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Cada quien by Josias M. Rico is licensed under a Creative Commons ReconocimientoCompartirIgual 3.0 Unported License.

Antología escrita para Escritura Creativa Del profesor: José Manuel Velázquez Hurtado jmvelazq@itesm.mx Escrita y editada por: Josias Misael Rico García. Diseño Editorial: Josias M. Rico Contacto: arabian.rico@gmail.com Mayo 2012 (La tipografía Arial es porque así la pidió el profesor, no se crean.)


Por: Fernando Romero Tirado

Muchas veces, al escuchar anécdotas que salen de lo común o con las que no estamos de acuerdo, nuestra única reacción es quedarnos callados, hacer una sonrisa torcida y romper el silencio incómodo diciendo “Pues… Cada quien.” Aunque detrás de ese “cada quien” puede estar una sensación de asco reprimido, sólo para demostrar que somos muy maduros, modernos y de mente abierta. El punto es quedar bien. O tal vez el “cada quien” lo usamos para no hacer evidente la envidia que se puede sentir de que alguien más está viviendo tus sueños y fantasías más salvajes. No hay que permitir que nos juzguen de locos, mejor “cada quién.” El “cada quien” también puede ser usado cuando uno quiere hacer entrar en razón a otra persona que está haciendo las cosas mal. Después de darle mil vueltas al asunto, te rindes y sólo puedes decir “Bueno… Cada quien.” Quédate con tus problemas, ya no me importa… Cada quien. De eso se trata esta antología. Anécdotas poco cotidianas, pero con personas que podrías encontrar un día de estos, que seguro disfrutarás y terminarás diciendo “Cada quién,” tu sabrás porque… Cada quién.


Bien raro, hoy por la tarde después de echar el fucho, un amigo me pidió que lo acompañara a comprar la despensa y así sudados, fuimos al súper. Como acostumbro hacer cada que voy al súper, tomé una revista de automovilismo e iba pendejeando. Nunca me preocupé sobre lo que le iba vaciando al carrito pero noté que iba algo vacío. Despreocupado de la situación íbamos de un pasillo a otro intercambiando algunos comentarios sin chiste del día y la escuela y demás. A veces incluso escuchaba que se hablaba él solo como asegurándose de llevar todo lo que necesitaba. Yo seguía en la pendeja. Llegamos a la caja a pagar y él colocó sus compras sobre la banda. Repito, yo seguía pendejeando en la revista. —¿Encontró todo lo que buscaba? —Sí, gracias señorita. ¡No mames con su despensa! Fue el momento en que el volteé a ver por primera vez todo lo que había comprado. No terminando con mi asombro, la señorita parecía emocionada cobrando cada uno de los productos y le volteaba a ver casi coqueteando. Él se limitaba a observarla empáticamente y sin mirarme. Yo creo que sintió que le andaba buscando la mirada hasta que volteó a verme. Hizo cara de “qué chingados me ves” y seguramente mi expresión era de “qué pedo”. Es que no mames. La cajera al terminar de cobrar todo hasta parecía que lo seducía mientras le preguntaba bien amablemente que si quería participar en el redondeo. —No gracias— él contestó sin dar importancia al asunto. Ahora ofendida por la respuesta negativa, la señorita se limitó a tomar el dinero de éste. Su amabilidad ya se había desvanecido. “No mames”, pensé. Ahora resulta que ella estaba más indignada porque no quiso redondear para quién sabe qué campaña de recolecta que quién sabe a quién ayudaría, pero eso sí, ella nunca se inmutó al ver lo que mi amigo compraba. Luego me vio raro como envidiosa de la situación. Fue hasta entonces que imaginé lo que a de haber pensado de nosotros dos. Pero no, a mí no me late por atrás. Salimos bien


