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El presente documento tiene como finalidad impulsar la lectura hacia aquellas regiones de habla hispana en las cuales son escasas o nulas las publicaciones, cabe destacar que dicho documento fue elaborado sin fines de lucro, asĂ­ que se le agradece a todas las colaboradoras que aportaron su esfuerzo, dedicaciĂłn y admiraciĂłn para con el libro original para sacar adelante este proyecto.


Lady_Eithne

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Sinopsis Dedicatoria Agradecimientos Capítulo 1 Capítulo 2 Capítulo 3 Capítulo 4 Capítulo 5 Capítulo 6 Capítulo 7 Capítulo 8 Capítulo 9 Capítulo 10 Capítulo 11 Capítulo 12 Capítulo 13 Capítulo 14 Capítulo 15 Capítulo 16 Capítulo 17 Epílogo Nota al lector Acerca del autor

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E

n la explosiva conclusión de la Trilogía The Plus One Chronicles, obscenamente rico, abruptamente guapo y todavía obsesionado con el amor y la venganza, Sloane Michaels debe enfrentarse a una elección imposible: perder a la mujer que ama o traicionar la memoria de su hermana gemela. Viendo como el hombre al que adora se destruye a sí mismo por venganza, Kat Thayne sabe que debería huir y no mirar nunca atrás. Pero huir ya no es su forma de actuar. Kat se ha convertido en una luchadora feroz y el hombre que la ayudó a llegar ahí es el hombre que ahora necesita su fuerza. Pero mientras la crepitante pasión y el vínculo de amor ganado con esfuerzo atan todavía más fuerte a Kat y a Sloane, los viejos secretos y mentiras explotan a su alrededor. El peligro amenaza. Y Kat pronto se da cuenta de que está arriesgando más que su corazón para estar con Sloane... está arriesgando su propia vida.

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A

todas las lectoras, blogueras, reseñadoras y amigas: ¡Un gigantesco Gracias! Escribí y publiqué la historia de Kat y Sloane porque los amo con toda mi alma de escritora.

Llegaron a mí durante un momento muy difícil de mi vida, haciéndome creer en el poder del amor y la sanación. Pero lo que nunca esperé fue a VOSOTRAS, mis amigas. Leísteis los libros y conectasteis lo suficientemente fuerte con los personajes como para extender la palabra por el amplio y lejano mundo. ¡Me siento absolutamente humilde por ello y os amo a cada una de vosotras por contárselo al mundo cuanto os encanta un libro! ¿Y sabéis qué? Kat y Sloan tenían razón: el amor y la sanación están ahí fuera para todos nosotros. ¡Vivid, amad y comed más cupcakes! Con todo mi amor, Jen P.D.: Tan solo no os comáis los cupcakes de limón de Sloane, ¡él no comparte!

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M

e gustaría decir un “gracias” muy especial a Sasha Knight que editó los tres libros de esta serie. ¡Hizo un trabajo tremendo!

Estoy asombrada por su habilidad de editar tanto la historia como la forma de escribir mientras que permanecía fiel a los personajes. Todos los errores son completamente míos.

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U

na furiosa tensión roía los músculos del cuello de Kat Thayne mientras conducía por las calles de San Diego, California, dirigiéndose a una confrontación.

Sloane Michaels no era un asesino. No iba a dejar que su madre o su culpa lo convirtieran en uno. Ya había cometido un error al pensar que Sloane vendría a hablar con ella. En su lugar, había enviado un mensaje de texto. Vas a mantener el equipo de seguridad hasta que esto termine. No es negociable. Le dolía el pecho. Ya era bastante malo que su madre hubiera entrado en Sugar Dancer, dejando caer la bomba a cerca de Sloane, el objetivo de venganza contra el asesino de su hermana. Olivia Michaels era una mujer horrible y una peor madre. Sloane no le había mentido sobre eso. Su enorme casa se alzaba mientras estacionaba en el camino de entrada y las puertas de seguridad se cerraron detrás de ella. Kat tomó una profunda respiración, tratando de poner bajo control su ansiedad. ¿Por qué no había venido a hablar con ella? ¿Creía que Kat iba a abandonarlo cuando las cosas se pusieran difíciles? El silencio duele. Se armó de valor, se negó a retirarse y esconderse. Después de aparcar el auto, irrumpió en la casa de Sloane, entró sin llamar y giró a la izquierda a la sala familiar. Drake la miró desde su silla. El hombre parecía más viejo y más delgado desde que lo había visto la noche anterior. Más dolor desgarró a Kat. En cuestión de semanas había llegado a amar a Drake y lo estaba perdiendo más cada día. Se estaba destruyendo Sloane junto con su obsesión de venganza. Pero al tratar de ayudar a Sloane, Kat estaba segura de una cosa: tenía un aliado en Drake y eso le dio fuerzas. —¿Dónde está?

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Poco a poco, Drake se puso en pie. Kat se apresuró a tomar su brazo. —¿Mal día? —Su rostro era una máscara gris. El dolor debía ser horrible—. Encontraré a Sloane, sigue descansando. —Tengo que moverme un poco. Sloane está en su estudio. Ajustó el ritmo de sus pasos al de los pies de Drake arrastrándose, aguantando tanto de su peso como podía sin que su pierna se le doblara. Se abrieron paso a través de la cocina y el garaje. Cada paso parecía ser una lucha para Drake y finalmente Kat le preguntó: —¿Has tomado los medicamentos para el dolor? —Más tarde. —La llevó al garaje. La tensión de su voz le preocupaba. —Vamos a volver a la casa. Necesitas morfina —pero eso a veces le causaba problemas estomacales— ¿O estás con náuseas? Hizo una pausa y la miró. —Estoy bien, pero Sloane no lo está. Nunca lo está después de tratar con su madre. —¿Te contó que Olivia vino a la tienda? ¿Y lo que dijo? —Por supuesto que lo hizo. Drake era la única persona de confianza para Sloane. Mientras que Kat había querido ser alguien de confianza también se alegraba de que tuviera a Drake. —¿Sabes lo que está planeando? Drake asintió. —No he sido capaz de convencerlo de no matar a Foster. —Sus palabras eran tan pesadas como su mirada—. Tengo esperanzas de que puedas llegar a él. Y que lo ames lo suficiente para no darte por vencida con él. Ella contuvo el aliento. No era una cuestión de amor, sino de los sentimientos de Sloane hacia ella. Sus emociones se agitaron y se revolvieron en ansiedad. ¿Y si no podía conseguir llegar a Sloane? Antes de que pudiera decir nada más Drake comenzó a caminar de nuevo, pasando los autos perfectamente alineados hasta que llegó a otra puerta. La abrió, revelando una habitación enorme con techos

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altos. Kat no había estado aquí antes. Espejos cubrían dos paredes y la tercera mostraba armas de artes marciales. El último equipo tenía pesos y una bolsa pesada, el centro de la pista estaba cubierto con esteras azules. Pero nada de eso importaba una vez que su mirada se topó con Sloane. Vestía pantalones cortos y una capa de sudor. Transfigurada, trató de seguir su velocidad a medida que avanzaba. —Está haciendo secuencias de nivel maestro de Tae Kwon Do —dijo Drake. La belleza y el poder la dejaron sin aliento. Sloane controla cada golpe, giro, patada y retroceso. En un momento, hacía unas lentas y precisas acciones similares a las que plantea el yoga y al siguiente, lanzaba un salto y patada tan alto como su cara. Nunca había visto este lado de él. Era tan extraordinario que se sonrojó ante su recuerdo enseñándole defensa personal. Demonios, a veces solo un sencillo paso hacía que su pierna cediera y ella tropezara, mientras que Sloane parecía desafiar las leyes de la física y la gravedad. ¿Por qué había accedido a perder su tiempo enseñándole? Debería irse. ¿Había venido aquí para qué? ¿A gritarle porque a él no le había importado lo suficiente como para hablar con ella? Pero viéndolo ahora, estaba claro que estaba tan fuera de su alcance, la humillación ante su propia estupidez rodó por su cara y pecho. ¿Cómo podía haber pensado que quería una verdadera relación con ella? ¿Del tipo de las que se apoyan el uno en el otro? En cambio, la había evitado e ignorado cuando ella se convirtió en un inconveniente. Vete. Dada la extrema concentración en la cara de Sloane, dudaba que supiera que ella y Drake se encontraban en la habitación. Pero no podía obligarse a apartar la vista. Al verlo ejecutar los movimientos con tanta fuerza compleja que no podía nombrar, su último hilo de esperanza de que realmente pudiera amarla murió. Pero no iba a enfrentarse a él sobre su supuesta relación. Tenía más orgullo que eso, no importaba lo mucho que le doliera. No, estaba allí para tratar de salvar a Sloane de cometer un error que lo arruinaría emocionalmente. De alguna manera, tenía que hacerle ver que no era un asesino. Kat se volvió para mirar a Drake, pero se había ido. Había estado tan absorta en Sloane, que no lo había oído irse. —Se fue hace un minuto.

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Girándose, se agarró a la pared para mantener el equilibrio. —¿Sabías que estábamos aquí? El pecho de Sloane subía y bajaba y se pasó una mano por el cabello humedecido de sudor. En su metro con noventa y cinco centímetros, escondía más de noventa kilos de músculo. Sus manos hormigueaban por tocarlo, por trazar las líneas que reflejaban años y años de severa dedicación. Siempre se había preguntado lo que lo llevó a entrenar tan duro. Cambiando la mirada hacia el tatuaje reluciente bajo la nueva capa de sudor, supo la respuesta, venganza para Sara. Otra ola de dolor la golpeó. Cuando Sloane amaba, amaba profundamente y para siempre, como amó a su hermana que había perdido a manos de un asesino. —Siempre sé cuando estás cerca de mí. Oh no. —No tienes derecho a decir cosas como esas —una mezcla tóxica de furia y dolor la encendió—. No viniste. —Oh diablos, no quería decir eso. Pero ella se había sentado en su panadería durante horas, pensando que él aparecería. Que se preocupaba tanto por ella que iba a hacer algo. Cualquier cosa excepto enviar un mensaje de texto de dos líneas. Sloane dejó caer la mano, su dura expresión suavizándose. —Kat… —¡No! —Dios, esto dolía—. ¿Por qué, Sloane? ¿Por qué mentirme? ¿Por qué me hiciste pensar que teníamos algo real y duradero cuando pretendías destruirlo todo el tiempo? —Lágrimas de humillación corrían por su rostro. Kat estaba disgustada consigo misma, pero su boca escuchaba a su corazón no a su cerebro. Este no era el momento de hablar con él, no cuando ella era un polvorín emocional. Se dio la vuelta, llegó a la puerta y se fue. Las enormes manos de Sloane rodearon su cintura y la atrajeron hacia su pecho. —No llores nena. Por favor. Su voz áspera al oído disparó estremecimientos por el centro de su alma y un sollozo se escapó de su pecho. Levantó sus piernas, bajó hasta las esteras y la sostuvo contra él.

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—Nunca quise hacerte daño. No podía dejarte ir —tomo una respiración entrecortada—. Sé que tengo que hacerlo ahora. He estado entrenando durante horas tratando de permanecer lejos de ti. No quería dejarla ir. Esas palabras la envolvieron tan fuerte como sus brazos. Kat volvió la cara en su pecho, su piel caliente y húmeda era una droga para sus sentidos maltratados. —No puedes hacer esto. —No podía dejarle hacer eso. El horror de las palabras de su madre cuando entró en la panadería estaba permanentemente marcado en su cerebro: Sloane me puso un objetivo en la espalda por testificar en contra de ese animal que mató a mi bebé. Le dije que no lo hiciera. Él ya había hecho suficiente. La policía me miraba como si estuviera descuidando mis hijos cuando estaba tratando de darles una vida mejor. Olivia decía que Sloane tenía que arreglar esto. Kat le había preguntado qué es exactamente lo que se suponía que Sloane tenía que hacer para arreglarlo, pero Kat no estaba completamente preparada para la respuesta. —Matar a Lee Foster. Entonces estaré a salvo y el mundo sabrá la verdad. Sloane tiró suavemente de su cabello, llevándola de vuelta al presente. Sus ojos estaban tristes y turbados. —Tengo que hacerlo. Él creía eso. Kat podía verlo en sus ojos torturados. —Esto es por lo que has entrenado. Durante todos estos años. —Sí. Se había entrenado para matar y sin embargo, acunaba a Kat tiernamente en su regazo. —¿Cuándo planeas matarlo? ¿Cómo? —Creía que lo sabía, después de haber deducido por algunas de las cosas que su madre le había dicho. Pero quería oírlo de él. Sloane apoyó su frente contra la de ella. —Te diré lo que quieres saber después de la ducha. Estoy sudando encima de ti.

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—No me importa. —Se aferró más fuerte a él, un terrible presentimiento robándole el aliento. Si lo soltaba, lo perdería. —Tocarte solo está haciendo esto más difícil. —Levantó la cabeza. En el espacio de un instante sus ojos se vaciaron hasta ser de un plano color marrón. Sloane se puso de pie y luego la deslizó hasta ponerla de pie. —Vamos a hablar porque tienes que entender por qué debes mantener tu seguridad hasta que Foster esté muerto. Escalofríos estallaron sobre su piel. Alargó la mano para tocarlo y recuperar la conexión que había tenido hace tan solo unos segundos. —No lo puedes matar. Eso es asesinato. —¿No lo entendía? Dio un paso atrás, lejos de su toque. —He entrenado mucho y duro para estar absolutamente seguro de que puedo matarlo. Y lo haré. —Se dio la vuelta y salió.

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Después de la ducha, Sloane se dirigió a la terraza. Kat se sentaba en una silla de lona, su pierna buena apoyada contra la barandilla y empujando la silla hacia atrás y hacia adelante. El sol estaba cayendo sobre el océano, lanzando una luz suave sobre ella. ¿Cómo era posible que pudiera usar los pantalones vaqueros y la camiseta con la que había trabajado todo el día y todavía verse más hermosa que las mujeres en vestidos de noche y joyas? Sabía la respuesta, porque Kat era real y honesta. Todo en Sloane dolía por recogerla y llevarla a su habitación, donde se podían escapar de todo lo demás y solo estar juntos. Sin su amigo muriéndose. Sin un asesino en libertad. Sin la zorra de su madre acechando a su mujer. Sin los recuerdos de Sara violada y asesinada. Y ningunas de las mierdas con las que Kat tenía que lidiar. —¿Cómo pensabas que continuaría esto, Sloane? Tenías que saber que me enteraría de tu plan, tarde o temprano.

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Su voz suave lo arrancó de sus pensamientos. Tenía que hacerlo. Después de tirar la otra silla cerca de ella, se sentó. —Nunca pensé que me importarías tanto. O que a ti te importaría yo. — No el dinero o el poder. Él. Se pasó la mano por el cabello húmedo—. Esto no tenía que suceder. No se suponía que sucedería. —¿Y luego? Esa era su chica. Ella no dejaba que evitara la pregunta. —Después de la primera noche que pasaste aquí, en mi cama, cuando todo se fue a la mierda a la mañana siguiente, sabía que estaba en problemas contigo. Estabas tocando lugares en mí que nadie más tocó nunca. Más tarde, esa mañana en tu apartamento, me dije a mi mismo que tenía que irme y dejarte en paz. Sabía que iba a hacerte daño. No tengo una excusa —dejó caer la mano—. No podía renunciar a ti. Sabía que todo iba a irse al infierno. Te dije que arruinaría esto. —Confiaba en ti. Te he contado lo que no le he dicho a nadie más. Te di parte de mí que no le di a nadie más. La herida sangraba a través de su voz plana y le dio una patada justo en sus pelotas. —Lo sé. —Eso es lo que lo convertía en el peor de los imbéciles—. Yo he hecho lo mismo contigo. —Te creo, pero todavía no confiabas en mí con la verdad. En cambio tuve que averiguarlo a través de tu madre. Remordimientos por decepcionarla y por dejar que su madre se acercara a Kat chocaban con admiración. Su asustada niña repostera se transformó en una magnifica mujer feroz, capaz de manejar a una mujer como Olivia. Flexionó los dedos para controlar las ganas de tirar de ella hacia su regazo. Pero había perdido el derecho a tocarla, sostenerla y quedarse con ella. —Hice que Olivia fuera desalojada de la suite del ático del Hotel Opulence en la ciudad y que volara de regreso a Florida. No te va a molestar otra vez. —¿Tu madre realmente está tan asustada de Lee Foster? Él asintió.

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—Foster se acercó a Olivia antes del juicio. Le dijo que no me dejara declarar o que la haría rogar antes de matarla. Sus cejas se juntaron en confusión. —¿Por qué no hizo algo la policía? ¿Cómo le explicas a una mujer nacida en la riqueza lo que es vivir en las alcantarillas? No quería que ella conociera esa parte de él, pero le debía la verdad. —En realidad, a nadie le importaba. Nosotros no éramos nada, solo basura extremadamente pobre. Olivia puso a sus hijos en el sistema de acogida para follarse a un hombre. Yo había sido arrestado por meterme en peleas. Y Sara era solo una niña abandonada. Rabia impotente quemó a fuego lento profundamente en sus músculos, el combustible que lo mantenía sin descanso. Nunca más volvería a ser ese chico que nadie veía. Había hecho que lo vieran y pronto iba a vengar a Sara como se merecía. —Creo que la mitad creyeron las mentiras de Foster, que Sara era una puta. Solo tenía dieciséis años desde hacía unas horas y murió con sangre en las piernas de ser violada. Ese animal la mató estrangulándola y luego la llamó puta. —Sloane no podía detener las palabras que salían disparadas de su boca. Kat le hacía esto. Ella le daba ganas de compartir su viejo y enconado dolor e ira. Kat le puso la mano en el brazo. —Sara no era una puta. Era una niña que merecía estar a salvo y crecer. Su simple caricia, entró por la gruesa miseria nublando su pecho. Cubrió su mano con la suya. Solo Kat le consolaría después de que él le hubiera hecho daño. —Si Foster mató a Sara estrangulándola, ¿era un luchador? No se sorprendió de lo rápido que conectaba los puntos. —Luchador amateur en los clubes clandestinos. Lo descubrí después. Foster creía que iba a hacerlo a lo grande. —La mano de Kat en torno suyo era un salvavidas manteniendo a raya el pasado. Quería mantenerla allí para siempre, mantener a Kat para siempre. No podía. Termínalo ya. Ya la había lastimado lo suficiente.

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—Esto es lo que necesitas saber. Foster la tiene tomada conmigo porque mi testimonio lo metió en la cárcel. Entrenó duro en prisión y ahora que está fuera quiere destruirme como yo lo destruí a él Puso su boca en una línea de preocupación. —¿Y tu madre? Me dijiste que la amenazó. ¿No irá tras ella? —No. Está en Florida y demasiado bien cuidada. —Había hostigado a Foster en la cárcel por más de una década. Sloane tenía un par de guardias de su lado allí. Echándose hacia atrás, Kat se quedó mirando hacia el océano. —¿Estás pensando en hacer esto en el evento de SLAM, Profesionales contra Amateurs? —Su voz sonaba resignada. —Sí. Foster ha sido elegido como amateur. —Pero tú dijiste que no lucharías esa noche. Entonces, ¿qué es lo que él piensa que está sucediendo? Sloane la estudió. Odiaba la distancia que crecía entre ellos. Esta era uno de las cosas en las que lisa y llanamente le había mentido y eso solo iba ampliar aún más el abismo. —Voy a pelear. Le pediré a John que se haga a un lado y lo reemplazaré. Suplicándole suavizó sus rasgos. —No tienes que matarlo. Olivia está segura, has dicho que no puede llegar a ella —ella le apretó el brazo—. El asesinato no traerá a Sara de vuelta. La violencia no siempre es la respuesta. Sería tan fácil abandonar a su hermana, olvidarse de ella como todos los demás lo hicieron. Entonces sería exactamente igual que Olivia y eso no iba a suceder. No podría vivir consigo mismo si elegía a Kat sobre Sara. —Es la única respuesta que me queda. —No lo es —aferrándole la mano, se inclinó hacia delante—. A veces tienes que dejarlo ir. Él estrechó su mirada en ella.

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—¿Cómo hizo tu familia? —La fiera y ardiente rabia contra sus padres casi lo ahogó—. ¿Eso es lo que debo esforzarme en ser? Esos hombres te golpearon con un bate de béisbol, dejándote lisiada, con dolor y luchando con los ataques de pánico. Pero tu familia perfectamente civilizada no levantó un maldito dedo para encontrar a esos bastardos. Kat retiró la mano. —¿Qué se supone que debían hacer? ¿En qué habría ayudado encontrarlos y matarlos? Todavía estaría lisiada. Una ira sin filtrar corrió a través de él, pero se obligó a calmarse. Inclinándose hacia delante, la miró a los ojos. —Por lo menos sabrías que les importaba. Sabrías que alguien te amó lo suficiente como para hacer algo. En su lugar, te empujaron a un lado para abrazar a tu ex, el hijo de puta que hizo que te lastimaran, para empezar. —Sloane negó con la cabeza. Esto era lo que iba a venir en el final—. Yo no soy ellos. No dejo que lo que es mío sea lastimado sin hacer algo al respecto. —No eres un asesino. El revestimiento de convicción desesperada de sus palabras lo llevó a ponerse en pie hasta que se cernía sobre ella. —Mato por lo que es mío. Cada maldita vez. —¿Incluso si me pierdes? Apenas podía oír su susurro sobre las olas que subían y bajaban detrás de él. Sería mejor si no hubiera oído la pregunta, pero lo hizo y le debía una respuesta. —Sí. Ella palideció, el dolor creciendo en sus ojos y descargando el color de su piel. Incapaz de ver lo que estaba haciéndole, tenía que terminar ahora. —Vete a casa. Tu familia tenía razón en una cosa. No soy lo suficientemente bueno para ti. Sloane se obligó a no tocarla. Nunca la había merecido. Ella lo dejaría eventualmente de todos modos. Todo el mundo lo hacía. Mejor para ella irse ahora.

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Kat se quedó con la boca apretada mientras probaba su pierna derecha. Levantó la mirada hacia él. Apretó los puños para no arrastrarla a sus brazos. Cada célula de su cuerpo gritaba por sentirla contra sí. Sus impresionantes ojos azules y verdes cargados con profunda tristeza. —Tú no eres diferente. Tú también me estás empujando a un lado. Cristo. Sloane luchó para resistir el impulso ardiente de ir tras ella. —Kat —su nombre le fue arrancado. Ella se detuvo, pero no se volvió. Su espalda recta y los hombros tensos le dijeron que estaba esperando otro golpe verbal. —Me importas lo suficiente como para estar absolutamente seguro de que Lee Foster nunca te pondrá una mano encima. —No podía dejarla ir sin que ella lo supiera. La amaba. Se odiaba a sí mismo, sí, pero la amaba con cada aliento que tenía. Se quedó inmóvil durante latidos agonizantes, retorciéndose.

solo sus dedos

Ambos sabían que su preocupación no cambiaba nada. Él era violento, capaz y estaba dispuesto a matar. Kat era una hermosa superviviente que había conservado un corazón tierno. No podía vivir con un hombre que asesinara. No podía vivir consigo mismo si dejaba a Foster seguir respirando. Ellos habían terminado. Finalmente, ella se fue. Sloane no tenía nada, excepto hacer aquello para lo que había pasado la última década entrenándose. Vengarse y asegurarse de que la mujer que amaba estuviera a salvo.

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K

at deslizó la bandeja de magdalenas de calabacín en la cesta de panadería y se volvió. Ana levantó una taza de café humeante.

—Tómate un descanso, Kat. —Estoy bien, pero gracias. —Tenía que seguir adelante. Había sido una mañana de viernes atareada que no le había dado tiempo para pensar en su destrozada vida amorosa. Vete a casa. Su estómago se retorció ante las palabras de Sloane de la noche anterior. Él no había querido tratar de encontrar un punto intermedio o una forma de mantener lo que tenían. En cambio, había querido que se fuera. Oh supéralo. Sobreviviría. Eventualmente conseguiría llegar hasta el punto de respirar sin dolor. Pero lo que no podía soportar era lo que él iba a hacer. No era un asesino. Kat tenía que pensar en una manera de convencer a Sloane de eso. No la quería a ella, muy bien, eran adultos y podrían dejar eso de lado. Pero no iba a abandonar a Sloane como amiga. —Cierto. Lo estás llevando tan bien que estás mirando a la pared con la taza a medio camino de tu boca. Kat se recompuso y miró a su empleada. —Lo siento, solo estaba pensando. Ana puso una mano en el hombro de Kat. —¿Quieres hablar de ello? ¿O debería preparar algunas galletas de chocolate hechas con laxantes para enviárselas al imbécil?

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Kat intentó forzar una sonrisa en sus labios. No le había dicho nada a Ana, pero la muchacha había adivinado que entre ella y Sloane las cosas habían terminado. —Se nos han acabado los laxantes. —Sorbió su café, mientras examinaba la tienda. Había unos pocos clientes relajándose y Whitney su guardaespaldas. —Nuevo tema. —Ana derramó un poco de agua caliente sobre una bolsa de té para ella—. Vi una edición preliminar de los dos videos esta mañana. Esa imagen que me enviaste es de gran alcance, además Kellen me envió un par de ti durante tu recuperación. Kat, prepárate, vas a ser una estrella. Tanto el trailer como el trozo de la biografía pega realmente duro, me sorprende que la pantalla del ordenador no se agrietara. —¿Tan rápido? Te envié la imagen ayer. —Mientras esperaba que Sloane se presentara en su tienda. —Todo lo que teníamos que hacer era poner la imagen dentro, así que sí, ya está listo. Vamos a terminar de editarlo el fin de semana. —Ana bajó su té y puso su mano sobre el brazo de Kat—. Es muy bueno, bastante impresionante. Sales muy auténtica y real. La gente se sentirá conectada contigo y eso significa que va a sentirse conectada con Sugar Dancer. El resplandor en el rostro de Ana era imposible de resistir. A pesar de su tristeza y fatiga, una chispa del entusiasmo se mantuvo encendida en Kat. —Vas a dejar que envíe los vídeos a los programas de cocina. Ya verás. Abrió la boca para recordar a Ana sobre sus ataques de pánico cuando el timbre de la puerta sonó anunciando la llegada de un nuevo cliente. Kellen entraba sosteniendo una gran caja de pizza. —Hola, chicas. He traído el almuerzo, pepperoni y aceitunas. —¿Trajiste mi favorita? —Normalmente Kat tenía que ganar una apuesta para salirse con la suya en cuestiones de pizza con Kel. —Sí. —Se dirigió a la cocina, dejando caer la caja en la mesa de trabajo de acero inoxidable. El estómago de Kat gruñó, recordándole que no había comido la noche anterior o en todo el día de hoy.

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—¿Se les había acabado el jamón y la piña? Kellen se detuvo a su lado, llevando algunos platos de papel. —Pregunta equivocada, Kit Kat. —¿Cuál es la correcta? Él puso su brazo alrededor de su hombro. —¿Tengo que renunciar a mi nuevo trabajo? Porque no trabajaré para un hombre que te haya tratado mal. Puedo encontrar otro trabajo. Su garganta se apretó. Se había confirmado sus sospechas de que había venido a ver cómo estaba ella. Dios, amaba a Kel. —No, por supuesto que no. Sus ojos se estrecharon. —No estoy seguro de creerte. Diego y yo hablamos sobre ello esta mañana. No sé qué pasó, pero estabas molesta después de que la madre de Sloane viniera aquí. Debí haber escuchado a hurtadillas, maldita sea. La única vez que no fisgoneo, algo malo sucede. Ella lo abrazó. Por mucho que odiaba lo que Sloane pensaba que tenía que hacer, Kat no podía traicionarlo contándole a Kel lo que Olivia le había dicho. Además, todavía tenía la esperanza de detener a Sloane de alguna manera. Pero en este momento, tenía que tranquilizar a su amigo. —Nada de esto tiene que ver contigo o tu trabajo. No renuncies. Lo digo en serio. Tienes la oportunidad de tu vida con SLAM. —Por un breve segundo, Kat se preguntó si Sloane haría que John despidiera a Kellen para cortar todos los lazos. Pero lo conocía mejor que eso. Sloane no actuaba de esa manera. Recomponiéndose, tomó los platos de su mano—. Era solo algo temporal y ahora hemos terminado. Poniendo una rebanada de pizza en el plato, Kel dijo: —¿Qué pasó entre tú y Sloane? Hundiéndose en un taburete, miró hacia el suelo de la panadería, Ana estaba ocupada ayudando a un cliente. —Me interpuse en el camino de uno de sus objetivos. Ahora estoy fuera del camino. —La pizza olía muy bien, pero ahora tenía el estómago cerrado.

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Kellen la tomó de la mano. —Eso es mentira. He visto la forma en que Sloane te mira y no te ve como un obstáculo. La cuestión es: ¿estás mintiéndome a mí o a ti misma? Ella tomó una aceituna de su porción. —Me dolió, ¿de acuerdo? Me dijo que me fuera. —Las lágrimas ardían en sus ojos, y parpadeó para retenerlas—. Estoy muy cansada de ser dejada de lado. —Entonces deja de ser un felpudo. Sé esa mujer que vino y me recogió del hospital la última vez que Brian me dio una paliza. ¿Te acuerdas de ella? Sorprendida, Kat miró hacia arriba. —¿Qué tenía ella de valiente? —Yo no quería que me llevaras a casa de mis padres. Estaba muy avergonzado y no quería que lo supieran. Pero me dijiste que me tenía que joder, que me ibas a llevar a casa, donde estaría a salvo y con la gente que me amaba. —Tenía razón. —Kel había estado muy asustado de que sus padres de alguna manera pensaran mal de él por haberse dejado golpear. En lugar de eso, habían ayudado a Kel a obtener una orden de restricción contra su ex abusivo y lo apoyaron emocionalmente. También habían abrazado a Kat un millón de veces por traerlo a casa—. Pero eso fue diferente. Trabajaba cuatro días a la semana aquí con tus padres. Sabía lo mucho que te amaban. Tú eres su mundo. —También te alzaste contra mí cuando lo necesité. Tal vez Sloane necesita que te enfrentes a él. Exactamente lo que había estado pensando, pero su miedo al rechazo seguía interponiéndose en el camino de hacer algo al respecto. ¿Era eso lo que quería hacer, volver a ser la mujer pasiva que se oculta en su pastelería para evitar el dolor emocional? Por supuesto que no. Prefería luchar por lo que ella y Sloane tenían juntos y arriesgarse al dolor del rechazo antes que rendirse sin intentarlo. Una energía nerviosa zumbaba en sus músculos cuando una idea tomó forma.

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—Tenía que ir a pasar el rato con Drake esta noche. Sus enfermeras, Jane y Zack, rotan durante el día, pero se van a casa por la noche. Sloane trabaja a menudo por la noche, por lo que Sherry, John y yo tomamos turnos. Voy a llamar a Drake y ver si está de acuerdo con eso. —Bien, porque ese look felpudo es de la temporada pasada. Pero sigue usando las mechas, te quedan geniales. Kat sonrió por primera vez desde que Olivia había entrado en su tienda. Sloane amaba las mechas color lavanda de su cabello. ¿Pero amaba a Kat tanto como ella esperaba que lo hiciera?

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Los números de su portátil se volvieron borrosos. Kat parpadeó, frotándose los ojos y haciendo rodar su cabeza para estirar los músculos del cuello. Hacer la contabilidad de Sugar Dancer no era su cosa favorita. Dejando el ordenador a un lado, se levantó y miró a Drake. —Voy por un poco de agua, ¿quieres algo? —¿Dos dedos de whisky? —Que sea agua —se dirigió a la cocina de Sloane, agarró dos botellas y luego regresó y se sentó en el brazo del sillón—. Bébetela. Él tomó un sorbo y luego la dejó. —Te ves cansada. ¿Has dormido algo en toda la noche? La fatiga hacía que su piel se sintiera demasiado pesada. Pero eso no era nada comparado con lo que Drake sufría. —Dormí unas pocas horas. —Es un idiota. Y también se lo dije a él. Ella sintió su estómago encogerse. —No me quiere aquí. —Entonces, ¿qué estaba haciendo? Era más tarde de las nueve y Sloane probablemente estaría en casa pronto. No tenía por qué estar aquí ahora. Ethan podría venir desde la casa de invitados y quedarse con Drake. Pero a Kat le gustaba pasar el rato con Drake,

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incluso si solo contabilidad.

veían

una

película mientras

Kat

repasaba

su

—Él te quiere. —Drake puso su mano sobre su pierna—. No te atrevas a dejar que te asuste para que te vayas. La ansiedad la carcomía. Sloane era inteligente y hábil. ¿Cómo iba a arriesgar todo lo que había construido por venganza? —No es un asesino. ¿Por qué no puede verlo? —Es mi culpa. —Drake deslizó la mano apartándola de su pierna y dejó caer la cabeza hacia atrás—. La noche del asesinato de Sara, después de todo el interrogatorio por parte de la policía, el muchacho estaba vibrando con rabia y culpa. Lo arrastré al gimnasio e hice que descargara su furia. —Drake cerró los ojos como si tratara de escapar de ese recuerdo. Kat le sostuvo la mano, sosteniéndola con fuerza entre las suyas. —No tienes que hablar de esto. No es tu culpa. —¿Cómo puede serlo? No tenía sentido. Cuando levantó los párpados, sombras de arrepentimiento convertían el azul en un color ahumado. —Él era un niño en el cuerpo de un hombre con la capacidad de hacer algo que lamentaría por siempre. —La voz de Drake se espesó—. Estaba intentando ahorrarle el hacer algo estúpido como matar a Foster antes del juicio o encontrar una manera de matarlo una vez que estuviera en la cárcel —sus dedos se crisparon en su mano—. En cambio, creo que lo destruí. —No. —Se acercó más, necesitaba escucharla—. No lo hiciste. Tú lo salvaste y él te ama. —Tanto era así que Sloane había llevado a Drake a su casa y cuidaba de él a pesar de que le dolía ver a Drake marchitarse. Drake suspiró. —Una vez que Sloane estuvo agotado y se dejó caer sobre la colchoneta, de frente a su cara y le dije que si iba a conseguir su venganza, que entonces tendría que hacer las cosas bien. Volverse inteligente y entrenar. Estaba intentando darle una razón para vivir, para concentrarse y mantenerse lejos de los problemas. Kat sintió eso justo en la boca de su estómago. Había estado tratando de dirigir todo ese talento en bruto, la rabia y el poder absoluto de un

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muchacho de dieciséis años salvaje, enojado y herido. Un muchacho sin padre y que tenía una madre horrible. Una receta para el desastre. —Probablemente ahora estaría en la cárcel sin ti. O muerto. Él le dio la vuelta a su mano para cerrarse sobre la de ella. Por un segundo, un eco de su antigua fuerza alimentó su agarre. —Lo estoy abandonando, Kat. No quiero hacerlo. Amo a ese chico, lo es todo para mí. Pero lo estoy abandonando. Te necesita. Le enseñé a luchar y a sobrevivir, pero tú le estás enseñando a amar. —Oh, Drake. —Un nudo de emoción espesó su voz. ¿Estaba llorando? No le importaba. Abrazó a Drake contra ella—. No lo entiendes, tú le enseñaste a amar. Le enseñaste a ser fuerte y fiero, pero es amable conmigo. Amoroso. —Pensó en todas las veces en que se había reído con Sloane o se había derrumbado en sus brazos. Sloane le había dado a Kat la seguridad que había necesitado para comenzar a crecer, curarse y permitirse sentir de nuevo. Y Dios, cuánto estaba sintiendo ahora—. Tú moldeaste su corazón, desde ser un chico peligroso a ser un hombre digno. —¿Cómo podía no saberlo? Drake puso su delgado brazo alrededor de ella. —Es tuyo ahora. Cuida de él. Esto no era justo. —No podemos perderte. —Las palabras salieron en un susurro. Drake la miró. —Escúchame. Sloane se negó a creer en mi diagnóstico desde el principio. Trajo a especialistas de todo el mundo hasta que finalmente le dije que todo había terminado. Ahora está empezando a afrontarlo. Tiene que aceptarlo y tú también. Recordó la agonía seca en los ojos de Sloane cuando le había dicho que Drake lo había salvado a él y a otros como él, pero que no había una maldita cosa que él pudiera hacer ahora para salvar a Drake. Lo odiaba, pero Drake tenía razón. Tenían que hacer frente a la verdad. Recuperando el aliento, se secó los ojos. —¿No estás enfadado? —Porque ella lo estaba. Había estado enfadada cuando perdió a su abuela por el cáncer y estaba enfadada ahora.

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—Por un tiempo. Y Sloane estuvo allí, ayudándome a luchar. Pero el cáncer me está ganando y hay un momento en que hay que aceptar la derrota. Quiero aguantar hasta que Sloane se meta en la jaula con Foster. Ella sacudió la cabeza, interrumpiéndolo. —No podemos dejar que lo haga. La resignación se posó en sus huesudos hombros como un peso invisible. —Ya ha ido demasiado lejos para eso. Tiene que enfrentarse al hombre que mató a su hermana. Ese momento atormenta a Sloane —desvió la mirada hacia las ventanas oscuras que retenían la noche—. Vino a vivir conmigo después de eso. Estaba teniendo pesadillas en las cuales escuchaba a Sara gritando para que él la ayudara. Sloane podía desmantelar su habitación, buscándola en su sueño, tratando de salvarla. —Era solo un niño —se frotó el feroz y punzante dolor en su pecho—. Un chico. Necesitaba ayuda. —Sí. Olivia decía que tenía miedo de él. Una furia caliente la empujó a ponerse de pie y girar en redondo. —Esa perra. ¿Cómo demonios podía pensar su madre que Sloane le haría daño? —Olivia también había hecho acusaciones brutales en la tienda de Kat, culpando a todo el mundo menos a sí misma. El corazón de Kat sangraba por Sara y Sloane por crecer con una madre así—. Él nunca le haría daño a una mujer. Ni siquiera a ella. —Necesitaba que Sloane fuera el villano. Olivia no puede vivir con la verdad, que era una madre de mierda que se libró de sus hijos, así que se metió esas mentiras en la cabeza. Y Sloane no puede dejar que Olivia salga lastimada o eso le daría la razón. —Drake inclinó la cabeza hacia atrás, mirando al techo—. Me las arreglé para conseguir la tutela temporal de Sloane. Nunca habría podido hablar con un terapeuta, así que lo dirigí hacia la lucha —su mirada se centró en ella—. Tiene que entrar en esa jaula y enfrentarse a sus demonios. Lo odio, pero puedo entenderlo. Tenemos que tener la esperanza de que él sea el hombre que yo creo que es. Uno mejor que yo. —¿Tú? —Kat estaba tratando de seguir el hilo—. Tú iniciaste De Luchadores a Mentores. Todos esos chicos que ayudaste o los otros

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luchadores que confundida.

conseguiste

que

ayudaran...

—Se

interrumpió,

—Expiación. Estaba tratando de ayudar a los parias para que nunca cometan el mismo error que yo. La boca de Kat se le secó. —¿Qué error? La mirada de Drake nunca vaciló. —Maté a un hombre. Vivir con eso es un infierno mucho más difícil que este cáncer.

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¿D

ónde estaba la pequeña repostera? Sloane había visto su auto en el camino de entrada. ¿Qué demonios estaba ella haciendo aquí? Dejando caer su bolsa de gimnasio en el suelo, no la vio en la cocina ni en la sala de estar. Oh, mierda, ¿y si estaba en su dormitorio empaquetando la ropa que tenía aquí? Sloane agarró el borde de la encimera. Le había costado todo lo que tenía decirle que se fuera la noche anterior. Dejarla ir era lo correcto para ella. Ya le había hecho suficiente daño. Pero, ¿y si no lo estaba dejando? ¿Y si Kat era una mujer de las que se quedan, incluso cuando la mierda era real? Podía estar esperando por él. ¿Y si estaba en su cama? ¿Ella haría eso? Dios, si la encontraba en su cama, estaba perdido. Ido. Nunca tendría la fuera para resistirse a ella. El encanto de Kat lo atraía tan fuerte y tan cerca que estaba tentado a abandonar el recuerdo de su hermana. ¿Cómo la había abandonado Olivia? ¿Vas a deshacerte del recuerdo de Sara como si fuera basura? Sloane tomó aliento. No solo le debía esto a Sara, sino que ahora Kat estaba en peligro. Ese video de Sloane rescatándola de los reporteros estaba publicado online. Cuando Sloane lo había comprobado por última vez, tenía sobre ochocientas mil visitas. Prácticamente le había enviado un mapa a Foster de cómo destruirle. Ir tras Kat. Cerró las manos en puños. No dejaría que ocurriera. Kat tenía que mantener su seguridad y permanecer jodidamente lejos de él. Una suave voz penetró en sus pensamientos. —Cada sábado, él compraba dos brownies de chocolate y caramelo; uno para su amante y otro para su mujer. La mujer sospechó, se apostó en mi pastelería y lo siguió hasta la casa de la amante.

