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Staff Moderadoras: Bliss

Traductoras: Bliss

Dydy

Isa’s Coldness

Aidarabe

Meri

Cande34

Correctoras: Izzy

Kat Cooper Karen’s

Lectura final: Izzy

Diseño: Isa’s Coldness

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Indice Sinopsis

Página 5

Capítulo 1

Página 6

Capítulo 2

Página 19

Capítulo 3

Página 24

Capítulo 4

Página 33

Capítulo 5

Página 40

Capítulo 6

Página 48

Capítulo 7

Página 53

Capítulo 8

Página 60

Capítulo 9

Página 74

Capítulo 10

Página 83

Capítulo 11

Página 92

Sobre la autora

Página 101 4


Sinopsis Derek Sage no mezcla negocios con placer, ciertamente no después de haberse quemado. Siendo uno de los abogados más demandantes en la parte superior del área de Tampa Bay requiere concentración y no puede permitirse el lujo de perder ese enfoque otra vez. Sin embargo, un caso difícil hace a Derek buscar un nuevo abogado para asistencia y ella trae más de su experiencia legal a la mesa. Raina Dillon pasó su primer par de años como abogada en la oficina del defensor público, defendiendo criminales y aprendiendo más de lo que nunca imaginó. Ahora, está lista para entrar en el mundo legal en uno de los bufetes de abogados de primera clase de la zona de Tampa Bay. Lo que no espera es a Derek Sage.

¿Pueden poner su atracción a un lado o los consumirá?

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1 Traducido por Bliss Corregido por Izzy

Derek Sage se sentó detrás de su escritorio, una mesa de madera de cerezo esparcido con archivos y abundantes papeles. Giró en su silla de cuero y miró afuera a la pared llena de ventanas. Su oficina estaba en el décimo piso, y más arriba el centro de St. Petersburg. Llegar a ser socio en una firma legal como Thurnau, Stanley, y Russell ciertamente tenía sus ventajas. La línea del horizonte de edificios, el hotel Vinoy estaba como un castillo rosa junto con la costera, el verde del parque, y el azul del agua lo hacían pintoresco. Las aguas de Tampa Bay lo tranquilizaban en su calma, especialmente en los últimos tiempos. Había tenido casos a lo largo de su carrera donde su cliente no era su persona favorita, como el ejecutivo estúpido que cayó en un estupor ebrio en un hotel en el centro de la cuidad y quiso demandar el lugar en bancarrota. Pero el caso Rory Jenkins lo tenía en el borde. El chico era un completo imbécil. Un record criminal de una milla de largo —incluido violación— y suficiente dinero para comprar su camino fuera de la mayoría de esto. Además, él era el sobrino de uno de los homónimos de la firma. Derek aceptó su caso como un favor por Peter Thurnau y se arrepentía cada día. Hablando de presión. Pero una mirada hacia las suaves olas coronando en la bahía, y su ansiedad se liberó en una larga exhalación. Esto es vida. —Alicia —llamó Derek. Sonidos de arrastres de pies frotaron a través de su puerta abierta antes de que su asistente legal rubia se quedara en su entrada. Ella se ajustó su falda ondeada y su camisa blanca antes de mirarlo. —Sí, señor Sage. —Un mechón rizado llenó su rostro. Lo empujó detrás de su oreja con un bufido. Él se rió entre dientes. Ella rodó los ojos, lo cual hizo que se riera mucho más fuerte. —Saca la mierda de ‘señor Sage’. Hemos sido amigos desde el primer grado. Sabes que no me gusta.

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—¿Por qué? ¿Te hace sentir viejo? —Prolongó la palabra “viejo” y sonrió con suficiencia, inclinando su cabeza. Alicia Davidson era una de las más antiguas, más confiables confidentes junto con su hermano, Jason. La contrató como su asistente legal hace cuatro años, y no se había arrepentido del movimiento ni una vez. Ellos trabajaban como una pieza de maquinaria bien aceitada a pesar de su apariencia nerviosa esta mañana. Alicia anticipaba su siguiente movimiento antes de que lo dijera. Algunas veces antes de que siquiera lo pensara. Una taza fresca de café, o la transcripción de una deposición de testigo, estarían en su escritorio. Ella hacía su vida más fácil. —Tenemos la misma edad. Si yo soy viejo, también lo eres tú. —Bufó. —Bien. ¿Qué puedo hacer por ti, Derrrrek? —Ella rodó el sonido de su “r”. Era el turno de él de rodar los ojos. —¿Qué te tiene toda agitada esta mañana? —¿Agitada? ¿Me veo agitada? —Su tono era serio. Alisó sus manos sobre su cabello, tratando de amansar los bucles. Las esquinas de sus ojos se arrugaban con frustración. —¿Qué sucede, Alicia? —Ella era su voz sabia sensata, pero ahora ella parecía como un caso perdido. —¡Ugh! Los padres de Chris están llegando a la ciudad esta noche y esta será la primera vez que me encuentro con ellos. Vamos a cenar en el Don César. ¡El Don César, D! ¿Y qué si a ellos no les gusto? ¿Y qué si ordeno el vino equivocado con mi filete? No como regularmente en lugares como el Don César. —Frunció el ceño. Derek soltó una risa. —Deja de reírte. —Actúas como una vagabunda. Tienes algo de clase, Alicia. —Lo miró—. ¿Has estado con Chris por tres meses y no has conocido a sus padres? —Él arqueó una ceja y frunció sus labios en un esfuerzo de contenerse de reír. —Te lo dije. Ellos viven en Ohio. Esta es la primera vez desde que comenzamos a salir que estarán en la ciudad. No pegué un ojo anoche. Él soltó una risita. —¿Dejarías de reírte?

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—Lo siento. Es simplemente raro verte así. Usualmente eres una pared de confianza. —Lo sé —susurró ella—. Pero de verdad me gusta Chris, y este es un gran paso para nosotros. Derek le hizo señas en la entrada. —Estarás bien. Te amarán. Eres la mejor cosa que le pasa a su hijo. Eres hermosa. E inteligente. Y divertida. ¿Cómo podrían no amarte? —Dices eso porque tienes que hacerlo. Soy tu mejor amiga. —Ella tomó el respaldar de la silla para invitados cerca de su escritorio. —No tengo que decir eso solo porque somos amigos. Nunca llamaría hermoso a Jimmy Thomason. O inteligente para este caso, y él es uno de mis mejores amigos, también. —La pequeña complexión de Alicia tembló por la risa. Él había derrumbado su barrera de nervios. —Eres un idiota. —Pero la sonrisa sin presión en su cara demostraba que el peso de su frustración y preocupación habían sido difuminado. — aunque de momento. —Cierto, pero me quieres. —¿Qué necesitas? —Puso las manos en sus caderas—. Me llamaste aquí por una razón y sé que no era para discutir conmigo. —Necesito al nuevo socio de Ron en mi oficina esta mañana. —¿A cuál? Él contrató a dos nuevos asociados recientemente. —La que solía ser una defensora pública. Hablé con Ron sobre el caso de Rory Jenkins. Él pensó que su nueva asociada podría ser capaz de asistir en esto. —Su email sonó, y miró su monitor antes de volver a enfocarse en Alicia. Esperaba una palabra del juzgado sobre un fallo en un Movimiento del Juicio Sumario, así que cada email contenía una promesa. 8

—¿Esperas que la defensora pública sea capaz de suavizar la imagen de Rory como una demandante? —El escepticismo en la voz de Alicia era palpable. —Ella se dedicaba a eso, a luchar por los derechos de los criminales. Asumo que ella puede ayudarme a encontrar una manera de hacer bien que Rory junte dinero por su accidente, especialmente si esto tiene que ir a un jurado. La mayoría de la gente encuentra a un violador


convicto antipático, y no creo que ninguno de nosotros llamaría a Rory un ‘jurado amigable.’ Mezcló algunas carpetas en su escritorio, buscando la que contenía la mayoría de las respuestas recientes de descubrimiento de los defensores. Soltó un respiro. La organización no era su fuerte más sólido. Alicia programaba su jornada diaria y preparaba las carpetas con sus casos, pero una vez que aquellas carpetas golpeaban su escritorio, el caos seguía. ¿Qué podía decir él? Se especializaba en abrir y cerrar declaraciones, interrogar testigos en el estrado —no quedarse a organizar su escritorio. —Con su récord de agresión sexual, violencia doméstica, acoso, y la lista de una milla de largo de delitos menores, tendrá a su trabajo cortado para ella, especialmente por ser una mujer. —Ella sacudió la cabeza—. Rory me dio a los asquerosos. Nadie lo llamaría un amigable… momento. —Tembló. Derek hizo una pausa y la miró. —¿Por qué no me has expresado esto antes? Nunca te tendría tratando con él en persona si hubiera sabido que su presencia te molestaba mucho. —Es mi trabajo manejar tus citas y clientes. No es el primer cliente que no había fijado enfrente de mí. Me imagino una vez que mire a Raina, él olvidará que yo siquiera existo. —¿Por qué dices eso? —Las cejas de Derek bajaron. Todavía tenía que encontrarse con alguno de los nuevos asociados de Ron. Ellos habían empezado en la firma hace una semana. Por haber viajado a Miami la semana pasada por deposiciones en un caso y conciliaciones en otro, se perdió las presentaciones formales en la reunión mensual de la firma el viernes. —No has visto a Raina todavía, ¿verdad? —No. ¿Por qué? —Su sonrisa malvada lo tenía estrechando sus ojos en ella. La misma mirada que ella usaba cuando ella no tenía nada bueno. Otro beneficio de contratar a uno de sus mejores amigos — sabiendo cómo leerla tan bien como ella lo leía. —Me reservaré cualquier comentario hasta después de tu reunión con ella. Solo digamos que ella probablemente va a poner a prueba tu promesa. —Se giró en sus talones y caminó hacia la puerta.

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—¿Qué promesa? —Alicia siguió caminando, ignorándolo—. ¿Qué promesa, Alicia? —Golpeó su mano en el escritorio. Mirando sobre su hombro, ella guiñó. Su frustración no la molestaba. —Tu ‘no mezclar negocios con el placer’ promesa. ¿Después de todos estos años, no confías en mí para saber tu tipo, señor Sage? —Ella paseó fuera de su oficina con una risita. Mezclar negocios con placer era un no-no. Tenía suficiente de la tentación en la oficina. Residentes. Asistentes jurídicos. Asistentes legales. Nuevos asociados. Incluso una o dos veces, un cliente. Aun así, nunca había roto su regla desde que su relación con Rachel detonó su corazón y casi le costó su carrera hace más de tres años. No tenía ningún problema con tener citas. No necesitaba hacer el tonto con alguien del trabajo otra vez. Sacudiendo la cabeza, puso la carpeta de descubrimiento de Jenkins al final de su pila y los ordenó a través de los interrogatorios. Rory Jenkins había sido citado por su deposición el siguiente martes, y le daba una semana para preparar y arreglar. Derek necesitaba estar óptimo para cualquier cosa. *** —Raina Dillon —dijo Raina en el teléfono. Miró la ventana de su pequeña oficina a la vista de la cuidad St. Petersburg. Hermosa. El Estadio Al Lang, el hogar de los Tampa Bay Rowdies1, posado en la costa. El parque península de la ciudad de Demens Landing sobresalía, alineado a un lado en la Municipal Marina y al otro por el club de yates de St. Petersburg. Ella no tenía una de las oficias con ventanas del suelo hasta el techo. Aquello era reservado para los socios. Después de dos años en la oficina de defensa pública, lo cual consistía en un sucio espacio más pequeño que la celda de una cárcel sin ventanas, no tenía ningún problema en acostumbrarse a sus nuevos aposentos. Además, planeó hacerse socia. —Hola, Raina. Soy Alicia Davidson. Soy la asistente legal de Derek Sage —dijo la voz femenina en el teléfono—. Nos conocimos el viernes en la reunión de la firma. —Hola Alicia. ¿Qué puedo hacer por ti? —Raina trató de imaginar a Alicia. Estar con la firma por un corto tiempo, tuvo que mantener los

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Tampa Bay Rowdies: equipo de fútbol.

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nombres y las caras en orden. Pero reconoció el nombre Derek Sage, por lo que su curiosidad picó. —El señor Sage le habló al señor Stanley ayer sobre un caso que estamos manejando, y el señor Stanley creyó que tú podrías ser capaz de asistirnos dada tu historial de defensa criminal. El señor Sage quería verte en su oficina esta mañana, si es posible. —Okey. —Raina tecleó su mouse para guardar su investigación. Su nuevo jefe Ron Stanley, el Stanley de Thurnau, Stanley, y Russell, la tenía investigando un precedente en un caso de defecto de construcción—. No tengo nada en mi calendario esta mañana. Puedo pasar ahora, si eso funciona. —Perfecto. Estamos al otro lado del piso. Sólo corta a través del cuarto de descanso y toma la izquierda. No estamos lejos del gran cuarto de conferencias donde tuvimos la reunión el pasado viernes. —Excelente. Te veo en un momento. —Raina colgó. No había conocido al señor Sage. Él había estado ausente de la reunión del viernes donde ella y la otra nueva asociada de Ron, Diana, eran presentadas en la oficina. Los rumores decían que él era guapo. Había escuchado a una de las asistentes jurídicas diciéndole a Diana que él era más caliente que la salsa habanera2. Lo había visto en la página web de la firma. Fácil a los ojos. No se negaba eso. Cabello marrón oscuro peinado perfectamente, sin un cabello fuera de lugar. Penetrantes irises azules que brillaban incluso de la web. También parecía ser inteligente, habiéndose graduado con summa cum laude3 de la Universidad de Florida y en la escuela de leyes. ¡Un Caimán! Entendido. Se había establecido a sí mismo como uno de los abogados demandantes principales en el área a pesar de tener solo treinta y tres años de edad. Varios artículos hablaban cómo el consejo de defensa ansiaba el acuerdo cuando Derek fue el abogado demandante por su habilidad de hacer que el jurado se enamore de él, de su cliente, y de su caso. Él tenía un truco por tejer los cuentos más fascinantes de cómo su cliente acababa en la mesa de demandante. Siempre con compasión. Nunca demasiado estrafalario. Más importante, creíble.

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Salsa habanera: salsa a base de chile.

Summa cum laude: en latín: con máximos honores.

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Él además había sido clasificado como uno de los mejores solteros de Tampa Bay. Fotos de él en varias funciones y fuera de la ciudad flotaban alrededor de internet. Oh, atractivo no empezaba a describirlo. Cuando su propia asistente legal, Nancy, le dijo que él era “Baja-bragas” de hermoso, Raina no pudo imaginar bastante lo que quería decir eso. Su investigación en internet lo ponía en perspectiva. Esperaba que su ego no fuera insoportable. Ella trataba con hombres egoístas todo el tiempo, incluyendo abogados de primera. Ser una mujer joven en este campo no era fácil, pero ser una mujer abogada joven en la oficina de defensa pública había sido, todo el tiempo, muy difícil. Tratar con gente con situaciones difíciles la hacía más determinada a ser una buena abogada y probar que ser una mujer no tenía nada que ver con sus títulos. Había sacado a algunas personas de los tecnicismos legales que probablemente deberían haber hecho algo de tiempo en la cárcel, pero incluso los criminales tenían derechos. Había sido su trabajo asegurarse de que aquellos derechos no fuesen violados. Su ex-novio, Brad, solía llamarla tenaz y terca, pero ella prefirió el término determinado. Además prefería a Brad como a un ex. Tomó un bloc de notas y una lapicera de su escritorio y salió de su oficina. Corriendo una mano sobre su falda tostada, la suavizó sobre sus caderas. —Me dirijo hacia la oficina del señor Sage, Nancy. Alicia llamó y buscó algo de asistencia en un caso. No debería estar demasiado tiempo, pero si me necesitas o si Ron está buscándome, allí es donde estaré. —La cola de caballo de color miel de Nancy voló sobre su hombro mientras levantaba la cabeza y la escudriñó—. ¿Qué? —Nada. —Nancy sonrió. —De verdad, Nancy. ¿De qué fue esa sonrisa? —Raina corrió una mano a través de su cabello largo y lo arrojó sobre su hombro. Nancy la había sumergido en todos los chismes. No que Raina chismee, pero era agradable tener a una asistente que la tomara rápidamente y había estado con la firma por algún tiempo, sabiendo todas las idas y venidas y entradas y salidas. —Disfruta la vista —dijo Nancy. Raina se rió entre dientes antes de caminar en dirección a la oficina del señor Sage.

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Girando en la esquina, notó a la mujer de ojos luminosos que había sido presentada como Alicia. Bucles de cabello largo y rubio rebotaban alrededor de su cabeza cuando saludó a Raina. —Él está esperándote. —Alicia señaló la puerta. Su sonrisa creció más grande que la de un niño en la mañana de Navidad. Raina le sonrió y cambió su atención a la puerta abierta. Tocó la puerta ligeramente en el marco de la puerta. —Señor Sage. Alicia dijo que quería verme. —Entre —gruñó una voz profunda y grave. Caminando hacia la entrada, tomada por la elegancia de su oficina. Espectacular. Hecho de madera de cerezo con tonos acentuados de gris y arándano. Una pared consistía en ventanas del suelo hasta el techo, mirando afuera sobre la bahía y el Parque Vinoy. Impresionante. Pero la corpulencia de un hombre sentado detrás del escritorio la golpeó más. Su respiración se atoró mientras él se desplazaba a través de las pantallas en su computadora. Ahora entendía el comentario de “baja-bragas”. Sus bragas picaron por caer. ¡Santa mierda! Él no había mirado arriba de su computadora, pero la foto de la página de su firma no le hizo justicia en absoluto. Cabello marrón oscuro en unas semanas atrasadas por un corte, estaba en agitadas ondas. Sus dedos picaron en sus costados, hormigueando por correrlos a través de los rizos revueltos. Una mandíbula esculpida que dirigía a pómulos inclinados y contenía una fuerte nariz. Su camisa gris clara no hizo nada para disfrazar la pared de músculos de abajo. Este hombre se cuidaba a sí mismo. Incluso sus gemelos de plata gritaban sexy. Él levantó la cabeza. Ojos azules como el cristal hicieron contacto con los de ella. Raina tragó aire. Los ojos de él se ampliaron en sorpresa y luego su mirada deambuló sobre ella, dejando un ardiente rastro. Él se aclaró la garganta e inclinó la cabeza de derecha a izquierda, estirando los músculos en su cuello.

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—¿Señorita Dillon? —Su voz salió como papel de lija, causando que los pelos detrás de su cuello se levantaran con completa excitación. —S-sí. —Ella se acercó a su escritorio y levantó una mano temblorosa. ¡Maldición! Recobra tu compostura. ¡Es solo un hombre! ¡Un hombre malditamente atractivo, pero solo un hombre! —Raina Dillon. Por favor llámeme Raina. Es un placer conocerlo. Él se levantó, y pantalones de vestir gris oscuro se aferraban a muslos fuertes y musculosos. La mitad inferior de él era tan impresionante como la superior. Él tomó su mano en su firme agarre. El calor se disparó por su brazo y se enrolló profundo en su núcleo. La atracción instantánea hacia él la pasmó, como lo hicieron sus humedecidas bragas. ¿Cuándo fue la última vez que había estado tan completamente encendida solo por estar en la presencia de un hombre? ¡Eso es! ¡Nunca! —Toma asiento, Raina. —Señaló la silla frente a su escritorio. Ella se sentó en la silla y cruzó una pierna sobre la otra. El bloc de notas y la lapicera descansaban en su regazo. Él exhaló y se sentó. Mirando detenidamente sus piernas desnudas, una sonrisa satisfecha se posó en los labios de él. Por varios segundos largos, se sentaron en un silencio incómodo. Finalmente, él restregó una mano sobre su cara, reemplazando la mirada excitada con una de ‘de regreso a los negocios’—. ¿Cuánto te está gustando la firma? —Mucho, me encanta. —Ella se movió en su asiento. La mirada de él descansó en su rostro antes de que cayera más abajo como si no pudiera evitarlo. Las mejillas de Raina ardieron. Su corazón corría, y el calor se impulsaba en ella. La idea de que este hombre pudiera tener una reacción similar hacia ella la excitaba. —Es bueno de escuchar. Amarás trabajar con Ron. Él es uno de los mejores fiscales civiles aquí. Muchos quieren aprender de él. —Su voz se derretía sobre ella como el chocolate caliente y oscuro y no pudo evitar imaginar esa misma voz rodando sobre ella con él preparado encima de ella—. ¿Raina? —Lo siento. —El calor se expandió por sus mejillas otra vez, y miró por su ventana para atrapar su respiración.

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Estar en su presencia empañaba su cerebro con pensamientos sexuales. Tomando una profunda respiración, se calmó y lo miró de vuelta. —¿Estaba preguntando qué te hizo querer dejar la oficina de defensa pública? —Um. Yo estaba lista para un cambio. Quise la experiencia de prueba y un reto, así que pensé que la oficina de defensa pública sería un gran lugar para empezar mi carrera. Y así fue. — Hablar sobre su empleo anterior le proveía algo de confianza en la conversación—. Tuve que defender a algunas personas que estaban contra todo lo que yo representaba, y eso puede ser difícil de conciliar. No siempre fue fácil. No todos mis clientes eran malas personas. Algunos lo eran en duras situaciones. Aprendí mucho, y me hizo una mejor abogada, eso es seguro. Dos años fueron el tiempo suficiente, sin embargo. Ya estaba lista para experiencias nuevas y para ser honesta, para nuevos alrededores. —Con su cabeza inclinada ligeramente, ella lo miraba bajo sus pestañas. Él aclaró su garganta. —Ron habló muy bien de ti. Valoro su opinión. Él fue mi mentor cuando empecé por primera vez. Me tomó bajo su ala y me enseñó la mayoría de lo que sé. Él estaba un poco decepcionado de que yo haya decidido ir al lado oscuro, como lo llama, hacer el trabajo del demandante, pero creo que se recuperó de eso. —Hizo una pausa y se rió. Claramente admiraba a su jefe—. Mientras estábamos hablando en el almuerzo ayer, él mencionó que tal vez tú podrías ayudarme. Creo que puede que tenga razón. Tengo esta demanda con un extenso pasado criminal. Él fue golpeado en su carro cuando una camioneta pickup cruzaba la línea del centro. Sus heridas son reales. Pierna rota. Brazo roto. Daño cerca de la cabeza. —¿Cuál es la trampa? —Anotó algunas cosas en su bloc. —Su ex-novia declaró antes del accidente que él violó una orden de restricción, y que aceleró cuando ella amenazó con llamar a la policía. —Él se movió y apoyó su codo en el escritorio—. Los defensores se han aferrado a eso y están tratando de discutir que él estaba en el proceso de huir de un crimen cuando el accidente ocurrió. —Bueno, parece que puede haber alguna verdad en su argumento. Pero Florida es un estado puro en culpas comparadas, así que él todavía estaría con derecho a recuperarse incluso si él fue encontrado parcialmente en la culpa por el accidente. Y como dices, la camioneta cruzó la línea central. El jurado debería asignar algo de la culpa al conductor de la camioneta. —Hizo una pausa y golpeteó la

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lapicera contra el bloc—. ¿Estás pensando que su historial criminal podría resultar en una opinión de defensa? —Ésa es mi preocupación. —Soltó un exasperado aliento—. El récord de Rory no es bueno. Hace cuatro años hizo agresión sexual. Un par de condenas de violencia doméstica. Cargos por acoso. Y ha violado su libertad condicional en más de una ocasión. Sus condenas son todos crímenes de infamia moral. El hecho de que había sido condenado de delitos puede ser presentado. Si la defensa puede probar que él estaba en proceso de acosar a su ex —una víctima de uno de sus crímenes—, al jurado no le gustará. A ellos puede no gustarle de todas formas. Él no tiene una buena impresión en su cuenta. ¿Buena impresión? Probablemente no era cierto. Este tipo Rory sonaba como un completo depravado. Los depredadores sexuales siempre habían sido sus más difíciles obstáculos en la oficina de defensa pública. En la mayoría de los otros crímenes, incluyendo homicidios, envolvían violencia puesta por un alto nivel de emociones, principalmente ira o celos. Más a menudo cometidos en el calor del momento, no era planeado. Pero los crímenes sexuales típicamente envolvían más de cálculo y algo siniestro. Aquellos criminales querían lastimar a otras personas —para dominarlos, controlarlos. —Si no te importa mi pregunta, ¿por qué lo tomaste como a tu cliente? Thurnau, Stanley, y Russell no se volvieron una de las principales firmas en el área de Tampa Bay por tomar menos que demandas soberbias. Al menos no de lo que ella había obtenido del lado de la demanda de la firma. —Típicamente no tomo a este tipo de clientes, pero Rory es el sobrino de Peter Thurnau y él me pidió que lo hiciera. El abogado criminal de Rory no hace litigio civil y no creyó que Rory se beneficiaría de él manejando un caso civil. Estoy haciéndolo como un favor. Derek corrió una mano por su cabello, desordenándolo un poco. Las arrugas en sus ojos y las líneas en las esquinas de su boca indicaban que no estaba emocionado con tener que hacer tratos con su cliente, favor o no. —Basada en mis conversaciones con los abogados defensores, ellos pueden tratar de sostener que Rory estaba manejando de forma irregular y que asustó al conductor al virar en la línea del centro. —Él ordenó varios papeles y los puso en una gran carpeta—. Me gustaría que eches un vistazo al descubrimiento escrito que juntamos de los defensores y todo lo que nosotros juntamos de nuestra propia investigación. El cliente

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está programado a ser destituido el próximo martes. Ya que la mayoría de sus cargos han llevado a condena de delito, la defensa interrogará sobre ellos. —Metió algunos documentos más en la carpeta. —Además, las acusaciones de su ex-novia están causándonos problemas. Ella va a ser una testigo en la defensa, sospecho. Quiero difundir tanto como es posible en su deposición. —Él miró los papeles en su escritorio y sacudió su cabeza, luego se encontró con su mirada—. Me gustaría que te sientes en la reunión de la preparación de deposición con Rory el lunes, si tu horario lo permite. Si TI 4 te ha dado ya tu iPad, puedes acceder a la mayoría de esta información allí bajo el número correcto de archivo… escrito aquí. —Señaló varios números y letras en la esquina de la carpeta de archivos—. Solo soy una persona de papel. —Él ondeó sus manos sobre su escritorio abarrotado. —Estaría encantada de revisarlo. Le sostuvo en alto la gran carpeta, y ella lo tomó. Sus dedos cepillaron los de ella. El mismo calor que experimentó durante su sacudida de manos se filtró de él hasta ella otra vez, calentándola de la cabeza a los pies. —Soy más una persona de papel para mí misma. —Ondeó el bloc de notas legal. —Muy bien. Nos llevaremos perfectamente. ¿Qué te parece si nos ponemos en contacto el viernes a la tarde? Haré que Alicia reserve el cuarto de conferencias para nosotros así podemos extender la carpeta en la mesa y analizamos tus pensamientos. Tengo una conciliación en esa mañana, lo cual puede continuar en la mayoría del día, ¿así que espero que las cinco treinta o cinco en punto estén bien para ti? —Levantó sus cejas. Ella asintió. Las horas largas eran parte del juego en una gran firma. Habían sido parte del juego de la oficina de defensa pública también, solo que ella había sido menos pagada que la mitad de su sueldo actual. Él sonrió. —Bien. Tenemos un tiempo limitado para formular un plan de juego antes de su deposición. —Suena bien. Echaré un vistazo a la carpeta en este par de días. —Ella se levantó y extendió la mano—. Gracias por esta oportunidad, señor Sage. —Él también se levantó. Su fuerte mano envolvió la suya y la sostuvo.

