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D O M I N G O

www.lapatria.com

El periódico de casa

Noviembre 13 de 2005 Manizales - Colombia

Edición 2 9.976 6 secciones 56 páginas

$2.500 ISSN 0124-9320

20 AÑOS DESPUÉS DE LA TRAGEDIA OCASIONADA POR EL NEVADO DEL RUIZ EN CALDAS Y TOLIMA

Explosión

Caldas también sintió los efectos catastróficos de la explosión del 13 de noviembre de 1985 del cráter arenas del Nevado del Ruiz. 1.900 víctimas de Villamaría y Chinchiná y miles de damnificados fue el resultado del paso de las avalanchas por el departamento.

de recuerdos y dolor

De 10 alarmas que vigilaban el cauce de los río Claro y Chinchiná, en Caldas, en la actualidad solo se tienen dos, aunque la Odepade afirma que son de última tecnología y suficiente para evitar cualquier tragedia. FOTO/MARTHA MONROY/LA PATRIA

Sin duda alguna la mayor tragedia se registró en Armero (Tolima) con un saldo final de 22 mil muertos. No obstante, algunos pudieron salvar sus vidas, aunque las huellas seguirán presentes en sus cuerpos y en sus mentes.

FOTO/ARCHIVO/LA PATRIA

Rioclaro fue el sitio de Villamaría más afectado con la avalancha. Juan Carlos Vargas tenía 13 años y perdió a sus padres y seis hermanos. Habitantes del lugar relatan la jornada y los tiempos de renacimiento.

FOTO/ARCHIVO/LA PATRIA

Dos sobrevivientes, ex alumnos de geología de la Universidad de Caldas, recordaron ese amargo momento.

Armero quedó convertido en un inmenso playón de lodo después de tener 4.200 viviendas ocupadas por unas 25.000 personas y 536 establecimientos comerciales, con unos activos brutos de $l.467 millones, de entonces. INFORMACIÓN CUADERNILLO B

HOY A LAS 11:00 A.M.

ONCE CALDAS – CALI, HOY A LAS 5:30 P.M.

Culmina Por los primeros tres puntos la Feria de Novilleros

El Presidente de Colombia, Álvaro Uribe Vélez, afirmó que el dilema no debe ser entre tener o no tener un Tratado de Libre Comercio (TLC), sino entre negociarlo bien o mal.

Seis novillos de la ganadería de Ernesto Gutiérrez serán los encargados hoy de cerrar la VI Feria del Novillero. El cartel de cierre está formado por el mexicano José Ortiz, Juanito Ortiz y el novillero manizaleño Carlos Gómez.

Once Caldas inicia hoy, a las 5:30 de la tarde, su carrera en estos cuadrangulares finales, cuando en el Palogrande reciba al Deportivo Cali. El ‘blanco’ espera comenzar con pie derecho luego del buen nivel que

mostró en las últimas nueve fechas bajo la orientación de Jaime De la Pava, quien hoy enfrentará a su antiguo equipo. Al conjunto albo regresan Gamadiel García y Dairo Moreno.

ÍNDICE

$463.500

COLOMBIA ......... 2 A PRIMER PLANO .. 3 A EDITORIAL .......... 4 A OPINIÓN ............. 5 A GENERAL ............. 6 A ECONOMÍA ......... 7 A DEPORTES .......... 8 A

EN DOMINGO .. 1 0 A MUNDO ............ 1 4 A VIDA EN FAMILIA ... 1 5 A TRAGEDIA RUIZ ... 1 B SALUD ................. 1 C ALMA Y VIDA ...... 2 C VARIEDADES ...... 8 C

INFORMACIÓN 8A

INFORMACIÓN 3A

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Indicadores económicos CAFÉ US$ 1,1379 DÓLAR - TRM $ 2.280,19 UVR $ 153.0043

BARRA DE CONTROL DE CALIDAD

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DE 10 QUE HABÍA SOBRE LOS RÍOS CHINCHINÁ Y CLARO, SOLO EXISTEN DOS SISTEMAS

Alarmas, JUAN PABLO GALLO

EDITOR FIN DE SEMANA/LA PATRIA MANIZALES

“Donde Dios le tenga a uno la muerte, ahí será”. Ese es el pensamiento que a los 71 años aún acompaña a doña Mélida Alzate Sánchez, el mismo que tenía 20 años atrás y por el cual se quedó en su casa ubicada en Rioclaro, a orillas del cauce del río que lleva el mismo nombre y por el que descendió una de las cuatro avalanchas tras la erupción del Nevado del Ruiz en 1985. La vivienda de la señora, anclada en un extremo y la única de tres pisos de lo que ahora se podría llamar un caserío, es la encargada de evitar una tragedia si un evento similar se llegara a producir en la actualidad. Arriba, en lo alto de la elevada estructura, reposa la sirena que en un momento determinado dará aviso sobre alguna anormalidad en el cauce del río. “En aquella época sólo quedamos como cuatro familias. Todos se fueron de miedo del río. Nosotros (ella, su padre y su hermana) sí nos quedamos en la casa. Por eso cuando al año vinieron a poner las alarmas escogieron este sitio porque el resto estaban desocupadas”, recuerda doña Mélida sobre la instalación de una de las 10 alarmas donadas por el gobierno japonés, puestas en funcionamiento a mediados de 1986. Hoy, dos décadas más tarde, aquella casa es el único lugar, en todo el descenso del río Claro, en la que existe una señal sonora sobre cualquier anomalía que genere peligro aguas abajo. De aquellas alarmas donadas por el gobierno oriental solo queda el recuerdo.

Modernas

Según Ramón Sánchez Carvajal, encargado de la Oficina Departamental de Atención y Prevención de Desastres (Odepade), de la Gobernación de Caldas, el paso de los años hizo que las alarmas japonesas se deterioraran, por lo que fue necesario desmontarlas. Afirma que la reubicación paulatina de los lugares que corrían peligro a lo largo de este río permitieron tener en la actualidad solo la denominada Red de Generación de Señales de AlerDiferentes sistemas de alerta ta Temprana en tiempo fueron donados por gobiernos real. El sistema cuenta con extranjeros, como este monitor enviado por los españoles. Aho- tres elementos básicos. ra solo quedan recuerdos gráfi- El primero es una estación de monitoreo ubicacos de estos instrumentos. da en el sector de La Batea, en el nacimiento del río. Esta se conecta a dos estaciones de alarma, una de ellas en el caserío Viejo Rioclaro y otra en la subestación de la Chec, a la entrada de Chinchiná. Además de este sistema de monitoreo y alarma en río Claro, la Odepade cuenta con otro en el casco urbano de Manizales, en el barrio La Playita, que se encarga de medir el nivel de agua del río Chinchiná y que alertaría a los habitantes de este sector en caso de avalanchas. “Estas alarmas, instaladas hace como cuatro años, se podría decir que son de última generación y tienen ventajas sobre las otras que se desmontaron, ya que esas se activaban con facilidad y generaban falsas alertas para los habitantes de la zona”, agregó Sánchez Carvajal. Sin embargo, doña Mélida asegura que pese a este cambio de tecnología, el inconveniente continúa, por lo que las cerca de 10 familias que hoy en día están radicadas en lo que ahora se conoce como Viejo Rioclaro saltan temerosas de que en esta oportunidad no se trate de una falsa alarma.

poco suenan en la prevención en Caldas

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Alarmas de flujo de lodo

Aparte de la Red de Generación de Señales de Alerta Temprana en tiempo real instaladas en los ríos Claro y Chinchiná, la comunidad cuenta con un sistema de alarmas de flujo de lodo que tienen como objetivo la detección temprana del aumento súbito del caudal de las aguas ocasionado por actividad volcánica. Este sistema lo maneja el Ingeominas en Manizales. En la actualidad existen monitores de flujos de lodo ubicados en los ríos Recio y Gualí, con centros de recepción de señal en las poblaciones de Líbano y Herveo (Tolima), respectivamente, desde donde se puede alertar a las poblaciones localizadas en las cuencas de esos ríos. El observatorio vulcanológico de Manizales, encargado del manejo de esta alarma, inició labores en la ciudad con la reactivación del volcán Arenas, del Nevado del Ruiz, en 1984 cuando se presentó una mancha de azufre en el casquete glacial. Antes de esa fecha este tipo de investigaciones estaba a cargo del Ingeominas nacional. En julio de 1985, la entidad implementó un monitoreo, una vigilancia con sismógrafos facilitados por ISA. En septiembre de ese año, Ingeominas y estudiantes de Geología de la Universidad de Caldas elaboraron el primer mapa de riesgos entregado a la comunidad el 9 de octubre de ese año. Como el plano contaba con algunos errores se dio un plazo para corregirlos hasta el 15 de noviembre. Sin embargo, allí se daba a conocer el peligro que corría Armero, y algunos sitios a orillas de los ríos Lagunillas, Azufrado y Río Claro, entre otros. Después de esta catástrofe el primero de abril de 1986 se creó de manera oficial la Regional de Ingeominas en Manizales, con el nombre de Observatorio Vulcanológico de Colombia. Hoy en día existen otras regionales de la institución como la encargada de vigilar al volcán Galeras, activo en la actualidad.

