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Portada: Francisco Cosano Moyano

Impreso y hecho en Bormujos (Sevilla), en los talleres de Gráficas Moreno, S.L. Andalucía. España. MMXV Edición de 400 ejemplares del nº 83 de CUADERNOS DE ROLDÁN

EJEMPLAR Nº


A Fernán Núñez; A el pueblo que me vio nacer. A Y para todos aquellos que A con su arte lo engrandecen


FRANCISCO DE GOYA Familia del VI conde de Fernán Núñez. Siglo XVIII. 1787


FERNÁN NÚÑEZ A Fernando Serrano

A Fernán Núñez debo la agonía de haber ardido en flautas de campiña. Allí me arrebató la poesía un día, su cuello de oro y de cantiña. En Fernán Núñez vi que poseía eras de olor y edén. Que era una niña mi voz, que una garganta de armonía me arrasaba de son. Que en esa viña de amor y duelo hallé la fresca fresa de una tarde. Y que el aire, ya mordido, se derramaba en una fuente oscura, en un palacio rosa de duquesa, en un adagio rudo de alarido, en una altiva espiga, fuerte y pura. Vicente Núñez

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Juan Hidalgo del Moral


SONETO ÍNTIMO

Ni río ni arroyo. Ventogil sin prisas; pobre de corriente por su cauce breve, pasa cauteloso porque no se atreve ni a ofrecer el leve soplo de sus brisas. Atesora sus arenas lisas que después tributa henchido cuando llueve. Y ya sosegado, por su espejo leve lanzas pone el trigo y el árbol cornisas. Infantil riachuelo donde tantas veces hice en tus recodos natural piscina, enturbié tus aguas y cogí tus peces. Allá en “Carrillejo” de la enorme encina, mirador de siglos, verdor hecho preces, tribuna de un grajo con toga de endrina. Alfonso Yuste

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Paco Serrano


Para Paco Cosano “Y tiritan, azules, los astros a lo lejos” Pablo Neruda

Gira la savia, se riza la savia bajo la piel esférica de las aceitunas y su brillo se va combando con la ductilidad del vidrio cuando se sopla. Parecidas a planetas, flotan las aceitunas en el cielo cóncavo del olivo y todo es un tiritar de astros en la noche pequeña del árbol, en el círculo de las horas, tan redondas, de la primavera. Salvador Compán

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Facomo


EL PALACIO

Revestido con túnica de seda, subías por la amplia escalinata de piedra decadente, mármol frío. Hablábamos de amigos. Parecías, contemplando los oscuros cuadros, descendiente directo de los nobles que habitaron estos tristes muros. Bajamos al jardín. Por los pasillos, en las tardes de siesta sombreados por las altas palmeras y los nísperos, hablabas sin cesar. Nos detuvimos ante un busto de mármol, Roma antigua, rescatado del fondo de esta tierra que aprisiona tu grito en sus entrañas. Rompió inoportuno el camarero este utópico sueño. Por la calle. pasaron unos jóvenes. El vino nos devolvió al presente que rehusamos. En las viejas fachadas centenarias el tiempo había grabado su poema. Una mano nos salvó del miedo. Fernando Serrano —14—


Antonio Luis Cosano Jurado


A Paco mi amigo y colega del arte por el arte

Luz Ráfaga de luz, imagen de manos trasluz del otro. Paco Cosano Rafael Becerra

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Juan Vicente Zafra


UNIÓN CINEMA

Nosotros, los de entonces, no sabíamos besar. Tuvimos esforzados maestros. Y alumnos aplicados, sacábamos la entrada a la función de cine de las siete, por la módica suma que mi madre asignaba a la berza del cocido. Eran ciegos los besos en la última fila de nuestro territorio, aquel al que llamaba Paraíso con gran solemnidad la taquillera. Te besaban con ansia como quien lleva un lustro de sed en la garganta y había que bregar para no perecer por causa de la asfixia. Gran peligro de ahogo, como mandan los cánones de la pasión y de la clandestinidad. Y hasta hubo quien consiguió cum laude en artes amatorias. Pocos besos más dulces que los besos robados a la luz vacilante del cinemascop. Mientras Bogart pensaba –el muy ingenuo– que siempre les quedaría París, nosotros, los de entonces, hacía tiempo que habíamos asaltado la Bastilla. María Rosal —18—


