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DOMINGO 24 DE NOVIEMBRE DE 2013 / CIUDAD COJEDES

½ DÍA DEL

RAZÓN BELLEZA Y REVOLUCIÓN

ensayo música cultura ideas arte narrativa poesía

DOMINGO Sonidos de la Casa

Parranda hasta que el siglo aguante Manuel Abrizo

Pág. 1 y 2

1/2 DÍA DEL DOMINGO 1

Camino del Río

Briznas al Viento

Juan Monagas: Los Mejores Parranderos son de la Sierra

¿De dónde son las parrandas?

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Daciel Pérez

Silvestre Botello

Dirección: Miguel Pérez Coordinación Editorial: Daciel Pérez Diseño y Diagramación: Luis Daboe Correo electrónico: mediodiadeldomingo@gmail.com @1/2díadeldomingo

PARRANDA HASTA QUE EL SIGLO AGUANTE MANUEL ABRIZO

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osé Rafael Camacho, a los ocho años, junto con sus otros hermanos, integraba el grupo “Los Camachitos”, fundado por su padre don Antonio Camacho, quien cultivaba la música y se ganaba la vida como agricultor. Los Camachitos, nacidos en 1928, se transformaron en La Flor de Cojedes en 1933. Este grupo de parranda, convertido hoy en un símbolo regional y nacional, sigue sonando en las navidades de Tinaquillo, y en cada toque, está presente el legado de Rafael Camacho, mientras el “cuerpo aguante”, decía, interpretó el violín, viendo el mundo con sus lentes de pasta y luciendo su eterno e inconfundible sombrerito. En estos tiempos, La Flor de Cojedes, al igual que otras parrandas, ya no van de casa en casa, como en los viejos tiempos: los pueblos han crecido, hay más inseguridad, y los medios de comunicación han impuesto otros gustos y otras modas, sobre todo en los jóvenes. Para la época en que nacen Los Camachitos, durante el régimen de Juan Vicente Gómez, Tinaquillo era un pueblo de casa de bahareque, techos de palma y calles de tierra. Hoy, a menos de una hora de Valencia, es una ciudad, con centros comerciales e industrias, aunque sigue conservando rasgos provincianos. Argenis Agüero, un antropólogo tinaquillero, profesor e investigador de la Fundación La Salle, del campus San Carlos, ubica el escenario rural como el marco en el que florecieron las parrandas en Venezuela, y en toda la región central, específicamente en los estados Carabobo, Aragua, Cojedes, Yaracuy, parte de Portuguesa, norte de Guárico. Esta región englobaba una unidad geográfica, cultural, y económica a través del cultivo del café. Como bastiones de la parranda central, Agüero menciona a Chirgua, Bejuma, Canoabo, Montalbán, Miranda, Güigüe, Mariara, Belén (en Carabobo), San Carlos, La Sierra, Tinaquillo, Tinaco, Macapo, norte de El Pao (en Cojedes), Nirgua, Salom, Temerla, Cedeño (Yaracuy), y parte de Aragua, Guárico, y Portuguesa. A finales del siglo XIX ya las parrandas tienen una presencia fuerte y consolidada, y se multiplican en las primeras décadas del XX. Los villancicos se entonaban únicamente en las iglesias; las parrandas, con su carácter devocionario, pasaron a animar musicalmente el período navideño en cada casa, en una época en que no había radio, ni televisión. Se originaron en los pueblos y después pasaron a las urbes, señala Agüero. Agüero asegura que la parranda goza de gran vitalidad y aceptación en la zona central del país. Incluso, hay grupos como La Verde Clarita, nacida en el Central Tacarigua, que han sido declarados patrimonio cultural, en este caso de Carabobo. “Generalmente la parrandas eran grupos de espontáneos que se reunían para alegrar la navidad y cantarle al RAFAEL CAMACHO “CAMACHITO” (2013)

