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Mario Esteban de Antonio

En espera del alba SepĂşlveda 2010


Amaneciendo La noche, cansada de dormir, entreabre sus ojos y bosteza. El Azul se hace rosa en el horizonte y los montes comienzan a recortar su silueta. El arroyo dice cosas que no se pueden ya entender, porque la oscuridad ha huido. Y es sólo la oscuridad quien nos sabe leer el poema del agua en movimiento. Un pájaro temblequea sobre la rama más alta del sauce, en un rictus de soledad y escalofrío; la hierba crecida esconde una flor que corta para ti mi alma enamorada. El aire grisea claridades... Está amaneciendo... Pero mi espíritu... -¡qué paradoja!- anochece, porque miro a mi lado y me faltas tú. El día casi ha nacido. Yo me agarro con ansia a los restos de la noche y me escondo en mí para caminar a solas. Pero mis pasos, sin rumbo, caminan por una vereda sin ti que me lleva a ti. 11


Un soplo de aire agita las hojas de los árboles, y mi alma se recuesta morriñosa sobre la tuya, que palpita ausencias al costado mío. Ya es de día...

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Deja... Deja que me hunda -hasta ahogarmeen los recuerdos... DĂŠjame abrazarlos aunque me quemen... Deja que siga respirando en mi pasado hasta que muera... DĂŠjame beber nostalgias, que aĂşn aletean en mi alma adormecida, aunque me duelan...

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Porque cada recuerdo -empapado en melancolía de días o noches que fuerones, como un deseo de vivir amores nuevos que vendrán; es, como un resucitar alegrías perdidas que reverdecen; es, como un ansia de beber otra vez en luz de lunas llenas; o como esa locura del despertar a la amanecida -cuando todo duermey sólo mi alma y la de la mujer que se abraza a mi cuerpo, se bañan desnudos en los rayos del sol que vuelve a nacer... Deja que me duerma abrazado a los recuerdos...

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Tú y yo Te veo a mi lado, y te miro con una muda súplica de cariño. No me atrevo a pedir amor porque no lo entenderías; no podrías comprender un amor de dos almas diferentes y en el que nuestros pobres cuerpos quedasen en segundo término. Un amor de dos almas, de dos espíritus, que luchan por despegarse -aunque sea solamente un pocodel barro humano. Un amor limpio y sereno, con tus ojos y los míos mirando el azul del mar o del cielo; mirando siempre al mismo sitio, mientras una mano mía, cogida a la tuya, te habla sin palabras. 33


A Amparo García Otero, que puso su voz cálida y una maravillosa música a este poema mío. Con todo cariño, Mario.

Pisa despacio... Pisa despacio... que la nieve que yace dormida no se despierte... Pisa despacio... bajo la sombra sin sombra de los árboles desnudos... Pisa despacio... que todo ruido sea el del caer los copos sobre blancores de nieve; que todo ruido sea el de un sol mortecino, perdiéndose en infinitos oscuros; que todo ruido sea el que hace ese gorrión aterido y hambriento, sobre un matorral sin hojas...

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Pisa despacio... que mi cuna de nieves sin mancha estĂŠ intacta cuando me acueste... Pisa despacio, que quiero dormir... Pisa despacio por el sendero blanco... Pero dĂŠjame tus huellas sobre la nieve, para que yo pueda seguirte cuando te vayas... Pisa despacio...

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No quiero ir al mar A mí, que me den olas de mieses ondulantes en los mares secos de mi Castilla, mientras las campanas desmayan sus tañidos al atardecer... Que me den el cosquillear de esquilas de los rebaños, que peregrinan por las laderas verdinegras en la anochecida... Que me den silencios amorosos, con resplandores de luna sobre la sierra dormida en lejanías... Que me den ese último resplandor de una estrella fugaz, que muere en un parpadeo mientras mis ojos arañan Azules a la paz del verano... Que me den el rumor acariciante de ese riachuelo semiseco, que apenas llega a la raíz desnuda de las junqueras... Y que me den, en fin, una sombra. Sólo la sombra de una olma centenaria, para tenderme a sus pies y acunarme en ella...

