moja el cuero, luego cae y no haría ningún efecto. Y estas ventículas han de estar afirmadas en una sola parte, a causa que se p u e d a M levantar, cuando la mancha atrae a sí el agua. Y cuando la despide la agua, que se cierre, por razón que no vuelva abajo el agua por donde subió. Puédense acomodar infinitos instrumentos, de los cuales se ha tratado en otro lugar, donde tratamos de las puentes de piedra.

FINIS

[467]

FUNDACION JUANELO TURRIANO


LIBRO DIECISÉIS De las maderas y de piedras y cómo ellas se cortan y cómo se arrancan las piedras y cómo se hace la calcina y el yeso y ladrillos, de diversas maneras ues hemos tratado de puentes de madera, conviene tratar de los árboles que para ello son convenientes y en qué tiempo se deban cortar.

P

Teofrasto dice que los árboles se deben cortar, mayormente, el abeto y el árbol pícea y el pino luengo, que ellos empiezan a echar ciertas cosas, como gusanos. Y esto es por causa del demasiado humor y con muy más facilidad se les puede quitar la corteza. Es verdad que hay otros árboles, como el az y el olmo, el fresno y la tellera que se deben cortar en la vendimia o a mediado el otoño. Es esta sazón muy más conveniente que en ninguna otra sazón. Y si los robles se cortan en el invierno, son muy durables. Y si se cortan en el verano, Ufol. 234r] ellos se corrompen de sí mismos. Y esto es cosa muy cierta. Y si en el invierno se cortaren, no se enderezan. Y conviene que se tenga cuenta con los avisos que los filósofos nos han dejado, que cuando se cortarán los árboles, es cuando sopla el viento de la parte de Septentrión o Tramontana, aunque ellos sean verdes y aunque se corten en el invierno, con mucha facilidad ellos se carcomen. Y si se queman hacen muy poco humo, y de aquí sacamos muy claro indicio, que en este tiempo son muy zumosos de una cierta graseza, la cual no es humor crudo, ni digesto. Dice Vitrubio que los árboles se deben cortar en el otoño, hasta que no corra el viento céfiro. Isidoro dice que cuando el sol declina con más fuerza sobre nosotros y que, entonces, cuando los hombres que van al campo, se les hace una cierta color en el rostro, como color de bronce, y en esta sazón es la cogida, entonces no se deben cortar los árboles. Débense cortar, cuando los árboles se les empieza a caer la hoja, entonces es muy buena sazón para la madera que se corta para labrar, para obras. Los árboles que se cortan para el fuego, en toda sazón es buena para cortarlos. Catón, el cual va con más moderación en esta materia, quiere que los robles se corten en el estío, porque el cortarlos en el invierno, que es fuera de sazón. Las maderas que tienen simientes, no se deben cortar hasta que tengan maduras [469]


TOMO I V

sus frutas. Los árboles que no hacen frutas, se deben [/fol. 234v] cortar siempre que nos parezca. Cortar los que hacen fruta o la tienen madura o verde, se cortan cuando se les caen las frutas. El olmo no se debe cortar antes que se le caiga la hoja. Y más, dice que es cosa muy importante al cortar estas maderas, el saber en qué luna se deben cortar. Porque los más Filósofos, en particular Varrón, que en el tiempo que se quieren tocar con herramientas, que las lunas pueden tanto, aún, que aquellos que se cortan el cabello es semejante, que luego se hacen calvos. Y por esta causa, todos los varones doctos conforman que los árboles se deben cortar en menguante. Y de esto nos dan grandes avisos, porque entonces se enjuga mucho la flema grasa que tienen. Es cosa cierta, que es muy fácil a causarles que se corrompan con grande facilidad, en el menguante de la luna cortarlos. Sed ciertos que no se apolillan, ni se carcomen. Columela dice que se deben cortar los árboles en aquellos días, desde veinte, hasta los treinta de la Luna vieja. Vegecio le parece que se deben cortar los árboles desde los quince días, hasta los veinte y dos. Y que de aquí tomaron por costumbre de celebrar estos días los antiguos, por causa que [eí] de la eternidad. Y siendo cortados en estos días los maderos, durarán muy grandes tiempos. Y más, dicen que se debe tener cuenta cuando la luna va d e s c e n d i e n d o para abajo. Mas Plinio dice que le parece que es bien cortar los árboles, cuando empieza a aparecer la canícula, y que la luna hace conjunción con el sol, el {/fol. 235r\ cual día llaman interlunio. Y que es muy bien aguardar la noche del mismo día, hasta tanto que la luna sea puesta debajo de tierra. Y los Astrólogos, los cuales dicen que la razón que dan para esto, que la luna es la causa del vigor del humor hacia la parte de la luna, que es entonces el humor en la raíz del árbol, de modo que todo árbol queda muy más purgado del humor. Mas dicen que, si se cortan a la redonda o irlos picando en aquella sazón, y que estos tales maderos serán muy más durables, aunque no se corten del todo, ni menos se echen en tierra para que se sequen, así en pie, encima de las raíces. Y aún más, dicen en esto que si el árbol no fuese tan firme, que fuese para lo que debía ser para resistir a los trabajos contra las tempestades que el tiempo trae, por causa del sobrado humor, se le quitará al árbol la corteza en el menguante de la luna. Y este remedio es parte para que jamás se corrompa por causa de aguas. Hay otros que tienen por cosa muy cierta que, si el roble y la encina, los cuales árboles son maderas muy pesadas de suyo, y que puestas dentro del agua, luego van a lo hondo. Y si en la primavera se irán picando a la redonda y se echarán después que se le habrá caído la hoja, se harán en tal modo que, después de tres meses de haber hecho eso y echados dentro del agua, nadarán por encima de ella. Hay otros que son de otra opinión, que dicen que los árboles que sean dejados en esta manera: [//o/. 235v] que los dejen en pie, encima de sus troncos o raíces y que los vayan picando a la redonda, hasta llegar al medio del árbol y llegar al corazón dte] él, por causa que se le vaya destilando el humor y el mal jugo que tiene y que le vaya expeliendo por aquella parte. Y, aún, dicen más a esto. Que las maderas que se han de aserrar y hacer tablas, que no se deben echar a tierra hasta que hayan hecho la fruta que sea madura y sus simientes, y que [470]


Libro D i e c i s i e t e

luego, se le debe quitar la corteza, porque les causa que se gasten con muy grande facilidad, que no hará sin la corteza. Siempre se deben cortar los árboles en la Luna de Enero, porque entonces es el menguante de la luna más enjuto, que en ningún otro mes de todo el año. Y por esta razón, se cortarán los árboles, porque en esta sazón tienen menos humor los árboles que en ningún tiempo del año, por causa que está[«] más cerradoM los poros del árbol, que en ninguna otra sazón del año, y más unida la madera y más sólida. Y los árboles que no dejan la hoja en16 el mes de Enero, se deben cortar en ese creciente de ese mes, porque es la mejor creciente para cortar los árboles que cortar se pueda en todo el año, por ser más enjuta y con menos humor. Y hay esta diferencia entre estas maderas: las unas requieren cortarse en el menguante, y otras en el creciente. Y de esto es la causa, que los árboles, que dejan la hoja, son Ufol. 236r] muy más porosas, que no son las que no las dejan, y por esto, los unos abundan de mucho humor y los otros son más enjutos. Y por esta causa, conviene cortarlos cada uno en su sazón, como hemos dicho. Podríame preguntar alguno: ¿cómo es posible que tantos árboles como se cortan, que en todos ellos se guarda esta orden? Digo que no más que se debe guardar, que los más que hacen este ejercicio de cortar árboles, que guardan esta orden en cada mes, cuanto más que las maderas se cortan en el invierno, en especial, las maderas que son para edificios. (Figura 315) Figura

1

315.

Repetido: en.

[471]

FUNDACIÓN JUANELO TURRIANO


TOMO

IV

De los remedios que se deben hacer para que las maderas se conserven, después de ser ellas cortadas Pues hemos tratado la manera de cortar las Ufol. 236v] maderas para hacer varias cosas, en especial, para hacer invenciones de puentes, no será cosa fuera de propósito tratar de las calidades de las maderas y de la naturaleza de los árboles. Las cuales serán buenas para tal efecto dentro del agua y cuáles no son buenas, y cuáles duran más dentro de tierra y en fundamentos de las obras, y cuáles son buenas para hacer edificios al cubierto, y cuáles son mejores y se conservan más en una parte, que en otra. De modo que la encina, y el roble, y el cero, y la isquia, y el albar o álamo, y el olmo, el pino, el lárice, el boj, y el cedro, el tejo, el taso, el saz, el vernio, el fresno, el ciprés, el acebuche, y el olivo, el castaño, la sabina, el enebro, el acebuche, el curo o alcornoque, el moral, el azar, el chopo, el nogal, el serbal, el cerezo, el pino negral, la haya, el abeto. De estos árboles hay unos mejores que otros para diversas cosas, así como ellos son en sí de diversas naturalezas y efectos. El modo del cortar los árboles en las selvas es cosa que es muy trillada, cuanto más que se ha tratado de esa materia. Córtanse árboles en todo tiempo del año, sin tener ninguna cuenta en ello, y si es mejor cortarlos en el menguante de la luna o en el creciente. Catón no es de parecer, ni aún quiere admitir, que no se debe cortar ningún árbol que no sea en menguante de la luna, y que sea de[í]pués de mediodía cuando se cortan. Se deben cortar con sol y que, después de cortados, Ufol. 237r] no quiere que se lleven por la rosada, ar[r]astrarlos por ella o por el rocío, por causa que se hacen muy escabrosos y muy vidriosos y que con facilidad se quiebran, después de haberlos llevado por encima de la rosada. Que de[í]pués de cortados, dice que no se deben tocar en espacio de tres meses, y que no estén en parte que le toque muy excesivamente el sol, porque le es muy dañoso a las maderas verdes. Conviene que se pongan en lugar sombrío. Y tampoco se tengan donde tocan muy grandes vientos. Y por esta causa, algunas maderas suélenlas emboñigar, para que ellas se conserven, que no se hiendan. Teofrasto dice que hacer estos remedios a las maderas. Y es a causa que, haciéndole una semejante cubierta a los maderos, que entonces están todos los poros del madero cerrados y que no hay parte donde pueda espirar la mucha flema que tiene el árbol dentro de sí. Y por causa de los vapores la va destilando, poco a poco, por el corazón, por donde es causa esto que, secándose el madero, se vaya condensando, igualmente, todo el árbol. Hay algunos que pretenden, que poniendo el árbol cabeza abajo, que el tronco vaya para arriba y la rama para abajo, que se seca muy más cómodamente, por causa del de[í]cender el humor para abajo por su naturaleza, que es como cuando asc[z]ende el humor, como cuando está el árbol derecho en pie, que le va ascendiendo el humor por el árbol arriba. A más de esto, dan los Ufol. 237v] Filósofos varios y diversos remedios para que se conserven las maderas, que no se corrompan de las cosas que les pueden dañar. Teofrasto dice que 17 el ente17

Repetido:

que.

[472]


Libro D i e c i s i e t e

rrar los maderos es para conservarlos. Y entiérranse, por razón que se hacen muy más sólidos, en grande modo. Catón dice que los maderos, de[í]pués que se han cortado, se deben untar con heces de aceite o con aceite de [ejnebro o con pez, por causa que haciéndole este remedio, que no se [Apolillan, ni tampoco se carcomen de los gusanos. Y por esta causa, se le hace este remedio, para que estos animales no les puedan dañar. Bien se sabe que las maderas son ofendidas y gastadas de las aguas, y que el remedio para ella es la pez y el [¿z]zufre mezclado. Y untadas, que se conservan. Mas dícennos aquellos antiguos arquitectos que los maderos que son aderezados con morcas de aceite o de pez o de cualquiera otra cosa que sea pinguosa o grasosa, que puestas al fuego, que inmediato se le prende el fuego y sin hacer punto de humo. Plinio escribe, que en un laberinto en Egipto, que en él había muchos maderos de pino blanco de Egipto, los cuales eran emplastados o embetunados con materia de aceite. Teofrasto escribe, que las maderas que son embetunadas con alumbre y con pluma, que no queman, porque el alumbre tiene esta propiedad, la cual es una piedra llamada amianto o asbesto, o bostrichite, o polia, o corsoide, o lino carristio, o lino gufelino, o esparto palia. Esta piedra tiene esta propiedad: que U/ol. 238r] molida y puesta con materia que se apegue encima de la madera, la conserva, que no se queme, aunque esté en el fuego. Hay otras maderas que se hacen muy fuertes contra las injurias de los tiempos. Y esto se hace en diversas maneras. El madero cedro, el cual es una especie de [f?]nebro, el cual hace la misma fruta, mas hácela algo mayor. El cual madero, cubierto de cera por encima, y enterrarle dentro de tierra, y al cabo de siete días descubrirle y volverle otros siete, se hace muy más fuerte. Y se hacen muy más tratables, por razón que le quita mucho del peso. Este remedio que tiene en sí, le hace muy más ligero y le hace más, que la madera cobra una cierta dureza, y puesto dentro del agua de la mar y después sacada, se seca muy más presto. Muchas maderas, aún, se ponen dentro del agua para que se seque[«] muy más presto, que no hacen, de defuera, al aire y al sol. No se hará tan presto y esto es cosa muy manifiesta, lo cual parece cosa contraria a toda razón, que se seque antes dentro del agua, que no hará fuera de ella. De modo que estas maderas se hacen muy más sólidas y incorruptible[>]. La madera del castaño es cosa muy averiguada que se purga dentro del agua de la mar. Plinio dice que la madera de la higuera de Egipto, que puesta dentro del agua, que se seca muy más presto y se hace muy más ligera; que, luego que es puesta dentro del agua, va a lo hondo y, cuando son secos, nadan Ufol. 238v] por encima del agua. Vese que los que cortan maderas, que las ponen dentro del agua y dentro del lodo, en especial, aquellas maderas que se han de labrar en el torno. Y esto hacen ellos, por causa que creen que se secan muy más presto y que ellas son muy mejores de labrar. Hay otros que tienen por muy firme opinión, que puesto dentro del agua cualquier madero verde, que dura muy infinito tiempo sin se corromper, ahora sean las maderas dentro del agua o dentro de la tierra, o dentro del lodo, o emboñigadas, o emplastadas, o embetunadas por encima, o conservadas en los bosques o en las selvas. Todos los que entienden de esta materia conforman en uno, que no se deben tocar para haberlas de labrar, que a lo menos no pasen tres meses antes de haberlos de aderezar. [473]


TOMO I V

Conviene que las maderas, que se enjuguen y se enfríen y que tomen un sazonamiento y una cierta firmeza en sí, antes que se pongan en las obras. Después que se tendrán las maderas aparejadas, dice Catón que no se debe sacar maderas de la selva, si no fuere en menguante de la luna, d e H p u é s de mediodía y con sol claro y no con niebla, ni en día nubloso, por causa que la niebla les hace quebradizas y se corrompen muy más presto. Y que se debe tener cuenta que ha de ser la luna de tres o cuatro días del menguante. Y débese, también, tener cuenta que no ande viento de mediodía, el cual viento es Austro. Y aún más, nos advierte que, cuando se sacan, no se deben llevar por encima de la Ufol. 239r] rociada, como hemos dicho, a causa que se hacen muy quebradizos y, aún, muy escabrosos. Y no se deben aserrar estos maderos antes que primero no sean enjutos. Y esto es cosa que mucho importa, aunque luego no se conoce, mas quiero advertir a ello y \_se\ verá el engaño y la traviesa que hay en ello y con el tiempo se conoce. ¿Cuáles maderas son más cómodas para los edificios de las obras? Teofrasto dice que las maderas que no son secas antes de tres años. Para haber de hacer tablas, en especial, para puertas y ventanas, todos los árboles o los más son buenos para edificios, de modo [que], como son de diversas naturalezas, así deben servir en diversas cosas. Y no todos los árboles sirven a una misma cosa, los unos árboles sirven para una cosa y otros para otra, como se ha dicho. Los unos son muy mejores y duran mucho tiempo dentro del agua, y otros duran mucho más tiempo al cubierto y otros al descubierto. El roble y la haya, y la encina, y el castaño, y el pino carrasca o el pino silvestre o negral, el vernio, el ontano, éstos duran mucho tiempo dentro del agua; puestos verdes y los otros encerrados, duran mucho, y otros duran infinito tiempo tocándoles el aire y el sol. Y otros valen mucho más al cubierto, como es el nogal y el ciprés, el olmo, el pino abeto y el pino albar o blanco. Al descubierto, el fresno, el acebuche, el olivo, la sabina, el enebro. Los unos se defienden muy mejor al sol y a el aire, y otros se conservan a la sombra o al cubierto, que no hacen otros. Hay unos árboles que en todo lugar son muy excelentes, así para dentro del agua, como para el aire, como para el cubierto, Ufol. 239v] como dentro de tierra. Y por esta razón, son unos mejores 18 que otros para el cubierto 19 . Unos toman mejor color y otros se hacen muy más galanos a el aire; y otros dentro del agua se hacen casi incorruptibles y van cobrando, de día en día, mayor fortaleza y fuerza. Y unos son muy más excelentes para hacer tablas delgadas y otras maderas para hacer mazonería, y otros para sólo servir de maderas para suelos y para cubiertas, y otras para sustentar pesos y techos. Tomaremos principio el vernio o ontano, el cual árbol es muy mejor para hacer estadas 20 dentro de agua o para fundamentos de edificios, donde haya de intervenir madera. Es mejor que ningún otro árbol para este efecto, el cual sufre el humor. Este árbol al aire no vale ninguna cosa, porque no dura nada, ni menos estando puesto al cubierto. El árbol icia o isquia es muy al contrario, el 18 19 20

Tachado: que otros. Tachado: como para el Por: ¿estacas?

cubierto.

[474]


Libro D i e c i s i e t e

cual no sufre ningún humor. El olmo es bueno al aire y al cubierto, y siempre se va consolidando, mas hiéndese en tocándole el agua, y no es duradera la pieza. Y el pino, si se ponen debajo de tierra, duran muy larguísimo tiempo sin se gastar. Mas el roble, por ser madera unida y sólida y de buen nervio y muy bien cerrado, el cual árbol es su madera llena de unas punticas o agujeritos, no recibe el humor, y por esto es muy cómodo a todo género de edificio y para sustentar muy grandes pesos. Es casi como un firmamento para el edificio y muy valeroso. Hale comunicado naturaleza tanta [//o/. 240r] dureza, que ello no se puede agujerear con barrena, si no se moja con agua. Y con todas estas particularidades, hay algunos que dicen que encima de tierra no resiste tanto, ni es tan fuerte, por causa que se hace muy vidrioso o quebradizo, y se tuerce y, aún, muy fácilmente se rompe con el agua de la mar, aunque, a la verdad, hay de tres especies de roble, los cuales son muy diferentes en sí. Dejo aparte la encina o carrasca. El cajico es una especie de roble. Y hay unos muy amorosos de labrar y otros muy pesados, y otros muy reciamente se quiebran o se hiende [K]. El olivo acebuche y el licio, que en todo se igual [a] con el roble, mas tiene esta ventaja, que no se corrompe dentro del agua de la mar, en todo lo demás son iguales en bondad. Estas maderas no hay necesidad de sazonarlas dentro del agua. La encina no se consume jamás por vejez, por causa que tiene en sí un cierto licor que le conserva como si fuese verde. La haya y el castaño tienen lo mismo, que no se gastan dentro del agua, ni menos se corrompen. Y estas maderas se pueden poner, por de las principales maderas, para edificios que se ponen dentro de la tierra y del agua. El árbol curo o alcornoque es muy excelente para sustentar pesos en lugar de columnas. Y el pino silvestre y el moral, y el azar, y el olmo, los cuales árboles son de mucho provecho. Dice Teofrasto que el nogal de Negroponte es muy bueno para maderas de techumbre, por causa [//o/. 240v] que antes que se rompa, hace señal. El pino abeto es el mejor de todas las maderas para maderamiento de cubiertas de aposentos. Es uno de los gruesos árboles y largo que otro pueda ser de su calidad, en rigor y en fortaleza. El cual árbol no tuerce, ni se doblega con tanta facilidad en el sustentar de las cargas, que tiene encima de sí, antes bien, que está firme y tieso o derecho, sin se dejar vencer ni doblegar. Tiene más, que es ligero y no da trabajo a las paredes de los edificios. Débesele mucho a este árbol, y es madera que aprovecha para muchas cosas. Mas tiene un defecto, que es madera que con mucha facilidad prende el fuego en esta madera y quema con mucha presteza, de modo que tiene esa falta, mas es muy provechosa para lo dicho de techumbres. La misma loa se da al ciprés, que es madera para techumbres y para suelos. Y entre los más árboles se le da la alabanza y, aún, le hacen casi uno de los principales árboles y el más sublimado. Y los antiguos, en el número de los principales árboles y el más 21 excelente lugar, dan al cedro, que es uno de los estimados árboles. Y al ébano y al ciprés de la India Oriental lo cuentan y ponen en el número de las cosas de droguería. Y cierto, con muy grande razón, por causa del muy excelente olor que tiene y la hermosura, y fortaleza, y la derechura que 21

Tachado:

sublimado.

[475]


TOMO I V

tiene, y por ser madera que dura mucho sin gastarse, que es madera que casi es incorruptible, [el] cual árbol [/fol. 241r] se podrá cotejar con el ciprés. Es madera que nunca se [Apolilla punto, por muy vieja que sea la madera, ni tampoco de suyo no se hiende, de modo que se le da22 a este árbol muy grande ventaja, mucho más que no se hace al abeto. El pino es alabado. Es verdad que el ciprés es muy más [alabado] que no es el abeto. Es alabado el pino y la pícea, la cual es otra especie de pino que suelen llamar fusta de ley. El abeto no es tan dañado de la polilla, por causa que es muy más amargo su jugo, que no es el del pino, el cual es muy más dulce. Y por esta razón, se le entra tan presto la carcoma. El pino lárice, el cual es una especie de pino, aunque él es uno de los árboles que no se ha de dejar de poner en el número de los excelentes árboles, que ser pueda para los edificios y para sustentar grandísimos pesos encima de sí. Y resiste al peso. Hay de esta madera, en diversos lugares, edificios. A esta madera, que se conserva mucho tiempo, puédesele confiar todo peso, que tiene muy grande bondad. Es muy cómoda a todo edificio. Tiene muy grande correa o nervio. Conserva en sí su vigor. Es muy firme contra toda adversidad. No es dañada esta madera de la polilla. Hay opinión, y muy antigua, que resiste al fuego y que queda casi sin ninguna lesión. Por donde se pretende que puede suceder algún daño de cosa de fuego, se debe poner tablas de lárice para remediar ese daño. Cierto que le he visto quemar, mas'al fin, como una cosa muerta, hace su llama muy triste. Esta madera tiene una falta, [/fol. 241v] que puesta dentro de la mar, luego entra en él la polilla y se carcome. Es muy buena para maderos de techumbres. Es excelente. El roble no vale nada, por causa del demasiado peso que tiene en sí. Y el mismo daño tiene el olivo, el cual es muy pesado, que agrava mucho las paredes de los edificios y, más de esto, se tuerce y se doblega debajo del peso y, aún, de sí mismo se tuerce y doblega sin tener ningún peso sobre sí. Más de esto, todo árbol que de suyo es quebradizo y que de ordinario se suele hender, es árbol inútil para maderamientos de cubiertas, como es el olivo, la higuera, la tillera, el saz y otros árboles de esta calidad. Es cierto, cosa de grande admiración, lo que escriben de la palma, la cual puesta debajo de algún peso, que hace toda su fuerza para haber de resistir al peso que tiene encima, y cuando no puede más, se encorva para arriba, para resistir muy mejor al peso. Para maderamientos que han de estar al descubierto, alábase el enebro. Y vale para cualquier cubiertas. Es muy maravilloso árbol. Plinio dice que el cedro tiene las mismas calidades que el [e]nebro, mas que el cedro es muy más macizo y sólido. Dicen que el olivo dura muchísimo. Es uno de los árboles que ponen en la cuenta, el boj, ni tampoco se debe rehusar el castaño, aunque es árbol que se hiende. Es maravillosa madera para obras al descubierto. Es muy alabado el acebuche sobre todos. Por la misma razón, se alaba el ciprés, que estos dos árboles no se Mpolillan jamás. Y en esta [/fol. 242r] cuenta se ponen todos los árboles que tienen en sí un humor graso y gomoso, resinoso, en especial, si son estos 22

Tachado: a este.