juzgados de homosexuales egoístas que no donan sus centavos. Que ella done todo su dinero o hasta sus calzones, pero que a mí no chingue. Hablando de los juicios, yo seguía enjuiciando a Pepe, mi amigo, por todo lo que compró: su ‘despensa’. Seguimos caminando hasta su Jeep sin hablar una sola palabra. La neta yo esperaba que me dijera qué pedo. Él inadvertido de mi asombro caminaba y aleatoriamente me preguntó sobre mi novia. “Pues ahí anda” le dije. Supongo que esperaba que preguntara por la de él pero hasta donde yo sabía, no tenía. —¿Pizzas, tacos o sushi? —Sushi, el de la plaza— le contesté. Ordenamos rollos y un par de cervezas, como hacíamos cada que comíamos juntos. Esperábamos las órdenes y seguíamos callados, él distraído por los videos que pasaban en la tele que estaba en restaurant de comida rápida. —No mames, Jei-Lo está bien buena—. Me dijo sin perder la mirada de la tele y casi babeando. Ignoré su comentario y tuve que preguntarle. —¿Qué pedo con tus compras para hacer sexo tántrico? —Ah pues nada, es que al rato veré a una niña, muy linda por cierto. ¿Te acuerdas de la chaparrita de vestido floreado el día que te encontré en el cine? —¿Ajá?— Respondí aún asombrado. —Pues es ella, Clau —respondió bien emocionado—. Verás, estoy saliendo con ella y la neta sí la veo como a mi novia. —O sea sí. Pero, ¿para qué compraste tanta mamada? ¿Yogur y condones de sabor? Pues no es coctel de frutas, goei. —Pendejo. Pues por eso te digo, que la quiero y la veo como mi novia. Será una cena romántica con velas, vino y a Barry White. —No eh, bien original tú. Pero ¿y el yogur? —. Pregunté de nuevo con una cara de asombro. —¡Ah! —. Y puso su cara de emoción al continuar—: Es que verás, después de cenar…


—Ya déjale ahí —lo interrumpí bruscamente porque no quería construir una imagen en mi cabeza de lo que ocurriría entre mi amigo y su ¿novia o qué era? Y continué—: ¿De cuándo acá tú tienes fetiches?, es más ¿desde cuándo coges con alguien que no es tu novia? —Güey, la vida sigue. No es como que no superé a mi novia. Si no se me añeja. —Pues yo no superaré el yogur. No puedo con la idea de combinar sabores de cosas que puedo comer con sabores de cosas que no puedo comer. Con razón nunca tienes pa’ los pomos. No me digas con Sandy siempre cogían con pétalos de rosa tirados por todo el cuarto. —De las como mil veces que estuve con ella no siempre era romántico. Aparte esto lo hace más que tener relaciones, así es divertido y bonito. —En el carro con un condón es igual sino es que más divertido. Aparte cálmate que mil veces, no es que como que se echaban el mañanero, el de la comida y la cena romántica todos los días, o sea. —Bueno, cada quién, ¿no? Nos trajeron la comida y paramos la plática. Pero yo no dejaba de pensar en lo ocurrido desde la cajera. Primero somos juzgados por una cajera que le tiraba el calzón a mi amigo por comprar condones, lubricantes, yogur, vinos, velas y hasta sushi. Yo creo que se le hizo agua a la boca. Luego bien ofendida porque no quisimos donar nuestros centavos. Se me hace que es de esas que piensa que sí ayudará a un niño pobre. Luego Pepe con sus fetiches. Digo, cada quién. Sonó su celular. —Hola pollita, ¿cómo te va?… Sí, estoy comiendo… No, no puedo hoy tengo un trabajo… ¿Mañana? Sí tal vez un rato, es que he andado ocupado… ¿Ayer? Estuvo genial, ¿no?... ¿Tú papá no te dijo nada?... Sí un buen de pena que me hubiera dado… ¿Le dijiste que éramos novios?... Chale ¿se la creyó?... Pues a ver cuándo. Oye, te hablo luego que ando manejando… Sí, adiós. Me cagué de risa. Su cara lo dijo todo. —Apuesto a que a ella no le llevaste vino y te ahorraste el motel. —Si no me sale caro. Por cierto, me debes una del condón que te di.


