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Impreso por RPANIAGUA el 01/05/2002 a las 05:36:26 PM horas

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DOMINGO 6 DE ENERO DE 2002

DIEZ AÑOS DESPUÉS

DIEZ AÑOS DESPUÉS E N FOQUES

Siempre sobre la hora

Llega la paz LARGOS

E INFRUCTÍFE-

ROS ENCUENTROS PROVOCARON QUE LOS TEMAS MEDULARES DE LA NEGOCIACIÓN SE HICIERAN CONTRA EL TIEMPO. EDWIN SEGURA ENFOQUES@LAPRENSA.COM.SV

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l 29 de diciembre de 1991, el Secretario General de Naciones Unidas, Javier Pérez de Cuéllar, se reunió con la delegación del Gobierno encabezada por el ex presidente Alfredo Cristiani, para hablar de los avances del proceso de paz. “Quiero señalar ciertos puntos que parten de la base de que el FMLN ha aceptado someterse al régimen constitucional, en forma y en sustancia”, le dijo Pérez de Cuéllar a la delegación. Luego mencionó una de las principales concesiones del FMLN en la negociación: aceptar la existencia del Ejército y desistir de su deseo de que se fusionara con sus combatientes. Mencionó, además, que los rebeldes ya habían aceptado que iban rumbo al desarme y la desmovilización, en una fecha determinada. Pérez de Cuéllar se reunió luego con la delegación del FMLN e hizo reflexiones similares: el Gobierno ya había aceptado depurar a la Fuerza Armada, desmovilizar parte de sus unidades e investigar algunos casos de relevancia política. Agregó que se había aceptado hacer reformas políticas profundas y que se estaban haciendo esfuerzos para garantizar el cumplimiento de lo pactado. El funcionario sabía que el fin de la guerra salvadoreña estaba cerca, pero hizo una salvedad: “Si no conseguimos el objetivo en los próximos días, se perdería esta gran oportunidad”, dijo. A esa fecha, los temas más difíciles de la negociación ya estaban superados, pero aún faltaba mucho trabajo por hacer: traducir lo pactado en un documento

Foto cortesía de Mauricio Vargas

“HAPPY NEW YEAR” (1992). El presidente Alfredo Cristiani (al fondo), junto a los miembros de la delegación negociadora del Gobierno, el entonces presidente de ARENA, Armando Calderón Sol, y el general Emilio Ponce, regresan contentos de Nueva York, luego de haber pactado con la guerrilla el acuerdo que puso fin a los doce años de guerra, en la víspera del nuevo año.

rio. Como un signo de salvadoreñidad, quizás, las partes siempre avanzaron con mayor rapidez cuando estaban apremiadas por el tiempo. En abril de 1991, por ejemplo, la negociación llevaba ya ocho meses desde el último acuerdo firmado. En ese momento se advirtió que cualquier cambio constitucional emanado de los acuerdos debía hacerse ese mes, para no dilatar por tres años el proceso. En 25 días, las partes lograron ponerse de acuerdo en el marco

El tema de la tenencia de tierras se comenzó a tratar en serio hasta las 5:00 p.m. del 31 de diciembre. no es cosa fácil; se luchaba hasta por la última coma. Algunas cosas se retrasaron demasiado; el tema de la tenencia de tierras, una preocupación constante del FMLN, se comenzó a tratar en serio hasta las 5:00 p.m. del 31 de diciembre.

A LO SALVADOREÑO Pero eso no fue extraordina-

legal de la negociación; lo que hacía suponer que lo demás vendría fácil. Pero no fue así; las pláticas volvieron a estancarse: el Gobierno insistía en que la mesa de la negociación del cese al enfrentamiento armado no avanzaba con la celeridad que lo hacía la mesa de los acuerdos políticos.

LOS RECLAMOS El 29 de mayo en Caraballeda, Venezuela, mientras se retomaba el tema de la Fuerza Armada, el FMLN arrojó la siguiente conclusión: “El Gobierno ha retrocedido y elevado la parada”. Luego se trajo a cuento la vieja sospecha de que éste no quería

ir más allá de pedir la rendición del FMLN, y la exhortación a que se convirtiera el partido político. La delegación agregó: “Conocemos que para el GOES es innegociable la existencia del Ejército, pues para el FMLN también es innegociable su ejército”. El 30 de mayo, el Gobierno respondió que no aceptaba que el FMLN pretendiera tener su mismo estatus, ya que “cada quien es lo que representa”. Luego se trajo a cuenta que en julio de 1990, el Gobierno había respondido a todas las inquietudes del FMLN sobre el Ejército, y que entre ellas no iba la abolición de éste. “¿Quién está elevando la parada?”, se increpó.