[476]


Libro D i e c i s i e t e

humores amargos. En los árboles de esta calidad, jamás entra en ellos la polilla, ni gusanos. Es cosa muy clara, que estos tales árboles no reciben ningún humor por la parte de defuera que les venga, que sean contrarios a los que tienen en sí. Créese que todas las maderas o árboles que tienen su humor dulce o que participan en dulce, que queman 23 con mucha facilidad, mas no se admite el olivo silvestre, ni doméstico. Dice Vitrubio que el árbol cero y la haya, que tienen su naturaleza muy flaca para resistir contra las tempestades del tiempo, y que no se hacen muy viejas estas maderas. Plinio dice que la encina se corrompe muy presto fuera del agua, mas el abeto, en especial, aquél que nace en ciertas montañas, que para las obras que se hacen al cubierto dentro de las casas, que es maravilloso para puertas y para tablas y cosas de esta calidad, por causa que es muy ligero y seco, y toma la cola muy bien. La pícea y el ciprés son muy maravillosas maderas para tal efecto. La haya es buena para hacer cajas y armarios, y para camas y para hacer aros y cosas de esta calidad. El árbol lecio es una especie como la haya, el cual árbol se sierra muy cómodamente para tablas. Dicen que el castaño y el olmo, y el fresno, que no valen mucho para tablas, aunque yo he Ufol. 242v] visto tablas de todos estos tres árboles, mas luego se hiende [ « ] con muy grande facilidad y fácil al quebrarse, aunque se hienden muy derechas, hacen sus hendiduras. Y muy igualmente, dicen que el fresno es para toda obra y sufre todo trabajo. De una cosa es de maravillarse, que los antiguos han hecho muy poca cuenta del nogal, y cierto que cada cual puede ver el grande beneficio que de este árbol se recibe, en especial, tantas obras que de él se hacen, que son casi infinitas. Alaban mucho el moral, por razón que dura mucho y que con el tiempo se hace negro y más hermosa madera. Teofrasto dice que los antiguos acostumbraban a hacer sus puertas de latonero o de lecio, y de boj, y de olmo, por razón que conservan estas maderas mucho tiempo su dureza, y que son maderas muy excelentes para hacer estípites de puertas. Y es menester volver cabeza abajo para estas quicieras, que lo que va para la raíz del árbol, que vaya vuelto arriba. Catón decía que los brazos de las civillas, que se debían hacer de la madera del árbol agrifolio o de laurel, o de olmo. Loan mucho el árbol corniol para hacer clavijas y cajales de ruedas de anorias, y para palos de linternas y para hacer varones de escalas de mano. Y las hacían del árbol ormelo o de ramas de azar o acirón. Los antiguos hacían caños para fuentes de pino y de la pícea y del olmo, mas es menester que en habiendo hecho estos caños de estas maderas, que luego, después de ser Ufol. 243r] hechos, conviene que se pongan debajo de tierra. Y si no se hace esto, luego son perdidos, por causa del henderse. Y también, que estando encima de la tierra, luego los gasta el agua, porque se corrompen. De modo que han hallado que el árbol lárice, y que sea hembra, que tiene la color su madera, como la miel. Es madera muy excelentísima para tablas para pintar, por razón que jamás no se hiende, ni nunca hallarán en esta madera ninguna manera de hendidura. Y esto le causa que no tiene las vetas largas. Esta ma23

Tachado: con

mucha.

[477]


TOMO I V

dera tiene las vetas muy cortas y es madera que es muy maravillosa para hacer imágenes de bulto. Y también, se servían del árbol loto y del boj, y del cedro, y del ciprés. Y también, se servían de las más gruesas raices del olivo y del árbol pesco del Egipto. Dicen que es árbol que semeja mucho al árbol loto, para hacer cosas de torno, que sean cosas grandes y largas. Es muy buena la haya para esto y el nogal, y el boj, y el moral, y el pino. Estas maderas se tornean muy maravillosamente. Y sirve, también, para cosas menudas el ébano, para hacer imágenes. Para pintar es muy bueno el álamo y el gastice, y el saz, y el árbol carpino, y el serbal, y el sauce o saúco, y la higuera. De modo que estos árboles son muy buenos, por causa de la sequedad que tienen ellos en sí y la igualdad que tienen para que la cola apegue en ellos muy maravillosamente. Y esto es cosa muy notoria, que la tellera es madera muy cómoda para tratar, que ninguna de estas maderas. El gingolero es VIfol. 243v] madera muy buena para imágenes, aunque ella es pesada. Hay otras maderas que son contrarias a éstas, que es el roble, el cual más se acomoda con otras maderas, mas no conserva muy bien la cola, que no hace mucha picosa en él. Y esta misma falta tienen todos aquellos árboles que lloran, que son crespados, que no detienen la cola, sea de cualquier género que sea. Las maderas que con muy grande facilidad se dejan raer y que ellas son maderas macizas, de muy mala gana toman la cola y no la tienen mucho tiempo. Y lo mismo tiene[«] aquellas maderas que son de diferentes naturalezas, como es la yedra, el laurel, la tellera. Estos árboles son cálidos. Y con aquéllos que nacen en lugares húmedos, que son estos árboles de naturaleza fríos. Y para haberlos de apegar juntos, no tienen muy bien la cola, el olmo y el fresno y el cerezo, porque éstos son secos. No ligan bien con el plátano, ni con el ontano o vernio, porque estos árboles son de naturaleza húmedos. Los antiguos tuvieron muy grande cuenta en esto de no apegar maderas que fuesen de contrarias naturalezas juntas. Vitrubio nos amonesta que no se junten las tablas del árbol isquia con los de carrasca. Y porque yo no he visto de estos árboles en España, para haberles de dar su nombre propio en romance, y por esta causa, los he dejado en mi propia lengua.

De los árboles en suma Para haber de tratar de todos los árboles en este capítulo, convendrá que sumariamente lo pasemos. Todos los Ufol. 244r] autores que escriben de la naturaleza de los árboles, dicen que todos aquellos árboles que no hacen fruto, que ésos son muy más firmes y que sustenta [ « ] muy mejor el trabajo y están más constantes a ello, que no hacen aquellos árboles que hacen frutas. Y son muy mejores los árboles cuanto más son silvestres, que no son los hortenses o domésticos, porque los árboles que no les labran la tierra a la redonda, y por esto son muy más duras sus maderas, que no es los domésticos, que son cultivados. Teofrasto dice que en los árboles silvestres, que en ellos nunca les viene[«] accidentes, que sean parte que ellos se sequen. Los árboles que son labrados y tratados, en especial, aquellos que hacen frutas y los que la hacen temprana, [478]


Libro D i e c i s i e t e

hay también diferencia en ellos. Los árboles dulces son muy más flojos que no son los que son agrios y los acutos, y con los que son ásperos. Tiénense por muy más macizos los árboles que hacen su fruta tarde y muy más agrias sus frutas, y aquellos árboles que hacen fruta un año si, otro no. Y aquellos que no hacen fruta ninguna, que del todo son infructuosos, y tienen más nudos que no tienen los árboles que hacen fruta cada año. Y cuanto más estos árboles serán cortos, tanto más son difíciles y torcidos, que no son los silvestres, los cuales árboles crecen mucho más que no hacen los fértiles y cultivados. Dicen que los árboles que crecen al descubierto, sin ser descubiertos de algunos montes o selvas, y que sean muy moles- [ I f o l . 244v] tados24 con grandísima aspereza de tempestades, que estos tales árboles son muy más fuertes y muy más gruesos. Mas serán muy más cortos y más nudosos, que no serán los árboles que habrán crecido dentro de algún valle, en lugar que no le haya podido dar molestia el viento. Dicen que los árboles que habrán nacido en lugares húmedos o en lugar opaco o sombrío, que son muy más blancos, que no son los árboles que han nacido en lugares muy descubiertos y más enjutos. Y que aquellos árboles que nacen de cara el viento bóreas o norte, son muy más cómodos, que no son aquellos que están de cara al viento ostro, que es el viento de mediodía. Los árboles que nacen en lugares contrarios a su naturaleza, echan hacia fuera unas buceas o cosas salidas, como hinchazones. Los árboles que nacen cara \_al] mediodía, son muy duros, mas ellos se tuercen en el corazón, y no son derechos ni iguales para haberse de servir de ellos en los edificios. Y los árboles que son en lugares secos, de su naturaleza, son muy tardíos a nacer, mas son muy fuertes y mucho más que no son aquellos árboles, que no han nacido en lugares secos y que crecen muy presto. Varrón creía que hay naturaleza de árboles machos y otra de hembras, y que las maderas que son blancas, son menos sólidas y menos unidas o menos macizas. Y que estas maderas que son muy mejores de labrar, que no las otras maderas, y sean de cualquier color que ellas sean. Es cosa muy cierta que todas las maderas Ufol. 245r] que son pesadas, son muy más apretadas en sí y unidas y sólidas, y son muy más duras que no son las maderas ligeras. Y cuanto más fuere la madera ligera, es tanto más fácil a quebrarse. Cuanto serán más los árboles crespados o arrugados, tanto más serán fuertes. Y aquellos árboles que viven más largo tiempo, la naturaleza les ha dado o comunicado que después de cortadas, que duren mucho más que las otras maderas, y \_sin\ corromperse toda madera. Cuanto menos corazón tuviere, tanto más es recio el árbol y más fuerte es su naturaleza. La parte que está más cercana del corazón del árbol es muy más dura que ninguna otra parte del árbol. Y cerca de la corteza del árbol está muy más cerrada la madera y tendrá más correa o nervio que en ninguna otra parte del árbol. Y es por esta razón: se tiene que como los animales tienen su pellejo, que así el árbol tiene su corteza, y lo que es debajo del pellejo, que es la carne, y aquello que es a la redonda del meollo, que es los huesos. 24

Repetido: y que sean muy

molestados.

[479]


TOMO I V

Aristóteles dice que los nudos en las plantas servían en lugar de nervios de todas las partes que había en el madero. Y tiene, por la más mala, el humor que les aumenta. Y aunque no hubiese otra razón que por ser sujetos a la polilla y carcoma, mas dicen que aquella parte que ellos eran, cuando estaban derechos de pie, que lo que estaba vuelto hacia mediodía, que aquella parte es la Ufol. 245v] parte más seca, que no son las otras. Y es la más débil y flaca, mas es la parte más unida y cerrada de todo el árbol. Y en esta parte es más cercano el corazón o meollo del árbol a la corteza, que no es las otras partes del árbol. Aquella parte del árbol que estará más cerca del suelo hacia la raíz, será muy más pesada que todas las demás partes del árbol. Y hay esta experiencia: que puesto el árbol dentro del agua, la parte de arriba del árbol es muy más ligera, que parece que esto repugna contra toda razón, y cuanto es más la cantidad del madero, que menos se había de zahondar dentro del agua. Esto se entiende puesto todo el madero dentro del agua, que la parte de la raíz que, con dificultad, nada encima del agua. Lo que parecía que había de ser al contrario: por haber menos cantidad, había de ir a lo fondo, y donde había más cantidad, había de nadar encima. Y lo vemos al revés, la parte del medio del árbol será más crespada o arrugada y con más arrugas. Y las vetas del madero, séanse ellas como se quiera, que tanto cuanto más se irá acercando a la raíz del árbol, tanto más se irán torciendo todas las partes bajas de las raíces. Y con todo esto se tienen por más firmes y duraderas que ninguna otra de todo el árbol. Mas hallamos escrito de los mejores escritores cosas que ponen admiración, porque dicen que la vid o cepa, que dura infinitísimo tiempo. Y que en tiempo de Cesar en Pamplona, cercano a Ponvin o Vionvino 25 , se veía una figura hecha de madera de Ufol. 246r] vid, la cual figura era un Júpiter. La cual figura había durado infinitísimos años sin haberse gastado punto, ni corrompido. Y todos afirman que no hay madera que dure más tiempo, que es la de la vid. En Ariana, que es una parte de la India oriental, se hallan cepas de vid tan gruesas, que dos hombres no las pueden abarcar. Y esto cuéntalo Estrabón, autor muy grave. Dicen que en Utica haber durado una cubierta de madera de cedro mil y do[Í]cientos años y, aún más, setenta y ocho. En España, en un templo de Diana, se han hallado maderos que habían estado do [ Í ] cientos años antes de la destrucción de Troya en obra y duraron hasta el tiempo de Aníbal. El cedro tiene una maravillosa naturaleza, que sufre estar enclavado, o no los consiente en sí. En Garda, en Italia, hay una especie de abetos, que si vasos para tener vino, no tendrá jamás el vino, si dera con aceite, y han de ser las juntas del vaso.

no tiene en sí los clavos y no los montes, cerca del lago de se h a c e [ « ] de aquella madera primero no es untada la ma-

Cierto que en esta materia de las maderas he pasado los límites en haber sido largo, mas de una cosa me admiro, que los antiguos no han hecho ninguna memoria de ella, pues es madera sólida y harto bien unida, y es bien tratable para toda cosa. Ni menos del almendro, con ser un árbol muy durable y que su madera es muy dura y muy sólida, y que para sustentar pesos es maravillosa. Ni tampoco del Ufol. 246v] manzano no han tratado ninguna cosa, pues es madera muy dulce para el tratar, aunque ella no vale para edificios, por ser madera frágil y quebradiza. 25

Quizás se trate de la ciudad italiana de Piombino.

[480]


Libro D i e c i s i e t e

De modo que vemos que Dios ha proveido, para poderse los hombres proveer de maderas para edificios, a tantas partes del mundo de tantos montes y sierras tan enselvadas, de tantas diversidades de árboles, como vemos, para el servicio humano para poder hacer sus edificios para habitar y morar debajo de ellos. Y vemos, por el contrario, que todas las más tierras que son en llano, son ordinariamente faltas de maderas para edificios. De modo que el Hacedor del universo lo ordenó. Y que tengan los más ríos sus principios en las montañas y que en aquéllas tengan sus nacimientos, por donde de ellos nos empezamos a servir, no para regar tierras, más sólo para sacar las-maderas de aquellos montes, por causa que muy pocas veces las podríamos sacar, si no fuese con agua, por causa de tantos intervalos y inconvenientes que a cada rato se nos ofrecería [ra]. Y por esta razón, nos valiesen para una necesidad tal, para que nos remediásemos del carecer de madera para los edificios para morar y de tantas máquinas, y de tantos instrumentos de guerra, y de tantos cómodos, como nos da la madera de hacernos seguros dentro de nuestras casas, y de tantos regalos de instrumentos musicales, y de tanto ornato para los templos, así para alabar al Señor, como para conservar las cosas sacras que para el sacerdocio son necesarias, y para el culto divino y de Ufol. 247r] tantas imágenes y retablos que se adornan con ellos los templos del Señor. Dejo el beneficio de tantas puentes para el servicio de los hombres, y de tantos carros y instrumentos para la agricultura [que] hay, que sin ellos no había [para] trabajar las tierras. Tantas barcas y naves y otros géneros de vasos, así en los ríos, como en la mar, son necesarios para llevar y traer mercadurías, como el tener noticia de tantas partes del mundo que sin estos vasos no podíamos saber, ni tantas armadas de mar que se hacen en diversas partes, si no fuese por la madera que de los montes nos viene, por vía de las almadías que nos trae[ra] las maderas por los ríos abajo. Las cuales almadías se hacen grandes o pequeñas. Así las acomodan en algunas partes para sacar estas maderas: d e H p u é s que las tiente«] cortadas y escuadradas, vanlas arrastrando hasta ponerlas dentro de los barrancos, donde el agua las saca a donde se puedan hacer almadías, porque de otro modo no se podrían sacar, por causa de tantos malos pasos que apenas los hombres puedan entrar, cuanto más animales, ni carros. Para haber de sacar esas maderas, pónenlas de tal modo dentro de los barrancos que, cuando llueve, aquellos barrancos vienen con mucha agua, entonces l a [ j ] saca en lugar cómodo para poder hacer las almadías. Y a veces, están las maderas dos y tres años cortadas, que no se pueden sacar, por causa que no llueve, de tal modo que pueda tener tanta Ufol. 247v] fuerza el agua, que las pueda llevar afuera. Así que los que cortan, ordinariamente, maderas en los montes, procuran siempre de cortar las maderas en parte que el agua las pueda llevar afuera de aquellos barrancos, así sueltos y, si acaso los cortan en parte donde no hay agua, procuran que sea el sacarlos con muy poco trabajo. Hay en algunas partes que los llevan los maderos sueltos, hasta allegar adonde hay cantidad de agua, y entonces las hacen almadías. Y donde no hay ríos, no puede sacarse maderas muy largas, por causa del trabajo que hay en irlas arrastrando, hasta llevarlaW en lugares cómodos para cargarla |>] en carros. De modo que en los ríos pequeños no [Acostumbran traer maderas muy largas, [481]


TOMO I V

ni menos muy gruesas; en otros ríos, ni pequeñas, ni gruesas, por causa de las muchas peñas, como es el río de Chúcar 26 , que no llevan por él ningún madero, ni atado, ni suelto, sino son sólo rajas de pino y de cuatro palmos de largo. El río Tajo, por ser él tan pobre de agua en sus principios, no pueden traer maderas todos los años, ni tampoco muy largas. Por causa de las muchas vueltas que hace, no podrían caminar sueltas, si fuesen muy largas. En el río Segre no se puede sacar maderas gruesas que sean de más de un palmo. El río Guadalaviar no las lleva grandes, digo largas, las maderas, ni menos el río Cabriel, por causa de las vueltas. El río Ebro trae muy grandes maderas y muy largas, y gruesas, y muy cuadradas. El río Gállego no trae maderas muy largas, ni menos muy gruesas, y trae muy pocos maderos cuadrados. El río [/fol. 248r]27 de Pamplona no trae maderas, ni gruesas, ni delgadas, mas sólo rajas para quemar y para hacer cubas. El río Anca 28 trae maderas muy crecidas, así de largo, como de grueso. El río Isábena no trae maderas que sean gruesas, ni tampoco largas. El río Mijares no lleva ni grandes, ni pequeñas, porque no tiene cerca montes. En Italia he visto ríos que traen tres órdenes de maderos, unos sobre otros y tres tramadas de largo 29 . En unas partes de Italia he visto traer, mercadurías encima de las almadías, como es hierro, alambre, plomo y, también, traerlas cargadas de leña para el fuego, y en otras partes diversas cosas. Figura

316.

Segur o estial. Azuela. Aja. Tintero de almagra. Compás. Liña. Palanca. Ruello. Barrena. Ruello.

Las almadías las ligan con cosas de madera de avellano torcidas, que sirven como cuerdas, y les ponen remos. Mas estos remos que ponen a las almadías, no es para que ellas caminen, mas sólo para irlas guiando, que vayan en el corriente del agua, y de apartarlas de algún encuentro. Bien se les podría acomodar remos, que las ayudasen a caminar más de lo que el agua les hace caminar. De suyo, sólo se les pone remos de delante y atrás. Así como son grandes, les ponen remos, los más que yo he visto, son en una almadía ocho y he visto de Por: Júcar. Tachado: el río Gállego no trae maderas muy largas, ni menos maderos cuadrados. 28 Podría tratarse del río Ara, afluente del Cinca. 29 Tachado: en unas partes. 26

21

[482]

muy gruesas

y trae muy

pocos


Libro D i e c i s i e t e

solos dos, y de cuatro, y de seis. Y esto se entiende de delante, y a la parte de detrás acomodar los remos. Y por ser esta cosa de agua y, aún, Vitrubio las [//o/. 248v] pone en su obra, así que recibimos tantos beneficios de las maderas, que aunque no fuese más de sólo el regalo de las sillas de asentar, como de cabalgar, de tantas mesas, de camas, que sólo esto es dar grandísimo deleite de tantas cosas que se sirven las repúblicas, en especial, de la madera. (Figura 316) Éstas son las más herramientas que usan los que hacen maderas en los montes y lo mismo los que llevan almadías. Llevan sólo barrena para agujerear las maderas y el estial para cortar, para hacer remos y para cortar ligarzas y palos para empujar las almadías, y para trabarlas con las ligarzas. (Figura 317) Figura

317.

[/fol. 249r] Hay en muchas partes ríos que no se puede [ra] navegar, ni con almadías, ni con otra cosa, ni aún llevar tan sólo un madero suelto, por causa de las muchas peñas que hay en el tal río. Y he pensado una cosa, que me parece que se podría servir del tal río, ir entablando un camino, el cual fuese tan ancho que un madero pudiese caminar libremente por él, con tal que no se hiciese ningún ángulo, porque embarazaría mucho en aquellos ángulos. Y donde hubiese alguna peña, que hiciese embargo, romperla, que muy menos gasto será hacerlo una sola vez, que no hacerlo para siempre, haberla de llevar con carros, porque es muy excesivo gasto el de los carros.

[483]

FUNDACIÓN JUANELO TURRIANO


1

FUNDACION JUANELO TURRIANO


LIBRO DIECISIETE Capítulo de las piedras en universal y en qué tiempo se deben arrancar en la cantera y en qué sazón y tiempo se deben poner en obra y cuáles son más fáciles de quebrar y cuáles son más durables en la obra

D

ébese tener mucha cuenta con las piedras que se han de poner en obra, mayormente, en las paredes de los edificios, y lo mismo de las piedras que se han de' hacer calcina de ellas. Y de esto trataremos brevemente, por ser ello materia que es muy común entre el vulgo. Esta materia de hacer calcina, por ser ella cosa tan manifiesta, no hay necesidad de ir Ufol. 249v] contando las causas por donde tienen las piedras su origen y principio. Dejando aparte las diversas opiniones de diversos Filósofos y las que cada uno tiene en ello, y como cosa que no hace a nuestro propósito, proseguiremos conforme a los artífices lo que en esto tienen, y no curando de las opiniones, como tengo dicho. Catón decía que se debían arrancar o sacar de la pedrera las piedras en el verano, y que se debían tener dos años al sol y al aire, antes que se pusiesen en obra, por causa que, si en aquellos dos años no había hecho ningún movimiento, que tampoco lo haría en la obra, por causa de haber estado al sol y al aire, y a la lluvia, y al hielo, y a las nieblas. Y por esto se conocía su bondad, por causa de los trabajos que había padecido. Y poniéndolas en obra, luego que se han arrancado de la pedrera, ellas están llenas de aquel humor propio. Y tocándolas el hielo y el aire, el sol, la lluvia, luego se deshacen algunas piedras, y otras se hienden. Después de ser ellas sacadas de la pedrera, ténganse en lugar que l e [ í ] toque el sol y la lluvia, y el aire, y toda otra tempestad. Y las que habrán resistido, entonces se verá la bondad que tiene, si es blanda o fuerte y cuáles serán las piedras que en ellas se hallarán seguridad. Y haciéndose estas experiencias, quedará el artífice saneado de la calidad de las piedras, que habrá de poner en obra. Y no se debe poner ninguna calidad de piedra en obra, que primero no tenga noticia de su bondad y calidad, porque hay algunas especies de piedra que en discurso de tiempo ellas se carcomen, como hace la [//o/. 250r] madera. Y se deshacen de sí mismas y otras revientan, o vanse en asclas por causa de los hielos, y otras se comen de las exhalaciones. [485]


TOMO I V

De modo que la opinión de los antiguos no era de poner en obra ninguna piedra que primero no hubiese pasado dos años. Y esto hacían ellos, por causa que en este tiempo, si las piedras habían de hacer algún siniestro, lo señalaría en este tiempo. Es cosa muy manifiesta, que en un mismo género de piedras hallarse dos calidades de piedra, y que la una misma cosa hallarse la una dura y otra, muy más blanda. De modo que hay una calidad de piedra, que de[j]pués de ser sacada de la pedrera, que el aire la endurece. Y hay otras piedras que, tocándoles el hielo, luego se deshacen, y otras que se quiebran o hienden con el tiempo. Mas los artífices que tienen grande práctica, saben muy bien conocer y discernir las buenas piedras de las malas. El modo que [se] podrá tener para conocerlas. Conoceráse muy mejor el valor de las piedras por los edificios antiguos, que no harás con las escrituras de los Filósofos. Por tanto, conviene que hablemos de todas las maneras de piedras, en suma digo, que con todo aquel debido acatamiento que se les debe a los sabios y séame lícito hablar en ello. Digo que toda piedra blanca es blanda, más que no son las piedras que son encarnadas. Y la piedra que es trasparente, es muy [más] tratable, que no es la piedra que es obscura. Y tanto cuanto más tendrán las piedras semejanza con la piedra de la sal, ellas tanto más serán dificultosas [/fol. 250v] al labrar. La piedra que parece que le han echado arena por encima y que está cintilando, como cosa de vidr[/]o, será piedra muy áspera y escabrosa. Y si tendrá algunas centellas a mezcla, como de oro, no será piedra que sufra ninguna cosa. Y si tendrá la piedra en ello unos, como puntos negros, —no se podrá haber la piedra 30 que tendrá manchas y que las manchas son como gotas con ángulos—, es piedra muy firme y segura, más que no es aquélla que tendrá las manchas redondas. Y cuanto más serán las manchas pequeñas, las gotas tanto más serán mejores y muy más duras. Cuando la piedra tendrá la color purgada o más limpia, tanto más durable será. Cuando la piedra tendrá menos vetas, tanto más durable será al trabajo y tanto cuanto la color de las vetas conformarán con la color de la piedra, ella será muy igual por toda ella. Y tanto cuanto más serán las vetas delgadas, tanto más será hermosa la piedra. Y tanto cuanto más serán las vetas tuertas y revueltas y cortas, tanto más será la piedra escabrosa y aust[<?]ra. Y cuanto más será nudosa, tanto más será cruda. Las piedras que con facilidad se henderán, serán muy ruines. Aquellas piedras que tienen en el medio una veta roisca o de color amarillo, es piedra que con facilidad se corrompe. Y la piedra que tiene manchas, ahora de blanco, ahora de color de yerba por toda, será de la misma calidad de la piedra dicha arriba, que se gasta con mucha facilidad. La piedra que será de [/fol. 25Ir] yerba por todo, más que ningunas de las otras, es muy más dificultosa. La piedra que parece al hielo, que es turbio y las muchas vetas señalan que no es piedra que tenga firmeza, es piedra que muy presto se31 rompe o revienta y, cuanto más derechas tendrá las vetas, menos se debe confiar de ella. 30 31

Tachado: haber la Repetido: se.

piedra.