Justo Girรณn


CANCIONES DE GIRASOLES

Gruñe un perro y su ladrido se pierde en el silencio de tus plazas. Al fondo, pasos que regresan. Sale el sol, empujando, con él, la noche. La luna llena se resiste a ser exiliada y permanece, desafiante, en el cielo de la mañana. Campiña verde de Ulia, pronto, el sol, amarilleará tu trigo. –como antaño en tiempos de Julio César–. Pronto, el calor, incendiará tus cielos. Sobre tus tierras otrora moriscas el viento golpea y amplifica el coro de los girasoles: Canciones de caballeros. El tiempo se detiene en tus calles. ¿O es una simple licencia poética? Amanece sobre ti, Fernán Núñez. El día nos volverá a hablar de chicharras. Rafa Castaño —20—


Fernando Serrano Villegas


CANTOS DE ABÉN TOGIL

Muda niebla se levanta durante el conticinio del reposo sagrado. Entre las lomas de Ulía. Junto al lecho del gran río la noche extiende sus dominios y suena el aire al rozar los helechos escarchados. Cruje el musgo como un encaje de muslos rizados o filigrana de lino íntimos en silencio. Oh dioses. Nadie podría presentir tanto espanto tanto dolor agazapado… La aurora se acerca con su presagio de lanzas. Fuego. Suena la antífona en el valle de la luz. Miguel Ángel Toledano —22—


Manuel Claro Juan


EL SEMBRADOR

Recordar en este gesto quieto de la estatua es ir al gesto vivo: el juego de la espalda y la cintura al ritmo del brazo dibujando en el aire la grácil dirección de la simiente que conocen tan bien las yemas de los dedos, extensión de la carne bruñida en el acero de las estaciones con el alma guardada en un silencio. (Horizonte de destinos parejos tierra y hombre fiados a la luz con la verdad del pan o el astro) En este hoy y en esta geografía de lomas suaves por donde el agua busca su escritura, reconozco la dignidad del vínculo, brújula lunaria… permeable, anunciadora… Rosario F. Cartes

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Adela Agudo


TERRA ALBA (Fragmento) Alrededor de mí, vaya donde vaya, nieva

Aquellos tiempos, tuyos y míos, cuando las piedras señalaban los lustros y la única estación era nazarena, bordada en oro, cárdeno el compás, Dios mismo cruzando en su repetido destino la Plaza de Armas. Los pasos que tú contabas, detenidos frente a Santa Escolástica, el fantasma de Goya, caídos hacia el descenso suave de Los Caños Dorados. La oración frente a las palmas abiertas, la esperanza de torear la suerte y matar también al demonio, egoístamente mío. Las horas que no pasaban por ti, velado por la campiña. Las horas que, como aves carroñeras, lamen, en estos áridos kilómetros, las heridas que tú dejaste. … Me pregunto si asarás un cabrito cuando vuelva ésta que te dejó, si apagarás la zarza ardiente de tu recuerdo y me acunarás tras pasar el Calvario, no aquél alba que domina la campiña, sino éste, el de permanecer alejada de la madre tierra para darme a otros brazos que nunca entenderán por qué lleno de jazmines los quicios de todos los lechos que me han vivido. Poda el sarmiento anciano, únelo a la urea, al trigo ahijado, dispón la mejor carne. Cuando las campanas de Santa Marina den las dos y todo esté preparado, abrazarás a la hija pródiga. Y ésta ya, por fin, podrá descansar. Carmen Garrido —26—


Juan MarĂ­a Vargas


TARDE de LLUVIA en SANTA MARINA

Me invade la tristeza en estas horas grises de espíritu apagado y corazón dormido. El llanto de las nubes, en la tarde de pueblo, estremece mi alma y aquilata el silencio. La procelosa lluvia me trae con su sonido recuerdos de otros tiempos, personas que partieron. Marina en su atalaya impasible vigila el paso de la vida, los ecos cotidianos. Rememoro otra lluvia, los charcos del Paseo, los días ya lejanos de la niñez perdida. A su mágico ritmo, me abruma la nostalgia y evoco los naranjos, los juegos, los amigos. Joaquín Marín Almenara —28—


Jacinto Lara


A mi primo, Paco Cosano de Ulía

¡Qué alegría! Dejar sin huevos el nido de la pájara loca de la Poesía. Cosaria vas y vienes, ilusiones vendes y cobras dolores, de noche, de día. El Conde de Casa-Padilla

