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adviento 2010 - A la bella y profunda esperanza cristiana Acci贸n Cat贸lica General Alfonso XI, 4 5潞 28014 Madrid www.accioncatolicageneral.es acg@accioncatolicageneral.es


CELEBRACIÓN DE LAS PRIMERAS VÍSPERAS DEL I DOMINGO DE ADVIENTO

redescubran la belleza y la profundidad de la esperanza cristiana. En efecto, la esperanza cristiana está inseparablemente unida al conocimiento del rostro de Dios, el rostro que Jesús, el Hijo unigénito, nos reveló con su encarnación, con su vida terrena y su predicación, y sobre todo con su muerte y resurrección.

HOMILÍA DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI Basílica Vaticana Domingo, 1 diciembre 2007

La esperanza verdadera y segura está fundamentada en la fe en Dios Amor, Padre misericordioso, que «tanto amó al mundo que le dio a su Hijo unigénito» (Jn 3, 16), para que los hombres, y con ellos todas las criaturas, puedan tener vida en abundancia (cf. Jn 10, 10). Por tanto, el Adviento es tiempo favorable para redescubrir una esperanza no vaga e ilusoria, sino cierta y fiable, por estar «anclada» en Cristo, Dios hecho hombre, roca de nuestra salvación.

Queridos hermanos y hermanas: El Adviento es, por excelencia, el tiempo de la esperanza. Cada año, esta actitud fundamental del espíritu se renueva en el corazón de los cristianos que, mientras se preparan para celebrar la gran fiesta del nacimiento de Cristo Salvador, reavivan la esperanza de su vuelta gloriosa al final de los tiempos. La primera parte del Adviento insiste precisamente en la parusía, la última venida del Señor. Las antífonas de estas primeras Vísperas, con diversos matices, están orientadas hacia esa perspectiva. La lectura breve, tomada de la primera carta de san Pablo a los Tesalonicenses (1 Ts 5, 23-24) hace referencia explícita a la venida final de Cristo, usando precisamente el término griego parusía (v. 23). El Apóstol exhorta a los cristianos a ser irreprensibles, pero sobre todo los anima a confiar en Dios, que es «fiel» (v. 24) y no dejará de realizar la santificación en quienes correspondan a su gracia.

Como se puede apreciar en el Nuevo Testamento y en especial en las cartas de los Apóstoles, desde el inicio una nueva esperanza distinguió a los cristianos de las personas que vivían la religiosidad pagana. San Pablo, en su carta a los Efesios, les recuerda que, antes de abrazar la fe en Cristo, estaban «sin esperanza y sin Dios en este mundo» (Ef 2, 12). Esta expresión resulta sumamente actual para el paganismo de nuestros días: podemos referirla en particular al nihilismo contemporáneo, que corroe la esperanza en el corazón del hombre, induciéndolo a pensar que dentro de él y en torno a él reina la nada: nada antes del nacimiento y nada después de la muerte.

Toda esta liturgia vespertina invita a la esperanza, indicando en el horizonte de la historia la luz del Salvador que viene: «Aquel día brillará una gran luz» (segunda antífona); «vendrá el Señor con toda su gloria» (tercera antífona); «su resplandor ilumina toda la tierra» (antífona del Magníficat). Esta luz, que proviene del futuro de Dios, ya se ha manifestado en la plenitud de los tiempos. Por eso nuestra esperanza no carece de fundamento, sino que se apoya en un acontecimiento que se sitúa en la historia y, al mismo tiempo, supera la historia: el acontecimiento constituido por Jesús de Nazaret. El evangelista san Juan aplica a Jesús el título de «luz»: es un título que pertenece a Dios. En efecto, en el Credo profesamos que Jesucristo es «Dios de Dios, Luz de Luz».

En realidad, si falta Dios, falla la esperanza. Todo pierde sentido. Es como si faltara la dimensión de profundidad y todas las cosas se oscurecieran, privadas de su valor simbólico; como si no «destacaran» de la mera materialidad. Está en juego la relación entre la existencia aquí y ahora y lo que llamamos el «más allá». El más allá no es un lugar donde acabaremos después de la muerte, sino la realidad de Dios, la plenitud de vida a la que todo ser humano, por decirlo así, tiende. A esta espera del hombre Dios ha respondido en Cristo con el don de la esperanza. El hombre es la única criatura libre de decir sí o no a la eternidad, o sea, a Dios. El ser humano puede apagar en sí mismo la esperanza eliminando a Dios de su vida. ¿Cómo puede suceder esto? ¿Cómo puede acontecer que la criatura «hecha para Dios», íntimamente orientada a él, la más cercana al Eterno, pueda privarse de esta riqueza?

Al tema de la esperanza he dedicado mi segunda encíclica, publicada ayer. Me alegra entregarla idealmente a toda la Iglesia en este primer domingo de Adviento a fin de que, durante la preparación para la santa Navidad, tanto las comunidades como los fieles individualmente puedan leerla y meditarla, de modo que

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nos demuestra que eso es precisamente así. ¿Qué es lo que impulsa al mundo sino la confianza que Dios tiene en el hombre? Es una confianza que se refleja en el corazón de los pequeños, de los humildes, cuando a través de las dificultades y las pruebas se esfuerzan cada día por obrar de la mejor forma posible, por realizar un bien que parece pequeño, pero que a los ojos de Dios es muy grande: en la familia, en el lugar de trabajo, en la escuela, en los diversos ámbitos de la sociedad. La esperanza está indeleblemente escrita en el corazón del hombre, porque Dios nuestro Padre es vida, y estamos hechos para la vida eterna y bienaventurada.

Dios conoce el corazón del hombre. Sabe que quien lo rechaza no ha conocido su verdadero rostro; por eso no cesa de llamar a nuestra puerta, como humilde peregrino en busca de acogida. El Señor concede un nuevo tiempo a la humanidad precisamente para que todos puedan llegar a conocerlo. Este es también el sentido de un nuevo año litúrgico que comienza: es un don de Dios, el cual quiere revelarse de nuevo en el misterio de Cristo, mediante la Palabra y los sacramentos. Mediante la Iglesia quiere hablar a la humanidad y salvar a los hombres de hoy. Y lo hace saliendo a su encuentro, para «buscar y salvar lo que estaba perdido» (Lc 19, 10). Desde esta perspectiva, la celebración del Adviento es la respuesta de la Iglesia Esposa a la iniciativa continua de Dios Esposo, «que es, que era y que viene» (Ap 1, 8). A la humanidad, que ya no tiene tiempo para él, Dios le ofrece otro tiempo, un nuevo espacio para volver a entrar en sí misma, para ponerse de nuevo en camino, para volver a encontrar el sentido de la esperanza.

Todo niño que nace es signo de la confianza de Dios en el hombre y es una confirmación, al menos implícita, de la esperanza que el hombre alberga en un futuro abierto a la eternidad de Dios. A esta esperanza del hombre respondió Dios naciendo en el tiempo como un ser humano pequeño. San Agustín escribió: «De no haberse tu Verbo hecho carne y habitado entre nosotros, hubiéramos podido juzgarlo apartado de la naturaleza humana y desesperar de nosotros» (Confesiones X, 43, 69, citado en Spe salvi, 29).

He aquí el descubrimiento sorprendente: mi esperanza, nuestra esperanza, está precedida por la espera que Dios cultiva con respecto a nosotros. Sí, Dios nos ama y precisamente por eso espera que volvamos a él, que abramos nuestro corazón a su amor, que pongamos nuestra mano en la suya y recordemos que somos sus hijos.

Dejémonos guiar ahora por Aquella que llevó en su corazón y en su seno al Verbo encarnado. ¡Oh María, Virgen de la espera y Madre de la esperanza, reaviva en toda la Iglesia el espíritu del Adviento, para que la humanidad entera se vuelva a poner en camino hacia Belén, donde vino y de nuevo vendrá a visitarnos el Sol que nace de lo alto (cf. Lc 1, 78), Cristo nuestro Dios!

Esta espera de Dios precede siempre a nuestra esperanza, exactamente como su amor nos abraza siempre primero (cf. 1 Jn 4, 10). En este sentido, la esperanza cristiana se llama «teologal»: Dios es su fuente, su apoyo y su término. ¡Qué gran consuelo nos da este misterio! Mi Creador ha puesto en mi espíritu un reflejo de su deseo de vida para todos. Cada hombre está llamado a esperar correspondiendo a lo que Dios espera de él. Por lo demás, la experiencia

Amén.

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I Domingo de Adviento - A [28 de noviembre] z Isaías 2,1-5 z “El Señor reúne a todas las naciones en la paz eterna del reino de Dios” z Salmo 121 z “Vamos alegres a la casa del Señor” z Romanos 13, 11-14 z “Nuestra salvación está cerca” z Mateo 24,37-44 z “Estad en vela para estar preparados”

Ruego/rogamos por pedir el don de comprender el Evangelio y poder conocer y estimar a Jesucristo y, así, poder seguirlo mejor. z

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Apunto algunos hechos vividos esta semana que ha acabado.