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—¿Cómo te enteraste? Kat se rio y el sonido se clavó directo atravesando el pecho de Sloane. —Hizo un pedido de una tarta con forma de mono que decía: “me divorcio de tu culo mentiroso” y me hizo enviárselo a su oficina. La risa en voz baja de Drake asaltó a Sloane en oleadas agridulces. ¿Cuántas risas le quedaban a su mentor antes de que fueran silenciadas para siempre? —Le regalé media docena de galletas con trocitos de chocolate. Me imaginé que estaba harta de los brownies. —Y de los maridos mentirosos. Kat se rio. —Espero que sí. De cualquier forma, es la única tarta de divorcio que he hecho hasta ahora. Sloane apenas podía respirar mientras el remordimiento y la pérdida se clavaban en la profunda soledad. La sencilla camaradería entre Drake y Kat succionaban la médula de sus huesos. Las dos personas que más apreciaba en el mundo se habían convertido en amigos rápidamente. Sin una decisión consciente, entró a zancadas en el vestíbulo y se detuvo en la entrada de una de las dos suites de invitados de ese lado de la casa. Drake yacía sobre su estómago, desnudo hasta la cintura y un brazo curvado hacia arriba alrededor de su cabeza. Solo débiles ecos permanecían de los músculos, una vez poderosos, de su brazo, hombro y espalda. Pero lo que lo golpeó como un puñetazo en el pecho fue Kat arrodillada cerca de Drake en la gran cama ajustable, sus manos suavemente masajeándolo. La imagen era tan dulce, tierna y bella, que su corazón se saltó un latido. Kat estaba en su hogar, cuidando de su mentor cuando Sloane había hecho todo por echarla la noche anterior. Ésta mujer no podía ser real. Entrando en la habitación, dijo: —No deberías estar sobre tu rodilla así. —Rodeó la cama, la levantó y la giró para situarla en el sillón reclinable de la esquina. Después de arrodillarse, puso el pie de ella en su regazo, levantó la pernera de su pantalón y empezó a masajear, intentando aumentar el flujo de sangre

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para reducir la hinchazón y prevenir los espasmos que ella tenía de vez en cuando. —¿Qué estás haciendo? Él levantó la vista ante su voz asombrada. —Has estado sobre está pierna todo el puto día en el trabajo. Tu rodilla te duele de la ostia a estas alturas de la noche y estabas arrodillada sobre ella. —Tiernamente trabajó sobre los músculos y tendones, deseando que pudiera llegar lo suficientemente hondo como para remodelar la articulación para que ella no tuviera que sufrir así. —Estaba sobre el colchón. —Le palmeó la mejilla—. No me importaba. Su caricia suave y sus dulces palabras lo torturaron. No quería dejar de tocarla, o de cuidarla. Hacer esto por Kat lo alimentaba, probando que era más que un luchador, un billonario y pronto, un asesino. Le hacía querer ser mucho más que simplemente vengativo. —Gatita, me estás matando. —Si tan solo pudiera creer que ella estaba usando a Drake, pero no lo hacía. El tipo de vínculo entre ellos no podía ser fingido, ni Drake podía ser engañado fácilmente. Ella se inclinó hacia delante con ambas manos sujetándole la cara. —No puedo dejar de preocuparme por ti o por Drake. No estoy hecha así. Pero si el hecho de que esté aquí te molesta, te mandaré un mensaje de texto cuando sea mi noche de quedarme con Drake. Todo lo que tienes que hacer es escribirme cuando dejes el gimnasio o dónde sea que estés y me habré ido para cuándo llegues a casa. —Ella lo soltó, movió su pierna soltándola de su agarre y se puso en pie. Sería tan simple. Sloane podría tratar a Kat cómo hacían sus padres, apartándola lejos de su vista y fuera de su mente. Su cuerpo vibró en una reacción furiosa. Kat ayudó a Drake a ponerse la camisa y a acomodarse contra las almohadas. Le besó la mejilla. —Te llamaré mañana para ver cómo estás. Duerme algo. —Miró de nuevo a Sloane, sus increíbles ojos azul verdoso eran pozos infinitos de dolor. Un segundo después, apartó la mirada y se fue. Los músculos se sacudieron y crujieron, su corazón aporreaba y un zumbido rugía en sus oídos. Sus manos ansiaban sostenerla, su cuerpo gritaba por acunarla contra él, incluso su polla latía. Sloane había entrenado su cuerpo para ser una máquina letal y fieramente

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controlada, pero una mirada de Kat -una–simple-mirada y ella rasgaba en tiras su control y lo poseía totalmente. Volvió su mirada hacia Drake. —Ve. Su control se quebró y fue tras ella. Sloane la encontró alcanzando agarrar el pomo de la puerta principal. Palmeó con sus manos contra la puerta, enjaulándola entre sus bíceps. —No te vayas. Por Dios, no me dejes. —Cubrió las manos de ella con las suyas, presionando su frente contra su espalda, ansiando su tacto. Su cálida y dulce esencia lo rodeó. —Tú eres el que me dijo que me fuera. Yo quería quedarme y luchar por ti y por nosotros. —Su voz cayó hasta ser un susurro—. Tú solo querías que me fuera. Él cerró los ojos, absorbiendo ese golpe. Le había hecho daño y aun así ella había vuelto. Incluso ahora, evitaba que saliera corriendo por la puerta y ella le dejaba seguir tocándola. Sloane levantó sus manos de la madera, encajando la espalda de ella contra su frente y sujetándola contra él. —Nunca me he sentido así, nena. Nunca me preocupé tanto o deseé a nadie así. —Hundiendo su rostro en su suave cabello, dijo—: No sé cómo hacer esto. Tengo que terminar el trabajo con Foster, pero no quiero perderte. —Ella se inclinó contra él. —Yo tampoco sé. Pero creo que estar enamorados significa que tenemos que buscar la forma de superar esto juntos. Sus palabras lo asombraron. Como la forma en que ella le entregaba su peso, sabiendo que la sujetaría. Su repostera había confiado en el hombre equivocado y había acabado malherida. Pero confiaba en él cada maldita vez. Una caliente intensidad lo abrasó. Girándola entre sus brazos, bajó la mirada y sintió el mismo golpe de siempre cuando sus miradas se encontraban. —La jodí y tú no te fuiste. —Todavía no podía creerlo. Los ojos de ella brillaron con la vulnerable verdad. —Estoy aquí a menos que ya no me desees más. Sloane perdió el aliento. Ella tenía miedo, pero se había arriesgado a que él la rechazara, lastimándola y humillándola, para apoyarle y

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amarle. Él había luchado contra los competidores más fieros en la jaula y en la sala de juntas, pero ninguno jamás lo había hecho sentir esta ráfaga de loca adrenalina, miedo y profunda y caliente posesividad que Kat le hacía sentir. Ella lo era todo para él. Envolviendo un brazo alrededor de su cintura, acunó su cara con su palma. —Te deseo demasiado. —¿Se estaba volviendo cómo su madre?¿Persiguiendo un maldito sueño y justo cuando pensaba que lo tenía, se quebraría y destrozaría todo en su camino? Pero no podría dejarla ir—. Gatita. —La palabra salió de él mientras se hundía en su boca, desesperado por saborear a la mujer que le había dado tanto. Sloane no sabía si su amor por él podría sobrevivir a lo que él tenía que hacer. Simplemente no podía dejarla ir. Ella se abrió para él, su cálido y dulce sabor alimentando un ansia de más. Sloane acarició su mandíbula mientras rozaba su lengua con la de ella. El ritmo de su corazón se elevó por su sabor y su esencia. Necesitaba más, necesitaba darle más. Rompiendo el beso, la levantó en brazos y se dirigió arriba por las escaleras. —Te mostraré cuanto te deseo. El rostro de ella se sonrojó y su respiración se aceleró. Sloane los encerró en su dormitorio y movió a Kat de forma que estuvieran cara a cara, sus piernas abrazando su cintura. La luz de la luna que fluía se derramaba a través de las puertas francesas y brillaba sobre ella. —Tan condenadamente preciosa. —Necesidad febril crepitaba bajando hacia su polla con un abrupto y primitivo impulso de reclamarla. La sujetó contra la pared y rozó con su boca sobre sus labios. Ella se ablandó y se rindió, inclinándose hacia arriba para darle acceso. Sloane lo aprovechó, deslizándose su boca a lo largo de su mandíbula, deteniéndose en cada centímetro para lamer y saborear. El sabor de su piel satinada lo provocó hasta que cerró su boca encima de ese delicado punto donde está el pulso, en la base de su garganta y succionó. Los muslos de ella se abrazaron alrededor de sus caderas y un gemido susurrado vibró bajo sus labios. —No pares. —Ella se retorcía, frotándose contra él. El pulso de ella latía más rápido y más fuerte bajo su lengua, volviéndolo loco. Retirando su cabeza hacia atrás, pasó su pulgar sobre esa marca roja en su garganta. Demasiado agresivo.

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—Dejé una marca. —Quería amarla, no hacerle daño. —Quiero tu marca sobre mí. Quiero verla y saber que me deseabas tanto. Levantó la cabeza de golpe. La vulnerabilidad y el deseo nadando en sus ojos lo golpearon con posesividad. —¿Quieres estar marcada por mí, nena? ¿Quieres saber cuánto ardo por ti cada maldito segundo? Ella hundió sus blancos dientes en el labio inferior y lo liberó. —Sí. —Empezaremos aquí. —Se abalanzó en picado, capturando ese delicioso labio y delineándolo con lentas lamidas. Kat le clavó los dedos en sus bíceps. Sloane succionó el labio con su boca, arañando con sus dientes sobre la tierna carne, luego trazó esas diminutas marchas con su lengua hasta que ella gimió y se retorció. Giró la cabeza lo suficiente como para sumergirse en su boca caliente. Dios, sabía tan condenadamente bien. Rodeó sus muslos con las manos, sujetándola allí dónde deseaba que estuviera. A través de sus pantalones vaqueros, el calor de su coño fluía hacia su engrosada polla. No lo suficiente. Con Kat, nunca era suficiente. Ella quería su marca, él se la daría. Rompiendo el beso, contempló sus ojos entrecerrados. —Voy a besar y a marcar tus pezones, bajar hasta tu vientre, luego separar tus muslos para besar tu vagina con lentos y penetrantes trazos. No me detendré, no importa cuántas veces te corras o cuantas veces grites, hasta que tenga memorizado tu sabor y esté seguro de que estás marcada con la sensación de mi boca sobre ti. —Aspiró aire hacia sus pulmones—. Luego pondré mi polla exactamente dónde pertenece, enterrada dentro de ti. Tan profundo que sabrás que eres mía.

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Un calor feroz ardió sobre la piel de Kat. La intensidad de Sloane aceleró su pulso y le provocó ansias. Dejando que la sujetara, se sacó los zapatos a puntapiés y se quitó de un tirón la camisa y el sujetador. Luego enmarcó su cara.

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—Me tienes. No me voy a ir a ninguna parte. —Había estado tan asustada de que la apartara de su lado. Que la empujara lejos porque no la deseaba lo suficiente como para que resolvieran sus problemas juntos. Las motas de color ámbar de los ojos de Sloane ardían. La sujeto con una mano por la espalda y arrastró su áspera lengua sobre su pezón. Ella jadeó ante la húmeda fricción. Sloane se dio cuenta y tiró más fuerte, cada estirón atravesando rápida y directamente hacia su núcleo. Cambiando de lado, prodigó su marca de sensual tortura en su otro pezón, calentándola hasta que se fundió de necesidad. El cabello espeso de él se le derramaba entre los dedos mientras se colgaba de él, incapaz de hacer nada excepto agarrarse a la sensación. Sloane asentó su polla contra ella a través de sus ropas. Su clítoris se inflamó y cada caricia la hacía gemir. Él capturó su pezón con sus dientes, mordiendo ligeramente. Ese pequeño destello de dolor alejó todo, pero una ardiente necesidad la golpeó muy hondo entre sus piernas. Aferró sus muslos alrededor de él. —Sloane. Él levantó la cabeza, revelando el hambre en sus ojos. —No hemos llegado ahí aún. Bésame. —Tomó su boca cómo si estuviera famélico por ella. La firme y demandante presión de sus labios incitó su indomable ansia de saborear, tomar y poseerle por completo. Girando su cabeza ligeramente, ella abrió los labios bajo su asalto. Él arrasó con su lengua hacia dentro, deslizándose contra la de ella con abrasadora fricción. Su sabor la inundó. Cómo el pecaminoso chocolate, el sabor provocó que tuviera ansias de él. Su camiseta se frotaba contra sus sensibles pezones. Demasiado suave, el material no era lo que deseaba que se frotara contra ella. Agarró la camiseta y tiró de ella hacia arriba. Sloane la colocó sobre sus pies y se quitó la camiseta y los pantalones cortos. Kat se bajó los pantalones y las bragas. Cuando se incorporó wow. Los ojos de Sloane resplandecían en su abruptamente bello rostro. La fuerte columna de su garganta se desplegaba en unos robustos hombros y brazos. Su pecho se propagaba hasta unos genialmente esculpidos abdominales y su oscuro vello púbico enmarcaba su dura y gruesa polla. Mientras la observaba, una gota de fluido se formó en la punta.

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Él se acercó sigilosamente a ella, el calor saliendo por sus poros. Arrastrando su mirada hacia arriba, de pronto estaba insegura. Él la deseaba físicamente, pero ¿era solo química sexual y nada más? La había apartado a un lado en el momento en que ella se había interpuesto en su camino. —¿Sloane? —En la cama, nena. —La movió con cuidado hacia abajo hasta que él se aproximó encima de ella.— El sexo nunca ha sido así para mí. Hasta que llegaste tú. El hambre se desperezaba dolorosamente en su pecho, un ansia tan grande y tan amplia, que Kat se agarró al edredón para no caer dentro de ella. La desesperación por ser más que el correcto conjunto de partes anatómicas en el momento adecuado, escarbaba muy hondo en su corazón. —¿Qué? Él le acunó la cara con la palma de la mano, sus ojos fundiéndose con los suyos con cruda honestidad. —La forma en la que puedo mostrarte como me siento. Antes de ti, el sexo era solo una liberación. Ahora... es cómo te amo. No contenemos nada. Levanta tus rodillas a mí alrededor y abre las piernas. Muéstrame lo que no compartirías con nadie más. Dios, las cosas que le hacía. Absorbió sus palabras, dejándolas que suavizaran y llenaran su anhelo de ser amada. La mirada de él permaneció en la suya mientras su cuerpo se hundía en calor y emociones mezcladas. Sloane solo había tenido caricias y comodidad durante el sexo. Era todo lo que él había conocido y le estaba danto todo eso a ella con su amor. Arrastró sus piernas hacia arriba a través de sus costados, dejando sus rodillas caer abiertas. Acunándole el rostro, dijo: —Solo para ti. Los ojos se él destellaron, las pupilas dilatándose. Con sencilla elegancia, se deslizó hacia abajo sobre su cuerpo, tomándose tiempo para humedecer y lamer a través de sus costillas, dispersando diminutos mordiscos bajando por su vientre, hasta que ella tembló con la necesidad. Finalmente él se asentó en el suelo entre sus muslos abiertos. Dobló sus enormes manos bajo su trasero, inclinándose hacia delante y trazando con su lengua sus pliegues, rodeando su clítoris.

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Luego se aferró al pequeño brote, frotando y succionando. Chispas calientes abrasaron a través de ella. La tensión creció, tirando tan fuerte que gritó. Sloane se movió, introduciendo dos dedos muy dentro de ella. La completa sensación reforzó su feroz ansia. Lo cabalgó, inclinando sus caderas, yendo demasiado fuerte y demasiado rápido. Como un balón demasiado inflado, estaba a punto de explotar. Embistió con sus dedos, alcanzando el punto de puro placer mientras succionaba su clítoris. Subió en espiral dentro de ella, mucho más alto a una velocidad de vértigo. Kat apenas se mantenía, cabalgando la cresta sin liberación cuando él arrastró su pulgar entre las nalgas de su culo y presionó contra una zona erógena desconocida. Un nuevo conjunto de nervios ardió y prendió mecha. Su vientre se oprimió y el orgasmo estallo sobre ella. —¡Sloane! —Oyó el grito pero no le importó. Las oleadas de placer expandiéndose se adueñaron de ella. Sloane se irguió y se cernió sobre ella. —Tengo tu sabor. Es mío. Tú eres mía. —Se sumergió dentro de ella, duro y profundo. Bajando su pecho hacia el de ella, capturó su boca, llenándola con sus sabores mezclados. Apoyándose en un codo, le levantó las caderas y se dirigió hasta el fondo dentro de su cuerpo, llenándolo tanto que la dejó sin respiración. Retirándose del beso salvaje, tomó aliento. —Tómame. Todo de mí. —Fijo sus ojos en los de ella, metiéndose dentro. Golpeando un lugar que era suyo, solo suyo. Ella se aferró a sus hombros, sus músculos marcados cubiertos de piel caliente y resbaladiza por el sudor. —Dámelo todo. Su rostro se volvió severo, los ojos ardientes, la mandíbula sobresaliendo, los tendones de su cuello resaltando mientras se impulsaba dentro de ella. Le dio todo mientras la llenaba, llevándola a alturas de necesidad que no podía expresar ni podía controlar. Kat se retorció hasta que su poderoso hombro, resbaladizo de sudor, se flexionó sobre su boca. La intensa necesidad de marcar su piel mientras él tenía la de ella tomó el control. Kat se giró y pasó su boca y sus dientes sobre los marcados bíceps de Sloane. A pesar de que un pequeño susurro le decía que no lo hiciera, mordió el intenso músculo.

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Su sabor la atravesó con calor agrio mientras su polla alcanzó la meta muy dentro de ella. Alguna diminuta parte de ella intentaba salir a la superficie con indignación antes sus acciones: Lo estaba mordiendo. —Oh, joder, nena. Hazlo más fuerte. Su brazo creció mientras ella lo restringía. Los dedos de él se clavaron en sus caderas. Ráfagas de placer se retorcían y tensaban. Su cuerpo se arqueaba mientras la follaba. Tan cerca, tan... —Más. —Él se movió para apoyarse en un brazo, acunando su nuca y apoyándola contra su hombro—. Márcame. Su erótica orden desgarró cualquier atisbo de resistencia y mordió con firmeza. Su feroz gruñido de aprobación la abrasó, sacando hacia fuera su candente orgasmo. El violento placer obligó a sacar su boca de su hombro para jadear en busca de aire. Sloane golpeó hacia dentro y tiró fuerte, empujándola a través de la cama mientras se liberaba dentro de ella, su polla marcándola tan completamente como sus dientes lo habían marcado a él. Minutos más tarde, Kat estaba sin fuerzas mientras Sloane la besaba tiernamente. —Me marcaste. —Se miró el hombro. La leve impresión de sus dientes rayaba su piel. Había perdido el control, quizás le había hecho daño. Un rayo de vergüenza la molestaba. —No tenía intención de hacerlo. Los ojos de Sloane penetraron los suyos. —Tus labios y tus dientes sobre mí eran tan jodidamente sexys. —Su polla embestía dentro de ella, probando que lo decía en serio—. Quería tu marca, te dije que mordieras fuerte. Cuando tus dientes se aferraron, te follé atravesando la cama. Me corrí tan fuerte que pensé que iba a morir del inmenso placer. —Entrelazó sus dedos con los de ella—. Me marcaste, nena. Soy tuyo. La calidez la inundó, ahogando la punzada de preocupación acerca del futuro. Ahora lo tenían y era condenadamente especial. Kat trazó la cicatriz que enmarcaba un lado de su boca y luego la otra junto a su ojo.

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—Yo... —Su teléfono sonó, interrumpiendo sus palabras. Cambiando su mentalidad, dijo—: Es el tono de llamada de Marshall. —¿Por qué estaba llamando su hermano? Sloane se apartó de ella, se inclinó sobre el borde la cama para agarrar los pantalones de ella y le entregó el teléfono. Lo tomó, se apoyó contra el cabecero de la cama y contestó: —Hola, Marshall. —Hola Katie, siento llamar tan tarde. Ésta es la primera oportunidad que he tenido de llamar. Hablé con David acerca de la fotografía. La fotografía. Con todo lo que había pasado, se le había ido de la mente. Se le secó la boca. —¿Qué dijo? —Que no reconoce al tipo que está en tu habitación del hospital y dijo que el tipo probablemente entró en la habitación equivocada. —Está mintiendo. —Kat elevó su pierna buena, abrazándola contra su pecho. El brazo pesado de Sloane se asentó a su alrededor, arrastrándola hacia su costado. —¿Qué está pasando? —¿Ese es Sloane? —Sí. No cuelgues Marshall. —Una vez que él estuvo de acuerdo, apartó el teléfono de su oreja, lo puso en silencio y se encontró con la mirada de Sloane. Habían pasado muchas cosas en los últimos dos días. ¿Pero quería él ser arrastrado de nuevo hacia esto? —Resolveremos las cosas juntos. ¿No es eso lo que me dijiste? La escuchó cuando le habló. Más segura, asintió. —Eché un vistazo a las fotografías de cuando estuve en el hospital en la memoria que mi padre me dio. —Las motas ambarinas de sus ojos color castaño claro se endurecieron. —Encontraste algo.

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La preocupación recorrió su columna vertebral. ¿Qué haría él? Sloane era extremadamente protector. —Sí. En una de las fotos estaba en la cama del hospital mirando hacia la puerta. Había un hombre de pie allí. —Sus manos se humedecieron, y se las limpió en la sabana—. Lo reconocí. Era el hombre que dijo “Consecuencias, Dr. Burke” cuando fui atacada. Los músculos se endurecieron en su pecho y en el brazo que la rodeaba por los hombros. —¿Por qué demonios no me lo contaste? —Tu madre llegó justo cuando la encontré. Me distrajo. —Un corazón destrozado era jodidamente distractor. No quería llegar a la parte en la que mientras ella había estado esperando y deseando que Sloane viniera a hablar con ella, se había mantenido ocupada enviándole a Marshall la fotografía para que le preguntara a David acerca de ella. Él respiró hondo. —Pon a Marshall a través del altavoz. Kat tecleó en el teléfono. —¿Puedes oírme?

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—Sí. Le mostré a Amelia la fotografía. —Amelia. —Sloane acariciaba con sus dedos sobre su brazo desnudo—. ¿Esa es la amiga con la que solías trabajar en SiriX? Lo recordaba. Ese había sido su acompañantes y un desastre colosal.

primer

evento

juntos

como

—Sí. Trabajábamos juntas en el equipo de David y ella todavía lo hace. —Nerviosismo y ansiedad se anudaban en su estómago. Le preguntó a Marshall—. ¿Ella lo reconoció? ¿Sabe quién es? —No sabe quién es, pero lo ha visto. Kat frotó con su pulgar sobre el empeine de su pie mientras una esperanza apremiante brotaba dentro de ella. ¿Iba a conseguir respuestas al fin? —¿Con David?


—Han pasado seis años, pero está bastante segura de que vio a David y a éste tipo discutiendo en el estacionamiento del hospital. Recuerda que fue la mañana después del ataque porque estaba de camino al hospital para verte. La hora encaja. En la fotografía tu pierna todavía estaba suspendida en tracción. No tuviste la intervención hasta la mañana siguiente. El alivio fluyó atravesándola. —Yo también lo vi discutiendo con David. Fue una semana o dos antes del robo o ataque o lo que demonios fuera. —¿Qué había ocurrido realmente aquella noche? —Estoy trabajando en averiguar más —añadió Marshall—. Te lo conté para que estuvieras alerta y tuvieras cuidado. Mantente lejos de David. Ella puso los ojos en blanco. —¿Hola? Ese ha sido mi objetivo durante cinco años. Yo no soy quién lo ha escogido cómo padrino de mi boda. —Estuviste comprometida con él, chica de la casa de cristal1. —Nah, esa fue la vieja Katie. —¿Sí? ¿Y qué va a hacer está nueva Katie? —Patearle el culo y obligarle a decir la verdad. Hablaremos luego. — Colgó antes de que él repitiera su sermón acerca de alejarse de David. Ese era su plan, pero David tenía por costumbre aparecer y desencadenar su pánico. No iba a volver a ocurrir.

1Girl-in-a-glass-house

en el original. Hace referencia a un dicho popular: “quien vive en una casa de cristal no debe tirar piedras” alegando que ella no debe acusarle ya que cometió el mismo error en su momento.

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S

loane sirvió un poco de café recién hecho y se dirigió de vuelta a la cocina de la pastelería de Kat. Sugar Dancer no abriría hasta dentro de otra hora. Kat tenía su iPod sonando, su culo meciéndose en los pantalones vaqueros apretados mientras estiraba y cortaba la masa. Era tan condenadamente sexy que su polla se hinchó, pero Sloane lo ignoró. Kat estaba trabajando. En cambio, colocó el café dentro del alcance de ella y se instaló frente a su ordenador portátil en el otro extremo de su mesa de trabajo. Una vez que Kat deslizó los pasteles en el horno, él dijo en voz baja: —Toma la unidad flash y ven aquí. Se lavó las manos y agarró la memoria del pequeño escritorio apoyado contra la pared. —La fotografía es fuerte. —Dijiste eso ayer por la noche. —Entonces ella no había querído mostrársela. Tiró de ella entre sus piernas y estudió sus ojos. Acariciando con sus pulgares sus caderas, trató de entender su vacilación—. El único momento en que pierdo el control de mi mismo es cuando te tengo sola y desnuda. Los ojos de ella se agitaron. —Es que... —¿Te preocupa que pierda la paciencia y vaya tras David o el tipo de la foto? —Un poco, pero es más que eso. —Está bien, cuéntame. —Sloane casi podía sentir su lucha. Había dejado pasar esto anoche porque sus ojos se estaban cayendo por la fatiga. No le hacía falta ser un genio para saber que él le había hecho tanto daño que no había dormido bien la noche anterior. Pero ahora

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necesitaban enfrentarse a lo que le molestaba porque Sloane iba a ver la imagen. No podía protegerla si no conocía la amenaza. —Cuando fui a tu casa después de la visita de tu madre, estabas en el gimnasio haciendo tu rutina de Tae Kwon Do. —Sus ojos brillaban con un azul muy vivo—. Estabas increíble, tan hermoso. Nunca te había visto así. Frunció el ceño tratando de seguir su argumento. Sabía que él hacía artes marciales, así que ¿por qué iba molestarle verlo haciendo eso? —¿Hermoso? —Una extraña elección de palabras. —Increíblemente poderoso. —Ella se retorció las manos—. Nunca había visto toda tu fuerza así. Estás tan lejos de mi liga que no sé por qué aceptaste trabajar conmigo. Mierda. Ahora lo entendía. Pensaba que su foto tan malherida iba a cambiar su punto de vista de ella. Tomando sus manos, entrelazó sus dedos y le dijo la verdad. —Eso es lo que siento yo cuando te veo hacer tus ejercicios de yoga. Te pones los auriculares y te deslizas hacia la zona donde están tú y tu cuerpo ejercitando con la música. Cada vez que mantienes el equilibrio sobre una pierna, mi corazón se acelera. Tengo miedo por ti. Es una batalla quedarme donde estoy y no ir a sujetarte. Pero al mismo tiempo, estoy fascinado por tu valentía y tenacidad. No vas a dejar que la pierna te derrote. He visto a combatientes resistentes como el acero ser derrotados por sus lesiones. Pero no tú. Sus dedos se apretaron alrededor de él y el pulso en su garganta se agitó. —¿Eso es lo que ves? —Tú eres una superviviente. Mi preciosa sobreviviente. Una foto no va a cambiar eso. Un rubor expulsó la tensión en su rostro. Ella se inclinó y le besó. Sloane inhaló su aroma cálido y dulce. Dios, nunca tendría suficiente de ella. Una vez que ella rompió el beso, le dijo otra verdad. —Tú me has visto y has sentido toda mi fuerza cuando estoy empujando duro y profundo dentro de ti. No me contengo contigo

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cuando estamos juntos. No desarmaba cada maldita vez.

podría

aunque

quisiera.

—Ella

lo

Kat negó con la cabeza. —Me estás haciendo amarte demasiado. —Estoy ahí mismo contigo chica repostera. Ahora muéstrame la foto antes de que decida violar todos los códigos de sanidad y te folle encima de esta mesa. —Él golpeó una mano sobre la parte superior de acero inoxidable—. Parece lo suficientemente resistente como para soportarnos en plena tarea. Kat se estremeció y se volvió en sus brazos para cargar la memoria flash en su ordenador portátil. Sloane se inclinó hacia su oído. —¿No quieres saber si estaba bromeando? Ella miró hacia atrás. —Mi empleada y el personal de seguridad estarán aquí pronto. —¿Y? Puedes tirarles un par de magdalenas por la puerta y decirles que esperen. Ella puso los ojos en blanco, se volvió e hizo clic en el título de la fotografía. La imagen se materializó en la pantalla. Sus pulmones se quedaron sin aire. —Jesucristo. Había pensado que estaba listo. Pensó que podía manejarlo. Estaba tan jodidamente equivocado. Kat estaba en la cama del hospital, con la cara hinchada y amoratada de azul intenso y púrpura. Sangre seca en su cabello enmarañado. Su brazo estaba en un yeso, su pierna en tracción. La rabia desgarró sus entrañas como un reguero de pólvora. Su sangre bombeaba con violencia. Lo que le habían hecho. Con un bate. Sus dedos intensificaron su agarre sobre sus caderas. —Céntrate en el hombre de pie junto a la puerta.

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Sloane obligó a sus manos a relajarse antes de que la lastimara mientras estudiaba al hombre. Altura media y bien musculado. En la foto parecía tener alrededor de treinta años y eso fue hace seis años. Usaba pantalones vaqueros y una camiseta, se cernía en la puerta, mirando a Kat con ojos severos. Ninguna simpatía suavizaba su expresión. —¿Lo conoces? Sloane dejó escapar el aliento. —No. —Estiró el brazo alrededor de Kat y guardó la imagen en su disco duro—. Pero voy a averiguar su identidad. —¿Cómo? Él la miró. —Tengo investigadores contratados. Son los que me buscan los antecedentes de los empleados, los clientes, los enemigos. Recortaré la imagen para que no aparezcas en ella, se la enviaré a ellos y veremos qué aparece. Tu nombre no se involucrará. —Supongo que eso podría funcionar. —Confía en mí. —Cerró el archivo para trabajar en él más tarde, manteniendo su respiración constante, tratando de protegerla de la furia que hervía en su estómago y su pecho. —Tu cicatriz está blanca. Mierda. —No sé por qué me molesto en tratar de ocultarte mis sentimientos. — Kat lo veía, lo conocía. Algunas personas nunca penetraban en su cara de póquer, pero ella lo hacía. Porque a Kat le importaba lo suficiente como para mirar más profundamente. Ese pensamiento disparó un profundo terror en el que no quería pensar. Ella podía ver mucho de él un día y al igual que su madre, podría llegar a odiarlo y temerlo. Pero Kat no era su madre. Ella nunca abandonaría a su hijo. Ni siquiera dejaría a Drake, se había arriesgado a que Sloane la rechazara y humillara por venir a su casa y pasar el rato con Drake. Con un suspiro, envolvió sus brazos alrededor de ella y la atrajo contra su pecho.

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—Esto ayuda. Sentirte cálida y segura. —Era suya. Nadie iba a hacerle daño de nuevo. No ese cabrón de la imagen, no David el Imbécil y no Foster. La puerta de la pastelería se abrió. Sloane puso a Kat a un lado y se levantó. —¡Buenos días! —Es Ana. —Kat enarcó las cejas con diversión y luego gritó—: En la cocina. —Hay periodistas afuera y... Sloane está dentro. —Ana levantó el ordenador entre sus manos—. Y aquí yo que trabajé casi toda la noche y llegué temprano para animarte. Sloane frunció el ceño, atrapado en la idea de los paparazzi molestando a Kat. —No había periodistas cuando llegamos aquí. —Acaban de llegar. De AfterBurn. Una furia helada congeló sus venas. Odiaba ese programa. —Ese video de ti rescatando a Kat de la prensa tiene más de ochocientos mil visitantes. Quieren más de eso. Kat le puso la mano en el brazo. —No se lo des Sloane. Ignóralos. —Mirando a Ana, preguntó—: ¿Cómo sabes el número de visitas que tiene el video? —He estado investigando para mi proyecto, que... —le dedicó una enorme sonrisa— …está listo. Los dedos de Kat se hundieron en el brazo de Sloane. —¿En serio? ¿Puedo verlo? —Ahora mismo. —Ana preparó su equipo en la mesa. Sloane se movió detrás de Kat mientras ella se sentaba en un taburete junto a Ana. Podía sentir la tensión y la emoción contraer sus hombros y espalda. —Tengo el video de la biografía más largo preparado para reproducirlo en primer lugar. —Ana miró a Kat—. Júrame que no me besaras ni

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nombrarás a tu primogénito en mi honor una vez que veas esto. Porque eso sería vergonzoso. —Sus ojos brillaban detrás de sus gafas—. Sobre todo si tu primogénito es un niño. —De acuerdo, pero me reservo el derecho de nombrar a cualquier reptil que tenga con tu nombre. —Cantarás una melodía diferente una vez que veas esto. Kat arqueó una ceja. —¿Será para hoy? ¿O el próximo año? Ana rebotó en su asiento. —Tienes suerte de que esté tan emocionada o te haría esperar. —Apretó el botón de reproducir. La diversión de Sloane ante las bromas de las chicas cambió a una concentración total sobre la pantalla. Una música fluía suavemente mientras Kat aparecía a la vista sentada en una de las mesas en el frente de su pastelería. —Hay personas que piensan que la mejor parte de mí murió la noche en que unos matones con un bate de béisbol me rompieron los huesos. Él estaba enganchado allí. Kat llevaba el delantal de Sugar Dancer sobre unos pantalones negros y una camisa. La iluminación capturaba las mechas rosas en el cabello castaño. Le encantaba ese toque de desafío en ella. Pero eran sus ojos mirando directamente a la cámara con una autenticidad asombrosa lo que le hacía contener la respiración a la espera de ver qué diría a continuación. Después de un solo latido, Kat se puso de pie en el video y caminó con su leve pero distintiva cojera hacia las vitrinas que mostraban una gran variedad de pasteles, bizcochos, magdalenas y galletas. Se volvió hacia la cámara, una mujer imperfecta enmarcada por todas esas perfectas creaciones dulces. —Pero creo que la mejor parte de mí se despertó en el hospital y me di cuenta de que ésta es mi vida. La única que voy a conseguir. Y voy a vivirla a mi manera. Una breve pausa mientras la música crecía en el fondo y la cámara se centraba en su rostro.

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—Mi nombre es Kat Thayne. Esta es la historia de cómo reconstruí mi destrozada vida y creé la Pastelería Sugar Dancer. Sloane se mantuvo paralizado mientras las tomas cambiaban, mostrando una de Kat en el hospital. Hizo una mueca ante la breve pero eficaz imagen a pesar de que la había visto solo unos pocos minutos antes. Había dos fotos más rápidas de su lucha por caminar con muletas y luego con un bastón, una prueba clara de su progreso. El resto de las fotos o clips de vídeo eran de Kat con sus postres y sus clientes, todos llenos de sonrisas. En esas tomas, la pasión y la alegría de Kat brillaba. Al final del video, Kat lo resumió. —El baile era la pasión de mi abuela y me enseñó a bailar desde el momento en que empecé a caminar. Mientras estaba en el hospital, la recuerdo sosteniendo mi mano y murmurando una y otra vez: “Vas a bailar otra vez Katie. Sentirás la música.” La sonrisa de Kat fluyó hacia algo tan poderosamente conmovedor, que Sloane no podía respirar. —Ella estaba en lo cierto. Todos los días aquí en Sugar Dancer, siento la música mientras que hago lo que amo, hornear creaciones especiales para compartir con personas que celebran sus mejores momentos: bodas, cumpleaños, graduaciones, etc. Llego a compartir su alegría. Algunas personas bailan con sus piernas, yo bailo con el azúcar. El vídeo se apagó y terminó. Todo lo que Sloane oía era el zumbido del ordenador portátil y el latido en sus oídos. —¿Estaba en lo cierto? Te dije que confiaras en mí. —Ana miró a Kat. Kat suspiró, sus hombros expandiéndose contra su caja torácica. El momento se mantuvo tenso. Ana rebotó en su silla con creciente agitación. —Lo odias. —Todo lo que voy a decir... —Kat parecía tener problemas para apartar la mirada de la pantalla. Finalmente, ladeó la cabeza hacia Ana— ...es que espero que mi primer hijo no sea un niño. Porque eso sería totalmente vergonzoso. El rostro de la joven se quedó en blanco, a continuación, se transformó en risa.

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—Me has asustado. —Es justo, porque creo que puedes haber dejado al descubierto un pedazo de mi alma en ese video. No estoy segura de que esté lista para eso, incluso aunque creo que quedó genial. Sloane se inclinó hacia abajo, envolviendo sus brazos alrededor de Kat sujetándola contra él. —Si ese video llegara a mi escritorio, te tendría en el teléfono tratando de firmar antes de que la música terminara. Tú no estás expuesta, Kat. Eres real y eres dueña de lo que eres, una mujer muy talentosa, guapa, sexy e imperfecta a la que le encanta cocinar. Su sonrisa se abrió camino a través de la duda en su rostro, irradiando su felicidad. Durante años se había escondido, tanto detrás de las cicatrices como en su pastelería. Pero en ese video, se revelaba como una mujer fuerte con vulnerabilidades. —Me estremeció. —Se dirigió a Ana—. Excelente trabajo. Has captado las luchas y los triunfos de Kat y la mostraste como el rostro de Sugar Dancer: la mujer que baila con azúcar en lugar de sus piernas. — Volviendo la mirada hacia Kat, dijo—: Esa última frase atraerá a la gente para ver lo que puedes hacer con el azúcar. Ana se sonrojó, sus ojos chispeando detrás de sus gafas. —Gracias. —Kat dice que tienes un plan de marketing para ella. —Lo tengo. Completo con líneas de negocio. El avance promocional también es bueno. —Lo preparó y apretó el botón play. Este comercial duraba menos de sesenta segundos, llegando a los puntos altos de Sugar Dancer y Kat. Ritmo rápido y potente, era bueno. Kat sonrió. —Me gusta. Sloane no pudo contener su creciente excitación. —Funciona, pero ese video de la biografía es oro. Creo que deberíamos mirar por encima el plan de Ana, luego le darás el visto bueno para enviar los paquetes a los programas de cocina. Mi única petición es que

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lleves al equipo de seguridad contigo en todo momento. —La seguridad de Kat venía primero, pero sabía lo mucho que ella quería que Sugar Dancer creciera como una franquicia. —Pero... —Los hombros de Kat se desinflaron lo suficiente para que él comprendiera su preocupación. Sloane le puso la mano debajo de la barbilla. —Nuevo plan. Si te llaman para ir a un programa, iré contigo a las grabaciones como tu seguridad. Juntos podemos lidiar con tus ataques de pánico. Y Ana puede venir como tu directora de publicidad y ayudante de cocina. Kat se levantó y se paró frente a él. —No vas a tirar de ningún hilo para que meterme en un programa, ¿verdad? Por un cegador segundo de tentación, Sloane quiso hacerlo y obligarla a estar en deuda con él. Si él tuviera su futuro en sus manos, ¿podría mantener su amor? ¿Incluso después de que él matara? Pero la mujer que amaba tenía muchas ganas de hacer esto por su cuenta con el equipo que estaba construyendo. —Tú y tu equipo... —asintió con la cabeza hacia Ana— ...tienen esto cubierto. Su radiante sonrisa iluminó su interior.

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El domingo por la tarde, Sloane se apoyó contra la nevera industrial en la cocina de Sugar Dancer, observando mientras Kat le mostraba a Isaac como dibujar una calavera en la galleta del chico. Cinco niños y Ethan la miraban con interés, absortos mientras Kylie fruncía el ceño un poco. —Las calaveras son feas. Yo quiero flores en la mía. Kat la miró.

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—¿Sí? ¿Qué tal un poni con flores en la melena? El estridente grito de placer de Kylie hizo que Sloane hiciera una mueca de dolor. —Maldita sea. —Prueba con cuatro o cinco niñas invadiendo mi casa o fuera en la piscina. Mis oídos sangran. —John mordió una magdalena—. Estas son realmente buenas. —Deben serlo, ya te has comido una media docena. —Trató de mantener el orgullo fuera de su voz. —Te vi engullendo esas magdalenas de limón. —Estaba siendo educado. —Habría dado un puñetazo a quien le tocara esos increíbles cupcakes. A Sloane le encantaba esa cosa cremosa de limón que tenían en el centro. Kat lo llamaba cuajada de limón. John resopló. —Sí, eres todo buenos modales y todo eso. Haciendo caso omiso de eso, señaló con la cabeza en dirección a su chofer y luchador en formación, inclinado sobre una galleta con aspecto de concentración. —Ethan se está divirtiendo tanto como los niños. —Deberíamos tomar una foto y mostrársela a los otros combatientes. —Subirla a YouTube. —Y ponerla en la página web de SLAM. Sloane se rió a pesar de que nunca lo harían. Ethan había sido uno de sus chicos desde que lo habían encontrado a los dieciséis años. Había llevado mucho tiempo ganarse su confianza. La mierda por la que ese chico había pasado... sí, verlo reír y decorar las galletas era condenadamente bueno. —Francamente, me alegro de verle participando. Ha estado un poco retraído alrededor de los chicos. Sloane había notado eso también, pero atribuyó algo de eso a la enfermedad de Drake. Que estaba drenándolos a todos ellos. —¿Cómo va su formación?

