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RETOS Y APORTES DE LA EDUCACIÓN RELIGIOSA EN EL CONTEXTO DE LA FORMACIÓN INTEGRAL, A PARTIR DEL DECRETO 4500 DE 2006 Juan Manuel Marín Osorio∗ Juan Pablo Duarte Amado ∗ Resumen: La permanencia de la Educación Religiosa Escolar en el sistema educativo colombiano y su ratificación como área fundamental y obligatoria, mediante la Ley General de Educación (Ley 115 de 1994) y el Decreto 4500 de 2006 sobre la Educación Religiosa, son expresión del denodado interés por consolidar una educación con procesos efectivos de formación integral. La adecuada formación de la dimensión trascendente en el ser humano, principal objetivo de la ERE, es un aspecto esencial de cara a la humanización de la educación; puesto que, una educación humana es aquella que atendiendo a la integralidad del ser, favorece espacios para el desarrollo de todas sus dimensiones. Educar la dimensión religiosa se constituye en un eje articulador de verdaderas experiencias integradoras, que ha de ser potenciado por los diferentes agentes de este loable y censurado acto pedagógico. Palabras clave: Educación Religiosa Escolar, educación integral, dimensión trascendente, humanización. Summary: Staying of School Religious Education (ERE) in the Colombian education system and its heartland and ratification as required by the General Education Law (Law 115 of 1994) and Decree 4500 of 2006 on Religious Education, are expression of the fierce interest in education to consolidate a comprehensive training’s effective processes. The proper formation of the transcendent dimension in human beings, the main objective of the ERE, is an essential aspect towards the humanization of education, since education is one that human response to the completeness of being, conducive spaces for development of all its dimensions. Educating the religious dimension, is a true linchpin of integrative experiences, which should be enhanced by the various players of this laudable and censored pedagogical act. 

Estudiante del programa de Licenciatura en Teología, facultad de Filosofía y Teología; Fundación Universitaria Luis Amigó. ∗ Estudiante del programa de Licenciatura en Teología, facultad de Filosofía y Teología; Fundación Universitaria Luis Amigó.

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Keywords: School Religious Education, integral education, transcendent dimension, humanization. 1. Identificación e historia de la Educación Religiosa Escolar en el contexto colombiano La Educación Religiosa Escolar (ERE) es un área obligatoria del sistema educativo colombiano, que debe estar contenida en el Proyecto Educativo Institucional y en el currículo de las instituciones de educación formal. Sus lineamientos y estándares son emitidos y regulados por el Ministerio de Educación Nacional (MEN) en colaboración con la Conferencia Episcopal de Colombia. En este sentido, la categoría educación religiosa hace referencia a un ejercicio sistemático y riguroso de enseñanza del fenómeno religioso en general y de los contenidos de la religión en particular, en

el ambiente de la Escuela. Por inscribirse en el contexto de la

educación formal, la ERE coopera en la consecución del propósito de “desarrollar en el educando conocimientos, habilidades, aptitudes y valores mediante los cuales, las personas puedan fundamentar su desarrollo en forma permanente” 1. La identificación de la ERE desde su ubicación en el marco legal de la legislación colombiana, constituye un primer intento de delimitación del objeto del presente escrito, puesto que es evidente cómo la abundante terminología usada para designar la enseñanza de la religión en la Escuela, fácilmente se presta para ambigüedades; por ejemplo, se habla indistintamente de catequesis escolar, catequesis, catecismo, formación religiosa, ciencias religiosas o simplemente religión. Esta pluralidad de identificaciones obedece en gran manera al proceso que -al menos en el contexto colombiano- ha experimentado la ERE; por tal motivo, se hace necesario presentar, de manera sintética, algunas precisiones conceptuales que orienten la comprensión del desarrollo histórico de la educación religiosa en el sistema educativo nacional. En consecuencia, es preciso acudir a los aportes de la teología sistemática, entendida como una rama de la Teología que tiene por objeto la sistematización estructural y orgánica de los diferentes tratados y prácticas que se circunscriben en 1

COMISIÓN EPISCOPAL PARA LA EVANGELIZACIÓN DE LA CULTURA Y LA EDUCACIÓN, cita Ley 115, art. 10 y 11. En: lineamientos y estándares curriculares para el área de educación religiosa; (23 de Agosto de 2004) Santa fe de Bogotá: Conferencia Episcopal de Colombia.

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el marco de la disciplina teológica. La teología sistemática en su aporte a la inteligencia de la fe, ofrece conceptualizaciones mediante las cuales es posible; por una parte, delimitar los objetos de conocimiento de los tratados, y por otra, establecer relaciones de interdependencia entre los mismos. Así pues, el episcopado colombiano, haciendo uso de la labor sistemática de la teología, entiende la ERE como “el estudio de la revelación cristiana y su experiencia religiosa, tomada en sus diversos componentes y manifestaciones históricoculturales, en nuestro contexto y el de occidente. Este estudio, realizado con métodos escolares, se orienta a identificar las características de esa experiencia religiosa, sus formas de vivencia y expresión, su aporte a la humanización y al bien de la sociedad y la cultura, de manera que los alumnos elaboren sus propias conclusiones y actitudes debidamente motivados y responsables ante ese hecho religioso”2. Según lo anterior, la Educación Religiosa es un ejercicio de carácter académico que busca la transmisión de un conocimiento que genere en los educandos actitudes, procedimientos y conceptos; dicha caracterización permite intuir la estrecha relación de la ERE con la catequesis y sus afines catecismo o catequesis escolar. No obstante, la catequesis, pese a contar con un carácter eminentemente didáctico, hace referencia directa a una forma específica de evangelización de los cristianos, cuyo fin es que la fe, ilustrada por la doctrina, se torne viva, explícita y activa, para conducir a los miembros de la comunidad cristiana a un auténtico discipulado y seguimiento de Jesús3. En este sentido, el término catequesis se refiere a una experiencia propia de la comunidad cristiana enfocada a la evangelización, que pretende la generación de actitudes morales y claridades doctrinales, para dar cuenta de la asimilación del mensaje de Jesucristo y de la pertenencia a dicha comunidad. A manera de contraste, es posible enunciar que mientras la catequesis adelanta un trabajo de instrucción para la maduración en la fe, desde dentro de la comunidad y hacia todos los miembros de la misma; la ERE, se esfuerza por hacer comprensibles algunos de los contenidos y de las prácticas religiosas, sobre todo 2

CONFERENCIA EPISCOPAL COLOMBIANA. Guía para el desarrollo de los contenidos de la Enseñanza Religiosa Escolar en los Niveles de Básica Secundaria y Media. Colombia, 1999. p. 14. 3 Cfr. SEMERARO, Marcello. La Catequesis. En: diccionario teológico enciclopédico. Estella (Navarra): Verbo Divino. (1999) p, 136.