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Leo/leemos el texto.

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Después contemplo y subrayo.

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«Como en los tiempos de Noé, así será la venida del hijo del hombre. 38 Porque como en los días que precedieron al diluvio comían, bebían y se casaban ellos y ellas, hasta el día en que entró Noé en el arca, 39 y no se dieron cuenta hasta que vino el diluvio y los barrió a todos, así sucederá cuando venga el hijo del hombre. 40 Entonces estarán dos en el campo; a uno se lo llevarán y a otro lo dejarán. 41 Estarán dos mujeres moliendo juntas; a una se la llevarán y a otra la dejarán. 42 Estad en guardia, porque no sabéis en qué día va a venir vuestro Señor. 43 Tened en cuenta que si el amo de casa supiera a qué hora de la noche iba a venir el ladrón, estaría en guardia y no dejaría que le asaltaran la casa. 44 Estad preparados también vosotros, porque a la hora que menos penséis vendrá el hijo del hombre». Mateo 24, 37-44

Ahora apunto aquello que descubro de JESÚS y de los otros personajes, la BUENA NOTICIA que escucho... veo ¿Atento? ¿Atento a las personas o paso de todo y me evado? z

Y vuelvo a mirar la vida, los HECHOS vividos, las PERSONAS de mi entorno... desde el Evangelio ¿veo? Hechos y situaciones que me hacen estar dispuesto, a punto para el encuentro con el Señor Es decir... ¿en qué hechos lo encuentro? z

Llamadas que el Padre me hace -nos hace- hoy a través de este Evangelio, y compromiso o compromisos que me invita a tomar hoy a través de este Evangelio. z

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Plegaria. Diálogo con Jesús dando gracias, pidiendo...

Notas sobre el Evangelio de Mateo, que nos acompañará en este nuevo ciclo-año litúrgico z El Evangelio de Mateo constituye uno de los escritos más importantes, si no el más importante, de la identidad cristiana. Desde tiempos antiguos ha sido el Evangelio más leído y comentado en la Iglesia, el más presentado en la liturgia. z Mateo aparece en su obra como un testigo fuerte de Jesús en momentos difíciles para el desenvolvimiento creyente; se ha acreditado como un hombre de Iglesia providencial, dejándonos un legado donde se muestra como un maestro atento de su comuni-

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dad, que conoce muy bien las vicisitudes de su tiempo. Aunque para él el único Maestro es Cristo (23, 8), el evangelista participa de su magisterio, por estar tan identificado con su Señor. z El evangelista ha sabido transmitir un encendido testimonio de Cristo Para Mateo no se puede ser cristiano sin Cristo, el Mesías de la expectación judía y el realizador de las promesas de salvación. La centralidad de Jesús resulta así incuestionable e insustituible. Él se alza en el núcleo más íntimo y vivo de la fe de la Iglesia. Él proporciona sentido a cuanto tiene que ver con el quehacer creyente. Pero el evangelista ha añadido un pensamiento complementario, que no

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encontramos en los escritos anteriores a él, de indudable trascendencia: el lugar donde conocemos y seguimos a Cristo es el nuevo Pueblo de Dios, la Iglesia, de modo que cuanto se afirma en torno a Jesús tiene sus repercusiones en la comunidad eclesial y ofrece una referencia insustituible a cada uno de sus miembros. Reconociendo que Jesús trasciende su obra, cristología y eclesiología están esencialmente implicadas en la obra mateana. Notas sobre el Adviento: mirando a las Navidades z En el adviento los cristianos somos convocados a ser testigos, sembradores y militantes de la esperanza. Es en medio de nuestro mundo donde los cristianos hemos de “dar razón de nuestra esperanza”, a nosotros mismos y a los hombres y mujeres de hoy. Creemos en el “Dios de la esperanza”, el primero en “esperar contra toda esperanza”, y creemos en “Cristo Jesús, nuestra esperanza”, “crucificado por los hombres pero resucitado por Dios”. Vino y abrió el horizonte de un mundo nuevo; viene y nos pone en pie. Queremos celebrar su venida saliendo a su encuentro. La esperanza no es una meta que nos proponemos, sino una persona que viene al encuentro como salvador, el sol que sale de lo alto y nos atrae con su luz. No se trata de una virtud para un momento o un tiempo del año, sino una actitud y un estilo de vida. Un cristiano sin esperanza no es cristiano. z Durante el Adviento ejercitamos la espera, la esperanza. Ejercitamos las actitudes propias de quienes viven de una promesa: Dios será con nosotros (Is 7, 14). Pero no es una mirada al futuro por huir del mundo que no nos gusta. La esperanza es activa, pone en movimiento. Si se pierde no hay futuro. “Vosotros, los que aquí entráis dejad toda esperanza”, escribe Dante en la entrada del infierno. z Este ejercicio lo hacemos preparando la Navidad (=nacimiento) del Hijo de Dios, el cumplimiento de la promesa (Mt 1, 23). Pero no es una mirada al pasado por huir del mundo que no nos gusta. z Las luces y ornamentos de Navidades nos podrán tapar el presente. Y los pastores ya no serán los pobres que acogen la novedad, y los ángeles dejarán de ser transmisores de la Buena Noticia para pasar a contar cuentos infantiles. z El Adviento es para resituarnos en el mundo. En el

mundo y en el presente. En este mundo dónde parece que dominan el consumismo y la violencia. En este mundo en el cual tener un trabajo digno cada vez es más difícil, y poder acceder a la vivienda parece un privilegio... z Adviento es tiempo para hacer renacer la esperanza viviendo en este mundo. Es tiempo para escuchar buenas noticias en una sociedad dónde la distracción sólo nos permite escuchar la parte fea de la realidad. Es tiempo por rehacer la ilusión porque el Hijo de Dios viene a ella y de ella espera mucho.

haciéndose hombre víctima de las injusticias, haciéndose -un niño- de quienes no cuentan. z Adviento es tiempos para rehacer el amor. El Hijo de Dios se hace hombre, se hace hermano de todo el mundo, de los pobres... ¿Por qué no nos hacemos nosotros si creemos en él?

Notas para fijarnos en Jesús y el Evangelio z Justo antes de este texto de hoy, Mateo ha subrayado que el Hijo del hombre vendrá (Mt 24, 4-35). Ahora dice que no sabemos el momento (42). z La alusión (37-39) a la historia del diluvio (Gn 6-7) se

hace como ejemplo de aquello que llega de manera repentina e imprevista en un día cualquiera (38); quienes no estaban preparados recibieron las consecuencias negativas (39). El Señor vendrá cuando todo el mundo estará haciendo su vida de cada día (40-41), viene cada día, en la vida más ordinaria. Quien está atento, vive con Él. z Jesús desvía la atención de los discípulos: de fijarse en la fecha de la venida futura a fijarse en el presente. La preocupación de quienes seguimos a Jesús no tiene que ser cuándo se acabará el mundo, sino qué actitud tenemos que mantener mientras vivimos en este mundo. Dada la condición de ignorantes del día y la hora (44), se nos propone de vivir velando (42), para estar a punto para el encuentro con el Señor. z La imagen del ladrón (43) refuerza esta invitación,

remarcando el carácter imprevisible de la venida de Cristo. Y con la imagen de los dos sirvientes que Mateo presenta a continuación (Mt 24, 45-51), así como con las parábolas del capítulo siguiente (Mt 25, 1-30), se aclara qué quiere decir “velar”: dar fruto, cumpliendo la voluntad de Dios. Después (Mt 25, 31-46) nos presenta cual será el criterio del día del juicio: el amor en el “hoy”, en el presente. z Este “velar” para “dar fruto” pasa por estar atento a lo que sucede en el entorno y en el mundo en general; pasa por hacer discernimiento (con los demás) para descubrir qué es la voluntad de Dios en cada situación; pasa por rogar-rezar (Mt 26, 41). Velar así nos mantiene firmes en la fe, nos da coraje, nos ayuda a vivir sobriamente. z En este primer domingo se ofrece una respuesta a las incertidumbres de las personas. El profeta no espera la salvación de los hombres ni de los poderes políticos, sino de Dios mismo. Daremos razón de la esperanza no con nuestras palabras, ni por imperativo moral, sino por un estilo de vida de quien se pone en pie, mira el horizonte, convoca a otros, ajusta velas y enfila la barca. La esperanza no es algo que tenemos sino algo que compartimos.

ESPÍRITU DEL ADVIENTO (Rm 8, 20-23; 2 Co 16, 22)

z Adviento es tiempo para volver a creer. Por creer de verdad que Dios responde a la humanidad que lo necesita. Y que responde viniendo a vivir en este mundo. Y que viene haciéndose hombre pobre,

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Veo, Señor, la Historia humana como una larga caravana que avanza empujada por una fuerza misteriosa, conquistando día a día cotas de libertad,

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Y se ponen en pie después de cada derrota para seguir conquistando espacios más anchos, construyendo nuevas calzadas para la liberación.

abriendo anchas calzadas por donde circulen sin cadenas los hijos de Dios. ¿Hay algo que garantice la ascensión lineal hacia la libertad? Hay una esperanza que se hace clamor universal.

