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NOTAS DE VIAJE Morfologテュa de una reflexiテウn intrascendente

JUAN PABLO Sテ・NZ


JUAN PABLO Sテ・NZ

NOTAS DE VIAJE Morfologテュa de una reflexiテウn intrascendente


NOTAS DE VIAJE Morfología de una reflexión intrascendente © 2011

Juan Pablo Sáenz www.jupixweb.de

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ÍNDICE Prólogo

9 ARTE y FILOSOFÍA .reflexiones surtidas

Mundo Simio

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La configuración singular de la memoria Estoy harto del Poder Arte de código libre

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21 24 .sobre la música

El lado oscuro del sueño Espíritu lunático

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We’re lost in this masquerade

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Glóbulos blancos, música onírica

38 .sobre el cine

Quiero que reflexiones

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El final es construido en el principio

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Esto no es algo que puedas recordar

48

Un gran Lebowski y otro aún mayor

51 CIENCIA .construyendo el mundo

Una breve aproximación al constructivismo

57

Las Supercuerdas y el encanto de lo incomprensible

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.futurología La Gran Singularidad del futuro que viene Estudios sobre la sociedad próxima

71

74 ATEÍSMO

Por qué no creo en Dios

81

Renuncie, Joseph… ¡Renuncie de una vez! La Iglesia Católica es un Club Privado Carne de cañón

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143

146 POLÍTICA

Los dinosaurios de la sociedad de la información

151

La Política de los Dogmas o el Dogma de las Drogas Estado de Derecho "a la K"

158

165

El Terror, entre Bergen y Chomsky

171

El Golden Rice y la cara fea de Greenpeace

176 SOCIEDAD .la de acá adentro

Un Google es un número muy grande Amistad 2.0

183

186

Comunicación y censura La dimensión de la realidad

190 196 .la de ahí afuera

Llegar antes de salir

203

Deconstrucción de un problema iDeology Benefactores

6

214 219

206


A quienes pese de todo continĂşan, escribiendo para nadie.

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PRÓLOGO

El presente libro reúne una selección de los textos publicados en mi sitio web1 entre el veintiuno de diciembre del 2002 y el dieciséis de junio del 2011. Durante esos ocho años y medio Internet sufrió un desarrollo vertiginoso, o quizás debiéramos decir: continuó sufriendo un desarrollo vertiginoso. Internet existe desde los años '60, pero durante sus primeros treinta años todavía no era la herramienta de comunicación social global como la conocemos hoy, cuando su uso todavía estaba limitado a un reducido intercambio militar, académico y científico. Al primer gran impulso de la Red, (el desarrollo del hipertexto y la WWW en la década de los años '90) le siguió el surgimiento de lo que el marketing denominó "Web 2.0": en apenas veinte años, el mundo pasó de ignorar su existencia a construir y ya no poder vivir sin las herramientas de comunicación global como lo son las redes sociales, los portales de noticias, los sitios de intercambio de videos, los podcasts y los blogs. Sin embargo, el uso y la percepción de lo que Internet es y la percepción de su importancia como factor educativo, político y social aún sigue siendo extremadamente dispar. Las diferencias socioeconómicas de los habitantes de este planeta no representan, como cabría pensar en un primer momento,

1 www.jupixweb.de

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la unidad de esa diferencia: en la India, para poner un ejemplo concreto, el porcentaje de inserción a Internet no es significativamente menor al de los países más desarrollados.2 Pero sí existe todavía una gran diferencia entre el uso que hacen de Internet los jóvenes y los adultos mayores, entre quienes todavía existe la idea de que Internet es una especie de pasatiempo vacío y que la "vida real" pasa por otro lado. Los hechos demuestran lo contrario: la vida real también pasa por Internet. Habiendo tal cantidad de usuarios y debido a la dinámica interna del sistema, en donde cada consumidor del medio también puede convertirse en su productor, es natural que en la Red pueda encontrarse material de todo tipo y sobre cualquier tópico. Aquí la palabra "cualquiera" adquiere dimensiones espeluznantes; realmente estamos hablando de cualquier cosa imaginable, o por lo menos, cualquier cosa imaginable que pueda traducirse en información. Por supuesto, gran parte de esa enorme cantidad de información es considerada intrascendente por gran parte de los usuarios, pero siempre habrá un grupo de personas, más grande o más pequeño, a quienes sí les interese lo que para los demás solo sea ruido de fondo. (Exactamente igual a lo que sucede en la "vida real", por otra parte). Otra característica natural producida por el volumen de información es el bajo alcance real de las publicaciones individuales: comparado con el potencial de alcance de un sitio cualquiera, son pocos los que realmente pueden ser considerados masivos. Por eso, escribir en la Red siempre es un poco escribir para nadie, para uno mismo, para los pocos amigos que nos visitan más por cortesía que movidos por un interés activo, pero en ese proceso y aun así: formando parte (aunque sea una parte minúscula), del conjunto de eso que

2 lo que sin duda está fomentado por el bajo coste de los equipos

móviles (teléfonos celulares con acceso a la Red), razón por la cual también las personas con menor poder adquisitivo pueden hacer un uso regular de Internet

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antes denominé un tanto grandilocuentemente "todo lo imaginable". Es gratamente sorprendente (por lo menos a mí me sorprende) observar el gran nivel de resistencia a ese tipo de frustración que existe entre los creadores de Internet: las personas siguen creando (muchas veces a costa de un gran esfuerzo personal), productos culturales de altísimo nivel, sin esperar beneficios económicos ni sociales a cambio. Sacar de la Red el material presentado en este volumen y llevarlo al papel es un experimento que no persigue un interés personal por modificar esa tendencia. He escogido los textos aquí publicados3 tratando de abarcar un amplio espectro temático con el objetivo de llegar, alguna vez y con mucha suerte, a las manos de alguien que no esté familiarizado con el funcionamiento de la Red, despertar su curiosidad y animarlo a disfrutar de la cultura online. No es necesario que visiten mi sitio web: en Internet existen cosas infinitamente mejores a las débiles páginas que siguen a continuación. Pero participen de Internet: busquen, encuentren y compartan la cultura: esa es la forma de construirla. Junio/2011

Los cuales en su versión offline carecen irremediablemente tanto de actualidad como de contexto: muchas veces se verá obligado el lector a situarse en las fechas de publicación y a hacer uso de su memoria para atar cabos y llenar los espacios vacíos que abundan en estas páginas. Pido disculpas por eso.

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ARTE y FILOSOFÍA .reflexiones surtidas

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Mundo Simio 22/03/2011 - 15:02

La cámara obscura …y sin embargo, siempre tuvimos la irrefrenable necesidad encontrarle un sentido al mundo, cualquiera (por no hablar de la necesidad de ejercer control sobre él; desde las danzas para hacer llover hasta las prácticas homeopáticas, pasando por casi todo lo demás, nuestra historia puede describirse como una sucesión de intentos de mitigar el caos que nos rodea). Lo importante para nosotros los monos no es conocer la causa de los sucesos, el mecanismo detrás de los fenómenos y la naturaleza de las cosas: lo importante, lo necesario, lo que nos mantiene con vida y relativamente cuerdos, es creer que los conocemos. Si hay algo que nuestro cerebro soporta menos que el caos, es la incertidumbre. Todavía hoy, después de millones de años de estar expuestos al caos y a la incertidumbre, de flotar insignificantes en un océano de azar, a la deriva y sin rumbo, generación tras generación tras generación, nuestro cerebro insiste en construir estructuras, orden y certezas, engañarnos constante y abiertamente y hacernos creer que los hechos son consecuencias de causas definidas y únicas que, (¡por supuesto!), nosotros comprendemos a la perfección. A diferencia de todos los demás monos. El cerebro construye la estructura en donde encajonarlo todo, y ante la aparición de un elemento nuevo de “ahí afuera”,

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dibuja en nuestra percepción un sinnúmero de flechas, subrayados y diagramas de flujo antes de que tengamos siquiera la ocasión de preguntarnos nada, y, por supuesto, antes de conocer cabalmente ni el texto ni el contexto de la cajita para la que se apresura a construir un lugar. Una vez armada la estructura, la caja no deberá moverse bajo ninguna circunstancia: allí no existe lugar ni para la duda ni, mucho menos, para la equivocación. (En otras palabras: en lugar de construir una cosmovisión desde la observación de la realidad, lo que hacemos los monos es construir una realidad en base a nuestra particular cosmovisión1 ). Pero no todo es desesperación. Si bien aún hoy sigue resultando indefectiblemente infructuoso tratar de comprender la naturaleza de la realidad, hemos llegado a un momento socio-evolutivo desde donde parecemos poder percatarnos de que el orden de las cosas no existe, y en donde parecemos haber comprendido que en lugar de las cosas (como objeto ontológico de lo real), lo único que existe es nuestro discurso sobre las cosas. Pero lamentablemente (o por suerte; todavía no lo sé) esta comprensión solo funciona en el plano reflexivo, dislocado del resto de nuestra vida, y pareciera tener absolutamente cero injerencia en un ámbito más práctico: sabemos que nuestros sentidos nos engañan, nos sabemos dominados por nuestra propia ideología, entendemos que los objetos no existen en realidad… y sin embargo, seguimos sin ver aquello que no queremos ver, continuamos sacando conclusiones imposibles sobre cuestiones de toda índole y seguimos confundiendo el discurso con el objeto, las valoraciones con los valores (en el

1 Si te parece que estoy exagerando, la próxima vez que leas o

escuches cualquier noticia sobre un tema que desconozcas puntualmente, pero sobre el que tengas formada una opinión, pregúntate cuantas conclusiones apresuradas sacaste al leerla o escucharla; y ¡oh, casualidad! … todas ellas encajan a la perfección con tu forma de ver el mundo, ¿verdad?

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sentido amoral del término) y las construcciones con la realidad. Si es que existe tal cosa. Esta foto es real Todo ello forma parte de un sustrato biológico que condiciona nuestra forma de percibir, interpretar e interactuar con el mundo, con el “ahí afuera”, a un nivel demasiado básico pero que sirve, si subimos un escalón en el marco del análisis, para entender las construcciones humanas más complejas y por sobre todo, sirve para prestarle atención a sus formas y a sus deficiencias estructurales e inherentes a su condición de ser-humanas. (¿Son humanas? ¿Son deficiencias? ¿Son sinónimos?). Lejos del constructivismo postulado hasta ahora, en medio del neomarxismo/lacanianismo de Laclau y Žižek, nos encontramos con el concepto de los significantes flotantes y con una enorme “ausencia de significados en un imperio de significantes”. Según los sociólogos, vivimos inmersos en un universo de significantes vacíos y de significados contingentes, o dicho de otro modo: nuestros discursos funcionan con palabras (significantes) dotadas de una flexibilidad tal que son capaces de soportar cualquier carga (significados). “Terrorismo”, “Pueblo”, “Verdad”, “Sociedad”, “Ecología”, “Libertad”, son algunos ejemplos de estos significantes flotantes, que aceptan por igual múltiples significados. Si bien Žižek continúa diciendo que “…cuál de los discursos logre ‘apropiarse’ [del significante] dependerá de la lucha por la hegemonía discursiva, cuyo resultado no está garantizado por ninguna necesidad subyacente…”, ¿no es acaso éste el modelo constructivista de observación de las ideologías por excelencia? Dejemos de lado el componente neomarxista de la “lucha por la hegemonía discursiva”, que no viene al caso aquí, simplemente porque (volviendo al constructivismo) no hace falta el “triunfo” de ningún significado: si los significados son contingentes, múltiples significados pueden coexistir dentro de un mismo significante sin problemas. O

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mejor dicho: con problemas. De hecho exactamente eso es lo que sucede: hay problemas. Y los hay desde que comenzamos a comunicarnos, hace mucho tiempo, cuando los monos comenzamos a nombrar las cosas y comenzamos a creer que el significado al que referíamos al utilizar un significante era uno, único, verdadero, universal y ajeno a nosotros mismos. Cómo si existiera tal cosa. ¿De qué hablamos? ¿Sabe Usted a qué me refiero? La única forma de mitigar esos problemas es entender que los significados que nos inventamos no son de ninguna forma ajenos a nosotros mismos sino que por el contrario, proceden del cerebro, un órgano demasiado preocupado por su propia salubridad – pero sin conexiones fiables con el “ahí afuera”, un ente que nos construye y que además construye objetos en los que podamos apoyarnos. Así, los objetos son todos objetos construidos y por lo tanto: ideales, desde los árboles y las vacas hasta la literatura o el fascismo, indispensables para la comunicación del hombre con el mundo, pero cuyo grado de “veracidad” en el sentido de una correspondencia con una “realidad ontológica” no puede ser medida de ninguna forma, ya que como dice Heinz von Förster, “…si el conocimiento y el saber son descripciones que reflejan al mundo ‘tal cual es’, deberíamos tener un criterio para discernir cuando nuestra descripción es ‘acertada’ o ‘verdadera’ y cuando no.” Lo cual es a todas luces imposible, ya que la elaboración de dicho criterio solo podría efectuarse “desde afuera” y los monos somos, por definición, nuestro propio “aquí adentro”. Si podemos aceptar todo esto sin tener que recurrir compulsivamente a la violencia (reconozco que la comprensión de estas cosas puede producir mucho miedo), habremos dado un gran paso en el largo, apasionante y hasta ahora terriblemente desaventurado camino hacia dejar de ser monos.

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La configuración singular de la memoria 22/09/ 2010 - 16:41

Arriesgando una definición bastante amplia y a simple vista trivial de la memoria, quisiera describirla como el conjunto de la información que se conserva en el cerebro desde el instante siguiente a su recepción. (Es curioso pensar cómo, en este sentido, el presente apenas existe, porque puede reducirse a un crono-fragmento minúsculo que casi instantáneamente se pierde en el abismo de la memoria) Por ejemplo: los colores y las formas que mis ojos acaban de percibir, una idea al ser tejida, las veces que algo logró conmoverme hasta las lágrimas, ésas y todas las demás conmociones que he sufrido, mi capacidad de hablar, leer y escribir, la forma de mi ideología, aquella mirada lasciva, el brillo del deseo marcado en su rostro y el gusto inmediatamente posterior de sus labios, el diccionario mental que puedo evocar cuando una carta comienza diciendo “Sehr geehrter Herr…”, su gramática, (la mía también), la profunda tristeza que sentí la mañana que llegaron con la noticia de su muerte, dos palabras (“La memoria”) que escribí y después borré al comenzar con esto. Todo lo que hice, todo lo que me hicieron y todo lo que hice con lo que hicieron de mí, todo lo que aprendí, todo lo que aprendí mal, todo lo que olvidé, todo lo que quise olvidar y no pude, y todo lo que hubiera preferido no haber visto. Todo lo que soy y todo aquello de

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lo que estoy hecho está guardado ahí, aun aquello que todavía ignoro. La memoria es algo más que una simple acumulación de recuerdos, una evocación vacía o una forma de mantener con vida a los muertos: la memoria es la forma del alma, es la verdadera y única antropomorfología: imaginen si no a un hombre sin memoria. No me estoy refiriendo a alguien con Alzheimer, no: pienso en alguien víctima de un reseteo mental mucho más profundo, alguien sin ningún tipo de recuerdo, alguien que no sepa hablar ni entienda los centenares de símbolos que manejamos a diario, alguien que no sepa correr ni caerse, alguien que no pueda escuchar música ni disfrutar de la belleza ni persiga el descanso ni conozca el gusto de sus propias lágrimas ni el dolor físico que provoca un buen ataque de risa. ¿Escucharon alguna vez una descripción más precisa de un muerto-vivo? Yo no. No es falso, como dijo otro francés, que los seres humanos “sean únicos, que lleven dentro de sí una singularidad irreemplazable”. La individualidad es una configuración singular de la memoria; el contenido del alma de cada uno de nosotros. El software cuyas líneas escribimos minuto a minuto, el programa que se autoescribe lenta pero incesantemente. (Intentar un “Low Level Format” es muy peligroso, pero algunos dicen que no es imposible: cierta vez Diane quiso reprogramarse en Betty, ¿recuerdan?). Lo demás, el hardware: miles de millones de años de tiempo, energía química y electromagnética y cadenas de proteínas y aminoácidos. Si el universo es información (lo es, y no estoy diciendo que sea lo único que es), quizás en cierta forma el cosmos también sea una configuración singular de la memoria. El panteísmo nos indica que así es. Yo no estoy seguro, pero es reconfortante pensar que sí.

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Estoy harto del Poder 15/08/2009 - 14:25

Con casi 35 años en este planeta cabría decir que estoy bastante grandecito para desilusionarme con cualquier cosa. Hace mucho tiempo que leí y entendí la famosa frase de JeanPaul Sartre cuando dijo que “como todos los soñadores”, había confundido “el desencanto con la verdad”. Ya sé que la tristeza es una cosa y la verdad otra, que a veces la abarca… y a veces no. Y también entendí su significado real, que está apenas un poco más escondido: nada es absolutamente bueno o absolutamente malo y por lo tanto, cuando algo nos decepciona no es a causa de ninguna traición, engaño o mala leche del objeto de adoración: la construcción de ídolos en sí misma es la que siempre estuvo equivocada. Siempre. Y aunque desde hace mucho que me creo iconoclasta no puedo, sin embargo, evitar sentirme defraudado, desencantado y triste. Al final, uno de los depositarios más grande y brillante de nuestros ideales resultó ser tan pequeño, mezquino y pacato como todos aquellos badulaques pequeños, mezquinos y pacatos a quienes aprendimos a despreciar acompañados por su voz, que en algún momento fue también la nuestra. Y esto, que realmente termina pareciendo un desencantado discurso adolescente, esconde un temor más profundo: ¿Seremos también nosotros capaces de denigrarnos así? ¿Es

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realmente el destino inexorable de cada hombre acabar sumergido en una ridícula, intrascendente, privada, mezquina, idiota y absurda versión de la Guerra de los Roses? Hace poco escuché a Symns decir “Los autos son una publicidad de los caminos, y los caminos son una publicidad de los tanques. Todo está hecho para La Guerra.” ¿Cómo escapar de semejante pesimismo? Realmente: estoy harto del poder. La entrada anterior fue escrita como reacción a la carta abierta del Indio a Skay, en respuesta a comentarios de éste publicados en “La Nación”: “Hasta el día de hoy y tratando de proteger la memoria de una de las bandas más queridas por sus seguidores, he callado los verdaderos motivos de la separación artística de los redondos. Acabo de leer las declaraciones de Skay al medio “La Nación” donde sugiere que dicha separación fué motivada por la intención de “alguien” de apropiarse de la gloria del grupo (nadie puede pensar que fueran Semilla, Walter o Sergio). Además si, como dice, tanto le aportaba el grupo ¿que fue lo que impidió que siguiera con ellos? Todavía ahora tengo para mí que no se puede arrebatar un éxito genuino. Basta dejar correr un poco el tiempo para que todo quede en claro. Lamento que la alta espiritualidad de Skay, producto de su viaje a Fez, no haya despertado antes de los sucesos que me dispongo a detallar y que son, desgraciadamente, bastante más materiales que las “diferencias artísticas” que en entrevistas anteriores supo esgrimir como los motivos del fin del vínculo. Los soportes de grabación (audio y video) de todos los shows de los redondos (Huracán, Racing, River, etc.) quedaron en depósito en casa de Skay porque Poli era la encargada de contratar los servicios que los proporcionaban. Esto nunca me incomodó por que confiaba en una amistad de muchos años. Un par de años antes del final se me ocurrió pensar que algún motivo (¿un accidente?) podría hacer que me viera obligado a reclamar ante parientes y desconocidos lo que por derecho formaba parte de mis

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intereses. A partir de ése momento, esporádicamente y con más pudor del necesario, pedí se hicieran copias para tenerlas a mi guarda y que a su vez sirvieran de protección. Siempre coincidieron (de palabra) en que era lo aconsejable. Pero extrañamente, el tiempo pasó y siempre esgrimían una excusa. La noche definitiva (un rato antes estábamos en un bar hablando con un cronista sobre un próximo show) me puse firme en mi requerimiento y ésa actitud desembocó (ante la negativa) en el rompimiento de la sociedad artística. Hasta el día de hoy Poli y Skay están sentados sobre ése material, cuya custodia artística he reclamado en silencio público hasta hoy. Sigo con mis dudas al correr éste velo, pero las declaraciones vertidas por Skay me han obligado” Indio

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Arte de código libre 29/03/2009 - 01:38

La serie norteamericana de ficción científica (género mal traducido al español como “ciencia ficción”) Star Trek cuenta con cientos de miles de seguidores y adeptos en todo el mundo, entre quienes me incluyo. Sí señor, no me avergüenzo de proclamar alegremente tal afirmación, que sin duda me coloca en la cercanía de sujetos de dudosa salubridad mental, que pagan cientos de dólares para asistir a una “Star Trek Convention”, comprar en exorbitantes subastas la ropa interior del “Capitán Kirk” o gastan su precioso tiempo libre en estudiar Klingon (¡TlhIb Qo’h!). Como sea, al margen de la casi compulsiva asociación con la locura, hay motivos de sobra para entusiasmarse con el universo Star Trek: artísticos, emocionales e intelectuales. De los últimos, el que siempre me apasionó es la incorporación de elementos científicos reales a los guiones de cada una de las series: en mayor o menor medida, los últimos descubrimientos de la astrofísica, de la física relativista, de la física cuántica, de la informática y de la robótica siempre estuvieron reflejados en el meta universo de Star Trek, desde la primera y legendaria serie (The Original Serie, 1966-1969) hasta la última (Star Trek Enterprise, 2001-2005) pasando por todas las demás (The next Generation, 1987-1994; Deep Space Nine, 1993-1999 y Voyager, 1995-2001). Estas “citas técnicas” de las que hablo y las cuales son recurrentes en los guiones, pueden pasar inadvertidas para los neófitos en el tema, pero son fácilmente reconocibles por los aficionados

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que gustamos de las ciencias “duras”; cualquiera que haya investigado un poco sobre digamos, física cuántica, entiende por qué el teleportador de la Enterprise tiene un componente llamado “Compensador de Heissenberg“, aunque se lo nombre al pasar y cuya mención no aporte al argumento del episodio en cuestión absolutamente nada: es un detalle exquisito, puesto allí por el guionista exclusivamente para el placer intelectual del espectador interesado en el tema y nada más. De los elementos emocionales el más fuerte es, sin duda, el carácter utópico del universo ST, un lugar en donde la humanidad ha superado sus infantiles ñañas, en donde la tolerancia y el respeto son la base de la interacción humana; en donde los individuos trabajan por el placer de la superación y el aprendizaje individual y el desarrollo colectivo, en donde el medio simbólico de comunicación por excelencia es el saber y no el dinero, en donde los débiles son amparados no en su debilidad, sino en su derecho a fortalecerse. (Por supuesto que hay otra lectura que no puedo desconocer; una interpretación más radical y sombría, que traza paralelos imperialistas, de una hegemonía hasta fascista entre la “Federación” y el “Mundo Real” (o mejor dicho, entre la “Federación” y “Norteamérica”), pero conociendo bien casi todos los episodios de la serie me aventuro a afirmar que son, a lo sumo, elementos aislados que no reflejan el espíritu del “Universo Star Trek”) Para ser completamente sincero en la enumeración que comencé hace tres párrafos y de la cual ya no puedo salir, elementos netamente artísticos hay muy pocos, como producto cinematográfico considero que la serie, en todas sus variantes, es a lo sumo mediocre… salvando algún que otro momento rescatable. Pero éste es un comentario al margen, no viene al caso ni en desmedro de lo que he dicho hasta ahora. Creo que es la identificación emocional de los seguidores, tan fuerte y tan universal, la que ha dado lugar a esa comunidad pavorosamente grande de gente alrededor de todo el mundo:

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los denominados Treekies, entre los cuales si se cuentan aquellos que han abandonado su vida real para irse a vivir (solamente dentro de sus mentes) a Vulcano o a Qo’noS. Pero estos pobres diablos son solo una parte, seguramente muy pequeña, de esta gigantesca comunidad: hay otra parte que canaliza su pasión de manera más productiva; y hoy quiero presentarles a un ejemplo paradigmático de algunos de los que se encuentran en este grupo. El individuo en cuestión se llama James Cowley, un actor norteamericano y como casi todos, desconocido para el “gran público”. Entusiasta del Star Trek de la primera hora (aquella del capitán Kirk), decidió retomar el proyecto y llevarlo a la culminación originalmente programada (recordemos que para la serie original se habían planeado cinco temporadas, de las cuales se filmaron solo tres; las dos restantes nunca se llevaron a la pantalla) Solo movido por su pasión y ayudado por su conocimiento en producción cinematográfica y por un grupo de gente tan entusiasta como él (y evidentemente todos vinculados al mundo del espectáculo), él y su equipo fundaron una productora sin fines de lucro, reconstruyeron con ayuda de los planos originales el Set de la “Enterprise”, construyeron modelos, programaron una CGI impecable, armaron un pequeño estudio de grabación de audio y superaron la larga lista de escollos que se presentan a la hora de filmar una película, solo movidos por su pasión y sin más recursos de los que podían ahorrar a la hora de ir al supermercado. Esta gente, sin un centavo para la producción, con un set y equipo amateur, algunas PCs y mucha voluntad, ya terminó la producción de cinco episodios, tienen uno en la postproducción y varios más en preproducción. El producto final es de tan alta calidad, que muchos profesionales que alguna vez participaron de la producción de la Star Trek “oficial” (escritores, directores y actores), se unieron al proyecto como colaboradores o actores invitados (sin cobrar, por supuesto, honorario alguno.) Por momentos, “Star Trek – Phase II” (así se llama el proyecto, que nació como “Star Trek – The New Voyages” y

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fue rebautizado luego de la culminación del tercer episodio) como producto cinematográfico es hasta superior a la serie oficial, aunque trata de mantener la estética televisiva original de los años 60; cosa que consigue, sin duda alguna, pero sin volverse una mera copia… y si no, díganme si este avance no les recuerda a David Lynch1: Y para seguir con los avances, acá les dejo el del último episodio publicado. Este episodio (además de ser un claro ejemplo de la evolución que ha sufrido el proyecto desde sus comienzos, hace cinco años; porque técnicamente es muy superior a los episodios anteriores, si bien es cierto que se puede afirmar lo mismo de cada episodio) tiene un elemento interesantísimo: una escena gay. Es muy raro ver una escena de amor homosexual con la estética de Star Trek de los ’60, con música kitsch de fondo y diálogos igual de cursis, una típica de la escena de amor heterosexual tradicional (¡y “bien macho”!) del capitán Kirk, sin poder dejar de pensar en el contraste fuertísimo y lo que pueden lograr cuarenta años de evolución cultural… ¡imperdible!2 Si sienten solo un poco de curiosidad, sigan el siguiente enlace y bájense los episodios… legal y gratuitamente (¿ya mencioné que este equipo de gente produce una serie de TV con nada pero con una calidad que no tiene nada que envidiarle a otras series que cuestan millones de dólares por episodio, y que la distribuyen absolutamente gratis?): Página oficial: www.startreknewvoyages.com Sitio español (c/ subtítulos): www.trekminal.com Sitio alemán (c/ subtítulos): www.startrekphase2.de Que exista gente apasionada, con sensibilidad artística y ganas de hacer las cosas bien, con ánimo de compartir emociones y

1 Contenido multimedia disponible en www.jupixweb.de 2 Contenido multimedia disponible en www.jupixweb.de

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sin estar pensando siempre y exclusivamente en el dinero… no sé, me pone optimista. La Utopía de Star Trek, después de todo, quizás sí sea posible. EDIT del 07/04/2009: acabo de ver el formulario de inscripción que tiene el grupo productor de ST:PII para todos aquellos que quieran colaborar en la producción de un episodio y leo: “At Star Trek: Phase II we are a group of fans who have come together with a common love for the classic era Star Trek, for the purpose of having fun while making new episodes. We are not in this production for the purpose of making any profit, nor do we expect to further our careers by doing so. We believe in Star Trek’s vision of a hopeful future and are just here to make friends, make and enjoy Star Trek, and have fun along the way. I agree I am joining the production “family” of this episode for the same reasons.” Voy a repetir la frase clave porque hace referencia exacta a la identificación con la utopía del universo Star Trek de la que hablé más arriba: “We believe in Star Trek’s vision of a hopeful future”

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.sobre la mĂşsica

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El lado oscuro del sueño 02/08/2007 - 14:24

Dream Theater es una de las bandas más productivas de los últimos veinte años, durante los cuales salieron nueve discos de estudio, cinco álbumes en vivo (cuatro de los cuales son triples, lo que nos da una idea de la duración media de sus conciertos: 4 hs.), seis DVDs, nueve CDs editados exclusivamente para los clubs de fans, catorce bootlegs ‘oficiales’ y un centenar de bootlegs ‘inoficiales’. Pero no solamente la cantidad de discos es asombrosa: la calidad de su música sorprende desde la parte técnica hasta la creativa, sin encasillarse dentro de un género determinado: aunque la estética visual y lírica del Teatro de los Sueños recuerde fuertemente al metal, yo creo que una descripción más justa sería decir que Dream Theater hace música progresiva con influencias heavy-metálicas, o sea: “Metal Progresivo”1. De los bootlegs oficiales, el último es doble: el primer CD es la grabación en vivo de un concierto del año 2005, en donde DT versionó ‘El lado oscuro de la luna’ desde el primer tema hasta el último, y el segundo una compilación de otros covers 1 No soy el inventor del término, ése género musical describe justamente la fusión entre el rock progresivo de los ’60 y ’70 (de Pink Floyd, Génesis, Yes y tantos otros) y el metal de los ’80 y ’90, un “metal intelectual”, si se quiere. Uno de los primeros grupos en explorar este estilo, casi podría decirse que su inventor fue, justamente, Dream Theater

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de Pink Floyd, surgidos entre 1998 y 2006. Cabría preguntarse por qué una banda con tantos años de trayectoria, precursores y creadores de un estilo y habiendo alcanzado un merecido éxito, cuyos integrantes pueden considerarse parte de un reducido grupo de músicos que dentro de la escena del rock actual, dominan el oficio, la técnica y el virtuosismo como pocos, tiene que dedicar todo un concierto a versionar a otra banda. Bueno, los motivos son simples: respeto, admiración, agradecimiento y reconocimiento de los propios orígenes. “El lado oscuro de la luna” de DreamTheater es una versión que respeta 1:1 la original de Pink Floyd, que se atiene estrictamente al modelo, copiando meticulosamente tiempos, frases y técnica, recreando la atmósfera original, haciendo uso de hasta los famosos Loops y grabaciones especiales que Waters, Gilmour, Wright y Mason hicieron en el ’73 para The dark side of the moon. De músicos principiantes podría esperarse que atenerse tan estrictamente a la forma obedece a cierta inseguridad; de Dream Theater me atrevería a afirmar que les debe haber resultado extremadamente difícil no poder darle rienda libre a sus propios impulsos. Con ellos nos encontramos recién en la segunda parte del disco, que siendo una compilación de temas ya existentes no estuvo motivada por ese respeto al que me referí más arriba y que conforman un excelente complemento de la primera parte, porque es ahí donde se permiten ser Dream Theater versionando a Pink Floyd, en lugar de ser, simplemente, sus agradecidos hijos. En resumen, “El lado oscuro de la luna” de Dream Theater es un disco altamente recomendable, con una sorprendente calidad de sonido tratándose de un bootleg (realmente no me hubiera dado cuenta con solo escucharlo), un merecido tributo, realizado con la obligada humildad y sin ningún tipo de pretenciosidad, pero también con el profesionalismo necesario.

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Un disco que no sirve para conocer a Dream Theater2, pero sí para reconocerlos mejor. Lista de Tracks Disc 1 1. Speak To Me/Breathe (3:55) 2. On The Run (2:26) 3. Time (7:02) 4. The Great Gig in the Sky (4:35) 5. Money (6:35) 6. Us And Them (8:02) 7. Any Colour You Like (5:05) 8. Brain Damage (3:49) 9. Eclipse (2:48) Disc 2 1. Echoes Pt.1 (soundcheck rehearsal-Philadelphia 2/4/04, 12.00) 2. One of these days (live in Rotterdam 18/1/04, 6.24) 3. Sheep (soundcheck rehearsal-Anaheim CA 9/3/06, 9.42) 4. In the flesh? (Live in Berlin 26/2/98, 2.56) 5. Run like hell (Live in Poughkeepsie NY 30/12/98, 1.58) 6. Hey you (Live in Paris 25/6/98, 4.49) 7. Comfortably numb (featuring Queensryche-Live in Spokane WA 30/7/03, 7:22) Total Time: 89:32 Dream Theater es - James LaBrie / vocals - John Myung / bass - John Petrucci / guitar and vocals - Mike Portnoy / drums and vocals - Jordan Rudess / keyboards & lap steel guitar

2 A quién todavía no los conozca, le recomiendo el que es, en mi opinión, su mejor trabajo: “Scenes from New York”

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Espíritu lunático 01/12/2009 - 00:50

Hace ya mucho tiempo que no me pasaba nada parecido con ninguna banda. Creo que desde que descubrí a Porcupine Tree, allá por el 2006, que no sentía esa necesidad imperiosa de escuchar algo una y otra vez, acompañando cada momento de mi vigilia y de mi sueño. Hoy descubrí este increíble proyecto: ya no recuerdo que feliz vuelta del azar cibernético me llevó a la página de MySpace de la banda y me hechizó con el título que le da nombre al disco, “Lunatic soul”. Todo lo demás: un tipo, Mariusz Duda como gestor principal de este viaje conceptual sobre muerte, angustia, dolor y fuerza; el hecho de que sean polacos (creo que es la primera banda polaca que escucho en mi vida); un nombre que todos me reprochan no haber conocido (“Riverside“); y otros datos menores por ahora me tienen muy sin cuidado. Lunatic Soul acompañó mi día y seguramente estará, de aquí en más, en tantos otros (como Pink Floyd, Rachmaninoff, Pocurpine Tree, Bach, Angelo Baladamenti, Dream Theater, Wolfgang Amadeus y una lista que se me haría interminable concluír), espero que siempre con el valor y la creatividad que les permitió incluir a tantas cosas en un mismo álbum: música oriental, free jazz, ritmos afro, rock progresivo, conceptualización de obra, folclore europeo y un poquitín de electro en un disco que no aventuraré adejetivizar con la palabra “perfecto”, pero que le pasa por arriba de lejos a todo lo que

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la radio nos escupe descaradamente y sin piedad de manera permanente. Acá le dejo mi corte preferido, efímero, y en pésima calidad. Consigan el disco en 256Kb (o más) y estúdienlo como debemos hacer con lo bueno: con paciencia, las luces apagadas, auriculares caros y ganas de abandonar este mundo.

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We’re lost in this masquerade 10/10/2010 - 00:02

“OMG!!! That’s real improvisation. All the soloists are singing a new song, a real variation on this chord progression. NO “butter notes”, as Miles said. No licks. Just singing. In my humble opinion, that’s the esence of jazz.” – del usuario carlitospop comentando una entrada en Youtube Para ser completamente sincero, no tengo idea de cómo llegó este disco a mi colección. Aunque reconozco mi predilección por el mar, la melancolía de los días grises y el vodka, ni siquiera la suma de todos ellos es capaz de ejercer una fuerza tan irresistible como para que su título “The Pat Metheny Jazz Baltica Project” me llame particularmente la atención. “Pat Metheny” tampoco me suena, ni un poco. Pero en mi defensa y para mi vergüenza, si es que es posible agrupar ambos argumentos en uno solo, debo mencionar que mi ignorancia siempre ha sido mucha y muy grave: que no me suene no quiere decir absolutamente nada. Como decía, no tengo idea de cómo este disco llegó a ocupar un lugar en la lista que me muestra el WinAmp1, entre “Pain of Salvation” y “Pater Gabriel“… (Grmpf, quién demonios será “Pater Gabriel”, ¿no es cierto? ¡Malditos sean todos 1 Si estás leyendo esto, vos que me lo recomendaste: te debo una disculpa y un agradecimiento, (1) por olvidarte y (2) por habérmelo recomendado. ¡Perdón y Gracias, entonces!

