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Lora Leigh

Pecados Secretos

Lora Leigh 

Pecados Secretos Serie The Callahans 3

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Nota a los lectores Nuestras traducciones están hechas para quienes disfrutan del placer de la lectura. Adoramos muchos autores pero lamentablemente no podemos acceder a ellos porque no son traducidos en nuestro idioma. No pretendemos ser o sustituir el original, ni desvalorizar el trabajo de los autores, ni el de ninguna editorial. Apreciamos la creatividad y el tiempo que les llevó desarrollar una historia para fascinarnos y por eso queremos que más personas las conozcan y disfruten de ellas. Ningún colaborador del foro recibe una retribución por este libro más que un Gracias y se prohíbe a todos los miembros el uso de este con fines lucrativos. Queremos seguir comprando libros en papel porque nada reemplaza el olor, la textura y la emoción de abrir un libro nuevo así que encomiamos a todos a seguir comprando a esos autores que tanto amamos. ¡A disfrutar de la lectura!

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Sinopsis Pasión por la justicia El sheriff Archer Tobias ha visto luchar a la familia Callahan por encontrar la paz y la aceptación de la comunidad… a pesar que los asesinatos continúan atormentándolos. Pero sus más aciagas sospechas empeoran cuando una mujer se convierte en el próximo objetivo… Una red de engaños Anna sabe que está en peligro. Sabe que sigue un camino lleno de mentiras y secretos que podría llevarla a una muerte segura. Pero pase lo que pase, está decidida a averiguar la identidad del asesino… aunque se trate de alguien a quien ama... El momento de la verdad Dividido entre el deber y el deseo, el sheriff Tobias no puede permitir que Anna se interponga en el camino de un asesino desquiciado. Pero a medida que la investigación los acerca, y los sumerge en la pesadilla, Archer se da cuenta de que no puede salvarla de ese legado de sangre y venganza… sin arriesgar su propia vida.

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Prólogo No podía soportarlo. No podía soportar estar cerca de él. Mientras lo observaba, con ganas de frotarse contra su

fuerza bruta, su cuerpo clamaba por eso, desesperada por

probar un beso de la línea controlada de sus labios sensuales. Parecía un pirata. Como un bandido fingiendo ser sheriff, y le daba ganas de correr aun cuando quería aferrarse a él. No podía soportarlo. No, eso no era cierto, Anna Corbin pensó, mirando hacia el sheriff demasiado guapo. Le encantaba estar alrededor de Archer Tobias y era así desde que era una niña. El problema era que no parecía verla. Pero tenía dieciocho años ahora y podía hacer que la viera, si su abuelo y sus padres dejaran de intentar enviarla lejos, como se proponían hacer una vez más. —Te encantará Francia —su madre estaba diciendo, su sonrisa agridulce y llena de nostalgia, aunque se negó a mirar a Anna—. Es hermoso allá. —Jacques dijo que puedes empezar tan pronto como te gradúes de la universidad. Comenzar dos años antes te permitirá empezar en una excelente posición antes de cumplir los veintiún años. —Su abuelo, John Corbin le informó— . Su compañía se está expandiendo, Anna. Tú estarás allí para verla transformarse en una gran firma contable. Yupi. ¿No era esa certeza aburrida? Mirando hacia arriba, los ojos de Anna se reunieron con Archer antes de que rápidamente volviera la mirada hacia su comida.

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Levantando su copa, bebió su vino, antes de colocarla de vuelta junto a su plato. Silenciosamente ella corrió sus dedos arriba y abajo del tallo delgado. —Jacques está muy entusiasmado con tenerte como su asistente —dijo su padre en voz baja, mirándola fijamente. —Claro que lo está. —Su cabeza se levantó cuando las palabras se escaparon de su boca—. Va a ser mucho más fácil que me manosee si estoy bajo su pulgar. El silencio llenó la habitación, pero Archer la miró en estado de shock. Por su parte, ella simplemente le devolvió el vistazo, el hielo con que se llenó de repente su mirada envió un escalofrío por su columna. —¿Qué estás diciendo, Anna? —Su padre, Robert Corbin, frunció el ceño, su expresión oscura e intimidatoria cuando se volvió y miró a su abuela. —Anna. —Su abuela la reprendió mientras la miraba con decepción—. Jacques explicó eso. —Viró hacia su hijo que respiraba pesadamente—. Jacques cayó contra ella cuando estuvo aquí el verano pasado y por desgracia le rozó la parte de atrás. Fue un accidente. Ella pudo sentir sus dientes automáticamente apretándose por la explicación de su abuelo. Cuando levantó sus ojos, vio que Archer no estaba mirándola, sino que estaba mirando su plato, con los dedos sosteniendo el tenedor, los ojos observando su comida, su expresión dura. Su corazón se aceleró. ¿Archer estaba enojado por pensar que otro hombre la había tocado? Anna negó con la cabeza. Incluso si lo estuviera, Archer la veía más como una pequeña hermana, por lo que si estaba enfadado era probablemente la ira de un hermano mayor. Sus hombros se hundieron un poco. Que poco sexy. —No fue un accidente —dijo tercamente. —Volverás allí. —Su abuelo dijo, directamente al grano.

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Anna lo miró desafiante. —No voy a ir a Francia. John Corbin se encogió de hombros. —Entonces te voy a encontrar un trabajo en Inglaterra. —Permítanme ser clara, abuelo. —Era ahora o nunca—. No me iré de los Estados. No voy a trabajar en el Oeste, Este, o el Sur de la costa. —Entonces no vivirás aquí. —Los cubiertos chocaron contra su plato. —Entonces me quedaré en Sweetrock. —Sobre mi cadáver. —Su rostro envejecido, arrugado, mostraba su edad y su mando. —Espero que no, abuelo. —Ella negó con la cabeza mientras levantaba la servilleta de su regazo y la colocaba cortésmente junto a su plato—. Creo que he terminado. Si me disculpan. —No, no lo hago. —Declaró su abuelo mientras movía su silla hacia atrás y empezaba a levantarse—. No acabamos de cenar, Anna. No avergonzaras a esta familia. Archer la estaba mirando ahora, demostraba su enojo con una ceja levantada. —Este es, probablemente, uno de los argumentos menos explosivos que Archer ha presenciado en los últimos años —ella aseguró a su abuelo—. Lo siento, abuelo, pero no me quedare aquí sentada pretendiendo que me gusta la facilidad con que mis padres y abuelos están planeando mi vida por mí. Sobre todo cuando cada uno de ustedes es muy consciente de que está rompiendo mi corazón.

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—No harás esto ahora, Anna —su abuelo ordenó entonces. —¿Hacer qué, abuelo? ¿Tener una vida? ¿Tiene algo que ver con los primos que no me has dejado ver en toda mi vida? ¿Primos que obviamente no son los monstruos como tú les quieres hacer ver? —Levantó su voz, ira, dolor, con un ansia extraña por conocer esos primos vilipendiados por tanto tiempo, confundida y atraída por parte iguales. —Eso es todo... ¡Terminamos! —gritó él, su puño golpeó la mesa lo suficientemente duro para que los platos vibraran con un sonido discordante—. Esos malditos Callahan. —¿Esos malditos Callahan? —se burló—. Uno de los cuales es tu único nieto. Vamos a colocar eso sobre la mesa, ¿de acuerdo? Durante años has estado tratando de mantenerme lejos de mi propia familia. Lejos de Logan, Rafer, y Crowe y hace años que no tengo otra opción. Me has mantenido aislada, ¡me siento como una huérfana! Pero tengo dieciocho años y puedo tomar mis propias decisiones. No me puedes mantener alejada por más tiempo. —Como el infierno no puedo —gruñó, temblando de furia mientras todos los ojos se volvían hacia él—. Que me aspen si lo permitiré, Anna. Volverás a la universidad y lo harás de inmediato, o te prometo, te juro por todo lo sagrado que voy a hacer que el maldito Crowe Callahan pague por ello. Anna palideció. Ella podía ver la determinación, la convicción en la expresión de su abuelo y sabía que hablaba en serio. —Llegará el día en que ya no podrás lastimarme más —dijo ella—. Cuando llegué ese día, Sr. Callahan —no lo llamarían abuelo de nuevo——. Le prometo, volveré. Levantándose de la mesa se dirigió rápidamente fuera el comedor y de la casa, mientras la primera lágrima caía.

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Francia y el pervertido. Inglaterra y sólo Dios saben qué tipo de desviación. Cualquier lugar, menos donde ella quería estar. En el condado de Corbin con su familia. Con Archer. *** Archer miró a John Corbin, luego a su hijo, Robert, y su nuera, Lisa. Anna volviendo a casa en el condado de Corbin, y al rancho de la familia, había sido un tópico caliente desde el año en que fue enviada a un internado a los nueve años. Cada vez que volvió a lo largo de los años, cada feriado, vacación, o cuando visitaba a la familia, Anna había gritado, se había enojado, rogado y suplicado por volver a casa. Ella pedía que le enseñaran en casa, con tutores, y juró que obedecería cada pedido, deseo, necesidad, u orden que sus padres le pudiesen dar. Cuando eso había fracasado, se había convertido en un terror de dos piernas con bonitos ojos color esmeralda. Cada vez que una escuela la había amenazado con enviar a casa, John Corbin les había pagado por cualquier problema que había causado y luego les pagó más por los problemas que podría causar en el futuro. Tenía nueve años y estaba envuelta en una guerra de la que ni Anna ni sus padres habían escapado indemnes. Y ahora, al parecer, ella estaba subiendo la apuesta. Tenía dieciocho, no podían obligarla a ir a la universidad de su elección, y parecía que no iba a permitir que la forzaran a tomar un trabajo de su elección. —Ella no entiende —John murmuró—. Disculpa por esto, Archer. —¿Por qué diablos le sigues haciendo esto, John? ¿O para el caso, a Crowe? —Archer no podía contener su propia ira por más tiempo—. Ella es tu nieta y haces

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todo lo posible para renegar de ella sin llegar a hacerlo. ¿Y quién es ese hijo de puta al que sigues defendiendo que se atrevió a tocarla? —Esto no es de tu incumbencia, Archer —él comenzó. —Tú me trajiste a esta familia, John. Tú lo hiciste mi asunto, especialmente cuando me entero de que ella está en peligro de ser molestada por alguien que sigues intentando ignorar. —Eso es todo. —John dijo con dureza. —Archer, mantente fuera de esto. —Robert habló desde el otro extremo de la mesa, con voz firme—. Es un asunto de la familia. Siempre era un asunto familiar cuando no querían explicar sus acciones injustas hacia Anna. Él estaba cansado de eso. —Entendido, Robert. —Siguiendo el ejemplo de Anna levantó la servilleta, se limpió los labios, luego la dobló y la puso al lado de su plato con helada precisión— . Gracias a ti y a tu familia por la cena, John, pero es el momento que me vaya. John hizo una mueca. —Gracias por venir, Archer. Siempre es bueno verte. Joder, como si no hubiera acabado de presenciar cómo le arrancaban el corazón a Anna y como uno de sus mejores amigos la destrozaba con la decidida negativa de los Corbin a permitir que ella conocería un primo al que obviamente quería. Puede que no tuviera sentido, pero Anna no tenía que tener sentido para él, más cuando estaba claro que su familia hacia demandas que eran flagrantemente injustas. Archer sacudió la cabeza, barrió su mirada entre los tres, se levantó de la

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mesa y salió de la habitación. Las cosas siempre habían sido condenadamente extrañas en la casa Corbin, pero ahora, estaban acercándose a la dimensión desconocida. Pasando el amplio porche cubierto y cerrando la puerta detrás de él, dejó que una sonrisa tocara sus labios a la vista de las curvas inclinadas indolentemente contra su SUV. Desgastados jeans y un top elastizado gris claro que se aferraba a sus pechos, cintura y caderas para terminar en esos pantalones de cintura baja. Su mirada se levantó a sus pechos de nuevo. Un monte perfecto, pensó, sus palmas de repente hormiguearon en el pensamiento de esas firmes, redondeadas curvas ajustándose a sus palmas. Se dio una sacudida mental. ¿Estaba perdiendo la jodida cabeza? Su largo cabello negro, onda sobre onda caían de su cabeza, en sus hombros, su pecho, y por su espalda casi hasta las curvas de sus tentadoras caderas. Con los brazos cruzados debajo de sus pechos, con la cabeza inclinada hacia un lado, y los exuberantes rizos seductores fluyendo a su alrededor, era la imagen de una tentadora, un pequeño ángel sensual. Uno que se estaba muriendo por tocar. Dios se apiadara de su autocontrol. Ella era una mujer ahora. Archer sintió su aliento hacer una pausa en su pecho, sintió todo su cuerpo caliente, entonces frío.

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Maldición, ella era una mujer ahora. Caminó por el porche sintiendo la sangre corriendo a través de su cuerpo y yéndose al sur tan rápido como era posible. Todos por un pequeño, tempestuoso, paquete de problemas y decisiones. Que Dios lo ayude. —Ellos van a tratar de hacerme volver, Archer. —Ella levantó la cabeza y la visión de sus ojos color esmeralda, brillando con una joya con el brillo de sus lágrimas era casi más de lo que podía soportar. —Están tratando de hacer lo que piensan que es mejor para ti, Anna. —Él suspiró mientras se movía a su lado y se recostaba en el vehículo, cruzando los brazos sobre el pecho. Él no creía que ellos lo hicieran, pero infiernos, ¿qué se suponía que tenía decirle en este momento? —¿No puedes hablar con ellos, Arch? —Enderezándose del coche se movió hacia él para enfrentarlo de pie, demasiado malditamente cerca cuando ella colocó su mano en su antebrazo y lo miró suplicante. —Lo intenté —dijo suavemente, inclinando la cabeza hacia ella antes de que pudiera considerar la necesidad de tocar esos labios que hacían pucheros. Se enderezó rápidamente, una mueca tapando su expresión—. Tu padre me dijo que mantuviera fuera del asunto. Ella apoyó la cabeza contra su brazo, y él no quiso nada más que volver a un tiempo donde podría haberla abrazado sin estar preocupado por los sentimientos contra los que estaba luchando duramente. —No me quiero ir —dijo ella, el dolor en su voz era tan lleno de soledad que Archer no quería nada más que arreglarlo para ella.

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—Ve a la universidad —le dijo y, sin poder evitarlo, abrió sus brazos. Tirándola contra su pecho él puso su cabeza contra la de ella—. Haz lo que tienes que hacer primero, y luego haz lo que quieres hacer. —No quiero ir a Francia. —Bien. —Él fingió dar un suspiro de alivio—. Protegerte de todos esos franceses depravados será difícil de hacer desde aquí, ya sabes Una risita se le escapó. —¿Va a echarme de menos? —Más que la luz del sol. —Él sonrió. Se lo había estado diciendo durante muchos años. —No tienen sol a donde voy —dijo ella, tristemente. —¿California? —Fingió incredulidad—. Querida, sé de buena fuente que el sol brilla allí cada día. Levantó la cabeza y el dolor en sus ojos, en su rostro, le rompió el corazón. —Mi sol está aquí, Archer. Ahuecando su mejilla su mirada se desvió a sus labios. La conciencia de repente estalló entre ellos. Como si quemara en carne viva el chispazo se desató alrededor, a través de ellos, ardiendo como un reguero de pólvora. Sus ojos fijos devolviéndole la mirada. Ella era demasiado inocente para ocultarlo, condenadamente joven para saber lo que podía hacerle a ambos.

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—¿Finalmente me vas a besar, Archer Tobias? —ella susurró, su respiración fuerte y pesada, sus dedos se cerraron contra su camisa como si le aterrorizara que algo, o alguien, la alejara de él. —Tu abuelo está en la ventana de la sala —contestó—. Y sé que tu padre no estará lejos. Se vería muy mal si uno de ellos matara al sheriff en su primer año en el cargo. Especialmente considerando toda la campaña que hicieron para él. Pero él quería besarla. Dios le ayudara, quería besarla. —¿Me llamaras alguna vez? —preguntó ella, esos ojos color esmeralda tan tristes, tan desolados que, por un momento, él odio a su familia por obligarla a irse lejos. —Voy a llamar en algún momento —prometió, alejándola de él. —¿Va a besarme algún día? He estado esperando por mucho tiempo, Archer. —Uno de estos días —prometió en voz baja, abriendo la puerta del vehículo y entrando mientras ella lo miraba con los ojos llenos de lágrimas—. Uno de estos días. Ella era demasiado inocente, demasiado inconsciente del mal que existía. —Yo tenía una hermana —dijo, su voz suave. —Lo recuerdo. —Ella asintió—. Oí que había muerto, pero nadie nunca me dijo que pasó y no quería traer malos recuerdos al preguntar. —Papá no supo nada de ella hasta después que se casó con mi madre y yo nací. Ella venia mucho a casa después que encontró a papá. Siempre estaba llena de risas, siempre exigiendo lo que era suyo. —¿Qué pasó?

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—Un asesino en serie en el estado de Washington. —Él frunció el ceño mientras miraba a través del parabrisas—. Ella era sólo cuatro años mayor que yo. Yo acababa de embarcarme con los Marines. La policía de Washington se contactó con papá semanas después de que ocurriera. Su madre no le había llamado. Él me llamó esa noche y me las arreglé para obtener una licencia. Ella llegó a través de la ventana abierta y le tocó el hombro suavemente. —Lo siento mucho, Archer. Cubriendo su mano con la de él le devolvió la mirada, deseando poder hacer esto más fácil para ella. —Sabes, tal vez por eso tu familia no te quiere en el Condado de Corbin, Anna. —Sugirió—. Todavía no creemos que el psicópata haya sido realmente capturado. Hasta que lo sea, ninguna mujer está a salvo aquí. Especialmente, ninguna mujer con lazos con los Callahan. Si fuera yo, y tú fueras mi hija, te mantendría lo más lejos posible de aquí, también. —Tú te mudarías, también —dijo con pesar—. No enviarías a tu hijo solo, Archer. Ella lo tenía allí. —Ellos te aman. Sé que es un hecho, cariño. —No es suficiente —dijo, dando un paso atrás del vehículo—. Obviamente me aman, sólo que no lo suficiente. Arrancando el Tahoe1, Archer deslizó la marcha alejándose lentamente de ella. Él le había dicho a la verdad. No culpaba a los Corbin en lo más mínimo por querer protegerla. Era la forma en que querían protegerla donde encontraba fallas.

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Chevrolet Tahoe 2016

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Si ella fuera su hija, la habría enviado lejos del Condado de Corbin, también. Pero Anna tenía razón. Él no habría enviado lejos a su hija sola, se habría ido con ella. Porque tan malo como el psicópata era, había otros monstruos muchos peores en el mundo. La brutalidad infligida a su hermana atestiguaba ese hecho. Archer no sabía si podría enfrentar la pérdida de Anna de tal manera. Al menos Anna estaría a salvo un poco más de tiempo. Tenía dieciocho años, era tan hermosa como un amanecer, y no tenía ninguna duda de que llegaría el día cuando ella regresaría al Condado de Corbin con todas las intenciones de quedarse. Y, cuando volviese, no podría alejarla de nuevo. Él solamente rezaba porque ella no se convirtiera en un objetivo.

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Capítulo 1 Seis años más tarde Ella sólo había estado en casa por menos de un día y la primera cosa que hizo fue buscar a Archer Tobias. El hombre que estaba decidida a seducir. Pero ahora, que estaba allí, mirándolo fijamente, comenzó a perder el aliento. Anna podía sentir su cuerpo debilitarse, una sensual, abrumadora oleada de sensaciones inundándola, azotando a través de ella, desgarrando a través de su carne como un maremoto erótico. Sus ojos dorados oscuros la observaban a través de sus pestañas bajas, en su rostro una expresión que, incluso con su limitada experiencia, sabía que estaba llena de hambre. Sus labios se separaron cuando los lamió para aliviar su sequedad, su mirada cayó en ellos, enseguida, levantó sus ojos una vez más. Ella simplemente había querido bailar. La música palpitaba a través de su sangre, llenándola de energía, envolviéndola como un latido, las notas invisibles parecían arrastrarla hacia el patio con gazebos que se utilizaba como pista de baile. El aire de la noche se estaba volviendo más fresco, pero cuando empezó a moverse, con Archer observándola, su mirada acariciando su cuerpo, el calor la inundo. La transpiración roció su piel, la fiebre quemó debajo de su carne cuando se volvió hacia él una vez más. Sus caderas balanceándose, su largo cabello negro se derramaba sobre su espalda lentamente, poco a poco derramándose sobre las mangas largas de terciopelo de su chaqueta estilo victoriano que se había puesto sobre una camisola de seda blanca. La sensación del áspero terciopelo sobre sus

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brazos desnudos envió un escalofrío corriendo por su piel, el placer eléctrico chisporroteando a través de ella. ¿Él veía su reacción? Sus ojos parecían arder con una emoción oscura, de hambre, mientras los músculos de sus brazos se abultaban, sus dedos apretando el poste de soporte del toldo que estaba debajo. Anna dejó caer la chaqueta con un encogimiento de hombros en una la mesa cercana, echó la cabeza hacia atrás, sintiendo el tacto de sus cabellos pasar sobre sus caderas. El calor se apoderó de ella. Sus endurecidos pezones dolían, sus pechos se hincharon en aguda necesidad. Entre sus muslos el brote hinchado de su clítoris palpitaba por la necesidad de su toque. La sensación de sus dedos... sus labios... Oh Dios, la sensación de sus labios haciendo todas las cosas que ella había fantaseado. Ella necesitaba su toque. Lo necesitaba como el aire, como al agua Obligándose a abrir los ojos, Anna lo miró de nuevo. Dejando que sus manos acariciaran sus caderas, sus lados, deteniéndose justo debajo de sus pechos antes de acariciar abajo una vez más, burlándose de él. Sus manos llegaron a sus muslos, se detuvo, acarició de nuevo sus caderas, luego levantó los brazos sobre su cabeza y se balanceó, moviéndose para él, sus caderas meciéndose y balanceándose... Ella perdió el aliento.

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Liberando el asimiento que tenía sobre el poste, Archer se movió lentamente por las escaleras, caminando hacia ella con pasos decididamente lentos cuando la música cambió suavemente. El duro ritmo lo conducía lentamente con un impulso erótico de acordes sensuales. Las parejas llenaban el salón cuando la alcanzó, sus brazos en torno de ella un segundo antes de que de repente él la empujara contra su duro cuerpo. —Archer. —Inspirando pesadamente, sus manos agarraron sus hombros, sujetándose con fuerza al sentir la dura longitud de su erección presionando en la parte baja de su estómago. Un calor sensual barrió su cuerpo. Palpitantes sensaciones ardientes quemaron a través de ella, debilitando sus rodillas y su vientre antes de que golpearan su clítoris con tanto placer que se le cortó la respiración y el nuevo calor sonrojó su rostro. —Estás burlándote de un hombre hambriento, cariño —gruñó mientras comenzaba a moverse, frotándose contra ella, sus brazos la sujetaban mientras ella lo miraba, sorprendida, atrapada por el hambre oscura en su mirada. —Y tú estás jugando con una mujer hambrienta —insinuó, sin aliento—. Estoy cansada de esperarte, Sheriff. Sus manos apretaron sus caderas mientras sus ojos dorados oscuros brillaron con una lujuria clara. —Puedes estar pidiendo más de lo que puedes manejar, Anna —le advirtió. —Te he deseado por tanto tiempo que siento como si hubiese vivido toda mi vida con esta hambre, Archer. No creo que haya vivido un día sin quemarme por ti. —Tal admisión podría terminar rompiendo su corazón. Y a ella no le importaba. Un corazón roto podía ser un pequeño precio a pagar por tener una chance, apenas una noche en los brazos del hombre que había

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entrado en su corazón para siempre. ¿Cuántas veces su amiga, Amelia, le advirtió que Archer destruiría su corazón? ¿Que él era el tipo de hombre que ninguna mujer podría olvidar? El tipo de hombre que nunca podría pertenecer a una mujer para siempre. Ella había sugerido que tal vez Archer no era capaz de amar a nadie más que a la ley. Una vez, sin embargo, él había amado a su hermana. Anna había oído el pesar y la pérdida en su voz cuando había hablado sobre ella la última noche que lo vio. Anna deslizó las manos sobre sus duros hombros, los músculos agrupándose en sus bíceps, diciéndose a sí misma que no le importaba. No iba a tener miedo por el dolor que podría venir después, cuando el placer estaba esperando por ella ahora. Sus pestañas se cerraron cuando bajo la cabeza, pero él no se movió para besarla mientras ella esperaba. Al menos, no en los labios. En cambio, sus labios rozaron sus párpados cerrados, se mudaron a su cuello, su caricia un terciopelo áspero contra sus terminaciones nerviosas violentamente sensibles, tanto que no pudo contener el gemido entrecortado que escapó de sus labios. —Te necesito —dijo ella sin aliento. Gracias a Dios que había escapado de la casa, que su familia no sabía a dónde iba. Rezó porque nadie llamara a su abuelo. O, el Señor nos libre, a sus padres. —¿Qué necesitas, Anna? —Sus dedos empujaron debajo del dobladillo de la

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parte posterior de su vestido para encontrar su piel desnuda, las yemas de sus dedos frotando y acariciando la parte baja de su espalda, bajo el velo de sus cabellos. —Te necesito —respondió ella, cerrando los ojos, su cuerpo moviéndose instintivamente contra él mientras sentía sus jugos derramarse entre sus muslos, humedeciendo los labios de su coño y la seda de sus bragas—. Tócame. —Se forzó a abrir los ojos mientras lo miraba—. Bésame. Preciso tu beso, Archer. Nunca me has besado, y me lo prometiste. —He besado cada centímetro de tu cuerpo en mis sueños —gruñó, sonando casi enojado—. Atormentas mis sueños. —Así que me castigas por eso —insinuó, su vientre contrayéndose tan fuertemente que era como un puñetazo en la parte baja del estómago, acortando su respiración y debilitando sus rodillas. —Me has estado provocando desde que tenías diecisiete años —la acusó aproximándose más. — Te he estado provocando desde que tenía trece — respondió ella—. Sólo que tú te negaste a darte cuenta. Una sensación de satisfacción se elevó en su interior cuando el shock llenó sus ojos ante su declaración. —Me alegro de no haberme dado cuenta —exhaló bruscamente—. ¿Trece? —Tuve algunos sueños muy traviesos. —Dejó que sus uñas rasparan la tela que cubría la parte superior de sus brazos—. Sueños de nosotros. —Uh, maldita sea, Anna... —De ti sosteniéndome cuando estaba oscuro —susurró ella, recordando esas largas noches llenas de lágrimas, noches en que se enfrentaba a la oscuridad, sin

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nadie a quien recurrir—. Sueños de tu risa, y la forma en que te burlabas de mí por mi cabello, o como le fruncías el ceño a los chicos mayores que coqueteaban conmigo. —Unos malditos pervertidos eso es lo que eran —murmuró mientras bajaba la cabeza, una vez más, su mejilla descansando contra el costado de su cabeza mientras se movían con la música, adentrándose aún más en las sombras en el otro extremo de la pista de baile al aire libre. Sus dedos se movieron más arriba en su espalda, debajo del material elástico de su camisola, mientras lentamente encontraba una posición que le permitía deslizar su rodilla entre las suyas. —Entonces mis sueños empezaron a ponerse realmente traviesos —ella inspiró cuando su muslo presiono contra la suave seda de la falda, frotando el material entre el clítoris y los duros músculos de su pierna superior. —Por favor, dime que tenía por lo menos dieciocho años. —Él suspiró. A pesar de la necesidad golpeando dentro de ella, Anna tuvo que sonreír divertida ante la resignación en su voz. —¿Recuerdas la noche de mi cumpleaños número dieciocho? Estabas allí. Archer asintió lentamente, el oro fundido de sus ojos oscureciéndose aún más mientras la miraba. —Soñé que me seguías hasta mi habitación y me dabas un beso de cumpleaños muy especial. —Temblando, el calor llenó su cuerpo aún más al recordar ese sueño y la frecuencia con que se había repetido. Los dedos de Archer se flexionaron en sus caderas, acercándola más mientras los movía más en las sombras, a una de las pequeñas grutas, privadas rodeadas de fragantes flores y altos árboles de hoja perenne hábilmente cuidados.

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—¿Qué tipo de beso de cumpleaños, Anna? —cuestionó, su voz ronca y áspera. —¿Recuerdas el vestido que llevaba? —preguntó, inclinando su cabeza hacia atrás mientras sus labios se movían a lo largo del concha de su oreja. Ella sufría por su beso. Él nunca la había besado. Nunca había sentido sus labios sobre los de ella, y lo necesitaba. —Lo recuerdo —gruñó. El vestido era blanco, largo y fluido, la suave gasa acariciaba su carne y caía alrededor de ella como una cascada de material. —Tú me levantabas sobre la cómoda y me presionabas contra el espejo. Empujabas mi vestido por encima de mis muslos apartándolos, y me besaste allí. No pudo parar el rubor que surgió bajo su piel con la declaración. La respiración de él era áspera e irregular cuando flexionó sus dedos en sus caderas, luego los deslizó alrededor de su trasero. Apretando las curvas redondeadas y levantándola, le ordenó: —Separa tus muslos, bebé, agarra mis caderas. —Apoyó su polla contra el montículo de su coño, con nada más que la seda de sus bragas y los pantalones de Archer entre él y la humedad que se derramaba de su sexo. La mente de Anna se congeló. Por un largo momento no pudo pensar o procesar las sensaciones corriendo a través de ella. —Creo que puedo hacer realidad ese sueño pronto —él gimió cuando sintió su trasero apoyado sobre la mesa y sus dedos se enredaron en su pelo tirando su cabeza hacia atrás. La sensación aguda, caliente que tiró de sus raíces no debería haber sido

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placentera, y no debería haber sido excitante. Pero lo fue. Entonces su mano se movió, deslizándose por su mejilla, su mandíbula, sus dedos catándola mientras su pulgar se deslizaba sobre sus labios. El roce de su cuerpo contra las curvas sensibles los hizo separarse mientras conseguía el precioso aire. Con los ojos entrecerrados, la miraba, el oro de sus ojos hipnotizador cuando la yema de su pulgar pincelo, acariciando, construyendo un calor como un infierno dentro de ella. Finalmente, él le abrió los labios, el amplio dígito presionando contra ellos, mientras ella movía su lengua sobre la almohadilla de su pulgar. Archer se congeló, un gruñido ronco dejó sus labios mientras ella lo lamía, chupándolo dentro y amando la sensación, su sabor. Frotó su lengua sobre la almohadilla, amamantándolo. Sintió el duro, dolorido espasmo de su útero y la humedad caliente mientras sus jugos fluían de su coño. —Maldita seas, Anna, vas a hacer que nos arresten si termino por comerte aquí —gruñó, tirando su pulgar libre de sus labios. —¿Qué pasa, Sheriff? —preguntó—. ¿Con miedo de no poder parar en un beso? —Un beso nunca sería suficiente. Mirándolo sin aliento, con los labios entreabiertos, Anna esperó, adrenalina mezclada con anticipación cuando bajo la cabeza y sus labios tocaron los suyos. Cuando sus pestañas se cerraron, la sensación entró en erupción en su interior. Rozó sus labios contra los de ella, acariciando delicadamente hasta que un gemido de anhelo se derramó de sus labios. —Por favor, Archer, bésame. Sólo una vez. —Temblaba, la adrenalina y el hambre pura estrellándose a través de su sistema mientras sus uñas se clavaban

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en sus hombros, Anna no creía que sobreviviera si él no la besaba. Sus dientes atraparon su labio inferior, agarrándolo por un segundo antes de soltarlo, y luego le dio el beso que siempre había soñado. No fue duro u áspero. Sus labios se posaron en ella con un calor firme y una caricia erótica. Su lengua lamió las curvas de sus labios carnosos, separándolos, controlando su labio inferior entre sus labios y lamiéndolo antes de tomar ventaja del hecho de que su boca se había separado para él. Inclinando sus labios sobre los de ella, su lengua se deslizó sobre sus labios, lamiéndolos, y poseyéndola con ternura. Oh, sí. Pura necesidad erótica se disparó a través de sus sentidos. Sus labios se abrieron aún más por debajo de él, envolviendo sus brazos alrededor de su cuello mientras sus rodillas se tensaban contra sus caderas y él apretaba su polla entre sus muslos. El roce de su vara contra ella, sobre la cima hinchada de su clítoris envió ondas de furiosa necesidad azotando a través del haz hipersensible de nervios, llenando su corazón y su vientre de fiebre ardiente. Empujando sus dedos en su pelo, Anna empuño los gruesos filamentos, desesperada por retenerlo. Él mordisqueó sus labios, lamió la pequeña herida, y luego volvimos a tomar con fuerza su gusto caliente. Una mano se deslizó por su trasero, luego sus dedos acariciaron bajo la tela de su falda para encontrar las curvas de su trasero apenas cubiertas por la tanga que llevaba debajo del material sedoso. Sus rodillas se tensaron aún más contra sus caderas, moviéndose por su cuerpo, mientras acariciaba hacia abajo,

curvándose entre sus muslos para

encontrar los sedosos jugos calientes que se reunían en la entrada de su coño,

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saturando la seda de sus bragas. Sus dedos bajaron lentamente, condenadamente lento bajo el elástico de sus bragas. Su cabeza se sacudió cuando encontró la entrada herméticamente cerrada en el mismo momento que la humedad resbaladiza se derramaba de ella otra vez. Anna se estremeció contra él, pequeños grititos, gemidos, escapaban de sus labios al sentir la violencia del placer que amenaza con estallar en llamas en su interior. —Ven a casa conmigo, Anna. —Su mirada fija en la de ella, su cuerpo exigente, la necesidad dentro de ella insistiendo. ¿Ir a casa con él? Nadie le había dicho nunca esas palabras antes. Ven a casa. Nunca había tenido un hogar, pero la necesidad de ir con él de repente fue tan feroz, tan fuerte, como la necesidad de tenerlo. Tan fuerte como la necesidad de pertenecerle. —Sheriff, tenemos una situación. —La voz que llegó a través del radio en su cadera fue como un choque helado contra el calor furioso que corría a través del cuerpo de Anna. Archer se quedó inmóvil, recostado contra ella, sus labios retrocediendo mientras ella reprimía un grito de negación. Forzándose a abrir los ojos, Anna lo miró mientras él lentamente la ayudaba a ponerse en pie, quería agarrar la radio y tirarlo a la basura. Tirarlo tan lejos que nunca pudiera ser reconstruido de nuevo. —Sheriff, ¿estás ahí? —John Caine, el ayudante de Archer, repitió en voz baja, pero no menos exigente. Tirando la radio del cinturón en su cadera Archer la llevó a sus labios. Labios hinchados por sus besos, sensuales y sexys.

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—Estoy aquí. —Archer contestó, sus dorados ojos pesados de necesidad sexual se despejaron rápidamente, como si esa hambre nunca hubiera existido— . ¿Cuál es tu ubicación? — Te veré en el lado oeste de la ciudad, cerca de la casa Hopkins. Estoy en Hopkins Creek Pass, en el claro —respondió John—. Dame tu ETA2. —Mi ETA es de treinta minutos, a menos que me necesites más rápido. —Su mirada no la dejó. Él no se inmutó, y Anna sintió un nudo en la garganta por la necesidad de gritar de rabia, para negar el hecho de que se tenía que ir. Le había tomado tanto tiempo llegar a él. Tanto tiempo provocarlo y tentarlo. —Treinta minutos. —Caine sonaban como si el tiempo no fuera un problema. Desconectando la radio, Archer la bajó a la cadera y la metió en el cinturón de nuevo. —Tienes que irte —dijo ella, sus manos deslizándose por su duro pecho hasta los músculos apretados de su estómago mientras se lamía los labios, repentinamente incierta. Él asintió lentamente. ¿Nada más? Ella esperó, mirándolo, sabiendo, orando por estar equivocada; rezando por que no terminase. ¿Seguramente le diría que la llamaría? ¿Qué la vería? ¿Tal vez desearía que lo esperase en su cama? —Mejor me voy —dijo en voz baja. Su garganta se apretó y sintió el rechazo llegando. Ella estaba íntimamente

2 ETA: en ngles Estimated Time of Arrival: Tiempo estimado de arribo

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familiarizada con quedarse atrás, pero esta vez era lo último que había imaginado sucedería. —Archer... —Shhh. —Un dedo sobre sus labios reforzó la orden—. Piensa en esto, Anna. Piensa en esto, y ten la certeza, sin duda, de que esto es lo que quieres. Antes que pudiera asegurarle que lo era, él se había alejado y desaparecido a lo largo del camino sombreado fuera de la pequeña gruta. La protesta que se formó en sus labios quedo sin decir, y las lágrimas que llenaron sus ojos, como siempre, no fueron vistas. Ella no podía creerlo. Mirando fijamente la oscuridad, escuchando la música, las voces apagadas, y la risa que la rodeaba, Anna se dio cuenta de debió esperarlo. Después de todo, no podía recordar un momento en que no hubiera sido rechazada de alguna forma. Parpadeando las lágrimas y tomando una respiración profunda, ella también dejó la gruta. Desafortunadamente, no podía dejar el recuerdo de lo que había ocurrido detrás de ella. *** Al salir al claro junto al otro policía, Archer apagó el motor del Tahoe y simplemente se sentó en el vehículo, mirando a donde Caine estaba en cuclillas al lado de una forma clara. Hijo de puta. Hijo de puta. Abrió la puerta y salió del interior del vehículo, el aire frío del verano se precipitó cuando cerró la puerta y vio al otro hombre enderezarse antes de moverse

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hacia él. —¿Has llamado a alguien más? —preguntó a Caine mientras el otro hombre se acercaba. —No, señor. —Caine respiró pesadamente. —¿Quién llamó? Caine negó con la cabeza. —Yo estaba conduciendo por aquí cuando me pareció ver luces. Viré para investigar y vi la misma cosa que acaba de ver cuando entré. El brillo de los faros iluminaba un cuerpo pálido. Un cuerpo sin vida. Empujando los dedos por su cabello, se armó de valor para lo inevitable. Cerrando la distancia que faltaba, él se agachó y miró la expresión de dolor y horror que retorcía sus rasgos. —Mierda —murmuró observando la identidad de la niña—. Ah, infierno. ¿Qué demonios estaba pasando aquí? Katy Winslow, era una de las camareras de la taberna. Su padre había denunciado su desaparición la noche anterior, cuando ella no había regresado a casa del trabajo. —Las heridas son consistentes con el Carnicero3. —John suspiró pesadamente—. Y parece que fue violada.

Slasher: (en las dos novelas anteriores lo denominaban el Carnicero y por ello seguiremos con el mismo nombre aquí). Psicópata que asesina brutalmente a adolescentes y jóvenes generalmente guiado por un deseo de venganza hacia quienes le provocaron una tragedia o humillación. 3

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Sí, había sido violada. Pesados moretones oscuros estropeaban la piel de sus muslos internos y externos, así como sus pequeños pechos. Sus ojos abiertos, miraba sin ver con horror y dolor. Un cuchillo había cortado su cuerpo en demasiados lugares para contarlos todos en la oscuridad. El corte más revelador, sin embargo, era la herida punzante de lado a lado a través de su garganta. Las heridas que eran la signatura4 del Carnicero. La sangre bañaba su cuerpo. Ella no había sido limpiada antes de ser depositada en el claro. —La casa de Rafer Callahan, el rancho del viejo Ramsey, está un poco más arriba. —Caine asintió en esa dirección. —Los Callahan no hicieron esto, John. —Archer pasó con cansancio la mano por su rostro antes de levantarse de un salto—. Llama a Nash y fíjate si puede justificar el alto salario que exige. Callum Nash, era el nuevo investigador del condado de Corbin para la escena del crimen (CSI), había sido contratado específicamente para crímenes como el del Carnicero. —Sheriff, Katy Winslow no está en la lista de las novias anteriores de Callahan. —John dijo en voz baja, volteándose para encararlo—. Diablos, Crowe es el único que no está involucrado con alguien ahora mismo. Nos hubiera dicho si estuviera con alguien, y hace un punto de no hablar con ninguna de las mujeres de la ciudad. —Sí, lo sé. —Archer era muy consciente de ese hecho, así como era consciente que Crowe se aseguraba deliberadamente que no hubiera manera en

4 La signatura es la marca (firma) distintiva que deja una asesino en sus víctimas.

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que el Carnicero apuntara a otra mujer a causa de él. —¿La viste coqueteando con los otros dos? ¿Hablando con ellos? —preguntó Archer. John era un habitué de la Taberna y Bar. Era allí donde la mayoría de los chismes y rumores comenzaba o, eventualmente, se filtraban. —Por lo que yo sé, Katy no habla mucho con los hombres. Ella salía con el barman de allí desde que estaban en la escuela secundaria. —La confusión lleno la voz del policía—. ¿Por qué matarla si no estaba asociada con los Callahan? —Maldita sea si lo sé. —Archer suspiró—. Llama a Nash y a Chayna. Vamos a ver lo que podemos encontrar, y recemos para que el hijo de puta no haya encontrado una razón totalmente ajena a los Callahan para empezar a matar de nuevo. Volviéndose, Archer se dirigió de nuevo al Tahoe, la rabia era una sensación purulenta en sus entrañas al pensar en el Carnicero golpeando de nuevo. La atención del asesino parecía centrarse en Rafer y las novias de Logan, que estaban ahora bajo la protección de Ivan Resnova. Había habido algunos incidentes, pero no habían logrado herir gravemente a la mujer. Pero, ¿por qué Katy Winslow fue su objetivo? No tenía sentido. Deslizándose en el asiento del conductor, Archer cerró la puerta antes de agarrar su teléfono del asiento del pasajero y marcó a Crowe. —¿Sheriff? —Callahan respondió al primer timbrazo. —Crowe, ¿qué tan bien conoces a Katy Winslow? Un silencio sepulcral se apoderó de la línea durante varios segundos. —Sólo sé quién es y donde trabaja. —La voz de Crowe sonó hueca, carente de emoción—. Nunca he hablado con ella. No más que para decir hola, discúlpame,

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o adiós. —Hizo una pausa antes de exhalar con cansancio—. Ella está muerta, ¿verdad? —Parece otra muerte del Carnicero. —Archer confirmó su sospecha, apretando los dientes—. Cuando lo atrapé, Crowe, y lo haré, no prometo que lo llevé la cárcel. Katy era una buena chica. Ella y su novio había estado ahorrando para un apartamento juntos. Ella siempre estaba sonriente, siempre llena de risas. Y ahora, estaba muerta. —Vas a tener que ganarme. —Crowe le informó, su voz tan helada que enviaría un escalofrió por la espina dorsal de un hombre más débil—. ¿Estás en el sitio ahora? Archer le dio la ubicación antes de desconectar la llamada, conociendo a Callum, tendría un ataque por su interferencia, pero también conocía a los Callahan lo suficientemente bien como para saber que si no les decía se arriesgaba ponerlos en peligro cuando intentaran investigar o atrapar al Carnicero por su cuenta. Echándose hacia atrás en el asiento y cerrando los ojos, él deliberadamente trajo el rostro de Anna a su mente. Dejó que lo embargara el recuerdo de su toque, su sabor, la calidez que lo rodeó mientras la tocaba. Ella era su punto débil. Por demasiados años Anna Corbin había sido la mujer a quien él deseaba, y que sabía que no podía tener. Con veinticuatro años, ella era dulce como el caramelo, temperamental como un volcán, y muy caliente. Y era suya. Él la había reclamado desde la noche que comprendió, desde el alma hasta

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la base de su dura polla, que ella era una mujer. Seis años. Durante seis años hizo todo lo que pudo, luchó, se maldijo a sí mismo, combatió todos sus deseos, y sufrió por ello. Ella había frecuentado sus fantasías, invadió sus sueños, y esta noche, de todas las noches, había llenado sus sentidos con un placer que sabía no sería capaz de alejar. Él le había dicho que estuviera segura de lo que quería porque sabía que, una vez que la tuviera en su cama, escaparse no sería nada fácil para ella si eventualmente decidía que era eso lo que quería. Estaba demasiado hambriento de ella. Maldita sea, estaba condenadamente caliente por ella. La lujuria que rabiaba a través de él cuando se trataba de Anna era una que ninguna otra mujer podía aplacar. Si otra hubiera podido, entonces él se habría asegurado que se ocuparan de ella antes de ahora. Antes de que la tocara. Antes de que la probara. Antes que se permitiera hacerse adicto a la sensación de ella cerca de su pecho, en sus brazos, y de alguna forma despertando apetitos que nunca había sabido que tenía. Archer podía sentir el hecho de que Anna estaba en casa apretando cada uno de los huesos y músculos de su cuerpo. Ella era una mujer ahora, y reconoció la confianza de acero que había visto en sus ojos. Era una mujer que sabía lo que quería. Él la tomaría en su cama, pero no la dejaría entrar en su corazón, al menos no más de lo que ya lo había logrado. Maldita sea, un hombre tenía que trazar la

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línea en alguna parte si quería preservar su propia cordura. Mientras tanto, él iba a ignorar la voz en su cabeza que le decía que ya era demasiado tarde.

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Capítulo 2 Dos semanas más tarde —No voy a volver a la universidad. Anna trató de ignorar los cuatro juegos de miradas asombradas que la observaban cuando entró en la cocina y se dirigió hacia la cafetera. Hizo su declaración, y ahora iba a descansar. —No he oído bien. —Su padre respondió con frialdad—. Podría haber jurado que acabo oírte decir que estás tirando miles de dólares ya pagados, en uno de los mejores colegios estatales de California. —Sin mencionar que una de las más aisladas, es la universidad más remota en la faz del planeta —respondió ella—. Una a la que, primero, les rogué que no me envíen y después, pregunté si no podías enviarme a otra. —Y eso sin contar la asignación para el apartamento amueblado, ropa y comida. —Oh, sí, y eso es un montón de dinero en ese pequeño rincón reseco del mundo —resopló—. Especialmente teniendo en cuenta que el apartamento era propiedad de la escuela. Ella habría respetado más el argumento de su padre si no fuera por el hecho de que la facultad a la que asistía era poco más que un exclusivo y caro hogar para hijos desobedientes que no apreciaban que sus padres sólo querían un futuro para ellos.

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No era más que una prisión. ¿Y por qué la mandaban allí? Ella todavía no lo sabía. Llevaba tres años, en un programa de cuatro, y todavía no podía darle sentido a la elección de su familia para esa universidad. Lo que había hecho, sin embargo, fue meter esos cuatro años en tres, y obtuvo el grado que necesitaba para lograr el título en Gestión de Negocios y Consultoría. —Por no mencionar el hecho de que la oferta de Jacques Dermonde de una posición en su empresa en Francia está sujeta a la realización de estos cursos — continuó él. —Y también no tienen en cuenta el hecho de que lo odie cuando visité Francia, y no consideran el hecho de que ya he dicho en numerosas ocasiones que me niego a trabajar allí. Sobre todo para alguien que obligó a su hija a casarse con un hombre que dobla su edad, y quien considera a las mujeres como unos niños que deben ser controlados y acariciados cuando le place. ¿Cómo podían creer sus padres que permitiría ser controlada por nadie, aparte de sí mismos? Y eso sólo debido a su amor por ellos. Derramando café en una taza se volvió a su familia y sintió como su estómago se apretaba de aprensión. Esa no era la reacción que ella esperaba. No había calor, diversión o renuncia en sus ojos. Por un momento, antes de que pudiese girar la cabeza, Anna estuvo segura de ver un vislumbre de miedo en los ojos de su madre.

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—Lisa. —Su abuela, Genoa Corbin, se dirigió a la madre de Anna cuando ésta se levantó lentamente, extendiendo la mano hacia ella que estaba sentada a su lado—. Creo que deberíamos dejar que John y tu padre lidien con esto. Lisa se levantó y Anna noto que a su madre le temblaban las manos. —Sí, huye mamá. Esto es, por supuesto, la Edad Media y no el siglo XXI y eso no es de tu incumbencia. —Anna respondió dolorosamente. —Ten un poco de respeto para con tu madre, Anna. —Su abuelo retruco, golpeando sus emociones como un castigo brutal—. Te enseñe mejor que eso. —¿Tu

abuelo?

—Enderezó

los

hombros

y

levantó

la

cabeza

con

determinación, encarándolo. Ella no lo llamaba abuelo desde hacía varios años, por una razón—. Me defendiste hasta que tenía nueve años,

entonces me

mandaste lejos y solo me dejabas saber de ti para decirme a qué lugar exótico iríamos de vacaciones, a pesar de mis pedidos de que me dejaran volver a casa, aunque sea por unos pocos días. —¡Y estas aquí! así es cómo me pagas por ello. —Acusó, su tono amenazante y sombrío. —Anna. —Su padre respondió—. Deja de actuar como un niño mimado. Hoy volverás a la escuela. —No, padre, no lo haré. Tengo una carta que me dio el decano antes de salir de la universidad para el rancho donde estuve los tres últimos años. No te la envió a ti porque yo quería que la vieras. Me gradué antes de aparecer aquí la semana pasada. No voy a volver. Si tú y mi abuelo no me dejan trabajar con ustedes aquí en la granja, entonces voy a encontrar un trabajo en la ciudad. —Nadie te contratara. —Su padre prometió. No era sólo la ira lo que volvía ronca la voz de su padre, sino que vibraba con

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una emoción ásperamente sombría. En realidad era miedo, al igual que en los ojos de su madre. —Ya me han contratado —dijo en voz baja, moviendo las manos delante de ella—. Fui contratada como asistente de Mikhail Resnova en las oficinas de Brute Force en Sweetrock. Ella podría haber cortado la tensión de la habitación con un cuchillo de mantequilla junto con el terror puro que parecía brillar en los ojos de su padre. Brute Force era el negocio de sus primos. Rafer, Logan y Crowe Callahan eran socios igualitarios, junto con Iván y Mikhail Resnova en el negocio de la seguridad. —¿De qué tienes miedo, papá? —Forzar la cuestión de sus labios fue una de las cosas más difíciles que hubiera hecho. Y no lo hubiese preguntado si no fuera porque sabía que él estaba con miedo de algo. —De que tu determinación arruine tu vida y tu futuro —dijo, su voz todavía ronca—. No puedo creer que hayas hecho esto, Anna. Pero había más. Sabía que había algo más. Podía verlo en sus ojos. Así como pudo ver el miedo y la desesperación en su expresión. Anna sacudió cabeza. —Trabajar en la hacienda familiar, o con mis primos en la ciudad no es la destrucción de mi vida o mi futuro —dijo—. Y tampoco lo hará ningún otro sueño que tenga. Sueños que me merezco padre. No merezco ser encerrada en un colegio para hijos rebeldes, ni me merecía ser separada de mi familia desde que tenía nueve años de edad. Odiaba eso. Todavía no podía olvidarlo. Nada le daño más que ser apartada de su familia, se le rompió el corazón. Fue alejada de la casa y la familia que amaba,

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y colocada en escuelas privadas. Llamaba a casa cuando su temor a la oscuridad la dominaba, y se negaban a ir a buscarla. Ella lloró, rogó, exigió, y sin embargo, se negaron. —Estoy cansada de pedir —dijo cuando nadie habló—. No voy a volver, y me niego a pedir más. No he sido parte de esta familia desde que tenía nueve años de edad, y me niego a permitir que digan una palabra acerca de mi futuro. Me quedaré en el condado de Corbin, les guste o no. —No, no lo harás. —Dijo su abuelo, que se puso de pie—. Muy bien, te graduaste sin decirnos, pero eso no significa que vayas a trabajar para cualquier persona en este Estado o en el Estado de Colorado sin mi permiso. Puedes tomar el trabajo en Francia o puedes salir solo con las ropas que lleves sobre el cuerpo y ver cuando fácil es alimentarte con nada más que eso. Y no esperes que tus primos te contraten para hacer cualquier cosa, más que para reírse en tu cara. Porque, por Dios, que ellos nos odian. Si hubiera sólo ira en sus ojos, algo diferente al destello de terror que llenó sus ojos, entonces podría odiarlo. Podría odiarlo por permitir los años de engaños, oscuridad y solitarias noches y días donde la desolación alimentaba más la ira que crecía en su interior. No tenía amigos. Ni familia para defenderla. Estuvo sola en una escuela privada tras otra, cambiando cada año, hasta que juró que no podría soportar otra. Si viese desinterés o ira en los ojos de su familia, en sus rostros, entonces podría odiarlos cuanto quisiese. Pero eso no fue lo que vio, aunque no fue suficiente para contener su propia ira. —Renegar de otro nieto, ¿no abuelo? —Le dio una débil sonrisa burlona, pero nada podía cubrir el dolor saliendo de ella—. ¿Por qué eso no me sorprende?

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—Si eso es lo que tengo que hacer —gruñó. —¡Padre! —El tono de su padre fue una advertencia sorprendida mientras hablaba con su propio padre. —Ella ha está presionando para esto durante años —su abuelo respondió— . Lo ha estado implorando. Siempre luchando contra el hecho de que preferíamos encontrarnos

para unas agradables vacaciones en vez de venir aquí. Siempre

moviendo su boca sobre su falta de familia. Ha sido desconsiderada en todo lo que se le dio. —¿Qué es lo que me das? —Ella gritó dolorida—. ¿Educación? ¿Ropa? Eso es todo que me diste. —Y exactamente ¿qué pensaste que te debía? —él gruñó devuelta. — Me debes una familia. —Anna gritó con furia abrumadora, tan llena de dolor y rabia que estaba temblando ahora—. Me debes el mismo amor y dedicación que me diste antes de cumplir nueve. Eso es exactamente lo que me debes. Eso, o dime qué diablos hice para que me odiasen tanto. Las lágrimas llegaron entonces. Llenaron sus ojos, su visión se tornó borrosa y trató de mantenerlas, pero no sabía si sería capaz de detenerlas. —¿Por qué? —Ella gritó con desesperación—. ¿Por qué me odian? —Dios, Anna, no te odiamos. —Su padre salió de su silla en un arranque de ira tan feroz, que incluso Anna se retiró—. ¿Por qué no puedes aceptar que estamos haciendo todo lo posible para protegerte? Ella se estremeció, temblando con los sollozos que la azotaban. —Porque no necesito ser protegida. Necesito una vida, padre —gritó ella, el dolor invadiéndola, el ardor dentro de ella amenazando con consumirla—. ¿Es tan difícil de entender?

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Lora Leigh —Entonces, ve y

Pecados Secretos búscate una vida. —Su abuelo agitó el brazo hacia la

puerta—. Pero no esperes que sea fácil. Te lo prometo, nadie en el condado de Corbin se atreverá a ayudarte. Especialmente Crowe Callahan. —¿Cómo nadie ayudó a Rafer y Logan? —Ella se burló de vuelta—. Siempre pensé que debían haber hecho algo vil, imperdonable, por lo que le habías negado tu amor. Pero esa no es la verdad, ¿no es así, John Corbin? Lo que dicen en la ciudad es que los castigaste porque no pudiste castigar a su madre por huir y morir en un accidente de coche hace tantos años, no es cierto. Su rostro se retorció de dolor. Una agonía diferente a cualquiera que nadie hubiera visto en su cara. —Si ella hubiera hecho lo que le pedí, entonces estaría viva ahora —dijo, con voz ronca mientras un sollozo sacudía su cuerpo—. No voy a cometer el mismo error contigo, Anna. Puedes comenzar a empacar para ir a Francia, o puedes alejarte de nuestra vida tan fácil como lo hizo el mocoso de David Callahan. El dolor llenó su voz y golpeó su corazón, pero ya era demasiado tarde para retroceder. Ella tomó su posición, así como su abuelo lo había hecho. —Es así como lo sientes, papá —preguntó amargamente—. ¿Tú también me cortaras de tu vida tan fácilmente? Su mandíbula se tensó cuando se negó a hablar. En lo que se refería a Anna fue respuesta suficiente. —Voy a conseguir mis cosas y me voy. —No, no lo harás. —La furia en la voz de su abuelo la hizo detenerse—. Tú no has comprado ni una maldita cosa de lo que llamas tuyo. Todo lo que tienes alguien lo ha comprado para ti. Si dejas esta casa lo harás de la misma forma en la que entraste a ella, sin nada. Agradece que te permita dejarte las ropas que

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tienes puestas —le recordó—. Eso es todo lo que vas a llevarte y puedes considerarte afortunada de que te permita tanto. Su pecho se apretó y su corazón se constriñó hasta que estuvo segura de que iba a morir por la agonía que la rasgaba. Ese era su abuelo. Él que había amado toda su vida. La había echado a perder cuando ella era un niño, juró protegerla y amarla y entonces él la había alejado, jurando que era por su propio bien. Él le había mentido, engañado durante toda su infancia, y ahora estaba tratando de engañarla por el resto de su vida. —Papá —preguntó ella—. ¿Vas a dejar que haga eso? ¿Ni siquiera su bolso? ¿O el coche que compró para su decimosexto cumpleaños? ¿El que tan pocas veces pudo conducir? ¿Nada de su ropa o sus zapatos? ¿Ninguno de los recuerdos que le compró a través de los años y que ella quería tanto, o incluso una foto de sus padres? —Y no te engañes pensando que no soy muy consciente de lo que estabas haciendo con el maldito sheriff en la ciudad cuando te escapaste la semana pasada —informó su abuelo, entonces, en un tono brutal—. La razón por la que deseas volver aquí no tiene nada que ver con tu familia y todo acerca de portarte como una puta por ahí con ese maldito. Mantente alejada de él. Temblando de furia, rabia y con el corazón destruido, Anna no se molestó en

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seguir conteniendo las lágrimas. —¡Vete al infierno! —gritó—. Seré puta de quién demonios quiera. Sera una vida mucho mejor que tratar de ser lo suficientemente perfecta para intentar ser parte de esta familia. Es evidente que no importa cuánto alguien te diga que te ama, o te agrada, lo único lo que sabes hacer es volverte contra ellos. —Me vuelvo contra mis enemigos —le dijo con una sonrisa fría cuando finalmente se levantó de su asiento—. Ahora decídete, chica. Llevas tu culo a Francia o vete. —Oh, por lo menos que me estas permitiendo una elección —se burló—. Es más de lo que le permitiste a Crowe, ¿verdad? —Por lo menos estoy dispuesto a darte una opción —gruñó desde su escritorio, cruzando los brazos sobre el pecho imperiosamente—. No recuerdo que le diera una. El desprecio en su tono estaba en desacuerdo con la mirada en sus ojos, podría haber jurado que la confusión y el dolor brillaba en su interior. Se volvió hacia su padre. Estaba de pie al lado de la mesa, con las palmas contra la superficie, mirando la tapa de cristal circular, en vez de a ella o su padre. No la miró, negándose a reconocerla. —¿Por qué, papá? —le preguntó—. ¿Por qué dejas que haga esto? Poco a poco, levantó la cabeza. Sus ojos grises parecían torturados, el rostro demacrado y años mayor de lo que había sido minutos antes. —Es la única forma que conozco de protegerte. —Se dio la vuelta y salió de la habitación.

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—Has tu elección, Anna. —Su abuelo exigió. No vio ira en sus ojos, en cambio, vio una miseria resignada, como si supiera que ese día llegaría, y sin embargo, no estaba preparado para ello. Las lágrimas llenaban su rostro, se dio cuenta, derramándose de su cara y cayendo por la blusa de seda que vestía con sus pantalones vaqueros y zapatillas de deporte. —Ya hice mi elección. —Ella apenas podía forzar las palabras de sus labios cuando se dio media vuelta y salió de la habitación. Seguramente su padre la detendría. ¿Su madre? Tuvo que obligarse a cruzar los amplios pisos de madera oscura del hall de entrada hacia la puerta del frente. Sin equipaje, sin dinero y sin identificación, dejó el único lugar que había llamado hogar y entró al fresco de la mañana y a la luz del día que se filtraba sobre las montañas. Un sollozo escapó de su pecho. Luego otro. Descendiendo las escaleras, un paso a la vez, su corazón se rompió en pedazos. El saber que nadie la detendría, que a nadie le importaba lo suficiente para frenarla, la destruyó. Y se dio cuenta que no estaba más sola ahora de lo que ya estaba. Pero eso no significaba que tuviera que obedecer a su antojo. Dejó caer las lágrimas porque no podía manejar el dolor, hizo una pausa,

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tratando de pensar, formar un plan. Su bolso, la licencia de conducir, y el poco dinero que tenía, junto con la llave de su caja de seguridad, estaban en su habitación. Tenía algunas joyas que podía vender, pero sólo como último recurso. Con lo que tenía, tal vez no fuese suficiente para conseguir un apartamento y pagar el alquiler hasta que comenzara a trabajar. Tomando rápidamente una decisión, volvió junto a la casa y corrió a la red de madera pesada que subía hasta la ventana de su dormitorio. Ya no tenía que obedecer implícitamente a nadie. Y estaría condenada si salía sin nada de lo que le pertenecía. Escaló velozmente el enrejado y se deslizó por la ventana abierta, agradecida de haber olvidado bloquearla la noche anterior, abrió y entró en la habitación. En silencio, rápidamente, corrió hacia el armario y encontró una elegante mochila de cuero que tenían allí. No era lo suficientemente grande como para llevar muchas cosas, pero lo esencial debía caber. Un poco de ropa interior de seda, dos conjuntos de camisas de seda vintage y túnicas que le gustaban. Varias mudas adecuadas para el trabajo para el que fue contratada, y un par de zapatos de taco alto. Varios pares de calcetines y una pequeña caja de joyería. Había un pequeño bolsillo a la izquierda, donde realmente presiono para que cupieran unos jeans y unos shorts. Cuando terminó, las hebillas estaban hinchadas y eso que todavía dejaba mucho detrás. Cuando todo terminó, le fue imposible contener las lágrimas.

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Eso la estaba matando. Dentro de su pecho podía sentir su corazón romperse, sentía como se iba la esperanza que tenía cuando enfrento a su padre y a su abuelo. Las lágrimas eran imposibles de contener ahora. Ella estaba robando su propia ropa, su propia joyería. Estaba siendo forzada a dejar la casa que no era su casa desde que tenía nueve años. Y ya no podía imaginar nada que pudiera doler más. Cuando abrió la ventana de nuevo, el sonido de voz de su madre en el pasillo fuera de su puerta la detuvo. —¿Cómo pudiste dejar que lo hiciera? —su madre gritó con voz ronca, casi irreconocible. Nunca había visto u oído llorar a su madre—. Sabes lo que le puede causar esto a Genoa. Tienes que hacer algo. Por favor. La voz de su madre se rompió cuando comenzó a sollozar, el sonido de su dolor hizo que Anna se cubriera los labios para ocultar el sonido de su propia agonía. —Lisa, sabes que él no tenía otra opción. Ninguno de ellos la tenía —su abuela protestó. —No,

él

siempre

tiene

una

opción

—dijo

Lisa

Corbin

gritando

desesperadamente—. Esto está mal. Oh Dios, es la decisión equivocada. Segundos después, la puerta del dormitorio de sus padres se estrelló, cortando el sonido de las lágrimas de su madre. Pero eso no impidió las de Anna. Apoyada contra el marco de la ventana, con la cara enterrada en las cortinas, no pudo contenerlas. Los sollozos silenciosos sacudieron su cuerpo, y el dolor casi arrancó su corazón hasta que se preguntó si sería capaz de irse. O le imploraba a su abuelo que cambiara de opinión o haría lo que él quería. Pero dejarlos de nuevo sería como cortar el corazón de su pecho.

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Infiernos, prefería arrancar el corazón de su pecho. Nunca tuvo una casa, no tenía familia. Así que sería su propia casa, su propia familia, o, juró, iba a morir en el intento. *** Archer Tobias miró el mapa en la pared de su oficina durante largos minutos antes de insertar la redonda cabeza amarilla de alfiler que marcaría la posición correcta. El alfiler representaba la última víctima del Carnicero, Katy Winslow. Su abuelo comenzó este mapa hace 50 años durante su campaña electoral, cuando participo para sheriff del Condado de Corbin. Cada alfiler era una muerte sospechosa, asesinato o suicidio del Condado. El alfiler de Katy estaba acompañado de más de una docena de otras. —Su terreno de asesinato favorito —recordó a su padre diciéndolo mientras miraba el mapa. Las alfileres rojas representan a un Callahan que murió, y cada azul representaba la muerte de alguien vinculado a los Callahan. Los alfileres blancos representan muertes que podrían no estar interconectadas, pero los cuerpos fueron encontrados en o cerca de la propiedad Callahan. Por ejemplo, los padres de Logan, Rafer, y Crowe tenían un alfiler y la hermana pequeña de Crowe estaba allí, todos. Se cayeron por un acantilado durante una tormenta de nieve en invierno, en el camino de regreso a Denver. Los chicos tenían sólo 11 y 13 años de edad en esa época. Estaban con el tío de la madre de Rafe, Clyde Ramsey, mientras que sus padres hacían el viaje. Había otros alfileres de colores en el mapa del condado de Corbin también.

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Los alfileres verdes representan áreas donde se encontró plantaciones de marihuana, los azul pálido marcaban robos, asaltos eran colorados. Marrón representaba suicidios. Negro representaba asesinatos de personas no conectadas a los Callahan. Los asesinatos de personas vinculadas a los Callahan amenazaban superarlos. Mala suerte, ser un Callahan. O conocerlo. Excepto para el Carnicero, el Condado de Corbin no era un lugar que tuviera una gran cantidad de delitos. Sus ojos volvieron al alfiler de Katy. ¿Por qué Katy?, se preguntó de nuevo. Sacudiendo la cabeza, Archer se volvió y salió de la oficina cerrando las puertas con las mismas trabas de seguridad que tenía en las puertas internas que llevaban al resto de la casa, a continuación, conectó el sistema de seguridad que Crowe le ayudó a instalar en primavera. Entrando a su camioneta se dirigió a la oficina del sheriff que estaba a menos de cinco minutos. Su casa estaba a sólo dos cuadras de su oficina, uno de los edificios más antiguos detrás Palacio de Justicia en la calle principal. Se detuvo en el lugar asignado para el estacionamiento, conteniendo un suspiro al ver al abogado del Condado, Wayne Sorenson, mientras el otro hombre bajaba los escalones detrás de la Corte y se volvía para ir a la oficina del sheriff. El mensaje de texto que el Fiscal le envió esa mañana parecía terrible. Debes venir a las nueve. Imperativo.

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Sacudiendo la cabeza, Archer tomó el Stetson del asiento de pasajeros antes de salir del vehículo. Se lo puso y lo ajusto automáticamente mientras cerraba la puerta de la camioneta. El calor del sol de la mañana batía sobre Sweetrock como la caricia de una amante, acariciando toda la ciudad con la promesa de más calor por venir. Había nubes formándose en las montañas, prometían lluvia en el valle y una posible tormenta de nieve. La estación podía ser verano, pero las montañas prestaban poca atención al calendario. Era a mediados de agosto, pero el frío de un invierno prematuro estaba invadiendo las temperaturas por la noche, y los mayores decían que había un toque de nieve en el aire. No había nieve en el condado de Corbin antes de octubre desde hacía casi 25 años. La última nevada fue cuando JR y Eileen Callahan murieron en la carretera de montaña. Hizo una nota mental para advertir a los Callahan que permanecieran fuera de la maldita carretera esta semana. Saludando a dos ancianos que compartían un banco al otro lado de la calle, Archer se acercó rápidamente a la oficina del alguacil conectada con la cárcel de piedra blanca. A diferencia de muchos municipios, el Condado de Corbin no tenía un centro de detención separado. Las seis celdas se cerraban durante la noche con algunos prisioneros mensuales. Si se necesitaba un alojamiento más seguro, entonces los transferían al centro de detención en Montrose. El Juez Pascal era firme, pero no condenaba a mucho tiempo en la cárcel a menos que el delito realmente lo justificara. Los criminales violentos eran enviados

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a Montrose, de cualquier manera, porque Archer no estaba cómodo en mantenerlos en las celdas de baja seguridad. Al entrar en la oficina exterior saludó a la modelo convertida en secretaria. —Buenos días, Madge. —Buenos días, sheriff —dijo, una indicación segura de que no era feliz—. El abogado Sorenson espera su llegada en su oficina. —Ella volteo los ojos en disgusto—. Al parecer no quería sentarse aquí y divertirme hasta que llegues. En otras palabras, el abogado entró en la oficina sin informar a Madge que lo haría. Sus labios temblaron. Ese era Wayne, no le hacia la venia a nadie, mujer o hombre. Archer se acercó a la puerta cerrada, la abrió y entró en la habitación excesivamente perfumada. No sabía que perfume usaba Wayne, y aunque era sólo un poco más fuerte que el olor que solía usar, aún la cosa apestaba. —Archer, me alegro de verte. —Se puso de pie desde la silla donde estaba sentado frente al escritorio de Archer, Wayne le tendió la mano cuando le sonrió. —Consejero. —Archer asintió mientras quitaba su mano—. ¿Cómo puedo ayudarte? Pasando detrás del escritorio, Archer se quitó el sombrero y lo puso a un lado de la mesa antes de sentarse y mirar expectante a Wayne. —Bueno, Archer, recibí una llamada del gobernador y del alcalde de Sweetrock a primera hora de la mañana. El Gobernador Ferguson estaba en Boulder y no tenía tiempo, de hecho, para viajar a Sweetrock y honrarnos con su

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presencia. —Él bufó groseramente. Archer dejó escapar una sonrisa burlona de sus propios labios. El Gobernador Ferguson estaba muy ocupado, lo sabía. Desde el momento en que fue elegido estuvo ocupado. Entre los objetivos que había establecido para sí mismo estaba encontrar e identificar al asesino de su única hija, el Carnicero de Sweetrock. El Fiscal del Condado, Sorenson logro obtener una lista de sospechosos. No es que informara a Archer del hecho. —¿Supongo que no llamó para invitarnos a cenar, entonces? —Archer no lo haría tampoco. El bufido de Wayne estaba lleno de sarcasmo. —No, no lo creo. —Se rió—. Aunque no me hubiera importado desde que lo que oigo hablar de su chef personal. Archer dejó que una risita saliera de su garganta, pero era una superficial, destinada sólo a observar las normas de cortesía. —No,

no

era

para

una

cena

—repitió

cuando

Wayne

suspiró

profundamente—. Era más una amenaza. —Sus ojos grises se reunieron con los marrones de Archer. —¿Amenaza? —No sonaba como Carson Ferguson—. ¿Qué tipo de amenaza? —Está amenazando con enviar “ayuda” si no intensificamos nuestros esfuerzos para identificar y aprehender al Carnicero. Archer hizo una mueca ante la noticia, sabía que iba a llegar, aun así todavía mantuvo un aire de sorpresa. —Joder, no necesitamos esto. —Archer murmuró mientras se levantaba rápidamente de su silla y abría la puerta de su oficina. Empujándola a encontró Madge—. Voy a necesitar café. —Suspiró—. Y hazlo fuerte.

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—Intenta con descafeinado —aconsejó mientras se levantaba de su silla y se movía alrededor de su escritorio—. Es más saludable para ti. —Tira esa mierda sobre mí, Madge, y te juro que te despido de verdad — gruñó. —¿De verdad? —Madge sólo se rió entre dientes—. Lo traeré en un segundo, jefe —ella prometió. Archer volvió a su escritorio y se sentó de nuevo. Wayne lo miraba con tranquila simpatía. —Ha sido duro para los Callahan. —Suspiró—. Esas chicas. —Sacudiendo la cabeza, Wayne despejó la emoción de su garganta—. Cami, la novia de Rafer, y mi Amelia solían ser buenas amigas hasta que descubrí que Amelia se juntaba con ellos. —Se pasó los dedos por el pelo marrón y gris con una mueca—. Me asustaba como el infierno. Tal vez aún me odie por obligarla a desvincularse de la chica Flannigan, ella era una buena amiga. Wayne miró hacia otro lado por un momento, obviamente, dividido sobre cómo tratar con el tema. La simpatía de Wayne y sus tentativas de ayudar a los Callahan eran una de las razones por las Archer le resultaba difícil creer que era un sospechoso. —Oh, diablos, el sospechoso las violo y asesino. —Le espetó con rabia en un resoplo ahogado—. Pero no está aquí ni allá. ¿Cómo tratamos con él? Tenemos que averiguar quién es el hijo de puta y dónde está o tendremos compañía. Algo que no hemos logrado en 12 años. Archer frunció los labios, pensativo, mientras se apoyaba en su silla, con los brazos apoyados en la mesa. —Bueno, Wayne, no estoy seguro en este momento. Sé que no quiero ayuda

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invadiendo la ciudad. El FBI iba y venía ya, por supuesto, y lo había hecho desde hacía un tiempo. No es que encontraran algo más que lo que él había encontrado. —Dios mío, eso es lo último que necesitamos. —Wayne asintió, sus ojos grises oscurecidos por la ira—. Esto se ha convertido en un circo. Pero no tenemos ninguna pista, entonces, ¿dónde vamos a parar? —Nosotros sólo tenemos que encontrar una manera de detener al Carnicero —dijo Archer—. Estoy trabajando en algunas ideas. Dame unos días, lo repasamos y veremos qué funciona. Wayne asintió, pero no pareció más aliviado. —Vamos a rezar para que estas ideas, al menos, funcionen. —Wayne murmuró sarcásticamente mientras se ponía de pie—. ¿Es lo mejor que puedes hacer, sheriff? —Considerando que la chica que encontramos la otra noche no tenía ninguna conexión conocida con cualquiera de los Callahan, me parece ser sólo un callejón sin salida —gruñó con frustración. —¿Ninguna conexión en absoluto? —Wayne murmuró sorprendido—. Pero siempre fueron amantes de los Callahan en el pasado. —Ella no. —Archer negó firmemente con la cabeza cuando levantó una mano para frotarse su pensativa cara—. Como muchas otras mujeres del Condado de Corbin, estudió con ellos, pero eso fue todo. Ella y su novio alquilaron un apartamento en la ciudad y estaba pensando iniciar cursos de negocios en el otoño. Pero ella definitivamente no tenía ninguna conexión con los Callahan. Wayne respiro ásperamente antes de meter las manos en el bolsillo de los pantalones de verano que llevaba.

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—Vamos a hacer esto sin ningún maldito extraño. —Wayne dijo reflexivo—. Realmente no me agradan ese tipo de problemas. No es que a Archer le gustara tampoco. Archer observó al Fiscal del Condado salir de su oficina con la puerta golpeando detrás de sí. Casi de inmediato se volvió a abrir y Madge entró con una mirada irritada. —Sabes, me vio viniendo con el café. Él pudo haber dejado la puerta abierta. Traía una bandeja con un termo y una taza de cerámica que decía: MI SHERIFF FAVORITO. Madge la dejó sobre la mesa, se enderezó y apoyó las manos en las caderas. —No me gusta su amigo, sheriff. —Nunca dije que era mi amigo, Madge —señaló con una sonrisa. Ella le sonrió y entonces, hizo una pausa, con la mano pegada a la taza. Esa sonrisa era suficiente para que un hombre grande se estremeciera de miedo. La alegría en sus ojos azul pálido era suficiente para hacerlo girar, doblar la cola y correr. Caray, ya sentía lástima por el hombre que se casara con ella. —¿Qué Madge? —le preguntó cuándo ella lo siguió mirando fijamente con esa maldita curva de Mona Lisa en los labios. —Bueno, has tenido una llamada mientras estaba en esa reunión —dijo. —¿Ella? —Uh huh. —Ella asintió con la cabeza—. La Srta. Lonhorne llamó. Dijo que te dijera que vas a oír de su abogado. Parece que encontró otro de sus caros bolsos,

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un Choo, creo, desgarrado y tirado en una caja de arena. Ella no está muy feliz. Tal vez debería ponerte en contacto con el abogado ahora. Riendo, se volvió y salió de la oficina cuando Archer se recostó en la silla con disgusto. Maldita sea, le había dicho a Marisa que no llevara esa mierda a la casa. Su gato, un Maine Coon5 marrón con el temperamento de un león furioso, la odiaba. Archer también le advirtió que Oscar rompería todo lo que tenía y que encontrara por allí, pero ella se negó a escuchar. Ella exigió que él se librara del gato. Así ella se podía mudar. Cuando Archer se negó, ella llegó con su equipaje de todos modos, y decidió que lucharía con Oscar por un lugar en su vida. Entonces sacó al gato fuera del dormitorio, cerró la puerta por la noche, y pensó que iba a salirse con la suya. Riendo, hizo una nota para llamar a su abogado y lo dejaría lidiar con Marisa, si ella estaba realmente decidida a demandar. Hasta entonces, hablaría con el médico forense y quería volver a las montañas donde se encontró el cuerpo de Katy Winslow. Tenía que haber algo, en algún lugar, que le diera una ventaja sobre el Carnicero y de quien estuviera trabajando con él. El FBI no había cambiado su perfil, pero se acordó que el hombre que había matado a las mujeres jóvenes había cambiado después de la muerte del asaltante que había atacado a la prometida de Rafer Callahan, Cami Flannigan. El FBI aún tenía que asumir el caso, sin embargo, en el pasado, cuando lo hicieron la matanza se había detenido. Por supuesto, también coincidió con la

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salida de los Callahan del Condado. Fue Archer quien se encontraba en la oficina cuando la primera víctima en 12 años apareció el verano anterior. El FBI estaba allí, no que él supiese quién era ni dónde estaba esa persona, pero lo esperaba. Un agente encubierto, en lugar de mostrar que la agencia tomaba el caso, podría darles una mayor probabilidad de encontrar al hijo de puta. Abrió la puerta y se asomó, Madge lo miró con el ceño fruncido. —Tienes una llamada en la línea dos, Lisa Corbin. Dice que es urgente. Una arruga frunció su ceño mientras cogía el teléfono y pulsaba el botón para la línea dos, Madge se retiró y cerró la puerta. —Lisa, ¿está todo bien? —Él no la conocía bien, a pesar de los años que pasó de vacaciones con su familia. Lo que sabía era que era la madre de Anna, a pesar de la distancia que siempre veía entre ellos, él siempre sintió el amor que tenía por su hija. —No, no lo está. Me dijiste que si Anna o yo necesitábamos algo, estarías allí para nosotros —le recordó. Archer se puso tenso, el miedo de repente golpeó en su pecho cuando sintió que la carne de su columna vertebral empezar a hormiguear en señal de advertencia. —¿Qué necesitas? Mientras escuchaba, la incredulidad, la ira y una desconocida emoción oscura comenzó a expandirse dentro de él. —Voy a buscarla ahora, Lisa —prometió mientras se levantaba de su silla y tomaba el sombrero del escritorio—. No te preocupes, yo me encargo de ella.

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Lisa colgó lentamente antes de envolver sus brazos sobre su estómago y liberar los sollozos que estaba luchando por contener. Nuevamente. —No. —Ella sollozó dolorosamente al sentir los brazos de su marido a su alrededor, sintiendo las lágrimas contra su rostro mientras la abrazaba—. Oh Dios, Robert, por favor, por favor, no me dejes perder a mi bebé de nuevo.