El jubileo liberador de Dios se extiende con tu Espíritu de siglo en siglo, como un solo grito prolongado que resuena con un eco interminable de montaña en montaña.

No todos los luchadores conocen a tu Espíritu; pero todos deben estar movidos por Él, con esa ansia irrefrenable de seguir ampliando fronteras aunque ellos mueran en el empeño.

Y la Humanidad se hace adulta con la esperanza de ser liberada de la esclavitud, para gozar de la libertad gloriosa de los hijos de Dios, mientras seguimos gritando sin cansarnos: «Marana tha! ¡Ven, Señor, con tu Espíritu, el Espíritu de la gran liberación!».

Tú los acoges como a hermanos y tu Padre los bendice como a hijos. Otros vienen detrás de ellos, engendrados por el mismo Espíritu, sin reconocerlo quizá.

Patxi Loidi (Mar a dentro)

VJA Y, por supuesto, también está la Navidad odiada: son muchas las personas que se rebelan contra estas fiestas, contra tanta canción acaramelada y películas sentimentaloides, contra tanto arbolito, contra tanta hipocresía en las relaciones familiares, contra tanto gasto desmedido sin razón.

JUZGAR: Frente a estas visiones deformadas de la Navidad, nosotros estamos invitados, a partir de hoy, a prepararnos para celebrar LA NAVIDAD, sin otro adjetivo. Porque la verdadera Navidad sólo es una, lo demás son copias falsas.

VER: Comenzamos hoy el tiempo de Adviento, uno de los más esperanzadores del año cristiano, porque nos llevará hasta la Navidad. Una navidad que podemos ver desde distintos aspectos: La Navidad comercial, promovida hasta la saciedad por grandes almacenes y pequeño comercio, hecha de ventas y consumo de todo tipo de productos. La Navidad familiar, en la que los miembros de la familia, a veces dispersos, se reencuentran, aunque muchas veces no se sabe bien por qué, y los encuentros familiares se convierten en simples reuniones de compromiso que se está deseando terminar cuanto antes. La Navidad familiar también está hecha de recuerdos, de nostalgia por otras navidades y otras personas. La Navidad populachera y sensiblera, hecha de villancicos, zambombas, panderetas y adornos, de belenes dulzones, de un súbito deseo de ser buenos y caritativos, pero sólo durante unos días...

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Y en este primer domingo de Adviento, la palabra de Dios nos invita a la esperanza: en la primera lectura, Isaías ofrece esa visión esperanzada de paz para el mundo; y san Pablo también fomenta la esperanza al decirnos “vuestra salvación está más cerca”. Y, por supuesto, en el Evangelio Jesús nos mueve a “estar preparados”, a vivir este tiempo con esperanza porque el Hijo del hombre vendrá en cualquier momento, no sabemos el día. Lo que se nos invita a celebrar es el misterio del Dios hecho hombre, del Dios que se da a sí mismo en Jesús, del “Dios-con-nosotros”, del Dios que se hace cercano principalmente a los más sencillos, del Dios que por amor viene a nosotros para que nosotros tengamos vida.

ACTUAR: Por eso, si queremos ser coherentes hemos de vivir este tiempo con fe, sin dejarnos atrapar por esas otras “navidades”. No convirtamos la Navidad en “lo de siempre”, porque Dios no se repite nunca, y podemos avanzar con mayor profundidad en la vivencia de lo que significa que Dios se dé a sí mismo totalmente.

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Podemos proponernos meditar un poco el Evangelio de cada día; o leer algún libro o artículo de espiritualidad; podemos venir a la Eucaristía un poco antes para estar un rato de oración en la capilla; podemos venir a celebrar la Eucaristía más días, además del estricto cumplimiento del precepto dominical; podemos ir haciendo el examen de conciencia para recibir el sacramento de la Reconciliación.

nuestra vida, para recibirle y después ser nosotros sus portadores mediante nuestra entrega generosa, como él. La Eucaristía es ya el “Dios con nosotros” bajo las especies del Pan y el Vino, que se nos entrega para que estemos a punto para su paso en nuestra vida, para que lo recibamos con fe y con el don de nosotros mismos demos testimonio de la esperanza de su Reino.

No caigamos en la rutina ni en la superficialidad, fomentemos la esperanza: se trata de estar preparados, a punto, bien dispuestos cuando el Señor venga a

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II Domingo de Adviento - A [5 de diciembre] z Isaías 11, 1-10 z “Juzgará a los pobres con justicia” z Salmo 71 z “Que en sus días florezca la justicia, y la paz abunde eternamente” z Romanos 15, 4-9 z “Cristo salva a todos los hombres” z Mateo 3, 1-12 z “Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos”

Ruego/rogamos por pedir el don de comprender el Evangelio y poder conocer y estimar a Jesucristo y, así, poder seguirlo mejor. z

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Apunto algunos hechos vividos esta semana que ha acabado.

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Leo/leemos el texto.

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Después contemplo y subrayo.

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Por aquellos días apareció Juan el Bautista predicando en el desierto de Judea 2 y diciendo: «Convertíos, porque está cerca el reino de Dios». 3 Éste es aquel que el profeta Isaías había anunciado cuando dijo: Voz que grita en el desierto: Preparad el camino al Señor, allanad sus senderos. 4 Juan tenía un vestido de pelo de camello y un cinturón de cuero a la cintura, y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre. 5 Acudían a él de Jerusalén, de toda Judea y de toda la región del Jordán; 6 ellos confesaban sus pecados, y él los bautizaba en el Jordán. 7 Al ver venir a su bautismo a muchos de los fariseos y saduceos, les dijo: «Raza de víboras, ¿quién os ha enseñado a huir de la ira que os amenaza? 8 Dad frutos dignos de conversión, 9 y no os ilusionéis con decir en vuestro interior: Tenemos por padre a Abrahán, porque os digo que Dios puede suscitar hijos a Abrahán hasta de estas piedras. 10 Ya está el hacha puesta a la raíz de los árboles, y todo árbol que no dé buen fruto será cortado y arrojado al fuego. 11 Yo os bautizo en agua para que os arrepintáis; pero el que viene detrás de mí es más fuerte que yo, y yo no soy digno de descalzarle las sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego. 12 Tiene en su mano el bieldo, limpiará su era y recogerá su trigo en el granero; pero quemará la paja con fuego que no se apaga nunca». Mateo 3, 1-12

Ahora apunto aquello que descubro de JUAN, CON SU ANUNCIO, SOBRE EL “Reino de los cielos”; sobre la BUENA NOTICIA que escucho... z

Y vuelvo a mirar la vida, los HECHOS vividos, las PERSONAS de mi entorno... desde el Evangelio ¿veo? ¿Qué hechos de esta semana me han hecho experimentar que Dios ya “reina” y que hace salir de las piedras “hijos de Abrahán”? z

Llamadas que el Padre me hace -nos hace- hoy a través de este Evangelio, y compromiso o compromisos que me invita a tomar hoy a través de este Evangelio. z

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Plegaria. Diálogo con Jesús dando gracias, pidiendo...

Notas para situar este Evangelio

z Con la expresión “en aquellos días” (Mt 3, 1), utiliza-

z Entre los Evangelios de la infancia y la vida pública

de Jesús existe una gran distancia temporal, pero no teológica: pensemos que estos pretenden presentar a Jesús como Hijo de Dios.

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da en el AT para indicar la continuidad de la historia de salvación (Ex 2, 11; Dt 10, 2), le sirve a Mateo para unir el relato de la infancia de Jesús con el comienzo de su misión.

