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Jorge Marron, colaborador de "El Hormiguero"

"En directo, no sabes si Flipy se disfrazará de pepino, si va a caer al suelo o si saldrá ardiendo"

¿Te has sentido alguna vez una marioneta? Si quieres comprobarlo, no tienes más que ser parte del público de programas de televisión como “El Hormiguero”. Todo empezó cuando el regidor se dirigió a nosotros, antes de entrar en el plató. Subido en una escalera de tijera, situado por encima de nuestras cabezas, nos endilgó un monólogo "instructivo" en el que poco a poco, sin darte cuenta, caes en sus redes. Una vez dentro, comienza el programa, y te ves siguiendo las instrucciones paso a paso. Realmente te sientes como Trancas y Barrancas, casi notas la mano del regidor dentro de tu cuerpo, moviendo tus brazos y abriendo y cerrando tus mandíbulas. Aunque, en realidad, son los protagonistas del programa los que están presionados por nosotros desde fuera. Ellos son los títeres, como afirma Marron en una entrevista que nos concedió a la salida, “la audiencia es la que manda en la tele, si la sacas mala, las cosas empiezan a ir mal, pero de momento tenemos suerte ya que las cosas van bastante bien”. Cuando nos introducimos en su mundo, los papeles se intercambian. Las cosas no son como parecen, no todo es perfecto y luminoso, así es la televisión, y como bien dice Marron “a la gente le gusta muchisimo ver la ruina real, ver cómo lo pasamos mal en directo, incluso más que cuando salen bien las cosas”. Como muestra de esos malentendidos del directo, el que nos contó Marron, en el primer programa con un invitado que no hablaba español: “cometimos un error de traducción la primera vez que tuvimos un invitado extranjero (Kyle XY), se molestó, pero no ha pasado más porque contamos con uno de los

mejores traductores que hay, les explicamos lo que vamos a hacer en el programa. Si hay algo que les pueda molestar no lo hacemos, queremos tenerlos a gusto”. Estos errores captan la atención de los espectadores, casi tanto como los contenidos habituales del programa. Le preguntamos a Marron cuál es el público al que se dirigen estos contenidos que atrapan a más niños que adultos, y nos contestó: “nosotros no hacemos humor para niños. Si te fijas en las cosas que hacemos en el programa son para adultos, lo que pasa es que tenemos dos muñecos, entonces claro a los niños les encanta el programa. Eso no lo podemos evitar y nos ha venido fenomenal, pero el hu-

"A la gente le gusta ver la ruina real, casi más que la perfección" mor que hacemos no es para niños, es para subnormales como nosotros”. Sabemos que hacer un programa es muy complicado, y más conseguir una buena audiencia. Afortunadamente para ellos, El Hormiguero ha tenido bastante éxito, y por ello le preguntamos a Marron que si fue complicado que Cuatro aceptara este programa: “Sí, porque contratar un programa donde aparecen dos marionetas como es El Hormiguero era complicadísimo. Nadie quería hacerlo, lo que pasa es que, mira, apostaron por nosotros y salió todo muy bien”. ¿Y la idea del programa?, ¿de dónde habría surgido una propuesta tan poco habitual? Marron nos lo aclaró: “Estábamos en la radio haciendo No somos nadie y queríamos trasladar el espíritu de

ese programa a la televisión. Luego surgió la idea de Trancas y Barrancas, y poquito a poco fuimos completando secciones. Algunas cayeron y otras se quedaron”. Mientras que algunas personas trabajan desde las siete de la mañana, la labor de un programa de televisión tiene, en apariencia, unos horarios más relajados. La jornada de un agricultor que vuelve a su casa a las seis de la tarde después de un largo y duro día de trabajo, o la de un albañil tiene unos componentes distintos a los de un personaje televisivo como Pablo Motos. Nos intrigaba cómo se preparan esos programas, de qué forma discurre el día a día de alguien a quien vemos casi todos los días en el salón de nuestra casa a través de la pantalla televisiva. Jorge nos aclaró este misterio, nos desveló, en parte, ese currículum oculto de las estrellas de la televisión y de sus colaboradores: “los guionistas llegan sobre las diez de la mañana más o menos, dependiendo de cada uno. Yo, por ejemplo, llego sobre las doce y nos vamos cuando acaba el programa. Hay veces que estamos todo el día escribiendo, porque algunos de los que salimos en pantalla también somos guionistas. Este trabajo no es tan duro como el de un agricultor o el de un albañil, pero hay que organizarlo todo muy bien. Hay muy poco tiempo y muchas secciones que completar en un tiempo reducido. Es muy difícil hacer que todo funcione correctamente tal como se planifica, por eso hay muchos días que hemos anunciado cosas que al final no entran, porque luego en el directo nunca sabes cómo se van a desarrollar las cosas. No sabes si Flipy va a salir disfrazado de pepino, si se va a caer al suelo o si va a salir ardiendo". Cualquier labor artística tiene su dificultad y, en este caso, parece que hay mucho trabajo oculto previo al programa.

Pablo Motos visto por Leticia. / LETICIA BUENDÍA Para concluir, nuestra estancia en televisión nos ha abierto un poco los ojos y nos ha descubierto algunos de los pequeños engaños que se esconden tras la cámara, los trucos de ese ojo mágico. Nos sorprendió mucho el tamaño del plató de El Hormiguero; por televisión parece enorme por la forma de enfocarlo con la cámara, pero en realidad es

un pequeño espacio un tanto decepcionante. Esto y muchas cosas más sólo las puedes desentrañar cuando las ves en directo. Hemos aprendido una lección importante: no hay que dejarse cegar por las apariencias, a veces engañan y no poco, sobre todo si tu cabeza está llena de serrín como la de una marioneta.

Jorge Marron responde a nuestras reporteras./JENNIFER REDONDO

Arte y espectáculos, 1  
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