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Capítulo 3 Anna estaba en silencio mientras avistaba Sweetrock desde la curva en el camino que serpenteaba en torno a la montaña. No era una de las carreteras más peligrosas. La ruta contaba con cuatro guardarraíls6 de acero pesado para asegurar que no hubiera accidentes en el invierno. El camino en si no era tan elevado como la mayoría. Donde no podían hacer túneles cortando a través de la montaña, el sendero la bordeaba. La vista no era tan increíble como la de muchas rutas panorámicas, pero esas eran tan peligrosas como la que ahora llevaba el nombre en honor de los Callahan que habían muerto allí. El Pico de los Callahan, la curva cerrada que se llevó a los abuelos de Crowe Callahan, y luego a sus padres, tíos y sus esposas, era un tramo traicionero, especialmente cuando la capa más delgada de nieve caía. Ella no estaba en ese camino, pero las decisiones que enfrentaba eran casi tan peligrosas como ese precipicio peligroso. Y su situación era igual de precaria. ¿Qué sería de ella ahora? No había duda de que sería incapaz de pagar la exclusiva ropa de boutique, la fina ropa interior y vestidos que eligió durante tanto tiempo, pensó con triste diversión. Tendría suerte si tenía el dinero para pagar la cena a diario hasta recibir su

Valla de protección que se coloca en zonas peligrosas o entre los carriles de algunas carreteras como medida de seguridad. 6

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primer cheque de pago. —¿Seguro que no quieres quedarte conmigo? —Archer preguntó de nuevo cuando el Tahoe pasó por el pequeño puente de piedra sobre el Corbin Creek que marcaba el último kilómetro hasta los límites de la ciudad. Había hecho por primera vez la oferta cuando la recogió. Ella lo había rechazado entonces, también. —Todo está bien, Archer. —Sacudió la cabeza, mirando hacia adelante, reacia a que él viera su confusión y la indecisión que sabía que mostraría. O las lágrimas. Ella todavía estaba luchando contra las odiadas lágrimas. —¿Por qué? La pregunta la hizo detenerse. Girándose hacia él, Anna llamó a la única defensa que tenía contra las emociones y temores que la debilitaban. Enojo. —Tú no me querías allí hace dos semanas, así que ¿por qué me querrías ahora? —le preguntó, el dolor de esa noche todavía estaba dentro de ella, llevado a la superficie por el rechazo de su familia. —No digas que no te quería allí, Anna. —El color dorado de su mirada, la mezcla de colores que recordaba a un águila, la tocó mientras la miraba con intención predatoria—. Dije que quería que estuvieses segura, malditamente segura, antes de venir a mi cama, antes de tomar esa decisión. Sus labios se fruncieron amargamente.

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—Me empujaste bastante lejos antes de hacer la oferta. Podrías haberme dejado tener por lo menos un orgasmo de una forma otra, antes de rechazarme. Ella todavía estaba herida. Si el dolor que se construía en su interior no fuese tan brutal, tan lleno de rabia, entonces aun estaría dolida por él. Infierno, todavía sufría por él. Ansiaba ser sostenida, quería su toque, Dios, se moría de ganas de vivir ese deseo, en lugar de permanecer en una especie de abismo para demostrar su amor por su familia. Archer no dijo una palabra. La flecha para virar se encendió, hizo el giro que llevaba de vuelta a la ciudad, en vez de seguir rumbo al estacionamiento del mientras pasaban por delante. —Yo no dije que estuviera segura de estar lista para ir a tu cama —le recordó deliberadamente. —Tengo una habitación de invitados. —Él encogió sus hombros musculosos indicando que de cualquier manera no le importaba, pero el calor en sus ojos decía otra historia—. Puedes permanecer allí hasta que estés segura. —He oído que tienes un gato al que le gusta rasgar bolsas de cuero — respondió, sentándose en el asiento y acomodando su cinturón de seguridad que había desenganchado cuando vio el hotel. —Humm, sólo cuando es expulsado de su cama. —Una mueca tiró de sus labios mientras la miraba, con los ojos llenos de alegría—. Vamos, ¿no me digas que ya has oído hablar del gato? —Y de Marisa. —Sonó celosa. Ella había querido arrancarle los ojos a la otra mujer, y lo hubiera hecho, si supiera quién era. Todo lo que Anna había oído era su nombre mientras las

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domesticas de su abuelo se reían de los rumores de los intentos de la otra mujer de vivir con Archer. —Marisa no está allí, Anna. Ella se fue. Y Oscar es un enorme mimoso —le dijo mientras miraba hacia ella con una sonrisa—. Él sólo quería mantener su lugar a los pies de mi cama. Marisa lo echó de su lugar. Puso su almohada en la habitación de huéspedes, y cuando se sentó frente a mi habitación maullando ella lo llevó a la habitación de invitados y lo encerró con sus bolsos y su equipaje. —Mientras que ella ocupaba su cama. —Anna completó, su mandíbula apretada cuando los celos la arrasaron de nuevo—. Estoy segura que Oscar aprecia tu lealtad. Archer se rió entre dientes. —En realidad, me llamó esa noche. —Frotó un lado de su cara, sus dedos raspando sobre la barba que estaba creciendo, él la miró con diversión diabólica— . No pasé una noche en mi cama todo el mes que estuvo allí. Oscar comenzaba a chillar cada vez que la puerta de la habitación estaba cerrada. Ella estaba enamorada de Oscar, así de simple. El resto del camino a su casa se hizo en silencio, un silencio incómodo. Anna podía sentir una creciente tensión entre ellos que no había estado allí en todos los años que pasó de vacaciones con su familia a los lugares exóticos que eligieron. Bermuda cuando tenía dieciséis. Ese fue el primer año que voló con su abuelo. A los 26, acaba de salir de la Infantería de Marina por razones médicas. Recordaba el yeso que tenía desde el tobillo hasta arriba de la rodilla, y los pantalones cortados a la mitad del muslo revelando la piel bronceada, salpicada de vello, que parecía fascinarla. El año siguiente, exhibía una cicatriz desde el muslo hasta el tobillo, gracias a la cirugía y las placas de metal fundido para contener su destrozado fémur y la

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tibia por debajo de la rodilla. Huesos rotos, cortesía de un IDE7, que se había llevado la carrera militar sobre la que había estado trabajando, pero, como su padre le explicó el verano que cumplió 27, él no había destruido su prometedora carrera en la aplicación de la ley. Siete años más tarde, estaba en su segundo mandato en la oficina del sheriff, y no parecía que tuviera mucha competencia para un tercero. Soltero y sin ataduras, era considerado el soltero más codiciado en el Condado de Corbin y los condados que lo rodeaban. ¿Cuántas veces oyó a su padre y a su abuelo riéndose divertidos por el número de mujeres que lo perseguían? Marisa era simplemente una de una larga lista de mujeres que pensaba que podían domar al semental favorito del Condado de Corbin, su abuelo se divertía sin saber que ella estaba en el balcón por encima de ellos con su corazón rompiéndose ante cada observación. Ella lo amaba desde que era una niña. Cuando era adolescente, había sido el hombre con el que media a cada muchacho y cuando su interés en el sexo opuesto comenzó a madurar, era Archer a quien soñaba besar, tocar, amar, y nada había cambiado con los años. Y ahora, aquí estaba, incierta de cara a las necesidades que parecían no tener sentido, el dolor por el rechazo de su familia y la certeza de que lo que quedaba de su corazón estaba en ruinas, como había quedado esa mañana. —Estas

muy

callada.

—Archer

observó

mientras

giraba

hacia

el

aparcamiento cubierto junto a la casa que heredó de sus padres. —¿Qué quieres que diga? —Sacudió la cabeza con una tristeza contra la que no podía luchar, abrió la puerta del vehículo y salió. —¿Para comenzar? Lo siento, Archer, sí, voy a dejar que practiques todos

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Artefacto explosivo improvisado.

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esos buenos modales que tu madre te enseñó antes de morir y me quedare sentada hasta que me abras la puerta y me ayudes a salir del vehículo —él cito con un dejo de reproche simulado. Anna lo miró desde la puerta abierta, mientras él rodeaba la parte delantera del vehículo. Respiró hondo, sabía que no había manera de que pudiera luchar contra lo que sentía y con la necesidad física que tenia de él. Eso se estaba mezclando con su necesidad por ese Condado, la necesidad de su familia, y la simple necesidad de pertenecer. —Lo siento, Archer. —Ella suspiró mientras la miraba—. A diferencia de ti, mi madre no fue responsable de enseñarme buenos modales. —No, pero conozco muy bien todas esas sofisticadas escuelas de chicas a donde fuiste y te enseñaron eso, y más —él gruñó mientras la tomaba del brazo y se movía para ayudarla a subir los escalones de la acera en el porche delantero. —No soy un niño. —Empujó su brazo y se soltó, mirándolo maliciosamente— . Sé cómo caminar por mi cuenta. Su toque le hacía algo contra la que no tenía idea de cómo luchar. Quería meterse en sus brazos, pedirle que la tocara, que la tomara, que la dejara loca con un beso. —Infierno, mujer, vas a llevarme a beber. —Suspiró mientras subía la escalera, caminaba rápidamente a través del pequeño patio, y luego daba unos pasos más hasta el porche delantero. —¿De verdad lo crees? —Ladeó la cabeza hacia un lado, observándolo mientras entraba al porche y abría la puerta. —Bueno, esperemos que no —afirmó—. Pero si lo hago, la culpa es sólo mía

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y de nadie más. Al entrar en la casa, Anna miró los muebles de madera pesada y oscura y las cortinas a juego que mantenían la sala en penumbras. Cuando Archer entró y cerró la puerta, Anna observó con completo asombro como una gran sombra marrón oscuro caminaba lentamente por el corredor. El cuerpo agachado, en modo depredador, estómago pegado al piso, los ojos de un color dorado, casi idéntico a su dueño, mirándola desde alrededor del sofá. Anna deliberadamente lo ignoró mientras levantaba la mochila más cerca de su hombro y seguía a Archer a través del vestíbulo a la cocina iluminada por el sol en el extremo más alejado de la gran entrada. —Oscar, sé un buen gatito. —Archer reprendió al gato detrás de ella al entrar en la cocina brillante, espaciosa. Una amplia arcada llevaba a la sala de estar, otra al comedor a un lado, y luego estaba lo que parecía ser un estudio al otro lado de la habitación. —Puedes dejar tus cosas aquí —le dijo mientras se movía hacia la cafetera— . Te voy a mostrar a la habitación de invitados en un minuto. Después del inevitable interrogatorio, supuso. —No estoy de humor para las veinte preguntas8, Archer —informó—. Hoy no es uno de mis mejores días, y me gustaría estar sola y sentir lástima por mí por un tiempo. Tengo la sensación de que no consideras la habitación de huéspedes un terreno donde jugarlo. ¿Verdad? Su mirada era como una caricia cálida contra su piel. Una caricia que no

El juego de las 20 preguntas es un clásico que ha sido jugado desde el siglo 19. El juego consiste en que una persona piensa en un objeto y las demás tienen 20 oportunidades para adivinar qué es el objeto. Es un buen juego para paseos largos y aburridos en el auto, para salones de estudio o como un juego para expandir el vocabulario de aquellos que están aprendiendo nuevos idiomas. 8

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podía evitar, pero pretendía ignorar. —¿Qué pasa, Anna? La pregunta quedó entre ellos cuando dejó caer la mochila y el bolso a sus pies. Ya sabía que él iba a hacer esa pregunta. Archer tendría que haber sido fiscal en lugar de sheriff. —¿Qué te hace pensar que algo ha pasado? —Envolviendo sus brazos sobre sus pechos, ella se volvió y caminó hacia las grandes puertas correderas de cristal que daban a la terraza privada más allá. —A ver, ¿qué me hace pensar que algo pasó? —preguntó con ironía—. ¿Podría ser el hecho de que venías por ese maldito camino de montaña como un pequeño niño abandonado? Como un pequeño niño abandonado… —Un niño abandonado se define como una persona que no tiene casa o amigos —ella dijo con ironía—. En realidad tuve ocasión de definirla el año pasado. Podía oír las lágrimas en su propia voz, las sentía apretándole la garganta. —Anna, dime lo que pasó. —La gentil voz casi rompió el dominio sobre sus lágrimas. Anna levantó los ojos a él mientras se acercaba, sintió cuando sus manos, grandes y anchas, envolvieron sus hombros, sus pulgares acariciando suavemente su nuca. —¿Sabes que tu madre me llamó? —preguntó cuándo ella no respondió. —¿Qué dijo? —se estremeció mirando el reflejo de sus ojos, Anna sintió que su pulso cardiaco se volvía lento y pesado mientras su pecho se apretaba dolorosamente.

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El sonido de las lágrimas de su madre había abierto una herida en su alma que todavía sangraba. —Ella dijo que tu abuelo te había echado y que estabas caminando sola hacia Sweetrock. El sonido de su voz la hizo preguntarse si tal vez su madre no había dicho mucho más de lo que estaba diciendo. Apretó los labios que amenazaban con comenzar a temblar, y luego dijo: —Me negué a aceptar el trabajo que me ofreció Jacques Dermond en Francia. Ese maldito pervertido. —Apenas contenía las lágrimas que llenaban sus ojos—. Yo quería volver a casa. Estudié casi hasta el agotamiento para meter cuatro años de clases en tres, para poder volver a casa. Así se los dije a mis padres y abuelos. —Tragó con fuerza, inhalando con alientos entrecortados—. Se suponía que tenía que estar en la universidad cuatro años, Archer. Sólo cuatro. —La indignación coloreaba su voz—. ¿Sabes lo que me dijo John Corbin cuando me negué a ir a Francia en el verano? —Lo sé —él suspiró—. Lo siento, Anna. —¿Qué hice que fuera tan malo, Archer? ¿Qué era tan malo? —No pudo frenar el dolor que la llenaba. Su voz resonó por el desorden en su interior—. ¿Qué era tan horrible en mi deseo de conocer a mi familia? El Carnicero no atacó a la familia, sino a las amantes. —Nada que pueda imaginar. —Suspiró profundamente, bajando los brazos para envolver su estómago y tirando de ella contra él—. Creo sinceramente que no querían nada más que mantenerte a salvo, querida. Lo hicieron de la manera equivocada, tal vez fue por amor. Una risa amarga se le escapó.

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Volviéndose, lo miró fijamente, con cierto conocimiento creciendo dentro de ella. —Él nunca lamentó la pérdida de su único nieto. ¿Por qué se iba a arrepentir de perder a una nieta inútil? —Creo que John Corbin se lamenta mucho más de lo que admite —él dijo cuando ella se alejó. La pérdida de su calor, la pérdida de ese sentimiento de no estar tan sola en el mundo, hizo que la batalla contra las lágrimas sólo se volviera más difícil. —No importa. —Dando una respiración profunda, Anna se ve obligó a encogerse de hombros—. Nada de eso realmente importa ahora, Archer. Y las cosas no son diferentes de lo que eran, aparte del hecho de que ahora sé que nunca me quisieron con ellos. Todos los años de vacaciones en lugares exóticos, o empujándola con compañeros de trabajo cuando no podían acompañarla. A veces ella lloraba y suplicaba que la dejaran ir a casa, las excusas que ellos le daban estaban muy bien practicadas e infelizmente ensayadas. Si parecía un niño abandonado antes, era porque siempre lo había sido, no porque quisiera que Archer la viera así. —Esto no va a funcionar. —No te irás. —Archer habló, su expresión y su tono repentinamente más arrogante que antes. —¿Perdón? —Ella cruzó los brazos sobre sus pechos, luchó para empujar hacia atrás la necesidad de su toque y la excitación que se apoderó de su cuerpo traidor. —Ya me has oído, Anna. —Ni su expresión ni su tono disminuyeron—. No

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me dejaras. Puedes quedarte aquí, donde sé que estarás a salvo. ¿A salvo? —¿De qué? —La incredulidad llenó su voz—. ¿Crees que necesito ser salvada de mis propias malas decisiones, así como piensa mi familia? Él resopló ante eso. —Creo que salir de esa casa fue la mejor decisión que pudiste haber tomado. —Su mirada se hizo ardiente entonces, oscura e intensamente sexual—. Eso no quiere decir que vaya a dejar que gastes hasta el último centavo de lo que probablemente tienes en una habitación de hotel o que dejare que olvides lo que sucedió la noche en que casi te corriste en mis dedos. Creo que estoy listo para cobrar esa promesa ahora. Ella no podía respirar. Anna sintió que su cuerpo se calentaba al instante. Sus pechos se hincharon, sus pezones se apretaron y comenzó a dolerle la imperiosa necesidad de ser tocada. Su estómago se contrajo, su vientre onduló con una ola de sensación eléctrica que corrió a su clítoris. —No recuerdo haberte extendido un cheque9, Archer. —Ella miró fijamente la sensualidad que ardía sin llama en su expresión como si nunca lo hubiera visto. La verdad era que esa mirada de deseo y hambre hacia que mojara sus bragas de manera tan profusa que era lo único que podía hacer para no arrojarse a sus brazos. Para evitar rogarle terminar lo que empezó en esa pequeña cueva. —Oh, cariño, el cheque estuvo allí —respondió—. En cada gota de tu

El original dice que no le extendió un rain check que es el cupón que se le entrega al jugador (bajo condiciones estipuladas en los campos de golf y sujeto a la autorización de la gerencia) cuando este se encuentra jugando y debe parar porque llueve. 9

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respuesta mojándome los dedos. Sus labios se curvaron burlonamente. —¿En cada gota de mi respuesta? —Ella respiró superficialmente, aunque su cuerpo dolía en respuesta a sus palabras—. ¿Esas líneas en realidad te llevan a alguna parte? Placer brilló en sus ojos. Oh, demonios, ¿qué hizo para encender su cerebro así? Avanzó hacia ella, un paso depredador a la vez, mientras se esforzaba por mantenerse firme y fracasaba estrepitosamente. Anna sintió su espalda plana contra el refrigerador mientras su parte frontal era presionada por él, la dura cuña de su erección imprimiéndose en su ropa hasta las profundidades de su dolorida matriz. Oh Dios, tenía que correrse. —De hecho, yo estaba tratando de ser un buen chico —murmuró él mientras tomaba sus muñecas y las extendía sobre su cabeza, sosteniéndolas contra el frío metal del aparato con una mano. La otra se deslizó debajo de su camisa, hasta que su palma ahuecó la curva de su pecho. —¿Sabes cómo ser un buen chico? —Los ojos de Anna se abrieron con sorpresa—. Porque estoy segura Archer que nunca reconocí esa cualidad en ti. —Voy a empujar mi polla tan profundo en tu pequeño coño resbaladizo Anna, que te preguntaras cómo has podido respirar sin sentir que te estoy jodiendo. Sí, ahí iba su aliento.

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—Pero primero… —su cabeza bajó, sus labios acariciando el lóbulo de la oreja, mientras hablaba— …voy a separar esos bonitos muslos y te comeré hasta grites de placer. Hasta que te corras en mi lengua y supliques por mi polla. —Dios mío, que confiados nos hemos vuelto. —Era lo único que podía hacer para empujar las palabras de sus labios—. ¿Vas a hacer eso antes o después de que sienta tus bolas hasta en mi garganta? Ella logró meter su rodilla entre sus piernas, levantándola hasta que la descansó contra sus bolas. Él no la soltó. Sonrió. Una lenta sonrisa de anticipación que debió ser una advertencia para ella. Antes de que se diera cuenta lo que él estaba haciendo, la alzó, levantando sus caderas y antes que podía hacer algo más que tomar una respiración estaba con sus muslos en sus caderas, su erección rozando la costura de su jean contra su clítoris. Oh, demonios, se sentía bien. El calor de él parecía rodearla. El calor de su polla arponeaba a través de la ropa que los separaban, haciendo que su clítoris se hinchara aún más y su necesidad fluyera con más jugos por su coño. —Ahora, ¿dónde están mis bolas? —El timbre ronco de su voz y el hambre acariciaron sus sentidos. —¿No lo sabes? —No podía detener la sonrisa que tiró de sus labios—. Son tus pelotas, después de todo.

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Su risa fue una divertida sorpresa. —Lo son —murmuró acariciando su pulgar contra el duro, apretado pezón y enviando una ola de sensación eléctrica al brote sensible de su clítoris—. Yo diría que antes de que termine el día van a estar presionadas contra la entrada de este pequeño coño apretado, mientras tú me estrujas y exprimes la leche de mi polla mientras me corro. La oferta hizo que su clítoris pulsara y latiera de doloroso placer. La necesidad que palpitaba través de él era un hambre que no tenía ni idea de cómo manejar. Las sucias palabras explícitas enviaban olas de calor a través de ella, lo que debilitaba las objeciones que pretendía poner y la dejaban débil contra él. —Eres todo hablar —dijo, jadeando mientras sus dedos le abrían los botones de la blusa—. Desde que tengo 18 años has estado prometiendo que me enseñarías a no provocar a hombres adultos. Todavía estoy esperando. Sus muslos apretaron sus caderas, frotándose contra él, contra el grosor de su erección, presionando, apretando con fuerza entre sus muslos. —Oh, cariño, tengo toda la intención de mostrarte exactamente por qué las niñas pequeñas nunca deben jugar con los hombres adultos. Los dedos de una mano se enredaron en su pelo, tirando la cabeza hacia atrás mientras un suspiro caía de su boca. Sus labios cubrieron los suyos, malvados, su lengua lamiendo la suya, tirando de ella en una sobrecarga sensorial pura. Sus dedos se agitaron contra la amplitud de su duro pecho cuando él dejo ir sus manos. Ella ansiaba tocarlo, encontrar alguna manera de bucear bajo su camisa y frotarse contra la piel caliente debajo.

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Ella tenía que tocarlo. Tenía que sentir su piel contra la de ella, acariciar y besar su duro cuerpo. Esa era su fantasía. La necesidad que atormentaba sus sueños casi todas las noches. No podía escapar de ella. No quería escapar. Ella se abrió paso entre los dos botones superiores para encontrar su piel cubierta de vellos. Calor recibió a su toque. Sintió los latidos de su corazón, tronando bajo sus dedos, fácilmente igualando el ritmo de su propio corazón mientras sus dedos encontraban el broche de su sostén entre sus pechos y lo soltaban. Liberando sus labios con un gemido él se retiró, levantó la cabeza, mirándola fijamente mientras sentía como los botones de la blusa de verano se abrían uno por uno. La experiencia y la confianza en su tacto no le pasaron desapercibida a ella. Así como su propia inexperiencia. ¿Le sorprendería saber que era virgen? ¿Estaría encantado de saber que era virgen? —Tira de mi camisa, Anna —gruñó mientras empujaba su blusa y los delgados tirantes de su sostén por los hombros. El tirón del material forzó sus brazos hacia abajo hasta que pudo soltar la ropa y enviarla revoloteando al suelo— . Vamos, nena, muéstrame lo que quieres. ¿Lo que ella quería? Todo él. Sus labios entreabiertos luchaban por respirar cuando llevó sus manos a los botones de su camisa.

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Atrapó el primero. Tan segura como estaba de deslizar cada botón redondo a través de su agujero, ella se encontró fallando. Un gemido necesitado dejó su garganta cuando la cabeza de él comenzó a bajar y las manos en sus pechos comenzaron a levantarlos. —Eres tan hermosa —murmuró, salvaje, con el color de los ojos de un depredador mirando los de ella, brillando con hambre a través del espeso velo de sus pestañas—. Soñé con probar tus pezones, Anna. Chuparlos hasta que ese rosa suave se transformara en un lindo frambuesa. —Archer. Como podía desabrocharle la camisa si él le hablaba así. —Oh, Dios, Archer. Su lengua lamió la punta dura de su pezón. Una ardiente sensación corrió a través de su cuerpo cuando una ola gigante de placer atravesó sus sentidos. Mientras trataba de recuperar el aliento, estabilizar sus sentidos, sus labios ya estaban a su alrededor, su boca cubriendo el apretando pezón y enviando rayos de placer ardiente directo a su clítoris. Moviendo las caderas, rozó su clítoris contra el eje duro, presionándose contra él, nada importaba ahora que no fuera encontrar alivio. El placer era insoportable. Rasgaba a través de ella, abriendo una vía de sensación indescriptible a través de su cuerpo, lo que le hizo olvidar que tenía que quitarle la camisa. Echó la cabeza hacia atrás contra el refrigerador, pequeños gemidos de placer salían de sus labios, ella deslizó sus dedos bajo el cuello de su camisa raspando

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las uñas contra su carne. Sus ojos cerrados, rodeada de una exuberante sensación ardiente, el placer apretando su vientre con contracciones desesperadas. Ella precisaba… Oh Dios, necesitaba mucho más. La sensación de su boca sobre su pezón violentamente sensible era una tortura, principalmente cuando su lengua lo rozaba, cuando sus dientes lo rastrillaban, mientras él se burlaba y la atormentaba, eran como latigazos contra la piel que causaban placer y el dolor. Cada movimiento de succión, cada esbozo increíblemente caliente de su boca intensificaba su necesidad, las llamas crecientes la azotaban, golpeando su clítoris, apretando su vientre con el aumento de la intensidad. —Maldición, cariño. —Salió como un gruñido áspero cuando sus labios se levantaron de la carne necesitada y sus dedos se deslizaron a las curvas redondeadas de su trasero—. Vamos, no haremos esto aquí. Mientras se movían juntos, con sus rodillas aun agarrando sus caderas, la radio de su cadera comenzó a emitir un aumento de estática antes de que el despachador hablara sobre la conexión. Mientras escuchaba, los labios de Anna se separaron; el código, a pesar de no haber dado ninguna información que un laico pudiera haber descifrado, no fue difícil de entender para ella. Después de andar alrededor de Archer y su padre durante años, sabía lo suficiente como para ser capaz de entender el código. El Oficial Caine había encontrado el vehículo de la víctima, y ella sabía que faltaban las pertenencias Katy Winslow. Retrocediendo, Archer sacó lentamente la radio de su funda en la cintura,

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con su mirada todavía fija en ella. —Sheriff Tobias en camino —él dijo—. Informe al Oficial Caine que permanezca en el sitio. —Diez y cuatro, Sheriff Tobías, el Agente Caine evaluará el estado —dijo el agente mientras Archer se movía de nuevo, permitiendo que sus piernas se deslizaran de sus caderas y se pusiera de pie. La pérdida de su toque, de la calidez y el placer que experimentó en sus brazos, era una sensación que sólo podía describir como dolorosa. —No te vayas. —Advirtió, su tono oscuro, dominante, envió un escalofrío por su espalda. —Voy a pensarlo. —Ella hizo una mueca de aparente despreocupación, devolviéndole la mirada como diciéndole que haría lo que se le pegara la gana. La triste realidad era que quería quedarse. Quería saciar esa hambre dentro de ella. Un hambre que ardía como una llama y que no podía negar. —Sí, lo harás. —Gruñó él mientras tomaba su sombrero de donde lo había arrojado en la mesa cocina y lo colocaba en su cabeza—. Y para cuando hayas terminado de pensar en ello, voy a estar de vuelta. Hizo una pausa antes de alejarse. —Y será mejor que estés aquí. Tomó una respiración profunda mientras observaba como se volvía y salía por la cocina antes de pasar rápidamente a través de la gran sala de estar y por la puerta principal. Cerró la puerta, pero se tomó su tiempo para bloquear el cerrojo.

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Los labios de Anna se arquearon antes de levantar sus dedos a las curvas hinchadas, una sensación de debilidad inundó su vientre y su coño recordando cuanto le necesitaba. Sólo entonces se dio cuenta de que aún estaba desnuda de la cintura para arriba. Su blusa y el sujetador estarían en el suelo. Por lo menos creía que estaban en el suelo. Mirando a su alrededor, con los labios apretados para contener una sonrisa mientras sus manos iban a sus caderas y fingía mirar al gato monstruo a través del cuarto. Estaba tendido en la parte superior de su blusa y la correa del sujetador alrededor de su cuello. —Vamos ve y destrúyelo —le susurró al gato, con tono despreocupado—. Aunque tu dueño va a tener que comprarme uno nuevo. Colocando su bolsa al hombro se volvió y encontró la escalera que subió rápidamente. Por supuesto que se quedaría. Al menos por ahora. Sólo para ver qué pasaba. Sólo para ver si había alguna chance de robar el corazón del Sheriff Archer Tobias.

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Capítulo 4 Era el coche de Katy Winslow. El pequeño sedán de 12 años de había sido arrojado por el Pico Callahan, donde los abuelos y los padres Callahan cayeron. Había un mensaje allí, Archer podía sentirlo mientras conducía la camioneta por la peligrosa vía que llevaba al siguiente valle rocoso. El coche de Katy era una ruina quemada. Aún humeaba en la base del acantilado, formando un escenario sombrío al sol de la tarde. Estacionando su vehículo junto al del Agente Caine, Archer lanzó un vistazo por lo bajo, considerando al otro hombre. John Caine había llegado al Condado de Corbin justo antes que los Callahan volvieran. Justo antes de que la dupla criminal apodada el Carnicero hiciera su primera víctima en 12 años. El agente descubrió el primer cuerpo y cada uno después de eso. Fue el único que encontró cada evidencia y descubrió cada pista. Ya estaba en la corta lista de sospechosos de Archer. Mientras Archer lo observaba, el agente arrojó el sombrero hacia atrás y lo miró. Descendiendo del Tahoe, Archer cruzó la distancia hasta el pequeño sedán y miró los restos quemados. Apoyando las manos en las caderas, dejó escapar un suspiro duro. —¿Por qué? —susurró mientras el olor acre de la quema del vehículo rodeaba sus sentidos.

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—¿Por qué estrellarlo aquí? —preguntó el agente—. Está ligado a los Callahan obviamente, así como a su asesinato —respondió, lo que formó una pregunta en la mente de Archer. La respuesta era obvia. —Esto está fuera de lo normal —afirmó Archer. —O el vehículo tenía huellas u otras pruebas que el Carnicero no quería que fueran encontradas. ¿Qué mejor manera para ocultar evidencia, en la mente de un aficionado, que quemarla? No era exactamente lo que Archer esperaba de él. Cruzando los brazos sobre el pecho y frotándose la barbilla, pensativo, deslizó una mirada a su agente, una vez más. —¿Te contactaste con Callum? —Está a unos 20 minutos. —El agente asintió. Archer lo miró de nuevo, observando su practicada expresión impávida. Odiaba esa maldita mirada en el rostro de un hombre. Eso le hacía al instante sospechoso, al instante curioso en cuanto a lo que se escondía. —¿Qué hizo para merecer su atención? —Archer murmuró pensativo, mientras continuaba mirando el coche que seguía ardiendo—. No estaba durmiendo con un Callahan. No durmió con uno en el pasado y no lo estaba ayudando de alguna manera. Como muchas de las mujeres de la ciudad mantenía una distancia muy cuidadosa. —¿Entonces vio algo que no se suponía que debía ver? —preguntó el agente— . Es lo único que tiene sentido, ¿no?

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—Es lo único que tiene sentido ahora —Archer exhaló bruscamente—. ¿Pero qué? ¿O quién? El agente negó con la cabeza lentamente cruzando los brazos sobre el pecho antes de levantar la mano para frotar un lado de su cara. —Los Callahan y sus propiedades son el objetivo, sin embargo —murmuró entonces. —¿El objetivo de qué? —Esa era la pregunta que ni Archer ni su padre habían sido capaces de responder. —¿Qué las hace tan condenadamente importantes como para que uno o más estén cortando el Condado con una franja de sangre? El agente gruñó duro, sarcástico. —Eso sheriff, está enterrado, tanto que incluso yo, el maestro de los chismes, rumores, y negocios turbios, no lo he descubierto. —Maestro de los chismes, rumores, y negocios turbios, ¿eh? —Archer murmuró mientras miraba al agente una vez más. Caine sonrió burlonamente. —Todos tenemos nuestros talentos, sheriff, todos tenemos nuestros talentos. Archer se preguntó si esos talentos podrían haberlo llevado al asesinato. Tal vez alguien más tenía esas respuestas, sin embargo. Cuando el agente se apartó, Archer hizo una llamada. —¿Hola? —John Corbin respondió al primer timbrazo.

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—Quiero respuestas, John. —Archer miró alrededor del cañón, los muros de piedra sombría, la insinuación de un pino luchando por anclarse en la lisa cornisa arriba. —Archer... —Dije, quiero respuestas mierda —disparó él—. Vas a estar en mi casa antes del amanecer, o iré yo allí. ¿Me oyes? El silencio llenó la línea durante largos momentos. —Te escuchó La línea se desconectó. *** Anna se despertó con la sensación más increíble. No era sensual, caliente, o llena de lujuria o deseo sexual. No era sexy o sexual en absoluto. Era como la suavidad de la seda, no, más suave que la seda. Un tacto extremadamente suave cepillando contra su hombro, lento y agradable, acariciando su brazo. Cálido, reconfortante. La vibrante sensación de calor. Una arruga se formó en su frente, atrayéndola aún más de su sueño. Vibraba contra su hombro. No, ronroneaba. Se obligó a abrir las pestañas, volvió la cabeza para encontrarse unos semicerrados ojos dorados. Él la miraba. Oscar frotó un lado de su cara contra la curva de su hombro.

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Un vistazo al reloj de la pared de la sala le aseguró que era pasada las dos de la mañana. Archer había estado fuera durante el día y parte de la noche. Un maullido quejumbroso retumbo en la garganta del gato mientras se frotaba contra su hombro de nuevo. —¿Qué quieres? —murmuró—. No puede ser que me estés asediando después de robar mi sujetador y mi camisa. Eran condenadamente caros, ya sabes. Un estruendo entre un ronroneo y un maullido resonó de nuevo cuando Oscar la miró con un comando arrogante, que ella no pudo dejar de comparar con Archer. —¿Qué quieres, de todos modos? —Realmente no quería salir del sillón—. ¿No sabes que tengo que ir a trabajar en cinco horas? Necesito mi sueño reparador. El ronroneo felino resonó de nuevo. Esta vez, en lugar de frotarse contra su hombro, Oscar lo empujó con su gran cabeza. —Mandón. —Se sentó dispuesta a levantarse del sofá y hacer todo lo que la bola de pelo exigente quisiera, pero para su sorpresa éste se trasladó al sofá y se acomodó en la esquina donde apoyó la cabeza. Sus ojos se cerraron, sus hombros se movieron perfeccionando su posición y cayó en el sueño, como si no la hubiera despertado. Como si no estuviera preocupado por su presencia después de despertarla por la fuerza para poder ocupar su posición favorita. —Eres un burro —acusó sorprendida por la audacia del animal—. Yo estaba durmiendo, ya sabes. Y a él, obviamente, no le importaba. Ni siquiera tembló por la ira en su voz. Sacudiendo la cabeza hacia el animal, Anna miró la puerta principal, y luego el reloj de nuevo.

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—¿Finalmente él te despertó? Se dio la vuelta, casi cayéndose del sofá de la conmoción cuando Archer entró en la sala a través de la puerta de enfrente, obviamente, venia de arriba y duchado. Húmedo, más oscuro que su rubio arena de costumbre, tenía el cabello alrededor de la cara, obviamente, que acababa de secarlo, con poco cuidado y sin estilo. Los extremos ondulados se esparcían al azar enmarcando oscuramente su bronceada cara y haciendo sus ojos castaño dorados parecieran más oro de lo normal. Pectoral amplio, desnudo, duro y curtido, con una capa delgada de rizos masculinos apenas más claros que su cabello, una incitación para los dedos. Tentándola con la necesidad tocarlo, de experimentar la sensación de ellos contra las puntas de sus dedos sensibles. —¿Cuánto hace que has vuelto? —Frunció el ceño, sorprendida de que él hubiera conseguido entrar en la casa sin despertarla. Sorprendida por la forma en que entró en la sala de estar. Estaba dormida a tres metros de la maldita puerta y se había deslizado por ella. Hizo todo lo posible para mantener sus ojos lejos de su duro abdomen porque podía ver sus músculos debajo de la tentadora piel bronceada, atrayendo su mirada. —Unas pocas horas. —Se encogió de hombros, un tanto incierto. Ella apostó que sabía el segundo exacto en que había entrado por la puerta principal. —Deberías haberme despertado. —Ella observó su rostro, vio una tristeza en sus ojos, una expresión sombría.

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—Estabas durmiendo muy bien. —Sus labios se curvaron en una sonrisa casi gentil y sus ojos eran cálidos mientras la observaba—. También, sabía que lo haría Oscar, lo sacaste de su esquina, después de todo. Miró al monstruoso gato que se había acomodado en un cojín del sofá, despreocupándose de su presencia. —Condenada bola de pelos —ella murmuró—. Al menos podría haberme despertado cuando llegaste. —Le gustas. —Se apoyó en el marco de la puerta, con los labios levantándose en una sonrisa—. Cualquier otra persona ya habría tenido al menos un rasguño para ahora. Oscar realmente no tolera los extraños en su casa muy bien. Anna apartó el pelo de su cara, mirándolo, completamente sin palabras. Dulce cielo que tuviera piedad de ella, él estaba excitado. Poderosa y abiertamente excitado. Bajo los pantalones de algodón que llevaba su polla brincó, dura y pesada, presionado contra la tela con insistente demanda. Mirando hacia arriba lentamente, Anna encontró su dorada mirada de lujuria. Se le hizo difícil respirar. Anna podía sentir su corazón acelerado, golpeando entre sus pechos como puños, duro y pesado. Sus labios se separaron mientras luchaba por arrastrar oxígeno para respirar a través de la adrenalina que la inundó. De repente, podía sentir partes de su cuerpo de las que solo era consiente cuando él estaba cerca. Sus labios... Dios, necesitaba besarlo, necesitaba que la besara.

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Sus pezones. Entre sus muslos. Lo necesitaba en lo más profundo de su vientre. Sus rodillas estaban débiles y no se aguantaba de pie. De repente, la habitación estaba llena de tensión, en el aire había un hambre inmensa, Anna apenas podía respirar. El deseo se estrelló a través de ella, quemándola, rompiendo y eliminando todos y cada uno de los velos de desinterés u objeción oculta. Había sólo anhelo quemando, y su salvaje necesidad de Archer. Levantando la mirada, Anna se preguntó si era normal sentir esta constricción en los pulmones, si realmente se podía vivir sin aire. Porque no podía recuperar el aliento. Especialmente cuando se acercaba a ella con esa mirada depredadora. —Puedes dormir en la habitación de invitados o puedes dormir conmigo — afirmó cuando se detuvo delante suyo, la pesada prueba de su excitación ahora al nivel de sus ojos. Levantando la mirada de nuevo, Anna tragó. El deseo feroz en sus ojos le advertía que la necesidad era tan intensa en su interior como en la suya. —¿Si elijo tu cama? —ella preguntó. —Entonces es sin promesas, Anna —le advirtió, su mirada oscura—. No cometeré el mismo error, por el bien de ambos. No voy a decirte que te amo, y no esperes un anillo de bodas cuando haya terminado. —¿Alguna vez te pedí un anillo de bodas, Archer?

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Sin embargo, no podía negar que el sueño estaba allí. Era una fantasía que había tenido cuando era adolescente. Un vestido blanco, un velo y Archer. —Está en tus ojos. —Su mandíbula se tensó, el fuego en su mirada dorada observándola—. Ha estado allí desde la noche en que cumpliste dieciocho años. —¿Estás seguro que el deseo de que viste era por un anillo, o por algo un poco menos... —dejó que sus pestañas bajaran a media asta—...aceptable, tal vez? Antes que su sentido común, vergüenza, o cualquiera de las otras excelentes cualidades que su madre, sin duda, trató de enseñarle la pudieran patear, Anna tomó la que más necesitaba, el deseo. Antes que la falta de experiencia, la incertidumbre o el miedo, pudieran superar los seis años de fantasía y anhelo, ella extendió la mano por lo que siempre había considerado suyo. Archer. Sin dejar de mirar esos ojos salvajes, Anna lo alcanzó, con ambas manos, sus uñas raspando debajo de sus caderas cuando se inclinó hacia delante. Sus labios apretados contra los músculos rígidos de su abdomen, su lengua asomando para probarlo. Archer apretó la mandíbula, los puños cerrados a su lado mientras ella probaba su carne. Anna lamió la orilla de su ombligo y se vio obligada a reprimir un gemido de puro deseo y desesperación. Ligeramente salado, caliente, limpio e intensamente masculino. Su carne se sentía caliente debajo de la lengua, los músculos rígidos flexionando con poder innato. —¡Joder, Anna! —Una mano se movió, sus dedos fuertes se enrollaron en su pelo. Apretó los dedos mientras su expresión se volvía más oscura, más pensativa con calor sensual y sexual quemando a través de sus sentidos.

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Tenía años de prepararse para esta noche. Años de asegurarse que nunca olvidaría su toque cuando tuviera la oportunidad de tocarlo. Años de tener la maldita certeza que él nunca se olvidaría de lo que era estar con ella. Flexionó los dedos y enganchó el elástico de sus pantalones, lentamente deslizándolos debajo de la tela, tocando la longitud de su polla, gruesa e hinchada. Palpitaba densamente erecta, la sangre espesa en sus venas. El impresionante tallo de carne masculina la hizo tragar con fuerza mientras luchan contra la inquietud. El miedo tronó justo debajo de la adrenalina corriendo a través de su sistema. Un miedo al que se negó a prestar atención. Miedo al fracaso. Temor de no poder superar a las amantes del pasado, no importa toda la investigación realizada sobre el tema de dar a un hombre una mamada que nunca olvidaría. Observándolo desde el velo de sus párpados, Anna sacudió la lengua alrededor de la poco profunda hendidura del ombligo de nuevo, burlándose de él con lametones, degustándolo mientras empujaba sus pantalones hasta los tobillos. De pie quieto y en silencio ante ella, él simplemente la miraba, con el cuerpo rígido como su polla, su expresión sensualmente pensativa. Pasando por encima del algodón ligero a sus pies, Archer siguió mirándola, como si estuviera seguro de que pararía. Seguro de que la caricia íntima no llegaría. Oh, definitivamente tendría una sorpresa si eso era lo que él pensaba. Flexionándose hacia atrás, Anna dejó una pequeña sonrisa en sus labios cuando vio su mirada oscura, su mandíbula apretada. —Estaba esperándote cuando me dormí —dijo en voz baja, sus uñas raspando el exterior de sus muslos.

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—¿Sí? —Su voz gruesa envió un temblor de hambre, sacudiendo su vientre y pellizcando el capullo sensible de su clítoris—. ¿Por qué? —Porque una chica puede esperar un largo tiempo para vivir una fantasía, sheriff —dijo, sus manos deslizándose hacia el interior de sus muslos, formando una U con los dedos y el pulgar, colocó su mano debajo del saco tenso de sus testículos. Su respiración contenida le aseguro que la atención Archer estaba totalmente centrada en ello ahora. Bajando la cabeza, frunció los labios y dejó escapar un suspiro suave contra la masculina carne sorprendentemente suave, deleitándose en su respuesta. Una mano apretaba su pelo, la otra agarró firmemente su hombro. —Anna, ¿estas segura de esto? —él gruñó. Oh, estaba segura. Inclinándose hacia delante, con la cabeza curvada, probó la carne masculina, primero con la lengua. Lamió el saco apretado, sondeando la base de su polla, luego, separó los labios y tiró de él hacia el interior. Ella iba a tener un orgasmo sin más por la excitación. Ambas manos estaban en su cabello ahora, sus piernas se movieron, separándose aún más mientras ella chupaba un lado de sus bolas y lamia antes de pasar a la siguiente. Nunca lo había hecho, pero le encantó. Podía sentir que lo adoraba. Sus dedos que no lograban contener su espesor, el circular del flujo de la sangre debajo de la carne sedosa, el tenso saco de sus bolas mientras lo acariciaba, todos probaba que le encantaba. Y si tenía alguna duda...

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—¡Joder! Maldición Anna. —Su espalda se arqueó cuando la áspera maldición dejó sus labios. Sus dedos se apretaron en su pelo, y luego masajearon el cuero cabelludo mientras sus muslos se abrían aún más, dándole más espacio para jugar con la lengua y los labios. Y cómo le gustaba jugar allí. Prodigo primero atención a un lado de un testículo, luego al otro, viviendo su primera fantasía. Temblando, un gemido retumbó de él. Sosteniendo su palpitante polla ahora con ambas manos ella dibujo una firme acaricia, recorriendo su piel con su boca y chupando la bola contenida allí. Sintiendo el fuerte pulso de la sangre por sus venas gruesas, Anna lamió, chupó y saboreó la carne dura y caliente antes de soltarlo con renuencia. —Anna. —La gruesa voz sonó como un erótico golpe sensual contra sus sentidos. —Mi fantasía —susurró. Presionando su mano sobre su pecho lo empujó un paso atrás y se puso lentamente de pie. —Esperar hasta que pierdo el control es un mal momento para cambiar de opinión —le advirtió a ella, su expresión, su voz oscura y llena de hambre. —¿Cambiar de opinión? —Anna llevó su mano al pequeño lazo de seda que aseguraba la bata blanca sobre sus pechos y la empujó lentamente—. Archer, lo último que tengo la intención de hacer es cambiar de opinión. ***

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Archer tuvo que apretar los dientes para contener una demanda de que se diera prisa. Que envolviera sus labios alrededor de su polla y le diera la mamada que estaba prometiendo. —¡Oh, diablos, Anna! —Las palabras robadas de su garganta mientras luchaba por contener el placer y las demandas desconocidas creciendo dentro de él—. Oh, cariño, esa dulce, dulce boca. Ella lo estaba destruyendo. Mantuvo sus dientes apretados, sosteniéndose firmemente para no correrse. Sus brazos estaban rígidos a sus lados. Su mirada se estrechó, la miró, tratando de negar lo que veía en su mirada. El ansia femenina atemperada por el amor. Confianza atemperada por la inexperiencia. Necesidad impulsada por todo lo anterior, la vista era suficiente para aterrorizarlo. Pero no estaba lo suficientemente asustado como para alejarse de ella, sin embargo. Él no se atrevía. Su polla probablemente enviaría rayos de agonía a través de su cuerpo si hacia el menor intento. Mientras la miraba, ella se levantó lentamente y dejó caer la bata que llevaba. Esa bata era un sueño húmedo. No. El vestido debajo era un sueño mojado, seda y spandex abrazando su cuerpo, un vestido tan jodidamente romántico, tan condenadamente nupcial a pesar de su color, que apretó su pecho con una emoción que no tenía ningún sentido. Desde el encaje suave que sostenía sus pechos y se aferraba amorosamente a las curvas suaves de su diminuta cintura, la seda fluía al suelo en abundancia, era un vestido de novia que pretendía ser una tentación.

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Ahora la seductora estaba poniéndose de rodillas. —Anna, no tienes que... —La frase fue cortada por un gemido ronco cuando sus dedos se deslizaron en torno a su gruesa carne, acariciándolo lento y parejo mientras atraía la cabeza hinchada a sus labios entreabiertos. Que el dulce cielo tuviera misericordia de él, ella realmente iba a tomarlo. Perfecta, sus dulces labios entreabiertos. Libre de maquillaje, sus hermosos ojos verdes lo miraban con pasión aturdida a través de sus pestañas color hollín. Su lengua, caliente y húmeda se asomó y se deslizó sobre la coronilla, y luego empezó a lamer con puro placer perverso, mientras sus ojos se cerraban y su atención se volvía completamente dedicada al placer de su polla. Lamió la satinada cabeza, sus dulces labios dejando besos calientes y sus manos de seda acariciando su grueso eje, destruyó todas las dudas que pudieran haber cruzado su mente. Separando más los labios tomó la cabeza en su interior y se dispuso a destruir su control, y ella lo hizo mucho más rápido de lo que él jamás podría haber esperado. Con los labios, la lengua y esa caliente succión en su cresta demasiado sensible, ella barrió sus dudas a un lado y lo convenció que él sabía mejor que nadie que una virgen no podía hacer esos dulces y malvados movimientos sobre su polla palpitante. Colocó su lengua debajo de la cabeza de su feroz erección, lamió, acarició, probó y luego la arremolinó con un íntimo abandono en torno al borde acampanado. Lo chupo de nuevo a las profundidades de su boca caliente, la vibración de sus gemidos tenía sus muslos rígidos, apretando las manos en su cabello.

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Amasando sus dedos contra su cuero cabelludo, Archer se tragó un gemido ronco, luchando para contener el impulso salvaje de empujarla al suelo, tirar el vestido sobre sus caderas, y follarla hasta que ambos estuvieran gritando en el orgasmo. El placer explotó a través de sus sentidos, rasgando sus terminaciones nerviosas, y arrasando cualquier noción preconcebida sobre el placer que le podían dar. Observando fijamente sus labios enrojecer, viendo la punta de su polla dando estocadas superficiales, Archer se daba cuenta que el delgado borde de su control se caía a pedazos a cada segundo. No había manera de contener la respuesta o el placer en erupción dentro de él. Ella se echó hacia atrás, sorprendiéndolo, mientras liberaba la cabeza de su pene, aplanaba su lengua, inclinaba la cabeza hacia un lado y saboreaba la extensa longitud de su carne. Pulsando, temblando, su polla palpitaba de placer doloroso. —Tan jodidamente bueno. Esa dulce, caliente boca es tan jodidamente buena. El calor se desplegó dentro de él. Brillaba en sus terminaciones nerviosas, disparándose a través de sus sentidos y... ¡joder! Sus rodillas estaban débiles. Recuperando el aliento, vio cómo su cabeza se movía más abajo, el baile sensual de su pequeña lengua sobre su polla como una llama erótica, casi destruyéndolo. El placer quemó su carne, se hundió en sus poros, y palpitó por su sangre como una furiosa fiebre fuera de control.

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—Oh, nena, eso es jodidamente bueno. —Enhebrando los dedos por su pelo, dejo que sus labios, su lengua y su boca dulce siguieran su camino, deleitándolo con su placer—. Esa lengua es un puto sueño erótico hecho realidad. Incluso

hasta

sus

fantasías

acerca

de

ella

no

habían

sido

tan

condenadamente buenas. Moviendo los labios sobre la cabeza de su polla, una vez más, la sensación se disparó a través de su sistema. Puro placer, ardiendo como nada que haya conocido antes. Aplanando su lengua, ella lamió y lamió ese punto ultrasensible debajo de la cresta. Sacudiéndola contra él, empujando, acariciándolo con su calor, su deseo, hasta el punto de que estaba seguro que se iba a volver loco con la necesidad de follarla. Estaba perdiendo la capacidad de soportar las sensaciones que se construían en sus bolas y azotaban a través de su polla. Cada músculo de su cuerpo estaba lo suficientemente apretado para tenerlo clavado en su lugar, incapaz de detener el placer agonizante. Era incapaz de detenerlo e incapaz de dejarse ir. Entregarse significaba tomar mucho más de lo que ella conocía en su inocencia, aunque estaba listo para hacerlo. La confianza y la preparación eran dos cosas diferentes. Ella podía estar escondiendo su inocencia muy bien, pero podía verlo en sus ojos. En sus acciones. Ella lo deseaba, lo anhelaba y su necesidad por él era probablemente tan grande como la suya por ella. Pero esta necesidad no podía prepararla para lo que él quería de ella. Lo que necesitaba de ella, lo que quería, iba mucho más allá de algo para lo que posiblemente podría estar preparada.

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Capítulo 5 Archer sabía que estaba llegando al punto de no retorno. Con la primera flexión pulsante de su polla y el pre semen que vertió en los labios de Anna, supo que estaba acercándose al borde de control y amenazando con caer sobre ella. Un gemido desigual lo desgarró mientras sus dedos apretaban su pelo y forzaba su cabeza alejándola de su eje torturado. La observó cuando ella levantó sus gruesas pestañas, vio sus hermosos ojos verdes y reconoció el hecho de que estaba yendo de cabeza al infierno. En lo que concernía a esa mujer, se estaba ahogando en ella, y no tenía idea de por qué. O cómo detenerlo. Lo único que sabía era que tenía que tenerla, y pronto. Lanzarla al suelo y follarla hasta un orgasmo sin sentido era su opción preferida. Era la opción que su cuerpo exigía. Ella era puro placer, y lo estaba destruyendo con el éxtasis que estaba a punto de precipitarse a través su cuerpo. Pero no era sólo puro placer. Ella no era sólo las sensaciones más increíbles que jamás había conocido con una mujer. Ella era puro romance, y lo estaba destruyendo con eso. Ella era un sueño húmedo envuelto en suntuosa y exuberante seda. Y Archer no podía ayudarse a sí mismo.

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Ella era, y siempre había sido, su debilidad. Admitir ese hecho no era fácil. Todavía no era fácil. Agachándose Archer se inclinó sobre ella, un brazo alrededor de la parte posterior de sus rodillas, el otro detrás de sus hombros mientras la tomaba en sus brazos. La sensación de sus brazos sedosos alrededor de su cuello hizo que su ingle se apretara dolorosamente, su polla palpitando de pura lujuria. —¿Qué demonios me estás haciendo? No esperaba una respuesta. Diablos, no quería una respuesta. Había una parte de él que estaba aterrorizado de saber. —¿Qué puedo hacerte? —ella preguntó, el sonido de su voz susurrante cortando el último hilo de control que poseía cuando subió las escaleras. —Me puedes destruir —él respondió, con la mandíbula tan apretada que sentía que podría astillarse mientras la llevaba acunada en sus brazos, sintiéndose tan fuerte, ¿o ella se sentía demasiado frágil? Ella era frágil. De cuerpo, de corazón, y él lo sabía. Dios le ayudara, él lo sabía, y aun así no tenía más remedio que tomar lo que le estaba ofreciendo. Lo que fantaseaba desde hacía tanto tiempo. Entrando en su habitación, cuidadosamente pateó la puerta para cerrarla en caso de que Oscar decidiera tener uno de esos berrinches celosos, llevó su preciosa y demasiado delicada carga cerca de la cama donde había soñado tenerla algún día.

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Colocándola de pie a su lado, lo primero que hizo fue quitar la cinta que sostenían su vestido sobre sus pechos y hombros. A medida que se deslizaba entre sus brazos, el encaje bordado cayó de sus pechos como ríos de seda arrastrándose a lo largo de su cuerpo hasta que el vestido se amontonó a sus pies. El oxígeno necesario para vivir se había escapado silenciosamente de su pecho. La visión de su cuerpo desnudo, sus pechos perfectamente redondeados señalados por el dulce color algodón de azúcar rosa de sus pezones, su ligeramente redondeado estómago, esbelta, caderas curvilíneas y muslos redondeados era como un oasis en un desierto sensualmente seco. Entre esos muslos perfectos... Arrastró aire con desesperación. Entre sus muslos bellamente redondeados los rizos habían desaparecido, dejando

solo

sedosa carne desnuda, brillante con una capa de dulces jugos

femeninos. La visión de su carne húmeda nuevamente se llevó el control de su cuerpo. La urgente necesidad de follarla, estar dentro de ella y reclamarla de inmediato, casi anuló la necesidad contradictoria de adorar su cuerpo, besar cada centímetro y atarla a él tan elementalmente que ninguna parte de ella estaría libre de él. Así como sintió el hecho de que nunca sería libre de ella, tampoco. —¡Dios mío! —dijo, levantando las manos y ahuecando los montículos hinchados de sus pechos mientras un gemido de necesidad abrió sus labios—. Dulce, hermosa Anna. Ella estaba temblando. Archer podía sentir los temblores sacudir su cuerpo cuando sus pulgares encontraron los pequeños brotes endurecidos que remataban sus pechos.

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—Pechos perfectos —susurró—. Muy bonitos, Anna. Tan condenadamente hermosa y dulce que todo lo que quiero hacer es devorarlos. Sus manos se levantaron, cubriendo las suyas. La visión de su mano sobre la suya, tan pequeña y pálida contra la suya más oscura, mucho más grande, era casi humillante. ¿Qué demonios estaba haciendo, incluso considerándolo? Ella era tan condenadamente pequeña a su lado, tan delicada que por un momento tuvo miedo de romperla. —¿Qué estás esperando entonces? —preguntó, los bordes de sus labios transformándose en una sonrisa de sirena. Un segundo después, los mismos se separaron con un suspiro sorprendido por la sensación de sus dedos y pulgares agarrando cada punto distendido y aplicando suficiente presión para asegurar su total atención. Él

quería

cada

terminación

nerviosa,

cada

sentido,

todo

su

ser

completamente enfocado en él. En él, y en todo el placer que tenía la intención de asegurarse que ella recibiera. *** Mirándolo Anna sintió que su corazón aceleraba increíblemente rápido. Golpeaba su pecho, cada pulso estremeciendo su sangre a través de su cuerpo, mientras que la mirada de él se ensombrecía más y caía a sus pechos. La carne callosa de sus palmas masajeó la parte inferior de sus pechos, añadiéndolo a las sensaciones eróticas que la atravesaban.

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—Soñé con esto —dijo, con la esperanza de que la debilidad en sus rodillas no se convirtiera en algo peor. Apenas podía soportar como estaba. —Dulce, Anna. —El extraño tono de su voz la freno de cualquier otra cosa que hubiera dicho. Sonaba casi arrepentido. —Las cosas que quiero hacerte deberían ser consideradas ilegales —dijo, su voz baja, sombría—. Diablos, probablemente sean ilegales en varios Estados. —Y yo no protesto. Ella quería su tacto, necesitaba su toque, más que cualquier otra cosa en su vida. —¿No lo harás? Sus pestañas bajaron, amenazando cerrarse mientras su cabeza se movía hacia abajo, sus labios rozando los de ella, burlándose mientras luchaba por mantener su mirada, por ver los colores cambiando en sus ojos rapaces. —Bueno, no podría soportar dolor, si ese es tu fetiche —ella bromeó con un toque de diversión—. Pero en tus manos, estaría dispuesta a intentarlo. Sus labios se curvaron. Le encantaba esa pequeña media sonrisa, la forma en que sus ojos brillaban de risa oculta y como su expresión parecía suavizarse marginalmente. —Prometo no hacerte daño —murmuró mientras sus labios se movían sobre su mandíbula—. Al menos, no más de lo necesario.

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Su suave risa hizo que su cuerpo se relajara lentamente, calmándolo y el éxtasis se hizo cargo mientras sus labios se movían debajo de su mandíbula. La sensación corrió por sus terminaciones nerviosas, por lo que Anna respiró hondo. Acariciando, pellizcando suavemente con sus labios y dientes parecía estar tomando una delicada comida de su carne, lanzándola en un torbellino de necesidad con cada toque. —Archer, es tan bueno —gimió, incapaz de contener el sonido que llenó sus palabras—. Mejor de lo que soñé. Y eso que había tenido una imaginación muy audaz cuando había soñado con él. —Y va a ser mejor, te lo prometo. Sus besos se movieron por su cuello, rozando cada pecho. Antes de que tuviera la oportunidad de recuperar el aliento o vocalizar lo que necesitaba esos labios diabólicamente experimentados encontraron la punta de su pecho. —Oh, sí —ella gimió mientras sus labios se burlaban de su pezón, su lengua lamiendo eróticamente mientras lo observaba, casi sin poder respirar debido a la excitación y el placer vibrando a través de ella. —Quiero más, quiero todo —exigió, sus dedos se deslizaron sobre su pelo y apretó los hilos—. Chúpame, Archer. Por favor. Los brotes tiernos dolían, palpitando al sentir sus labios y la boca que le rodeaba. La necesidad de contar con el interior caliente de su boca sobre la base del pico, chupando con avidez, la tenía rogando por él. —Esto va a destruir nuestras vidas en pedazos —le advirtió él, pero su cabeza estaba bajando, sus labios cerniéndose sobre su pezón mientras hablaba.

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—Mi vida ya ha sido destrozada, ¿recuerdas? —Y en este momento, ni siquiera le importaba. Todo lo que quería era tener su boca alrededor de su pezón, sobre ella, succionándola, tomando más de ese placer desgarrador. Se arqueó contra él, su aliento sobre la punta dura presionó contra sus labios y sintió el interior húmedo y caliente de su boca. —¡Maldita sea! —la exclamación llegó un segundo antes de que él le diera exactamente lo que estaba pidiendo. Sus labios rodearon su pezón. El calor húmedo la traspasó y menos de un segundo después, él la estaba chupando como un hombre hambriento por el sabor de una mujer. Ahuecando la carne suavemente redondeada y empujándola más cerca de sus labios, sus dientes rasparon. Cerrando una vez más sus labios, él dibujó en su pezón, sus mejillas marcadas con hambre masculina, un gruñido retumbando en su pecho. La sensación del firme contacto quemaba. Un placer electrizante que solo aumentaba el hambre en ella. Su respiración se volvió dura, pesada. Sus manos en alto apretado su pelo, su rodilla doblada, su muslo levantado para apretase más contra él. De pronto él dejó de chuparla, y un segundo después, sus labios la cubrían de nuevo. Totalmente. Sin previo aviso poseyó sus labios. Si tenía algún indicio de su inocencia, no dio concesiones a la misma. Sus labios fueron separados con habilidad, su lengua pasando rápida entre ellos, lamiendo con hambre sensual, tanto es así que Anna jadeó por el placer que rasgó sus terminaciones nerviosas y comenzaba a quemar desde la boca de su estómago.

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Se sintió que tenía 18 años de nuevo, desesperada por ese primer beso, viendo el rostro de Archer en cada muchacho de la universidad que le daba un beso, tan inexpertamente, con tanta fuerza, que había querido darles una patada. Ella sabía que él nunca la besaría como un muchacho inexperto. Él besaba como un hombre adulto en su apogeo y hambriento por una mujer. Su lengua se deslizó contra la de ella, la probó igual que ella lo había probado a él. Había estado bebiendo café. La esencia oscura de la bebida se infundió en su beso y envolvió sus sentidos mientras la besaba con demanda imperante. La bajo al colchón, su duro cuerpo sobre ella, extendió sus muslos aún más hasta el ancho sus caderas, que se establecieron en contra de ella, y ella gimió su necesidad. Eso era lo que necesitaba. Se sentía como si hubiera estado esperando esto toda su vida. Esperando ese beso, ese hombre, ese toque. Y lo necesitaba como el aire que respiraba. Necesario para el punto de que todo su cuerpo estaba empezando a doler por eso. Anna se encontró falta de aliento mientras sus labios se movían a la mandíbula, sus besos duros moviéndose por ella mientras una mano se deslizaba hasta su muslo. La sensación de su mano callosa causó escalofríos increíbles a través de ella. El calor ardía en su clítoris, a través de su vagina, hasta apretar su abdomen con espasmos fuertes. Cuando la palma de su mano alivió la curva de su cadera, y luego se deslizó por su estómago, ella perdió la respiración, inclinando su cabeza hacia atrás mientras sus labios se movían a su cuello. Besos ardientes fueron esparcidos alrededor de la columna arqueada, mientras que la mano de Archer acariciaba su estómago antes de regresar a la curva redondeada e hinchada de su pecho, su toque nuevamente hambriento.

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Las sensaciones azotaban sus sentidos cuando Anna se arqueó desesperada por presionar su carne aún más en la mano, sentirlo más cerca, tan profundo como fuera posible. Él rastrilló su pulgar sobre el pezón, su palma contra la punta áspera, arrancando un grito de ella. La necesidad de estar más cerca de él, sentir más, experimentar más, la estaba volviendo loca. El calor irradiaba de su cuerpo, el sudor humedecía su piel mientras su respiración se tornaba desigual y los gemidos se hacían más difíciles de controlar cuando sus besos se deslizaron hacia abajo, su lengua lamiendo la clavícula. Sus labios acariciaban las curvas

hinchadas de sus pechos y los picos duros y

distendidos de sus pezones. Anna forzó a sus pestañas a permanecer abiertas, viendo como el cabeza rubio oscuro levantaba su cuello, sus ojos dorados, sus párpados pesados y llenos de lujuria, mirándola fijamente. Observándola con tanto calor que su coño lloró necesitado. Sus labios estaban tan hinchados como sentía los suyos, su expresión tan tensa como sabía debía ser la suya. —No te detengas. —Fue una súplica, una demanda. Adolorida, levantó sus caderas contra él, acariciando el brote hinchado de su clítoris en contra de la longitud de su polla. Podía sentir su orgasmo acercarse, construyendo ese punto donde sabía que el placer la haría explotar en sensaciones de placer de las que solo había oído hablar a los demás hasta ahora. No se comparaba con nada, y mucho menos con los espasmos débiles que había logrado cuando había llegado al orgasmo en el pasado. —¿Sabes lo que me estás haciendo, Anna? —Él se quejó, su expresión llena de tormento cuando su mirada se posó en las puntas rígidas de sus pechos—. ¿Lo que esto nos podría hacer a los dos?

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—¿Qué podría hacernos? —exigió, la frustración llenándola—. ¿El fin del mundo, Archer? ¿Qué catástrofe podría asolar Sweetrock si tenemos sexo? ¿Si hacia el amor con ella? ¿Si corría el riesgo de abrir sólo una pequeña, muy pequeña, parte de su corazón indefenso y darle una oportunidad a ella de entrar? —Dios, tú me sorprendes. —Por un breve instante la diversión brilló en su mirada antes que sus ojos cayeran a sus pechos de nuevo—. Pero la catástrofe sin duda podría suceder —respiró con dureza—. Dios nos ayude, Anna, que me condenen, pero creo que valdría la pena. —Entonces, deja de hablar y empieza a actuar —sugirió ella, sin aliento mientras él bajaba la cabeza, simplemente girándola lo suficiente para permitir que su mejilla rozara al montículo liso de su pecho. —Deja de provocarme, Archer. —Su coño estaba en llamas, con los pechos hinchados y doloridos. Si él no la tomaba pronto, si no la follaba pronto, se volvería loca. *** Archer se sintió como si hubiera estado luchando contra esta atracción por ella toda su vida. Definitivamente los últimos seis años. Había estado luchando desde el día que cumplió 18 años y reconoció la hermosa mujer en la que se estaba convirtiendo. Hermosa, elegante. Era testaruda y determinada, ciertamente. Estas habían sido siempre sus dos cualidades más desafiantes. No era una terquedad pueril, sin embargo. Ella era una mujer que sabía lo que quería y lo que estaba decidida a tener.

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Y lo que ella quería era lo contrario de lo que su familia quería de ella y para ella. Se deslizó entre sus rodillas, separando sus piernas, abriéndola mientras agarraba su eje rígido y se posicionaba para apoyarlo en ella. Enseguida, el brillo intenso de sus jugos recubrió los labios hinchados de su coño atrayéndolo, despertando el hambre por su gusto, intensificando su deseo por estar dentro de ella. Hizo una pausa, por un momento sin poder decidir qué hambre era peor. El sabor contra su lengua, o la sensación de su polla enterrada en su interior. Cuando él hizo está pausa, Anna se movió. Sentándose, envolvió sus dedos alrededor de la anchura de su polla y se inclinó sobre él, cubriendo su cabeza hinchada por segunda vez esta noche. Su pequeña boca caliente lo envolvió con placer. Archer se quedó inmóvil, con su cuerpo apretado mientras el calor de su boca lo absorbía y trabajaba la cabeza de su polla como si fuera una de sus golosinas favoritas. Una mano suave se posó en su cadera y la apretó con fuerza. Un gemido áspero partió de sus labios mientras ella lo chupaba profundo, la parte posterior de la garganta repentinamente acarició la corona violentamente sensible, mientras ella gemía con su propio placer. La inocencia llenaba su tacto, pero también el deseo y la conciencia de lo que estaba haciendo. Sus cortas uñas rozaron la carne de su cadera mientras su lengua acariciaba la parte inferior, las terminaciones nerviosas tan cerca de la piel que todos los músculos de su cuerpo se contrajeron en respuesta. La otra mano acarició desde la base de su pene hasta la boca amamantando y viceversa. Ella lo estaba volviendo loco de placer y lo adoraba.

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Ella era virgen. Archer había sabido durante años que ella no tenía otros amantes. John Corbin le dijo varias veces lo cerca que controlaba a su nieta y lo orgulloso que estaba de que la promiscuidad no fuera el camino que eligió. ¿Por qué la vigilaba? Esta pregunta a menudo lo atormentaba. Esa pregunta pasó por su mente, pero su boca chupando su polla con fuerza, la limpió. No pudo evitar mirar hacia abajo, tal como lo había hecho antes. Ver como ella lo tomaba con una intimidad total donde otras mujeres con mucho más experiencia no habían disfrutado tanto como Anna lo hacía ahora. Empujó hacia atrás sus labios hinchados y rojos y sus delgados dedos bombearon duro la longitud de su ancho eje, casi haciéndole perder la última reserva de control para retener su liberación. La cresta hinchada estaba de color rojo oscuro y pulsaba de lujuria en sincronía con la humedad de su coño. La estrecha rendija en la cresta destilaba una gota cremosa de pre semen. Archer observó. Su corazón casi se detuvo cuando su suave lengua rosa salió a lamer la crema de su polla con lujuria. Ella lo probó con un hambre tan intensa que quemó a través de sus sentidos y envió caóticos temblores de placer corriendo por su columna vertebral. Un gruñido estalló en sus labios mientras el placer se sobreponía a su reserva. Los dedos de su mano se enterraron en su cabello. Apretando las hebras mientras su lengua acariciaba la carne violentamente sensible de la cabeza de su polla una vez más y él gruñía ante la sensación aumentada. —Oh, demonios. Sí, Anna. Chúpame así, nena. Chupa mi polla así.

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¿Con qué frecuencia había fantaseado con esto? Con sus dedos apretados alrededor de su eje, acariciándose mientras la veía en su imaginación. Con los ojos cerrados, él imaginaba su pequeña boca exuberante moviéndose sobre su carne hinchada. Imaginaba sus labios extendiéndose sobre la punta ancha, su lengua azotando el lugar ultrasensible justo debajo de la capucha. —Maldita sea, eso es tan bueno. —No podía dejar de ver sus labios moviéndose en la cabeza de su polla—. Oh, sí, cariño. Eso es condenadamente bueno. Ella estaba haciendo mucho más de lo que había imaginado alguna vez y le daba mucho placer. Subiendo y bajando sobre la cabeza hinchada, chupando y acariciando con labios, la

lengua y succionándolo con su boca, ella lo tomó como una mujer

hambrienta por el gusto de un hombre. La inocencia en su expresión cuando ella lo miraba estaba en desacuerdo con la confianza y el puro deseo brillando en las oscuras profundidades de sus ojos color verde. Su inocencia no la detuvo ahora, no más de lo que había hecho antes. Su estómago se tensó mientras deslizaba una mano entre sus muslos para ahuecar sus pelotas, sus dedos rodando suavemente, con firmeza. El placer lo destruiría. No había vuelta atrás. No había forma de salvar su inocencia, su conciencia, ni las consecuencias que pudieran traer esta noche. Rozando el costado de su mano, la que sostenía la base de su pene, él se liberó del exquisito calor de su boca, luego se inclinó hacia sus labios de

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nuevo. Frotó la amplitud de su cresta contra la curva de sus labios hinchados, con los dientes apretados cuando un gemido se deslizó por ellos. Su mirada se oscureció aun más, y mientras veía la emoción cruda llenarlos, Archer juró que podía sentir algo dentro de su alma extendiéndose hacia ella. La emoción amenazaba con tenderle una emboscada, amenazaba con quebrarlo, a pesar de su determinación de controlarse. Lujuria. Esto era lujuria. Se trataba de deseo. Se trataba de necesidad física y placer. Un placer que estaba compartiendo con él. El sonido de su placer hizo que sus bolas se apretaran en un espiral lujurioso. El ansia de ella moviéndose a través de él. Golpeando sus sentidos, tratando de hacerse cargo, de tomarlo. Era lo único que podía hacer para detener el poderoso deseo de dominio que era una parte de él. Y no tenía ni idea de por qué lo estaba conteniendo. Él ya era un hombre muerto. Bien podría disfrutar de cada segundo con esta criatura sensual sentada delante de él con su lengua asomada azotando la cabeza de su polla. Sí, él era un maldito hombre muerto y esta era su última comida. Un precioso, delicado y pequeño festín sensual y tenía la intención de disfrutar cada segundo de placer que encontrara con ella. *** Anna lo miró, la batalla por mantener sus pestañas levantadas era casi abrumadora.

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Quería ver su cara, los contornos salvajes y el tenso deseo en su expresión. Las emociones caóticas y la dominación pura que llenaba sus ojos excitados e intensificaba su propia excitación. No podía creer que todos estos años fantaseando con él finalmente hubieran llegado a su fin. Todos los años de leer sobre el acto iban a terminar. Haber visto vídeos, escuchar todas las historias de sus amigas diciendo como dar placer a un hombre, acumulando conocimiento, jurando que marcaría a este hombre con su toque. Él no la amaba, pero quería asegurarse de que la recordaría. Recordaría su tacto y el calor abrasador entre ellos. Que él nunca olvidara que ella lo había esperado. Separando sus labios para tomar la amplia cabeza una vez más, Anna chupó la hinchada cresta en su boca y dejó que su lengua frotara el área ultrasensible justo debajo de la cabeza palpitante. El caliente sabor masculino y la lujuria llenaron sus sentidos cuando un gruñido áspero sonó por encima de ella. Los dedos de Archer recogieron su pelo mientras que los dedos de su otra mano apretaban alrededor de la base de su pene. Anna frunció los labios y la boca alrededor de la carne palpitante, chupándolo más profundo, más firmemente. Apenas podía tomar más que la gruesa cabeza, pero la abrumadora sensación de feminidad que la llenaba avivaba más alta su lujuria. Mirando hacia él de nuevo, Anna no pudo evitar gemir ante la salvaje intensidad de su expresión. Sus dedos volvieron a apretar su pelo cuando movió lentamente la cabeza hacia atrás, antes de empujar su boca de nuevo por la ancha y caliente protuberancia.

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Se llenó la boca, follándolo lentamente y con calma, su respiración acelerada y los gemidos apagados llenando la habitación. Anna podía sentir sus jugos corriendo por su coño, su clítoris sufría y pulsaba con necesidad dolorosa. La sensación electrizante de sus dedos rozando sus terminaciones nerviosas sensibilizó cada centímetro de su carne. Los dedos de su mano apretaron su cadera, mientras la otra sopesaba y acariciaba sus testículos. Su boca siguió los movimientos orientadores de sus manos y el empuje de su polla follando sus labios. Los músculos de sus muslos se apretaron mientras que los testículos palpitaban apretándose contra la base de su pene y su corona llenaba su boca. Ella no pudo contener un grito silencioso cuando el sabor sutil de su liberación encontró su lengua y su polla pulso de nuevo. Chupó la gruesa cabeza con hambre, con ganas de más. Su lengua frotó y acarició cuando la necesidad de su sabor la abrumó. Ella necesitaba más de él. Sufría por más de él. *** Archer estaba muriendo. La necesidad de liberarse estaba torturando sus bolas, tirando firmemente de su polla, mientras sus muslos estaban rígidos como el hierro. Contener el pulso de liberación en su saco era una tortura. Gimió, dividido entre el hambre de tomarla como siempre había soñado y el conocimiento de su inocencia, atrapado en una batalla entre los dos impulsos y sin idea de cómo resolverlo.

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—Maldición, Anna, es suficiente —él gruñó, empujando su polla de la tentación de su boca y la amenaza de derramar sus bolas. Derramarse, un infierno, si no paraba, estallaría en su boca con tal fuerza que gritaría de placer. —Archer, por favor —la petición de más, exactamente lo que él aún no estaba listo para darle, casi se rompió el control que ejercía sobre su lujuria—. No pares.

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Capítulo 6 —¿Parar? No en esta vida. —Archer gimió cuando la empujó en la cama, acercándose a ella y tomando sus labios con los suyos en un beso que quemó a través de sus sentidos como un láser a través de la mantequilla. Con una mano todavía enterrada en su cabello sedoso, Archer empujó su cabeza hacia atrás, hundiendo su lengua en sus labios para encontrar la suya en una caliente danza sexual. Ella se arqueó en su abrazo, su cuerpo esbelto y frágil buscando la pesada erección que presionaba exigente contra la sedosa carne de su muslo. Los besos no eran suficientes. La necesidad que rugía a través de él ahora era imposible de resistir. Aunque sus labios eran dulces y suaves, los globos hinchados de sus pechos con sus puntiagudos pezones duros, llamaban a su hambre. Esos todavía estaban en otra de sus fantasías. Un pecado tentador que a menudo se encontraba imaginando, su polla presionada entre ellos. Infierno, él podría coger esos hermosos pechos mientras la guiaba a bajar la cabeza, abrir sus labios y tomar la gruesa cresta que surgiera entre ellos. Podría sentir su suavidad, jugar con sus pezones apretados y ver su rostro mientras derramaba su liberación en su boca hambrienta. Pero no esta noche. No había tiempo para todas las fantasías que había tenido en lo que concernía a su cuerpo y su polla. Pero tenía la oportunidad de degustar sus pechos, devorar las puntas rígidas y dulces de sus pezones rosados.

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Flexionando su cuerpo tomó uno de los pequeños brotes entre los dientes para mordisquearlo. Raspando los dientes en la punta, no pudo dejar de ver la sensual y femenina ansia en su rostro. Observar el revuelo de sus pestañas mientras su cuerpo se extendía debajo de él, arqueándose como si quisiera empujar el pezón más profundamente en su boca. En su lugar, soltó la pequeña extremidad dura, levantando la cabeza para mirarla exigente. —¡Mírame! —gruñó mientras sus pestañas se elevaban—. Mira lo mucho que me gusta dar placer a este dulce y perfecto cuerpo tuyo. Anna forzó sus pestañas a permanecer abiertas mientras gemía, alto y ronco, pidiendo más. Una oleada de sensaciones abrumadoras apretó e inundó su coño, atacando su clítoris hinchado y enviado espasmos acelerados a través de su vagina dolorida mientras bajaba la cabeza, su mirada trabada con la de él mientras su lengua se deslizaba alrededor de la punta dura de su pezón. Archer usó su mano libre y colocó su palma callosa contra su muslo, el tacto áspero en su carne sensible. Olas eléctricas de feroz placer corrieron por sus terminaciones nerviosas y dispararon exquisitos fuegos a través de su cuerpo. Arqueándose, Anna onduló sus caderas, desesperada por tener sus dedos acariciando los pliegues hinchados de su sexo. Apretando sus uñas contra sus duros hombros, amasó los músculos poderosos mientras la palma de su mano acariciaba arriba por su muslo, llegando cerca del centro caliente de su sexo. Anna no podía contener sus gemidos de necesidad cada vez más grande. Pasando de un pezón a otro, Archer gimió mientras chupaba la punta dura. Anna dio un grito en consonancia cuando sus dedos encontraron los resbaladizos jugos calientes que comenzaban a correr por sus muslos. Sus piernas se abrieron

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más, oscureciendo su visión cuando el placer la golpeó y se estrelló a través de sus sentidos. Las llamas se precipitaron de sus pezones al clítoris, golpeándola y enviando más humedad para lubricar los músculos tensos de sus pliegues. —Oh Dios, Archer —ella gimió, sus manos moviéndose de sus hombros a su pelo, sus dedos apretando las hebras cuando soltó su pezón y comenzó a esparcir suaves besos acalorados. Moviéndose por su cuerpo, su mirada sostuvo la de ella mientras sus labios besaban y su lengua lamia la carne sensible. Anna se sintió embriagada por el creciente placer y las sensaciones desesperadas que se construían en su interior. Con los dedos enterrados en su pelo, sosteniendo su mirada, sólo podía observarlo, su respiración constreñida mientras sus besos comenzaban a deslizarse desde su estómago hasta su abdomen, e inexorablemente hasta la carne dolorida entre sus muslos. Apenas podía respirar. Estaba fascinada por su mirada, por la construcción del placer increíble dentro de ella, aunque solo podía verlo mientras él colocaba ardientes besos en sus muslos. —Archer, por favor. —Arqueándose cuando se detuvo justo por encima del brote palpitante de su clítoris, su mirada todavía con ella, Anna trató de levantarse al calor de sus labios. —Por favor, ¿qué, Anna? —la tentó, frotando la barbilla contra el montón sensible—. Dime qué es lo qué quieres. Dime cómo lo quieres. ¿Qué quería? ¿Cómo lo quería?