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z Mateo tiene un especial interés en presentar a Juan el Bautista. Pensemos que el historiador Flavio Josefo (s.I) le dedica en sus obras más atención que al mismo Jesús. Juan fue el guía carismático de un movimiento de corte popular, que convocó al pueblo de Israel en el desierto para anunciar la cercanía del juicio de Dios. El mensaje de Juan es urgirnos a la conversión, que se expresaba a través del bautismo (un rito de purificación). z Según la más antigua tradición cristiana (Hechos 10,

Jesús estuvo muy relacionado con el movimiento de Juan. Los cuatro Evangelios ponen de manifiesto esta vinculación (Mc 1, 1-8 y paralelos) e incluso pueden dar a entender que Jesús fue, durante algún tiempo, discípulo de Juan el Bautista (Jn 1, 27 y Mt 3, 11). Pensemos que los primeros cristianos no distinguían muy bien entre el bautismo de Juan y el de Jesús (Hechos 19, 1-7). De ahí que los evangelistas tuvieron interés en aclarar cuál fue la relación que existió entre Juan y Jesús. 37ss)

Notas para fijarnos en el Evangelio

1, 21):

su nombre significa el Señor salva; el nombre mismo de Jesús indica su misión: él viene a traer a los hombres la salvación de Dios. La imagen de la siega y la limpieza del grano (12) es frecuente en la Biblia para hablar del juicio del fin de los tiempos (Is 27, 12). También Jesús la usa (Mt 13, 30). z Las palabras de Juan a los fariseos y saduceos (7-10) recogen una intuición de los profetas de la que Jesús extraerá todas las consecuencias: el hecho de ser israelita no garantiza la salvación, ni el no ser supone ser excluido de esta salvación (9). Porque la salvación es don de Dios, que “puede hacer salir hijos a Abraham de las piedras” (9). Lo que cuenta en el Reino son los hechos de cada cual (8), tal y como Mateo insistirá al final de su obra (Mt 25, 31-46). z Esta presentación de Juan, el precursor, apunta hacia Jesús: “quien viene tras mí” (11). El bautismo de Juan (6 y 11) es un simple gesto externo de la voluntad de conversión. El de Jesús expresa la vinculación personal (no meramente ritual) con Dios (11) con Espíritu Santo y fuego.

z El “desierto”, dónde Juan “predicaba” (1), recuerda

ÉL VIENE, VIENE, VIENE SIEMPRE

al éxodo (=salida de la esclavitud hacia la libertad), donde Dios interviene para liberar. Y estamos cerca de ese momento. Pretende presentar a Jesús como el Hijo de Dios y a Juan como el precursor. Mateo (3) presenta con los rasgos de Elías (1Re1, 8) que volvería antes del Mesías. Citando a Isaías (Is 40, 3) -libro de la consolación- (donde el profeta consuela el pueblo con el anuncio de la salida -liberación- de la situación de desgracia que vive y la entrada en una vida nueva) se anuncia la llegada del Mesías con la invitación a convertirse y con un rito bautismal. La salvación del pueblo es obra de Dios.

¿No oíste sus pasos silenciosos? Él viene, viene, viene siempre. En cada instante y en cada edad, todos los días y todas las noches, Él viene, viene, viene siempre. He cantado muchas canciones y de mil maneras, pero siempre decían sus notas, Él viene, viene, viene siempre.

z El mismo anuncio que hace Juan (2) es el que hará Jesús cuándo empiece su misión (Mt 4, 17) y el que harán aquellos que Jesús enviará (Mt 10, 7). Este anuncio viene a decir que Dios ha empezado a instaurar su reinado en medio del mundo. Y dónde se hace visible este reino es en la persona de Jesús, en sus palabras y en sus obras contundentes (Mt 12, 28). La “conversión” que pide este anuncio no es la consecuencia, ya que hace falta prepararse para acoger el Señor que viene a reinar. De ahí la imagen del camino (3) el profeta apunta la idea de la salvación como nuevo éxodo, tema fundamental de toda la segunda parte del libro de Isaías.

En los días fragantes del soleado abril, por la vereda del bosque, Él viene, viene, viene siempre. En la oscura angustia lluviosa de las noches de julio, sobre el carro atronador de las nubes, Él viene, viene, viene siempre. De pena en pena mía, son sus pasos los que oprimen mi corazón, y el dorado roce de sus pies es lo que hace brillar mi alegría, porque Él viene, viene, viene siempre.

z La descripción que Mateo hace de Juan, es situarlo como profeta, en continuidad con los profetas del AT Su forma de vestir, alimentarse... hace referencia a una vida de austeridad... Jesús lo citará más adelante Mt 11, 18: “Porque vino Juan, que ni comía ni bebía, y dicen: Demonios tiene”.

Tagore

z Juan Bautista insiste en el juicio final de Dios es inminente (7 y 10). Jesús aparece como el Salvador (Mt

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VJA sando que son hijos de Abrahán, porque Dios es capaz de sacar hijos de Abrahán de las piedras. Para acoger al Dios que viene no es suficiente con una preparación exterior y rutinaria, no es suficiente “decir” que somos cristianos y como mucho cumplir unos mínimos, porque Dios puede sacar cristianos de las piedras: para que Dios pueda nacer en nosotros y compartir nuestra vida, primero hemos de convertirnos al Dios vivo, y después hemos de dar el fruto que pide esa conversión, que es la caridad, pero en sentido amplio, dar no sólo lo que me sobra, sino dar-me, dar mi tiempo, mi experiencia, y eso de un modo continuado y progresivo, no sólo unos días al año.

VER: Continuamos preparándonos para celebrar la verdadera Navidad, continuamos preparando nuestro corazón para acoger al Dios que viene a nosotros, que hace donación de sí mismo. “Acoger a Dios en los pobres”. Todos los años, por estas fechas, se multiplican las iniciativas solidarias, las colectas para distintas causas benéficas, los telemaratones... se aprovecha que durante unos días la gente parece más inclinada a “hacer caridad”, pero si lo analizamos bien, veremos que la mayoría de estas iniciativas son algo muy puntual, que no tiene continuidad durante el resto del año. Normalmente se trata de ofrecer dinero, o un juguete, o algo de comida, y ya está, pero no se busca un verdadero compromiso para atacar de raíz el verdadero problema. Y la gente da su limosna, aporta comida, se tranquiliza la conciencia, y se olvida del tema hasta el año siguiente por estas fechas. Nosotros, como cristianos que queremos vivir con coherencia nuestra fe, nos tenemos que preguntar qué es lo que espera Dios de nosotros, no sólo estos días, sino todo el año.

JUZGAR: La Palabra de Dios, como siempre, nos ofrece su luz: el profeta Isaías nos sigue mostrando la meta final, el proyecto de paz y felicidad que Dios desea para todas sus criaturas; san Pablo nos decía que las Escrituras se escribieron para enseñanza nuestra, y que Dios desea que estemos de acuerdo entre nosotros; y en el Evangelio, Juan Bautista nos decía dos cosas: “Convertíos” y “Dad el fruto que pide la conversión”.

ACTUAR: Las palabras de Juan Bautista nos invitan a que, después de celebrar la Eucaristía, nos preguntemos: ¿Me he dejado enseñar por las Escrituras que he escuchado? ¿Siento la necesidad de “convertirme”? ¿En qué he de cambiar para “ser” un cristiano coherente? ¿Qué fruto de caridad puedo dar que manifieste esa conversión, ese deseo de acoger realmente al Dios vivo en mi vida? No están los tiempos para ser “cristianos pasivos” o cristianos de determinadas ocasiones: se nos tiene que notar nuestra fe en hechos y compromisos concretos. Como el primer paso es la conversión, durante esta semana podemos proponernos hacer un examen de conciencia y recibir el sacramento de la Reconciliación. Y como fruto de la conversión, como gesto de “caridad”, podemos pensar qué puedo yo aportar a la Comunidad Parroquial: no sólo un donativo para Cáritas, o ropa usada, o una bolsa de comida, sino cómo y dónde puedo yo colaborar ofreciendo parte de mi tiempo a la tarea evangelizadora. El Señor, en la Eucaristía, se nos da completamente; convirtamos nuestro corazón hacia él para que pueda nacer en nosotros, y pidámosle que nos dé decisión y fortaleza para darnos nosotros también a los demás y que se nos noten los frutos que debemos dar si queremos no sólo llamarnos, sino ser en verdad cristianos.

Juan Bautista incita a la gente a un cambio profundo, a la conversión, y les avisa que no se confíen pen-

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Solemnidad de la Inmaculada - A [8 de diciembre] z Génesis 3, 9-15.20 z “Establezco hostilidades entre tu estirpe y la de la mujer” z Salmo 97 z “Cantad al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas” z Efesios 1, 3-6. 11-12 z “Nos eligió en la persona de Cristo, antes de crear el mundo” z Lucas 1, 26-38 z “Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo”

z Ruego/rogamos por pedir el don de comprender el Evangelio y poder conocer y estimar a Jesucristo y, así, po-

der seguirlo mejor. z Apunto algunos hechos vividos esta semana que ha acabado. z Leo/leemos el texto. z

Después contemplo y subrayo.

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A los seis meses envió Dios al ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, 27 a una joven virgen, prometida de un hombre descendiente de David, llamado José. La virgen se llamaba María. 28 Entró donde ella estaba, y le dijo: «Alégrate, llena de gracia; el Señor está contigo». 29 Ante estas palabras, María se turbó y se preguntaba qué significaría tal saludo. 30 El ángel le dijo: «No tengas miedo, María, porque has encontrado gracia ante Dios. 31 Concebirás y darás a luz un hijo, al que pondrás por nombre Jesús. 32 Será grande y se le llamará Hijo del altísimo; el Señor le dará el trono de David, su padre; 33 reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin». 34 María dijo al ángel: «¿Cómo será esto, pues no tengo relaciones?». 35 El ángel le contestó: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el niño que nazca será santo y se le llamará Hijo de Dios. 36 Mira, tu parienta Isabel ha concebido también un hijo en su ancianidad, y la que se llamaba estéril está ya de seis meses, 37 porque no hay nada imposible para Dios». 38 María dijo: «Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra». Y el ángel la dejó. Lc 1, 26-38

z Ahora apunto aquello que descubro de JESÚS y de los otros personajes, la BUENA NOTICIA que escucho...veo.