Como un ojo vigilante mantiene este sensor sobre las aguas del río Claro. Este es el único sistema sobre este cauce y que hace 20 años fue el encargado de llevar la muerte convertida en ríos de lodo y barro desde las frías aguas del Nevado del Ruiz.

Odepade afirma que el sistema es suficiente, una vez que los centros poblados en las riveras ya fueron reubicados. Sin embargo, algunas viviendas aún existen en el peligro latente. Las 10 alarmas anteriores se deterioraron y ahora existen dos hechas en Manizales. Alerta.

FOTO/ARCHIVO/LA PATRIA

FOTO/MARTHA MONROY/LA PATRIA

corren hasta esta vivienda para verificar que se trata de otra falsa alarma. Por eso sube hasta el tercer piso de su casa y baja el “taco” que alimenta de energía eléctrica a aquel bulloso artefacto. Para Sánchez Carvajal, aunque a veces se encienden por algunas causas externas, en otras ocasiones se trata de especies de simulacro que permiten verificar que el sistema opera de manera normal, ya que este se controla remotamente desde un computador ubicado en la oficina de la Odepade en Manizales y que conforma el tercer elemento de la red: la estación receptora. “Desde aquí se controla todo y se conoce cuál fue la causa por la que se encendió la alarma. Subidas o bajaFalsas alarmas das del nivel del agua, desconexión del sistema de mo“Vayan, vayan, corran pa'l río que ahí viene por us- nitoreo y hasta forcejeo en la caja de operación de la ted”, entre risas dice doña Mélida que es la respuesta alarma. Desde aquí se puede encender o apagar, sin que les da a sus vecinos cuando por el ruido de alerta necesidad de ir hasta el lugar”, añadió el funcionario. Sánchez Carvajal dice que una de las ventajas que tiene esta alarma, que además fabricó una empresa maPoca prevención nizaleña, es que no existe contacto físico entre el sensor Pese a que la alerta del Nevado del Ruiz, sigue latente en la y el agua del río, razón que ofrece una mayor duración, memoria de los manizaleños, para algunos la prevención pasa así como que en momentos de crecientes se salvaguarda a un segundo plano y no estarían preparados para una evenel equipo. tual emergencia. Alejandro Sánchez Quintero: La verdad es que yo no estoy preparado para ningún tipo de desastre que pueda pasar en Manizales. No conozco algún sistemas de evacuación, ni de nada de eso. Margarita María Estrada: No tengo ningún elemento para prevenir en un caso de emergencia. Ni siquiera sé lo que tengo que hacer en caso de una tragedia natural. Jorge Orozco: Conozco algunas cosas que tengo que hacer en caso de que pase alguna catástrofe, pero yo creo que donde se llegue a presentar una tragedia uno no alcanza a reaccionar bien.

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Peligro, sin alarma

En la parte alta de la vivienda de doña Mélida Alzate Sánchez, ubicada en la vereda Rioclaro, de Villamaría, está la alarma que anuncia a la comunidad sobre una posible anomalía en el cauce del río con el mismo nombre del caserío. La Odepade afirma que es el único centro poblado con mayor número de habitantes (cerca de 10 familias) ubicadas en la orilla del río.

Si bien es cierto que las cerca de 10 familias que aún permanecen en el Viejo Rioclaro se convierten en el único centro poblado de mayor número de habitantes a lo largo del cauce de río, existen algunas personas, sobre todo areneros, que optan por levantar sus hogares en las orillas. Es el caso de Antonio Ceballos Montoya, un campesino que desde hace cuatro años vive en una casa a pocos metros del puente de El Descache, arrasado hace dos décadas por la avalancha en aquella fatídica noche del 13 de noviembre. “Esos eventos ocurren cada cien años, entonces la próxima avalancha por el Nevado no me va a tocar”, afirma este hombre quien con su señora y dos hijos habita una casa de guadua y bahareque sobre el lugar que en aquella oportunidad borró la masa de lodo que descendió de lo más alto de la montaña. Por esto, dice que en noches de fuerte invierno está atento a las noticias y al ruido que produce el correr del agua por este cañón incrustado entre las montañas, para evitar una tragedia similar a la de hace 20 años, de la cual solo sabe lo que le comentan algunos campesinos de la zona, porque en aquel entonces él vivía con sus padres en Villavicencio. Luego de subir los tres niveles de su casa, con algunas estaciones para descansar, doña Mélida toma aire y se prepara para colocar el plástico negro que salvaguarda del agua al equipo de alarma, y aunque asegura que “donde Dios le tenga a uno la muerte, ahí será”, parece que es mejor proteger a la señal de alerta que en algún momento podría sumarle otros años a su vida.

Las Alarmas

Solo algunos campesinos, que viven de extraer arena de río Claro, se atreven a vivir a orillas del cauce de río Claro, pero en su memoria aún queda el recuerdo de los que murieron por causa del que ahora consideran su amigo y que en algún momento se puede convertir en su peor enemigo.

Elementos estación de monitoreo Un sensor de nivel por ultrasonido. Una Unidad Inteligente de Procesamiento (UIP). Un radioteléfono. Una antena direccional tipo Yagi. Un protector de antena. Un regulador/cargador de baterías. Una batería recargable de 12V / 40 amperios. Una caja de protección de equipos.

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EL RECUERDO DE LA DESPARICIÓN DE LOS BARRIOS MITRE Y EL RÍO Y EL PUENTE DE CENICAFÉ

En Chinchiná, los Dos mujeres del municipio cuentan la noche de terror que vivieron el 13 de noviembre de 1985. Ambas perdieron sus casas. El esposo de una de ellas desapareció. Las señoras relatan la forma como empezaron una nueva vida. Drama.

recuerdos viven

Algunos datos

La erupción del Nevado del Ruiz, el 13 de noviembre de 1985, causó destrucción en los barrios Mitre y urbanización El Río, cercanos al río Chinchiná. Estos son algunos datos de las consecuencias del desastre en el municipio. Número de muertos: se cree que fueron cerca de 1.800 Casas destruidas: 374 Daminificados: alrededor de mil.

Días después de la avalancha, integrantes de la Policía Vial, ingenieros y personal de la Chec, empezaron la instalación de un puente colgante para que los chinchinenses se movilizaran.

y el dolor también

ADRIANA OSORIO ESPECIAL/LA PATRIA CHINCHINÁ

Terror, desolación y muerte son las palabras que pronuncia Gloria Valencia cuando se le pregunta sobre la erupción del Nevado del Ruiz, hace 20 años. Por su parte, Blanca Nelly Román Jurado, de 60 años, dice: "hablar de eso trae muchos recuerdos. A pesar de las pérdidas Dios nos acompañó, nos dio fuerzas y una casa para superar los problemas". Las dos chinchinenses cuentan el horror que vivieron el 13 de noviembre de 1985, fecha que Colombia recuerda como uno de los días más oscuros de su historia. Momentos antes de la tragedia, a eso de las 9:00 de la noche, doña Gloria veía televisión en compañía de sus tres hijos, que en ese entonces tenían cuatro, cinco y seis años. Vivían en la urbanización El Río, cerca de Cenicafé, en un hogar sostenido a punta de esfuerzos. Su esposo, Rafael Antonio Montoya, aún no llegaba En septiembre de 1986, el sacerdote Efraín García estuvo en la entrega de viviendas en el barrio Minuto de Dios, para damnificados de la tragedia. de trabajar en Manizales. "Sentimos que los vidrios de las ventanas sonaban, se escuchaba un ruido espantoso. El niño menor me dijo que sentía que venía algo grande por el río. No El puente entendíamos qué pasaba. Salimos de la cercano a casa, la gente gritaba, sabíamos que algo Cenicafé horrible iba a pasar. Empezamos a codesaparerrer, todo estaba oscuro, nos golpeábació en la mos unos a otros en medio del desespero avalancha. de salir. Las personas que tenían carro Días no lo utilizaban porque si lo hacían los después de demás se aferraban al vehículo para que esa fecha se los llevara", cuenta la mujer sentada Chinchiná en la sala de la casa que consiguió desestaba pués de la tragedia, con tal exactitud que incomuniparece revivir los momentos. cado de

La última vez

Con sus ojos inundados de lágrimas doña Gloria expresa que ese fue el último día que vio a Rafael porque jamás encontró su cuerpo. "Fui a varios lugares donde tenían muertos de la avalancha, algunos eran irreconocibles, pero nunca lo encontré. Lo vieron cuando cogió carro para acá, no más. Era una persona especial, un hombre que adoraba a su esposa", asegura la señora, de 47 años. Minutos después de la tragedia el Alcalde de la localidad en esa época, Gilberto Vargas, se enteró por las noticias radiales de la erupción del volcán. El mandatario cuenta que de inmediato reunió al gabinete municipal y al comité de emergencias, con el fin de prestar ayuda a quienes la necesitaran. "Recuerdo que un muchacho del municipio, que era un poco fantasioso, llamó a los medios de comunicación y dijo que Chinchiná había desaparecido, entonces tuve que llamar a emisoras y canales de televisión a desmentir la noticia", manifiesta Vargas. Agrega que fue difícil porque las líneas telefónicas estaban congestionadas, pues las personas que vivían en el exterior o en otras ciudades y que tenían familiares en la localidad empezaron a llamar, luego de escuchar el anuncio. Entre tanto, cerca de mil familias residentes en los barrios Mitre y en la urbanización El Río veían cómo el lodo caliente que hace unos minutos había salido del volcán Nevado del Ruiz acababa con lo poco que tenían, y lo peor hacía pedazos a algunos vecinos que habitaban más cerca del río Chinchiná. "Los que quedamos vivos nos vinimos para la cabecera municipal, dormimos afuera de un bar, en medio del frío. En

manera parcial.

