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EN VOZ ALTA José Antonio


UNA ANTORCHA DE LUZ

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Una antorcha de luz

Prefacio Mi voz es un bombero que no acata la orden de abrir una cadena en un desahucio y así evita a una anciana dormir a la intemperie. Es el primer madero que se niega a cargar contra sus vecinos y proteger a los culpables. Es la satisfacción de una mujer que alberga en sus entrañas una vida en un tiempo remoto sin escritos que expliquen el motivo de su gracia. Es un caudal de estigmas en la lengua, en las manos del sol, la tierra, el agua y el ancho firmamento. Una antorcha de luz que alumbra el interior de una caverna.

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Una antorcha de luz

José Antonio

Mi voz es un mandato del todo y de la nada Palabras que despiertan a una mujer en paro y con tres hijos, la idea de lanzar un adoquín en el congreso. A los antidisturbios a golpear adolescentes. A un hombre de uniforme a espurrear como un demente insultos y amenazas. Después, el agua riega el paladar, estalla en los lugares sin sustancia, se evaporan mensajes transparentes, que libres en el aire, dibujan la sonrisa de inmigrantes privados de tarjeta sanitaria.

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Una antorcha de luz

José Antonio

1. En la profundidad de los silencios consulto los oráculos. Vierto la palabra en el fuego e invoco a los dioses. Unjo mis miembros en aceite, rompo los rasgos de mi rostro y detengo la imagen. En la calma total, sin miedo, cabalgo a encontrarme con la muerte. Mi voz, es el calor del abrigo de un hombre que duerme a la intemperie derrotado. Estoy en su embriaguez con un cartón de vino que no me deja levantarme. Siento la gravedad en un túnel sin tiempo ni medida. Estoy en el placer del abandono con una dormidera entre los dedos muy cerca del suicidio voluntario.

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Siento el amor como una náusea que me deja en la piel cicatrices eternas. Estoy en el disfraz de un gemido a cambio de un billete tan frío como el mármol. Siento el grito estremecedor de un labio roto ensangrentado. El miedo visceral que desata el llanto de sus hijos. El deseo de que la bestia jamás cruce su puerta. Mi voz es la agonía de un hombre que recuerda perder lo más preciado en la sombra del patio de una cárcel. Mucho antes su inocencia se escapó entre hurtos y novillos.

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Una antorcha de luz

José Antonio

Soy la voz de un anciano que malgastó su juventud detrás de sanidad universal y escuela gratuita para todos. Y ahora, mientras busca su sustento en la vergüenza de las sobras de un cubo de basura. Ve pasar un Ferrari que con sus ruedas pisa sus derechos. Soy la voz de un adulto envuelto en luces y sonidos que le roban la posesión de su carácter. Estoy inmovilizado en un juego ruin que amenaza su ser en la culminación de una mala partida.

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Escuché las palabras de un político como una invocación del poder de la banca, los grandes inversores y la empresa privada. Sentí su precampaña cargada de disputas y mentiras como un discurso ajeno a la realidad de las personas. Pero, la multitud, coreaba su nombre y le aclamaba y la sombra se cierne sobre el cielo. Palidece mi voz frente a un televisor. Se ahoga en la voracidad de un préstamo insaciable. En la enfermedad del estrés, las prisas del mercado, que la empujan a mirar la ventana y pensar en suicidio.

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Una antorcha de luz

José Antonio

Me hundo en la corrupción de los políticos. En la ruindad de los banqueros. En la avidez de los mercados. En la brutalidad de sus sirvientes. En la complicidad del desahogado. En la pasividad de los cobardes. En un precipicio sin fondo y caigo derrotado.

2. De la seguridad de tus costumbres vencida huye mi voz del campo de batalla. Voy a curar mis heridas abiertas en los largos silencios. Las llagas de mi boca sanarán, no así las cicatrices, porque ellas son eternas. Descanso en la mudez de la garganta. En un latido sordo existencial. En la ceguera. Mi voz se fortalece tras sufrir la reforma laboral, agotar el subsidio de desempleo, y afrontar un desahucio. Es ahora más dura. Ya no cree en los dioses. Ya no cree en los sortilegios. Ya conoce la soledad.

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Una antorcha de luz

José Antonio

En el fragor de las protestas sintió la represión de un disparo certero en el oído, la crueldad de una porra en las costillas, y una patada en el estómago.

Está escrito, mi voz fue elegida. Tengo la misión de morir por llevar su mensaje si es necesario. Soy la pasión y el destino de la palabra. La suerte está echada y cumplo sus designios.

Sintió en comisaría la tortura en sus carnes. La incomunicación en un oscuro y frío calabozo. La falta del oxígeno con una bolsa en la cabeza. La humillación de los agravios. La falta de comida, de agua. El terror de los golpes. El olor a vinagre de su aliento. La carcajada cruel de una puta hiena. Y se abrió una brecha en el tiempo. Reúno valor de la quietud, destilo miel de la experiencia, y vislumbro la luz de la esperanza.

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Una antorcha de luz

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3. Espectros sin materia ingieren pócimas antiguas en el tiempo. Bailan desenfrenados al ritmo de una máquina desenfocando el objetivo. Aceptan no poderse pagar una carrera, y un contrato basura de por vida. Los seres invisibles fermentan su garganta hasta ahogar la cordura y volver a su mundo debajo de cartones a modo de vivienda. Las jóvenes nos venden su carne en los polígonos por un módico precio, mientras se lucra un chulo a costa de sus sueños de princesa. Mujeres maltratadas acuden al psicólogo culpándose a si mismas de su suerte. Ancianos con achaques reparan las goteras de su casa sin poderse subir a su tejado. Los niños marginados afilan su navaja en un juego de adultos que asusta a sus futuros carceleros.

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Se desata la voz de la ira como la tempestad de un látigo que hierve en la lengua. Soy la voz encendida en los labios que enbiste hasta caer en la arena con la espada clavada. Soy la voz de la huelga que otra vez se levanta. Escupo espumarajos de aridez sobre un futuro incierto que daña la razón y no admito los jugos de un sistema donde la educación no es un derecho. El agua destilada mejora mis heridas y repudio un sistema que oculta sus enfermos. Frente un espejo a solas he visto la premura de mis canas y en voz alta maldigo tu moral aparente y este sistema obsceno. Afirmo mi autoestima mellando los colmillos afilados de la enfermedad de la bestia y no admito gallitos de pelea. Después de taponar toda la vida las fugas de agua del sistema no puedo disfrutar de mi retiro y hago prevalecer la ley de la garrota. … 21 —


Una antorcha de luz

José Antonio

La libertad me enseña sus valores y en la perpetuación de una voz única, denuncio este sistema, que aparta todo aquel producto que sufre alguna tara. Acallo con mi voz la manipulación de sus mentiras, y saco a relucir la claridad de sus venenos, de nada valen sus discursos.