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ustedes, ripeadores analfabetos, aprendan a escribir de una maldita vez!) El disco es simpático, tanto que lo puse de fondo y me puse a trabajar con un texto que ahora no viene al caso. Había pasado poco más de una hora cuando tuve que dejar con lo que estaba haciendo y prestarle más atención a lo que estaba escuchando: una excelente muestra de lo que puede ser el jazz. Estoy hablando de la interpretación del tema The Masquerade2: Con cuatro o cinco líneas tontas de introducción enmarcadas en una melodía igual de tonta o más tonta aun (pero deliciosamente interpretada, por cierto, por quién luego me enteré que es también el trombonista de la formación), seguida por los solos de saxofón (Michael Brecker), piano (Esbjörn Svensson), guitarra (Pat Metheny) y trombón (Nils Landgren), que culminan con el dacapo de la introducción… el esquema clásico, vamos. Completan la formación Lars Danielsson (Contrabajo) y Wolfgang Haffner (Percusión), lo que nos da un resultado final de nombres escandinavos y alemanes: ahí debe estar lo “báltico” del proyecto. Por lo demás, no puedo hacer más que estar cien por ciento de acuerdo con la cita que puse más arriba, un comentario del usuario carlitospop en los videos de Youtube que encontré y que enlazo más abajo. “¡Oh, Dios mio! Así se hace una verdadera improvisación: todos los solistas cantando un tema nuevo, una variación real en esa progresión de acordes. Sin “notas de manteca”, como dijo una vez Miles [David], sin fraseos: solo cantan. En mi humilde opinión, esa es la esencia del Jazz” Véanlos completos, lamentablemente fueron muy largos para permanecer en un solo archivo, pero valen MUCHO la pena. Escuchen3:

2 La versión original, de 1972, es de Leon Russell 3 Contenido multimedia disponible en www.jupixweb.de

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Glóbulos blancos, música onírica 17/12/2010 - 01:22

Una obra póstuma Con el último disco de “Esbjörn Svensson Trio” (o más resumidamente: “e.s.t.”) Leucocyte, los escandinavos lograron muchas cosas. En primer lugar, tristemente y sin buscarlo, para la fecha de su publicación ésta ya era su obra póstuma, ya que Esbjörn Svensson (quién le había dado el nombre a la formación) había fallecido en un accidente de buceo algunos meses antes. Pero sobre todo, lograron moverse musicalmente a un lugar todavía sin nombre, en donde se conjugan el Jazz, la música ambiental, el rock, la experimentación emocional y el armado intelectual de una obra altamente conceptual. Por momentos, cuesta creer que haya sido enteramente producto de la improvisación, ya que puede desglosarse en tres partes claramente definidas, casi literarias: una introducción (“Decade”, “Premonition (Earth, Contorted)”) un nudo (“Jazz”, “Stil”, “Ajar”) y un desenlace (“Leucocyte (Ab initio, Ad interim, Ad mortem, Ad infinitum)”). Un Concepto El plano literario se evidencia también en el contenido emocional del disco; una obra conceptual no sería tal si no narrara una historia. Leucocyte narra una historia vital: de la

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mano de un ente combativo (“leucocito“), acompañamos a los procesos de nacimiento, crecimiento y muerte en un viaje cargado de emociones hacia un plano final, diferente, metafísico. Sin palabras, en medio de un huracán de sensaciones, de lucha, de dolor, de reconciliación. Ingresar a este disco es ingresar en un espacio distorsionado, por momentos agobiante y por momentos lúdico, pero sobre todo, es ingresar en un espacio onírico del que nadie podrá salir ileso. Durante los 68:16 minutos que dura el viaje me angustié y sentí miedo; pero desperté feliz: había firmado la paz con la vida y con la muerte que acababa de ocurrir ante mis oídos. Por supuesto, hay que querer entrar en ese juego. Una advertencia Nunca hubo un disco menos indicado para escuchar “de fondo” que Leucocyte. Créanme: lo he sufrido en carne propia, y no por haber elegido adrede tamaño experimento. Fue más bien un accidente: estaba yo lo más tranquilo escuchándolo (la muletilla anterior no es del todo exacta aquí: Leucocyte desorienta, atemoriza, intranquiliza) y repentinamente apareció gente, y en el transcurso de algunos segundos el universo creado con tanto esmero por e.s.t. (en cuyas profundidades me encontraba yo inmerso) se vio reducido a las cenizas de la indiferencia, aunque siguió sonando. (Esa fue mi imprudencia mayor, no haber terminado con la reproducción de inmediato). Al no dedicarle el cien por ciento de mi atención, las partes fortes comenzaron a tornarse insoportables, los pianos imperceptibles, y la compleja maquinaria de sonidos, cuidadosamente armada, comenzó a derrumbarse estrepitosa y desordenadamente sobre mis oídos y los de mis invitados, que no entendían por qué escuchaba yo esa música rara y ruidosa, inaudita e inaudible.

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Sin dualidades Un disco que no dejará a nadie indiferente. Dependiendo del oyente, será una obra maestra del arte contemporáneo o una bazofia posmoderna: esto es amor u odio. Aunque por lo general sostenga que ambas cosas son manifestaciones diferentes de lo mismo, no puedo dejar de reconocer que en este caso no hay cabida simultánea para los extremos de esa escala. Lo vas a amar. O lo vas a odiar. ¡Anímate!

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.sobre el cine

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Quiero que reflexiones 21/12/ 2002 - 14:55

- ¿Puedes detenerte y, por un momento, reflexionar? - Bien. Reflexiono. - No, no estás reflexionando. Estás demasiado ocupado intentando ser un sabelotodo. Quiero que reflexiones y que dejes de intentar ser un sabelotodo. ¿Puedes hacerlo?

Lynch nos advierte así que dejemos de intentar explicarlo todo. Que nos detengamos, pues estamos muy ocupados tratando de encontrar, para todo, una respuesta; demasiado acelerados, demasiado ansiosos por racionalizar cada momento, cada palabra. Que abandonemos los esquemas tradicionales que ponemos en marcha, automáticamente, cuando nos sentamos en la butaca del cine, pues lo que él tiene para ofrecernos se puede fácilmente intuir, pero difícilmente explicar. (o bien: que la explicación solo será un producto de la reflexión, esa que sirve para poner nuestra intuición en orden) En su última película, Mulholland Drive, ese corto diálogo es parte del que mantienen Tesher, un director de Hollywood presionado por la mafia y el Cowboy, un personaje misterioso y pasajero; de hecho, solo aparece en esa escena, que no dura más de 2 minutos, y luego, casi al final de la película, cuando se interpone entre el espectador y la cámara por casi un segundo y medio, caminando desde la izquierda hacia la derecha de la habitación que está siendo filmada, y cuya corta duración toma proporciones espeluznantes, horas más tarde, cuando la reflexión no nos dá tregua y nos obliga a pasar de un lado a otro de la cama sin

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poder cerrar los ojos y (por fin!) encontrar el sueño y dejar de pensar en la maldita película. Al fin y al cabo es solo eso, unos cuantos metros de celuloide fácilmente inflamable. Pero aún de la boca de un personaje tan secundario como él, ese diálogo es una de las (tantas) piezas que debemos ir recolectando para armar el rompecabezas que Lynch nos presenta en los 180 minutos de una magistral experiencia cinematográfica. Mi primera impresión, mientras leía los créditos de cierre, fue: La película asombra por su claridad, siendo al mismo tiempo altamente desconcertante, sin decidirse por un ritmo determinado; a veces extremadamente lenta, con planos fijos, inamovibles; otras extremadamente acelerada, con una cámara ebria; alienante, sin coherencia temporal o física, pero con algunas escenas realmente brillantes, que podría ver una y otra vez sin que desaparezca esa sensación de que estoy viendo uno de los mejores productos que puede dar el cine. Un producto altamente surrealista y de una profunda simbología; pero brillante. Detallista y perfeccionista al máximo, Lynch nos obliga a ver la película por segunda y por tercera vez y entonces sí, después de dos días y dos noches, después de haber abandonado las tareas habituales como ir a trabajar, comer o dormir la siesta, después de haber visto la misma película por cuarta vez consecutiva, después de haber estado más de 60 horas sin poder pensar en otra cosa (¿Quién entiende a Lynch? ¿Cómo pudo gustarme tanto si no lo entiendo? ¿Es que realmente puedo ser tan snob?), lentamente, todo comienza a cerrar y a dar un sentido expresable en palabras. Por supuesto, no todo el mundo puede darse el lujo de dedicarse más de dos horas y media a una película, pero eso es sabiamente utilizado por Lynch, cuya intención expresa es alimentar la imaginación y, sobre todo, la intuición del espectador. Por eso no voy a tratar de explicar la película aquí (el mismo Lynch se niega rotundamente a dar cualquier tipo de explicación, por el motivo expresado más arriba), pero sí quiero recomendarla a todo aquel quien esté dispuesto a poner en funcionamiento su materia gris, a quien prefiera un

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poco de trabajo intelectual (y, por qué no, también emocional), a dos horas de simple entretenimiento. Limítese mi consejo a recomendar: verla más de una vez, prestar mucha atención a los detalles, discutirla con amigos, confiar en la intuición y aceptar que no todo es explicable (que puede haber muchas salidas para una misma encrucijada, o ninguna). En una palabra: Reflexionar. Y dejar de intentar ser un sabelotodo. Ficha Técnica: Producción: 2001 – USA / Francia Dirección: David Lynch Libro: David Lynch Banda Sonora: Angelo Badalamenti Elenco: Noami Watts, Laura Harring, Justin Theroux Duración: 147 minutos

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El final es construido en el principio 27/04/2009 - 23:16

“Te dirán que no hay destino; pero si lo hay: es el que tú has creado.” Creo que se puede resumir Synecdoche, New York (la mejor película que vi en lo que va del año y desde entonces parte de mi top ten) con esa frase, parte de un monólogo brillante casi al final y esencia del constructivismo que se respira a lo largo de todo el film, el debut como director del aclamado guionista Charlie Kaufman (de cuya pluma salieron “Being John Malkovich”, “Eternal Sunshine of the Spotless Mind”, “Adaptation”, etc.) Un guión exquisito y profundamente filosófico en combinación con una puesta en escena absolutamente impecable y un sonido simplemente hermoso (no solamente la banda sonora es perfecta; los efectos sonoros son sutiles pero de una exactitud rayana a lo lyncheano) hacen de esta película una verdadera obra de arte, cargada de inteligente humor, cuya primera media hora introductoria es realista, la hora central surrealista y la última media hora de una aglomeración y densidad lírica pocas veces vista, en donde la película experimenta un agudo y a la vez frágil aumento de tensión. La natural explosión que resuelve dicho suspense no es explícitamente violenta, aquí no llueven sapos como en Magnolia, ni hay tiros en la nuca como en American Beauty, pero no por ello deja de ser menos intensa: al monólogo que contiene la cita mencionada más arriba le sigue, durante una

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escena pacíficamente apocalíptica, un monólogo interior (y final) increíblemente lúcido, desgarrador, preciso; y que describe a la perfección la sinécdoque del film entero. Varios segundos de silencio luego de la culminación de un fundido en gris, justo antes de los títulos de cierre, nos dan el espacio suficiente para comenzar a reflexionar, dejar escapar una lágrima y sonreír en silencio. Vi la cinta el sábado pasado y me está pasando como con el primer visionado de Mulholland Drive: esta es una película que no me deja en paz, permanentemente estoy volviendo a ella, en cualquier momento: al levantarme, mientras trabajo, después de comer o en la oscuridad y el silencio que le precede al sueño: volviendo una y otra vez a ciertas escenas impecables, a ciertos diálogos implacables pero imprescindibles. Leí por ahí que la película vive del libro pero que el debut dirigente de Charlie Kaufman peca de principiante… nada más lejos de la verdad. De hecho una de las escenas más exquisitas del film está construida sobre un corte de menos de un segundo que sintetiza, o mejor dicho: reemplaza a, dos o tres horas de acción dramática (dos o tres horas que entendemos perfectamente y al instante, y nadie podrá convencerme de que ese no sea un mérito del director!) Desde la dirección y la edición, Kaufman logra que percibamos el paso del tiempo como lo hace el protagonista: confundiendo días con años, acción con reacción, causas con efectos. El tiempo de la película fluctúa orgánicamente, acelerando y desacelerando en un pulso casi respiratorio, sanguíneo. En resumen, “Synecdoche, New York”, es una comedia profundamente triste y certera, técnicamente impecable, de un Charlie Kaufman en su mejor forma y con un Philip Seymour Hoffman absolutamente conmovedor, como siempre. ¡No dejen de verla!

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Esto no es algo que puedas recordar 06/08/2007 - 01:13

“Pero todo esto no es algo que puedas recordar. Todos sufrimos de olvido… y yo soy la peor. ¡Oh! ¿Dónde estuve?” Inconsciente, inevitablemente busca uno paralelos entre INLAND EMPIRE, la última, y Mulholland Drive, la anterior película del genial director David Lynch. Los paralelos son pocos, haciendo la salvedad de que ambas películas son producto de la misma mente enferma1. Si en Mulholland Drive el desarrollo de los personajes es paulatino y confuso, en INLAND EMPIRE es precipitado y decididamente incomprensible; si aquella nos presenta dos grandes planos narrativos, ésta nos atropella con varias complejas dimensiones simultáneas e interconectadas; si la primera nos pareció larga, la segunda nos resultará interminable. Lynch trabaja para un público adulto, capaz de ejercer su derecho al raciocinio y su derecho a la emoción por partes iguales, plantea interrogantes que sabe que podremos resolver por nosotros mismos y acepta nuestras conclusiones y 1 dicho esto con el debido respeto y la más profunda admiración: una

persona en su sano juicio es incapaz de hacer el cine que Lynch nos ofrece. Por suerte, su juicio no es aquel que pueda considerarse ‘normal’

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nuestros sentimientos, sean éstos cuales fueran; es decir: respeta nuestra libertad e individualidad. No nos teme y por eso no se molesta en explicar nada. Sus películas son difíciles, pero solo un poco: sucede que estamos demasiado maleducados en la explicitud2. Entonces, no todo lo que aparenta ser una inconexa sucesión de imágenes es realmente una inconexa sucesión de imágenes. El Imperio Interior de Lynch es el más interno de todos, en donde conviven nuestra memoria, nuestros sueños, nuestros demonios y nuestros deseos. Un imperio surrealista pero naturalista, que ocurre por debajo de la realidad y sin embargo es parte de ella. Y constructivista, en el cual la percepción es recipiente de su propia creación, un imperio simbólico y explícito, individual y colectivo a la vez. Para entrar al imperio, debemos ir desarmados: desarmados del vicio de la explicitud, desarmados de la distorsión de la memoria, desarmados hasta de la comprensión del lenguaje: por eso la imagen es borrosa y pálida, sin dar explicaciones; por eso las dimensiones son muchas y muy complejas, sin que las podamos recordar; por eso una gran parte de los diálogos están en polaco y sin subtítulos. Entramos al imperio confundidos y cansados, sin voluntad para la discusión, pero con la percepción agudizada: la única manera de construir el Imperio Interior que Lynch nos está mostrando. INLAND EMPIRE es un alucinógeno que se mira; THC sin cannabis. Y a la vez, es un pesadísimo paquete de detalles, una genial composición rompe-cabezas, como demuestra la inscripción, a primera vista críptica, “AXX°NN ——->“, que podemos

2 Cuando el MainStream nos muestra por ejemplo un accidente de

tránsito, siempre hay un transeúnte que pregunta “¿Qué ha pasado aquí?” y otro que contesta (y nos informa): “Un choque.”, como si la imagen no bastara, como si ese diálogo no fuera profundamente absurdo. Tan acostumbrados estamos a la sobre-explicación de todo, que hay que hacer un esfuerzo para reparar en estupideces así. ¡Cómo Lynch no va a parecer ‘difícil’!

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ver, siempre escrita con tiza blanca, insistentemente, marcando la entrada a los portales interdimensionales del universo lyncheano, los innumerables túneles que nos transportan de una percepción y de una realidad a otra. INLAND EMPIRE es una película para ver en soledad y construir en compañía. No se la pierdan. Ficha Técnica: Producción: David Lynch, Mary Sweeney, Jeremy Alter, Laura Dern, USA/2006 Dirección: David Lynch Edición: David Lynch Libro: David Lynch Banda Sonora: David Lynch Elenco: Laura Dern, Jeremy Irons, Justin Theroux, Julia Ormond, Bellina Logan, Jan Hench Duración: 172 minutos

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Un gran Lebowski y otro aún mayor 02/08/2007 - 23:50

Una góndola de supermercado, desierta y bañada en luz de neón. La escena transcurre en el interior de un local; sin embargo, no puedo evitar la sensación de que nos encontramos al atardecer o al amanecer, pero ni de noche ni de día. Jeff Lewobski, despeinado y desaliñado, vestido con pantalones pijama, una T-Shirt con la que parece haber dormido, por encima una bata, alpargatas y anteojos de sol, se acerca a una de las góndolas, toma un tetra-pack de leche, lo abre, lo huele, bebe un sorbo (La leche, nos enteraremos con el transcurso de la película, es un ingrediente importante de su principal fuente de alimentación, el White Russian). Los bigotes de su frondosa barba candado se tiñen de un blanco que él no se preocupa en limpiar. Se acerca a la caja y paga los sesenta y nueve centavos… con un cheque. Ignora la expresión de aburrido asombro de la cajera. Títulos. El Gran Lebowski no es él, él es El Dude. Bajo el mismo cielo de la ciudad de Los Angeles, existe otro Jeff Lebowski, un millonario local venido a menos pero que no se resigna a perder su status de Señor Burns, y que todavía puede mantener a un Smithers a su lado. Dicha casualidad es el origen de una serie de confusiones que arrancarán al Dude de la apreciada monotonía que forma parte de su rutina; secretarios lamebotas, alemanes nihilistas, productores y

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estrellas de cine porno, mafiosos postmodernos, una artista plástica políglota y vaginal, un violento excombatiente de Vietnam judío (que nunca estuvo en Vietnam ni es judío), un adolescente que roba autos por puro aburrimiento, un narrador omnipresente y enigmático, un detective privado incapaz de resolver un solo caso, un jugador de bowling pedófilo, policías amables, policías fascistas, hippies pacifistas y Saddam Hussein son algunos de los personajes que se ven envueltos en una historia que gira en torno al Dude y que rompe inesperadamente con las costumbres de una vida dedicada al bowling, al white russian, a la marihuana y a la tranquilidad en cualquiera de sus formas. El Gran Lebowski es eso: una comedia de enredos. Pero con una profundidad inesperada y melancólica, una pulida estética visual, diálogos impecables, un humor inteligente y una detallada elaboración de los personajes; en una palabra: una excelente dirección. Cómo si esto fuera poco, la fotografía, la producción y sobre todo, la banda sonora son sencillamente deliciosas. Ésta es una de esas películas en las que todo encaja, en donde al querer analizar su composición es muy difícil definir la línea que separa el esfuerzo del talento, pero en la que se evidencia una enorme dosis de ambas cosas. Una película que, sin ser imprescindible, es como todas las de los hermanos Coen: inteligente y bella, con una narración en donde paulatinamente se mezclan la realidad y el sueño y en la cual lo plausible puede ser bizarro, pero lo bizarro nunca llega a convertirse en absurdo. ¿Podemos pedir mucho más?

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Ficha T茅cnica: Producci贸n: Ethan Coen, 1998, USA / UK Direcci贸n: Joel Coen Libro: Ethan & Joel Coen Banda Sonora: Carter Burwell Elenco: Jeff Bridges, John Goodman, Steve Buscemi, Philip Seymour Hoffmann, John Turturro Duraci贸n: 112 minutos

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CIENCIA .construyendo el mundo

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Una breve aproximación al constructivismo 09/11/2009 – 00:20

“Es la teoría la que determina lo que podemos observar.” Albert Einstein En la entrada anterior subí una serie de citas del libro “La realidad inventada“, del psiquiatra austríaco Paul Watzlawick, uno de los exponentes más importantes del constructivismo de los últimos treinta años. Con este artículo quiero dar comienzo a una serie sobre constructivismo1 que, como indica el título, de ningún modo excederá los límites de una breve aproximación. Para los insaciables, finalizaré cada entrega con una lista de bibliografía. Introducción Una de las dificultades mayores al intentar explicar el constructivismo es que su aparato terminológico (como el de cualquier teoría de cualquier ciencia blanda) es “difuso” para 1 Al cierre de esta edición, la serie de artículos sobre constructivismo publicados en www.jupixweb.de se compone como sigue: 1. Introducción y Puntos de Partida / 2. La realidad de los medios / 3. Consideraciones sistémicas y epistemológicas / 4. La clausura operacional de los sistemas / 5. La concordancia ideológica o la negación de la realidad.

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quienes no están familiarizados con ella: palabras que en el lenguaje coloquial tienen un significado más o menos preciso, dentro de la teoría tienen otro significado, generalmente más preciso pero por sobre todas las cosas: diferente de su acepción común2. Cuando decimos “comunicación”, “realidad”, “mundo”, “percepción”, “conciencia” y tantos otros términos, su significado rara vez es el mismo fuera del contexto teórico constructivista. Esta no es una dificultad menor, ya que es justamente es esta ambigüedad (o para ser más exactos: la falta de profundidad comprensiva de esta ambigüedad) la culpable de un malentendido muy común y que consiste en confundir al constructivismo con un relativismo irreflexivo y de matices antinaturalistas. La gran confusión El eje fundamental del constructivismo no gira en torno a una ontología de la realidad, sino sobre cómo los animales percibimos esa realidad, y cuáles son los mecanismos que tenemos para interpretarla, o sea: que hacemos con dicha percepción y sus limitaciones; y al mismo tiempo propone que mediante ese proceso de observación, percepción e interpretación, la realidad es construida por nosotros. El planteo va un poco más allá y pareciera negar cualquier tipo de “realidad ontológica”; pero esto no tiene nada que ver con un místico antagonismo del naturalismo; el constructivismo habla desde la filosofía, la psicología y la sociología; no pretende ser una ciencia natural y se mueve solo dentro de los límites de la teoría, que es una teoría del pensamiento3. En 2 Aquí no estoy diciendo nada nuevo: este inconveniente no es inherente solo a una determinada disciplina. La existencia de los “Diccionarios de Filosofía” es una tradicional y acabada muestra de ello

3 Si bien los padres del constructivismo moderno, los chilenos Humberto Maturana su discípulo Francisco Varela, hayan sido biólogos y hayan desarrollado su teoría desde la biología, ésta es más que nada una cita del constructivismo para hacer una descripción del

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este sentido, la conciencia es “pensamiento” y el pensamiento es “realidad”; por lo tanto, la realidad no contiene nada que esté fuera de aquel4. Lo que niega la teoría no es “la realidad”; sino “objetividad” en nuestra capacidad de observación, percepción y compresión, y muestra una serie de limitaciones biológicas, psicológicas y sociales que no podemos superar ni con voluntad ni con método. Ahora bien: dentro de nuestras limitaciones (o más precisamente: debido a ellas), estamos permanentemente interpretando las observaciones que hacemos de nuestro medio ambiente y aquello que percibimos de él. Ésta no es una interpretación consciente: aquí interpretar es parte de los procesos de observación y percepción; porque nuestra capacidad para observar y percibir es limitada; está condicionada por nuestros sentidos y por nuestros aparatos biológico y psíquico. Así, el mundo se nos presenta de una forma que está determinada por nuestras limitaciones y no “tal cual es”. Para nombrar solamente dos, voy a dar a continuación un ejemplo biológico y otro evolutivo-psicológico de dicho condicionamiento. Los límites de la realidad El punto ciego: Uno de los experimentos más usuales al hablar de constructivismo es uno que cualquiera de nosotros puede experimentar fácilmente para entender cabalmente y sostén biológico de la conciencia. (No en vano su trabajo es denominado “Biología Filosófica”). El resto de las aparentes intromisiones constructivistas dentro de las ciencias naturales no es tal, aunque así parezca. La “Física constructivista” o la “Matemática constructivista” no son teorías físicas o matemáticas; son, más que nada, digresiones epistemológicas sobre física o matemática 4 Para ser más exactos: la “realidad de los seres humanos”: cuando decimos “realidad” nos referimos únicamente a nuestra realidad

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“en carne propia” los límites biológicos de nuestra percepción. El denominado “punto ciego” de la visión humana es un fenómeno doblemente interesante: por un lado ejemplifica una limitación biológica, pero por el otro, más interesante aún, prueba que nuestras limitaciones permanecen ocultas a nuestra percepción. Pruébelo usted mismo: a. Tápese el ojo izquierdo. b. Acérquese a la página y fije la estrella a la izquierda de la imagen (Fig. 1) con la vista de su ojo libre. c. Aléjese paulatinamente del libro. d. Alcanzada una determinada distancia (más o menos 35cm.) el círculo de la derecha desaparecerá.

Fig. 1

La explicación de éste fenómeno es simple, pero no viene al caso. Más interesante que la estructura biológica de nuestro aparato visual es el hecho de que nuestro cerebro nos oculta una carencia informativa; al hacer la prueba, nuestra percepción no es la de un hueco o una mancha negra en el campo visual: nuestro cerebro completa un faltante con información del contexto: no percibimos la falta perceptiva, y así como ésta, todas nuestras limitaciones permanecen, para nosotros, siempre invisibles5.

5 Es en éste fenómeno en el cual se basan todas las ilusiones ópticas, que en vista de lo cual deberían llamarse ilusiones mentales: por ejemplo, en la imagen de la página siguiente (Fig. 2), el casillero “A” tiene exactamente el mismo color que el casillero “B”; sin embargo, nuestro cerebro interpreta la información del contexto y nos hace percibir la realidad no como realmente es, sino como mejor es interpretada por nuestra estructura psíquica

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El principio de causalidad y el principio de concordancia ideológica: Las interferencias psicológicas sobre nuestra forma de construir la realidad poseen implicaciones aún más espeluznantes. Debido a mecanismos propios de la evolución, los animales hemos desarrollado la necesidad de establecer relaciones causales entre los sucesos que ocurren a nuestro alrededor. Esto no es de ningún modo sorprendente; establecer patrones y determinar causas es la base del aprendizaje; y los animales necesitan aprender para adaptarse y para sobrevivir.

Fig. 2

El problema radica en que, basándonos en la observación y en la experiencia personal (y no existe otra forma de aprender), no solo carecemos de la capacidad para discernir si una cadena aparentemente causal es verdadera o no, sino que también, una vez reconocido un patrón cualquiera (una vez habiendo creído reconocerlo) es muy difícil que modifiquemos nuestra convicción sobre la veracidad de ese patrón o cadena causal. En las palabras de Paul Watzlawick, éste mecanismo “...se basa en la terca insistencia en adaptaciones y soluciones que alguna vez fueron lo suficientemente exitosas o quizás las únicas posibles. El único problema con este tipo de adaptaciones a las circunstancias dadas, es que éstas cambian con el tiempo.

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Por un lado es cierto que ningún ser vivo puede interactuar con su entorno sin ningún tipo de método, es decir: hoy de una forma y mañana de otra completamente diferente. La necesidad vital de adaptación conduce inevitablemente a la cristalización de determinados patrones de conducta, cuyo objetivo ideal sería garantizar la supervivencia. Pero por razones todavía incomprensibles para los etólogos, tanto los animales como los seres humanos tienden a considerar a las adaptaciones exitosas como las por siempre únicas posibles. Esto produce una ceguera doble: por un lado, con el hecho de que con el correr del tiempo la solución en cuestión deja de ser la mejor, y por el otro con el hecho de que siempre existieron otras soluciones además de la “solución ideal” o, por lo menos, que las hay ahora.” (Watzlawick, Paul: “La realidad inventada”, pág. 88s.,Gedisa, 1994) Muy ligado al principio de causalidad está el principio de concordancia ideológica: así como necesitamos encontrar una causa para cada fenómeno, también necesitamos que dichas causas se encuentren en concordancia con nuestro sistema de creencias. Nuestro sistema de creencias y convicciones es tan sólido como nuestros patrones de conducta; y aunque comúnmente todos estemos apresuradamente de acuerdo en que somos seres racionales que basamos nuestras convicciones en la observación, en realidad sucede todo lo contrario: lo que hacemos, día tras día, es elaborar observaciones (o sea: construir nuestro mundo) en base a nuestras convicciones. Numerosos estudios han demostrado que los seres humanos tendemos a modificar nuestras observaciones para que concuerden con nuestras convicciones – y no al revés. Este mecanismo no requiere deshonestidad intelectual ni es algo que podamos revertir con voluntad: lo único que podemos hacer es ser conscientes de ello6.

6 En este sentido, la ciencia es el único método de observación que es consciente de esta limitación. El contexto de un análisis epistemológico es el marco ideal para el desarrollo del constructivismo: hay una innumerable cantidad de ejemplos en donde la comunicación científica es perfectamente consciente de su

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Siendo ciegos por naturaleza a la ontología de las cosas, construyendo causalidades en donde solo hay azar, inventando explicaciones arbitrarias para los fenómenos que nos rodean y luego creyendo en esas explicaciones como si fueran una verdad ajena a nosotros7, estamos construyendo la realidad, inquebrantable e ininterrumpidamente, a cada instante y sin percatarnos de ello. La realidad de los objetos Cuando decimos que la realidad es una construcción, en el fondo estamos haciendo una diferencia entre materia y objetos. Por ejemplo, el objeto representado en la fig. 3 puede ser una taza o un florero. Es materia (eso es la realidad ontológica: partículas subatómicas que organizan la materia), pero para que sea un objeto tiene que haber un sujeto que lo construya: los objetos no existen ontológicamente en la realidad, los objetos (tengan éstos un soporte material o no) son construcciones humanas. Por un lado son construcciones sociales, o sea: símbolos cuya significación es compartida por un grupo; pero también son construidos de manera individual

propia falibilidad e imprecisión. Por ejemplo: ni la física cuántica ni la relativista reflejan la realidad tal cual es: son modelos más o menos productivos (es decir, válidos) que se usan para describir las diferentes fuerzas de la naturaleza por separado. Esto no los hace falaces, porque por ahora son las únicas herramientas con las que contamos para observar y describir el universo. Pero si algún día se encontrara la tan buscada fórmula del todo y la gravedad, el electromagnetismo, la fuerza nuclear débil y la fuerza nuclear fuerte fueran descriptos con mayor precisión por ella, la relatividad y la mecánica cuántica serían descartadas en el acto por la ciencia, dejarían de ser válidas y por lo tanto, veraces. Esto no solo no es “malo” para la ciencia; esto es muy positivo, ya que es el mecanismo por el cual el hombre puede acercarse a la “realidad ontológica” lo más posible… sin llegar a abarcarla nunca 7 Porque necesitamos tener la ilusión de la comprensión, y este punto es sumamente interesante, porque nuestro aparato psíquico necesita creer que comprende, y no comprender realmente.

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por cada uno de nosotros: hasta cuando dos personas estén de acuerdo en que el objeto de la foto es un florero, y aunque estén de acuerdo en que es un florero azul, de cerámica, con bordes y líneas doradas e interior blanco y de tales dimensiones; o sea, al haber logrado un nivel Fig. 3 comunicacional tan alto que les permita superar (a los efectos de la comunicación) las barreras biológicas y psicológicas que enumeré más arriba: ese florero no es el mismo objeto para las dos personas. Aunque tenga el mismo nombre y ambas hayan hecho el pacto tácito de hacer como si estuvieran hablando de lo mismo: nunca están refiriéndose a lo mismo por el simple hecho de que sus conciencias no son idénticas, quizás una le tenga fobia al azul o la otra deteste el dorado y le recuerde inconscientemente algún mal momento; quizás una de ellas le tenga especial aprecio por tratarse de un objeto pasado de generación en generación… o cualquier otra cosa. Si bien la materia es el sostén físico de la realidad, no juega ningún papel a los efectos de nuestra relación con ella; nuestra realidad no es una realidad de protones, neutrones y átomos: es una realidad de objetos y de significados, construida por el lenguaje y por el pensamiento de cada individuo, que a su vez, está condicionado por nuestra evolución, nuestra psiquis y nuestra tecnología8.

8 Por eso es humanamente imposible compartir realmente una

sensación o una idea o cualquier otra cosa con nadie. Si la comunicación funciona, es solo porque nuestro lenguaje perdona errores de comprensión de manera muy generosa, porque nos manejamos con ideas y conceptos sumamente difusos, que pueden integrarse de manera absolutamente plástica y flexible a nuestra conciencia. Lo que comúnmente hacemos cuando decimos que compartimos una emoción o una idea es, simplemente, postular taxativamente la igualdad de dos experiencias diferentes.

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Con las palabras de Ernst von Glasersfeld, “Un albañil que trabaje solamente con ladrillos, tarde o temprano llegará a la conclusión que todas las puertas y ventanas deben tener un arco que soporte la construcción superior. Si el albañil entonces cree haber descubierto una ley absoluta sobre el mundo, estará tan equivocado como estuvo equivocado Kant cuando creyó que toda la geometría debía ser euclidiana. Aquello que elijamos como piezas de construcción, sean ladrillos o elementos euclidianos, inevitablemente, define límites, que solo experimentamos desde “adentro”, desde la perspectiva de los ladrillos o desde la perspectiva euclidiana. “Las barreras del mundo contra las cuales fracasan nuestros emprendimientos permanecen, para nosotros, siempre invisibles. “Todo lo que vivimos y experimentamos, conocemos y sabemos, está indefectiblemente construido con nuestras propias piezas y solo puede explicarse desde nuestra propia forma de construirlo” (Op.Cit.,p.35s.) 5. Bibliografía básica: introducciones y puntos de partida Maturana, H. y Varela, F.: “El árbol del conocimiento: las bases biológicas del conocimiento humano” Luhmann, Niklas: “Sistemas Sociales: Lineamientos para una teoría general” Watzlawick, Paul: “La realidad inventada“ y “El Arte de amargarse la Vida”

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Las Supercuerdas y el encanto de lo incomprensible 16/06/2007 - 19:17

Sin duda alguna, una de las formas más interesantes y productivas de usar internet, (a pesar de los blogs, a pesar de YouTube, a pesar de MySpace y de la Wikipedia; o sea: a pesar de la Web 2.0)1 sigue siendo “navegar” en el sentido clásico del término: poner el piloto automático de lectura, saltar de un link a otro, ser ágiles, no perder el tiempo con estupideces y detenerse sólo en aquello que realmente nos interesa. Este es un muy buen sistema para separar el trigo de la paja, lo que se ha tornado absolutamente necesario debido al volumen inconmensurable de información, por suerte descontrolada, que escupe la Red minuto a minuto. Hace unos días, en uno de mis tantos momentos de navegación, hubo algo que llamó la atención a alguna parte de mi cerebro, que desconectó el piloto automático que traía

1 Edit del 04/04/2011: Este artículo data de mediados del 2007. En aquel momento comenzaba a surgir la “Web 2.0″, pero nótese que en lugar de Facebook, el ejemplo de Red Social era MySpace. Encuentro curioso que hoy, casi cuatro años más tarde, éste siga siendo el post más visitado de este sitio (según GoogleAnalytics, una herramienta fundamental para la administración de la Red 2.0 y en mi opinión, impulsor de innumerables nuevos sitios) y que haya sido un usuario de Facebook, Francisco Javier, quién me haya hecho notar la falta del cuatro capítulo de la serie. Lo agrego entonces (Véase nota al pie n°20), no sin antes agradecer a Francisco por el dato.

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puesto y me obligó a prestarle atención a un texto, en donde el autor especula sobre los viajes en el tiempo y la serie Héroes, y en donde pueden encontrarse tres capítulos de una serie de divulgación científica que presenta la Teoría de Supercuerdas, una teoría físico-matemática, todavía de carácter experimental (ya que no ha podido ser comprobada empíricamente), pero profundamente compleja e interesantísima. A grandes rasgos, el problema fundamental de la física moderna es que no ha logrado presentar un modelo teórico que explique satisfactoriamente el comportamiento de la materia y de las cuatro fuerzas fundamentales que rigen nuestro universo: la gravedad, el electromagnetismo, la fuerza nuclear débil y la fuerza nuclear fuerte. Las últimas tres están descriptas por la mecánica cuántica, mientras que la gravedad es explicada por la relatividad; si bien ambas teorías funcionan perfectamente cuando se aplican por sí solas, fallan los intentos de hacer una descripción general y simultánea de todas las fuerzas fundamentales. En otras palabras: la ciencia necesita de una explicación cuántica de la gravedad para poder describir cabalmente al universo. A la búsqueda de esta “Teoría del Todo” está abocada desde hace casi cien años, desde los infructuosos intentos de Einstein por encontrar la “Ecuación Maestra” hasta la “Teoría M”, desarrollada a mediados de los años ’90. Aquí es donde entra la Teoría de Supercuerdas, según la cual, la materia y la energía estarían formadas, no ya por partículas subatómicas, quarks, electrones, fotones o gravitones, sino por partículas aún más pequeñas, delicadas cuerdas vibrantes, que serían los componentes primarios del universo. Estas cuerdas vibrarían a diferentes frecuencias, y el tipo de vibración de las cuerdas definiría el tipo de partícula que compongan. Para existir, las cuerdas requerirían al menos de once dimensiones: las cuatro conocidas por nosotros y como mínimo siete dimensiones más, que somos incapaces de percibir. Así, nuestro universo estaría dentro de una gran “membrana”, que sería parte de un espacio multidimensional aún mayor. Dentro de este marco, los gravitones estarían

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formados por cuerdas “circulares” (a diferencia de las demás partículas, cuyos extremos estarían “pegados” a nuestra membrana y, por lo tanto, prisioneros de ella), y así, serían las únicas partículas capaces de “saltar” entre una membrana y otra. Esto explicaría la diferencia entre la gravedad y las demás fuerzas y sería la tan buscada teoría del todo, capaz de explicar desde el Big-Bang hasta los agujeros negros, desde el comportamiento cuántico de la materia hasta el movimiento de las galaxias. Es un tema apasionante, complejo y nada fácil, y que no tiene que ser empíricamente cierto para poseer ese encanto tan especial que produce la comprensión de lo (a primeras luces) incomprensible. Si quieren empezar, no se dejen amedrentar por el aura metafísica de lo que expuse hasta ahora, mantengan la mente abierta y comiencen con la Wikipedia o, viendo la serie a la que me referí más arriba… que si bien no es gran cosa, ni un ejemplo de divulgación científica ni mucho menos, el tema es tan interesante que como introducción está muy bien. Aquí la dejo, doblada al español (peninsular)2. Para profundizar, pongan Google, prepárense un termo de café y activen el piloto automático de lectura.