ese momento me di cuenta de que a mi niño se le cayeron todos los dientes de la parte superior, ni dolor sintió del susto tan horrible", comenta Valencia.

ta la carretera, donde ahora es la Panamericana. Desde lo alto el panorama parecía una pesadilla. La lava golpeaba contra las peñas, arrasaba con personas y algunas viviendas. El río de piedras, lodo caliente y azufre, mezclado con neveras, Con héroes Blanca Nelly Román Jurado tiene gra- lavadoras, carros y partes de cuerpos badas en su mente las imágenes exactas humanos bajaba por lo que minutos ande la tragedia. "Parecía el fin del mundo, varios vecinos pensamos que lo era", dice Visión de un socorrista la señora. A sus 70 años, la mente de Fabián Orrego ha Doña Blanca Nelly cuenta que antes del perdido algunos recuerdos de la erupción del hecho había escuchado sobre una posiNevado del Ruiz, el 13 de noviembre de 1985. ble erupción del volcán, pero no sabían En ese tiempo don Fabián era el comandante que los podría afectar a ellos. del Cuerpo de Bomberos de Chinchiná. Se enEsa noche todo empezó como un fuerteró de la avalancha por los medios de comute temblor de tierra, sin imaginar que río nicación y luego se lo confirmó el Alcalde, Gilabajo venía la furia del Ruiz, acabando berto Vargas. con lo que estuviera a su paso. "Mi hijo "Mi mamá estaba agonizando, tenía cáncer. se fue a cuidar la casa de una profesora Pensé: mi madre es una devoción, mi trabajo, al frente de donde vivíamos. Lo primero una obligación, y me arreglé para salir a colaque sentí fue un ruido como cuando hay borar", comenta Orrego, parado en la puerta un camión estacionado y lo dejan prendel Café Nuevo Iris, en el parque principal de dido. Me aterré porque no me di cuenta la localidad, donde permanece casi las 24 hode que hubiera subido un camión. Fui a ras del día. ponerle seguro a la puerta para acostarDon Fabián, en compañía del Alcalde y de integrantes de la Defensa Civil se desplazaron hasnos y cuando metí la llave la puerta emta cerca de Cenicafé. A los minutos se dieron pezó a sacudirse", dice doña Blanca Necuenta de la tragedia, pidieron apoyo y empelly, mientras mira algunas fotografías de zaron la labor de rescate. la inauguración de su barrio, donde aho"Las situaciones no la recuerdo bien. Solo sé ra vive con sus nietos y una hija. que después de la avalancha llegaron auxi"Mamá salgase con las niñas para arrilios que se repartían a los damnificados. ba para la carretera porque el río viene Otras personas recogieron comida para nopor las cumbres", fue la frase que prosotros los bomberos, pero nos dijeron que la nunció Jairo Antonio Román, el mayor teníamos que dejar para los damnificados", de los hijos de la mujer, que se convirtió afirma Orrego. en un héroe para ella, pues según la seRecuerda que al municipio llegaron bombeñora Jairo Antonio salvó muchas vidas y ros de diferentes lugares de Colombia. auxilió a quienes más lo necesitaban. En segundos los cuatro subieron has-

tes era simplemente agua dulce. Doña Blanca Nelly dice que su hijo mayor se quedó en la casa tratando de sacar ropa para cubrir a los heridos y ayudó a algunos vecinos a salir de sus viviendas sanos y salvos. Los días siguientes serían de mucho trabajo para Jairo Antonio, pues se convirtió en un integrante temporal de la Defensa Civil, por su colaboración. A esa hora, los organismos de socorro del municipio y el Alcalde no sabían lo que ocurría. El mandatario local y los comandantes de las entidades de rescate se desplazaron cerca de Cenicafé, pero la oscuridad no permitía ver qué sucedía. Horas después se enteraron de la tragedia. "Empezamos a trabajar. Fue una noche en vela, no pegamos los ojos, había que ayudar a los damnificados, obviamente por los muertos no había algo por hacer", dice Gilberto Vargas.

Renacer de las cenizas

La noche cargada de tragedia terminó, el sol alumbraba, la vida se había acabado para muchos y las esperanzas eran casi nulas para quienes quedaron vivos. Desde la mañana siguiente, los delincuentes se aprovecharon de la situación y saquearon las viviendas, que permanecían solas, pues las autoridades municipales obligaron a los residentes a salir del sitio, por temor a una nueva erupción o a un derrumbe, por la debilidad del terreno. Escuelas y colegios de la localidad se convirtieron en el hogar temporal de la mayoría de damnificados de la tragedia. Según Gilberto Vargas, al municipio llegaron auxilios de diferentes países del mundo, en especial de la Iglesia Católica alemana. A pesar del desastre la vida continuaba y ahora el peso de la obligación del hogar recayó en doña Gloria. Ella y sus tres hijos se acomodaron como pudieron en una habitación alquilada y la mujer encontró una alternativa en una recolección de algodón en Aguachica (César), tierra que la vio nacer. En el lugar estuvo los dos meses que duró el trabajo, luego regresó a Chinchiná, buscando cómo sobrevivir. "A los días empezó un plan de vivienda, pero yo no tuve paciencia para hacer las filas y presentar los papeles. Solo respondí un cuestionario y a los días un amigo me dijo que era beneficiada. Dios me dio la casa, porque yo no tuve paciencia", dice la mujer, rodeada de sus cuatro nietos. Como el hijo menor de Gloria, durante dos meses y medio, mientras vivía en La Frontera, el miedo perseguía a Blanca Nelly en las noches de lluvia, pues pensaba que otra tragedia no le daría oportunidad de seguir en este mundo. Las dos mujeres se esperanzaron cuando les dijeron a cada una que tendrían una casa en un nuevo barrio. "Era un proyecto de la fundación Minuto de Dios. Hicimos un trato: nos daban vivienda si trabajábamos en la construcción ciertas horas. Fue muy bueno porque nos pagaban un sueldo y con eso le ayudé a mi hijo, como antes cuando hacía arepas", recuerda. Las obras duraron cerca de siete meses. Gloria alternaba el trabajo de la construcción con otros empleos temporales. Blanca Nelly se dedicó a hacer realidad su sueño de tener casa otra vez. En septiembre de 1986 estaban listas las casas, un nuevo barrio: Minuto de Dios. El día de la inauguración el sacerdote Efraín García, Director de la fundación, visitó el nuevo barrio para hacer la entrega oficial de las viviendas, en las que aún viven Gloria y Blanca Nelly.

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Inés Ramírez relata cómo su familia se salvó de una lluvia de rocas cerca del Nevado del Ruiz. Juan Carlos Vargas, que perdió a ocho seres queridos, salió adelante, a pesar del dolor. Narraciones.

La noche del

Apocalipsis La foto, tomada por Carlos Sarmiento hace 20 años, tenía la siguiente leyenda: “Con su valija al hombro este campesino observa por última vez la vereda Rioclaro, sector en el que durante años habitaba y del que ahora se despide con gran nostalgia y pesar”.

ÓSCAR VEIMAN MEJÍA MANIZALES

Cerca de la cumbre

La casa y los alrededores de donde vivía doña Inés con su esposo y sus ocho hijos, el mayor tenía 13 años, eran como esas que aparecen en los cuentos de los Alpes en Europa. A la señora, 20 años después y sentada en el comedor de su casa en el barrio Villa Cuatro de Villamaría, le bastan 10 minutos para relatar cómo ese paraíso natural se convirtió en un infierno en unas cuantas horas. El lunes 11 de noviembre de 1985 la mujer sintió un temblor de tierra, que se sumó a los avisos que la naturaleza dio, desde días antes, de las escalofriantes escenas por venir. Había días que parecían noches, las tormentas eran más fuertes y la ceniza forraba los campos. “En las noticias hablaban de una erupción del volcán. Simplemente creíamos que la gente hablaba por hablar y nos quedamos a esperar”. La familia llevaba un mes en una finca, ubicada en la vía que del sitio El Ocho conduce a Murillo (Tolima). Es decir, a cerca de cuatro kilómetros de la cima del Nevado. A los Arango Ramírez siempre les gustó trabajar en el campo. Allí sembraban papa y desyerbaban potreros. La mano de doña Inés se recuesta contra la mesa. Como la mayoría de afectados por la tragedia, tiene clara la fecha del suceso: miércoles 13 de noviembre de 1985 a las 9:00 de la noche. “Ese día se oscureció más rápido, todo quedó en tinieblas... sentí que mi niña de dos años no podía dormir”. De pronto, pasó algo que solo parecía encajar en relatos de ficción o de épocas prehistóricas. Un aguacero de rocas y arena empezó a caer en la zona. Las piedras rompieron el techo de eternit. En la penumbra los esposos intentaban leer la Biblia, ¿cuál capítulo?, el que fuera. Las esperanzas de vivir para doña Inés, nacida en Pensilvania, y don Nicolás Arango, de Tuluá (Valle), se recogían en una piecita, desde donde escuchaban cada golpe de roca, en el tejado, como un paso atrás a sus ilusiones. A la señora se le secó la boca, mientras el señor siguió aferrado a las paredes y a su fe: “si Dios quiere nos salvamos”. El rugido del cielo parecía interminable y la casa era un nacimiento por donde brotaba agua a raudales. Ellos sabían que era el volcán, pero también pudieron tener razones para creer que se trataba del mismísimo fin del mundo. El amanecer, esperado como nunca, llegó camuflado del gris de la ceniza y el manto de rocas. La única salida de Doña Inés y su familia fue huir. Lo hicieron despavoridos, con la media luz del jueves 14 de noviembre. Atrás quedaron sembrados, sin cosechar, sus sueños. La casa se borró de su panorama y hasta Tony, el perro gris y blanco, quedó con su eterno ladrido, olvidado con los otros animales en el patio.

