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DOMINGO 6 DE ABRIL DE 2014 / CIUDAD COJEDES

1/2 DÍA DEL 1 DOMINGODOMINGO 30 DE MARZO DE 2014

CIUDAD, EROTISMO Y POESÍA EN “CRÓNICA DE LOS FUEGOS CELESTES” DE CARLOS NOGUERA JULIO RAFAEL SILVA SÁNCHEZ

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n el invierno del año 2006 comenzaba a circular en Venezuela un delicioso libro editado en Mérida por el Consejo de Publicaciones de la Universidad de los Andes, con reflexiones de diversos autores sobre la vida y la obra poética de José Pepe Barroeta; su título: Todo ha sido soñar, Homenaje a Pepe Barroeta, y allí

anotaba Douglas Bohórquez: “La lectura de sus libros es siempre como viajar a ese otro país secretamente amado y desconocido. Un viaje un tanto furioso, como rapto, que tiene también un poco de riesgo, de extravío, que nos lleva a bordear locura y deseo, es decir toda una travesía hacia ese fondo enigmático de nosotros y del lenguaje. Un viaje en fin, que nunca queríamos que terminara.” (Bohórquez, 2006: 34)

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RAZÓN BELLEZA y REVOLUCIÓN

Nos gustaría pensar que la frase anterior puede servirnos como aproximación contextual a la obra narrativa del escritor venezolano Carlos Noguera (Tinaquillo, estado Cojedes, 1943)1, en un recorrido arbitrario, impresionista y subjetivo por las páginas de su sexta novela: Crónica de los fuegos celestes2 (publicada en Caracas, el año 2010, por el Fondo Cultural del ALBA), obra en la cual el autor prolonga sus pulsiones, temas, ambientes y personajes desplegados en sus novelas anteriores, en una nueva metáfora de la realidad urbana, de las luchas políticas y de la sexualidad del venezolano, a través de formas ficcionales que hurgan zonas oscuras de la psique y la conducta de sus actores. La lectura de esta novela constituye el punto neurálgico de estos folios: una indagación sobre la presencia del tono erótico, el entorno citadino y la magia poética en Cró-

nica de los fuegos celestes. Las Notas y las Referencias Bibliográficas dan cuenta del arsenal teórico en el cual hemos abrevado y encontrado informaciones de incuestionable valor para nuestro periplo investigativo, armería la cual está a la disposición de los lectores acuciosos que deseen profundizar en la lectura de textos explorados. La extensa (tensa e intensa) obra literaria de Carlos Noguera es, en síntesis, un resumen condensado de su fuego artístico, expresión exaltada de una notoria sensibilidad traducida en mensajes que trascienden el nivel emocional, en donde las intimaciones del hombre, con su acaecer y complejidad, se suman a un ejercicio aprendido con la vida, en la medida en que el juglar abre sus ojos y oídos ante una realidad de la cual se nutre la más hermosa creatividad. En esta obra, autor y personajes, en una singular y significativa mixtura, comparten la primacía de ser utopistas, soñadores, márti-

res, idealistas, proféticos en su función reveladora de mundos complejos en los cuales se presentan historias simultáneas, tiempos superpuestos, perspectivas diversas y coincidentes, en páginas que funcionan como testimonio de un mundo en disolución en donde alcanzan a dibujarse los signos de la esperanza en una nueva vida. Todo contemplado por la conciencia lúcida y abarcadora del autor, siempre cotejando sus metas individuales con un sentido de

