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DOMINGO 3 DE NOVIEMBRE DE 2013 / CIUDAD COJEDES

ensayo música RAZÓN poesía cultura BELLEZA arte narrativa y REVOLUCIÓN ideas

½ DÍA DEL

DOMINGO Sonidos de la Casa

Camino del Río

El Mundo Forestal de Demetrio Silva

Pág. 1 y 2

Manuel Abrizo

Con Ida Gramcko en Valencia y Tinaquillo

Pág. 3

Julio Rafael Silva Sánchez

Briznas al Viento

Dos Poemas de Ida Gramcko

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Dirección: Miguel Pérez Coordinación Editorial: Daciel Pérez Diseño y Diagramación: Levy Rios Correo electrónico: mediodiadeldomingo@gmail.com @1/2díadeldomingo

Sonidos de la casa

EL MUNDO FORESTAL DE DEMETRIO SILVA emetrio Silva, el artista popular de mayor proyección en el Estado Cojedes, vive en una especie de castillete, hecho de barro y piedras, construido por el mismo en una ladera boscosa. Abajo, al fondo, pasan las aguas tranquilas y transparentes del río Tirgua, cuyo murmullo sedante no se acalla nunca, salvo en el intervalo de las crecidas en época de invierno, cuando el río corre furioso. Vive con su mujer, Cándida Ostos, en aquel paraíso, entre cantos de pájaros, sus tallas, sus pinturas, las labores del conuco y rodeado de la paz y la tranquilidad que produce la floresta. Es un ser con pocas apetencias materiales. Pertenece al grupo de los NI NI: Ni pide prestado, ni fiao, ni le debe nada a nadie. El mismo construye en madera el mobiliario de la casa: muebles, sillas, camas, bancos. La vivienda está a unos ocho kilómetros al norte de San Carlos, en el sector El Picure, después del balneario la Boca Toma. El tramo asfaltado, cuyo trazado sigue el delicioso curso del río, culmina a pocos metros de la entrada al sendero en pendiente que conduce al hogar. Es un hombre de contextura delgada, ojos aindiados, rostro sin arrugas, cabellera negra sin canas, y no muy alto de estatura. Pocas veces abandona sus alpargatas, aunque, cuando se mete a la montaña, prefiere andar descalzo, ya que, sostiene, somos hechos de tierra; necesitamos tener contacto con ella. Nació el 29 de noviembre de 1935, en La Sierra, un poblado montañoso al norte del Estado Cojedes, ubicado en las inmediaciones del Parque Nacional Tirgua. La vida de sus años mozos, era muy precaria, recuerda Demetrio. Existían espantos y aparecidos, bolas de fuego, y Satanás, con figura de urna, recorría los caminos sin

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MANUEL ABRIZO

tocar el suelo. Su familia habitaba una casa hecha de adobe y barro con techo de casuco o casibo, que es una planta parecida al cambur. Como colchón se usaba el cuero de chivo. Se arropaban con un “barejo” de cambur. Para alumbrar las noches tenían mechurrios a base de aceite de tártago, y obtenían fuego gracias a la candela que conservaba el “guardián”. “Para tener candela en casa había que tener un cuidado único. Teníamos una cosa que llamaban el “guardián”, que era un rolo de madera fina. Ese rolo se prendía, y se tapaba con ceniza para que no se apagara. La candela la sacábamos de las piedras. Con las chispas se prendía un maguey que se saca de la cocuiza, y con el maguey se prendía el “guardián”. En el hogar de padres descendiente de indios yaracuyanos jirajaras, Demetrio se ocupaba de buscar agua, traer del conuco el ajo, la cebolla, la yuca, el maíz, los tubérculos, la papa. En el trapiche molía la caña utilizando la “quijada de vieja”. VIVENCIAS En su juventud recorrió todos los caminos, recodos, cuevas, y nacientes de agua, del cordón montañoso que comparten los estados Carabobo, Cojedes y Yaracuy. En más de sesenta años de incursión por esos parajes ha visto cascadas de más de cien metros, ríos subterráneos, toboganes y esculturas naturales, árboles inmensos. Le gustaba sacar miel de abeja y cazar, hasta que un paují le cambió la vida: “Un día iba pa´abajo por una quebrada. Entonces se me presentó un paují grande. Me puse a preparar la escopeta, y cuando la quebré para meterle la cápsula, se paró un pichoncito al lado del ave. Vi que el animal acariciaba a la cría