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DEL VIEJO RIOCLARO NACIÓ EL NUEVO RIOCLARO

EDITOR REGIONAL/LA PATRIA

Las siguientes historias, salidas de la noche del 13 de noviembre de 1985, aún parecen increíbles, por más que se han contado durante 20 años. Doña Inés Ramírez, su esposo y siete hijos pasaron en vela bajo una lluvia de piedras, que amenazó con tumbar la vivienda, cercana del Nevado del Ruiz. A Juan Carlos Vargas, de la vereda Rioclaro de Villamaría, lo alertó la sacudida de la mesa de billar, donde jugaba con unos amigos. Su vida cambió en segundos: a tres cuadras del sitio una masa de lodo le arrebató a sus padres y seis hermanos. Don William Suárez, del mismo caserío, dejó a salvo a su hija en la parte alta. Luego vio una cadena humana, encabezada por su esposa, quien huía de un monstruo al que describe como una montaña brillante de tierra y agua. La interminable jornada tuvo sus sonidos y formas: “dentro de la casa escuchábamos el aguacero, acompañado por un huracán; el ruido de las piedras que caían y rompían el techo; los bramidos del ganado, y los ladridos de Tony, el perrito de la casa”, dice doña Inés. “Es como si se hubiesen chocado dos montañas”, expresa Juan Carlos. “También parecía una caneca gigante que rodaba y crecía con un ruido ensordecedor como de helicópteros, al cual se sumaban gritos de horror”, comenta don William. Los tres personajes de los relatos salieron con vida de la explosión y de la avalancha, que hace dos décadas bañaron de dolor a Colombia. Sus narraciones son un acercamiento a lo que vivieron centenares de personas de las laderas de Caldas, la noche en que se derritió parte del mítico Cumanday.

DOMINGO NOVIEMBRE 13 DE 2005

FOTO/ARCHIVO/LA PATRIA

FOTOS/MARTHA ELENA MONROY/LA PATRIA

Doña Inés, su esposo y ocho de sus 10 hijos soportaron una noche de terror, cerca del Nevado del Ruiz, bajo una tormenta de rocas y arena. Hoy viven en el barrio Villa Cuatro, en la zona urbana.

Juan Carlos Vargas se alista para pintar el puente que remplazó al destruido por el río Claro en El Descache. El hombre perdió a sus padres y seis hermanos, por la avalancha, cuando tenía 16 años.

Desde el corredor de su nueva casa, don William Suárez recuerda la tragedia en Rioclaro. Él es uno de los pocos que quedaron en el Viejo Rioclaro, luego del desastre.

En el Nuevo Rioclaro nacieron las ilusiones. Misael Salazar es uno de los habitantes del sitio, a donde llegaron los damnificados.

Algunos datos

Aunque la cifra no se ha precisado, a pesar del tiempo, en Villamaría se dice que cerca de 100 personas murieron por la avalancha del

La ruta del drama los acompañó durante las cerca de dos horas que caminaron, en medio de cañadas abiertas por la avalancha, hasta la casa de la Hacienda. Una semana después continuaron su ruta de incertidumbre por parajes desolados, huellas de ríos salidos del cauce, hasta llegar al sitio El Ocho, donde un grupo de periodistas, que cubría la tragedia, los recogió y llevó en camioneta hasta Villamaría. El viacrucis de la familia siguió con la búsqueda de un lugar dónde vivir. Estuvieron un mes en la sede de la hoy nueva Escuela San Pedro Claver, en el Parque de Bolívar del municipio. Luego surgieron nuevas posibilidades con La Paz, caserío construido para los damnificados del sector de Santo Domingo, en la ruta de la zona urbana de Villamaría hacia el Parque Nacional Natural de los Nevados. “Era una buena propuesta porque regresaríamos al campo, pero al final escogimos Villa Cuatro, ofrecida por la iglesia Luterana de Holanda. Al principio hubo incomodidad en el barrio, pero demostramos que los campesinos somos honrados y sacamos adelante a nuestros hijos”. La explicación del choque social en el barrio, construido cerca de las Granjas Infantiles, la tiene Antonio Avellaneda, que vive hace 20 años en el sector. “A esto le decían el Palermo de Villamaría, comparándolo con uno de los barrios ricos de Manizales. Entonces cuando llegaron los damnificados se sintió algo de incomodidad porque, por ejemplo, cocinaban con leña en las calles y había cierta desconfianza. Con el tiempo se solucionó la situación y hoy es un barrio agradable y tranquilo”. Doña Inés se levanta del comedor. Mira su casa, que es el símbolo de volver a vivir. Respira profundo antes de cerrar la puerta. Sus ojos, casi encharcados, parpadean en cámara lenta y concluye: “sigo pensando que nos salvó un milagro”.

Más abajo

La muerte tenía preparada su función para kilómetros más abajo. Disfrazada de agua, lodo, piedras y árboles arremetió sin compasión contra humildes viviendas de las orillas del río Claro. Luego, convertida en una ola gigante, envolvió casas y familias enteras. Por lo menos, según las cuentas que aún se hacen, 100 personas perdieron la vida, convirtiendo al sector en el más golpeado del municipio por la erupción del Ruiz.

Nevado del Ruiz. Así mismo, se reportó que 87 familias quedaron damnificadas para un total de 478 personas.

Juan Carlos Vargas tiene 36 años. El martes pasado, por esas ironías de la vida, alistaba un andamio de guadua que servirá de sostén para pintar el puente de El Descache, que remplazó al que arrasó la avalancha. Cerca del lugar, hace dos décadas, el río, que era amigo de todos, se convirtió en el peor enemigo. Enfurecido se llevó a sus padres y seis hermanos. Juan Carlos se salvó porque a las 10:00 de la noche jugaba billar en una tienda cercana. Su hermana Luz Nelly, que estaba enferma en el Hospital San Marcos, de Chinchiná, también se escapó de morir. “Sentí un estruendo, como un helicóptero bajito y salimos a correr montaña arriba”, recuerda el hombre. La noche más eterna para los habitantes de la vereda Rioclaro, ubicada a 50 minutos en carro de la zona urbana de Villamaría y a unos 20 de Chinchiná, terminó con la llegada del amanecer más desolador de sus 80 años de historia. Juan Carlos sigue amarrando latas, pedazos de guadua, en el andamio. Señala con el dedo índice el lugar donde vivía con sus seres queridos. Apunta hacia una curva, por donde pasaba el ferrocarril. Asegura que de allí desaparecieron 10 casas. Su futuro, cuando tenía 13 años, quedó paralizado en un presente aterrador. Las ayudas aparecieron detrás de la avalancha. El destino inmediato lo llevó a vivir donde una tía en Chinchiná. Las dificultades, que tienen la capacidad de hacer grandes a los hombres, convirtieron al niño en un forjador de vida. Hoy tiene una finca, herencia familiar, donde cultiva café y plátano y vive en la casa que construyó, durante tres años, con el apoyo de la Corporación Antioquia Presente. Juan Carlos mira de frente y habla claro. El impacto parece asimilado. “Uno no puede vivir de tristeza, hay que echar la tragedia al olvido”.