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John tiró el envoltorio a la basura. —Perfecta. Trabaja tan duro como cualquiera de los otros. Todavía deja que su temperamento se lleve lo mejor de él en combate, pero está trabajando en ello. El autocontrol y la cabeza clara eran claves para ganar una pelea. A los veintiún años, Ethan tenía que dominar eso. —Encontrémonos mañana después de llevar a Kat a trabajar. Voy a entrenar con Ethan. —Sloane había acordado trabajar con él cuando el tiempo lo permitiera, pero entre su formación propia, el trabajo, Drake y Kat, nunca había tiempo. Eso tenía que cambiar. —Responde a Kat. Ella fue la que lo convenció de participar en la decoración de las galletas. Una posesión caliente se envolvió alrededor de su pecho. A sus amigos les gustaba Kat y de alguna manera ella sabía perfectamente como formar parte de ellos. Al igual que ofrecerse para que los niños vinieran hoy, después de que su pastelería cerrara, a decorar unas galletas para llevar a casa. Sloane no podía apartar los ojos de ella con su sonrisa fácil e instrucciones amables. Le encantaba compartir su pastelería con estos niños. Ninguna otra mujer con la que hubiera hecho el arreglo de ser acompañantes mostró alguna vez algún interés en los niños. Eran inadaptados. La mayoría de las mujeres como mucho habían donado dinero al programa De Luchadores a Mentores y lo hacían para llamar la atención de Sloane. El dinero era fácil cuando lo tenías. ¿Pero el tiempo y el interés? ¿Preocuparte de verdad lo suficiente como para compartir tus pasiones con niños en desventaja? Eso era real y no tenía precio. Se frotó el pecho mientras grietas de miedo penetraban ese calor. Sloane no quería perder a Kat, pero no sabía cómo mantenerla. Las cosas habían sido más simples, cuando solo tenía mujeres como acompañantes, no esta relación emocional que los dejaba a ambos vulnerables. Empujándose fuera de la nevera, le dio una palmada en el hombro a John. —Te comiste sus cupcakes, puedes ayudar a lavar los platos. Vamos. Kat le sonrió mientras formaba rápidamente cajas cuadradas con la pila de cartones sobre la mesa.

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—¿Qué pasa? Él le limpió una mancha de glaseado de la mejilla. —Ya has hecho bastante. Siéntate y diviértete. Nosotros limpiaremos. Ella arqueó las cejas. —Casi todo es glaseado de crema de mantequilla, que es grasiento. Es difícil de lavar. Sloane frunció ceño. —¿Estás cuestionando mi capacidad como lavaplatos? Tengo experiencia, ya lo sabes. —Era lavaplatos la primera vez que vio a Kat en la fiesta de sus dulces dieciséis. Esa chica había invocado un complejo hervidero de emociones en él, mientras que la mujer delante de él ahora era su dueña completamente. Escepticismo enmascaraba su rostro. —Tienes un personal invisible que limpia tu casa y te llena el refrigerador. —Trabajé como lavaplatos en algunos de los mejores hoteles y en el club de campo. Prepárate para ser sorprendida. —Puso sus manos en su cintura y la levantó sobre un taburete junto a Kylie—. Siéntate aquí y observa. —Necesitaba descansar su pierna, pero no era tan tonto como para decírselo frente a un grupo de personas. En su lugar, empleó un arma secreta—. Kylie, vigila a Kat y asegúrate de que no trata de ayudar. Ella hizo todo esto por nosotros, por lo que es justo que limpiemos, ¿verdad? Kylie lo consideró y asintió solemnemente, con los ojos enormes y serios. —Haced un buen trabajo por Kat. Sloane no pudo evitar sonreír. —Por supuesto. —Se volvió hacia los chicos—. Llevad los platos al fregadero, chicos. Vamos a demostrar a las chicas lo que podemos hacer.

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Kat estiró su pierna dolorida en la parte posterior de la limusina. Los chicos se habían sentado a ver una película que se reproducía en las dos pantallas, mientras Kylie le enseñaba a Kat el bar. —Estos son mis cajas de zumo favoritas. Me gusta la cereza. —Papá dijo que solo puedes tomar agua. Ya tomaste suficientes chucherías hoy. Kylie le hizo una mueca a su hermano. —Solo estaba enseñándoselo a Kat. —Volvió a meter el zumo en la nevera. Ben miró a su hermana pequeña. —Tienes que salirte con la tuya en todo. Hiciste que Kat viniera en la limusina. —No lo hice. —Si lo hiciste. —No lo hice. Kat comenzó a ver por qué John no había querido dejarla sola con los niños. Bueno, no estaba sola, Ethan estaba conduciendo con el separador de compartimentos bajado, manteniendo un ojo en todo. Sloane y John los seguían detrás en su auto. Kylie había suplicado a Kat para que fuera con ella y Kat no supo decir que no. Tratando de cambiar de tema, le preguntó: —Ben, ¿os habéis divertido en el partido de béisbol de hoy? Los ojos del chico se iluminaron. —¡Sip! Sloane nos llevó a conocer a algunos de los jugadores antes del partido. Llevábamos estas gorras de los Padres2 y algunos de los chicos los autografiaron. —Se quitó la gorra y se la tendió. Ella lo tomó, estudiando cada autógrafo. —Oh, genial, tienes firmas de… Padres de San Diego: son un equipo profesional en las Grandes Ligas de Béisbol que pertenece a la División Oeste de la Liga Nacional. El nombre del equipo proviene de una organización de la Liga de la Costa del Pacífico con sede en San Diego. 2

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El auto se desvió a la izquierda. Kat alzó su mano, sujetándose al asiento para evitar golpear a Ben. Ethan debía de haber maniobrado para esquivar algo en el camino. Abrió la boca cuando fueron sacudidos por otro discordante cambio de dirección. —¡Kat! —gritó Kylie, lanzándose hacia ella. El vehículo se sacudió violentamente. El corazón de Kat se atascó en su garganta. Su pulso se parecía a una corriente nuclear. —¡Ethan! No hubo respuesta. —¡Ethan no se mueve! —Robert, un chico mayor, se arrodilló en el asiento hacia la parte delantera del auto. Su rostro estaba pálido de terror. Mierda. Esto era malo. El miedo la recorrió, intentando colapsar sus pulmones, cuando el auto zigzagueó. Se iban a estrellar. Unos sollozos cortaron su miedo. Kylie miraba fijamente a Kat, gruesas lágrimas rodaban por su rostro. —Quiero a mi papá. El miedo de la niña puso a Kat en acción. Agarró a Kylie, empujándola al suelo. —Todo el mundo abajo. Agarraos fuerte y cubríos la cabeza. Los niños se apresuraron hacia abajo. El chillido de los frenos atravesó el interior normalmente silencioso. Pero la limusina no estaba aminorando. Kat se lanzó al frente para buscar a través de la ventana de privacidad abierta. Volaban hacia una intersección. Los chillidos de frenos eran de otros autos para evitarlos. Apartó la mirada hacia Ethan. —Oh, Dios. —Estaba desplomado contra el cinturón de seguridad, inconsciente o muerto. ¡Haz algo! Trepa a través de la ventana, alcanza la parte delantera. Detén el auto. Kat se agarró a los bordes para pasar cuando levantó la vista.

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Demasiado tarde, se dirigían en diagonal hacia una pared de bloques. Desesperada, Kat agarró el hombro de Ethan, sacudiéndolo fuerte. —¡Ethan! El hombre se dejó caer más profundamente en el cinturón de seguridad, y el auto comenzó a desacelerar. Su pie se deslizó fuera del acelerador, pero no lo desvió lo suficiente para evitar la pared por completo. ¡No había tiempo! Kat se retorció y se lanzó al suelo, cubriendo la mayor cantidad de niños como pudo. Segundos después, horribles sonidos de crujidos y roces explotó en la cabina. Chirridos metálicos y gritos llenos de dolor repercutieron en su cabeza mientras rebotaban impotentes por todas partes entre los asientos. La mejilla derecha de Kat se estrelló contra algo, mareándola. Luego se hizo un espeluznante silencio, excepto por los niños sollozando y su propia respiración entrecortada. Estaba viva, pero ¿y los niños? ¿Ethan? ¿Qué demonios había pasado?

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S

loane se pasó una mano manchada de sangre seca por el cabello. Cada maldita vez que cerraba los ojos, veía el accidente de nuevo, volviendo a reproducir la forma en que el auto aminoró en el último minuto, el faro delantero izquierdo golpeando la pared en ángulo. A continuación, el largo auto se deslizó junto a la pared hasta que se detuvo por completo. Él y John habían corrido hacia el chirriante vehículo y había forzado las puertas atascadas de la limusina para abrirlas. No saber si Kat y los niños estaban vivos o muertos le había quitado años de vida. Y ahora esto. —¿Ethan tuvo un ataque al corazón? —Miró alrededor de la sala de espera de la UCI, sin poder creer esta mierda—. Tenemos a nuestros luchadores bajo observación médica. Tiene veintiún años. —Sloane se enfrentó a la doctora—. Así que, ¿cómo sucedió esto? La Dra. Morris mantuvo una apariencia cuidadosamente inexpresiva en su rostro ojeroso. —Su músculo del corazón está hinchado y no pudo soportar la tensión de lo que él le estaba haciendo a su cuerpo. —¿El entrenamiento? —Sloane empezó a sospechar el culpable, pero no quería creerlo. —Esteroides. Mierda. Se cruzó de brazos en un intento de contener su rabia y preocupación. —Ethan está usando esteroides. En mi programa de entrenamiento. —Él lo admitió. Tiene miedo, señor Michaels. Su corazón está dañado y su carrera como luchador ha terminado. También sufrió algunas lesiones causadas por el accidente y el despliegue de los airbags. —Quiero verlo.

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—No. No esta noche. Es necesario comprender que ese joven está muy enfermo. Se recuperará, pero pudo haber muerto. Una furia ciega lo atravesó. ¿Cómo podía Ethan haber sido tan estúpido? Pudo haberse matado a sí mismo, a los niños y a Kat. Pudo haberla perdido. No, no podía pensar en Kat muriendo o rompería los últimos hilos de su control. Tenía que organizar sus pensamientos. Kat ya debía estar fuera de Rayos X y necesitaba volver con ella. Pero tenía que hacer una cosa primero. —Ya la escuché. Ahora tiene que escucharme usted. Soy todo lo que ese chico tiene. Estoy más que furioso y disgustado, pero está asustado. Déjeme entrar ahí y asegurarle que estoy aquí. No vamos a hablar de los esteroides hasta que esté más fuerte. Ella lo miró. —¿Me da su palabra? —Sí. —Está bien. Por aquí. Sloane la siguió pasando el mostrador de la enfermera hacia la habitación de Ethan. Cables y tubos brotaban del joven pálido. Su respiración era poco profunda y sus manos temblaban. Un rayo de dolor atravesó a Sloane. El joven estaba tan enfermo como dijo la doctora. —Ethan. Abrió los ojos, tomándole un segundo para enfocar. —Lo siento. El arrepentimiento estaba profundamente grabado en su voz y sus ojos se humedecieron. Era un maldito niño. Sloane había tenido a Drake vigilándole, asegurándose de que no hiciera algo tan estúpido como tomar esteroides. Sloane había fracasado con Ethan. Apoyando su mano sobre el hombro del chico, se inclinó.

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—No quiero que lo sientas. Quiero que te concentres recuperación. Eso es todo lo que importa esta noche.

en tu

—¿Qué tan mal están los demás? Por favor. No me lo van a decir. —Las lágrimas se filtraban por sus ojos. La lástima brotó en su pecho. —Todo el mundo está bien. Ben se fracturó el brazo, Robert se rompió un dedo y Kylie necesitó un par puntos de sutura en la pierna. Más allá de eso, raspones y moretones. Gracias a Dios que el auto había aminorado y se puso de costado antes del impacto. Lo que podría haber sido una colisión de frente terminó siendo poco más que un golpe fuerte. —¿Kat? —Su voz era ronca. —Está en Rayos X ahora, por el lado derecho de su cara, pero es una precaución. Está bien. Tuve que obligarla a que aceptara ser examinada y solo lo hizo después de que los niños fueron atendidos. Los hombros de Ethan se relajaron. —Gracias —tragó saliva—. Nunca quise decepcionarte. La garganta de Sloane se tensó con un nudo.

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Mierda. —Entonces recupérate. ¿Me escuchas? Descansa ahora y volveré mañana.

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Kat se despertó con el rostro palpitante y el cuerpo dolorido. Echó un vistazo al reloj. Casi las 2 de la madrugada. Trató de ignorar el dolor y se instó a volver a dormirse. Era demasiado fuerte y penetrante. Con cuidado, se deslizó fuera de la cama y fue al baño. La luz le hacía daño en los ojos. Entonces vio su rostro en el espejo. Ugh. Un profundo moretón bajo su ojo derecho y sobre su pómulo. Volviéndose, se levantó la camiseta y sí, unas marcas oscuras repartidas en la parte posterior de las costillas. Buscó a tientas el ibuprofeno cuando la puerta se abrió,


dejando ver a Sloane vistiendo solo sus bóxer, una sombra oscura en la mandíbula y cabello despeinado. Él puso una compresa fría sobre el mostrador y tomó la botella de píldoras en su mano. —Lo intentamos a tu manera. No funcionó. Has estado gimiendo en sueños durante los últimos veinte minutos. —Los puso a un lado y cogió la botella marrón. Con ella encerrada entre sus bíceps, su pecho presionado contra su espalda, le sirvió dos analgésicos recetados—. Tómatelos. Por favor. Ella le miró las manos, que estaban cubiertas de cortes y rasguños de tratar de sacarla a ella y a los niños fuera del auto. Todavía estaban brillantes del ungüento que Kat había insistido en ponerle después de que ella y Sloane se ducharon. Sloane había dejado que cuidara de él y ahora él estaba tratando de cuidar de ella. —Fui estúpida al pensar que podía ir a trabajar en un par de horas. — Sloane lo había sabido, pero no trató de obligarla a tomar las pastillas para el dolor antes. Había dejado que lo manejara a su manera. —Tienes que descansar. —Sus ojos preocupados capturaron los suyos en el espejo—. Kellen y sus padres van a atender la pastelería por ti mañana. Ella se lo estaba poniendo peor a Sloane. Había estado molesto por Ethan, había lidiado con todo en el hospital, la trajo de vuelta a su casa, la ayudó en la ducha y la metió en la cama. —Está bien. —Tragó las pastillas con el agua que le dio—. Gracias. Vuelve a la cama. Voy a sentarme durante unos minutos en la terraza y voy a usar esto. —Cogió la bolsa de hielo. Sería de gran ayuda a su caliente y palpitante mejilla. Se movió, levantándola suavemente en sus brazos. —Me sentaré contigo. Mantén ese paquete en tu cara. —Al pasar por la cama, él enganchó la manta y luego se dirigió hacia las puertas de la terraza y al aire fresco, con olor a mar. Se sentó en el banco acolchado de la amplia hamaca y envolvió la manta a su alrededor. La noche los rodeaba, las olas se levantaban y se estrellaban en un ritmo suave y Sloane le puso la mejilla izquierda contra su pecho mientras sostenía el paquete en su lado derecho. Empujó la hamaca,

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meciéndose lentamente. Su rostro ya se estaba calmando. Pero no había querido que Sloane tuviera que levantarse con ella. —Quería que tú durmieras. —Cada vez que cierro los ojos, veo ese auto girando y luego dirigiéndose hacia la pared de bloques. No podía detenerlo, no podía hacer una maldita cosa —inspiro aire—. Esto es mejor. Puedo sentirte respirar. Ambos estaban reviviéndolo una y otra vez. —Yo no sabía qué hacer. Kylie lloraba pidiendo a su padre, estaba muy asustada. Todos ellos lo estaban. —Kat no podía detener las palabras—. Para cuando me di cuenta de que Ethan estaba inconsciente, no hubo tiempo suficiente para que me pasara al frente y detuviera el auto. Lo sacudí y eso hizo que quitara el pie del acelerador. —Eso salvó vuestras vidas. El auto iba disparado a través de las intersecciones, desviándose por todas partes. Si hubiera ido a esa velocidad máxima contra la pared y de frente, todos estaríais muertos. Ella cerró los ojos y se estremeció cuando sus pensamientos rebotaron alrededor. —Todavía puedo oír a Ben gritar cuando quité a Kylie de encima de su brazo. Sloane introdujo su mano debajo de su camisa, con cuidado de las costillas magulladas y le frotó la espalda con movimientos lentos. —Hiciste todo lo que podías. Los médicos dijeron que habría sido mucho peor si no hubieras conseguido que todos se echaran al suelo. A partir de ahora, los niños llevaran puestos los cinturones de seguridad en la limusina. No se sentía como si hubiera hecho lo suficiente. Kat deseaba haber conseguido pasar a través de la ventana de privacidad para detener el auto por completo. —¿Qué tan mal está Ethan? —Está magullado, pero el ataque al corazón hizo el mayor daño, causando daños permanentes en el corazón. No saben cuánto todavía. Se recuperará, pero su carrera como luchador ha terminado. —Todos los músculos de Sloane se tensaron—. Jesús, Kat, no lo sabía. Te lo juro. Nunca dejaría que mis luchadores usaran esteroides. No lo sabía.

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Kat levantó la cabeza. La capa de nubes se movió, lo que permitió que un rayo de luz de luna pasara a través de ellas e iluminara la agonía en sus ojos, el dolor de Ethan, la ira hacia él y la culpa de que él no lo supiera. Aquí había estado quejándose de lo asustada que había estado cuando ella estaba bien y Sloane estaba profundamente lastimado. —¿Es uno de los tuyos? ¿Uno de los chicos de los que eres mentor? Él le sostuvo la mirada. —Drake lo encontró en la calle tratando de entrar en peleas clandestinas. Me hice cargo de ser su mentor poco después. —¿Qué edad tenía? —Dieciséis. Apenas. Un viejo enojo apareció en las tenues líneas alrededor de los ojos. Kat no le preguntó nada más. El pasado de Ethan era suyo. En cambio, se quitó la bolsa de hielo y frotó su pulgar sobre la cicatriz junto a la boca de Sloane. —Te creo. Lo importante es qué hacer ahora. —El médico no quiere que le haga preguntas a Ethan todavía y está bien, lo entiendo. Pero vamos a preguntar a todos los demás en nuestro programa. John y yo vamos a revisar la casa por la mañana y encontrar el kit de dopaje de Ethan. Haré estudiar esa mierda y descubrir la manera de detectarlo, ya que no se detectó en los exámenes de drogas que hacemos regularmente. Luego volveremos a testear a todos. —¿Ethan estaba recibiendo esteroides de diseño? —Kat se sentó, la adrenalina disminuyendo en su sangre, luchando contra las pastillas para el dolor—. Las pruebas para los esteroides y anabólicos son muy sofisticadas. Vencerlas requiere un alto nivel de habilidad. —¿Podrías hacerlo? La antigua vergüenza por no ser lo suficientemente inteligente salió a la superficie, pero no iba a mentir acerca de esto. —No. Yo no era tan buena. Y aunque fuera lo suficientemente inteligente, no lo haría. Mira lo que los esteroides le hicieron a Ethan y eso que es probable que solo lo haya usado a corto plazo. A largo plazo,

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se han relacionado con la destrucción de las células del cerebro y por supuesto con la "rabia del esteroide3”. Sloane cogió la bolsa de hielo y la volvió a poner contra su cara. —¿Eres lo suficientemente buena para comprobar los resultados que tenemos en archivo y asegurarnos de que nuestros médicos del equipo no están pasando eso por alto? —Puedo mirar. Pero Amelia sería mejor. Marshall podría hacerlo con total seguridad. —Quiero que tú lo mires primero y me digas si ves algo anormal. Tenemos que revisar cada maldita cosa, desde supervisar la recolección de resultados y su evaluación —él la miró fijamente—. Confío en ti, nadie puede comprarte y no me mentirás. Tú sabes que es más que mi negocio en juego, es la salud de mis luchadores. No voy a tener otro Ethan por culpa de un personal perezoso. Su corazón se encogió. —¿Confías en mí con eso? No soy tan buena. —Confío en ti. Tú me dirás si está más allá de tus capacidades. Voy a hacer que todos los registros sean enviados aquí por la mañana y vamos a empezar desde ahí. —Le apartó el cabello hacia atrás, manteniendo el hielo en su cara—. ¿Harás eso por mí? Confiaba en ella. Creía en ella. —Sí. —Bien. Ahora recuéstate —la atrajo hacia sí, poniendo la manta a su alrededor—. Deja que te abrace un rato. —Balanceó la hamaca en un movimiento suave y fácil. Kat suspiró contra él, empezando a sentir que los medicamentos hacían su efecto —¿Cómo es que nunca me dijiste que solías bailar? En la oscura noche, todo parecía muy lejos. —Solo lo hacía por diversión y ya no puedo hacerlo más. No de esa manera. Rabia del esteroide: término que se utiliza para aquellas personas que actúan de forma muy agresiva o con modales hostiles después de tomar largas dosis de esteroides. 3

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—Bailas cuando horneas. Y también estás condenadamente sexy haciéndolo. ¿De verdad pensaba eso? —Es un hábito. Solía hornear con mi abuela y bailábamos todo el tiempo. Se llamaba Sylvia, era la madre de mi madre. Al principio, mi madre no me quería en su escuela de baile, pero lloré cuando me inscribieron en programas de ciencia o matemáticas y en campamentos. Los odiaba. Me hacían sentir estúpida. Sloane le acarició el cabello. —¿Tu abuela te rescató? Los recuerdos la hicieron sonreír a pesar del dolor en su cara. —Ella estaba en mi lista de contactos de emergencia. Si lloraba, venía a buscarme y a llevarme a bailar con los niños de su escuela. Era divertido, sin presión. A la abuela nunca le importó si era buena en ello. Solo quería que sintiera la música. Finalmente mis padres me dejaron salirme con la mía mientras se centraban en SiriX y Marshall. —¿Eras buena? —No profesionalmente buena. No tengo una pasión por ello de esa manera. Me encantaba porque era un lugar donde podía ser yo. Ella también apoyó mi pastelería. Sus favoritas eran mis galletas de manteca de cacahuete. —La querías mucho. ¿Cuándo murió? —Un año antes de que comprara Sugar Dancer. De cáncer de mama. — Kat sintió que comenzaba a adormecerse—. ¿Viste esas fotos en mi pastelería? ¿Las de las siluetas de bailarinas? —Se ven como si estuvieran hechas de azúcar de colores. Él lo recordaba y eso la calentaba tanto como la manta y sus brazos. —Sí. Los hice a partir de sus fotos de cuando bailaba profesionalmente. Me encantan esas imágenes. Es una tontería, supongo. La quería ahí conmigo. —No es una tontería. —Sloane besó su cabello, su aliento caliente deslizándose sobre su piel—, Son un tributo de amor.

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La hacía sentir tan segura y amada. Se estaba quedando más adormecida, sus párpados poniéndose pesados. —Me estoy quedando dormida. Voy a volver a la cama, así que no tienes que despertarme. —Te tengo. Duerme, nena. Te llevaré a la cama cuando yo vaya.

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Kat abrió los ojos a plena luz del sol ardiente en la habitación. Dándose la vuelta, miró el reloj y se sorprendió. Ya era más tarde de las diez de la mañana. Recordaba vagamente a Sloane despertándola en algún momento para tomar más pastillas para el dolor y luego... nada hasta ahora. Debía haber estado mortalmente dormida. La pastelería. Agarrando su teléfono se encontró con tres mensajes de texto de Kellen. Todas variaciones de: “Todo está bien aquí, hablamos más tarde”. Envió un mensaje nuevo: Acabo de despertar y te amo más que al helado de brownie con trozos de chocolate. Gracias por salvarme el culo. Es Dr. Salva Culos para ti, Kit Kat. Tengo un doctorado. Kat se echó a reír y se arrepintió cuando el dolor fue desde su ojo hasta la mejilla y le dio una punzada en las costillas. Reír duele, Dr. Salva Culos. Me alegro de que estés viva para sentirlo. Estoy llevándome brownies y galletas a casa como pago. Hasta luego. Después de una ducha para relajarse, se dirigió hacia las escaleras y encontró a Sloane, John y Drake en la mesa de conferencias en la oficina de Sloane. La luz del sol brillante y una brisa fresca entraban desde las puertas francesas abiertas con vistas al océano. Pero los tres hombres se centraban en una gran pantalla de televisión montada en la pared frente al escritorio de Sloane.

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Un hombre de aspecto serio decía a la cámara: —Una fuente dentro del hospital confirmó que Ethan Hunt es uno de los combatientes de SLAM Inc. Y que el uso de esteroides es la causa probable de su ataque al corazón. Lo que llevó a este accidente. Kat se quedó atónita al ver las imágenes de la limusina con la parte delantera e izquierda aplastada contra la pared y rodeada del parpadear de las luces de los vehículos de emergencia. —Habrá una investigación sobre SLAM Inc. y las acusaciones de dopaje. —¿Sloane? Él se levantó y se giró al oír su voz. —Estás levantada. —¿Qué está pasando? —Hizo un gesto hacia el televisor—. ¿Cómo se enteraron tan rápido? ¿Se lo contaste a los medios de comunicación? Su boca se comprimió en una línea blanca por un instante y luego dejó caer los hombros con una especie de aceptación interna. —Una fuga. Pero ahora está afuera y no hay forma de negarlo. —¿Qué va a pasar con Ethan? Sloane se dirigió a un aparador y sirvió un poco de café. —Tendrá que cooperar con las autoridades y hacer un trato. —Mierda Kat. —John se puso delante de ella, el ceño fruncido oscureciendo su rostro—. ¿Te has hecho una radiografía de la mejilla? Su preocupación la conmovió. —¿Como si pudiera elegir? Conoces a Sloane, ¿verdad? ¿Cómo están Ben y Kylie? —Mejor de lo que hubiera pensado. Durmieron con nosotros, sobre todo porque queríamos mantener un ojo sobre ellos. Esta mañana, estaban charlando sin parar acerca de su gran aventura. —Bueno. Dile a Sherry que hubiera tratado de detener el auto si hubiera tenido tiempo. La pared de bloques se acercaba demasiado rápido. —Odiaba esa sensación de no saber qué hacer.

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—Y que lo digas. Todo sucedió en cuestión de segundos. Sloane estaba tratando de conseguir ponerse al lado del auto para ver qué demonios estaba pasando, pero se estaba desviando demasiado rápido. —John le puso la mano en su hombro—. Gracias por cuidar de los niños. A todos ellos. Eso es de parte de Sherry y mía. Te abrazaría, pero me temo que te haría daño. —Sus costillas están poco doloridas. —Sloane le entregó una taza de café—. ¿Has comido algo? Le tomó un segundo a Kat seguir el cambio de tema. —Uh, un yogurt. —Tomó un sorbo de café para ayudar a despejar la sensación residual de flojera por las pastillas para el dolor y por dormir tanto. También le llevó un segundo reparar en que Sloane estaba vestido perfectamente con pantalones de pinzas y una camisa de vestir de color peltre4 aferrándose a sus hombros y brazos. Afeitado y con el cabello peinado hacia atrás, rezumaba una confianza y poderosa elegancia que le secó la boca. Este era el mismo hombre que la había abrazado la noche anterior, diciéndole lo desgarrado que estaba por no darse cuenta de que Ethan estaba usando esteroides. —Necesita una compresa fría —dijo Drake, que estaba sentado a la mesa—. Deberías haber estado aplicándola durante la noche. —Lo hice. Tres veces. —¿Tres...? Solo recuerdo una vez. —Ella le creía, pero ¿por qué no se acordaba? Él envolvió su brazo alrededor de ella. —Estabas durmiendo. No te preocupes por eso. La sospecha despertó profundamente en su cerebro. —Te quedaste despierto a propósito para cuidarme. —Su médico había estado ligeramente preocupado. No vieron ninguna señal de conmoción cerebral, pero su última conmoción había sido tan severa que no quería que se quedara sola durante la noche. —Es por eso que aceptaste que no tomara ibuprofeno durante la primera parte de la noche. Él se encogió de hombros. 4

Peltre: es una aleación compuesta por estaño, cobre, antimonio y plomo. Los objetos de peltre suelen tener un color gris metalizado, similar a la plata aunque más apagado.

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—No fue gran cosa. Estaba equivocado. Muy equivocado. Sloane no quería que ella supiera lo que estaba haciendo y se sintiera como una carga. Tuvo que parpadear para descartar las lágrimas que se estaban formando en sus ojos. —Es gran cosa para mí —dijo en voz baja. Sus ojos se arrugaron. —¿Sí? La hacía sentir especial, como si le importara. Incluso cuando él lucía suave y sexy mientras que ella llevaba puestos los pantalones de yoga y una camiseta. —Sí. Gracias por cuidar de mí. —Siempre. ¿Estás preparada para los informes de laboratorio? Tengo todo el set del grupo con el cual Ethan se puso a prueba y otro set para la comparación. Eso la trajo de vuelta directamente a los problemas a los que Sloane se enfrentaba. Quería ayudar más que nunca. Y ahora entendía por qué él quería que lo revisara ella, no podía confiar en nadie más. Se lo había dicho la noche anterior, pero ahora tenía una vista de primera mano del tipo de fugas a las que se enfrentaban. —Por supuesto. —Tomó un sorbo de café y se deslizó en una silla junto a Drake. Llevaba unos pantalones de chándal, una camiseta y la ansiedad pesada sobre sus hombros huesudos. Sloane dejó su ordenador portátil frente a ella. —Estos son los archivos de las dos últimas rondas de pruebas de orina. Desplázate con el cursor para verlos todos. Kat comenzó a leer a través de las páginas, primero familiarizándose con los formatos, los valores normales y los parámetros, a continuación, comparando y contrastando. No le llevó mucho tiempo. Sentándose hacia atrás, terminó lo último de su café. —La prueba está completa y los informes tienen coherencia. Si esto es lo que el personal médico vio, no creo que se estén pasando por alto nada. Los números de Ethan estaban dentro de los parámetros.

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Sloane se frotó la nariz. —Eso es algo. Pero eso significa que los esteroides eran capaces de burlar la prueba. Por un breve segundo, las pocas horas de sueño y un montón de preocupaciones se dejaron ver. Kat preguntó: —¿Encontraste los esteroides de Ethan? Estiró el brazo hacía detrás de ella para recoger una bolsa con cremallera. —Sí, estaban en un panel de su bolsa de deporte. Agujas, botellas e instrucciones. John va a llevarlos el mismo al laboratorio. Ella no sabía de qué otra manera de ayudar. —¿Qué más puedo…? —Eso es Sugar Dancer. —John cogió el mando a distancia y subió el volumen. Kat giró sobre su silla para ver a una mujer de pie en la pantalla frente a las vitrinas de la pastelería de Kat dentro de su tienda. —¿Puede confirmar que Kathryn Thayne estuvo involucrada en el accidente supuestamente provocado por el luchador de SLAM Ethan Hunt? —Sin comentarios. Fuera de aquí. —La voz de Kellen era tan fría como sus ojos color avellana. —¿No es Kathryn Thayne parte de la familia propietaria de SiriX Farmacéuticos? Hay denuncias de que el Sr. Hunt utilizó esteroides. ¿Hay una conexión? —Voy a llamar a la policía. —Kellen sacó su teléfono y comenzó a apretar botones. La escena se cortó de nuevo a una imagen del estudio. Su desayuno de yogurt se le revolvió en el estómago. Sloane puso una mano en su hombro mientras se desplaza a través de su teléfono y hacía una llamada. —Liza, manda seguridad a la pastelería Sugar Dancer para controlar a los medios de comunicación lo antes posible.

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Saliendo de su sorpresa, sacó su teléfono y llamó a Kellen. Él respondió: —¿Viste las noticias? La tensión hizo que sus músculos dolieran aún más. —¿Qué tan mal están las cosas ahí? —Los medios están apenas apareciendo. Puedo manejarlo. Mis padres están aquí. —La furia se notaba en las palabras de Kel. No era justo hacerlo lidiar con esta mierda. —Voy a ir. —No lo hagas, Kat. Mantente en casa de Sloane y descansa. Confía en nosotros. Mamá hizo sus bollos de nueces. A los clientes les encantan. Ellos estaban haciendo mucho por ella. —Kel, estoy bien. Dormí anoche. Además, se suponía que tu madre te ayudaría a que te instalaras en tu nueva casa hoy. —Él y Diego se habían mudado a su casa el fin de semana y Kel necesitaba esta última semana antes de comenzar su nuevo trabajo para terminar el desembalaje, la decoración y para prepararse para la fiesta de inauguración del sábado. —Oh, cállate. ¿Te oyes a ti misma? ¿Ese accidente dio rienda suelta a tu mártir interior? Porque de verdad que es muy poco atractiva. Mata a esa perra y trae de vuelta a mi Kit Kat quisquillosa. —No me hagas reír. —Kel no se quedaba enojado mucho tiempo. Era una de las cosas que le gustaban de él. —Te lo mereces. Eso es insultante y lo sabes. Y además, ahora me debes una a lo grande. Tengo un grueso expediente de la cantidad de cosas que me debes por toda la mierda que hago por ti. Sus músculos faciales se mantuvieron con espasmos. —Te odio. —Me quieres. ¿Cómo se ve tu cara esta mañana? Hablar con Kellen siempre la hacía sentirse mejor. —Golpeada.

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—Si la prensa lo ve, va a empeorar las cosas. Quédate con Sloane y dale un día para que todo se apague. Tenía un punto de razón. —Gracias, Kel. Te debo una. Sloane está enviando un poco más de seguridad para controlar a los medios de comunicación. Llamaré a tus padres después para darles las gracias. —Haré que mamá te guarde un bollito de nueces. No sonrías. —Ah y ¿Kel? —¿Qué? —El diseño de la tarta no se encuentra en ningún lugar de Sugar Dancer. —Colgó con eso. Sloane le entregó una bolsa de hielo. —Parece que necesitas esto. Solo Kel podía hacerte reír cuando estás dolorida y en el medio de una tormenta de mierda. La compresa fría se sentía muy bien en la mejilla y el ojo. —Es su súper-poder. Tiene la pastelería controlada, así que me quedaré aquí. Estás vestido para trabajar. Vete. Drake y yo estaremos bien.

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S

loane metió las sábanas en la lavadora, la encendió y volvió a la habitación de Drake ahora que su temperamento se había calmado. Ignorando a Drake, que descansaba en el sillón, se concentró en Kat. —¿Por qué demonios no me llamaste? —Nop, no estaba calmado después de todo. Kat alisó la sabana ajustable sobre la cama de Drake y se estiró a por la de arriba, negándose a mirarle. —Lo tenía bajo control. —Dijo que estabas demasiado ocupado entrenando —comentó Drake. ¿Demasiado ocupado? ¿Para Drake o Kat? Había estado en el gimnasio, no en mitad de una operación quirúrgica cerebral. Una rabia ardiente lo golpeó. Sloane le quitó la sábana de la mano. —Y una mierda lo tenías bajo control. ¡Pudiste haberte hecho daño al mover a Drake! —Como si su día no se hubiera ido ya a la mierda mientras lidiaba con los medios en una conferencia de prensa, echaba un vistazo en el hospital mientras Ethan soportaba pruebas y evaluaciones y convocaba una reunión imperativa para que cada luchador y personal de apoyo para dejar brutalmente clara la postura de tolerancia cero de SLAM en tema de drogas para mejorar el rendimiento. ¿Y luego Sloane llegaba a casa para encontrarse con esta pesadilla? Después de que la enfermera Jane, hubiera acabado su jornada, Drake había empezado a vomitar. Sloane había entrado encontrándose a Kat intentando mover a Drake fuera de la cama para limpiarlo. Sus músculos se contrajeron. Kat entrecerró los ojos y luego dio un tirón para recuperar la sabana y lanzarla sobre la cama. —No estoy tullida.

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—Estuviste en un maldito accidente de auto anoche. Y para tu información, cariño, una cojera significa que estás tullida. —Él oyó las palabras salir de su boca pero parecía no poder detenerlas. Ya nadie le gritaba excepto Drake o Kat. Se sentía condenadamente bien poder devolver los gritos. Kat se giró sobre su pierna buena hasta que estuvo cara a cara con él. Inclinó su cabeza hacia atrás, sus ojos ardiendo con toda clase de cabreo en su cara amoratada. —Para tu información, campeón, eres un capullo. —Salió rápidamente de la habitación, su culo balanceándose mientras cojeaba. —Eso ha ido bien. Sloane volvió la mirada hacia Drake. El antiguamente enorme luchador estaba consumido hasta ser un despojo cadavérico, su piel seca y teñida de un enfermizo color amarillo. El cáncer de Drake escarbaba nuevas arrugas y huecos en su rostro cada día y a Sloane lo mataba no poder hacer nada. Ni una maldita cosa. Drake tenía suficiente con lo que lidiar y no necesitaba ver cómo todo esto lo molestaba. —¿Te estás riendo? Te has pasado la última hora vomitando tus entrañas sobre Kat. —Te gritó. Te llamó capullo. Diablos, sí, me estoy riendo. No me importa si vomito otra vez. Eso fue condenadamente divertido. Sloane sacudió la cabeza, fue hacia el baño anexo y encendió la ducha. Volviendo, preguntó: —¿De verdad dijo que yo estaba demasiado ocupado entrenando? Drake se puso serio. —Sí. No le gustaba esta mierda. Para nada. —Habría venido a casa si tú o Kat hubierais llamado. —Se puso de cuclillas frente al hombre mayor—. Lo sabes. —Necesitaba que Drake supiera que él estaría aquí no importaba qué. Drake asintió. —Lo sé. Sloane cerró sus manos en puños sobre sus muslos.

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—Pero Kat no. —Por supuesto que ella no lo sabía. Ella había venido a él después de que la zorra de su madre hubiera dejado caer la bomba y la había rechazado. No había mantenido la promesa que le había hecho: si ella se retraía, él iría tras ella. En lugar de eso, la había evitado, convencido de que debía dejarla marchar. Pero Kat no lo veía así. Ella lo veía como si hubiera sido dejada de lado cuando se puso en su camino. —Luego viniste aquí rugiendo y diciéndole que no puede manejar las cosas. ¿Eso te suena familiar? ¿Cómo quizás la forma en que sus padres la tratan como si fuera demasiado estúpida para tomar sus propias decisiones? Se balanceó sobre sus talones. —Eso no es lo que quería decir. —Se pasó una mano a través del cabello. ¿Había herido sus sentimientos? Pero ella no se había retraído hacía sí misma. El recuerdo le hizo sonreír—. Se plantó en mi cara y me gritó. Está bien. —Era cuando se retraía cuando sabía que ella sufría demasiado y se apagaba emocionalmente. Drake se relajó ante eso. —Se defendió muy bien contigo. —Consiguió sonreír débilmente—. Tiene razón, eres un capullo. Necesitaba ayudar a Drake a que se aseara, luego encontraría a su repostera. Levantando una ceja al otro hombre, dijo: —Al menos yo no huelo a vómito. —Ayudó a Drake a incorporarse y lo metió en la ducha. Una hora después, Sloane se dirigía hacia las escaleras cuando vio que las luces de la terraza estaban encendidas y los paneles correderos de cristal abiertos. Saliendo al exterior, esperaba encontrar a Kat sentada en una de las sillas. Nop. Un rayo de preocupación serpenteó dentro de él. —¿Kat? —Ella no lo abandonaría, ¿verdad? ¿La había malinterpretado esta noche? Había estado seguro de que se iría a dar una ducha y le

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daría algo de intimidad a Drake mientras Sloane lo ayudaba. Pasó a zancadas junto al jacuzzi cuando la vio bajo la luz de la luna. Bajando los escalones, con una toalla desplegada en la arena, Kat tenía su iPod encendido y hacía equilibrios sobre su pierna mala, levantando un brazo hacia el cielo y usando la otra para sujetar su tobillo por detrás. Se inclinaba hacia delante, llevando su brazo hacia abajo y el tobillo hacia arriba en una de sus posturas de yoga. El corazón de Sloane se encogió. Kat vestía sus diminutos pantalones cortos de dormir y un top con tiras finas, revelando la absoluta belleza de sus líneas. Incluso su pierna derecha, que no podía estirar completamente, lo embelesaba. Mantuvo su postura durante el tiempo de unos pocos latidos antes de cambiar a una versión modificada con su pierna mala. Requirió todo su autocontrol resistir la urgencia de bajar de un salto los escalones y sujetarla para que no se cayera. No lo hizo. Por todos sus gritos de antes, Kat conocía sus límites. Pero maldición. Enmarcada por la luz de la luna sobre la arena, el océano moviéndose detrás, estaba imponente. Sloane se recolocó la polla en los pantalones mientras ella abandonaba con elegancia esa pose y fluía hacia otra. Como una bailarina. Tan condenadamente bella que hacía que ansiara tocarla, sostenerla. Follarla. Estaba demasiado dolorida. Se estaba moviendo con más cuidado del habitual con su yoga. Sloane bajó los escalones y se puso en su línea de visión. Ella dejó su postura, su expresión recelosa. Con cuidado, Sloane tiró de sus auriculares para quitárselos. —Eres tan condenadamente bella, Gatita. Ella entrecerró los ojos. —¿Para ser una tullida? Envolvió su nuca con su mano, tirando de ella hacia su cuerpo, mostrándole lo que le hacía.

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—Una terca y muy sexy tullida vistiendo unos shorts que me están provocando una enorme erección. Kat elevó las cejas. —Todas tus erecciones son enormes. —Me alegro que pienses así. —Sigues siendo un capullo. Adoraba que ella no retrocediera ante él. —Queda anotado, pero soy tu capullo. Si me necesitas, levantas el maldito teléfono y me llamas. —Lo dijo así para ella, directo. Sin juegos. A Kat no le gustaba sentirse manipulada y él no podía culparla por ello. Ella inclinó la barbilla hacia arriba, la luz de la luna exhibiendo los moratones en el lateral de su cara. —¿Has oído tu teléfono pitando? —No. —Entonces no te necesito. Vete. Ella lo volvía loco, atrapado entre la risa y una necesidad tan profunda que apenas podía respirar. Sloane se inclinó hacia abajo, rozando con su boca sobre su oreja. —Solo el hecho de que estás dolorida evita que te arranque esos shorts y te folle tan fuerte como para oír el pitido en tus oídos. —Retirándose, la miró a los ojos—. Cuando estés curada, te demostraré exactamente cuánto me necesitas. —Cuidadosamente le colocó de nuevo los auriculares y se dirigió a su despacho donde podría trabajar y mantener un ojo sobre Kat.

