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La idea del “Non Plus Ultra” y de “Finisterre” fue un concepto errado que, históricamente, se extendió hasta el siglo XIV , cuando los árabes ya dominaban más de la mitad de España. Cristóbal Colón, al atreverse a cruzar el “Non Plus Ultra” y navegar el océano Atlántico, cambió la concepción del mundo. En esos dos meses en que el navegante genovés partió del Puerto de Palos en agosto de 1492 y llegó a las hoy islas Bahamas en octubre de ese mismo año, la humanidad modificaría diametralmente su concepto del planeta. Europa descubriría que sí había más allá y ese “nuevo mundo”, que al principio se creía que eran las Indias orientales, se materializaba mediante el conocimiento del mar. Sí había el “Más allá” Fue a raíz de los viajes de Colón que el reino de España, en la primera mitad del siglo XVI, se lanzó a una desenfrenada búsqueda de nuevas colonias en el Mar de América. El rey Carlos V cambió su escudo de nobleza por uno que decía “Plus Ultra”, es decir, “más allá”, eliminando la idea griega de que el mundo acababa en el mar de Gibraltar. Con ese lema, Cortés llegó a México, Pizarro al Perú y Jiménez de Que-

sada a Colombia. Como consecuencia, los grandes imperios americanos de los imperios Maya-Azteca, Incas y Chibchas fueron conquistados a través del mar. Pero la modificación de la visión del planeta gracias a las travesías marinas no sólo fue una empresa hispana. En Noruega, en el museo Vikingo de Oslo (“Vikingskipshuset”), se demuestra que los barcos vikingos visitaron América antes de Colón, en las arriesgadas travesías de Eric el Rojo y sus lugartenientes y de su hijo, el célebre Leif Ericsson. Cuando los arqueólogos encuentran los restos de los barcos vikingos en tres grandes tumbas reales, en el fiordo de Oslo, concluyen que tenían mil cien años de antiguedad. Y lo extraordinario es que los estudios del museo concluyeron que Eric El Rojo llegó a la hoy Groenlandia en el 982 d.c., cuando se animó a atravesar los desconocidos mares del norte. Para los escandinavos (Islandia, Finlandia, Noruega, Suecia) el aventurarse al mar como los vikingos significó el descubrir que había tierras maravillosas hacia el lejano oeste. De tal manera que tanto las travesías marinas de los vikingos hace diez siglos

como las de los barcos hispanos hace seis, abrieron los ojos a la humanidad de que la tierra era más grande de lo que se pensaba. Finalmente, fue el gran explorador portugués Fernao de Magalhaes, castellanizado en Magallanes, quien logró la hazaña marina de cruzar América por un estrecho helado en el extremo sur de Chile y arribar al océano Pacífico en 1520, junto al capitán Sebastián Elcano. Previamente, Magallanes había arribado a lo que hoy es Río de Janeiro y de Buenos Aires y al mando del famoso barco Victoria inauguró la ruta del Atlántico al Pacífico que deslumbró a los geógrafos del siglo XVI. Magallanes murió en aquel viaje a manos de tribus isleñas del Pacífico y ya no pudo regresar a Sevilla. Sí lo hizo Sebastián Elcano, quien llevó los mapas de navegación y diversos testimonios de las zonas descubiertas. Con ello, el mundo, gracias a la osadía de enfrentar el mar y navegarlo, cambió diametralmente. Se supo que había Norteamérica por los vikingos, Centroamérica por Colón y Cortés y Sudamérica por Pizarro y Magallanes. Un nuevo mundo que el mar ayudó a avizorar.

Amalamar Segunda edición  
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