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Gimiendo, balanceo la cabeza. ¿Cómo diablos debía responder a eso? Nunca había sido tocada así antes. Había leído y escuchado sobre ello, pero no tenía una pista de qué y cómo lo quería. —Archer. —¿Qué quieres mi amor? —la tentó aún más—. Dime, y te lo daré. Apretando los dedos en su pelo mientras lamía sus labios secos, Anna luchó por empujar más allá de la necesidad de gritar por la creciente desesperación en su cuerpo, en sus sentidos. —Por favor, por favor Archer. —Finalmente obligó las palabras entre sus labios hinchados, arqueándose hacia él de nuevo, necesitando sus labios allí, su lengua, su beso. —Dime lo que quieres Anna. —Su voz era más exigente, más dura que nunca, mientras su aliento cepillaba contra la carne sensible enviando una sensación punzante a través de su coño y palpitando en su clítoris. —Dios. Archer, por favor. Al igual que mis pezones. Toma mi clítoris como hiciste con mis pezones. —Ella no podía soportar la necesidad por más tiempo. El hambre venció la timidez y la envió de cabeza entre las llamas que amenazaban consumirla. —Quiero tu lengua, Archer. Tus labios. —Su respiración se enganchó con un gemido—. Ahora, Archer. Por Dios, pon tus labios en mi clítoris. Las palabras se detuvieron cuando sus labios y su lengua encontraron su clítoris. Deslizándose a través de su hendidura saturada, raspado la carne sensible con avidez mientras Anna sentía esas sensaciones de éxtasis que la habrían hecho gritar si hubiera tenido aliento para hacerlo. Pero no tenía aliento.

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Separando aún más sus piernas, levantó las rodillas y las extendió, con sus tacones aguja clavándose sobre el colchón, luchando por acercarse a él. Anna sintió su lengua, como Archer lamia con ansia demandante alrededor de su clítoris palpitante, se sentía como si mil soles explotaran a través de sus músculos tensos y su carne sensible. Un gemido escapó de sus labios, sólo para ser capturado a medio camino de sus labios cuando, de repente, la presión en su clítoris explotó. Su pulgar presiono la entrada apretada de su coño, apenas una caricia mientras sus labios, lengua, y el calor succionador de su boca la enviaba a toda velocidad hacia el éxtasis. No podía gritar. Anna perdió el aliento ante las sensaciones increíbles que rasgaban a través de sus sentidos. Incluso con sus propios dedos, su conocimiento de su propio cuerpo, nunca había producido tal rapto. Estaba encerrada en sí misma, su cuerpo tembloroso, empujando contra él, contra la succión de su boca, su lengua áspera, y sus dedos, sabiendo que estaba entregada a un caos sensual de una manera que sólo podía sentir la furia de las sensaciones atravesándola. Haciendo caso omiso de su grito desesperado, Archer se puso de rodillas entre sus muslos, presionando sus piernas para separarlas aún más mientras sostenía la base de su pene y cubría su tembloroso cuerpo. La amplia cabeza de su polla palpitante presionó contra la entrada apretada, estirándola lentamente mientras sus besos comenzaban a devorar a sus labios. Podía probarse a sí misma en su beso, pero en lugar de menguar su liberación solo la aumentó. Llamas de placer y dolor comenzaron a desgarrarla cuando empujó la cabeza hinchada de su polla en su interior, extendiendo la entrada sensible. El empalamiento de músculos previamente sin tocar quemó su carne mientras trabajaba la cabeza roma lentamente en su interior.

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La cresta dura como el hierro pasó a través de terminaciones nerviosas previamente ocultas, golpeando sus sentidos con tal fuerza que apenas podía procesarlos. —¡Oh Dios, Archer! —gritando su nombre, Anna vio con ojos desenfocados por el placer como él erguía su cabeza, su mirada de águila feroz bloqueó la suya mientras sus caderas se movían de nuevo. Retirándose, presionando más profundo, Archer trabajó la carne gruesa, dura, contra los tensos músculos de su coño sin experiencia. Poseyéndola intensamente, con una intención que robaba toda apariencia de control. Cuando él se apartó de nuevo, Anna sintió la cresta palpitante en la entrada de su coño, sus muslos apretados y los músculos de sus caderas agrupados. Un segundo más tarde, Archer entró en ella con un golpe feroz, duro, que hizo que su polla rompiera el velo de la inocencia que estaba guardando para él. Anna sólo podía sostenerse durante el viaje. Sus dedos se cerraron sobre sus hombros, gritos ásperos dejaron sus labios cuando él empezó a moverse con golpes poderosos, empujando más profundo con cada movimiento. Anna arqueó sus caderas hacia él, desesperada por tomarlo todo. Cada sensación, cada gemido áspero, cada golpe de su gruesa erección enviaba explosiones de éxtasis en sus sentidos que convergían en un enorme éxtasis interior. Conduciéndose más profundo en su coño apretado, más allá de la carne previamente virgen y sus terminaciones nerviosas recién descubiertas, Archer impulsó su erección hasta la empuñadura. El placer rompió con ardiente fuerza dentro de ella, cada explosión rasgando sus sentidos y marcando su alma. Él la estaba poseyendo. Dominando su respuesta.

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Él estaba tomando más que su virginidad, más que las profundidades sensibles de su cuerpo dispuesto. Con cada empuje feroz ella juraba que le estaba robando el corazón. El placer arrebatador, violento en su intensidad, comenzó a explotar a través de ella. Como si no hubiera demasiadas sensaciones, demasiado calor. Anna estalló de nuevo, gritando su nombre, inclinó la cabeza hacia un lado cuando besos ardientes fueron colocados en la sensible piel de su cuello. El placer - dolor adicional amplificó las explosiones, el goce, hasta que Anna sólo pudo gritar de nuevo con la fuerza de ellos. Ella se entregó totalmente a la fuerza del orgasmo que poseyó cada molécula de su cuerpo, hasta el último gramo de sus emociones. Fue sólo vagamente consciente del gemido irregular de Archer cuando la fuerza de su propio clímax comenzó a ceder. Su coño seguía apretando, rizándose alrededor de su erección, su aliento contenido cuando él rápidamente salió y empuñó su polla contra su puño cerrado. Un gruñido masculino irregular se hizo eco a través de sus sentidos cuando calientes, cremosos chorros de su liberación se vertieron contra la sensible carne de su hinchado clítoris. Sus labios se separaron contra el costado de su cuello, la picadura de un beso ardiente, feroz, posesivo contra su carne mezclada con las ondas del eco de su realización. Agotada, saciada físicamente, yació debajo de él, incapaz de moverse, apenas capaz de respirar. Recostado en su contra, su agarre seguía siendo apretado y posesivo a pesar de haber terminado y Anna se deleitaba con el calor de su cuerpo, y los latidos de su corazón. Podría estar en tus brazos como ahora, por siempre.

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Decidió no moverse. No había ninguna razón para pensar en salir de la cama, esperaría hasta que simplemente no hubiera otra opción. Archer se movía, sin embargo. Aliviándose de sobre ella, esperó a que se derrumbara a su lado, pero él se estaba alejando. La sensación de él dejando la cama envió pesar y dolor a través de ella. Manteniendo los ojos cerrados, se dijo a sí misma que no le llamaría. No le imploraría, enojaría, o lloraría como había oído que otras mujeres hacían cuando sus amantes se alejaban y buscaban otra cama para dormir. Le había dado un placer que nunca podría haber esperado… El sonido de la puerta de la habitación cerrándose no fue lo que oyó, sin embargo. Una arruga se formó entre sus cejas al oír agua corriendo en el cuarto de baño. Segundos después, sus ojos se abrieron rápidamente con la sensación de sus manos abriendo sus muslos. Archer se movió entre sus piernas, su expresión pensativa mientras tomaba la tela que trajo y tiernamente limpiaba la humedad de la suave carne entre sus muslos. —¿Qué estás haciendo? —estaba impresionada por la acción. Nunca había oído a las chicas que presumían de sus conquistas sexuales decir nada al respecto. —Dormirás mejor. —Prometió cuando sus labios se curvaron en una leve sonrisa. ¿Ella iba a dormir mejor?

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Viendo cómo termina de limpiar la prueba de su liberación, Anna admitió que Archer era un hombre al que nunca podría conocer totalmente. Pero quería. Quería conocerlo, conocer su toque, su placer, sus agonías, e incluso sus remordimientos. Quería saber lo que él quería y deseaba de ella ahora. Le preguntaría al respecto, se prometió a sí misma, después de dormir un poco y recuperarse del placer que había minado hasta la última de sus fuerzas. Saliendo de la cama y volviendo al baño, Archer corrió más agua, entonces, cuando Anna sintió la somnolencia robar su conciencia, volvió al dormitorio y a la cama. Aún más sorprendente, la envolvió en sus brazos cuando se estableció a su lado, con la cabeza apoyada en su pecho. —Hablaremos en la mañana —afirmó, su voz tranquila y decidida. —Está bien —concordó, aunque no estaba segura de lo que iban a hablar. Sin lugar a dudas, le hablaría sobre tener una relación libre, sin reglas y sin emociones. Casi sonrió ante la idea. Demasiado tarde para eso, después de todo. Por ahora, todo lo que Anna quería hacer era estar contra él, dormir, y divertirse con lo que se le había ocurrido. Nunca podría realmente recuperarse, sin embargo. Sabía que nunca se recuperaría del hombre y la intensidad del placer que le había dado.

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Anna sabía que nunca tendría otro toque que pudiera compararse con el hombre que tenía al lado ahora. Un hombre que temía nunca poseería como él la poseía. Cuerpo. Corazón. Alma. Ella sólo podía pertenecer a Archer Tobias.

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Capítulo 7 Un hombre entraba en terreno minado cuando una mujer tenía el poder de hacerle olvidar algo tan importante como la reunión que había programado varias horas antes del amanecer esa mañana. Archer estaba empezando a quedarse dormido, con Anna abrazada firmemente contra su pecho, cuando la silenciosa vibración de la alarma de su reloj sonó. No era una para alertarlo de la hora, sino una puesta en marcha por el sistema de alarma de la casa. Separándose suavemente de la fragante calidez de la mujer apoyada en su pecho, Archer salió rápidamente de la cama, encontró los pantalones que se había quitado anteriormente y se los metió por las piernas a toda prisa. Mientras se movía de la cama recogió el arma que mantenía escondida justo debajo de la parte superior del colchón. Dudaba que necesitase el arma, pero era mejor prevenir que curar. Archer nunca había considerado a John Corbin un enemigo, pero ahora que Anna estaba allí, en su cama, todo era posible. Con la Glock pegada a un lado de la pierna, se movió hacia la puerta del estudio, que había dejado entreabierta varios centímetros antes de irse a la cama, e inclinó la cabeza para mirar dentro de la habitación. Podía ver a John Corbin de pie delante del gran mapa del Condado de Corbin que el abuelo de Archer había encargado. Usando alfileres amarillas, Archer había marcado la posición de cada cuerpo que el Carnicero había dejado para que lo encontraran las autoridades.

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John le fruncía el ceño al mapa, con las líneas de expresión fuertemente marcadas, reflejando su dolor por la situación en la que se encontraba, y su incapacidad para encontrar una manera de resolverla. Archer entrecerró los ojos hacia el hombre mayor, esperando a ver si se movía. Había sido John quien había venido a él hacía diez años, cuando el padre de Archer había empezado a mostrar los primeros síntomas de Alzheimer. Randal Tobias había estado investigando en silencio los asesinatos del Carnicero, tratando de localizar algún sujeto en común con el que las chicas se hubieran relacionado, aparte de los primos Callahan, que podría haber tenido tales tendencias asesinas, o un odio tan absoluto por los tres jóvenes. Con la enfermedad de Randal, John había estado desesperado. Su nieta, Anna, había sido un adolescente, apenas de catorce años, pero ya rogaba por volver al Condado de Corbin cuando sus padres se trasladaron al rancho en primavera para ayudar a John durante los partos. El anciano había afirmado que mantuvo a su nieta alejada del Condado debido al Carnicero, y debido a que la curiosidad de Anna por su primo Callahan, Crowe, lo tenía preocupado. No parecía importar las excusas que le dieran o con cuanta frecuencia trataran de decirle que el Condado de Corbin era demasiado peligroso para ella, ella se negaba a creerlo. El Carnicero solo atacaba a las amantes de los Callahan, argumentó ella una vez que hubo entendido el significado de los objetivos que el asesino escogía. Ella no era su amante, era simplemente una prima. En cada ocasión que la joven había estado en casa, parecía surgir la oportunidad de que se encontrara con Crowe o uno de los otros primos. Siempre había hablado con ellos, siempre había tratado de atraerlos a una conversación, y siempre había terminado llorando cuando se negaban a hablar con ella.

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Archer no tenía ni idea de cómo el nuevo trabajo como asistente personal de Mikhail Resnova iba a acabar, porque las oficinas de Mikhail y de Crowe estaban una al lado de la otra. No es que Archer pudiera culpar a los primos, sobre todo en estos días. Parecía que cada movimiento que hacían mientras estaban en casa o salían era visto con recelo. Como si Rafer, Logan, o Crowe fueran a caer sobre alguna desventurada mujer y matarla delante de todo el pueblo. Cuando John no se movió del sitio, Archer abrió la puerta lentamente y entró. La cabeza plateada de John se volvió hacia él, con los dedos hundiéndose en la espesa aspereza de su cabello, mientras Archer se detenía sorprendido y miraba a los otros dos hombres dentro de la habitación. —Dijiste que querías respuestas esta noche —dijo John—. No son sólo mías para darlas. Por supuesto que no, pensó Archer sarcásticamente. Tendría que haber adivinado eso. Los “Barones” eran llamados así porque eran dueños de los ranchos más grandes de la zona, tenían mayor número de empleados que cualquier otra empresa en el Condado, y debido a que sus familias, junto con los Callahan, había sido los primeros fundadores del Condado, más de cien años atrás, sus reclamaciones sobre la tierra se extendían a incluso antes de que los primeros asentamientos no nativos fueran registrados. Junto con John Corbin estaba Marshal Roberts, abuelo paterno de Rafer Callahan, y Saúl Rafferty, el abuelo de Logan. Cada hombre estaba alrededor de los setenta y uno o setenta y dos, y cada uno se movía como un hombre veinte años más joven, a pesar de las arrugas de expresión fuertemente marcadas en sus expresiones por el cansancio.

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—Vaya ¿por qué no adiviné que si uno de ustedes estaba involucrado en algo, lo estarían todos? Archer resopló mientras se movía a la parte delantera del pesado escritorio de nogal, que una vez había sido de su abuelo, y se apoyó en él, con los brazos cruzados sobre el pecho, mientras observaba a cada hombre, cuestionándolos. Exhalando bruscamente, John se paseó por la habitación antes de girarse y volver a las sillas que estaban colocadas delante del escritorio. Agarrando una silla a juego que estaba arrimada a la pared, la colocó al lado de Saúl Rafferty antes de tomar asiento y mirar a Archer imperiosamente. —Deberías sentarte. Él querría sentarse para esto. Genial. Independientemente de lo que podría estar acechando a los primos, no había duda que originalmente provenía de estos tres hombres. El padre de Archer había hecho la primera predicción, su expresión contraída por la ira, mientras clavaba una tachuela roja en el mapa. Moviéndose detrás del escritorio, Archer se sentó, se inclinó hacia atrás y esperó. —Hace cuarenta años, hubo un evento desafortunado con el que los tres nos encontramos. Ninguno estaba involucrado, pero al haber llegado cuando lo hicimos, le dimos a alguien, que todavía no hemos identificado, la oportunidad de incriminarnos. —John comenzó con gran pesar—. Y así estamos debido a aquella situación, y a nuestra incapacidad de prever que, al no decirle a nadie lo que había pasado, quien había tendido la trampa tendría el poder de destruir nuestras vidas.

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»Debido a ese evento, Archer, nos vimos obligados a renegar de nuestras hijas cuando se casaron con hombres que interferirían en cualquiera sea el plan que esta persona tuviera. Después, nos vimos obligados a darles la espalda a nuestros nietos y renegar de ellos también. A causa de cualesquiera que sean los planes que, solo Dios sabe, tiene ese cabrón, casi una docena de mujeres han sido asesinadas por su conexión con nuestros nietos. Y ahora —la voz de John se volvió ronca— debido a una situación que no pudimos controlar, y que no pudimos negar que hubiera sucedido, he tenido que renegar de mi nieta, porque esta persona encuentra, por la razón que sea, inoportuno que ella esté en el condado de Corbin. Si tú no la convences de que se vaya, si no consigue sacarla de Colorado, ella aceptara el puesto en la oficina de Brute Force. Tienes que conseguir que se vaya, Archer. Tú eres mi última esperanza para salvarla. Él no intentó ocultar su sorpresa. Retrepándose en la silla, miró a los tres “Barones”, preguntándose si su padre alguna vez había sospechado algo de esto. No, él no podía haberlo hecho, pensó Archer. Si su padre lo hubiera sospechado, seguramente se lo habría dicho, o le habría dejado esa información antes de que el Alzheimer se hubiera apoderado de su mente y el ataque al corazón le hubiera quitado la vida. —Joder. —Archer exhaló bruscamente, mientras miraba a los tres hombres, sin siquiera fingir que se había quedado sin palabras. Mierda, su padre siempre había supuesto que los Barones tenían más que ver con todo esto de lo que ellos podían imaginarse, y cuánta razón había tenido. —¿Qué pasó? —Dejó que su mirada se posara en cada hombre. John respondió por todos ellos. —Una vez que averigües la identidad del Carnicero y su socio, te lo diremos

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todo. Te hablaremos de una conspiración de sangre y muerte, que posiblemente se remonta a mucho más tiempo del que cualquiera de nosotros quiere considerar. Pero hasta que hayan detenido a ambos asesinos, revelar los secretos que hemos mantenido durante tanto tiempo no va a hacerle ningún bien a ninguno de nosotros. Y menos a mi nieta. Archer lo miró en silencio. Recordó la primera vez que conoció al anciano. Archer no tendría más de siete años, huérfano de madre después de la muerte de Mera Tobías, y desorientado. Su padre no había sabido qué hacer con él, así que Randal había llevado a su hijo al Rancho Corbin y lo dejó con sus amigos John y Génova Corbin, durante el verano. Archer se había encariñado con el paternal John, y había comenzado a desear esas visitas. Cuando entró en la adolescencia había hecho trabajos de verano en el Rancho Corbin, hasta que se unió a los Marines. Había llegado a conocer a John lo suficientemente bien para poder leer la determinación en la mirada del anciano. Ese brillo de terquedad corroía a Archer. Durante diez años, incluso antes de que hubiera dejado los Marines, había estado investigando las violaciones y asesinatos de las seis primeras mujeres y las posibles conexiones que podrían haber tenido con los primos Callahan, y a quien sea que hubiera estado intentando incriminar a los chicos por esos asesinatos. Saber que los asesinatos podrían haber comenzado mucho antes de lo que había imaginado hizo que la furia hirviese en sus entrañas. Ya era bastante malo que ni siquiera pudiera presentarse con un sospechoso, y mucho menos una lista de la cual identificar al Carnicero y a su socio, pero que no le revelasen lo que podría ser información vital, sólo lo cabreaba más. —¿Tienen información de una serie de asesinatos que podrían haber sucedido hace doce años y se están negando a revelársela a un oficial de la ley? —

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preguntó a los tres hombres, cuidando de mantener su tono tranquilo y controlado. —Si te lo decimos ahora, sin pruebas, sólo nos dañará. —Se defendió Saúl Rafferty, su voz profundamente ronca, que todavía mantenía el sordo tono barítono de autoridad—. Todavía no tienes ningún sospechoso, y sin pruebas de lo que sucedido, no hay manera de identificar a alguno. Pero si esta información se diera a conocer, inmediatamente los tres podríamos ser culpados de eso y de mucho más. Cuarenta años, Archer. Hemos tenido que mantenernos al margen, renegando de las hijas que amamos más que a nuestras vidas, y después renegar de sus hijos, eso o ver su sangre derramada y nuestras manos manchadas por su sangre. Prefiero morir antes que ver a esos muchachos sufrir más. —Y ahora también he perdido a Anna —rechinó John, la voz llena de amargura—. Si te decimos lo que sospechamos y lo que sabemos del pasado, eso que está siendo sostenido contra nosotros, pondrá en peligro no sólo a nuestros nietos, sino a toda nuestra familia. Si esperamos hasta que identifiques al Carnicero, o por lo menos a su socio, entonces podrás acusarlo de algo más que de los asesinatos que el Carnicero reivindica hasta el momento. —Eso no es suficiente —informó Archer a los tres hombres con la mandíbula apretada por la ira—. Pueden tener información que me ayude a identificar a ese cabrón y están reteniéndola. —No, no hay nada que pueda ayudarte —prometió Marshal Roberts, cuando él habló, décadas de sufrimiento recubrían su cara y llenaban su voz—. Nada de lo que sabemos podría ayudarte. Si pudiera, te juro por mi propia vida, que tendrías toda la historia, sin importar el peligro para nosotros. Mi nieto lo es todo para mí y para mi esposa. Al igual que los demás lo son todo para John y Saúl. Simplemente los pondremos en peligro aún más si alguna vez se sabe que te dijimos incluso solo esto. Diablos, esto iba a volver y morderle el culo, y Archer lo sabía. Pero también podía sentir que los tres hombres no iban a darle lo que sea que se estaban

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callando. Por lo menos no todavía. —¿Algo de eso está relacionado con los asesinatos que se han utilizado para tratar de tender una trampa a Crowe, Logan, y Rafer? —les preguntó. —Sospecho que están relacionados con el asesino, el propio Carnicero — suspiró John. Y se suponía que debería aceptar su palabra en eso, por supuesto. Archer no estaba de acuerdo. Lo qué iba a hacer en su lugar era examinar cualquier acontecimiento importante que se hubiera producido en el marco de tiempo que acababan de darle. —¿Por eso es que los tres vinieron a esta reunión? —preguntó con sorna—. ¿Por qué no puedo creérmelo, John? —Nos reunimos porque no es una historia que pertenezca a uno de nosotros, o sólo a uno de los miembros de nuestras familias. Nos atañe a todos— reafirmó Saúl—. Además, Anna está tan unida a mi familia y a la Marshal como nuestros nietos lo están de John. Verla herida a causa de esto nos destrozaría. —Por un segundo, las lágrimas brillaron en sus ojos—. Archer, ya hemos perdido demasiado. Ninguno de nosotros puede soportar perder más. —Y es por eso que tienes que convencer a Anna de que se vaya hasta que esto haya terminado —demandó John, ahora su tono era duro—. Tú sabes que no está segura en el Condado de Corbin, Archer. —Anna está segura, siempre y cuando se quede aquí. —Archer les informó a todos, sorprendido por la ferocidad de su declaración—. No voy a obligarla a irse. No voy a pedirle que se vaya. John levantó la cabeza, con expresión tensa, mientras miraba a Archer

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fríamente con sus intensos ojos azules. —Te estás acostando con ella, ¿no es así? Los rumores de que los han visto casi desnudos y follando en una de las grutas del parque eran ciertos. —Cuidado con lo que dices, Corbin. —Archer le devolvió la mirada, sin hacer nada para ocultar la furia que crecía en su interior—. No sé qué coño le dijiste antes de que la obligaras a salir de tu casa sin nada más que la ropa que llevaba puesta, pero sé que la destrozó. —¿Y quién coño te crees que estaba allí con Robert y Lisa cuando ella te llamó? —prorrumpió el otro hombre—. ¿Crees que dejaría a mi nieta indefensa y sola por un segundo? Sé cuándo escaló ese enrejado para entrar en su dormitorio y recogió la mochila y el bolso. Habría tenido su coche también, si no hubiera estado tan molesta que se olvidó que yo siempre dejo la puerta lateral del garaje sin llave. —Entonces, el hecho de que ella se esté acostando conmigo debería reconfortarte en lugar de alterarte, ¿no? —Archer explotó—. Porque tenerla en mi cama no fue una decisión que tomé a la ligera. Voy a protegerla, John, con mi vida si es necesario. —Pero, ¿será una decisión que implique un anillo? —John gruñó—. No voy a dejar que la trates como lo haces con tus otras mujeres, Archer, no dudes de eso. Mi nieta no será una puta marca en el poste de tu cama. *** Fue la falta de calor, una sensación de que algo no estaba bien, lo que despertó a Anna. Al principio se sintió desorientada, sin saber por qué estaba desnuda y por qué las mantas estaban enredadas en la cama, no cubriéndola lo suficiente para mantenerla caliente.

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En un segundo, el recuerdo de Archer acariciándola, sus besos y el increíble placer que le había dado, apareció en su mente. El rubor se deslizo por su cara antes de que corriera por su cuerpo con la recordada calidez. Y una renovada excitación. Había estado junto a ella cuando se durmió. No podía imaginarse que se acostaría a su lado, dejándola pensar que iba a dormir con ella, sólo para cambiar de opinión tan rápidamente y dejar su propia cama para encontrar otra. Oscar estaba allí, en la parte inferior de la cama. La almohada de él en su culo, pensó con una sonrisa, mientras sentía el peludo calor a sus pies. Archer no podía haberse ido muy lejos, y dejar la casa no era algo que creyera que él haría sin despertarla o sin primero dejarle una nota. Levantándose de la cama encontró su vestido y su bata, las cuales él debió haber dejado en el respaldo de la silla. Descalza, salió de la habitación, y silenciosamente comenzó a moverse por la casa. Anna se había cerciorado antes de prestar atención a que tabla del suelo chirriaba y cual no estaba nivelada con las demás mientras se había familiarizado con la casa. Evitando esas particulares trampas, bajó las escaleras y atravesó la casa, hasta que un sonido la hizo detenerse a varios centímetros del estudio. Inclinó la cabeza hacia un lado para identificar el sonido de voces que venía de la estrecha rendija entre la puerta y el marco. No estaba cerrada completamente, quedaban unos tres centímetros o así que permitían ver el interior de la habitación. ¿Archer estaba reunido con alguien? ¿A estas horas de la mañana? Acercándose más, se detuvo cerca de la estrecha rendija para ver si podía

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reconocer las voces y asegurarse que no eran intrusos. Lo que oyó encendió una llama de ira tan profunda y tan caliente en su interior, que tuvo que contenerse para permanecer oculta. —Entonces, el hecho de que ella se esté acostando conmigo debería reconfortarte en lugar de alterarte, ¿no? —Archer explotó—. Porque tenerla en mi cama no fue una decisión que tomé a la ligera. Voy a protegerla, John, con mi vida si es necesario. —Pero, ¿será una decisión que implique un anillo? —John gruñó—. No voy a dejar que la trates como lo haces con tus otras mujeres, Archer, no dudes de eso. Mi nieta no será una puta marca en el poste de tu cama. —Mi relación con Anna es asunto nuestro, no tuyo —Archer declaró fríamente—. Recuerda eso, John. Fuiste el único que la echó, en lugar de ser honesto. No voy a mentirle a ella, y ni de coña, voy a dejarte que la pongas en peligro aún más. —Conseguirás que la maten —su abuelo lo acusó ferozmente, su voz resonando con una veta de profundo y torturado miedo. —La protegeré con mi vida —replicó Archer—. Y con la verdad. Hasta que ustedes tres no decidan confesar ese pequeño secreto, no tienes nada que decir de cómo la protejo. Yo me encargaré de ella y me ocuparé de mi parte de las cosas. Hasta entonces, tú haces tú parte, y compruebas si no puedes encontrar algunas verdades más que darme que me ayuden a resolver esta mierda. —No me jodas. Y no pienses ni por un segundo que no conseguirás que la maten si le dices lo que acabamos de revelar. La he protegido de la, así llamada, verdad por una razón. Ella es una muy buena chica, pero confía en la gente, Archer. Demasiado. Necesitará alguien con quien hablar, y se lo dirá a alguien. Le cuenta todo a su amiga Amelia. No te puedo decir las veces que Wayne Sorenson se ha reído tontamente sobre Anna saliendo a escondidas de la casa para captar un

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vistazo de ti en esas malditas fiestas en los últimos años. O la frecuencia con la que su hija le ha hablado sobre las discusiones que Anna tiene conmigo. Porque Anna no puede mantener la boca cerrada. Y además, está el hecho de que no sabe cómo mantenerse lo más lejos posible de esos chicos. Ellos conseguirán que la maten. —Su abuelo estaba furioso, aunque sin la voz elevada a la que ella estaba acostumbrada. Anna apretó los puños cuando la humillación la recorrió. ¿Su abuelo no confiaba en ella con cualquiera que fuera esa “verdad”, porque le contó a Amelia sus discusiones? ¿O porque se había escabullido de la escuela algunos fines de semana, con la esperanza de ver a Archer o encontrar un momento para hablar con el primo que tan injustamente había sido condenado al ostracismo? Le habían dicho toda su vida que se mantuviera lo más lejos posible de los Callahan. Crowe era su primo, y quería llegar a conocerlo, sobre todo ahora que ella también había sido repudiada. ¿Pero ser expulsada de su familia, obligada a abandonar su casa y que nunca le dijeran por qué, porque se basaban en si se podían o no confiar en ella por esos pocos casos? Esto estaba empezando a sentirse como si hubiera mucho más en juego que la arrogancia de su familia y la determinación de hacer las cosas a su manera. Siempre había sabido que existía algo oscuro en su familia, pero nunca había puesto de manifiesto esa sospecha. A nadie. Ni siquiera a Amelia. Sin embargo, su familia no confiaba en ella. Eso dolía. Oh Dios, eso dolía mucho.

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Ese conocimiento estaba clavando unas afiladas garras en su pecho y la desgarraba. Tenía veinticuatro años, no era un bebé. Era una mujer adulta, y con independencia de lo que creyese su abuelo, había un montón de secretos de la familia Corbin que ella conocía. Los conocía, y nunca se los había dicho a un alma. —Los Callahan no son una amenaza, John. —Archer argumentó—. Pero seguramente podrían ser de ayuda. Y no trates de decirme cómo hacer mi trabajo o cómo proteger a Anna. No voy a tolerarlo. Los ojos de Anna se entrecerraron ante su tono. Sonaba excesivamente posesivo para un hombre que ya había establecido la regla de “nada de emociones, nada de relaciones”. Y eso estaba empezando a sonar como si el sentimiento que ella tenía de que una conspiración giraba a su alrededor fuera cierto. —Quien sea que está detrás de esto sabe que te estás acostando con ella. — La dureza en la voz de la declaración de su abuelo, la llenó de vergüenza, a pesar de que sabía que no había ni una posibilidad de que alguien pudiera saberlo. Mierda, sólo había pasado poco más de una hora—. Es una de las razones por las que estuve de acuerdo en reunirme contigo, Archer. No sólo para explicarte lo que podíamos, sino para intentar conseguir que veas lo mucho que él sabe y lo peligroso que es. Ese hijo de puta nos ha estado chantajeando desde antes de que nacieran esos chicos. Y no habían pasado más de unas hora desde que llamaste, cuando él me contactó. Él sabía que ella estaba aquí, y sabía que estaría durmiendo en tu cama. ¿Quién demonios era “él”? No había habido tiempo para que nadie hubiese sabido algo. —¿Él te dijo que sabía que Anna estaba aquí? —preguntó Archer cautelosamente—. Si no sabes quién es, John, entonces ¿cómo se comunica? Anna podía sentir la confusión aumentando dentro de ella.

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—Él llama. Puedo decir que enmascara su voz, y localizar la llamada para encontrar el número ha sido imposible en los últimos años. Está furioso porque ella está aquí y sigue en el Condado de Corbin. Cuando Anna llegó a casa hace dos semanas se puso en contacto conmigo por correo. Dijo que ella moriría si no se marchaba. Él está amenazando con asegurarse que ella pagara por esto si no consigo sacarla de tu casa y de Colorado. —Si está cabreado, va a cometer errores —decidió Archer. —Él sabe que los dos estuvieron en esa gruta hace dos semanas. Así es como me enteré. Dios, Archer, por favor, escúchame. Ella no puede saber nada de esto, y no puede quedarse aquí. —Si a él no le gusta donde vive ella ahora, entonces puede discutirlo conmigo —pronunció Archer lentamente, su tono peligrosamente bajo—. Porque Anna se quedará conmigo, y te prometo, que para llegar a ella, tendrá que pasar sobre mí. No vas a mantenerla a salvo por mentirle, o por esconderle esto. Al menos tiene que saber que su vida está en peligro. Ella puede tomar la decisión después de eso. Un torbellino de debilidad, por miedo o inducida por la ira, Anna no podía diferenciarlo, le recorrió el cuerpo. Podía sentir como le temblaban las rodillas, al igual que los labios, cuando levantó los dedos hacia ellos para contener la rabia que quería consumirla. El hecho de que Archer estuviera exigiendo que le dijeran la verdad no hizo nada para aliviar el inconcebible conocimiento de que su familia le había ocultado estas cosas. ¿Qué demonios estaba pasando? ¿En que se las habían apañado su abuelo y sus amigos para mezclarla? ¿Y por qué? ¿Por qué sus padres nunca le habían hablado de eso? Todos esos años estando sola, estando tan perdida y sintiéndose tan abandonada ¿todo porque se negaron a confiarle la verdad? —Estás utilizándola como cebo —su abuelo cargó, dándole voz al aumento

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de la sospecha de Anna. —Por el amor de Dios, John, ella es un objetivo, no importa dónde se aloje. Si él hubiera tenido intención de atacarla, ya lo habría hecho. Confía en mí para saber qué cojones estoy haciendo. Y confía en Anna. Ella no es una niña, ni es incapaz de guardarse esto para sí misma. Estaba totalmente confundida, pero eso no anulaba el enfado con su familia. ¿Había una terrible conspiración ensombreciendo a su familia y amenazándola? ¿Y ellos no podían decírselo? En cuanto a Archer, no tenía ninguna duda que la estaba utilizando, especialmente si de alguna manera había sospechado todo lo que estaba pasando. Sin embargo, su deseo de usarla en cualquier forma que fuera esta situación no había hecho que tuviera una erección. Él la deseaba por otras razones, y ella lo sabía. Había sido virgen, pero no estúpida. Era una mujer, y una mujer sabía cuándo un hombre la deseaba simplemente porque no podía mantener sus manos apartadas de ella. Ella podría no tener una oportunidad en el corazón de él, pero en los brazos de Archer tenía una oportunidad de algo casi igual de importante. La oportunidad de descubrir por qué había sido apartada por su familia hace tanto tiempo.

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Capítulo 8 Lo único que podía hacer era quedarse ahí, escuchar, asimilar lo que estaba oyendo. Permanecer en silencio fue una de las cosas más dolorosas y desgarradora que creía haber hecho en su vida. Ella quería irrumpir, hacer preguntas y exigir explicaciones. Ella quería enfurecerse, llorar y gritar… Oh Dios, quería gritarle a su abuelo, romperle el corazón como le habían roto el suyo durante años, debido al forzado aislamiento de su familia y por impedirle volver a casa. Quería llorar. Pero si lloraba, si dejaba caer la primera lágrima, entonces la objetividad que se estaba obligando a ejercitar, se perdería. Volvería a ser una niña otra vez, llorando por la noche y rogando que mamá y papá, por favor, por favor, la dejaran volver a casa. Gran parte de esto no tenía sentido. Y gran parte la estaba destrozando, incluso cuando le daba un atisbo a todas las preguntas que habían asolado su mente durante tantos años. —No hay manera de mantener a los Callahan fuera de esto, o a Anna lejos de Crowe, John —dijo Saúl Rafferty con tono cansado, sorprendiendo a Anna con su presencia. No sabía que él estaba allí—. Quien sea que esté detrás de esto, su único objetivo es destruirnos, a nosotros y a nuestros nietos. Si ella permanece oculta, si se queda en las sombras y continuamos haciendo lo que nos ordena, él nunca se delatará a sí mismo. —Y he tratado de convencerte que la muchacha podría ganarle a una almeja en mantener la boca cerrada si supiera la verdad de esto —susurró Marshal Roberts—. Entiendo tu necesidad de protegerla mejor de lo que nadie lo hace, pero

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Archer tiene razón. No la hemos protegido. Todo lo que has hecho es dejar que la niña crezca sin familia y sin amigos, porque algún loco encontró otra manera de castigarte. Permítele a Archer solucionar este problema antes de que sea demasiado tarde para cualquiera de nosotros. —Ella es demasiado testaruda para su propio bien —se quejó su abuelo—. Si sólo se hubiera ido a Francia, habría estado protegida. —Y te habrías perdido aún más tiempo para estar con ella del que te estás perdiendo ahora —gruñó Archer—. Junto con el hecho de que deberías haber sabido que ella nunca estaría de acuerdo con esto. —Ella es demasiado parecida a como era Kim antes de morir. —El dolor en la voz de su abuelo le encogió el corazón. La familia nunca se había recuperado de la muerte de su tía. Todavía los ensombrecía, igual que cualquier que fuera el peligro que los perseguía a ellos y a ella. —¿Estaba en lo cierto sobre tu relación con Anna? —Su abuelo ignoró la anterior declaración de Archer—. ¿Te estás acostando con mi nieta? Ella apretó los puños a los costados, mientras apoyaba la frente silenciosamente contra la pared y cerraba los ojos. Esto no era asunto suyo. Él había preferido verla vivir una vida solitaria y fría en lugar de confiar en ella. No tenía derecho a saber si se estaba acostando con alguien o con quien se podría estar acostando ahora. —Mi relación, en lo que sea que pueda o no llegar a convertirse, no es asunto tuyo, John. Pero deja que el Carnicero crea lo que quiera si esto significa sacarlo de su zona de confort y hacerlo enfadar lo suficiente como para que cometa un

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error. —El tono de Archer se mantuvo respetuoso, a pesar del hecho de que le había dicho a su abuelo que simplemente no era de su incumbencia si se estaba acostando con ella. ¿La había llevado a su casa y a su cama para atrapar a un asesino? ¿Estaba equivocada? ¿La idea de atrapar al Carnicero, o quien sea que amenazaba a la familia Corbin, le provocaba una erección? —Ella tiene un corazón, Archer —su abuelo escupió entre dientes—. Uno delicado. Uno que yo preferiría no ver roto. Ella no ha tenido un amante, y sé que no lo ha tenido porque piensa que ya está enamorada. Una vez que le entregue al hombre que ama ese regalo, nunca dejará de amarlo. No importa el daño que él le haga, ella siempre lo amará. Y si no te das cuenta de eso, entonces eres el tonto más grande, en lo que a ella respecta, de lo que jamás pensé que eras. Gracias, abuelo. Eso era exactamente lo que ella quería que oyera su nuevo amante. —¿Qué demonios quieres decir con eso? —gruñó Archer. —Quiero decir que has estado demasiado ciego para ver que Anna ha estado enamorada de ti desde que era una adolescente. Y se negó a conformarse con cualquier otra persona. Ella siempre consideró que ningún otro hombre era mejor que tú. Anna se moría de vergüenza. Había pensado que nadie se había dado cuenta de cuán profundamente había crecido realmente su amor por Archer. —Anna es demasiado inteligente para eso, John —argumentó Archer, aunque su voz había cambiado, más profunda—. Un amor como ese es un cuento de hadas para las niñas que juegan a disfrazarse con la ropa de su madre. Anna ya no es una niña. El corazón se le rompió. Justo en ese momento, justo allí, de pie fuera del

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estudio de Archer, llevando uno de los sexy vestidos con los que siempre se había imaginado seduciéndolo, sintió que su corazón se rompía en dos. Porque su abuelo tenía razón; amaba Archer Tobias. Lo amaba con todo su corazón, y nada iba a cambiar eso. Ella no podía hacer frente a esto. En una sola conversación había descubierto que su abuelo estaba, de alguna manera, ligado al Carnicero a través de una conspiración que ahora la involucraba, y que Archer estaba posiblemente utilizándola para sacar al Carnicero a la luz pública. Se estaba volviendo para irse cuando su abuelo dijo: —He perdido no sólo a mi niña, sino también a su hijo, mi nieto. He sido tan orgulloso, Archer. Génova y yo hubiéramos dado nuestras vidas por conocer a Crowe. Ahora ese hijo de puta nos ha obligado a apartar a Anna, no sólo de nuestras vidas, sino también de la de sus padres. Mi hijo me odia, y tiene razón al culparme de todo esto. Mi nuera y mi esposa no han parado de llorar desde que ella se fue. Dios ayúdanos. Si perdemos a Anna, esto acabará por destruir a la familia Corbin. ¿Ellos se vieron obligados a renegar de ella a causa de todo esto? Su corazón iba a toda velocidad, la adrenalina corriendo por sus venas, mientras trataba de darle sentido a lo que estaba pasando. —Los hermanos Callahan y sus esposas fueron asesinados, ¿no? —La pregunta de Archer casi le detuvo el corazón—. ¿Por el mismo hombre u hombres que se hacen llamar el Carnicero? Dios, deseaba poder ver la cara de su abuelo, y aunque ella esperaba que le contestara a Archer, fue Marshal quien habló en su lugar.

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—Yo fui el que aconsejó a las tres chicas que cambiaran los términos de sus fideicomisos a sus hijos una vez que los recibieran. Rogamos para que eso garantizara su seguridad. Nadie sabía que habían ido a hacerlo ese día, juntos. Pero fue la única vez que las parejas habían salido juntas en años. Ellos sabían que hacer eso era demasiado peligroso. La parte confusa fue que las parejas habían ido por separado y a diferente hora en sus propios vehículos. Sin embargo, sólo un vehículo había sido utilizado para viajar en él, mientras que los otros dos fueron abandonados en el aparcamiento del centro comercial. No sabemos si fue el Carnicero quien los mató, al igual que no sabemos si es el Carnicero quien nos ha estado destruyendo todos estos años, Archer. Sospechamos que hay un plan para adquirir las tierras de los Callahan. Solo que no sabemos por qué, o cómo alguien podría siquiera suponer que matar a nuestras hijas o destruir a sus hijos podría ayudarle a adquirirla. O por qué las querría tan desesperadamente. Archer miró a los tres hombres, cuidándose de mantener su expresión en blanco. Así que, los padres de Crowe, Logan, y Rafer habían sido, de hecho, asesinados —Sé que lo sospechabas, Archer —declaró Saúl—. Tu padre lo sabía. Él era el sheriff en esos momentos. Pero no había nada que pudiera hacer. No había pruebas, y no había manera de probar el asesinato. Todo lo que teníamos era a ese hijo de puta y una nota que envió a cada uno de nosotros. Si hubieras escuchado… Y eso era todo lo que decía. —¿Escuchado? —los cuestionó en voz baja—. ¿El qué? —Sus exigencias de que encontráramos una manera de obligar a las chicas a abandonar a sus maridos y renunciar a sus hijos. John dijo, sacudiendo la cabeza, con la confusión parpadeando en su mirada.

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—Dios, Archer. Amaban a esos hombres. Los amaban como no podrías imaginártelo. Incluso intentamos decirles la verdad. Intentamos explicárselo, y los instamos a cambiar sus fideicomisos y sus testamentos. Y aun así, no pudimos salvarlos. John tragó dolorosamente, se alejó y parpadeando las lágrimas que llenaban sus ojos. Él demostraría eso, Archer se aseguró a sí mismo. En el momento en que identificara a los bastardos, se aseguraría de demostrar su conexión con, no sólo las jóvenes que habían muerto a manos del Carnicero, sino también las muertes de los Callahan. —Es hora de que nos vayamos. —Fue Marshal quien miraba con recelo hacia las ventanas cubiertas por las cortinas—. El amanecer está llegando, y no queremos ser vistos aquí. Tenemos que salir antes de que comience a clarear el día. —¿Necesitan que los lleve? ¿Qué los ayude a llegar a sus vehículos? —Archer se puso de pie, repentinamente preocupado por los tres hombres. Mierda, los tres tenían setenta y tantos años, no era exactamente la mejor edad para estar caminando solos por la noche en el bosque. —Si no podemos hacer eso, entonces nos merecemos caer donde estamos parados —Saúl murmuró, mientras recogía el bastón que había colocado en la silla y se ponía de pie. —No recordaba que usaras bastón antes, Saúl —Archer habló lentamente. El anciano dio una media amarga sonrisa antes de agarrarlo con las dos manos y sacar un largo cuchillo de uno de los extremos. —Sólo lo necesito cuando quiero, Sheriff. Sólo cuando quiero.

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Sacudiendo la cabeza, Archer observó cómo los tres hombres salían del estudio por la puerta trasera y se dirigían a la oscuridad. Cerrando y bloqueando la puerta detrás de ellos, se puso rígido, sintiendo la presencia que entró en la habitación, mientras maldecía en silencio con una virulencia que no había usado en años. Se volvió y se enfrentó a Anna, y en ese preciso segundo supo que ella había escuchado demasiado. —Podrías haberme dicho que estabas follándome para atrapar a un asesino —ella habló lentamente—. Incluso podría haberlo aceptado. —Creo que eres más inteligente que eso, Anna. Podía ver el dolor y la confusión en sus ojos. Las caóticas y profundas emociones que la desgarraban, se reflejaban claramente en la profundidad esmeralda de sus ojos, y seria gilipollas si la culpaba por alguna de ellas. Por encima de su mirada, y llenando su expresión, estaba la amarga traición. La emoción oscurecía sus ojos, pero también provocaba la palidez en su rostro y revelaba las ligeras pecas salpicadas en la parte superior de su nariz. Joder ¿por qué acababa de notar eso? No había la más mínima posibilidad de que ella le dejara arrastrar los labios sobre ellas tan de repente como él quería hacerlo. Ella dejó caer la mirada, entrecerrando los ojos hacia la evidencia de la erección presionando contra sus pantalones de algodón. Una sonrisa ladeó la comisura de los labios de él. —Creo que sólo tú podrías haberme puesto duro de nuevo, cariño. Sus labios se apretaron con ira, pero esa llama de excitación que él vislumbró

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en sus ojos no se había apagado. Diablos, incluso podrían tener un tono más brillante ahora. —No creas que eres lo suficientemente bueno para hacerme olvidar una sola palabra de lo que he oído esta noche —le advirtió—. Y no creas ni por un momento que no me vas a contar cada una de las cosas que podría haberme perdido. —Exactamente ¿qué oíste? Ella era inteligente, y a pesar de la afirmación de John, Anna sabía cómo mantener la boca cerrada, especialmente cuando se trataba de la única amiga que tenía en el Condado de Corbin. —Creo que podría haber sido la parte donde mi abuelo estaba preguntándote por el anillo y el compromiso. Y no me perdí la parte en la que le aseguraste que yo ya no creía en cuentos de hadas. ¡Ay! Bueno, hubiera preferido que no hubiera oído esa parte. Porque Anna todavía creía en cuentos de hadas, pero tampoco había ni una posibilidad de que ella creyera su explicación. Anna era lo suficientemente inteligente como para saber que el amor rara vez, sino nunca, aparecía a primera vista. Venía con el conocimiento, con la comprensión. Y esa no era una discusión que viniese de la mano con la explicación de los peligros en los que estaba involucrada actualmente. Él exhaló con cansancio, y le echó un vistazo el reloj antes de encontrarse con su mirada una vez más. —No te perdiste mucho —gruñó, mientras se frotaba la mandíbula inferior con irritación—. La razón por la que ellos te enviaron a escuelas privadas y te

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mantenían apartada, era porque, de acuerdo a tu abuelo y sus amigos, han sido chantajeados durante décadas, Anna. Es por eso que ellos renegaron de tu tía, de Crowe y ahora de ti. Si no dejabas el Condado de Corbin, él iba a renegar de ti y asegurarse de que no tenía más opción que abandonar el condado para sobrevivir. Elegante y encantadoramente inocente, ella levantó una mano para frotarse la frente, una frente arrugada con un gesto reflexivo. —Mis padres se mudaron conmigo durante varios años —dijo en voz baja, mientras se apartaba de él, el vestido blanco y la bata arrastrándose suavemente por el suelo mientras se movía—. Hasta que tuve nueve años. Él recordaba eso. Su padre había viajado a menudo entre el rancho y cualquier escuela en la que ella había sido inscrita. —No sé por qué dejaron de hacerlo. Él sabía que había una muda pregunta antes de que ella se volviera y lo mirara de nuevo con la mirada torturada. —Esas son preguntas que puedes hacer más tarde. Pero creo que sabes que no es una pregunta que puedas hacer en este momento, Anna. Tienes que mantener la ilusión de que has sido verdaderamente repudiada. Que no estás protegida. Como dijo tu abuelo, incluso tu única amiga, tu mejor amiga, no puede saber la verdad. Las posibilidades de que confiara en alguien, serían demasiado altas. Sus delicadas fosas nasales se dilataron mientras un aliento entrecortado sacudía su cuerpo y asentía rígidamente. Un estremecimiento subió por su espina dorsal. Dios, si comenzaba a llorar, eso iba a acabar con él. En cambio, se envolvió los brazos sobre los pechos antes de caminar hacia

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el mapa de la pared, mirándolo sin ver. —¿Por qué? —preguntó ella—. ¿Por qué toda esta conspiración sólo para reclamar una propiedad que se podía vender? Mierda, fue vendida. Los abuelos de Crowe la vendieron en tres partes a los Barones restantes. ¿Recuerdas? —La propiedad fue ligada a los fideicomisos de sus hijas después de la muerte de JR y Eileen Callahan. JR y Eileen tenían la propiedad dispuesta en fideicomiso para sus hijos en caso de su muerte. De acuerdo con documentos presentados varios días antes de que se encontraran sus cuerpos, habían vendido la propiedad a Corbin, Rafferty y Roberts con la condición de que la propiedad fuera a los fondos fiduciarios de sus hijas. Todo el mundo sabía que JR y Eileen tenían debilidad por las hijas de los otros tres Barones. Sin embargo, no se la habrían vendido a tu abuelo, a Rafferty o a Roberts después de que se negaran a ayudar a Eileen mientras JR estuvo en el hospital. Especialmente teniendo en cuenta que la muerte de su hijo menor se produjo en el momento en que ella estaba pidiendo ayuda a los demás. —Él frunció el ceño frente a esta información. A menos que realmente no hubieran vendido esa propiedad, pensó. Cuarenta años. Ese habría sido el momento adecuado si JR y Eileen hubieran sido asesinados. Entonces, para tenderles una trampa a los Barones restantes, ¿esa propiedad, de alguna manera, había sido otorgada en fideicomiso a sus hijas? Sin embargo, nada de eso cuadraba. —Archer, eso no tiene sentido —señaló lo que él ya sabía—. ¿Por qué hacerlo tan difícil si el objetivo era conseguir la tierra? Dándole a su cabeza una fuerte sacudida, centró su atención en Anna. —A menos que el objetivo fuera tenderle una trampa a tu abuelo y los otros

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por las muertes de JR y Eileen —murmuró. ¿Qué coño estaba haciendo? Se había dicho a sí mismo que no iba a hablar de esto con ella, sin embargo lo estaba haciendo. Archer apretó los labios, determinado a retener cualquier otra observación que pudiera tener. Mierda, ella no era un agente del orden público ni nada parecido. Ella era una delicada ex-virgen de veinticuatro años, con más sueños que experiencia, y más terquedad de la que cualquier mujer tenía derecho a poseer. Y esa terquedad iba de la mano con su suave corazón, su generosidad y su carácter abierto. Sin embargo, ¿quién más se merecía la información? ¿Con quién más podía discutirlo, aparte de Anna y los Callahan? Crowe, Logan, y Rafer tendrían que tener la información. Y, sin duda, Ivan Resnova también. Resnova tendría los recursos para obtener respuestas que ellos no tenían. Eso añadía otras cuatro personas que posiblemente podrían revelar los secretos que los Barones habían mantenido durante tanto tiempo. Mierda. —Si les tendieron una trampa por la muerte de JR y de Eileen Callahan, una vez que se entregaran los fideicomisos, él tendría que tener algo en marcha para asegurarse que conseguía la propiedad —señaló Anna lógicamente—. Sus hijas eran adolescentes entonces. Él no podía casarse con todas ellas cuando llegaran a la edad, lo cual es lo que habría tenido que hacer si conseguir la propiedad era el objetivo. Archer asintió. —Un callejón sin salida —murmuró.

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—¿Por qué exigió que me sacaran del Condado y que estuviera en una escuela diferente cada año? —Los años de soledad llenaron su voz—. ¿Cuál es mi papel en es este complot, Archer? ¿Qué me hace tan importante? —Esa es una pregunta que sólo una persona puede responder. —Él suspiró—. Mierda, hay un montón de preguntas que sólo la persona que inició todo esto puede responder. —Y los Barones creen que esa persona es el Carnicero —ella afirmó, en lugar de pedir la confirmación. —Eso es lo que creen. —Él asintió—. Hasta ahora, ha habido tres hombres diferentes cometiendo estos asesinatos. Thomas Jones asesinó a doce mujeres hace doce años. Lowry Berry mató a tres mujeres en la primavera pasada y trató de matar a Cami Flannigan. Ahora, alguien más, hasta ahora no identificado, ha matado al menos a dos mujeres, y posiblemente a una tercera. Sin embargo, hay demasiadas similitudes para descartar que el mismo hombre esté involucrado en cada muerte. —Los criminólogos del FBI han dicho siempre que había dos o más hombres involucrados. —Su ceño se profundizó. Archer hizo una mueca. Mierda, no podía mantener la boca cerrada, y esta interminable ronda de preguntas no iba a conseguir nada. —No te llevé a mi cama para atrapar a un asesino. —Ya era hora de cambiar de tema. En lugar de discutir la afirmación, lo miró de nuevo en silencio, la amarga traición en su expresión no titubeó. —Entonces ¿por qué lo hiciste? —le preguntó—. Has tenido todas las oportunidades para hacerlo desde que cumplí dieciséis años.

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—Y yo era un adulto —espetó—. ¿Realmente crees que te hubiera tocado a esa edad? —Eso no fue lo que dije, Archer —replicó, su tono era acalorado ahora—. Te dije que tuviste todas las oportunidades. Desde que tenía dieciséis años, cada vez que te veía, coqueteaba tan descaradamente, que es increíble que la palabra "Fóllame” no estuviera impresa en mi frente. Su mandíbula se tensó. —¿Debo pedir disculpas por esperar hasta que fueras lo suficientemente mayor para entender lo que podría querer de ti? —gruñó. Ella entrecerró los ojos, y sus fosas nasales se dilataron. Bueno, mierda, ¿ahora estaba cabreada? —Lo que debes hacer es olvidar todo esto —le espetó—. Mientras, me mudaré a tu muy confortable habitación de invitados. Oh, quería follarla. Quería follarla con un hambre que desmentía el hecho de que ya la había tenido una vez esa noche. Cuando ella se volvió para salir airadamente de la habitación, la determinación comenzó a quemarlo. Antes de que pudiera detenerse, le hizo darse la vuelta y la tiró contra él. —Maldita sea, Anna, no creo que jamás tenga suficiente de ti. Podría follarte hasta el final de los tiempos y todavía desearte. Y él no parecía para nada feliz por eso. No había nada tan sexy, tan sensual, como el deseo que ardía en su mirada, tensando su rostro. Nada podría haberla mantenido aquí más fácilmente que el puro calor erótico que la rodeaba.

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Antes de que tuviera la oportunidad de discutir, incluso si ella hubiera querido hacerlo, sus labios cubrieron los de ella, poseyéndolos, y borró cualquier resistencia que todavía pudiera esconder en su interior. Ella no podía luchar contra este placer. No podía luchar contra su tacto. Le gustaba demasiado. Ella lo amaba a él demasiado. Sus dedos le agarraron los hombros, clavándole las uñas, mientras tiraba de él, desesperada por conseguir acercarse más. Sus labios se separaron, aceptando su lengua, acariciándola, saboreándolo y emborrachándose con la necesidad que él derramaba en su beso. Gimiendo, sufriendo por él, Anna se presionó más contra la dura cuña de su polla, mientras esta se colocaba entre sus muslos. Rotando las caderas, montándola, dolorida por más, lo retaba con cada movimiento para que la tomara. Con la dura cuña de su polla centrada en su sensible coño, Anna no podía dejar de moverse en su contra. Gimiendo de placer y por la creciente necesidad montó la erección dura como el hierro que su cuerpo ansiaba, torturando a ambos con su hambre. Cuando sintió su espalda encontrarse con la pared, Anna gimió ante la promesa sexual inherente al movimiento. Sus manos abiertas, las uñas mordiéndole los hombros mientras se arqueaba contra él. Ella no podía acercarse lo suficiente. No importa cómo lo intentara, el vestido y los pantalones de algodón que él llevaba evitaban que sus cuerpos se tocaran, manteniendo su polla alejada de la demanda para que entrara en las doloridas profundidades de su sexo. —Oh diablos, no, gatita salvaje —gruñó mientras ella trataba de empujarle la banda elástica de los pantalones por las caderas—. Ni de coña voy a dejar que tengas esto tan fácil. Archer se retiró, poniéndola de pie, y luego la sorprendió de nuevo. Justo cuando pensaba que iba a soltarla, él agarró el vestido y la bata con ambas manos y, antes de que pudiera discutírselo, ambas pasaron sobre su cabeza y las arrojó al suelo, dejándola desnuda delante de él. Él bajó la cabeza, con los labios abiertos, y cuando Anna jadeó, sus dientes se apoderaron de un apretado y duro pezón.

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Mordisqueándolo primero con los dientes, Anna sintió las sacudidas eléctricas de la sensación disparándose desde la sensible punta hasta su hinchado clítoris y las contraídas profundidades de su coño. Con las manos enterradas en su cabello, tiraba de los gruesos mechones, mientras se esforzaba por obligarlo a chuparle la necesitada punta. Anna gritó con el desesperado placer de las sensaciones que surgían golpeando su sexo con cada hambrienta succión de su boca. Ella fue sólo vagamente consciente de él quitándose los pantalones, mientras su lengua lamía la punta torturada antes de pasar a la otra. El placer, desesperado y ardiente en su intensidad, le sacudió los sentidos. ¿Qué estaba haciendo con ella? Nunca debió, ni en un millón de años, permitirle que la tocara ahora. Tan furiosa, tan herida como estaba, ella debería estar en cualquier lugar, excepto aquí. Pero, oh Dios, esto era tan bueno. El placer rayaba con el dolor. Bordeaba una aguda sensación tan increíble que Anna no podía resistirse, sin importar lo mucho que lo intentara. Y ella lo intentó. El orgullo, a menudo, era su perdición. Sin embargo, con cada deliberado toque de Archer con sus experimentadas manos, su orgullo se derretía poco a poco por el placer que su cuerpo empezaba a implorar. Su toque era adictivo. Sus besos eran como una droga. Cuando levantó la cabeza de sus pechos, su expresión era tensa y dura por la lujuria. Archer la miró con los ojos entrecerrados, hambrientos y con dominante sexualidad. —¿Creías que te dejaría ir tan fácilmente? —gruñó.

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Ella separó los labios mientras luchaba por conseguir aire, por respirar, en lugar de jadear con cada fuerte latido de placer que le recorría el cuerpo. —No voy a dejar que te vayas —gruñó cuando ella se negó a responderle. ¿No iba a dejar que se fuera? Pero él no la amaba. No la necesitaba. Archer creía que el amor era un cuento de hadas, algo en lo que sólo los niños creían. Por mucho que le doliera, tan profundo como llegó el dolor, ella no podía luchar contra el placer. Pero seguro que podría construir sus defensas contra él, una vez que él no estuviera lanzando sus sentidos a este caos. Y sus sentidos estaban caóticos. Mientras los labios de Archer vagaban de su cuello a sus labios, robando todavía más besos, su placer estaba girando fuera de control. La dura longitud de su polla latía y palpitaba contra su estómago, mientras su coño lloraba de necesidad. —Por favor, Archer —clamó, el dolor fundiéndose en las profundidades de su vagina, demandando los duros golpes de su polla. —Por favor, ¿qué, nena? —Levantó la cabeza, la feroz demanda en su mirada bordeando la exigencia—. ¿Por favor, vete a la mierda? ¿Por favor que te de todo el placer que ambos anhelamos? Maldito sea él y su arrogancia. Su dominación. —Maldito seas, Archer, fóllame. —Hizo su propia demanda—. Fóllame como si significara algo para ti. —Oh, cariño, cada caricia, cada grito que saque de tus bonitos labios, confía en mí, significaran algo para mí.

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Sus labios cubrieron los de ella otra vez. Brevemente. Una dura y punzante probada a sus labios antes de que se apartara y rápidamente la girara para doblarla sobre la amplia mesa que había junto a ellos. Antes de Anna pudiera procesar el hecho de que él iba a entrar en ella por detrás, sus duras manos estaban agarrándole las caderas mientras la invadía. La rendición resonó en su grito suplicante. La sensual rendición corrió a través de ella cuando la gruesa cresta de su polla le separó los labios íntimos y ella sintió su coño empezar a succionarlo. Sus jugos fluyendo de su interior, volviéndolo resbaladizo, mientras él comenzaba a estirarle los músculos internos y se abría camino dentro de ella. —Archer. —Se arqueó hacia él, quedándose sin aliento, nada importaba, excepto la sensación de sus caderas presionando, rotando, penetrándole la vagina con fogosos empujes. Frotando y acariciando, la gruesa y caliente cresta raspó el sensible tejido, quemando mientras la estiraba y lanzaba llamas de placer, sacudiéndola. Sus labios le rozaron la oreja, mordisqueando, entonces lanzo sus sentidos a un torbellino mayor cuando él comenzó a hablar. —Maldita sea, nena, me encanta lo dulce y húmedo que ese apretado y pequeño coño me rodea la polla. Su voz tensa y llena de lujuria mientras presionaba la polla lentamente dentro de ella. Entrando y después saliendo, hundiéndose hasta las bolas antes de retroceder y entrar una vez más. Grande y dura como el acero, su erección raspaba sobre las terminaciones nerviosas, tan sensibles, que ella gritaba con cada caricia, oscilando al borde de la liberación, y rozando la desesperación por ser empujada de nuevo. La ardiente necesidad de correrse la recorría, su ansia arañándole los sentidos.

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—¿Te gusta esto, mi dulce niña? —gimió en su oído. Él se empujó más fuerte dentro de ella, su polla yendo y viniendo hasta la empuñadura con cada golpe. Cada vez que la empalaba enviaba una oleada de rebosante calor y de placer-dolor irradiando a través de ella. Se sentía a punto de caer en una vorágine de sensaciones eróticas, tan brillante que nada más importaba. Llegando hacia atrás, Anna lo agarró del muslo, desesperada por una parte de él a la que aferrarse. Por cualquier parte de Archer a la que aferrarse. —¿Quieres más, mi dulce niña? —demandó, con la voz ronca, su propio placer creciendo—. ¿Quieres correrte, Anna? ¿Quieres que ese dulce coño se apriete y me empape la polla? —Sí —gritó, incapaz de negarle nada ahora—. Oh Dios, Archer, deja que me corra. Deja que me corra sobre tu polla. —¿Te gusta esto, Anna? ¿Te gusta correrte por mí? —Sí —gritó—. Me encanta, Archer. Oh Dios, me encanta cómo me follas, como haces que me corra… Gimiendo,

sus

embestidas

se

hicieron

más

fuertes,

más

rápidas.

Horadándola, la gruesa anchura arrastrándose y acariciando las delicadas terminaciones nerviosas la llevó a la locura con el aumento de las sensaciones. Con las manos firmemente en sus caderas, sosteniéndola en su lugar, la folló con tan poderosos golpes, que ella se perdió en la vertiginosa carrera por la liberación. Ella no podía contenerse. Estaba perdida en él. Se sentía tan parte de él en este momento, que se preguntó si alguna vez podría vivir sin su toque, sin su posesión. Cada empuje la elevaba más alto, ardiendo más brillante en su interior. Anna gimió su nombre, rogando, suplicando por su liberación. Cuando explotó, le atravesó los sentidos y, por un momento, destruyó cualquier idea que hubiera tenido del placer.

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Detrás de ella, Archer la follaba a través de cada explosivo latido de su liberación. Golpeó su interior, tomándola con fiereza, hasta que, en el último segundo, salió de ella, derramando su liberación en las redondeadas curvas de su trasero. Archer la estaba marcando con su toque. Le estaba robando partes de ella que no tenía idea de cómo proteger. Estaba atravesando cualquier pared que pudiera haber construido para defenderse de él, y anclándose tan profundamente dentro de ella que se temía que él iba a acabar poseyendo su alma.

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Capítulo 9 Dos días después Anna iba a volverlo loco. Sentado en su escritorio, Archer trató de mantener su atención en los informes en los que se suponía que debía estar trabajando, pero maldita sea si podía hacerlo. Todo lo que podía pensar era Anna, con los ojos llenos de dolor y de la sensación de traición que había vislumbrado en ellos. Mierda, no era como si él hubiera atropellado una mascota o algo así. Sin embargo, ella había tenido esa misma mirada en sus ojos. Tratar de borrar los recuerdos no sería fácil. Y solucionarlo iba a ser incluso más difícil. Había sido traicionada por todos los que la rodeaban, y ahora estaba esperando que Archer la traicionara también. Se forzó a volver su atención al informe sobre el vehículo abandonado que había encontrado en Main Street esta mañana. El coche estaba registrado a nombre de Elizabeth Haley, de Sweetrock, pero Archer no había sido capaz de localizar su dirección. La dirección que aparecía era una que no había sido utilizada en años. La casa de la propiedad se estaba cayendo, y el nombre en el buzón estaba resecó y desteñido, aunque seguía siendo legible. Ese nombre no era Haley. Lo había comprobado con Talia Beckett en la oficina de recepción y, aunque tenían la misma información que él, ella no podía recordar una Elizabeth Haley tampoco. Y Talia, al parecer, había conocido a todos en el Condado por su nombre y en persona, excepto a esta. Mientras fruncía el ceño por la información, el sonido de la voz de su

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secretaria lo sacó del informe. Su secretaria, Madge, no estaba contenta. —Simplemente que sea rápido, Sr. Sorenson. He estado tratando que termine esos informes durante días. —Deja de quejarte, Madge. Él puede concederme diez minutos. Archer sonrió ante el tono quejumbroso en la voz del abogado del Condado antes de que se abriese la puerta de la oficina y Wayne Sorenson entrase rápidamente. Alto, delgado como un junco, con los hombros un poco encorvados en un intento subconsciente por parecer más bajo, Wayne Sorenson tenía ese aspecto de abogado estudioso retratado en las películas durante décadas. Con serios ojos marrones y un rostro arrugado por años de entrecerrar los ojos en los libros de leyes y las preocupaciones por sus clientes o sus casos, el hombre acababa de celebrar su sesenta y cinco cumpleaños y todavía se veía fuerte. Mierda, Archer esperaba tener la mitad de energía a esa edad que la que tenía el abogado del Condado. —Maldito bulldog —murmuró Wayne mientras cerraba la puerta y le fruncía el ceño a Archer—. ¿Dónde cojones la encontraste? Es una amenaza para la sociedad, Archer, y un dolor en el culo cada vez que tengo que lidiar con ella. Archer resopló. —Por lo menos no está haciendo que tú hagas los informes. Empujó los archivos a un lado mientras le señalaba a Wayne que tomara asiento, Archer pulsó el botón del intercomunicador.

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—Sí, cariño, ¿qué puedo hacer por ti? —Madge respondió con su voz sureña más encantadora. Archer levantó las cejas, sorprendido, mientras miraba a Wayne, antes de permitir que una sonrisa le curvara la comisura de la boca. —Madge, ¿podría conseguir un poco de café? Una jarra, por favor, y dos tazas. Y si no te importa, algunos trozos de ese pan de plátano y nueces que trajiste. Había peleado a brazo partido para conseguir un poco de ese pan. Ella se lo había negado hasta que él terminase sus informes. Con suerte, no se lo negaría delante de Sorenson. Debería saber que eso era una violación a las buenas costumbres. —¿Están esos informes terminado ya? —Madge preguntó dulcemente, provocando que Wayne se riera triunfalmente. —Todavía no —gruñó Archer—. Y si no consigo mi café y mi pan, tendrás suerte de tenerlos antes de que termine la semana, por no hablar de mi turno. — Desconectó la línea con un rápido clic antes de que ella pudiera plantear un argumento que sólo lo haría cabrearse. —Señor, ten misericordia, esa mujer necesita un marido y una piara de niños para relajarla y mantenerla alejada de problemas —se quejó el hombre mayor. —Mierda, entonces yo acabaría teniendo que encerrarlo por matarla. — Archer sonrió, viendo por el cristal ahumado como Madge se levantaba de la silla, miraba por el vidrio, se volvía y se dirigía a la sala de descanso. —Maldita mujer —murmuró Wayne antes de darle a Archer una mirada apreciativa—. Préstamela por unos cuantos meses. Tal vez conseguiría ponerme al día con el papeleo. Archer realmente no quería tener que arrestar a Madge por matar al Fiscal

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del Condado. Eso sería un terrible desastre. —Lo siento, Wayne. —Archer negó con la cabeza, devolviéndole una sonrisa de suficiencia al otro hombre—. Tan irritante como puede ser, creo que voy a conservarla. Wayne asintió, aunque Archer pudo ver una instantánea mirada calculadora en los ojos del otro hombre. Si pensaba que podía sobornar a Madge para que se fuera, le esperaba una sorpresa. No había la más mínima oportunidad de que Madge dejara la oficina del sheriff, y Archer lo sabía. —Si alguna vez cambias de opinión, házmelo saber —el otro hombre ofreció— . Al menos, quiero ser el primero en intentar contratarla. —Eso puedo hacerlo —prometió Archer, sonriendo ante la idea—. Sin embargo, la devolverás en un solo día. Recostándose en su silla observó como la delgada joven con ojos de corderito abría la puerta de la oficina y entraba con una gran bandeja de café. Madge había pasado cinco años en Atlanta, Georgia, trabajando para una exclusiva marca, pasando modelos con la ropa que ellos creaban. Sin embargo, había optado por permanecer en Sweetrock para cuidar de sus padres, mientras que sus hermanos y sus hermanas recorrían el mundo y se divertían, en lugar de seguir en la carrera que había elegido. Su padre había comenzado a tener síntomas de Alzheimer el año anterior, y su madre había tenido recientemente un accidente cerebrovascular. Si Madge estaba amargada por la elección, nunca lo demostró. No importaba dónde la viera, o cómo de mal le había ido el día, ella todavía parecía mantener la calma. Colocando la bandeja en la esquina de su escritorio, ella le dio una dura

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mirada a la obviamente incompleta montaña de informes antes de volver su atención hacia él. Archer la miró entrecerrando los ojos. —Hace doscientos años habrías sido quemada en la hoguera por bruja —le informó. —Lo dudo, dulzura —dijo ella arrastrando las palabras—. Especialmente, si los informes del juez estaban de la misma manera que están los tuyos. Tenía que admitir eso. No había duda que Madge habría sobrevivido cuando muchos otros habrían sido quemados. Mientras esperaba que ella sirviera el café y cortara el pan en pequeñas y finas rodajas, Archer aprovecho la ocasión para observar a Wayne por el rabillo del ojo. El otro hombre no podía apartar los ojos de las piernas de Madge, cubiertas con medias de seda y zapatos de tacón negros. Colocándole la taza y el plato de Archer delante, Madge se volvió y colocó la de Wayne en el extremo de la mesa. —Retén mis llamadas hasta que hayamos terminado, Madge —le dijo mientras ella terminaba. —Ya me encargo de ellas —prometió cuando se volvió y caminó con gracia por la habitación antes de cerrar la puerta detrás de ella. Archer disfrutó de la rebanada de pan, aunque fuera pequeña, y tomó un sorbo de café mientras le daba al otro hombre la oportunidad de hacer lo mismo. —¿Por qué creo que he tenido el privilegio de comer una rebanada de este pan celestial, porque era la única manera de que tú consiguieras la tuya? —

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preguntó Wayne con tristeza, mientras se la terminaba y se sacudía las posibles migajas de sus pantalones grises. Archer se rió entre dientes. —Ella es una tirana. —Me recuerda a Amelia antes de que forzaran su casa y tomaran algo muy importante de ella. Wayne suspiró. —No ha sido la misma desde entonces —se lamentó de nuevo. Archer tuvo que admitir que Amelia había cambiado en los últimos años. —¿Dónde está? —Le preguntó al otro hombre—. Anna estaba preocupada por ella. No ha contestado a sus llamadas desde que regresó al Condado de Corbin. Wayne suspiró, moviendo la cabeza. —Hablé con ella ayer por la noche, pero conseguir que conteste al teléfono no siempre es fácil. Le sigo diciendo que tiene que salir de esa depresión, pero… — Se encogió de hombros impotente, mientras levantaba la mirada hacia la ventana que estaba detrás de Archer—. Mierda, ella dejó de confiar en mí hace mucho tiempo. —Cuando hables con ella de nuevo, ¿podrías decirle que Anna está preocupada? Wayne asintió. —Me aseguraré de que le llame, Archer. Anna es una de las pocas amigas que le quedan a Amelia. Odiaría ver que sucediera algo que destruyera esa amistad. Archer dudaba que eso fuera un imperativo, pero no se lo dijo a Wayne. A

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veces, tenía la sensación de que el otro hombre manipulaba a su hija mucho más de lo que cualquiera pudiera sospechar. Wayne no era del tipo que la golpearía, por lo que él sabía. —Así que… —Archer se inclinó hacia atrás en su silla, poniendo los brazos en los acolchados reposabrazos— ¿en qué puedo ayudarte? Las esquinas de los ojos de Wayne se arrugaron con diversión. —Directo al grano. Me gusta eso de ti, Sheriff. Archer le echó un vistazo a los archivos. —Los informes. O alguien podría tener que arrestar a Madge por dispararme. Wayne miró hacia atrás, al cristal ahumado, antes de responderle con una risa ligera. Sin embargo, esa diversión se disipó rápidamente, dejando en su lugar una tensa expresión de descontento en la cara de Wayne. —Acabo de salir de otra reunión con el jefe de la policía del estado y de nuestro estimado gobernador. Creo que puedo tener marcas de mordisco en culo, Archer. Me atacaron por todas partes. Archer hizo una mueca de frustración. —Adelante —resopló con frustración—. Golpéame mientras estoy caído. No había engreimiento en la expresión de Wayne o en su mirada. Sólo había disgusto y un atisbo de impaciencia. —El padre adoptivo del Sr. O'Brien, nuestro gobernador, no está nada feliz por el tiempo que nos está tomando encontrar al atacante de su hija adoptiva — Wayne escupió furiosamente—. Se pasaron por mi oficina para darnos unos cuantos ultimátums, con los que nuestro alcalde parece estar completamente de acuerdo.

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A Archer no le preocupaba lo más mínimo el alcalde, pero le preocupaban tanto los ultimátums de los funcionarios como a Wayne. Además, esto parecía un poco rápido desde el último que le habían dado. Joder, este día no estaba resultando ser uno de los mejores. —¿Por ejemplo? —Estaba empezando a pensar Wayne iba a hacerle rogar por la información. Las fosas nasales del otro hombre se dilataron, sus ojos marrones brillando airados con el recuerdo. —Me recordaron, que si se encontraba otra víctima, o se producía otra desaparición, se les entregaría de inmediato a la policía del estado la investigación, mientras que el FBI se encargaría de los interrogatorios y continuaría con los perfiles. Tenemos seis semanas para encontrar y arrestar al Carnicero o nos retiraran de la investigación inmediatamente. Y tú sabes lo que eso significa, Archer. Nada podría empeorar esta situación aún más. —Mierda —maldijo Archer—. No necesitamos esto. —Creo que puedo haber expresado el mismo sentimiento —le aseguró Wayne antes de terminar el café y colocar la taza de nuevo en la bandeja—. ¿Cómo te gustaría manejar esto? Tiene que haber alguna forma de averiguar quién diablos es el Carnicero, Archer, y si tiene o no un socio. —Wayne nunca había creído que fuera un equipo, sino más bien una serie de imitadores. Wayne apretó los labios cuando Archer suspiró con cansancio. Mierda, el hombre tenía la paciencia de un niño de dos años. —¿Cómo vamos a proceder? —La misma pregunta reformulada. Levantando las cejas con sorna Archer dijo:

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—Bueno, Wayne, si tienes una idea de cómo proceder que yo no haya utilizado todavía, oigámosla. Estaba realmente cansado de la exigencia de resultados y la falta de cooperación en el caso. Wayne suspiró pesadamente. —No tenía ninguna intención de ofenderte, Archer —le aseguró—. Sin embargo, la idea de Sweetrock sitiada por el FBI y la policía estatal, me pone la piel de gallina. Ellos no han vivido esto, ni han visto lo que nosotros hemos visto. Y eso no era más que la verdad. —De acuerdo. —Archer se frotó la parte posterior del cuello mientras se inclinaba hacia adelante y miraba fijamente los archivos que había apartado a un lado del escritorio. Levantando la mirada de nuevo hacia Wayne, exhaló bruscamente. —Déjame pensar en esto… —¿Y dejar que te pongas en contacto con los Callahan para ver cómo quieren proceder? —La mandíbula de Wayne se tensó, un músculo saltó en su rostro, y sus ojos marrones se helaron y se llenaron de desdén—. ¿Esta es tu investigación o de los Callahan? Archer forzó una fría y dura sonrisa en sus labios. —¿Por qué no se la doy a los Callahan y vemos si hay una diferencia? Todo el puto Condado vería la diferencia entonces. —¿Qué pasa con Anna? —La actitud de Wayne pasó a una de preocupación— . Todo el Condado es un hervidero. Las criadas estuvieron al teléfono un segundo

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después de que se fuera para correr la voz de que Corbin la había echado. — Sacudió la cabeza e hizo una mueca—. Ese hijo de puta seguro que sabe cómo destruir una chica, ¿no? —Ella está lidiando con eso, simplemente no es fácil. —Archer se encogió de hombros con un profundo suspiro. Maldita sea, se alegraba de haber aprendido a mentir en el ejército. —Pobre chica. —Wayne se puso en pie con un profundo suspiro—. Será mejor que regrese a mi propio papeleo. —Hizo un gesto con la cabeza a los expedientes de Archer—. Sin embargo, me gustaría reunirme mañana contigo y los ayudantes que tienes trabajando en el caso. Tenemos que resolver esto del Carnicero de una vez, Archer. Y no tenemos mucho tiempo para hacerlo. —Organízalo con Madge —le dijo Archer— y quedamos. —A menos de que pudiera escaparse de esto. Archer no tenía intenciones de compartir más información con cualquier persona con la que no tuviera que hacerlo. Había aprendido observando a su padre, escuchándolo discutir del caso, confiando únicamente en los pocos que demostraron ser dignos de confianza. No es que no confiase en el Fiscal del Condado. Mierda, Wayne tenía tantas horas en esto como nadie más, pero aun así, cuanto menos se decía sobre algunas cosas, mejor. Sobre todo con un hombre al que el padre de Archer había identificado como sospechoso años antes. Poniéndose de pie, atravesó la oficina hasta los amplios y antiguos ventanales que daban al jardín trasero, donde los empleados del departamento del sheriff y del juzgado tomaban sus almuerzos. Apoyando las manos en las caderas se quedó mirando uno de los sombreados bancos que estaba al lado de una recargada fuente de cemento.