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TI (Technology Information): Tecnología de información.

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El cuarto giró y su aroma masculino de sándalo la rodeó. Respira. Tomó un lento aliento. —Por favor llámame Derek. —Seguro. Derek. —Saboreó su nombre en su lengua. Le gustaba el modo que se sentía. Fuerte. Duro. Aun así la ternura se escondía debajo de la superficie, era evidente en la suavidad de sus ojos. —Eres brillante. —Él sonrió—. Ron fue inteligente en contratarte. — Raina jadeó, un poco sorprendida por su comentario, pero encantada. No todos podían ver más allá de su exterior. Que él comentara sobre su cerebro y no por su belleza la complacía muchísimo. Los hombres la encontraban atractiva. Le agradecía a su madre por su apariencia, al menos no había dejado a una joven de edad sin nada. En algunas circunstancias, Raina usaba los encantos femeninos para ser notada, algo más que aprendió de su madre, pero con el señor Sage —er, Derek— ella quería ser más que otra mujer atractiva. No hay dudas de que él tuvo a varias de ellas y bueno, ella era más que una cara bonita. —Gracias. —Se sonrojó, y él liberó su mano—. Espero trabajar contigo. Te veo el viernes, Derek. —Giró sobre sus talones y caminó hacia la puerta—. Ten un lindo día, Alicia. —Alicia le sonrió a Raina. Mientras caminaba más allá del pasillo, Derek llamó a Alicia a su oficina con lo que sonaba como urgente. Ella sonrió. Había impresionado a Derek Sage con su trabajo en este caso. ¡Sin si, y, o peros!

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2 Traducido por Bliss Corregido por Kat Cooper

—SÍ, SEÑOR SAGE. —Alicia se quedó en su puerta, otra vez con esa sonrisa de gato de Cheshire que crispaba su último nervio. —Trae tu trasero aquí y cierra la puerta de la oficina —gritó. La irritación se curvó en su garganta. Raina Dillon lo lanzaba por una vuelta completa. No solo era linda. Era despampanante. Grandes ondas caobas en las que, quería envolver sus dedos y jalarla más cerca. Ojos expresivos color miel, salpicados con oro que brillaban cuando reflejaba la luz. Un cuerpo que hacía que sus rodillas colapsaran. ¡Una verdad pura! Tuvo que agarrar el borde de su escritorio para mantener el equilibrio cuando su mano empezó a temblar. Curvas en todos los lugares correctos. Amaba que ese cuerpo estuviera tonificado, pero suave. Muchas mujeres se preocupaban por el número en la balanza en lugar de como se ven en realidad. Físicamente, Raina era su ideal. Su sueño. Su fantasía. Su tipo. Su maldito tipo. Alicia había tenido razón; tenía un tipo. Pero más que eso, su inteligencia y determinación lo volvía loco. El paquete completo y no había estado preparado para eso. Debería haber hecho caso a la advertencia de Alicia. Eso es lo que empujó su irritación al límite. Alicia había estado en lo cierto. Raina poseía todas aquellas cualidades que lo hacían preguntarse —no, no preguntarse— lo tenían considerando ignorar su regla de no involucrarse con alguien del trabajo. Oh, quería involucrarse. Quería estar tan profundamente involucrado que sería difícil descifrar dónde terminaba él y dónde empezaba ella. —¿Cuál es tu problema? —Esa estúpida sonrisa pegada en su cara—. ¿Fue el comentario de “Señor Sage”? —Soltó una risita. —Te he dicho en numerosas ocasiones que dejes de llamarme así. Pensé que podías respetar mi solicitud.

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Sus risitas lo enojaban más. Apretó sus manos en puños bajo su escritorio y rodó la cabeza de lado a lado, estirando los músculos tensos de su cuello. Su entrenador había ejercitado duro su espalda y hombros anoche, pero la tensión instalada allí no estaba relacionada con el ejercicio. Entre el caso de los Jenkins y esto, la tensión lo consumía. Alicia cerró la puerta y desfiló en la oficina. —Pensé que una chica atractiva te pondría de mejor humor. —Se sentó y movió sus risos rubios detrás de sus orejas. Sus labios en una línea delgada mientras trataba con todo su ser contenerse de estallar en risas. —Necesito que reserves una sala de conferencias el viernes en la tarde para Raina y yo. —Su voz titubeó. Se aclaró la garganta—. Tengo la conciliación de Sanderson ese día en Tampa. —Eso podría llevarte todo el día, D. —Arregla la reunión con Raina para las cinco. La preparación de Rory es el lunes y la destitución el martes. El tiempo está corriendo. —Odio cuando trabajas tan tarde los viernes. Lo que sucede cada vez con más frecuencia. Alguna posibilidad de reunirte con Raina el jueves. Espera… no importa. Tienes la presentación del juicio en el caso Tamberlin en Brooksville y lo de la asociación jurídica en la tarde. — Arqueó una ceja hacia ella, sorprendido por cuán bien podía recordar su horario. Él no sabía lo que estaba haciendo en una hora sin mirar su calendario—. El viernes será. —Gracias. —Es bueno que ella estuviera de acuerdo en ayudarnos con el caso. — Sonrió Alicia. —¿Bueno para el caso? Sí. —Estrechó los ojos—. ¿Bueno para mí? ¡De ninguna jodida manera! —Sentándose de vuelta en la silla, entrelazó sus dedos y los apretó en la cima de su cabeza. —Derek. —El tono de Alicia se suavizó—. En algún momento tienes que seguir adelante. Se encogió ante la mención de su fallida relación con Rachel. Continuar después de eso, con el tiempo. Dejar el miedo y confiar su corazón en alguien otra vez, parecía jodidamente imposible. Había sido nuevo en la firma, nuevo en su carrera legal cuando conoció a Rachel. Ella tenía varios años más que él, pero la diferencia de edades no lo había perturbado en absoluto.

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Era hermosa —con bastante sutileza—, una fuerte personalidad construida de determinación e inteligencia. Había creído que era la combinación perfecta, perfecta para él. Por Dios, había sido tan ingenuo. Raina producía una reacción similar en él. Más que una simple atracción física. Ella procesaba la información que le daba del caso e inmediatamente formulaba teorías. Anticipaba sus preocupaciones y casi con importancia, por qué las tenía. Una gran mente legal. Le intrigaba. Eso lo asustó más que su deseo de acostarse con ella. —No quiero follarla. —Soltó una respiración dura—. Han sido al menos tres años desde que puedo decir que realmente quise conocer a una mujer. Tres años de jugar por ahí con un grupo que no había desatado nada dentro de mí, eran un medio para un fin. Y me gustaba de esa forma. Si no hay sentimientos involucrados, nadie puede salir lastimado. —Y por nadie, se refería a sí mismo. Rachel había iniciado como una mentora, una increíble abogada que le enseñó que las cuerdas del demandante están del lado de la ley. Se ganaba la vida ahora con el conocimiento que ella le había inculcado. Habían luchado contra su atracción del uno al otro por un par de meses, pero una vez que cruzaron esa línea, Derek se volvió adicto. Adicto a su cuerpo y a la manera que extraía intensidades de placer de él. Adicto a su risa. Adicto a sus interesantes conversaciones. Adicto a la manera que ella se acurrucaba en él. Adicto a su… tiempo. Así que cuando le rompió el corazón, había sufrido. La presión en su pecho probaba cómo con solo pensar en eso invocaba una reacción física. —Lo que Rachel te hizo fue una mierda. Lo entiendo. Confía en mí. Te he conocido desde siempre, D. En todos estos años, nunca te había visto tan roto. ¿Pero no crees que sea tiempo de lanzarte de vuelta al ring de las citas? ¿Divertirte un poco? Conocer a alguien. Y no estoy hablando de salir con una chica a cenar, tener sexo y luego dirigirse a casa para nunca llamarla otra vez. Todas esas aventuras sin sentido tienen que envejecer en algún punto, ¿no? —Se inclinó hacia adelante y puso sus codos sobre sus rodillas. Escaneó su cara, buscando algo. La decepción en sus ojos pico cuando fue claro que no encontró nada. —Ella trabaja aquí —manifestó lo obvio—. Eso complica las cosas más allá de la razón. Estoy seguro que Ron o Pete no estarían tan entusiasmados con la idea de salir con alguien de la oficina otra vez, especialmente Raina. Es inteligente. Tiene un futuro brillante aquí. Ron piensa muy bien de ella. —Poniendo sus codos en el escritorio, se cubrió

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el rostro con las manos y tomó unas cuantas respiraciones. Odiaba decepcionar a Ron, era como un segundo padre para él. —El desastre con Rachel pasó hace tres años. Todo el mundo está sobre ella. Todos. Ron y Pete también piensan muy bien de ti. —La sinceridad en su voz lo calentó. Amaba la honestidad de Alicia. La voz de la razón cuando su cabeza era todo lo contrario—. Y ellos quieren que seas feliz. No estoy diciendo que corras hacia algo, pero quiero que también seas feliz. —Mierda. —Cada terminación nerviosa en él ardió y volvió a la vida con el solo pensar en Raina. Sentimientos encendidos que no había sentido en mucho tiempo. —Relájate. —Alicia se levantó—. No tienes que tomar ninguna decisión ahora. Ustedes dos acaban de conocerse. Llega a conocerla. Tal vez ni siquiera está interesada. —Levantó de golpe la cabeza de sus manos. Le frunció el ceño. —Ese puede ser mi temor más grande. —Él reconocía a una mujer interesada y ella definitivamente estaba interesada. Lo que no podía distinguir era si su interés se centraba nada más en algo sexual. Había salvado su corazón de cualquier distracción en los últimos años. No podría soportar otro corazón roto en esta vida. Alicia soltó una risita. La miró, lo cual hizo que se riera más fuerte. —¿Qué es jodidamente gracioso? —Ella está interesada. —La sonrisa de Alicia se estrechó revelando dientes perfectamente enderezados creado por años de frenos—. La vi salir de aquí y definitivamente estaba intrigada. Respira. Todo se resolverá. —Se levantó y caminó hacia la puerta—. Y no te preocupes, no te haré admitir que tenía razón… ¡Esta vez! Gruñó, y ella dejó su oficina riéndose. Si pudiera lanzarle algo, lo haría. Quería a Alicia hasta la muerte, pero también era la persona más irritante que conocía.

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3 Traducido por Isa’s Coldness, Meri & Bliss. Corregido por Kat Cooper

¡QUE PATAN! RORY Jenkins era de lo más bajo. Raina pasó varias horas, revisando los expedientes. Escalofríos pasaron por su espina al leer el historial de Rory. Treinta años, sin un trabajo real, vivía de la mamá y el fondo financiero del papá. Sin respeto por el sexo opuesto. Muchas de sus condenas implicaban alguna clase de violación contra una mujer, ya sea de violación o aterrorizarla mostrándose donde sea que estuviera. Una condena por asalto sexual y agresión, múltiples acusaciones de violación salpicaban su archivo policial. Simplemente aterrador. ¡Pobre Derek! Parecía preocupado e incómodo sobre trabajar en este caso. Si hubiese sido otra persona pidiendo ayuda, Raina habría hablado con Ron sobre rechazar la oferta de ayudar con el expediente, pero Derek la fascinaba. Si era algo bueno o malo, no lo sabía. Encontró un par de cosas en la revisión del expediente que podrían ayudar al caso. Sin slam-dunk5, pero lo que encontró podría recorrer un largo camino en la contratación negligente y recuento de retención que Derek rellenó en la denuncia contra el conductor y su trabajador. Compartirlo con él la emocionaba. Derek le presentó esta oportunidad de aprender una nueva área del derecho y desde otra perspectiva diferente a la que había sido contratada. Tener la oportunidad de ampliar su conocimiento reforzaría su carrera legal y quizás hacerla parte íntegra de la firma. Una oportunidad increíble. Se retorció en su silla. Sentarse parecía imposible. ¿Era la idea de compartir la información a Derek o fue el verlo lo que la excitó? Quizá un poco de ambas. Tenía que mantener su lujuria controlada. Fraternizar con un colega, particularmente un socio de la firma, podría ser mal visto. Lo sabe por la política anti-fraternización Slam-dunk: Literalmente traducido a Clavada de golpe, es un término usado en el baloncesto. 5

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discutida durante su orientación. Las relaciones estaban totalmente prohibidas. Se crearon reglas, la pareja debe avisar a la firma en un plazo de tres meses y no deben trabajar en la misma división legal o uno de los dos tendrá que irse. Solo ha estado una semana con la firma. Un poco temprano para asociarse con alguien románticamente. —Hola ahí —dijo una suave voz femenina desde el otro lado de la oficina. Raina levantó la mirada para ver a Diana Miller en la puerta. Diana, la otra nueva asociada según Ron, empezó recién salida de la escuela de leyes después de pasar su examen. —Hola, tú —Raina sonrió. Agarro un clip de una carpeta y reunió toda la investigación que completo para uno de los casos de Ron. —¿Aún quieres ir por una copa de vino? —preguntó Diana. —Ha sido un día horrible. —Claro. Déjame apagar mi computadora y podremos caminar hacia Bella Brava. —Suena bien. Pasa por mi oficina cuando estés lista. Raina asintió. Diana era todo lo contrario a Raina en casi todos los aspectos. Era más alta que Raina y probablemente unos kilos menos. Pelo rubio más largo por el frente y más corto atrás en la forma que se ha vuelto tan elegante. Sus ojos chocolate y pequeñas características le daban una mirada de duendecillo. Le cayó bien al instante. Era bastante agradable. Además, siendo nuevas en la firma las tenían aprendiendo cosas juntas. Raina recordaba ser empujada en el mundo práctico de la ley. La facultad de derecho no hizo nada para prepararla al mundo práctico como abogada. Apagó su computadora, guardo su investigación en la carpeta y agarró su bolso. Fue hacía la oficina de Diana. Se montaron en el elevador hasta el segundo piso en el parqueadero para dejar los bolsos de trabajo en sus carros antes de ir al restaurante. —Así que, ¿Cómo estuvo tu día? —preguntó Diana. Sus tacones hacían clic en la calle. Tres calles más abajo estaba Bella Brava, el hermoso restaurante italiano en Beach Drive. —Un poco caótico —sonrió. —Tengo varios casos en los que estoy tratando de ponerme al día y luego Ron me ha puesto a hacer algunas

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investigaciones en el caso de la constructora Raven Edge defectuosa. Además, el otro día Derek Sage pidió mi ayuda en uno de sus casos, así que estoy tratando de pasar por todo eso —Diana se detuvo. Raina volteo verla parada con la boca abierta. —¿Qué? —Todo el mundo tenía la misma reacción cuando lo mencionaba. —¿Estas ayudando al Sr. Sage en un caso? —La sorpresa en la voz de Diana no pasó inadvertida, no ha tenido que llamarlo así: Sr Sage. La aspereza en su voz cuando le pidió que lo llamara Derek persistía en su cabeza. —Sí. —¿Cómo conseguiste eso? —¿Podemos hablar mientras caminamos? Estoy muriendo por una copa de Chianti6. —Raina cruzó la calle por el paso de peatones y el clicclic de Diana se escuchó detrás con paso acelerado intentando alcanzarla. Abriendo la puerta de Bella Brava, el olor a salsa de pasta, pan italiano recién hecho, ajo y queso parmesano asaltó su nariz. Su estómago saltó por el olor de una buena comida italiana, una debilidad. Llenarse de comida aquí la pondría en la cama antes de las nueve y tenía trabajo que hacer cuando llegara a casa. Unos cuantos asientos estaban vacíos en el bar, así que se dirigió en esa dirección. Diana se sentó en la silla a su lado. —¿Qué puedo ofrecerles, señoritas? —El camarero preguntó, secando una botella de vino con una toalla blanca. Una gruesa capa de pelo en la cabeza. Sus ojos se arrugaron en las esquinas con una sonrisa amable. Le recordaba un poco a su padre. El calor habitual que asociaba con su padre la llenaba y sonrió de vuelta al camarero. —Quiero una copa del mejor Chianti que tengan —Raina dejo el bolso a sus pies y cruzo las piernas como la dama que su madre siempre le dijo que debería ser. Una risa amarga paso por su mente. ¡Ja! Su madre no producía la misma calidez que su padre. No había hablado con su madre en meses. Salía con un doctor nuevo que conoció en el evento de caridad para el hospital que ayudó 6

Chianti: Es uno de los vinos tintos italianos más prestigiosos y conocidos en el mundo.

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a organizar. La ha llevado a España, Italia, o alguno de esos países románticos. Su pobre padre nunca tuvo una oportunidad. Su matrimonio había terminado antes de que Raina cumpliera tres años y ella vivió con su padre el resto de su infancia y adolescencia. Gracias a Dios. Su padre era el mejor. —Voy a querer una copa de chardonnay7, por favor —Diana volvió su atención hacia Raina. —Suelta la sopa. —¿Qué? No sé cuál es el problema. —Bueno, lo sabía, pero no iba a admitirlo. Derek era atractivo. Sería fácil ser otra de las mujeres a las que les caía la baba en sus zapatos de cuero o convertirse en una lengua trabada en su presencia. Quería demostrar que valía. No saltando en su cama, a pesar de que el pensamiento le había pasado por la cabeza. Quería que la viera como una abogada muy competente e inteligente. Ser diferente a su madre era una necesidad. Apoyarse en un hombre para que fuera su único apoyo financiero le daba miedo y así debería ser. Siempre habría una mujer más joven arrastrándose, esperando que él se aburriera. Es por eso que su madre cambiaba cada pocos años, por miedo de ser abandonada. —¿El gran problema? ¿Lo has visto? —Sí, pasé un poco de tiempo el martes en la mañana en su oficina. —Su voz se hizo más aguda al recordar el viaje a la oficina de Derek y caer en lujuria en el acto. —¿No es fabuloso? —La voz de Diana flotó como una musa de ensueño. —Él es un abogado excepcional. —Su corazón latía al triple mientras pensaba en su reunión con él, mañana por la tarde. El barman deslizó sus copas a través de la barra. Raina le dio algo de dinero para cubrir la cuenta. Llevando la copa de chianti a los labios, inhaló el fuerte aroma de frutas negras y especias que siempre le atrajeron del vino. Bebiendo un poco el sabor afrutado irrumpió en su lengua —¿Realmente lo has visto? —La expresión exasperada de Diana causó que tragara su vino rápidamente antes de escupirlo histéricamente. —Sí, lo vi. Y tienes razón, es fantástico. Mucho mejor que su foto de la firma. —Raina bebió más vino, dejándolo fluir hacia la parte posterior 7

Chardonnay: Es una variedad de uva de piel verde usada para hacer vino blanco.

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de la garganta. Vértigo corría a través de ella. Era bueno poder hablar cosas de chicas, hablar de hombres. Nunca dominó el arte de tener demasiadas amigas a lo largo de los años, luchando con la rencorosa y competitiva naturaleza de las mujeres. Tal vez en algún momento podría añadir a Diana a su verdadera lista de amigas. —Dios mío, la foto de la firma es una broma una vez que lo has visto realmente. No puedo creer que esté soltero —Diana se pasó una mano muy cuidada por su pelo corto y la miró con incredulidad. —Estoy segura de que tiene todo un montón de mujeres que lo siguen alrededor. —La idea agrió su estómago. Ridículo. No tenía derecho a sentirse de esa manera. Estaban trabajando juntos en un caso. Habían estado en presencia del otro apenas quince minutos. —Jennifer me dijo que tuvo un problema hace unos años, al terminar una relación con una mujer, otra abogada de la firma. Al parecer los accionistas la obligaron a dejar la empresa a pesar de que era una socia. Ron mantuvo a Derek. Interesante, si me lo preguntas — Diana hizo una pausa para beber su vino—. Desde entonces, Jen dijo que Derek se alejaba a sí mismo socialmente, al menos, no persigue a nadie de la oficina. De hecho dijo que llevó a su ayudante, Alicia, a la última fiesta de Navidad. El corazón de Raina sufrió una sacudida. Quizás él y Alicia eran pareja y había leído mal su interés. —A Jennifer seguro le gusta el chisme —Sacudió la cabeza. Otro ejemplo de por qué no tenía demasiadas amigas. —Tomo todo lo que dice sin mucho interés —Diana tomó un sorbo de chardonnay—. Los asistentes legales crearon su propio club pequeño en la firma. Saben todo sobre todos. Decidí ser su amiga con la esperanza de que me mantuviera fuera de la fábrica de rumores. Se rieron y continuaron su discusión acerca del nuevo trabajo, la vida fuera del trabajo, el crecer, la universidad, y así sucesivamente. Cada una había tenido dos vasos más de vino y Raina lo sintió. No había comido nada desde la manzana y mantequilla de maní que había tenido para una merienda alrededor de las cuatro y media. Una copa más y estaría llamando a un taxi y arrastrándose en la cama. —Dios —Raina echó un vistazo a su reloj. Casi las ocho—. Tengo que llegar a casa y alimentar de Rascal. Probablemente está preguntándose dónde diablos estoy. Pobrecito.