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E N FOQUES En aquel escenario parecía que el tiempo no había pasado, pero los representantes de Naciones Unidas encontraron la forma de que lo discutido no terminara en la basura. Las deliberaciones siguieron en México en los siguientes tres meses, sin que se firmaran acuerdos; las reuniones indirectas resultaron ser más fructíferas. El FMLN insistía en que el cese del enfrentamiento estaba atado al cumplimiento de los acuerdos políticos. No sería hasta que el último estuviera cumplido, que vendría la entrega de las armas. Mientras tanto se viviría en período de “paz armada”. Para el Gobierno, una vez que se acordara el conjunto de acuerdos políticos, procedía la desmovilización del FMLN, cuya celeridad dependía de aspectos técnico-militares. El 25 de septiembre se llegó finalmente a un nuevo pacto para inyectar más confianza al proceso: se estableció crear una comisión que verificara el cumplimiento de los acuerdos de la mesa política. Se aceptó la reducción de la Fuerza Armada, la disolución de algunas de su unidades, la creación de una comisión para depurar a la Fuerza Armada y el nacimiento de la Policía Nacional Civil. El Gobierno logró, por su parte, comprimir la agenda para lograr todos los acuerdos políticos que permitieran el cese del fuego. En un tercer documento, llamado “Entendidos de los Acuerdos de Nueva York”, se aclaró que un porcentaje de combatientes del FMLN podría incorporarse a la nueva Policía; pero, desde ese momento, renunciaba a su pretensión de disolver o ser parte de la Fuerza Armada. En los siguientes encuentros realizados en México se trató la agenda comprimida y el cese del conflicto. El Gobier-

no lo entendía como un proceso rápido de entrega de armas y desmovilización, mientras que el FMLN, por un tiempo, insistió en “la paz armada”. En dos meses no hubo firma de nuevos acuerdos, sino hasta en los últimos días de diciembre: el cese del fuego sería rápido, de lo contrario la Fuerza Armada no reduciría sus unidades. Ese mismo 31 de diciembre, Javier Pérez de Cuéllar terminaba su gestión como Secretario General de Naciones Unidas. El Acuerdo de Paz llegó sobre la hora.

Bajo las balas y la propaganda os dos años de esfuerzo diplomático por lograr la paz estuvieron bajo los sobresaltos de los movimientos de las partes en el frente de batalla y el propagandístico. Al inicio de la ronda de negociación, se tomaron acuerdos para mantener a raya la propaganda y silenciar un poco los fusiles. Los grupos negociadores acordaron que la pláticas serían secretas. El tercer acuerdo firmado, además, fue sobre el cumplimiento de los derechos humanos. Estas dos cosas debían evitar que surgieran corrientes de opinión en contra los acuerdos, y que la guerra se calentara. Eso no sucedió; al inicio de cada ronda de negociación, cada comisión se daba a la tarea de quejarse ante el representante de Naciones Unidas de las violaciones al acuerdo de confidencialidad y al de derechos humanos. Los negociadores se acusaban de forma mutua de decir en público opiniones contrarias a las expresadas en la mesa y desatar es-

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caladas militares para fortalecerse en el frente diplomático. El 27 de noviembre, días después de que el FMLN declaró una tregua unilateral, la queja se hizo extrema: “Esto nos está haciendo la vida imposible”, se quejó Salvador Samayoa. Se refería a expresiones confrontativas de parte del Gobierno y a la intensificación de los operativos de la Fuerza Armada. “Todo esto genera una situación de alto riego político-militar”, advirtió Samayoa. La tregua estaba en peligro. El FMLN quería garantías para sus combatientes. “Las cosas se vuelven más difíciles cuando se está llegando al final”, respondió Óscar Santamaría. “En esto no está en juego la posición de una sola de las partes.” La sensatez prevaleció; no hubo ruptura de la tregua unilateral, y el tono de las declaraciones bajó, pero la guerra y la propaganda continuaron hasta el final.

La guerra por las palabras E l destino de la Fuerza Armada y la entrega de las armas del FMLN fueron, como era previsible, los temas más duros durante todo el proceso de negociación. Las partes no estaban dispuestas a descuidar ni el más mínimo detalle: hasta la última palabra contaba. La delegación del Gobierno, por ejemplo, siempre resintió el uso de la palabra “depuración”, cada vez que se hablaba de sacar a los malos elementos de la Fuerza Armada. Temía que la connotación de la palabra provocara resistencias indeseables en los miembros de la Fuerza Armada. Esa palabra, además, era propia del lenguaje del FMLN. El Gobierno prefería el uso de la palabra cualificación de la Fuerza Armada, la cual se lograría por medio de un proceso de evaluación. Esto, argumentaban, era más justo y preciso porque se

hacía alusión a un mecanismo y no a personas de forma directa. El FMLN no estaba de acuerdo con esa terminología, porque no quería ver, al final de una evaluación, que hubiera premios en lugar de expulsiones. La palabra se mantuvo.

