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Kant,

el Copérnico de la filosofía Kant nace (1724), estudia, enseña y muere (1804) en Königsberg: una vida sin grandes desbarajustes, pero una filosofía rica y fértil. Tres cuestiones guían toda su reflexión crítica: ¿Qué puedo saber? ¿Qué debo hacer? ¿Qué me está permitido esperar? A la primera pregunta consagra la Crítica de la razón pura, cuyo objetivo es nada menos que realizar en la metafísica una revolución semejante a la de Copérnico en la física. ¿En qué consiste? En demostrar que no es el conocimiento el que debe ajustarse a la naturaleza de los objetos, sino que son éstos los que deben someterse a nuestra facultad de conocer. De esa sencilla afirmación se desprende que no podemos conocer ciertos objetos (las cosas en sí). Nuestra sensibilidad y nuestro entendimiento

no tienen acceso más que a la comprensión de los fenómenos (las cosas en sí tal y como se manifiestan en los marcos a priori de nuestra sensibilidad: el espacio y el tiempo). Sin embargo, la comprensión de los fenómenos no satisface los apetitos de nuestra razón, que trata de conocer los objetos que se le escapan: el alma, el mundo y Dios. Aventurándose así a ir más allá de los límites de lo que puede conocer, la razón se extravía y desemboca en antinomias. Podrá así sostener, lógicamente, tanto que Dios existe como que no existe… Si la razón no puede pretender conocer esos objetos, entonces: 1. estos últimos pueden ser objeto de creencias; 2. la vocación de la razón no es teórica sino práctica: nos enseña lo que debemos hacer.

«¿Qué debo hacer?» Para responder a esta pregunta fundamental, Kant distingue dos tipos de principios que determinan lo que debo hacer: El imperativo categórico, que me impone absolutamente qué debo hacer puesto que soy un ser racional; y el imperativo hipotético, que me impone qué debo hacer según lo exige el objetivo que persigo. ¿Cuáles de estos ejemplos son imperativos categóricos y cuáles imperativos hipotéticos?

«Debo…

1 acabar esta tarea aburrida que me ha ordenado el jefe, en vez de leer una

página del cuaderno de filosofía.» 2 tirarme al agua para salvar a ese imbécil que se ha lanzado en plena

mar cuando no sabe nadar, en definitiva, ayudar al otro cuando está en dificultades.»

3 dejar de comer chocolate, al menos esta noche, ya que voy por la

tercera tableta.» 4 seguir vivo y no suicidarme, aunque esté en una situación horrible:

he invitado a comer a mis amigos pero, como mis conocimientos en micología son limitados, les he servido amanitas. Han muerto todos.» 5 dedicarme a la música, la pintura, las lenguas extranjeras y otras

disciplinas para las cuales estoy particularmente dotado. En definitiva, cultivar mis talentos.»

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El arte: ¿imitación o creación? ¿Qué tipo de relaciones mantiene el arte con la realidad? El trabajo del artista, ¿consiste en imitar la naturaleza o en representarla? La pregunta no plantea a priori ningún problema cuando hablamos de pintura abstracta o de música, pero ¿y cuando lo hacemos de la pintura de un paisaje, de una pieza teatral o de la escultura de un busto? A primera vista, parecería que cada una de estas obras no constituyen sino una reproducción (y a menudo, incluso, la más fiel posible) de la realidad. ¿Podemos concluir como Platón que el artista no es más que un imitador? Sería despachar el problema demasiado rápido. La prueba es que si sitúas a dos pintores frente al mismo paisaje,

1. Copión

obtendrás dos pinturas bien distintas. Al igual que con dos escultores frente a un modelo. Por tanto, el artista no se contenta con imitar la realidad, sino que la re-presenta a través del prisma de su propia sensibilidad, con el objetivo de llevarnos a sentir la emoción que él mismo ha sentido. Y, lo que resulta más interesante, a veces sucede incluso que el artista nos desvela la realidad. En efecto, algunas representaciones consiguen mostrarnos la naturaleza bajo una perspectiva tan diferente a la de la cotidianeidad que acabamos percibiendo lo que nunca antes habíamos visto. Como decía el pintor Paul Klee: «El arte no reproduce lo visible; lo hace visible».