Foto de Manuel Abrizo

Vive al lado de un río en una casa de piedra. Pinta, talla, teje, construye instrumentos, esculpe. Es el artista popular más importante de Cojedes

con el pico. Entonces bajé la escopeta y me dije “No cazo más”. Ahorita no mato nada. Le agarré cariño a la fauna”. Cerro Azul, a pesar del acoso de la candela, y la caza indiscriminada, es una preciosa montaña del Parque Tirgua, que Demetrio conoce como la palma de su mano. Dice que allí hay muchas especies de plantas. Una vez sirvió de guía a unos australianos y encontraron cuarenta y seis especies de aves desconocidas para estos ornitólogos, entre ellas once variedades de tucusitos. Aprendió a leer con un método bastante original, ya que nunca fue a la escuela. En el curioso episodio de encuentro con el alfabeto, recuerda que estaba con otros dos. Al frente tenían una caja decartón en cuyos lados estaba escrito el nombre “Pampero”. Ellos sólo sabían de “oído” que el letrero decía “Pampero”, pero desconocían el nombre de cada una de las letras y el sonido de las combinaciones. Así que, por ensayo y error, se divertían jugando a adi-

vinar y asignar los correspondientes significados. “Lo que más nos costó fue descifrar la “p” que tenía un rabo para allá y otro para acá. La fuimos conociendo por el sonido pam – pe. Después seguimos y seguimos y le fuimos buscando el origen a las letras, hasta que leímos”. Toda su vida ha sido agricultor, profesión que prefiere a la de criador de animales; la razón es sencilla: “El trabajo de ganado pone bravo y agresivo a la gente, que si la vaca se metió por allá, que si brincó el alambre, y uno revienta con una grosería. Las plantas no, porque uno las ve crecer, florecer, echar frutos. El trabajo de ganado es muy tosco”. ENCUENTRO CON EL ARTE Un impulso afectivo empujó a Demetrio a los espacios del arte: tenía un perro al que quería mucho. Un día agarro una piedra y se puso a tallarla, dándole la forma del animal. Al final le gustó la pieza y se entusiasmó. Después hizo otras figuras. Las tallas se convirtieron en


2 1/2 DÍA DEL DOMINGO Obras

MUJER DESCUELLADA TALLA SOBRE MADERA 175X50X35 CM

MUJER DANDO A LUZ TALLA SOBRE MADERA 130X50X32 CM

EFECTO DROGA I TALLA SOBRE MADERA 160X60X50 CM

Parte de la obra de Demetrio Silva se puede apreciar de lunes a viernes en horario de oficina, en la Galería que lleva su nombre ubicada en el Complejo Cultural Mauricio Pérez Lazo de San Carlos, Av. Bolívar frente a la Plaza Miranda.

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pasatiempo, y el pasatiempo devino en creación. Otro hecho decisivo fue un concurso convocado en la zona invitando a los caseríos a que llevaran una pieza artesanal para la exposición educativa. Como recompensa, al caserío ganador le construirían una escuela. La pieza de Demetrio, una talla de Simón Bolívar, se alzó con el primer premio. Desde entonces, el caserío de San Luis, en el estado Yaracuy, cuenta con una escuela. De las figuras en piedra, pasó a tallar en madera, y luego se puso a pintar con los colores de la tierra (geometrismo). También aprendió a construir instrumentos musicales (cuatros, guitarras, violines). Domina el vaciado en cemento, y la labor del tejido. “Demetrio posee un talento natural y una personalidad multifacética: es tallista, escultor, pintor, arquitecto popular, botánico, conservacionista y amante de la naturaleza”, dice el antropólogo Argenis Agüero, un profesor de La Salle, en el campus San Carlos. Agüero dio a conocer a Demetrio en 1991, cuando siendo director del Instituto de Cultura del Estado Cojedes, invitó al artista a que participara con una serie de tallas en la exposición con motivo del sesquicentenario de la muerte del prócer Fernando Figueredo. Desde entonces el nombre de Demetrio se extendió por toda la región. Sus obras adornan espacios públicos en San Carlos, y constantemente es invitado a participar en los principales salones de arte popular a nivel nacional. Ha expuesto en Cuba, Alemania, Nicaragua, Colombia.