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Carmen Mogollo


A LA VILLA DE FERNÁN NÚÑEZ

Villa Ducal, donde la diosa Ceres derrama sus tesoros más preciados, tus hijos son robustos y esforzados, son bellas y gentiles tus mujeres. Tu cielo azul, alegre y transparente, tus campos de esmeraldas esmaltados y de olorosas flores alfombrados, semejan un paisaje sonriente. Te duermes arrullada por las ondas del Ventogil, arroyo cristalino que a tus floridas huertas riega ufano. Y allí bajo el misterio de tus frondas te canta un himno un pájaro divino, cálido cual las siestas del verano. Cristóbal Romero Real

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Tony Soto


FERNÁN NÚÑEZ

Tierra de voluntades y cobijos, de sangre sin pulir y centenaria. Cada aurora musita una plegaria versada en la nobleza de tus hijos. Tu Ventojil suspira entre cortijos. La agonía de El Palacio es temeraria... El barroco en tu Iglesia luminaria muestra entre amor y fe sus regocijos. Tus fuentes cristalinas dulcifican la sementera en su latir soñado. Y El Calvario, de centinela errante, alardea del orgullo que predican las esculturas que ofrenda tu Ducado dando la bienvenida al visitante. Calixto Torres

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Juan RodrĂ­guez Ortega


A Vicente Núñez

Entre la intensa niebla huíamos… Al declinante cuello de la tarde… Sobre cuyas pestañas… Copiosamente habrá llovido… Y todo se hace mágico… Cosa dulce y tuya… Cuando noviembre llega… Mis pétalos lo cubren… Arrasados de lágrimas… Porque te quiero inmensamente todavía… Manuel Rámila

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Marian Pantoja


EL CONDE DE FERNÁN NÚÑEZ

Al conde de Fernán Núñez Goya lo tiene pintado con capa larga, bicornio y buena planta de majo. No es fácil llegarse al duque, porque lo tiene guardado una colección privada y se ve de vez en cuando. Pero si lo que queremos es admirar otros cuadros que el duque se los dio a Wellington cuando derrotó al gabacho habrá que ir hasta Londres, que allí los tienen colgados. Aparte de tramitar el expolio mencionado el duque fue embajador del séptimo rey Fernando e hizo gestión en París para que vinieran raudos los cien mil hijos de puta que de San Luis se llamaron. Y ahora mírelo usted…, ¡Qué bien plantado, qué guapo! con esos fondos desvaídos que Goya pone en sus cuadros, con esa cara tan pícara y ese gesto tan simpático, ¡qué buena estampa del duque es la que nos ha quedado! ¡Qué redomado canalla! pero, oiga…, ¡qué bien pintado! Francisco Núñez Roldán —38—


Paco Cosano


PUEBLERINAS I

¡Puerta de la Villa! Por donde entraban los carros que de Córdoba venían. Plena de cales y sol hueles a juncia y campiña, a canciones y leyendas antiguas. Tu calle es blanca y abierta lo mismo que una sonrisa. II Tras la Cuesta del Espino la hacienda de Santa Rosa, Torrebadén y el Pardito. Luego la cuesta “Zorreras”, el arroyo Aben-Tojil y al final, sobre una loma, el pueblo donde nací. –Mi corazón se desborda. Bartolomé Almenara Laguna —40—


Alfonso Berral


A los emigrados forzosos

Varios años han transcurrido desde entonces y si, esperanzado y andrajoso Ayer se fue, Mañana no ha llegado. La tierra sigue aquí sometida a la ley inexorable del capitalismo. Lejos tú de ella en años de infausto recuerdo, con maletas de cartón piedra atadas con cuerdas ibas a Alemania de “Gastarbeiter”, dejando atrás mucho más que a una familia. ¿Y hoy…? Ahora vas con títulos universitarios en una maleta de piel, cuando el futuro se hace presente y el presente pasado. Estamos desahuciando la razón, vamos a pagar caro los años de miedo hirsuto, y la ominosa facilidad que nos [invade. Una coda: Enfermos todos de un mal incurable, frustrados todos, todos mutilados. ¿Cómo podemos restablecer la paz, la plenitud, el sosiego en el interior de los corazones? Manuel Castillo Martos