En lo que he vivido en estos días y, sobre todo, en las personas que he tenido a mi lado, ¿dónde he descubierto que Dios derrama sobre el mundo, sobre las personas, su “gracia” para salvar a todos? z Y vuelvo a mirar la vida, los HECHOS vividos, las PERSONAS de mi entorno... desde el Evangelio ¿veo? ¿Qué

respuestas positivas he descubierto a esa “gracia de Dios” que siempre va acompañada de UNA misión? z Llamadas que el Padre me hace -nos hace- hoy a través de este Evangelio, y compromiso o compromisos que

me invita a tomar hoy a través de este Evangelio. z Plegaria. Diálogo con Jesús dando gracias, pidiendo...

La fiesta de la Concepción Inmaculada de María z La fiesta de la Inmaculada debe enmarcarse en el conjunto del tiempo del adviento. María es el modelo, la discípula que nos enseña cómo esperar al Señor. De ahí la importancia que tiene el texto, pero también el contexto eclesial-comunitario en el que se lee-acoge. Ahí está la pedagogía. z Esta fiesta “mariana” quizá no es tan “mariana” como una tradición estrecha ha transmitido: es una

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fiesta dedicada a la gracia de Dios (28), a la iniciativa de Dios que quiere salvar a toda la humanidad, atrapada en el pecado y la muerte (primera lectura de hoy: Gn 3, 9-15.20). No es tampoco -¡ni mucho menos!- una exaltación de la virginidad de María: cuando el Evangelio pone en boca de María que “no conozco a varón” (34), está diciendo que “el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios” (35), será obra de Dios, no de iniciativa humana. Por tanto, no le podemos hacer decir otras cosas.

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z Esta fiesta, eso si, incide en el hecho de que Dios ha escogido a María (26-27) -ahora sí que la ponemos en su lugar- desde antes de que ella misma naciese tal como nos ha escogido a todos- como expresa bellamente el salmo 139. z Sin duda Lucas se muestra como el mayor narrador del Nuevo Testamento y donde mejor lo acredita es en el llamado relato de la infancia (Lc 1-2). El evangelista recrea un género literario existente en el Antiguo Testamento, el anuncio, para darnos la más decisiva noticia de la historia de la humanidad: en su amor condescendiente, complaciente y benevolente para con los hombres, en su misericordia entrañable el Padre ha entregado por obra del Espíritu Santo lo mejor que tiene a la humanidad caída, a su propio Hijo, que se ha hecho hombre con todas las consecuencias entre y por nosotros.

z La expresión “Hijo de Dios” (35) en Lucas aparece en una voz del cielo, en el bautismo (3, 22) y la transfiguración (9, 35); también en boca del diablo y de los demonios, que reconocen a Jesús como Hijo de Dios (4, 3.9.41; 8, 28); y el mismo Jesús lo dice a petición de los dirigentes judíos (22, 70). z La expresión “para Dios nada hay imposible” (37) nos hace releer el texto de Gn 18, 14, donde encontramos la concepción extraordinaria de Isaac.

YO TE SALUDO, MARÍA Yo te saludo, María, porque el Señor está contigo, en tu casa, en tu calle, en tu pueblo, en tu abrazo, en tu seno.

Notas para fijarnos en Jesús y el Evangelio

Yo te saludo, María, porque te turbaste -¿quién no lo haría ante tal noticia?mas enseguida recobraste paz y ánimo y creíste a un enviado cualquiera.

z Según la costumbre judía, había un espacio de tiempo aproximado de un año entre el momento en que una mujer era “desposada” (27) con un hombre y el día en que se celebraba el matrimonio y los esposos empezaban a vivir juntos.

Yo te saludo, María, porque preguntaste lo que no entendías -aunque fuera mensaje divinoy no diste un sí ingenuo ni un sí ciego, sino que tuviste diálogo y palabra propia.

z José era de la casa de “David” (27). Mateo lo llama

“hijo de David” (Mt 1, 20). z El saludo del ángel era el habitual de la época: “Alégrate” (28). En el contexto, este saludo presenta a María como la que ha sido escogida por Dios.

Yo te saludo, María, porque concebiste y diste a luz un hijo, Jesús, la vida; y nos enseñaste cuánta vida hay que gestar y cuidar si queremos hacer a Dios presente.

z El nombre de “Jesús” (31) que significa “el Señor

salva”. En Mt 1, 21 se explica: “Dará a luz un hijo y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados”. El mismo nombre de Jesús indica su misión: “él viene a traer a los hombres la salvación de Dios”. Por eso se puede decir que es el Salvador (Lc 2, 11).

Yo te saludo, María, porque te dejaste guiar por el Espíritu y permaneciste a su sombra, tanto en tormenta como en bonanza, dejando a Dios ser Dios y no renunciando a ser tú misma.

z “No conozco a varón” (34): es una expresión típi-

camente bíblica, Aquí significa que María no ha tenido relaciones sexuales con hombre alguno. Y la finalidad del texto es indicar, desde el primer momento del Evangelio de Lucas, el origen divino de Jesús (32.35).

Yo te saludo, María, porque abriste nuevos horizontes a nuestras fuiste a cuidar a tu prima, compartiste la buena noticia, y no te hiciste antojadiza.

z Sobre “el Espíritu Santo” (35), tengamos en cuenta

que ya participa al principio en la acción creadora de Dios (Gn 1, 2). En Jesucristo, Dios hace nueva la Creación.

Yo te saludo, María, hermana peregrina de los pobres de Yavhé. Camina con nosotros, llévanos ¡unto a los otros y manten nuestra fe.

z También la expresión “te cubrirá con su sombra” (35) nos conecta con las Escrituras: recuerda la nube que cubría el tabernáculo mientras el pueblo de Israel caminaba por el desierto (Ex 40, 34-35; Nm 9, 15) y que era un signo de la presencia de Dios.

Ulibarri Fl.

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VJA Pero también desde el principio Dios ofrece al ser humano la esperanza de salvación y la posibilidad de combatir el mal que agobia a la humanidad. Y a lo largo de la historia Dios va llevando adelante su designio de salvación para el ser humano, hasta llegar al momento cumbre que es su encarnación en el seno de María, porque Dios se implica a fondo en nuestra salvación, porque como hemos escuchado en la carta a los Efesios, nos ha destinado a ser sus hijos y herederos de su reino como hermanos de Jesucristo. María representa a la humanidad que se abre a la acción de Dios, a la humanidad que aprovecha las oportunidades que se le ofrecen para librarse del poder del mal y del pecado. En María, la primera entre nosotros, se realiza plenamente el plan salvador de Dios. En María, Dios vuelve a decir “sí” a la humanidad entera. El “SÍ” de María es un Cristocentrismo frente al antropocentrismo-egocentrismo.

VER: Una de las experiencias que más cuestiona a creyentes y no creyentes, es la presencia del mal en el mundo, en las personas. No hace falta describirlos porque todos conocemos y vemos cada día las distintas manifestaciones del mal y del pecado, a veces en hechos conocidos e impactantes, y otras veces en hechos que pasan desapercibidos pero que, cuando se manifiestan, descubren una profundas raíces de pecado. Y las personas nos preguntamos: ¿Por qué? ¿Dónde está Dios? ¿Va a permitir que quienes siembran el mal se salgan con la suya? Y en bastantes ocasiones, ante la experiencia del mal y la aparente ausencia de Dios, hay personas que reniegan de él, y otras caen en un fatalismo pesimista, porque parece que sólo cabe aguantar como sea, ya que realmente no se puede cambiar nada.

JUZGAR:

Sin embargo, la fiesta que hoy celebramos nos hace descubrir que Dios no es indiferente ante el mal y el pecado.

En la primera lectura, el relato del Génesis (que no hay que interpretar al pie de la letra) nos habla ya de cómo el mal uso y abuso de la libertad por parte del ser humano rompe el proyecto de Dios y hace que desde el principio existan el mal y el pecado, el engaño, la mentira, la ruptura de la relación con Dios y con los demás. Se tira las culpas a los demás, falta de asumir la responsabilidad. “La mujer... la serpiente...”.