“...Al final le gusto la pieza y se entusiasmó. Despues hizo otras figuras. Las tallas se convirteron en pasatiempo, y el pasatiempo devino en creación.”

“orozul” como efectiva para curar el asma, bajar la fiebre, y quitar las infecciones. Si se presenta una diarrea, ahí está el malojillo, el pericón que es muy famoso, o el merey. En caso de gripe es bueno el sauco, el cariaquito, la hierba buena, el guaco morao. Para la artritis está el tabordo, la zarza parrilla, la jarilla. Si se presenta un dolor de cabeza se recomienda un té de toronjil. Quienes deseen rebajar los kilos en exceso prueben el mapurite, que es una planta; el nín, adelgaza rápidamente. -¿Y para mantenerse joven? -Para conservar la juventud no hay como la tranquilidad. No ponerse bravo y dormir bien. La noche es para descansar. Cuando uno se acuesta el cuerpo suelta un sudorcito, y ese sudorcito hace que botemos las impurezas

Oda a Demetrio Silva MIGUEL PÉREZ

Una niebla alfarera de caballos cumbre del bosque héroes de nuestra guerra por el río de sus manos miedo de los aparecidos en la llanura brisa que baja de la sierra arrincona al camino a su antojo dándole las curvas la imagen tigre de guaritico encoge y alarga

“...A su edad no padece dolores...”

La tierra posee todos los colores, explica Demetrio. La tierra verde, amarilla, roja, blanca, morada, se coloca en recipientes, uno para cada color. Para lograr fijar el color, éste se mezcla con la savia de la mora, lo que llaman el caucho. Se hace un barrito con el color y la savia, y luego se plasma en el lienzo con el pincel. Los personajes de las calles de San Carlos, el recuerdo de sus ancestros indígenas, el mundo retorcído de las drogas, los motivos y personajes históricos, figuran entre los temas expresados en sus obras. Su curiosidad no tiene límites. Dice que cada pedacito de tierra que caminamos es un mundo y la vida es un libro abierto. Demetrio se enorgullece de haber probado pocas pastillas en su vida. A su edad no padece dolores de cabeza, ni musculares. Su vida se rige bajo los preceptos de Dios (es pastor adventista) y la madre naturaleza. En caso de alguna dolencia apela a las plantas y las hierbas. Señala a la “hoja de miel” u

Demetrio Silva es dueño de un burro chueco, de pata delantera como una rama torcida. Pintor, escultor, artesano y coleccionista de enseres indígenas. Su casa esta enclavada en un costado del Tirgua, allí donde los cojedeños dicen SOLANO. Yo nunca hepodidovisitarlo.Loconocíunatarde de crepúsculo en esta ciudad San Carlos de Austria. En su honor compuse este poema:

la exactitud del brinco sobre el cogote de la víctima

Foto de Manuel Abrizo

Hacer el Arte como la Vida Lo primordial si uno va a enseñarle una cosa a un muchacho, y no le enseña a compartir, a la larga es un artista egoista. Uno debe enseñarle a hacer el arte como la vida. No que sea hacia si mismo, porque se consume la semilla. Viene siendo igual que si uno coge un semilla, pero si no nace, llegó hasta ahí. Como

la mula: que no pare. Eso representa el egoismo. El egoismo en las personas es así: piensa mucho y de repente hace mucho, pero si no deja hijo, no deja nada. Fragmento de: Demetrio Silva por si mismo, una conversación en El Picure (Eduardo Mariño, Fondo Editorial Tirigua, 2007)

lluvia cincelando las piedras gota a gota río domador de mi angustia mi poesía la noche viene y será eterna (29 de marzo 1993)

