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Colegio Miguel de Cervantes (MĂŠrida) Curso 2013-2014. 2ÂşA


Todo comenzó una tarde de sábado, cuando Adrián y su hermano Mario estaban sentados en el sofá de su casa, aburridos viendo en la tele una película que a sus padres les gustaba.


Luna, una perrita color canela es la mascota de la casa, siempre está llamando la atención de los niños y empezaron a jugar con ella. Adrián es un niño muy simpático, tiene nueve años y le gusta jugar con su imaginación y leer cuentos para contárselos a su hermano Mario y a Luna. Mario tiene cinco años y lleva siempre una gorra verde, es un niño muy curioso y alegre. De pronto, llaman a la puerta, es la prima Ara, los dos se ponen muy contentos porque siempre se disfrazan cuando viene su prima. Ara tiene la edad de Adrián y se lo pasan genial todos juntos. Ya acabó la película que sus padres estaban viendo y los tres niños se sentaron a ver su programa favorito. Adrián cogió el mando y de la tele salió una luz verde que atrapó a los niños en la pequeña pantalla…

Lucía Benavídez Gutiérrez


-¿Dónde estamos? -preguntó Mario desorientado.

-¿Estamos en algún bosque lejano?- dijo Adrián.


- ¡Fíjate! No se escuchan ruidos, ni huele a humo. Tampoco hay coches, ni casas- contesto Ara. Luna movía la cola sin parar. Empezó a olfatearlo todo y a correr entre los gigantescos árboles. Los niños siguieron a su perrita. Pasaron un bonito riachuelo, anduvieron durante horas. Tenían frio y hambre. Subieron a una cima de grandes rocas. -Está anocheciendo. Entremos en esa cueva- sugirió Adrián. - Hay frutos, herramientas de piedra, y una hoguera encendida.

¡Estamos en la prehistoria! – exclamó Mario. Las pinturas contaban que en esa época, cuando no quedaba caza y frutos suficientes para vivir, la tribu recogía sus cosas y andaban durante días buscando una zona nueva. Los primos comieron manzanas y naranjas, se acurrucaron cerca del fuego y se quedaron dormidos.

Alba Benítez Ruíz


A la ma帽ana siguiente se despertaron con los ladridos de Luna, que se fue corriendo hacia un grupo de hombres prehist贸ricos que estaban recogiendo todas sus cosas.


-¡Seguro que se van a otro país! - dijo Mario. -¿A otro país?- pregunto Ara, partiéndose de risa. -No Mario, se van a otra lugar en busca de comida, pero no a otro país, ya que, se desplazan caminando y cargando con todas sus cosas encima. Entonces no pueden irse muy lejos. – le explico Adrián a su hermano pequeño. -¡Adrián! ¿Qué hacen aquellos hombres?- preguntó Mario sorprendido. Lo que estaba viendo Mario era a un grupo de hombres que intentaban mover un mamut que acababan de cazar, y lo hacían con la ayuda de unos troncos a modo de rodillos. -Mario, lo que están haciendo es algo muy importante, lo hemos aprendido en clase, esos son los comienzos de la rueda, uno de los inventos más importantes de la historia…-contesto Adrián. -Sí, a nosotros también nos lo ha contado nuestra maestra.interrumpió Ara a su primo-, gracias a la rueda se logró trasladar de un lado a otro, alimentos y personas más fácil y rápido. La rueda permitió la evolución de los medios de transporte terrestres y la llegada del hombre a lugares lejanos en cada vez menos tiempo. Estaban tan atentos a lo que estaba contando Ara, que no se dieron cuenta de que del mando de la tele que llevaba Adrián en el bolsillo empezaba a salir una luz verde……

Íker Rodríguez Pérez


- ¡Qué frío!- Dice Mario - Tengo la sensación de estar en el Polo Norte. – Dice Ara - ¡Mira cuánta nieve alrededor! Dice –Adrián - ¿Será Laponia? Adrián estaba preocupado porque no sabía cómo iban a desplazarse con tanta nieve. De repente Luna empezó a ladrar y a ladrar. A lo lejos apareció un grupo numeroso de perros tirando de un trineo. ¡Nunca habían visto nada parecido!¡ Eran preciosos! ¿Cómo podrían guiar a las personas por la nieve? Mario levantó la mano y el trineo paró. Tras una interesante charla el dueño les explicó que así era como se trasladaban las personas y las cosas en Laponia. Los invitó a montar. Pasaron un rato muy divertido con la nieve y los perros.