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cristianas, para un sector específico de la población, a saber: la comunidad educativa. Continuando con el intento de delimitación, es preciso aludir a al término religión, con el cual también se suele identificar la asignatura de Educación Religiosa. Desde una perspectiva muy general, este concepto posee un carácter histórico cultural y designa las diversas formas en que se ha desarrollado la relación del hombre creyente con el Dios en quien cree; según esto, la categoría religión, no se agota en una conceptualización de la teología sistemática pues es la Religión el escenario en el cual nace y se consolida la disciplina teológica, es decir, la Teología nace como una mediación entre la cultura y la Religión. En este orden de ideas, puede sugerirse que la Religión es el objeto de conocimiento del área de ERE, que ha de ser adaptado para cada nivel del sistema educativo, y que en el caso colombiano tiene un marcado matiz cristiano-católico. Después de rastrear algunos indicios conceptuales, para la adecuada identificación de la ERE, adquiere especial interés comprender el aporte de cada uno de los términos con los que ésta se ha designado, en la reconstrucción de la historia más reciente de la asignatura en el contexto colombiano. Sin embargo, es preciso señalar que la variación en los términos ha obedecido a particularidades de la práctica escolar, bien sea por las intencionalidades de cada institución o por las sugerencias del Magisterio eclesial de cada región, ya que la legislación siempre ha mantenido como identificación genérica del área, el concepto Educación Religiosa. Según lo antes mencionado sobre la catequesis, se descubre la pertinencia de éste término para la designación de la asignatura de Educación Religiosa en el contexto de las políticas educativas previas a la Constitución de 1991; puesto que con la plena vigencia del Concordato de 1973 ∗ y la designación del Catolicismo como religión oficial de Estado, la Iglesia gozaba de algunos privilegios que le daban 

El Concordato es un instrumento legal que busca establecer acuerdos entre la Iglesia (Santa Sede) y un Estado, para regular las relaciones entre ellos en materias de mutuo interés. El Estado colombiano y la Santa Sede, mediante tratados internacionales han tenido desde antiguo un Concordato que regula asuntos entre las dos potestades. La última reforma concordataria fue aprobada por la ley 20 de 1974, 21 años antes de la Reforma de la Constitución colombiana, llevada a cabo en 1991. (URIBE BLANCO, Mauricio- MARTIN DE AGAR, José. Concordato y jurisprudencia constitucional en Colombia. En: Revista electrónica de difusión científica – Universidad Sergio Arboleda Bogotá – Colombia http://www.usergioarboleda.edu.co/civilizar

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preeminencia en muchos escenarios de la vida social, entre ellos la educación formal. Así pues, la Iglesia de la época recibió del Estado, por medio de la ley 20 de 1974, el encargo de regular y diseñar los programas de la ERE en todas las instituciones educativas del territorio nacional; este dato permite comprender que la enseñanza y específicamente los contenidos del área estuvieran enfocados a la instrucción en aras de la maduración de la fe cristiana en los educandos, lo cual está hablando de un ejercicio eminentemente catequético; de hecho, la popularidad de nombres como catecismo o catequesis escolar, son una consecuencia del título de "catecismo” dado a los textos guías para la asignatura, los cuales eran elaborados por el Magisterio∗ eclesial colombiano (Conferencia Episcopal) y latinoamericano (CELAM). Con la entrada en vigencia de la nueva Constitución Política de 1991 y su declaración de la libertad religiosa y de la igualdad de todas las confesiones ante la Ley (art. 19), se produce un cambio notable en las perspectivas de la ERE, sobretodo en el sector público de la educación. Ante este hecho, los programas de la asignatura, -emitidos todavía por la Conferencia Episcopal- fueron renovados de manera que se garantizara el derecho a la libertad religiosa de los miembros de la comunidad educativa. Con esta innovación legislativa, se amplió el horizonte del objeto de conocimiento de la ERE, pues en adelante le correspondió hacer y suscitar reflexión académica sobre el fenómeno religioso en general; por lo que se comprende que hiciera carrera el término religión en sentido genérico para la designación del área. Sin embargo, el arraigo de la religión Católica en el grueso de la población nacional y la preeminencia del Cristianismo en Occidente, han hecho que en la práctica educativa se conserven muchas perspectivas del pasado en lo que a educación religiosa se refiere. En la historia reciente de la ERE en Colombia, llama la atención la bipolaridad registrada entre la ratificación legal que ha garantizado su constante permanencia en el sistema educativo y la dificultad para su integración y adecuada orientación en varias instituciones escolares. A nivel legal, se pueden establecer dos fases de la 

El término “Magisterio Eclesiástico” se aplica al grupo de jerarcas que ostentan una función autoritativa en lo concerniente a la enseñanza de la fe; comúnmente, las referencias a este término designan la tarea colegiada de los Obispos, de la Iglesia en general (colegio cardenalicio) o de un país o región en particular (conferencias episcopales). (cfr. RAHNER, Karl. Curso fundamental sobre la fe. Barcelona: Herder; 1979. p,436)