TRANSFORMACIÓN, NO DESMOVILIZACIÓN También hubo una batalla semántica en el terreno del FMLN: no quería que se usaran las palabras desarme y desmovilización. Eso, argumentaban, desmoralizaría a los combatientes de un solo golpe, que se podía ensayar palabras como transformación y transición, y expresiones como devolución de las armas. El Gobierno insistió en que no quería palabras ambiguas, pero en el acuerdo de Nueva York se llegó a la elegante expresión: fin de la estructura militar del FMLN y reincorporación de sus integrantes.


Impreso por eruis el 12/21/2001 a las 09:13:38 PM horas

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EL FMLN,

DOMINGO 23 DE DICIEMBRE DE 2001

EN LA RECTA FINAL

AL INICIO DE

LA NEGOCIACIÓN, QUERÍA QUE LA

FUERZA ARMADA

FUERA DISUELTA O QUE SE FUSIONARA

CON

COMBATIENTES.

SUS

EL GO-

BIERNO SE OPUSO A AMBAS PROPUESTAS, PERO TUVO QUE CEDER EN SU PRETENSIÓN DE UNA NEGOCIACIÓN

LAS TRES PIEZAS PRINCIPALES. El entonces coronel Mauricio Ernesto Vargas dirigió el grupo que negoció el

TEMPRANA DE CESE DEL

Cese al Enfrentamiento Armado (CEA); David Escobar Galindo se encargó de los acuerdos políticos, y Óscar Santamaría, era jefe de la Comisión del Diálogo del Gobierno (CODIAL).

FUEGO.

En las entrañas

EDWIN SEGURA ENFOQUES@LAPRENSA.COM.SV

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l propósito de la negociación era claro: finalizar la guerra y democratizar al país. Las reglas del juego estaban más o menos claras. No había más excusa. La negociación debía comenzar. En la última reunión entre la Comisión de Diálogo del Gobierno y la Comisión Política del FMLN, en Ginebra, había quedado claro; sin embargo, aún existía un abismo entre las partes. El Gobierno deseaba un cese del enfrentamiento armado y la desmovilización del FMLN, como uno de los primeros puntos de negociación. La guerrilla, por otra parte, insistió en que eso ocurriría luego de que hubiera acuerdos políticos para democratizar al país y garantías para su cumplimiento. “El objetivo inicial será el de lograr acuerdos políticos para la concertación de un cese al enfrentamiento armado”, reza el acuerdo de Ginebra del 4 de abril de 1990. Para el FMLN estaba claro: primero lo político. Y para el Gobierno también estaba claro: el cese del enfrentamiento era un objetivo inicial.

CARACAS: LOS PUNTOS SOBRE LAS ÍES El jueves 17 de mayo en Caracas, Venezuela, comienza la cuarta reunión del proceso de paz. Óscar Santamaría, a la cabeza de la delegación del Gobierno, señaló que ya tenía una

de la negociación

“Es absolutamente imprescindible (depurar la FAES)”. Comisión Política del FMLN sobre su propuesta de “depurar” a ciertas personas y unidades de la Fuerza Armada.

propuesta: el tema inicial, según lo planteado en Ginebra, era cese del enfrentamiento armado y acuerdos políticos congruentes con éste. Schafik Hándal, a la cabeza del FMLN, señaló que no podía haber cese del enfrentamiento sin un acuerdo político sobre las causas de la guerra. Que ése era el espíritu de Ginebra, insistió.

A las 12:30 se suspende la reunión y se reanuda hasta las 9:00 p.m. del viernes 18. Mientras tanto, De Soto se reúne de forma privada con ambas partes para integrar una agenda. Al amanecer del sábado, el trabajo sobre la agenda y la calendarización siguió. Fue hasta el domingo, ya bien entrada la

noche, que el borrador de calendario satisfizo a las partes. El día siguiente se suscribió el Acuerdo de Caracas. Primero se discutirían los acuerdos políticos: Fuerza Armada, derechos humanos, sistema judicial, sistema electoral, reforma constitucional, el problema económico-social y la verificación de Naciones Unidas.

En esta fase se hablaría, además, del cese del enfrentamiento armado. En la segunda fase, luego de repasar los mismos temas, vendría la discusión sobre la reincorporación de los integrantes del FMLN. A ambas partes les volvió a quedar claro: los temas políticos se discutirían primero, y el cese del fuego también.

