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El presente documento tiene como finalidad impulsar la lectura hacia aquellas regiones de habla hispana en las cuales son escasas o nulas las publicaciones, cabe destacar que dicho documento fue elaborado sin fines de lucro, asĂ­ que se le agradece a todas las colaboradoras que aportaron su esfuerzo, dedicaciĂłn y admiraciĂłn para con el libro original para sacar adelante este proyecto.


Lady_Eithne

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Créditos Sinopsis Nota importante. Capítulo 1 Capítulo 2 Capítulo 3 Capítulo 4 Capítulo 5 Capítulo 6 Capítulo 7 Capítulo 8 Capítulo 9 Capítulo 10 Capítulo 11 Capítulo 12 Capítulo 13 Capítulo 14 Capítulo 15 Nota al lector. Próximo libro. Acerca del autor.

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l salvajemente sexy billonario Sloane Michael controla despiadadamente su vida y todo lo que hay en ella. Incluso sus parejas sexuales son acuerdos de compañía cuidadosamente negociados, incluyendo la última, la ardiente propietaria de una pastelería, Kat Thayne. Pero el control de Sloane es desafiado cuando su mentor se pone seriamente enfermo, y su necesidad por Kat, su necesidad de poseerla a cualquier precio, solo rivaliza con su decidido objetivo de venganza por el asesinato de su hermana. Después de sobrevivir a un ataque hace seis años, Kat Thayne escapa de sus temores en el mundo protector de su adorada pastelería. Entonces Sloane Michaels irrumpe abruptamente en su vida, haciéndola sentir bella, fuerte y sexy. Mientras Kat pone a prueba sus límites y descubre un peligroso secreto de su pasado, el lado controlador de Sloane emerge. Preocupada de que Sloane posea su mente, cuerpo y alma, Kat lucha por mantener su independencia duramente ganada. Pero justo cuando Sloane demanda su completa rendición, descubre que él tiene un lado oscuro que podría destruirlos a ambos.

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The Plus One Chronicles es una trilogía que se supone que debe ser leída por orden: 1 – The Proposition 2 – Possession 3 – Obsession

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e había dado a ella tres malditos días, ¡mejor que estuviese allí! Michaels abrió la puerta de su SLAM Fitness y Training Center en San Diego, California y entró. El área pública del gimnasio vibraba con energía y sudor. La música vibraba con fuerza, el sonido metálico de las pesas golpeando y las voces aumentaron en un ritmo tan familiar como su propia respiración. Apenas asintiendo a los saludos variados que le lanzaron, Sloane se centró en la búsqueda de la única persona que quería ver. Su sangre hervía al borde de la violencia que a él lo predisponía para pelear o follar. Desde que le habían llegado noticias de que el asesino de su hermana había salido de la cárcel como un hombre libre, sus emociones cabalgaban demasiado cerca de la superficie. Tenía que concentrarse en su objetivo ahora más que nunca. Sin distracciones. Y Kat Thayne era una distracción infernal. Pero no podía olvidarla, no pudo conseguir sacar fuera de su mente el sabor de su boca o la sensación de ella. Se había apoderado de su mente, recorriendo sus pensamientos día y noche. Suficiente. Tenía que encontrarla ahora. Con renovada determinación, buscó en el gimnasio a Kat. No había aparecido. No la veía por ninguna parte. ¿Tenía su auto en el estacionamiento? Había estado tan obsesionado con llegar a ella, que no había tenido un segundo para mirar. Vete a casa. No te necesito para arreglar esto, tengo que ser fuerte, y yo no estoy segura de poder hacerlo contigo alrededor. Sus palabras desde el domingo resonaban en su cabeza, mientras sus hermosos pero atormentados ojos lo perseguían.

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Inaceptable. Habían hecho un trato, y maldición ella lo cumpliría hasta el final. No permitiría que el idiota gilipollas de su ex novio arruinase esto. ¿Kat quería llegar a ser lo suficientemente fuerte como para hacer frente a ese imbécil? Entonces entrenaría con él. Sloane giró para irse. Si ella no tenía las agallas para aparecer, iría a buscarla. Cherry, una de las recepcionistas, le salió al paso. —Sr. Michaels. Se resistió a la urgencia de pasar de largo frente a ella. Solo quería una cosa: encontrar a Kat y arrastrar su culo aquí para entrenar o hacia la cama más cercana. Ellos no habían terminado. La necesitaba, necesitaba terminar lo que habían empezado para poder aclarar su cabeza. Pero Sloane no había construido su SLAM Inc. imperio sin tener autocontrol. —¿Qué necesitas, Cherry? La niña dio un paso atrás. —Uh, la Sra. Thayne está en la sala de entrenamiento privado. Parecía nerviosa, así que pensé que estaría más cómoda allí. El alivio fluyó desde sus sienes hacia abajo aliviando mandíbula, cuello y hombros. —Gracias. —Se dio la vuelta, encontró la puerta, marcó el código y entró. Santo Cristo. La sangre de Sloane se detuvo ante la visión. Kat extendida sobre la alfombra azul de entrenamiento, con su cabello marrón con mechones rosados trenzado hacia atrás cayendo sobre su espalda, dejando al descubierto sus auriculares para iPod. Tenía los ojos cerrados mientras repetía sus estiramientos de yoga. Cuando se impulsó hacia abajo, flexionada hacia adelante, haciendo la postura del perro1, culo al aire, cabeza gacha, espalda recta, la belleza de sus largas líneas le secó la boca.

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Su nombre es Ado-muka-shvanasana.

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Todo menos su pierna derecha. Esa, la tenía inclinada para acomodar las placas y tornillos que mantienen su tibia unida. Kat se levantó, alzó los brazos y la espalda curvada en un salto mortal hacia atrás. El arco reveló la línea de su vientre plano desde sus caderas hasta sus costillas. Sus pantalones moldeados por las caderas hasta la V de sus muslos. Sloane ansiaba tocarla. Observarla dio calor al oscuro y frío hueco en sus entrañas, el lugar donde empujó la mierda que le perseguía —su mentor muriendo y un asesino en libertad para vivir—. Sloane se deshizo de sus zapatos y calcetines, y cruzó la alfombra mientras Kat se enderezaba. Sus ojos como un remanso verde-azulado se ensancharon. —Oh, no te oí entrar. —Ella tiró de sus auriculares. Su polla se hinchaba, palpitando. Sloane envolvió las manos alrededor de su cintura, sus dedos le quemaban por la franja de piel desnuda. —Es bueno que hayas aparecido. —La miró fijamente a los ojos, tratando de ver más allá de sus barreras. Sloane no estaba acostumbrado a esta necesidad en su interior, esta compulsión a desnudar su alma. No solo su cuerpo, sino toda ella. Acarició con sus pulgares sobre su vientre. —No estoy listo para dejarte ir. Aún no. Kat incitaba, provocaba algo que no existía hacía mucho tiempo, muerto dentro de él. Pero esta lujuria podría consumirse, siempre lo hacía. Y pensar que era algo más era tonto en el mejor de los casos. Peligroso en el peor. Ella contuvo el aliento, su rostro sonrojado. —No fue tu elección. Era mía. Tal vez fuese una elección para ella. Para él, se trataba de una urgencia incontrolable. —¿Qué te hizo decidirte?

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Su estómago se tensó bajo sus dedos. —Yo estoy en control de mi vida, y esto es lo que quiero. Tal vez fallé en detener a David esta vez, pero la próxima vez no lo haré. Estoy aprendiendo a defenderme. Eso es lo que lo atrajo hacia ella con una fuerza magnética. Ella no quería ser rescatada, Kat quería rescatarse a sí misma. Eso le atraía como ninguna otra cosa. Su madre aún culpaba a Sloane por la forma en que su vida había resultado. Ella culpaba a todos menos a sí misma. Kat no. Trabajó para cambiar lo que no le gustaba. Y lo que no podía cambiar, como el daño a la pierna, se adaptaba. Sloane bajó la cabeza, inhalando su aroma. Ella debe haber cocido rollos de canela en el trabajo hoy. Se le hizo la boca agua al pensar en lamer su piel, en busca de cualquier rastro de canela. —¿Esa es la única razón por la que estás aquí? ¿Para aprender a luchar? —Necesitaba esto de ella, tenía que saber que estaba tan afectada por él como él lo estaba por ella. —No. La provocó, escarbando más a fondo. —¿Qué más quieres? —Tú. Me gusta la manera en que extiendo mis límites contigo. —Ella tragó—. Todos ellos. Física y sexualmente. El aire de la habitación, ardía, despedía chispas, por la conexión entre ellos, formando un arco como un cable de alta tensión. Tenía que tener algún tipo de control de nuevo antes de que ella le hiciera caer de rodillas con su honestidad y confianza. —Estás en mi gimnasio ahora, chica pastelera. Es hora de extender algunos de esos límites. La vulnerabilidad en sus ojos endurecidos con determinación. —Me estiré. Estoy lista para trabajar. —Todavía no. —Un tono ronco cubría su voz. —¿No? —Ella inclinó la cabeza hacia arriba.

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—No hasta que te bese. —Él rozó sus labios sobre los de ella, cubriéndola de besos mientras se dirigía a su oreja—. Y tú arderás por mí como yo he estado quemándome por ti. Durante tres días de mierda. Y noches. Incluso mientras entrenaba, algo inaudito antes de Kat. Su indudable estremecimiento le excitaba más. Sloane ladeó la cabeza hacia atrás para arrasar su boca. Dios, su sabor. Tan lujurioso, perversamente placentero que disminuyo el asalto para disfrutarlo y chupó suavemente su lengua. Ella se derritió contra él y entrelazó los dedos en su cabello. El tirón en su cuero cabelludo le ardió derecho hasta su ingle. Ahuecando sus caderas, levantó a Kat presionando su erección hacia el centro caliente entre sus piernas. Envolviendo las piernas alrededor de su cintura, ella gimió en su boca y él arrojó los últimos vestigios de control al infierno. O se detenía ahora, o la tomaría con fuerza contra la pared de la sala de entrenamiento. Tan tentador como era, tampoco sucedería, no cuando existía la posibilidad de que alguien pudiese entrar. Kat desnuda era solamente para sus ojos. Esto podría ser temporal entre ellos, pero maldición la protegería mientras fuera suya. Se liberó del beso, pero el deseo que había visto en sus pupilas dilatadas no le ayudó. Apoyando su frente contra la de ella, contuvo el oxígeno. —Ahora nos calentamos. Él no quería dejarla en el suelo. Demonios, si pudiera salirse con la suya, la habría llevado a su casa, encerrado en su dormitorio y perderse en ella. Por horas o días, el tiempo que le tomase calmar la necesidad ardiendo en su sangre. —¿Para entrenar o para el sexo? —Su respiración rozando ligeramente su rostro, como si fuera una pluma, mientras sus palabras burlonas eran más profundas. —Ambas. Entrenar primero. —Porque sabía lo importante que era para ella. Kat necesitaba superar sus ataques de pánico—. Después de eso vamos a ducharnos, e ir a cenar, luego voy a desnudarte y mantenerte de ese modo. Durante el tiempo que ardiese el fuego entre ellos, entonces podría concentrarse en lo que tenía que hacer.

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Vengar a su hermana.

Las miradas les siguieron hasta la mesa y no habían cesado, pero Kat decididamente ignoró a los mirones. Esas miradas indiscretas no la observaban a ella. No, eran el metro noventa y cinco de belleza salvaje al lado de ella que habían dominado la atención desde el segundo en que habían entrado en The Melting Pot. Sloane ocupaba la mayor parte del reservado, y demasiado espacio en su cabeza. Durante tres días, no había pensado en nada más, excepto en él y su negocio. Cuando Sloane la había rescatado de David, había estado sorprendida por el deseo salvaje de arrojarse a los brazos de Sloane. Esa necesidad de contar con él la había aterrorizado. Hizo muy fácil apoyarse en él. Temía perderse, perder a la mujer que estaba trabajando tan duro para llegar a ser. Kat había tenido que dar un paso atrás. Pero ahora aquí estaba, de nuevo con Sloane. —Prueba la fondue de alcachofa y espinacas. Saliendo bruscamente de sus pensamientos, se concentró en Sloane sosteniendo un tenedor con un cubo de pan que goteaba una salsa cremosa. Sonrió. —Ahora que tengo tu atención. —Nunca la perdiste. —Mierda. Probablemente no debería haberle dicho eso. Después de bajar el tenedor, Sloane se inclinó más cerca, el calor resplandecía en sus ojos marrones. —Pensaste en mí. —Demasiado. —No la dejó retirarse a ese lugar seguro en su cabeza donde podía distanciarse del placer o dolor. Que hacía que el estar con él fuese estimulante y aterrador—. Y luego, por tres días... me deslice nuevamente a ese estado gris entumecida. —Kat no quería ser más una

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cobarde, temerosa del rechazo, la crítica y el pánico. No quería simplemente existir, quería vivir. —¿Lo sientes ahora? Su voz profunda, ardiente y centrada calentaba su piel. —Sí. Un desafío irradiaba de él. —No voy a dejar que retrocedas. Si te retiras, voy a por ti. ¿Me escuchas, gatita? Su pulso se aceleró. Él lo había logrado antes, sujetándola a una pared y burlándose de ella hasta que se defendió. A ella le había encantado, emocionada con la poderosa sensación. Aunque, ella tenía el arma definitiva. —Puedo golpear ligeramente hacia afuera. —Su gesto seguro. Él se inclinó, rozando sus labios con los suyos. —Siempre. —Tomando un tenedor nuevo mojó otro cubo de pan en la salsa—. Come. —Deslizó el pan en su boca. Los sabores ricos e intensos se deslizaron sobre su lengua. —¿Bueno? —Oh, sí. —Mejor que cualquier cosa que hubiese comido en días. —Sigue así, y no voy a ser capaz de ponerme de pie para irnos. Al menos no era solo ella la que se ahogaba en deseo. Kat hundió un trozo de verdura en la olla. —Parece ser un problema recurrente. Me di cuenta en el gimnasio. —Tú fuiste la causa directa de ello en el gimnasio. Había estado nerviosa como el infierno acerca de verlo. ¿Qué sucedía si su atracción había muerto? ¿Y si él hubiera perdido el interés? Entonces la había besado y todas sus dudas habían desaparecido. —Y, sin embargo, insististe en ejercitarnos, ducharnos y comer. Ella había estado dispuesta a saltarse la parte de comer.