de Richard Oviedo Carboncillo sobre papel, 45 x 45 cm

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Sonidos de la casa


2 1/2 DÍA DEL DOMINGO Niño Dios; luego se disolvían hasta el año entrante. El parrandero tiene algo de bohemio, y debe poseer aguante. Algunos salían de sus casas y no sabían cuando regresaban”, dice Agüero. Hay otros tipos de variantes o cantos a lo divino (parranda costera, la de San Pedro y San Pablo, la oriental), pero la parranda central posee una cualidad que la diferencia de las otras, aunque dentro de ella, cada grupo posee su sello particular. La particularidad viene dada, en el caso de la central por la tonada, los instrumentos, la métrica, señala el antropólogo. “Cuando en octubre arrancaban los ensayos de las parrandas de Aquilino Fernández o la de Mungo Pérez, nosotros, los muchachos de la época, sentíamos que la navidad estaba cerca, con toda la carga emotiva que ella representa”, recuerda Rafael Vilorio Méndez, artesano radicado en Tinaco, estado Cojedes. Vilorio Méndez y sus alumnos trabajaban afanosamente por estos días para montar el tradicional nacimiento de recreación llanera, uno de los más originales del centro del país. Allí estaban representados las parrandas y los parranderos. Los músicos viajan en un carretón como en los tiempos de antaño, y tal cual como los vio Vilorio durante su infancia. LA COPLA DE TURUTO Uno de los atractivos de las parrandas es que no han perdido esa pureza y sencillez que caracteriza a las manifestaciones populares. En el porte y el habla de los miembros de la Flor de Cojedes todavía se siente ese aire de los parranderos de antaño en las que priva la devoción religiosa y la adoración al “Niño que está en el pesebre”. La Flor de Cojedes, por la cual han pasado ya más de cinco generaciones de integrantes, tiene su bandera y la estrella, dos implementos que portan todo grupo de aguinalderos. La bandera es el estandarte insignia, mientras que la estrella de cinco puntas, a la cual se le incorporaba un farol o una vela, data de los tiempos en que no existía luz eléctrica en Venezuela. Con la estrella, que también simboliza la de Belén, se anunciaba la llegada de la parranda, y también servía para alumbrar el camino, ya que los parranderos en los pueblos salían de noche. Otro implemento de las parrandas es el chineco, conformado por un mástil al que se le adhieren objetos pequeños de metal. Este mástil se golpea contra el piso, en una forma melodiosa, y es señal de la presencia del grupo. “En la casa, primero nos quitamos el sombrero, lo ponemos boca arriba, y le cantamos al nacimiento para que el Niño nos premie con su bondad, nos llene de vida y salud. Luego se le canta a

CIUDAD COJEDES / DOMINGO 24 DE NOVIEMBRE DE 2013 Cada parranda tiene su copla de presentación o de saludo. En su libro sobre Evangelisto Hermoso, Isaías Medina López, cita algunas muy características como el lema del viejo Carlos “El Turuto Martínez”: LA PARRANDA DEL TURUTO ES PARRANDA E´ CUATRO NO HAY PUESTO PA´ BRUTOS NI PARA PERROS NI GATOS La familia, agradecida por la visita, obsequia aguardiente a los músicos, y los premia con el aguinaldo que se introduce en el cuatro. En los hogares de confianza se invita para que coman las hallacas. Silvestre Botello, director de la Parranda Central de Cojedes, una de las de mayor calidad en la región con más de 15 grabaciones, cuenta que antes se ejecutaba un

golpe llamado el “caminero”, mientras recorrían el trecho hacia la otra casa. Esta ejecución les servía para mantener el ánimo de manera que la “parranda no llegara fría”. En estos casi 30 años de vida, las cosas aún no son fáciles para la Parranda Central de Cojedes. Cuando llegan a una casa hay que doblegar la resistencia de los jóvenes para que apaguen el equipo de sonido. Botello, quien además es un estudioso y recopilador de los testimonios de los viejos parranderos, celebra que esta genuina expresión popular haya sobrevivido en medio de tantos vicisitudes. Dice con orgullo que en Cojedes la parranda se mantiene viva. “Hemos logrado desplazar a las gaitas y desterrar el dicho de que las parrandas son para los viejos”.