2. Perdido en la niebla

Platón consideraba que el artista

Explica la relación entre el

no hacía sino imitar la realidad.

arte y la realidad que Oscar

A partir de la siguiente cita,

Wilde describe en este extracto

intenta explicar las razones que

de Intenciones:

llevaban a Platón a denigrar el arte. «La gente ve la bruma, no porque la haya, sino porque «El arte de imitar está, por consiguiente, muy alejado de lo verdadero, y si ejecuta tantas cosas es porque no toma sino una pequeña parte de cada una; y aun esta pequeña parte no es más que un fantasma.»

unos poetas y unos pintores le han enseñado su encanto misterioso. Han existido nieblas en Londres durante siglos. Hasta me atrevo a decir que no han faltado nunca. Pero nadie las vio [...]. No existieron hasta el día en que el Arte las inventó.»

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El juego de las adivinanzas 1

Una doble etimología Contiene esta disciplina A través de la unión en griego Del lenguaje y del conocimiento Obtendréis mi razón Opuesta a la opinión ......................................................................................

2

Desvelados por el aleteo Que esta palabra provoca Encontraréis la verdad Que la filosofía griega convoca ......................................................................................

3

Como disciplina filosófica Me identifico con la metafísica El monto de la realidad O la existencia del ser Constituye mi razón de ser ......................................................................................

4

Opuesto al escepticismo Cercano al fundamentalismo Sin duda ni discusión Mis partidarios tienen siempre razón ......................................................................................

5

Como método de conocimiento Esclarezco el entendimiento Como técnica dialógica Soy socrática y platónica ...................................................................................... 55

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¡No digas bobadas! Antes de entregarte los secretos de una argumentación bien construida, queremos, según una lógica de desvinculación de los errores pasados, indicarte las trampas en las cuales no hay que caer. Estas trampas se llaman sofismos. ¿Qué son? Son argumentos que parecen rigurosos pero que descansan en una lógica falaz. Entre estos usurpadores, podemos citar: el falso dilema, consistente en encerrar una elección entre dos términos cuando existen otros; el fatalismo, que predice que, adoptando tanto una como otra medida, la peor conse-

¿Dónde está el error?

cuencia se producirá necesariamente; el ataque ad hominem, formulado contra la persona que defiende una tesis, y no contra la tesis en sí; el argumento ad odium, cuyo objetivo es convertir en odiosa la tesis del adversario reformulándola negativamente; la petición de principio, que invita a dar por verdadero aquello que se ha de demostrar, afirmándolo en una de las premisas; el sofisma de la doble falta, que consiste en afirmar que una mala postura es buena por la única razón de que no es la única mala, etcétera.

Desentraña los sofismas que se esconden detrás de los argumentos de los siguientes enunciados.

1

—Señora, ¡debe ponerse el cinturón de seguridad! —Hay jóvenes que queman coches en las afueras de la ciudad, ¡y precisamente se me detiene a mí!

2

¡Si no estás conmigo, estás contra mí!

3

Los extraterrestres existen porque varias personas han visto ovnis.

4

Si legalizamos el consumo de cannabis, todos los jóvenes van a acabar drogándose.

5

—Estoy en contra de la pena de muerte. —¡Está usted, pues, del lado de los violadores de niños!

6

Es usted un mentiroso, ¡me niego a debatir con usted!