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interés colectivo y canalizando su energía creativa en un afán de recontextualizar, traducir y reescribir la realidad, para aparear, como lo señala José Manuel Briceño Guerrero (2007): “...secretos que sólo pueden revelarse en la comunión integral de dos amigos durante alguna forma de embriaguez, pero esa experiencia sólo deja recuerdos imprecisos. O entre dos enemigos en la lucidez del combate cuerpo a cuerpo para la muerte o el orgasmo.” (Briceño Guerrero, 2007: 75) El autor nos entrega en estas páginas un discurso narrativo y una declaración poética que se mantienen como signo: poesía madura que abre la corola suprema de sus significaciones en la unidad integral de su estructura, toda llena de trascendencia y fecundidad. Ya el rompiente verdor cede paso a la maduración, como sombra vegetal y precisa. Como una abeja de persistente vuelo, la verdad vital ronda el corazón y la frente del poeta. En esta novela, la palabra exorciza, domina y libera, creando un texto que repite todo lo sufrido, pero hace de ello un juego y una forma de dominio sobre la realidad. El texto, ahora, no es un síntoma3 (lo que irrumpe contra la voluntad del sujeto, una verdad de otra referencia que la del orden que se quiere construir), sino un signo voluntariamente emitido, provocado a voluntad, capaz de gravitar sobre la realidad, de crear lo inexistente, de sustituir en último término la realidad por la palabra. Presenciamos, entonces, una singular certeza: el objetivo palpable, sensible y gustable de un contacto humano apasionado, afectivo, sensual y comunicante, en una palabra: poético, expresando otra vez a la ciudad, con sus avatares y reencuentros. Los procedimientos mediante los cuales el relato alcanza estas dimensiones, tienen por objeto la aproximación textual de los opuestos, el forzamiento y la comunión. Sus efectos, aquellos a través de los cuales el lenguaje acerca como en ruptura las realidades naturalmente alejadas en el contraste y la discontinuidad, se expresan (se continúan expresando) en esa extraña musicalidad, en esa frescura exultante del tono erótico. Pensamos que esta novela de Carlos Noguera es el continuum de toda su obra anterior (desde sus textos poéticos primigenios: Laberintos (1965) y Eros y Pallas (1967), hasta sus otras novelas: Historias de la calle Lincoln (1971), Inventando los días (1979), Juegos bajo la luna (1994), La flor escrita (2000) y Los cristales de la noche (2005), formulado en una armoniosa suma de estructuras en donde el testimonio, la confesión, el recuento, la poe-

Julio Rafael Silva Sánchez, prolífico ensayista, es el autor de “Cortázar: Instrucciones para el perseguidor” (1993). sía y el drama, son pliegues a través de los cuales se cuela la ficción, deudora de los saberes hechos de error y de nostalgia: escenarios múltiples que decretan el espacio poético de un frondoso bosque poblado de sentidos, cuyo relato es búsqueda y extravío, un recorrido ficcional y existencial que narra el trayecto de la imagen, del vértigo, de la locura, de la música, del cuerpo, de las desventuras y experiencias existenciales de singulares personajes: órbitas que fotografían la naturaleza incierta y poética de la cual nacen los deseos y voliciones. En esos espacios, la presencia pertinaz de la ciudad es el entorno preferido y la vivencia aceptada. Y, por supuesto, el contexto propicio para la actitud revolucionaria, enarbolada y militante. En esta novela de Noguera denotamos, además de la acostumbrada sutileza psicológica y el poder deslumbrante de las metáforas, la confección de un lenguaje que lo coloca muy lejos de la complacencia, la sumisión y la observancia de conductas esperables y aceptadas: es el continuo cuestionamiento al entorno social y político que le ha tocado vivir. Como en otras páginas poéticas y narrativas, el autor se detiene a ratos en la reflexión crítica sobre el decurso político, sin olvidar jamás su condición de creador, de fabulador insigne. Páginas en las cuales se empina la vibración poética como un transitar espontáneo del lenguaje que se abre hacia la insinuación reflexiva, el dulce y desgarrado aliento erótico, la transparencia de obje-

Como en otras pá-

ginas poéticas y narrativas, el autor se

detiene a ratos en la reflexión crítica sobre el decurso político, sin olvidar jamás su condición de creador, de fabulador insigne. Páginas en las cuales se empina la vibración poética como un transitar espontáneo del lenguaje que se abre hacia la insinuación reflexiva, el dulce y desgarrado aliento erótico, la transparencia de objetos, ambientes y conductas ”

