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¡Disfruta la lectura!

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Cuando la vida te lanza una bola curva, a veces hay que dar un paso atrás y volver a evaluar tu vida. Jaxon se llevó el susto de su vida y tenía que aprender a relajarse. ¿Qué mejor que tomar unas buenas vacaciones para relajarse? ¿Y si conoces a la mujer de tus sueños? Danielle tiene su vida desarraigada debido a la decisión tonta de su hermana pequeña. Sabiendo que la vida te puede desviar, decide que hacer un viaje por Europa sería una manera increíble para conseguir ordenar su mente. Así que, ¿quién sabría que iba a conocer a un hombre que tratara de seducirla?

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—Estás a un paso de morir —dijo, haciendo una mueca. —Todo el mundo está a un paso de morir. ¿Qué se supone que haga? ¿Dejar todas mis obligaciones y relajarme en una pequeña playa? —Discutí con el médico. —Eso podría funcionar. Tus niveles de estrés son altos, y este ataque cardíaco menor es solo el comienzo de problemas más grandes si no lo tomas con calma. —Él entrelazó sus dedos y me dirigió una mirada penetrante. ¿Qué estaba haciendo mal en mi vida? —Vivo mi vida de forma fácil, doc. Trabajo, me voy a casa, como sano y hago ejercicio todos los días. —Trabajas noventa horas a la semana. ¿Qué clase de vida es esa? —No tanto, pero acabo de despedir a mi mano derecha por la última década debido a malversación, así que no es como si tuviera un millón de personas en quien confiar. Pensando en ello, trabajé noventa y tres horas la semana pasada. —Simplemente tómate unas vacaciones o la próxima vez que el dolor en el pecho vuelva será la última. —¿Fue tan grave? —La realidad de la verdad me golpeó fuerte. —No, no lo fue, pero podría haberlo sido. No dejes que tu juventud y tu estado físico te engañen. —Está bien, voy a hacer un corto viaje. No era algo que quisiese hacer, pero ¿qué diablos podía hacer? Estaba atrapado en una situación terrible. Acababa de cumplir treinta y todavía estaba trabajando en hacerme un nombre después de que mi mejor amigo decidiese robarme a ciegas. Mi empresa no iba hacia abajo o nada. De hecho, a pesar del contratiempo, todavía estábamos entre las 100 primeras empresas, pero quería tener el control de la compañía en todo momento. Mi confianza en la gente desapareció ese día.

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Mi primera parada después de dejar la ER1 del County General fue la casa de mi madre. Necesitaba verla y asegurarme de que estaba bien. No iba a decirle que estuve en el hospital. Nadie iba a saberlo, pero necesitaba verla. Eso me obligaría a hacer algunos cambios. No podría hacerle esto después de la angustia que sufrió cuando murió mi padre. Llamé a su puerta, la abrió con una sonrisa brillante pero cautelosa en su rostro. —¡Mi bebé! —Gritó, abalanzándose hacia mis brazos. —Mamá, ahora soy un hombre adulto, —le recordé, pero todavía la apretaba con fuerza. —Siempre serás mi bebé, así que supéralo. Entra y luego puedes decirme por qué no estás en el trabajo como lo harías normalmente. Inmediatamente fuimos a la cocina y ella comenzó a preparar una taza de café. —Voy a pasar del café. He tenido suficiente por hoy. La razón por la que me pasé fue porque voy a hacer un viaje y me iré en dos días. —¿Unas vacaciones? No has estado de vacaciones desde antes de que tu padre muriera. Te has dejado la piel en el trabajo. No es que no quiera que te tomes un tiempo libre, tengo curiosidad. —Estoy un poco estresado y, bueno, no quiero ser papá. —Estoy de acuerdo contigo en eso. No puedo perderte, tampoco. Además, necesitas encontrar una chica para darme algunos nietecitos. Y no alguna puta que esté detrás de tu dinero. —Mamá, no creo que haya estado en una cita desde que papá murió hace tres años. —Bueno, entonces no te enamores del primer pedazo de culo que veas —me advirtió. —Mamá, —grité, asombrado y disgustado. —Por favor, muchacho. Soy vieja, pero ¿cómo crees que llegaste aquí? —Había algunas visiones que solo no necesitabas en tu cabeza y tus padres haciéndolo tenía que estar en la parte superior de la lista.

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Emergency room: sala de emergencias

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Me las arreglé para guardar todos mis centavos para este viaje. A los veinte, no tenía mucha experiencia ahorrando o un gran trabajo en este momento, pero necesitaba escapar. Mi familia me estaba volviendo loca. Mis padres estaban ocupados limpiando el último lío de mi hermana, lo que los obligó a dejar de ayudarme con mi título universitario. Con solo un año para acabar, decidí tomar un largo descanso y hacer un viaje a Europa. La primera parada era España. —Danielle, por favor, mantente a salvo cariño, —dijo mi padre, dejándome en el aeropuerto O'Hare. Mi vuelo desde Chicago estaba programado para las dos en punto, pero había una tormenta. —Lo haré, papá. Aunque no sé cuándo nos iremos. Gracias por dejarme tomar prestada tu maleta. —Lamento que Leo haya tirado harina en la tuya. —Bueno, si Amber lo hubiera vigilado, no hubiera pasado. Por favor, mantenlo lejos de mi habitación hasta que vuelva. Mi apartamento debería estar listo para cuando vuelva. —Mi padre me abrazó con fuerza como si fuera la última vez que lo fuese a ver—. Papá, voy a estar bien. —Lo sé. Solo estoy preocupado por mí. Eres la única con sentido en la casa. ¿Qué voy a hacer con esas dos y el pequeño perturbador sin mi respaldo? —Te las arreglarás y regresaré en tres semanas. —¿Lo prometes? —Por supuesto. Aquí es cuando tu Xanax2 se agota, —bromeé.

Nombre genérico para alprazolam, fármaco que se utiliza para el tratamiento de los estados de ansiedad, especialmente en las crisis de angustia como la agorafobia, ataques de pánico y estrés intenso. 2

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—Vete antes de que meta a Leo en tu equipaje. —Le di un abrazo más y tomé la enorme maleta casi vacía por el mango, y la arrastré al cheque de equipaje de TSA3. Esperamos en el asfalto durante más de una hora antes de que nuestro vuelo fuese despejado para salir. No fue tan malo como esperaba que fuera. El avión estaba lleno y yo estaba hecha polvo, así que cerré los ojos y esperé a que mi vuelo de nueve horas aterrizase en Madrid. Una vez que finalmente despegamos, no pude quedarme dormida, así que encendí mi tablet y empecé a leer. Cuatro horas más tarde, en mi tercer libro, finalmente me quedé dormida. Para el momento en que me desperté, era hora de abrochar los cinturones para aterrizar. Encendí mi bonito Kindle Paperwhite y todavía estaba con la batería completa. Si lo hacía bien, podría no tener que cargarlo durante mi viaje. Esperé a que todos estuvieran casi fuera para levantarme de mi asiento. Fue entonces cuando vi al diablo en traje. Él levantó la vista de arreglar su corbata cuando me acerqué. Sus brillantes y azules ojos se fijaron en los míos. Su mandíbula se apretó y pude ver su manzana de Adán moverse de arriba abajo mientras tragaba con dificultad. Dejé medio caer mi cabeza porque no podía mirar fijamente al cincelado hombre vestido como el pecado. Su cabello castaño oscuro tenía ese look enredado por pasar los dedos a través de él. —Disculpe, —le dije, justo por encima de un susurro. Mirándolo a través de mis pestañas, esperé a que se moviera, pero no se movió—. Disculpe, —dije un poco más alto con la cabeza todavía inclinada. Alcanzó mi barbilla con los dedos y retrocedí. —¿Qué tal si me miras a los ojos y lo dices, guapa? —Instantáneamente me enfadé. ¿Cómo se atrevía a detenerme intencionalmente y coquetear? Hablaban de los hombres europeos, pero, maldita sea, ni siquiera podía bajar del avión sin que alguien me tirase los tejos. Levanté mis ojos hacia sus agudos ojos azules y gruñí en el tono más arrogante que podía manejar. —¿Qué tal si te sales de mi camino? No estoy de humor. —Realmente no lo estaba. Él era el último tipo de hombre del que debía enamorarme. Ese fue el problema de mi hermana; ahora es madre soltera y vive con mis padres.