2 Contenido multimedia disponible en www.jupixweb.de

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.futurologĂ­a

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La Gran Singularidad del futuro que viene 19/11/2010 - 18:57

Una entrevista de Eduard Punset a Raymond Kurzweil “Raymond Kurzweil comprende como nadie que el futuro es la fusión entre nuestra biología y la tecnología. Estamos fusionando la capacidad biológica del cerebro para reconocer distintas estructuras y para administrar “en cascada” y en paralelo procesos distintos, con la capacidad casi infinita de las máquinas para rememorar, para archivar datos. Esta es la gran singularidad del futuro que viene.” Eduard Punset Hace ya muchos años que leí The Age of Spiritual Machines, de Raymond Kurzweil, un atrapante intento por predecir el devenir de la evolución tecnológica de la especie humana. Nada de lo allí expuesto me resultó descabellado; desde la previsible desaparición de las memorias rotativas (CD-ROM, DVD-ROM, etc.) durante la segunda década del siglo XXI hasta el devenimiento de una sociedad futura en donde los individuos sean nada más (¡y nada menos!) que información compartida1, pasando por los Nanobots, los Cyborgs, la Realidad 1 Es decir: la metamorfosis del hombre en otra especie, distinta, en donde nuestros espíritus vivan eterna e inmortalmente dentro de una mátrix computarizada (una menos maléfica que aquella surgida de la imaginación de los hermanos Wachowski)

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Virtual o las Redes Neuronales, las ideas de Kurzweil resultan imaginables, esperanzadoras y sobre todo: factibles. Quizás solo la cronología propuesta sea algo osada, pero los planteos de fondo son sumamente atractivos. Hoy, casi diez años más tarde, me vuelvo a encontrar con Kurzweil en un programa de Redes para la ciencia, en donde Eduard Punset entrevista al inventor y filósofo norteamericano, también autor de su más reciente The Singularity is Near. En pocas palabras, la singularidad es ese momento evolutivo en donde la complejidad tecnológica alcanzará la masa crítica necesaria como para dar el gran salto y lanzarnos a nuestra próxima etapa evolutiva, que no será biológica sino tecnológica y que nos convertirá en otra especie. Movido por el recuerdo, desempolvé aquel libro para releer la Timeline de Kurzweil: produce escalofríos hacer una comparación de la primera década real del siglo XXI con la imaginada por él. De todos modos, poco importa si sus predicciones se corresponden con la realidad o no; el trabajo de Kurzweil es mucho más profundo que sus intentos por predecir la evolución tecnológica; y va mucho más allá de solo pretender ser una especie de Ley de Moore sumamente detallada; pues a esa evolución está irremediablemente ligada la evolución social, antropológica, biológica y espiritual de nuestra especie. Además, pocos autores son tan eficaces en su función de disparadores de la reflexión sobre la naturaleza de la realidad y sobre la naturaleza de la inteligencia, lo cual convierte a lo que a primera vista parecía solo una especie de osada conjetura de ciencia ficción en dura, avasallante e imprescindible filosofía. El episodio de Redes para la Ciencia disponible al final de este texto2 intercala fragmentos de la entrevista mencionada más 2 Contenido multimedia disponible en www.jupixweb.de

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arriba con la dramatización de un diálogo -ficcional- entre el espectador y un habitante del planeta tierra del futuro, en donde se desarrollan de forma muy pedagógica y resumida las principales hipótesis de Kurzweil. En un momento, nuestro yo del futuro nos sorprende con una frase que ilustra de manera ejemplar el componente filosófico que señalé antes y con la que quiero cerrar, no sin antes insistir en que se tomen viente minutos para ver el programa, unos días para leer algo de Kurzweil… y el resto de sus vidas en reflexionar sobre el tema. “Quizás no quieras oír lo que te voy a decir, pero lo que tu experimentas no es la realidad. Lo que tu experimentas es una reconstrucción de la realidad hecha por tu cerebro. Lo que tocas, lo que ves, lo que hueles, lo que sientes… son todas reconstrucciones de tu cerebro. ¿Qué más da si esto sucede en un ordenador o en un cerebro biológico? ¡No hay ninguna diferencia!”

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Estudios sobre la sociedad próxima 07/06/2011 - 21:47

“Detrás del discurso de la sociedad próxima se esconde mucho más que un título provisional. Nos encontramos aquí nada menos con la suposición de que la introducción del ordenador tendrá consecuencias tan dramáticas para la sociedad como antes lo tuvieron la introducción del lenguaje, la introducción de la escritura y la introducción de la imprenta. La introducción del lenguaje constituyó la sociedad de tribus, la introducción de la escritura constituyó la Grecia antigua, la introducción de la imprenta constituyó la modernidad y la introducción del ordenador constituirá la sociedad próxima. Cada nuevo medio de difusión enfrenta a la sociedad con nuevas posibilidades de comunicación y con otras que se han vuelto obsoletas, para cuya manipulación selectiva ya no bastan ni las estructuras y ni la cultura actuales de la sociedad. Por eso, la introducción de cada nuevo medio de difusión debe conducir a un remodelamiento de esas estructuras y de esa cultura si quiere establecerse como posibilidad en un frente amplio; de lo contrario, el nuevo medio estará limitado solo a una forma de utilización periférica.” Con esas palabras, Dirk Baecker comienza el prólogo de su libro “Estudios sobre la sociedad próxima”1 que mencioné aquí hace casi exactamente un año. Según su análisis, el ordenador es un nuevo medio de difusión y, como tal, dará lugar a una

1 Baecker, Dirk. “Studien zur nächsten Gesellschaft”, Suhrkamp, Framkfurt a.M., 2007

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nueva era, a un cambio radical en el funcionamiento de la sociedad, comparable a la revolución que implicó la invención de la escritura o de la imprenta. La sociedad próxima “…será una sociedad que habrá superado tanto el antiguo orden feudal de la tradición como la diferenciación funcional de la modernidad. Por supuesto, seguirán existiendo las desigualdades y los estratos sociales. Y seguiremos diferenciando entre el accionar económico, político, religioso, científico, educativo, artístico, judicial y familiar. Pero al mismo tiempo, esas muestras se convertirán en los elementos de una forma de autoorganización social que permitirá un nivel de variabilidad mucho mayor al que estamos acostumbrados, tanto a nivel micrológico como macrológico.”2 Baecker vaticina así el fin de la sociedad de sistemas y de los sistemas sociales. En su lugar aparecerán redes heterogéneas carentes de todo sentido preestablecido, sumidas en un orden temporal y ecológico que habrá desplazado al orden social del status y la jerarquía y al orden material del estado de cosas y sus funciones; un orden caracterizado “por la sucesibilidad de todos los procesos y que definirá a cada suceso individual como un ‘siguiente paso’ en un terreno fundamentalmente inseguro.”3 Así, la inseguridad será el elemento constituyente de la sociedad próxima, el “modus” de sí misma, y la capacidad de enfrentarla, su capacidad fundamental: la sociedad deberá despedirse de las estructuras sociales homogéneas a las que está acostumbrada y prepararse para que en su lugar aparezcan clusters, redes heterogéneas complejas e incomprensibles; la sociedad, en palabras del propio Baecker, “…deberá aceptar una complejidad con la que deberá buscar el encuentro, pero sin poder esperar comprensión.”4

2 Íbid., pp. 21 s. 3 Íbid., pp. 8 s. 4 Véase www.jupixweb.de/2010/06/09/el-formateo-del-hombre

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La morfología del cambio está signada por la figura del ordenador como ente comunicador: el planteo fundamental de Baecker es que la sociedad está comenzando a hacer partícipes a los ordenadores del proceso de comunicación, y que en este proceso las máquinas, aunque todavía no cuenten con nada parecido a la conciencia o a la inteligencia, tienen dos características fundamentales: primero, una enorme capacidad para recordar, es decir: para almacenar y gestionar grandes cantidades de información, a escala global y a la velocidad de la luz; segundo, una capacidad comunicativa de facto que surge naturalmente del primer punto y que crea una instancia comunicacional de consecuencias aún inimaginables, aunque hoy ya perceptibles: “…nos enfrentamos a una instancia mucho más dramática, el “ordenador”, que a su vez está tan acoplado estructuralmente a la comunicación como hasta ahora solo lo había estado la conciencia. El ordenador “se comunica” al utilizar algoritmos (en la gestión de las bases de datos, en las máquinas de búsqueda, en la visualización de los sitios web, en los sistemas expertos de transacciones financieras, médicos o de ingeniería de soporte informático) que no entendemos ni conciente ni socialmente. Quiere decir que el ordenador se comunica, sin que podamos atribuirle “pensamiento” o “percepción”, como estamos acostumbrados a hacer con los seres humanos…”5 Si bien la aparición de esta instancia comunicacional es muy reciente, mucho es lo que podemos aprender de quienes, para Baecker, son los pioneros de la sociedad próxima; por ello es que debemos prestar especial atención al trabajo de los corredores de bolsa, los médicos operarios de complejas máquinas de diagnóstico o soldados ultratecnologizados, cuya labor consiste en tomar decisiones en cuestión de segundos, apoyados por ordenadores que no entienden “ni conciente ni socialmente”, pero en los que deben poder confiar, los que manejan una cantidad de información inabarcable por el

5 Íbid., p. 38

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individuo en cuestión y los que, además, procesan y eligen esa información antes de mostrársela al ser humano. Existen innumerables indicios de que este fenómeno ya está ocurriendo y que no solo es el producto de una “mente académica desconectada del mundo real”, como muchos podrían tener la tentación de pensar: hace algunos meses, por ejemplo, el New York Times publicó un artículo sumamente interesante y que refiere exactamente a esta cuestión: In new military, data overload can be deadly6 En resumen, los “Estudios…” vislumbran una perspectiva teórica del desarrollo de la sociedad que, desde un análisis sitémico, aventura el fin de los sistemas, el fin de la teoría de sistemas y el fin de la modernidad. Lo que sigue es la sociedad próxima; y este libro bien puede leerse como el prólogo de la teoría próxima. Por ahora, el libro está disponible solo en idioma alemán; pero les he traducido el prólogo para quien se anime…7

6 http://www.nytimes.com/2011/01/17/technology/17brain.html 7 El archivo en cuestión está disponible en www.jupixweb.de

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AteĂ­smo

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Por qué no creo en Dios 20/05/2007 - 15:00

Índice Introducción Sistemas sociales La comunicación religiosa La comunicación científica La "fe en la ciencia" Los "argumentos racionales" a favor de la existencia de dios Filosofía: tres trampas (Pseudo-) Ciencia: creacionismo y diseño inteligente Tautología: palabra de dios Imparcialidad: agnosticismo Ética: El fundamento de la moral Inteligencia: "Dios no juega a los dados" Conclusión (por qué no creo en dios) Bibliografía y fuentes

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Introducción He caído, una vez más, en una trampa del lenguaje. Estrictamente hablando, el título de este artículo es incorrecto, ya que mi no-creencia no es tal: no creo en dios1 no porque me falte fe o porque haya elegido creer en otra cosa, en la ciencia, por ejemplo. O porque el no-creer sea comparable con el creer, como si un acto de fe fuera lo mismo que un acto de no-fe, como si existiera tal cosa como un „acto de no-fe“. Más que „falta de fe“, es un grado de certeza. Por eso, afirmar que no creo en dios es falaz: tengo la casi absoluta certeza2 de que dios no existe. Por otra parte, esta aclaración debería no ser necesaria; como todas las trampas del lenguaje, ésta también exige un interlocutor atento y leal: capaz de no caer en ella y noble para no dejar de entenderla como un resumen de lo expuesto más arriba. Capacidad y nobleza son cualidades (lamentablemente) no compartidas por todos los integrantes de este grupo3, he aquí el porqué de esta aclaración. 1

De aquí en más, ignoraré por completo y a conciencia la excepción a la regla ortográfica del idioma español que impone escribir todos aquellos sustantivos con mayúscula que pertenezcan a deidades o libros sagrados. 2

El "casi" es simplemente un tecnisismo propio del lenguaje racional indicado para explicar el ateísmo: ya que todo lo imaginable es posible, la certeza de que, por ejemplo, la humanidad no exista dentro de una matriz informática y que cada uno de nosotros sea, en lugar de un individuo biológico, un ente de información dentro de un superordenador cuántico que simula nuestro universo como parte de un experimento extraterrestre, es también "casi" absoluta. Por otra parte, esto no quiere decir que dicho tecnisismo deba o pueda ser tomado en serio; si todo lo imaginable es posible, nada es imposible, con lo cual esta discusión (y con ella, todas las demás) carecería de sentido. 3

Esta introducción (salvo algunas modificaciones) fué publicada por mí en el Newsgroup es.charla.religion. Es probable que el servidor de Google aún conserve una copia de la discusión original en http:// groups.google.de/group/es.charla.religion/browse_thread/thread/93 4884ee46ea849e

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Además, la imposibilidad de tener fe es una característica válida para cualquier postulado científico: no puede “creerse” en la teoría darwinista de la evolución, ni en la teoría de la relatividad, ni en la fuerza de la gravedad, ni en el principio de incertidumbre; estas son teorías más o menos aceptadas, más o menos plausibles, más o menos útiles, más o menos productivas y que están en mayor o menor concordancia con el resto de las teorías cuyo conjunto denominamos “ciencia”. En este sentido, la ciencia es un sustantivo adjetivizado, pues indica la utilización de un método muy específico y nada más. Ningún físico cree en el principio de incertidumbre de Heisenberg, ningún biólogo cree en la evolución Darwin y Wallace, ningún matemático cree en la conjetura de Poincaré4. Por el contrario, la dinámica interna de la producción del saber científico impulsa a los científicos de todo el mundo a controlarse, a exigirse y a competir entre sí, con lo cual cada teoría es desmenuzada y analizada hasta el cansancio por diferentes personas, expertas en el área, cuyo principal interés (además de, asumámoslo gratuitamente, la búsqueda de la verdad) es encontrar algún error en la teoría del colega/competidor. No hace falta decirlo, pero dentro de un esquema como el aquí expuesto, la fe sería lo más contraproducente que se pueda imaginar; de hecho, lo primero que se hace con cualquier teoría científica, como acabo de esbozar, es asumir una posición escéptica ante ella, si se quiere „no-creer“. Evidentemente, que muchos escépticos expertos (que no lo son porque el título les quede bonito, sino que se lo han ganado dedicando décadas de sus vidas a aprender el lenguaje de una disciplina científica y otros muchos años en profundizar el análisis sobre un problema específico), hayan tratado de invalidar una teoría sin conseguirlo y se pongan de acuerdo en la plausibilidad de la 4

He elegido adrede tres ejemplos distintos de lo que puede ser un postulado científico: un principio, una teoría y un problema, porque con ellos quiero ejemplificar la calidad metodológico-formal de la ciencia, común a todos sus enunciados.

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misma, no la convierte en verdad, pero convendrán conmigo que es uno de los mejores acercamientos posibles a ella. Así y todo, nunca nada es aceptado dogmáticamente: cuando la ciencia habla, siempre habla de mayores o menores grados de plausibilidad, que pueden fluctuar, invertirse o desaparecer, según los elementos de control internos (es decir: el autoexamen permanente) así lo indiquen. En el lenguaje de la ciencia, la plausibilidad, la productividad, la concordancia, la aceptación y hasta la validez son cualidades que siempre indican un punto en una escala; nunca son 100% ciertas o 100% falsas5. Es interesante cómo ésta, siendo una de las características más interesantes de la ciencia y el principal elemento constituyente de verdad con el que cuenta, sea, a su vez, uno de sus aparentes puntos débiles: el neófito es, por un lado, incapaz de discernir entre un grado alto de plausibilidad y uno bajo, y se encuentra permanentemente enfrentado con mensajes encontrados, con contradicciones aparentes que le hacen, ahora sí, perder su fe en la ciencia. Por el otro, ignorante y ciego, confunde corrección con imprecisión, precisión con altanería, audacia con aceptación, temeridad con conservadurismo y al fin, ciencia con pseudociencia. Dije que este es un aparente punto débil porque, a la ciencia, esto le tiene sin cuidado: el neófito no forma parte de su sistema ni participa de su comunicación; socialmente, el neófito es parte

5

¿Qué determina, entonces, que es ciencia y que no? ¿Cuál es la línea divisoria que separa la astronomía de la astrología, la química de la alquimia, la física de la metafísica, el evolucionismo darwinista del creacionismo bíblico, la matemática de la numerología y esa lista enorme de etcéteras con la que podríamos llenar voluminosos tomos de incontables páginas? La respuesta es simple: el método científico. Por eso, éste es tan importante y por eso la ciencia se distingue de la filosofía, de la religión y de la pseudociencia, no tanto por lo que diga, sino por la forma en que dice que lo dice.

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del entorno de la ciencia6, así como lo es el ganador del show televisivo El Gran Hermano o del último premio nobel de Literatura. Sin embargo, el ejemplo sirve para tratar de entender por qué en muchas discusiones sobre religión, tarde o temprano, mi interlocutor me recuerda que “mi fe en la ciencia” es comparable con su fe en dios, como si la ciencia y la religión, o la decisión de no-creer y la fe fueran estructuralmente idénticas; o aclama que mi ignorancia sobre la existencia de dios es comparable a la suya, con la diferencia en que él cree y yo no. Como traté de esbozar más arriba, es absolutamente imposible tener fe en la ciencia; así también, es absolutamente imposible encontrar argumentos racionales para la fe7. Siendo ésta inherentemente irracional, ¿por qué ese afán de algunos creyentes en querer encontrar argumentos racionales para su fe? ¿Por qué no les basta la fe en sí misma, siendo que ésta, por definición, es autosuficiente y autoreferencial? Sin pretender ser un ejemplo positivo de la la Ley de Godwin8, el comportamiento de los creyentes que por un lado tratan de convencerme de que mi espíritu analítico y mi raciocinio son una especie de „fe en la ciencia“ y por el otro, al mismo tiempo y sin que se les mueva un pelo ni se les tuerza el rostro de vergüenza, pretenden convencerme de que hay

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Aunque pueda dejar de serlo y pasar a ser un experto: gracias a la evolución (y no gracias a dios), estamos en un momento de la historia de la humanidad en la que cualquier persona puede ir a cualquier biblioteca y aprender lo que le plazca. 7

No me refiero aquí a las posibles causas (biológicas, sociales o psicológicas) de la "fe", ni intentaré analizar dicho fenómeno desde una metaperspectiva en cuanto a su grado de importancia para nuestra especie. 8

Ver http://es.wikipedia.org/wiki/Ley_de_Godwin

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argumentos racionales en los que puede apoyarse su fe9, me hace acordar al de aquellos parlamentarios neonazis alemanes, quienes a principios del siglo XXI calificaron al último bombardeo aliado de la segunda guerra mundial contra la ciudad alemana de Dresde (a todas luces atroz, brutal e innecesario) con el adjetivo de „Holocausto“, comparándolo con algo que, según ellos mismos, jamás ocurrió, pero que sin embargo, también según ellos mismos, tendría que ocurrir, o de haber ocurrido... hubiera sido algo agradable. ¿Se entiende la contradicción? Así como la fe es contraproducente para la ciencia, la razón es contraproducente para la religión y para la fe en general. Nadie puede creer en dios razonando; la fe es un acto de voluntad que elimina a la razón automáticamente; ni en nuestro intelecto ni en nuestro espíritu hay lugar para ambas a la vez. Con esto no quiero decir que todos los creyentes sean personas irracionales, pero en el momento de abrazar su fe, y aunque sea solo por ese instante, tienen que dejar a la razón de lado, pues la razón nos indica que no hay más ni mejores motivos para creer en dios que para creer en cualquier otra cosa, incluyendo el Mounstro Spaghetti Volador10, Súperman y los unicornios azules invisibles. La existencia del universo, el amor, la complejidad del ADN, el fuego y las mareas no son indicios racionales a favor de la existencia de dios; algunos de estos fenómenos tienen causas conocidas y otros no, pero uno no puede afirmar cualquier cosa solo porque desconoce otra completamente

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Son muchos y muy graciosos los supuestos "argumentos" de los que se deduciría "racionalmente" la existencia de un Dios: la existencia del cosmos, su complejidad, el delicado equilibrio de las cuatro fuerzas físicas fundamentales, la estructura del ADN, la estructura del ojo humano… o bien el fuego, los truenos, la energía eléctrica, el viento, las mareas y el dolor estomacal (dependiendo de la época y origen del interlocutor de turno) 10

Ver http://es.wikipedia.org/wiki/Flying_Spaghetti_Monster

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distinta. Si lo hace, cae en una de las falacias lógicas más antiguas de la humanidad, argumentando ad ignorantiam, o sea: estableciendo una correlación arbitraria y necia entre un suceso observado y una causa imaginada. Uno puede afirmar cualquier cosa diciendo que cree en ello (y eso es irracional, y así funciona la fe). Es obvio que el adjetivo “irracional”, en la sociedad contemporánea y occidental, tiene una fuerte carga negativa, e inconscientemente, todos quienes siguen aferrados a una fe irracional (lo lamento, pero es así y no se puede describir de otra manera) se dan cuenta de ello y se enfrentan a un conflicto imposible de dilucidar: o dejan la fe de lado o dejan la razón de lado. No se puede racionalizar la fe, convertirla en una “fe racional” y quedarse con ambas. Cuánto más fácil, coherente y consecuente sería decir “Creo porque creo”, afirmación que nosotros, los hombres racionales, no podríamos atacar desde ningún ángulo con “nuestros” racionales argumentos. Así, quedaríamos afuera de la discusión, ahora llevada a un plano netamente teológico y basada en argumentos de fe, pero mucho más sincera, mucho más honesta, mucho más limpia, y mucho más cerca de la verdad11 que ahora, dentro de esta asquerosa promiscuidad intelectual en la que caemos siempre. En este marco, este texto pretende remarcar una línea innumerables veces trazada, sistemáticamente ignorada, categóricamente necesaria.

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"Verdad", entendida aquí como el producto de la función de la comunicación del sistema social „religión“, o sea: una verdad religiosa.

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Sistemas Sociales La sociedad actual ha alcanzado un alto grado de indiscutible complejidad: lo que en algún momento comenzó como una forma de organización familiar, grupal y tribal, ha evolucionado hasta alcanzar niveles organizacionales complejísimos: cada sistema social (como la política, la economía, la familia, la ciencia, la religión, etc.), responde a un esquema de autoreproducción cerrado, basado en un código de comunicación binario particular, lo que en la teoría sociológica moderna se conoce con el nombre de autopoiesis. Niklas Luhmann trasladó el término “autopoiesis” de la biología a la sociología, afirmando que la autopoiesis, “...setzt nicht zwingend voraus, daß es diejenige Art der Operationen, mit denen das System sich selbstreproduziert, in der Umwelt des Systems überhaupt nicht gibt. In der Umwelt lebender Organismen gibt es andere lebende Organismen, in der Umwelt von Bewußtsein anderes Bewußtsein. In beiden Fällen ist der systemeigene Reproduktionsprozeß jedoch nur intern verwendbar. Man kann ihn nicht zur Verknüpfung von System und Umwelt benutzen, also nicht anderes Leben, anderes Bewußtsein gleichsam anzapfen und ins eigene System überführen. [...] Bei sozialen Systemen liegt dieser Sachverhalt in doppelter Hinsicht anders: Einerseits gibt es außerhalb des Kommunikationssystems Gesellschaft überhaupt keine Kommunikation. Das System ist das einzige, das diesen Operationstypus verwendet, und ist insofern realnotwendig geschlossen. Andererseits gilt dies für alle anderen sozialen Systeme nicht. Sie müssen daher ihre spezifische Operationsweise definieren oder über Reflexion ihre Identität bestimmen, um regeln zu können, welche Sinneinheiten intern die Selbstreproduktion des Systems ermöglichen, also immer wieder zu reproduzieren sind...“ (Luhmann, 1987, pág. 60)12 12

„…no implica necesariamente que aquellas operaciones con las que se auto reproduce el sistema no existan también en su ambiente. En el ambiente de los organismos vivientes hay otros organismos vivientes, en el ambiente de la conciencia hay otras conciencias. Sin embargo, en ambos casos, el proceso de reproducción propio del sistema puede ser utilizado solo de forma interna. No puede usárselo como conexión

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Estas “unidades de sentido” están descriptas dentro de un código binario de comunicación, particular para cada sistema social, pero estructuralmente idéntico para todos los sistemas sociales. Así por ejemplo, el código de comunicación de la economía, es Pago/No-Pago, el del derecho Justicia/Injusticia, el de la ciencia Verdadero/Falso, etc. Dicho código se comunica y auto reproduce gracias a un medio de comunicación específico (el dinero, el amor, la verdad, el poder, son algunos ejemplos de los medios simbólico-generalizados de comunicación), que constituye el elemento diferenciante entre el sistema y su ambiente y define el contenido de la comunicación del sistema. Asimismo, el código binario de comunicación marca los límites funcionales de cada sistema social. He aquí un resumen de la función, el código y el medio de cuatro sistemas sociales: Sistema

Función

Código binario

Medio

Política

Decisiones colectivas y obligatorias

Posesión / Carencia de poder Poder

Justicia

Eliminación de expectativas normativa-contingentes

Justicia / Injusticia

Religión

Eliminación de contingencia

Inmanencia / Trascendencia Fe

Ciencia

Conocimiento empírico

Verdad / Falsedad

Justicia

Verdad

entre el sistema y el ambiente, es decir: no puede arrastrar otros organismos, otras conciencias al interior del propio sistema. […] En los sistemas sociales, esta particularidad es doblemente diferente: por un lado, fuera del sistema de comunicación “sociedad” no existe ningún tipo de comunicación. El sistema es el único que opera con éste elemento, y por lo tanto, es real y necesariamente cerrado. Por el otro, aquella particularidad no es válida para los demás sistemas sociales, quienes deben definir su manera de actuar específica y su identidad mediante la reflexión, para poder denominar las unidades de sentido que posibiliten la auto reproducción interna del sistema, o sea: aquellas que deban ser reproducidas una y otra vez…“ (Traducción mía)

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La función del sistema social está siempre supeditada a su medio: por ejemplo, las decisiones colectivas y obligatorias de la política son consecuencia de la comunicación y de la autoreproducción del poder; éste no surge a causa de sus propios efectos. Así, cada sistema está operativamente cerrado a su ambiente; y no existe forma alguna de conexión directa entre un sistema y otro. El dinero no puede producir amor, el poder no puede producir justicia, la fe no puede producir verdad (que se intente, una y otra vez, siempre con desastrosos resultados, es algo que a la comunicación le tiene sin cuidado). Lo único que pueden hacer los sistemas sociales es producir comunicación, o, en otras palabras, autoreproducción: el dinero puede producir más dinero, el amor más amor, el poder más poder, la justicia más justicia, la fe más fe. Sin embargo, los sistemas sociales observan a su ambiente (por una necesidad de autodefinición) y además, producen irritaciones en su entorno, y pueden a su vez ser irritados por él; el ejemplo más contundente es el funcionamiento aparentemente conjunto del poder político y el poder judicial en las democracias modernas, donde el proceso de producción de una ley es un ejemplo de comunicación política y su ejecución, uno de comunicación judicial. Digo aparentemente porque mirando más de cerca, uno se da cuenta de que no existe punto de contacto directo entre un sistema y otro. La ley es un elemento de interconexión estructural entre la política y la justicia, pero ambos sistemas permanecen operativamente cerrados a la comunicación de su ambiente: ningún juez puede bloquear la discusión sobre un proyecto de ley así como ningún político puede anular el fallo de un juez13.

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Por este motivo, por ejemplo, los políticos (de democracias medianamente sólidas) se cuidan de ni siquiera opinar sobre los fallos de la justicia, y cuando esto ocurre, cualquiera se da cuenta de que algo funciona mal.

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Dentro de este marco teórico, en el que no puedo extenderme más aquí, quiero a continuación esbozar las formas de comunicación religiosa y científica, importantes para entender la contradicción inherente y la imposibilidad de los conceptos de „dogmatismo científico“ y „epistemología religiosa“. La comunicación religiosa 14 El elemento de la religión funcional-equivalente a las pruebas de la ciencia son los dogmas. Rígidos e inamovibles, los dogmas constituyen la estructura formal de la religión, conformada por un grupo de doctrinas y postulados redactadas e impuestas por la autoridad religiosa, quien a lo largo de la historia elige aquellas tradiciones y creencias lo suficientemente importantes o fuertes como para convertirse en dogmas, es decir: aquello que el miembro de dicha religión ha de creer. El dogma, por definición, es una verdad incuestionable y funciona de manera autoreferencial: no requiere de otra prueba de sí que él mismo; su validez y carácter de verdad le están otorgadas por su propia existencia. Su lógica circular es impecable y funciona así: dogma = revelación divina = verdad = dogma = revelación divina = verdad… y así ad absurdum15.

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Cuando me refiero a la „religión“ estoy hablando en general de la estructura y la forma del pensamiento mágico y de ningún modo estoy perdiendo de vista a aquellas personas que profesan una profunda fe en un „dios personal“, en un „poder superior“, en el horóscopo, etc., sin suscribirse a las normas y mandatos de una iglesia determinada. Pido que se acepte esta imprecisión en pos de la facilidad de lectura.

15

Cabe mencionar que en la tradición católica, por ejemplo, el mero pronunciamiento de la autoridad papal sobre una cuestión cualquiera es condición no solamente necesaria, sino también suficiente para el establecimiento de un nuevo dogma. Así ocurrió p.ej. en noviembre

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La teoría de sistemas propone la diferencia eminencia/trascendencia como el código binario fundamental de la religión, es decir: todo lo inmanente (terrenal) tiene su correlato trascendente (divino). Si bien en sus comienzos la teoría tuvo dificultades para aceptar a la fe como el medio simbólico-generalizado de comunicación de la religión, concuerdo con diversos autores en que ella puede entenderse como el medio de comunicación religiosa por excelencia, que reproduce la comunicación y autoreproduce el sistema religioso16. La fe es un proceso mediante el cual se crea una diferencia entre lo inmanente y lo trascendente, y la observación del producto de esa diferencia elimina la contingencia del mundo, de la realidad y de la existencia, elimina la inseguridad y le da un sentido a lo tangible y a lo intangible. En este marco, la fe es el fin último de la religión, así como la verdad es el fin último de la ciencia, o el dinero el fin último de la economía. Que la religión reclame para sí el carácter de herramienta constituyente de una especie de verdad metafísica, es absolutamente irrelevante y representa, a lo sumo, una

de 1950, cuando el papa Pio XII instauró el dogma de la asunción de María, creencia que surgió entre los fieles en el siglo VI d.c. y que no encuentra mención en la biblia. Esta es, sin duda, una particularidad del catolicismo; sin embargo la lógica circular dogmática que mencioné más arriba no resulta afectada por ella. 16

Uno de las principales objeciones del propio Luhmann para aceptar a la fe como un medio de comunicación simbólico-generalizado es que carecería de la tendencia común a otros medios simbólicosgeneralizados de marcar la diferencia entre “experiencia” y “comportamiento”; la fe religiosa no puede hacer esa diferencia pues „…imagina la vida entera bajo observación divina, incapaz de ganar la salvación gracias a una experiencia libre de actos o una acción motivada por cualquier cosa…“ (Baraldi, et al., 1999, pág. 159, traducción propia) A esto se puede objetar, sin embargo, que la fe es el marcador por excelencia de dicha diferencia, porque ella misma es vivencia convertida en acción (religiosidad). Autores como P. Fuchs asumen como un hecho que la fe es el medio de comunicación simbólico-generalizada de la religión. (ver Fuchs, 2003)

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cuestión semántica, para quien tenga la voluntad de hacer la concesión de que dentro de la semiótica religiosa hay un sinónimo de fe denominado „verdad metafísica“ cuyo objetivo es la producción de más fe. En todo caso, se confunde aquí la función de la religión (la eliminación de la contingencia, o dicho de otro modo, la producción de certezas, o sea: verdades religiosas) con el medio de comunicación que el sistema utiliza para su autoreproducción y para su autopoiesis, responsable de la diferencia que marca esa certeza: la fe. Quiero exponer un ejemplo análogo, el de la política, cuyo medio de comunicación simbólico-generalizado es el poder, siendo éste (su reproducción comunicativa) el fin último del sistema político. Sin embargo, dentro de la terminología política, nos encontramos con el concepto de consenso, como si su obtención fuera el objetivo último del sistema político, como si de él dependiera el funcionamiento del sistema: aquí también, se confunde el fin último, el elemento comunicacional y autoreproductor (poder) con la función del sistema político, la creación de decisiones colectivas y obligatorias. Dentro del marco de la sociedad moderna, ningún sistema puede trascender el horizonte de su propia comunicación. Vuelvo al ejemplo de la política porque lo considero el más plástico de todos, ya que este sistema reclama abiertamente la capacidad de ejercer una influencia real sobre otros, incontables sistemas sociales: la economía, la educación, la salud, etc.; cuando en realidad, lo único que hace es observar su entorno y comunicar poder. Los términos política económica, política educativa o política sanitaria, son siempre representaciones de la comunicación política, nunca parte del sistema económico, educativo o sanitario. Así también, la religión observa a su ambiente y comunica fe; pero que en el vaticano exista un observatorio astronómico, no significa que exista la astronomía católica; que la iglesia diferencie entre valores morales positivos y negativos, no significa que sea necesaria la religión para el funcionamiento del modelo ético de la sociedad.

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Soy consciente de que esta breve observación del funcionamiento y función de la religión, reducida a los conceptos de dogma y fe, no explica sus causas ni su utilidad, y apenas si alcanza a describir a grandes rasgos el mecanismo mediante el cual existe; pero cumple su objetivo fundamental en el marco de este texto: trazar los límites de su comunicación posible. La comunicación científica Al hablar de comunicación científica y sobre todo, de epistemología, quiero comenzar haciendo una aclaración: cuando digo epistemología me refiero aquí al sentido más estricto del término, o sea: al estudio de la producción y validación del conocimiento científico, no a la teoría del conocimiento en general o a la epistemología en su acepción anglosajona, la gnoseología. La ciencia, una vez emancipada de la filosofía y de la religión, se encontró frente a la necesidad de autodefinir los parámetros de su acción y de establecer una metodología que le permitiera diferenciarse de su entorno y le diera validez científica a sus propias conclusiones. Así surgió el método científico, que, en principio, solo establece una serie de directivas de observación que determinan a posteriori el grado de veracidad de una hipótesis. Éste nunca es absoluto; la ciencia se comunica en grados de veracidad porque se enfrenta a un problema lógico inherente a su método: el denominado problema de la inducción. El razonamiento inductivo propone una conclusión general partiendo de una observación particular y específica, que (aun cumpliendo una serie de requisitos para ser considerada científica), no puede extenderse con un grado de certeza absoluta a todo lo que existe, puesto que todo lo que existe es inobservable. Luego de observar a diez mil cuervos negros, el enunciado „todos los cuervos son negros“, sigue siendo producto de un

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razonamiento inductivo: todavía puede existir un cuervo blanco. Karl Popper examinó este problema y se dio cuenta de que, si bien es imposible afirmar con certeza que „todos los cuervos son negros“, solo basta encontrar uno blanco para afirmar con certeza que „no todos los cuervos son negros“, es decir, que solo hace falta una observación para falsificar una hipótesis de manera categórica. Este razonamiento le permitió formular uno de los axiomas fundamentales de la epistemología moderna: una teoría, para ser científica, debe ser falseable; es decir: además de proponer una hipótesis y un método observacional para verificarla empíricamente, la teoría misma debe proponer un escenario posible en el cual sus postulados carezcan de validez. Un magnífico ejemplo de esto es la teoría de la evolución: Darwin (consciente, además, de la resistencia con la que se iba a enfrentar), dedicó gran parte de su libro “El origen de las especies por medio de la selección natural” a proponer situaciones y explorar los escenarios en los cuales su teoría se vería refutada. De aquí se deriva un tercer componente que toda teoría científica debe cumplir (además de la concordancia empírica y la falseabilidad potencial): la predictibilidad. “Mañana puede llover o no” no es un enunciado científico, ya que no es falseable, no predice nada y es, por lo tanto, completamente improductivo. “Todos los cuervos son negros”, en cambio, es comprobable empíricamente, es potencialmente falseable y pretende predecir una característica particular de los cuervos; y mientras no se observe a ningún cuervo de otro color, seguirá siendo “productiva”, es decir: “válida” científicamente. Justamente es ésta la característica específica y fundamental de la comunicación científica: un permanente y paulatino acercamiento a la verdad, sin lograr aprehenderla nunca de manera absoluta, en donde las diferentes teorías y corrientes, en un permanente proceso de autocontrol y autocorrección, se examinan, se amplían y, llegado el caso, se corrigen mutuamente. Popper planteaba un proceso evolutivo de selección, inherente a la comunicación científica, que

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desecha las teorías “débiles” y promueve a las más “fuertes” para producir ese momento de acercamiento a la verdad; creo que es una analogía que describe de manera muy certera el mecanismo de autoreproducción científico. Un acabado ejemplo de este método de autocorrección científico es el estudio y el desarrollo de los modelos que explican el comportamiento de las cuatro fuerzas fundamentales de la naturaleza. La física newtoniana fue el primer intento de describir la que nos es más común, la gravedad. Dos siglos más tarde, la teoría de la relatividad extendió esa descripción a un escenario macrouniversal, dominado por grandes distancias y altas velocidades, en donde la teoría newtoniana falla por completo. Veinte años más tarde, la teoría cuántica elaboró otro modelo que describe el comportamiento del mundo físico a escala microuniversal, el mundo de las partículas subatómicas, en donde, a su vez, es la teoría de la relatividad la que falla por completo. ¿Einstein refutó entonces a Newton, y luego Heisenberg refutó a Einstein? De ningún modo: la física newtoniana, la relativista y la cuántica se complementan y describen el comportamiento de la naturaleza bajo diferentes premisas, pero si yo me dedico a construir casas, voy a acudir a la física clásica e ignorar por completo los efectos relativistas o cuánticos, que ni siquiera existen en la escala espacio-temporal que incide a la hora de construir un edificio. Pero, si lo que quiero es fabricar reproductores de DVDs, tengo que apoyarme en la física cuántica o morir en el intento, pues el láser que debo poder estar en condiciones de manipular obedece a las leyes del mundo subatómico. Muchas personas malinterpretan esta capacidad de autocorrección científica como una especie de imprecisión implícita; al carecer de los elementos necesarios para identificar el grado de productividad y de plausibilidad de una teoría cualquiera, es común que el espectador, aquel que no está inmerso ni involucrado en el proceso de producción científica, experimente una cierta desilusión cuando dicha autocorrección se hace evidente. No es raro, entonces,

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escuchar a quienes, con total desparpajo y sin saber realmente de lo que están hablando, proclaman que „... Einstein es solo un producto de marketing; su teoría es falsa y ha sido harto refutada hace décadas“17, o que „los astrónomos no saben nada – ahora resulta que Plutón nunca fue un planeta“. En principio, exabruptos como éstos no dejan de ser parte de la comunicación extracientífica, pero es lamentable que se convierta así a uno de los elementos más honestos, más veraces, más dignos y más fuertes de la ciencia en una aparente debilidad; y que sea justamente ese malentendido el responsable de la tan difundida desilusión popular en el sistema científico (Un sistema que, resumiendo lo expuesto más arriba, convierte a una metodología de observación en la herramienta generadora de la mejor aproximación a la verdad que el ser humano haya diseñado hasta el momento). Ésta desilusión en la ciencia, junto con una profunda incomprensión de su mecanismo interno de producción de conocimiento es, en mi opinión, una de las principales causas del auge del pensamiento mágico y de las falacias que surgen en el marco de la discusión entre la ciencia y la religión, que intentaré exponer a continuación. La „fe en la ciencia“ Esta es la primera falacia que deseo exponer, que aparece de manera casi compulsiva cuando en el marco de una discusión entre un ateo y una persona religiosa, el primero menciona que la base última de cualquier religión es el dogmatismo. (Lo cual, en principio, no supone ningún tipo de juicio: es, simplemente, una observación crítica). Gracias a un acto de acrobacia intelectual no demasiado elegante, el interlocutor pretende invertir la crítica recibida y formula un contra-

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Tampoco falta quien le agregue a una descripción como ésta, el adjetivo de “judío”, pero ese es otro problema.