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—Voy a caminar contigo al estacionamiento ya que las dos vamos allí —Diana tragó el último sorbo de vino y caminaron a la puerta principal. El húmedo aire de fuera le cayó a Raina como una pared. Doblaron la esquina y alguien chocó contra ella, sacando su respiración y haciéndola perder el equilibrio en sus tacones de cuatro pulgadas. Un salado, aroma de sándalo se apoderó de sus sentidos cuando unas manos fuertes la agarraron por los brazos para evitar que golpeara el duro cemento de la acera. Reconoció el olor, el cual agitó su adrenalina. —Oh Dios —dijo la voz masculina ronca—. ¿Estás bien? Reforzando el peso sobre sus zapatos, levantó la mirada hacia el hombre y se le cortó la respiración. El corazón se puso a toda marcha. Derek Sage la miraba con ojos azules intensos. No era el mismo Derek con el que se había encontrado el martes por la mañana en un traje y corbata. Oh no... Su pelo oscuro estaba revuelto y húmedo en la cabeza. Lo despeinado le funcionaba bien. Gotas de sudor corrían por su rostro enrojecido. ¿Estaba mal querer lamer su cara y coger una gota en su lengua? Su respiración pesada se notaba. Llevaba una camisa azul, pantalones cortos negros y zapatos de deporte. El aumento de respiración se debía a la carrera. No a ella. Se rio en su cabeza. —¿Raina? ¿Estás bien? —Levanto su voz con preocupación—. Doble por esta esquina bastante rápido. Incluso goteando sudor, su olor, su presencia, la embriagaban. —S-sí —tartamudeó, todavía aturdida por el impacto y más. La forma en que olía, el aspecto que tenía, todo contribuyó a su desorientación. Sus manos apretadas contra la parte delantera de su camisa sudada para conseguir equilibrio. Sus músculos pectorales flexionados debajo de la tela. El calor de su cuerpo provocó un golpe de excitación a través de ella. Por segunda vez en menos de una semana, este hombre la preparó sexualmente para hacer cualquier cosa, solamente con la mirada. —¿Seguro? —La miró estando poco convencido de su estado.

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—Sí, sí, estoy bien. —Mirando al suelo para ocultar su vergüenza, se dio cuenta de su bolso. Debió haber caído durante el impacto con Derek. Doblando las rodillas para agarrarlo, sus cabezas chocaron ya que Derek tuvo el mismo pensamiento. Estalló en risas. —Deberíamos salir en America’s Funniest Home Videos8 o algo así. —Una sonrisa dividió su rostro cuando él rompió en risas, también. —¿Están bien? —Preguntó Diana. Raina se había olvidado por completo de ella en el caos de ser arrollada. Además, Derek tenía la habilidad de hacerla sentir como si el planeta los contuviera solo a los dos. —Hola. —En su posición agachada, Derek miro a Diana y sonrió. Diana suspiró y Raina se rio. Derek sostuvo su mano para Raina. Deslizando la suya en la de él, envolvió sus dedos alrededor y la empujó hacia arriba, pero mantuvo el agarre en su mano. Sus miradas se encontraron. Una corriente eléctrica de excitación fluyó entre ellos. ¿Qué le estaba haciendo este hombre? —Lo siento. —Su voz era profunda y grave—. No debería haber tomado esa esquina tan rápido, especialmente con un restaurante concurrido justo al otro lado. Pude haberte golpeado. ¡Es decir! Sí te golpeé. Soy afortunado de que no fuese una persona de setenta y cinco años. Ella se rio entre dientes. Si él chocara con alguien más frágil, con su tamaño y velocidad, estaría llevándolos al hospital. Atrapando algunos mechones de su cabello, los metió detrás de su oreja, luego frotó sus dedos sobre su mejilla. Su toque la quemó hasta el centro. Quería a este hombre con todo lo que tenía. Quería estar debajo de él, encima de él, sujeta contra la pared por él. Simple y llanamente. Pero no podía suceder. Él era su mentor. Inclinándose, él susurró en su oído:

America’s Funniest Home Videos: Programa americano de televisión donde se presentan videos caseros, los cuales incluyen comedia involuntaria física causada por incidentes, accidentes y percances. 8

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—No importa. Lo siento. —Su aliento acarició su mejilla, causando que temblara. Él inhaló profundamente como si intentara guardar el olor en su memoria. —Disculpa aceptada —dijo con voz suave. Estaba demasiado cerca. Si giraba la cabeza un poco, podría besarlo. Lo que daría por hacer eso. ¡Detente! Tenía que dejar de torturarse. —Gracias. —Retrocedió—. ¿A dónde se dirigen señoritas? —Nos dirigíamos de regreso a nuestros carros, señor Sage —Diana no pudo contener su excitación—. Solo paramos por una copa de vino. —¿Estás bien para manejar? —Miró detenidamente a Raina. Su preocupación la tocaba, sin embargo era innecesario. —Sí —Sonrió—. Solo tomé dos copas. —Su presencia la intoxicaba más que cualquier cantidad de copas de vino. —¿Necesitas que camine contigo de regreso al estacionamiento? —Sinceridad y preocupación se entrelazaban entre sus palabras. Raina adoró su lado protector, incluso si solo estaba siendo amable con dos mujeres que trabajaban con él. —Creo que puedo manejarlo. Pero gracias por la oferta. Sé a quién llamar si alguna vez necesito un guardaespaldas. —Seré tu guardaespaldas cualquier día, Ángel. —Su susurro revoloteó por su cabeza. Su estómago se agitó con cien mariposas. Sus mejillas se calentaron por la palabra de cariño y que Diana escuchara su último comentario. —Si estás segura que estás bien, las dejaré para que sigan su camino damas. —Paso por su lado, giró y caminó hacia atrás—. Estoy deseando verte mañana en la tarde, Raina. —Ella estiró el cuello para verlo irse y lo despidió con la mano. Chocó con un hombre mayor saliendo de una tienda. Raina rio, viéndolo disculparse profundamente por no prestar atención. —Oh Dios mío —chilló Diana. Tomó el brazo de Raina en un agarre firme y la empujó por la acera, repitiendo todo. —¿Qué te está pasando? —No podía quitar la sonrisa de su cara. Derek Sage flirteó con ella. La llamó “Ángel.” Derek-jodido-Sage. No fue su imaginación. Diana lo presenció.

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—Él está loco por ti. De una manera muy, muy grande. Oh Dios mío, quiero ser tú. —Diana siguió—. Perra afortunada. —Oye. —Raina se detuvo de camino en las escaleras—. No está loco por mí. Solo un coqueteo inofensivo. No vayas a difundir rumores. — Recordó la nueva amistad de Diana con la chismosa asistente legal del grupo. Esa era la última cosa que necesitaba. —No diré ni una palabra. Pero él no estaba coqueteando conmigo. Todo fue por ti. Oh dios, él es tan jodidamente caliente. Subieron los dos tramos de escaleras hacia el estacionamiento de la firma. —Es bastante atractivo, ¿no? —chilló Raina—. Incluso mientras gotea con sudor, quiero saltar encima de él. —Hizo una pausa por un minuto. —¿Dije eso en voz alta? De repente Diana rompió en carcajadas. —Sí. Sí dijiste eso en voz alta y te apoyo ahí. Te veo mañana, perra afortunada. —Diana le dio un rápido apretón antes de presionar el botón en su llave y caminar en dirección a su Toyota Camry. Raina se quedó allí por unos minutos, calmando los nervios. Había acordado trabajar en el caso Jenkins con Derek, pero estar respirando el mismo espacio donde estaba, le resultaba una gran hazaña. ¿Cómo podría resolver la atracción hacia él, sin arruinar esta oportunidad o ser despedida?

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4 Traducido por Meri & Bliss Corregido por Izzy

DEREK estaba en la puerta de la sala de conferencias y observó como el sol proyectaba una variedad de colores en la habitación a través de la pared de ventanas. Raina se sentó en la mesa larga agitando los documentos extendidos ante ella. Sus hombros encorvados bajo su chaqueta marrón. El pelo caoba caía en cascada por su espalda en ondas largas, las luces altas brillantes de los rayos creando un castaño rojizo. Reunió toda la fuerza que tenía para mantenerse quieto y no pasar sus dedos por los mechones, inclinándola hacia él. Manteniendo su ‘no mezclar trabajo con el placer’ regla con esta mujer resultó ser una de las más difíciles tareas que había emprendido. Quería desesperadamente buscar el placer con ella -consecuencias malditas. Hermosa en muchos niveles. Su cuerpo se curvaba alrededor de unos músculos tonificados y, sin embargo, suave, donde una mujer debe serlo. Más que su belleza física lo impactó. Pocas cosas eran más sexy que una mujer hermosa con un cerebro que no tenía miedo de usar. Algunas con las que había salido en los últimos años no eran las estrellas más brillantes en el cielo. ¿Hermosas? Sí. ¿Inteligentes? Cuestionable. Algunas que había conocido parecían pensar que él no quería que usaran su cerebro, como si la única cosa interesante para él fuera el sexo. A él le gustaba la confianza. Disfrutaba de una conversación inteligente. Apreciaba un buen sentido del humor. Disfrutaba siendo cuestionado. Raina... ella parecía tenerlo todo. Incluso añadiendo millas extra para sus carreras de esta semana, y dándose a sí mismo liberación por su propia mano, no había aliviado el dolor incómodo de su entrepierna. Se despertó esta mañana como un adolescente caliente, más duro que una pared de ladrillo, sabiendo que la vería más tarde.

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Su reunión de hoy había durado más de lo esperado. Treinta minutos tarde en su reunión con ella y a ella no parecía importarle en lo más mínimo. Llegaría lejos en la compañía trabajando con esa ética. Dedicación. Otra cualidad admirable. —¿No hay moretones de nuestro choque de anoche? —Derek entró en la sala de conferencias. Ella se sorprendió, señalando con la mano y envió su pluma revoloteando encima de la mesa ante el sonido de su voz. —No —tomó una respiración profunda, a continuación, una pequeña risa—. Aún de una sola pieza. —¿Conseguiste organizar todo el archivo Jenkins? —se inclinó sobre su hombro mientras ella revolvía unos documentos en una carpeta de manila. Su aroma a vainilla se envolvió en torno a él y al instante su polla se agitó—. He revisado el archivo, señor Sage. —Ella inclinó la cabeza y expuso la longitud de su cuello. Él clavó los dientes en su labio inferior para no deslizar su lengua a lo largo de la columna de su piel cremosa. Quería saborearla. Raina lo observó, arqueando su boca arriba en un lado. Derek alargó una exhalación, haciendo que su aliento fuera a la deriva sobre su piel. Ella se estremeció. ¡Joder! Llegados a este punto, prefería mantener su vida amorosa —o debería decir la vida sexual porque el amor nunca había entrado en la ecuación hasta Rachel— separada de su carrera legal. Mejor así. Más limpio. Menos complicaciones. No tenía mucho tiempo para dedicar a una relación. Además, quería su corazón de una sola pieza, por lo que mantuvo sus ligues casuales y fuera de la oficina. Y lo había hecho bastante bien. —Te dije ayer que me llamaras Derek —Había una mirada brillante en sus ojos. Ella jugaba con él. Le gustó mucho. —Me disculpo —Ella bajó las pestañas y se volvió de nuevo hacia la mesa. Apretó sus manos en el respaldo de la silla para no tocarla. El impulso de tirar de su pelo largo y cerrar de golpe su boca sobre la de ella era tan fuerte que se olvidó de respirar. —Disculpa aceptada —Él usó sus palabras queriendo que ella supiera que escuchó cada palabra que había dicho la noche anterior y todavía pensaba en su encuentro. Ella había estado en su mente todo el día. Se apartó y rodeó la mesa para sentarse.

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Poner un poco de distancia entre ellos era necesario. —¿Tus pensamientos? —¿Mis pensamientos sobre el archivo Jenkins? —ella hizo una pausa y levantó la cabeza, su mirada color miel emanando calor—. ¿O esta obvia atracción entre nosotros? Soltó una pequeña risa. —Audaz. Y al punto —Vaciló—. Me gusta —Apoyándose en la silla de cuero, cruzó su pie sobre la rodilla opuesta y cruzó las manos sobre el regazo—. Vamos a hablar de la más interesante de estas dos preguntas primero. ¿Me encuentras atractivo? Ahora ella se rio. —Mucho. ¿No lo hacen todas las mujeres? —Ella inclinó su antebrazo sobre la mesa, dejando al descubierto su escote que aparecía entre la brecha de la chaqueta del traje con elegancia. Un gruñido bajo retumbó a través de él. —No estoy preguntando por todas las mujeres. Estoy preguntando si tú lo haces. —Sí, lo hago. —Creo que he hecho demasiado obvio que me siento atraída por ti. ¿Qué propones que hagamos de esto? —Se obligó a mirarla a los ojos. Ella sacó su labio inferior de entre los dientes. Lo hizo vibrar de excitación. Él quería ese labio entre los dientes, su lengua azotando y degustando lo que había bebido de la copa en la mesa. Verla roer su labio regordete trajo otras visiones —ella envolviendo su boca alrededor de su pene. Su erección presionaba contra sus pantalones, pidiendo liberación. Su determinación estaba al borde. —Yo diría que tenemos dos opciones —Sus labios se curvaron en una sonrisa. —Estoy escuchando. —Te puedo ayudar con este caso y podemos tratar de pretender que esto no existe —No parecía muy convencida sobre esa opción, y, francamente, tampoco él. Apenas podía pensar con claridad desde que la conoció y sólo había estado en su presencia un corto período. Trabajar con ella en este caso podría matarlo de un ataque de lujuria—. O podemos follar y sacarlo del camino para que nos podamos centrar en el caso Jenkins. —Dilo otra vez —¿Había oído bien? Lo tomó por sorpresa, pero le gustaba. ¡Joder! Le encantó.

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—Creo que me escuchaste. —Una sonrisa malvada—. Y voto por la opción dos. —Estoy más duro que una piedra justo ahora, Raina, y al borde de cruzar una línea que he dicho no haría. Su voz cayó varias octavas. Su erección tensa contra sus pantalones negros y el único alivio aceptable vendría de estar enterrado dentro de ella. —No tengo sexo en la oficina y no follo a compañeros de trabajo, pero tú estás haciéndome dudar de aquellas reglas. —¿Cómo es ese dicho? Las reglas están para romperse. O algo así. —Bajó su cabeza y se sacudió en su asiento. Levantó su mano de debajo de la mesa. Su dedo medio brilló—. No tienes idea de cuán bien preparada estoy para ti. Él saltó de su silla y rodeó la mesa, eliminando el espacio entre ellos y agarrando su muñeca. Inclinándose, llevó su mano a su nariz e inhaló profundamente. Sus ojos se agitaron hasta cerrarse y captó su dulce y almizclado aroma femenino. Su boca se le hizo agua. Un sonido primario retumbó en su pecho. —Mierda. —Sus ojos se abrieron de golpe, sujetándola con su mirada. Las mejillas de ella se sonrojaron. Él cerró los labios alrededor de su dedo, su dulce sabor explotó en su lengua. La chupó más dentro de su boca, acariciándola. Ella gimió, un sonido que causó que sus piernas cedieran. La combinación de sus jugos, el sabor de su piel, y su aroma a vainilla lo aturdió. Su polla latió. Dolió. Ella agarró su corbata azul y blanca a rayas y lo jaló más cerca. Sacando su dedo, ella susurró: —Bésame. Fue todo lo que necesitaba. Nunca había participado en algo tan erótico. Estrelló su boca contra sus labios suaves y esponjosos y gimió. El agarre en su corbata se afirmó mientras su lengua exploraba la unión de sus labios, rogando por dejarle entrar. Ella se abrió, provocando su lengua con la de ella mientras él se sumergía más profundo. Sabía como a chocolate con menta y café, una combinación en la que podría estar perdido para siempre. Entretejió sus dedos en su cabello espeso y la sostuvo donde quería mientras él la saqueaba. Sus

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lenguas chocaron, se batieron en duelo, y bailaron por varios minutos, luego se acariciaron el uno al otro en lánguidas caricias. Se separó de ella, permitiendo a ambos jadear por aire. —Jodida mierda. —Apoyó su trasero contra el borde de la mesa, respirando como si corriera una maratón. —Nunca he querido que un hombre me tocara tan mal como quiero que lo hagas ahora. —Se levantó de su silla, e inclinó sus caderas a las suyas. Su cabeza cayó hacia atrás en sus hombros por el roce de su pelvis contra su ingle. —Quiero hacer más que tocarte, Raina. —Tomó la parte de atrás de su cuello, trayéndola más cerca—. Quiero follarte de cada manera hasta el domingo. ¿Lo sientes? —Impulsó sus caderas—. Nunca he estado así de duro. Nunca. Ni siquiera como un maldito adolescente. Si te tocara ahora, probablemente voy a explotar en mis pantalones. Deslizando su mano entre sus cuerpos, ella ahuecó su polla a través de sus pantalones. Sus ojos rodaron por la parte de atrás de su cabeza. Él pulsaba bajo el calor de su mano. —Explota dentro de mí. Ninguno de los dos vamos a ser capaces de concentrarnos en algo hasta que saquemos esto de nuestro sistema. —Apretó los dedos. Él gruñó. No sabía qué lo encendía más: su belleza física, su brillante cerebro, o su maldita boca sucia. Pero la combinación era letal. —Mereces más que una follada rápida en la mesa de un cuarto de conferencias, Ángel. —Su voz se tensó—. Quiero tomarme mi tiempo contigo. —Adoro el hecho de que dijeras eso incluso si es solo una línea. Pero me va a valer una mierda si no haces que me venga. —Su pequeña mano presionó. Él tendría bolas azules por una semana si no obtenía alivio. —No es una línea. —Tomó su muñeca con ambas manos—. En algún punto, voy a explorar cada única pulgada de ti. Cada. Única. Pulgada. Lo prometo. Voy a hacerte venir tantas veces y de muchas maneras diferentes que el único sexo que vas a recordar es conmigo. — Ella tembló. Moviéndola a un lado, caminó hacia la puerta y la bloqueó. La mayoría de todos en la oficina estaría en camino a su hora feliz de viernes, excepto por aquellos que tenían un juicio próximo. Puede que

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oficialmente haya perdido su cordura, pero no podía resistir el no tenerla ahora, y tampoco se podía arriesgar a que cualquiera los sorprendieran. Él acechó de vuelta, y la empujó contra la mesa, deslizando sus manos por su cuerpo y alcanzó el dobladillo de su falsa marrón. Subiendo la tela sobre sus muslos musculosos y sus caderas redondas, él reveló bragas de encaje de color crema que hicieron que su corazón latiera tan duro que estuvo seguro que ella lo escuchó. Ahuecó su montículo. El calor de su centro lo marcó. Empujó sus bragas a un lado y deslizó un dedo a lo largo de su escurridizo e hinchado clítoris. —Oh, Dios. —Extendió las piernas, dándole el acceso que quería. Su dedo se deslizó más adelante otra vez y se zambulló dentro de su apretado coño. Las paredes de su centro lo sujetaron. ¡Mierda! Curvó su dedo índice en busca de ese punto que la dejaría sin aliento. Al momento que lo encontró, ella gimoteó y su crema cubrió sus dedos. Ella se retorció contra su mano en busca de fricción. Buscó a tientas la hebilla de su cinturón y el cierre. Sus movimientos bruscos demostraban la misma desesperación que fluía en él. Cuando finalmente él saltó libre, la suave caricia de su pequeña mano alrededor de su erección lo hizo tensarse. —Detente —susurró él. Su respiración salía en cortas ráfagas—. Tu mano se siente demasiado bien. No quiero correrme hasta que esté enterrado dentro de tu apretado cuerpo. Sacando su billetera del bolsillo de atrás, tomó el paquete de aluminio que mantenía para emergencias. Lo abrió con sus dientes y envainó su longitud, bajando un poco sus pantalones y bóxers hasta que estos se arrugaban en sus rodillas. La mirada de ella cayó en su polla y soltó un suspiro de aprobación. —Siéntate en la mesa y recuéstate. —Raina siguió sus instrucciones, sacando los papeles de trabajo de la mesa mientras ella se tumbaba para su vista—. Dios, te ves jodidamente hermosa. —Su falda se subió sobre sus caderas, el cabello desalineado cubriendo sus hombros, sus mejillas sonrojadas. Desabotonando su chaqueta marrón, él descubrió una camisola de color crema que se esforzaban para contener sus pechos. La jaló al borde y se adentró entre sus piernas. Tomó su polla y movió sus bragas a un lado, frotando la cabeza a lo largo de su húmeda hendidura y sobre su clítoris. Su cuerpo tembló.

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—Por favor. —¿Por favor qué? —Entró en su cuerpo sin prisa, una pulgada lenta y agonizante a la vez. Las pupilas de ella se dilataron hasta que absorbieron el color miel. Su coño se estrechó alrededor de él, tomándolo tan firmemente que su visión se nubló. —Maldito Jesucristo. —Una vez que estuvo completo dentro de ella, se mantuvo quieto, permitiendo que su cuerpo se acomode y se ajuste a su tamaño—. Estás demasiado apretada, Ángel. Tan. Apretada. Tan increíble. —Envolvió sus piernas alrededor de sus caderas, los talones de sus zapatos cavaron su trasero. El ligero dolor realzó su excitación. Rozó sus dedos sobre sus muslos desnudos y deslizó sus mano por la parte baja de su espalda y jalándola más cerca. Se movió lento al principio, pero con cada gemido y gimoteo, incrementaba el ritmo. Apoyándose en un codo, ella deslizó su mano por el frente de su cuerpo y masajeó su clítoris. Mirarla tocarse a sí misma mientras él desaparecía repetidamente dentro de su acogedor calor lo tenía impulsándose más duro, cazando su orgasmo. —¡Oh, Dios! —gimió ella. Se congeló, luego perdió el control. Su espalda cayó hacia atrás, y su coño tuvo espasmos alrededor de su polla, latiendo en un ritmo que lo llevó al extremo. Sus bolas se apretaron, la euforia persistente en la base de su columna antes de soltarse por cada nervio de su cuerpo. Se vino duro, su polla latiendo dentro de ella. Embistió unas veces más, prolongando su orgasmo antes de colapsar encima de ella, respirando duro. Puso besos suaves a lo largo de su clavícula, su mandíbula, y ese suave punto debajo de sus orejas. —Fue increíble. Él sonrió contra su cuello. 39


5 Traducido por Meri, Isa’s Coldness & Bliss Corregido por Izzy

¡Santa mierda! El mejor orgasmo de su vida. Mejor sexo de su vida. Raina apoyó la cabeza contra la mesa, cerró los ojos, y exhaló. En poco más de una semana con la firma, folló uno de los miembros. Un socio que le pidió su ayuda en un caso. Ella no sólo jodió. Le rogó que la llevara y hacerlo sobre una mesa en una sala de conferencias con grandes ventanales. La realidad de lo que habían hecho pesaba sobre ella como mil libras. ¿Qué pasó con la Raina en control? Esto estaba completamente fuera de lugar. Ella no se dejaba conducir por la lujuria, al menos no hasta el punto de poner en riesgo su carrera. Las lágrimas burbujearon a la superficie. —¿Estás bien? —Derek se retiró. Su pelo castaño oscuro yacía revuelto y sus cejas rebajadas con preocupación. —Te ves molesta. —Jodí este trabajo, ¿verdad? —La preocupación entrelazó su voz. Un poco tarde para la preocupación, ¿no te parece? Él se liberó de ella y la ayudó a tomar una posición de sentada en la mesa. Recogió sus calzoncillos boxer negro y pantalones, se vistió y puso su camisa de nuevo en sus pantalones. El dulce olor del sexo persistía. —No. No, en absoluto. —Le agarró la barbilla entre el pulgar y el índice, inclinándole la cabeza para mirarlo. —No hiciste nada mal. En todo caso, yo debería haber sido el que ponía fin a la misma. Fui en contra de dos reglas que juré que nunca rompería. Pero no lo siento. En el momento en que entraste en mi oficina el martes no pude pensar en otra cosa. Espero que no sientas que he tomado ventaja de ti. —Él le acarició la mejilla, y su corazón se expandió ante el cálido gesto y sus palabras amables. —¿Estás bromeando? Me arrojé a ti como una puta desesperada. —Sus mejillas encendidas por la vergüenza que se apoderó de ella. Nunca se había considerado una zorra hasta este momento.