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—Tengo motivos ocultos para alimentarte. —Él le tentó con más pan sumergido, en fondue—. Come, chica pastelera, necesitarás la energía para sentir. Tan seguro de sí mismo, ¿y por qué no lo estaría? Un beso, y ella se había derretido en un charco de doloroso deseo. —Lo siento, estoy demasiado cansada para un ejercicio más fuerte después de la hora y media de ejercicios que me hiciste pasar. Él jugó con un mechón de su cabello. —No te creo, Kat. Amas entrenar. Si no le hubiese puesto fin, todavía estaríamos en el gimnasio. Tienes más determinación que algunos de los campeones luchadores que conozco. Distraídamente se frotó la pierna. El temor de ser una víctima indefensa se agitó de nuevo en ella. —Necesito ser mejor. Una vez que tenga la habilidad y el conocimiento de cómo manejarme en una situación difícil, creo que mis ataques de pánico residuales se detendrán. La curiosidad centelleó en sus ojos. —¿Qué te convenció? —David. —Unos pocos días le habían dado una mejor perspectiva. No había fallado en cuidar de sí misma, sino más bien, había dado pasos hacia volverse cada vez más fuerte. Se había enfrentado a David en un principio, y estaba orgullosa de ello—. Me las arreglé para romper su dominio sobre mí de una vez. Y se siente condenadamente bien. Era la primera vez que me sentí en control desde que los dos fuimos supuestamente asaltados. Un asalto que no fue un robo. Al menos... ella no lo creía. David no quería que sus recuerdos de esa noche volviesen, pero Kat sí. Necesitaba saber la verdad. Sloane sonrió. —Apuesto a que sí. —Pero luego David se abalanzó sobre mí, sujetándome contra la pared. He intentado golpearlo con la rodilla, pero lo hice mal. —Con el ceño fruncido, admitió—: Fue entonces cuando perdí el control, y el pánico se apoderó. Pero si me entreno lo suficiente, va a convertirse en un

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reflejo. —La determinación se manifestaba en su voz—. Sabré qué hacer. No voy a entrar en pánico. —Le vas a patear el culo un día. Y voy a estar viéndolo. Eso hizo brotar una risa sobresaltada por parte de ella. —Bueno, está a salvo esta semana ya que está en la costa este. Y yo todavía estoy entrenando. Sloane tenía razón, le encantaba entrenar y adquirir las herramientas para vencer el pánico. Había pasado mucho tiempo, pero Kat estaba casi llegando a un punto en que podía ver un futuro en el cual no tuviese miedo de vivir. Sloane hizo a un lado su plato. —Estás llegando allí, Kat. Pero se necesita tiempo y práctica. —Él se echó hacia atrás mientras los camareros vinieron a recoger los aperitivos y poner la cena en la mesa. Kat revolvió su mahi mahi —pescado—, probando las salsas mientras Sloane abordó su filete y la langosta fría. Pero sus pensamientos estaban todavía en el entrenamiento. —¿Cómo te volviste tan bueno? —Haciendo un gesto indiferente con su mano ante él, dijo—: Aparte de haber nacido grande y musculoso. ¿Cómo aprendiste? —No solo había ganado tres campeonatos de la UFC, sino también había creado SLAM Inc. ¿Que había desarrollado tal ambición en él? Sloane puso algo de langosta en el plato. —Crecí pobre y rudo. Aparte de eso, tengo un par de cinturones negros. Eso no solo me ayudó a desarrollar una cierta habilidad, sino también disciplina. Kat se olvidó de su comida. —¿Dos cinturones negros? —Oh quería desesperadamente preguntar más acerca de sus años de crecimiento. Se citaban, pero no estaban construyendo una relación, entonces frenó su curiosidad. —En jujitsu y tae kwon do. —Echando un vistazo a su plato, él le dio un gentil empujón a su mano—. Prueba la langosta.

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Kat sumergió la langosta en salsa mientras que pensaba en la seria dedicación que debía haberle tomado conseguir cinturones negros en dos disciplinas diferentes. —¿Qué te hizo querer llegar a ser un luchador? Él conservó su atención en cortar el filete. —Fui a una pelea de UFC y descubrí mi pasión. Demasiado fácil. E irritante. —¿Me veo como una periodista? Con sorpresa levantó las cejas. —¿Qué significa eso? —Esa ha sido la respuesta estándar para tu biografía y entrevistas. Me gustaría saber algo más sobre el hombre con el que me acuesto. Él la hacía sentir como que la entendía. Quería conocerlo a ese mismo nivel. Se quedó mirándola hasta que ella se empezó a mover incómoda. —Bien, no tienes que decírmelo. —Incomunicada, excluida por su silencio, ella comió mecánicamente. No tenía importancia, no estaba entrevistando al hombre con el que pasaría su vida… —No me gusta pasar hambre, y odiaba ser invisible o digno de lástima. —Su voz era tan oscura como sus ojos—. La gente no quiere verte cuando eres pobre o sin hogar o desesperado. Créeme, eso creó una determinación para conseguir que ellos te vean. Por entonces tenía doce o trece años y era un chico furioso, problemático, dirigiéndose a prisión o a una muerte prematura. Odiando su sufrimiento, ella rodeó con su mano su antebrazo de granito. ¿Qué podía decir? Había crecido en una familia rica, y él lo sabía. Sus orígenes no podían ser más diferentes. Y sin embargo, hoy Sloane era el que estaba centrado y Kat la que tenía todos los problemas. ¿Cómo era eso de irónico? —Conocí a un hombre que me introdujo a las artes marciales mixtas y UFC. Ese fue mi billete de salida. —Los desagradables recuerdos contaminando sus ojos se desvanecieron—. Usé toda esa ira para entrenar, sabiendo que un día lo lograría.

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Se había arrancado a sí mismo de una vida de pobreza. Kat no fingió que realmente podía comprender eso, pero sabía lo que era ser juzgado por algo que no podía controlar. —Lo hiciste. Y les hiciste ver que eres lo que has logrado por ti mismo, no lo que naciste. Sloane giro su brazo y le cogió la mano. —Tú arrastras más mierda fuera de mí que cualquier otra persona que conozco. Oh, a ella le gustó eso, aunque a él no. —Me parece justo, ya que tú me haces lo mismo a mí. —¿Lista para el postre? Kat dejó pasar la intromisión de la voz del camarero. Sloane miró su plato. —Estamos listos. Durante la intensa actividad mientras se removían los platos, el carrito de postres presentaba la combinación flambeada de chocolate con leche, caramelos y nueces, Sloane mantuvo su atención en ella. Cuando estuvieron solos de nuevo, eligió una fresa, la mojó y se la extendió a ella. —Abre la boca. Incapaz de resistirse, mordió la fruta que goteaba. Tan bien. Aún mejor era el modo en que la Sloane hacía sentirse normal y deseable. Ella no tenía que trabajar duro para encajar, no tenía que medir cada palabra o acción. Disfrutando el momento —y bajo su completa atención—ella selecciono una rodaja de plátano para Sloane. Él comió la porción, entonces capturó su muñeca y lamió una gota de chocolate. Escalofríos estallaron en su piel, sus pezones se endurecieron ante la sensación cálida, húmeda y ligeramente áspera de su lengua. —Tú sabes mejor que cualquier postre. —Sus ojos ardían sobre ella—. Sigue comiendo. Motivo ulterior, ¿recuerdas?

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Ella había estado lista desde que la había besado en la sala de entrenamiento. —Ya he tenido suficiente. Además, no es postre de lo que estoy hambriento. En cuestión de minutos, estaban fuera en la noche fría, dirigiéndose hacia el servicio de aparcaautos. Una vez que el aparcaautos tomó el billete, guió a Kat a un lado. La gente se movía a su alrededor, pero Sloane estaba centrado en ella. —Ven conmigo a casa, Kat. Quiero mostrarte el certificado de salud. Se quedó sin aliento. Había olvidado que habían hablado sobre hacer el asunto del certificado de salud. —No tengo mi auto. —Había ido a casa después del gimnasio a ducharse, y Sloane la había recogido allí. Envolviendo su mano alrededor de la parte posterior de su cuello, él se inclinó. —Confía en mí te llevare a tu casa cuando te quieras ir. Ella podía confiar en él. Le había demostrado eso. Cada vez que Kat dibujó una línea, Sloane la respetaba. No siempre le gustaba —como cuando le dijo el pasado domingo por la mañana que necesitaba unos días para resolver si podía manejar este acuerdo entre ellos—pero lo respetaba. —Está bien. Voy a ir a tu casa. Pero no tengo nada que mostrarte sobre mi salud. —La excitación estremecía su estómago, tanto ante la posibilidad de ver su casa como de estar a solas con él. Temblores minúsculos recorrían como rayos por su espalda. Apartó su boca de sobre la de ella. —Tu intervalo del sexo te exime. También confiaba en ella. Eso la ayudó a relajarse y disfrutar del momento. —Eh, es un lado positivo estar fuera de práctica. El mercedes de Sloane se detuvo. El aparcaautos saltó, corrió por el frente y abrió la puerta del pasajero. —Aquí tiene, señora.

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Sloane se alejó, y Kat dio un paso. Su atención estaba bloqueada por la forma en que el aparcaautos sostenía la puerta... Ella tropezó, golpeando sus manos hacia abajo sobre el capo caliente del auto. Un terror helado le apuñaló. Un zumbido llenó sus oídos. Líneas grises gruesas ondearon a través de su visión. Kat cerró los ojos, luchando contra el ataque. Un auto deslizándose hasta detenerse, alguien manteniendo la puerta abierta. Un hombre saliendo. Algo le cubrió la boca. Kat no podía respirar. Luchó, pero sus brazos estaban inmovilizados detrás de su espalda. —¡Alto! ¡Oh Dios, Alto! —gritó David. —Consecuencias, Dr. Burke. Un bate de béisbol se balanceó hacia... No. No iba a ceder al pánico y abrió sus ojos bruscamente. Empujando erguida, trató de orientarse. El aparcaautos corrió hacia ella. Ella retrocedió de un salto, porque no quería que la tocara, y casi tropezó. Un brazo alrededor de su hombro. —Kat tranquila. Sloane. Su calor irradiaba través de su terror, calmando el pánico salvaje. —La tengo. —Se acercó a ella pasando al aparcaautos y la acomodó en el asiento. Segundos después, Sloane se encerró en el auto con ella y cerró su gran mano en torno a las suyas—. Tienes frío. Tienes frío. — Arrancó su suéter negro de un tirón por sobre su cabeza y lo envolvió alrededor de ella arropándola como una manta. Entonces arrancó el auto, encendió la calefacción y los llevó por la carretera. El suéter caliente de Sloane olía a él. Ayudó a calmarla, al igual que su voz y el tacto habían pasado a través de su pánico. Incluso ahora, deseaba que la estirase hacia sus brazos y la abrazara. Lo ansiaba y se odiaba por ello. Decidida a conquistar su debilidad, Kat trató de darle sentido a lo que acaba de suceder. —Consecuencias. —Probó a decir la palabra en voz baja, pero le hacía retorcer el estómago.

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—¿Qué? No estaba preparada para hablar de los detalles. —Fue un recuerdo. Uno malo. De repente me tropecé. —La tomó de la mano—. ¿Estás bien? ¿Tu pierna? —Alucinante, fabuloso. —El asco y la frustración consigo misma crecía en su pecho. ¿Acaso no había estado aplaudiendo silenciosamente su casi salud mental? Sin embargo, allí estaba, temblando como una niña asustada—. Públicamente me he humillado a mí misma y al hombre con el que estoy son el final perfecto para mi noche. Su mandíbula apretada, los hombros tensos tironeaban de la camiseta blanca, y las venas se destacaban contra los duros músculos de sus antebrazos. Ella apartó la mano de la suya. —Estás enojado. —Por supuesto que lo estaba. ¿No podía ella aguantar su mierda por una noche?—. Puedes dejarme en casa. Silencio. No era todo eso demasiado familiar. El silencio que gritaba su decepción. Sus padres eran muy buenos en eso. Ellos estaban ignorándola por ver a Sloane e insistiendo que mantienen a David lejos por ella. Kat inclinó la cabeza hacia atrás, determinada a dejar a Sloane solo. Él no había hecho nada malo, incluso había tratado de ser amable. Ella era la única que tenía el ataque de perra. —Si necesitas una pelea, estoy dispuesto a dártela. Su garganta se apretó y apretó los dientes en contra de las ganas de llorar. Necesitaba sentir, luchar contra la impotencia y Sloane vio eso en ella. Era mucho más fácil cuando abandonaba y no sentir el dolor del rechazo y el fracaso ¿Realmente había pensado que ella podría ser algo cercano a lo normal? —Lo siento. Me estoy desquitando contigo. —Vaya modo de arruinar la noche. —Ahora me estoy cabreando. No te disculpes por necesitar eso de mí. — Él contuvo el aliento—. Y para que conste, he luchado frente a miles, y a veces me pierdo. Después de eso, muy poco me avergüenza. Su respiración se detuvo, y el aire en el auto se espesó mientras trataba de descifrar lo que le estaba diciendo. ¿Aguantarse y manejarse como él

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lo había hecho? ¿O era ella la única cosa que le podría causar humillación? —Tú me haces algo a mí. —Una farola pasando iluminó la intensidad tallada en su rostro—. Pero no me avergüenzas. —Sloane condujo el Mercedes a la vuelta de una esquina—. Estamos aquí. El auto redujo la velocidad y giró. Una puerta de hierro forjado enorme se abrió lentamente, dejando al descubierto un extenso camino que conducía a una casa enorme enmarcada con luces suaves del terreno. El moderno edificio hacía alarde al contemplarlo de ángulos rectos brutales y líneas limpias y duras. Al igual que Sloane.

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entro de su espacioso garaje, Sloane peleó por mantener su furia contra sí mismo bajo control. Había estado tan ansioso por llevarla a su casa y tenerla desnuda, que no se había tomado un maldito minuto para acompañar a Kat hasta su lado del auto. —¿Por qué no me llevaste a casa? —Ella apretaba su suéter contra su estómago, mirando fijamente al frente. Esto lo hizo. Salió, rodeó el auto y abrió de golpe su puerta. Tomando su mano, tiró de ella hacia fuera mientras era cuidadoso con su pierna. Ella se quedó allí de pie bajo las luces de su garaje, su rostro pálido y apretando su suéter contra su barriga. Como si eso la protegiera de lo que había visto en su flashback. El miedo estaba dominándola fuerte, arrastrándola hasta ese borroso lugar gris. No la iba a dejar retroceder ahora, y golpeó con las manos en el techo del auto, enjaulándola entre sus brazos. —Los ojos sobre mí. Ella sacudió su cabeza hacia arriba. Ahora que tenía su atención, suavizó su tono de voz y le dijo la verdad: —Te quería aquí. Pero si quieres ir casa, te llevaré. Háblame. Manteniendo su espalda rígida, ella retorció el suéter en sus manos. —Lo estaba haciendo mejor —hizo una pausa—. Hasta esta noche. Sus ojos poseídos le atravesaron. Ella no vio lo mismo que él. —Te apartaste del auto y fuiste directa a una posición de pelea. —La que le había enseñado. Había tenido el pánico casi controlado hasta que el aparcaautos había venido hacia ella. Dejó quietas sus manos.

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—¿Lo hice? —Eso es exactamente lo que vamos a trabajar. —Incluso con algo como un flashback, la reacción de pelea le daría control sobre el pánico. El orgullo que había en ella avivó su sonrisa—. Eres mi luchadora. — Hilando con sus dedos entre su cabello sedoso, se esforzó por contener la fiera necesidad de tenerla en su cama toda la noche. Después de tres días de esperar a que se decidiera, y de lidiar con toda la otra mierda que estaba pasando en su vida, la ansiaba. Tocarla alimentaba ese hueco vacio dentro de él—. Y eres mi amante. Es por eso que te quiero aquí. Ahora responde a mi pregunta: ¿quieres quedarte? Algo de la tensión dentro de ella se evaporó. —Sí. El alivio fluyó a lo largo de sus terminaciones nerviosas. —Bien. —Agarrando en su puño el suéter, lo liberó de sus manos y lo tiró dentro del auto, cerrando luego la puerta de golpe—. Si necesitas algo a lo que agarrarte, esta noche me tienes a mí, toda la noche. — Quería que ella se apoyara en él, no en un maldito suéter. —¿Quieres que me quede a pasar la noche? Mala idea. Nunca se había arriesgado a que una mujer se quedara en su casa. ¿Y ahora? El peor de los momentos. Mierda. Pero una mirada a Kat, y no podía cambiar de opinión. —Sí. —¿Así que vamos a entrar en la casa? —Miró alrededor y luego añadió—: ¿O vamos a dormir en uno de estos autos? Oh, iban a entrar dentro y directos a su dormitorio. Pero primero, pretendía despejar el ataque de pánico de su cabeza. —Necesitamos unos pocos minutos de privacidad. Retrocediendo, ella le agarró el antebrazo. —¿Hay alguien dentro de tu casa? Pensé que vivías solo. Me dijiste que tu conductor vivía en una casa de invitados en tu propiedad. —No es Ethan. Un amigo se mudó recientemente. Él... no está bien. — Maldita sea, Sloane no estaba pensando en eso ahora—. ¿Qué hizo que tu flashback fuera uno de los malos? Apretando las manos entre sí, frunció el ceño.

