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EL HERALDO DE MÁLAGA MIÉRCOLES 28 DE ABRIL DE 2014

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MEDIO AMBIENTE

Cazar o pasar hambre

Los primates constituyen una de las especies más capturadas en las selvas tropicales de América, Asia y África WIKICOMMONS

La caza excesiva está socavando la diversidad biológica de los bosques tropicales a un ritmo alarmante. Pero las especies autóctonas dan de comer a miles de personas. El mundo se enfrenta al desafío de conservar la naturaleza y evitar una catástrofe alimentaria en zonas de alto crecimiento demográfico. José Luis Martín Checa

MÁLAGA

Unos 500 millones de mamíferos son consumidos cada año en la cuenca del Congo en África. Son cuatro millones de toneladas que no parecen suficientes para saciar el hambre en las zonas tropicales. La caza de mamíferos silvestres supone el sustento de miles de personas, pero es también un peligro para la diversidad biológica. La creciente presión cinegética podría aniquilar a decenas de especies. No solo la pérdida de diversidad se consideraría irreparable, sino que su desaparición podría condenar a varias regiones al hambre. Por otro lado, si se mantiene el número de capturas actual, las especies se verán igualmente abocadas a la extinción. Nos encontramos ante un problema biológico y a la vez político, puesto que afecta a la suficiencia alimentaria del futuro. Juan Mario Vargas, investigador de la Universidad de Málaga, no duda en referirse a esta cuestión como “extraordinariamente compleja”. El científico forma parte de un grupo de investigación que realiza un seguimiento de este problema desde hace varios años. En la primavera de 2013 publicaron un artículo en la revista Ecosiste-

mas, titulado Reflexiones sobre el impacto y manejo de la caza de mamíferos silvestres en los bosques tropicales, en el que analizaban las causas y consecuencias de la sobreexplotación cinegética en las selvas tropicales. Pero para conocer mejor esta cuestión, deberíamos remontarnos en el tiempo para saber cómo llegamos a esto. Los seres humanos siempre

En Vietnam han desaparecido 12 especies de grandes mamíferos en los últimos 40 años

han cazado para obtener alimento. La cinegética cobra más importancia en zonas donde la agricultura y la ganadería son actividades de alto riesgo o totalmente inviables, como sucede en las zonas tropicales. Sus habitantes llevan milenios obteniendo alimento de las especies que poblan sus alrededores. Son cazadores y recolectores por naturaleza. El problema surgió hace algunos años, con el considerable incremento de la demografía. Este hecho generó una mayor demanda de alimentos. Fue aquí donde entró en juego la codicia humana, como apunta Vargas: “Estos pueblos

hacían acopio de alimentos hasta que tenían suficiente, cuando llegaban a este límite, paraban. Pero cuando se dieron cuenta de que podían vender los excedentes, el límite de saciedad dejó de existir”. La caza pasó a ser entonces una actividad económica que permitía el sustento de las clases más desfavorecidas. La posibilidad de combinarla fácilmente con la agricultura y los bajos riesgos que comportaba ayudaron a su generalización. La pérdida de diversidad comenzó a notarse en los bosques asiáticos hace 40 años. En ese tiempo se han extinguido unas 12 especies de grandes mamíferos en Vietnam, según indican los investigadores. Por áreas geográficas, la cuenca del río Congo en África es la que se encuentra en una situación peor. La menor densidad forestal y su elevada demografía han puesto a la mayoría de las especies al límite. Suramérica se encuentra en mejor estado, gracias a su baja densidad de población. Sin embargo, los autores de la investigación advierten de que si no se toman medidas, en 10 o 20 años su fauna podría diezmar de forma

Bosques bien conservados, pero sin animales Deforestación. Cambio climático. Desertificación. Son solo algunos de los problemas que nos afectan y que también sufren los bosques. A todos los anteriores podría sumarse uno más: el síndrome del bosque vacío. El investigador de la Universidad de Málaga, Juan Mario Vargas, define este término como “una masa forestal que en apariencia está bien conservada, pero en la que hemos esquilmado todas las especies que lo habitan. Sería como una casa sin moradores”. La ausencia de las especies que pueblan los bosques firmaría su acta de defunción. ¿El porqué? Los animales se encargan ARCHIVO de polinizar las plantas y mantener vivo el entorno. Si desaparecen, las selvas comenzarían a perecer de modo paulatino. El impacto sería menos visible que si se tala o se quema; pero el resultado, el mismo.


