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El Serm贸n De Una Serpiente


El Sermón De La Serpiente 1

Ni Someterse A Una Verdad Ajena Si alguna verdad existiera tendría que haber llegado en un momento semejante, tal era el estado de falta de orientación, de corazones inconsistentes y de casa vacía. Se acababan de convertir en contempladores sin conexión, la última puerta se cerró detrás de ella, salió al rellano sin posibilidad de rescate y lo dejó solo, como se queda cuando se pide vida para llenarla de pensamiento. “Tendremos mañana la ejecución en la plaza, lo volveré a ver por última vez mientras asesinan a un inocente. Asesinan, sí, porque no están del todo convencidos de tener un culpable entre sus sucias manos, pero necesitan que alguien pague por sus pecados”, no podía dejar de pensar en todo lo acontecido los últimos días mientras esperaba el ascensor. Muerte y sosiego: la plaza se llenó con un alboroto de nubes, todo ello incluía respirar como celebrar una ejecución más, sí, como si les hubiese prometido la eternidad, y hubiese incumplido su promesa. El espacio que habían cerrado con el patíbulo no pretendía alejar a los curiosos, está pasando siempre, se trata de la dispersión de los que aún lo quieren. La lucha por el lenguaje es intervalo cuando todos se han ido, y ya solo el muerto y algunos amigos fieles resisten la polvareda, el arrastre, los papeles muertos que envolvían caramelos o que sirvieron para apuntar una dirección falsa. La ciencia elevada hasta tocar los labios sin religión, moradas las manos y los pies y las vayas del ayuntamiento clavadas al suelo para mantener una distancia efectiva del espectáculo de muerte. Ese día, entre el tiempo de lo que era y lo que ya no fue, se entregó también la estrella de mar, se entregó la ola, la reseca y se entregó el huracán, todo se entrega cuando la piedad no arranca. La fractura es carnal, más mujeres lloraban por la flor de media tarde, otras aún se arrimaban a las paredes encaladas hasta ocupar irregulares la salida de plaza encorchada. Esperarían a que lo bajen, el tiempo necesario, da igual si lo iban a exhibir en un par de días, ellas no se moverían, y cuando lo bajaran le tomarían las medidas para su ataúd. ¿Por qué los hombres..., si siguen sangrando sus rodillas? No, nadie ha gritado como se grita a veces, cuando se ofrece la entraña.


El Lobo Y La Luna Y el lobo, después de tantos aullidos milenarios, al final, se decidió y le mordió a la luna. Vuelve a casa inscrito de pertenecer a la noche larga como espuma. Se termina la cena de una década de un siglo anterior, y nota un regusto opaco, casi rosa, entre las mandíbulas. En el patio, después de sangrar por las patas, se pone el collar y se ata a la correa para no asustar al cartero, sólo por eso. Han pasado veinte años desde la última vez que le rezó a un dios pagano, así que concluyó que rezaba con más frecuencia que comía carne humana, carne de crucificado. El lobo no especulaba acerca de su deseo, es una bestia hecha relato, de pureza desgarradora y no se preguntaba acerca del resultado. Pero tampoco ningún dolor; nada podía con su lamento nostálgico. Lobos constituidos de aproximaciones que no parecen acosar, no cesarían hasta la primera quijada, hasta cada cuello de cordero, y él sospechosamente zalamero llega con el ánimo de morder gargantas. Parece que nunca un espectador asistía a la vida como un estratega, en la víspera de la luna más lechosa me persiguió hasta dejarme sin aliento; página en blanco, lamento núbil de un rostro pálido, vacío por la anemia de piernas chorreantes.

