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Zaira Jiménez Martos MI VIDA Yo conocí siendo niño, caballitos de madera. En el aire polvoriento chispeaban las candelas. Nunca perseguí la gloria de los hombres mi canción; ingrávidos y gentiles como pompas de jabón. Y todo el campo un momento meditando. Suena el viento La tarde más se oscurece; se enturbia y desaparece. Para que tú nacieras, mandó callar un hada, y encadenó los montes para que tú volaras. Al olmo viejo, hendido por el rayo con las lluvias de abril y el sol de mayo El olmo centenario en la colina le mancha la corteza blanquecina. No será, cual los álamos cantores habitado de pardos ruiseñores. Mi corazón espera otro milagro de la primavera. Entre los jazmines vi las dos hermanas. Entre los jazmines miró a mi ventana. He andado muchos caminos, y atracado en cien riberas. En todas partes he visto borrachos de sombra negra.


Rocío Hurtado Molina UN CABALLERO QUE SOÑABA Ha pasado un caballero. Yo vivo en paz con los hombres Después soñé que soñaba. Los olivos grises, los caminos blancos. ¡De luna y de piedra también los cachorros de Sierra Morena! se vio a la lechuza volar y volar.

Ana Gámez Lorente La espina en el corazón. En el corazón tenía la espina de una pasión; logré arrancármela un día; ya no siento el corazón. Mi cantar vuelve a plañir: Aguda espina dorada, quién te volviera a sentir en el corazón clavada. Todo pasa y todo queda, pero lo nuestro es pasar, pasar haciendo caminos, caminos sobre la mar. No extrañéis, dulces amigos, que esté mi frente arrugada: yo vivo en paz con los hombres y en guerra con mis entrañas. Yo voy soñando caminos de la tarde. ¡Las colinas doradas, los verdes pinos, las polvorientas encinas!...


José Manuel Fernández Balbuena El viajero Yo voy soñando caminos de la tarde. Yo, para todo viaje voy ligero de equipaje. He andado muchos caminos, he abierto muchas veredas; he navegado en cien mares, y atracado en cien riberas. Son buenas gentes que viven, laboran, pasan y sueñan, Tic-tic, tic-tic, el latido de un corazón de metal que en la vida mala y corta lo va a pasar mal. Seguía su cuento la fuente serena; borrada la historia, contaba la pena.

Lorena Chaves Romero LA TORRE DE TORREPEROOGIL A dos lenguas de Úbeda, la Torre de Pero Gil, en un pueblo húmedo y frío, destartalado y sombrío. ¡Torreperogil! Tiene una boca de fuego, su nombre pasa y se olvida, y por eso nadie la nombra. ¡Quién fuera una torre, torre del campo del Guadalquivir!

Lucía Chaves Navarrete Luz de candil roja como la sangre Mariposa del aire dorada y verde Los olivos en paños de seda beben agua

Sergio Hurtado Baena


TUS OJOS Tus ojos me recuerdan en el azul lejano según quien llega y tañe las noches de verano. Tus ojos me recuerdan negras noches sin luna del cielo negro y bajo y el chispear de estrellas. Tú eres alma que dice su armonía bajo ese almendro florido, devorando matorrales. Lluvia y sol. Ya se oscurece y otras calvas en otras calaveras y las doradas abejas como yo, cerca del mar. No canta ya el ruiseñor fuente verdinosa amarillas, secas, cristal de leyenda.

Juan García Bravo YO SIENDO NIÑO Yo conocí siendo niño, la alegría de dar vueltas sobre un pincel colorado, en una gran fiesta. En el aire generoso chispeaban las candelas, y la noche azul cambiaba toda sembrada de estrellas. ¡Alegrías infantiles que cuestan una gran moneda de cobre, lindos pegaso caballitos de madera. Bello como la luz.


María Dolores Gallego Redondo YA EN LOS CAMPOS DE JAÉN Ya en los campos de Jaén , bajo este sol de fuego, los olivos están en flor, y el suspirar de fuego, en los maduros campos. Y es el alba y el aura fría, del río humilde y manso. ¡Quién fuera la torre, torre del campo del Guadalquivir!

María del Rocío Gaitán Maza YO DE NIÑO SOÑÉ Yo conocí siendo niño, la alegría de dar vueltas sobre un corcel colorado, en una noche de fiesta. Una clara tarde la mayor lloraba, entre los jazmines y las rosas blancas, y ante el blanco lino que en su rueca hilaba. Esta casa de Dios, decid hermanos, esta casa de Dios, ¿qué guarda dentro? Y ese pálido joven, asombrado y atento, que parece mirarnos con la boca, será el loco del pueblo. Siempre te ha sido, ¡oh Rector de Salamanca!, leal este humilde profesor de un instituto rural. Esa tu filosofía que llamas diletantesca, voltaria y funambulesca, gran don Miguel, es la mía. A la hora del rocío, de la niebla salen sierra blanca y prado verde. ¡El sol en los encinares! Hasta borrarse en el cielo,


suben las alondras. ¿Quién puso plumas al campo? ¿Quién hizo alas de tierra loca? Al viento sobre la sierra, tiene el águila dorada las anchas alas abiertas. US OJOS ME RECUERDAN Tus ojos me recuerdan nubes de guata y ceniza. En el aire polvoriento el camino y nada mas : Caminante no hay camino sino estelas en la mar. Suena el viento en los álamos del río. El viento ha sacudido los mustios olmos de la carretera, La luna está subiendo el polvo de la tierra.

