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D O M I N G O

DOMINGO AGOSTO 18 DE 2002

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Otros alcaldes

FOTOS/MARTHA HELENA MONROY/LA PATRIA

Algunos llegan al sitio para realizar consultas y otros sólo aprovechan para dar un saludito a su alcalde para aprovechar su estadía en Manizales. Esto es algo común en la oficina en donde despachan algunos de los alcaldes amenazados.

La parte occidental del Departamento no es ajena a la situación que vive el resto del Departamento por lo que se observan algunos casos de amenazas a sus alcaldes. Marmato, Riosucio y Supía son los municipios en donde de igual forma se recibieron las amenazas, razón por la cual sus alcaldes requirieron de mayor presencia de ejército para poder ejercer el primer puesto público de sus localidades. Félix Germán Uribe, Alcalde de Victoria municipio ubicado al oriente de Caldas, aunque no ha presentado su renuncia, se encuentra despachando desde abril en Manizales, ya que según él, en esa época recibió amenazas que lo obligaron a tomar esta decisión por lo cual le solicitó al Concejo Municipal expedirle una resolución que le permitiera salir de la localidad. «Después de las 12 torres que derrumbaron en la zona no se había vuelto a sentir las presiones de estos grupos. A mí además de las amenazas telefónicas y algunos panfletos, me enviaban las razones con conductores rurales de la zona», manifestó Uribe.

ASÍ TRANSCURRE EL TIEMPO PARA ALCALDES AMENAZADOS

Alcaldías a control REMOTO De los siete mandatarios amenazados, cuatro cuentan con un sitio en Manizales para ejercer su mandato. El teléfono, el fax y el computador son las herramientas de primera mano de las máximas autoridades de Pensilvania, Manzanares, Samaná y Marquetalia. Lejanía. REDACCIÓN/LA PATRIA MANIZALES

Desde las 7:45 de la mañana, Méndez, el policía encargado de velar por la seguridad de la oficina designada por la Gobernación de Caldas para que despachen los alcaldes amenazados, espera que cada uno de los mandatarios lleguen a su improvisado lugar de trabajo. En los últimos cuatro meses la labor de ocho mandatarios de Caldas se ha visto obstaculizada por amenazas de grupos al margen de la ley que operan en el departamento. Pensilvania, Marquetalia, Samaná y hace poco Manzanares son los municipios a los que sus alcaldes han tenido que renunciar por presiones de estas organizaciones. Los cuatro mandatarios desde hace 40 días cuentan con un lugar ubicado en el noveno piso de la Casa Luker del centro de Manizales. En el lugar disponen de dos líneas telefónicas, un fax, un computador, cinco escritorios y una máquina de escribir eléctrica para tratar, desde la distancia, seguir al frente de los destinos de su localidad. Desde allí José Óscar González de Pensilvania, Hugo Hernán González de Marquetalia, Hely Jiménez de Samaná y Henry Ramírez Montes de Manzanares ejercen su autoridad. El oficial Méndez llega a su lugar de trabajo con dos libros bajo el brazo, abre uno de ellos y se sienta a leer. «Este es uno de los mejores libros que he leído. Con ésta ya es la segunda vez que lo leo», afirma el oficial mientras vuelve su mirada a la obra de Néstor Gustavo Díaz: «El zorro y el olor a Jazmín».

Sin secretaria

María Leonor, quien era la encargada de hacer las veces de secretaria de los mandatarios y a la vez cumple con las obligaciones de radicadora de cuentas de la Gobernación de Caldas, se traslada de oficina para el décimo piso del mismo edificio. «Es alguien muy querida por nosotros y que nos ha colaborado bastante a todos. Nadie tiene reparo de la ayuda prestada por ella. Lástima que se nos vaya porque estábamos muy acostumbrados a su amabilidad», afirma Hely Jiménez, alcalde de Samaná y quien minutos más tarde ingresa a su sitio de trabajo. Poco a poco uno de los dos cuartos con los que cuenta la oficina 902 queda vacío. «Me voy para que queden más amplios», dice María Leonor mientras descuelga algunos cuadros de las paredes del lugar y coordina el traslado de los muebles y enseres de su oficina. Por el momento y durante esta semana, los cuatro mandatarios esperan que una nueva «niña» llegue a ocupar el vacío que dejó quien durante este tiempo hizo las veces de secretaria.

Los mandatarios esperan que el vacío que dejó quien hacía las veces de su secretaria sea reemplazado en los próximos días, ya que esta persona se convierte en un importante elemento de ayuda para su labor.

El ambiente de camaradería y amistad entre los colegas que atraviesan por la misma situación se respira en el sitio. Allí la colaboración de unos con otros traspasa los límites físicos de sus municipios.

En una de las salas de la improvisada oficina los mandatarios cuentan con un computador que en ocasiones facilita la comunicación con sus funcionarios.