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argumento o argumento del dogmatismo científico, que reza más o menos así: „La confianza en la ciencia (y en la razón) puede comparase con una extraña forma de fe, pues funciona bajo las mismas premisas: por ejemplo, para explicar el origen de la vida, yo leo el „génesis“ y tu „el origen de las especies“. No existen testigos presenciales de cómo se originó la vida; luego, la confianza en la ciencia es una creencia y los postulados científicos son los dogmas del ateo“ Éste, además de ser un argumento de dudosa utilidad para quien lo proclama (pues invierte el valor positivo del concepto de fe, una supuesta virtud que los creyentes reclaman como propia), evidencia un malentendido muy evidente, porque una de las características constituyentes de la ciencia, como expliqué más arriba, es la absoluta carencia de enunciados absolutos o dogmas. (Lo que no implica que exista la inconsistencia lógica: la sentencia „los triángulos de cuatro ángulos no existen“ es un enunciado absoluto, pero no de carácter dogmático, sino de carácter lógico, ya que un triángulo está definido por la característica de poseer ni más ni menos que tres ángulos: si tuviera cuatro sería un paralelogramo). La diferencia fundamental entre el „Génesis“ y „El origen de las especies“ radica en que no hay nada ni nadie que pueda refutar la validez del génesis: ni desde afuera, con argumentos científicos y racionales (porque el dogmatismo religioso hace oídos sordos y ojos ciegos al peso de la evidencia naturalista, fósil, química y empírica del mundo); ni desde adentro del propio sistema de la religión, por ejemplo con argumentos teológicos o hermenéuticos, porque dentro de la propia lógica religiosa, la „palabra santa“ es irrefutable. El génesis bíblico fue, es y será por siempre una verdad religiosa. Se puede creer o no en él, pero quien acepta las reglas del juego de la religión (judeo-cristiana en este ejemplo, pero que puede hacerse extensivo a las demás religiones), toma la decisión arbitraria y personal de ubicarse en un punto más „liberal“ (sin creer en todos los dogmas de su iglesia y rehusando creer, por

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ejemplo, en la virginidad de María) o en uno más conservador (creyendo literalmente en todos y cada uno de los pasajes bíblicos, convencido, por ejemplo, que la tierra fue creada por dios hace seis mil años) dentro de una misma escala de enunciados más o menos absurdos, más o menos terribles y más o menos inútiles, pero que están, todos, revestidos del mismo carácter de infantilismo irracional y patético, desde la obediencia de Abraham, a punto de asesinar a su único hijo por mandato divino, hasta el martirio redentor de Cristo. Por otra parte, nadie puede „creer“ en un enunciado científico de forma dogmática, pues una teoría siempre propone una respuesta específica a una cuestión específica, y esta respuesta puede tener un alto o un bajo grado de productividad y de plausibilidad, pero nunca absoluto. Como ya esbocé más arriba, dicho grado de plausibilidad está sometido a un examen permanente, y si en algún momento de la evolución científica aparecen pruebas en contra de una teoría aceptada, la ciencia se reescribe de manera automática, postulando una nueva teoría, más acorde con la realidad empírica. Este funcionamiento implica y produce un permanente acercamiento a la verdad científica, un permanente reajuste de los enunciados propuestos, sin que la verdad alcance jamás el status de „absoluta“, en contraposición al tipo de verdad dogmático-religiosa. Richard Dawkins ejemplifica este funcionamiento con una anécdota personal y cuenta que en su época de estudiante de biología conoció a un profesor de Oxford quién durante años, defendió su teoría de que “…el aparato de Gogli (una estructura microscópica del interior de las células) no era real: era una concepción humana, una ilusión. Todas las tardes de los lunes era costumbre de todo el departamento asistir a una conferencia de investigación impartida por un conferenciante invitado. Un lunes, el invitado era un biólogo celular americano que presentó evidencias totalmente convincentes de que el aparato de Gogli era real. Al final de la conferencia el anciano se acercó al estrado, estrechó la mano del americano y dijo –con pasión-: ‚Mi querido colega, debo darle las

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gracias. He estado en un error durante estos quince años‘. […] Ningún fundamentalista hubiera dicho jamás algo así.” (Dawkins, 2007, pág. 302 y siguiente) Supongamos que éste sea un caso aislado y asumamos maliciosamente que la mayoría de los científicos no pueden, por una cuestión de orgullo personal, celos profesionales o lo que fuera, asumir sus errores de una forma tan franca. Después de todo, el científico es un ser humano, atormentado por los mismos defectos y poseedor de las mismas virtudes que cualquier otra persona. Sin embargo, y aún en el caso de que esto fuera así, la ciencia se reescribiría de manera continua, ya que lo plausible, lo lógico, lo científico y lo verdadero no están determinados por lo que diga o piense un científico en particular, sino por lo que dice y postula la ciencia en general, por su forma de comunicarse, por la concordancia de las teorías con la realidad, por la consistencia lógica de sus enunciados y por la corroboración de las predicciones teóricas con el dictamen de la experimentación empírica. Carl Sagan decía que la ciencia es una forma de humildad, que acepta sus limitaciones y está en un permanente intento de sobrepasar, de transgredir sus propios límites. Él sostenía que los científicos “...no pretenden imponer sus necesidades y deseos a la naturaleza, sino que humildemente la interrogan y se toman en serio lo que encuentran. Somos conscientes de que científicos venerados se han equivocado. Entendemos la imperfección humana. Insistimos en la verificación independiente —hasta donde sea posible— y cuantitativa de los principios de creencia que se proponen. Constantemente estamos clavando el aguijón, desafiando, buscando contradicciones o pequeños errores persistentes, residuales, proponiendo explicaciones alternativas, alentando la herejía. Damos nuestras mayores recompensas a los que refutan convincentemente creencias establecidas.” (Sagan, 2000, pág. 42)

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Creo que ésta es una manera muy elegante, muy elocuente y muy certera de expresar el carácter erróneo del contraargumento del dogmatismo científico. Elegante, porque se enfrenta al contra-argumento y hace de él un contra-contraargumento, reacomoda conceptos y pone las cosas en su lugar. La ciencia, entonces, si es un sistema de creencias, alienta la herejía y recompensa a quienes refuten convincentemente sus dogmas. Los “argumentos racionales” a favor de la existencia de dios El segundo grupo de falacias comunes en el marco de esta discusión son los “argumentos racionales” que apoyarían la veracidad de la existencia de dios: desde aquellos filosóficos medievales hasta los biológicos postmodernos nos encontramos con innumerables intentos de justificar la fe con métodos racionales. Cabe señalar que este tipo de argumentación obedece a un objetivo misionario fundamental: fortalecer la fe del creyente, si esta flaqueara, e implantarla en los espíritus escépticos cuando esta faltase. Una vez encendida, la fe no requiere de elementos exógenos para autoreproducirse, es el medio de la comunicación religiosa y, como tal, su unidad de comunicación: la religión (y el pensamiento mágico en general) comunica y reproduce fe por medio de la fe misma. Éste mecanismo se hace evidente cuando pensamos en el grado de evolución intelectual de la sociedad moderna (en su grado de iluminación, si se quiere), y el altísimo porcentaje de creyentes que todavía existen. Si bien existen innumerables estudios que indican que el nivel de educación y la tendencia al pensamiento mágico son inversamente proporcionales, todavía sorprende la cantidad de creyentes que aún existen, teniendo en cuenta el grado de educación general de la sociedad con respecto a siglos anteriores.

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Esta resistencia del pensamiento mágico al indiscutible avance del pensamiento racional de los últimos cuatro siglos, podría explicarse con la velocidad inherente de la evolución social, donde los cambios profundos requieren de mucho tiempo para hacerse evidentes, pero cuatrocientos años de resistencia acérrima me parecen demasiado, aún a escalas temporales socioevolutivas. Creo que el mecanismo autoreproductor de la fe que intenté describir más arriba funciona a su vez como un mecanismo de defensa, haciéndola impermeable al peligro que le presenta el pensamiento racional. Sin embargo, la evolución intelectual de la sociedad a la que hice referencia antes, pone a los creyentes modernos ante un escollo de difícil superación, ya que el pensamiento racional en el que crecieron y se educaron se encuentra en evidente contradicción con el pensamiento mágico en el que, también, crecieron y se educaron (la complejidad social moderna permite este tipo de contradicciones). Aquí surgen dos mecanismos para solucionar, o por lo menos eludir, esta paradoja incipiente: en primer lugar, reafirmar la propia desilusión en la ciencia y en el pensamiento racional, repitiendo hasta el cansancio que la ciencia y la razón “no son capaces de explicarlo todo” (como si entonces tuviera que, de ello, deducirse indefectiblemente que la “espiritualidad” puede explicar el resto). El segundo mecanismo consiste en elucubrar argumentos racionales que armonicen la coexistencia de la magia y la razón que, a duras penas, conviven dentro de una misma conciencia. En las siguientes páginas quiero presentar algunos de los supuestos “argumentos racionales” a favor de la fe y de la existencia de dios. La lista, demasiado incompleta, debe entenderse como un posible ejemplo de ese intento de justificación de la fe, casi tan antiguo como la religión misma y que a veces quiere ser filosófico, a veces científico, a veces ético o teológico, pero que siempre intenta ser racional.

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Filosofía: tres trampas La filosofía nos presenta innumerables intentos de justificar racionalmente la existencia de dios. Aquí quiero mencionar a tres de ellos, el “Argumento Ontológico” de Anselmo de Canterbury (1033-1109, teólogo y arzobispo), la denominada “primera causa” de Tomás de Aquino (1225-1274, filósofo y teólogo) y la „apuesta de Pascal“, de Blaise Pascal (1623-1662, filósofo y matemático). El primero de todos, el argumento ontológico, consta de tres pasos lógicos, o por lo menos, lógicos para su época: primero, se asume a priori que lo real es más perfecto (“mayor”) que lo imaginado. Luego, uno puede imaginarse algo perfecto, perfecto, perfecto, cuya perfección no pueda ser superada por nada imaginable. En tercer lugar y haciendo referencia al paso primero, ese ente de perfección pura, en su existencia real, es aún más perfecto que en nuestra imaginación. Luego: dios existe. El argumento es ontológico porque según él, a dios le es propio existir en virtud de su perfección (para hacer una analogía poco feliz pero acorde con la argumentación ontológica: así como la circularidad es una abstracción a la que le es propia, por su naturaleza circular, una circunferencia cuya longitud es π x 2r, dios es una abstracción a la que le es propia, por su naturaleza perfecta, la condición de existente). El texto original, en el capítulo III de su Proslogión, reza así: “Dios existe con tanta verdad que no puede pensarse que no existe. En efecto, puede pensarse algo que existe, y cuya inexistencia no pueda pensarse, y eso es algo mayor que aquello cuya inexistencia puede ser pensada. Por tanto, si puede pensarse la inexistencia de algo mayor que lo cual no puede pensarse cosa alguna, aquello mismo mayor que lo cual nada puede ser pensado no es algo mayor que lo cual nada puede ser pensado; y eso resulta contradictorio. Así, pues, es tan cierto que existe algo mayor que lo cual no puede pensarse cosa alguna, que es imposible pensar que no existe. Y tú eres ese algo, Señor Dios nuestro.” (Canterbury, 1078)

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Éste es un argumento paradigmático por su descabellada sencillez y su evidente mediocridad, que por supuesto, con el paso del tiempo, ha ido perdiendo toda lógica. Sin embargo, es un argumento común, que sigue repitiéndose como si fuese digno de ser tomado en cuenta. El segundo argumento, la “causa primera” de Tomás de Aquino, es de una falacia lógica más evidente, pero goza de una aceptación aún mayor que el argumento ontológico: en sus “cinco vías de la summa theologica” propone cinco argumentos o “vías” que probarían la existencia de dios: la vía del “movimiento”, la de las “causas eficientes”, la de los “seres contingentes”, la de los “grados de perfección” y la del “orden cósmico”. Todos estos argumentos pueden resumirse en uno solo: que no existe nada que surja de la nada, que el efecto antecede a la causa y que no hay causa sin efecto. Este es un argumento un poco más sólido, ya que por lo menos uno puede detenerse en él unos momentos. Sin embargo, el propio argumento no puede ser aplicado a su conclusión y se derrumba lógicamente tras un breve análisis, porque si la conclusión es que la primera causa de todo lo que existe es dios; ¿cuál es la causa de dios? Si el argumento no puede responder a esta pregunta (no puede), entonces da lo mismo poner a dios, al Big-Bang o a un experimento extraterrestre/extrauniversal en su lugar; y la “causa primera” se ve reemplazada por una gran incógnita que como mucho y con mucha buena voluntad, tiene apenas un valor semánticodiscursivo. Si bien es cierto que en la época en que fueron formulados, tanto el argumento de la “causa primera” de santo Tomás como el argumento “ontológico” de San Antelmo no admitían discusión y el mero intento de refutación como el aquí expuesto hubiera sido impensable y peligrosísimo, resulta llamativo que estos argumentos todavía hoy sean objeto de estudio, de uso corriente y que nunca falte quien, en el marco de una discusión sobre teología y fe, esgrima el argumento de la “causa primera” sin reparar en su contradicción, su paradoja y su falacia lógica.

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El tercer argumento es la denominada „apuesta de pascal“. Blaise Pascal propuso, en el más evidente intento de conciliar el raciocinio con la fe, el siguiente ejercicio mental: al no tener la certeza sobre la existencia de dios, conviene apostar por su existencia, ya que haciendo un examen de todas las opciones posibles, existe una desproporción en la relación costo/beneficio entre el acto de creer y el beneficio, positivo o negativo, que nos espera en el más allá, en el caso de existir dios: si se cree y dios no existe, nada se pierde, pero si existe, se gana infinitamente; en cambio, si no se cree y dios no existe, nada se pierde, pero si existe, se pierde infinitamente. Sin tener en cuenta los errores lógicos de éste planteo (que está, a todas luces, [1] demasiado centrado en el dios del cristianismo, sin contemplar a las demás religiones (es decir, que asume a priori al dios del cristianismo como única alternativa posible a la no existencia de un poder sobrenatural), y que [2] imagina una deidad preocupada únicamente por una especie de vanidad sobrenatural incomprensible, que castiga o beneficia a sus “hijos” sin importarle otra “virtud” más que la fe que le profesen, en abierta contradicción con el lenguaje propio del cristianismo que propone como alternativa a no creer), el error conceptual más evidente de este argumento es que no sirve para creer, ya que el acto de fe no es algo que se pueda poner en marcha mediante un acto de voluntad utilitarista determinado, como mover un brazo hacia arriba o dar dos pasos a la izquierda. Uno puede elegir concurrir a misa todos los domingos, no pronunciar palabras en inglés, tomar medio vaso de leche fría al despertar o cualquier otra cosa dirigida por nuestra conciencia, pero no se puede elegir creer al carecer de fe. El argumento de Pascal, además, da por hecho que las posibilidades de que dios exista y las que están en contra de su existencia son del 50% para cada opción, lo que es otro supuesto a priori sin ningún tipo de justificación. Tampoco sirve como base teórica del cálculo de este porcentaje. En resumen, aunque nacido en una época menos oscura que los otros argumentos filosóficos expuestos más arriba, y con un espíritu aparentemente más racional y analítico, la apuesta de pascal es igual de improductiva, igual de

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irracional y únicamente útil para el autoregocijo de quienes ya profesaban una profunda fe antes de conocerla. (Pseudo-) Ciencia: creacionismo y diseño inteligente El debate intelectual sobre el origen de la vida en general y de nuestra especie en particular existe desde que el hombre aprendió a razonar y a plantearse la razón de su existencia, es decir: desde siempre; pero se ha agudizado a partir de 1859, cuando Charles Darwin publicó su teoría de la evolución y creó la herramienta descriptiva naturalista más adecuada que ha encontrado la ciencia para explicar el origen de la vida. La evolución darwinista describe un mecanismo de selección natural, que organiza la aleatoriedad de las mutaciones genéticas bajo parámetros evolutivos naturales y capaz (durante el transcurso de largos períodos de tiempo), de transformar los primeros organismos unicelulares que habitaban la tierra primitiva y de originar la multiplicidad de las especies que la habitan en la actualidad, incluyendo al ser humano. Esta visión naturalista del mundo está en abierta contradicción con el mito del génesis religioso (de cualquier cultura en general y judeo-cristiana en particular), que ha dado lugar a una Weltanschauung denominada “creacionismo”, que haciendo una lectura literal de la biblia afirma que el universo, nuestro planeta, la vida reinante en él y el hombre han sido creados por dios, hace seis mil años y tal y como lo cuenta la biblia. De esta cosmovisión, que históricamente ha estado muy a gusto dentro un contexto de comunicación religiosa, ha surgido el neocreacionismo, que pretende apoyarse en supuestas “pruebas” geológicas, históricas, biológicas, matemáticas, en una palabra: científicas, y convertirse así en un digno adversario de la teoría de la evolución darwinista, pero dentro del propio campo de la ciencia y sin argumentos religiosos, es decir: en un marco de debate científico, logrando así una mayor aceptación popular y política, reclamando para sí el derecho a ser considerada una teoría alternativa, con

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igualdad de oportunidades de, por ejemplo, ser enseñada en el nivel educativo primario. La última herramienta pseudocentífica de la que hace uso el neocreacionismo se denomina “diseño inteligente”, que quiere ser una teoría científica interdisciplinaria, que con argumentos matemáticos, físicos y microbiológicos demostraría científicamente dos cosas: que el naturalismo no explica ni el origen de la vida ni la evolución biológica, y que el deísmo nos proporciona una explicación más elegante y más exacta (sic!) a estas cuestiones (aunque no nombra a dios en ningún momento y hace uso del eufemismo (bastante evidente por cierto) del “diseñador inteligente”). Por supuesto, al creacionismo en general y al diseño inteligente en particular, les resulta imposible ser tomados en serio dentro de un ámbito estrictamente científico, pero han logrado instaurar un debate social y político imposible de ignorar, sobre todo en Norteamérica, pero que ha ido extendiéndose vertiginosamente a todo el mundo18. Este inesperado éxito mediático, social y político del creacionismo, es muy bien utilizado por sus defensores, quienes aprovechan la atención recibida para aumentar la confusión reinante. Philip Johnson, jurista norteamericano y padre del “Diseño Inteligente”, dice en el documental televisivo “Creation vs. Evolution”, sobre Darwin y la teoría de la evolución:

18

Así, en agosto de 2005, el entonces presidente de los EE.UU., G.W. Bush, afirmó durante una entrevista que el diseño inteligente debería ser enseñado en las escuelas como una “teoría alternativa” con estas palabras: “I think that part of education is to expose people to different schools of thought - You're asking me whether or not people ought to be exposed to different ideas, the answer is yes.” (Hutcheson, 2005) En español: “Creo que mostrarle a la gente las diferentes escuelas de pensamiento, es parte de la educación. Me pregunta si habría o no que enseñarle a la gente ideas diferentes, la respuesta es sí”. (Traducción mía)

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“La teoría darwinista de la evolución es el gran mito de la creación de nuestra cultura. Cada cultura tiene su propio mito de la creación, que es la base de todo tipo de conocimiento; por eso, quienes están autorizados a difundir dicho mito gozan de un gran poder, poder que intentan monopolizar. No lo quieren compartir con nadie. […] Los darwinistas, simplemente, deciden que ni Dios ni cualquier tipo de creador sobrenatural pueda tener cabida en la ciencia; deciden que la naturaleza es la única responsable de todo.” (Philip Johnson, en: Pool, 2006) Nótese la sutil manipulación del lenguaje de la que hace uso este hombre, calificando a una aceptada teoría científica con la palabra “mito”, relacionando “ciencia” y “conocimiento” con “autoridad” y “poder”, insinuando una conspiración (política, científica o vaya a saber él de qué índole) y afirmando que dios debería ser considerado por la ciencia como una hipótesis viable, legítima y científica. En estas palabras se hace evidente, una vez más, la profunda contradicción ideológica en la que viven los creyentes y sus permanentes intentos de darle consistencia lógica a la fe y a la razón, criticando a la ciencia y a la razón, por un lado, por no aceptar la naturaleza ontológica del producto de la fe; pero al mismo tiempo queriendo obtener su aprobación, como si ese supuesto carácter ontológico de dios dependiera de la aprobación, justificación y validación racional de la fe. El elemento más novedoso del “diseño inteligente”, comparándolo con el creacionismo tradicional, radica en que la “teoría” está redactada con un lenguaje científico y se cuida de no hacer referencia directa a ningún tipo de divinidad, ni siquiera especula sobre la naturaleza del posible “diseñador inteligente”, en un intento de dejar atrás la imagen de irracionalidad con la que tuvo que cargar el creacionismo durante el siglo XX, distanciarse formalmente de él y acercarse más a círculos académicos y científicos. De hecho, los argumentos teóricos fundamentales del “diseño inteligente” no son religiosos, sino científicos (o por lo menos, pretenden serlo): biológicos (el argumento de la “complejidad irreductible”), matemáticos (el argumento de la “complejidad específica”) y astrofísicos (el argumento

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del “universo bien afinado”). No puedo aquí entrar en detalle, pero intentaré resumir la idea central de cada uno de estos argumentos: El bioquímico Michael Behe es el autor del argumento de la complejidad irreductible, que propone que hay sistemas biológicos complejísimos e incapaces de haberse formado solo con la ayuda de procesos aleatorios y consecutivos19, porque la falta de cualquiera de las piezas que conforman el sistema en cuestión provocaría el colapso del sistema y el cese absoluto de la función a cumplir. El ejemplo más paradigmático que propone es la existencia del flagelo bacteriano, una especie de cola de la que hacen uso determinadas bacterias como motor propulsor, que compuesta de varias piezas ajustadas perfectamente, solo cumple su función al existir todos y cada uno de sus componentes. También propone otros ejemplos análogos de evolución a nivel molecular subcelular, como la serie de reacciones bioquímicas necesarias para la coagulación sanguínea, entre otras. El argumento afirma que si un proceso requiere de, por ejemplo, setenta pasos químicos sincronizados para funcionar, es un ejemplo de “complejidad irreductible”, porque dicho proceso no pudo haber evolucionado de uno de sesenta y nueve de esos pasos, ya que un proceso de sesenta y nueve pasos no cumpliría ninguna función que le diera a dicho organismo una ventaja evolutiva: dicha secuencia química sería disfuncional y por lo tanto, su posible evolución no está descripta dentro de los parámetros 19

Un error común y que comparten los viejos creacionistas con los nuevos defensores del “diseño inteligente” al hablar de la evolución darwinista es confundir el proceso de selección natural con un proceso dominado por el azar. Si bien el azar juega un importante papel en la génesis de la selección natural, el proceso no es aleatorio. Por medio del azar se producen muchas mutaciones genéticas, pero el proceso encargado de seleccionar aquellas mutaciones que den lugar a la evolución, es decir: separar las que sirven de las que no, no es azaroso sino que, por el contrario, responde a una lógica evolutiva natural que no depende del azar.

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de la evolución natural. La evolución tampoco podría haber sido capaz de producir todas las mutaciones necesarias ni de una sola vez, ni en etapas, ya que la selección natural solo favorece aquellas mutaciones que representen alguna ventaja reproductiva y por lo tanto, solamente a aquellos sistemas completamente funcionales. Dice entonces que la única explicación satisfactoria al reto propuesto por la complejidad irreductible es la existencia de un “diseñador inteligente”, capaz de crear la vida y su inherente complejidad según un plan establecido, capaz de “diseñar” las estructuras microscópicas que, por su complejidad, no pueden ser explicadas con mecanismos de selección natural. Al mismo tiempo, Behe afirma que la teoría de la evolución si puede explicar otros aspectos de la evolución (auto dirigiéndose, una vez más, a un callejón sin salida, porque no existe razón por la cual la microcomplejidad biológica sea más improbable que la macrocomplejidad observada, por ejemplo, en el delicado equilibrio en el que se encuentra un ecosistema determinado); entonces, sin negar a la evolución darwinista en su totalidad y concentrándose en la evolución en un nivel bioquímico, afirma que la complejidad irreductible es una evidencia que prueba la existencia de un diseñador inteligente, ya que, según él, únicamente el diseño inteligente ofrece una explicación satisfactoria a este problema. Dicho lo cual, la conclusión final es un poco... tosca (si se me permite usar un adjetivo moderado). La consecuencia de este argumento es, entonces, que el diseñador inteligente tuvo que haber programado genéticamente a los primeros organismos vivos con información que habría permanecido latente durante millones de años (lapso de tiempo durante el cual tuvo lugar la evolución “natural”), para ser reactivada en algún momento y dar así lugar a la evolución de sistemas irreductiblemente complejos, una especie de flash divino o, por lo menos, un momento sobrenatural dentro de un proceso explicado, sino, mediante procesos naturalistas. Para Andrea Skybreak éste es uno de los puntos más flojos del argumento de la complejidad irreductible; ya que

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“...si un “diseñador inteligente” hace 4 mil millones de años empacó en las primeras células todas las instrucciones químicas que necesitarían y después dejó que procediera la evolución natural, es imposible que la información genética necesaria para los sistemas moleculares posteriores (como el mecanismo de coagulación sanguínea de los mamíferos) se hubiera conservado en su estado original [durante cientos de millones de años]. Pero para Behe precisamente la compleja estructura de los sistemas moleculares hoy es "evidencia" del "diseño inteligente" inicial que ocurrió hace miles de millones de años. Esta es una enorme falta de coherencia lógica del argumento central de Behe, para la cual no tiene respuesta.” (Skybreak, 2003) Yo creo que ésta no es la única ni la más importante falacia lógica del argumento. Sin entrar en detalles específicos y biológicos (varios científicos coinciden en que la complejidad irreductible no es tal, ya que la supuesta dicotomía entre la función y la disfunción de un sistema, al faltarle a éste alguno de sus componentes, no existe, porque hay modelos intermedios, en los que un sistema que hoy cumple determinada función, con menos elementos es capaz de cumplir otra función diferente a la observada.20 Así, un sistema aparentemente irreductiblemente complejo podría haber evolucionado bajo los parámetros de la selección natural, secuencialmente y cumpliendo otras funciones hasta alcanzar el grado de complejidad observado), considero que observar un fenómeno cualquiera, no entenderlo, y darle una explicación sobrenatural, es un método que deberíamos haber descartado hace siglos. Deducir la existencia de un “diseñador inteligente”, desde la simple observación del flagelo bacteriano, o desde la observación de la multiplicidad y sincronía de los procesos que dan lugar a la coagulación de la 20

Suzanne Sadedin demostró con la ayuda de un modelo informático como ciertos sistemas biológicos, que entran en la definición de Behe por su supuesta “complejidad irreductible” pueden haber evolucionado bajo parámetros evolutivo-naturalistas, simplemente pasando por etapas intermedias, reductibles y multifuncionales. (Ver: Sadedin, 2006)

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sangre, o desde la observación de cualquier otro sistema complejo, es lo mismo que deducir la existencia de dios desde la observación de una tormenta. Me parece lamentable que en el siglo XXI, una persona culta, educada y seguramente inteligente pueda caer en la trampa del argumentum ad ignorantiam. Esta es la gran falacia común a toda la “teoría” del diseño inteligente: observar un problema, no encontrarle una solución satisfactoria y concluir que dios existe, de que dios debe existir. La complejidad específica, el segundo pilar teórico del diseño inteligente, es similar al argumento de la complejidad irreductible, pero basado en un razonamiento desarrollado por William Dembski, filósofo y matemático de la Southwestern Baptist Theological Seminary, una universidad bautista con sede en Texas: Dembski propone la necesidad de aplicar un “filtro” a toda observación de cualquier fenómeno o característica natural y hacernos una serie de planteos antes de llegar a cualquier conclusión. Primero: ¿se puede explicar el fenómeno en cuestión con las herramientas que nos brinda la ciencia actual, es decir: con el conocimiento que tenemos del comportamiento de la naturaleza? Si la respuesta es no, ¿se puede explicar como producto del azar? Si la respuesta sigue siendo no, entonces debemos admitir que dicha característica tuvo que ser “diseñada inteligentemente”. Habiendo tomado cuenta de su forma de razonar (¡este señor es doctor en filosofía y en matemáticas!) pasemos a observar el nudo de la cuestión: una característica puede ser específica o compleja (por ejemplo, la letra D es una característica específica pero no compleja, mientras que un serie de 500 letras al azar es una característica compleja sin ser específica); para Dembski, cuando un sistema presenta ambas características a la vez, posee complejidad específica (a manera de analogía y para seguir con el ejemplo del alfabeto, el poema del Mio Cid es complejo y específico a la vez). Curiosamente, la complejidad específica es una característica particular de los organismos vivos, en la naturaleza existen

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ejemplos inorgánicos de complejidad (como determinadas mezclas polímeras) o de especificación (como la estructura molecular de un cristal), pero no hay sistemas inorgánicos que presenten ambas características simultáneamente. El concepto de la “Complejidad Específica” fue utilizado por primera vez por Leslie Orgel, en 1973, en el marco de un análisis biológico21, pero Dembski le da un giro matemático y propone que cuando un suceso de complejidad especifica (observado por definición en los organismos vivientes), tenga una probabilidad evolutiva de menos de 10-150 dicha probabilidad es tan ínfima que desaparece y se la puede considerar nula.22 A esta (im-) probabilidad la denomina “Límite Probabilístico Universal” (“LPU”) Entonces, haciendo un sencillo ejercicio de observación, Dembski identifica una serie de sucesos evolutivos que presentan una gran complejidad específica, y cuya aparición es tan improbable, más allá de su “LPU”, que aplicando su propio “filtro de diseño”, llega a la conclusión de que el “diseñador inteligente” es una respuesta plausible y más probable que la evolución natural. Los errores lógicos de este planteo son tan evidentes que me resulta de difícil comprensión que pueda ser tomado en serio. En primer lugar, que no entendamos un suceso evolutivo hoy, no significa que no lo entendamos más adelante. El cálculo del “LPU”, aplicado a cualquier suceso natural, está condicionado por la evolución tecnológica del observador; 21

ver: Orgel, 1974

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Lo que representa una afirmación muy curiosa saliendo de la boca de un matemático. Es muy interesante, además, cómo llega a éste número: es el resultado de la multiplicación entre la cantidad de partículas que existen en el universo (1080), la Unidad Planck de tiempo (1045) y la edad del universo en segundos (1025). Entonces, 1080 * 1045 * 1025 = 10150. Desde mi más profundo desconocimiento matemático, no encuentro relación alguna entre dichos valores y un supuesto límite probabilístico más allá del cual la improbabilidad se convierta en imposibilidad.

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considerarlo exacto es, por lo menos, una ingenuidad evidente. La teoría de la evolución, como cualquier otra, avanza permanentemente, y nuestro conocimiento de los sucesos naturales y de los procesos biológicos aumenta cada vez más. En segundo lugar, como ya objeté más arriba, el azar solo juega un papel menor en el proceso evolutivo; la selección natural no es un proceso dominado por el azar. En tercer lugar, y aunque todo esto no fuera así, no se puede (por una cuestión de consistencia lógica), determinar la probabilidad de un evento después de su aparición23. En cuarto lugar, insistir con la falacia del argumentum ad ignorantiam, proponer como probable la existencia de un diseñador inteligente a falta de una explicación mejor, es un acto de fe como cualquier otro, que puede ser loable o no, espiritual o no, humano o no, (no importa), pero que nada tiene que hacer en un trabajo cuyo objetivo es el de ser considerado científico. Como si todo esto fuera poco, los errores técnicos y matemáticos del argumento no son pocos, y han sido exhaustivamente investigados por diversos especialistas en el tema24. Con lo cual, y al igual que el argumento de la “complejidad irreductible”, la “complejidad específica” es falaz en todos sus aspectos: el formal, el lógico y el científico.