Laura Fernández Gómez LA PRIMAVERA Y EL AGUA. La primavera besaba suavemente la arboleda, y el verde nuevo brotaba como una verde humareda. ¡Verdes jardinillos, claras plazoletas, fuente verdinosa donde el agua sueña, donde el agua muda resbala en la piedra!... Desgarrada la nube; el arco iris brillando ya en el cielo, y en un fanal de lluvia y sol el campo envuelto. Ya había un albor de luna en el cielo azul. ¡La luna en los espartales, cerca de Alicún! Fantástico labrador, pienso en los campos.¡Señor qué bien haces! Llueve, llueve tu agua constante y menuda sobre alcaceles y habares,


tu agua muda, en viñedos y olivares. LA ESPAÑA CON PUEBLOS DE ANDALUCÍA. No extrañéis, dulces amigos, la luna es disco morado. La España de charanga y pandereta. ¡Torreperogil! La primavera besaba, el limonar florido. La torre tiene un balcón, y el coro de los grillos que cantan a la luna. !Oh Guadalquivir! Adiós, lágrimas cantoras, sol en los montes de Baza, toda sembrada de estrellas bajo el cielo azul, temblar. Mario López Lara LA MUERTE Una tarde parda y fría seguía su canto distraidamente sobre el juguete encantado la muerte otra vez pasó. El agua cantaba una noche de verano la muerte no respondió. Mi niña quedó tranquila una noche de verano.

Agustín Hidalgo Ruiz La tarde caía Desgarrada la nube; el arco iris. El agua cantaba el prado verde, el sol, el agua, el iris! y en un fanal de lluvia y sol el campo envuelto. En la sierra de Quesada hay un águila gigante, La tarde caía triste y polvorienta. Tus ojos me recuerdan las noches de verano.


Hasta borrarse en el cielo, suben las alondras. Fuera llueve un agua fina, que ora se trueca en neblina, por los alegres campos de Baeza.

Ildefonso Guerrero Martínez YO CONOCÍ. Yo conocí siendo niño, su dama y su blanca flor, en el alto ciprés centenario. Yo conocí siendo niño, su dama y su blanca flor, en el alto ciprés centenario.

Eva María Junco Pérez A Santa María Una tarde parda y fría yo soñé que veía a Santa María la menor, cosía. Entre los jazmines la primavera besaba morenita y dorada y el verde nuevo brotaba Una noche de verano la muerte en mi casa entró. A Santa María La muerte no respondió.

Antonio Aranda Roldán Los luchadores La mayor seguía silenciosa y pálida, frente a mi ventana. He andado muchos caminos, Y en todas partes he visto gentes que danzan o juegan,


cuando pueden, y laboran sus cuatro palmos de tierra. Son buenas gentes que viven, laboran, pasan y sueñan, descansan bajo la tierra. Bosteza de política banales dicterios al gobierno reaccionario, y augura que vendrán los liberales, En estos pueblos se lucha sin tregua con el reló, con esa monotonía que mide un tiempo vacío.

Estefanía Malo Hurtado A dos lenguas de Úbeda la plaza tiene una torre en este sol primaveral la torre de pero gil los campos de Baeza de luna y de piedra sobre el olivar entró la lechuza en la catedral yo voy soñando caminos en los campos de Baeza.

Clara Dou Lara Lara ESPAÑA La tarde caía dentro de mi corazón, en el alto ciprés centenario. Ya en los campos de Jaén, de la lluvia en los cristales, de olivares recamadas. Abril florecía pulido y torneado, tras las murallas viejas. Heme aquí ya, profesor el reloj arrinconado, de esta España que se agita. ¡Oh, estos pueblos! Reflexiones, de una santa cofradía;


el alto Duero, Primavera tarda.

José Ramón López Garrido Nunca perseguí la gloria ni dejar en la memoria mi juventud, veinte años en tierras de Castilla; mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla, Yo conocí siendo niño, como pompas de jabón. cuando esperamos saber, lo que se puede aprender. Ayer soñé que veía un carbonero, un sabio y un poeta. No extrañéis, dulces amigos, el camino y nada más; Dices que nada se pierde pero lo nuestro es pasar, La envidia de la virtud hizo a Caín criminal. Nunca perseguí la gloria de sol y grana, volar bajo el cielo azul, temblar casi desnudo, como los hijos de la mar.


VERSOS PRESTADOS