Decaídos

Por debajo del puente pasa un apacible caudal. Nadie imaginaría la fiera que 20 años atrás se llevó parte de Rioclaro, próspero caserío que tenía escuela, colegio, puesto de Policía, puesto de salud, capilla y unas 70 viviendas. La fundación se le atribuye a Juan de la Cruz Arango. El hombre llegó a la zona en 1925 en la época cuando el tren de vapor se

en veredas de Villamaría

alistaba para retar las montañas hacia Manizales. Era un puerto bañado por aguas del cauce del mismo nombre y a donde dos años después llegó el ferrocarril, por lo que era punto de encuentro para campesinos y comerciantes de Villamaría y Chinchiná. También recibía las muladas que llegaban de Potosí y Honda con papa, carbón y madera. La ida del transporte férreo en la década del 60 marcó, como premonición, la decadencia del sitio. Don William Suárez, yerno del hijo del fundador del pueblo, dice: “se fue el tren y después llegó la avalancha, eso casi que acabó con el viejo Rioclaro y dio vida al Nuevo Rioclaro”. El hombre fue uno de los pocos que en la época se quedó en el lugar con otros dos propietarios de tierras. Don William, en la noche de la tragedia, jugaba en una pieza de su casa con su hija Juliana, de ocho meses. Al sentir que la estructura traqueaba corrió con la pequeña hacia una vivienda vecina. Allí la dejó con una señora y regresó. El cuadro que vio lo dejó marcado para toda la vida: su esposa Yolanda Arango y una fila de personas saliendo del lodo tibio, que empujaba una montaña iluminada. Recostado en la baranda del corredor de la casa, construida después del desastre, recuerda: “aquí al frente teníamos la casa, mi suegro tenía una tienda, también cocheras y heldas para secar café”. El señor tiene su propia teoría de lo que ocurrió en el sitio. “Si el puente del ferrocarril no hubiese existido, quizá el río habría seguido crecido, pero en su cauce. Lo que pasa es que era una construcción muy bien hecha y eso frenó el lodo, que se convirtió en una bomba y estalló hacia las casas”. En la zona quedaron los esqueletos del templo y algunas señales de centros educativos y del cuartel de Policía, que fueron demolidos y arrasados por acción de vándalos, días posteriores a la orden de evacuación del lugar. La luz del día siguiente trajo una nueva oportunidad de vida para una muchacha. Los hombres de Rioclaro la rescataron cerca de la iglesia hasta donde la llevó el lodo. “Creo que era de Villaerazo y se llamaba Martha. Supe que aún vive y se casó hace poco”. De los que nunca se volvió a saber fue de los cuerpos de los muertos de Rioclaro.

Para renacer

El camino para nacer de nuevo lo cuenta don Misael Salazar, quien vivió escenas similares a las narradas por don William Suárez. Don Misael, inclinado en la huerta que tiene en la casa en Rioclaro, se remite a la noche fatal. “Sentimos el estruendo y buscamos refugio en la parte alta. Nos demoramos como cuatro horas porque llevábamos a mi mamá, de 84 años, que no podía caminar mucho. Al día siguiente volvimos y aunque no todo estaba destruido nos hicieron abandonar por el riesgo”. Escuchó la frase inolvidable: “Nos llevó el Diablo”. El señor con su madre, un hermano y cuatro hijos vivió 15 días donde un vecino. Luego pasó 20 días en la zona urbana de Villamaría. El nombre del primer sitio de reubicación parecía moldeado para la situación: el plan de Los Afligidos. Allí, con otras 18 familias, compartió varios meses en campamentos, acondicionados con carpas y baños y cocinas en la escuela de la vereda Villaerazo. Las esperanzas de los damnificados cobraron fuerza con los aportes nacionales e internacionales para planes de vivienda, de los cuales surgieron caseríos como La Paz, el Nuevo Rioclaro y su vecino La Primavera. “Un día la mamá del ex alcalde Jairo Llanos nos dijo que nos dejaba la casa, ubica en una ladera del río. Vivimos allí como un año y medio hasta que Resurgir y el Comité de Cafeteros adelantaron el proyecto”. La Corporación Antioquia Presente, según los habitantes del lugar, les dio el material, desde puntillas y pintura hasta madera, cemento y techos. Se construyó iglesia, cuartel de Policía, puesto de salud, cancha de fútbol, instituciones educativas. Los favorecidos pusieron la mano de obra y así tuvieron de nuevo un lugar para reconstruir sus vidas, lejos de las garras del río. Ahora las antiguas y nuevas generaciones de las veredas de San Julián, Miraflores, Corosal, Villaerazo, La Batea, Llanitos, el Viejo y Nuevo Rioclaro se unen en torno a un trapiche panelero, que estará listo en los próximos días, en busca de un porvenir más productivo. Las historias, contadas por Inés Ramírez, Juan Carlos Vargas y William Suárez quedarán en el recuerdo de los caldenses como testimonio y homenaje a quienes vivieron en carne propia el paso del Apocalipsis por una vasta zona rural de Villamaría.

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Algunos estudios indican que las pérdidas económicas por la catástrofe de noviembre del 85, ascendieron a los mil millones de dólares. Caldas y Tolima fueron los departamentos más afectados. En la gráfica, un hombre recorre las ruinas de Armero antes de reiniciar su jornada de trabajo. FOTOS/ARCHIVO/LA PATRIA

LA ECONOMÍA REGIONAL RECIBIÓ BENEFICIOS DEBIDO A LA TRAGEDIA

La modernización industrial, Tras la erupción del 13 de noviembre, Gobierno promulgó Decreto 3830 y Ley 44 de exenciones tributarias. Las medidas permitieron la transformación de la industria caldense. Tolima y Risaralda también se beneficiaron. Contracara. RICARDO GUTIÉRREZ REDACTOR/LA PATRIA

la otra cara

de la catástrofe

Otros ejemplos

Dados los buenos resultados que generaron las medidas que se dictaron para favorecer a las zonas afectadas por la tragedia del Ruiz, en 1985, el Gobierno Nacional implementó reglamentaciones similares para enfrentar las catástrofes del Páez, de 1994, y el terremoto del Eje Cafetero en 1999. En el primer caso se expidieron el Decreto 1264 de 1994 y Ley 218 de 1995, que favorecieron a municipios del Cauca y del Huila. A este paquete se le conoció como la Ley Páez. “Esa Ley fue demasiado flexible, y en muchos casos no se utilizó bien. Los resultados más importantes se pueden ver en Caloto a donde se trasladaron algunas empresas”, expresó el Presidente de Jabonerías Hada, Mauricio Trujillo Posada. “Creo que si acá se hubieran dictado normas de ese tipo, en el 85, se hubieran utilizado mucho mejor”, dijo el Gerente de la Compañía Promo-

tora del Café, Germán López Gómez. El plazo para acogerse a esos beneficios terminó el 31 de diciembre de 2003. Las empresas que se instalaron gozan del beneficio por 10 años a partir de su instalación.

Quimbaya

De otro lado y ante el terremoto del 25 de enero de 1999 que afectó al Eje Cafetero, en especial a Quindío, el Gobierno expidió la Ley 608 de 2000, conocida como la Ley Quimbaya, cuyo plazo para acogerse termina el próximo 31 de diciembre, en este caso, las empresas tienen exenciones por 10 años a partir de su instalación. Esta Ley, que cubre 28 municipios de la región, permitió en el Quindío, la creación de empresas de diferentes sectores especialmente en los campos agropecuario, de transporte, comunicaciones y turístico.

MANIZALES

Las crisis están llenas de oportunidades. Pocas veces en la historia de Colombia esta máxima se tomó tan al pie de la letra como en la tragedia que ocasionó la erupción del cráter Arenas, en noviembre de 1985. Tolima y Risaralda, pero en especial Caldas, aprovecharon las exenciones tributarias que concedió el Gobierno por la catástrofe y dieron un paso definitivo en su proceso de industrialización. Mientras los colombianos participaban de diferentes campañas en pro de los damnificados por la tragedia, el Gobierno expidió el Decreto 3830 de diciembre 27 de 1985 que establecía estímulos a las inversiones que se realizaran en la zona afectada y exenciones tributarias importantes para quienes abrieran nuevas empresas agrícolas, ganaderas, mineras, industriales y comerciales. Al 3830, como se le conoce desde ese momento al decreto, se le sumó la Ley 44 de 1987 con los que se instauraron medidas como la exención de Impuesto de Renta y Complementarios del 100% para los años gravables 86 y 87, del 50% para 1988 y 1989, y del 20% para el 90 y el 91. Además se exoneró de todo tributo a la importación de de maquinaria agrícola y equipos destinados para la producción en la región, entre otras decisiones. A pesar de algunas demoras de trámite en el Congreso, la reglamentación se empezó a hacer efectiva en 1986 en los municipios de Tolima y Caldas que fueron cobijados después de un estudio que realizó el Instituto Geográfico Agustín Codazzi (IGAC). Con el Decreto 78 de

Empresas como Acasa, que surgieron gracias las medidas del Gobierno tras la avalancha que provocó el Nevado del Ruiz, siguen creciendo. En el caso de esta siderúrgica, acaba de realizar una inversión de cerca de seis millones de dólares (unos 138 mil millones de pesos) con lo que busca ampliar su producción a 8 mil toneladas mensuales.

enero de 1988, entraron a gozar de las medidas, La Dorada, Ibagué, Pereira, Santa Rosa y Dosquebradas, que en principio no hacían parte de la legislación.