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Hegel:

¡Sistema, mi hermoso sistema! Después de Kant vino Hegel (1770-1831) y su voluntad de eliminar la cosa en sí para reestablecer la comprensión de la realidad. Hegel asimila la realidad absoluta —que según el viejo Kant era incognoscible— no sólo a una sustancia, sino también a un sujeto. Ahora bien, si la sustancia (la realidad) es sujeto, posee en sí misma el principio de sus determinaciones y de su inteligibilidad. De nuevo nuestra razón queda declarada apta para conocer lo absoluto. El truco de Hegel no se detiene aquí. No basta con sacar la realidad de la chistera como si fuera un conejo, aún hace falta estar en disposición de comprenderla. Pero aquí ya no es necesaria la varita

mágica, porque «lo que es racional es real, y lo que es real es racional». De hecho, nuestro David Copperfield de la filosofía tiene una pequeña idea en la cabeza: dar cuenta de la totalidad de la realidad (incluidas todas las doctrinas filosóficas y todas las culturas). La filosofía de Hegel incorpora, en efecto, todas las filosofías anteriores como momentos del desarrollo del saber. Pero obviamente, en cuanto filosofía, no constituye un momento más como las otras, ¡ya que representa la última etapa de ese desarrollo! Del mismo modo, los acontecimientos históricos no son sino etapas del proceso de realización de la razón que culmina con el Estado moderno.

Y uno, y dos, y tres… Dialéctica Una precisión acerca del movimiento de la realidad, así como de la razón: todo, pero absolutamente todo, funciona dialécticamente en Hegel. Dicho de modo: de tres en tres o, al menos, en tres tiempos.

Un primer tiempo, en el que la cosa aparece (como una semillita…), se opone a un segundo tiempo en el que la cosa se encuentra confrontada (con el exterior, lo ajeno). En el tercer tiempo se da la resolución del conflicto: con él comprendemos no sólo que ya no hay contradicción, sino que la confrontación era necesaria para la realización y el cumplimiento de la cosa que apareció al principio. Ahora, distingue, entre los planteamientos siguientes, en cuáles se trata de dialéctica. a

El esclavo está oprimido por su amo; el esclavo realiza un trabajo para su amo; el esclavo se libera al adquirir conciencia de sí durante el trabajo.

b

Yo solo, tú y yo, verdaderamente yo [qué mono es esto…].

c

Me levanto, cojo el metro, llego a la facultad.

d

Tengo sueño, duermo, ya no tengo sueño.

e

Situación de dominación entre fuerzas sociales con intereses opuestos; enfrentamiento y lucha; advenimiento de una sociedad diferente. 57

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¡Oh, tiempo!, suspende tu vuelo La relación arte/tiempo es paradójica. Las obras de arte están a la vez inscritas en una época precisa y fuera del tiempo. Entonces, ¿es el arte testimonio de una época? Es difícil imaginarse a Leonardo da Vinci pintar como Andy Warhol o a Beethoven componer como Duke Ellington. Los artistas no sólo dan testimonio de las preocupaciones de su época, sino que además emplean las técnicas del momento: por ejemplo, el esfumado y la perspectiva aparecen en el Renacimiento. Con la invención de tecnologías, se asiste a la apertura de nuevos campos artísticos: la fotografía, el cine o, más recientemente,

el arte digital. Pero cuidado, decir que el artista es un hombre de su tiempo no significa en absoluto reducir su capacidad para transgredir los códigos de su época y para despertar (incluso sacudir) la conciencia de sus contemporáneos. Más allá de su inscripción en el tiempo, una obra de arte se caracteriza extrañamente por su atemporalidad. Es decir, aun siendo personas del siglo XXI, no somos menos capaces de apreciar una pintura rupestre del Paleolítico, un cuadro de Rembrandt o uno de Vasarely. Las obras de arte atraviesan los siglos sin arrugarse.

Un poco de cultura He aquí una lista de obras de arte. ¿Sabrías decirnos (sin mirarlo en la enciclopedia o en Internet) quiénes son sus autores y la época a la que pertenecen? a Marilyn ........................................................................................................ b Pintura de las cuevas de Altamira .................................................................. c La Novena Sinfonía .. ..................................................................................... d La flauta mágica . ......................................................................................... e Las señoritas de Aviñón ................................................................................ f

La persistencia de la memoria ......................................................................

g La noche estrellada . ..................................................................................... h Las flores del mal ......................................................................................... i

La Venus de Milo ..........................................................................................

j

Las cuatro estaciones .. ..................................................................................

k Doña Perfecta ............................................................................................... 58

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