El Hacer De Un Disfraz Por otra parte el reflejo del disfraz infantil era más espejo que el espejo mismo. Sin embargo, el inmediato juicio de los salones no iba a ser tan indulgente. En los mismos términos, mi posición ante el engaño tan poco perdurable de un carnaval semejante, podía muy bien no tener la continuidad de otros más humanos, que son imprescindibles. Se esconden, esquivan, evitan el contagio, la vergüenza y la indigencia, y no siempre consiguen satisfacer su deseo. Partimos en busca del verdadero hombre, del tejedor de ideales, y así en descripciones sucesivas vamos reconociendo un diseño en papel de envolver regalos navideños. Somos especie dentro y fuera de una idea, desgajando la apariencia de hombres vamos escribiendo la inutilidad de nuestras pesquisas hasta que nos atrevemos en los intestinos. Nada más que dolor en la nave que se atreve al abismo interior, el lugar donde las ficciones van mostrando un camino sin el cual nada fue imposible. Y lo que es aún peor, comprender: nunca tuvimos una idea más clara o superior de lo que no existe. Avanzamos un poco más en busca de esa relación cristiana de lo que fuimos y de lo que habrá, cesamos cualquier pensamiento si no le encontramos relación con nuestra fuerza interior. Si no sabemos por qué hacemos las cosas, no valen disfraces infantiles, ni siquiera unos ojos limpios sin careta de luchador del D.F., hay que


relacionar nuestros caprichos con la nada. Es una relación que resuelve, digo, por si la vida ha sido inútil, por si la traición interior. Ya saben, por si las fuerzas se pierden., y nos dejamos de querer.

El Último Día De La Tierra Fui al cine: si vivimos es porque hemos venido del infinito, hemos salido del vacío, reducidos en nuestras visiones. El cine es una parte importante de lo que no existe, pero es representable y creíble. “No sé de mi valor poco antes de morir” decía el actor en la pantalla luminiscente como un elemento de compensación, ¿Y quién lo sabe?, me pregunté tropezando con mis propios miedos. Fue esa llamada moribunda de luces y voces las que me aislaron de la sensación espiritual donde terminan todos los ríos, donde caducan y se precipitan todos los finales. Fue muy verdadero el desánimo que me atravesó. Salí de un salto y al respirar exhalaba el vapor caliente que aún subía del estómago. Esa liberación debería favorecerme. Pasaban lo taxis y otros autos, dudé si levantar la mano y llamar la atención de alguno de ellos con un fuerte silbido, pero no, me detuve al borde de la acera. Decidí volver a casa dando un paseo, disfrutando de la noche de charcos y ausencia de lluvia, al menos mientras duraba el intervalo, sin ningún otro propósito. Me creía más las emociones de la película que acababa de ver, que aquel desánimo que me embargaba. Un fragmento de la película se resistía a abandonarme, batía entre otras imágenes por mantenerse en mi memoria, y mientras intentaba escapar del frío y respiraba con prudencia, la imagen de un secta fanática de biblias y canciones religiosas, un grupo sin mundo en suicidio colectivo rodaba en busca del cosmos. Una nueva falsa huida de la muerte me recordaba que mi mujer tuviera un cáncer del que habían extirpado la parte maligna, y que la idea de la nada, la simpleza de la nada, la aplastante verdad de la nada, tiene eso de aceptación irremediable. “Las muertes colectivas tienen algo de confirmar también un vacío nuclear en ambas partes de la linea final”, pensé. Y seguí caminando calle abajo, intentando descubrir, si también tenía algo de tranquilizador, intentar descubrir que si nos vamos a la nada pero nos vamos todos juntos y a la vez, eso podría proporcionar un sosiego aún no lo suficientemente calculado.


Amanece Las paralelas de goma arden, se derriten, flotan, se retuercen, trepan, baten, se descomponen. Los gritos de los vecinos han empezado hoy un poco antes. Entonces, cuando paran, la extrañeza centra toda mi atención en las paredes, a veces, el silencio es mucho más aterrador que los gritos. Las paredes se arrastran, se ablandan, se difuminan y me cubren hasta agotar todo el aire, a este momento le resta mi cuerpo que no aporta más ojos que la ceguera. La desfragmentación de un grito concluye con un golpe seco, como si alguien hubiese puesto la cabeza para ser golpeado con una barra de hierro, y creo que si eso llega a suceder, la pared que da a la habitación contigua empezaría a sudar sangre. Creo con la vaguedad de quien no se va a levantar de la cama, que si abriera la ventana, una bocanada de aire me inflamaría como si en lugar de aire fuera gasolina. Si yo gritara, se haría el silencio, estoy casi seguro. Si golpeara la pared común, el tabique que nos separa, ellos esperarían la grieta, dejarían de amarse. No se hacen daño, lo sé, es sólo que son ruidosos. En una ocasión esperé que cerraran la puerta de la calle, se iban a trabajar y salí corriendo para encontrarme con ellos en la escalera. Bajamos juntos en el ascensor, me miraban y me sonreían. ¿Por qué me sonreían? Tal vez se trataba de una complicidad divertida, pero creo que no debe importarme. Tal vez mañana despierte escuchando sus gritos, como si se estuvieran zurrando, y las paredes empiecen a vibrar como los altavoces de una feria. Las paredes se mueven sin hacerse daño.