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Transportation Security Administration

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—Cena conmigo, guapa, —exigió con una sonrisa moja bragas que me hizo estar aún más enfadada. Odiaba tener un deje de celos subiendo por mi espina dorsal cuando lo imaginaba probando esto con cualquier otra mujer disponible. —No. Por favor, quítate de mi camino. —Ordené, tratando de moverme a su alrededor, pero el hombre ocupaba todo el pasillo con su gran estructura bien construida. Oí cómo los tacones de una mujer se acercaban por detrás de él, pero con su enorme cuerpo bloqueando el camino no pude verla hasta que él se volvió. —Señor Alexander, su conductor le está esperando —le informó la sonriente azafata. Guau. Tratamiento preferencial. —Sí, estoy en camino. Tendrá que ser paciente. —Se volvió hacia mí despidiendo a la mujer adulándolo—. ¿Por qué no cenas conmigo? —Porque no te conozco y puedo decir de inmediato que quieres una sola cosa. Algo que no te daría, no importa cuánto lo intentases. —Parte de mí sentía que estaba mintiendo demasiado, pero una chica tenía que tener algo de fuerza cuando se enfrentaba a un hombre como él. —Ja. Guau. Te das demasiado crédito. —Jadeé ante su insulto. ¿Creía que insultarme funcionaría como psicología inversa?— Si crees que puedes resistirme, necesitarás más que ese severo ceño en esa preciosa cara. —Él agarró mi mano y su equipaje de mano y me arrastró a lo largo del avión y fuera de la terminal. Me liberé de su apretado agarre en mi mano y me alejé. En medio de los otros viajeros y haciendo algunos círculos alrededor de un par de terminales, finalmente llegué a la zona de reclamo de equipaje tratando de evitar que él estuviese demasiado cerca. Lástima que fuera al mismo lugar. No quería que me siguiera porque no quería volverme loca por un hombre con encanto, aspecto y en este caso, claramente, con dinero. En secreto, me encantó la sensación de su fuerte mano sosteniendo la mía. Llegué a donde mi equipaje debería estar, pero no estaba allí. Miré alrededor del carrusel y no estaba. Entonces lo vi de pie junto a su chofer y la maleta de mi padre. —Danielle Alexander, —dijo mi primer nombre y con su apellido como si estuviera insinuando matrimonio. Me reí porque este hijo de puta era rico, pero estaba como una cabra—. Suena maravilloso. —Dame mi maleta y déjame en paz, —le dije, golpeando mi zapato en el suelo. No tenía miedo de que me hiciera daño, sino de que se las arreglara para entrar en mis bragas. Tenía

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un look de “incluso el demonio tiene que tener cuidado” sobre él, incluso en un traje. Sus ojos estaban llenos de algo semejante al pecado puro y no creía que pudiera resistirme. —Te daré tu equipaje, pero dejarte sola no es algo que quiera hacer —admitió. —¿Por qué no encuentras una belleza española y me dejas disfrutar de mis vacaciones? — comenté, esperando que se moviera. Yo ya estaba escupiendo al deseo intenso disparándose hacia abajo a mi coño. —¿Quién dice que no puedo hacerlo memorable para nosotros? —¿Te oyes a ti mismo? Me viste como por tres segundos, y ahora estás actuando como si fuera tuya. —Él iba a romper mi fuerza de voluntad. Sería el primer hombre en lograr esa hazaña y lo estaba haciendo con facilidad. Se encogió de hombros e inclinó su hermosa cabeza. —Solo te pedí que cenaras conmigo, y sigues negándote. ¿Qué pasa si nunca te vuelvo a ver? Nunca veríamos a dónde iría esto. —No tengo intención de ir contigo a ninguna parte. No estoy buscando al señor Casanova. —Bueno, te aseguro que no soy él. Si no estás dispuesta a cenar conmigo esta noche, por favor, dime dónde te alojas para poder asegurarme de que mi chofer te lleve allí con seguridad. —¿Así que esperas que salte al coche contigo? —le pregunté. —No, espero que vayas con él. Y él ni siquiera te mirará o lo despediré. Yo tomaré un taxi hasta mi hotel. —Bien. Si quieres hacer eso, podría ahorrarme el dinero de un taxi, —estuve de acuerdo, tratando de alejarme de él antes de que me tocara otra vez. —Quizá mañana cambies de opinión y me dejes llevarte por la ciudad. —Ya veremos, señor Alexander —dije con severidad, pero con poca convicción en mi voz. —Es Jaxon, —su voz bajó a un tono grave. —Jaxon, —dije con un breve asentimiento, ocultando el placer interno que sentía al oír el sonido. Abrió la puerta de atrás, y me subí. —No puedo esperar a verte mañana. Que tengas una gran noche, Danielle. —Él agarró mi mano y le dio un suave beso, lo que no debería haber sido gran cosa, pero era como un sello de propiedad; se sentía como si hubiera reclamado mi piel, marcándome con su marca.

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Después de cerrar la puerta, me froté la parte de atrás de la palma, la sensación del beso persistía en mi mano. ¿Por qué alguien me haría esto? Enamorarme de un extraño no era algo que necesitara. Le di al conductor la dirección de mi hotel, y él me llevó a este rinky-dinky4 hotel que no se parecía en nada al folleto en línea. Cerré los ojos y sacudí la cabeza. No había manera de que pudiera quedarme aquí; estaba más segura en las garras del diablo americano. Esperé a que el hombre abriera la puerta, pero esperó. Entonces lo escuché hablar por teléfono. Bajó la división. —Señorita Kyle, el señor Alejandro desea hablar con usted. —Me entregó el teléfono móvil. —¿Hola?

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Pequeño, de poco valor, algo que ha tenido poco tiempo, dinero y energía invertidos en él.


—Danielle, no puedo dejar que te quedes ahí. Antes de que insistas, el conductor tampoco cree que debas estar ahí. Por eso me llamó. Como local, dijo que el lugar es a donde van las prostitutas y los drogadictos. Así que escucha, hay una habitación en mi hotel. Él te traerá aquí. —No tengo dinero para un hotel bonito. —No dije que pagarías por ello. —No hay forma de que te deje pagar por ello. —Escucha, se supone que debo estar relajándome en mis vacaciones. Esto no me está ayudando a librarme del estrés. —Bien, pero tendré que encontrar una manera de devolverte el dinero y no de una manera sucia. —Todo lo que quiero es tu compañía; confía en mí, no he venido aquí buscando conocer a nadie. Bueno, supongo que es mentira. Mi madre me dijo que buscara una buena esposa, — dije con una risita, pero era la verdad y en el momento en que la miré en el avión supe que estaba jodido. Algo en mí me suplicaba que la conociera. No sabía si era amor o qué, pero sentía una química instantánea. Incluso su resistencia penetrante encantó mi corazón. ¿Qué mierda estaba mal conmigo? ¿Mi corazón falló ese día con el ataque al corazón? —Um. Le diré que me lleve allí. Gracias, Jaxon. Fue unos diez minutos más tarde cuando llegó al hotel. Miré desde mi suite mientras la limusina conducía hacia la entrada. El conductor la ayudó a salir y un botones la estaba esperando. Esperé ansiosamente en mi suite del hotel. No debían decirle que era la misma suite que la mía, así que esperaba que no se enterara de ello hasta que la trajesen aquí.

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Unos minutos después oí el chasquido de la cerradura y me escondí en la pequeña cocina mientras el hombre dejaba su equipaje y le entregaba la tarjeta. —Sé que estás aquí. ¿Por qué no sales ahora? —la oí gritar. —¿Cómo diablos lo sabes? —le pregunté, saliendo de mi escondite. —Te puedo oler aquí. —¿Realmente dijo eso? Necesitaba una aclaración porque sonaba como si recordase mi olor. Sabía que no olía mal, pero quería que lo dijera. —Maldita sea, de verdad necesito una ducha. —Jaja. Estoy hablando de tu colonia. De todos modos, no soy tan tonta, pero después de ver ese lugar tenía dos opciones: reducir mi corto viaje o tomar tu oferta. —Una opción inteligente porque simplemente te habría seguido de regreso a Chicago. —Sabes que esto no significa que vaya a dormir contigo.