Historia e improvisación Piezas de Rafael Vilorio. FOTO DE MANUEL ABRIZO los miembros de la familia, en versos improvisados o tramaos”, explica Francisco Palma, animador y compositor de la Flor de Cojedes. Isaías Medina López, quien recopiló y publicó una antología de la poética oral religiosa de Evangelisto Hermoso, uno de los parranderos más famosos de Cojedes, señala que las casas son el escenario natural de las parrandas y de los cantos de velorio, y dentro de las casas, las mujeres son las verdaderas promotoras, quienes colman de atención y brindan el manto protector a los parranderos. Además, son las que tienden el nacimiento.

Por más de un siglo la parranda ha animado los hogares y las navidades de los hogares venezolanos; sigue viva en la región central a pesar del acoso de los tiempos modernos

La Flor de Cojedes, al centro con el violín “Camachito”. FOTO DE MANUEL ABRIZO

Toda discusión pasa por reconocer la antigüedad de la parranda

cojedeña, como manifestación y a La Flor de Cojedes, como el grupo más añejo del país. Datos históricos irrefutables revelan que las dos parrandas denominadas “las Decanas” de Venezuela, se fundan posteriormente a La Flor de Cojedes: La Verde Clarita, creada en Tacarigua (1941), sobre la agrupación “La Liberal del Zamuro” de 1937, y La Roja Imperial, de Naguanagua (1962) formada a partir de la “La Flor del Rincón”, de 1952. La Flor de Cojedes se instaura, el 13 de noviembre de 1933 en Punta de Mata, Tinaquillo, basada en el grupo “Los Camachitos”, fundado en 1928, por José Rafael

Camacho y su familia. Esta versión tiene eco en importantes parranderos nacionales. En una declaración al periódico El Carabobeño (26/12/2004) Pedro Paiva, notable estudioso de la parranda manifiesta: “Se discute dónde fue que se generó esta parranda, si en tierras aragüeñas o carabobeñas. Muchos alrededor del Lago de Valencia se adjudican la autoría. Pero, en realidad existen parrandas en Cojedes que tienen muchos más años”. EN: Medina López, I., 2006. Estudio poético sobre el cancionero de “La Flor de Cojedes”. Revista Memoralia. (03): 25-38.