Difícil situación

Durante el transcurso del día son constantes las interrupciones de la lectura que realiza el agente Méndez. Esta vez son dos funcionarios del Departamento Administrativo de Seguridad (DAS) quienes pasan revista y preguntan las novedades de la mañana. El oficial se aleja a hablar con las dos personas quienes minutos más tarde se retiran del sitio. «Aquí es mejor aprovechar el tiempo estudiando que estar parado tomando tinto todo el día», comenta Méndez mientras busca la página del libro en donde dejó la lectura. El ascensor se detiene y de él desciende Henry Ramírez Montes, alcalde de Manzanares y quien también tiene un escritorio en la oficina. «Esto es algo muy difícil, manejar un municipio desde la distancia no es lo mismo, aunque aquí contamos con todas las comodidades y los medios para comunicarnos con nuestros funcionarios no es lo mismo que estando uno allá», asegura Ramírez Montes. La seguridad para todos los mandatarios es lo más importante. Uno de ellos dialoga con los demás homólogos acerca de la esperanza que tienen con el nuevo mandato del presidente, Álvaro Uribe Vélez, para que encuentren orden no sólo en los municipios afectados de Caldas sino en todo Colombia. “A mí me dijo el Coronel del batallón la

semana pasada que como había sido el último en renunciar aún no habían puesto un grupo de soldados a mi disposición en el pueblo. Cuando me coloquen unos cuantos hombres allá, inmediatamente me voy”, comenta el alcalde de Manzanares.

Telefonitis

Para el oficial de policía que custodia la oficina, el flujo de gente no es constante y asegura que muchas veces se puede observar el sitio lleno de gente y que los alcaldes no dan abasto atendiendo al público. El teléfono suena de manera reiterada y cuando para de sonar es porque algún mandatario está comunicado con su respectiva oficina en cada una de las localidades. “Vea, hay que mandar a alguien para allá. Dígale a uno de los muchachos que vaya que me da pesar de esa gente que ya lleva mucho tiempo con ese problema. Apenas tenga alguna información me llama”, comenta uno de los alcaldes quien habla con su secretaria privada en su “verdadera” oficina. En el lugar son constantes las conferencias telefónicas, hasta el detalle más ínfimo es preguntado por los mandatarios a todos sus empleados quienes uno por uno pasan a rendir informe a su jefe y de paso aprovechan para darle un saludito. Una señora, que ingresa a la oficina preguntando por el alcalde de Pensilvania, suspende la lectura del oficial Méndez. «Necesito al doctor José Óscar para que me dé una orden del Sisben para que operen a mi

niño en el hospital infantil», dice. Mientras el policía escucha a la señora Hely Jiménez, el alcalde de Samaná, quien se retiraba a «tintiar» en una de las cafeterías de la zona, amablemente le comenta a Adriana, la mamá de Abel Julián, que en el momento José Óscar no está. «¿Y la secretaria?» pregunta la señora. «Aquí todos somos secretarios de todos, pero cuénteme en qué le podemos servir», continúa el mandatario de Samaná mientras ríe por el comentario. Ante la imposibilidad de brindarle ayuda a Adriana les acerca dos sillas para que el niño con sus padres y dos familiares esperen en el improvisado despacho. A la llegada del mandatario de Pensilvania la señora le explica el motivo de su visita, pero él comenta que no puede hacer nada porque no tiene los formularios ni la papelería necesaria para este tipo de casos. Entonces, toma el teléfono y realiza una llamada a uno de sus funcionarios y después de tomarle los datos al niño y a sus padres le solicita a Adriana que regrese por la tarde para que reclame el fax de la autorización por medio de la cual se confirma que se le puede realizar la cirugía de nariz a su pequeño Abel Julián.

Al pasar las horas

Transcurre el día y Méndez avanza lento pero firme con su lectura, cada página es comentada por el oficial con alguna persona que espera la llegada de algún mandatario. “Este libro es muy bueno. Trata de un señor que lentamente va ascendiendo por el camino del éxito con su habilidad para restaurar cosas viejas”. Alfredo espera ansioso a Hugo Hernán González, otro de los alcaldes que tiene espacio en la oficina. “Lo que pasa es que yo lo estoy buscando desde ayer con urgencia”, le comenta el ciudadano al oficial. Méndez le informa que no se desespere que en cualquier momento aparece y continúa narrándole la historia de su lectura. “Lo triste es que el personaje central después de todo con mucho dinero decide quedarse sólo cambiándose de identidad y yéndose para otro país, lejos de quienes lo amaban”. Concluye después de algunos minutos de diálogo con Alfredo y se retira para continuar su lectura. Al caer la tarde el bullicio del día se transforma en un silencio que ronda el edificio, Méndez mira el reloj: 6:30 p.m. Recoge sus libros y a pasos apresurados sale con destino a tomar el bus que lo conducirá a su clase de piano porque «con la música logra alejarse por un momento de algunas injusticias con las que no está de acuerdo». cmyk

02-08-18-AlcaldiasAmenazadas