EL HERALDO DE MÁLAGA MIÉRCOLES 28 DE ABRIL DE 2014

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MEDIO AMBIENTE LAS CLAVES

579 millones

La cifra de animales que son consumidos al año en la cuenca del Congo

470

El número de especies que se cazan en los tres continentes. 83 de ellas se hallan amenazadas.

68%

El porcentaje de carne de caza que termina en los mercados públicos en África, según la investigación. exponencial. El sureste asiático atraviesa los mismos problemas. Asia se ha convertido en un mercado global a gran escala, donde las especies amenazadas son las que más cotizan. Juan Mario Vargas asegura que el auge económico de China ha repercutido de manera negativa en la diversidad del continente: “Un compañero hizo un recorrido por la selva y no vio un ave en 1.500 kilómetros”.

Qué cazan Los investigadores estiman que 579 millones de mamíferos son consumidos cada año tan solo en la cuenca del Congo. Esto se traduce en cuatro millones de toneladas de carne de caza. Entre las presas, la mayor parte de los animales cazados son aquellos que superan uno o dos kilogramos de peso. Se calcula que unas 470 especies son capturadas, de las que el 18% se encuentran en peligro. Los primates constituyen la especie más capturada, especialmente en Suramérica, con más de 100 especies de un total de 248 que son cazadas en los tres continentes. De estas, 70 están amenazadas. Algunas, como el langur de cabeza dorada, el gibón de cresta negra oriental o el gorila de Grauer, sobreviven a duras penas. El último informe sobre las 25 especies de primates más amenazadas, elaborado por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, cifraba la población del langur en unos 60 o 70 ejemplares, mientras que el gibón ascendía a los 110. En cuanto al gorila de Grauer se hallaba entre 2.000 y 10.000 individuos. Otro grupo ampliamente cazado lo conforman los murciélagos frugívoros. Estos mamíferos son capturados sobre todo en Asia, donde se cazan más de 40 variedades. Algunos de ellos son endémicos de islas de Malasia o Filipinas. Solo una especie se encuentra bajo amenaza, pero la caza indiscriminada podría poner en peligro a estos animales. Los murciélagos son indispensables para la polinización de las plantas y su desaparición asestaría un golpe mortal a la selva. A estas especies se les suman otras dos que integran la lista de animales más amenazados por la caza desde hace tiempo: el rinoceronte y el elefante. El cuerno y el marfil respectivamente son piezas muy deseadas, sobre todo en el mercado asiático. Los vietnamitas consideran

que el cuerno de rinoceronte posee propiedades afrodisíacas y algunos hasta llegan a creer que es capaz de curar el cáncer. En 2013 más de 1.000 rinocerontes fueron asesinados con el fin de satisfacer esta demanda. El impulso económico chino también amenaza con borrar de la faz de la Tierra a los elefantes. Cazados por el marfil, un material muy preciado en el país asiático, cada día 100 ejemplares son ejecutados en África, según cálculos de la organización Wildlife Conservation Society. El pasado mes de enero, las autoridades chinas pretendieron mostrar su compromiso en la lucha contra el tráfico ilegal del marfil destruyendo más de seis toneladas de este material.