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ERE, una comprendida entre el Concordato de 1973 y la Constitución Política de 1991; y la otra, desde la constitución pasando por la Ley General de Educación (Ley 115) hasta llegar al Decreto 4500 de 2006. Las mencionadas fases revisten gran importancia, en cuanto han determinado los enfoques de programación, planeación e investigación en torno a la ERE. En la primera fase, no se exigen criterios diferentes a los propuestos por los documentos del Magisterio de la Iglesia, para la justificación de la ERE en el plan fundamental de la educación formal. El artículo XII del Concordato aclara que “compete a la Iglesia, en desarrollo de su misión apostólica, la elaboración de los programas y la aprobación de los textos para la Educación Religiosa Católica”. Según lo anterior, se deduce que el Estado y por ende el sistema educativo confieren a la religión un valor en sí misma, quizá por la singularidad de la que gozaba el catolicismo y por su influencia en la vida social. Para este periodo aparecen la Ley 20 de 1974 aprobatoria del Concordato en la que se da autonomía a la Iglesia Católica para la programación y regulación de la asignatura. En el mismo año, el Decreto 080 es enfático a la hora de presentar la obligatoriedad de la Educación Religiosa en el plan fundamental mínimo para los diferentes niveles de la educación formal. En este contexto, los diseños curriculares de la asignatura y los textos guías para el desarrollo de la programación ratificaban la complementariedad entre la educación religiosa en la Escuela y la catequesis impartida al interior de la Iglesia. Aún con la presencia de corrientes opuestas a un modelo con las mencionadas características, se mantuvo una rigurosidad confesional en los criterios definidos para el desarrollo del área. La situación de la ERE sufre algunas variaciones con el comienzo de la segunda fase. La transición de la oficialidad de un único sistema religioso a la libertad y pluralidad de manifestaciones religiosas, a partir de la Constitución (art. 19) y de la Ley 133 de 1994 (art. 6), se exige en primera instancia una modificación en los programas del área. Quizá este hito histórico nacional, catalizó algunas de las perspectivas críticas y de rechazo de la población en general y de la comunidad educativa en particular frente al área de Educación Religiosa, por ser considerada instrumento de la Iglesia para el proselitismo o para la prolongación de su hegemonía. 6


Esta segunda fase ubicada en las últimas dos décadas, ha sido el periodo de caracterizado por la crisis generalizada de la ERE, pues no se ha podido menguar el nivel de crítica o rechazo formal ni informal; ante este panorama, se sugiere el comienzo de un proceso de justificación de la ERE, para lo cual se hace pertinente recurrir a la concepción de integralidad de la educación. Este es el reto investigativo de la actualidad y el marco de referencia deseado para la programación veraz de la asignatura. El camino ya ha sido abierto por las prescripciones de la Ley General de Educación e impulsado por los enunciados teóricos y prácticos del Decreto 4500; con base en estos referentes legales, la Conferencia Episcopal de Colombia ha mostrado grandes avances en la reflexión pedagógica al respecto, mediante las orientaciones curriculares y didácticas para el desarrollo de la ERE en las instituciones escolares. 2. La formación integral, fundamento de la educación para la humanización Las sociedades humanas de toda la historia han visto en la educación el canal más adecuado para la conservación y transmisión de su peculiaridad física y espiritual. Educación y sociedad poseen un vínculo de mutua dependencia y en esta relación la educación ejerce una función eminentemente formativa en dos dimensiones; por una parte, forma a los ciudadanos para la vida en comunidad; y por otra, informa a la sociedad de las trasformaciones que en ella deben realizarse para responder a las exigencias de los ciudadanos; es decir, educación y sociedad tienen una relación dialéctica. A partir de esta ubicación de la educación, se comprende el carácter procesual y flexible que a ella le corresponde, y además, se vislumbra su objetivo fundamental que es la promoción del desarrollo integral del ser humano, en aras de consolidar “formas mejores de existencia humana”4. La formación integral no es una mera tendencia de la educación, sino una identificación programática, en cuanto la integralidad es el principio rector de toda manifestación educativa en las sociedades humanas. No obstante, el deseo de una formación más integral que responda a lo auténticamente humano, es decir, a la naturaleza holística del hombre, surge de manera explícita con el movimiento humanista, que a su vez retoma las posturas de la Grecia antigua frente al asunto de 4

JAEGUER, Werner. Paideia: los ideales de la cultura griega. Bogotá: Fondo de Cultura Económica (1992) p, 4.

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la Paideia, para posteriormente materializarse en modelos pedagógicos que con ayuda de las ciencias humanas intentan responder a la totalidad del hombre atendiendo a sus condiciones y a sus exigencias. En consecuencia, hablar de educación integral es evocar un proceso consolidado en la historia que es a la vez realidad y utopía. La permanencia de un sistema educativo caracterizado por la integralidad, obedece en primer lugar a los lineamientos curriculares y por consiguiente a un plan de estudios lo suficientemente estructurado y completo; pero en un segundo momento, corresponde a todas las áreas el reconocimiento de la naturaleza integral del ser humano, de manera que en el cumplimiento de sus objetivos específicos, no se conviertan en promotoras de una escisión en el educando; pues, esto es desde todo punto de vista una contradicción al fundamento de la educación humana, que es la humanización, es decir, la revaloración de lo auténticamente humano. Según lo anterior, la consecución de un modelo cada vez más integral de educación, está en relación directa con la concepción de hombre, la cual debe ser desprejuiciada y puesta al margen de intereses utilitaristas de índole política o económica. Generalmente, la realidad compleja del hombre ha sido reducida a alguna de sus dimensiones en detrimento de las demás; al menos, así lo demuestran los diferentes modelos de hombre propuestos por el sistema sociocultural imperante en cada época de la historia humana. Ante este panorama, el rescate de lo auténticamente humano constituye una mirada del hombre en su conjunto reconociendo la importancia de la totalidad de sus realidades; sin pensar que la complejidad sugiera inaccesibilidad, sino una pluralidad que debe ser contemplada y asumida desde un ejercicio constante de reflexión. En conclusión, lo más auténtico en el ser humano es su condición de “misterio” ∗, es decir, el carácter profundo de su identidad que para efectos de una mejor comprensión es entendida desde la clasificación por dimensiones o arquetipos, a los que debe atender la educación de manera específica y holística, paralelamente. La integridad en la persona hace referencia a la “posesión por entero de todas las 

La identificación del hombre como “misterio” es una propuesta de la filosofía personalista, específicamente Gabriel Marcel en su libro el misterio del ser enuncia que considerar al hombre como “misterio” es abordar lo inagotable que es el ser y que nunca llegaremos a conocerlo plenamente ni a realizarlo en su integridad. (cf. VÉLEZ, Jaime. El Hombre es un Enigma. Bogotá: CELAM; 2001. p, 15.)