Hoy en portada: Calos Noguera de Richard Oviedo (Mixta sobre papel, 22 cm x 28 cm). Dirección: Miguel Pérez / Coordinación Editorial: Daciel Pérez/ Diseño y Diagramación: Luis Daboe Correo electrónico: mediodiadeldomingo@gmail.com / Twitter: @Mdíadeldomingo

tos, ambientes y conductas. Subyace aquí una noble y ardorosa ternura a través de la cual el lenguaje es sometido a un persistente y agudo proceso de expresión vehemente, íntima, desbordada. Aquí está, entonces, esa prodigiosa rapsodia de erotismo, poesía y ciudad en ajustada síntesis, expresada en textos que trasponen la rutina lingüística, a través de giros de un excepcional poder expresivo: el lenguaje poético adquiere las cualidades del juego; las palabras son símbolos dúctiles en traslación con profusos espejos en donde se refleja la realidad subjetiva. Todo ello provisto de una tensión arrolladora por descubrir lo numinoso, por develar lo que ocurre del lado de allá, por extinguir definitivamente las brumas (¿tal vez el enormísimo cronopio Julio Cortázar le sonríe cómplice y jubiloso desde su buhardilla definitiva?). En estas páginas de Noguera observamos, además, el tono irónico, la burla, la sátira, la expresión punzante como modos de descifrar el universo: indagaciones sobre la esencia del mundo, escapes, rupturas, en una actitud lúdica a través de la cual el autor accede a una dimensión privilegiada que multiplica las perspectivas, aumenta la sutileza intelectual y favorece la eflorescencia simbólica. Es una escritura provocadora, turbulenta cuya función pareciera oscilar entre la sedición, la solicitación y el rechazo, siempre con un guiño cómplice hacia el imprevisto vértigo del vacío. Aquí el autor se revela como un narrador extraordinariamente vigoroso, distinto, generador de recursos lingüísticos, sintácticos y poéticos, capaz de resolver al instante el paso con el cual se anticipan las más ágiles in-

venciones. Una nueva forma de expresar los conflictos del venezolano, en niveles en que el fervor humano, la realidad de situaciones imprevistas, la ciudad y sus avatares, el erotismo y el imponderable elemento psicológico se conjugan con una fuerza casi alucinante. La ciudad es aquí un referente esencial: líneas de fuerza que se cruzan, se atraen, se repelen. Calles, avenidas, urbanizaciones y barrios con nombres propios, fácilmente ubicables en la toponimia urbana (de Caracas, casi siempre). Otras veces, calles, plazas y casas imaginarias. Así, la ciudad nos agobia y nos libera: es inatrapable, confusa, envolvente. El imaginario urbano, entonces, es un pacto de representación en el que se confronta el uso de nombres, de ordenamientos espaciales, de reacomodos por el sentido de pertenencia de sus habitantes a su territorio, en donde lo real se encuentra con lo simbólico y cada uno de ellos añade una nueva significación a la narración, abriendo las puertas al éxodo del sujeto, quien comienza ahora a añorar lo externo: Aníbal miró en picada hacia la calle. El ruido del comercio y la locura atronadora del centro llegaban con la música de una trepidación sorda, El tráfico, el pregón, los buhoneros, la rumba de los vendedores de discos quemados, se mezclaban en una ola confusa que subía por ráfagas hasta el balcón. (Noguera, 2010: 441). Narrarse para reconocerse, estructurar rompecabezas con fragmentos dispersos de la memoria, armar y desarmar diálogos, recrear un acontecimiento sobre imágenes desvaídas por el paso del tiempo, son posibilidades que abren la escritura, en armoniosa mixtura con el