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José Ramón Vaca


FERNÁN NÚÑEZ

Fernán Núñez vestía cota de malla: su pueblo laboraba la tierra en calma. Fernán Núñez, señor de horca y cuchillo, gobernaba la gleba desde el castillo. Fernán Núñez, de noche capa y espada: los siervos al arado al rayar el alba. Fernán Núñez, peluca, banda y blasón: la gente trabajando de sol a sol. Fernán Núñez al óleo con bastón y levita y posando en la foto en Hispano-Suiza. ¿Dónde está Fernán Núñez este año de gracia? En los bancos, seguro, y tras la burocracia de manijeros listos que ahora llaman la casta. Carlos Abadía —44—


Antonio Agudo


SI DE MÍ DEPENDIERA

Si de mi dependiera, de ayer retendría: la imagen del pueblo que se pierde; con las puertas abiertas; las vecinas en la acera; después sus calles limpias, desiertas, empinadas… La procesión de luces en la distancia. Las huertas a la izquierda, donde de niña bañaba, jugando, los pies en el agua de la alberca y tomaba los frutos maduros en la calma siesta dorada. ¡Qué olores bajo la higuera! ¡Qué dulces los días de la inocencia! Ahora cada día miro curiosa la sombra pasajera en las lomas de la Campiña, que como olas de tierra esperan, la mirada sorprendente de esta viajera. ¡Qué regalo de verdes, de azules, de blancos abiertos! ¡Qué anclajes de tonos oscuros sobre la tierra! Y allá, lejos, limitando la espera,… otra vez azules y verdes: la Sierra. Las nubes cruzan, navegantes, la esfera, coronando los días de esta asidua viajera, que mientras vuelve a casa, sueña. Catalina Jaén —46—


María José Barco


EL TIEMPO LLEGA Para Jara

Bajo un sol mortecino, la primavera llegó a tu ventana y acarició con sus dedos el verde delirio de los naranjos en la fría piel de la mañana. Ah y en la mitad del verano, todos lo sabrán, lo saben todos, sucederá que tras una noche de luna intranquila y roja, con una nueva luz, una nueva voz inundará tu casa. José María Bedoya

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Domingo JimĂŠnez


LAS FUENTES

Los vencejos de la luna dañan el alba de nieve con sus picos de cerezo brillantes como el aceite. En los remansos de plata de los arroyos calientes, libélulas zumbadoras bañan sus alas y vientres. Las fuentes son balnearios donde todos se divierten: los seres imaginarios y los quiméricos seres. Juan Velasco

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Alfonso Tejederas


OLVIDO

No recuerdo tus ojos, ni tu voz, ni tu cuerpo. He olvidado tu risa, tus caricias, tu aliento. Olvidé tus palabras en cada breve encuentro y olvidé los lugares donde te amé en secreto. No te añoro en la noche, no te lloro en silencio, no repito tu nombre ni recuerdo tus besos. Pero cada mañana, cuando se aleja el sueño regresa a mi memoria tu nombre como un eco. Concha Ortega

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Rafael Campanario ArgĂźelles


RINCÓN ANDALUZ

Junto a la iglesia hay un arco que se engalana en la feria y su sombra es como un beso en las horas de la siesta. En ese rincón soñé y canté por vez primera con el pasional estilo de los cantes de mi tierra. Cante a aquellos ojos negros de aquella niña morena siempre tan lejos de mí por sus fanegas de tierra. Desde entonces fue mi canto de coraje y de protesta por un mundo que no hacía si no cerrarme las puertas. Hoy que te he vuelto a encontrar quiero que conmigo vuelvas a ese rincón andaluz donde te hice un poema. Emilio José —54—


Juan Lรณpez Delgado


Para encontrar el lugar de las palabras tenemos primero que desenterrar las respuestas donde nunca hubo despedidas. ¿Pero cómo encontrar lo que buscamos cuando el vacío está lleno de tierra? Ganarle tiempo al tiempo, es lo que me preocupa, para que llenéis el olvido con las vuestras. Carolina Abadía

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Teresa MartĂ­nez


TARDE EN LA CAMPIÑA

Una canción se ha quedado rota sobre el calcinado paisaje de la campiña. (Es verano y todo arde en la quietud de la tarde. Otra canción hace alarde en los labios de una niña). Yo vago por los caminos y hablo con los campesinos de sus luchas y trabajos. (Por el horizonte asoma volando sobre una loma una pequeña paloma. Vuela que vuela muy bajo). El sol se pierde a lo lejos con vivísimos reflejos. El pueblo despierta y canta. (Sueño y sol. Cansancio y vida. La paloma vuelve herida. Y en mi corazón, prendida, la tarde se me trasplanta). José Ortega Torres —58—