[486]


Libro Diecisiete

Las piedras cuanto más serán sutiles y más lisas, y los cortes de ellas se ver á [ « ] en ellas y tanto más serán unidas. La piedra, al tiempo que ella se rompiere, tendrá la corteza menos áspera; será muy mejor para labrar, que no será aquella que tendrá la corteza de encima áspera, será piedra escabrosa y áspera. Las piedras que son escabrosas, cuanto más serán blancas, tanto menos se dejan tratar con las herramientas. Las piedras negras, tanto cuanto tendrán su aspereza o escabrosidad y será menuda, tanto menos es obediente a las herramientas de los que las labran. Todas las piedras, que serán de menos valor, cuanto serán ellas esponjosas, digo que cuantos más agujeros tendrá[ra], tanto más serán duras estas piedras, aunque hay una piedra que tiene agujeros, que es harto blanda que la llaman caracolina, la cual piedra es muy buena para agua. Es verdad que hay una calidad de piedra que tiene agujeros, la cual es colorada, que es muy fortísima y con trabajo se labra. Y también, hay una que es [Amarilla, con manchas más amarillas, que es muy fortísima. Y hay otra piedra de esta misma color, mas no tiene manchas, la cual se consume de sí misma y es muy floja. La piedra que fuere mojada, y lisamente o igualmente, y estuviere Ufol. 251v] más a enjugarse, tanto más es cruda. Toda piedra, cuanto más es pesada, es muy más firme y segura y toma muy mejor el pulimento, que no hacen las piedras que son ligeras. Todas las demás piedras, que son ligeras y que tratándolas se van desmenuzando con más facilidad, que no hacen las que arriba hemos nombrado. Las piedras, que dando en ellas retiñen y tienen mejor sonido, son mejores, que son muy más unidas y cerradas sus partes, que no son aquellas que tienen el sonido sordo. Aquellas piedras, que estregándolas muy reciamente y tuviere olor de [Azufre, será piedra muy fuerte, más que no es la piedra que habrá estregado y no olerá a nada de [Azufre. Y cuanto más la piedra resistirá a la herramienta, tanto más será fuerte y más vigorosa para resistir contra las injurias del tiempo y tempestades. Es opinión que, cuanto mayores son en sí las piedras en la pedrera y cuanto mayores se podrán sacar del banco de la pedrera, tanto más resistirán al trabajo tales piedras, contra toda adversidad que le podrá venir, más que ningunas otras piedras de cualquier especie. Toda piedra, cuanto más ella fuere blanda, cuando 32 ella se saca de la pedrera y ha estado al aire y mojada del humor, se hace muelle. Y es muy mejor de labrar, pues se halla mojado con agua, que no es cuando es enjuta o seca la piedra, cuando ella se sacaba de su lugar, y que es lugar húmedo, y cuan más húmedo será y, después de enjuta, Ufol. 252r\ será muy más cerrada. Y, aún, afirman que se labra mejor soplando el aire de mediodía, que no hace cuando corre el viento de Tramontana, y se labran las piedras. Se suelen hender con más facilidad que no hace cuando anda el viento de mediodía. Mas si pareciere alguno, hacer esta experiencia: cuando tendrás de las unas y de las otras, que habrás labrado cuando corrían estos vientos, y que las unas mojaste y las otras no, si aquellas piedras, que habrás mojado, ellas crecieren de peso, es señal que ella se deshará y no resistirá a los calores de los soles, ni al peso de la carga que tendrá encima. 32

Tachado: es. [487]

FUNDACIÓN JUANELO TURRIANO


TOMO I V

Figura

320.

Maza de hierro. Propalo. Cuñera. Pico a punta de gurrión. Pico cazudo. Cuña. Pico a punta de diamante. Pico con tallante. Azada. Palanca de hierro. Escoda o tallante. Pico de dos puntas. Escoda martillo. Maza. Azada martillo.

(Figura 318) Los astiles de los picos y mazas conviene que sean delgados, causa que siendo delgados dan mayor golpe. Estas herramientas son para arra'j car piedras Ufol. 252v\ en la pedrera y éstas son cuantas ellas han menester pa: su servicio.

Libro de la calidad33 de las piedras y el modo de hacer rejolas y tejas y otras cosas de barro para adornar edificios Cosas dignas de saber son aquéllas que han dicho los antiguos Filósofos acerca de las piedras, de [.sus] grandes maravillas y de las variedades de ellas, y para que cada cual se pueda saber acomodar de ellas para lo necesario. Cerca de los campos de Bolsena, en Italia, y del lugar Stratone, hay un género de piedra, la cual es muy maravillosa para todo género de edificios. La cual piedra resiste al fuego y a toda otra cosa que le pueda dañar, de modo que ella dura muchísimo. La cual piedra es incorruptible y de esta calidad de piedra se hallan [en] infinitas partes, que resisten al fuego. Porque donde se hacen en tantas partes hornos para cocer pan, hase de creer que hay tal especie de pie33

Tachado: de la

calidad.

[488]

FUNDACIÓN JUANELO TURRIANO


Libro Diecisiete

dra, como es muy grandísima verdad. Y, aún, otra especie de piedra que resiste mucho más al fuego, que no hace ésta, de la cual piedra se hacen los morteros para tener el vidrio en los hornos. Y de esta clase son [se] halla cerca de Calatayud y en otros infinitos lugares, de modo que vemos que esta piedra resiste muy bien al fuego, la cual piedra es muy buena para labrar figuras. Escribe Tacio Ufol. 253r] que, cuando Nerón reedificó la ciudad de Roma, por causa del grandísimo quemamiento que había hecho, y para esta reedificación se sirvió de la piedra de Albano, y de Gabino para maderos. Esta piedra resiste al fuego. Muy al contrario de esta piedra, es la que Julio César se sirvió para hacer los muros de Zaragoza, la cual piedra en sentir el fuego, luego se hace yeso, mas puesta en parte donde no toca el fuego, es maravillosa piedra. Dura infinitísimo tiempo. Sirve para todo género de edificio. La cual es blanca y tira a cenizosa. En tierra de Génova y en tierra de Venecianos y en otras infinitas partes, es especial en Aragón, se halla en diversas partes de ese reino una especie de piedra blanca, la cual con facilidad se puede serrar, como se hace la madera y el alabastro. Y labrarla con herramientas, como madera. La cual piedra resiste a todo trabajo que le pueda venir. Hay alguna especie de esta piedra que es demasiadamente blanda y se deshace de sí misma, mas yo he visto de ella tan blanca como la nieve, y tener muy grandísima firmeza para cualquier cosa que se le encomiende. Lábrase maravillosamente. Es cómoda a todo género de edificio. En Istria hay una especie de piedra que conforma mucho con el mármol, mas ella es tal que, tocándole vapores o flamas de fuego, se va en asclas. Y esto tiene todo género de piedra Ufol. 253v] que sea fuerte, en especial, a la piedra sàlice, la cual es blanca y así las negras en ningún modo pueden sentir el fuego. Hállase una especie de piedra que es de color cenizosa y muy oscura, en la cual parece que se le haya mezclado carbón menudo en ella. La cual piedra es harto ligera y es muy cómoda para labrar, y es muy maravillosa puesta en obra. Resiste a todo trabajo y de esta calidad de piedra hay en Madrid, la cual piedra está mucho tiempo sobre cosa que no toque. Toda, igualmente, se tuerce como madera, la cual es tan seca que se atrae todo el humor de la calcina y se le embebe. Y, cuando la quieren labrar, la mojan y levántase en alto la superficie de la piedra. Hay de esta calidad piedra que se embebe toda la humedad de la calcina y la deja como polvo, como cosa inútil. De modo que dentro de poco tiempo el edificio va [a] arruinarse, por causa de no estar unida la cal con la piedra. Las piedras de los ríos, las redondas, son de calidad contraria, que jamás se juntan bien con la calcina, por causa del mucho humor que tiene en sí, no acaba jamás de ligar con la calcina. Hay una piedra blanquinosa, la cual tiene en sí unos agujeros y con algunos caracolicos a vuelta. Es muy buena de labrar y muy cómoda a todo género de edificio. En especial, para dentro de agua es maravillosa, que después que le ha tocado el agua y humedad, hace un tez por encima que le hace muy fortísima. Ufol. 254r] En Aragón hay en diversas partes piedra franca, mayormente, en tierra de Teruel, en Cañada Bellida y en tierra de Roca, en Gallocanta, en el condado de Belchite, en la Pobla de Abortón, en el condado de Aranda, en Épila. Mas la que yo he visto, y muy más blanca que ninguna otra, es en Alquézar y Lencina. En Fonz, cerca de Monzón, en Leciñena, cerca de Zaragoza, en [489]


TOMO I V

la Muela, término de la ciudad, mas ésta es la más blanda de todas y, aún, la más escura de todas cuantas yo he visto. Y hay en infinitísimas partes, cerca de Tolosa. Esta piedra de que hemos hablado, es maravillosa para labrar molduras, figuras, todo género de labores. Hay de ella en el Maestrado 34 de Montesa y muy buena. En Aragón se hallan muchas diversidades de piedras muy buenas. Hállanse en algunas partes que los mármoles crecen en las mismas pedreras del mismo marmal. Hase hallado que la piedra Tevertina 35 , que de muchos pedazos, haberse de sí misma consolidado en un solo pedazo. Y el haberse ajuntado en uno, lo ha causado el humor de la tierra y con el discurso del tiempo haber causado eso. Vese cerca del Lago de Pie de Lobo, en Italia, en aquella parte donde viene a precipitarse o a caer en el río Ñera, que a la orilla del río va creciendo la piedra, de día en día. De modo que ha habido algunos que se han creído, que como se ha ido creciendo estas piedras, que ha ido cerrando la salida del agua Ufol. 254v~\ en el valle, de modo que ha causado hacerse aquel Lago. Debajo de la Basilicada 36 , no muy aparte del río Sebari 37 , en aquella parte donde caen aquellas aguas de tan altas ribas, hacia la parte de oriente, se ve cada día que va [ra] creciendo grandísimos pedazos de piedra que se congela por causa del agua. Y están colgadas estas piedras, las cuales son ellas tan grandes, que de una sola abastaría a cargar infinitos carros con ella. Esta piedra, antes que sea sacada de su lugar y, aún, sacándola, es muy blanda, mas después que es enjuta, se vuelve durísima y es muy cómoda piedra para todo género de edificios. Yo he visto lo mismo de esta piedra que los caños de una fuente, haberse cerrado de una materia tan fuerte, que el caño y la materia ser todo una pieza de piedra, tan conglutinado se había la materia con el caño. Y helo visto en otra parte, que el agua va cada día cargando un [a] materia que se convierte en piedra, y esto se ve en diversas partes crecer las piedras. Vese que en el monte de Monguy 38 , cerca de Barcelona, se sacan piedras, las cuales sirven para muelas de molinos. La cual piedra es cenizosa y vese que, donde se han sacado de estas piedras, que a cabo de diez, doce años hallan haber crecido la piedra y haber cerrado y henchido aquel vacío, de donde habían sacado las piedras. De modo que en esto hay diversas opiniones, que unos afirman crecer la piedra en su propio lugar y otras dicen que la tierra, que cae dentro de aquellos Ufol. 255ñ vacíos, se convierte en piedra. De modo que todos conforman crecer y que la misma piedra se levanta para arriba. En el término de Florencia, cerca del río Quiane 39 , hay una heredad, la cual es llena de unas piedras muy duras. Y hay de ellas muy grande abundancia, que parece que a manos las hayan puesto, de modo que de siete en siete años se vuelven en tormos de tierra. Plinio escribe que cerca de Espiga y cerca de CaPor: Maestrazgo. Por: Travertina. 36 Por: Basilicata. 37 Por: Sibari. 38 Por: Montjuic. 39 Por: Chiana.

34

35

[1490]


Libro Diecisiete

sandria, que los tormos de tierra se vuelven en piedra. Junto de Puzol 40 , en Italia, a una legua de Nápoles, se halla un polvo que, masado con agua de la mar, se endurece en tal modo que se convierte en piedra. Diodoro escribe que en Arabia hay tormos de tierra que, sacados de su lugar, tienen muy maravilloso olor y muy suave, que puestos al fuego se funden o derriten y cuelan como los metales. Y enfriados, se convierten en piedra y, si son puestas en edificios y tocándoles a estas piedras la agua de la lluvia, luego se vuelven blandas, de tal modo que, después de enjutas, se vuelve toda la pared de una pieza. Sacan en Aso de Troades la piedra sarcófago. Tiene sus vetas, las cuales son muy fáciles de hender y, si en esta piedra se hace alguna sepultura y se pone dentro algún cuerpo muerto, y se consume, y se convierte en la misma piedra el cuerpo y vestidos, excepto los dientes, los cuales quedan de su misma materia. Y conviértese en esa piedra toda otra cosa que dentro le pongan. Otra piedra hay muy contraria a ésta, la cual es la piedra [//o/. 255v\ quernite, la cual piedra conserva dentro de sí los cuerpos muertos grandísimo tiempo sin dejarlos corromper. Y en un sepulcro de esta piedra fue sepultado el Rey Darío. Y si se hubiesen de traer aquí todas las calidades de piedra que hay y de sus efectos, y virtudes, no hubiera libro tan grande en el mundo, porque hay tantas calidades de piedras, que todo esto que he escrito no es más que de una suma. Porque aquí no he tratado del mármol, ni del alabastro, ni del pórfido, ni de la serpentina, ni del jaspe, que hay de tantas colores y manchas tan variadas. Sólo he tratado de las piedras comunes para edificios. Sólo haber de tratar de escribir de la especie de las piedras areniscas, fuera menester mucha materia, cuanto más de las piedras que participan de yeso, de diversas colores. Y de la piedra bastite, que es negra, de diversas calidades, porque hay de ellas muy durísimas y de ellas muy blandísimas. Dejo aparte las mezclas o participación de las unas en las otras, pues de la piedra calar, que hay un maremagno de ellas y de las piedras toscas que son ligerísimas, que hay de diversas calidades. Las que engendran las aguas, es maravillosa para hacer sillares, para volver bóvedas y crucería, por causa que es como madera en la ligereza y, aun, casi se labra con segur, como se escuadran los maderos. Dejo aparte las piedras que son de una sola color, como amarillo, colorado, azul, verde, negro, leonado, blanco y todos otros infinitos colores, que son como encarnado, pardo, morado, violado y otros infinitos colores que hay.

Qué calidad de piedra es mejor para hacer calcina Diversas [/fol. 256r] son las piedras de que se hace calcina. Son diversas opiniones acerca de la piedra de que se hace la calcina, unos dicen que cuanto más es dura la piedra, que es muy mejor la calcina. Otros son de contraria opinión, que es muy mejor la cal cuando es hecha de una piedra que es medianamente dura, y que ella se cuece muy mejor y, que cuando es muy dura, que nunca acaba de cocer. Y que quedan ciertas piedras que no se cuecen y, de[í]pués de puesta la cal en obra, que entonces se va deshaciendo en polvos estas piedras. 40

Actualmente Pozzuoli.

[491]


TOMO I V

Catón Censorino desalaba mucho la calcina que es hecha de diversas calidades o géneros de piedra, ni menos le agrada la calcina que es hecha de piedra de guijarros, la cual dice que no es buena para ninguna obra, ultra que en el hacerla de toda piedra es cosa desaprovechada. Yo he visto hacer calcina de unas piedras de los ríos blancas, que son redondas, las cuales piedras son maravillosas y no son mayores que el puño. La cual piedra es muy grasosa y llena de tal humor que es, de[í]pués de cocida y muerta, como manteca; que la cal que es hecha de piedra caracolina no vale nada. La cal que fuere hecha de piedra tosca y que participe de vidrieña, es calcina muy áspera. La calcina que fuere hecha de piedra de pedernal, será muy maravillosa de buena. Toda calcina requiere ser grasosa, porque hace mejor presa. La más mala calcina es la que es hecha Ufol. 256v\ de una piedra que se deshace de suyo en el cocerla al fuego, que no halle qué consumir, como es la piedra tosca, la cual piedra es muy sequísima de suyo, como es en las piedras que son ligeras y enjutas. Las piedras que son blanquinosas, de color mortecino, no es del todo buena, porque la piedra ha de ser pesada, que cociéndose, conviene que pese un tercio menos de lo que pesaba cruda o por cocer. Y también, la piedra que es muy grasosa, llena de humedad, es muy más dispuesta [a] haberse de envidriar, en tal modo que aprovecha muy poco para calcina que sea buena. Plinio dice que la piedra verde que no es buena para calcina, porque jamás se acaba de cocer. Y esta piedra serpentina hay de ella de muchas especies, mas no distingo cuál especie era la que él trataba. Dice que resiste al fuego en grande modo, y lo mismo vemos de la piedra porfirite o pórfide, la cual piedra no se quema, más aún, no deja quemar ningunas de las piedras que le toca a la redonda. Las piedras que participan de tierra, que consigo la tenga a mezcla, no valen nada para hacer calcina, por causa que no sale limpia. Los antiguos arquitectos alaban en grande modo la calcina hecha de una piedra blanca y muy durísima, y muy unida, en especial, la piedra que es blanca, es para hacer cualquier cosa en los edificios, por razón que hace muy maravillosa presa con las piedras. A esta calcina danle los antiguos el primer grado y el segundo Ufol. 257r\ dan \_a\ aquella calcina que se hace de piedra ligera, la cual es esponjosa. Esta calcina, aunque ella es hecha de piedra que se suele gastar, tienen ésta por buena para emblanquecer las paredes y porque las hace muy blancas y muy lustrantes. En Francia no acostumbran otra calcina que la que hacen de unas piedras, que no son mayores que el puño o como un huevo, las cuales piedras van recogiendo por los suelos del río, las cuales son negricas y son muy durísimas, que parecen de las piedras g u i j a r r e ñ a s . Y con todo esto, puesta en obra, es maravillosa, así para piedra, como para ladrillo. En París acostumbran una especie de tierra blanca, la cual ni es calcina, ni tampoco es yeso, la cual tierra masada es maravillosa para las obras, que hace muy grandísima presa con la cosa que es mezcla y jamás se consume, aunque la piedra se gaste, ni el ladrillo, la cual materia llaman ellos plaste. Plinio escribe que de la piedra que se hacen las muelas de los molinos, que es maravillosa piedra para hacer calcina. Yo he visto calcina hecha de piedra de las muelas de molino, que tenía unas manchas, como de vidrio, la cual era cal muy brozna y áspera y, aún, muy seca, y las gotas eran como de piedra de sal, así relucía la piedra de las muelas de molino. La que no tiene de estas manchas, [492]


Libro Diecisiete

es piedra bien unida y maciza, y cuando se labran estas piedras, el polvo que de ella sale es muy delgado. Es muy buena, séase la piedra como se quiera. [/fol. 257v] La de las piedras, digo, será muy mejor para calcina, que no es aquella piedra que es recogida. Y muy mejor será la piedra que se saca de la pedrera a la parte donde no le toca el sol, que no será aquella donde toca el sol, y mejor a la parte donde hubiere humedad, que no es a la piedra que es seca. Y mejor será la calcina de la piedra blanca, que no es la que es hecha de piedra más negra. En Francia, a las partes marítimas de los pueblos Eduy 41 , que por no tener piedra para hacer calcina, la hacen de conchicas marinas y de ostias y de cosas semejantes. La calcina, de[í]pues de ser quemada y sacada del horno, y débese poner en [lugar] que ni le toque sol, ni luna, ni viento. En especial, si es en el verano, ella se deshace y hácese en polvo. Conviene ponerla a la sombra, en lugar enjuto y no húmedo, si se deja así en el horno, ella se hace inútil. Conviene matarla luego y conservarla, como se ha dicho, que esté a la sombra y no al sol, por causa que se hace muy escabrosa y hace muy poca presa en la obra donde ella se pone. Débese advertir y tener cuenta con las piedras, antes que se p o n g a M en el horno, que las piedras grandes se deben hacer pedazos y no se deben tampoco hacer tan pequeños, que ellos sean más pequeños que es la cabeza de un hombre, porque son muy más cómodos para tratarlos, para ponerlos en el horno y son más fáciles a cocer. Hállase algunas veces en las piedras redondas algún agujero en el medio, que es causa de hacer muy grande daño en el horno, por causa que se encierra en tales agujeros el aire por donde [/fol. 258r] es causa de hacer reventar el horno y poner todo en ruina, por causa que cuando se le empieza a dar el fuego por la parte de defuera, el frío va huyendo de la calor y el aire se encierra dentro de tales piedras, de modo que el fuego es causa que esa tal piedra se convierta en vapor. Y es cosa muy cierta que las piedras se hinchan en el horno, y esto es la causa que revientan las tales piedras en el horno y todo se va [a] arruinar, de modo que quebrando la piedra, quítase todos estos inconvenientes y dificultades que pueden acaecer en tales lugares. Hay algunos que afirman haber visto en estas tales piedras unos gusanos, los cuales tienen el lomo lleno de pelos y tienen muchos pies, los cuales gusanos suelen dar muy grande daño al horno. Pues hemos empezado a contar cosas extrañas que acaecen hallar dentro de las piedras, he visto una piedra, que cavando unos fundamentos, la rompieron en tal modo, como cuando se abre una empanada. Y hallaron dentro una culebra 42 de piedra, la cual tenía todas aquellas escamillas que suelen tener, y era desapegada de la piedra. Y esta piedra fue traída al Arzobispo de Zaragoza, a don Hernando de Aragón. En Tolosa, en tiempo del Rey Francisco, se hallaron unos piqueros una piedra Franca, en el medio de ella un sapo vivo encerrado 43 , y en ella no se veía cosa por dónde pudiese entrar. Y en aquella parte donde estaba, era muy más Se refiere a los Eduos, pueblo galo, que habitaba la región correspondiente a una parte del Nivernais y de Borgoña. 42 Tachado: empanada. 43 Tachado: en medio de aquella piedra. 41

[493]

FUNDACIÓN JUANELO TURRIANO


TOMO I V

dura que no era en todo lo de- Ufol. 258v\ más de la piedra, y en viendo el aire, luego murió. Créese que del lamer la piedra, se había endurecido en aquel lugar. En la isla de Malta hay unas peñas cerca de la mar, las cuales son las más sólidas que ser puedan y rompiéndolas hallan dentro unos pecezuelos vivos y, aún, buenos de comer. Cerca de Roma, fue hallado de unos piedrapiqueros una culebra viva dentro de una muy grande piedra, la cual era hueca en el medio y era muy cerrada por toda parte. Cerca de Monzón, un maestro, labrando una piedra, halló en ella un clavo de hierro harto grande. Yo he visto en piedras infinitas cosas, las cuales eran muy diferentes de la calidad de la misma piedra. Yo he visto en cangrejos convertidos en piedra y dentro de otra piedra, los cuales eran muy más fuertes que la misma piedra. Yo he visto ranas dentro de piedras que eran de piedra muy más fuerte, que no era la misma piedra. He visto peces, escarabajos. He visto un pedazo de piedra que había sido primero fusta, porque tenía un nudo con las mismas vetas que suele tener la madera de pino, cuando le ha dado la agua encima, que quedan muy más altas que no es lo demás. He visto diversas cosas de esta calidad, como son animalejos dentro de piedras, conchas, caracoles, hechos por sí, sin ser dentro de otra piedra, con todas aquellas líneas que suelen tener los naturales de la mar. Cerca de una ciudad de Italia que se llama Verona, [he visto] unas piedras a modo de cebollas llanas, las cuales piedras tenían una flor de seis hojas, como se suelen hacer con el compás dentro del redondo, con unas venicas, como suelen tener Ufol. 259r] los lirios azules, y las más tienen cinco, que parece que han puesto cinco hojas de olivo para que haga aquella flor. He visto piedras como corazones, tan bien hechos cuanto ser pueda, con aquellas particularidades que tienen los corazones de carne, y otras infinitas piedras. He visto piedras que parecen huesos de animales, que se habían hecho de una materia que corría de una peña y eran de la misma color. He visto piedras que, naturalmente, parecían coral blanco con sus nudos. He visto unas piedras que se habían criado de la humor que manaba de una peña, unas uvas que eran, realmente, con sus granos y eran de tres palmos de largo, las cuales estaban colgadas en el cielo de una cueva. Y esto era cerca de Reda44, en Aragón. Y las otras como huesos, eran en el Condado de Ribagorza, y los corales blancos eran en Cataluña. De modo que si hubiese de escribir todas las piedras que yo he visto, piedras como dineros acuñados con manera de letras y con algún modo de figuras. He visto piedras que, realmente, parecían lentejas en la forma y en la color, y en la cantidad. En una cueva hay tantas de las piedras redondas, como si con molde fueran hechas y casi todas de un tamaño, que había para cargar carros. Pues volvamos a la materia empezada. Aquí no me curaré de ir contando el modo que ha de tener el horno de la calcina, ni en qué modo ello se va empezando a sentar las piedras, ni cómo se vengan a cerrar, ni tampoco dónde Ufol. 259v\ ha de tener el fuego su asiento, por ser todas estas cosas tan notorias y tan comunes entre el vulgo, ni tampoco cómo se les debe dar el fuego. De una cosa quiero advertir, que cuando se le empezare a dar fuego, se le debe ir dan"" Actualmente Roda de Isábena (Huesca).

