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Yiyí - Grupo Aquelarre / Soy L.A.Ventura - Brian Jamchez / Cosas que pasan en un pueblo - L, Fernandez / Feliz cumpleaños - J. G. Pañomera y Chester Greenbag / Zoila Zombie - Lubrio / María Magdalena - María Magdalena.

Topati - Brian Janchez / Perro de la calle - L. Gillig / Oso Poderoso - Juampa Camarda / Chiste final - Brian Janchez /

- Aquelarre - L. Fernandez - C. Greenbag - Lubrio - María Magdalena - L. Gillig


Llegamos al número doce de la revista. ¡Qué locura! Me emociono pensando en cómo lo festejarían nuestros personajes: seguro que Ventura rompería las copas de cristal por estar jugando con sus amigos. Zoila intentaría comerse los cerebros de algún distraído mientras baila y Topati andaría por ahí muy guapo vestido de fiesta pero todos lo confundirían con un disfrazado. Pero nuestra fiesta ya está lista para empezar, y comienza con la tapa de Nahuel Sagarnaga. Los que tienen invitación para asistir a esta fiesta son Brian con Topati y Ventura que se pelean y hacen lío.

Juampa viene con una historieta nueva que pinta genial. Zoila, de la mano de Luis, va a una fiesta muy parecida a la nuestra y María Magdalena nos cuenta más de sus desventuras. Lauri nos cuenta una divertidísima anécdota de su niñez que todavía no la deja dormir y Jorge nos cuenta lo que le pasó a un nene el día de su décimo cumpleaños. Vuelve el perro de Gillig y nos visita otra vez Yiyí. Acá debajo de este texto por obra y gracia de la gente de Aquelarre. Muchos personajes y autores pasaron por este primer año de la revista y con todos queremos celebrar este momento tan especial.

Esperamos que vuelvan pronto el mes que viene, en el segundo año de nuestra revista favorita llena de geniales sorpresas.

Ilustración de Tapa: Nahuel Sagarnaga


Escrito por Jorge Palomera Dibujado por Chester Greenbag El día de su cumpleaños, Guille se levantó temprano. Esos días siempre se ponía nervioso y no podía dormir demasiado. No todos los días uno cumplía diez años pensó. Bueno, en realidad eso pasa solamente una vez en la vida. Y no da para pasárselo acostado. Se levantó corriendo. Se vistió mientras bajaba la escalera y casi se cae de cabeza cuando intentó meter el pie en el pantalón. Su mamá siempre le decía que primero iba el pantalón y después las zapatillas. Pero él, que a veces se divertía haciendo renegar a su mamá, nunca le hacía caso. Y por eso andaba siempre con las botamangas de los pantalones descocidas y deshilachadas, por culpa de enganchárselos con las zapatillas. Bueno, la cosa es que por suerte cuando se venía en banda se agarró de la baranda y se salvó de hacerse un chichón más grande que la panza de su abuelo. Unos minutos mas tarde, ya repuesto del susto, desayunaba una leche chocolatada caliente con su padre y su mamá. Ellos, por ser su cumpleaños, lo llenaron de caricias, tironcitos de oreja y lamentos fingidos. Decían que su hijito cada día estaba más grande y que extrañaban cuando era un bebé y

se hacía caca y pis encima cada cinco minutos. A Guille esos comentarios le dieron un poco de vergüenza pero como habían comprado facturas en su honor se la pasó morfando y no les dio mucha bolilla. Fue a la escuela y todos lo felicitaron. La maestra le preguntó en broma si había llevado torta y él le dijo que no. Pero había llevado galletitas y algunas gaseosas. Igual tuvo prueba de Lengua y no le fue muy bien. Es que estaba taaaan emocionado con su cumple que todas las reglas ortográficas se le mezclaron en la cabeza. Después del mal trago del examen y un ratito antes de salir

del cole, la maestra le dijo que sacara sus cosas e improvisaron una suerte de minicumpleaños en el curso. Al mediodía, de vuelta en su casa, ayudó a su madre a baldear el patio y a colgar los adornos y los globos. Le llenó el balde de agua varias veces ¡e infló como noventa globos! Es que esa tarde esperaban a toda su familia, que era muy numerosa, para comer cosas ricas y celebrar su cumpleaños. Algunas horas mas tarde cuando habían llegado todos, al tío Cachi se le ocurrió preguntarle que quería ser cuando fuera grande. El le dijo que no tenía idea todavía. Entonces toda su familia comenzó a darle consejos.


Obvio, su tío quería que fuera relojero como él. Su papá quería que diseñara programas para la computadora. Su tía quería que fuera maestro de escuela. Su prima quería que fuera rockero y el vecinito de enfrente quería que fuera kioskero así conseguía fiado cuando quisiera chocolates y no tuviera plata para pagarlos. Jugador de fútbol, ebanista, vendedor de pirulines en la playa y pintor de chicas desnudas fueron cosas que también dijeron sus parientes. A Guille nada de lo que escuchó lo convencía. Aunque lo de pintar chicas con poca ropa sonaba tentador. Pero al ratito pensó que seguro algún novio celoso lo iba a querer golpear entonces desistió de ese oficio. Pensó por unos segundos más y les dijo que cuando él fuera grande quería ser un camión. Su madrina lo corrigió y le dijo que se decía camionero. Y Guille se metió dentro de unas cajas de cartón y les dijo

que él sabía la diferencia entre un camión y un camionero. Que él cuando fuera grande quería ser un camión. Con bocina, ruedas y todo. La hermana de la abuela de su tío dijo en voz bajita que pensaba que este chico estaba loco y Guille se revolcó en el suelo de la risa viendo la cara de sorpresa que tenían todos en el rostro. Veinte minutos mas tarde, mientras todos le cantaban el feliz cumpleaños a Guille, el abuelo Picho le dijo al oído que le convenía elegir ser albañil como él porque así podía construir edificios muy altos o avenidas. Pero Guille no le dio bolilla porque estaba pidiendo sus tres deseos: una pistola de agua, plata para comprarse una compu y que cerraran la escuela por el resto del año debido a una epidemia de tos y diarrea. De repente la Tía Marga empezó a gritar descontrolada. Al principio Guille pensó que era de felicidad, pero cuando

vio que su prima y su abuela también gritaban y señalaban algo se dio vuelta. Y lo que vio le puso la piel de gallina. La barba del abuelo Picho se prendía fuego porque era tan grande y tan larga que cuando se acercó a hablarle al oído tocó la velita. Entonces cundió el pánico. Todos corrían de un lado a otro. Algunos gritaban en la puerta, uno intentaba llamar por el celular pero por los nervios marcaba cualquier cosa. Alguien lloraba y el hijo del vecino de enfrente aprovechaba la confusión y le metía un dedo a la torta de dulce de leche y chocolate. Guille se puso alerta y pensó que podía hacer para ayudar a su abuelo. Como un rayo recordó a su mamá baldeando entonces salió corriendo y fue en busca del balde de agua. No le importó que estuviera lleno de agua sucia. Simplemente se lo lanzó en la cara a su abuelo. A la medianoche, todos seguían conversando y se asombraban de lo increíble que había resultado ese día y lo inteligente que había sido el cumpleañero. En el piso de arriba, Guille no escuchó los cumplidos que le hacían sus familiares. Muerto de sueño, se acostó en su cama. Y un segundo antes de quedarse dormido supo que quería ser bombero cuando fuera grande.


CONTINUaRÁ


Revista Pelotazo N°12  

Nuevo número de la revista de historietas para chicos mas copada del mundo

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