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—No vuelvas a llamarte así. He encontrado tu atrevimiento atractivo. —Sus labios rozaron los suyos. —Me gusta una mujer que sabe lo que quiere y no tiene miedo de pedir o exigirlo. —No puedo creer que haya hecho esto. —Su pecho subía y bajaba con su respiración exasperada. —No soy así generalmente. Suelo tener algo de control. —Ángel, no me arrepiento. Lo quería tanto, sino más, que tú. No puede haber sido el mejor juicio de mi parte, hacerlo aquí, podríamos haber sido capturados. Alguien nos podría haber visto a través de las ventanas. Pero tenía que suceder. Tenías razón. Hemos tenido que hacer frente a la atracción. A pesar de que no ha curado mi deseo de ti. De hecho, puede haberlo empeorado. —Sonrió. —Espero que sepas que he disfrutado cada segundo, y espero que continuemos explorando esto. -Hizo un gesto con el dedo índice entre ellos. —¿No puedes ser serio? —Estoy siendo serio. —Se puso de pie delante de ella, con las manos en las caderas—. Quiero llegar a conocerte. —Ahuecando su cara, bajó su boca a la suya. Un beso dulce y suave que aceleró su corazón. —Voy a ir a deshacerme de este condón. Voy a tomar dos tazas de café en mi camino de vuelta y vamos a volver al trabajo. Estoy ansioso por escuchar tus ideas sobre el caso. Su ternura y la sensibilidad la abrumaron. Cuando se decidió a ser descarada e ir en contra todo su sentido común, se imaginó que sería una cosa de una sola vez. Él habría continuado como si no significara nada más que una liberación mutua, y también lo haría ella. Todavía puede ser el caso. Tal vez sólo estaba siendo un caballero. No lo sabía a ciencia cierta, pero lo quería saber. Se bajó de la mesa con su ayuda y se ajustó la falda. Él se dio la vuelta y se dirigió hacia la puerta. —Vuelvo enseguida —dijo por encima del hombro. Ella fue al pequeño espejo sobre la pequeña mesita de bebidas. Con las mejillas encendidas y una capa de sudor brillaba en su frente. Parecía haber sido follada a fondo. Su cabello estaba rebelde, por lo que corrió sus dedos a través de él, tratando de domarlo o ponerlo al menos presentable. Aunque era temprano en la noche de un viernes, era probable que todavía hubiera algunos rezagados trabajando hasta tarde. Abotonando su chaqueta, se sentó en la mesa y tomó unas cuantas respiraciones profundas, centrándose en el archivo ante ella. ***

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Habían trabajado hasta después de las ocho armando una estrategia para la declaración de Rory el martes. Derek parecía satisfecho con su análisis del descubrimiento de pruebas y la información con respecto a la falta de una licencia de conducción válida. Aunque no era necesariamente beneficioso para el evento del martes, la información ayudaría a las declaraciones de los acusados. El registro limpio del motor del vehículo de Rory —el único registro limpio que tenía— ayudaría con el argumento de que su forma de conducir nunca había sido un problema y no debería ser mirado como uno ahora. Derek insertó varios documentos en una carpeta y dejó caer el archivo en un ampliable. Escucharlo hablar sobre la ley y su estrategia para el caso volvió sus entrañas en una sustancia pegajosa. Derek era diferente de la mayoría de los hombres que había conocido. Aunque físicamente hermoso, él no parecía saberlo. Y si lo hacía, no lo demostraba. Su intelecto aumentaba la atracción. Con sólo cinco años más que ella, se hizo un nombre como uno de los abogados más demandados de la zona. La mayoría de los abogados no tenían ese tipo de reconocimiento hasta haber ejercido la abogacía durante más de veinte años. Además de todo eso, su ternura tocaba la fibra sensible con ella, llenaba su corazón con emociones que no podía describir. A pesar de decirse a sí misma que era una situación casual y seguía creyendo eso, anhelaba una relación completa. Tenía visiones de casarse, formar una familia y envejecer con alguien. Pero cada vez que esas fantasías entraban en su cabeza, su significativo otro estaba sin rostro. Hasta ahora, había fallado en el departamento de hombres. Ninguno de los hombres con los cuales salió durante la universidad y la escuela de leyes atrajeron su atención. Siempre hubo algo con ellos que no se sentía como un para siempre. ¡Ja! ¿A quién estoy engañando? Siempre hubo algo acerca de todos sus novios que no se sentía como si fueran a durar un año. Le preocupaba el haber heredado la incapacidad de su madre, que la molestaba, de no asentarse nunca y tener hijos. Todos esos pensamientos se quedaron en su cabeza. Frotó sus dedos por sus cejas, trabajando la tensión. Sin saber por qué sus expectaciones la estaban preocupando. Mordió su labio inferior y golpeó su bolígrafo contra la mesa, todo para calmar sus nervios. Él aclaró su garganta. Levantó su mirada para encontrarlo fijado en ella. —¿Qué? —Inseguridad crecía en su estómago y se filtraba a su pecho, apretándolo. ¿Podría leer todas sus emociones en su expresión? —Eres increíblemente hermosa. —Su voz brusca.

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—Gracias. —Agachó su cabeza, bajando su mirada al suelo. Nadie describiría a Raina como tímida, y aun así, él tenía una manera de sacárselo—. Dejaré el archivo contigo. —Se levantó, sin estar segura de qué hacer o cómo empezar una conversación. Había dicho que quería conocerla, explorar su relación, pero no sabía que significaba eso. Se puso de pie también y ando hacia ella. —¿Querrías ir a comer, e ir a un juego de los Rays conmigo mañana en la noche? —pauso. — Tengo dos entradas para el juego. Podría recogerte alrededor de las cinco y media. ¿Le estaba pidiendo una cita? Su masculino olor a sándalo la abrazó. Dios, podría ahogarse en su olor con una sonrisa en su cara. —Pensé que tú no mezclabas trabajo con placer —susurró. Su mano llegó a su barbilla y levantó su cabeza. Sus intensos ojos azules la hicieron pensar en una fría piscina en el calor de verano, refrescante e invitador. —Obviamente me tienes reevaluando y rompiendo todas mis reglas. —Una risita suave. —Por favor di que sí. —Oh, dijo por favor. Su corazón se expandió por su mirada vulnerable como si se estresara por la posibilidad de que dijera que no. Adorable. —¿La firma se enfadará por esto? No quiero causar problemas para ninguno de los dos, Derek. —Déjame preocuparme por la firma. Hablaré con las personas que deben saber. Esta no es la primera vez que dos personas de la firma han salido. —Eso es lo que me preocupa. Me habían dicho que ya te habías involucrado con otra abogada. Aún estas aquí. Ella no. Forzó fuera una agravada respiración. La culpa se retorcía en su estómago en un nudo. Odiaba revelar los rumores, o que ella creyó algunos de ellos. —Desearía haber sido el que te lo contara. El maldito personal de apoyo actúa como si esto fuera una secundaria en vez de una firma de leyes profesional. —Pasó una mano por su espeso cabello y exhaló. —Te estoy pidiendo salir conmigo, Raina. Y estoy muy seguro de que preguntaré de nuevo. Estoy interesado en ti, en conocerte. Quiero que me conozcas. Eso significa que tengo que ser honesto contigo, contarte lo bueno y lo malo. —Por favor no te sientas como si tuvieses que cavar en ello ahora. No debería haber dicho nada. —Agachó su mirada.

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—Si salir conmigo es un obstáculo para ti en sentirte cómoda con que tu trabajo esté a salvo, y no soy ese tipo de cabrón que duerme con compañeras y las desecha, entonces quiero discutirlo ahora. Y, me gustaría que fueses al juego conmigo mañana. Sinceridad brilló en sus ojos. —Vale. Sigue. —Se sentó en el borde de la mesa, cruzando sus piernas. —Inicié aquí al salir de la escuela de leyes como un asociado, trabajando bajo Ron, como tú. —Acercó una silla y se sentó. —Rachel era una compañera y unos cuantos años mayor que yo. Le preguntó a Ron si podía trabajar en algunos casos con ella y yo estaba emocionado de trabajar en el lado de demandantes. Me retaba en formas que nunca me habían retado y me gustaba. Estábamos atraídos físicamente hacia el otro inmediatamente, pero no nos dejamos llevar hasta después de meses. —Aclaró su garganta. Calor subió por las mejillas de Riana por la rapidez en la que ellos se dejaron llevar por su atracción. Una semana. ¿Cuáles oportunidades tenía su situación? —Rachel y yo empezamos a salir, o al menos, eso era lo que yo pensaba. Jugamos por cerca de un año, pero lo mantuve en secreto porque ella me lo pedía. Me dijo que no quería poner en peligro la firma, especialmente desde que la asistía en algunos casos. Le creí. Seré honesto, me enamoré de ella. Primera vez para mí. —Se congeló. —Todo el tiempo mientras salíamos ella estuvo saliendo con un juez. Me enteré de su relación porque St. Pete Times imprimió una foto de ellos juntos en un evento de caridad. —Eso apesta. —Enojo paso por ella. Por su madre engañar era demasiado familiar. Destruía el espíritu de la gente como hizo con el de su padre. —Apestó. —Dolor penetró por sus palabras. A él realmente le importaba esta chica Rachel. —No lo llevé muy bien. Era joven y bueno… muy estúpido. Pensaba que estábamos en una relación cuando en realidad, no fui nada más que un niño-juguete para ella. Nosotros raramente salíamos juntos en público, y cuando lo hacíamos, era siempre lejos, como Saratosa o algo así. Casi todo el tiempo nos encontrábamos en mi casa. Sonrió y sus ojos se suavizaron. —Debería haber agarrado esas cosas, pero yo estaba chiflado por ella. Para ella, nuestra relación no fue nada más que sexo. Para mí, me enamoré. —Paró y soltó una respiración.

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—Perdí el control al día siguiente en el trabajo con la puerta de la oficina abierta. Gran escena. La gente se reunía. Tire cosas de su mesa. Nos llamamos por nombres horribles. No hace falta decir que Ron y el resto de los accionistas de la firma estaban bastante enojados con los dos por causar la escena, pero Rachel tenía una historia de perder el tiempo con jóvenes asociados, así que la forzaron a renunciar. —Lo siento, Derek. Cortó el pequeño espacio entre ellos, y separó sus piernas para que él pudiera acercarse más. —No lo sientas. —Deslizó unos cuantos mechones de pelo detrás de su oreja. —Lo superé. De la única forma que lo sentiría es si eso hizo cambiar tu opinión sobre mí o te hizo decidir no salir conmigo. Pasó un dedo por lo largo de su línea de la mandíbula. —¿Irás al juego conmigo? Empujó sus labios contra los de ella, y no pudo evitar el suspiro que se le escapó. Sonrió contra su boca. —¿Eso es un sí? Ella puso sus manos contra sus mejillas y empujó, rompiendo su conexión. —¿Quién juega? Su cara se levantó con sorpresa por su pregunta. —The Braves. Atlanta Braves. —Sé de donde son los Braves. —Puso sus manos en sus caderas, ladeó su cabeza, estrechó sus ojos, fingiendo indignación. —También sé que Nick Markakis juega para ellos. —Sus ojos se ensancharon. —Y bueno, siempre me gusta ver a Longoria y Kiermaier, eh, quiero decir The Rays. —Así que, en otras palabras, ¿voy a estar peleando por tu atención toda la noche? —se burló. —¿Has visto a Markakis? Derek aclaró su garganta y arqueó una ceja. —Es uno de los bateadores más suaves en beisbol. —Su sonrisa dividió su cara. —Oh, ya veo. ¿Así que tú solo ves la “suavidad” de sus bateos? — La llamó farol. —Claro. —se rió.

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—¿A Kiermaier y Longoria también? —No estoy diciendo nada sobre sus bateos. —soltó una risita. —Aparte esto es una mala idea. Voy a ponerme verde de verte toda la noche comerte con los ojos a jugadores de beisbol multimillonarios. —Cruzó sus brazos sobre su pecho e hizo un puchero. Demasiado lindo. —¿Qué si te prometo comerte con los ojos un poquito a ti también? —¿Es un sí entonces? —Su voz pendiente de anticipación. — ¿Saldrás conmigo? —Sí. —Genial. —Extrajo su teléfono de sus pantalones. —Escribe tu dirección y tu número de teléfono, me pasaré por tu casa sobre las cinco y media. El juego inicia a las siete y cinco. Pensé que podríamos pasar por Ferg’s antes. Tomar una cerveza y algo de comer. Tomó su teléfono y escribió la información. —Hecho. —Se lo devolvió. —Suena como un plan. Amo Ferg’s. —Te voy a llamar ahora mismo para que tengas mi número. —Puso su teléfono en su oído. Su teléfono vibro en la mesa. Sus cejas bajaron cuando escuchó el mensaje de voz, entonces habló. —Raina, soy Derek. Te estoy llamando para decirte que estoy esperando para ir al juego contigo, incluso si no seré tu centro de atención. Te veo a las cinco y media mañana, ángel. —Terminó la llamada y devolvió su teléfono a sus pantalones. Su corazón golpeó en su garganta y mariposas volaron por su estómago. Besó su frente antes de volverse y salir de la habitación. ¡Oh mi Dios! ¡Oh mi Dios! ¡Voy a salir a una cita con Derek Sage! Levantó su brazo, meneó su culo, y bailó como si hubiese ganado la lotería. De una manera, lo hizo. —Por cierto —dijo. Su voz paró su meneo de celebración. Se asomó a la puerta. —Eh. ¿Qué haces? Calor subió por su cuello. La idea de que él la vio saltando y meneándose después de haberle preguntado salir la avergonzaba. Tenía veintiséis años, y era una profesional. Cuan humillante. —Nada. —chilló.

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—Oh, vale. Porque se veía como si estuvieses celebrando algo, y si ese es el caso, quiero saber qué es. —Sonrió. —¿Necesitabas algo? —Solo iba a decirte que tomaras tus cosas y que caminemos hasta tu auto. Está oscuro afuera. —Estoy bien. Soy una chica grande. —Sonrió por su caballeroso ofrecimiento. Tan dulce. —Si todo esto es lo mismo para ti, preferiría hacerlo. Te encontraré en el ascensor. —Se escabulló de vuelta del cuarto. Ella esperó treinta segundos antes de que procediera a hacer su baile de celebración de nuevo.

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6 Traducido por Dydy Corregido por Karen’s

DEJAR A RAINA EN SU CARRO había sido difícil. Quería llevarla de vuelta a su casa y hacer el amor con ella. Durante. Toda. La. Noche. Había contemplado hacerle esa propuesta, sobre todo después de verla bailar. La forma en que sus caderas se balanceaban lo tuvieron duro en un instante. Ella podría haber incluso accedido a ir a casa con él, pero él quería hacer lo correcto por ella. Tal vez habría más que sexo entre ellos, y después de todo este tiempo, él estaba dispuesto a averiguarlo. Su temor acerca de una relación con alguien de la oficina, su preocupación por su trabajo y su reputación le molestaba. No es que lo que había entre ellos fuera una relación. No lo era. No todavía, de todos modos. Si las cosas funcionaban, él no quería nada en medio de su camino. Eso significaba que tenía que tener una conversación con Ron antes de su cita de mañana. No hay tiempo como el presente. Derek caminó por Beach Drive hacia su condominio en The Signature y presionó la información de contacto de Ron. Rara vez se ponía nervioso por tener una conversación con su mentor, pero mientras caminaba por la calle concurrida llena de bar-tolvas de viernes por la noche, las palmas de sus manos se humedecieron y su boca se secó. Por supuesto, su reacción podría atribuirse al cien por ciento de humedad y temperaturas calientes, pero él sabía mejor. —Derek —dijo Ron. El tintineo de cristal y el murmullo de gente sonaron en el fondo. ¡Mierda! Derek esperaba no estar interrumpiendo la cena de Ron. —Oye, Ron. Siento molestar un viernes por la noche. —Derek se reprendió por el temblor de su voz. Si su confianza se desvanecía, nunca convencería a Ron. —No hay problema. Sólo estoy terminando de cenar. ¿Cómo estuvo la mediación Sanderson hoy? ¿Todo bien?

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—Fue más de lo esperado, pero nos mantuvimos estables. La compañía de seguros fue un poco mezquina en un primer momento, pero ofrecieron sus límites en el final. —Gran trabajo. Sé que el caso se ha extendido por un tiempo. Ojalá te tuviéramos de vuelta en nuestro lado. —Ron rió. —Nunca vas a dejar de tratar de convertirme, ¿verdad? —Derek apretó el paso. Su camisa de botones se pegaba a su pecho y espalda. Si no conseguía estar bajo aire acondicionado pronto, sería un candidato para un concurso de camiseta mojada —o una camisa de trabajo húmeda. —No es probable. —Escucha. Necesito hablar contigo acerca de algo y no puede esperar. —Suena serio. —Lo es. —Derek hizo una pausa. Su corazón latía con fuerza—. Le he pedido a Raina una cita. Ron gimió. —Derek. —Lo sé. Lo sé. Esto no es lo mismo que con Rachel. Te lo prometo. —¿Qué pasa si la cita no va bien? ¿Qué pasa si las cosas se ponen feas entre ustedes dos? Raina es brillante. Llegará lejos aquí. Un corazón roto podría cambiar su opinión acerca de quedarse. No me gustaría perderla. —¿Qué pasa si las cosas no salen agrias? Julie y Horacio están casados. Trabajan en áreas separadas y la empresa no se ve afectada. Paul y Brenda han estado saliendo durante unos meses. —Abriendo la puerta de su edificio, entró y dio un suspiro de alivio ante el aire más frío. La piel de gallina se elevó por encima de su piel. —La conoces desde hace una semana, si acaso. No tienes idea de a dónde va esto. —Tampoco tú. —Esperaba algún rechazo de Ron. Todo el asunto con Rachel no había terminado bien—. No puedo explicarlo. Sabes que he estado lejos de cualquier cosa seria desde hace años. Y ni siquiera he mirado dos veces a alguien en la oficina. Nada se sentía como si valdría la pena el tiempo y el esfuerzo. Pero algo es diferente con ella. Ella me

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hace reír. Me desafía. Me siento vivo a su alrededor. —Dejó fuera el hecho de que ya la había follado. Ese pequeño hecho podría permanecer entre él y Raina. Caminando hacia el ascensor, saludó al guardia de seguridad en la recepción, quien le devolvió el saludo. —¿Estás seguro de que es vivo que te sientes? ¿O es caliente, Derek? —Dame algo de crédito. Si fuera simplemente caliente, no tendría ningún problema en hacerme cargo de eso. Es más que una atracción física. —Derek se paseó delante de los ascensores—. Ella me gusta. Me gustaría ver a dónde va. Ron suspiró. —No estoy convencido de que esta sea una buena idea. No quiero que se sienta presionada con que quedarse en la firma significa que tiene que hacer todo lo que un compañero le diga, incluyendo salir con él. —Nunca he presionado a nadie. Nunca. Me conoces lo suficiente para saber que nunca hago eso. —Se pasó la mano por el pelo húmedo. —No quiero decir que tú la estás presionando. Me preocupa que ella pueda sentir que, si te dice que no, su trabajo estaría en peligro. Derek pensó de nuevo sobre su encuentro en la sala de conferencias y como ella pensó que su trabajo estaba amenazado. Él no quería que ella se sintiera de esa manera tampoco. Ella era un activo para la empresa. —Me comprometo a tranquilizarla. —Podría haber retrocedido, estar de acuerdo con Ron en que era una mala idea, pero la idea de cancelar su cita constreñía su corazón y acortaba su respiración. Él reaccionaba físicamente a no verla, no tocarla, no besarla. Si después de la cita ella creía que salir con él podría poner en peligro su posición en la firma, él se alejaría. Eso podría matarlo, pero no tenía ninguna intención de hacerle daño—. Si las cosas van bien mañana, el caso Jenkins será la última cosa en la que trabajemos juntos en conformidad con las normativas anti-fraternización. —Una vez que fijas tu mente en algo, es muy difícil de cambiar. Y parece claro que ya has fijado tu mente. —Ron exhaló en el teléfono—. No estoy convencido de que esta sea una buena idea, pero estoy contento de que hayas venido a mí. Estoy indeciso debido a lo que sucedió con Rachel y para ser honesto, no lo manejaste tan bien. —Entiendo totalmente tu preocupación. Yo era mucho más joven cuando todo sucedió con Rachel, y bueno, un poco inmaduro.

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Ron rió. —Dices eso como que la inmadurez ya dejó de existir en ti. —Tengo mis momentos. —Derek rió—. Soy consciente de que manejé esa situación mal y que mi comportamiento causó que tú y los demás accionistas cuestionaran mi madurez, pero es por eso que estoy hablando contigo ahora. No quiero hacer esto detrás de tus espaldas en absoluto. No quiero que tú, o cualquier otra persona para el caso, escuchen de que estoy saliendo con Raina de nadie que no sea yo. Y me gustaría mucho tu bendición. Eres como un segundo padre para mí. Otro largo aliento. —Está bien, Derek. No estoy en el punto de bendecir a esto. Vamos a ver cómo va la cita y vamos a partir de allí. Mantenme al tanto y disfruta de tu fin de semana. —Gracias, Ron. —Derek desconectó su llamada y pulsó el botón de llamada para un ascensor. Al cabo de unos segundos, uno timbró y las puertas se abrieron. Entró y pulsó el botón de su piso. El ascensor se deslizó en movimiento. Se apoyó en la pared del fondo. Entendía las preocupaciones de Ron. Tenía otras similares. ¿Y si no funcionaba? ¿Cómo iba a trabajar en la misma oficina con ella después? ¿Iba a dejar la empresa con el fin de darles el espacio? El camino fácil sería poner fin a ello ahora mismo. Alejarse. Pero no podía hacerlo. Raina era la primera mujer en mucho tiempo que encendía algo en él que no fuera sólo lujuria. Necesitaba ver a dónde iba. Al diablo las consecuencias. El ascensor se detuvo en su piso y las puertas se abrieron. Caminó la corta distancia de su condominio emocionado por lo que este fin de semana aguardaba. Puso su teléfono en el cargador en la encimera de la cocina. Su hermano Jason estaría aquí en menos de una hora para ver el partido de Tampa Bay Lightning. Necesitaba una ducha y pedir una pizza. 51


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7 Traducido por Isa’s Coldness Corregido por Izzy

CONDUCIENDO HACIA EL NORTE EN LA CALLE VEINTIOCHO, Derek fue hacia la derecha hacia la Sexta Avenida Norte. Estaba familiarizado con la historia del barrio de Kenwood, que rodeaba la secundaria St. Petersburg. Cuando estaba creciendo en St. Pete y yendo a la secundaria, el barrio era conocido por sus casas de drogas. A lo largo de los años, Kenwood se transformó en sitio muy a la moda y popular donde vivir. Casi todas las casas eran bungalows pequeños de dos habitaciones, reformados durante el boom inmobiliario. Aparco su BMW X3 en el frente de la elegante casa estilo artesano pintada en amarillo atardecer con sombras en naranja y marrón de Raina. Dos sillas de madera estaban en el porche frontal, que veían sobre el buen pitando paisaje. Raina o era muy verde o tenía un muy buen servicio de cuidado de césped. Salió de su coche y camino hacia el pequeño paso hacia su porche frontal. Sus manos sudaban y su estómago revoloteaba como si tuviese dieciséis años y fuera a recoger a su cita para el baile. Tocó la puerta de madera. Le tomó unos cuantos segundos responder, los segundos más largos de su vida. La puerta se abrió y su respiración se atoró. —Hey. —Levantó su cabeza, una coleta suelta moviéndose sobre sus hombros. Unos cuantos mechones de su cabello caoba cayeron sobre su cara. Un par de oscuros y apretados jeans se adherían a su cadera y musculosas piernas. Su camisa blanca con el logo de los Rays estampado en la parte delantera la abrazaba en los lugares perfectos. Blancas bailarinas adornaban sus pies. La examinó de la cabeza a los pies y de vuelta. Estaba preciosa en un traje de trabajo en la oficina, pero relajada y casual, Raina era más que hermosa. —Hola, tú. —Agarró su mirada. —Te ves genial. Dios, te ves increíble. Sus mejillas se sonrojaron. Demasiado linda. Una mujer segura de sí misma, y aun así sus cumplidos trajeron una modestia que era igualmente

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atractiva. Dio un paso hacia su puerta, y ahueco su cuello. Besarla era una necesidad. Frotó sus labios contra los de ella. Se tensó, luego inhaló y se relajó contra él. A eso él mordisqueó su labio inferior, luego pasó su lengua por ese lugar. Gimió, y su polla se endureció por el sonido. Amaba los sonidos que hacía. Deslizó su lengua dentro de su boca, profundizando el beso y gruñendo por su dulce sabor. Un sabor de menta como pasta de dientes atormentaba sus papilas gustativas. Agarró la parte delantera de su camisa, acercándolo, y cubrió su lengua contra la de él en una sensual manera que lo tuvo golpeándola contra la puerta cerrada. La enjauló contra la pared, una mano en cada lado de ella. Saqueando su boca. Sus lenguas se movían en un baile carnal deslizándose hacia arriba, abajo, y alrededor de la otra. Sus pantalones se apretaron, su polla palpitó en liberación. Esta mujer lo encendía de adentro hacia afuera y de afuera hacia dentro. Lo que sea que hagas, Sage, ¡no te vengas en tus pantalones! Apartándose del beso, inclinó su cabeza contra la de ella, cerrando sus ojos, y respirando fuerte. —Tenemos que parar. —Sus palabras gotearon con reticencia y disgusto. —Buena idea. —Su pecho se movía por su propia respiración. La observó. —Mala idea, pero necesaria si queremos llegar al juego. —Acarició su mejilla con su pulgar, abajo por su línea de la mandíbula, y sobre su labio inferior. —Estoy pensando en renovar la promesa hasta después del juego. —Su voz era ronca con deseo. Mordió su pulgar y gruño. —Absolutamente. —Paso su boca por su mandíbula—. Las cosas que quiero hacerte, ángel. —Beso sus labios de nuevo. —¡Ahhh! ¿Estás listas? —No podía disfrazar su frustración. Desde el momento en que abrió la puerta, le dolería hasta que pudiese estar dentro de ella. —Solo necesito agarrar mi bolso. —Se empujó fuera de la pared para dejarla ir. Sus caderas se balancearon mientras andaba, cautivándolo. Su cuerpo se mecía. Si no ponía su mente en algo aparte de hacerle el amor, esta sería la noche más larga en su historia. —Me encanta lo que hiciste con el lugar, Raina. Increíble. No he estado por este lugar en un tiempo, pero siempre me encantó el barrio, incluso cuando estaba mal. Las casas son tan únicas y pintorescas. Tarareó su acento desde la otra habitación.