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—Ver a ese aparcaautos esta noche provocó un recuerdo rápido de alguien manteniendo abierta una puerta de auto y un tipo saliendo. Luego otro flash y mis brazos estaban detrás de mi espalda. Suavemente, Sloane tiró de sus dedos blancos separándolos y llevó las manos de ella hacia sus costados. —Agárrate a mí. —Una vez que ella apretó su cintura, él pregunto—: ¿Nunca antes habías recordado eso? —Un pensamiento oscuro lo golpeó—. ¿Reconociste a ese aparcaautos? Ella negó con la cabeza. —No lo creo. No vi caras, nada como eso. —Tomó aliento y fijó sus ojos en los de él—. David los conocía. Aparecieron y le dijeron a David la palabra “consecuencias.” Esa parte es como mis otros flashbacks, excepto que esta vez vi el bate. El bate. Jesús. Qué le habían hecho... ¿Por qué no habían puesto sus padres ricos un ejército de investigadores privados en el caso y encontrado a esos hijos de puta? Si Kat hubiera sido suya, los habría rastreado hasta los confines de la Tierra. Y los habría matado. —David está ocultando algo, y lo que quiera que sea, es malo. —La ira hizo que ella entrecerrara los ojos. Mierda. No podía verse absorbido en esto. No ahora que estaba tan cerca de su propia meta. La que lo había estado guiando desde que había descubierto el cuerpo de Sara. —Esa mañana, en la pastelería, David dijo: Tienes que dejar esto en paz. He estado tratando de protegerte. Mantén la boca cerrada y acepta que fuimos atracados esa noche. —Ella tragó saliva y luego lo golpeó con toda la fuerza de su furiosa expresión—. No quiere que recuerde. Quien quiera que nos atacara esa noche todavía es una amenaza. La garganta de Sloane se hizo nudos. —David jodió a la gente equivocada. Mantente alejada de él. —Al menos ella ya no trabajaba en SiriX. Sus padres la habían apartado completamente incluso de los beneficios de los negocios familiares cuando dimitió. Estaría segura. Tenía que estarlo. —Por ahora. Él la miró.

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—Kat... Una determinación de hierro impulsó su barbilla hacia arriba. —No es tu decisión. Estoy entrenando porque quiero ser libre para vivir mi vida. No esconderme de David y sus secretos. —Ella sonrió, transformando toda su cara—. Entonces voy a patearle el culo y hacer que me diga la verdad. Su fuerza y resistencia le golpearon a traición. Ella había sido abofeteada por un flashback hace menos de una hora, y aquí estaba lista para devolver el golpe. Este era el trato que él había hecho, enseñarle a defenderse a sí misma. ¿Por qué estaba tan enredado por la preocupación sobre cualquier otra cosa cuando tenía a esta preciosa mujer en sus brazos? —Siempre y cuando yo esté ahí para mirar. Kat era suya por esta noche. —Sentir. —Tragando saliva, ella acaricio con sus manos sus costados—. Quiero seguir sintiendo. Sus ojos suplicaban, rogaban, y, por encima de todo, lo veían a él. No miraba a través de él como la gente había hecho cuando era niño, o con la astucia calculadora de sus otras acompañantes. No le había pedido ninguna otra maldita cosa excepto que le enseñara a luchar y le hiciera sentir. Estaba encantado por eso y rozó su boca contra la de ella. Bayas agrias y rico chocolate. Tirando de ella más cerca de su pecho, se hundió dentro de su boca, probando y saboreándola. Todavía no era suficiente. Explorando bajo su blusa, desplego sus manos sobre su terso vientre para acariciar su piel sedosa. Maldición, deseaba todo de ella. Pero no aquí. Rompiendo el abrazo, gruñó al ver su cara sonrojada, su boca hinchada y sus ojos abiertos y ligeros por el deseo. Rozó con su pulgar sobre su labio inferior. —No voy a follarte contra el auto en mi garaje. El calor brilló en sus ojos. —Eso no sería correcto. —Succionó su pulgar en su boca.

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Su lengua caliente y húmeda lamiéndole forzó otro gemido en él. Pero no había pasado por algo de ese destello caliente en su mirada. —¿Lo quieres contra una pared? ¿Quieres que meta mi polla dentro de ti tan fuerte que no sentirás nada excepto a mí hasta que te haga correrte? ¿Crees que podrás manejar eso? Ella tembló, sus dedos clavándose en sus costados. —Sí. Puedo soportarlo. —Su respiración se elevó—. Y lo deseo. Joder. Su sangre hirvió e hizo crecer su polla brutalmente contra su cremallera. Justo cuando estiró el brazo hacia ella, recordó su análisis de sangre. —Mierda. —Metiéndose la mano en el bolsillo, sacó su teléfono y rápidamente encontró la pantalla que buscaba—. Los resultados de mi análisis de sangre. Ella miró por encima la pantalla. —Te hiciste el análisis el lunes. A primera hora de la mañana. —No puedes asumir riesgos con el metal de tu pierna. —Una infección o enfermedad podía ser más seria para ella que para la mayoría de la gente—. Es tu decisión. Puedo usar un condón. —Kat le había dicho que tomaba anticonceptivos, y, al contrario que a la mayoría de mujeres, la creía. Contuvo el aliento, luchando contra su ferviente deseo de deslizarse dentro de su cuerpo sin barreras, sin nada entre ellos. Ella le devolvió el teléfono. —Sin condón. Su control se quebró. Sloane la alzó en sus brazos, sacándole un chillido. —Te tengo. —Cargó con ella hacia el interior, subiendo las escaleras hasta su dormitorio y cerrando la puerta de una patada. Ella clavó los dedos en sus bíceps. —No me trates como si estuviera rota. Eso pulsó su interruptor, y tomó su boca, destruyendo esa palabra. Rota. No estaba rota. Su sabor alimentaba su hambre, inflamaba su

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necesidad. Sujetándola contra la puerta, le separó las piernas y frotó su erección contra su calor a través de sus ropas. Kat le succionó la lengua, montando sobre la cresta de su polla. Cada instinto que tenía se calentó para darle lo que ella necesitaba. Hacer que se corriera. Hacer que lo sintiera a él y solo a él. Que ningún miedo la aterrorizara. Sloane arrancó su boca de la suya, tragando aire. —¿Te estoy tratando como si estuvieras rota? ¿O como la mujer por la que estoy tan caliente que voy a desnudarte y tomarte contra una pared? —Justo como había deseado hacer en el gimnasio. —No te contengas. —Ella se colgó de sus hombros—. Necesito sentirme viva. Completa. No rota. —Esa palabra otra vez. El puto flashback había fastidiado su autoconfianza. Bajándola, Sloane le quitó de un tirón la blusa y el sujetador. Arrastró sus vaqueros y bragas lejos de ella. Se quitó la camisa por la cabeza y luego se detuvo. Kat estaba de pie contra la puerta, su cabello desparramándose por sus hombros. Su piel brillaba en la luz tenue, sus dulces y pequeños pezones se erizaban apretados. Su suave vientre bajando hasta su franja de vello. Con las piernas ligeramente abiertas, podía ver su clítoris asomándose, húmedo e inflamado. Preparada. Necesitaba esto tanto como él. Su sangre rugió y su polla presionó en sus pantalones con ansia por dárselo todo. Se quitó los vaqueros y rodeó a Kat con sus brazos, su piel caliente contra la suya y nada entre ellos. Sin ropa, sin condón y sin flashbacks torturándola. Solo ellos. Sujetándola contra la pared con un brazo, mantuvo sus ojos en los suyos mientras deslizaba sus dedos a lo largo de la unión de su coño. —Estas húmeda y resbaladiza. ¿Te sientes ansiosa por mi polla? — Reuniendo sus jugos, hizo círculos alrededor de su clítoris. En segundos el pequeño brote palpitó. —Sí. —Las manos de ella estrujaron sus hombros, y sus parpados se dejaron llevar hasta estar entrecerrados. Le pellizco ligeramente el clítoris. Sus ojos se abrieron de golpe lo suficiente como para que él pudiera ver sus pupilas dilatándose.

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Oh, ahora tenía tu plena atención. —Yo también estoy ansioso por ti —Agarrando su polla, la presionó contra ella. Su suave humedad acarició su sensible cabeza. Poniendo rígida su espalda, luchó contra la urgencia de golpear dentro de ella. Ambos necesitaban más que eso—. No solo por tu coño, sino todo de ti. —Esa verdad salió desgarrándolo—. Quiero verte cuando te haga sentir lo suficiente como para dejarte ir y correrte para mí. No apartes la mirada. Sus preciosos ojos se fijaron en él. —Yo también quiero verte. Plantando sus pies en el suelo para mantener el control, atravesó su sedoso coño. Nada más le había hecho sentir así jamás. Sus paredes internas se fundieron estrechándose alrededor de él como un guante, hecho para encajar. Al mismo tiempo, los ojos de ella se llenaron con anhelo y algo más grande. Más profundo. No le escondió nada.

29 Kat clavó sus manos en Sloane mientras él embestía, lento y profundo. Era tan grande que se estrechaba a su alrededor con un ardor crepitante que le hacía gemir. Cuando hacía círculos con sus caderas, su polla rozaba contra su punto G y ella se encendía. Ráfagas de placer inflamaban sus terminaciones nerviosas. Se arqueó hacia atrás, desesperada por más, cuando recordó que él la estaba sujetando. Podría dejarla caer. Un destello de pánico la atravesó. Las manos de Sloane dieron un apretón a sus caderas. Se inclinó más cerca, sus ojos castaños moteados con llameante color siena. —Te tengo. No te dejaré ir. Tan solo siente, nena. No te preocupes. No la dejaría caer. La confianza liberó otra onda de dulce y agudo deseo. Esto era lo que él hacía por ella, desgarrar sus filtros hasta que sentía cada caricia y palabra al máximo. Todo lo demás desaparecía excepto Sloane. Él hizo un círculo de nuevo entrando, perforando en sus profundidades con suficiente fuerza como para disparar más sucesiones de frenético placer a través de su núcleo.


Un gemido emanó del pecho de él. Más, lo necesitaba. Lo ansiaba. Agarrándole los brazos, cerró sus tobillos alrededor de su cintura y lo cabalgó. Cada embestida construía la sensual agonía, llevándola más alto hasta que jadeó con casi sollozos. —Joder. Tu coño me está apretando más fuerte. Te vas a correr. —La mandíbula de Sloane se apretó, su cuello resaltaba, la piel resbaladiza por el sudor. Embistió más fuerte, más profundo. Al mismo tiempo, sus ojos la perforaron, viendo todo de ella. —Déjate ir. Córrete. Un súbito y fiero placer la arqueó hacia atrás, golpeando su cabeza contra la puerta. Los espasmos calientes sujetaron su cuerpo onda tras onda. —Oh, Dios. —Él envolvió un brazo alrededor de su cintura y los hizo girar. Sus hombros golpearon la pared. Sloane la sujetó y bombeó fuerte y rápido, su hombro y su pecho expandiéndose. Sus fosas nasales se ensancharon, su boca abierta mientras el salvaje deseo lo sobrepasaba. Con una última embestida, su polla creció más gruesa, más rígida, lo suficientemente caliente para marcarla, y su semilla ardió dentro de ella. Cuando ambos se asentaron con diminutos temblores, él metió la cabeza de ella contra su hombro. —No estás rota. —Besó su cabello mientras acariciaba su espalda—. Hermosa. Su ternura casi deshizo a Kat, tocándola demasiado profundo, alcanzando la parte de ella que estaba hambrienta por ser acariciada, elogiada y querida. Pero Sloane había sido honesto, le había dicho que él no valía para el romance y las relaciones. Así que, ¿qué era esa calidez fluyendo como un suave rio en su pecho y estómago? Era solo un fulgor post-orgásmico. Era todo lo que podía ser. No importaba lo bien que se sintiera.

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La luz de la luna atravesaba la claraboya en el enorme cuarto de baño. Los surtidores hacían burbujear el agua templada, y el vapor subía en tirabuzones. Kat estaba metida entre los muslos de Sloane, su espalda presionada contra su pecho y las manos de él estaban dobladas por debajo de sus senos. —¿Cómo era luchar en frente de toda esa gente? ¿No estabas nervioso? —Que la gente la mirara fijamente habitualmente la ponía inquieta. —No exactamente. Me daba una fuente de adrenalina. Aunque una vez que estaba en la jaula, todo se trataba de ganar. Era todo lo que me importaba. Ella rozó con sus dedos a través de las burbujas de espuma y trató de encontrarle el sentido a Sloane. Sonaba frío y determinado cuando decía cosas como esa. Pero luego había sido amable y paciente después de su ataque de pánico. ¿Quién era? ¿Cuál era el verdadero Sloane? —¿Por qué dejaste de luchar? —Estaba listo para un nuevo desafío. La irritación burbujeó en su pecho. —Ahora dime el verdadero motivo. Sus manos apenas se crisparon contra su caja torácica. Pero ella lo notó. ¿Cambiaría de tema? ¿Y por qué demonios seguía presionando para saber más de él? ¿Quería acabar esta relación con un corazón roto? —No hubo un motivo. Parte de ello era que había evitado sufrir una lesión seria, de las que hacen terminar una carrera. Había tenido otras pequeñas, como dedos rotos. —Levantó su mano izquierda—. Me rompí el índice y el meñique. —Bajó la mano—. También tuve una nariz rota, cortes y músculos desgarrados. Pero mi suerte no duraría para siempre, no importa lo bueno que sea. —Sloane dió una palmada en el pecho de ella y se inclinó más cerca de su oreja—. Soy bueno, Kat. Sus pezones se erizaron, y sus palabras causaron escalofríos sobre su piel expuesta. —¿Estamos hablando de luchar o de sexo? —De ambos. ¿Estaba intentando desviar su atención? ¿Por qué? Lo presionó más.

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—Así que las lesiones fueron parte de tus razones. ¿Las otras? —Dinero. Poder. —Hizo una pausa, mirando por encima de su hombro mientras trazaba con sus dedos por encima de su estómago—. Nunca seré ese niño desamparado nunca más. Así que busqué oportunidades de expandirme y crecer. Empecé representando luchadores. Estudié como otros hombres y mujeres poderosos tenían éxito y aprendí. También aprendí de los que fallaron. Algunas cosas funcionaron, otras no, pero me las arreglé para crear SLAM. Dirigir su propio negocio le daba a ella el suficiente conocimiento de que eso era una hazaña espectacular. Y aún así Sloane se ponía una barrera. ¿Qué quería? Había dejado claro que no estaba buscando una familia, así que, ¿qué? Pero no era tan tonta como para preguntar eso y encontrarse volviendo a casa rápido y en silencio. —Has alcanzado una gran cantidad de cosas en treinta años. Eres un hombre impresionante. —Así que, ¿qué estaba haciendo con ella? —¿Qué sacó a relucir el tema de mi carrera de luchador? —Cuando estábamos en el auto, mencionaste perder peleas enfrente de miles. —Se encogió de hombros, intentando pensar en cómo dar voz a sus pensamientos—. Tú no tienes ataques de pánico. Agarrando su barbilla, él le inclinó hacia arriba su cara hacia la suya. —Quería que la gente me viera. Quería estar justo en su cara y obligarles a verme. —Ese era el por qué demandaba atención—. Tú te escondes. Te retiras para protegerte. Cuando te vi por primera vez, estabas metida detrás de una columna. —¿Entonces por qué me viste? —Todas esas mujeres refinadas con bonitos vestidos y él se había centrado en ella. No tenía sentido. —Las mechas rosas de tu cabello. —Lavanda. Sus labios carnosos se sacudieron. —Lo que sea, nena, esas mechas gritan “Mírame. Esta es quién soy y si no te gusta, que te jodan.” Te deseé entonces. —Le acarició la barbilla—. Todavía te deseo ahora. La boca de ella se secó. —A causa de mis mechas.