Escucho un eufemismo que confunde, y veo a un periodista que consiente, como una señal innegable, de la ansiedad del usurero que manipula las respuestas.

4. Recluto la hediondez de la desdicha y cada vez me hago más fuerte. Mi voz es la ignición de un explosivo que retumba en el aire y corta el viento anulando la sin razón de está especie enferma. Entre tanta miseria y chapapote salgo ileso y con inquietud entrego tu mensaje. En la oscuridad se alza un alud de claridad que acaricia la piel de las palabras. Se enciende la luz y formo un ejército de voces bravas. Le doy una razón a su existencia, gritar al corazón de los sicarios.

Y rompo con mi voz las ondas del satélite las pantallas estallan a mi paso y siembro otro vivir lejos del caos.

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Una antorcha de luz

José Antonio

5. Mas allá de los mares me esperan impacientes desheredados y oprimidos. Allá donde las huestes del caníbal, con su voracidad, hicieron una orgía con la carne. Están allí cuatro jinetes, campean a sus anchas, tras ajustar el precio del arroz y del trigo y quemar los excesos de cosecha. Tras invertir en pozos de petróleo y no en agua potable. Tras crear un conflicto, vender a crédito armas, y adiestrar sus soldados. Tras cobrar intereses, explotar sus recursos, y contaminarles el agua.

Una tribu diezmada por las aguas insalubres y montones de huérfanos. El líquido vital bajo sus pies apenas a cien metros y la sed hace estragos. Un adolescente en el suelo con un disparo en la nuca, y a su hermano menor, aún le tiembla la pistola en la mano. Tras ahogar en alcohol la visión de un jinete sin cabeza los efluvios del vino bendicen nuestro viaje. La inquietud de mi voz es el poder de un ideal que avanza sin temor siempre adelante y mira de frente cargar un caballo de guerra.

Y no hay piedad, tan solo, una madre sin leche con un niño en sus brazos que escucha el zumbar de las moscas.

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Una antorcha de luz

José Antonio

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Escucho la tensión de sus relinchos el metal de sus armas -se apaga la luzy siento un frío cruel discurrir por mis venas.

Soy el grito de un padre que sobrevive a su hijo tras caer una bomba.

Parásitos de un mal endémico enferman la entereza. Avanza inexorable la parálisis escarchando la sangre. La duda es el sentir de las pisadas y sientes el temblor de las miserias. En la destilación de la cordura bebes el elixir de los instintos. Supervivencia es la palabra, valor de los sin tierra.

El lamento sin fin de una madre que siente que la desnutrición va a matar sus retoños. Soy la respiración del que se ahoga en la saliva coagulada de un polvo oscuro y denso. Se desgarra mi voz ante la inmensidad del cruel genocidio.

Silencio sepulcral, crepúsculos amargos, réquiem por los suicidas. La vanidad traiciona la sensatez y entramos en combate. Hay que matar el miedo con la voz, la lucha es desigual, pero la causa es importante, y enloquecidas las palabras, salen de nuestros labios. … 26 —

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Una antorcha de luz

José Antonio

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Maldigo vuestro lujo en tiempos de abundancia. Gritad, gritad conmigo, unidos en una sola voz podemos derribar los jinetes de la barbarie.

Por fin se hizo la luz llegamos a un lugar donde al menos se cubrían las necesidades más básicas.

Sentí la tentación de tocar retirada de escapar del incendio que mutila sin perdón mis cuerdas vocales y vi sus miradas perdidas el tormento en sus ojos y recogí las armas.

un coro de sonrisas brotaba de sus labios y la comodidad nos hizo vulnerables. Dejó de caer el maná y se oscureció el cielo, rugió la tempestad, se abrió la tierra, escupió ascuas el viento, y la luz se envolvió de luto. Un jinete de sida, de tifus y malaria, enarbola sus símbolos hirientes y carga sin piedad sobre los refugiados. No llegó a tiempo ayuda humanitaria, se sembró el campo de cadáveres.

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Una antorcha de luz

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10. Soy la embriaguez del juego de las armas, la carcajada cruel del caballero negro. Y no hay hadas, ni duendes, solo la realidad de los fusiles en el juego feroz de seguir vivo y no importa la edad.

A cambio los soldados dejan el rastro de la muerte y entregan lo más valioso su niñez y sus sueños. Y no escuchan mi voz. No puedo hacerles daño. Te imploro que me ayudes a mitigar tanta desgracia.

Siento la violación de la inocencia que con sus manos triza los cristales transparentes, volviéndolos opacos. Un anciano yace en el suelo, a su lado una niña se duele de un puñal que desgarró su vientre. Llega al paso el jinete con su disfraz de superhéroe y su falsa moral. Sus palabras son mágicas como en los cuentos y promete la juventud eterna.

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Una antorcha de luz

José Antonio

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Soy la voz de una niña en un burdel a capricho de un sátiro que arranca su tesoro.

Mi voz es el silencio de las alas. La castración del vuelo por un látigo. Una herida que se abre en la profundidad de los deseos.

Siento como abandona su cuerpo en manos de la bestia mientras ella se sacia de la carne. Siento su más enérgica repulsa en el momento de la cópula hacia un ser que es un cáncer demasiado precoz para su edad. Y se apaga la luz en su habitación de muñecas. Tu silencio es complicidad. Alza la voz conmigo seremos un volcán ingobernable que siembre la esperanza.

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Mi voz rompe el silencio, pero en la oscuridad no puede abrir la puerta de la jaula. Necesito una llave de luz que despeje en la niebla la visión de las plumas en el aire. Ya veo que no gritas no crees en mis palabras y el jinete cabalga y oculta el sol en la penumbra de las sombras. Con un ejército maltrecho, quebradas ya las voces, se da otra vez la orden de partir a cumplir la profecía.

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Una antorcha de luz

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13. Soy la voz del chamán que invoca al dios del universo y le pregunta ¿ Qué fue de aquel lugar de húmedas selvas. quién se llevó los árboles, por qué la tierra es ahora estéril, dónde encontrar el agua, y dónde el alimento?