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ACTUAR: En este tiempo de Adviento, en el que queremos preparar nuestro corazón para acoger al Señor que viene a nosotros, la fiesta de María en su Inmaculada Concepción nos muestra cómo podemos prepararnos convenientemente. María fue preservada del pecado, y supo mantenerse inmaculada; es verdad que nosotros no siempre podemos esquivar los efectos el mal y el pecado, pero sí podemos preservar nuestro interior para que el pecado no domine en él. De María podemos aprender cómo “entrenarnos” para que Dios nos llene de su Gracia: Buscarnos nuestros ratos de oración, vivir la Eucaristía no como un cumplimiento sino como encuentro con el Señor, la lectura de buenos libros, dejar de ver determinados programas de TV. Así iremos preservando nuestro corazón del mal, iremos fortaleciéndonos y no cederemos ante la tentación del pecado. Así podremos, como María, recibir a Dios en nuestro corazón, para alcanzar también nosotros la herencia del Reino que Dios tiene preparado para todos los que estén dispuestos, como María, a acogerle y darle el sitio que merece en nuestra vida.

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III Domingo de Adviento - A [12 de diciembre] z Isaías 35, 1-6a. 10 z “Dios viene en persona y os salvará” z Salmo 145 z “Ven, Señor, a salvarnos” z Santiago 5, 7-10 z “Manteneos firmes, porque la venida del Señor está cerca” z Mateo 11, 2-11 z “¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?”

z Ruego/rogamos por pedir el don de comprender el Evangelio y poder conocer y estimar a Jesucristo y, así, po-

der seguirlo mejor. z Apunto algunos hechos vividos esta semana que ha acabado. z

Leo/leemos el texto.

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Después contemplo y subrayo.

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Juan, que oyó en la cárcel las obras de Jesús, envió a sus discípulos a preguntarle: «¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?».

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Jesús les respondió: «Id y contad a Juan lo que habéis visto y oído: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan y se anuncia el evangelio a los pobres: 6 ¡dichoso el que no se escandalice de mí!». 5

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Cuando se fueron, Jesús comenzó a hablar de Juan a las gentes: «¿Qué salisteis a ver en el desierto? ¿Una caña movida por el viento? 8 ¿Pues qué salisteis a ver? ¿Un hombre vestido lujosamente? Los que visten lujosamente están en los palacios de los reyes. 9 ¿Entonces, qué salisteis a ver? ¿Un profeta? Sí, os lo digo; y más que un profeta. 10 Él es de quien está escrito: Yo envío delante de ti a mi mensajero para que te prepare el camino. 11 Os aseguro que no hay hombre alguno más grande que Juan Bautista, pero el más pequeño en el reino de Dios es más grande que él. Mt 11,2-11

z Ahora apunto aquello que descubro de JUAN, CON SU ANUNCIO, SOBRE EL “Reino de los cielos”; sobre la

BUENA NOTICIA que escucho... z Y vuelvo a mirar la vida, los HECHOS vividos, las PERSONAS de mi entorno... desde el Evangelio ¿veo? ¿Qué

hechos de esta semana me han hecho experimentar que Dios ya “reina” y que hace salir de las piedras “hijos de Abrahán”? ¿Dónde, cómo, con quien...? z Llamadas que el Padre me hace -nos hace- hoy a través de este Evangelio, y compromiso o compromisos que

me invita a tomar hoy a través de este Evangelio. z Plegaria. Diálogo con Jesús dando gracias, pidiendo...

del Señor (4ª domingo).

Notas para situar este Evangelio z El adviento es el tiempo fuerte de la esperanza

cristiana. Recordar que los textos de este tiempo de Adviento, están escogidos para ayudarnos a preparar y celebrar la venida histórica y escatológica de Jesucristo. Así, las lecturas evangélicas dominicales se refieren a la última y definitiva venida de Cristo al final de los tiempos (1ª domingo), a Juan el Bautista, que anuncia la venida de Cristo (2ª y 3ª domingo), y a los sucesos que preparan próximamente el nacimiento

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z Mateo organiza sus relatos para poner de manifiesto su carácter de buena Noticia para los cristianos de todos los tiempos. Se nos presentan diferentes opiniones sobre Jesús. Comienza con las preguntas de los enviados de Juan (Mt 11, 3); los maestros de la ley y fariseos (Mt 12, 24)... solo los pequeños son capaces de acoger la revelación del Padre (Mt 11, 25). Mateo dedica especial atención a Juan, y tiene interés en presentarle como el

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precursor de Jesús, íntimamente unido a él (Mt 3, 1-17). z El encarcelamiento de Juan (2) había coincidido con el comienzo de la misión de Jesús (Mt 4, 12). Juan “ha preparado el camino al Señor” (Evangelio del pasado domingo: Mt 3, 1-12). Ahora, con Jesús, se manifiesta que “el Reino” (11) ya está aquí (Mt 12, 28). z Estamos ante un resumen de la actividad de Jesús (5) que puede recordar a los israelitas los diversos anuncios del profeta Isaías (Is 26, 19; 29, 18; 35, 5-6; 61, 1). Lo que ven hacer y oyen decir a Jesús es el cumplimiento de los anuncios mesiánicos de los profetas.

Notas para fijarnos en Jesús y el Evangelio z Las señas de identidad del Mesías según Juan el

Bautista se presentan con estas tres imágenes: el hacha, el bieldo y el fuego, son metáforas convergentes, no sólo porque apuntan a la misma persona, al Mesías, sino porque todas ellas anotan una característica que define a quien él anuncia: aquel día será el del juicio de Dios, que recae como castigo sobre los pecadores; de esa catástrofe sólo escaparán los justos. Dios aparece como justiciero, que venga los agravios que se le han hecho, salvo que los hombres se conviertan. Cuando Jesús de Nazaret acude al Jordán, Juan no sólo le reconoce como Mesías, sino que habla con él, le bautiza en las aguas del río, y le señala ante la gente como el esperado por todo el pueblo de Israel. Poco después, por haber denunciado las demasías adúlteras de Herodes, éste le ha encarcelado en Maqueronte. z La actuación pública de Jesús no parece responder a las expectativas de Juan Bautista. Éste espera al Mesías-juez que, de forma inmediata, aplique el castigo merecido (Mt 3, 1-12). Eso explica que Juan quiera saber si Jesús es el Mesías. A pesar de sus cadenas se acerca: quiere conocer, profundizar en la persona, en lo que dice y hace. Jesús remite a sus obras con citas de Isaías (ls 35, 5-6; 29, 18; 26, 19; 42, 18; 61, 1) que hablan de salvar y dar buenas noticias. Las obras son signos visibles de la mesianidad de Jesús.

por un ofrecimiento generoso de misericordia a todos los pecadores. Jesús ante los diferentes cuadros de la desgracia humana: ciegos que no ven, paralíticos que no pueden moverse, muchedumbres con hambre y sin pan, pobres viudas desamparadas que lloran la muerte del único hijo, leprosos marginados como si apestaran, pobres que no tienen trabajo, jóvenes calaveras que dilapidan la hacienda familiar... Cuando Jesús los ve, se le conmueven las entrañas, se pone en movimiento, y pone gracia donde hay desgracia, misericordia donde hay miseria. ¿Y si le han dicho que come en casa de los publicanos y acoge a las prostitutas? Algunos pensarían que “con él llegó el escándalo”. Pues no habrán entendido lo más medular del Evangelio. z Cuando se marchó la embajada del Bautista, Jesús habla de Juan. Primero dice lo que no es: no es un oportunista que está “al sol que más calienta”; ni un rico cortesano. Es un profeta y, por tanto, un hombre honesto, austero, apasionado por el reinado de Dios; incluso “más que un profeta” por ser el precursor de la llegada de Dios mismo (Mal 3, 1; Ex 23, 20). z “No ha nacido de mujer uno más grande que Juan” contrasta con “el más pequeño en el Reino de los cielos es más grande que él”. Lo nuevo supera todo lo anterior. Los que han entrado en el reino a través del seguimiento de Jesús son más que él. El reinado de Dios, que hace presente Jesús, supera al Antiguo Testamento. z Los elogios que Jesús hace de Juan (11), el último y

el más grande de los profetas de Israel (9), paradójicamente pretende remarcar la superioridad de la nueva alianza: La nueva alianza de Dios con su pueblo es representada por los “pequeños” con los que actúa Jesús (11). La antigua alianza es representada por Juan. Con Jesús, el pobre entre los pobres (4-5), ha llegado al mundo el Reino de Dios (Mt 12, 28). Los “más pequeños” que acogen el Reino (11) se convierten en testigos vivos del Reino que ya está aquí (Mt 12, 28).

z “Quien ha de venir” (3) es una manera de designar

al Mesías, aquel que es esperado. Una designación que indica que el Mesías nos es dado, que no lo dominamos, no somos señores sino que él es el Señor. z Jesús se manifiesta con unas obras entre los excluidos (4-5) y con la buena nueva a los “pobres” (5). Y envía quienes son testigos a dar la noticia, “a anunciar” (4), esta experiencia: “lo que estáis viendo y oyendo” (4). z El cumplimiento de las profecías que se dan en este relato es sorprendente. Porque quien las cumple es un pobre, Jesús. Un pobre misericordioso-solidario con los pobres. Y esto sucede en un mundo en el que muchos esperaban un Mesías guerrero que se impusiera por la fuerza. Por esto hace falta la pregunta: “¿eres tú?” (3).