Candela Crespo Gaviro


Adrián, Mario y Ara se acordaron de Papá Noel. Luna estaba temblando de frío y Mario la cogió en brazos. Ara cogió una bola de nieve y se la tiró a Mario. Todos empezaron a tirarse bolas. Después hicieron un gran muñeco de nieve y le pusieron una bufanda.

Pero, de repente, el cielo se oscureció y todos se pusieron a temblar …

Paola Machío Morcillo


- ¡Oh, se acerca una ventisca!- Exclamó uno de los hombres del trineo. – ¡Rápido, subid! Les llevaron a un iglú donde se estaba calentito y mientras les preparaban la cena se quedaron profundamente dormidos. Mario, al darse la vuelta, tocó el mando y la luz parpadeó. Adrián se despertó y notó que no hacía frío y que la nieve ahora era arena. Despertó a todos. - ¿Dónde estamos?- preguntó Mario. - Estamos en el desierto- dijo Ara. Empezaron a caminar y les entró mucha sed, pero no encontraban ni agua ni sitio habitado por ninguna parte. Siguieron caminando… De pronto, Adrián gritó: - ¡Mirad, hay muchas personas montadas en camellos! Y se acercaron al jefe. - ¿Por qué utilizáis los camellos?- Preguntó Mario. El jefe le explicó que el camello podía aguantar mucho tiempo sin beber ni comer y para aquellos viajes les venían muy bien. Los utilizamos también para transportar comida. - ¡Impresionante! - exclamó Mario. El jefe les invitó a montar y aunque era muy difícil el camello se tumbó y cuando los chicos se disponían a subir …

Sandra Corchero Rosco


Una serpiente que estaba camuflada en la arena mordió a la perrita Luna. Esta dio un ladrido muy fuerte y agarró a la serpiente por el cuello. -¡ Rápido chicos, tenemos que llegar al oasis para curar a vuestra perrita! ¡Arriba! -

¡Qué altos estamos, tengo miedo!- dijo Mario. ¡No pasa nada, enseguida te acostumbrarás- dijo el jefe . Muchas gracias por habernos ayudado- dijo Ara. ¿Adónde vais? A un oasis- contestó el jefe. Al llegar al oasis, un lugar muy verde y con mucha agua, llevaron a

Luna a una choza y la curaron con agua del desierto y unas hierbas curativas. Al día siguiente estaba como si nada hubiera pasado. Cogieron agua y alimentos y continuaron su viaje por el desierto. Tenían que refrescarse a menudo porque hacía muchísimo calor. Al coger el agua, el mando resbaló y se accionó el botón. De repente estaban en Perú, se encontraron con Tadeo Jones y sus amigos. Iban subidos en llamas, eran como los camellos pero con mucho pelo. Las utilizaban para ir a la montaña donde estaba la Ciudad Perdida.

Juan José Martín Calvo


Tadeo, Mario, Ara, Adrián y Luna llegaron a la puerta de La Ciudad Perdida. Se sorprendieron de lo bonita y reluciente que era. Tenía una leyenda que decía: “Abrid la puerta con el botón verde”. Mario pulsó el botón verde creyendo que era el del mando y la puerta se abrió, pero ya no estaban en Perú. ¡Estaban en el Salvaje Oeste! Llegaron en el momento exacto de ver cómo el Cheriff transportaba en una diligencia el dinero del banco de la ciudad hacia otras ciudades.

La diligencia era un carro con grandes ruedas de madera. Iba vigilado por dos hombres armados y tirado por fuertes caballos. -¡Tengo mucha sed! – dijo Mario. -Yo también – exclamó Adrián. Decidieron ir al Gran Salón a tomar algo de beber. Una vez dentro …

Nadia Sánchez Cordón


Cuando Adrián, Ara y Mario tomaban tranquilamente su refresco en el café-salón, entraron dos pistoleros que querían robar el dinero de la diligencia, los niños empezaron a tener mucho miedo y decidieron marcharse. Adrián no encontraba el mando, creía que lo ha perdido, lo buscaron por todas partes, pero no aparecía. Salieron a toda prisa del café-salón, los ladrones habían conseguido coger el botín y el Sheriff iba tras ellos. Nuestros amigos deciden ayudarle y cogen tres caballos, son muy veloces, pero el más rápido es el del Sheriff, que con la ayuda de nuestros amigos y su perrita Luna, logra capturar a los ladrones. Como no saben qué hacer para encontrar el mando, han decidido recorrer a caballo el camino por donde pasó la diligencia. Puede que se les haya caído por la arena del Salvaje Oeste, están muy cansados y deciden descansar debajo de un árbol, para comer algo y beber agua de sus cantimploras. Se está haciendo muy tarde y van a tener que pasar la noche allí. A la mañana siguiente empieza a salir el sol, hay mucho ruido, así que nuestros amigos se despiertan. Luna parece asustada, no para de ladrar. Quieren averiguar de dónde viene tanto ruido, exploran a su alrededor y descubren una gran caravana de colonos, llevan muchas carretas tiradas por bueyes, vienen muchas familias con niños y traen su ganado. -¡Qué bien! - exclamó Ara, ¡vamos a poder jugar con los niños! -¡Sí, es verdad! - dijo Mario. De repente, se observa sobre el horizonte una gran polvareda.