23

Un ejemplo práctico: antes del “rien ne va plus”, la posibilidad de que salga el 36 son de 1/37, pero después de haberse detenido la bola sobre el 36, las posibilidades de que haya salido ése número son de 1/1. Un ejemplo más espeluznante: La posibilidad de que salga una serie de seis números sobre 49, en un juego de lotería, son de 10-6 . Si seguimos la serie anual de ese juego, la posibilidad de que salga exactamente esa serie es de 10-6 * 52 = 10-312 , lo que es cientos de miles de millones de millones de millones... etc. de veces más improbable que la improbabilidad que describe el “límite probabilístico universal” de Dembski. Y sin embargo, exactamente eso ocurre año tras año en muchísimos lugares del planeta. ¿Improbable? Sí. ¿Imposible? No. Si todas las semanas se sortean seis números sobre cuarenta y nueve, la posibilidad de que después de un año salga una serie con una probabilidad de 10-312 es igual a 1. 24

Ver Shallit, 2002

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El tercer argumento pseudocientífico que apoyaría la idea del diseño inteligente es el del universo bien afinado. Este razonamiento no puede ser atribuido a un autor en especial, es simplemente la deducción, compartida por muchos (y por supuesto, por todos los defensores del diseño inteligente), mediante la observación del universo y el funcionamiento de las fuerzas y de las constantes energéticas que reinan en él, de que debe existir una “inteligencia creadora”, ya que de otra forma sería sumamente improbable la existencia de la vida. En efecto, si la gravedad, el electromagnetismo, la fuerza nuclear débil o la fuerza nuclear fuerte tuvieran valores apenas diferentes de los que tienen, si la velocidad de la expansión del universo fuera mayor o menor de la que es, si la masa de las partículas subatómicas fuera otra, en fin, si viviéramos en otro universo... no viviríamos en otro universo, ya que le debemos nuestra existencia a la “fina sintonía” en la que se encuentran estas fuerzas de la naturaleza, sin las que la vida no sería posible, o por lo menos, no sería posible tal como la conocemos. Esta aclaración no es menor, ya que de lo contrario caeríamos (como caen todos los creacionistas y los defensores del diseño inteligente) en el tipo más extremo del chauvinismo carbónico, o sea: una posición intelectual incapaz de imaginar una forma de vida que no sea la nuestra, basada en el carbono, aun asumiendo (aunque sea como un ejercicio intelectual) un escenario en el cual las constantes cosmológicas fueran diferentes a las que rigen a nuestra realidad. La idea del fino equilibrio del universo está mejor descripta con el principio antrópico, que postula que toda teoría cosmológica tiene que estar en concordancia con el hecho de que existen seres humanos capaces de formularla, que cualquier descripción del universo debe contemplar que existan las condiciones para la evolución de la vida tal como la conocemos. Lo que en principio parece una obviedad y hasta una tautología, puede reformularse de la siguiente forma: Si para nuestra existencia deben darse ciertas condiciones, ellas ya están verificadas por el hecho indiscutible de nuestra existencia. Con lo cual, deducir

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imprescindibilidad de una inteligencia creadora a partir de la observación del hecho de que el universo ofrezca las condiciones para nuestra existencia, cobra dimensiones de una arrogancia y de una irracionalidad sin igual. Si las constantes energéticas del universo y las demás condiciones necesarias para nuestra existencia fueran diferentes, pues serían diferentes. Tampoco importa, ya que no estaríamos ni en este lugar ni en este momento perdiendo el tiempo con tamañas cuestiones; el universo sería otro, dentro del cual quizás la vida podría haberse manifestado de otra manera, o quizás no. En todo caso, lo más irracional y lo más egocentrista de este razonamiento está implícito, recién se hace evidente en una segunda lectura y es que: “El Universo está hecho para nosotros.” Después de Copérnico, es muy difícil de entender que siga habiendo gente que piense así. Además de los errores lógicos y formales que padecen los tres argumentos principales del diseño inteligente que intenté esbozar más arriba, nos encontramos con una serie de errores comunes y fundamentales en el planteo de la teoría, que impiden que el diseño inteligente sea considerado una “teoría alternativa”. Muchos sostienen que no hay argumentos epistemológicos que impidan que la teoría sea considerada científica. Si los hay: Primero: asumir a priori la existencia de un “diseñador”, una voluntad creadora, inteligente y sobrenatural (o sea: asumir a priori a dios). Aunque los defensores del D.I. se nieguen a aceptar que su teoría necesita de tal apriorismo, sin diseñador no hay diseño, y sin diseño, el diseño sería implanteable como alternativa válida y por ende, mucho más improbable que la evolución. Esto hace que el “diseño inteligente” sea tautológico en el título, en su premisa y en su conclusión. Si una teoría asume a priori la existencia de dios, para concluir que dios existe, y se llama “Teoría de la voluntad divina”: ¿Es una teoría o una broma...? Segundo: carecer de todo momento de falseabilidad. La teoría plantea que la vida es el resultado de un diseño inteligente. Si

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observáramos el resultado de un “diseño perfecto”, la teoría se vería confirmada y se encontraría apoyada por la experiencia empírica. Pero que la observación empírica nos muestre el resultado de un diseño imperfecto (como ocurre en la realidad, ya que el supuesto “diseño” de la vida está cargado de imperfecciones, resabios inútiles, órganos que ya no cumplen ninguna función, etc.), no es una manera de falsear la teoría ni un indicio a favor de la evolución natural; es, dentro del discurso neocreacionista, simplemente un momento de incomprensión humano (ya que, por supuesto, nos resulta imposible comprender el “diseño del diseñador”). La experiencia empírica, siendo diametralmente contraria al supuesto caso ideal, en donde la vida sería el resultado de un diseño perfecto, sigue siendo una “evidencia a favor” de la teoría del diseño inteligente: simplemente, el ser humano es incapaz de reconocer la perfección del diseño. Bien, ¿cuál es la diferencia entre ese postulado y afirmar que “los caminos del señor son inescrutables”? Ninguna. Cualquier cosa imaginable puede ser atribuida al diseño: hasta la evolución. Como ya hemos visto antes, ésta es una evidente característica de la comunicación religiosa. Y si un día se encontraran todas las evidencias fósiles capaces de explicar la evolución natural en su totalidad y dispar hasta el más mínimo resabio de duda, cualquiera podrá afirmar, sin tener que presentar el más mínimo asomo de una prueba, que el diseñador así nos ha diseñado. El diseño inteligente puede explicarlo todo. Ahora bien, si todo lo explica, no explica nada, como es fácil de comprender. Y esto me lleva directamente al tercer punto: el diseño inteligente no predice nada, no nos ofrece un marco científico para hacer ningún tipo de experimentación, ni siquiera uno de observación confiable. Mientras que el concepto de selección natural nos ofrece un marco para observar una realidad empírica y crear escenarios de experimentación, en donde es posible establecer hipótesis que estén en concordancia con la teoría y verificar o falsear tales predicciones luego de haber observado la realidad, el diseño inteligente nos sume en la más oscura tiniebla: sin un marco

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de acción delimitado puede suceder cualquier cosa; otra vez, la teoría lo predice todo y por eso, nada predice. Sin productividad, sin predictibilidad, sin consistencia interna ni lógica, sin elementos de corroboración ni falsificación empírica, sin ni siquiera solidez científico-argumentativa, el “cambio de paradigma científico” que anunció ser el diseño inteligente, resultó ser lo que siempre fue: una herramienta de comunicación religiosa, que reproduce fe y que, aunque disfrazada de ciencia, solo habla con el lenguaje de la fe. Tautología: “Palabra de Dios” Existe un argumento esgrimido con demasiada frecuencia, que sugiere que la existencia de dios está comprobada mediante la existencia de la biblia, que el origen divino de la “palabra santa” es incuestionable. Lo que bajo un análisis superfluo pareciera una explicación tautológica, circular y dotada de una gran porción de infantilismo... se ve confirmado con un segundo y un tercer análisis. El enciclopedismo bíblico, aunque cuente con un inmenso poder argumentativo y lógico dentro de un marco teológico de discusión, sacado de contexto y llevado a un plano metareligioso, es simplemente absurdo. Sin embargo, no falta quien cite tal versículo de tal capítulo de tal libro en su afán de refutar cualquier razonamiento antideísta que haya sido planteado, como si el conocimiento enciclopédico de la biblia fuera un indicador de su veracidad. ¿Qué se pone en duda la existencia de dios? ¿Qué hay evidencias geológicas sobre la imposibilidad del diluvio? ¿Qué Moisés nunca separó las aguas del mar muerto? ¿Qué la virginidad de María es un mito? La respuesta está en “Génesis, 7:17”, “Éxodo, 14:21”, “Hechos, 9:34” o en cualquier versículo apropiado para el caso y repetido hasta el cansancio. Este ejemplo evidencia una vez más que la racionalidad de todos estos argumentos solo existe dentro de la lógica inherente a la comunicación religiosa: en una discusión que

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acepta los parámetros de fe, es lógico que la herramienta argumentativa por excelencia sea su libro máximo; en todo caso, aquí la discusión gira en torno a su “correcta” interpretación y es un ejercicio de hermenéutica absolutamente legítimo. Pero solo dentro de la comunicación religiosa. Fuera de ella, cuando se pone en duda el origen divino de la biblia, nadie puede responder que si lo es porque dios se la dictó a los hombres, cosa que puede corroborarse... ¡leyendo la biblia! Si yo afirmo que mi encendedor pesa cien kilos porque en su dorso puede leerse la leyenda “Peso aproximado: 100 kg” y todas las balanzas del mundo marcan 50 gramos al pesarlo, pues mi encendedor no va a dejar de pesar 50 gramos, aunque yo esté convencido que sean cien kilos. Todo esto no impide que dentro de un grupo en el que todos sus integrantes crean firmemente que la inscripción es cierta, pueda discutirse sobre la exactitud de su peso, si es de 99, 100 o 101 kilos, en cuyo caso la discusión llega a mantener una coherencia lógica dentro de la pauta de la fe que todos asumen antes de comenzar a discutir. Pero a ninguno de ellos se le ocurriría acudir a una balanza para determinar su peso exacto; asumir las reglas del juego de la fe significa, en este caso, negar a las balanzas como instrumentos capaces de lograr una aproximación a la verdad. De todos los argumentos supuestamente racionales en pos de la fe, éste es sin duda el más obviamente irracional, pero no quise dejar de mencionarlo porque de su análisis se desprende una conclusión evidente pero muchas veces olvidada; así como al asumir las reglas de la discusión religiosa es absolutamente imprescindible negar el poder argumentativo de la razón en pos del poder argumentativo de la fe, asumir las reglas del juego de la comunicación racional significa negar a la fe como un instrumento generador de verdad. Entonces, ya no sorprende la imposibilidad comunicacional manifiesta entre incrédulos y creyentes: hablando lenguajes incompatibles, utilizando otros códigos simbólicogeneralizados de comunicación, pronunciando los mismos vocablos para referirnos a cosas muy diferentes, no

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lograremos jamás establecer una comunicación coherente, ni siquiera una factible; el discurso más elegante y la argumentación más elocuente se convierten así en un balbuceo absurdo a los oídos de nuestro interlocutor y viceversa. No tengo la intención de ofrecer una alternativa a esta imposibilidad comunicacional, que por otra parte no estoy planteando como un problema, sino como un simple hecho. Considero inútil y absurdo cualquier intento de comprensión o acercamiento; sencillamente no es necesario y mucho menos imprescindible. Entender que la religión opera con fe y reproduce fe en su comunicación, dejando de lado a la razón, esa es la única conclusión necesaria e imprescindible que se desprende de este análisis. Imparcialidad: agnosticismo Entiendo que el lector atento se sienta algo desconcertado en este momento. ¿Cómo voy a presentar al agnosticismo como un supuesto “argumento racional” a favor de la existencia de dios? ¿No es el agnosticismo, justamente, una corriente que proclama la incapacidad de conocer si existe o no dios? ¿No es ésa, en definitiva, la única posición realmente racional, ni a favor ni en contra de nada, que admite su desconocimiento sobre el tema y se limita a no opinar? Me atrevería a afirmar que no es así. Si bien la definición exacta de palabra “agnosticismo” está muy cerca de la esencia del espíritu racional que pretende defender este texto, no es ese el uso que, por lo común, se le da a la palabra cuando nos referimos al agnóstico de dios. A ese tipo especial (tan extendido en la sociedad moderna) de agnóstico de dios es a quien me refiero aquí, no al agnóstico estricto, de carácter más filosófico y terminológicamente más exacto. Cuando digo agnosticismo estricto, me refiero al tecnicismo al que hice referencia más arriba: una postura racional, desde la cual nada imaginable puede negarse categóricamente, simplemente porque la magnitud de todo lo existente y la limitación humana nos impide observar todo lo

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potencialmente observable. Es posible imaginar un planeta en la órbita de Alpha Centauri en donde existan seres de diez centímetros de altura y de tez azulada, o pequeños insectos con forma de jóvenes mujeres, pero nadie ha viajado nunca hasta Alpha Centauri. Nadie puede. Es imposible encontrar pruebas en contra de la existencia de los pitufos, las hadas o los unicornios azules invisibles. Ahora bien, ¿es probable que existan los pitufos, las hadas y los unicornios azules invisibles? El que algo no sea irrefutable, el que no haya pruebas de su no existencia, no es una evidencia a favor de la existencia de ese algo, ni siquiera lo convierte en probable. Richard Dawkins expresó magistralmente esta idea: “Que no se pueda probar la inexistencia de Dios es normal e insignificante, aunque solo sea en el sentido de que nunca podremos probar absolutamente la inexistencia de nada. Lo que en realidad importa no es si Dios es irrefutable (no lo es), sino si su existencia es probable. Esto es otro tema. Se estima que algunas cosas irrefutables son mucho menos probables que otras cosas también irrefutables. No hay razón alguna para considerar que Dios es inmune a la consideración en el espectro de probabilidades. Y ciertamente no hay razón para suponer que, tan solo porque Dios no puede ser probado ni refutado, su probabilidad de existencia sea del 50%” (Dawkins, 2007, pág. 64) Exactamente aquí es donde radica, en mi opinión, la irracionalidad del agnosticismo. El agnóstico proclama no saber si dios existe o no, pero a la vez aclama, por lo general con orgullo, que le da el 50% de posibilidades a cada una de las opciones. ¿Por qué? Pues porque “no sabe si existe” o, expresado más exactamente, porque “limitado por su propia naturaleza, no posee las herramientas cognitivas para poder conocer cabalmente a dios, en el caso de que él existiera”. Preguntémosle ahora a cualquier agnóstico de dios, en qué medida es agnóstico de los pitufos, de las hadas o de los unicornios azules invisibles: la respuesta que obtendremos será la de un agnóstico muy, pero muy estricto. ¿Por qué? Déjenme imaginar dos escenarios posibles. En el primero, el agnóstico no sabe, pero elige (o mejor dicho, no

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elige) entre “dios” y “no-dios” en lugar elegir entre todas las opciones posibles, es decir: “dios”, “evolución”, “matrix”, “experimento extraterrestre”, “sueño de un tigre”, “esencia mística del universo” y cualquier otra cosa que explique el origen de la vida, su “sentido”, y todas esas cuestiones que lo llevaron, alguna vez, a plantearse estos interrogantes. Al hacer una elección como ésta, aglomerando todas las posibles respuestas imaginables a la cuestión del “sentido de la vida”, pero desfavorables a la existencia de dios, dentro de un mismo grupo, mezclando los elementos racionales junto con los irracionales, está automáticamente inclinándose hacia la opción de dios y dándole mucha más importancia de la que se merecería dentro de un análisis crítico más profundo y más justo, en donde habría que separar los argumentos racionales de los irracionales, y en donde, haciendo un promedio muy a grosso modo obtendríamos digamos que un 50% para el naturalismo y bastante menos para dios. Esto evidentemente no es así, porque la disyuntiva es y fue siempre dios contra natura, y porque la opción “dios” es mucho más fuerte que la opción “matrix”. Es más, creo que en el fuero interno de la mayoría de mis lectores, aún en el de los ateos, este planteo suena demasiado construido. La respuesta al porqué de esta reacción me lleva directamente al segundo escenario posible, que creo más ajustado a la realidad, en donde el concepto de lo divino nos fue inculcado a una edad muy temprana, cuando todavía no teníamos la edad suficiente para discernir si la imagen de aquel gigante gordo y barbudo, vestido con una túnica blanca y alpargatas, siempre rodeado de nubes, era algo creíble, factible y lógico, y que por ello los adultos de hoy somos menos inmunes al concepto de lo divino y más proclives a aceptar a la religión en particular o la idea de dios en general como algo por lo menos imaginable, en lugar de tildar a ambas cosas de locura

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descabellada y no perder más tiempo en el asunto,25 como hace la mayoría de la gente cuando se le plantea que la matrix existe, o que el origen de la vida en la tierra es producto de un experimento extraterrestre. Así, bajo el manto de la imparcialidad se descubre una tendencia marcada; si el agnóstico estricto se declara ateo, quien se declara agnóstico imparcial (sin decidirse por la fe o por la razón y dándole la misma probabilidad teórica a la existencia de dios como a su no existencia), guarda una duda demasiado grande para ser ignorada; pero se cubre con un halo de racionalidad que a primera vista lo diferencia del ateo y lo hace más “abierto”. Nada más lejos de la verdad. Análogo al defensor del “diseño inteligente”, el agnóstico asume a priori que la posibilidad de que dios exista es (desproporcionadamente) alta, confunde presunción con conclusión, y (como si todo esto fuera poco), dictamina para sí mismo una condición especial, pero ciertamente falaz, basada en un fundamento equivocado. Tomando en cuenta estas consideraciones, el agnosticismo representa un argumento supuestamente racional (acaso el

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Se me dirá que a los seis años tampoco podíamos decidir sobre la credibilidad, la factibilidad y la lógica de Batman, y que ningún adulto en su sano juicio cree en este personaje, conocido también a muy tierna edad. Es cierto; sin embargo, este es un argumento más a favor de la irracionalidad del agnosticismo y de la fe en general, ya que nunca ningún niño vio a su abuela, a su madre o a su padre rezarle a Batman; los domingos nadie obliga a sus hijos a ir a las Baticuevas barriales; ningún periódico informa sobre un país llamado Baticano; la t.v. no transmite un programa especial de 56 horas seguidas cada vez que muere su comisionado de turno; en las escuelas ningún alumno tiene dos horas por semana de adoctrinamiento, en donde una y otra vez se les cuente que el Joven-Maravilla haya muerto por los baticados de los hombres, y en donde se afirme, con total desparpajo, que después de la muerte iremos todos a vivir a Ciudad Gótica, excepto si vivimos en desobediencia a las normas dictadas por Bátman, en cuyo caso nos esperan los eternos tormentos del pingüino y del acertijo. Si bien la socialización es una responsabilidad familiar, es la sociedad en su conjunto quien la ejecuta.

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supuestamente más racional de todos los argumentos) a favor de la existencia de dios. Ética: El fundamento de la moral La religión siempre se sintió con el derecho a reclamar el monopolio de la moral, lo que dentro de sus propios parámetros normativos es algo bastante consistente: si para eliminar la contingencia hace falta una fe incondicional, para convertir la inmanencia en trascendencia, (o sea: para que podamos alcanzar la trascendencia) el hombre debe perseguir ciertas normas de comportamiento que, necesariamente, deben provenir de la propia trascendencia: de dios. Dentro de la lógica religiosa, es absolutamente imposible que la moral sea algo inherente al ser humano; la moral religiosa, por definición, es algo ajeno a nuestra “naturaleza”; por el contrario, es expresión de voluntad divina, que el hombre ha de obedecer con el objetivo de agradar a dios y acercarse a él; y al mismo tiempo, representa la línea divisoria entre el “bien” y el “mal”, entre lo divino y lo demoníaco, pasando por lo “humano”26. Sin una tendencia natural a la moral, “pecadores” por naturaleza (según del dogma cristiano, el hombre no solo es un pecador potencial; el hombre nace culpable del pecado original), la moral es un elemento totalmente exógeno a nuestra condición de humanos, un ideal divino, cuya persecución promete el premio de la vida eterna.

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Supuestamente, los seres humanos tendríamos la libertad de decidir qué hacer con nuestras vidas, y en qué medida “alejarnos” o “acercarnos” a dios, aunque, al mismo tiempo, él sea omnisapiente y atemporal, gracias a lo cual ya “sabe” todas las decisiones que fueron, son y serán tomadas por todos los hombres. Esto implica que el destino de todos y cada uno de nosotros está esculpido en algo mucho más duradero que la piedra: nuestro destino es inalterable, está grabado en la “conciencia” de dios y no hay manera de modificarlo en lo más mínimo. Ni siquiera esta grotesca contradicción es tal para la religión: ya san Agustín profesaba que “el Hombre hace libremente lo que Dios sabe qué hará con su libertad”... Pero bien, ése es otro tema.

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Con ésta tremenda carga semántica a cuestas, no sorprende que uno de los argumentos teocráticos esgrimidos con más ahínco sea el que dice que dios debe existir porque existe la moral, el comportamiento ético, la conciencia de la diferencia entre lo “bueno” y lo “malo”, en fin, las “normas morales” de la sociedad. Imaginar la no existencia de dios es, según esta idea, una pesadilla insoportable en la cosmovisión del creyente: sin una moral divina el hombre se encuentra perdido, sin rumbo, capaz de cometer las atrocidades más terribles al carecer un marco de acción que le indique la diferencia entre el bien y el mal. El postulado no se detiene en una mera descripción y se transforma en un argumento indicativo y probatorio, ya que si aceptamos que la moral nos fue impuesta por dios, resulta que sin dios no hay moral y (como sí la hay), entonces: dios existe. Otra vez se hace evidente el carácter circular del supuesto argumento, ya que para poder concluir en que la existencia de la moral es una evidencia de la existencia de dios, tenemos que aceptar, a priori, que la moral es un producto divino. Curiosamente, la tendencia de relacionar la moral con la religión no es una característica exclusiva de esta última: mucha gente, amplios sectores políticos y sociales, las ponen en un nivel de cuasi-igualdad, muchas veces inconscientemente. Por ejemplo, a mediados de la década de los ’90, hubo en España una fuerte polémica motivada por un cambio del sistema educativo, impulsado por el ministerio de educación, que eliminaba la obligatoriedad de las clases de religión en el nivel primario, ofreciendo al alumnado la posibilidad de asistir, en su defecto, a clases de ética. (Y la polémica surgió, no porque a nadie se le haya ocurrido cuestionar la evidente insinuación de intercambiabilidad entre ambas cosas, sino porque hubo un grupo de gente que estaba en contra (sic!) de que el adoctrinamiento religioso a niños de

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entre seis y doce años perdiera su condición de obligatorio, en un estado supuestamente laico)27. En el concepto del origen divino de la moral existen dos falacias que se evidencian tras un corto análisis: primero, la biblia nos presenta, a todas luces, una idea moral muy diferente a la nuestra. El hecho de que proponga algunos mandamientos compatibles con nuestra concepción de la moral, el amor al prójimo, poner la otra mejilla y cosas que hoy nos parecen loables y positivas, no invalida al enorme número de citas y mandatos que avalan, promueven e imponen supuestas “virtudes” (mandatos ellos de origen supuestamente tan divino como todo el resto) decididamente repugnantes, que son una evidente apología a la misoginia, a la xenofobia, a la homofobia y al fanatismo, dotadas de una brutalidad que se encuentra en abierta contradicción con los valores morales positivos de la ética moderna. Profundizar un poco en este análisis debería bastarle a cualquiera para concluir que “la moral” es una construcción social y, como tal, ni permanente ni inmodificable; por el contrario, se encuentra totalmente condicionada por la época en la que se desarrolle. Ésa es la segunda falacia: el convencimiento de que la moral es una construcción sólida y permeable al paso del tiempo, cuando en realidad, la escala de valores y normas de comportamiento que han acompañado a los humanos desde que existimos como sistema social, la moral y la ética, son 27

Lamentablemente, en los países occidentales y sobre todo luego del 11 de septiembre del 2001, esta tendencia ha ido en aumento (por lo menos en una posición político-discursiva), y desde vastos sectores sociopolíticos se escuchan voces proclamando que la “sociedad occidental” se basa en la “tradición cristiana”, y en los “valores cristianos” (en un intento evidente de querer distanciarse de supuestos valores “antagónicos” y “musulmanes”). Nada más alejado de la realidad. Toda la sociedad europea y gran parte de la sociedad anglo- e hispanoamericana está erguida bajo los valores de la ilustración, cuyos valores son... ideales políticos y sociales areligiosos, que niegan terminantemente a la religión como algo que pueda exceder los límites de lo estrictamente personal e individual, presa para siempre de la conciencia de cada ciudadano.

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construcciones dotadas de una flexibilidad sorprendente. Richard Darwkins utiliza el término “Zeitgeist moral28” para referirse a la flexibilidad moral de la sociedad y a su condicionamiento de acuerdo a la época en la que surja. En efecto, el “Espíritu de la Época” determina cuales son los valores morales positivos adoptados por la sociedad, desecha algunos e incorpora otros, que son muchas veces hasta opuestos entre sí, cambiando así la dirección de la brújula moral de la sociedad de forma radical y en un brevísimo lapso de tiempo. Basta pensar en cosas como la aceptación de los homosexuales, la clasificación de los seres humanos en razas, el lugar de la mujer en el ámbito laboral y político, el valor social del fascismo o el de la democracia, etc. y compararlos, no digamos con los valores morales de la sociedad del siglo XIII, sino con los de 1940. ¿A quién no le da un poquitín de vértigo saber que hasta el año 1990 la Organización Mundial de la Salud consideraba a la homosexualidad como una patología psicológica cuya sintomatología estaba descripta en el Código Internacional de Enfermedades? ¿Quién no se sorprende al enterarse de que en un país tan occidental como Suiza, prácticamente el creador de la democracia directa aplicada, en donde la participación política ciudadana es incontables veces más compleja que en el resto del mundo, las mujeres hayan tenido que esperar la llegada del año 1971 para acceder al derecho al sufragio, prohibición que venía acompañada de argumentos absolutamente inaceptables29 desde una posición 28

Zeitgeist: [alemán], “Espíritu de la Época”, expresión utilizada para denominar al clima cultural e intelectual de una era y en una sociedad determinadas. 29

En el portal de cultura suiza swissworld.org puede encontrarse, a modo de curiosidad histórica, una lista con los argumentos en contra del voto femenino esgrimidos en aquel momento. Entre otros: “¿Conceder el derecho de voto a las mujeres? ¡Qué idea más ridícula! El cerebro de la mujer es más pequeño que el de los hombres lo que demuestra que las mujeres son menos inteligentes. Son propensas a actitudes extremistas y se asocian a campañas sin consultar antes a sus maridos [...] Y si las mujeres son elegidas al parlamento, ¡qué deshonra supondría esto para sus maridos! ...”

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moral más actual? (Y no estamos hablando de los valores morales de una aldea de aborígenes de Papúa Nueva Guinea, que evolucionaron sin tener ningún tipo de contacto con alguna sociedad parecida a la “nuestra”; estamos hablando de los parámetros morales de una sociedad sita en el centro de Europa y hace unas pocas décadas.) Detenerse dos segundos sobre la flexibilidad moral de la sociedad, aunque más no sea en el marco de un incipiente y superficial análisis histórico de la sociedad más familiar al observador (la suya propia), debería mostrar acabadamente que la ética es un producto humano, una construcción social que emerge de una situación histórica muy específica. Analizar porqué esto es así o cual es el origen de la necesidad indiscutida del hombre a la elaboración de un esquema ético de pensamiento excede el marco de este análisis30, de todas formas basta con observar que su estructura es demasiado flexible y sus contenidos demasiado diferentes a los propuestos por la biblia para estar basados en ella. Inteligencia: "dios no juega a los dados" El último de los argumentos “racionales” propuestos a la hora de querer justificar la fe, a diferencia de los expuestos

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Supongo que el génesis de los padres de la ética, los primeros códigos normativos y colectivos, está íntimamente relacionado con el génesis de estructuras sociales complejas, que solo pueden alcanzar el grado de estabilidad que necesitan para continuar evolucionando con la ayuda de una matriz de comportamiento que permita cierta predictibilidad y autoorganización, demasiado improbables dentro de un medio más permisivo y anárquico. En este hipotético escenario, el desarrollo de normas primitivas que darían luego lugar a la ética iría de la mano de la formación de la conciencia, representaría el último escalón evolutivo del homo sapiens-sapiens y marcaría el nacimiento de su espíritu. Bagatelizar ése momento aludiendo una voluntad divina me parece realmente lamentable... y ni siquiera tan sublime como aludir un monolito extraterrestre, misterioso, gigante, pulido y negro.

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hasta ahora, es el único abiertamente mentiroso y manipulador. Consiste en citar la supuesta fe religiosa de cualquier científico reconocido, con el objetivo de probar así dos cosas: primero, que la fe religiosa es un proceso, no solamente compatible, sino hasta basado en la razón, y segundo, que la existencia de dios está avalada por gente “más inteligente” que (y este es un argumento implícito) ha dedicado más tiempo, más esfuerzo y más conocimiento a pensar sobre estas cuestiones que nosotros, simples mortales, y que por lo tanto, está más capacitada para opinar o pronunciar un juicio sobre el tema. El argumento de la “inteligencia más cultivada” conoce muchas formas; la más conocida es un conjunto de citas atribuidas a Einstein, y dentro de éste grupo, la cita más famosa reza “Dios no juega a los dados”. Su famosa cita de un dios no-jugador está descaradamente sacada de contexto y malintencionadamente manipulada. Einstein no creía en dios, pero estaba maravillado por el orden natural y la composición del universo. De ese delicado orden natural habla cuando se refiere a dios, y cuando pronuncia la palabra “religión” no piensa más que en aquel estado de profunda admiración por la naturaleza. Otra de sus citas dice así: “Por supuesto que es mentira todo lo que ustedes han leído acerca de mis convicciones religiosas, una mentira que se repite sistemáticamente. No creo en un Dios personal y no lo he negado nunca, sino que lo he expresado muy claramente. Si hay algo en mí que pueda ser llamado religioso es la ilimitada admiración por la estructura del mundo, hasta donde nuestra ciencia puede revelarla.” (A. Einstein, citado por Dawkins, 2007, pág. 24) La famosa cita “Dios no juega a los dados” fue la respuesta de Einstein al principio de incertidumbre de Heisenberg, base de la mecánica cuántica, que incorpora un elemento de inherente e irresoluble aleatoriedad al mundo de la física. La frase no tiene nada de misticismo; en todo caso, expresa una convicción científica de Einstein sobre una característica propia de la naturaleza.

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Sin tener en cuenta a este tipo de manipulación, hay tres cosas que decir sobre el “argumento del intelecto más cultivado”. En primer lugar, asumiendo que la fe pueda representar un elemento importante de una moral posible (no me estoy refiriendo a un elemento generador de moral sino a un elemento parte de un Zeitgeit Moral determinado), debemos reconocer que hay contextos histórico-culturales en donde es casi imposible declararse ateo, en donde la falta de fe es considerada una amoralidad extrema. En este contexto social, ninguna persona es libre de decirse atea, aún en el improbable caso de no creer en dios, y los científicos no están exentos de las limitaciones que padecen todos los demás. Para poner un ejemplo concreto: nadie sabe si Galileo Galilei creía o no en dios; podemos suponer que sí, considerando la época en que vivió, la educación que recibió, su propio Zeitgeist y su propio Zeitgeist Moral. Ahora supongamos que, en su fuero íntimo, Galileo haya estado convencido de la imposibilidad de la existencia de dios: es impensable considerar ni siquiera la posibilidad de que pudiera haber expresado libremente su idea, porque, en aquel momento, la alternativa a la fe era el destierro, la prisión o la muerte. Más o menos hasta Nietzsche, es decir, hasta mediados del siglo XIX, era prácticamente imposible declarase ateo. Ni siquiera Immanuel Kant, el analista de la razón, de la moral y del espíritu humanos por excelencia, uno de los primeros en desarrollar una moral no-religiosa, pudo “salir del armario”, habiendo sido probablemente ateo y habiendo vivido en plena ilustración. En segundo lugar, hoy, cuando ya no es un pecado declararse ateo, existe una probada relación inversamente proporcional entre el ejercicio de fe y el nivel de educación: aquellas personas con un alto nivel de educación muestran una tendencia marcadamente menor a profesar cualquier tipo de fe que aquellas que poseen un nivel educativo más bajo, lo que demuestra que el argumento del “intelecto más cultivado” en todo caso es un argumento en contra y no a favor de la fe. La población científica cuenta con un número

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llamativa y estrepitosamente menor de creyentes que el resto de la sociedad.31 Pero aun cuando esto no fuera así (y en tercer lugar), cuando un científico habla de fe, está hablando desde su condición de creyente, no como científico. Hasta que dios no baje en persona a la tierra y nos ofrezca pruebas fehacientes de su existencia, la especulación sobre la veracidad de la fe estará limitada al ámbito de la religión, del misticismo, del pensamiento mágico y de la intimidad de cada persona. Al esgrimir este “argumento”, se evidencia la profunda ignorancia de quien lo pronuncia sobre los mecanismos y la forma de comunicación científicos, en donde, como expliqué más arriba, no importa quien diga tal o cual cosa, los contenidos y la metodología pueden ser científicos, no quien los comunique. A diferencia de la religión, en donde aunque el sumo pontífice padezca de Alzheimer y demencia senil, siempre seguirá siendo infalible y la voz de dios sobre la tierra; dentro de un marco científico de discusión siempre se pondrá en duda lo que afirme cualquiera, sea un principiante o una eminencia reconocida. Cuando la “eminencia reconocida” comienza a balbucear estupideces, su voz pierde de forma compulsiva la calidad de ser especialmente “sabia”, justamente porque la voz de ningún científico está exenta de un análisis crítico permanente; por lo que el argumento de la “inteligencia más cultivada” solo sirve para manipular la verdad, convencer a quienes no tienen que ser convencidos y transformarse en un indicador de la (poca) seriedad y (nula) honestidad de quien lo pronuncia.

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En 1996 la revista Nature señala que el 61% de los científicos norteamericanos se declaraban ateos, o al menos agnósticos, ante la creencia de un ser superior. En 1998 se repite el estudio entre los científicos más famosos, aquellos que han sido aceptados para formar parte de la prestigiosa National Academy of Sciences: Sólo un 7% cree en Dios frente a un 72% que se declara ateo. En el resto de EEUU ocurre lo contrario: sólo un 3% de la población total afirma no creer en ningún Dios.

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Conclusión (por qué no creo en dios) Soy consciente de que aún ahora, casi habiendo llegado al final, sigo sin ofrecer una respuesta a la pregunta con la que comencé este texto: ¿Por qué no creo en dios? La respuesta implícita y a primera vista superficial en lo dicho hasta ahora: no creo en dios porque nací en un lugar y en una época que me permiten (así como le permiten a casi todos mis contemporáneos) poder elegir no creer. Teniendo en cuenta que a las posibilidades reales de elección que nos ofrece nuestro Zeitgeist, se le suma la accesibilidad inmediata e ilimitada de la información32, no es raro que la importancia social de la religión esté en un marcado retroceso. El conocimiento, que hasta hace no muchos años era patrimonio de pocos, hoy se está convirtiendo en un bien común. Y el conocimiento es el enemigo número uno de la superstición, del pensamiento mágico, de la religión y de la fe. Teniendo en cuenta el grado de evolución que ha alcanzado la sociedad, si el fin social de la religión es, como esbocé más arriba, la eliminación de la contingencia (existencial, humana y metafísica) y la autoreproducción de la fe por medio de la fe: ¿no es la religión un sistema obsoleto? La función social y psicológica de la religión, ¿no está contemplada, de manera más completa, por otros sistemas? ¿No nos brindan la ciencia 32

Una forma social de acceder a la información que no comenzó con internet (que más bien representa su última manifestación técnica), sino que es parte de un proceso que se viene gestando desde hace más de cien años y del cual participan redes sociales, económicas, tecnológicas y culturales y que no solo se manifiesta tecnológicamente sino que representa la verdadera revolución social de nuestra época... aunque éste sea un hecho que nadie se moleste en remarcar y todo el mundo, al hablar de la globalización, se sienta obligado a convertirse en un extremista y ver en dicho proceso una forma de “construir economías” o una forma de “dominación capitalista”. Siendo esta una nota al pié de la conclusión, voy a permitirme el lujo de reconocer que ambas simplificaciones, encerradas implícitamente en innumerables lugares comunes, cursilerías, sandeces y opiniones de oído que todo el mundo parece estar obligado a tener sobre el tema me tienen harto fastidiado.

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certezas, el arte bellezas, la familia amor? Sí, sí y un tercer ¡sí, cómo no! El argumento, repetido hasta el hartazgo, que sostiene que la religión “llena un vacío muy importante dentro de cada persona”, que es “imprescindible para el bienestar psíquico” de los seres humanos, que “aplaca la angustia existencial” que nos acoge, convirtiéndose en una especie de “alimento espiritual”, es sencillamente ridículo, obsoleto y absurdo. Ya entendimos, no hace mucho tiempo, pero lo entendimos, que nuestra existencia no tiene una mística razón de ser, que no somos ni más ni menos que una secuencia más o menos ordenada de átomos de carbono que por un capricho cósmico han desarrollado algo parecido a la conciencia; que no hay absolutamente nada especial en el hecho de que existamos. Los temidos suicidios en masa no se produjeron en ningún lugar del mundo. Nadie los propuso. La humanidad, habiendo perdido a dios, no se siente más sola, más insignificante ni más pequeña de lo que ya se sentía antes de contar con esta revelación. Por el contrario, se siente más adulta, más autónoma, más responsable. Pero tal humanidad no existe, esa que se desprende de mis palabras y que aparenta haber dado un paso en conjunto: todavía hay una gran parte de ella que prefiere seguir alimentando una fantasía deísta que le otorgue una aparente seguridad, que le susurre al oído que no solo existe un creador del universo, sino que él ha reservado el lugar más importante de su creación para los seres humanos; que somos únicos, que no estamos solos, que dios nos ama. Todavía hay un gran porcentaje de la humanidad que prefiere creer en algo, cualquier cosa, que le evite tener que enfrentarse a la angustia de tener conciencia de la propia insignificancia existencial. Prefiere o no puede; no lo sé. Sin embargo, todo aquel que haya contemplado el universo, su historia, sus increíbles e inabarcables dimensiones físicas y temporales, y no intuya la inutilidad y el absurdo del “sentido” que cualquier planteo metafísico intenta darle a la existencia, tiñéndola de una sobrenaturalidad y una “mística escondida”, tiene que dedicarse a observar otra vez y con más

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detenimiento. Porque intuyo que corre el inmenso riesgo de no advertir la belleza inherente y natural del cosmos, de la poesía escondida en el hecho asombroso de que seamos parte de un universo que se observa a sí mismo, que somos la azarosa y física manifestación de su conciencia, que el sentido de la existencia y de la vida, en lugar de estar escondido, es insoportablemente evidente, maravillosamente flexible y radica en aquello que cada uno de nosotros intenta darle, pensando, sintiendo y viviendo de la forma en que elegimos pensar, sentir y vivir. Entiendo que la fe surja del mismo asombro; todo creyente sincero concuerda en que existió en su vida un momento más o menos sublime de “revelación”: un momento de observación de la naturaleza o de reflexión sobre la vida, un instante de comprensión, de claridad más o menos cabal, en donde un modelo metafísico y/o divino del origen del universo y de la vida aparece como la explicación más completa y más satisfactoria a la cuestión existencial. Ahora bien, antes de ese momento en donde se hace imprescindible encontrar una respuesta, ¿por qué el modelo metafísico aparece como una opción posible y probable para la mayoría de las personas? No lo sé, pero una posible respuesta a esta pregunta es que la fe es un modelo que todos conocemos y aceptamos desde niños: el adoctrinamiento religioso y la profusión de la fe siguen siendo parte del espíritu de nuestra época. El niño no se cuestiona lo que le enseñan sus mayores; entonces no es inexplicable que padres creyentes produzcan y alimenten la fe de su prole y de los cuales surjan hijos creyentes. (No hace falta más que observar el mapa geográfico-religioso del mundo para darse cuenta que la religión es un producto cultural; esto es tan evidente que casi siento vergüenza al escribirlo). Cuando el niño se convierte en hombre y comienza a cuestionar sus propios valores y se enfrenta por vez primera con la pregunta existencial, la solución metafísica ya está demasiado arraigada en su espíritu como para poder ser descartada fácilmente; y con ningún otro ejemplo podríamos ilustrar mejor el vox populi que afirma que

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la familia es la base de la sociedad: la locura colectiva que representan los ritos, los dogmas y la fe de cualquier religión nunca son descriptos, por nadie, como la patología que son; la sociedad, aún su parte atea y antirreligiosa, es extremadamente cuidadosa a la hora de pronunciarse sobre la religión. Pero éste es un proceso que está en pleno desarrollo, como indiqué al comenzar esta conclusión, el libre acceso al conocimiento es sin duda el mayor enemigo de la religión, de la fe y de la superstición en general: a medida que ese acceso es cada vez mayor, la fe es condición de cada vez menos cantidad de personas. Por ahora, este devenir es solo una tendencia; si en algún momento llegará a desembocar en la carencia absoluta de la necesidad social de la fe o no, no lo sé. De momento, ha desembocado en la carencia de fe de algunas personas, lo que nos ha valido la compasión de muchos creyentes. Yo sostengo que la fe es un mecanismo de dudoso valor, que no sirve para acercarnos a la verdad, ni para alterar la probabilidad de un suceso cualquiera, ni para la mejor comprensión del universo, ni para producir felicidad ni una vida más plena, ni como parte de una ética positiva, ni como parte necesaria del espíritu de nuestra época. La fe, entonces, solo es el elemento constituyente del ejercicio social de un tipo de esquizofrenia colectiva. Por eso no creo en dios.