12 —No significa que no lo harás. Pero si te hace sentir mejor, no puedo dormir contigo en este momento. —Pamplinas —se burló ella. Levanté mi mano en honestidad. —Realmente no puedo. Órdenes del doctor. —¿Tienes alguna ETS5? —Era una pregunta audaz, pero estaba muy lejos de la realidad. Ahora es mi turno de reír. —No, no tengo ninguna ETS. Tuve una angina6 y me dijeron que descansara y me relajara o estaría muerto a una edad temprana debido a un ataque al corazón. —No sabía si podía Enfermedad de Transmisión Sexual La angina es un dolor o molestia en el pecho que se siente cuando no hay suficiente irrigación sanguínea al músculo cardiaco. La angina puede sentirse como una presión o un dolor opresivo en el pecho. 5 6


tener relaciones sexuales, pero quería llamar a mi médico primero. Algo sobre Danielle me decía que lo que yo quería era algo más que sexo, así que si tenía que esperar, lo haría. —¿Estás hablando en serio? —preguntó, su mano presionada contra su boca en estado de shock. —Sí, lo estoy. Vine aquí para relajarme, ver algo de historia, luego regresar a casa y trabajar. —Entonces, no estás casado, ¿verdad? Moví mi mano hacia ella y le mostré que no había líneas de bronceado ni nada. —No. Nunca he estado casado. Acabo de cumplir treinta, y es por eso que esto es tan jodidamente raro para mí. Mi vida ha cambiado en cuestión de días. —¿No deberías estar sentado? —No estoy enfermo ni nada. Solo tengo que liberarme del estrés. Así que, estoy realmente cansado. La cena será en unas dos horas, pero me gustaría tomarme una siesta. Tu habitación está a través de esa puerta y la mía está por este lado. Quizás podrías tomarte una siesta también. —Sí, eso sería bueno. Me alejé y entré en mi habitación para tomarme una siesta. Por mucho que quisiera pasar tiempo con ella, sabía que necesitaba descansar. La vería más tarde, algo en sus ojos me dijo que no se iba a ir a ninguna parte. Cayendo sobre el colchón, me quedé dormido en cuestión de minutos.

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No podía creer lo que me dijo. Si era verdad, entonces eso era una locura como el infierno; y, si estaba mintiendo, era una maldita cosa demasiado cabrona para decir. Como sabía que las tarifas telefónicas internacionales serían dementes, agregué un plan de datos a mi teléfono para poder enviar mensajes y tener acceso a Internet. Envié a mi madre y a mi padre un mensaje para hacerles saber que estaba a salvo. Todo ha sido una locura por aquí. Tuve que hacer un cambio de planes porque el hotel no era lo suficientemente seguro. Mi padre respondió. Por favor, dime si necesitas que te mande dinero o algo. Encontraremos la manera. Estoy bien. Cambié mi alojamiento debido al problema. Te enviaré un mensaje mañana. Lo esperaré. Tu madre envía su amor. Os quiero a todos. Puse mi cabeza en la almohada tratando de tomar una siesta, pero los pensamientos sobre el hombre en la otra habitación me mantuvieron despierta. Accedí a la web para ver si podía encontrar más información sobre Jaxon Alexander. Al principio escribí mal su nombre, pero apareció: "¿Te refieres a Jaxon Alexander?" Era una manera genial de deletrear su nombre. Pensé que lo hacía más sexy, si era posible. Cuando surgieron los resultados supe que él era seguro. Había unas cuantas fotos, nada incriminatorio o algo por el estilo. Un negocio y dos revistas de celebridades lo llamaron uno de los multimillonarios vivos más calientes. Era cierto, pero cada artículo decía que era soltero y con su agotador horario estaba demasiado ocupado para las mujeres. Un titular me llamó la atención y me asustó un poco. Millonario defrauda a mejor amigo y socio. Vacilante cliqué en el enlace, pero sentí alivio y la bola en mi estómago desapareció. Hubo un par de artículos reportando que el socio de negocios de Jaxon fue acusado de

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malversación de fondos. Cuanto más miraba, más parecía ser verdad todo lo que decía. No había nada sobre sus problemas de salud, pero probablemente quería mantenerlo en secreto. Mirando fijamente su foto, estaba más hipnotizada. Todo en su cincelado rostro, su expresión dura y rasgos oscuros con ojos claros, decía que no era un buen hombre, pero todo lo que había en internet le hacía parecer un maldito santo en lugar de un pecador puro. Me quedé dormida con una foto de él en mi teléfono y no me desperté hasta que oí un golpe en la puerta.

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Cuando llegó la comida, traté de despertar a mi chica Dani. Ella no respondió cuando la llamé, así que abrí la puerta para asegurarme de que no se escapó. Estaba acostada en la cama, su teléfono sonando para que cargase la batería, así que lo recogí para cargarlo. La pantalla se iluminó y había una foto de mí en ella. Puse el teléfono de donde lo conseguí, y salí de la habitación. Caminando de vuelta a mi habitación, me pasé las manos por mi pelo. Sabía que me estaba buscando, pero el hecho de que se quedara dormida con mi fotografía me puso duro. No podía caminar de vuelta al pasillo cuando mi polla estaba así de jodidamente tiesa. Llamé a mi médico y le hice la pregunta que necesitaba saber. No me importaba una mierda si eran las tres de la mañana. Me dijo que me relajara, pero quería hacer eso con mi polla enterrada en la futura señora Alexander. —Hola, Doc. Soy Jaxon Alexander, —dije alegremente—. No te entretendré mucho, pero tengo una pregunta. ¿Puedo tener sexo ya o no? —¿Has tenido algún episodio últimamente? —preguntó con sueño. —No, no desde ese día. —No debería haber nada de malo —respondió él con un bostezo. —Gracias, Doc. Puedes volver a dormir. Saber que estaba bien para follar y no poder tocar a Danielle era estúpidamente doloroso. Me quité toda la ropa y entré en la ducha de mi suite al agua completamente caliente. Yo no iba a ser capaz de quitarme esto con una ducha fría de todos modos; iba a alimentar a la bestia y a aliviar mi hambre. Deseando estar en sus profundidades, acaricié mi polla con las visiones de nosotros follando. Mientras el agua caliente corría por mi cuerpo, cerré los ojos y vi a Danielle moviendo sus pequeñas manos arriba y abajo por mi pecho. Tragué un largo trago de aire mientras usaba sus uñas contra mi piel, arañándome para satisfacerla.

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Levantándola contra la ducha, hundí mi polla en su coño. Se sentía increíble, así que pasé mi mano a lo largo de mi polla, más y más rápido. Mi punta comenzó a gotear líquido preseminal a lo largo de mi longitud mientras fantaseaba acerca de su útero dándome la bienvenida. Sentí que mis bolas se apretaban. Gemí, su nombre escapando de mis labios. Viniéndome duro, avivé todo mi semen de mis huevos, colapsando en el rocío, dejando que el agua corriera por mi espalda mientras contenía mi aliento. Vistiéndome, me apresuré porque la comida estaba esperando por nosotros. Esta vez tuve que despertarla y golpear en la puerta funcionó. —Danielle, la cena se está enfriando, —le dije a través de la barrera de madera entre nosotros. —Lo siento —dijo con voz apresurada. Salió al área común con un bostezo y un rubor. —No puedo creer que haya dormido tanto tiempo. —Es el jet lag. Por favor, siéntate, —le sugerí, sacando una silla para ella. Ella sonrió y se sentó. —¿Fue al menos una buena siesta? —Sí, la cama era increíble, necesito a una de esas en casa, —dijo. Traté de evitar pensar en ella en mi cama. Era muy cómoda—. ¿Has dormido algo? —Sí, fue refrescante, —le respondí, pasando un plato de carne que olía deliciosa—. Entonces, ¿planeas ver algo en particular mientras estás aquí? —Había un tour para mañana que planeaba tomar a Ávila y Segovia. Hay algunas cosas históricamente asombrosas y góticas para ver, incluyendo un hermoso castillo, —dijo con un rubor de vergüenza como si fuera una mala cosa estar interesada en la historia. —Pásame la información para que podamos ir juntos.