-¡Mirad a lo lejos! ¡Vienen muchos indios a caballo!- dijo Adrián. Los indios se acercan hacia las carretas, y les explican que su tribu está buscando comida para pasar el invierno, quieren cazar búfalos. Las familias de las carretas les invitan a todos a tomar el desayuno junto al fuego. Luna está muy contenta no para de jugar con los animales. Cuando van a sentarse para tomar el desayuno, Adrián se da cuenta que tiene el mando en el bolsillo trasero de su pantalón. - ¡Menos mal!- dijeron todos a la vez. -¡Estábamos en un buen lío, si no llega a aparecer!- dijo Ara

Carmen Sanjuán Benítez


Después de tomar un suculento desayuno y de compartir juegos con los niños de la gran caravana de colonos, Ara, Mario y Adrián junto a la perrita luna se vieron sumergidos en una gran nube de arena. - ¿Dónde estamos?- pregunta Ara, hemos debido pulsar el mando por descuido y nos hemos trasladado de nuevo a otro lugar. Al fondo se oían multitud de ruidos y voces, observando que estaban frente a una gran carrera de carros sobre una superficie enorme de arena. - ¡Estamos en Roma! ¡Es el gran Circo máximo!- dijo Adrián entusiasmado. Es una carrera de carros. ¡No lo puedo creer! Ara les contó que en la Antigua Roma se utilizaban carros de dos ruedas tirados por caballos para realizar un gran espectáculo público que ellos llamaban carreras de de carros. Estos carros se llamaban cuadrigas y dependiendo del número de caballos recibían distinto nombre. Los atletas que los conducían se llamaban aurigas y tenían gran prestigio en la sociedad. - ¿Sabéis que el Circo Máximo era tan grande que podía albergar a más de 350.000 espectadores?- dijo Mario. - ¡Schisssss! Silencio chicos que esto va a comenzar.-anunció Ara. Los chicos pudieron ver la entrada de los carros seguidos de una gran ceremonia y procesión donde desfilaban jóvenes romanos a pie y a caballo, músicos, bailarines y magistrados con sus grandes togas.


Al comienzo pudieron escuchar un tremendo estruendo producido por los cascos de los caballos junto a los vítores del público animando a sus corredores. - ¡Venga, ánimo!- gritaban los chicos. Mientras, la perrita Luna no paraba de ir de un lugar a otro, intentando seguir el ritmo de los caballos. -¡Jajajajaja! Luna cree que ella también participa en la carrera. ¡Qué perrita más juguetona!-dijo Mario. Tan entretenidos estaban que no se dieron cuenta de que una espesa niebla se interponía entre ellos…

Miguel Martín Trejo


… y la carrera de cuadrigas. Todo se queda en silencio. -¡Pero chicos! ¿Qué sucede?- Preguntó Ara -¿Pulsaste el mando Adrián? -¡Que va!, lo tengo en la mano. No sé qué está pasando. La niebla comienza a disiparse a la vez que se suceden una serie de sonidos cada vez más fuertes. Los niños están asustados, por primera vez desde que comenzó esta aventura no tienen respuestas…. Se abrazan y comienzan a caminar. A lo lejos vislumbran una enorme sombra - ¿Qué es eso Adrián?, estoy asustado -Dice el pequeño. -No sé Mario, caminemos con cuidado y vayamos acercándonos poco a poco hasta salir de aquí. -Parece oírse agua- dice Ara. -Sí y mucha gente y bullicio- contesta Adrián. Conforme los niños avanzan, los sonidos se hacen más claros; suenan martillos, cinceles, carros, caballos y también música, gente vendiendo frutas, verduras y productos de todo tipo. -¿Seguimos en Roma?- Preguntó Mario. - No creo, parece otro lugar aunque la época parece la mismareflexiona Adrián.


De repente la niebla desapareció. -¡¡¡Guuaauuu!!!- Exclaman los niños, no podían creer lo que veían sus ojos.