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Renuncie, Joseph… ¡Renuncie de una vez! 01/08/2009 - 14:01

Joseph Ratzinger no da pié con bola. ¿Pero no era que éste era (por fin) un papa “intelectual” y “académico”?1 Poco después de asumir su pontificado, Joseph Ratzinger dijo que el Islam era una religión construida sobre la base del terror y la violencia (no recuerdo la cita exacta pero fue más o menos eso lo que quiso decir en su ya tristemente célebre “Discurso de Regensburg”), en un momento histórico en donde de un “intelectual” cabría esperar un poco más de mesura, siendo que si hay algo que siempre se puede esperar de un verdadero intelectual es eso: mesura; y teniendo en cuenta, por ejemplo, que un tiempo atrás la policía londinense había acribillado a balazos a un turista brasilero que intentó escapar (esto se supo después) por haber viajado de polizón en el subte, al confundirlo con un supuesto terrorista

1 Una vez más se evidencia la profunda irreconciliabilidad entre la

religión y la fe por un lado y la Razón y el ejercicio intelectual por el otro. Siempre consideré un paradójico despropósito la teología como una carrera universitaria que pretendiera ir apenas más allá del ámbito académico… es más, la mera existencia de la teología me parece un paradójico despropósito, ya que sus elementos netamente académicos son historia de la religión, historia del arte y filosofía, y para eso existen la historia y la filosofía ¿no es cierto? El resto es misticismo irracional que nada tiene que hacer en el aula de una universidad

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musulmán, en medio del pánico histérico y generalizado que dejaron el 11/09, Afghanistan, Irak, Osama Bin-Laden y la política internacional de Bush. ¿Sabía Joseph lo que estaba haciendo o fue, simplemente, un error estúpido? Luego, a raíz de una buena noticia por partida doble, por un lado, esperanzadora dentro del ámbito de la ciencia y la medicina, y por el otro, algo que nos debería alegrar a todos los miembros de la especie humana (la medicina pudo salvar a un niño de una muerte segura) José salió a dar una opinión que nadie le pidió, calificando ese acto de impresionante ingeniería genética, médica, técnica, científica y humana con la palabra “Eugenesia”, afirmando así que salvar una vida humana, usando conocimiento científico al que tardamos siglos en dominar, es equiparable a la locura racial nazi y sus campos de exterminio. (???) Claro, él hubiera preferido rezar por el enfermo (O sea: no hacer nada y dejar que muera por “voluntad divina”)2 ¿Sabía Joseph lo que estaba haciendo o fue, simplemente, otro error estúpido? Otra genialidad intelectual fue la de haber rehabilitado, hace algunas semanas, a un cardenal pro-nazi que niega el holocausto y luego de tremendo tropezón hasta Angela Merkel tuvo que dejar de lado el protocolo y la diplomacia (¡y nadie puede decir que los alemanes no sean adeptos a las formas!) y llamarlo a mesura, (otra vez!) en un país donde la mitad o más de sus votantes son católicos.

2 Digo yo, usando por un segundo el mismo argumento: ¿que se haya salvado no fue, entonces, la voluntad de “dios”? ¿Es que los científicos son más poderosos que el altísimo?

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¿Sabía Joseph lo que estaba haciendo o fue, simplemente, OTRO error estúpido? Y ahora la payasada anacrónica, enferma y asesina, pero por sobre todas las cosas: anti-intelectual de decir que el uso del preservativo… ¡es un factor de riesgo para contraer HIV! (y además: ¡decirlo en África, un continente castigado como ningún otro por el flagelo del SIDA! ¡Pero es que parece un chiste de mal gusto!) ¿Sabía Joseph lo que estaba diciendo o fue, simplemente, OTRO error estúpido MÀS? Realmente no me molesta que esta gente viva en un planeta diferente al mío. Siempre lo han hecho, incluso hubo un momento en la historia de la humanidad en donde todos vivíamos en el planeta de fantasía inventado por la fe, pero en algún momento, algunos de nosotros volvimos al planeta tierra para vivir de frente, sin fe y sin miedos (o por lo menos, sin esos miedos). Así que por favor, Herr Ratzinger: ¡deje de tocarnos los huevos! Viva Vd. con la locura que quiera, pero no dé consejos mor(t)ales, sobre temas que desconoce, o lo que es peor: sobre temas que conoce pero que prefiere tergiversar. Porque me cuesta creer que sea un imbécil, Herr Ratzinger (aunque tampoco sea el intelectual que cree haber encontrado la ICAR en Ud.), pero en algún momento habrá leído algún paper, por lo menos algún abstract de alguna revista de medicina y sabe cómo funciona la ciencia, que cosas son ciertas y que cosas son falsas. Si manipula la verdad en pos de implementar una moral religiosa, quiere decir que cree que dicha moral está sobre la verdad, y una moral que no respeta la verdad no puede ser digna, ni verdadera.

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Como lo veo yo, si es Ud. una persona intelectual o moralmente íntegra (¡una sola cualidad alcanza!) solo le queda una salida: ¡Renuncie!3 (Y de paso, al irse… ¡Cierre ese nefasto Club, por favor!)

3 Tengo bien en claro que la convención nos obliga a decir que un Papa abdica y no renuncia (como si fuera un Rey o un Príncipe que ha de ceder la soberanía sobre su reino o algo por el estilo) Comento que elegí el verbo cuidadosamente y no lo puse ahí como producto de un descuido porque recibí varios comentarios “aleccionadores” (que por otra parte dicen más de la capacidad de los comentaristas de leer entre líneas que de mi supuesta falta de estilo) y me disculpo ante aquellos que si me entendieron por hacerles leer esta obviedad.

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La Iglesia Católica es un Club Privado 01/08/2009 - 13:03

Discutiendo sobre religión, en particular sobre la religión católica, he notado que nunca falta el católico más “liberal” que le exige a su iglesia una radical modernización: soñando con que la institución (su institución), adopte cosas absolutamente ridículas y fantasiosas como la aceptación de los homosexuales, la eliminación del celibato, ordenación sacerdotal de la mujer, o hasta en el caso de tener que elegir a un nuevo papa, el derecho a sufragio para todos los fieles, entre tantos otros disparates que no tienen pies ni cabeza. A ver si nos entendemos de una vez: La ICAR no debe rendirle cuentas a nadie, ni practicar la antidiscriminación activa, ni oír los “reclamos” de la sociedad moderna. La ICAR, como todas las otras iglesias del mundo, es un Club Privado, cuyo Directorio puede poner en el estatuto (bueno, ellos le llaman Dogmas) tantas restricciones como le venga en gana. Realmente no entiendo a los católicos liberales (hasta tengo problemas con esa paradójica denominación)… “Ordenación Sacerdotal Femenina”, “Matrimonio Homosexual”, “Diálogo con otras Iglesias”, “Liberalización del tema Sexual” (aunque no lo puedas creer, amigo lector, si perteneces a ese club, te comprometes a no tener sexo nunca (a no ser que se den una

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serie de condiciones muy específicas y muy extrañas1, y si llegas algún día a ser parte del directorio… pues estás jodido porque a ellos… ¡el sexo les está prohibido de por vida!). Pero bueno, son cosas que están estipuladas en su estatuto: si no les gusta el sexo ni quieren a mariposones en sus filas están en todo su derecho a no aceptarlos, así como están en todo su derecho de creer que la mujer es un ser inferior al hombre. Siempre y cuando toda esa primitiva imbecilidad quede bien encerrada dentro de sus cabezas: están en todo su derecho de pensar lo que les venga en gana. La Democracia y la Tolerancia son para la calle, para el lugar de trabajo, para la escuela y para las oficinas públicas o sea: para el estado… o llegado el caso: para sus ciudadanos, en lo que respecta a las relaciones vinculantes y obligatorias entre los seres humanos. Lo que esta gente, todos adultos ya, quieran hacer con sus vidas privadas, dentro de unos ridículos edificios llamados “Templos” (¿Qué se templará allí adentro? No el intelecto, les aseguro…); lo que hagan de común acuerdo, en lo que gasten su energía y su dinero… bien, eso es cosa de ellos. Por mí pueden disfrazarse todos los días de monos y cantar esquizofrénicas y desenfrenadas canciones dementes, y llegar, todos los domingos, a un éxtasis místico que podrá ser muy preocupante desde un punto de vista psicológico, pero tampoco por ello vamos a andar diciéndole a ésta gente lo que deba hacer o pensar. Sin ir más lejos y para cerrar esta reflexión con un ejemplo lleno de humor, dejo aquí una fotografía que ilustra perfectamente la insalubridad de la que vengo hablando: así se visten los miembros del 1 Entre otras, las condiciones necesarias para que los miembros de

este club puedan practicar actividades sexuales, son: [1] hacerlo siempre con la misma persona (y aquí “siempre” es SIEMPRE: desde la primera vez hasta la muerte), [2] tener el permiso expreso y por escrito del jefe del club, [3] hacerlo únicamente para procrear y lo más importante: [4] nunca, nunca, pero nunca, nunca, nunca: disfrutar. Los pocos miembros del club a quienes les está permitido tener sexo deben hacerlo [5.a.] a regañadientes, [5.b.] con desgano, [5.c.] por obligación y [5.d.] con mucha culpa

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directorio de este club, no en una fiesta de disfraces, no porque hayan perdido una apuesta, no para provocar risas ni de chiste; no: así se visten, con la mayor de las solemnidades, para provocar “respeto” entre los fieles y para demostrar su “autoridad”2

2 Contenido multimedia disponible en www.jupixweb.de

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Carne de cañón 30/07/2007 - 12:55

Hay un video que está arrasando en YouTube. En él, podemos ver a un niño peruano, Nazareth Castillo Rey (más conocido con el nombre artístico de “Nazareth Castirey”) que no alcanza a cumplir diez años, predicando en un templo evangelista (supongo que en algún lugar de Latinoamérica o de la Norteamérica “hispana”) y desvariando contra la evolución al mejor y más retrógrada estilo creacionista. Cuesta mantener el equilibrio entre el asombro, la pena, el asco y la indignación al ser testigos de un lavado de cerebro tan pulido, tan metódico, tan detallista, en fin, tan “bien hecho” como del que somos testigos. En este triste ejemplo se evidencia una vez más el exagerado cuidado en la discusión social sobre la religión. Todos los medios que se hicieron eco del tema se limitaron a calificar al “niño predicador” con adjetivos que van desde la mera observación de su inesperada fama hasta abiertas expresiones de jubiloso asombro, que resaltan su “elocuencia”, su “oratoria” y la naturalidad con la que puede “manejar a las masas”. Pero vean ustedes:1

1 El contenido multimedia está disponible en el sitio web; pero transcribo aquí un fragmento del video: “Algunos científicos modernos han tratado de despojar a Dios de su calor, de su afecto por la humanidad... ¡Engañando y diciendo que Dios no existe!

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Ahora bien, luego haber disfrutado de tremenda barbaridad, haber tragado saliva varias veces y haber contenido el ataque de náuseas obligado, cabe preguntarse cuál es la diferencia entre ése y los demás tipos de abuso infantil. Por supuesto que no estoy poniendo al mismo nivel el hecho de que a un niño se le comprometa con una religión cualquiera con, por ejemplo, que se le dé una Kalaschnikow y se lo mande a matar gente. Pero ¿por qué demonios no puede ni siquiera discutirse sobre si es o no es una forma de abuso infantil? ¿Por qué el adoctrinamiento religioso no entra en esa definición? Me autorespondo: porque entre el derecho irrenunciable de cualquier persona a profesar libremente su religión (y por consiguiente, a educar a sus hijos bajo los parámetros de la religión que quiera) y una forma fanática y perjudicial de adoctrinamiento existe una línea casi invisible que nadie está dispuesto a señalar. El tema es tan caliente que nadie se atreve a tocarlo ni con pinzas. Nazarth Castillo Rey no es un medio por el cual dios habla con los hombres; es un pobre niño que no entiende lo que dice y que tendría que estar más ocupado investigando la naturaleza de la masturbación que la naturaleza de un mito – que todo su entorno se ha esforzado en enseñárselo como si fuera una verdad. Se puede decir que esa es mi opinión personal. Lo acepto, así como también acepto el derecho de cualquier persona a creer lo que le venga en gana. Pero no acepto que la sociedad tenga que mirar de brazos cruzados como una religión (o secta: es lo mismo) interfiere en el natural desarrollo de un niño, sacrificando su tiempo de ocio, de educación y de juego (que son su derecho por sobre las Dicen que somos de la evolución; dicen que somos parientes del mono [...] Pero quiero decirles a todas esas personas que están pensando así, o que están diciendo así, ¡que el mono y la mona producen monitos, hasta hoy! ¡Los peces producen pececitos, y las gallinas pollitos! ¡Yo no soy la evolución, yo no soy pariente del mono! ¡A mí me creó Dios en el vientre de mi madre! ¡Dios creó a Adán a su imagen y semejanza! ...”

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convicciones religiosas de sus mayores) para convertirlo en un loro capaz de repetir estupideces sin contar todavía con la capacidad de reflexionar sobre las mismas y decidir (¡libremente!) creer o no en ellas. Y a propósito de entorno: debo reconocer que si bien él me da un poquitín de lástima, su público me da un poquitín de miedo.

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Política

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Los dinosaurios de la sociedad de la información 23/01/2011 - 19:54

Hay algo que no deja de llamarme la atención con respecto al gran y reciente interés mediático sobre Wikileaks y Julian Assange. En primer lugar es curioso que se le haya dado tanta importancia a una filtración que después de todo no deja de ser anecdótica: nada de lo que revelaron los cables publicados por el sitio, por lo menos hasta ahora, es de la gravedad… o mejor dicho: del grado de clasificación, con el que se los presentó.1 Sin embargo, entre mediados de noviembre y fines de diciembre del año que pasó, no hubo en los mass-media tradicionales otro tema de discusión que las filtraciones, y no lo hubo a nivel mundial: desde Ushuaia a Toronto, desde Johannesburgo a Estocolmo, desde New Plymouth a Tokio, todos los días tuvimos que sufrir una nueva mesa redonda, un nuevo talk-show, una nueva columna de opinión o un nuevo análisis de alguna figura, o figurita, o de algún experto en 1 Los cables simplemente reflejan la opinión de diplomáticos norteamericanos sobre la situación en los países en donde se desempeñan, los informes que le elevan al poder ejecutivo, si se quiere, pero en el fondo no dejan de ser nada más que chismerío barato. Perdón: chismerío caro. Pero de ningún modo “sorprendente”, “revelador” o “indignante”, con muy pocas excepciones, casi nulas en vista del volumen de la información publicada y por publicar

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todología, que no se cansaban de agregar su particular visión de cómo se desempeña Wikileaks, “para qué sirve”, “quién la maneja”, y cuáles son los “intereses” que hay “detrás de las publicaciones”. En este contexto, hay dos cosas que me causaron una gran pesadumbre y una gran decepción. La pesadumbre vino por el lado de reconocer (¡otra vez!) la infinita precariedad con la que se elaboran las “noticias” y la falta de conocimiento de una enorme porción del periodismo (que supuestamente debería nutrirse de wikileaks desde hace años y debería poseer un know-how inmenso en el tema… cosa que lamentablemente no es así). Por otra parte, la decepción surgió a raíz de escuchar voces respetables diciendo cualquier tontería al respecto, compulsiva e irreflexivamente. Voces de quienes no exigiría poseer conocimiento específico, pero sí un grado mínimo de racionalidad que brilló por su ausencia en la gran mayoría de los casos. La Pesadumbre Como para muestra basta un botón, voy a mencionar aquí a un programa de la televisión argentina, “Sala de situación”, que responde a un esquema ya clásico de lo que podría denominarse el “Talk-Show Periodístico-Investigativo”, en donde al principio se muestra una “documentación” de entre cinco y diez minutos de duración y a cuyo término, uno o dos conductores dirigen la discusión de los panelistas “expertos” en el tema en cuestión. En el caso que nos ocupa, los periodistas son Fabian Doman y Eduardo Feinmann, y los “expertos” invitados del dia: Ariel Garbarz (“Experto en Seguridad Informática”), Jorge Castro (“Analista Internacional”) y Diego Guelar (“Ex embajador en los EE.UU.”). Creo que durante los cuarenta minutos que dura el programa, ninguno de los cinco dijo nada coherente; ni desde el análisis político ni desde el social escuchamos algo más sustancial que

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meras opiniones formadas desde la subjetividad de cada uno y sin el más mínimo conocimiento real de lo que es Wikileaks o cómo funciona.2 En un momento genial (porque denota una vergonzosa y supina ignorancia), Eduardo Feinmann dice: - No sé cuántos cables se hayan conocido… digo, a nivel global, de todos los países involucrados en esta filtración. Son pocos en relación a doscientos cincuenta mil. Y la segunda pregunta es, primero: ¿dónde están? Porque supuestamente se han dado a cinco diarios… pero se ha dado a conocer el 2%… y: ¿solo hay 250.000 cables? [...] - Es notable como la conversación derivaba hacia el final del bloque [anterior] y ahora en la pausa… hacia lo que no sabemos… y suponemos… ¿no? O sea, ¿y todo lo que no está? ¿O todo lo que está y no vemos? Por ejemplo: los diarios (estábamos discutiéndolo recién) los diarios ¿tienen todo el material y decidieron publicar esto sí y esto no? ¿O tienen acceso a WikiLeaks mejor que nosotros? Porque hasta ahora, lo que el diario El País (por ejemplo, que es el que lleva “el caso argentino”) ha venido publicando… está en la página de WikiLeaks. No hay nada que El País ha publicado que no esté en la página de wikileaks… En ese momento, Garbarz (el único de la rueda con un poco de conocimiento -al menos técnico- del asunto) se da cuenta de la estupidez que está diciendo el periodista e intenta un apurado rescate: - Ellos son usuarios de WikiLeaks como cualquier internauta puede serlo… …a lo que Feinmann hace oídos sordos:

2 En un momento, Garbarz pretendió hacer una digresión técnica y

explicar con una metáfora el funcionamiento de la SIPRNet, y casi lo logra, pero al intentar sacar una conclusión política lo echó todo a perder

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- …de hecho, quiero aclarar, infobae.com, ayer a la mañana tenía más información de la que aún hoy tiene el diario El País… En infobae.com en este momento se puede entrar y ver todo el material completo que ha publicado “Wikileaks argentina”, cosa que el diario El País no… Entonces me pregunto ¿El diario El País tiene TODO lo de argentina? Por ejemplo… no sabemos… Dejo aquí el programa completo, pero realmente desaconsejo verlo. (Da un poquito de náuseas)3 La pesadumbre no es divertida, pero se soporta con humor. Después de todo, aquí estamos hablando, en el fondo, de las trivialidades del mundo del espectáculo y de la televisión – y hace muchos años que deberíamos haber aprendido a no esperar de la televisión nada más que televisión. Esas son las reglas y aunque no nos gusten, las aceptamos. Pero para soportar la decepción hace falta algo más que humor. Hace falta estoicismo. La Decepción Puedo entender y respetar que los demás tengan opiniones diferentes a las mías. Si hay gente que cree que para el correcto funcionamiento de la democracia los gobiernos deber poder tener “secretos” y que hay un cierto tipo de información que requiere confidencialidad; bien, podemos discutir si realmente es así o si existen alternativas y cuál es el peligro real que acarrean. Esa es la posición de mucha gente bien formada, entre ellos por ejemplo Mario Vargas-Llosa y Fernando Savater, con quienes discrepo en ésta y en muchas otras cosas, pero que siempre creí centrados y reflexivos a la hora de elaborar un argumento. El problema no radica en su posición, sino en cómo la argumentan y el análisis que hacen de lo que ellos entienden

3 Contenido multimedia disponible en www.jupixweb.de

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que es la sociedad de la información y fenómenos como Wikileaks. Lamentablemente, su comprensión de estos fenómenos es tan amplia como la de cualquier Eduardo Feinmann, haciendo supuestos que responden a un automatismo digno de Rupert Murdoch, pero no al análisis de un intelectual preparado para reflexionar sobre las cosas. En resumen, los dos afirman4 que Wikileaks es una especie de perversión tecnológica surgida para satisfacer el deseo de una sociedad imbécil y caprichosa, en donde la idea de la libertad de expresión ha devenido en la infantil exigencia del “derecho de todos a saberlo todo: que no haya secretos y reservas que puedan contrariar la curiosidad de alguien… caiga quien caiga y perdamos en el camino lo que perdamos”. Y todo por la revelación de unos “secretos de pacotilla”, irrelevantes desde todo punto de vista menos aquel que le hace perder la cara a los Estados, poniendo a la diplomacia en apuros y a las relaciones internacionales en peligro, solo por el capricho de una “Oprah de la información” (en referencia a Assange). Cómo dije más arriba, no me molesta que se opine que los estados y la política “deben poder guardar secretos”. Es una opinión, válida y discutible. Pero hacer hincapié en la intrascendencia de estos cables filtrados (que nadie niega) o en la chabacanería de la parte imbécil de la sociedad (que no viene al caso) es desconocer el potencial democrático y democratizador de la sociedad de la información en general y de herramientas como Wikileaks en particular. Es evidente que Feinmann, Vargas-Llosa, Savater y muchos otros desconocen ese potencial, desconocen la historia y el propósito de sitios como Wikileaks y desconocen el valor de la transparencia y el valor de la información como contralor de poder en las democracias modernas.

4 Las opiniones del escritor y del filósofo pueden leerse en una nota

de Savater y en un artículo de Vargas-Llosa, ambos disponibles en internet; los enlaces a los cuales se encuentran disponibles en el sitio web

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Antes del “Cablegate” Wikileaks publicó filtraciones mucho más importantes, mucho más desgarradoras, mucho más trascendentes y mucho más necesarias. Por ejemplo: el caso de corrupción en Kenia, informes sobre la prisión norteamericana en Guantánamo, el informe Minton sobre desechos tóxicos en Costa de Marfil, el video que muestra la masacre de una docena de civiles iraquíes perpetrada por error desde un Apache norteamericano (“Collateral Murder Video”) y los diarios de la guerra de Iraq (“Iraq War Logs”), por solo nombrar unos pocos casos que pasaron en su mayor parte inadvertidos, por lo menos en comparación a lo que fue el “Cablegate”. En mi opinión personal, el sector más reaccionario de la administración norteamericana, todavía con el mal gusto en la boca por el Collateral Murder Video y los War Logs de Iraq y Afganistán, aprovechando justamente la intrascendencia real de la información difundida en el cablegate, comenzó a inflar el asunto deliberadamente. Y no, no tengo tendencias paranoicas ni creo en la Gran Conspiración, pero a partir de ahí la presión se crea sola: sobre los medios, sobre la justicia sueca, sobre Visa, Mastercard y Amazon, sobre nic.org, etc. etc. etc. Así se pudo dañar la capacidad operativa de Wikileaks sin riesgo de que un Savater o un Vargas-Llosa comenzaran a pensar en (ni se enteren de) las filtraciones trascendentes y, por el contrario, se dediquen a hacer comparaciones tediosas de Assange5 con personajes de pacotilla del mundo (ahora sí: imbécil) de la televisión. ¡Menudo éxito el de dicha estrategia! Para quienes no lo recuerdan, dejo aquí diecisiete minutos de material audiovisual que son de conocimiento público gracias 5 otro figurín mediático pero de poca importancia en el marco del movimiento social que representa Wikileaks, aunque los Murdoch y los Feinmann de este mundo crean erróneamente lo contrario y hablen, por ejemplo, de “la página de Assange” al referirse a Wikileaks

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a Wikileaks, desde mucho tiempo antes que existiera el Cablegate. A ti (que al haber llegado hasta aquí, estadísticamente, deberías -supuestamente- pertenecer al sector imbecilizado de la sociedad, adolescente apologista del “todo-gratis” y “nerd internauta sin vida real”), la próxima vez que alguien te pregunte por el cablegate o por Assange, muestrale esto:6

6 Contenido multimedia disponible en www.jupixweb.de. El video en cuestión es el denominado “Collateral Murder Video”, difundido por Wikileaks en marzo del 2010 (ocho meses antes que comenzara el “Cablegate”) que muestra la masacre de una docena de civiles iraquíes (entre ellos, un periodista de la cadena CNN) perpetrada por error desde un helicóptero militar norteamericano durante la guerra en Irak

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La Política de los dogmas o el Dogma de las drogas 04/02/2010 - 03:28

No existe ejemplo más acabado de lo que puede ser una “política global” como lo fue la política contra las drogas de los últimos cincuenta años. En ningún otro aspecto de la regulación política mundial hubo un consenso más amplio que en la idea de que el Estado1 debe establecer la prohibición del consumo de ciertas sustancias como parte irrenunciable de su política sanitaria, criminalizar a sus productores y estigmatizar a sus consumidores2. El marco legal occidental de la ahora llamada “Guerra contra las drogas” fue redactado por las Naciones Unidas en 1961, en la Convención Única de 1961 sobre Estupefacientes, enmendado diez años más tarde en el Convenio sobre Sustancias Sicotrópicas de 1971 y ampliado en 1988 en la Convención de las Naciones unidas contra el Tráfico Ilícito de Estupefacientes y Sustancias Sicotrópicas. Los diferentes países de occidente han incorporado estos acuerdos a sus respectivas legislaciones, y el resto del mundo ha ido en una dirección legislativa similar, cuando no más represiva, a la hora de “luchar contra las drogas”.

1 O “Los Estados”, de cualquier color: liberales o conservadores,

democráticos o de facto, de derecha o de izquierda 2

Quienes hasta no hace mucho, también eran considerados criminales (y en muchas partes del mundo aun hoy lo son)

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El postulado axiomático de estos tratados (que figura en sus prólogos y dictamina que el consumo de estupefacientes pone en riesgo la “salud moral” de la humanidad y que “constituye un mal grave para el individuo” y que “entraña un peligro social y económico…”) es la base de partida de una nefasta política global cuyo único objetivo fue prohibir taxativamente el consumo de drogas, haciendo caso omiso a las implicaciones que trajo consigo esa prohibición y sin dejar lugar a una discusión social adecuada3 sobre las consecuencias del uso de las drogas, por un lado; y por el otro, sobre las consecuencias de su abuso, ni de los factores desencadenantes de la drogadependencia o de su debida prevención. Mucho Dogmatismo Ningún otro tema político, al fin, estuvo tan rodeado de tabúes, tan sesgado ideológicamente y tan cargado de postulados dogmáticos como el consumo de (ciertas) drogas y la regulación que el estado debe ejercer sobre aquel. Conviene aquí remarcar el “ciertas”, porque inexplicablemente el consumo de algunas drogas está aceptado y permitido por la política y por la sociedad, y el consumo de otras, no; sin que exista un criterio científico de “peligrosidad” que nos ayude a discernir aquellas drogas cuyo consumo debiéramos permitir y aquellas que debiéramos prohibir. (En realidad, dichos criterios sí existen, pero parecieran dejar al descubierto el sinsentido de la prohibición; mostrando por ejemplo: que la peligrosidad del cannabis es menor a la del alcohol, o que el LSD es tan “peligroso” como aquel4, lo cual es un primer

3 Uno de los análisis más interesantes que escuché recientemente

sobre el tema, fue un editorial del periodista argentino Jorge Lanata para su Programa “DDT” (El audio del programa está disponible en el sitio web) 4 Ver: Nutt, D. “Estimating Drug Harms: a risky Bussiness?”, de:

“Centre for Crime and Justice Studies”, London, 2009

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indicio que apoya la teoría de que la prohibición es más ideológica que necesaria a los efectos de preservar la salud de una población aparentemente lo suficientemente estúpida como para hundirse en la drogadicción más sórdida si PapáEstado no le prohíbe tener el más mínimo contacto con las drogas.) Sin embargo, creo que la argumentación a favor de la legalización del comercio y el consumo de drogas debe ir más allá y no detenerse en la obviedad de que en realidad, el consumo de drogas no destruye a una persona instantáneamente, contrariamente a lo que el mass-media, la sociedad y la familia (sumamente ignorante en muchas cosas, y en este caso especial y dolorosamente ignorante) nos han venido repitiendo desde que tenemos uso de razón. Con esto no quiero minimizar el daño físico y psicológico que producen las adicciones; pero ese es otro tema, que podemos discutir en otro momento; sin perder nunca de vista que las personas, para desarrollar una patología adictiva con cualquier cosa, deben reunir una serie de condiciones de las cuales el fácil acceso a una sustancia determinada es solo una de ellas y probablemente la de menor peso de todas5 Es una situación muy interesante, porque todos los argumentos a favor de la prohibición del consumo de drogas carecen de una base racional: Las drogas son peligrosas, como el veneno para ratas lo es; producen adicción, como el sexo o el alcohol producen adicción, son perjudiciales para la salud, como el tabaco o la comida en exceso lo son; y se consumen, con o sin prohibición. Todas estas cosas existen y se consumen: el veneno para ratas, el sexo, el alcohol, el tabaco, las comidas y las drogas; no son ni buenas ni malas, son parte de la cultura humana, sirven para comunicarnos con los demás, para recrearnos o para conocernos mejor, o todo eso a la vez; y todas ellas, consumidas en exceso, son mortales. 5 Pues toda adicción es resultado de problemas preexistentes a la

adicción en sí misma y nunca la causa de esos problemas

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Pero más allá de ello, un principio fundamental de los estados modernos es la defensa de la libertad individual: aquello que, por ejemplo, recoge el artículo 19 de la constitución nacional de la república argentina con una prosa tan elegante como arcaica: “Las acciones privadas de los hombres que de ningún modo ofendan al orden y a la moral pública, ni perjudiquen a un tercero, están sólo reservadas a Dios, y exentas de la autoridad de los magistrados.” Aunque existan dos cosas puntuales que criticar a esa fórmula6, su espíritu es claro: las acciones privadas de los hombres que no afecten a un tercero, solo están reservadas al ámbito de sus propias conciencias. En otras palabras: si alguien desea drogarse, o leer la biblia, o pensar en la belleza de las flores, o cortarse los brazos con un cuchillo, o ser homosexual, o no comer carne… pues debe poder hacerlo, sin que el estado imponga prohibición alguna. El argumento, demasiadas veces esgrimido, que las prohibiciones son un “mal necesario” para “proteger” a “la gente” (cuantas comillas juntas ¿no?) es de una arrogancia y un paternalismo demasiados fuera de lugar, demasiados obsoletos, demasiado fascistas y demasiado irrisorios como para ser tomado en cuenta. “La Gente” sabe protegerse por sí misma, la sociedad no va a derrumbarse cuando pueda comprar estupefacientes de manera legal; como dije más arriba: las drogas existen y se consumen, actualmente y con prohibición; el “flagelo social” de las drogas es solo un flagelo político. Si las dogas no existieran, el adicto a la heroína sería adicto al whisky o a cualquier otra cosa: y el rol del estado es intentar prevenir el surgimiento de las adicciones, no combatir sus síntomas.

6 Creo que lo criticable es evidente: 1. La invocación divina está

sumamente fuera de lugar, en la constitución de un estado que se declara laico, y 2. La “moral pública” es algo demasiado subjetivo

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Mucha Violencia En este marco, únicamente el miedo y el desconocimiento explican cómo la sociedad sigue insistiendo en una prohibición que lo único que ha producido es violencia, pero que de ningún modo ha contribuido a que se consuma menos7: Pero la desinformación es tal que no sorprende escuchar a personas inteligentes hablar indiferenciadamente de “la droga”, estigmatizando del mismo modo al consumidor esporádico de cannabis con el adicto a la heroína sin hacer la más mínima distinción (sin saber que existe una); y en todo caso, sin cuestionarse jamás el asunto de fondo: Qué se prohíbe y por qué, cuales son los objetivos de la prohibición y cuáles son sus consecuencias reales. Y un en un escalón más profundo de análisis: Cual es la legitimidad de una prohibición cualquiera, si es que dicha legitimidad existe. Con respecto a las consecuencias reales: En solamente veintidós meses, solamente en la ciudad de Juárez, fueron asesinadas brutalmente más de 4400 personas. Decir que “sufrieron una muerte violenta” les queda chico: caerse de un balcón, tener un accidente de tránsito, ser empujado al suelo y morir… eso es sufrir una muerte violenta. Ser acribillado y mutilado por grupos narcos o por el ejército en medio de una guerra sinsentido es ser asesinado brutalmente. 4400 personas en 22 meses (si sos rápido con los números ya sacaste la cuenta) son 200 personas por mes, casi siete seres humanos por día, asesinados brutalmente, SOLAMENTE en la ciudad de Juárez. No digo que podamos extrapolar ese número por la cantidad de ciudades-conflicto que existen en el mundo, pero seamos conservadores e imaginemos que solo existen diez ciudades como Juárez en el planeta, olvidemos Brasil, Rusia, Medio Oriente, Pakistán,

7 Ver: Bummel, A. “Eine Ideologie am Ende: die globale Drogenprohibition” en la revista online Telepolis (Enlace directo disponible en el sitio web)

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Colombia y África. ¿Con diez Juárez en el mundo no basta para decir “basta!”? La prohibición es causa de otros fenómenos poco felices, entre otros: las FARC (¿te acuerdas de Ingrid Betancourt?), el dinero del Talibán, el altísimo índice de enfermos de HIV entre los adictos a la heroína, y la violencia global y desenfrenada producida por el margen de ganancia inconmensurable que tiene la venta de un producto para cuya fabricación se deben correr riesgos inconmensurables. La realidad muestra que la prohibición no sirve para mermar el consumo de nada, pero que tiene consecuencias nefastas: sobre todo, la cristalización de estructuras delictivas en torno a la producción y distribución que no pueden combatirse de ningún modo: hay mucho dinero de por medio, el mundo es muy grande y la violencia es extrema. Así las cosas, la única forma de ganar la guerra contra las drogas es legalizarlas. Los beneficios de la legalización son muchos, sobre todo porque se les quitaría a los narcos todo su mercado y con él desaparecería también todo su poder – de manera instantánea y sin manera de evitar ese derrumbe: ni la corrupción política ni el crimen organizado podrían ir contra él (cosa que no puede decirse de la actual y armada guerra contra las drogas). Además, al sacar la producción y distribución de la ilegalidad, la calidad de la droga aumentaría considerablemente (lo cual no es un argumento pro-consumo, pero es un hecho incuestionable que los sucesivos e incontrolables cortes a la que está sometida la droga en su largo y sórdido camino hasta llegar a manos del consumidor, la contaminan con todo tipo de sustancias que a veces son más peligrosas que la droga en sí). La participación del estado, por su parte, sería incontablemente más eficaz, si se destinaran los recursos que puede generar la libre comercialización de las drogas (en forma de cargas y gravámenes impositivos) a la prevención de las adicciones y al tratamiento de los enfermos.

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En este marco, es evidente que la prohibici贸n va en contra de los intereses sanitarios de los pueblos, genera un terrible conflicto armado internacional, no sirve para que las personas no consuman estupefacientes, est谩 sostenida por un anacr贸nico dogma y es filos贸ficamente cuestionable.

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Estado de Derecho “a la K” 17/08/2009 - 18:56

No me gusta hablar mal de “Los Kirchner” porque al hacerlo asumo de hecho un discurso opositor que poco tiene que ver con lo que por lo general quiero decir. En estos casos prefiero hablar del “gobierno”, porque ese sustantivo es atemporal y por lo tanto mucho más acertado que la crítica a un gobierno puntual. Estoy hablando, obviamente, de “la Argentina política”, que lamentablemente siempre fue una acabada muestra de corrupción, amiguismo, inercia, torpeza, falta de visión, injusticia, inconstitucionalidad, delincuencia institucionalizada, demagogia, populismo y verticalismos absurdos, infantiles y entorpecedores.1 (In-) Seguridad política Por supuesto que aun así hay siempre cosas puntuales que destacar y que aplaudir. En mi artículo anterior acabo de escribir que nada es absolutamente malo ni absolutamente bueno; lo cual también es (evidentemente) válido para cualquier gobierno. Pero esto no quiere decir absolutamente nada. Si el balance no es positivo, cuando después de sopesar

1 Y eso en el mejor de los casos; el “worst case ever” fue siempre: desaparición de personas, censura previa, prohibición, tortura y muerte.

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el debe y el haber nos damos cuenta que la deuda del gobierno con sus ciudadanos y con el sistema democrático es tan grande que él mismo se transforma en el principal ente autoexcluyente del sistema, y así tendríamos todos que darnos cuenta que la tan mentada “tercera vía” ya está inventada: la Argentina política fue siempre un vaivén entre dictaduras abiertas, descaradas y sanguinarias y politocracias demagógicas, siempre más o menos mal disfrazadas de democracias. Por eso puedo entender (aunque con la piel de gallina), a los vejetes recalcitrantes que reniegan de la “democracia” (entrecomillas, aunque ellos no lo sepan: nunca supieron lo que es vivir en una democracia verdadera y prefieren la injusticia dictatorial, paternalista y honesta a la injusticia politógama, mentirosa y fraudulenta que representa lo que ellos entienden por el término). El mundo desarrollado tuvo históricamente (y sigue teniendo) políticas de izquierda y de derecha, de corte más socialdemócrata o de corte más conservador; pero todas ellas fueron siempre extremadamente liberales en el sentido político del término y más o menos liberales en su sentido económico. Poco importa, en realidad, si la comunidad europea subvenciona su actividad agropecuaria o si en Escandinavia existe una comunidad anarquista. La regla de juego más importante es que el estado se dedica a hacer política y, por lo demás, a dejar vivir. Aquí hacer política es construir poder político desde la política, o sea: desde el apoyo ciudadano – pero sin entrometerse en cuestiones que no son de su incumbencia, como son el sistema económico o el judicial. En este contexto, el apoyo ciudadano se gana con medidas que generan bienestar: [1] no entrometiéndose en la vida de los individuos, [2] protegiéndolos de cualquier tipo de arbitrariedad o injusticia (pública o privada), y todo esto [3] dentro de un marco de seguridad jurídica. Todos estos son elementos básicos del sistema democrático de los cuales jamás disfrutamos los argentinos.