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—Sabe quién es Kat. Sloane cambió el teléfono de mano. Esta conversación acerca de Lee Foster suscitaba el terror que había estado creciendo en él desde que ese vídeo en el que rescataba a Kat de los reporteros se volviera viral. Se levantó de su escritorio y caminó hacia las puertas francesas. Kat

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estiraba sus brazos hacia arriba, inclinándose ligeramente hacia atrás, menos del arco que era habitual en ella. Tenía que dolerle la zona amoratada bajo sus costillas. Ella era suya. No podía perderla. —Sí —dijo su investigador, forzando a que la atención de Sloane volviera a la conversación—. No ha dicho nada, pero vio ese vídeo de ustedes repetidamente. Joder. Foster estaba centrando su objetivo en Kat. Sloane tenía unos pocos tipos siguiendo los talones a Foster y manteniendo un ojo sobre él en el gimnasio donde estaba entrenando para la pelea. —Quiero la grabación del entrenamiento de hoy. —Ya ha sido enviada. Sloane arrastró su mirada desde Kat, retornándola hacia su escritorio y descargó el archivo en su portátil. —¿Ha estado cerca de Sugar Dancer? ¿Algo como eso? —No. La mayor parte del tiempo ha estado entrenando o viendo vídeos de tus peleas y demostraciones de beneficencia, cualquier cosa en la que pueda poner sus manos encima. —Vigílalo de cerca. Que no se acerque a Kat. —Ya que Olivia estaba en Florida, su madre estaba a salvo. Foster no podría pasar a través de su protección de todos modos. Sloane empezó a desconectar. —Ha ido a otro lugar. Los vellos de su nuca se erizaron. —¿A dónde? —La tumba de Sara. La rabia abrasó su alma. ¿Fue a su tumba a revivir la violación y el asesinato? Sara no conseguiría la paz hasta que ese hijo de puta estuviera muerto. Sloane cortó la llamada y llevó el vídeo del entrenamiento de ese día a la gran pantalla montada sobre la pared. Reclinándose en el sillón, forzó el hielo en sus venas. Todos sus remordimientos, rabia, dolor, eran una distracción que podía hacer que lo matasen. En lugar de eso, analizó fríamente el poder que Foster había desarrollado en prisión. Era un

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luchador formidable, iba a por la victoria rápida, pero no tenía la resistencia para una pelea de verdad. Sloane sí. Jugaría con este cabrón hasta que... Un jadeo lo sorprendió. Kat estaba de pie en las puertas francesas, su rostro amoratado con los ojos abiertos de par en par mientras miraba fijamente a Foster entrenando con un compañero en la pantalla. —Ese no eres tú. —No. —Detuvo el vídeo. Ella odiaba la lucha, había dicho que no quería ver ninguna de sus peleas anteriores. Pero tenía que ver esto para saber qué es lo que tenía que buscar. Sloane estiró su mano hacia ella—. Ven aquí. Ella dejó caer su toalla sobre la mesa de conferencias mientras cruzaba la habitación y deslizaba su mano sobre la de él. El hielo de sus venas se derritió con su contacto y su confianza para venir hacia él. Tiró de ella hacia su regazo para mantenerla caliente ahora que había terminado sus estiramientos. —Necesito que mires al hombre de la derecha. —¿Quién es? Sloane nunca había querido que esta fea parte de su vida tocara a Kat. Presionando su pecho contra la espalda de ella, bajó la mirada hacia el lado sin moretones de su cara. —Lee Foster. Ella se puso rígida. —El hombre que asesinó a Sara. —Sí. Este es el vídeo de su entrenamiento de hoy. Tengo a gente vigilándolo y además tú tienes guardaespaldas, así que no debería llegar nunca cerca de ti. Pero quiero que estés preparada. Ella estaba callada, estudiando la imagen congelada. —No es tan alto como tú. —Medía 183 cm. y pesaba 104 kilos en su último chequeo. Sus ojos son azules, cabello rubio oscuro aunque habitualmente lo lleva rapado y

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tiene una cicatriz de una quemadura en el dorso de su mano izquierda de un accidente en prisión. Ningún tatuaje. Kat se giró en su regazo. —¿Haces esto cada día? ¿Ver vídeos de él entrenando? El oscuro y desgarrador miedo retornó, pero Sloane no podría mentirle. —Sí. Él está viendo vídeos de mis peleas, de todo lo que puede conseguir. Su rostro palideció. Sloane estiró el brazo por detrás de ella y apagó el vídeo y el ordenador. Dobló sus brazos alrededor de ella, desesperado por sentirla contra él. —Tenía que enseñártelo. Sara no sabía cómo protegerse, pero tú sí. — Se estremeció ante la idea de que ella pudiera ser atacada—. Él no esperaría que tú pelearas por defenderte. Esa es tu ventaja: haz lo que sea necesario por escapar. Sin pánico Kat. Sobrevives. No te mueras. No me abandones. Él la necesitaba.

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79 Ella miró por encima de su hombro a su rígido perfil. —¿Me enseñaste esto sabiendo cómo me siento acerca de tu plan? ¿Que no quiero que hagas esto? —Sí. —Él descansó su barbilla sobre su hombro—. Ya fuiste atacada por sorpresa una vez por culpa del Capullo y en lo que sea que estaba metido. Tienes el derecho a saberlo para que puedas protegerte si él llega hasta ti, cosa que no hará. —Ver eso... —señaló hacia la pantalla— …lo hace tan real. —El estómago de Kat se contrajo por la idea de Sloane luchando contra Foster. Matándolo. Tenía que demostrar a Sloane que él no era un asesino. ¿Pero cómo?—. Tú no eres él. No eres un asesino. Un viejo dolor apareció en sus ojos. —Tengo que serlo. Mis investigadores lo siguieron hasta su tumba. — Todo el cuerpo de Sloane se puso rígido y sus nudillos se quedaron


blancos mientras agarraba el borde de su escritorio—. Incluso muerta, Sara no puede escapar de ser atormentada por Foster. Ese bastardo. Kat lo odiaba por el dolor en el que estaba sumiendo a Sloane. En ese instante, Kat quería a Foster muerto, solo que no quería que Sloane lo hiciese y se destruyera a sí mismo. Dándose la vuelta, se puso a horcajadas sobre su regazo y envolvió sus brazos a su alrededor. —Ya no puede lastimar a Sara. Está fuera de su alcance, pero no fuera de tu corazón. Ella sabe que la amas. —Kat presionó su cara contra la piel caliente de su pecho. Su corazón aporreaba contra su mejilla. Él liberó el agarre sobre su escritorio. Envolviendo sus hombros con un grueso brazo, retiró la horquilla de su cabello y pasó sus dedos a través de él peinándolo. —Cuando te lanzas a mis brazos así, no quiero dejarte marchar jamás. Quiero ser el hombre que tú crees que soy. Ella lo conocía. ¿Verdad? También creyó que conocía a David. Lo había conocido durante años... y había estado equivocada. Muy equivocada. Una duda oscura y fea fermentaba en su pecho. Aun así Sloane, que había estado enfadado con ella antes, estaba masajeando su cuero cabelludo y pasando sus dedos a través de su cabello con caricias sensuales, hasta que quería gemir por las dulces cosquillas que eran más reconfortantes que sexuales. La sujetaba contra él alrededor de sus hombros, cuidadoso de sus costillas doloridas. Sus dudas empezaron a fundirse. Este era el hombre que había estado despierto observándola por si tenía una conmoción la noche anterior, aplicando paquetes de hielo mientras dormía y acunándola en la terraza cuando había estado despierta. Se había quedado dormida en sus brazos y no recordaba cuando la había llevado de vuelta a la cama. —Yo sé quién eres. —Kat descansó la mano sobre su pecho. Tenía que creer que él haría la elección correcta cuando se metiera en esa jaula con el asesino de su hermana o los destrozaría a ambos. Sloane le pasó tiernamente el pulgar sobre su labio inferior. —¿Un capullo? —No todo el tiempo. Su boca se curvó.

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—Decía en serio lo que dije en la playa. —¿La parte acerca de arrancarme mis shorts? Sloane cerró los ojos, moviendo las caderas debajo de ella. La dura cresta de su polla deslizándose contra su hendidura. —Deja de distraerme. Nada de sexo mientras tengas dolor. —Cuando abrió sus párpados, las motas color ámbar de sus ojos ardían con la necesidad—. ¿Sabes cómo me sentí cuando entré y te vi intentando mover a Drake después de que estuvieras en un accidente de auto? Necesitabas a alguien que te cuidara, pero yo tenía que lidiar con los efectos colaterales del desastre de los esteroides y luego ir al gimnasio. Debería haber estado aquí. —Te dije que fueras al gimnasio. —Sloane había llamado para comprobar cómo estaba y Kat había oído el estrés en su voz. Necesitaba liberar la tensión. Y todo iba bien para ella y para Drake entonces—. Envié a Jane a casa. Drake y yo íbamos a ver películas en su dormitorio. —Eso lo entiendo, Gatita. Pero quiero ser el tipo al que llames incluso si solo acabas de tener un mal día. Pudiste habértelas arreglado sola esta noche. La cuestión es que no tienes que hacerlo. Sus palabras calaron dentro de ella y crecieron hasta llenar sus espacios vacíos. Él quería estar ahí para ella. —De acuerdo. Él sonrió. —Pero no dejes de responder a mis gritos. Me gusta. —Eres raro. Cuando era niña no se me permitía gritar. Se suponía que debía ser civilizada. Envolviendo con su mano alrededor de su nuca, tiró de ella hacia él. —Lo que tenemos no es civilizado. Es crudo, real y honesto. Tú eres mi chica repostera que me pide que le azote el culo... y luego me suplica que azote su coño. Nosotros no nos contenemos el uno del otro. Jamás. —Sus ojos brillaban mientras su polla latía. Ahogándose en su deseo, ella le clavó los dedos en los hombros. —Tú te estás conteniendo ahora. Puedo sentir lo duro que estás. Podríamos ser cuidadosos.

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Él enmarco su cara con las manos y tiernamente se frotó contra ella. —Esto no es contención. Es anticipación a desnudarte y follarte hasta que grites mi nombre. —Presionó, rozando con sus labios sobre los de ella—. Estaré ahí contigo, perdiendo el control mientras conduzco mi polla dentro de ti y grito que eres mía. —Se reclinó hacia atrás en su silla—. Eso es algo por lo que vale la pena esperar hasta que estés curada. Un baño de amor y de un calor capaz de abrasar su alma, le quitó la respiración. Era demasiado, demasiado poderoso. Podría destruirlos a ambos.

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M

artes por la tarde, Kat se detuvo en la puerta de la habitación privada en el hospital. —¿Ethan?

—Kat. —El joven se veía pálido, un poco magullado y muy cansado en la cama. Él silenció la TV—. ¿Está Sloane contigo? La esperanza y el miedo hicieron su voz desigual. ¿Acaso dudaba que Sloane estuviera allí? —Me encontrará aquí. ¿Está bien si espero contigo? —Por supuesto. Kat entro a la habitación. Su mirada se amplió. —Ah mierda, tu cara. Sonaba tan herido, ella trató de bromear y hacer que se sintiera mejor. —Deberías ver al otro tipo. Está en el hospital. —Probablemente se lo merecía. —Él apartó la mirada hacia la ventana. Este chico cargaba demasiada culpa. —Lo que te mereces es que tus amigos, las personas que se preocupan por ti, estén aquí para ti ahora. —Esta era la razón de por qué Kat había cerrado su tienda temprano para venir a visitarlo. Sloane le había dicho que Ethan estaba teniendo un mal rato. El cardiólogo estaba preocupado por su depresión. Kat entendía todo demasiado bien. Pero ella había tenido un sistema de apoyo con el que podía contar. Claro, que había tenido problemas con David, pero su familia había exigido la mejor atención para ella. Sabía que se iba a la casa de sus padres.

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Hasta donde sabía, Ethan no tenía familia alrededor. Sloane había dicho que lo habían encontrado a los dieciséis años. —Drake quería venir a verte hoy. Le hablamos de ello, que involucró promesas de helados de cereza y yo horneándole todo lo que quiera demandar, pero finalmente accedió a esperar a verte cuando llegues a casa en un día o dos. —¿Crees que Sloane me deje volver a la casa de huéspedes? ¿Hasta que se me ocurra algo? —Echando la cabeza hacia atrás contra las almohadas, agregó—: no sé cómo voy a pagar todos los gastos médicos. El peso de la preocupación del chico era tan espeso, que Kat casi se estranguló. —Oh Ethan. —Vendrás a casa. —Sloane la interrumpió cuando entró en la habitación. Se detuvo a su lado, su presencia persiguiendo algunos de los temores persistentes de Ethan—. Tienes seguro médico como mi chofer. Todo está cubierto. Kat sabía más que eso. Habría algunas cuentas, pero sospechaba que Ethan nunca las vería. Sloane apoyó una mano en el bíceps de Ethan. —Ni se te ocurra pensar en volver a la lucha subterránea. John y yo te encontraremos y te prometo que no te va a gustar cuando lo hagamos. Kat se tensó ante el tono áspero de Sloane. ¿Había amenazado a Ethan? —Pero mis posibilidades en UFC han terminado. No puedo obtener el alta médica con una enfermedad cardíaca. No tengo nada más. Kat miró a Sloane. La cicatriz en su boca se blanqueó. —La cagaste. —Se pasó la mano por la cara—. Lo que no entiendo es por qué. Eres bueno, no necesitabas esa mierda. Ethan miró a Kat, luego a la TV silenciada en la pared. Esta era su señal para darles un poco de intimidad. Le dolía el corazón por Ethan. Quería abrazarlo y decirle que todo iba a estar bien, pero no era tan fácil. Sin embargo, ¿Sloane tenía que ser tan duro? Luchando el impulso de pedirle a Sloane que fuera más agradable, ella dijo:

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—Tengo que ir a hacer una llamada telefónica. Vendré a verte de nuevo un poco más tarde. Se dirigió hacia la puerta cuando oyó que Ethan dijo: —Yo quería ser como tú. Me diste esta oportunidad y no quería fallar. — Su voz se quebró. Kat se apoyó en la pared exterior de la habitación y cerró los ojos. Sabía lo que era intentar tan duro estar a la altura de lo que creías que alguien quería de ti. Había intentado con sus padres, especialmente su madre. Y con David también. Sabía que eso no funcionaba, que llevaba a tomar malas decisiones y por Ethan, que estaba tomando esteroides. Por favor, Sloane, entiende que te adora el chico. Te necesita. —Jesús, hijo. —La voz de Sloane fluía a través de la puerta abierta—. No lo entiendes. No me fallaste. Estoy aquí por ti no importa lo que hagas. —Hubo una pausa luego continuó Sloane—. Te fallaste a ti mismo con una decisión estúpida. Ahora no te dejaré fuera de mi vista hasta que consigamos atravesar esto y averigüemos lo que quieres hacer con tu futuro. Una vez que estés bien, puedes volver a ser mi chofer hasta que decidas. Una corriente de amor cálido para Sloane llenó sus venas y relajó sus músculos. Empujando la pared, se dirigió a la sala de espera. Pasó una hilera de ascensores y echó un vistazo a un par de personas esperando. Una corriente de espigas heladas se deslizó a lo largo de su lado derecho. Súbito, temor caliente fijado atravesando su pecho. Líneas onduladas afilaron su visión. Su frecuencia cardíaca se disparó hasta que sintió cada punto del pulso en su cuerpo. Dos personas a su derecha. Una mujer en los matorrales. Y él. El hombre de la fotografía. El hombre que había sostenido a David y le dijo: Consecuencias, Dr. Burke. ¿Era posible o Kat se imaginó lo que vio? Al frente había una sala de espera con sillas de madera con marcos típicos y cojines de color borgoña. Podría mantenerse derecha ir y sentarse en una de esas sillas. Diciéndose a sí misma que estaba teniendo un ataque de pánico. Que no era real, que estaba molesta por Ethan. Demonios, tal vez era una reacción tardía del accidente de auto. Podía correr. Ocultarse. O podría enfrentarse a su pasado. Descubrir la verdad.

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A pesar de que todos estos pensamientos corrían por su mente, Kat volvió la cabeza. Allí, enmarcado en la puerta abierta del ascensor frente a ella, estaba ese hombre. Más alto que ella, tal vez uno ochenta, su larga cara cortada por una barba de chivo oscura y sus ojos... Como el chocolate congelado que si lo mordías con mucha fuerza, te destrozaría los dientes. No podía respirar, no podía tomar aire. Líneas onduladas persiguieron atravesando su visión. Casi podía ver ese bate viniendo hacia ella. ¡No, por favor, por favor! Su propia voz gritando en su cabeza. Ella había gritado, suplicado, tan confundida y aterrorizada. Parpadeó ante el flashback, centrándose en el ascensor y el hombre clavando la vista en ella. Las puertas del ascensor comenzaron a deslizarse cerrándose. Él se movió, su mano capturando las puertas, impidiendo su cierre. ¿Venía por ella? —No. —Su voz la sobresaltó, rompiendo el miedo sosteniendo a su rehén. No entres en pánico, Kat. Vive. Las palabras de Sloane de la otra noche las llevó a la práctica. Sloane estaba allí, al final del pasillo. Llega a él. Ella se dio la vuelta y trató de correr, pero su pierna casi se torció. Se agarró a la pared, cogió el equilibrio y siguió su camino. Apresurándose. Desesperada. No mires atrás. ¿La estaba siguiendo?

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—Su nombre es Finn. Solo lo vi un par de veces. Obtuve su información de contacto de un chico en el gimnasio. Sloane mantuvo su voz tranquila. Responder sus preguntas era bastante estresante para Ethan.

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—¿Uno de mis luchadores? —¿A qué profundidad habían penetrado los esteroides su organización? —No. Solo un tipo trabajando fuera. Hablamos un par de veces y me contó sobre Finn quien vende esteroides que pueden superar las pruebas. Me dio un número de teléfono. Un teléfono con una grabación. —Necesitaré ese número. ¿Qué hace este Finn…? —Sloane cortó ante el sonido de arrastre y jadeante tras él. Se dio la vuelta. Todo lo que vio fue la cara muy pálida de Kat antes de que ella tropezara en sus brazos. Él la atrapó automáticamente. Cristo, estaba temblando. Nadie la seguía a la habitación, así que ¿qué demonios? —¿Qué pasa con ella? Sloane miró a Ethan. Maldición, el chico no necesitaba estrés adicional. —Ataque de pánico. Todo está bien. —Levantando a Kat de sus pies, se dejó caer en una silla con ella en su regazo. Él deslizó su mano debajo de su camisa para extender los dedos por encima de su húmeda sudorosa espalda. Kat no se asustaba tan fácilmente como antes. La preocupación comía su columna. Algo había sucedido. —Mírame. Ella inclinó la cabeza erguida. Sus pupilas estaban dilatadas y los ojos nadaban de ansiedad. —Bien, ahora respira. Te tengo. —La necesidad de revisar las salas para ver lo que la asustaba luchaba con su compulsión de calmarla y consolarla. —Él. Lo vi. Su voz raspó y el pulso en su garganta saltó esporádicamente. Se acurrucó apretada contra él, más asustada de lo que la había visto. —¿Quién? —El hombre de la fotografía. Fuego explotó en sus entrañas.

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—¿Dónde? —¿Ese hijo de puta que lastimó a Kat había estado en este hospital? ¿Cerca de ella? Furia asesina rugió en su cabeza. La levantó de la silla y llego a la puerta en dos zancadas con ella aferrada en sus brazos. Deslizó a Kat a sus pies mientras exploraba por el hombre que la había aterrorizado. —Se fue. Estaba en el ascensor. —Sus dedos se clavaron en su brazo—. No me dejes. Por favor. Su súplica desesperada cortó su necesidad hirviente de matar. Se arrastró en un suspiro y se volvió hacia ella. —No voy a dejarte, nena. Si Ethan no estuviera enfermo, entonces él te protegería y yo estaría sobre ese hijo de puta. —La estrechó en sus brazos, sosteniéndola contra él—. Pero no voy a dejarte sin protección. Sabes eso. Su corazón golpeó contra sus costillas, aunque su temblor se desaceleró y se apoyó en él. Se había dirigido a él. Derecho a él. Se había lanzado a sus brazos, a sabiendas de que estaría para atraparla. Sostenerla. Protegerla. Amarla. Dios, la amaba. Sloane nunca se había sentido tan poderoso o completo. Ni siquiera cuando había ganado campeonatos. No hasta ahora. Kat, su hermosa sobreviviente trabajando tan duro para ser fuerte, confiaba en él lo suficiente como para apoyarse en él cuando lo necesitaba. Dejarle ser fuerte para ella hasta que pudiera manejar la situación. Y ella se ocuparía de eso, siempre lo hacía. Pero ella le dio esto, la oportunidad de ser su fuerza durante unos minutos mientras se recuperaba. Sloane se pegaría un tiro en las bolas antes de decepcionarla. El tipo que vio se había ido, por lo que la llevó a la habitación para ver a Ethan mirándolo con asombro. Ethan había llevado a Sloane por ahí con algunas acompañantes. No podía perderse que si bien Sloane había mantenido a los otros a distancia, había movido a Kat derecho a su vida. Así que ¿por qué tenía esa mirada de asombro en su rostro? —¿Qué? —¿Lo harías? —preguntó Ethan—. ¿Todavía?

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Sloane escondió a Kat a su lado, sacó su teléfono y desplazó sus contactos, manteniendo un ojo en la puerta por si acaso. —¿Hacer qué? —¿Confiar en mí para proteger a Kat? Obligó a sus ojos a la cama. Ethan había cometido un error, sí, pero eso no cambia quién era el hombre. —¿La protegerías? Su mirada era solemne. —Con mi vida. —Entonces sí. —Hizo la llamada—. Liza, contacta a Jack en Investigaciones McVey. El hombre de la foto que envié a Jack el sábado fue visto en el hospital hace unos minutos. Quiero que busque y examine el video de seguridad de la cámara. —Colgando, cambió a Kat—. ¿Me puedes decir lo que pasó, lo que el hombre estaba haciendo? ¿O necesitas un par de minutos? Sus pupilas estaban volviendo a la normalidad. —Estaba caminando más allá de los ascensores a la sala de espera. Eché un vistazo a las dos personas que estaban allí. Todo ocurrió tan rápido. Ya había dado la vuelta y di otro paso cuando empecé a entrar en pánico. Como si mi subconsciente comprendiera lo que vi antes de que mi cerebro lo captara. Su discurso comenzó lento y vacilante, pero ahora estaba corriendo. Escuchó, dejando que le contara a su manera. —Para cuando me volví a mirar, él estaba en el ascensor mirándome. Como si me reconociera. El ataque de pánico golpeó con fuerza, junto con flashbacks. No pude moverme hasta que vi que levantó una mano para detener las puertas de cerrarse. —Puso su mano sobre su pecho—. Escuché tus palabras en mi cabeza diciéndome que no entrara en pánico, para vivir. Tuve que llegar a ti. Sloane cubrió su mano. Luchó por su voz. —Exactamente lo que deberías haber hecho. —Me crees. No era una pregunta.

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—Cada palabra. —Podría estar equivocada, el tipo podría haberse simplemente parecido al hombre que ella recordaba, pero no lo creía—. Desde que lo viste, sabemos que está aquí en la ciudad y mis investigadores lo encontraran. Tal vez tiene a alguien en el hospital que está visitando. Haré que lo vigilen. Déjame terminar con Ethan y nos pondremos en eso. Ella asintió, se inclinó para abrazarlo y luego trató de alejarse. De ninguna manera. Él la abrazó contra su costado con el brazo alrededor de su hombro, donde sabía que estaba a salvo. Centrándose en Ethan, dijo: —¿Dónde estábamos? —Finn. —Cierto. —El que le vendió a Ethan los esteroides diseñados—. ¿Cómo luce Finn? —Necesitaba todos los detalles que el chico pudiera darle. Ethan jugueteó con la cinta que sostenía el suero en el dorso de su mano. —No pasa del metro ochenta. Llevaba una gorra de béisbol o gorro cuando lo vi. Ojos marrones oscuros. —Dejando la cinta, se acarició el mentón con barba de tres días—. Tenía una barba de chivo también. Kat se tensó. —¿Una clase de círculo? —Apartándose de su hombro, dibujó un dedo por la barbilla y el labio superior—. ¿Corte cerca? El cabello en el cuello de Sloane se erizó. Ethan frunció el ceño. —Sí, creo que así. ¿Por qué? Kat buscó en sus vaqueros y sacó su teléfono. —Espera, lo tengo... Sloane dejó caer su mano a su cadera, dándole espacio para desplazarse. Cuando tocó la pantalla, agrandando la foto, Sloane vio al hombre de su habitación en el hospital. El que había visto en el pasillo. Perilla en círculo exactamente como le había preguntado a Ethan. ¿Era posible? ¿Podría ese chico que había estado involucrado en el ataque a

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Kat, que tenía alguna relación nefasta con David, ser su distribuidor de esteroides? La miró a los ojos. —Muéstrale. Kat, su mano firme como roca, se lo tendió. Ethan se inclinó para estudiarla. Un segundo pasó. Luego otro. Por último, Ethan respondió: —Ese es Finn. Kat dejó caer su mano y se volvió, sus ojos azul verdoso radiantes y un rubor se levantó sobre sus mejillas. Sloane no podía apartar la mirada de ella. La mujer asustada que había sostenido hace instantes desapareció mientras la fuerza en Kat apareció. La energía eléctrica arqueó entre ellos, una fuerza poderosa que sostuvo a Sloane cautivo. —¿Recuerdas cuando me preguntaste si yo era lo suficientemente buena para hacer esteroides diseñados? Lo que recordó estaba derramando su preocupación y la culpa hacía ella, diciéndole que no sabía que Ethan se estaba dopando. Y ella lo había consolado. La mujer había estado en un maldito accidente de auto solo unas horas antes, había estado con dolor y miseria, pero ella lo había consolado. En ese instante cuando la magnitud de lo mal que le había fallado a Ethan intentó ahogarlo, Kat había sido su bote salvavidas. —Dijiste que no. —No. Pero David sí.

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K

at se sentó en la silla junto a la cama de Ethan, con su mente dando vueltas. Las cosas estaban encajando tan rápidamente que apenas podía respirar.

Sloane preguntó: —¿Los fabricaría en SiriX? —No. Tal vez hace años, pero ahora no. SiriX ha crecido demasiado y tiene muchos controles en el lugar. O lo está haciendo en otra parte o les está asesorando sobre cómo hacerlo. —Ella frunció el ceño, pensando—. Necesito mi vieja memoria USB. —¿Dónde está y por qué? —En el armario de mi habitación en la casa de mis padres. —Su pulso se aceleró y saltó—. Trabajé en… —Las implicaciones eran alucinantes—. ¡Jesús! Voy a matarlo. —Él la había utilizado y ella había sido demasiado estúpida, había estado demasiado deslumbrada por él para darse cuenta. —¿Qué? Ella respiró. —Se ha demostrado que la hormona del crecimiento humano ralentiza la pérdida de memoria en las primeras fases del Alzheimer, mientras que los esteroides anabólicos aceleran su progresión. Trabajé en las pruebas con ambos cuando estaba en el equipo de David. —Kat se levantó y caminó de un lado a otro a lo largo de la cama de Ethan. El joven parecía cansado, pero ella tenía que saberlo—. Mezclaste los esteroides, ¿verdad? —Sí, tomé pastillas orales e inyecciones en un programa preestablecido y después paré completamente durante un tiempo. Ella asintió y se giró hacia Sloane. Oh sí, todo estaba volviendo a ella.

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—David me tuvo haciendo pruebas en un protocolo de ciclos y amontonamiento de esteroides anabólicos que aceleraban la progresión en la degeneración de las células del cerebro en casos de Alzheimer. Después en un segundo grupo de pruebas, incluimos un agente de bloqueo que él desarrolló como parte del ciclo. La teoría de David era que si podía desarrollar un fármaco que bloqueara con éxito la destrucción de las células sanas del cerebro por el uso prolongado de esteroides, entonces podría también bloquear la destrucción causada por el Alzheimer. Sloane se quedó quieto, pero sus músculos se contrajeron como si estuviera listo para saltar. —¿Lo hizo? —No. Todo lo que hizo fue producir orina limpia. —Ella había sido tan estúpida. Tan ingenua—. No me di cuenta de lo que estaba haciendo en realidad, que era descubrir cómo superar un test de esteroides. —¡Jesús! —Sloane se pasó la mano por el cabello—. Eso valdría una fortuna. Y definitivamente merecería la pena ir detrás de ti si el gilipollas intentó joder a Finn y Finn quería mantenerle a raya. —Consecuencias, Dr. Burke. Eso es lo que dijo Finn. Porque David les estaba jodiendo. —Tal vez pidiéndoles más dinero. Amenazándoles. Quién sabe. —Bajó la voz hasta un susurro letal—. Lo que sé es que tú pagaste el precio y eso no va a suceder otra vez. —Cruzó los brazos—. ¿Qué pasó con los resultados de las pruebas? —Fueron destruidos. Él entrecerró los ojos. —Entonces, ¿qué hay en tu armario en la casa de tus padres? Había hecho una cosa bien. Una extraña combinación de orgullo y vergüenza se mezcló con su furia hacia David y hacia sí misma por ser tan tonta. —David era tan brillante, le admiraba como otras chicas admiran a las estrellas del rock. Guardé su fórmula porque creí que podría ser importante para otro de sus proyectos algún día. La mirada de Sloane se clavó en ella mientras acortaba la distancia entre ellos. Su intensidad hacía que saltaran chispas a lo largo de sus

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terminaciones nerviosas hasta que estaban solo ellos dos en la habitación. Una sonrisa curvó su boca mientras él deslizaba los dedos a lo largo de su mandíbula, provocando que la recorriera un estremecimiento de arriba a abajo. —Eres muchísimo más inteligente de lo que ha reconocido tu familia o el gilipollas. No importa lo que suceda ahora, no lo olvides. Él estaba orgulloso de ella. La llamó inteligente. La amaba. Se aferró a esa gloriosa y embriagadora sensación durante unos segundos inestimables. Después tensó la espalda cuando la realidad la embargó. —Tengo que decírselo a mis padres. Avisarles. Enseñarles lo que tengo. Él ahuecó las manos sobre su cara. —Eres mejor que ellos. No estuvieron a tu lado. Kat se aferró a su muñeca. —Ellos estaban en medio. Cuidaron de mí cuando estaba herida. Solo que no me creyeron. No podían. —Todavía dolía—. David era la clave para el futuro de SiriX mientras que yo era su mediocre y problemática hija. Un músculo en la mejilla de él se tensó. Ella tenía que hacérselo entender. —No somos nuestros padres. No voy a ignorar las señales de que podrían estar en problemas. Al igual que tú proteges a tu madre incluso cuando ella no te protegió ni a ti ni a Sara cuando eráis niños. Eso es lo que somos. —Pero si Olivia entrara en la pastelería de Kat otra vez y llamara asesino a Sloane, la cara de la mujer tendría un duro aterrizaje en la vitrina de cristal de la pastelería de Kat. El rostro de él se suavizó y apoyó su frente contra la de ella. —Lo entiendo. Voy a ir contigo. —Lo sé. Su boca se curvó.

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—Tengo que hablar con los investigadores que envió Liza y ocuparme de la seguridad de Ethan. Haré que alguien lleve mi auto a casa e iremos en el tuyo a la casa de tus padres.

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Kat caminaba por la casa con Sloane a su lado y sus padres siguiéndola. Le había llevado menos de cinco minutos darse cuenta de que las palabras eran inútiles. Ellos no la creían, así que tenía que demostrárselo. Su padre la tomó del brazo cuando se dirigió hacia las escaleras de la casa de su infancia. —Cariño, tuviste un accidente de auto hace solo unos días. Los moretones en la cara demuestran que te golpeaste la cabeza otra vez. Con tu historial de problemas emocionales relacionados con una conmoción cerebral, esta obsesión no es buena para ti. —Su padre le lanzó una oscura mirada a Sloane que se cernía amenazante al lado de ella. Ella ignoró el comentario sobre la obsesión. —Esto no es culpa de Sloane. —Estabas calmándote antes de conocerlo. Está teniendo un efecto negativo en ti. Ahora de repente eres reservada y más paranoica. Ella se estremeció. —¿Reservada? Sloane puso su brazo alrededor de ella, una cálida y sólida presencia contra su costado. —No nos dijiste que tuviste un accidente. —La ira prendió en la mirada de su madre—. Tuvimos que enterarnos por las noticias. Después SiriX fue relacionado con su… —Ella inclinó la cabeza hacia Sloane—. Escándalo de dopaje. —No os llamé porque estaba bien. Los médicos me dieron el alta. Y los medios hicieron la conexión, no Sloane. —Enderezó la espalda—. Pero creo que hay una relación. David está involucrado en la fabricación de

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esteroides de diseño para el hombre del que os hablé, Finn. Os enseñé la foto. Él estaba allí en el hospital. Amelia también lo vio. Su padre se quitó las gafas y se frotó los ojos. —Piensa, Katie. Ni una sola vez mencionaste nada sobre David y los esteroides, no hasta el accidente cuando descubriste que el conductor había tomado esteroides. Estás precipitándote haciendo conexiones que no están ahí. —Kat no tiene daño cerebral ni está delirando, está intentando ayudaros. —La voz de Sloane cortó de raíz la creciente tensión—. Sin embargo, estáis aquí de pie tratando de convencerla de que está loca en lugar de correr a su habitación para ver qué hay en sus archivos. Así que me pregunto, ¿aquí quién tiene realmente miedo de la verdad? La indignación salpicó de color las mejillas de su padre. —No te atrevas… —William. —Su madre lo interrumpió—. Todos estamos cansados y estresados. Vamos a terminar con esto. —Se puso delante de Kat—. Después de esto, Kathryn, tú y yo vamos a hablar. Este disparate ha ido demasiado lejos. Tienes a Marshall medio creyendo tus delirios. Tiene que acabar. Ella miró fijamente a los mismos ojos que veía cada día en el espejo. Las dos se parecían y sin embargo eran tan diferentes. —Cuando era pequeña, quería tanto ser como tú. Te observaba cuando te preparabas para ir al trabajo cada mañana y soñaba que algún día yo también lo haría. La sorpresa suavizó los duros bordes de la cara de su madre en una belleza que Kat no había visto en ella en mucho tiempo. —Pero no era como tú, mamá. Y no sé quién estaba más decepcionada por ello, si tú o yo. —Volviéndose, se dirigió a su habitación y se dio cuenta de que la última parte no era verdad. Kat había aprendido a gustarse a sí misma, a gustarle la mujer que estaba esforzándose por ser. En gran parte por verse a sí misma a través de los ojos de Sloane y lo amaba por ese regalo. Una vez en su habitación, Kat dejó su portátil en la cama y luego encontró la caja en el armario. Sloane se estiró por encima de su cabeza, bajándola por ella. Al levantar la tapa, fue golpeada inesperadamente por la nostalgia y una vieja tristeza. Suavemente sacó

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la caja de música con el corazón rosa en la parte superior. Cuando abrió la tapa, la bailarina apareció. Un nudo se formó en su garganta. Sloane presionó su cuerpo contra el de ella. —¿Estás bien? Ella tocó la figurita. —Mi abuela me la dio después de mi primer recital en su escuela de música. Dijo que yo era tan bonita como esta bailarina. —Había significado mucho para Kat ya que sus propios padres habían estado demasiado ocupados para ir a ver sus infantiles intentos de bailar. Él se inclinó, estudiando la pequeña bailarina. —Es bonita. —Al enderezarse, la miró a los ojos—. Pero tú eres preciosa. Una tensión sexual surgió entre ellos, haciendo que su piel se erizara en respuesta y causando que el aire alrededor de ellos zumbara. Sus padres rondaban por la entrada, probablemente sintiendo el ardor del deseo que fluía entre ella y Sloane. —Gracias. Cuando todo se calme, voy a llevármela a mi apartamento. La voy a poner en mi habitación. Sloane le acarició el cabello, deslizando sus dedos a lo largo. —Trae la caja de música con nosotros esta noche. Ponla en la habitación o dónde quieras. Estará segura allí. Kat no podía apartar la mirada de sus ojos. La idea de poner sus cosas especiales en su casa, el lugar al que no había llevado a sus otras acompañantes… Ella estaba involucrándose demasiado, viviendo con la esperanza de que lo que tenían ahora fuera lo suficientemente fuerte como para sobrevivir a la prueba de si él mataba o no a Foster. —Kathryn, pensé que tenías algo que enseñarnos. La voz condescendiente de su madre rompió el momento. Kat abrió el pequeño cajón en la parte inferior de la caja de música y sacó la memoria USB. Después de colocar con cuidado la caja de música, conectó la unidad flash en su ordenador y se centró en escanear la lista de nombres de los datos y fórmulas que había copiado. Ah, ahí estaba.

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—Bloqueador EAA. —Esteroides anabólicos-androgénicos. —Su madre empujó la caja a un lado y se sentó junto a Kat—. ¿Y qué? —Uno de los experimentos en que trabajé con David formaba parte de los estudios que demostraban que el uso prolongado de esteroides anabólicos puede acelerar la progresión del Alzheimer. —SiriX hizo algunos de esos, sí. Kat tenía la atención de su madre. Incluso su padre se acercó más. La esperanza creció en pequeñas y frágiles burbujas. Tal vez la escucharían. —David probó formas de bloquear la progresión del daño cerebral causado por los esteroides anabólicos, teorizando que podrían conducir a encontrar un modo de bloquear la destrucción de células cerebrales causada por el Alzheimer. Los ojos de Diana se entrecerraron, haciendo que se formaran líneas alrededor de sus ojos. —Él nunca me habló de esto. No suena a las teorías de David. —Le creí. —Picó el anzuelo—. Hicimos las pruebas usando su formulación, pero falló. Sin embargo, descubrimos como efecto secundario que el agente de bloqueo evitaba que los esteroides se mostrasen en la orina. —Kat hizo clic en el archivo, abriendo la fórmula. Deslizó el ordenador en el regazo de su madre—. Si le doy esto al laboratorio que Sloane está utilizando para probar el kit de esteroides de Ethan, apuesto a que uno de los productos coincidirá. Cuando su madre empezó a leer, Kat se levantó, caminando hacia la puerta. —David vendió esa fórmula o está utilizándola. —Estás haciendo de esto más de lo que es. El rechazo de su padre tocó un nervio, el que había soportado una vida de no ser tomada en serio. Kat se giró y se enfrentó a su padre con media habitación entre ellos. Parecían kilómetros más que metros. Ella inspiró tratando de calmarse. —¿Y si estoy en lo cierto? Todo esto se está desmoronando. David ha estado mintiendo durante años, y no solo a mí. —Una ira renovada

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bombeó a través de ella—. Está poniendo en peligro todo vuestro trabajo y a todos en SiriX. Peor aún, Finn hizo que unos matones me golpearan con un bate de beisbol y después apareció en mi habitación del hospital. ¿Quién dice que no os hará daño a vosotros o a alguien más por desesperación? —Amaba a sus padres. La mataría si alguno de ellos fuera herido. —O puede ir detrás de Kat de nuevo. Sabe que ella se acuerda de él ahora. —Los brazos de Sloane se hincharon debajo de su camisa de vestir—. Nadie va a hacerte daño otra vez. Desde el otro lado de la habitación, el contacto de sus ojos y la sensación de sus palabras la envolvieron como una caricia. —No puedo creerlo. —El rostro de su madre palideció—. Es un error. David no haría esto. Él se ha comprometido a mejorar la calidad de la vida humana con la terapéutica. —Se puso en pie, el color manchando sus pálidas mejillas—. ¿Por qué estás haciendo esto? Estamos tan cerca de nuestro objetivo con SiriX y quieres destruirlo todo… décadas de mi trabajo y de David, la familia… ¿Por qué? ¿Qué te hace odiarnos tanto? Kat se quedó helada ante el rencor de su madre. —No te odio. —Las palabras se atascaron en su garganta. —David es un buen hombre. Ha dedicado su vida a SiriX, tratando de ayudar a las personas, mientras que tú renunciaste para poder vender diabetes y enfermedades del corazón en un bonito paquete. Ella se tambaleó hacia atrás, desesperada por escapar del dolor que la perforaba con cada palabra. —Diana, basta. —Su padre tiró del brazo de su madre—. Katie… —¿Eso es lo que tú crees también? ¿Que mi pastelería no es nada? ¿Que yo no soy nada? —Un negro vacío se abrió y Kat se asustó. No quería sentir esta desolación. No podía hacerlo. Era más fácil retraerse emocionalmente y dejar que la gris apatía la envolviera. —No dije eso. Cálmate… —Eso es mentira. —Sloane alcanzó a Kat con un par de zancadas. Apoyando las manos sobre sus hombros, se inclinó hasta que su imagen llenó su vista. Su rostro brutalmente cuadrado dominaba su visión, su mirada atrayendo la suya—. ¿No eres nada, Kat? La mujer que se recuperó de una lesión devastadora, que está superando sus

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ataques de pánico y construyendo Sugar Dancer, ¿no es nada? Y la mujer que salvó a unos niños aterrorizados de morir o resultar gravemente heridos en un accidente de auto, ¿no es nada? O la mujer que se arrojó a mis brazos para consolarme. Sus demandas hicieron retroceder lo gris, despertando su resistencia. Todavía dolía y Kat sospechaba que siempre dolería saber que sus padres creían que ella era una inútil. Pero estaba construyendo su propia vida, llenando su mundo con gente que se preocupaba por ella y a los que amaba. —No, soy alguien. Los ojos de él, que hacía tan solo unos segundos brillaban con una apenas controlada ira, se suavizaron hasta que juró que podía ver motas de pura luz solar bailando en las profundidades de color marrón claro. —Tú eres mi maldito todo. Y quien diga otra cosa es un tonto patético. En el reflejo de su mirada, se vio a sí misma. Había hecho su mejor esfuerzo para llegar a sus padres, pero no tenía que quedarse allí para que le dijeran que era una inútil. —Vámonos a casa. —En la casa de Sloane, Kat se sentía valorada. Allí era dónde quería estar. Pero tenía algo más que hacer y se volvió hacia sus padres. —Supongo que siempre supe que si tuvierais que elegir entre David y yo, elegiríais a David porque él tenía más para contribuir a la verdadera niña de vuestros ojos… SiriX. —Eso es ridículo. Te criamos, te amamos… Ella levantó la mano, interrumpiendo a su padre. Iban a oír lo que tenía que decir. —Espero que escuchéis esto. David es una amenaza para SiriX. Averiguad lo que está haciendo y proteged lo que podáis de SiriX, así como a todas las personas que trabajan en la empresa y las que dependen de la terapéutica descubierta y producida por ella. —Había terminado. Kat tomó la mano de Sloane, dirigiéndose escaleras abajo y después afuera hacia la amplia y curvada entrada. A mitad de camino de su auto, hizo una mueca.

