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Amaneceres

Juan Carlos Di Pane Sánchez

1 Relato e ilustración: Juan Carlos Di Pane Sánchez©

Tanto el relato como la ilustración están sujetos al derecho de autor


Amaneceres

Juan Carlos Di Pane Sánchez

n la oscuridad del pasillo, se guió por el inesperado aroma a café y la luz encendida que se filtraba por debajo de la puerta. Aún no salía el sol cuando entró en la amplia cocina completamente listo, salvo por el sopor que se resistía a dejarle. - ¿Qué hacés levantada a esta hora? – preguntó a su madre mientras sacaba la leche de la heladera. Ella, sin mover la cabeza, despegó las pupilas de la labor ante la cual se hallaba sentada, asomándolas por encima de sus gafas para contestarle con su acento argentino-andaluz… - Quiero terminar con esto, ya me falta poco… ¡Cuidado no chorrees la leche! ¡Te vas a manchar!- y volvió a ocuparse de la camisa. - ¿Te has levantado para coser? - No… -inventaba la excusa mientras rebuscaba en el costurero-, en realidad ya hacía rato que estaba despierta y aproveché para hilvanarla, así cuando se despierten los demás la paso por la maquina. ¡Esta condenada mete una bulla…! - ¡Mamá, no estás para darte estas palizas! Necesitás descansar- se cruzó de brazos en señal de reproche. - Ya… ¿Y si no hago esto yo, quien lo hace? - Se lo pasamos a doña Cata. No sería la primera vez que le encargamos la costura… - Pero a mí esto no me cuesta nada y además me distrae… ¿Y tú? – volvió a mirarle esquivando la conversación- ¿Qué haces levantado a esta hora? Es sábado… - ¿Cómo que qué hago? Te dije ayer que hoy quedamos temprano con Paula para preparar el proyecto –su mirada se perdió dos segundos en el suelo de granito negro- A ver si sale bien esto… -le sobresaltó el sonido de la leche al subir y la apartó del fuego. - ¡Cierto!, el proyecto para el gabinete escolar… pero ¿el concurso ese para cuándo es? ¡Ay, mierda!... ¡¿Dónde coño habré metido el dedal?! –farfulló con el dedo en la boca y volvió a rebuscar en el costurero. - En una semana presentamos todo al ministerio de educación, dentro de un mes publican la resolución y si nos eligen, comenzaríamos en febrero – carraspeó- ¿Querés un café con leche?... - No, gracias, espero a tu padre y nos tomamos unos mates ¿Y tú, para qué sigues presentando cosas para trabajar después de Año Nuevo? ¿No tienes que viajar a finales de enero?... -El silencio fue más que elocuente. - …Todavía no sé que voy a hacer…

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Amaneceres

Juan Carlos Di Pane Sánchez

- ¡¿Cómo?! - No sé si vaya finalmente. - ¡¿Y eso?! ¿Por qué? – la aguja enhebrada frenó en seco. - Es mucho quilombo…–tapó su boca con la taza, pero era imposible mantenerla allí para siempre- Tengo muchas cosas entre manos –se giró hacia la ventana buscando el sol, que no terminaba de asomar- y no sé si sea el momento más adecuado para irme a Europa. -¡¿Pero qué dices?! ¡Si luchaste un montón para obtener esa beca! ¡Tanto lío que armaste¡ ¿Para qué entonces?!... - ¡Bueno mamá, en su momento me pareció buena idea, pero ya no! – enjuagó la taza vacía bajo el chorro de agua caliente y la puso a escurrir. - ¿Que no es buena idea? –Incrédula, meneaba su cabeza buscando a alguien más en la habitación que le explicase todo aquello- Te han becado en una de las universidades más reconocidas a nivel mundial, y dejando de lado lo que “eso” significaría para tu carrera ¡conocerías mi tierra natal… y podrías cruzarte a Italia y conocer también donde nació tu papá! - Sí, como para recorrer Europa estoy… la beca daría apenas para comer y poco más -abrió la puerta del pasillo y entró a buscar un chaleco y su maletín. - Bueno, eso se verá –susurró, intentando no despertar al resto- te podemos ayudar nosotros… - ¿Qué? No te escucho -replicó mientras regresaba por el pasillo. - ¡Que te podemos ayudar nosotros! - ¡Shhhh, no grités! ¡Cortála ma’! no voy… -cerró nuevamente la puerta, se acercó e inclinándose le dio un beso en la mejilla. Ella recogió resolutivamente su labor, pinchó la aguja en el alfiletero y dejó todo a un costado, sobre la vieja máquina de coser. - Siéntate –le ordenó. - No puedo, se me hace tarde…- caminó de prisa hacia la puerta. - ¡Que te sientes!... –la contundencia lo frenó. Giró, se devolvió, con fastidio adolescente dejó los bultos en una silla sentándose frente a su madre y cruzando los brazos sobre la mesa. - ¿Qué querés? - Yo sé por qué no quieres viajar…