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La “Riqueza de las Naciones” Para dar solo un ejemplo: las tristemente famosas “retenciones a la exportación” existentes desde siempre en la república argentina, son un ejemplo acabado de una imposición injusta y arbitraria, ya que son un impuesto a la facturación: las retenciones no consideran si el productor pierde o gana (y llegado el caso, cuanto): se le “retiene”2 un porcentaje de la facturación sin más. Entiendo que éste sistema (además de permitirle al estado nacional no coparticipar esas entradas con las provincias productoras) sea de una ejecución mucho más simple que la elaboración y puesta en marcha de un sistema impositivo más complejo pero más justo (y más parecido a los modelos que son la base de la riqueza de las naciones: el impuesto al ingreso) La ecuación impositiva elemental, vigente en todos los países desarrollados del mundo, es una misma fórmula que existe en tres versiones: [1] en su versión más conservadora, aplicando el mismo porcentaje impositivo a todas las actividades que representen algún tipo de ganancia; [2] en los países más socialdemócratas aplicando un impuesto alto a grandes ganancias, bajo a pequeñas ganancias3; y [3] en la versión más “izquierdista” aplicando grandes cargas impositivas a quienes más ganan y subvencionando a quienes pierden. Pero siempre hay una lógica política que responde a los parámetros democráticos que mencioné más arriba (poca intromisión/nula arbitrariedad/seguridad jurídica). Cualquiera que se tome dos segundos para analizar el poder económico de los países desarrollados va a llegar a la conclusión de que poco importa la riqueza natural de la tierra cuyos límites políticos conforman lo que los mapas han 2 Por lo menos, el nombre de esta arbitrariedad impositiva es

honesto, aunque todo lo demás no lo sea. 3

Pero siempre dentro de un margen razonable y siempre garantizando que a mayor éxito de la empresa en cuestión, mayor sea el resto de ganancia neta, obviamente

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convenido en denominar “países”. La riqueza está creada por sus habitantes, al trabajar, al producir y al consumir. La riqueza es el PBI per cápita. Por eso la “Argentina” no es un país “rico”, como los viejos carcamanes que añoran la dictadura no se cansan de repetir, la Argentina, aunque tenga “todos los climas”, y haya sido “el granero del mundo” es un país pobre, pobrísimo, paupérrimo.4

Mirando este mapa uno podría intuir que existe una relación directamente proporcional entre el grado de desarrollo de estructuras democráticas reales y el respeto de las libertades individuales por parte del estado con el grado de desarrollo económico de los países. Dicho de otro modo: únicamente las sociedades modernas (allí en donde la política va por un lado y la economía, la justicia, la cultura, la educación y todos los demás sistemas sociales van por otros), en donde cada

4 Pareciera un círculo vicioso difícil de romper porque para que un país produzca tiene que haber un mercado consumidor de esa producción con capacidad adquisitiva, y para que exista esa capacidad adquisitiva, deben pagarse buenos sueldos que generen ahorro y consumo, y para que pueda subir el precio de la mano de obra debe haber necesidad de producción. La cadena “Producción -> Consumo -> Producción” es tan evidente que da vergüenza tener que explicarla; pero en este país todo el mundo sigue hablando de la “Redistribución de la riqueza” como si la “Riqueza” estuviera dentro de un recipiente del que solo están tomando unos pocos capitalistas malvados y que cuando se acabe no habrá más. La riqueza no debe “redistribuirse”: debe generarse.

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sistema responde a una lógica interna sin tener que estar manoseado por un pulpo politiquero y obsceno que todo lo corrompe, existe un ámbito de evolución, libertad, crecimiento y bienestar. Tristeza generalizada Lo que sucedió la semana pasada entre la AFA y TyC, en donde el patriarca político del país5 le garantizó su apoyo a un mafioso para que rescinda unilateralmente un contrato con condiciones que pueden haber sido “leoninas” pero que dicho mafioso firmó tiempo atrás (de buena gana y vaya a saber uno por qué…), pero que ahora perjudica sus intereses -debido a un cambio coyuntural que tampoco escapaba a ningún pronóstico- es otro ejemplo, mucho más cínico, de la misma inseguridad política, jurídica y sistémica que sufre nuestro país. Y en medio de toda esta tristeza tengo que soportar leer a un Horacio Verbitsky decir que “La separación entre quienes producen contenidos y aquellos que los distribuyen es una de las claves del anteproyecto de ley cuyo envío al Congreso anunció esta semana Agustín Rossi. El fútbol podrá ser la demostración comprensible para todos de su efecto democratizador. Por primera vez la política no se rinde.” (Página12, “Goles son amores”, 16/04/09) Encima y “de yapa”, el gobierno se va a quedar con los derechos de televisación del fútbol. ¿Realmente existe gente que cree sinceramente que van a ser una fuente de ingresos para el Estado? ¿Hace falta decir que los van a transar mal? Me equivoqué con el título de esta nota. Debería haberse llamado “Estado de Derecho ‘a la A’” (En una abierta pero deprimente alusión a lo evidente) -.–.-

5 Quién -curiosamente- ni siquiera es parte “oficial” del gobierno

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El siguiente es un fragmento del Editorial de Jorge Lanata en su programa “Después de Todo (DDT)” correspondiente al 12/08/09. Abajo está el audio para escucharlo completo6 y viene al caso para cerrar este texto porque dice más o menos lo mismo. Escúchenlo igual porque el gordo es mucho más elocuente que yo: “En esta historia no hay buenos y malos; este es un congreso de hijos de puta. Y los que aplauden en ese congreso somos nosotros: una multitud de tarados que no atina a hacer nada para que las cosas cambien. Para decir la noticia: el gobierno operó la ruptura del contrato entre dos privados: la AFA y TyC. El contrato era injusto, leonino, monopólico y nació sospechado, a principios de los años noventa. Todo eso es totalmente cierto. Era un contrato totalmente injusto. Ahora: no fue un juez, no fue un tribunal, no fue la corte suprema quién dijo que el contrato era injusto. No fue ningún miembro del Poder Judicial quien dijo que el contrato era injusto. Fue un ex-presidente en ejercicio de la presidencia. ¿Nos damos cuenta de lo que pasó en estos días? Un ExPresidente, en ejercicio de la presidencia, dijo que un contrato entre dos particulares debía ser roto. O sea: fue el Rey, quien dijo eso. El Rey juzgó, decidió y condenó. Y pagará con dinero de la corona (público) el costo de esa decisión. [...] ¿Quién carajo va a venir a poner un peso en la Argentina? O ¿Quién de nosotros, argentinos, va a tener la confianza suficiente en el propio país (ya no hablo del gobierno) como para decir: ‘sabés qué, yo voy a poner acá diez palos, porque sé que durante veinte años esos diez palos van a trabajar’ Ni en pedo. ¡Pero ni en pedo! Argentina es ese lejano país del sur, en donde a lo mejor, el gobierno de turno, respete lo acordado. Eso somos hoy: un país que no existe, en la loma del orto, en donde a lo mejor, respetan lo que se firmó. A lo mejor; tampoco es seguro. O sea: con una buena coima podés hacer grandes negocios. Negocios breves y cortos. Que es lo que viene a hacer todo el mundo a la Argentina, desde hace treinta o cuarenta años.”

6 Contenido multimedia disponible en www.jupixweb.de

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El Terror, entre Bergen y Chomsky. Un enfoque sistémico. 01/05/2003 - 15:15

El atentado del 11 de Septiembre del 2001 dio lugar a otro “Nuevo Orden Mundial”, o por lo menos, impulsó un cambio en la política exterior de Norteamérica que culminó con la segunda guerra del golfo. Pero ¿Cuál es el origen del terror? Esta pregunta abre el presente artículo A nivel mundial, las reacciones a los atentados ocurridos el 11 de Septiembre de 2001 en New York y Washington abarcaron desde la reprobación, la incomprensión y el odio más decididamente amargos de los norteamericanos y europeos hasta la más descontrolada alegría de los grupos antiamericanistas de medio oriente, pasando por la hostil indiferencia latinoamericana, una mezcla de aprobación silenciosa y esperado ajuste de cuentas1. Pero ¿cuál es el origen del terror? Lanzar alaridos consternados sirve tan poco como regodearse de vengativa satisfacción, actitudes ambas más dignas de un niño encaprichado con la razón, que de un adulto comprometido con la verdad. Con esto no quiero decir que ignore el papel que ha jugado la CIA en los últimos 50 años de la política exterior norteamericana, ni quiero minimizar la locura premoderna y fundamentalista, solo 1 Véase García Marquez, Gabriel. "¿Cómo se siente?", reflexión

antiamericanista del escritor colombiano sobre los atentados del 11 de Septiembre publicada en numerosos sitios web

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señalar que la “Verdad del Extremismo” (extremismo entendido aquí como la posición más extrema de cualquier ideología) no representa “más” verdad; sino menos: incapaz de elevarse sobre las cosas y ver todo el contexto. El extremismo se sirve de simplificaciones que ayudan a reducir complejidad, pero que como toda simplificación (por su carácter de exclusividad), no le hacen honor a la verdad: la “lucha” (entre “buenos” y “malos”) la “Defensa de la Libertad”, emotivas acciones simbólicas como el izamiento de la bandera norteamericana sobre las ruinas del WTC, o la quema de esa misma bandera en manos de una multitud enardecida en Paquistán o Palestina, el “Mundo civilizado”, “Al-Qaeda”, son conceptos que dan la impresión de reordenar el mundo en un “adentro” y un “afuera”, de poder identificar y (por sobre todo), castigar a “los culpables”; en una palabra: de encontrar un lugar para la propia acción. La realidad es mucho más compleja, las raíces del problema no se encuentran ni en la política exterior de un determinado país, ni en las barbas de un acaudalado industrial de Arabia Saudita: las raíces del problema están encarnadas en la forma misma de la sociedad. La sociedad moderna no se divide en naciones o pueblos: son más bien los sistemas funcionales los encargados de esa diferenciación. Según la Teoría General de Sistemas (TGS), las naciones son, a lo sumo, entidades segmentarias subordinadas a sistemas funcionales como la economía, la política, la ciencia, la religión, etc. Estos sistemas carecen de centro; se los puede denominar y hasta incluso categorizar moralmente (bueno/malo), tarea por completo inútil, ya que los sistemas funcionales poseen una inherente indiferencia a la moral y clasifican su campo de acción con códigos altamente abstractos (pagos vs. carencia de pagos, ejercicio del poder vs. no – ejercicio del poder, verdad vs. no -verdad, fe vs. carencia de fe, etc.) Además, están regidos por la Autopoiesis, es decir: son irritables, pero no intervenibles, por su entorno. Son independientes, pero no autónomos (ya que requieren del entorno para poder existir como diferencia). La única manera

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de reducir la complejidad del entorno es la comunicación: los Sistemas Sociales producen comunicación a partir de la comunicación, transforman la información del entorno a códigos utilizables por el sistema en cuestión, actúan y se transforman así en entorno de otros sistemas. En contraposición a la teoría clásica de la comunicación, donde todo el mundo se entiende sin problemas2, la TGS analiza la comunicación como una entidad que sintetiza información, mensaje y comprensión, y constituye el núcleo generador de sociedad. Comunicación nunca es libre intercambio de “Outputs” e “Inputs”, sino traducción de un determinado Output en un determinado (y diferente) Input.3 Cada Sistema Funcional produce inclusión y exclusión en igual medida, o dicho en otras palabras: el orden genera desorden, el saber genera ignorancia, el poder genera oposición, y así sucesivamente. La dinámica interna tiende a autoequilibrarse mediante un sistema de integración de posibilidades, en la medida en que otorga mayores (integración suelta) o menores (integración estricta) grados de libertad individual. Esta categorización de los grados de libertad individual desaparece por completo si el sistema falta (no ya este abogado o aquel juzgado: ninguno; no ya este partido político o aquel otro: ninguno; no ya esta o aquella forma de gastar dinero, ya que no hay dinero), y cada sistema faltante entorpece la acción de los demás, ya que elimina la

2 Recordemos el modelo clásico de la comunicación: “Emisor ->

Mensaje -> Medio -> Receptor” 3 No cabe duda que el mensaje fundamentalista más efectista de

todos los tiempos (las imágenes de las torres gemelas derrumbándose) es comunicación, y que dicha comunicación ha sido elaborada de diferentes maneras, según el sistema funcional que opere con (que comunique) esa comunicación. El derrumbe de las torres es una “declaración de guerra al mundo civilizado”, un “golpe certero”, “venganza”, un “hecho bárbaro”, “voluntad divina”, un “fracaso de los servicios de inteligencia”, un “efectivo plan logístico”, un “acto suicida”, etc.

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comunicación con el medio: sin economía, sin política, sin educación, sin ciencia, sin arte, tan solo con una religión que no ofrece alternativas (porque lo acapara todo), que opera de manera fundamentalista, que instituye de hecho (para seguir usando la terminología sistémica), la integración más estricta posible. En este marco, no es de extrañar que aumente la predisposición individual a la violencia, incluso a la violencia extrema: aquella que glorifica la autodestrucción del individuo, la única libertad posible en un mundo sin libertades: la de morir por un ideal. Esta predisposición social es sabiamente usada por las organizaciones islámicas fundamentalistas, quienes se sirven de ella para poder actuar como sistema. El objetivo de la sociología en general y de la TGS en particular no es normativo, sino por el contrario, es meramente descriptivo. Aun así, se pueden trasladar los conceptos desarrollados anteriormente a escenarios ficticios o reales para buscar soluciones a problemas concretos. Visto desde este ángulo, la respuesta del mundo occidental a los atentados del 11 de septiembre fue lo peor que se podría haber hecho. No tanto por haber destituido a un gobierno déspota y fanático, sino por haber producido un tipo de comunicación que reafirma y fortalece al sistema del terror. El bombardeo de la OTAN a Afganistán no solo contribuyó a mejorar la imagen de Osama Bin Laden en medio oriente, sino que también reafirmó el accionar del terror y aumentó el odio fundamentalista, y con seguridad ayudó a aumentar el número de sus filas, al haber dado lugar a la escalada del conflicto Palestino-Israelí y Ruso-Checheno. Una respuesta más certera hubiese sido apoyar a los grandes movimientos democráticos que (aunque en su mayoría en la clandestinidad) existen en todos los países de oriente medio. Con esto se crearían, a largo plazo, las condiciones para la formación de un sistema pluralista, que garantice en cierta medida el desarrollo y la libertad individuales. Baste citar aquí la evolución de Irán, uno de los países categorizados otrora como uno de los más fundamentalistas; hoy con Mohammed

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Khatami a la cabeza del gobierno, quien intenta sintetizar la tradición islámica con la democracia occidental. Por supuesto, sería una medida política que no obtendría resultados inmediatos, visibles. Pero daría lugar a una evolución desde adentro, más duradera y más fuerte. Desde la óptica sistémica, la única solución posible pues, recordemos, los sistemas son irritables, nunca intervenibles. Bibliografía y fuentes Berger, Peter L. "Holy War, Inc." The free press, Simon & Schuster, New York, 2001 Chomsky, Noam. "El Terror como política exterior de los EEUU" Libros del zorzal, Buenos Aires, 2da. Ed., 2002 Fuchs, Peter. "Der Terror der Gesellschaft" Revista de Sociología No. 0, Bielefeld, 2003 García Márquez, Gabriel "¿Cómo se siente?" Analítica [Ed. Online], Caracas, 2001

Revista

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El Golden Rice y la cara fea de Greenpeace 09/01/2011 - 02:59

Leyendo una nota de Mauricio José Schwarz, me puse a reflexionar -otra vez- en Greenpeace y en su capacidad para atraer a aquellos contemporáneos de buen corazón y de mejores intenciones, pero muy ingenuos y a menudo también (lastimosamente), nada más que “idiotas útiles” en manos de ciertos lobos disfrazados de oveja. (Un muy buen acercamiento a la irracionalidad y malevolencia de Greenpeace (si, si: dije malevolencia) encontramos en un episodio de la excelente serie descubre-charlatanes “Penn & Teller: Bullshit!” dedicado a la “Histeria Medioambiental“). Schwarz comenta en su nota cómo Greenpeace está obstruyendo sistemáticamente la legalización del “Golden Rice”, una variedad de arroz genéticamente modificado para proporcionar vitamina A, con cuya producción que se salvarían las millones de personas cuya alimentación está basada en él y que año tras año mueren por deficiencia de dicha vitamina, sobre todo en Asia y África. El “Arroz Dorado” fue creado por un equipo de científicos a cargo de Ingo Potrykus, un biólogo alemán que en el año 2000 anunció, después de diez años de investigación en el Instituto de Ciencias Vegetales del Instituto Federal Suizo de Tecnología, que había podido al fin incorporar dos genes al arroz con cuya ayuda el alimento biosintetiza beta-caroteno

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natural, una sustancia que nuestro cuerpo utiliza para producir vitamina A. A diferencia de otros trabajos de investigación biogenética que persiguen intereses comerciales, el “Golden Rice” fue creado con el propósito expreso de ser regalado a los productores más pobres del planeta para luchar contra la alta tasa de mortalidad ocasionada por una dieta carente de vitamina A, pero Greenpeace y otras ONG se oponen dogmáticamente a su utilización, habiendo evitado políticamente, hasta hoy, su introducción en el mercado, sin más argumento que la afirmación taxativa de que los alimentos manipulados genéticamente son “peligrosos”. Y punto. (O sea: apelando al miedo y sin ningún argumento) Para que esta entrada no se convierta en un mero copypasteo de la nota de Schwarz (que recomiendo ampliamente) transcribo aquí una entrevista a Ingo Potrykus, el científico que desarrolló el “Golden Rice“, publicada en diciembre del 2007 por el portal austríaco persoenlich.com, donde explica las características de su proyecto y por qué no debemos temerle a la ingeniería genética. Yo agregaría que no debemos temerle al avance científico en general y que los razonamientos dogmáticos, vengan de Greenpeace o del Papa, están muy bien para la iglesia y para el Homo Neanderthalensis, pero nada más. La Ingeniería Genética, la Investigación con Células Madre, el Diagnóstico Genético Preimplantacional, la Energía por Fusión Nuclear (supuestamente estamos cerca) y tantas otras maravillas producto del conocimiento científico deberían colmarnos de asombro en lugar de despertar miedos irracionales e imbéciles, pero por sobre todo: perjudiciales y venenosos. La entrevista original (en alemán) y la traducción al español están disponibles en el sitio web. Nota: La entrada anterior tuvo varios comentarios, de los cuales he decidido transcribir uno aquí. (No obstante, recomiendo leer también la entrevista a Ingo Potrykus):

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Antonio says: Friday, February 25, 2011 at 1:24 ¿Es el Golden Rice la única o la mejor solución? ¿Cuál es el contenido de beta-caroteno que produce el Golden Rice? Según Syngenta, que generó el Golden Rice versión 2, que supuestamente es 20 veces mejor que el original de Potrykus en cuanto a producción de beta-caroteno, es de 37 microgramos por gramo. ¿Cuál es el contenido en otras verduras? Según la USDA Database (todos en microgramos por gramo del alimento): camote: 150, zanahoria 93, espinaca 72, Calabaza 69, Col 68. Y no te menciono al aceite de palma roja, con 275 porque necesita procesamiento, aunque mínimo, para su obtención. ¿Cuánta agua se consume para producir los 100 gramos de Golden Rice (que crece en zonas anegadas) que tendrías que comer al día para tener la ingesta diaria recomendada? ¿Cuánta para producir los 20 gramos de camote equivalentes? La respuesta está entonces en la alimentación balanceada, cosa que el monocultivo impuesto por la insostenible “revolución verde” destruyó. Muchísimas variedades de hortalizas de hojas verdes, de bajo consumo de agua, ricas en beta-caroteno, desaparecieron de los campos del mundo por el uso de herbicidas. Los transgénicos no van a mejorar eso. Sólo van a prolongar la incumplida (e incumplible) promesa de la “revolución verde” de acabar con el hambre en el mundo. La producción per cápita de alimentos en el mundo ha crecido (o sea, proporcionalmente, la producción de alimentos crece más rápido que la población, checa la página de la FAO) y aun así hay un desbalance impresionante en el consumo calórico en las diferentes regiones del planeta. Y espérate a que los biocombustibles agarren fuerza. Y fíjate que no te he mencionado a Monsanto (que son unos perfectos cabrones), ni a Geenpeace (que son una bola de niñatos ricos con su panza bien llena), ni la insustentabilidad de la agricultura masiva, a cuyo esquema el Golden Rice se ciñe (fertilizantes que se producen a partir del gas natural, pesticidas que se producen a partir del petróleo, ¿qué va a pasar con la agricultura cuando los combustibles fósiles se acaben?), ni la bioseguridad de los transgénicos (porque yo pienso que sí son seguros). No necesitamos el Golden Rice para aliviar la avitaminosis, ni transgénicos para acabar con el hambre. Necesitamos agricultura sustentable y diversificada.

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Necesitamos comercio justo y no libre comercio. Necesitamos que los que defienden a los transgénicos en la agricultura con una fe ciega no nos sigan amenazando con el Apocalipsis (eso que llamas “muerte real”) si no nos alineamos. Necesitamos que los que creen en alternativas sin transgénicos dejen también de amenazarnos con el Apocalipsis (OGM=Cáncer y toda la sarta de estupideces que tú mismo mencionas). Necesitamos que los científicos sean financiados en su totalidad por fondos públicos y no necesiten mendigar dinero de las compañías a cambio de su alma. Necesitamos que todas las partes se liberen de sus tabúes, fundamentalismos y compromisos para encontrar entre todos la mejor solución.

JuPiX says: Saturday, February 26, 2011 at 10:53 Hacía mucho que no me dejaban un comentario tan centrado. Gracias por eso. Y por supuesto que la “mejor solución” sería la implementación de una alimentación balanceada, pero si te fijas verás que eso por ahora no es posible. (Y no por culpa de los monocultivos precisamente, sino por problemas socioestructurales para cuya solución debemos sumergirnos en otro debate). Entonces el Goldenrice aparece como una solución *implementable*, aunque no sea la mejor. Decir que el Goldenrice no sirve porque lo que debe pasar es que toda esa gente debe alimentarse mejor es como negarle atención médica al apuñalado argumentando que no deberían haberlo herido.

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SOCIEDAD .la de acรก adentro

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Un Google es un número muy grande 07/09/2007 - 01:38

Un Googol (leáse “Gúgol”) es 10100, lo que lo convierte en un número prácticamente inconmensurable. Es habitual encontrar comparaciones que ayuden a dimensionar su magnitud: por ejemplo, que un gúgol es mayor que el número de átomos del universo. Por lo tanto, el gúgol es un número bastante inútil, que no sirve para describir nada, excepto un conjunto muy grande pero imaginario de cualquier cosa. Googol, en inglés, se pronuncia ['gu:gol] y mal escrito es Google, la segunda maravilla de la red luego de la invención del protocolo de hipertexto. Google, un proyecto surgido casi de casualidad, que de la nada dejó a Altavista, a Yahoo y a Microsoft a un costado de la ruta mirándose el ombligo y pidiendo por favor que los dejen jugar al juego de internet. En diez años, Google pasó de ser una idea mal escrita1, un algoritmo de búsqueda secreto y un novedoso sistema de Page-Rank, a convertirse en una de las empresas más poderosas del mundo, un monopolio de facto de la información, en un siglo en donde la información es casi más valiosa que el petróleo.

1 Supuestamente y haciendo caso de la leyenda urbana, el sitio iba a

llamarse Googol, en referencia al inconmensurable número de páginas de internet

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Google es fantástico. Todo lo que hace lo hace mejor que los demás. Esa es la clave de su éxito… y tener enormes cantidades de dinero, es cierto: ninguna empresa puede pagar más de 1600 millones de u$s por una compañía que en sus dos años de existencia dio pérdidas (pero era dueña de una gran porción del mercado: youtube.com), así como ningún empleador puede darse el lujo de pagar los mejores sueldos del mercado, regalarle a sus empleados 20% de su tiempo de trabajo para el desarrollo de proyectos propios, mantener centros de recreación, guarderías infantiles, piletas de natación y un gigantesco número de etcéteras (todo para el uso gratuito de los empleados) sin estar sepultada bajo toneladas de efectivo. Pero la realidad es así, al menos por ahora. Por Google pasan el 80% de todas las búsquedas en internet que se realizan en todo el mundo, Google maneja el 65% de los contenidos de video, el 60% de los Blogs, el 70% de la publicidad web, gran parte de la comunicación por mail y por VoIP. Ni hablar de GoogleEarth, GoogleDesktop, etc. etc.2 El capital de Google es la información; para poder seguir vendiendo publicidad necesita conocer al consumidor, saber cuáles son sus intereses y su poder de consumo, saber dónde está, de donde viene y a donde va. Es lógico que acapare esta información y se convierta en el único topógrafo de la red que cuente con datos estadísticamente confiables. Si uno analiza las actividades de Google, rápidamente se da cuenta de que está creando la base de datos más importante del siglo XXI. No nos engañemos: Si en el siglo XX, el poder de los estados-nación se medía en ejércitos, en el siglo XXI es la información el único índice de poder, no ya de los estados, sino de los Global-Players. Entonces, sin sucumbir al pánico

2 ¿Usted cree que Google es solo una máquina de búsqueda? Mire: Google Search, Google Products, Google Groups, Google News, YouTube, Google Video, Google Mail, Google Talk, Google Earth, Blooger, Google Book Search, Google Analytics, Google Base, Google Calendar, Google Checkout, Google Finance, Orkut, Google Docs, Google Desktop, Picassa … (la lista sigue)

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ni sospechar confabulaciones de expedientes secretos, me pregunto: ¿Por qué le estamos dando semejante poder a un solo actor? Porque funciona, es fácil, es versátil, es gratis. Porque hoy por hoy, es la mejor alternativa. Pero así planteada, es una alternativa peligrosa: hace años que Google ha dejado de ser una máquina de búsqueda; Google es internet. Todo lo que no está en Google, simplemente no existe. Voy a repetirlo: Google es el Internet. El indicador más fuerte de este cambio estructural de la red es el hecho de que los gobiernos de todo el mundo han encontrado en Google la herramienta de control que no tuvieron en la primera década de la existencia de la World Wide Web: desde China hasta Norteamérica, los países ya no tratan infructuosamente de cerrar tal o cual sitio, simplemente le piden a Google que quite tal o cual sitio de su index; el sitio no aparece en Google y desaparece así del plano de lo existente. Google despierta en mí sentimientos encontrados, por un lado me ayuda a trabajar, a comunicarme y a entretenerme; por el otro está empujando al internet, que alguna vez fue de todos nosotros, hacia un lugar que en mis más oscuras pesadillas se parece demasiado al 1984 de Orwell. Y en esta época de renacimiento fascista, que todos padecemos, no deberíamos jugar con el fuego.

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Amistad 2.0 05/04/2011 - 20:43

La columna de hoy de Rolando Hanglin en La Nación no decepciona: es tan mediocre como siempre. Veo que sus notas cargan con el subtítulo “Pensamientos incorrectos” y cuando dejo de reír (es todo tan bizarro que no deja de tener su componente surrealista) no puedo evitar sentir un poquitín de vergüenza ajena ante tan pretenciosa sentencia. Hanglin despotrica contra Facebook, o mejor dicho, contra la “devaluación” de la palabra amigo: amigos eran los de antes, no este desconocido, indiferente e insultante amontonamiento de caritas de 20x20px. en la pantalla del monitor y ese grotesco número de “amistades” que termina siendo competencia adolescente por “a ver quién lo tiene más grande” (al número, digo). Dado que “este país” fomenta el “culto a la amistad” (verdadera) “como ningún otro” y sabe tanto de amigos como de “fútbol o carne asada”, dice Rolando que “resulta un poco extravagante que se haya aceptado en nuestro país la amistadFacebook.” (Realmente, este señor da pena: le falta decir que “tenemos todos los climas” y gana el Premio Campanelli al Orgullo Argento -que no existe pero que habría que inventar para galardonar a estos energúmenos-) Termina el “periodista” haciendo una escueta lista de las cosas para las cuales “internet no sirve”, lista por completo inútil por cierto, ya que durante todo su desahogo ya había

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llegado a la conclusión de que no sirve “para nada” (excepto quizás para encontrar amigos (“reales”) que viven en el exterior). Más o menos lo mismo que dice Enrique Symns, ¿no? – Bueno, no del todo. El problema es que Rolando no es Enrique. No digo que intente serlo, pero mientras éste tiene la capacidad de elaborar un discurso sólido, elocuente, inteligente y gracioso, aquel lo único que hace es comportarse como mi vecina y repetir de oídas un discurso torpe, prejuicioso y que rebosa de lugares comunes, frases hechas, mediocridad e ignorancia. Sin embargo, el tema de su columna me hizo acordar a una entrevista a Dirk Baecker que tengo a medio traducir, en donde el sociólogo habla durante más de una hora sobre la sociedad de la información y en donde el periodista, una especie de Rolando Hanglin suizo, hace la misma muestra de ignorancia que su colega argentino y cuenta cómo no entiende por qué en Facebook las “amistades” se llaman “amistades”. Transcribo un par de párrafos interesantes, mucho más interesantes que la paupérrima columna de Hanglin, y dejo la entrevista completa más abajo, en YouTube y aún sin traducir1: ~~ […] - Durante el corto período de tiempo que tuve una cuenta en Facebook, recibí una solicitud de amistad tras otra, de gente que conocía poco o nada, y fue precisamente eso lo me hizo… huir de Facebook. ¿Por qué he de “oficializar” de esa forma una amistad, eso no equivale casi a enterrarla? - [...] Es una discusión que tengo a menudo con mis estudiantes: ¿Qué es hoy un “amigo”, si en Facebook puedo tener ciento cincuenta o mil quinientos amigos? La respuesta

1 Contenido multimedia disponible en www.jupixweb.de.

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es que sea lo que sea, ya no tiene nada que ver con lo que era antes. (A propósito: nos encontramos aquí frente a una oportunidad maravillosa para investigar qué es exactamente lo que era “antes” un amigo. ¿Qué significa exactamente, saber que con suerte uno puede llegar a hacer entre tres y cinco amigos en toda su vida? ¿Cuál es el test que hay que absolver para saber si el otro es un amigo o no? ¿Tiene que ver con la frecuencia con la que nos reunimos? ¿Tiene que ver con la confianza, de que por ejemplo no vaya a hablar mal de mí a mis espaldas? ¿Tiene que ver con alguna forma de intimidad, de compartir esperanzas y miedos? ¿Qué es eso, el “ser amigo”? Una invención de los antiguos griegos…) - Su pregunta me lleva a lo que (quizás inconscientemente) ha dominado toda nuestra charla: La sociedad informática ¿Es superficial? ¿Ya no profundiza más, ni exige concentración? Los amigos se vuelven conocidos, los conocidos se vuelven amigos… - Sinceramente, no comparto en lo más mínimo ese tono de crítica cultural; aunque me parece interesante que exista esa observación… - “Surfear”, es la palabra para la superficie… - No, de ningún modo. “Surfear” (sobre todo si quiere analizar la palabra literalmente, si examina por ejemplo la “cultura del surf” en la costa de california), surfear es una tarea que exige paciencia y concentración extremas, y produce una forma de conexión extraordinariamente intensa con las imprevisibles corrientes del mar, ofrece la posibilidad de encontrarse durante horas “ahí afuera”, frente a la costa, en medio de una comunidad (solo en casos excepcionales los surfistas salen solos) y reflexionar sobre lo que pasa “ahí adentro”, en el continente, en tierra firme. Surfear es estar en una posición que permite observar el fondo sobre el que flotamos, sabiendo que no sabemos lo que sucede en él (dónde están los tiburones y donde se forman las corrientes y las futuras oportunidades para nosotros mismos) y que permite la observación del propio origen (¿de dónde

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venimos?) y la reflexión sobre cómo trasladar la propia experiencia de “ahí afuera” a “allí adentro”, hacia adentro de la sociedad (en este caso) californiana. De ningún modo es algo superficial, al contrario; pero aquí estamos hablando no ya de una profundización vertical, sino de una horizontal.

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Comunicación y censura 08/08/2009 - 14:21

Nunca me gustó abusar de la palabra “censura”. Creo que hacerlo denota una estupidez y una ignorancia bastante similar a la de aquellos que abusan de la palabra “democracia”. La confusión reinante hace que muchos no entiendan que la democracia y la libertad de expresión son altos valores que debe cumplir el Estado, y hacer cumplir en cuanto a las relaciones vinculantes y obligatorias de los ciudadanos. Pero dentro del ámbito estrictamente privado, muy rara vez tiene sentido hablar de “censura” o de “democracia” (mejor dicho: del ejercicio de aquella o de la falta de ésta). Voy a poner algunos ejemplos: 1. Un jefe de redacción rechaza el artículo de uno de sus periodistas, que descubrió los mecanismos de una red de prostitución infantil y narcotráfico y elaboró un minucioso informe sobre el tema. En vano, pues la revista en cuestión es la “Vouge”, que tiene metas comerciales y un target que atender, a quien no le importa cuántos niños en el mundo mueren por año en condiciones medievales, sino que prefieren saber de cuantos quilates es el anillo de Bodas de tal o cual princesa o cuantas veces por semana hacen el amor Victoria y David Beckham. ¿Esto es censura? No, es lógica comercial. Otro ejemplo:

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2. El Papa rehabilita a la hermandad sacerdotal Pio X, una fracción neonazi y ultraconservadora de la ICAR, sin haber hecho ni siquiera un sondeo de la voluntad política de sus fieles. ¿Esto es “Antidemocrático”? No, es un modo autoorganización institucional. En todo caso, es ademocrático, pero ¿qué más da? Nunca, nadie, jamás, dijo que la ICAR tenía que organizarse democráticamente. Es más, la gran mayoría de sus miembros están muy a gusto con la jerarquía verticalista de la organización, sin que esto sea motivo de ningún escándalo público. Lo que hagan las personas adultas, de común acuerdo y por propia voluntad, escapa al área de injerencia del Estado. Por eso, pueden existir organizaciones no-democráticas, con rigurosos sistemas de control de opinión1 y de la más variada ideología2, sin que el Estado pueda hacer absolutamente nada. En principio, porque una de las facultades que el Estado no tiene es la de prohibir ideologías; debido al simple hecho de que no se puede prohibir el pensamiento. El estado solo debe actuar cuando una organización pretende ejercer el totalitarismo, la homofobia, la xenofobia y la misoginia (para quedarnos dentro de los adjetivos ya mencionados) activamente y fuera de los límites de la propia organización, es decir: cuando una persona u organización lastima la libertad y la integridad de un tercero. Pero cuales son los límites de expresión de un grupo particular es algo que se define por un proceso de autoorganización interno y propio de cada grupo, y que nada tiene que ver con la censura3. Es decir: la forma y los

1 o sea: con sistemas de censura 2 por ejemplo: totalitaristas, homófobas, xenófobas y misóginas

(todos estos adjetivos, casualmente, describen muy bien a la institución que mencioné más arriba) 3 Dicho de otro modo: si un miembro homosexual de la ICAR se

siente “censurado” (cosa que en principio puedo entender muy bien),

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contenidos de la comunicación de cualquier sistema social, eso que diferencia unos de los otros, es el resultado de una operación de autoorganización (la sociología habla aquí de autopoiesis) que no solamente puede, sino que necesita censurar aquel tipo de comunicación que va en contra de sus intereses autoreproductores. Esto no es algo que decida algún integrante: esto lo decide el sistema4. Por eso, el único momento en donde el lícito hablar de “censura” en el marco de una institución, organización o sistema social, es cuando uno de sus integrantes hace abuso de su facultad de censurar y toma una decisión arbitraria y subjetiva, que no responde a la comunicación del sistema en cuestión. Para ejemplificar un poco: si en un foro de discusión “ateo” un moderador elimina en post crítico sobre el personaje de la Madre Teresa de Calcuta, eso es censura, porque la comunicación de ese grupo en particular permite criticar a los “Héroes de la Iglesia”; dicho sistema es inherentemente crítico con respecto a la ICAR y la opinión de ese moderador no solo no tiene ninguna importancia, sino que en ese caso puntual, está equivocada (desde la lógica interna de ese grupo). La eliminación del mismo mensaje en un foro de discusión cristiano, por el contrario, no supone un acto de censura: es simplemente un acto comunicativo, absolutamente lícito, de ese grupo en particular: si el sistema

en lugar de quejarse lo que debe hacer es abrirse de la organización que lo segrega y (si tiene ganas), puede crear una institución paralela en donde él y sus amigos tengan cabida 4 Tampoco es algo inmodificable o impermeable al paso del tiempo: la comunicación de un sistema cualquiera (como todas las cosas) está sometida a un proceso evolutivo, lo que permitió, por ejemplo, que con el paso de los milenios la ICAR modificara algunos de sus dogmas: ahora, en el siglo XXI, acepta, por ejemplo, que la tierra no es el centro del universo, o que las mujeres son seres humanos.

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no permite la crítica a los “héroes de la iglesia”, pues no la permite5. Un caso de censura cómo el que acabo de describir sufrí en carne propia hace algunos días, en la comunidad latinoamericana TARINGA! Hice un post absolutamente acorde con el reglamento de ese portal, pero crítico con el fenómeno de la fe (ni siquiera se me ocurrió criticar a la ICAR en particular). Existió durante menos de una hora, obtuvo más de 450 visitas y más de treinta comentarios (de los cuales solamente dos fueron Trolls) antes de ser borrado. Como consideré (y sigo considerando) que su eliminación fue un acto desproporcionado con la “gravedad” del asunto y del tema, hice un segundo post, exponiendo mi punto de vista. Éste existió durante 45 segundos antes de ser eliminado. Aquí está: Hola a todos. Soy miembro desde hace menos de un año; uno quizás más pasivo que activo: hasta ahora he posteado poco, pero siempre que lo hice traté de que los contenidos de mis aportes sean algo más que el clásico video de “la bola en la ingle” o una recopilación de lo que pasó en el programa de Tinelli o Mirtha Legrand. Antes de empezar a participar activamente, leí el “protocolo” (o sea, las Reglas del Juego que rigen en este portal) y me pareció bastante razonable. En esa página puede leerse la definición de lo que el grupo administrador de T! entiende por él: “Existen reglas en las cuales se basa la filosofía de administración llamado protocolo”, que se detallan a continuación, las cuales están separadas en dos partes: 1.aquellas cuya 5 Lo que no implica que no existan organizaciones más o menos liberales y permisivas; lo puntual de éste análisis es que los sistemas sociales no gubernamentales, los actores privados, los grupos e instituciones definen modos y contenidos de comunicación más o menos permisivos sin que esto pueda ser considerado censura. Diferente es en el caso del Estado, que debe garantizar una amplitud de permisividad casi ilimitada en pos de que cada individuo pueda alinearse en donde mejor le parezca o tenga la libertad de armar el ámbito de comunicación que le venga en gana.