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—¿Irías a un tour de grupo? No pareces del tipo. No me ofendería por eso. Supuse que era porque era rico, de forma que no querría estar cerca de un grupo de extraños si no tuviera que hacerlo. Si no fuera por ella no lo haría. —Preferiría que fuera una visita privada, pero si eso significa que voy a pasar tiempo contigo, iré. —¿Por qué yo? —¿Por qué no tú? Estoy muy atraído por ti, y no suelo hacer estas cosas. Así que, si tengo que pasar tiempo con alguien, ¿por qué no pasar mis vacaciones con una mujer a quien quiero besar? —¿Solo besar? —No, pero es lo que quiero hacer cada vez que me sonríes o me contestas. —Apenas hemos pasado un total de una hora en la compañía del otro. —Bueno, es una hora de querer besarte. Confía en mí, es difícil tratar con esto, pero cuando estés lista ven a besarme. —Sabes que también quiero besarte, pero no te conozco. Soy bastante ingenua quedándome aquí. —Era el menor de dos males. —Está bien. —Entonces háblame de ti. Quiero ocupar más de una hora de tu tiempo. —Bueno, tengo veinte años y vivo con mis padres y mi hermana. —¿Trabajas? —Sí, trabajo para una junta médica ingresando datos. —¿Tienes una pasión por ingresar datos?

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—¿Una pasión? Ja. No. Me está ayudando a pagar la universidad. Bueno, lo hacía. —Solo lo pregunté porque tengo varios empleados que aman esas cosas. ¿Qué quieres decir con "hacía"? —Es la típica cosa de la clase media. No puedes pagar la universidad porque tus padres ganan demasiado para una ayuda financiera, por lo que tienes la opción de pedir préstamos masivos o trabajar para pagar la universidad. Estaba viviendo con mis padres para poder ahorrar en gastos. También me ayudaron, pero las cosas no siempre funcionan como planeas. Mi hermana menor tuvo un bebé con el deportista caliente de la universidad, la aduló y la dejó tirada con un bebé. Así que ahora estoy tomándome un tiempo libre y disfrutando de mi juventud un poco antes de volver y terminar mi grado. —De golpe me di cuenta de por qué no le gustaba. Traté de ordenarle que se enamorara de mí. Ella tampoco sabía que yo no era un adulador ni tampoco un maldito mujeriego. —Siento que tus planes hayan sido reencaminados, pero estoy feliz de haber tenido la oportunidad de conocerte. —Yo también —admitió. Nuestra charla siguió un poco más antes de trasladarla a la terraza. Era una noche agradablemente cálida pero ventosa y las estrellas eran luminosas. Tomando una botella de vino y vasos, nos sentamos en las tumbonas. —Salud, —dijimos, chasqueando los vasos y contemplando la belleza de la noche. Le robé miradas a su perfil y supe que iba a hacer todo lo que me fuera posible para casarme con ella.

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Dos días de pura magia. Si mi hermana sintió por su perdedor incluso un fragmento de la pasión y el deseo que sentía yo por Jaxon, podría entenderla. Sabía que estaba enamorada de él. Él no hizo ningún avance conmigo en absoluto. Como prometió, pasó todo su tiempo conmigo y vimos tantos lugares como pudimos. Fue maravilloso y perfecto. Casi compartimos un beso, pero nos interrumpió un chico que pateó a Jaxon en la espinilla. Eso fue anoche. Esta mañana fue una historia completamente diferente. Era como si un hombre diferente se hubiera despertado en la otra habitación. Durante nuestra noche en el balcón, le dije que me iba en tres días a visitar Italia, pero creo que debe haberlo olvidado porque no ha actuado como si hoy fuese nuestro último día juntos. Había estado haciendo llamadas la mitad de la mañana. ¿Qué esperaba de todos modos? Él no era realmente mío. No le di el permiso para continuar. Estaba segura de que pasaría a la siguiente mujer de la ciudad. Era como si estuviera tratando de distanciarse hoy. Era el momento de cortar la cuerda y retirar el vendaje en un movimiento rápido. Mi equipaje ya estaba listo, así que todo lo que tenía que hacer era decir adiós. Agarré mi equipaje, le di una última mirada a la habitación y salí a buscar a Jaxon. Estaba al teléfono de nuevo. Me vio con mi maleta, me la quitó y la apoyó contra la pared junto a la puerta. —Vale. Tengo que colgarte. —Bajó el teléfono y se limitó a mirarme. —Um. Solo quería darte las gracias por los últimos días. —Espera, ¿te vas? —Sí, mi tren sale en dos horas. Puedo devolverte el dinero cuando vuelva y trabaje un poco más. —Metió su teléfono en su bolsillo. La mirada en sus ojos me dijo que estaba enfadado. Sus manos se deslizaron alrededor de mi cintura, tirando de mi cuerpo hacia el suyo.

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—¿Qué te hace pensar que te vas a ir sin mí? —¿Vas a venir? —Quédate una noche más y prometo que nos iremos mañana. —Has estado al teléfono desde que te despertaste. No pensé que te importara si me iba. Tengo la expresión de “estás jodidamente loco” en mi ceño. —Estaba organizando todo de forma que tengamos un lugar para quedarnos que no sea uno de los lugares de tu paquete de viaje. No quiero que me dejes, Danielle. Voy a tener que romper esa promesa. Inclinó mi barbilla y me miró profundamente a los ojos; su fuerte y atractivo rostro se acercó al mío. Sentí el barrido de sus labios contra los míos. La sensación era más de lo que podría haber imaginado. Me habían besado cuando era más joven, pero nunca sentí algo como esto. Era más que un simple y ligero roce y necesitaba más, así que cuando se apartó, agarré la parte posterior de su cabeza y lo empujé de vuelta hacia mí. Entonces todo cambió. Sentí mis pies alejarse del suelo y sus grandes y fuertes manos en mi culo. Empezó a llevarme de vuelta al dormitorio a toda prisa. Sentí mi espalda apretada contra la puerta, y gemí en su boca. —Joder, Danielle, te amo, —gruñó, apartando sus labios de los míos solo para pronunciar esas palabras y luego su boca se estrelló contra mis labios. Quería gritárselo de vuelta, pero estaba segura de que lo sabría muy pronto. Abrió la puerta y me acostó en la cama. Mi espalda golpeó las suaves sábanas que olían igual que él. Inhalé profundamente antes de que levantase su rostro del mío y se moviese hacia mi cuello. La barba que dejó crecer los últimos días era tan sexy, y suavemente rozó mi mejilla haciendo que mi pulso se incrementase en mi dolorido centro. Moví mis manos a su cabello y tiré de su boca de nuevo a la mía. Gruñó y me apretó las caderas. —Ah, Jaxon, —jadeé y agarré su camisa, tratando de quitarla. Se levantó un poco y me ayudó a sacarla. Mis manos recorrieron su pecho, mis dedos tirando de sus pelos. Eran oscuros y simplemente del grosor correcto. Sus manos fueron a los botones de mi blusa y los separó. Los botones volaron en todas direcciones. Me reí, pero luego vi la mirada en sus

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ojos mientras miraba hacia abajo a mis senos parcialmente cubiertos por mi sujetador de encaje negro.

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Ella estaba jodida. Danielle no debería haberme besado así. Era todo lo que podía hacer para no rasgar nuestra ropa y empujarme directamente en su coño. Mirando hacia abajo a sus pechos, podría haberme corrido en mis pantalones. Eran redondos y sus pezones se asomaban a través del encaje. —Voy a joder a mi hijo en ti, Danielle. Entonces nos vamos a casar así que, maldita sea, sabes muy bien que no te voy a dejar ir. —No deberíamos. —Pero lo haremos. —No iba a dejar que volviera a Chicago sola. Ella era mía, e íbamos a tener una familia. Ya había llamado a mi madre y le había hecho saber que me iba a casar con un ángel y que ella estaría feliz con mi elección. Miré hacia abajo a su carne, pálida pero rosada por el rubor. Lamiendo mis labios, gruñí: — Mía. Danielle arqueó su espalda cuando mis labios bajaron y besaron la parte superior de sus pechos. Le robé otro beso antes de levantarme para quitarme los pantalones. Con mi polla en la mano, la acaricié de la base a la punta, tratando de evitar la necesidad de venirme. Sus ojos se centraron en mi polla, y vi una mirada que me dijo que estaba nerviosa como la mierda. ¿Podría estar nerviosa porque esto era serio para nosotros o mi chica era pura como la mierda? No lo sab��a, pero quería aliviar la tensión. Con sus pantalones cortos todavía puestos, apoyé mis caderas presionando mi pene contra su calor. Gemidos comenzaron a salir de sus labios entreabiertos. Mirándola a los ojos, alcancé su mano y la llevé a mi pene. —Tócame, Danielle.