[494]


Libro Diecisiete Figura

319.

Cómo está la piedra en el horno. Horno de cal. Atizadores. Badil. Ligón. Pala. Azada. Capa para menear la cal.

do, poco a poco, hasta tanto que las piedras empiecen de sudar, porque de otro modo no sería nada, ni nunca cocería la piedra, si primero no sudase en el horno. Y débesele de dar, poco a poco, el fuego hasta que alleguen las flamas encima del horno, entonces se le debe dar grande prisa. Y esto es la causa que algunos hornos revientan, es el darle el fuego riguroso antes que las flamas hayan a s cendido arriba, y como no exhala la humedad, enciérrase dentro y, de necesidad, conviene que reviente y que se exhale por alguna parte. De modo que conviene que la flama a s c i e n d a arriba, sin tener punto de humo mezclado, y que las más altas piedras hagan una ascua. Ni por esto no es cocido el horno, hasta tanto que se empieza a ir hinchándose la piedra, y que se vaya quebrazando y abriéndose, y se vuelven las piedras ir calando hacia M b a jo a cerrar lo abierto. Es cosa maravillosa y, aún, es de notar que cuando es cocido el horno de la calcina, tiene el fuego esta calidad, que abajo empieza a ir enfriándose y encima del horno estará, aún, el fuego en la calcina. Los edificios que se hacen con cal, conviene mezclar arena con la cal, porque sola cal hace muy poca presa, por Wfol. 260r] causa que es muy seca de suyo y por eso se le mezcla el arena, porque de dos extremos se haga un buen remedio, que lo húmedo mezclarlo con lo seco y lo frío con lo caliente. Vienen a hacer un temperamento que es muy fuerte y esto se hace en la manera del mezclar el alambre con el estaño, que ellos dos son blandos de suyo y, mezclados juntos, hacen un medio muy fuerte. El alambre es caliente y el estaño es frío, y por este mezclamiento hacen un tercio muy fuerte estos dos metales, y lo mismo hace la calcina con el arena, que hacen una materia tercera que ni es cal sola, ni sola arena, mas son mezclados, y hay más cantidad del uno que no hay del otro, así como en el bronce, que hay mucho alambre y poco estaño, ansina hay más arena que calcina. (Figura 319) [495]


TOMO I V

Figura

320.

Pozal. Bacioncillo. Bacieta o gamella. Baciete. Mortero de cal y arena. Fosa para matar la calcina.

U f o l . 260v] (Figura 320) Estos son los instrumentos que son menester para hacer la calcina y para matarla, y para hacer el mortero de ella con la arena para ponerla en obra.

Las arenas para mezclar con la calcina son de tres maneras. La una es de cava y la otra es de río y la otra es de la mar, aunque muchos no harían diferencia en las arenas, aunque en ellas hay muy grandísima diferencia en el hacer presa con la calcina, que la una se hace muy tenacísima. Las arenas son de tres divisiones o maneras. Y la primera y la mejor es la arena que se saca de las cavas. La segunda es la que se saca de los ríos, y en este número se pone el arena que se hace con las lluvias, la cual es mejor que no es la de los ríos, por causa de no ser ella tan [¿deslavada del agua. Y la tercera especie es la arena de la mar. Esta es la más inútil de todas las arenas. U f o l . 261r] La arena de cavas hay de ella de diversas especies, así como son diversos los lugares donde ellas se cavan, porque hay una especie que es blanca y hay otra amarilla, y otra hay roisca, y otra especie de color de ceniza, y otra de color de carbón menudo, y hay otras infinitas colores. La arena es cosa cierta que es la que de las piedras se va desmenuzando y que así han ido, de mano en mano, rodando hasta tanto ha venido desmenuzando, que no ha podido hacerse más menuda, si ya no se hiciese polvo. Vitrubio alaba a la arena que es de color de carbón menudo, más que ninguna otra arena. De las arenas de cava tiénese por la peor la blanca, la colorada es muy mejor. La arena cascajosa y [ e s ] muy buena para fundamentos cuando tiene dentro piedras menudas, que ellas no sean gruesas más que nueces las mayores. Mas la mejor arena se tiene, la que es de unas piedrezuelas menudas y muy delgada, la cual llaman los italianos Gaia delgada, que acá llaman arena granosa. La cual arena es de la que se hace de las avenidas de las lluvias. Llámase arena cantoluta, es como cascajosa, mas es muy más menuda, que es como cabezas de alfileres gruesos, la cual arena no participa punto de tierra. Y después de ésta, es en el segundo lugar la arena de los ríos, quitándole de encima aquella capa que tiene de glera. Y la arena de los arroyos es muy mejor, [496]

FUNDACIÓN JUANELO TURRIANO


Libro Diecisiete

que no es la de los ríos, en especial, la arena que se halla al pie de algunos montes o monte, que tenga muy grande [//o/. 261v] caída o muy enhiesto. La postrera o última es la arena que se cava a la orilla de la mar, la que es negra y que reluce mucho como vidrio. Y hay algunos que alaban la arena de la mar y dicen que tanto la quieren de la mar, como de la cava. Mas no en toda parte se halla esa arena que éstos alaban. Dicen que la arena de la mar, que es a la orilla, la que está de cara a Mediodía, que es la más ruin de todas las arenas. Las partes que miran hacia la parte de donde viene el viento Lebeche, que es muy buena esa arena. Mas de las arenas de la mar es cosa cierta, que la mejor es aquella que se halla debajo de las ribas de la mar, que tiene un grano muy grueso. Es cosa muy cierta y averiguada que entre las arenas hay grande diferencia, porque la arena .de la mar se enjuga con mucha dificultad, y ella es desapegadiza de suyo y siempre está húmeda. Y escúrrese por causa de lo salado que tiene, y por este respecto no es arena que tenga firme en las obras, mayormente, donde ha de haber pesos muy graves y haberlos de sustentar. La arena de los r í o M no es tan húmeda, como es aquella de la mar, y por esta razón es muy más tratable para las obras, en especial, para espalmar paredes. La arena de cava es más fuerte, por causa de la gravedad o peso que en sí tiene, mas en las obras hiende mucho antes de ser alisada. Y por tanto, esta especie de arena es ella muy mejor para volver bóvedas, que no es para espalmar paredes. Mas de todas suertes de arena será [/fol. 262r] mejor, la que tomaremos en las manos y la iremos estrujando con las manos y, si hará un cierto ruido, como de cosa áspera o que asperea. Y más de esto, la arena que se pondrá encima de paño blanco y que en ello no deje señal de tierra o mancha de ella en el paño, y por el contrario será mala arena. Aquélla que es grasosa y no áspera, y que tiene olor y color de tierra, así como color roisca, la cual arena puesta dentro de un vaso que tenga agua y, meneando el agua y no se enturbeciere el agua, es buena y, si el agua enturbeciere, será muy mala arena, que participa de mucha tierra. La arena d e H p u é s que se habrá sacado y puesta en un patio descubierto, y de ahí a pocos días echará yerbas, ella no es buena. La arena que se habrá cavado y habrá estado mucho tiempo al aire y al sol, y a la luna, y a los hielos, y habiendo estado mucho, y se volviere tierra, por causa que ella se va corrompiendo, en especial, cuando ella es de calidad de producir algunas matas o higueras silvestres, esta calidad de arena es ruin y mala, y no vale nada para mezclarla con la calcina, porque paredes que con semejante arena se hagan, no durarán mucho tiempo. Pues hemos tratado de las maderas y de las piedras, y de la calcina, y de la arena que los antiguos han alabado por muy buena, de lo cual veo hoy día que no se tiene cuenta en ello, como cosas que son de muy poca importancia al juicio de muchos oficiales de los que tratan estas cosas cada día. Y cierto que ello es cosa harto importante, aunque ello luego no se echa de ver en las obras, y esto lo causa que las {/fol. 262v] obras que se hacen hoy día, no duran más de cuanto se habita en ellas. Mas volvamos a la materia. No en todo lugar hallamos todas las cosas que son necesarias y convenientes para hacer las obras. Cicerón dice que la Asia es muy abundante de árboles, y que por esta causa hay en ella tantos edificios, y que siempre ha[n] florecido en ella los edificios y cosas de estatuas o imágenes [497]


TOMO I V

de mármol. Mas es cosa muy cierta que no se hallan los mármoles en toda parte. Hay algunas partes que carecen de piedras, cuanto más tener mármoles para edificios. No tienen de ningún género de piedra y, si en algunas partes tienen, no son cómodas para edificios. En muchas partes no se halla arena de cava, en otras partes son muy abundantes de toda cosa que sea necesaria para hacer edificios. Dice Plinio que los de Babilonia, que se servían de betún en lugar de calcina. Los de Cartago se servían de barro en lugar de calcina. En otras partes ni tienen cal, ni piedra para hacer edificios, y que sus habitaciones las hacen de graizos de mimbres y ramas, y las cubren con arcilla los graizos. En otras partes las hacen sus moradas de sólo madera. Herodoto [dice] que los Budines 45 no hacen sus edificios de otra materia, así los públicos como los particulares, así los templos, como los cercos de las ciudades y de los pueblos. Pomponio Mela dice que los Neuris 46 no tienen ningún género de madera o leña para quemar y en lugar de leña queman huesos. En Egipto hacen fuego con estiércol, como lo acostumbran hacer hoy día en muchas partes, en particular, en tierra [ f f o l . 263r] de Campos, que no queman otro, si no es boñiga de buey y paja. Y con esto calientan sus hornos, y de aquí se comprende y se ve que unos tienen unas cas [as] diferentes de los otros. Según el cómodo de cada uno, así obran, como en algunas partes de Egipto, que hacen los palacios del Rey con cañas. En la India Oriental arman las casas con costillas de ballenas. En la ciudad de Cari, en Arabia, hacen sus paredes y muros de la ciudad con piedra de sal. Creo que cuanto a esta materia que hemos tratado, cuanto a esta parte, digo que muy pocas veces se hallan todas las cosas necesarias para edificar, porque no hay ninguna parte que lo tenga todo copioso, que no tengan necesidad de valerse de otras partes, así como de piedra, de madera, de arena, de ladrillos. Las partidas del mundo son diversas, así se hacen diversos modos de edificios, de modo que cada uno se acomoda con lo que halla en los lugares que moran y con aquéllas saberse acomodar con las cosas que serán más cómodas de edificios. De modo que cada uno se acomoda con lo que halla en los lugares que moran y con aquéllos saberse acomodar con las cosas que serán más cómodas, y saberlas muy bien distribuir con artificio y con diligencia en los lugares más convenientes, como se espera de los hombres industriosos y de buen ingenio. Hállase en Italia una especie de arena negra, la cual ellos en su lengua la llaman porcelana, que mezclada con calcina, hácese una materia tan fuerte como piedra, después de ser seca. Y hacen de esta materia [/fol. 263v] suelos muy maravillosos de fuertes, que sirven como piedra que, cuando se deshace algún edificio, sacan estos suelos a pedazos y los vuelven a sentar con un poco de la misma materia por las juntas, queda como de un solo pedazo. De modo que se puede hacer de esta materia y mixtura cualquier cosa y, aún, hacer piezas grandes como sillares que servirán en lugar de piedra, en falta de ella. Y si hacen edificios de esto y no se gastan punto, como suele hacer la piedra, que puesta en obra, se consume de sí misma. De modo que con esta arena y cal, a necesidad, se podrían servir de ella en lugar de piedra, y hacer cornisas y otras cosas de esta calidad. 45 46

Se refiere a los Budinos, antiguo pueblo de Escitia, establecido entre el Dniéper y el Don. Quizás se trate de los Nervios, pueblo de la Galia Bélgica.

[498]


Libro Diecisiete

Esta especie de arena se halla en Roma y en Nápoles y en otros lugares de Italia. Y díjome uno que la había visto acá en España, en Aragón, mas que no se acordaba en qué lugar, porque él la conocía muy bien. Hacen otra especie de una materia como calcina, la cual es de piedra y se cuece como se hace la calcina, la cual materia es el yeso. Es verdad que él se trata muy diferentemente de como se trata la calcina en todo, así en el hacer del horno, como en el armarle con la piedra y en el cocerle y en el deshacerle. Esta piedra de yeso es de color de ceniza la más piedra, aunque hay de ella, que es muy blanca y de diversas colores. Este se cuece con muy menos fuego que no se hace la calcina, porque esta piedra se cuece en veinte y cuatro horas, después de cocida, se saca del horno y se hace pedazos pequeños. Unos [/fol. 264r] hay que la muelen y otros que la majan con unos palos. Los que la muelen, no con molino de harina, mas con un ruello, como quien muele olivas. Dicen algunos que en Chipre y en T e b a M , que lo sacan de unas cuevas cocido, como el que dije que sacan en París. Mas la[s] especieW de la piedra del yeso son muy diferentes de estos yesos que sacan de las minas cocido. Y también, el yeso o la piedra del yeso es muy diferente de la piedra de la calcina, porque la piedra del yeso es muy muelle, que estregándola con la mano, se deshace. Hay una especie de yeso que se saca en Siria, que es muy durísima la piedra del yeso, que son de diversas especies y de varios colores. Digo que el yeso no lo cuecen en la manera que se hace la calcina, y él no es cocido hasta tanto que el humo del horno a[í]c[z']ende arriba todo muy blanco, y que no tiene ninguna color negra. Cuécese un horno de yeso, como dije, en doce horas, en diez y ocho y a lo más en veinte y cuatro, que un horno de calcina ha menester tres y, aún, cuatro días antes que él sea quemado. Hay yeso en la manera de las verrugas, el cual es muy blanquísimo antes de cocer. Hay otra especie de yeso, que es muy transparente y de color de cristal oriental, que tocándole la claridad resplandece mucho. De esta piedra se hace muy excelente yeso, mas no se halla de ella muy grande cantidad. Hay otra especie de piedra de yeso que es hecha a modo de cebolla, que tiene muchas cubiertas una sobre otra, de color de ceniza. Y hay de esta [/fol. 264v] misma hechura de piedra negra y cocida, es muy blanco el yeso. Hay otra especie de piedra que tiene unas vetas de colores, varias por ella, y muy dura. Hay otra que es colorada. Cierto, esta calidad de piedra es muy ruin, que el yeso que de ella se hace, participa de mucha tierra. Hay otra piedra que participa de arena, la cual es maravillosa para cualquier edificio y muy firme en las obras. Lábrase en ella cualquier cosa de talla por delicada que sea. Hay una piedra que se deshace a vetas, como el alumbre de punta. Es muy blanco el yeso que se hace de esta piedra, mas esta piedra no viene más gruesa de hasta un jeme, la más alta que venga. Van en hiladas como los sillares en una pared. Hay otra especie que se deshace a hojas muy delgadas y que es transparente, como la piedra especular o como la piedra selenita. Del alabastro se hace yeso y muy bueno, y muy blanquísimo. Del talco se hace yeso, aunque muy poco. De infinitísimas maneras de piedras se hace yeso. De una especie de piedra se hace yeso, la cual va muy revuelta a vetas, como quien tuerce una madeja de hilado, la cual piedra va con tantas vueltas o torceduras, en tantas maneras, que sería menester largo rato para haberlo de explicar, como quien fuese diciendo unas letanías. [499]


TOMO I V

El yeso, si se cuece mucho, se vuelve calcinoso y dura mucho más al cuajarse, y gasta las manos a los que le tratan. El yeso, que una vez ha sido puesto en obra y vuelto a cocer, es maravilloso para fundamentos. Y donde hay humedades, que [//o/. 265r] se defiende, que no entra en él, porque cobra una cierta dureza, como piedra. Es para hacer suelos muy excelentísimo este yeso biscocho, porque jamás se desgrana, ni se quebraza, ni le penetra humedad en él. Este yeso dúrale mucho el cuajarse, mas después de cuajado, se vuelve como un hierro, que no será bastante ninguno a hincar un clavo en el suelo hecho de yeso biscocho. El alabastro se sur a47 como madera en tablas delgadas y éstas sirven en lugar de vidrieras de vidrio, porque dan de sí harta lumbre. Y lábranse, como las tablas, con las mismas herramientas que se labra la madera. En ellas se pinta muy bien cualquier cosa, toma muy bien los colores que encima de ellas se ponen. Esta piedra de alabastro es muy blanda y gástala mucho la agua, que de las lluvias, que le diere encima. Luego la va manchando y haciendo unas rayas por ella, mas untándola con48 aceite, se defiende del agua y da mucha más luz. El alabastro no se halla a bancos, como las otras piedras, mas hállase a terruezos, separados los unos de los otros dentro de la tierra. El alabastro tiene una cosa, que por poco fuego que le toque, luego se vuelve en yeso. El yeso, después de ser cocido, conviene molerle y hacerle polvos, y cernerlo para ponerlo en obra. Así se cierne: conviene masarle de poco en poco, no como se hace a la calcina, que conviene dejarla así con el agua algunos días. El yeso es muy contrario a esto de la calcina, que en siendo masado, luego conviene ponerle en obra. Y hase de masar de poco en poco, porque, si se masase mucho, luego se endurecería y no valdría nada, sería intratable con las manos. Mas la calcina tiene otra cosa, que después que ha sido muerta, se amontona y se tiene en lugar húmedo y quiébrase con [/fol. 265v] una poca de arena, a causa que la tenga fresca. (Figura 321) Todas estas herramientas y otras cosas que son necesarias para arrancar la piedra en el monte, y hacer el horno, y cocerle, y majarle la piedra hasta traerla en polvo, como conviene, para que se puedan servir de él en las obras. (Figura 322) Y¡fol. 266r] Estas herramientas y ruellos y lo demás es lo que es menester para cerner el yeso y amasarlo y llevarlo a los que lo trabajan. Hay yeso tan fuerte que de él no se puede tratar, por causa de la grande fortaleza se hiende y despedaza o se quebraza todo, que en ninguna manera lo pueden tratar con las manos, si no se le mezcla la cuarta parte de arena, y de otro modo no hay [como] tratarle aunque le hagan tan líquido, cuasi como agua, luego es cuajado y no se puede hacer ninguna cosa por causa de la raleza. De modo que con la arena se puede tratar cómodamente en cosas de paredes, con las manos. Y hay otra calidad de yeso, que si no se le mezcla la mitad de una tierra no se puede labrar, y con esa mezcla es muy fuerte y la obra muy segura. Conviene que tratemos de la obra 49 que se hace de tierra para hacer rejola[í] y tejas, para haber de hacer edificios, de modo que la obra de ladrillo, de sí misma, es acabada. Las paredes que se hacen de ladrillo son muy galanas a la 47 48 49

Por: ¿sierra? Tachado: az. Tachado: de

ladrillo.

[500]


Libro Diecisiete Figura

321.

Horno de yeso parado con la piedra. Horno parado con el lodo. Pico. Cuña. Espuerta. Propalo de hierro. Cuña. Maza de hierro. Azada estrecha. Algadera. Pico cazudo. Azada. Capazo. Furicón para atizar el horno.

<UJZtaJ

cunaj

afij'itt>

<3ytns ->

Figura

Ruello para moler yeso. Bacieta. Ruello para moler yeso. Algiño. Raedera. Pozal. Cernedor de yeso. Amero. Bacía de amasar yeso. Pala de madera.

^acitt&y

•mcUy^Zf

322.

Cajaco^tyefí-i

ma a

3e y "

9

'

FUNDACIÓN JUANELO TURRIANO


TOMO I V

El modo del hacer los ladrillos, todo consiste en hallar [/fol. 266v] buena tierra. La tierra para hacer rejolas quiere ser de una especie de greda, la cual es blanquinosa. Alaban mucho una otra especie de tierra que es roisca y de aquélla que llaman sagallón y la tierra arcilla. He visto una tierra que es algo arenosa, que los ladrillos que se hacen de aquella tierra son muy buenos y muy ligeros y muy fuertes, aunque muchos escriben que no se deben hacer ladrillos de tierra arenisca, que dicen que los ladrillos que de tales tierras se hacen no valen nada, por causa que se quebrazan mucho al asentarlos en las obras, y que se rompen muchos tratándoles con las manos. Y también he visto tierra, la cual no tenía arena punto, mas hacíanse de ella muy ruines rejolas. La tierra de que se hacen los ladrillos requiere ser ella muy grasosa en sí, para que se hagan muy maravillosos ladrillos. La tierra cenosa es muy buena para hacer ladrillos muy excelentes y muy ligeros y muy durables. Sobre todo se debe huir de no hacer ladrillos de tierra que tenga piedra a vueltas consigo, esta calidad de tierra es la más mala tierra que ser pueda para hacer ladrillos, por causa que, cociéndose, se tuercen y, a más de esto, que cociéndose la rejola, cuécese la piedra, y se hace calcina, de modo que mojándose esas rejolas, luego se hacen pedazos por causa de hinchar la calcina.

En qué tiempo se debe cavar la tierra para hacer ladrillos y en qué tiempo se deben labrar los ladrillos y cocerlos Conviene, que la tierra de que se han de hacer ladrillos, que se cave en el otoño y dejarla así todo [/fol. 267r] el invierno, a causa que ella se sazone con los fríos, heladas, lluvias, aires y soles. Nadie se de a entender, que luego que es cavada la tierra, que es buena para obrarla en ladrillos, es menester que la tierra se sazone. Para haber de hacer buena rejola conviene que la tierra se macere en sí para ser ella buena. Y en el principio de la primavera se deben empezar hacer los ladrillos, mas si la necesidad fuese tal de haberlos de hacer en el invierno, es cosa muy cierta que ellos se helarán, de modo que todos se henderán y aun se desharán, y lo mismo si se hiciere en el fuerte del verano, que en el secarse se henderán en la superficie por causa del gran calor. Mas si el caso lo trajese, que fuese tan necesario que se hubiesen de hacer, haránse en este modo: que en haciéndoles, irlos cubriendo con arena que sea muy enjuta, y si se hicieren en el fuerte del verano, irlos cubriendo con paja que sea húmeda, y, con estas invenciones o remedios, se conservan muy maravillosamente, porque ellos no se henderán ni torcerán. Hay algunos que tienen opinión que los ladrillos se barnizasen por los cantos para hacer las paredes delanteras de las casas, y esto se entiende sólo un costado, la parte que ha de hacer la cara de la pared, o haz de la pared. Débense de hacer los ladrillos de muy buena tierra, y la tierra, que ella no sea muy flaca, ni muy grasosa, ni muy seca, porque se embeben el alvedriado. Digo que para esto la mejor tierra es una que es algo blanquinosa, y que sea grasa y tenga correa. Conviene hacer delgados los ladrillos que se alvidrian, por causa que se cuecen mejor que no los muy gruesos y, cierto, que yo he visto ladrillos gruesos un palmo [/fol. 267v] y de largo cerca de tres palmos, eran como sillares de cantería de los pequeños. Si acaso se ofreciese haber de hacer muy gruesos los [502]


Libro Diecisiete

ladrillos, será menester irlos agujerando con un hierro a causa que se cuezan bien y, también, que se secan muy mejor que no harán sin los agujeros, porque sale por aquellos agujeros el vapor y el calor, cuando se les empieza a dar fuego. Los que suelen barnizar los ladrillos suelen dar un baño con una greda blanca a causa que, después, queda muy más igual el berniz por encima de ellos, y esto mismo aprovechará para las labores. Yo he mirado en los edificios de los antiguos y he visto que ellos mezclaban una poca de arena, mayormente de la roja, y también he hallado que mezclaban almagra, y también mármol hecho polvo, y he probado que de una misma tierra haber hecho unos ladrillos mejores que otros, porque, tomando el barro y amasándole, y hiñéndole como masa, se hacen muy maravillosos los ladrillos, y muy fuertes, por causa de tratar el barro con las manos; tiene muy más correa y es muy tenacísimo, y de esta manera no le quedan dentro pedrezuelas. Y, cociéndose, se hacen muy más fuertes y duros, y esto es por causa de las grandes flamas, que el barro se convierta en piedra, y aun se hace muy más fuerte que piedra. Porque hemos dicho de la piedra que se labra como madera, y de otras infinitas piedras, las cuales son muy blandas, de modo que estos tales ladrillos hacen por encima, ahora sea la causa el fuego o el enjugarse, y que el aire lo cause y lo mismo vemos que se hace el pan, de modo que [/fol. 268r] haciéndolos delgados harán mucha más corteza, por donde ellos serán muy más fuertes teniendo menos materia. Y, a más de esto, si ellos se alisaran por encima, tanto más serán mejores y durarán mucho más tiempo, y lo mismo vemos en las piedras, que sean pulidas o hechas con pulimento, que mucho más se defienden contra los trabajos y no son consumidas del salitre ni de la quera de las piedras, o llorín. Son de opinión algunos, que los ladrillos, cuando son cocidos, que se deben volver a pulir otra vez, amolándolos luego que son sacados del horno, antes que hayan sido mojados o antes que se enjuguen, por causa que, después, se hacen muy más fuertes. Y mojarlos después de enjutos, y volviéndolos a mojar, gastan el corte de las herramientas con que se labran, mas amuélanse mucho muy mejor cuando son ellos crudos, se pulen muy mejor. Los antiguos tuvieron tres maneras de ladrillo. La una manera era, largo, tres palmos de vara, y de ancho media vara, y de grueso medio palmo. La segunda manera que tuvieron, tenía cinco ochavos de vara por cada parte y, de alto, un ochavo de vara. El tercero género de ladrillos, era de largo media vara por cada parte, de modo que estas dos maneras de rejola eran cuadrados perfectos. Yo he visto en las obras de los antiguos, ladrillos de dos palmos y medio de largo y dos palmos de ancho, y he visto diversas maneras de ladrillos, que acostumbraban los antiguos poner en sus obras, aunque las tres primeras eran más comunes que no eran las demás. Unos ladrillos he visto, que {/fol. 268v] ellos no eran más largos de un palmo, y eran anchos un cuarto de palmo, y por lo mismo de alto. Yo he visto otro género de ladrillos, que no eran más gruesos que un pulgar, y de largo poco más de palmo, y de ancho tres cuartos de palmo, de modo que han usado diversas formas los antiguos en sus obras, que según las necesidades de las labores, así hacían los ladrillos, como hoy día se acostumbran hacer. Los antiguos no usaron en los edificios públicos lo que usaron en los particulares, que en los particulares los acostumbraban menores. Y he puesto diligencia en tener cuenta en las paredes de los antiguos, aunque hay de ellas de muchas maneras, y de ladrillos hay unos mayores y otros menores. El hacerlos tan varios hase de creer, que cada uno procuraría de buscar cómo su obra fuese [503]