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Camino del Río

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ecuerdo con nitidez al padre, en amena charla con aquel catire de rostro amable, pobladas pestañas y mirar dulzón. Entraba el invierno de 1956 y la tienda de abarrotes de Vilariño (digna antecesora de nuestros actuales supermercados) siempre llena de clientes, era el ambiente adecuado para la tertulia semanal. Nosotros, luego de atravesar parte de la ciudad -pues veníamos en autobús desde Tinaquillo- y de caminar por las estrechas calles del centro, sorteando las chorreras que bajaban por las cunetas, arribábamos al cruce de las esquinas (confluencia de las calles Constitución y Colombia, frente a la Plaza Bolívar). Y entonces, la maravilla: la vitrina de los quesos, los jamones, el paté de foiegras y toda la charcutería imaginable se abría ante mis ojos. Mientras pro-baba aquí y allá y mis sentidos se poblaban de olores y sabores va-riopintos, padre insistía en su ritu-al conversación: la Europa de la postguerra, las truchas del valle glaciar, evocadas con deleite por el viejo expatriado, los últimos detenidos por la Seguridad Nacional, el desembarco de Fidel en el Granma, las muertes de Pocaterra en Montreal y de Andrés Eloy en México, los recientes logros de la resistencia, el Premio Nobel de Literatura concedido a Juan Ramón Jiménez… Al fondo, un valsecito de Strauss marcaba el ritmo de la cháchara. Padre sabía que esa era una ocasión especial: estaba a punto de llegar (como cada dos meses) la pequeña Estela, con sus moldeados muslos de gacela, sus requiebros de dama sabihonda, y -sobre todo- aquellas ajadas hojas de cuaderno en donde anotaba, con rigurosidad de amanuense y letra menudita, los versos que su querida amiga Ida le regalaba cada tarde, allá en Puerto Cabello, en el patio trasero de su amplia casona de la Plaza Concordia, resguardada de tejas, con erguidos pilares, umbrosos jardines y fuentes musicales (una al frente, hacia la calle y otra detrás, cerca del portón de campo). En aquellas tardes, luego de escuchar pacientemente a la poeta, Estela copiaba, con una memoria prodigiosa, los versos desgarrados, tensos e intensos, reveladores de sus vivencias íntimas. Versos que responden a una generosa búsqueda personal, alegatos de una experiencia poética culminante, de una vivencia cautelosa, señal de otras existencias, reiteración de un ascenso tenaz, afanoso y sombrío en sus advertencias, tal y como se nos revela en el siguiente fragmento de La mariposa disecada (de La va-

JULIO RAFAEL SILVA SÁNCHEZ

ra mágica, 1948): “Eras en el jardín, sobrelosramos,/ensueñorealqueaprisionara un niño / en un cesto de mimbre que su mano / agitaba por sendas y macizos. / Hoy eres cromo rígido del campo, / un paisaje minúsculo en un nicho. / Ataúd de cristal vela tus párpados / -oro y azul- dormidos.” Padre recibía alborozado estos (y otros) versos, los cuales eran canjeados por sonetos suyos, dedicados a la poeta Ida y llevados con prontitud por Estela. Luego, al regresar a Tinaquillo, en la peña dominical del Restaurant Astoria, justo en el cruce de la Calle Real con la calle El Socorro, Julio César Sánchez Malpica, mi tío bohemio, después de acallar la rockola (a pesar de que aún quedaban marcados el C3: Las bodas de Luis Alonso y el C4: La leyenda del beso, magistralmente interpretados por Los Churumbeles de España) y despedir a los últimos habitués impertinentes, declamaría los versos de Ida, confiriéndoles el exacto tono musical, la adecuada cadencia y el obligatorio ritmo poético, con lo cual lograba estremecer a los escuchas. Nosotros, los más pequeños, apretujados detrás de la mesa de