Espolea un jinete su caballo, y escupe con desprecio treinta monedas de aridez, que arrancan las raíces de los bosques. Su voz es la avidez de la codicia que despierta la esterilidad con máquinas y sierras.

Llega el falso hechicero, su voz está cargada de serpientes, lleva en su muñeca un reloj para medir el tiempo, lleva en su alma la muerte de su esencia.

Soy la voz de los parias sin hogar que se arrastran en el olvido de la desnutrición, como una estirpe de alacranes, tras masticar la hediondez de la muerte.

Le besa el traidor en los labios. La oscuridad penetra en su ser y siente un último estertor, que une su espíritu a la luz de la madre tierra. Ahora comprende que Elegba, camina desbocada entre los hombres.

El falso hechicero los guía a la ciudad de los engaños. Es el lacayo fiel con la inyección de la locura en la mirada, que está contaminado por el oro.

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Una antorcha de luz

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Tras ingerir los vertederos de las grandes ciudades habrán perdido su sonrisa. Serán espectros invisibles en un mundo de sombras. La tierra es un desierto de aridez tras parir de su vientre, cenizas y rescoldos. Las nubes son de un polvo denso y gris, el agua un lodazal de pestilencia, y el viento tras enloquecer es el rencor de un huracán que escupe mortandad entre lamentos. Mira con admiración su obra el jinete, tan solo le costó treinta sucias monedas. Mi voz grita a las leyes de la madre, al verde de los bosques, al azul del agua, al marrón de la tierra y al viento transparente.

Y solo hay soledad, soledad y despecho a tanta ingratitud, y el odio irracional de la demencia, que siente la traición en sus entrañas. Alzad la voz, no son seres extraordinarios, antes de ser jinetes también vendieron su alma por treinta monedas. Tal vez el poder lo dé el oro, pero es en el amor donde se hacen realidad todos los sueños. Hagámoslos reales en una sola voz que ingobernable derribe los muros donde languidece el cielo azul, la seducción del sol, la tierra fértil.

Quizá es inútil, siento la mudez como un puñal en mis pulmones. Siento que los estigmas abren heridas en mi lengua y desfallezco.

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Una antorcha de luz

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Escucho una legión de voces solidarias al final de la luz. La música invade mi ser y vuelvo a sentir en mis labios la caricia de un primer beso.

Arremeten con furia los jinetes vomitan a su paso proyectiles que rasgan la blancura de las sábanas y amortajan los cuerpos. La densidad del lodo infecta el agua tras respirar cenizas y rescoldos y masticar la carne que se pudre. Se ahoga la bondad del inocente, y solo las palomas negras subsisten al veneno de los gases.

Son los ciegos que ven y los sordos que escuchan. Es la lengua infectada que jamás se involucra y denuncia en voz alta. Hay fotosíntesis y sol, y siento la savia brotar otra vez de la tierra.

Hay fertilidad en los desiertos, luz en las grutas, beldad en las culebras, y percibo el arrullo de una paloma blanca que no teme cruzar el límite de una frontera.

Se afinan los acordes, las palabras agrestes, y entramos en combate. Siento los líquidos fluir tras disparar a quema ropa en el fragor de la batalla. Tras la munición hay un hombre que ingiere largas noches de remordimientos e insomnio.

Ya siento vuestra voz en la batalla, aun descansa en la mudez, pero es una avalancha sin obstáculos.

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Una antorcha de luz

José Antonio

Siento la pólvora hiriente escupir con ferocidad sobre una mirada infantil y en mi voz se despierta un relámpago de ira que mancha mis manos de sangre. Tras ingerir en la batalla, putrefacción, asco y desprecio, suena un réquiem en el espacio, un tañido de llantos de dolor, que arranca del pecho una lágrima. Oigo el graznar de una paloma en la coagulación de una llama en el cielo, como una señal inequívoca, de la sin razón de un disparo. Se disuelve la claridad y en el terror emerge el fruto del arma homicida.

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Es el rencor que aleja a religiones, razas y etnias. Un espejo que muestra un rostro corrupto y decrépito. Un cristal que se rompe y derrama inocencia. Un álbum familiar en las llamas de un fuego. Un hilo ensangrentado que se deshilacha en la cuna. Un zapato en pedazos de la última mina. Un plato que se aburre en la soledad del vacío. El sufrir de una lámpara en la oscuridad tenebrosa. Y siento germinar semillas de violencia en una voz hostil que no olvida a las víctimas. El agua es un caudal de enfermedad que transporta con lentitud venenos afilados. Los pájaros olvidan el don amable de la música, tras ingerir la corrosión del humo de la pólvora.

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Una antorcha de luz

José Antonio

Las hojas de los árboles, se tiñen de un rojo viscoso y el olor de las flores recuerda un pozo séptico. No hay calor en el sol. La carne del ganado se pudre en los campos estériles. En la aridez no habrá cosecha. Y otra criatura fallece cada tres segundos y medio.

16. Escucho la voz de un chamán que habla en mis pesadillas más allá de los tiempos. Bendice un ritual en honor al dios de la guerra en torno a las llamas de un fuego . Siento ingerir a los guerreros las pócimas alucinógenas y reunir el valor de las sustancias. Abandonan su cuerpo, sin miedo a sentir el dolor, y miran de frente a la muerte. Veo como afilan sus dientes, deforman su cabeza, dislocan su cintura, y se tintan la piel con cenizas ardientes. Es un dios que se nutre del rencor de los vivos y se orina una víctima. Siento el golpear de las piedras, el caníbal surgir de los despojos, y siento a los mismos jinetes de mi tiempo moderno, en la culminación atroz de los actos.

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Una antorcha de luz

José Antonio

17. En la deformidad del tiempo hiende la muerte. Siempre se afiló una guadaña en busca de recursos naturales y siempre habrá un hombre que a cambio de poder se venda por treinta monedas. Es un monstruo capaz de traficar con carne humana que provoca una guerra allá donde hay coltán, diamantes o petróleo. Con avidez se cierne como un buitre sobre los débiles y siento el temblor de los huérfanos errantes, el dolor de las viudas, y como se corrompen los miembros amputados.