EL PRIMER ESCOLLO: LA FUERZA ARMADA La siguiente cita comenzó el 16 de junio en Oaxtepeque, México. El primer tema de agenda era Fuerza Armada. Durante siete días se habla de la reestructuración de la misma, de su depuración, desmilitarización de la sociedad, desmantelamiento de fuerzas paramilitares y reclutamiento forzoso. En la segunda reunión, el FMLN planteó que en una sociedad pacífica no hay enemigo interno y que en el mundo actual (1990) no hay enemigo externo; por lo tanto, las Fuerzas Armadas son prescindibles. A las 6:30 p.m., luego de un receso de 30 minutos, la Comisión de Diálogo del Gobierno hizo un anuncio: “El carácter permanente de la FAES no es discutible”. El FMLN replica que para ellos sólo es aceptable una nueva policía civil para el orden social. Al día siguiente, 20 de junio, la discusión se orienta al tema de la impunidad; otras vez hay más choques que coincidencias. El FMLN quiere que se investiguen varios homicidios y señala a la FAES como la fuente de toda impunidad. El Gobierno afirma que se debe limitar el papel de la FAES y mejorar la administración de justicia para acabar con la impunidad en general. El resto de la mañana siguió en el mismo tono; a las 12:00 se suspendió la reunión y se reanudó hasta las 5:25 p.m. De Soto habló con ambas partes para saber qué opinaban sobre la posibilidad de formar un


Impreso por eruis el 11/23/2001 a las 08:52:43 PM horas

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DOMINGO 25 DE NOVIEMBRE DE 2001

LA RECTA FINAL

LA RECTA FINAL COMISIÓN DE DIÁLOGO.

COMISIÓN POLÍTICA DEL FMLN.

Hernán Contreras, Mauricio Vargas, Óscar Santamaría, Abelardo Torres, Juan Antonio Martínez, David Escobar Galindo.

Guadalpue Martínez, Dagoberto Gutiérrez, Miguel Sáenz, Eduardo Sancho, Schafik Hándal, Roberto Cañas y Nidia Díaz.

DOMINGO 25 DE NOVIEMBRE DE 2001

FOTO DE LA PRENSA, ARCHIVO.

Los hombres del

Presidente LA

DELEGACIÓN GUBERNA-

MENTAL NO INCLUÍA A LAS PRINCIPALES FIGURAS POLÍTICAS, MILITARES NI ECONÓMICAS DEL PAÍS. na de las primeras decisiones del Gobierno en su plan de paz fue nombrar una comisión para que llevara adelante la negociación. El presidente Alfredo Cristiani intentó que la comisión no fuera sólo representativa del Ejecutivo o del partido ARENA. “La primera opción fue invitar a los partidos para ver si querían participar”, recuerda Cristiani. “Sólo el PCN mostró interés.” El Gobierno, entonces, optó por buscar a personalidades que, a pesar de no representar sectores, gozaran de absoluto respeto y reconocimiento. Los civiles convocados sólo debían cumplir con una condición: ser abogados e intelectuales con experiencia. “Una de las cosas importantes era tratar de generar confianza, en esta negociación que iba a ser reservada”, dice Cristiani. A la cabeza de la comisión quedó el entonces ministro de Justicia, Óscar Santamaría, ex director ejecutivo de la ANEP, ex miembro del COENA y amigo del presidente. El Gobierno también incluyó al

U ASESOR MILITAR. El entonces coronel Mauricio Vargas se incorporó a la segunda ronda de diálogo como asesor gubernamental en materia militar.

ministro de la Presidencia, el coronel Juan Antonio Martínez Varela, que también había estado en el COENA. Para infundir confianza en el sector privado se incluyó al doctor Abelardo Torres, abogado, economista y ex ministro de Economía. Se sumó, en representación del PCN, al abogado Hernán Contreras, que para entonces ya era rector de la Universidad Nueva San Salvador. Terminaba la nómina, el doctor David Escobar Galindo, estrecho colaborador y amigo del presidente. Además de abogado, fue parte de la comisión que logró el acuerdo de paz con Honduras en 1980, y asesoraba la Comisión de Límites de la Cancillería.

EL REPRESENTANTE DE LA FAES En la ceremonia de juramentación del 8 de septiembre de 1989 no participó, quien a la postre sería el representante permanente de la Fuerza Armada: el coronel Mauricio Ernesto Vargas. Vargas era el mejor representante de los intereses de la institución: se graduó de la Escuela Militar en 1966 (“La Tandona”), y estuvo destacado en el principal teatro de las hostilidades: el oriente del país. “Inicia la comisión de Cristiani y se dan cuenta de que el componente militar no tenía ningún grado de asesoría”, recuerda Vargas. Luego de barajar varios nombres, el alto mando lo designó a él. La comisión, aunque no lo merecía, tuvo que cargar con el escepticismo heredado de cinco años de diálogos fallidos.