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Camino del Río —Entendemos a la parranda como una expresión musical que nace en la zona central de Venezuela, en la que el charrasqueo del cuatro, la percusión de la tambora y el furruco, acompañan las coplas que alegran la época que va desde octubre hasta el día de La Candelaria (02 de febrero). ¿Para Don Juan Monagas qué significa la parranda? —La parrada para mí significa algo grande, maravilloso, ha sido para mí lo mejor que he conocido. Yo como parrandero, de edad de ocho años estoy parrandeando, estuve en muchas parrandas, cuando en esa época las parrandas se hacían de un día para otro, o sea, la víspera, el 23, la gente estaban ensayando para salir a parrandear, y no eran esas parrandas que se usan hoy para festejos y cosas de esa, antes no, antes salía la parranda a cantar, a divertir el caserío, el pueblo; y andaban hasta cinco parrandas para cantar en una casa, se unían, hacían cola para entrar a casa. Y era muy bonito, porque aparte de eso, estaba también la gente de la casa haciendo las hallacas, en esa misma noche, a la noche buena, estaban las mujeres haciendo hallaca, y era muy bello aquello. Entonces yo, veía las parrandas y me entusiasmé, eso lo encontraba yo demasiado bello, las parrandas antes, en mi terruño, La Sierra, entraban a las casas, primero con una tonada como de velorio (de cruz) con el puro cuatro, y luego que cantaban aquella tonada, eso era para despertar la gente, decía: DESPIERTA SI ESTÁIS DORMIDOS SI ESTÁIS EN PAÑOS MENORES QUE TE VIENE A VISITAR… Entonces la gente prendía una lamparita y se paraban alegre a recibir a esa parranda. Y ahí, después que estaban adentro empezaban con el aguinaldo a cantar, a echarle verso a todo aquel que estaba ahí. Luego los dueños de la casa lo invitaban a comerse una hallaca, o a comerse un asa´o, algo así, una sopa, y bueno, la botella de caña que no fallaba. Yo veía eso y a mí me entusiasmo mucho eso. La primera parranda estando ya yo aquí en San Carlos, de edad 8 años, salimos doce niños a cantar aguinaldos en todo el pueblo. Pero la representante en aquel tiempo fue una mujer, se llamaba Petra; ella sacaba un permiso en la prefectura, para podernos cargar. Porque todo aquel que salía a cantar aguinaldo o tenía una diversión en la casa tenía que sacar un permiso, y andaban una o dos patrullas al lado de nosotros cuidándonos también ¡Pero hasta las doce´e la noche!, de ahí pa´lla no podíamos seguir porque éramos menor de edad. Y así entonces todas las parrandas de adulto empezaron a buscarme, a buscarme pa´que yo les acompañara, porque les tocaba la tambora o bien el cuatro. Todavía no me facilitaba muchas veces para cantar, porque muchas veces sentía un poco de vergüenza y eso, porque uno era muy vergonzoso; pero había un señor, que después fue compadre mío y me dijo: “no Juan cante, cante que usted lo hace bien”, y de allí para acá eso fue cantar y cantar. Este (Silvestre) Botello mismo, ese, vamos a decir que pasó por mis manos, que él te lo puede decir mejor, él cantaba, pero era un poco tímido también, y yo le dije: “No Botello vamos a cantar, cante”. Y ahí hicimos una parranda que se llamaba la Unión Cojedes, que de ahí salió la Central Cojedes. Fuimos a un festival con puro cuatrico, y en el festival era por puntuación y mire sacamos setenta y cinco puntos. Esa parranda la Unión de Cojedes barrió con los festivales aquí. El tiempo que estuvo, que estuvimos nosotros, eso fue ganando festival parejo pa´lante. Luego vino la Central Cojedes, nos salimos de la Unión (Cojedes), y se recibió otro y ahí fundamos la Parranda Central Cojedes, esa era igual, igualito, ya la gente nos tenía miedo, decían: “no, no, que la parranda tal, el festival tal fecha así así, ¡no pa´que voy a ir yo pa´lla si eso se lo lleva la Central Cojedes!”. Es una parranda preparada, muy bien preparada. Y así yo canté en muchas parrandas, y la Parranda Central Cojedes es una parranda que en el estado Cojedes da brillo en los meses decembrinos. —¿Recuerda la primera vez que escuchó una parranda? ¿En el patio de su casa o de algún vecino? ¿Qué lo llevo a unirse a esa tradición o en su defecto, esa devoción suya a la parranda tiene que ver con la insistencia de algún familiar o amigo? —No. Vamos a decir que en verdad lo que yo he hecho, lo he hecho por mi cuenta. Me gustó la parranda y por eso de la edad de 8 años, como le decía, estoy cantando la parranda. Desde el primer momento, como Ud. dice, que oí la primera parranda llegar al patio de mi casa, me gustó mucho eso, me llamó la atención. Más tenía un tío que estaba en las parrandas que cantaba bien, y a mí me gustaba pues, me gustaba como cantaba la gente.

Juan Monagas:

Los mejores parranderos son de La Sierra (I)

ENTREVISTA REALIZADA POR: DACIEL PÉREZ FOTO OMAR ESCALONA

Entonces la gente prendía una lamparita y se paraban alegre a recibir a esa parranda. Y ahí, después que estaban adentro empezaban con el aguinaldo a cantar, a echarle verso a todo aquel que estaba ahí. Luego los dueños de la casa lo invitaban a comerse una hallaca, o a comerse un asao”

