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Los otros cinco Libros Segundos de Juanelo, Ingeniero Mayor de el muy poderoso Rey D. Felipe Segundo de las Españas y Nuevo Mundo.

Consagradas a su Majestad Católica por mano de Juan Gómez de Mora.

T O M O SEGUNDO

El Libro Sexto trata de el llevar las aguas en diversas maneras y de la forma que se ha de tener para hacer los aguaductos. El Libro Séptimo trata de el modo de el llevar las aguas para que pasen unas por debajo de otras. El Libro Octavo trata de las diferencias que hay en el llevar de las fuentes. El Libro Nono trata de diversos modos de azutes. El Libro Décimo trata de las cisternas y aljibes y cómo se hagan en diversas maneras.


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LIBRO SEXTO Del llevar aguas en diversas maneras y de aguaductos

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eñales donde se hallará agua, caso que en este lugar se halle agua a muy poco cavar, pero no se halla tanta agua que sea bastante de sí misma poder caminar, para que de ella se pueda hacer una fuente, aunque se podrá dar orden para que de ella mane en diversas partes. Convendrá juntar toda en uno, que juntándola toda, que ella correrá sirviéndose de este artificio. De modo que he querido poner este acuerdo, a que nadie no se espante si, en hallando el agua, no corre, luego no es de admirarse. Y para conocer esto es necesario tener mucha destreza en ello, por causa que estas tales aguas tienen poca fuerza para poder correr de sí mismas, y por tanto conviene que se deje recoger cantidad, y si esto no se hace, no puede correr, y por esta causa estas fuentes se tienen cerradas ordinariamente, por causa que el agua no se pierda y se conserve así recogida, uniéndola de diversas vetas que de muchas se han [//o/. 12v\ hecho una, para que de muchas pueda correr. Después que se ha hallado la agua y hecho todas aquellas diligencias que conviene y aparejo para llevar la agua como se ha dicho, convendrá que en el camino, convendrá que se hagan las arcas de cierto trecho, distantes la una de la otra trescientos pasos o más, según será la tierra, a causa que el agua se conserve. Y esto es que ordinariamente se suelen quebrar los arcaduces con el discurso del tiempo, por causa que suelen algunas raíces hacer levantar los arcaduces, y aún quebrarlos estas raíces de hierbas o de algún árbol, o caso que no le levante ni le quiebre, suelen entrar por las juntas, y en discurso del tiempo cerrar todo el caño sin dejar pasar punto de agua, cuanto más que con la fuerza que hace una raíz que es bastante a hender una pared, que cien hombres no serían bastantes a moverla un punto. Y una raíz la abre en discurso de tiempo, que no es de maravillarse si se quiebran los arcaduces o caños, cosa tan fácil de romper, y a esta causa se hacen las arcas en el camino para reconocer lo gastado, de modo que una raíz es parte para hacer perder una fuente, porque se pierde el agua por aquella parte, y por esta causa conviene hacer las arcas para poder hallar el daño, porque abriendo las arcas se halla donde se pierde el agua y en qué parte está la falta, que no habiendo arcas era menester ir deshaciendo lo Ufol. 73r] [179]


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sano, por haber de hallar lo gastado y sería un trabajo muy grande en haber de ir desasentando los caños, y aún rompiéndolos en tantas partes para hallar donde se perdía el agua. Y estas arcas conviene hacerlas en diversas partes en el camino. Conviene que tengan grande caída o capacidad, por causa que cuando son grandes, se recoge mucha más agua en ellas, y esto es causa de dar mucha más fuerza a la misma agua, para que camine y también que, cuando es grande la arca, se asienta muy mejor cualquier materia que traiga de cieno o de arenas y limos y otras infinitas cosas que consigo suelen traer las aguas. Y haciendo estas arcas con artificio para que el agua vaya dejando estas tales materias que consigo trae, serán las arcas para que deje el agua lo que trae, en la forma que aquí abajo va señalada. Y para haber de hacer clara el agua, conviene henchir el arca de arena que sea gruesa y que pase por el arena el agua. Digo que será muy clara y aún dejará algún mal sabor pasando por el arena. Figura 41.

Puédese hacer en otro modo hacer el arca que sea de esta hechura: que donde hay la A es una canal, la cual vuelve a bajar en B y de B vuelve a subir en D y en C. Conviene que sea algún tanto más baja, por razón que pueda caminar mejor y en este quebramíento que hace, deja ahí algún tanto de lo que trae, por razón que lo que trae consigo es materia muy más pesada, que no es la agua de suyo, y porque se detiene más en el subir, que no hace en el bajar, es necesario que deje harta parte de lo que llevaba consigo, porque [/fol. 73v] entonces sube más violentamente, por causa que va contra su ordinario que es ir para arriba, de modo 1 (Figura 41) que con esta invención se puede hacer aclarecer la agua, y también dejar toda cosa que consigo traiga. Conviene que donde es la B, que sea ancho y espacioso, porque tenga el agua mucho más lugar que no hay en E y D, que esas dos partes conviene que ellas sean muy más estrechas, que no es la entrada A y la salida C, y la parte C ha de ser algún tanto más baja, a causa que pueda hacer muy mejor su salida, y donde es B, conviene que sea más bajo, que no es su línea del agua cinco o seis palmos, para que deje todo accidente que traiga la agua consigo. Para que el agua deje la arena que consigo trae y los limos, que hay unas aguas que crían muchos limos, convendrá hacer en el principio de la fuente dos o tres arcas y no muy apartadas la una de la otra, para que sirvan para este efecto que hablamos. No se hacen tanto por haber necesidad de arcas, cuanto para que ellas sirvan de reconocer la fuente, cuanto para que deje el agua en estas arcas los accidentes que suelen traer la agua consigo. Y donde es A, es la entrada del agua en la arca y es la salida [/fol. 74r] en B. La C es el suelo del arca, D es una partezuela para desaguadero, que es para limpiar el arca cuando viniere en ella mu1

En el margen de la figura está escrito: Esta figura ha de estar en el lugar donde está la figura señalada con esta señal (V), y la que está señalada con esta señal, ha de estar en este lugar.

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Libro Sexto

Figura 42.

r cha materia del cieno, y E es un desviadero para hacer pasar el agua para poder trabajar mientras se limpiare. (Figura 42) Y si se querrá hacer alguna diligencia para que el agua deje algún mal sabor, que trae consigo o que participa, convendrá hacer las arcas con otro artificio, como demostraré aquí abajo. La arca donde es A, es la entrada del agua y el suelo H. Convendrá henchir ese lugar de una arena que sea gruesa y muy bien lavada, antes de ponerla en el arca, y el ser gruesa es porque saliendo en I la agua, saldría también la arena y eso sería mayor inconveniente, por razón que sería henchiendo los arcaduces de arena, por donde pensando remediar lo uno, se dañaría lo otro. Y para remediar este inconveniente, convendrá poner unas planchas de metal encajadas dentro de la pared, de modo que siempre que se quieran quitar, que se pueda. Y estas planchas es menester que sean agujereadas de unos agujeros menudos, a modo de rallo, y ellas han de estar apartadas un palmo la una de la otra, y en medio de las planchas poner una esponja que sea muy grande, para que por ella pase y que deje ahí las arenas que llevare consigo la agua, [/fol. 74v] y haciéndose este remedio en dos arcas, dejará la agua la mala sabor y todo cieno y limos que tiene y trae, y será muy clara si turbia fuere, y sino será muy más clara de lo que es de suyo, que ésta es una manera de destilación, y no podrá salir ninguna arena, por razón de la esponja, mas convendrá tener cuenta de limpiar las esponjas de tiempo a tiempo, por causa del cargar la arena en ellos, porque si no se limpiase, no pasaría gota de agua por ellas. Y porque conviene dar todos los avisos que para ello son necesarios de remediar todo inconveniente que pueda suceder, se debe hacer una arca en la manera que se ha dicho. Las planchas con la esponja van aquí figuradas. (Figura 43) Las planchas han de estar en I y la arena en H, y ha de ser de alto la arena cuatro palmos o más o menos, según tendrá mucha o poca caída la agua, así se habrá de acomodar conforme al peso de la fuente y con estas invenciones se podrá dar o hacer el remedio que conviene para quitar los inconvenientes que se ha dicho que son menester para ello. A

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A

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Figura 43.

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FUNDACIÓN JUANELO TURRIANO


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Cuando hubiéremos hallado el agua de las fuentes, conviene tener muy grandísima advertencia en ella, pues tenemos el origen de ellas, digo de la orden que se ha de tener en el traerlas. Una agua de una fuente que sea manante, conviene tener hecho experiencia para conocer la calidad del agua. Lo primero que se [//o/. 75r\ debe hacer alumbrar la fuente alrededor con muy grande diligencia, para ver si abunda de mucha cantidad de agua y si hay más para poderla recoger, y que sea más cantidad de agua para lo necesario. Y hecho esto, hase de tener cuenta con el nacimiento de la fuente, si nace en el llano o no, o si desciende de alto para abajo o si ella nace debajo para arriba, es señal que ella no ha hallado otro camino para poderse demostrar. Y estas tales aguas no le toquen en su nacimiento, porque sería posible perderla o acontecer algún siniestro, y ya que no se perdiese del todo, se podría disminuir mucha parte de ella, por causa de divertirle el camino que primero tenía. Lo que se ha de hacer, que algún tanto apartado del ojo de la fuente, se vaya cavando alrededor por ver si hallarías algún otro ojo de agua, y esto se entiende cuando la que tienes entre manos es poca. Mas cuando hay harta cantidad, no hay para que tomar trabajo, mas cuando ella fuese poca agua, se debe hacer lo dicho, porque muchas veces vemos manar muchos ojos juntos, en especial cuando nace de [a]bajo para [ar]riba. Y para esto digo que con diligencia podráse aumentar demás cantidad de agua, mas si el agua desciende de alto para abajo, pocas veces verás manar ojos, mas verás que a la redonda de donde mana ir rezumando agua y esto causa que ella no puede caber toda por aquel camino por donde mana. Y de necesidad conviene que ella se vaya vertiendo alderredor del agua principal, salvo si manase de alguna peña, que nada de esto se verá. Mas lo que muchas veces se ve manar en dos y tres partes por la peña [/fol. 75v\ o por quebraduras de ella. La agua que nace en tierra llana, no es menester hacerle fuerza para quererla levantar, porque con facilidad se podría perder y hacer que ella mudase camino, excepto que si esta agua que mana en tierra llana de [¿z] bajo arriba y estuviese cerca de algunos montes, para que se supusiese que de esos tales montes descendiese, en tal caso se le podrá hacer fuerza para que se levante en alto y poderla hacer llegar a lo deseado. Cuando se habrán hecho todas las diligencias que conviene para llevar agua, conviene, si posible fuere, de procurar de llevar la agua por línea recta, cuanto más se pudiere llevar, por causa que cuanto más derecha se lleva, tanto menos se pierde de su peso, y cuantas más vueltas le hace dar, tanto más pierde de su nivel, porque cuanto más camina, tanta más caída conviene darle. Si en el camino llevando el agua hallases algún valle o barranco, que de necesidad se haya de pasar para llevar el nivel del agua, será necesario de levantar el suelo, si no fuese cosa muy alta, con una (en blanco) de tierra y llevar por encima los caños. Si el valle que se atraviesa por él, hubiese de pasar agua que viene ordinaria o tras ordinaria que es la de las lluvias, entonces será menester usar otro artificio. Nadie se engañe que algunos dicen: que el agua que sube tan alta, tanto baja. A eso digo: que es un engaño y muy grande, que jamás sube tan alta cuanto abaja, y caso que ello fuese así, cuanto más que es un engaño muy manifiesto. Mas dejando aparte esto, digo que el haber de hacer volver para [arjriba la agua por los caños, que es muy diferente de lo que se piensan y que [ / f o l . 76r] no pue[182]


Libro Sexto

den ser los caños de una misma manera que son los que van llanos, porque éstos que van de punta para arriba, conviene que tengan muy mayor capacidad, por razón que cuando los arcaduces son de una misma manera, van a peligro de reventar por causa del mucho aire que en ellos se encierra. Y conviene hacer de piedra aquellos caños que sirven hacer él ángulo, y sea el ángulo de cualquier manera que mandáseis, que a lo menos éstos se han de hacer en este modo. Mas al fin estarán cada día remendando y esto nos lo enseña la experiencia, que lo más sano y lo mejor es hacer arcos muy bajos o redondos o cuadrados para este efecto. Y si acaso el lugar no nos diese el comodo que buscamos, convendrá aumentar de arcos sobre arcos hasta llegar a lo necesario, y si por causa de la mucha altura no abastasen dos órdenes de arcos, unos encima de otros, acomodar tres órdenes o más, si más fuere necesario. Mas en el acomodar estos arcos, unos encima de otros, convendrá tener en ello cuenta de no los hacer todos de un tamaño o grandor. Mas conviene irlos disminuyendo, así como irán en alto, que los arcos segundos conviene que para la vista y seguridad de ellos, que en cada arco de los primeros que cupo dos arcos de los segundos, y lo mismo será con los terceros, que dos de los terceros quepan encima de un arco de los segundos, y si más arcos se acomodasen, que se guarde esta regla. Y con este orden de arcos se allega al nivel del agua que se trae. Conviene que se lleve el agua muy honda dentro de tierra con los caños, por razón que en el verano, luego se calienta y en el invierno se hielan [//o/. 76v] los arcaduces, y con el hielo se hienden y más de esto, que en el invierno, cuando hiela, se hiela el agua y no pasa por los caños, y así se rompen muchos de ellos. Y por huir estos inconvenientes, es bien llevar la agua muy honda, dentro de tierra. Y hay muchos otros inconvenientes de raíces, de hierbas, de árboles, animales, que pasan por encima, que no pueden dejar de causar algún siniestro, aunque no fuese para más de ser segura, cuanto más en evitar tantos inconvenientes, que no fuese más de los carros que pueden pasar por encima. Mas dejando aparte todos estos inconvenientes, no fuese más de sólo el regalo del verano del beber fresco, porque si es caliente la agua para beber, no hay cosa más odiosa para los que tienen sed. Dejando todo esto aparte, sólo el ir el agua conservada dentro de los caños y que sólo esto es bastantísima razón para haberla de llevar, como tengo dicho. Dejando aparte los ocasión que hallen para estas cosas sucedan, por ños, por razón de hallar

que tienen los ánimos dañados, que de muy poquita efectuar sus malas intenciones, y caso que ninguna de sólo de no haber de dar ocasión que no rompan los camuy a la mano la ocasión.

Y porque hay hombres tan malévolos que no se huelgan, sino cuando hacen mal. De modo que ir honda el agua, es menester que vaya dos varas calada dentro de la tierra los arcaduces. Mas que en el llevar del agua dentro de los caños encerrada, se le da una manera de caída y muy diferente de lo que se da al agua que se lleva en las acequias. La caída que se le da al agua que se lleva encerrada dentro de los arcaduces, [/fol. 77r] que a cada mil pasos se le da un pie de caída, que los mil pasos son [183]


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ocho estadios y cada estadio es ciento y veinte pasos, y a cada estadio se le da un dedo de declinación, para que pueda caminar la agua, que en otro modo ella estaría encalmada, que ni iría adelante ni atrás, si no tuviese caída a una parte más que a la otra, mas estará como una agua muerta. Y esto es llevándolas dentro de caños encerrada, mas si fuere acequia abierta, es mucha más caída que no se da al agua que se lleva en arcaduces. Los Geométricos dicen que tirando una línea en un llano, que en mil pasos no hay más de diez dedos de intervalo de la línea al suelo, o que no hay más vacío de diez dedos del suelo a la línea. Y lo mismo se halla en el agua, que si no hubiere vacío entre la línea y el agua, nunca podrá caminar la tal agua. En esto conviene tener mucho miramiento y tener mucha cuenta si es poca el agua o mucha, o si camina en llano o si desciende de alturas. Cosa cierta es que conviene que cada cual sea advertido en su nivelación y donde empieza y donde ha de acabar, y donde empieza a cavar el suelo. Los Legistas le llaman a ese lugar incile y Vitrubio le llama especo. Llamáronle así por causa de la incisión que se hace en el suelo o en la peña. Conviene ir desde el incile midiendo hasta el emisario, que es de donde empezamos hasta donde se ha de acabar. También se llama castelo el lugar donde se vierte la agua por los caños, que es el fin de la fuente, según es llamado de Vitrubio y León Baptista 2 De re edificandi, le llama incile el principio [//o/. 77v\ o especo y al fin de ella emisario o castelo. De modo que estos nombres son muy diferentes, aunque ellos denotan el princi[pz]o y fin de la cosa y, mayormente, la cosa de fuente. De modo que a cada mil pasos es menester abajar un pie la nivelación y este pie conviene que se divida en veinte partes, para que a cada cincuenta pasos se le dé de bajada una de aquellas divisiones o parte que será una veintena parte, para que el agua tenga corriente 3 . De manera que en mil pasos caben aquellas veinte porciones, que a cada cincuenta toca una de aquellas partes y con esa declinación tendrá harta corriente la agua que va dentro de caños encerrada. Y caminando la [¿zjgua encerrada tiene muy mayor fuerza que no tiene en acequia abierta, porque en acequia siempre va topando en alguna cosa que le causa detención, que dentro de los caños no hay en qué topar, porque siempre va de un mismo modo sin ensancharse ni estrecharse. Porque en el acequia, cuando se ensancha, cuando se estrecha, cuando da vueltas, que todas estas cosas causan detención y por tanto se da a las acequias dos pies y medio de caída a cada mil pasos. De modo que viene a cada cien pasos cuatro dedos, que es un cuarto de pie de medida, que a la cuenta de los Geométricos son tres onzas en medidas, porque el pie es repartido en doce onzas, y ésta es la mayor caída que se suele dar. Mas conviene considerar si la agua viene por tierra llana o si viene de montes, porque todas las aguas que vienen de montes, vienen muy más rápidas que no hacen aquellas que vienen por tierra llana, aunque ambas aguas caminen por tierra llana igualmente, siempre la que viene de montañas traerá muy mayor velocidad [/fol. 78r] que no hará la que viene por tierra llana, por razón que siempre le queda de aquel rigor. 2

En el margen está escrito:

3

En el margen está escrito: Lo que debe declinar el agua que suba.

Alberti.

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Libro Sexto

Si acaso se sacase alguna acequia de algún río que caminase muy mansamente, se le debe dar muy más caída de la que se ha dicho. Que a mil pasos se le debe dar tres pies de caída, porque con tal caída caminará muy maravillosamente. De modo que me parece que se ha declarado harto esta materia del llevar de las aguas, así en caños, como en acequias para regar. Mas quédanos de las acequias o fosas para navegar. [A] éstas se le[s] da muy más caída, habiendo de hacer una fosa para navegar vasillos. Conviene darle de caída cinco pies y más, según sea grande o pequeña, a cada mil pasos, aunque la común opinión no se le da más de tres, porque en largo camino se pierde mucha caída. Y al agua que va encerrada en arcaduces, no le dan más de medio pie en mil pasos, que son ocho dedos de caída. Y en largo camino, con la diligencia del nivelar, se puede ganar mucha altura, porque muchas veces hace muy grandísima falta dos palmos de más altura para aprovechar mucho o regar mucha cantidad de tierra. Y por esta causa se inventaron los aguaductos, para poder llevar el agua donde la tenían menester y a esta causa hicieron unos grandísimos arcos para poderla pasar de un monte a otro. Y cuando vieron que no abastaron alcanzar los arcos, inventaron poner dos órdenes, unos encima de los otros. Buscaron modo de hacer tres órdenes de ellos para alcanzar a la línea [/fol. 78v~] del agua, como se ven en España, en Italia, en Francia y aún en Africa. De modo que los aguaductos son edificios que mucho más se preciaron los antiguos de hacerlos y con tanto gasto como los vemos hechos y con tanto artificio, que en ellos pusieron cornisas, arquitrabes, frisos, capiteles, basas, figuras con encasamentos y muy delicadamente hechos con varias maneras de arcos. Los arcos, cuando ellos se empiezan, se deben comenzar en nones, como es uno o tres, o cinco, o siete, a causa que parecen muy mejor. Y también he visto aguaducto empezado con dos arcos y esto lo causó que hacer uno sólo era demasiado de ancho, y hacer tres venían pequeños, de manera que muchas veces el lugar pervierte la orden de la Arquitectura. Conviene que se empiece de las cosas más bajas, para que va[y¿z]mos subiendo a las más íntimas o de más cantidad. Y por tanto, como se ha dicho muchas veces, que llevando una agua toparemos algún vallecillo o barranco y para haberle de pasar, convendrá hacer una mota de tierra para igualar con la línea del agua que se lleva. Y para llevarla por su línea y haber de pasar, aunque la hondura no es mucha, convendrá igualar el suelo, como he dicho en muchos lugares, aunque es verdad que bien se puede hacer pasar sin emparejar el suelo, que bien subirá la agua tanto cuanto abaja, si es por la subida, mas si fuere mucha, también subirá el agua, mas cada día estarán adobando. Mas quiero advertir que cuando se pueda hacer, aconsejaré que siempre se procure la seguridad, aunque ello sea más gasto que [/fol. 79r] cuando se hacen estas subidas, son cosas que no se pueden acomodar en otra manera. Mas quiero advertir que en tal lugar conviene que los arcaduces sean muy mayores, y más de esto, hace el agua en tal lugar muy grandísima fuerza, por causa de hacer contrario efecto de lo que es de su naturaleza. Porque el agua de suyo siempre desea ir lo bajo y no de ascender arriba, de modo que siempre en tales lugares, ordinariamente se rompen los caños o arcaduces y perderse el agua, y ordinariamente cuando camina la agua por su línea recta, los arcaduces jamás [185]

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van llenos de agua, que siempre van vacíos la tercera parte y cuando allega a un semejante lugar, los arcaduces están llenos de agua, aunque ellos fuesen seis tanto[í] de gruesos, siempre irían llenos que no cabría la agua. Y esto causa el romper más en este lugar que en ningún otro por no poder pasar el aire juntamente con la agua. Siempre que se podrá, levantar el suelo será muy más hacerla subir violentamente, que bien dice el filósofo, que ta no puede ser durable, y esto dijo por los cielos que son de Levante a Poniente y de Poniente a Levante, y a esta más de estas cosas hechas manualmente.

sano y mejor que no ninguna cosa violenraptos violentamente causa lo dijo, cuanto

El camino del agua es A y el valle es B. La mota de tierra es C, la cual ha igualado el camino como se ve. (Figura 44)

Vfol. 79v] Aquí pondré unas cuantas invenciones de esta calidad, a causa que con éstas podrá inventar de las otras el que fuere diestro. Que viendo varias cosas levanta el juicio del hombre a cosas de más calidad, de modo que acaecerá haber de pasar alguna agua entre algunos barrancos, y el trecho será muy largo y será necesario levantar una pared de piedra seca por hacer menos gasto. Mas conviene que se le haga con artificio. Que ella sea ancha de pie y que se vaya estrechando para Mrriba, así como se va levantando en alto, y en el medio será necesario dejar en lo más hondo algún vacío, para que puedan pasar las aguas de las lluvias, porque no hallando lugar vacío, aunque sea de piedra seca, con facilidad se podría derrocar. Aunque por la pared pueda pasar el agua, es bien dejarle por donde pueda pasar. Convendrá hacerla en el modo que aquí va designado, y en lo alto será necesario hacer con cal una canal, para que pueda pasar el agua o hacerla de madera por no hacer tanto gasto. (Figura 45) La agua es B y el barranco es C y donde ha de pasar la agua D, que es la pared de piedra seca, E es la acequia o canal por donde ha de pasar la agua [//o/. 80r]. Por demostrar diversas invenciones hace al hombre muy más advertido, porque muchas veces se ofrecen diversas cosas en un mismo ejercicio. De modo que ofreciéndose pasar una agua, como se ha dicho, de un monte a otro y por no ser el lugar tal que se sufra hacer arcos en él, mas con sola una pared de mampostería, la cual es menester hacerla de este modo: que ella sea más ancha de abajo que de arriba, y hase de hacer al modo de una barbacana a las dos partes, y en la parte que le viene el agua de la lluvia, que tenga una poca de vuelta hacia fuera, que participe de un poco de línea redonda, en el modo que aquí irá señalado. [186]


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La E es la pared de costado, la C es el principio de la acequia y de la pared, y D es unas aberturas para pasar el agua de las lluvias, y F es aquella vuelta de la pared, por causa que resista muy mejor a las avenidas, que no haría derecha y es muy más fuerte al trabajo que le puede suceder, y pasar la agua muy galanamente por su canal hecha de la misma piedra. (Figura 46) Figura 46.

Ufol. SOy] El pasar aguas de una parte de un monte al otro es cosa muy ordinaria y el haber inventado esto ha sido la necesidad o el carecer de aguas. Los que habitaban en aquellos lugares, muchos han llevado aguas no tanto por la necesidad que de ella tuviesen, mas sólo por puro regalo. Otros las han llevado ni por la necesidad, ni por regalo, mas de ennoblecer los pueblos, como se ve que en Roma hay tantas señales de aguaductos, que en otro tiempo había tanta agua en Roma, que parecía que toda manase agua, con tener el río Tíber dentro de Roma. Que no era haber falta de agua, pues tampoco era por regalo que eran estas aguas puestas en público y no en particular, para suponer que era por regalo, mas sólo era por ennoblecer a Roma. De modo que convendrá pasar una fuente por encima de algún arroyo, y caso que se pudiese pasar por debajo, nunca seré de tal parecer para que se to[187]

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me un semejante trabajo, mas que no se pudiese hacer otro entonces. Es cosa forzosa, no se puede dejar de tomar el trabajo y más.pudiéndolo escusar, será muy más sano hacer unos arquillos, aunque ellos sean bajos, con tal que las crecidas del arroyo no sean de tal manera que sobrepuja las vueltas de los arquillos, pues convendrá hacer quiebra para pasarla encima del maripuente que traviesa el arroyo derecho a la línea del arroyo. Y por esta razón es menester tener grande cuenta en estas cosas de agua, aunque al parecer de algunos hombres bárbaros Ufol. 81r] les parece que es cosa de poco llevar una agua de una parte a la otra, de lo cual reciben muy grande engaño en ello. De donde viene el agua es D, el gallipuente es E que traviesa el río, G es la otra parte la acequia o canal. (Figura 47) Infinitas cosas acaecerá en este ejercicio de llevar aguas y, si acaso sucediere haber de pasar una agua de una parte a otra, de algún monte a otro, y que en esa distancia no sea mucha, podráse hacer una armadura de madera por huir gasto, la cual pondré aquí abajo el modo de ello, con tal que el trecho sea que dos maderos empalmados puedan alcanzar de una parte a otra. (Figura 48) Ufol. 81v] La A es una canal, la cual es de dos maderos ajuntados, los dos por testa, los cuales alcanzan de una parte a la otra, y por causa del grande vaFtgura 48.

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no que tienen, luego se doblegarían y a cabo de poco tiempo caerían. Conviene, ante[s] de poner los maderos A o canal, haber juntado dos medios maderos que es B y puesto dos traviesas que los tenga apartado[s] el uno del otro dos palmos, a causa que la canal asiente muy mejor, y también para poderle acomodar los puntales C, para que sustenten B, que siendo estrecho, no se podían también acomodar. Y si fuese menester acomodar tres maderos de punta, también se pueden poner, mas conviene otro artificio harto diferente de éste. (Figura 49) [/fo!. 82r] Esta invención es harto diferente de la anterior de ésta y es muy segura y de tres maderos puestos uno ante otro que es A B C. Esta armadura no es muy dificultosa de hacer, por razón que no van maderos ligados los unos con los otros, lo que es aquellas muescas donde asientan los cabos de los maderos de los unos en los otros. Y en esta armadura no hay pieza válida que todos hacen su oficio. En este estrecho puédese acomodar que sea hasta ciento y cincuenta pies, que es harta anchura, y también se podría acomodar otra invención, que sin tener ningún pie Va]firmado en los costados de este valle, que sea hasta ciento y veinte pies. Y por esta causa he querido poner aquí unas cuantas invenciones de esta calidad, así de madera como de piedra, para que cada cual pueda hacer elección de lo que más le convendrá a su propósito. La armadura de arriba, es menester que vaya doblada y también está aquí abajo, a modo de puente. (Figura 50) Figura 50.

Donde va la B, convendrá poner unas garfias de hierro con unas gruesas clavijas de lo mismo, en aquellos pies derechos, porque en ésos carga toda esta máquina. Donde es la A, en aquel lugar han de V/fol. 82v] ir muy bien enclavijadas esas piezas con los pies derechos, así arriba como abajo, que es D. La C son unas medias aspas que van empujando de un pie al otro. La cual invención es muy buena, si fuere bien entendida. Que en las puentes de madera se tratará, más particularmente, cada cosa. Y esto abaste en esta parte. (Figura 51) [189]

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Esta invención de estos arcos cuadrados es para llevar el agua, la cual pasa encima de algún barranco, donde suele, por sus veces, traer agua. Y hacer pared no se puede, por no impedir el paso al agua. Y cuando viene, trae mucha cantidad de agua o es un riato que corre ordinariamente, mas poca agua de ordinario trae. Mas cuando vienen avenidas, trae4 muchísima agua, ensánchase mucho y el nivel de la fuente viene muy bajo. Y no se pueden hacer arcos redondos, por causa que serían muy espesos y ocuparían mucho, y también serían de mucho gasto. Y que ha de pasar agua ordinariamente y el estrecho es muy largo, de modo que me ha parecido, que no se puede hallar mejor invención que ésta para este efecto. Que en ningún modo se puede hallar otra cosa que levante poco y el patio sea muy ancho para las crecidas. Y que si no fuere con estos arcos cuadrados y queda el lugar libre y desembargado, porque, aunque crezca la agua, no hallará en qué topar Ufol. 83r], porque no se le estrecha el camino, como hiciera con arcos redondos. Que por poca crecida se le fuera estrechando el camino, por razón de topar en los arcos y entonces hiciera muy mayor resistencia la agua, y M conviene que esté a la parte de donde viene el agua, y N O a la parte de abajo. (Figura 52)

Pasando una fuente por encima de unos arcos redondos o aguaducto, el cual se ha de hacer en una parte que, por sus veces, suele traer mucha cantidad de agua en tiempo de lluvias y viene con muy grandísimo ímpetu. Y para hacer este gallipuente que pueda resistir al trabajo de la mucha agua que se le acumula, conviene que en el hacerlos, que se haga en el medio un ángulo obtuso, a causa que es de mayor fuerza que ningún otro ángulo. Y porque el agua vendrá a herir en los pilares de esquina, de modo que todo hace ángulos obtusos y no 4

Repetido: trae.

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Libro Sexto

les toma de llano. Wfol. 83v] Y vendrá a cortarse el agua en aquellas esquinas de los pilares. Y si estuviese el aguaducto por línea derecha, tomaría el agua en aquellas esquinas de los pilastros de llano, que haría muy más fuerza que no hace estando así. (Figura 53) El modo del hacer los aguaductos, los cuales se hacen en diversas maneras, como por las invenciones se podrá ver. Porque los más son sacados de obras antiguas, aunque yo no haya hecho memoria del lugar, y en esto se puede ver la variación que cada cual ha hecho. Lo que es más de notar, que en esto, que todos han disminuido los arcos, así como han ido ascendiendo en alto y han hecho que cada Ufol. 84r] pilar corresponda con igualdad que un pilar de la segunda orden carga en firme, y el otro carga en el aire, pues carga en el medio del arco. Y lo que más, que todos cuantos he visto, todos son de obra rústica y con ninguna labor. Los pilastros de los primeros arcos no se deben hacer menores que la tercera parte de la anchura que hay de pilar a pilar, ni más gruesos que la cuarta parte. Y si se doblaran los arcos, que sean de una misma anchura, los bajos con los de arriba. No es menester que ellos sean tan altos, han de ser la cuarta parte más bajos o más cortos, que no serán los bajos. Y en el repartir los arcos, conviene tener cuenta de nunca poner pilar en el medio del valle o barranco, dejando aparte el peligro, mas no parecen bien a la vista. Hacen algunos los pilastros muy más gruesos o anchos, que no los han hecho los antiguos, que han dado al pilastro uno y al vacío del arco han hecho dos y medio. Y aún los han hecho muy más robustos, que si el arco es dos, han hecho el pilar uno, que viene a ser la mitad de lo que es el arco de ancho. Y los más artífices han hecho las cosas según la necesidad del lugar y también el mucho peso que habían de sustentar. Y también, que según la altura que se ha de hacer la obra, así se debe hacer la anchura, teniendo cuenta con cada cosa que responda la una con la otra. En semejante obra de aguaductos nunca se perderá [191]


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Figura

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por hacer las cosas que sean gruesas, que más vale que no que sean delgadas, por razón que muy mejor resistirá al peso de la máquina Ufol. 84v] que tendrá encima. (Figura 54) Esta invención de aguaducto es una invención muy segurísima y fuerte, por razón de la disminución que hacen los arcos en el ir en alto, la cual invención es hecha con mucha razón y arte y gran especulación, para que ella fuese una obra muy perpetua. La cual ella misma lo demuestra la seguridad y artificio que tiene en sí de las medidas. No hago memoria por haberlo Ufol. 85r] tratado en el antecedente capítulo. En los pilares de este aguaducto yo le he querido añadir, que en el fundamento dentro de tierra, que se le hiciera un arco, hecho al revés, que tuviese la vuelta para abajo y tuviese muy más seguridad. Mas bien considerado, que pues estos arcos tienen los dos montes a los dos costados, que le sirven de rebotantes, que en ninguna manera ni modo pueden hacer ningún movimiento, ni a una parte ni a otra. Y éstos son los que se siguen: A es el pilastrón, B es el arco vuelto hacia Mbajo, C es el fundamento dentro de tierra. (Figura 55) Estos arcos, vueltos con las espaldas hacia M b a j o , se d e b e M hacer donde no sea fundamento, seguido que sea todo macizo de parte a parte de toda la distancia que hay de un cabo al otro del edificio, que no haciendo más de como está C, convendrá hacer estos arcos, a causa que no dejaran torcer el pilar Ufol. 85v] a una parte ni a otra, en especial, donde el suelo no es muy sólido. (Figura 56) La invención del aguaducto que es A y B, es harto extraño, por causa de los pilastros que están hechos a manera de pirámides. La cual invención fue de hombre de mucho juicio y de muy galán ingenio, en considerar de hacer aque[192]

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líos pilastros que fuesen disminuyendo para [ar]riba y en la segunda orden que los arcos no fuesen menores en anchura. De modo que él fue bien considerado, que haciendo los pilares del mismo grueso, que convenía hacer a los de abajo algún fortificamiento. Y fue hecho por dos fines: lo uno para mayor fuerza y también para cuando viniesen avenidas. Que tanto cuanto más creciese, que halláse siempre más lugar, porque cuanto más irá en alto el agua, hallaba mucho más desembargado el camino y aquel ensanchar de los pilares.

[/fol. 87r}5 Mas son muy diferentísimos, porque el anterior es de tres órdenes de arcos unos encima de otros, y los arcos de en medio son tan anchos como los bajos y los postreros arcos caben cinco en la anchura del arco de[/] medio. Y también, que las puertas de los pilastros son cuadradas. Y este aguaducto H las tiene cuadradas y éste las tiene redondas. Y éste no tiene más de dos órdenes de arcos y que los arcos segundos caben dos en la anchura del arco mayor. Y que también, que los arcos son muy más altos, así los primeros como 5

En el manuscrito hay un salto en la foliación: del folio 85v pasa al 87r. [193]

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los segundos. Así que hay mucha diferencia del un aguaducto al otro y porque ver diversas cosas debajo de un sujeto, de modo que cada una de ellas hace bien su efecto, aunque muchos tendrán por mejor aguaducto el de la letra H, por razón de la disminución de los arcos y por tener aquellos rebotantes a los costados, que van encima de las puertas que sirven de paso para pasar y sirve de puente sin río para acortar camino. Estos aguaductos son antiguos y de esta invención no los hay en España, aunque hay muchos y en diversos lugares de ella. Cerca de Sevilla hay los caños de Carmona, que es un aguaducto. En Segovia, en Mérida y en otras infinitas partes. En Aragón cerca de Sádaba, antiguos en Teruel, modernos en el Reino de Valencia, en Monviedro, en Cataluña, en Tarragona y otros diversos, que por no ser prolijo los dejo de contar. De sus medidas no trato ninguna cosa por no haber ninguna labor en ellos. Ufol. 87v~\ (Figura 57) Hame parecido que en tantos aguaductos que he dibujado, que era razón hacer uno que tuviese algún tanto de labor, porque aunque él es Toscano, que sólo las figuras con aquellos encasamientos y con aquellas columnas, las cuales son toscanas con aquellos frontispicios encima. Un aguaducto, como es esto, no conviene hacerlo en el campo, antes es cosa que conviene hacerla dentro de una ciudad, por causa Ufol. 88r] de aquél poco de ornato que tiene, porque en semejantes obras públicas es menester que tengan alguna poca de diferencia de las obras particulares. (Figura 58) Ufol. 88v] Este aguaducto o maripuente y éstos llámanse de diversos nombres. Y el llamarse aguaductos los unos, y los otros maripuente o gallipuente los aguaductos, es por razón que estos arcos caminan grandes trechos de tierra para haber de traer la agua que por ellos se lleva o trae. Y este nombre no es por ir dos ni tres órdenes de arcos, unos encima de otro[í], mas es por causa de la mucha distancia que traen la agua por encima de ellos.

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Llámanse maripuente o gallipuente, cuando estos arcos tan solamente, o uno o muchos, allegan de un monte a otro o de una parte a otra de algún barranco, de adonde la toma hasta donde la deja, aunque estos arcos sean dos o tres órdenes unos encima de otros. Y aunque sean ciento ni doscientos pasos. Y estos edificios no han sido inventados para más de poder traer aguas, para que ellas lleguen a donde es necesario llevarla. Este maripuente puede servir para dos efectos: el uno es para traer agua por él y el otro que sirva de puente para pasar peones y de a caballo, por evitar rodeo de camino, por causa de los barrancos. Esta invención es antigua y cierto que ella es muy galana invención. Donde es la A, es por donde corre el agua, la B es los arcos pequeños, la C es los pilastros de los arcos, la D es unos arcos hechos al travieso de este maripuente, donde firman encima de los pilastros C, la E es un antepecho que va de cabo a cabo, con unas ménsulas que sacan afuera ese antepecho en el aire, para dar más lugar a los que pasan por ella, en especial, cuando pasan los de a caballo, para que no topen [/fol. 89r] con los de a pie. [195]

Figura


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De sus medidas no hago mención alguna, por causa de no saber el lugar, digo la distancia del lugar, y el haber sólo dos arcos en el principio. Y parece cosa muy fuera de orden poner pilastro en el medio y esto no sin causa se hace, que si se hiciese sólo un arco, sería muy grandísimo, donde sería dificultoso el acomodarlo o el hacerlo. Y si fuesen hechos tres arcos, fueran muy bajos y no llegarán a lo necesario, de modo que es menester hacer más dos arcos que no hacer tres o uno. Conviene que los que van encima de los arcos grandes, que disminuyan, en manera que vengan a concertar cargando los unos pilares en el medio de los arcos grandes y otros cargan en firme o en macizo, como la figura lo demuestra. (Figura 59) U/ol. 89v\ Esta forma de aguaducto es más delgada, aunque por otra parte más rústica, aunque en los que se han hecho, es más delicado por razón de los capiteles y basas que tienen los pilastros primero, y también, por razón de los redondos que hay entre los segundos arcos. Bien que varias invenciones en esta materia se pueden hacer para semejantes efectos, de modo que todo el magisterio de estos aguaductos es que tengan muy maravillosos fundamentos, por causa que estos edificios están en el campo y al aire, y soles, hielos y a las lluvias. Y por esta razón que están6 estos edificios aguardando toda tempestad que el tiempo suele traer. Y por esta causa conviene que sean hechos por tal orden, que ellos sean perpetuos, con muy excelentes cimientos y que la piedra que en ellos se ponen, que ella sea tal que pueda resistir a todo trabajo y peso que en ello se cargare. Y en estos edificios no se le debe hacer ninguna labor que sea delicada, antes conviene que en estas tales obras, que ellas sean rústicamente labradas y que en sí demuestre vigor de durar perpetuamente. En estos edificios sólo conviene una policía de ser muy bien hechas las juntas y muy bien asentado todo cuanto en ello se pusiere, porque puedan mejor 6

Repetido: que están.

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resistir al peso de la grande máquina estos aguaductos. Mas muy galanos parecen con tres órdenes de arcos, unos encima de los otros, cuando el lugar lo requiera. Las medidas de este edificio es que los pilares de los arcos han de ser de grueso la tercera parte de la lumbre de los arcos U/ol. 90r]7 o anchura que hay de pilar a pilar. El altor de los arcos serán de dos cuadros y un dozavo de su altura. Los pilares segundos serán con todo lo demás, tanto cuanto hay de un pilar al otro de los bajos. Los pilastros segundos serán de grueso dos quintos de su anchura que hay de un pilar al otro. Y de aquí se puede comprender las demás medidas que en ello fuere menester. Para mayor declaración de las medidas supongamos que hay de un pilar al otro veinte pies. Hase de hacer de alto el arco con sus pilastros cuarenta pies, que es al doble de su anchura. Y cuando no se pudiesen hacer tan altos, se pueden hacer de cuadro y medio, que es 30 pies y 35, y aún más de los cuarenta según la necesidad del peso del agua que por ello se ha de traer. Aunque muy pocas veces se hacen arcos que pasen de dos cuadros de alto y en lo más alto se le hace su canal para que por ella pase el agua. La groseza de estos arcos, aunque se hagan muy más gruesos que anchos, es muy mejor. Los últimos arcos serán de grueso seis pies, que será dos pies la canal o acequia y dos de grueso a cada costado, y no se deben hacer menos gruesos. Suéleseles hacer en lugar de cornisa un muy grande cuadrado que vuelva un pie en el aire. Y si acaso se hiciere cornisa, conviene también hacer arquitrabe, mas han de ser muy simples de labores y el friso ha de ser del todo liso, en la manera que va aquí señalado. [/fol. 90v] (Figura 60) Si por caso se ' « g g » hubiese de hacer dentro de alguna ciu- | P P r ^ dad algún edificio de esta calidad, en tal ~r lugar convendrá usar algún tanto de más = r pohcia y, aun, de alguna poca mas delicaC^g — deza en poner algunas cornisas y arquij trabes y capiteles y basas, frisos y algu~ nos encasamentos con algunas figuras para ornamento de tales edificios. Mas conviene tener en esto una muy grande descripción en saber acomodar estos ornamentos y ponerlos en lugares convenientes y que correspondan con la grandeza del edificio. Y que no haya menuderías, que después que ellas son puestas en la obra, no se ve de ellas ninguna cosa de cuantas se habrán puesto. Y convendrá poner algún epitafio, mas que se ponga en lugar condescendiente.