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FOTO DE LA PRENSA, ARCHIVO.

El Frente

El ex presidente Cristiani comenta

“El objetivo era

diplomático

desarmar al FMLN” Enfoques: ¿Tenía valor estratégico la participación del doctor Contreras y del PCN en la comisión? Alfredo Cristiani: Había tres grandes sectores que probablemente iban a tener mucha desconfianza durante un proceso de negociación reservado: el sector privado, porque la negociación era con un grupo ideológicamente contrario; la Fuerza Armada, porque era en ese momento el antagónico, y el sector político en el que, si no participaba, se podía comenzar a generar críticas. Después se formó la interpartidaria, y eso hizo que los partidos fueran parte del proceso y tuvieran un rol importante. Era necesario que la gente viera gente conocida de cada sector y dijera: ‘bueno éste no va hacer locuras’. ¿Cuál fue la misión que se le encomendó a la Comisión? Todo lo que se hiciera debía estar dentro del marco constitucional; esto no era fácil porque sabíamos que el FMLN siempre había expresado y le había restado validez a la Constitución. Eso era un lineamiento inquebrantable. Lo segundo era que se tenía que negociar alrededor de la institucionalidad del país, y tercero, el objetivo de esta negociación era que el

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FMLN, como grupo político armado, se desarmara y que se dedicara al quehacer político sin armas. Aquí no íbamos a negociar políticas económicas. ¿Cuál era el acuerdo más favorable que esperaban? El acuerdo ideal era cómo fortalecer la institucionalidad democrática y que los salvadoreños pudiéramos vivir en paz y en democracia. Nosotros decíamos: si con esta negociación salimos con una democracia fuerte, entonces ese era el acuerdo ideal, sin ganadores ni perdedores. ¿Lo inadmisible era negociar el modelo económico? No teníamos que ir a negociar con el FMLN políticas económicas ni ellos tenían el derecho. Tenían el derecho de participar con igualdad de condiciones en un proceso abierto, libre y transparente. Se podía aceptar que tuvieran logros para sí por el hecho de estar armados, pero si ellos querían implementar otro modelo económico primero debían buscar el respaldo de la población en un proceso abierto. Para eso era necesario fortalecer la institucionalidad democrática, porque el proceso recién había comenzado en 1984, nos hacía falta, y todavía hace falta.

EL FMLN COMENZÓ LA NEGOCIACIÓN CON UN EQUIPO En cada entrega de esta serie presentaremos los comentarios, opiniones y reflexiones del ex presidente Alfredo Cristiani. ¿Quién le ayudó en arquitectura de la propuesta que hizo el día de la toma de posesión? Participamos el doctor Calderón Sol, el mayor, el doctor Escobar Galindo y el doctor Santamaría. Fue una participación del partido y David Escobar, que nos ayudó mucho en la conformación del discurso. ¿Qué había aprendido de la experiencia del PDC? Que nunca esquematizó un proceso; sólo hacían un llamado, platicaban por un día y nada más. Eso generaba mucha desconfianza; por eso nos opusimos a ese esquema. El presidente (Duarte) quería ser la figura; el presidente violentaba la Constitución porque lo que le mandaba en ese momento era capturar a todos los delegados del FMLN y apresarlos. Nosotros, primero, no veíamos a un FMLN comprometido con un proceso de negociación; había que manejar las cosas de otra manera porque sólo se daba espacios para que el FMLN despotricara sin adquirir compromisos.

QUE TENÍA NUEVE AÑOS DE EXPERIENCIA DIPLOMÁTICA.

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n 1980, unos días después de que se oficializó el nacimiento del FMLN, se presentó en México ante los periodistas un grupo de izquierdistas salvadoreños como la Comisión Político-Diplomática del frente guerrillero. El grupo estaba encabezado por los miembros del FDR, Guillermo Ungo y Rubén Zamora. Las caras visibles del FMLN eran Salvador Samayoa (FPL), Mario Aguiñada (PC), Ana Guadalupe Martínez (ERP), Napoleón Rodríguez Ruiz (RN) y Fabio Castillo (PRTC). Estaban convencidos de que, una vez tomaran el poder en la ofensiva de 1981, ellos se constituirían en algo así como una cancillería. El primer supuesto nunca se cumplió, pero lo segundo sí: ese grupo se convirtió poco a poco en el Ministerio de Relaciones Exteriores del FMLN. Nunca tuvieron la oportunidad de ejercer diplomacia de Estado, pero fueron acumulando experiencia, contactos y amistades a escala internacional. El grupo cambió con el tiempo; Castillo y Rodríguez se retiraron por