La situación

Según un estudio del Centro de Estudios Regionales, Cafeteros y Empresariales (Crece) que nació en 1986, como otra consecuencia de la tragedia de noviembre de 1985, en el momento que ocurrió la erupción la economía de la zona afectada venía en un evidente declive. “En ese momento la tasa de crecimiento en Caldas, Tolima y Risaralda era inferior a la de la Nación... La industria manufacturera de la región mostraba claros síntomas recesivos y un retraso importante frente a la industria del resto del país”, indica el Crece. Con las medidas, las constitución de sociedades en Manizales se disparó, como

lo indican los cerca de 2 mil 600 millones de pesos que se invirtieron en este campo en 1988, frente a los 500 millones de pesos del 85 (ver infográfico). “Sin esas medidas estaríamos muy atrás porque no sólo fue la inversión que se hizo para crear empresas nuevas, sino la reconversión industrial que tuvimos en la época. El sector metalmecánico se consolidó con la aparición de nuevas compañías como Acasa y Madeal”, sostuvo el Gerente de la Compañía Promotora del Café, Germán López Gómez. En ese momento la Compañía Promotora del Café era la Corporación Financiera de Caldas, una entidad que jugó un papel importante para que todos los sectores de la economía se beneficiaran. “La Corporación Financiera de Caldas, el Banco de Caldas y Seguros Atlas fueron vitales pues permitieron que ese flujo de dinero tuviera mayor dinamismo

Los daños

Así como sigue siendo complicado definir cuántas fueron las víctimas humanas por la tragedia que provocó el cráter Arenas del Nevado del Ruiz, el 13 de noviembre de 1985, las cifras sobre las pérdidas materiales son diversas, y dependen de la fuente que se consulte. Lo único cierto es que la erupción modificó la vida de todos en la región, en gran parte, debido al Decreto 3830 y a la Ley 44, medidas que tomó el Gobierno Nacional amparado en la declaratoria de Emergencia Económica. Dichas normas se basaron en datos como estos obtenidos por la Red de Emergencias de América Latina: En la región afectada se perdió el sesenta por ciento del ganado y el treinta por ciento de sus granos y plantaciones de arroz. Medio millón de sacos de café no se pudieron producir. Las avalanchas sepultaron 3 mil 400 hectáreas de tierra cultivable. Destruyeron o dañaron 50 colegios y dos hospitales. 58 plantas industriales y 343 establecimientos comerciales debieron ser reconstruidos. Cerca de 7 mil 700 familias reportaron la pérdida de sus viviendas. Los daños estimados se acercaron a los mil millones de dólares.

en la región”, agregó López Gómez. Los estudios señalan que gracias a las leyes en Caldas se crearon alrededor de 3 mil nuevos empleos, se realizaron inversiones por cerca de 300 millones de dólares y se abrieron unas 140 empresas como Passicol, Tablemac, Bellota, Químicos Andinos, Descafecol, Decafé, Erupción, Madeal, Acasa, Industrias Básicas de Caldas, Frutasa, Tecnigrés, Color Siete, Normandy y Deliapa, entre muchas otras. El sector industrial captó el 67% de la inversión, mientras que al comercial se destinó un 15,5% del dinero.

La actualidad

Aunque algunos estudios señalan que alrededor del 50% de las empresas que surgieron con las medidas ya desparecieron, dirigentes como Germán López Gómez tienen otra percepción. “En primer lugar me parece que es algo muy complicado de cuantificar y segundo, yo discuto esas cifras, pues muchas compañías sólo se crearon en el papel, pero nunca funcionaron y otras nacieron como dependencias de otras que luego se fusionaron, entonces al mirar registros se puede hallar el cierre de algunas empresas, lo que no equivale a la práctica”, explica. Pero no sólo para crear nuevas industrias sirvieron el 3830 y la Ley 44, las exenciones fueron vitales para la modernización industrial en el departamento. “Caldas ha tenido un proceso de industrialización que data de hace muchos años, pero es innegable que esas medidas contribuyeron a que muchas industrias se reactivaran trayendo nueva maquinaria”, indicó el Presidente de Jabonerías Hada, Mauricio Trujillo Posada. En el momento de las exenciones, Trujillo Posada se desempeñaba como Vicepresidente Ejecutivo de la compañía Hada, empresa que también aprovechó las medidas. “Gracias a esta reglamentación, nosotros pudimos quintuplicar nuestra capacidad de producción, lo que nos dejo listos para enfrentar la Apertura Económica, que vendría unos años después”, concluyó. Al final, sólo queda resaltar que a pesar del gran dolor que sigue causando la peor catástrofe en la historia de Colombia, esa crisis generó oportunidades, responsables en buena parte de la modernización industrial de una región, que aspira a no tener que sufrir tanto dolor para entender que la competitividad exige transformaciones.

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RECUERDOS DE EX ESTUDIANTES DE GEOLOGÍA DE LA U. DE CALDAS QUE SOBREVIVIERON A LA AVALANCHA

La huella FOTOS/MARTHA E. MONROY/LA PATRIA

La necesidad de que se hable de prevención llevó a dos personas, que sufrieron la tragedia, a recordar esos momentos. Relato de un alumno que ayudó en la búsqueda. Otros no quisieron hablar del tema. Remembranza. DIEGO FERNANDO HIDALGO

Este parque, situado en la sede central de la Universidad de Caldas, sirve para rendirle tributo a los alumnos de geología que perdieron la vida en la avalancha del Volcán Nevado del Ruiz. Los árboles simbolizan a cada uno de ellos.

sigue latente en la memoria

REDACTOR/LA PATRIA MANIZALES

El recuerdo continúa marcado ahí, en la memoria, como si hubiese ocurrido ayer. Pero a pesar de que han transcurrido 20 años de la tragedia, algunos se niegan a revivir con detalles lo que vivieron. Sin embargo, en su afán de hacer un llamado para que se valore la importancia que tiene la prevención, Jorge Iván Orozco y Jaime Guzmán decidieron relatar ese amargo momento que les puso la vida, quizá con el fin de dejarles una enseñanza. Ellos fueron dos de los nueve estudiantes de cuarto y quinto semestre de geología de la Universidad de Caldas que, después de estar perdidos por varios días, sobrevivieron a la avalancha del Volcán Nevado del Ruiz, ocurrida el 13 de noviembre de 1985. 11 de sus compañeros murieron enterrados por el lodo. “Era la salida de campo más esperada del semestre, debido a que el profesor, Jorge Dorado, era muy reconocido por la materia de Paleontología II . El destino nos tenía preparado eso, porque antes del viaje, que al final fue para Payandé, al sur del Tolima, se dieron muchos cambios. Terminamos durmiendo en Armero, divididos en tres grupos. Uno como alumno no sabe ni se preocupa mucho por el tema de las erupciones”, relató Orozco, que ahora labora en Pereira.

Relatos

Después de la erupción, hubo estudiantes que navegaron en el lodo durante varios minutos y otros quedaron a un kilómetro de distancia del hotel. Orozco fue uno de los más lastimados de todo el grupo, al sufrir fractura de tibia y peroné. “Un compañero improvisó un camino por el lodo y me condujo hacia el helipuerto. La nave me llevó hasta Guayabal y luego una camioneta hasta Honda. Me remitieron a Bogotá y me tocó ver a muchas personas con gangrena, a las que les amputaban los miembros” manifestó Orozco.

En la búsqueda

En esta placa, ubicada en el mismo parque, aparecen los nombres de las 11 víctimas de la Universidad de Caldas que dejó la avalancha.

Parque conmemorativo

En la sede central de la Universidad de Caldas existe un parque en el que se le rinde homenaje a los estudiantes fallecidos durante la erupción del Volcán Nevado del Ruiz. Allí se sembró un árbol por cada una de estas víctimas y se instaló una placa conmemorativa en la que aparece el nombre de cada uno de ellos: Enrique Antía Londoño, Carlos Alberto Castaño Quiceno, Juan Alfonso Delgadillo Calero, Jorge Mario Estrada Martínez, Humberto Franco González, Ramiro Osma Caicedo, Eugenia Amparo Osorio Vélez, Kevin Augusto Toro Gómez, José Fernando Vallejo Naranjo, Jorge Guillermo Dorado Galindo (profesor) y Luis Evelio García Giraldo (conductor),

Agregó que el destino los condujo a que vivieran eso, quizá con el fin de que entendieran la responsabilidad que tienen al vivir muy cerca de la muerte; y la precaución que deben tener para este tipo de tragedias, tanto en la prevención, como en la importancia que se le debe dar al ordenamiento territorial. Diego Gómez, otro de los ex estudiantes que se abstuvo de dar detalles, solo atinó a responder: “prefiero no acordarme de esa tragedia, aunque quedaron muchas reflexiones”.

ALGUNAS PERSONAS REMEMORARON LO QUE PASÓ EL DÍA DE LA AVALANCHA

El 13

REDACCIÓN/LAPATRIA MANIZALES

20 años después la gente recuerda la conmoción que causó la avalancha, los muertos, los lugares destruidos, el dolor y la desolación. Para muchos el desastre de Armero y los daños provocados en Chinchiná y Villamaría fueron el principio de una vida totalmente diferente, para otros, solo el vago recuerdo de lo que pasó ese 13 de noviembre de 1985.

En Chinchiná

Edilma Velásquez Recuerdo que había muchos muertos, en el cementerio y en otros lugares. Los enterraban en fosas comunesporquenadie los reclamaba.

Edilma Arias Fue horrible, muchos muertos, gente sin casa.

Ana Tulia García Recuerdomucho a unos muchachos que trabajaban en una finca, eran cuatro, se fueron para La Manuela y a los días de la avalancha nos contaron que la lava se los llevó y murieron.

En Manizales

Abelardo Pérez Fue terrible. Trabajaba en Cenicafé, nos tocaba aguantar hambre y para pasar hacia la empresa era difícil.

José Orlando Giraldo Recuerdo todo lo de la avalancha y como hablaban en todos lados de la tragedia.

Berta Inés Robayo Lo que más recuerdo es el caso de la niña que estaba atrapada en la casa.