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—Parecías arrinconada y aún así estabas de pie justo frente a cientos de invitados. Podrías del mismo modo haber ondeado una bandera roja delante de mi cara. —Sus ojos castaños adquirieron un brillo depredador—. Estaba decidido a encontrarte después de eso. ¿Sexy o digno de un acosador? Pero a diferencia de David, Sloane nunca la tocó cuando ella le dijo que no. —Aquí estoy desnuda en una bañera contigo. —Algo que había pensado imposible hace un mes—. Así que, ¿qué vas a hacer conmigo? Sloane tiró de ella hacia su regazo, girándola para que se sentara sobre su pierna izquierda, capaz de verle la cara. El agua chapoteaba y burbujeaba a su alrededor. —Maldición, mujer, de verdad te gusta flirtear con el peligro. —¿Yo? —Se mofó de eso—. Soy la pastelera que se esconde, ¿recuerdas? —No conmigo. Te gusta que te tome duro contra la pared. El peligro de confiar en mí para sujetarte mientras te follo te pone cachonda. Saber que incluso mientras me corro, no te dejaría caer. —Sloane hizo una pausa—. El peligro y comprobar tus límites te excita. Su pulso se desplomó y sus nervios se extendieron. —Eres una mala influencia. Solía ser una buena chica. Aunque no se equivocaba. Cuando la desafiaba entrenando o teniendo sexo, a ella le gustaba mucho. —No te gusta ser buena. —Arrastró la palma de su mano por el costado de ella, acunando su cadera—. Dime algo con lo que fantasees que te haga mala. Incluso bajo el agua, su caricia la abrasaba. Y su voz baja y desafiante la hacía sentir audaz. —Solo porque fantasee sobre algo no quiere decir que lo desee. —Así de mala, ¿eh? ¿Era realmente tan mala? —Es tu culpa, tú me diste la idea. —¿Y sabes qué? Resulta que tenía una imaginación para más que para hornear. Porque se lo había imaginado con bastante realismo.

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Él dibujó círculos sobre su vientre. —Puedes contármelo. Sus palabras eran tan seductoras y suaves como sus caricias sobre su estómago. —Azotes. —Era tan opuesto a todo para lo que ella había sido criada. Culta, controlada y experta, elegante, preocupada por lo que piensan los demás—. ¿Por qué querría una mujer adulta ser azotada? Sloane gimió. Su polla se engrosó bajo su cadera. —Los azotes sexuales son calientes. Un poco de juego de roles, pretender que estas en peligro. Te haría desnudar y te inclinaría sobre mis muslos. Estarías expuesta y a mi merced. Sus pliegues se hinchaban y dolían, pero al mismo tiempo, su corazón latía trepidante. ¿Podía hacer eso? ¿Por qué deseaba hacerlo? —Los primeros golpes escuecen, y eso atraerá tu atención. Si puedes soportarlo, el dolor empujará barreras en tu mente para elevar tu placer más y más hasta que tu orgasmo golpee con una fuerza nuclear. — Tomó aliento—. Desear eso no está mal con alguien en quien confíes. —No estoy lista para eso. —Él había sido honesto con ella, se lo había explicado tan casualmente como hacía un movimiento de autodefensa, así que le dijo la verdad—. Me excita y me aterra. Sujetando su barbilla, la miró. —¿Me lo dirás cuando quieras intentarlo? —Estás duro, siento tu polla. Te veo respirar más rápido. ¿Es azotar a una mujer algo que te gusta? —No sabía cómo se sentía acerca de eso. Él la estudió. —No tengo ninguna necesidad de provocarle dolor a una mujer. No es lo mío. Pero me encanta tu culo. Así que pensar en tenerte inclinada sobre mí así, hace que mi polla se ponga dura como una piedra. —Su sonrisa se ensanchó—. Si te azoto, gatita, voy a hacer que te corras fuerte. Y luego voy a follarte y hacer que te corras de nuevo. Una vez más: ¿me lo dirás cuando estés preparada? ¿Cómo hacía esto tan simple? —Sí.

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—Ahí está mi chica mala. —La levantó, salió de la bañera, se secaron rápidamente y se instalaron en su cama—. ¿Te he contado mi fantasía? Tiene que ver con tu boca sobre mi polla. Kat estaba de humor para consumar su fantasía.

Kat despertó sola en la cama de Sloane. Su voz llegaba a través de las puertas francesas abiertas que encaraban hacia el océano. Una ojeada al reloj le mostró que eran las cinco y media. La curiosidad la llevó a salir de la cama. Agarró una bata y salió. Sloane paseaba por todo lo ancho del balcón, los músculos de su espalda, hombros y brazos desnudos se flexionaban. Se había puesto un par de pantalones de deporte. Sin zapatos. —No hables con ellos Olivia. Ni una palabra, o el dinero se acaba. Kat se encogió por la furia helando su voz. —Mantenme informado. —Giró mientras terminaba la llamada y captó la visión de Kat—. Vuelve a dentro, hace frío. Kat apenas sentía el frescor. No podía apartar su atención de él, de la intensidad que cincelaba sus músculos y tendones en líneas severas. Él pasó su pulgar sobre la pantalla de su teléfono e hizo otra llamada. —Liza, algunos periodistas están husmeando alrededor de la casa de Olivia. Averigua quiénes son y termina con la historia. Kat se mantuvo allí de pie como una idiota, insegura de como procesar lo que estaba pasando. Sloane se dirigió a zancadas junto a ella, más allá de la cama y siguió hasta la zona de asientos junto a la chimenea. Paró junto a un panel de pantallas montadas sobre la pared, tocó un teclado y los monitores se encendieron de golpe. Le llevó un segundo captar lo que estaba viendo en las pantallas: media docena de diferentes vistas de la parte frontal de la casa de Sloane, incluyendo las puertas. Cámaras para vigilar las veinticuatro horas debían de ser parte de su sistema de seguridad.

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—Joder. —Llevó su teléfono de nuevo a su oreja—. Ethan, periodistas fuera. Disuádelos. —Colgó. Ella no tenía ni idea de qué hacer. ¿Era por negocios? ¿Algo personal? Abrazando la bata más fuerte, buscó alrededor por su ropa. —¿Café? —Sloane fue hacia la barra de granito que había en la esquina de la habitación. Estaba equipada con un pequeño frigorífico, una cafetera y quién sabe qué más. —¿Qué está pasando? ¿Tienes que irte? —Kat cruzó entre la oscura cama de cuatro postees y la chimenea de mármol hacia la zona de asientos. Después de poner la maquina a funcionar, Sloane sacó leche y azúcar y manipuló la primera taza de café de la forma en que a ella le gustaba. —Mejor esperar y ver si Ethan puede sacarse de encima a los periodistas. No quiero que te vean. No, no iba a ir por allí. Sloane había estado en público con ella, no estaba escondiendo a Kat como un secreto ilícito. Estaba bastante segura de que Sloane se refería a que estaba protegiendo su privacidad o algo por el estilo. Tomó la taza. —¿De qué va esto? —La curiosidad burbujeaba. Supuso que Liza trabajaba para él por la forma en que le había hablado al teléfono—. ¿Quién es Olivia? —Sabía tan poco acerca de la vida de Sloane. Él deslizó otra taza bajo el goteo y empezó a preparar la bebida. Sus hombros se contraían con la tensión. ¿Iba a contestar o simplemente a ignorarla? Él estaba cerrándose, era un hombre diferente al que había estado con ella anoche. Desconcertada, sorbió el café caliente. —Olivia es mi madre. —Agarró el borde de la encimera. Kat bajó su taza. —¿Era tu madre con la que hablabas en el balcón? ¿La llamas por su nombre de pila? —Sí. —El dinero se acaba —Kat repitió lo que le había oído decir—. ¿Le pagas para que no hable? ¿Sobre qué? ¿Hiciste algo...?

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—Periodistas. Si pagan a Olivia, podría contarles cualquier cosa. No confío en ella. Así que le pago más que cualquier otro para mantenerla callada. Eso hacía que los problemas de Kat con sus padres parecieran casi una maldita tontería. ¿Pagar a su madre para que no hable? —No bromeabas cuando dijiste que no erais cercanos. —Pero, Sloane le había dicho que había pasado tiempo en casas de acogida. Había una buena razón por la que había ocurrido; quizás su madre había estado enferma. Pero para un niño, eso tenía que ser como la traición definitiva. Su gran mano hizo círculos sobre la taza que quedaba, haciéndola parecer de tamaño infantil. Sloane la encaró. —Ni siquiera físicamente. Ella está en Florida, el único estado que evito. Kat no sabía cómo ayudarle. Sloane estaba fríamente molesto. —Lo siento. ¿La ves alguna vez? —Una vez al año. En el cumpleaños de Sara. Su hermana muerta, aquella cuyas iniciales se había tatuado en su bíceps derecho. —¿Para recordar a Sara? Él miraba fijamente hacia fuera a través de las puertas francesas abiertas, su perfil abrupto e implacable. —Para castigarnos el uno al otro. —¿Pero no la ves en tu cumpleaños? —Simplemente no tenía sentido. Su madre había perdido a una hija. ¿No debería aferrarse más a Sloane? —No celebro mi cumpleaños. —Dejó el café—. Me voy a dar una ducha. —Desapareció tras la puerta del baño. Cerrando y dejándola a ella fuera. Oh, Dios, ¿qué le había pasado a su hermana?

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oviéndose silenciosamente, Kat bajó las escaleras curvadas a una habitación enorme. El lado oeste de la casa de Sloane era de paneles de vidrio del suelo al techo con vista al Océano Pacífico. Caminando por el vestíbulo que desembocaba en una sala formal, pasó por una chimenea impresionante que separaba el espacio formal de la cocina y sala. Oh hombre, la cocina la hizo babear. Una enorme isla central lo suficientemente grande para que dos adultos durmieran. Aún mejor, tenía un doble fregadero profundo, por lo que era un espacio de trabajo ideal. Cuatro altos taburetes con asiento acolchado y respaldares alineados en el borde exterior. La cocina tenía una línea de electrodomésticos y la excelente iluminación de la habitación le hizo tener ganas de hornear. Kat miró la sala de estar. Un televisor de pantalla plana montado sobre la chimenea. Un sofá de cuero y unas pocas sillas, todo lo suficientemente grande para que una habitación llena de hombres del tamaño de Sloane estuvieran cómodos, se colocaron alrededor de una exquisita alfombra que probablemente rivalizaba con el coste de su condominio. Toda la habitación tenía un sentido de riqueza relajado. Insegura de qué hacer, esperar a Sloane o encontrar una manera de llegar a casa, Kat exploró la cocina y descubrió una despensa. Mientras estuviera atrapada en una cocina hecha de genialidad, iba a usarla. Encontró la harina, el azúcar blanco, polvo de hornear, canela y aceite vegetal. Si pudiera gorronear la leche, la mantequilla y la… —Hola, linda señorita. Ella se dio la vuelta. Su rodilla derecha cedió, y Kat tomó el estante más cercano, agarrándose antes de que cayera de culo. —¡Oh! —Tomando aire, vio al hombre alto y delgado apoyándose cansadamente contra la jamba de la puerta de la amplia despensa.

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—Soy Drake. ¿Y usted es? Su corazón martilleaba, pero recordó que Sloane tenía un amigo en casa. —Kat. Soy, eh, Sloane... —Demonios, ¿cómo se llamaba a sí misma?—. Amiga. —Bueno, Kat, ahora mismo te ves un poco acorralada. Sal, así no te sientes atrapada en la despensa. —Se arrastró lentamente. Kat frunció el ceño. Sloane dijo que Drake no estaba bien. —Solo me ha asustado —le aseguró. ¿Sloane le había dicho a Drake acerca de sus ataques de pánico? —Estabas concentrada en algo. —Magdalenas de arándanos. ¿Sabes si Sloane tiene bayas frescas o congeladas? —¿Qué edad tenía Drake? Era casi tan alto como Sloane, pero más viejo y mucho más delgado. Su coloración amarillenta sugería que estaba más que mal, estaba muy enfermo. —En el congelador. —Sus ojos se iluminaron—. ¿Vas a hacer magdalenas de arándanos? ¿Ahora mismo? —¿Te gustan las magdalenas? —Diablos, sí. —Drake abrió el congelador de acero inoxidable macizo y sacó una bolsa de arándanos—. Dime qué hacer. Voy a ayudar si puedo tener unas magdalenas. —Por supuesto. —Por primera vez esta mañana, la llenó de energía—. ¿Te gusta cocinar? —Me gusta comer. O lo hacía hasta que la quimioterapia y la radiación me condenaron. Y luego Sloane contrató este equipo de enfermeras y nutricionistas, y te juro que tira toda la alegría de los alimentos. — Sacudió la cabeza con disgusto. Quimio. Radiación. Cáncer. Las palabras resonaron a través de sus células. Sloane era lo suficientemente cercano a este hombre para dejarlo entrar a su casa. Había contratado a especialistas para ayudar a Drake. Una vez se había preocupado de que Sloane no tuviera a nadie en quien confiar, ahora sospechaba que tuviera a este hombre. Y él estaba muy enfermo.

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¿Estaba Kat haciendo algo mal? Algunas personas se adherían a dietas especiales, creyendo que ayudaría al cuerpo a combatir la enfermedad. La gente debía hacer lo que les daba un poder sobre su condición. ¿Estaba sobrepasándose aquí? —Tal vez esto es una mala idea. Él se sentó en un taburete, mirando como si a Kat le hubiera dado una patada a su perro. —¿No hay magdalenas? ¿Ni siquiera una? Maldición. Ella era una tonta total. —Voy a intentarlo, pero Sloane podría, uh, voy a tener que irme. —No era su lugar el revelar la información personal de Sloane. Buscó en los armarios, encontrar el resto de lo que necesitaba. Después de dejar la harina y el azúcar en frente de Drake, le hizo medirlos por ella. —Puede esperar. Quiero magdalenas. Kat sonrió. —¿Cuánto tiempo hace que conoces a Sloane? —Mucho tiempo. Quince años probablemente. Lo que no puedo entender es por qué estás aquí por tu cuenta. ¿Está en el gimnasio o trabajo y te dejó? Kat sacudió la cabeza y le dio el molde del muffin de alinear con los envases de papel. —Está tomando una ducha. Pensé en hacer el desayuno. —Esa no era exactamente la verdad. Se había sentida inquieta y fuera de lugar. Eso la llevó a la cocina—. No sé si ni siquiera desayuna. —Dobló cuidadosamente los arándanos en la masa—. Sobre todo carbohidratos y las grasas... Sloane, se mantiene en forma. —¿Forma? Hum. El muchacho se entrena como un demonio. Por lo general, está en el gimnasio por la mañana temprano y con frecuencia después del trabajo. Después de deslizar los magdalenas en el horno precalentado, miró a Drake. —¿Entrena? Él no lucha… —¿Kat?

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Saltó a la voz de Sloane, agarrándose sobre el mostrador. Entró en la cocina, llevaba un traje de asesino y una expresión sombría. —Todavía estás aquí. Le tomó todo lo que tenía no golpearlo. Manteniéndose calmada, dijo: —No tengo quien me lleve, ¿recuerdas? Él se acercó a ella y le levantó la cara. —No quise decirlo que la forma en que sonó. Salí de la ducha y te habías ido. Pensé que te habías ido. —¿Robando tu auto? Piensa, Sloane. Has visto mi tasa de éxito tomando un taxi. —Eso había sido humillante, pero Sloane lo había tomado con calma. —Te hubiera dado las llaves de mi auto, dulce —ofreció Drake—. Después de que las magdalenas se hacen. —Cállate, Drake. No necesita tu auto. —¿Sí? Entonces ¿por qué esta hermosa chica está aquí mientras estabas en la ducha? ¡Qué idiota! —Resopló—. Bueno para mí, sin embargo. Tendré magdalenas de arándanos. Kat se atragantó con su risa. Le gustaba Drake, realmente le gustaba. —¿Están hechas las magdalenas ya? —Sloane rozó su pulgar sobre su mejilla—. No vas a ser capaz de hablar con la boca llena. Miró hacia el reloj. —Casi. —Tiene razón, aun así. —¿Qué eres un idiota? Sloane sonrió. —Que eres hermosa. Y sí, soy un idiota. —Agarró a Kat, poniéndola sobre la mesa y la besó. Su cálida boca rozó la de ella, expulsando todo lo demás, incluido el hecho de que estaban en la cocina y dándole a Drake una vista de primera fila.