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Ella tocó vacilante la cabeza, y yo tenía mi respuesta allí. Necesitaba tomarla lentamente, hacer el amor con ella y no joderla como quería; pero tenía suficiente de ella tocando mi polla. Tomando su mano, besé sus nudillos, luego la dejé. —Casi me matas, amor. El hombre en mí se sentía como un maldito dios en ese momento e iba directamente a mis bolas. Ella era toda mía, joder. Bajé la cabeza, la besé suavemente. —Prometo amarte para siempre, Danielle. Besé mi camino por su cuello. Me moría por marcarla como mía, pero la dejaría donde otros no pudieran verla. Bajando las copas de su sujetador, lamí cada pezón y luego soplé aire frío en los picos húmedos. Ella soltó un suspiro mientras tomaba su pezón en mi boca y lo chupaba. —Oh Dios, —dijo en un susurro apresurado. Mierda. No sabía si podría ir despacio. Cada pequeño sonido que hacía y su sabor me estaban volviendo loco. Quería que se viniera una vez antes de entrar en ella. Chupando duro su pezón, su espalda se arqueó llevando su cuerpo entero contra mí y su coño se presionó en mi polla. Sentí los primeros zarcillos de mi orgasmo, así que me senté de nuevo y le quité los pantalones cortos y las bragas. Su coño tenía un bonito pequeño triángulo de rizos marrones. Agarrándole los tobillos, la empujé hasta el borde de la cama y me dejé caer al suelo. Quería probar su coño; necesitaba probarlo. Su olor me golpeó mientras deslizaba sus bragas húmedas y tuve celos de esas hijas de puta que se habían acurrucado con su coño todo el día. Pasé mi mano por sus muslos y les di un apretón. Sabía lo que tenía en mente, pero quería que supiera que lo iba a hacer sí o sí. No iba a parar hasta que se viniese fuerte y duro en mi cara. Froté mi nariz contra sus cabellos rizos, guardé su aroma en mi memoria porque de ahora en adelante nuestros olores se mezclarían. Mis dedos se burlaron de los labios de su coño separándolos y mi lengua acarició sus pliegues. Su cuerpo bailaba sobre las sábanas. Cada lamida de su dulce calor la hacía gemir y gritar mi nombre. —Jaxon, —cantó una y otra vez. Sus muslos apretándose alrededor de mi cabeza empujando su coño por toda mi cara.

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—Joder, tu coño sabe tan bien. —Con mi lengua en su clítoris, sumergí mi dedo en ella. Su cuerpo chorreaba por mí, viniéndose fuerte. —Ah, Jaxon, —gritó. Estaba tan cerca de venirme que necesitaba entrar en ella antes de hacerlo. De pie, acaricié mi pene y le exigí—: Muévete al centro, amor. Volví a subirme a la cama, separé sus muslos y me incliné sobre la mujer que me robó el corazón. Tanteando su entrada con mi punta, mezclé nuestros jugos y la hice brincar. Coloqué mi verga en su entrada y luego me incliné para besarla antes de flexionar mis caderas y hundirme profundamente en un único empuje rápido. Sentí una ligera lágrima y me mantuve quieto, para no lastimarla más. Podría decir que la perdí; ella se tragó un grito en su garganta. Apretaba sus labios, pero los separé con mi lengua y la besé con una nueva apreciación. —Te amo, Dani, —susurré. Alzando mi cara a la de ella, la miré fijamente pensando en lo afortunado que era. Moví mis caderas lentamente, probando su resistencia. Se había calmado y empezó a gimotear. Me encantó la forma en que su coño se aferró a mi polla, aferrándose a ella como a una cuerda salvavidas. Gemí y le dije lo que me estaba haciendo— . Maldita sea, Danielle. Te sientes tan bien, tan malditamente apretada. —Me siento tan llena, —murmuró, sus manos arañando mi espalda. —Respira, cariño, —le dije, antes de bajar mi cabeza y tomar su duro pezón en mi boca y chuparlo. Al instante, su cuerpo cedió a mi toque. Dejándome caer en su coño, la cogí lentamente. Perdiendo la capacidad de ir lento, comencé a joderla más duro, bombeando y bombeando hasta que sentí el apretón en mis huevos. Tomando su muslo y levantando su pierna sobre mi hombro, incliné sus caderas y empujé en ángulo, permitiéndole sentir una nueva sensación. —Jaxon, se siente tan bien, —gimió ella. Golpeando más lento en su calor, sus gemidos se convirtieron en gritos—. Más, oh mierda. Estoy cerca de nuevo, —jadeó. Su cuerpo comenzó a temblar y supe que estaba a pocos segundos de llegar, así que acorté mis golpes. Mis empujes eran superficiales, golpeando su clítoris en cada golpe. Su cuerpo cantó para mí— . Me vengo —gritó. —Vente para mí. Sí, Dani. Me vengo contigo. —Empujé más profundo en ella, entrando en sus profundidades.

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Nos quedamos acostados por más de una hora, simplemente disfrutando del resplandor de una experiencia malditamente increíble. Quería follarla de nuevo, pero sabía que su coño tenía que estar molido. Me dejé llevar un poco y la follé más fuerte de lo que debía. —Voy a preparar un baño para ti y luego me voy a la ducha. Entonces podríamos estar listos para irnos a Roma hoy. —No puedo creer que vengas conmigo. —¿Qué es tan difícil de creer? Dije que te amaba. Pensé que era suficiente para hacerte saber que te seguiría hasta los confines de la Tierra si tuviera que hacerlo. Se levantó hasta ponerse de rodillas. Su cuerpo desnudo exhibiéndose para mí. Ella era tan sexy, quería montarla en mi polla. Ella se encargó de eso por mí. Danielle subió a mi regazo y bajó su coño en mí. Mi polla estaba rígida de nuevo, así que le pregunté: —Danielle, nena. ¿Quieres ir a dar una vuelta7? —Sí, —respondió ella con rubor. Alineando su coño por encima de mi eje, la deslicé hacia abajo sobre mí. Ambos soltamos un gemido cuando estuvo completamente sentada. Maldita sea, iba a romper su coño en este momento. Agarrándola por sus caderas, la hice subir y bajar por mi polla. Su coño estaba lubricado con su deseo y nuestros jugos de la primera ronda. Joder, ya estaba a punto de venirme. Mis manos fueron a sus tetas que estaban rebotando delante de mí. Apretándolas, paré sus movimientos porque quería esos hermosos senos en mi boca. La succión en su flexible carne nos envió a ambos en un frenesí caliente. Sus manos se metieron en mi pelo, tirando y frotando. Maldita sea, esta mujer va ser follada en todos lugares a donde vayamos. Me acosté hacia atrás y dejé que tuviese el control. Jodió lentamente mi polla. Sus manos se movieron a sus pechos para ocultarlos tímidamente de mí, no que fuese a dejar que eso pasara.

Juego de palabras con la versión original “go for a ride”, que se traduciría como “ir a dar una vuelta”, pero ride también puede traducirse como “montar”. 7