Podráse hacer en algunas partes algunos redondos [//o/. 9Ir] rebajados, que no pasen de parte a parte. (Figura 61) A muchos creo que les parecerá cosa muy nueva y aún fuera de propósito, el haber hecho tantas formas o maneras de aguaductos, mayormente los anteriores de esto, y qué sirven aquellos rebotantes o barbacana, mas quien bien considerare, verá que no es cosa hecha sin propósito, pues ellos son muy diferentes de los demás hechos. ' En el manuscrito está foliado como 99. [1971


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61.

El fin de haber hecho esos pilastras, a modo de una escarcela, Ufol. 91v] es por causa que pueda mejor resistir a las avenidas que suelen traer los barrancos, y también que causan muy grande firmeza a los arcos, y mayormente donde hubiese temor que el suelo no estuviese firmeza. Esa escarpa da muy grande ayuda al sustentamiento de los arcos del aguaducto, porque los arcos grandes faltan en la parte donde firman los dos cabos con el monte y, por tanto, parecíame que para una cosa semejante, que no se le podía acomodar cosa de mejor invención para fortificarlos, porque jamás faltan, como tengo dicho, por lo largo. Y esto vese ordinariamente faltar, por el contrario, como suelen hacer las más puentes que siempre caen de espaldas en el agua. De modo que esta invención es maravillosa para este efecto, por causa del grande pie que hacen aquellos contrafuertes a los pilastros. De modo que estos pilastros con esta ayuda a los dos costados se pueden llamar pilastros hecho [Í] [¿Z] achuela, por causa que tienen similitud a aquel instrumento que llaman, que es de hierro, con que levantan las grandes piedras para los edificios (en blanco). Ufol. 92r] (Figura 62) Este aguaducto es harto diferente de los otros, por razón de los segundos arcos que van cuadrados y redondos, aunque al parecer es cosa infructuosa, en especial los arcos cuadrados, pues que va encima su vuelta redonda. ¿Para qué es eso cuadrado, pues que hay su vuelta redonda encima? Los arcos cuadrados sirven para un efecto y los redondos para otro, así que la invención no es hecha en balde. De modo que es la invención para traer dos [198]


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aguas, y la una al contrario de la otra, y tanto bien se pueden llevar las dos a una misma mano, pues si las dos van a una misma mano, qué sirve llevarlas separadas la una de la otra. Y para Ufol. 92v] eso es la invención. Y la causa es que la una agua es muy excelente para beber y es poca, y mezclándose con otra, que es agua que no es tan buena como es ésa. Porque la una es para servicio de animales y para regar, y la otra es tan sólo para beber. Y pues se hace el gasto para la más universal y con el mismo gasto se pueden acomodar para la particular, la cual se d[e]he traer por encima de los arcos cuadrados. Y también se puede hacer que vaya por sus arcaduces y para poder reconocer si, acaso, se gastasen los arcaduces, porque ha de haber unas portezuelas que pasen de un arco al otro por medio, así como se ve señalado en los mismos arcos y así no habrá ningún intervalo. Y así que la invención de pasar dos aguas una encima de otra es en esta manera, como va señalado. También si ellas viniesen a un mismo peso o nivel, se podrían hacer pasar juntas, con tal que la una fuese encaminada dentro de unos arcaduces. Y ésa había de ser la más poca y la mejor. Y cuando se hacen estos gastos, es causa de algún grande beneficio que resulta por ello, aunque no fuese más el beneficio de tan sólo ser abundantes de aguas. Así que la invención es muy maravillosa para tales efectos8. 8

Interlineado: Libro de Minas. Cómo ellas se han de hacer y cómo se hagan las acequias para llevar aguas en diversos modos. Es el 7° Libro. [199]


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Pues se ha tratado de diversas invenciones de arcos para los aguaductos, hame parecido que no se debe poner en silencio cómo se hagan las minas para pasar aguas por ellas, pues ellas y los aguaductos sirven para una misma cosa ambas invenciones, aunque en diversas maneras, y muy diferentemente. Porque los aguaductos llevan el agua muy en alto para alcanzar de un monte al otro, y las minas hacen en contrario. Que ellas sirven de llegar el agua de un [//o/. 93r] llano a otro. Los aguaductos la pasan en el aire y la mina la pasa por de dentro de la tierra, por dentro de los montes, así como los otros por encima, así que uno sube y otro abaja. Todas estas invenciones ha inventado la industria de los hombres para suplir a las necesidades de la vida humana y para acomodarse de lo necesario. Las minas se hacen en dos maneras y, aún, en tres. La primera invención es la que han hallado para cavar los metales de dentro de los montes. Y ésta ha sido la primera y más universal, y porque no se pueden sacar metales de la tierra ni otros minerales sin hacer minas, aunque ellas no se hacen derechas ni por línea, mas de ir siguiendo la veta de la mina del metal. Y por esta causa, han llamado minas al cavar en los montes la tierra a causa de las minas de los metales. La segunda manera ha sido inventada de los que ponen sitio sobre las ciudades para tomarlas a fuerza de armas. De modo que esta segunda ha sido inventada por gente de guerra para poder minar las murallas de las ciudades y con mucha cantidad de pólvora, dándoles fuego, que por ello caigan los muros de las ciudades y con más facilidad tomarlas. Y esta manera de minas son muy diferentes de las que se hacen para cavar metales. Van con muy poco orden y concierto, por razón de ir siguiendo la materia que van cavando y, unas veces van para abajo y, otras para arriba, como va la veta del metal. Las minas para la guerra van por otro orden, porque éstas se hacen ir a vueltas, Ufol. 93v] a modo de culebra, así hondeando cuando a una mano y cuando a la otra, siguiendo una misma manera. Otras veces, hacen estas minas a vueltas cuadradas, como mejor le parece a cada cual que seguirá mejor su intento. Y estas dos maneras de minas nunca pasan los montes de una parte a la otra, antes, cuando han cavado hasta una cierta parte, paran. Mas las minas que se hacen para pasar agua, siempre se pasa de una parte a otra del monte, caso que no sea por el medio. Y más de esto, siempre caminan por línea recta las que llevan agua. Mas quiero advertir a los que tal arte profesan, que siempre que puedan evitar y huir de no hacer minas, si hay remedio por otra parte, aunque ello sea más largo el camino, es muy más sano y menos peligroso, por razón que no resulta todas las veces, como se piensan los que las hacen, y por esto doy este aviso. Cuando se quiera hacer alguna mina, conviene considerar si ha de ir muy honda o no, porque si la mina no va muy honda dentro de la tierra, no será segura, sino muy peligrosa de hundirse para abajo, mayormente, cuando suele llover mucho, tendrá muy grande peligro de caerse. Y por esta causa, conviene que sea muy metida de dentro de la tierra, por ser ella segura de no caerse. Conviene que, a lo menos, tenga encima veinte pies de grueso de tierra para no haberse de caer y esto es por lo menos, y si menos de esto no tiene, convendrá cavar la acequia descubierta. Y será cosa muy más segura y fuera de peligro, aunque se ofrezca más Ufol. 94r] gasto en esto, mas hay mayor seguridad y menos peligro, y muy menos daño. [200]


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Siempre que se habrá de hacer alguna mina, conviene, que antes que ella se empiece, considerar la calidad de la tierra, si es tierra bien unida o tierra suelta, o si es densa, o si es rala, o si es tierra que es para sustentar el peso de la misma tierra que tiene encima de sí, o si hallarán peñas dentro cavando que impida el trabajar, o si es tierra arenisca, o si es cascajosa la tierra. Que de ello hay en dos maneras: la una es muy suelta que, en dando en ella con la herramienta, cae muy grande cantidad, y la otra especie que es muy bien unida y harto fuerte para toda cosa que en ella se cave. Hay una que va a vetas, cuando suelto, cuando unido, o si hay en el tal monte de una tierra que se llama picora. En ésta es muy segura cualquier obra que en ella se haga, aunque es muy trabajosa de cavar, que no es la peña de piedra arenisca o si es de una tierra bureña, que va a vetas con la peña arenisca, o si es de una tierra que parece a la piedra arenisca, la cual llaman salagón, tierra parece peña. Mas en tocándole el sol o el aire se va hendiendo a pedazos, como suelen hacer ciertas piedras, que en tocándoles el fuego, todas se van haciendo en escalas. Así hace esta tierra que, donde no le toca el sol ni aires, es muy firme, aunque una mina no sería muy segura cavada en esta tierra. Y si es tierra arcillosa, es harto grasa y muy poco penetra el agua por ella, o si es de una tierra muy blanca, que en tocándola se hace polvo, o si es de otra tierra, como color de ceniza, aunque de ésta hay dos maneras: la una es muy pingosa9 y la otra es muy flaca o magra. l/fol. 94v] Para haber de cavar una mina dentro de un monte, conviene primero tener cuenta con el peso del agua que se ha de llevar, y en allegando al pie del monte, conviene antes de empezar ninguna cosa, conviene tener aparejado unos cuartones de madera de pino y que sean de largo 25 o 30 palmos y de grueso un jeme. Y que ellos sean cuadrados y de veta derecha y sin nudos. Los cuales se habrán de ir hincando y puestos a peso muy finamente derechos y apartados el uno del otro hasta 30 pies. Y esto ha de ser en llano, antes de llegar adonde se quiera empezar a hacer la mina. Y hincados que se habrán dos, que estén derechos a la línea que se pretende llevar la agua. Entonces conviene bornear del uno al otro, si están con un mismo peso y un mismo derecho. Y estando éstos dos conforme a la línea del camino que se pretende llevar la mina, y entonces conviene ir hincando los otros cuartones de mano en mano, hasta llegar de una parte a la otra del monte, yéndolos poniendo con la misma distancia que se pusieron los dos primeros. Y cuando se habrá allegado a la otra parte del monte, convendrá hincar otros dos en el llano, como se hizo con los dos primeros. Y cuando se habrán hincado éstos dos y los otros dos de la otra parte, son los que han de servir, que todos los demás no sirven para más de haber caminado derecho o de haber ido hincando derecho para poner los dos postreros. Y así no han servido para más de ser guía de la boca primera a la segunda de la mina. Y esto es cuando se quiere trabajar por ambas partes de la mina, de modo que estos dos primeros y los dos [/fol. 95r] postreros conviene asegurarlos muy bien, por razón que éstos han de hacer efecto de llevar derecha la mina. Y así como se irá cavando hacia dentro del monte, así se han de ir hincando por de dentro de la mina, aunque ellos no sean tan largos. Y conviene con un cordel, si 9

De pingüe (craso, gordo). [2011

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son puestos conforme a la línea del borneo de los primeros maderos que se hincaron. Y así se puede con esta orden ir cavando por las dos partes de la mina, a causa de hacerla muy más presto y a menos gasto, por razón que si se viniese de sacar la tierra de la mina toda por una parte sería muy grande trabajo. Antes quiero advertir que si la mina fuese muy larga, convendrá hacer en ella algunos espiraderos para sacar la tierra. Y aún, sirven algún tanto para dar luz abajo, y aún para que espire el aire que en estas minas se suele encerrar. Y con estos espiraderos se sacará la tierra con muy menos gasto y esto ha de ser con acomodarle algún instrumento encima, para que se pueda sacar con menos trabajo que no sería el sacarla por las bocas de la mina. Si acaso dentro de la mina fuese necesario haber de hacer algún ángulo, por causa de abreviar camino o por hallar dentro algún impedimento, entonces convendrá servirse con otro instrumento que con el nivel de grados o con un planisferio. Y con estos instrumentos se hallará encima del monte la línea que ha de hacer por dentro de la mina, que es aquel ángulo ahora sea recto o obtuso o acuto y para haber de volver a hallar la misma línea para que corresponda con la línea de dentro de la mina, con la línea que ha de corresponder con la de afuera de ella. Ufol. 95v~\ (Figura 63) De modo que aquí va figurado el modo cómo se ha de llevar una mina por dentro de un monte, aunque aquí va muy en pequeño, por causa del poco espacio que hay. De modo que para mayor inteligencia de esta materia he hecho aquí esta pequeña demostración, para sólo mostrar el modo que conviene tener en el ir hincando aquellos maderos. Y sólo A B son los dos que en esa parte se han de poner, y a la otra parte C D, que los demás no sirven más de sólo para ir derecho, Ufol. 96r] como tengo dicho, por guía que es la guía de la línea de la mina B C y M N es la vista del artífice que nivela para guiar derechos los maderos que se hincan por encima de la mina. Y en esto no hay más artificio que cuanto al poner estos maderos que. vayan derechos, aunque en la demostración van muy pocos señalados. Figura 63.

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Para que se entienda el modo cómo se puede mudar la línea dentro de la mina, como dije, y volver a la misma habiendo hecho algún ángulo en la línea dentro de la mina, o por razón de haber topado algún pedazo de peña, o acaso haber hallado algún expediente para llevarla por otra parte con muy menos gasto, después de haber hecho grande trecho de ella. Y es forzoso. Supongamos que la línea que se llevaba, que iba de Oriente a Poniente y es forzado haber de mudarla, y eso señalaba las dos bocas de la mina. Y ahora, por lo que sucede, es necesario que la línea que iba a Poniente, que se mude entre Poniente y Septentrión. Y para saber cuánto se aparta de esta línea de Poniente para Septentrión, tomarás el planisferio y lo asentarás muy diligentemente, como iba la línea de Poniente y Levante. Y con la dioptra irásla rodeando hasta tanto que allegues a la línea que quieres llevar y veráse por qué número pasa por el planisferio, el cual está dividido en trescientos y sesenta y seis grados, aunque los demás lo dividen en trescientos y sesenta grados. De modo que cada cuarta es noventa grados y divídese de diez en diez grados, de modo que la línea vendrá a pasar cerca de treinta y tres grados de Septentrión, que se aparUfol. 96v\ taría de Poniente para Septentrión 57 grados. Y pon el planisferio y en él se tiene afijado una aguja de navegar, como se hace en los cuadrantes para señalar las horas. Y la aguja señala ordinariamente el Mediodía y el Septentrión, de modo que con este instrumento se podrá con muy poco trabajo mudar la boca de la mina a la parte que más le convendrá, (Figura 64) sin faltar un punto y sirviéndose del instrumento. Y con discreción, supongamos que se halló dentro de la mina algún inconveniente o intervalo, que fue necesario torcer la línea que se llevaba, como se ha dicho muchas veces. Y después de haber torcido, haber de volver a la boca de la mina donde se había de ir no torciendo, de modo que es facilísimo el hacer esto con la orden que se ha dado y con el instrumento. Puédese llevar una mina con otro instrumento, que es con una regla que sea larga hasta veinte palmos. Y conviene que ella sea ancha y gruesa, a causa que no se tuerza. Y hecho eso con diligencia, entonces verás por qué línea has de llevar tu mina y determinado entonces, toma la regla y pónla a la línea que has supuesto de llevarla. Y entonces toma un cuadrante y asiéntalo en el medio de la regla que esté en medio a todas partes, y nota que el Ufol. 97r] cuadrante conviene que sea grande. Y antes de afijar el cuadrante, has de poner la regla en la misma línea que has de llevar tu mina. Y entonces toma tu cuadrante y haz que esté la aguja en la línea del Mediodía, lo más fijo que ser pueda. Y entonces que la aguja o saeta está muy derechamente al Mediodía, harás en la regla una raya muy larga, a causa que si se moviese el cuadrante, fácilmente se po[203]

Flgura


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dría volver a sentar la regla. Ir torciendo más con la raya que estará señalada en la regla. No podrá faltar, de no estar muy finamente la regla de la línea del cuadrante, aunque se mueva, por razón que ha de corresponder la una línea con la otra, así la del cuadrante como la de la regla. Y así se tendrá cuenta de hacer esto con diligencia, en especial, asentando en aquel primero lugar donde determinó hacer su mina, porque con esta orden no puede faltar y para no estar, cada rato ajustando la regla y cada rato, poniendo el cuadrante. (Figura 65) Figura 65.

Esta es la regla con el cuadrante asentado con la línea del Mediodía, que por poco que ella se tuerza, luego la saeta del cuadrante no vendrá a igualar con la línea A B. Y podráse hacer en otra manera, aunque es más gruesa invención. Tomar apartado de la boca de la mina cualque10 veinte pies y hincar en el suelo un grande clavo y junto de la boca poner otro clavo Ufol. 97v~[ hincado. Y entonces tira un cordel del un clavo al otro y después señalar dos líneas paralelas, que el cordel servirá para la una. Y también se puede hacer la otra por la misma manera. Y hechas estas dos líneas paralelas, ellas no pueden faltar de no dejar de ir derechas, mientras tengan lugar. Figura 66.

3

K

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Las cuales líneas es A y B, C D y E. De modo que A B y C D son paralelas, mas la línea E que no va paralela con A B, porque C y E se aparta de A o de B. Conócese que es muy apartada, más en B que no es la C en A. Y porque no sigue igualmente estas dos líneas, luego se conoce la falta, porque si ella tocara al clavo N, que ella no podía dejar de ser paralela, pues empezó a salir del clavo M, mas después no fue a tocar en el clavo N. Y esto lo causó el irse apartando 10

Por: alguno o cualquiera. Quizá quiera decir aproximadamente.

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de donde empezó a salir. Mas yendo igualmente, no puede dejar de ir muy derechamente, pues ellas vayan bien tiradas y con diligencia. (Figura 66) Acaecerá que en el principio de alguna boca de alguna mina, que es necesario fortificarla, a causa que ello no se [/fol. 98r] vaya a caer. Y porque en aquella parte, por ventura, será la tierra muy floja y mal unida, convendrá hacer algún reparo o fortificación, porque no caiga, con alguna invención de alguna pared de cantería, a causa que no se vaya arruinando, que pueda resistir al peso de la tierra que se le viene cargando. De modo que una pared llana no conviene para un tal reparo. De manera que me parece haber hallado una invención, la cual será al propósito. (Figura 67) Acaecerá que haciendo, como se ha dicho muchas veces, alguna mina para pasar agua por ella, no puesta en caños, mas como acequia. Y acaece que se halla alguna calidad de tierra que el agua Ufol. 98v] se pierde por ella. Y también si es alguna tierra de yeso, hace lo mismo la misma piedra del yeso, porque ordinariamente tiene en sí agujeros por donde se hunde el agua, por causa de las muchas simas. Y aunque pasase por ellas un río, no sería bastante pasar gota, que toda se iría calando por ella. Y porque lo he visto ocularmente, que pasaban más de seis muelas de agua, no ver punto salir, ni por la mina, ni por la otra parte por bajo. Y pareciéndome que era cosa muy importante dar el orden que para ello es necesario, me ha parecido buscar el mejor remedio que hasta hoy se ha podido hallar para esto y de más eficacia. Y el remedio es que conviene cavar en aquel lugar, donde se hundía el agua, hasta llegar a lo sólido y firme. Y si es piedra de yeso, hacer lo mismo. Y des-

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II

pués que se habrá hecho eso, conviene tener recogido mucha cantidad de guijarros, que no sean más grandes que un puño, ni menores tampoco, y ir henchiendo aquel lugar con los guijarros, así en seco sin ninguna cosa a vuelta, mas de solos los guijarros. Y allegado a la línea, casi por donde ha de pasar la agua, entonces se le echa un suelo de cal con piedras, que sean como huevos a vuelta de la cal. Y hácese lo mismo en los costados con cal, mas éstos se hacen con unas tablas por la parte de dentro de la misma acequia, por causa que se va henchiendo de piedras hasta todo el altor de los costados de la dicha acequia. Y hácense estos costados tan altos, cuanto es necesario, conforme a el anchura de la acequia, que es tres o cuatro palmos en alto, de modo que la acequia es toda guarnecida de tablas, así el suelo como los costados, [/fol. 99r] Y esto se hace por no estar aguardando hasta que la cal se enjugue, para poder pasar el agua. Y así se dejan, hasta que de sí mismas se gasten. Y después que ellas son gastadas, queda hecha una canal de la misma cal, de modo que con este remedio se han hallado muy bien, donde se han servido de ello. Porque las piedras nunca se van abajando, como hace la tierra ni ninguna otra materia. Y con esta invención se puede henchir toda cosa vacía, aunque no haya de pasar agua por ella, mas como acaece querer igualar o comparejar un camino, que tiene algún hoyo o alguna bajada, y para querer igualar o comparejar con lo que es alto, no hay otro mejor remedio que es henchir con piedras, por razón que si es con tierra, a cabo de muy pocos días, es menester volver a ello. (Figura 68) Figura 68.

Esta es la demostración: como se ha de hacer las piedras es la C y la cal, que hace la canal o acequia, es B, y lo que se hace de madera es A. Y con esta invención se puede hacer cualquier cosa, como se ha dicho arriba. [/fol. 99v\ De las cosas que suelen entrevenir o acaecer en el cavar de las minas, nadie puede resolutamente dar reglas ciertas, por causa que son tantos los inconvenientes que suelen acaecer en ello, que no es posible que nadie dé particularmente reglas para ello. Mas las que son muy manifiestas, son éstas que se suelen hallar dentro de las minas la tierra ser muy floja, la cual no es condensada ni unida en sí, que en tocándola con la menor cosa, luego se va cayendo. Hállanse en algunas tierras que no hay herramientas que en ella[J-] hagan señal, y que hay muy más dificultad en cavarlas que no hay en algunas peñas en [206]


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cortarlas. Suélese también hallar algunas peñas que hay muy granelísimo trabajo en romperlas o de haberlas de picar a punta de pico. Y para esto los que cavan metales, suele acaecer a ellos muchas veces semejantes cosas. Y para esto he hallado algunos remedios con la larga plática o experiencia. El mejor que han hallado hasta hoy, es el fuego que11 con él van quemando y en algunas peñas, después que les han dado fuego, las rocían con vinagre que sea fuertísimo, cuando están muy más encendidas del fuego. Y con este remedio se han hallado muy mejor que con algún otro hasta hoy, cierto que si no fuese el gasto del vinagre que es el mejor y en lugar de vinagre se sirven con agua, que después de muy bien calentada la peña, rociada con agua y cuan más fría es, es muy mejor. En los lugares que se hallará la tierra muy floja, se le debe hacer algunos reparos o remedios, que es hacerle algunos arcos de piedra, sin poner calcina en ellos, y así, de trecho a trecho, se le debe acomodar de estos arcos para que ayuden a sustentar Ufol. lOOr] el peso de la bóveda de la mina para que no caiga. Y estos arcos convendrá hacerlos de piedra con sus pilastros a los costados, los cuales han de ir encajados en los costados de la mina. Toda cosa que se cavare debajo de tierra que haya de servir para acequia o mina, conviene que sea en la parte de arriba hecho como si fuese una bóveda redonda, a causa que dure mucho más de lo que duraría sin esa vuelta, salvo si no fuese el cielo de peña, porque en otra manera no puede dejar de ir enruinándose. Y los arcos que se pondrán en las minas, no es menester que sean labrados, que cuanto más toscamente son labrados, son muy mejores. Sólo tengan asiento los sillares que vayan a buscar el redondo y, si necesario fuese, hacer algunos remedios o reparos. Y hase de hacer de esta manera: donde hay montes de madera o de árboles, será necesario que de un arco a otro que se ponga unos maderos con su corteza y sin escuadrarlos. Y que sean verdes, por razón que durarán mucho más y habránse de poner en esta manera: que el uno tenga el asiento al contrario del otro, que donde tiene el pie el uno que el otro tenga la cabeza, a causa que muy mejor se conservan y sustentan el peso. Y después de ser asentados, convendrá ir rehenchiendo lo que queda de vacío entre los maderos y la tierra del monte, a causa que no se venga a caer la tierra encima de los maderos, porque dejando de henchirse vacío, no se habrá hecho ninguna cosa, por causa que se iría escomiendo la tierra de sí misma poco a poco. De modo que no serviría ninguna cosa el remedio, por causa del mucho peso que se iría cargando encima de los maderos. Y todo iría en ruina y, por esta causa, los maderos no sustentarían más de lo que se habrá rehenchido de tierra. Y como la tierra de arriba no tenga vacío debajo, no podrá caer abajo, ni moverse de su lugar, porque si no se cavara la mina en el monte, la tierra Ufol. lOOv] no se podía mover de sí misma, pues no tuviera ningún vacío debajo de sí. Y por esta razón, poniendo diligencia en rehenchir, es cierto que estará muy seguro. Y si caso la madera estuviese tan aparte, que ella costase mucho más, que no sería de piedra, en tal caso, aconsejaría que ellos se hiciesen de piedra, que sería muy más costante que no será la madera. Será menester tener artificio en el volver de los arcos por dentro de la mina con la bóveda, aunque estos arcos o bóveda se asiente sin calcina. Y así como se irá cavando, convendrá ir volviendo la bóveda, mas es menester irla haciendo a 11

Tachado: hasta hoy. [207]


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II

pedazos. Y esto no se entiende que todo sea de ir haciendo más de sólo algún pedazo, para donde será necesario, porque asegurando dónde puede haber peligro, así no sucederá ningún daño a los que trabajan. Cuanto más serán grandes las piedras, tanto mejor serán. Débese sacar algún poco los pilastros hacia fuera de la tierra, cuando en tal mina ha de pasar agua, ahora sea ella de lluvias o de ríos, aunque en ello va mucha diferencia de la cosa que es ordinaria a la que no lo es, por razón que el agua, que es ordinaria, hace un efecto muy diferente de lo que hace el agua que no es ordinaria, por causa que más daño hace una avenida de lluvia en una vez, que no hace el agua ordinaria en un año. Y esto se ve muy manifiestamente, que muy pocos ríos hacen daño en las heredades que le son convecinas con la agua que trae de su ordinario, ni nunca muda asiento, sino es cuando traen aguas tras ordinarias los ríos, ni menos rompen ribas, ni tampoco se lleva los árboles, ni otros infinitos siniestros que causa las crecidas. Figura 69.

Figura 70.

Ufol.

10Ir]

(Figura

69) Estos son

los arcos con los maderos que dije que se habían de hacer: los pilares A B y los maderos C, y lo de la mina D. Y nota que es necesario quitarle la corteza, que ésa es causa que muy más presto se corrompa la madera, mayormente si es pino o abeto, o madera floja, luego se gasta. (Figura 70) Hame parecido, que para evitar gasto y no haber de hacer arcos de piedra, que se hiciesen unas tijeras12 de la misma madera y que ellas fuesen 12

Tachado: es.

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FUNDACIÓN JUANELO TURRIANO


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71.

dobladas para tener muy más fuerza, y sin haber de hacer pilares, firmándolas en los costados de la misma mina, que es A, las tijeras es B y los maderos [C]. \Jfol. 10lv] (Figura 71) Para ha-

cer con sólo madera cualquier árbol es bueno para tal efecto: sabina, enebro, roble, olivo, castaño, encina, nogal, con tal que se pongan verdes. Y si son secos, convendrá que se chamusquen con fuego, hasta tanto que empiece hacer o encenderse, entonces estarán para durar infinitos tiempos sin corromperse, por causa de aquel poco carbón que ha hecho el fuego. El carbón no consiente que penetre humedad por él. Esta es la invención de los arcos que se deben hacer en las minas para que no caigan. Puédese poner sólo los arcos, sin hacer bóveda en ello, no siendo muy floja la tierra. Y si fuese tal la necesidad que conviniese hacer bóveda, aunque será mucho el gasto, y los pilastros será menester ponerlos casi del todo dentro de los costados de la mina: A es el arco, B es la tierra, C es el costado. [/fol. 102 r] (Figura 72) Este es el modo cómo ha de ir la bóveda de la mina de cantería o de mampostería. Haráse que alguna piedra de los pilares que entre harto dentro de la tierra, a causa que estén muy más firmes los pilastros. Quiero hacer un discurso sobre lo tratado acerca de las minas. En el principio del cavar, es necesario ir cavando igualmente hasta en alto de ocho varas, y Figura 72.

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entonces, se puede empezar a entrarse adentro de tierra. Porque una mina para pasar alguna agua de alguna fuente, conviene, a lo menos, que sea alta doce palmos, por razón que es menester que haya lugar para poder ir dentro derechos los que en ella trabajan. Y más, que ha de haber lugar para poder cavar y levantar los picos, y ha de ser de ancho hasta cinco palmos. Mas si es para llevar acequia, conviene que sea más ancha. Y si el monte es bajo, que haya poca distancia de la mina a la superficie del monte, convendrá hacer acequia abierta por causa que dentro de poco tiempo [//o/. 102v] se caerá, aunque haya quince palmos o veinte de grueso de tierra encima de la mina. Y por tanto no conviene hacer mina donde hay tan poca cantidad de tierra encima y, a esta causa, conviene abrir de alto abajo, aunque es más gasto, mas hay más seguridad, salvo si se quisiese hacer los reparos que aquí atrás se han puesto para este efecto. Porque haciendo acequia abierta, conviene hacer más ancha de lo que se hiciera la mina, aunque no sea para más de dar un poco desviaje a los costados, por causa que ellos no caigan peso, porque con las lluvias luego se caen. Así que requiere que sea muy más espaciosa, a causa del asentar los caños o aícaduces, para que dos puedan andar juntos trabajando. De modo que cuanto fuere el monte más alto, tanto más será segura la' mina, que en él se hará de no se caer. Y cuanto más será el monte bajo, tanto más será peligrosa de caerse o derribarse, aunque luego, después de hecha, no caiga. Mas caerá dentro de poco tiempo y aunque no caerá toda de un golpe, mas irá cayendo a pedazos en diversas veces en discurso de tiempo, por causa que la tierra está suspensa en el aire, es de necesidad que ella caiga, en especial, si la tierra fuere algo rala o floja o arenisca, o que sea de semejante especie. Mas cuando la tierra será densa o bien conglutinada y grasa, tanto más es fuerte y se conserva muy mejor en sí misma, que no hace las ya dichas. El ocre es una tierra amarilla muy simple y participa de un cierto agro. La tierra melia participa de alumbre y por esta causa que es compuesta de tierra simple y participa de agua o de aire o de Ufol. 103r] fuego. Y con estas señales se pueden dividir las calidades de las tierras que de suyo son pesadas. Aquella tierra que participa de aire y que todo su cuerpo es derramado, ella es muy ligera, y de su naturaleza es desecativa. Aquella tierra que es de suyo muy fría y tiene agua, ella tiene calidad de estreñir o apretar. La tierra que participa de fuego y aire a la tierra que participa de agua y de aire, es una tierra muy conglutinada. Es una tierra muy ligera, la tierra que tiene aire y fuego es ligera. Hay unas tierras que son de suyo muy flacas o grasas, o participan del uno y del otro, o son ellas o ralas o densas, o medianamente son flojas o duras. Cuanto al conocer de las calidades de las tierras esto abaste. Quien quisiere entender de esta materia de las tierras, lea a Plinio donde trata de las calidades de la tierra, o a Columela en la obra De re rustica, donde trata de las tierras para la agricultura. Quiero advertir una cosa, la cual es de considerar que es en el aderezar de las fuentes para ponerlas en caños. Suélense hacer levantar algún tanto más de lo que de suyo es ordinario y ha acaecido que queriendo levantar una fuente, por razón que recoja mucha más cantidad de agua en sí, y [ha] acaecido que en el levantar una fuente, ha estado veinte y ocho días sin manar gota. Y esto lo causó que por donde ella venía, había muy grandes concavidades. Fue necesario [210]


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irlas henchiendo todos aquellos lugares que eran vacíos en todo el camino por donde ella venía, de modo que estuvo [//o/. 103v] tanto, que se pretendió que se había perdido por haber de henchir todos aquellos lugares, y a esta causa no correrá una tan sola gota. Y esto lo causó el quererla levantar más de lo que era de su ordinario, mas porque estés sin sospecha de haberla perdido por causa que no se hubiese mudado por otro camino, tomarás una verga y cada día ve midiendo la agua del arca cuánto va subiendo cada día y así verás como el agua va subiendo en alto. Y es cosa de admiración que todos los del pueblo pretendieron que se había perdido, porque no veían manar gota de agua. Y para que a ellos satisfaga con las razones convenientes para ello y el que tal cosa tiene emprendido, que esté fuera de cuidado, he querido poner este advertimiento. En falta de fuentes, se suele sacar de los ríos agua en lugar de fuente, y no por falta de agua, mas sólo por cuando vienen las aguas del río turbias. Y* esto es la causa que se le busca artificio y se pone por caños, aunque el río venga hecho cieno, siempre vendrá clara y limpia. Sácanse de los ríos en dos maneras: la una es que se saca de un río una acequia de agua de la cantidad que les parece que hay bastante agua para el pueblo, y en el camino se le hace unas cuantas arcas, como se suele hacer para las fuentes, mas estas arcas no han de servir para eso, mas sólo para que el agua vaya dejando el cieno que trae. Y con estas arcas va dejando muy grandísima parte de ello. Esta es la una manera, mas conviene que se escoja un lugar que sea muy firme que el [/fol. 104r] río no le rompa, ni menos que se le aparte ni con las crecidas. Y cuando se sacan estas aguas de los ríos, es, lo primero, para beber y, lo otro, para algunos ejercicios que no se pueden hacer , sin agua en mucha cantidad, como son tintoreros, adobadores de cueros y como es lavar lanas y otros ejercicios. Y también para regar hortalizas y otras diversas cosas que en las repúblicas hay, como son huertos, jardines y cosas de regalo. La otra manera de sacar agua de un río que ordinariamente venga clara, aunque el río venga continuo turbio y lleno de cieno, la cual agua será como una fuente que mana ordinariamente clara y limpia, es que donde viene el río espacioso y tiene muy grande anchura, conviene escoger un lugar que sea cómodo para poder tomar esta agua y harto apartado del río cuarenta pasos o más, y después cavar en el suelo del arenal. Y cávase tan hondo hasta que se halle agua y hallado que sea el agua, entonces se le hace un edificio de unas bóvedas, por causa que si se hiciese sólo una, convendría hacerla muy alta, y haciendo dos o tres, se hacen muy más bajas. Y estas bóvedas han de estar debajo de tierra y hacer una arca para que recoja al agua y encaminarla por sus caños. Y este edificio sirve de fuente, porque mana ordinariamente, como si fuese fuente que mana del río, de modo que con este artificio se tiene agua clara en todo tiempo del año ordinariamente. Hase de tener cuenta de haberse nivelado primero toda la distancia de la tierra, si el agua podrá allegar o no, y hase de advertir que todo aquello que se ha Ufol. 104v] de bajar dentro de tierra, porque sin eso no se habría hecho ninguna cosa. Y habránse de hacer en el camino las arcas, como se acostumbra a hacer ordinariamente, para reconocer donde se pierde el agua, por causa de haberse quebrado algún caño, de modo que esta invención no ha sido de poca [211]


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consideración. La cual ha sido maestra la necesidad de haber menester tener agua clara para beber, aunque esta invención es antigua, mas siempre es nueva para quien la ha menester. Y esto ha causado haber visto que junto de la mar se sacaba agua dulce, siendo la mar de suyo salada. Que así como pierde lo salado, que con muy más facilidad perderá lo turbio. Y aunque el río le venga por algún tiempo a pasar por encima, no por eso dejará de venir muy clarísima y aunque se le aparte mucho el río, no dejará de manar ordinariamente. Como los suelos de las bóvedas estén más bajo que no es el suelo del río, jamás vendrá a faltar el agua. Las paredes de estas bóvedas conviene que ellas sean muy fuertes y en este edificio no hay que hacerle ningún primor, mas que a la parte donde estará el arca para recibir el agua de las bóvedas, que sea algún tanto más baja. Y estas bóvedas han de ir declinando de cabeza hacia el río y la arca, que será la madre para recoger el agua, conviene que sea grande y que se le haga una escalera para abajar a reconocer alguna cosa que impidiese el agua que no corriese o para empezar donde haya de reconocer, y después, ir discurriendo por toda esta obra. Y el querer entender cómo se venga a efectuar esto para Ufol. 105r] que en ningún tiempo jamás faltara la agua de manar dentro de este edificio, es por razón que este lugar es muy más bajo que no es el suelo del río. Y es forzoso que el agua descienda en este lugar, por causa del llamamiento que hace el lugar que atrae así el agua. Y también, que el agua de suyo es pesada y ordinariamente desea descender abajo, por causa de su pesadumbre. Y también, que el agua desea henchir todo lugar vacío que debajo de ella esté. De modo que hay muchas causas que poder dar acerca de esta materia, así que realmente podemos llamar esta fuente artificial, pues que con industria humana se ha hecho. Esta es la invención y planta en el modo cómo han de estar las bóvedas con la arca para la fuente artificial. Aunque en efecto será natural, he hecho otra. La una de tres bóvedas y otra de dos, a causa que se vea que cuanto más anchas, tanto más levantan para arriba. (Figura 73) Figura 73.

Ufol. 105v] Esta es la invención de las bóvedas. Ellas se han de hacer de diversas maneras. Digo en la materia: estas bóvedas se deben hacer de manipostería, pues es obra debajo de tierra y es a menos gasto y de más provecho, si ellas están bien hechas y duran más tiempo, porque la cal con la humedad se hace muy fortísima. [212]


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-A

He querido demostrar estas dos13 invenciones para este efecto de hacer el receptáculo de la fuente. Y esto helo hecho a causa que con éstas se podrán hacer (Figura 74) otras de mucha más invención. Y para el propósito, sólo una cosa para que se vea la diferencia: las bóvedas son iguales todas tres en altura, mas la del U/ol. 106r] arca es en algún tanto más alta, por causa que va arrimada a las otras, y al contrario, que ésas vienen de punta hacia ella y ésta va de travieso. Y que en el hacerla es menester advertencia en ella, en la manera que ella va, por causa que tiene de salvar las otras tres. Estas bóvedas se harán cuadradas y que no sean más de tres varas en ancho y otras tres en largo, que en este patio de suelo puede manar harta agua en la una sola, cuanto más tres. Y su altura no será más de tres varas y media, aunque se haya cavado mucha más cantidad, por razón que cuanto más van metidas debajo de tierra, tanto más seguras y muy más fresca será el agua. Y haber mucha cantidad de agua para poderla repartir en diversas partes, si el pueblo fuere grande, a lo menos habrá mucha abundancia donde quiera que se haga esta invención y tendrá más hermosura en ver verter muchos caños de agua con tanto cumplimiento como habrá de agua. Pretender que no vendrá clara, es muy grande engaño pensarlo, porque se ve ordinariamente que en los lugares que beben de río, que cuando viene turbio, el remedio que tienen para haber agua clara, que cavan a la orilla del río tres o cuatro palmos en hondo y, luego, tienen agua clara. Y pues la experiencia 13

Repetido: estas dos. [213]


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nos lo enseña, con facilidad lo hemos de creer, pues es cosa que en poco rato se puede probar y sin ningún gasto, cuanto más cavando tanta hondura donde habrá de altura cuatro o cinco palmos de agua sin mezclarse con la arena por razón de las paredes. De modo que he querido poner este advertimiento para que nadie dude en ello. [//o/. 106v] Dejo aparte tantas invenciones que para ello se han inventado para hacer las aguas claras y dulces, si con artificio se pueden hacer claras y dulces las aguas, tanto más se debe tener por cierto y por muy más seguros lo que es natural y verdadero, y muy más durable que no es el artificialmente hecho. Y de aquí se puede acomodar muchas invenciones para semejante efecto y poder dividir aguas en diversas partes, así para servicio particular como universal. Las aguas de suyo todas son claras y ellas no tienen color ni olor que de suyo sea. Si la agua es turbia, no es que de suyo sea turbia, es de parte de la cosa que con ella se le mezcla y, sí esto fuese verdad, aunque el agua pasase por diversas cosas o instrumentos, no dejaría la color, como se puede hacer por el medio del fuego, sino se le hiciese algún remedio, como se hace al vino cuando se quiere hacer aguardiente, que por causa de aquel instrumento y con la fuerza del fuego se hace pasar por aquel caño tan retorcido que deja la color. Y lo mismo es de los sabores, los cuales toma el agua pasando por lugares que tienen en sí esos tales sabores, de modo que se mezclan con la agua y lo mismo es de las colores. Y esto es causado por pasar por aquellos tales lugares, que por ser ellos tan ralos y sueltos que por poquita agua que les toquen, dejan de sí aquellas colores. Y lo mismo vemos acaecer de los sabores y esto es por razón de los lugares o parte donde pasa. Y no es en otra manera, no pueden tener las aguas colores ni sabores que de suyo sean, sino es por causa de lo que toma en el camino por donde pasa por encima, entonces toma la color por Ufol. 107r] causa del ordinario que hace en el ir lamiendo aquella color o aquel sabor que por un mismo modo se hace el uno que el otro, así de la color como del sabor. De modo que las más veces la agua que se trae para regar las heredades, al campo se trae y así como es la cantidad del agua, así se hacen o grandes o pequeñas, según la calidad de los ríos o son grandes o pequeños. Y también, según el cómodo de poderla sacar de los ríos y el llevarlas, y jamás se trae tanta agua cuanto es menester, por mucha que se traiga, que siempre viene a faltar. De modo que cuando se trae agua por acequias grandes y esta agua se saca ordinariamente de los ríos grandes y también de los pequeños y en algunos se saca acequias sin azutes14, que de suyo mismo se entra la agua en la acequia sin ningún artificio de hacerla levantar, con sólo hacer en la boca de la acequia algún reparo para fortificación, para que las crecidas no rompan la boca del acequia. Y así que en estas acequias no suelen traer agua ordinariamente, por causa que cuando los ríos menguan y vienen las aguas bajas, no puede entrar agua, sino es en los tiempos que los ríos vienen crecidos. Y por no haber de estar esperando las crecidas, acostúmbrase hacer azutes para hacer levantar el agua en alto. Y de estos azutes se hacen en diversas maneras, según la disposición del lugar, por causa que alguna vez se halla lugar tan cómodo, que parece que natu14

Interlineado:

Azutes.