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Sloane retorció el cabello alrededor de su mano, tirando de su cabeza hacia atrás e invadiendo su boca. Su sabor invadiéndola, pasta de dientes de menta, café y el sabor más rico, más adictivo la inundaron. Ella hundió los dedos en su cabello, enredando su lengua con la suya. El sonido del timbre penetró su niebla sexual. Kat se retiró. —Magdalenas. Desayuno. —Voy a ellos —dijo Drake—. Vosotros seguid adelante. La atención de Sloane siguió a Drake mientras lentamente se abría paso alrededor de la barra. El corazón de Kat dolía ante las sombras que acechaban en los ojos de Sloane, en el peso presionándose sobre él. La preocupación era tan evidente, puso su mano sobre su cara. —Las calorías son buenas —dijo en voz baja—. Cualquier caloría lo mantendrá fuerte. La mirada de Sloane la golpeó, su expresión tan cruda y expuesta que podía sentir su dolor. Apoyó la frente contra la de ella. —Me alegro de que estés aquí. —Yo también. —Por una vez, estaba cuidando a Sloane. —No quiero que te vayas. Y te aseguro que no quiero captar la atención de los periodistas. Ellos te cazarán. —No voy a hablar con ellos. —No tenía que pagarle para mantener la boca cerrada—. No importa lo que pase, incluso cuando me haces enojar, no funciona de esa manera. No tienes que preocuparte por eso. —Mierda, Kat. Eso no es todo. —Él metió la mano debajo de su camisa, presionando su palma en la espalda—. Si solo entraran en tu panadería, puedes manejarlos. Pero van a seguirte y te acorralarán cuando no estés preparada. Eso sería un asco, tenía que admitirlo. —Está bien. Sacó la cabeza de ella, sorpresa suavizando sus facciones. —¿No estás enojada?

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—No. —Era la verdad. Si un periodista la arrinconaba fuera de su panadería, podría tener un ataque de pánico. A pesar de la mañana difícil de Sloane, estaba pensando en ella—. Realmente no tienes que preocuparte por mí. Ve a trabajar. Cuando se vayan los periodistas, voy a dar un paseo. No tengo que estar en la panadería hasta las once. Drake se aclaró la garganta. —Puedes tomar mi auto, Kat. No lo necesito. —Arrojó algunas llaves sobre el mostrador—. Gracias por las magdalenas. Me llevo una segunda a mi habitación conmigo. —Echando un vistazo a Sloane, Drake añadió—: Trata de no ser un idiota. —Se arrastró hacia el pasillo. Sloane suspiró y la levantó suavemente del suelo. —No necesitas su auto. Te llevaré a casa. —Él apiló unas magdalenas en un plato y se sirvió zumo—. Vamos a tomar esto en la terraza. Kat lo siguió a la gran cubierta que se extendía a lo largo de la parte trasera de su casa. Escogiendo un asiento con vista al océano, no le importaba que la fuerte brisa del mar enredara su cabello y le pusiera piel de gallina en los brazos. Las olas calmaban sus nervios. —Ponte esto. —Sloane le tendió una sudadera negra. Después de caer en sus brazos, enrolló las mangas. —¿No tienes que ir a trabajar? Puso una magdalena en el plato y metió la mano en la suya. —Pronto. —Levantó un segundo panecillo—. Hiciste esto. Sería descortés no comer. —Debería haber preguntado si podía usar tu cocina. Por cierto que es genial. Exactamente como diseñaría mi cocina hasta los hornos dobles de seis quemadores Viking y esa dulce isla —Cállate. Dios. Ella Apretó los labios—. Lo siento, me sobrepasé. Cubriendo su mano con la suya, Sloane acarició el punto sensible en la base del pulgar. —Puedes cocinar siempre que quieras en mi cocina, Kat. ¿Drake te asustó? —Me sorprendió. Pero no, no entré en pánico. —La sorpresa había causado que su corazón martilleara, no un ataque de pánico—. Me gusta. —Girando su mano por lo que sus palmas se encontraron, ella

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cerró los dedos alrededor de los suyos—. Lamento que esté enfermo, Sloane. Me dijo que te conoce desde hace mucho tiempo. Esto tiene que ser duro. Él apartó la mano y miró hacia las olas. —Él me salvó. Nos salvó. Y ahora me dicen que no hay una maldita cosa que pueda hacer. El globo de plomo aterrizó en su pecho. Drake se estaba muriendo, y las rígidas líneas de la cara de Sloane transmitían su dolor. No cerca de su madre, su hermana muerta, y ahora su amigo se estaba muriendo. Empujando hacia atrás su silla, se dejó caer en su regazo y pasó un brazo alrededor de su cuello. Sloane tenía casi treinta centímetros de altura sobre ella y un centenar de kilos, pero acurrucó su cuerpo a su alrededor como si pudiera protegerle de esta herida. Colocando la cabeza en la curva de su cuello, acarició su gran hombro. Después de unos pocos latidos de su corazón contra su mejilla, se suavizó y envolvió sus brazos alrededor de ella. Presionando la cara contra su cabeza, pasó los dedos por su cabello. —¿Qué estás haciendo? Cerró los ojos, inhalando su olor mientras luchaba con un sorprendente pinchazo de lágrimas. Realmente no lo sabía. —Se llama abrazo. Reconfortante. Se pasó, él soltó un suspiro tembloroso. —Necesitas saber lo que esos reporteros buscan. De hecho, me sorprende que no lo sepas. Nadie tiene privacidad con Google. Verdadero. Pero Kat no había disfrutado del mal sabor de los celos, mientras veía las fotos de Sloane con mujeres de sociedad bien pulidas, por lo que había puesto fin a su investigación de Google de él. Su confianza en sí misma no necesitaba ese tipo de maltrato. —Vas a tener que decírmelo. —Le molestaba que lo viera así, tenso, nervioso, cerrándose ante ella. No quería preocuparlo mucho. Pero tal vez era un buen recordatorio para ella mantener las líneas claras. Había creído en el amor y para siempre una vez, y aquel amor había muerto, una muerte horrible. No tenía que ir por ese camino de nuevo. El pecho de Sloane se amplió con una respiración profunda.

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—El hombre que asesinó a mi hermana salió de la cárcel esta semana. —¿Sara fue asesinada? —El horror envió escalofríos enfermizos por su espalda. —Violada y asesinada. Pero no era más que una niña adoptiva, un desecho. —Rabia y desolación chocaban en sus ojos, arrastrándolo—. El precio de su vida fue trece años. Y ahora ese hijo de puta es un hombre libre.

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inalizando su llamada, Sloane miró a Kat. Estaba pálida y tranquila, observando a través de la ventana de la limusina mientras se dirigían a su casa. Un vaso de café se mecía entre sus muslos. Las cosas se habían descontrolado esta mañana. Estaba patinando, ¡maldita sea!, y dejando que Kat se acercase demasiado. Trazaba líneas con cuidado por una razón. Pero, ¿cómo diablos podía recordar eso cuando ella se acomodaba en sus brazos y lo abrazaba? ¿Consolándolo? Sloane había hecho entonces lo único que sabía, se había mostrado frío con ella. Le había dicho que tenía cosas de las que ocuparse. —Si aparece algún periodista, quiero que me lo digas. Me encargaré de eso. —Hizo una mueca ante otro pensamiento. —La próxima semana me voy a Sudamérica, pero mi ayudante se encargará de cualquier problema. Ella asintió sin mirarle. Mierda. —Te recogeré a las seis el sábado para el evento en la bodega. —Está bien. —Eso le tranquilizó un poco. Ella no se estaba echando atrás en su promesa de ser su acompañante. Bajó el teléfono. —Quería que durmiéramos hasta tarde esta mañana. No te habría pedido que te quedaras si supiera que esto iba a convertirse en un jodido caos. Él odiaba eso. Ella tenía que levantarse antes del amanecer la mayoría de los días para mantener en funcionamiento su pastelería. Y la había mantenido despierta la pasada noche, después su conversación telefónica la había despertado temprano.

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—No hay problema. Una quemazón en las costillas se encendió ante su voz monótona. Realmente Cuando ella se alejó, hizo saltar un interruptor en él. Kat se volvió. Él hizo un gesto de dolor cuando vio que sus ojos estaban cansados, casi amoratados. —¿Qué quieres de mí? Hay cosas de las que tienes que ocuparte. Lo entiendo. Era un bastardo. Kat no merecía su fría actitud. Había sido más fácil concentrarse en controlar los daños desde que reconoció que ella tocaba lugares en su interior como ninguna otra mujer. No podía pensar en ningún momento en el que alguna de sus acompañantes le hubiese consolado. Era completamente ridículo. Ellas le utilizaban para el sexo y cualquier cosa que quisieran. Era conocido por ser generoso. Excepto con Kat. No le había dado nada más que feos pedazos de su alma. Lo poco que tenía. No la había llevado a un bonito hotel donde pudiera disfrutar del servicio de habitaciones, tratamientos de spa y masajes. La había arrastrado a su casa donde ella hizo magdalenas como hacía cada maldito día en el trabajo. Furioso consigo mismo, dijo, —Me gusta más cuando te lanzas a mis brazos. —Una sonrisa apareció en su boca. —No estoy enfadada contigo. Has tenido una mala mañana. Solo me estoy apartando de tu camino. —Su comentario le pateó en los huevos. —Jesús, no estás en mi camino. —Así es como la trataban sus padres como alguien a quien apartar a un lado e ignorar. —Para. Estamos bien. —La limusina redujo la velocidad y giró en su bloque de apartamentos. —Gracias por la cena de anoche y por todo. Te veré el sábado. —Ya deberías saberlo. —Como si él pudiera dejarla tirada y marcharse, como si no pudiera molestarse en ver si ella llega sana y salva al interior de su casa. La acompañó fuera cuando Ethan abrió la puerta. —Diez minutos. —Su chófer asintió, volviendo al auto. Dentro del apartamento, Sloane oyó el agua corriendo.

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—¿Eso es la ducha? —Kellen. Está todavía de baja por enfermedad. Diego está en el trabajo. —Ella fue al fregadero y empezó a lavar la taza de café. No podía dejarla así. Ver a Kat en su cocina moviéndose alrededor como si perteneciese a ese lugar había derretido el hielo que corría por sus venas. Pero cuando ella se había lanzado a sus brazos en la terraza, su pequeño cuerpo enroscándose alrededor de él, se encontró aferrándose a ella. No por sexo, sino por una conexión. Solo que… no sabía qué hacer con todo eso. Especialmente la forma en que ella entendió lo enfermo que estaba Drake y le hizo al hombre magdalenas. —Reservaré una habitación en un hotel para nosotros el sábado por la noche. En cualquier lugar al que quieras ir. —Ella no levantó la vista. —Tengo que estar en el trabajo hacia las 4:30 de la mañana del domingo. Si quieres tener sexo en un hotel, me encontraré contigo allí para que puedas irte cuando terminemos. —Maldita sea, Kat. —La frustración le desgarró. —Estoy tratando de hacer algo agradable para ti. Tómate el día libre. —Lo siento, no puedo. —Ese tono seco de voz se clavó en su cerebro. No sabía cómo hacerlo bien. —Estoy intentando… —No quiero que lo intentes. —Agarrando el borde de la encimera, ella cerró los ojos e inclinó la cabeza hacia atrás. —Solo quiero… —¿Qué es lo que quieres? —Ser capaz de manejar esto. —Su mirada encontró la de él. —Tener sexo contigo y no convertirlo en algo más. Sloane la miró fijamente, su cuerpo entero vibrando en reacción. Fuerza y vulnerabilidad irradiaban de ella. Tan bella y marcada. Por fuera y por dentro. La emoción le abrasaba como papel de lija. Ella le comprimía el pecho y secaba la boca. Doce años atrás, cuando él la vio por primera vez, era una cría de dieciséis años, una joven belleza a la que él odió por tener lo que él consideraba

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una vida como-de-cuento-de-hadas mientras su hermana estaba muerta. Pero ahora, la inocencia le había sido arrebatada, dejando a una luchadora peleando por mantenerse en pie sobre suelo resbaladizo. Ella sacaba a relucir sus instintos protectores como nadie más desde Sara. Sloane fue hacia ella, encajando el pecho contra la espalda de ella, rodeándola con sus brazos. Sintiendo su peso contra él, posó la barbilla en su cabeza. —Demasiado tarde. Los dos sabemos que esto es más. Ella hundió los dedos en el granito. —No sé si podré sobrevivir cuando esto termine. —Ella tomó aire. —¿Harías algo por mí? —¿Qué? —Cualquier cosa. Se sentiría mejor si pudiera hacer algo por ella. —No me mientas. Solo no mientas. Puedo lidiar con esto mientras me digas la verdad. Debería alejarse de ella ahora. Dejarla. Jesucristo, Sloane sabía que aquello iba a terminar. Y terminar mal. Podía ocultárselo durante un tiempo, pero Kat era demasiado lista para no descubrir su meta. Matar al hombre que asesinó a Sara. Pero Sloane no podía dejar marchar a Kat. Todavía no.

Unas pocas horas de trabajo en la cocina de su pastelería la ayudaron a poner en orden sus pensamientos. No podía arreglar la vida de Sloane. Pero había algo más que la molestaba. Como le había dicho a Sloane, creía que quien la atacó la noche del supuesto atraco todavía suponía una amenaza. La nueva parte de su

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flashback2 la preocupaba. No le habían hecho daño a David, no mucho al menos, pero le habían obligado a mirar mientras la herían. Le dijeron Consecuencias. Si habían ido a por Kat como alguna clase de represalia, ¿qué pasaba ahora con otra gente en la vida de David? No había oído hablar de una novia, pero su hermano Marshall era amigo de David. Sus padres no la escucharían a ella, pero ¿lo haría Marshall? ¿Debería advertirle que pensaba que David podía estar metido en algo peligroso? Tomando un sorbo de agua, siguió trabajando en la elaboración de las galletas con forma de corazón de frambuesa. Eran una gran superventas. Extendió la mermelada sin semillas por la galleta de mantequilla con forma de corazón, después marcó en la parte superior el contorno de un corazón y espolvoreó con azúcar en polvo. Colocó las galletas en piloto automático, pensando en Marshall. No estaban realmente en sus respectivas vidas. Él había elegido a David para estar en su boda, mientras que Kat sería solo una invitada. Aun así cuando lo veía, su hermano la trataba con su habitual afecto distraído, como siempre lo había hecho. ¿Entonces la escucharía? ¿O simplemente creería a David? Ana se dejó caer en el otro taburete en la mesa de acero inoxidable. —¿Tomándote un respiro? —Kat terminó la primera hornada y se puso a trabajar en la segunda. —Quería hablar contigo. La preocupación capturó su total atención. Miró a Ana. —¿Algo va mal? —Por favor no entregues tu renuncia. Al final Ana se marcharía, estaba trabajando en su título de marketing y avanzaría. Pero Ana era fácilmente la empleada favorita de Kat. —Nada de eso. —Ana cogió las figuras horneadas con forma de corazón, colocándolas con cuidado sobre las galletas, una vez Kat extendió la mermelada. —Pero hay algo que me gustaría probar. —Hmm. —La ambición de Ana era una de las cosas que le gustaban de ella. —¿Una nueva receta?

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Flashback: recuerdo de un hecho en el pasado.

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La chica se rió. —Me temo que no. No tengo tu asombroso talento. —¿Por qué siento como si me estuvieras adulando aquí? —Después de dejar el cuchillo en el bol con agua, se puso a trabajar colocando las galletas en la bandeja de exposición. —Oigámoslo. —Quiero convertirte a ti y a Sugar Dancer en un proyecto para una de mis clases. La tarea consiste en un video promocional con un plan de marketing. Por favor, Kat. Sé que haré un gran trabajo. Y si te gusta, entonces podemos enviar el producto final a algún programa de televisión de repostería. Hundiéndose en el taburete, Kat se frotó la pierna. Los ojos de Ana brillaban detrás de sus modernas gafas, su cara estaba sonrojada por la excitación. Decepcionarla era como golpear a un gatito. Pero tenía que ser realista. —Quieres que salga en el video. —Eres la cara de Sugar Dancer. Lo tengo todo planeado. Haremos dos videos. Uno será un avance publicitario. Lo recopilaremos a partir de una pieza más larga biográfica. —¿Una biografía sobre mí? —A Kat no le entraba en la cabeza. Ana asintió. —Tú eres Sugar Dancer, Kat. Y la cosa es que tu historia es interesante e inspiradora. Frunció los labios. Le gustaba Ana, realmente le gustaba, pero la chica estaba exagerando. —Apenas. —Ana tocó su brazo. —Lo es realmente. Lo verás si confías en mí. Tendrás que grabar durante horas, pero algunas serán durante tu trabajo normal cuando puedes ignorar al equipo de cámara. Pero también necesitamos piezas de demostración de ti preparando, horneando, decorando y quizás una gran pieza montando un pastel de boda en un evento. Es mucho pedir. Pero te lo estoy pidiendo. La idea la aterrorizaba. La excitaba.