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acento erótico. Casi en secreto, con asombrado sigilo va surgiendo esta lúdica narración. La avidez de las sensaciones iniciales del poeta da al texto un sentido de alucinada melodía. Sistemáticamente (como en sus obras anteriores) se evidencia en su mundo la vena erótica4: el narrador, amando y guardando los sutiles perfiles de personajes y ambientes, entrega el roce de su piel, indagaciones y reconstrucciones sucesivas, a través de las cuales las historias se recomponen en la búsqueda permanente de sentidos, ejercicios de la memoria que intentan modelar la huella de un itinerario vital, por medio de una indagación exploratoria del mundo interno del sujeto. El erotismo es aquí asumido, como amable y gozoso: un erotismo que traspasa toda la narración, sin convertirse en algo gratuito, agregado, ni dejar de ser parte esencial del acaecer vital de los personales. Veamos entonces cómo el tono erótico se adueña del texto: Y mientras, como recordarán, tanto la nena temblorosa como el protector invencible estaban en pelotica total, de modo que la lanza endurecida del protector invencible se alojó de la manera más natural que podamos imaginar entre los muslos de la nena temblorosa. (Noguera, 2010: 162). En esta novela, amor y soledad corren hacia el olvido, en una fusión

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que imparte un intrincado clima de apesadumbrados hallazgos: la nostalgia flota como una niebla conmovida, próxima a la desembocadura del ensueño, todo esto expresado a través del trasfondo político, ideológico de la narración: el autor alude insistentemente a la experiencia violenta o paramilitar de ciertos personajes (escenas que prolongan la trama de sus novelas anteriores. Aquí la guerrilla o el paramilitarismo no sólo representa un estado de violencia política concreto: define un sesgo ideológico que remite a una función de la relación de una manifestación con su contexto social. En tal sentido, la ideología es el medio en el cual los hombres y mujeres libran sus batallas sociales y políticas en el nivel de los signos, significados y representaciones, dentro del cual pueden identificarse algunas fases constantes de análisis: la cognoscitiva, la epistemológica, la política y la social. La ideología tiene que ver con la cuestión del conocimiento y el imaginario, y tiene también repercusiones materiales y político-sociales evidentes, lo que no le permite mantenerse solamente en el plano de juegos del lenguaje, sino que deberá apelar a una experiencia que involucra al colectivo. El autor, tocando la experiencia de los límites en su escritura, nos ofrece nuevamente, con un lenguaje totalizador y profundamente emotivo, el trata-

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miento del trasfondo político5, sinuoso cauce que define el destino individual y colectivo: Por otra parte, el objetivo de Luz del Amanecer no era sacar del terreno a un atajo de locos comuneros, por muy comunistas que fueran, sino extenderle a El Zambo su boleto al infierno. Y los encargados de llevar a feliz término aquel sagrado encargo se hallaban en el campamento de la “zona especial”, entrenándose, aceitando el operativo, combinando tareas. (Noguera, 2010:415). De estas páginas emerge un lenguaje que apura su sangre de múltiples y complejos alcances. Intenso y hosco, como escudo de piel, en donde la ficción y la memoria expresan lo más entrañable, doloroso y agónico. Nuevamente la inflexión erótica corre el velo de un movimiento espiritual puro, en conjunción con el fuego, la tristeza, la soledad, apaciguados por el recuerdo o la avidez de la posesión: Me dediqué de nuevo a “la tarea de las colinas gemelas”: bajé la mano por el interior de los muslos, hasta la rodilla y volví a subirla hasta el vértice de la entrepierna, sondeando esta vez la ruta principal. El “rincón de la vida” estaba húmedo como un tarrito de mermelada: lo froté y jugueteé con los dedos sobre los bordes. Oí un gemido que acompañó al llanto y luego, para mi sorpresa, una suerte de gruñido sordo, y entré en ella. (Noguera, 2010: 265). En definitiva, en esta obra de Noguera, como en sus novelas anteriores, se evidencia una rica y prodigiosa multiplicidad de vectores expresivos, a través de la ruptura de la articulación de la armadura narrativa propuesta por autores como Oswaldo Trejo (y su afán textual), Adriano González León (y su afán socio-histórico) y José Balza (y su afán psicologista), hasta lograr una feliz concordancia de todas estas líneas creativas. Parece oportuna, entonces, la frase de Nelson González Leal (2003) sobre las peculiaridades de la narrativa contemporánea en Venezuela: “Lo que se busca es construir un cuerpo homogéneo en donde los dos niveles referenciales de la obra narrativa: historia y lenguaje, contengan igual peso. Lo importante, para la actual narrativa venezolana parece ser la actitud cierta de contar con la mayor limpieza e intensidad posible, sin descuidar las virtudes propias del ludrismo lingüístico.” (González Leal, 2003: 58) ___________ NOTAS