Nadie Sabe Que Muere La felicidad es un horror: la felicidad completa, sin mácula, sin transgresión, sin malicia, sin desconfianza. A veces existen esos seres que no adivinan de que van las faltas, las carencias, las ausencias, el dolor y la desesperanza. No necesitan alivio, no necesitan saber a donde van, porque su gesto es de un placer permanente, y tuercen los ojos hacia la nariz mientras dura ese éxtasis. Viven una vida que no les pertenece, nadie tiene derecho a tenerlo todo, e ignorarlo todo, nadie tiene derecho a ignorar lo peor. Se les ocultan las imágenes más crudas del mundo, los desmembramientos, los asesinatos a sangre fría, las ejecuciones, los terremotos y sus víctimas, las torturas, las enfermedades, todo lo peor del mundo, no saben que existe. Son seres cenicientos que nunca despiertan, diría que viven en ese estado de atontamiento de un boxeador antes de caer a la lona. Sucede que viven durante toda su infancia protegidos dentro de una campana en la que no caben los conflictos de este mundo, porque son hijos de astronautas y han nacido en una colonia lunar de alguna luna desconocida. ¿pueden


imaginarlo? Son del tamaño de la ignorancia del mal. Creo que no debería contar todo lo que he visto, porque mueren si llegan a conocer que la muerte existe. Son de la fuerza de creerse invencibles e inmortales, pero se trata del engaño de sus creadores. Son de un tamaño que los deja vivir sin miedo a nada, pero sin poder compararse con nadie ni con nada. Tampoco pueden ser conscientes de que lo que sienten es artificial, pero al menos allí no existe el drama, o cuando aparece les quitan el oxígeno. Los matan si dejan de ser felices o si llegan a ser conscientes de la maldad del mundo. Han sido poseídos por el reflejo de un amor constante que no conoce distinciones. La colonia lunar merece un premio de constelaciones, un vasto informe de salud social, y un viaje de vuelta a la tierra para aquellos que fuera de la campana resistan la idea de que nada salga nunca como se espera.

2 Así De Muñecas Retenido A la estrella que cae le faltan leyes en el universo, consumada su esperanza de vida, no se excusa por haber tenido tanta espera que acabó sin destino. Ni considera que nada duele menos que la velocidad de la sanción convertida en refugio. Sabemos pues que todo lo que pasa en nuestro espacio, en la parte de cielo que se recorta para que indaguen los grandes telescopios -esos tubos estéticos como un poema-, en realidad, se incorpora a una visión ordenada de caminos planetarios, exhibiéndose como bailarinas. La tragedia está en la soledad de los mapas, en encontrarte sin referentes para poder hilar una ruta,una nueva transición o la considerable falta de aire que ahoga con manos de cera sobre la garganta inocente. La noche no existe si te gusta mirar con la fuerza de un millón de lentes, la noche lunar está llena de gendarmes preparando los grilletes, casi puedo verlo. No soy impaciente, considerando que me pongo cómodo si en horas nada sucede de interés, porque aquí el movimiento insolente de una araña puede construir sobre la visión una tela de miles de años. Es un oficio como otro cualquiera, canturrear mirando al espacio, despeinarte si te faltan artículos o conjunciones para definir el espacio y su desvarío. Durante generaciones hemos sentido placer al apoyar el ojo sobre el tubo mecánico que se asoma sobre el tejado, escudriñando cada paso estelar nada se mueve sin que lo sepamos, sin que hagamos conjeturas. Las leyes ponen condiciones que los planetas no pueden cumplir, eso me retiene con correas de cuero grueso, inviolables. Y de nuevo lo vuelvo a decir, nunca se sacian los ojos de romper las reglas de la videncia.