Había una parranda de Bejuma, o sea no era de Bejuma prácticamente, sino de La Sierra, pero el señor (el director) era de Bejuma, Martín Pérez, se llamaba el señor, ese hombre cantaba muy bien, cantaba muy bonito, y el invitaba a los compañeros a sacar la parranda y le echaba unos ensayos, les decía como debían cantar. Ud. sabe que uno el campesino en esos tiempos cantaba “por aquí pasó yo no sé quien” y bue… eso era un despelote, pero sin embargo divertía la cosa, eso no es como ahora que las parrandas están modernas, y se hace lo mejor que se puede. Eso me llamó la atención a mí, como ese señor (Martín Pérez) sacaba esas parrandas tan buenas. Y una vez que yo hice la primera parranda aquí, la hice con ese ritmo que ese señor sacaba. —Ud. mencionaba ese pasado de las parrandas, y entendemos que antes era un movimiento gregario, un “ventetú”, donde cada quien aportaba con su instrumento una particularidad ¿Recuerda, Don Juan Monagas, algunas características de esas parrandas que recorrían de casa en casa con la bandera o el farol al frente? ¿Cuál característica le llamaba más la atención? —En ese tiempo las parrandas usaban lo que se llamaba en aquel tiempo el farol, la cruz, la estrella. Tú sabes que en ese tiempo cada parranda sacaba todo eso porque los caminos eran muy oscuros, bajaban y subían en ese piedrero, entonces ellos usaban eso para alumbrarse en el camino. El farol a´lante, la cruz atrás, y la estrella más atrás. Hoy no, porque hay alumbrado en todas partes, uno no usa eso. Pero yo me fijaba, me paraba en el patio, tú sabes que La Sierra es una fila, y de ahí se divisaba lo que es Yaracuy, por ahí San Luis, Nirgua, todo eso; y se veían las luces caminando, por los caminos, y uno decía: “Allá va una parranda, mira allá va otra parranda”, se conocían por el alumbrado que llevaban, a la distancia se veía la luz, cada parranda tenía su faro particular, y su ritmo particular. Y todavía, porque las parrandas que hay hoy se distinguen por el ritmo, hay unas que lo hacen más acelerado, otras medio, otras lo hacen lento. Sí, hay varios ritmos.


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CIUDAD COJEDES / DOMINGO 24 DE NOVIEMBRE DE 2013

¿De dónde son las parrandas?

Briznas al Viento

LyM: Silvestre Botello

FOTO OMAR ESCALONA

Silvestre Antonio Botello (San Carlos, 31 de mayo 1956). Cultor de tradición, músico y compositor, parrandero con una trayectoria de más de cuarenta años. Ha sido declarado Portador de Patrimonio Cultural Inmaterial. Co-fundador de la Parranda La Central Cojedes, con más de veintinueve años de trayectoria, de la que ha sido director y una de las voces principales. Actualmente, se desempeña como operador cultural del Ministerio del Poder Popular para la Cultura del estado Cojedes, a la par es vocero de la Red de Patrimonio Cultural Inmaterial del estado Cojedes. Dedica su tiempo libre a la elaboración de instrumentos de percusión como tambores y maracas.

(VIENE DE LA PÁGINA 3) Estaba yo hablándole un señor, antier, que a mí no me gustaba el ritmo de la parranda de Guárico, porque todas tienen un mismo ritmo; un mismo ritmo y un mismo dialecto de voz. Entonces no hay distinción entre ninguna porque canta una parranda aquí y luego viene otra a cantar, y es igualito, parece que es la primera que está cantando, entonces no hay distinción. Lo que son los ritmos se deben identificar, cada agrupación tiene su ritmo. Lo rítmico, lo que es música rítmica, cada agrupación tienen su ritmo, sí, el sonido, que sé yo… Bueno así son las parrandas también, aquí en el estado Cojedes, aunque pareciera que era el mismo merengue, ¡pero no!, hay una distinción, la diferencia; porque por ejemplo nosotros, la Central Cojedes, mucha gente dice: “cón-

CORO ¿De dónde son las parrandas? Se preguntarán ustedes Las parrandas navideñas (2 veces) Son del Estado Cojedes(Bis)

IV De la misma mano de éste señor Allá en Tinaquillo se fundó “La Flor” Y se ha mantenido como una decana Ochentaiún años cosechando fama

I Se que hay mucha gente que aún difiere De que las parrandas sean de Cojedes Les demostraremos con esta canción Que de allí nació esta tradición

V También en Macapo habían parranderos De la misma época pero un día se fueron Con rumbo al Central, Güigüe y Boquerón Llevando con ellos este alegre son

II Eso lo han contado algunos cultores Como testimonio de los fundadores La historia nos lleva año treinta y tres Sonó una parranda por primera vez