Mi aprendizaje del dĂ­a: a cada quiĂŠn le sale caro coger si quiere.


Yo estoy seguro de que me gustan las niñas. Tengo una novia que se llama Karen y lo que más me gusta de ella son sus labios. Cuando besan mis cachetes se siente suavecito. También me gustan sus labios porque cuando sonríen yo sonrío y porque cada que pronuncian mi nombre yo me pongo nervioso. Tengo un primo que se llama Mario. Mario dice que también me gustan los niños y dice que yo le gusto. Pero cuando le conviene. Sus labios no me gustan porque cuando me besan la espalda pica. Cuando me sonríe es porque está encima de mí y a mí me da miedo. Él dice que soy un joto y que lo que hacemos es algo normal. Pero eso me confunde. Yo no estoy seguro de ser joto porque con mi novia, yo disfruto estar y con él no tanto. También porque nunca termino lastimado con ella. Mi primo dice que él no es joto y él tiene una novia también a la que cuando besa le dice que la quiere. A mí nunca me dice eso. Yo entonces me confundo y no sé si me gustan los niños o las niñas porque yo accedo a quitarle la ropa a mi primo. Creo que me gusta verlo sin la ropa puesta. Cuando Mario me la quita a mí, me abraza por la espalda entonces ya no me gusta y prefiero a las niñas, ellas no lastiman cuando te abrazan. Yo le dije a mi Mario que mejor ya no hagamos nada porque a mí no me gusta. Entonces me dice que sí me gusta porque se me pone duro y que si no me gustara no se me pondría duro. Dicen que los niños comienzan a desarrollar su sexualidad a mi edad. Que cuando estamos en la pubertad descubrimos quiénes somos. Tengo 11 años y Mario 25. Tal vez por eso me gusta mi primo, pero también me gusta mi novia. Aunque con ella no se me pone duro, cuando me toma la mano se me pone la piel chinita y me emociono y sonrío. Pero cuando mi primo besa mi espalda también se me pone la piel chinita, pero no me emociono ni sonrío porque ya sé qué viene. Me preocupa que mi papá sepa esto. También me preocupa cuando me manda a montar a Sargento. Sargento es mi caballo. Porque si es después de que mi primo me abraza por la espalda desnuda, me duele cuando Sargento trota. Y sí


me duele lo monto mal y mi papá me regaña más. Sargento es grande y tiene el pelo cortito y café. Me gusta cuando corremos rápido porque cuando estoy llorando corremos por mucho tiempo. Parece que volamos. A veces ya no sé si me duele más montar a Sargento después de estar con mi primo o cuando me abraza mi primo. Pero creo que ya me estoy acostumbrando. Mi primo dice que sí me gusta y creo que tiene la razón. Ojalá que mi primo me quisiera pero de a de veras porque cuando le digo que ya no quiero verlo me dice que me quiere. Sé que no me quiere enserio porque cuando le digo que quiero verlo para que me abrace y no nos quitemos la ropa no quiere, sólo cuando me desviste me quiere, supongo que así es el amor. Pero no, yo también amo a mi novia y nunca nos hemos quitado la ropa. Creo que esto es amar, cada quién ama cómo mejor le parece.