Y estos “más pequeños”, al acogiendo el Reino acogen la misma vida de Dios: “feliz aquel quien no me rechace” (6). Por esto son “más grandes” (11), son “felices-dichosos” (Mt 5, 3-12). z Con esta bienaventuranza: “dichoso el que no se escandalice de mí” (6), podemos hacer una felicitación de Adviento, anticipándonos a la felicitación de Navidad. ¡Felicidades a quienes se abran a la novedad! A la novedad de la opción por los pobres, por los últimos, por los que no cuentan en la sociedad que nos montamos como “señores”. ¡Felicidades a quienes preparan la Navidad haciendo esta opción! ¡Felicidades a quienes preparan la Navidad abriéndose al Dios que viene con esta opción! ¡Felicidades a quienes dejan que Él sea el Señor de sus vidas!

z Así, cuando llegue Jesús como Mesías no optará por una justicia estricta que castigue a los malos, sino

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ALGUIEN VIENE Alguien viene, nos dirige su palabra, una palabra que comprendemos porque es clara, alumbra nuestras miserias, cura viejas heridas y deshace tantos insoportables esfuerzos y montajes.,

Sin llamarle, sin haber pensado siquiera en él, sin saber muy bien quién es, sin tener ojos para verle..., alguien viene, pasa junto a nosotros, se fija y se sienta a nuestro lado para estar con nosotros, los hombres.

Viene desde la cercanía de Dios a encontrarse con nosotros y a abrimos los ojos para que conozcamos su rostro y nunca más tengamos miedo.

Alguien viene, y tiene tantas cosas que cambiar dentro de nosotros y en nuestro entorno... No viene para que todo siga igual ni para hacer silencio a nuestro lado; viene porque es posible ser de otra manera, tener vista y vida, levantarse y caminar, ser personas nuevas, dejar la ceguera y dar testimonio del Reino acogiendo sus semillas.

Viene y sólo nos pide lavamos, creer en él y cambiar de bando, para tener lo que más anhelamos. Fl.Ulibarri

VJA que ofrecen un mismo producto, Dios, y desde determinados medios sociales se pretende afirmar que todas las opciones son iguales y tienen el mismo valor, y que sólo depende de la subjetividad de cada uno elegir una opción u otra. Y en muchas personas surge la duda: ¿Cómo saber qué fe elegir? ¿Cómo podemos estar seguros de que vale la pena continuar con la fe que nos han transmitido? ¿Cómo saber que este Jesús, cuyo nacimiento estamos preparando, es realmente quien dice ser?

JUZGAR: En el Evangelio hemos visto que Juan VER: Continuamos queriendo aprovechar el tiempo de Adviento para prepararnos para recibir al Señor. Y en estos días, quien más quien menos acude a alguna tienda o centro comercial a hacer sus compras. Por ejemplo, si vamos a comprar turrón de Jijona, en las estanterías encontraremos varias marcas que ofrecen un mismo producto, y sólo tenemos que elegir el que más nos atrae, o el que mejor precio tiene. Nuestra sociedad capitalista-atea consumista nos pone delante una variada oferta de productos, para que el consumidor elija el que mejor se acomode a sus gustos personales, a sus apetencias, incluso el producto puede ser “ligth”. Ya no se busca tanto lo genuino, lo original. Y esa mentalidad consumista la vamos aplicando también a otras dimensiones de la vida, incluso a la fe: porque también nos encontramos con distintas “ofertas” religiosas, a la carta, con distintas “marcas”

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Bautista tenía sus dudas acerca de Jesús: Juan sabía que Jesús era el enviado de Dios, pero estaba viendo que lo que Jesús hacía no coincidía con la idea que él tenía acerca de lo que el Mesías de Dios debía hacer. Por eso Juan envía a dos emisarios. “¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?” Jesús responde Juan con citas del Antiguo Testamento que anuncian la realidad de la justicia, la superación de los males, el favor que alcanzan pobres y desvalidos... y todo eso ha empezado a cumplirse con la predicación de Jesús, aunque aún no del todo. El proceso ha comenzado. Por eso Jesús dice: “¡Dichoso el que no se escandalice de mí!”

ACTUAR: Este tercer domingo de Adviento nos invita a pararnos y “ver” nuestra vida de creyentes, echar una mirada atrás y recordar esas actuaciones que el Señor ha ido llevando a cabo en nosotros, ver esos pequeños signos que para nosotros han su16 z z


puesto quizá encontrar luz después de un período de verlo todo negro, volver a tener ánimos cuando no teníamos ganas de nada, quedar limpios cuando nos creíamos manchados para siempre... momentos que cada uno conocemos. Y al “ver” esos momentos, al ser conscientes de ellos, se despertará o avivará nuestra fe en el Señor, y podremos tener la certeza de que realmente vale la pena seguirle, porque sólo él nos ofrece la verdadera liberación y salvación. Tendremos la certeza de que él es realmente el Hijo de Dios. Y este tercer domingo de Adviento también nos invita a la paciencia: quizá pensemos que aún queda mucho por hacer, que hay problemas que aparentemente siguen igual... Pero desde la fe tenemos que recordar que no hay que escandalizarse del Señor

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por su lentitud, que él respeta nuestros procesos y que continúa obrando mientras nosotros tengamos fe en él. Hagámonos el propósito, durante esta semana, de hacer ese repaso de nuestra vida, para revitalizar nuestra fe en Jesús. Aprovechemos este repaso para recordar las veces que con nuestras palabras, obras u omisiones hemos dudado de él, y pidámosle perdón en el sacramento de la Reconciliación. Y acojamos con fe este anticipo de la salvación plena que es la Eucaristía: es el mismo Jesús que en la humildad del pan y el vino se nos entrega para fortalecer nuestra fe y que con paciencia y esperanza nos preparemos para acogerle y ser seguidores suyos día a día.

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IV Domingo de Adviento - A [19 de diciembre] z Isaías 7, 10-14 z “Mirad: la virgen está encinta” z Salmo 23 z “Va a entrar el Señor, él es el Rey de la Gloria” z Romanos 1, 1-7 z “Jesucristo, de la estirpe de David, Hijo de Dios” z Mateo 1, 18-24 z “Jesús nacerá de María, desposada con José, hijo de David”

z Ruego/rogamos por pedir el don de comprender el Evangelio y poder conocer y estimar a Jesucristo y, así, po-

der seguirlo mejor. z Apunto algunos hechos vividos esta semana que ha acabado. z

Leo/leemos el texto.

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Después contemplo y subrayo.

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El nacimiento de Jesucristo fue así: María, su madre, estaba desposada con José, y, antes de que vivieran juntos, se encontró encinta por virtud del Espíritu Santo.

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José, su marido, que era un hombre justo y no quería denunciarla, decidió dejarla en secreto. 20 Estaba pensando en esto, cuando un ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: «José, hijo de David, no tengas ningún reparo en recibir en tu casa a María, tu mujer, pues el hijo que ha concebido viene del Espíritu Santo. 21 Dará a luz un hijo, y le pondrás el nombre de Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados». 22

Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que el Señor había dicho por medio del profeta: 23 La Virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrán por nombre Emanuel, que significa «Dios con nosotros».

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Cuando José despertó del sueño, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y recibió en su casa a su mujer. Mt 1,18-24

z Ahora apunto aquello que descubro de JESÚS y de los otros personajes, la BUENA NOTICIA que escucho...veo. z Y vuelvo a mirar la vida, los HECHOS vividos, las PERSONAS de mi entorno... desde el Evangelio. z Llamadas que el Padre me hace -nos hace- hoy a través de este Evangelio, y compromiso o compromisos que

me invita a tomar hoy a través de este Evangelio. z Plegaria. Diálogo con Jesús dando gracias, pidiendo...

Notas para situar este Evangelio z Los llamados “relatos de la infancia” poseen unas características particulares que lo diferencian del resto del Evangelio. No son relatos históricos sino testimonios sobre Jesús formados a la luz de la fe pero que contienen múltiples recuerdos históricos. El relato de hoy no quiere darnos a conocer detalles del nacimiento de Jesús cuanto adelantarnos su cometido, el alcance salvífico de su misión... El objetivo del evangelista es afirmar que Jesús es “el Mesías” (18). Este objetivo ya se ve cuando Mateo hace el árbol genealógico de Jesús (Mt 1, 1-17), explícitamente dicho a los v.v. 1 y 17

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z Es típico de Mateo atestigua el cumplimiento del AT: la promesa al rey Acaz se cumple... la genealogía cumple... Anteriormente, Mateo ha presentado la genealogía de Jesús: desde Abrahán hasta el último descendiente de David, que es José, el esposo de María, de la cual nació Jesús el Cristo... Es la afirmación sencilla y escandalosa: Dios ha querido hacerse hombre (compartiendo la aventura de la vida). El hombre Jesús, y miembro de un pueblo concreto Israel- es el Mesías, el Hijo de Dios; el hombre Jesús, engendrado por obra de lo Espíritu Santo, es Dios mismo presente en medio de nosotros.