El Arte Y Su Pertenencia Heredamos un mundo violento, pero no como el efecto artístico que busca una reacción pero se exime de la crueldad, de la bofetada que nos pone al borde de la náusea. Incrédulo impulso del día que lo abarca todo como desearíamos para la expresión artística. Todo el entusiasmo que derrocharon los grandes escultores en ocupar lugares, debería seguir avanzando, hasta sustituir cualquier intervención de la injusticia en la vida humana. Perdimos la civilización cuando cedimos espacios a la brutalidad, en cualquiera de sus formas. Nosotros los soñadores los que creemos en la parte de ilusión que tiene el espejismo de la belleza, el estímulo de la energía que desprende, podemos avanzar ahora que aún la grieta en la bóveda celeste se estanca. Podemos ocupar las plazas, los museos y las avenidas: el arte físico lo puede ocupar todo. Pero también podemos ocupar el pensamiento, desplazar venganzas y llenarlo de instinto poético. Todos los espacios nos pertenecen, también el alma y la intención humana, pero otros, en los límites del delirio negociaron una espiritualidad aparte. Ni la idea de Dios puede sustituir al arte, tal vez un Dios no ausente pudiera. Sabemos perfectamente la derrota, en la periferia del pensamiento, en la desazón de un planteamiento llamado a fracasar, sigue su batalla en el mundo. El día es de todos, valientes y tristes, la substancia de la guerra es tendencia entre puritanos. Hay literaturas capaces de parar una guerra, de ocupar con figurantes los territorios conquistados, disparar claveles de abril y sacar a la calle los himnos decadentes de la decencia. Las formas irreverentes de la emoción conquistan la memoria de las víctimas.

Que Sea Lo Que Tenga Que Ser Yo puedo aceptar la señal fulgurante de un río desconocido, aunque pase las mil y una noches imaginando mujeres oscilando bailes sobre mi. Nos instigan los incómodos afectos hasta formar parte de nosotros y lo peor de todo es enredarnos en la costumbre. Todo lo que nos rodea podemos compartirlo hasta la rutina y a la vez no dejar de soñar aventuras, viajar en moto por selvas mágicas, enfrentarse a hormigas gigantes y explorar volcanes en erupción. Podría aceptar el súbito desengaño de un amor andrajoso, si, mientras tanto, la monótona sirena de un camión suena llenando el patio donde paso las horas muertas. Bajar un río hasta ahogarme,


como se ejerce la vida, retorciéndote de dolor. Existe la aventura en la calavera de luz que sostiene Hamlet en su mano, a un tiempo que decide si arrojarse del torreón o vengarse sin locura. En los ojos de los personajes de Twain, Dickens, Conrad, Poe, London, Verne, o en los animales monstruosos que viven en las tinieblas, existe esa misma luz. La vida no se escoge, ni existe el destino, pero siempre no se puede decidir sobre la monotonía que nos ampara. El sedentario amanecer del hombre obeso, lo impulsa instintivamente a escribir sobre pilotos y avionetas perdidas en el desierto. Es cuestión de no dejarse encontrar.