[214]


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raleza lo había hecho para un tal efecto. Mas, las más veces, conviene hacer estos tales edificios a fuerza de brazos y, muchas veces, no valer ninguna cosa el trabajo. De modo que las acequias se hacen siempre más anchas en el principio y no es al medio ni al fin, antes bien, que cuanto Vfol. 107 v] más se va caminando, siempre se va estrechando. Y esto se hace que, al principio, conviene que ellas sean anchas para poder coger más cantidad de agua, que con la mucha agua, hallando después el lugar más estrecho, camina con más fuerza que no haría cuando la acequia fuese tan ancha, como es en la boca, no caminaría con tanto vigor, porque acumulándose mucha agua junta, hace entonces grandísima fuerza. Toda acequia siempre se hace más ancha en la parte de arriba, que no se hace en la parte del suelo y, si se hace en el suelo doce palmos, en la parte de arriba se hace de quince. Y hácese por causa del caer de la tierra, que si ella se hiciese tan ancha abajo como arriba, luego se iría henchiendo de la misma tierra que iría cayendo abajo. De modo que si se le hace aquella ventaja arriba, es por esta causa y lo mismo se hace a los fosos que se hacen a la redonda o alrededor de las ciudades. Y lo mismo se guarda en el hacer de las trincheras que se hacen para guerra, que siempre se hacen más anchas arriba que abajo. Si esto se guarda en cosa que sirve muy poco tiempo y aún con toda esta advertencia que se tiene en esto, aún caen y aún suelen caer las ribas. Y por tanto, cuanto más se harán las acequias anchas en la parte de arriba, tanto más serán seguras, aunque hay algún tanto de más gasto, es muy bien empleado, por razón que evita mayor gasto de no se le caer los costados y estarán muy firmes. (Figura 75) Figura 75.

Vfol. 108r] Y porque no sea menester hacer algún reparo o de azute o de otro remedio, para que el agua pueda entrar en la acequia o, por ventura, se hallase algún lugar tan hecho a propósito que sea tan excelente amparo o reparo, para que no sea necesario hacer algún remedio para ello, así que conviene que empecemos de los más bajos y más simples remedios, hasta que alleguemos a los más dificultosos reparos que ordinariamente se suelen hacer. Y así, de mano en mano, iráse procediendo hasta allegar a los que se hacen de piedra. El primer remedio que se debe hacer para hacer entrar agua dentro de una acequia para haber de regar, después de haber hecho la acequia y haberla nivelado con el suelo del río, ya después de haber hecho elección del lugar, que él sea tal y tan seguro que el agua no se le pueda mudar ni apartar por ninguna [215]

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parte, ni que se le pueda desviar por causa de ir comiendo la agua el suelo. Así que todos estos avisos conviene que se busquen para hacer el edificio que sea firme y duradero, porque ahondándosele el río de tal suerte que sea menester mudar asiento para haber de regar y esto no se puede hacer sin mudar la boca del acequia, por donde es un daño notable, por razón antes que se haya hecho otra boca y otro pedazo de acequia, por causa que conviene ir más arriba a buscar el remedio río arriba. De modo que será necesario hacer bocal de piedra, de tal arte que el río no rompa la entrada a la agua. Estos bocales alguna [/fol. 108v] vez se hallan hechos de sí mismos, otras veces es necesario hacerlo en el modo que aquí va dibujado. (Figura 76) Donde es la A, es la boca del acequia y donde es la B, es donde se pone el almenara de madera para cerrar que no pueda entrar agua, y donde es la C, es para escurridero que, ordinariamente, se hace en cualquier acequia que vuelve al mismo río cuando quiere. Y!fol. 109r] Las acequias o fosas por donde se puede navegar por ellas, se deben hacer que ellas tengan tanta anchura, que topándose dos barcas o barcos que puedan pasar muy libremente sin se tocar, ni darse encuentro. De modo que estas acequias que se hacen para navegar, ellas se sacan de grandes ríos, por causa que estos «navillos», que así los llaman, por causa del navegar por esas [216]


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fosas. De modo que conviene que estos ríos sean ellos muy copiosos de agua por razón del sacar tanta agua, que por ella se puede navegar, como se ha dicho. El hacer de estas fosas conviene que antes que ella se empiece, que se vaya primero considerando muy bien dónde ella se ha de llevar, si es tierra llana o si hay montes en ella que puedan embargar el camino, o si hay grandes caídas en el camino. Y si la tierra es floja o si es densa en sí misma, o si es tierra que en habiendo hecho la fosa, si se irán cayendo las ribas, después de ser ellas hechas. La tierra donde se ha de hacer acequia para navegar, conviene que tenga los costados de las ribas muy firmes y que en el suelo no se hallen cosas ásperas, las cuales se levanten en alto o hacia [ar]riba, por causa que impediría el camino de las barcas que no pudiesen navegar. Y por tanto, conviene que el suelo sea llano y que sea ancha y que tenga grande hondura la agua, para que las barcas puedan navegar por causa de los pesos. No podrían navegar si la acequia no tuviese harta hondura de agua y con mucha anchura y, si tal caso fuese que estas dos particularidades no tuviesen las dos, a lo menos la una que es que ella sea muy honda que no ancha, caso que hubiese de faltar la una de las dos condiciones. Así que las barcas tienen más necesidad de mucha hondura, que no de buen suelo para Ufol. 109v] navegar, aunque aprovecha mucho la anchura. Aunque el agua tiene menos corriente cuanto más ancha y espaciosa va, que las ribas son muy bajas cuando va el agua ancha. Cuando el suelo del río o acequia no será firme y por lo mismo no tendrá las ribas firmes, a causa que se van mudando, salvo si las ribas fuesen hechas de tal arte, que de ellas se pudiese confiar toda cosa que por razón de la mucha firmeza que en ellas hay o si la tierra fuese tan firme, como hay algunas tierras que suelen tener que en ellas no les puede hacer señal las aguas, ni cavando las herramientas de los que trabajan. De modo que este suelo ordinariamente se va mudando de una parte a otra, mayormente, cuando las ribas son de greda y que corra por alguna llanura y que tenga la altura debajo del suelo a peces de galera o a modo de algunos collados pequeños. Y lo que lleva el agua vaya rodeando por encima del río15 que tuviere las orillas de ruin tierra, tendrá lo mismo el suelo. Y hallaráse este suelo en un lugar alto y en otro bajo, a manera de gradas, y este suelo será muy embargado o embarazado de las cosas que trae consigo la agua, como son ramas, troncos, piedras y otras infinitas cosas que los ríos suelen traer. Las más malas orillas de río son aquellas que el agua ha traído con sus avenidas. Suele irlas comiendo, ordinariamente se ve en los ríos que tienen las orillas o ribas de esa calidad de tierra. Vese hacer grandes mudamientos, que ordinariamente no está firme en un asiento, y esto es por causa de la poca firmeza que tiene la tierra, por ser ella cosa movida. Y por esto van variando tanto el asiento los ríos y cuando, carga a una parte, y a otra, quita. De modo que con muy grande facilidad muda cada día de suelo y, por Ufol. llOr] tanto, podemos considerar una cosa cuando los ríos van haciendo grandes vueltas. Y por esta causa, suéleseles hacer unas motas de tierra para defensa. Débense hacer estas motas o setos de tierra que sea muy recia y que sus líneas sean las más derechas que ser pueda, por causa si hacen que vengan de 15

Tachado: el río. [217]

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II

travieso. Estas motas o setos o ribas tienen muy poca fuerza y tienen muy grande peligro. Conviene hacerlas con muy grande consideración, las cuales se deben hacer a la línea de 1 [a] corriente del agua del río. Vese en Italia el río Po, el cual río va casi puesto en el aire, porque de suyo no tiene ribas. Porque en las más partes son hechas a mano, que cierto que si no fuese por esas motas, anegaría muchísima tierra, de modo que es juntado con estas motas derecho y hace pocas salidas de su asiento o lecho o suelo o madre. Y si fueren bajas las rías o motas, con las crecidas del río les pasará por encima. La mota que la agua no la deshará, ni se la llevará, de cada día se irá haciendo mayor, hasta llegar al suelo. Es cosa muy cierta que ordinariamente dejará ahí aquellas cosas que consigo habrá traído, y de este modo se irán amontonando casi como si se quisiese subir por encima. Así se irá levantando el suelo y, dejadas ahí aquellas cosas que el río no puede llevar consigo y empujándolas más adelante o llevando, entonces se iría a volver por otra parte. Y si con su furioso ímpetu dejara la mota y la arruinara, entonces demuestra que ahí pone todo su esfuerzo para henchir aquellos lugares que halla vacíos. Entonces va vaciando su corrida o camino en diversas partes y va llevando todas aquellas cosas que halla Ufol. HOv] travesadas delante de sí. Mas suele dejar ahí las cosas que son pesadas y graves, mayormente, aquellas cosas que de sí no suelen moverse. Y caminando así poco a poco con el furor del agua y de aquí se ve que en las crecidas y en las bocas donde las aguas rompen los campos y así dejará la arena que es más gruesa. En lo más alto deja lo que ha crecido o levantado de la tierra más ligera y más cenosa, mas si las crecidas sobrepujaren sobre la mota, entonces moverá mucha parte de la tierra, la cual suélese llevar por causa de la caída que hará el agua y con sus furiosas olas. Y todas las cosas que habrá movido el agua con su corriente, las llevará hasta tanto que tenga cavado tanto por bajo. Habrá hecho una cava y habrá socavado la mota hasta tanto que del todo sea arruinada. Mas si las ondas irán a topar con las ribas, las cuales no serán derechas, ni aún de travieso del agua. Y dándole por el costado, le irá haciendo contraste y le dañará por causa del irse torciendo o doblegándose por el anchura del río, de modo que ambas las ribas, en particular, tanto la una cuanto la otra, aquella que recibe como aquella que hiere. Y estas vueltas son como una cosa que se le atraviesa delante del río, de modo que padecen las mismas cosas, como aquellas que le están atravesadas y juntamente se irán arruinando, por causa de la grandísima furia y ímpetu del agua. Y tanto más furor llevará y revolvimientos que sean furiosos y más turbios, donde hay aquellos remolinos. Ufol. 11 Ir] Y el revolverse del agua, es como un ayuntamiento de aguas en los ríos. Y estos furores del agua no hay cosa tan fuerte que le pueda resistir en discurso de tiempo. Y esto se puede ver en lo de las puentes que son hechas de piedra. En la parte baja de la puente, ordinariamente, les vemos las pilas socavadas, en aquella parte mucho más que no son en la parte de delante de las pilas y así el suelo del río se ve muy más cavado que en ninguna otra parte. Y lo mismo en aquel lugar donde es estrecho y que sale de sus ribas y va en lugares muy más anchos a dar. Entonces por causa de su caída va haciendo grandes revolvimientos que gasta y consume cuanto topa delante de sí. La puente de Adriano, que es en Roma, es una de las más bien hechas puentes que se haya visto de bien hecha y de fuerte y de artificio, cuanto otro edificio ser pueda. Mas el fin vemos que las crecidas le han traído a tal término, que se cree que antes de mucho tiempo que no podrá durar en ser, por estar [218]


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tan gastado de las aguas de las crecidas, que ordinariamente le va cargando de año en año a las pilas grandísimas inmundicias o brozas, así de ramas como de troncos de árboles que le van cargando las crecidas de lo que llevan de los campos, por donde le van cerrando los arcos. De modo que el agua en aquel lugar hace grandísima resistencia y continuo tesón y cargamiento, de modo que el agua en aquel lugar viene a caer de alto y hace entonces grandes piélagos o remolinos tan impetuosos, que parece que cae de una grandísima altura. Y ándanse revolviendo alrededor de las pilas, de modo que las van cavando [//o/, lllv] y le va haciendo muy grandísimo daño para estos edificios. Abaste hasta [¿z]quí de las ribas de los ríos. Herodoto escribe que el rey Nicotrije cerca de Mesopotamia, quitó la corriente al río Eúfrates, el cual río iba tan rápido y tan veloz que lo hizo ir manso y benigno. Al cual le hizo ir haciendo vueltas y volviéndole tan torcido, a modo de una chozola, de manera que caminaba el agua, ahora a una parte, ahora a la otra. Y una vez iba para arriba y otra vez iba para abajo, de modo que con esta invención lo hizo ir manso y quieto. Es cosa cierta que cuanto más la agua se detiene y camina más pesada. Y esto es por un símil, como si un hombre descendiese por un camino que no fuese demasiadamente enhiesto, que mucho más caminará que no hará por una senda, que una vez camina a una parte, ahora a otra, como si dijésemos, camina una vez a mano derecha y otra a la izquierda. (Figura 77) Figura 77.

Esta es una chozola de las que se comprende que hizo el rey Nicotrije en el río Eúfrates. Compréndense en diversas maneras estas chozolas, aunque [/fol. 112r] en solas tres y aquí las formaré todas tres. (Figura 78) Figura 78.

Esta es la segunda manera de chozola, aunque a mi juicio no podía estar bien, por causa de las puntas que hace la chozola. Y de mi parecer es, estarían muy mejor que ellas fuesen redondas, como éstas que van aquí. (Figura 79) Figura 79.

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Ésta es casi conforme a la primera, aunque va algo diferente, aunque le remeda, como he dicho. (Figura 80) Ésta es diferente de las demás, aunque tiene un poco de la primera, más al fin es muy diferente. Podríanme preguntar: ¿a qué causa pongo aquí estas chozólas?, ¿a qué han de servir? Pues no hay quien quiera usar de tanta curiosidad de querer amansar un río que ande muy furioso, pues no hay príncipe que se le dé nada de cosas semejantes. Porque son pasados [/fol. 112v] aquellos siglos dorados que los príncipes eran tan cuidadosos de las cosas de policía en sus rei\_nos~], que entonces era sólo su cuidado a que quedase memoria de ellos de cosas tan notables. Y cierto que si en estos tiempos viniesen de aquellos antiguos arquitectos que hicieron tantos teatros y anfiteatros, los cuales edificios no servían más de representar comedias y juegos, que tengo por muy cierto que les sería necesario buscar otro modo de vivir. Que veo que en las cosas que son de utilidad para sus reinos, de los reyes de hoy no paguen cien mil ducados, y gastarán trescientos mil en una buena que no dura una hora. (Figura 81) Figura 81.

Volviendo a la materia empezada, digo que la velocidad de un río es causada del suelo del mismo río, por ser declinado o dependiente y no llano. Todo río que tendrá el suelo llano, nu[>]ca caminará su agua con mucha velocidad. Y esto es muy manifiesta cosa, que el corriente del río que es muy demasiadamente rápido o veloz, eso lo causa el descender de lugares montuosos. Y el río que va manso no es dañoso para las necesidades, y el que va muy recio, cava ordinariamente de las ribas o orillas, es causa que ellas se derroquen y arruinan. El río que es manso cría VIfol. 113r] yerbas y con mucha facilidad se hiela. Mas queriéndole estrechar un río, hase de creer que tendrá el agua mayor hondura. Y quien cavase el suelo del río tendrá la agua más baja. Débese quitar del río todo lo que le puede impedir. Y en el limpiar se tiene casi la misma orden y las mismas reglas, las cuales se darán en otro lugar. Mas el bajar el suelo para hacerle llano de un río, en balde se trabajará en esta parte, si ya no fuese que a la parte de la mar estuviese llano y igualmente bajo y que las aguas no pudiesen caminar. Las acequias que se deben hacer siempre más anchas arriba que no se hace en el suelo, y esto ha de ser, a lo menos, un tercio más anchas en la parte de [220]


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Figura 82.

arriba que no serán en la parte de abajo, como en la figura se puede comprender. (Figura 82) Que es el suelo de la acequia y para esto hay sus reglas cómo se deben de hacer las acequias. Requieren ser ordinariamente más hondas que anchas, aunque esto no es regla general. Lo que yo siento en esto, que se deben hacer las acequias de este modo: que en la parte de arriba sea de diez y seis, y en el suelo sea doce, y de alto ocho. Mas las acequias que sean de navegar por ellas, requieren ser muy más hondas que anchas, como sería tomar al revés de las reglas de la acequia A, la cual tiene doce de ancho en el suelo y ocho de [/fol. 113v] alto. De modo que vendrían a ser en esta manera: que tuviese ocho de ancho en el suelo y en la boca doce, y que tuviese de alto doce, que sería un tercio más alta que ancha por causa del peso que llevan las barcas o copulos o naves. Las fosas que se hacen para navegar por ellas, debemos desear que sean de muy grande cantidad de agua y que esa agua no venga a faltar y aún, si ser puede, a menguar. Y que en ella no haya impedimento en ello, para que le sea causa de le interrumpir el camino que ha de hacer. Y que en ella no se halle ningún intervalo que sea causa que se pierda el agua, como suele acaecer muchas veces en semejantes cosas. Hay dos modos en el llevar estas acequias. Y el primero es que donde principiamos de tomar el agua, que ella sea mucha y después de haberla tomado, que se conserve en aquél ser como la tomamos. Y que no se nos pierda, ni menos que se venga a menguar. Y teniendo cuenta con esto, la obra se debe limpiar y conservar, sacando las cosas que en ella son echadas o caídas dentro, porque no sean impedimento a la corriente del agua, ni menos causen daño a los vasillos que por ella navegaren. Cosa muy cierta es que estas acequias las podemos llamar un río adormido o encalmado. Conviene que estas acequias o fosas tengan todas aquellas partes que se requiere que tengan los ríos. Lo primero, que tenga el suelo firme y seguro, y los costados que sean de muy buena tierra, porque no se caigan o se vayan deshaciendo. Y que sea muy firme la tierra a causa que no se nos vaya perdiendo el agua por las fibras de la tierra. Y que sea, como se ha dicho, más honda que ancha, de modo que todos los ríos que caminan por tierra llana se pueden navegar, por razón que son muy cómodos para ello. Y todos los ríos que tienen muy [Ifol. 114r] grandes corrientes y grandes caídas, no se pueden navegar por causa de su grandísima velocidad, y también, de los grandes mu[221]

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damientos que hacen ordinariamente y por causa de las grandes ramblas que hacen, y esto lo causa la poca firmeza que en ellos hay. Y por todos estos inconvenientes no se puede navegar, aunque en España son muy pocos los ríos que se navegan, sino es el río Ebro y muy poco. Suélese algunas veces querer estreñir un río en alguna parte, por causa de algún provecho de acomodar o acequias o molinos o azutes o por otros respectos. Convendrá que se empiece poco a poco a irle estriñendo, por causa que estrechándolos, aguan mucho más cuerpo para que se puedan navegar, de modo que se les va haciendo unos reparos a los costados de las ribas o orillas, de la manera que aquí se señalará. Haránse estos reparos o remedios en el modo que aquí van señalados, los cuales remedios se podrán hacer en diversas maneras, según la disposición (Figura 83) de los lugares y según tienen la materia de qué los hacer [//o/. 114v] puedan. Figura 83.

Hay unos que hacen estos reparos de estaquería y conchas de madera y, después, van henchiendo de piedras. Y estos reparos se empiezan buen pedazo, dentro de tierra cuando los empiezan y van saliendo hacia el río poco a poco. Y que vayan muy dulcemente saliendo. Y cuanto más van haciendo de estos cuchillos, tanto más van saliendo hacia el medio del río. Suélense hacer estos reparos de unos cestones hechos de ramas y hinchillos de piedras, y los ponen de costado y les van hincando estacas. Mas con estos cestones no se puede levantar muy en alto estas defensas, como se hacen con las conchas y con las estacas. Hácense, también, con tablas enclavadas en unos maderos hincados muy bien dentro de tierra con sus rebotantes detrás. Puédese hacer de pared, si no fuere mucho lo que se habrá de hacer. (Figura 84) Los cestones se ponen de costado. Y estos conviene hincarles unas estacas para tenerlos firmes, a causa que el agua no los hiciese rodar. Estos cuchillos que se harán, séanse ellos como se quiera o de qué materia. Conviene que ellos se vayan poniendo muy dulcemente saliendo, porque si se quisiesen hacer salir de travieso hacia el corriente del agua, luego los desbarataría Ufol. 115r\ la grande fuerza que haría el agua. Conviene ponerlos casi en manera como camina la [222]


Libro Sexto

agua. Como ella no halla cosa que le haga mucha resistencia, no hace fuerza en ella y así van de poco en poco saliendo algún tanto más o fuera. De modo que en aquellos senos que hay donde es la A B C D va cargando de arena y glera, de modo que la misma agua va fortificando este reparo. Y donde hay la E F G H, allí va a herir el agua. Y como halla aquellos lugares de los ángulos de cosa muerta, luego deja ahí lo que lleva consigo la agua con violencia. Y lo mismo hace la cosa traída, que hallando lugar para reposar y aquietarse, luego para los cuchillos que se harán de paredes o de piedra. Conviene hacerlos con esta regla que aquí irá puesta, para haberlos de hacer proporcionadamente y con artificio. Esta invención sirve para muchas cosas. Lo primero, sirve esto para medir cosas altas; sirve para hacer parecer las cosas iguales y que tan grandes sean las bajas como las altas y sirve, también, para cosas de perspectiva. Y el modo cómo se ha de hacer es de escribir un cuarto de un redondo y dividirle en aquellas partes que te pareciere, cada cual como por la figura se puede comprender. Ufol. lUv] (Figura 85) Mas adonde hubiere algún lugar estrecho que por él ha de tener salida o sale de lugar estrecho algún río, y convendrá remediar por causa de la salida, que hiciese algún daño por irse ensanchando. Anégase mucha tierra por llevar el lugar ancho y espacioso y para remediar un tal daño, convendrá templarle ese furor y de los grandes revolvimientos que van gastando los campos. (Figura 86) [/fol. 116r] Para hacerse este remedio de este río, esto se ha de entender que no se ha de hacer este remedio, sino en caso que hiciese daño en los campos o heredades. En ese tal lugar se le debe buscar el remedio, mas no haciendo daño el río, no hay para qué tomar trabajo en ello. Donde hay la letra A es lo estrecho, y todo lo que se puede ensanchar es donde hay las letras C C. Y el reparo es para que no se ensanche, es donde hay las letras B B. De modo que conviene unas motas de tierra que sean grandísimas y de muy grande anchura, las cuales han de ser hechas en la manera que van las B B y, lo mismo, como van las D D. Mas estas motas no se pueden hacer sin madera y rama, de modo 16 que esto es la 16

Tachado: que esto. [223]

Figura 85.


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Figura

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86.

fuerza de este artificio. Y es necesario en esto mucha advertencia o no las hacer que caigan a peso, mas es menester que tengan anchura en la parte baja, conforme a como las demostramos, por causa de las crecidas podría alguna vez pasar por encima de las motas o ribas. Es necesario que a la parte C conviene que no caigan a peso, mas que se vayan esviajando muy llano por causa que no se ruinen y que el agua corra o camine muy a paso por ellas sin tener ninguna caída, ni que menos haga remolinos, que éstos son los que cavan las tierras de las motas por debajo y esto es la causa del ruinar estas obras o reparos. Es necesario reconocer estos remedios, si el agua les ha hecho algún daño o si las ha cavado por debajo. Es menester darle el remedio, con poner algunos haces de esparto o otras cosas o ramas de sabina [/fol. 116v] o de enebro, que esto cierra mucho por causa de tener la hoja menuda, donde se habrá de remediar el daño y poner a vuelta grandísimas piedras, (Figura 87) de modo que

ellas estén muy firmísimas. Si fueren piedras cuadradas, tanto será mejor y aprovechará mucho echar a vueltas haces de cosas menudas, a causa que el agua no allegue al suelo, porque no sea parte para poderse llevar las ribas. Es cosa muy provechosa en el hacer de las motas, en hacerlas con céspedes y que tengan yerba que sean cavados de prado a causa de las raíces, y volver a asirlos unos con los otros. Y si se hiciere con artificio en que se vayan asentando muy bien, que no quede ningún vacío entre ellos y que la tierra que más se

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ha de poner, sea muy bien mezclada. Al tiempo que se vayan haciendo esta[í] motas o ribas ha de haber [/fol. 11 Ir] mucha más diligencia en la parte que toca el agua, para que ella sea muy firme. Hay otros remedios que se suelen hacer de madera, como cosas que se hacen de mimbres, la cual obra es muy buena el tiempo que ella dura, mas como sea cosa que se corrompe muy presto, empezando a gastarse, suele por aquellas partes entrar el agua y empieza a hacer muy grandes vacíos, por don [de] son causados grandes daños. De modo que juzgo que muy mejor es poner estacas de sauce verde, por todo lo demás, que en esto se suele poner o plantar sauces, álamos, chopos y todo otro género de árboles que sean deseosos de agua. Y éstos se han de poner espesos y poner muchas ringleras de ellos, de modo que esto es cosa muy cómoda y convenientísima para este efecto, aunque en tal cosa se halla que tiene sus defectos y accidentes. Porque suelen los troncos de estos árboles, en discurso de tiempo, hacer sus hoyos en ellos. Por causa de su vejez y del secarse caen y quédanse vacíos dentro17, en especial, el sauce y el chopo, que son árboles que con el tiempo se suelen corromper. De suyo queda siempre dentro de la tierra algunos hoyos y que por aquéllos suele penetrar el agua por las motas. Pláceme mucho los que suelen plantar en las ribas mimbres, zarzas, ebulos, vitigeras y otras cosas de esta calidad de yerbas y matas, que suelen criar muchas raíces o barbas canas y espadañas o eneas, y toda otra cosa que sea deseosa de agua. Y las cosas que no se crían, sino es en el agua, y de las cosas que suelen criar muchas venas y no hacen ramas como las mimbres, los juncos, las zarzas, las [/fol. 117v] cañas y los ebulos, las vitigeras o parras silvestres, que todas estas cosas o especies de matas y yerbas, que no nacen ramas y enselvan mucho y no se hacen gruesas, porque tocándoles la agua, dan lugar con muy grande facilidad a la agua y no les resisten a ella y hacen muy grandes raíces, digo muy largas y delgadas. De modo que aprovechan mucho estas plantas para esto, porque caminan mucho o penetran mucho hasta llegar dentro del río. Donde serán hechos estos remedios a las motas, las cuales seguirán la corriente del agua al derecho del río, conviene que las ribas no tengan ninguna cosa plantada, a causa que lo que lleva el río no tope en ninguna cosa y que no haga ahí asiento la cosa que trae el río y que haga resistencia a la corriente del río. Mas donde se hace alguna mota para hacer que algún río se vuelva a otra parte, conviene poner al encuentro del río una muy grande fortaleza con maderas y tablas. Mas para haberle de resistir a todo el peso del agua del río, estos reparos se debían de hacer en el verano, cuando las aguas son muy bajías, y hacer una mota o azute que atraviese. Entonces vese muy bien el suelo del río y hacerle una maravillosa estacada de madera de roble. Y que ellos sean muy largos y ponerlos muy espesos, hincados para este efecto. Y trabar los unos con los otros que estén muy bien trabados con sus ligazones de madera y po[«e]rle sus conchados, que esté a modo de azute, como la figura lo demuestra aquí abajo. Y con [/fol. 118r] esta manera de reparos se puede hacer volver cualquier río, mas conviene saber acomodar este artificio en saber hacer que corte el agua, en manera que el peso del agua no cargue18 en toda esta máquina. Y hacerla en 17

Interlineado:

18

Repetido: no cargue.

dentro.

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II

tal modo que vaya (Figura 88) desviando el agua, poco a poco, por línea diagonal. Y en otra ninguna manera no se puede bien desviar la agua de su asiento sin muy notable daño del reparo que se habrá hecho para apartar el agua. Y convendrá poner dos órdenes de estas estacadas con mucha piedra en el medio y fajina a vuelta, a causa que asiente muy mejor el peso de la rama y de la piedra. Y estos haces han de ir travesados en el medio de este conchado o campido y, de trecho a trecho, convendrá poner algunos rebotantes en la parte de atrás, [/fol. 118v] a causa que esté muy más segura este reparo para haber de desviar el río de una parte a otra. Figura 88.

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LIBRO SÉPTIMO Para llevar aguas que pasen unas por debajo de otras

E

l modo que se debe tener para llevar una fuente, la cual pase por debajo de un río o de algún estanque de agua o de algún lago o debajo de algún barranco o de algún brazo de mar, ofreciéndose de haber de llevar una agua que pase por debajo de algún río, como se ha dicho. Lo cual parece cosa imposible el hacerla pasar por debajo, empero daráse el modo cómo y con qué artificio, el cual es harto dificultoso de hacer. Para haber de hacer lo dicho, que es pasar una fuente por debajo de un río, conviene tener en ello mucho artificio y diligencia y, aún, mucha consideración. Hallado que se habrá el agua, la cual se pretende llevar y ella es muy excelente para la salud humana, y estando ella a la otra parte de un río, y el pueblo que de ella se ha de servir, de la otra, y no habiendo puente por donde ella pueda pasar por encima de ella. Y la bondad del agua es causa que se dispongan a poner muy grande diligencia, en procurar de buscar el modo cómo ella se pueda traer al pueblo y, aún, de haber de hacer muy grande gasto en ello por poder gozar de ella. De modo que conviene llevar la tal agua hasta la orilla del río por sus caños y, después de haberla llevado hasta ese lugar, convendrá, después, tener aparejados tantos maderos de roble, que juntados todos, sean bastantes a llegar de la una orilla Ufol. 119r] hasta la otra del río. Y estos maderos conviene que ellos sean muy gruesos, que en ellos se pueda cavar una canal tan ancha, cuanto serán de ancho los caños o fístulas de plomo. Y que en ellos se pueda asentar los caños, como dicho tengo, o arcaduces de barro, aunque para esto son muy mejores de plomo. Para este efecto, caso que se quiera evitar gasto, se podrán poner de barro los arcaduces en cada madero, excepto que en las juntas de los maderos se habrán de poner de plomo muy bien afirmados y afijados con los arcaduces de barro, donde se junta el un madero con el otro. De modo que conviene que los maderos sean muy bien coligados el uno con el otro, en modo que en aquel lugar conviene que jueguen los maderos en las [227]


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II

juntas, por causa que cuando se vayan calando estos maderos, asidos los unos con los otros dentro del río, ellos de necesidad conviene que hagan un arco, el cual tenga vuelto el curvo para abajo, en la manera que va el suelo del río. Y por esta causa conviene que ellos sean mucho más largos de lo que [es] la anchura del río. Y convendrá afirmar muy bien los caños de plomo, que ellos en ningún modo no se puedan mover, aunque los maderos se dobleguen, que en aquella parte el caño de plomo se torcerá o doblegará, según los maderos se irán asentando. De modo que convendrá ir embetunando muy bien las juntas y cubrir los arcaduces o caños con unos tablones de roble, que ellos sean algo gruesos. Y advierte que conviene que sobren a las dos partes del río los maderos, a causa de poder poner los caños cómodamente ajuntados a los cabos de los maderos. Y después de esto [/fol. 119v] convendrá poner muy grandes pesos encima de los maderos, a causa que vayan igualmente al suelo del río. Y también por causa que el agua no los mueva con facilidad. Y cuando se querrá hacer ir al suelo esta máquina, convendrá empezar en el medio a poner los pesos encima de los maderos. Los cuales pesos han de ser en la manera que va aquí señalado. El peso A, los maderos con los caños es en el modo como van aquí señalados: la B firma en tierra, la C es dentro de la (Figura 89) agua, y la D y la E es como

van cubiertos los caños, que es F. Y con esta invención le19 (Figura 90) pasa una fuente por debajo de un río. Y cuanto más hondo fuere el río, tanto más segura será esta fuente o máquina de no ser llevada de las crecidas que hará el río, aunque para mayor seguridad sería muy mejor ir hincando unos maderos de roble con que se arrimase esta máquina, a causa que estuviese muy más segura de las avenidas o crecidas. Figura 90. La diferencia que hay de la línea derecha a la que va b u s c a n d o la curva y así se va encorvando p o r causa del arco que hacen.

Es de saber que cualquier cosa que es en el suelo de un río, que las crecidas le dan muy poco trabajo por [/fol. 120r] causa que el mayor rigor que lleva el agua es de medio arriba. Como si dijésemos que el río es veinte pies en alto, los diez más altos llevaM mucho rigor, que no hacen los diez de en medio abajo. 19

Repetido:

le.

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Libro Séptimo

Y la experiencia nos lo demuestra en diversas cosas, en especial, en las pilas de las puentes, que nunca se gastan a raíz del suelo del río, mas gástanse más donde toca la superficie del agua. Y lo mismo vemos en los pies de las puentes de madera que siempre los maderos nunca se ven primero que se levante lo que está hincado en el suelo, que si eso fuese, veríamos caer al contrario, que sería como cuando camina un hombre y cae de espaldas por causa de habérsele huido los pies para adelante. Mas todo lo vemos al contrario, que siempre caen adelante y no hacia tras, a causa de las crecidas que suelen hacer los ríos. De modo que el caño de plomo que estará en las junturas de los maderos, se irá doblando, en el modo que será necesario doblarse. Conviene advertir que los caños se han de fijar con calcina o yeso bizcocho o con otro material que los tenga muy firmemente fijados dentro de las canales de los maderos. Los cuales maderos conviene que ellos sean de roble, a causa que ellos duran mucho más tiempo dentro del agua anteLr] de corromperse. Y así tendrás tu intento poniendo los maderos derechos con sus alguazas de metal para que puedan jugar, será necesario que en las junturas de los maderos que ellos jueguen. Convendrá embetunar muy bien los caños de plomo con los caños de barro, como tengo dicho. El betún para esto se hallará en el libro de los betunes. Mas para quedar bien certificado si es todo esto muy bien embetunado o no, convendrá la primera vez que se tome ceniza muy bien cernida [/fol. 120v] y que se vaya mezclando con agua y irla poco a poco metiendo por los caños, a causa que si alguna cosa había quedado por embetunar, la ceniza lo henchirá y cerrará. Y así se le irá dando la agua poco a poco, a causa que dándole toda el agua de un golpe, sería causa que se encerrase dentro algún aire en los caños, de modo que no podría pasar la agua por los caños, porque el aire es muy grandísimo contrario al agua. De modo que encerrándose dentro de los caños algún aire es causa de hacer reventar los caños, mayormente cuando el aire se viene a encerrar y hacer un cuerpo dentro de alguna agua. Es tanta la resistencia que hace para querer salir que rompe todo y lo desbarata. Cuando se querrá hacer descender a lo hondo del río los maderos, convendrá irlos ayudando con algunas cuerdas. Y con unos barcos irla ayudando para que ella vaya descendiendo igualmente esta máquina y para que no se vuelque y venga a caer los pesos que están encima de los maderos. Y por esta causa conviene ayudarle y si fuere menester acomodar este edificio dentro de algún río, conviene hincar algunos maderos para que sea defensa de esta máquina, para que la conserve cuando vienen las crecidas. Y estos maderos no es menester que se hinquen espesos, mas sólo poner uno a cada madero de los que tienen los arcaduces dentro de sí. Mas si esta máquina se acomodare dentro de algún lago o dentro de algún br[tí]zo de mar, no es menester hincar maderos para conservar esta máquina, porque en estos lugares no hay crecidas en ningún tiempo. Y hecho que habrá su asiento, aunque haya muy grande diferencia del río al lago, aunque el lago hace olas, mas no corre como hace el río, ni tampoco la mar [/fol. 121r] corre, aunque los vientos muevan la agua de la mar y la hagan embravecer con olas muy crecidas. Mas tanto esto es sólo en la superficie del agua, mas no en el suelo, como hace el río que en toda parte se mueve, así en el suelo, como en el medio, como en la superficie. [229]


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Y por estanques otro lugar otro lugar causa que

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las razones ya dichas, no son necesarios los maderos hincarlos en los o lagos o brazos de mar. Esto se debe entender, cuando no se halla más cómodo para poder llevar la tal agua. Mas siempre que se hallare más cómodo, no se debe ninguno poner en un semejante trabajo, por es de muy grandísimo trabajo y peligro.

La necesidad humana ha dado ocasión a los hombres de buscar nuevas invenciones para remediar aquélla. De modo que la necesidad ha sido causa que los hombres vayan buscando cosas nunca pensadas, ni menos inventadas. Así que esto ha sido la más principal parte de haber hecho que los hombres se hayan hecho considerativos y aún especulativos, para remediar con artificio o ingenio aquello que les ha negado naturaleza. De modo que vemos que esto ha sido causa de ir inventando varios modos de máquinas y nuevas invenciones de instrumentos para la sustentación de la vida. La agua es uno de los cuatro elementos que Dios ha criado para beneficio de los hombres y sin éste no se puede sustentar. Ninguna cosa animada no puede vivir sin ella, ni aún de las cosas criadas que viven. Pues siendo la agua un elemento tan noble y tan necesario, pues por qué no usaremos de todas nuestras fuerzas para traerla en los lugares donde habitamos, Ufol. 121v] para suplir a nuestras necesidades y para acomodarnos y aún para regalarnos con ella. De modo que vemos infinitísimos pueblos que carecen de ella por falta de personas que les den la orden y modo cómo se puedan llevar o traer a sus pueblos que carecen de ella (por falta de las personas dichas)20. Porque estas cosas quieren grande juicio y mucho artificio, mayormente, cuando las cosas son dificultosas de hacer. Cuando naciese una fuente en unos montes apartados del pueblo por donde se ha de traer y el pueblo es asentado sobre otro monte, de modo que parece cosa imposible a poderla subir en lugar tan alto, como es subirla encima de un monte con tanta altura, como es subirla en lugar tan enhi[e]sto, y hay entre medio algún valle y haberla de hacer subir de lo hondo del valle arriba en tanta altura y tan grandísima, convendrá nivelar del nacimiento de la fuente hasta lo bajo del valle y desde lo más bajo del valle hasta el pueblo. Y visto la diferencia que habrá de un lugar al otro y, si por caso fuesen iguales en altura el monte donde nace la fuente con el monte donde está el pueblo, en ningún modo la agua no podrá llegar a subir en el pueblo. Es verdad que se podrá llevar cerca del pueblo, mas cuando nace muy más alta el agua que no es el pueblo, en tal caso la agua se podrá llevar dentro del pueblo, aunque él sea muy alto. Mas cuando naciere la agua muy má[s] baja de lo que es el monte, ello será por demás que ella entre dentro del pueblo, si con la igualdad no se puede poner dentro, cuanto más siendo muy más baja que no es el pueblo. Y esto se puede ver con facilidad la experiencia de ello. Y esto lo sacaremos de las canti[wz]ploras de vidrio, que la agua Ufol. 122r] jamás no sube tan alta como abaja y esto nos lo demuestra la experiencia. Si en cosa tan poca no puede subir tan alta cuanto abaja, cuanto más en cosa tan grande y tan apartada, de modo que jamás podrá subir tanto. Porque vemos esto en diversas maneras, como con las demostraciones se podrá ver. (Figura 91) 20

Entre paréntesis en el original.