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propiedades que por naturaleza le corresponden” 5; en consecuencia, la educación integral constituye un esfuerzo por dar unidad a todos los aspectos posibles de la vida humana. Al respecto de la promoción de una formación cada vez más integral con miras a la humanización, resulta sensato poner de relieve que éste es un interés compartido por diversas disciplinas, sobretodo en un contexto cultural como el actual, donde pseudovalores derivados del materialismo han puesto de soslayo las características esenciales y ónticas del ser; un ejemplo muy claro de la empresa humanizante puede encontrarse en las conceptualizaciones pedagógicas sobre el acto educativo, pues cada vez se hace mayor énfasis en la generación de aprendizajes significativos que potencialicen al ser en sus relaciones intersubjetivas y en sus dominios: “cognoscitivo, procedimental y actitudinal; es decir, en los ámbitos del saber, saber hacer y del ser”6. 3. La Educación Religiosa Escolar en el contexto de la formación integral En lo concerniente a la realidad integral que constituye al ser humano, es importante hacer referencia a su condición religiosa de la que se deriva una ineludible dimensión trascendental. El fenómeno de lo religioso cuenta con diferentes manifestaciones en todas las culturas; en efecto, aún con las peculiaridades que demarcan las condiciones de tiempo y de espacio, son abundantes los vestigios tangibles e intangibles que dan cuenta de la inquietud humana por el Misterio de la trascendencia∗; por este motivo, ciencias humanas como la Antropología, la Sociología, e incluso algunas corrientes psicológicas; apuntan a la comprensión de esta dimensión, que por descontado afirman y defienden. Independiente de su designación, la dimensión religiosa o trascendente sigue siendo elemento constitutivo de la realidad humana, puesto que “la relación relevante de la persona está en el nivel trascendental, ámbito en el cual es capaz de preguntarse por la existencia de algo o de alguien que trascienda la realidad y que pueda dar respuesta 5

VILLALOBOS, Elvia Marveya. Didáctica integrativa y el proceso de aprendizaje. México: Trillas, 2007. p, 26. ZULUAGA LÓPEZ, Rodrigo Hernán. La transversalidad: un enfoque pedagógico de los contenidos de la Educación Religiosa Escolar. Medellín, 2006; p, 40. Trabajo de grado (licenciatura en ciencias religiosas) Universidad Pontifica Bolivariana. Facultad de Teología.  “El misterio, puesto que trata del ser, abarca a todos los seres, y por eso se extiende hasta lo infinito. Por ser misterio escondido y secreto escapa a la sola inteligencia” (Op. Cit. VÉLEZ. p, 15). 6

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al sentido último de la existencia”7. En este sentido, la presencia de la Educación Religiosa en el sistema escolar es garante de una educación orientada por la concepción integral de ser humano; es decir, animada por la búsqueda de lo auténticamente humano. Se afirma que la Educación Religiosa es “la educación en los valores, totalmente asumidos, a la luz de la revelación, para brindar respuestas a las necesidades integrales del ser humano en su totalidad” 8. La validez de estas respuestas reposa en la carga antropológica que por la encarnación de Jesucristo, es ineludible a la manifestación del Dios cristiano; es decir, el Dios hecho hombre, se convierte en la propuesta de un estilo de vida válido para el hombre de todos los tiempos y capaz de aportar plenitud y realización al ser humano completo. Así pues, es válido afirmar que la ERE, como potenciadora de la naturaleza espiritual y religiosa, se circunscribe en el propósito fundamental del sistema educativo: la formación integral del ser humano9. Los estudios actuales sobre la Educación Religiosa, coinciden en apuntar a su carácter articulador en aras de brindar una educación que responda a las necesidades de cada una de las dimensiones del desarrollo humano; la viabilidad y el sustento de este tipo de afirmaciones puede sentarse en el hecho de que la religión a nivel general cumple una misión integradora en el ser humano, puesto que su sentido se deriva de la carga evocadora de la etimología “religare” que quiere decir volver a unir, religar. En este orden de ideas, se puede inferir que las constantes referencias de la legislación colombiana en materia educativa, a la importancia y obligatoriedad de la Educación Religiosa, demuestran el interés del Estado por fortalecer los procesos de formación integral, ratificados en los pactos internacionales; tanto la ley 115 como el Decreto 4500 no desconocen la dimensión trascendente de la persona. Aunque pueda pensarse que la figura de autoridad de la Iglesia en Colombia, sea un fundamento para determinar la inserción de la Educación Religiosa en el plan de estudios de todos los niveles del sistema educativo, la principal causa radica en la concepción integral del ser humano y consiguientemente en la búsqueda de una formación igualmente íntegra. 7

Op. Cit. VILLALOBOS, E.2007; p, 27. AGUDELO, Humberto Arturo. Educación en los valores. Bogotá: Paulinas. 2000. p, 19. 9 Cfr. LEY GENERAL DE EDUCACIÓN, Ley 115 de febrero 8 de 1994 (art. 5). 8