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Poema del hijo Fuiste pequeño y frágil, igual de pequeño y frágil que ese copo de nieve que veo flotar al aire desde mi ventana. Tan sólo eras una diminuta semilla, recién fecundada, que tu madre cuidaba con fe y guardaba como un tesoro en el invernadero más íntimo de su ser... Creciste despaciosamente, y tu madre notaba en su vientre el aletear de tus miembros, a la par que soñaba futuras primaveras compartidas. Meses más tarde, llegó el día en que rompiste tu envoltura y sentiste la Luz y la Vida, aun sin saber todavía lo que la Luz ni la Vida eran. Entonces, tu madre te miró, alargó hacia ti sus brazos, sonrió lágrimas de esperanza, puso sus labios y el signo de la cruz sobre tu frente, y te acunó en su regazo...

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Lluvia en Sepúlveda Sueño con sentir de noche caer la lluvia sobre ti y sobre mí. Tú muy cerca, mirándome; y yo muy cerca, cogiendo tu cintura... Sueño con sentir el cosquilleo acariciante de unas gotas de agua, que resbalan por nuestras caras juntas... Sueño con pasear así contigo y perdernos en la oscuridad de los caminos, mientras comienzan a encenderse a lo lejos las luces mortecinas del pueblo... Sueño con sentirte estremecida de frío, para calmar tus temblores con el calor que irradia de mi alma y de mi cuerpo...

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Sueño con regresar juntos y, sentados en el suelo, -ante los leños de la chimenea encendidoscon un beso, hacerte conocer el Amor y hacerte sentir y saber que yo también te quiero... Y sueño con ver cómo una última gota de agua se desliza lenta por tu rostro, mientras, con nuestras manos juntas, oímos el repiqueteo incesante de la lluvia que cae sobre el tejado musgoso de nuestra casa...

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Llueve sin descanso Llueve sin descanso, con suavidad y mansedumbres de otoño dulce. Las gotas de agua resbalan despaciosas; tan sólo alguna vez, el viento azota la lluvia contra el cristal del balcón, en un tamborileo que rompe mis silencios. Las calles del pueblo son espejos brillantes, que quieren reflejar Azules sin lograrlo. Los muros y tejados de las casas visten su desnudez con una pátina de líquenes y musgos resucitados. Y el corazón, que me rebulle dentro, se recuesta -lleno de morriñaen una cuna blanda de musgos otoñales... Recordando...

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Nevada en primavera Los almendros, pequeños, solos y tristes, estaban ya en flor al pié de mi ladera. Y eran como almas que resucitaban y ahora agonizan; porque la nieve se ha equivocado, ha llegado tarde a su cita y ha caído sobre sus flores blancas y rosadas. Un viento del norte, helado y cruel como un engaño, ha vuelto sin avisar, cuando todo reverdecía una nueva vida. Y no sé si todo ha sido para matar mis flores, o para hacerlas conocer el dolor de que aún siguen viviendo...

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Amor en silencio Amor en silencio... en el silencio de mi habitación semivacía, en el aire poblado de voces que son tan sólo el eco mortecino de palabras tuyas que fueron Amor en silencio... en el silencio de la oscuridad de mis libros y mis cuadros, y del piano que dormita a escondidas calladas melodías... Amor en silencio... de mi soledad a la tuya, de mi boca cuajada en besos que intentan llegarte y se secan en mis labios al no estar tú. Amor en silencio... amor que sale de mi alma hecha jirones hacia la tuya perdida en lejanías... Y mis brazos, buscándote, se aprietan en vano al aire invisible. Pero el aire, que no entiende de amores, me lanza miradas extrañas, huecas y sombrías; y se escuchan como unas risas absurdas, que estremecen mi espíritu y me hacen sentir la Nada en que han quedado mis noches y mis días... y el Amor, que no quiere irse, se incrusta en mi soledad y se esconde en el rincón más oculto de mi melancolía... 211


En Espera del Alba