La Mugre De Los Héroes Estas cicatrices que vuelven de guerras lejanas son un impulso de tristeza. Perdura la intoxicación del reconocimiento por perder los miembros -me hubiera comido una pierna si no hubiera otra cosa y estuviera al alcance de la boca-, la figuración de los desfiles es lo que hace retumbar los trombones. ¿Lo peor de todo? Escuchar los discursos, y no es que no nos hubiesen preparado para ello. Fuimos sufridos y encarnecidos soldados retirados, hasta que nos propusieron devolver las medallas -no nos importó, era de mentira y tampoco pesaban mucho-, y a cambio tener, como tantos otros que murieron primero, una bonita lápida desnuda de otros adornos. Todos preferimos la lápida a las medallas, habíamos contado con ellas cada vez que una bala silbara cerca, tan cerca como torcer una oreja siguiendo el curso estremecedor de su búsqueda. Somos criaturas sin nada que perder, no dejamos atrás nadie que nos vaya a echar de menos. Nuestro contrato no era para volver con vida, lisiados o ciegos, deben comprender nuestra postura. No podemos consagrarnos a una idea tan esclarecedora, el contrato no incluía publicitar acerca de los miembros perdidos. ¿Tan extraño parece? Hasta entre poetas experimentados hay algunos que resultan falsos. Guardan tiempos de derrota intentando hacer valer la ceniza de sus pueblos, los campos de cruces. Entre ellos se reparten las necrológicas, algunas memorables que pasan a formar parte de la historia. Reconozco en todo retorno de soldado el derecho a entregar sus restos, a recibir sepultura en lugar común, al discurso político, a la nota de prensa y a los trombones tocando alguna melodía gospel o blues, lo más triste que se encuentre. St, Jame infirmary estaría bien para un caso así, aunque algunos de ellos hayan dejado partes de sus cuerpos en tierras lejanas, comidos por animales de la jungla, enterrados allí mismo o desmenuzados y quemados. No se trata de un descrédito entre víctimas no enterrar un cuerpo entero, nadie se lo va a reprochar.


3 La Experiencia En El Carro Vacío La fuente de todos los saberes tiene algo que ver con la forma en que se expresan, pero también con como nos sirven. Y los grandes hombres que la historia ha conocido han explicado siempre sus razones poniéndose al servicio de todos. De momento esa forma de funcionar ya nos hace comprender que el desprendimiento del conocimiento, la democratización de la cultura, nos da pie para asumir una forma de ser. Son esas vidas que han dejado la marca de un pensamiento generoso, a las que nos adherimos corporativamente porque es lo mejor para el pueblo. Pero no, con un interés menor, seguimos el instinto, el olfato que nos da la libertad necesaria para abrirnos a campos nuevos y necesarios. Si nuestra esencia cultural se limitara formas ya establecida tampoco avanzaríamos. De hecho, la búsqueda de nuevas formas artísticas es tan libre, que en ocasiones el artista no sabe por qué lo es, o sabe por qué lo hace. Cada una de las diferentes formas de acercarse al arte o al conocimiento humano, son útiles e imprescindibles. Sin embargo, es una búsqueda a ciegas, nunca del todo razonada, y sólo en parte motivada. Si no sabemos por qué hacemos lo que hacemos terminaremos renunciando. La renuncia, lo efímero, empezar las veces necesarias, que nada dure, es la virtud de la vida y del arte. Océano Es extraño que aún hoy, en la prolongación de algunos imperios, el prestigio de los revolucionarios sigue intacto, yo diría que es creciente. Aceptemos que nunca nadie se sintió más agradecido que los burgueses de finales del siglo XX, después de dos guerras mundiales aprendieron a ser felices de nuevo, a cuidar de sus familias y a celebrar todo lo que hubiera que celebrar, y eso gracias al poder desmedido de la policía del mundo y sus aliados occidentales. En el fondo de nuestros corazones, tanto horror desatado siempre lejos de occidente, está justificado si a cambio nos permite llevar vidas afortunadas, o considerar que así se han desarrollado hasta hoy. Muy diferente sería, si el precio a pagar por no escandalizarnos fueran nuestros muertos, pero no, de momento se conforman con utilizar a su libre entender nuestros impuestos. Entonces, aprendimos el juego que la sociedad capitalista nos ofrece, aprovéchate lo más que puedas, compra una casa, un auto, y una piscina, sitúate socialmente y no cuestiones las formas.