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—¡Mierda! Me dejé el portátil. No se me dan bien las salidas dramáticas. Sloane se detuvo, entregándole las llaves. —Sube al auto, voy a recuperar tu ordenador. Ella trató de agarrar su brazo, pero ya estaba fuera de su alcance. —Sloane, no. —Nada bueno sucedería si él volvía a esa casa con sus padres. Demasiado tarde, él había desaparecido por la puerta principal, sin molestarse en llamar. ¿Debería ir detrás de él? ¿Detenerlo? Unos pocos segundos pasaron mientras permanecía en el lugar aferrando las llaves del auto. Sloane no perdería los estribos con sus padres sin importar cuánto le provocaran. Su autocontrol era formidable. Sin embargo había perdido la paciencia con ella, gritándole cuando había entrado para encontrarla ayudando a Drake después de que hubiera vomitado. Sus labios se curvaron ante el recuerdo de él vociferando y ella respondiéndole cara a cara. Porque ella había confiado en él entonces. Y confiaba en él ahora para manejar la recuperación de su portátil sin empeorar las cosas con sus padres. Al darse cuenta de que no había necesidad de quedarse allí como una estatua, se dirigió hacia su auto mientras hacía clic para abrir las cerraduras. Por más que le dolía la reacción de sus padres, eso no quería decir que tuviera que rendirse por completo. Abriendo la puerta, decidió que le enviaría por email a Marshall el archivo con la fórmula de David y hablaría con él. Al oír la suave caída de unos pasos, sintió alivio. Sloane ya estaba de vuelta. —¿Conseguiste…? —Katie, soy yo. Se le erizó el vello de los brazos. No era Sloane, sino David. Kat se dio la vuelta para encarar al hombre que rodeaba la parte delantera del auto. ¿Por qué llevaba puesta su bata de laboratorio? Olvídate de eso, no le quería demasiado cerca.

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—Détente. —Rápidamente miró hacia la puerta principal. Calculando la distancia de unos nueve metros. Nunca lo lograría con su maldita pierna. Él dudó a unos sesenta centímetros. —Necesito hablar contigo y con tus padres. Lo arreglé. La iluminación baja de las macetas alcanzó las lentes de sus gafas, aumentando el tic en su ojo izquierdo. La bata de laboratorio le colgaba de los hombros. —¿Qué arreglaste? —Todo lo que tenía que hacer era entretenerle para ganar tiempo. Sloane saldría en cualquier momento. Se movió hacia delante y la agarró por el brazo. —Lo explicaré dentro. Kat tiró del brazo. —No me toques. —Pero él la sujetaba firmemente. La sensación de estar atrapada envió un ramalazo de pánico a través de su pecho. Su pulso latió salvajemente al recuperar la memoria. Un auto deslizándose hasta pararse, alguien sosteniendo la puerta abierta. Finn salió. Los dedos de David se cerraron alrededor del brazo de Kat. El miedo y la confusión la embargaron. ¿Por qué estaba temblando David? Kat miró hacia abajo. Los gruesos dedos de Finn se cerraron alrededor de la muñeca de David, después lentamente se volvieron blancos cuando apretaron. David la soltó. Los otros hombres la agarraron… El sonido de una puerta abriéndose interrumpió el recuerdo. Una vieja ira brotó de su memoria celular. Ignorando la puerta que se abría, miró hacia David. —Tú me soltaste. Dejaste que me atraparan. —Apenas le habían torcido la muñeca, no se la rompieron. Él parpadeó frenéticamente, clavándole los dedos en el brazo. —Pensé que solo estaban asustándome.

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Durante todo este tiempo no sabía por qué su contacto disparaba algo en ella. Ahora lo sabía. Un grito de rabia resonó en la noche. Sloane se acercó a ellos con la velocidad letal de una pantera. David saltó detrás de Kat y puso el brazo debajo de su barbilla, forzándola a levantar la cabeza. Las luces del patio se reflejaron en el bisturí que sujetaba firmemente entre sus dedos. —¡Atrás! ¡La cortaré!

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S

loane se detuvo en seco. El gilipollas sostenía algo… ¿una navaja?... condenadamente cerca de la garganta de Kat. Rápidamente calculó la distancia entre ellos.

Menos de dos metros. Completamente factible. El cabrón estaba muerto. —Sloane. La voz de Kat vibró. Él no apartó los ojos de la cuchilla, pero pudo oír la mezcla de miedo e ira hirviendo en esa sola palabra. —Estoy aquí mismo. No te muevas. —Sloane mantuvo su voz baja y tranquilizadora. Tenía que confiar en él, dejarle trabajar alrededor para que ella no saliese herida. —No voy a dar ningún golpecito. El peso de Kat cambió ligeramente, lo suficiente para alertar a Sloane de que ella estaba realineando su cuerpo exactamente como él la había enseñado. Una poderosa sensación le golpeó directamente. No necesitaba palabras, sabía lo que ella quería. Defenderse por sí misma. Cada célula que tenía gritaba: ¡No! ¡Joder, no! La adrenalina corría volcando más fuerza en sus músculos y huesos. Todo en él le empujaba a atacar. Para rescatar a su mujer. Mantenerla a salvo y matar al gilipollas. —Por favor. La suave súplica le desarmó. Kat necesitaba defenderse y Sloane lo entendía en el alma. Era como su necesidad de matar a Lee Foster. —Si te hace daño, está muerto. —¡Cállate! —David se balanceó sobre sus pies, moviendo la cuchilla jodidamente cerca de la garganta de Kat.

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Sloane oyó el alboroto detrás de él. Los padres de Kat salían de la casa. —David, ¿qué diablos estás haciendo? —Bramó William Thayne. David desvió la mirada, aflojando el brazo alrededor del cuello de ella. En ese mismo momento Kat unió sus manos y empujó por debajo de los brazos de David, lanzando el arma lejos de ella. La cuchilla rebotó en el camino de entrada. Sloane dio un salto adelante para ayudarla pero se detuvo en seco, completamente extasiado. Una feroz determinación cruzó por el rostro de Kat. Ella lo tenía y era jodidamente hermoso ver a su gatita transformarse en una leona. Kat se giró a un lado, golpeando a David en las costillas con su codo izquierdo. —¡Uf! Sin interrupción, siguió ese movimiento de un empujón con la palma de la otra mano en la base de su nariz. El impacto hizo chocar a David contra el auto con un satisfactorio ruido sordo. Kat tropezó por el impulso. Sloane la agarró por los brazos, estabilizándola. David se llevó las manos a la nariz y se enroscó sobre sus rodillas dobladas. —Me golpeaste. —Me amenazaste con un bisturí. —Ella saltó de puntillas. —No iba a cortarte. —Él agarró la punta de su bata de laboratorio y la apretó contra sus fosas nasales que chorreaban—. Me rompiste la nariz. —¿Qué diablos estabas haciendo? —William miró fijamente a David como a una criatura extraña que se había atrevido a deslizarse sobre su camino de entrada—. Te vi con ese bisturí en la garganta de mi hija. —Yo no… ¿Qué está pasando? —Diana miró a David y Kat, con los ojos vidriosos por la conmoción. Sloane estaba harto de esto.

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—El gilipollas atacó a Kat y ella se defendió. —Tirando de ella hacia su pecho, bajó la mirada a su cara—. Precioso, gatita. Exactamente como entrenamos. Ella se apoyó en él, inclinando la cabeza hacia arriba. —Él me soltó. Cuando Finn y sus matones aparecieron aquella noche, David agarró mi brazo. Pero cuando Finn aplicó presión en su muñeca, me soltó. Dejó que me agarraran. Supongo que una parte de mí siempre recordaba que él no luchó por mí y me entraba el pánico cuando me tocaba. Sloane cerró los brazos alrededor de ella para mantener el control, pero volvió la mirada hacia David. El hombre se estremeció, tratando de ponerse en pie. —Adelante. Corre. —La amenaza brotó de su boca disfrazada de palabras—. Dame una excusa para no romperte los huesos exactamente como les dejaste que rompieran los de Kat. Hazlo. David se desplomó en el suelo. —No fue un atraco. —Diana envolvió los brazos alrededor de su cintura. Por encima de la cabeza de Kat, Sloane miró a David. —Cuéntales todo. Ahora. La verdad. David tenía un tic en el ojo. —Cuando estaba trabajando en mi doctorado, las becas y ayudas se estaban agotando. Necesitaba dinero. —Cambió de posición, gimiendo— . Finn se acercó a mí para que ayudase a sus clientes a superar un test de esteroides. El reto captó mi interés y el dinero era suficiente para terminar la universidad. Así que empecé a trabajar con él. —Dinero. ¿Todo esto es por dinero? —La voz de Kat se hizo más aguda. —¿Qué sabes tú del dinero, Katie? Creciste con él, te lo dieron todo hecho. Sloane había pensado eso también una vez. Ese recuerdo le avergonzaba ahora. Kat había nacido en la riqueza, pero tenía un corazón más grande que cualquier otra persona que él conociera. Entrelazó sus dedos con los de ella y besó su cabello con mechas rosas.

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—¿Me odiabas por eso? —No. Te quería. Eras tan hermosa entonces. Tan elegante y encantadora con una necesidad de complacer. Me mirabas como si tuviera todas las respuestas a tus preguntas. Cuando te llevaba a algún evento, estaba tan orgulloso. Y después cuando bailabas… todos comentaban lo bella que eras. Nunca fue mi intención que te hicieran daño. Nunca. Kat se tensó. —¿Por qué vinieron a por mí? David inclinó su cabeza contra el auto. La sangre goteaba de su boca y barbilla. —Cuando te pedí que te casaras conmigo, le dije a Finn que había terminado. Había conseguido lo que quería, a ti y con nuestro matrimonio, conseguiría un porcentaje de SiriX. Ese fue el encuentro con Finn que interrumpiste aquella noche cuando me llevaste la cena. —David se pasó el dorso de la mano por la cara, manchándose de sangre—. Finn descubrió quién eras. Un nuevo arrebato de ira asesina recorrió la espina dorsal de Sloane. —Él lanzó amenazas contra Kat, ¿no es así? —Pensé que era un farol. —Salió un gemido nasal—. Entonces aparecieron aquella noche y fueron a por ti. —David bajó la mirada al cemento bajo sus piernas dobladas—. Cuando terminaron, pensé que estabas muerta. No podía soportar verte allí desplomada, con la pierna torcida en un mal ángulo, la cara magullada… todo lo que amaba de ti destruido. —Él tragó saliva con dificultad—. Pero cuando te quité el anillo, vi que estabas respirando. Me entró el pánico, así que escondí el anillo y después me encerré en el auto y llamé a la policía. —Confiamos en ti. —La voz de Diana era ronca mientras que el rostro de su marido se había teñido de rojo oscuro. David desvió la mirada hacia la madre de Kat. —La mantuve con vida. Fue pura suerte que ella no recordara el ataque. Volví a trabajar para Finn, creando cada vez mejores esteroides de diseño para evitar que terminara el trabajo con Katie. Y todo funcionó… hasta que ella se lió con Michaels. —David suspiró profundamente mientras alzaba la mirada hacia Kat—. ¿Por qué no

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pudiste dejarlo como estaba? Finn iba a matarte una vez que pasara el escándalo de los esteroides. Te convertiste en una carga excesiva. —Él no conseguirá acercarse a ella. —Sloane se aseguraría de ello. Por primera vez, David lo miró directamente. —No, no lo hará. Estaba decidido a matarla, así que lo detuve. Sloane oyó los jadeos de asombro. Sintió la sacudida involuntaria de Kat en sus brazos. Pero su atención estaba en el gilipollas. —¿Qué hiciste? —Inyección letal. No lo vio venir.

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—¿Lo mataste a sangre fría? —Kat había estado enamorada de David, había tenido relaciones sexuales con él, planeaba casarse con él. No había pensado que fuera capaz de utilizar sus conocimientos farmacéuticos para cometer un asesinato. David estiró una mano ensangrentada hacia ella. —Él te habría matado. —¿Esa es tu excusa? —Se soltó de las manos de Sloane y dio un paso más hacia el hombre caído en el suelo contra su todoterreno. Haciendo caso omiso de Sloane que permanecía pegado a su lado, miró hacia David—. No lo mataste por mí. Si estuvieras preocupado por mí, habrías contado la verdad cuando fuimos atacados. Finn habría sido detenido y yo estaría a salvo. Pero mentiste para mantener tu implicación en el asunto de los esteroides en secreto. Lo mataste por esa razón también. O tal vez temías que fuera a por ti. El ojo de David parpadeaba sin control. —Nadie más tiene que saberlo. Todavía podemos arreglarlo. Finn está muerto. No quieres destruir SiriX y todo el trabajo de tus padres, ¿verdad? O el trabajo de Marshall con el fármaco contra el Lupus. —¿Debería ignorar lo que has hecho? ¿Qué estás involucrado en el asunto de los esteroides que arruinaron la carrera de un joven y le

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dejaron con daño permanente en el corazón? ¿Qué mataste a Finn? — Los temblores empezaron en su pecho y se propagaron hacia afuera. ¿Ira o una reacción a la subida de adrenalina que había tenido cuando David la sorprendió? —Ellos no importan. Tenemos que proteger SiriX. ¿No importan? Eso es lo que David creía. A ella no le importaba que Finn estuviera muerto, salvo que David no tenía derecho a matarlo. Pero ella se preocupaba por Ethan. —Ethan es más hombre de lo que tú serás nunca. Cometió un error y cuando le pillaron, lo admitió directamente sin excusas. Pensó que Sloane iba a echarle a la calle, pero lo aceptó también como su castigo. Mientras que tú lloriqueas y… —Destruiste todo. —La voz helada de su madre interrumpió el resto de la diatriba de Kat—. Todos los años de investigación y trabajo, todo se ha perdido. Su madre tenía los brazos alrededor de su estómago, su rostro palideció mientras miraba hacia ellos con odio. Un viejo temor se deslizó por la piel de Kat. —¿Me estás culpando a mí? ¿O a David? Diana bajó los brazos. —A David. Pero estoy segura de que te sientes reivindicada ahora, Kathryn. Tenías razón y nosotros estábamos equivocados. Estaremos arruinados por el escándalo y puedes decir que ya nos lo dijiste. —Se giró y se dirigió hacia la casa. —Maldita sea, Diana. —Su padre explotó—. Lo estás empeorando. Su madre se dio la vuelta. —¿Cuánto peor puede llegar a ser? Él se movió de un lado a otro con agitación. —Katie podría haber sido asesinada. O hace seis años o ahora. Y si sigues tratándola como el enemigo, vamos a perderla para siempre. Ella ya no nos necesita. Diana cerró los ojos, los hombros hundidos.

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—Voy a llamar a la policía. Su padre alcanzó a Kat con un par de zancadas, los ojos tristes. —No nos odies. No lo sabíamos. Fuiste herida tan gravemente y después los ataques de pánico… ¿Nos perdonarás? Su voz ronca y desesperada le llegó al corazón. Hubo un tiempo en que sus padres le habían parecido tan poderosos, brillantes y con éxito, mientras que ella era solo una persona corriente. Pero esta noche eran demasiado humanos y frágiles. No quería herirles más, pero tampoco iba a seguir siendo la vieja Katie que estaba desesperada por una migaja de aprobación o señal de amor. —No te odio papá. Nunca te he odiado ni a ti ni a mamá. Los quiero a los dos, tanto que intenté ser la hija que queríais durante veintidós años, pero no pude hacerlo más durante los últimos seis años. No soy ella. Nunca lo seré. —Su voz se quebró. Sloane colocó el brazo sobre sus hombros. Su apoyo silencioso fluyó en ella, como si él pudiera sostener su corazón cuando era demasiado pesado para su pecho. La noche había exprimido sus emociones, desde la euforia de enfrentarse a David, hasta después escuchar la verdad de lo que había sucedido hacía tantos años, la fría ira de su madre hacia ella y ahora la súplica desesperada de su padre. Una parte de ella quería retractarse, pero otra parte sabía que ya era hora de defender su postura. —Supongo que lo que tenemos que averiguar con el tiempo es si podéis amarme y aceptarme por lo que soy ahora. Su padre respiró profundamente y asintió despacio. —Te queremos. Créelo y resolveremos el resto. —Él miró hacia la casa— . Ahora será mejor que vaya a comprobar cómo está tu madre. Sloane le alzó la barbilla, sus ojos irradiaban calidez y preocupación. —¿Estás bien? ¿Lo estaba? Kat deseó poder tener a Sloane así para siempre. No sabía si ellos realmente tenían un futuro juntos o si eran solo dos personas que ahora se necesitaban la una a la otra. Sin embargo, Sloane le había dado el tremendo regalo de ser ella misma, enseñándole autodefensa y apoyándola. Y esta noche se había enfrentado a David, a sus ataques de pánico y a sus padres.

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Se inclinó hacia él. —Lo estaré.

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Kat estaba demasiado nerviosa para dormir. Ni siquiera la ducha caliente la había calmado. Al ver la luz encendida en la habitación de Drake, entró allí, sorprendida de verle trabajando en su ordenador portátil. —¿Por qué estás todavía despierto? —Eran más de las diez. —No podía dormir. Kat se sentó en la cama. —¿Tienes demasiado dolor? ¿Puedo traerte algo? —Estoy bien. —Cerró el portátil y tomó su mano—. Estoy más preocupado por ti. Sloane me contó lo que ha pasado. —Se movió hacia un lado y dio una palmadita en la cama—. Ven a hablar conmigo. Ella se sentó a su lado. —¿Tampoco podías dormir? Ella estudió sus piernas desnudas. ¿Cuándo había empezado a caminar alrededor en pantalones cortos de dormir sin pensar en sus cicatrices? —Estaba esperando a que Sloane viniera a la cama. Tenía que hacer algunas llamadas y otras cosas. —No estaba preparada para estar sola ahora. ¿Eso la hacía débil? —Yo siempre estaba nervioso después de una pelea. La descarga de adrenalina puede mantenerte excitado durante horas. Después te derrumbarás. Kat levantó la mano, estudiándola. —Todavía no puedo creer que lo hice. —Se había defendido y había ganado. —Le rompiste la nariz, según Sloane. Él dijo y cito: Fue jodidamente hermoso.

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Una sonrisa de idiota la sorprendió. —¡Vaya poeta! —Habría pagado por verlo. Ese cabrón se lo merecía. Tomó la mano de ella entre las suyas, deslizando los dedos por su muñeca. Ella puso los ojos en blanco. —Sloane ya ha comprobado mi mano. Está bien. No me duele. —Probablemente te dolerá mañana. —No me importa. Valió la pena. David estaba tan asombrado. Él dijo: Me golpeaste. —¡Qué imbécil! Te puso un bisturí en la garganta. —Drake posó sus manos unidas entre ellos en la cama—. ¿Qué sentiste cuándo lo desarmaste? Se recostó sobre las almohadas que Drake había apilado. —Un gran alivio. No solo por defenderme, sino también por averiguar la verdad al fin. Durante todos estos años era tan frustrante no poder recordar lo que había sucedido. Todavía no puedo recordarlo por completo y probablemente nunca podré. Pero sabía que el ataque no había ocurrido cómo David contaba y nadie me creía. —Te sientes reivindicada. Ella se estremeció al oír la palabra. —Mi madre dijo eso mismo, solo que sonó como una acusación. — Volviendo la cabeza, miró a Drake—. Pero ella tenía razón, me siento reivindicada. —Eres humana. —Me siento mal por lo que van a tener que afrontar en los próximos días, semanas… podría llevarles años recuperarse de esto. David nos engañó a todos. La única razón por la que me di cuenta fue porque Finn fue a por mí para que David siguiera trabajando para él. —Frunció el ceño, recordando la reacción de Marshall—. Mi hermano estaba investigando sobre David. Cuando llegó allí esta noche, nos dijo que Amelia y él habían hackeado el ordenador de David en el trabajo y habían encontrado un flujo de ingresos que no procedía de SiriX. Ellos suponen que David estaba vendiendo fórmulas patentadas de SiriX a Finn, que estaba fabricando fármacos falsificados para vender online y

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están examinando su ordenador en busca de pruebas. Esa clase de piratería es habitual en la farmacéutica. —¿Encontraron alguna prueba? Kat negó con la cabeza. —No y David lo niega. Aunque parezca extraño, le creo. El dinero que David hizo con los esteroides era un medio para conseguir la vida que anhelaba… ser un científico rico y reconocido, casarse conmigo y poseer una parte de SiriX. A su retorcida manera, estaba protegiendo SiriX y supongo que a mí también. Tanto es así que mató a Finn. Él dijo la verdad acerca de eso también. La policía encontró el cadáver de Finn exactamente como David confesó. —Fue todo tan surrealista—. David matando a Finn con una inyección letal está tan alejado del hombre que pensé que conocía. Una sabiduría fruto de la experiencia brilló en los ojos de Drake —Matar no es tan difícil como parece. Es vivir con ello después lo que puede quebrar a un hombre. Kat nunca imaginó que estaría aquí… sentada en la cama con un hombre que había matado a alguien. Había sido criada con la idea de que solo las formas más bajas de humanidad cometían actos de violencia. Y sin embargo, este hombre con el que estaba sentada ahora, en su opinión, había cambiado incontables vidas para mejor. Sus padres creaban fármacos para mejorar vidas y eso era importante. Pero Drake daba esperanza y orientación a chicos perdidos y eso no tenía precio. En muchos sentidos, él tenía una compasión y humanidad más auténticas que sus padres. Cada vez que respiraba contenía una nota de pesar por un único momento de su vida. Kat le apretó suavemente la mano. —No te quebró a ti. En cambio lo utilizaste como guía para ser un hombre mejor. —Un hombre al que había llegado a querer de una forma especial—. David estaba desmoronándose bajo la presión de sus secretos y la culpa que se negaba a aceptar. Cuando le dije que los esteroides habían llevado a Ethan a tener un ataque al corazón, dijo que Ethan no era importante. —Ella se inclinó, abrazándolo—. Tú no eres como David. Los ojos de Drake adquirieron un brillo.

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—Creo que me ayudaste a encontrar algunas de las palabras que necesitaba. Ella se recostó contra las almohadas. —¿Para qué? —Para escribir cartas a las personas que me importan. Cuando me haya ido, quiero que sepan lo importantes que eran en mi vida. Oh Dios, eso dolía. Trató de imaginar a Sloane leyendo una carta de Drake después de… desgarrador y, sin embargo, tendría algo a lo que aferrarse. Sara le había sido arrebatada sin una despedida o un te quiero. Sin conclusión. Kat no sabía que decir, excepto: —Vas a dejarles una inestimable parte de ti. Eso significará todo para ellos. —Maldita sea, no iba a llorar. —Tal vez para algunos, pero esta carta es para Evie. —Tocó el portátil cerrado que descansaba sobre sus piernas con tanta suavidad como Kat lo imaginaba acariciando el rostro de su amor perdido—. Quiero que sepa que lo siento. La amaba y aunque se suponía que debía protegerla, no tenía ningún derecho a quitarle a su padre. Espero encontrar las palabras que necesito a tiempo. ¿Era eso lo que mantenía a Drake despierto tan tarde? ¿Viejos remordimientos? ¿La necesidad de hacer las cosas bien? Kat aferró la mano de Drake entre las suyas. Quería darle la absolución, pero no podía. Kat no había estado allí aquel día. No sabía realmente si Drake había ido demasiado lejos. La realidad era que Drake creía que lo había hecho. La vida de un hombre estaba en su conciencia, al igual que el dolor de Evie. —Dile a ella lo que me has dicho a mí… la verdad. Y después dile que te ha convertido en un hombre mejor, que aprendiste de ese error y que esperas que sepa que aprendiste a amar… incluso si no podía ser ella. Drake miró al ordenador y después alzó los ojos hacia ella. —Sloane es un hombre con suerte. Kat era la afortunada. —Nunca habría encontrado el coraje para enfrentarme a todo lo que pasó esta noche sin él. Incluso ahora, no quiero ir a dormir sin él. — Bueno, Drake probablemente no necesitaba saber eso.

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Drake puso el ordenador a un lado y levantó el mando a distancia. —Vamos a ver la televisión hasta que Sloane descubra que has desaparecido.

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La sangre de Sloane hervía con violencia. Ver al gilipollas poniendo un bisturí en la garganta de Kat había encendido una posesividad que iba más allá de la cordura. Había estado dispuesto a matar al hijo de puta. Kat le había retenido con una simple súplica. Después había desarmado al gilipollas y un fiero orgullo había agarrado a Sloane por las pelotas. La deseaba, la necesitaba con un filo de violencia… Sí, había dejado que se fuera a la cama sin él. No podía confiar en sí mismo para meterse en la maldita cama con ella y no arrancarle la ropa. Kat no necesitaba ese lado animal de él. Todavía estaba curándose del accidente de auto y tratando de procesar todo lo que había pasado esa noche. No necesitaba que Sloane perdiera el control y la follara duro. Profundo. Hasta que supiera que ella estaba viva y era suya. Mierda. Sloane había hecho sus llamadas, revisado el video del entrenamiento de Foster y ahora caminaba de un lado a otro de su despacho. Echó un vistazo a su reloj. Cerca de la medianoche. Kat tenía que estar dormida a esta hora. Se deslizaría en la cama y tiraría de ella hacia él. Eso le calmaría. Mientras ella estuviera dormida, mantendría el control. Salió de su despacho. Un minuto más tarde Sloane miró confundido la cama vacía. ¿Dónde estaba ella? Pero solo había un lugar al que iría. Se dirigió al piso de abajo y se detuvo en la puerta de la habitación de Drake. —Se quedó dormida esperándote. Su corazón se hinchó al verla acurrucada junto a Drake. Su largo cabello desparramado sobre un lado de la cama. Tenía la mano de

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Drake apretada entre las suyas. Se acercó más, incapaz de apartar la mirada de ella. —Parece que la descarga de adrenalina le pasó factura. —Se apagó como una luz. No quería estar sola. Esperó la punzada de culpa por dejarla sola, pero no llegó. Kat le había estado dando espacio como él se lo había dado a ella después de que hubieran discutido la otra noche. En cambio, había ido a Drake, encontrando su propia forma de conseguir el consuelo que necesitaba. O tal vez ella estaba consolando a Drake. Probablemente un poco de ambos, a juzgar por la mirada satisfecha en los ojos de Drake. —¿Voy a tener que luchar contigo por mi mujer? Su boca se curvó. —¿Crees que eres lo suficientemente bueno? —¿Para luchar contigo? Cuando quieras. ¿Para Kat? —Sloane trazó uno de sus mechones de color rosa. —No. —¿Cómo podía alguien como él ser lo suficientemente bueno para Kat? —Sé lo suficientemente bueno, Sloane. Una mujer como Kat solo viene una vez en la vida. Él no tenía una respuesta a eso. ¿Por qué sentía que sin importar la elección que tomara, iba a tener una consecuencia insoportable? Si dejaba vivir a Foster, ese hijo de puta iría detrás de lo que Sloane amaba. Si mataba a Foster, Kat le miraría como había mirado a David esa noche. Era una elección imposible.

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E

l miércoles por la tarde, Sloane se situó en el extremo de la cama de Drake, con los brazos cruzados y luchando por su preocupación impaciente mientras el médico hacía el examen.

Drake lo miró. —Zack no tenía que llamarte ni a ti ni al médico. —Lo tenía que hacer si quería mantener su trabajo como una de tus enfermeras. Sloane no estaba jugando sobre esto. La enfermera le había llamado por teléfono y le dijo que Drake tenía un poco de fiebre, por lo que Sloane dejó todo y volvió a casa. El médico presionó el estetoscopio en la espalda de Drake. —Tosa, Sr. Vaughn. La tos áspera provocó que Drake hiciera una mueca de dolor. Finalmente, el médico cerró la maleta. —Vamos a hacer una inyección intravenosa con antibióticos y fluidos. —No quiero una inyección intravenosa. Sloane no podía estar quieto por más tiempo. Agarró la camisa del extremo de la cama y la dejó caer sobre la cabeza de Drake, luego lo sentó y lo recostó. Ignoró el mal humor. Sloane estaría cabreado también si su cuerpo lo traicionara progresivamente, cada día más sin piedad, metódicamente quitando una capa tras otra de su dignidad e independencia. —Hazte la inyección intravenosa. Sin hospitales, sin medidas extremas. Te escucho, lo entiendo. Le gustara o no, tenía que honrar eso. Drake estaba cansado.

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Sloane podía ver la muerte correr más lejos en los ojos del hombre cada jodido día. Pero no iba a enviar a la muerte una invitación grabada dejando que una infección se hiciera un hueco sin darlo todo. —¿Si no lo hago? ¿Estás pensando en obligarme? Sloane golpeó su mano profundamente en el colchón. Podía hacerlo y ambos lo sabían. Sloane estaba listo y dispuesto a luchar como el infierno para mantener a Drake con él. Pero esa no era su elección. Pasaron los segundos mientras luchaba con la mandíbula cerrada y los cuchillos tratando de cortar su pecho. Estaba perdiendo el control de todo en su vida. Drake se estaba muriendo. Ethan había tenido un ataque al corazón. El hijo de puta de Foster rondaba a Sara en su tumba. Tuvo que contenerse de la protección de Kat cuando David la amenazó con el bisturí. Y si mataba a Foster, perdería a Kat. ¿Cómo elegir? Pero esta elección sobre la inyección intravenosa no era suya. —No. —Se obligó a abrir la mano y agarró el hombro de Drake—. Pero te estoy pidiendo que lo hagas. Por favor. Drake mantuvo su mirada y luego asintió. Dos horas más tarde, Drake dormía y la frustración montó a Sloane duro, llevándolo a su estudio. Vestido solo con pantalones cortos y cintas en las manos, subió la música, fue a través de su estiramiento de calentamiento y luego se dirigió al saco pesado. Al mismo tiempo, en su cabeza, oyó el tictac del reloj hacia la muerte de Drake y la elección de Sloane. ¿Dejar a Foster vivo, dando la espalda a la memoria de Sara y vivir cada momento con el temor de encontrar a Kat violada y asesinada como Sara? ¿O matar a Foster y ver morir el amor de Kat?

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Kat abrió la puerta al estudio del garaje. Un oscuro y palpitante ritmo golpeaba desde los altavoces, pausado solo por el intenso ruido.

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Intensidad crepitó en sus venas y su aliento salió con fuerza al ver a Sloane. Vistiendo solo pantalones cortos, se movía con velocidad cegadora mientras atacaba el saco a patadas y puñetazos. Su espalda hinchada y liberada, sus brazos poderosamente flexionados y cuando saltó y giró en una patada voladora, la fuerza de Sloane atravesando el aire creó una brisa. Aterrizó en cuclillas, sus muslos y pantorrillas estallando con sus músculos bajo su piel bronceada. Casi podía sentir su dolor en el aire. —Kat. Ella se acercó a él. —Estoy aquí. Se puso de pie frente a la pesada bolsa, las manos hacia abajo, la cabeza caída. —Se está muriendo. Sus ojos estaban borrosos, pero ella parpadeó eso lejos. Por mucho que le dolía la pérdida de Drake, lo que Sloane estaba sufriendo era un millón de veces peor. —Hoy no. Lo había dicho Drake. Le dijo que estaba decidido a vivir hasta que Sloane se enfrentara al asesino de su hermana y que por eso había estado de acuerdo con la inyección intravenosa que odiaba. Luego le había dicho a Kat que fuera a buscar a Sloane. Sloane se giró, su mirada deslizándose sobre su rostro y hacia abajo a su ropa de entrenamiento y a sus pies desnudos. Luego volvió la mirada hacia arriba. —¿Por qué estás vestida para entrenar? —Pensé que podrías necesitar un compañero de entrenamiento para quemar algo de tu tensión. Mi turno para hacer una pregunta. ¿Por qué están tus manos vendadas? —Protejo mis nudillos y el hueso de la muñeca cuando golpeo. —Él caminó en su espacio, virutas de oro brillando en sus ojos—. Y no hay una jodida manera de que entrenemos. Estoy demasiado nervioso y tu todavía estas un poco dolorida.

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La sangre de Kat hirvió en el segundo en que él se puso frente a su cara. —Es bueno saberlo si alguna vez tomo boxeo. —Entonces ella sonrió—. Y el combate estaba ocurriendo. —Lo digo en serio, Kat. Ve adentro. Ya fue suficientemente malo contenerme ayer y dejar que desarmaras al idiota. No puedo contenerme ahora. Su olor la inundó, jabón, sudor y una agitación profunda que la sacudió hasta sus dedos del pie, su cálido aliento rozó su cara. —Entonces realmente va a apestar para ti. Las cuerdas en su cuello sobresalían. —¿Qué? —Si no te defiendes. —Ella dirigió un golpe hacia su cara. Sloane bloqueó con su antebrazo como si estuviera cepillando a una mosca. —Basta. Mierda, era como golpear cemento. —No va a pasar campeón. ¿Sabes por qué? Ella da un paso atrás y se deja caer en su posición de combate. Sloane la miró. —¿Por qué? —Porque así no es quienes somos nosotros. Nosotros no nos contenemos el uno con el otro. Ayer por la noche necesitabas un poco de espacio, te lo di. Esta noche, tu suerte se agotó. Equilibrándose sobre su pierna mala, clavó su pierna izquierda en un rodillazo. Sloane saltó hacia atrás, sus ojos se estrecharon mientras rebotaba sobre las puntas de sus pies. —Gatita, tienes una oportunidad. Aléjate. O voy a por ti. Poco a poco, empezó a tirar de la cinta de una de sus manos.

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La forma en que a propósito desenrolló esa larga tira de cinta, secó su boca. Hormigueos saltaron en su piel, despertando sus pezones. —¿Y? Sloane enrolló la primera tira de la cinta alrededor de su cuello como una toalla y comenzó a desenvolver la segunda mano. —Te llevaré a la colchoneta, arrancaré tu ropa y te daré toda la fuerza de mí mientras te follo. —Sloane arrojó la segunda tira lejos y fijó su dura mirada en ella—. Corre. Una ráfaga de ardiente deseo se apoderó de su corazón. Él necesitaba esto, necesitaba algún tipo de liberación que fuera más profundo que la lucha o un revolcón. —No huiré de ti. —Ella apuntó un golpe directo a su plexo solar. Sloane tomó su mano, atrapando su antebrazo, y tiró. —No puedes vencerme. La tira de la cinta atlética colgando de su cuello colgaba entre ellos, burlándose de ella. ¿Por qué se había lanzado a un lado y se mantuvo el otro? ¿Quería saberlo? Claro que sí. Kat amplió su postura, se inclinó, empujando su codo para forzar la muñeca de Sloane en una curva poco natural y aflojar su apretón, luego empujó su brazo hacia arriba, rompiendo el agarre. —Tengo ventaja. Tienes miedo de hacerme daño. Sloane avanzó hacia ella, bloqueando cada golpe con una facilidad ridícula. Antes de que ella pudiera planear un movimiento, él se abalanzó, curvando un brazo detrás de su hombro y barriendo sus piernas con el otro brazo. Cayó de rodillas y la acomodó en la colchoneta. Aturdida, Kat trató de rodar lejos. Él pasó una pierna sobre ella, montado sobre sus caderas, le cogió las manos. Jesús, era rápido. Escuchó su propio jadeo sobre el ritmo de la música. Él apretó sus muñecas a la colchoneta y se inclinó. —No vuelvas a pedirme estar allí y no hacer nada mientras luchas contra un hombre sosteniendo una cuchilla en ti otra vez.

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Ella dejó de luchar, fascinada por el hombre sujetándola contra el suelo. Furia irradiaba de él. —¿Estás enojado conmigo? —Estoy tan jodidamente orgulloso de ti que apenas puedo respirar. — Un latido pasó—. Pero eres mía. Protejo lo que es mío. Tuve que observar con impotencia cuando estuviste en esa limusina fuera de control y luego simplemente quedarme allí de pie anoche. —Su mandíbula se apretó, sus hombros sobresalían, sus venas explotaban y aun así él deslizo un dedo tiernamente a lo largo del moretón de su cara. —Estoy bien. —Eres mía. —Salió un rugido—. Estás en mi estudio, tengo el control ahora. —Soltando sus muñecas, atrapó el extremo de su camisa y la desvistió. La lanzó a un lado. El aire acondicionado golpeó su piel expuesta, enfrentándose con el calor. Todo lo que ella llevaba ahora eran sus pantalones medio bajados y a Sloane sobre ella a horcajadas. Él arrastró un dedo por su garganta a la curva de su seno para burlar su pezón. Ella siseó, conmocionada por el caliente rayo de fuego que se disparaba derecho hacia abajo. Demasiado, demasiado rápido. Era toda la emoción turbulenta entre ellos inflamando su deseo. La necesidad de ser llenada y reclamada por él aumentó, robándole su aliento con esa intensidad. Ella le agarró la muñeca, tratando de aferrarse a su sensación de poder. No quería dárselo sin luchar. Quería tomarlo. Su mirada fijó la suya. —Demasiado tarde, nena. Tengo el control. Lo miró a los ojos, midiendo lo que necesitaba, lo que ambos tenían juntos. No contenerse. Eso es lo que tenían. —¿Crees que soy tan débil, tan fácil de vencer? —Dejó caer su mano como rindiéndose.

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Se retorció sobre su vientre, escarbando para deslizarse por debajo de él. Se levantó unos centímetros antes de que la agarrara por la cintura y la levantara sobre sus rodillas tirando de su espalda contra su pecho. Uno de sus brazos abrazó fuertemente sus costillas. —¿Sientes lo que has hecho conmigo? —Presionó su polla hinchada contra su espalda. Sloane pasó la mano por su vientre, debajo de sus pantalones. Gruesos dedos se burlaban de su unión, cepillando hacia atrás y adelante. Lamió la hendidura de su oreja y luego exigió con voz grave: —Abre las piernas. Ella quería. Oh Dios, quería más del éxtasis helado-caliente que su toque invocaba. Incluso su aliento en su cuello la hizo estremecerse de placer. Solo él la hacía sentir así, tan malditamente viva y bien para ser ella misma. Podía aguantar una pelea sabiendo que estaba a salvo con él. —No. —¿Quieres que gane, gatita? ¿Obligarte a que te entregues a mí? —Pasó la yema de su dedo a lo largo de su hendidura, haciendo que le doliera el clítoris de necesidad. Era todo lo que ella podía hacer para no mover sus caderas contra él—. ¿Quieres sentir lo que es cuando giro tu control y le doy a tu coño lo que anhela? Oh, lo quería, tanto que debería estar asustada. No emocionada con el corazón palpitante. Él le hacía esto, desnudándola hasta dejarle con esta básica y real necesidad que crepitaba entre ellos. —Dímelo. —Él pellizcó su pezón, lo suficiente para llamar su atención, mientras su dedo mantenía esa caricia enloquecedora a lo largo de sus pliegues—. Puedo sentir tu vagina diciendo caliente, resbaladiza y muy húmeda, fóllame ahora, sí. —Metió un dedo en sus profundidades—. ¿Cuál es tu respuesta? —Sí. —La palabra se disparó de su pecho. Era todo lo que podía hacer para no presionar hacia abajo en su dedo, montarle. Su bajo vientre se estremeció, tratando de hacerlo apretar a su alrededor. Abrió su boca caliente sobre su cuello, lamiendo y mordiendo mientras lentamente deslizaba su dedo dentro y fuera. No era suficiente. Lo que llevó su frustración hasta la ebullición. Movió su boca de nuevo a su oído.