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En consecuencia con lo anterior, la Constitución Política de Colombia hablando del derecho a la educación, pone en el estado la responsabilidad de “regular y ejercer la suprema inspección y vigilancia de la educación con el fin de velar por su calidad, por el cumplimiento de sus fines y por la mejor formación moral, intelectual y física de los educandos” (art. 67). En este artículo, aparece una insinuación implícita a la necesidad de la educación religiosa, pues se reconoce la importancia de la formación moral del educando; además, en la exigencia hecha al Estado de hacer veeduría del cumplimiento de los fines se establece la concordancia con el artículo 5 de la Ley General de Educación, en el cual se contemplan los fines del sistema educativo, que enfatizan en la consolidación de un proceso de “formación integral, física, psíquica, intelectual, espiritual, social, afectiva, ética, cívica”; aquí tiene resonancia nuevamente la importancia de la educación religiosa para el buen desarrollo de la educación en Colombia. De manera explícita la Ley General de Educación declara que la Educación Religiosa es un área obligatoria y fundamental del sistema educativo (art. 23); sin embargo, la práctica educativa en las instituciones escolares fue degenerando en un desinterés por la asignatura y en muchas controversias en torno a su desarrollo; por tal motivo, el Estado en uso de sus atribuciones legales, vio pertinente pronunciarse frente a la problemática mediante el Decreto 4500 de 2006, donde se reafirma el carácter de obligatoriedad y se dan algunas indicaciones de orden reflexivo y práctico para la total vinculación de la Educación Religiosa Escolar en los Proyectos Educativos Institucionales (PEI). No obstante, la obligatoriedad de la ERE, el decreto se cuida de hacer objeción al derecho de libertad de cultos contemplado en la Constitución Política (art. 19), ya que presenta una formulación es flexible y de carácter orientador. Según el decreto 4500 la Educación Religiosa “se fundamenta en una concepción integral de la persona sin desconocer su dimensión trascendente” (art. 3); y en cuanto a su desarrollo se enfatiza en la consideración de los aspectos tanto académicos como formativos. Sin embargo, aún con el carácter académico de la ERE y con el respeto debido a las demás confesiones religiosas, no se ha de perder de vista que la práctica educativa de la asignatura no puede restringirse a una labor meramente intelectual; pues, aunque el área tal como se ha expuesto difiera 11


notablemente de la catequesis, debe presentar los contenidos mediante un modelo didáctico eminentemente experimental, capaz de generar en los estudiantes actitudes que conduzcan a una vivencia, si no confesional sí esencial del proyecto de Jesús. En este sentido resulta iluminador hacer memoria de la comprensión que tiene el Concilio Vaticano II acerca de la ERE. La Educación Religiosa busca, sobre todo, que los bautizados se hagan más conscientes cada día del don recibido de la fe, mientras son iniciados gradualmente en el conocimiento del misterio de la salvación; aprendan a adorar a Dios Padre en espíritu y en verdad (cf. Jn 4,23), ante todo en la acción litúrgica, adaptándose a vivir según el hombre nuevo en justicia y santidad de verdad (Ef. 4,22-24), y así lleguen al hombre perfecto, a la edad de la plenitud de Cristo (cf. Ef. 4,13) y contribuyan al crecimiento del cuerpo místico. Ellos, además, conscientes de su vocación, acostúmbrense a dar testimonio de la esperanza que en ellos hay (cf. 1Pe 3,15) y a ayudar a la conformación cristiana del mundo, mediante la cual los valores naturales contenidos en la consideración integral del hombre redimido por Cristo contribuya al bien de toda la sociedad.10

El Concilio Vaticano II, hace caer en la cuenta de una riqueza presente en la totalidad del ser humano, tal como es la condición religiosa. Esta dimensión no debe ser aislada de otras realidades del ser humano (física y psicológica), antes bien deben ser leídas en su conjunto e interpretadas como partes de una misma unidad presente en la persona humana; estos aspectos resaltados por el documento magisterial presentan una evidente concordancia con las formulaciones legales que se han mencionado, especialmente en la Ley General y en el Decreto 4500. 4. Educar la dimensión trascendente del ser humano, un camino de humanización Con la certeza de que el hombre está constituido por una dimensión trascendente, es preciso tener presente que la formación humana integral debe abarcar dicha dimensión. Atender a la dimensión trascendente del ser humano o concebir su adecuado desarrollo desde el currículo formativo, es de antemano un ejercicio de

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CONCILIO VATICANO II, Documentos completos. Declaración “Gravissimum Educationis Momentum”. Bogotá: Paulinas, 1981. p, 377.

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humanización de la educación; en cuanto, la antropología que orienta los lineamientos curriculares parte de una imagen de hombre holístico. Con la inclusión de la ERE en el sistema escolar, la educación gana en humanización; puesto que, la religión constituye una mediación para el buen desarrollo de la persona y de las comunidades; ya que toda experiencia religiosa cumple una función performativa en el sujeto que la vive. Paradójicamente, en la actualidad, es evidente el hecho de que cada vez son más pocos los ciudadanos que asumen los valores cristianos como un elemento de su identidad cultural; lo cual indica que, lo religioso no cuenta con un sustento antropológico de peso; tanto en el individuo como en la sociedad, la religión aparece como un acto escindido de su identidad; es decir, lo religioso ha dejado de ser significativo y determinante en la experiencia humana y se ha reducido a la celebración tradicional de una serie de ritos. En consecuencia el ser humano de hoy, “no siente la necesidad de un compromiso eclesial y evangelizador. Así se explica la incoherencia que se da entre la fe que se dice profesar y el compromiso real de la vida" 11. En medio de un contexto, con estas características, se hace indispensable emprender una movilización por el rescate de lo simbólico y de lo religioso en el hombre. La formación de la dimensión trascendente es un rescate de los valores auténticamente

humanos,

que

generen

en

los

educandos

el

deseo

de

comprometerse en la creación de un mundo más habitable y de una sociedad más solidaria y tolerante. Es ahora cuando se piensa en la misión esencial de la educación, sacar de la masa; la cual le viene dada desde su etimología “educare”; en este sentido, resulta absolutamente necesario, que la ERE se inspire y se fundamente en la transmisión de una antropología centrada en los valores propiamente evangélicos y que unifique las mentalidades científicas y humanistas. La ERE adquiere un carácter relevante para la humanización de la persona, pero esta responsabilidad radica en cada miembro de la comunidad educativa; puesto que la formación de seres humanos para la realización personal y para la vida en comunidad no es un asunto exclusivo de las ciencias humanas.