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No tenía ninguna duda sobre la dirección que él estaba siguiendo en la investigación. Ya había comenzado una búsqueda más extensa de los antecedentes de su ayudante John Caine, pero había acabado en varios callejones sin salida. Durante un período de cinco años el hombre no había existido. No en vano, ese período coincidía con el verano en que el Carnicero había golpeado por primera vez, doce años antes. Andando a zancadas regresó a su escritorio, tomó asiento, sacó el móvil de un lado de la mesa e hizo una llamada. No había querido hacer esta llamada, pero no tenía más opciones. —Hola —respondió Ryan Calvert. El niño que Eileen Callahan había vendido para salvar a su marido y su rancho era un hombre ahora. Un hombre con un objetivo, y ese objetivo estaba centrado en el Condado de Corbin. —¿Estás listo? —preguntó Archer. —Tanto como puedo estarlo. —Su voz era lenta y calmada—. ¿Nos reunimos en tu casa? —En el estudio —señaló Archer. —Nos vemos —respondió Ryan—. Y voy a ser llevar a un amigo. Los chicos han estado trabajando con él desde hace varios años, así que no te preocupes. Una vez que lo conozcas, vas a entender por qué confío en él. Ryan conocía asuntos secretos de Archer, al igual que Archer conocía los de Ryan. Conocería al otro hombre, pero eso era todo lo que iba a prometer. —Si no estoy en el estudio, sabré que estás ahí —Archer prometió—. Puede que me tome uno minutos llegar. —Entonces, a la carga —dijo Ryan. —Mientras seamos los vencedores. —Archer suspiró con la esperanza, rezó,

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de resolver esto—. Mientras seamos los vencedores. *** El edificio recientemente renovado que ahora albergaba las oficinas principales de Brute Force Security, sin duda, tenía el interior más elegante de cualquier oficina del Condado. Anna tuvo una sensación de orgullo esa mañana cuando entró en la bien decorada zona de recepción con el elegante y curvado mostrador, que atraía la vista, con el mostrador a juego del guardia de seguridad en un rincón más alejado de la habitación. El informatizado mundo que cada elegante superficie contenía, oculto detrás del elevado panel frontal que saludaba a los invitados, era para Anna una maravilla tecnológica. Y era completamente diferente a todo lo que había visto en algunas de las oficinas con más alta tecnología en Nueva York y California. El hecho de que sus primos, bueno, solamente Crowe era en realidad su primo, pero le gustaba reclamar a los tres, fueran propietarios de la empresa, era la fuente de ese orgullo. Habían sido repudiados, se enfrentaron en una batalla legal durante más de una década por lo que era suyo por derecho y ahora estaban usando esa herencia para crear algo, en lugar de simplemente vivir de ella. No es que alguno de ellos estaría de acuerdo si sabían que eso era lo que ella sentía. Moviéndose por el lujosamente alfombrado pasillo de las oficinas del piso superior, Anna llevaba la tableta electrónica utilizada para transferir documentos y grabar las firmas entre las oficinas. Hasta que la nueva red informática interna y el sistema de correo electrónico cifrado estuviera conectado y probado, Crowe y su socio, Ivan Resnova, habían ordenado que se usaran las tabletas electrónicas en

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su lugar. A Anna le encantaba. Al detenerse en la pesada y oscura puerta de roble de la gran sala de reuniones, se limpió primero una mano y luego la otra en el lateral de la falda antes de golpear con firmeza. —Entre —gritó Crowe, su profunda y siniestra voz recordándole al hombre del saco con el que eran asustados los niños traviesos. Casi sonrió ante la imagen antes de abrir la puerta y entrar. Y allí estaba Archer. Además de los dos primos Callahan, que había creído que se habían ido más temprano, los Resnova y Archer. Anna casi se detuvo antes de cerrar la puerta. Trató de ignorar a Archer mientras se acercaba a la larga y ovalada mesa de nogal oscuro donde Crowe, Ivan Resnova, y Mikhail Resnova, así como cuatro de los agentes de seguridad contratados por Bruce Force, se sentaban. —Los contratos de trabajo que pidió, Sr. Callahan —dijo, colocando la tableta electrónica en la mesa junto a él. —Gracias, Srta. Corbin. —Él aceptó la tableta, pero no la miró—. ¿Podría tomar asiento? —¿Perdón? —La suave orden la hizo detenerse. —En la silla junto a Archer. —Le señaló la silla vacía. Anna entrecerró los ojos a la parte superior de la cabeza de Crowe. Ni siquiera se había molestado en mirarla. —¿Por qué?

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Estaba bastante segura que Archer estaba riéndose, pero ella no se dignó a darle ni un vistazo. Crowe giró la cabeza y la miró. Lentamente empujó la silla hacia atrás y se movió para levantarse. —No cometas un error, o te arrepentirás, Crowe. —Archer le advirtió, su tono repentinamente siniestro. Crowe deslizó su mirada hacia Archer, mientras colocaba las manos sobre la mesa antes de que sus ojos pasaran rápidamente a ella. Como el lobo con el que se rumoreaba que vivía, incluso más depredadores, más resueltos que los de Archer, sus ojos la atravesaron. —Porque, prima, pensé que te gustaría tener una opinión en lo que concierne a tu protección en las próximas semanas. Tengo la sensación de que Archer se equivoca sobre tu capacidad para manejar la verdad. Tal vez, sólo debería haberte puesto guardaespaldas y dejarte en la oscuridad en lo que a ellos respecta. No tengo ninguna duda de que son lo suficientemente buenos para que nunca supieses que estaban allí. ¿Su protección? Ella miró a Archer, inhalando profundamente en lugar de atacarlo con una réplica mordaz antes de volverse hacia Crowe. —Puedes guardarte tu protección, primo. —Ella no tenía que contenerse con Crowe—. He vivido veinticuatro años sin tu ayuda, y puedo vivir sin ella bastante bien el resto de mi vida, muchas gracias. Pero ella conocía esa mirada en su rostro. Podía protestar hasta que el infierno se congelara y él todavía haría lo que quisiera.

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—Anna, por favor siéntate. —La petición de Archer era una cuidadosa y apenas disimulada advertencia en un orden, que pretendía ser una solicitud. Ella podría odiar a los hombres. Anna se sentó lentamente, observando como Crowe se sentaba de nuevo. —Puede que recuerdes de haberlos visto por la ciudad a Thaddock, Stryker y Brolen —presentó a tres de los hombres que ella había visto—. El cuarto es nuevo en Brute Force, pero proviene de una excepcional familia con excelentes referencias. —Hizo una seña con la cabeza hacia un apuesto joven—. Él es Rory Malone, de Texas. Él será el que se asegure que los otros tres no son descubiertos. No tiene antecedentes en seguridad, pero pertenece a una bien respetada familia relacionada con la seguridad. Anna lo miró por un momento pensativamente antes de sonreír. —Eres es el cuñado de Sabella Malone. Vino a la Escuela Femenina Edgemoore con ella cuando dio una clase básica de mecánica del automóvil. No había sido tan didáctica como Anna había esperado en ese momento. Cómo cambiar un neumático, a quien llamar en caso de una emergencia en la carretera, cómo comprobar el aceite y rellenar el líquido del limpiaparabrisas. Anna había aprendido eso, en gran parte, siguiendo a su abuelo por la granja antes de ser enviada a la escuela. Él inclinó la cabeza hacia un lado. La frescura que había llenado una vez su rostro ya no estaba allí. —Me acuerdo de usted, Srta. Corbin. —Él asintió—. Ha pasado un tiempo. Habían pasado más de diez años. —¿Cómo está Sabella? —preguntó. La cuñada de Rory había estado luchando por abrirse camino con un negocio

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que se hundía, pero aún había tenido tiempo para venir a la exclusiva escuela. —¿Han terminado con los cumplidos? —preguntó Crowe burlonamente—. ¿O les gustaría que continuemos? —En realidad no. —Anna le devolvió una tensa sonrisa—. No voy mucho a la ciudad, primo. ¿Recuerdas? Y las conversaciones educadas son tan difíciles de conseguir. Los otros tres agentes de seguridad fueron los que se rieron ahora. Por lo menos hasta que Crowe y Archer lanzaron una mirada de advertencia en su dirección. —Como estaba tratando de señalar, no estoy de humor para ver otro de esos cuerpos, indefensos y obviamente torturados, de una joven que se atrevió a tener contacto conmigo, con Rafer o con Logan. Especialmente no de la única prima que tuvo la gracia y el corazón generoso para acercarse a nosotros cada vez que nos veía —espetó Crowe—. Así que puedes fingir que ellos no están allí y aceptarlo. Anna lo miró en silencio durante un largo rato antes de responder. —Gracias por contestarme todas esas veces. —Se reclinó en la silla y cruzó los brazos sobre sus pechos a la defensiva. —Y gracias por no llamar la atención del Carnicero y conseguir que te mate —gruñó él—. Ahora, si hemos terminado con los cumplidos, ¿podemos continuar con esta reunión? —Crowe, nunca dejaran de atacarse el tiempo suficiente para conseguir algo. —Ivan se rió desde su sitio en la mesa, al otro lado de Anna—. ¿Me ocuparé de esto por ti, mi amigo? —preguntó, su acento ruso lleno de diversión. Él era un hombre guapo. No tanto como Archer, definitivamente peligroso, y uno que, había descubierto, no aguantaba a los tontos fácilmente.

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—¿Por qué crees que necesito protección? —Se volvió hacia Archer—. Sé que estás detrás de esto, así que ¿por qué no lo explicas? Él no está llevando esto muy bien. —Su nariz se arrugó con un encantador disgusto. Al menos no se estaba negando completamente a cooperar, pensó Archer, divertido. Habría sido incómodo si lo hubiera hecho parecer un mentiroso después de que él dijera que ella era totalmente razonable. —Estoy manejando esto bien —gruñó Crowe. —Seguro que lo haces —coincidió ella con sorna, su expresión llena de descarada incredulidad—. Pero creo que Archer puede hacerlo mejor. Los labios de Crowe se apretaron. Un segundo después temblaron cuando su mirada marrón y dorada brilló con diversión. —Puedes decir que somos parientes. Anna puso los ojos en blanco por el comentario. —¿En serio? Por la forma en que me ignoras, habría pensado lo contrario. Crowe gruñó por el comentario. —A causa de la información que ha salido a la luz recientemente, es decisión de los propietarios de Brute Force garantizar tu protección. Tendrás dos agentes acompañándote en todo momento. Acompañándote —enfatizó—. No le digas a nadie que te están vigilando, y ellos se aseguraran de que nadie se dé cuenta que te vigilan. Si ella no supiera que no era así, por su postura, el tono de su voz y su mirada, casi juraría que a él le importaba una mierda si vivía o moría, pensó Anna. Ella lo sabía, pero lo dejó seguir hablando.

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Tanto por la mirada en el rostro de Archer, como por la de Callahan, sabía que discutir no le haría ningún bien en absoluto. Además, no tenía deseos de morir. Puede que no le gustara tener guardaespaldas, pero la hundiría ser obligada a abandonar el Condado de Corbin de nuevo sólo para mantenerse con vida. Mientras él hablaba y los demás aclaraban o lanzaban sus propias ideas, Anna permaneció en silencio y solo observó. Principalmente observaba a Archer y a Crowe. Sabía por qué estaba fascinada con Archer, sobre todo ahora que él le había mostrado el placer que podía darle. Crowe solo era un primo que la había ignorado cada vez que había intentado hablar con él. Crowe, Rafer, y Logan. Todos lo habían hecho, pero la repudiaron desde el momento en que había nacido. ¿Hasta que pareció que ella los necesitaba? No podía entender el cambio de actitud, y no estaba segura de querer entenderlo. El cambio en el comportamiento de Crowe no sólo se extendía a ella, sin embargo. Había empezado, según entendió, justo después de que el Carnicero lo atacara a él, a su primo Logan y a la amante de Logan, Skye, en la cabaña de Crowe. Crowe había estado inconsciente durante varias horas antes de que una enorme loba rompiera violentamente una ventana y persiguiera al asaltante hasta expulsarlo. Esa loba había salvado no sólo la vida de Crowe, sino también la de Logan, la de Skye y la del niño nonato de Skye. ¿La historia detrás del animal? Anna no estaba segura. Conocía los rumores que se estaban extendiendo como un reguero de pólvora.

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Todos los que conocían a Crowe había comentado sobre el cambio de la dura, amargada y helada conducta a una más considerada, aunque a menudo conflictiva. Él siempre había sido un poco socarrón, pero nunca demasiado propenso a mencionarles a las personas su cambio entre odiar a los Callahan y apoyarlos, como se sabía qué hacía ahora. Después de más de veinte años de deliberada crueldad con la que habían sido tratados, parecía que todo el mundo los amaba ahora que él y sus primos habían conseguido sus herencias. Especialmente después de ayudar a establecer dos nuevas empresas con el potencial para prolongarse en el tiempo, y los rumores de convertir los anteriores ranchos Callahan y Ramsey en un centro turístico. El respeto manaba de los refinados ciudadanos del Condado de Corbin con tal nauseabunda dulzura que era patético. —¿Es todo esto aceptable para ti, prima? —Haciendo hincapié en la relación una vez más. —La próxima vez que me llames prima, primo, te sugiero que lo hagas sin ese tono. —Inclinándose hacia adelante, lo enfrentó airadamente, sabiendo que a pesar que no estaba siendo expulsada del Condado de nuevo, su vida ya no era suya—. Nunca te he tratado con nada más que respeto, y maldito seas, Crowe Callahan, no me tratarás de manera diferente. La tensión llenó la habitación durante largos segundos, mientras su mirada se cruzaba con la de ella, y Anna sintió pura determinación ardiendo en su interior. Y de ninguna manera lo dejaría que la tratara de esa manera. Él apretó la mandíbula y su mirada ardió momentáneamente con ira antes de que sus labios se ladearan ligeramente. Un segundo más tarde, un rayo de diversiones brillo en las profundidades de sus ojos extrañamente coloreados, antes de que él inclinara la cabeza en conformidad.

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—Muy bien, prima Anna —esta vez enfatizó su nombre—. ¿Estás dispuesta a trabajar dentro de los parámetros que hemos marcado? —¿Tengo alguna opción? —murmuró, reclinándose en su silla una vez más, mientras exhalaba con cansancio—. ¿Quién sabía que querer volver a casa podría convertirse en una decisión de vida o muerte? —Podría ser peor —señaló Crowe, un dolor amargo brilló momentáneamente en sus ojos—. Podrías estar enfrentándote a la muerte de todos los amantes que has tenido en el pasado. Ella deslizó una mirada en dirección a Archer. Bueno, ella no tenía antiguos amantes, gracias a Dios. Lo que sí tenía era un amante demasiado terco, que parecía pensar que ahora era responsable de su vida, así como de su placer. Lo cual habría estado bien si el amor estuviera realmente involucrado en sus propósitos, en lugar de sólo la lujuria. Ella volvió la mirada hacia Rafer y Logan, ambos ahora vivían diariamente con la certeza de que si cometían un error, parpadeaban demasiado tiempo o se atrevían a bajar la guardia por un segundo, las mujeres que amaban podrían morir. En el caso de Logan, su hijo no nacido moriría también. —No sé cómo han soportado ese sufrimiento —dijo finalmente con compasión—. O cómo has soportado lo que este Condado y sus familias te han hecho a ti y a tus primos a lo largo de los años. Eso estuvo mal, Crowe. Pero hay muchos, que no fueron parte de esos años, que están dispuestos a defender sus espaldas. Que están dispuestos a ayudarlos. No le des la espalda por lo que otros hicieron en el pasado. Él frunció los labios por un momento, los rasgos toscamente bien parecidos,

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alarmantemente salvaje por un largo momento. —Los sermones no estaban en mi agenda de hoy, ni tampoco la compasión de nadie ¿Si no te importa? Bien. —Se volvió hacia los guardaespaldas—. Thaddock, Stryker y Owen Brolen son invisibles. En cuanto a Rory, él es un conocido de Archer desde hace varios años y está de visita en la ciudad por un tiempo. Alquilara el apartamento del garaje de Brock cerca de Archer. Sus carreras matutinas coincidirán con tu caminata al trabajo. Él saldrá del trabajo en la puerta de al lado casi al mismo tiempo que tú y te acompañara a casa si Archer no está disponible para hacerlo. Se temía que él nunca dejaría de estar resentido con ella. Una parte de ella no podía culparlo. Habría presentado sus argumentos, pero por el momento tenía una batalla mucho más imperiosa que luchar. —¿Por qué? ¿Por qué está alguien tan decidido a mantenerme fuera del Condado de Corbin? ¿Para evitar que me asocie con ustedes? —Eso es lo que esperamos averiguar rápidamente —le aseguró Archer, su profunda voz enviando una inesperada sensación de excitación corriendo por su espina dorsal—. Lo averiguaremos, Anna, te lo prometo. Archer siempre mantenía sus promesas. Sólo esperaba que el precio que pagasen por la verdad fuese uno con el que todos pudieran vivir.

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Capítulo 10 —Muy bien, entonces. —Crowe sacudió lentamente la cabeza mientras se levantaba de su asiento—. Thaddock y su equipo saldrán y en unas pocas horas al menos uno estará en su lugar en todo momento para garantizar tu protección. Rory saldrá como entró, discretamente. —En el maletero de Thaddock. —Rory se rió—. Deje el mío en Montrose. —Volverá esta noche y se moverá hasta el apartamento. —Crowe terminó mientras recogía sus archivos—. Estoy seguro de que tienes más preguntas. Archer puede responderlas. Hablamos sobre el plan ampliamente con él antes de llamarte. ¿Ah, sí? ¿No hubiera sido mejor que él lo hubiera discutido con ella? Se sentía como si su vida estuviera siendo conducida de nuevo. Controlada nuevamente. Sacudiendo la cabeza, esperó hasta que todos salieron, entonces, vio como Archer se levantaba de su silla y caminaba hacia la puerta. El clic de la cerradura sonó alto, haciendo que su cabeza se sacudiese mientras lo miraba con los ojos entrecerrados. Él se veía caliente como el infierno. Estaba vestido con su uniforme habitual, pantalones vaqueros y su camisa marrón de sheriff, su placa en el cinturón junto a su arma en la funda. Unas botas gastadas cubrían sus pies. Su expresión era francamente sensual. —No discutiste nada de esto conmigo primero —resaltó—. Odio eso, Archer. Sorprendido levantó las cejas mientras la miraba.

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—Asumí que sabrías que no te dejaría sin protección, Anna. El hecho de que estés viviendo conmigo no garantiza que no estés en peligro. Por alguna razón, un loco decidió que no te quedarías mucho tiempo en este Condado después de haber cumplido los nueve años. Quiero saber por qué, pero quiero tener la maldita certeza de que no vas a ser herida en el ínterin. —¿Y no podías discutir esto conmigo? —El nudo de ira que había estado construyendo en su interior comenzó a rasgarse. Aproximándose Anna se enfrentó a él, sintiendo sus manos temblar de ira, incluso cuando su cuerpo ardía de deseo por él. No conseguía deshacerse de su necesidad, incluso enojada. No conseguía sacudirse los años de fantasías y anhelos sufriendo por su toque, no importa lo mucho que lo intentara. Incluso ahora, con el conocimiento de que estaba tomando decisiones por ella, que no estaba discutiéndolo con ella, no podía quitarse de encima esa necesidad. —Estás enojada por nada. —Sus brazos se cruzaron sobre su pecho mientras la miraba—. Deberías saber que en algún momento esta decisión sería tomada. —Del mismo modo que asumí que lo discutirías conmigo primero. —Colocó una mano en la cadera, dando lentos golpecitos con el dedo índice para mantener la paciencia—. No me gusta ser controlada, Archer, especialmente por ti. Parecía no importar que se hubiera convertido en su amante, dolía y sufría por él. —Anna, yo no estaba tratando de controlarte. —Eso es exactamente lo que estás haciendo. —Empujó los dedos en su cabello, se volvió y caminó por la habitación antes de volverse—. Me has llamado aquí como a un niño, y las decisiones fueron tomadas como si mi opinión no importara. Y me importa. Mis asuntos, mis decisiones, Archer.

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Le debería haber importado, se dijo. Era su vida. Así como le debería de haber importado a su familia. Una vez que fue lo suficientemente adulta para oír la verdad, le tendrían que haber contado. Debieron dejarla volver a casa. —Controlarte es la última maldita cosa en mi mente —él gruñó—. Cuando le dije a Crowe y sus primos acerca de la reunión con los Barones, el tema de su seguridad se convirtió en lo primordial. No es como si lo lleváramos discutiendo durante semanas, maldita sea. Fue hablado en esta puta sala, la decisión tomada 30 minutos antes de que te llamáramos. Anna apretó los dientes. Al ver que la lógica no ayudaba. Por supuesto que veía cómo había sucedido, pero no debería haber ocurrido. —En el momento en que mi nombre apareció en la misma frase que protección, debiste enviar por mí —gritó—. No me hagas esto, Archer. No me trates como mi familia me ha tratado toda mi vida. No quites la elección de mis manos, porque no voy a aceptarlo. —Antes que pudiera detenerse caminó hacia él, su mano en la cadera, su dedo presionando firmemente sobre su pecho furioso—. No lo acepte de mi familia, no lo acepte de Crowe, y ten muy por seguro de que no lo voy a aceptar de mi amante. —Exactamente, tu amante, maldita sea. —Él la atrajo hacia sí. Una mano agarró su cadera y la otra se envolvió en su espalda, mientras encontraba su cuerpo de repente presionando contra el suyo, sus manos apretando contra su pecho, sorprendida—. Soy tu maldito amante, Anna. Eres mía, y no creas ni por un minuto que no voy a hacer exactamente todo lo que se necesita para protegerte. ¿Quieres trabajar? Trabaja. ¿Quieres vivir en el Condado de Corbin, Aspen, o Timmaldito-buktu? Es tu decisión si no puedo opinar. ¿Quieres comprar un coche nuevo? ¿Zapatos nuevos? ¿Un puto caballo para cabalgar hasta el trabajo? Me importa un bledo. Pero por Dios, no creas ni por un maldito segundo que no haré

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exactamente lo que tengo que hacer para mantenerte cálida y segura. El shock reverberó a través de ella. Él la miraba como si sintiese algo por ella, algo que era más que lujuria. —La próxima vez, lo discutirás conmigo primero —exigió airadamente, pero podía oír la debilidad de esa demanda. Y podía sentir el hambre por él iniciar una corrida a través de su sangre al sentir su erección presionando contra la parte inferior de su estómago—. No me importa dónde o cuando surja la discusión. Mi protección, donde vivo, como vivo, es todo mi asunto y no quedaré fuera de la conversación. Y ella necesitaba que la demanda sonara más como una demanda. —Si estas allí. —Su cabeza bajó a centímetros de sus labios—. Si estás de acuerdo, o no, con la decisión, esa no cambiara si eso tiene ver con si vas a vivir o morir. Pamplinas. Sus labios se separaron, quería despellejarlo vivo por su arrogancia cuando de repente la cubrió. Antes que pudiera morderle la lengua, le entreabrió los labios, su mano en la mandíbula impidiéndoselo. Su beso fue exigente, moviéndose sobre sus labios y, muy rápidamente, no hubo ninguna posibilidad de que realmente se atreviera a morder la lengua que la invadía demandante. Un gemido escapó de ella a pesar de sus intentos por contenerlo. El placer comenzó a invadirla, la adrenalina basada en la ira se convirtió de repente en hambre, las llamas de necesidad marcaron su clítoris, su coño, y corrieron a sus pezones. Toda su carne comenzó a calentarse, cada célula de su cuerpo de repente estuvo dolorida por su toque. Ella tenía ansia de él. Hacia sólo unas horas desde que había tenido la dura

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longitud de su polla llenándola, poseyéndola, y ella lo deseaba ahora tan desesperadamente que discutir con él era una cosa del pasado. No tenía idea de que estaban discutiendo. Un escalofrío le recorrió la espalda cuando el fuego la provocó, caliente y tentador, yendo directamente a su matriz cuando su coño comenzó a doler, a apretar por el deseo hambriento. Se había dicho que no haría esto, que no lo permitiría. Que no dejaría que controlara cualquier parte de ella. Pero él controlaba esto. La necesidad, la desesperación por su toque. La controlaba con tanta necesidad que la tenía gimiendo. —He estado muriendo por follarte desde que te vi con esa falda esta mañana. Si no hubieras salido tan rápido te hubiera tenido antes de salir de casa. —Respiró ásperamente, sus manos deslizándose de sus caderas hasta los muslos, amontonando el material en sus manos, tirando hacia arriba lo suficiente para que su mano pudiera tomar las curvas de su trasero desnudo cubierto solamente por la seda sus bragas. Brillante y cálido, su jugo brotó en su coño, la sensación se extendió desde el centro de su carne sensible arrastrando otro gemido. Los labios de Archer envolvían los suyos, su lengua lamia los contornos de sus labios. El placer

la cubrió, pasó a través de ella, mientras sus labios la

tomaban, su lengua la lamia y acariciaba, penetrando sus labios con una lenta caricia sensual. Ella podría enojarse después, decidió. Ahora mismo lo deseaba, estaba dolorida por él. Quería llenar la soledad, el dolor y la traición que vivía dentro de ella con su tacto. Anna separó sus labios, su lengua exploró la curva inferior. Sus manos,

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presionadas contra su camisa se trasladaron a los botones que sujetaban el material junto. Torpemente, Anna luchó con los botones demasiado pequeños, hasta que finalmente, el último fue libre, revelando los contornos rígidos de su pecho y la alfombra de sus rizos rubio oscuro tentando sus dedos. *** Empujando hacia atrás, Anna lo miró, y Archer no tuvo idea que estaba causando esa opresión en su pecho. Su cuerpo se puso rígido con tanto sentimiento que buscarle sentido era imposible. —Archer —susurró, sus manos agarraron su camisa con ese temblor que había vislumbrado antes. Había una necesidad en sus ojos, un anhelo que no podía descifrar. Sus labios temblaron antes que se quedaran inmóviles, pero ella no podía borrar el motivo inconsciente en sus ojos y yo no tenía idea de lo que necesitaba para calmarse. —Lo que quieras, Anna —le dijo, sus labios rozando los de ella, viendo las llamas en sus pupilas, observando su lujuria, viendo alguna emoción más profunda, más oscura que no podía reconocer en el mar de sus oscuros ojos verde mar. Cerrando los dedos en la curva de su culo, sintiendo los músculos bajo su dominio, dejó de luchar contra la necesidad de follarla tan rápido, tan duro como fuera posible. Pero eso no sería suficiente, Archer lo sabía. No sería suficiente para que él, porque podía sentir que ella estaba sufriendo en silencio, sentirlo oprimía su pecho a pesar de no saber exactamente porque.

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—Dime, Anna —dijo—. Dime lo que quieres, nena. ¿No sabes que te daría cualquier cosa que me pidas? Si lo tengo, es tuyo. Si pudiera dárselo sin preguntar, entonces se lo daría. Si pudieras leer el deseo ardiente en sus ojos, entonces haría lo que fuera necesario para asegurarse que ella lo tenía. Ella se lamió los labios, la visión de esa pequeña lengua rosa saboreando sus labios apretó sus bolas. Su respiración era acelerada, sus pechos subían y bajaban bajo la blusa, las mangas brillaban por la seda blanca. Su mirada se volvió sombría entonces, un destello de incertidumbre apareció en lo profundo de los ojos verdes. Archer bajó sus labios a su oído de nuevo, acariciando la curva de la delicada concha. Ella se arqueó contra él, inclinando la cabeza hacia un lado para darle mayor acceso a la carne cuando comenzó a besar la curva suave. —Por favor, Archer. Tómame ahora. Yo no quiero esperar. —Ella sacudió la cabeza y pudo ver la incertidumbre, la indecisión que rabiaba en su interior. Ella podía pedirle que la tomarla, pero cualquiera fuera la necesidad que la estaba comiendo viva, no se sentía cómoda para pedírselo. —¿Confías en mí, Anna? —susurró, besando la comisura de sus labios. Sus labios temblaban. No hubo lágrimas en sus ojos, pero la necesidad estaba creciendo, quemando más intensa en su interior. —Confío en ti con mi vida.

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¿Pero le confiaba sus sueños? Levantando su mano, sus dedos tocaron su mejilla, su pulgar rozando sus labios. —Dulce Anna. Una parte de él sabía lo que quería. Lo sabía y ansiaba dárselo. Enterrando su cara contra la curva de su cuello, una mueca apretó su expresión mientras luchaba por contenerse, por tomárselo con calma. Sabía lo que ella quería, lo sabía y no podía dárselo y eso estaba comiéndolo. Pero lo que si podía darle era el placer. *** Había un hambre en el beso de Archer que Anna no había sentido antes, una necesidad que no sabía que podría existir, excepto la de ella. Sus labios cubrieron los de ella, suavemente, oh Dios, tan suavemente, se movieron, frotando, acariciando, calentándola con una sensación mezclada con emoción y calor pulsando a través de ella. Envolviendo sus brazos alrededor de su cuello, Anna separo más los labios aceptando profundamente la intensidad del beso. Eso era lo que necesitaba. Eso era lo que sufría por tener. Los labios de Archer devoraban los suyos, su lengua empujaba y jugaba con la de ella y la curva dura de su rodilla se metía entre sus muslos. El calor caliente contra la carne sensible de su coño cubierto de seda sacó un gemido de sus labios. Era tan bueno. Era el beso más asombroso que había experimentado. Incluso en

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sus fantasías más profundas no había pensado que un beso podía disparar así su sangre, su corazón y su alma, junto con el placer, todo a la vez. Arqueándose lentamente, levantó sus caderas y frotó el brote dolorido de su clítoris contra su rodilla, siguiendo ciegamente las sensaciones que de repente desgarraron a través de ella. Enterrando los dedos en su pelo, Anna lamió sus labios como él había hecho con ella. Entrando en su beso, un ahogado gritó de placer se perdió bajo el duro gemido masculino que retumbó en su pecho. Los sonidos combinados de placer pasaron a través de sus sentidos, multiplicando la intensidad de su placer. Apretando los muslos en su rodilla, los dedos de Anna se deslizaron por su nuca, a lo largo de su cuello, luego a su pecho. Bajando instintivamente la mano, dejando que guiara sus acciones, Anna la metió en la camisa necesitando sentir su piel contra la de ella. Cuando el suave algodón se deslizó sobre sus poderosos hombros y se pegó a sus bíceps duros, Archer

se movió rápidamente tirando de su camisa y

arrojándola olvidada en el suelo. Levantándola contra la mesa Archer la miró, su respiración acelerada ante la vista de la corta falda de seda encima de sus bragas mientras le levantaba las rodillas y se movía entre ellas. Agarrando sus piernas, las empujó antes que sus manos se deslizaran a las caderas, arrastrándola hasta el borde de la mesa. Situada frente a él, con el largo y oscuro cabello extendiéndose sobre ella, con esos ojos muy verdes mirándolo con calor somnoliento, ella era la cosa más hermosa que había visto en su vida. Moviendo sus manos entre sus cuerpos, Archer aflojó rápidamente el cinturón, abrió el botón de metal de sus pantalones vaqueros y descomprimió la furiosa erección que presionaba exigente contra ella.

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—¡Oh, sí! —La necesidad pasó por sus labios cuando ella abrió los muslos, levantó las rodillas y sostuvo sus delgadas piernas. Rápidamente rodó sobre su polla el condón que había sacado del bolsillo posterior y se inclinó sobre ella. —Amo follarte, Anna. Estar dentro de ti, sentir el apretón caliente de tu coño acariciándome. —Él agarró el grueso tallo de su polla y apoyó la cabeza hinchada a través de los pliegues resbaladizos de su coño. —Oh Dios, Archer, me encanta. —Un gemido separó sus labios cuando la ancha cresta apretó la entrada hipersensible—. Es tan bueno. —Mira —le ordenó con voz ronca exigiendo que su mirada siguiera la suya. Echándose hacia atrás con sus muslos abiertos, Anna pudo ver la dura carne de su polla separando sus labios internos. Las curvas hinchadas abrazaban la amplia cabeza, sus jugos aferrándose a él cuando comenzó a presionar en el interior. El estiramiento lento y controlado de sus delicados músculos internos aumento rápidamente el placer cuando el ardiente placer - dolor comenzó a cruzar sus terminaciones nerviosas. —Archer. —La intensidad del placer comenzó a alcanzarla—. Es tan bueno, Archer. Moviéndose contra ella con movimientos lentos y poco profundos, él separó el tejido interno, estirándolo mientras aumentaban las sensaciones cortando sus sentidos. Anna levantó sus caderas hacia él, sus dedos agarrando sus brazos, para observar cada duro empuje, como se enterraba hasta la empuñadura en su interior.

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El fuerte pulso de su polla le hizo apretar las rodillas contra sus caderas mientras la necesidad imperiosa del orgasmo comenzaba a correr por ella. Levantando la mirada hacia él, Anna sintió un nudo en el pecho, casi sentía las lágrimas llenando sus ojos. La expresión de su rostro... Su respiración se enganchó, un gemido lloroso llenó el aire a su alrededor cuando él comenzó a moverse de nuevo, empujando sus caderas, tirando de su polla hasta casi salir para luego empujar de nuevo. Trabajó la gruesa carne hasta la empuñadura, se retiró, luego empujó duro y fuertemente otra vez. El golpe y la caricia del fuerte eje y su ancha cabeza hicieron que el placer se acumulara violentamente en su interior. Cada sensación aumentó de intensidad cuando sus sobreexcitadas terminaciones nerviosas comenzaron a quemar, arder. Empujando duro, más rápido, con los ojos fijos en ella, la expresión de Archer era tan tierna, tan... ¿Qué? ¿Qué era eso? ¿Qué emoción azotaba entre ellos? La intensidad de la misma, junto al extático placer, sólo se reforzó, aumentando. —Archer, por favor. —La necesidad, las sensaciones abrumadoras, palpitaban, expandiéndose en su interior. Él gimió, el sudor corriendo en riachuelos por su pecho, a lo largo de un lado de su cara, sus ojos dorados parecían más brillantes, más depredadores. —Anna. Amor...

—Su gemido fue roncó, su cuerpo tembló mientras

levantaba una mano de sus caderas para tocar su rostro—. Dulce, Anna.

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Archer apretó los dientes cuando Anna gritó, su coño apretó su polla mientras empujaba hacia atrás y hacia adelante, más fuerte, más rápido. Las llamas estallaron en su interior. Electricidad pura, el éxtasis explotó como fuegos artificiales, el placer torturando las profundidades de su coño. —¡Ah, fóllame! ¡Cariño! —Su mano apretó su mejilla, una batalla luchando en su expresión cuando sintió su liberación rasgar a través de su cuerpo. —¡Ah, mierda! —Su cara se tensó, sus ojos volviéndose salvajes—. Anna. Oh, Dios. ¡Mia! —Su caderas se estrelló hacia adelante cuando sintió su polla pulsar. Los músculos de su coño ondularon y apretaron a su alrededor. —¡Mia! Maldita sea, ¡eres mía! Sus labios cubrieron los suyos. Posesivo, exigente. El beso marco su alma y calmó las palabras que habían sido arrancadas de sus labios. Atrapados juntos en el cataclismo que les rodeaba, Anna juró que sintió una parte de ella fusionándose con él. Que sintió una parte de él fusionándose con ella. Y por un precioso momento fuera del tiempo, Anna supo lo que significaba pertenecer. *** Crowe miró desde su oficina al pasillo, con la mandíbula aún más apretada con el conocimiento de lo que debía estar pasando dentro de la sala de conferencias. Pudo ver lo duro que había sido para el sheriff mantener sus manos lejos de Anna mientras estaban en la reunión.

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Archer estuvo con los dedos cerrados en puños mientras se sentaba de nuevo a la mesa. Flexionando los dedos, obviamente, para evitar tocarla. La tensión en el aire y la conexión sexual entre ellos era suficiente para afectar a las personas que estaban en la habitación. —La vigilancia de la casa no está mostrando mucho —informó Rory mientras observaba los monitores conectados a las cámaras wi fi colocados fuera del hogar de Archer—. Podrás mirar las cámaras desde el rancho, o desde la cabaña también, pero no creo que nadie ataque la casa. —¿Por qué? —inquirió, sin dejar de mirar el pasillo. —Todo el que conoce a Archer sabe que es un paranoico de la seguridad. Caray, yo no tenía idea de quién era en los primeros dos días que estuve allí haciendo reconocimiento y supe que era un paranoico sobre la seguridad. Si se atreven a atacar su casa será disfrazados como si fueras tú, Logan, o Rafer, tal y como hizo con Marietta Tyme. —¿Estamos seguros que el Carnicero vendrá detrás de ella? ¿Estaban cometiendo un error al centrarse en Anna, en vez de en otros lugares? —Él ha hecho que se mantenga fuera del Condado desde que tiene nueve años, y luego vuelve y empieza a trabajar aquí, para ti y tus primos, eso lo enfurecería. Por alguna razón, ha puesto un montón de tiempo y esfuerzo para mantenerla alejada. No dejaría pasar el hecho de que ella ha vuelto. —¿Qué piensa Jordan? —preguntó refiriéndose al tío de Rory, un ex SEAL de la Marina. Los rumores de que Jordan Malone era también comandante de un grupo de mercenarios no pasaron desapercibida a Crowe cuando se enteró hacía diez años. Jordan era del tipo que podía estar involucrado en algo secreto, pero también era

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un hombre con los conocimientos y la presencia para hacer el trabajo. —Él está de acuerdo. Así que el Carnicero no va a esperar mucho antes de capturarla. Crowe pasó una mano sobre su rostro y miró hacia el pasillo. Maldita sea, ¿por qué estaba tan jodidamente molesto por el hecho de que Archer, obviamente, estaba comiéndose a su prima detrás de esas puertas? Del mismo modo no podía entender por qué sus instintos protectores enloquecían cada vez que Anna Corbin volvía a la ciudad. Había algo en ella que lo irritaba cada vez que la veía. —Siempre tuvimos miedo de que se centrara en ella. —Crowe gruñó. —Tal vez Ivan esta en lo cierto. —Rory señaló—. Ella hizo un espectáculo de creer en tu inocencia. Y siempre ha sido más que evidente que creía en los tres. —Tal vez —murmuró, sacudiendo la cabeza antes de comprobar el reloj de nuevo. Demonios, habían estado allí una media hora. ¿Será que iban a salir alguna vez? Tenían que salir pronto. Tenía cosas que hacer. Después que Archer le había pasado la información que los Barones le dieron la noche anterior, Crowe sabía que la confrontación con su abuelo llegaría. ¿Treinta y cuatro años infernales porque habían querido “proteger” a sus nietos? No lo creía. Cualquiera que fuera el evento que se suponía era la clave de todo, quería saber qué demonios era. La puerta de la sala de conferencias se abrió, Anna y Archer salieron.

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Anna colocó su cabello detrás de la oreja, miró a Archer con una intensidad sombría, una sombra de incertidumbre, y todo el amor que una mujer puede albergar en su corazón, y Crowe se congeló. Siempre era así. Cada vez que la veía, algo le recordaba a su demasiado delicada madre. Había tenido 12 años cuando fue asesinada en aquella montaña, pero él la recordaba tan claro que a veces parecía como si fuera ayer. El sonido de su voz, la forma en que trataba a su hermana bebé mientras le cantaban tan dulcemente. De la misma manera que había cuidado de él cuando era un niño, diciéndole lo mucho que lo amaba. Amaba a su madre. Había sido el centro de su joven universo, y la pérdida de ella, su padre, y la hermana bebé que había acariciado había matado algo dentro de él. Anna sacudió la cabeza cuando Archer le dijo algo. El sheriff dejó caer su mano suavemente por el brazo de ella en una caricia íntima, una que aseguró a Crowe que el sheriff estaba definitivamente centrado donde Anna estaba preocupada. Él estaba enojado como el infierno si era el caso. Y no tenía ni idea de por qué.

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Capítulo 11 Observar esa mierda le llevaría a beber. Anna Corbin debía dejar el Condado ahora. Ella tendría que haber perdido a su familia, su dinero, el coche, todas las comodidades que el dinero Corbin podía comprar, y hacer lo necesario para irse por donde vino. En cambio, estaba follando con ese sheriff como una gata en celo, y ni siquiera se había molestado en ponerse en contacto con su familia. Y él sabía que no se había molestado en hacerlo. Tenía suficientes espías en la casa Corbin y sabría si se ponía en contacto con ellos. Ella no había llamado. Ellos no la habían llamado. Y ella no había salido de la ciudad. Ver como dejaba las nuevas oficinas de Brute Force, no hacía nada para contener la creciente erección en sus pantalones. Había advertido a John Corbin que la sacara de la ciudad, del Condado o sufriría las consecuencias. Y ella todavía estaba allí. Esas consecuencias podrían caer sobre ella pronto. Mientras observaba, el recién llegado a la ciudad salió del bar y con una sonrisa rápida se puso a caminar con ella. Rory Malone. El hijo de puta de pelo negro era de Texas. Había llegado varias mañanas antes y había aplicado en el bar para la posición de camarero que estaban

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solicitando. Había alquilado el apartamento sobre el garaje que Brocks anunció cerca de la casa del alguacil, y los últimos días parecía mostrarse muy amable con Anna. Caminaba con ella al trabajo todas las mañana y de vuelta hasta su casa cuando ella salía. Archer podría tener un rival para su afecto si no tenía cuidado, pensó divertido. Y tal vez, si tenía suerte, podría convencer a su compañero de atacarla por ese solo motivo. El pensamiento de su compañero dejó una chispa de oscura cólera en sus sentidos. El bastardo. Las reglas que una vez había encontrado pintorescas se estaban convirtiendo en un dolor en el culo. No un dolor suficiente como para deshacerse de él, por supuesto. Los buenos socios eran condenadamente difíciles de encontrar en su línea de trabajo. Él no podía arriesgarse a permitirle quedarse en el Condado de Corbin, o en la cama del sheriff, durante mucho más tiempo. El sheriff estaba muy cerca de los Callahan, y su conocimiento de ellos era quizás peligrosamente profundo. La única forma en que se le permitiría vivir seria fuera del Condado. Y eso lo permitía únicamente por la traicionera debilidad que sentía por su madre y que gobernaba su sentido común. —Por favor, por favor no lastimes —su madre lloraba mientras acunaba a la niña en sus pechos y se arrodillaba junto al cuerpo de su marido muerto—. Por favor. Oh, Dios, Wayne, por favor no la lastimes. Ella es sólo un bebé. Ella es sólo un bebé. —Un bebé Callahan —él rabió, la furia de su traición haciéndole revolver el

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estómago—. Podría haber sido mía, Kimberly. Podría haber sido nuestra hija. Cómo la había amado. Ella había sido el mundo para él. Y ahora se sentaba frente a él, sollozando por su difunto marido y la hija que tuvieron juntos. Uno de los niños que habían tenido juntos. Si el niño, ese bastardo Callahan, hubiera estado con ellos, le habría puesto una bala en la cabeza también. —Por favor, Wayne —ella continuó sollozando cuando el bebé se quejó del frío, sus pequeños miembros tornándose azules donde se había resbalado la manta de Kimberly cuando el cuerpo de David Callahan cayó sobre el hielo y la nieve—. Por favor, te lo ruego. Su cabeza se inclinó. La derrota se veía en su largo pelo rojo cayendo en cascada sobre el cuerpo frágil de su bebé, en sus hombros caídos y toda la lucha drenada de su cuerpo. Él lamentaba que no se hubiera rebelado. Podría haberla dejado vivir. Con la manta en la mano durante un largo rato, finalmente tiró la cubierta sobre ella. Su cabeza se levantó, las lágrimas todavía goteando de sus increíbles ojos verdes. Dios, cómo la amaba. —Voy a salvar a la niña —le dijo—. La hija de mi hermano murió esta mañana en un hospital en California. Si vuelve a casa y toma a Sara, como su hija, entonces la dejaré vivir. Si no lo hace, morirá Kimberly. Él tuvo que endurecer su voz. Él tuvo que endurecer su alma. Ella envolvió la manta cómodamente cubriendo alrededor del bebé, la besó en la frente.

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—Mamá te ama, Sarah Ann —susurró, sus sollozos desgarrando su alma—. Recuerda siempre que mamá te ama. El bebé lloraba débilmente. Poco a poco, con brazos temblorosos, extendió el bebé hacia él. Era frágil, delicada. Por un momento tuvo la tentación de arrojarla por el acantilado por puro odio. Pero la mirada en los ojos de Kimberly lo detuvo. Ella confiaba en él. El shock lo estremeció. Él acaba de matar a su marido, y ella sabía que iba a morir en esa tormenta también, y todavía confiaba en él. Abriendo su chaqueta, puso a la niña en su contra y la abrochó. Cuando ella se movió para acostarse junto a su marido, él gruñó con furia. —Aléjate de él. No voy a dejar que mueras a su lado. No voy a dejar que te abraces a él en la muerte, Kimberly. Ella sollozó. Débil. Fría. Los cuerpos de sus hermanos y hermanas estaban esparcidos a su alrededor. Muertos. Cada paso que se alejaba de su marido, ella lloraba más fuerte hasta que sólo tuvo fuerzas para llorar, y se echó sobre el hielo y nieve a varios metros de él. Ella lo miró, con lágrimas cayendo tan rápidamente que eran como corrientes en su rostro cuando le apuntó con la pistola a la cabeza. —Te amo —susurró—. Siempre te amé, Kimberly. Ibas a ser mía. Podríamos haber gobernado el Condado de Corbin juntos.

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Ni siquiera fue consciente de cuando apretó el gatillo. Fue un tiro perfecto directo a su corazón. No puso una bala en su cara. No podía arriesgarse a dañar su rostro perfecto. Ella cayó al suelo y, maldita fuera el infierno, si hubiera quedado una respiración en ella, él habría matado al bebé delante suyo por su traición final. Al caer al suelo, extendió su brazo y enterró sus dedos en el pelo congelado de su marido. Su aullido de rabia trajo un gritó del bebé. Un pequeño gemido de angustia que llegó a su corazón. Un corazón que juró que no poseía desde el día que se había dado cuenta que ella le había traicionado. Pero era tan parecida a su propia hija. Tan pequeña y frágil. Y él amaba a su hija propia. Su carne y sangre. Amelia no era la hija de Kimberly, pero seguía siendo suya. Juntos no encontrarían un tesoro que otros sólo podían soñar. Juntos no crearían su propia familia. Y ahora, no volvería a ver su sonrisa o escuchar su risa otra vez. No era culpa de su hija, lo era del hijo. Ese pequeño bastardo. Si no hubiera quedado embarazada de él, entonces David Callahan nunca podría haberla convencido de que se casara con él, Wayne estaba seguro de ello. Mientras miraba su cuerpo caído, cayó la primera lágrima. Había asesinado a los Callahan y no había sentido ningún dolor. No había sentido nada hasta que su preciosa Kimberly cayó con la mano extendida para tocar a su amado esposo. Amado.

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Ella lo amaba. La chica gimió en su pecho de nuevo y sus lágrimas cayeron de manera más rápida. —Kimmy —sollozó, y corrió hacia ella. Abrazando a su hija cerca de su corazón, la levantó hacia él, acunó su cabeza y la de su hija envuelta entre ellos, y sollozó. —Oh, Kimmy. Kimmy, ¿porque tenías que hacerlo? ¿Por qué? Oh, Kimmy, ¿por qué? Derramó lágrimas en su pelo sedoso, como la luz del sol y el calor. Lloró con su alma por ella, lloró con su corazón por ella. Y allí, bajo una tormenta de nieve que luego escondió la explosión de fuego a todos y elimino los cadáveres, mató a la única mujer que ocupó su corazón. Destruyó a su Kimmy. Una lágrima rodó por su rostro. La primera lágrima en 24 años. Su cumpleaños sería muy pronto, así como estaba por llegar el verdadero cumpleaños de Anna. Esa tormenta de nieve había rodado en el mes de septiembre. Anna celebraba su cumpleaños el 10 de septiembre. Su verdadero cumpleaños era el 20 de agosto. En agosto, ella iba a morir, es decir, en unas pocas semanas. Él la tomaría y se reiría de ella, pero por dentro, sabía que iba a derramar todas esas lágrimas de nuevo, como la noche que tomó la vida de su madre. Él la violaría y la vería llorar. Cortaría su cuerpo con su polla y luego con su cuchillo y su alma lloraría.

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Y luego la enviaría al cielo a los brazos de su madre. *** Un suave golpe en la puerta de la oficina lo trajo de vuelta de su viaje, poniendo una sonrisa en sus labios cuando su hija entró. Su carne y sangre. Tan frágil como Anna, tan delicada y tan corrompida por los Callahan. Su Amelia nunca olvidaría la noche en que Crowe Callahan la había abrazado, al igual que no podía cortar ese lazo invisible de hermanos entre Anna y Crowe. —He encontrado la información que estabas buscando. Ella parpadeo en estado de shock. —¿Perdón? Entró en la habitación toda gracia, suavidad y delicadeza. Se veía como siempre había imaginado que se vería su hija con Kimberly. El pelo, los ojos de su Kimmy. Su piel suave y cremosa con sólo una sugerencia de pecas en la nariz. Ella recorrió la oficina, en equilibrio sobre tacones de doce centímetros que la hacían parecer toda piernas y colocó el archivo que traía sobre la mesa. —No estoy segura de lo que eso significa. —Ella suspiró—. El investigador privado que contraté en California llegó tarde de otro encargue y casi perdí mi avión. —Ella sacudió la cabeza. Estaba cansada.

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Él la había tenido en el camino durante semanas, desde el día anterior a que Anna regresara al Condado de Corbin. Pero encontró la información que él le había pedido. —¿Lo encontraste entonces? —le preguntó. Sentada en la silla de cuero frente a su escritorio, ella hizo un gesto cansado con la cabeza. —Marcus Duclock reside actualmente en San Quintín, tiene una sentencia de prisión perpetua por la violación y asesinato de una prostituta. Lleva más de diez años. —Bien, entonces, sabemos que no tiene nada que ver con el asesinato de Katy Winslow. Suspiró, sabiendo muy bien que el hijo de puta que no tenía nada que ver con eso. Amelia necesitaba salir de la ciudad, sin embargo. Irse de la ciudad y lejos de Anna Corbin. Ella era un tesoro, su hija. Él no se había portado bien con ella,

admitió. Él la había obligado a

abandonar su último año en la universidad, la obligó a renunciar a su sueño de enseñar en la escuela y la obligó a trabajar para él en su lugar. Para poder vigilarla. Así podría estar malditamente seguro de que ella nunca volvía a los brazos de Crowe Callahan. Tenía que mantenerla alejada de ese bastardo.

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—¿Qué debo hacer ahora? —Ella le devolvió la mirada con atención, la sinceridad clara en su mirada—. No pudo haber sido Duclock. ¿A dónde vamos desde aquí? Se pasó una mano por el cuello como si estuviera realmente preocupado por el tema y negó con la cabeza. Cuando ella puso su cabeza contra el respaldo de la silla, su cansancio evidente en su expresión y cuerpo agotado, decidió que había llegado el momento de probar su lealtad. —Anna Corbin se fue a vivir con el sheriff, mientras estabas fuera —le dijo en voz baja. Sus ojos se abrieron lentamente, la burla brillo en ellos por un momento antes de mirar el techo, con un cansancio que tocó su corazón. —Está decidida a que la maten. —Ella suspiró. —Recuerdo que una vez que querías estar cerca de Crowe Callahan —afirmó suavemente. —Puede que no me gustara la forma, pero aprecio el esfuerzo que has hecho para asegurarte que me tomara el tiempo de considerar la locura de eso, también —ella dijo con una mirada pensativa, arrepentida—. Ninguno de ellos vale la pena morir. Y el Carnicero no sólo mata a sus amantes ahora. Al parecer, basta con que alguien haya estado cerca de ellos, como paso con Katy. —¿Katy era cercana a él? —No tenía conocimiento de eso. —¿Sino porque le pasaría eso? —Amelia cerró los ojos, se relajó contra la silla mientras parecía estar luchando con la necesidad de dormir. El jet lag siempre fue difícil para ella.

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—Archer y yo aún no hemos descubierto su relación con ellos. —Aseguró con el tono adecuado de tristeza—. Esa pobre niña. He tenido pesadillas sobre perderte así, Amelia. Ella dio un pequeño suspiro suave. —Ya no soy una niña, papá. Y como he dicho, el fin justifica los medios y lo aprecio más de lo que piensas. Incluso si aquellas que no fueron sus amantes no estuvieran siendo asesinadas con una frecuencia alarmante, no es exactamente el tipo de hombre con que una mujer quiere construir un futuro. — Abrió los ojos y lo miró con triste diversión—.Sé que te gustan los Callahan, a pesar de nuestras peleas por ellos cuando era más joven, pero puedo ver ahora lo que debería haber visto entonces. —¿Qué? —le preguntó con curiosidad. —Crowe Callahan es demasiado egoísta para que una mujer quiera formar una familia con él. —Ella sonrió suavemente. Esa sonrisa. Era casi una sonrisa maternal. Ella una vez le había jurado que nunca vería a sus nietos. —¿Quieres una familia propia, ahora? —él preguntó, luchando contra la esperanza de un nieto. — Sí, la quiero. —Asintió con la cabeza—. Un buen esposo y algunos niños estaría bien, papá. Muy bien. —Ella se puso lentamente en pie—. Creo que me iré a casa ahora. Tal vez llame a Anna más tarde y vea si puedo hacerla entrar en razón. Si no puedo, entonces, puede ser el momento de cortar esta amistad. Perder un amigo con el Carnicero es más de lo que me gustaría afrontar. —Yo no iría tan lejos, cariño. —Cruzó la habitación, agarró sus hombros, y

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le dio un beso en la mejilla. Ella había dejado de tensarse y alejarse de él casi un año antes. —¿Crees que debo esperar? —Ella preguntó claramente dividida y pidiendo su opinión. ¿Sinceramente quería su respuesta? Su corazón se hinchó. ¿Podría estar equivocado? ¿Podría permitir que viva? —Lo discutiremos después de hablar con ella. Tal vez entre en razón. Siempre has sido capaz de hablar con ella cuando nadie más puede hacerlo. Amelia negó con la cabeza. —Dejó de escucharme cuando me fui a la universidad. —Se encogió de hombros—. Pero voy a hablarle. ¿Quieres que te llame antes de reunirme con ella? Él asintió con la cabeza lentamente. —Eso sería genial, cariño. Ya sabes lo que me preocupa. —Y ahora entiendo por qué. Se elevó y besó su mejilla antes de tomar sus maletas—. Voy a casa y a la cama ahora. Te quiero, papá. —Y yo te amo, bebé. Su voz apenas se espesó. Ella le estaba perdonando. Había sido lento. No había sido fácil. Y la verdad era que muchas cosas que había hecho eran sólo para garantizar una coartada y la falta de sospecha cuando se trataba de las víctimas del Carnicero. Cuando salió de la oficina, parpadeó para contener las lágrimas.

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Su precioso, pequeño bebé dulce. Si tan sólo hubiera sido de Kimmy de también. *** Anna respondió el teléfono al segundo en el que el ID reveló el nombre. —Amelia Sorenson, ya era hora que me llamaras —Anna regañó a su amiga con una sonrisa—. Te he echado de menos muchísimo. —He oído que no tienes tiempo de extrañar a nadie. —Hubo una tensión en la voz de su amiga que le hizo fruncir el ceño—. Así que vives con ese sheriff, y estas jugando a ser la asistente personal de tu primo. —Sí, bueno, tal vez si hubieras estado aquí lo podríamos haber hablado primero —Anna respondió—. Trae tu culo aquí y comparte una taza de café conmigo. Puedes gritarme en la cara, entonces. —¿Servirá de algo? —Amelia le preguntó, indicando con su tono de que no lo haría. —Nunca se sabe. —Anna se encogió de hombros, una sonrisa tocando sus labios. No había nada que la otra chica pudiera decir para que Anna cambiara de opinión, pero siempre estaba dispuesta a dejar que Amelia lo intentara. —Hmm, ya veremos. —Amelia suspiró—. ¿Tienes café? —Tenemos. —Anna prometió. —¿Archer está allí? Porque será condenadamente incómodo tratar de convencerte de que dejes su culo si está allí para escucharme —afirmó tristemente. —Archer no estará en casa hasta tarde esta noche —Anna aseguró—. Él y su

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ayudante se fueron a un rancho al otro lado del Condado. Algo sobre un matrimonio forzado y la Edad Media. —Ella se echó a reír. Ella sabía mejor. Archer se había ido con el agente Caine a perseguir una pista sobre Elizabeth Haley y su coche abandonado. Archer le había advertido que guardara esa información para sí misma y le dio esa historia del matrimonio forzado en su lugar. Las montañas tenían un grupo diverso de hombres y mujeres que no siempre se ajustaban a las reglas de la sociedad, y que forzaran un matrimonio después de que una hija quedara embarazada no era inédito. De hecho, era bastante regular como estas chicas se olvidaban del control de la natalidad. Y eso no sucedía solo con las generaciones más jóvenes, Anna sabía a ciencia cierta que había habido una boda allí varios meses antes entre una viuda y su ex cuñado. —Ten el café listo. —Amelia ordenó—. Voy a estar allí en el momento en que la primera taza esté lista para ser llenada. —Nos vemos, entonces. —Anna desconectó el teléfono y se mordió el dedo pulgar mientras se movía hacia la cafetera. Conocía a Amelia mejor que nadie y había algo en su voz que no tenía sentido. Amelia vivía en una pequeña casa con su padre, varias calles al norte de la plaza de la ciudad. Richardson Street estaba en la parte más exclusiva de la ciudad. Allí se habían construido las casas más grandes, más bonitas, pero era básicamente esa era la única diferencia con el resto de Sweetrock. La mayoría de los bloques tenían alineadas hileras de árboles florales plantados aquí y allá. El mantenimiento estaba al cuidado de los ciudadanos

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condenados a hacer servicio a la comunidad por cualquier infracción que hubieran cometido. Anna no había imaginado que pudiera amar vivir en la ciudad tanto como le había gustado vivir en el rancho de su abuelo, pero estaba empezando a preguntarse si no lo disfrutaba aún más. Por ser una ciudad pequeña, no era aburrida. Siempre había algo que hacer en la plaza de la ciudad por la noche. Alfredo’s, el local de expendio de combustible y almacén, estaba abierto toda la noche, y el propietario, Bill Alfredo, o algún miembro de la familia siempre trabajaba en el turno de la noche, rara vez se cerraba la parrilla o el horno de pizza. Era tranquilo, pero no chato. Un golpe en la puerta llegó justo cuando el café silbó. Cruzando la habitación, Anna abrió la puerta, y Amelia entró y echó los brazos alrededor de su amiga con una sonrisa feliz. —Te extrañe tanto. —Reculando miro el rostro cansado de su amiga—. ¿Qué diablos has estado haciendo para cansarte así, Mel? —Persiguiendo sombras —dijo Amelia mientras caminaba en dirección a la gran puerta balcón con vistas al patio, oculta en la parte posterior—. Sabes, nunca he estado en la casa de Archer. He oído hablar del patio, pero nunca lo visto. Todos habían oído acerca de su patio. El propio hecho de ser tan completamente privado se

había convertido en noticia. Todo el mundo se

preguntaba qué estaría haciendo ahí fuera, sobre todo cuando veían madera ardiendo en la pequeña chimenea al aire libre. —¿No es lindo? —Anna inclinó la cabeza mientras observaba la luz del sol deslizarse por las glicinas y la hiedra que crecía entre las enormes vigas de la

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pérgola—. Es tranquilo como el infierno por aquí, también. Escuchar el gorjeó de los pájaros es suficiente para hacerte dormir. Hay varios nidos bajo la glicina y la hiedra, y les gusta mostrarse cuando estás fuera. Amelia se giró para mirar alrededor de la cocina cuando Anna abrió las puertas del balcón. —Pensé que podríamos tomar nuestro café fuera. —Anna se acercó a la cafetera y tomó la bandeja que colocó a un lado—. Archer toma su desayuno allí, antes de ir a trabajar. Yo amo eso. Se volvió a tiempo para atrapar la mirada que cruzó el rostro de la Amelia. —¿No estás de acuerdo en que viva con él? —preguntó más curiosa que molesta porque su amiga lo desaprobara. —Has vivido tu vida apartada del mundo, Anna. —Amelia suspiró mientras Anna colocaba el termo de café, crema y azúcar en la bandeja—. No me parece que te hayas ido a vivir con alguien si no vas a quedarte con tus padres por un tiempo. Anna apretó la mandíbula ante el leve castigo en el tono de Amelia. —Sí, bueno, no tenía muchas opciones. —Ella se encogió de hombros—. Y prefiero no hablar de ellos, Amelia. Pueden haber renegado de mí, pero que me maldigan si lloro por su decisión. —No espero que llores por eso para siempre —afirmó Amelia cuando la siguió al patio—. Pero esperaba que estuvieras algo arrepentida. —¿De qué? —Anna espetó—. ¿Consideras que sabes más sobre ello que yo? Ellos son la familia que visitaba dos veces al año y nada más. Y la culpa es suya, no mía. Ya no tenía nueve años. Podrían haber confiado en ella con la verdad. Independientemente de lo que pensaban, no habría traicionado su confianza,

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incluso con un amigo tan cercano como Amelia. Poniendo la bandeja en una pequeña mesa en la esquina cerca de la puerta, Anna se sentó en una silla acolchada y sirvió una taza de líquido humeante cuando Amelia se sentó frente a ella. —Anna, realmente no sientes así. —Amelia la observó con una mirada dura cuando Anna puso la crema y el azúcar en su taza porque sabía que a su amiga le gustaba. —Sí, lo sé Mel. —Ella respiró pesadamente antes de verter su propio café y beber—. Pasé mi vida mendigando, gritando, amenazando... Sacudió la cabeza por los recuerdos de las muchas y variadas formas en que había tratado de convencerlos que la dejaran volver a casa—. Me cansé de mendigar hace mucho tiempo. —Papá me dijo que realmente te graduaste de la universidad un año antes de tiempo. —Amelia obviamente aprobaba el café, sostuvo la taza y bebió antes de hablar de nuevo. —Los cursos de negocios no son ciencia exacta —informó ella, divertida—. ¿Qué más tenía que hacer que estudiar? Infiernos, Amelia, hasta que me mude aquí con Archer, yo ni siquiera recordaba cómo hacer amigos. Y esa era la verdad. Se había olvidado de cómo tener amigos. —¿No hiciste amigos en la universidad? —Amelia preguntó, sorprendida. Anna negó con la cabeza. —Hice conocidos. Hay una diferencia. Y allí estaban. No eran amigos que la acompañarían, que visitar en vacaciones, o con quienes intercambiar tarjetas de Navidad.

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—¿Pero por qué, Anna? —Amelia negó con la cabeza, confundida—. Sé que tenías intenciones de vivir en el rancho de tu familia, pero eso no tiene nada que ver con hacer amigos. ¿Por qué no hiciste amigos? —Porque no quería perder el contacto con otra persona que me preocupara. —Anna admitió—. Sentí que perdí a mi familia, y en cierto modo, cuando te mudaste te perdí también. No quiero perder a nadie más. Amelia miró hacia otro lado durante largos momentos. —He estado muy ocupada —dijo finalmente en voz baja. —Ya lo sé. —Anna asintió—. Y yo estaba tan lejos que no era como si pudiéramos quedar para almorzar una vez al mes. No fue una de nuestras fallas, pero yo no quería hacer más amigos que podría no ver nunca de nuevo. Si recuerdas, ellos estaban tratando de mandarme a Francia, y yo no sabía si sería lo suficientemente fuerte como para enfrentarlos. —Es seguro que les plantaste cara. —Amelia aspiró bruscamente—. Y es simplemente aterrador para mí el costo que podrías estar pagando, Anna. Las mujeres que se asocian con los Callahan terminan muertas. Y por Dios, yo no quiero tener que asistir a tu funeral. Es bien sabido que Archer es su amigo más cercano. Como su amante, podrías ser vista como asociada a través de Archer. Eso te hace tanto un objetivo como cualquier amante. Es hora de irte.

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Capítulo 12 Estaba cansada que le dijeran que abandonara el único lugar en el mundo donde quería estar. Estaba empezando a ver exactamente cómo se sentían sus primos. —Sus amantes terminan muertas —le recordó a su amiga—. Yo no soy un amante, soy su prima y su empleada. Y Crowe ni siquiera reconoce el hecho de que yo soy su prima. —Katy Winslow no era una de sus amantes —argumentó, inclinándose hacia adelante. Su expresión se volvió feroz mientras golpeaba la taza de café sobre la mesa—. Dios mío, Anna, las mujeres mueren en este maldito Condado, y la idea de perderte con ese miserable me irrita más que todas las mujeres que han muerto aquí y todo por esta idiotez. —Katy estaba unida a ellos de alguna manera. Tenía que estarlo — argumentó Anna colocando con cuidado la taza sobre la mesa. —Lo que lo hace aún peor —espetó, frotándose las manos en la cara cansada. Bajando los brazos agarró los lados de la mesa con una fuerza que puso sus dedos blancos—. Crowe Callahan nunca debería haberte contratado. Infiernos nunca debería haber vuelto al Condado. En el minuto en que él y sus primos cruzaron la línea del Condado comenzó el derramamiento de sangre de nuevo. Y no, no me gusta ni un poco maldición. —Entonces, ¿deberían haber tirado todo lo que sus padres les dejaron? — Anna arrugó el ceño confundida—. ¿No crees que es una posición bastante difícil de tomar? —Era dinero. Posesiones. No valía las muertes que siguieron.

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—Por lo tanto, ¿deben renunciar, olvidar sus hogares, sus raíces, y todo lo que es suyo por derecho, porque alguien no quiere que estén aquí y no quiere que tengan lo que sus padres soñaron darles? Ella nunca imaginó que podría ser tan dura, tan crítica. Sentada en su silla, miró a la mujer que creía conocer. —No puedo creer que sientas así —dijo en voz baja—. Pensé que te preocupabas por Crowe. —Cuando era un adolescente. —Sus ojos entrecerrados mostraron ira en sus profundidades grises—. Ya no soy una adolescente. —Y no eres la persona que me visitó la última vez tampoco —dijo Anna cuidadosamente, preguntándose qué demonios estaba pasando con su amiga—. La mujer que eras cuando te conocí. Esa mujer nunca habría creído que Crowe y sus primos no tenían derecho a sus hogares. —No al precio que está pagando el Condado. —Golpeó con su mano sobre la mesa, sacudiendo los platillos y Anna se sorprendió por su respuesta—. Vete a Francia, Anna. Ve a Francia, a California o Nueva York, pero sal del Condado de Corbin antes que mueras también. Anna se levantó de su silla lentamente. Moviéndose con control deliberado recogió las tazas, el termo, el azúcar y la crema, los puso en la bandeja antes de llevarlos a la cocina. Una silla arrastrándose sonó en el patio y Anna pudo sentir que Amelia la estaba siguiendo. Colocó la bandeja en el mostrador y se volvió hacia Amelia. —Anna, escúchame.

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—Quiero que te vayas, Amelia. —Anna agarró el mostrador detrás de ella con dedos desesperados, temerosa de la creciente ira en ella. Los ojos de Amelia se estrecharon, ocultando una respuesta que Anna sintió que hubiera preferido ver. —Anna... —Vete antes de que diga algo de lo que me arrepentiré. Amelia cruzó los brazos sobre sus pechos, sus caderas se inclinaron y apoyó una pierna a un lado. Era su postura clásica de confrontación —No voy a perder tu amistad debido a esos malditos Callahan —dijo entre dientes. —Probablemente ya es demasiado tarde para preocuparse por ello —aseguró Anna, respirando suavemente por la nariz, prometiéndose a sí misma que no iba a perder la paciencia. —¿Por qué creo que todos están equivocados aquí? ¿Porque ellos establecen su negocio y su casa y pretenden que las mujeres no están muriendo a su alrededor? —Amelia gritó—. Dios, Anna, ¿no ves lo equivocados que están? —Lo que veo como algo malo es el hecho de que tú decidas que deberían haber dejado todo lo que les pertenece, todos los sueños que han tenido, porque algún idiota no los quiere aquí. —Anna casi gritó. Se le fue la paciencia. El rojo brilló a través de sus sentidos cuando la ira comenzó a explotar. —Lo que veo como equivocado, Amelia, es el hecho de que te sientas así cuando de todas las personas tu sabes lo que han perdido. Tú no tienes derecho.

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—Ella señaló con el dedo a la otra mujer con furia—. No tienes ningún derecho, Amelia. —Son mis amigas muriendo... —Y son sus amantes —Anna gritó—. Son sus amigas las mujeres que mueren. ¿Crees que yéndose se detendrá? Ellos se marcharon y el hijo de puta encontró a las amantes que intentaron ocultar. ¿Honestamente crees que algo va a detener ese hijo de puta, excepto matarlo, para que deje de torturar a estos hombres? Y por Dios, seguro que no tiene el derecho a hacer que me vaya del Condado o deje a mi maldita familia y si no puedes ver eso, entonces Amelia, yo no te quiero como amiga, porque no eres la persona que yo creí. —¿Y qué tipo de persona piensas que soy? —Una lágrima cayó desde sus ojos—. ¿El tipo de persona que se despierta una mañana con la noticia de que han encontrado tu cuerpo, violado, torturado, desnudo y sin vida, y sobrevive? —Su respiración se cortó cuando más lágrimas cayeron—. No, Anna, entonces no soy la persona que pensabas. —No Amelia, pensé que eras del tipo de persona que, al menos, entiende porque volví a casa, porque quiero una familia a la cual no le tenga que implorar para estar cerca y porque quiero estar con el hombre que he amado desde que era un adolescente. —Ella argumentó con fuerza. —No vas a vivir lo suficiente para saber siquiera lo que es el amor. —¡Vete Amelia! —Anna gritó. Yendo a la puerta la abrió con furia, ni siquiera sorprendida ante la visión de Archer y Crowe que la miraban asombrados detrás de la puerta—. ¡Lárgate y no te molestes en preocuparte! No te preocupaste cuando me quede atrapada en esas malditas escuelas después de que te fuiste, ni te molestaste por mi cuando desafié a mi familia y regresé a casa. Y, obviamente, la única razón que tuviste para venir hasta aquí fue para convencerme de irme y no

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por la única razón que me hizo volver. Así que lárgate. Todo el mundo la miraba como si le hubieran crecido dos cabezas y escupiera veneno en vez de furia. Girando sobre sus talones prácticamente salió corriendo por la puerta y por las escaleras, sólo apenas consciente de Oscar escabulléndose en la cocina y corriendo detrás de ella. Llegó a la puerta del dormitorio sólo un segundo antes de que ella la cerrara. Y entonces, sin tomarse la molestia de ir hasta la cama, se apoyó contra la pared y se deslizó lentamente al suelo, las lágrimas cayendo finalmente, los sollozos desgarrándola. La única persona que ella pensaba entendería su decisión quería convencerla de que se fuera. Y estaba empezando a preguntarse si había sido su amiga, o simplemente un instrumento que su familia había usado para mantenerla alejada del Condado de Corbin y de su primo. Y eso planteaba la misma pregunta que no podía dejar de hacerse. ¿Por qué? *** Archer se movió lentamente hacia la cocina, ignorando por un momento cuando Amelia se volvió, obviamente llorando y tratando de contenerse. —¿Qué demonios ha pasado aquí? —Se volvió hacia ella después de escuchar que Crowe entraba detrás de él. Crowe estaba junto a la puerta, con los brazos cruzados sobre su pecho, su expresión oscura, un mal presentimiento lo asaltó cuando levantó la cabeza hacia

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Amelia. —¿Me puedes prestar tu estudio, Archer? —Crowe preguntó, sin mirar a la joven. —¿Pretendes obtener una respuesta? —Lo haré. —Crowe dijo cuándo se volvió y se dirigió a la puerta. Crowe se detuvo. En el segundo que la agarró del brazo se quedó inmóvil, como si algo hubiera chupado toda la energía de su cuerpo. —Discúlpame. Prácticamente arrastró a Amelia de la cocina mientras Archer respiraba rápidamente casi lamentando el hecho de permitir que Crowe tomara su ira. Anna estaba llorando. Alguien la había hecho gritar y eso lo hacía enojar. Moviéndose a las escaleras, las subió rápidamente y en cuestión de segundos entró. La visión de ella contra la pared, Oscar anidado a su lado mientras ella se cubría la cara y lloraba le rompió el corazón. Agachándose delante agarró dos pañuelos de la mesa junto a la cama y se los entregó. Tomándolos, ella se los llevó a la cara, pero el sollozo no se detuvo. —Vamos cariño —le dijo en voz baja—. Es sólo Amelia. Harán las paces en unos días y todo va a estar bien. ¿Cierto? ¿No era lo que hacían los amigos? Se peleaban, gritaba y luego hacían las

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paces. Ella sacudió la cabeza con fuerza. —Vamos, no es que como si hubiese matado a mi gato —trató de bromear— . Ella es tu amiga. Ella sacudió la cabeza de nuevo, aunque los sollozos disminuyeron. —Anna, habla conmigo al menos —él insistió—. Dime que te hizo. Tal vez incluso pueda arrestarla por eso. Ella no se rio, y él realmente necesitaba ver su risa. En cambio, se sonó la nariz con suavidad antes de bajar los pañuelos y míralo miserablemente. —Ella es como mi familia —dijo, entre lágrimas—. Ella dijo que los Callahan debían renunciar a todo lo que amaban y que luchar por su causa era una locura. Que debo renunciar a todo lo que quiero y necesito porque algún idiota no me quiere aquí —gritó, su voz baja ahora—. Pero sabes Archer, al menos ella vino... —Su respiración se cortó de nuevo—. Ella vino. Mi familia no puede ni siquiera decirme la verdad. No confían en mí. Ellos no me pueden amar. Sólo cedieron ante un asesino, en lugar de decirme, explicarme, ni siquiera me dieron una oportunidad. Las lágrimas seguían cayendo. Esas lágrimas rompían su corazón y Archer no sabía cómo aliviar el dolor que podía ver brillando en sus hermosos ojos verdes. Era el dolor de la traición, el dolor del abandono y la separación, y no tenía ni idea de cómo solucionarlo. —¿Sabes qué...? —Infiernos no tenía idea de qué decirle—. Ellos te aman lo suficiente como para alejarse de ti para mantenerte segura.

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La ira brilló en sus ojos de nuevo. Colocando cuidadosamente a Oscar

a un lado,

se

puso de pie.

Enderezándose con ella, Archer la observó mientras se paseaba por la habitación antes de volverse hacia él. —Tú me deseabas antes de que me tocaras esa noche en el fin de semana social, ¿no? —Se sentía como una acusación. —Sabes que si —dijo, aunque se preguntó por un segundo si tendría que haber roto la regla número uno, la que decía que los amantes no se mentían. —Pero no habrías hecho nada si no te hubiese provocado para que me tocaras esa noche, ¿no? Yo no estaría aquí en este momento, ¿verdad? No te hubieras puesto en contacto conmigo o hubieras ido a buscarme, ¿cierto, Archer? Infierno, sí, debería haber mentido. Frotándose la parte posterior del cuello, suspiró. —No lo sé Anna —finalmente optó por la sinceridad—. Te deseaba y mucho. Pero cuando no estabas aquí yo podía ignorarlo. *** Anna se apartó de él. Podía sentir la ira ardiendo a tal punto en su interior que sentía su alma en cenizas. ¿Nadie la quería? No tenía sentido. Ella no era una persona detestable, ni una completa bruja. No creía que fuese

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alguien de la que avergonzarse, pero tal vez se equivocara. Quería gritar. El dolor en su estómago era tan profundo, tan intenso, que apenas podía soportarlo. Y físicamente sus músculos se habían endurecido intentando mantener su estómago para detener el dolor. Tenía que respirar profundo. Tenía que luchar contra la rabia que había sentido hacia Amelia ahora quemando en dirección de Archer. Odiaba perder los estribos con Amelia, porque tan malo como había sido y aunque creía que estaba equivocada, sabía que lo había dicho porque tenía miedo y estaba preocupada. Eso no quería decir que se mereciera una disculpa, pero si cargaba contra Archer, más tarde, sin duda tendría que comerse el cuervo10, y no le gustaba nada el sabor del cuervo. Respiró hondo. —Anna, siempre supe que ibas a venir a casa con el tiempo —él finalmente dijo. Pero no había sido suficiente como para ir tras ella. Todos esos años que se sentó y se quedó mirando la oscuridad, preguntándose, cuestionando, tratando de dar sentido a por qué su familia no la quería y nunca se había preguntado por qué Archer ni siquiera la llamaba para decir hola.

10 En el original se usa la expresión eating crow la misma se utiliza cuando se comete un error y se ven obligados a reconocerlo con humildad.

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—Estoy empezando a preguntarme si no debería haber ido a Francia. —Se rio amargamente—. Al menos alguien si me quería. No era su familia. Ni aquellos que consideraban amigos. Solo era una empresa, pero Anna conocía a la familia propietaria y sabía que eran muy unidos y cercanos a la familia que deseaba. Ellos no hubieran dejado que se fuera después de mudarse. Diablos, todo lo que tenía que hacer era cuidarse de las manos largas de Jacques y su actitud medieval. ¿Por qué no lo había intentado al menos? Ella podría haber golpeado a Jacques con un bate o algo así. Él habría mantenido sus manos para sí mismo después de eso. ¿No? Pero ella quería estar en casa. —Crowe debería cambiar de opinión acerca de nalguear

a la maldita

entrometida. La pequeña muchacha no se lo merece. —Archer gruñó detrás de ella. Anna se sorprendió. —¿A ti te gustaría abusar de ella? ¿Crowe realmente se atrevería a algo así? Su ceja se levantó. —¿Abusar? Yo no he dicho que él iba a abusar de ella. Dije que debería replantearse lo de zurrarla. —Él no se atrevería a hacerle daño. ¿Y hay una diferencia entre zurrarla y abusar de ella? —Por supuesto, ja

—aseguró con ironía—. A ella no debería gustarle, y

seguro que lo disfrutara después del nerviosismo inicial.

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—¡Estás loco! —exclamó—. A ninguna mujer le gusta ser abusada, Archer. Él resopló ante eso. —Tal vez te lo demuestre uno de estos días. —Lo dudo mucho —prometió—. Saldré de esta habitación. Y me iré de esta casa mañana por la mañana. Que me maldigan si me quedo en un lugar donde no me querían desde el principio.