1El miércoles 28 de octubre de 1943,

Carlos Noguera es considerado uno de los novelistas más importantes de Venezuela. / FOTO TOMADA DE HTTP://PAISPORTATIL.COM

a las cinco en punto de la tarde, Carlos Eduardo Noguera Sánchez nace en una amplia casona de la Calle Miranda (o Calle Real) de Tinaquillo, estado Cojedes, Venezuela. Sería el segundo vástago (la mayor, Marina, moriría prematuramente, y el menor, Edgar, nacería en 1947) en el hogar constituido por dos insignes

Casi en secreto,

con asombrado sigilo va surgiendo esta lú-

dica narración. La avidez de las sensaciones iniciales del poeta da al texto un sentido de alucinada melodía. Sistemáticamente (como en sus obras anteriores) se evidencia en su mundo la vena erótica” educadores del burgo: Eduardo Noguera Hernández y Carlota Sánchez Malpica, integrantes, a su vez, de una muy amplia constelación de intelectuales cojedeños, entre ellos sus tíos maternos: Julio César, Julieta, María Luisa, José Rafael y Federico Sánchez Malpica, y su tío paterno: Nicolás Noguera Hernández, escritores, poetas y maestros quienes serían de influencia decisiva en la formación del escritor.

2En la contraportada de esta obra

de Carlos Noguera (2010) Crónica de los fuegos celestes. Caracas: Fondo Cultural del ALBA, leemos: …En Crónica de los fuegos celestes el imaginario político contemporáneo, trasmutado a través de la ficción y el pulso escritural, es telón de fondo para las tragedias individuales de unos personajes de compleja profundidad psicológica. Carlos Noguera logra sortear, con bastante éxito, los peligros que entraña el hecho de hacer literatura desde la referencialidad cotidiana de un país que atraviesa por un proceso de intentas transformaciones sociales. Noguera no da pie a maniqueísmos ingenuos, no dibuja caricaturas, nos muestra la cruda realidad de dos bandos enfrentados: los integrantes de la misión paramilitar Luz del Amanecer y los fundadores de la comuna Lomas del León. A lo largo de esta profunda exploración de los territorios físicos y simbólicos de la lucha ideológica, el amor, carnal y filial, logra transfigurar la violencia.

3Terminología empleada por Charles Sanders Peirce, en su obra (de 1983) La ciencia de la semiótica. Barcelona: Paidós.

4Sobre el erotismo o la sexualidad

que propone en sus novelas, Carlos Noguera afirmará, en entrevista

con Miguel Ángel Quemain (1997): ...Se ha dicho, y lo sabes, que en las propuestas de los años sesenta están incluidas las propuestas sexuales. Una interpretación del sexo pasa por la interpretación del rol de la mujer y de la pareja, que ciertamente no era el estándar de la década inmediatamente anterior. Viéndolo en retrospectiva yo fui púber en los años cincuenta y adolescente en los años sesenta. Y como te decía antes yo había leído, por supuesto al Divino Marqués, a Diderot, a todos los franceses exquisitos; naturalmente, uno no está inventado la sexualidad, de ninguna manera, imposible, ni en la literatura ni en la vida. Pero lo que cambió, y parece que esto sí es cierto, es la actitud que se tiene. Entonces, te digo, no hay invento, no es que tú inventes formas nuevas de sexualidad, sino que la frecuencia de esas formas antiguas pero atípicas se disuelve en el sentido de que no necesariamente muestras a la pareja monógama destinada a formar un hogar cuando se case. (Noguera, en Quemain, 1997: 82-83)