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IV CONFERENCIA EPISCOPAL LATINOAMERICANA. Santo Domingo. Conclusiones. 1992. N 96

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Cuando se piensa en la propuesta de una educación que concibe la promoción de la dimensión trascendente, se sugiere que ella no debe fijarse de modo exclusivo en los contenidos e informaciones que construyen y consolidan el pensamiento; como ya lo ha reflexionado la pedagogía, el núcleo de una educación verdaderamente humana se cimienta sobre otros aspectos igualmente profundos, tal como son los valores y las virtudes humanas, en su mayoría discernidas y promulgadas desde la Iglesia, quien apela directamente a las consideraciones construidas por la antropología religiosa. Hablar de Educación Religiosa en Occidente, aún con las corrientes laicistas y seculares, evoca un ejercicio de transmisión, proclamación y sensibilización de los principios del Cristianismo; así pues, la adecuada ejecución del área deberá atender a los valores evangélicos, que promueven la dignificación de la persona y la construcción de una comunidad de seres humanos, que por su manera de relacionarse, se convierten en lugar teológico; es decir, en revelación de Dios para todos los hombres. Todo lo anterior, exige traspasar las fronteras conceptuales, situación que para nuestra mentalidad, heredera del cartesianismo y el positivismo, se considera todo un reto. La ERE es portadora de humanización por su armonización de elementos conceptuales y experienciales; por lo que se puede pensar que en el acto

pedagógico de la enseñanza de la religión, se plantean

posibles soluciones al reto de la coherencia humana, entendida como integración de teoría y praxis; reto que se plantea de manera específica en el campo de la educación, en la búsqueda de procesos que generen aprendizajes significativos capaces de articular competencias desde el saber, el saber hacer y el ser. La ERE, si es enfocada adecuadamente puede consolidarse en el canal mediante el cual la educación interpela a la sociedad, ya que ella tiene a aportar al educando experiencias significativas de aprendizaje. Lo ya expuesto sobre educar desde la trascendencia para humanizar, amerita una incipiente profundización en el término “trascendencia”. Este vocablo ofrece una gama amplia de significados; por ejemplo uno de los significados de trascender es el espacial, o fundado en una imagen de carácter espacial. Según ello, trascender significa “ir de un lugar a otro, atravesando o traspasando cierto límite” 12; según esto, 12

FERRATER MORA, José. Trascendencia. En: Diccionario de filosofía. Barcelona: Ariel, 2001. v, IV (Q-Z); p, 3565.

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la realidad que traspasa el límite es llamada trascendente y la acción y efecto de estar más allá de un límite dado, es la trascendencia. Otra definición apuntaría a lo siguiente: “algo trascendente es superior a algo inmanente, hasta el punto de que cuando se ha querido destacar la superioridad infinita de Dios respecto a lo creado se ha dicho que Dios trasciende lo creado e inclusive que Dios es trascendencia” 13; así pues, algo trascendental es algo realmente importante y capital. En el contexto de la educación, las definiciones apuntan a considerar que ella abarca la vida entera de la persona, el concepto de trascendencia desempeña un papel importante en el modo de concebir a la persona, el ser humano tiene la posibilidad de trascender, y ello además “no es lo remoto, sino de alguna manera lo más cercano, pues es el ser mismo trascendente que se abre a la comprensión y se comporta en su verdad.” 14 En consecuencia con lo presentado, se establece que la formación para que sea efectivamente humana debe ser intensamente integral, de manera que el alumno considere en su educación la importancia de formarse en la dimensión trascendente, pues: “no nos podemos quedar en una ética, fundamentada para el tiempo y el espacio. Es necesario también fijarnos en las virtudes cristianas, para complemento y ubicación del ser, ante valores que iluminan y clarifican el deber ser de lo existencial humano. Realidades que son más diáfanas a la luz de la esperanza y la Caridad”15. Es así como, la educación podría preparar al ser humano para una autentica formación en el plano de lo humano que abarca, como se subraya a través de presente escrito, un objetivo básico del acto educativo. 5. La situación actual de la Educación Religiosa: aportes y retos La Educación Religiosa Escolar (ERE), entendida como un área fundamental del sistema educativo colombiano, que mediante la educación en los valores asumidos desde la revelación, propicia el adecuado desarrollo de la dimensión trascendente y en consecuencia, aporta a la formación integral de los educandos; pasa en la actualidad por una realidad compleja que para efectos de su comprensión puede ser vista en términos de aportes y retos, desde su lugar de inserción en el sistema educativo que propende por la integralidad. A continuación, se presentará un 13

Ibíd. p, 3565. Ibíd. p, 3566. 15 AGUDELO, Arturo. Educación en los valores. Bogotá: Paulinas, 2000. p. 29 14

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compendio de los aportes más significativos de la ERE a la educación integral, a partir de su carácter articulador; para seguidamente, contrastarlos con los asuntos que permanecen pendientes en la consolidación del área en el contexto del los planes educativos, y que se formulan como retos. •

