Page 1

MÂŞ Consuelo Malfaz Conde


Se acercaba la Pascua del Año del Señor 1150. Nuestra inquietud iba en aumento a medida que se acercaba el día de nuestra partida hacia tierras tan lejanas. Un gran desasosiego se iba apoderando de nosotros, no sabíamos que dificultades y penurias habríamos de pasar hasta alcanzar nuestra meta: Santiago de Compostela. Las noticias que traían los peregrinos que ya habían hecho la romería no eran nada tranquilizadoras, algunos habían enfermado antes de llegar, otros habían sido robados o engañados, pero nosotros teníamos muchas esperanzas puestas en el Señor y en el Apóstol; ellos nos darían las fuerzas necesarias y velarían por todos nosotros durante la peregrinación. Así pues, llegado el día de nuestra partida nos dispusimos a escuchar misa y recibir las bendicio-


nes del prior de la catedral de Saint Etienne, en Cahors, nuestro punto de partida. Las primeras jornadas transcurrieron con relativa facilidad. Nuestro séquito iba presidido por la Condesa Matilde de Artois; junto a ella varios caballeros, damas, clérigos y gente de toda condición que viajábamos a Santiago por diferentes motivos: cumplir una promesa, pedir algún favor al santo, venerar el sepulcro del Apóstol... Las caballerías que llevábamos nos permitían descansar en algún tramo de cada jornada y las inclemencias del tiempo no estaban resultando demasiado duras. Las primeras dificultades las sufrimos al atravesar los Pirineos. Montañas sinuosas se iban sucediendo por senderos angostos y empinados que nos resultaban interminables... Por fin, descendiendo por el Puerto de Ibañeta llegamos a Roncesvalles, punto de confluencia de varios caminos donde coincidimos con multitud de peregrinos, llegados de lugares muy diferentes. Descansamos en


el Gran Hospital, donde, a pesar de la gran afluencia de peregrinos, nos atendieron con esmero. DE RONCESVALLES A PAMPLONA Caminamos siguiendo el curso del río Arga, el cual nos vimos obligados a cruzar en varias ocasiones por puentes de piedra que nos facilitaron la marcha. Cruzando por uno de ellos, La Magdalena, subimos a la ciudad de Pamplona que nos acogió en el Hospital de San Miguel donde nos ofrecieron una ración de pan y un plato de legumbres. Ya atardecido nos dispusimos a conocer la ciudad, deteniéndonos en su bella catedral para oír misa.


DE PAMPLONA A ESTELLA Abandonamos Pamplona por la Puerta Taconera buscando el camino hacia Occidente. Pasamos por Puente la Reina y la cruzamos por su Rúa Mayor, a cuyos lados se ofrecían toda clase de servicios para los peregrinos. Iglesias y hospitales se sucedían acompañados por el redoble de las campanas.

Al atardecer atisbamos la llamada Toledo del Norte, Estella, uno de los grandes hitos de la ruta jacobea. Varias son sus iglesias, pero nosotros nos dirigimos a Nuestra Señora del Puy, muy venerada por todos los francos. Continuamos hasta el Monasterio de


Irache donde pernoctamos. El queso y vino que nos ofrecieron resultó de lo más reconfortante. DE ESTELLA A NÁJERA A la mañana siguiente continuamos por caminos llenos de olorosos espliegos. En Estella pudimos contemplar bellas casas solariegas que nos hablaban de la importancia de esta ciudad jacobea. En Logroño visitamos algunos conventos de monjas y frailes y deambulamos por sus calles. Es una bonita ciudad, situada en un llano y rica en todo tipo de víveres y servicios. Llegados a Nájera pudimos conocer las hazañas que aquí tuvieron lugar entre el poderoso Ferragut y el valeroso Roldán. Descansamos largo y tendido en el Hospital de Santa María la Real.


DE NÁJERA A BURGOS Nuestro camino nos llevó hasta Santo Domingo de la Calzada. Accedimos al pueblo cruzando el Río Oja por el puente consturido por el mismo Domingo de la Calzada. En el pueblo nos contaron las muchas obras y milagros que había realizado el Santo. Seguimos nuestra andadura y caminando entre tierras de labor fuimos dejando atrás La Rioja,. El camino cada vez se hacía más duro y accidentado, Los Montes de Oca se nos presentaban peligrosos por la cantidad de bandidos que nos habían contado que circulaban por ellos. Yo me encomendé al Apóstol. Por fin La Iglesia y el Hospital de San Juan de Ortega nos anunciaban nuestra llegada al poblado fundado por el Santo,


Juan de Ortega, gran promotor del camino. Continuamos camino hacia Burgos. En su Hospital de San Juan pudimos disfrutar de una de nuestras mejores cenas: el pescado y el potaje estaban exquisitos. DE BURGOS A FRÓMKISTA Al abandonar Burgos pudimos ver que era una ciudad que se encontraba en plena expansión. Pasamos por Castrojeriz donde su Castillo parecía velar por la seguridad del camino. Cruzamos el río Pisuerga por el Puente de Fitero.