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Camino del exilio levantan un polvo execrable que enmudece la luz. Es una huella de hediondez que abandona su tierra y se adentra en lo incierto. Se dan un festín los jinetes y se marca en un mapa un muro que no aplaca el viento, no amaina la tormenta, un muro de rencor interminable. Un muro que enmudece un acorde con fúnebres notas y silencia una orquesta. Un muro de aromas perdidos, de fragancias encarceladas, que violenta el perfume.

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Una antorcha de luz

José Antonio

Un muro que interrumpe las palabras, que rompe las promesas, que engendra el odio cruel de la ira, el silencio mas largo de la muerte, un muro que está ensangrentado.

18. Siento el poder en manos de la banca y sus treinta monedas. Y siento la ansiedad de los políticos por vender a su pueblo.

Se ajustician vencidos y la gloria es el hambre. Siento manipular a su medida la noticia en los medios y siento la voz de un traidor que me juzga culpable. En vuestros cómodos sillones laváis vuestras manos. Tras tergiversar mis palabras la multitud pide mi lengua y siento como un látigo me golpea en la espalda, una espina se clava en mi cráneo, y cargo con la culpa entre insultos y golpes.

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Una antorcha de luz

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Siento la sequedad de la saliva que cercena mi voz y siento como languidece mi mensaje sin agua. Soy el profeta y el mártir, os entregue mi voz y mi palabra.

19. Siento la expiación de la culpa difundir mi palabra. Y siento entre el líquido amniótico nacer un nuevo mundo en tus cuerdas vocales. Se detiene a los hechiceros que en mi nombre, construyen de oro, salas de fiesta. Se derriba al jinete y se deja que el óxido actúe sobre su guadaña afilada. Se señala al traidor que se avergüenza y opta por el suicidio voluntario.

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Una antorcha de luz

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Se licua el humo en miel en un solo caudal que ilumina las sombras y despeja la niebla. Las fronteras son líneas que parecen absurdas en los libros de historia. El color de la piel ya no se tiene en cuenta cuando se juzga a las personas. Religiones y dioses dejan de ser una escusa para dominar a la masa. La naturaleza es honrada y los seres humanos comprenden que dependen de ella.

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Los jóvenes preguntan en los museos donde hay armas si teníamos cerebro. La propiedad privada pasa a ser una anécdota porque nadie se priva de hacer uso de nada. Ya no existe debate entre varones y hembras. Ya no hay clases sociales si no clases de hombres. Grita y no pares de gritar, que tu voz sea el trueno ingobernable que anuncie la tormenta. Enciende en la sombra una antorcha y no apagues su luz.

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Todo está en calma

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Todo está en calma

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TODO ESTÁ EN CALMA

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Todo está en calma

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Primera parte

Un niño sin queso sin leche y sin miga de pan

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Todo está en calma

José Antonio

Prefacio Soy la mano sin uñas pendiente de un teléfono móvil. El cigarro encendido frente a un reloj que agotó sus horas de sueño. Soy el lumbago de un martillo industrial que hiere con sus golpes la acera. La respiración agitada que anegó sus pulmones. La última gota de sudor en los poros. Una úlcera en la cola del paro que agotó su subsidio. Soy la dermatitis, el pelo caído, soy un número en rojo. En la pared de mi cuarto cuelga la cola del último zorro. Amarré la soga de Judas a la rama más alta. Abordé un galeón repleto de oro que venía de las islas. Prendí fuego a los pozos de crudo en las mil y una noches. Abandoné con sus muertos a López de Aguirre en la selva. Y pagué la comisión de un político con billetes sin número. Ese soy yo. Apoyé a George Bush en la última guerra. Bombardeé una ambulancia, un hospital y un almacén de comida. Endeudé un país y dejó de ser libre. En la última huelga conté treinta monedas. Arrojé a las llamas el último informe del cambio climático. Provoqué un huracán en una isla que contrariaba mis órdenes. Costeé un grupo armado para derribar un gobierno. Y me quedé con el piso de un hombre que se encontraba en el paro.

Soy las ruedas de un coche que desgarra el asfalto. … 58 —

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Todo está en calma

José Antonio

El sudor de una máquina que se alimenta de éxtasis. La corona de un reloj en la cresta de un punki. La cara oculta de la luna, el engaño. Soy un demente con los nudillos manchados de sangre. Ese soy yo. El que cierra los ojos al besar unos labios. El que descubre el sabor de la miel al besar la piel tersa. El que al intercambiar sus fluidos encuentra una fuente de agua. El que sintió la ternura de un niño en el líquido amniótico.

Soy un poeta y os entrego mi canto. Mi canto es un réquiem enlutado de lágrimas. Mis lágrimas son el ámbar de los secretos prehistóricos. Los secretos prehistóricos son cenizas en mis cuerdas vocales. Mis cuerdas vocales son gomas elásticas con las que juegan las niñas. Las niñas en mis ojos son la inocencia que dejé en el camino. El camino es arduo en él hay zarzales. Los zarzales tienen gotas de zumo que son magia en mis labios. Mis labios se extasían de azúcar y sal. De azúcar y sal se componen mis versos.

Ese soy yo. El que se aferra a su amiga Ginebra por que detesta en la pared los vinilos, la alfombra de Persia, los suelos de mármol. El que se esconde en su cuarto cuando escucha los gritos de un niño. El que ha construido una prisión de sus sueños.

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Todo está en calma

José Antonio

1. Una cascada de luz en el agua deja limpia mi lengua. Suave el canto planea bajo el sol más hermoso. Es la magia en el cristal de los sueños. La estrella errante que reparte fortuna a la mirada inocente. La luna lunera que canta una nana al pie de una cuna. Una cuna manchada de sangre por el señor de la guerra. Señor que maneja la bolsa con un arma en la mano. Lunático que esclaviza el carácter con un uniforme. Quijote maligno que acomete molinos que descansan en paz. Allá te estarán esperando tus muertos y sobre tu tumba se bailará un rock and roll. No permite el deforme que se escuche en la calle mi canto. Mis acordes se ahogan en los tubos de escape. La bocina estridente no da lugar a la orquesta. Mis versos patinan sobre manchas de aceite. Las palabras son ostias y una ostia en el tímpano deja muda la música y a mi canto sin voz.