Sabes que ya valió madres cuando te dicen “te amo”. Neta no es mi culpa, pero luego dicen que uno es una zorra. Si les sonrío cuando me dicen algún cumplido dicen “ésta ya aflojó”. Si volteó la mirada cuando me sonríen dicen “pinche apretada”. Ya en términos de comenzar una relación, yo siempre intento ser empática y seguir un coqueteo tranquilo si el tipo me gusta, pero cuando al mes de haberte conocido te dicen “te amo”, esas son mamadas y no de las buenas. ¿Qué tienen en la cabeza los hombres? Antes nosotras éramos las cursis que querían casarse con el primer patán que te traía serenata, ahora queremos elegir si nos casaremos y entonces con quién lo haremos. Qué bueno que nuestros sabios padres ya no eligen quién será nuestro esposo aunque de todas maneras hay cada lista que termina comportándose como mujer del siglo 19 y se hace llamar feminista. El caso es que todo surgió porque estaba viendo unas fotos de la prepa y recordé a una amiga que una vez llegó golpeada a la escuela, obviamente lo primero que pensé aquella vez fue, este pendejo ya se la madreó. Bla, bla, bla con sus explicaciones, le dije que no se hiciera tonta y ya confesara que se la madrearon y así hizo. El asunto iba más allá de sólo eso. Obviamente antes de eso le dijeron que la amaban y ella se lo creyó. Ya no sé quién tenía menos autoestima, si ella por necesitar de alguien que la quesque amara, o este vato que necesita andar de romántico para que le crean y no lo dejen. En fin, me acordé. Pero justo ayer la vi y en seguro ya se imaginan el resto de la historia. Después de años de no verla, casi era de adivinarse que se iba a quedar como madre soltera, y sí. Pero me dijo que no tenía una trabajo formal. A juzgar por sus zapatos muy altos y el escote que le hacia notar todo el busto pude entender que ese trabajo informal incluía clientes del género masculino. Aburrida fue la palabra que me vino a la mente para describir su nueva vida. Patética era su apellido. Cuando éramos amigas, ella defendía a morir los derechos Pero ella no abortó al bebé que no creo que haya querido tener y seguro más de una vez sufrió algún


tipo de abuso. Me platicó cómo resultó que ahora vive otro tipo de vida y agarrando confianza me contó algunas anécdotas más. La verdad es que me aguanté un rato las ganas de preguntarle: ¿por qué? ¿Por qué renunciaste a lo que creías y a todo eso que criticabas y ahora vives en carne propia? Ni ganas de escuchar sus explicaciones porque no las hay. No las hay porque aquel novio que alguna vez comenzó por golpearla es el mismo que seguro la contrataría de puta, el mismo que seguramente ama a mil mujeres más y les canta alguna cursilería de Arjona, el mismo que cree que no debe trabajar en algún lugar digno. Me limité a sonreír algún par de veces que contaba algo con gracia, me limité a entender que su oficio era eso, un oficio. No quise profundizar en motivos ni pasados que sólo servían de engañarla a ella misma. Por cierto, todo este pedo mental surgió porque eso del “te amo” que seguro se lo dicen a mi amiga cada que algún cabrón se viene y ya cree que la ama. Digo, cada quién ama o coge o las dos.


En la azotea de algún edificio dos señoras colgaban su ropa limpia. —Resulta man’ta, que uno ve cosas re misteriosas cuando trabaja con las señoras de harto dinero. Uno piensa que lo ha visto todo pero no. —Ay pero si tienes re´poquito trabajando —contestó Roberta mientras tendía su ropa en la reja de a lado— Que se me hace que andas de chismosa, si bien que te gusta. —‘Sea chismosa Roberta, porque bien que le gusta que se los cuente. Bueno ahí le va. Yo cuando llegué a casa de Doña Monterrubio, me di cuenta que es pero bien religiosa, es la que organiza un montón de cosas de la procesión esa de Iztapalapa. —Dios la bendiga —dijo bien seria y se persignó. —¡Ay sí! Dios se apiada un montón de ella. Pues viera que se apasiona un montón por las cosas de la iglesia, y la he visto trabajar bien duro para organizar lo que le toca de la procesión, ni sé bien qué es pero ella es bien emocionada del tema. Hay veces que la veo toda desvelada a la pobre que ni puede con su alma. Un día, dijo que estuvo toda la noche trabajando, y sí le creo porque tenía unas ojerotas. —La otra hizo unos ojotes y ésta siguió—: Me dijo ella <<Por eso no tengo esposo Carmen, por andar duro y dale, por andar entregada en lo que es bueno ningún hombre se queda conmigo>>. Ese mismo día me dijo que había estado platicando todo el día anterior con el que la hace de Cristo y ni quiero sonar blasfema, pero es muy lindo el muchacho, ha de tener un corazonzote. Pero a mí que se me hace, dijo que lo estuvo entrevistando un ratote y que a fin de cuentas Dios le dijo que estaba bien. Quién sabe cómo Dios li hable. —Ay no seas blasfema, todo lo imaginas mal. —No Roberta, por eso digo que quién sabe. Yo no juzgo a la gente. —Bueno síguele que está re bueno esto —se agachó por más calcetines para colgar mientras escuchaba.