Para Eso La Luz Me lo he pasado en las nalgas de la noche, pero para hacerlo tuve que dormirme temprano y convencerla de que podía dominar mis intenciones. Preparó algunos suspiros sofocantes y una copas, porque le gusta hacerse la interesada cuando mete a un hombre en su lecho. Así funciona fingir que se está en la intensidad de la vida, pero al rozarse con la maquinaria femenina, chirría y huele a gasolina y goma de neumáticos. Al partir en busca del bello amable de alguna fosa extranjera permitió descubrirse al descaro del mundo exterior, seductora. En ese momento el sexo descarnado de una prostituta pelirroja pasó imperceptible, nos mostraba el dolor constante que suponía para los límites mecánicos de las emociones. Para eso la luz, entonces se apodera como corresponde del cuerpo y del alma. Después dejamos de existir, exhaustos por lo que nos acaba de ocurrir. Las pelirrojas pueden llegar por sorpresa en cualquier situación, preferiblemente situaciones escabrosas, inconfesables, vergonzosas, y eso las hace inesperadas. Podríamos tragarnos todo ese frío mecánico y fingido hasta que se le cayeran los tornillos de la frente, sin que nadie más que nosotros se diera cuenta.

Las Venas De Marte Para poder acostarme esta noche necesito componer una melodía de fantasmas, escuchar tañir una campana inacabada como un himno fortalecedor de gratitud y de viento desatado. Al volver de la ceremonia volcamos el gris de la tarde sobre el firmamento abotonado de abrigos negros, como cuervos rampantes, apurando el paso para llegar a casa antes de que rompiera a llover. Para poder edificar un sueño esta noche, necesito primero desahogar la música de las tempestades y de los espíritus arrojándose contra los muros del cementerio. Un motín de almas en pena que pueda levantar mi fe de nadas y de vacíos. Esas almas mal nutridas tropiezan contra el verso irrespirable del miedo a dormir y no despertar. Es parte del cerebro que se seca, que ha empezado a menguar unos años antes de su muerte, en el instante terrible en que la vida ya no le seducía.


De La Soberbia Una Pistola De Oro En lugar de llorar lágrimas de mentira, ajusta a tu pierna una pistola de oro, por si alguna de tus víctima no se muere del todo. Tú te dejas tocar porque respirar aún te endurece, no como aquella nata desnuda de los sesenta, con los senos caídos como gaviotas de alas rotas. Después de lamer sus granos los desprecias con tus ojos pintados a escondidas, con esa mirada retadora los apuñalas por haberse plegado a tus deseos sin voluntad, por hacer todo lo que ordenas, por ser tan cobardes como sumisos, por desear amar una diosa que aún juega con sus dedos. Enfurecida por los amantes temerosos, incapaces de domarte, aprendes a mirarlos desde la lejanía de la marquesa en territorio de chusma. Por diversión sigues paseando por el barrio presumiendo de barriga, y llevando del brazo a un mozalbete con cara de despistado. Menos lenguas curiosas se asoman a tu boca desde entonces, sabes que no te miran con la misma insistencia pero a cambio te has gastado un sueldo en unas baratijas que luces como una princesa.

La Pesada Carretera Vagamente intento conservar la razón en circunstancias adversas. La fiebre me ha empezado a subir de nuevo, debo tener el aspecto de un fugado de psiquiátrico. Hace días que no me lavo y no me afeito, y mi pelo se ha vuelto una sólida capa de grasa que se mantiene en equilibrio sobre mis gafas negras. Un colosal atasco hace que me detenga en medio de unos cuantos autos, mi carril no avanza y los otros viajeros que pasan a mi lado me miran con extraña dispersión. Cierro la ventanilla e intento hacer como que no me importa, que puedo simular que no soy lo que ellos creen, y en realidad no estaría simulando, ¿pero por qué complicarlo todo tanto? Seguirían torciendo el gesto al ponerse en paralelo. Me pareció que se hinchaban mis manos al volante, retiré ligeramente las gafas para echar un vistazo a la luz del día, me dolieron los ojos y me las volví a poner rapidamente.