Otra perspectiva de lo que fue la emergencia la tuvo Ramón Sánchez, que labora en la Gobernación de Caldas. Aunque no vivió en carne propia la avalancha, hizo parte del grupo de alumnos de geología que ayudaron en la búsqueda de sus compañeros. “Cuando supimos lo de la avalancha nos organizamos en grupos de trabajo y por turnos: unos escuchaban radio y otros veían televisión. Era un sábado o domingo, después de la emergencia, cuando vimos en el noticiero TV Hoy que salieron unos muchachos parados en el cementerio de Armero, con una pancarta que decía que eran estudiantes de la Universidad de Caldas. La alegría fue muy grande porque creíamos que eran pocos los que se habían salvado”, expresó Sánchez. Pese a esa pasajera felicidad, la búsqueda continuó. El último en aparecer fue Washington Montaña, otro compañero que salió por el lado contrario al de los demás amigos y en vez de ir a dar al cementerio, se dirigió, con un pie fracturado, por la vía a Mariquita. “Cuando menos pensó llegó caminando a La Dorada, su pueblo natal. Cuando varios compañeros lo vieron, se desmayaron porque lo creían muerto. Ahora trabaja en una empresa de servicios petroleros”, recordó Sánchez. Las labores de búsqueda se extendieron casi hasta diciembre. Para ello, las personas dormían en la Facultad y se hacían brigadas en las que cada uno prestaba algo. A pesar de que las clases se reiniciaron en enero de 1986, los rastreos siguieron e indagaron con personas que afirmaron haber visto en hospitales a algunos parecidos a sus amigos. Sin embargo, el final no fue el mejor y el luto los embargó. Esa tristeza, a pesar de que han pasado 20 años, la reflejan aún Jorge, Jaime y Ramón que darían lo que fuera porque sus demás compañeros y amigos estuvieran ahora a su lado.

En Villamaría

de noviembre vive en la cabeza de todos

Habitantes de Chinchiná, Villamaría y Manizales recordaron qué pasó el 13 de noviembre de 1985. Algunos vivieron la tragedia desde su casa, otros sólo saben lo que comentaron sus allegados. Recuerdos

El impacto sigue ahí

Jaime Guzmán es un sobreviviente más. Hoy se desempeña como geólogo de riesgos naturales de la Corporación Autónoma de Risaralda. Ahora, después de lo vivido, asegura que en aquella época no existía mucha consciencia sobre las amenazas naturales y los riesgos, ni siquiera a nivel académico. “Pese a que entidades como Ingeominas y la misma universidad participaron en la zonificación de la amenaza, no se tomó el tema en términos de prevención y por eso los resultados fueron catastróficos. Por ser erupciones que ocurren cada 150 o 200 años, se cae en el engaño colectivo de poblar áreas expuestas a riesgo”, explicó Guzmán. Para este profesional, nacido en Armenia, el daño que le generó la tragedia fue más sicológico que físico, pese a que se fracturó la pierna izquierda. “El impacto sigue ahí, a pesar de que ejecute labores relacionadas con ese tema. Por eso no me gusta hablar mucho sobre lo que sucedió. Mi experiencia profesional de 12 años en riesgos naturales me encaminaron hacia la reflexión”, agregó.

Fernando Castaño Pasé por Chinchiná a las 8:00 de la noche. A las 9:00 me enteré de que estaba bajando la avalancha por ahí.

Alberto Giraldo Martínez Madrugué a trabajar y no pude, porque lo hacia en Chinchiná. Me acuerdo de la forma en que se dañaron las cosas a partir de ese momento. Ya nada es lo mismo.

Efraín Guarín Mi familia y yo vivimos un gran susto. En esa época yo trabajaba en Café Liofilizado de Chinchiná. A mi esposa la operaron de las vistas y mi hermano viajó con ella desde Manizales. El susto fue cuando en las noticias nos enteramosquelaavalanchasellevóelpuente de Cenicafé y el último bus que salió de Manizales, que era un expreso Palmira. Resulta que el último bus era un Trejos y ahí iban mis familiares, que se salvaron, pues no alcanzaron a pasar por el sitio de la avalancha. La empresa ordenó que fuéramos socorristas de emergencia y apoyamos labores de rescate. Héctor José Alarcón Yoeradelcuerpode Bomberos de La Nubia y cada dos horasteníamosque salir a limpiar la pista, llena de ceniza, para que aterrizarán los aviones. Al día siguiente de la avalancha nos mandaron para Ríoclaro, donde solo sacamos partes de los cuerpos. En eso nos gastamos una semana para sacarlos. Jesús Francy Ramírez Yo trabaja en una empresadeelectrodomésticos, me di cuenta al otro día por la mañana cuando dijeron que se derritió el Nevado, que hubo una tragedia en la parte de Ríoclaro.

Jorge Sierra Yo estaba en la finca en El Pindo y la noche fue tenebrosa porque la tierra temblaba, se sentí un murmullo bajo la tierra, durante dos horas, era que estaba pasando la avalancha. Era tan oscuro, por la ceniza y la lluvia, que nada se veía. Gloria Martínez Me enteré al otro día en la Inspección de Policía de Villamaría, donde trabajaba. La Cruz Roja y Defensa Civil ya habían traído varios cadáveres. En esa época cía mucha ceniza. Seguí la noticia por televisión. Silvia Rosa Gallego Yo vivía en Chinchiná, pero estaba en Manizales.Cuando regresábamos a las 11:00 para Chinchiná un señor en El Pescador hizo señas con una toalla. La gente creyó que era la guerrilla y yo veía lucecitas. De pronto un señor apareció en un carro y vimos que el lodo tapaba parte del auto. En La Uribe la Policía nos paró y nos preguntó qué pasó y le dijimos que el puente se lo llevó el río, pero la policía nos detuvo y no nos dejó ir hasta comprobar el dato. Es decir, dimos la alarma. Yo me tuve que ir por La Felisa y la Troncal de Occidente para llegar a Chinchiná, donde me hacía perdida.

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Los sucesos de Armero tocaron las fibras sensibles de la comunidad caldense del Magdalena Medio, no muy distante del sitio del desastre. Una mirada a los hechos de ese 13 de noviembre de 1985 todavía pone a reflexionar a muchos sobre si esa tragedia se pudo evitar. Curar. GUILLERMO ROJAS CORRESPONSAL/LA PATRIA

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22 mil muertos DESCRIPCIÓN DE LAS PRIMERAS ESCENAS DE LA TRAGEDIA DE ARMERO

LA DORADA

La inusitada caída de arena lluviosa y ceniza esa noche del 13 de noviembre de 1985 a muchos kilómetros a la redonda, indicaba, inequívocamente, que algo muy raro tenía que haber sucedido en alguna parte. Antes del amanecer, empezaban a conocerse en La Dorada los primeros informes procedentes de Armero, de que allí había ocurrido una catástrofe de proporciones incalculables. Los vehículos sólo llegaban hasta unos kilómetros adelante de Guayabal, en las vecindades de Armero. De ahí en adelante el recorrido tenía que continuarse a pie, desviándose de la carretera porque hasta allí el lodo lo había cubierto todo. Tocaba transitar por un atajo al lado izquierdo de la vía, en cuyo trayecto de siete kilómetros se observaban las pisadas de quienes llegaron primero. A medida que se avanzaba en el reco-

de un solo golpe

rrido, la mente se resistía a creer lo que veía. Sólo se observaba un mar de lodo y arena que cubrió casas, potreros.... de todo. La primera víctima que pudo ver un testigo doradense que acudió al lugar era una hermosa niña, de unos 12 años, desnuda, cuyos senos apenas se insinuaban, y cuya piel presentaba el particular color de los demás cadáveres que se iban encontrando en el camino, provocado por el lodo caliente que los había cubierto.

Los que se fueron

Hacia el oriente, sobre los cerros que circundan a la que fue capital algodonera de Colombia, los ojos atónitos de los viajeros contemplaron lo inenarrable: Armero fue borrado del mapa, quedando convertido en una gigantesca playa. La escena daba la impresión de que todo el barro y toda la arena del mundo habían caído sobre las edificaciones, de las cuales apenas quedó un cinco por ciento en pie en el sector norte, en la vía a Mariquita. Del total de sus habitantes, las estadísticas de entonces señalaron que sobrevivieron apenas unos 5.000. Nadie que lo hubiera conocido podía creer que ese inmenso playón era todo lo que había quedado de un municipio que tuvo 4.200 viviendas ocupadas por unas 25.000 personas y 536 establecimientos comerciales, con unos activos

brutos de $l.467 millones, de entonces. El balance fue de 22.000 muertos, entre los que quedó buena parte de la elite armeruna, representados en 99 maestros que impartían instrucción a 4.000 alumnos, 28 agrónomos, siete jueces, 13 de los 36 empleados de Telecom, ocho médicos, tres odontólogos, 70 socorristas de la Cruz Roja, 17 trabajadores del Seguro Social y 17 agentes de Policía, por lo menos una veintena de empleados bancarios y un número de hombres de empresa que, a través de la ganadería, el comercio y la agricultura contribuyeron a que Armero fuera una innegable despensa del interior del país.