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El vaso que es lleno de agua es A. La cantimplora es B, el cual es B puesto dentro del vaso A, y toma el agua y la sube en C, que es lo más alto de la cantimplora, y vierte el agua en D. Y si la D no estuviese muy más baja que no es la B, no subiría tan sólo una gota, cuanto y más que si el fin de la cantimplora fuese en E. Y esta demostración se ha de entender el modo del proceder de ella: si está encima no la puede subir con igualdad. De modo que esta invención se ha de tomar al revés de lo de la fuente y el pueblo, de modo que lo que es principio en la cantimplora, es fin en la fuente. [/fol. 122v] Mas para que se vea muy más claro, pongamos la cantimplora como está la fuente y el pueblo. La fuente, supongamos que la A es la fuente y la B es el pueblo, y la C es el valle que hay entre medio de los dos. Digo que tomando el vidrio y poniendo dentro agua, que si el vidrio fuere tan alto en B como es en A, que jamás verterá ei agua, salvo si echando la agua dentro de la cantimplora viene de más alto, entonces verterá. Mas si entrare el agua en A, sin venir de cosa más alta, digo que en ningún modo no saldrá tan sólo una gota en B, que conviene que sea algún tanto más bajo el lugar donde ha de verter la agua la B, estando más bajo algún tanto la B, que no es la A, entonces verterá el agua en B. De modo que el ejemplo de la una demostración verifica el otro y el otro al otro. Queriendo tomar en ello una poca de especulación, vendrá a verificarse esta materia. Y esto he querido demostrar antes de enseñar el modo cómo se ha de hacer esta invención. Es verdad que en poca cosa se hará que el agua suba a una misma igualdad, cuando fuere muy poquita la distancia que habrá de la entrada a la salida. Mas cuando fuere muy apartada la entrada de la salida, digo que en ningún modo no verterá punto de agua. Y, aún, quiero decir más acerca de esto. Que tomando la cantimplora de los números y puestos los dos cabos en una igualdad, vayan henchiéndola de agua, que cuando la agua habrá allegado a la igualdad con el otro cabo, por donde [/fol. 123r] se le ha puesto dentro el agua, digo que aunque vaya echando agua, que no la hará salir punto en B. Antes bien, digo que tanta cuanta agua vaciare en A, que tanta se verterá afuera en la misma A, sin hacer salir una gota en B. Así que de aquí se comprende que, pues en cosa poca no hace efecto, cuanto más lo podrá hacer en cosa grande y en muy gran cantidad de agua. [231]

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¿Como puede vencer un peso a otro si no fuere mayor el uno que el otro? Y esto nos lo averiguan las balanzas, que cuando el peso es igual, vemos que la balanza está en la línea de la igualdad. Mas cuando el peso de la una balanza es mayor que otra, que lo vence y desciende abajo, y lo más ligero asciende arriba. Por el mismo modo es en las aguas. Y de aquí se comprende la diferencia que hay del uno al otro de los lugares. Viniendo, pues, al caso del hacer ascender o subir en alto el agua, convendrá, como tengo dicho, nivelar desde la fuente hasta el pueblo, para ver la cantidad del camino y ver la diferencia que hay del nacimiento hasta donde se ha de llevar. Y hallará en el libro de los niveles para cómo lo ha de nivelar. De modo que si el nacimiento del agua fuere más bajo, no se desvanezca en pensar de haberla de hacer subir, mas podráse llevar cerca del pueblo. Pensar de haber de hacer arcos, es grandísimo devaneo para haberla de traer, por causa de no perder caída o pensar que con eso la levantará. Porque es grandísimo error pensar eso, que con decir que haciéndola hacer restaño o tesón o entibo o regolfo, que por eso se levantará en grande cantidad en alto el agua. Eso es cosa que no digo. Un pueblo, mas todo un reino no serían bastan- Ufol. 123v] tes a hacer arcos que atravesasen de un monte a otro. Habiendo una poca de distancia entre medio del un monte al otro, de modo que cuando el pueblo será más bajo que el nacimiento del agua, algún tanto bien se podrá hacer. Y no será muy grande el gasto, pues nivelado que se habrá y hecho la cuenta de lo que ha de perder, [podrá] llevarse por sus arcaduces- desde la fuente hasta lo bajo del valle, haciendo sus arcas en los lugares convenientes. Y habráse de procurar que no descienda derecho, por causa de no causar grandísimo daño y, aún, gasto. De modo que convendrá hacerla caminar cuando a una mano, cuando a otra, a causa que no venga a romper, el grandísimo peso, las arcas y a levantar los arcaduces o caños. Y por esta causa, conviene llevarla a vueltas, como la figura lo demuestra. Y, también, que conviene fortificar mucho las arcas que estarán en lo bajo, por causa del grandísimo peso del agua que carga en aquella parte. Así que en lo más bajo del valle se debe poner muchísima diligencia, más que en ninguna otra parte de esta obra y, si caso hubiese algún río entre medias, harás conforme a las cosas que antes de esto se ha dicho. De modo que no se debe hacer ninguna arca donde viene a descender el agua para abajo, porque interrumpirá el camino al agua y sería causa de muy grandísimo daño. Débense hacer las arcas para reconocer el agua en lugar llano y no enhiesto, por las causas ya dichas y porque en los tales lugares recogeráse muy grandísimo aire y, entonces, causa un cierto detenimiento el agua, que no la deja caminar. Y porque deteniendo el agua, acumúlase mucha más cantidad de agua, donde viene que el grandísimo peso lo rompe todo sin ninguna intermisión de tiempo, porque el aire encerrado entre Ufol. 124r] dos aguas. De modo que convendrá hacer en lugar llano estas arcas, porque ellas se conserven y permanezcan enteras con el discurso del tiempo, y para que se pueda reconocer dónde se pierde la agua o no. Mas conviene que esté cerrado el camino del agua y no ha de ser como se acostumbra hacer en las arcas de las fuentes ordinarias, que caminan por tierra llana, las cuales se suelen dejar abiertas de la una pared a la otra, sin tener ningún arcaduz dentro o caño en el medio de estas arcas para tener semejantes fuentes. Conviene que en estas arcas [232]


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que tengaM dentro en el medio una grandísima piedra agujereada de la una parte a la otra. La cual piedra conviene que sea de diez palmos de largo o a lo menos ocho y en el medio de ella asentada una jeta de metal, que sea muy bien emplomada para que el peso del agua no la pueda levantar por la grande fuerza que hace. De modo que de quinientos en quinientos pasos se ha de hacer arca y, aunque en el descender de esta agua y en el ascender no hay ningún llano, convendrá hacerle caminar llano, que es por el lado del monte. Mas conviene que en los lugares que se hará ir llana el agua, en cada ángulo conviene poner una muy grandísima piedra, la cual ha de ser muy más grande el agujero o más ancho que no es la anchura de los otros caños o arcaduces, o por causa que se acumula mucha más cantidad de agua en ese lugar que en ninguna otra parte. Y conviene, que en estos tales lugares, cargar estas piedras de grandísimos pesos por encima y esas jetas, que dije que se habían de fijar en las piedras de las arcas, es para reconocer el agua y si se pierde o no. Conviene cavar Ufol. 124v] muy hondo para poner los arcaduces, los cuales se han de ir asentando dentro de unas paredes, por causa de no tener muy más firme toda esta obra. Y las paredes han de ser de piedra y cal, a causa que sea más segura, la cual ha de ser muy gruesa y ultra de esto conviene poner muy grande peso encima de las paredes. Y los arcaduces hanse de asentar en su cal a la redonda, a causa que están más firmes. Conviene que siempre que el agua habrá de entrar dentro de las arcas, conviene que camine un grande rato por tierra llana, como es desde la B a la C. Y hecho esta demostración de la fuente y del pueblo, ¿cómo ha de caminar el agua? Donde es la E y la F, conviene en esos lugares fortificar en grandísimo modo, por causa del descender y del subir línea paralela a la L con la M. Por la parte donde ha de subir el agua, conviene procurar de llevarla lo más llano (Figura 92) que ser pueda, para que, antes, que entre dentro de las arcas. Y a estas arcas convendrá hacer en ellas como Ufol. 125r] en las demás arcas que hemos dicho. Y donde vendrá[«] ángulos en los arcaduces, haráse una piedra que tenga ángulo y que sea agujereada en la manera como va aquí dibujada. (Figura 93) De modo que conviene fortificar mucho en el fin de la descendencia del agua y lo mismo se ha de hacer en el principio de la subida, por causa de la grandísiFigura 92.

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Figura 93.

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ma fuerza que hace el peso del agua en los caños o arcaduces de barro. Mayormente, desde la D a la E, y desde la E hasta la F, y desde la F hasta la G, aunque en toda parte convendrá fortificar, por ser cosa muy necesaria a resistir a un peso de tanta cantidad de agua, por causa de la grandísima repugnancia que hace el agua en sí misma, como cada cual lo puede comprender, a causa de la subida que ha de hacer el agua desde la E hasta la G y desde la F hace una grandísima fuerza en toda esta máquina. La fuerza de esta agua empieza desde la E hasta la G, aquí es la mayor fuerza y el mayor trabajo de esta subida de agua. Quiero advertir una cosa, que se deben hacer los caños, por donde desciende el agua, más gruesos o que tengan mayor caño que no serán aquellos de la subida, que ésos han de ser muy más estrechos de agujero. Y esto es por causa que la fuerza del agua que desciende, vaya empujando el agua que sube y, por ser ella de menos cantidad, subirá con más facilidad por los caños. Después que sube de la G arriba camina con más facilidad, aunque [/fol,125v] hace camino contrario a su naturaleza. Convendrá hacer caminar el agua cincuenta pasos por línea o hasta cien pasos, para que vaya descansando en el camino y, después, hacerla descender diez o doce palmos y, después, hacer que camine para arriba. Y así sería, de mano en mano, hasta llegar arriba, mas estas bajadas conviene que ellas sean en el modo, como va aquí señalada: que es desde la M hasta la N, con aquel peso de pared encima del caño. A causa que el agua no levante el edificio, podráse hacer en el mismo .modo, con tal que no vaya más de un arca en el medio, como van aquí señaladas dos, que es K L. Y donde va I es otro peso. Para defensa de los caños convendrá hacer que vaya en línea redonda, como es en H o como es en P, que en aquella vuelta que hace, conviene que ella vaya en redondo, como tengo dicho, por causa del aire que se encierra en aquel lugar. Y si se hiciere en ángulo recto, como va la piedra R, con muy grandísima dificultad podría pasar la agua por ello, de modo que conviene tener muy grande consideración en estas cosas de agua. (Figura 94) De modo que estas invenciones de hacer subir agua de sí [/fol. 126r] misma para arriba, es cosa harto dificultosa. Convendrá hacerla caminar para arriba lo más llano que se pueda, por causa que no haga reventar los caños el grande peso de la agua. Y así, de mano en mano, se irá subiendo la M g u a casi a iguMlar con su nacimiento, aunque en infinitas partes he dicho que se debe fortificar todo este edificio. Mas la parte que más se requiere fortificar, es en el descender, que camina con mayor fuerza que no hace para arriba o en el ascender, por causa que el agua [que] asc[/]ende todo su peso, atiende al centro de la tierra y la que desciende, atiende, también, al centro como la otra, si no volviese atrás la que asc[/]ende, que no hace ésa que desciende. De modo que la una hace fuerza a la otra, en manera que podemos suponer que se ha de fortificar para la parte de arriba, como cosa que hace fuerza al agua que empuja para arriba, a causa que desciende el agua con mayor fuerza que no hace en el ascender, por ser muy más tardía y camina de mala gana contra de su [234]

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naturaleza. De modo que el hacer ascender una agua para arriba, conviene muchas invenciones para esto del subir el agua en alto. Pues se ha tratado del subir el agua en alto, ahora conviene que tratemos del modo del pasar dos aguas, la una encima de la otra, sin mezclarse, aunque las dos sean de una misma igualdad, sin ningún artificio o por causa que la una agua es más cantidad que la otra. Y pretender de hacer artificio con que cada una tenga su proporción, es un engaño muy manifiesto que no se puede hacer, que siempre habrá alguna diferencia en ello, por causa de la detención que hará el agua en la piedra o otro artificio, por donde ha de pasar, así la una como la otra. Aunque sé que aquí me podrán repugnar esta materia con mis mismas razones, que en el U/ol. 126v] capítulo antecedente a éste he dicho y, aún, demostrado. Mas como es diferente esta materia, aunque tratamos de la igualdad de la una a la otra, hase de notar que el agua que pasará por debajo de la otra, no tiene ahí su nacimiento donde se viene a topar, mas tiénele muy más aparte. Por donde, hemos de considerar que pues ella viene de muy más aparte que en todo aquel discurso de camino, que tiene alguna cantidad de caída que la hace caminar. Y por esta razón, es muy diferente la una materia de la otra. Y que el agua subir más, no es sólo sino en saber acomodar que no se mezclen o por causa que la una agua es buena de beber y la otra no y, mezclándose, la una gastaría a la otra. Y es cosa necesaria que cada una vaya por sí, por causa de esto no consienten que se mezclen las dos, las cuales se vienen a topar en una misma línea y en un mismo suelo y en un mismo altor. Y de necesidad se han de pasar las dos la una encima de la otra. Conviene que se haga una manera de puente para que la una pase por encima y la otra que pase por debajo de ésta, en el modo que M q u í se señalará. [235]


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En manera que, conviene cavar en el suelo y cavar como quien quisiese hacer dos pozos. Y que en el suelo de los dos pozos se cavase un paso que fuese del uno al otro, como se acostumbra de hacer en algunos aposentos de verano, que por regalo del frescor se cavan dos pozos y en el suelo se cava un caño que pase del uno al otro, aunque no se allegue alcanzar agua ordinariamente; pasará viento del uno al otro, aunque no se sienta viento ni el menor aire que ser pueda, siempre se sentirá salir de las bocas de estos pozos un aire muy frío, así en la [//o/. 127r] una boca como en la otra. Y caso que se cavase dos o más en tal aposento, no sentirían punto de aire21 espirar en el tal aposento. Pues volviendo a la materia, que antes un poquito, de donde se han de topar las dos aguas, convendrá cavar un poco no muy hondo, mas sólo que pueda salvar el suelo de la acequia de la otra agua que ha de pasar por encima. Y para mayor inteligencia de esto, pongamos que el agua que ha de pasar por encima sea M y la agua que ha de pasar por debajo sea N, la cual agua ha de descender debajo de la otra y ha de volver arriba al igual de la otra, como aquí lo demostraremos que se ha de hacer. Estas son las dos. (Figura 95) Este es el modo que se ha de hacer para pasar dos aguas, las cuales se vienen a cruzar las dos, como es la figura 1. Y la una agua es M y la otra N. Y para Figura 95. Agua que topa con otra agua que es la cequia M/Agua que se topa con la cequia N. En la figura 4 pone: Suelo de la acequia.

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Repetido: punto de aire,

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hacer [/fol. 127v\ que no se mezclen, conviene hacer la figura 2, la cual demuestra, harto claro, cómo conviene que se hagan aquellas paredes N y que pasen por debajo de la acequia M. Y conviene que vaya en redondo la parte baja, como va puntado de la una a la otra. La tercera manera que tiene, que tiene el 3, con las dos N N al costado, es todo el edificio cortado por medio, para que se entienda muy más claramente el modo del hacer la división de estas dos aguas. El cuarto modo, para que se vea cómo pasa el agua por debajo de la acequia M. El quinto modo es aquellos dos pozos que pasan del uno al otro y debajo del 5 ha de ir en redondo, como la figura lo demuestra. En este lugar bien subirá el agua a una misma igualdad del un cabo al otro, como la figura lo demuestra, por ser muy poco el trecho y tan junto. Y conviene advertir que la más cantidad de agua pase por debajo de la menos, por razón que la más cantidad de agua tiene mucho más rigor que no tiene la menos. Y por esta razón, vuelve a subir en alto a la misma igualdad de la línea que traía antes que descendiese. Aún haría, también, el mismo efecto la poca como la mucha en subir a la misma altura que traía antes que descendiese. Figura 96.

Hay infinitos modos otros de pasar aguas una encima de la otra, sin haber ninguna división que haya entre los dos, como en las invenciones pasadas. Mas en estas aguas no hay ninguna igualdad de subida, mas de sólo que la una pase sin mezclarse con la otra. Conviene, siempre, hacer pasar la poca por debajo de la mucha, por causa que la mucha cantidad de agua tiene mucha más fuerza que no tiene la poca. [/fol. 128r] Y por esta causa, hace la mucha agua mayor círculo y en esto es cosa manifiesta. El pasar estas aguas, una encima de la otra, son cosas que muy pocas veces suele acaecer, mas alguna vez, aunque en ello hay muy poco artificio, mas de sólo hacer pasar la mayor encima de la menor, sólo que haya alguna poca de caída de la una a la otra, como es esta figura aquí abajo. (Figura

96)

Conviene, para hacer esto, tomar algo distante de la caída de la agua y empezar de hacer unas paredes, que a la parte de la A sea ancho el paño y venir es[237]

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trechando siempre hasta llegar en B, por causa de traer muy más recogida la agua. Que cuanto más irá recogida la agua en B, hará muy mayor círculo en C y vendrá a salvar la acequia D y dará en E más bajo, y así no se mezclarán las dos aguas, aunque no haya ninguna división entre las dos. Podráse hacer esto en otro modo, como lo señalaré aquí abajo, (Figura 97) aunque a muchos parecerá una misma cosa la baja con la de arriba, mas quien lo considera bien, verá que es muy diferente en todo. Y acaecerá [/fol. 128v] querer hacer un molino y quieren hacer algún azute, para que levante el agua de algún arroyo o algún río pequeño. Y donde hay una acequia que pasaba antes de esto, y los de la acequia no quieren que se mezcle la suya, con la que va a un otro molino y quieren que su acequia quede libre. Y para esto no queda lugar para ello, conviene usar de este artificio como éste que va aquí dibujado. Y porque esta agua se toma muy más arriba de la acequia primera y remediar esto, que no se mezcle la una con la otra, haráse un medio arco del modo que van dibujadas las piedras del arco. El cual medio arco vendrá a cubrir parte de la primera acequia E y sale el agua por F F. De modo que el agua G viene a salvar la acequia H y, de este modo, pasa una agua encima de la otra, sin tener ninguna división entre ella, que sólo aquella porción de redondo que hace la misma agua, aunque jamás puede hacer la caída del agua medio redondo que, si eso hiciese, de necesidad convendría que hiciese ángulo, lo cual es imposible. Que el agua de su movimiento natural violento bien se le podría hacer que lo hiciese ángulo, mas ello de sí nunca lo podrá hacer por muchas causas, las cuales no hacen a nuestro propósito. [238]

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Puédese pasar, en diversos modos, aguas una encima de la otra, sin que ellas se mezclen y esto hácese en diversas maneras, como se ha demostrado en las invenciones pasadas. Suele acaecer que se viene[«] a cruzar dos aguas y no hay otro lugar para acomodar, para poder desviar la una22 de la otra, ni tampoco hay harto lugar para que pase la una debajo de la otra, ni tampoco hay harto lugar, por causa que ellas vienen casi en una misma línea o nivel las dos. Las cuales aguas son ríos y no conviene que ellos se mezclen y, caso que ellos se mezclasen, cada uno quiere su agua que se [//o/. 129r] divida de la otra, por causa del regar o del beber o que es muy mejor agua para beber o para regar, que no es la otra, o que es más cantidad que no es del otro río. De modo que, en ninguna manera, se le puede usar las invenciones del capítulo pasado. Así que conviene, de necesidad, hacer algún edificio para que pasen la una por debajo y la otra encima. Convendrá hacer algún maripuente y, si el agua fuere en mucha cantidad, será de necesidad que sea de mucha altura la agua. Y siendo de mucha, no podrá pasar la otra por encima. Convendrá usar algún artificio para que la agua tenga poco cuerpo en alto. De modo que para hacer edificio, convendrá repartir la agua en tres o cuatro partes o en más, según la mucha cantidad. Así se habrá de dividir para hacer las bóvedas, para que pase el otro río por encima y cuan más bajas se harán las bóvedas, tanto mejor pasará el agua por encima, aunque se habrá de hacer más ancho el edificio, por causa de ir más ensanchando el agua que pasa por bajo de estas bóvedas, por causa que no levante mucho la agua para que pasen más cómodamente las dos. Mas conviene que se tenga [cuenta] cuál de las dos aguas suele hacer más crecidas o avenidas y cuál de ellas es más ordinaria a estas crecidas, porque no se debe tener tanta cuenta con la mucha o poca agua, mas se debe tener cuenta con las muchas [Ifol. 129v] crecidas que suelen hacer los ríos o arroyos. Bien podrá ser la una agua mucha y la otra poca, y la poca hacer más crecidas y mayores ordinariamente y muy grandes. Y en esto, conviene tener muy grande advertencia en esto. Y conviene que sea práctico de la tierra o hacer pesquisa cuál de las dos aguas suele hacer más crecidas, porque en esto va mucho en ello, a causa que si, por caso, hicieses pasar la agua, que suele hacer muchas crecidas y muy grandes, por debajo de la que no las hace y, caso que haga crecidas, no las hace tan grandes y muy a tarde. De modo que conviene hacer pasar por debajo la más mansa agua, por causa que menos daño recibirá el edificio del agua mansa, que no haría de la que viene muy rigurosa y brava. Porque, si la que hace muchas crecidas pasase por debajo de las bóvedas, no podría pasar, por causa de ser las bóvedas bajas y con el furor todo lo desharía, por causa del poco lugar que habría para ella. Y por causa de este inconveniente, se debe hacer pasar siempre por encima la agua que hace más crecidas y mayores. Y para esto, conviene hacer las bóvedas que ellas sean largas, a causa que tenga el agua, que pasa [>«]cima, mucho suelo y espacioso para que las crecidas hallen lugar libre para poder pasar y ensanchar. Y ensanchándose, tendrá menos furor y, teniendo menos furor, hará menos daño. Este edificio ha de ser muy firme y sólido y muy bien asentado. Y suponga el que hiciere un semejante edificio, que hace una puente dentro de un río, que 22

Repetido: la una. [239]


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conviene fundarla muy excelentemente, en el modo que aquí irá dibujado. La entrada del río es A y la salida es B, los antepechos Ufol. 130r] es C y la parte donde es la F, entra el agua por bajo de las bóvedas, y los dos costados es D E. Según será ancho el río, así se harán las bóvedas de largo, y en esto no se puede dar regla cierta para esto, sólo se debe tener la orden, como se hallará en el libro de las puentes, el modo cómo se ha de hacer. (Figura 98) En el descender del agua que es en B, se hallará el modo cómo se ha de hacer en el libro de los azutes de piedra. El modo cómo se ha de cavar y desviar el agua para hacer este edificio, conviene que ella se haga en enjuto. El suelo se debe enlosar arriba y abajo que es donde es la A B. Y donde es F, que es la parte baja donde pasa el agua por debajo de las bóvedas. Y la A B es el suelo del río, las paredes de los costados de esta canal o Ufol. 130v] acequia doñde pasa el río que trae más crecidas. Y donde es la A, que es la parte donde viene a entrar el río por encima de este edi-

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ficio, conviene hacer que la parte del suelo donde es la A, se vaya calando dentro de tierra, cara el río. Y los costados que es C, conviene que se vayan ensanchando hacia fuera, a causa que el río con sus crecidas no puede ir rompiendo, que caso que vaya rompiendo, que halle resistencia en esas paredes de los costados. Y el agua volver por su camino y eso harán las dos paredes H H. Y la (Figura 99) puente es B, la cual sirve de fortaleza para esas paredes y de paso para las gentes. Los agujeros que hay en las dos paredes de los antepechos de ese maripuente, que es D D D. Los cuales agujeros son para cuando viene el río muy crecido, para que se alivie de agua y aumente la baja. Mas estos agujeros conviene que ellos estén hechos [/fol. 13Ir] de modo que la corriente del agua no haga daño en ellos, los cuales han de ser hechos23 en esviaje, que hagan volver el agua para arriba y, de ese modo, no podrán causar daño en los antepechos. Las dos paredes F F son en defensa del maripuente, las pilas Q Q Q son redondas y las bocas de las bóvedas son E E E, las cuales son un cuarto más anchas que las pilas Q. De modo que las pilas son dos partes de ancho y las bóvedas son tres. En la parte de abajo hay las dos paredes I I, las cuales son en defensa de ese maripuente. Conviene enlosarle por mayor seguridad y por causa que el agua no halle en qué poder topar para ir corriendo. Y en la parte R se hará ahí una defensa, en el modo que se hallará en el libro de los azutes de piedra. De aquella misma orden se hará esa defensa, a causa que el agua no pueda comer el suelo por la grande caída del agua que cava ordinariamente en aquel lugar. Al principio de este capítulo dije que las dos aguas venían en una misma línea o en una misma igualdad. Como ahora se levanta tanto la una más que la otra, digo que ello es verdad. Mas es cierta cosa, que todas las aguas que caminan tienen alguna caída y que, en ningún modo, puede caminar el agua por tierra llana, que ella no deja de tener caída. Y con esta caída se hace que ella se levante con hacer restaño, de modo que ella viene a levantarse hasta lo necesario. Y de este modo, viene a pasar por encima de este maripuente. Hame parecido que no había, en esto de estos maripuentes, VIfol. 13lv] cumplido con lo que debía, de no haber demostrado alguna diferencia de paso. Mayormente, diciendo que viene a hacer estos edificios muy bajos, para que puedan pasar estas dos aguas de que tratamos, la una encima de la otra. Cierto, es cosa harto dificultosa el hacerlo, que al fin con el ingenio de los hombres se halla talle a todo ello. Así que, creo que a muchos les parecerá cosa harto diferente para este efecto, por causa de venir el cielo de esas bóvedas cuadradas. De modo que, yo no estaré aquí particularizando las cosas, pues que en las dos formas pasadas harto se ha tratado de ello. Mas de sólo hacer la forma y dar aviso que en la caída del agua se podía acomodar un molino, el cual sería de mucho provecho. Y en esto se hará dos cosas: hacer el molino y con el mismo gasto, hacer una puente. La cual invención es cosa muy cómoda. Y la puente será cubierta y servirá para tener animales, mientras molieren, y para estar a la sombra los que muelen y para infinitas cosas, las cuales no hay necesidad de irlas contando, pues es cosa manifiesta. La manera del molino cómo se ha de hacer, se hallará en el libro de los molinos. (Figura 100) 23

Repetido: de modo que la corriente del agua no haga daño en ellos, los cuales han de ser hechos.

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II

[/fol. 132r] El modo cómo se ha de volver un río de una parte a otra, se hallará en el libro de los azutes. Aunque no dejaré de decir algo, brevemente, acerca del volver un río de su lugar. Se ofrece mucho trabajo para ello. Digo que para haber de volver un río, conviene tener hecho en otro lugar su asiento para que vaya caminando y desde aquel lugar que se habrá cavado hasta el otro, convendrá cavar toda aquella hondura que será necesario hasta llegar con el río. Y habráse nivelado con los suelos para que vengan a corresponder el uno con el otro. Entonces, empezaráse a ir hincando estacas a la parte donde se ha de quedar en seco el asiento del río. Y estas estacas se han de ir hincándolas por línea diagonal, hasta allegar al nuevo asiento o suelo del río. Y hase de empezar, a la riba que ha de quedar.en enjuto, de ir poniendo ramas y tierra a vuelta, y ir procediendo de mano en mano, poco a poco, y ir empujando el río a la parte donde se pretende que se ha de hacer ir. Y de este modo, lo irás volviendo, poco a poco. Con mucho trabajo se haría, porque es fuerte cosa querer volver un río de un golpe o del todo. De modo que conviene ir haciendo aquella riba que se ha de hacer, que ella sea muy llana, aunque hallará [í] esta materia en el lugar ya dicho. Y siendo muy llanas las ribas, la agua no halla en qué topar; si crece el río, sube muy llanamente y no topa en cosa que le haga resistencia. Y así no rompe, como cuando halla unas ribas que son altas, que caen a peso. Luego, hace ahí muy grandísima resistencia la agua y procura de llevarlo todo, [//o/. 132v] aunque sean peñas. Porque he visto llevar muy grandísimos pedazos y nunca he visto hacer daño ningún río, donde halla las ribas llanas, que aunque el río crezca, no topa en cosa que le haga hacer fuerza. Así que los que no quieren que los ríos les hagan daño, procuren de allanar las ribas y así, [de] ese modo, no les hará daño el río. Y para que mejor se entienda mi intención, aquí abajo pondré la figura, para que por ella se comprenda muy mejor lo que se trata. El río es A, la buena orilla es B y la mala riba es C. El suelo del río es D, el cual es llano y tan alta es la riba B, como la riba C. Mas vese que cuando el río crece, (Figura 101) que donde es la riba B, que el agua se va ensanchando y no puede hacer tanta fuerza como hará en C, por causa que no se puede ensanchar y perder parte de aquella fuerza que trae, como hace en B, que pierde harta parte. Y esto abaste cuanto a esto de las ribas de los ríos. Mas conviene advertir que el agua en la parte B, no puede hacer ninguna fuerza, porque se va alargando y no tiene en qué topar, como hace en la riba C, que como no puede ensancharse, conviene que se levante en alto. Y a esta causa, hace mayor daño, por [242]


Libro Séptimo

razón de la resistencia [//o/. 133r] que halla en las ribas altas. Así, ordinariamente, el río se lleva estas tales ribas, lo que no hace en las que son llanas. Es verdad que cuando crecen los ríos, que donde hay las ribas llanas, anega[«] mucha tierra con las crecidas, mas no se lleva[«] tanta tierra, como hace[«] en las ribas enhiestas. Pues se ha dado el modo cómo pasen las aguas, las unas encima de las otras, ahora conviene que tratemos de cómo se puede remediar de quitar aguas que dañan. Suele haber, en muchas partes, tierras perdidas por causa de las regar y, otras veces, por causa de las lluvias. De modo que se suele hacer, por causa de esto, unos panales o almarchales de aguas muertas y ocupar, a veces, grandísimos pedazos de tierra, la cual sería muy fructífera, si se cultivase, y por causa de esto es infructífera. Hame parecido dar el modo que de inútil hacerla provechosa para diversas cosas, aunque ella no sirviese más de sólo no gastar el aire. Por causa de su corrupción que yo he visto, que por esto tener todos en el verano fiebres y una muy mala color. Y todo esto es causado de estas aguas muertas en Alcañiz, pueblo en Aragón. El cual pueblo todos los veranos solían adolecer por causa de unas semejantes aguas y, después que les han dado salidas, han cesado sus fiebres y las malas disposiciones que de antes tenían y han cobrado una perpetua salud cuanto a esto de las aguas. Digo que para remediar una semejante cosa, como ésta de que tratamos, que conviene considerar cómo han hecho los arquitectos, que han hecho cavar fosas que vayan de Levante a Poniente, o [tí] cequias, aunque todo [/fol. 133v] es uno fosas o [tí] cequias. Las cuales sean de ancho doce palmos y toda la tierra y lodo que cavaran, que la vayan levantando encima, de modo que lo que ha de quedar de una acequia a la otra, ha de tener veinte y cinco palmos. De modo que con este levantamiento y con lo que se cava, viene a descender la agua abajo en aquellas acequias y lo de arriba queda enjuto, por causa que mejor entra el aire y el sol que le va enjugando. Y así se irá procediendo, de mano en mano, hasta acabar todo de hacer de este modo. Y las acequias se han de cavar, a lo menos, ocho palmos de hondo y así se irá tirando líneas y señalar todo aquel patio de tierra. Y si fueren muy largas las fosas, se p o M d r á de ciento en ciento cada tabla y [tí]travesar otra fosa o fosas de Mediodía a Septentrión, por causa que las tablas no sean tan largas y de aquí se podrán plantar árboles o viñas y así se hará provecho de lo que era inútil. (Figura 102) Podráse plantar o sembrar robles, como se acostumbra a hacer en muchas partes que hacen, los cuales árboles suelen atraer a sí mucha humedad [/fol. 134r], y también, por causa de la hoja que cae, la cual enjuga mucho y levantan el suelo. Y también, que las muchas raíces que harán, irán, de día en día, levantando o creciendo el suelo y, en este modo, será muy enjuto ese lugar por razón de lo dicho. [243]

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Figura

II

102.

oiutnt^j

Podráse hacer al contrario de lo que se ha dicho, que de una tierra húmeda hacerla enjuta, ahora trataremos que de una tierra que sea muy seca hacerla humedad y que de ella se haga un muy verde prado, aunque ello sea en monte, con tal que se halle alguna agua cerca de alguna fuente para poder regar el tal lugar seco. De modo [que], aunque sea un monte, con artificio se puede hacer verde y lleno de yerba. Conviene para hacer esto, que se cave una acequia al travieso del monte, la cual acequia o fosa sea hecha a nivel en la parte baja y que esta cava que no tenga salida, a causa que henchiéndose del agua que se habrá traído, que cuando ella será llena, de necesidad ha de salir por encima y así irá regando el monte. Y para hacer esto conviene, de trecho a trecho del monte, ir cavando fosas al travieso, como se hizo la primera, mas conviene hacerlas en tal manera que sea muy llana esa parte y, aún, aconsejaría que se hiciese una pared para que el agua saliese muy igualmente. Estas acequias no es necesidad que ellas sean muy hondas, que de muy poca hondura bastará, y para esto no es menester hacer otra ninguna guía al agua, que de sólo la primera abastará. Porque el agua que regara desde la primera acequia a la segunda, la que sobrara, vendrá a dar en la segunda, y así irá, de mano en mano, hasta ser todo regado el monte. Para mayor [/fol. 134v] inteligencia, (Figura 103) el modo es A y la fuente es B. La acequia que ha de recoger la agua y regar es C C y el nivel es D, con que se ha de hacer la acequia o pared a nivel. Y la segunda es E E, la cual recoge el agua de la primera acequia y riega por el mismo modo de la de arriba. Porque siendo llena y no teniendo donde salir, si no fuere por encima, de necesidad conviene que ella salga, igualmente, por encima y que, igualmente, vaya derramándose por todo y regándose todo, irá produciendo yerba igualmente. Esto no se puede hacer sin agua o venga de alguna fuente o que con algún artificio sacada con algunas ruedas. Figura 103.

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Con esta misma invención se podrá hacer dentro de algún jardín, que de una pequeña fuente hacer que parezca mucha el agua, ultra del grande regalo que representa a la vista esta invención. Conviene para hacer esto que la fuente sea alta o en alto, porque, de otro modo, no se puede hacer cosa buena para Ufol. 135ñ este efecto. Teniéndose el tal lugar, convendrá hacer en este modo: que después que sea hecho el edificio del surtidor del agua, conviene hacer unas gradas, las cuales sean de tres palmos de caída y éstas han de ser de piedra, mas no se han de hacer a modo como se hacen las gradas, que éstas han de ser en la manera, como aquí abajo las señalaré. Y estas gradas han de ir alamboradas, a modo de barbacana, como se acostumbran a hacer en las murallas de los castillos. Y a lo más bajo de ella se ha de hacer una muy poquita de vuelta y, después, levantar unos dos dedos en alto y, luego, ir esmortiendo para abajo. Y en estas gradas no hay en ellas rellano en la parte de arriba, como en las gradas de seis hasta ocho palmos de largo y a los costados, escalas de cuatro palmos de ancho cada una de ellas, de modo que el agua que descenderá por esas gradas, harán todo un paño de agua, que a la vista será una cosa de muy grande regalo. La cual invención es en el modo que va aquí abajo dibujada. (Figura 104) Ufol. 135v] El vaso A es donde se recoge el agua y la despide por aquellas cabezas de león D24 y van a dar aquellos caños de agua en una canal, antes de ir a dar por las gradas C, y de ahí va d e s c e n d i e n d o por las gradas, de mano en mano, y han de tener aquello poquito de levantado donde es la G. Donde es la D, es un asiento para se holgar de ver descender la agua por aquellas gradas. La E es una de las dos escalas para abajar y subir a la fuente. Donde es la F, es un respaldo hecho de murta o de arrayán o de jazmín con sus encañizados. De modo que se pueden acomodar muchas cosas para regalo, las cuales dejo por no ser al propósito de la materia que tratamos. 24

En el texto pone D pero en la figura aparece B.

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II

Puédese acomodar con esta invención en un edificio, el cual sea para regalo dentro de un jardín para recrear la vista. Y esto ha de ser acomodado encima de un cenador, el cual sea hecho con unas columnas de piedra y entre ellas ha de haber una, que sea agujereada desde alto abajo, que se le acomode dentro un caño de plomo, el cual suba en lo alto y el agua que ha de servir para esto, conviene que ella venga de alguna parte alta25 para que pueda hacer el efecto. Y este cenador ha de ser hecho en ochavo o en se[/]savo, con su arquitrabe y friso y cornisa, para que tenga gravedad. Y el suelo de este edificio conviene que él sea llano, para que se acomode en ese cielo una invención que parezca que llueve cuando se querrá tomar un rato de pasatiempo. En especial, cuando hubiere algunas damas de ver que está en cubierto y se mojan no lloviendo. Y antes de esto, se puede acomodar en las cornisas, de tal modo que venga a caer Ufol. 136r] a la redonda un paño de agua. La cual invención ha de ser como aquella de la escala. Así convendrá hacer a la redonda una canal en la parte de arriba de la cornisa, y conviene que estén tan finamente puesto a nivel para que ellas no levanten más las unas cornisas que las otras. Y hase de hacer encima de este edificio un medio redondo o una media naranja, que el vulgo suele nombrar. Y esto es para que ello sea más disimulado, que cuando se quería hacer que parezca que llueve con subir arriba el agua, irá a dar en el cielo y irá a caer encima de la mesa. Conviene haber sus registros para que haga hacer su efecto, y así haráse caer la agua a la redonda y tendrá encerrado dentro los que estarán a la mesa. Y también se puede acomodar, que en la misma haya un surtidor, el cual ha de ser para lavar las manos, estando a la mesa. Y puédese amerar el vino estando a la mesa. Y puédese hacer mojar los que estarán a ella, que con los pies, el que sabe el secreto, podrá hacer variar estas gentilezas con sólo. De modo que se puede acomodar en el suelo unos surtidorcillos que mojarán a las damas que estarán a la mesa. Y esto se ha de [¿zjcomodar debajo de unas céspedes, para que sea más disimulado la cosa, y los céspedes han de ser con yerba. Y más, haráse que de agua, de modo que se hallen en el medio del agua. De modo que todo este secreto esté o debajo de esta mesa o encima, que con volver una llave que parezca una jeta todos estos efectos. Así que conviene acomodar tantos caños de plomo cuantos eran los efectos que se querrán hacer que haga el agua en el suelo. Cuando se querrá acomodar surtidores debajo de los ladrillos, que salgan entre las juntas o debajo de algún enlosado, Ufol. 136v] que por entre las juntas o entre yerbas, como mejor parezca a cada uno. Y podráse hacer unas gradas a la redonda para que tenga más gravedad este cenador. Y si se quería hacer que el agua que cae del cenador, que haga otro tanto a la redonda abajo. Y la grada más alta ha de ser levantada algún tanto más que el mismo suelo, a causa que henchiéndose de agua, tenga en qué detenerse algún tanto para hacer muy mejor el efecto. Por ser esto muy más disimulado, convendría hacerlo en un pedazo de prado, porque se podrán muy mejor las damas, que cuando muy más descuidadas estarán asentadas en conversación, que suelten los surtidorcillos y que levantándose para huir de ellos, se hallen rodeadas de agua, por donde habrá mayor risa y regocijo en esta conversación. 25

Repetido: y la agua que ha de servir para esto, conviene que ella venga de alguna parte alta.

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Y porque es esta materia de agua, hela puesto. Yo no estaré contando el modo cómo se han de hacer los surtidorcillos, pues entiendo que no hay jardinero que los ignore el modo cómo se han de acomodar. Dejo de otras invenciones que para esto se podrían acomodar. Y en esto, lo que más necesario es que el agua venga de muy alto para hacer todos estos regalos para regocijarse en ello. Esta invención del edificio se hallará cuando se tratará de los pozos. En ese libro se hallará esa invención de edificio. Pues se ha empezado a tratar de los jardines como cosas de contento y de regalo, que son las pesqueras en ellos o viveros de pescados, los cuales son de mucho detenimiento para la vista de los que están un rato holgándose en ello, de ver los peces cómo vienen jugando los unos con los otros. Mayormente, cuando se les echa alguna Ufol. 137r] cosa de comer dentro de la pesquera. Es cosa muy averiguada que cuando se quiere hacer una cosa semejante, que conviene que se ponga en lugar cómodo del jardín, como sería en el medio o cerca de algún cenador, que estando en el medio del jardín, se goza de todo. Y que estando cenando o holgando, desde allí se vea el regalo y la recreación del agua, y de los pescados el regocijo que llevan entre sí mismos dentro del agua. De modo que es una muy grande delectación, en especial para personas extranjeras. Para hacer un vivero o pesquera, cavaráse dentro de la tierra, en tal modo que el agua no se trasvine o trasmine, ni tampoco calentar, en tal modo que dañe a los pescados, que por causa del demasiado calor. Ni tampoco sea en parte que se venga a helar, por causa de los grandes fríos, porque helándose causa muy grandes detrimentos en los pescados, aún mucho más que no hace la calor. Porque vemos, que al tiempo que empiezan las calores, que los pescados se demuestran más en ese tiempo que en ningún otro del año. Y vénse en aquella sazón regocijarse mucho más que no hace en el tiempo que hace frío. Débese cavar en estos viveros a los costados y hacer algunos agujeros para que los pescados tengan un amparo, cuando sienten algún ruido. Conviene que las aguas de los viveros o pesqueras sean ordinarias a entrar y salir, por causa que no se corrompan. Las aguas, por estar quietas, suelen mudar color y hacerse muy verdosas. De modo que los pescados suelen antes padecer calor que no hacen los fríos y hielos, que los hace morir. Y ellos se suelen holgar con las calores de mediodía o del sol de mediodía, dentro de estos viveros Ufol. 137v] que se hacen dentro de los jardines. Débense rodear con paredes a la redonda, las cuales sean de piedras grandes y hacerle a la redonda sus paseadores, que sean muy anchos, con sus antepechos para recostarse para mirar los peces. De modo que es necesario que ello sea muy hondo, porque cuanto más honda fuere la pesquera, tanto menos se hiela y es muy mejor a los pescados, ahora sea el agua de fuente o de río o de mar o de lago. Y en estas pesqueras, en alguna se suele acomodar para poderlas vaciar del agua que tienen dentro, el cual llaman desaguadero. Por causa que se quiere agotar toda el agua, se debe acomodar en el desaguadero una plancha de alambre o de latón, la cual sea agujereada de unos agujeros que sean muy menudos para que pueda salir el agua y no los peces, aunque sean pequeños. Y asiéntasele una portezuela, en tal modo que no pueda salir el agua, la cual llaman botana, que viene a encajar dentro de unas piedras muy justísimamente, en lo alto. Se debe hacer que salga la agua, así como entra y si no se le hace que salga ordinariamente, siempre muda color [247]


TOMO

II

y, a veces, no saliendo, se convierte encima del agua una materia verdosa, a modo de estopa verde. Y esto lo causa el agua cuando no corre. Los viveros que se suelen hacer en las partes marítimas y en las partes que son cenosas, se crían muy mejor un género de pescados que no otras, en especial los pescados que son anchos y delgados. En las tierras arenosas se crían muy mejor las conchas y tellinas y otros de esta misma calidad. Y otros se crían muy mejor muy dentro en mar, como son las doradas y las lampugas y otros semejantes pescados. Y muy mejor se crían entre piedras otros géneros Ufol. 138r\ de pescados. De modo que los viveros de mar, donde es la mar muy baja y en tierra muy laña, hay ahí buena disposición de poder acomodar un semejante vivero. Y estos se hacen cavando dentro de tierra y en lugar que sea recogido y que no le pueda entrar la mar por una sola parte. Y que por aquella parte donde entra, se pueda cerrar con una estacada y con mota de tierra y, también, poderla abrir al tiempo que los pescados van en fuga o que pasan para juntar con las hembras, cuando se allegan a tierra al ayuntamiento. Y déjase abierta por espacio26 de quince días o un mes, según la calidad de la tierra y de los pescados. Y después, se debe cerrar y así quedan los pescados de mar encerrados por donde se puede, después, pescar. Y dentro de estos viveros, con grandísima seguridad, pescar, porque en ellos no hay tormenta, ni menos ha peligro de corsarios de mar. De modo que conviene escoger que el lugar, donde se han de hacer, sea bajo, que con cortar la riba que junta con la mar, que pueda entrar la agua. Y después que el lugar será llano, se debe cerrar al tiempo ya dicho. Y son ellos de largo un cuarto de legua o más, y hay de ellos que son de una legua de largo y mucha más, según la disposición del lugar y asiento. Y no se suele cortar más de cien pasos o a lo más d o s c i e n t o s , y más y menos, según el grandor del vivero. Y cávase muy poco hondo, por causa que no entre demasi[¿z]da agua que anegue mucha tierra. Y por esta causa, suele haber entre la mar y la tierra o seto, el cual la mar ha ido cargando con las cosas que trae a tierra la mar. Ufol. 138v] Así se ha ido levantando la tierra. Y esto se halla ordinariamente en los lugares llanos, donde la mar no halla resistencia, ni cosa que delante se le entreponga. No hace ninguna resistencia en ello, y hallando la tierra llana donde viene[«] a morir las olas, no hallando en qué toparse para haberse de quebrantar, así deja ahí cuanto trae a tierra. De modo que en estos lugares se puede con facilidad entrar la mar, y hallarán que en estos tales lugares se puede entrar un cuarto de legua, que no habrá hondura de agua, que no da más alto que a la rodilla. Y estos tales lugares son cómodos para viveros para pescados de mar.