Dónde acaba la caza El principal motivo de la caza de animales no son sus propiedades medicinales o productos exóticos, sino obtener alimento para sobrevivir. Según la investigación de la Universidad de Málaga, el 68% de las piezas capturadas se destinó a la venta en mercados públicos mientras que un 23% fue a parar al consumo doméstico. Estos datos demuestran la existencia de un amplio mercado que absorbe toda la carne de monte, situado en las grandes urbes. Como afirma Juan Mario Vargas: “La situación es insostenible porque no solo hablamos de autoabastecimiento, sino también de venta a gran escala”. Vargas señala el desencadenante de este proceso, que está arrasando con la fauna tropical: la codicia humana. “Cuanto más vendo, más beneficio obtengo”. Esa es la máxima que prevalece en los cazadores. Además, la caza supone una actividad flexible y de bajo riesgo para las clases más desfavorecidas. No solo les aporta sustento, también ganancias económicas. Los investigadores arrojan una cifra aproximada de consumo de carne, que va desde 0.05 hasta 0.28 kilogramos por persona al día. Es un dato difícil de contrastar debido a la poca fiabilidad de la información proporcionada por las instituciones. La falta de un conocimiento riguroso sobre la situación no ayuda a la puesta en marcha de programas de mitigación, lo que contribuye a agravar aún más el problema. El estudio también señala que el consumo de carne en algunos países de África central es igual o superior al de los países desarrollados. La cantidad que comen en República Democrática del Congo o en Camerún es más elevada que la consumida en España. Además, la caza les aporta alrededor del 70% de las proteínas necesarias al día. Estos números evidencian la importancia de la cinegética para la supervivencia de los habitantes de las áreas tropicales. La carne de monte no permanece solo en su región de

CONSUMO ANUAL

Alrededor de cuatro millones de toneladas de carne de caza son consumidas en la cuenca del Congo

Un lémur de cabeza blanca capturado por cazadores locales en Madagascar WIKICOMMONS

origen, sino que también viaja hasta los países desarrollados. Los investigadores aseguran que cada año se introducen hasta 200 toneladas de animales a Francia a través del aeropuerto Charles de Gaulle.

¿Hay solución? Al ser inquirido sobre la posibilidad de solucionar este problema, Vargas suspira: “si la hubiera ya la hubiéramos implementado”. Lo que tiene claro es que la conservación no puede hacerse a costa de los pobladores de estas regiones: "No podemos salvar a los animales y condenar a pueblos que consideramos una especie más". Para el investigador, la solución pasa por hacer compatible la diversidad con la supervivencia. Es una cuestión difícil, ya que "requiere sacrificios, amplitud de miras y un comportamiento menos egoísta, y no creo que todos estemos dispuestos a hacerlo, lo que complica aún más las cosas". Esta cuestión también atañe a

CAZA EXCESIVA

En Suramérica se capturan más de 100 especies de primates, uno de los mamíferos más cazados

la política, ya que afecta a la capacidad de alimentarse de millones de personas. Las conclusiones de la investigación abogan por un acuerdo que garantice la posibilidad de seguir cazando y la conservación de la naturaleza. Además, apelan a los países desarrollados a que ayuden a salvaguardar el patrimonio natural y a la vez evitar hambrunas. Vargas va más allá y ofrece distintos caminos que podrían ponerse en práctica. Una alternativa consistiría en sustituir las especies más amenazadas por los excedentes de otras que no lo están. Esta acción implica un cambio de mentalidad y sería provisional, además de no contar con mucha seguridad, puesto que otros mamíferos podrían verse en peligro si se someten a la caza excesiva. ¿Funcionaría imponer cuotas para dejar que a los animales puedan reproducirse como sucede con la pesca? Juan Mario Vargas se muestra dubitativo.

POSIBLE SOLUCIÓN

Los programas de repoblación podrían mitigar el problema, pero no parecen suscitar interés

Él apuesta más por la negociación que por la imposición y asegura que esta idea no sería acertada en zonas que no se guían por parámetros occidentales. Parece que la única alternativa factible para asegurar el futuro de la diversidad pasa por crear programas de repoblación de especies. “En las selvas tropicales nadie repuebla, sacamos pero no regeneramos, eso no es lo que interesa”, atestigua Vargas. La puesta en marcha de estos programas podría garantizar la conservación en las selvas. Pero se necesitan diálogo y paciencia: “Son proyectos que requieren tiempo porque tardan años en dar frutos, además hay que ofrecer alternativas viables a los pobladores”. Luego está la cuestión financiera: “¿A quién le interesa? ¿Quién los financia?”, se pregunta el investigador. Mientras Juan Mario Vargas habla, la caza continúa, lejos de aquí, sin pausa, sin descanso, en los bosques tropicales.

PARA SABER MÁS

Fa, J.E., et al. 2013. Reflexiones sobre el impacto y manejo de la caza de mamíferos silvestres en los bosques tropicales. Ecosistemas 22(2):76-83. Disponible en: http://www.revistaecosistemas.net/index.php/ecosistemas/article/viewFile/740/727

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