Frente a ellos se levantaba un pequeño pero bello puente transitado por mercaderes y gente de todo tipo y clase social. Tras él a muy poca distancia se alzaba la construcción de un colosal acueducto, miles y miles de gigantescas piedras se agolpaban en el cauce de un río. Una gran estructura de troncos, cuerdas y poleas hacían posible que un numeroso grupo de hombres fuesen poco a poco elevándolos para levantar una fastuosa construcción.


- ¡¡¡Guuaauuu!!!- Seguían repitiendo los niños. -Ves Ara, comenta Adrián, gracias a que se inventó la rueda se descubrió tan útil herramienta. Sin ella muchas de estas edificaciones no se hubieran podido hacer. -Es genial Adrián, ya verás cuando se lo cuente a mi profe. Mientras ellos hablaban Mario salió corriendo hacia unos puestecitos que se agolpaban en un pequeño mercadillo ambulante sito a la otra orilla del río. -¡Ven aquí!- gritaba Ara. ¡No te separes! Pero Mario tenía hambre y no dejaba de pensar en otra cosa que no fuese comida, no se daba cuenta de que lo que en un instante descubrirían… -¡Oye Ara! -pregunta Adrián, ¿no te resulta familiar este lugar? -Yo te iba a preguntar lo mismo.- contesta Ara -¡¡Córcholis!!- Gritan ambos a la vez. -¡Estamos en Mérida! Andaban los niños tan asombrados que no se habían percatado de la ausencia de su querida perrita, cuando de repente… -¡¡Luna!! ¡¡Luna!!- Gritan. Un mercader se les acerca y les pregunta: ¿Es aquella la perrita a la que buscáis? -Sí, responden. Luna coge un trozo de salchicha de un puesto y el propietario la persigue atizándola con una escoba. -¡Corre Luna!, corre, gritan los niños. Adrián, Ara y Mario se montan en una carreta. Y salen de allí a toda velocidad…….

Laura Durán García


-Arre, arre,arre … Todos persiguiendo a la perrita luna, -Guau , guau, guau , ladrando sin parar. Pero no había manera de cogerla. El mercader, cansado de correr tras la perrita luna y los niños, decide parar y muy enfadado dice: - ¡Ya os cogeré ladrones!. Los niños siguieron hasta alcanzar a la perrita y Mario dijo: - ¡Uff, qué cansado estoy! Tenemos hambre y sueño, yo creo que deberíamos buscar un sitio para dormir y descansar. - Tienes razón-opinó Ara. Siguieron caminado hasta encontrar un refugio de piedra que estaba abandonado. Ellos no entendían qué estaba sucediendo y el pequeño Mario estaba triste porque echaba de menos a sus papás y quería volver con ellos. Su

hermano estaba

intentando

calmarle

y

consolarle, diciéndole:

- Ahora no podemos volver a casa. ¡Estamos viviendo una aventura apasionante!

Sergio Sánchez Carvajal


… a la mañana siguiente, al despertarse, tenían tanta hambre que sus barrigas parecía un ejército de caballeros con armadura de tanto que sonaban. Comenzaron a caminar por el bosque para llegar al pueblo más cercano, cuando de pronto se oyó llegar un carruaje… - Pero, ¿Quién es esta gente?-dijo Ara. ¡Ya no estamos en la época romana! - ¿Dónde vais chicos?- pregunta un señor. - Al pueblo más cercano a ver si nos pueden ofrecer un poco de comida- dijo Ara. - Subid, voy al Castillo del Conde de Olivares. Llevo muchos enseres y allí os daremos algo de comer… Tras

un

pequeño

recorrido

llegaron

al

Castillo,

quedaron

“alucinados”, había un mercado, mucha gente, y sobre todo caballeros con grandes armaduras y espadas que relucían al darle los rayos de sol. El señor del carruaje, empezó a bajar todos los enseres y le dijo a una señora que nos diera de comer. Nos pusieron mucha fruta, carne, y pasteles recién hechos. Lunita saltaba de alegría y empezó a jugar con todo el mundo, resultando tan graciosa que se formó un pequeño corrillo de gente a su alrededor. Al llegar la tarde, fuimos de vuelta al pueblo, Adrian guiaba el carruaje con cautela, Mario se durmió del cansancio y mientras Ara y Lunita estaban jugando con un gatito que les acompañaba.


Una vez llegaron al pueblo, el señor del carruaje les ofreció cobijo en su casa a cambio de que les ayudaran a preparar un carroza que debía de acompañar a una princesa al baile que se iba a celebrar en el castillo en un par de semanas.