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Juan Carlos Di Pane Sánchez

- Mamá…-clavó el codo derecho sobre la mesa y con la palma de la mano tapó sus ojos, intentando masajear con los extremos de sus dedos pulgar y anular ambas sienes a la vez. - …No tiene sentido, los médicos y yo ya estamos haciendo todo lo posible, así que vete tranquilo… -intentó posar la mano sobre la de su hijo, pero él retiró el brazo que aún yacía en la mesa. - ¿Pero qué decís? ¿Qué tendrá que ver...? - Esto no va a desaparecer porque te quedes aquí pegado a mí y… ¿Cuánto dura esa beca acaso?... - Mamá, vos sabés muy bien que el plan no era hacer semejante viaje solamente para investigar un tiempito, además… - ¡Shhh! ¡Ahora estoy hablando yo! ¡Y aunque ya seas grandote y peludo, soy tu madre y me vas a escuchar en silencio, coño! - ¡Y quién se atreve a llevarte la contraria a vos! – con media sonrisa intentó bromear porque sabía que aquello se pondría serio. - Sabes muy bien lo que te quiero, y no será fácil ver que te vas… Pero... a estas oportunidades, la vida, casi nunca las da… y si las da, seguramente no vuelvan a repetirse… - Esta no, pero habrá otras cosas ¿y quién te dice que no sean mejores?… - ¿Y quién te dice que sí lo serán? Mira mi amor… -consiguió apretar con fuerza la mano de su hijo, impidiéndole ponerse de pie- a mí la vida ya me dio esa oportunidad y yo no la dejé pasar, me aferré a ella, me fui de Almería y no miré atrás... - ¡Exacto! ¡Hace 40 años! Disculpame, pero yo no tengo tantos huevos como vos… -logró zafase y se levanto para tomar el maletín y el chaleco. - ¡¿Pero que dices?! ¡¿Pero que sabrás?!... además, ya no es lo mismo, los tiempos han cambiado… - Mamá de verdad, se me hace tarde, me voy – se acercó para darle otro beso. - ¡Al principio creí que no lo soportaría! Pero hoy sé que fue la mejor decisión que tomé en mi vida… ¡Por Dios! ¡¿Cómo viví lo qué viví?! ¡No lo cambiaría por nada!... No te cambiaría por nada a vos, ni a tus hermanos, ni a tu padre… - Y dale. Hacemos una cosa, me lo grabas así no me lo repetís más… - ¡No me faltes el respeto! ¡¿Eh?! –Aprovechando la cercanía le zurró un cachetón en las nalgas. La voz se le quebró- ¡Qué tipo de madre sería yo si permitiese que esta putada también se coma tu futuro!… Hoy la vida te ofrece esa misma oportunidad a vos ¡Y yo no voy a dejar que la tires a la mierda! Tanto el relato como la ilustración están sujetos al derecho de autor