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—Muéstrame tus pechos. Quiero verlos. No tienes nada que esconder. Esos bebés son jodidamente perfectos. Ella dejó caer sus manos sobre mi pecho, donde empujó sus grandes tetas juntas, haciéndome gemir. Incliné mis rodillas y agarré su culo, trabajando su arriba y abajo en mi polla. Ella dejó escapar un suspiro seguido por un murmullo y una súplica por más. Iba a joder a nuestro bebé dentro de ella ahora. La arrojé sobre sus rodillas, me moví detrás de ella. Quería más, se lo daría. La visión de su culo era tan jodidamente tentadora. Mi dedo se sumergió en su coño, sus paredes apretadas lo absorbieron. Podía sentir su pulsación en mi dedo. Sacándolo, lo reemplacé con mi verga. En un movimiento lento me enterré en ella otra vez. Su espalda se inclinó y su cabeza se echó hacia atrás mientras me sentía tomar un ángulo más profundo. Con una pequeña pausa, supe que podía joderla un poco más de lo que había hecho. Envolví mi mano alrededor de su cabello, tirando de su cabeza hacia atrás, y me incliné sobre su cuerpo sudoroso y le susurré al oído: —¿Quieres más? Te lo daré. Chupando su lóbulo y empujando en su coño, presioné mi dedo en su culo. Ella trató de retroceder un momento, pero yo estaba perdido ante la necesidad de controlarla. Mordí su cuello suavemente y empujé mi dedo hasta el nudillo. Al instante, gimió y empujó hacia atrás. Eso es lo que pensaba. Solo estaba asustada de que metiese mi gran polla allí. Eso no sucedería porque era demasiado jodidamente grande para su culo. Sin entrenar a su culo para abrirse para mí no había forma de que entrase. Tal vez un día, cuando fuera lo suficientemente paciente como para no querer venirme en el instante en que me metiese dentro de ella, trabajaría su culo. Por ahora, acariciar mi dedo dentro de ella era todo lo que necesitaba. Acostándola de espaldas, le chupé el hombro. —¿También te gusto en tu culo? —Sí, —gimió con una necesidad de venirse. —Bien, nena. Un día, voy a follarte allí. Tal vez después de que te deje linda y embarazada. —Su coño chorreó en mi polla—. ¿Te gusta eso, nena? ¿La quieres en tu culo? Un día, pero por ahora lo tomarás así. ¿Quieres venirte? —Sí, —chilló, su coño pulsando duro. Solté su cabello y me eché hacia atrás. Con mi mano en sus tetas y la otra trabajando su culo, empuje en ella una y otra vez hasta que se congeló

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y gritó, viniéndose en mi polla. Incapaz de tomar más, saqué mi dedo de su culo y agarré sus caderas. Monté su coño por detrás, follándola casi hasta la cabecera. Mi semen salió de mis huevos directamente a través de mi punta y profundamente en su vientre, asegurándome de salpicar su cuello uterino. Quería a mi bebé en ella para ayer. Ambos estábamos jadeando pesadamente, así que rodamos a un lado y la abracé en cuchara. Con mi polla sosteniendo mi semen dentro de ella, caímos en un sueño profundo. Nos despertamos tres horas más tarde y ya eran tres. Mierda, no había manera de que fuésemos a llegar a Roma hoy. Salí de ella, encontré mis pantalones y reprogramé nuestros planes antes de ir al baño a preparar su baño. Me incliné y la besé hasta que se despertó. —Mmm, —gimió—. Jax —susurró. —Levántate, cariño. Es hora de prepararnos para un baño y una cena para nuestra última noche aquí. —¿Última noche aquí? Pensé que nos íbamos hoy. —Nena, es bastante tarde ahora. Ya he llamado para que se vuelva a programar todo para mañana temprano, —dije, colocando un beso en sus bonitos labios. —Está bien, —respondió complaciente, estirando su cuerpo recién jodido. Danielle se levantó de la cama con una gran sonrisa, me dio un beso en la mejilla y corrió al baño. Me concentré en su culo dando botes sexys mientras se iba. Mientras ella estaba relajándose en la bañera, tomé algunas ropas para tomar una ducha en la otra habitación. Caminé al lado de sus bragas que estaban en el piso donde las tiré. Las levanté hasta mi nariz. Con una sonrisa, los metí en la cremallera de mi maleta. La suertuda tela se iba a quedar en mi cajón de ahora en adelante.

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A la mañana siguiente nos las arreglamos para follar una vez más antes de dirigirnos al aeropuerto. El vuelo fue retrasado por una pequeña tormenta, así que tuvimos que esperar dos horas más. Para el momento en que llegamos a Roma y dejamos nuestro equipaje en el hotel casi anochecía, así que decidimos dar un paseo. Nuestro hotel no estaba lejos del Coliseo. Caminamos hasta allí y miramos alrededor. Nunca había estado aquí y era jodidamente genial. Ella estaba disfrutando de todos los pedacitos de historia que podía absorber mientras caminábamos por lugares históricos. No teníamos esto en casa, así que era algo que Danielle amaba. Pensé en nuestros hijos y en cómo serían cuando crecieran. —Este lugar es tan increíble, —gritó, agarrando mi brazo con emoción. Ella era genial. Era sexy como la mierda cuando me sonreía. Yo era un jodido afortunado. Llevarla a nuestro hotel se convirtió en una necesidad. —Amor, ¿quieres volver al hotel o quieres cenar aquí en alguna parte? —le pregunté con una mirada sugestiva en mis ojos. —¿Qué tal si nos cambiamos y luego salimos a cenar? —Ella me ofreció una alternativa que funcionaba para mí. Estaríamos aquí por unos días, así que podíamos ver todo en ese tiempo. Nos íbamos a casar mañana, lo que aún no le había dicho. También tenía otra sorpresa, pero eso pasaría mañana en la sala de recepción de nuestro hotel. Decidió usar un bonito vestido rojo pequeño con vuelo cuando salimos, y era tan sexy que tuve que sacar varias fotos con mi teléfono. Ella pensó que era porque quería que tuviera recuerdos duraderos de Roma, pero algunas de las fotos eran específicamente para mí. Unas que podía mirar cuando tuviese un día largo o difícil en la oficina. En el momento en que entramos en el ascensor para ir a nuestra habitación, sentí la energía en el pequeño espacio volverse eléctrica. Cuando la puerta sonó y se abrió, agarré su mano y tiré de ella hacia nuestra habitación. Clavándola en la pared de la habitación del hotel, la levanté a ella y a su vestido hasta que encaré por completo su cálido centro húmedo. Ella

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dobló su pecho alrededor de mi cabeza mientras lamía su coño a través de sus bragas mojadas. —¡Ah! —gritó ella—. Oh diablos. No te detengas, Jax. —No lo haré, cariño, hasta que te vengas —murmuré contra su montículo. Mis manos agarraron sus muslos con fuerza. Iba a tener marcas allí, un recordatorio de lo que le estaba haciendo. Sonreí interiormente, cada vez que las viese sería un recordatorio. Ella gimió cuando puse sus piernas sobre mis hombros y usé mis manos para trabajar su coño. Deslizando sus bragas a la derecha, metí los dedos dentro de su núcleo húmedo y chupé su duro clítoris. Ella gritó en voz alta, su orgasmo la golpeó duro y rápido; sus manos se alzaron al techo mientras comenzaba a apagar su orgasmo en mi cara. —¡Jaxon! Oh… mi… Dios, —gritó entonces jadeando. Su cuerpo tembló y sacudió la puerta a nuestro lado. Se derrumbó contra la pared, su respiración trabajosa. Yo quería reír porque me había sentido como el hombre por hacerla perder el control. Mi polla estaba tan jodidamente rígida contra mis caquis que pensé que mi cremallera iba a romperse o dejar una huella en mi pene. Sacándome sus piernas de mis hombros, la tomé en mis brazos y la llevé de vuelta a la cama. —Tuve una cena muy agradable, —gruñí, frotando mi dura polla cubierta. Ella levantó la vista de la cama con ojos brillantes y satisfechos, una cara enrojecida por el orgasmo y una sonrisa perversa. Danielle levantó su vestido sobre su cabeza y lo tiró al suelo, luego se arrastró hacia mí, lamiéndose los labios todo el camino. Sabía lo que venía, así que me desabroché los pantalones para ella. Quería que pusiera todo su esfuerzo en succionarme, no porque lo necesitara. Estaba tan malditamente cerca de venirme que me preguntaba si me avergonzaría a mí mismo. Me alcanzó y empujó mi camisa de polo sobre mi cabeza, besándome los labios en el momento en que me la sacó. Gruñí, tentado de simplemente joderla, pero la dejaría tomar el control. Los pensamientos de sus labios envueltos alrededor de mi polla pasaron por mi cabeza desde que ella dijo "disculpe" en el avión.

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Como una tortura, se tomó su tiempo besando mi pecho, mordiendo mis pezones, luego lamiendo mis abdominales. Joder, estaba tan caliente. La cabeza estaba brillando con cargas de flujo preseminal goteando y deslizándose por mi polla. Su mano se envolvió alrededor de la longitud, sintiéndola mientras su pulgar frotaba las gotas de esperma de la punta. Miré mientras su lengua se deslizaba fuera de entre sus labios y tentativamente lamía las gotas. —Oh, joder, —dije, mi cerebro drenándose de sangre. La inocente lamida me envió al borde. Cerré los ojos y traté de hacerlo durar. Soltando pequeños gemidos mientras sentía que su nerviosismo desaparecía y mi sucia mujer me chupaba la punta con su boca. Gruñí y me pasé las manos por el pelo, mordiéndome el labio y tratando de disfrutar la sensación sin mirarla. Su mano y boca se movía al ritmo, golpeando mi vena justo en la marca. Iba a venirme y venirme duro. Miré hacia abajo, no queriendo perderme la vista. Ella se veía tan jodidamente sexy, sus labios haciendo pucheros, sus mejillas ahuecándose con cada movimiento. Ella me tomó un poco más profundo y su otra mano fue a mis huevos. —Mierda, voy a venirme, Danielle —le advertí. Ella chupó mi pene más profundo en su boca en lugar de retroceder, y sentí el semen disparándose hacia la parte posterior de su garganta. Ella estaba tragando mi carga, y con cada maldito trago su lengua golpeaba la vena enviando más semen en su boca.