—Bueno pues digo que Doña Monterrubio sigue sola por la vida, a mí se me hace que ahí sí diosito se porta mal con ella. Tan devota ella. Aparte vieras de verla, está re chula para la edad que tiene, se cuida un montón —Claro, con tanto cosa que se ha de echar encima. —Pues sí pero bien que le da resultados, ya quisieras estar así. —Roberta le negó con la cabeza y se volteó como indignada. Pero Carmen continuó quitada de la pena—: Le preguntaré que cómo le hace, igual nos dice. Pero aún no acabo de contarte. ‘Ira, la otra vez después de eso fue cuando comencé a pensar bien raro. Hay un señor que dice que le imprime todos los volantes que para el evento y un día llegó a la casa mientras la Doña no estaba. <<Vengo a cobrar>> dice. Yo bien asustada le llamé a la Doña y le dije que un señor así como alto de voz profunda venía a cobrar, que era el la imprenta dice. Total que me dice que lo pasara y que lo hiciera esperar en la salita que ella casi llegaba. Lo dejé pasar, vieras la carota de pispireto que se le puso cuando le dije que pasara. Pero esa misma carota se le quitó cuando le dije que la señora no estaba y reapareció cuando le dije que ya casi llegaba. En una de esas me dio miedo. Capaz que algo quería conmigo. Yo me puse a aspirar la casa que ni me di cuenta cuando llegó la señora ni cuando se fue el señor este. Ya pa’ cuando me di cuenta la señora bien fatigada me dice que se iba a dar un baño, que estaba bien acalorada. “¡Posoye, cómo no!” pensé yo. —Ay no seas, te digo que eres bien mal pensadota. —Pues hacía un calorón ese día. Ya me asomé y el señor ya no estaba en la salita, ni su coche afuera. Igual se había ido y yo ni un vasito de agua le ofrecí al pobre. —Y el ese muchacho que la hará de Cristo, ¿ya no va? Ha de ser bien pesada su preparación ¿no? —Pues es re bueno en eso de la actuación dicen. Y pues cómo no, imagínate ante tanta gente y responsabilidad que uno debe sentir lo que fue la pasión de Cristo. Y sí se siente re fuerte. Pues allá en la casa yo ni veo, cuando yo me voy él va llegando o cuando yo llego ya se está yendo. Pero creo que la Doña


es como su maestra, no de religión, pero como es parte de las organizadoras, pues le ha de saber bien al asunto, y al de la pasión también. —Ay tú, ojalá que diosito te castigue por andar malpensada de la gente que trabaja en Su obra santa. ‘Tas viendo y no ves que ese evento tan importante y tú pensando que hacen pues…cochinadotas. —Explícame por qué la otra vez que abrí la puerta del cuarto tantito ella andaba hincada y él parado. Ni es cura ni están en la iglesia pa’ confesarse. —¿Los viste bien? —No pues me asusté y mejor me fui. Yo en la vida privada de la gente ni me meto ni quiero saber a’i como dicen, cada quién ¿no? Y ni me digas de los castigos divinos que bien jodidota ando con… —terminó a punto de llorar—. Con todo esto de mi hija… Roberta soltó la cubeta que cargaba y se fue llorando.


—Mira, me gusta. —No mames, a ella también le gusta. —No pues cada quien. —Ya dile que de a cómo.

Cada quien no está escrito basado en esas pláticas que se dan en la fiesta, en el coche o mientras uno come la torta.

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Cada quien  

Antología de cuentos de la vida diaria. Trabajo para la materia Escritura Creativa.