TOMO I V

más hermosa, y tanto más hacían ellos esto, cuanto más el provecho de ella. Y, así, se ha de creer que no es como hoy día, que todos van por un camino, que nadie busca cómo será más artificiosa su obra. Yo he visto ladrillos que no eran más largos que medio palmo, y anchos tres dedos, y estos ladrillos servían para suelos y mampuestos de canto, a esquina de pescado, o a modo de espiga. Débese acabar los ladrillos hechos en triángulo, los cuales son muy cómodos en el ponerlos en obra. El modo de hacer estos ladrillos es en esta manera: que se hace un ladrillo grande, que por cada parte tienen media vara y de grueso cerca de cuatro dedos, y después de ser hechos, así en fresco, luego los cortaban de ángulo a ángulo, y de una hácense cua- Vfol. 269r] tro y así se hacen cuatro triángulos iguales, de modo que, puestos en obra, parecen muy bien, por causa que son iguales todas en la pared y ligan maravillosamente. (Figura 323)

Ladrillos puestos a espina de pescado, o a modo de espiga de hordio, los cuales sirven para suelos de aposentos soterráneos, para de verano. Hay ladrillos para este efecto, que no son más largos de cuatro dedos, y dos de grueso, y dos de ancho. Hay otro género de ladrillos que son un palmo de largo, y de ancho tres dedos, y de grueso (Figura 324) uno, los cuales ladrillos sirven para suelos, encima de madera, usaron los antiguos adobas crudas o ladrillos por cocer. Ufol. 269v] Y este género de ladrillos usaron mucho en España, los cuales eran de largo dos palmos, y de ancho uno, y de grueso cuatro dedos. Y de esta materia hicieron muchas paredes y muchos edificios de solas tapias [504]

FUNDACIÓN JUANELO TURRIANO


Libro Diecisiete

de tierra, sin ninguna otra mixtura, la cual invención dura hasta hoy día, así de las adobas como de las tapias, y, cierto, creo que esto les quedase de los moros, cuando vinieron a España, por razón que vemos los edificios que hicieron los romanos por España, todos hechos de piedra, y las murallas de las ciudades. Y vese, que después que los moros vinieron a España, que hicieron las murallas de muchos pueblos de sola tierra, y de aquí se ha de comprender que ellos las trajeron a España. Y vese hoy día que, en los pueblos que ellos habitan, cubren sus casas de tierra en lugar de tejas, y esto es por causa que en Berbería no tienen leña bastante para poder quemar los hornos, para cocer rejolas y tejas. Los antiguos usaron tres maneras de ladrillos, como dijimos, que eran los demás ordinarios que ellos se servían, los cuales usaron los griegos arquitectos. La una especie llamaron didron, que eran de dos palmos de ancho y cuatro de largo, otra especie llamaron tetradon, que era, de ancho y de largo, cuatro palmos, la tercera especie llamaron pentadron, por ser, de cada lado, de cinco palmos. Vitrubio, tratando de esta materia de ladrillos, dice, que después de ser hechos crudos, que ellos no son secos antes de dos años, y que no se deben cocer antes de este tiempo, y que ellos son mucho Ufol. 270r] más mejores secados a la sombra, que no son secados al sol. Las tierras que los antiguos celebraban para esto. La tierra Samia era muy alabada, y la Aretina, y la tierra Modenesa, y la Hispana, y la Seguntina, y la tierra Pergamea, en Asia. Y el no cocer estos ladrillos, antes de tiempo, también se entiende de las tejas lo mismo. Mas la mejor tierra para rejolas era aquella de Masa, y de Calentó acá en España, de la cual hace memoria Plinio, que después de cocidas las rejolas de estos pueblos, que eran de materia tan ligera que nadaban encima del agua, que ellas eran como madera, de modo que eran maravillosos los edificios que de estas rejolas se hacían, de suerte que, de las mejores tierras que se pueden hallar, se deben hacer los ladrillos y tejas. Las tejas se hacen de tres maA •B neras. Las unas son muy comunes a todo género de gentes. La segunda es muy escondida a muchos £ pueblos, que es la que se ponen en las torres y edificios que son vidriados de diversos colores, como son blancas, azules, verdes, amarillas, leonadas, negras. Y con estas colores van haciendo diversas labores, las cuales tejas son a modo de lenguas, como las que aquí dibujaremos. Donde es la (Figura 325) A es para asirla que se tenga, las cuales hay de otra manera, como aquí adelante está señalado. (Figura 326) Ufol. 270v] La teja C D son tejas, aunque otros las llaman de otros nombres, según los lugares, las cuales son barnizadas de diversos colores, como dije. Las otras tejas E F, son cuadradas y son de tres palmos de largo y cuasi dos de ancho, hácense estas un poco más estrechas al un cabo que al otro. Y el costado G es de alto tres dedos. Y, con éstas, cubren los templos y las casas. Estas las barnizan o las vidrian los que las quieren vidriar, y también sirven sin vidriarlas. Y las tejas comunes no hay para qué tratar de ellas, pues son tan manifiestas al vulgo, y también de ellas he visto vidriadas, como de las demás.

Ü

u

Figura

325.

[505]

FUNDACION JUANELO TURRIANO


TOMO I V

Figura

326.

Figura

327.

De los ladrillos se hacen diversas formas, así para paredes, como para suelos de aposentos, para que hagan labores en los suelos. (Figura 327) La figura A es un hexágono con aquellos seis triángulos a la redonda, de modo que, hecho un suelo de estos ladrillos, aunque ellos no fuesen cocidos, con hacerlos de dos colores, que los triángulos sean de otro color, o muy rojos o amarillos, Ufol. 27Ir] que parecerán muy bien. Y por causa de la variación, y si se hicieren vidriados, de solos dos colores, serán muy más galanos, que no con labores menudas. Y, lo mismo, la figura C D, se podrán hacer, por la misma orden, variando el cuadro de los hexágonos prolongados, que haciéndolos de labores menudas no valen nada para suelos, porque se hinchen las cuerdas o perfiles de lodo. Deben ser lisos los ladrillos, aunque tengan labores menudas. Puédense hacer muchas labores, como he dicho, y muchas invenciones (Figura 328) de ladrillos vidriados para los suelos. Los que tienen la M serán de una color, y la N de otra, y así se irá variando. Y los mismo las rejolas Ufol. 27lv] R y S T, han de ser de tres colores, y han de ser a modo de rombos, así, las M N. La figura O, que es un octágono con un cuadrángulo recto, los cuales han de ser de varios colores, a los menos de tres colores, de modo que es cosa muy antigua, según vemos en la Sagrada Escritura, que los bisnietos de Noé los empezaron a hacer para la torre de Babilonia, aunque hay algunos historiadores que dicen que antes del diluvio ya se servían de ladrillos, y que, en tiempo del profeta Enoch, ya las había, como lo escriben. (Figura 329) Las rejolas se hacen en diversas maneras, como cosas moldeadas con labores, como cada cual le parece formarlos. En todas las formas se hacen, que es trián[506]

FUNDACIÓN JUANELO TURRIANO


Libro Diecisiete

gulos, y cuadros, y paralelogramo, y pentágono, y hexágono 50 , 51 y octágono, y esféricos, y rombos, y de otras diversas formas se hacen, como cada uno se le pareciere considerarlos. De modo que unos se hacen blancos, vidriados de diFigura

50 51

Repetido: y Tachado:

hexágono. paralelogramo.

[507]

329.


TOMO I V

versas colores. El azul hacen con la [//o/. 272r] tierra Zafe, que los hace azules, y otros con alumbre, que los hace verdes, y otros con antimonio que los hace amarillicos, y otros con litarge, que los hace amarillos, y los blancos con plomo quemado, píntanlos con ocre, que también hace amarillo, y de ocre quemado y de bermellón, y de otros infinitos colores, con el vidrio. Hay algunas rejolas que las moldean con moldes, como se hacen las figuras, y hácense también las figuras de barro, pintadas con colores de fuego, como tengo dicho. Hácense ladrillos para calles, digo para enladrillarlas, los cuales se ponen de canto, y son, dichos ladrillos, de grueso un palmo y de largo dos, a causa que duren mucho más, y no se gasten tan presto como los otros. Los ladrillos, de que se suelen cubrir las casas, los unos, son llanos, a modo de una lengua, con un pico a la parte de arriba, para poderlas afirmar una encima de la otra, como va A encima de la B. (Figura 330) Las tejas que son corvadas, hechas a modo de canales, son de largo tres palmos, y son más anchas al un cabo, que no al otro, el cual es muy más estrecho, y esto se hace a causa que encajen las Ufol. 272v] unas dentro de las otras; las otras tejas, que ellas son llanas, y tienen, a las dos partes, dos orillas de dos dedos en alto, y son ellas más estrechas, al un cabo, que no al otro; esto se hace a fin que encajen las unas dentro de las otras. [Los] Antiguos llamaron a las tejas imbricis, y a estas otras como canales, tanto como a las lenguas llamaron imbre, los antiguos. De estas dos especies, así de las unas como de las otras, hicieron paredes. Figura

330.

De los ladrillos se hacen muchísimas obras, y los antiguos, por lo mismo, hicieron infinitísimas obras. Dice Plinio que hicieron las murallas de las ciudades con compás, y que hacían que cayesen a peso, las cuales murallas son muy firmísimas y durables. Y de esta materia hicieron palacios reales y muchísimos templos, los cuales duran hasta hoy día, y hicieron muchos sepulcros y infinitísmos edificios, que se hallan hoy hechos de esta materia de tierra cocida, de modo que es muy antigua cosa los ladrillos y los azulejos, y otras infinitas cosas que han hecho de ladrillejos pintados de colores de fuego, para adornar aposentos de verano, por causa de la frescura de los ladrillos, porque parece cosa helada por causa del lustre (Figura 331) Ufol. 273r] del vidriado, que representa lo dicho del hielo. Muy diferentemente hacen las rejolas, porque ellos tienen un grande carretón, el cual tiene cuatro ruedas y está cubierto, y viene encima del barro. Este carretón es, de largo, que ocho y, de alto, cinco palmos y, de ancho, seis. Y el que moldea las rejolas, él mismo, las va poniendo por la era, y va empujando el carretón, y, así, cuando es al cabo, vuelve el carretón, y va henchiendo la era, de modo que va así, de mano en mano, empezando al un cabo y acabando al otro, mas éste no hace más de una rejola cada vez. [508]

FUNDACION JUANELO TURRIANO


Libro Diecisiete

ÇPa>U3 ftícCrt

ana c*

3t ccmhr^esiaa/wCgj)

&nu

__

Figura

331.

Figura

332.

Para calle puestos de canto para arriba. Un palmo y 3/4 es de largo para paredes. Para suelos encima de tablas. Para suelos de aposentos.

Los que cuecen rejolas hacen dos hornos juntos, que el uno esté de espaldas al otro, y a los dos se da fuego a un tiempo, y de esta manera ahorran mucha leña con esta invención. En tres maneras trabajan, los que hacen rejolas. Los unos trabajan encima de un banco hecho de piedra, al cabo de la era, y, ahí, tiene el barro amasado, y así va haciendo sus rejolas, y tiene uno que las va llevando por la era, y con esta invención hace sus rejolas y tejas. La segunda manera es que, en una era muy llana, va poniendo unos montones de barro, y toma su molde, y va haciendo en tierra sus rejolas, de mano en mano, y por la era tiene, también, unos montones de arena muy enjuta, con que va empujando el molde. La tercera manera es que, el que hace las rejolas, lleva encima del carretón el barro, el agua, la arena y los moldes. Paréceme que en esta materia de las rejolas yo he sido un poco largo, pues es cosa tan notoria Ufol. 273v] el modo de hacerlas, mas siempre hay que dar avisos en las cosas, por muy manifiestas que ellas sean. (Figura 332) He puesto diversas medidas de ladrillos, así de los antiguos como de los modernos, así de España como de Italia.

FINIS

[5091

FUNDACIÓN JUANELO TURRIANO


I

• v;..:.: #

S

'

-

"

"

* —

... - 5 ^

-

' '<•; W^MÊïS

I FUNDACION JUANELO I TURRIANO


LIBRO DIECIOCHO De cómo se han de hacer las pilas de las puentes de piedra en diversas maneras

uando se habrán de hacer las puentes de piedra, convendrá dar el orden cómo se han de hacer, y con cuántas arcadas se han de repartir, y qué modo de pilas se deben hacer, y cómo se entienden los costados, las ribas, y las bóvedas y arcos, y cómo se han de empedrar por encima, y qué diferencia hay entre los costados y las pilas. Es la diferencia, que los cabos conviene que sean muy recios, en gran manera, y no tan sólo para haber de sustentar el peso de los arcos, que cargan encima de ellos, en la manera que sustentan las pilas. Mas es necesario que ellos sean muy más firmes, para haber de resistir y sustentar los dos cabos de la puente, y tener fuerza para, contra el peso de los arcos, los cuales siempre los están empujando y cargando, de modo que no hay, en ninguna parte, tanto trabajo como en ésta. Para haber de edificar una puente de piedra, conviene ir buscando por las riberas del río, así de una parte como de otra, un buen asiento, y, que en aquella parte, que tenga muy buenas ribas y costados, y que sean de muy buena tierra, y, pudiendo hallar tal asiento, y que ello sea de peña, será muy mejor, con tal que la tal peña sea de una muy buena piedra, y que de suyo, ella misma, no se coma, pues muy cierta cosa es, que siendo de muy buena peña, que serán [/fol. 360v] mucho mejores, pues en ella se ha de confiar todo el pondus o peso de la puente. En el repartir de las pilas, en el hacer muchas o pocas, eso está en la elección del que edifica y, también, según es la anchura del río. Los arcos siempre se deben hacer nones y no pares, al revés de las pilas, las cuales siempre deben ir pares a causa que los arcos vengan nones, como es 3 ó 5 ó 7 ó 9, y ir, así, haciendo. Lo primero, que parecen mucho mejor, y, lo segundo, que tiene la puente más seguridad y firmeza en toda la obra, y también se huye la corriente del agua haciendo las pilas pares y así, jamás, ninguna viene en el medio del río, y cuanto más será apartada la corriente del río de las orillas, tanto más velocísima o rápida caminará el agua. Débese siempre hacer el arco de en medio, de cualquier puente, muy mayor que ninguno de los otros, a causa que, ordinariamente, las cosas que consigo suelen traer las aguas es en el medio del río, y muy po[511]


TOMO I V

cas veces a las orillas. Y, por esta razón, se hacen más anchos los arcos en medio, que no en ninguna parte. Y la otra razón es, que para haber de fundar las pilas en el medio del río, que se hará con muy mayor dificultad que haciéndole hacia las orillas. Y la tercera razón es que, ordinariamente, son muy más hondos los ríos en el medio que en ninguna otra parte de todo el río, de modo que por todas estas causas no se debe fundar en el medio. Tanto menos molestia reciben las pilas y, tanto cuanto irá la agua hiriendo en las pilas, tanto menos daño recibirán, por causa del ordinario trabajo que les da la agua con Ufol. 361r] el herir, ordinariamente, en ellas. Las pilas siempre se deben poner en aquellas partes o lugares donde el agua sea más mansa, y que tenga menos corriente en aquélla, y que sea muy más tardía en el caminar. Y los indicios que para esto se puede tener es que lo enseñan sus crecidas o avenidas, mas, cuando con eso no se advirtiese, en otra manera se conocerá. Hacer como aquéllos que socorrieron con nueces \_a\ aquéllos que estaban sitiados, indicio de que les socorrían con cosas de comer, los amigos, de modo que las iban recogiendo. Así haremos, que iremos el río arriba grande espacio, hasta mil y quinientos pasos, en especial cuando el río será crecido y traerá furor de agua, entonces, echaremos en el río algunas cosas que anden encima del agua, y iremos mirando por el río abajo, si habrá llegado junto muchas de aquellas cosas que naden encima del agua, y esto servirá para que conozcamos que allí es la mayor furor del agua. En el asentar o fundar de las pilas tendráse cuenta de esquivar aquel lugar, y tomaremos otro, donde veremos, que de aquellas cosas que echamos en el río, que ahí se habían allegado menos y muy esparcidas, y aun muy más tardías eran en el caminar, ahí es muy buena señal para haber de fundar las pilas. Más 52 , antes que pase más adelante, conviene que tratemos el modo que se ha de tener para el cavar de los fundamentos de las pilas, y de los remedios que para ello se ha de hacer, para poderlas cavar y fundar. Es necesario que se busquen remedios para haber de apartar la agua de aquel lugar de donde se quiere fundar, y para haber de empezar a ir repartiendo, conviene tomar toda la anchura del río, desde la una orilla hasta la otra, y, sabida toda la cantidad de la anchura, conviene irla repartiendo conforme a las arcadas Ufol. 361v] que se quieren hacer, y ver cuántas caben en toda esa cantidad de patio, y ver cuántas pilas son menester hacer, teniendo cuenta que siempre la arcada de en medio requiere ser la cuarta parte más ancha que ninguna de las otras. Y, visto cuántas pilas caben en toda esa cantidad que has medido, se deben ir hincando unos maderos, donde viene el medio de cada pila, para que se pueda tirar un cordel donde se tiene señalado, en él, las pilas. Y, para hacer esto, haráse en este modo. Que hincados los maderos, o otra señal, como quien los hinca a caso, como son éstos, que van aquí señalados, que son las letras, que se siguen (Figura 333). Y, hincados los Figura 333.

H_JI jìùu

52

En el margen hay dibujada una mano con un dedo señalando.

[512]


Libro Diecinueve

maderos que son A B C D, a caso, como tengo dicho, y siempre se debe hincar el de tierra primero, y después hincar el otro dentro del agua, y hacer lo mismo de la otra parte. Y, después, tirar un cordel que tenga señalado, en sí, la distancia que ha de haber de pila a pila. Y habido las dos arcadas de los dos lados, es habida la de en medio. Entonces, se hincarán otros cuatro, como van señalados 1, 2, 3, 4, para haber de hallar el medio de cada pila. Y, si habrá más arcadas, se debe proceder esta misma orden, por causa que en la agua no se puede señalar como en un suelo. El modo que se ha de tener para haber de apartar la agua, o desviarla, para poder cavar los fundamentos de las pilas, se hará en este modo. Que después de tener el medio de cada pila señalado, Ufol. 362r] como se ha dicho, se debe, entonces, tomar mucho más patio, que será otro tanto de lo que ha de ocupar la pila, así en ancho como en largo, por causa de tener mucho más fundamento de lo que ha de ser la pila. Y, a más de esto, es necesario que quede patio entre el fundamento de la pila y del de la catarata, y por causa de mayor firmeza de la catarata, que desvía la agua, y después aquel patio que ocupa la palificada así, que antes sobre una vara de patio, que no que falte un dedo. Y para haber de señalar este patio, que ocupa la pila, conviene usar artificio de la misma línea que traviesa el río, y que hagan las pilas (Figura 334) los ángulos rectos con la línea de la corriente de la agua, en este modo. Que hecho aquellas dos líneas curvas, como lo demuestra la figura E y F, que es A B donde ellas se cruzan, tirando una línea por aquellas dos cruzaduras, hacen ángulos rectos, y, por lo mismo, G H, que es C D, que en I hacen cuatro ángulos rectos, como se puede ver por razón de la figura; se [z]rá hincando con maderos todo aquel espacio que se ha de ocupar para el reparo, para desviar la agua. Y éstos han de ser unos maderos, los cuales no sean muy gruesos, y aguzarles las puntas al un cabo, para poderlos hincar, y aun socarrarlos en la punta con fuego, a causa que se hincan muy mejor. Y estas estacas híncanse muy espesas. Y hanse de hincar dos órdenes de ellas, que haya, a lo menos, cinco palmos de anchura. Y, después de hincadas, se ponen tablas por el largo, que se junten muy bien, y, después, ir henchiendo de tierra enjuta aquel lugar que hay del un orden de palos al otro. Y, como la tierra es de suyo pesada, luego va a lo Ufol. 362v] hondo. Y hanse de acomodar unos andamios, que puedan entrar y salir animales para traer la tierra. Los maderos que se han de hincar, conviene que sean muy más largos que no es la hondura de la agua. Esta obra conviene hacerla en el verano, cuando es el río muy bajo y que no trae crecidas. Puédese servir con esteras hechas de esparto, de junco, de aneas o espadañas, por no hacer tanto gasto de tablas o, en caso que no se hallase madera, (Figura 335) hácense en otra manera. Que se hincan maderos cuadrados, los cuales tienen a los dos costados unas canales, las cuales no son más anchas de cuanto es de grueso un canto de tabla, y es, de hondo, tres dedos. Los cuales [513]


TOMO I V

Figura

335.

Pila levantada de cimiento. Henchido de tierra.

maderos se van hincando, del uno al otro, diez palmos, o doce. Y, con esta orden, van rodeando todo aquel patio, que han determinado de tomar, con dos órdenes de estos maderos con estas folluras o canales, de alto a bajo. Y, después, se van poniendo tablas por aquellas canaladuras, las cuales son de grueso de dos dedos, y hanse de labrar por Ufol. 363r] los cantos, con el cimiento, que ellas estén derechas y que junten muy bien la una con la otra, a causa que no entre la agua. Y así le van poniendo la una sobre la otra hasta llegar desde el suelo hasta lo más alto del madero. Y, después, se hinche de tierra aquel vacío que hay del un orden de tablas, o maderos, al otro, y a los maderos que van a la parte de dentro de aquel patio, donde van aquellas letras que son A B C D E, esos, han de ser rebotantes (Figura 336) o puntales, a causa que, al tiempo que se va cavando la tierra, o sacando la agua, el peso de la agua que empuja, haría caer todo hacia el medio. Y, por esta causa, conviene ir apuntalando toda esta máquina por la parte de dentro, como van aquellos maderos que tienen aquellas letras. Y, a más de estos puntales, cuando se irá cavando, convendrá poner otros más bajos, para haber de asegurar toda la máquina. Figura

336.

Para fundar dentro de este patio una pila.

FUNDACIÓN JUANELO TURRIANO


Libio Dieciocho Figura

337.

Y, cuando se irá sacando el agua de este patio, por muchas partes trasminará agua; convendrá tener aparejado, para ir calafateando, de la hierba alga, o de las aneas o espadañas, o esparto, aunque la tierra que se pone Ufol. 363v] entre tablas y tablas, conviene irla maceando, como se hace en las tapias, cuando ella está en lo alto de la superficie de las tablas, Y con este remedio se aprieta mucho la tierra. Después de haber hecho esto convendrá hacer unos reparos para que las crecidas del río, o avenidas, no puedan entrar dentro de aquel encerramiento. El cual reparo se hará en la manera siguiente, como irá aquí dibujado. Conviene hacer una armadura de tablas, la cual ha de ir como los dientes de la sierra, y que a la parte de atrás, que vaya levantada, y que tenga sus canales para sacar el agua afuera, que vendrá de la crecida. (Figura 337) Figura

338.

De modo que todas esas canales van a dar en dos, que vuelven la agua al río, que es A B. Esta invención es algo recogida para el efecto. Esta otra, que es C D, está más al propósito, aunque a cualquier (Figura 338) le Ufol. 364ñ bastaba ver la invención. Y, de aquí, podrán imaginarse otra cosa que sea de más artificio, y conviene fijar muy bien esta máquina, la cual es hecha a modo de un gui11ochin, aunque no va tan precisamente hecha en esa forma. Y donde va la A B C D son canales, los cuales son puestos sobre una 53 armadura para que los sustenten en el aire. Hecha esta defensa, conviene acomodar dentro del encerramiento, donde se ha de hacer la pila, muchos instrumentos para sacar la agua, Repetido: una. [515]

FUNDACION JUANELO TURRIANO


TOMO I V

Figura

386.