Pasaron unos días muy felices donde aprendieron muchas cosas, arreglar las ruedas de madera de la carroza, a coser las telas que las cubría, guiar carruajes, pero sobre todo, que todo esfuerzo por aprender merece la pena. Y llegó el día del baile en el Castillo del Conde…

Jorge Fernández Mateos


El conde era un gran hombre muy agradable que vivía sólo con la compañía de sus sirvientes. Hacía algunos años había muerto su esposa y él no había vuelto a casarse. A pesar de no haber tenido hijos al conde le encantaban los niños. El conde se enteró que junto con el señor que arregla los carruajes habían llegado unos niños muy valientes y quiso conocerlos. Los invitó a la fiesta que iban a celebrar en el castillo dentro de unos días. Los niños encantados aceptaron la invitación del conde. El conde les sorprendió con unos bonitos regalos: un precioso

vestido

y

una

corona de princesa para Ara, trajes de príncipes para Adrián y Mario y un collar de piedras preciosa para Luna.

Llegó la noche de la fiesta en el castillo. Los niños se pusieron

sus

elegantes

vestidos y salieron. En la puerta les esperaba una bella carroza tirada por dos caballos. Los niños muy emocionados subieron y se dirigieron al castillo.


Allí todo era precioso. Había muchas luces, flores y montones de invitados que llegaban muy elegantes en sus impresionantes carrozas. Entraron en el salón y descubrieron enormes mesas llenas de ricos platos con comidas, bebidas y deliciosos postres. ¡Todo era maravilloso! - ¿Dónde estará el conde?-preguntó Adrián Estaban ansiosos por darle las gracias por su invitación y decirle lo bonito que era todo. El conde llevaba ya un rato observándolos y disfrutando de sus caras de asombro y de felicidad y se acercó a ellos saludándolos cariñosamente. - ¿Os gustaría ver otras partes del castillo?-preguntó el conde. - ¡ Nos encantaría!- Respondieron todos a la vez. - Bueno, pues primero comed y disfrutad de la fiesta y después os buscaré. El conde les enseñó el castillo y les explicó cómo se protegían con su foso sus torres y sus almenas. Fue fantástico. Le dieron las gracias por su amabilidad y regresaron en la misma carroza que habían venido. Cuando iban de camino, el mando con tanto traqueteo empezó a parpadear y …

Gisela Segura Díaz


… se vieron rodeados de bosques enormes y un bonito paisaje. De pronto, los niños escucharon a lo lejos a alguien pidiendo auxilio a la vez que Luna ladraba y les guiaba hacia él. Adrián, Ara y Mario corrieron para ver qué pasaba y se encontraron a un niño vestido con un atuendo más bien escaso y un turbante en la cabeza. El niño estaba al lado de un gran elefante tumbado y llorando. - Ara preguntó: ¿Qué te pasa? ¿por qué lloras? - El niño contestó: Mi elefante no puede moverse, algo le pasa. - Adrián dijo: No te preocupes, nosotros te ayudaremos. Los niños se acercaron hasta él y Ara observó que tenía una gran astilla clavada en su pata; -Tranquilos, dijo Ara dirigiéndose al niño y al elefante, es una pequeña astilla que con un solo tirón se soluciona; ¡mirad ¡ y en ese mismo momento se la enseñaba a todos. De pronto, el elefante se puso en pie y alzó la trompa emitiendo un gran sonido, dando las gracias a los pequeños. - Muchísimas gracias por vuestra ayuda, dijo el niño, Leo es muy importante para mí y para mi familia ya que él nos ayuda en el trabajo, al transporte de troncos y a nosotros mismos, sin él no ganaríamos algo de dinero para poder vivir. Por cierto, mi nombre es Marut. - ¿Marut? dijo Mario sorprendido, ¡Qué nombre más raro ¡ - Marut se empezó a reír; jajaja… significa brisa de viento, aquí en la India es muy común.


- ¿En la India? ¡Estamos en la India! exclamó Ara sorprendida y sin dejar de dar saltos, ¡Qué lugar más bonito! - ja, ja, ja… Marut reía. Venga, vamos a casa, allí comeremos algo de fruta y nos refrescaremos y así os presento a mi familia, subid todos en Leo, él nos llevará.