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—Una vez más, abre tus piernas y llegaré fácil en ti. Nunca. Ella no quería que fuera fácil, quería empujar a Sloane como él la empujó. Kat estiró su cuerpo hacia arriba, fuera de su dedo penetrante. Haciendo caso omiso de la punzada en su pierna, se lanzó hacia adelante, golpeando sus manos en la colchoneta. Antes de que pudiera escapar, Sloane estaba en ella, con sus muslos sujetándola alrededor de sus caderas. Aún de rodillas, él la forzó abajo hasta sus codos, su cuerpo cubriendo su espalda. Su gruesa erección palpitaba contra su trasero. Él se rió entre dientes, el rico sonido rodando sobre sus terminaciones nerviosas. Con una mano sosteniendo sus muñecas clavadas, señaló la larga tira de cinta alrededor de su cuello. Kat abrió mucho los ojos. Para eso era la cinta. Trató de resistirse, intentó liberarse, pero él la sostuvo inmovilizada debajo de él. Observó fascinada con entusiasmo como enrolló la cinta alrededor de sus muñecas, cubriéndolas. —No golpees, chica pastelera. Estás atrapada donde quiero. Como te quiero. Permaneciendo en tus antebrazos manteniendo la presión sobre tus rodillas. Él se movió hacia atrás y arrastró sus pantalones. Dejándola de rodillas con el culo al aire. El aire frío golpeó sus pliegues sobrecalentados, haciéndola dolorosamente consciente de que estaba expuesta, vulnerable. Pero tenía razón, había muy poca presión en la rodilla. Entonces él cayó sobre ella, su piel caliente abrasando la suya, fundiendo su incertidumbre, dejando esa necesidad de ser llenada por él. Sloane puso su boca contra su oído. —¿Quieres que siga adelante? ¿Obligarte a tomar mi polla? —Rozó sus labios sobre su cuello, sus dedos jugando con sus pezones—. ¿Quieres que te folle tan duro, que gritarás cuando te corras? El hormigueo corría y bailaba, lo que la hizo retorcerse. Las lágrimas picaban en sus ojos por la desesperante rabia construyéndose en su interior. Ya no necesitaba la capacidad de golpearlo fuera, no cuando ella estaba con él, el hombre al que amaba y confiaba. —Sloane.

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—Dilo. Di que vas a entregarte. Calor estalló sobre él, con la voz áspera por la necesidad. Si lo dijera, lo último de su control se rompería. Todo en ella está apretado con anticipación mientras él tomaba una mano, la mano que usaría para guiar su polla dentro de ella. Si dijera sí. Solo entonces. Kat había pensado que ella quería tomar el poder y el control, pero esto era mucho más sexy. Voluntariamente dejándole atarla, desnudarla, se abrió para su placer. Tan caliente que casi sollozó su respuesta. —Me entrego. Solo a ti. Siempre. La música construyó un ritmo palpitante mientras Sloane empujaba su polla dentro de ella, estirándola y llenándola. La deliciosa quemadura encendió sus nervios en llamas. Sloane se irguió, colocando sus manos alrededor de sus caderas, tirando de ella hacia arriba y hacia atrás contra su empuje. Su polla golpeó tan profundo que ella gritó. ¿Dolor? ¿Placer? No sabía, sus sensores estaban confusos. Solo lo necesitaba. Tenía que tener esa intensa sensación una vez más. Tenía las manos atadas, pero arañó la colchoneta. —Otra vez. —Joder. —Salió un gemido torturado mientras volvió a hacerlo. Golpeando en ella, deslizándose más allá de sus nervios, luego golpeando una y otra vez esa carga sensorial, conduciéndola tan alta que no podía dejarla ir. —Sloane. Por favor. —Los estremecimientos la sacudieron. Su pene creció, palpitó. Cada respiración se burlaba de ella sin piedad. Su clítoris palpitaba. Todo en ella se apretó demasiado. Sloane la echó hacia atrás sobre sus rodillas, empujando profundamente. Apoderándose de su coleta, giró su cabeza, besando a lo largo de su mejilla. —Te tengo. —Cepillando dos dedos sobre sus labios, dijo: —Chupa. Mójalos para mí.

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Abrió su boca tomando sus dedos, chupándolos, saboreando su piel y a ella misma. Codiciosa por más de él, de ellos, enrolló su lengua alrededor de sus dedos. —Jesús, gatita, lo que me haces. —Salió un bajo gruñido que vibró contra su espalda. Él sacó sus dedos y luego los deslizó por su vientre hasta acariciar su clítoris. Espigas del calor ardieron. Kat jadeó, meciéndose en su polla y luego hacia abajo en sus dedos. Lo persiguió, lo necesitaba, quería lo que solo Sloane podía darle. —Ahora. Déjame sentir tu coño exprimir mi polla. —Pellizcó su clítoris y se estrelló contra ella. —Oh, oh… —Se desplomó, llegando tan duro que un sonido chillón salió de su garganta. Sloane le pasó un brazo alrededor de su cintura, abrazándola con fuerza. —Sí, Dios, Kat. ¡Joder! —Cada empuje desigual seguía aumentando su placer. Él estaba llegando, chorreando contra sus paredes sensibilizadas, jadeando con dureza contra su cabello. Ella le había hecho esto, lo impulsó a perder completamente el control y la impulsó a ella con él.

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S

loane apiló los platos en el lavavajillas mientras Kat guardaba las sobras de la cena. —Me sorprende que no tengas una empleada que cocine para ti.

—Contraté a un nutricionista y un cocinero para Drake, pero él lo odiaba. —Sloane cerró el lavavajillas, después sacó el vino y sirvió dos copas. Entregando una a Kat, la guió de vuelta a la terraza donde acababan de cenar. El vestido de verano que Kat se había puesto después de ducharse flotaba alrededor de sus muslos mientras ella se acomodaba en la mecedora para observar la puesta de sol—. ¿Te gustaría que contratara a alguien para que cocinara para nosotros? —¿A mí? —Ella se giró hacia él, el sol atrapando los sexis reflejos rosas de su cabello—. No. Quería decir para ti. —Para nosotros. Ahora viajo muy poco y no voy a eventos. Quiero estar aquí. —Miró de nuevo hacia la casa donde Drake estaba durmiendo—. No suelo estar en casa mucho para cenar. Generalmente tengo negocios o… —Cállate, idiota. —Acompañantes a las que impresionar. Sloane se volvió hacia ella. —Tú eres la única, Kat. Eres la única a la que quiero impresionar. —No tienes que impresionarme. Él vaciló ante el comentario. ¿Odiaba preparar la cena juntos y limpiar? Él tenía personal de limpieza que se encargaba de la casa y de la colada, pero lavar los platos no era un problema para él. Sin embargo, tenía que ser un trabajo más pesado para ella. Trabajaba en una cocina desde la mañana temprano hasta la tarde. No la había llevado a sitios agradables ni había presumido de ella. —Quiero salir contigo, pero es complicado ahora mismo. ¿Te importa mucho? —Si le importaba, encontraría la forma de llevarla a un restaurante de cinco estrellas o a cualquier otro lugar al que deseara ir.

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Ella negó. —Esto es mejor. No tengo que preocuparme por tropezar o tener un ataque de pánico. Esto es bueno para mí, simplemente relajarme en tu terraza, comer un salteado, ser capaz de tomar un poco de vino y no preocuparme por avergonzarte. Eso… Mierda. ¿Cómo podía preocuparse todavía por eso? Pensó Sloane en el domingo por la noche, cuando regresó a casa para encontrarla cuidando de Drake, encargándose de una situación desagradable que habría llevado a cualquier otra mujer a salir corriendo. No a Kat. Y esa misma tarde, cuando él había estado desquiciado por la ira y el dolor, ella estaba ahí, dejando que la tuviera de la forma en que él la había necesitado. La forma en que ella se había entregado completamente a él todavía le quitaba el aliento y hacía que su polla palpitara. Ella había confiado en él incluso cuando él no había estado seguro de que pudiera confiar en sí mismo. Esas eran las cosas que amaba de ella. —Tú nunca me avergüenzas. Ella le dirigió una pequeña sonrisa y se volvió hacia las olas. ¿Le creía? Él se estiró, tomando su mano. —Vamos a pasarlo bien en la casa de Kellen el sábado por la noche. ¿Vas a necesitar ayuda para mover la tarta? —No. La madre de Kellen, Sunny y yo vamos a hacer la tarta juntas. Si necesitamos ayuda, su padre nos echará una mano. —Ella le sonrió—. No se lo digas a Kellen. Su madre ha tenido el diseño todo este tiempo. Trabajamos juntas en él, pero ella lo guardaba. —¿Así que habéis estado torturando a Kel solo por diversión? Ella alzó el vaso de vino en un simulacro de brindis. —Cada vez que podíamos. Sloane se echó a reír. Kat bebió un poco de vino antes de girarse hacia él. —Le dije a Ana hoy que siguiera adelante y enviara los videos a los tres programas de repostería. También hemos subido el tráiler a mi página web.

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Eso le sorprendió. —Han pasado tantas cosas, realmente no hemos hablado de ello. ¿No son las cosas un poco caóticas ahora? Ella se encogió de hombros. —Me imagino que no sabré nada durante unas semanas. David ya no es una amenaza. Kellen está empezando en un nuevo trabajo y se mudó a su casa con Diego. —La brisa se apoderó de su cabello, arrastrándolo hacia su cara. Kat atrapó el mechón rebelde y le dio vueltas—. Supongo que albergaba la ridícula fantasía de que si conseguía que David contara la verdad, las cosas cambiarían con mis padres. Los llamé hoy y dejé un mensaje. No me han devuelto la llamada. No podía arreglar eso por ella. Sloane odiaba no ser capaz de darle a Kat unos padres que la valoraran por la mujer que era. —Ellos no te merecen. Ella metió el cabello detrás de la oreja. —Está bien, me estaba asegurando. Tú no tenías realmente familia después de perder a Sara así que construiste SLAM. El trabajo y el entrenamiento son tu vida. Sugar Dancer es la mía. Pase lo que pase, tendré Sugar Dancer. Su corazón se recubrió de hielo. —¿Pase lo que pase? ¿Estás hablando de nosotros? Los dedos de Kat se tensaron. —Un poco. —Vi la forma en que miraste a David después de descubrir que había matado a Finn. —Él tenía que saberlo—. ¿Me mirarás a mí de la misma forma cuando mate a Foster? —La única cosa peor que eso sería encontrar a Kat violada y asesinada como había encontrado a Sara. Ella tomó aliento y después negó. —Eres un buen hombre. Nunca has mentido sobre tus creencias o que piensas que la violencia es una parte muy real de la vida. David es un hipócrita que dejó que el miedo y la obsesión lo llevaran al acto cobarde de matar con una inyección letal. Nunca te miraré como lo miré a él. ¿Había una posibilidad de que ella se quedara con él?

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—No voy a hacer lo que hizo David y acercarme sigilosamente a un hombre con una jeringuilla. Le voy a dar a Foster la oportunidad de defenderse. —¿Significaba eso algo para ella? ¿Podía entender que tenía que hacer esto, tenía que tomar partido por Sara cuando todo el sistema la había mirado como si fuera desechable? Kat posó la mirada en él. —Si él te mata, no creo que yo pueda sobrevivir. Dijiste que él te culpa de arruinar su vida y te odia tanto como tú le odias a él. Sloane sostuvo su mano con más fuerza. —No pienses en eso. No me matará. Confié en ti anoche cuando David sujetaba un bisturí contra ti. Confía en mí en esto, no perderé. —¿Y si él se rinde? No le mentiría. —Él no le dio la oportunidad de rendirse a Sara. Ella tomó un sorbo de su vino. —Después de enfrentarme a David, entiendo que necesitas enfrentarte a él. Foster se ha convertido en lo más importante para ti. La ansiedad le retorció las tripas. —¿Crees que es más importante que tú? —Kat lo era todo para él. Parte de la razón por la que quería matar a Foster era para mantener a Kat a salvo de él. Ella le apretó la mano. —Me has hecho sentir importante Sloane. Nadie me ha hecho sentir como tú. Te quiero. Pero ¿le amaba lo suficiente para perdonarle? Sloane tenía que saber. —¿Te marcharás si lo mato? —¿Si? ¿Cuándo empezó a pensar en si en vez de cuándo? Ella se acercó inclinándose sobre los brazos de las dos sillas, con el cabello derramándose sobre los hombros desnudos y los ojos rebosando sinceridad. —No tomes esta decisión por mí, Sara, Drake o tu madre. Tiene que ser por ti. Entra en esa jaula y haz lo que tú decidas, nadie más.

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Confundido, preguntó: —¿Es una prueba? —Ella había estado tan molesta cuando se enteró de todo esto por su madre. Le dijo que no podría hacerlo. ¿Qué había cambiado? ¿Tenía que demostrar su amor por ella? ¿Hacer una elección? Ella le acarició el brazo. —No. Soy yo amándote y apoyándote. Como tú hiciste por mí. No lo era… ¡Jesús! Él la agarró por el brazo, alzándola hasta ponerla sobre su regazo. Rodeándola con los brazos, Sloane luchó contra el nudo que tenía en la garganta. Esto era lo que se sentía al ser amado. Ponía a un hombre de rodillas.

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—Espléndido Sunny. No has perdido tu toque. —Kat rodeó la tarta que habían llamado «Escalera al amor». Habían usado una base cuadrada apilada, creando peldaños de pasta de azúcar que subían hasta la última capa que tenía la forma y decoración de una casa. Cada paso representaba un hito en las vidas de Diego y Kellen hasta el momento. Había llevado una semana formar todas las piezas, pero Sunny había hecho la mayor parte del trabajo en la casa. Era realmente asombroso. —Gracias. —Sunny se dejó caer en una silla—. Fue divertido. Espero que les guste. Kat cogió un par de botellas de agua y entregó una a la otra mujer. —Será mejor que les guste o no habrá más galletas ni brownies para ellos. —Esa es mi chica. —Sunny se rió—. A Diego le encantan tus galletas. —Por favor, el hombre no ha conocido una galleta con la que no quisiera casarse. Él es una puta de las galletas. —Cierto. Pero… —Kat, umm, siento interrumpir. —Ana vaciló en la puerta. —¿Pasa algo? —Se puso de pie.

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—Tu madre está aquí preguntando por ti. Bueno, dijo que es tu madre y se parece a ti. —¿Mi madre? —¿Aquí en Sugar Dancer? Sería la primera vez. Sus padres no habían devuelto sus llamadas. Kat había hablado con Marshall varias veces, pero no sabía nada de sus viejos. Ana se encogió de hombros. —Podría decirle que saliste a hacer una entrega. Esa era la razón por la que Ana estaba tan incómoda, no estaba segura de si Kat quería ver a su madre. —Está bien. Saldré en un minuto. —Forzando una sonrisa, añadió—: Gracias. Ana asintió y salió. —Puedes manejar la situación. Ella miró a Sunny. —Nunca ha venido aquí antes. Ni siquiera cuando fue la inauguración. —¿Había pasado algo más? ¿Tal vez con su padre? —Ella está aquí ahora. ¿Quieres que vaya contigo? Sunny lo haría. Ella y Doug habían protegido a Kat cuando trabajaba para ellos, dejando que se escondiera en esta misma cocina mientras luchaba contra su miedo y sus ataques de pánico. Pero Kat ya no era esa chica y Sunny tenía razón, podía manejarlo. —Gracias, pero lo tengo controlado. La mujer mayor sonrió. —Ya lo sé. Estoy aquí mismo si me necesitas. Tomó aliento y se dirigió hacia la parte delantera. Su madre estaba al otro lado del mostrador de la pastelería. Llevaba unos pantalones de color crema y un top que combinaba con sus ojos. En su mano había una bolsa de color dorado con asas. —¿Mamá? ¿Va todo bien? Diana se giró hacia ella, dando a Kat una vista de cerca del cansancio grabado en su delicada piel.

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—Ha sido una semana difícil. La FDA rechazó completamente el fármaco para el Alzheimer, SiriX está siendo investigada y la policía tenía órdenes judiciales para el despacho de David, el laboratorio y los ordenadores. Es un desastre. Todo lo que sus padres habían construido estaba ahora bajo escrutinio. —Lo siento, mamá. —Marshall está furioso. Ella bajó la vista a sus manos. —He hablado con él. No parecía enfadado conmigo. —No contigo Kathryn, con tu padre y conmigo. Quiere que demos un paso atrás y él asumirá el control de SiriX para que la empresa consiga superar esta dura experiencia. Ella levantó la cabeza. —¿Marshall dijo eso? —En una reunión, ayer. Nos cogió por sorpresa también a nosotros. —Pero… —Por lo que Kat sabía, su hermano nunca había estado interesado en dirigir SiriX, él solo quería hacer su investigación. Pero, Marshall tenía capas, profundidades ocultas. ¿Y Kat le había preguntado alguna vez cuáles eran sus metas? Hablaría con Marshall más tarde—. Mamá, ¿por qué me estás contando esto? Ya no poseo ni una parte de SiriX. No hay nada que pueda hacer para ayudar. —Ellos le habían quitado su porcentaje cuando renunció. Además, respaldaría a su hermano sin dudarlo. Su madre miró a su alrededor. —Esto es bonito. Kat no sabía lo que estaba pasando. Hacía menos de una semana, Diana se había referido a su pastelería como diabetes y enfermedades del corazón en un bonito paquete. —¿Quieres algo de beber? Tengo café y refrescos o agua. —En otra ocasión. Solo vine para traerte esto. —Dejó la bolsa dorada en el mostrador. Kat no conseguía orientarse.

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—¿Qué es? —Es la caja de música que la abuela te dio. Dijiste que la querías, así que te la traje. Kat metió la mano en la bolsa y sacó la caja cuidadosamente envuelta. Una vez que la tuvo libre del papel, su corazón se hinchó. Diana lo había hecho por ella. Tal vez había esperanza para ellas. —Gracias. Ella apretó los labios. —Mi madre me dio una cuando yo era pequeña. Me dio igual. Yo quería un juego de química y una muñeca de anatomía humana. Kat podía verlo totalmente y sonrió. Ella no había querido los juguetes educativos que sus padres le compraban. —Ahora desearía haberla conservado. —Su madre puso las manos en la parte superior del cristal—. No somos tan diferentes, tú y yo. Las dos rechazamos lo que nuestras madres querían para nosotras. Su madre lo estaba intentando. —Probablemente no. —Excepto que su abuela había estado orgullosa de Diana. Pero su madre había dado un gran paso al traerle la caja de música—. Trabajo muchas horas como tú y me estoy volviendo cada vez más ambiciosa a medida que me hago más fuerte. Un esbozo de sonrisa alivió un poco la tensión en la cara de su madre, después desapareció. —He estado pensando durante días en lo que debía decirte. Todavía no lo sé. —Ella encogió los hombros—. No entiendo cómo podía estar tan equivocada sobre tantas cosas. Kat vio la encrucijada que se abría delante de ella. Podía aferrarse a la ira y tomar el camino de la amargura o podía girar hacia un camino que podría conducir a algún tipo de relación. —Yo también estaba equivocada. Durante mucho tiempo estuve intentando ser alguien que no era. Y no creo que alguna vez haya amado realmente a David. —No como amaba a Sloane—. Pero mentí a todos, incluyéndome a mí misma, tratando de amarlo. Tratando de ser lo que pensaba que debía ser en vez de lo que soy. —A Kat no le entusiasmaba tener esta conversación donde los clientes que quedaban,

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empleados y guardaespaldas podían oírla, pero al menos ella y su madre estaban hablando. Su madre la estudió durante un largo segundo. —Solía estar celosa de cómo hablabas con la abuela y de cómo las dos reíais juntas. Yo quería eso mismo pero no sabía cómo conseguirlo. Cómo llegar hasta ti. No parecía que tuviéramos nada en común. Podía hablar con Marshall, pero no sabía de qué hablar contigo. Cuando empezaste a salir con David y te prometiste, teníamos algo en común. Kat casi dejó caer la caja de música por el shock. —Mamá… —No sabía qué decir. Su madre era tan inteligente. ¿Cómo era posible que no supiera cómo hablar con su propia hija? Pero Diana era más que un coeficiente intelectual. Era humana con defectos como cualquier otra persona. —No es culpa tuya. Es mía. —Ella señaló con la cabeza hacia la mano de Kat—. Quería que tuvieras la caja de música. Y quería que supieras que lo siento. —Ella se dio la vuelta y salió. Después de meter cuidadosamente la caja en la bolsa, Kat la llevó a la cocina. Sunny estaba sentada al lado de la mesa de trabajo, con los ojos llenos de curiosidad. —¿Y bien? ¿Qué fue eso? Sintiéndose más ligera de lo que había estado en mucho tiempo, Kat dijo: —Creo que fue un comienzo.

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—Y

a sabes, este es el tipo de cosas que deja cicatrices emocionales permanentes en un chico. Es sádicamente cruel que mi madre y mejor amiga me hayan engañado.

Kat sonrió a Kellen. Estaban en el patio de lajas. La música retumbó desde los altavoces de sonido envolvente y Kel estaba ligeramente ebrio por lo que tuviese en la taza de plástico que sostenía. Fue genial verlo sano, relajado y disfrutando de la fiesta para celebrar que él y Diego eran los dueños de la casa. —Cállate, el pastel es impresionante. Tus invitados están hablando de ello. Ok, —se corrigió— podrían también estar hablando de lo genial que es tu casa, pero sobre todo de la tarta. —Eso no es todo de lo que están hablando. La gente está mirándote a ti y a Sloane. Ella no estaba pensando en eso. —Sloane llama la atención donde quiera que vaya. —Él estaba parado en el patio, hablando con Diego, Juan y algunos otros chicos. La camisa de manga corta dejaba sus brazos al descubierto y las mujeres se lo comían con los ojos. Esos vaqueros negros rozando sus glúteos y muslos poderosos me hacían agua la boca. Sí, la gente se le queda mirando. —A ti también, Kat. Los dos habéis estado en todas las noticias. Ese video de vosotros dos tiene ahora más de un millón de visitas. Arrancado su mirada de Sloane, miró boquiabierta a Kellen. —¿Tantos? —La gente tiene curiosidad por saber qué es lo que impulsa a un hombre poderoso a quererte. —Kel tomó un sorbo de su bebida. Kat debería haber conseguido un poco de vino o un trago de tequila.

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—¿Podemos hablar de otra cosa? —Incapaz de ayudarse a sí misma, ella cambió su atención a Sloane. Y, por supuesto, todas las mujeres lo miraban. La idea de las personas mirándola y preguntándose por qué Sloane estaba con ella alimentó sus propias dudas persistentes. ¿Sería suficiente para Sloane, una vez que Drake se hubiera ido y Sloane se recuperara? ¿O necesitaría de una mujer que encajaría en su estilo de vida poderosa y prominente? Basta. Sloane le había dado más amor y fuerza de lo que nunca había conocido, lo que ayudo a que aprendiera a gustarse a sí misma como ella era. Lo que tenían era especial, pero si quería seguir adelante algún día, lo dejaría ir sin culpa. Entonces ella mantendría siempre cerca el recuerdo de su amor. —¿Kat? ¿Ocurre algo? —No. —Volviendo a Kellen, cambió de tema—. Entonces, ¿qué es eso de una piscina? Escuche a Diego hablando de eso. Su mirada cayó sobre su rostro, evaluándola. —¿Estas realmente bien? —Lo estoy realmente. —Mostrando convicción en su voz. Lo decía en serio, estaba bien. Tal vez había dolor esperando por ella, pero al menos estaba viviendo y sintiendo. Cada día que tenia con Sloane valía la pena cualquier cantidad de agonía que podría enfrentar más adelante. Arqueó las cejas—. ¿Una piscina? Kel le debía haber creído. —No por un año más o menos. Quiero terminar de pagar mis préstamos de la universidad primero, mi nuevo sueldo y bonificaciones lo harán posible. Pero D. ama el proyecto. Tener un año para planificar una piscina es como un juego previo para él. Mi risa gorgoteo fuera, remplazando el episodio anterior de ansiedad. —Él se ve muy feliz. —Diego estaba describiendo algo con grandes movimiento barridos con sus manos—. ¿Mmm, Diego quiere un tobogán de agua para la piscina? —Esa era su mejor opción de la interpretación de sus gestos.

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—Bueno han pasado diez minutos desde la idea de poner una red de voleibol, así que probablemente. —Kel bajó y dejó su copa, le cogió su mano y se levantó—. Vamos a bailar. —De ninguna manera. No voy a bailar con toda esta gente aquí. —Fue diferente cuando todos estábamos pasando el rato en casa tratando de enseñar a Diego a bailar. Kat no era consciente de sí misma entonces. ¿Pero ahora? ¿Con todo el mundo aquí y la gente bailando en sus dos buenas piernas? No. —Vamos, Kat. Diego baila como un burro en patines. Por lo menos tú no pisas tan fuerte mis pies. —No, solo voy a caer en mi culo. —No te preocupes, que no vas a herir mis dedos de los pies en absoluto. Kat no podía evitarlo, era ridículo. Mirando a su alrededor, vio que Sloane y Diego habían desaparecido y John estaba bailando con Sherry. —Está bien. —Dejándole que tire de sus pies. Kel le sonrió mostrando sus hoyuelos. —¡Impresionante! —La arrastró hasta el centro de la zona de baile creado en el patio. Su buen humor era contagioso. —¿Cómo de borracho estás? —No lo suficiente para permitir que te caigas. Vamos a empezar lento. —Deslizó sus brazos alrededor de ella, una mano en su espalda—. Después podrá suscitarnos algunos problemas. Kat se animó. —¿Sí? ¿Quién es el objetivo? Kellen tenía un malvado brillo en sus ojos color avellana. —Estoy pensando en mi nuevo jefe. Debo estar a la altura. Kat miró bailar a John con Sherry. Totalmente. —¿Estas pensando en Dirty Dancing? —Es un clásico.

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Sloane asentía a la gente mientras iba a buscar a Kat. Diego le había estado mostrando la sala de cine en la casa y había perdido la noción del tiempo. La fiesta estaba en su apogeo, la música brotaba del sonido envolvente en el patio. La voz de Kat llamó su atención. —Kel, vigílalo en caso de que la deje caer. —No voy a dejar caer a mi esposa. —La voz de John era exasperada. Llegando a detenerse, Sloane ignoró la multitud que había despejado un espacio en el centro del patio sin bloquear a Kat. Estaba de espaldas a él. Maldición, se veía sexy como el infierno, llevaba una camiseta que mostraba su esbelta espalda casi hasta el culo. Sus jeans blancos abrazaban sus caderas hasta los tobillos y rematados con un par de sandalias planas de tiras azules. Había hecho algo para hacer que su cabello se ondulara suavemente. Como si sintiera su mirada, Kat se dio la vuelta, golpeando sus ojos. Esa sensación familiar dio una patada en su pecho, una conexión dulce y sexy que nunca había tenido con nadie más. Conciencia eléctrica ondulaba sobre su piel. Sabía por la ligera elevación de la ceja que estaba tramando algo. —¿Qué estás haciendo, gatita? Tenía la cara enrojecida, sus ojos chispeando travesuras. —¿Alguna vez has visto Dirty Dancing? —Es posible, pero desde luego no por voluntad propia. Hizo caso omiso de eso. —John va a hacer esa elevación del final de la película con Sherry. ¿Lo podrá hacer desde su otro lado? No dejes caer a Sherry. —¿Por qué tu mujer esta insultándome? —John exigió—. ¿Cuándo permití jamás dejar caer a mi esposa? Eso nunca sucederá.

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—Creo que la mejor pregunta sería ¿cómo diablos te obligo a hacer esto? —Sloane realmente quería saberlo. —Kat lo desafió. —Sherry le mostró su sonrisa de típica-chicaamericana—. Dijo que no podría hacer la elevación que Patrick Swayze hizo en la película. Es demasiado difícil. Él arqueó las cejas a Kat. Estaba acostumbrado a que las mujeres lo siguieran aferrándose y convirtiéndose en una molestia. No su chica pastelera que encontró la manera de mantenerse entretenida. ¿Una vez, ella se había escondido, pero ahora? Brillaba como la jodida Estrella del Norte. —¿Empezaste este problema, cuando te deje sola? Ella se encogió de hombros, los ojos muy abiertos e inocentes. —Kellen empezó. —¿De verdad lo hizo? —Se veía tan condenadamente deliciosa y el brillo en sus labios le hizo tener hambre por lamerlo. —Empezamos a hablar de la película más sexy mientras bailábamos. Sherry y yo le dijimos que era Dirty Dancing. —Error. —Sloane se preguntó cómo a las mujeres se les ocurría opciones poco convincentes—. Es Instinto básico. John asintió. —En mi top cinco. —Ese es mi punto, —Kat bufó—. Los hombres se niegan a reconocer que es Dirty Dancing, debido a la elevación. La mayoría de los hombres no pueden hacer una elevación controlada de una mujer sobre su cabeza. Están amenazados por ella. —Ah. —Ahora veía cómo esto había sucedido—. ¿En serio, John? ¿Caíste derechito en su trampa y dijiste que podías hacerlo? Su cuello se sonrojó. —Bueno, puedo. No jodas. John ni muerto podrías levantar el doble del peso de Sherry. —Gatita, ¿has hecho trampa a mi mejor amigo en una manifestación para tu diversión?

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Ella le lanzó una sonrisa completa que casi lo dejó caer de rodillas. —Considérate afortunado campeón. Podría haber conseguido que cayeras también. —No hay duda sobre eso. —Él se movió lo suficiente para ver sus pezones guijarros debajo de esa camisa azul bonito. Es evidente que no llevaba un sostén para torturarlo. Arrastró su mirada hasta la de ella—. Me tienes enamorado de ti. Sus ojos se las arreglaron para ampliarse más. —Sloane, silencio. Hay gente aquí. —Así es como funciona en una fiesta, chica pastelera. La gente se presenta a comer, beber y ver a hombres como John liados en cómo hacer una demostración de baile. —Hola. —John se cruzó de brazos—. Solo dije que podía levantar a Sherry en ese truco. —Amigo, has sido enredado por profesionales. Supongo que estos dos han hecho esto antes. Kat sonrió. —Si no puedo bailar, entonces, voy a ser el titiritero que haga que los demás bailen. Por Dios, su músculo cardíaco estaba haciendo cosas raras. Henchido con orgullo por ella y doblándose de dolor porque ya no podía bailar como una vez lo hizo. Pero Kat no parecía infeliz por eso. Su radiante sonrisa le dijo que no le importaba. Su música era su cocción. El baile era solo diversión. —Puedes bailar conmigo, nena. Pero ahora mismo, ve a torturar a John. —Solo si hay observadores. En serio, sé que John es lo suficientemente fuerte para hacer la elevación, pero los accidentes ocurren. Sí, su corazón estaba definitivamente haciendo cosas raras. —Kel, toma la izquierda de John, yo tomare la derecha. Incluso las personas que habían estado dentro de la casa se dirigieron a ver.

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—Sherry, vas a correr, doblar las rodillas y saltar. —Kat se volvió hacia John—. Tú la tomaras aquí. —Se puso las manos sobre su abdomen para mostrarle—. Y completas la elevación mediante el impulso que cree en su salto. Tienes que controlarlo, deteniéndola en su punto muerto sobre tu cabeza. Es fácil perder el equilibrio. John asintió. Kat se acercó cojeando a Sherry. —Tienes que mantener tu forma así John podrá equilibrarte. Similar a una pose de cobra, con los brazos a los lados, la espalda y las piernas curvadas incluso con tus manos y pies. —Pan comido. —Sherry guiñó un ojo y luego miró a su marido—. Me dejas caer y te levantaras con los niños mañana por la mañana. —¿Y si no lo hago? —Te levantaras todavía, pero lo harás con una sonrisa. Risa mezclada con sugerencias, sobre cómo John conseguiría esa sonrisa. Sloane negó con la cabeza. Mientras Kat pensó que la atención estaba en John y Sherry, ella estaba teniendo un gran momento. No parecía darse cuenta de que las personas la miraban, totalmente extasiados. Al ver la pequeña sonrisa de Kel, dijo, —¿Tu sugeriste esto? —Estaba rígida y auto-consciente de bailar conmigo. Pensé en tomar su mente fuera de ello. —Funcionó. —Bueno para mí también. —Los ojos de John estaban en su esposa. Giró la cabeza, estirando el cuello y haciendo crujir los nudillos—. Voy a hacer esta elevación y Sherry va a pagar. Kat dio un paso atrás. —Muy bien, ¡vamos! Sherry corrió unos pasos y se lanzó. John la agarró, levantándola por encima de su cabeza. Él tuvo que dar un paso atrás para recuperar el equilibrio, pero entonces la tenía.

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Sloane sonrió. Sherry tenía una forma perfecta, como si estuviera volando. Cuando John la hizo girar, el pequeño vestido sexy que llevaba apenas le cubría el culo. Aplausos estallaron cuando John bajo a Sherry. —Voy a estar recogiendo mis ganancias después, nena. En medio de los aplausos, vítores y sugerencias obscenas, la sonrisa de Kat brillaba. Él se puso delante de ella. Ella inclinó la cabeza hacia arriba. —Sabía que John podía hacerlo. Sherry también. Ella es tan fuerte, que podía mantener la forma. Además, confía en John. —¿Y yo qué? Kat lo miró. —Eres un poco grande para que John te levante. Él esbozó una sonrisa. Tomando su mano, la atrajo hacia él. —Yo voy a querer mi propia demostración privada de Dirty Dancing. Inclinando su cabeza hacia atrás, soltó una sonrisa brillante. —¿Quieres una clase privada? Voy a necesitar más detalles. ¿Dónde se llevará a cabo esta clase privada? Oh, tenía un lugar en mente, uno que venía de una conversación telefónica que habían tenido mientras había estado en Brasil. Lo recordaba vívidamente. Hablemos de ti durmiendo en mi cama esta noche. ¿Estarás desnuda? ¿Pensando en mí? ¿Mejor aún, tocándote a ti misma y pensando en mí? Voy a fantasear acerca de esta noche. ¿Esa es tu fantasía? Oh sí. Una de ellas. Llegar a casa después de un viaje, caminar a mi habitación y encontrarte en mi cama, desnuda y masturbándote. Te haría terminar mientras te observo. ¿Lo harías para mí? Había dicho que sí y ahora quería hacer de mi fantasía una realidad. Y puso su voz para que solo ella pudiera oírle. —Vas a estar en mi cama. Desnuda. Con las piernas abiertas. Ella levantó las cejas juntas.

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—¿Qué clase de baile es ese? ¿Qué vas a hacer? Dejó caer su frente contra la de ella. —Observaré como te haces correr para mí. —Eso no es bailar, eso es sexo. Sonrió. —Baile de sexo muy sucio.

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S

loane apenas si apagó el motor antes de salir disparado del auto y corrió para abrir la puerta del pasajero. Atrapó sus manos, tironeando a Kat del asiento y la colocó contra la puerta trasera. Golpeando sus manos sobre el techo del auto aprisionándola entre sus brazos. Por debajo de las luces del garaje los mechones rosados destacaban sobre su cabello castaño y sus ojos brillaban. —¿Hay alguna razón por la cual me estás sujetando contra el auto? Incluso su voz se abría paso directo a su polla... y su corazón. Pasó un dedo sobre la curva de su rostro y deslizándolo a lo largo de la delicada piel de su garganta. —Quiero mi lección privada, sucia de baile-sexual. Su estómago se calentó y su polla se engrosó repentinamente. Había estado tan condenadamente hermosa esta noche. Nunca había estado tan orgulloso de estar con ninguna mujer como lo estaba con ella. Kat se mordió el labio inferior. —¿Tienes una cita? No te estoy viendo en mi agenda. Sloane arrastró su dedo sobre la camisa de seda hasta la punta de diamante de su pezón. Kat cerró sus ojos, arqueándose ante su toque. Maldición, la forma en que le respondía encendió su sangre volviéndola un infierno. —Soy el único en tu agenda, pero estaré encantado de ayudarte a buscar. —La levantó, apoyando su culo contra el auto para llevar su boca a la de ella—. Una lenta, búsqueda exhaustiva. —Rozó con los labios en pequeños besos desde un extremo de su boca al otro. Cálidos y suaves, sus labios era la mejor maldita cosa que había probado esta noche. Y eran solo un aperitivo, pero tan malditamente bueno.

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Sloane trazó una lamida sexy por su labio superior y recorriendo hacia abajo para succionar su exuberante labio inferior, mordisqueándole. Kat envolvió las piernas alrededor de sus caderas, presionando el centro de su calor contra su polla a través de sus pantalones. Ella inclinó la cabeza, separando su boca. —Busca más. Sloane le lamió, profundizando en su sexy boca. La enredó con la suya y acarició su lengua, deslizándose y degustándola. Su corazón latía con fuerza, pero quería saborear este beso, disfrutar de ella ahora que su rostro había sanado. Sacudió su polla a través de la ropa, creando la fricción suficiente como para hacerla gemir. Kat clavó los dedos en su cabello, tironeando y urgiéndole. Estaba tan perdido en ella, totalmente ido en la sensación de Kat envolviéndole, cabalgando la cresta de su polla y chupando su lengua, que no tenía ni idea de cuánto tiempo había pasado. No importaba. Sloane finalmente rompió el beso embriagador. —¿Encontramos reprogramar?

la

hora

para

mi

clase

privada?

¿O

debería

Sus ojos estaban cargados de deseo. —Tu cita es en diez minutos. En punto. A regañadientes, la dejó. —Voy a estar allí. Diez minutos. Seiscientos segundos. Podría esperar tanto tiempo. Tal vez. Mientras Kat se fue escaleras arriba, Sloane fue a ver cómo estaban Drake y Ethan, verificó dos veces el sistema de alarma y por último — ¡Finalmente!— se dirigió hacia las escaleras, deteniéndose ante la puerta cerrada de su dormitorio sacándose la camisa, los calcetines y los zapatos. Más que listo, abrió la puerta. La respiración se le atascó en la garganta al ver a Kat.

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Estaba desnuda y extendida a lo ancho de su cama. Se quedó inmovilizado, como una estatua en el suelo al borde del colchón, se quedó observándola. Su cabello oscuro con mechas rosas, diseminado sobre un montón de almohadas, la iluminación tenue mostrando sus ojos cerrados y su boca exuberante abierta. Kat arrastró las manos sobre sus pechos, haciendo que los pezones se destacaran en picos rígidos. Recorrió sus pezones, gimiendo y jugando con sus piernas mientras un rubor brotó sobre su pecho. La boca se le secó y el sudor estalló bajo sus ropas. No pudo encontrar ninguna palabra. Ella rozó sus dedos por su vientre tenso, hacia la franja de vello púbico. Sus piernas estaban abiertas lo suficiente como burlándose de él con una desnuda piel rosada suave. Un sonido ahogado escapó de él. Lentamente levantó sus pestañas. —Estás aquí para una clase privada de un caliente baile sexual, ¿correcto? —Su voz se volvió ronca. —Sí. —Apenas conseguía hablar. Su polla palpitaba dolorosamente en sus vaqueros. Kat sonrió—. Bien, porque un hombre poderosamente sexy acaba de calentarme con un beso infernal. Y voy a finalizar ese calentamiento. Extendiendo sus piernas y levantando sus rodillas, rodeo su clítoris. —Ahora estoy mojada e hinchada. Sudor brotó en la frente y espalda de él. No solo estaba dispuesta a hacer esto por él, sino que estaba excitada haciéndolo. Entre toda la incitación, coqueteo en la fiesta, comiéndosela a besos y esto... Ninguno de ellos iba a durar mucho. —Eso es bueno. —Oh, sí. —Kat abandonó su clítoris deslizándose más abajo hacia los pliegues de su vagina, hacia arriba y abajo en movimientos suaves y relajados. —Mucho mejor de lo que esperaba. —Rodó sus caderas, tensando sus muslos—. Bailando para ti como público.

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El calor y la lujuria se apuñaron en su bajo vientre, mientras su pecho se henchía de orgullo. Su dulce pastelera no se ocultaba ahora. Se lo revelaba todo, incluyendo el acto privado de darse placer a sí misma. —Te gusta que te observe. —Su voz sonaba gruesa y ronca—. Muéstrame más. Ella abrió los muslos y mojó su dedo, este desaparecía mientras ella lo hundía hasta el fondo dentro de su pequeño cuerpo apretado. —Mira lo que tú me haces a mí. ¿Ves cuán fácil mi dedo se desliza dentro y fuera? —Levantó su mano para mostrársela—. Perfecto para un caliente baile sexual. Sus jugos bañaban ese dedo. Jesús. Sloane se arrancó sus pantalones abriendo y empujándolos hacia debajo por sus muslos para liberar su polla palpitante. Empuñó su polla, estremeciéndose. Incapaz de detenerse, se inclinó sobre ella, capturando el dedo mojado profundamente en su boca. Lo lamió hasta limpiarlo. Su sabor picante y dulce lo inundó. —Sabes tan condenadamente bien. Nunca tendré suficiente. Colores intensos atravesaron sus pómulos. Apartó su dedo de él y lo empujó contra su clítoris, frotando más frenéticamente, sus caderas arremetiendo en sentido contrario. Le había hecho esto a ella, mostrándole cuan loca se volvía por masturbar su polla y chupar su dedo. Una necesidad incontrolable se apoderó de ella. Era tan condenadamente hermosa que no podía respirar. Se acarició con un puño hacia la punta de su glande goteando y de vuelta a su eje. Necesitaba más, necesitaba a Kat. Había llegado el momento de unirse a la danza. Liberar su polla, Sloane apoyó las manos alrededor de sus caderas y tiró de ella hasta el borde de la cama. Colocando las piernas sobre sus hombros, la sostuvo abierta. Sus ojos se clavaron en los de él, y movió su mano más lento. —No te detengas. Él presionó su polla contra su vagina resbaladiza y gimió. Caliente, seda húmeda chupó su polla con la agonía más dulce. La urgencia de tomarla duro le envolvió en la base de su espalda. Luchó contra eso,

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queriendo fluir con los movimientos de ella, para balancearse con ella en su propio baile privado. Empujo dentro de ella, su calor absorbiéndolo centímetro a centímetro cada vez más profundo hasta que sus bolas estuvieron enterradas en ella. Mirándola a los ojos, le dijo: —Baila conmigo, bebé. Se salió y se deslizó nuevamente dentro en una lenta tortura. Su vagina se apretó en respuesta. Ella se volvió más gentil en sus caricias en el clítoris, sincronizando su ritmo. Los ojos de Kat se oscurecieron en un color turquesa profundo, mientras deslizaba su otra mano por su vientre para jugar con su pezón. Su cuerpo largo y sinuoso rodó y se tambaleó mientras se mecía con la música que solo ellos podían oír y sentir. El placer los envolvía, más y más fuerte, bloqueando todo menos su danza sexual. —Más rápido, —suplicó Kat mientras su ritmo aumentaba. Sloane siguió su ejemplo, bombeó en ella mientras sus pies se curvaron sobre sus hombros, los dedos de los pies apretados. En segundos ella se retorcía contra él, forzando su autocontrol mientras se movía más rápido, perdiéndose en su danza. Estaba justo ahí con ella. Un fuego lamió su espalda. Placer construido brutalmente. Sloane entrelazó las piernas de ella más apretadas, plantando sus pies con fuerza en el suelo y apretando la mandíbula mientras se encendía en ella, golpeando profundo la vagina de Kat inundado de calor líquido. Los músculos de su estómago ondearon y sus muslos se tensaron. —Sloane... —se quebró, quedando inmovilizada sobre su polla en espasmos salvajes que le hicieron inclinar la cabeza y hombros fuera de la cama. Kat estiro su mano tratando de alcanzar ciegamente. Sloane atrapó sus dedos en él, sujetándola con fuerza. El ver sus manos unidas le deshizo por completo. —Jesús, Kat. Nunca voy a dejarte ir. —Una sensación relampagueante quemó su espalda, borboteo en sus bolas y él explotó.