razones personales, y Ungo y Zamora pasaron a la legalidad en 1987 bajo la bandera de la Convergencia Democrática (CD). Entraron a llenar los vacíos del FMLN Nidia Díaz (PRTC), Miguel Sáenz (PC) y Roberto Cañas (RN). El FDR, por su parte, desapareció. A la hora de aceptar el llamado a dialogar que hizo el presidente Alfredo Cristiani en 1989, esta comisión ya tenía bastante experiencia. Pero las negociaciones no correrían sólo por su cuenta; el FMLN dispuso que un miembro de la Comandancia los acompañaría: Schafik Hándal o Joaquín Villalobos. En asuntos de suma trascendencia, toda la Comandancia General podía hacer acto de presencia; esto explica por qué en la mayoría de encuentros siempre la delegación del FMLN solía ser más numerosa que la del Gobierno.

LAS SOSPECHAS “Cuando el presidente anuncia que la comisión no va a ser del Gobierno ni del partido sino de la sociedad, nos dio mala espina” recuerda la negociadora Ana Guadalupe Martínez. “Dijimos: este viejo lo que no quiere es tomar responsabilidad como Gobierno de una situación que significa un compromiso a fondo”, agrega Martínez. El frente guerrillero dudaba de la representatividad y capacidad de tomar decisiones de los miembros de la comisión.

El coronel Martínez Varela a pesar de ser ex miembro del COENA y de la Fuerza Armada no era visto como un peso pesado dentro del ambas instituciones. El doctor Abelardo Torres, a los ojos del FMLN, podía ser un intermediario con la empresa privada, pero no estaba ahí como representante. “Esta comisión sólo va a ser de lleva y trae” concluyeron, dice Martínez. “Por eso hicimos un comunicado rechazando el ofrecimiento”. Al final los consejos de la Iglesia Católica y en particular de Ignacio Ellacuría hicieron mella en la voluntad del FMLN. Aceptaron ir a una primera reunión.

EN COSTA RICA. El segundo encuentro entre representantesdel gobierno y la guerrilla se realizó en octubre en San José, Costa Rica. Eduardo Sancho y Guadalupe Martínez fueron captados haciendo ejercicios, antes de comenzar la jornada.


Impreso por morellana el 01/04/2002 a las 07:53:19 PM horas

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DIEZ AÑOS DESPUÉS

DIEZ AÑOS DESPUÉS E N FOQUES

ÁLVARO DE SOTO RECAPITULA ALGUNOS DE LOS MOMENTOS MÁS DIFÍCILES QUE TUVO QUE SORTEAR EN SU PAPEL

mediador para lograr que el Gobierno y la guerrilla llegaran a un acuerdo de finalización de la guer ra. DE

EDWIN SEGURA ENFOQUES@LAPRENSA.COM.SV

nfoques: ¿Desconfió usted en algún momento de la voluntad de las partes, en la negociación del proceso de paz? Álvaro de Soto: Lo que yo le estoy diciendo ahora lo puedo decir 10 años después, porque todo parece más fácilmente explicable y más evidente; pero sí, en los dos lados, tanto del lado del Gobierno como del FMLN, había sin duda sectores que deseaban una solución negociada bastante menos que otros.

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¿Qué sectores o personas cree que le apostaban más a una salida militar? Eso es para mí difícil de decirlo, pero la forma en que esto se reflejaba era a través de crisis, dificultades y obstáculos en la negociación. Para citarle dos ejemplos: a fines de 1990, después de que se había conseguido el acuerdo de Derechos Humanos se produjo una reacción muy adversa a la negociación por el lado del FMLN, en el cual este sector consideraba que había que haberle dado prioridad más bien a la negociación del tema de la Fuerza Armada. Se mostraron muy reacios a aceptar la posibilidad de fórmulas de compromisos respecto de sus posiciones más radicales (la disolución de la Fuerza Armada y de los juicios