Leo, se agachó con mucho cuidado, de tal manera que los cuatro niños junto a Luna, que iba en brazos de Adrián, se pudieran subir en él y sentarse de la mejor manera para no caer. Y así, todos juntos se dirigieron al poblado donde vivía Marut…

Pedro Gutiérrez Gordillo


Al llegar al poblado Marut les presentó su hermana Shaila, que era quien le cuidaba. Les preparó una cena de rechupete. Adrián y Mario se quedaron enseguida dormidos después de comer tantísima comida. Ara no dejaba de mirar la frente de Shaila. Ese puntito rojo le llamaba mucho la atención y sentía curiosidad. Shaila le explicó que el “bindi” daba a entender que estaba casada. A la mañana siguiente Marut y Shaila les enseñaron el poblado. Luna no dejaba de saltar y olfatearlo todo.


- ¡Qué cosas tan bonitas! – exclamó Ara. - ¿Cómo se hacen?- preguntó Mario. - ¡Venid, venid!- les dijo Shaila. Os llevo a la cima del bosque y allí os lo explicaré todo. Al oírlo Luna dio un salto tan alto de alegría que se hizo un chichón con una rama de un árbol. Cuando llegaron a la parte alta del bosque vieron a muchos hombres talando árboles, que luego lanzaban río abajo. - El agua, les explicó Shaila, es nuestro principal medio de transporte para llevar los troncos hasta el poblado. Allí los elefantes nos ayudan remolcarlos para luego cortarlos y con el barro y la paja, fabricar las casas donde vivimos. -

¡Qué chulo! –exclamó Mario.

- ¡Anda! –gritó Adrián. Mirad cómo utilizan los mismos troncos a modo de ruedas, para moverlos hasta el río. - ¡Guau, guau! – ladró Luna. Todos salieron corriendo a buscarla, cuando de repente, la piel se les puso de pollo, al ver como un gran tigre de Bengala estaba a punto de devorar a su perrita …

Samara Morales Clemente


Adrián ante aquella situación cogió el mando y pulso un botón. Ara se puso muy triste, porque no se pudo despedir de Marut y Shaila, pero al mismo tiempo estaba muy contenta, pues el feroz tigre no se comió a su perrita Luna. Ara se quedó alucinada al igual que sus primos, Adrián y Mario, ya que fueron a parar a una gran ciudad, bastante bonita, donde pudieron observar, a pesar del poco tiempo que llevaban allí que la mayor parte de las personas se desplazaban en bicicleta.


- Mario, ¿sabes montar en bicicleta?- le preguntó su prima Ara. - No, todavía no he aprendido. Pero me gustaría mucho aprender. Aquí todo el mundo va en bicicleta y será muy divertido. – contestó Mario. Cuando estaban cerca del parque, conocieron a una niña, que se encontraba sentada en un banco, observando como el resto de niños aprendían a montar en bicicleta. Se llamaba Rocío, quien les preguntó que de dónde eran, que no los había visto antes por allí. Adrián y sus primos contestaron que eran de una ciudad muy lejana. Rocío comentó que la ciudad en la que se encuentran es Copenhague. Cuando se hicieron amigos, Rocío les prestó su bicicleta, para que Mario aprendiera a montar. Al principio se tambaleaba un poco, pero poco a poco, fue aprendiendo, aunque sufrió más de un porrazo. Rocío los llevó al museo de la ciudad, donde había una sala entera dedicada a la bicicleta, y como ésta había evolucionado, desde sus inicios hasta la actualidad. Los primos se quedaron alucinados al ver que las primeras bicicletas tenían las ruedas delanteras más grandes que las traseras. Tras finalizar la visita al Museo, Rocío los llevó a que participaran en una competición de bicicletas, que se iba a celebrar, pues allí en Copenhague, era muy habitual este tipo de competiciones. Pero cuando se encontraban colocados en la línea de meta……… Oh…… algo sucedió……….

Aarón Molina Cuadrado


Todos los chicos y chicas salieron de la meta, Luna corría detrás de ellos. Cuando llevaban dos kilómetros aproximadamente, Ara tuvo una pequeña caída. Al caer al suelo pulsó sin saberlo el mando, que llevaba en el bolsillo y entonces se volvió a repetir el mismo suceso. Aparecieron en un lugar totalmente diferente al anterior. Era un paisaje muy verde. Las montañas hacían forma de terrazas y el suelo estaba muy encharcado .Los chicos se asustaron un poco porque iban andando y el barro le llegaba por las rodillas. Tuvieron que coger en brazos a Luna. No tenían ni idea de donde se encontraban. De repente apareció un señor que se dirigía hacia ellos, un señor un poco bajito y sus rasgos eran orientales. El señor sorprendido preguntó a los chicos que hacían allí y ellos le contaron su historia y él se quedó muy sorprendido. Los chicos no dejaban de tener curiosidad de donde se encontraban. Entonces Adrián no dudó en preguntarle al señor donde estaban en ese momento. Y él les contestó que estaban en una plantación de arroz. Los chicos sorprendidos comentaron que nunca se imaginaba de donde salía el arroz. Era un inmenso terreno todo lagado de agua y barro. El señor les dijo: venid conmigo a asearos un poco y comer algo. Entonces vino con un carro tirado por una especie de toro.