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violación implica la eliminación del post y 2.aquellas cuya violación implica el bloqueo de los comentarios al post correspondiente. Además, existe una página en donde los usuarios podemos ver “en tiempo real” cuales posts son eliminados, por quién y por qué causa. Por lo general, el anuncio reza así: [TITULO] (Creado por [USUARIO]) Eliminado por: [MODERADOR] Causa: [CAUSA] En esa misma página, más abajo, aparece una caricatura a la que adhiero y que siempre me pareció brillante (lo menciono aquí porque voy a volver sobre el tema de la censura un poco más abajo). Pero también hay un grupo de anuncios que no gozan de esa transparencia. Ahí puede leerse: [TITULO] (Creado por [USUARIO]) Eliminado por acumulación de denuncias Es raro: no se entiende si la lacónica “acumulación de denuncias” es un motivo de eliminación controlado por un anónimo moderador, si es un proceso de recuente automático que borra el post llegado a un misterioso número de denuncias o si tantas y cuantas denuncias obligan al primer moderador disponible a borrar el post. Curiosamente, la “acumulación de denuncias” no es un motivo detallado en el “protocolo” (quizás exista un protocolo paralelo y misterioso que no está disponible para los usuarios, lo que transformaría al protocolo “público” en algo menos que inservible) Por supuesto, reflexiono sobre todo esto porque hoy, uno de mis posts fue eliminado “por acumulación de denuncias” (luego de 1h. de publicación, 450 visitas y 30 comentarios). Repasé la lista de “prohibiciones” por lo menos diez veces y no encontré ninguna contravención a las reglas que llevarían a la automática eliminación del post. Lo resubí, esta vez cerrado, y entonces no fue borrado. Pude rescatar un screenshot de la polémica que generó el post, y releyendo los comentarios, lo único que se me ocurre es que el post pudiera generar “demasiada polémica agresiva”, pero entonces lo que debería haber hecho el moderador es haber CERRADO el post, en lugar de eliminarlo.

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Son tus reglas, Taringa!, yo no las hice ni quiero cambiarlas. Pero si nos ponemos de acuerdo en que vamos a jugar de tal forma, aténganse a sus propias reglas. Y acá viene el tema de la censura: lo que pasó hoy fue CENSURA, y en este contexto decir CENSURA no quiere decir “SOY ESTÚPIDO”. Cada comunidad pone sus propias reglas. Éstas nunca son “buenas” o “malas”; simplemente son como son. Si no me gustan, me voy a jugar a otro lado, es así de simple. Eliminar un post en T! porque cuenta un chiste escrito no es censura, todos sabemos que eso acá no se puede hacer o te borran el post. Sin embargo, acá se pueden postear links para bajar películas o software en DD, eso es política expresa de T! (y en gran parte gracias a esa política T! vende la cantidad de clics que vende) Hay otras comunidades en donde se aceptan chistes y se borran links a rapidshare, y cada uno elige a donde ir según lo que quiera hacer. El texto que posteé hoy está expresamente permitido por tus reglas, por lo tanto, al borrarlo lo censuraste deliberadamente (ese es el quid de la cuestión, si empiezan a borrar cosas según el estado de ánimo de los mods o de los usuarios nadie puede hacer nada)

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La dimensión de la realidad 28/07/2007 - 21:53

Hace poco más de seis meses (¡una eternidad!) me enteré de la existencia de un juego online, cuya comunidad estaba creciendo a pasos agigantados, una mezcla de juego de rol, chat en 3d y realidad virtual. Como siempre, el interés tecnológico, la curiosidad y el hecho de pertenecer a una generación para la cual los video-”juegos” son algo más que una mera y estúpida pérdida del tiempo1 me motivaron a visitar la página de Lindenlab, esforzar mi pésimo inglés, abrir una cuenta de usuario y en unas horas había nacido “Aeur Auer”, mi alter ego, un “avatar” más en el primer metaverso2 de dimensiones considerables y por eso digno de ser tomado en cuenta: Second Life. ¿Qué es Second Life? ¿Es un videojuego? ¿Un juego de rol? ¿Un chat en 3D? ¿Un sistema para presentar contendidos multimedia? ¿Un lugar de encuentro para discapacitados

1 Entre las muchas cosas que representan, pueden ser creatividad,

basura, comunicación, adicción, libertad, interacción, trabajo, etc. o sea: cultura. Bien, yo tengo treinta años; hace diez o quince, una persona de mi misma edad hoy, hubiera limitado ésta descripción al segundo adjetivo… pero ése es un tema que dejo para otra ocasión 2 Neal Stephenson introdujo el término Metaverso en 1992 en su

novela Snow Crash, en donde describe un (cyber)-espacio de interacción humana, social, cultural y económica

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sociales, incapaces de llevar adelante su biológica, difícil y frustrada “First Life”? ¿Un medio de distribución de pornografía? ¿Un espacio para la comunicación política? ¿Un mercado económico? ¿Es una realidad virtual? SL es, en principio, una plataforma. LindenLab, la compañía responsable de su desarrollo, creó una matriz vacía de contenido, la representación informática de un mundo desértico. El usuario nuevo “nace” con un cuerpo estándar, la habilidad de comunicarse con los demás usuarios por voz o texto, y la posibilidad de crear objetos y compartirlos (o no) con el resto de los usuarios. Todos los contenidos que existen dentro de éste mundo “virtual”, desde las ciudades hasta los tornillos, pasando por los aviones, los inmuebles y hasta los peinados y los gestos de avatares, son creaciones de los participantes. Paralelamente a las características de las figuras, existe una moneda, propia del juego, el “Linden Dollar” (L$) con la que cada avatar puede establecer relaciones comerciales con LindenLab y (lo que es más interesante), con cualquier otro “residente” de Second Life y cuyo curso3 está regulado por las leyes del mercado. Dentro del sistema, los L$ sirven para comprar “tierra” (100% en manos de LindenLab, aunque todo aquel que ya posea “terrenos” sea libre, a su vez, de subalquilarlos) o bien cualquier objeto de los enumerados más arriba (100% en manos de los usuarios). Esto hizo florecer una economía exclusiva del sistema pero no por eso menos real: Secondlife tiene un producto bruto interno de alrededor de 250 millones de dólares estadounidenses anuales4 Entonces, SecondLife es una simulación de una realidad que

3 a la hora de escribir este texto: 250 L$ = 1 $ 4 El PBI per cápita es más difícil de calcular, ya que al día de la fecha existen más de ocho millones de usuarios registrados, de los cuales menos de dos millones son usuarios activos que se conectan al sistema por lo menos una vez cada dos meses

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permite un tipo de interacción interna, social, cultural y económica. ¿Para qué sirve una simulación de la realidad? Uno siente la tentación de apurarse: “para nada”. La primera reacción, casi un reflejo, al escuchar la palabra virtual, impulsa a caer en un lugar demasiado común y pensar que ese tipo de cosas “raras”, no solo están hechas para un hombre moderno, tecnócrata, completamente aislado del mundo, muy solo y muy infeliz, sino que también producen este tipo carácter neurótico, autista y esquizofrénico. La demonización de la tecnología, aludiendo al aumento de la “soledad del hombre”, es algo a lo que deberíamos estar acostumbrados: ya pasó, en todas las épocas, con todas las tecnologías emergentes: con el libro, con el automóvil, con la televisión, con el internet. Secondlife no es ni va a convertirse en una realidad virtual: SL es parte de una realidad única. Alguien me comentó hace unos días que todas nuestras interacciones son virtuales; todo lo que pensamos, decimos y hacemos; la manera que elegimos para interrelacionarnos con las demás personas son el producto de decisiones pasadas y una reflexión sobre algo que leímos, vimos u oímos en algún momento. Yo iría más allá al afirmar que no existe tal cosa como la virtualidad; lo que pensamos, decimos y hacemos es siempre parte de la misma dimensión de lo real, cuya construcción tiene lugar dentro de la prisión de nuestro espíritu. Para la comunicación entre dos conciencias es absolutamente intrascendente si la distancia física entre una conciencia y otra es de dos centímetros o doce mil kilómetros; si existe un canal de percepción entre ambas, entonces existe comunicación e interacción. Cuando exista un metaverso de tercera o cuarta generación, cuando hayamos mejorado ese canal de percepción “virtual”

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que hoy es tan pobre5, cuando podamos percibir olores, sabores y percepciones táctiles, cuando sea tecnológicamente posible la comunicación no verbal y los límites de la realidad se diluyan, el adjetivo “virtual” habrá perdido todo su significado. Que en esta etapa de evolución social y tecnológica, la palabra virtual nos sirva para marcar una diferencia entre un tipo de interacción incipiente y uno tradicional, no significa que sea semánticamente correcta: si la realidad es una construcción, en la dimensión de la realidad entra todo aquello que definimos como tal: desde las heces de tu perro hasta el pelo de un avatar.

5 para ser completamente claro: SL, así como existe hoy, deja bastante que desear y no va a convertirse en la realidad virtual del futuro: es lento, feo, demasiado desorganizado y con pocos contenidos interesantes; pero el entusiasmo que se desprende de mis palabras está motivado por la idea, las posibilidades de desarrollo y el valor potencial que tienen los metaversos actuales

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.la de ahĂ­ afuera

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Llegar antes de salir 17/12/2009 - 14:48

Llegué al aeropuerto de Frankfurt con un liviano optimismo; la conexión hasta allí había consistido en un vuelo corto y tranquilo en un B737 casi vacío y (para mi alegría) sumamente turbulento. Mis (cualquier cosa menos incontables) copasajeros estuvieron, todos, notoriamente menos interesados en las vicisitudes climáticas que en el contenido del Süddeutsche o el Frankfurter Allgemeine Zeitung, produciendo un agradable silencio y preparándose (evidentemente) a comenzar una jornada laboral en lugar de comenzar un viaje. La excepción era yo. El capitán nos informó que íbamos a llegar a destino con unos 20 minutos de retraso debido a una incipiente nevisca sobre Frankfurt, que nos obligaría a dar unas vueltas sobre el aeropuerto y que todo iba bien. Unas pocas miradas a los relojes muñeca interrumpieron algunas lecturas; media hora más tarde salíamos todos del avión: rápida, ordenada, rutinariamente y aún en medio de un agradabilísimo silencio. Llegué al aeropuerto de Frankfurt, decía, con un liviano optimismo: con tiempo como para no tener que ir corriendo a la Puerta B22, pero tampoco iba a tener que perder pesadísimas horas esperando abordar, y la expectativa del vuelo directo a Buenos Aires era fuente de moderada alegría, siendo que el año pasado tuve que hacer HAN-FRA-MADSGO-BUE (¡36 horitas!) Después de un paseo tranquilo, con el equipaje de mano y el notebook en un carrito, llegué a la sala de espera, atiborrada de gente y del inconfundible

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murmullar del turista argentino, cargado de “ché”s, “boludo”s y “nenas/es”. Mi optimismo amenazaba con decaer. Todavía faltaban 20 minutos para el boarding time, pero frente a la puerta de la manga, a todas luces cerrada y vacía de personal, comenzó a formarse una incipiente cola. Tomé asiento en uno de los muchos asientos vacíos de la sala de espera y saqué un libro. Detrás de mí: - “Ay, dale, vamos que ya están empezando a entrar” - “No, todavía no” - “¡En serio, boluda, mirá! Dale, que vamos a viajar incómodas” (sic!) - “Pero todavía falta, nena” - “Bueno, pero vos después te ponés nerviosa, y además caragndo con la valija hacés un quilombo, como no la sabés manejar…” (sic!!!) Fue interesante: llegar al país antes de salir. Muchas eran mis ganas de voltearme y pedirle a la más sensata de las dos que fueran de una maldita vez. (Mi optimismo decaía) Rápidamente, la gente se levantaba de sus asientos para ir a formar cola frente a un mostrador inexistente, cargada de una mezcla de nerviosismo, desesperación, malhumor y montañas de equipaje; y el estar parados e inmóviles no contribuía a que se sintieran mejor. La pregunta es obvia: ¿Por qué la gente hace cola, siempre, frente a la manga cerrada? Los asientos en el avión están numerados, los pasajeros contados y la sala de espera es grande. La aeronave no va a despegar sin ustedes. Si en lugar de desprender tanto nerviosismo y miedo se sentaran a esperar que los llamen a embarcar, podrían ocupar su tiempo en descansar, leer, escuchar música y tranquilizar a los niños que indefectiblemente llorarán inconsolablemente durante todo el viaje (seguramente, luego de descubrir la estupidez mayúscula de sus padres)

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Media hora después, entre caos, gritos y empujones, el personal de Lufthansa comenzó a embarcar el LH510. Seguí leyendo, esperé un cuarto de hora a que el último pasajero entregara su tarjeta de embarque y desapareciera atolondradamente hacia el avión, dejé pasar tres minutos y me dirigí hacia la puerta vacía. Había terminado de leer un capítulo de mi libro y mi optimismo volvía a mejorar.

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Deconstrucción de un problema 10/03/2010 - 02:43

Leyendo el ABC de Paraguay me encontré con un comentario, firmado por Lourdes Peralta, titulado El problema homosexual A primera vista bienintencionado y reconciliador, entre líneas percibo una clara tendencia conservadora. Lo copio aquí; y a continuación, una pequeña deconstrucción.

El problema homosexual por Lourdes Peralta “En Argentina una pareja gay se fue hasta el fin del mundo (Ushuaia) para “casarse”. Muchos decían: “Solo ahí pudieron hacerlo porque aquí los hubiéramos linchado”. La unión gay se aprobó en Washington, en México y promete extenderse anunciando cambios sociales radicales. ¿Son realmente avances para la humanidad o pronostican un extenso desierto? Lo bueno de las crisis es que obligan a pensar, en este caso, a la par de palabras de moda –muy abusadas y extremadamente lucrativas“intolerancia” y “discriminación”. En una entrevista a nuestro diario, una lesbiana declaraba que los homosexuales no podían expresarse sentimentalmente en Asunción porque faltaban locales “buena onda”. Gran relatividad de expresión que da para la polémica infinita. Leyendo sus declaraciones se sienten “como los negros en EE.UU.”. Aunque el

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pueblo negro sufrió la persecución por motivos muy diferentes; fue raptado violentamente de su lugar y convertido en esclavo, o sea mano de obra gratuita, recepción del trabajo sucio, manual. Se trataba de la extensión de un imperio sobre ellos. No es este el dilema con los homosexuales. Ciertamente existe discriminación hacia los homosexuales, aunque vanas son sus pretensiones de vivir en un mundo rosa donde puedan besarse, abrazarse, ser vistos como iguales en el plano sexual. El encuentro entre un hombre y una mujer será siempre el motor de la historia. Nadie investiga si entre dos hombres –idem dos mujeres– puede haber concepción. La ambición de que puedan adoptar niños tampoco cierra cuando hay cada vez más parejas heterosexuales que, por lo menos en nuestra cultura, tienen y tendrán prioridad. Jamás el punto es atizar la caza de homosexuales. Nadie es santo en la cuestión: ni gays revoltosos ni heterosexuales intransigentes. Ojalá encontráramos el diálogo correcto para la convivencia pacífica, convenios legales que nos ordenen, oportunidades laborales. Pero querer cambiar las ideas y convicciones a la fuerza, no es lo más inteligente para el bienestar general. También es importante considerar que entre los homosexuales existe división de criterios. No todos aprueban estos cambios. El actor y locutor uruguayo, Fernando Peña (fallecido), homosexual declarado, mediático y muy sagaz, dijo en uno de sus shows: “Estábamos bien hasta que a un puto se le ocurrió la idiotez de querer casarse con otro puto”.1 Peña se sabía diferente y lo aceptaba. Sufría, como lo confesó muchas veces, una gran tristeza. Pero sobre todo el alud de críticas era él mismo y se las arreglaba para lidiar con su mal genio y su soledad. Su mordaz sinceridad ganó también a un gran público heterosexual. Los homosexuales han conquistado derechos presionando a los políticos y creciendo en organización, no por pruebas genéticas. Hay, por supuesto, casos muy delicados para los gobiernos, la ética médica y toda la sociedad. Encarar hoy una ampliación de sexos nos lleva a una extenuante guerra de ideologías, moral y religión. “¿Por qué una pareja heterosexual puede

1 En el artículo original figura la (¿auto?) censurada frase “Estábamos

bien hasta que a un pu… se le ocurrió la idiotez de querer casarse con otro pu…”, (me consta que Peña no usó los puntos suspensivos)

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besarse en plena calle y no una homosexual?, ¿a quién le daña eso?”. Preguntaba Rosa Posa. Y todos tenemos una respuesta. Lo grave no es el reconocimiento público de la homosexualidad, eso es algo sensato. Lo condenable es el negocio que se hace de ella promocionándola como una elección sexual. Si el niño heterosexual pregunta: “Papá, ¿por qué se están besando esos dos señores/as” ¿Qué respuesta sería la correcta? Como vienen los tiempos y los hijos no está mal pensarlo de antemano. Y pensar también cuánto nos equivocamos cuando sobreponemos nuestra soberbia e ignorancia ante la sabiduría de la naturaleza.” Ante un artículo tan evidentemente bien intencionado, es difícil reaccionar con la vehemencia que exigen sus múltiples confusiones, malosentendidos y tambaleantes cadenas argumentales (evidentemente religioso-morales, pero disfrazadas de imparcialidad: yo sé que Lourdes va a decirme que sus argumentos no son religiosos). Un lector apresurado podría traducir mucho más agresivamente mis sustantivos a solo dos: “Idioteces y Malaleche”. Me voy a tomar el tiempo para buscar una solución al dilema y ofrecer, entonces, una respuesta vehemente y cordial. Comencemos por el título. Es peligroso y equivocado. Peligroso, porque hace referencia a una semántica abiertamente violenta, la semántica nacional-socialista antisemita del “Problema Judío”. Entiendo que no fue la intención de Lourdes trazar un paralelo tan poco feliz, pero la forma en la que decimos algo también transporta un mensaje, independientemente de las intenciones del redactor. Hablar del “Problema Homosexual” despierta inmediatamente una asociación ideológica en el lector medianamente informado, le guste o no, lo haya buscado así o no quién lo dice. Además de ser peligroso, está equivocado: el problema al que hace

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referencia no es un problema “homosexual”2; el problema, en todo caso, es uno de aceptación y tolerancia. Hace poco, traduciendo una entrevista al filósofo esloveno Slavoj Žižek, me encontré con una interesante frase de Hegel: “A veces, la maldad está en los ojos de quien la percibe”. El “Problema Judío” eran aquellos que tenían un problema con los judíos, y el “Problema Homosexual” radica, sin lugar a dudas, en aquellos que tienen un problema con los homosexuales. En el primer párrafo, Lourdes cae en la más grande tentación de un periodista: la manipulación. Comienza diciendo, en pocas palabras, que los homosexuales se ponen en el lugar de víctimas, abusando de los conceptos de “discriminación” e “intolerancia”, que muy al pasar califica de “lucrativos” (sic!) y en seguida cae en la falacia del hombre de paja, al atacar un supuesto argumento inexistente3. El segundo párrafo es duro: comienza con un rechazo categórico de las principales exigencias de la parte homosexual de la sociedad hacia la otra, y estas son, justamente, “que puedan besarse, abrazarse y ser vistos como iguales en el plano sexual”. Cabría preguntarle a Lourdes como piensa dialogar con los homosexuales siendo tan intransigente a la hora de negociar o, mejor dicho, negándose a priori a la 2 o sea: perteneciente a los homosexuales; y aquí reitero que la forma de expresar una idea se convierte en parte de la misma, y así las cosas, no pueden aceptarse correcciones ulteriores; hablar del “Problema Homosexual” es hablar de un problema aparentemente causado por los homosexuales y no de uno concerniente a la sociedad en su conjunto 3 Si bien es cierto que la explotación sufrida por los esclavos africanos

en las colonias inglesas de américa, que continuó luego de la conformación de los Estados Unidos de América y hasta la guerra civil estadounidense, nada tiene que ver con la actual discriminación hacia los homosexuales; el argumento es que “se sienten como los negros en EEUU” a partir de aquel momento, es decir: sienten una la discriminación similar a la post-esclavizadora en Norteamérica, que todavía hoy, en menor medida, persiste. Desconocer este hecho es, por lo menos, curioso.

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posibilidad de una negociación. Si es que existe un problema, (como ella nos indica en el título), y si es que la solución no ha de ser una solución final, es de una urgencia inminente que por lo menos, consideremos la posibilidad de negociar. Además, no veo cuál es el problema de que puedan expresar su amor de la forma en que quieran: ese “mundo color de rosa”, al que tanto le teme Lourdes, ya existe en las partes más civilizadas de este mundo: en Escandinavia, en Alemania, en Holanda, en Inglaterra y en Australia, por nombrar unos pocos, los homosexuales salen a la calle de paseo o de compras, y a la vista de todos se abrazan, se besan y son vistos, por todos, como “iguales en el plano sexual”. Luego hace Lourdes una reflexión a primera vista intrascendente y, observada con más detenimiento, abiertamente religiosa: “El encuentro entre un hombre y una mujer será siempre el motor de la historia. Nadie investiga si entre dos hombres puede haber concepción”. Digamos que el encuentro sexual entre un hombre y una mujer ha sido la condición de posibilidad (única hasta hace algunas décadas) de la reproducción biológica del ser humano. Proclamar esa intrascendencia como “Motor de la Historia” es ingenuo o manipulador. Por otra parte, nadie debe “investigar” si entre dos hombres (o entre dos mujeres) puede haber concepción. No puede. Y aquí radica lo religioso del planteo de Lourdes, compartido por muchísima gente, que ven a la sexualidad humana como un medio de procreación y nada más. Pues no lo es. La sexualidad es una forma (muy sofisticada) que tenemos los seres humanos para conocernos mejor, para divertirnos, para comunicarnos. También es una forma de procrear (¡ni más ni menos!). Esa tenaz comparación con “lo natural” carece de sentido al referirse al ser humano: si bien somos parte de la naturaleza, hace mucho tiempo que dejamos de estar sometidos completamente a ella; y el funcionamiento de algunos procesos, que alguna vez fueron parte de una conducta instintiva, pasaron a formar parte de nuestra cultura. Los animales debemos comer para sobrevivir, pero nosotros,

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además, desarrollamos la gastronomía. Los animales debemos protegernos de las inclemencias del tiempo, pero nosotros, además, creamos la arquitectura. Los animales incapaces de adaptarnos al medio pereceríamos en un contexto de selección natural, pero nosotros nos organizamos en una red social capaz de soportar la caída de individuos desafortunados. Los animales debemos mantener relaciones sexuales para mantener a la especie y nosotros, además, tenemos una sexualidad. La gastronomía, la arquitectura, la sociedad y la sexualidad son manifestaciones de un desarrollo cultural que nada tiene de “natural” en el sentido biologista del término. En este contexto y analizado fríamente, el único motivo para encontrar aberrante las prácticas homosexuales y, por consiguiente, exigir su regulación y discriminación (no otra cosa se desprende del texto de Lourdes) es uno de moral religiosa, que en los estados laicos como los nuestros nada tiene que hacer (y asumo que Lourdes encuentra agradable la idea que se esconde detrás del laicismo estatal). Es más: si nos detenemos a mirar el mapa sobre la legislación de la homosexualidad en el mundo, veremos una clara correlación entre la intromisión religiosa en los asuntos políticos, por un lado, y el grado de rechazo a la homosexualidad (que se traduce en la pena capital, en algunos casos extremos) Aquí radica el nudo del problema, porque (admitámoslo) el rechazo a la homosexualidad surge del pánico de un sector de la sociedad que ve en las prácticas homosexuales algo aberrante, pecaminoso, inmoral y contagioso. No entienden que la orientación sexual no es una elección: hay personas heterosexuales y otras homosexuales. Siempre las hubo. La humanidad no va a dejar de tener hijos si se vuelve más “permisiva” a éste respecto. No es la intención de los homosexuales la de “convertir” al resto de las personas. Ni siquiera es algo ligado a la educación: las parejas homosexuales que han logrado adoptar niños (las hay), no brindan a sus hijos una educación “homosexual”, así como las parejas heterosexuales no brindan una educación “heterosexual” en el sentido de transmitir la inclinación

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heterosexual de los padres a su prole (pueden transmitir prejuicios, eso sí, y ayudar a la reproducción del problema, pero ninguna pareja heterosexual pudo evitar que sus hijos fueran homosexuales, llegado el caso. Tome a cualquier homosexual del mundo como ejemplo: todos tuvieron un hogar heterosexual) El siguiente párrafo, sobre Fernando Peña, es también abiertamente manipulador. (Lamentablemente, esta deconstrucción está mostrando un lado poco feliz detrás de la llamada al diálogo). Dice: “Peña se sabía diferente y lo aceptaba. Sufría, como lo confesó muchas veces, una gran tristeza. Pero sobre todo el alud de críticas era él mismo y se las arreglaba para lidiar con su mal genio y su soledad. Su mordaz sinceridad ganó también a un gran público heterosexual.” Peña era, antes de ser homosexual, un artista. La inclinación sexual de cualquiera no es un adjetivo laboral. En ese marco, la última oración está de más, pues el “también” implica “aun”; ahí lo que la periodista nos está diciendo es que Peña “…ganó a un gran público heterosexual aun siendo homosexual”, lo cual es un gran sinsentido. La genialidad y el talento son características humanas, pero ni hetero- ni homosexuales4. Y antes, nuevamente, manipula Lourdes el lenguaje de una forma soez, al escribir “sufrimiento”, “tristeza”, “mal genio” y “soledad” inmediatamente después de la palabra diferente, insinuando que el sufrimiento y la tristeza eran consecuencia de su condición de diferente. Quizás sí o quizás no; pero en todo caso, lo reprochable de esa fórmula es pretender extenderla a todos los homosexuales e insinuar, simplemente con una forma de redactar, que ese tipo de diferencia genera angustia y soledad5.

4 Quiero creer que Lourdes no juzga el histrionismo de un actor, o el

profesionalismo de un médico, o la aptitud de un piloto de avión según la inclinación sexual de las personas que se esconden detrás de los personajes 5 Asumiendo que exista esa angustia causada por la condición de “diferente”, no es exactamente así: la angustia surge del aislamiento y el rechazo, no de la condición de diferente por sí misma. La verdad es

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Hacia el final, Lourdes afirma que “Los homosexuales han conquistado derechos presionando a los políticos y creciendo en organización” No. Los homosexuales han ido conquistando derechos porque la sociedad está cambiando y, con ella, su moral: se ha vuelto más tolerante, menos pacata, menos atada a un sinnúmero de mandatos religiosos de dudosa utilidad social. La moral social no es algo inamovible; cambia con el tiempo.6 En cuanto a la pregunta final: “Papá, ¿Por qué se están besando esos dos señores/as?” ¿Qué respuesta sería la correcta? Solo cabe una respuesta correcta. Es muy simple, la misma que debemos dar ante el beso de una pareja heterosexual: “Porque se aman”.

que el tema da para un desarrollo más complejo, pero muy sintéticamente, el argumento que se desprende de esa observación, es un argumento muy cínico. Es decir: “¿Ves? Ser homosexual causa depresión” cuando en realidad es la intolerancia de quién pronuncia ese argumento contra los homosexuales la causa del malestar. Si no existiera la homofobia, no existiría esa angustia (y la diferencia seguiría existiendo). 6 no así la moral “divina”, pero Lourdes no hace referencia a ella: en su respuesta del 09/03/10, 18:18, a un comentario al mismo artículo al que se hace referencia aquí, escribe: “No hay [...] referencia a La Biblia, solo a los hechos fehacientes…”

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iDeology 02/04/2010 - 21:28

El problema con las ideologías es uno por partida doble: por un lado, la estructura de las ideologías no permite ver sus falencias; es decir, existe un “punto ciego” que el idealista es incapaz de percibir; y por el otro, la estructura del pensamiento humano tiende a la cristalización de ideologías a medida que un sistema determinado de pensamiento se va consolidando en cada uno de nosotros. Por eso debemos ser sumamente cautelosos a la hora de afirmar cualquier cosa y siempre debemos autocuestionar nuestras propias convicciones bajo la siguiente consigna fundamental: ¿cuánto de lo afirmado es parte de una realidad observada, y cuanto es una construcción que reafirma la propia cosmovisión? Si la balanza se inclina más hacia el segundo punto, más vale siempre la duda a la afirmación taxativa. Bajo una mirada crítica, nada de lo hecho por Apple fue realmente innovador, por lo menos nada de lo que hizo en los últimos treinta años1. El éxito descomunal de Apple y su línea de objetos-hardware (el iPod, el iPhone y ahora el iPad) no 1 Cuando Apple todavía era un elemento innovador, hizo dos aportes importantes al desarrollo de la informática: 1. la creación de un sistema operativo cuyas aplicaciones se ejecutan en un sistema de “ventanas” que más tarde dio lugar y nombre a “Windows” y 2. la implementación del “Mouse” como lo conocemos hoy. Pero eso ocurrió hace mucho tiempo

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fueron el reflejo de innovación tecnológica sino más bien el de la alimentación de una ideología. Con esto no quiero decir que sean productos malos, pero analizados fríamente, los productos de Apple son “Re-empaquetados Restrictivos“. Reempaquetados, porque persiguen un concepto estético del objeto por el objeto en sí, algo absolutamente inusual en el mundo del hardware, en donde las cosas tienen que ser más funcionales que visuales2, pero no pasa así con el hardware de Apple, cuyos productos siempre fueron objetos-hardware. Además, ninguno de ellos representó una verdadera innovación: cuando salió el iPod ya existían reproductores de mp3 más potentes, cuando salió el iPhone ya existían celulares multifunción más potentes, y hoy ya existen TablettPCs más potentes y de menor costo que los futuros iPads. Son también restrictivos, porque en pos de una supuesta “seguridad”, están cerrados al mundo exterior: solo aquellos programas aceptados por Apple pueden ser ejecutados en este tipo de plataformas. El último éxito de Apple todavía no salió a la venta, pero ya está agotado: el iPad, promocionado como la primera “Tablett-PC“, que viene a reemplazar el clásico Notebook y que es tan fácil de usar que será la computadora “para los abuelos“: pura pantalla táctil enmarcada en aluminio de nimias dimensiones, que sigue el concepto con el que la compañía de Steve Jobs ha tenido un enorme e indiscutido éxito: tanto el iPod, el iPhone y ahora el iPad son aparatos “fáciles de usar”3, con cajas de aluminio cepillado, cantos

2 los argumentos clásicos de venta de Hardware son funcionales por naturaleza: frecuencias, temperaturas, benchmarks, y una larga serie de datos que nos proporcionan una idea sobre la potencia de un aparato, siendo normalmente irrelevante su color o forma 3 El argumento de la “sencillez de uso” (en desmedro de la “complejidad”) en sistemas informáticos puede traducirse en términos de “Rigidez/Flexibilidad” y es bastante similar a la dicotomía política de “Seguridad vs. Libertad”; y así analizados, todos estos pares conceptuales podrían ordenarse ideológicamente en una

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redondeados, acrílico gris antracita espejado, pantallas brillantes, espesor milimétrico y un logo en forma de manzanita a medio comer que, pese a estar en el primerísimo plano del objeto-hardware, al mismo tiempo da la impresión de estar escondido, o mejor aún: de no existir. La marca es lo más importante pero a la vez lo último que el consumidor de objetos-hardware esgrime como argumento a la hora de explicar y explicarse su forma de consumir, en una especie de hipocresía circular dogmática: es bueno porque es Apple porque es bueno, y así ad infinitum. Los aparatos de Apple son objetos de culto, dignos de Patrick Bateman4 y de personas que compran aplicaciones cuya única función es el precio que pagaron por ellas5, y hacen una figura impecable sobre el escritorio de cualquiera; pero de ningún modo son herramientas de trabajo. Bajo el tambaleante argumento de la seguridad, Apple no se ha cansado de pretender explicar por qué su línea de objetoshardware estuvieron siempre cerrados al mundo exterior. Desde el iPod con su cuestionado DRM6 y la obligatoriedad compulsiva del uso del iTunes para la sincronización de los archivos, hasta el todavía no disponible iPad y su falta de escala que fuera del máximo control posible a la máxima libertad posible (p.ej. fascismo/liberalismo, etc.) 4 Patrick Bateman es el protagonista de la novela "American Psycho" (Bret Easton Ellis, 1991), un joven yuppie de clase alta de la Norteamérica de fines de la década de los años '80, sumamente superficial y obsesionado (entre otras cosas) con la adquisición de objetos exclusivos y de altísimo costo. 5 ¿O qué otra cosa es la aplicación llamada “I am rich”, cuya única

función consiste en mostrar la foto de un rubí, que al ser cliqueado se convierte en un aforismo de póster y que cuesta mil dólares? 6 “Digital Rights Management” o DRM, por sus siglas en inglés, es un

sistema de bloqueo restrictivo de contenidos multimedia, integrado en el software del archivo en cuestión, para que solo pueda ser reproducido en un dispositivo específico, sin que exista la posibilidad de su posterior distribución.

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cualquier tipo de puerto (usb, ssd, firewire o el que sea), la única forma de intercambiar información de estos objetoshardware es por medio del modernísimo sitio de culto AppStore. La paranoia y el afán de control son tales, que el iPad no podrá reproducir archivos Flash, únicamente para que no pueda ejecutarse por ese medio ningún tipo de Script. Así las cosas, el iPad no es una computadora es el sentido clásico del término, un “aparato programable”; el iPad es, como dijo Jörg Kantel en un artículo recientemente publicado en el Frankfurter Allgemeine Zeitung, un “Control Remoto”, porque solo permitirá la reproducción de los contenidos que la empresa Apple quiera alojar en su AppStore (y que yo esté dispuesto a pagar, claro está). En principio esto podría tenernos muy sin cuidado, a no ser porque atenta gravemente contra el principio de autoregulación y autoreproducción imperante en internet, que fue y es el motor de toda innovación tecnológica de los últimos veinte años. Es impensable el desarrollo que hubiera sufrido la Red si en los ’90 ya hubiera existido algo como el App-Store: Para poner solo un ejemplo, el problema que hoy tienen los grandes imperios mediáticos no existiría7, pero su problema es una bendición para todos los demás. Si en 1995 hubiera existido el AppStore, la morfología del internet sería hoy muy diferente. No existirían ni Google, ni YouTube, ni Facebook, ni Twitter, ni las noticias gratis de todo el mundo, ni los innumerables Blogs de gente apasionada, estúpida, inteligente, aburrida, desconsolada, divertida, feliz, desesperada y una interminable lista de etcéteras que hacen de la red lo que hoy es: un lugar de intercambio, aprendizaje, pérdida de tiempo, esparcimiento y comunicación global.

7 a quienes les resulta de facto imposible cobrar por los contenidos

que suben a internet pero que tampoco pueden darse el lujo de quedarse afuera de la red; y quienes ensayan una y otra vez fórmulas para cobrar por sus contenidos con poco o nulo éxito.

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Por mi parte, estoy muy conforme de que sea así, y espero de todo corazón que el iPad sea un éxito, pues entonces dentro de un año, más o menos, tendremos la versión de Google de la Tablet-PC, cuyo sistema operativo (en desarrollo por Google desde hace varios años y que ya funciona en netbooks, notebooks y celulares: “Android”), si permitirá su deconstrucción y mejora por parte de la comunidad, ese grupo de gente insana, que invierte tiempo, esfuerzo y dinero en el desarrollo de un software que nunca será vendido y que tiene la espartana apariencia de una hoja en blanco. Algo que Patrick Bateman no hubiera usado nunca.

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Benefactores 05/12/2009 - 23:17

La WikiMedia Foundation es un organismo sin fines de lucro cuya función, básicamente, consiste en recolectar y canalizar los recursos que necesitan la Wikipedia, la Wikimedia, Wikibooks, Wiktionary y otros proyectos menores, todos financiados íntegramente por donaciones particulares. Hojeando el reporte anual del 2007/2008 (sumamente interesante, por otra parte, para saber en qué se van los casi seis millones de dólares que costó éste año mantener con vida a la Wikipedia y a sus hermanitas), me encontré con dos páginas finales en donde la fundación le agradece, con nombre y apellido, a los donantes más importantes. Dicha importancia está determinada por el monto de la donación y organizada en grupos: “Major Benfactors ($50,000 or more)”, “Patrons ($15,000 to $49,999)”, “Leading Donors ($5,000 to $14,999)” y “Sustaining Donors ($1,000 to $4,999)” Mi sorpresa fue mucha y muy grata al ver que en los primeros dos lugares, arriba de todo el la lista de quienes donaron más de cincuenta mil dólares, en lugar de dos nombres aparece la palabra Anonymous.

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A veces, la enorme tristeza de tener que vivir en este mundo se ve perturbada por momentos asĂ­. QuĂŠ bueno.

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Los textos reunidos en este libro fueron publicados en la web entre el 21/12/2002 y el 16/06/2011. Durante esos ocho años y medio, Internet sufrió un desarrollo vertiginoso, o quizás debiéramos decir: continuó sufriendo un desarrollo vertiginoso. Sin embargo, el uso y la percepción de lo que Internet es y la percepción de su importancia como factor educativo, político y social aún sigue siendo extremadamente dispar: mientras que los más jóvenes vivien conectados, para muchos mayores "la Red" sigue siendo o "un misterio" o un "pasatiempo vacío". Sacar de la Red el material presentado en este volumen y llevarlo al papel es un experimento: ofrecer un amplio espectro temático (los artículos tratan tópicos que van desde el jazz a la física teórica, pasando por la tecnología, filosofía, religión, política, cine, sociología y psicología, entre otros) con el objetivo de llegar, alguna vez y con mucha suerte, a las manos de alguien que no esté familiarizado con el funcionamiento de Internet, despertar su curiosidad y animarlo a participar de Internet y disfrutar de la cultura online.

ISBN 978-1-4477-4689-8

90000

9 781447 746898

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Notas de viaje  

Los textos reunidos en este libro fueron publicados en la web entre el 21/12/2002 y el 16/06/2011. Durante ese tiempo, Internet sufrió un de...

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