Es ahora mi canto una puta sin dueño para saciar los instintos. Los instintos son madres con un niño en sus brazos. En su brazo lleva tatuada una frase. Una frase que dice matar al poeta que perturba la calma. La calma es un niño sin queso, sin leche y sin miga de pan. Un niño sin queso, sin leche y sin miga de pan, es un político que hurta a su pueblo. Es el rescate de un banco que ejecuta un desahucio. Es una manta raída cubierta de escarcha debajo de un puente. Es una nave industrial sin obreros ni máquinas. Es una vivienda en penumbra con una envoltura de polvo. Es un hombre sin jornal que no paga sus deudas. Es la patera que se hunde al cruzar el estrecho. Son cosechas que se pudren y aranceles. Es un montón de dinero bajo el mármol. Que alguien mate al jodido poeta Me aburren sus versos.

Un mendigo en la calle me dicta palabras que no logro entender. Es el vino en las venas al pie de un semáforo quien traduce el sentido. El papel de aluminio y un humo sin vértigo confunden mi canto con una voz marginal. Un trilero en sus manos oculta mi canto y en un paso de cebra un acróbata corrige mis versos. … 62 —

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Todo está en calma

José Antonio

2.

3.

Mis versos se escuchan entre los dolores de un parto en una chabola. Los vecinos se agolpan a esperar la noticia. La noticia es un techo caído por la última lluvia. Un camino anegado de orines y agua. El hedor de las heces que perturba el olfato. Una epidemia de ratas que ataca a los niños.

En mis ojos un muro confunde una obra de arte con un acto vandálico. Un mendigo me pide limosna y me saca la lengua. Una puta que se abre de piernas me hace un corte de mangas. Un borracho se acerca y me da un cabezazo. Y me fumo la boñiga de un perro que me pasó un traficante.

El rugir de un buldócer acalla mis notas. La última cunda trajo espectros sin nombre. La chatarra se oxida y una avispa se posa en el brazo del recién nacido. Que se calle ese niño que no lo soporto. Ese niño sin queso, sin leche y sin miga de pan.

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Todo está en calma

José Antonio

4. La farola deforme me oculta la luz. Ya no cantan los pájaros en mis cuerdas vocales y el cristal óptico es el ojo de un pez que se ahoga. En mi garganta se alojan cenizas de antiguos combates. No encuentro motivo para abandonar el insomnio.

La heroína de mi cuento viene a salvarme. Soy un esclavo en sus manos, no me resisto a sus besos. Es ahora mi lengua una esponja sin agua en un cuerpo inerte. No hay oración que me salve, las llamas consumen mis sueños. Mi cerebro lo acepta y mi materia se apaga como una vela sin cera. Las sustancias son negras y escarchan mi sangre. Yace en su tumba el poeta pero ya no me importa su baba.

Mi voz es la voz que amenaza en un paso de cebra cuando está rojo el semáforo. Los antidepresivos se muestran difusos y no esclarece mi mente el alcohol destilado. La actividad de las hormigas descompone mi estómago, siempre se quedan mirándome, y yo las saco la lengua. Recorro los vagones atestados de gente pidiendo limosna. Con unas monedas me basta y me marcho a mi mundo. No quiero saber nada de atascos. Los autómatas me desprecian aunque en sus ojos veo envidia. Un demonio me observa y se ríe con ganas. Aquel hombre que calla es mi peor enemigo. Me dirijo a él entre improperios e insultos. Niñatos de uniforme me muestran un bate de béisbol. Dos costillas rotas y tres dientes partidos.

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Todo está en calma

José Antonio

5.

6.

La heroína de mi cuento se llama metadona. Sus consejeros el whisky y la ginebra.

¿ Que como me llamo ? Solo recuerdo una dama de oscuro y al final una luz. Han raspado en mi piel la mugre y es agradable mi olor corporal. Un sudor frío recorre mi cuerpo y la heroína se despide de mí. Son blancas, las paredes, las sábanas, quedó atrás el cartón.

La cunda dio sustancia para darse un homenaje. En la chabola me dieron el palo, esta noche los colegas con el mono, y yo me pongo hasta las trancas. Hay un butrón en el tabique y al otro lado diamantes y esmeraldas. En el culo el chocolate y un madero registra las maletas. En busca de chapero se encuentra con filo de navaja. El bolso es un engaño, la vieja por los suelos, una bota en mis costillas y vehículo sin casco en el desguace. Me pide los papeles y saco recortada, se tiñe el suelo de un rojo v iscoso y pago veinte años entre rejas. Despierto sudoroso y un sueño de espanto me amenaza. Jeringuillas oxidadas y en el patio de la cárcel paloma de ala rota.

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Todo está en calma

José Antonio

7.

8.

Soy un enfermo incurable y no descarto volver a cantar.

Hace presencia un hada en mis cuerdas vocales y obediente mi canto se atreve a evocar un fragmento de Mozart. Acostumbro a frecuentar los cajeros automáticos y una alfombra granate con ribetes de plata me lleva a un comercio a cumplir mis deseos. Ante mi se alza el templo de la moda y comienzo a alabar la bondad del sistema. Tengo una cita en un restaurante y me doy un banquete de solomillo y rioja. Con el vino espumoso se ahoga el don de la crisálida ya solo alcanzo a hablar con los ojos. Entre escena y escena examino la luz de sus muslos y un ángel conduce mi mano a un lugar de placer y lujuria. Al borde de todos los mares, entre sábanas blancas, no soporto el cantar de los gallos.

Canta poeta canta Que llega el alba y su luz. Déjame ver luz del alba los cantos rodados en el fondo del río. Déjame ver con tus ojos en las montañas la nieve sin un manto gris. Déjame ver en el horizonte como se alzan los edificios sin columnas de humo. A los mendigos con una sonrisa y un chusco de pan. A los desheredados sin techo en un amplio salón. Un carro repleto de cobre en las manos de un hombre que recoge chatarra. Manchada de yeso la camisa de un albañil sin jornal. La mudanza de un inmigrante que vive hacinado en diez metros cuadrados. Como se desplaza una silla de ruedas en la calle sin trabas. Un joven que cede su asiento a una mujer en estado. A los adolescentes hacer botellones con mensajes de paz. Déjame ver impoluta la calle sin bolsas ni plásticos.

Que se acabe esta cuento de hadas o no volveré jamás a leer tus poemas.

En el lugar que habitaba el graznido de un cuervo, canta ahora el poeta y todos aplauden.

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Todo está en calma

José Antonio

9.

10.