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Capítulo 13 Ella ya había vaciado la cómoda de sus fruslerías y tirado sus vaqueros doblados en el suelo junto a la silla. No había llevado mucha ropa, sólo la que había logrado meter en la bolsa que robó de su propio dormitorio y las pocas cosas que había comprado en Goodwill. Hijo de puta, él ni siquiera había sido capaz de convencer a John Corbin o a sus padres para le empacaran algunas de sus ropas y se las dieran. Y tampoco había sido capaz de hacer tiempo para llevarla de compras. Tenía la intención de rectificar eso pronto. Realmente pronto. Pero primero, tenía que hacer algo con la pena que ella soportaba y su creencia de que nadie de los que a ella le importaban, la querían. El hecho de que él hubiera aumentado ese dolor lo cabreaba de cojones. Hijo de puta, ella tenía un corazón tan tierno y una naturaleza tan pura y tan dulce. Sin embargo, ese tierno corazón y esa dulce naturaleza estaban siendo pisoteadas. Tampoco se sentía bien con él mismo, ya que estaba ayudando a hacerlo. Tan mal como se sentía al respecto, no se sentía lo suficientemente fuerte para ceder y dejar que lo abandonase. En el momento en el que ella no estuviese bajo su protección, estaría aterrorizado de que no estuviese a salvo. El bastardo estaba amenazando a John Corbin casi todas las noches, y Archer había recibido una nota o dos. Las había ignorado. Igual que ignoró las amenazas que Corbin había

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recibido. Por alguna razón, no podían atacar a Anna todavía. Pero Archer tenía la intención de estar allí cuando decidieran hacerlo. Él estaría allí, y lo mataría. Mirándola un momento más, cerró la puerta de la habitación, apoyó las manos en las caderas y observó cómo Anna tiraba la ropa del armario al sillón de la esquina. Los bonitos vestidos de verano con los que había esperado llegar a verla, unas faldas bastante cortas con la que se había preguntado si podría soportar la idea de dejarla salir en público. Esas faldas le habrían puesto la polla más dura que una piedra. Sólo pensar en ella llevando esas faldas y lo que haría por aquellas magnificas piernas tenía a su polla más dura que una piedra. Sin embargo, para tener una oportunidad de verla con ellas, iba a tener que mantenerla a salvo. Iba a tener que mantenerla con él. Con él, o con alguien que supiera que podría protegerla, incluso mejor de lo que él y Crowe habían organizado. La gran maleta negra que ella había conseguido en Goodwill fue arrojada desde el armario a continuación, volando varios centímetros más allá de la puerta del armario. Eso lo sorprendió, teniendo en cuenta su tamaño. No se habría esperado que cayera tan lejos. Pero ya era suficiente. Ella no iba a ninguna parte, y él no estaba dispuesto a dejar que se engañase a sí misma con la creencia de que en realidad podría salir de la casa. Eso no le parecía exactamente justo por alguna razón.

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—No vas a irte, Anna. Sabes bien que no es seguro, tal como sabes, que las medidas de protección que hemos implantado no van a funcionar, ni de cerca, igual de bien si estás viviendo en otro sitio. Deja de fingir lo contrario. —¡Yo no soy la que está fingiendo! —La indignación y el dolor llenaban su voz, pero también llenaban sus heridos ojos verdes cuando se giró para mirarlo con un dolor lleno de rabia. Hijo de puta, esos expresivos ojos verde nunca fallaban en hacerlo sentir como un cabrón o como un dios entre los hombres, dependiendo del estado de ánimo que ella tuviese, o de como él se las había arreglado para aguijonear sus delicados sentimientos femeninos. No es que hubiese querido zaherir sus sentimientos alguna vez, pero tampoco había sabido que creía estar enamorada de él. Eso había sido un encaprichamiento, siempre se lo había dicho a sí mismo. El encaprichamiento de una colegiala, nada más, nada de lo qué preocuparse. Ella lo superaría. Ella ahora se había trasladado a la cómoda. Era el momento de poner fin a esta mierda, antes de que sacara toda esa seda y encaje que ella llamaba bragas y sujetadores. Atravesando la habitación a zancadas, cogió la maleta, tiró de la puerta del armario para abrirla y la volvió a guardar en medio de una escandalosa cantidad de zapatillas, sandalias y atrevidos zapatos de tacón alto. Eso era lo único en lo que la había visto derrochar. Esa maldita venta de garaje de la que ella había oído hablar y a la que tuvo que asistir la noche anterior. Seguro que había comprado cada par de zapatos que podía usar. —Veinte malditos pares de zapatos, de los cuales, dieciocho podrían estar de

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más, ¿no crees? —gruñó, bastante reacio a abordar la guerra a la que sabía que estaba a punto de enfrentarse. Como John había dicho antes, era excesivamente terca y demasiado decidida cuando se le metía algo en la cabeza. Si estaba decidida a irse, eso quería decir que la única manera de hacer que se quedara, sería tratar de hacerle prometer que no se iría. Casi imposible, teniendo en cuenta el estado de ánimo en el que estaba en este momento. Se mantuvo de espaldas a la cama, Archer estaba decidido mantener su mirada alejada del muy acogedor colchón y de las ideas de lo que podrían estar haciendo allí. No necesitaba ningún tipo de distracción en este momento, y permitirse recordar el placer que podría experimentar con ella allí, sin duda sería una distracción. —Es demasiado peligroso para ti si me quedo —dijo enfurecida, mientras tiraba de la puerta del armario para abrirla y sacar la maleta de nuevo—. Y no te preocupes por mis putos zapatos. Están a punto de ser el menor de tus problemas. —Ya son el menor de mis problemas —le aseguró con un ronco gruñido, mientras le quitaba la maleta de la mano, metiéndola de nuevo en el armario y luego daba un portazo para cerrar la puerta. Volviéndose de nuevo hacia a ella, Archer se colocó delante de la puerta antes de cruzar los brazos sobre el pecho y mirarla. —Ooh, y no te pongas tan arrogante y tan dominante —se burló, pero a pesar de la ira, pudo ver un atisbo de lágrimas en sus ojos. Maldita sea, él no iba a mentirle y punto. Pero en este momento casi lamentó no haber sido capaz de mentirle. Para decirle que había ido por ella. Para decirle

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que no le habría permitido permanecer lejos por mucho más tiempo. ¿O habría sido una mentira? —Vamos a hablar de esto, Anna… —No vamos a hablar absolutamente de nada —le informó furiosamente—. No tengo que tener toda mi ropa para irme, Archer. Puedo fácilmente llevarme solo lo que tengo puesto. —Se pasó la mano por la parte delantera de la camiseta que le había robado antes de girar los dedos hacia él desdeñosamente. Su polla se estaba endureciendo. Maldita sea. Necesitaba una cabeza clara, no una ardiendo de lujuria. —No me hagas arrancarte la camiseta, Anna —le advirtió con la máxima delicadeza, decidido a mantener la calma. —¿Qué no te haga arrancármela? —La incredulidad llenó esos dolidos ojos verdes cuando le devolvió la mirada, como si él fuera una babosa que se había arrastrado de debajo de una roca. Lo cierto es que se sentía como una babosa. —¿Quién mierda piensas que eres para creer que puedes darme ordenes con tanta arrogancia? Él resopló por lo bajo. —¿Arrogante? Cariño, no uses esa palabra con mucha frecuencia en Sweetrock. La gente podría pensar que está empezando a volverte un poco estirada. *** Estaba perdiendo los estribos. Anna podía sentir la rabia, el dolor y el miedo

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creciendo en su interior, y no parecía capaz de contener su respuesta al poderoso dominio con el que él la enfrentaba. —No puedes hacer que me quede aquí. —Estaba temblando de rabia. Pero, al menos, con la rabia no tenía que enfrentarse al dolor por más tiempo. —No —él estuvo de acuerdo—. Pero si cometes el error de dar un paso fuera de la puerta, le pediré a Ivan Resnova que te secuestre él mismo, y estoy completamente seguro que no escaparas hasta que todo esto termine. No era una amenaza. Era una declaración de intenciones, pura y simple, y Anna la reconoció por lo que era. Archer no se dedicaba a amenazar. Esto requería un esfuerzo, él lo había dicho una vez. No, simplemente decía lo que iba a hacer y actuaba en consecuencia. Sin embargo, en este caso, ella simplemente no podía ver que esto fuese a suceder. —Dudo mucho que el Sr. Resnova solo pregunte como de alto cuando tú dices que salte. —Apretó los puños cuando le entraron ganas de dar un golpe. A cualquier cosa. A cualquiera. Oh Dios, no podía soportar esto. Tenía la sensación de que si simplemente desaparecía, nadie la echaría de menos. Por supuesto, su familia había intentado protegerla durante años. Ellos no la conocían; no tenían ni idea de quién era. No echarían de menos quien era ella, porque no tenían ni idea de quién era. —No, él no pregunta como de alto —Archer estuvo de acuerdo—. Ivan lleva

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una lista de favores, cariño. Y cree que está en deuda conmigo por permitirle que continúe metiendo la nariz en mis investigaciones. Confía en mí, haría mucho más que secuestrarte si eso significaba que podría continuar haciéndolo. —¿Honestamente crees que puedes obligarme a ceder, simplemente porque sabes algo de ese maldito matón ruso con más dinero que sentido común? —Lo creo. —Asintió con la cabeza sombríamente, haciendo que la indignación la recorriese—. Deja esta casa sin mi permiso expreso, y antes de que el Carnicero tenga la oportunidad de considerar siquiera el atraparte, voy a tener a los hombres de Resnova yendo por ti. Antes de que puedas procesar el viaje, estarás oculta tan profundamente en la Madre Rusia, que incluso el mismo Resnova no podría encontrarte sin tener las cabezas de los Carniceros estacadas para demostrar que estás segura. ¿Nos entendemos? Él no se atrevería. Resnova no se atrevería. Ningún hombre tenía ese tipo de poder ¿Lo tenían ellos? —No tienes derecho a hacer esto. —Estaba a punto de dar un pisotón, y eso sólo la cabreaba más—. Maldita seas, Archer, no puede hacer eso. Es ilegal. Su sonrisa era fría y llena de amargura. —También lo son la violación y el asesinato, pero alguien en este Condado se ha estado saliendo con la suya durante más de doce años. De ninguna manera voy a permitir que te añada a su lista de víctimas. —Y para agradecerte por mantenerme viva, ¿se supone que tengo que abrirme de piernas para que me folles cuando te apetezca? —El calor la estaba consumiendo, y no era sólo por la ira. Su sonrisa fue un poco menos fría y sin amargura.

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—Bueno, ahora que lo dices, eso sería muy amable de tu parte, Anna — respondió completamente serio—. Eso definitivamente hará que el tiempo pase más rápidamente, ¿no te parece? Con los ojos y la boca abiertos de par en par y en estado de shock, Anna sólo pudo mirarlo, seguro que no lo estaba diciendo tan en serio como sonaba. —Me niego totalmente a seguir contigo —escupió con furia. No se lo podía creer—. Adelante, llama a tu amigote Resnova, Archer, porque no me voy a quedar contigo ni un momento más. —¿Por qué crees que tuve sexo contigo para hacer atrapar al Carnicero? —le arrojó mientras entrecerraba los ojos, todo su cuerpo tenso—. Anna, tú eres más inteligente que eso. Ojalá ese fuera el motivo. Deseaba poder decir que esa era la única razón por la que estaba cabreada. No podía. Era el saber que, una vez más, ella se estaba imponiendo en un lugar donde no la querían. Justo como con sus padres. —Vete al infierno —espetó, el sonido de las lágrima ahogándole la voz era otra humillación que ella tendría que soportar. Estaba luchando por mantener los ojos secos, por evitar sollozar por el dolor y el miedo que no parecía capaz de controlar. —¿O es por qué no podía decirte que iba a ir todo destrozado a California o a Francia como un caballero blanco, y declararte mi amor eterno? Joder, simplemente declarar su imperecedera necesidad habría sido agradable.

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Eso dolía. Eso le hizo una enorme herida en el corazón y ella no tenía ni idea de cómo curarlo. Anna se apartó de él rápidamente para ocultarle el abrumador dolor a su demasiada aguda mirada, para protegerse antes de morirse de humillación. No era una niña que creyera en cuentos de hadas, y no estaba esperando al príncipe azul montado en un caballo blanco. Nada de eso era amor. Y Anna sabía que había amado a Archer la mayor parte de su vida. Lo amaba tanto que no tuvo ningún deseo de tocar o besar a otro hombre. Había esperado a Archer, y ahora se preguntaba si el cuento de hadas había sido creer que Archer era un hombre que incluso quería ser amado. —Déjame en paz. —El arrebato era lo único que le quedaba—. Solo mantente lo más lejos posible de mí, Archer. —Él podría por lo menos haberle dado la oportunidad de correr. Antes de que pudiera adivinar sus intenciones, la agarró del brazo, le dio la vuelta y la atrajo hacia él. —Y una mierda. —Con una mano enredada en su pelo, le echó la cabeza hacia atrás mientras él bajaba la cabeza, con la nariz casi tocando la suya, tan cerca que podía ver las chispas de furia ardiendo profundamente en la depredadora mirada dorada fija en la suya—. Tú misma te entregaste a mí, Anna. No hay vuelta atrás. No hay vuelta atrás y no hay devolución. Que me jodan si me contengo de lo que sé que ambos queremos. Y que me jodan si dejo que te vayas. Anna no tuvo oportunidad de discutir. Ni siquiera estaba segura de poder discutir. Cuando los labios de Archer se presionaron vehementemente contra los suyos, abriéndolos, su lengua lamiendo el interior, Anna peleó contras él y contra el placer. Sabía, incluso mientras lo hacía, que esta era una batalla perdida.

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Forcejeando con él, empujándolo por los hombros, arremetió contra él con los puños, y a pesar de eso sus labios se abrieron para él. Su lengua se encontró con la de él, y cuando la levantó con el brazo libre pasándolo por debajo de su trasero, Anna elevó las rodillas y las enganchó en sus caderas con fuerza. Con la dura cuña de su polla centrada en su sensible coño, Anna no pudo evitar moverse contra él. Gimiendo de placer y por la creciente necesidad montó la erección dura como una piedra que su cuerpo ansiaba, torturándolos a ambos con el deseo. —Todavía no —gritó, cuando él rompió el beso, pero luego se emocionó con su entusiasmo, ayudándole a deshacerse de las ropas de ambos, quitándolas, arrojándolas a un lado con un hambre que parecía que la poseía. Al segundo, ambos estaban desnudos, él bajó la cabeza con los labios separados, cubriendo el duro y ansioso pico de su pecho. —Dios, me encantan estas preciosas tetas —gimió, acunando una con cada mano, juntándolas y lamiendo y chupando cada punta, hasta que estuvo segura que el placer la quemaría viva. Él la estaba destruyendo con sus caricias. Siempre lo hacía. No había manera de luchar contra eso, no había manera de resistirse. Esto era tan bueno. Las sensaciones de placer—dolor eran imposibles de resistir. La mantenían en un borde tan afilado que no podía luchar contra ellas. No quería luchar contra ellas. —No voy a dejarte ir. ¿De verdad crees que lo haría? —gruñó. Lo necesitaba demasiado para rechazarlo ahora. Solucionaría lo demás más tarde. En este momento, lo único que quería era que la poseyera y el alivio que sólo

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podía encontrar en sus brazos. —No me hagas esperar, por favor, Archer —gritó, el dulce dolor en las profundidades de su vagina demandando los duros golpes de su polla. —¿Qué no te haga esperar? —gruñó—. ¿Qué no te haga esperar para qué? ¿Para qué te folle hasta que los dos estemos muriéndonos de placer? ¿Por el alivio que sabes que sólo encontrarás en mis brazos? Oh, nena, no te preocupes, soy todo tuyo ahora. Él era todo suyo en este momento. Sus mañanas no eran de ella, pero ella estaba más que dispuesta a darle todos sus mañanas. E incluso en medio del cegador placer, podía sentir la ira por ese hecho. —Maldita sea, Archer, fóllame ahora. Fóllame como si te importara. —Oh, nena, me importa; cada golpe, cada grito que saco de tus bonitos labios me importan. Y tal como lo había hecho antes, la puso bocabajo en la cama. Fue casi un déjà vu cuando sus fuertes manos se apoderaron de sus caderas y la puso de rodillas. Con una fuerte rodilla le presionó las piernas para separárselas más antes de colocarse detrás de ella, su cuerpo más duro y más fuerte dominándola por completo. Anna no pudo contener un enmudecido grito de rendición sensual mientras sentía la cabeza de su polla presionar contra la apretada entrada de su coño. Sus jugos se derramaron del interior de su cuerpo, poniéndolo resbaladizo, facilitándole el camino antes de encontrarse con los hinchados pliegues y torturar el brote dilatado de su clítoris. —Archer. —Clavó los dedos en las mantas que había debajo de ella mientras

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él presionaba las caderas y las giraba, empalando su carne. El roce, el acariciante movimiento de la cabeza de su estimulada polla desnuda excitó terminaciones nerviosas, volviéndola loca de placer mientras él la invadía. Apoyando su peso sobre un poderoso brazo, su mano colocada en el colchón junto a la suya, Anna sintió la cálida respiración de Archer junto a su oído. —Maldita sea, me encanta follarte —gimió—. Sentir tu apretado coñito todo mojado y caliente aferrando mi polla, tiene que ser el más excitante placer que he conocido. Su voz era tensa, emocionada y llena con la prueba audible de ese placer, mientras hundía lentamente la polla dentro de ella. Entrando y saliendo, enterrándola hasta la empuñadura antes de retroceder y volver a entrar una vez más. Gruesa y dura como el acero, su erección acarició unos puntos tan violentamente sensibles, que su orgasmo estaba a sólo un suspiro. Podía sentir la necesidad quemándola, su hambre aumentando con cada segundo. —¿Se siente bien, nena? —gimió en su oído, mientras sus poderosas caderas comenzaron a moverse más fuerte, más violentamente. Cada golpe enviaba una ráfaga de ardiente placer extendiéndose a través de ella. Se sentía encerrada en un sensual remolino de sensaciones tan brillantes que nada importaba, excepto el placer y el impulso hacia el orgasmo. —Dime que no te vas a ir —exigió, su ronca voz, su propio placer aumentando. Anna estaba tan perdida en el éxtasis que la recorría, que no podía luchar, no podía rechazarlo, sin importar lo que él quisiera. —Prométemelo, Anna.

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—Por favor, no… —Prométemelo. —Entró en ella con fuerza, su polla estirándola, quemándola con el placer—. Prométeme que no te irás, Anna. —No me iré —gritó, sabiendo incluso mientras lo decía, que mentía—. No me iré, Archer. Por favor… Retiró su duro cuerpo, firme y poderoso, mientras con las manos se apoderaban de sus caderas, manteniéndola estable, y él liberó el hambre que los asolaba a ambos. El control era una cosa del pasado. Anna no pudo evitar perderse en su toque, y si él no se había perdido en el de ella, lo estaba disimulando muy bien. Con cada duro y fuerte golpe él la empujaba más alto, haciendo al fuego arder más y más caliente. Anna gritó su nombre, rogando, luchando por la liberación, hasta que esta se apoderó de ella con una fuerza y un arrebatador éxtasis, que temió que le marcara el alma. Detrás de ella, Archer la follaba atravesando su orgasmo, empujando y hundiéndose dentro de ella, hasta que en el último segundo se salió. La sensación de su semilla derramándose en su trasero, él gimiendo y la sensación de su cuerpo poniéndose al lado de ella mientras la arrastraba contra él, la tuvo gimiendo con un doloroso pesar. Le había mentido, y ella lo sabía. Anna nunca había hecho una promesa que no hubiera mantenido. Era cuidadosa con sus promesas, tacaña con ellas, decía su abuelo a menudo. Pero Archer había utilizado su placer contra ella. Él había forzado esa promesa, y una promesa forzada no contaba. ¿Lo hacía?

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Capítulo 14 Debería irse. ¿Y cómo era eso de irónico considerando que había soñado con compartir la cama de Archer y su vida durante tantos años? Anna se dijo a sí misma en innumerables ocasiones en los siguientes cinco días, que irse era lo mejor que podía hacer. Mientras estaba en el trabajo soportando los comentarios sarcásticos de Crowe. Cada noche, cuando Archer llegaba a casa y la observaba con esa mirada repentinamente fría. Cada noche, cuando se iban a la cama en silencio, y él se daba la vuelta y se dormía, eso era lo último que se decía, hasta que finalmente se dormía, frecuentemente horas después. Pero cada mañana se despertaba en sus brazos, nunca segura de cómo había llegado allí. Sus brazos rodeándola y enterrando el rostro en su pelo, y a continuación, él actuaba como si nunca hubiera sucedido, levantándose, duchándose y yéndose a trabajar. Ese viernes, cuando salió de la oficina y se detuvo en la entrada de la taberna esperando a Rory, todavía estaba debatiendo lo qué debería hacer o no. Él no había consentido que se trasladase a la habitación de invitados. Cada vez que lo había mencionado después del primer intento, la mirada que le dirigía, le hacía apretar los labios y alejarse rápidamente de él. No iba a permitir que dijeran que ella dio el primer paso para arreglar lo que sea estaba pasando entre ellos. —Rory tiene que trabajar hasta tarde. —Fue Archer quien salió del bar en

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lugar de Rory—. Te verá por la mañana. Anna estaba sorprendida de ver a Archer; le devolvió la mirada sorprendida cuando se detuvo frente a ella. —Estoy segura de que podría haber vuelto sola —le aseguró—. No tienes que dejar de trabajar. —No lo hice —gruñó. Metiéndose las manos en los bolsillos poco profundas de la falda de tubo gris que llevaba ese día, consideró de nuevo su problema con Archer, ahora que él le estaba recordando por qué seguía debatiéndolo. —Entonces ¿cómo te la arreglaste para salir temprano? —preguntó, mientras él acortaba su paso para emparejarlo con el de ella. —Los turnos se hicieron el mes pasado —respondió con tono cortante—. Debería estar libre hasta el lunes, a menos que suceda algo. —A menos que el Carnicero vuelve a aparecer —supuso. —O que Caine necesite ayuda. —Se encogió de hombros—. Este no es exactamente un trabajo de nueve a cinco. Anna asintió. Él no parecía de humor para hablar, así que no iba a empujarlo. Hubiera sido mejor, sin embargo, si los silencios entre ellos no se sintieran tan cómodos, a pesar de que estaba lo bastante desquiciada como para gritarle. —¿Cómo diablos puedes caminar con esos zapatos? —preguntó cuándo pasaban por delante de un estrecho callejón y caminaban por Main Street, por delante del edificio de piedra del Palacio de Justicia. Ella se miró los tacones rosa

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de diez centímetros de alto que hacían juego con la ligera blusa sin mangas que llevaba debajo de un suéter gris. —Práctica. —Al levantar la vista de nuevo, casi se tropezó ante la mirada de pura lujuria que brillaba en su cara. Con la misma rapidez, desapareció. Y Anna no pudo evitar presionarlo—. Empecé a usar tacones cuando tenía doce años. La sorpresa brilló en sus ojos por un momento. —¿No es eso un poco joven? Ella se encogió de hombros. —No en California —le aseguró, recordando a Jaci Fielding y cómo le había enseñado a usar los zapatos—. Todas las chicas llevaban tacones en el centro de enseñanza superior de Tennenbaum. —Ella casi se rio del nombre—. Era muy exclusivo. Todas las chicas de allí, excepto yo, creo, habían sido detenidas al menos una vez, tomado drogas al menos una vez y todo el mundo con el que hable, afirmaba haber tenido relaciones sexuales. Al menos una vez. —¿A los doce? —Él la miró con incredulidad. Anna se puso seria, frunciendo el ceño ante el recuerdo de las chicas, las cuales eran mucho mayores de la edad que tenían. —Todas eran muy mundanas. Me tomé mi primera copa allí, en mi primera noche en el dormitorio. Allí me fumé mi primer porro. —¿A los doce? —repitió, más que escandalizado esta vez. —No me trague el humo —prometió con falsa sinceridad. —Mierda, y yo que pensaba que era salvaje cuando era niño. —Él sólo podía mover la cabeza—. ¿Cómo lo manejaste, Anna? —Él exhaló bruscamente.

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Por un momento, la distancia que había crecido entre ellos en los últimos días había desaparecido. —Lloré cada noche que estuve allí. —Suspiró, sintiendo su mano colocarse suavemente en la parte baja de su espalda mientras caminaban—. Llame a mis padres durante semanas y les rogué que me dejasen volver a casa. Siempre estaba pidiendo volver a casa y siempre se negaban. —Hasta que dejaste de hacerlo —supuso, su voz tranquila ahora. Anna asintió. —Hasta que dejé de hacerlo. Fue en mi decimocuarto cumpleaños. Me había pasado cada cumpleaños sola desde que cumplí diez. Ellos se olvidaron de llamar esa noche... —Maldita sea —murmuró—. Nunca pensé que Robert fuera tan cruel. —Oh, no es cruel y lo sabes —le aseguró—. Sólo olvidadizo algunas veces. Y yo no había estado en casa por mi cumpleaños desde que tenía nueve años. Fue la primera vez que se les olvidó. —Pero no la última, ¿verdad? Cruzando Second Street, pasaron una cafetería y tomaron un atajo a través de un estrecho callejón hacia Third y Corbin Street. —No, no fue la última —estuvo de acuerdo—. Unos días antes, unos pocos días después. Un par de veces fue como tres semanas antes de mi cumpleaños. Sus dedos le frotaron la parte baja de la espalda para consolarla. —Lo siento.

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Anna negó con la cabeza, una sonrisa sin alegría arqueó sus labios. —He estado pensando mucho en eso los últimos días. Le dije a Amelia que no había hecho amigos, pero los hice. Algunos. No la clase de amigos con los que intercambiar postales y esas cosas, pero si los llamo, creo que hablarían conmigo. —No tengo ninguna duda de que lo harían, Anna —suspiró—. Estás destinada a tener amigos. Eres demasiado abierta y generosa. No tengo duda de que tienes más amigos de los que crees. —Bueno, a la pequeña Callie Brock de la puerta de al lado parece que le gusto bastante —admitió con una sonrisa—. Pero creo que ella sólo quiere una invitación al patio. Todo el mundo siente demasiada curiosidad por ese patio oculto, Archer. Ella lo miró a tiempo para captar su sonrisa. —Mi padre siempre pensó que era bastante divertido. Los bosques rodeando la parte trasera de la casa, la calle en el lateral del patio. La gente se desespera porque no pueden echar un vistazo. Se detuvieron en la esquina frente a su casa. Era preciosa. Ladrillo rojo, dos pisos, con una valla de un metro veinte rodeando el jardín delantero, una de dos metros y medio en el pequeño jardín trasero, y el patio en la esquina trasera en el lado de la calle. Un muro de piedra a casi un metro ochenta de la acera estaba cubierto de hiedra y glicinas en flor. Las flores de un oscuro púrpura desprendían una ligera fragancia en el aire del patio, mientras las enredaderas de clemátides, las rosas blancas y rosas, los arbustos de lilas y las plantas de lavanda liberaban un aroma sensual en el aire, desde donde ocultaban la pared de piedra. En Sweetrock muchas de las casas estaban rodeadas con altos muros de

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piedra o de madera. La gente en la pequeña ciudad parecía que le encantaba su intimidad, aunque les encantaba vivir dentro de los límites de la ciudad. —¿Lista? —Había un toque de diversión en su voz cuando la instó a cruzar la calle. Anna se bajó de la acera siguiendo su ejemplo, atravesando la calle completamente desierta. Todavía era temprano. La mayoría de las pequeñas casas estaban vacías, con sólo unas pocas parejas mayores sentadas en los porches para disfrutar del fresco de los últimos días del verano. La paz parecía llenar el aire, hasta que fue repentinamente roto por el chirrido de neumáticos y el sonido de un coche cogiendo velocidad. —¡Joder! La maldición de Archer hendió el aire antes de que Anna se encontrara acelerando, mientras él atravesaba los últimos metros de la calle a toda prisa, a sólo centímetros de una horrible camioneta negra que había salido disparada desde donde estaba aparcada. Y por si eso no fuera suficientemente, mientras los pasaba a toda velocidad, el sonido de disparos rompiendo el una vez pacífico escenario le aseguró a Anna que el conductor no estaba jugando. Archer se tiró al suelo, cubriéndola con su cuerpo cuando se oyeron más disparos, las balas golpeando el vehículo detrás del que la había arrastrado, estremeciendo sus sentidos cuando sintió la ardiente ola de dolor en el muslo. Le habían dado. La realidad era algo distante mientras oía a Archer gritando algo en la radio que llevaba en el hombro o en el cinturón cada vez que salía de la casa.

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Estaba gritando órdenes, dando un número de matrícula y gritando a alguien para que fuera a la casa de una puta vez. Incluso mientras estaba gritando, en el segundo en que el camión hizo un giro que los habría puesto de nuevo a la vista del tirador, él se estaba moviendo. Más disparos sonaron, todo ocurrió tan rápido, aunque a cámara lenta, que Anna se sintió incapaz de procesar todo lo que estaba sucediendo. Levantada de nuevo contra él, en tanto que el dolor le atravesaba el muslo que casi perdió la conciencia, se encontró corriendo por un lado de la casa y atravesando la puerta de la valla. Un segundo más tarde fue casi arrojada dentro de la casa, mientras Archer daba un portazo detrás de ellos. —¡Quédate aquí! —ordenó, mientras ella se desplomaba en el suelo de la cocina—. Tengo que comprobar la casa. Un arma se introdujo en su mano, y el rostro de Archer llenó repentinamente su visión. —Si alguien atraviesa esa puerta, dispara primero y pregunta después. Y por Dios, dispara a matar. Al instante él estaba corriendo por toda la casa. El sonido de los portazos fue sólo una lejana percepción de su progreso por la casa. Cuando se sentó en los fríos azulejos del suelo, Oscar se escabulló desde donde se había escondió, se trasladó a su lado y le dio un topetazo con la cabeza en el brazo para llamar su atención. Bajando la vista para mirarlo, siguió su mirada a la mancha roja que se extendía lentamente por el suelo color crema. Era su sangre.

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La falda estaba rota por un lado. La conmoción estaba obviamente evitando que gritara de agonía, pensó. —¡Todo despejado! —Archer estaba gritando mientras se movía por la cocina una vez más. Anna observó el gato. Con delicadeza, como si no estuviera del todo seguro de la mancha que se extendía lentamente, estiró una enorme pata y golpeó en la espesa humedad, mientras Archer se detenía de repente a no más de unos pocos centímetros de ella. Él se sentía aturdido. Casi incapaz de funcionar. —Ambulancia —espetó en la radio de su hombro—. Ahora, Caine. Ahora, joder, envía una ambulancia aquí, ahora…Anna… Ella levantó la mirada cuando de pronto él se arrodilló a su lado, apartando al gato de un empujón. Tenía un puñado de toallas o de ropa en las manos. ¿De dónde habían salido?, se preguntó. *** Archer podía sentir sus pulmones conteniendo el aliento, se esforzó por respirar mientras miraba a la tela de la falda empapada de sangre. Ay Dios, su muslo era tan delicado y tan pequeño, y había tanta sangre. El estruendo de las sirenas apenas se registró en su cabeza. —Creo que puede que sólo me rozara —dijo, sintiendo poco a poco el dolor que ya comenzaba a extenderse por pierna—. Esto va a doler un huevo, ¿eh? —Estás en shock, nena. —De repente estaba rasgándole la falda por el lado y presionándole las toallas en la parte exterior del muslo—. Tienes razón, sólo te rozó.

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El desigual desgarro en su carne lo enfureció. El conocimiento de la cicatriz que le dejaría, fue como una bandera roja en la cara de un toro enfurecido. Cualquiera que fuese la munición que el bastardo había utilizado, le había penetrado la carne, podría haberle roto un hueso. —Archer, estamos entrando —gritó Crowe desde fuera de la cocina—. No dispares, hombre. Los técnicos de emergencias están conmigo. La puerta de la cocina fue abierta apresuradamente. La Dra. Krista Maya estaba de repente a su lado, echándolo, tratando de quitarlo de en medio, mientras los dedos de Anna le apretaban la muñeca para retenerlo a su lado. —Estaré aquí, nena —prometió, moviéndose detrás de ella, abrazándola. Él tenso los brazos a su alrededor cuando la doctora comenzó a revisar la herida y ella de repente gimió. —He conseguido una doctora en lugar de un técnico de emergencias — bromeó Anna, su voz espesa por las lágrimas y el dolor, mientras las competentes manos de la doctora examinaban rápidamente la carne desgarrada. Krista Maya. Ella había olvidado que la madre de la doctora trabajó una vez en el rancho Corbin. —Sí que lo has conseguido, amiga. —Krista le dirigió una rápida sonrisa—. Y un agradable y cómodo paseo a la clínica para que podamos suturar a este chico malo. Voy hacer una llamada a Aspen y tendré a un buen amigo mío allí en un instante. Él es cirujano plástico y atiende heridas de trauma para ganarse la vida. Podríamos tener suerte y ni siquiera tendrás una cicatriz. —Oh, sí. —Su voz estaba débil y decaída—. ¿Cómo he conseguido eso?

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—Porque realmente le gusto, y tú realmente me gustas —le aseguró Krista con una fugaz sonrisa—. Ahora voy a darte algo para el dolor, y va a hacer que duermas un poco. Archer observó como la aguja atravesaba el brazo de Anna y la doctora inyecta el líquido. —No me duele mucho, Krista —le aseguró Anna. —Estas en shock, cariño. La inyección nos ayudará también. —Los preocupados ojos grises de la doctora salieron disparados hacia Archer—. Dejémosla dormir sí puede. —Se giró hacia la puerta—. Traigan esa camilla aquí. Vamos a moverla. Archer se hizo a un lado el tiempo suficiente para permitir que los técnicos de emergencias junto con la doctora subieran a Anna a la camilla y la atasen. —Hay una bala ahí —dijo Krista apresuradamente—. Es una bala explosiva, Archer, y no ha explotado. Puedo ver la cabeza, pero no me atrevo a tocarla. Mantenla quieta y en calma. Voy a llamar por radio a Aspen. —Detrás de él, Crowe murmuró una maldición tan violenta, que incluso Archer se estremeció. —El hijo de puta está muerto, Archer. —Crowe lo calmó, amenaza y muerte rodeándolo como un manto—. Déjame que lo encuentre, porque lo mataré con mis propias manos. —Tendrás que golpearme para tenerlo, Crowe. Sólo si me golpeas lo tendrás. *** La espera le quitó años de vida. Anna fue trasladada al quirófano en el segundo en que la ambulancia se

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detuvo en la entrada de urgencias, y a los treinta minutos, el helicóptero aterrizó en el tejado, dejando a tres cirujanos y dos enfermeras de Aspen. Archer iba y venía por el pasillo exterior de la sala de operaciones, aterrorizado de que pudiera oírse la réplica de la explosión de esa maldita bala estallando en cualquier segundo. Si eso pasaba, ella perdería la pierna, y sólo Dios sabía que otro daño haría. Estaba alojada en la parte superior del muslo, a un lado, en una posición perfecta para arrancarle el bazo o el abdomen si el segundo proyectil se iba por el camino equivocado. Yendo y viniendo por el pasillo con él estaba Crowe; Logan y su prometida, Skye; Rafer y su prometida, Cami; y sorprendentemente, los padres y abuelos de Anna. Habían llegado en helicóptero, antes incluso de que los médicos hubieran llegado. Crowe los ignoró. Era bueno en eso. Mientras él se paseaba alejándose de las puertas de la sala de operaciones de nuevo, las puertas del ascensor se abrieron en el extremo opuesto de la sala, mostrando a Wayne Sorenson y a su hija, Amelia. —Archer. —Amelia se precipitó desde el ascensor y se movió rápidamente hacia él—. ¿Has sabido algo? —Archer negó con la cabeza, estrechando la mano de Wayne mientras el hombre se le acercaba. —Los rumores corren como locos por la ciudad —murmuró Wayne—. ¿Es cierto que tiene una bala explosiva en el muslo? Archer asintió firmemente. —Está con tres cirujanos de trauma expertos en extraer munición.

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Evidentemente la han utilizado varias veces en Aspen en los últimos meses. Un robo en la base aérea de Peterson en la primavera pasada. —Mierda. —Wayne se frotó la parte posterior del cuello, mientras Amelia se cubría los labios temblorosos con una mano. —Le rogué que se fuera —dijo ella, sacudiendo la cabeza lentamente, mientras su padre le rodeaba los hombros con un brazo y la atraía a su lado—. Estaba tan enfadada conmigo, Archer. Las lágrimas brotaron de sus ojos antes de que parpadeara rápidamente para contenerlas. Archer no tenía ni idea de qué decir. Afortunadamente, se salvó de responder cuando la Dra. Maya salió apresuradamente de la sala de operaciones. Su verde quirúrgico estaba inmaculado, excepto por la línea de sudor en el borde del gorro, y una sonrisa que curvaba el arco de Cupido de sus labios. Archer se volvió completamente hacia ella. —¿Está bien? —El alivio ya estaba recorriéndolo. —Excelente —le aseguró la doctora—. La munición era un verdadero fiasco, literalmente. Tiene algunos puntos de sutura, pero el cirujano hizo un excelente trabajo. No debería tener más que una delgada cicatriz, la cual desaparecerá con el tiempo. —Le apretó el brazo a Archer con firmeza—. Nuestra chica estaba de suerte, Archer. “Nuestra” chica. Maya no había visto a Anna más de un par de veces en los últimos años, sin embargo, como toda la gente que Anna conocía, la doctora era protectora con ella.

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Por el rabillo del ojo vio como los Corbin retrocedían lentamente, se giraban y salían de la sala de espera. Bastardos. Definitivamente iba a tener una charla con Robert. —¿Cuándo puedo verla? —preguntó. Krista frunció el ceño y se giró hacia donde habían estado los Corbin. —Bueno, iba a dejar que la familia la viera primero —suspiró— pero dado que ya se han ido… —Se volvió hacia él sonriendo suavemente, mientras le daba una palmadita de comprensión en el brazo—. Ven, entonces. Deben estar sacándola de recuperación ahora. En realidad salió de cirugía hace un rato, pero quería quedarme con ella hasta que se recuperase de la anestesia. Estaba preguntando por ti antes de que yo saliera de la habitación. ¿Estaba preguntando por él en lugar de por su familia? El saber eso le oprimió el pecho, con emociones asomándose a la superficie que no se atrevía a contemplar. Emociones que no quería examinar o descifrar en ese momento. —Caine. —Se volvió hacia el ayudante que estaba entrando en la sala de espera—. Te quiero en la casa. Revísala completamente. Alguien estaba en la puerta del estudio. Nash encontró casquillos; consigue su informe y mira lo que ha encontrado. —Estoy en ello, Sheriff —prometió Caine—. Cuando hayas dejado el hospital, encuéntrate conmigo. Archer asintió y se volvió hacia la doctora, sin atreverse a hacer una pausa. Había visto el mensaje en los ojos del ayudante, y lo que sea que el otro hombre tuviera que decirle, no quería que lo dijera delante de testigos. Y Archer no quería que Sorenson o su hija sospecharan si había nueva información.

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Quien sea que hubiera disparado a Anna hablaba en serio, y de ninguna manera iba a subestimarlo de nuevo. ***

Cuatro horas más tarde. Wayne entró por la puerta de atrás bajo el amparo de la noche, el bosque detrás de la casa protegía su llegada. —¿Has visto algo? —le preguntó al hombre que se apartó de la ventana de la sala para mirarlo solemnemente. —Nada. Si alguien la está observando, no salieron cuando le disparé o después de que yo regresara. Wayne asintió lentamente. —Excelente. Todo por lo que tenemos que preocuparnos ahora es de Archer y sus ayudantes. Me preguntaba si Crowe estaba lo suficientemente preocupado como para ponerle guardaespaldas. Es agradable ver que no es así. La satisfacción aumento en su interior, al igual que la expectación. —Si ella no ha salido en la próxima semana, atrápala, no importa como lo hagas. Sólo asegúrate de que no te pillen o te identifiquen. Él asintió cuidadosamente. Cada movimiento que hacía, siempre lo hacía cuidadosamente, deliberadamente. —Ya veo que tu hija ha regresado —declaró el otro hombre—. ¿Por qué no miras a ver si ella puede conseguir visitar a su muy buena amiga? Garantizaría atraparla sin ser capturados.

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—Asegúrate bien que Amelia no salga dañada cuando la captures. —No saldrá dañada, ni será capaz de identificarme —prometió—. Si ella no ha hecho planes para salir, la atraparé esta noche. Wayne era un tonto, pensó Amory. Estaba tomándose las reglas a la ligera, y de hecho creía que haciendo un movimiento sobre Anna Corbin, podría hacer que pareciera como si alguien estuviera tratando de matarla. Alguien además del Carnicero. Él no engañaba a nadie. No importaba cuando el FBI interviniese, antes o después Anna Corbin moriría. Y no importaba cuando la policía del Estado se hiciera cargo de la investigación. El resultado sería el mismo. En ambos casos acabaría en muerte. Afortunadamente, en una semana dejaría la ciudad. Atraparía a la Srta. Corbin, y se aseguraría que Wayne fuera descubierto en el proceso. Que lo descubrieran a él no sería un problema. Amory Wyatt no existía de todos modos. —¿Crees que ella realmente me quiere como parece que lo hace, Amory? — le preguntó Wayne, su voz reflexiva—. Parece que no me odia, ¿verdad? Su hija lo odiaba más que a nada en el mundo. Mientras ellos hablaban, ella estaba tratando de encontrar alguna prueba que lo relacionara con el reinado de sangre del Carnicero. Amory podía verlo en sus ojos y en sus acciones cada vez que la veía deslizarse en la oficina de Wayne después de que este salía o dejaba la casa. Amelia Sorenson no eran una tonta. Pero no encontraría ninguna prueba en

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esa oficina, donde ella estaba en este momento revisando los archivos y los cajones del escritorio. No, la prueba estaba en una cabaña muy bien escondida en las montañas. Una ubicación que su amiga, Anna Corbin, conocería muy pronto. —Seguro —le mintió al otro hombre—. Creo que ella ve a un padre cuyo único objetivo en la vida es protegerla, y creo que ella te quiere como cualquier hijo haría. Como cualquier hijo debería amar a un padre el cual sabe que es un monstruo. Uno sin escrúpulos, una criatura malvada cuya única y verdadera necesidad es la sangre y el dolor. Sorenson asintió con una enfermiza sonrisa de agradecimiento en los labios. Ninguna criatura como Sorenson debería nunca creerse merecedor de amor, y mucho menos sentirse agradecido de que pudiera ser por él. —Ella es una buena chica —declaró Wayne suavemente—. Tal vez una vez que Anna se haya ido, de un modo u otro, la recompense por su lealtad. Amory asintió distraídamente mientras se volvía de nuevo a la ventana para asegurarse que los agentes de Crowe Callahan seguían bien ocultos. Lástima que no habían visto al otro hombre entrando por la parte trasera de su casa. —Ella sería una excelente esposa para ti, Amory —declaró Wayne—. Podríamos encontrar mi herencia juntos. El tesoro del capitán está esperándonos, amigo mío. Suficiente oro y joyas para mantener a varias generaciones. Los hijos de nuestros hijos serían ricos. Amory se volvió hacia él lentamente, inclinando la cabeza pensativamente mientras observaba al otro hombre. —¿Me permitirías salir con de ella? —preguntó, fingiendo interés.

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—Si la quieres, insisto en ello. —Wayne asintió—. Serías mejor yerno que cualquier otro hombre que conozca. —Gracias. —Amory le devolvió la sonrisa, como si estuviera encantado—. Me gustaría. Me gustaría mucho. —Afortunadamente para él, ya estaba casado. Casado, con sus propios hijos y una esposa muy lejos. Muy, muy lejos. Y en breve volvería con ellos. ***

Medianoche, el estudio de Archer La reunión había sido aplazada en dos ocasiones. Al entrar en el estudio, Archer miró al hombre que lo esperaba, pero tenía que admitir que el hombre que lo había acompañado era inesperado. —Ryan, ¿qué está pasando? —preguntó, mirando a Ryan Calvert, el cuarto de los hermanos Callahan, quien se había creído que murió a los tres meses de una fiebre. No había muerto. Su madre, Eileen Callahan, lo había vendido a una rica pareja de Boston por el dinero suficiente para salvar a su marido y su rancho. Ahora, a los cuarenta años, el hijo adoptivo de un reconocido cirujano de Boston y su mujer de la alta sociedad, se divertía con el estilo de vida clandestino que había aprendido en la CIA. Un estilo de vida clandestino, que se había centrado en la búsqueda de la identidad del hombre o los hombres llamado Carniceros durante los últimos doce años.

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El otro hombre, el ayudante John Caine, era otra historia. —He preguntado que qué coño estaba pasando aquí —repitió Archer, la ira incubándose en su tono y en sus sentidos. —Lo siento, Sheriff —murmuró John mientras se volvía completamente del mapa de las muertes del Carnicero—. Teníamos que estar completamente seguros que podíamos confiar en ti antes de que yo desvelase quién era y por qué estaba aquí. —¿Quién eres? — Archer se apoyó en el borde de la mesa, cruzando los brazos sobre el pecho y mirando de nuevo al hombre más joven. —Fue una orden mía, Archer —le dijo Ryan—. Cuando encontré a John, él estaba haciendo las maletas para ir al Condado de Corbin. Yo cambié su identidad y usé mis contactos para construir su pasado. Y le ordené que te ocultara la verdad cuando él quiso decírtelo. —¿Por qué? —gruñó Archer. —Porque estabas demasiado cerca del hombre que hemos estado investigando —respondió John—. Ryan y yo queríamos asegurarnos de cuan cerca estabas de él para saber si le contarías lo que te dijéramos. —¿Quién cojones es? Archer realmente podía sentir la furia empezando a elevarse ahora. Primero, conseguiría el nombre, y entonces les mostraría a Ryan y a John el error de ocultarle tan vital información. —No puedes ir por él, Archer. —Ryan se puso lentamente de pie. —¿Quieres que te mate en su lugar? —preguntó Archer cautelosamente.

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—Supongo que lo harías —suspiró John—. Dame tu palabra de que nos ayudarás a continuar la investigación sin revelar lo que sabes o nos iremos de aquí. Y si lo hacemos, entonces puede que nunca encontremos a su compinche hasta que acabe matando de nuevo. —Entonces, ¿no han identificado a ambos hombres? Todo lo que necesitaba era una de las identidades; él podía molerlo a palos para sacarle la verdad sobre su compinche. —Todavía no —reconoció Ryan, con sus profundos ojos azules sombríos—. Venga, Archer. Eres es un agente de la ley. Sabes lo importante que son las pruebas. Dame tu palabra. No estoy jugando, si no me la das, voy a salir de aquí en unos diez segundos. Archer se giró hacia John. —No puedo, Archer. —John, obviamente, leyó la determinación en sus ojos— . Antes dejaría el Condado. —¿Estaba dispuesto a dejarlo que se fuera? —Te doy mi palabra —masculló—. Pero saldrás de mi camino una vez que lo encontremos. —Tendrás que llegar al primero o tendrás que ponerte a la cola. —A continuación John escupió con furia—. Déjame decirte por qué estoy aquí. Hace cuatro años entré en la casa de mi madre y la encontré torturada, violada y asesinada. El modus operandis era el mismo que el del Carnicero. Exactamente el mismo. Excepto que yo conocía al hijo de puta que la buscaba y no era un asesino en serie, y ella seguro que no era la amante de una Callahan. Mi hermana estaba en su dormitorio, mi hermana adolescente, casi muerta. Por lo que él sabe, ella está muerta. Él ya ha golpeado a mi familia y, por Dios, seré el primero en tener un pedazo de él.

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Por primera vez desde que lo conocía, la conducta serena y las cínicas burlas habían desaparecido, sustituidas por una rabia que Archer conocía bien. —¿Quién es? Te lo he prometido —gruñó. —Mi padre biológico. —La voz de John era ronca, ardiendo con tal furia que Ryan se estremeció—. El hijo de puta que me engendró y cazaba a mi madre como un puto animal en sus esfuerzos para encontrarme. Wayne Sorenson. Menos mal que estaba sentado. Archer se quedó mirando al ayudante conmocionado. No porque hubiera identificado a Sorenson como sospechoso. Archer también tenía un archivo sobre él. No fue el saber que el abogado del Condado era un asesino, fue el saber que John era su hijo biológico. —Él la localizo en Canadá, justo después de que regresáramos de Francia con mi padrastro y mi medio hermana. —El tono de John era entrecortado y bordeado de dolor—. Ella se había cambiado el nombre, pero de alguna manera él se las había arreglado para encontrarla. Mi padrastro y yo estábamos organizando un vuelo privado para volver a Francia cuando la encontró a ella y a mi hermana. Ella no sobrevivió. Mi padrastro apenas lo superó. —¡Mierda! —Pasándose los dedos por el pelo, Archer se volvió y se colocó detrás de su escritorio. Una vez allí, levantó el lateral y lo movió hacia atrás mostrando la caja fuerte escondida debajo. Tirando de la puerta, tecleó rápidamente en el panel digital, abrió la puerta de acero y sacó un archivo. Dejó la caja fuerte abierta y se movió a la parte delantera de la mesa, entregándole el archivo a Ryan.

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—Aquí se detallan los últimos doce años de la investigación —dijo a los dos hombres, mientras el ayudante se colocaba junto al otro hombre hojeándolo—. Cada persona con la que se ha asociado y también sus antecedentes. Si yo pudiera relacionarlo a una sola persona, si pudiera encontrar la más mínima sospecha de que podrían ser sus compinches, entonces tendría suficiente para convencer al gobernador para emitir una orden de registro. —No tienes aquí a varios hombres que hemos visto colarse en su casa —dijo Ryan en voz baja—. Benson Markle, Tiberius Graeme y Amory Wyatt. He comprobado a los tres, y hay lagunas en sus vidas que no pueden ser explicadas. Graeme desapareció durante días después de que las cuatro chicas fueran secuestradas hace doce años. Markle lo estuvo durante los tres últimos. Ni Amory ni Graeme existían antes de venir aquí, pero he tenido varias indirectas de algunas de mis fuentes en el extranjero de que Wyatt podría ser de Seguridad Nacional y podría, o no, estar en un caso. —Amory vive varias casas más allá de la mía —reflexionó Archer—. Básicamente solo lo he visto decir hola o adiós a Sorenson. Markle es simplemente un bastardo. Lo he estado investigando durante los últimos seis años por otras cosas, aunque nunca lo he visto con Sorenson o con Graeme… —Frunció los labios fruncidos pensativo—. No es Graeme, apostaría que no. —¿Por qué? —Ryan lo miró fijamente. —Graeme está en el Programa de Protección de Testigos —manifestó—. Lo que era o pudiera ser ahora, no lo sé a ciencia cierta, pero sé que el Marshal que supervisa su caso le ha tenido fuera del Condado prestando declaración en algún sitio cada vez que ha estado desparecido. Ryan asintió. El pelo, de un rubio más oscuro que el de Archer, le cayó sobre la frente y se lo echó hacia atrás.

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—Eso deja a Markle y a Wyatt —señaló—. ¿Qué piensas de esos dos? —Podría ser cualquiera de ellos —admitió Archer—. Markle es tan frío como una tormenta de nieve. Avergonzaría al hielo. Asiste a las reuniones sociales, pero se esconde y observa desde los rincones en lugar de unirse a ellas. Wyatt es tranquilo, reservado, y por lo que sé, nunca ha tenido siquiera una discusión con alguien. Pero, como has dicho, antes de venir aquí, él no existía. —Si tuvieras que elegir, ¿cuál dirías que es? —preguntó Ryan. —Si tuviera que elegir, Markle —Archer contestó después de pensarlo un momento—. Amory Wyatt es un amigo de la familia Corbin. Él y el padre de Anna van mucho de caza juntos y se ha hecho una parte de la comunidad. Markle, por otro lado… —Archer negó con la cabeza— puedo verlo matar sin piedad. —Me voy a reunir con mis sobrinos en unos días —Ryan suspiró—. Y te voy a decir ahora lo que voy a decirles. A principios de este verano, en mi tapadera como asesino, acepté un trabajo en el Condado de Corbin. Me reuní con el cliente en una cabaña en las montañas. Quería a los Callahan, sus amantes y a cualquiera con la más mínima oportunidad de haber concebido uno de sus hijos, muerto. —¿Lo identificaste? —Archer sintió los dedos de una mano cerrándose en un puño. Él asintió. —Era David Stone. —¿El puto agente de bienes raíces? —Archer cuestionó con incredulidad—. ¿Qué demonios tiene él que ver con esto? Además, se mudó la semana pasada. Se fue a vivir con su hija a California. Ryan negó con la cabeza.

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—Está detenido en California. La historia de que se mudaba fue puesta en marcha por el FBI. Aparentemente estaba perdidamente enamorado de la madre de Crowe antes de que se casara con David Callahan. Vio como una especie de retorcida venganza matar a los Callahan cuando su hija ilegítima, Jennifer Whitt, fue asesinada por el Carnicero. Archer se pasó las manos por la cara con cansancio antes de enfrentarse de nuevo a los dos hombres. —¿Cómo sabemos que él no era el cómplice? —Porque conocíamos su paradero en el momento de la muerte de cada una de las chicas —le informó Ryan—. Una vez que hayamos identificado a los Carniceros, haremos públicos los cargos contra él y lo traeremos de vuelta al condado de Corbin para el juicio. —¿Qué pruebas tienes de que Sorenson podría estar involucrado en esto? — le preguntó Archer. —¿Qué pruebas tienes tú? —respondió Ryan. Archer apretó los labios. —Hace doce años, mi padre se enteró que desapareció durante al menos doce horas cuando cada chica desapareció, excepto Jaymi Kramer, la hermana de Cami, pero siempre hemos sabido que Thomas Jones fue tras ella por su cuenta. Antes de que los testigos que vieron a Wayne dejar la ciudad pudieran testificar, murieron sospechosamente. —Siguiendo a Sorenson es cómo me las he arreglado para encontrar a cada chica que fue asesinada desde entonces. —John suspiró con cansancio—. Siguiendo a Sorenson. Sin embargo es resbaladizo. Nunca lo he atrapado con las chicas o cerca de las áreas donde las encontraron, pero sé que él estaba fuera

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cuando desaparecieron. —¿Katy Winslow? —preguntó Archer bruscamente. —Creemos que Katy estaba en el lugar equivocado en el momento equivocado. —Ryan exhaló bruscamente—. Los moldes y las fotos que sacamos de las marcas de rodaduras donde fue encontrada indicaban que había dos vehículos con ella en ese momento. Ella los pilló en la reunión, y no podían dejarla ir después de eso. —Uno de los moldes es de un neumático muy raro —informo John—. Estamos procesándolos, aunque todavía no hemos tenido éxito. También estamos comprobando la zona por cualquier propiedad que pudieran tener cualquiera de los cuatro hombres lo suficientemente cerca para usarla como el lugar de sus asesinatos. Estamos cada vez más cerca, Archer, pero él está haciendo algunos movimientos bastantes estúpidos últimamente. Estamos preocupados que esté llegando al punto en que podría atacar a Anna de nuevo, y la próxima vez podría realmente conseguir matarla. —¿Por qué Anna? —espetó Archer—. ¿Qué la hace tan importante para que le haya mantenido fuera del Condado de Corbin desde que era una niña? Ryan frunció el ceño. Sosteniendo el archivo ligeramente con una mano, se rascó la mejilla con la otra, confundido. —Esta información es nueva para nosotros —desveló—. Nos estábamos moviendo bajo la hipótesis de que ha sido atacada a causa de Crowe. Rápidamente, Archer puso al corriente a los dos hombres de la historia que los “Barones” le habían contado. Mientras hablaba, y luego respondía a las pocas preguntas que los dos hombres plantearon, admitió para sí mismo que tenía que haber algo mucho más

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profundo. —Voy a ver qué puedo averiguar sobre ella —Ryan habló mientras él asentía lentamente—. Hay algo que ella sabe, o posiblemente algo que vio cuando era una niña, que la amenaza. —Es la mejor amiga de Amelia Sorenson —señaló Archer—. Tal vez eso es lo que lo desanima a matarla. —Ella no estaba cuando Anna era más joven —argumentó Ryan—. Pero tienes razón en que es una amenaza si él la ha mantenido alejada del Condado tanto tiempo. —Y él está rompiendo la pauta —intercaló John—. Está llegando a ser errático. Ella es suficiente amenaza para que no puede permitirse el lujo de esperar mucho más tiempo. —Vamos a empezar a movernos con esto —prometió Ryan, levantando el archivo—. ¿Puedo quedármelo? Archer se encogió de hombros. —Tengo una copia oculta en otro lugar. Por si acaso. Los labios de Ryan se curvaron en señal de aprobación. —Me gusta eso de ti, Archer. Siempre tienes un plan B. —Un plan no me servirá de nada si logra atacar a Anna de nuevo. Tampoco les servirá a ustedes —les advirtió Archer mientras descruzaba los brazos y se enderezaba desde su posición contra el escritorio—. Porque voy a matarlo, señores. Se los prometo. Si ella muere, no habrá nada que me detenga. —Sólo asegúrate de ayudarme a mantener a esos malditos sobrinos míos

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atados con una correa después de hablar con ellos. —Ryan suspiró, dirigiéndose a la puerta del estudio—. Y si algo le sucede a tu mujer, Archer, puedo decir que no te culparía—. Se detuvo en la puerta antes de abrirla, girándose hacia Archer, mientras el ayudante se movía detrás de él—. No podría culparte en absoluto.

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Capítulo 15 Tres días más tarde, Anna yacía en silencio en la cama que todavía compartía con Archer, y miró hacia el techo mientras el amanecer comenzaba a asomarse a través de las estrechas aberturas de las cortinas. Se suponía que el día de hoy iba a ser un poco frío. Sería un día perfecto para salir, quitar las malas hierbas de los macizos de flores que Archer parecía haber descuidado últimamente, o incluso volver al trabajo. Brute Force le había dado un permiso de dos semanas, pagadas, le había asegurado Mikhail Resnova, para permitirle recuperarse de la bala que había recibido en el muslo. Había sido superficial. No había tocado hueso ni una vena. Y a pesar del potencial poder explosivo de la munición, no había estallado. Lo único que había logrado era asegurarse que ella estuviera postrada unos pocos días. Sin embargo, nadie había pedido dos semanas de permiso. Le habrían servido unos pocos días. Ahora estaba lista para volver a trabajar. Sin embargo, ese estúpido doctor había exigido semanas. Dos semanas de únicamente descansar. Se volvería loca de atar. Giró la cabeza y miró el reloj junto a su lado de la cama antes de fruncir los labios pensativamente. —¿Vas a ir a trabajar hoy? —le preguntó a Archer manteniendo la voz baja,

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en caso de que estuviera dormido, ya que él estaba acostado a su lado en silencio— . Si es así, será mejor que te levantes o vas a llegar tarde. —Hoy no. —Él la tomó por sorpresa—. Pensé que podríamos dar una vuelta por el rancho de Rafer, donde Resnova y sus hombres están supervisando la protección y la seguridad de las novias de Rafe y de Logan. Vaya, ¿eso no sonaba inquietante? —¿Crees que vas a convencerme de que me quede allí? —preguntó con suspicacia. Archer giró la cabeza hacia ella en ese momento, sus ojos dorados se estrecharon, mientras sus miradas se encontraban. —Ivan ha aparecido con información nueva. —Levantando la parte superior de su cuerpo, él agarró la almohada que tenía debajo de la cabeza, la ahuecó y la puso contra la cabecera antes de reclinarse contra ella—. Llamó después de que yo llegara la pasada noche y solicitó la reunión. Pensé que tú podrías disfrutar visitando a Cami y a Skye durante unas horas mientras estoy allí. Sin segundas intenciones, sin planes malvados. Se frotó los rizos del pecho mientras ahogaba un bostezo y miraba hacia la débil luz solar que se colaban por entre las cortinas. —Abrígate —añadió—. El rancho de Rafer no está mucho más abajo que Crowe Mountain, y en Crowe ya ha comenzado a caer nieve. Sentándose, Anna se subió las mantas hasta el pecho mientras se inclinaba sobre las rodillas y se las rodeaba con los brazos. —¿Ya hay nieve? —Ella suspiró, pensando en cuanto más frías se volverían las noches.

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—Una poca. —Se inclinó hacia atrás, cerrando los ojos soñolientos, actuando como si ella no estuviese, mientras le preguntaba—. ¿Quieres ducharte primero, o quieres que lo haga yo? ¿Qué había sucedido con lo de ducharse juntos? —Lo haré yo. —Ella se encogió de hombros, saliendo lentamente de la cama, mientras ahogaba las dolorosas dentelladas de emociones que le apretaban la garganta. ¿Qué había pasado? Era obvio que él ya no la deseaba. Pero Anna sabía eso sin preguntar. Tres días y dos noches. Él no la había tocado ni una sola vez. Ni siquiera la había besado. Ella no había estado lista para irse. No había estado preparada para perderlo tan rápidamente. Pero aún más, Anna no había estado preparada para que se le rompiera el corazón. *** Ahogando un gemido, Archer vio como Anna cojeaba dolorosamente entrando en el cuarto de baño. Sus esbeltas caderas se movían seductoramente, si bien desiguales, debajo del camisón, sus redondeados muslos, una sombra de tentación bajo la blanca licra y el nylon que rodeaba la parte superior de su cuerpo, cayendo alrededor de sus muslos y de sus piernas en metros y metros de sedosa tela. No llevaba bragas. Mientras había estado dormida con las mantas retiradas del cuerpo, había vislumbrado la oscura sombra de los rizos en la parte superior

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del pequeño montículo entre sus muslos. Con los dientes apretados y la mandíbula tensa, Archer llevó una mano bajo las mantas y envolvió los dedos alrededor de la cabeza de su polla. Se había visto obligado a masturbarse las dos últimas noches. La herida en la parte exterior del muslo, aunque no era excesivamente grande o profunda, evidentemente era todavía dolorosa, si la forma en que caminaba era una indicación. Apretarse el puño alrededor de la congestionada cabeza de la polla, era lo único que podía hacer para evitar masturbarse, que sería lo único que contendría el hambre que se lo comía vivo. Dios, la deseaba. Cerrando los ojos, podía verla recostada en su cama, esos hermosos y nacarados muslos abiertos ampliamente, las rodillas dobladas para permitir que los talones se clavaran en la cama y elevándose hacia sus voraces labios, mientras él se comía los satinados y desnudos pliegues. Sus jugos se extenderían espesos y abundantes, y tan dulces, que la idea lo llenaba de una avidez sexual que se preguntaba si podría contener por más tiempo. Tres días y dos noches. Sesenta horas de puro e inimaginable infierno durmiendo junto a ella, sosteniéndola contra él, porque no podía dormir sin su calor contra su cuerpo. No es que él hubiera dormido mucho. Todo en lo que podía pensar era en el sabor de su pequeño, cálido y apretado coño, el tenso agarre alrededor de su polla entrando y saliendo. Dios, no era como si no la hubiera follado la noche antes del ataque. Y la mañana del ataque. Si hubiera podido, habría jodido sus bonitos y carnosos labios

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al minuto en que había cerrado la puerta al mundo exterior la tarde que ella había recibido un disparo. Ahora estaba herida y dolorida, y en lo único que podía pensar era en zurrarle su bonito y redondeado culo, y follárselo con una necesidad que amenazaba con superarlo. Casi incontrolablemente su puño acarició el grueso y duro eje, que se tensaba con furiosa avidez frente a la idea de follarla tan íntimamente. De tener esa más que apretada pequeña entrada aferrada alrededor de su polla. Anisaba clavar los dedos en los redondeados globos de su culo, separar las curvas y verse poseerla. Tendría que ver el empalamiento, decidió. Él le habría separado las nalgas y vería como su muy lubricada verga se abría camino dentro de ella. Una vez enterrado hasta bolas en el interior de su ano, no habría nada que lo detuviera. Su sensual sumisión sería como un afrodisíaco, impulsando su excitación. —Archer, ¿has…? Él abrió los ojos de golpe, giró la cabeza para mirarla totalmente sorprendido mientras ella estaba de pie en la puerta del baño, quieta y en silencio. La acusación en su mirada era casi más de lo que él podía soportar. —Lo siento. —Ella retrocedió, volvió a entrar en el cuarto de baño, con el rostro pálido y los ojos verdes llenos de lágrimas—. Lo siento mucho. La puerta se cerró de golpe detrás de ella y un segundo después el pestillo. Y ahí estaba Archer, con la polla todavía apretada entre los dedos, la sabana que lo cubría ahora resbaladiza y mojada con su semilla, donde había derramado su

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liberación en el segundo en que la vio. Un punto para el autocontrol. Una sola mirada, solo había necesitado un vistazo de ella con ese sexy vestido para robarle la voluntad y hacerle correrse a chorros en las sábanas. Y si la expresión en su rostro era alguna indicación, ella se sentía nada menos que traicionada. —¡Joder! —Sentándose en la cama, Archer se quitó las mantas del cuerpo, salió de la cama y se dirigió a zancadas desde el dormitorio hasta la ducha. Él no iba a sobrevivir a esto. Solo habían pasado tres días desde que la había tenido. Tres días en los que había estado miserable y dolorosamente excitado, y no sabía cuánto más podría soportar. Y tenía la sensación de que una noche más de lo mismo podría volverlo loco. Realmente no tenía que follarla, pensó para sí mismo. Podía hacer que se corriera con los labios y la lengua… El médico había dejado claro lo de “ningún esfuerzo”. Mierda, si él la hiciese correrse, esos dulces y pequeños muslos estarían agarrándole la cabeza con fuerza, y los puntos de sutura que el cirujano plástico habían colocado tan cuidadosamente podrían estirarse o desgarrarse, dejando una cicatriz por la que podría odiarlo finalmente. Él conocía algunas cosas de las mujeres. Una cicatriz podría cambiar completamente su percepción de sí misma. Maldita sea, nunca podría usar bikini de nuevo. Y sabía de buena tinta lo

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bien que se veía en bikini. Metiéndose bajo el chorro helado de la ducha, se preguntó si un hombre realmente podría morir de excitación. *** El rancho de los Callahan se había establecido como base de operaciones y para que Ivan Resnova supervisara la seguridad y la protección de las prometidas de Rafer y de Logan Callahan, era el mismo rancho en que los primos Callahan habían sido criados después de la muerte de sus padres. Anteriormente, el Triple R, o el Rancho Ramsey habían pertenecido a Clyde Ramsey, el tío abuelo de Rafer por parte de madre. Si no hubiera sido por Clyde, Anna lo sabía, los tres muchachos habrían ido a parar a hogares adoptivos, y sólo Dios sabía lo que les hubiera pasado. Aun así, sus vidas habían sido lo suficientemente duras, con Clyde luchando para desviar los a menudo crueles dardos, que no sólo habían venido de los niños de su misma edad, sino también de los adultos. Añade eso a los veinte años de batalla legal para conservar la herencia que sus madres les habían dejado, lo que convirtió algunos años en un verdadero infierno para los primos. A pesar de las tentativas de los Barones, o de esa sombra que había intentado destruirlos la mayor parte de sus vidas y las crueldades de los buenos, honrados y temerosos de Dios ciudadanos del Condado de Corbin, los primos Callahan habían conseguido llegar a ser bastante decentes. Eran duros, aunque Rafer y Logan se había suavizado considerablemente desde que se enamoraron y se comprometieron. Crowe todavía era considerado duro, cínico y demasiado rudo. A veces, todavía daba la impresión de que sólo estaba buscando pelea, un medio para gastar la violencia que tres décadas habían

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erigido en su interior. Era un hombre listo para estallar, y Anna había oído ese comentario de más de una persona en el Condado. La mayoría de las personas se mostraban cautelosas a su alrededor, y lo habían estado durante algún tiempo. Cuando Archer giro su gran camioneta negra 4x4 para entrar en la carretera del rancho, Anna entrecerró los ojos y contempló el amplio valle y las montañas elevándose. Ella tenía que admitir que si lo que había oído antes de volver al Condado de Corbin era cierto, el Ramsey y el antiguo Rancho Callahan serían perfectos para los rumoreados planes que tenían. El chisme se estaba extendiendo por el rancho de su abuelo, que los Callahan estaban uniendo la propiedad Ramsey con la propiedad que sus abuelos Callahan había poseído, y estaban convirtiéndolo en un balneario abierto todo el año y en un complejo que también atendería a eventos programados de supervivencia en la naturaleza. Los primos eran socios en dos empresas relacionadas que fueron trasladadas a Sweetrock, y entonces también instalarían oficinas permanentes en el complejo que estaban planeando. Off Road Excursions, una tienda de acampada y aventura de montaña, acababa de presentar un acuerdo legal con los Callahan en los juzgados el mes pasado, concediendo el uso comercial limitado de ambas propiedades por un período de tres años, lo cual, muchos dijeron, justificaba el rumor. También se habló que Brute Force, la empresa de seguridad en la que Anna había sido contratada en Sweetrock, había firmado un acuerdo, aunque éste era privado, para usar la tierra para pequeños y privado grupos de formación de supervivencia y también para juegos tipo guerrilla, diseñados para entrenar a los agentes de seguridad en la mejor protección posible de sus clientes.

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Los primos estarían locos si no lo hicieran y aprovecharan el creciente tránsito de turismo en Colorado, pero especialmente en Aspen y en Sweetrock. Las montañas eran un imán para aventureros y familias por igual. Acampada, pesca, caza, esquí y exclusivas cabañas para vacaciones de montaña se rumoreaba que eran parte del negocio que los Callahan estaban creando. —¿Es cierto que Crowe y sus primos van a crear el complejo del que habla todo el mundo? —Se giró hacia Archer, haciendo la pregunta cuando la curiosidad la supero. Había estado muriéndose por preguntárselo a Crowe, pero aún no había encontrado una buena oportunidad para acercarse a él con la pregunta. Archer la miró sorprendido. No es que lo culpara. —No me has dicho dos palabras desde que me sorprendiste antes, ¿y esto es lo que me preguntas cuando finalmente decides hablar? —preguntó, con un toque de pesarosa diversión bailando en sus labios. Encogiéndose de hombros Anna se volvió de nuevo para mirar hacia adelante. —Tenía curiosidad. —¿Por qué no se lo has preguntado a Crowe? —Porque es un gilipollas cuando piensa que me estoy entrometiendo en su vida —respondió, echándole un vistazo una vez más—. Y me dice que me meta en mis asuntos. Lo cual la volvía loca. Los labios de Archer se arquearon ante la admisión.

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—Es un poco maniático con la privacidad —estuvo de acuerdo. —Así que, ¿vas a contestarme? —Ella se volvió y lo miró fijamente, exigiendo silenciosamente la respuesta. Archer se frotó la nariz pensativamente. —Si los Callahan estuvieran considerando esas medidas, apuesto a que tendrían socios comanditarios —reflexionó—. Y si los hay, habría una cláusula de confidencialidad hasta que lo tuvieran todo listo para empezar a rodar. ¿No te parece? —¿Ellos? —Ella frunció el ceño. —¿Quién sabe? —Se encogió de hombros—. Sólo estoy diciendo que es probable, porqué nadie lo sabe a ciencia cierta. Anna movió los labios nerviosamente. Archer podría ser taimado; había sabido eso durante años. Le había tomado un momento averiguar lo que estaba diciendo. —Estoy segura que él lo haría. Así que el hecho de que nadie pueda decirlo con certeza, indicaría básicamente que es un hecho —afirmó. —Eso es lo que yo asumiría. —Él asintió con la cabeza. Anna miró a su alrededor viendo las vistas. —Harán una fortuna —susurró—. Los Callahan, así como cualquiera con la suerte de ser invitado a formar parte del negocio. —Eso es cierto. —La sonrisa que se formó en los labios de Archer fue una de pura satisfacción—. Es cierto.

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El antiguo Rancho Ramsey era increíblemente hermoso, pero Anna sabía que la propiedad Callahan y las limítrofes de Crowe Mountain eran tan impresionantes, que durante décadas, JR y Eileen Callahan había tenido que defenderse de compradores y de inversores de complejos desesperados por utilizar la propiedad. Las mismas cosas que los “Barones” fundadores consideraron demasiado agreste e inadecuadas para usarlas para la ganadería, hacían la tierra excelente para el turismo y el rancho de caballos que inicialmente había sido previsto por el fundador Callahan. La caza en sí era fenomenal. Donde los ranchos de los Rafferty, los Roberts y los Corbin eran en su mayoría valles y tierras bajas, el rancho Callahan era sobre todo colinas y paisajes montañosos, arroyos claros, rápidos de aguas bravas, cavernas ocultas y cuevas donde la fauna silvestre creó sus guaridas y refugios. Había un pequeño lago de montaña y otro mucho más grande en uno de los pocos valles amplios que poseía la propiedad Callahan. Ella estaba adivinando que Archer era uno de esos afortunados inversores. Él y los Callahan habían sido amigos desde que eran niños. No importa los obstáculos que el padre de Archer había colocado en esa amistad, ellos no solo la habían mantenido, sino que había prosperado. Mientras la casa aparecía a la vista, Anna entrecerró los ojos sobre ella, recordando lo que le había parecido la única vez que había acompañado a su padre, cuando él había tenido una reunión con Clyde Ramsey años atrás. Había habido una gran cantidad de mejoras en seguridad desde que la había visto por última vez, aunque, según las malas lenguas, la mayoría de esos cambios se habían producido sólo en las últimas seis u ocho semanas. Altas vallas rodeaban la parte trasera, con una fina red, para ocultarla a la

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vista, extendiéndose alrededor y sobre ella, para permitir a Cami y a Skye la oportunidad de disfrutar de una piscina recién instalada, sin tener que preocuparse por el francotirador que había disparado y matado a uno de los guardias de seguridad contratados para proteger a Cami hace varios meses. El hecho de que el guardia de seguridad había aceptado un soborno para matar a Cami el mismo, no era la cuestión, Rafer se había enfurecido. La cuestión era que había un francotirador por ahí con un cuenta con su prometida. Guardias de seguridad armados, ahora no solo vigilaban el jardín principal del rancho, sino la montaña que rodeaban la casa del rancho, donde habían alejado a varios cazadores. Varios de esos guardias de seguridad también sostenían las correas de algunos entrenados pastores alemanes de aspecto feroz. —Este lugar está empezando a parecerse a un cuartel —suspiró—. Skye debe odiarlo. Archer la miró sombríamente. —La mayoría de las medidas adicionales de protección fueron idea suya. Eso la sorprendió. Skye nunca se había preocupado tanto por campamentos armados, guardias armados o baluartes de seguridad. Excepto que el amor cambia a una persona. Ella no solo tenía que pensar en su seguridad y en su protección, sino también en la de su amante y la de su hijo no nacido. —Pueden haber sido idea suya, pero conozco a Skye, y sé que no solo odia la necesidad de esto, sino también el hecho de que esta sea la forma en que está siendo forzada a vivir. —Pero ella está viva. —Archer suspiró—. El hecho de que hayas sobrevivido a ese tiroteo es más un testimonio de tus propios reflejos que de la falta de habilidad del tirador o de mi capacidad para protegerte. Podrías haber muerto, Anna, o

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perdido la pierna y estar paralizada de la cintura para abajo debido a esa maldita bala y al hijo de puta que te apuntó. Una vez más, ¿por qué a ella? ¿Que la hacía tan importante para un asesino? Metiendo el vehículo en la grava de la zona de aparcamiento, Archer aparcó y saltó con un murmurado: —Quédate ahí. ¿Quedarse ahí? Observó como el caminaba hacia su lado de la camioneta, le abría la puerta del pasajero y la ayudaba a salir. Él había insistido en ayudarla a entrar antes en la camioneta, aunque ella estaba segura que podría haberlo logrado con el estribo del lateral del vehículo. Dándose la vuelta, se apoyó en sus hombros mientras él la agarraba de las caderas y la movía fácilmente hacia el suelo. —Yo podría haberlo hecho —le aseguró, sin saber cómo tomarse el gesto. —Estoy seguro de que puedes hacerlo. —Colocándole la mano en la parte baja de la espalda, se colocó cuidadosamente detrás de ella, mientras se abrían paso hacia el porche delantero. La puerta principal se abrió cuando llegaron al último y amplio escalón. —Oh, Dios mío, Anna. —Skye salió por la puerta, su largo cabello rojo dorado flotando a su alrededor, con los ojos llenos de lágrimas y arrepentimiento, mientras rodeaba a Anna con los brazos para darle un fuerte abrazo.

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Instintivamente, Anna se aferró a la otra mujer, recordando de repente cómo Skye le había dado siempre esos abrazos el año que ambas habían asistido a la escuela privada. Skye había sido la hermana con la que Anna siempre había soñado. El hecho de que más de un mes antes Skye también se hubiera enfrentado al asesino decidido a destruir a los Callahan no pasó desapercibida para Anna. Era la razón por la que su amiga estaba aquí, en el rancho de Rafer, en lugar de en la ciudad. Gracias a Dios que estaba aquí, pensó Anna. De lo contrario, Skye se habría visto envuelta en los problemas de Anna, y probablemente habría sido herida o asesinada. En cambio, ella estaba sana y salva, su prometido, Logan, velaba por ella y por su hijo no nacido. —Es tan bueno verte. —Skye retrocedió, el rastro de una lágrima bajaba por su mejilla mientras miraba a Anna. Oh Dios, cómo había echado de menos a Skye a largo de los años. Había echado de menos su cariño y su calidez, su amistad. Habían vuelto a ponerse en contacto con los años en distintos momentos, y Anna habían estado muy contenta cuando había descubierto que Skye estaba viviendo en Sweetrock. Hasta que había descubierto junto a quien estaba viviendo. Hasta que había descubierto con quien se estaba acostando. Hasta que había descubierto que se estaba poniendo en tanto peligro como lo había estado Cami Flannigan. Como las seis víctimas que el Carnicero tuvo en Sweetrock doce años antes, y las cuatro que había muerto en los últimos seis meses.

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Ella se había puesto a sí misma en el camino de un loco. En el mismo en el que Anna había logrado colocarse.

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Capítulo 16 Skye estaba indignada. Estaba terriblemente furiosa. Ayudando a Anna a entrar en la casa, apretó los hombros de la otra chica y la miró a los ojos sombreados de dolor. Lo que vio en el rostro de Anna era más que dolor físico. El profundo dolor del alma reflejado allí le hacía querer abofetear algunas caras. Caras viejas, obstinadas y arrogantes, como la de John Corbin, y caras más jóvenes y estúpidas, como la de su hijo Robert. —¿Qué te han hecho, Anna? —Suspiró mientras levantaba los dedos para tocar el pálido rostro de Anna. —¿Han destrozado completamente mi vida? —sugirió Anna con una triste sonrisa—. Es bueno verte de nuevo, Skye. He estado muy preocupada por ti desde el ataque. ¿Seguro que estás bien? Un asaltante había logrado atrapar a Crowe por sorpresa y dejarlo inconsciente, justo antes de que Logan y Skye llegaran a su casa de las montañas. La segunda mitad del equipo conocido como Stalker había tenido la intención de matarla, y lo habrían hecho de no ser por esa loba solitaria que Crowe había criado desde que era un cachorro. Había atravesado la ventana, y ellos habían pensado, realmente lo habían esperado, que hubiese logrado matar al agresor. Sin embargo, él había desaparecido, su identidad una vez más desconocida. —Estoy bien —le aseguró finalmente a Anna, aunque quería llorar por esa dolorosa cojera y por el conocimiento de la herida que su amiga había sufrido. Con todo, ese destello de dolor y la traición en los ojos de Anna le rompió el corazón.