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Notas para fijarnos en el Evangelio z El “acuerdo matrimonial” (19) se hacía aproximadamente un año antes del casamiento y tenía un valor legal muy parecido al del matrimonio, aun cuando los novios no vivían juntos; solo al final del año la novia dejaba la casa de sus padres y el novio la llevaba a la suya (Mt 25, 1.13) como esposa, con todos sus derechos. Para deshacer el acuerdo hacía falta que el marido diera a la mujer un documento de divorcio y así dejara de considerarla esposa suya. Una muchacha, a los 12 años era mayor y le obligaban los preceptos de la ley, los varones se desposaban entre los 18-25 años. Para entender estos preceptos es bueno leer del libro Sirácida sobre las obligaciones del padre con respecto a las hijas (Eclo 42, 9-10 y ss)... Y ver que estas costumbres son hoy en pueblos como el gitano, India, África nada extraños.

El segundo, “Emmanuel” (23), viene de la Escritura, de la Palabra de Dios (Is 7, 14), el “Dios con nosotros” (se repite varias veces: donde dos o más estéis reunidos en mi nombre yo estaré con vosotros) (Mt 18, 20; Mt 28, 20). Pero todo el Evangelio -Palabras y Acciones de Jesús- dan testimonio de esto: “Dios-es-connosotros”. z Ni a José, ni a los contemporáneos de Jesús, ni a nosotros nos es fácil aceptar que un hombre concreto sea el mismo Dios... hace falta un corazón pobre para que Dios nos lo revele (Mt11, 25; 16, 17). José, con corazón de pobre obediente a la fe.

QUE YO ME SIENTA BROTAR DE TI, SEÑOR Como brota la luz de ti, Señor, que yo me sienta brotar de ti, Señor.

z Vocación de José: El anuncio a José del nacimiento de Jesús se parece a los antiguos relatos del nacimiento de Isaac (Gn17, 19), Moisés (Ex 2), Sansón (Jue 13, 24), Samuel (1Sam 1, 18). Pero tiene un matiz, y es que es un relato de vocación, que define el papel que jugará José cuando venga Jesús al mundo. Lo mismo que Lc 1, 26-38 narra la vocación de María.

Como manan de ti todas las aguas, Señor, que yo me sienta brotar de ti, Señor. Como se convierte tu mirada en semillas de alimento y belleza sobre la tierra, que yo me sienta brotar de ti, Señor.

z En la Biblia los “sueños” (20) aparecen como un medio por el cual Dios se manifiesta (Gn 15, 12; Mt 2, 12.13.19.22; 27, 19). También es común a toda la Biblia hablar del “ángel del Señor” (20) para expresar que Dios mismo actúa o habla. Aquí es el mensajero de Dios.

Como los océanos y la atmósfera se hicieron vientre de tu vientre, y “bullen las aguas con un bullir de vivientes y vuelan los pájaros sobre la tierra”, que yo me sienta brotar de ti, Señor. Como nacen hombre y mujer modelados por los dedos de tus manos, que yo me sienta brotar de ti, Señor.

z José, al darse cuenta del embarazo de su prometida

decide repudiarla según la ley... José era un hombre justo (fiel a los mandatos de Dios), el ángel le llama hijo de David (titulo que se atribuye solo a Jesús), él ni podrá elegir el nombre de Jesús... Pero al final asume la perplejidad (¿noche oscura?) con la ayuda de Dios (sueño), será el esposo de María, y por ese camino de la paternidad legal le hará descendiente del rey David (Mt1, 16; Lc 1, 32)

Que broten de mi mente pensamientos, a tu imagen y semejanza, Señor. Que produzca mi corazón afectos, a tu imagen y semejanza, Señor.

z Una cosa que queda bien afirmada en esta página es la intervención directa de Dios en el nacimiento de Jesús. Del mismo modo que en la creación del mundo se decía que el Espíritu de Dios aleteaba sobre las aguas (Gn 1, 2), ahora se dice que Maria “había concebido un hijo por obra de lo Espíritu Santo” (18 y 20). Se trata, pues, no de una biografía sino de una confesión de fe sobre Jesús: Él es el Mesías, el Hijo de Dios. Los dos nombres que recibe Jesús también vienen de Dios. El primero, “Jesús” (21), lo propone el ángel, el mensajero (el nombre indica la misión: él salvará a su pueblo, su acción abrirá a una nueva experiencia de salvación de Dios).

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Que surjan de mis entrañas sentimientos, a tu imagen y semejanza, Señor. Que nazca de mis ojos la estimación, a tu imagen y semejanza, Señor. Que vivamos de manera inteligente y libre, a tu imagen y semejanza, Señor. J.L. Otalora

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VJA Mirando a José y a María, podemos decir que Dios nace en una “comunidad” formada por personas sencillas y trabajadoras, anónimas, que no entienden algunas cosas, que tienen sus dudas... pero que están abiertas a Dios, Dios juega un papel fundamental en su vida. Dios se prepara para entrar en la humildad de nuestra existencia para hacer de nosotros sus hijos e hijas, y lo hace gracias a la acogida de María y José. Dios no renuncia a ofrecer a sus criaturas, una y otra vez, su salvación. Él es el “Dios-con-nosotros”, y por eso quiere contar con nosotros, se hace pequeño para que lo acojamos sin miedo.

VER: El primer domingo de Adviento decíamos que existen varias “navidades”, que en algunos casos estaban sustituyendo a la verdadera Navidad, y en otros casos ofrecían sólo una visión muy parcial. Y una de esas “navidades” incompletas es la navidad “familiar”. Estos días la mayoría de las familias se reúnen, parece que es una oportunidad de estrechar un poco los lazos familiares. Y cuando una persona, por distintos motivos, reunirse con sus seres queridos, lo pasa francamente mal, por mucho que se quiera pensar que son unos días igual que otros. Si pasamos a la dimensión de la fe, hoy en día es raro encontrar familias en las que todos sus miembros sean creyentes: lo más habitual es que uno o dos miembros de la familia sean los que celebran su fe, los que oran, los que se comprometen... y el resto “pasa”. Y esto provoca que estas personas también se sientan “solas”, aunque estén con los suyos, porque no tienen con quién compartir sus sentimientos ni lo que para ellas significa celebrar la Navidad. Por eso, en este cuarto y último domingo de Adviento, es importante y necesario reflexionar acerca de un aspecto de nuestra fe que, teniendo en cuenta los tiempos que vivimos y los que vendrán, hemos de esforzarnos en cuidar: es la dimensión COMUNITARIA de la fe.

JUZGAR:

Hoy los protagonistas del Evangelio son José y María, que vienen a ser esa “comunidad” familiar en la que el Hijo de Dios nace. Dios les ha llamado a ambos, a participar activamente en su plan de salvación, y ellos han aceptado, María con total disponibilidad, José con algunas dudas iniciales.

ACTUAR: Al Señor que viene no se le recibe en solitario, sino en comunidad, porque él es el primero que nos convoca, que nos reúne. Igual que se dirigió a José y a María, hoy se dirige a nosotros. La “canastilla” que hemos estado preparando era comunitaria, porque unos a otros debíamos estimularnos y ayudarnos a llenarla, a llenarnos de esperanza, caridad y fe. Y hoy, a punto de celebrar la Navidad, la queremos llenar de “comunión”, de comúnunión entre nosotros. Si queremos ser coherentes, hemos de ir potenciando todo lo que nos ayude a crecer en el sentido de formar “comunidad parroquial”, de vernos no como extraños, sino como compañeros de viaje. De cara a los tiempos que vienen, en los que difícilmente vamos a encontrar en nuestros grupos familiares o de amigos personas que compartan nuestra fe, los cristianos vamos a necesitar, y mucho, este punto de referencia que será la Comunidad Parroquial, para poder vivir plenamente nuestra fe, celebrándola, profundizando en ella y llevándola después a la práctica, pero no en solitario, sino sabiéndonos acompañados unos por otros, y todos unidos por el mismo Señor. Y tendremos que aprender a conocernos y a respetarnos en nuestras diferencias; y tendremos que estar dispuestos a asumir alguna responsabilidad en la Parroquia, si queremos que siga adelante. Pidámoslo al Señor que nos dé fuerza para ir construyendo comunidades parroquiales vivas; él nos invita a acogerle, como a María y a José, para escuchar su voz, para recibir su presencia real en la Eucaristía, para ir renovando nuestro mundo viviendo como verdaderos discípulos suyos.

María y José son el exponente de la “comunidad creyente” que acoge al Dios que viene a nosotros.

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Adviento  

adviento 2010

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