Omayra

Los pocos sobrevivientes de Armero llevan en su mente el recuerdo de un municipio próspero, que sucumbió ante el temible volcán Arenas. FOTO/ARCHIVO/LA PATRIA

Se escuchaba el ensordecedor bramar de las vacas que se encontraban atrapadas por el pantano, y los gritos ahogados de uno que otro sobreviviente en las mismas condiciones. Hacía un frío inusual. Quienes regresaban después de comprobar la magnitud de la tragedia, decían, con el característico acento tolimense: "No vayan por allá, que el pueblito se acabó". En las cercanías de Armero, manos caritativas habían puesto debajo de las ramas de un pequeño arbusto el cuerpo de otra mujer también desnuda. Se le había dado por muerta, pero quienes la observaron con mayor detenimiento, comprobaron que estaba viva. Trataba de abrir los ojos que el barro seco le impedía. Carecía de aliento para hablar, hacía apenas unos pesados movimientos de brazos. Quienes llevaban ponchos la cubrimos con ellos, encomendándoles a los que regresaban que la llevaran hacia Guayabal, población en donde se concentró a los heridos y cadáveres.

Homenaje

LA NIÑA DE 13 AÑOS QUE AGONIZÓ DURANTE TRES DÍAS

pasó de símbolo a sitio de peregrinación

La pequeña murió tras 59 horas aprisionada por los muros de su casa y tocando con sus pies los cadáveres de una tía y de su padre. El Presidente de la República, Álvaro Uribe, rendirá homenaje hoy a los muertos de Armero (Tolima). Emblema.

Este es el lugar preciso en donde murió la pequeña Omayra Sánchez, de 13 años, tras tres días de sufrimiento. Hoy, 20 años después, es un símbolo con el que el mundo entero trae a su memoria aquella fatídica noche del 13 de noviembre de 1985.

CARLOS SALGADO COLPRENSA/EL COLOMBIANO/LA PATRIA ARMERO (TOLIMA)

Las gotas de sudor brotan de su pecho blanco y se funden en la raída camisa, escasa de botones. Habla con la propiedad de quien conoce a fondo el tema y se deleita con un auditorio femenino que, ante los detalles, hace muecas y lanza maldiciones entre dientes. "Omayra alcanzó a correr una o dos cuadras antes de que la alcanzara la avalancha", dice, tal vez sin saber -o sí- que su historia no es cierta. Entusiasmado, cuenta que ante la imposibilidad de sacar a la niña del charco de lodo en el que agonizó durante tres días, la dejaron morir allí y luego la taparon. Se seca el sudor con una mano, habla de los “milagros” que Omayra ha hecho desde entonces y se hace a un lado para que los presentes, con una amplia sonrisa, se tomen las fotos de rigor.

El símbolo

59 horas agonizó Omayra Sánchez, de 13 años de edad, con el lodo hasta el cuello, aprisionada por los muros de su casa y tocando con sus pies los cadáveres de una tía y de su padre. Ese martirio que finalizó cerca de las 10:00 de la mañana del 16 de noviembre de 1985, convirtió a la niña en el símbolo de la tragedia que dejó el paso de una avalancha de lodo por Armero. Como tal, el sitio de su muerte se erigió en lugar de

FOTO/COLPRENSA/LA PATRIA

peregrinación y su historia se constituyó en uno de los más pintorescos relatos, adobada con elementos de la imaginación de cada una de las personas que la cuente.

El mito

¿Una tragedia evitable?

20 años después de la catástrofe por la erupción del cráter arenas, del Nevado del Ruiz, que provocó el deshielo y por ende la carga de piedras, lodo y arena que rodó por el cauce del río Lagunilla el mismo que 100 años atrás había producido una tragedia similar con los pocos moradores de entonces-, la pregunta que todavía hoy suelen hacerse muchos es si eso se pudo haber evitado o no. El consenso general es que todo se confabuló esa noche para que las cosas salieran así y murieran 22 mil personas. El profesor Édgar Efrén Torres Mosquera, vulcanólogo aficionado, fue el primero en prender las alarmas en 1985 sobre una posible tragedia por el represamiento, en la parte alta, del río Lagunilla. Sus malquerientes lo calificaban, irónicamente, como el Darwin colombiano, por lo que no le prestaron mucha atención. Esa tarde del 13 de noviembre, cuando empezó a caer ceniza, Torres fue el primero en salir a la calle, megáfono en mano, pidiendo calma. Lo propio hizo el alcalde Ramiro Antonio Ramírez Robayo, no obstante que días antes había venido clamando atención del Gobernador. Entre tanto, el párroco Osorio celebró su misa de 6:00 de la tarde. Pidió calma y luego emprendió viaje, esa misma noche, hacia Ibagué. Winsor González, locutor de Radio Armero, que al momento de la avalancha dirigía un programa de música vallenata, también se desgañitaba pidiendo calma. Otra escena protagonizó el comandante de Policía local, que amenazó con encarcelar al Comandante de Bomberos, Campo León Castro Gil, porque intentó salir a perifonear pidiendo la evacuación. Su olfato lo puso a salvo, pues alcanzó a abandonar el municipio cuando la avalancha le pisaba los talones. "No me dejaron salvar el pueblito", confesaba años después con nostalgia el curtido bombero. Advertencias las hubo, pues desde Herveo una telefonista comunicó que una avalancha enorme iba hacia Armero. Por eso no puede decirse que estaba escrito que, como Pompeya, Armero tenía que ser sepultado por una avalancha provocada por un volcán, que dejó como símbolo el drama de Omaira, la niña que agonizó por horas aprisionada entre escombros y murió sin poderse hacer nada para salvarla. Quizás el símbolo más significativo de la peor catástrofe de Colombia, es que hay que escuchar las señales de la naturaleza, aprender de ella y saber actuar a tiempo.

Decenas de personas comenzaron a dejar en ese lugar juguetes, mercados, flores y peticiones para Omayra. También fotografías y pequeñas placas de mármol en las que dan gracias “por los favores recibidos”. Dentro del programa Armero Parque a la Vida, que construyen la Gobernación de Tolima, la alcaldía de Armero Guayabal y la Corporación Parque a la Vida, se incluyeron obras de adecuación del lugar, así como la construcción de un muro sobre el cual la gente pueda pegar las placas. La iniciativa no se ve con buenos ojos entre la población armerita. Algunos líderes consideran que promover la figura de Omayra desde este punto de vista, es insistir en uno de los estigmas que carga la población: el de producir lástima. "En Armero Guayabal no hay empleo. La gente está aguantando hambre dentro de las casas que nos dieron después de la tragedia, y ahora nos dicen que la Gobernación entregó 400 millones de pesos para el Parque a la Vida", dice uno de los habitantes de este pueblo. Otro de los problemas que enfrenta la población, que

El presidente de la República, Álvaro Uribe Vélez, confirmó para hoy su visita al Campo Santo de Armero, en donde se realizará un homenaje póstumo a las víctimas de la tragedia del 13 de noviembre de 1985, entre ellas a Omayra Sánchez, la niña de 13 años que falleció luego de tres días de quedar atrapada entre los escombros. Igualmente, el Jefe de Estado estará en Lérida, en donde inaugurará oficialmente la operación comercial de la planta lechera de este municipio, la cual hace parte de un convenio entre la multinacional Alquería y la cooperativa de productores Coagromur. Uribe Vélez arribará a las 11:30 de la mañana a las ruinas de Armero en donde rendirá un sentido homenaje a todas las víctimas que perecieron hace 20 años en este lugar. La presencia de Uribe en Lérida servirá para oficializar la entrada en operación de la planta lechera y darle continuidad a un proyecto que busca beneficiar a buena parte de los ganaderos del Tolima, así como contribuir a la solución de los problemas de abastecimiento de leche pasteurizada que padecen algunas ciudades del departamento.

victimiza a la población infantil, es el de la violencia intrafamiliar. "Somos víctimas de algo que no vivimos pero cuyas consecuencias estamos padeciendo", dice Juan Rodríguez, un joven de 17 años de edad que representa a los líderes juveniles del norte de Tolima. Para muchachos como él, la conversión de Omayra en “santa” es un síntoma de las dificultades que ha tenido la gente para superar el impacto de la tragedia. Pero el alcalde de Armero Guayabal, Fernando Losada Acosta, piensa que los hechos están ahí las romerías no se las inventaron los armeritas.

Visitas

Él calcula que, mensualmente, unas 2.300 personas visitan la explanada en la que quedó convertido el pueblo, hoy sembrada de maleza y árboles, especialmente para conocer el lugar en el que murió Omayra. "El proyecto Parque a la Vida tiene que ver con el turismo y nos va a dar resultado", dice. Y cuanta cómo están trabajando para mejorar algunos de los predios donde funcionaban entidades públicas en Armero, para hacerlos atractivos al turista. Para complementar el proyecto, se está construyendo en la zona donde las ruinas están más conservadas, un centro de visitantes donde habrá venta de comidas y de artesanías. "Es como perpetuar la idea de que la gente nos debe dar algo, porque pobrecitos nosotros. Explotar nuestro dolor y el de las personas que murieron aquí", se queja uno de los jóvenes armeritas. Pero el proyecto avanza. Treinta bachilleres se están capacitando como guías para contar la historia de Armero desde su fundación. Mientras ello ocurre, la gente que visita la tumba de Omayra se sigue yendo convencida, no solo de lo que cuentan los avivatos que presumen de guías, sino de los supuestos milagros de la niña que aún hoy quieren ver entre el lodo.

cmyk

05-11-13-Erupcion20Annos  
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