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Skye no había visto a Anna tan frecuentemente como hubiera querido en los últimos años, pero cada vez que lo hacía, los ojos de la otra chica solo habían contenido inocencia y esperanza, a pesar de los rechazos constantes de su familia. Esa inocencia y esa esperanza se estaban oscureciendo lentamente. Anna era más reservada de lo que lo había sido cuando era una adolescente, pero ella seguía siendo la Anna que recordaba, incluso varias semanas antes, cuando se habían reunido para el almuerzo. Esta mujer a la que ahora se enfrentaba era poco más que una versión pérdida y solitaria de la amiga por la que Skye se preocupaba profundamente. La parte más dolorosa era el hecho de que Anna probablemente pensaba que lo estaba ocultando en su interior. —¿Ven? Les dijimos que ella estaría bien. —Jack Thompson y su esposa Jeanne se movieron hacia ellas atravesando la habitación—. Ella es tan maravillosa que esas balas, simplemente, no pudieron soportar ser las que le hicieran daño. Jack arrastró a Anna en un fuerte abrazo antes de plantarle un beso en la mejilla y guiñarle un ojo de forma ostensible. Skye vio a Archer tensarse sutilmente. Qué interesante, pensó. Archer sabía bien que Jack estaba tan felizmente casado como una persona podría estarlo, con su delicada mujercita, Jeanne. Sin embargo, el subconsciente de macho animal reclamando a Anna era una historia diferente. Hasta que fuera totalmente suya, Archer no quería a otro hombre en cualquier lugar cerca de ella. Dios, era tan divertido observar a estas totalmente masculinas e intensamente imperturbables criaturas luchando y fallando por permanecer distantes y duras frente al amor. —Jack, eres imposible. —Su esposa Jeanne se echó a reír mientras él soltaba

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Anna. —Eh, estás celosa porque también quieres un abrazo —la acusó Jack juguetonamente. —De ella y de Cami —declaró Jeanne mientras miraba Cami, quien estaba, en ese momento, siendo abrazado por su novio Rafer. —Cami está ocupada —dijo Rafer arrastrando las palabras. —Puedes conseguirte una habitación más tarde, descarado —se rió Jeanne mientras soltaba a Skye y se acercaba a la pareja—. De momento, ella me debe un abrazo. Los siguientes minutos los emplearon en saludarse, hasta que el moreno alto y salvajemente guapo Ivan Resnova entró en la habitación por las puertas de cristal del patio que llevaban a la piscina. Detrás de él, una joven, quizás de dieciséis o diecisiete años, lo fulminaba con la mirada, mientras una mujer mayor, que caminaba a su lado, miró a la joven con una mirada firme. —Ivan, deja de torturar a Amara y preséntasela a Anna. Sé que no ha tenido la oportunidad de conocerla todavía. —Skye las presentó—. Anna, te presento a nuestra escandalosa y entrometida rusa, la hermana de Iván, Sofía. Y su hija, a la que él, en estos momentos, cree que todavía puede controlar. —Le dirigió una sonrisa disimulada a Iván—. Amara. —Sofía, Amara. —Anna les estrecho las manos, impresionada por sus firmes apretones—. Me alegro de conocerlas. —Me alegro de conocer finalmente al terror de la familia Corbin —Amara bromeó, riéndose—. Crowe te pinta como un cruce entre un ogro y un trol.

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Anna se volvió hacia Crowe y levantó las cejas burlonamente. —Pensé que ya habías anunciado que esos títulos eran tuyos. Todo el mundo se echó a reír, excepto Crowe, que, en cambio, le devolvió la mirada a Anna. Anna se encogió de hombros mentalmente. Ni de coña le iba a besar el culo para gustarle. —Y yo que pensaba que papá estaba en posesión de esos títulos —comentó Amara, hablando lentamente, con sólo un sutil toque del acento ruso de su padre. A medida que se acercaba, Anna modificó su primera conjetura de que tenía dieciséis o diecisiete años. Amara Resnova tenía, por lo menos, veintiún años, y había visto lo suficiente en la vida para saber profundamente en su alma, que esta no la acogía a una con los brazos abiertos. Con un sedoso pelo largo negro y ojos de un oscuro e intenso azul en una tez ligeramente bronceada y aristocrática, los rasgos faciales de la chica más joven aseguraban que se vería mucho más joven de su edad, sin importar la edad que tuviese. Amara llevaba una ligera falda de gasa de color melocotón, que le llegaba apenas por debajo de los muslos, y una blusa sin mangas a juego, que mostraba una porción del abdomen cuando se giraba. En los pies llevaba unas sandalias marrones de tiras de cuero que mostraban las delicadas uñas de los pies pintadas de color melocotón, a juego con las de las manos. Una cadena de oro le rodeaba el cuello, de la que colgaba un pequeño y emotivo crucifijo de oro. Era una joven muy atractiva, pensó Anna, deseando ir ella misma tan bien vestida y ser tan sofisticada.

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El sonido de la puerta abriéndose los hizo a todos volverse hacia el recién llegado. El hombre se parecía tanto a Ivan, que Anna se preguntó si tenía un hermano gemelo. —Y este es Gregor. —Él frunció el ceño intensamente como si no supiese que decir—. Es el hermano de mi padre. —Iván, tu tío. Él es su tío. —Crowe puso los ojos en blanco. —Esto es lo que sigo diciéndote, Crowe. ¿Lo olvidaste? —preguntó Iván, inexpresivo, pero con el brillo malvado de la risa en los ojos. —Te pilló otra vez, Crowe. —Sophia se rió antes de volverse hacia Anna—. Crowe parece seguir olvidando que Ivan tiene un excelente dominio del vocabulario estadounidense. —Sólo lo olvido porque él insiste continuamente en usar ese condenado acento de campesino —gruñó Crowe—. Si quiere hacerse el tonto, no debería molestarse cuando otros lo tratan como si lo fuera. Vestida con una falda de algodón, larga hasta los tobillos, una blusa sin mangas y unas sandalias similares a las de Amara, Sophia se veía genial, y atrevidamente coqueta cuando le arrojó a Archer una sonrisa burlona. —Crowe también olvida que los Resnova recuerdan bien sus raíces. No siempre fuimos sospechosas figuras del crimen internacional. —Gregor entró en la habitación con paso felino—. No es tan difícil recordar cómo hablar como un campesino, especialmente cuando recuerdas bien lo que se siente al ser un campesino. Él alcanzó la espalda de Crowe y le dio una palmada en el hombro mientras le sonreía a Anna.

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—Hola, Srta. Corbin. He oído hablar un poco de ti. —No pretendas que gran parte de ello era bueno si venia de Crowe —dijo Anna. —Todo bueno, y la mayoría, realmente, venia de tu primo —le aseguró mientras le estrechaba la mano con una gran y encallecida mano. Cuando Gregor la soltó, Anna cruzó los brazos sobre el pecho y le lanzó a Crowe una mirada de reproche. —Él es un chico muy malo —susurró Sophia, aunque le echó a Crowe una guasona mirada de reojo—. Aunque todos son chicos malos, ¿no te parece? —La mirada que lanzó a Anna invitaba a secretos femeninos y a un aire de conspiración contra los hombres que las rodeaban. —Justo como el buen sheriff —dijo Gregor, su acento sensual y marcado por la influencia del ruso—. Veo que ha conseguido atrapar a una de las más bellas mujeres de las que he tenido el placer de conocer desde que llegué. —Cuidado, Romeo —dijo Crowe en tono burlón—. Archer puede parecer un hombre que toleraría tu coqueteo con su mujer, pero confía en mí, él tiene maneras de vengarse. Archer le disparó a Crowe una mirada de sorpresa, como si no tuviera ni idea de lo que estaba hablando. Por supuesto que no, Anna pensó con rebeldía. Un hombre sólo era celoso o posesivo cuando reconocía que no podía permitir voluntariamente que una mujer se alejara su vida. Archer ni siquiera parecía desearla ya, y mucho menos importarle si otro hombre coqueteaba con ella.

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—Gregor es mi jefe de seguridad, y actualmente está entrenando a varios agentes de Brute Force —declaró Ivan—. Archer tuvo la amabilidad de proporcionar una referencia a la solicitud de nacionalización de Gregor. —Sin importar los crímenes de los que es sospechoso —murmuró Crowe, y sonrió por las miradas que Iván y Antoli le lanzaron. —Nosotros lo ignoramos cuando se comporta como un mocoso —le aseguró Sophia a Anna con una sonrisa, que demostraba que disfrutaba con sus comentarios de sabelotodo. —Lo cual significa que lo ignoráis a menudo. —Archer se rió entre dientes mientras Crowe dirigía una burlona mirada de advertencia en su dirección. —Uno de estos días podríamos estar tentados de enseñarle el error por su falta de respeto. —El comentario de Gregor fue más una advertencia. —Ah, niños. —Sophia les reprendió antes de girarse hacia Anna—. Ahora tengo que ver los aperitivos que mi sobrino ha pedido para esta noche. Discúlpame, por favor. Dándole a Anna otro rápido abrazo, Sophia se volvió y salió del salón hacia la cocina, de la que emanaban los aromas más deliciosos. —Es un rumor extendido que tú trajiste a los Resnova aquí —afirmó Anna, más que un poco impresionada—. ¿Dónde diablos los conociste? —Fui una de los agentes del FBI del DC Vigilante encargados de proteger Amara justo antes de que empezara mi excedencia de la oficina. —Skye enlazó su brazo con el de Anna y el de Jeanne, mientras Cami se ponía detrás de ellas, y las llevó hacia las puertas del patio, al otro lado de la habitación. —Ella conoce a cada puñetero agente del FBI que entra por la puerta —

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bromeó Cami—. Y ha habido un montón. —Ella también conocía al agente de la CIA que se coló en la propiedad la semana pasada para hablar con Iván —señaló Cami. Cami arrugó la nariz ante la acusación. —Una agente de la CIA que lo tiró de culo en el momento en que lo vio. Amara le puso los ojos en blanco a Cami. —Solo estaba coqueteando con papá. Ella tiene una manera extraña de demostrar su afecto. La chica más joven pasó junto a ellos mientras se dirigía a una televisión al aire libre al otro lado del patio, a la sombra de una pérgola, junto a la piscina recién instalada. —Dios, me encanta esta piscina —suspiró Cami mientras miraba el agua reluciente. —Lo que es una extraña admisión, teniendo en cuenta que llamaste al responsable de instalarla gilipollas y palurdo provinciano con más genética endogámica que sentido común —señaló Skye con una sonrisa. —Bueno, él insinuó que Rafe no tenía el dinero para instalarla, y una vez que se enteró de Off Road Excursiones y Brute Force Security Training tuvo el descaro de insinuar que Rafe, Logan y Crowe no tenía suficiente visión empresarial para hacerlos rentables, y que tal vez debería consultar con los Corbin por el permiso para construir la maldita cosa —Cami resopló—. A un buen hombre de negocios no debe importarle nada, mientras se le pague. Anna se sentó bajo la sombrilla de la mesa del patio a unos pasos de la

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puerta, mientras Cami y Skye elegían sus propios asientos, sin dejar de bromear la una con la otra. Escuchando sus risas, Anna miró alrededor del patio bien vallado, deseando tener la capacidad y la tranquilidad para reírse y bromear con los demás. Una vez, hace años, Anna había tenido esa capacidad. En aquella época, Skye se había graduado, y los padres de Anna la habían trasladado de nuevo, lo que requirió un nuevo cambio de escuela. Después de ese traslado, trató de adaptarse una vez más, a continuación, otro traslado, finalmente se había dado por vencida. Skye no había estado allí para facilitarle su transición, y nadie más había visto los nervios que le encogían el estómago y la oscura soledad con la que Anna había lidiado. —Anna, ¿estás bien? —Skye se inclinó hacia delante, su mano cubriendo la rodilla de Anna, mientras la miraba con preocupación. Cami también estaba mirándola, con una mirada preocupada y una expresión alentadora. —Estoy bien, Skye, Cami. Lo prometo. —La estaban haciendo sentir extremadamente incómoda y levantó la mano para rascarse la clavícula. Un movimiento que Skye observó con preocupación. Anna estaba incómoda; ella conocía todas las señales y lo lamentó. —Teniendo en cuenta que has sido repudiada, secuestrada y que ahora está siendo acosada y que te dispararon, creo que lo estás haciendo increíblemente bien —dijo Cami. Anna se encogió de hombros. —Ustedes también han enfrentado al Carnicero.

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—No fuimos repudiadas y dejadas por nuestra cuenta sin nadie a quien recurrir —señaló Cami—. Mi padre nunca se preocupó mucho por mí y yo lo sabía, pero tenía a mis tíos, a mis amigos y a Rafer. Tiene que ser más duro por la forma en que has sido mantenida alejada del Condado. Debe parecer como si no tuvieras ninguna conexión aquí. Anna solo se encogió incómodamente de hombros. —Anna, habla con nosotros —la instó Cami, la simpatía asomando a su expresión, mientras sus ojos se llenaban de una excepcional empatía—. Skye y yo hemos aprendido que hablar sobre esto es bueno para aliviar las pesadillas. La mirada de Anna saltó entre ellas, sorprendida. —Sí, las pesadillas son brutales —susurró Skye—. Pero, Anna, tus ojos me están rompiendo el corazón. Te lo juro, el dolor y el miedo están tan claros en ellos que me dan ganas de matar a los Corbin tan dolorosamente como sea posible. Anna apartó rápidamente la mirada. Se había olvidado de eso. Skye siempre le había dicho que sus emociones más íntimas se reflejaban claras como el día en sus ojos. No había manera de ocultarlo, pensó con resignación. Una vez, simplemente se habría escondido en su habitación, llorando hasta que no tenía más lágrimas. Cuando terminaba de llorar, su natural optimismo volvía. Sin embargo, ya no era una niña, y sentarse y llorar tomaba un tiempo precioso que podría estar utilizando en su intento por disfrutar de la vida y labrarse un futuro para sí misma en el condado de Corbin. —¿Has tratado de llamar a tus padres…? —Skye, por favor. —Anna protestó, queriendo nada más que ocultarse de

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nuevo. Ellas tenían que dejar esto. Tenían dejar de hurgar en el dolor que irradiaba con cada pregunta—. No quiero ofenderte, pero realmente no puedo hablar de esto. No sin salir de aquí y llorar como la niña que solía ser. La comprensión en los ojos de Cami y de Skye era reconfortante, pero no podía manejarla en este momento. El dolor estaba demasiado a flor de piel y demasiado intenso para lidiar con él. Ella podría ignorarlo, si no tenía que hablar de ello. Pero si tuviese que hacerlo, siendo honesta, realmente no habría sido capaz de hacerle frente a su familia. Ellos estaban haciendo lo que sentían que tenían que hacer. Ella no estaba de acuerdo. No podía entender cómo habían imaginado que esta era la mejor manera, y los echaba tanto de menos que a veces dolía. Pero sabía que no había esperanza de que la amaran. No, si había dolor en sus ojos, entonces Archer había ayudado a ponerlo allí. —Anna. —Skye llamó su atención—. Prométeme que si necesitas alguien con quien hablar, de día o de noche, nos llamaras. Anna asintió rápidamente. Cualquier cosa, pensó, para desviar su atención. —Lo prometo. A las dos, lo prometo. Skye no estaba feliz, y la mirada que le lanzó Cami era dudosa. Anna no era la adolescente que había sido cuando ellas la habían conocido. La desilusión y una vida de soledad y promesas vacías la habían llevado a toda la miseria emocional que yacía ahora atrapada en su interior.

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Skye simplemente rezó para que Archer con su incredulidad en caer “enamorado” y su determinación por permanecer sin compromiso, no rompiera definitivamente el corazón que ya había sido roto demasiadas veces. *** —Dime, Sheriff Tobias, ¿has encontrado ya a alguien, a cualquiera, a quien pueda castigar por el infierno que esas tres jóvenes están atravesando? —preguntó Ivan cuando se giró de nuevo hacia ellos después de ver a Jeanne entrar en el patio para unirse a la otras mujeres. Ella se había convertido en una visitante asidua a la casa, trayendo información y chismes, y a menudo ayudando a Sofía, como acababa de hacer; su hermana había preparado queso, carnes, y galletas para un aperitivo, mientras los Callahan y sus amigos estaban allí. —Ponte en la cola —suspiró Archer mientras apuraba el resto del whisky que había estado bebiendo—. Yo llegué primero. —¿La desaprobación de sus padres no tiene nada que ver con su dolor? ¿Ni la de sus abuelos? —preguntó Ivan con una calma glacial cuando Antoli se unió a ellos desde su habitual posición cerca de la puerta principal—. No niegues lo que ya he averiguado por mí mismo, amigo. Archer arrastró el vaso de un lado a otro, negándose a contestar, por el momento, al otro hombre. —Ellos la han mantenido lejos del Condado de Corbin desde que tenía nueve años —dijo Jack, mientras Archer levantaba la vista y miraba hacia el patio, a la mujer que hacía que se le encogiera el pecho y se le derritiera cada vez que veía su sonrisa—. Sus padres la cambiaban de escuela casi todos los años. Se mudaban como si el dinero no importara, y el viejo Corbin financiaba cada mudanza. Durante

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algunos años, mi primo estuvo contratado por su empresa de contabilidad. Las cosas que escuchó y vio en lo que se refiere a la determinación de los Corbin para mantenerla fuera del Condado de Corbin, fueron escandalosas. —Ese tipo de empresas de contabilidad no deberían existir —murmuró Ivan. La mirada de Jack fue cínica. —Vamos, Iván. Me gustas, hombre, lo haces, pero ambos sabemos que la vieja Madre Rusia no es mucho mejor. Los labios de Iván se curvaron. —Tal vez no. Pero mi indignación por el dolor de esa joven y el peligro al que enfrenta no tiene nada que ver con esas cosas. Quiero saber por qué… ¿Por qué la han mantenido alejada del seno de su familia? ¿Qué hizo para estar sola, obligada a estar aislada por los padres que deberían haber querido sólo tenerla con ellos y verla feliz, quienes únicamente deberían haber deseado amarla? —Esas son preguntas a las que yo desearía tener respuestas también — gruñó Gregor con una oscura expresión, que de alguna manera era más peligrosa por la falta de furia en sus fríos ojos—. Y estas preguntas, amigos, son quizás una pieza más en nuestro rompecabezas en lo que a los Corbin y los Callahan se refiere. —¿Cómo es eso? —Fue Crowe quien se adelantó a Archer. Gregor movió la cabeza, frunciendo el ceño. —La han mantenido alejada de este Condado, y solo puedo pensar en una razón para hacerlo. —Para mantenerla lejos de su primo —murmuró Archer, sintiendo la tensión que empezaba a instalarse en la boca del estómago.

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—No hay otra explicación. —Gregor se encogió de hombros, su mirada oscura era ahora calculadora—. Los cinco no han nacido y sido criados en la sospecha, la paranoia y con la amenaza diaria a sus vidas y las de sus seres queridos. Todavía no han aprendido, no importa que crean que lo han hecho, no lo llevan en la sangre, que en todas las cosas, cuanto más aparentan no estar conectadas, más lo están. Y con esa chica —Hizo un gesto con la cabeza hacia Anna— mucha gente, desde hace muchos años, se ha esforzado mucho para demostrar que no está conectada. Inhalando profundamente, Archer miró a los Callahan con la mandíbula apretada. —Hay más —señaló, mirando de nuevo hacia el patio, viendo la increíble distancia entre Anna y las otras mujeres, a pesar de que estaban sentadas muy juntas. —¿Más? ¿Cómo qué? —preguntó Crowe, el bajo tono de su voz era una dura advertencia. —Hay más cosas —gruñó Archer—. Los asesinatos se han estado produciendo por mucho más tiempo de lo que imaginábamos, y han tenido más que ver con sus vidas de lo que imaginamos. —¿Y cómo sabes eso? —Logan se inclinó hacia delante, con la mirada repentinamente resuelta. —Porque tu tío Ryan y mi ayudante, John Caine vinieron a mi casa ayer por la noche, mucho después de las dos de la mañana, con una historia increíble. La expresión de Gregor era dura, pura piedra, mientras los ojos ámbar de Crowe, repentinamente, parecieron arder con furia. —¿Y? —Rafer intervino con impaciencia—. Esto no es un reality show, maldita sea, y no necesito ser colgado en alguna puta cadena.

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—¿Se ha puesto Ryan en contacto con ustedes? —preguntó Archer. —Lo ha hecho —gruñó Crowe—. Y nos habló del contrato que aceptó este verano para matarnos. No puedo creer que David Stone estuviera tan completamente loco y nunca lo supiéramos. Archer movió la cabeza lentamente. —Están vigilando a tres hombres identificados como sospechosos de pertenecer al equipo del Carnicero. —¿Quiénes? —preguntó Crowe con tono gutural cuando exigió la identidad de los tres hombres. —Tenemos que esperar más pruebas, Crowe —advirtió Archer—. Tenemos las justas en este momento para cometer un error y terminar matando a un hombre inocente. —Vamos, Archer. No soy un puto niño. Ninguno lo somos —espetó Logan—. ¿Quiénes son? Archer desveló los nombres y detalló la mayor parte de la reunión que había tenido la noche anterior con Ryan y John Caine. No mencionó a Wayne Sorenson. No podía, todavía no. No hasta que tuviera la oportunidad de comprobar algunas cosas él mismo, porque en este momento no había prueba suficiente para matarlo. Rafer, Logan y Crowe se enderezaron lentamente. En el mismo momento, Archer vislumbró a Cami y Skye cuando giraron la cabeza repentinamente, sus miradas resueltas, su lenguaje corporal inquieto, mientras buscaban a sus novios. Fue instintivo y simplemente extraño, porque al mismo tiempo, Anna se

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había girado, como si lo buscara a él también. No había manera de que pudiera haberse girado como reacción a lo que hicieron las otras dos, porque, maldita sea, si las tres mujeres no se habían girado exactamente a la vez. Justo cuando se estaban poniendo de pie, se volvieron para mirarse unas a otras confundidas durante un segundo. A continuación se movieron más rápido. Habría sido realmente divertido si Archer no lo hubiera visto por sí mismo. Ese instinto. Ese vínculo y esa conexión, que lo confundieron un montón, y no podía entender cómo Anna había sentido lo que habían sentido las amantes de Logan y Rafer. —Caine cree que el asesino es su padre biológico, pero su madre nunca desvelo su identidad, ¿no? — reflexionó Crowe en voz baja, mientras Cami, Skye, Anna y Jeanne se dirigían de vuelta a la casa—. ¿Cuál sería el motivo para matarla? —A menos que ella supiera algo, que tuviera alguna manera de identificar al Carnicero. Ella había estado fuera del país durante casi treinta años. Si regresaba y volvía a ponerse en contacto con alguien que conocía y oyó hablar del Carnicero, podría haber sido capaz de revelar su identidad, o incluso dar información pertinente sobre los asesinatos de JR y Eileen Callahan —indicó Archer en voz baja con la mirada en Anna, la tensión en el estómago aumentando—. Y tal vez eso es incluso el por qué es tan importante mantener los Callahan fuera del Condado de Corbin y la propiedad Callahan alejada de sus legítimos propietarios. —Tal vez —Ivan reflexionó— lo que yo he averiguado pueda añadir otra pieza al rompecabezas. Ivan esperó hasta que Cami, Skye, Anna y Jeanne se hubieran unido a ellos antes de relatar la visita de John y Robert Corbin al estudio de Archer. Archer observó a Anna mientras el ruso explicaba en voz baja la visita y sus

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sospechas de que, si no los Corbin, entonces el Carnicero y sus cómplices, estaban desesperados por ocultar algo. —Tal vez ellos también están desesperados por encontrar algo —declaró Ivan cuando terminó—. Nosotros, los rusos, entendemos la familia, y entendemos el rastreo y la localización de la familia en formas que los estadounidenses han olvidado. Ustedes hacen un pasatiempo el rastrear a sus antepasados. Para un ruso, no es un pasatiempo; es una parte de quién y qué somos. Es una parte de nuestro honor y tiene también un potencial demasiado alto de ser una parte de nuestra desgracia. Así que tenemos que conocerlo. —Me estoy poniendo muy impaciente, Iván —le advirtió Crowe. Gregor resopló. —¿Recuerdas, Ivan —dijo pensativo— lo que la impaciencia te trajo? —No le hagas darte una colleja, Crowe —sugirió Ivan—. Nunca podríamos terminar esta parte de la historia si lo haces. Crowe deslizó hacia Antoli una petulante mirada burlona, pero no dijo nada más. —Como estaba diciendo —continuó Iván— los rusos saben cómo encontrar antepasados. Sabiendo esto, coloqué a varias familias del clan Resnova particularmente talentosas en la recogida de rumores de familia y en estar al tanto de a dónde pueden ir, en este problema en particular. Algunos trabajaron en Internet y siguieron lo que encontraron allí, contactando a otros en las ciudades apropiadas, y así sucesivamente. Finalmente, he recolectado bastante de la historia de los Barones del Condado de Corbin y también de los Callahan, en cuanto a lo que pudo haber alimentado los asesinatos de los últimos cuarenta años, parecen no tener explicación.

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—Cuando hayas terminado de alardear de tus excelentes talentos rusos, podrías seguir con la historia. —Crowe suspiró. Iván se echó a reír y comenzó. —Hace nueve generaciones, los padres fundadores del Condado Corbin pusieron su dinero en común, presentaron una concesión de tierras y sobornaron a ciertos funcionarios para garantizar que sus tierras estaban aseguradas contra todas las reclamaciones que pudieran surgir. Entonces, Patrick O'Hara Callahan, Douglas McQuire Roberts, Dennis O'Halloran Rafferty y Augustus O'Ryan Corbin hicieron el viaje a la tierra de pastos verdes y de montaña salvajes en Colorado. Habían estado aquí una vez antes, parcelaron la tierra de la que se enamoraron y se apresuraron en ir a Washington para asegurar su reclamación ante que un capitán de barco retirado, algunos dijeron que un pirata, y su hijo pudieran hacer su reclamación. El pirata, conocido como Raider, y su hijo, conocido simplemente como Blood, estaban sólo a días de intentar reclamar la tierra cuando les llegó la noticia de que el exuberante valle en el que habían estado construyendo su cabaña ya no era de ellos. Se enfrentaron a los cuatro hombres, y en un tiroteo con Patrick Callahan y Augustus Corbin, Raider y Blood recibieron un balazo en el corazón cada uno. Sin embargo, hubo rumores, y muchos los creyeron, que los dos hombres, cada uno capitán de su propio barco pirata, Raider durante casi tres décadas y Blood durante más de dos, habían llevado sus cofres de oro, joyas, y un botín de valor incalculable con ellos al valle que llamaron Valle Raider. Allí, se dijo, los piratas habían encontrado una cueva tan bien escondida, tan perfecta para preservar sus tesoros, que no tenían miedo de que fueran robados. Sin embargo, eran bastante paranoicos. Los hombres que habían venido con ellos vinieron con la promesa de una rica tierra para criar ganado, caballos y cultivos, y que los numerosos cofres de tesoro se dividirían una vez que la esposa del hijo de pirata y su hijo pequeño llegaran. Ellos habían trabajado duro para asegurarse que los dos capitanes tenían todo lo que necesitaban. Sin embargo, cuando la esposa y el hijo de Blood llegaron, los piratas estaban muertos y nadie sabía dónde estaba

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escondido el tesoro. »Ahora bien, la esposa, por extraño que parezca, nunca había conocido el verdadero apellido de su marido. Él le dio el nombre de Clavern, prometiéndole que sabría todo una vez él hubiera construido su hogar y enviado a por ella. »Cuando la mujer y su hijo se presentaron en el Rancho Callahan, suplicó clemencia, alegando no tener fondos, ni manera de volver a casa de su hermano en Nueva York. Así que Patrick Callahan, siendo el alma caritativa que era, le permitió quedarse en la cabaña construida para ella hasta que pudiese contactar con su hermano y le transfiriese fondos. »No mucho tiempo después, los indios que cazaban en esas montañas vinieron a los Callahan con cuentos de una loca y un niño con los ojos muertos, a quien llamaban “Diablo”. »Unos meses más tarde, Patrick y sus amigos encontraron a esa loca en el fondo de una cueva, con los puños ensangrentados de golpear las duras paredes de piedra y los ojos rebosando con locura, mientras su hijo se veía insensible y sin alma en su mirada. »Se dijo que la búsqueda del tesoro había conducido a la mujer a la locura, y el hijo susurraba cada noche una maldición a los Callahan y a los Corbin, mientras veía a su madre con las manos ensangrentadas buscando la puerta del tesoro. »Nunca se encontró nada, y los rumores del tesoro se desvanecieron en el pasado, pero el linaje de los piratas no lo hizo. Con cada generación, la historia se vuelve a contar, al hijo mayor se le enseñaba la historia y se le decía desde la cuna que era su destino encontrar esta inconmensurable riqueza. Al menos cada dos generaciones, cualquier hijo que decide asumir la tarea de vengarse cambia su apellido, se muda, a veces finge su muerte, así era bastante difícil encontrar a

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alguno de ellos. —Sus labios se curvaron con diversión y orgullo. Crowe puso los ojos en blanco a la vez que cruzaba los brazos sobre el pecho y se apoyaba en el mostrador. —Ahora, ¿avanzamos rápidamente a hace apenas tres generaciones? Corinne y Cable Ritchie, que vivían en San Bernardino, California, recibieron la noticia de que su hermano mayor había cambiado su nombre y el de su hijo, y que había llegado a Sweetrock para comenzar la búsqueda del tesoro, un tesoro que se decía que estaba oculto en el Valle Raider, un extenso valle de pastos propiedad de JR y Eileen Callahan. Y que tenía un plan para restaurar a la familia todo lo que le había sido robado. —Le echó un vistazo a cada hombre y cada mujer que ahora escuchaban atentamente su historia—. De hecho, las cartas llegaran mañana por mensajero —les auguró, deseoso de ver semejante locura y tratar de darle sentido a esto—. El hermano de Corinne Ritchie dijo, que él y su hijo habían creado vínculos con una de las cuatro familias, conocidas entonces como los Barones, aunque no dijo cuál. Su primera tarea fue envenenar a JR Callahan, matarlo y luego casarse con su esposa, antes de que sus hijos pudieran regresar a casa de la guerra. Es decir, si regresaban. Muchos de los hijos de América estaban muriendo en Vietnam, y estaba seguro que la suerte estaría de su lado. Eileen acababa de dar a luz a un niño, un niño que estaba seguro sería fácil matar sin crear sospechas. Pero entonces surgió la noticia de que el hijo de Eileen murió de alguna fiebre, y en cuestión de semanas, JR estaba fuera del hospital y recuperándose. JR también era consciente de que había sido envenenado. Él lo manipuló, Ritchie le escribiría a su hermano y a su hermana más tarde, arrojando las sospechas sobre las otras tres familias, de que ahora estaban conspirando contra él. »Para entonces, Joseph se estaba haciendo mayor, y estaba cada vez más enfermo, ahí fue cuando su hijo decidió que tomaría esta tarea y la completaría. Se había enamorado de la hija de uno de los terratenientes, y un empleado oyó que padre e hijo discutían con violencia por la decisión del hijo de detener alguna

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misión y vivir una vida idílica de dichoso amor al lado de su novia. »Sin embargo, la joven era testaruda y decidida. Él le escribió a su hermana que no creía que la hija de esta familia se casara con su hijo como el hijo creía. »Esa era la última carta que tenía de él. No tenía noticias del nombre al que se habían cambiado él y su hijo, y no hay manera de averiguar cuando ocurrió esto. Me imagino que comenzaron esta búsqueda de venganza en algún momento alrededor de los años treinta, más o menos durante unos buenos cinco o diez años. La hija de Joseph que el hijo estaba cortejando habría sido una de sus madres. — Ivan se encogió de hombros—. Lo que sí tengo son grabaciones, recortes de prensa, y un historial de la familia Mulrooney que haría que tu cabello se volviese gris. — Le echó una mirada divertida a su tío, quien deliberadamente lo ignoró—. Basta con decir, que están viendo casi doscientos años de muertes deliberadas e intentos de incriminar o asesinar a los Callahan y de encontrar una manera de adquirir el Valle Raider. —¿No fue hace alrededor de cuarenta años, que JR y Eileen Callahan perdieron el control de su camioneta y se cayeron por ese acantilado? —dijo Archer pensativo. —Bastante cerca. —El tono de Crowe fue tan duro, que sus primos lo miraron cautelosamente. —Los Barones dijeron que el suceso en el que alguien estaba tratando de involucrarlos sucedió hace unos cuarenta años —les dijo Archer—. Joseph Ritchie escribió que él y su hijo estaban tratando de incriminar a los otros por este intento de envenenamiento de uno de ellos, ¿no es así? —Y la enfermedad de JR Callahan se demostró que fue un envenenamiento —acordó Iván.

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—¿Saben? —habló Anna—. Cuando era pequeña, antes de que me fuera a la escuela, estaba ese tipo que vino a ver al abuelo. Me estaba quedando el fin de semana mientras mis padres estaban fuera. No recuerdo quién dijo que era; no estaba prestando mucha atención —admitió—. Pero sí recuerdo que dijo, que estaba investigando un viejo rumor pirata escrito en el diario de un capitán de hace siglos, que dos piratas sedientos de sangre se habían instalado en Sweetrock o en sus alrededores. Él había identificado algún valle de la propiedad Callahan como la zona en la que se habían establecido. El abuelo le dio permiso para buscar el valle y se sentaron y discutieron donde podría haber sido escondido ese tesoro. Se suponía que debía volver una semana más tarde, pero nunca regresó. Eso fue probablemente hace catorce o quince años. —Su nombre era Greg Cabot —manifestó Ivan con un asentimiento en su dirección—. Y para que conste, Gregory era realmente un profesor universitario investigando a Raider y a Blood, un equipo pirata de padre e hijo que se decía habían robado la corona real usada por el rey de España durante la guerra entre Inglaterra y España. Los tesoros que saquearon, no sólo de otros buques, sino también de viviendas particulares a lo largo de diferentes costas, ahora serían considerados de un valor incalculable. —Mierda. —Rafer se frotó la parte posterior del cuello, impresionado—. No hay manera de que algo así esté en nuestra propiedad. Estuvimos por todas partes cuando éramos niños y después en la adolescencia. —Hay doscientos años de muerte y sangre que prueban lo contrario —señaló Ivan—. También existe el rumor de que esta línea de la familia tiene una enfermedad. Una enfermedad que requiere sangre para aliviar la locura. Son asesinos en serie, amigos. A menudo trabajan con alguien más, alguien que pueden controlar o que sienten que pueden controlar. Siempre están de alguna manera cerca de sus víctimas, y rara vez son sospechosos de ser los monstruos que son hasta que son capturados. Han cambiado sus nombres tantas veces que dudo

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muchos que ellos siquiera recuerden su apellido original. —¿Y ese apellido es? —requirió Logan. —Mulrooney —declaró Ivan, su marcado acento dando un rico tono al nombre cuando lo dijo con un aire de expectación. Cuando nadie pareció sorprendido, ni pareció haber oído el nombre, su rostro decayó por la decepción —Ah, bueno. —Se encogió de hombros—. Tenía la esperanza de que alguien lo hubiera oído antes. —Una sonrisa le curvó los labios—. Sin embargo, creo, que con mi excelente ayuda, resolveremos este misterio, salvaremos a las doncellas en peligro, y yo una vez más las veré alejarse con sus caballeros de blanca armadura en sus corceles blancos. —¿Siempre el padrino y nunca el novio, Iván? —se rió Jack. —Oh sí, los padecimientos y tribulaciones de un hombre como yo —. Se lamentó Ivan mientras se ponía la mano en la camisa de seda blanca cubriéndose el corazón—. Tantas mujeres, tanta pena que arreglar y tan poco tiempo. —Incluso menos tiempo, papá, si sigues cabreándome. Incluso menos tiempo —le advirtió Amara mientras pasaba junto a él y se dirigía escaleras arriba. Iván la observó con una mirada burlona. —Ella amenaza con atreverse a ser fiscal —murmuró, y aunque su expresión era ferozmente rebelde, su tono de voz estaba lleno de orgullo. Las risas sonaron mientras el grupo poco a poco se disolvía. Jack y Jeanne anunciaron que se tenían que ir, y minutos más tarde, Archer y Anna se despidieron también.

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Mientras Iván y Gregor observaban la camioneta del sheriff desaparecer por el camino, Antoli suspiró profundamente. —Ella ha escuchado el nombre —le murmuró a su sobrino. Ivan asintió. —¿Hay alguna manera de que podamos ayudar a traer de vuelta ese recuerdo? Su tío había resuelto problemas más difíciles en el pasado. Y no sería la primera vez que Gregor, Sophia e Iván habían adoptado a una familia o a un individuo sin permiso de ellos, y habían arreglado lo que atormentaba sus vidas. A veces, el mundo era un lugar cruel y oscuro, lleno de sombras y monstruos si uno no tenía a nadie a quien recurrir para reírse o amar. Gregor entrecerró los ojos y miró hacia las montañas pensativamente antes de meterse las manos en los bolsillos de los pantalones y dar una leve inclinación de cabeza. —Voy a trabajar en esto —prometió Iván—. Dame un poco de tiempo. Yo me ocupo. Y si se podía hacer, no había la menor duda que Gregor lo haría.

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Capítulo 17 La arrogancia de Archer la estaba volviendo loca. Cuatro días más tarde, cuatro miserables días de dormir sola y de aburrimiento como los que Anna nunca había experimentado antes. No podía salir de casa sin los suficientes guardaespaldas para volverla loca. Ivan Resnova realmente había escuchado a Archer cuando este pidió seis hombres para protegerla. Y ellos lo escucharon cuando les dijo que no debería dejar la casa, excepto para ir al patio. Y eso dejaba una sola opción. Si iba a ser todo macho posesivo, lo menos que podía era darle algo para hacer para que el confinamiento no pareciese tan intolerable. Y si él no podía soportar irse a la cama con ella y tocarla, aceptaría la oferta de los Resnova y los Callahan para mudarse al rancho. Porque no podía soportar vivir con él sin tocarlo. Estaba terminando de preparar la cena cuando oyó abrirse y cerrarse la puerta, anunciando que él había llegado a casa por esta noche. Entrando al vestíbulo, Anna se apoyó en el aparador de nogal situado a medio camino de la puerta, apoyó una mano en la cadera y lo observó con frialdad. —He cocinado esta noche. Espero que tengas hambre. —La tengo —señalo con un tono frio. —Entonces ve y dúchate. —Enderezándose, permitió que su mirada se fijara en su rostro—. ¿Está todo bien?

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Él movió la cabeza lentamente. —Todo está bien, Anna. Voy a ducharme. —Pasándola, se dirigió hacia las escaleras para tomar una ducha. Cojeando de nuevo hacia la cocina, Anna fue al gabinete, tomó dos pastillas más para el dolor y siguió preparando la cena. Conteniéndose de girarse y sacar la lengua en la dirección que él había tomado, Anna tomó una lenta y profunda respiración. Se movió al otro lado del mostrador, comprobó el mensaje de texto que le había enviado a Amelia antes y frunció los labios por la falta de respuesta. Sabía que Amelia estaba cabreada, pero no esperaba que su amiga lo llevara al extremo de ignorar sus llamadas y sus mensajes de texto. Sacó los filetes marinados del frigorífico y la lechuga que había troceado antes y le agrego las verduras que había cortado; las patatas estaban en el horno. Una vez que la cena acabase, averiguaría exactamente por qué Archer había sentido la necesidad de dormir en la habitación de invitados y qué demonios le hizo pensar que podía ignorarla tan fácilmente. Skye se había reído de ella cuando la llamó antes, pidiéndole consejo a su amiga sobre la mejor manera de manejar la situación. Ella le había preguntado por qué se estaba molestando en prepararle la cena a Archer. En lugar de eso debería estar cabreada, había dicho Skye. Mandarlo al infierno. No dejarlo que se saliese con la suya. Ella no iba a permitir que se saliese con la suya por más tiempo, de eso estaba muy segura. Él salió al patio y Anna lo miró desde la barbacoa mientras ponía los filetes

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en la parrilla. Mojado, su cabello rubio oscuro se veía más oscuro, su mandíbula más dura y recién afeitada, sin la breve sombra de barba. Nada faltaba en el conjunto inflexible de su barbilla o en las líneas y ángulos toscamente labradas de su rostro. La inherente terquedad masculina, la determinación, la dominación y el arrogante orgullo se mostraban plenamente. El desafío en el conjunto natural de su mandíbula era suficiente para poner los nervios de una mujer al límite. O para asegurarse que una mujer estableciese su propio reto. No había duda de que él también estaba cabreado, pero eso estaba bien. Porque, Anna decidió, podría estar más cabreada. Para reforzar el hecho de que ella no estaba dando el primer paso, le dirigió una larga y dura mirada, fingió que ni siquiera estaba allí y se dedicó a terminar la comida. *** Archer reconoció el reto derramándose de su mirada, así como la sensación de que este tiraba de la dominación y de la posesividad que crecían en su interior. Ella ni siquiera se había dado cuenta de que había llegado a casa temprano. Temprano porque Sophia Resnova lo había llamado y le había informado que Skye tenía la impresión que Anna se mudaría al rancho, si no esta noche, mañana. Y como Anna había llamado más temprano preguntando por Skye, ella le daba a esto bastante credibilidad. Y una mierda que iba a hacer eso. Él la retaba a que siquiera le mencionara

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tal cosa. Por supuesto, eso sería difícil teniendo en cuenta que no había hablado con él desde que salió al patio. Y también estaba bastante cansado de esto. Mirándola con los ojos entrecerrados mientras dejaba la carne, las patatas y la ensalada en la mesa pequeña, esperó. Anna se sentó y continuó sin hablar. Cogió el tenedor y el cuchillo, y fingió que él ni siquiera estaba allí. De hecho, mientras su propia ira crecía, ella se terminó la comida y no le habló ni una vez. —Si estás tan cabreada, ¿por qué te molestaste en prepararme la cena? — preguntó, apretando la mandíbula mientras ella se movía para levantarse de la silla y apilar los platos. Anna se detuvo, sus fosas nasales dilatadas mientras sólo elevaba la mirada. —Me proporcionas un techo sobre la cabeza y me mantienes a salvo. Yo lo agradezco. ¿Lo agradecía? ¿Él le proporcionaba un puto techo sobre la cabeza y ella lo agradecía? —¿Me preparaste la cena porque aprecias la posibilidad de vivir aquí? — preguntó con cautela—. Vete a la mierda, Anna. No quiero ni necesito tu puta gratitud. No es por eso por lo que lo hago, lo hago porque… Porque la idea de que le pasase algo tenía el poder de hacer que se enfureciera. Porque tenía que mantenerla. Porque ella le pertenecía. Y él sabía que no podía decirle eso.

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—Eso es lo que tengo que hacer. Mierda. Seguro que eso no era lo que tenía que decir. —¿Porque eso es la que se supone que tienes que hacer? —La furia ardía en su mirada—. ¿Cómo te atreves a mirarme a los ojos y decir algo tan condenadamente estúpido? ¿Estás intentando realmente decirme que me estás protegiendo porque es tu puto trabajo? Archer casi hizo una mueca. Mierda, no había querido que sonara de esa manera. Eso no era realmente por lo que lo hacía. —Eso no es exactamente lo que dije. —Eso es exactamente lo que dijiste. Dijiste que lo estabas haciendo, porque se suponía que tenías que hacerlo. Porque es tu trabajo. Bueno, yo no soy tu puto trabajo, Archer. —Ella golpeó el plato que sostenía contra la mesa. Archer se puso de pie lentamente, inclinándose hacia adelante, con las manos apoyadas sobre la mesa mientras se acercaba casi nariz con nariz a ella. —No, lo que me estás es volviendo un puto loco. —Entonces, ¿por qué te molestas en tenerme aquí? ¿Por qué no seguir adelante y enviarme fuera, al rancho con Skye y Cami? —Porque en este momento me gusta tenerte aquí —le gruñó, sintiendo su cuerpo calentándose, la necesidad de agarrarla, besarla… Mierda, si no se la follaba pronto la sangre se le iba a ir de golpe directamente a la polla. —Bueno, me alegro tanto de que te guste en este momento, porque me jodan si a mí me gusta lo más mínimo, Archer Tobias —le gruñó—. Y ya que

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evidentemente aprecias la cena, puede hacerte cargo de los malditos platos sucios. Se dio la vuelta para marcharse. —Oh, no lo creo, bombón. Poniéndose en su camino antes de que pudiera salir corriendo de la cocina, Archer le bloqueó el paso. La agarró de las caderas, sujetándola contra él y bajó la mirada cuando sus esbeltas manos le empujaron el pecho. —¡Fuera de mi camino! —exigió con la voz ronca—. Ahora. —Y una mierda. Él no era estúpido. Ella tenía los pezones tan duros como su polla. Sus ojos podrían estar escupiendo una ardiente rabia, pero el hambre y la necesidad eran igual de ardientes. *** A pesar de la ira que la atravesaba, Anna podía sentir la excitación comenzar a fundirse en su vientre. Había algo en la oscuridad y la amenazante dominación en su expresión y el fuego de sus ojos, que casi la hipnotizaba. Sus manos le apretaron las caderas. —Estoy realmente cansado de tratar de mantenerme alejado de ti para evitar que los puntos se te abran o hagas un esfuerzo que te deje una cicatriz en el muslo. Así que si vas a tener un problema para llevar esos bonitos bikinis si tienes una cicatriz, mejor aléjate de mí antes de que te desnude y te folle hasta que estés gritando de placer. Ella entrecerró los ojos.

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—¿No me ha tocado porque tenías miedo que me quedara una cicatriz en la pierna? —le preguntó enfurecida. —Me importa un bledo —gruñó—. Dije, que si afectaba tu opinión sobre ti misma o a tu capacidad para usar un bikini, ahora es el momento de decir algo. —¿Mi opinión de mí misma? ¿Crees que una cicatriz cambiaría mi opinión de mí misma? ¿De verdad crees que soy tan superficial, Archer? Con los brazos en jarras, los dedos separados sobre las caderas, como si se estuviera preparando para disparar, los delicados pies apuntando hacia él como una exclamación de enojo, Archer observó cómo se fruncían sus labios, como su piel enrojecía, y tanto la ira como la ardiente excitación calentaban su mirada. —No, no creo que seas superficial, y tampoco creo que la cicatriz debería preocuparte, a menos que consigas una en la cabeza. Simplemente no quiero correr el riesgo de que suceda. El médico fue muy específico, Anna. Sin esfuerzos o habrá una cicatriz. —¿Qué esfuerzo? —Levantó los brazos con exasperación antes de apoyarlos en las caderas de nuevo—. ¿Sexo? —Sexo —le devolvió él, repentinamente incómodo con esa descripción de estar con ella—. Esa herida está en la parte exterior del muslo. Durante el sexo los músculos del muslo se flexionan y se contraen a menudo, Anna. Se podrían abrir los puntos o estirarse la piel recién unida. —O tal vez es solo que prefieres no tener más sexo conmigo. —La incertidumbre y el desolado dolor que repentinamente llenó sus ojos le atravesaron el pecho. —¿De dónde cojones has sacado eso? —La incredulidad corrió por sus sentidos mientras la miraba con recelo.

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—Sólo un hombre que ya no desea a una mujer podría salir con algo tan estúpido —replicó ella, mientras la humedad brillaba en su mirada—. Porque no es posible usar más los muslos teniendo sexo que sentándose, levantándose o caminando todo el puñetero día —ella gritó—. Vete a la mierda, Archer, porque también sé cómo hacer la maleta y cómo conseguir que me lleven al rancho con Cami y Skye. Y eso era exactamente lo que haría. —Y una puta mierda —gruñó—. No voy a permitirte que deliberadamente malinterpretes esto, Anna, sólo porque he hecho algo con lo que no estás de acuerdo. —Oh, ¿es así cómo lo ves? —espetó, dándole un fuerte empujón con las manos apoyadas contra el pecho—. Y exactamente ¿por qué debería quedarme con un hombre que arbitrariamente cree que está muy bien tomar tales decisiones por mí? Obligándome a prescindir de mí placer, sin una de las pocas cosas que el hijo de puta del Carnicero no ha sido capaz de quitarme. La tomaste sin siquiera discutirlo conmigo. Ni de coña necesito a alguien que cree que simplemente puede hacerse cargo de mi vida y controlarme sin ni siquiera pedir permiso. Archer casi se detuvo, porque tenía razón. Tendría que haber hablado con ella; debería haberle dado la opción en lugar de creer que era su cometido proteger todos los aspectos de su vida. Y él no tenía ni idea de cuando se le había ocurrido eso. Aunque no estaba dispuesto a admitirlo. En cambio, Archer sacudió la cabeza, sonriendo lentamente mientras la apoyaba contra el mostrador de la cocina. —Esa excusa no va a servir —le advirtió.

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—No tengo que tener una excusa —le informó, la sensualidad brillando repentinamente en su expresión, ruborizándole la cara—. ¡Tengo razón y lo sabes! Me has negado mi placer y mi derecho a un orgasmo porque tienes un maldito complejo de He-Man. Un delgado y delicado dedo se clavó en su pecho con cada una de las palabras de esta última declaración. Pero fue la palabra “orgasmo” la que le tensó el estómago y las pelotas al mismo tiempo. Archer la miró, con las manos apretándole las caderas. —¿De verdad crees que vas a escaparte tan fácilmente de mí? —Más o menos —le aseguró, con las cejas arqueadas, la barbilla levantada desafiante—. ¿Qué vas a hacer, Archer? ¿Arrestarme? La idea de esposarla a su cama le resultaba definitivamente atrayente. Su polla se sacudió ante la idea, poniéndose imposiblemente más dura. —Oh cariño, no tienes ni idea de lo que me atrae esposarte a mi cama. —No te atreverías. —Pero la excitación se estaba acumulando lentamente, ardiendo en sus ojos. El ardiente reto que había allí era definitivamente un desafío también. Femenino, plagado de excitación y desafiándolo a que lo controlara. Ella tenía razón; no tenía derecho a tomar decisiones en lo que concernía a su protección sin discutirlas con ella primero. Fue un error que no pensaba cometer de nuevo. Eso no significaba que iba a dejarla salirse con la suya. Diablos, no. Había pasado demasiados años pendientes de ella, maquinando llevarla a

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casa por vacaciones, porque sabía que era lo que ella quería, lo que necesitaba. —Me atrevería a muchas cosas, Anna, para garantizar tu seguridad. —Más bien para asegurarte que conservas tus juguetes —protestó, aunque débilmente, cuando él bajó la cabeza y sus dientes le mordisquearon el sensible lóbulo de la oreja. —Entonces, conviérteme en tu juguete —le dijo—. Vamos, Anna. Muéstrame cómo juegas. —Él le mordisqueó el costado del cuello y le lamió la pequeña contusión—. Incluso puedes demostrarme cómo lo haces en serio. *** Un escalofrío le recorrió la espalda y el calor que provocó, caliente y tentador, le atravesó directamente la matriz, mientras el coño comenzaba a dolerle, atrapado por una hambrienta necesidad. —Me he estado muriendo por verte con esas bonitas y cortas faldas —exhaló bruscamente, las manos deslizándose desde las caderas hasta los muslos, enrollando la suave tela en sus manos, tirando hacia arriba lo suficiente para que sus manos pudieran acunarle las curvas del culo dejadas al cubierto por la seda de su tanga. Resbaladizos y caliente, los jugos se derramaron de su vagina, la sensación de deslizamiento sobre la sensible carne le arranco un bajo gemido. Los labios de Archer cubrieron los suyos, su lengua lamiéndolos. El placer se apoderó de ella, atravesándola, mientras sus labios se bebían los de ella, su lengua la lamió y la acarició, penetrando entre los labios con un lento y sensual deslizamiento. Ella podría cabrearse mañana de nuevo, decidió Anna. Esta noche lo

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deseaba, lo anhelaba. Lo había anhelado durante más de una semana, había necesitado su toque. Esta noche quería llenar la soledad con sus caricias, el dolor y la traición con placer. Separando los labios, la lengua de Anna se asomó entre ellos, mientras él le lamia la curva inferior de los labios. Sus manos primero se apretaron contra su camisa y luego se movieron a los botones que la mantenían cerrada. Torpemente, a tientas, Anna se peleó con los botones demasiado pequeños hasta que, finalmente, se soltó el último, dejando al descubierto los duros contornos de su pecho y la ligera mata de rizos rubios oscuros, que tentaron a sus dedos. Empujándolo hacia atrás, lo miró, y Archer no tenía ni idea de lo que estaba provocando esa opresión en el pecho. Su cuerpo se endureció con tantos sentimientos, que darle sentido a eso era imposible. —Archer —susurró, apretando las manos sobre la tela de la camisa, intentando aquietar el temblor que él había vislumbrado. Había una necesidad en sus ojos, un hambre que él no podía descifrar. Sus labios temblaron antes de que ella los aquietara, pero no pudo borrar la súplica inconsciente de su mirada, de la que no era consciente que le estaba mostrando. —Lo que quieras, Anna —dijo, sus labios rozando los de ella. Observó cómo se le dilataban las pupilas, observando la lujuria, viendo algo más profundo, una oscura emoción que no pudo permitirse reconocer en el oscuro verde mar de sus ojos.

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Apretando los dedos en la curva de su culo, sintiendo los músculos tensarse bajo su agarre, tuvo que luchar contra la necesidad de tomarla tan rápido, con tanta fuerza como fuera posible. Eso no sería suficiente, Archer lo sabía. No sería suficiente para él, porque podía sentir lo que ella estaba ansiando en silencio, sentirlo en la tirantez que tenía en el pecho, a pesar de que no sabía exactamente de qué se trataba. —Dime, Anna —dijo—. Dime lo que quieres, nena. ¿No sabes que te daría todo lo que pidieses? Si lo tengo, es tuyo. Si pudiera dárselo sin preguntar, lo haría. Si pudiera leer el furioso deseo en sus ojos, él haría lo que tuviera que hacer para asegurarse que ella lo tenía. Ella se lamió los labios, la visión de su pequeña lengua rosada le tensó las pelotas. Su respiración se aceleró, sus pechos subían y bajaban bajo la ligera seda de su blusa blanca sin mangas. Su

mirada

se

volvió

afligida,

un

destello

de

incertidumbre

brilló

profundamente en los preciosos orbes verdes. Archer bajó los labios de nuevo a su oreja, acariciando la curva de la delicada concha mientras hablaba. —Lo que quieras, nena. Por si no lo sabes, en esto, me gustaría darte lo que quieras, Anna, de la forma que lo desees. Se arqueó contra él, inclinando la cabeza a un lado para darle un mayor acceso a la zona debajo de la oreja, mientras él continuaba besando la suave curva. —Por favor, Archer. —Ella movió la cabeza, y él pudo ver la incertidumbre, la indecisión peleando en su interior. —¿No confías en mí, Anna? —preguntó, besándole la comisura de la boca— . ¿Crees que hay algún placer que tú quieras que realmente mataría mi deseo?

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A ella le temblaban los labios. No había lágrimas en sus ojos, y la necesidad solo estaba creciendo, ardiendo más caliente dentro de ella. —Archer. —La incertidumbre llenaba su voz. Levantando la mano, le tocó la mejilla con los dedos, arrastrando el pulgar contra sus labios. —¿Si, nena? —Quiero el cuento de hadas. —Ronca, nerviosa, la súplica le llegó lentamente aún mientras la sostenía contra él—. Sólo esta noche, Archer. Sólo por esta vez, déjame saber cómo se siente el cuento de hadas. El cuento de hadas. Los ojos de Archer se cerraron. Enterrando la cara contra la curva de su cuello, una mueca le tensó la expresión, mientras luchaba por ocultarla de ella. Sólo por esta noche, su Anna quería ser amada. Quería saber lo que se sentía al ser amada, tener a alguien “enamorado” de ella. No creía en estar “enamorado”; sin embargo, Archer sabía lo que esa ilusión podría hacerle a un hombre. Cómo podría destruirle la vida, arrancarle las entrañas día a día. Pero a las mujeres… El amor podría arrancarle la vida, al alma de una mujer y dejarla a la deriva,

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su corazón y su alma arrancada de su cuerpo mientras ella existía, nada más. Él no quería eso para Anna. Pero ¿no se merecía ella un sólo sueño en su vida? ¿No se merecía un poco de ilusión para compensar todo lo que le habían quitado? Pero ¿cómo podía darle ese sueño? Él era un hombre que no creía… La sintió tensarse debajo de él. —Sólo por esta noche —susurró, sintiendo que algo se aflojaba lentamente tan profundamente dentro de su alma, que no tenía idea de lo que era—. Sólo por esta noche, déjame amarte, Anna.

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Capítulo 18 Había una avidez en el beso de Archer que Anna no había sentido antes, una necesidad que no sabía que podía existir, salvo en ella. Cuando sus labios cubrieron los de ella suavemente, oh Dios, con tanta suavidad, se movieron sobre los de ella, frotándose contra ellos, acariciando, calentándolos mientras la sensación se mezclaba con la emoción,

estallando

en

intensas

vibraciones

que

la

recorrieron

velozmente. Rodeándole el cuello con los brazos, Anna abrió los labios aún más, mientras aceptaba con entusiasmo la profunda intensidad que llenaba el beso. Esto era lo que ella necesitaba. Esto era lo que había ansiado. Mientras los labios de Archer devoraban los suyos, su lengua empujaba y provocaba la suya, él le introdujo la firme curva de su rodilla entre los muslos. La intensa calidez contra la delicada carne de su coño cubierto de seda le sacó un gemido de los labios. Era tan bueno. Era el beso más increíble que había experimentado. Incluso en sus más profundas fantasías no había sabido de un beso que encendiera su sangre, su corazón y su alma, tanto como su placer, todo a la vez. El lento arquear y elevar de sus caderas frotó la dolorida carne contra su rodilla, siguiendo ciegamente las sensaciones que de repente corrían a través de ella. Enterrándole los dedos en el pelo, Anna le lamió los labios como él le había hecho a los suyos. Cuando ella se hizo cargo del beso, un tenue grito del placer se perdió bajo el áspero gemido masculino que retumbó

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en su pecho. La mezcla de los sonidos de placer corrió por sus sentidos, multiplicando la intensidad de su placer. Apretando los muslos sobre su rodilla, Anna le deslizó los dedos desde la nuca, por el cuello, hasta llegar a su pecho. Bajando la otra mano, el instinto y la necesidad guiaron sus acciones, Anna apartó la camisa, necesitando sentir su piel contra la suya. *** Cuando el suave algodón se deslizó sobre sus poderosos hombros, enganchándose en sus duros bíceps, Archer repentinamente se apartó de ella, sacudiéndose la camisa y dejándola caer olvidada en el suelo. Cayendo sobre ella de nuevo, la visión de la falda corta por encima de la seda de sus bragas mientras ella montaba la firme curva de su rodilla le arrancó un áspero gruñido de la garganta. Dios, ¿qué le había hecho ella? ¿Cómo demonios se había obligado a sí mismo a esperar para tenerla así? ¿A tocarla, a probarla? El placer era tan fuerte que se estaba convirtiendo rápidamente en adicto a él. Joder, ella lo estaba matando. Bajando las manos a sus muslos, Archer empujó la falda más atrás. Apretó la mandíbula ante la visión de su coño cubierto de seda frotándose contra su rodilla, el calor húmedo mojándole las bragas. Conteniendo un desesperado gemido, Archer elevó las manos a los botones de su fina blusa, apresurándose a desabrocharlos, mientras ella levantaba las pestañas.

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Ella pegó las manos contra su estómago, arrastrándolas por el pecho, extendiendo una cálida ola de placer por su cuerpo mientras las sedosas manos lo acariciaban. —Anna —gimió cuando las manos se movieron al cinturón de sus pantalones vaqueros. ¿Cómo demonios iba a mantenerse controlado cuando el anhelo de ella era como una llama lamiéndole el cuerpo? Alzándola, le bajó la blusa rápidamente de los hombros, obligándose a sí mismo a ser paciente mientras caía de sus brazos. Ella le desató el cinturón y lo abrió, a continuación tiró del cierre de sus pantalones vaqueros. —Quiero tocarte. —La ronca necesidad en su voz lo tenía apretando los muslos más aún mientras ella luchaba con la cremallera de los pantalones hasta que también se abrió bajo sus temblorosos dedos. Archer respiró bruscamente cuando le abrió los pantalones, se apoderó de la gruesa longitud de su polla y la liberó de la tela. La ancha cabeza saltó, gruesa y suave, la carne oscurecida por la necesidad de follarla, mientras Archer la recostaba en el sofá. Hundiendo los dedos debajo de la falda aferró los laterales de las bragas y le arrancó la seda de las caderas. Él le compraría otras. Anna se estremeció, el exquisito placer recorriéndola en una oleada de feroz y caliente sensación. —Oh Dios —dijo ella con la respiración entrecortada, el sonido

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irregular y dificultoso, mientras Archer se movía más hacia abajo, separándole los muslos mientras bajaba entre ellos. Sus dedos le rozaron la parte superior del montículo. Maldita sea, le encantaba su coño. Rizos suaves le cubrían el montículo por encima del clítoris. Por debajo estaba la dulce y sedosa carne rosada, saturada y brillante con la suave y caliente miel femenina. Archer se lamió los labios, deslizó un dedo bajando por la estrecha rendija, sintiendo su escurridizo calor húmedo, mientras seguía fluyendo de su caliente y pequeño coño. —Muy bonito —murmuró, haciendo círculos en el duro e inflamado capullo de su clítoris. Se sentía fascinado, totalmente embriagado con la tentación de ese el calor húmedo cubriendo lisa y brillante sus pliegues hinchados. Separándole los muslos aún más, Archer sintió como ella clavaba los talones en el sofá mientras arqueaba de nuevo las caderas, las suaves curvas de su delicado y pequeño coño separándose de nuevo, mostrando la bonita y suave carne rosa de la entrada de su vagina. —Archer, no se… —Un lloroso gemido se escapó de sus labios—… no sé lo que me haces. Los sonidos de su excitación, la necesidad en su voz lo tenían tensando los músculos, la tentación rompiendo su control. —Te estoy amando, Anna —le aseguró, la mano plana contra su vientre para mantenerla quieta—. Te estoy amando, nena.

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Y Dios, cómo deseaba él que el amor, el amor que ella anhelaba tan desesperadamente, existiera realmente. Él se lo daría. Le llenaría su vida con él. Le daría tanto amor que ella nunca recordaría lo que se sentía no tenerlo. Por ahora, lo único que podía hacer era darle la ilusión, pero esa ilusión… crecía en su interior, lo atrapaba, y por un momento, por tan sólo un breve momento, Archer se permitió creer que podría existir. Bajando la cabeza, Archer deslizó la punta de la lengua por la estrecha abertura de sus inflamados pliegues. La sedosa carne se separó, la dulce miel de sus jugos se le adhirió a la lengua mientras lamía y acariciaba la sensible carne. Deslizándole las manos por debajo de las caderas cuando ella se elevó hacia él, Archer le pasó la lengua desde el clítoris hasta la estrecha y cálida abertura de su coño, sintiendo la acogedora y apretada grieta flexionarse contra su lengua, tratando de arrastrarlo dentro de las calientes profundidades. Levantando la mirada hacia ella cuando le hundió los dedos en el cabello, Archer se lamió los labios de nuevo, y sosteniéndole la mirada, le pasó la lengua rápidamente por la hinchada hendidura, mientras su grito de placer resonaba alrededor de ellos. El dulce gusto de su calor femenino explotó contra sus sentidos, el dulce y cálido sabor de ella lo impulsó a ir por más. Anna contuvo la respiración y la dejó escapar de golpe cuando la lengua de Archer se deslizó por los inflamados y sensibles pliegues de su coño. Su clítoris palpitaba por la inminente liberación, enviando una oleada de brutal necesidad a apretarse los pezones mientras su clítoris

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palpitaba con una profunda y exigente pulsación. Mientras él le mantenía la mirada, le pasó la lengua por el coño, lamiendo, acariciando, Anna estaba segura que no podría soportar el placer. —Ah, Anna, te juro que el sabor de tu coño me embriaga. En todo lo que pensaba hoy era en probarte. —Su lengua lamió su raja de nuevo— . Chupar tu bonito clítoris. —Le dio un beso sorbiendo el pequeño brote— . Y acariciarte con la lengua tan profundamente como pueda. Su lengua atravesó la entrada, empujándose dentro, acariciando las terminaciones nerviosas que estallaron con una intensa respuesta. Cuando él retiró la cabeza, sus dedos encontraron la entrada, empujando dentro de ella otra vez. Las ceñidas profundidades requirieron varias embestidas para estirarla antes de que se alojaran totalmente dentro de ella. —Archer, oh Dios, es tan bueno —gimió, sus caderas empujando los dedos más profundamente, montándolos con tensos y desesperados movimientos. Impulsó su coño contra el empalamiento mientras el placer corría por sus sentidos. Sus labios le cubrieron el duro brote de su clítoris, rodeándolo con el calor húmedo de su boca. Anna gimió con las sensaciones cuando él comenzó a succionarlo, lento y con calma. Su boca y su lengua trabajaron el pequeño brote, los dedos enterrados en su interior, follándola con profundos y rítmicos movimientos. —Oh Dios, Archer, sí —gimió, el placer tensándole el coño, el clítoris, construyéndose en su vientre mientras se acunaba los pechos. Los pulgares y los índices atraparon los pequeños brotes, los apretó con firmeza y envió picos agudos de placer abriendo un erógeno sendero a su

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clítoris. Los labios de Archer se tensaron sobre su clítoris, su lengua se movió rápidamente contra él de nuevo. El empuje y el roce de sus dedos en su interior, los intensos gruñidos masculinos de placer vibrando contra el tierno brote la abrumaron. La

sensación

explotó,

atravesándola

en

fuertes

ráfagas,

sacudiéndole el cuerpo mientras se corría alrededor de sus dedos un segundo antes de que su clítoris explotara contra su lengua. Cuando su vagina se contrajo y onduló con ondas de una ardiente sensación, su clítoris explotó, fragmentos de un agudo éxtasis la recorrieron mientras gritaba el nombre de él. Presionada con fuerza contra sus pujantes dedos y sus labios chupándola, su lengua manteniendo la abrasadora tormenta de éxtasis que le atravesaba el clítoris, Anna no podía hacer nada más que arquearse, las manos cerradas en su pelo, las caderas elevándose hacia él mientras sus sentidos seguían siendo arrasados. La transpiración le recubría la piel mientras un grito de culminación se convertía en un gemido de éxtasis continuado. Temblando, con su cuerpo sacudiéndose contra él con cada violento latido de éxtasis, Anna estaba segura que iba a morir en sus brazos antes de que terminara. Pero a medida que colapsaba en el sofá, con la respiración agitada y los dedos de Archer se deslizaban lentamente en el interior de su carne, admitió que podría vivir. Podría hacerlo. Obligándose a abrir los ojos, vio como Archer se sentaba a un lado del sofá tirando de sus botas antes de ponerse de pie y despojarse rápidamente de los vaqueros.

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Anna se obligó a sentarse, deslizándose hasta que se puso frente a él con la mirada clavada en la cresta acampanada de su pesada y palpitante polla. Se lamió los labios al ver la gota preseminal que brillaba en la punta. —Si me rodeas la polla con esa bonita boca, no voy a parar hasta que esté bombeando mi semen por tu garganta —le advirtió mientras veía la intención llenar su mirada. Lo explícito de la advertencia no debería haber hecho que sus jugos se derramasen de nuevo y su clítoris inmediatamente palpitara interesado. Pero lo hizo. Y, ella se dio cuenta, que la curiosidad la inundaba tan rápido como la lujuria. Ella nunca había tenido eso, y se dio cuenta que lo quería. Quería experimentarlo todo con Archer. Cuando esto hubiera terminado y él se alejara, quería haberlo experimentado todo con él. Quería saber lo que significaba pertenecerle. —Pero quiero rodear tu polla con mis labios —dijo en voz baja, observando su expresión cuando se tensó y una brutal lujuria le llenó el rostro. Inclinándose hacia adelante, su cuerpo duro la presionó contra el respaldo del sofá a la vez que su mano se apoyaba contra la parte superior de los cojines. Archer se agarró la base de la polla, la cresta acampanada presionando contra sus labios. —Ah, nena —gimió, mientras ella inclinaba la cabeza hacia atrás,

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el ángulo de la penetración permitiendo que su mirada conectara con la de él. —Joder, me encanta tu boca. —Le hundió los dedos de la mano en el pelo, una intensa mueca le tensaba la cara—. Esa dulce y caliente boca chupando... Eso es, nena, chúpame la polla. Déjame follar esos bonitos labios. Los dedos le apretaron con más fuerza el pelo, sus caderas se movían, empujándole la cabeza de la polla en la boca. Con cada empuje su lengua lamia y acariciaba con intensa exigencia, empujando a Archer más cerca del borde de la liberación. Deslizándole las manos por los muslos, Anna encontró el tenso y cálido saco bajo su polla, mientras un pesado gemido llenaba el aire. Acariciando la tensa carne, sintiendo la cabeza palpitante de su polla contra su lengua, Anna apretó los labios a su alrededor. Una mano acarició el duro eje, la otra le acunó y le acarició las bolas, abrumada por su necesidad de él. *** Observando la cresta acampanada de su polla él la empujó con calma

y

tranquilamente

dentro

de

su

boca.

Archer

gimió

desesperadamente por la provocación de su boca contra la sensible cabeza. Controlando el empuje de sus caderas, sintió que la profundidad de su penetración en su exquisito calor lo estaba matando. La necesidad de follarla con fuerza y profundamente tenía a sus cojones palpitando, la sangre golpeando caliente y con fuerza a lo largo de su dilatada polla. Dios, amaba la sensación de su boca.

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Lora Leigh —Tan

Pecados Secretos dulce.

—Ver

su

polla

estirándole

los

labios,

enrojeciéndoselos, era tan excitante que no podía creerlo. La lujuria nunca lo había agarrado por las bolas de la manera que lo hacía con Anna. No había mantenido su control y no había manera de contenerse con ella. Ella le hacía cosas que él no podía explicar y a las que no podía darle sentido. Mientras su lengua lamia y rozaba la cresta acampanada por debajo, su boca envolviéndolo con inocente calidez, se despejo el sombrío dolor que había llenado su expresión. Sus ojos ya no estaban oscurecidos con la miseria atrapada en su interior o los temores que la frecuentaban. Y ella lo estaba despojando de la esencia misma de quién y qué era él, se dio cuenta Archer. Nunca había conocido un placer como este. Nunca había sabido que el placer podría arder en las profundidades de su cuerpo como lo hacía con ella. Un intenso calor le rodeaba la cabeza de la polla, su boca arrastrándolo hacia él. El placer le acarició directamente las bolas, mientras la necesidad de correrse comenzaba a abrumar todo lo demás. Mirándola fijamente a los ojos, se perdió en las oscuras profundidades de las emociones que giraban en su mirada, la intensidad de esas emociones lo arrastraron, atrayéndolo a… Archer pensaba apartarse de ella. La intención había sido follar su linda boca sólo hasta estar a punto de correrse. No había tenido verdadera intención de darle su liberación de esta manera. Mientras su boca se estiraba, su lengua presionaba y frotaba las

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ultrasensibles terminaciones nerviosas, y sus dedos le frotaban suavemente las bolas. Archer la miró a los ojos y vio emociones que no podía definir. Sin embargo, podía sentirlas resonando dentro de él, hasta que su control se hizo añicos y la liberación brotó de su polla. No hubo ninguna advertencia. Un segundo estaba listo para retirarse y al siguiente el semen brotaba de la cabeza de su polla, llenando su apretada y absorbente boca en rápidos latidos de semen saliendo a chorros de la punta. Los ojos de Anna se abrieron y se oscurecieron. Apretando la boca sobre la pulsante cabeza, sus dedos acariciaron el palpitante eje, mientras bajos gemidos llenos de placer vibraban alrededor de la gruesa cabeza. El placer era casi agónico. Era como si le arrancaran una parte del alma para encontrarse con el fuego y las emociones brillando en la mirada de párpados pesados de ella. Cuando esto se reveló, estrellándose contra él mientras el último y pesado pulso de su liberación salía a chorros en la boca de ella, Archer supo que ya no era el mismo. Del mismo modo que supo que necesitaba más de ella. La liberación que ella le arrancó no era suficiente. Necesitaba más de ella, más de un placer tan adictivo que se preguntaba si alguna vez podría dejarla ir. *** Mirando hacia Archer mientras este se liberaba del agarre de su

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boca, Anna no podía dejar de lamerse los labios con sensual satisfacción. —Oh nena, no hemos terminado todavía. —Él la sorprendió con el áspero gruñido de su voz. Un suspiro se escapó de sus labios cuando Archer tiró de un cojín del sofá y lo arrojó al suelo delante de él. Luego, inclinándose hacia ella, la agarró por las rodillas y se las separó antes de tirar de sus caderas hasta el borde. —Oh, sí. —La susurrada necesidad atravesó sus labios mientras separaba los muslos, elevando las rodillas para engancharlo por sus magros flancos. Rápidamente se deslizó el condón que había sacado del bolsillo trasero de los pantalones vaqueros sobre su erección y se inclinó hacia ella. —¿Pensaste que te dejaría insatisfecha? —preguntó, agarrando el grueso tallo de su polla mientras le pasaba la engrosada cabeza por los hinchados pliegues de su coño cargados de néctar. —Lo habría… —Un gemido le hizo separar los labios cuando la pesada cresta presionó la ahora hipersensible entrada—… lo habría entendido. —Mira. —La orden dada con voz ronca hizo que su mirada lo siguiera. Reclinado hacia atrás como estaba, con los muslos separados ampliamente, Anna pudo ver la dura carne de su polla separándole los labios íntimos. Las curvas hinchadas abrazaron la amplia cresta y sus jugos se adherían a la misma, mientras él comenzaba a presionar hacia

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dentro. El lento y controlado estiramiento de sus delicados músculos internos hizo que el placer aumentara rápidamente, mientras el ardiente placer-dolor comenzó a surcar sus terminaciones nerviosas. —Archer. —La intensidad del placer comenzó a superarla—. Es tan bueno, Archer. Dirigiendo las caderas hacia él, agarrándole los brazos con los dedos, Anna observó cómo, con un duro empuje final, se enterraba hasta la empuñadura dentro de ella. El intenso latido de su polla la tuvo apretando las rodillas sobre sus caderas mientras la imperiosa necesidad de correrse la atravesaba de nuevo a toda velocidad. Levantando la mirada hacia él, Anna sintió como se le hacía un nudo en el pecho, casi sentía las lágrimas que le llenaban los ojos. La expresión que él tenía en la cara… A ella se le cortó la respiración, un lloriqueante gemido lleno el aire que los rodeaba cuando él empezó a moverse. Sus caderas empujando, arrastrando la polla hasta casi liberarse antes de empujarse dentro de ella. Hundió la gruesa carne hasta la empuñadura, tiró hacia atrás y de nuevo se empujó con fuerza e intensamente dentro de ella. El golpe y la caricia del muy venoso eje y la gruesa y contundente cabeza se empotraba dentro de Anna. El placer aumentó en intensidad a medida que las terminaciones nerviosas sobreexcitadas empezaron a arder, a caldearse. Empujando más fuerte, más rápido, bloqueó su mirada con la de ella, su expresión

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tan tierna tan… ¿qué? ¿Qué era eso? ¿Qué emoción se movía entre ellos? La intensidad de la misma, al igual que el eufórico placer, sólo se reforzó, aumentó. —¡Archer, por favor! —La necesidad, las abrumadoras sensaciones estaban latiendo, expandiéndose dentro de ella. Cuando él estaba gimiendo, con el sudor corriéndole en riachuelos por el pecho, a lo largo del lado de la cara, sus ojos de dorados parecían más brillante, más depredadores… —Anna. Cariño. —Su gruñido fue ronco, su cuerpo se tensó, mientras levantaba una mano de sus caderas y le acunaba la mejilla—. Adorable Anna… Los dientes de Archer se apretaron cuando Anna gritó, su coño se tensó alrededor de su polla mientras esta iba y venía, más fuerte, más rápido. Las llamas estallaron dentro de ella. Eléctrico, pulsante, el éxtasis explotó como fuegos artificiales dentro de las apretadas y placenteramente torturantes profundidades de su vagina. —¡Mierda! ¡Nena! —Su mano apretada en su mejilla, con una furiosa batalla en su expresión cuando ella sintió como él se liberaba de repente desgarrando a través de su rígido cuerpo.

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—¡Ah mierda! —Su rostro se tensó, su mirada se volvió salvaje—. Anna. Ah Dios. ¡Mía! —Sus caderas golpearon hacia adelante mientras ella sentía su polla tensarse, latir. Los músculos de su coño ondulaban y se tensaban alrededor de él. —¡Mía! ¡Maldita seas, eres mía! Sus labios cubrieron los de ella. Posesivos, exigentes. A ella el beso le marcó el alma y suavizó las palabras que él dejó escapar de sus labios. Atrapada en el cataclismo que los rodeaba, Anna juró que sintió una parte de sí misma fusionarse con él. Sintió una parte de él fundiéndose con ella. Y por un precioso y atemporal momento, Anna supo lo que significaba pertenecer a alguien…

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Capítulo 19 La alarma que comenzó a resonar por la casa saco a Archer instantáneamente de la cama y lo hizo llegar a sus pantalones. Se los puso bruscamente, agarró su arma de al lado de la cama y se giró hacia Anna mientras ella se vestía rápidamente. —Archer, ¿qué coño pasa? —Rory gritó desde fuera del dormitorio. Archer tiró de la puerta del dormitorio, abriéndola. —Quédate con ella y consigue dos hombres aquí. Envía a los otros a la puerta de al lado, a la casa de los Brock. Archer ya estaba corriendo por la casa cuando gritó la orden. Archer había enganchado la alarma de los Brock a la suya después de un intento de robo el año pasado. Los padres trabajaban en el turno de medianoche en la Clínica de Atención de Emergencia, dejando a su hija adolescente, Callie Brock, sola en la casa. Sacando el teléfono de los vaqueros mientras corría bajando las escaleras, rápidamente golpeó en el número de marcación rápida de su ayudante. —Caine —respondió el ayudante. —Lleva tu culo donde los Brock. —Desconectando, Archer salió por la puerta trasera de la casa y corrió la corta distancia a la puerta lateral de la casa de los Brock. Podía oír Callie incluso mientras metía la llave en la cerradura y la giraba para abrir la puerta.

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Colándose en la casa, era consciente de que dos agentes de Brute Force venían detrás, uno de ellos la única mujer en su nómina. Callie estaba gritando arriba. El sonido de sus gritos le arrancó un gruñido de furia de la garganta. Había pasado suficiente tiempo en el ejército en ultramar para sospechar lo que había pasado por el sonido de los roncos y aterrorizados gritos. —Cúbreme —ordenó Archer, aunque estaba seguro de que no había nadie en la casa para ese momento—. Callie. Callie, soy Archer — gritó mientras subía por las escaleras. Siguiendo

sus

gritos,

atravesó

la

puerta

del

dormitorio,

encontrando enseguida a la adolescente donde estaba acurrucada, una sábana rodeando su cuerpo desnudo, el teléfono que había usado para activar la alarma apretado entre sus dedos. El pelo rubio, largo hasta los hombros estaba enredado y caía húmedo mientras ella dejaba de gritar sólo para derrumbarse y comenzar a llorar. Callie apoyó la cabeza contra las rodillas elevadas, los sollozos le desgarraban el pecho cuando Marta se movió rápidamente rodeándolo y arrodillándose frente a ella. —Callie, cariño. —La tranquila voz de la agente y el tono compasivo hicieron que la joven elevara la cabeza de mientras su respiración se atascaba violetamente y sus sollozos se hacían más fuerte. —Callie, ¿estás herida? —Marta preguntó en voz baja mientras Archer y el otro agente se movían rápidamente a la puerta abierta—. Necesito que me digas si estás herida.