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Nos limpiamos y no pude mantener alejada la sonrisa de mi cara. Nunca había hecho algo así, y ahora no podía esperar a hacerlo de nuevo. Jaxon decidió que el servicio de habitación sería mejor porque no había manera de que nos fuéramos a menos que tuviera que joderme de nuevo, y como acabábamos de venirnos, sería una sesión muy larga. Una por la que estaba muy ansiosa. Hablamos brevemente de su pasado porque joder si realmente quería saber con cuántas mujeres había dormido, que afortunadamente no habían sido tantas como me había imaginado. No podía esperar a volver a agarrarlo y hacerle olvidar que había habido alguien más. La cena llegó justo después de que terminase de enviar un mensaje a mis padres, quienes estaban siendo muy escuetos conmigo hoy por alguna razón. Bueno, podría ser porque les dije que conocí a un hombre. No les di detalles porque entonces pensarían que era tan tonta como mi hermana menor, pero Jaxon era diferente, muy diferente. Lo verían una vez que regresáramos. Sabía que Jaxon me había prometido que se casaría conmigo, pero algo en mí me dijo que no me emocionara hasta que sucediera. Estábamos jugando a los cobardes porque nos negábamos a tener algo entre nosotros. Yo podría estar ya embarazada. No sabría qué hacer si él no fuese tan en serio como parecía. —¿En qué piensas? —preguntó, trayendo el vino a la mesa. Salté sorprendida, tan perdida en mis pensamientos que no lo oí volver. —Lo siento. Es sólo que todo parece tan surrealista. Bueno, no todo. Solo todo sobre nosotros. Estoy asustada de que todo se vaya a desmoronar y te vayas. Colocó la botella y los vasos sobre la mesa, luego apartó mi silla de la mesa. Jaxon se arrodilló y me acarició la cara.

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—¿Te preocupa que me vaya? Te he acosado, te he engañado para quedarte en mi suite, te he seguido a donde querías ir. Te profesé mi amor una y otra vez y no te he oído decirlo ni una vez. No voy a ir a ninguna parte. Si quieres más pruebas, ¿qué tal esto? —Sacó un anillo de su bolsillo y lo deslizó en mi dedo. Ni siquiera noté el anillo porque estaba tratando de recuperar el aliento. Hablaba en serio. —No puedo creer que me estés pidiendo que me case contigo, —jadeé. —En realidad no te lo estoy pidiendo y no lo haré. Estás atrapada conmigo, Danielle. Te amo y no importa si alguna vez lo dices, pero siento que también me amas. —Sí, te quiero… mucho. He tenido tanto miedo de decirlo. —No soy ese bastardo que dejó a tu hermana tirada. La familia es todo para mí, y en el momento en que entraste en mi vista en el avión, lo único que me importaba era hacerte parte de mi familia. Prometo no hacerte daño. Eres como el bálsamo que necesito para liberarme del estrés. —Oh Dios, no he pensado en tu corazón. ¿Cómo estás? ¿Cuándo será su próximo chequeo? Él rio entre dientes, ese ruido me robó el corazón. —¿Ya con el papel de esposa? —Entonces, supongo que no vamos a tener sexo esta noche porque estoy empezando con esa cosa de la esposa. —Oh, no, esposa. Lo tendrás. En nuestro matrimonio, no quiero que pase un día en el que no nos toquemos de una manera u otra. Besó mis labios suavemente, así que pensé que íbamos simplemente a ir a cenar, pero él tenía otras cosas en mente. Antes de que supiera lo que estaba pasando, separó mis muslos y comenzó con su aperitivo. Gemí y lloré porque su lengua era mágica. Podía sentirlo deletreando "te amo" en mi coño con su lengua. El jodido hombre era un regalo. No podía perderlo. Así que haría como si nada hasta que llegáramos a casa, entonces me aseguraría de que fuese a ver al médico cada vez que tenía que ir. Pero por ahora, extendí mis piernas más abiertas y presioné su codiciosa cabeza entre mis muslos. A Jaxon le encantaba

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comerme el coño y, bueno, a mí me encantaba que me lo comiera. Maldición, el hombre pasaba el día entre mis muslos, de una forma u otra. ¿Qué hice para merecerlo? —Me vengo —grité, con el pie golpeando la mesa y sacudiéndolo todo. Se detuvo para evitar que la botella cayese, pero no le impidió disfrutar de mi centro. Abrió la botella y me sirvió un vaso, y luego sentí el vino frío contra mi coño. Lo derramó y lo bebió de él. —Joder, está tan bueno, pero creo que tu coño sabe mejor por sí solo. Un orgasmo más. Bebe y disfruta mientras yo bebo y disfruto. —Él bajó la cabeza de nuevo y apenas pude contener el cosquilleante placer de su lengua en mi clítoris. El hombre estaba tratando de matarme con orgasmos. Para el momento en que el segundo orgasmo rasgó mi cuerpo, lo sentí trepar por mí, quitándome el vestido y besando cada punto desnudo. Miré hacia abajo después de que él me quitase el vestido por la cabeza, y sus pantalones estaban haciendo una tienda levantada. —No lo mires. No, esta noche me voy a correr en tu coño. Si tus labios lo tocan, voy a venirme en tu cara antes de que puedas abrir la boca. Levántate. Hice lo que me dijo y me llevó al sofá cerca del balcón. Se levantaba en ambos extremos, recordándome los viejos tiempos en los que una mujer se desmayaba y se inclinaba sobre éstos. Jaxon me ayudó a ponerme a cuatro patas, pero me dijo que mantuviese las piernas cerradas y levantara mi culo. Mierda, sus comandos iban directamente a mi coño y estaba chorreando de nuevo. Estábamos en lo alto, así que sería difícil que alguien nos viera, pero algo en mí me decía que no le importaba en este momento. Quería que todos en Roma supieran que yo le pertenecía y eso me excitó aún más. Mi coño estaba tan caliente como lo había estado antes de que me comiese para la cena. Montó en el sofá y gruñó: —Inclínate sobre el brazo. —Hice lo que me pidió porque sabía cuánto planeaba follarme. Necesitaba algo de palanca. La sensación de su polla en el borde de mis húmedos e hinchados labios me hizo temblar. Se tomó su tiempo para entrar en mí, pero cuando se hundió se sentía tan bien y tan nuevo. Cada vez que me cogía hacíamos el amor de otra manera. Grité cuando lo sentí ir tan profundo. Presionó su pecho contra mi espalda y me di cuenta de que estaba casi completamente vestido, pero su camisa estaba abierta. Entonces entendí por qué. Quería que todos supieran lo que estábamos haciendo, pero no quería que nadie me viera desnuda.