4 De Lo Que Inevitablemente Les Gusta Claro que hay un sentido para el deseo, para que no nos dé igual otro día, para quienes nada de lo que les rodea es nada, para que no deje de importarnos que cada mañana, invariablemente, apunte un nuevo día; en fin, para que no limitemos los abismos y permitamos que se abran por sorpresa bajo nuestros pies. Conocer nuestros límites no nos va a ayudar a sobrevivir, sobre todo si ese límite marca definitivamente un número exacto de horas a la existencia. En realidad, los seres que rienda al deseo representan una parte de todos que no pudo ser, lo invisible de nuestra aportación natural a un mundo magnetizado, al desagrado de los que se han esforzado por sobrevivir hasta reventar en un caminar de hernias -es normal el desagrado, a sus ojos somos un fraude-. Sin pretender llegar a conocer lo químico en lo que salta una u otra reacción, podría resultar apropiado aceptar que no hay más dignidad en la fuerza de voluntad que en el que pierde la paz interior por algo incierto, a veces que no se sabe bien lo que es, un rayo de luna, una voz, un imagen, una invisibilidad que nos provoca y nos intranquiliza. No hablemos pues del deseo más obvio, el soez, el ordinario, el que nos devuelve a la tierra y rebaja a los encumbrados ministros, ejecutivos, obispos, banqueros... a relacionarse con meretrices, viejas, barrigudas, enfermas, cubiertas de marcas, achacosas, viciosas, pobres y sucias. No es necesario tanto para descubrir el mérito de la continencia que proclama la semana santa del abril católico. De ahí a pretender descubrir el mérito del que pierde todo interés por la belleza estética del mundo, hay un reconocimiento poco aceptado por la vitalidad del primer momento en el proceso de desarrollo de una crisálida. Por lo demás, el desahogo que supone, nos vuelve cuerdos y comprensivos. De Ausencias ¿Qué consiguen de extrañarnos las sombras, cuando el cuerpo ya no está en la foto? La mano floja, extremo tardío, afila la palma sobre otra mano aún menos convencida, pero se estrechan, por ver si sucede. Los grandes espacios abiertos, imposibles de ocupar a menos que un diluvio. No saben a donde se fueron tantos árboles, nubes, alimañas, vientos salvajes cubiertos de lonas y correas de perro. El desaliento meteorológico golpea en la ventana, la habitación oscura, el cuerpo en la ausencia de la cama, cuerpo de claustro sin rasurar. Pues si se fue, sus pertenencias no le dan más vida, al contrario, denuncian la desaparición. Nadie sabe, se fue. En los nichos del


cementerio, detrás de un cristalito anclado con cuatro tornillos plateados, le han dejado flores, y fotos en blanco y negro de su juventud. Sus rasgos eran duros, no parece que haya sonreído nunca. ¿Aún hay suficiente vida para todos? Se dijo una vez delante un mapamundi. Para entender eso al menos, si le sirvió el colegio. Si una mano se estrecha con la tristeza de un fado, no es una paz perenne, pero es una paz entregada al menos.

Del Último Rencor Al Último Suspiro Cuestionarlo todo hasta los héroes anónimos te puede llevar a andar un poco perdido, ¿quién te enseñó a no creer en nada? Tanto rencor para reafirmar una visión no contrastada, tal vez, Pessoa afirmó que sin paisajes imposibles nada nos queda por cumplir, o tal vez pudo haberlo redondeado. Hay que ser poeta para buscar objetos entre la basura, con la única intención de sacarles fotografías. Si no dejas ningún sueño por cumplir te dedicarás a culpar a otros de tus desgracias, de la desolación de haberle perdido el sentido a la búsqueda. Nunca vas a ser feliz por encima de tus posibilidades, pero si no lo intentas te agriarás como la realidad que no conoce que las carcajadas lo son porque se rompen. Se dice romper a llorar, pero en realidad uno rompe a reír si de verdad acepta que es bueno estar un poco loco. Dejarlo todo a la razón, te rescatará de lo mejor de este mundo, que es seguir a una mosca en su vuelo sin sentido: y cuando perdemos la capacidad de distraer las amarguras empezamos culpando a otros, para no culparnos -lo sabemos muy bien- a nosotros mismos. Puedo imaginar mi muerte dentro unos años, nunca son demasiados. Me veo viejo y enflaquecido, desposeído de todo vigor, vencido al fin por la vida, casi dormido y lamentándome por desear algo más de tiempo, sólo un poco más; recordando dolorosos paisajes de vergüenza, más no ya de rencor. Hasta el último suspiro. Hace falta ser algo poeta para fotografiar la habitación de un muerto reciente. Y en el momento siguiente tener ese objeto entre las manos, la foto que acabas de quitar, y buscar entre todo lo que aún existe, la ausencia de un cuerpo sin vida. O la ausencia de un espíritu, o una señal de lo que fue su sombra. De la aspiración suave de la humedad del río, se abre el cielo en lluvia humillante. Lívido acepta el cuerpo la invitación de cielo abierto y deja su falta, la cama fría con la forma de su cabeza en la almohada. La visión entristecida del sillón ausente, de la silla y el plato presentes en la cena de nochebuena, todo vacío.