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Juan Carlos Di Pane Sánchez

- ¡Es que no se trata solo de vos! También se trata de mí, de que quiero estar aquí… - ¿Para qué?... No me abandonas... –él levantó de repente la mirada y se encontró con la caricia de los ojos de su madre- Si eso te tortura, que sepas que yo sé que no es así… yo ya sé cuanto me quieres, porque lo sé, lo siento… aunque seas más seco que la pata de un muerto y nunca me lo digas, lo sé –se inclinó sobre la mesa para darle un cómplice pellizco en la nariz. - ¡Bueno, tampoco es tan así!- ambos rieron con alivio. - ¡¿Y qué?! Una madre nunca está satisfecha con la cantidad de besos que recibe, siempre queremos más… - ¡Ya estás! ¡Hablá por vos, no por las madres del mundo! - Bueno, sí, lo asumo -la carcajada se transformó en una sonrisa cargada de añoranzas anticipadas- Vete, vuela… Es lo mejor que podrías hacer por mí; sería mejor que cualquier quimioterapia o cirugía… -con un profundo suspiro, él se puso de pié impulsivamente; miró a través de la ventana, buscando fuera la decisión que no brotaba desde dentro- …Tienes una pareja que te adora y tú a ella, veo como se respetan. Iros juntos, empezad de cero y… cuando ya tengáis hecho vuestro propio huequito, quién te dice que yo ya esté mejor y pueda viajar –ambos se observaban entre lágrimas indecisas-. Así que espérenme por allá, no se vengan… que yo voy a volver a España. Cuando muera, quiero hacerlo en mi tierra… - ¡Si habrás salido tanguera para ser española vos! -nuevas sonrisas les aliviaban. - Sí, ya sé que soy una vieja ñoña y ridícula, pero son sueños que una tiene… - No sé mamá, no sé… - ¡Ay, hijo de mi alma y de mi vida! –dramatizó un irónico suspiro- Te pareces tanto a mí... Nunca dejas que te digan qué hacer o lo que más te conviene. Pero también eres muy sensato… y sé que sabes que tengo razón. Lo que siguió fue uno de esos largos diálogos en los que no usaban palabras; el tacto de sus manos entrelazadas era suficiente para comunicarse. Los destellos rosados que cruzaban la ventana prestaban la serenidad necesaria para la reflexión. - Yo voy a estar muy bien… ¡Si estarán tus hermanos y tu papá para cuidarme! - Eso en el entretiempo que no estés vos cuidándolos a ellos ¡Si te conoceré! – confrontó a su madre con sorna. - Y bueno, si sabes que eso me hace feliz… ¿Qué problema hay? - Abrazó por detrás a su madre y apoyó su cabeza sobre la de ella. Tanto el relato como la ilustración están sujetos al derecho de autor

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Amaneceres

Juan Carlos Di Pane Sánchez

- Ninguno ma’, ninguno… sólo me encantaría que alguna vez te dejés cuidar vos. - ¿Si te lo prometo, te irás tranquilo? - … Sí. - Prometido está entonces. - Te quiero mucho, viejita… -su voz no pudo más, se quebró. Quedaban meses para partir, pero la despedida había comenzado- …Te voy a extrañar como loco ¿Sabés? –aún abrazándola le besó la cabeza, como si fuese una niña pequeña. - Ahora eres tú el que me tienes que prometer algo… - ¿Qué? - Sé lo duro que va a ser… En determinados momentos vas a odiar todo aquello ¡uno lo ve todo negro!... Aunque creas que no soportas ni un minuto más, tienes que aguantar –él se incorporó para colocarse frente a ella-… No vas a volverte loco, así que no compres el pasaje… - Pero… - ¡Shhh! No lo hagas ¡Aguanta!... Esos momentos pasan ¡Te juro que pasan! Y todo se ve más claro, se acomoda… ¿Me lo prometes? -Ambos decidieron no contener más el llanto; él de cuclillas frente a ella, las cuatro manos convertidas en un nudo de piedra. - ¿Me lo prometes? - Te lo prometo – y la calma volvió. Apoyó la cabeza sobre el regazo de su madre, para que ella le acariciase. - Gracias… Vas a ver como todo saldrá bien… - Si vos lo dispones así… ¡¿Quién se atreve a llevarte la contraria?! –Como siempre sucedía entre ellos, las sonrisas firmaron el trato. Se abrazaron un largo rato sin hablar. Después, él se puso de pie, se dirigió al grifo y se mojó las manos con agua fría para refrescarse la cara. - Bueno, tengo que ir a hablar con Paula. No se como vaya a tomarse que la deje plantada… - Paula es un cielo, lo va a comprender perfectamente. - Igualmente le ayudaré a hacer el proyecto…- una vez más, se despidió con otro beso en la mejilla.

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Juan Carlos Di Pane Sánchez

- ¿Venís a comer?... - Sí, paso a buscar a María y venimos a eso de las dos… - Le voy a decir a tu padre que se prepare unos tallarines entonces. - ¡Uy, con lo que le gustan! se va a poner chocha… ¡Chau ma’! Decidió no echarle llave a la puerta de entrada y se fue. El sol al fin daba la cara. Como por arco reflejo, sus ojos comenzaron a fotografiar esos rojos amaneceres. Y bien que hicieron. Por entonces, él aún no se imaginaba cuan a menudo, atormentado por ausencias, debería echar mano de aquella luz grabada en el alma.

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Relato sobre una despedida

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