Bernardo Miranda


CUENTOS DE PANGEA Para Ana Alcaide

Escucho el amanecer de un canto nuevo y me columpio en el zumbido armónico de la flauta que se mece por mis adentros. En la voz que me raja las entrañas, tras la denuncia de los pueblos que vagan sin más rumbo que el del amor infinito, me abro para mejor entender la balada que atomiza los aires. Gritos y saltos de arpegios como pájaros en la libertad de los ramajes orientales. Golpes sordos para abrigar los cuerpos desnudos de las hembras en flor y en los gineceos que aroman el vientecillo que pulula por la espesura de los bosques. Cuánto de miel por la vía del pentagrama, cuánto calor desparramado entre las manos que tejen la locura de los sonidos que anidan en los corazones suspendidos y ondean el ritmo de la vida, cuánto de belleza infinita, cuánto y cuánta libación. Me embarazo de tu música y no consigo el despegue que me acaramela la velada de tu voz. Jesús Solano —60—


Carlos Becerra Luna


Osorno


ESCRIBEN Vicente Núñez . . . . . . . . . . . . . . . . Alfonso Yuste . . . . . . . . . . . . . . . . . Salvador Compán . . . . . . . . . . . . . . Fernando Serrano . . . . . . . . . . . . . . Rafael Becerra . . . . . . . . . . . . . . . . María Rosal . . . . . . . . . . . . . . . . . . Rafa Castaño . . . . . . . . . . . . . . . . . Miguel Ángel Toledano . . . . . . . . . Rosario F. Cartes . . . . . . . . . . . . . . Carmen Garrido . . . . . . . . . . . . . . . Joaquín Marín Almenara . . . . . . . . El Conde de Casa-Padilla . . . . . . . . Cristobal Romero Real . . . . . . . . . . Calixto Torres . . . . . . . . . . . . . . . . Manuel Rámila . . . . . . . . . . . . . . . . Francisco Núñez Roldán . . . . . . . . Bartolomé Almenara Laguna . . . . . Manuel Castillo Martos . . . . . . . . . Carlos Abadía . . . . . . . . . . . . . . . . . Catalina Jaén . . . . . . . . . . . . . . . . . José María Bedoya . . . . . . . . . . . . . Juan Velasco . . . . . . . . . . . . . . . . . . Concha Ortega . . . . . . . . . . . . . . . . Emilio José . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Carolina Abadía . . . . . . . . . . . . . . . José Ortega Torres . . . . . . . . . . . . . Jesús Solano . . . . . . . . . . . . . . . . . . —63—

8 10 12 14 16 18 20 22 24 26 28 30 32 34 36 38 40 42 44 46 48 50 52 54 56 58 60


PINTAN Juan Hidalgo del Moral . . . . . . . . . Paco Serrano . . . . . . . . . . . . . . . . . Facomo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Antonio Luis Cosano Jurado . . . . . Juan Vicente Zafra . . . . . . . . . . . . . Justo Girón . . . . . . . . . . . . . . . . . . Fernando Serrano Villegas . . . . . . . Manuel Claro Juan . . . . . . . . . . . . . Adela Agudo . . . . . . . . . . . . . . . . . Juan María Vargas . . . . . . . . . . . . . Jacinto Lara . . . . . . . . . . . . . . . . . . Carmen Mogollo . . . . . . . . . . . . . . Tony Soto . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Juan Rodríguez Ortega . . . . . . . . . . Marian Pantoja . . . . . . . . . . . . . . . Paco Cosano . . . . . . . . . . . . . . . . . Alfonso Berral . . . . . . . . . . . . . . . . José Ramón Vaca . . . . . . . . . . . . . . Antonio Agudo . . . . . . . . . . . . . . . María José Barco . . . . . . . . . . . . . . Domingo Jiménez . . . . . . . . . . . . . Alfonso Tejederas . . . . . . . . . . . . . . Rafael Campanario Argüelles . . . . . Juan López Delgado . . . . . . . . . . . . Teresa Martínez . . . . . . . . . . . . . . . Bernardo Miranda . . . . . . . . . . . . . Carlos Becerra Luna . . . . . . . . . . . . Osorno . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . —65—

9 11 13 15 17 19 21 23 25 27 29 31 33 35 37 39 41 43 45 47 49 51 53 55 57 59 61 62


Fernan Nuñez  
Fernan Nuñez  
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