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Archer entrevió a Callie sacudiendo la cabeza rápidamente, aunque los sollozos se hicieron más fuertes por un momento antes de que pareciera controlarlos una vez más. —Fui capaz… capaz de pulsar la alarma. —El vacilante y enronquecido llanto en su voz le apuñalo furiosamente los sentidos—. Llevaba ropa oscura —sollozó entrecortadamente—. Y una máscara. — Ella se mecía a sí misma mientras Marta se movía con cautela para frotarle el brazo—. Dijo, dijo que yo era un medio para un fin —gritó—. —Que era solo un cebo, como un gusano en un anzuelo —sollozó—. Dijo: no lo olvides, tú eres solo un gusano en un anzuelo. Sólo una herramienta. La cabeza de Archer se elevó y se giró, la sospecha estalló de repente en su mente. Sacándose de un tirón el teléfono del pantalón pulso el nombre de Rory de la lista de contactos y escuchó al teléfono llamar… y llamar. El corazón se le paró en el pecho, en ese momento Caine llegó corriendo a la parte superior de las escaleras y Archer se volvió hacia él lentamente. Sólo una herramienta, un medio para un fin. —Caine, ven conmigo. —Archer no lo dudó. Dejando a Callie con Marta y el otro agente, bajó las escaleras y salió de la casa en cuestión de segundos. Él había cerrado la puerta lateral de la casa y esta se habría bloqueado automáticamente. Pero no estaba cerrada. Estaba abierta.

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—Anna. —Archer gritó su nombre, sabiendo, él sabía… —Anna. —Rory no contesta al tel��fono —gritó el ayudante. Archer casi tropezó con el cuerpo caído de Rory en el vestíbulo. Se puso de rodillas, mirando a la parte posterior de la cabeza del hombre más joven y la cantidad de sangre que manchaba su cabello negro, la camisa blanca y la madera color miel del suelo. —Estoy llamando a urgencias. —La voz de Caine era distante, apenas audible. A

Archer

le

zumbaban

los

oídos,

los

sentidos.

Mientras

comprobaba el pulso de Rory, no le quedaba suficiente emoción en su interior para sentir alivio por que Rory estuviera vivo. Se puso de pie, sabiendo… Ah Dios, lo sabía. Subió las escaleras, giró y entró en el dormitorio. Oscar estaba tumbado en el suelo, aturdido, obviamente herido. Arrodillándose, Archer lo revisó. No había huesos rotos, pero la sangre se deslizaba de un corte en la cabeza, y más sangre le manchaba la cara. Abriendo la boca del gato, Archer vio unas hebras, sangre y posiblemente carne entre los dientes del gato. —¿Archer? —Nash y Caine entraron en la habitación lentamente. Entregándole el gato al sorprendido CSI dijo: —Hay carne y tejido entre sus dientes. Tenemos el ADN del Carnicero gracias a Oscar.

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Podía oír la sorda desolación en su voz. —Encontramos huellas de neumáticos en el bosque detrás de la casa. Uno de los hombres de Ivan está sacando un molde y fotografiándolas. —Ellos la tienen. —Archer miró por la habitación. Su bata estaba tirada en el suelo; la que se había estado poniendo cuando él salió corriendo para ver a Callie. La ropa que había llevado ese día estaban todavía en la silla, pero él la había visto ponerse los vaqueros cuando salía de la habitación. —La dejé sola —dijo, con el pecho apretándose hasta el punto que se preguntó si todo su cuerpo iba a explotar. —Rory estaba aquí, Archer —argumentó su ayudante—. Y él es un muy buen agente. El que se deshizo de él lo cogió desprevenido. —O se trataba de alguien en el que sospechaba que podía confiar —intervino Nash. —La dejé sola —repitió—. Debería haberla llevado conmigo. —Los dos agentes en el exterior vieron la camioneta dejando el bosque y rápidamente trataron de conseguir el número de la matrícula. No había matricula, pero habían visto la camioneta antes. —El agente que había dejado con Marta apareció de repente en la puerta. —Era la misma camioneta que el tirador estaba conduciendo —dijo Archer. Se sentía… joder, se sentía roto por dentro. —Sí, lo era —el agente estuvo de acuerdo.

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—Los neumáticos de la camioneta son únicos, Archer —dijo Nash— . He estado investigándolos. Ni siquiera los venden en Colorado. Son carísimos y hechos por encargo… Archer se volvió hacia él y vio que el gato no estaba. —¿Por qué no estás sacando la carne de los dientes de Oscar? Eso es carne humana. Es una identificación. —Y Gregor Resnova se lo acaba de llevar de aquí con el mensaje de que había llamado directamente a alguien de Nueva York. Llevo al gato a los laboratorios. Archer se volvió a Caine. —Ve a los laboratorios. —Llevaba media docena de agentes de Ivan con él —informó el ayudante—. Están cubiertos, Archer. Archer se volvió hacia el otro agente. —¿Callie? —Sus padres están en camino. Ella no fue violada, fue utilizada. —Ella era cebo —dijo en voz baja. Como un gusano en un anzuelo. No lo olvides, no eres más que un gusano en un anzuelo. Era un mensaje. El secuestrador era un cómplice de Sorenson. No fue Sorenson, pero el abogado del Condado estaría esperando donde quiera que se la hubiera llevado.

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—¿Archer? —preguntó John, observándolo atentamente. Se volvió hacia el otro agente. —Ve a la casa de Wayne Sorenson, mira si está allí. Si lo está, lo quiero aquí, y no me importa cómo lo consigues. Si no está, mira si puedes encontrar cualquier pista de una cabaña o una casa cerca de un lago, o una zona de pesca. Una casa de vacaciones, algo. Estaría cerca del Condado de Corbin, si no en el mismo Condado. El agente se dio la vuelta y salió corriendo de la habitación. Dios, él la dejó sola. —Ryan está en camino —le aseguró John. Archer asintió. Abriendo el teléfono de un tirón, marco otro contacto. —Jordan Malone —respondió una voz profunda. —Rory ha sido mal herido —le dijo al ex Navy SEAL—. Se llevaron a mi mujer, Jordan —le informó con la voz tensa—. El Carnicero la tiene, y no tengo ni idea de a donde la llevo o cuánto tiempo tengo. Hubo un momento de silencio en la línea. —Rory llamó la semana pasada por el caso —le dijo Jordan entonces—. Noah Blake y Micah Sloane se encuentran actualmente en el Condado de Corbin, y han estado allí durante varios días. Tan pronto como ellos sepan algo, van a ponerse en contacto contigo. Estaré allí en cuestión de horas. La línea se desconectó. Archer inhaló lentamente, consciente de que John Caine lo

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observaba y entrecerró los ojos. —Hay dos sombras en la ciudad. Mantente fuera de su camino y avisa a los demás —advirtió al ayudante. —¿Y cómo los distinguimos de las otras jodidas sombras en este puto lugar? —maldijo John—. Hay tantos jugadores aquí que estoy a punto de tener un tirón cervical. —Puedes tener tu tirón cervical en tu tiempo libre —le informó Archer—. El atacante de Callie nos dejó un mensaje. Ella era el gusano en el anzuelo. Piensa John. Ella es el cebo. Un medio para un fin. Un gusano en un anzuelo. —La tienen retenida de alguna manera, o la tienen en una posición de la que no puede escapar —respondió John al instante—. Un cebo, eso es muy literal. Están reteniéndola cerca de un lugar donde se puede pescar. —Jaymi Kramer fue asesinada cerca del lago, a las afueras de la ciudad —recordó Archer—. Thomas Jones estaba pidiendo ayuda cuando Crowe lo encontró esa noche. Crowe dijo una vez que tuvo la impresión de que Thomas pensaba que su cómplice estaba cerca, en la zona, y esperaba que le ayudara. Tal vez él sabía que su cómplice estaba cerca. Tal vez él estaba llevando a Jaymi a su cómplice cuando decidió pararse y violarla primero. Él y su padre habían recorrido cada cabaña de alquiler de la zona ese verano… Abrió su teléfono de nuevo y marcó otro número. —Dime lo que necesitas —respondió Ivan.

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—Cabañas privadas por la zona de Broken Bow Lake —le dijo Archer—. Estoy buscando cualquier manera en la que podrían estar relacionados a dichos cabañas los Mulrooneys, Wayne Sorenson o los sospechosos que Ryan nombró. Voy para allá ahora. —Lo tengo. Dame cinco minutos. —Él rezó para que Anna tuviera cinco minutos. Salió corriendo de la casa ignorando a John que intentaba llamarlo y al agente de seguridad que le gritó algo sobre los Callahan. No tenía tiempo para preocuparse por los Callahan. Anna… La había dejado a ella y a Rory solos. Debería habérsela llevado con él. Nunca debería haberla dejado sola, no después de que le había hecho el amor, no después de la marca que le había visto en la espalda y la comprensión de por qué exactamente el Carnicero la quería fuera del Condado de Corbin. Le había dado al hijo de puta la oportunidad perfecta para llevársela cuando corrió a la casa de Brock. Y él debería haberlo sabido. Debería haber sabido que jugaban con él en el momento en que la alarma había atravesado la casa. Dando marcha atrás la camioneta en la calzada, aceleró y salió a toda velocidad por las carreteras secundarias fuera de la ciudad hacia Broken Bow Lake. Sorenson tenía que tener una cabaña privada allí. Esa fue la razón por la que Thomas Jones había llevado a Jaymi al lago para matarla. Fue la razón por la que él y su padre no había sido capaces de encontrar

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ninguna evidencia en las cabañas de alquiler de la zona. No había habido ninguna evidencia en ellas, porque esas chicas habían sido violadas y asesinadas en una de las viviendas particulares. Y esta noche sabría exactamente en cuál. *** —Ella es hermosa, ¿verdad? —Insidioso y lleno de maliciosa diversión, el vil cumplido tenía al terror amenazando la compostura de Anna—. ¿La inyectaste? —Justo como ordenaste —mintió Amory entre dientes. Algo así. La inyección había calmado la mayor parte del terror, impidiéndole ceder ante el horror y el agonizante miedo. Sin embargo, ella podía pensar. Podía pensar y podía moverse, y no la habían atado. Ella no estaba restringida de ninguna manera, excepto por la advertencia que Amory le había dado antes. Estate quieta y tranquila, y vivirás. Si trata de violarte, entonces puedes luchar. Él no se esperara que luches. Ve primero por los ojos, hazle daño, a continuación, corre. La puerta de entrada estará abierta. Pero sólo si él intenta violarte, Anna. Haz lo que te digo y vivirás. Ella definitivamente tenía la intención de vivir. Y tenía la intención de matar a Wayne Sorenson ella misma. Oh, ella podría estar con los ojos vendados, pero conocía su voz, igual que había reconocido la de Amory. Todo lo que tenía que hacer era mantener la calma, se dijo. Calma y control.

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Lo que se temía, sin embargo, era que la calma y el control no le sirvieran de mucho en esta situación. Contenerse podría ser el menor de sus preocupaciones, y Dios sabía que los gritos, las lágrimas y las súplicas no iban a ayudarla en lo más mínimo. El Carnicero no tenía piedad, y oyendo la voz y uniendo todas las cosas que sabía sobre el padre de su mejor amiga, Anna sabía que sería particularmente implacable con ella. De lo contrario, él nunca habría permitido que Amory la atrapara. No podía ser que Amelia supiera de esto, ¿no? ¿O era por esto por lo que había estado tan furiosa cuando Anna se había negado a abandonar el Condado de Corbin? —¿Crees que ella sabe quién es? —le preguntó Wayne a Amory—. Esa marca en la espalda es como una bandera roja. Está acostándose con Archer, y no hay duda de que él reconocería esa marca. ¿Su marca de nacimiento? ¿Qué tenía eso que ver con esto? Era sólo una marca de nacimiento. —Lo dudo —respondió Amory—. Si Archer sabe lo que es, entonces, evidentemente, se lo está guardando para sí mismo. ¿Qué significaba eso? Yaciendo quieta y tranquila, con el letargo todavía apoderándose de ella y frenando el miedo, Anna se preguntó qué diablos podría ser tan importante sobre la marca de nacimiento. —Se parece tanto a su madre —suspiró Wayne—. Es realmente una lástima que no se haya mantenido alejada, ¿no es así? Eso podría haberla salvado de este destino.

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Este destino. Violación, tortura, asesinato. De alguna manera, el Carnicero la había elegido a ella y no podía entender por qué. No había follado con un Callahan. Demonios, ella no quería follar con un Callahan. El hecho de que no tuviera ningún interés en su primo, o en sus primos, le aseguraba que lo que Amory y Wayne estaban haciendo no era justo. Cada víctima del Carnicero le había hecho a uno de los demasiado guapos primos Callahan al menos una mamada. Ella nunca había considerado eso, no a los Callahan ni a cualquier otro hombre hasta Archer. Por alguna razón, ningún primo Callahan había sido su preferido para encenderla sexualmente. No, esa distinción recayó en uno de sus mejores amigos. El hombre al que amaba. ¿Dónde estaba Archer? ¿Estaba Callie bien? —¿Sigue

durmiendo?

—preguntó

Wayne,

su

voz

llena

de

expectación. —Completamente —Amory le aseguró al otro hombre—. Pero sigo estando inseguro de por qué la hemos capturado y por qué lo hicimos de esta manera. Si la violas y la matas, Wayne, sólo atraerás a la policía estatal y al FBI al Condado. La diversión y los juegos se acabaran entonces definitivamente. —Hubiera sido mucho mejor si su abuelo hubiera atendido mis advertencias. No puedo arriesgarme a que Crowe conozca su verdadera identidad.

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¿Qué mierda? ¿Su verdadera identidad? Ella era Anna Corbin. Sabía quién era, y su familia sabía quién era ella. ¿Quién diablos creía Wayne Sorenson que era? —Pero, ¿podemos correr el riesgo de tener a la policía estatal y al FBI aquí? —volvió a preguntar Amory. —Un pequeño cuerpo tan bonito y perfecto. —El arrepentimiento le llenaba la voz—. Tienes razón, por supuesto. Ya he pensado en todo esto. No podemos correr el riesgo de matarla, y no podemos correr el riesgo de permitir que se quede aquí. Si somos muy, muy afortunados, cuando se despierte estará lo suficiente asustada como para dejar el Condado de Corbin. —Entonces, ¿el secuestro fue sólo una estratagema? —preguntó Amory—. ¿Y si ella no se va como anticipas que hará? —Entonces, la próxima vez que la capturemos, la disfrutaremos en la medida de nuestras capacidades —murmuró Wayne—. Ella no tiene idea de quienes somos, ni el sheriff, evidentemente, o Crowe Callahan creo que ya se habría vuelto loco. Saber que la hermanita que creía muerta está en realidad viva, y que la familia que le repudió, la crió, sabiendo muy bien quién es ella, lo volvería loco. Él matará a toda la maldita familia, excepto a Anna, si alguna vez se entera. —¿No conseguiría eso tus objetivos? —preguntó entonces Amory. Wayne se quedó en silencio durante un largo momento. —Se podría pensar que si, ¿no? —dijo en voz baja—. Pero cada vez que lo pienso, todo lo que puedo ver es la cara de Kim. Todo lo que puedo

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ver son sus lágrimas, y todo lo que escucho son sus súplicas. No, Amory, con eso no conseguiría mis objetivos. Sarah Ann Corbin no puede morir antes de cumplir los veinticinco. ¿Ella era una Callahan? Era la hermana de Crowe, Sarah Ann. ¿Y su familia lo sabía? Gracias a Dios por lo que Amory le había dado. De lo contrario estaría gritando de rabia ahora mismo. Eso era la razón por la que su familia nunca le había permitido estar en casa durante más de una semana seguida. Tenía ocho años la primera vez que había preguntado por Crowe. Había interrogado a su abuelo y a Wayne Sorenson sobre su primo Crowe y por qué él no podía ser parte de la familia. Seis meses más tarde había sido enviada a su primera escuela privada. Debido a que era la hermana de Crowe, y Wayne Sorenson no podía arriesgarse a que nadie más que los Corbin supieran eso. Anna conocía algunos de los detalles del testamento de Kimberly Corbin y de la finca que dejó a su hijo. Crowe no era el único hijo mencionado en esos papeles. La hija de David y Kimberly Callahan también era mencionada. Sarah Ann Callahan recibiría la totalidad de la finca si Crowe nunca abandonaba el Condado. Si el moría, toda la propiedad se subastaría, al igual que lo haría si Sarah Ann moría en cualquier momento después de cumplir veinticinco años. Ella cumpliría pronto los veinticinco.

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—Retenla otras veinticuatro horas. —La orden fue dada de manera concisa, la voz por encima ella sin suavidad ni llena de diversión, y ahora era tan familiar—. He dejado clara mi postura con su desaparición. Una vez que las drogas desaparezcan, quítale las restricciones y que se vaya. Cuando se despierte, encontrará una manera de salir de aquí y volver al seno de su familia. —El sarcasmo llenaba la cruel voz. —Eso es mucho tiempo para mantenerla drogada. —No había emoción en la voz de Amory. Ni aprobación, ni desaprobación. Simplemente estaba transmitiendo la información, como sí que ella viviese o muriese realmente no le importara. —Entonces, redúcelas lentamente. Sólo asegúrate de haberte ido antes de que se despierte. —Ella puede recordar quién soy. —Una vez más, el tono era completamente falto de afecto—. Si ella reconoció mi voz cuando la atrape, entonces, todo se habrá terminado. Por supuesto que ella recordaría quién era. La pregunta era, ¿por qué se había asegurado de que ella supiera quién era él, de que recordase cada segundo de esta pequeña reunión? Ella lo crucificaría. Él podría haberla salvado, pero no había hecho nada para salvar a las otras chicas que habían sido asesinadas este año. —Dudo que se acuerde, pero si lo hace, tú y yo estábamos en mi casa preparando el presupuesto para el Centro Comunitario. Eso es todo lo que tienes que decir. —Entonces,

¿no

me

estás

sacrificando?

—Amory

parecía

sorprendido—. Me temía que lo hicieras para salvarte. Y yo no podría haberte culpado.

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Oh, él era bueno, pensó Anna sorprendida. Muy bueno. Incluso sonaba convincente. —Por supuesto que no voy a sacrificarte, amigo. ¿Quién me ayudaría con mi pequeño pasatiempo si lo hiciese? —La voz familiar era gentil y tan convincente—. Todo el mundo en el Centro Comunitario sabe que se supone que nos reuniríamos para revisar ese presupuesto. No te sacrificaría, Amory. Nos cubrimos la espalda el uno al otro y vivimos para disfrutar de nuestra próxima cita de este jueguecito. —Hmm. —El evasivo murmullo hizo que un escalofrío le recorriera la espalda. —Te preocupas demasiado —le dijo a Amory con una veta de diversión—. Y eres demasiado suspicaz. —Bueno, te las arreglaste para matar a tus dos anteriores socios —señaló Amory—. Eso me haría un hombre suspicaz. —No fue así. No fue así —objetó la voz—. Los Callahan asesinaron a ambos. Fueron estúpidos y se negaron a tomar en cuenta mis instrucciones. Todo el mundo quiere dirigir, y ninguno quiere ser un seguidor. Sigue mi consejo en lo que concierne a los Callahan y no tendrás que preocuparte por ellos. Tampoco tendrás que preocuparte de ser atrapado. Una presumida satisfacción llenaba la voz de Wayne. —Creo que he demostrado grandes aptitudes en seguir tus instrucciones —le aseguró Amory. —Sí, amigo, lo has hecho. —El tono de su cómplice era de triunfo y satisfacción—. Y por eso, espero una excelente asociación. Sólo

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recuerda, lo que ella pueda recordar de cuando la capturaste, podemos justificarlo fácilmente. Si se acuerda de algo de esto. Oh, ella iba a recordarlo. Les prometía a ambos que lo haría. —¿Has encontrado ya a Ellen Mason? —preguntó la voz familiar, su tono cambiando a uno impaciente. —Ese no puede ser su nombre real —respondió Amory—. El apartamento estaba limpio. Quiero decir muy limpio. No hay huellas dactilares, ni ADN de cualquier tipo. Fue completamente esterilizado. —Interesante —murmuró el socio—. ¿Has sido capaz de encontrar algo sobre ella cuando preguntaste a sus compañeros de trabajo? ¿Un número de la seguridad social? ¿Un número de licencia de conducir? ¿Cualquier persona que supiera algo de ella? —Ella estaba cobrando bajo cuerda y no hizo amigos. Ellen Mason. Ella era la tercera amante con la que Logan se puso en contacto después de que Marietta Tyme hubiera sido encontrada varios meses atrás. Logan había tenido tres amantes que había intentado mantener ocultas. Ninguna de ellas había vivido en el Condado de Corbin, y no había visto a ninguna más de una vez. Aun así, dos habían muerto. —Hay que encontrarla. —¿Por qué? No hemos intentado atraparla, así que no hay posibilidad de que nos identifique. ¿Por qué es ella tan importante? —Porque obviamente no es quien dice ser, y está escondiéndose. Eso la hace peligrosa. Confía en mí. Si Logan lograra dejar preñada a otra perra, además de esa puta O'Brien, esa sería Ellen Mason. Sé exactamente cómo funcionan esas putas. Quiero que la línea Callahan

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desaparezca. ¿Me entiendes? —¿Qué pasa con el asesino que contrataste? —Un ligero atisbo de diversión llenó la voz de Amory esta vez—. ¿Has conseguido ponerte en contacto con él? —No me has contestado. —Peligrosamente siniestra, la voz de Wayne bajó en advertencia—. ¿Me has entendido? —Te he entendido completamente. —No había emoción, ni miedo, no había nada en la voz de Amory que indicara lo que realmente sentía— . Siempre entiendo las órdenes implícitas que me das. Él no entendía una mierda y no le importaba. Por alguna razón era parte de este equipo, y todo lo que le importaba era salir de esto, fuera lo que fuese. —Entonces, llámame cuando te vayas —le ordenó su cómplice. No mucho más que unos segundos después de que la puerta se cerrara ella oyó el sonido de unos pasos que se aproximaban. Amory. ¿Por qué venia hacia ella? En lo que a ella se refería, él estaba muy bien al otro lado de la habitación. —Es un hombre interesante, ¿no? —comentó Amory. Anna se obligó a abrir los ojos y sintió una lágrima que se deslizaba libremente. Y ella pensando que había hecho un buen trabajo conteniendo sus emociones. —¿Por qué me estás ayudando? —Necesitaba saberlo. ¿Qué le

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hacía a un monstruo, de repente, pretender tener un ápice de misericordia? Él suspiró profundamente. —La razón principal es el hecho de que me recuerdas mucho a mi propia hija. Ella te gustaría, Anna. Es franca y llena de espíritu, lo mismo que tú. Y, al igual que tú, ella tiene corazón y alma. No todos tenemos ese tipo de cosas, ¿sabes? »Y —continuó— a veces, adicciones como la mía son simplemente una parte de quién y qué eres. —Se encogió de hombros, mirándola una vez más con un aspecto sombrío—. Pero incluso estas adicciones se pueden controlar. Controlar, hasta cierto punto. —Su mirada seguía siendo fría, pero la expresión de su rostro parecía un poco menos despiadada ahora—. Pero sólo si te ciñes a tus propias reglas. El Sr. Sorenson ha roto demasiadas. »Tanto derramamiento de sangre debe tener límites. No me importa mucho lo que él le haría a una joven a la que conoce tan bien como te conoce a ti. Una tan inocente e integra. —Él se detuvo. Anna oyó el sonido que hizo que él se parara, que hizo que su expresión se tensara de nuevo, volviéndose en una helada y de intenciones asesinas. Un ligero y distintivo clic, como el de una cerradura abriéndose. —Llegan pronto —murmuró, alejándose de ella, su expresión repentinamente imperiosa cuando se inclinó y tiró para abrir una trampilla en el suelo antes de volverse hacia ella—. Diles que te ayudé, Anna. Si no hubiera sido por mí, estarías muerta. Sólo serías otro cabo suelto si yo no hubiera encontrado la cláusula que declaraba que tenías que tener veinticinco años para que tu muerte lo beneficiara. Recuerda

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eso. Recuerda, te he devuelto la amabilidad de tu padre y mucho mรกs.

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Capítulo 20 Todo sucedió muy rápidamente. Amory se lanzó al hueco de la trampilla hecha en el suelo. Débil, luchando, Anna se arrojó al suelo. Un cristal se hizo añicos, mientras un penetrante y acre olor comenzó a arrastrarse por la habitación en gruesas columnas de humo que abrasaban los pulmones. Voces exaltadas gritaban órdenes, y cegadoras luces iluminaron el interior lleno de humo de la cabaña, a la vez que sombras oscuras entraban a toda prisa por la puerta. El humo le atacó los pulmones, comprimiéndolos, y se le hizo más difícil respirar. Tan cerca del suelo como podía estar, Anna luchaba por respirar y controlar el instinto de toser por el molesto humo que llenaba la habitación. —Archer —gritó—. Archer, ¿dónde estás? Sabía que él estaba allí. Sabía que vendría a por ella. El sonido de las sirenas comenzó a llenar la noche, junto con las duras voces masculinas que se elevaban desde la oscuridad. Anna podía oír las órdenes gritadas fuera de la cabaña. Fragmentos de astillas llovieron por la habitación cuando la pared del fondo y la puerta parecieron explotar en pequeños fragmentos. El caos estalló a su alrededor. El pinchazo de una astilla en el brazo y en la cadera la hizo gritar,

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sacudiendo la cabeza hacia un lado. ¡Jesús!, se estaba cansando de perder sangre. Le gustaría mantenerla dentro de su cuerpo, si eso fuera posible. Los puntos de sutura del muslo se habían abierto cuando Amory la arrastró desde la casa de Archer esa noche. Allí se iba la esperanza de Archer de que no quedase una cicatriz. —Maldita sea, Archer, detenlo —exclamó al oír otro de los botes de humo explotar en la casa—. No puedo ver. —Su voz era tan débil e ineficaz mientras luchaba contra el humo que le dificultaba respirar. La sensación de impotencia que la atravesó mientras intentaba arrastrarse hacia la puerta fue la cosa más horrible que jamás había conocido. Seguramente no había escapado de la muerte a manos del Carnicero sólo para morir a manos de sus rescatadores, ¿no? Eso sería sencillamente una mierda. El pánico brotó en su interior. El corazón empezó a latirle con más fuerza, un escalofrío le recorrió el cuerpo cuando las sombras comenzaron a converger sobre ella. Una camisa fue rápidamente colocada en su cabeza, filtrando algo del humo y aliviando la abrasadora quemadura de sus pulmones. El instinto de toser fue finalmente dominado, aunque no fue fácil. Unos fuertes brazos se metieron debajo de sus rodillas y de sus hombros, tirando de ella contra un duro y musculoso pecho, donde fue sostenida de forma segura. —¿Dónde está él? —gritó una voz por encima del estruendo—. ¡Hay demasiado humo aquí, Archer! ¡No puedo verlo! —Crowe gritó. Los Callahan estaban con Archer y lo que sonaba como un ejército.

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—Tenemos movimiento en los árboles, Archer. ¡Él está huyendo! La visión nocturna muestra un vehículo moviéndose rápidamente. Otra dura voz masculina resonó en la zona, mientras el aire fresco de la noche se filtraba a través de la camisa que le cubría el rostro. —¡No me jodas! ¡Mierda, no, ese bastardo no conseguirá alejarse! Amory estaba huyendo, pero no llegaría muy lejos si los Callahan tenían algo que ver con eso. —Asegúrate que no hay nadie más en ese edificio —ordenó Archer con voz furiosa—. A continuación, comienza con la recopilación de pruebas. Quiero freír a esos hijos de puta cuando los encontremos. Archer estaba gruñendo, su voz furiosa mientras gritaba órdenes a la vez que la abrazaba contra el pecho, alejándola del infierno al que otras jóvenes no habían sobrevivido. —¡Sheriff, tenemos dos juegos de huellas aquí! Los dos estaban aquí — gritó el ayudante Caine. —Quiero fotos y moldes, Caine. Asegúrate que todo coincide con lo que ya tenemos —Archer gritó mientras Anna sentía que era bajada a algo mucho más suave que el suelo de la cabaña. Él había venido por ella. No podían haber pasado más de dos o tres horas. El amanecer solo estaba empezando a iluminar el cielo nocturno. Tenía la garganta apretada por las lágrimas, por la idea de que podría haber muerto. Que podría haber perdido la oportunidad de decirle a él lo que sentía.

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Dios, debería habérselo dicho antes. No importaba que él nunca pudiera amarla. Que él podría no querer amarla. Ella lo amaba. Un sollozo escapó de sus labios mientras se quitaba la camisa de la cabeza, él le acunó el rostro con las manos, y esos maravillosos ojos dorados la miraron. —Está bien, cariño. —Su voz era ahora más suave, la dulzura reemplazando la furia, aunque todavía podía sentir la rabia latiendo justo bajo la superficie—. Está bien, te tengo. Te tengo, nena. —No me dejes ir —susurró ella, apretándole los brazos alrededor del cuello mientras luchaba por aferrarse a él—. Por favor, Archer, no me dejes ir. —Nunca, Anna —juró, sosteniéndola más cerca, el calor de su cuerpo hundiéndose en su piel, en el frío que había estado envolviendo su alma—. Nunca te dejaré ir, Anna. *** —No me dejes. —Ella trató de cerrar el puño en la tela de su camisa, pero sin mucho éxito—. No me dejes, Archer. —No voy a ninguna parte, cariño —prometió—. Y tú tampoco. Nunca más, Anna. No voy a dejar que esto suceda nunca más. Estaba tan cansada. —Amory me drogó —le dijo—. Sigo estando tan débil, pero tengo que decirte, Amory y Wayne… —Lo sé, Anna —él exhaló bruscamente—. Sabemos quiénes eran, y la policía los está esperando a ambos en sus casas. Los atraparemos,

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te lo prometo. —Tengo tanto que decirte. —Y ella estaba tan cansada. —Me lo puede decir cuando estés listas, nena. —Una gran mano la acariciaba, subiendo y bajando por la espalda, y ella podría jurar que sentía como si Archer estuviera temblando. —Asegúrate de que me despierto. —Ella no podía mantener los ojos abiertos por más tiempo—. Júralo, Archer. Asegúrate de que me despierto. —Lo juro, Anna, —prometió, su gran mano le acunaba suavemente un lado de la cara mientras se echaba hacia atrás para mirarla de nuevo—. Lo prometo, me aseguraré de que te despiertas. Era todo lo que tenía para aferrarse. Esa promesa, la garantía del hombre que amaba. Porque ella no podía mantenerse despierta más tiempo. Sus pestañas se cerraron por última vez, el sedante tiraba de ella, pero el alivio la dejó descansar en paz. Ella estaba a salvo. Archer había venido por ella. Él habría estado allí si Wayne Sorenson hubiera decidido realmente violarla y torturarla. La habría salvado, la habría protegido. *** Archer se pasó la mano con cansancio por el rostro, la sensación de alivio que lo asaltó casi le dobló las rodillas. Que Dios lo ayudara, había pensado que se había vuelto loco cuando se dio cuenta que ella había sido secuestrada.

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Por primera vez desde que se dio cuenta del error que había cometido al dejarla atrás, por fin podía respirar tranquilamente de nuevo. Ese apretado nudo de dolor estaba cediendo poco a poco, pero fue reemplazado por un núcleo de profunda furia y la necesidad de matar, que se endurecía en su interior hasta el punto que se preguntaba si alguna vez sería el mismo. No, nunca sería el mismo otra vez. Casi había perdido la cosa más importante del mundo para él. Ningún hombre volvía de eso sin cambiar. —Estamos listos para llevárnosla, Sheriff —el joven médico Sanja Fallon le informó sombríamente—. Podrás encontrarla en la Emergency Care Clinic, y la doctora Maya me dijo que te asegurara que se hará cargo. Archer tuvo que obligarse a ponerla en la camilla y luego dar un paso atrás, y no saltar dentro de la ambulancia mientras la llevaban dentro y aseguraban la pequeña camilla. Ella estaba ahora dormida, pero todo lo que podía recordar eran esos asustados ojos verdes mientras lo miraba fijamente a los ojos. Encerrado en su mirada, Archer había sentido cosas que él había jurado todo la vida que no existían. Inclinándose el sombrero hacia atrás, Archer se apoyó las manos en las caderas mientras se giraba y miraba alrededor de la silenciosa zona aislada. Dos ayudantes del Condado y tres delegados de los Callahan estaban buscando por la zona, junto con el sheriff y dos ayudantes de un condado vecino.

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No había duda de que el FBI aparecería pronto. Archer había recibido una mordaz objeción respecto a la participación de los Callahan de parte del director de la oficina del FBI de Aspen, aunque había estado en el correo de voz. Esa fue una llamada de teléfono que Archer había sabido que era mejor no contestar. —No queda mucho, sheriff. —El ayudante Caine se acercó a él, su iracunda expresión tensa y sombría mientras su mirada turquesa se entrecerraba en las brillantes luces de los vehículos apuntando hacia la cabaña. —¿Conseguiste esas huellas? —Quitándose el sombrero de la cabeza, Archer se secó el sudor de la frente con la manga de la camisa. —El molde y la foto. —Asintió el ayudante—. Esos muchachos no deben haber sabido de la lluvia que cayó aquí la otra noche. El suelo justo debajo de los árboles donde el otro vehículo estacionó estaba todavía blando. Sólo aquellas áreas en las que el sol podría realmente pegar estaban completamente secas. Todavía tengo que hacer las pruebas, pero estoy seguro al noventa por ciento que las huellas bajo el árbol coincidirán con las de Sorenson. Las otras, sin duda, coinciden con la camioneta estacionada detrás de tu casa. Sí, un montón de gente, incluso los veteranos, a veces olvidan el hecho de que el agradable clima en Sweetrock no significa que la montaña iba a ser hospitalaria. El valle que albergaba Sweetrock estaba lo suficientemente lejos por debajo de las montañas, para que a menudo pasaran semanas o un mes, antes de que viesen la nieve cayendo profusamente aquí arriba.

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Ya hacía frío aquí. Una fría brisa agitaba los árboles y se colaba entre el tejido de la camisa que llevaba. —He terminado aquí, Sheriff. Simplemente no hay nada que recoger. —Nash se movió atravesando el pequeño claro, su zancada larga y poderosa. —Caine, empieza a reunir a todo el mundo. —Archer suspiró y se dio la vuelta, dirigiéndose al Yukón que el investigador estaba cargando— . Volvamos a la ciudad. —Tengo una orden de busca y captura para Wyatt y Sorenson —le informó el ayudante, siguiendo a Archer al vehículo del investigador del Condado—. El Sheriff Dillen de Montrose envió a sus ayudantes a las casas de esos hijos de puta. —Ahí es donde yo me dirijo también. —Nash dio un último vistazo a los suministros almacenados y la bolsa de pruebas sellada en la parte trasera del vehículo. —Yo voy a la clínica. —Archer abrió la puerta de su vehículo mientras se giraba hacia el ayudante—. Los Callahan me están esperando en el rancho. Llevaré allí a Anna. A ella no le gustaría eso. Mierda, ella lo odiaría. Pero tal vez, una vez que se enterase que él también había aceptado la oferta de Rafe y Resnova para quedarse, estaría de acuerdo con eso. No podía arriesgarse a esto otra vez, nunca. Arrancó el todoterreno, lo lanzó a la carretera y se alejó de la zona, corriendo a la clínica y a Anna.

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No se molestó en llamar a los Corbin. Ellos lo averiguarían muy pronto, si no habían comenzado ya a recibir llamadas. Sabía cómo los chismes funcionaban en esta ciudad. Sin embargo, si no lo sabían, se lo diría más tarde, después de que Anna estuviera a salvo, después de que pudiera respirar sin el recuerdo del temor recorriéndolo. Tan pronto como tuviera la oportunidad de decirle que la amaba.

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Capítulo 21 Ella estaba bien. Estaba tan bien que para cuando Archer llegó a la clínica, Anna estaba esperando detrás del puesto de enfermeras en lugar de en la sala de espera, obviamente, entreteniéndose con el ordenador. —Veo que estás lista para irte —dijo, mientras se apoyaba en el puesto de enfermeras detrás del que ella estaba sentada, con la mirada fija en la pantalla del ordenador. —Archer. —Levantó la cabeza bruscamente, el profundo dolor en sus ojos no era exactamente algo que él estuviera esperando—. ¿Estás bien, Anna? —Él comenzó a ir detrás del mostrador. Anna se levantó rápidamente y tiró de la camiseta que llevaba. —Estoy lista para ir a casa —le dijo, mientras se movía rápidamente para encontrarlo—. Vamos. —No se detuvo ni lo esperó. Pasó a su lado y se dirigió a la entrada principal, su cojera ahora más pronunciada, lo que indicaba que la cicatriz de la herida en el costado del muslo le estaba molestando, aun así, Anna avanzó rápido a la entrada de urgencias. —Esto no es una carrera, Anna —le recordó cuando la alcanzó. —Eso está bien. —Ella se dio la vuelta burlonamente—. Habría perdido. Ni siquiera podía correr lo suficientemente rápido para escapar de Amory anoche. —Bueno, tampoco podíamos correr lo suficientemente rápido para

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atraparlo —le informó Archer en voz baja—. A él o a Sorenson. Ella se detuvo lentamente —¿Encontraste a Amelia? —preguntó con evidente temor en la voz. —Ella estaba inconsciente en el dormitorio que utilizaba cuando era una niña —le dijo—. Drogada. Evidentemente, él la había tenido allí durante varios días después de que la atrapó hurgando en el sótano. Por lo que ella le dijo a Logan y a Nash, sospechaba desde hace tiempo que él estaba conectado de alguna manera a los Callahan. Algo que se le escapó el año en que la arrastró de la universidad. Ella ha estado intentando demostrarlo desde entonces. —Por eso quería que me fuera —Anna adivinó mientras él pulsaba el botón de apertura de las puertas. —Fue por eso. —Archer asintió, guiándola por la puerta—. Ella ha estado jugando un juego muy peligroso, Anna, y a juzgar por la carta que Sorenson dejó en mi camioneta mientras yo estaba en su casa, sólo se volvió más mortal para ella. Con la cabeza bajada y las manos metidas en los bolsillos de los pantalones vaqueros, Anna encorvó los hombros casi a la defensiva. —Él es el mal —susurró. —Bueno, eso es una buena palabra para él —Archer estuvo de acuerdo. Pulsando el control remoto para desbloquear la puerta, Archer la siguió hasta el todoterreno, abrió la puerta del lado del pasajero y cuidadosamente la subió al asiento.

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Ayudándola a girar las piernas y poniéndole el cinturón de seguridad, Archer esperó a que Anna dijera más. Cuando no lo hizo, cerró la puerta y camino a grandes zancadas alrededor del vehículo antes de entrar en el lado del conductor. Maldita sea, tenían que hablar. Él tenía que explicarle su marca de nacimiento, darle más sentido a lo poco que él sabía y que todavía no entendía completamente. —Dijiste que quieres ir a casa… —A tu casa —ella terminó por él, la incertidumbre brillando en su mirada. Archer asintió, arrancó el vehículo, metió una velocidad y salió de la plaza de aparcamiento. —¿Wayne está loco? —le preguntó ella. —No por lo que he visto. —Él la miró rápidamente—. Determinado. Arrogante y sanguinario, pero no creo que esté loco para nada. Simplemente la certeza de que podría tener su hobby, guardarlo en secreto y adquirir tierras de los Callahan en el proceso. —Nadie puede adquirir tierras de los Callahan —afirmó—. Él tendría que haber leído la letra pequeña. Ella había leído la letra pequeña, pero aún más, ella la había entendido. Wayne Sorenson no se había tomado el tiempo para creer realmente

que

su

abuelo

y

los

demás

Barones

joderían

tan

descaradamente los términos con todas las cláusulas que habían sido añadidas. Fue escrito para ser engañoso, y eso había sido precisamente. —¿Por qué no puede cualquier persona adquirir las tierras de los

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Callahan? —preguntó, mientras entraba en el camino y se volvía para mirarla—. Los Barones lo intentaron durante años. —Los términos de la propiedad —dijo ella mientras bajaba la vista a sus manos—. John Corbin y Wayne Sorenson saben que no hay manera de adquirir esas tierras hasta que yo cumpla veinticinco años. Casi podía sentir la tensión y la confusión que envolvían a Archer. —¿Qué tiene tú que ver con la finca, Anna? —preguntó—. Sólo Crowe Callahan tenía la posibilidad de heredar esa parte de la finca. Ella negó con la cabeza lentamente. —También la tenía su hermana. Anna levantó la vista y lo miró, esperando ver conmoción o sorpresa. Quizás confusión. En cambio lo que vio fue una oscura sospecha. —Tú sabes quién soy, ¿verdad, Archer? ¿Siempre lo había sabido? —Lo recordé cuando vi la marca de nacimiento anoche —respondió finalmente con voz suave y llena de pesar—. Sorenson te lo dijo, ¿verdad? Anna sólo pudo mover la cabeza mientras tomaba una cansina respiración y alcanzaba el cierre de la puerta. Una vez más, Archer la superó al salir de la camioneta. La rodeó y estaba ante la puerta abierta para ayudarla a salir antes de que ella pudiera salir por si sola. Se giró hacia él mientras cerraba la puerta de la cocina detrás de ellos y se giraba para enfrentarla.

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—¿Anna? —la interpeló, recordándole la conversación. Ella no necesitaba un recordatorio. —Él se lo dijo a Amory —admitió—. Él no tenía intención de hacer nada, excepto asustarme para que me fuera de la ciudad anoche. Sólo quiere que me vaya. Me necesita viva hasta que cumpla los veinticinco. El juez determinó, basado en la sugerencia de mi abuelo, por supuesto, que la parte que Sarah Ann Callahan habría heredado se mantuviera en fideicomiso hasta el final del año en que ella hubiera cumplido los veinticinco. Sarah Ann Callahan habría cumplido los veinticinco tres semanas antes que Anna Corbin. Yo cumplo los veinticinco a finales de agosto. Una lágrima le cayó por la mejilla mientras todos los años de soledad y preguntas sin respuesta comenzaron a agolpársele en la cabeza. Le había tomado un tiempo a su cuerpo eliminar el sedante que Amory le había dado. Con la lenta disipación de la droga, Anna se encontró que las cosas encajaban en su lugar. —Lo siento, cariño —dijo Archer. Un segundo después, Anna se encontró en sus brazos, el oído contra su pecho, el contacto y el sonido de su corazón a un ritmo reconfortante debajo de su cabeza. —Es por eso que me mantuvieron alejada de los primos Callahan —dijo ella—. Lejos de Crowe y del Condado de Corbin. Por esa marca de nacimiento. Sacudiendo la cabeza, se alejó de Archer, se volvió y se enfrentó a

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él de nuevo con los puños apretados a los costados. —¿Sabes cuántas veces he oído hablar de la marca Callahan desde que me mudé a Sweetrock? ¿O de cómo los Callahan estaban marcados, por lo que no había forma de que uno de ellos se pudiera ocultar? —Una risa aguda llena de dolor salió de sus labios—. Y fui tan estúpida, porque ni siquiera pensé en preguntar por la inusual marca que yo tenía. La marca de nacimiento se parecía a una flecha rota con la punta señalando al centro de la espalda. —Los odio —gritó de repente, la ira recorriéndola, saliendo de ella— . Los odio. Odio sus mentiras y sus engaños, y odio todos los años que hemos tenido que sufrir y todo el mal que pensó que podría destruirnos. ¡Lo odio! Ella estaba sollozando. Se le rompía el corazón en el pecho, mientras sentía que la fuerza que la había mantenido en pie dejaba repentinamente sus rodillas. Se estaba hundiendo, y lo único que le impedía caer al suelo era Archer. —Te tengo, nena —dijo Archer, agarrándola y atrayéndola hacia él de nuevo—. Te tengo, Anna, y no voy a dejarte ir. Te juro que no voy a dejarte ir. Ella cerro los puños sobre su camisa mientras se aferraba a él y sus lágrimas humedecían la tela. —Está bien, nena. Está bien, mi vida. —Sus palabras la sorprendieron, robándole el aliento durante un largo e increíblemente irreal momento, antes de que se obligara a no cuestionarlas, a no esperar más.

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—Tú… —Ella agitó la cabeza—. ¿Tú sabías que yo era una Callahan? Él movió la mano y le acunó la mejilla, un pulgar limpiando una lágrima de debajo del ojo. —Vi la marca de nacimiento, realmente la vi anoche. Yo no había prestado suficiente atención, y lo siento por eso, cariño. Debería haberlo sabido, pero para ser honestos, sólo la he visto una vez, y fue hace un montón de años. —Tengo miedo, Archer. —Un sollozo amargo escapó de sus labios. Afortunadamente, fue capaz de contener el resto. No quería llorar ahora, ahora no. Primero quería encontrar la manera de manejar todo esto. —Aun sabiendo a lo que vamos a enfrentarnos cuando todo esto explote —dijo ella— ¿todavía quieres a Sarah Ann Callahan? ¿Alguna vez sería él capaz de amarla? Mientras la pregunta salía de sus labios, vio la mirada de Archer elevarse a un punto por detrás de ella, y repente, se puso rígido, con los ojos dorados entrecerrados. Anna se giró entre sus brazos, mirando a los tres hombres que estaban en la puerta de la cocina del vestíbulo, mirándola con una rabia tan profunda y oscura, que por un momento, un impotente momento, la sintió consumirla. En ese momento Crowe parpadeó. Parpadeó y tragó con fuerza, mirando a lo lejos por un segundo, mientras sus primos le devolvían a ella la mirada en estado de shock.

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—Él no puede evitar amarte —dijo Crowe, volviéndose hacia ella, su tono tan desolado como su expresión—. Igual que yo no podía evitar amarte, aun cuando creía que eras mi prima y no eras mejor que cualquier otra Corbin con los que vivías. Su voz estaba tan ronca, tan rota, Anna se estremeció. —¿No lo sabías? —Ella se lo había preguntado, temía que él lo supiera y no la hubiese querido. —Si lo hubiera sabido, nunca habrías estado sola todos esos años —juró, con sus ojos lobunos ardiendo con furia y dolor—. Que Dios me ayude, lo habría dado todo. Les hubiera dado a esos bastardos lo que querían, Anna, por saber que estabas viva y para protegerte del aislamiento que sufriste. Si hubiera sabido… —Como si no pudiera soportar sus pensamientos o verla por más tiempo, Crowe se giró y se alejó. Segundos después, el golpe de la puerta la hizo estremecerse violentamente, y un sollozo se escapó de sus labios mientras se enfrentaba a sus primos. Ellos eran sus primos también, no sólo de Crowe. Ellos eran su familia. Logan y Rafer le devolvieron la mirada como si fuera una aparición, un fantasma tan insustancial que no podían estar seguros de que en realidad estuviera allí de pie. —John Caine nos dijo que viniéramos aquí. —Logan se aclaró la garganta mientras miraba a Archer, cambiando su postura y pasándose los dedos por el pelo con un movimiento brusco—. No estábamos escuchando a escondidas. Cuando entraste, vinimos a buscarte. —Él se

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encogió de hombros incómodo. —Está bien, Logan. —Archer exhaló bruscamente. Los labios de Logan estaban apretados antes de que, con un movimiento brusco, estuviera atravesando airadamente la habitación. Anna no sabía que esperar, pero no había esperado que Logan la alejara de Archer de un tirón y la abrazara casi desesperadamente. —Bienvenida de nuevo, prima —murmuró en su oído—. Es muy bueno verte. Cuando él dio un paso atrás, Rafer estaba allí, también arrastrándola a sus brazos. —Crowe volverá, ya verás —le dijo—. Cuando era niño, se escondía y lloraba por su hermanita perdida tanto como por sus padres. Volverá. Ella asintió mientras él la soltaba. —Archer. —Rafer extendió la mano—. Espero que te estemos dando la bienvenida a la familia, hombre, porque le rompes el corazón, y Crowe simplemente podría matarte. Sé que es un hecho que nosotros lo haremos. —Él sonrió. —No esperaría nada menos —ofreció Archer mientras aceptaba el apretón de manos. Entonces se volvió hacia Anna. —Crowe estará de regreso cuando pueda pensar de nuevo. Lo prometo. Anna asintió y observó cómo los dos hombres dejaban la cocina y

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atravesaban el vestíbulo. Segundos más tarde, la puerta se cerró con firmeza. Se volvió hacia Archer lentamente. —Ibas a decírselo, ¿verdad? —preguntó. —Sólo después de decírtelo a ti —prometió, sus duras facciones en una mueca tensa—. Esto se ha ocultado a los cuatro por demasiado tiempo. Se merecían saberlo. Levantando la mano la puso contra su dura mandíbula mientras él la miraba, todas las emociones, la ternura y el amor con las que ella había soñado viéndose claramente reflejadas en sus ojos. —Pensé que te había perdido. —Levantó una mano y cubrió la de ella, sosteniéndola contra su cara—. Cuando me di cuenta que Callie había sido atacado para alejarme de ti, sentí que todo mi mundo se hundía, Anna. Todo este tiempo te he amado y no fui lo suficientemente inteligente como para darme cuenta de ello. —Por supuesto que te diste cuenta —le dijo con una sonrisa llorosa—. No me has dejado ir ni una sola vez desde que viniste detrás de mí, Archer. Tú lo sabías, solo eras demasiado terco para admitirlo. Él asintió lentamente. —Está bien, podemos funcionar con esa explicación —prometió, con una sonrisa tirando de sus labios—. Podemos funcionar con eso. Sus labios tocaron los de ella. —Puedo funcionar con cualquier cosa menos con perderte.

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Lo que había comenzado como un beso suave se convirtió en algo más, algo mucho más profundo de lo que Archer había esperado. Sus labios rozaron los de ella, separándolos, dejó que el sabor lo atrapara, y la repentina sensación de una conexión, una unión que no hubieran sabido cómo describir antes, los rodeara con más fuerza de nuevo. Esto siempre había estado allí, comprendió. Desde el primer momento en que sus labios tocaron los de ella, esto había estado allí. A ella se le aceleró la respiración, las mejillas se le ruborizaron con un delicado color rosa, mientras su pequeña y coqueta lengua se arrastraba nerviosamente sobre sus labios, rozando contra los suyos y enviando una oleada de lujuria que explotó en sus sentidos. Ella había venido a él, había dado a cada parte de sí misma, aun creyendo que él no creía en el amor. Podía verlo en sus ojos cada vez que él la había tocado; había visto el hambre y la necesidad de su amor, la necesidad de amarlo plena y abiertamente. No había manera de que pudiera apartarse de la anhelante necesidad femenina que hacía juego con la sólida vena de emoción palpitando en su interior. Archer rozó sus labios contra los de ella. Sosteniéndole la mirada, él vio como la agonía disminuía lentamente de sus ojos, el dolor interno y el conflicto sustituidos por la lenta y fácil búsqueda del placer. Eso era lo que él quería. Quería ese sombrío dolor erradicado, y si esta era la única manera de hacerlo, entonces ¿quién era él para

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negárselo? Después de todo, no había nada que él ansiara más que su corazón, su toque, sus besos. La polla le palpitaba con dolorosa insistencia debajo de los pantalones cuando él transformó el beso en una caricia más profunda. Rozando los labios de nuevo con los de ella, usando otra vez los suyos para separarlos lentamente, observó como el placer aumentaba en su mirada. Archer acepto su beso lenta y pausadamente. Inclinándose hacia Anna, dobló la cabeza mientras ella levantaba la suya hacia él, dándole acceso ilimitado, dándole todo lo que él podría haber querido alguna vez en la vida. Su beso era caliente y tentador. La necesidad comenzó a arder a través de su cuerpo, disparándose entre sus muslos y golpeándole el clítoris y la vagina, elevándose con el conocimiento de que no sólo ella amaba, sino que era amada también. Cada vez que sus labios succionaban los de ella, que su lengua lamia la de ella, la sensación se concentraba en la sensible carne cargada de nervios entre sus muslos, como si besos fantasmales cubrieran también su coño. Apretando los muslos, se le escapó un pequeño gemido y se extendió en el aire que los rodeaba. Bajo los dedos por los duros músculos de sus tensos hombros, flexionados como si la batalla por mantener su hambre controlada fuera tanto física como mental y emocional. Anna, aunque podía ser inocente, había sido besada antes de él. No había aceptado que le pertenecía a Archer. A menudo,

había

intentado, al menos, encontrar el placer, encontrar la felicidad sin él.

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Eso, simplemente, no había existido, eso era todo. Presionándole los labios para que los abriese más, la lengua de Archer lamió la de ella, incitándola para que jugara. No estaba completamente segura de cómo jugar todavía, pero siguiendo su ejemplo lo lamió, retirándose rápidamente, sólo para lamerle los labios cuando él se echó hacia atrás y le movió la cabeza lo suficiente para evitar que ella tomara plena posesión de sus labios antes de mordisquearle el labio inferior cuando él volvió a acercarse. Con ese pequeño mordiscó los brazos de Archer se apretaron alrededor de ella. Acercándola más a la dura fuerza de su pecho, mientras sus labios cubrían los de ella, apoderándose de ellos, poseyéndolos con sus labios y su lengua, a la vez que ella dejaba escapar un gemido. Un rastro de sensaciones comenzó a cosquillear a través de su cuerpo, cargando sus terminaciones nerviosas con calor y danzantes sacudidas de placer. El hambre hizo estragos en el beso. El placer se arrastraba sobre sus sentidos, cargando sus terminaciones nerviosas y despertando partes de su cuerpo que nunca había imaginado que pudieran ser tan sensibles. Tales como la piel de los costados que quedaban al descubierto entre la camisa y la cintura de los vaqueros; dedos callosos acariciaron y calmaron la piel sensible. El placer se apoderó de ella en oleadas, la necesidad de más aumentando con creciente urgencia. Más de sus besos y más de sus caricias. Ella quería su cuerpo totalmente contra el suyo. Girando en la silla se presionó contra él, se quedó sin aliento cuando él la agarró, echando la cabeza hacia atrás para gruñir:

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—Ponte a horcajadas. Un segundo después, Anna se encontró con sus piernas abrazándole los muslos, mientras se sentaba a horcajadas sobre su duro cuerpo, la cuña de su polla presionando el montículo de su coño a través de las capas de tela. Sus labios volvieron inmediatamente a los de ella, el aumento de la emoción más violento y más exigente. Su lengua era menos juguetona y más decidida. Sus manos se volvieron inquisitivas y completamente serias en sus exploraciones, mientras una palma se metía debajo del dobladillo de su camisa para encontrar la hinchada curva de su pecho. El calor de su palma le chamuscó la carne a través del encaje del sujetador, creando una excitante fricción mientras su pulgar encontraba la punta inflamada del pezón y lo frotaba lentamente. Arqueándose hacia su caricia, con las manos enterradas en su cabello, Anna oyó su propio gemido de placer, y apenas podía creer que alguna vez emitiría un sonido tan suplicante. —Por favor. —Realmente, también podía mendigar. Cuando él se apartó, le recorrió con los labios la mandíbula dirigiéndose

hacia

el

cuello,

encontrando

las

ultrasensibles

terminaciones nerviosas de esa zona, mientras lamia y besaba un sinuoso camino hacia el lóbulo de la oreja. —Archer, es tan bueno —gimió, el letargo sensual que la alcanzó, más embriagador que el licor que había consumido antes. Le apretó las manos en los costados, manteniéndola inmóvil, mientras sus caderas se arqueaban para frotar su dura polla en la uve

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de sus muslos. Un dolor exquisito le recorrió el coño. El clítoris le palpitaba con un dolor que no tenía ni idea de cómo aliviar. Montar la dura longitud de su erección con los vaqueros de ambos separándolos era una exquisita agonía, se preguntó si podría soportarlo por mucho más tiempo. Él movió las manos de su cintura una vez más, subiéndole la camisa, ahuecándole los pechos, mientras sus pulgares se arrastraban sobre el encaje que los cubría. Esquirlas de sensaciones arrancaron desde esas puntas hinchadas a la dilatada yema de su clítoris. Se le contrajo el vientre y sus jugos se derramaron en sus bragas mientras se obligaba mantener los ojos abiertos, mirando fijamente la expresión somnolienta y llena de lujuria en el rostro de Archer. Cuando sus miradas se encontraron, ella le apartó las manos del pelo, observando como la sorpresa brilló en su mirada cuando ella llegó a su espalda y se desabrochó el sujetador. Inmediatamente, él hundió las manos debajo de las copas sueltas, sus pulgares y sus índices agarraron sus pezones y tiraron de ellos con un placentero dolor erótico que hizo que su coño se derritiera con una escandalosa hambre. Levantando los brazos, ella se sacó la camisa y el sujetador del cuerpo y los arrojó al suelo. —Oh Dios, Archer. Cada músculo de su cuerpo se tensó y amenazó con explotar de éxtasis cuando una cálida y hambrienta boca rodeó la punta

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dolorosamente tensa de un pezón y lo chupó. Sus mejillas se ahuecaron cuando tiro de la yema hinchada, su mirada manteniéndose en la de ella, fija, las demasiado sensibles puntas de sus pechos disfrutando de cada toque. Desde la que estaba enterrada en la boca de Archer sentía tan agonizante placer, que estaba segura que no podría soportarlo mucho más. Su coño derramaba su sensual humedad, la vagina se cerraba en el vacío, ansiosa por ser llenada. —Quítatela. —Ella le tironeo la camisa mientras hacía la demanda y se frotaba contra su polla, juró que estaba cerca, tan cerca del éxtasis de la liberación que casi podía tocarlo, casi permitirle a su cuerpo hundirse en él . Si sólo supiera como hacerlo. —Desabróchala —ordenó él, sus labios y su boca moviéndose de un pezón a otro. Sorbiendo la punta dura como un guijarro dentro de su boca, le atrapó una mano y se la llevó a los botones de su camisa. Anna gimió, sabiendo que nunca lograría controlar los dedos lo suficiente para conseguir desabrocharle la camisa. Ni siquiera lo intentó. Cuando sus dientes le rodearon el pezón y lo mordisqueó, Anna agarró los bordes de la camisa y tiró. Los botones salieron disparados y volaron por la habitación. El tintineo de los pequeños discos golpeando el suelo quedó en el olvido cuando él apartó los dientes del pezón e inmediatamente lo rodeó de nuevo, chupándolo fuertemente. Devorándolo. Comiéndose la punta

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como si nada importara, excepto asegurarse que saciaba el hambre por el sabor de sus pechos. —Oh, sí —jadeó, el doloroso placer que atacó su pezón pasó como un rayo a su coño—. Archer, por favor. Oh, por favor, sí. Ella movió las caderas, frotándose, cabalgando la cresta de su polla mientras buscaba con avidez la liberación. Tenía que estar allí, justo en el borde. El sudor comenzó a acumularse sobre su cuerpo, sus gritos eran cada vez más irregulares, mientras inclinaba la cabeza hacia atrás. Con las manos contra su espalda, él la atrajo más cerca. Su lengua le fustigaba el pezón, sus dientes lo raspaban. Su pulgar y su dedo índice agarraron a su gemelo, rodeándolo y tirando de él, enviando multiplicada la sensación de los dedos, a la velocidad del rayo, a chocar contra su vientre y alrededor del clítoris. Con los muslos tensos, Archer dejó caer las manos hasta sus caderas, guiando el movimiento desesperado de su coño contra la gruesa erección bajo sus pantalones vaqueros. La ropa que los separaba era una dolorosa fricción y un agonizante placer. El calor y el cercano éxtasis comenzaron a formar remolinos cada vez más apretados de una creciente sensación. Anna apenas podía respirar con tantas, con demasiadas sensaciones que comenzaban a llenarla a la vez. La succión en sus cada vez más sensibles pezones, primero uno, luego el otro, luego de vuelta al primero otra vez. El latigazo de su lengua contra los torturados picos, el pulgar y el índice de una mano volviendo al otro pezón, torturándolo con crecientes círculos de calor abrasador y

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acercándose a la liberación. Se le tensó el vientre y se le contrajo el coño. El clítoris se endureció aún más, palpitando, dilatándose, las sensaciones aumentando, golpeándolo con cada latigazo de sensaciones, mientras él presionaba constantemente la seda y la mezclilla contra el sensibilizado manojo de nervios. Estaba siendo torturada, su cuerpo tenso como las cuerdas de un violín, mientras luchaba por llegar al centro de la sensación, buscando desesperadamente el borde por donde caería en la pura sensación y el éxtasis. Estaba cerca… Estaba tan cerca… Apagados gemidos de desesperación sonaban a su alrededor. Sabía que eran de ella, sabía que más tarde se avergonzaría por el implorante y suplicante sonido Entonces, una fuerte mano masculina le agarró el culo, mientras las caderas de Archer se movían más rápido en su contra, follándola en seco con intensos golpes hasta que esta sensación de éxtasis acumulada en apretados remolinos pareció romperse en su interior. Su cuerpo implosionó con un placer tan violento que pareció triturarla. Su clítoris se dilato y explotó como una supernova, atravesándola, y la arrojó en un clímax que sacudió su cuerpo y casi, solo casi, tocó ese centro de su ser que había bloqueado profundamente dentro de su alma. Clavó las uñas en el hombro de Archer cuando él apartó los labios

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de su pezón y los hundió en su cuello. Se tensó debajo de ella, un silencioso gemido masculino retumbó contra la curva de su cuello y de su hombro. Manteniéndola cerca, su cuerpo tan tenso, tan duro que era como hierro contra ella, Archer la mantuvo equilibrada mientras el corazón le explotaba de éxtasis. Un brazo la sujetaba por la espalda, el otro le apretaba la curva del trasero, mientras sus sensibilizados pezones se rozaban contra el pecho de Archer con cada respiración que tomaba. El sensual éxtasis la abrazaba, atrapándola en sus garras, mientras el mundo se detenía a su alrededor. El torbellino de sensaciones comenzó a disminuir, mitigándose. La violencia de su liberación reverberaba más y más débilmente cada vez, hasta que se quedó temblando contra él, pequeños estremecimientos de su clímax la atravesaron, hasta que se dejó caer contra él, agotada. El placer, la exigente explosión de liberación, todavía la dejó extrañamente anhelante por más. Debajo de ella, la polla de Archer seguía estando dura como el hierro, palpitante. Se había aliviado la dolorosa y anhelante necesidad que la torturaba, pero él no… —Lo siento —dijo ella, mientras él le acariciaba la espalda. —¿Por qué? —Él levantó la cabeza y le presionó los labios contra la sien. —Tú no… —Ella se detuvo, el calor le fluyó por la cara cuando sintió y oyó la risa que vibraba en su pecho.

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—Bueno, sí, nena, lo hice —admitió avergonzado cuando ella levantó la cabeza para mirarlo. Ella tragó con fuerza. —¿Lo hiciste? Su sonrisa fue de un masculino desconcierto. —Maldita sea si puedo explicarlo. No he hecho esto desde que era un puñetero adolescente. —Oh. —Ella parpadeó hacia él. —Sí. Oh —se burló de ella. Anna deseó poder sonreír con tanta facilidad, deseó poder encontrar la risa en su interior, esa que solía encontrar tan fácilmente cuando Archer estaba cerca. —Vamos, niña bonita. Los dos hemos tenido un día y una noche terrible. Creo que es hora de que nos vayamos a la cama. —Agarrándola de las caderas, la levantó de encima de él, sosteniéndola hasta que él también se puso de pie. Tomándola de la mano, la condujo por la casa hacia la escalera, al piso de arriba. Cuando entraron en la habitación, ella se apartó repentinamente y atravesó la habitación. —Oscar. —Poniéndose de rodillas junto a la cama del gato, ella acarició al felino, que de repente actuó lastimeramente, con suaves movimientos.

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Oscar la miró como si tuviera los huesos rotos por el ataque de la noche anterior. Y si Archer no lo supiera, habría jurado que el gato realmente emitió un pequeño gemido más que un ronroneo. —Pobre bebé —dijo ella, evitando el área afeitada de la cabeza donde el corte había sido revisado por el veterinario—. Pobre Oscar. — Entonces se volvió hacia Archer—. Mordió a Amory, ¿sabes? Justo en la parte interior del muslo. Esto fue lo único que pudo hacer para que Oscar dejara de atacarlo. Ella continuó frotando la piel del gato, y él lo disfrutó como si fuera crema, el pequeño bastardo. —Oscar lo hizo bien. —Archer coincidió, mientras se movía hacia ella, agarrándola por los brazos y levantándola hacia él—. Ahora, olvida al gato por un minuto y ven a la cama conmigo, Anna. Deja que te abrace, nena. Sólo durante un rato, antes de que tengamos que luchar de nuevo contra el mundo, déjame abrazarte. Él quería abrazarla, y Anna admitió que necesitaba que la abrazara, que la confortara. Como él dijo, antes de tener que luchar contra el mundo una vez más.

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Capítulo 22 Elizabeth Haley estaba tumbada y esperando. Atada a la mesa de metal, amordazada, las drogas estando acabándose y él no podía matarla. La había conocido antes de tener a Anna Corbin, o más bien Sarah Ann Callahan, secuestrada por esto no podía matarla. Sabiendo esto, en el momento que Amory había localizado a Elizabeth Haley, la mujer cuyo nombre había sido Ellen Mason, el otro hombre la había secuestrado y llevando a la pequeña cabaña en Aspen que tenía para estas ocasiones. Lamentablemente, muy lamentablemente, había otra mujer joven en el mismo lugar también. Una que no había imaginado tener que matar, no realmente. Pero la traición era traición y no podía permitir que quedase sin castigo. Había pocas cosas tan frustrantes, pensó mientras paseaba por delante del monitor de gran tamaño, como saber que la hija en que un hombre confiaba y amaba podría traicionarle hasta el punto que su dulce y preciosa Amelia había intentado destruirlo. ¿Por qué había hecho eso? ¿Porque él le había obligado a alejarse de los brazos de Crowe Callahan? ¿O de alguna manera se había enterado sobre la verdad de su madre? Siempre había una chance. Podría haber encontrado el sótano donde su madre había sido enterrada, la lápida señalando su tumba y el listado de sus crímenes.

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Y todos los pensamientos intrascendentes o las preguntas en el Condado de Corbin no iban a cambiar la decisión que tenía que hacer, a lo que ella se refería. Tampoco cambiaría el destino de la mujer joven que miraba ahora. Mirando fijamente a la pantalla, vio como Elizabeth luchaba contra las correas, podría sentir su pene endureciéndose, en anticipación, creciendo a pesar de las circunstancias y el resentimiento creciente. ¿Cómo se atrevían los malditos Callahan a interferir en su diversión? Cada vez que volvía al Condado de Corbin, ellos tenían ya localizada otro de sus pequeños lugares de juego. No es que pudieran realmente saber quién era, pero encontraban y destruían la red de aisladas cabañas que él y Amory utilizaban a menudo para sus juegos y diversiones. No era como si hubiera muchas maneras de encontrar recompensa por todo lo que él y sus antepasados habían sido engañados. Este placer era todo lo que había obtenido por tantas décadas de búsqueda. Una joven desnuda y hermosa. Encontrar a Elizabeth no había sido fácil. Infierno, fue malditamente difícil porque Crowe era malditamente cuidadoso. Encontrar a sus amantes fue una tarea prácticamente imposible. Encontrar a Elizabeth había sido aún más difícil y no podía entender por qué. Era casi como si ella hubiera sido consciente que el peligro la acechaba y se negó a retroceder. Demonios, casi había logrado escapar nuevamente. Si no hubiera salido a buscarla el mismo mientras Amory

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se aseguraba que Anna fuera liberada se hubiera escapado otra vez. —¿La enviaremos de regreso? —preguntó Amory, su tono perezoso y distraído mientras se inclinaba hacia atrás en su silla y miraba el monitor. Amory no parecía preocupado en lo más mínimo con el hecho de que no podían matar a esa chica. Al menos, no en este momento. Wayne se estaba preparando para entrar en la habitación y empezar la diversión cuando Amory llegó con la noticia de que se estaba extendiendo por el Condado de Corbin el chisme de que Anna Corbin era en realidad Sarah Ann Callahan y que él había sido identificado como su secuestrador. —¿Tenemos alguna chance? —gruñó, sabiendo que no la tenían— . Si no la tenemos y ella no aparece, entonces el gobernador tendrá la excusa que está buscando para encargarse de esta investigación. No podía permitir que eso sucediera. —Carter Ferguson ha tenido una obsesión por nosotros, cuando no era asunto de nadie más —continuó—. La última cosa que necesitamos es el FBI y la policía estatal detrás de nosotros. Joder, Elizabeth Haley no es ni residente del Condado. Nadie debería siquiera saber de ella. —Es verdad —Amory estuvo de acuerdo—. Pero no es todos los días dos equipos de Alguaciles de Estados Unidos están batiendo los arbustos malditos en busca de uno de nuestros juguetes tampoco. —Ferguson está alimentando esto —gruñó—. Simplemente no lo dejara pasar. —Sí, eso es lo que sucede cuando violas y asesinas a la hija de un

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hombre. Ellos simplemente pierden su clase y quieren matarte. Echando una mirada de refilón en direcciona a Amory, Wayne lamio sus labios con irritación. Amory era condenadamente crítico del pasado, y él estaba cansado de eso. —Y

¿cómo

lo

hubieras

manejado

tu

Amory?

—preguntó

sarcásticamente. Maldita sea, se estaba realmente enfermando por la actitud segura de Amory de que podría haber manejado todo mucho mejor que sus anteriores compañeros. Amory frunció sus labios, pensativo durante varios segundos antes de sonreírle en respuesta. No había duda que el otro hombre había estado esperando esta pregunta desde hace meses. Si hubiera pensado en ello, nunca le habría dado al joven asesino la oportunidad de responder. —En primer lugar —Amory bajo su silla y miró atrás hacia él con una mirada petulante—. No hubiera tocado la hija de un gobernador. Nunca elijo una víctima de alto perfil. —Se acostaba con Logan Callahan. —¿Cuál era el maldito punto que Amory quería hacer aquí? —Ella era un emblema —soltó Amory con una sonrisa burlona. —¿Qué cojones quieres decir? —Era un agente del FBI, una insignia —repitió Amory—. Eso la hizo un reto para ti y ambos lo sabemos. Añade el hecho que era la hija de un gobernador y eso estaba más o menos deliberadamente provocándote. —Amory se encogió de hombros—. Si hubiera estado trabajando contigo en ese momento, no la hubiésemos tocado ni con una vara de diez metros.

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¿Desde cuándo pensaba Amory que había tenido tanto control? Los últimos días, desde que habían capturado a Anna, Amory había actuado de manera diferente. ¿Más seguro, tal vez? Como si estuviera seguro de que de repente sabía más, tenía más experiencia que su entrenador. —Era el blanco perfecto —Wayne prácticamente gruñó, odiando el hecho de que Amory le estuviera haciendo sentir un idiota. —El punto es que era una amiga de Callahan, no una amante — revelo Amory—. Tu compañero no hizo bien su investigación. Y había sido una gran alegría matar a Amy Ferguson. Especialmente dulce, y tan luchadora. —¿Así que no se acostó con él? —meditó. —¿Eso haría alguna diferencia? —pregunto Amory. Tuvo que sonreír. —No, no particularmente. Lo haría de nuevo. Hubo un destello de algo oscuro y desaprobador en los ojos de Amory durante un segundo. Qué divertido, un asesino con conciencia. —Todavía nos queda otro problema —señaló Amory, moviendo sus dedos hacia el monitor y se inclinó hacia atrás en su silla, una pierna cruzada sobre la rodilla opuesta, mientras sostenía una taza de café en la otra mano—. La señorita Haley es de perfil muy alto. No sé todavía quién es, pero obviamente está en el Programa de Protección de Testigos. Dos equipos de marshals ya están buscándola y no pararan. Ella podría

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ser nuestro final si nos la quedamos. —¿Entonces jugaremos durante un tiempo? —pregunto Wayne con decepción. —Por un tiempo no—contestó Amory mientras se esforzaba por contener su furia. Esa actitud le estaba cabreando. —Creo que buscare hasta encontrar a alguien lo suficientemente lejos como para que no lo conecten con los Callahan —sonrió Wayne—. Aunque están conectados. Él ya no estaba enfadado. —¿Crees que eso es posible? —preguntó Amory. La sonrisa de Wayne se amplió. —Ellos estuvieron alejados durante doce años, estoy seguro que tuvieron muchas amantes en aquellos tiempos. Sólo tenemos que encontrarlas, después podemos seguir teniendo nuestros pequeños aperitivos. Amory miro al otro hombre, conteniendo un suspiro de pesar. A este ritmo, acabaría teniendo que matar el mismo al idiota. —Mirare más adelante por ello —estuvo de acuerdo Amory, sin embargo—. ¿Esto quiere decir que dejaremos ir a la señorita Haley? Wayne se levantó lentamente de pie y miró el monitor. —Sácala de aquí. Gracias a Dios que tuviste la previsión de sedarla antes de traerla dentro. Me dirigiré al Condado y veré que demonios pasa

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ahí. —Me encargaré de ella —asintió Amory mientras se ponía de pie y se dirigía a la puerta. A mitad de camino, hizo una pausa y se giró con el ceño fruncido. —¿Y qué hay de Amelia? La señorita Corbin ha estado llamando a su teléfono y enviado mensajes varias veces. El sheriff empezara a hacer preguntas pronto. Una vez lo haga, su desaparición se vinculará al Carnicero. Su mandíbula se tensó. —Habría sido mucho más fácil deshacerse de ella. Puede que haya encontrado nada, pero no cambia el hecho de que la pille buscando en el sótano. Esta sospechando algo. —Como quieras —los hombros de Amory se elevaron de forma negligente—. Tal vez el gobernador no le de tanta importancia a su desaparición. —Bastardo —gruñó Wayne, sus dedos curvándose en puños—. Debería haberle matado a él, en vez de a su hija. —¿Qué es lo que dicen sobre ver más claro hacia atrás? —preguntó Amory, sarcástico. Wayne aprieto los dientes furiosamente. —Dejarla ir —espetó—. La hemos mantenido bien drogada mientras estuvo en el cuarto, ¿no? Amory se encogió de hombros.

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—La inyectaste antes de quitarle la venda de los ojos —le recordó Wayne. —Déjala ir —suspiró y sonrió lentamente con placer antes de frotarse las manos alegremente—. Tírala en Crowe Mountain. No recordara como llegar a la cabaña. Veamos si aprendió cómo mantener las piernas cerradas, si sabe lo que le conviene. Si puede, entonces quizás le permitamos vivir. La sonrisa de Amory fue divertida. Obviamente lo aprobaba. —Me ocuparé de ello. Mientras el otro hombre salía de la habitación Wayne se volvió hacia el monitor para mirar a Elizabeth decepcionado. Había estado ansioso por ella. En lo que respecta a Amelia, no tenía ningún deseo por ella, pero era un peligro para el futuro. No es que ella fuese consciente de su identidad, porque no lo era. Lo que era un peligro para los planes que él previó era si Amelia sospechaba algo o, Dios no lo quiera, se las arreglará para encontrar realmente algo que él podría haber pasado por alto en sus esfuerzos por cubrir su propio culo. Era sin duda desconfiada, aunque lo que estaba sospechando de él no era cierto. Lo que si sabía era que su hija era malditamente inteligente y malditamente sinuosa. Teniendo en cuenta quien era su madre, debería haber adivinado esta última parte. Tenía tiempo, sin embargo. Con la amenaza del gobernador colgando ahora encima de sus cabezas, tenía por lo menos seis semanas para averiguar qué hacer. A lo sumo, él y Amory tendrían que separarse por un tiempo. O, como le había dicho a Amory, habían habido doce años que los primos habían estado

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fuera del Condado de Corbin. Podrían continuar su afición en otros lugares. Él no estaba dispuesto a perder a Amory, sin embargo. El otro hombre era el socio perfecto, a pesar de su actitud a veces superior. Y los socios perfectos eran muy difíciles de encontrar. *** Amory entro en la habitación donde Amelia había sido colocada, sorprendido porque Wayne no estuviera al tanto del boletín de orden y captura de ambos. No había conectado esta habitación, pero eso no quería decir que su compañero no había colocado al menos un dispositivo de escucha dentro. Había aprendido a lo largo de los años a ser paranoico y muy cuidadoso. No es que no cometiera errores, porque lo hacía. Su actual compañero era la prueba. Había cometido un infierno de errores ahí y tenía menos de seis horas para arreglarlos. Estaba cerca la hora de ir a casa, gracias a Dios. Todos los preparativos habían sido hechos. El avión privado estaba en su sitio, gracias a su hijo mayor. Su identidad falsa y tenía un vehículo esperando cerca. En cuestión de horas, cambiaria de Amory Wyatt y se convertiría en Steven Glasglow hasta que lograra salir del Condado de Corbin y llegara seguro a Aspen.

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El avión estaba esperando en el aeropuerto. El avión privado que su hijo había adquirido el año anterior bajo la cubierta de una empresa familiar. ¿Quién sospecharía de un respetado empresario de Inglaterra que había logrado alterar no sólo su rostro, sino toda su persona por más de un año, mientras entraba en el pequeño juego del Carnicero? Para el momento en que se marchara, habría saciado su sed de sangre por un tiempo, y a su salida se aseguraría que su compañero quedara arruinado y no fuera una amenaza. Después de todo, saber que los Callahan eran inocentes de los crímenes prácticamente había arruinado el juego de todos modos. Las reglas habían sido una mentira, para empezar, porque sus bases no existían. Por esto, su compañero tenía que pagar. Amelia, sin embargo, no había hecho nada para merecer su castigo, como tampoco Anna Corbin. Aun así ambas habían pagado. Ambas pagarían todavía más. Y eso era una verdadera vergüenza. Ellas habían pagado una vida por crímenes que no habían cometido. Por hombres con los cuales no habían estado. Los hombres también habían sido inocentes. Qué decepción saber que la familia de Callahan siempre había sido inocente. Durante generaciones su familia les había hecho creer que los Callahan habían comenzado el derramamiento de sangre todas esas generaciones antes. Que habían engañado a su antepasado. Que el Callahan que trabajó con su antepasado y Jonathon Mulrooney en su búsqueda de sangre, sólo para traicionarlo a Jonathan y a su socio, Devon Castle, no que ese hubiera sido su nombre real, y que causo que

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fueran ahorcados mientras él escapaba ileso. Descubrir que el antiguo Callahan no tuvo nada que ver con la traición de Devon Castle cambió las reglas. Sólo podían derramar la sangre del enemigo y los Callahan no habían hecho nada a la familia de Devon Castle para ser considerados el enemigo. No, la familia siempre había sido muy importante y habían intentado enseñar esto a los Mulrooney en algún tiempo. Ellos nunca habían aprendido sus lecciones. Soltando las correas que mantenían a Amelia en la cama, Amory mentalmente sacudió la cabeza. No, los Mulrooney nunca habían aprendido, pero lo harían ahora. Envolviendo el delgado cuerpo de Amelia con una manta, Amory la cargo desde su habitación sin hablarle. Sólo en caso de que su compañero estuviera escuchando. Sólo en caso de que él se hubiera vuelto sospechoso. Y eso siempre era posible. Cargando el cuerpo de Amelia fuera de la remota cabaña al SUV que habían adquirido, Amory la metió en la parte de atrás, sonriendo por la tensión en el cuerpo de ella. La leve dosis de la droga había sido incluso menor que la que le había dado a Anna. Había reajustado el fármaco activo en una mezcla propia. Lo que le había dado a Amelia sólo la había dejado medio desorientada y completamente capaz de mantener su control. La hacia parecer inconsciente, cuando había estado despierta todo el rato. Al igual que Elizabeth Haley había estado totalmente consciente. Totalmente consciente de la identidad de Wayne Sorenson.

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Deslizándose en el asiento del conductor del SUV, Amory rió burlonamente. Su compañero no tenía idea de quién era Elizabeth Haley, pero Amory lo sabía muy bien. Había seguido la investigación sobre ella a través del ordenador de la casa de su compañero. Había ido tan lejos como para intentar piratear las redes de los Marshals lo cual inmediatamente resulto en más que los dos equipos que él le había dicho a Wayne que habían sido ser enviados a la zona. Estaban esperando a Wayne. Dentro de las dos próximas horas, serian encontradas dos mujeres jóvenes. Amelia Sorenson y Elizabeth Haley serían encontradas en casa de Crowe Callahan en las montañas y con una increíble historia que contar. Una historia que podría destruir la vida de su compañero, y durante un tiempo al menos, permitiría a los Callahan vivir en paz.