5Acerca del valor transgresor de la

obra literaria ha sostenido Armindo Trevisan (2008): El carácter específico de la poesía, de la obra literaria, no la exime de la responsabilidad. Una de ellas, la de ensuciarse las manos. Sin embargo, consciente de su ineficacia, el poeta debe situarse dialécticamente entre la acción y la contemplación. Entre la teoría y la praxis. Su praxis es teórica, su teoría posee vocación práctica. Por lo tanto, su lucha con las palabras consiste en traerlas para lo cotidiano (…) El poeta social es una especie de herrero que martilla el hierro en brasa, consciente de que éste se enfriará. Su punto de llegada, el mito, invierte el proceso de fabricación poética: en vez de abastecerse del arsenal mitológico, extrae mitos de la vida prosaica. En la medida en que obtiene éxito, su poesía contribuye para la elucidación de la conciencia del tiempo. (Trevisan, 2008: 48) En esa misma dirección apunta la expresión del recordado Adriano González León, quien, a propósito de su novela País Portátil, ilustraba, en una entrevista que le hiciera Julio Ortega (2001), el sentido de la presencia (¿intromisión?) de lo social y lo político en el hilo narrativo: Es cierto que hay un tiempo político como la violencia venezolana de los años sesenta y la violencia regional del siglo diecinueve. Pero todo ello es un punto de partida para un examen de conciencia, el repaso de las frustraciones familiares, las dudas, el temor, la dependencia (...) la explicación de una culpa, la religiosidad y el sentido crítico. Sobre todo, esto último, en cuanto a política e ideología se refiere. (González León, en Ortega, 2001: 10).


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La fiesta más importante del libro iniciará su recorrido en Cojedes

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CÉSAR CHIRINOS

DACIEL PÉREZ

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a Feria Internacional del Libro de Venezuela (Filven) 2014 se realizó en Caracas, del 14 al 23 de marzo, en los espacios abiertos del Teatro Teresa Carreño, la Universidad Nacional Experimental de las Artes, la Plaza de los Museos y el Eje del Vivir Bien, registrando un récord de asistencia al registrar 240.001 visitas. Ahora la feria va de gira por los estados de Venezuela, comenzando este miércoles 23 de abril por Cojedes, como parte de la programación del Consejo Estadal de Cultura del Estado. Así lo anuncio el Presidente Nicolás Maduro en el acto de clausura de este evento en los espacios del Teatro Teresa Carreño de Caracas, el día domingo 23 de marzo. Por tercer año consecutivo la Filven volverá a colmar los espacios del Complejo Cultural Mauricio Pérez Lazo, donde funciona la sede del Instituto de Cultura, en la avenida Bolívar, frente a la plaza Miranda de la ciudad de San Carlos. Antonio Yunis, autoridad única de Cultura en la región, ha dispuesto todo lo necesario para un nuevo éxito de la Filven en tierras cojedeñas, con todo el apoyo de la gobernadora Érika Farías, como ha ocurrido en los últimos años en esta muestra, que es parte del legado del líder de la Revolución Hugo Chávez, quien la creó por amor a su pueblo y como herramienta de liberación. Según afirma José Vicente Rangel: “Creo que pocos presidentes de la República, han leído tanto en el ejercicio del cargo como Hugo Chávez. Además leía de todo, cuentos, novelas, sobre economía, sobre el Estado, sociología, poesía. Le robaba las horas al descanso y al ocio para invertirlas íntegramente en la lectura”. La Filven es sin duda el evento más importante de la agenda cultural venezolana; desde sus inicios, en 2005, ha recorrido un largo trecho, respondiendo en cada