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Golpeó su polla dentro de ella, lanzando chorros calientes en su vagina. Durante todo el tiempo, nunca le soltó la mano.

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Kat miró los ojos color caramelo de Sloane. Aún sostenía su mano, pero había relajado las piernas de ella hacia abajo y yacía a su lado, uno de sus pesados muslos echado sobre sus caderas. Se estaba ahogando en felicidad, siendo arrastrada en una corriente tan poderosa, nada podría entorpecerla. Lo que no sabía era si estaba en una marea a un futuro con el hombre que amaba. O perdiéndolo. Su corazón se contrajo, pero Kat dejó eso de lado. Tenían un ahora y era hermoso, malditamente especial. Estirándose, le tocó la cara. Sloane se inclinó para besarla. —Tú has hecho eso por mí. Darme mi fantasía. —Solo para ti. —Por mucho que hubiera querido darle lo que él había pedido, se sorprendió lo fácil que había sido. Dejar que la viera así, tocándose, siendo completamente desenfrenada y libre. Pero sus ojos ardientes y de feroz excitación la habían estimulado. —Quise ir más lento. Para incitarte más. —¿Quieres ir lento, gatita? —Frotó su pulgar sobre su mano—. ¿Ser seducida? —Ahora que he tomado ventaja, puedo darte eso. Ella se estremeció ante el calor en sus ojos. —Eso no es lo que quise decir. Él no parecía muy convencido, por lo que Kat lo explicó. —Cuando me azotaste, empujándome tan duro, lo hizo tan intenso. — La había llevado a lugares que nunca había estado y la había mantenido a salvo mientras lo hacía.

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—Quería darte eso. —Maldición. Quería ser suficiente para él. Kat cerró los ojos, necesitaba calmarse. Sloane separó sus manos. Bien. Él iría a tomar una ducha y darle un segundo para dejar de ser tan estúpida. —Voy a ducharme después de ti. Él no se movió, su pierna atrapaban sus caderas en la cama. Al abrir los ojos, se giró hacia su mirada hirviendo. Sloane se inclinó más cerca, poniendo la mano en su cara. —Este es uno de los momentos en que tiendo a cagarla. No te he dicho lo que siento, así que aquí está. Cuando vuelves tu mirada hacia mí, mi corazón late. Como temprano en la noche, cuando entré al patio y encontré a Kellen y a ti ayudando a John. Tú me miraste y bam, mi corazón hace esa mierda de dar patadas. —Su pulso latía de prisa dando pequeños saltos y tenía mariposas en el estómago. ¿Qué es lo que le hacía? —Cada vez que hacemos el amor, es jodidamente intenso. Pero esta noche, ¿sabes lo que le dio una patada de mierda a mi siempre amoroso corazón? La pasión que irradiaba de él creó una fuerza magnética tirando de ella hacia él. —¿Qué? —Cuando buscaste a ciegas mi mano. deshaciéndote y necesitando aferrarte a mí.

151 Estuviste

devastadora,

Bajó su rostro hasta que ella solo lo vio a él. —Yo, Kat. Tú sabías que te atraparía. He perdido todo el control en el instante en que tuve tu mano en la mía. Me aferré a ti mientras me corría desecho por ti. Es así cuan jodidamente intenso es. Y es de ese modo cada vez. Ella no podía recuperar el aliento. Pero no importaba, porque Sloane la besó hasta que se sentía como que compartían un solo latido. Levantó la cabeza. —Te amo, Kat. No sabía que un amor como este podía ser real hasta que te conocí.


¿Pero era suficiente?, ¿era Kat suficiente? Ella no lo sabía. El momento se avecinaba. Drake estaba poniéndose más enfermo y estaban a sólo tres semanas de la lucha de los Profesionales contra Amateurs. ¿Qué elegiría Sloane hacer? ¿Podría su amor sobrevivir si mataba a Foster? ¿Podría su amor sobrevivir aún si Sloane no lo hacía, una vez que regresase a su vida de la alta sociedad? Kat no lo sabía.

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Dos semanas después.

E

l tentador aroma de tomates picantes y ajo golpeó a Kat mientras se encaminaba abajo fresca de la ducha. Estaba bastante segura de que Sloane aún no estaba en casa de su sesión de ejercicios nocturna. Al entrar en la cocina, sonrió. —Ethan, eso huele de maravilla. —Rugió su estómago. Había sido un día muy ajetreado en la pastelería. Lanzándose una toalla de cocina por encima del hombro, Ethan metió un trozo de pan francés en la salsa a fuego lento y se lo ofreció. —¿Gustas? —En este mismo segundo, daría mi auto por probarlo. —Tomó el pan goteando y mordió—. Delicioso. Muero de hambre. Pero no estoy segura de cuándo Sloane estará en casa. —Pronto. Le envié un mensaje y me dijo que dejará el gimnasio en pocos minutos. Traeré el agua hirviendo y pondré la pasta en cuanto llegue. —Muchas gracias por cocinar. —Había comenzado a hacerlo hace una semana. Kat preocupada por que levantara algo demasiado pesado o exagerara, pero recuperaba más energía cada día. Un ligero rubor subió por su cuello. —Me gusta cocinar. Investigo recetas y las pruebo cuando puedo. Tengo un montón de tiempo para hacerlo ahora, mientras me estoy recuperando. Kat se sentó en el taburete.

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—¿Cuándo te interesaste en la cocina? —Recordó a Ethan decorando galletas con los niños antes del accidente. Parecía que realmente disfrutara de ello. Él agitó la salsa luego comenzó a rallar un poco de queso parmesano. —¿Sloane te dijo que viví en la calle? Kat no estaba segura de a dónde iba con esto. —No exactamente, no. Lo supuse cuando estabas en el hospital. —Por lo que Kat sabía, ningún pariente llegó a visitarlo allí. Mantuvo la cabeza baja, centrada en el queso. —Mi madre era una drogadicta y me prostituía para conseguir dinero o drogas. Fui hecho con esa mierda. Salí de casa el día antes de mi cumpleaños número quince y viví en la calle. Traté de hacer dinero en las luchas clandestinas. La mayor parte del tiempo, no ganaba lo suficiente para comer. Tuve mucha hambre. —Se encogió de hombros debajo de su camiseta blanca. —Cocinar me da una sensación de estar en control de mi hambre. Se le rompió el corazón al imaginar lo que Ethan debió haber pasado. A decir verdad, no podía imaginarlo. Al crecer, Kat no había tenido la menor maldita idea de otros niños que sufrían así. Que él lo compartiera con ella fue humillante. Tomó aliento cuidadosamente. —No sé si alguna vez podría ser tan valiente como tú Ethan. Dejó de rallar, mirándola a los ojos. —No soy valiente. Me vendía para comer. Jesús. —Ethan, eres más valiente de lo que yo pudiera alguna vez esperar ser. Me alegro de que tuvieras el valor de hacer lo necesario para sobrevivir. Ethan inclinó la cabeza. —¿Sloane realmente nunca te habló de mi pasado? —No. La noche de tu ataque cardíaco le pregunté si eras uno de sus chicos. Él dijo que sí y que Drake te había encontrado en las luchas subterráneas alrededor de los dieciséis años. Eso fue todo. Esta es tu historia para contar o no.

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Dejando el rallador de lado, se lavó las manos. —Has sido amable conmigo, Kat. Espero que no te hiciera sentir incómoda. ¿Creía que esto cambiaba lo que sentía por él? Para ella, Ethan era como el hermanito de Sloane. —Hiciste que mi corazón sufra por lo que soportaste cuando eras niño. ¿Te refieres a ese tipo de incómoda? Si es así, entonces sí. Pero si crees que te miro de forma diferente que cuando vine por primera vez abajo, entonces no. —Esperaba que tuviera razón. Kat no tenía la capacidad innata de Drake para conectar con la gente que tenía una infancia con problemas—. Agradezco que me confiaras tu historia. Cogió otro trozo de pan, ella agregó: —Y degustar tu comida. Una sonrisa quitó años de su cara. —¿De verdad te gusta? Se relajó desde que pareció aceptar su palabra. —Sip. Sloane mejor date prisa o vas a tener que comer las sobras. —Kat se deslizó del taburete—. Si le dejamos alguna. —Reventando el pan en su boca, echó a andar hacia el pasillo. —¿Kat? Hizo una pausa. —¿Hmm? Ethan se acercó. —Si quieres mi billete para la pelea, estaré feliz de dártelo. Sloane probablemente no piensa que te gustaría ir. Toma el mío. Deberías estar allí. Plomo llenó su pecho, lo que lo convierte en difícil de tragar el pan. Sloane no le había pedido que estuviera allí por él. Él sabía que odiaba la violencia, pero ella lo haría por él. Si la quisiera. Pero no había dicho nada. Esto era un gran evento, con gente prominente pagando exorbitantes precios de billetes para la pelea

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exclusiva. Era imperativo para Sloane mantener su enfoque en entrar en esa jaula con Foster, no Kat y sus problemas. La última cosa que necesitaba era su torpeza o teniendo un ataque de pánico. Tal vez ella no lo avergüence, pero estaría en su camino. Pero amaba a Ethan por el ofrecimiento. —Gracias, pero me quedaré aquí con Drake. Siempre y cuando estés seguro de que estás a la altura, luego disfruta. Sloane te quiere allí, es por eso que te dio el boleto. —No a ella. —Kat. —Ethan, está bien. No molestes a Sloane acerca de esto, tiene muchas cosas en su mente. Por favor, promételo. —Había hecho que Drake, Sherry y Ethan juraran—. Confía en mí en esto. —Sloane necesita tener su cabeza centrada. Él asintió, sus hombros cayendo. Alivió los músculos de su cuello. —Gracias. —Había sido lo suficientemente humillante cuando Sherry le había preguntado a Kat lo que llevaría puesto al evento de los Profesionales contra amateurs de SLAM. No necesitaba que se repitiera esa vergüenza con Sloane explicándole por qué era mejor que no fuera. Si... quedarse en casa con Drake era bueno para ella. Se dirigió al dormitorio, pero su pecho se apretó de nuevo al ver la figura enjuta de Drake que descansaba contra las almohadas, un tubo de oxígeno en su nariz, el silbido constante indicando que el tanque estaba en marcha. En las últimas dos semanas había perdido mucho más peso. Con las manos cruzadas sobre sus costillas protuberantes, podía ver las venas azules que serpenteaban debajo de su piel demasiado delgada. Su ordenador cerrado yacía en sus piernas. Cogió la máquina para moverla y lo dejó dormir. —Te oí hablar con Ethan. Kat dejó caer la mano. —Estás despierto. Y no comenzaste la pelea. —Solo descansando. No luchando, Sloane la jodió no pidiéndote ir, pero entiendo por qué no quieres distraerlo ahora. Me refiero a la forma en

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que manejaste al muchacho confiando en ti. Ethan tiene dificultades para confiar en las mujeres. Ella no sabía eso. —No estaba segura de qué decir, excepto la verdad. —La preocupación por Drake ataba dolorosamente alrededor de su pecho. Su voz era ronca. Había estado tosiendo más y más. El dolor le corroía constantemente ahora. Sin embargo, estaba preocupado por Ethan. —La verdad es lo mejor. Sí, bueno, a veces la verdad apestaba, como el médico diciéndoles que disminuyeron a días, tal vez una o dos semanas por delante con Drake. Maldita sea, no llores. Se desgarró por Drake cuando llegó a los ojos llorosos. —No parece que sea un buen día para ti. —Sí. Tratando de concentrarme, pero la cabeza me duele demasiado como para leer y escribir. Poniendo su mano sobre su frente, puso su boca apretada. Otra fiebre. Iban y venían ahora, sacudiendo su cuerpo demasiado frágil. —¿Quieres probar un poco de zumo? ¿7 Up? ¿Popsicle? —¿Debería llamar a Sloane? Kat miró el reloj de la mesilla. Eran casi las 19:00 y Ethan había dicho que Sloane estaría en casa pronto. —No lo llames. Sé que lo estás pensando. Ella lo miró. —Bebe 7 Up y no lo haré. —Eso es chantaje. —Por supuesto. —Kat salió a la cocina, tomó la pequeña botella de refresco de la nevera y una pajita. Manteniendo su voz baja, dijo—: Ethan, cuando Sloane entre, dile que Drake tiene fiebre. Ethan miró hacia abajo. —No pude hacerle comer hoy. La enfermera me dijo que es normal, pero lo intenté. Kat le tocó el brazo. —Lo sé. Simplemente no puede. —Había pasado por esto con su abuela.

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—Voy a sentarme con él para que tú y Sloane podáis comer. Quiero hacerlo —agregó. —Gracias. —Volvió a entrar en la habitación y ayudó a Drake a tomar unos sorbos—. ¿Quieres que mueva tu ordenador? Él puso su mano huesuda en la parte superior de la máquina. —Quiero hacer esto, pero entre los dolores de cabeza y las píldoras para el dolor no puedo. Sentada en el borde de la cama, Kat tomó su otra mano. —¿Trabajando en la carta de Evie? —Tenía las cartas para todos los demás hechas. Kat las tenía y se las daría después del servicio de Drake. Pensando que la molestaría de nuevo. —Ya casi termino. Casi. Esto era muy importante para él. Drake estaba pendiente de dos razones, la pelea de Sloane con Foster y terminar esta carta. Habían hablado de ello, pero Kat no la había leído en su totalidad. —¿Cómo puedo ayudar? Determinación de acero brilló en sus ojos azules vidriosos. —¿Puedes escribir el resto por mí? No llores. No llores. —Sabes que lo haré. ¿Ahora? —Más tarde. Después de que comas, cuando Sloane se esconda para ver el video del entrenamiento de Foster y se obsesione. El estómago de Kat se retorció de preocupación por Sloane. —Tomará la decisión correcta. —¿Si Kat estaba allí, sería capaz de ayudarlo a alejarse y dejar con vida a Foster? ¿O era mejor que ella no estuviera allí para distraerlo? —Por ti. Ella sacudió la cabeza.

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—No por mí. —Sloane le había enseñado las herramientas para hacer frente a sus temores. Y cuando llegara ese momento, él la dejaría tomar su propia decisión. Kat tenía que hacer lo mismo por él—. Por sí mismo. —¿Vas a dejarlo? Si mata a Foster. Al igual que Evie dejó a Drake. ¿Cómo podía contestar eso? Pero las palabras anteriores de Drake, la verdad es lo mejor, le dijeron la respuesta. —Amo a Sloane, todo de él. Incluso la parte de él que es capaz de matar. Nunca lo he visto lastimar a alguien más de lo necesario. —Kat se inclinó hacia adelante, con ganas de aliviar la preocupación de Drake por Sloane—. Confía en mí para ayudarlo atravesar las próximas semanas. No me voy a añadir a su dolor, solo quiero amarlo. Alivió la preocupación forzando su vista. Tosió, luego cerró sus ojos. —Yo confío en ti. Kat se inclinó, besando su cabeza. —Duerme un poco. —Dejó el ordenador allí donde Drake todavía tenía su mano sobre él.

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El teléfono de Sloane sonó justo a tiempo. Lo recogió, pero no respondió, se acercó a las puertas francesas con vistas a las olas. La luna bailaba en el océano mientras la brisa soplaba sobre su pecho y hombros. Una parte de él no quería responder a la llamada de todos los días de sus investigadores. El cansancio humedeció las llamas de venganza que habían ardido durante tanto tiempo. Había estado en este sendero durante más de una década y se acercaba a su objetivo. Sin embargo, en este segundo, lo único que quería hacer era encontrar a Kat y tirar de ella a sus brazos. Sumergirse en su sonrisa, risa o la sensación de ella en sus brazos lo conducía de vuelta de la fosa fría de rabia, odio y culpa que había sido su compañero constante desde que tenía dieciséis años. Tocando a Kat aliviaba su corazón y asentaba su alma.

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Hasta que recordó cómo Olivia había perseguido su obsesión por un príncipe azul y él y Sara fueron echados a un lado cada maldita vez. Sara había pagado el precio con su vida. ¿Y la idea de encontrar a Kat así? Violada, asesinada... Las llamas se reavivaron, abrasando sus dudas acerca de lo que tenía que hacer. Detuvo las indecisiones y contestó el teléfono. —Michaels. Su investigador fue directo al grano. —Le he enviado el video de entrenamiento de hoy. —Lo tengo. Lo vi y no hay nada nuevo allí. —Necesitaba mantener su enfoque, con esta labor de vengar a Sara y proteger a Kat—. ¿Qué más? —Foster, fue a la tumba de Sara de nuevo hoy. La segunda vez esta semana. El pozo oscuro en su interior burbujeaba y se revolvió. —¿Qué hace ahí? —En su mayoría se encuentra allí, mirando. A veces se agacha y traza la lápida. Envié una cinta de video de mi teléfono. Ese hijo de puta no dejaba en paz a Sara. Sloane fue hacia su escritorio y sacó el último vídeo. Foster apareció vistiendo una camiseta y pantalones vaqueros y se agachó junto a la tumba de Sara. Cuando tocó la lápida, Sloane apenas contenía el impulso de cerrar su puño en la pantalla del ordenador. Cristo. Una vez finalizado el vídeo, le llevó diez segundos completos para calmarse lo suficiente para hablar. —¿Ha ido cerca de la panadería y el condominio de Kat? —No. Pero miró el video de usted rescatándola y algunos tiros al azar de ella que la prensa han conseguido. Se hundió en su silla, apoyando su cabeza hacia atrás. —Avísame si algo cambia. —Colgando, Sloane cerró los ojos. Le disgustaba ver al violador y asesino de Sara tocando su tumba. Merecía paz.

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Un golpe tranquilo en su puerta y luego se abrió. —¿Sloane? La voz de Kat rodó sobre él, facilitando su amarga ira y su enferma preocupación. Extendió la mano hacia ella. Kat se acercó cojeando, su pierna obviamente tensa de estar sentada. Cuando levantó la vista, vio que sus ojos tenían lágrimas de miseria en ellos. Su corazón se apretó. —¿Drake? Ella deslizó su mano en la de él. —Está durmiendo. La tos y la fiebre empeoran. Tengo la cabeza de la cama elevada y almohadas respaldándolo. Más lágrimas cayeron. Él la atrajo a su regazo, envolviendo sus brazos alrededor de ella. Manteniéndola apretada, dijo en voz baja, —¿Por eso estás llorando? Podía llorar en sus brazos cada vez que lo necesitara. Su garganta le dolía. —No. Sí. —Suspiró—. Hemos terminado esta noche. Sloane apretó los ojos cerrados, el dolor creciendo más grueso. —La carta de Evie. —Drake le había dicho que Kat le estaba ayudando con ello. Esa era la clase de mierda que Sloane no sabía cómo hacer. No podía hacerlo. Kat era más fuerte que él de esa manera. —Sí. Él tiró de su cabello, ladeando la cabeza. Dios sus ojos... tan jodídamente hermosos y nadando en piscinas de dolor. —Le estás dando paz. —Ojala pudiera darle vida. Esto no es justo. Está sufriendo y lo odio. — Kat cerró los ojos, tratando de hacerse con el control—. Lo siento, esto no te ayuda. Oh diablos no, no se retiraría ahora.

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—Mírame. Ella levantó sus pestañas, dejando al descubierto una combinación desgarradora de miseria y confianza. Le dio todo, incluso el dolor al que una vez se había aferrado con tanta fuerza. Pasó sus dedos por su cabello. —No vuelvas a disculparte por esto. —La fuerte emoción puso áspera su voz—. Se trata de nosotros. Estás herida, vienes a mí. Estoy herido, me dirijo a ti. No hay excusas. —Ella había estado allí para él a cada paso, cada mal día, hora o momento. Si bien el dolor de Kat le dolía, quería ser el que ella buscara cada maldita vez. Ella contuvo la respiración, metió la cabeza debajo de su barbilla y lloró. Le acarició la espalda, dejándola sentir y llorar en la seguridad de sus brazos. Diciéndole que la amaba, que la amaba Drake. Lo mucho que trajo a sus vidas. Él habló y la acarició, dándoles a ambos el confort que necesitaban hasta que cayó en un profundo sueño. Sloane la llevó a la cama. Confiaba en él tan completamente ahora que no se despertó. Dos horas más tarde, Sloane se despertó sobresaltado con el sonido de tos a través del monitor que tenía para oír a Drake. La preocupación hizo desaparecer el sueño de su cerebro al instante. Con cuidado, deslizó su brazo de debajo de Kat. Estaba tan malditamente cansada que quería que durmiera. Bajó las escaleras y corrió a la habitación de Drake. La baja luz del cuarto de baño se derramaba sobre Drake. Había deslizado las almohadas mientras la tos sacudía su cuerpo delgado. Las lágrimas corrían por el rostro del hombre enfermo mientras se atragantaba y jadeaba, luchando por obtener oxígeno en sus pulmones. Él no tenía la fuerza para impulsarse a sí mismo al respaldo de la cama. No pienses. Solo ayúdalo. Sloane alzó a Drake hasta la cama y luego le puso una mano en su frente. Demasiado caliente. Miró el teléfono de Drake en impotencia agonizante. Le había prometido a Drake ninguna ambulancia u hospital a menos que Drake pidiera por ellos. Regresando su mirada del teléfono, Sloane puso una toallita húmeda para ayudarlo a refrescarse. Trabajando metódicamente, lavó los brazos, el pecho y la espalda de Drake y lo metió en una camisa limpia.

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Mirando al hombre a los ojos mientras volvía a colocar con cuidado el tubo de oxígeno en su nariz, Sloane le preguntó: —¿Puedes beber un poco de agua? Drake asintió débilmente y se las arregló para tragar un par de tragos. El espasmo de tos se calmó. Sloane dejó caer su mano sobre el colchón sobre la cabeza de Drake. —¿Quieres que llame a tu médico? Drake alivió un suspiro y sacudió la cabeza. Un latido golpeó en la sien. A Sloane no le gustó, pero entendió que esto era la última cosa que Drake tenía el control de donde él iba a morir. Y con quién. —¿Qué está pasando? —Kat estaba en la puerta. Su cabello era un desastre, sus ojos hinchados. Llevaba sus pantalones cortos habituales de dormir y un top, tiritando en el frío de la noche. Sloane se apartó de la cama. —No pasa nada, vuelve a la cama. Drake está teniendo una mala noche. Voy a dormir en la silla. —No dejaría a Drake. Podrían perderlo en cualquier momento. Jesús, ¿cómo se suponía que Sloane iba a hacer esto? Pero no dejaría que Drake muriera solo. No lo haría. Era la única cosa que Drake había temido. Después de todos los años que Drake había estado ahí para él, yendo tan lejos como para sostener a Sloane cuando tenía las pesadillas para que no se lastimara, Sloane estaría allí para él ahora hasta el final. Sin importar lo mucho que sangraba por dentro por la tortura de perder a Drake. Sloane puso sus manos sobre los hombros delgados del hombre y se inclinó. —Estoy aquí Drake. Estaré aquí todo el tiempo que me necesites. Drake dejó caer su mano sobre la de Sloane. —Lo sé hijo. —Cerró los ojos, el cansancio reclamándolo.

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Sloane se acomodó en la silla y forzó una sonrisa cuando Kat le trajo una manta. —Gracias. Se metió en su regazo, arrastrando la manta sobre los dos. —Velas por Drake, voy a cuidar de ti. Envolvió sus brazos alrededor de ella. Esto era cómo iba a soportarlo. Debido a que tenía a Kat. ¿Realmente estaba dispuesto a arriesgarse a perderla? ¿Matar a Foster valía eso? Las palabras de Kat de hace unas semanas volvieron a su mente: Foster se ha vuelto más importante para ti que cualquier otra persona. Esas palabras lo perseguían ahora. ¿Estaba haciendo a Foster y sí, incluso Sara, más importante que Kat? Tres días para la pelea y no sabía lo que iba a hacer.

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ara cuando llegó la tarde del sábado, el nudo de plomo en su pecho había crecido hasta el tamaño de un ladrillo. Vertió agua caliente sobre una bolsa de té para Drake y luego se sirvió un vaso de agua con gas. En unas pocas horas, Sloane se enfrentaría a Lee Foster en la jaula del evento de SLAM llamado Profesionales contra Amateurs. Kat había cerrado Sugar Dancer temprano para volver a casa y quedarse con Drake esa noche. —¿Kat? —La preocupación se notaba en la voz de Drake. Mierda, ella estaba de pie en el mostrador, mirando al vacío. —Voy. —Sacudiendo su niebla, cogió la taza y se dirigió hacia su silla. Él estaba teniendo un mejor día hoy, lo que no la sorprendió. Amaba a Sloane lo suficiente como para combatir los estragos de su enfermedad una última vez. Bajando el té, miró la manta para asegurarse de que estaba cubierto. —¿Tienes suficiente calor? Él había querido las puertas abiertas para poder sentir la brisa y escuchar el mar, pero ahora estaba muy frío. —Sí. Kat miró el nivel de oxígeno en la cisterna portátil que se alzaba sobre la mesita. Seguía siendo bueno. Se dirigió a buscar el agua cuando vio a Sloane entrar vestido con un traje totalmente negro, con el cabello oscuro peinado hacia atrás y una bolsa de deporte en el hombro. El ladrillo de plomo creció más pesado, pero forzó una sonrisa. —¿Tienes todo listo? —Cogió su agua para tener algo que hacer con sus manos.

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Sloane dejó caer la bolsa de deporte en el taburete de camino a ella. Una vez allí, instaló sus cálidas manos sobre sus caderas. —¿Vas a estar bien aquí con Drake? —Por supuesto y Zack no tardará en llegar. —Su dominio sobre sus caderas la estabilizaba, aliviando el peso en su pecho. Sloane miró el reloj del microondas. —Zack ya debería estar aquí. Estirando el brazo hacia atrás, cambió su vaso de agua por su teléfono. —Voy a mandarle un mensaje, no habrá ningún problema. Tú solo céntrate en lo que tienes que hacer. —Terminó de escribir el texto, pulsó enviar y miró hacia arriba. —No te voy a dejar sola con Drake. No lo puedes levantar. Ella puso los ojos en blanco. Sloane todavía no había dejado pasar eso. A pesar de que tenía un punto de razón, ya que Drake no podía levantarse sin ayuda y no podía caminar más de unos pocos pasos. Anteriormente, Sloane le había llevado a la silla. —No voy a levantarlo. Zack siempre aparece. Y si no lo hace por alguna razón, llamaré a Kellen o Diego. —O Sloane podría quedarse en casa. Kat soltó un suspiro ante la declaración contundente de Drake. —Drake, sabes que no puede. Todas esas personas esperan que Sloane esté allí esta noche. —Incluso aunque no sabían que iba a luchar, sabían que estaría presentando todo el espectáculo. Sloane le había dicho que se habían recaudado más de dos millones de dólares para el programa De Luchadores a Mentores. Sloane se acercó a la silla de Drake y se agachó. —¿Necesitas que me quede en casa? El anciano negó con la cabeza, sus ojos yendo a ella y de nuevo a Sloane. —No por mí. Por Kat. No seas un idiota. Elíjela a ella, Sloane. Ponla primero.

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El ladrillo de plomo en su pecho se movió dolorosamente. Así no era cómo funcionaba. —Drake no lo hagas. —Dios, tratar de hacerlo elegir entre ella y su objetivo—. Esto no trata de mí. —La conversación dolorosa con Sloane después de que ella había averiguado sobre su plan había dejado muy claras sus prioridades: él elegiría matar a Foster sobre ella. Pero ese no era el punto. Sloane necesitaba escoger por sí mismo, nadie más podía hacerlo. Sloane se levantó, sus ojos clavándose en los suyos. Un músculo palpitó a lo largo de su mandíbula cuadrada. Tenía que arreglar esto. Amaba a Drake, pero ahora mismo, con la mirada láser de Sloane sobre ella, quería golpearlo por hacer que Sloane se preocupe. Y por hacerla estremecerse. —Zack vendrá… —El teléfono sonó con un mensaje de texto. Aliviada de tener una excusa para romper el contacto visual brutal y penetrante, leyó el mensaje de texto de Zack. Lo siento, llegaré tarde. Estaré ahí en 20 minutos. Levantó el teléfono como un trofeo. —¿Ves? Zack estará aquí dentro de veinte minutos. No te preocupes. — Su corazón latía con fuerza y tenía los nervios enredados—. Sloane, ve a la pelea. Concéntrate en lo que tienes que hacer, estaremos bien. Cubrió la distancia entre ellos antes de que ella bajara el teléfono. —Puedes llamarme si necesitas algo. Su aroma, a jabón y a ese rico almizcle teñido de roble envejecido, la inundó con un anhelo que no pudo identificar. O tal vez era que no quería admitir el deseo egoísta de ser más importante para Sloane que su vendetta o que Drake. Pero eso era una tontería. —Lo haré. Rozó su boca sobre la de ella. —Eres importante para mí, pero tengo que hacer esto esta noche. Se contuvo de inclinarse hacia ese breve beso. Todo en ella pedía a gritos uno más profundo, más largo, una conexión más íntima. No sexual, sino un beso de unión que le mostrara cuánto le importaba.

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Pero Sloane no tenía necesidad de eso en este momento, necesitaba que se tranquilizara y lo apoyara. —Lo sé. —Solo esperaba que tomara la decisión correcta cuando se enfrentara a Foster en la jaula. —¿Sloane? —Ethan salió de su habitación—. ¿Estás listo? Kat reparó en el traje que Ethan llevaba. Estaba un poco más delgado y se cansaba con facilidad, pero aun así era difícil de creer que solo habían pasado tres semanas desde su ataque al corazón. —¿Estás seguro de que estás listo para ir a ver la pelea? Él sonrió con indulgencia hacia ella. —Sí. —Estará bien. —Sloane le tocó la cara con calidez tranquilizadora—. Lo traeré a casa si se cansa. Sloane no dejaría que algo le pasara al joven. Y que Ethan estuviera allí esa noche sería otra razón para que Sloane no matara a Foster. Encarando al hombre que amaba tanto, dijo: —Ten cuidado y te veré cuando vuelvas esta noche. La tensión blanqueaba la cicatriz de su boca y luego dejó caer la mano de ella, cogió su bolsa y se dirigió hacia la puerta con Ethan. Con el calor de Sloane desvanecido, Kat se estremeció a pesar de la suave brisa que entraba. Involuntariamente cambió su mirada para supervisar el teclado de la alarma junto a la puerta del garaje. Una luz roja parpadeó cuando la puerta se abrió y el oscuro Mercedes de Sloane se deslizó a través de la luz del sol brillante de la tarde. Se fue. Cogió el agua olvidada y se dirigió al sofá. Sentada, le frunció el ceño al hombre frágil en la silla. —¿En serio? ¿Quedarse en casa por mí? ¿Elegirme a mí? ¿Qué demonios fue eso? —Gruñir a su amigo moribundo probablemente no era su mejor momento. Drake se removió en su silla. —Es la verdad. No debería dejarte atrás.

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—Increíble. —Tomó un sorbo de agua. Completamente. Dios, que iba a ser una larga noche. —Lo siento, no era mi intención hacerte sentir mal. Él te ama. —Apoyó la cabeza contra el sillón. Sí, se sentía tremendamente querida. Pero eso no era culpa de Drake. Estaba preocupado por Sloane e hizo un torpe intento de evitar que el hombre que amaba como a un hijo hiciera una mala elección. Drake realmente quería que Sloane la eligiera a ella e hiciera una vida con ella. Quería morir seguro de que Sloane tendría el amor que él se había perdido. Era comprensible y el remordimiento por su ataque mezquino se apoderó de ella. —Olvídalo, no me siento mal. Estaba sorprendida. ¿Qué tal si vemos una película? Algo divertido. —Ambos podrían aprovecharse de la distracción. Drake lo más probable era que se quedase dormido. Ahora dormía más horas de las que estaba despierto. —Beethoven. Sonriendo por su elección, miró para ver si la película estaba en la selección. —¿Alguna vez tuviste un perro? —Sí, un perro callejero con grandes orejas. Lo llamé Radar. Lo echo de menos. Después de localizar la película, pulsó reproducir. —¿Cómo conseguiste a Radar? —Llevé a una mujer a cenar una noche. Cuando nos íbamos del restaurante, Radar intentó arrebatarle la bolsa con las sobras. Era un perro callejero, sarnoso y flaco. Mi cita gritó de sorpresa y casi mató del susto al pobre perro. Se dejó caer al suelo y se acurrucó. Kat había visto fotos de Drake cuando había estado sano. El hombre había sido enorme e intimidante. Habría asustado Kat en ese entonces, sin embargo, adoptó un perro asustado y hambriento. —¿Y luego? —Le dimos las sobras al perro y se convirtió en mío. Iba conmigo a todas partes. No todas las mujeres aceptaban eso.

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El parpadeo en la pantalla de la puerta del garaje le llamó la atención. Zack había llegado y estaba llegando a la puerta. Entraría por sí mismo en la casa. Volviendo su atención a Drake, dijo: —Así que, ¿qué pasaba si a la mujer no le gustaba Radar? Él la miró con ojos cansados. —Encontrábamos a una nueva mujer. Ella le lanzó una sonrisa a Drake, luego frunció el ceño por la irritación roja en su cara donde rozaba el tubo de oxígeno. Poniéndose de pie le entregó el mando a distancia. —Voy a conseguir el ungüento. —Una vez en la habitación de Drake, uso rápidamente su cuarto de baño y luego cogió el tubo y salió. Destapando el tubo, ella dijo, —Esto debería ayudar… Kat se quedó inmóvil, la pomada cayéndose de sus dedos repentinamente débiles. El sillón de Drake estaba vacío a excepción de la manta y el tubo de oxígeno. El miedo y el horror chocaron. En el centro de la habitación, un hombre corpulento con el cabello corto al estilo militar sostenía a Drake frente a él, con un tremendo cuchillo de color oscuro en su garganta. No era Zack. Kat trató de comprenderlo. ¿Qué estaba ocurriendo? ¿Quién era? ¿Por qué no estaba Zack aquí? Se quedó mirando el puño alrededor del cuchillo, notando una cicatriz gruesa en la parte posterior de su mano. Cicatriz. Esa palabra desencadenó un recuerdo, algo que Sloane había dicho. ...tiene una cicatriz de quemadura en el dorso de la mano izquierda... Oh, Dios. —Lee Foster.

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enos mal que no estaba conduciendo. La famosa concentración de Sloane se había vuelto una mierda. Cada kilómetro que viajaba lejos de su casa y más cerca de su objetivo final, aumentaba su ansiedad. Eres importante para mí, pero tengo que hacer esto esta noche. Eso es lo que le había dicho a Kat. Luego la dejó atrás para que cuidara a Drake. Porque tenía cosas mejores que hacer. ¿Ansioso? Más bien un idiota total. Lo había jodido con ella. ¿Por qué no le había dicho que la amaba o algo mejor? Ethan lo miró. —¿Está mi manera de conducir haciéndote sentir incómodo? —No. —Había puesto a Ethan detrás del volante para estar absolutamente seguro de que el chico no desarrollaba una fobia. El ataque al corazón había sucedido mientras que había estado conduciendo y se desvaneció totalmente. Eso podría arruinarle la cabeza. Era mejor ponerlo detrás del volante ahora, cuando solo habían pasado tres semanas. —¿Por qué no te trajiste a Kat contigo esta noche? Me podría haber quedado en casa con Drake y Zack. Sloane frunció el ceño. Nunca le había pedido que fuera porque no quería que ella estuviera cerca de Foster. —No le gustan las peleas. Ethan se encogió de hombros. —Solo preguntaba. Porque si es por el dinero, le habría dado mi entrada. Era la entrada de Drake de todos modos, no la mía. Sloane se esforzó por tener paciencia.

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—No es por el dinero. Te hubiera conseguido tu propia entrada si Drake fuese esta noche. El chico se calló. Sloane trabajaba por conseguir poner su cabeza en la pelea y no pensar en su novia pastelera. Iba a… —¿Pero no a Kat? —¿Qué? Ethan tamborileó con sus pulgares sobre el volante. —¿No le comprarías una entrada? Todo el cuerpo de Sloane vibró. Fuertemente. —No le gustan las peleas. No le pedí que fuera. Déjalo. —Está bien. Pero Sherry irá. ¿Qué mierda de mosca le había picado? —Dilo de una vez. Ethan lo miró. —Escuché a Sherry y Kat hablando de ello. Sherry estaba emocionada y mostrándole ropa a Kat en internet, preguntándole qué iba a llevar puesto. Mierda. Sloane lo vio venir. —¿Qué dijo ella? —Trató de cambiar de tema. Pero Sherry siguió presionando. Por último, dijo que no le habías pedido que fuera. Y además... Sloane cerró los puños. —¿Qué? —Que no podía permitirse la entrada. Y que tenía que quedarse con Drake. Jesús, no sabía qué decir. ¿Pensaba que no iba a gastar el dinero en una entrada para ella? Kat no le había mencionado nada. Ni una maldita palabra. En el pasado, le había dicho que las peleas podrían inducir a sus ataques de pánico. Había hecho lo correcto al no invitarla. No era por el dinero, tenía que saberlo. La estaba protegiendo.

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Entonces, ¿por qué se sentía como una mierda? ¿Por qué de repente, deseaba desesperadamente que ella estuviera ahí ahora y que estuviera allí esta noche? Así podría mirarla y recordar que él era más que un asesino. ¿Habría estado allí para él si él se lo hubiera pedido? No lo sabía porque no le había dado la oportunidad de descubrirlo, ¿lo habría hecho? En cambio, la había hecho a un lado para cuidar de Drake. Como si la estuviera escondiendo. Aquellas palabras golpearon su cerebro. Cristo, ¿era eso lo que pensaba? Sloane sacó su teléfono pero en lugar de llamar a Kat, le preguntó a su chofer: —¿Por qué has esperado hasta ahora para decírmelo? Ethan se sonrojó. —Kat me rogó que no lo hiciera. Le ofrecí mi entrada y quedarme con Drake. Ella nos dijo a ambos, a Sherry y a mí que no insistiéramos y que te dejáramos en paz. —Drake también estaba allí, ¿verdad? —Sí. —Mierda. —Eso explicaba los comentarios de Drake de antes. Kat probablemente había estado avergonzada y humillada, mientras trataba de explicar que Sloane no la quería en la pelea. El gran evento cargado de ricos, invitados socialmente prominentes y entradas tan exclusivas que tenían una lista de espera de personas dispuestas a pagar cantidades obscenas de dinero por ellas. Se quedó mirando el teléfono en la mano. ¿Qué le diría a ella? Oye, lo siento por no invitarte, pero he tenido cosas muy importantes en la cabeza. O podía dejarlo correr. Hacer lo que tenía que hacer y compensárselo más tarde. Decirle que la había estado protegiendo porque sabía que odiaba las peleas y no la quería cerca de Foster. Cuando la verdad era simple: no había pensado en cómo la haría sentir todo esto. No, había estado demasiado ocupado en averiguar su jodida gran decisión y cómo conseguir todo lo que quería. No pedirle a Kat si quería ir, había sido para protegerse a sí mismo. No quería que Kat lo viera asesinar, no podía enfrentarse al horror que mancharía sus ojos. Así que la había apartado a un lado.

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—Da la vuelta. Nos vamos a casa. Ethan saltó a su lado. —¿Qué? —Vamos a volver a por Kat. Si quiere ir, va a ir. —Pero las mujeres necesitan tiempo para prepararse y esas cosas, ¿no? —John y Liza pueden manejar las cosas en la pelea hasta que lleguemos allí. —Si Kat quería ir, él lo haría realidad. Tenía el dinero para hacer que las cosas sucedieran. Pero tenía que llegar a casa con ella para averiguarlo. Darle la oportunidad. Dejar de hacerla a un lado. Hacerle entender que ella lo era todo para él, que era lo primero. —¿Y si no quiere ir? El lugar de Sloane estaba junto a ella. —Entonces no lo hacemos. —Su tensión anterior y el cansancio se alivió con esa decisión. Se desplazó por sus contactos y llamó a John mientras Ethan los llevaba a casa.