ejemplares contra determinados jefes militares). Otro ejemplo es la reforma constitucional acordada a fines de mayo de 1991. Allí el problema más bien surgió por el lado del Gobierno. Les costó mucho aceptar la inevitabilidad de hacer reformas profundas a los capítulos de la Constitución, incluidos los que otorgaban un papel a la Fuerza Armada que no deberían corresponder a las instituciones militares dentro de una Constitución democrática y moderna, tales como el ser el defensor de la seguridad pública. Pero esos problemas también se resolvieron faltando días. Ésos fueron dos momentos en los que estuvimos al borde del precipicio y en los que finalmente dimos el paso atrás en lugar del paso hacia adelante. Al final de la negociación, ¿quién cedió más con respecto a los puntos pactados de la negocia ción? No me parece que partían de posiciones equitativas, no era como una negociación de orden comercial. El Gobierno tenía como objetivo poner fin a la insurrección y conseguir la disolución del FMLN y su desarticulación como fuerza militar y como amenaza a la Fuerza Armada. Mientras que el FMLN tenía más bien reformas de carácter político, en el sistema político, so-

bre todo para poner fin a la posición predominante dentro de la sociedad y la Fuerza Armada. Apuntalar el esquema institucional del Estado para proteger y preservar los derechos humanos. Tenía otros objetivos también: reformas en el aspecto económico y social, pero allí una de las concesiones que hicieron fue no insistir en tratar de imponer a tra-

vés de la negociación un modelo. Aceptaron que el modelo económico y social tenía que ser fijado por quien resultara democráticamente elegido en las elecciones. Así que es muy difícil comparar, llegar a hacer un parámetro de quién concedió más. ¿Sintió usted alguna vez que alguna de las partes creyera que presionaba para que prevaleciera la opinión de la otra parte?

Hubo momentos difíciles y tensos. La verdad es que el diálogo que se producía en la mesa de negociaciones propiamente dicho no era un diálogo muy fructífero; las negociaciones de fondo se producían más hablando separadamente por ambos lados. Y cuando una persona como yo, que estaba representando el papel de intermediario, presenta las posiciones del otro, y como no hay mucho diálogo entre ellos, hay una tendencia a considerar que uno es el vocero del lado opositor. Ése es un error que ocurría muy frecuentemente. Había acuerdo de que el diálogo fuera secreto. Ya en el camino de ir implementando el acuerdo de Derechos Humanos, al inicio de cada ronda se daban denuncias de que se estaban violando algunas cosas. Hubo en algún momento exasperación de estar teniendo que lidiar con la negociación y este tipo de cosas. Desde luego que sí; ése era un aspecto bastante exasperante. Para mí una de las lecciones que he aprendido de la negociación de El Salvador es que la mayor prueba de la seriedad de la negociación es si las partes están respetando su confidencialidad. Por ejemplo, en los últimos días de las negociaciones sobre las reformas constitucionales que se celebraron en México, en abril de 1991, nada trascendió a la prensa. Entre menos filtraciones, más serias y mejores posibilidades tiene una negociación de tener éxito.

¿Qué es la experiencia que ha capitalizado Naciones Unidas del proceso de paz salvadoreño? Hay muchas. Una de las primeras es cómo manejar complejas operaciones que requieren de una sincronización muy cuidadosa de reformas en el campo civil y militar. Ésta fue una de las primeras operaciones en las que manejamos una misión para ayudar a las partes. Eso dio una enorme experiencia a Naciones Unidas y que hemos utilizado en otras ocasiones. Es probablemente uno de los casos en los que Naciones Unidas ha incursionado en el tema de ocuparse de las causas profundas del conflicto. Porque si usted ve el Acuerdos de Paz: Fuerza Armada, el inicio de una reforma del poder judicial, algunas cosas del sistema electoral. También está la creación de la Policía Nacional Civil y la creación de la Procuraduría sobre Derechos Humanos. Pero el conjunto de esto es en realidad la creación o la reforma de instituciones a fin de apuntalar el tema de derechos humanos. Y esto abrió el camino para que el Consejo de Seguridad mismo tomase un interés de fondo por los derechos humanos, que antes había sido terreno vedado para él. Las negociaciones eran negociaciones políticas y no de paz y seguridad. Ahora se trató de ir a las causas profundas.

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E N FOQUES

Un capítulo

“Estuvimos al borde del

precipicio”

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cerrado IQBAL RIZA,

el país todavía se encuentra en problemas.

EL PRIMER

JEFE DE LA MISIÓN DE NA-

UNIDAS EN EL SALVADOR, DICE QUE SÓCIONES

LO ESTÁN ESPERANDO LA

La sociedad salvadoreña ha demostrado una madurez política impresionante... No hay ninguna razón para una supervisión internacional.

INFORMACIÓN DE SUS REPRESENTANTES EN El Sal-

vador sobre el tema del Fondo de Lisiados para oficializar que después de 10 años ha concluido el cumplimiento del Acuerdos de Paz. EDWIN SEGURA ENFOQUES@LAPRENSA.COM.SV

nfoques: Usted puede confirmarnos si Naciones Unidas estará aquí presente para la ceremonia del cierre de verificación del Acuerdos de Paz? Iqbal Riza: Claro que vamos a tener representación; no hemos decidido quién iría, pero sí habría representación.