No encuentro en el ocio vivienda y un vidente coloca en mis manos un alicate de corte. Una carta del banco me recuerda un número en rojo y porqué se marchita una rosa. No son rentables los lirios y construyo un establo donde se hacinan los cerdos. La enredadera se agarra y echa raíces allá donde encuentra una deuda. Los brazaletes estrangulan mis músculos y los narcóticos me recuerdan la calma. He sido infiel a la terapia y mi mente me muestra otra vez tirones de bolso. Cubierto de estiércol me hundo en el légamo Ya solo inspiro una náusea.

Me aburren los cuentos de hadas, la princesa y el príncipe.

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Mi psiquiatra con la mirada perdida hace oídos sordos y me extiende recetas. Mis padres siempre ponen escusas para colgarme el teléfono y un amigo me cruza la cara después de tomar una copa. Si convoco una marcha protesta Cristiano Ronaldo acapara la audiencia. En la oficina se escucha un hilo de música y la biblioteca es el presidio de un libro. En el autobús se exhibe el busto de un ser supremo mientras el lenguaje cae en manos de los chuletas. En la residencia hay un ordenar y un volante y la multa es el fraude de un tesorero. El producto es un periódico de hojas naranjas y la soltera una ejecutiva que visita al forense. En el camino el estratega evita la crisis y un héroe es un cliente seguro en un sindicato. La barricada está en Facebook y continúa la calma. El deterioro es la ley en el círculo de todas las deudas y me afilio al tabaco.

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Todo está en calma

José Antonio

11.

12.

Modelos de ron y ginebra acuden aun certamen cuyo premio es gravar lo que demanda la industria. Un productor nos muestra tendencias de locales donde se heredan los singles. El público aplaude la disciplina de un alquimista que convierte en oro su número. Los escritores reciclan sus textos con palabras hipócritas y el éxito regala el oído. Horas de gimnasio, tacones, joyas y lujo se exhiben en la ópera. En privado se usa la lente de un cura, su estética es el lifting de un líder. Se promueve una campaña en favor del festejo taurino y la audiencia se vende al mal gusto. Es elitista ser solidario y ensayar en un chalet la coreografía de una cata de vino. En los buscadores de internet se prohíben palabras obscenas que violenten las buenas costumbres. Se prohíben los electrodos y atentar contra un título. El título dice: Envolver la basura en papel de regalo y ponerla un lacito con una etiqueta que diga: Deseo que te guste.

En un portátil introduzco un pen drive y mi canto vibra a alta frecuencia. Los receptores se quejan de que estoy vulnerando la memoria del agua. El mensaje de un náufrago es lectura obligada en los cursos de jardinería ecológica. Las mazorcas de maíz atrapan insectos con los genes de un lince. Las placas solares dan sombra a un pájaro que no encuentra alimento. En las altas esferas la hoja de coca es ideal para crear biocombustibles. En una página web los árboles son motivo de estudio para la campaña de un nuevo perfume. En un blog he visto las vísceras de una especie extinta en una probeta. Un foro enseña a retocar el negativo de una isla de basura en mitad del océano. En las pantallas digitales no son sostenibles los arrecifes de coral con el color del petróleo. En las palmeras se instalan parabólicas cuyas ondas confunden a los delfines. Se acabó el wifi gratis. Dice el loco que canta Y derriba satélites con un tirachinas.

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Todo está en calma

José Antonio

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A mi paso la gente comenta hay viene el poeta que perturba la calma. Los incapaces de hacer nada están urdiendo trampas impacientes y no paran de hablar si hace falta calumnian. Un relámpago en mi memoria detiene el tambor de un revolver que puja por quitarme la vida. —A  sí sucedió en piedra escrita, dejó de aullar el lobo en la sierra, y con una dentellada, la zorra se llevó la inocencia de un niño. — De que coño hablas, en tiempo de crisis no hay esperanza, metete la pistola en la boca y aprieta el gatillo. — No podrás impedir que mi canto sea una ola en un lienzo que rompe la calma. — De una gruta sin nombre mana un verso mesías que al fluir a través de la roca crea el eco de un río. — No eres más que un enfermo incurable con una camisa de fuerza que ha pecado de orgullo. — Una puta me dice que tu palabra es la palabra de un hombre que regatea sus servicios mientras magrea sus pechos y sonríe a su chulo. — Un sicario me ofrece un tintero manchado de sangre, pero le digo que pase de página. ¡Jodido psicópata! te has vendido a las armas.

En una cumbre sin árboles, donde habita un gusano, campean a sus anchas los veinte magníficos. Sacrifican convenios y nóminas a un dios que se nutre del sudor de los hombres.

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Se permite jurar en vano a tu prójimo para activar el comercio. Es punible crear certidumbre mientras las chabolas aumentan. Es necesario comprar a los líderes que no temen cruzar el mar muerto. Hay que alzar una torre muy alta aunque su base sea el óxido. Es lícito hacer malabares en el trapecio mientras el domador a escondidas chasquea su látigo. Es inútil llenar el botijo de agua cuando se coloca el último bloque de piedra. Hay que palpar lo intocable para que el paria no maldiga su suerte. Es moral enviar a la tropa para equilibrar la balanza de un bárbaro. Hay que agasajar con buen vino y mejores viandas al usurero que financia la guerra. No hay que olvidar al poeta que canta hay que enmudecer sus cuerdas vocales.

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Todo está en calma

José Antonio

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Enrojecen mis glóbulos blancos y abandonan la calma.

Se muy bien que soñaba en voz alta. Se muy bien que mi voz no es un niño pellejo al que atormentan las moscas. Se muy bien que mi voz no es un pecho sin leche que no escucha llanto. Se muy bien que mi voz no es un niño cubierto de polvo en la oscuridad de una mina. Se muy bien que mi voz no es un niño soldado que al mirar a su victima reconoce a su hermano. Se muy bien que mi voz no es una niña con los ojos perdidos después de una cópula que no deseaba. Se muy bien que mi voz no es un padre que mira al cielo y blasfema después de sobrevivir a sus hijos tras un bombardeo.

Mi repulsa es el croar de una rana traducido en insomnio. El zumbar de un mosquito que desquicia los nervios. El rugir de una bestia que no se arrodilla por un trozo de carne. La marsellesa que interrumpe la producción de una fábrica. El chasquear de una lluvia de piedras y fuego que detiene un blindado. El estallido de una lata de coca cola caduca en un centro de ocio. El crepitar de las llamas en un pozo de crudo que impide el tráfico aéreo. El lamento de un príncipe que perdió su castillo por cobrar comisiones. Los veinte magníficos no mandan a tiempo su perro adiestrado. Las banderas son negras y mi voz es un báculo que al levantarse retira las aguas. Jodido poeta Tu palabra es una pluma en el suelo que el aire desprecia.