H i A kt

que será con bombas, o con la rueda timpanada, o con la cóclea o caracol, y con otros infinitos instrumentos que hay para ello. Y conviene poner en obra mucha gente para sacar la agua, que no se ha de parar día ni noche, por causa de la agua que va rezumando. La bomba es en la forma que aquí la dibujaré. Conviene que el palo L, que juega en D, (Figura 339) que sea tan largo que alcance a la agua. Y aquel pedazo de madera E tiene unas cuatro canales a la redonda, y después tiene un cuero a la redonda, el cual es de vaca, y, en la parte de arriba, tiene un cuero, el cual está tan solamente fijado en el medio con la asta L. Y esta ánima va dentro de la bomba F, que es en I, la cual bomba es de dos piezas cavadas a medida de la G. Y ha de tener unos cuantos zarcillos de hierro que la tengan muy bien apretada. Y en la parte K se le han de hacer unos agujeritos, largos un dedo, de punta, para que pueda entrar la agua dentro de la bomba, de modo que, subiendo y abajándola hasta C, que juega en B. Y la ánima tiene una launa de hierro agujerada que juega en D, y esa launa ha de tener unos cuantos agujeros para poder templar la ánima L, Ufol. 364v] para subirla o abajarla lo que menester fuere. (Figura 340) La rueda timpanada sirve al mismo efecto de subir agua, mas no la sube muy alto, porque toma la agua en C y la vierte en D, por aquellos agujeros. Porque esta rueda tiene dos suelos hechos a piezas, como lo señala la B, y todas ésas van afijadas en su eje; es A, y el manil o cigüeña es E, el cual eje firma sobre dos piernas, que son F y G. Y esta rueda ha de estar encima de un asiento de madera que esté dentro del agua y dos hombres la pueden llevar, o cuatro, según ella fuere grande o pequeña. Es menester acomodarle una canal, que reciba la agua y que la despida, que es H. Podrásele acomodar la cóclea de Pitágoras, el cual instrumento sube mucha cantidad de agua, mas no la sube muy en alto. A tantos palmos que será de alto, conviene que su eje tenga tantos dedos de grueso, y lo que ha de subir la agua ha de ser otro tanto. Propongamos que la máquina es 20 palmos en alto, la ánima o eje ha de ser, de grueso, veinte dedos, y otros tantos ha de tener el vacío, [516]


Libro Dieciocho Figura

340.

que es diez a cada lado. Esta cóclea se hace en la forma que se sigue: que se puede hacer en dos maneras, no en la forma, mas en la hechura. Podráse tomar un madero que sea muy grueso y ochavarle a la redonda, y en estos ochavos se le ha de ir cavando una canal que vaya envuelta como caracol. Y en el ochavo no se le deben hacer más de cuatro canales, a causa que los otros cuatro ochavos queden sanos, porque tenga V/fol. 365r\ firmeza. Y, después de haber hecho las canales, conviene tomar tablas y ir cubriendo todos los ochavos, y empeguntar muy bien las juntas, y ponerle sus zarcillos de hierro, de alto abajo. Y, cuando será acabada esta máquina, conviene asentarla, que haga triángulo en esta forma A, de la primera. La B es el segundo modo de la cóclea o caracol. (Figura 341) Así que en la cóclea B no he querido hacer demostración, sino de una vuelta de las correas que van haciendo las canales. Porque no confundan el juicio o entendimiento, débese ir señalando, como va en la cóclea A señalado. Ir haciendo cuadros todo el madero, y después empezar en un ángulo, y ir diagonalmente cortando todos los cuadros hasta el cabo, y de este modo hallará lo que desea. Y si le pareciese que será muy dificultoso asentar las tablas encima de la cóclea A, podrá tomar un cuero de vaca muy bien ensebado y irle asentando por encima. Figura

341.


TOMO I V

Para haber de sacar el cieno helado que se hallará dentro del encerramiento, donde se ha de hacer la pila. Este instrumento que señalaré aquí es muy maravilloso para el efecto, el cual instrumento, el mismo, se hinche y vacía, es ido a modo de una bolsa. La A es cerrado, la B es lo de dentro, abierto, la C es abierto por la parte de defuera, la cual va gu- Ufol. 365v] arnecida de unas lañas de hierro, las cuales juegan (Figura 342) en aquellas esquinas del cuadro peFigura 342.

queño, que es en el medio. Y cada uno de los cuadros tiene una argolla, o anilla, para le colgar unas cuerdas, y en el cuadro pequeño del medio ha de haber una grande anilla, que de ella ha de estar asida una muy gruesa cuerda que la levante y abaje, y, en las cuatro, ha de haber cuatro pedazos que vayan a asirse en una cuerda. Y este instrumento, al bajar, se ha de tener cuenta de tener de la cuerda que tiene los cuatro pedazos de cuerda asidos, que estirando aquél, y la cuerda sola de en medio vaya floja, el instrumento o bolsa bajará abierta, y, tirando la cuerda de en medio, se cerrará de sí mismo, y todo aquello que habrá asido, lo traerá en el medio, cerrándose, que no caerá punto. Y, cuando querrá que se abra, tirarán de la cuerda que tiene los cuatro pedazos y, entonces, vaciará. Conviene que todas aquellas puntas estén muy bien guarnecidas de lañas de hierro y, que en la punta, haya una punta de hierro para que, en bajando, se cale dentro del lodo o cieno. No ha de jugar, en sí, donde tiene los números 1, 2, 3, 4, ahí ha de estar muy firme. Y, por tanto, aquellas alguazas o frontizas, han de descender, hasta los cabos de las puntas, como triángulos, para que tengan fuerza para atraer el lodo, así se pueden acomodar otros muchos instrumentos, para este mismo efecto de sacar el lodo, se puede acomodar una rueda que le saque, Ufol. 366r] puédese acomodar una roba, que sacará mucha cantidad de lodo. Basta aquí advertir que, en otro lugar, más largamente trataremos de estos instrumentos, y haráse la demostración de las figuras. Después de haber vaciado la agua y sacado el lodo, entonces, se debe cavar el fundamento de la pila, hasta allegar al suelo que sea muy firme y seguro. Y, después de haber hecho esto, antes que se asiente ninguna cosa del fundamento, se debe hincar, a la redonda de lo cavado, una orden de maderos, los cuales hayan sido tostados o chamuscados, de madera que sea tal, que se conserve sin corromperse dentro de la tierra, y henchido todo de estos palos. Y esto se ha de hacer cuando no se hallare el suelo que sea firme, entonces se ha de henchir todo de maderos, como va en el fundamentó A de la pila. Y, después de hincados dentro de tierra, conviene dejarles obra de un palmo encima de tierra, y después ir henchiendo, de cabeza, entre aquellos cabos de maderos, con piedra y cal que vaya muy bien asentado. Y si hubiere buen cimiento, no será necesario mas de sólo hincar a la redonda, como va la B, y empezar a [518]


Libro Dieciocho

asentar sus sillares, que sean muy grandes y de muy buena piedra, que sea sólida y dura, (Figura 343) para que pueda resistir el grande peso que se le ha de cargar encima. He considerado las obras de los antiguos arquitectos y he visto que, para las puentes que ha habido de ellos, hacían una basa tan grande que llegaba de una parte del río hasta la otra, donde [//o/. 366v] asentaba, encima de esta basa, todas las pilas de la puente, la cual basa no se puede hacer toda en una vez, mas conviene hacerla a pedazos, y así se va juntando, poco a poco, toda porque, a quererla hacer toda de un golpe, sería imposible, salvo si se hiciese en seco, pero dentro del agua es imposible, de modo que, haciéndose en seco, o desviando el río, bien se podrá hacer con muy grande facilidad. Esta invención de basa es cosa realísima y perpetua, la cual no habrá temor que jamás faltase. Y habiendo de hacer una tal basa, conviene hacerla algo más alta a la parte [de] detrás, que no de delante, por causa que hacía perder su fuerza a la agua y no daba molestia a la basa en la parte [de] delante. Y esa altaría, más detrás, que delante, ha de ser cuatro palmos, a causa que la obra tenga mayor perfección. Dar regla cierta para fundar esta basa es cosa incierta, por causa de la variación de los suelos, y también la grandeza de los ríos. Esto queda en el buen juicio del artífice, por causa que hallará un suelo muy flojo, otro muy cenoso, otro que será todo arenoso, otro será de peña, otro de muy excelente 54 tierra, de modo que ha de quedar en el arbitrio del artífice y de su buen juicio y ingenio, el cual ha de ser aquí una regla universal. Haráse siempre la mitad de lo que es de largo la pila, si el lugar te diere cómodo de hacerlo. Haráse el fundamento tan hondo, que si la pila tiene cuarenta de largo, que tenga veinte de hondo, y más, mas que no sea menos, aunque esta regla será universal, es verdad que en algunos lugares será, o más, o menos, según los suelos y la disposición del lugar, y del tal río donde se ha de edificar. Aquí he puesto esta demostración, de la basa, de largo y de costado. De largo es A. Las pilas [/fol. 367r] es la B. La del costado es donde están los números, los cuales van de diez en diez, de modo que toda la basa es 60 de ancho y 20 de alto, como los números lo demuestran. La altaría de los cuchillos es 20, conforme a la altaría de la basa, y también demuestra aquel levantamiento que hace la basa en la parte [de] detrás. (Figura 344) El querer hacer una basa que pase de una parte a otra de un río, es cosa de muy gran gasto, y esta no es obra de un pueblo solo, mas es obra que espantará 54

Tachado: peña. [519]


TOMO I V

Figura 379.

a un reino entero, de haberla de emprender, y lo mismo asombrará a un rey, si el río es grande. Y es muy cierta cosa, que no es posible, con el ingenio humano, se pueda buscar modo para haber de detener un río todo, que no pase su camino ordinario, para haber de edificar en él, porque no hallo instrumentos ni artificio que abaste 55 a detener un río todo junto. Detener alguna parte de él es cosa que se puede hacer, y con harto cómodo y arte para ello. Es verdad que no es esta materia para todos, porque se requiere en ella mucha especulación, ultra de la práctica, de modo que siempre que se hubiere de trabajar en semejante materia se debe ocupar lo menos que pudiere del río y nunca se haga reparo para detener la agua más Ufol. 367v] de una pila con su basa y fundamento. Haráse de este modo: que a cada pila, si ella tuviere diez pies de ancho, que su basa tenga veinte de fundamento, donde se ha de asentar la pila encima. Las pilas haránse a modo de naos que tienen su proa y popa. La proa es la que ha de estar hacia la corriente de la agua, y la popa es a la parte baja, como camina la agua. La proa ha de tener su ángulo obtuso, y lo mismo la popa, y en ninguna manera se hagan acutos, porque se rompen con los encuentros que les dan las cosas que traen los ríos con las crecidas, de modo que estos cuchillos se ponen delante y detrás de las pilas por defensas. Estos han de estar al hilo de la agua, a causa que los encuentros hagan menos daño en los cuchillos, que así los llama el vulgo, y porque la agua cause menos resistencia en las pilas, y por causa que, en el dividirse, se disminuye en los ángulos obtusos, lo que no hace en los acutos, porque el ángulo obtuso causa mayor apartamiento de agua, lo que no hace el ángulo acuto. Dejo aparte otros muchos inconvenientes que en ello hay. Y porque los ángulos acutos son muy más fáciles de romper, por pequeño golpe que les vaya a herir, lo que al obtuso no causa molestia, por recio que sea el encuentro que en él hiera. Hay otras pilas hechas de otra manera, que no tienen ángulos a los cabos, pero estas pilas tienen dos medios redondos a los dos cabos, los cuales son muy seguros para resistir a cualquier encuentro o golpe que en ellos hiriere, antes bien que la fuerza de la agua les va fortificando, por causa de la forma circular, y esto se nos hace muy manifiesto, que a la parte detrás de las pilas se hacen, ordinariamente, unos remolinos de aguas Ufol. 368r], los cuales suelen llamar algunos revolvimientos, y aun se acumula mucha más agua en la popas, que no hace en las proas, y estos remolinos suelen hacer muy grandes daños en las popas, o en la parte detrás de las pilas, porque suelen ir cavando el suelo del río, 55

Tachado: que

abaste.

[520]

FUNDACIÓN JUANELO TURRIANO


Libro Diecinueve

en tal manera que, ordinariamente, va socavando las pilas, por la parte baja, hasta lo más íntimo de los cimientos, por donde vemos faltar, todas las más puentes, en aquella parte de la popa, lo que no hace en las proas de las pilas, porque, ordinariamente, las vemos estar firmísimas en aquella parte, y jamás las vemos faltar, por aquella parte, antes vemos que el río las va fortificando, y cargando, y recalcando con arena que trae la agua consigo. Pues vemos que ello es así de necesidad, conviene que todo el edificio sea muy recio en toda parte, que él pueda resistir a los combates que ordinariamente le da el río, el cual no cesa, de día y de noche [de] molestar las pilas. Será pues cosa muy necesaria, y aun conveniente, que estos tales edificios tengan muy buenos fundamentos en toda parte, y en particular en la parte baja de la popa. Estos nombres de proa y popa son más propios, por causa de tener forma de nave, que de ninguna otra cosa, por ser cosa de agua. Volviendo a la materia, es necesario fortificar esta parte de la popa, que por cualquier accidente que le fuese causado, por razón de las aguas, o por discurso del tiempo, se hubiese consumido o gastado una grande parte de la popa, digo del fundamento, aunque se hubiese consumido de ello gran parte, que lo que quedare [/fol. 368v] sea bastantísimo a sustentar las pilas en su ser, aunque por causa del grandísimo peso que tienen encima de sí estas p i [ l a s ] que no puedan venir a faltar. Aprovechará mucho este aviso y es, que antes de ninguna, no empieces a asentar las pilas en la mayor hondura que tiene el río sus aguas, a causa, que ordinariamente, cuando pasan por encima de aquella parte, que no parezca que va a caer en una muy grande hondura, antes conviene que la agua va a pasar por encima como se va deleznando o deslizando, y, cuando el artífice en el fundar hallase un tal lugar, cual desea, sería muy gran contento y grandísima esperanza de ser la obra muy durable. Y, si hallásemos en el suelo del río alguna parte levantada más, que no es lo demás del suelo del río, nos dará muy grande ánimo de que el edificio será duradero, porque el río nunca lo habrá podido allanar ni quitar. Y débese huir toda caída de agua, porque va siempre consumiendo el suelo donde va a dar, y, empezando a cavar, ahora sea arena o tierra, vásela llevando después, poco a poco, y, en esta manera, va socavando las pilas en estas partes. En empezar a fundar las pilas, conviene que las piedras sean muy grandes, así de alto como de ancho y largo, y cuanto mayores fueren, será mucho mejor para la obra. Y téngase cuenta que sean muy fuertes y de materia muy sólida, y que sean tales que puedan resistir a cualquier género de tempestad que el tiempo pueda causar, como son hielos, soles, aires y grandes avenidas de aguas y crecidas de ríos. He visto en muchas partes ser comidas [/fol. 369r] del salitre que en sí tienen, otras hendidas por razón de los hielos, y rompidas por causa del gran calor del sol, y fuerza de los aires que hieren en ellas; y no menos por causa de las crecidas de los ríos, de tal suerte que todo lo que ha sido mojado les da un accidente que se deshacen en asclas, como a un cierto género de piedras que, en tocándoles el fuego, se van deshaciendo en asclas, y caúsalo el gran recocimiento que hacen en ellas la agua, el aire, el sol y los hielos. Hay otra especie de piedra que no se hiende, pero vase agujerando y comiendo de sí misma. Hay otras que corrompen y carcomen. Otras que de sí son muy flojas, que en cargándoles peso encima, se van a pedazos. De modo que conviene sea el artífice un hombre prudente y que sepa discernir qué piedras, y cuáles sean las mejores, y conocer la calidad de ellas y sus efectos, porque después de haber [521]


TOMO I V

hecho la obra no se arrepienta de haber asentado tales piedras en la obra, y, de veras, estará muy arrepentido por no poder remediar con facilidad los muchos siniestros que de su descuido o ignorancia resultarán. Cuando se empezare la obra es menester se ponga mucha diligencia, así en labrar las piedras, como en asentarlas, y que se labren igualmente los sillares a toda parte, y que jamás asiente piedra el asentador ni el aparejador, que primero el prudente artífice no pase los ojos por ella. Y toda piedra que se asentare, conviene que se asiente con su nivel, regla y plomo, ir siempre tanteando con una regla larga, que asienten las unas piedras tan iguales como las otras Ufol. 369v], y, advierta, que no se asiente ninguna piedra de largo, y que su junta venga a lo largo, sino que se asienten de través, y que sus juntas vengan trastocadas, como las señalo aquí. Aunque alguno me podría decir que (Figura 345) esto es superfluo, porque no hay aprendiz que ignore, conviene mucho ir ligando las piedras de esta manera. Pero yo he visto obra de hombre, que presumía entender muy bien la arquitectura, y he notado esta falta tan notable en fábrica hecha de su mano. Dejando todo esto aparte conviene, que cuando se asentaren los sillares de los cimientos, ir coligando las unas con las otras, con sus gafas de hierro, y emplomadas, y con sus pernes de hierro emplomados, o con otro metal, porque la runa no le consuma, y con esto se ha de ir ligando todo el fundamento, así dentro como de fuera, hasta estar encima del agua. Figura 345.

p*—.—

,

En edificio tan importante conviene huir toda escasez, sino usar de toda liberalidad, porque más se gastaría en el menor siniestro que aconteciese, que cuanto plomo ni hierro se puede gastar en el edificio de tanta calidad, de suerte que se han de ligar también dentro, como de fuera, los sillares. (Figura 346)

Yo he Ufol. 37Or] visto, cierto en obras antiguas, hecha una ligazón muy buena y de muy poco gasto. Era hecha esta ligazón, de una piezas de carrasca hechas como cola de milano, y encajadas dentro de los dos sillares, y, en el medio, tenían hincado una clavija de la misma madera que entraba en el otro sillar de arriba, como aquí va señalado. Y, (Figura 347) cierto, que según se podía comprender, que había más de mil años que era hecha esta obra antigua que yo vi, y que estaban tan buenas las colas de milano como sí aquel día se hubieran hecho. La cual invención es muy maravillosa y de poco gasto, cosa muy firme y muy durable. De modo que aquella clavija entraba tres dedos dentro del sillar, y otros tantos en aquel de arriba, las colas eran dos dedos de grueso y medio pie [522]

FUNDACION JUANELO TURRIANO


Libro Dieciocho Figura

de largo. Así que este buen artífice ató muy bien su obra en este modo, y, con muy poco trabajo, ligaba sus sillares con esta invención. Y, como son de madera, se podrán hacer de hierro, y no habría necesidad de emplomarlas. Y ya que se hiciesen de hierro, habrían de ser de un buen pulgar de grueso y un palmo de largo, y, en el medio, tres dedos en ancho, y en los cabos otros tres dedos de ancho, pero esta ligazón se ha de entender del agua arriba. Mas si se quisiese hacer de estas colas, o gafas, de metal, de bronce o de latón, [/fol. 37 Ov] las cuales habían de ser como las de hierro, y si acaso las quisiesen hacer de hierro, para que la agua ni la cal no las arruine, después de hechas, póngalas dentro de cera y pez, como quien las quiere templar, y no tenga miedo que se arruinen poco ni mucho. Las de metal se podrían hacer algún tanto delgadas por razón del gasto y también que no son consumidas de la agua, cal ni tierra. Hácense las r/7/»J>/Tr777777777í gafas (Figura 348) comúnmente de esta hechura: hanse de asentar las unas y las otras dentro de la piedra, de suerte que encajen, del todo, dentro de los sillares, no suban encima, punto, de los dichos sillares.

347.

348.

La obra se debe levantar igualmente, así de la una parte como de la otra, que es de un cabo de la pila al otro. La obra ha de ser muy levantada en alto, por amor de las crecidas de los ríos. Haránse las pilas, de ancho, la cuarta parte de la altaría de la puente, entiéndese que tomando el pie derecho del arco hasta toda la altaría que ha de tener el arco, con el pie, y toda la altaría dividirla o repartirla en cuatro partes, y una de aquellas partes darla a la ancharía que ha de tener la pila. Propongamos que un arco con su pie tiene de alto ochenta pies, repartido ochenta en cuatro partes, que viene a ser veinte, ha de tener la pila de ancho, de modo que la pila ha de ser de proa a popa, en largo, ochenta pies, de manera que toman los dos cuchillos la mitad, y lo restante queda para la anchura de la [/fol. 37Ir] puente, como va en la figura A señalado. Y la ancharía de la pila es B. Ha habido arquitectos que han hecho la proa y la popa redondas, como es la C. (Figura 349) Figura

349.

[5231

FUNDACION JUANELO TURRIANO


TOMO I V

Esta pila B es con ángulos rectos a los dos cabos, así en la popa como en la proa, y estos ángulos son harto cómodos para hender la agua. (Figura 350) Figura

350.

Esta otra pila D tiene los ángulos acutos, los cuales más fácilmente se rompen, y son mucho más ruines. (Figura 351) 351.

La pila E tiene los ángulos obtusos, los cuales son más recios y de mayor resistencia que ningún otro género de ángulos, para cualquier género de trabajo que les quieran dar, no digo de agua, más aun de artillería, porque el [/fol. 371v] baluarte que es hecho de ángulos obtusos resiste mucho mejor a los golpes de la artillería, cuánto más resistirá a la agua que trae menos violencia. (Figura 352) Figura

352.

La pila G tiene la popa redonda y así mismo la proa, y es cosa que resiste mucho mejor a cualquier golpe que le venga, antes cuanto le hieren, tanto se va fortificando en sí misma. (Figura 353) Figura

353.

Hanme agradado también aquellos artífices antiguos, que hicieron sus pilas sin ángulos, mas hiciéronlos así, como cosa que no sabían que había de tener tanta fuerza. Hicieron los cabos como despuntados, en círculo y redondeados 56 . No los dejen obtusos, mas en tal manera que les queden razonables cantonadas, que serán los tres cuartos del cuadro del ángulo recto, y, si en este modo no parecerán bien, hace que tengan los dos tercios del cuadro, conformes a la A, es los tres cuartos, la B es los dos tercios del cuadro, como se puede ver muy bien en la siguiente demostración. Si se Ufol. 372r\ (Figura 354) hallare un tal asiento para edificar la puente, cual podríamos desear, y que naturaleza nos le diese, no sería necesario hacer pilas a los dos costados. Mas no hallando tal aparejo, 56

En el manuscrito se abre un paréntesis, pero parece que no tiene final.

[5241

FUNDACIÓN JUANELO TURRIANO


Libro Dieciocho

convendrános hacer dos pilas, una de cada parte, en tierra, con sus cuchillos, como se ha dicho arriba, y como las pilas que se han de poner dentro de la agua. Y cuando se haga alguna puente, conviene que se hagan en seco algunas arcadas, como señalaremos aquí abajo, a causa que el tiempo y avenidas de los ríos suelen consumir y gastar, comiendo y deshaciendo las ribas, por razón de las grandes crecidas de las aguas. Para que quede lugar para poder entrar a la puente, y que quede para seguridad de los costados, en ser la puente muy más larga que no es el río de ancho, y que quede el camino, de la agua, libre para poder entrar a la puente. Las bóvedas de los arcos conviene hacerlas muy recias, por causa del grande atronamiento de los carros, y para que puedan sufrir el trabajo que continuamente reciben los arcos de los carros que pasan por encima, y animales y otros pesos que, ordinariamente, se ofrecen pasar por la puente, como son artillerías, colosos, obeliscos y otras muchas cosas. La puente A es hecha llana, y todas las arcadas se van creciendo hasta llegar a lo medio. La arcada de medio es de sesenta pies, y su pila ha de ser la sesena parte, y esto es lo menos que se le V/fol. 372v\ puede dar. Los dos arcos, que vienen a los costados, son, de cada, cincuenta pies, y los otros, de a cuarenta, y los dos que son en tierra, son de treinta, aunque las pilas todas van hechas de un cuerpo y un mismo tamaño. (Figura 355)

La puente B va repartida en ese modo, mas tiene aquellos arquillos al tercio de los arcos grandes, pero esto hácese a causa que no entra tanta materia y está muy más fuerte, y no agrava tanto, a las pilas, el peso, y por esta razón la he puesto en demostración. Sólo se deben cerrar de una simple pared, la cual vi en una puente que vi en Italia. [5251


TOMO I V

La puente C es harto diferente de las otras dos, la cual es de más artificio y de mayor seguridad, por causa de las muchas pilas que tiene, porque casi se ha de suponer o entender [//o/. 373r], que donde es la D, que es una sola pila, y que tiene aquel espiradero de agua que hay entre aquellas dos pilas o cuchillos, los cuales arquillos D son hechos por dos efectos, el uno ya hemos (Figura 356) dicho que es para mayor seguridad, y lo otro, que son hechos para acomodar edificios, o molinos harineros, o batanes, o para limpiar armas, o para picar pólvora, y para otros infinitos ejercicios, máquinas y edificios.

Estas dos demostraciones siguientes, que son A y B, son de en medio de dos puentes, aunque ellas van de un mismo modo. Donde es la A es lo espeso o grueso del arco. La B es el antepecho de la puente. La C es un asiento para tomar el sol en invierno y la fresca en el verano. Donde es la D es donde camina la gente de pie. Y donde es la E es donde van los carros y los animales de carga, y porque los animales ni los carros no puedan dar molestia a los que caminan a pie, y por esa causa es más bajo el camino de los carros, a lo menos, dos palmos, y que, porque los carros no den tanta molestia a la puente, por causa de la ordinaria frecuentación, suéleseles echar encima del empedrado [/fol. 373v\ un suelo de cascajo grueso, más de un palmo, o de una arena muy gruesa o grava, y con este remedio se conserva mucho más la puente. (Figura 357) Los números que hay en esas demostraciones es la cantidad que ha de tener, en ancho, en aquellas partes, lo alto, y lo mismo hallarán a la otra parte, que es más alto dos palmos, y la grada para sentar, y otros tres el antepecho de arriba, y también puede servir de asiento, lo mismo hallarán en la demostración B, pero son variados los números. Cuando hubiere de pasar algún grandísimo peso por encima de la puente, conviene juntar dos maderos muy gruesos, y que sean iguales en alto y en anFigura

357.