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Repetido: por espacio.

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LIBRO OCTAVO De las diferencias que hay en el27 llevar de las fuentes

S

i se ofreciese haber de llevar una fuente por donde no se pudiese llevar, por

algunas sierras que fuesen muy ásperas, y esta agua se había de llevar para algún pueblo, de modo que en el camino se halla una peña muy grandísima, en tal manera que no es posible pasarla, que ella es casi como cortada de alto abajo, por donde esta peña impide que no se pueda llevar y, por esta causa, se dejase de llevar la tal agua, por razón que no hay modo para poder acomodar camino por ninguna otra parte, así acequia como caños o arcaduces, por causa que la peña es tan lisa como se ha dicho. Mas, al fin, he considerado un modo, aunque hacerlo será algún más gasto y aún habrá algún peligro. Y este peligro no es que el agua se haya de perder, ni aunque el orden que se dará haya de faltar con facilidad o tan fácilmente, antes bien, que digo que ello será cosa muy durable que en ninguna otra manera. Y para que se entienda mi intención y el modo que en ello se ha de tener, conviene que después que se habrá traído el agua hasta no la poder llevar más, por causa de la peña y, llegando a eso, convendrá usar de artificio, como suelen hacer aquellos que sacan halcones de las peñas que son muy altísimas. Y para haber de hacer este remedio, cuando ello no fuese tanto ni tan incómodo que no se pudiese hacer, convendrá hacer una o dos gavias de las que acostumbran para limpiar las iglesias, o más, según se hubiera de hacer mucha o poca obra. De modo que convendrá descolgar abajo unos hombres que sean piqueros o canteros para que hagan unos agu- [//o/. 139v] jeros para aquel trecho de la peña por donde se pretende que ha de pasar. Y que estos hombres piquen en la peña unos agujeros de dos palmos de hondo. Y estos agujeros se han de llevar los más derechos que ser pueda con la línea del agua, y que sean anchos otros dos palmos, aunque no importará mucho que sean algún tanto más altos los unos que los otros, que importa harto poco. Los agujeros débese tener cuenta, 27

Repetido: en el.

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TOMO I I

en ellos, de cavarlos en la peña, de tal modo que puesto adentro una cosa cuadrada que el cabo que entra dentro vaya algún tanto para abajo y el otro cabo que mire para arriba. Y esto es para más seguridad de lo que se ha de hacer. El monte por donde se trae el agua es A, las peñas B, las canales C, los premodos D, y donde vuelve a salir de las peñas es E. El cabo que queda de fuera de estos agujeros se han de hacer apartados los unos de los otros doce palmos o nueve pies, y estos cabos de maderos han de ser de roble o de encina. (Figura 105) Y ellos [//o/. 140r] no han de ser más largos que cinco palmos. Y estos maderos han de ser algo más alto a la parte que queda de fuera de los agujeros por respecto que, puesto aquellas canales con los arcaduces, no puedan caer por causa de algún viento o piedra que cayese de alto y le diese no los haga mover. Figura 105.

Esto que yo llamo aquí canales han de ser unos maderos de roble cavados en el medio como canales para que se puedan asentar dentro los arcaduces por donde ha de pasar la agua. Y los arcaduces de barro o de plomo se habrán de embetunar antes de asentarlos encima de los premodos. Convendrá que los arcaduces sean anchos, por causa que pueda pasar el agua libremente por ellos. Y será necesario que ellos estén muy bien encajados, los arcaduces dentro de estas canales, que no se puedan mover. Y después de haber asentado estos maderos cavados, convendrá cubrirlos con unos tablones de la misma madera, y dejar, donde juntan, un poco por cubrir, para poder reconocer si se pierde agua o no. Y esto ha de quedar obra de un palmo abierto de los tablones. A cada junta ha de quedar esto abierto, excepto las dos piezas de los cabos, hasta haber pasado las canales toda la peña. Y el quedar las piezas abiertas [er] para poder embetunar las juntas y para reconocer si el agua viene a faltar o no. [250]

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Libro Octavo

El madero que entra en la peña es F. (Figura 106) Vfol. 140v] El madero cavado, que tiene los arcaduces dentro, es G, y el canto de arriba es H, y los arcaduces es I, y el madero que está cubierto es K. El tablón que tiene encima y el pedazo que cubre las dos juntas [de] las canales, que están puestas encima de los promodios, es M. (Figura 107)

Convendrá tener cuenta con los maderos que se cavan para poner los arcaduces, de no los cavar a más de la mitad, para que le quede cuerpo para que no venga a hacer algún movimiento, en discurso de tiempo no viniesen a doblarse por causa del grande peso. Los maderos que se afijarán dentro de la peña convendrá que ellos sean dos palmos de ancho y dos de alto. También se podrá hacer servir las canales sin arcaduces, mas será necesario, donde ellos se vienen a juntar, convendrá embetunarlas muy bien a causa que no se vierta el agua. Podráseles hacer donde encajen las unas con las otras, y ellas no han de estar arrimadas, por causa de las aguas se podrían pudrir las maderas, de modo que cuanto más fueren cortos los trechos, tanto más serán durables las canales, por estar la fuerza de la madera más unida. Esta cosa podráse hacer sin arcaduces, como se ha dicho, por donde se aliviará del peso y del gasto, aunque no fuese [/fol. 14Ir] más de quitar el gasto de los arcaduces, y el asentarlos, y el gasto del embetunarlos, aunque no fuese más del peso en haber de moverlos y la mayor ligereza de la obra. Convendrá asentar las canales, que sean asentadas muy derechas y que ellas estén asentadas a nivel, porque de otro modo quedará mucha abertura entre ellas. Convendrá embetunar todas las canales con pez y Mzufre mezclado, que a veinte libras de pez, cinco de azufre. Y con este remedio conserváranse mucho tiempo las maderas. Convendrá tener cuenta que el agua no se pierda, que donde hay tantas juntas no podrá ser que el agua llegue, de una parte a otra, por causa de [251]

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TOMO I I

no estar tan bien embetunado como convenía que estuviese, y que hubiese hecho el gasto en balde y el trabajo perdido, de modo que quisiesen poner sólo canales convendrá hacerlos de muy buena madera. Podríase hacer caños de madera redondos, los cuales fuesen 'barrenados, como acostumbran barrenar las escopetas los escopeteros. Y conviene barrenar estos caños con un mismo modo de artificio, excepto que todo ha de ser mayor, así el artificio como las barrenas. Que estos caños han de ser de doce hasta catorce palmos. Las barrenas no es necesario que ellas sean con mango largo, no digo el manil donde ellas se vuelven, digo el astil donde tienen el cabo las vueltas de la barrena o cozadura de ella, que tan sólo ha de ser las vueltas hechas en una pieza para que se pueda encajar en un astil, como hierro de lanza que se asienta en la lanza. Y después de ser barrenados convendrá hacerla al torno, que se puedan encajar el uno dentro del otro, como suelen llamar macho y hembra, como aquí abajo irán señalados cómo han de ser hechos los engastes que entran del uno al otro y cuándo se habían de encajar el [/fol. 14lv] uno dentro del otro. Se podrían embetunar a la redonda de la hembra y del macho, y el betún que sobrase se podrá quitar con una argolla de hierro, la cual esté encajada o afijada en una asta que sea más larga que el caño, aunque la argolla no ha de ser de tanto redondo como el caño. Y ha de ser un poco ancha, y ha de ser, a la parte donde está encajada en la asta, que sea casi como cortante, que metiéndola dentro del caño, que pueda sacar el betún del caño, que habrá sobrado dentro. Y con esta invención no quedará dentro del caño cosa que estorbe al camino a la agua. Los caños han de ser en esta forma: la A es el medio, para que se vea como han de encajar. La B es donde (Figura 108) encaja dentro de otra pieza, como es Figura 108.

la D, que entra en C, que es el caño E. Y el caño F es solo por demostrar la hembra H, como está. Y la G es la argolla que limpia el betún que sobra (Figura 109) dentro de los caños. Así que estas cuatro figuras he puesto para mayor inteligencia de esta materia. Figura 109.

Lo que se había de demostrar primero, que era el instrumento con que se había de bajar para haber de hacer los agujeros dentro de la peña, es el que se seguirá. Aunque otros habrán de ser puestos antes de este, por causa de donde se había de firmar este instrumento, y el otro con que se había de subir el instrumento donde haya bajado el Ufol. 142r\ hombre para hacer los agujeros en la peña, aunque muy poco va en ello porque es necesario primero tratar la ma[252]


Libro Octavo

teria, que no es los instrumentos o instrumento o máquina con que ha de bajar el hombre. Ha de ser en esta manera: que el hombre pueda estar dentro sin tener ningún temor y muy a su acomodo para poder trabajar. Haráse una armadura de una madera que sea de veta derecha, sin nudos, y que esta armadura sea de cuatro palmos o más de ancho y seis de alto. Y la madera para esto ha de ser de álamo, por razón que es madera que tiene mucho nervio o correa y más de esto es ligera, o de pino. Y esta máquina, que el vulgo llama grúa o gaula, la cual ha de ser muy bien ensamblada. Las piezas han de ser de tres dedos de grueso con muchas traviesas de las unas piezas a las otras. Y en el suelo ha de ser todo de tablas, y en los ángulos ha de haber sus lañas de hierro que cogen las dos partes. Las lañas del suelo han de travesar de parte a parte y que cojan los dos ángulos del suelo de la gato o gavia. Las del suelo han de ser muy bien enclavadas, como conviene, y ellas han de alcanzar de la una pieza a la otra, como se ha dicho. Y, después, conviene poner arriba otras que cojan de un cabo al otro, y después, en todas las traviesas. Aunque estas no sean grandes no importa. Esta máquina, en la parte que irá hacia la peña, será de alto hasta la cintura del que habrá de trabajar, y aún algo más. Y en la parte de atrás habrá de ser tan alta como es el hombre, hasta lo más alto de las espaldas. Y los dos costados [/fol. 142v] han de ser de ancho cinco palmos o más con sus traviesas, y estos costados han de ir cerrados de tablas y lo mismo las espaldas. Y con estas cuatro piezas de los cantones, en lo bajo y en lo alto se le ha de afijar unas anillas de hierro, muy bien puestas, por causa que en las bajas se le pueda colgar un peso que tenga quieta esa gata, que no ande bambaneando 28 , el cual ha de ser una grande bola de plomo con una sortija en el medio para poderla colgar en aquellas cuatro sortijas con unos cabos de cuerdas. En la parte de arriba se le ha de poner otras cuatro anillas de hierro, con sus lañas muy recias, para que se pueda tener colgada esta gata o gaula o gavia, como el vulgo la llama, llámenla como quisieren, pues ella haga el efecto de lo que se desea. Y dentro de ésta se le debe acomodar, para que el hombre pueda descansar del trabajo, débese acomodar, en esta gavia, un tornico para que el hombre pueda levantar o bajar la gata. Débese asir en las cuatro piezas de los cantones cuatro pedazos de cuerda de muy buen cáñamo, los cuales han de ir asidos a una argolla de hierro grande, la cual ha de estar asida a la maroma que tiene colgada esta máquina. Y en esta maroma se le ha de atar otra sortija, más arriba de la que tiene asido aquellos cuatro cabos de cuerda, y en esta sortija ha de estar asido una polea, la cual polea ha de tener dos garruchas dentro de sí. Después de esto se ha de tomar dos pedazos de cuerda que sean largos, mucho más que no son los de las cuatro sortijas, y estos dos pedazos han de pasar por aquella polea que está VIfol. 143r] asida a la argolla. Y después de pasados por estas dos garruchas, hanse de asir estas dos cuerdas en las dos sortijas que están en la parte de delante. Y en la otra parte ha de estar otras dos poleas por donde han de pasar estos dos cabos de cuerda, los cuales han de ir asidos al torno muy bien afirmados. Y como estos dos cabos de cuerda, los cuales han de ir asidos al torno muy bien afirmados, y como estos dos cabos de cuerda, volviéndolos en el tornico se subirá tres o cuatro palmos y más, según la necesidad que tendrá el hombre de subir o abajar, que volviendo el mismo hombre el torno, y ponerle conforme a como lo tendrá necesidad de poner. Este torno ha de estar 28

Por:

¿bamboleando? [2531


TOMO I I

Figura

168.

Esto entra a la gata d e la bola baja.

acomodado en la gata, a las espaldas del hombre que trabaja, y porque no hay lugar mas conveniente que es en este lugar. Los brazos que suben es A B C D, las argollas o anillas es E F G H, el peso es I, las anillas es K L M N, la argolla donde van asidas las cuerdas es O, la argolla tiene la polea es P, la polea es Q, las otras dos poleas es R S, las cuerdas que pasan por las poleas es T V G X, las [254]

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que van en el tornico Z y el tornico es29. Los palos con que se vuelve es 9 las traviesas es 1,1,1; las segundas es 2,2,2,2; las terceras es 3,3,3,3; las cuartas 4 ) 4 ; 4 j 4 ; de modo que el instrumento es acabado. El peso conviene que pese mucho para tener que no se ande bamboleando la gata, gavia o gaula, las cuales han de ir enclavadas. Y esta máquina ha de ser de seis palmos de largo. Y en los ángulos se le debe poner sus anillas, así abajo como arriba, para colgar un peso que tenga la gata firme, en el modo que conviene, para que no vaya bamboleando. Y arriba ha de haber también [//o/. 143v] (Figura 110) cuatro anillas por donde se pueda colgar esta gata, que así la llama. Y esta gata ha de ser tan alta cuanto es un hombre de alto. Y en la parte donde ha de estar el hombre, para trabajar, ha de ser30 alto cinco palmos para que pueda bracear, para Ufol. 144r] hacer su trabajo. Estas cuatro piezas, que suben de abajo para arriba, son las que reciben todo el trabajo, y en las cuatro sortijas ha de estar asido cuatro pedazos de cuerda que vayan asirse en una sortija grande, donde se ha de asir una cuerda que sea de muy buena groseza, que ella pueda sustentar el peso de la gata y hombre y otras cosas que hombre tendrá necesidad. Y, demás, ha de hacer en esta máquina para tener cosas de comer y de beber, para no haber de estar a castigo de cuando se le querrán abajar. Débese cerrar las tres partes de la gata de tablas a causa que tenga más seguridad y menos temor de esta máquina. Conviene que ella sea bien entendida para ser ella algo dificultosa. Y con palabras no se puede explicar como conviene. Acomodar en esta gavia un tornico para que con él se pueda subir tres o cuatro palmos, para que le venga acomodo para el trabajar, de modo que conviene tener en ella mucha cautela en el saber colgar esta gavia para que suba y baje. Para que se acomode ese tornico conviene que después de haber asido los cuatro pedazos de cuerdas en las anillas o sortijas de la gata, y asidas en aquella sortija grande, donde han de estar asidas las cuatro cuerdas y la maroma que tiene todo el peso colgado. Y en la maroma convendrá atar una sortija o anilla, unos seis palmos mas alta que la que tiene los cuatro cabos de cuerdas. Y en esta sortija se le ha de atar una polea por donde han de pasar unas cuerdas, las cuales han de estar asidas de arriba, donde están asidas de las otras cuatro sortijas los cuatro pedazos de las cuerdas, de modo que estas otras han de estar Ufol. 144v] pasadas, después de asidas, por la polea, y han de venir al tornico para que, volviéndole, se pueda subir o bajar. Toda esta máquina ha de estar guarnecida de sus lañas de hierro que coja todas las piezas de la dicha máquina de la una parte a la otra y muy bien enclavadas. Esta máquina, la cual algunos la llaman gata, otros la llaman gaula y otros gavia, cada uno le ponga el nombre que mandaren, pues ellos la sepan acomodar para que haga el efecto por lo que ella ha de servir. De modo que cuanto más se va considerando una cosa, tanto más se halla en ella que aumentar en ella y, también, que enmendar. Así conviene que declaremos más esta invención, digo cuanto al subirse y bajarse el hombre que estará en la gavia. No se ha de entender que subirá hasta donde empezó de bajar, aunque ello se podría hacer cuando fuese acomodado. La maroma en que está atada la gata, en otra ma29

No se ha identificado el signo que aparece en el texto.

30

Repetido: ser. [255]


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ñera bien se podrá hacer, mas mi intención no es más de que, bajado hasta llegar donde ha de trabajar y, porque no esté donde en que le suban o bajen algún tanto más de lo que es menester, he buscado este modo para que el mismo hombre se pueda subir cuatro o seis palmos para acomodarse a su ejercicio. Y la invención es la que se sigue: la L es la maroma en que cuelga la gata. Y don[256]

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de es la primera sortijas es A, la cual está asida en un nudo de la maroma L. Y a la anilla A está colgada a la polea B, la cual tiene dentro de si dos garruchas por donde pasan las dos cuerdas que van dobladas, que es K K K K. Y la C es la segunda sortija, la cual tiene [//o/. 145r\ asido en ella las cuatro cuerdas D, las cuales están asidas a las cuatro anillas I I I I. Y las cuerdas K K K K pasan por unas argollas que están firmes, que es E E E E, de los dos cuales cabos son asidos a las dos sortijas G G, y las otras dos pasan por las dos poleas F F y van asidas al tornico H. Y el tornico H tiene dos palos, M M, para volverle a la redonda, de manera que el hombre que irá dentro de esta máquina podrá, él mismo, subirse desde la D hasta la B sin que nadie le ayude, ni estará dando voces que le suban algo más. Y con esta invención se podrá servirse de ella a diversas cosas, aunque el subirse, abajarse, él mismo, parecerá dificultoso, lo cual no es. Y por la misma invención se puede el mismo hombre subirse, él mismo, y bajarse como se ha dicho. De lo poco podrá hacer lo mucho, aunque convendrá añadir una poca más invención para que pueda, muy más cómodamente, subirse y muy mejor sería acomodarle la visinfin, que ningún otro instrumento, por causa que aunque el hombre se canse en subir o bajar, puede descansar, que no socorrerá punto la cuerda más de cuanto será moviendo la visinfin. Y con este instrumento se puede subir y bajar cualquier peso por grande que él sea y con muy grande descanso. Tanto más se considera una cosa, tanto más se va perfeccionando. Esto dígolo que no había menester poner las dos anillas G G, por razón que abastaba que en la anillas E E se ataran aquellos dos cabos de cuerda, y que las dos poleas F F estuvieran donde están las dos argollas o anillas G G. Haya de estar las poleas en G G. Y en este modo estará muy mejor de lo que está dibujada esta máquina. Para haber de bajar esta máquina convendrá tener en lo alto de la peña, asentado, un ergate o torno, aunque es diferente el ergate del torno, aunque los dos sirven a una misma cosa y hacen un mismo efecto. El ergate [//o/. I45v] A es el que se vuelve a la redonda, andando alrededor, el cual coge y descoge a un mismo tiempo la sirga E. Y donde se vuelve es B. La armadura es D, que tiene el ergate. En la parte H H son dos maderos o vigas hincadas de delante. Para tener el armadura que no resbale, (Figura 111) para delante, el madero K, hase de enterrar dentro de tierra, delante, la viga I. La cual tiene la armadura asida con la cuerda M, al principio de la sirga F. Y al fin es L, donde juega sobre el perne G, el ergate. Y cuando se enterrara el madero K, será menester ir mojando la tierra y después irla maceando, como hacen las tapias, para que ella esté más firme. Ufol. 146r\ (Figura 112) Esta es la máquina que llaman ergate, el cual no sirve a levantar pesos en alto. Con éste traen las naves en tierra para aderezarlas y, con este instrumento, se tiran grandes pesos de una parte a otra. (Figura 113) Este es el instrumento llamado el torno, aunque debajo de este nombre hay muchos instrumentos que el vulgo llama debajo de este nombre. Ufol. 146v] El torno es máquina que conviene cargarle encima grandes pesos por razón que con él se levantan pesos en alto y también se bajan. Y porque se levantaría también el torno, con el mismo peso, y por esta causa conviene que ello se cargue con algunas piedras que sean grandes. Y este instrumento puede servir, como [257]


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Figura

112.

sirve el ergate, aunque convendrá acomodarle una polea para pasar la cuerda, para que camine muy mejor. Con estos dos instrumentos, cualquier de ellos, es necesario que un hombre esté a la parte de atrás tirando la cuerda primero, aunque con ella no tiene trabajo porque pasa por una polea que en ella va doblada, a causa que como va cogiendo el cabo L y descoge. Y si no hubiese quien tuviese el cabo, no se podría hacer nada, por causa que aflojaría y no aprovecharía nada cuanto los hombres fuesen rodeando el ergate o el torno. Es necesario no estirar, mas de sólo tener que no se afloje la cuerda. Y cuanto a esta materia harto largo se ha tratado de ella. Figura 113.

Hase tratado el modo del llevar del agua y con qué materia se pueda pasar. Y también el modo que se ha de tener para bajar a trabajar y cómo se podrá, y cómo, él, se puede subir y bajar variando de la invención de las cuerdas, que con solas dos cuerdas, que serán cuatro cabos, K K K K, y ellas estén vueltas a la redonda del tornico, y cuando se quiera bajar, que esté en su mano, y lo mismo subir, como la figura lo demuestra.

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Aunque esto se podrá hacer en diversos modos, hame parecido que éste es el más seguro, lo que está dibujado, y más firme, y que en ello no ha de haber ningún temor el hombre que en ello bajare, que no es más de perder el temor, y con dos o tres veces que bajare lo perderá, sino fuere del todo pusilánime o tan desvalido que en el no haya espíritu de vida. Lo que más a mí me parece dificultoso es el entrar y salir de la [//o/. 147r] gata. Y también se dará la orden para ello, para que sin peligro y sin temor se pueda entrar y salir en este instrumento. Convendrá hacer, para entrar y salir del instrumento o máquina, que se haga una armadura de dos maderos, que ellos sean largos de treinta palmos de largo. Los cuales han de estar armados a los dos cabos, muy bien ensamblados con otros dos o tres traviesas que los tengan muy bien asidos, los unos con los otros encajados, y muy bien enclavijados, como conviene que ellos estén para un tal efecto. Y las clavijas han de ser de encina por causa que son mejores, y ellas han de ser cosa postiza, que se pueda quitar y poner, por causa del armar y desarmar esta armadura, por causa de la aspereza del lugar. Y convendrá hacerle después de haberle armado. Conviene que sea de ancho, a lo menos, diez palmos, por causa de bajar y subir cómodamente. Y a la parte de afuera de la peña, hacia lo hondo, convendrá poner dos piezas de madera que suban en alto, a lo menos, doce palmos. Encima de estas piezas que haya una que traviese a modo de una armadura de puerta o aro o bastimento de puerta, las cuales dos piezas, que suben derechas, han de ir encajadas dentro de los maderos y han de ir enclavijadas muy bien. La cual armadura será en esta manera que va aquí dibujada. La armadura es A, es la que firma en el suelo. La B es un pedazo de suelo más hacia fuera de la abertura por donde ha de bajar la máquina, donde va dentro el hombre, que es N. Y el antepecho que irá a la redonda de esta abertura para que el hombre al entrar y al salir de la gata y también servirá para ponerse alguno a escuchar lo que demandará el hombre. En esta máquina pueden estar dos hombres, mas no se debe bajar sin tener aquel peso colgado en el suelo de esta máquina, que es O y P. Los dos maderos que suben derechos es C C, Ufol. 147v] y la traviesa que ase las dos piezas es D. Y el madero que va encima es E, el cual tiene dos garruchas que es F G. Y la maroma que pasa por ellas es M. Puédese torcer el madero en manera que se podrá hacer dos agujeros, cada vez, sin mudar la armadura. El cabo es H, que vuelve, primero, antes de ir en el torno K, el cual tiene sus pies I I. Y los palos para volver a la redonda son L L L L. Y en la parte Q es menester cargar algún peso para que esté firme y que no se pueda mover esta armadura. Y donde cae la H bien se pudiera acomodar una polea. Mas, por cosa más firme y muy más segura, me ha parecido poner aquel madero redondo que sirve en lugar de polea, en el cual andará la cuerda más segura. Y así será acabada esta máquina. Mas quiero volver a repetir que el peso que irá colgado debajo de la gata, que él sea de plomo, porque él hace menos bulto. Y lo que ha de pesar, a lo menos, un quintal. Y si fuera más peso tanto más firme la tendrá, que no se vaya bamboleando esta gata o meneándose mucho. Podráse bajar dentro de este instrumento un gancho, con su vara que sea muy larga, para poderse asir a alguna mata o alguna resquicia o agujero de la peña para poder estar muy más quieto y, aun, para alguna cosa que le hiciese molestia en no dejar llegar la gata a la peña. Y para poderse asir con el gancho ligarle, ha, a las barras de las sortijas o en otras muchas partes en la gata. Y, con él, podráse mudar, con facilidad, esta armadura poniendo unas [259]

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bolas encajadas por debajo, que se puedan volver a toda parte, con poner tablas gruesas por donde están las bolas. Y, así, se podrá mudar con facilidad esta armadura poniéndole unas bolas, encajadas por debajo, que se puedan volver a toda parte. Figura 114.

Ufol. 148r] (Figura 114) De todo hemos tratado y "no de lo que harto importa, que es el modo cómo se han de hacer los agujeros que vayan derechos, siguiendo la línea del agua que se ha llevado hasta el canto de la peña. De modo que conviene el ir borneando, no se puede hacer, pues, pensar de nivelar menos. De modo que es harto dificultoso por causa que la peña que no va derecha, que es lo uno, y, lo otro, de poder hallar modo del llevar derechos esos agujeros que se han de hacer. El mejor modo que me parece que hay en esto, y se podrá hacer, es tomar una regla que sea tan larga que a lo menos sea de largo de dieciséis palmos hasta dieciocho, la cual tenga, en el medio, asentado un nivelico, y se ponga al final de la línea del agua, y que el mismo que ha de hacer esto, a la parte donde él está, que es hacia él, y es que cuelgue la regla, al canto, con un cordel, pues tiene él seis palmos de lugar para poderse valer y poder mirar si el nivel, si es justamente en la raya del medio del nivel. Y la regla tenga aquel cordel como tengo dicho, en tal modo que envolviendo en una clavija de hierro que esté puesta en un cabo de la armadura o gata, que envolviendo aquella Ufol. 148v] clavija de hierro que esté puesta en un cabo de la armadura o gata, que envolviendo aquella clavija de hierro, que suba o baje hasta estar como conviene la regla con el nivel. Y, entonces, señalar, viendo que el plomo o cateto está en la línea de la rectitud. Y de este modo podrá ir procediendo, de mano en mano, hasta llegar al caño. Y tenga esta advertencia el que midiere, que antes que vaya descendiendo la línea, que no ir subiendo arriba. Aunque en el asentar de los arcaduces o caños se puede remediar mucho esta falta, y si subiere para arriba no puede haber el remedio con tanta facilidad. El modo de esta regla o nivel es el que se sigue abajo. (Figura 115) Figura 115.

©

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Bien se que alguno me podría decir que para evitar trabajo que sería muy mejor que fuese uno de la otra parte de la peña y que, desde ahí, que bornease. Digo que no se puede hacer por causa de que la peña no es derecha, ni a peso ni de ancho, y, lo otro, que no habría el modo de poderlo hacer. Es cierta cosa que no se buscaría tanto artificio para haberlo de acomodar y, más, que el que lo ha de hacer en la peña, digo que muy mejor lo hará esto el que ha de hacer los agujeros, y no lo podría hacer por la instrucción del que le enseñase, porque podría ser el trecho tal que, ni lo uno ni lo otro, no se entendiese, ni aun se oyesen, cuanto más que nunca la podría llevar derecha esa línea. Esto no se ha de entender tanto de los agujeros cuanto del asentar los arcaduces o caños. Y digo que jamás se podría llevar derecha por causa que las cosas que están salidas unas veces serían altas y otras V/fol. 149r] bajas. Y lo mismo sería de las cosas que fuesen hondas, tomarían la misma dificultad que las altas por razón de ser aparte el bornear y, en especial, si estuviese más alto el que bornease, toda la línea iría al revés de lo que ha de ir, y lo mismo de lo que estuviese más bajo, de modo que nunca se podrá hacer cosa buena, ni nunca, ni jamás, ven-

han venido a la memoria, hame parecido éste mejor y muy más fácil, aunque se podrían hallar otras muchas que servirían a lo mismo. Que en el medio de la máquina se haga un agujero cuadrado en el antepecho de la gata, o poner una laña de hierro cuadrada y enclavarla para poner este instrumento que va aquí señalado. La regla que ha de nivelar se le habrá de poner un plomo, y señalar en un pedazo de tabla que esté fijada en la regla. Ha de tener señalado la línea de la rectitud, en ella, en la cual es el A. Y se asienta (Figura 116) en el nivel B. Y hase de tirar esa raya tan larga cuanto será menester. Y el pesico F pasa por la tabla C. El pie donde firma todo esto, que es D, el cual juega Ufol. 149v] a la redonda. Y el cordel H, que va a atarse en el nivel B, que es E E, este cordel sirve de templador para poner derecho el nivel B. Y donde es la I es una espiga que se va a poner dentro de la gata. El cordel ha de estar tirante, todo lo que se pudiere estirar, por causa que está muy más firme el nivel, que aunque se toque no se mueve punto. Y cuando se quiere poner el nivel fino, entonces, se va volviendo el manil G a la parte donde se quiere hacer enderezar, o subir o bajar, hasta que el plomo, o el hilo, esté en la línea de la rectitud. Y el cabo I se ha de [261]


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poner en la guía, que asiente muy finamente firme, que no importa punto que este nivel no esté muy derecho pues el cordel lo ha de hacer enderezar y ponerle en aquel punto que conviene. Cuanto más se va examinando en una materia tanto mas se halla que añadir y enmendar, de modo que aquel peso que se pone colgado debajo de aquella máquina, que es muy mejor que se asiente en el suelo de la gata, en la parte de arriba, por causa que estará muy mejor que no hará colgado. Y las cuatro anillas, ellas, servirán muy mejor para tener los cuatro cabos de las cuerdas, que ellos se liguen abajo y después arriba, y anudarlos, por donde estará muy más segura la máquina con tenerla asida por el pie, por causa que tiene en dos lugares fuerza y firmeza. Podráse usar de otro artificio en el traer de esta agua, con que el lugar nos dé el cómodo para ello, digo, que cuando el lugar no fuese muy ancho, que por evitar de no haber de picar los agujeros en la peña, ni menos haber de hacer tantos instrumentos, que cuando el lugar fuese tal de poder variar intención, cuando no fuese muy demasiadamente ancho desde la peña a la otra parte, aunque pocas veces acaecerá que el lugar que habrá de la otra parte 31 o es muy bajo o es muy ancho, por donde costaría mucho más el hacer de las bastidas [//o/. 150r] que no sería el gasto principal del arco que se había de hacer para haber de pasar esa agua. Mas cuando el lugar no fuese muy ancho, que fuese tan cómodo para poder hacer un arco de cantería con su canal, en el medio, de piedra, y con este modo se podría pasar de la otra parte y llevarla tanta distancia como fuese menester hasta haber salido de todo lo dificultoso. Y, entonces, volverla a pasar a la otra parte con otro arco, aunque muy pocas veces se halla tales lugares, ni tan cómodos como es necesario. Y porque no quedase de hacer una semejante obra, por no haber quien hubiese advertido a ello, he querido por solo los que no estarán advertidos a estas cosas de agua, los que las tratan, mayormente cuando el agua es para provecho, en especial cuando es tanta que con ella se pueda regar alguna grande cantidad de tierra. Y por esta razón determiné de poner aquí esta invención. Y supongamos que el agua viene32 traída en firme hasta el primer arco, y hasta ahí llegó el agua que es A, y de ahí no puede pasar más dentro de tierra. Fue necesario pasarla por el aire, a la otra parte, por B, por encima de un arco, de modo que, desde la B, conviene traerla por alguna parte donde haya tierra que pasase todo lo que tenía las peñas F, o más o menos, según el cómodo del volverla a pasar por otro arco desde la C a la D, y hacerla caminar otra vez por el E. Y haciendo esta invención, ella podrá servir muy bien. Y convendrá que en algunos lugares levantar algunos pedazos de paredes, y en otros lugares convendrá picar la peña. Quiero advertir que para nivelar en [//o/. I50v] semejantes lugares si no fuere con nivel de borneo, (Figura 117) porque con el tranco no se puede servir, por causa de los lugares ásperos y breñosos, y más de esto costaría más el ir buscando los rodeos para nivelar con tal instrumento. Y digo que el nivel de borneo es muy más verdadero que no el de tranco, hácense cien faltas en ello. Y, caso que se hubiese de servir con el de tranco, antes yo me querría servir con el nivel de grados, el cual es muy más cierto que ninguno otro de los que se [/fol. 15Ir] pueden servir. Mas este instrumento, 31

Tachado: aunque pocas veces acaescerá.

32

Repetido: viene.

[262]


Libro Octavo

que de muy pocos es entendido y aun muy pocos saben que cosa sea, así que con muy grande brevedad se hace con el nivel de borneo. Y, si caso acaeciese que llevando esta agua se hallase otras peñas, convendrá que se busque lugar para hacer otros arcos con el mismo modo de los otros. Y, si caso se harán arcos para llevar la dicha agua, podráse hacer que sirva también para puente y para abreviar camino y aún para sacar maderas de los montes. Si no sirviere para esto servirá para pasar ganados por ello. Y si, por caso, no hubiese modo para poder hacer arcos, por razón del mucho gasto que para ello se ofrecía, podráse hacer de madera un armamento, la cual será cosa muy fuerte y muy segura y que durará mucho tiempo. Y una semejante armadura la he puesto para cimbra de las puentes de piedra y también para que sirva para puente de madera. Mas, pues el caso lo trae aquí abajo, la formaré para mayor inteligencia, de modo que convendrá hacer dos de estas armaduras que vayan algún tanto apartadas la una de la otra por causa que tenga mayor firmeza. (Figura 118) Ufol. Ulv] Y donde es la B convendrá poner unas piezas que atraviesen de una armadura a la otra para que se detengan en ser las dos y se conserven muy mejor, y para que puedan sustentar la canal A. Y todas estas piezas de este ar[2631


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mamento convendrá que fuesen de roble, por causa que duran mucho más tiempo sin corromperse, y porque no se podría conservar, en si misma, tanta máquina, y, si no, se doblase, digo hacer otra tanta, no se podrá conservar con pie, o sería necesario apuntarla en tantas partes, y aún creo que haría algún sentimiento por razón que, en el medio, no se podría apuntalar por causa de la grandísima hondura que habría en alguna parte. Considerando la muy grandísima falta y necesidad que hay de agua en muchísimos pueblos, y padecen grandísimos trabajos en ello, de modo que me ha parecido de advertir a la necesidad como se puede hacer que de un pozo se puede sacar una fuente viva, que corra el agua ordinariamente, como he visto sacar de ellas en diversas partes. Y, aún, yo quiero advertir que en todo valle que haya llano, donde suelen morir las aguas de las lluvias, que, cavando en aquellos tales lugares, se hallará agua ordinariamente. Mas convendrá cavar un pozo, que ello sea diez o doce palmos de ancho. Y cuando en semejantes lugares no se suele cavar muy hondo para haber de hallar agua, porque estos lugares lo enseñan y lo manifiestan que hay agua, por razón y causa de ver que el suelo es llano de hierbas y muy verde, que es muy grandísimo indicio de haber de hallar agua y de tenerlo por cosa muy cierta hallar agua en ese lugar. En lo de la bondad del agua, así en la color como en el sabor, que no se puede dar verdadera noticia aunque es cosa [//o/. 152r\ incierta saber atinar de qué materia participará esa agua que se sacará. Es más cierto y verdadero indicio que donde hay montes de yeso o de piedra de yeso, es cosa muy cierta que el agua participará de salado o de amargo, aunque vemos muchas veces que hay muy grandísimo engaño en ello, en especial en las tierras arcillenas, o en tierra que se halla a vuelta de ella yeso, o alguna calidad de tierra que participa de greda o de semejante calidad de tierra. Esta materia se hallará en el principio de la obra ya dicha muchas veces. Y, entendiendo las calidades de ella, no hay aquí necesidad de haberlo de volver a repetir. Así que, cavando en las tales tierras, se hallará agua, como muchas veces tengo dicho, de la cual se podrá aprovechar para las necesidades del servicio de los hombres y también de los brutos. Después de haber hallado el agua, y si ella fuere en grande cantidad, entonces, se debe medir la hondura de lo que habrá cavado; iráse nivelando, en tal modo, que venga a sacarla encima de tierra para servirse de ella. Mas, si el agua no fuere mucha cantidad, no se debe emprender de hacer gasto en ello. Y si viere que el agua es abundante y que hay alguna vena de agua viva, será muy [264]


Libro Octavo

grande contento. Y, caso que el agua no pudiese allegar tan puntualmente como sería necesario llevarla dentro de un pueblo, a lo menos llevarla lo más cerca que se podrá llevar; y no será poco beneficio tener un pueblo agua viva. Cierto, es muy grandísima lástima ver en los lugares que son de secano, que no tienen aguas sino de balsas y, a veces, esas son llenas de cieno. Y que para haber de beber, que han de ir tres o cuatro leguas Vfol. 152v] por agua que sea buena para beber. Que en tiempo de sequedad, y que vienen a faltar las aguas de las balsas, y la poca agua que hay en ellas es llena de ranas y renacuajos y de unos gusanillos, y hiede a cieno, que los animales no la quieren beber, cuanto mas las personas. Pues para el servicio de las casas, mayormente el hacer bogadas y otras cosas necesarias al servicio de las casas, y por causa del agua no tienen cosa limpia. Dejo aparte la necesidad que los animales padecen por causa de la falta del agua, pues si tratásemos de otras particularidades que se ofrecían en esto, cierto que me espantan tantos pueblos de ver lo que padecen, tanta miseria de agua, en especial los pueblos que están en tierra llana. Que los pueblos que son en montañas, o en sierras, muy tarde tienen tales necesidades, porque ordinariamente abundan de muchas aguas las tierras que son en las montañas. Y esto es por causa de las muchas nieves que tienen, ordinariamente, en los inviernos, y por esta causa vemos tener todos los ríos sus principios y nacimientos en las montañas y no ninguno le vemos en tierra llana tener su principio, y, ya que alguno se halle, es muy pequeño y no es río caudal. Volviendo a la materia, digo que, hallando el agua, y visto la mucha hondura o poca, convendrá considerar si se pudiere minar. Será menos gasto que no llevar el agua por acequia abierta, con caños o con arcaduces, por causa de no haber de cavar tanta tierra, cuanto mas que la agua se conserva muy más fresca y no está a tantos peligros de quebrarse los caños por causa del mucho peso que tendrán encima y si, acaso, alguna raíz entrase en el caño muy Ufol. 153r] mejor se puede reconocer que no se hará en volver a cavar tanta tierra que tenFigura 119.