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Ella tenía una maña para la decoración. Suelo de madera oscura se extendían por lo que podía ver de la casa. Colores calientes salían de habitación a habitación. Muebles cómodos de tela en color mezclilla. Cenefas de colores y almohadas. Una variedad de arte colgaba en las paredes y plantas en conserva adornaban varios lugares del suelo. Una gran cama de perro cómoda estaba al lado del sillón. Derek casi lo pisó. —¿Tienes un perro? —Está en el patio de atrás persiguiendo lagartos. Es un labrador retriever. El mejor perro del mundo. Puedes conocerlo luego. —No puedo esperar. —Levantó una mano y ella puso su pequeña mano sobre ella. Entrelazando sus dedos, la tiró hacia la puerta de delante. —Vámonos ya así podemos comer algo. Ferg’s estará lleno antes del juego. Menos de diez minutos después, Derek aparcó en uno de los aparcamientos de la Avenida Central, por la calle Tropicana Field, casa de lo Tampa Bay Rays. Se puso su gorra de beisbol de los Rays y escoltó a Raina hacía Ferg’s. Gente con atuendos de beisbol pululaban el lugar. Ferg’s era un ícono en St. Pete desde el principio de los noventa, conocido por sus alitas y la atmósfera de deporte. La parte de atrás se ha expandido a lo largo de los años. Cubiertas habían sido puestas para poner más mesas y un escenario estaba a un final para el entretenimiento en vivo después del juego. Al ver un pequeño lugar en la parte superior llevó a Raina en esa dirección. —¿Esto está bien? Ella apartó una silla y se sentó, poniendo su bolso en sus piernas. — Perfecto. Aunque creo que debes pedir desde la barra. No creo que los camareros vengan por aquí en la terraza para fiestas. —Creo que tienes razón. ¿Qué puedo pedirte para beber? ¿Y sabes qué vas a pedir para comer? —Ella escaneó el menú, dándole a él su pedido de alitas y cerveza. Antes de irse a pedir la comida, la beso, persistente y difícil de separarse. Ha salido con unas cuantas mujeres desde Rachel, pero ninguna sacaba este lado cariñoso que salía con Raina. Quería que la gente supiera que vinieron juntos y que ella se iría con él. Agarró sus cervezas y volvió a sentarse con ella. Hablaron de trabajo y sin tardar, un camarero trajo su comida.

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—He notado que te graduaste en la Universidad de Florida. — Arrugó su nariz y sacudió su cabeza con disgusto. —¡Ja ja! Debo entender que no eres un Gator. —Esta situación no va a funcionar entre nosotros, —dijo, burlándose. —Soy una Nole Ungrad y de escuela de leyes. Básicamente odio los Gator. —Ella arqueó su boca hacía un lado revelando un pequeño hoyuelo en su mejilla. Adorable. —Odio es una palabra tan fuerte. ¿No me odias, no? —Le dio la vuelta a su gorra y se inclinó, presionando sus labios contra el lado de su boca. Golpeó con su lengua la esquina. Un suave gemido escapó de ella. Su polla se movió en sus pantalones. Un simple sonido de ella y él ya estaba listo para poseerla. Lo tenía. Cuidadoso y cariñoso. Caliente y listo para salir. —Lo siento, tienes un poco de salsa barbacoa en tus labios. —No trates de distraerme. Eres un Gator. Estábamos condenados desde el inicio. Somos enemigos. —Pretendió amonestarlo. —¿Enemigos? No. Somos rivales. Eso significa apuestas de sexo alocado en la semana de rivalidad. —Mordió su sándwich de carne de cerdo. —No tuve elección. Mis padres me hubiesen desheredado si hubiese ido a FSU. Los dos se graduaron en Florida. Mi hermano menor también. Si hubiese ido a otro lugar, estaría sin mi familia ahora mismo. ¿Es eso lo que te gustaría, yo siendo huérfano? —Le dio sus mejores ojos de cachorrito. Se rió antes de dar otro mordisco a su alita. Amaba observarla. Casi nunca había sacado a una chica a comer que no pidiese una ensalada y que luego pique de ello. Raina no pretendía ser un conejo. Amaba eso de ella. —Aún no estoy segura de si pueda salir con un Gator. —Terminó la alita. —¿Tienes un hermano? —Sí, señora. Tiene veintinueve y es dentista por aquí. Finalmente puedo llamarlo doctor. —Después del último bocado de su sándwich, limpió su boca con una servilleta. —¡Wow! Tus padres deben estar muy orgullosos. Un renombrado abogado y un dentista. Impresionante. —Tomó un sorbo de su Corona. — ¿Cómo se llama tú hermano?

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—¡Espera! ¿Para qué quieres su nombre? —Bajo sus cejas, observándola de cerca. —No quiero que conozcas a mi hermano hasta que estés enamorada de mí de pies a cabeza. —¿Qué? ¿Por qué? Se encogió de hombros. —Jason es espectacular flirteando. Y por lo que dicen las mujeres, también es muy guapo. No puedo dejarte conocerlo y que pienses que estas saliendo con el hermano equivocado. —Guiñó un ojo. —¿Así que él es soltero también? —Tapó su boca y rió disimuladamente. —¿Qué tan lindo es? —Sus ojos bailaban. Ella claramente disfrutaba burlarse de él. —Sí, es soltero, pero ni pienses en ello. Y no soy un muy buen juez de belleza masculina. —Ladeó su cabeza. —Así que, ¿a quién puedo preguntarle cuál hermano Sage es el más caliente? —Puso una sonrisa con dientes medio borracha en su cara. No pudo contener una risa que burbujeaba en su pecho. Él no se lo había pasado bien en muchos años, y la noche solo estaba empezando. —Pregúntale a Alicia. Una mirada de vacilación pasó por su cara a la mención de Alicia. —¿Qué es la cosa entre tú y Alicia? Alguien me contó que ustedes dos tenían algo. —Voy a poner una nueva política en la firma para mantener a las ayudantes de abogados y a las secretarias calladas a menos que estén discutiendo un caso. —Sacudió su cabeza y rodó los ojos. Le molestaba que en menos de dos semanas que Raina había estado trabajando para la firma había sido el tema de los rumores. —Alicia es una de mis amigos más antiguos y de los mejores. La conozco desde primer grado. Es como la hermana que nunca tuve. 57

—¿Nada nunca pasó entre ustedes? —Una mirada de preocupación pasó por su casa y él quería aplastar su preocupación. Especulación había surgido de su relación con Alicia. Alicia y él se hubiesen reído de ello, pero él no quería que Raina cayera por algún chisme. —Nada. ¿Te molesta mi relación con ella? —Necesitaba saber. Había salido con chicas a las que les molestaba su relación con Alicia.


Nunca dejaría de ser su amigo. Cualquier mujer que no la aceptara, no lo aceptaba a él. Mejor saber ahora donde estaba Raina en este tema. —No me preocupa. Me cae bien. Alivio pasó a través de él, y dejó salir la respiración que no se había dado cuenta estaba aguantando. —Genial. También le caes bien. —Sonrió, —¿Tienes algún hermano? —Nop. —negó. —Soy hija única. Mi madre dejó a mi padre cuando tenía tres años. Él nunca se recuperó de ese corazón roto. ¡Así que soy solo yo! Mi madre tuvo más maridos pero nunca hijos. Los hijos le hacían difícil viajar. Ella está viajando por Europa con su nuevo galán mientras hablamos. Yo no estoy segura de que la tinta de los papeles de su último divorcio este seca. —Un poco de luz dejó sus ojos color miel a la mención de su familia. Su pecho se apretó y la urgencia de envolver sus brazos alrededor de ella lo consumió. Él tuvo una infancia feliz. Sus padres eran increíbles. Su hermano era uno de sus amigos más cercanos, sino el más cercano. —¿Tu padre vive cerca de aquí? —No podía imaginar vivir su vida sin el apoyo de su familia. —Sí. Él vive en una casa en Madeira Beach. Lo visito cada semana. —El amor por su padre impregnó sus palabras. —Me encantaría conocerlo alguna vez. Ella levantó su cabeza y arqueó una ceja, estudiándolo. —Le gustarías. —dijo finalmente. —Es ambicioso en su carrera. Uno de los socios directores en McGuffin Hoestettler por años ya. Un contador. Su trabajo ha sido su vida. Bueno… y yo. No sé qué hará cuando se retire en unos años. Me preocupa que se sienta triste. Ha tenido unas cuantas novias desde mi madre, es tímido, y le da miedo tener su corazón destrozado de nuevo. —Conozco el sentimiento. —Alcanzó su mano y aliso su pulgar sobre el de ella. Lo observó y no hizo nada para disfrazar los sentimientos evidentes en su cara. Dolida. Asustada. Reservación. —De un corazón roto no es fácil recuperarse, pero no es imposible. —Lo siento. —Exprimió su mano. —No quería traer eso. Llevó sus manos a sus labios y las besó. —¿Cuándo vas a ir a visitarlo? —El deseo de sumergirse en la vida de Raina era fuerte a pesar

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de conocerla por poco tiempo. Quería saber todo de ella, incluyendo las personas que la hicieron ser esta increíble mujer. —Todos los domingos para comer. ¿Por qué? —¿Puedo ir contigo? —Las palabras lo sorprendieron, tanto como a ella. Conocer a un padre era algo importante, normalmente reservado para después de unas semanas o meses de salir. Él estaba siendo sincero. Le encantaría conocer a su padre. Ha hecho un increíble trabajo criando una hermosa, inteligente, y fuerte hija por él solo. Derek quería decirle eso. Chico, era más profundo de lo que creía. —¡Derek! Casi no nos conocemos. ¿Por qué querrías conocer a mi padre ya? —La vulnerabilidad en su voz lo sorprendió. Por fuera Riana parecía insuperable, pero esta conversación le dio una mirada por dentro de su susceptibilidad. Podía ver a la pequeña niña abandonada por su madre y su necesidad de proteger su relación con su padre. Su corazón punzó, abriéndose un poco más con ella. —Tienes razón. No nos conocemos tan bien aún, pero me interesa quien fuiste y en quien te has vuelto. Y quiero conocer al hombre responsable por ayudarte a ser la hermosa e inteligente mujer que eres. Bajó su cabeza. Estuvieron en silencio por unos minutos. Tragó lo último de su cerveza, esperando que él no la haya asustado por la petición de conocer a su padre. —Piensa en llevarme contigo a comer mañana. Sin presión, lo juro. —Le dio la vuelta a su gorra. —Vámonos. No queremos perdernos el primer pase. Agarró su mano y entrelazó sus dedos. Él podría haber presionado el problema o haber hecho más preguntas, pero él quería que ella se abriera a él y la dejaría a su propio tiempo porque así quería ella, no porque él lo forzó. Ella deslizó su bolso sobre su hombro y anduvieron por la calle hacia Tropicana Field de la mano.

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8 Traducido por Isa’s Coldness & Bliss Corregido por Izzy

TROPICANA FIELD ESTABA LLENA de fans, de los dos, Rays y Braves. Después de agarrar unas cuantas cervezas, Derek los llevo a través del montón de gente hacia la entrada de su sección. Apretó su mano, llevándola hacia abajo por las escaleras de la sección uno-cero-dos sobre unas ocho filas de la meta. —¡Wow! Increíbles asientos. —Raina se sentó. —Desde aquí, puedo ver los poros de los jugadores cuando vayan a batear. —Se rió, sintiéndose como una pequeña niña y recordándole todas las veces que fue a juegos con su padre. —Quizá deberíamos preguntar por asientos un poco más lejos. Estando tan cerca me pone en una severa competición con Keirmaeir, Longoria, y Markakis. Odiaría tener que golpearlos y arruinar su temporada tan pronto. —Arqueó una ceja como si dijese “piensa sobre eso” y crujió sus nudillos. Ella soltó una risita. Sonrió, y su corazón se calentó. Le encantaba su naturaleza juguetona. Él tenía un buen sentido del humor. Todas las conversaciones no iban sobre él, o sus logros en el trabajo. Era refrescante. Una vez que el juego inició, bebieron sus cervezas y compartieron una bolsa de golosinas. Lamió el azúcar de sus dedos, encendiendo su cuerpo con cada lavada de su lengua. Vivía en un estado de excitación. Hablaron con algunos chicos sentados cerca de ellos. Bromeando y burlándose del otro hasta que rieron incontrolablemente. No podía recordar la última vez que la pasó tan bien. Se relajaba con él. No había razón para hacer un show y pretender ser alguien más. Tener novio nunca fue su especialidad. Vestirse. Llevar más maquillaje que el usual. Riendo con cada broma. Decir medias verdades con la esperanza de no asustar y alejar a la persona, sabiendo que su cita estaba haciendo lo mismo. Nunca lo entendió, y aun así, siempre participó como cualquier otra persona. Esta vez, con Derek, dejó salir su verdadero ser y se sintió increíble.

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Esto se estaba volviendo una de las mejores citas de su vida. Se interesaba y atendía de lo que decía. Cariñoso. Raramente pasaba un minuto sin que él la tocara de alguna vez, o sus dedos tocaban la parte de atrás de su cuello, su hombro, o agarraba su mano. Los Rays iban ganando en el sexto inning9 con dos jonrón de Evan Longoria. Raina se levantó, poniendo sus manos alrededor se su boca y gritando desde sus pulmones. —¡Longo! ¡Woohoo! —Eres demasiado —Derek dijo cuándo se sentó. Una sonrisa llenó su cara. Puso su brazo sobre la parte de atrás de su asiento y pasó sus dedos por su cuello, jugando con unos cuantos mechones de pelo y mandando calor por todo su cuerpo. —¿Soy demasiado? —Todo ese griterío puso su voz ronca. —¿Viste ese golpe? Shelby Miller mandó esa rápida pelota justo en el medio y Longoria la ganó. Sus ojos bailaron con diversión. Dándole la vuelta a su gorra, alcanzo su oreja. —Escucharte hablar de béisbol como anunciantes de deportes me está poniendo duro. Nunca conocí a una chica que podría conversar de deportes como tú. Me pone caliente, Ángel. Calor subió por su cuello y se deslizó por sus mejillas. Su padre le enseñó sobre deportes. Sabía más que una mujer promedio, e incluso que algunos hombres, sobre todos los deportes. Su padre, un avivado fan de los deportes, la llevaba a los juegos de Buccaneer, Lightning, y de los Rays cada año. Era algo que compartía con él y disfrutaba —ambos, pasar tiempo con su padre y los deportes. Le dijo que saber sobre deportes la ayudaría en el “mundo de los hombres”. Tenía razón. En más de una ocasión, saber sobre deportes y de atletas la ayudaba en cenas de trabajo y recesos de meditación. Ahora su familiaridad con el béisbol funcionaban con el hombre más sexy que haya conocido. Gracias, papi, por el consejo.

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Inning: Cada uno de los segmentos del juego de béisbol en los que se turnan los equipos consecutivamente al ataque (al bate) y a la defensiva, limitado por tres outs para cada uno y durante los cuales el atacante intenta anotar el mayor número posible de carreras, sin límite en el número de dichas anotaciones.

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Se volvió a darle la cara a Derek. Su estómago saltó por la forma en que sus ojos brillaron con deseo. La luz de las cinco de la tarde le hacía ver un poco menos como un genial abogado, un poco más alto y atractivo. Un músculo titeó en su mandíbula. Se acercó y rozó su labio inferior con su lengua. El gruñido retumbó por él, causando un estremecimiento por ella de pies a cabeza. —Estás jugando con fuego. —Su respiración golpeaba su cuello con fuertes pufs. Rozó la sensible piel debajo de su oreja con sus labios hasta que se estremeció. —¿Te preocupa que me queme? —Inclinó su cabeza, dándole un mejor acceso. A pesar de estar rodeados de un montón de gente, se sentía como si fuesen las únicas dos personas en el planeta. —No. Me preocupa que no podré detenerme de llevarte al retrete público y follarte sin sentido. —susurró. Su respiración se atrapó, y calor consumió su cuerpo y se agrupó en la parte baja de su estómago. Este hombre tenía una forma de calentarla sin mucho trabajo. Sus bragas estaban mojadas con excitación. —Eso podría ser divertido. —Raina. —advirtió, sonando profundo y grave. —Quiero follarte ahora mismo. ¿Entiendes eso? Me estoy balanceando en el borde. —¿Balanceándote en el borde de qué? —De la cordura, mujer. El borde de la cordura. —Digo que lo llamemos un juego, Sr. Sage. —Su ardiente mirada la hizo retorcerse. —Hey. —Una mujer detrás de ellos le tocó el hombro. —Miren hacia arriba. Están en la Kiss Cam. Unas cuantas mujeres en su sección empezaron a gritar. —Bésala. Bésala. 62

Esta era su primera cita. Incluso si ellos hubiesen estado cariñosos y casi sin poder apartar sus manos del otro, no había sido puesto en una gran pantalla para que cientos de personas lo vean. Gente que podría reconocer a Derek. Gente con la que podrían trabajar. De cualquier manera, a Derek no parecía importarle. Acunó su cara y frotó sus labios sobre los de ella. Empezó como un beso plumoso, luminoso y airado. Su boca de felpa acariciaba la suya. Gente alrededor de ellos ululaba y gritaban, estimulándolo. Profundizó el


beso, su lengua deslizándose dentro y explorando como si fuese la primera vez. El rugido de su sangre ahogado por la multitud. La abrazó con una pasión que insinuaba hacia dónde se dirigía la noche. Reclamó su boca un rato más con suaves barridos. —Sí, Ángel, llamémoslo un juego. —Guau —dijo la chica detrás de ellos—. Eso fue algo. Estoy celosa. —Las mejillas de Raina quemaron. —Cuando tienes a una chica que se ve así sentada a tu lado, es difícil mantener la temperatura baja. —Derek le sonrió—. Vámonos. —Ella tomó su cartera y se levantó. La escoltó por las escaleras y fuera por los corredores de alguna manera silenciosos mientras el resto de los fanáticos miraban el resto del juego. Caminaron en silencio a través del estadio hacia la salida. Él envolvió un brazo alrededor de su hombro. La alegría creció en ella. —Derek —gritó una voz femenina desde atrás de ellos—. ¡Derek Sage! —Él se puso rígido a su lado. Quien fuera que era lo afectaba. Dejó de caminar, pero mantuvo su brazo alrededor de ella, jalándola más firme como si su presencia lo mantuviera erguido. Volteándose, Raina miró mientras una hermosa rubia de piernas largas se abría paso. Vestida en una falda de jean corta, la mujer presumía sus piernas musculosas y bronceadas. Una camiseta azul marino abrazaba su amplio pecho. Sus largas ondas rubias caían en cascada sobre sus hombros. Ella se pavoneaba hacia ellos como una modelo de lencería en una pasarela, y tenía el cuerpo para ello. —Pensé que eras tú en la Kiss Cam —dijo ella con suficiencia mientras se acercaba más a ellos. Su mirada vagó sobre Raina de la cabeza a los pies, incapaz de disfrazar su desagrado. 63

—¿Qué quieres? —Su voz era cortante y sus cejas fruncidas con desprecio. Él apretó a Raina, sus dedos flexionándose alrededor de su hombro. —¿Es esa la manera que saludas a tu ex-novia? —Sostuvo una mano para Raina—. Hola. Soy Rachel Heines. Raina la miró fijamente por un momento.


¡Era ella! Esta era la mujer con quien Derek había admitido estar enamorado. Dios, es hermosa. Cada inseguridad que Raina alguna vez había experimentado flotó a la superficie: Su trasero era demasiado grande. Sus labios demasiados llenos. Su cabello demasiado salvaje. ¡Por supuesto que su ex te deja sin sentido! —Soy Raina —dijo, soltando las palabras. Sujetó la mano extendida de Rachel y le dio una brusca sacudida. —¿Qué quieres, Rachel? —ladró Derek. —Solo quería saludar. Ha sido un tiempo. Vi que ganaste el caso de la obligación de productos en la corte federal el mes pasado. —Rachel se enfocó en su cara como si estuviera esperando su reacción por la admisión de que ella todavía estaba siguiendo su carrera. Ella soltó un duro bufido, sonando decepcionada cuando Derek no hizo nada más que mirar. Él asintió. —¿Eso es todo? Rachel estrechó los ojos y jaló su boca en una línea delgada. Ella fue de contemplativa a irritada en un instante. Luego, escaneó el cuerpo de él, haciendo pausas sobre su pecho y en la entrepierna de sus jeans. Las mejillas de Rachel se sonrojaron y su respiración cambió, volviéndose más rápida como si estuviera recordando uno de sus encuentros sexuales o fantaseando sobre uno nuevo. De irritada a cachonda —otra transformación justo ante los ojos de Raina. —Te ves bien. Muy bien. La ira se elevó sobre Raina. Apretó las manos en sus costados. La urgencia de arrancarle los ojos a Rachel por comerse a Derek con los ojos fieramente. —Quería ver cómo te va. —Rachel arrojó su cabello sobre su hombro y cruzó los brazos sobre su pecho, prácticamente empujando sus pechos fuera de su camisa. Su intento de obtener la atención de Derek era patética, aun así Raina apostaría los ahorros de su vida que esto había funcionado para Rachel en el pasado. Tal vez las cosas con el juez se volvieron duras y esperaba verle la cara a Derek. La idea hizo que Raina se enfermara del estómago. Rachel tenía un claro efecto sobre él. Él permaneció al lado de Raina erguido como una pared de ladrillos con su rostro comprimido con ira.

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—Él está bien. —Raina tomó su mano en las de ella, entrelazando juntos sus dedos, y dando un apretón. Los ojos de Rachel siguieron su movimiento y una sonrisa sardónica apareció. —Derek Sage está dejando que una mujer hable por él. —Rachel se rió y sacudió la cabeza. Este chirrió en el último nervio de Raina—. Nunca pensé que yo sería testigo del día. ¿Qué era lo que me dijiste ese día que te colaste dentro de mi oficina en una preparación juvenil? —Rachel, creo que deberías ser sabia al regresar a tu agujero con el Juez Heines. ¿Quién es la que está actuando como una adolescente ahora? —Permaneció tan rígido como un árbol de roble. Raina mantuvo firme la mano de él, sin querer que pensara por un simple segundo que él encaraba esto solo. Rachel la ponía de malas, tratando de encender algo dentro de él que podría indicar que algún sentimiento por ella permanecía, y haciéndolo mientras él estaba en una cita con alguien más. ¿Qué tipo de mujer hacía eso? —¿Oh sí? Dijiste que nunca permitirías que una mujer se acercara a diez pies de tu corazón otra vez. Una mujer que solo fuera buena para una cosa y eso era en ser follada. ¿Él está follándote, querida? Es excelente en la cama, ¿no? —Miró a Raina, dándosela una vez más, sin disfrazar su desagrado. —Vete a la mierda, Rachel. Fuiste una perra entonces y eres una perra ahora. Lo siento si me tomó demasiado tiempo en averiguar esto. —El mortal agarre de Derek en su mano hizo que Raina se encogiera. —Y aun así me follaste en cada superficie plana en tu departamento, y en tu precioso BMW. Es insaciable. —Inclinó su cadera a un lado como si estuviera posando para una sesión de fotos. —Solo deja de hablar. Estás molesta de que me haya mudado. Pensaste que yo cargaría un corazón roto para siempre, ¿no? Jodidamente equivocada. —Su ira era palpable y se volvía más fuerte al tiempo que ellos permanecían allí—. Ven, Raina. Vámonos. —Ella no podría ser nada más diferente que yo, Derek. —Rachel sonrió con suficiencia. El tono de su voz y la mirada en su rostro demostraba que creía que Raina estaba por debajo de ella. Raina quiso borrarlo de su cara. Al principio, la presencia de Rachel revolvió sus inseguridades. Ahora cada palabra alimentaba su ira. Rachel era una perra de clase mundial. —Eso no podría ser más verdadero. Ella es todo lo que tú nunca serás. Raina, ven. —Él tomó su mano.