[526]

FUNDACION JUANELO TURRIANO


Libro Dieciocho

cho, y también en largo, y atar los dos con unas lañas de hierro, que sean muy bien hechas. Ligarse han, a la redonda, los dos maderos, y enclavarse han. Y las lañas no han de ir apartadas dos palmos la una de la otra, y han de ser de un dedo de grueso y dos de ancho, y de éstos se hacen cuatro, porque sirvan de dos en dos, para que las ruedas del carro, que llevare el peso, vayan mejor. Hácense viajadas o Ufol. 374r] soslayadas a los cabos, porque la rueda suba con facilidad, y cuando ha de llegar al cabo ponen las otras dos, y así van, de mano en mano, hasta haber pasado. En especial, hay puentes levadizas que, en ninguna manera, no se puede pasar por ellas ninguna artillería, si no hay estos maderos aquí bajo señalados. (Figura 358) Estos maderos pueden servir donde hay alguA

B

Figura

358.

nos malos pasos, donde es muy flojo el suelo, donde las ruedas se encallan, de donde no pueden salir si no a fuerza de muchos animales, y con estos maderos, con mucha facilidad, puede pasar cualquier grande peso sin dejar señal en el suelo, ni menos donde suele haber grandes lodos en los inviernos. Puede pasar con estos maderos, yendo poniéndolos paralelos a la anchura de las ruedas del carretón de la artillería, de modo que no habrá que dudar para pasar por encima de cualquier puente con esta invención, que no calará punto en el suelo. En las puentes se puede acomodar todo género de ornamento, así como cornisas, columnas, frisos, pedestales, arquitrabes, figuras, frontispicios y otras diversas cosas, con tal que sean puestas en lugares convenientes. Puédense cubrir las puentes con techos y con otras cosas, como son bóvedas y crucería, y, sobre todo, se le deben aplicar todas aquellas cosas que le causarán beneficio y que aprovechen a la puente y ayuden a resistir Ufol. 374v] a las molestias cotidianas que los arcos padecen, y que sean causa de mayor firmeza y más perpetuidad a las puentes. Conviene, pues, que toda puente sea labrada de muy buenas, firmes y muy grandes piedras. Entiéndese esto fácilmente sacando ejemplo del herir de los herreros, que si la yunque es grande y pesada, sufre muy bien los golpes de los martillos, aunque grandes y pesados, pero si es pequeña y ligera, con pocos golpes salta y se mueve a una parte y otra. Así mismo digo que los arcos se deben hacer con sus senos, o costados, que sean henchidos y firmes. El que es más fuerte de todos los arcos es el de57 medio redondo, porque ninguna de las otras maneras es tan fuerte, ni parece tan bien, ni tiene tanta gracia, como el que es hecho de medio redondo, justamente. Alguna vez es necesario quitarle algún tanto de su proporción, por respecto que suben tan altos los arcos, por ser ellos muy grandes, que conviene abajarlos y hacerlos muy más bajos, porque son mayores que las pilas, y se levantan en alto, de pie derecho, y cuando vienen las crecidas hieren las aguas en el arco, y por quitar un semejante inconveniente. Yo he visto muchas puentes con esta falta y es muy grande ignorancia de los ar57

Tachado: su. [527]

FUNDACION JUANELO TURRIANO


TOMO I V

tífices que las hicieron. De modo que, no teniendo tal lugar, convendrá hacer los arcos de punto hurtado, los cuales son de esta hechura, la cual se verá en la hoja siguiente. Y conviene fortificar los costados de los arcos con muy excelentes piedras, como se ha dicho de los fundamentos de las pilas. Al arco A se le ha hurtado muy poco, al arco B se le ha hurtado mucho más, de modo que él no parece bien. En estos arcos no se han de poner piedras en que Ufol. 375r] sean estrechas y delgadas, sino que tengan, por lo menos, la docena parte del ancho de la cuerda del arco, de modo que entrarían treinta piedras en el arco, según la orden de los redondos, o alguno más de esa cantidad. El arco es la C. (Figura 359)

derse por cualquiera oficial, será bien que me alargue un poco más, en especial en lo que toca a las pilas. No se haga, pues, más ancha la cuerda del arco de la puente de cuánto es seis veces gruesa su pila, y esto todo cuanto se les puede quitar a las pilas, ni en alguna manera se sufre hacer las pilas más delgadas de una sesena parte de la cuerda del arco, ni tampoco más gruesas de la cuarta parte de lo largo de la cuerda del arco, que ha de cargar encima de ella. Digamos ahora que el arco tiene de cuerda de modo que la sesena parte de sesenta es diez, que sería lo ancho de su pila, y esto es hacerla tan estrecha como se pueda Ufol. 375v\ hacer. Y si tomásemos los mismos sesenta y hiciésemos de ellos cuatro partes, que es la mayor anchura que se puede dar a una pila, que vendría a ser quince, de suerte que en estos dos extremos se pueden tomar todos aquellos medios, que hay de diez a quince, irán repartiendo como mejor les parecerá, aunque la (Figura 360) mejor proporción es de trece a doce, y doce y medio, y sale siempre más verdadera. De suerte que se puede quitar de quince y añadir a diez, hase esto de hacer con buen juicio y discreción, y si la pila es quince, no puede ser el arco menos de sesenta. Lábranse todos los sillares sobre una planta de un cintrel o barbel, débese labrar la llave del arco algo más ancha en la parte de arriba, que ninguna de las otras piedras, la cual cierra el arco, y ella se pone afuera para que cierre muy [528]


Libro Dieciocho Figura

371.

bien el arco, y aun es necesario hacerla entrar a fuerza, con calarla con algunos golpes para que entre, con un mazo de madera, para que no se rompa la piedra, y, hincándose con fuerza, hace que se aprieten todas las demás del arco y, siendo muy bien [/fol. 376r] apretadas, están muy más firmes en su lugar y hacen todas muy bien su oficio. Lo que hay entre el un arco y el otro se debe ir henchiendo de piedra, de tal modo que todo sea muy firme, ni se halle en toda la obra cosa más firme, y, si acaso por la falta de la piedra, o por ahorrar de ella algún tanto, para que la obra sea mucho más segura, harás en la manera que aquí señalo. (Figura 361) Ahórrase piedra debajo de la bóveda B, que es la que Figura

361.

"0

hace A y C, en aquel ángulo se puede ahorrar gasto y mucha piedra y cal, aun tiempo, porque aquel arquillo B es de mucha fuerza para los dos arcos grandes, y si hubiere alguna piedra, que fuese muy blanda o floja, puédese poner en aquellos costados del arquillo, hacia los dos arcos A C, encima de la B, y así se pondrá, en obra, lo que parecerá no servir para nada, porque aquel arquillo B tiene mucho valor en aquel lugar. De esta materia no digo más por haber ya tratado de ella en otro lugar. Tratemos ahora de las subidas de las puentes, porque muy pocas veces vemos que las puentes vengan tan iguales con el suelo, que no haya necesidad de subir a ellas. He visto infinitas puentes, y casi en todas se sube a ellas, y algunas, que la subida es muy [/fol. 376v] difíFigura 362. cil y inhiestísima. Para que se vea el modo de las subidas he puesto aquí algunas, y así se conocerá cuáles son las enhiestas y cuáles las llanas. Y, porque en toda puente » " o_ " ^ conviene, {Figura 362) que en la parte de arriba sean iguales, que sea su línea recta, como las puentes de madera, es cosa cierta que, en toda parte, no se hallará lugar cómodo, que corresponda a esa [529]


TOMO I V

línea o altaría, y que en las más partes conviene hacer subidas. Y para una subida que sea disimulada, que cuasi no parezca camino, haráse de esta manera: conviene tomar muy atrás el principio, y a cada cuatro pies dar uno de subida, y esto es muy cómodo para subir animales cargados, y aun carros y otros pesos. Pero paréceme que más cómodo sería a cada ocho pies uno de subida, porque los animales cargados puedan subir con menos trabajo. (Figura 363) Mas para

calles que harán, han de ir levantadas, porque despida las aguas de las lluvias, conviene que a cada treinta palmos se de uno de caída o, levantar uno, y esto es cosa que cuasi no se conoce, y esto es cosa tan cómoda. El subir y el descender puédese acomodar en lugares más cortos. Débense poner unas piedras largas que sirvan casi [/fol. 377r\ en lugar de gradas, para detener lo empedrado, porque todas estas subidas conviene empedrarlas, y alabarlas he, mucho más cuando ellas como el lugar lo consienta. Hame parecido que con estos avisos podrá, muy más cómodamente, cualquier artífice valerse en sus obras. He querido (Figura 364) poner un medio de treinta a quince porque se vea la diferenFigura

364.

-[ '

C I

—__ ^

5

i"

»5

-Lo

-JO

cía que hay en las cosas, esta subida ni es muy enhiesta, ni muy llana, como lo muestra su figura. (Figura 365) Figura

365.

Las puentes que son levadizas para arriba, ordinariamente, se hacen de modo que se levanten a la parte de fuera, porque nadie pueda llegar a la puerta por miedo de no caer abajo, por la parte de la puente que queda abierta. Estas puentes se suelen hacer a las puertas de las ciudades y castillos donde hay agua, y también se hacen donde no hay agua, sólo tenga foso y sea muy hondo. Las piedras con que se han de empedrar las puentes han de ser como el puño, y hase de allanar todo lo que hay de un arco a otro, como con losas, aunque es mejor allanarse con piedras del río, porque los animales que pasaren cargados no caigan, ni se vayan deslizando o resbalando por estar tan lisas por el continuo pasar por ellas. Débese levantar un antepecho, que pase de una parte a la otra de toda la puente, de unas losas o piedras muy grandes, y asir, las unas con las otras, con [/fol. 377v\ sus gafas de hierro, y emplomarlas muy bien, porque no se caigan en el río o no las hagan caer. Las piedras, con que las puentes y calles se han de empedrar, no han de ser muy redondas porque no asientan bien, antes han de ser llanas para que mejor asienten, y esta calidad de piedras son las mejores, más [530]


Libro Dieciocho

alabadas y que más bien hacen su efecto, y a nuestro propósito, porque las redondas suelen quitarse al más pequeño golpe. Las piedras no han de ser pequeñas, sino como la palma de la mano, porque caminan mejor los animales sobre ellas, y también que los carros suelen cavar mucho con las ruedas, y más cuando caminan siempre por un mismo lugar. De modo que los animales suelen gastar mucho las piedras por donde pasan, y aun hemos visto que de la mucha frecuentación de las hormigas, cuando de ordinario van un camino y vuelven, quedar señal en las piedras muy duras. He visto algunos caminos empedrados por los antiguos y, en el medio de ellos, estar llenos de grava menuda o de cascajo, porque las ruedas de los carros gasten menos los caminos, y los animales tengan mejor donde firmar los pies. Los antiguos tuvieron para este efecto por mejores piedras los guijarros, que son las piedras guinsas o la cálice 58 o las que tienen algunos agujeros, o quebrajas, o rendijas, en ellas, no porque sean estas piedras de las más duras, sino porque los animales menos se van resbalando sobre ellas, como hacen encima de las otras, y por tanto nos servimos de toda manera de piedras, según la abundancia que tenemos de ellas. Han [/fol. 378r] se de escoger siempre las piedras más duras, y han de tener, estas piedras, un palmo de grueso y otro de ancho. Y váyanse juntando unas con otras en la parte de arriba, para que sean llanas, y no quede ningún vacío entre ellas. Y, en el medio del camino, hase de levantar el empedrado, a modo de lomo del pescado, que es más alto en medio que no a los costados, porque las aguas de las lluvias puedan mejor caer abajo. Aunque, ordinariamente, hacer al contrario, porque se hacen siempre más bajas en medio que a los cantos, y esto es porque quieren corra la agua a lo largo del camino, yo digo, que es muy mejor corra a los costados, y que a sus trechos tenga la agua sus salidas, a los costados de la puente, y así es muy mejor. Aunque hay tres maneras de empedrar las puentes, y es cosa muy clara que se hacen en medio más bajas, como tengo dicho, acostúmbrase esto en las que son muy anchas y largas, mas en las estrechas y cortas es mejor que se levanten en medio. Hay otra manera, que se hace que la agua corra de un cabo a otro, y esto se hace más en las calles que en las puentes. Si hubiera de tratar aquí de todas las maneras de puentes fuera cosa muy prolija, así que por no enfadar al prudente artífice, de solas tres puentes haré mención, que he visto muy extrañas, dibujándolas aquí, cuyas demostraciones son las que se siguen, la primera es A, la segunda B, y la tercera C. Es, pues, la primera demostración de la puente A. Esta puente estaba asentada dentro de una barranco, entre unas peñas muy altísimas, la cual no se podía llevar derecha [/fol. 378v] por razón del mal lugar, así no se pudo hacer de otra manera, porque el buen sitio y lugar aprovecha mucho a la fábrica, pero el buen juicio del artífice, aunque en lugar tan desacomodado, con industria se aprovechó de una peña que había en medio del río, y así la hizo dar aquella vuelta, y acomodó su puente poniéndola en toda perfección, y dejando un modelo para los que ahora mucho presumimos. (Figura 366) La puente B es de otra hechura, la cual tiene otras vueltas, y por hallar aquellas peñas en el río, se ahorró gasto, y muy grande, de no haber de fundar dentro del agua. Hizo, pues, su edificio en esta hechura, y fue invención de hombre prudentísimo y muy experto. Halló lugar cómodo entre unas grandísimas mon58

Por:

¿caliche?

[531]


TOMO I V

tañas, donde halló unas muy grandes peñas y muy ásperas, donde hizo su puente, como de tal artífice se confiaba. Aunque podrían \_/fol. 379r] algunos decir que por hallar tanta comodidad de lugar y materia hizo su puente tan bien acabada, verdad es, que si hubiera de fundar 59 pilas de nuevo, él la hubiera llevado derecha. (Figura 367) Sea como fuere, supo muy bien aprovecharse y valióse de lo que pudo, de su juicio y buen ingenio, tomando lugar acomodado y haciendo su máquina a menos gasto y con mucha más seguridad, que no hiciera, todo esto, fundando de nuevo dentro del río, donde hiciera gasto excesivo, y por ventura fuera con menos seguridad, y corriera riesgo su honor y reputación. La puente C estaba hecha a modo de los dientes de una sierra, fue edificio de gran trabajo por ser en lugar muy desacomodado, aunque, por estar donde se hizo, acomodaba mucho los circunvecinos para el corto paso. Hallóse cami-

59

Tachado: pi. [532]

FUNDACIÓN JUANELO TURRIANO


Libro Dieciocho

no para hacer ésta, como se halló para las otras. Todavía aprovecha mucho al buen ingenio del prudente artífice y hase de agradecer que nos dejan ejemplos para que nos aprovechemos. La demostración es esta que se sigue, [//o/. 379v] (Figura 368) Figura

368.

Hay algunas puentes que son cubiertas por encima, y aun adornadas con columnas y pedestales, y sus arcos con sus impostas, o represas del arco con sus arquitrabes, frisos, cornisas, las cuales están adornadas de arquitectura cuanto ser pueda. De suerte que, me ha parecido, no será fuera de propósito, enseñar el modo cómo se deben hacer las muy curiosas puentes. Y, solamente, haré aquí demostración de sólo un pedazo de una puente muy adornada, porque creo no habrá lugar de hacer toda la demostración, por huir prolijidad, pues con lo que aquí se verá fácilmente, se podrá bien entender toda la máquina de ella. Las puentes, todas, se hacen ordinariamente según los ríos que ellas han de atravesar, y como el lugar lo requiere que se hagan, y tam- [//o/. 380r] bién según las crecidas de los ríos, que muchas veces crecen en gran manera. La entrada y salida de la puente han de ser llanas, si posible fuere, y no sean enhiestas, y a todas las pilas de cualquier puente, antes que firmen dentro del agua, ha [de] h a c é r t e l e sus campeadas, como tengo dicho. (Figura 369) Cuando se cavarán los fundamentos de las pilas, si no hallaren el suelo cual conviniere, que no tuviese firmeza y que todo fuese cieno, aunque hemos tratado de esta materia en el principio del cavar los60 fundamentos de las pilas, y cuanto más se va una materia considerando, tan- [/fol. 380v] to más se halla en ella qué decir y aprender. Débese usar en tal caso muy grande artificio, que cavada toda aquella hondura, que se requiere cavar, y no hallar suelo firme, para poder edificar encima, débese entonces tomar mucha cantidad de maderas de roble, y si no se hallasen robles, hanse de tomar pinos negrales o pinos carrascas, que sean verdes, y ir poniendo de llano todos los maderos, como aquí lo demostraremos. Hanse de tocar los unos maderos con los otros, del modo que van aquí dibujados. Y donde han de ir los maderos de punta es A, y los que va 60

Tachado: pilas. [533]

FUNDACION JUANELO TURRIANO


TOMO I V

hacia la corriente de la agua, han de ir diferentemente de los que van en C, como la forma lo demuestra, como han de ir asentados, y lo mismo los que van en B. Y hácese esto para que los sillares tomen, de través, todos los maderos, por causa que anduviesen como los que van en C. El sillar lo tomaría de largo y no tomaría más (Figura 370) de un madero, yendo así toma dos. Y la demostración de la diferencia que hay de lo uno se verá aquí, en las dos figuras, las Figura

370.

cuales van en punta, y si alguno la parecerá mejor la baja, (Figura 371) que la de arriba, escogerá la que más a su propósito le hiciera. Las maderas que para esto son buenas son el roble, el pino V/fol. 38Ir] silvestre, el vernio, que es madera que dura mucho dentro de la agua, y toda madera que fuere duradera dentro del agua será muy buena para este efecto, mas sobre todo es el vernio, este árbol no se hace muy grueso, tiene la hoja [534]

FUNDACION JUANELO TURRIANO


Libro Dieciocho

Figura 371. como de avellano, no hace fruta, críase junto a las aguas, dotóle la naturaleza de tal suerte que no se corrompe dentro del agua. Y, cuando no se hallase de esta, madera es muy excelente el olivo, porque dura mucho dentro de la tierra y agua sin corromperse, por ser madera muy pingosa y porque la humedad de la agua no la puede penetrar, antes la pone verde. Y si, acaso, las maderas que se han de poner sean secas, es menester usar de artificio para que ellas no se corrompan, es menester que se socarren con fuego, de modo que vengan los maderos a hacer carbón por encima de la superficie. Hecho esto tendrán los maderos gran resistencia a la humedad del agua.

Pues tratamos de sacar la agua de los lugares donde se quieren fundar las pilas, y también se ha tocado algo de sacar el lodo, con aquel instrumento hecho a modo de bolsa, y porque hay infinitos, hame parecido no ser corto en la materia. De modo que para sacar el cieno de un suelo de río o del mar hay muchos instrumentos para ello, en especial la palaza, la rueda, la gratícula de hierro, los cuales instrumentos pondremos aquí abajo, como acostumbro, para que se comprendan con mayor facilidad de lo que se haría no viendo la demostración. Hácese un instrumento de hierro o de madera, el cual tiene el suelo con tres costados, y en la parte de delante no tiene nada de costado, y es muy bajo, tiene cuatro Ufol. 381v] pies, de donde están acomodadas cuatro garruchas. Es hecho este instrumento a modo de grailla o parrillas, en el cual se asienta un lienzo muy grueso a modo de un saco. Llévase este instrumento donde hay lodo o cieno y allí se hinche, y con él van alimpiando y vaciando todo el lodo o cieno. El instrumento es de la forma que se sigue: es como unas parrillas, como tengo dicho, encima de él se pone un saco, que sea de cosa muy gruesa, para que mejor tenga el lodo que en él entrare, llévase rastrando y, en aquellos pies que va la A, van con aquellas vueltas atrás. Si se (Figura 372) le quisieren poner carruchas, Figura

estará en mano del que se servirá del instrumento, que también sirve sin ellas, como con ellas podría aprovechar, sirve para alimpiar un puerto. (Figura 373) Este instrumento de arriba, que es A C, es para sacar tierra de un lugar y llevarla a otro, y lo mismo hace con el lodo o cieno. Llámase harona o allanador, es de muy poco artificio en su hechura, Ufol. 382r] mas de sólo que sea muy bien asido con unas lañas de hierro, y todo lo que es más de ello es donde hay [535]

372.


TOMO I V

la letra A, que es una plancha de hierro que coge la tabla arriba y abajo, la cual plancha ha de ser como cosa cortante, y donde va la B, con una bajada para el suelo. La D es donde van asidas dos cuerdas que la van arrastrando por el suelo, y van asidas en E, y las anillas C son para cuando se quieran levantar, van ahí dos cuerdas asidas en la manera que va la D, y así se levanta en alto y se vacía. Hay otro modo de sacar el cieno del río o de la mar, el cual modo acomodan en un barquillo, tomando un madero derecho en la parte de la popa y hase de fijar muy bien, y en aquel madero asentarán otro de travieso, como una antena de nao, que pueda jugar donde está asido. Y esta antena ha de ser delgada, y al cabo que va a la popa, que se ha de calar dentro de la agua, conviene fijarse una tabla, a modo de pala de horno, que sea de tres palmos de largo o más, y cerca de dos de ancho. Ella ha de estar como el gobierno de un copulo o barco, y hásele de acomodar un otro barquillo junto el cual pueda recibir el lodo, que con la palaza se va secando, y ponerle dentro del otro barco en una tahona que estará asentada en el medio del barco, la cual tahona o gruenza ha de ser como aquella de los molinos donde se hecha el trigo para moler, la cual ha de tener una portezuela en el suelo, que lo ocupe todo, y hase de abrir hacia bajo, y encima de esta tahona ha de haber un madero que juegue, y ha de tener una cuerda que vaya desde el madero hasta la portezuela, y ha de jugar ese madero para recoger la cuerda y para soltarla. Y en esta tahona se ha de echar el lodo, y cuan- Ufol. 382v] do está llena vaciarla afuera, y así se alimpia un puerto, vaciando fuera del armamento de la pila, con la palaza. Mucho más vale este instrumento para alimpiar, como he dicho, un puerto, que no fundamentos de una pila. La palaza es A. La B es una plancha que coge las dos partes, como en aquellas palas fangueras, que con ellas hacen las acequias, digo el limpiarlas. (Figura 374) Juega en C, sobre una clavija de hierro. Y el asta de la pala es D. Donde vierte el lodo la palaza es en la tahona G, la cual tiene aquel tornico E, que tiene, al cabo, aquella aspa F, y su puerta es H, con una argolla que tiene una cuerda para cerrar y abrir, y juega en I, como por la figura de los barcos se puede comprender. Hay otra invención para esto, y esta pondráse cuando tratemos de los puertos, donde la enseñaremos con otras invenciones. Pare- Ufol. 383r] cerne que no se debe dejar pasar en silencio el modo con que se suben las piedras y bajen en los edificios. El instrumento más ordinario es la grúa, y la cabrilla, y el ergate, de modo que aquí los demostraremos, y con palabras. El ergate es instrumento que lleva los pesos en alto, y aun pesos muy grandísimos, como se les sepan acomodar las poleas y saber ir doblando las cuerdas por ellas, llevará, en alto, peso, por grande que sea. Y pénesele una tenaza, [536]

FUNDACION JUANELO TURRIANO


Libro Dieciocho

al cabo de la cuerda, para subir las cuerdas o bajarlas. La tenaza es de hierro, está hecha (Figura 375) sobre la letra X. La tenaza tiene esta calidad, que tanto Figura

375.

Figura

376.

cuanto (Figura 376) más se tira de la cuerda, tanto más aprieta la61 cosa que tiene en sí asida, la cual es en esta manera, como aquí abajo se verá. Vese pues en Esta palaza, con esta rueda, es para limpiar los puertos para empujar adelante y detrás.