HOMENAJEADO Narrador, poeta y dramaturgo, nacido el 7 de noviembre de 1935, en Coro, estado Falcón. Lo particular de la obra de Chirinos reside en el manejo de lo que, para la época, es una novedosa propuesta estética, un manejo del lenguaje y la participación de muy variados personajes y situaciones característicos de la vida cotidiana regional y nacional. Todo ello aderezado con un toque humorístico que evidencia su conocimiento de las preocupaciones más íntimas de los seres humanos. A la par, de la narración de situaciones, las historias y de los diálogos de los personajes, se observan en casi todas las obras de Chirinos, la reflexión poética y literaria; es decir, la teorización sobre el arte narrativo que practica. Es un narrador que vale la pena. Editoriales como ALEM-CIFO visitarán a Cojedes durante el capítulo regional de la X Feria Internacional del Libro de Venezuela.

Del 23 al 25 de abril edición a las nuevas exigencias que surgieron como consecuencia de la nueva política cultural emprendida por el Gobierno Revolucionario, que ha generado cambios fundamentales en perfil de Venezuela como país de lectoras y lectores, concretamente a partir del 28 de octubre de 2005, cuando nuestro país fue declarado por la Unesco Territorio Libre de Analfabetismo, debido a los éxitos de la Misión Robinson y la aplicación del Programa Yo sí puedo, con la colaboración directa del hermano pueblo de Cuba. Entonces más de un millón cuatrocientas mil personas aprendieron a leer y escribir, expandiendo de ma-

nera súbita el universo lector. Además de la exposición de libros en el marco de la Filven se desarrollan otras actividades culturales como conferencias, conversatorios, recitales poéticos, danzas, conciertos musicales, entre otras, cuya programación será anunciada oportunamente. El tema central de esta décima edición gira en torno a Perspectivas y desafíos de la edición pública en América Latina. También se realiza en homenaje al poeta, narrador y dramaturgo César Chirinos. El país invitado de honor es la República Federativa de Brasil. Una vez culminada esta edición regional la Filven visitará los estados Anzoátegui, Miranda, Monagas, Mérida, Gúarico, Barinas, Bolívar, Apure, Delta Amacuro, Aragua, Falcón, Lara, Táchira, Nueva Esparta y el resto de las entidades.

El tema central de esta

décima edición gira en torno a Perspectivas y desafíos de la edición pública en América Latina”

(VIENE DE LA PÁG. 3) REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS Bohórquez, D. (2006). “Pepe Barroeta: el interminable y furioso viaje de la poesía”, en Todo ha sido soñar: Homenaje a Pepe Barroeta. Mérida: Ediciones del Consejo de Publicaciones de la Universidad de Los Andes. Borges, J. L. (2003). Textos recobrados, 19561986. Buenos Aires: Emecé. BRICEÑO G., J. M. (2007). Obra selecta. Tomo I. Mérida: Fundación Cultural J. M. Briceño Guerrero; p. 75. Foucault, M. (1977). Historia de la sexualidad. México: Siglo XXI. Frye, N. (1991). Anatomía de la crítica. Caracas: Monte Ávila Editores.

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pasión y la nostalgia. Itinerario vital, profesional y literario. Caracas: Ediciones CONAC. Silva S., J. R. (2003), “Constantes poéticas en la obra literaria de Carlos Noguera (Acercamiento transdisciplinario al oficio poético de un creador heteróclito)”. Ponencia en el XIXX Simposio de Docentes e Investigadores de la Literatura Venezolana. Caracas: Coediciones UCV-UCAB. Silva S., J. R. (2000). “Laberintos: la palabra como esperanza contra el olvido”, en Tiriguá, S/N. Revista Cultural del Estado Cojedes. San Carlos, Cojedes: Ediciones del Instituto de Cultura del Estado Cojedes; pp. 57-61. Silva S., J. R. (2004). “La flor escrita, de Carlos Noguera (A propósito de un muy merecido Premio Nacional de Literatura)”, en Las Noticias de

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