VI Por allá en San Carlos hacían sus andanzas Don Andrés Cardoza y “La Verde Esperanza” Aquellos laureles junto a José Honorio Brindaron tonadas a buen repertorio

III Para aquel entonces Rafael Camacho Formó una parranda cuando era muchacho Ese parrandero dijo con su grito Ábranle la puerta a “Los Camachitos”

VII De Pedro Inojosa “La Roja Ranchera” También en San Carlos ella fue pionera No seremos dueños de la tradición Pero las parrandas de Cojedes son

chale como la Central no hay aquí en el estado Cojedes”, bueno por algo será, porque sienten un ritmo distinto a los demás, sienten una tonalidad de voz distinta a las demás, a lo mejor un mejor arreglo, que sé yo, pero ellos dicen así, y si el pueblo lo dice así, es porque así es. Tenemos ritmos distintos, cantos distintos, la forma de improvisar distinta también, y así por el estilo; pero hay variaciones, por eso yo hallo que en verdad aquí ha valido la pena, y vale la pena y sigue valiendo, que entre más parrandas haigan mucho mejor es, mucho mejor es para el estado. En lo que yo he visto, y he sabido siempre, el ritmo es muy importante, la preparación del ritmo, la preparación del canto, eso es muy importante para quedar bien frente a un público, y el músico sobre todo, que toque bien, que se sepa defender.

—San Carlos es parte de la región de los llanos venezolanos y mucho se ha dicho que la tonada llanera, el verso tornao, la improvisación y la tonada de ordeño le han aportado elementos a la parranda, sobre todo en Cojedes, donde existen agrupaciones prominentes de antigua data. Pero a esta ciudad la abraza una sierra montañosa, La Sierra, allí el violín priva de protagonismo al cuatro, ¿Cuál considera, Don Juan Monagas, ha sido el principal aporte de la sierra cojedeña a la parranda? —Para mí una de las cosas, y bases principales, de la parranda es el violín. A veces tocamos un cuatro y no lo sabemos tocar para acompañar a los demás instrumentos principales, porque el cuatro es armónico, es pura armonía, acompañamiento del instrumento principal

que es el bandolín, el violín, el arpa, todo eso, el cuatro es la armonía de ese canto que va haciendo ese instrumento mayor. Total que yo no le veo diferencia, para mí algo principal y que debe existir dentro de una parranda es el violín. Y bueno, La Sierra, debo decirle que los mejores cantantes que han salido y que están por acá son de La Sierra todos (risas). Casi todas las parrandas aquí en el estado Cojedes son de La Sierra. Tenemos la Verde Clarita, que los padres de ellos son de La Sierra, todos salimos de ahí. La Sierra ha parido cantantes muy buenos, yo no me meto ahí porque yo poco canto. Otra de las cosas que a mí me entusiasmó, a mí, es el velorio, el velorio de santos y aparecidos, a mi me encantó eso, y ahorita lo hago, lo medio comprendo y estado por allí involu-

crado en esa parte. Pero la Parranda es lo mejor para mí, algo entusiasta para mí, yo tengo 74 años, y el sábado pasado (*) cuando estábamos todos, le estaba hablando a (Silvestre) Botello, que me costaba para bajar la escalerita (de la Sala de Cinemateca San Carlos), le dije: “mire tuve que bajarla de medio la´o, porque de frete no podía bajarla porque parece que iba a caerme”, pero ahí estoy, me entusiasma y me gusta eso, y yo puedo estar como esté, pero estoy ahí con la parranda. * Se refiere al 09/11/2013, en ocasión del Parrandón por el 4to Aniversario de la declaratoria de la parranda como Patrimonio Cultural del Municipio Ezequiel Zamora. Además de las parrandas de este municipio, de manera especial se contó con la participación de la Flor de Cojedes [el 13/09/13 cumplieron 80 años de fundada], también la Unión Guariqueña de San Lorenzo (Guárico); y la intervención del Antropólogo Omar Vielma, Viceministro para la Diversidad, Identidad y Territorialización Cultural.

1/2 Día del Domingo Nº 4  

La Flor de Cojedes en reportaje de Manuel Abrizo y entrevista al parrandero Juan Monagas

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