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—Kat, tendríamos programas.

buen

material

fotográfico

para

enviar

a

los

Se deslizó del taburete, fue a la mesa y cogió su iPad. Después de volver al taburete, puso el ordenador en la mesa al lado de Kat. —He elegido tres. Es parte de mi plan de marketing. —Giró la cabeza, y Kat agarró el borde de la mesa. —Ana, probablemente puedo hacer la grabación en mi pastelería. Pero no puedo ir a un programa de cocina. Odiaba su debilidad. Pero esta parte del discurso de Ana no era nueva. La chica había estado persiguiéndola para que fuera a un programa de repostería. —Cruza ese puente cuando llegues a él. Siempre puedes decir que no si —no cuando— te llega una llamada para que vayas a un programa. Descansando el codo sobre la mesa, añadió, —¿Cuál es tu objetivo final para Sugar Dancer? Kat sonrió. —Abrir pastelerías por todo Estados Unidos y convertir Sugar Dancer en una marca de paquetes preparados para cocinar en casa. Ana la había animado en su sueño más de una vez. —Pero necesito capital adicional para abrir más pastelerías. —Además de todo el tema de buscar locales, encontrar empleados adecuados y entrenarlos, suponía una gran inversión de tiempo y dinero. —Necesitas publicidad. Dame esta oportunidad. Y confía en mí. Si no te gusta el proyecto final, solo lo utilizaré para mi curso. Firmaremos un contrato para que solo pueda utilizar el trabajo para mi curso salvo que des tu aprobación. —¿Cuándo necesitas una respuesta? Ana parecía avergonzada. —Tengo que empezar a grabar mañana o el sábado como muy tarde. — Tocó la pantalla del ordenador—. Tengo una propuesta aquí para que le eches un vistazo. Pero necesito una respuesta esta noche. —¡Ana! ¿Por qué esperaste tanto para preguntar?

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—Por una cosa, he estado trabajando en ello y no quería que lo vieras hasta que estuviera bien. Y no quería que te lo pensaras demasiado y te convencieras de no hacerlo. A veces solo necesitas dar un salto. La campana sonó, indicando que un nuevo cliente entraba por la puerta. Levantándose, Ana dijo, —Haré que Sugar Dancer y tú brilléis. No tienes nada que perder, si no te gusta el resultado final, puedes negarte a dejarme hacer con él otra cosa que no sea utilizarlo en mi curso. —Se marchó para atender al cliente. Kat puso el iPad en su regazo y empezó a leer la propuesta de Ana. Se le oprimió el pecho. Mientras Kat no solía hablar de su pierna o del atraco públicamente, Ana quería usarlo como parte de la historia de fondo de Kat, junto con dejar el negocio familiar para seguir su sueño. La idea la ponía nerviosa. Pero también entendía lo que Ana estaba haciendo, dándole a Kat una historia de triunfo sobre la tragedia. Exponer su vida después de años de esconderse le dio una sensación de mareo. ¿Podría hacerlo? Bien, nunca lo sabría si no lo intentaba, ¿lo haría ahora? Hace un mes, habría jurado que tener una relación con un hombre era imposible. La estaba teniendo. Quizás fuera solo sexo, pero aun así era un progreso. Excitación y nervios corrían por sus venas, animándola. Levantándose, guardó el iPad de Ana y después recogió la bandeja con los bonitos corazones de frambuesa. En frente, con destreza deslizó la repisa de galletas recién hechas en la vitrina de cristal. Miró a su alrededor de Sugar Dancer, deteniéndose en las mesas redondas cromadas con asientos de color rojo-fuego. La mitad de las mesas tenían clientes comiendo golosinas y charlando. Unos pocos chicos se sentaban en la barra en taburetes que se extendían a lo largo de la pared trasera. Paredes de nogal decoradas con lienzos con siluetas de bailarinas de colores brillantes. A Kat le encantaba el modo en que el artista había hecho parecer que cada bailarina estaba hecha de cristales de azúcar. Luz natural inundaba la pastelería a través de ventanas que iban desde el suelo hasta el techo a la derecha de Kat. —¿Pensando en ello? —Ana le entregó una taza de café previamente edulcorado y bajo en calorías.

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—Eres persuasiva. —Kat dio un sorbo a la bebida. Todavía tenía una larga tarde por delante, incluyendo dos degustaciones de pastel para futuras novias. —¿Entonces, lo harás? —Kat dejó el café sobre la mesa. —Soñé con tener mi propia pastelería desde que mi hermano me regaló un horno Easy-Bake3 —Marshall. Su estómago se agitó con el recuerdo. Mientras que sus padres habían considerado que ella cocinase una pérdida de tiempo, él la había apoyado. —¡Oh! Mira, esa es una gran anécdota para tu pieza biográfica. El entusiasmo de Ana era contagioso. —Pero ahora quiero más. Sugar Dancer es solo el principio. La sonrisa de la otra chica iluminó su cara. —Vamos a intentarlo. Seré tu proyecto de marketing. Si nos gusta la grabación, envíala, y si recibo una llamada en respuesta, entonces veremos si puedo controlar mis ataques de pánico lo suficiente para hacerlo. Y mientras tomaba riesgos, Kat sacó su móvil y llamó a su hermano. Tenía que intentarlo.

—Huele genial aquí. ¿Qué hay para desayunar? Cerrando y bloqueando la puerta de la pastelería ya que no abriría oficialmente hasta que pasara al menos una hora más, Kat observó a su hermano. Tenía buen aspecto. Ella estaba todavía un poco sorprendida porque él accediera a encontrarse con ella para desayunar menos de veinticuatro horas después de que le llamase. —Hola a ti también. Marshall sonrió. —Lila me hace comer sano. No puedo dormir por las noches con el ruido de la sangre zumbando a través de mis venas asquerosamente limpias. Necesito un poco de grasa para taponar esas incautas. 3

Easy-Bake Oven: horno de juguete creado en 1963 y fabricado por Harbro.

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Sacudiendo la cabeza, Kat se dirigió a la cafetera. —Ve a la cocina. Tengo varias clases de magdalenas y un pastel de café en las rejillas enfriadoras4 . —Dulce. —Él la adelantó. Así era Marshall. Tenía un doctorado en inmunología, trabajaba durante horas investigando y desarrollando mejores medicinas y protocolos para trastornos del tejido conectivo, pero cuando algo atraía su atención, se entusiasmaba como un niño pequeño. Al igual que había hecho con sus desastres al cocinar cuando era un niño. Él llevó un plato lleno con magdalenas, pastel y galletas. —Si Lila lo descubre —Kat le regañó mientras le seguía a la mesa—, estarás en problemas. Él dio un gran mordisco a una magdalena con pepitas de chocolate. —Merece la pena. —Después de devorar otro pedazo, añadió—, Realmente lo merece. —Intentando bloquear tus arterias en tiempo récord, por lo que veo. — El calor inundó su pecho. Marshall solía tapar sus errores y decir que ella estaba mejorando. Había estado allí para ella de la única forma que sabía. Ahora ella iba a sacar un tema que podría arruinar su relación. —¿Cómo va el negocio? —Bien, cortesía primero. —Bien. ¿Cómo estás tú? ¿Tienes dos fármacos en preparación? ¿Cómo van los protocolos de investigación? —Dirigir los grupos de prueba era un proceso intensivo y muy complejo. —La prueba del Lupus es muy prometedora. —Sus ojos brillaban. —Cuando tengamos más tiempo, te hablaré de ello. Eligió una magdalena de plátano y nueces. —Pero vine aquí para averiguar cómo te va. Una pequeña punzada golpeó su pecho. Había odiado su trabajo en SiriX, pero le encantaba oír a Marshall hablar sobre su trabajo. Él se preocupaba mucho por lo que estaba haciendo, determinado a

Cooling racks: rejillas metálicas que se utilizan en repostería para enfriar pasteles, magdalenas, galletas, etc. 4

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encontrar mejores medicinas para ayudar a pacientes con Lupus. ¿Por qué no podía ella llamarle con más frecuencia? Dejando la magdalena, Marshall se puso de pie. Mierda, había estado soñando despierta en lugar de responder. —¿Qué estás haciendo? —¿Se iba? —Voy a por más café. —Yo… —Él tiró de la coleta. —Siéntate. Yo lo haré. —Volvió, con las tazas llenas—. ¿Más leche y azúcar? —No gracias. —Sabía que ella lo tomaba con leche y azúcar. Marshall no era tan despistado como la gente pensaba. Veía y catalogaba todo lo que le rodeaba. Esa cosa de profesor-distraído que hacía era una forma de evitar las confrontaciones. Marshall no malgastaba energía discutiendo, hacía tranquilamente lo que quería hacer. Sentándose, terminó su segunda magdalena. —Me preocupo, Katie. Renunciaste a mucho por Sugar Dancer. Quiero saber si lo merece. —Fácil de responder. —Sí. Me encanta. —Inclinándose, le contó hasta donde había llegado con la pastelería y le habló del proyecto de marketing de Ana. Entornó los ojos. —Una forma de volver locos a nuestros padres. Amplía la pastelería, pruébales que se equivocan. —Él comprobó la hora en su móvil. —Mejor dime por qué querías verme. Se mordió el interior de las mejillas, una parte de ella no quería causar problemas. ¿La creería Marshall? ¿O esto se interpondría entre ellos? Demonios, podía estar precipitándose al hacer suposiciones sobre David sin pruebas. Aun así el dolor en su pierna le recordaba que lo que había sucedido había sido real. Y no había sido un atraco. Tenía que intentarlo. —Probablemente no quieras oír esto, pero creo que David podría estar metido en algo que no debería. Y si estoy en lo cierto, lo que sea en lo

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que está metido provocó el ataque de hace seis años. —Por favor, no te levantes y te marches. Kat aguantó la respiración, esperando. Marshall alcanzó el otro lado de la mesa y cogió su mano. —No sé qué pasó aquella noche cuando David y tú fuisteis atacados. Es posible que la versión de David sea cierta. Tienes amnesia traumática y has experimentado algún cambio de personalidad quieras admitirlo o no. —Apretando su mano, él dijo rotundamente—, No recuerdas lo que pasó, Katie. Tus recuerdos pueden ser reales, o pueden ser una manifestación de tu mente tratando de rellenar los huecos. Sabes que es posible. Ella rechinó los dientes, luchando por encontrar la lógica que pudiera alcanzarle. —Sí. Pero, ¿y si la versión de David es una mentira? Dijiste que no lo sabes. No estabas allí. Él la observó detenidamente. —Lo mejor que has hecho nunca fue dejar a David y SiriX. Caray, ese era un cambio de conversación que no esperaba. —¿Qué significa eso? —Marshall miró hacia la mesa, después levantó la mirada. —¿Sabes por qué no estás en mi boda? Eso era como hurgar en una herida que no quería reconocer que tenía. Necesitaba permanecer impasible y concentrada si tenía alguna esperanza de conseguir que la escuchara. —Porque David es tu padrino. —Su boca palideció cuando apretó los labios. —No. Es porque quiero que estés segura. No eres la única que ha visto cambios en David. Ahora mismo, estás fuera del radar. Si David está metido en algo peligroso, tú no estás en su vida, no como su prometida o en el trabajo. Estás a salvo y vas a permanecer así. Mantente alejada de David y de SiriX. La confusión dejó su mente en blanco, después lentamente desapareció. —Estás… —¿Qué? Ella no lo sabía. —Protegiendo a mí hermana. No sé qué es lo que David está haciendo o no. No lo sé realmente, así que no me preguntes. Pero sé esto, él no hizo

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nada para protegerte esa noche. Prefiero verte con un hombre como Sloane que tiene las agallas de defenderte. No me malinterpretes. Si Sloane te hace daño, tengo acceso a drogas que le dejarán impotente permanentemente. Toda la conversación era increíble, pero ella rió. —Eso es malvado. —Los genios son así, ¿no lo habías oído? El alivio se mezcló con preocupación. —¿Qué hacemos? ¿Cómo descubrimos si David está metido en algo? Podría afectar a SiriX y también a ti. —Kat podía no seguir siendo parte de ese mundo, pero le preocupaba lo que podía suceder a su hermano, sus padres y a todos los empleados. La determinación endureció sus ojos. —No hagas nada. Mantente alejada de él. —Pero estoy preocupada por ti. ¿Y si…? Él sacudió su cabeza, cortándola. —Katie, si es cierto, ya has pagado un precio demasiado alto. Deja que me preocupe por eso. Ahora tengo que irme. Kat se levantó y se dirigió a la puerta. Siguiendo a su hermano mayor al igual que hacía cuando eran niños. Solo que ahora las apuestas eran altas y potencialmente peligrosas. —¿Qué estás haciendo? —Él tenía capas que poca gente sospechaba. —Despertando y usando mi inteligencia infinitamente superior. —La cogió por los hombros. —Céntrate en tu pastelería. Amplíala. Cuando estés lista, tengo un poco de dinero que puedo invertir, y te avalaré en un préstamo si lo necesitas. Su garganta se tensó. —¿Lo harías? —¿Invertir en mi hermana? Sí. La comprensión de que no había perdido a su hermano la abrumó con emoción. Ella agarró su brazo.

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—Sé que David es tu amigo, pero ten cuidado. —Sus ojos adquirieron un peso solemne. —No somos amigos desde hace años. David está en mi boda porque nunca conseguí mencionarle ese hecho. O a mamá y papá. O a nadie más salvo Lila. Esa era exactamente la clase de capas de la que ella estaba hablando. Él estaba manteniendo cerca a David y vigilándole, pero sin enfrentarse a él. —Maldita sea. Eres retorcido. —Un genio malvado para ti, hermanita.

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e tomó un segundo a Sloane recuperarse cuando Kellen abrió la puerta del condominio. Había estado esperando a Kat. Tragándose su aguda impaciencia, se adelantó de una zancada —¿Ella está lista? Kellen levantó una ceja. —Salió de aquí tarde y se dio una ducha. Ha estado grabando sin parar y… —¿Grabando qué? —Sus palabras salieron duras y frías. Tuvo que obligarse a mantener la calma. ¿Kat estuvo hablando con los medios de comunicación? Había dicho que no lo haría. Maldita sea. Echó un vistazo al pasillo. Iría a preguntarle a la pequeña pastelera personalmente. Kellen lo bloqueó. —¿Qué, arrastrando tu trasero? Sloane se contuvo. Kellen había sido apuñalado hacia apenas unas semanas. Pero, maldición, ese movimiento lo sorprendió. El otro hombre estaba en buena forma, pero Sloane sabía cómo matar. —¿Esta Kat hablando con los medios de comunicación? —Si lo hizo, habían terminado. Por dos razones: primero no podría confiar en ella, segundo... Un escalofrío corrió por su espalda. No quería que Kat llamase la atención de Lee Foster. El hombre que había violado y asesinado brutalmente a Sara. Lo que es peor, Sloane había mantenido vigilado a Foster mientras estuvo en la cárcel. El bastardo se había entrenado para pelear y matar, y guardaba rencor contra Sloane por ponerlo en prisión. La idea de Foster poniendo sus manos sobre Kat hizo helar su sangre.