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Todo está en calma

José Antonio

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Poco pan, pésimo circo y continua la calma.

El pozo es oscuro pero las nubes son blancas y en un instante el oxígeno reverdece mi lengua. El cristal de un espejo ovalado nos deja jugar con el fondo y la forma. Un pincel en un lienzo dibuja un camino que no tiene fronteras. Un ojo en una ventana tiene a su alcance la rueda de un coche o la galaxia que gira. Un marco captura una imagen y a su antojo la arruina o la adorna.

Analfabetos con corbata financian espectáculos con billetes de quinientos. Un títere sonríe y pide confianza mientras baila en una cuerda. Como invitado el sacerdote consagra adolescentes con vino de Rioja y mala hostia. El usurero vende entradas mientras maneja los hilos y maldice al que protesta. A punta de pistola un mago promete dejar la deuda a cero. Los gallos de pelea llegan a un acuerdo alteran el guion y venden huevos. Payasos de uniforme bendicen los aplausos y pintan pesadillas en el rostro de aquellos que se oponen. Un cómico se viste de enfermera, atiende a los pacientes con muy buenas palabras, y carga una factura a un dígito de cuenta. La función está que arde, el agua no es potable y embotellada cuesta un euro. Y llega el trapecista con su número privado robando lapiceros a los niños.

Mi voz es una rosa de pétalos negros sobre un piano de cola. Es una novia de blanco que espera mostrar a su amante su piel transparente.

El público se indigna de tanto despropósito y bajo un sol de justicia dice basta.

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Todo está en calma

José Antonio

Segunda parte.

19 Las hojas de un libro son las alas de un pájaro que desconoce una jaula. Las paredes de un muro nos enseñan la imagen de un horizonte sin sombra. Los objetos inútiles son lecciones de ética al formar catedrales. En la guitarra un acorde rememora inocencia en un pecho de lata. Las figuras inmóviles cobran vida en el acto al oír un aplauso. Un sutil movimiento transforma este mundo en el sueño de Gandhi. Un pincel en un cuadro despierta a un adulto su primera caricia. La chistera de un mago nos devuelve a la infancia al volar una tórtola. Los muñecos de trapo son la sonrisa de un niño que apaga una máquina. En el ritual de la danza la elegancia de un giro es una flor que se abre. Una voltereta en el aire demuestra que el miedo es un plomo en el agua. Un aro sin vértigo manifiesta en su órbita que todo es posible.

La ley del deterioro

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Todo está en calma

José Antonio

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La ley del deterioro se ha convertido en un hábito.

La sombra de la edad rebusca en la basura productos caducados. En los polígonos la carne de las jóvenes se vende a un módico precio. Un camello de alcohol le vende su producto a los menores y evade impuestos en la renta. En el parking un adolescente se desangra y un portero exhibe bate beisbol. El humo del tabaco deja esperma estéril y hay viagra sin receta. Los constructores transfieren sus finanzas desde la playa de Ipanema y hay un top manta en la cárcel que sueña con cruzar el estrecho. Los niños no bajan al parque marcianitos de colores y música machaca.

El hábito es una carta de despido y no acudir a la huelga. Una cifra en rojo sin subsidio ni empleo. Edredón a juego con sábanas y la intemperie un sin techo. Cantar yo soy español y a tu lado pateras. Dos orejas y un rabo y una espada manchada de sangre. Un cartel luminoso y en el armario otro bolso. Una sonrisa a la cámara y un payaso de negro. Todo a un euro, en Zara la oferta y el domingo quiniela. En la calle un mendigo y en la exposición un Ferrari. Esclavista, cadenas y doce horas sin extras. Chanel número cinco y en el burdel huele a cópula. Es más cara la máquina que la mano de obra. La carcoma de un libro y en un aula sin beca. Feliz cumpleaños, una tarta de fresa, y hay un niño sin leche, sin queso y sin miga de pan. No eres más que la sombra de una farola.

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Todo está en calma

José Antonio

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En el asilo se agolpa la carne putrefacta. En un cubo de basura puede estar la cena. La ley de la garrota impera en el semáforo. En el centro de salud un cartel reza aquí no se fía. Un abuelo implora a su nieto hipotecar sus estudios. Financiamos su crédito eutanasia en oferta. La funeraria no da abasto en las noches de frío. Hay una fosa común para el que no paga sus deudas. El gobierno anuncia medidas drásticas se tendrán en cuenta los últimos cien años de trabajo.

Un manto oscuro y gris se extiende ante mis ojos. Cruel la chimenea estrangula mis pulmones. La carne manicomio altera mis neuronas. Un desengrasante oculta la huella de mis dedos. Un transgénico experimenta en mi epidermis. Aceites industriales se alojan en mi arteria. Dieciséis válvulas hormiga comprimen mis oídos. Derivados del petróleo enmudecen mi garganta. Un insecticida me tira de los pelos. Un tejido sintético esteriliza mi músculo. Labios cárdenos colorantes amarillos y conservas.

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Todo está en calma

José Antonio

5.

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La vía de servicio se colapsa de aves de corral que no esperan su turno. El hastío de un guardia de tráfico obstruye los vasos sanguíneos. En un paso de cebra feroz un mosquito desquicia a un mastodonte. Los desheredados trabajan a destajo con luz intermitente. Un pitido agudo es una broca que irrumpe en el tímpano. En el arcén un cuerpo de aluminio deslumbra a los morbosos con sus lápidas. Hay una fila interminable de mala hostia, estrés y aburrimiento. El hollín de un automóvil ennegrece la pared de un túnel náusea.

Una viga de hierro se desploma y un anciano se pone la corbata. De tuercas y tornillos oxidados. En el felpudo de una puerta la oruga es un bastardo. De plagas que carcomen nuestro techo. En el cielo una avioneta es un dedo en una llaga. De horas, de jornales y de esclavos. Una foto en un periódico es un mapuche que protesta. De tierras, de caciques y de alambres. La suciedad de un cristal es un edificio de espectros. De crisis, de subsidios y parados. Una cámara en la calle es la luz de una farola que se apaga. De vigías, satélites y cárceles. En la red la barricada es un mártir que se lava las manos. De comic y combates virtuales.