La humanización de la educación, un camino posible desde la ERE

Es preciso aludir que el interés por la fundamentación de la Educación Religiosa a partir de la concepción de integralidad de la educación, surge como respuesta a la sospecha de la que ha sido objeto la religión en general y como defensa de la dimensión espiritual o trascendente en el hombre, germen de armonía e integración personal y colectiva. Este aporte de la religión, adquiere importancia, sobre todo si se tiene en cuenta que uno de los grandes indicios de deshumanización en los diferentes escenarios de la sociedad, radica en la visión fragmentada del hombre, resultante de un acelerado y arrollador proceso de separación en las dimensiones esenciales del ser. La ERE, como mediación didáctica de la religión, aporta en la reconstrucción más sensata del concepto de hombre y de su identidad; ya que suscita en el ámbito educativo la importancia de la religación, es decir, de la reivindicación del hombre en relación consigo mismo, con los otros, con el cosmos y con la Trascendencia. El espacio dedicado a la asignatura de Educación Religiosa, se convierte en el escenario propicio para hacer reflexión sobre el hombre y su contexto vital, mediante el desarrollo de conceptos, procedimientos y actitudes. De cara a la formación integral, la ERE intenta ofrecer planes y programaciones que tiendan a la generación de aprendizajes significativos, según lo presentado por un abundante número de textos guías, se armonizan de manera adecuada enfoques como el experiencial, el argumentativo y el celebrativo; los cuales, expresan en su conjunto el camino más adecuado para potenciar la dimensión trascendente, puesto que la vinculación de los estudiantes en un desarrollo didáctico desde tales enfoques, sugiere casi por consecuencia lógica, la creación de una sensibilidad ante el hecho religioso.

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Desde una perspectiva más ambiciosa, se puede concluir afirmando que la ERE no agota su aporte a la educación integral, en la especificidad de su objeto de conocimiento. Ella, ejerce una función articuladora en el proceso educativo; en primer lugar, porque muchos de sus contenidos son materia recurrente de planes curriculares transversales, debido a la creciente necesidad de su difusión ante las problemáticas en las que se mueve y a las que se enfrenta el ser humano contemporáneo; y en segundo lugar, por sus latentes esfuerzos de integración de lo teórico y lo práctico, que derivan de la concepción holística de ser humano. Con el ánimo de iluminar las anteriores reflexiones desde el marco legal vigente para la ERE, se evidencia que la vinculación efectiva del área no constituye un menoscabo de la autonomía institucional, puesto que además, de que a nivel legislativo la autonomía sugiere sujeción, se ofrece la posibilidad de determinar la intensidad horaria de acuerdo a las prioridades de cada institución; el carácter flexible de la ERE es un aporte para la programación de un diseño curricular ampliamente integrador. Otro gran aporte de la ERE a la formación integral, a partir del decreto 4500, consiste en la consideración y revaloración de la dimensión trascendente mediante la articulación de aspectos formativos y académicos; así como, la posibilidad que se brinda de realizar un diagnóstico evaluativo cada vez más completo, que permite vislumbrar el avance en el proceso de desarrollo de la persona en todas sus dimensiones y de la institución en el conjunto de sus propósitos. Por otra parte, el decreto confirma el gran aporte de la ERE en la consolidación de una conciencia crítica en los estudiantes, puesto que mediante su ejecución, se abre la posibilidad de que el estudiante tome opciones respecto de su inclinación religiosa o confesional; conjuntamente, se brinda desde la asignatura un espacio que favorece la libertad del estudiante, aspecto determinante en la consolidación de una personalidad íntegra. En último término, las formulaciones hechas por el Decreto sobre la ERE determinan un aporte frontal en la instauración de un sistema educativo más acorde a los fines propuestos por la Ley General de Educación, ya que se plantea que esta área, como todas las demás debe ser orientada por un docente cualificado y lo suficientemente 17


preparado; ya que, la educación integral no es una negación de los saberes específicos, sino una reificación de los mismos de cara a desentrañar su utilidad en el desarrollo humano. •

La vinculación efectiva de la ERE en los planes educativos, una tarea pendiente

La discusión en torno a la permanencia, obligatoriedad o enfoque de la ERE en las instituciones educativas oficiales, así como las constantes críticas y desprestigios de la misma; son una manifestación del fenómeno de “indiferencia religiosa” presente en la sociedad. Se entiende por indiferencia religiosa “la actitud de alejamiento de la fe”16 que se muestra en diferentes grados como increencia, agnosticismo y ateísmo; de estos grados el que más se ha popularizado en el contexto latinoamericano y que además constituye una causa directa para la crisis de la ERE en Colombia, es el de la increencia. Este grado se caracteriza por una inclinación a salvaguardar la dimensión trascendente al margen de una comunidad de fe específica; es más bien, un rechazo frontal a las instituciones eclesiales y la promoción de una práctica religiosa no confesional, que consiste en la vivencia íntima y personal de la fe. La corriente de la increencia, es consecuencia de la sospecha generalizada de la postmodernidad a lo institucional, y la causa del ambiente religioso sincrético, característico de esta época, que desvirtúa el auténtico sentido de la religión en la vida humana. La consolidación del fenómeno de la indiferencia religiosa y sus derivados, son el resultado de un proceso dado en la historia, del que es preciso resaltar algunas características generales. Con esto, no se pretende la elaboración de un ensayo histórico sobre la religión y sus medios de transmisión de la fe; sino que se busca, a partir de algunas claves históricas, contextualizar la realidad de la educación religiosa, para identificar su importancia en un proceso educativo que pretenda la formación integral de la persona. A manera de referente histórico es pertinente aludir a la centralidad que durante varios siglos tuvo la educación religiosa en el currículo formativo. De ello dan cuenta 16

VÉLEZ COREA, Jaime. Cultura y no creencia en América Latina. Bogotá: CELAM. 1998. (serie: fe y cultura No, 3) p, 434.