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—Un segundo. —Raina miró a Rachel—. Quiero agradecerte. La jodiste magníficamente. Tienes razón. Él es excelente en la cama. Asombroso. Pero hay mucho más en él que eso. Es generoso y divertido y amoroso. Tú podrías haber tenido todo eso, pero lo alejaste. Así que, gracias, Rachel. Tu pérdida terminó siendo mi adquisición y no podría estar más feliz por esto. ¿Ese verde que estás liberando justo ahora, ese gusto amargo en tu boca, el ácido sintiéndose en tu estómago mientras él sostiene mi mano y me besa en público? Es llamado celos. Y si yo fuese tú, lo sentiría, también. Lo perdiste y nunca lo tendrás de vuelta. —Los ojos de Rachel se ampliaron como platillos y su mandíbula cayó. La expresión no tenía precio. Cuando ella giró hacia Derek, él usaba la misma mirada de sorpresa. Luego sonrió. —Dios, quiero besarte justo ahora. —La atrajo hacia su caliente cuerpo y ahuecó su rostro. Su tensión se descongeló—. No tenías que hacer eso, Ángel. Pero esa fue la cosa más sexy que he visto alguna vez. —Pensé que tus labios supuestamente estaban en los míos. —Ella inclinó la cabeza para mirarlo. Él levantó sus pies del suelo, y ella envolvió sus piernas alrededor de su cintura. Reclamó su boca, dejándola sin aliento en medio del gran interior en la entrada del campo de Tropicana. No sabía si Rachel estaba allí por más tiempo, no era que le importara, pero cuando él finalmente la dejó en el suelo, Rachel no estaba en ningún lugar para ser encontrada. *** El viaje de regreso de diez minutos hasta la casa de ella se sintió como interminable. Cada terminación nerviosa zumbaba con excitación. Raina apoyó la mano en el muslo de él. La necesidad de tocarlo la abrumaba. Después de la discusión con Rachel, las cosas entre Derek y ella se intensificaron incluso más. Necesitaba el contacto. Él cortó su mirada hacia ella rápidamente en advertencia. Ella sonrió, batiendo sus pestañas inocentemente. Él tomó el volante tan apretado que sus nudillos se volvieron blancos. Su propia excitación pulsaba a lo largo del carro. Exploró la longitud de su muslo, rozando sus dedos de arriba a abajo por su pierna cubierta por los jeans. Sus cuádriceps se endurecieron bajo su toque. Su pecho se expandió en una inhalación con cada pulgada más arriba. La tela de sus jeans no podía disfrazar su erección. Después de unas cuantas caricias, ella movió sus dedos sobre sus bolas. Él se sacudió como si ella mantuviera un cable conectado en él.

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—Raina. —Su voz estaba ronca. Su mirada corrió de la ruta hacia ella entonces de regreso a la ruta. Acarició sus bolas y luego ahuecó su polla a través de sus jeans. Soltando el volante con una mano, él tomó su muñeca y sacó la mano de ella de su ingle. —¿Qué? —preguntó, fingiendo no tener idea. —Voy a correrme en los pantalones si no te detienes ahora —dijo a través de sus dientes apretados—. Jesucristo. Necesito follarte ahora más de lo que necesito respirar. —Sus palabras fueron un detonante en la respuesta de ella, sus pezones apretándose y la humedad acumulándose entre sus piernas. La anticipación de lo que estaba por venir la entusiasmó aun más. Aparcando en frente de la casa de ella, Derek detuvo su BMW en el parque. Salió del vehículo en una ráfaga y tiró de golpe su puerta, arrastrándola del vehículo. Empujándola contra el costado de su carro, la sujetó allí, reclamando su boca de una manera carnal. No había nada suave y dulce en el beso. Él empujó su lengua entre sus labios y sondeó profundo en busca de la de ella. Ansiosa por complacerlo y muy excitada, le ofreció su lengua, deslizando y acariciándose contra la de él. Él presionó las caderas contra su vientre, su erección más dura que el acero. Barrió sus manos bajo su camisa, haciendo contacto con la carne dura y musculosa de sus abdominales. Sus músculos ondearon bajo su toque. —Tómame adentro —murmuró ella contra sus labios. Perdió el sentido de todo alrededor de él. La consumía, en cuerpo y mente. Unos segundos más de esta caliente sesión y ella podría permitirle desnudarla y tomarla justo allí. Aunque no quería descartar la idea de ser follada en el capó del carro de él, ser arrestada por exposición indecente no clasificaba alto en su lista de deseos. Él retrocedió de su beso, su respiración golpeando su mejilla en duros resuellos. Ella escapó bajo su brazo, tomó su mano, y lo arrastró hacia su puerta principal. Peleó torpemente con las llaves, él detrás de ella, su mano flexionándose en su cadera con ansiedad, y la otra apretando sus dedos tan fuerte que la circulación había reducido. La puerta explotó al abrirse y él la empujó dentro, cerrando de golpe y bloqueándolo detrás de él. Un paso a la vez, ella retrocedió hacia la pared opuesta, mirándolo. Él la acechó con poderosos y elegantes zancadas, luego se disparó

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contra ella, fijándola con su pelvis y su musculoso pecho. Ella dejó caer su cartera al suelo con un ruido seco. Él trazó sobre su submaxilar con un dedo, pasando por su cuello y sobre su clavícula. La forma que la tocaba, como si ella era la mujer más hermosa, la más valiosa en el planeta, derritiéndola como a un helado en un caluroso día en Florida. Su cambio entre la reverencia y la necesidad la volvía loca. Inclinó la cabeza a un lado, dándole un mejor acceso a su cuello. Bajando la cabeza, él besó su piel, siguiendo el rastro que había puesto con su dedo. El calor siguió su camino, quemándola hasta su centro. Ella suspiró. Quería más. Ella usó su mano entre sus cuerpos. Necesitaba el contacto piel con piel. Su primera vez juntos había sido increíble —rápido y sucio— pero increíble. Esta vez quería disfrutar de él en una manera menos apresurada. Tiró del dobladillo de su camisa, queriéndolo afuera. Él estiró los brazos y se quitó la camisa. Algo sobre ese movimiento puramente masculino la encendió. Inclinándose, ella barrió sus labios sobre su pecho musculoso. Sacó su lengua y probó su pezón, luego al otro, mordisqueando su piel. Él gimió. Dejó caer sus dedos a su cinturón, desatándolo, y desabrochando el botón de sus jeans. El salvajismo corría en ella. Quería hacerle cosas que lo volvieran loco, que empujara sus límites. Él enterrado dentro de ella era una sensación que ella conocía y lo quería de vuelta. Él tomó sus muñecas. —¿Qué estás haciendo? —Su pecho se expandió con una respiración errática. —Voy a tocarte. —Alisó sus manos sobre su pecho—. Y voy a lamerte. —Pasó su lengua por el pequeño valle entre sus pectorales. Probó su sudoroso y salado sabor. Él gruñó. Ella lamió sobre la curva de su musculoso pectoral. La pelvis de él empujó hacia adelante—. Y a chuparte. —Un gruñido escapó de él y la tuvo zumbando con anticipación. El animal dentro de él se soltó y ella fue la persona en hacerlo. Quería hacerlo. Bajó el cierre de sus jeans y los empujó por sus caderas. Sus bóxers azul oscuro tensándose por contener su erección. Empujando abajo su ropa, liberó su polla, y envolvió sus dedos alrededor de su larga y gruesa erección —dura como el acero bajo sedosa piel. Deslizó su mano desde la raíz hasta la punta y de regreso otra vez, repitiendo el movimiento. La respiración de él se estranguló y soltó el aire.

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Raina lo soltó y bajó por la pared, por el camino besando sus abdominales y sobre el pelo oscuro que se dirigía a su polla. La excitación la inundó. Levantó la mirada. La vista de su cuerpo desde esta posición era espléndida. Todos planos duros y piel dorada. Sus músculos se flexionaron con la caricia de sus dedos sobre sus abdominales. Su polla sobresalió, grande, gruesa y dura, tensándose por la liberación que ella deseaba darle. Una gota de pre-semen salió de su abertura. Lo recogió con una pasada de su lengua. Él gritó, su cabeza cayendo hacia adelante. Su sabor salado explotó en sus papilas gustativas, haciendo que se impacientara por más. Inclinándose, ella corrió su lengua a lo largo de la parte de debajo de él, una lamida seductora, y luego, tomó lo que era suyo, lo que había estado esperando en toda la noche. Rodeó la bulbosa cabeza con su lengua, y lo chupó en su boca, pulgada por pulgada. Él empuñó su cabello y apretó. Se miró a sí mismo desaparecer dentro de su boca. Sus músculos se tensaron con cada entrada a su calor. Las venas en su cuello reventaban bajo su piel, su cuerpo tenso. Quería que perdiera el control, que follara su boca duro y rápido. Tomó más de él, ampliando su camino tan lejos como podía. Él no cabría completamente. Era demasiado grande, así que envolvió una mano más cerca a la base, bombeando mientras ella se movía sobre él. —Jodido Jesucristo —gruñó él. Su agarre se apretó en su cabello— . Eso es. Así. Chúpame. Sus caderas embistieron, forzando un poco más de su dureza adentro, golpeando la parte de atrás de su garganta. Ella gimió. Amaba su esencia almizclada, la manera en que la sentía en su mano, el seductor deslizamiento de él entre sus labios. Se tensó contra ella. Encontró sus bolas con su mano libre, ahuecándolas y apretando. —Mírame, Raina. Quiero que veas lo que me haces. Estoy perdiendo cada onza de control contigo. Voy a explotar dentro de tu perfecta boquita. Voy a correrme muy duro. Él gruño, embistiendo varias veces antes de que el primer chorro de su semilla se liberara. Salió a chorros por su lengua en duros y rápidos envites. Casi se ahoga con eso por la cantidad pura de su descarga, pero nunca se detuvo, tragando cada gota. Ella chupó hasta que él dejó de flexionarse.

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Dejó que su polla se deslizara libre y levantó la vista. La cabeza de él colgaba hacia adelante y sus ojos estaban fuertemente apretados. Su aliento salía en cortas ráfagas. Empujando su espalda plana contra la pared, se levantó. Los ojos de él se abrieron y ahuecó su rostro, dejando caer su frente en la de ella. Pasando sus labios sobre los de él, ella serpenteó sus brazos alrededor de su cuello y trepó en él, envolviendo sus piernas alrededor de su cintura. No podía acercarse lo suficiente. —Eso fue asombroso. —La besó—. Jodidamente asombroso. Ella soltó una risita contra su boca. Empujó su lengua entre sus labios y él chupó duro. —Mmmm. Podría acostumbrarme a ti con mi sabor. —Ella se retorció contra él—. ¿A cuál camino hasta tu dormitorio? Tengo muchas cosas que quiero hacerte, que necesito hacerte. —Sus palabras contenían promesa. —Por el pasillo, segunda puerta a la derecha. Caminando en pequeñas zancadas con sus jeans amontonados justo debajo de sus caderas, la cargó en sus brazos. Empujó la puerta de su dormitorio y entró, lanzándola en medio de la cama. Apoyándose sobre sus codos, ella lo miró quitarse sus zapatos y sacar sus jeans y sus bóxers cortos, dejándolos en una pila a sus pies. —Eres hermoso. —Soltó abruptamente las palabras, incapaz de controlarse. La mayoría de los hombres con quien había salido se mantenían en forma decente, pero Derek era algo más. Musculoso, pero no corpulento. Oscuros mechones de cabello en todos los lugares correctos. Piel bronceada. Levantó su cabeza y la miró, sus irises volviéndose negros con deseo mientras permanecía desnudo ante ella. Se acercó a la cama y la tomó de sus tobillos, empujándola hasta el borde. Tomando un zapato fuera a la vez, los arrojó por la habitación. Llevó sus pies desnudos a su boca, besando su empeine y dentro de sus tobillos. El calor de sus labios corría desde sus pies y sobre ella hasta su centro. Nadie jamás había prestado atención a sus pies y estaba sorprendida de cuán erótico se sentía ser tocada allí. Después de adorar sus pies y tobillos, él los bajó y trabajó fervientemente en desabotonar sus jeans. Los bajó sobre sus caderas y por sus piernas. Su boca tembló, exponiendo su admiración. Su mirada deambuló, luego sus dedos lo siguieron, sobre sus piernas hasta su cima, el cual apenas estaba cubierto por una sexy tanga rosa. La sensación de él tan cerca de su centro la hizo temblar. —¿Estos son tus favoritos? —Movió sus dedos sobre sus bragas.

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—¿Por qué? —Arqueó una ceja, curiosa por la pregunta. Sus ojos azules bailaron con travesura y deseo. —Voy a arrancártelos, Ángel. —Se aclaró con brusquedad—. Necesito saber si necesitaré reemplazarlos. —Los ojos de ella se ampliaron. Dios, la manera que le hablaba —demandante y sucio, su corazón aceleró como si estuviera a segundos antes de ir a un juicio. —Tengo otros. —Sonaba jadeante. Con eso, él deslizó sus dedos bajo la delgada tela en su cadera y tiró de ellas con un chasquido. Jadeó. Él las arrojó sobre su hombro con una risa y el trozo de tela ondeó hasta el piso. —¡Ah! ¿Ahora quién es la hermosa? —gimió él. La miró detenidamente, el calor en su mirada quemando un camino sobre su piel—. Eres arrebatadora. Él bajó, besando sus pantorrillas, los costados de sus rodillas, por el interior de sus muslos. Sus labios suaves, haciendo cosquillas en su piel. Un temblor corrió en ella. Él inhaló, conteniendo la respiración como si saborease su aroma. Extendiendo las piernas, bajó más cerca a su sexo, dejando suaves besos sobre los pelos cortos. Su caliente respiración la hizo retorcerse. Él abrió sus labios con sus pulgares. El aire frío golpeó su centro ardiente. —Oh, Ángel, tu sexo tiene a mi boca volviéndose agua. —Golpeó su clítoris con la punta de su lengua. Raina corcoveó, su espalda arqueándose de la cama. Aplanando su lengua, él lavó la longitud de su hendidura. Exquisito. Lo hizo varias veces. Ella se había vuelto loca por el placer que él obtenía. —Derek —gimoteó. Bajó la mirada a la longitud de su propio cuerpo. Él se encontró con su mirada y acarició su centro. La vista de su cara entre sus piernas casi la empujó sobre el borde. Esta no era su primera experiencia con el sexo oral, pero nunca había estado con un hombre que disfrutaba de ello tanto como aparentemente lo hacía. Él saboreaba su coño con tanto placer como el suyo propio. —¿Qué pasa? —él preguntó entre lengüetazos. —Más —rogó. Cada vez que él golpeteaba sobre su clítoris, sus caderas se elevaban para encontrarse con su lengua. Lo necesitaba dentro de ella, que la llenara.

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Batió su lengua sobre sus pliegues, bordeando su apertura, probándola hasta que ella gritó. Luego, empujó su lengua dentro de ella. La ligera penetración la empujó más cerca. Ella tomó su cabello, asegurándolo contra ella, y apoyando su coño en su cara. Él gruñó, el sonido vibrando a través de ella, excitándola aun más. Sujetó su edredón en un agarre mortal con su mano libre, queriendo estar conectada a su cama a pesar de sentir que podía salir disparada e ir al techo. Estaba cerca, tan cerca de detonar en un millón de pedazos. —Más —gritó ella otra vez. Moviendo lentamente la boca a lo largo de su hendidura, mordisqueando sus pliegues, pasando su lengua sobre aquellas mismas áreas para aliviar el escozor, él se puso sobre su clítoris con una larga pasada de su lengua. La atención devuelta a su clítoris hizo que sus caderas se sacudieran. Separó su sexo con dos dedos, duro y rápido. —Oh Dios. —Se retorció contra él. Él asaltó su clítoris con su lengua. —Vente ara mí. Córrete en mi boca. —Su voz áspera y grave detonó la comprensión que ella amaba la charla sucia —más exacto, lo amaba de él. Nadie jamás le había hablado sucio de esa manera. Cada palabra obscena la superaba, más de sus jugos filtrándose de su coño, encendiéndola. Forzó sus dedos dentro y afuera, luego los curvó y golpeó un espacio profundo dentro de ella que la hizo gritar. Chupó su clítoris con fuerza. El mundo alrededor de ella se nubló. Su orgasmo la golpeó como a un tren de carga. Tembló, flechas de felicidad disparándose por todas sus extremidades y sus terminaciones nerviosas. Las paredes de su sexo pulsaron, jalando y succionando sus dedos, llevándolo más profundamente adentro. Él masajeó un lugar dentro de ella que la mantuvo temblando debajo de él. Permaneció firme en su clítoris, sacando tanto placer como podía. —¡Mierda! —Ella tembló con cada nueva ola que ondeaba sobre ella. —Eso es. Dámelo todo. Es mío. Convulsionó por varios minutos antes de que bajara de la altura del mejor orgasmo que había experimentado jamás. Él presionó pequeños besos a lo largo de sus muslos y deslizó sus dedos por su cuerpo.

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—Eso fue jodidamente asombroso. Él se elevó sobre ella, apoyando su peso sobre sus antebrazos. Su erección descansaba entre sus piernas, frotándose contra su núcleo. Raina suspiró. Ese orgasmo voló su mente. No su primero por alguna exageración de su imaginación, sino que era el primero que la rasgó así. No solo movió su centro. Voló en todo su cuerpo, dejando que las puntas de sus pies y sus dedos hormiguearan. Lo apreció, sus labios brillando con sus jugos. Ella se estiró para experimentar la combinación de los dos. Envolviendo una mano alrededor de su cuello, lo bajó por un beso. Él gimió mientras sus bocas se encajaban, y sus lenguas fluyeron junto con la otra. —Hazme el amor, Derek. —Planeo hacerlo toda la noche, Ángel.

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9 Traducido por Bliss & Aidarabe Corregido por Kat Cooper

Raina respondió a todo lo que le hacía. Cada roce de sus dedos. Cada beso. Cada movimiento de su lengua. Se retorcía, gemía y gemía, lo cual, lo tuvo tan duro que podría golpear clavos. Recostado encima ella, tiro de su camisa sobre su cabeza, amarrándola alrededor de sus muñecas. Ella se quedó sin aliento al atarla. No iba a atarla a la cama. Nada más la vista de tener el control lo volvía loco. Su mirada de sorpresa era adorable. Que confiara en él con su cuerpo le decía mucho. Planeaba honrar esa confianza con más placer del que ella jamás había conocido. Su sujetador blanco de algodón luchaba para contener sus pechos. Había estado muriendo por conseguir una mirada de su cuerpo desnudo desde hace días. Su boca se hizo agua con la idea de darle a sus pechos la misma atención que le acababa de dar a su coño. —Un broche delantero. —Soltó una risita—. Gracias Dios. —Ella se rio con nervios. El sonido envió una sobrecarga de sangre a su ingle. Con un movimiento de su dedo, su sostén reventó al abrirse, exponiendo el más hermoso par de senos que jamás había visto—. Jodido Cristo, soy un hombre con suerte. Manteniendo sus ojos en los de ella, bajó su cabeza y metió uno de sus pezones rosa oscuro en la boca mientras apretaba y masajeaba su otro pecho. Ella inhaló bruscamente. Sus párpados se cerraron antes de abrirse nuevamente. Prestó la misma atención a ambos pechos y sus caderas presionaron entre sus piernas. Ella se retorció debajo de él, gimiendo de frustración cuando movió sus caderas. —Derek, por favor —rogó. —Voy a complacerte, Ángel. Lo prometo. Pero es la primera vez que llego a amar tus senos y no quiero apresurar esto. —Te quiero dentro de mí.

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El deseo en sus ojos lo dejaron preparado para retroceder y entrar en ella inmediatamente con completo abandono. —Eres tan codiciosa. —Trazó pequeños besos sobre sus pechos hasta su clavícula. Calentando su camino por la columna de su cuello, sobre su mandíbula hasta su boca. Presionó sus labios contra los de ella, evadiendo su lengua que mantuvo tentándole cada que se acercaba más. —Derek. —Un gemido de frustración. Dejó caer las caderas, dándole el contacto. Su polla se frotó contra su clítoris y tembló. —Dentro. Por favor. —Rodeó sus brazos alrededor de su cuello, las muñecas aún atadas con su camisa. Tomando su cabello, lo jaló hasta su boca. Golpeó su lengua contra sus labios, penetrando de la misma manera que quería que él entrara en su coño —duro y violento. Su beso estaba hambriento y él planeaba darle exactamente lo que deseaba… con el tiempo. Deslizó su lengua contra la de ella en un baile sensual. Ella estrelló sus caderas en las de él. Su agresión lo tuvo al borde de un orgasmo. Amaba a una mujer que no era temerosa de ir ante lo que quería, particularmente en la cama. Ir directamente a lo que necesitaba y que no era tímida con pedirlo. Tan refrescante. Movió su erección contra su pequeño manojo de nervios y gimió dentro de su boca. Lo hizo otra vez, esta vez con un poco más de delicadeza. Ella mordió su labio inferior con fuerza. El sabor metálico de la sangre se detuvo en su lengua y lo incitó. Gruñendo como un animal, hizo retroceder sus caderas y en un solo movimiento, entró completamente. Ella gritó, arqueando su espalda y rompiendo su beso. Entró hasta las bolas. Cada pulgada. Sentía cada aspecto de ella. La forma que se deslizaba dentro de su resbaladizo sexo. La forma que sus paredes se apretaban alrededor de él. Fue asombroso. Estaba en casa. Ese pensamiento lo asustó y lo intrigó al mismo tiempo. Había tenido sexo con un montón de mujeres. Incluso se enamoró una vez. Pero Raina —era diferente. Real. Amable. Apasionada. Más sexy que el pecado. —Mierda. —Se congeló. Cada musculo se detuvo mientras se quedaba quieto. —¿Qué? —Los ojos de ella se ampliaron con preocupación, pero movió su pelvis, haciéndolo gemir.

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—Condón —dijo, jadeando. —Olvidé el maldito condón—. Hizo retroceder sus caderas casi con dolor, sin querer salir de este cielo que encontró, pero sin querer tomar riesgos innecesarios tampoco. Ella envolvió sus piernas alrededor de él, bloqueando sus tobillos contra sus nalgas. —¡Raina! No tengo puesto un condón. Te sientes tan jodidamente bien. No voy a durar demasiado. —Estoy tomando la píldora. —Movió su pelvis y lo empujó hacia adelante con la fuerza de sus piernas. Dejó caer la cabeza, su frente presionándose contra la de ella. Mantenerse quieto era una lucha imposible. —¿Estás segura? —Intensos jadeos salían de sus labios. Él explotaría en poco tiempo por la sensación pura de su coño y no tener nada entre ellos. La idea de su semen llenándola lo llevaba a otro nivel. Aunque no estaba listo para hijos, estaba más que preparado para hacer a Raina suya, de eso estaba seguro. —Sí, estoy segura. La tomo sin vacilar cada día a la misma hora. Su respiración golpeó su cara en duras ráfagas. Ella estaba al borde, también. Las pupilas dilatadas, dejando un poquito del color miel alrededor de los bordes. Movió sus caderas nuevamente, moliendo su clítoris en su pelvis. Se tensó a su alrededor, apretándolo firmemente. Gruñó. La sensación de ella corriéndose lo llevo al borde. Cada onda de su orgasmo tomó más fuerte su polla. Los gemidos y lloriqueos dejaban su cuerpo en una melodía que lo tuvo engrosándose a una inimaginable rigidez. —Mierda. —Quería golpear reclamarla era intenso. Había tenido que era un preadolescente, pero necesidad de reclamar físicamente suya. Esta era una primera vez.

dentro. Arrasarla. El deseo de la necesidad de tener sexo desde nunca había experimentado la a una mujer —marcarla— como

—Dios, Ángel, te sientes increíble. Tan apretada. Tan húmeda. Tan malditamente perfecta. —Empujó sus caderas con un movimiento débil. Con cada roce, ella jadeaba y lo sujetaba fuerte, desesperadamente tratando de mantenerlo más profundo para detonar otra explosión. —No te contengas. —Tembló al punto de otro orgasmo—. Fóllame, Derek. Fóllame duro. Sus últimas palabras lo encendieron. Cogiendo las piernas por detrás de sus rodillas, la sujeto hacia arriba, dándole un mejor ángulo para entrar. Movió su cadera hacia atrás, sacando casi todo su pene, menos

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la punta y de repente volvió a entrar en ella. Puto cielo. Su cabeza daba vueltas. Movía su cadera a un ritmo frenético. Presionándola en la cama cada vez con más fuerza con cada golpe. Ella movió una mano a su clítoris, verla tocarse de esa forma, con el dedo, lo hipnotizó. La forma en la que su orgasmo llegó nuevamente, lo llevó al precipicio. —Oh Dios. —Un gemido salió de ella. Se tensó, su coño apretando su pene como un tornillo. —Mierda. —Golpeo las bolas contra sus nalgas, enviando placer. La base de su columna hormigueó. La acumulación de su liberación se burló de él y disparaba todas sus terminaciones nerviosas. Bombardeando dentro de ella una vez más, explotó en su interior. — Jesucristo. —gritó, su espalda se inclinó y gritó. Olas de placer le llegaban, sus caderas seguían golpeando mientras terminaba el orgasmo. El sexo con esta mujer era como el puto cielo. Cuando su ritmo cardiaco se estabilizó, cayó encima de ella. Jadeaban mientras intentaban recuperar el aliento. Sus cuerpos resbaladizos por el sudor, pero no le importaba. Nunca se había sentido más cerca de un ser humano como se sentía con Raina. Retirándose de su cuerpo, se acurrucó junto a ella y la atrajo a sus brazos. Cogió el edredón y los envolvió. —Quiero quedarme así toda la noche. —susurró en su oreja. Sus ojos se cerraron un poco por el agotamiento. Ella se acurrucó en sus brazos por un momento y saboreó la suavidad de su cuerpo contra el suyo. Encajaban perfectamente. Había olvidado lo que era hacer el amor a una mujer y luego poder abrazarla mientras los dos dormían. Fue impresionante. Lo había echado de menos. En los últimos tres años tuvo muchas veces sexo, pero era sexo sin importancia. Las emociones burbujeaban hacia la superficie. Raina lo había sorprendido, pero de una buena forma. Había estado preocupado de nunca poder encontrar a alguien con quien compartir su vida, pensando que Rachel lo había arruinado y a su habilidad de confiar. Cerró los ojos y el cansancio lo reclamó. —Oh mierda. —Ella se sentó en la cama. No sabía cuánto tiempo habían estado durmiendo. Podrían haber sido horas o tan solo cinco minutos. Pero su movimiento brusco lo despertó a él.