Cursando el bachillerato en el Liceo Pedro Gual de Valencia, el profesor José Joaquín Burgos, con su facundia intelectual y su aplomada y proverbial sencillez, saltándose el programa oficial, seducía con la lectura de otros textos de Ida a sus fervorosos alumnos

billar, asistíamos expectantes a la fiesta, aquellos versos con idéntica premura a la que aplicábamos para engullir los canapés dispuestos para tan solemne ocasión: el sublime momento en el cual tío Julio César, engolada la voz y con los más precisos ademanes, evocaba estos versos de Ida (de Sonetos del origen, 1972): “Esto es ser como el hombreoriginario./Ningunaformatacitaseostenta./Sóloflotahumedad.Algo larvario./Yenmígerminacomounagua lenta. // la primeriza forma del estuario. / Mas crece, culminante, se acrecienta, / Y un río salta del vocabulario / como fluvial oveja turbulenta.” Más tarde, a primeras horas de la noche, entraríamos furtivamente al cine Esmeralda, en donde tío Federico proyectaría, en función intermediaria, Y Dios creó a la mujer, de Roger Vadim. Entonces, Brigitte Bardot (mi amada de entonces y de siempre) nos erotizaría al secar su cuerpo voluptuoso con aquellos sensuales movimientos de su toalla, al compás cadencioso de La bamba, de Ritchie Valens. De esa manera comencé a sentir los poemas de Ida Gramcko (Puerto Cabello, 11 de octubre de 1924 –

Caracas, 2 de mayo de 1994). Más tarde, a mediados de la década delossesenta, cursando el bachillerato en el Liceo Pedro Gual de Valencia, el profesor José Joaquín Burgos, con su facundia intelectual y su aplomada y proverbial sencillez, saltándose el programa oficial, seducía con la lectura de otros textos de Ida a sus fervorosos alumnos, quienes compartíamos regocijados los textos de la poeta porteña. Entonces, en las límpidas mañanas decembrinas (muy cerca de las vacaciones de Navidad), el poeta Burgos, al pie del monolito de la Plaza Bolívar, nos leía textos como éste (de Umbral, 1942): “Con las manos atadas en cadenas de miedo / me acerqué a las montañas, / y escaló como en alas la inquietud de mi anhelo / las grandiosas murallas. // Una sed de confines me cerraba los ojos / y me arabaenloslabios,/delacumbreimposible me llegaban sonoros / los metales del agua.” Tiempo después, a fines de la década de los setenta: tardes de grata conversación, confidencias apuradas y cervezas heladitas en el pabellón de Laurencio Gallardo Vega, ese chileno excepcional, ciudadano del orbe (como él gustaba llamarse), en la calle Rojas Queipo. Recuerdo emocionado esos ratos compartidos con él y su encantadora familia (María, Rafael, Benjamín, Marisel…), siempre dispuestos a alegrarnos la vida con la palabra acertada y el gesto solidario. Un día, después de leernos un capítulo de su novela Cuarto del fuego, habló con ardor sobre Ida Gramcko, y afirmó que en todos sus textos, incluidos los ensayos, los artículos periodísticos y las obras de teatro, la poesía insufla sus páginas: el sujeto discursivo de su poesía es oral: es el habla quien lo compone, lo oral es la materialidad del lenguaje, el sesgo físico, corporal del hablante. Cada palabra que pronuncia la poeta repercute sobre sí misma, es decir: sobre su nombre, pero también sobre el interlocutor, de tal manera que es el centro del poema, como espectáculo del habla en el que damos forma y sentido al hecho de estar vivos. Sus versos son, así, arduas correrías entre el semblante de un texto escrito y una pieza de orfebrería, sin más método que el de una lógica impresionista. Sombras que se arman para un reencuentro hermenéutico primitivo que aspira a un cuerpo coherente de percepciones. Para ella, la vida es un viaje. Se confiesa buscadora de signos, porque vivir es cavar, marcar huellas, tropezar, abrir fosos. La noche es lo desconocido, las tinieblas son escollos. Luego, con


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Briznas al Viento ATIENDA AQUEL QUE DIJO (Fragmentos)

ARRÁNCAME LAS ÁRIDAS RAICES

Dos poemas de Ida Gramcko

hallar dicha y sosiego en un sueño beatífico y tranquilo;

déjame suspendida en el espacio, entre los vientos firmes.

atienda a lo que digo y lo que creo.

Allí se está como en un gran regazo

¿Sabes, nocturno amigo,

maternal y sin límites.

a qué cosa en verdad llamamos sueño?