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las máximas escolásticas que consideraban a la filosofía, y por tanto a las demás disciplinas profanas, sirvientas o esclavas de la Teología; dicha centralidad obedecía a la estructuración teocéntrica de la sociedad y a la preeminencia que ostentaba la Iglesia en el contexto de la dirección de los estados. Posteriormente, en la época de las reformas, empiezan a menguarse las perspectivas unívocas en lo que a religión y Revelación se refiere; puesto que la postura de la Iglesia oficial encuentra una oposición en otras voces que sugieren nuevas formas de comprender y presentar la religión. Tal antecedente, se convierte en el caldo de cultivo para que gran parte de la sociedad comience a ver con sospecha y criticidad el fenómeno religioso, hasta el punto de mantener la religión a distancia de los demás asuntos de la vida social y política; esta actitud se generalizó hasta ser acogida por gruesos sectores de la población, y se ha prolongado desde tiempos de la revolución industrial y del iluminismo hasta la contemporaneidad, adquiriendo diversas manifestaciones para tomar forma en lo que hoy se conoce como “indiferencia religiosa”. El anterior contexto histórico constituye una síntesis muy somera sobre el proceso del fenómeno religioso; no obstante, en él se ponen de relieve a manera de contraste, las líneas fundamentales para comprender en qué medida las posiciones bipolares de la religión (aprobación Vs desaprobación), han afectado la realidad actual, caracterizada por la indiferencia generalizada frente a lo religioso y por la presencia de una pluralidad indiscriminada de formas religiosas. Respondiendo a una comprensión deductiva de la sociedad, se han señalado aspectos de la religión en general, por considerar que estos favorecen el rastreo de los indicios de la realidad particular de la educación religiosa en las instituciones educativas; pues se considera que la Escuela es una síntesis de la sociedad, ya que en

ella

se

hacen

presentes

de

manera

incipiente

los

pensamientos

y

comportamientos característicos de un colectivo determinado. Según lo enunciado, se entiende que los temas relacionados con la religión y por tanto la educación religiosa, no encuentren un asidero en el entorno social contemporáneo; por ello, dar a conocer las formulaciones de la fe es un asunto que ha perdido interés en el colectivo social. Más concretamente, es evidente el reducido número de personas, vinculadas a una institución educativa, que muestran empatía 19


con el área religión; la población juvenil, especialmente, es heredera de la indiferencia religiosa patente en la sociedad. Esta tendencia, es amparada y promovida por las diversas propuestas culturales y en parte por los medios de comunicación que intentan presentar una imagen desfigurada de la religión, mediante el escarnio de las limitaciones de la institución eclesial. Hasta aquí se ha hecho un esbozo del principal reto de la ERE como es la indiferencia religiosa, ésta realidad sugiere; una fundamentación teórica sólida y sensata, así como la implementación de una práctica cada vez más seria y profunda; solamente así, se conseguirá una variación en la comprensión de la ERE y consiguientemente su consolidación plena tanto en el sistema escolar, como en el colectivo de la comunidad educativa. Para el caso colombiano, ya se han enunciado las particularidades en la primera parte de este escrito; sin embargo, se ha de tener en cuenta que la realidad de la ERE debe ser reflexionada y evaluada a partir del instrumento legal, que hoy la respalda y regula su ejecución; a saber: Decreto 4500 del 19 de diciembre de 2006. Por razones lógicas, el Decreto antes mencionado hace una cuidadosa concordancia con otros instrumentos legales que abordan la misma temática; a este punto puede pensarse que uno de los retos que se derivan para la ERE es el adecuado conocimiento de la normatividad vigente, pues con sujeción a ésta se puede encontrar un derrotero que determine el curso adecuado de la asignatura en los colegios; paralelo a esto, aparece como reto una interpretación detallada de todos los instrumento, pues en su conjunto se evidencia una latente ambigüedad en las formulaciones. Todavía la elaboración y revisión adecuada del PEI sigue siendo una tarea pendiente para no pocas instituciones; y justamente de esta problemática general surge otro de los retos planteados a la ERE desde el Decreto 4500, que consiste en la distribución consciente y coherente de la intensidad horaria, pues sale a la vista que la elaboración de los horarios institucionales obedecen más a un problema de funcionalidad que de realización de los objetivos planteados en el PEI. En este mismo sentido, aún no se tiene la suficiente claridad ni los insumos adecuados, para permitir desde todo punto de vista la libertad religiosa; por una parte, las 20


instituciones no se esfuerzan en la elaboración de programas alternos para aquellos que en atención al artículo 68 de la C.P.N, se abstengan de recibir la asignatura de educación religiosa; y por otra, permanece sin resolver el asunto de los contenidos, donde quizá, se registra el mayor nivel de ambigüedad entre las disposiciones legales y las práctica estatales. Específicamente, es casi risible el hecho de que se impida el proselitismo a favor de un credo específico, y la elaboración de los programas y la regulación parcial del área sean responsabilidad de la Conferencia Episcopal de Colombia. En último término, el Decreto hace alusión a la idoneidad de los docentes de la ERE, donde también se vislumbra un gran reto; en cuanto que, el adecuado desarrollo del plan del área depende en gran manera de la capacidad y conocimiento de quien la oriente. Y la práctica en las instituciones muestra sin ambages que no siempre la asignación del área se hace a personas formadas con estudios en el área. “También la falta de una adecuada consideración de la asignatura en el sistema de evaluación escolar es obstáculo para el cumplimiento acabado del trabajo de los maestros. En el fondo, por diversas razones y motivaciones, la dimensión religiosa de la educación de nuestros alumnos no siempre tiene el lugar que le corresponde en el proceso de enseñanza-aprendizaje”.17 Del intento de solución y de la elaboración de respuesta a estos retos, depende en gran manera la configuración de la ERE como una asignatura que favorece la realización de una educación integral; pero ¿sobre quién recae directamente el llamado de atención acerca de los retos? ¿Quién está al frente del adecuado desarrollo de la ERE? En consecuencia con lo que se ha venido enunciando, puede pensarse que existe una responsabilidad colectiva de toda la comunidad educativa; el gobierno por medio del MEN, la autoridad eclesiástica y las instituciones escolares (directivas, docentes, padres de familia y estudiantes); pero, esta tarea colegiada debe consolidarse y hacerse con mayor tenacidad; para hacer notar que la ERE es parte esencial de la formación integral de todo ciudadano y que su permanencia en el sistema educativo es: consecuencia de una imagen holística de ser humano y causa de una sociedad más atenta a tal condición humana. 17

GOÉZ, Álvaro. Proyecto de creación del instituto teológico latinoamericano de evangelización, pastoral y catequesis; adscrito a la facultad de filosofía y teología. Fundación Universitaria Luis Amigó. (archivo de internet).

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EDUCACIÓN RELIGIOSA