Mario al ver a ese animal se asustó un poco y el señor le dijo que no se preocuparse que era un búfalo de agua adiestrado para labores del cultivo del arroz y para el traslado de un sitio a otro, que era animales muy nobles y muy apreciados por todos los habitantes de ese lugar. Entonces los chicos se quedaron más tranquilos.

Fueron a la casa de ese buen señor se quitaron el barro y comieron algo por supuesto un tazón de arroz, eran personas muy humildes pero muy acogedoras. De repente se fueron a descansar de la larga aventura y sucedió un misterioso suceso………

David Muñoz Collado


Empezó a caer una gran tormenta, con rayos, truenos y mucho viento. El hombre le dijo: -¡Rápido, meteos en el sótano de la casa! Tenemos que protegernos. Después de dos horas interminables metidos allí abajo, salieron fuera. Cuál fue su sorpresa al ver que todo el campo había desaparecido. Los niños muy apenados le preguntaron qué había pasado y el hombre les contestó que el agua se lo había llevado todo.

Los chicos decidieron quedarse allí y ayudar a esa gente a limpiar y a volver a plantar una nueva cosecha. Mientras plantaban ya se imaginaban esos campos otra vez verdes y frondosos. Decidieron que al día siguiente seguirían su camino pero antes debían descansar después de la dura jornada.

Alexandra Cidoncha Molano


Al despertar se encontraron en un prado con muchas plantas, hierba y árboles. A lo lejos se veían caballos, ovejas, vacas y muchos pajaritos. Luna, salió a correr y se puso a jugar. Cuando ven todo esto, se quedan pasmados y Mario dice: “¿Dónde estamos?” Adrian contestó: “No sé, pero sea donde sea, es precioso”. De lejos vieron a un hombre, que parecía que estaba tirando algo al campo. Se acercaron para hablar con él y preguntarle donde estaban y que era lo que estaba haciendo. Ara nada más llegar le dijo: “¡Buenos días!” Y el hombre le contestó: “¡Buenos días!, ¿Qué hacéis por aquí?” Entonces dice Mario: “¡Dando una vuelta!” El pequeño Adrián le dice al hombre: “¿Qué está haciendo usted?” Y el hombre contestó: “Estoy sembrando trigo” Mario le pregunta al hombre: “¿Dónde estamos?” El hombre les contesta: “Estáis en mis tierras, cerca de mi casa. Como es la hora de comer, si os venís os invito y así conocéis a mis hijos”.


Mario, Ara, Adrián y Luna siguieron al hombre hasta su casa, ya que tenían hambre. Por el camino, les empiezan a caer gotitas de lluvia. Era una buena tormenta, así que salieron todos a correr hacia la casa. En la casa a Luna le dieron un huesito para jugar y a los niños les puso de comer. El hombre les presentó a sus hijos y les contó que a veces le ayudaban en el campo, sobre todo en la cosecha y en el huerto, cuando iban a recoger: zanahorias, lechugas, tomates, y todo lo que daba la huerta. También le enseñaron un mulo que tenían y que les ayudaba en los trabajos del campo. Por la tarde, fueron todos a la huerta y …

Fernando González Sánchez


... recogieron muchas hortalizas y verduras. El hombre les pregunto que si querían plantar.  ¡Siiiiiii!, contestaron los tres.  Vale entonces coged una semilla, haced un agujero y enterradla. Así lo hicieron ayudados por los hijos del campesino. -¡Ugg, qué asco!. Algo se movía por el suelo. - No te quejes Mario, solo es una lombriz, dijo Ara.

Mientras el campesino, ayudado por el mulo, araba la tierra, Luna jugaba con algo que parecía una pelota. De repente, una nube de polvo envolvió a la perrita y ésta se puso a ladrar asustada. Ara la tranquilizó y Mario preguntó qué era esa nube. El agricultor le explicó que era un Pedo de Lobo. Los tres niños se quedaron pasmados. El señor sonrió y les dijo que era un tipo de seta. Los niños se rieron por el susto que se había llevado la perrita.


Cuando se hizo de noche, cargaron la cosecha en la carreta y, tirada por el mulo, se fueron a la casa del agricultor a cenar. Comieron liebre con una ensalada que prepararon con lo que habían recogido. Le pusieron lechuga, tomates, zanahorias, pimiento y pepino. También probaron un rico pan que el campesino hacía con el trigo que recolectaba.