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Jodido hombre de las cavernas. Sentí la picadura de su mano un segundo después contra mi culo. Me mojé en el acto, viniéndome instantáneamente. Entonces sentí su orgasmo llenarme. Me cubría las paredes, y lo absorbí porque lo deseaba con avidez. Nos relajamos con una pequeña manta en el sofá mientras él me alimentaba con un poco de comida y vino. Fue tan maravilloso que sentía que nada podía salir mal cuando estaba con él. ~~~~~ Se suponía que iba a encontrarlo abajo después de peinarme en el salón que estaba al lado del vestíbulo. Quería hacer algo especial hoy, así que me lo permitió. Puesto que él no estaba generalmente de vacaciones, quiso hacer algunas cosas del trabajo. Después de conseguir mi cabello y maquillaje todo bonito, me puse un vestido que él escogió para mí. Era un hermoso vestido blanco que iba justo hasta encima de mis rodillas. Era tan hermoso que sabía que tenía que costar mucho. Si no supiera cuánto amaba a su madre, pensaría que iba en serio acerca de casarse aquí en Roma. Bromeó al respecto anoche cuando me quedé dormida en sus brazos, pero no pensé que pudiera hacerlo, y sabía que a mis padres tampoco les gustaría. Salí del salón y lo vi. Algo me impidió llamarlo. Iba a sorprenderlo, pero en lugar de eso él me sorprendió. Una bella mujer con un vestido verde corrió hasta los brazos abiertos de mi prometido y lo abrazó y lo besó. Giré mi cabeza, quería ir allí y golpearlo a él y a ella arrancarle el cabello largo y negro de su linda cabeza, pero entonces oí mi nombre. Fue entonces cuando vi a mis padres con mi hermana y a Jaxon con su brazo alrededor de la cintura de la mujer volviéndose para sonreírme. Él captó mi disgusto inmediatamente y corrió a mi lado. —¿Quién es ella? —Oh mierda, mi amor. ¿En serio? ¿He mandado a buscar a tu familia y me estás preguntando por mi madre? —No puede ser tu madre. Es demasiado perfecta y demasiado joven.

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—Gracias —dijo su madre mientras se acercaba—. Eres absolutamente hermosa y obviamente ciega. —Ella se volvió hacia Jaxon, todos de pie alrededor de ella, y luego dijo— : Hijo, llévala para que consiga gafas cuando vuelvas a casa. —Eres una mujer encantadora, madre, pero como puedes ver, me gustaría conocer a esas otras personas a quienes mi querida prometida todavía no ha saludado. —Oh, Dios mío. Lo siento. —Abracé a mis padres con fuerza, luego hice las presentaciones—. Pero no lo entiendo ¿por qué estáis aquí? —Les pregunté. —Danielle, no estaba bromeando acerca de casarme contigo, y me niego a esperar. Por eso están aquí. Sabía que nunca me llevaría bien con tu familia si me casara contigo sin ellos. —Conmigo igual —añadió su madre. —Eso es correcto, jovencito, —le gruñó mi padre. —Oh. ¿Así que esto era lo especial que tenías preparado para hoy? —Lloré y arrojé mis brazos alrededor de su cuello—. Eres increíble y loco, todo en uno, pero te amo, Jaxon. —Te quiero, Danielle. —Compartimos un breve beso antes de que mi padre gruñese otra vez. Me ruboricé cuando me encontré con su mirada, pero mi papá me sonrió. —Señor, antes de empezar, me gustaría hablar contigo en privado. Miré nerviosamente entre ellos, pero ambos me tranquilizaron con una mirada. Dos horas más tarde, yo era la señora de Jaxon Alexander.

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—Camarada, ven aquí ahora, —grité desde la puerta de mi oficina en casa. El chico había estado aquí de nuevo. Lo sabía porque había una piruleta en mi silla. Maldita sea, siempre estaba resbaladiza. Creí haber cerrado la puerta antes de ir a trabajar esta mañana. —Papá, estoy aquí —dijo el pequeño Jaxon, saliendo de la sala de estar. —¿Por qué estabas en mi despacho? —No lo estaba. Tú dices no jugar en el despacho, papá. No juego ahí. Mamá lo limpia. —¿Mamá estuvo aquí hoy? —Sí, pero me dijo que no te lo dijera.

37 —¿Puedo tener la piluleta, papá? —Sonaba tan lindo que quería dársela, pero parecía que mi esposa tenía otras intenciones para la piruleta. La maldita mujer iba a obligarme a tomar otras vacaciones. —Lo siento, amigo, pero no hay golosinas antes de la cena. Ve a correr. —Empezó a irse cuando recordé preguntarle—: Espera, Jax. ¿Dónde está mami? —En la cocina. Dijo que tampoco podía entrar allí. No es justo. Voy a ir a jugar en la sala de juegos. ¿Está bien? —Preguntó. —Prometo que mañana iremos al parque. ¿Te gustaría eso? —¡Sí, sí! —Gritó saltando de arriba abajo, luciendo igual que su madre. No sabía cómo eso era posible porque el chico podría haber sido mi gemelo, pero cuando estaba súper contento todo lo que veía era a Danielle. Me abrazó y corrió hacia la otra habitación, mientras yo iba a cazar a su sucia madre.


Abriendo la puerta de la cocina, la vi junto a la nevera. Vi lo que llevaba puesto. Era el vestido rojo de Roma. Nuestro cuarto aniversario era mañana, y justo como ese día ella tenía ese pequeño vestido. Demasiado sexy para manejar. —¿Supongo que no hay vino? —le pregunté. Cerró la nevera y entre sus dientes había otra piruleta. Ella se la quitó de la boca e hizo una mueca. —Lo siento, no queda. —Ella deslizó la piruleta entre sus labios y comenzó a chupar. —Sabes que tengo algo que te gustaría más, —le dije con un gruñido. Gracias a Dios Jaxon todavía era pequeño. Teníamos picaportes de seguridad en cada habitación en la que podría hacerse daño. Me senté en la silla con mi polla fuera de mis pantalones. Ella cayó de rodillas y pasó su piruleta de cereza alrededor de mi punta antes de caer sobre mi pene. Gemí y, afortunadamente, resbalé mi piruleta de uva en mi boca para evitar rugir en voz alta. Agarré su cola de caballo y sostuve su cabeza abajo en mi longitud, dejándola cuando ella gimió. Joder, me iba a venir y le hice el amago de que levantase la cabeza, pero ella quería mi semen. Batiendo mis caderas, vacié todo lo que tenía en su boca. Apenas la dejé terminar antes de levantarla y sentarla en el mostrador. Al separar sus muslos, vi las bragas que tenía. Las que le robé, lavé, y escondí en mi cajón de ropa interior como un recordatorio de la noche en la que la hice mía. —Maldición, nena. Me encantan estas. Me las robaste. —Técnicamente, tú me las robaste. La miré, empujando su vestido fuera de mi camino. —Eran mías. No podía evitar sentir celos de la forma en que abrazan tu coño. —Gruñí y tiré de las bragas a un lado y probado su dulce centro. Agarré mi piruleta, la metí en su coño y la froté sobre su clítoris, luego limpié el lío pegajoso hasta que ella estaba gritando mi nombre en un paño de cocina. Todavía estaba caliente como la mierda y aún no había acabado. Me puse de pie, la volteé y me clavé en su coño por detrás. Con nuestras piruletas en la boca, nos llevé a otro orgasmo.

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~~~~~ Habíamos ido todos a sentarnos para cenar en el comedor. Yo había casi acabado mi comida cuando me di cuenta de las botellas de vino en una cesta en la mesa auxiliar. —Creí que habías dicho que no teníamos vino. —Mamá dijo que el vino no es bueno para el bebé, —gritó Jaxon con una gran sonrisa. Miré entre los dos y ella se encogió de hombros. —Tuve que improvisar. Maldición, yo era un jodido afortunado. —¿Ahora puedo tener mi piluleta? —Mi pequeño hombre me miró con esa sonrisa inocente, pero ahora todas las piruletas estaban manchadas con malvados pensamientos sobre Danielle. —En realidad, mamá necesita las piruletas para el bebé, —dijo—. Pero ¿qué tal un helado de chocolate? —¡Sí! —Gritó saltando en su asiento. Llevé un tazón de helado para disfrutar de nuestro postre juntos. Estaba mirando a mi encantadora esposa pensando cómo me las arreglé para tener una familia tan perfecta que estaba creciendo cuando algo del helado de chocolate en su cuchara se derritió y aterrizó justo en su pecho. Rápidamente se lo limpió con el dedo, pero lo tomé y me lo metí en la boca chupando el chocolate y haciéndola tragarse un gemido. —Papá, mamá dijo no chupar los dedos, —mi camarada gritó indignado. —Mamá es una hipócrita —murmuré en voz baja. Recibí una pequeña patada en mi espinilla por eso. —Papá tiene suerte de que lo sea. Nos las arreglamos para terminar nuestro helado sin ninguna interrupción.

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En el momento en que se inclinó sobre el lavavajillas, me acerqué detrás de ella y froté mi polla en su culo. —Creo que el helado va a ser para el bebé a partir de ahora. —Alcancé debajo de su vestido y cubrí su coño. Ella gimió y se empujó en mi mano. —Aún queda algo de helado.

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Claimed