Llegados a Frómista nos dirigimos al Hospital que estaba situado junto a su Monasterio y rezamos una


oración. Aquí pudimos asearnos y curar nuestra heridas, que ya eran muchas. DE FRÓMISTA A SAHAGÚN Desde Frómista el camino discurre por terreno llano, cómodo para el peregrino. . Cruzamos Carrión de los Condes, una población con numerosas iglesias, ermitas y conventos. Nos detuvimos en San Zoilo, uno de los Monasterios más importantes de los que ha-

bíamos visto hasta entonces. Atardecía ya cuando llegábamos a la población de Sahagún. Nos encaminamos al Monasterio de los Santos Primitivo y


Facundo a venerar sus reliquias. Pernoctamos en la

Abadía benedictina, donde fuimos recibidos amablemente por sus monjes. DE SAHAGÚN A LEÓN Pasado el Burgo Ranero nos encontramos un peregrino gravemente enfermo, al cual socorrimos llevándole a la Casa de Peregrinos de Mansilla de las Mulas. Nuestros pasos nos llevarían a la ciudad de León, donde visitamos el venerable cuerpo de San Isidoro, obispo que ilustró a los españoles con sus importan-


tes escritos. Recorriendo sus calles, vimos que León era una importante urbe donde existía un floreciente comercio y gran cantidad de iglesias. Nos alojamos en San Froilán, siendo bien atendidos por los hermanos hospitalarios que nos invitaron a una ceremonia religiosa en la que nos lavaron los pies a todos los peregrinos que asistimos a ella. DE LEÓN A RABANAL DEL CAMINO Al dejar atrás León, seguimos nuestro peregrinaje hacia el Oeste. Nos llamó la atención el gran tránsito que había al llegar a la población de Astorga, cruce de caminos Norte-Sur, Este-Oeste. Ciudad episcopal que cuenta con una importante catedral.


Nos adentramos en la Maragatería leonesa y llegamos a Rabanal del Camino, el final de nuestro recorrido. En su calle principal encontramos un Hospital de Peregrinos donde descansamos. DE RABANAL DEL CAMINO A VILLAFRANCA DEL BIERZO Con la llegada del día ascendimos hasta La cruz de Ferro y dejamos constancia de nuestro paso por allí

tirando una piedra como hacen todos los peregrinos y cogimos otra como recuerdo. Descendiendo llegamos a Ponferrada, importante ciudad medieval. Dimos culto a su patrona, Nuestra Señora de la Encina y nos


alejamos dejando atrás su grandioso Castillo de los Templarios. Discurriendo por campos muy ricos en trigo, vides y frutales llegamos a Cacabelos y Villafranca del Bierzo, el final de nuestra jornada. DE VILLAFRANCA DEL BIERZO A TRIACASTELA Iniciamos nuestro camino entre bosques de castaños y robles. Pronto el camino se iba haciendo más y más

costoso a medida que ascendíamos por el puerto de Pedrafita. Nos adentrábamos ya de lleno en Galicia, y el paisaje se nos presentaba de un verde intenso y


de claras fuentes y ríos. Una breve parada en el Monasterio de O Cebreiro nos sirvió para reponer fuerzas. Subimos hasta el Alto del Poio y desde allí fuimos descendiendo hacia el valle. A lo lejos contemplamos el pueblo de Tricastela. Pronto llegaríamos a San-

tiago. Nos hospedamos en San Pedro cenando un sabroso trozo de pescado y vino. DE TRICASTELLA A PALAS DE REY Nuestro camino nos llevó hasta el Monasterio benedictino de Samos y tras cruzar varios poblados pequeños llegamos a Sarriá. Visitamos la iglesia del


Salvador y proseguimos hasta Portomarín donde hicimos una breve parada para oír misa en la Iglesia de San Nicolás. Continuamos subiendo hasta el Alto del Rosario. Desde aquí pudimos ver en la lejanía el Pico Sagrado de Compostela. Nuestra satisfacción fue tan grande que nos detuvimos a rezar el Santo Rosario. Descendiendo por una suave pendiente llegamos a Palas do Rey. Nos dirigimos a su Hospital donde descansamos. DE PALAS DO REY A SANTIAGO DE COMPOSTELA Emprendimos esta última etapa de madrugada y con la alegría de quien ya alcanza su destino con la mano. Atravesamos las poblaciones de Lebureiro, Mellid y Castañeda, paramos junto al río Labacolla y


aprovechamos para asearnos y lavar nuestras ropas. Queríamos presentarnos ante el Apóstol con nuestro mejor aspecto. Tras una pequeña subida llegamos al Monte do Gozo, la vista de la ciudad de Santiago desbordó nuestra alegría. Y cantando el Te Deum llegamos hasta la Iglesia de Santiago. La gran afluencia de peregrinos hizo que nuestra espera se alargara. Por fin, llegando ante el sepulcro, oramos e hicimos nuestras rogativas. Nuestra emoción era tan grande que todos los que allí estábamos nos fundimos en un gran abrazo colectivo. FIN

Diario de una peregrina a Santiago  

Diario por etapas de una peregrina a Santiago