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Los ojos color avellana de Kellen se iluminaron comprendiendo. —No, y los medios no la han molestado. Ana, una de sus empleadas, está utilizando a Kat y Sugar Dancer como el tema en un proyecto de marketing. Un alivio le atravesó. Observando a Kellen, su actitud mientras él se levantaba, Sloane dijo: —Tú y Diego os quedaréis aquí, ¿verdad? ¿Por cuánto tiempo? —Kat le había asegurado que los dos hombres insistieron en permanecer en el apartamento después de que David montó esa emboscada en su panadería. —Tres semanas más, hasta que nuestra casa esté lista. —Kellen se dejó caer en un taburete de la isla de granito—. Kat se niega a tener otro compañero de piso. Estoy preocupado de que viva sola. Diablos, ahora Sloane estaba preocupado también. Lo mejor que podía hacer por ella era alejarse de su vida. No sucedería. La deseaba, la necesitaba. Ansiaba follarla. Echando un vistazo al teclado de su alarma, pensó en las opciones. —Voy a actualizar su sistema de seguridad a uno de alta gama. —¿Qué más? Maldición, la pierna de Kat la hacía demasiado vulnerable. No podría correr rápido y lo suficientemente lejos—. ¿Consideraría ella tener arma? —Ni de casualidad. —¿Un perro? —Dice que sería demasiado. No puede llevar un perro a la panadería debido a los códigos de salubridad. La frustración le desgarró. —Voy a conseguirle un cuidador de perros. —No puede permitirse ese tipo de cosas, Sloane. Ni siquiera lo sugieras. Va a estar pagando la hipoteca sin el ingreso de mi alquiler. —Ella no tendría que pagar por ello. —Eso era ridículo. Si Kat tuviese alguna idea de cuánto dinero se gastó él para ver a la zorra de su madre bajo protección, se daría cuenta de que no le preocupaba el costo de

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algo así, como un cuidador de perros. Pero, por supuesto, entonces, tendría que decirle por qué su madre necesitaba protección y su acuerdo terminaría. —Si se lo sugieres vas a estar contento de que no tenga un arma. Pero, yendo al grano, lo de vosotros dos es solo temporal. Ella tendría que asumir los gastos una vez que tú sigas adelante. Seguir adelante. A Sloane no le gustaba escucharlo. No quería perderla. Supo que Kat sería un problema cuando poso sus ojos en ella en ese salón de baile. —Yo… La puerta del dormitorio se abrió, y Sloane se olvidó de Kellen. Había olvidado todo, excepto la mujer que venía por el pasillo. Un vestido de color champán se trazaba a través de su cuerpo de un modo que tenía que ser ilegal. Se asía por sobre su hombro izquierdo, dejando expuesto su lado derecho cremoso. El vestido abrazaba sus curvas con avidez y tenía un borde irregular, con el lado derecho más largo, cubriéndole a mitad de la pantorrilla. Una manera inteligente de ocultar las cicatrices que le molestaban. Ella había emparejado el vestido con una especie de zapatillas de ballet satinadas que tenían lazos envolviéndose alrededor de sus delgados tobillos. Tenía que tocarla. Incapaz de soportarlo, levantó un mechón de cabello sedoso de su hombro desnudo. Había maquillado sus ojos de modo que parecían más azules y sexys como el infierno. Todo lo que quería era estar a solas con ella y quitarle el vestido centímetro a centímetro. —Gatita, te ves sensacional. —Gracias. Su voz entrecortada le dio un indicio de sus nervios. Acarició con el pulgar por encima el pulso de su garganta aleteando. Lo había hecho por él. Durante años no se había puesto un vestido, y esta noche se había puesto uno por él. Su valentía le humilló. —Kat —Kellen interrumpió—: Ese vestido es increíble. Te ves caliente y elegante. Va totalmente contigo. Ella sonrió a su amigo. —Gracias, Kel. Pero todavía no te mostrado el diseño de la torta.

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Su boca tentaba a Sloane condenadamente demasiado, sus labios carnosos relucían con una especie de brillo. Forzándose a levantar la vista, preguntó: —¿Qué diseño? Kellen gruñó. —Kat está haciendo un pastel para nuestra fiesta de inauguración de la casa. Pero no nos mostrará lo que está planeando. Eso está mal. Es nuestra fiesta. Sloane tenía la sensación de que esto era una discusión constante entre ellos dos. Sobre todo porque los ojos de Kat brillaron. —Kellen es un fisgón incurable Trató de averiguar cómo abrir la caja para ver mi vestido cuando me fue entregada. —No lo hice —proclamó Kellen remilgadamente—. Porque Diego estaba aquí cuando llegó y me habría delatado solo para conseguir las galletitas de Kat. Kat se echó a reír, un sonido intenso, con mucho cuerpo que provocó un temblor en el estómago de Sloane. Kellen estaba burlándose intencionadamente para que ella se relajase. Toqueteando con sus dedos los mechones rosa de su cabello, le preguntó: —¿Vas a pedirme que sea tu acompañante para la fiesta de inauguración de la casa? Ella levantó la barbilla. —Oh, no. No tienes que hacer eso. Con otras mujeres, él sospecharía que estaba jugando a ser tímida. Kat no. Ella no andaba con esos juegos. Le acarició suavemente con un dedo su mejilla. —Quiero hacerlo. Pídemelo. Apoyó su cara sobre su roce. —Estamos desdibujando los límites. —Sí.

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—Territorio peligroso. —Traicionero. —Y lleno de minas emocionales que él no sabía cómo navegar. Su respiración se detuvo. —Puedes decir no. ¿Ella creía eso? Deslizando los dedos por su nuca y la tiró hacia sí lo suficiente como para ahogarse en la piscina de sus ojos azul - verdoso. —No a ti. Pídemelo. —¿Te gustaría ser mi acompañante en la fiesta de inauguración de Kellen y Diego? —Mucho. —¿Borrando las líneas? Era más bien como soplar la mierda fuera de sus límites. Pero la necesidad de verla, estar con ella, y dentro de ella, se estaba convirtiendo en una compulsión solo superada por su necesidad de vengar a su hermana. Kellen se aclaró la garganta. —¿Planeáis ir al asunto de la bodega, o tengo que arrastrar la manguera del jardín y rociaros con ella? Sloane quería hacerle perder la cabeza a Kat entre sus brazos, llevarla al dormitorio y perderse dentro de ella. Pero esta noche era importante. —¿Estás lista para salir? —Sí. Kel le puso la mano en su brazo. —Voy a asumir que no vas a estar aquí sola esta noche, así que nos quedaremos en lo de Diego. Si eso cambia, me envías un mensaje de texto o me llamas. ¿Lo juras? Kat se puso de puntillas para besarle la mejilla. —Lo juro. —Entonces ella sonrió—. Pero comprendo tu idea. Estas tratando de deshacerte de nosotros para poder husmear los planes de la tarta. Una vez que se despidieron, Sloane la depositó en la limusina, y estaban en camino.

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—Cuéntame sobre este proyecto que Ana y tú estáis haciendo. —Quería mantenerla distraída para que pensara que estaba usando vestido. Y a sí mismo de lo que había bajo ese vestido. —Kellen. —Suspiró—. Tiene una boca muy grande. —¿Es un secreto? —Derramó sobre ella parte del agua con gas que le había pedido. —No, en realidad no. Es que todo está sucediendo tan rápido. De todos modos, es un proyecto para la clase de marketing de Ana. Sloane se quedó mirando fijamente su boca. Nuevamente. —Sigue hablando. O voy a besarte. Y ambos sabemos cómo va a terminar eso. —Él miró el largo de su vestido, donde se subía por encima de su muslo izquierdo. ¿Ella tendría puestas bragas? ¿Una tanga? ¿De qué color? Tendría que ser blanco o quizá un color suave que no se trasparentase. Sloane tiró de su corbata negra aflojándola de su garganta. El calor calentaba sus venas, y su polla le dolía. Tomó un trago de agua. —Ana tiene un equipo de vídeo de la universidad siguiéndome para obtener imágenes de mi trabajo. Iban conmigo para armar un pastel de bodas hoy. La semana que viene, vamos a empezar las tomas biográficas. A partir de eso, Ana y su equipo van a hacer dos videos. Una de ellos será como un comercial de la pastelería Sugar Dancer, y el segundo será una larga parte biográfica como la dueña de Sugar Dancer. Ella tiene un plan de marketing conjunto que va con ello. —Un color cálido hizo su cara brillar con excitación. —¿Todo para su clase? —Sí y no. Bien, ahora ella tenía su completa atención. Dejó el vaso en un soporte y luego estiró el brazo alrededor de sus hombros. —Escúcabello todo, chica pastelera. —Si me gusta el producto final, el propósito es seguir adelante con el plan de marketing de Ana y enviar los videos a tres programas de cocina que presentan panaderos. Sus dedos estaban blancos alrededor de la copa que ella sostenía.

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—Recuerdo a Ana mencionar que quería tenerte en uno de esos programas, cuando la vi por primera vez. ¿Es eso lo que quieres, Kat? Ella respiró hondo. —Si es que puedo hacerlo. Ah. Ahora sabía por qué la tensión estaba comiendo su entusiasmo. —Tus ataques de pánico. —Estoy bien haciendo las grabaciones en mi pastelería, y lo hice bien cuando me siguieron para preparar la boda. Pero estaría bajo presión real en un estudio. —Ella se encogió de hombros bajo su brazo y levantó la cara hacia él—. Pero si puedo hacerlo, la exposición sería genial. Y entonces tal vez pueda pensar en expandirme. —¿Ampliar tu tienda ya existente o abrir más pastelerías? —Más pastelerías Sugar Dancer. —Ella tiró de su labio inferior con los dientes—. Aunque no por algún tiempo. Pero es lo que quiero hacer algún día. Maldición, acababa de volverse más caliente para él. Una mujer con ambición significaba que no estaba buscando a un hombre para rescatarla. Kat no necesitaba un príncipe azul para cuidar de ella. Ella cuidaba de sí misma. —También quiero desarrollar una línea de artículos pre envasados que la gente pueda hornear en casa. Mi idea es que me gustaría hacer videos educativos guiándolos a través del proceso de hacer los platos. Los videos serán accesibles de forma gratuita en mi sitio web. —Hmmm. —Había estado pensando seriamente en esto. —Ana y yo vamos a filmar algunos videos instructivos para cosas como decoración de tartas, consejos para el hogar, cargar algo de esto en el sitio Sugar Dancer y ver si generan algún interés. —Ella arrugó la cara—. Estoy divagando. —Se inclinó hacia delante, puso su vaso de agua en el soporte. Sloane tironeó su espalda contra su brazo. —Estás entusiasmada y me gustaría oír más. Dime los lugares en que estás pensando para abrir más pastelerías.

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La incertidumbre brilló en sus ojos. —Cuidado, bebé. No quieras retirarte, pensando que voy a tratarte como tú familia. —Odiaba esa mierda. Kat era sexy como el infierno cuando se puso de pie para él. Pero cuando se retiró, perdió el dominio sobre su temperamento, y le plantó cara, desafiándola. Sus dudas se aclararon. —Cierto, eres un bravucón. —Te encanta. Sin mentiras, Kat. Te enciende cuando puedes luchar. Él unió sus dedos. —No tienes que tener cuidado conmigo. —¿Como contarte mi fantasía de spanking5? Eso no fue cuidadoso. Su voz suave se abrió paso derecho a su ingle. Después de dar un estirón a sus manos unidas reposando en su muslo, tomó una respiración para calmar su lujuria. —¿Qué fue entonces? —Revelador. Mostré algo sobre mí con lo que todavía no estoy del todo cómoda. —¿Cuál es esa? —Quería saber, incluso más de lo que quería explorar el deseo de ella de recibir nalgadas. Sus hombros se elevaron con gracia. —La parte de mí que quiere dejar de lado el control estricto que he tenido sobre mí misma. Maldición. Una aguda lujuria rivalizaba con un montón de emociones que él no quería examinar. —Todo lo que tienes que hacer es pedirlo. Si haces eso, voy a asumir el control y cuidar de ti. Pero solo cuando estés lista. —Dios, se haría cargo de ella, la llevaría a alturas que nunca habría imaginado. Tenía que detenerse. Ahora. Antes de que se olvidase de lo jodidamente importante que era esta noche.

5 Spanking: práctica sexual consistente en dar azotes o nalgadas.

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—Pero por ahora... —luchaba por mantener su voz controlada— ...tenemos que volver a hablar sobre tu trabajo. O voy a atraparte en mis brazos. Y no se detendría allí. específicamente? Oh, cierto.

Pensó.

¿De

qué

estaban

hablando

—Háblame acerca de los lugares en que estabas pensando. Durante unos segundos, sus ojos se llenaron de emociones cambiantes. Luego ella se relajó. —Para comenzar me gustaría ir a Los Angeles o San Francisco para abrir una segunda pastelería Sugar Dancer. —¿Por qué? —Quería saber su argumentación—. ¿No te darían las áreas más pequeñas una mejor posibilidad de llamar la atención? —Sí, a pequeña escala. Pero si quiero obtener mayor atención para crear una marca, necesito lugares de alto perfil. El hecho de que LA y San Francisco son ciudades que marcan tendencia puede funcionar para mí. Y además son áreas gourmet. Pero una razón de peso es también el viaje, puedo conducir hasta Los Ángeles en un par de horas, y San Francisco está a una hora de vuelo. Eso me daría mucho más acceso a tener personal capacitado, etc. Una vez que consiga mejorar la puesta en marcha, entonces puedo expandirme hacia el exterior. Tengo mucho que aprender antes de llegar allí, sin embargo. —Los gastos generales serían mayores en las áreas metropolitanas. La competencia feroz. —Él manejaba los desafíos de manera frontal. Y si Kat quería hacerlo, podía ayudarla. Sus ojos adquirieron el mismo brillo que ella tenía cuando estaban combatiendo y la presionaba a trabajar duro. —Es cierto que los riesgos son mayores, pero también lo son las recompensas. Si Ana y yo podemos crear un buen revuelo con los tráiler, tener éxito con el show de pastelería, entonces puedo construir sobre eso. Para el momento que me expanda, voy a tener eso a mi favor. Ella realmente había pensado en ello. —Puedo ayudarte a lograr tu sueño. Tengo contactos para conseguirte esos shows, así como también ayudarte a levantar el perfil de tu panadería. Necesitarás capital para… Sacudiendo su cabeza, ella retiró la mano.

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—No. Gracias, pero no. Manteniendo su mano sobre la suya, lo intento nuevamente. —Kat tengo una división de entrenamiento físico en SLAM que me da excelentes recursos económicos… —Por supuesto que no. —Dejó de tenderle su mano y lo miró—. Aprecio la oferta, pero tengo que aprender cómo expandir y gestionar múltiples empresas, no tener a alguien más haciéndolo todo por mí. Tú estás haciendo bastante con enseñarme a luchar y conquistar mis ataques de pánico. Eso es clave. Si no puedo vencerlos, entonces no voy a lograr el resto. La satisfacción se desplegó en su pecho, sorprendiéndolo. De verdad quería ayudarla. Lo había hecho por sus otras acompañantes. Pero Kat no quería su dinero o poder. Lo quería a él y las lecciones de defensa personal que pudiera darle. —Además, tengo un inversionista. Sloane se puso rígido. —¿Quién? —Mi hermano. Dijo que si me expando, tiene algo de dinero que puede invertir y servir de avalador de un préstamo. —¿Marshall? —Mientras sus padres y David trataban a Kat con vergüenza como si tuviese daño cerebral su hermano parecía más solícito. —¿Cómo sucedió eso? —Hasta donde él sabía, ella no había visto a su familia. —Quería hablar con él acerca de David. Sloane escuchó mientras Kat le relataba la conversación con su hermano. Ella terminó con: —Casi me acobardé y no le digo mi teoría. No quería verlo observarme como mis padres lo hacen. —Entonces, ¿qué te hizo arriesgarte? —Porque si no lo hacía, y algo sucedía, ¿cómo viviría con esa culpa?

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Sloane no tenía una respuesta. Su sentimiento de culpa por Sara lo tenía ahogado por casi catorce años.