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Capítulo 23 Los Corbin habían tenido más de dos décadas para explicar sus acciones y de explicarle la verdad, pensó Anna el día siguiente, mientras se vestía. Abotonando la blusa sin mangas de seda blanco con rayas marrón, enderezó el dobladillo encima de la falda color crema larga hasta la pantorrilla que se había comprado en la tienda Goodwill después de mudarse con Archer. A él le gustaban las faldas. Le gustaba la forma en que su mirada se oscurecía y luego se encendía con lujuria siempre que las usaba. Las faldas o vestidos le hacían sentirse más confiada. Tacones de siete centímetros le daban una ilusión de altura mientras que las faldas o vestidos la hacían sentirse más femenina, aún más fuerte. Uno de sus profesores siempre había afirmado que una mujer sostenía su mayor poder cuando lucia más femenina. Aquellos suaves, fluidos vestidos daban a una mujer una ilusión de esperanza y perdón. Las faldas rectas y las blusas almidonadas debajo de los blazers daban a una mujer aspecto de superioridad y poder, mientras que los vestidos casuales de día daban apariencia de maternidad, de amor de madre y de hornear galletas y brownies en una cocina llena de amor. Hoy su falda era suave y fluida, su blusa sedosa y cálida, sus tacones de siete centímetros, añadiendo altura pero dándole un aura de esperanza y perdón.

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Cuando entró en casa de su abuelo, quería que pensaran que era débil, que era todo amor y perdón, que favor le permitieran volver a casa. Ella nunca volvería al rancho y Anna lo sabía. Jamás volvería a ver a su familia con la misma luz, porque había cambiado desde que se había ido. No había cambiado por convertirse en la amante de Archer, o por saber que lo amaba y no sólo creer que lo amaba. Había cambiado por el hecho de que desde que había se había ido, había aprendido que todo lo que sabía sobre sí misma era una mentira. Había cambiado, porque ya no era la niña que había sido cuando había anunciado que no iba a volver a una universidad de la cual ya se había graduado. No era aquella ingenua, inflexible joven que había sido cuando había comenzado a caminar por la carretera de montaña, todo su osadía fue tomada cuando un asesino se fijó en ella. No necesitaba a su familia en su vida por más tiempo. Necesitaba que su familia fuera honesta con ella. Necesitaba que la miraran a los ojos, contestaran las preguntas que tenía y estuvieran dispuestos a encontrar un terreno común con ella una vez hubieran terminado. —¿Anna? Archer entró en el baño mientras ella terminaba su maquillaje y detuvo bruscamente. La mujer que tenía en frente era diferente a cualquier lado de Anna que hubiera visto desde que se había ido a vivir con él. Su pelo largo estaba recogido detrás de la cabeza en un montón de

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sedoso y amarrado con un clip de carey. Oscuros rizos caían alrededor de su cara aquí y allá, y al azar por su cuello y espalda. Se parecía una estudiante universitaria vestida para un día de compras o para tumbarse leyendo por ahí en la casa. O para reunirse con un amante que significaba mucho para ella. —¿Qué piensas? —ella respiró profundamente mientras se giraba hacia él, extendiendo la pequeña barra de satinado lápiz labial hacia un lado mientras lo enfrentaba. Su maquillaje era tan sutil, tan bien aplicado que le tomó un minuto darse cuenta que estaba usando realmente algo más que el ligero brillo del lápiz labial. —Luces como una bonita joven, muy hermosa, inocente que ama su trabajo y sus amigos, pero, lo que es más importante, ama a su familia —puso su pensamiento y la apariencia que ella proyectaba en palabras— . Sólo quieres respuestas, Anna. Es hora de que te las den. Ella asintió lentamente antes de pasar sus manos por el material cubriendo sus caderas e inhalando una vez más. —¿Sabes algo de Crowe? —No lo miro cuando formuló la pregunta. En su lugar, se miró las uñas pintadas de rosa caramelo de los pies y el efecto de las sandalias de tiras en sus pies. —Nada todavía —admitió—. Rafer ha llamado antes para saber de ti. Él, Logan, Skye y Cami, estarán aquí esta noche. Esperemos que Crowe lo esté también.

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—¿Amelia? —Su voz bajó. No habían encontrado a Amelia en su casa. Nada más que había salido del hospital y había desaparecido. —La vamos a encontrar Anna —prometió, aunque tenía miedo de que una vez que lo hicieran, lo que encontrarían le rompería el corazón de Anna. Amelia era la hija de Wayne. Podría haber sido consciente de lo que él estaba haciendo y en la actualidad ayudándole a escapar. O podía haberse convertido en una víctima. —La vamos a encontrar —asintió ella, pero él pudo ver el miedo en sus ojos. —¿Estas segura de que deseas ver a tu familia hoy, Anna? —le preguntó después—. Ha habido muchos cambios en tu vida y mucho con que lidiar. Ella asintió. —Estoy lista para ir. Anna se dio una última mirada en el espejo antes de entrar en la habitación para recoger el bolso de cuero marrón que había dejado al final de la cama. Archer permaneció detrás de ella, cuando salió de la casa, después, como siempre lo había hecho, se trasladó al lado del acompañante del SUV, abrió su puerta y la ayudó entrar. El camino desde Sweetrock hasta el rancho Corbin fue el viaje más largo que creía que había hecho en su vida.

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Ni siquiera intentaron una pequeña charla, las preguntas y la falta de respuestas estaban entre ellos como un abismo. Anna oró que una vez que las explicaciones se hicieran encontrara alguna forma de paz con su familia. Archer le echó un vistazo cuando se dirigían más cerca del rancho. Dándose cuenta que lo que sentía por ella había sido el combate más difícil que creía que alguna vez haber luchado. Salir de esos obstáculos de toda la vida para entregar su corazón no había sido fácil. Pero por Dios, el pensamiento de haberla perdido, que había sido demasiado tarde para salvarla, casi le había destruido. —¿Estas bien? —estirándose, Archer cubrió la mano que reposaba en su regazo y entrelazó sus dedos con los de ella. —Estoy bien —prometió. Podía oír el borde de los nervios en su voz. Estaba un poco enfadada y quizás incluso un poco asustada. —Hablé con Jordan, el tío de Rory, hoy —le informó cuando hizo el giro hacia la propiedad de los Corbin, su mirada pasando por la vasta pradera que se extendía ante ellos y el ganado salpicando el paisaje. —Rory despertó una vez esta mañana antes de caer en lo que el doctor llamo un sueño reparador. Amory le golpeó duro. Anna asintió. —Con un bate de béisbol. Traté de advertirle, pero ya era demasiado tarde. Amory actuó como si estuviera golpeando una pelota

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de béisbol para un maldito jonrón11, por la manera que le dio. Ella había estado saliendo de la habitación. Había visto a Amory primero, arrastrando el bate, entonces Rory había llegado a la vuelta de la esquina con su expresión dura y fría. Había sabido que alguien estaba en la casa, pero él la había visto y no esperaba que nadie estuviera a la vuelta de la esquina. Y ella no había sido capaz de reaccionar a tiempo. —No fue tu culpa, cariño. Él apretó el agarre en su mano, mientras su pulgar le acariciaba suavemente sus nudillos. —Fue mi culpa —negó ella—. Realmente lo fue Archer, porque me he negué a irme, aun conociendo el peligro que podría correr para mí misma y para los que trataban de protegerme. Debería haber hecho otras elecciones. ¿Qué otras opciones podría haber tomado más que abandonar el Condado cuando Wayne Sorenson estaba tratando de asegurarse que lo hiciera? —Anna, tienes el derecho de estar segura —le respondió con esta determinación arrogante que la excitaba incluso cuando no debería. —No de acuerdo con mi familia —dijo ella bruscamente—. Ellos me enseñaron que sólo tenía el derecho de ser enviada lejos, a permanecer sola. —Una amarga risa pasó por sus labios—. Supongo que debía estar aislada para la protección de todos los demás.

11 En béisbol, un jonrón (del inglés home run)1 se da cuando el bateador hace contacto con la pelota de una manera que le permita recorrer las bases y anotar una carrera (junto con todos los corredores en base) en la misma jugada, sin que se registre ningún out ni error de la defensa.

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Y así era como exactamente se sentía. —¿Por qué no encontraron a Wayne todavía? —pregunto Anna cuando se acercaban a la principal casa de la hacienda, los nervios en su voz ahora más claros. Archer inhalo lentamente. —No lo sé. Él no tenía planes de abandonar la ciudad, por lo que yo sé. —¿Cómo lo sabes? Sus dedos se apretaron en los suyos cuando la camioneta tomo una curva y la casa de dos pisos apareció a la vista. —Tenía programadas varias reuniones hoy y mañana, una de las cuales era con su corredor de bolsa que voló desde Nueva York y llegó al hotel esta mañana. Estaba cobrando algunas de sus acciones y enviándolas a una cuenta en las Islas Caimán mediante una cuenta que había abierto en Aspen. —Estaba a punto de hacer algo entonces —reflexionó—. ¿Alguna idea de qué? —Tú estás cerca de cumplir los 25. —Se encogió de hombros—. Te estaba dejando vivir sólo por ese motivo, según él. Cualquiera fueran sus planes, él sabía que iba a precisar dinero. En un momento dado, los barones, incluyendo los Callahan, habían hablado de juntar sus propiedades y convertirlas en un resort de vacaciones a lo largo de la frontera de los Callahan. El Rancho Callahan era determinante en este proyecto.

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El padre de Archer le había mencionado cuando era adolescente, cómo habían discutido los planes con Randal e hicieron la oferta de entrar en la alianza para poder mostrar un socio no propietario en el negocio. Esto les habría dado una ventaja en el momento ante varias organizaciones que estaban a favor de las empresas turísticas con socios sin posesión de tierras, ni tampoco grandes cantidades de dinero. Entonces, JR Callahan se enfermó, la familia de su esposa había amenazado con desheredarla si no paraba de trabajar para salvar un rancho que estaba en quiebra y con un bebé que todo el mundo creía muerto para ese momento. Esos planes habían quedado en el olvido. Y entonces, justo cuando parecía que todo se juntaba nuevamente, JR y Eileen habían muerto en aquella extraña tormenta de nieve, cayendo en el mismo acantilado que sus hijos y nueras caerían más tarde. Una coincidencia, como su padre había declarado más de una vez en el transcurso de los años, demasiado grande para creerla. Demasiadas muertes, especialmente aquella atribuidas al

Carnicero, estaban

conectadas y les habían perseguido. Al igual que habían perseguido a Archer. Ahora que los hilos se estaban finalmente uniendo, que todo estaba comenzando a tener sentido y se daba cuenta exactamente cuánto tiempo llevaba este amargo odio y codicia, se sentía shockeado. Nueve generaciones eran demasiadas para que tales secretos siguieran enterrados, para torturar a una familia y atormentar a otras cuatro sin ser identificados. Ivan finalmente había descubierto a Wayne Sorenson como descendiente directo de Clavern Mulrooney, el padre pirata conocido solamente como Raider.

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Pero también había identificado otra familia, una mucho más misteriosa que incluso los Mulrooney y mucho, mucho más inteligente en ocultarse. Con Clavern Mulrooney y su hijo Blood, había un tercer pirata y amigo de la infancia, Edward Bosworth tercero, hijo de una familia con título y en estrecha relación con la corona Británica. Había sido un asesino en serie. Él y Clavern se habían alimentado no sólo los asentamientos de Colorado Springs y Aspen, sino también de las tribus americanas nativas de la zona. Todas mujeres. Todas cuyas reputaciones eran de brujas, prostitutas, adúlteras; todas mujeres que, en su momento, habían roto algunos de los tabúes más sagrados de la sociedad. El nombre Bosworth no había aparecido nuevamente. El empate al trono nunca fue dado a un apellido que había sido probado y la familia había caído en las sombras del tiempo. Archer se arrastró desde el pasado, mientras el patio principal de la casa aparecía a la vista. Situada en el extremo de un pequeño valle con las montañas elevándose alrededor en tres de sus lados, varios establos y anexos se esparcían en el área principal, la hacienda tenía la apariencia, casi, de una pequeña ciudad. Echando un vistazo hacia ella, Archer capto su expresión antes de que su cabeza fuera hacia la cascada de agua que caía desde un empinado acantilado detrás de la casa. La cascada suavemente hasta fluir por rápidos arroyos que pasaban a través del valle.

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El Condado de Corbin era una de las zonas más silvestre y hermosas del Estado, podría jurarlo. Infiernos, del mundo en lo que a él respecta. Y los cuatro ranchos que una vez habían dominado conservaban la mayoría de esa belleza. Llevando la camioneta por el camino de grava en frente de la casa, Archer le dio un suave apretón. —Debería haber sabido todo antes de llegar a esto. —Su voz de repente llena de miedo mientras miraba la casa—. Si hubieran querido explicarme algo Archer, habrían venido a casa ayer. Me habrían buscado. —Esta es tu voluntad, Anna —declaró, la dulzura en su voz apretando el pecho de ella aún más mientras luchaba contra los temores crecientes en su interior—. Podemos irnos. Ella era una mujer adulta, aunque se sentía como de nueve años otra vez, al darse cuenta de que su familia no iba a dejarla volver a casa. —Él te dijo aquella noche en la casa que una vez que descubrieras la identidad del Carnicero, ellos te lo dirán todo —dijo ella, levantando la mirada hacia él mientras luchaba contra el temor a que la echaran antes de que haber tenido la oportunidad de hacer la primera pregunta. —No lo sabrás hasta que lo intentes, Anna. —Levantando su mano, paso los nudillos de sus dedos a lo largo de su mejilla, calentando su piel fría—. Podemos dar la vuelta e irnos ahora, o podemos ir a la puerta y exigir las respuestas que te mereces. Lo peor que puede pasar es que no atiendan la puerta. Ella asintió lentamente. Él tenía razón. Eso era lo peor que podrían hacer y Crowe se había enfrentado a cosas mucho peores en los últimos años.

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Había sido la preciada, consentida princesa hasta que se negó a obedecer las exigencias que un loco le exigía. Merecía saber por qué no habían confiado en ella con la verdad, con la información de quién era. —Gracias, Archer. —Pestañeo sus lágrimas. —Cuando quieras, bomboncito —prometió, su voz acariciando sus sentidos con la ternura reflejada en sus ojos—. Cuando quieras. Y nada más. Soltando su mano, salió del vehículo antes de pasar al lado del acompañante y ayudarle mientras Anna luchaba por frenar que la decepción que la desgarrara. Después de su desesperación y determinación para mantenerla segura desde que Amory se la había llevado, Anna estaba segura de él finalmente le diría que la amaba. Seguramente lo hubiera hecho para ahora. —Sabes que soy capaz de salir por mi sola —le recordó. —Mi

madre

estuvo

viva

lo

suficientemente

como

para

enseñarme modales. —Resoplo él cuando cerró la puerta, entrelazó los dedos con los de ella una vez más y la condujo a la casa. *** Anna podía sentir su corazón acelerándose mientras subía al porche, recordando aquellos años de niña cuando jugaba en la áspera piedra natural, las noches que se había sentado en el gran columpio con su padre mientras él cantaba para ella. Enderezando sus hombros, Anna cruzo el porche, levantó su mano

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y pulso el timbre dos veces. No tuvo que esperar mucho, pero estuvo bastante sorprendida cuando su abuelo contesto a la puerta y no el mayordomo, que había estado con su familia durante años. —¿Qué está pasando, Archer? Cuando la mirada de su abuelo cambio rápidamente hacia ella, vio dolor profundo y sintió su garganta apretándose en agonía. —Maldita sea abuelo, ¿ni siquiera puedes reconocer mi presencia? Dolida, tan ansiosa por la atención de este hombre que estaba dispuesta a rogar por ello, Anna uso la burla para taparlo. Reconociendo que esa ansia era una cosa, demostrando que era otra. La mandíbula su abuelo se tensó cuando un espasmo de agonía cruzó su rostro haciendo que Anna no pudiera contener un ligero sollozo. —John,

hemos

identificado

tu

problema

—le

dijo

Archer

tranquilamente—. Pero Anna sabe lo que está pasando desde la noche en la que estuviste en mi despacho con tus amigos. Lo escucho todo mientras permanecía detrás de la puerta. Su abuelo agarro el marco de la puerta rápidamente, palideciendo mientras su mirada se disparaba hasta ella. —Dime abuelo —dijo ella con tristeza—. ¿Mi madre entendería lo que le has hecho a su hija? —¿Qué? —Él tragó con fuerza, sacudiendo la cabeza mientras se

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volvía hacia Archer y Anna sentía su corazón rompiéndose por ella, así como por este hombre que la había ayudado a crecer durante tantos años—. ¿Qué pasó? —¿No han oído del secuestro de Anna por los Carniceros anoche? —preguntó Archer. Si John hubiera podido palidecer más rápido lo hubiera hecho. Por un segundo, pareció tambalearse sobre sus pies, sus puños apretándose espasmódicamente a los lados mientras parecía luchar para conseguir el control de sí mismo. Su mirada se volvió a Anna. —No lo sabía —jadeo—. Oh, Dios, Anna, no lo sabía. —Entonces el terror pareció destellar en sus ojos cuando volvió hacia Archer—. ¿Entonces conoces la identidad del Carnicero? Archer respiro ásperamente. —Era Wayne Sorenson, John —le dijo tranquilamente—. Él fue tu chantajista, junto con su socio Amory. —No. —Su abuelo dio a su cabeza una rápida sacudida—. Él es el mejor amigo de Robert. —Se volvió hacia Anna—. El padre de Amelia. Él ayudó… —corto rápidamente, como si pensara que lo que había estado a punto de decir era algo que no podía oír. Oh, Dios, ¿qué secretos escondía su familia? ¿Qué había ocurrido que podría ser peor de lo que ya sabía? —¿Ayudó en que, abuelo? —preguntó—. ¿Qué hizo él para ayudar? ¿Ocultar las pruebas de que mis padres fueron asesinados? ¿U ocultar la prueba de que la hija de David y Kimberly Callahan había

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tenido tres semanas antes de su muerte y que no habĂ­a muerto con ellos, despuĂŠs de todo?

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Capítulo 24 John sacudió su cabeza, como si no pudiera creer las palabras que habían salido de sus labios. La mirada de su abuelo era atormentada cuando encontró la suya, años de dolor, miedo y decisiones que rompieron los corazones de todos, llenando sus ojos. —Mejor entra. —Su abuelo se quedó atrás entonces, sus manos temblando cuando metió una en el bolsillo de su pantalón y cerró la puerta con la otra—. Todos estábamos en el patio trasero. —¿Nadie te dijo que Anna había sido secuestrada ayer por la noche? —le preguntó Archer nuevamente mientras lo seguían por la casa. —Nadie —respondió él con voz hueca—. Estuvimos fuera de casa casi toda la noche y esta mañana. Algunas de las vallas cayeron cerca de la interestatal, y teníamos ganado intentando hacer carreras de choque con los coches. Fue un desastre infernal. Estuvimos todos fuera hasta el amanecer. Esto explicaba por qué no habían al menos llamado para ver si ella estaba bien, Anna intentó decirse a sí misma. Entrando en el patio, se quedó callada, en silencio mientras sus padres y abuela se levantaron de sus asientos alrededor de la gran mesa de cerámica y la observaron, sus miradas al borde de la desesperación. La mano de Archer se asentó en la parte inferior de su espalda, sus dedos acariciándola sutilmente mientras ella soltaba un largo y suave suspiro.

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—Anoche, Amory Wyatt y Wayne Sorenson me secuestraron de la casa de Archer —afirmó. —Oh Dios. No —dijo su madre, sus manos cubriendo su rostro mientras Anna se encontraba luchando contra sus lágrimas una vez más. —Escuché como alguien distinto de los que amaba me decía cómo otra pareja me dio a luz. Wayne se mostró muy feliz por haber logrado que no fuera parte de esta familia, parte de ninguna familia de verdad, desde que tenía nueve años y que con el secuestro, él garantizaría que me alejara y permaneciera fuera del Condado hasta cumplir los veinticinco. —Una lágrima resbaló por su cara—. ¿Por qué no me lo dijiste? —Su mirada se centró en su madre—. No siempre he sido una niña, pero siempre he rogado venir a casa, ser parte de esta familia. ¿Por qué no pudiste decirme simplemente la verdad, por lo menos, permitirme saber que me amabas? ¿Que no estabas avergonzada de mí o simplemente indiferente? ¿Por qué? —Anna. —Su madre vino a sus pies, con el rostro lleno de tristeza y culpabilidad—. Hay tanto que no entiendes, tanto que sería imposible explicar. Su padre se levantó de su silla más lentamente, con expresión dura. Ahora todos parecían paralizados, como si no supieran qué decir, o qué hacer. Archer camino más cerca de ella. —Mis agentes encontraron pruebas irrefutables de que Wayne ha estado chantajeando a los Corbin, Rafferty y Ramsey por los asesinatos de JR y Eileen Callahan, como también de sus hijos y nueras, Benjamin y Mina Callahan, Samuel y Ann Callahan, y David y Kimberly Callahan, que él cometió.

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Todo el mundo parecía estar esperando. —También habían algunas pruebas del homicidio de Clyde Ramsey y un vaquero, Dale Layden. Parece ser que Clyde y mi padre estuvieron trabajando juntos durante años para encontrar pruebas de que Wayne había cometido los asesinatos. Dale estaba trabajando para JR y Eileen Callahan justo antes de su muerte. Vio a Wayne cargar sus cuerpos en la camioneta de JR e irse justo antes de la tormenta. Lo siguió a caballo y fue testigo cuando empujo la camioneta por el acantilado. Por desgracia, Wayne también lo vio. Sabiendo que el padre de Wayne era un juez en el Condado, Dale prefirió huir que decir lo que había visto. Clyde lo rastreó pero de alguna manera Wayne se enteró de la reunión y lo siguió. Después que Clyde se fue Wayne lo mató. Después fue al rancho Ramsey y mato a Clyde en el campo antes de arreglar el accidente del tractor. —Mi Dios. —Su abuelo se sentó en el gran sillón que siempre había sido su favorito, sus manos temblando—. Pero, ¿por qué? —observó fijo a Archer, su mirada suplicando. Tomando un asiento también, y viendo como Robert y Lisa Corbin, la pareja que Anna creyó eran sus padres durante tanto tiempo, tomar sus asientos, Archer empezó. Le había explicado esta parte a ella cuando se estaban vistiendo y ella aún tenía problemas para creer la historia. —¿Reconoces el apellido Mulrooney? —preguntó Archer. Su abuelo frunció el ceño. —Había una historia de un Mulrooney reclamando las tierras cuando nuestros antepasados las compraron al Estado —dijo John, confundido.

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—La misma familia —asintió Archer—. Wayne es un descendiente directo. Necesitaba el control de la propiedad de los Callahan para encontrar y reclamar el tesoro que aquellos primeros Mulrooney, se rumoreaba, habían escondido en las tierras Callahan. Secuestro a Anna para obligarla a irse por miedo, así él podría hacer uso de la cláusula cuando ella cumpliera veinte y cinco años y podría tomar posesión de su parte de la finca. —No existe el tesoro. Es un rumor, nada más. —El abuelo la miró, sus ojos llenos de un desesperado dolor—. Era sólo un rumor, Anna. No hay nada que se pueda ganar de todo esto. —Es un rumor que la familia Mulrooney siempre ha creído — suspiró Archer—. Descubrimos generaciones de diarios en casa de Wayne, en los que se detallaban la búsqueda de este tesoro y los primeros esfuerzos para sacar a los Callahan fuera de la zona y hacer a los otros barones pagar por la supuesta pérdida del tesoro. Los investigadores aún siguen con los diarios pero al parecer son generaciones de ellos. La familia permaneció quieta y en silencio. La cabeza de su madre estaba agachada, sus manos cubriendo su rostro, negándose a mirarla. Entonces la mujer que Anna siempre había llamado madre alzó su rostro y el aliento de Anna quedo atrapado por el dolor y las lágrimas que lo llenaban. —En la noche que tu madre murió, mi hija recién nacida murió también —le dijo entre lágrimas—. Tu abuelo voló hacia California. —Su respiración se dificulto con un entrecortado sollozo—. Voló, se reunió con nosotros y nos contó lo que paso y como tuvo que proteger a la hija de Kimberly. Me miró a mí. —Colocó su mano en el corazón con sus labios temblando—. Lisa, dijo, esa dulce niña que todos hemos esperado se ha

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ido. —Sollozó—. Pero su muerte podría salvar la vida de Sarah Ann. Tú puedes salvarla, dijo. Apenas podía hablar ahora que el dolor era tan fuerte y los recuerdos tan dolorosos. —Te lleve conmigo —dijo su abuelo mientras Anna sostenía la mano de Archer como una tabla de salvación, sus lágrimas cayendo junto con la mujer que no era su madre, sino la mujer a quien había llamado madre—. Le rogué —admitió—. Tu abuela y yo le imploramos. A las pocas horas volamos a casa. Cuando aterrizamos, Lisa te llevaba y yo llevé a su preciosa niña a la oficina del médico forense donde nos esperaba con el padre de Archer. Enterramos a la hija de Lisa y Robert con David y Kimberly. Sus testamentos exigían que fueran enterrados juntos y eso fue bueno, porque si Wayne fue el Carnicero todos estos años, entonces él era el único que no podía exigir que David fuese enterrado lejos de la mujer que tanto había amado —sacudió la cabeza y se centró en ella una vez más—. Se querían desesperadamente, Anna, igual que te amaron a ti y a Crowe. Tanto, que hicieron todo lo que pudieron para protegerles a los dos y a ellos mismos. Ellos te amarían muchísimo y habrían estado muy orgullosos de los dos. Anna miró a la pareja que habían sido sus padres durante casi toda su vida, doliéndole tan profundo con tan fuerte dolor que no podía forzarse a decir nada. Ella no podía deshacerse del dolor o la sensación de abandono que la habían seguido durante tanto tiempo. Su padre, no, no era su padre. No, no importaba el porqué, no importaba el dolor. —Pa —susurró.

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Su cara se retorció por el dolor cuando su madre agarro su mano más fuerte. —¿Por qué no confiaste en mí? —pronunció la pregunta que le había desgarrado y devastado todo en lo que ella creía—. ¿Por qué, mamá? ¿Papá? ¿Por qué no podían simplemente decirme en lugar de dejarme sentir como si me hubieran abandonado? ¿Como si no significara nada para ustedes o para mi familia? Fue Archer quien la mantuvo firme. Sosteniendo su mano en la suya, el calor cerca de ella, dejándola lidiar con sus lágrimas, su ira y su dolor sin asegurarle que todo iba a estar bien. Porque no estaría bien por un largo tiempo. Su madre limpio desesperadamente sus lágrimas mientras su padre inhalaba entrecortado y pestañeaba frenéticamente para quitar humedad de sus ojos. —Estábamos tan asustados, Anna —dijo su madre murmuro, su voz áspera por las lágrimas—. No sabíamos cuando iba a llamar o lo que exigiría. Todo lo que sabíamos era que te estábamos perdiendo más y más cada año. Y más y más cada año, mi alma estaba muriendo. —Sollozo— . Ya había perdido a una hija, no podía soportar perder otra. —Tú eres nuestra hija —afirmó su padre con voz ronca—. Sin importar lo que sientes, o como te sientas más tarde, tú eres y siempre serás nuestra hija, Anna. Amaba a mi hermana. Ella era la pequeña de la familia, apreciada y querida. Y tú eres su hija. Pero ahora eres nuestra hija, también. Su abuelo sacó su pañuelo y limpio su cara con manos temblorosas.

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—El día que enterramos a tus padres, estuviste callada. El bebé perfecto —dijo—. Por un

tiempo. Cuando escuchaste a Crowe

gritarme cuando supe que no iba a volver al rancho con nosotros, te despertaste al instante. El corazón de Anna se partió al saber que Crowe había sufrido mucho más de lo que ella lo había hecho. —Lloraste durante horas —dijo su abuelo—. Llorabas por él, lo sabía. Estaba seguro de que no podías llorar más, que tus lágrimas se vaciarían, pero incluso después de regresar al rancho, todavía gritabas. Y ese día yo habría dado mi vida, Anna, mi vida, si hubiera podido tener a mis dos nietos aquí. Si pudiera haber ayudar a Crowe con su dolor, si pudiera haberle protegido. Les habría dado todo, todo lo que el hijo de puta tenía que hacer era decirme lo que quería. Cuando los labios de Ana se separaron, unos repentinos golpes en la puerta trasera la hicieron girar y miro en estado de shock como de repente era empujada hacia adentro y él con furia entraba al patio. Crowe estaba con un semblante sombrío de muerte, sus ojos color ámbar estaban llenos de furia asesina mientras barrían la sala y la encontraba. La apariencia no cambio, pero la tensión, la furia asesina que tensaba su cuerpo disminuyó un poco. —¿Crowe? — Archer lo cuestionó la entrada mientras todos se ponían al instante de pie. La mirada de Crowe se deslizo a John Corbin. —Bueno, si no es el mártir del Condado de Corbin —se burló—.

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Dime viejo, ¿te has sacrificado por alguien más este año? Infierno, espero que no. Tu forma de ayudar apesta. Sorprendentemente fue su abuela quien reaccionó. —James Crowe Callahan, tu madre te educo mejor y sé que lo hizo. —Genoa murmuró, su voz áspera y por primera vez Anna notó el rastro de lágrimas que brillaba en su arrugada cara. Crowe, tensó la mandíbula hasta que Anna pensó que iba a romperse. Por un momento, ella realmente creyó que la iba a ignorar. —Mírate —dijo Genoa—. Tan orgulloso y terco como tu padre, pero con los ojos de tu madre y su forma de mirar fijo a una persona como si pudiera atravesarla. —No hagas eso. —Su voz no era tan cruel, pero tampoco era respetuosa—. No has sido mi abuela desde que tenía diez años y no necesito una ahora. —Siempre he sido tu abuela —le dijo ella—. Y necesitas una ahora, Crowe, ahora más que nunca. Esperamos que tú no tardes demasiado en formular tus propias preguntas. —No tengo ninguna pregunta —le contesto con la ira vibrando en su voz—. No tengo ninguna pregunta, petición, o tiempo para jugar a estos juegos. —Se dirigió a Archer—. Descubrimos a Amelia Sorenson y una mujer joven, Elizabeth Haley, atadas y sufriendo deshidratación y exposición solar en el porche delantero de mi cabaña. —Su voz era muy dura, llena de ira animal. —¿Amelia? —susurró Lisa en un tono lleno de la misma conmoción

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que Anna podía sentir desgarrándola—. ¿Por qué? —Según Amory Wyatt —se burló Crowe— porque Wayne no jugaba según las reglas. —Se giró hacia Archer—. Amelia, está dispuesta a declarar que era su padre, Archer. Ella… —sacudió la cabeza con cansancio antes de frotar la parte de atrás de su cuello—. Esta con el doctor Mabry y su esposa. Cayna la mantiene vigilada. Apoyándose en Archer, sus brazos apretados en torno a ella, Anna sólo podía mirar a Crowe, apenas capaz de comprender todo. Amelia había desaparecido del hospital en las primeras horas de la mañana. —Estaba dirigiéndome hacia allí cuando Amory me llamó — continuó él, y la mirada que le dio a sus padres y sus abuelos fue salvaje. —No te vayas sin mí —le dijo a Archer suavemente, bajando su mirada cuando la conmoción emocional le partió el alma. —Nunca —prometió el—. Déjame ver qué es lo que está pasando y enseguida estaré de vuelta. —Rafe y Logan están fuera —Crowe prácticamente gruñó—. Junto con los malditos Resnova los cuales no se quedan fuera de mis asuntos. Doblando la cabeza, Archer besó su mejilla suavemente. —Dame diez minutos. Anna asintió, observando como caminaban por el patio con Crowe siguiéndole detrás. Anna se volvió hacia su familia, la mirada encontrándose con los

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dos que la habían alimentado y criado. —Son mi padres —les dijo, entrelazando sus manos delante de ella, sus dedos torciendo y doblándose juntos mientras miraba a su madre y padre cautelosamente—. Si no quieren ser mis padres, entonces no los puedo forzar, al igual que no puedo forzarles a ellos —miró a sus abuelos—. Pero los quiero —dijo, las lágrimas cayendo nuevamente mientras enfrentaba al hombre y la mujer que siempre llamaría mamá y papá—. Crowe será siempre mi hermano y espero que de alguna manera, uno de estos días podamos encontrar esa relación como debería haber sido y desearía haber conocido al hombre y a la mujer que me dieron la vida. Pero ustedes me dieron educación, honestidad, seguridad de la manera mejor posible y siempre pensé, hasta que fui obligada dejar mi casa, que me habían enseñado a amar. —Su voz se rompió cuando levantó sus manos, cubriendo su rostro por un momento, con la esperanza de contener las lágrimas—. Pero también me han enseñado a luchar por lo que quiero. Y quiero estar en el Condado de Corbin. Quiero ser parte de la vida de mi hermano, mis primos, y de ustedes. Pero nada podía detener el dolor resonando dentro de ella. Al igual que nada podía cambiar el amor que sentía por esta familia. Con culpas y todo, a pesar del pasado que casi les destruyó a todos. Los brazos de su padre fueron en torno a ella. Conocía la sensación de ellos. Quitando las tres primeras semanas de su vida, los brazos de este hombre las habían sostenido, esta mujer la había consolado y los abuelos que tanto amaba habían hecho sus mejores esfuerzos para consentirla. Y su madre estaba allí. Empujando a Anna hacia ella, Lisa Corbin acurruco a la única hija que verdaderamente conocía contra su corazón

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y lloraron juntas mientras su abuelo y su abuela llegaban a ella, sus abrazos, sus susurros de amor quizás no curando, pero aliviando su corazón. Habían perdido tiempo, años de su vida con miedo y luchando para proteger a la niña que les había robado sus corazones con sus sollozos entrecortados a una edad tan joven. Ellos estaban orando que las lágrimas terminaran. —Mi niña —dijo su madre cuando Anna dio un paso atrás—. No importa el nombre que lleves, siempre serás nuestra niña.

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Capítulo 25 Se sentía rota cuando llegaron a casa de Archer esa noche. Amory Wyatt y Wayne Sorenson habían desaparecido por completo. Afortunadamente, Rory Malone saldría del hospital en unos días con un certificado de buena salud. —Oye nena. —Archer entró en la cocina después de una ducha, moviéndose hacia ella para colocar un suave beso en su nuca—. Pedí la cena. Llegará pronto. Anna levantó la vista, el corazón le dolía al ver la calidez de su mirada. Sabía exactamente eso: el calor de la necesidad sexual nunca sería suficiente. Ella necesitaba de su amor. Merecía su amor. —Gracias —dijo—. Me había olvidado de la cena El timbre sonó justo en ese momento, anunciando que la comida había llegado. Archer le guiñó un ojo con intención lujuriosa. —Puedes darme las gracias después de la cena. Y lo haría, porque lo necesitaba. Porque sus caricias, su calor la asombraban cada vez que habían terminado. Archer volvió al patio con la comida después de varios minutos.

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Parando en la cocina, sirvió las papas fritas aun calientes y los sándwiches en platos, recogió la sal, la pimienta, el ketchup, la mayonesa y la salsa picante. Reculando hasta el patio, Archer se sorprendió por la visión de Anna al romántico brillo del fuego a su alrededor. Ella vestía una falda que le llegaba al tobillo, era de algodón, tipo gitana y una pálida camisola de color melocotón que revelaba sus suaves hombros. La parte de enfrente, revelaba unos senos redondos, su sujetador tenía un toque de encaje que robaba su mirada, y dejaba su boca abierta por saborear sus pezones. Su cabello oscuro y largo colgaba alrededor de su cara, sus rizos caían sobre sus hombros y se acurrucaba en la curva de su pecho. Bajo la fina tela de su blusa y el encaje de su sostén, sus pezones se presionaban esperando el calor de su boca. Cada centímetro de su curvado cuerpo tentador, endureció su polla y le hizo doler por su tacto. Ella se estaba metiendo dentro de él, admitió en silencio. Nunca había traído una amante a su casa o había considerado la idea de tener alguna mujer imprimiendo su presencia allí. Pero esta joven, su amante, él simplemente no podía imaginar su casa sin ella. Mientras comían, la conversación se quedó en silencio. Los sonidos de la cascada que se encontraba en el rincón más alejado y las llamas lamiendo la madera, volvieron el ambiente un poco más íntimo. La intimidad no podía disipar la preocupación de que Wayne y Amory siguieran desaparecidos y la amenaza que representaban para Anna, Cami, Skye y ahora, Amelia también.

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—Te vez preocupado —afirmó cuando terminó la comida y su cerveza. Archer vio su rostro, vio la luz parpadeando sobre sus lindas facciones, las sombras bajo sus ojos. Ella le había sonreído antes, y juro que su corazón iba a escapar de su pecho por la emoción. Una mujer no debería de ser capaz de hacer sentir eso a un hombre, se dijo. Era malditamente peligroso. Comenzó a pensar que tal vez el cuento de hadas podría ser más que una ilusión. —Tenemos que averiguar donde se esconden Wayne y Amory. — Exhaló—. Ni Amelia ni Elizabeth saben dónde estaban, pero estoy seguro que la casa no estaba a más de una hora, quizás dos. Anna apartó los ojos de Archer, hacia el fuego. Las llamas eran más baja ahora, la madera se había consumido a la mitad desde que se habían sentado frente a ella y comieron. —No pueden esconderse por siempre —afirmó mientras se frotaba los brazos, sabiendo que mientras Wayne y Amory estuvieran libres, sería peligroso. —¿Sabes cómo me tortura eso? Estoy aterrorizado de solo pensar que te pueda arrebatar de nuevo —le dijo mientras movía su silla hacia ella y luego la tomaba en sus brazos—. Saber que esta por ahí, saber que no se detendrá hasta que esté muerto. Él no lo haría. Anna recordó la maldad en su voz, así como la necesidad de hacerle daño. Inclinándose contra su pecho, ella pudo sentir los latidos de su corazón bajo su oreja, pero no pudo detener el escalofrió que le recorrió

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la espalda ante el recuerdo. Inclinó la cabeza hacia atrás, captando su mirada y vio la determinación en sus ojos. —Si alguien puede detenerlos eres tú, Archer. —Ella lo sabía en el fondo de su alma—. Tú no eres el tipo de hombre que se dará por vencido solo porque otros piensan que debería. Vas a poder con ellos, Amory y Wayne y se arrepentirán de cada gota de sangre derramada. Cuando lo miró, con la cabeza baja, sus labios se rozaron. Ella se estaba metiendo dentro de su piel, y no tenía idea de cómo hacer que se detuviera, cómo hacer que parara. El problema era que no quería que se detuviera. Y eso lo aterraba. —Me hubiera gustado que sucediera de otra manera. —El arrepentimiento en su voz le hizo apretar sus brazos alrededor de ella—. Solía imaginar que podría escabullirme en uno de los eventos sociales. Que me verías. Tus ojos se encontrarían conmigo y advertirías lo mucho que te quería. —Las lágrimas no estaban cayendo, pero él juró que podía sentirlas caer en su alma—. Caminaríamos por la plaza de danza, todo alto y guapo, y me llevarías en tus brazos. Bailaríamos hasta que me llevaras a la derecha a una de esas pequeñas grutas, y me besarías. Me dirías cuánto habías esperado por mí y que nunca me dejarías ir. —Su cabeza cayó hacia atrás sobre su hombro, los largos mechones de su pelo caían a lo largo de su brazo—. Y ahora no tendremos ni siquiera una oportunidad. Porque ya había sucedido. Ellos habían terminado viviendo juntos de una manera que seguramente terminarían separados. Él no la había invitado a vivir con él después que se convirtieron en amantes. Se había visto obligado a llevarla a su casa porque no tenía otro lugar a donde ir.

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Archer la tomó en sus brazos, una mano deslizándose en la nuca, apretando los hilos de su cabello y enviando una oleada de placer a través de sus terminaciones nerviosas. Levantando la mirada hacia él, ella pudo ver el hambre que ardía en sus ojos, la lujuria y algo más. Algo que ella deseaba, amor. Entonces sus labios cubrieron los de ella, su lengua lamió la plenitud de su labio inferior antes de presionar el interior y encontrar la suya. Anna gimió ante la seducción de aquel beso. La sensación de sus labios acariciando los suyos, tomando sus besos, su piel quemando por su toque arrancó un fuerte gemido de ella. Archer no podía saber cuán profundamente latía su corazón por él. Cuán profunda era la esperanza de que él pudiera llenar su corazón. Y cuán grande era la certeza de que, cuando esto terminase, ella se quedaría sin él. Envolviendo sus brazos alrededor de su cuello y levantando los pies, Anna abrió los labios para él, tomando su beso con una necesidad que no se molestó en controlar. Su abrazo se apretó. Deslizando sus dedos en su pelo, Anna gimió con el aumento del placer, levantándose contra él, sintiendo la gruesa cresta de su polla, dura como el hierro, acero caliente presionando contra su estómago mientras su lengua empujaba dentro de su boca y se frotaba contra la propia.

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Antes que pudiera detenerlo, él se hizo hacia atrás, liberándola, para enseguida volver a tirar de ella. Al otro lado del patio había un amplio sillón, Archer tomó el grueso y pesado almohadón y lo lanzo frente a la chimenea. Un segundo más tarde, ya se había quitado los pantalones de chándal que llevaba antes de tomar el pañuelo que ella usaba como cinto alrededor de la banda elástica de su falda. Mirándola fijamente, lo desató y tomó entre sus dedos la banda elástica de su falda deslizándola hacia abajo por sus caderas y piernas. Le quitó la blusa y con un movimiento de sus dedos entre sus pechos soltó el sostén, empujó las correas sobre sus hombros y las deslizó por sus brazos hasta dejarlo a un lado. —Dulce Dios, ten piedad de mi —inhaló cuando acarició sus pechos, sus sensibles senos, sus ojos acariciando sus pezones—. Amo tus pechos Anna. Son dulces frutos maduros. ¿Sabes cuantas veces soñé con chupar tus pezones? Se inclinó hacia ella, sus labios rodearon la punta dura y lo chuparon en el calor de su boca. Mirándolo, Anna escurrió sus dedos entre su cabello rubio oscuro. Luchaba por controlar su respiración, para encontrar la fuerza suficiente en sus piernas para mantenerse en el lugar. —¿Y si alguien nos ve? —Nadie nos puede ver —prometió. Rozando sus labios contra sus pezones la llevo al almohadón que había arrojado frente al fuego—. Es posible que oigan esos pequeños gritos cuando acabas. Nunca se sabe si

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los vecinos están escuchando. Casi desnuda ante él, vestida sólo con la ropa interior melocotón pálido en sus caderas, Anna se mordió el labio inferior, preguntándose cómo demonios iba a manejar eso. Bajando a su lado, sus labios descendieron sobre los de ella otra vez, acariciándola, lamiendo sobre ellos mientras Anna luchaba por contener un gemido necesitado. —Shhh —murmuró mientras levantaba su cabeza, sus ojos de un color dorado brillaban mientras aumentaba el hambre en sus profundidades. Las yemas de sus dedos callosos acariciaban sus muslos mientras sus labios se movían a través de su mandíbula, hasta llegar a su cuello. Anna viró su rostro cuando sus besos cayeron en dirección a sus pechos hinchados, sus labios encontrando la carne dura de su cuello. Entonces él los empujó con la punta sensible de su lengua y Anna apretó los dientes para contener su grito. Caliente por el fuego y por el duro cuerpo de Archer, Anna levantó las manos enterrándolas en su pelo, sus labios y su lengua acariciaban su cuello mientras sus pezones ardían de placer. Ella sentía que el mundo que les rodeaba marchaba en retroceso. Él presionó la curva de su rodilla contra el montículo de su coño y Anna pudo sentir las llamas elevándose cada vez más, el placer hundiéndose cada vez más en su interior. Chupó primero un pezón duro, luego llevó el otro a su boca, Archer gimió contra la punta dura, su lengua áspera acariciando contra ella hasta que gritó su nombre. Intento estrangular el sonido, desesperada

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por evitar que los vecinos escucharan, ella presionó su dorso de la mano contra sus labios y oró para que funcionara. Entonces esos diabólicos e inteligentes labios comenzaron a moverse por su cuerpo. Su lengua asomó y comenzó a tocar, lamer y dibujar patrones calientes de placer erótico contra su estómago antes de llegar más abajo. Cuando sus labios llegaron al borde elástico de sus bragas, sus dedos se movieron de su muslo, y se apoderaron de la banda, bajándola lentamente. Retrocediendo, tiró de la seda hasta las rodillas, por sus piernas, luego los dejó caer al lado de la cama improvisada. Su respiración era entrecortada, el placer azotando a través de ella. Anna se quedó mirando a Archer mientras empujaba lentamente entre sus muslos, sus manos agarrando sus rodillas mientras las levantaba, plantando sus pies a cada lado para moverse más cerca de ella. Manteniendo las piernas separadas, Archer se quedó mirando su clítoris, sus pliegues y su coño desnudo. El hinchado clítoris asomó por debajo del pequeño mechón de rizos, mientras que sus jugos escurrían de la carne por debajo de ella. Tenía el coño más bonito, pensó el, lamiéndose los labios en anticipación.

La

necesidad

de

probar

el

dulce

calor

húmedo

derramándose de ella era un hambre casi imposible de controlar. Era toda perfección, pequeña y cremosa, apretada, suave y caliente. Estaba eufórico por estar dentro de ella. Era mejor que cualquier droga que nadie pudiera imaginar. Moviendo sus labios a los de ella, una vez más, Archer los tomó en medio de sus pequeños y apagados gemidos. No podía dejar de gemir de placer. Ella hacia algo con él. Algo mucho más profundo, algo que ni él comprendía. Tocarla, saborearla, era realmente como volver a casa.

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Con sus labios contra los suyos, presionando más cerca, su lengua saboreándola, Archer dejó que sus sentidos se volvieran totalmente inmersos en ella. Acariciando su lengua contra la de ella, saboreando un toque de vino y chocolate que había tenido para el postre, dejó que su mano acariciara su costado antes de tocar la curva de su pecho. La carne firme, hinchada encajaba perfectamente en su palma. La dureza de su pezón bajo su pulgar, el arco de respuesta de su cuerpo a su caricia, no tenía ningún engaño o indirecta de segundas intenciones. Ella estaba completamente perdida en el placer. Tan pérdida en las sensaciones que azotaban a través de su cuerpo que lo arrastraba más profundo en su propio placer también. Anna se arqueó ante su toque, gimió con el latigazo de placer y el creciente choque de sensaciones que eran imposibles de mantener. Una sensación de ardor se elevó desde su estómago y envío el calor irradiando a través de su coño.

Parecía que cada célula de su cuerpo dolía por su caricia. Ella ansiaba sus besos. Sus pezones palpitaban, las terminaciones nerviosas ultrasensibles estaban apretadas e hinchadas, ansiosas por el más mínimo contacto que enviara ardientes ondas de calor a su clítoris, a los músculos apretados de su vagina. Apoyando la palma de la mano en su rodilla, Archer acarició lentamente el interior de su muslo, separando sus piernas aún más. Dobló una rodilla, el pie presionando en el almohadón por debajo de ellos, Anna se levantó a sí misma más cerca de su toque. Sus caderas levantadas en anticipación cuando su palma le

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acarició como una provocación, una burla de lo que estaba por venir. Uñas cortas rasparon contra la carne sensible de su muslo, pero se negaron a acercarse al centro dolorido de su cuerpo. El roce de sus uñas le daba una sensación de hormigueo debajo de su piel, corriendo a lo largo de sus terminaciones nerviosas hasta su clítoris mientras ella se empujaba más cerca de su toque. —Estás provocándome —jadeó, arqueando el cuello mientras sus besos volvían a ella. —Te estoy disfrutando. —Gruñó—. Dios, no creo que pueda tener suficiente de ti. Y Anna no quería que él tuviera suficiente de ella. No quería que él dejara de ansiarla, porque tenía miedo de que ella nunca pudiera dejar de ansiarlo a él. —Necesito más, Archer. —Ella no creía que pudiera mantenerse en el borde, violentamente excitada por mucho tiempo más. —¿Cuánto más, nena? —Sus labios se movieron desde el cuello hasta sus pezones. Amamanto un pico apretado en su boca, sus dientes rasparon, arrancándole un grito corto y agudo de sus labios. Agarrándolo con los dientes, su lengua lo restregó hasta que sintió que su orgasmo estaba apenas a un latido del corazón. Las puntas tiernas estaban tan sensibles ahora, tan increíblemente duras que el placer bordeaba el éxtasis y el dolor, sintiendo una agonía que se fusionó para crear un choque de tal intensidad que no sabía si podría soportarlo.

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Ella se sentía suspendida, en un borde de éxtasis tan agudo que lo único que podía hacer era respirar. —Archer, fóllame —gimió, arqueando su espalda mientras sus labios se movían más abajo—. Por favor, me estás matando. Deslizando sus dedos a los húmedos pliegues de su coño, separó sus labios íntimos lentamente. Allí, con sólo las puntas de los dedos, frotó su entrada apretada y la sensible carne de su interior. Arqueándose más cerca con un gemido ahogado, Anna trató de forzar sus dedos dentro de ella, para aliviar la presión que la torturaba. —Archer, estoy tan cerca —ella jadeó—. Tan cerca. Por favor. Por favor. Sus uñas arañaron sus hombros mientras se acercaba. La cabeza ancha, llena de sangre de su polla se deslizó a través de la humedad. Entonces inclinó sus caderas para presionar la cabeza caliente contra la entrada apretada de su coño. —Oh, sí —ella gimió, el ajuste increíblemente apretado comenzó a estirarse cuando él comenzó a empujar. Caliente, estirando, el empalamiento era placer y dolor. El calor mordió a través de ella cuando Archer trabajó su polla en su interior. La carne endurecida separaba sus músculos sensibles con cortas y fuertes embestidas de sus caderas. Trabajaba la amplia cresta, en el interior caliente, centímetro a centímetro, lentamente, empujándola más cerca del borde de lo que nunca podría haber sospechado. —Archer. —Su bajo gemido desesperado llenó el aire cuando el éxtasis comenzó a llenarla—. Oh Dios mío, esto es tan bueno. Se siente

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tan bien. Era mejor que bien. Era una creciente ola de sensaciones arremolinándose a través de ella con una sensación de ardor y éxtasis. La profunda, aguda, dolorosa necesidad de liberarse se precipitó a través de cada zona erógena y acarició cada terminación nerviosa mientras su polla iba y venía dentro de ella, empujando hacia el apretado tejido que se cerraba succionando su hinchada erección. Cada empuje acarició terminaciones nerviosas dolorosamente sensibles. Raspó sobre ellas, encendiendo llamas con tanta intensidad que Anna sentía como si se estuviera derritiendo a su alrededor. Cada penetración feroz, cada embestida más dura, raspó sobre áreas tan sensibles, tan ardorosamente vivas que cada punto de éxtasis golpeó dentro de ella. Su cuerpo se tensó, cada músculo, mientras se acercaba a la liberación. —Mírame, Anna. —Un duro gemido masculino la hizo levantar los parpados, su mirada encontrándose con el brillo salvaje de la lujuria en sus ojos. Una mano agarró su muslo mientras sus caderas empujaban y rodaban, acariciando en su interior más fuerte, más rápido. —Déjame que te vea, bebé —exigió. —Déjame ver cómo te corres, Anna. Anna sintió la última restricción que la sostenía quebrarse. Cuando la mirada de él cruzó la suya, sus manos agarraron sus muñecas, quitándola de sus hombros y entrelazó sus dedos y los presionó por

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encima de su cabeza. Entrelazados, con sus dedos apretados, la sujetó mientras sus caderas se movían más duro, más rápido, empujando desesperadamente. Anna sintió un cataclismo en erupción estallar en su interior. Estalló en llamas, rodando a través de su sistema con un éxtasis que le robó el aliento y la envió volando al placer. Los labios de Archer vinieron sobre la de ella cuando su liberación se precipitó a través de él también. Su lengua se enredó con la suya, su polla enterrada profundamente cuando sintió su liberación salir a borbotones dentro de Anna, llenándola con chorros duros, calientes. Gritando en su beso, sus dedos apretando los suyos, Anna se estremeció, su cuerpo temblaba, empujando contra él. Con cada espasmo de su coño alrededor de su pene, cada pulsación lo ordeñaba con sus músculos internos y una oleada de éxtasis corría a través de ella una y otra vez. Archer se perdió en la comunicación que compartía con Anna. El poder de su orgasmo corriendo a través de él, a través de ella, de ellos, era un placer que él sabía que nunca había experimentado antes. Era un placer que sabía que nunca tendría con cualquier otra mujer, solamente con Anna. Había caído en la trampa que juró nunca caería. Esa trampa donde el placer y la emoción se combinaban para encarcelar el alma de un hombre con una mujer y le hacía sentirse perdido ante la idea de estar sin ella. Había caído en el agujero del conejo y tenía mucho, mucho miedo de que esa ilusión tomara el control de él.

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Archer estaba empezando a creer que podrĂ­a haber encontrado su cuento de hadas.

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Capítulo 26 Era el momento de empacar para siempre. Anna se dio cuenta de que esta vez había aceptado el hecho que no volvería porque se acordó de empacar sus artículos de tocador. Embolsándolos, Anna cerró la mochila cuando la puerta del cuarto se abrió. —Anna, pensé en asar unos filetes fuera. Sé que puse los dos últimos la otra noche… Anna levantó la cabeza y vio que Archer se detenía completamente, duro. Su mirada se posó en el equipaje. Enderezándose, ella le devolvió la mirada, su corazón rompiéndose mientras observaba su fiera mirada depredadora parpadeando entre ella y los bolsos varias veces antes alcanzar detrás de él y cerrar la puerta. Ella se estremeció, su corazón salto y corrió furiosamente en su pecho. Nunca había visto esa expresión en su cara antes. Nunca había visto esa expresión en la cara de nadie hasta ahora. —¿Qué estás haciendo? —No hubo ni siquiera una pizca de emoción en su rostro, pero sus ojos... había tal furia en sus ojos que Anna no podría haberlos leído aun si tuviera un diccionario emocional. —Ya sabemos quién está detrás de esto ahora —dijo en voz baja—

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. Sé cómo se ven Wayne Sorenson y Amory Wyatt. No pueden tomarme de sorpresa de nuevo. —Y ¿dónde crees que vas? —Él avanzó por la habitación unos pocos metros antes de detenerse. —Por las próximas noches me quedare en el hotel en la ciudad — respondió ella con un encogimiento de hombros, deseando poder apartar los ojos de él. Deseando poder tomar su corazón de nuevo de él—. Mamá quería que volviera al rancho, pero... —se encogió de hombros. No podía. Todavía no—. Voy a estar bien, Archer —prometió, dándose la vuelta y pretendiendo asegurarse de que no había olvidado nada—. Ya no necesitas ser responsable de mí por más tiempo. —¿Es eso lo que piensas? El

lento

arrastre

furioso

de

la

pregunta

debió

haberla

advertido. Debió saberlo al segundo en que ese tono estalló a través de sus sentidos que tuviera cuidado. Fue un segundo demasiado tarde, no podría haberlo impedido, no importa lo rápido que se moviera. Una mano la agarró del brazo, la otra fue hasta la cintura mientras tiraba de ella despertando sus sentidos. Encerrándola entre la longitud de su cuerpo duro y excitado, no quería que la estimulara pero no podía apartarse de él. —¿Por qué haces esto? —empujó contra su pecho, a pesar del hecho de que sabía no podría liberarse. —¿Crees que voy a dejarte ir?

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—¿Porque no? —mirándolo, luchando por no fundirse contra él, Anna empujó sus puños contra su pecho mientras trataba de girar sus caderas lejos de la longitud de su erección. —¿Por qué? —Archer le preguntó, sus labios bajando y mordiendo el lóbulo de la oreja. Ella no debía responder tan fácil a él. Mordiéndose el labio, Anna tuvo que luchar para no inclinar la cabeza hacia un lado y dar pleno acceso a su cuello cuando sintió el susurro de un beso contra la carne sensible. —Deberías… —Sus pestañas aletearon cuando la debilidad sensual inundó su cuerpo, luchando por recordar por qué—. Deberías Archer, porque soy débil. —La amargura volvió a toda prisa, pero no disipó la necesidad de su toque. Calmante contra ella, sus labios contra su cuello, una mano presionada contra la parte baja de su espalda, la otra a un escaso aliento debajo de sus senos. —Anna —protestó en voz baja—. ¿Por qué cree que te tienes que ir? Presionando su frente contra su pecho, Anna sintió las lágrimas en sus ojos de nuevo. —¿Por qué me dejas, Anna? —le preguntó. —El por qué no importa Archer. —Su voz sonaba ronca, con dolor en su alma. ¿Cómo se suponía que podría luchar con esta necesidad de él? ¿El

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hambre que él desencadeno a través de ella y que no tenía ninguna intención de disminuir? —Por qué siempre importa Anna. –Levantando la cabeza, Archer la miró, su mirada todavía enojada, pero su expresión no era tan dura o sin emoción. Salvaje, feroz. Posesivo. La más oscura de las emociones brillaba en sus ojos y se reflejaba en su rostro, en las manos apretadas en sus caderas. Sacudiendo la cabeza, ella luchó por la necesidad de responder a esa mirada, a las demandas, a la fuerza dominante de su cuerpo y el deseo que hacía más cálidos sus ojos. —Soy débil, Archer —le recordó con amargura—. Demasiado débil para ser capaz de darte lo que necesitas. —Como un demonio. —Rígido, resonando negación y fuerte intención posesiva, Archer la levantó, girando y presionándola contra la pared de la habitación—. La última cosa que eres es débil. Un cambio de sus caderas y antes de que Anna pudiera detenerlo, él extendió sus muslos, sus rodillas agarrando sus caderas. La longitud total de su pene tallada entre sus muslos, presionando duro y caliente contra su coño, a través de las bragas de algodón que llevaba. La falda cayó hacia atrás, reuniéndose entre sus cuerpos cuando la enrolló con una mano y arrastró el borde de su blusa sin mangas por encima de la cintura de la falda.

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Antes de que Anna pudiera hacer más que tratar de bajar los brazos, Archer agarró la camisa y la pasó sobre su pecho, la cabeza, empujándola de sus brazos. Un segundo más tarde, sus muñecas estaban libres y la blusa se había ido, dejando sus pechos cubiertos por nada más que su sujetador color piel que no hacía nada para ocultar la dureza de sus pezones. Ellos presionaban contra el encaje de su sostén igual que la carne hinchada de sus pechos se levantaba contra las tazas. —¿Por qué haces esto? —Anna le dio una palmada en sus manos cuando él capturó el broche entre sus pechos y rápidamente se deshizo del sujetador. —No te iras —gruñó, sus manos cubriendo sus pechos, sus dedos encontrando la punta dura de sus pezones y aplicando la presión justa para que ella dejara de luchar y se calmara con un fuerte gemido de sorpresa y placer. —No puedes hacer que me quede —ella gritó—. No me voy a quedar Archer y no puedes mantenerme en una maldita cama las 24 horas del día. —Como el infierno no puedo. Sus labios cubrieron los suyos, su lengua presionando contra las exuberantes curvas, presionando, deslizándose a través de ellos, hasta que la poseyó con el beso. Con sus labios y lengua, el calor del deseo corría entre ellos, robó su objeción y no se opondría. Ella lo podría tener, esta última vez. Sus brazos fueron alrededor de su cuello, sus dedos clavándose en

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su cabello. Ella le podría amar esta última vez. Un gemido se abrió paso entre el beso mientras sus manos acariciaban y masajeaban sus pechos, su índice y pulgar presionando y rodando los pezones hasta que las llamas dispararon un camino directo desde el hinchado brote hasta su caliente clítoris. A medida que sus labios dejaron los de ella para abrir un camino de placer por el cuello a las curvas de sus pechos sensibles, el calor arrastró a su paso. Sus pezones palpitaban. Sus labios dieron una firme presión, la humedad, el fuego de su boca y los golpes perversos de su lengua hacia que pulsaran, palpitaran de anhelo. Cuando llegó, un grito llenó el aire. Anna apretó los dedos en su pelo, su cabeza cayó hacia atrás contra la pared, cuando los labios comenzaron a dibujar en el pico más sensible. Raspando los dientes, la lengua lamiendo contra su pezón mientras sus mejillas hundidas chupaban con firmeza, incluso mientras dibujaba con su boca sus ojos brillaban entre la espesa capa de sus pestañas. La miraba perversamente. Completamente sexual y dominante. Una mano se deslizó por su muslo, levantando más su falda, y ella sabía lo que venía. La anticipación se deslizó sobre su carne a raíz de su contacto, su palpitante coño pulsando, la necesidad apretando al sentir sus dedos tirando a un lado sus bragas. A este ritmo, ella tendría que comprar ropa interior nueva. Antes de que pudiera procesar el movimiento, soltó su pecho del

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calor de su boca y la dio vuelta. Con un jadeo, Anna se encontró acostada sobre la espalda, con las manos de él agarrando sus bragas y tirando de ellas por sus piernas. La falda vino después, la cinturilla elástica haciendo hace aún más fácil de eliminar. Antes de volver a ella, sus pantalones fueron quitados, la pesada longitud de su pene cayó de su cuerpo, enrojecida y oscura por la lujuria, la punta con presemen sobre ella. Rápidamente sacó un condón de la mesita de noche, lo abrió y rodó sobre su polla, luego una vez más se puso entre sus muslos. —¿Qué estás haciendo? —Se quedó sin aliento tratando de salir de la cama, pero sólo logro mover las rodillas. —Perfecto. —Fuertes manos agarraron sus caderas mientras la cabeza de su erección presionaba las curvas resbaladizas de su coño. Sus jugos pulsaban de su cuerpo, derramando su resbaladizo calor contra la punta de su pene cuando comenzó a presionar en el interior. Anna gimió. El placer comenzó azotar a través de su cuerpo con la presión de su pene contra su entrada, dilatando la estrecha abertura y empujando lentamente en el interior. La picadura de placer-dolor de los primeros centímetros de su polla trabajando dentro de ella hizo arder sus venas, golpeando duro y demasiado rápido a través de su cuerpo. Un profundo gemido desesperado brotó de su garganta, la necesidad de acostarse con él era casi abrumadora.

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Cuando la anchura de su pene presionó más profundo, sus caderas se sacudieron contra él, rayos de pura sensación rebotando por su cuerpo mientras su coño comenzaba a contraerse alrededor de su erección. Respiró con dificultad, el hambre quemaba más cada segundo, un gemido vino de su garganta. Los dedos de una mano agarraron las mantas debajo de ella mientras que la otra agarró su muslo desesperadamente duro. Lujuria sacudió su cuerpo. Voraz, ardiente, irrumpió a través de sus sentidos y destrozó su control. —Anna. —Oscura, profunda por la necesidad, su voz sólo alimentó las llamas más alto—. Oh, cariño. Me encanta como se envuelve tu coño en mi polla. Apretado y caliente, tomándome como una pequeña boca caliente. Anna sacudió la cabeza, presionando sus caderas hacia atrás, consiguiendo no más de un centímetro adicional antes de que las duras manos en sus caderas detuvieran sus impulsos. —Todavía no —gruñó—. Quiero que sea lento y fácil. Quiero sentir cada movimiento de succión de tu vagina mientras me arrastra dentro. El hambre golpeó con fuerza atronadora. Sacudió su cuerpo, quemándola con la necesidad de más. Anna podía sentir su cuerpo tembloroso, luchó por controlarlo y perdió la batalla. Retrocediendo del avance dentro de su vagina anhelante, se detuvo, sólo la cabeza su pene separando su entrada. El feroz latido se hizo eco a través de su carne, golpeó su clítoris, y apretó sus músculos internos.

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Luego se trasladó, hundiéndose con fuerza en el canal estrecho mientras Anna gritaba de placer. Yendo contra el empalamiento, desesperada por más cuando se alojó hasta la empuñadura dentro de ella, sólo podía esperar, temblando en sus brazos. Se sintió en el borde de la locura. La necesidad por él se movió en su interior, en espiral a través de su cuerpo con una fuerza que la dejó pidiendo más. Moviéndose dentro de ella, una vez más, Archer comenzó a trabajar la considerable longitud su pene en su interior, empujando en las profundidades apretadas de su vagina mientras sus jugos se vertían sobre su carne rígida. Él se movía muy lentamente. Ella necesitaba, sufría por golpes duros llenándola, llenándola con placer destructivo. Dedos duros apretaron sus caderas mientras empezaba a moverse, lentamente al principio, trabajando su pene dentro con golpes en constante crecimiento que dilataban y pasaban a lo largo de las delicadas terminaciones nerviosas desnudas. Recorría dentro de ella una y otra vez, estirando las profundidades íntimas con cada apretón de su vagina hasta que el placer y el dolor comenzaron a fusionarse y a convertirse en una sensación tan cálida y potente que Anna estaba implorando por su liberación. Podía sentirlo construyéndose, quemando el brote hinchado de su clítoris, apretando sobre la longitud de su pene y provocando pequeñas y ardientes sensaciones que se tornaban más fuertes, más profundas. —Oh Dios, Archer. —Shock profundo, arrebatamiento, éxtasis y una súbita explosión flameante de sensaciones comenzaron a surgir en sus terminaciones nerviosas.

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Archer llegó sobre ella. Un brazo se deslizó por debajo, metiendo la mano entre muslos mientras sus caderas se movían más rápido, más fuerte. Entraba lo máximo antes de retroceder, entonces empujaba duro y profundo nuevamente. Capturó su clítoris entre dos dedos y presionó con fuerza mientras la follaba con profundas embestidas desesperadas de sus caderas, fue una muy buena sensación. Anna explotó. Gritando su nombre, arqueando la espalda, inclinando su cabeza hacia atrás, ella comenzó a temblar, a temblar profundamente, tomando aliento sobre cada ola de éxtasis que la atacaba. Oprimiendo su pene, sus músculos internos comenzaron a apretar y ordeñar la carne en un vaivén, mientras su clítoris latía con una sensación de fuego y su cuerpo se derrumbaba en sus brazos. Su gemido se hizo eco en sus oídos, vibrando con el mismo placer cuando sintió su impulso duro, entonces, antes de que su cuerpo golpeara con fuerza contra su temblor, él sintió que su pene se hinchaba y comenzaba a palpitar. Profundas, desesperadas ondas de sensaciones sacudieron su cuerpo cuando Anna entró en colapso, sintiendo a Archer seguirla, apretó sus muslos oprimiendo los dedos que estaban cómodamente en torno a su clítoris. Anna se estremeció de nuevo, apretando las mantas con sus manos, sus gritos saliendo de sus labios, cuando las poderosas sensaciones estallaron de nuevo, dejándola estremecida contra él hasta que se levantó.

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Exhausta, saciada sexualmente, Anna estaba debajo de él, negándose a abrir los ojos, a aceptar que algo había cambiado. Salió de ella, la sensación de su carne aun semirrígida saliendo de su cuerpo arrastró un gemido cansado y un estremecimiento de placer agotado. Ella amaba su cuerpo más de lo que él podría saber. Le amaba más de lo que él podría saber. —Mi dulce Anna. La mano de Archer se curvó sobre su cara mientras levantaba su cabeza trazando sus labios con los suyos, acariciando sus labios con los suyos, bebiendo de ellos. La suave caricia trayendo todas las emociones que ella luchaba por empujar hacia atrás, de repente, hacia adelante hasta que Anna contuvo el aliento y sintió que se le llenaban los ojos de lágrimas. —Para. —Empujándolo, ella negó con la cabeza, ganando sólo unos pocos centímetros entre ellos—. Por favor, Archer, necesito sentarme. La dejó ir lentamente, observando la delgada línea delicada de su espalda tensa con lo que estaba seguro se convertiría en un enfrentamiento. Demonios, él no tenía ningún deseo de negarlo por más tiempo y lo sabía. Una larga hebra suave de su cabello le acarició la espalda, tentando sus dedos. Archer calmó su necesidad de tocarla, rodando sobre su espalda sacó el condón de su pene todavía duro antes de ir hasta el baño. Tirando el látex, se lavó, luego fue a la cama, llevando un paño caliente y una toalla.

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Antes de que pudiera hacer mucho para protestar, él la empujó sobre la cama, abrió sus piernas y la comenzó a limpiar suavemente. Al mirarla, vio la confusión en su rostro y la precaución en sus ojos. Secando la carne suave, Archer lanzó la toalla a un lado, luego se sentó en la cama junto a ella. —Anna, permíteme hablar primero. —Él puso sus dedos sobre los labios de ella por un segundo, esperando hasta que estuvo de acuerdo— . Cuando viniste aquí realmente no me importaba cuánto tiempo te quedarías. Para ser honesto, yo nunca había considerado el día en que te irías. Mucho menos el día en que te iba a empujar para que te quedaras. Las lágrimas brillaron en sus ojos. —No necesito mentiras, Archer —dijo. —Muy bien —gruñó—. Porque yo no estoy mintiendo. Entonces, cierra la boca durante dos minutos y déjame terminar. Ella apretó los labios con fuerza. —Si me dejas Anna, si sales por esa puerta, entonces yo diré que eres débil como el infierno. —Su cabeza cayó, ampliando su mirada de indignación. Archer presionó con los dedos sobre sus labios de nuevo y los mantuvo allí. —Digo eso —repitió—. Pero te conozco bien. Siempre supe que tú eres una de las mujeres más fuertes que conozco. También una de las más suaves y una de las más amorosas. Y si tengo que verte salir por mi puerta, mi corazón se romperá.

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Bajó los dedos, pero ella no dijo nada. Se limitó a mirarlo oscuramente, sus ojos verdes, sin embargo, se llenaban de esperanza. Sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas. Anna se puso tensa, abriendo mucho los ojos, su respiración se volvió irregular cuando Archer levantó la mano y la puso contra su pecho, inclinándose más cerca de ella. —¿Sientes mi corazón, querida? Está corriendo. Estoy aterrado con lo que siento por ti. Es una puta pesadilla, porque todo lo que puedo hacer es ver la cara de mi padre el día en que se dio cuenta de que no pudo salvar a mi madre. El segundo en que tuvo que aceptar el hecho de que el cáncer no se podía combatir con su fuerza, su diligencia o su formación, y que la estaba perdiendo. Una lágrima se deslizó por su mejilla cuando él la giró para mirarla. —Desde el día que cumpliste dieciocho años, cada vez que te vi, sufrí por ti. Soñaba contigo. Fantaseaba contigo. Y cada vez que intente llegar a ti, eso era lo que veía. Porque Anna... —Él la tomó su rostro en su mano, mirándola a los ojos, pidiendo que creyera en él—... Yo te Amo. Te amé desde que tenías 18. Te he deseado. Me acostaba en mi cama y miraba el techo y juraba que no te amaba. Que no me destruiría si de repente desaparecías. Y entonces, Amory te llevó esa noche y tuve que enfrentar el hecho de que ya podría estar perdido. —No. Para. —Ella sacudió la cabeza, su voz áspera ahora y llena de incredulidad. —No te atrevas a llamarme mentiroso otra vez. —Agarrando sus hombros, la aseguro en el lugar, negándose a permitir que saltara de la

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cama y se fuera—. No te atrevas a dejarme, Anna. Porque juro que si me dejas y te alejas de mí, no podría culparte, pero Dios es mi testigo, llorare todos los días de mi puta vida. Ella saltó de la cama, alejándose de él para tomar una blusa larga y colocársela. —Tú crees que el amor es un cuento de hadas. Archer estrechó sus ojos sobre la tela blanca. De repente su blusa favorita desapareció. Ella la abrazó, sosteniéndola con manos desesperadas y mirándolo fijamente como si de alguna manera, alguna intervención divina le permitiera ver su alma. Archer se inclinó y tiró de sus pantalones. Esto era evidentemente una discusión que requería ropa. —¿Lo vas a negar? —exigió con fuerza—. ¿Harás de cuenta que no lo dijiste? —Solo si me lo permites —dijo mientras se giraba hacia ella, sus manos yendo a sus caderas con irritación—. Claro que lo negaré. No sucedió, Anna. Ese fue un sueño muy, muy malo que tuviste, cielo. — Suavizó su voz y se acercó a ella, sosteniendo sus hombros y mirándola con simpatía—. Vuelve a la cama y haré que todos los sueños malos se alejen. Ella parpadeo hacia él. —No hablas en serio. —No podía creer que bromeara con algo tan serio.

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Maldición si no lo hacía, pensó Archer. —Debe haber sido algo que comiste —reflexionó con toda seriedad—. Sabes, he oído que si comes mostaza antes de ir a dormir, te dará pesadillas. ¿Qué comiste? Sus ojos se estrecharon. —Esto no es una broma. —Por supuesto que no, no lo es —estuvo de acuerdo, como si estuviera a la altura de la gravedad del asunto y él se preguntó si podría realmente salirse con la suya—. Me tomo muy en serio tus pesadillas, Anna. ¿Era un tic eso que vio en la comisura de sus labios? ¿Un indicio de la necesidad de sonreír? —No juegues conmigo, Archer. —Desesperada, la esperanza incierta comenzó a llenar sus ojos—. Si no te importa nada de mí, por favor no juegues conmigo. Bajó la cabeza, sostuvo su mirada y tocó sus labios con los suyos. —Te amo, Anna. Me diste un regalo que nadie puede tomar de mí, sólo tú. Un regalo que será sólo una parte de mí, mientras estás conmigo. Es la verdad, cariño. Sus labios se separaron cuando la pregunta se levantó en sus ojos. —Shh. —La silenció, besando sus labios con el máximo cuidado antes de volver a explicar—. Me mostraste que existen los cuentos de hadas y la ilusión y eso forzó mi miedo a que tú me tomaras por completo. Un miedo tan jodidamente profundo y fuerte que casi te

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empuje para nunca tener que enfrentar que te alejaras de mí. Su mirada buscó en la suya por un largo momento. —Ni siquiera puedo jurar que nunca tendré esa pesadilla de nuevo —suspiró

con

pesar—.

Porque

soy

un

hombre

muy

estúpido,

querida. Uno que ha pasado muchos años amando a una mujer tan condenadamente hermosa, tan malditamente inteligente, dulce y suave, que a veces eso sólo se mete con su mente y le hace olvidar todas esas lecciones que le enseñaste a lo largo de los años. —¿Y qué lecciones eran esas? —preguntó ella, con la voz ronca por las lágrimas no derramadas. —Aceptación. Gentileza,

y

sobre

todo

amor,

Anna. Tú

me

enseñaste a amar. Y si me amas entonces no me dejaras. No va a ser capaz de dejarme. Porque Dios sabe muy bien que yo no puedo dejar que salgas por esa puerta. Le temblaban los labios. Ahora las lágrimas brotaban de sus ojos, pero no era el dolor que llenaba sus esferas esmeraldas. Por primera vez en todos los años desde que la conocía, Archer vio llenarse sus ojos de alegría. —¿Me amas de verdad? —Su voz temblaba, el indicio de un sollozo cuando extendió la mano, sus dedos temblando mientras tocaba su rostro. —Anna, cariño, no sólo te amo. Yo moriría por ti. Mataría por ti. Ya no eres solo mi corazón y mi alma. Si te pierdo, entonces pierdo todo lo importante en mi vida. Entonces, en ese segundo Archer se dio cuenta de que derramaba

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su propia lágrima o dos. Todo por Anna. En su corazón estaba aterrado, porque el espíritu gentil y amable de su corazón sabía que se moriría si se fuera, quedaría destruido. —Archer... Lo vio entonces. Lentamente al principio, casi vacilante. Tan vacilante, que al principio estuvo aterrorizado de lo que iba a pasar. Entonces floreció. La sonrisa más dulce sobre la faz de la tierra. Esa sonrisa suave, gentil que sólo su Anna tenía, porque sólo su Anna podría infundirla con todo el amor que sentía por él. —Te amo —dijo, entre sonrisas y lágrimas. Las lágrimas nacidas de la alegría, la felicidad y el amor, en lugar de los oscuros miedos y traiciones que habían marcado su vida durante muchos años. Una sonrisa tan brillante, tan llena de todas las partes del corazón de Anna que Archer juro que puso sus rodillas débiles. —Oh, Dios, Archer. Te amo tanto. Ella estaba en sus brazos, con sus brazos alrededor de su cuello, los labios apretando los suyos, pero antes de que pudiera perderse, sus labios tocaron la humedad de sus lágrimas, para luego volver a sus labios. Empujándolo, lo miró, con la sonrisa todavía allí, llenando sus ojos, su hermosa cara y pudo ver, llenando su corazón.

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— Te amé desde el primer momento que te vi. —Dios, su voz. Era como el calor suave del verano y los rayos dorados del sol. Lo volvía cálido por dentro. —Y yo siempre te amaré. —Habría ido de rodillas a implorar si eso era lo que tenía que hacer—. Siempre lo haré, Anna. —Y yo siempre te amaré —ella juro.

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Epílogo Wayne se quedó mirando la pequeña ciudad desde su punto de vista por encima de ella. Lo tranquila que parecía. Cuan calmada. Él no había terminado allí todavía. Los Barones le debían, y por Dios, que tendría lo que le correspondía de una manera u otra. Él lo tendría. Y cada puto Callahan pagaría por todo lo que había perdido. Especialmente Crowe Callahan. Crowe y la puta traidora que sin duda estaría durmiendo en su cama. Wayne respiro pesadamente. Su propia hija traidora...

Fin

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Staff Traductoras Crys Ingridstrecci Lelu Marisaruiz

CorrecciĂłn y DiseĂąo Lelu

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Serie The Callahans 4 – Pecado Final El Ex-Marine Crowe Callahan sólo ha tenido una obsesión en la vida: Amelia Sorenson. Ella es la única que ha conseguido meterse bajo su piel. Sin embargo, es también la hija del enemigo jurado de su familia; un hombre que ha tratado de destruir a los Callahan durante generaciones con el fin de promover su propia agenda nefasta. Cuando Amelia se puso a sí misma del lado de Crowe y en la cama de Crowe y se convirtió en la enemiga de su padre también. Cuando Wayne Sorenson escapa de ser capturado tanto Amelia como Crowe saben que es sólo cuestión de tiempo antes de que resurja su sed de venganza. Ahora Crowe reclamará a Amelia con el fin de cebar al asesino y terminar las cosas de una vez por todas. Pero, ¿podrá proteger a la mujer sin la que parece no poder vivir sin de uno de los enemigos más mortales que jamás haya conocido? ¿Y lograra sobrevivir si no puede?

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Acerca de la autora Lora Leigh vive en Kentucky ideando constantemente personajes para sus novelas. Tan pronto como le viene alguna idea a la cabeza trata de plasmarla en el ordenador con la intención de que no se le olvide, lo que la lleva a librar una dura batalla diaria con su disco duro. Su vida familiar y su faceta

como

escritora

tratan

de

coexistir, si no en armonía, sí con una relativa paz. Estar rodeada de su familia, sus amigos, sus mascotas, y los ánimos de sus fans que le recuerdan cada día la razón por la que se decidió a escribir, hacen que Lora sea una mujer feliz.

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Esperamos que lo hayas disfrutado y nos acompañes en el próximo libro. Si quieres saber más de nosotros o formar parte de nuestro equipo puedes contactarnos en: contactar.sd@gmail.com

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