Déjame con los pájaros, indagan lo invisible. ¡Ah, más allá del cielo se alza un árbol

(...)

que sus alas indómitas persiguen! No lo han visto jamás y, sin embargo,

¿crees que el sueño protege del abismo,

creen sentir su rumor en los confines.

rescata del asalto y del incendio?

Rumor de hojas distantes... Pero ¿acaso

Yo, soñadora inmóvil, no he creído

no lo vieron, gigante, en el origen

en mi rostro apacible cuando duermo.

primero de la vida, y en sus cantos

Lucho soñando, sórdida, conmigo,

no es la voz de la ausencia lo que aflige?

con un pájaro extraño, con el viento,

Deja que suba a lo alto y que mi canto vibre.

(...)

Canto la ausencia de algo,

Soñador y sonámbulo es lo mismo.

ANTOLOGÍA POÉTICA IDA GRAMCKO

Se va entre nieblas, huérfano.

MONTE ÁVILA EDITORES, 2008

La sombra azul del árbol

¿Quién hiló las almohadas? ¿El olvido?

El prólogo y selección de la antología son de Luisli Morales y la cronología de Coral Pérez Gómez. Morales expresa: “La obra de Ida Gramcko es la suma de tres rupturas: la de la poesía, la de la locura y la de la visión mística; ello en una mujer de su tiempo, y aun en una mujer del presente, es una situación angustiosa.

se dilata y me ciñe.

La mano movediza del recuerdo con un sombrío ovillo y tejió la crisálida del lienzo

de una estrella enterrada en nubes grises.

Déjame con los pájaros. Soy una flor delimitada y triste. Arráncame los pétalos y el tallo y la fragancia, y líbrame.

con una larga víbora de lino que se enrosca en el alma y en el cuerpo.

Viene de la página 3 las melodías de Víctor Jara (su preferida: Aquí me quedo) como coartada, Laurencio leería este fragmento (de Salmos, 1968): “Pero el maná no puede conocerme. / El es un patrimonio o un legado. / Soy yo quien puedo, con su mies, valerme. / Soy yo quien lo avasallo, quien lo invado. / Harina soy de estrella; al ofrecerme / por mí es que actúa el pan, iluminado.” Hace pocos días, en la discreta atmósfera de La Taranta, el poeta José Carlos De Nóbrega, fiel a su

irreverencia, a su inagotable vena poética y a su envidiable conocimiento de la literatura portuguesa y brasilera (recomendamos ampliamente la lectura de su tesis de grado de maestría sobre Ledo Ivo), sumó su voz a este concierto destemplado, para afirmar que en los versos de Ida Gramcko la melodía, como pausa interior, el silencio, como tema y revelación, las pausas, la tenue musicalidad fraguan una encrucijada de temas y pulsio-

nes que conducen sus discurso por zonas enlunadas, en una confluencia de diversos registros, visiones y acordes. Entonces, inspirado por la suave melodía de Antonio Carlos Jobim, Garota de Ipanema, en la voz de Joâo Gilberto y con el mismo Jobim al piano, José Carlos deseará leer este fragmento de Poemas de una psicótica (1964):“Era, pues,laantesaladeldiablo.Yyomedije: ¡sea! Que si la soledad no halla retiro, que si la angustia no halla pecho, acep-

temoseldemoníacoesperpento.Esoes renegar de la carne, que volvía a ser pura sobre el lecho. ¡Ah, pero el cuerpo nada teme! Se enferma o es violado. Es algo lujuriante y putrefacto. Y se entrega mansamente a la muerte, sin ninguna pregunta, como si se entregara a la codicia.Sólointe-rrogaloquenoeslapiel. Aquello que no puede medirse y que despierta, sobrio, cuando el placer se aleja.Tusueño.Tuconciencia.Tumente. Con ello se traspasan los límites carnales.”

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS Gramcko. I. (2012). Antología poética. Caracas: Monte Ávila Editores Latinoamericana. Gramcko. I. (1948). La vara mágica. México: Ediciones Orbe. Gramcko. I. (1988). Obras escogidas. Caracas: Ediciones de la Presidencia de la República. Gramcko. I. (1983). Poética. Caracas: Ediciones de la Presidencia de la República..

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