Gafas de sol para horizontes plagados de belleza. Se pudren las raíces de los árboles bajo el asfalto de un nuevo milenio.

Un himno en mi teléfono móvil te pide que te calles. De versos que perturban nuestra calma.

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Todo está en calma

José Antonio

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8.

Si guardo silencio todo está en calma.

Toda la puta vida igual, continua la calma.

La calma es un mercedes doscientos cuarenta caballos. Una urbanización rodeada de espino con circuito de cámaras. Ex militar en la puerta con uniforme y pistola. Pedigrí de Rottweiler adiestrado en combate. El alambre de la verja de un colegio de pago. Celebrar una puesta de largo como si fuese una boda. La piscina, el jardín y una pista de tenis. Dos horas de gimnasio, sauna y masaje. Fin de semana en isla Caribe con su propio aeropuerto. Un buen puro y un vino reserva de su propia bodega. Interfono y conserje con orinal en la mano. Una puta de lujo que visita regularmente al médico.

El sábado solomillo y rioja en un centro de ocio. El domingo partido de fútbol en pantalla de plasma. Último modelo de teléfono móvil. Ordenador extraplano e internet en oferta. GPS, manos libres, y elevalunas eléctrico. Tarjeta de crédito, cajero automático. Muebles de diseño según la tendencia. Vestidor con espejo y traje de Armani. Títere a juego como manda la moda. Un chalet adosado, garaje y trastero. En el telediario hay un niño sin queso, sin leche y sin miga de pan.

Es saber que si va mal la bolsa los marines lo arreglan. Jodido poeta esa vida solo es el sueño de un boleto premiado.

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Jodido poeta en un centro de estética te van a tener que arreglar el careto.

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Todo está en calma

José Antonio

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La calma es un domingo frente a una pantalla de plasma. Al firmar un contrato los billetes son falsos. En el prostíbulo se airean los cuernos ajenos. El amante de un cerdo recrimina al adúltero. Los cuarenta ladrones se erigen en jueces. Los pedófilos acusan de abandono a sus padres. Aparece Judas y hay un anuncio. Los chulos de putas enseñan un parte de urgencias. Con sus narices deformes señalan a alcohólicos. Una artista nos canta un bolero y nos cuenta secretos de alcoba. Los detalles no importan. ¿Fue Francés o fue griego? Dos hermanos declaran incesto en busca de gloria. Aquí vienen sus hijos a defecar en su tumba. Aquí viene el coprófago a enseñarnos los dientes. Aquí vienen las ratas de Sodoma y Gomorra. Y un atajo de hienas pregunta. Y se ríe con ganas.

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En occidente un héroe juega con bacterias. El burka no es amable con un colono en tierra santa. El bárbaro de oriente experimenta con el átomo. Soldados solidarios matan por error un reportero. En un brazo una esvástica identifica al asesino. La voz de los sicarios establece un nuevo orden. Injurias a la carta y el títere es un negro. El humo de la pólvora la luna de regalo. Se reúnen en la iglesia familias numerosas. El papa de los pobres se pone hasta las trancas. Un sacerdote reparte hostias en la escuela. La dieta de un obeso adicto a un antibiótico. La disfunción eréctil aprueba viagras ilegales. Un cura en una huelga llama a un gay enfermo. Las uvas de la ira racimos de vinagre. Verter crudo en la costa y de gris el berberecho . Clonar la carne cruda no soluciona el hambre. Al firmar un contrato grilletes y cadenas. Satélites en órbita buscan vida en el arsénico. Se culpa a los autómatas del grisú de los mineros. Una isla de basura a merced de la marea. Toneladas de atún rojo a dos grados bajo cero. La grieta en la fachada provoca indiferencia. La grúa se desploma, deportistas y camellos. Se especula con el precio de una chabola en venta. La orina en el lavabo y un mago en las finanzas. Sin voto los demócratas se juega a la quiniela. La ley del deterioro Euribor variable. En el poder rebuznan los músicos de Bremen. … 93 —


Todo está en calma

José Antonio

En el congreso un payaso hace un corte de mangas. La tumba inmobiliaria edifica los pilares de la deuda. El ídolo y su mascara obligan a creer en el dinero. Siempre gana la banca chapapote y miseria.

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11. Ilustra el abandono con una casa triste. Libera un espacio de tanta pesadumbre. Obsequia con un cuadro el ojo urbano. Un corazón con patas esboza una sonrisa. Decora los escombros de tu barrio. Cura cada grieta con una tirita. Colapsa la red con turistas en patera. Realiza un pictograma sin papeles. Interpreta en karaoke a los Sex Pistols. Expón en el rastro figuras de hojalata. Alegra el desalojo con un punto de fuga. Inventa un comic al reciclar un anuncio. Crea en cada esquina un monólogo. Esculpe una gran piedra que adorne el pavimento. Dibuja en el paseo una fuente de agua. Planta un árbol en medio del asfalto. Adorna tu basura con un pase de moda. Coloca en cada nido una muñeca. En la soledad de la obra la escultura cobra vida. Recita tus poemas en un vagón de metro. Firma con tu huella la puerta de un piso vacío. Garabatea en una alarma Juan sin miedo. Escribe que el poeta es un neurótico.

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Todo está en calma

José Antonio

Epílogo está

moda de coca porra

pastillas de colores un gramo de éxtasis, viajar en un cohete, un piercing en la lengua, un tatto gimnasio, los héroes anoréxicos, el ojo de la cámara, que rimen los poetas, hacer de la pared un lienzo, aventuras virtuales, chatear sin vino en Facebook, un viaje en wifi gratis, la inútil marioneta, dormir en un pesebre, subyugarse con un crédito, sesenta y siete años amargos, pagar una fianza, sin nombre los billetes, prestar al usurero, dejar la caja estéril, la cruz en la balanza, los charlatanes, los gallos de pelea, hurgar en los rescoldos, en la farmacia queroseno, despojos entre el kétchup, rebuznos en la tele, el asta en la frontera, ajustes en la nómina, Babel que nos da miedo, césped.

modelos en el

Está de moda cantar soy español en una huelga Y defecar en la calma sin causar deterioro … 96 —

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"EN VOZ ALTA"  

"EN VOZ ALTA" ES UN LIBRO DE POESÍA. DONDE PUBLICO DOS TEXTOS POÉTICOS: " UNA ANTORCHA DE LUZ" Y "TODO ESTÁ EN CALMA" ES UN LIBRO, QUE UTILI...

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