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¿La verificación de Naciones Unidas ha concluido ya en el proceso de paz salvadoreño? Casi ha concluido. La mayor parte del aparataje fue concluido hace tiempo. Fueron cuatro o cinco temas pendientes el año pasado. Y se resolvieron todos, con la excepción de un tema: el Fondo de los Lisiados. Y estoy informado de que ya hay un acuerdo que concluyó en diciembre. Entonces, si ya hay un acuerdo con el Fondo de los Lisiados se puede decir que ya efectivamente hemos llegado al fin del proceso. Claro, que se tiene que tomar una decisión formal de concluir este proceso. Esa decisión, ¿quién debe tomarla?

El Secretario General (Kofi Annan) tendría que decir que todo está resuelto en el Fondo de los Lisiados porque no hemos recibido más detalles. Una vez que tengamos la confirmación a través de la oficina del PNUD, entonces se podría tomar una decisión, todavía está pendiente. ¿Cree que antes del 16 de enero puede haber una resolución en ese sentido? Yo creo que sí, si recibimos una confirmación de la oficina en San Salvador. ¿No se puede decir que el tema de la verificación sea un tema ya cerrado entonces? Una vez que se haya concluido este último paso. ¿Cree que El Salvador tiene ya la fuerza institucional, democrática, para no tener vigilancia y escrutinio internacional de las actuacio-

nes estatales? En mi opinión sí. La sociedad salvadoreña ha demostrado una madurez política que es impresionante. Ambas partes tenían la voluntad política de cumplir. Sin esta voluntad política no se hubieran podido cumplir estos acuerdos detallados, exigentes. Desde mi punto de vista no hay ninguna razón para una supervisión internacional. Hay personas que dicen que mientras no haya un cambio de Gobierno, que un gobierno de derecha permita a un gobierno de izquierda asumir en el Ejecutivo, no se puede realmente saber si realmente el proceso es sólido, que puede haber alternabilidad. Yo acabo de decir que en mi opinión no hay necesidad para una supervisión de los procesos en El Salvador, pero en las elecciones sería un aspecto positivo

tener una observación internacional que tienen ahora muchos países. Pero aparte de éste yo creo que no hace falta un papel internacional. Si las elecciones son limpias, si surge un partido de la derecha o de la izquierda esto depende de los votantes. ¿Hay lecciones del proceso salvadoreño para esfuerzos de pacificación en el mundo? Sí hay lecciones. Primero, si hay un conflicto de esta naturaleza, conflicto civil, hay que negociar un acuerdo preciso y claro, donde los compromisos queden bien entendidos y no haya una opinión o caso para argumentación. Y la segunda necesidad es que sin la voluntad política de las partes no se puede cumplir un acuerdo. Hemos visto un ejemplo. En Angola teníamos un acuerdo, pero un lado estaba determinado a sabotear; entonces

Últimamente en Latinoamérica, incluso en El Salvador, se ha dado alguna conflictividad por problemas económicos, ¿en su opinión falta algo que hacer en la materia de parte de lo que provocó el conflicto para evitar que haya nuevos conflictos como el que hubo en El Salvador? Estamos hablando de la justicia social. Cada sociedad tiene que buscar la justicia social; pero para los países pobres, no avanzados, puede ser muy difícil a causa de la reflexión de las realidades mundiales. Los países ricos avanzados todavía dominan este tema internacional, por lo tanto, los países que producen los productos básicos tienen una desventaja tremenda, aparte del petróleo. Pero café, algodón, etc., están perdiendo su poder de negociar, vender, a causa de los precios bajos, aranceles, etc. ¿Es decir que estamos en una encrucijada difícil? Claro. Algunos países han manejado mal su economía, no es culpa puramente de los países ricos. ¿Cómo se puede manejar la exasperación que puede haber en grupos sociales en cada país, que al margen de cuál sea la razón están exigiendo que sus condiciones de vida mejoren? Se ha hablado mucho en los últimos años de la globalización y la interdependencia. Entonces, esto implica que los países que han beneficiado en el pasado a este sistema internacional, es decir los países ricos, los países que han sido colonialistas, tienen que hacer un esfuerzo mucho más fuerte para ayudar a los países pobres. Y aunque han hecho muchos acuerdos y esfuerzos, todavía falta. Y no puede ser solamente la vía de la ayuda económica y financiera, sino ayudar a los países pobres para desarrollar sus capacidades en la producción y el comercio, para que puedan ganar sus ventajas en vez de recibir ayuda financiera.


Especial Decimo Aniversario  

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