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—¿Qué pasa? —Pensó que tal vez había escuchado a alguien afuera. A pesar del buen vecindario, San Petersburgo tenía zonas oscuras como cualquier otra ciudad. —Rascal sigue fuera. —Se deslizó fuera de su alcance y de la cama. Ya echaba de menos su calor. Cogiendo su camisa del suelo, se la puso y el dobladillo le quedaba por la mitad del muslo, cubriendo su cuerpo desnudo, pero de una manera muy sexy. Se movió hacia un cajón, lo abrió, tomo unas bragas blancas y se las puso. Mierda, se ve bien con mi camisa. Su pecho se apretó, las emociones lo atacaron. Deseo. Felicidad. Su corazón se movía más rápido de lo que estaba preparado. —Vuelvo en un segundo. —Le sonrió sobre su hombro antes de darse la vuelta y desaparecer. La mirada más sexy del mundo. Mientras esperaba que regresara, Derek echó un vistazo a la habitación. Había estado tan concentrado en complacerla, de estar en su interior, que no se había dado cuenta de lo bien decorado que estaba el cuarto. Acogedor en colores mediterráneos y muebles gastados. —Rascal, para, Rascal. —Raina gritaba desde algún lugar de la casa. Se oían uñas contra el piso duro, se oían las pisadas de sus pies descalzos. Y segundos después, una gran bola de pelo amarilla apareció en la habitación, brinco encima de la cama, encima de él. Le salto encima del pecho y empezó a lamer su cara. Se rió y la bola de pelo se movió al cuello. —Déjame adivinar. Este es Rascal. Raina se quedó en la puerta con los brazos cruzados sobre su pecho sonriendo de oreja a oreja. —Sí, creo que le gustas. —Rió. —De hecho, estoy segura. Normalmente le gruñe a la gente que no conoce. —Golpeó su pierna. — Ven, Rascal. —El perro bajó de la cama y corrió hacia ella, cuando llegó le dio unas palmadas en la cabeza. —Me debe de encontrar irresistible. —Tanto la dueña como el perro, me imagino. —Ella guiñó. —Ven aquí. El movió su dedo índice hacia la cama.

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—Uh-uh. —Movió su cabeza, mientras su boca se curvaba hacia un lado. —¿Te estás riendo de mí? Rascal se sentó en sus pies mirando hacia arriba mientras ella le rascaba su cabeza. Derek entendió la fascinación del perro ya que tenía la misma. —¿Quién? ¿Yo? —Señalo su pecho, la cabeza inclinada. —¿Rascal me atacara si voy allí a buscarte? —Se quitó el edredón y balanceó sus piernas al lado de la cama, exponiéndose. No se perdió la mirada que ella le dio. Poniendo sus pies en el suelo, cogió sus calzoncillos, del suelo y se los puso. Su intensa mirada seguía todos sus movimientos. —¿Que estás haciendo? —Le preguntó mientras se acercaba. —Voy por ti. Ella empezó a correr por el pasillo, mientras Rascal ladraba a sus tobillos. Derek no estaba muy lejos. Se quedó en la entrada de su oscura cocina. Rascal iba y venía entre su sombra. Rascal estaba más atento de su sombra que a Raina. Su silueta se movió por el mostrador. Su pene se despertó. Incluso después de su épico orgasmo estaba listo de nuevo. —No hay ningún sitio donde puedas ir, Ángel. No hay ningún sitio donde te puedas esconder, donde no te vaya a encontrar. —Tienes un poco de ayuda de Rascal. —Rió. Ese sonido lo ponía incluso más duro. Bromear con una mujer no le era familiar. Eso venía con las relaciones y bueno, él no hacía eso de las relaciones. Desde hace un tiempo. Sí, las relaciones venían con trabajo duro, discusiones y momentos duros. Pero merecería la pena. —Rascal, ve a descansar. —Palmeó sus manos. El perro gruño, pero se giró y se dirigió a su cama. 79

—Rascal y yo tenemos algo en común, nos tienes envueltos alrededor de tu dedo. —Rió. —Eso se llama cuatrocientos dólares en escuela de obediencia. ¿Tenemos que enviarte por sumisión? —Suena divertido. —Derek se dirigió hacia ella, la luz de la luna enviaba una nube de luz sobre su cabello a través de la ventana que


estaba sobre el lavaplatos de la cocina. Arrinconándola, puso sus manos en la encimera a ambos lados. Ella apoyó sus manos sobre su pecho. —Derek. —Su voz era jadeante. —Mmmm, Ángel. ¿Qué pasa? —Enterró la nariz en su cuello, inhalando un dulce aroma a vainilla. Metiendo las manos bajo el dobladillo de su camisa, la subió poro a poco. Su piel era suave como la seda bajo su toque. Acarició su vientre, sobre su cadera y la curva de su cintura. Ahuecó sus pechos y la cabeza de ella cayó hacia atrás contra el armario. —Estás convirtiéndome en una prostituta. —Su respiración salía fuerte. Encontrando sus labios, la reclamó. Llenándola con su lengua, masajeó su pecho con su mano y pellizcó su pezón, sintiéndolo firme entre su pulgar e índice. Amó la respuesta a su toque. —Siempre y cuando yo sea el único hombre que llega a ser testigo de este lado tuyo, no me importa. —Presionó sus labios contra los de ella— . Por cierto, podría acostumbrarme a verte en mis camisas. Es sexy. Ella deslizó sus manos sobre su pecho desnudo y alrededor de su cuello, sus dedos enredándose en su cabello. Lo tocaba como si él significara algo, como si lo quisiera. Le encantó. Tomándola por la cintura, la levantó al borde de la encimera y se empujó entre sus piernas. Deslizando su camisa sobre su cabeza, ella se desnudó excepto por el pequeño triángulo cubriendo su sexo. Un jodido sueño húmedo extendido en el mostrador. ¿Cómo fue tan afortunado? Separando más sus piernas, empujó sus bragas a un lado y deslizó un dedo en su interior. El gemido ahogado que soltó lo sorprendió. ¡Maldito Cristo! No podía quitar los ojos de su dedo desapareciendo dentro de sí misma. Era erótico. Provocativo. —Me pones tan húmeda. —Su voz estaba ronca. —Déjame ver. Quitó el dedo de su centro y lo llevó a la boca de él. Inhaló, atraído por su aroma dulce, femenino y almizclado. Lamió el dedo con su lengua, capturando su sabor. Podría saborearla por todo el día. Dulce. Salado.

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Toda una mujer. La idea de cualquier otro hombre experimentando esto con ella provoco un nudo en su estómago. Su mujer. Ella frotó su dedo a lo largo de sus labios antes de deslizarlo adentro. Chupó los jugos mientras bajaba sus calzoncillos. Acarició su longitud, preparándose a sí mismo para tomarla otra vez. Quitó el dedo de su boca. —Sube. Esas bragas necesitan irse. Ahora —ordenó. Poniendo sus manos en la esquina, levantó su trasero y él deslizó sus bragas dejándolas caer en el piso de la cocina. Jalándola al borde de la encimera, la embistió. —Oh Dios mío —gritó. Sus paredes se estrecharon alrededor de su longitud, tomándolo con firmeza. Él bombeó dentro de ella, disfrutando de la fricción de su ceñido y húmedo sexo. Sus ojos rodaron detrás de su cabeza mientras se apretaba a su alrededor. Toda esta cosa del “sin condón” era malditamente asombrosa. —Estoy enloqueciendo a tu alrededor. —Enterró su rostro en su cuello, lamió, y mordió su piel. Sabía como a miel con un toque de sal, probablemente de su última ronda de sudor. Hizo círculos con sus caderas, su pelvis rozando su clítoris. Ella gimoteó—. No puedo tener suficiente de ti. —Embistió duro. —No te detengas —rogó Raina. Tomó su boca con la suya. La besó como si fuese el aire que respiraba. Las lenguas enredadas. Labios chocando. Desesperados. Necesitados. El sonido erótico de carne golpeando contra carne lo empujó más cerca de su cegadora liberación. El cosquilleo hizo espirales por su columna, la sensación señalando su inminente orgasmo. Lo pilló con intensos empujes dentro de su calor. Al minuto que ella se tensó, apretándolo y cayendo sobre el borde, él hizo erupción. Se corrió duro mientras ella gritaba su propia liberación. —Jesucristo, Raina. —Respiró duro contra su cuello—. Ninguno de los dos vamos a poder caminar derecho mañana. Ella rompió en risas. —Yo estaré bien, pero, de nuevo, soy más joven que tú. —Y una prostituta. —Mordisqueó debajo de su oído.

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—Solo contigo. —Curvó sus manos alrededor de su cuello atrayéndolo por un beso. Deslizándose de su cuerpo, la ayudó a bajarse del mesón y presionó sus labios contra su frente. —Vamos a limpiarnos y luego a acurrucarnos. Ella tomó la camiseta y sus bragas antes de pasar a su lado, pero no antes de que la mano de él bajara y la abofeteara por detrás. —¡Owww! —Lo miró sobre su hombro. —Habrá más de donde vino eso si no me dejas dormir. —La siguió a través del salón hasta el baño. —¿Se supone que me den ganas de querer dejarte dormir? —Sus ojos bailaron con travesura. —Cristo, mujer, vas a matarme. Ella se empujó en las puntas de sus pies y presionó sus labios en los de él. —Nunca voy a querer hacerte eso.

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10 Traducido por Isa’s Coldness & Dydy Corregido por Karen’s

A PESAR DE SOLO HABER CONSEGUIDO unas cuantas horas de sueño anoche, Raina pasó todo el día en la oficina como si fuese la persona más relajada en el planeta. Tal vez el bote de café sin fin contribuyó con su tan energética naturaleza, pero en lo profundo ella sabía que era el ansia de ver a Derek de nuevo. El fin de semana terminó siendo el mejor de su vida. La cita. Hacer el amor. La increíble forma que Derek la llenó con afecto. Y esta mañana no había estado mal tampoco. Se despertó con su cara entre sus piernas, llevándola a un orgasmo antes de que le hiciera el amor lentamente. Tuvo más sexo en los últimos tres días que en los últimos tres meses. Por la lenta naturaleza de su sexo mañanero, Derek tuvo que irse de su casa para que así pudiese cambiarse en su condominio. Incluso con prisa, fué atento. La besó. La tocó. La abrazó. La idea de salir corriendo la tenía riendo como una chica de escuela. Su mañana pasó con unas cuantas reuniones con Ron sobre diferentes casos. —¿Cómo fue tu cita con Derek? —Ron le preguntó en su primera reunión. Derek le había dicho que hablaría con la gente que debía saber, pero no se había dado cuenta que ya lo había hecho. —Lo pasamos bien. Y los Rays ganaron. —Aunque no se quedaron para todo el juego, ella había visto las noticias la mañana siguiente para saber el puntaje final. Aunque ella quería ser honesta con Ron, no necesitaba saber todos los detalles. —Derek es un chico genial, Raina. Pienso de él como un hijo. Rachel hizo un número con él. Rompió su corazón y su tenacidad por un tiempo. Le tomó unos cuantos meses recuperarse de ello. —Ron la miró a través de su mesa. —Me contó todo sobre Rachel. ¿Por qué me dices esto? —Apretó sus labios en una línea.

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—Porque también me caes bien. Supe inmediatamente mientras te entrevistaba que quería contratarte. Eres lista. Tienes un futuro aquí si quieres. —Puso sus dedos juntos y dejo sus codos en su mesa. —Quiero. —Lo observo, determinada. Éxito la lleno. Probar que su madre estaba equivocada fue un gran componente en su camino. Su madre siempre le decía que consiguiese a un hombre rico. Cásate por dinero. Una mujer nunca podría tener tanto éxito como un hombre, por lo cual, cabalga en los faldones de un hombre sin la molestia. Raina nunca creyó en las palabras de su madre, pero eso no le quito las ganas de probar cuan equivocada estaba. Quería un futuro en Thurnau, Stanley y Russell. —No quiero que una relación con Derek, comprometa eso. —Una pequeña sonrisa alargó sus labios. —No voy a interferir entre Derek y tú. Él ya me ha contado su interés en ti y me prometió mantenerme en la mira. Esta informado de todas las reglas esta vez. El caso de Jenkins será el último que encargareis juntos por nuestra política. Los dos son adultos. Pueden hacer sus propias decisiones. Puedes venir a mí si necesitas algo, incluyendo consejos. Así que, no diré más. —Gracias por sentirte lo suficientemente cómodo para hablarme de esto. Lo aprecio mucho. —Le sonrió y siguieron con la conversación sobre el caso. Después comió con Diana. No le contó sobre su fin de semana con Derek porque no había hablado con Derek sobre cómo tratar con la situación y no quería que iniciaran rumores. Solo había sido un fin de semana. Un glorioso fin de semana. El chisme podría agriar las cosas y solo habían empezado. Derek le mandó un mensaje más temprano esa tarde que decía: No puedo sacarte de mi mente. Había leído el mensaje una y otra vez unas cientos de veces desde que lo recibió. Un pequeño gesto. Un simple mensaje. Aun así, su corazón se expandió y tuvo que morder su labio cada vez que lo leyó para evitar chillar. Ahora estaba sentada en su mesa mirando sobre las notas de la preparación de posición con Derek y su cliente, Rory Jenkins. Esta reunión tenía su corazón corriendo por múltiples razones. Derek contenía una amplitud de sabiduría y habilidad que ella quería conseguir de su propia carrera. La oportunidad de verlo en acción con un cliente la emocionaba. Habiendo estado siempre en el lado de defensa de las cosas en la oficina de defensor público, tener la oportunidad de ver las cosas desde otra perspectiva hacía que apreciara todos los aspectos de

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la abogacía. Además, han pasado horas desde que vio a Derek y eso era demasiado. Ese pensamiento la hizo sonreír. Derek había aceptado verse quince minutos antes de que Rory llegara. Sacó su brillo labial del cajón de su mesa y se lo puso en sus labios. Sacando su espejo compacto, lo abrió, frunció los labios un poco para asegurar que no se salió. Satisfecha, cerró el espejo, poniendo el brillo labial y el espejo en el cajón. Agarrando sus notas, salió de su oficina. —Nancy, me dirijo a la reunión de preparación de posición con Derek en la sala de conferencias. Si me necesitas, ya sabes dónde estoy. —Claro, Raina. —Nancy levantó la mirada de su computadora y guiñó un ojo. —Disfruta la vista. Raina rio. Hace dos semanas, no entendía todo lo que hablaban sobre Derek Sage. Habiendo pasado un tiempo con él, ya lo entendía, más que cualquier persona en la oficina. Hizo su camino hacia la sala de conferencias, pasando la mesa de Alicia. —Buenas tardes, Alicia. —Oye Raina. —Alicia miró arriba de su computador para mirar a Raina. —Derek aún no ha llegado, pero debería llegar en cualquier momento. Le diré que ya estás en la sala de conferencias. —Gracias. —Raina le sonrió. —Por cierto, ¿Cómo fue tu cita el sábado? —Alicia susurró. Al principio, la pregunta sorprendió a Raina. No le había contado a un alma sobre su cita exceptuando a su padre, así que la pilló con la guardia baja que alguien, incluso la mejor amiga de primaria de Derek, supiese de ello. Se dio la vuelta para ver a Alicia radiante. —Bien. Genial. Es genial. —Oh, Dios. Su tono alto la hizo sonar como una tonta adolescente. —Ven aquí. —Alicia curvó su dedo, señalando a Raina hacia ella. Uh-oh. ¿Le iba a dar a Raina el sermón “mejor no le hagas daño”? No tenía planes de hacerle daño. Le gustaba. Mucho. Le preocupaba

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más su vulnerable corazón quedando roto. Barajó llegar a la mesa de Alicia. —Realmente, realmente le gustas. —Alicia juntó las manos delante de su pecho—. Lo conozco desde hace mucho tiempo y nunca lo había visto tan emocionado por salir con alguien. Ahora, no le digas que te lo dije. Me mataría. Literalmente. —Rio. —¿Por qué me cuentas todo esto? —Preguntó Raina, tratando de disimular el escepticismo persistiendo por debajo de la superficie. Las mujeres no solían tratarla bien, a menudo intimidadas por su fuerte personalidad y su figura curvilínea. Así que el que la mejor amiga de Derek —con la que se rumoreaba que él tenía una relación— le dijera sus secretos, levantaba una bandera roja. Las mujeres rara vez jugaban limpio. Pero, de nuevo, podría ser sólo las propias inseguridades de Raina sobre cómo tratar con la persuasión femenina. Alicia siempre había sido amable con ella. Nada en su tono o comportamiento indicaba que le deseaba ningún daño. Alicia sonrió. —Porque lo quiero feliz. —La bondad bailaba en sus ojos—. Se lo merece y estoy segura de que también lo mereces tú. Tal vez podemos almorzar en algún momento. Yo te puedo decir algunas de sus locas historias embarazosas. —Me gustaría eso. —Y lo decía en serio—. Realmente no tengo demasiadas amigas. —Algo sobre la dulzura y sinceridad de Alicia hizo que Raina le contara cosas que rara vez se admitía en voz alta. —Yo tampoco. Sobre todo por aquí. —Alicia agitó la mano en un círculo—. Algunas de las mujeres son maliciosas, en caso de que no te hayas dado cuenta. Estoy segura de que es en todas partes, pero yo como que me he guardado para mí misma. Unas asistentes estaban molestas cuando me trajeron como ayudante de D. Habían estado compitiendo por el trabajo, pero él me colocó bajo el radar y eso erizó sus plumas. —Siento oír eso. —Raina tenía su parte de experiencias similares, así que podía relacionarse. Las mujeres podrían ser horribles—. Yo solía pensar que ese tipo de comportamiento podría cambiar a medida que crecía y comenzara a trabajar en un ambiente profesional, pero he llegado a descubrir que algunas cosas no cambian. Sólo hay que mantener la cabeza erguida y seguir adelante, supongo. —Bueno, vamos a seguir adelante con el almuerzo la próxima semana. Voy a poner algo en tu calendario.

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—Suena genial. Espero por ello. Alicia comprobó su reloj. —Tan pronto como D regrese de su audiencia, le voy a hacer pasar directamente. Debería llegar en cualquier momento. No me puedo imaginar lo que le está tomando tanto tiempo. Hay café fresco en el bote allí, también. —Gracias. —Y ella lo decía por algo más que el café. Alguna camaradería femenina la emocionaba. Ajustando sus notas y teléfono en la mesa de conferencias, se dirigió al mostrador a lo largo de la pared y se sirvió una taza de café. Voces bromeando se escucharon en el pasillo, pero ninguna sonaba como Derek. Es curioso cómo después de un período tan corto había llegado a reconocer su voz. —¡Bueno, bueno, bueno! —dijo una voz masculina desconocida, sorprendiéndola. Era profunda y áspera, y el pelo en la parte posterior de su cuello se puso de punta. Si no era Derek, sólo podía ser una persona— Rory Jenkins. A pesar de su experiencia en el trato con los criminales en la oficina de defensor público, Raina había esperado que Derek estuviera presente cuando Rory llegara. Se enfrentó a la puerta. Un musculoso hombre estaba de pie en el interior de la sala de conferencias. La miraba como si ella fuera un buen corte de carne y él no hubiera comido en días. Tenía el cabello castaño claro corto, casi estilo militar. Ojos gris piedra bailaban peligrosamente. Ella reconoció su expresión de suficiencia de sus muchas fotos policiales en el archivo. —¿A qué debo el placer? —Él no se movió de su lugar. Los músculos ondulaban debajo de la camisa polo azul oscuro y se extendían sobre su ancho pecho. Sus jeans descoloridos colgaban de sus caderas. Dejando de lado su cara de burla y su conocimiento de su historial, podría ser atractivo. Dejó la taza de café en el mostrador. —Buenas tardes, señor Jenkins. Soy Raina Dillon. Estoy ayudando a Derek Sage en su caso. —Apuesto a que lo estás. —El sarcasmo y la insinuación sexual goteaban de sus palabras. Una mano fría y húmeda se envolvió alrededor de la suya. Su agarre apretado demostró la fuerza que poseía. Tiró de ella ligeramente, sacándola del equilibrio en sus tacones. Ella se agarró contra su pecho, que se flexionó bajo su mano—. ¿Entonces qué eres? ¿Un asistente legal?

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—No. —Ella trató de no tartamudear. No quería que él supiera que la intimidaba. Se movía como una persona que conseguía lo que quería, y si no lo hacía, lo tomaba de todos modos—. Soy una asociada aquí en la firma. —Su voz no vaciló. Si él sabía que la asustaba, miraría su miedo como una debilidad y tomaría ventaja. —¿Así que eres una nueva abogada? —Su agarre en su mano siguió siendo fuerte. Ahora que tenía el equilibrio, apartó la otra de su pecho sin querer mantenerse en contacto con él más de lo que debía. —Más o menos. He trabajado para la oficina de la defensoría pública por un par de años. ¿Le gustaría una taza de café? Yo acabo de servirme una. Derek debería llegar en cualquier momento. —Retiró su mano de la de él, pero él todavía la sostenía con su mirada. —Por supuesto. Negro. Raina giró sobre sus talones y se dirigió de nuevo al mostrador donde había dejado su café. Mientras ponía distancia entre ellos, soltó el aliento que había estado conteniendo. Tomó otra taza de cerámica blanca con el nombre de la firma garabateada y sirvió el café en la taza. Inhaló, tratando de calmar su ritmo cardíaco. Sí, Rory Jenkins era un desgraciado, pero esto era una reunión con un cliente. Incluso si su instinto le decía que corriera tan rápido como fuera posible, ella no se había topado con él en algún callejón oscuro. Estaban en la sala de conferencias en la oficina de la empresa. Todo estaba bien. ¡Clic! Puso la cafetera abajo, sus músculos bloqueándose ante el sonido de la puerta al cerrarse. Esperaba que fuera Derek entrando en la habitación, pero sabía en su corazón que no lo era. Levantó la cabeza y miró a Rory. Giró la cerradura de la puerta y la miró de soslayo, entrecerrando los ojos. —Señor Jenkins, Derek va a llegar en cualquier momento a nuestra reunión. —Sonaba severa, pero se sentía todo lo contrario—. Abra la puerta para que pueda entrar. —Tal vez quiero unos minutos a solas contigo. Raina, ¿verdad? Apuesto a que Derek está disfrutando tenerte cerca. Eres como una maldita chica de calendario. —Su mirada vagó sobre ella por enésima vez.