Papel Para Colores Los hombres que se esconden detrás de su infancia no me conmueven, aunque sé que sufren más que ninguno. Han crecido por la estridencia de sus huesos, por convencerse del desarrollo de sus brazos y la medida de sus pies. Con gesto inocente se miran las piernas y deducen que no pueden seguir mintiéndose, se miran las manos y no se atreven a taparse la boca con ellas para reprimir un grito. Otros que han sufrido desde niño, han aceptado antes su encierro, la involuntariedad de su sosegada sumisión. Es por eso que decía que las infancias felices contienen de todo menos las razones del hombre.

Podría Hoy Llorar Toda La Noche Hoy he llegado tarde a todos los bares de ambiente, buscaba alejarme de aquellos los oradores inmortales y fanáticos. Un brusco golpe de vanidad me inmovilizó en uno de esos lugares, iba buscando sin saber qué. No considero los beneficios de una barra vacía, ni aunque estuviera esperando por mis lamentaciones. Entonces me acordé de mi primera novia, no de su físico, sino de detalles concretos, de reacciones y rechazos. La risa de una mujer es difícil de olvidar, por artificial que haya sido, y por mucho despecho que pongamos en ello. Uno se vuelve un sentimental con los años, enterneciéndose casi por cualquier cosa para así poder sentir libremente lastima de sí mismo. Todos aprendemos de la peor de las maneras; esto me recordó que terminaremos encorvados y si no olvidados, al menos, terminaremos olvidando. Casi todo lo que nos importaba va perdiendo la partida, el marcador no se mueve y pasan los minutos.

Buenos Días Stanley Kubrick Se nos rompe la escritura al querer leer su nombre, todos nosotros, los que soñamos. En el adelante de haber vivido un futuro dentro de una sala de cine, en ese andamos viviendo por fortuna de nuestro anfitrión, que era buena gente. Su universo nos cae encima con todo su peso, nunca se dejará domar, no hemos venido para eso. Pero, !si al menos pudiéramos sospechar como encajaban las ideas, de que forma se


movía esa mecánica! Querido Stanley los genios sois siempre tan reservados que no sé si nos llevaríamos bien, desconfía de los que hablan poco, y yo mismo a veces me cierro como la puerta de un cementerio. ¿Imaginas un viaje a oriente? Te sentaría bien ahora que ya apenas te mueves, tu con tus equipos y tus guiones preparados para rodar la segunda parte de “La chaqueta metálica”, esta vez en Afganisthan. En secreto, como sólo los genios sabéis hacer las cosas, para de repente soltarlo todo como un torrente, noticieros, internet, los periódicos más importantes de medio mundo: !Stanley Kubrick rueda su nueva película! Permiteme, desconocido amigo, ponerle un título: “La odisea de un sendero mecánico para Drones sin retorno” Ibas a tener que hacer algo de ciencia ficción, porque el título se las trae. Perdona el abuso de confianza, en este momento me exalté con poner a Kubrick rodando desde un altar en mitad del desierto, y que siguiera golpeando nuestras mentes y nuestras conciencias. Cada vez que veo sus películas repaso mi vida, y todas las veces que asistí a alguna escena de abuso de poder sin poder hacer nada. Gracias Genio.


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