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El terror se apoderó de la mente de Kat como un tornillo exprimidor de cerebros. El cuchillo presionaba en la piel del cuello de Drake. Foster no debería estar aquí. —Se supone que tienes que estar en la pelea en Temecula. El hombre entrecerró los ojos. —Voy a tener más diversión aquí. Mientras Michaels manipulaba ese programa, hice mis propios planes. El bastardo destruyó mi vida por una vagabunda sin valor. Es tiempo de un poco de venganza. Corre. Cada célula de su cuerpo le decía que corriera hacia la puerta. O al garaje. O al baño de Drake y cerrara la puerta. Pero no podía dejar a Drake. —Ven aquí —ordenó Foster. —¡Corre, Kat! —Drake trató de retorcerse en el agarre.

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Foster sacudió la cabeza de Drake hacia atrás y lo cortó en el cuello. —¡No! ¡Oh Dios! —Ocurrió tan rápido que Kat apenas pudo seguirlo. Por un instante se preguntó si lo había imaginado, pero luego una delgada línea roja de sangre brotó de la garganta de Drake. Corrió hacia adelante. —¡Detente! ¡Estoy aquí! —El mareo ondeaba en su cabeza, pero ella clavó las uñas en las palmas de las manos. Estaba lo bastante cerca como para ver que el corte de Drake era poco profundo. Más doloroso que dañino. Foster puso en sus labios una sonrisa. —Vamos a ver lo que llamó la atención de Michaels sobre ti. Desnúdate. —Cambió de posición el cuchillo en su mano para que la hoja quedara apuntando hacia abajo—. Rápido, o lo voy a apuñalar en el muslo y seguir adelante. Drake trató de sacudir frenéticamente la cabeza, pero Foster apretó su brazo debajo de su barbilla. Una horrorizada comprensión estalló en su cerebro. Iba a obligarla a quitarse la ropa. Luego a violarla. Los mataría a los dos. Foster levantó el cuchillo. No estaba bromeando. —¡Está bien! Lo haré. —Temblando violentamente, con las manos entumecidas por el pánico, Kat se quitó su camiseta. No podía luchar contra esto, no sabía cómo. Pero no podía dejar que lastimara más a Drake. —Tetas pequeñas. No veo mucho todavía. Sigue adelante. Sus ojos sobre ella la hacían temblar. La humillación se deslizó a través de ella. Cruzando los brazos sobre el sujetador, trató de hacerse más pequeña. Invisible. —No lo hagas Kat. —Drake luchó, tratando de luchar contra el hombre más grande. Foster lo sujetaba con facilidad mientras dirigía su mirada hacia ella. —¿Quieres oírlo gritar? Oh Dios, oh Dios. Kat tiró sus zapatos mientras buscaba los botones de sus pantalones vaqueros. Sus dedos entumecidos se deslizaban. ¿Qué

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debía hacer? No había ayuda. Sloane no estaría en casa durante horas. No sabía dónde estaba Zack. Nadie iba a venir. Foster empujó la punta del cuchillo en el muslo de Drake. El anciano gruñó, sacudiendo su cuerpo contra el dolor. —Desnúdate perra. —Foster retorció el cuchillo, arrancando un grito débil de Drake. —Lo haré. No le hagas daño. Por favor. —Calientes lágrimas se derramaban indefensas por su rostro y le tapaban la nariz. Se obligó a que los vaqueros le pasaran por las rodillas y salieran. Los ojos de Foster sin vergüenza paseaban sobre su sostén, su vientre, sus diminutas bragas, con sus cicatrices que iban desde la rodilla hasta la mitad de la pantorrilla. Su piel se puso de gallina cuando la alegría profana cruzó su rostro. Como si sus cicatrices lo excitaran. Serpientes de terror se dispararon a través de ella. Había sentido esto antes, cuando un hombre le sujetaba los brazos y el otro blandía un bate. —¡Corre, Kat! —gruñó Drake contra el brazo alrededor de su cuello. Foster hizo girar el cuchillo, empujándolo más profundo. Un débil silbido doloroso se escapó de Drake. —Déjalo en paz. —Sollozó al decir las palabras. La mirada de Foster se estrelló contra ella. —Está bien —tiró el cuchillo y arrojó lejos a Drake como si fuera basura. El anciano se acurrucó en el suelo cerca de la mesa de café. —Drake. —Se mantuvo erguida, necesitaba llegar hasta él. Ayudarlo. —Voy a jugar contigo. La mirada de Foster chocó con ella, encendiendo un pánico animal que la impulsó a huir. Girándose, dio dos pasos antes de que su pierna cediera. No. ¡Oh Dios! Tambaleándose, trató de recuperar el equilibrio. Un brazo se enganchó alrededor de su cuello y tiró de ella hacia atrás. Sofocándose, agarró frenéticamente el brazo que la sostenía. El cuchillo se movió en frente de su cara. Sus pulmones se quedaron sin aire. Un feroz zumbido explotó en su cabeza. Las manchas aparecieron en su visión.

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¿Dónde estaba Drake? ¿Vivo y asustado? ¿Obligado a ver lo que Foster le haría? La ira aumentó, empujando hacia atrás su pánico. Lucha. Sobrevive. Ella era la única oportunidad de Drake. Kat extendió bruscamente su brazo, golpeando la mano de Foster que sostenía el cuchillo. Por la sorpresa, él aflojó la presión en el cuello de ella. Su entrenamiento salió a la luz. Kat se giró de lado, llevando su brazo interior hacia arriba entre ellos y pegándole a Foster en los hombros y la cabeza. La rabia y el miedo la guiaban mientras arañaba su rostro. Libre, se dio la vuelta para escapar. —¡Jodida puta! —¡Vete! —Drake se lanzó a sí mismo hacia la mesa de café, tratando de ponerse de pie. La sangre manchaba la camisa y el pantalón del pijama, pero sus ojos tenían un brillo de calmada determinación—. Fuera, a la terraza. En el espacio de un segundo, ella miró las puertas abiertas y luego al hombre tratando de ponerse de pie. Un segundo para elegir. Podría escapar, dejando a Drake morir por ella. No, no podía hacerlo. Kat se detuvo, dio media vuelta en frente de Drake y se dejó caer en su posición de combate. La sangre goteaba por la cara de Foster por los cuatro arañazos. Con los brazos extendidos, con una mano agarrando el cuchillo, se dirigió hacia ella con furia asesina en sus ojos. Otro paso lo acercó. —Vas a pagar por… Sus palabras se cortaron con el sonido de una puerta abriéndose. Kat volvió la mirada hacia la puerta que daba al garaje. ¿Qué? ¿Cómo? Sloane dio dos zancadas y se quedó inmóvil. Su expresión relajada palideció. Sus ojos se helaron. Una oleada de energía feroz crujía a su alrededor. Entre un parpadeo y el siguiente, Sloane se lanzó. Su mano golpeó la encimera de granito y voló por encima.

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Foster giró con el cuchillo hacia arriba. La bilis se disparó en la garganta de Kat. Foster heriría a Sloane. Tenía que ayudar, tenía que hacer algo. —No. Vete. La voz débil y temblorosa de Drake hizo que cayera de rodillas a su lado. El dolor se disparó por la pierna, dándole calambres a su vejiga. No le importaba. Drake se había derrumbado de nuevo al suelo. Su cara estaba gris y los labios blancos. Gruñidos, maldiciones y golpes sordos rugían a su derecha. Concéntrate en Drake. Agarrando su camiseta del suelo, la llevó a la herida en el muslo de Drake. Ethan corrió por las puertas abiertas. No sabía cómo ni por qué él y Sloane habían vuelto, simplemente estaba agradecida de que lo hubieran hecho. Le rogó a Ethan. —Ayuda a Sloane. —Él no lo necesita. —Ethan se quitó su camisa abotonada y la ayudó a ponérsela—. La policía está en camino. Kat estiró su cabeza alrededor. Sloane bloqueaba el cuchillo de Foster en su pecho, pero la hoja le cortó la manga y en el antebrazo. Él no se dio cuenta. Sloane dio un salto atrás evitando un golpe dirigido a su rodilla y luego rompió una patada en la cara de Foster. El hombre voló hacia atrás y aterrizó a medio metro de Kat. Trató de rodar, pero Sloane saltó sobre él, dirigiendo puñetazos y golpes rígidos con el codo contra el rostro de Foster. La sangre caliente golpeó su piel. Kat miró hacia abajo, viendo salpicaduras rojas florecer en la camisa blanca como la nieve que Ethan puso sobre ella. Los sonidos de la carne y los huesos crujiendo resonaban. No quería mirar, pero de alguna manera lo hizo. Su estómago se revolvió en horror. El rostro de Foster se estaba disolviendo en pulpa. —Detenlo. —La mano de Drake le sostuvo el brazo—. Kat.

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La súplica de Drake la sacó de su sorpresa. Pero, ¿cómo lograría alcanzarlo? —¿Sloane? Nada. Él no la escuchaba y seguía golpeando con furia violenta. Una furia asesina se montó en su rostro, sus músculos a punto de estallar por debajo de la camiseta. La sangre manaba de su brazo cortado. Foster no se movía. Temblando, con turbias náuseas, Kat se acercó y golpeó tres veces en la espalda de Sloane. Su cabeza giró bruscamente, con los ojos fijos en ella, dándole una vista de primer plano de su furia mortal. Él no le haría daño. —Sloane, está derrotado. —Tal vez incluso está muerto. No lo sabía, no le importaba. Solo le preocupaba Sloane. Necesitaba una toalla para el brazo de Sloane. Drake necesitaba ayuda—. Te necesitamos.

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179 Sloane miró al ensangrentado y roto hombre debajo de él. El hijo de puta jadeó, así que estaba vivo, pero no iba a moverse pronto. Ya no le importaba. Solo Kat y Drake importaban. Sloane fue hacia ellos. Kat tenía la cabeza de Drake en su regazo, se inclinaba sobre él en un ángulo incómodo, tratando de detener la hemorragia en el muslo. El corte en la garganta de Drake era poco profundo y ya había coagulado. Rápidamente, le arrancó la pernera de los pantalones del pijama de Drake, revelando el pequeño agujero desigual en el muslo del hombre. Sloane tomó el trapo de la mano de Kat presionando firmemente contra la herida. Ethan colocó una manta alrededor de Kat y le entregó el tubo de oxígeno para Drake. De rodillas al lado de Sloane, el chico ató una toalla alrededor del brazo de Sloane. —Sostén esto y yo me encargo de Drake.


Sloane presionaba la toalla sobre la herida de cuchillo. Los dedos de Drake tocaron la pierna de Sloane. —Kat no quería dejarme. Traté de hacer que se fuera. Olvidando su herida, Sloane tomó la mano de Drake y se quedó mirando a los ojos de su mentor. La ternura lo abrumó. —Kat te quiere. Ella no abandona a sus amigos. —O a su amante. A él. Manteniendo la mano de Drake en la suya, se deslizó hacia Kat, poniendo su brazo alrededor de ella, con cuidado de la cabeza de Drake en su regazo. Drake había estado dispuesto a morir para protegerla y Kat había estado decidida a luchar por Drake. Ella levantó los ojos hacia él. —¿Cómo sabías que debías volver? Negó con la cabeza, sin poder creerlo. —No lo sabía. Volví por ti. Nunca te pregunté si querías venir esta noche... volví para preguntártelo. Y si no querías venir, entonces iba a quedarme aquí con vosotros. Pero no tenía ni idea hasta que entré que Foster estaba aquí. El auto de Zack estaba en la entrada. Todo parecía normal. Ethan agregó: —Yo venía detrás de Sloane y vi lo que estaba sucediendo. Corrí a la parte trasera, mientras llamaba al 911 y vine de esta manera para sacaros a los dos. Sloane miró al hombre con el que había llegado a encariñarse como si fuera un hermano menor. —Por eso te confío la vida de la mujer que amo. Tienes tus prioridades bien delimitadas. —Simplemente me alegro de que regresáramos. Dios, si no lo hubieran hecho... Pero lo hicieron. Había estado cerca, había regresado. Sloane estrechó a Kat contra él. —Tú estás primero, Gatita. Cada maldita vez.

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Mientras las sirenas sonaban al final de la calle, Sloane abrazรณ a su familia.

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S

loane. Él se despertó de golpe en el sillón reclinable de la habitación de Drake y se puso en pie. Kat estaba dormida en la cama al lado del hombre mayor.

Habían estado despiertos casi toda la noche con él. Hoy habían visto una multitud de gente, incluyendo a los padres de Kat, su hermano y su prometida, Kellen y Diego, que estaban preocupados por ella. Luego John, Sherry y unos cuantos chicos habían venido a decir adiós a Drake. Durante veinticuatro horas había estado a la deriva, a merced de las circunstancias, mayormente durmiendo si no inconsciente. Una hora o dos atrás, John había enviado a todo el mundo. Él y Sherry habían tenido su momento privado con Drake luego se fueron. Ethan tuvo su momento también y se fue a la casa de huéspedes, dando a Sloane y Kat estas últimas horas con Drake. Pero ahora, Drake había despertado y Sloane miró sus ojos azules sorprendentemente claros. —Pensé que dormirías un poco más. Kat se despertó, confundida. —¿Qué sucede? Drake le tomó la mano, pero mantuvo sus ojos fijos en Sloane mientras dijo: —Me gustaría ver el océano. —Kat miró el reloj—. Es casi la puesta del sol. Tendrás frío. Una pequeña sonrisa apareció.

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—No me importa. Sloane cerró los ojos ante el peso de esas palabras. Drake se iba. Un dolor insoportable golpeaba su pecho. La mano de Kat tocó la suya. —¿Podemos moverlo? Abriendo sus ojos, fijó su mirada en la de ella. No hace mucho tiempo ella habría corrido a sus brazos aterrorizada, dejando que él sea su fuerza por un rato. Ahora ella era la suya. —Yo lo llevaré. —Tu brazo. —Ella echó un vistazo al vendaje sobre los puntos de sutura. Nada importaba excepto darle a Drake sus últimos momentos. Él quería ver el océano, Sloane lo haría posible. —Está bien. Consigue una manta. Kat se deslizó fuera de la cama. Sloane se inclinó y tomó el tubo de oxígeno de la cara de Drake. Deslizando sus brazos por debajo de él, levantó al hombre y lo llevó fuera a la terraza, bajando las escaleras y cruzando la arena a la orilla del mar. Se sentó y apoyó la espalda de Drake contra su pecho. Drake había tomado un chico furioso, sufriendo, en duelo y lo había moldeado en un hombre. Sloane luchó para decirle lo que eso había significado para él. —Gracias, Drake. Has sido un padre para mí. Tú eres el hombre que espero ser. Drake puso su mano sobre el brazo de Sloane. —Tú eres el hijo que yo elegí. El dolor en el pecho de Sloane se intensificó y sus ojos ardían mientras Kat se aproximaba a ellos cuidadosamente por su pierna en la arena. Ella colocó con cuidado la manta alrededor de Drake, luego vaciló. Al ver su incertidumbre, Sloane la empujó hacia ellos, acomodándola contra el costado de Drake y extendió la manta sobre todos ellos.

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—Quédate con nosotros. —No podía hacerlo sin ella. Ella pertenecía a él, en este momento y siempre. Kat acunó la mano de Drake en la suya—. Nunca te olvidaré. —Su voz se quebró y se rompió—. Tú eres mi amigo. La garganta de Sloane le dolía. El dolor que les inundaba era tan vasto y profundo como el océano. Drake giró su cabeza lentamente. —Mi ordenador portátil. Kat inclinó la cabeza más cerca para oír su susurro áspero. —¿Qué hay acerca de ello? Drake tragó, luchando para tratar de sacar las palabras. Las lágrimas brotaron de sus ojos, derramándose por su rostro. —No te he olvidado. —¿Una carta para mí? Drake inclinó su barbilla en un guiño. El corazón de Sloane se llenó de mucho dolor y amor por ambos. Drake, el hombre que salvó a un atormentado, niño enojado y Kat quien enseñó al hombre a amar. Drake descansaba sobre el pecho de Sloane mientras Kat sostenía la mano del hombre mayor. Las olas se elevaban y caían mientras que el sol se sumergía en el océano, cubriendo la oscuridad un manto suave sobre ellos. Drake expiró pacíficamente, simplemente dejándose llevar. Sloane sujetó su brazo alrededor de él, tratando instintivamente de retener el único padre que había conocido. Kat se limpió la cara con la manta y luego se puso de rodillas y besó la mejilla de Drake. —Siente la música Drake. Eres libre ahora. Cuando ella desvió la mirada hacia Sloane, su rostro estaba ultrajado por lágrimas y pérdida y sin embargo había tanto amor allí también, que él perdió por completo el control.

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Drake se había ido. La horrible realidad lo tomó por el cuello, rasgando a través de su corazón. Tiró de Kat hacia él mientras la tormenta emocional hacía estragos en su interior. Finalmente, Kat dijo: —Haré la llamada. Tenían que llamar al médico de Drake. Pero no podía hacerlo, no todavía. —Aún no estoy listo para dejarlo ir. El peso de Drake desplomado contra Sloane era uno que él llevaba voluntariamente. El hombre había confiado en él para sostenerlo mientras moría. Se ahogo nuevamente. Necesitaba un minuto más. Kat pasó la mano por su rostro, empujando su mirada hacia ella. —Tómate todo el tiempo que necesites. Tú eres su hijo del corazón para siempre. Sus ojos brillaban con entendimiento y eso le alivió. Nadie alejaría a Drake de él. Ellos esperarían hasta que estuviese listo para dejarlo ir. Kat presionó sus labios contra la sien de Sloane, luego se apoyo en su hombro para levantarse y se dirigió a la casa. No sabía cuánto tiempo estuvo sentado allí mientras el dolor tallaba profundamente en su alma. Las olas se agitaban en un ritmo constante, la luna se elevó y Sloane se dio cuenta que estaba listo para dejarlo ir. Drake estaba libre de dolor y en paz, pero su legado de mentoría para chicos de la calle viviría. Sloane se aseguraría de ello.

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Diez días después. Kat terminó de dar vueltas en la piscina climatizada de Sloan en Montecito, su casa de California. El frondoso jardín era su lugar favorito. Él había tenido razón en traerlos aquí para darles oportunidad de descansar y recuperarse. Los padres de Kellen estaban cuidando de su pastelería y por primera vez desde que había comprado Sugar Dancer, ella realmente tenía un descanso del trabajo. Al llegar a la escalinata, empezó a salir. Unas manos grandes la alcanzaron, levantándola del agua y hacia los brazos de Sloane. —Hice margaritas. Llevaba pantalones cortos y unas pocas arrugas alrededor de los ojos. Entre el ataque y la pérdida de Drake, ambos tenían pesadillas y malos momentos. Pero se tenían el uno al otro y eso hizo todo soportable. Kat envolvió sus piernas alrededor de él, sabiendo que la sostendría. —¿Cuándo empezaste a beber margaritas? —Solo le había visto beber una cerveza o una copa de vino. Incluso después de que Drake murió, Sloane no había bebido más de una o dos cervezas. —Cuando veníamos en auto hasta aquí, mencionaste lo mucho que te gustaron las que hizo Sherry mientras yo estaba en Brasil y las dos pasabais tiempo con Drake. Ella cerró los ojos, disfrutando la forma en que él había oído su comentario espontaneo y había hecho algo tan dulce. —No quiero llorar más. —¿Las margaritas te hacen llorar? Abrió sus ojos. —Tú lo haces con el modo en que me amas. Era más fácil decirlo ahora, más fácil de creer. Había visto de primera mano cómo Sloane amaba a su hermana y Drake. El amor de Sloane era poderoso y duradero. Él la abrazó con más fuerza mientras la

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llevaba al patio que daba al precioso jardín bordeado de árboles. Sloane metió una toalla gruesa alrededor de su espalda y luego se acostó en un enorme y reclinable sillón con ella cubierta sobre él. Tiró de su cabello, dirigiendo sus ojos hacia él. —Cometí un error y estuve demasiado cerca de perderte. Ese día, cuando entré y te vi parada delante de Drake frente a Foster... esa imagen me perseguirá para siempre. Elegí una pelea con un maldito asesino sobre vosotros. —Tomó aliento—. Una margarita no compensa eso. Ellos habían estado haciendo esto, repasando una y otra vez eso, tratando de obtener el control de sus horribles recuerdos, arrepentimientos y miedos. Odiaba que Sloane se culpara a sí mismo. —Tú no me tienes que compensar por nada, volviste. Nos elegiste a nosotros, a Drake y a mí. Eso es lo que importa. Sloane no sabía que estaban en peligro. Foster había drogado a los dos investigadores que le seguían el rastro, entonces todo el mundo asumió que estaba en su camino a la lucha. —Te hice daño ese día. Me aleje sin que tú supieras que eras mi todo. Es por eso que volví. Tenía que decirte que te amo y que tú venías primero. Y pienso que... —Sloane desvió su mirada en la distancia— …tal vez deseaba que Drake estuviese orgulloso de mí. —Él te dijo cuan orgulloso estaba de ti en la carta. Kat había llorado leyendo cuánto Drake había llegado a amar y respetar a Sloane y cuán orgulloso estaba de él. Drake consideraba a todos los chicos de los que había sido mentor importantes pero había llamado a Sloan su verdadera familia. Sloane volvió su mirada hacia ella y asintió lentamente. —No sé quién es mi donante de esperma, pero Drake es mi padre en todo lo que importa. —Sloane curvo su boca y tocó un mechón de su cabello—. Y él te amó. Su garganta se estrechó ante el pensamiento de la carta que Drake le había dejado. Ella la había leído la noche que Drake murió mientras Sloane estaba sentado en la playa y había memorizado cada palabra. Queridísima Kat, Cuando finalmente llegué a aceptar la realidad de que no iba a vencer a este cáncer, sabía que iba a morir sin el consuelo de una mujer. Ninguna

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esposa, amante, hija, ni siquiera una sobrina. Eso me jodía, pero me preocupaba más acerca de Sloane. Se negaba a dejar que una mujer se acercase emocionalmente a él (¡ya conoces a su madre!) Y temí que ese chico que amo tanto terminaría solo como yo. Entonces tú llegaste a nuestras vidas y nos salvaste a los dos. Me diste tu amistad, llenando las últimas semanas de mi vida con un amor luminoso, cálido confort y risa sanadora. Y le diste a Sloane tu corazón, enseñándole que es digno de ser amado. Al verlo enamorarse de ti y convertirse en un hombre mejor (y ya era un maldito buen hombre) es una de las mayores alegrías de mi vida. Confía en su amor. Él no te fallará. Kat, eres una mujer fuerte con un corazón hermoso. Gracias por ser mi amiga cuando más te necesitaba. He llegado a amarte como una parte valiosa de mi familia. Quiero que sepas que estoy en paz dejando a Sloane contigo. Vive, ama y se feliz hasta que nos encontremos de nuevo. Con amor, Drake. Una oleada de dolor y de amor llenó el corazón de Kat. —Él no me olvidó. Los ojos de Sloane se suavizaron. —Eres una mujer difícil de olvidar, bebé. Drake no mentía, dijo la verdad. Los dos teníais un vínculo especial que hizo sus últimas semanas y días más tranquilos. —Mi peor arrepentimiento es no haber detenido a Foster de herir a Drake. Me quedé helada, presa del pánico y ese bastardo corto a un moribundo indefenso. —Su estómago se revolvía cada vez que pensaba en ello. —Cariño. —Su voz se engrosó—. Se suponía que tenías que correr, no proteger a Drake. ¿No sabes que él habría muerto voluntariamente por ti? Maldición. Iba a llorar otra vez y parpadeó con determinación en contra de las lágrimas. —No podía dejarlo. David me abandonó cuando fuimos atacados, me dejó. No le haría eso a Drake. —¿Cuán trágico hubiera sido si Sloane no hubiera tenido esos últimos momentos dolorosamente bellos con Drake?

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Sloane le frotó la espalda por debajo de la toalla. —Hubiera sido más fácil si me hubiera enamorado de una cobarde, pero en su lugar me enamoré de ti, mi valiente gatita. Ahora voy a pasar el resto de mi vida muerto de miedo de que te maten protegiendo a alguien que no puede protegerse él o ella a sí mismo. Kat puso su cabeza sobre el pecho de Sloane. Con su ataque seis años atrás, no había tenido alguien con quien realmente hablar. Pero ahora tenía a Sloane y juntos estaban procesando lentamente sus emociones. —Drake me enseñó más sobre la compasión que nadie que yo haya conocido. Cometió un error, pero se hizo cargo y trató de hacer las cosas mejor. Lo que yo hice no fue valiente. Eso fue ser amiga de Drake. Sloane acarició con su gran mano a través de su piel, su cuerpo cálido y sólido estaba debajo de ella. —No importa qué título le des. Estabas allí para él. Ella sonrió suavemente. —Y tú estabas allí para nosotros. —Gracias a Dios. —Desearía que hubiésemos podido salvar a Zack también. Habían ido al funeral del enfermero y Sloane se hizo cargo de todos los gastos, pero no era suficiente. Zack había sido asesinado por Foster, luego su auto fue usado para conseguir entrar a la propiedad de Sloane. Su muerte les había golpeado duro. Los ojos de Sloane reflejaban su pesar. —Estaba seguro que había provocado a Foster lo suficiente para venir tras de mí en esa pelea. Kat levantó la cabeza. —¿Lo habrías matado? La mano de Sloane quedó inmóvil sobre su espalda y se puso tenso. —No lo sé. Desearía poder decirte que no, pero pienso que no habría parado si no hubieras estado allí. —Había sido honesto con ella, así que ella hizo la pregunta que le preocupaba. —¿Te arrepientes de no haberlo matado?

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Foster estaba vivo en un hospital de la prisión. Si sobrevivía a sus heridas, sería juzgado por el asesinato de Zack y el ataque contra ella y Drake. Le daba igual si vivía o moría, pero no quería que el hecho de que ella había detenido a Sloane de matarlo se enquistase, emponzoñase entre ellos. Él apartó el cabello húmedo de su rostro. —No. Tú me necesitabas y tú eres lo primero. Ella abrió la boca para decirle lo mucho que lo amaba cuando sonó su móvil. Sloane lo agarró de la mesa de al lado y se lo entregó a ella. Echó un vistazo a la pantalla sorprendida. Cambiando mentalmente de tema, respondió: —Hola, Ana, ¿qué sucede? Era alrededor de las cuatro de la tarde, ¿había algo mal en la pastelería? —Hola, Kat. No te molestaría en tu viaje, pero estoy demasiado excitada para esperar a que regreses. La curiosidad se despertó en ella. —¿Acerca de qué? —Dos de los shows a los que remitimos el material de los videos llamaron. Ambos quieren asegurarte para uno de sus segmentos. Son grandes noticias. Lo logramos. —¿Dos? —Dos shows la querían. Una sensación como de mariposas extendiendo sus alas revoloteaban en su estomago. Los nervios, miedo y alegría se mezclaban. Kat miró a Sloane. —Dos shows me quieren. Ese rostro que amaba, tan brutal, a veces, se deslizó en una sonrisa que hacía sus ojos bailar. —Di que sí. Reserva esos shows. Este es tu momento de brillar, chica pastelera. —Dios lo amaba. No había ningún sentimiento como este—. Ana, reservemos. Ana rió, su felicidad era contagiosa.

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—Uf, eso es bueno, porque ya lo hice. Dile a Sloane hola y hablaremos cuando vuelvas. —Colgó. —Estoy orgulloso de ti, Kat. Tan jodidamente orgulloso. Calor circuló a través de ella. Dejando caer su teléfono sobre la mesa al lado de las dos margaritas, dijo: —Estoy un poco asustada. ¿Qué pasa si lo arruino? ¿O tengo un ataque de pánico? Sloane se tomó un momento para contestar. —Voy a estar allí cuando grabes. Kel puede estar allí también. Conozco a su jefe, va a darle el día libre. No vas a fallar cariño. Sabes lo que haces. —Tal vez entre en pánico. Él asintió. —¿Y? Tú no te estás ocultando nunca más. Si entras en pánico, estaré allí para ayudarte a superarlo. Entonces horneas cualquiera que sea el jodido postre que estés haciendo. Kat parpadeó y luego se echó a reír con tanta fuerza que se ahogó. Dios, se sentía tan bien reír de nuevo. La perdida y el trauma no desaparecen como una tormenta de verano, pero ser capaz de reírse era una señal de que estaban vivos y comenzando a sanar. Sloane la movió para estar reclinada a su lado y luego le entregó una margarita ligeramente derretida y tomó otra para sí mismo. —Por el éxito bebé. Vas a triunfar y ser mi estrella. Kat miró a los ojos del hombre que la amaba tal y como era, mientras apoyaba sus esfuerzos por crecer. —Ya he triunfado. Te tengo a ti.

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Seis meses después. San Francisco, California.

K

at debería estar agotada, pero estaba en las nubes. Su jornada de abrir las puertas del Sugar Dance de San Francisco había sido un éxito enorme.

Los periodistas lo habían cubierto, los críticos gastronómicos habían ido, los blogueros habían llenado sus mesas y tantos clientes potenciales habían entrado y salido que era todo una confusión de puro entusiasmo. Mientras la limusina se deslizaba por entre las calles oscuras, se encontró a si misma balbuceando. —Estoy hablando demasiado. Sloane envolvió sus brazos a su alrededor, tirando de ella más cerca. —El infierno que lo estás. Quiero oírlo todo. Realmente esperaba que no se le rompiera su cara con la sonrisa. A pesar de todo por lo que habían pasado, Sloane y ella tenían mucho por lo que estar agradecidos. No habían tenido que enfrentarse a un juicio por Foster o por David. Lee Foster había muerto de un coágulo de sangre un mes después del ataque y David aceptó una declaración de culpabilidad por el asesinato de Finn. Sloane y ella estaban sanando y construyendo una gran relación. No importaba lo ocupados que estuvieran, siempre la hacía sentir importante. Como ahora, cuando se tomaba el tiempo de escuchar su parloteo emocionado. Kat le sonrió. —Tú estabas en la jornada de apertura de puertas, ya sabes todo lo que pasó. Él había volado hacia allí la noche anterior.

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Hoy, él había hecho que la familia de ella y sus amigos volaran hasta allí. Kat y sus padres estaban construyendo lentamente una nueva relación y Sloane apoyaba eso. Pero Sloane no quería saber nada de su madre. Kat respetaba su decisión, especialmente después de haberla conocido. Esa mujer era tóxica. —No todo el día. Me fui unas pocas veces. —Frunció el ceño hacia ella— . Tenía que quemar las calorías de esos cupcakes. Podría estar desarrollando una adicción. Kat puso los ojos en blanco. —Sí, te estás poniendo gordo. Él todavía entrenaba duro y se mantenía en buena forma con sus artes marciales. Kat podía observarlo durante horas. —¿Es así? Entonces tendremos que entrenar más juntos. Kat nunca conseguiría mejorar mucho más de lo que lo hacía ahora debido a su pierna, pero eso no le importaba ni a ella ni a Sloane. —¿Sí? Porque estoy bastante segura de que el entrenamiento intenso no se supone que tiene que terminar conmigo desnuda y atada con tus vendas deportivas. —Sí, si lo haces correctamente. —Se inclinó hacia delante, situando su boca sobre la de ella. En segundos retrocedió, sus ojos viajando a través de su vestido con la falda larga transparente sobre una falda más corta—. Llevas esos vestidos para atormentarme. Sloane envolvió su mano alrededor de su pantorrilla y la arrastró hacia arriba hacia su muslo. —Lo amas. Eso salió un poco más entrecortado de lo que había pretendido. Llevaban ya ocho meses juntos y su química ardía más caliente que nunca. —Te amo a ti y a tu vestido. Rozó con sus dedos más arriba, acariciando el punto sensible tras su rodilla. Ráfagas de placer subieron por su pierna y se apretaron en su vientre.

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—Quizás deberíamos saltarnos la cena e ir a casa, al apartamento. Podríamos cocinar algo más tarde. —Nop. Te llevo a cenar a Waterbar para celebrarlo. He tenido que compartirte todo el largo día. Ahora eres toda mía. Acarició unos pocos centímetros más arriba en su muslo y trazó de nuevo un camino hacia abajo hasta su rodilla. —Te estás burlando de mí. —No acerca de la cena. Mencionaste que querías ir a ese restaurante, así que vamos. Considéralo mi regalo de gran inauguración. —Entonces, ¿qué era el apartamento que compraste para que tenga un lugar en el que estar cuando esté aquí? Sus ojos mostraron agudeza. —Eso viene a cargo de la seguridad y tú no tienes voz en eso. Fue nuestro trato. El apartamento es seguro para ti. —Pero está a mi nombre. Había protestado sobre eso largo y tendido; y había perdido. Él se encogió de hombros. —Un error administrativo. Cosas que pasan. —Sloane. —Deja de quejarte. No hice nada para ayudarte con Sugar Dancer. Tú hiciste todo eso por ti misma. ¿Pensaba eso? Kat inclinó la cabeza de nuevo sobre su brazo, mirando arriba hacia sus ojos. —Te equivocas. No hice eso por mí misma. —¿Cómo dices? Sé que no te ayudé. Kat retiró la mano de él sobre su muslo y se la llevó al corazón. —Tú has estado ahí emocionalmente en cada paso del camino. —La había ayudado a superar un ataque de pánico justo antes de grabar su primer programa de repostería. Sloane había sujetado su mano mientras compraba y remodelaba la pastelería, contrataba y formaba al

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personal... Él era su roca, su lugar seguro—. Eso significa más para mí que cualquier cosa que puedan comprar tus billones. —Funciona en ambas direcciones, Gatita. Kat tenía un nudo en la garganta pensando acerca de la decisión de Sloane de volcar mucho del trabajo de SLAM en John y Liza de forma que él pudiera concentrarse en el Centro Drake Vaughn para Chicos. Era muy apasionado con el programa De Luchadores a Mentores y este centro sería parte de ello. Mientras la limusina se detenía fuera del restaurante, ella le apretó la mano. —El legado de Drake. Estás haciendo que suceda. Estaba muy orgullosa de él. —Estamos. La puerta de la limusina se abrió y Levi le ofreció su mano. —Kat, cuidado al pisar. Sonrió al hombre de veintipocos años, otro de los chicos de Sloane que ahora dirigía un servicio de limusinas. Le dejó ayudarle a salir y estabilizarla mientras ella probaba su pierna derecha. —Gracias, Levi. —Cuando sea. Una vez dentro del restaurante, Kat estiró el cuello para mirar el Puente de la Bahía. Con su mano en su espalda, Sloane se inclinó más cerca y dijo: —Hay mejor vista desde el piso de arriba. Vamos. —Despachó con un gesto al camarero—. Conozco el camino. Después de que la guiara hasta la planta más alta, Kat miró a todas las mesas envueltas en manteles blancos y bonita cubertería pero sin comensales. El lugar entero esta desierto. —Uh, ¿esta sección está cerrada? Él se quitó el abrigo con un movimiento de hombros. —Es nuestro esta noche. Vamos a salir a la terraza, ponte esto.

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Sostuvo su sweter para ella. Kat se deslizó dentro de él, el calor de su cuerpo y su rica esencia instantemente la rodearon. Colgaba de sus brazos, así que Sloane le remangó las mangas. Su pulso alcanzó la máxima velocidad y bailaba. —¿Qué hiciste? Las motas ámbar de sus ojos castaño claro relucieron. —Te lo dije, nena. Estoy harto de compartirte hoy. La guió afuera a las mesas bajo la fría noche de San Francisco. —¿Alquilaste la planta superior del restaurante entera? —Sí. —Se detuvieron en la barandilla—. Deja de mirarme fijamente y mira al puente. Te traje aquí por la magnífica vista. Kat se giró para obtener el pleno impacto del Puente de la Bahía trazando arcos a través del cielo nocturno iluminado por miles de luces. Asombroso. Era tan bonito que no podía apenas respirar. El puente majestuoso parecía lo suficientemente cercano como para alcanzarlo y tocarlo. —¿Te gusta? —Es increíble. Quiero decir, lo he visto antes, pero esta vista... Quita la respiración. Él envolvió su brazo alrededor, tirando de ella hacia su cuerpo. El viento capturó su cabello y su falda, sacudiéndolos alrededor. No le importaba el viendo o el frío en el aire. Se quedaría de pie allí para siempre para disfrutar esta vista con el hombre que amaba. —Un final perfecto para un día impresionante. Gracias. —Ella suspiró y levantó la vista—. Cuando recuerde el día de hoy, esta será mi parte favorita. Él rozó su boca contra la de ella. —¿Sabes cuál fue mi parte favorita? Bueno, había sido un poco difícil pasarla por alto ya que la había levantado del suelo, abrazándola mientras las cámaras disparaban flashes. —La Tarta alemana de chocolate de Sara.

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Había desvelado la especialidad de la casa de Sugar Dance San Francisco más temprano en la jornada de inauguración. El rostro de Sloane se suavizó. —Planeaste eso cuando me preguntaste cuál era su tarta favorita. Vertió su corazón en crear una tarta lo suficientemente buena para el recuerdo de Sara. Ver la reacción de Sloane había sido mejor que ganar concursos de repostería. —Me llevó un tiempo conseguir hacerlo bien. —Le habría encantado la tarta y haber tenido algo nombrado como ella. —Los dedos de Sloane juguetearon con los mechones levantados de su cabello—. ¿Vas a nombrar algo por mí? —Lo he intentado, pero no puedo conseguir ningún postre lo suficientemente especial para ponerle tu nombre. Tiene que ser perfecto. —Agarró más fuerte la barandilla, estudiando el puente—. Incluso replicar este puente no capturaría tu poder. Él le sonrió, tomando su mano. —Hay una cosa que me gustaría mucho que tuviera mi nombre. Sus cálidos dedos envolvieron los de ella. —¿De verdad? ¿Sus cupcakes de limón? —Tú. Ella se quedó en blanco. —¿Qué? Sloane extendió su otra mano, con una caja de terciopelo descansando en el centro de su palma. —Cásate conmigo, Kat. Haz que mi nombre sea tu nombre. Eso me haría feliz. —Él sacó el anillo, tomando su mano y deslizándolo por su dedo—. Me contaste que tu abuela quería que sintieras la música, ¿recuerdas? Su corazón palpitaba. —Lo recuerdo.

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¿Esto estaba realmente sucediendo? —Así es como me siento teniéndote en mi vida. Siento la música, Gatita, cada día contigo. ¿Te casarás conmigo? El viento sopló a través de ellos, una esencia de mar y de amor. —Sí. Te quiero tanto. Pero no tenías que conseguirme un anillo. Ella nunca los llevaba, no desde su desastroso compromiso. Los ojos de Sloane irradiaban amor, deseo, ternura y una pizca de diversión. —Cariño, mira el anillo. Kat confiaba en él, confiaba en que la conocía. Le dejó elevar su mano. Las luces del Puente de la Bahía destellaban por encima de dos bandas delgadas de platino que se enredaban juntas como bailarines. Diminutos diamantes engastados en hilera centelleaban, creando un efecto de movimiento. Simple y elegante y lo amó casi tanto como lo amaba a él. —Es bonito y sensual. —Mi joyero lo diseñó después de mostrarle fotos de las imágenes de Sugar Dancer. Tu anillo es vergonzosamente barato, me temo. Incluso habiendo mandado diseñarlo a medida para ti. Mi joyero realmente pensó que me lo ibas a tirar a la cara. Kat no podía dejar de mirarlo fijamente. Cada vez que movía su mano, los diminutos diamantes creaban ese efecto de movimiento. —Como bailarines enamorados. ¿Cómo había hecho él esto? Kat quería mirar su anillo para siempre. Sloane le levantó su barbilla. —Quería darte un anillo que te encantara. Pero no me importa si llevas el anillo o no. Especialmente en el trabajo donde se interpondría en tu camino. Todo lo que quiero es que seas mi esposa y amante por el resto de nuestras vidas. —¿Puedo seguir siendo tu acompañante? Él la envolvió con su brazo, elevándola hasta su boca.

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—Tú eres mi única acompañante Kat. Y yo soy el tuyo. Ahora y para siempre.

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Q

ueridas Lectoras:

Después de tres libros, hemos alcanzado el final de la historia de Kat y Sloane. Con todo mi corazón quiero agradecer a cada una de vosotras por hacer este viaje conmigo. Habéis hecho de escribir esta serie una experiencia verdaderamente increíble. No quiero dejarlos ir, pero es la hora. Kat y Sloane son felices. Espero sacar más libros sexys bajo mi nombre de Jennifer Lyon el próximo año 2014. Y aseguraos de esperar dos libros más de mi serie Once a Marine bajo mi nombre de Jennifer Apodaca en la segunda mitad de 2014. El primer libro de esa serie, THE BABY BARGAIN, ya está disponible. ¡Feliz Lectura! Jen

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La autora de bestseller Jennifer Lyon vive en el sur de California donde continuamente trama maneras de convencer a su marido de que deberían tener un perro. Hasta ahora ha fracasado en su esfuerzo perruno. Se consuela derramando su pasión en escribir libros. Hasta la fecha, Jen ha publicado más de quince libros, incluyendo una divertida y sexy saga de misterio y una variedad de romances contemporáneos bajo el nombre de Jennifer Apodaca y una oscura y sensual saga paranormal como Jennifer Lyon. Ha ganado premios y tiene sus libros traducidos a múltiples idiomas, pero todavía no ha encontrado la manera de persuadir a su marido de que necesitan un perro. A Jen le encanta contactar con sus fans. Visita su página web en: www.jenniferlyonbooks.com O síguela en: https://www.facebook.com/jenniferlyonbooks.

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The Plus One Chronicles #3  

Obsession Jennifer Lyon

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