61

Repetido: la. [5371

FUNDACIÓN JUANELO TURRIANO


TOMO I V

(Figura 377) la figura que aquellas argollas o anillas son tan largas que se puede abrir tanto C cuanto se quisiere abrir y apretar, hasta que lleguen a tocar los dos cabos de la tenaza, que es A B. Y la cuerda es asida en C. Y donde coge la tenaza es D. En lugar de la tenaza se pone un instrumento a modo de una escarcela, el cual llaman la holivela, es de hierro hecho con tres piezas, que son el número 1, 2, 3, y estos tres hierros se ponen dentro de la piedra, que se le hace un agujero en la misma forma que es hecha la holivela, mas pónese primero dentro D y F y, después, Ufol. 383v] se pone E, es de las tres la postrera a ponerse dentro de la piedra. Y, después, se pone la asa A, con aquella clavija de hierro que es B. Y pénesele, después, su chaveta C. Abajo de la holivela hay aquellos números, los cuales denotan que las dos piezas de los cabos, que es D F, que han de ser más anchos, la mitad de lo que es E. Y este instrumento es muy seguro, mucho más que no la tenaza, por causa que tiren ni aflojen, no se mueve punto, lo que no hace la tenaza, que, en aflojando, luego es salida de la piedra, aunque se le hacen dos agujeros en la piedra a causa que no se resbale la piedra de la tenaza y se caiga. (Figura 378) La grúa es un instrumento de madera, el cual sube en alto las piedras de las obras. Es de sí muy alto. Está asentado bajo, en el suelo del edificio, y otras veces se acomoda en alto, según la necesidad del lugar. Súbense muy grandes pesos con la grúa y llévase, con ella, a cualquier parte de la obra, sin ningún trabajo, por causa que el árbol o mástil juega sobre un Ufol. 384r] perne de hierro, en la N. La rueda A, que su eje es B, el cual juega a los dos cabos sobre dos pies C. Y este eje recoge la cuerda de la grúa, que es E, la cual pasa por la carrucha H. La grúa así se llama por causa del largo cuello que saca el madero K, que tiene la carrucha H. Y tiene aquellos dos rebotantes G que la sustentan. Y hay puestas unas clavijas de madera algo largas que sirven de escalones. Y la armadura M tiene derecho el pie del árbol F, la cual armadura tiene cuatro rebotantes que la sustentan. La cuerda tiene, al cabo, una anilla con un gancho, que es O, y el peso es P. Hay otros que le ponen unas tablas de madera gruesa, que tiene, a los62 cuatro ángulos, cuatro sortijas de hierro, con cuatro pedazos de cuerda que se vienen a asir con la cuerda E. Este pedazo Q tiene diversos nombres entre oficiales, llámele cada cual como quisiere, porque unos le llaman el caballo, otros asno, otros albardón, otros la civilla de la grúa, otros corazón, como aquel de las balanzas de pesar las cosas. (Figura 379) La cabrilla es un instrumento de madera, el cual tiene tres pies, por donde se levantan pesos con ella, mas no muy en alto. Y estos tres pies están asidos, en lo más alto, en una plancha de hierro por donde, todos tres, juegan en unos anillos que están en la misma plancha. Y cada pie está guarnecido de hierro. A la parte de arriba tiene un hierro, a modo de un gancho, que entra en aquellas anillas. Y aquella plancha tiene, en la parte baja, otra anilla para colgar Ufol. 384v] una polea, para que se levanten los pesos con ella. Y en los dos pies se le acomoda un tornillo para ir envolviendo la cuerda por él y levan62

Tachado:

cabos.

[538]


Libro Dieciocho

[539]

FUNDACIÓN JUANELO TURRIANO


TOMO I V

Figura

379.

tar los pesos; con muy poco trabajo se levantan. La plancha es M, con las anillas. Los ganchos entran en las anillas A B C. La polea es D, y la de bajo es E. El tornillo es H, los palos I, la cuerda G. Donde juega el tornillo es K. Que (Figura 380) son de hierro aquellas dos argollas que van enclavadas. Las puntas de los pies, que son de hierro, es F. Así que ella no lleva muy en alto los pesos. Para levantar un peso y bajarlo de presto no hay instrumento tan pronto como es el instrumento que llaman cigüeña, el cual tiene muy poco artificio. (Figura 381) Es un tronco hincado derecho, que es A, el cual, por la parte de arriba, está abierto a modo de una horca, así como se ve pintado. Y cuando no se halla así hecho, hácese a mano, y pása- Ufol. 385r] se una clavija de hierro, o de madera, en B, donde juega aquella antena F. Y ásesele un peso en C y, también, una cuerda para estirar para abajo y levantar el

Figura

380.

[540]

FUNDACIÓN JUANELO TURRIANO


Libro Diecinueve

peso E, el cual está colgado en D, de modo que ello es tan prestísimo al subir como al bajar. Y este artificio lo usan los labradores para sacar agua de los pozos. Para el levantar de los pozos conviene saber la fuerza que para ello es menester. Los pesos, cuanto más se levantan en alto y se apartan de su lugar, tanto más graves o pesados se hacen, de modo que lo causa el irse apartando de su centro. Es, pues, menester saber ir dividiendo el peso en el ir aumentando el peso en las cuerdas. Pongamos por caso que un peso es de mil libras, el cual está colgado con una cuerda. Sin tener ningún doblez, ella tiene, entonces, mil libras de peso, y si se doblase esa misma cuerda no vendría a tener, cada una, más de quinientas libras. Y si se le hiciese la soga cuatro dobleces ya no vendría a tener cada doblez más de doscientas y cincuenta libras, de modo que, tantos cuantos más dobleces tendría la soga, tanto menos peso tendría cada pedazo. Puédese, pues, levantar un muy grande peso, con sogas muy delgadas, considerando que tanto peso puede sustentar cada una de ellas por sí misma, de modo que el poner muchas poleas, con muchas sogas, va disminuyendo siempre el peso. Entenderse, ha, lo que vamos platicando, muy fácilmente, si hiciéremos nuestra demostración, para que, el que quisiere aprovecharse, tenga algo que agradecer a mi trabajo y buen celo. (Figura 382) V/fol. 385v] De modo que, con estas demostraciones, se pueden ir considerando los pesos que sean de mucho mayor número, que nos son estos tres, que he puesto por ejemplo al curioso artífice. El mover de los pesos es en diversas maneras, mas las piedras que se mueven para labrar, aunque ellas sean peso, muévense en tres maneras. La una es llevándolas, y la otra manera es empujándolas, y la tercera es cuando las tiran. De modo que, el peso que se mueve con palos, o vigas pequeñas, conviene que sean [541]


TOMO I V

largos, por causa que con muy menos trabajo y con más facilidad se mueven, que no con un palo corto, aunque ello sea un mismo peso, o una misma piedra, por razón que el palo largo, tanto cuanto está apartado del punto donde mueve, tanto más leve hace la cosa que se mueve, el palo B, que no hace el palo C moviendo el peso A. Y los dos, en un mismo punto, mueven, digo de un mismo lugar y punto mueve muy más presto B, que no hace C, y con más ligere- [//o/. 386r] za y facilidad que no hace el palo C. Y esto se ve manifiestamente en los movimientos de las cosas que se mueven. En especial las cosas que llevamos en alto, como sería sacar de un pozo algún peso, que cuanto más apartado está de nosotros, más ligero es, y cuanto más se nos va acercando, tanto más se hace grave. La causa es que cuanto más las cosas pesadas se apartan de su asiento y lugar, tanto más graves se hacen, como por el contrario, que cuanto más alto bajan los pesos, tanta más velocidad y presteza traen consigo, y cuanto menos están más pesados y menos golpe dan, aunque los dos pesos que descienden sean de una misma materia y de una misma forma, y de un mismo peso, hace mayor golpe el que cae de más alto. Y de aquí se averigua lo dicho, que es más grave cuanto más en alto. El peso que se mueve es D, y el que le mueve (Figura 383) y levanta es A. Y el propalo de hierro es B, y la piedra donde cobra fuerza el propalo y el hombre es C, que sin ella no podría mover sino con muy grande trabajo. Y tanto cuanto es más largo el propalo B, tanto más fácil es el movimiento de la cosa que se mueve, [/fol. 386v] El peso empujado es G, y el que le empuja es E. Y el empujar los pesos más conviene una cierta destreza que fuerza, que ellos se mueven, con muy grande facilidad, sabiéndole tomar el aire en el movimiento. Cuando le va empujando, conviene siempre poner debajo alguna cosa, por mínima que ella sea, porque si una vez asienta llano, con grandísima dificultad se mueve para haberle de empujar. (Figura 384) El peso llevado es en dos maneras: o es llevado para arriba, o para bajo, que del movimiento oblicuo no tratamos, porque es movimiento celeste. El peso es A, la cevilla con que es llevado, D. Los que le llevan son B y C. (Figura 385) El tirar de los pesos es en dos maneras: el uno es tirándole por el suelo, que se vaya deslizando, mas [/fol. 387r] el tirar es con [1542]

FUNDACION JUANELO TURRIANO


Libro Diecinueve

los animales, porque el traer es como los que llevan el peso A. Y caso que el peso no vaya arrastrando por el suelo, van las ruedas siempre, como se parece en la figura puesta del carro, que nunca paran, sino siempre llevan su movimiento, de donde comienzan hasta donde acaban, y por esto no es llevado sino tirado.

La demostración siguiente nos dará a entender qué cosa es ver el peso propiamente tirado, que cuanto más largas son las sogas, tanto menos trabajo siente o tiene, y, cuanto más cortas, tanto más son agravadas. Y camina menos cuando el trecho es largo, y cuando es corto camina más, pero con mayor trabajo. (Figura 386) Ofrécese haber de tratar de una nueva manera de puente, la cual creo que en muy pocas partes se habrá hecho ni visto. Y por ser cosa tan nueva me ha [543]

Figura

384.

Figura

385.


TOMO I V

Figura

386.

E parecido decir lo que sé de invención nunca entendida ni imaginada. Porque podría ofrecerse ocasión para servirse de ella, y ser el artífice tan corto y temerario en resolverse que semejante máquina de puente no tiene orden de hacerse, como cada día acontece proponerse en los concejos y ayuntamientos a muchos y muy doctos artífices y hallarse sin palabras para responder, resolviéndose luego con un no y dando por imposible la tal o tales fábricas, sin pensar que el juicio humano puede, mediante la infinita bondad, hallar un Ufol. 387v] medio en todas las cosas, aunque muy dificultosas sean, y aunque se ofrezcan semejantes edificios no por eso han de perder el ánimo de salir con su empresa. He dicho nueva invención, nunca vista ni oída, porque tal como ella, ni Vitrubio, ni León Baptista, ni Sebastián Serlio, ni otros muchos que han escrito de arquitectura, como son Antonio Labaco, Petro Catanco, Jacobo Beroco, Viñola, Jerónimo Magi, ni otros infinitos y tan raros ingenios de varones tan diestros, han hecho mención de ella. Y, porque no parezca cosa imposible poderse hacer, haré lo que pudiere, acomodando mi concepto al que, con deseo de aprovechar, pasare los ojos por la demostración que aquí dibujaré. Pongamos por caso que en el río de Sevilla se hubiese de hacer una puente, y que se hiciese de manera que las naos que vienen de Indias por Guadalquivir hubiesen de pasar por bajo de la puente, arboladas. Y para este efecto había de ser la puente tan alta que pondría horror y espanto el considerarlo, cuánto más el ponerlo por obra, y porque nadie se maraville que esto no se puede hacer, o que ya que se hiciese sería cosa muy sobrada, y que temblarían al pasar por ella. Pero no quiero yo que la puente se haga más alta de lo que se usa, ordinariamente, en todas las puentes, ni quiero tratar de otra materia, mas de cómo tengan las naves paso por dicha puente. Será, pues, menester que ella sea hecha como las otras, con sus arcadas, y que la arcada de medio sea tan ancha que una nave pueda, libremente, pasar por ella sin tocar en las pilas de gran parte. Hanse de hacer, luego, las dos pilas que sustentan la arcada de[/] medio, muy más gruesas de lo Ufol. 388r] que fueren menester, para mayor seguridad de la puente, de tal suerte que tengan en sí tanta perfección y fuerza como si63 en ellas acabase la puente, porque la arcada ha de ir abierta por medio. Hase de hacer conforme las reglas dadas de las otras puentes. Tenga, pues, la arcada cuarenta palmos de vacío, para que pase la nave con su árbol, sogas y jarcia, sin impedimento alguno. Este arco ha de estar abierto en medio, y las dos partes de él se han de sustentar en el aire, así de la una parte como la otra, a donde está todo el artificio de la fábrica. Estará suspenso alguno, ¿cómo pueda hacerse este arco? Daré aquí el orden maravilloso de ello, el modo del arco y el lugar de las piedras, cómo han de asentar una con otra, que se sustenten en sí mismas sin firmar en ninguna parte. Y será esto por la ligazón que tendrán entre sí las piedras del arco partido, o que63

Interlineado: si.

[544]


Libro Dieciocho

brado. Este arco es más fácil de hacer que dos arcos juntos, por faltarle pie en medio, y puestos sus dos arcos o cabos en el aire. Vínome esta invención a la memoria estando mirando un arco antiguo, el cual tenía hechas las piedras del arco de dos maneras de sillares, o bolsones o cuncos, los unos64 eran como los ordinarios arcos, la otra parte era de más artificio y de más ingenio hechas las piedras. La ligazón era en la manera que señalan las letras de los números. Las piedras que han de servir a tan importante edificio han de ser muy grandes, muy firmes en sí, y muy buenas, y cuanto mayores, mejores. Y es menester se entienda la cualidad y naturaleza de las piedras, y ver que no sea floja, antes dura y firme, que resista al peso sin quebrarse, tenga firme contra las injuri- Ufol. 388v] as y tempestad de los tiempos, como aires, hielos y ardor del sol, no se coma de las exhalaciones de la agua y de lo salado que tiene en sí. Conviene, pues, que se tenga noticia de la naturaleza y bondad de las piedras, porque aprovecharía poco el artificio y diligencia del maestro, si la materia fuese ruin. Informarse debe, también, si de aquellas piedras que quiere escoger se sabe hayan servido, algunas, en semejantes edificios, sin quebrarse, sin65 hacer vicio ni mudanza alguna, dando muestra de su buena calidad y naturaleza. Cuando ya fueren certificados del valor y bondad de la piedra, sacarse han, unas piezas de seis palmos de alto, y si más grandes pudieren ser, tanto mejores serán. Y que tengan cinco de ancho y cuatro de grueso, por quitar a las dos partes, aquellas represas. Yo no hallo otra ligazón mejor ni más curiosa para el edificio que ésta. Quitando, pues, a las piedras las dos partes, queda repartido el sillar en cuatro partes. Y quitar las dos como está señalado en el sillar A, (Figura 387) Ufol. 389r] porque le queda harto cuerpo al sillar. Mejor modo de sillar es la B que la A, por razón del cuadrado, que muy mejor asienta el sillar encima y carga muy bien, porque es ir asegurando las piezas a que tengan más fuerza. Este provecho no se saca del sillar A, porque ningún sillar carga para conservarle que se tenga Figura

64 65

387.

Tachado: son. Interlineado: sin.

[5451

FUNDACIÓN H » JUANELO I B J TURRIANO


TOMO I V

arriba, como hace en el sillar B. Pondránle a (Figura 388) la parte baja sus pernes de hierro, emplomados a las dos partes, como va donde están los números, arriba y abajo, como por la figura se puede comprender. En el sillar A se ha de poner un hierro, en la frente P, y lo mismo se hallará en los otros sillares, de mano en mano, como va en el sillar B y en los demás, como van señalados en I K L M N O. Lo propio se hará en 8, 7, 6, 5, 4, 3, 2, 1. La misma orden en A H C D E F G. Y, ultra de tener sus pernes, conviene que tengan sus gafas de hierro, o de bronce, como va señalado en Q, y en todas las demás piedras que van señaladas con sus letras, de suerte que todas van atadas, unas con otras, que esto basta, para que de su propio y grande peso se tengan firmes y el arco esté en pie, solo, sin ayuda de otro que le tenga asido, como hiciera, [//o/. 389v] si el arco fuera entero. Ligarán todos sus sillares como acostumbran hacer todos los arcos que son enteros por razón que, ordinariamente, tienen, todos los arcos, su clave. Es en la piedra de[/] medio del arco, y aquélla conviene que la hagan entrar a fuerza de mazo, de modo que le quede abierto para poder pasar la nave con su árbol derecho. Lo que ha de quedar abierto había de ser treinta pies de ancho para poder pasar. En lo que está abierto de la puente, se ha de poner una puente de madera, la cual se puede quitar y poner siempre que fuere menester pasar la nave por bajo de la puente. Ha de ser la arcada muy alta y muy ancha, por causa de las jarcias y árbol de la nave. Esta puente levadiza ha de tener sus antepechos a los costados, no se ha de entender levadiza como las de las puertas de las ciudades, ni de castillos. Llamo yo levadiza la cosa que se puede quitar y poner todas las veces que sea menester, de modo que nadie caiga dentro del agua. Las gafas que en esta obra se pondrán han de ser anchas y gruesas, y lo que entra dentro de las piedras, que sea cuatro dedos de largo. En esta manera de obra y máquina, tan importante y provechosa, no ha de haber descuido en los gastos, antes se ha de huir toda escaseza, y usar de gran diligencia y liberalidad, teniendo muy provistos los oficiales de hierro, y plomo, y todo recado, porque esto es llave del edificio. Y lo que ha de tener asido del metal, se tenga particular cuidado, porque a él solo se le encomienda el peso y trabajo de la obra. Sean, pues, las trabas o gafas tan anchas que el plomo pueda asir muy bien y trabar, y, también, los agujeros de los pernes como los de las trabas, y más anchos en el suelo que en la entrada han [//o/. 390r] de ser los agujeros, como los que se hacen con la mañuela, para levantar las piedras en alto. Los agujeros están señalados en el sillar Z. Hacerse, han, de la propia hechura, y los de los sillares del arco, que es L M, enseñan el modo como se han de emplomar los pernes de hierro. Es necesario emplomar primero los del sillar L, por no poderse ellos emplomar, por razón que el plomo no subirá arriba, [546]


Libro Dieciocho

Figura 389. como cada cual lo puede ver por ejemplo. Así que, en el sillar M, se han de tener hechos los agujeros más anchos en el suelo que arriba, y hacer sus canales para poderlos emplomar, (Figura 389) que es A B. La canal de la A estará en el medio del sillar, mas la canal de la B conviene hacerla al costado, porque después que es asentada la piedra L no se puede emplomar por C, que es necesario vaciar el plomo, ponerlo por el costado D. Bien se podría emplomar cuando se emploma A, mas no sería cosa segura y sería un gasto muy grande de plomo, y no habría certidumbre si quedaba emplomado el perne, o no. Y, por tanto, conviene ir al seguro y a menos Ufol. 390v] gasto. He dado este aviso, porque nadie se engañe en ello, pensando de le hacer después que hubiese asentado la piedra.

El modo como se ha de hacer esta puente levadiza, para haber de cerrar lo que queda abierto de la puente, y aunque es un poco dificultoso de hacer, quitar y poner, el cual yo enseñaré aquí. Primeramente, se ha de dar el modo como se ha de sustentar la puente de madera en el aire, que no caiga, y que pueda sustentar peso encima de sí, y, también, que no embarace al tiempo que han de pasar por debajo de ella las naves, porque conviene que este artificio se entienda muy bien antes que pasemos (Figura 390) adelante.

Figura

390.

Digo que conviene se hagan, a las dos partes de la puente, unos hierros muy gruesos, lo más que ser pudiere, los cuales han de jugar dentro de dos o tres argollas de hierro, como aquí lo demostraremos, muy bien, el modo que se ha de tener en hacer estos hierros para sustento de la puente. El hierro A es, donde está la A hasta la I, redondo, y, desde la A hasta la B, es cuadrado, el cual es de largo doce pies, y donde tiene la C, es menester [/fol. 391r] que, de la misma pieza, salga más bajo un pedazo, digo de hierro, el cual sea cuadrado y que pueda entrar en la ménsula D, y que sea hecho un agujero cuadrado para que entre el hierro C, y que se pueda afirmar en el hierro D. Y este hierro D va, en H, a encajar en el hierro redondo, que es en I, que entra una espiga desde la H en I, que le pasa de parte a parte. Y el hierro A pasa por el hierro E, y por F, y va a firmar en el hierro G, el cual [tiene] un hoyo en el medio, donde entra la punta del hierro I, para poder jugar en dos hierros. Y así se harán, de las dos partes, [547]

FUNDACION JUANELO TURRIANO


TOMO I V

estas herramientas. Y ha de haber tres de éstos a cada parte, de modo que habrá, de estos hierros, seis. Y cuando habrá de parar 66 la nave, se volverán estos armados a la parte de la puente que está abierta. La puente de madera (Figura 391) ha de ser armada encima de unos maderos. Y esta puente ha de ser de dos piezas, las cuales se han de venir a juntar en

medio, porque sea de menos trabajo, al quitar y al poner. Acomodarse, han, de esta manera: que vengan a encajar, la una con la otra, que son las dos piezas N y O, vanse a encajar en P Q, de modo que es A D y B E G F. Donde es A B C, que son dos piezas que van [/fol. 391v] una encima de la otra para que pueda entrar en N O, donde es P Q, donde es G H I, y las otras K M L, así que esas dos piezas N O entran dentro, debajo de las dos piezas M I. Tienen estas piezas sus launas de hierro, que van cruzadas en las dos puntas de los maderos. También, donde hay A B C , hay unas lañas de hierro, y muy bien enclavadas, y lo mismo es en F, la laña se enclavará muy bien, y, de este modo, ha de hacerse lo mismo en los maderos de la otra parte, donde están afijadas las dos piezas N O. Y ha de tener las mismas launas, enclavadas de la misma manera que son las otras A C B D F E. En esta invención se deben poner tres maderos juntos. Ahora bien será tratemos del modo como se han de llevar estas dos puentes, o pedazos de puente. Puédese levantar esta puente (Figura 392) de muchas maneras. Primeramente, que tuviese unas alguazas y se levantasen en las dos puentes, como se levantan las puentes levadizas de las ciudades o de los castillos, con sus cadenas y maderos con sus contrapesos. Y las alguazas las hacen que

66

Tachado: y cuando

habrá de

pasar.

[548]

FUNDACION JUANELO TURRIANO


Libro Diecinueve

ellas sean muy recias y muy bien enclavadas en la puente de madera. Y donde juegan estas alguazas, que son unos cardines de hierro muy [//o/. 392r] recios y muy bien asentadas en las piedras, y emplomadas dentro de la piedra, y, así, sirven muy bien para hacer su efecto. La A B C, son emplomados los cabos que bajan dentro de la piedra, que ésos se emploman muy bien. Y en las anillas, ahí dentro, juegan las otras piezas que es D E F, las cuales van fijas en la puente 67 de madera, y muy bien enclavadas, con sus lañas de hierro muy bien asentadas, así a la una parte y a otra. Así, de este modo, habráse acomodado la puente, que se levantará por arriba. Y el antepecho hará que se doble encima de la puente, de tal modo que, cuando se levante, no haga ningún embargo. Y, cuando se querrá levantar, conviene que esté de modo que no se doble para fuera, por causa que ias alguazas no tienen más de medio nudo por donde afirman, de modo que no puede doblegar como he dicho. Así que ésta es la una manera. La otra es muy diferente de la dicha. Esta puente no se levanta para arriba, mas solamente se empuja adelante y se tira atrás cuando se quiere abrir. Y esto ha de ser con unas bolas que t e n d r á ! « ] debajo los maderos de la puente, las cuales bolas han de caminar por encima de un madero, el cual está acomodado encima de un hierro que sale hacia fuera para sustentar la puente. De modo que caminarán estos maderos por una recata hecha a una y otra parte de la puente, que los maderos no pueden salir de un asiento ni pasar más adelante de lo necesario, y empujarla adelante con una palanca. Y esta puente ha de ser algo más larga de lo que es menester cerrar aquel vacío de la puente, digo la mitad del vacío, y para cuando [/fol. 392v] se querrá traer atrás, tendránse dos tornos acomodados a los dos costados, y con unas cuerdas y con un gancho que azga en unas argollas, que estarán asidas a los dos cabos, y, andando el ergate o torno, lo irán tirando atrás, hasta donde será necesario que allegue. Y esta es la puente con sus maderas y hierros, como han de estar en la puente, de modo que de la otra parte (Figura 393) ha de haber otro tanto. Donde es la S T son las canales

67

Repetido: en la puente.

[549]


TOMO I V

por donde han de caminar las bolas de la puente. La V es donde va encajada í/fol. 393r] la puente por aquella recata. Donde es la X son aquellas anillas donde se han de atar aquellas dos sogas para tirar atrás la puente con los dos ergates o tornos. Y, de este modo, se puede pasar por debajo y por encima. El tercero modo de quitar esta puente, y ponerla, es de otra manera muy diferente de las dos que se ha dicho. La cual se ha de hacer diferentemente, en la manera que hemos dicho la de arriba; mas en el quitar y poner hay diferencia en el salir y entrar, como aquí lo señalaremos. (Figura 394) En los dientes F se Figura

394.

Figura

395.

les ha de poner unas carruchas para que mejor camine encima del madero, donde está la G. Esta, pues, hemos dicho que es la tercera manera de quitar y poner la puente D, la cual hace mover el grillete, el cual, en el eje E, tiene unos agujeros por donde se hace volver el grillete. Y, volviéndole de la una parte, va adelante; y volviéndole a la otra mano, vuelve atrás. De modo que con esta invención puédese acomodar [//o/. 393v\ para la parte de arriba y hará el mismo efecto. Otras muchas y diversas invenciones se podrían hacer para hacerla ir adelante y volver atrás. El eje es E, y las aspas a los cantos redondas, como es en G. Conviene que haya dos de estos grilletes, a los dos costados de la puente, como por la figura se puede comprender. (Figura 395)

FINIS

[550]

FUNDACION JUANELO TURRIANO

Veintiun libros de los ingenios y máquinas de Juanelo Turriano - Transcripcion al español - Tomo IV  
Veintiun libros de los ingenios y máquinas de Juanelo Turriano - Transcripcion al español - Tomo IV  

Veintiun libros de los ingenios y máquinas de Juanelo Turriano - Transcripcion al español - Tomo IV