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Caminó hacia ella con pasos largos y poderosos. El ardor de su mirada tenía la adrenalina corriendo por sus venas. Los latidos de su corazón le pateaban el cuello y una gota de sudor corría por su espalda. —No se acerque más. —Ella agarró la taza de café. —¿O qué? —ladró. Agito la taza de café, rociando todo. Gruñó, su cara volviéndose roja. La taza reboto por su pecho y cayó al suelo, la alfombra previno que no se rompiese en el suelo. —Perra. —gruñó. Limpió su cara con su antebrazo. Se retiró bajo su enfadada mirada, dando un paso hacia atrás contra el borde de la mesa. Espero poder poner algo entre ellos hasta que ella pudiese llegar a la puerta o que alguien entrara. No se movía suficientemente rápido. Se abalanzó y agarró su muñeca, y la tiró hacia él, torciendo fuertemente su brazo detrás de ella. Gritó. Dolor subió hasta su hombro y cayeron lágrimas. —Quiero una probada. Eso es. Solo una probada. —Su respiración mentolada golpeó su cara. Una sonrisa de oreja a oreja, con perfectos dientes blancos, se mostró. Gotas de café aún caían por su cara. Se lamió los labios como si hubiese visto un perfecto filete cocido. Su corazón golpeó contra su pecho. Estaba atrapada en esta habitación con este psicópata —un violador. Alguien afuera debía darse cuenta que Rory había cerrado y bloqueado la puerta. ¿Dónde demonios esta Derek? ¿O alguien más? —Sr. Jenkins, no quiere hacer esto. Abramos la puerta y llamemos esto un error de juicio. Se rio burlonamente, un sonido que causo que un escalofrió bajara por su espina dorsal. Creía que estaba por encima de la ley. Eso o no le importaba la repercusión. Se apartó de su pecho, intentando tocarlo con su cuerpo lo menos posible. La empujo contra la pared de ventanas, usando su pecho para aplastarla entre los dos. —Estoy seguro de que has mirado mi historia si estas ayudando a Sage con mi caso, así que sabes que siempre consigo lo que quiero, de una forma u otra. —El engreimiento en su tono tuvo el estómago de Raina en un nudo. No quería estar en el otro lugar de Rory consiguiendo lo que quiere—. Normalmente no me importa una persecución. De hecho, usualmente la persecución es lo que lo hace divertido. Pero en tu caso,

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me imagino que eres más dulce de cualquier cosa que haya tenido en un tiempo. Apretó su agarre en su brazo y chilló. Ella conocía su tipo. Lo vio en la oficina de defensa pública. Él se libraba de los problemas. No le daría la satisfacción. Agarró su barbilla y forzó su cabeza hacia un lado. Lentamente, paso su lengua por lo largo de su cuello desde su clavícula hasta las orejas. Apretó todos los músculos en tensión. Cerró los puños apretadamente, cerró los ojos. Quizás si no hacía nada, no peleaba, perdería el interés. Llevo su mano a su garganta, agarrándola con fuerza. No lo suficiente para quitarle el aire, pero suficiente para hacerle saber que él haría lo que quería, y no tenía intención de tratar con el lío de ella. —¿No vas a rogarme? —susurró en su oído, su lengua rastreó la concha. Inhaló y gruñó. Su erección surgió contra su cadera. Apretó la mandíbula, crujió los dientes para no gritar. Amaría escucharla gritar y darle munición para amordazarla o peor. ¡Bang! ¡Bang! —¿Rory? —una voz de mujer gritó. Sonaba como Alicia. Oh, gracias a Dios—. ¿Desbloquea la puerta? ¿Raina? ¿Raina, estás bien? —Pánico creció en la voz de Alicia. —¿Vas a responderle? —La voz de Raina sonaba ronca por su agarre en la garganta. —No. Y tampoco tú. —Lamió su cuello de nuevo, y pellizcó su piel, luego gimió—. Tan jodidamente dulce. Apuesto a que tu coño lo es también. Su estómago se cerró por sus palabras. Soltó su mano, y sus dedos templaron cuando sangre fluyó hacia sus dedos. Ahuecó su pecho a través de su camisa de traje azul marino, flexionando alrededor de su globo. Conectó su pelvis contra ella, y gruñó por el contacto. Bilis subió por su garganta. ¡Bang! ¡Bang! ¡Bang! —¡Rory, abre la puerta! ¡He llamado a la policía! —Raina no reconoció la dura voz masculina, pero por la forma en que Rory se tensó contra ella, imagino que era su tío Pete.

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—Tu tío parece enfadado. Déjame ir y podemos olvidar esto. ¿Vale? Inclinó su cabeza hacia atrás. Sus ojos grises helados, sus labios se fruncieron en una fina línea. Líneas de ira arrugaron su frente. Se estremeció. —Me importa una mierda mi tío. —Estampó su boca contra la suya con tanta fuerza que hizo que su labio se cortara por el golpe contra los dientes. El sabor metálico de sangre llegó a su lengua. Rory se empujó contra ella y abrió su boca con su mano, forzando su lengua contra su boca. La besó con agresión, llevando su lengua dentro y fuera. Su estómago se agitó. Podría morder su lengua, Podría, pero llevo su mano hacía su garganta como si leyese su mente, recordándole su posición actual. Abrió su chaqueta de traje, los dos botones cayendo en la alfombra. Llevando su mano a la parte de arriba de la camisa, agarrando su desnudo pecho. Gruñó y pellizcó su pezón fuerte. Su toque era áspero, sus manos eran callosas. Un gritó se coló en su pecho, pero no le daría la satisfacción. —Maldición, bebé. Aún ni he llegado a lo bueno y ya estoy en el borde. —El agarre en su cuello se tensó y su boca viajo hacía abajo por su mandíbula y cuello, viajando hacia su pecho. Empujó su muslo contra sus piernas, sin dejarle lugar para maniobrar. Raina cerró los ojos para no tener que verlo. Rezaba por que la policía o alguien, cualquier persona —por el amor de Dios—, rompiera la puerta y terminase esta pesadilla.

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11 Traducido por Cande34 Corregido por Karen’s

—¡MIERDA! —DEREK CAMINÓ A paso rápido hacia su oficina. Le dijo a Raina que la encontraría a las tres y cuarenta y cinco para su reunión de las cuatro con Rory Jenkins. No había esperado que la audiencia de la Moción de Sobreseimiento durara tanto como lo hizo. Normalmente, salía y entraba de la corte para este tipo de audiencias, pero el Juez Sisk encontró entretenido flexionar sus músculos judiciales esta tarde e hizo un montón de preguntas ridículas. Ahora estaba diez minutos tarde para su reunión con Rory. Giró en la esquina encontrando a Alicia paseándose por el pasillo. Sus bucles rubios botaron con movimientos agitados. —Oh, gracias a Dios, Derek. —Sonó con pánico y corrió hacia él—. He intentado llamarte diez veces en los últimos diez minutos. —¿Qué sucede? —Conocía bien a Alicia y sus puños apretados y ojos abiertos le dijeron que algo no estaba bien—. Estaba en la corte con el Juez Sisk. No he revisado mi teléfono. Corrí hasta aquí directo de la corte así no llegaba un minuto más tarde de lo que ya estaba. ¿Qué pasa? —Una sensación de alarma emanó de varias personas reunidas afuera de la sala de conferencias. —Ella está allí. Sola. Con él. —¿Quién? ¿Raina? —Intentó darle sentido a las palabras un poco enigmáticas de Alicia. —Sí. Estaba en la sala de conferencias esperando por ti cuando Pete escoltó a Rory a la habitación. Lo siguiente que supimos es que la puerta se cerró, y nadie puede entrar. Peter y Ron están intentando convencerlo de abrir la puerta. He llamado a la policía. Están en camino. Pero está tan silencioso ahí, Derek. Las alarmas borbotearon en su pecho. Rory era un bueno para nada y Derek prácticamente le entregó a Raina en bandeja de plata. ¡Mierda! Si algo le sucede, mataría al bastardo.

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—Maldita sea. —En su mente se regañaba. Se dirigió hacia Peter y Ron, quienes estaban en la puerta viéndose derrotados. —Derek. —La preocupación clara en la voz de Ron. —¿Cómo mierda pasó esto? —Derek golpeó la puerta—. ¿Raina? —No sabía que Raina estaba en la sala de conferencias cuando lo traje. Sabes que nunca lo dejaría solo con una mujer. —Arrugas se grabaron en la frente de Peter Thurnau y alrededor de sus ojos. Una línea de frustración se dibujó en sus labios—. Lo guié a la sala de conferencias. Tenía una conferencia telefónica, así que regresé corriendo a mi oficina. Supuse que tú estabas allí y no sabía que Raina estaría participando. Lo siguiente que sé es que Alicia llama a Maggie con pánico por Rory encerrándose ahí con Raina. Vine inmediatamente. Ninguno contesta. Derek golpeó la puerta de nuevo. —¿Raina? ¿Rory? —Nada—. Abre la maldita puerta, Rory. —Varios miembros de la firma se acercaron—. ¿Cuánto tiempo han estado allí? —Varios minutos. Quizás quince —dijo Alicia—. Lo siento mucho, D. No esperaba que Rory llegara ahí antes que tú, así que no me pareció raro que ella esperara en la sala de conferencias. —La culpa atormentó el rostro de Alicia, con lágrimas saliendo a la superficie. —No es tu culpa. ¿No tenemos alguna llave maestra para abrir estas malditas puertas? —La voz de Derek se tensó con enojo. —Seguro que sí en mi oficina —dijo Peter—. Nadie bloquea las puertas nunca. No creo que haya tenido que usarla. Iré a buscarla. —Maldita sea. —Derek pasó sus manos por su cabello, y restregó una por su rostro—. No esperaré. Es un violador convicto y un maltratador doméstico. No la dejaré ahí otro segundo. Pateó la puerta con toda su fuerza. La empujó, pero no se abrió. Pateó de nuevo bajo el picaporte y la puerta se abrió, astillándose alrededor de la jamba. Entró. Deteniéndose abruptamente por la escena ante él, su estómago se sacudió. Raina tenía los ojos cerrados y la mano de Rory envolvía fuertemente su cuello. Sus piernas infringían entre las de ella, sujetándola en más de una forma contra la ventana. El pecho de Derek se oprimió y la furia lo llenó. La última vez que había estado en esta habitación, él y Raina habían estado juntos por primera vez. Ahora esta visión la mancharía.

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—Aléjate de ella —dijo Derek bruscamente. Rory alzó su cabeza de donde parecía estar lamiendo y besando su cuello o clavícula. Derek quería echársele encima, golpearlo en el rostro, y romper cada hueso en su cuerpo. Temía que cualquier movimiento agresivo pudiera causar que Rory rompiera el cuello de Raina. No la quería más lastimada de lo que quizás ya había sido. Raina abrió los ojos. El vacío en ellos lo destruyó. Claramente se había desconectado mentalmente, haciendo lo que debía para sobrevivir a este calvario. Cuando lo vio parado ahí, el miedo en su rostro cambió a determinación. ¡Esa es mi chica! —No me dijiste que traerías a este pedazo de carne ardiente al caso. —Rory lo miró—. Solo estaba conociéndola. Me gusta conocer a los abogados en mi caso. —Se rio. Derek tensó su mandíbula, apretando los dientes en un esfuerzo por contenerse de agredir a este imbécil. Derek tenía que mantener su buen juicio hasta que pudiera sacar a Raina de ahí. Luego golpearía a Rory. —¿Raina, estás bien? —La mirada de Derek encontró la suya. Ella tomó aire, luego lo soltó en una lenta exhalación, intentando mantener en control sus emociones. Sus ojos estaban vidriosos y sus mejillas sonrojadas. Todo lo que quería era tomarla en brazos y nunca dejarla ir. —Por supuesto que está bien —murmuró Rory—. Solo nos estábamos divirtiendo un poco. —La maldita sonrisa de Rory lo cabreaba. Quería quitarla de su rostro con un puño. ¿En verdad pensaba que las mujeres querían que hiciera esto? —Diré esto una última vez. Aléjate de ella. ¡Ahora! —Derek estaba perdiendo el control. Dio un paso más cerca. Apretó sus manos en sus costados, la adrenalina bombeando a través de él. Por primera vez en su vida, Derek quería hacerle daño físico extremo a alguien. Rasgaría a Rory miembro a miembro. —Rory —dijo Peter detrás de Derek—. Suéltala. —Solo quería una probadita de ella. —Rory se rio—. Casi termino. Derek arremetió contra él, pero tres colegas agarraron sus brazos, reteniéndolo. —¿Creíste que la tendrías toda para ti, Sage?

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—Cálmate, Derek —susurró Ron por detrás—. La policía estará aquí en un momento. —Derek inhaló, intentando desesperadamente reducir su instinto de cargar contra Rory. Asintió secamente hacia Ron. Un fuerte gruñido tuvo a Derek regresando su atención a Rory, cuyo rostro se contrajo. Se dobló y perdió su agarre en Raina. Ella alzó su rodilla y aterrizó en su rostro, haciendo que caiga de rodillas. Chad Riggins y Hunter Forge, dos colegas en la división demandante de la firma, sujetaron a Rory, quien gruñía y se retorcía de dolor. —Se alejó lo suficiente para que le dé un rodillazo —dijo Raina, jadeando. Su pecho se alzaba. Su chaqueta azul marino caía parcialmente de un hombro, y su camisa rosa claro estaba estirada, revelando la parte superior de su sostén rosa de encaje. Se encontraba expuesta y temblando. Gracias a Dios había usado pantalón y permanecía intacto. Derek cerró el espacio entre él y Raina. —¿Estás bien? —Acomodó su chaqueta para cubrirla. Escaneándola de pies a cabeza y de regreso, buscó cualquier herida e hizo una mueca. La vista de la marca de una mano roja ya se formaba en su cuello. Tendría un moretón en la mañana para recordárselo. —Estoy bien. —Su voz débil y su cuerpo rígido—. De verdad. Estoy bien. He tratado con estos tipos por años. —Mostró su rostro valiente cuando se dio cuenta de todas las personas reunidas en la habitación. —La policía está aquí —dijo Alicia desde la entrada. —Policía de St. Pete —dijo un joven oficial. Dos entraron en la habitación y tomaron el control de Rory. Uno tenía su rodilla en su espalda mientras Rory estaba boca abajo en la alfombra, mientras el otro lo esposaba. —Señora —dijo el oficial mayor de cabello oscuro, consiguiendo la atención de Raina. Se paró después de esposar a Rory, y ayudó a su compañero a levantarlo del suelo—. Soy el oficial Robinson. Lo llevaremos a la estación para ficharlo. ¿Quisiera presentar cargos? —Sí. Delo por seguro —dijo ella. Pasó las manos por su chaqueta. Su respiración se normalizó. Su determinación hizo sonreír a Derek. Miró a Rory, quien entrecerró sus ojos hacia ella. Sangre manchaba debajo de su nariz y en su barbilla. Derek recibió algo de satisfacción por eso. —Si necesita que dé mi declaración, estaré encantada. Quiero al Sr. Jenkins preso. —Rory dio un salto, su rostro deteniéndose a centímetros del suyo mientras el oficial lo sostenía.

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—Perra —chasqueó Rory. Escupió saliva, un poco cayendo en su rostro. Ella secó su rostro con la manga de su chaqueta. —Aún no has visto a una perra. —Levantando su mano, lo abofeteó. Su cabeza giró a un lado por la fuerza, pero se recuperó y arremetió de nuevo. Derek se paró frente a Raina. —Maldito coño —gritó Rory. Los oficiales tiraron de sus brazos y él gruñó, retrocediendo. —No hará lectura de cargos hasta la mañana —dijo el oficial, viendo su reloj—. Pueden venir a la estación más tarde o mañana temprano para dar sus declaraciones. —Gracias —dijo Raina—. Iré hoy. Derek enfrentó a Rory. —El juez tendrá mi Moción de Retirada como abogado de tu caso inmediatamente, imbécil. Será difícil encontrar un representante legal que quiera procesar tu caso mientras estás de nuevo en prisión. —¡Púdrete! —Rory luchaba con sus manos esposadas—. ¡No regresaré a prisión! —Ya lo veremos. Aparte de la agresión y los cargos por violencia que la Srita. Dillon archivará, tu comportamiento está violando tu libertad condicional. —Derek se acercó a Rory—. Espero que obtengas lo que se viene para ti. —Rory se adelantó de nuevo, pero Derek golpeó su hombro con el suyo, empujándolo al agarre de los oficiales. —Tío Pete, necesito tu ayuda aquí. No puedo esperar hasta mañana en esa celda. Los oficiales caminaron hacia la puerta de la sala de conferencias, forzando a Rory con ellos. —Rory, deberías acostumbrarte a la celda —dijo Pete. Decepción y antipatía cubrían su voz—. Llamaré a tu padre, pero no te ayudaré a salir otra vez. Lo que hiciste hoy es reprensible... —La conversación continuó mientras los policías lo arrastraban fuera de la sala de conferencias. Rory maldijo todo el camino. —Oigan, estoy bien. —La voz de Raina perdió su crispación. Parecía estar en completo control. Sus manos temblaban, pero solo alguien prestando suma atención lo notaría. Intentar hablar con ella en una habitación llena de gente no la beneficiaría para nada—. De verdad. Estoy bien. —Salió de la sala de conferencias, y él la siguió.

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Caminó sin prisa por el pasillo y la sala de descanso hacia su oficina. Nancy, su asistente legal, intentó hablar con ella para confirmar si estaba bien, pero Raina alzó la mano y entró a su oficina. —¿Se encuentra bien? —preguntó Nancy mientras él se acercaba. —No lo sé. —Frunció el ceño antes de entrar a la oficina y cerrar la puerta tras él. Todos en la firma estarían preocupados por su bienestar. Pero, entendía que ahora necesitaba su espacio. Había ordenado que todos se alejaran, pero dejarla lidiar con esto sola no era una opción. Raina se paró ante la ventana viendo el centro de San Petersburgo. Sus pantalones azul marino abrazaban la curva de sus caderas y muslos. Sus ondas caoba caían por su espalda. Parecía normal, excepto por los ligeros temblores. ¿Estaba llorando? —Raina. —Se acercó a ella lentamente, dando pequeños pasos y arrastrando sus pies así podía escucharlo. Tocando su hombro, ella se sobresaltó—. Solo soy yo. Ven aquí. —Envolviendo sus brazos alrededor de su cintura, la atrajo hacia él. Ella se sacudió, pequeños lloriqueos escapándose—. Está bien. Estás a salvo ahora, Ángel. Estoy aquí. Nada te lastimará. —Ella recostó su cabeza contra su hombro y él besó su sien. Ella sorbió. —Lo siento. —Se secó las lágrimas de sus mejillas con el dorso de sus manos. —¿Por qué lo lamentas? No hiciste nada malo. —La volteó para quedar de frente. Lágrimas desbordaban y él usó sus pulgares para apartarlas. —Normalmente no soy tan sensible. Odio bajar la guardia. He lidiado con su tipo varias veces en la oficina del departamento policiaco. Hijos de puta engreídos que no piensan que la ley se aplique a ellos o que el mundo les pertenece. —Sacudiendo su cabeza, las lágrimas caían, pero su tono era agudo. Él juntó su frente con la suya. —No te atrevas a disculparte por ser sensible. Ese maldito te atacó. No consiguió lo mejor de ti. Es un hombre fuerte. Hiciste lo que tenías que hacer. —Lo dejé tocarme, besarme. —Ella se rompió. Temblaba bajo su toque.

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—Si hay alguien a quien culpar, es a mí. Nunca debí haberte pedido que atendieras a alguna reunión con él presente. Sabía la mierda que era. Alicia me advirtió que siempre la incomodaba. Nunca contemplé la idea de que tendría las bolas para hacer algo tan jodidamente estúpido, y en la firma de abogados de su tío. Maldita sea, nunca me perdonaré por ponerte en esta situación. Colocó un beso suave en su frente. Sus propias emociones rodaban en él como una montaña rusa. La rabia se propagó. Furia hacia Rory. Furia hacia él mismo. Había expuesto a Raina y Alicia a lo más bajo con Rory. Desearía haber tomado más enserio los comentarios de Alicia, y entonces, tal vez esta situación entera podría haber sido evitada. El miedo había desaparecido ahora que Raina estaba a salvo, y un dolor insistente lo reemplazó. No podía poner en palabras lo que apretaba tanto su pecho que apenas podía respirar, pero bordeaba la admiración y el amor. Nunca había visto una mujer más fuerte, más determinada. De alguna manera, lo tenía cautivado y no le importaba. —No es tu culpa. —Encontrando su mirada, no vio culpa—. No controlas sus acciones. —Él ahuecó sus mejillas, con su pulgar acariciando su labio inferior. —Solo entiende que lo siento. Debí haber estado allí. Nunca he querido herir tanto a alguien como lo quise hacer con él. Quería matarlo. Pude haberlo hecho. —Sácalo, Derek. —Su voz estaba ronca. Una lágrima solitaria cayó por su mejilla, y él se inclinó besándola. —¿Sacar qué, Raina? —Haría lo que sea por ella. Cualquier cosa— . Haré lo que necesites. —Aparta su toque. Aún puedo sentir sus manos en mí. Su boca. Por favor, sácalo. —Ella rogó, y agarró su corbata azul brillante, arrastrando hasta que sus labios estaban cerca de los suyos. —Raina, fuiste atacada. No podría vivir si tocándote ahora invocara una mirada de miedo en ti. No quiero que me tengas miedo. — Preocupación cubría su voz. Aunque su cuerpo reaccionaba a ella, su polla engrosándose ante su proximidad, no tenía prisa—. ¿Te lastimó? —Aparte de mi garganta y tal vez mi orgullo, no. —Levantó una mano hacia su cuello y lo frotó. —Dios, quiero matarlo. —Inclinándose, Derek dejó besos suaves por su cuello donde las manos de Rory habían estado. Haría cualquier cosa para apartar el dolor, el miedo. Retrocediendo, observó sus ojos miel bailando con desesperación y deseo.

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—Solo sácalo. Abrió mi boca con sus manos y metió su lengua. Tocó mis pechos. Se fundió contra mí. —Cerrando sus ojos, inhaló profundamente—. Quiero algo para reemplazar esta sucia sensación en mí. Quiero que seas el que lo quite. Solo tú. Él se llenó con una conciencia posesiva. Haber sido criado con solo un hermano, nunca había tenido la necesidad de ser sobreprotector. Sin duda defendería a su hermano hasta la muerte, pero Jason era más que capaz de cuidarse a sí mismo. Raina también podía cuidarse. Más que capaz. El incidente esta tarde lo probaba. Pero su deseo de protegerla y lastimar a quien intentara herirla lo llenaba. Enamorarse de ella parecía resuelto. Estaba desahuciado. —Bésame. —Agarró su corbata de nuevo, atrayéndolo al momento. Rozando pequeños besos a los lados de su boca, se movió lento y suave. No quería hacer nada que le provocara miedo—. Más — susurró ella. Nunca temerosa de reclamar lo que quería o necesitaba. Pasó su lengua sobre sus labios. Un gemido salió de él a pesar de su esfuerzo por frenarlo. Esto no era por él. Ella movió su lengua de nuevo sobre sus labios, y él separó y enredó su lengua con la de ella. —Sí —lloró contra su boca. Su preocupación por su reacción desapareció, y profundizó el beso. Lo necesitaba porque ella lo quería. Agarrando su rostro, acarició su lengua con la suya, entrando en su boca en un ritmo lento que lo atormentaba con pensamientos de entrar en su cuerpo de la misma forma. Tómalo lento. —Dime lo que necesitas, Ángel. Dime lo que quieres. Te daré lo que sea. —Llévame a casa. Quiero que me lleves a casa y después quiero que me toques. Tócame en todos los lugares que él me tocó y apártalo. —Escuchar esas palabras causó que una ola de deseo fluyera por él. No era solo sexo. Ansiaba ser esa persona que cuidara de ella cuando lo necesitara. Le estaba dando esa oportunidad y eso lo hizo malditamente feliz. —Quiero darte todo. Todo lo que quieras o necesites. Has pasado por una dura experiencia esta tarde y quiero alejarte de todo eso. Quiero cuidar de ti.

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—Eso me gustaría. Antes de ir a tu casa, ¿vendrías conmigo a la estación de policía? Quiero dar hoy mi declaración. —Por supuesto, Ángel. No quiero a ese hijo de puta de vuelta en las calles por la mañana. Luego te llevaré a casa. Si aún quieres en ese punto, apartaré su toque de cada parte de tu cuerpo. Lo prometo. Ella asintió. Alzándose en sus pies, lo besó. —Gracias. Acercándola, la sostuvo por varios minutos, dejando suaves besos en la cima de su cabeza. Ella se aferró a él. No se sentía como desesperación. Era reconfortante. La sostendría así para siempre. Por siempre —un concepto en el que no había pensado en un tiempo, hasta ahora. Y eso lo hizo sonreír.

Fin.

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Sobre la autora Jessica es una mujer nacida y criada en Ohio, quién se mudó a Sunshine State después de la universidad. Se graduó en la universidad con una licenciatura en Inglés. ¿Qué licenciatura es mejor a una que te hace leer novelas y escribir sobre ellas? Ahora está encantada de poder compartir todas las historias en su cabeza. A Jessica le encanta viajar, ¡Y viaja seguido! Es una gran fan de los deportes, especialmente de universidad y de los ¡Ohio State Buckeyes! Es una aficionada de hacer (y probar) vino. Ama todo tipo de música. ¡Y nada es mejor que una puesta de sol! Y también está casada a un hombre increíble y tiene tres hermosas (y a veces locas) hijas. La vida es siempre una aventura.

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Traducido, Corregido y DiseNado en‌

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Legal Desire  

Jessica Jayne

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