A la mañana siguiente, el campesino les preparó unos deliciosos churros con chocolate para desayunar. Disfrutando del desayuno, Luna encontró el mando y, al morderlo ...

María Ossorio González


Todo cambió… Mario hablaba dormido y decía: - ¡Ya está mamá, no me beses más! Y reía jajaja. Ara, al oírlo se despertó y gritó: -

¡Adrián, Mario, despertad! Hay un enorme caballo con carreta y está lamiendo la cara a Mario! Mario se despertó y dijo:

- Ooooh, pensaba que era mamá. -

¿Dónde estamos?- preguntó Ara a unas personas que pasaban por allí.

- Estamos en Sevilla, ¿niños queréis venir con nosotros a dar un paseo en la carreta? Ellos muy emocionados aceptaron. Adrián, Ara y Mario preguntaron a esta pareja que si todavía utilizaban carretas.


Ellos dijeron que primero les iban a decir sus nombres. - Yo me llamo Pablo y mi esposa se llama Rosa y ahora os vamos a contar nuestra historia. Luna al escucharlo ladraba sin parar a lo que Mario dijo: -¡Mirad! Luna está feliz porque también va a escuchar vuestra historia. - Rosa dijo: niños en un trayecto de Sevilla a Cádiz nos enamoramos Pablo y yo. Ninguno de los dos teníamos trabajo y decidimos comprar un caballo y una carreta como la llamáis vosotros. - En realidad es un coche de caballos- dijo Pablo y lo utilizamos para montar a los turistas y enseñarles la ciudad. - Gracias a eso nos ganamos la vida- añadió Rosa- y es muy divertido ver la cara de la gente cuando el caballo se espanta con las moscas. - ¿Podemos subir, entonces? –preguntó Mario emocionado. - Desde luego.-contestó Rosa. Arriba todo el mundo. Hicieron un largo paseo por la ciudad y vieron unos monumentos preciosos y un río enorme. - ¿Cómo se llama este río?-preguntó Adrián - Es el río Guadalquivir por el que en la antigüedad navegaban barcos que traían las mercancías desde América- respondió Pablo. - ¡Qué emocionante!-dijo Ara

-

Valeria Donaire Vélez


Los niños les dijeron que su abuelo tenía una mula y un carro. Cuando hacía buen tiempo le ayudaban a enganchar la mula al carro, montaban y Luna corría detrás ladrando sin parar. Adrián, con la ayuda del abuelo, conducía el carro con las riendas por el camino que baja al río y se cruzaban con vacas y ovejas que estaban comiendo plácidamente la hierba fresca del prado. - Sí- dijo Ara- el abuelo siempre nos cuenta historias de cuando era joven y no había apenas coches. - Es muy divertido. En invierno saca un viejo trineo y nos deslizamos por la nieve. Jugamos a tirarnos bolas y luego nos calentamos junto a la chimenea.-recordó Adrián.

Víctor Ceballos García


Después de tantas experiencias y lugares visitados, Mario dijo: -¡Quiero volver a casa!, echo de menos al abuelo, a mamá y papá. Se hizo un silencio y Adrian dijo: -¡Ojalá supiéramos cómo! Yo también quiero volver. Ara fue a coger el mando, pero Luna la perrita la asustó dando un ladrido y se le cayó -¿Qué haces? -dijo Adrián -¡Solo quería coger el mando!- contestó Ara. Adrián se bajó del coche de caballos y cogió el mando. Todos miraban a Adrian esperando que al pulsar el botón volvieran a casa. Pero el mando ya no tenía luz verde, no hacía nada. - ¡Vuelve a pulsar el mando, Adrián! –dijo Ara - ¡Dame el mando, Adrián! – le pidió Ara. Ara le dio muchas veces a los botones del mando.

Y ocurrió algo...

David Conejero Rodríguez


Un ruido atronador despertó a los chicos. GRRRRRR! GRRRRRRR! De nuevo aparecieron en el sofá de su casa. Se habían quedado dormidos. ¡Todo había sido un sueño!. Su programa favorito había terminado y ahora un documental en la televisión decía así:

Los dinosaurios vivieron en la Tierra durante miles de años, pero no se sabe por qué desaparecieron. La desaparición de los dinosaurios es un misterio. Muy pocos animales prehistóricos han llegado a nuestros días. El cocodrilo es uno de ellos. Los dinosaurios dejaron en el suelo las huellas de sus patas.

FIN

Carlos Peña


Libro viajero montaje  
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