[265]

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TOMO I I

drá encima de los caños. Convendrá que se cave algo más bajo del suelo del pozo, por causa de coger toda la agua del pozo. Y si, donde se ha cavado, no manare alguna veta de agua no se debe tomar trabajo de cavar más. Débese dejar así, después de haber hallado el agua, unos cuantos días, para ver si vendrá alguna agua más de la que luego se ha hallado, porque muchas veces acaece que viene abundar de mucha cantidad de agua después de haber cavado, (Figura 119) porque ordinariamente camina la agua por bajo y desea siempre de ir henchiendo los lugares vacíos que halla debajo de sí. Y, a esta causa, se deja desierto lo cavado. Y, entonces, se irá cavando una trinchera para donde desea llevar el camino U/ol. 153v] del agua, y débese cavar harto hondo si la nivelación lo cufre33, a causa que muy mejor se conservan los caños de barro cuanto más bajos están puestos dentro de tierra y, también, el agua es muy más fresca en el verano y, en el invierno, no hay peligro de helarse ni menos de romperse los caños, por causa de los hielos y por otros infinitos inconvenientes que suceden en estas cosas cuando están los caños muy puestos encima de tierra. Débese tener el orden que en otros lugares hemos dicho cerca de esta materia.

33 En el original pone cufre, podría ser: si la nivelación lo sufre. Es decir, si la nivelación lo permite.

[266]


LIBRO

NONO

Que trata de diversos modos de azutes o presas de río

P

ues que hice memoria de los azutes, tratando de las acequias, hame parecido que convendrá en este lugar. Los cuales se hacen en diversas maneras, según la disposición de los lugares, y también de los ríos, y según la necesidad del regar o moler, y también la mucha o poca agua que llevan los ríos, y, también, según la mucha tierra que hay que regar, de modo que ocurren muchas particularidades en una semejante materia. Empecemos de la más simple forma hasta llegar a la más dificultosa. El más fácil y más simple es el que sigue, y es que en esta forma de azute no se hace más que ir poniendo de las piedras del mismo río, puestas amontonadas, y, después, con unos céspedes de tierra, ir poniendo a la parte donde viene el río. Y con esta invención va desviando la agua para que vaya a entrar en la acequia. Y otros, en lugar de piedras, van travesando unos troncos por el río y van henchiendo de céspedes. Y con este artificio van caminando la agua para que entre en la acequia. [/fol. 154r] (Figura 120) El río es A, y el azute C y la acequia B. El cual es hecho de piedras y de céspedes y hierbas, y otras cosas de brozas. Y este modo de azute no levanta el agua en alto, mas sólo la detiene algún tanto que no camine tan libremente por su camino ordinario, mas sólo para encaminar la agua al entrar de la acequia, que no cierra punto el agua que pasa por entre las piedras, que parece que no hay azute. Hácense en otra manera, con un poco de más artificio. Que en este modo de azute vase hincando estacas de palo en el suelo del río, cuando el suelo no es de peña. Y en este azute, después de ser hincados los palos, vásele entretejiendo de ramas y piedras. Y estos azutes llámanse de selva. Y, así, se van levantando hasta llegar a la altura que conviene. Los cuales se hacen que se traviese el río, mas estos azutes no se hacen en ríos grandes, salvo que en alguna parte, que no es para más de en- Ufol. 154v\ caminar el agua, que aunque las crecidas se le lleve, luego es vuelto a reparar. Y nunca se hace por línea recta, mas por línea [267]


TOMO I I

diagonal. Y el hacerlos sobre esta línea se hace por razón de ir hurtando la fuerza a la agua y, también, por desviar el agua, y porque está muy más firme el azute en esta línea, por razón que el río no hiere todo en el azute igualmente que hiere de soslayo, que, al un cabo, hace con las ribas un ángulo acuto y, a la otra parte, obtuso, que si hiciese con las ribas los ángulos rectos no duraría punto, por causa que a la menor crecida que hiciese el río, luego se le llevaría. Pónense tres y cuatro órdenes de estaquería, y más, según se quiere hacer. (Figura

121)

Suélense hacer estos azutes de selva en diversas maneras, como se verá. El río es D y F, y el Ufol. U5r] azute es H, y la acequia E. Y también es acequia G, la cual he querido demostrar, que haciendo la acequia vuelta al contrario del río, que no se henchirá de tanto cieno como hará la acequia E, y, más de esto, que el río no la gastará tanto como hará la acequia E, y traerá mucha más agua que no hará la E. Con tal calidad que tenga34 algún35 tanto más bajo el suelo G, por causa que, como el agua la viene a encontrar con el azute, siempre hace algún tanto de detención hallando camino cuando vuelve hacia atrás y, siendo algo más bajo el lugar, hace grande llamamiento al agua, por causa que ella desea siempre ir hacia abajo y, por esta razón, tendrá una acequia todas estas particularidades. Y, más, que el azute estará muy más firme por causa que junto a el azute cargará de mucho cieno que trae el agua consigo, por causa que no corre por junto al azute el agua. Y, por esto, no vale cuando ninguna cosa de cuantas trae el agua todas las deja en lugar quieto y sosegado y, a esta causa, dije que cargaría de menos cieno la acequia G, que no haría la acequia E. Y, por esto, conviene que se aseguren muy bien estos azutes cargando piedra y rama, y hincando tres o cuatro rengles de estos palos. Y conviene aguzarlos un poco para que puedan muy mejor penetrar por tierra, mayormente si se chamuscan un po34 35

Tachado: que t. Tachado: alg. [268]


Libro N o n o

co aquellas puntas, que se endurecen mucho, para poderlos muy mejor hincar. Y éstas se hincan con unas mazas de madera que sean grandes o con maza de hierro que tenga el mango delgado. Hácense en otra manera, y con más artificio y muy diferente en el armarle. Hácese en este modo: que [/fol. 155v] siempre se busca lugar que el agua, casi de suyo, se vaya a entrar. Procúrase de hacer estos azutes en parte que el río por ningún tiempo se le pueda apartar de aquel lugar. Podríame preguntar alguno a qué causa digo eso, pues que el azute atraviesa todo el río cómo se puede apartar de su camino, y si el río fuese comiendo las ribas, en tal modo que se desviase, sería necesario crecer o alargar hasta llegar a coger todo el río. Es verdad que cuanto más ancho es el lugar donde hay azute, que tanto más es seguro. Y el hacer estos azutes conviene poner unos maderos agujereados con unas estacas o palos largos, que con el mazo se van hincando. Y el madero ha de ir de punta hacia el corriente del agua y, después, se van cruzando. Y entre madero y madero se van poniendo piedras grandes como sillares, mas no se labran, mas de sólo escacearlas con el martillo. Y ponerse de canto unas al contrario de las otras y así van, de mano en mano, poniendo maderos y piedra, que llaman conchas, que es A. Las piedras B C, que se ponen entre medias de las conchas, en el modo que ellas van, y las unas se van trastocando de un madero a otro, y así se va poniendo hasta llegar a lo alto que se desea. Los maderos de las conchas son de ancho palmo y medio y de grueso un palmo. Los agujeros que en ellos se hacen son cuadrados y hay, de agujero a agujero, dos palmos. Y el agujero es de medio palmo por cada parte o lado. Y así se van hincando de estas conchas, y de la una a la otra no hay más de cuatro palmos. Y de éstas ponen dos rengles, y tres y cuatro. Según la fuerza del agua, así se ponen muchas [/fol. 156r] o pocas. (Figura 122) [269]

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Figura

168.

Otro azute se hace con más primor, y estos son para levantar en alto el agua. Y de estos se hacen diversos modos: de madera, y otros con madera y piedras, o losas, como es B C. Y de estos azutes se hacen diversas armaduras para ellos, como se verá adelante en esta materia. Porque conviene que antes que demos el modo que se demuestre cómo se han de empezar, conviene poner los maderos A B, la punta al derecho del río así como viene el agua. (Figura 123) Figura 123.

Y que estén hincados de cabeza dentro del suelo del río, que es C. Y conviene que estén levantados en el medio, en D, a lo menos una novena parte, si el ma- Ufol. 156v~\ dero es largo, porque el agua empuja el madero A para abajo, calando B para el suelo. Y estos maderos, cuando ellos son cortos, conviene añadirlos por cabeza, el uno con el otro, y empálmanse los unos con los otros en esta manera, como aquí irán dibujadas tres maneras de empalmaduras que serán E G H. (Figura 124) Figura 124.

Y donde hay I conviene poner una cuña de madera de car[r] asea, la cual cuña, encalándola por el agujero I, aprieta muy extrañamente los dos maderos juntos. Y donde es la K conviene hacer que entre de punta en el otro, hacia K, a causa que no se tuerza, encalando la cuña, y también que están muy más fuertes. (Figura 125) La G es la segunda manera de empalmadura, la cual es hecha para poner dos tascones o cuñas que es M y N, que van dobladas las empalmaduras. Y, con todo eso, conviene que se haga aquella punta en L para que esté muy más segura la empalmadura. Y conviene hacerla en las dos partes de la empalmadura. Y donde ha de haber peso encima (Figura 126) de estas empalma[270]

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Libro Nono

duras conviene poner unos Ufol. 157r\ zarcillos de hierro, a causa que esté muy más fuerte, que estará tan firme como si fuese de una sola pieza. Y porque la humedad suele gastar el hierro, por razón que carga mucho el orín, convendrá hacerle alguna defensa. Y el remedio que se le ha de hacer: que después que ellos son forjados convendrá tomar cera y pez mezclada, tanto de una como de otro, y hacerlos fundir en un vaso y, después, poner los zarcillos, como quien los quiere templar. Y con este remedio se conservan de no ser consumidos. Figura 125.

Figura 126.

Donde se hacen estos amparos para levantar agua de un río, para haber de regar y, también, para haber de volver algún río, por razón que por donde camina no sirve, y por donde se quiere volver hará muy grandísimo provecho, de modo que convendrá que se le haga sus defensas o sus amparos o reparos, para haberla de levantar, como de haberla de hacer volver fuera de su camino. Mas aquí pondremos primero el modo para hacer levantar el agua en alto por vía de azute y no con instrumentos que la lleve en alto. (Figura 127) Figura 127.

[271]


TOMO I I

Ufol. 157v\ La máquina B y D son los maderos que van ligados con sus estacas, unos encima de otros, y con sus piedras C, que van encajadas entre madero y madero. Y irlas poniendo unas al contrario de las otras y ir, así, procediendo, de mano en mano. Y la madera, si fuere verde, recién cortada y puesta en otra, durará mucho más. Y, porque conviene que esta máquina o enmaderamiento sea bastante a resistir a todo el peso del río, convendrá hacer esto en el verano, cuando las aguas vienen muy bajas. Y convendrá hacer una mota que traviese todo el río o azute, que en tal sazón se puede ver muy bien los suelos de los ríos, y convendrá hacer una estacada de maderos de roble. Y estos maderos será necesario que ellos sean muy largos, y irlos hincando muy espesos, y irlos asiendo el uno con el otro, que ellos estén muy bien trabados a la parte detrás. Y poner unos maderos que los tenga apuntados para que resistan muy mejor a la fuerza del agua, que no pueda torcer los maderos que están hincados derechos para atrás. Y, después, irle entablando con tablas gruesas por encima, a causa que el agua no pueda penetrar por esta máquina, y que las tablas junten muy bien. Y este reparo será más para desviar la agua, que no será para azute. Figura 128.

El hincar de los maderos. Se hincarán tanto cuanto el suelo nos dará lugar de hincarlos y, para que muy mejor se hinquen estos maderos dentro del suelo, Ufol. 158r\ convendrá ponerles, en la punta que se ha de hincar, unos azuches de hierro que estén muy bien asentados en la punta del madero, que es el que tiene la P. Y si se hincase estacas, que es (Figura 128) madera muy más delgada, convendrá también ponerles azuches, mas no será menester hacerles aquellas asas para enclavar, que abastárales hacerlos como un cuento de lanza, de manera que será necesario ir ligando estas obras, y que sean muy bien cruzados los maderos unos con otros. Y encima de la armadura convendrá cargarla muy bien de unas piedras, que sean muy grandes que se puedan poner. Y poner hachos de ramas de enebro debajo de las piedras, y es una cosa muy buena para detener el agua. Y si, acaso, no se hallase ginebro, será muy bueno el esparto. Puesto en hachas, es maravilloso, para tal efecto, las eneas o espadañas, y nacen en el agua. Y, así, ir poniendo un suelo de rama y otro de piedra. Y esto será una muy buena obra, de modo que la agua no la podrá mover por razón del muy grande peso y del ligamento de la madera y del peso de la piedra. Y si, acaso, irá cavando la agua, para querer pasar o hacer fuerza para ello, que irá revolviendo y socavando la tal máquina en el suelo. Y cavando la tal máquina en el suelo, y cavando Ufol. 15 8v] la agua, será necesario que ella se bajara, la tal máquina, y asentárase en aquel lugar y, asentándose abajo, quedará muy firme. Mas si, caso, fuese que el tal río trajese mucha agua y fuese ordinaria, entonces, convendrá mudar de artificio pues no se podrá trabajar como se acostumbra trabajar. Será necesario servirse del artificio que se acostumbra hacer las pilas de las puentes. Y la madera, que para este artificio, será madera de roble si se hallare cerca, por ser madera que menos se corrompe dentro del agua que ninguna otra madera. Los maderos o estacas, que han de servir dentro de las conchas, o para hincar en las conchas, cualquier madera es buena, con tal que sea un palmo de grueso o veinte o veinticinco palmos de largo, o menos, según lo necesario. [272]


Libro Nono

Este es el modo del azute, cómo se ha de hacer, digo el armarlo. (Figura 129) Y por no confundir el juicio, no he querido poner todas las [/fol. 159r] piezas como habían de estar todas. Aun con este poquito parece que hay grandísima confusión, cuanto más quien pusiera todas las piezas juntas como habían de estar todas. Mas sólo abaste la invención. De modo que A es el principio por donde viene el agua, y el madero C es el principio de toda esta máquina. B es las estacas, de36 es unas aspas que ligan casi toda la obra, y E; la fortifican mucho a H, esto se entiende a las dos partes. G sustenta toda la llave de este armamento, que es F, el cual es guía de toda esta máquina. Y la I que son unos maderos que traviesan esta armadura, los cuales van a las dos partes, por donde estos van muchos más, y van afijados con sus estacas. Y todos estos van agujereados de agujeros cuadrados y entre medias piedras, como se demostró en la máquina anterior de ésta. Y las piedras se van poniendo como se hacen las cestas bresiadas, que las unas mimbres van al contrario de las otras. Después de haber hecho esto, hay algunos que las entablan por encima con tablas que sean gruesas, todo el azute, y enclavarlas muy bien. Y también hay azutes que no se les pone más de sólo el armamento y se entablan con tablas que se juntan muy bien, que por debajo se puede pasar de una parte a la otra del azute. Y porque es dificultoso declarar en palabras estas materias, y a esta causa, conviene hacer las demostraciones que se pretenden hacer. Y porque sepamos en qué consiste la fuerza de esta máquina es necesario que en ello haya muchas estacas hincadas, las [/fol. U9v] cuales conviene que estén muy bien hincadas en el suelo, a lo menos las que tienen los tirantes A C. Y las estacas que más se han de hincar son las B, que es toda la parte delantera, aunque todas en general, mas ésas en particular. Porque toda la firmeza del azute es las que firman en'el suelo en toda parte, conviene asegurarle. Cuanto mayor pie o anchura o halda tuviere en el suelo, tanto más firmeza tuviere, y al agua le será más cómodo el subir, por razón que será37 muy más llana la subida a la agua, antes siendo 36 37

Por: D. Repetido: que será. [2731


TOMO I I

hecho en esa manera, la agua le hará muy menos fuerza, antes siendo llano la agua le irá más asegurando por causa del mucho peso que tendrá encima y muy más calado para abajo, y no le hará ninguna fuerza, como dicho hemos. Que el hacer de los azutes de madera se pueden hacer en diversas maneras o formas, con tal que no halle el agua cosa en que topar. No digo en el azute, mas en las cosas que en él se ponen. Y si se hiciere el azute envuelta, a modo de bóveda, será muy mejor, que resbalará la agua con más facilidad. Mas en este modo de azute conviene entablarle, por encima, con tablas que sean gruesas. Y los mas azutes, en lo alto, en el medio, son llanos, que tienen ocho o diez palmos de llano. Y otros van en punta, a modo de frontispicio. Y ellos no se deben de hacer más altos de cuanto será menester del levantar del agua, a causa, que cuando vendrán las crecidas, que puedan pasar libremente sin dar molestia al azute. Y donde [//o/. 160r] está la M es la corriente del agua, porque en otro modo no serviría los rebotantes en el armamento, que son N, y por causa que irían al contrario, que no harían ninguna fuerza ni ayuda para resistir el agua. (Figura

130)

Conviene que estos azutes que no sean más altos de la cuarta parte de su anchura, que es desde la M a la O, y aún son algún tanto agrio o muy enhiesto en esta proporción, que haberle de hacer, que estuviese bien, conviene que no sea más alto que una sesena parte de su anchura. (Figura 131)

Esta es casi la misma invención que la anterior de ésta, aunque en harto es más artificiosa. Y ésta es la sesena parte alta de su anchura, que es desde P Q, el cual es muy mejor que no es la pasada, y contra aquellas dos aspas que hacen mucha más fuerza en R que no hace la otra. [274]


Libro Nono

[/fol. 160v] (Figura 132) Es la otra armadura para azute, la cual es muy bien concertada en las piezas. Los tirantes L M, porque éstos son el principio de la máquina, y los rebotantes, que es S T, que van a herir en V, de modo quien bien considera este armamento verá que no hay pieza que sea baldía ni infructuosa. Que la Z Y sustentan todo el peso de esta fábrica, las cuales van tan bien coaligadas que no puede mejorarse de invención. Que los rebotantes I K ayudan valerosamente a sustentar V S T , que es toda la ligazón, y H, que esas dos piezas hacen muy grande ayuda para conservar esta máquina. Figura 133.

Muy grande máquina es ésta y con muy más piezas que la de arriba. Y cierto que ella es muy más fuerte y con mucha más seguridad que lo de arriba, por (Figura 133) razón [/fol. 161r] que tiene mucho más artificio que la de arriba. Aunque tiene el mismo modo38, aunque a la verdad es harto diferente, por razón de las muchas más piezas que en ella hay. Mas cuanto más anchas se harán de pie, tanto será ella más segura y más la fortalece la agua esta manera de obra, por razón de ser hecha toda de triángulos, como la figura lo demuestra. Y convendrá hacer, junto al azute, la boca de la acequia y en tal modo que se puede cerrar la acequia con su almenara de madera, a causa que cuando vienen los ríos crecidos, para que no pueda entrar más agua de lo que es necesario, a causa que entrando mucha agua, más de lo ordinario, hace reventar el acequia por muchas partes, hace caer las ribas o costados de la acequia y causa muchos daños. Aunque la almenara no sirviese para más de cerrar la acequia para limpiarla, cuanto más que sirve para tantos beneficios. El modo de ellas y el levantarlas se dará en otra parte. Hay algunos azutes que ellos son de muy poco artificio excepto que en ellos hay muchísima madera, y muy gruesa, de roble. Y estos la entablan de tablas gruesas de tres dedos, y muy bien ajuntadas. Y en los lugares donde el agua se va calando, se suele cerrar con céspedes de tierra o con una hierba que llaman molsa, que se hace en lugares sombríos. Y estos remedios son para azutes que 38

Repetido: aunque tiene el mismo modo. [275]

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están vacíos por debajo. Y, cierto que, yo le tengo por muy seguro el azute que en el medio es vacío, que no es el que es lleno de piedra, y la razón es ésta. Aunque en este lugar [//o/. 161v] no quiero estar tratando de las fuerzas de las líneas con que está hecho el armamento, mas sólo una razón, la cual es invencible: el azute que es llano en el medio nunca se pudo poner las piedras tan juntas, ni tan bien juntadas, que no quede entre medio de la una y de la otra algún vacío por donde tiene lugar de penetrar por él, desde el suelo hasta lo más alto, por donde hace mayor resistencia o fuerza para poder pasar libremente, lo que no hace en el que está entablado, que después de subida el agua en lo alto, no tiene lugar de penetrar y, si acaso penetra algún tanto, se puede ver donde está el daño y remediarle con muy grande solicitud, lo cual en el que está lleno de piedras no se puede remediar en ningún lugar por no poder ver el lugar. Hase tratado del modo que se han de hacer los azutes de madera, ahora conviene que tratemos de los de piedra, en todas las maneras que mejor se podrán hacer. Y los azutes de piedra son muy diferentes en el echar de las piedras. Y hay ciertos azutes39 que se hacen de piedra y madera, y de estos andamos tratando. Ahora conviene que tratemos de los azutes que se hacen sólo de piedra seca, sin mezclar punto de cal con ella. Los cuales azutes se hacen donde hay poca agua para hacerla levantar en alto. Y estos azutes, que se hacen de piedra seca40 donde hay poca agua para hacerla levantar en alto, se hacen en algún [/fol. 162r] barranco, o para regar, o para moler. Y estos azutes conviene hacerlos en diversas veces, por causa que en una sola vez no se puede bien hacer porque no detendría punto el agua. Porque conviene que se haga un pedazo y dejarle así hasta que el agua haya traído tanto cieno y tierra que haya henchido todo lo que había de vacío de las piedras, hasta que el suelo del río venga a igualar con el azute hecho. Y, así, se vuelve a hacer otro pedazo, con muy grandísimas piedras, y asentarlas muy bien, que quede los menos vacío que ser pueda en ello, por causa que no trasmine mucho la agua por él. Y hecho otro pedazo, se deja así, de modo que se va, de mano en mano, hasta llegar a lo que se desea que suba en alto. Mas conviene que en el asentar de las piedras sepa el modo que será necesario, y cómo han de ir puestas, y qué forma ha[«] de tener estos azutes. Pondré aquí abajo dos maneras como se han de hacer, porque mejor sea entendido mi concepto. Dejo aparte los azutes que se hacen de piedra perdida, en los grandes ríos, y pequeños. Y porque parecerá que es cosa de muy poco artificio, empero ha de haber industria y ingenio en considerar el modo que ha de llevar para haber de estar seguro y firme. Muy pocas veces dejan de tener caída, y para haberle de buscar [/fol. 162v] modo con que vaya llano, y aun casi subiendo, y cuando se ha de volver a subir de nuevo el azute, empiézase muy mas atrás, hacia la letra M, a causa que vaya haciendo su subida a modo de escalera. Y, de ese modo, empezárase (Figura 134) muy más atrás la segunda vez, que no se hizo la primera, y la tercera, de modo que dentro de un año se tiene levantado el azute, y muy cómodamente y a muy poco gasto, y sin recibir ningún daño ni haber hecho fuerza el río para levantarle, antes bien que de suyo mismo se ha levantado y sin haberle hecho ninguna violencia. Y, por esta causa, queda muy más seguro y con mayor firmeza. Y si cuando tuvo menos firmeza, estuvo firme 39

Interlineado:

40

Interlineado: de piedra seca.

azutes.

[276]


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y seguro, cuanto más teniendo ya más fuerza y de más cantidad. Es cosa muy cierta que estará con mas seguridad ahora que no hiciera antes con poca firmeza que tenía. [/fol. 163r] (Figura 135) Este es el segundo modo de azute de piedra seca, que es a modo de una escala de dos subidas, la una, por una parte, y, la otra, por frente de ésa, que es P de cara N. Y el agua viene por la parte M. Aunque, cierto, es muy mejor invención la primera, que no es esta segunda. Conviene que desde la parte de la N hacer aquella subida muy llana, que cuanto más llana fuere tanto menos resistencia hará el agua en ella. Y, si se cortare todas las esquinas de las piedras que se levantan para arriba, [//o/. 163v] tanto más firme será este azute, por causa que el agua no hallará en qué topar, para que haga alguna fuerza en lo que topare, antes bien, que muy mejor irá resbalando para arriba, que no haría hallando aquel encuentro que tiene cada piedra para arriba, que es donde está la O. Otro se puede hacer en otra forma muy diferente de éstas, así de piedra seca, el cual será muy firmísimo en la forma que se sigue. (Figura 136) Figura 135.

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Figura

168.

Figura 137.

Este modo de azute, como se ha dicho, hecho en piedra seca, es un artificio muy seguro y, que hecho esta bóveda con esos arcos, que es una cosa muy segura, como de si mismo lo demuestra. (Figura 137) De modo que donde hay la letra N, porque el agua Ufol. 164r] pasa entre las juntas, por ser ella de materia muy sutil, mucho más que no es la tierra ni las piedras, y, por esta causa, no lleva el azute, por no hallar cosa que le haga resistencia ninguna, que la resistencia que halla es la tierra y piedra que el agua trae consigo y estas cosas, de por sí, no suelen hacer resistencia, porque hallando lugar que las detenga, luego, paran, por ser ellas de suyo pesadas, y no son cosas que de suyo se muevan, como hace el agua, porque si ellas no son movidas no son bastantes a moverse de suyo, de modo que aunque ellas sean movidas de otra cosa, hallando cosa que les detengan, no tienen más movimiento de cuanto el agua les movía. Y como el agua no halla cosa que le haga detención, ella pasa y no cura más de lo que consigo [278]

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traía. Así que esta invención de azute es muy segurísima. Y para haber de levantar muy en alto la agua, más que ninguna otra manera de azute, y con poca materia, porque toda la piedra no ha de ser más labrada de cuanto con el martillo se labrare, y no con más policía que ésa, porque cuanto más bastante se puede labrar, tanto es más seguro y a menos costa, no requiere más del artificio con que se haga. (Figura 138) Figura 138.

[/fol. 164v] Donde es la A es la boca del acequia, y donde es la B es una pared del azute que hace regolfar la agua para que entre en la acequia. Y la agua que viene sobrada viene a caer en D. Y donde es la E es más alta la pared B, que no es D. Y así que, en viniendo una poca de más agua de lo ordinario, ira a caer en D y por esa causa las crecidas pueden hacer muy poco daño en el azute, por causa de no estar igual el azute. Y el arco C es hecho si por caso viniesen muy grandes crecidas, cayendo el agua de alto no puede cavar el suelo y, caso que lo cave, no puede hacer ningún daño por causa que la pared G no puede recibir ningún daño, por causa de estar muy más metida hacia dentro de la caída del agua. Y esa pared G que sea retraída ocho palmos más hacia la cara del río Y el arco sirve para que entre menos materia y que sustenta muy mejor el peso. Y, más de esto, deja aquel vacío donde no puede ofender la agua que cae en ninguna parte del azute, cuanto más, cuando cae el agua de algún alto lugar ella jamás toca abajo, en la pared. Y si la pared es hecha a peso, que siempre la agua, con el ímpetu que viene, hace como el que salta de alto abajo, que siempre salta más adelante que no fue donde empezó el salto. Lo mismo tiene la agua, que salta mucho más adelante que no es de donde empieza a salir, que podría estar cualquier persona entre la pared y el agua que no se mojaría con el agua que cae, es verdad que se mojaría de la que salta VIfol. 165r] del suelo y no de la que cae de lo alto del azute. Pues hemos tratado el modo de hacer los azutes de piedra seca, ahora conviene que tratemos el modo del hacer los azutes de piedra o presas, las cuales se hacen diversamente, según son diversos los lugares y también son diversos los artífices. Cada cual sigue su opinión y su entendimiento y juicio, de modo que [279]

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yo he pensado un modo de azute que me parece, que haciéndose en esta manera, que jamás podrá tener fin por causa de la forma y invención que en ello hay. Y esta invención ha de ser para dentro del agua de algún río grande. Del modo del fundarle, no me curaré de ello, que se ha de tener la misma manera que se ha dado en el fundar de las pilas de las puentes de piedra. Esa misma conviene para esto, de modo que no hay necesidad de estar replicando lo dicho otra vez. Lo que quiero, en este caso, decir, que cuando una obra de esta calidad se pudiese hacer en seco, que sería muy mejor, y a menos gasto, que no se hará fundándola dentro del río donde se pretende hacerlo. Que, cotejado el gasto de volver el río y el gasto que se hará en el río, será mucho más el trabajo para desviar el río, y tantos reparos que son menester, y tantas maderas, y tantos trabajos que a ello se ofrecen, que es imposible numerarlo. Por donde yo juzgo que mucho más es, sin comparación, el gasto de los reparos y defensas que se han de hacer en el fundar dentro del agua y desviarla, que no es el gasto principal del azute, [/fol. 165v] digo, de la piedra y cal, y cavar cimientos, y trabajadores y maestros y sobrestantes o veedores. Que el volver un río no es muy dificultosa cosa, que mucha más y mayor dificultad hallo yo, que es sólo el hacer el menor reparo para desviar el agua para fundar, que es de mayor trabajo y gasto. Dejo aparte qué tantos reparos se han de hacer para haber de travesar todo un río, que de necesidad se han de hacer muchos y en diversas veces, y en medio de un río, que con tanta dificultad, cuanto más tantas veces y tantos peligros, aunque en ello no hubiese más trabajo de sólo el vaciar el agua. No digo lo que se encerrará dentro del reparo, de ésa no trato nada, que eso es lo de menos, mas de la que irá manando haciendo los fundamentos y el estorbo, de los que trabajan, por causa del agua, de modo que yo hallo que será muy más cómodo el hacerlo en enjuto, y con menos trabajo, y con más perfección de la obra, y con muy menos daño y gasto, y a mayor seguridad de personas y de la obra, con muy menos temor, que no es trabajar dentro del agua, que se va con más peligro y que se trabaja muy menos. De modo que sólo del vaciar la agua que mana, que no se ha de parar noche ni día, el trabajar, de sacar el agua, que son necesarios una infinidad de hombres para ello, que vayan vaciando el agua con diversos instrumentos. Y, donde no se podrá acomodar41 instrumentos, convendrá vaciar con una portadera de madera, dos hombres, y, con ella, se vacía mucha agua. Y es necesario ir mudando los trabajadores que sacan el agua porque ninguno puede durar Vfol. 166r] al trabajo de todo el día, cuanto más el de la noche. Sólo considerar esto pone espanto y terror, cuanto más el haberlo de hacer, y el traer tanta tierra, y el hacer tantas puentes que se han de hacer para ello, para entrar y salir con las piedras, cal y otras infinitas cosas que se ofrecen cada momento para el edificio. Que el sacar de la tierra de los fundamentos, no hay necesidad de más de vaciarla a la parte de delante de las cataratas que se habrán hecho para defensa del agua. El modo del azute es en esta manera, como lo señalaré aquí abajo, la planta y montea y el perfil de ello. (Figura 139) Estando considerando esta forma, digo que ella es de muy grande fuerza por razón del tener hincada la cabeza en el suelo y vuelta la esquina para arriba, a el encuentro del agua, y que resistirá con maravillosa fuerza. Y cuanto más 41

Repetido: acomodar. [280]


Libro Nono

Figura 139.

peso se le carga encima, Ufol. 166v] tanto más se hace segura la obra, por razón que el peso la va calando para el suelo, para soliviarle para arriba, como hay muchas formas que lo hacen. Si se trabajare dentro del agua este edificio, entonces, se ha de hacer en otra manera, porque es necesario hacer las paredes y bóvedas de cantería, y tanto cuanto serán mayores las piedras, tanto mejor harán el efecto. Y estas obras se habrán de ligar con garfas de hierro, o de bronce, por razón que el agua le hará muy grande molestia. Y si hallase la obra de cosa menuda, como dije que se hiciese en enjuto, todo lo desharía. El modo del azute será como aquí lo iremos tratando en palabras, como conviene. El azute será hecho de unas bóvedas, las cuales irán hechas en la manera que se sigue: que estas bóvedas van a la una parte bajas y a la otra levantadas, a la parte detrás del azute, hasta llegar aquella altura que será necesario levantarlas. Y si este azute se habrá de levantar mucho, convendrá hacerlas anchas, y si no hubiere menester levantarse mucho, será menester hacerlas estrechas. La forma es esta del fundamento, el cual ha de ser tanto de hondo cuanto ha de ser de alto, desde encima del suelo del fundamento hasta arriba, donde es la A hasta la B, esta largura del azute. Y desde el agua ha de venir a dar. Y desde la B hasta la C es la concha Ufol. 167r] (Figura 140) del agua. Y donde es la D y la F, es una pared de la bóveda, y desde la E a la G es otra pared y es la caída, desde la una letra a la otra, del agua. (Figura 141) Ufol. 167v] La forma más baja que tienen los arcos con las letras, que e s B C D F E G H I - K L , parecióme que eran hartos arcos para entender la forma de las bóvedas, de modo

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que esta caída, de este azute, la demostraré en dos maneras y señalaré cuál es la que tiene más firmeza. Después de haberse hecho las bóvedas, convendrá enlosarle, por encima, en la manera que va M y N. Estas son piedras gruesas, aunque digo losas, para que42 si no les quedare cuerpo (Figura 142) al primer golpe que le diere alguna cosa que traiga el agua, se romperán, y, por tanto, conviene que sean gruesas.

Si se hiciese este edificio fuera del agua, no convendría tomar trabajo de escuadrar piedras, que de piedra menuda se podría hacer y fuera muy más durable que no es de cantería, por causa que, cuantas más ligazones, es tanto mejor, porque se coliga todo muy mejor. Mas es menester que en esta obra de piedra menuda, es menester, poner mucha abundancia de calcina43 y darle sus ahebradas de mortero muy bien hechas, y con abundancia de calcina. Y la arena, si fuere de cava, es muy mejor, y cuando no se hallase de cava44, si hubiese piedra arenisca, es muy maravillosa, y romperla y hacer de ella arena. Y si no se hallase de esa, de los barrancos que se hace de las lluvias. En [/fol. 168r] el medio de las bóvedas quedarán vacíos si se hacen dentro del agua, y, si se hacen en seco, podráse hacer, de la misma tierra, las cimbras. Y así quedará muy maciza la obra y muy más segura. El volver de estas bóvedas será en diversas maneras, según el cómodo de las cosas que se habrá para edificar45. Si se edificaran en enjuto se usará de un modo, y si se hará dentro del agua se usará de otra. Si se hará en enjuto haráse de unas piedras como el puño. Las paredes y bóvedas irlas maceando con un pisón, como hacen los que empiedran y, después de haber asentado las piedras, las van maceando, y así será en estas paredes, y ir procediendo, de mano en mano. Y lo mismo se hará las bóvedas de la misma materia, y dejar enjugar de trecho a trecho, y así ir, de mano en mano, procediendo. Y hacerla dentro del agua, esta obra, convendrá volver las bóvedas sobre cimbras y armar encima de tablas y, después, volver las bóvedas de sus sillares 42

Repetido: que.

43

En el margen está escrito: ahebradas.

44

Tachado: es muy mejor.

45

Tachado: si se edificara. [282]


Libro Nono

de muy buena piedra, como conviene para semejantes obras, de modo que, cuantas ligazones, tanto más ligazones habrá. Que yo he visto muchas paredes de los antiguos tan fuertes cuanto ser pueda, que a fuerza de picos no se han podido quitar, y el hacer estas pare- [/fol. 168v] des, todo consiste en la abundancia de la cal y no las hacer pobres de cal. Mas, si se hiciese este azute, que en la parte de detrás, donde ha de caer el agua, ha de ser a modo de barbacana. Donde es la B C D, convendrá cerrar las bóvedas, todas, en aquella parte donde ellas vienen arrimar a los arcos de las otras bóvedas, la cual ha de haber una pared a modo de barbacana y hase de ligar con las demás obras del azute. Pónense muchas particularidades en esto, mas, al fin, para el que es de ingenio abasta poca materia. Podráse hacer una obra de Rey. En hacer estas bóvedas conviene que ellas sean muy bien hechas, así en la parte de detrás como de delante. En la parte de detrás conviene dar modo que el agua no vaya a precipitarse con tanto furor que no cave la parte postrera del azute. Se le podrá hacer un remedio para que no cave el suelo donde es la C D E de la figura del azute. De modo que donde es la E, es un lugar donde ha de cargar el agua, y como es, donde es la F, queda muerta, y con esto el agua no rompe ninguna cosa y es muy mejor. (Figura

143)

Y!fol. 169r] Otras infinitas cosas que son necesarias para tales edificios. Esto helo puesto tan sólo para que cada cual, que no hubiese visto azutes, que entienda los nombres de las cosas, y por esta causa he puesto la demostración. Digo que en los azutes que se hacen de cantería, si ellos son bien hechos, ellos no tienen necesidad de hacer en ellos remiendo cada día, como aquellos que son de piedra y madera, porque éstos tienen necesidad, ordinariamente, de que les estén remendando de día en día. Así que, quien pudiese hacer un azute como el que hemos señalado anterior de éste, no tendrá necesidad de hacer remiendos en él. Volviendo a la materia de los azutes, digo que, los azutes de madera y piedra, que es necesario saber fundar con artificio tal edificio. Digo que conviene tener grande juicio en el poner de las conchas con sus estacas y el saber donde es menester que tenga fuerza las cosas que se hincan y dónde es menester mucha materia. Digo que todos los azutes tienen menester mucha más fuerza en la parte de abajo que no de delante, y esto es por causa de la caída del agua, que excava el suelo por causa del grande ímpetu con que cae, con tanto rigor que llega hasta el suelo, y de aquí viene a hacer grandes remolinos y cavar el suelo por donde los más azutes faltan por la parte de abajo, como hacen las pilas de las puentes. Jamás he visto46 caer ninguna puente47, y he visto infinitas. Todas han caído hacia atrás, y esto no viene de otra cosa causado sino es solo de ios 46

Tachado: he visto.

47

Tachado: que. [283]


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grandes revolvimientos que hace el agua en aquella parte. Yo he visto dentro de un río un muy grandísimo hoyo causado de un revolvimiento que hacía en aquel lugar. Había cavado, \_/fol. 169v] a causa del revolverse el agua, en aquella parte de modo que le había cavado dentro de una peña, y que en todo aquello no había tales agujeros. Y esto helo dicho que nadie se maraville acerca de esto, así que, en todo lugar que hiciere el agua aquellos revolvimientos, cavará en gran manera el suelo, de modo que aunque en otra parte he tratado de los azutes de madera y piedra, y hecho algunas formas para ello, no me parece que será fuera de propósito tratar algo de ellos en las formas. Al fin de estos de piedra hablaremos.

Este azute es hecho a modo de baluarte y quien le viera sin escritura no dudara de ello, que lo era baluarte, y no que ello era azute. De modo que, porque veo que es dificultoso de entender el azute por causa de las letras que van al un cabo, hame parecido reformarle aquí abajo para que mejor se entienda. (Figura 144) Estos Ufol. 17 Or] azutes son de muy grandísimo provecho, donde los hay, por causa del regar. De modo que el azute A B es el cual tiene esa punta grandísima fuerza para resistir al agua. Y donde es C D y E F, los cuales hacen ángulo para hacer el bocal G, y el de la otra parte H, y que hace aquel ángulo I K y L M, que son dos pedazos de paredes para conservación del azute. Esta forma es muy excelente para azute, porque defiende mucho, que es hecho a modo de un cuchillo para cortar el agua y encaminarla a los dos bocales H G. Y si me preguntase alguno por que causa he dejado, a las dos partes, aquellos dos ángulos G F, es por causa que el agua, que viene siguiendo los dos costados del azute, no tenga fuerza de ir cavando, que como va a topar el agua en F y C hace algún tanto de detenimiento, de modo que deja de lo que lleva en aquel ángulo obtuso y no viene trayéndose lo del suelo que está junto al azute. Y por esta causa he hecho esos dos ángulos, y lo mismo los otros dos, que es la I y L, que hacen el mismo efecto que hace F C, porque hacen dejar al agua aquello que trae con[284]


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sigo, de modo que hacen aquellos cuatro ángulos grandísimo provecho a los dos bocales del azute, de modo que encaminan mucho el agua a los dos bocales. Y la forma del azute ha de ir en redondo, para que tenga menos donde herir la agua en él y que se vaya resbalando48 a las dos partes, así de delante A, como a la parte de la B y de la D F. [/fol. 17 Ov] (Figura 145) Esta forma de azute es harto diferente de las pasadas, por razón de la su forma, que es hecho en línea esférica, la cual es la que tiene mayor fuerza que ninguna otra línea, por razón que cuanto más le hace fuerza la agua, que tanto más le va corroborando y uniendo en sí misma la figura, y coligándola mejor. Y como el agua, ella misma, va caminando para los dos bocales I H pues he contado la causa, [/fol.

48

17Ir]

(Figura

146)

Tachado: el agua. [285]


TOMO I I

Figura 147.

^

La figura cuadrada, que es fuera del redondo, (Figura 147) la cual es A B C D, es para hacer la disminución de las paredes encima de los fundamentos, de modo que es el redondo K, es el grueso del fundamento, y E F G H es la pared de encima del fundamento, que es I K, de modo que K L es el fundamento y I K es la pared de encima.

En todos los azutes que son en los ríos grandes suelen tener por donde puedan pasar barcas y almadías de maderos, el cual llaman puerto a ese lugar. No está cerrado a causa que puedan pasar los barcos, como tengo dicho. Y hacerse de tal arte que no tenga mucha caída, por causa de que no se vaya a caer a lo hondo. Y estos puertos se deben hacer conforme a la corriente del río, y debe ser muy largo, por razón que, cuanto más es largo el puerto, hay menos peligro de recibir daño las cosas que pasan para ello, que es K. [/fol. 171v] (Figura 148) Este es un azute con todas las paredes que se requiere que tenga para tener todo el cumplimiento, como conviene que tenga, para ello estar bien. El azute es A B. La A es un alambor, y la B es lo llano del azute por la parte de arriba. Donde es C D es el puerto, con sus mesas a los costados. Donde es la E es el bocal por donde entra el agua en la acequia G. Y Figura 148.

[286]


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adonde es la H es una almenara para vaciar el agua de la acequia G, que entra por I en el río. Donde es la F es donde se saca maderas del río, y piedras y cal, y también se entra por aquella entrada a pescar y para otras [/fol. 172r] causa del hacer los ángulos a los bocales, que los dos ángulos B G que queda en aquellos ángulos, donde el agua carga lo que deja. De modo que este azute es también hecho a modo de un bastión, que antiguamente usaban para defensa de las ciudades. Y este azute es hecho a modo de barbacana, como la forma lo demuestra, que es desde B C y G E. Y donde es la A es llano, y este alambor ha de ser, a las dos partes, conforme a esta figura, aquí que es V, arriba, encima del azute, y lo cuadrado es fundamento del azute. Los azutes deben ser hechos con un ánimo sincerísimo y que los que tales cargos tienen de hacerlos, como los que tienen cargo de los hacer 49 , conviene que ellos no sean gente que tengan cuenta con el interés, que si esto hay, pocas veces harán lo que deben en lo de la obra. Porque estas obras conviene hacerlas, a ellas, muy riquísimas de materia y de artificio, y tener cuenta de hacer la obra muy perpetua, y que en ellas no haya cosas de poquedades, y que muy abundantísima sea, en todo, la obra, muy copiosa de todo lo necesario, conviene hacer todas las paredes muy gruesísimas, con todo cumplimiento, que puedan resistir a todos los trabajos. Estos azutes que se hacen en los grandísimos ríos, suélense hacer en diversas maneras, como en el discurso de la materia se podrá entender. En todos los demás ríos acostumbran en el hacer de los azutes, conchas y estacas, y todos ellos se hacen sobre una invención. Las formas son diferentes, en especial las que tienen dos bocales, esas se hacen muy diferentes de lo que se hacían los que tienen [/fol. 172v] dos bocales en un mismo azute, por causa del encaminar el agua a las dos partes. Y por esta causa son ellos muy diferentísimos en toda manera, porque los que tienen dos bocas en un mismo azute, por causa del encaminar el agua a las dos partes, y por esta causa son ellos muy diferentísimos en toda manera, porque los que tienen dos bocas es necesario hacerlos que guíen el agua a las dos partes igualmente. Y por esta razón se hacen con un ángulo en el medio, o que se hacen en esfera, o en redondo, o sólo de un cuarto de redondo y, a veces, un medio arco y que tenga su globo hacia el corriente del agua. Otros se hacen que hagan ángulos rectos a las dos partes del corriente del agua. Para hacer estas obras es necesario proveer de barcos pequeños y grandes, y de mucha madera gruesa y delgada, mucha piedra, cal, arena, clavazones, cuerdas, anillas, portaderas, espuertas de mimbre, bacritas o gamellas, azadas, palas, ligones, garruchas, carros, sierras, martillos, picos y otras infinitas cosas que para ello es menester. Los azutes que se hacen de piedra son muy diferentes de los de madera, porque muy pocas veces se pueden hacer, en los grandes ríos, de piedra y calcina, ahora sean ellos de mampostería o de sillería por causa del grandísimo impedimento que hacen las aguas, salvo si el río50 fuese tan ancho que se pudiese empezar a hacer una parte del azute en enjuto y que, hecha esa parte, se fuese procediendo hasta tanto que se hiciese volver, después, el río a aquella parte hecha. Y que de ese modo se fuese haciendo. Y si se pudiere hacer todo en seco [/fol. 17 3r] sería muy mejor, como dijimos en la primera 49

Tachado: hacer.

50

Repetido: río. [287]


TOMO I I

forma de los azutes. Y si hacerse pudiese sería una cosa muy importantísima y de grande gasto, mas sería una cosa de mucho valor cuando se hiciese una tal obra. La forma que para esto es muy maravillosa, es la que se sigue, para hacer, de cantería, la forma que va aquí dibujada, la cual tiene mucho artificio y es cosa de mucha seguridad. La parte delantera es A, y lo del medio es la B, y la C es la parte baja del azute. Esto se entiende después de haber acabado de hacer su fundamento, hasta haber llegado a hallar suelo firme para poder fundar. Y hecho todo el fundamento, una basa muy sólida y firme, la cual basa se ha de hacer, como se ha dicho, a pedazos, por causa de no la poder hacer toda en un golpe y de una misma pieza, salvo si se hiciese en enjuto, como hemos dicho infinitas veces. Y haciéndose a pedazos se debe siempre dejar lugar para que pueda pasar el agua que corre en la obra. Y débese de poner las mayores piedras que será posible poner, y ir ligándolas con garfas de hierro o de metal. Y si serán de metal durarán mucho más sin gastarse ni en ellas no las toma caruña o orín; es cierto que serán de mucho gasto. Cuanto ser puedan de hierro, se podrán hacer, y templarlas, como se ha dicho en lo de las puentes de piedra el remedio que se les debe hacer, para que se conserven. Vfol. 173v] (Figura 149) Figura 149.

Este azute, la forma de él es muy bonísima, la cual se puede comprender por razón de los muchos puntos que en él hay, que son la fuerza de toda esta máquina. Porque la cosa circular es la línea de mayor fuerza de las líneas y, tantas cuantas más concurren en ésta, tanto más firmeza va cobrando la forma cuanto más ella se va corroborando en sí misma. De modo que cuanto más fuerza le hiciese la agua, tanto más firme se hace este edificio por causa de lo dicho. De modo que la parte de delante es la A, que hace aquel cuarto redondo, el cual va a ligar con el medio redondo B. Y lo mismo hace el medio redondo C, que estos dos A C vuelven las espaldas hacia el suelo, que causan muy grandísima firmeza. Y la bóveda F es cosa que, aunque se gastase la vuelta B, queda aún la de la E. Y si se querrá dejar vacía, se podría, por no hacer tanto gasto. Podráse henchir de51 tierra cuando no se quisiese dejar vacía esa bóveda, y ello es grandísima seguridad, al estar llena de tierra. En la parte D es un esvaramiento del agua, el cual ha de ser enlosado conforme Ufol. 174r] como va en D. Y también en la parte G convendrá poner unas cuantas piedras, conforme como 51

Tachado: piedra.

[288]

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Libro N o n o

Figura 150.

van señaladas. Lo que es matizado es el fundamento, que es F, de modo que donde es C es una invención para hacer morir la fuerza del agua, para que no cave al azute en aquella parte. Y, que como el agua viene a caer de B en C, que tope ahí aquella agua que estará debajo de la línea que está encima de C. Aunque caiga la agua con furor, ella, dando en la misma agua que está parada, que no corre, pierde la fuerza. Es cierta cosa que en toda parte que tenga caída, el agua cae dentro de la misma agua, mas como es agua que corre, como la demás, va cavando el suelo, y esto es la causa los grandes retorcimientos que hace el agua hallando lugar de poderlos hacer esos remolinos, por causa de lo dicho. Y caso que lo hiciese en el levantarse en lo alto, no puede entonces volver para abajo, por causa que la fuerza del agua, que cae abajo, le hace levantar para arriba y así no puede cavar como se ha dicho. De modo que en esta forma se ve todo lo necesario del azute, que es ver el costado y la frente y

^jy, ñ c S

espaldas, todo en una forma. Que la B demuestra la circunferencia con A C, y E demuestra lo de medio del azute. C D demuestra lo de arriba, como ha de ir, de modo que sea concluido todas las partes en una sola forma. Así que es muy fortísima por causa que el agua no da pesadumbre en ninguna parte, ni en lo de delante, ni en el medio, ni en lo postrero, por razón que el agua no tiene ninguna caída ni le toma por línea perpen- Ufol. 17 4v] dicular, mas tómale por línea oblicua, como se puede ver la diferencia que hay en estas dos figuras que están aquí abajo. (Figura 150) [289]


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Demostración que hay entre estas dos figuras o formas, la cual es muy maravillosa consideración. Y porque se vea muy manifiestamente la traviesa que hay en estas dos formas de azutes. El azute M no es más alto que el azute N, por donde no hay mas altura de agua en N que en M, mas que es la causa que M es muy mas agravado del agua, que no es el azute N. Y esto causa el muy grandísimo peso porque la agua no descansa en ninguna parte, por esta causa los más de estos azutes duran muy poco tiempo en ser. Y el azute N descansa mucho el agua en él, por razón que desde la A a la B no gana punto la una agua a la otra, ni desde la B a la C, por causa que siempre va descansando, Ufol. 175r] de letra en letra, como la figura lo enseña. Por cuanto en la figura M, desde la A a la B, no descansa punto la agua, ni menos desde la B a la C, antes todas estas partes andan dando mayor trabajo al azute, y todas juntas, estas partes, empujan todas juntas, lo que no hacen en N, porque ningunas de ellas ayudan, una parte a la otra, como hacen las de la figura M, que todas juntas hacen mayor resistencia, por causa que una agua agrava a la otra. Que el agua que se halla en E es muy más ligera que no es el agua que se halla en D, la cual es muy más pesada que no es la E, y lo mismo es muy más pesada la agua en C, que no es en D, y lo mismo es C, que es muy más ligera la agua en C, que no es en B, y muy más ligera en B, que no es en A. Y esto lo causa por ser el agua en aquella parte muerta y quieta, y esto es la causa que, si ella corriese, no habría estas divisiones y, por tanto, se ve muy manifiestamente que en el azute N no agrava punto la agua al azute, ni una agua causa a la otra ningún peso, como hacen las del azute M, bien que ellas están, estas divisiones, unas sobre la otra. Entiéndese esto52 en el agua que toca los azutes, de modo que querer estar devaneciendo para demostrar, de esto, la verdad de ello, digo que era menester hacer otras demostraciones acerca de esto. Dejado aparte todo esto, de modo que en un azute la agua le hace mucho daño y al otro la hace provecho, al uno carga todo el peso del agua en un lugar, lo que no hace en el azute N, que en muchas partes se divide el peso por ir igualmente cargando todo el peso en el azute N. De modo que yo no hallo en ninguna figura o forma más ruin que es el azute A, que la forma del azute B, la cual es una de las mejores formas que se puede hacer. La Ufol. 175v\ forma A es tan flaca, y tan de poco valor, que no puede de ser menos de lo que ello es ésta, por causa del recibir todos los golpes, en un solo lugar, del agua, y en una misma línea va a herir toda la agua. Este modo de azute, el cual es de poco artificio, y este es azute para levantar un río pequeño en alto, para hacer un molino o para regar. Y con poco gasto se hará una bóveda, la (Figura 151) cual bóveda es T, que atraviese el río, porque este edificio se ha de hacer en enjuto. Y a la parte de delante, en V, se ha de dejar lugar que la agua pueda pasar, y, por lo mismo, a la otra parte, que es N, también dejar lugar para pasar el agua. Y en la parte de delante se ha de retraer y hacer dos recatas de alto abajo, que es Z y R, después aquel lugar donde pasa el agua, que es en V. Y los maderos que se habrán de poner para aquellas recatas Z R, conviene que estén bien labrados, para que junten muy mejor por los cantos, que se han de tocar el uno al otro y después en sí. Y como se habrán puesto esos maderos por esas dos recatas, y, luego, tener aparejado muchos hombres para que vayan echando tierra, hasta tanto que del todo no pueda pasar 52

Tachado: sobre. [2901


Libro N o n o

Figura 151.

punto de agua, que entonces la agua se levantará en alto y irá al lugar deseado. Y después se podrá cerrar aquel lugar donde pasaba el agua con piedras, después que la tierra tenga hecho asiento. Y de Y/fol. 176r] ese modo se tendrá una cosa muy firmísima, porque la madera, al fin, ella se corrompe, de modo que en discurso de tiempo vendría a faltar el edificio. Y estando las dos partes, que es V X, estará asegurado su azute para la fin del tiempo que se desea que dure. El reducir el agua que pase por estrecho lugar. Convendrá hacer una canal o canales, según será la mucha agua o poca. Y si ella fuere mucha, divídase en dos o tres partes, para que ella pase mas cómodamente. Y como el agua se ponga por canales que la tenga recogida, ella se va levantando en alto y toma menos lugar, y así se podrá hacer cualquier azute, con tal que el río no sea muy grande. Y de este modo se habría lo que se desea cuanto en esto, (Figura 152) Y/fol. 176v] por donde en cualquier lugar se podría hacer azutes con esta orden de ir dividiendo el agua en muchas canales porque, cuantas más divisiones, muy más cómodamente se hará la obra, porque, cuantas más se harán las canales altas de costados, tanto mejor cabida tendrán de agua, y aunque ellas sean estrechas, pues sean altas de costados, serán muy bonísimas. Y en el azute, donde hay la V Figura 152.

[2911


TOMO I I

Figura

168.

V V V V, convendrá hacer aquellas puertas que vienen a cerrar en aquellas puertas S S S S S. Convendrá hacerlas más estrechas abajo y anchas arriba, a causa que encajen muy mejor en su lugar. Y cuando se hará esto, conviene que la obra esté seca y que se quite a las canales53 antes que se cierren aquellas puertas S. (Figura

153)

Esto es las bocas cómo se han de cerrar con maderos o con tablas muy gruesas, lo cual es F. Y en el hacer estos azutes, para haber de cerrar esas bocas, conviene dejar una bóveda en el medio para cerrar las bocas S, aunque se pueden cerrar54 en otro modo, Ufol. 177r] que es entrando dentro de las bocas y venir cerrando, de modo que, séase ello en cualquier manera, conviene cerrarlas. Y, haciéndose eso, se tendrá acabado el azute con todo cumplimiento. Y en ningún modo no se dejase de cerrar, porque sería un muy notable perjuicio para la obra, y, así haciéndose, quedará acabada la obra con todo el cumplimiento que conviene, así para llevar agua para regar, como para molino, porque, levantada el agua por encima del azute, puede, después, servir para cualquier ejercicio que será necesario, como para batán, como para herrería de hacer andar machos y mallo, como en tales edificios se acostumbran servir, y para amolar, y para limpiar armas. Y si, caso, haciendo este modo de azute, se quisiese dejar en el medio aquel arco, como va señalado en el azute S, el cual arco es T, convendrá empezar abajo, en el suelo, a volver el arco, porque tendrá muy mayor fuerza y seguridad para todo el edificio, que en ninguna otra manera que se pueda hacer. Y convendrá dejar una bajada para descender abajo y para poder bajar la maniobra que será necesaria para ello. Yo querría que cuando se hiciesen esas salidas de las canales, que ellas fuesen las más estrechas que pudiese ser, al un cabo y al otro, y que en el medio del edificio fuese ancho, y que no se haga pared seguida, más de sólo en las dos partes, para que haga razón con la pared. Y si se querrá cerrar todo, así el arco como las bóvedas, se podría hacer, entonces, muy bien ya que no se cierra el arco, hágase que las dos partes que se cierren se vengan a topar. Diversas formas se pueden hacer, y en diferentes" modos, para hacer azutes. Y, pues he demostrado [/fol. 177v\ el modo y dado la orden como se deben hacer, así que, aquí yo no curaré de más ir replicando el cómo este azute M es de 53

Repetido: y que se quite las canales.

54

Tachado: en otro modo.

[292]

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Libro N o n o

muy grande artificio, (Figura 154) mayormente en la parte de dentro, donde es la M, que aquel redondo es de una muy grandísima fuerza y en el caer del agua no puede socavar, por causa que da en aquella concavidad, a modo de un vaso, y como el llano cae igual y, por esta razón, el agua no hace daño en el azute. Y donde hay la N es donde se toma el agua y encaminada por acequia. (Figura 155) Figura 155.

Este azute V, que es la parte de delante de él, es hecho casi sobre la figura de arriba, aunque en muchísimo son Ufol. 178r] diferentes, porque el azute M va en punta en el medio y éste va llano, aunque la parte postrera va en redondo, mas no van de un mismo modo, porque el de la M va hecho a modo de un vaso llano, y éste, en la parte baja, va también en redondo, mas no va en llano, antes, es hecho a gradas, donde es la T. (Figura 156) Figura 156.

[2931

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TOMO I I

Este modo de azute es muy extraño, en su forma, por causa de las formas esféricas, de modo que donde hay la A B es un medio redondo, y desde ahí, C D es otro medio redondo, y al revés, que es convexo, y lo mismo es F E. Y los dos bocales son H I. El cual azute es hecho a dos vertientes, y aquel llano M, y la otra parte oposita a la A, es G. Dar medidas para esto no me parece que hay necesidad de ello por causa que, según es la forma, así se le da la cantidad, digo que, cuanto más gruesas serán estas fábricas, [//o/. 178vJ que ellas se deben hacer como se hacen los baluartes, que cuanto más son gruesos, tanto más resisten a la artillería, así son los azutes, que estos tienen, ordinariamente, sus contrarios de delante, que no paran, ni de día ni de noche, de darles molestias. Y cuando vienen las crecidas, entonces, eso es darle la batería. Así que este azute tiene dos bocales y por esa causa es hecho sobre esa forma, para que, dando el agua en A, se divierta a las dos partes, de modo como va resbalando desde A hasta la C se viene a entrar con mucha facilidad por los bocales. Y haciéndose este edificio de cantería sería una cosa muy segura y muy firmísima. Y esto abaste cuanto a esta materia de azutes, aunque otras muchas formas tenía pensado de poner, parecióme, al fin, que todo -era mayor prolijidad que otra cosa, que si no abastare media docena que no servirán ciento. Querráse ennoblecer una ciudad para que ella sea frecuentada. Por causa del mudar algún río, se ennoblecerá mucho. Y que el tal río vaya a pasar junto de ella, o pasar por ella, por razón de lo dicho, con vasillos que traigan mercadurías. Y si el tal río fuera para poder navegar, aunque los vasillos sean pequeños, digo que será cosa importantísima, que vemos que por causa de muchos ríos muchas ciudades ser muy celebradas, así de mercadurías como de otras cosas, de modo que cuanto mayor será el río, o más abundante de aguas, tanto más será celebrada esta tal ciudad. Y que los vasillos de la mar [/fol. 179r\ puedan entrar, digo de los pequeños, porque muy pocos ríos sean tan abundantes de aguas que en ellos puedan entrar naos gruesas, como hacen en el río de Sevilla, ni como en Ebro, junto de Tortosa, el cual va a dar en la mar. De modo que suele la mar, ordinariamente, con sus olas, cargar mucha materia de arenas en las bocas de estos ríos, y aun suéleles romper las ribas con su ordinario movimiento. Conviene en algunos de estos tales ríos haberles de fortificar las bocas, por causa del poder entrar los vasillos, y reparar lo gastado de las importunas olas de la mar, la cual todo lo va gastando con sus importunas olas y, ordinariamente, está porfiando con todas sus fuerzas para haber de vencer lo que al encuentro le está, de modo, como tengo dicho, que se han de fortificar. Y en el fortificar convendrá tener el mismo modo que se tiene en el fortificar los puertos. Débese de procurar de poner las mayores piedras, que ser puedan, en estos edificios, y que ellas se asienten, algún tanto, declinadas hacia las olas de la mar, a causa que, topando en ellas, no le halle tan de frente que le pueda dar de lleno en lleno. Y con esto se podrá fortificar, con esta invención, aunque la mar es muy mañosa y engaña al arte, y aún el artificio, y a las fuerzas de los hombres, que con su industria se verá vencer la fuerza de las tempestuosas olas de la mar. Digo que este tal se debe tener, o le deben tener, en mucho, de modo que ofreciéndose que de un grande río haberle de dividir en dos, para que él fuese a dar dentro de la mar, convendrá tomar muy mas atrás, media legua a lo menos, VIfol. 179v] un tercio del agua y separarle del otro brazo. Cuando fuere el agua tanta, que abastase para dividirla en dos partes, será cosa muy [294]

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Libro Nono

cómoda para los que navegan, porque si no pudiere entrar dentro de la boca del primer brazo, tendrá lugar para entrar por el segundo. Y, a más de esto, sirve el dividirla que, cuando los ríos traen muchísima agua, por causa de las crecidas, tendrán muy más cómodo de despedir la agua por las dos bocas, que no hará por una sola, y por esta razón no anegará tanta tierra ahí, con tener dos salidas. De modo que, para haber de hacer esto, es menester fortificar en tres partes, la una donde se dividen y las otras dos donde se despide la agua. (Figura 157)

Donde es la A conviene fortificar con mucho artificio Ufol. 180r] y con grande consideración, y lo mismo ha de ser en B, y lo mismo en C D, que conviene fortificar con muy grandísimas piedras. Y débese hacer la fortificación en figura esférica, como se demostrará en la de las fortificaciones de los puertos. Usaráse aquel mismo artificio, que se usará las mismas formas, y donde está E se debe aderezar como en los azutes hemos tratado, y así se habrá remediado la necesidad de lo que fuere gastado.

[295]

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LIBRO DÉCIMO De las cisternas y aljibescómo

se hagan en diversas maneras

orno se deba hacer toda manera de cisternas para conservar dentro de ellas aguas para beber. Y estos vasos para tener aguas se hacen en diversas maneras. Las aguas de las cisternas no manan en ellas como hace en los pozos porque, ordinariamente, se pone en ellas las aguas a mano para conservarlas55, para el servicio de las casas o de los castillos y para las necesidades humanas. Hínchense en muchas maneras. La primera manera se hinchen trayendo el agua con animales, esta agua o es de río o de fuente. La otra manera es que se acomodan los techos de las casas en tal manera que toda el agua que llueve encima de ellos vayan por sus caños a caer dentro de estas cisternas, o por algunas canales que van a dar en las cisternas. La otra manera para henchir las cisternas es que, cuando llueve, se hace venir [//o/. 180v] esas aguas que llueven por el campo, acomodan a un clamor o barranco venga a henchir algún lugar y que, después de reposada, la hacen ir por sus caños a la cisterna. Otras veces se hinchen en otra manera. Que las hinchen con la agua de alguna acequia que viene a tiempos para tener agua que sea reposada. De modo que no se tiene un mismo modo en el henchirlas, porque en un modo se hinchen con poner dentro de ella agua clara, en otras se le ponen turbias y aun cenosa [J]. Pues las cisternas se hacen para tener aguas para beber, cierta cosa es que conviene hacerlas en diferentes modos, así como en la diversidad del henchirlas lo requiere y, por tanto, son diversas las maneras, así en el hacerlas como en el henchirlas. Y también unas cisternas hacemos para beber y otras para el servicio de las casas. Las cisternas se deben hacer en tal modo y manera, así en el suelo como en lo demás, a la redonda, que ella sea muy firme y sólida, que no se extermine por ninguna parte. Débese tener muy grande cuenta que el agua de la cisterna, así 55

Tachado: en ellas. [2971


TOMO

II

la que se ha de beber como la que se tiene para el servicio, que esas aguas no se corrompan en ningún tiempo cuanto es en sí del vaso. Porque, si el agua, de suyo, mala y que luego hiede, esto no será de parte del vaso, mas será de parte de la misma agua y, por tanto, digo que antes que se hinchan de las aguas de fuentes, o de ríos o de acequias56, se debe tener cuenta si esas aguas se conservan o si se corrompen, porque, corrompiéndose, es tener una penza dentro de casa y una corrupción, [//o/. 18Ir] Suélense hacer las cisternas dobladas, en este modo: que se hacen una dentro de la otra, de modo que ellas son dos en un mismo vaso, como irán aquí dibujadas. Las cuales son para tener agua, de la que llueve del cielo, en los techos de las casas. Estas dos cisternas son en este modo: que la una es mayor que la otra y la una es más honda que la otra. La cisterna que va en el medio, esa, no recibe el agua de las lluvias, mas recibe la cisterna A. La que tiene en el medio es la B, y la cisterna B es muy más honda que no es la cisterna A, es la que es a la parte de defuera. Mas conviene que las paredes de la cisterna B que ellas sean hechas de piedra tosca para que pueda ir destilándose la agua de la cisterna A, dentro de la otra cisterna B. Y si hubiese dentro de la casa tanto cómodo que el agua de estas dos cisternas se pudiese sacar por sus jetas, sería muy grande regalo que se podría sacar agua de la cisterna A, para el servicio de la casa, y de la cisterna B, para beber. La cisterna B será muy más fresca por razón del agua que tiene a la redonda de sí. Y en este modo son hechas estas dos cisternas, muy cómodamente, sin ocupar mucho patio. Cosa muy antigua son las cisternas y los pozos porque hallamos en el Libro de los Jueces cómo Sansón mató al león junto de la cisterna. Figura 158.

UFol

181v]

(Figura

158)

L a cis-

terna grande es A, la cual tiene para sacar agua para servicio es en C, el cual agujero es muy más alto que no es el suelo de la cisterna B. Que por donde se ha de sacar de la cisterna B, es en D, que es muy más bajo, más de ocho palmos. Y para mayor inteligencia de esto, he hecho la segunda figura, la cual está partida por el medio, por donde se ve muy manifiestamente cómo es muy más alto el suelo de la cisterna A, que es C. Y el suelo de la cisterna B es D. Y esto se hace a causa para que el agua sea muy más clara y destilada, por causa de ir destilándose por aquellas piedras que deja todo lo grueso y lo sucio y queda muy clara. Otro modo de cisterna he pensado para que se puede henchir con el agua que viene de algún barranco, cuando llueve, o de otra parte. Y porque, ordinariamente, las más cisternas se suelen henchir de las aguas de las lluvias de los 56

Tachado: o de acequias.

[298]

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Libro Décimo

techos, y en muchas Ufol. 182r] partes las casas no son tan grandes que, ni tan acomodadas, que la agua que les viene de los techos no es bastante para haber de henchir la cisterna, mayormente en las casas de las aldeas que tienen menester mucha agua para el servicio de las cosas, en especial donde hay muchos animales, de modo que para hacer un semejante edificio conviene cavar un grande patio, en cuadro, dentro de tierra, a lo menos tenga, en ancho, veinte palmos y, en largo, otros tantos, y que sea treinta palmos en alto. Y volver, en este patio que se habrá cavado, una bóveda redonda, a modo de una media naranja y, en el medio, dejar, en lugar de la llave, un agujero redondo para poner un bocal a la57 cisterna para sacar agua. Y este bocal ha de ser de alto diez hasta doce palmos, o más. Y las paredes58 de la bóveda han de subir derechas hasta lo más alto, al derecho del altor del bocal. Mas a la parte de donde se ha de recibir la agua, que vendrá del barranco o otro lugar, conviene que tenga una entrada espaciosa la agua y, en este lugar, ella se repose y asiente toda la inmundicia que trae consigo. Y encima de la bóveda hase de igualar con arena. Y la piedra de que se hará esta bóveda conviene que ella sea de piedra tosca, o que la bóveda sea vuelta en seco, pues no se hallase piedra tosca. Y la agua, que habrá entrado encima de esa bóveda, se irá destilando, abajo, por la arena y por las juntas de la piedra o por los agujeros de la piedra tosca, y de este modo quedará el cieno encima. Y porque [//o/. 182v\ conviene que sea el lugar más grande, por causa que quepa muy grande cantidad de agua, convendrá que se haga una bajada con una escala. Y hacerle, en este rodeo de paredes, hacer una entrada para poder sacar agua de la cisterna, que servirá la escala para esto y para limpiar el cieno de ella cuando hubiere mucha cantidad de ello. Podrásele hacer al un costado un desaguadero, que cuando ella fuese llena, esta circunferencia de agua, que se pueda desviar por otra parte por razón que no haga (Figura 159) daño ninguno en el edificio. Y de este modo se extenderá mucha cantidad de agua y muy clara y muy limpia. Ufol. 183r] (Figura 160) Esta manera de la planta de la cisterna B. Y la entrada es donde es la A, ahí entra el agua en aquella capacidad. Y el bocal de la cisterna es C, la escala es D y el perfil de la cisterna es, en ella, las mismas letras, 57 58

Tachado: redonda. Tachado: y las paredes. [299]


TOMO

II

aunque en la bóveda es H y lo bajo es I; que la G es donde la arena. De modo que esta es una invención muy excelente para conservar mucha cantidad de agua. Después que se tiene hecha una cisterna, conviene lavarla en esta manera: tómase de la escoria que queda de la mina del hierro y pícase muy menudamente para que con ella se pueda embetunar la cisterna. El embetunarla o lavarla con esta materia es sólo para que el agua se conserve fresca. El lavarla no entiendan que es lavarla con agua, lavarla llamo yo cuando un aposento se va lavando [//o/. 183v] con espalmarle, o con yeso o con cal, que quedan lisas las paredes, y para conservarla fresca la agua de verano. La agua con que se amasa es hecha con diversas semillas o simientes. Se hace: tómase raíces de olmo y raíces de regaliza o de alcazuz o de palo dulce; tómase cilantro, hinojo, anito, granos de enebro, de los negros, de los que huelen bien, y hácense cocer todas estas simientes con las raíces. Y después de haber hervido, y con esta agua se amasa la cal y la escoria del hierro, que se pone en lugar de arena, y con esta van lavando toda la cisterna por de dentro, de modo que con esta materia se da muy buen olor al agua y se tiene fresca y la conserva que no se corrompa. Y si en esta decoción se le pusiese dentro nueces moscadas, canela y otras cosas semejantes, flor de macis, granos de paraíso, galanga, zoroardia y otras cosas de esta calidad, aromáticas como jengibre, clavillos de gilose, porque estas cosas quitan la aspereza de la calcina. Y conviene lavar después toda la cisterna, que quita todo el mal sabor de la calcina esta agua. Y con ella lavaráse tres veces la cisterna, de modo que tomará muy buen olor la cisterna. Débese dejar muy bien enjugar antes que se le ponga dentro agua. Hácense en varias y diversas maneras las cisternas, como se puede ver. Todas las cisternas son para tener agua conservadas de las lluvias. Hácese alguna cisterna que reciba el agua [/fol. 184r] por canales que vienen de los techos y van a entrar en la cisterna que recibe el agua de la lluvia. Se le hace al costado otra más pequeña, y la hacen que sea mucho más baja, que no es la que. recibe el agua de las lluvias. Y la pared que va entre medio de las dos, ha de ser dejando [300]

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Libro Décimo

unos agujeros abajo, cerca del suelo, y en esos agujeros se le acomoda unas esponjas muy grandes, las cuales han de estar enclavadas o afijadas, o puesto de delante una plancha de alambre muy agujereada, de unos agujeros menudos, a causa que el agua que destilará de las esponjas pueda caer dentro de la cisterna pequeña. Y ha de haber dos órdenes de agujeros, unos más bajos que otros. Y todos han de tener sus esponjas y sus planchas agujereadas. Las paredes conviene que sean hechas muy firmes y sólidas a causa que el agua no pueda trasvinarse. En las más cisternas se saca el agua por arriba, con garruchas o con otros instrumentos, en la misma manera que se saca de los pozos. Las más cisternas están cavadas dentro de tierra como los pozos, mas cuando ella fuese en el aire, digo que ella no fuese cavada como los pozos, que será menester embetunarla por de dentro y por de fuera para que tenga la agua. En esta manera de cisterna se podrá sacar el agua por jeta, que será muy menos trabajo y se sacará muy más limpia. Y estas jetas conviene asentarlas algún tanto más alta del suelo, en especial en la que recibe el agua de las [/fol. 184v] lluvias, por causa de la inmundicia que deja abajo en el suelo. En la otra, donde se destila, no es necesario, por causa que va a caer dentro de ella destilada, por causa de las esponjas. Estas cisternas serán cuadradas. La cisterna grande es A, la pequeña es B, y donde han de ir las esponjas es C. La cisterna A no ha de ser tan honda como la cisterna B, ésta ha de ser un tercio más baja que es el suelo D. Y el suelo de la pequeña es E, de modo que las esponjas han de estar cerca de D, que es la esponja A, y la plancha agujereada es B, como la figura lo demuestra. (Figura 161) Aquí {/fol. 185r] he puesto estas dos figuras para que se entienda mejor mi intención. La primera es la canteada, que es la parte de defuera, y la segunda es demostrar la parte de dentro para que se entienda muy mejor. Suélese poner en el suelo, donde es la D, arena, a causa que la tenga más fresca y que se purga muy mejor el agua. Hay otro modo de cisterna, y muy diferente de las dichas, la cual invención es harto ingeniosa. Esto se puede hacer en toda parte aunque sea en un llano. Tiénese cuenta, cuando se quiere hacer una semejante obra, donde más agua se suele recoger cuando llueve. Y de ahí se cava una fosa o acequia en un grande collado o monte, y esta acequia que se vaya declinando a una parte para que el agua vaya caminando, y al fin de ella se cava un grandísimo hoyo en cuadro, y si fuese en peña sería muy mejor. Y este hoyo cuadrado es para que se venga ahí a recoger la agua y, después de recogida en aquel lugar, déjase reposar hasta que se haya asentado la inmundicia o cieno que traía, o tierra o semejantes cosas. Después de reposada, conviene tener acomodado, al un cabo de este hoyo cuadrado, un artificio que se pueda abrir y cerrar. Y abajo del monte se ha de cavar una cisterna, en tal modo que se pueda sacar el agua por abajo. Y hase de acomodar, desde el hoyo cuadrado hasta la cisterna, de arcaduces o canos de piedra, los cuales estén asentados en manera que ellos no se vean, y que el agua que estaba recogida, abriendo el lugar, que el agua salga y vaya [/fol. 185v~\ a la cisterna por los arcaduces. Y de esta manera será el agua muy limpia y clara y fresca. Esta cisterna ha de ser hecha a modo de una bóveda. Encima que no haya más abierto de lo que cabe el arcaduz. Hásele de hacer una portezuela en lo alto para poder reconocer la cisterna, si se trasvina. Y ha de haber, en lo bajo de ella, cerca del suelo, una jeta muy bien asentada para sacar el agua de la cisterna. [301]


TOMO

Figura

II

168.

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Suélense hacer las cisternas en diversas maneras. Y hácense tres juntas, y dos. Y las cisternas no difieren de los aljibes en otro que ellos son cuadrados y las cisternas son redondas, las más. De modo que los aljibes son cuadrados y cubiertos de bóvedas. En esto son diferentes, que en lo demás paréceme que, ambos a dos, son vasos para tener conservada agua. Antes me parece que la cisterna más remeda a pozo en el edificio, excepto que en el pozo mana el agua y en la cisterna se recoge de lo que llueve. (Figura 162) El monte es la A, y la acequia es B. La conserva del agua es C. Donde sale el agua del ojo cuadrado y va a entrar en los arcaduces es D, y donde entran en la cisterna es E. La [/fol. 186r] cisterna es F. Donde es G y donde es H se saca el agua de la cisterna. Y para que el agua esté fresca y limpia tómase arena del río, o de arroyo, que sea algo grueso, y débese lavar muy bien, y después de muy bien lavada, debes poner en el suelo de la cisterna, y hase de poner hasta dos pies en alto. La cual arena conserva el agua muy fresca y limpia, y muy purgada, y de un sabor muy excelente. Y cuanto más arena se pondrá tanto más fresca será el agua, y clara.

[302]

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Libro Décimo

Acaece muchas veces que se suelen gastar o perder por causa de ser ellas mal embetunadas. Y piérdese el agua por causa de las quiebras y por no ser bien hechas las paredes. Y, también, las aguas se suelen corromper por causa que están las cisternas llenas de inmundicias que han recogido en discurso de tiempo, así del cieno como de otras cosas que en ellas se suelen recoger. Es cosa muy dificultosa el tener encarcelada el agua entre unas paredes. Las paredes conviene que ellas sean muy firmes. Haráse una cisterna de piedras comunes que, ordinariamente, se suelen poner en obra. Y conviene, que después de ser acabada una cisterna, que se deje secar muy bien todas las paredes antes que en ella se ponga agua, por causa que, ordinariamente, el agua es pesada de suyo y hace grande resistencia a las paredes, de modo que algunas veces se suele salir de ella; por causa de su humedad suele ir empujando. Las paredes suelen ellas, de sí, echar59 un cierto sudor y, hallando esta sudor las porosidades de las paredes, las Ufol. 186v] van abriendo, y así van destilando de continuo hasta tanto que ha ensanchado el camino. En tal modo, salen después como si saliesen por algún caño, tan libremente. Los antiguos acostumbraron para remediar estos casos que suelen acaecer en los tales edificios, en particular en las cantonadas. Y el remedio que ellos hacían para esto era que le daban al edificio muchas espalmaduras, una sobre otras, y con este remedio iban remediando estas rendijas o porosidades. Y hacían en la postrera mano de las espalmaduras, esa, 59

Tachado: de sí. [303]

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TOMO

II

hacían ellos con muchísima diligencia, que parecía al mármol. De tal modo lo hacían que se hacía tan dura y fuerte que parecía piedra, mas al fin no se puede remediar esta derramación de agua. El mejor remedio que para eso hallaron, que se henchiese de greda entre dos paredes. Y conviene ir maceando la greda, como hacen las tapias o los que empiedran las calles con piedra menuda. Y esto se ha de hacer con diligencia, el irla maceando igualmente. Y la greda ha de ser enjuta y toda ella ha de estar en polvo, como si fuese harina. Y con esta orden irá henchiendo desde el suelo hasta lo más alto de la cisterna, entre la pared y la tierra de los costados, y si ella fuere hecha en el aire convendrá hacer dos paredes y poner la greda como se ha dicho. Ha habido algunos filósofos que han pensado, que para conservar la agua de las cisternas para que no se corrompa60, que tomando un vaso de vidrio y henchirle de sal y cerrar el vaso muy bien, que no pueda [//o/. 187r] entrar agua en él. Y este ciérranle con cal que haya sido muerta en aceite. Y, después, colgar el vaso apenso, en medio del agua de la cisterna, el cual vaso esté así colgado. Conservárase la agua muy largo tiempo sin corromperse, aunque esté así encerrada. Hay otros que son de contraria opinión y dicen que tomando un vaso de vidrio, que sea muy grosísimo, y henchirle de azogue o argento vivo y cerrar muy bien, que en él no pueda entrar agua. Que el agua se conservará muy largo tiempo sin corromperse colgándole que esté dentro del agua. Hay otros filósofos que son de diversa opinión en esto del conservar el agua sin corromperse. Que tomando un vaso de barro, que sea nuevo, y henchirle de vinagre del más fortísimo que ser pueda, y cerrar el vaso muy bien, con cal, como se ha dicho, y ponerle dentro del agua el vaso, que esté colgado, que luego le quitará aquella cierta olor que habrá tomado de reomático o de una cierta olor, como se suelen tomar los vinos que están en unas bodegas húmedas. Hay otros, que son de contraria opinión, que dicen que las aguas de los pozos o de las cisternas se hacen muy más purgadas con ponerles dentro algunos pescadillos pequeños, porque dicen que los peces se sustentan de aquel sabor, que se ha dicho del agua de arriba, de la humedad del suelo. Dicen otros que aquella sentencia o dicho de Epigenio, la cual es muy verdadera, que el agua que una vez se ha corrompido, que en discurso de tiempo se vuelve a enmendar y pierde el hedor [/fol. 187v] y se vuelve buena, que después nunca jamas se vuelve a corromper. Hay otros que quieren para remediar la agua que empieza a querer heder. Dicen que se le debe hacer este remedio: que la vayan quebrantando y sacando a menudo, aunque la vuelvan a echar dentro en el mismo vaso. Y si no se sacare, que se tome una piedra que sea algo grande, que pese dos arrobas de peso, y, asida en una cuerda, irla hundiendo y sacándola, y dejándola caer de golpe, por razón que quebrantará muy presto la agua haciéndose esto dos horas cada día. Y ella se remediará en espacio de ocho días, que el agua volverá en su ser y buena. Y aun este remedio sirve para el vino que tienen ese mismo sabor, y lo mismo sirve al aceite que tiene el mismo sabor o olor. (Figura 163) Esta es la manera del remediar las cisternas que se trasminan. La cisterna que se trasmina es A, y la greda que se pone entre la cisterna y la pared B, lo 60

Tachado: a la agua. [304]


Libro Décimo

que queda donde es la C, es el lugar que se ha de henchir de greda. Y ese es el remedio para que no se salga el agua de la cisterna.

Figura

163.

Josefo de Antiquitatibus trata una semejante materia, [/fol. 188r] Dicen que cuando Moisés andaba con el pueblo de Israel por los Desiertos de Moab y, no hallando agua para beber, que halló un pozo de agua amarga, y hedía. Lo cual mandó Moisés que los soldados que sacasen agua a grande prisa y la volviesen a echar dentro del mismo pozo, de modo que el agua se volvió, de mala, buena para beber. Es cosa muy manifiesta, que cociéndose el agua, que ella se purga mucho de todos accidentes que ella tenga en sí. Lo mismo hace en hacerla pasar por cosa que pueda pasar, no se destila como se hace las aguas que se sacan de las hierbas, mas tómase un vaso grande y pónese dentro la agua, y en el suelo se le hace un agujero y pónesele un paño que lo cierre, mas no que esté apretado en manera que no pueda salir el agua, antes conviene que esté muy flojo, y poner un otro vaso que la reciba, y así se va destilando por aquel paño. Aunque he puesto estos vasos en esta hechura, conviene que ellos sean grandes vasos y que tengan grande cabida, y lo mismo el recipiente. En diversas maneras se pueden hacer estas destilaciones de aguas, (Figura 164) Ufol. 188v] en la manera que se ha dicho, del hacer pasar el agua por aquel paño. Y así se puede remediar las aguas que participan de salitre. Y, también, las aguas que son amargas dícese que se remedian con ponerle dentro un pan hecho de harina de hordio, que es remedio muy eficacísimo friéndole, y ponerle dentro del agua, que dentro de dos horas se puede beber. Figura 164. Puédese también destilar aguas muy diferentemente de lo dicho. Tomaráse un vaso de alambre que sea grande y agujerearle, de medio abajo, de unos agujeros que sean muy menudos. Y henchirle de arena del río, que sea lavada muy bien, y puesta en el vaso, en tal manera que la agua pueda pasar, y de este modo se purgan las aguas muy maravillosamente. Este vaso también se puede hacer de barro y cuando es por cocer se puede agujerear, a la redonda, de agujeros muy menudos. Y para que el arena no salga puédese hacer un talego de lienzo grueso y po[3051


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II

nerle dentro del vaso antes que se ponga la arena. Suélese destilar agua por algunas piedras, como es la piedra caracolina, la cual piedra es llena de agujeros, a modo de esponja, y, por lo mismo, de la piedra tosca, que en estas dos especies de piedra se hace pasar el agua como en la esponja, de manera que la destilación de las aguas tienen muy grande fuerza que, de mala, las hace buenas. Dice Solino que si el agua de la mar se hace pasar por la tierra arcilla, que se vuelve dulce y buena para beber. También se halla que colándola muchas veces por arena, que deja lo salado pasándola por arena que sea sutil, que sea ella de algún arroyo. Si se pusiere dentro de la mar un vaso de barro nuevo, el cual vaso tenga la boca muy bien cerrada, en manera que no pueda entrar agua en él, que [/fol. 189r] a cabo de unos cuantos días se hallará lleno de agua dulce. Cuentan los historiadores que el río Nilo que, ordinariamente, va turbio. Y que en los vasos donde ponen esta agua, que toman almendras verdes y ir restregando con ellas la boca del vaso, a la redonda, que luego se vuelve clara. Este es el modo del vaso para destilar agua. (Figura 165) Aunque se ha tratado de la generación de las aguas, en general y en particular, de modo que las aguas que bebemos, ella es infinitamente saludable, al beber, las aguas de las fuentes, si son frescas y fuese tal cual la hemos ido particularizando, que realmente, y de hecho, será muy mejor la de las fuentes que no será la de los pozos. Y la razón es ésta: porque, ordinariamente, ella está en continuo movimiento y, también, que ella nace de sí misma, de la tierra. Y, por tanto, la de los pozos está dentro del pozo, como cosa encarcelada, y de ahí ella no se mueve punto de sí, si no es movida, ni tampoco no sale una gota, si no es sacada a mano con algún artificio. Y' por esta razón ella es muy más gruesa. Y esta agua, bebida que sea, menos humedece las viandas o comida, ni tampoco lava, lavando por las partes del cuerpo, el nutrimiento y, con mayor dificultad, se quita de los ríñones y se vacía de la vejiga. [/fol. 189v] La cual es muy más apta a dejarse beber, y si muchas veces se saca es porque, entonces, va, de mano en mano, sucediendo siempre la una agua a la otra que viene a salir. A un cierto modo, sácase el agua de los pozos, fresca como de las fuentes. Las aguas de los arroyos y de los ríos se conservan siempre en la manera del agua de las fuentes de donde ellas nacen, o por algún tiempo tan solamente, por donde ellas no son muy frías ni sutiles. Y por esta causa ellas pierden de su bondad, que tienen de su naturaleza, y se vuelven muy frías y gruesas. Las aguas que son crudas se tornan muy mejores por causa que ellas tienen menor frior consigo, y se hacen muy más sutiles. Mas para que las [que] son simples se conservan mejor o tales, las que son mixtas se vuelven tales de necesidad, es necesario que el asiento o suelo de los arroyos y de los ríos, que sean de tierra pura y densa y que no tengan ninguna mala calidad de cosa que dañosa sea en sí. Conviene que el asiento o suelos sean de una arena que sea unida y [306]


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dura, y apretada en sí, y que no tenga ningún hedor en sí ni mal sabor. El suelo o asiento de un río o arroyo conviene que sea de una arena que llaman máselo, que es, como si dijésemos, que fuese muy unida, o de piedras o de peñas, porque estos suelos no participan de ningún mal hedor, ni menos de mal sabor. Por razón que, entonces, teniendo mal sabor y olor, pierden de su valor y bondad, por causa y razón de hallarse los asientos o suelos de los arroyos y ríos, que son de una mala calidad de tierra, la cual no es pura, en especial si ella tiene consigo a mezcla algún jugo mezclado o congelado a vuelta de una tierra rala o de algún jugo congelado con alguna arena que sea muy muelle o delgada, o con cascajo suelto, o de alguna [//o/. 190r] mala calidad, inficionada de algunos sabores de metales. Acaece muchas veces que los arroyos y ríos tienen sus asientos y suelos, que en alguna parte es muy bueno, por donde esas aguas son muy alabadas de buenas y que son muy sanas. Y en otra parte o lugar son malas por causa de no tener tal el asiento o suelo, por donde pasan y caminan por encima. Por donde hallamos, también, [que] las aguas que son malas tienen, en alguna parte, bueno el suelo. Mas al fin no es del todo los suelos, y son parte para que las aguas sean ni malas ni buenas, ni menos los jugos de las hierbas que en ellos hay, por donde ellos pasan por encima, que eso sea parte [para] hacer que sean tales las aguas y tan malas. Antes los mismos arroyos inficionan las aguas de los ríos. Como vemos que un pequeño arroyo que es amargo hace amargo un muy grande río Lupart, en Ponto. Y como hacen en Aragón las fuentes de Arco, que gastan las aguas del río Martín. Y como dice Plinio que los arroyos que hay en Boristene, que van a entrar en el río Poo, las cuales aguas le hacen mudar de sabor. Y, por lo mismo, un río puede inficionar y gastar a otro, aunque sea una agua muy excelente de buena, y tanta será la fuerza de las malas que gastarán las buenas. Y, lo mismo, un lago gastará un estanque. Por donde se puede ver en la materia de arriba, que no sin causa he ido tratando esta materia con diligencia, las diferencias de los ríos. Entre todas las aguas de los ríos es la del río Euleo una de las más alaba- [/fol. 190v] das, y la del río Coaspe, las cuales aguas de estos ríos solían beber los reyes de Persia y las hacían traer o llevar, en diversas provincias de sus reinos, por donde ellos iban, como se halla escrito de algunos autores griegos. En los tiempos pasados hallamos que un príncipe de España, queriendo imitar a los reyes de Persia, se hizo llevar del agua del río Tajo o Tago y del río Ebro, en Roma, creyendo que esas aguas eran las mejores del mundo, sin ninguna comparación que no eran las aguas de Italia. Ptolomeo, llamado Filadelfo, el segundo rey de Egipto, habiendo casado su hija Bernice con el rey Antioco, rey de Siria, le hizo llevar del agua del río Nilo, como lo escribe Polibio, por causa que ella solía beber de esa agua. Las aguas que se llevan por acequia abiertas a los pueblos, las cuales aguas tienen las mismas calidades que tienen las aguas de los arroyos y de los ríos. Las aguas que se llevan a los pueblos por caños o arcaduces cubiertos, y esas aguas son muy mejores, que no son las aguas de los pozos, aunque se quebranten mucho porque no son tan frecuente movidas como son las que caminan, ordinariamente, de su movimiento natural. Y, como va hiriendo por los caños y arcaduces, se va sutilizando y se hace muy mejor, mas ellas no son tan buenas aguas como son las de los arroyos y de los ríos pues que, en ellas, no se les puede penetrar la calor del sol, en esas aguas que caminan por caños, porque es cosa cierta que ellas se van sutilizando las aguas que les hiere el sol. Aunque algunas veces es muy [/fol. 19Ir] mejor llevar las aguas a los pueblos por caños, que no [307]


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es por acequia abierta, por causa que no se ensucie con alguna otra agua que se le puede mezclar y causarle un mal sabor, o pasando por encima de alguna tierra suelta y rala, que no tome algún mal sabor o otra cosa que le causa algún notable daño. De modo que aquellas acequias que son cavadas en peñas, o hechas de paredes de mampostería o de sillería, que no puede mezclarse ninguna cosa dentro de estas acequias, de manera que por estas acequias se llevan muy limpias las aguas y puras, por razón que el agua no puede ir lamiendo en ninguna cosa que daño le pueda hacer, ni le causar mal sabor. Y, por esta razón, se traen las aguas muy buenas y limpias por caños de madera y de barro, y también en fístulas de plomo. Las fístulas de metal o de alambre no son tan buenas para traer agua por ellas, por causa que las de alambre no son tan buenas porque, cuando el agua no corre por ellas ordinariamente, suelen criar una materia muy sutil de verdete o cardenillo por los caños, y de esta materia se viene a hacer la cadmía, y la agua la va lavando poco a poco y, bebiendose estas aguas, suelen dañar mucho a los intestinos. Las trombas de plomo o caños, esos, son menos dañosos que no son las de alambre. Los Arábigos dicen tanto mal de las fístulas de alambre en tanto modo que espantan, aunque en Alemania y en Italia y en Francia se sirven tanto del alambre para tener agua y para otras cosas semejantes, y ellos no hallan que dañe ni aun que pierdan las aguas punto de su valor. Y si, por caso, al- Ufol. 19 lv] gunos se les dañan los intestinos, no es eso la causa, que sean los caños de alambre, mas antes lo causa la misma agua, y tiene tal calidad y causa eso, que los caños de alambre o de plomo. Será, pues, menester que nos sirvamos de los caños o fístulas de metal o de plomo porque las de barro o de madera no son tan buenas para donde es mucha el agua y tiene mucha fuerza, en especial cuando el agua sube de abajo para arriba. En tales lugares es menester que sean de alambre, en especial en las máquinas, donde se sube agua en alto violentamente. Y son de más provecho las de plomo que no son las de alambre. Y esto abaste cuanto a esta materia de las aguas que se traen con artificio. Antes que se trate de los lagos y de los estanques y de los almarchales, conviene que tratemos primero de las aguas de las lluvias, por causa que la más parte de las aguas de los lagos y de los estanques son mucha parte de las lluvias o de las nieves que se derriten en la primavera, y porque estas aguas no tienen, en sí, muy grande variedad. Y, por tanto, se irá tratando y dando las razones como en lo demás. Las aguas de las lluvias, ellas, no son muy buenas por causa que son mezcladas o mixtas, con exhalaciones malas. Caso que en todo tiempo del año llueva, en diversas partes, cuando de la tierra evaporan exhalaciones mezcladas con vapores, y que esos sean causa de la calor o el frío de la lluvia. Mas no por eso, en las partidas calientes y, también, en las partes que son templadas, suele acaecer esto mismo en el verano y en el otoño, por causa de los Ufol. 192r] demasiados soles o calores del sol, los cuales calores atraen en la misma manera las exhalaciones mixtas, o mezcladas con vapores de la tierra, y se revuelven o mezclan y suelen nacer las lluvias mezcladas con aguas saladas o salitrosas, o de otras maneras de aguas. Las que son simples es al contrario, que son aguas muy sutiles y claras y ligeras y dulces y, por esto, son muy buenas y ellas son muy frías, como son las aguas de las fuentes. Y, bebiendo de estas aguas, penetran mucho, que en muy poco rato penetra hasta los sentidos. Y esta manera de lluvias suele 11o[308]


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ver en la primavera, en las regiones que son templadas, y en las regiones o partes que son frías en el verano, y en las partes que participan de menos fríos. Esas aguas se quedan en los intestinos y en las entrañas, como son aquellas que llueven en el invierno, llueve en las partes frías que ordinariamente en el verano y en la primavera y en el otoño cuando suelen correr vientos fríos, como es Tramontana o Aquilón o Bóreas y los otros vientos que son a los lados de este, que son de la misma manera, las aguas que llueven, tomarlas y conservarlas en sus vasos, como se acostumbran conservar las demás aguas simples. Y si se bebiere de estas aguas después que empiezan a corromperse dañan a las arterias y, cocida, causa destilación o colamiento de narices y catarros, que siendo de sí mismas fastidiosas y molestas, causan tos y hacen hacer la voz ronca. Las aguas de los arroyos, aunque sus aguas sean de muy buenas lluvias y con semejantes aguas hayan crecido, muy [/fol. 192v] a tarde suelen ser sanas ni buenas por causa que, ordinariamente, suelen ser limosas y turbias. Las aguas de las nieves tienen lo mismo, aunque ellas se van mucho acercando a la bondad de las aguas de las lluvias porque, en siendo congelada por causa del frío, entonces, se va repretando 61 en sí y sale aquella parte sutil que hay en ella, y quédasele en ella la craseza o groseza, y por esta razón se endurecen y se hacen frías, y por esta causa no son tan buenas ni sanas el beber estas aguas como son las aguas de las lluvias, salvo si no fuese aquello que escribe Estrabón, que en las nieves del monte Cáucaso nacen y crecen ciertas piedras huecas, las cuales piedras tienen en sí un agua muy buena, y que dentro de la misma nieve se crían animales ciertos, que rompiéndoles el pellejico sáleles una cierta agua, de aquella nieve, que es muy buena de beber, y estos animales han sido llamados de Apolonide gusanos terrestres, y de Teofrasto queras de monte 62 . Después de las aguas de las nieves tienen, en sí, mas las calidades de las malas tierras donde ellas han caído las tales nieves. Sean caídas encima de árboles o de otras cosas, ellas serán tanto peores las aguas de los hielos, aun ellas por esta misma razón o causa son tanto más peores y malas, dado caso que las aguas de los hielos sean ellas puras y se hacen de hielos, que ha muy grandes tiempos que están heladas y endurecidas estas aguas, como se hallan en los puertos de las montañas que son muy altísimas, se hallan que jamás se han deshelado estas aguas, aunque ellas sean muy frías no son buenas. Y, por lo mismo, es muy mala agua la que es de granizo o de [/fol. 193r\ piedra que cae del cielo, aunque no fuese mala por otro respecto, sólo porque ella es muy cruda, demasiadamente. Las aguas de las cisternas, si ellas no estuvieren quedas y paradas, como ellas están ordinariamente, serían tan buenas como las de las lluvias, por donde ellas se irán recogiendo como las aguas63 de los ríos que traemos para beber. Y por causa que están las aguas de las cisternas ociosas y encerradas, pierden mucho de su valor y bondad para la salud, por causa que ellas se suelen corromper y se engendran dentro animales muy asquerosos. Y a los que de tales aguas beben, ordinariamente, les es dañosa, y si dentro de las cisternas se les pondrá arena o cascajo grueso o menudo se conservarán por muy largo tiempo sin corromperse, muy buenas. 61

Tachado: sen.

62

En el margen está escrito: León Baptista los llama gusanos

63

Repetido: de las aguas.

[309]

peludos.


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Tratemos de las aguas de los lagos y de los estanques y de la de los almarchales o lagunas. Las aguas de los lagos, donde entran ríos o arroyos que son de muy bonísimas aguas de fuentes y vuelvan a salir, serán muy menos dañosas o menos malas que no serían si no les entrase tales arroyos y riatos. Y lo mismo son aquellos lagos que reciben dentro de sí ríos caudales o que entran en ellos ríos de muy excelentes aguas y vuelven a salir. Y mezclándose agua de los ríos con las aguas de los lagos vienen hacer un cierto mezclamiento, como hace el agua con el vino que mezclándola pierde su fuerza, y lo mismo interviene en las aguas que son menos malas o hacen menos daño que no harían ellas de suyo, por Ufol. 193v] razón que entran en ellos algún río y también salir, y esto es causa de no se corromper. Como se ve muchas veces que van nadando las aguas de los ríos por encima de las aguas de los lagos, y beber de estas aguas es muy malo, y beber de las aguas, que en ellos se les mezclan aguas de los ríos, es sano el beber de ella. Son muy más peores las aguas de aquellos lagos que en ellos no les entran ni fuentes ni arroyos ni ríos, mas sólo es agua de barrancos y de lluvias sucias. Y, secando el sol aquellas partes que son sutiles, dejando aquellas partes gruesas, es necesario que ellas sean malas y muy ruines. Los que moran o habitan en tales lugares, por no tener otras aguas que sean mejores, son necesitados a beber de aquellas en el verano por no tener otras para beber. O en aquellas partes que son muy cálidas, en especial en el verano o en otra sazón del año, el provecho o beneficio que les hace estas aguas es que les endurece el bazo y se les va hinchando. Y por esta causa y razón debilítaseles mucho y no atrae a sí lo que debe atraer. Y, mezclándoseles con la sangre, engéndraseles la cuartana y súbeseles a la cabeza y les causa modorrilla o insania. Y, descendiéndoles a las partes bajas del sieso, les causa almorranas, y, bajando a los pies, causa las hinchazones de las venas, y entonces les causa en el hígado un mal humor, el cual se les endurece, por donde le causa la opilación de las venas y, entonces, se les va derramando Ufol. 194r] por los ríñones, y esa sangre aguanosa. Y de aquí se viene a hacer trópicos, opilándose aquellas partes exteriores del cuerpo. Entonces viene a causar una flaqueza o debilitación del cuerpo y, opilándose aquellas otras partes por donde se acostumbran purgar las mujeres sus accidentes, en estas tales gentes suéleseles nacer o causar ciertas dolencias particulares y propias, o que les causan en los intestinos concurrir grandísma abundancia de humores, de lo cual les queda, ordinariamente, infinitísimos accidentes, por donde son muy trabajados estas gentes que beben semejantes aguas. Las aguas de los lagos no tan solamente son crasas, más aun son saladas o salitrosas. Las cuales van royendo los intestinos y reprietan el vientre y le endurece. Y, caso que en el verano, o aunque sea en tierra fría, en la primavera o en el otoño, las aguas de los lagos muy menos causan los accidentes que se ha dicho que en ninguna otra sazón del año. Y esto es materia averiguada, que esas aguas suelen ser demasiadamente frías por causa de las nieves que se derriten y van a entrar en estos lagos. Son muy malos para el cerebro, y al pecho y al liviano muy dañosas, y despiertan el catarro y las toses. Y también hay hierbas que gastan y dañan las aguas de los lagos, como lo escribe Plinio, que el lago Sinvao, en Asia, que por causa del absintio o ajenjo que nace a la redonda de él, que gasta el agua. Las aguas de las lagunas son muy más malas Ufol. 194v] que las del lago por causa que son muy perezosas al movimiento, porque se detienen muy más largo tiempo en las concavidades. Y es cosa ordinaria que las más veces son aguas corrompidas y podridas, de modo que por ser estos tales lugares tan corrompidos [310]


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en sí mismo y también corrompen las mismas aguas. Y por esta causa tienen mal sabor ordinariamente y también muy mal olor tienen. Y por estas causas aquellos que beben de estas aguas son muy trabajados de diversos accidentes, los cuales se han dicho. Aquellas aguas que siempre están firmes o paradas en los almarchales, estas, son del todo pestíferas y malas. Rufo Efeso, el cual no deja de alabar las aguas de las paludes de Egipto y dice que ellas son muy sanas y buenas por causa que ellas no se corrompen por esto. Que en el verano crece el río Nilo y allegando o tomando, con su crecimiento, mucha tierra, viene a sacar las aguas de los lugares cavernosos o de las concavidades y vuelve a dejar de las nuevas aguas que trae con sus crecidas. Y, en este modo, las lluvias del invierno son muy grandes y continuas, y de muchos días. Y, más, que en aquellas regiones que son frías en la primavera y en el otoño, suelen quitar de aquella malicia algún tanto del agua de los estanques o lagunas o almarchales. Las aguas de las lagunas y la de los estanques son de una misma calidad. Suélese llamar lagunas aquellas aguas que, cuando crecen los ríos, suelen henchir algunas concavidades que tiene la tierra, de estas aguas de las lagunas. Suélense secar en el verano, y otras veces se hacen estas lagunas o balsas. Queda muy gruesa y sucia [/fol. 195r] y siempre es muy mala, la cual no es buena para beber. Y suele, algunas veces, quedar agua en estas lagunas que es pestilencial para beber y bebida a ios que de tal agua beben. Las aguas de las piscinas, que de arroyos y de agua de lluvia se hacen, son estas aguas de las mismas de donde ellas se recogen y se hacen. Si estas aguas son, ellas, de estas piscinas, serán buenas, y también eran buenas las aguas de los arroyos y de las lluvias. Si eran malas, serán malas las aguas de las piscinas, de modo que, tales cuales entran, tales son ellas. Y porque no todas estas aguas suelen correr, mas suelen ser como las de los lagos, pierden alguna parte de la bondad y valor que tienen. Finalmente, no es cosa segura el beber de estas aguas, antes es dañoso por ser ellas corrompidas y mezcladas, cualquier que ellas sean, por causa que ellas corrompen y gastan la sangre y daña[«] al vientre y miembros y debilitan las arterias y las mezcla en diversas partes del cuerpo, según su variamiento, como se ha dicho en diversas partes de esta materia. Pues se ha tratado del modo que se ha de tener en el hacer de los pozos y cisternas, réstanos el modo que se ha de tener en el hacer de los aljibes, aunque aquellos son casi como las cisternas, excepto que las cisternas es vaso pequeño y el aljibe es vaso muy más grande y para tener mayor cantidad de agua. Los aljibes se hacen [/fol. 195v\ en dos maneras. El uno se hace cavado dentro de tierra como los pozos; el otro modo se hace encima de tierra. Y cada uno de ellos se suelen hacer cubiertos de bóveda y muy espacioso para que sean capaces de una muy grande cantidad de agua. Y los aljibes se hacen, ordinariamente, dentro de fortalezas y donde no alcanzan agua viva, y también los acostumbran en casas de grandes señores y en conventos, así de religiosos y religiosas. Y estos se hacen para tener agua reposada por razón que, los más de ellos, se hinchen a mano aunque hay, de ellos, que se hinchen de agua de lluvia, ninguno de ellos se cubre. Estos aljibes se hacen cuadrados, casi los más, y con alguna escala para bajar a tomar el agua de ellos. He visto que cubiertos en el campo y, ordinariamente, se hace esto donde hay faltas de aguas, y para que en los aljibes se conserva mucho más tiempo el agua, por causa que en ellos no puede entrar animales y la agua se conserva muy limpia para los caminantes, por[311]


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que los animales no las ensucian con sus inmundicias, que eso es la causa de la corrupción del agua, y por la limpieza de los que han de beber de ella. Y también se suelen hacer dentro de las casas. En Venecia se usan mucho los aljibes por causa que, como se traen las aguas de tierra firme, y la tienen en los aljibes, para que sea muy más reposada la agua. En Roma hay infinitísimos, de una increíble grandeza que es cosa de admiración, los cuales, muchos de ellos, son edificios antiguos a los cuales llamaban termas, por donde podrán los que U/ol. 196r] son curiosos de las cosas antiguas, en Andrés Fulvio, De la Antigüedad de Roma, y en otros muchos autores, mayormente en Sebastiano Serlio, en su tercero De Antigüedad de Roma, el cual libro es de Arquitectura. Los cuales aljibes los han llamado por diversos nombres. A los unos han llamado las zonas, otros los han llamado conservas de agua, otros los han llamado cavernas, por ser ellos tan grandísimos, cubiertos de grandísimas bóvedas y con muy gruesos pilastros que las sustentaban encima, y de estos pilares había cinco órdenes de pilastros y en otros tres órdenes. De modo que los aljibes se hacen, ordinariamente, cuadrados o de forma cuadrangular y se hacen de mampostería y otros de sillería, aunque rústicamente labrados. Y algunos hacían, también, labradas las juntas de las piedras, que no tenían necesidad de embetunarlas para que no saliese el agua. Otros se espalman muy bien a la redonda, para que tenga el agua, y esto han hecho los antiguos en diversas maneras, para que deténganlas en sí, embetunando las juntas con diversos materiales, donde los hallarán en el Libro de los Betunes. Hay algunos que se han pensado que los antiguos hacían sus betunes de coral, lo cual es una muy grandísima burla por razón que el coral, después de molido, no es colorado, no tiene nada de esa color, antes es de color como la carne, así que nadie se crea que es esa color bermeja de los aljibes es de coral o de almagra o de ocre quemado, que estas dos colores mezcladas con cal hacen una color harto buena, en especial cuando es bien Ufol. 196v] bruñido este betún. Hay otros que tienen por muy cierto que esa color es de sangre que daban los antiguos a los aljibes para que tuviesen las aguas. Mas, tampoco, no es eso, por razón que la sangre, a cabo de ocho días, queda una color muy muerta y no color como de coral. Bien concedo que los antiguos diesen de sangre a la redonda de los aljibes, que era sangre que la ponían en lugar de betún por que opilase algunas quebrezuelas que suele hacer la cal y, también, que daría una cierta dulzura al agua, mas eso es cosa que muy poco duraría, es a saber de dulce en el agua. Y a qué hayan usado dar de sangre a estos aljibes, yo no hallo para que hayan podido servirse de la sangre, si no fuese para cerrar las (Figura 166) Figura 166.

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quebrazas de la calcina y no para otro. Antes digo que la sangre de cualquier animal, que sería bastante a hacer corromper la agua dentro de muy pocos días, caso que la sangre fuese muy bien seca que la haría heder y que conviene lavar donde Ufol. 197 r] ella se haya puesto con cosas que le quiten aquello de la sangre. Los aljibes que se hacen en el campo, ordinariamente, se cavan en el suelo por dos causas. Lo primero, que cavados dentro de tierra tiene menos trabajo en el hacerle, por causa que de muy poca pared, abasta a causa que la tierra que está a la redonda sirve la pared. Lo segundo, que es de menos gasto. Lo tercero, que conserva el agua más tiempo y la tiene muy más fresca. Y, demás de esto, es muy más cómodo a recibir las aguas de las lluvias. Y haciéndole cubierto de bóveda consérvase muy mejor la agua y sea muy más firme y más seguro. En la cantidad hay diversos pareceres en estas cosas. Los que se hacen en las casas son muy diferentes de los del campo. Los que se hacen en las casas son para sacar el agua de ellos, como se saca de un pozo o de una cisterna, que se saca para arriba, aunque es verdad que he visto de ellos que se saca la agua por jeta, y otros he visto, con escala, bajar a ellos. Así que aquí pondré unos cuantos como he visto de ellos y otros conforme a mi opinión. Los que se les baja con escala es por razón que, así como se va bajando la agua, así van bajando por las gradas. A los que están en el campo y son cubiertos de bóveda, que se le hace una entrada y, a la parte opuesta, se le hace un espiradero a causa que pueda entrar el aire y mover el que está encerrado dentro. (Figura

167)

Ufol. 197v] (Figura 168) Donde es la A es la entrada para el aljibe. La D es la escala para bajar. La B es los costados. La C es un espiradero del aire. La D es la parte de dentro. Donde es la E es donde entra la agua. Este aljibe es para el campo. Y la agua es muy más bajo de la E, seis o ocho palmos muy más abajo de ella. Y tanto cuanto es más hondo es más fresca la agua y es de mayor cabida. (Figura 169) Este aljibe es para dentro de casa por causa que se saca el agua por el bocal A, el cual bocal va asentado encima de la bóveda B. Y la una cabeza es C. En este aljibe no hay gradas en él, mas Ufol. 198r] donde hay E es una pila para recoger agua en ella, y donde es la D hay una jeta para sacar agua del aljibe. De modo que he acomodado en este lo que había de haber en otro. Suélense aco[313]

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Figura

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168.

Figura 169.

modar dos y tres juntos para tener siempre agua reposada, que cuando es acabado el uno luego se vuelva a henchir. Que si con tres, que haya agua para un año, que cada uno dure cuatro meses. Sacándose el agua por jeta luego que se ha sacado la agua se cierra. (Figura 170) Esta es otra invención de aljibes, los cuales son tres bóvedas juntas, a causa que se empieza a beber del uno, que los otros dos están reposados y así va, de mano en mano. En esta misma invención de aljibes se puede acomodar para sacar el agua por bajo con sus jetas, como se acostumbran sacar de unas fuentes que manan poco, que después se cierra de haber sacado el agua. Estos aljibes, ordinariamente, se suelen embetunar en diversas maneras. Y, después, se lavan con una decoción hecha con raíces de olmo, hinojo, anís, cilantro, todo esto puesto en un grande vaso. Y después de ser cocidas todas estas [/fol. 198v] simientes, se lavan muy bien, tres o cuatro veces, a causa de quitar la mala olor de la calcina. Y, ultra de eso, hace encima de la pared un cierto tez, que hace cuerpo encima de la pared, que da un buen sabor al agua, por causa que todas estas simientes son limosas, que se pegan mucho a

Figura 170.

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la pared, por razón que participan de un cierto qué de goma, en especial las raíces del64 olmo y el cilantro y las demás. Otros aljibes se hacen en otro modo. Que es que ellos se hacen cuadrados con cuatro escalas que empiezan a subir desde el suelo hasta arriba, para, que así como se va bajando la agua, que así se pueda ir descendiendo hasta lo más bajo. Estos se hinchen con agua traída con animales o de aguas que se recogen de los techos de los castillos. Y estos aljibes conviene que tenga[«] grande espacio entre el aljibe y las paredes, por razón que le pueda tocar el sereno, por causa que se conserva muy mejor la agua. Otros aljibes se hacen en otra manera muy diferentes de los dichos. Que se hacen tres juntos, mas no a la par. Estos son en redondo y los tres están a modo de un triángulo, todos tres, como los diseñaremos, por pintura o dibujo, aquí abajo. (Figura 171) Figura 171.

Estos aljibes, que su planta es A B C. Y la montea Ufol. 199r\ es lo mismo, A B C. Y donde se ha de sacar el agua de ellos, que es en la A. La D por donde se les ha de poner la jeta, y en C es la E, en B es la F. Y si caso fuese que no hubiese lugar para sacar por abajo, se podrá sacar por arriba, que aquellos cimborricos podrán servir por bocas de sacar agua. Es cierta cosa que cuanto mas estarán calados dentro de tierra, tanto más estará el agua fresca. De modo que esta invención ocupará harto poco lugar y están más unidos. Y, por esta causa, estarán muy más frescos. Los aljibes suelen servir para toda una república. Estos edificios se hacen muy grandes y muy sólidos. Para el servicio de un pueblo se deben hacer muy capacísimos, de muy grande cantidad de agua. Y, así, se deben hacer las paredes muy gruesísimas, a causa que puedan soportar el peso del agua si están encima de tierra, mas si es calado dentro de tierra, no tiene necesidad de ser muy gruesas por causa de la tierra que los tiene abrazados y conservados. Y, para no los haber de embetunar, convendrá poner de greda muy maceada por la parte de defuera del aljibe, que será a la redonda del aljibe, y con esta greda se conserva el agua que no se derrame o trasmine por las paredes. Débeseles acomodar sus jetas como se ha dicho en los otros aljibes. De el suelo se debe tener más cuen64

Tachado: goma. [315]


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ta que en ninguna otra parte, por causa que ahí se puede perder el agua, por esa parte. Se le debe hacer un suelo de una piñonada de cal, que sea de tres palmos de grueso, muy bien maceado, y que las piedras que en ellos se ponen no han de ser más gruesas que Ufol. 199v] huevos, con muy excelente calcina y arena que sea de cava, porque esa arena es muy mejor que ninguna otra especial de arena, por causa que hace muy mejor presa que ningún otro género de arena. Este es de los aljibes colados dentro de la tierra, como se ha dicho. (Figura 172)

Con aquellas gradas a la redonda por más cómodo que por cualquiera parte que quisieren entrar por el agua. Hay baños para diversos efectos, los cuales son en diversas maneras hechos para diversas dolencias. Los unos baños no sirven para más de bañarse, en ellos, en el verano. Los cuales baños son de una grandísima capacidad de agua fría, y estos baños fueron hechos en diversas provincias. Mayormente, los griegos se sirvieron de ellos. Los romanos los hicieron con muy grandísima curiosidad y muy grandísimos gastos, por razón que los hacían de piedra, con pilastros y arcos y columnas, arquitrabes, frisos, cornisas, Ufol. 200r] bóvedas muy grandísimas y encima de los pilastros. Había de estos baños, en Roma, que tenía más de mil pasos de largo y tenían otros tanto de ancho, de modo que estos edificios no servían para más de bañarse en ellos y para nadar en ellos. Cuentan algunos historiadores que en Grecia había de estos baños, con cien columnas en él. En manera que en toda parte les ha habido y los han hecho grandes o pequeños según el parecer y opinión de los que lo mandaban hacer. Y estos edificios eran, ellos, en diversas formas. Todos eran hechos con pilastros y arcos y bóvedas; todos, o los más, eran hechos de cantería y de unas piedras muy grandísimas. Y ha habido de estos edificios que han tenido encima muchísimos ventanajes, y adornadas con columnas y cornisas y con mucho artificio labradas, aunque ahora no se acostumbran a hacer estos edificios, y creo que hay, hoy día, muchos artífices que no saben qué modo de edificios sean estos baños. Y los más de estos edificios no reciben ninguna lumbre, si no es por los costados. Y estos baños se henchían de agua que se traía, por caños o por aguaductos, de ríos o fuentes, y por acequias, según el cómodo de cada uno así la traían. Estos baños no servían para más del verano, a lavarse en ellos y para nadar. Y por esta razón eran tan grandísimos y con muy grandísima cantidad de agua; y por esta causa eran cubiertos de bóvedas, porque el agua estuviese fresca. En los más de estos Ufol. 200v] edificios no había aposentos, en ellos, para recogerse. Había algunos de estos baños que estaban rodeados de un encerramiento, y había algunos lugares [316]


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para recreación, después que se habían lavado, y aun para tener la ropa encerrada, y aposentos particulares para perfumarse después de haberse lavado. Mas donde había estos regalos eran los baños de aguas calientes, donde se calentaba el agua con artificio, que en ello había personas que vivían con estos ejercicios de estos baños. Trataráse al fin de esta materia. Estos edificios de estas termas iban tan solamente labrados por la parte de afuera, y por la parte de dentro iban todos llanos, tan solamente iban labradas las impostas de los arcos, en todo lo demás no iba ninguna labor. Y había de estos edificios que tenía un ochavo de una milla. Y hanlos llamado por diversos nombres. Los unos los han llamados termas, y otros baños, y otros los han llamado siete zonas, y aun del nombre de los príncipes que lo han mandado hacer. Y de estos edificios había todos géneros de labores, aunque todos son dóricos y algunos es el primer cuerpo dórico y las otras de otro género, aunque todos son hechos con pilastrones. Y, aun hechos así, rústicamente, los arcos no tenían ninguna cornisa, excepto las impostas, que tenían algunos filetes. Los arquitrabes iban llanos, sin gotas, ni el friso no tenía ni triglifos ni metopas. Los antepechos son llanos, con sola una gola que corre de cabo a cabo sin [/fol. 201r] resaltar. Y la segunda orden es jónica, por razón de las columnas, las cuales son llanas, sin canales ni otras labores, excepto el capitel y basa, que son jónicas sus impostas, y las basas tienen una docina o gola que corre, a la redonda, con una ménsula por llave del arco. El arquitrabe es llano, y no resaltado, encima de las columnas. El friso es llano y de muy pocos miembros en ella. Los arcos bajos son de cinco de ancho y doce de alto, y el pilastro es, de ancho, un tercio del anchura del arco y un cuarto del tercio del arquitrabe. Y friso y cornisa es, de alto, un cuarto del altura del pilastro o columnas, que sean bajas. El antepecho de encima de la cornisa de los pilastros, el cual sirve de pedestal de las columnas, es un quinto de toda la columna. Los arcos de arriba son de la misma anchura (Figura 173) í/fol. 201v] de los bajos. Tienen impostas labradas de molFigura 173.

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duras y basa con su ménsula en el medio. Los miembros de los arcos son, de ancho, la mitad de la columna. La lumbre de los arcos es cinco de ancho y, de alto, siete. El arquitrabe es, de alto, con el friso y cornisa, son en todo un quinto de lo que es alta la columna. Hay otros géneros de baños. Son en dos maneras. Que los unos son artificíales y los unos de estos baños son medicinales, los cuales sus aguas tienen una particular virtud para curar enfermedades, las cuales aguas se lavan en ellas a ciertas horas del día. Hay otros baños que en ellos no se lavan, mas de sólo beber de aquella agua en ciertas horas del día. Y con esa agua, después de bebida, sudan mucho, y lo mismo lo hace la agua de los baños artificiales, que en ellos se lavan y se suda muchísimo y así queda el hombre muy aliviado. Y en estos baños hay muchos modos de regalos, así de cosa de comida, como de mujeres, como de camas de reposo. Estos baños son muy diferentes de los pasados porque, en estos, hay personas particulares que tienen cargo de lavar y de raer todas las partes del cuerpo con navajas. Estas aguas se calientan artificialmente dentro de sus vasos, con fuego. Estos baños son cerrados, con diversos aposentos en ellos, así para poner las ropas, como para lavarse, como para perfumarse. Hay plazas grandes en estos baños para tomar el sol de invierno, como para tomar la sombra en el verano. Hay lugares para juegos y para infinitos regalos en V/fol. 202r] estos baños. En todo tiempo del año se lavan en ellos. En estos baños hay para hombres, particularmente, y lo mismo hay para mujeres. Y en los de las mujeres hay mujer que las lava, como en lo de los hombres, hombre. Acostúmbranse mucho estos baños en diversas partes y ellos son cosas muy antiguas, porque Vitrubio hace memoria de ellos en su obra De Architectura y, aun, da el orden cómo se deban hacer. Particularmente, débese poner la cara del edificio hacia mediodía por causa de las lumbres y porque, estando el edificio en este modo, en el invierno están cubiertos del viento Tramontana y tómase mejor el sol por ser de cara hacia mediodía. Y en el verano ponénse, en las mañanas, para tomar la fresca, de espaldas hacia oriente y de cara poniente; a las tardes, pénense de cara a Tramontana y de espaldas hacia mediodía. En estos lugares hay sus asientos para todo tiempo del año y muy acomodados, para conforme a la sazón del tiempo. La planta que se sigue es del baño artificial, el cual tiene (Figura 174) l/fol. 202v~\ su entrada A, que es una lonja cubierta con unas columnas a los costados. Más adentro es B B, las cuales son dos recibidores para el baño, y el uno es para hombres, y el otro para mujeres. Donde es la C C, es donde se desnudan; las G G es donde se lavan. Donde es la65 E E es donde se perfuman. Las D D es para holgarse; la F es una sala muy grande, la cual tiene aquellas dos lonjas descubiertas que es H H, esta sala es muy alta y recibe lumbre encima de los techos. Los dos aposentos I I son unas cámaras para holgarse; donde es K K es para dormir, y la L son dos retraimientos. Las N N son dos huertos o vergeles, la M es un aposento de recogimiento. Donde es la O es una lonjeta descubierta, y la P es para tomar la fresca en las tardes, abiertas aquellas ventanas, y para tomar el sol en el mediodía de invierno, cerrado las ventanas. A los costados hay dos66 lonjas para tomar recreación, con la pelota de todo género. Y en lo de65 66

Repetido: la. Interlineado: dos.

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más, donde hay esas otras partes del mundo, se podrán acomodar para otros regalos, así de juegos como para recreación, así para conversación para las mañanas, como para las tardes, así mismo para el invierno, como en el verano, para el sol y para la sombra. Y con esta orden estaban acomodados estos aposentos. A la redonda estaban asidos con las mismas paredes que le rodean. Hay otros baños, los cuales son de aguas calientes que, de suyo, son calentadas de los fuegos soterráneos, los cuales son para recibir salud a los que en ellos se bañan. Y estos baños son, de su propia naturaleza, calientes, que en ello no ha intervenido ningún fuego material en ellos. De modo que, según son los accidentes, Ufol. 203r] así han de ser las aguas de los baños para haberlos de curar los males que cada uno trae de sus malas disposiciones. Hay de estos baños que no sirven para más de bañarse en ellos, y estar dos o tres horas en ellos, según es el accidente. Hay otros que, ellos, no valen para bañarse, mas de sólo para beber de aquella agua en la mañana y en la tarde, en ayunas, por causa que les hace purgar mucho por la orina, y en la tarde también se bebe de ella y hace sudar mucho y orinar, y así purgan sus accidentes. Con beber el agua caliente van cobrando salud. Algunos de estos baños son hechos en línea esférica, cavando en el suelo una grandísima anchura. Y cávanse tan hondos que, del todo, un hombre se pueda cubrir. Y hácesele gradas a la redonda para ponerse dentro cada uno, conforme a sus accidentes. Y unos se ponen dentro hasta los hombros, y otros hasta los pechos, y otros hasta la cinta, y otros hasta los muslos, y otros hasta la rodilla, y así entran cada uno conforme a sus accidentes. Y, después que han su[319]

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dado, se ponen en sus camas a desudarse porque el baño está' muy cerca del aposento y, así, cada uno tiene quien le sirva mientras están en estos baños los enfermos. El baño es hecho donde es las casas, para estar en ellas al cubierto, y son hechas, en algunas partes, de madera y, otras, de paredes de piedra. Un aviso quiero dar a los que van a los baños, que antes que vayan a ellos que, primero, inquieran la propiedad del agua y qué calidad participa, por razón que las aguas de los baños participan de diferentes [/fol. 203v] materias, y unas aguas curan un accidente y a otro le daña más, de modo que hallarán en el Libro de las Aguas sus propiedades y qué accidentes curan, particularmente, cada una de las aguas hallarán sus propiedades. Y si esto no advierten, en lugar de cobrar salud, cobran la muerte. Y esto abaste cuanto a esta materia de los baños naturales, que mi intención no es de enseñar medicina, mas de sólo demostrar el modo del baño. Por ser cosa de agua aquí pondremos dos modos de ellos: uno redondo y otro cuadrado. Estas aguas calientes tráense por canales al baño, por causa que no se podría entrar en ellos si luego, como nace, se entrase en ello, no habría hombre que lo pudiese sufrir la calor por causa que en muchas partes cuecen huevos en ellos y pelan gallinas y hacen roscadas sin más calentar la agua, así como sale. De modo que en diversas partes hay de estos baños con diversas propiedades. Ellos se hacen, los cuadrados, de dieciocho varas de largo y doce de ancho; y los redondos se hacen de perfecto redondo; y otros se hacen de un redondo prolongado o redondo aovado. (Figura 175)

En esta forma son los baños cuadrados en que se lava.

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FUNDACIÓN JUANELO TURRIANO


Esta obra se terminó de imprimir el día 28 de enero de 1996, segundo aniversario de la muerte de José Antonio García-Diego, creador de la Fundación Juanelo Turriano.

Edición venal en castellano de 500 ejemplares, numerados del 1 al 500 ejemplar n°


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Veintiun libros de los ingenios y máquinas de Juanelo Turriano - Transcripcion al español - Tomo II  
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