¿Qué clase de bodega tenía una jaula para las artes de combate marciales mixtas dentro de un enorme edificio con cúpula? Kat se permitió uno o dos sorbos de vino, luchando por no sentirse fuera de lugar. El traje negro de Sloane acentuaba su poderoso cuerpo, mientras él fácilmente dominaba la habitación entera con su presencia, incluso desde el interior de la jaula octogonal. Otros cuatro hombres vestidos con trajes y miradas de muerte, estaban dispersados a sus espaldas. —El evento inaugural Caged Thunder, los Pro vs Amateurs Slam, será de carácter privado y exclusivo. No será televisado o grabado en cualquier modo. Este es un evento único en la vida, y solo para unos pocos elegidos. Los aficionados que entren en la jaula tendrán su oportunidad para un contrato de representación por parte de SLAM. Será arriesgando sus propias vidas contra estos auténticos luchadores. Sloane dejó caer la mano que sostenía el micrófono, su mirada escaneando la multitud desplegada en los asientos del estadio personalizado. Kat contuvo el aliento al ver el otro lado de Sloane. El intérprete público y el luchador que había luchado en frente de miles de personas. Sabía cómo manejar una multitud. Ella se inclinó hacia adelante en su asiento, tan cautivada como todos los demás en la sala. —Esta noche, estamos subastando un centenar de entradas. Una vez que las entradas se agoten, no habrá más disponibles para este evento exclusivo. Pueden hacer sus ofertas con mi asistente, Liza… —señaló con un gesto hacia la mujer a unos metros de él— ...esta noche hasta la medianoche. Todos los ingresos irán a Combatientes a Mentores (programa de la asociación internacional de lucha). No habrá costos administrativos. Rolling Thunder Winery y SLAM Inc están cubriendo eso.

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Sloane rápidamente presentó a los combatientes que irían cada uno contra dos luchadores amateurs. El premio final, si alguno de los combatientes era lo suficientemente bueno, era un contrato para ser representado por SLAM inc. —Liza les explicará cómo hacer sus ofertas. —Sloane entregó el micrófono a su ayudante. Kat apenas escuchaba, fascinada con Sloane mientras saltaba de la jaula y de inmediato fue tragado por un enjambre de gente tratando de llamar su atención. Al perderlo de vista, bajó la mirada hacia su vino, era un blanco impecable, pero no podía recordar exactamente de qué clase. Sus pensamientos estaban llenos de Sloane. Era impresionante, imponente, haciendo uso de su energía como una segunda piel. Ella estaba tan fuera de su zona de confort aquí. Sin embargo, en la limusina, había estado lo suficientemente cómoda para hablar con él acerca de sus sueños para su pastelería y su fantasía de spanking. La hacía sentir segura y capaz, no tonta por soñar o depravada por tener una fantasía. Ella fortaleció su resolución. Si podía manejar el hablar con Sloane de ese modo, podría controlar este evento. Perdió su interés en mirar fijamente su vino cuando un par de mocasines hechos a mano de cuero negro entró en su línea de visión. Lentamente, escudriñó desde los pantalones perfectamente drapeados y caderas estrechas, hacia la camisa de seda negra cubierta por una exquisita chaqueta. Bajo las luces fuertes, su cara le cautivó, haciéndola querer acariciar el contorno áspero de su mandíbula, seguir el rastro de sus dos cicatrices, una a través de la ceja era apenas visible que la de su boca. Palabras como lindo no van en la misma frase que Sloane. Impresionantemente guapo de una manera poco regular funcionaba. Pecaminosamente sexy. Convincente y peligroso. Él la miró como si no hubiera nadie más en la habitación. —¿No te gusta el vino? Concéntrate. —Es muy bueno.

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—No lo estas bebiendo. —Tristemente, la cosecha no combina bien con mi cojera. —Le tomó un gran esfuerzo no revisar para asegurarse de que sus cicatrices estuviesen cubiertas. El modo en que caía el dobladillo de su vestido ayudaba a ocultarlas. Él se inclinó, apoyando las manos sobre los brazos de su silla. —¿No acabamos de hablar acerca de ti queriendo liberarte? Tú no vas a caer mientras estés conmigo. Sus ojos acaramelados le quemaban. La hacían sentirse segura, protegida y sexy. Le hicieron querer dejar de preocuparse por su pierna y de avergonzarlos a ambos por un segundo. Su corazón repiqueteaba pesadamente. Estar tan cerca de él aumentaba la intensidad de su pulso. —No puedo. —Lo había hecho bien hasta ahora, pero no iba a arriesgarse a tropezar y caer. O tener un ataque de pánico. Era importante para ella no avergonzarlo esta noche. —Tú puedes. —Cubriendo sus manos con las suyas alrededor de la copa, dijo—: A menos que necesites hacerlo. Me gustaría darte de beber el vino a través de mi boca. Ella apretó los muslos ante el calor que salió disparado como un rayo recorriéndola. —Es un farol. Hay por lo menos un centenar de personas aquí. Su mano se cerró sobre la de ella y tiró de la copa de sus dedos. Tomó un trago profundo, pero la larga columna de su garganta no se movió. Lentamente bajo el vaso y se acercó a ella. Cuanto más se acercaba a ella, menos se quería resistir. Más ansiaba dejarse ir. La seducción de confiar en él la derritió. Cuando estaba a solo un centímetro de ella Kat hundió los dedos en su propio muslo para ahogar sus gemidos de deseo. Un ligero rubor causaba que la cicatriz de la boca se viese blanca e irregular. —¿Sloane? Una voz femenina sensual rompió el momento.

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Los ojos de Sloane se estrecharon y sus fosas nasales se dilataron. Por un momento súbito, Kat pensó que iba a ignorar la voz para darle de beber su vino. Y se lo permitiría. Entonces él tragó, se apartó hacia atrás y se levantó en toda su estatura. Le entregó la copa de vino a un camarero y se enfrentó a la mujer. —Paloma. Kat tomó aire y cerró la boca mientras una mujer en un vestido rojo fuego que apenas rozaba sus delgados muslos puso su mano sobre el brazo de Sloane. —Ha pasado un largo tiempo. Sloane tomó la mano de Kat y le ayudó a ponerse de pie. —Esta es Kat Thayne. —Encantada de conocerte. —Las palabras fluyeron en piloto automático, mientras que el cerebro de Kat gritó: ¡Paloma la cantante! Su marca distintiva, el cabello rubio caía como una reluciente lámina a la cintura. Ella esbozó una sonrisa. —Es un placer, Kat. Estás con Sloane esta noche, ¿supongo? —Abierta curiosidad brilló en sus suaves ojos marrones de corderillo. —Sí. —Sloane colocó la mano en su codo—. He oído que tienes un nuevo CD que saldrá pronto. Su sonrisa se ensanchó, y se balanceo ligeramente sobre sus tacones de aguja. —Es increíble. No puedo agradecerte lo suficiente por toda tu ayuda. —Encantado de hacerlo. Disfruta tu noche. —Sloane guio a Kat hacia una puerta—. Vamos a cenar y terminar con las obligaciones, así puedo tenerte solo para mí. Ella apenas notó el aire frío mientras salían. —Paloma fue tu acompañante. —Kat hizo una mueca tan pronto como las palabras salieron de su boca. Maldita sea, no importa.

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—Por un tiempo, sí. Entonces es un asunto de hecho. —Tú la ayudaste con su carrera. —Es lo que ella quería de mí. No era lo único. La imagen de Sloane desnudo con Paloma, con cualquier otra mujer, tocándola como él había tocado a Kat, su estómago ardía ante la idea. Oh mierda, esto era una mala señal. Los celos eran palpables, y marcada como una propiedad cuando nadie poseía a Slone. Se armó de valor ante la desagradable vena de posesividad, se centra en Ethan que mantenía la puerta abierta de la limusina. Una vez sentada, le preguntó: —¿A dónde vamos? —Thunder Cage Stadium en la sección de Rolling Thunder Winery. Estaremos cenando en la sala de degustación de vinos allí. Tan solo es un minuto en auto. Aún recuperándose de las emociones que Paloma había despertado en ella, Kat busca algún otro tema de que hablar. Finalmente se decide por lo que Sloane había mencionado cuando estaban en la jaula. —¿Qué es eso de Combatientes a Tutores? —Justo lo que suena. Es una organización donde los combatientes, muchos de ellos ya retirados, se convierten en tutores de chicos. Kat lo miró fijamente, pensando en esos años mientras crecía, muchos de ellos en casas de acogida. —¿Eres un tutor? —Hago un poco de tutoría. Cuando tengo tiempo, paso un rato con dos chicos, Robert y Kevin. Ayudo un poco a otros chicos. Pero algunos de estos chicos hacen un infierno peor, como Drake... —Guarda silencio y se aleja. Sus dedos se clavan en sus muslos. Sloane es solitario, permitía a pocas personas que se le acercaran y nunca dejaba que su dolor saliera. Ella envolvió sus dedos alrededor de su mano rígida y tira de él hasta que lo acuna entre sus manos. —Lo estás haciendo de nuevo, ¿verdad? Ella lo miró.

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—¿Consolarte? ¿Ser amistosa? Sí. Entrelazó sus dedos con los de ella. —Si continuas con mierdas como esas, ya no seré capaz de dejarte marchar. Nunca.

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ara mantener los nervios bajo control, Kat entró en la sala de degustación de Rolling Thunder Winery. La gran sala de detrás de los bastidores tenía adornos personalizados de hierro forjado que recubría las paredes para mostrar los vinos. Suelos de mármol, techos con vigas y ricos detalles en madera de cerezo añadían sofisticación. Los camareros se movían de manera eficiente entre las mesas vestidas con manteles blancos y cargados de delicada porcelana. Cada persona en la habitación estaba mirando a su mesa, más concretamente, a Sloane y Ronnie T. Devonshire, el magnate de bienes raíces que se volvió estrella de televisión. —Es un poco abrumador, ¿no? —dijo la rubia junto a Kat. Volviéndose hacia a ella, le sonrió. —¿Eso es obvio? —No, lo que pasa es que tienes información privilegiada. Soy Sherry Moreno. John... —Le dio un codazo al gran hombre con la cabeza rapada que estaba a su lado—, es mi marido. Él y Sloane han sido amigos desde sus días en UFC1. —Hola, Kat. —John miró sobre la cabeza de su mujer—. Te he visto en el gimnasio, pero no he tenido la oportunidad de decirte hola. Kat asintió. —Mucho gusto a los dos. Sloane se inclinó. —Sherry es cinturón negro en Tae Kwon Do. Le he pedido que entrene con vosotros esta semana mientras estoy fuera. UFC (Ultimate Fighting Championship): La mayor empresa de artes marciales mixtas en el mundo,que alberga la mayor parte de los mejores luchadores del ranking en el deporte y produce eventos por todo el mundo. 1

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Sorprendida por ese anuncio, Kat espetó: —¿En serio? —No estaba segura de que le gustara la idea. Sus ojos se calentaron y él jugó con su cabello. —Echaré de menos trabajar con vosotros, pero viajo toda la semana. Sherry es buena. —Podría esperar. Negó con la cabeza. —Hazlo por mí. Necesitas estar preparada con el entrenamiento para estar lista para manejar cualquier cosa. Se refería a sus ataques de pánico y a David. Solo pensar en David disparaba su determinación. —Está bien. Las comisuras de sus labios se levantaron. —Esa es mi luchadora. —Podrías terminar lamentándolo al final del día. Él se inclinó más cerca. —¿Crees que puedes hacerlo, pastelera? —Oh hombre. —Rió Sherry—. Voy a enseñarle a ponerte sobre tu culo, Sloane. Kat disparó su atención de Sloane a estudiar a la mujer con la que entrenarían. Con su vestido de cóctel azul zafiro, hacía estallar sus bíceps gruesos, aunque lograba hacer que todo pareciera femenino y seductor. —Enséñame a hacer eso y podrás tener postres gratis de mi panadería por un año. —Los ojos color avellana de Sherry se iluminaron como un petardo. —Hecho. John se inclinó sobre su esposa. —Amigo, estás jodido. Estas dos juntas serán un problema. Sloane tiró suavemente de un mechón de cabello de Kat.

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—Estáis invitados a probar. Demonios, espero que Kat intente derribarme. Su mirada calentó su piel, haciendo que se ruborizara mientras los camareros servían las comidas. Filete mignon, arroz con lavanda, espárragos al limón, todo muy bien presentado. Apenas se dio cuenta, estaba demasiado distraída por la sensación de los ojos atrevidos de Sloane fijos en ella delante de toda esta gente. Él se lo buscó. —Con cuidado, campeón, conozco tu debilidad. Levantó una ceja. —¿Qué es eso? —Bizcochos de limón. Estoy bastante segura de que podrías llegar a rogar por un bizcocho de limón. —Bueno, podría estar empujando su suerte. —Tramposa. —Envolviendo su mano en su cabello, se inclinó—. Sabes que haría cualquier cosa por tus bizcochos de limón. No podía apartar la mirada, atrapada en la absoluta confianza de este hombre. Oh, por supuesto, no eran más que una pelea verbal, burlas, pero algunos hombres se habrían sentido amenazados. Actuando enojados o defensivos en respuesta. Sloane le dio la victoria y la hacía sentirse poderosa con eso. Nunca había tenido una pareja. David le había recordado a menudo que no era tan fuerte como él. Mientras Sloane, un hombre que era fácilmente tres veces más fuerte que ella, la hacía sentirse poderosa. —Sloane… —Una nueva voz los interrumpió—. Estaba esperando que lucharas en el evento Thunder enjaulado. Kat miró al otro lado de la mesa para ver a Ronnie T. Devonshire. Era un par de décadas mayor que Sloane, pero su cabello rojo de marca era abundante y sus ojos verdes sostenían una mirada brusca. —No estoy interesado. Ronnie dejó sus cubiertos, totalmente centrado en Sloane. —¿Qué debo hacer para que regreses de nuevo a la jaula? —Un oponente digno de mi tiempo. De lo contrario, estoy más interesado en mi negocio.

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—Di un nombre de tu elección y haré que suceda. Vamos a hacer un pay-per-view2. Llámalo la Jaula de la Venganza. El estómago de Kat se encogió ante ese pensamiento. Apenas había tocado su arroz. La idea de que Sloane peleara de nuevo... no podía soportarlo. Sloane se relajó en su silla y dijo: —Te lo haré saber cuándo lo encuentre. —Tienes que, ¿treinta ahora? Ya no tienes muchos años por delante en las peleas. Tenemos que hacerla mientras puedas. Kat apretó la mandíbula para resistir la tentación de decirle a uno de los hombres más poderosos del mundo que se retractara. No quería que Sloane peleara. Un hombre se acercó a sus espaldas, golpeando la mano en el hombro de Sloane. —Sloane, debes escucharlo. Podría utilizar los Pros vs Amateurs del Slam como calentamiento. Sloane lo miró. —Lo dudo. —Tomó la mano de Kat—. Kat, ¿conoces a Clay Barton? Es el dueño de Rolling Thunder Winery. Kat le reconoció como uno de los cuatro combatientes que Sloane había introducido en su presentación. —Encantada de conocerte. ¿Así que eres el dueño de la bodega y la lucha? —Ya no de la UFC. —Él guiñó un ojo—. Solo lo hago por diversión ahora. Luchaba como una diversión. Eh. Claro, era divertido cuando Kat y Sloane se enfrentaban, pero ellos no estaban tratando de hacerles daño a los demás. Estudió a Sloane. —¿Lo extrañas? ¿Quieres salir de tu retiro? —No. —Él flexionó su mandíbula y sus ojos brillaron con fragmentos de dolor y determinación—. No creo que la oportunidad para volver a la jaula se presente. 2

Pay-per-view: pago por evento.

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Escalofríos recorrieron su piel. Pensó en Drake diciéndole que Sloane entrenaba como un demonio. Y pensó en cuál sería su motivación para comprometerse con este tipo de entrenamiento riguroso. ¿Ella aún deseaba saber lo que le llevaría de vuelta a la jaula?

Sloane se quitó la chaqueta y tiró de la corbata mientras estaba junto a la limusina, trabajando para contener la energía acumulada que rasgaba a través de sus venas. Durante toda la noche, había ocultado su impulso de venganza bajo su cara de juego. Después de años de formación, la planificación y su vida, el plan fue haciendo clic en su lugar. Lee Foster se metería en la jaula. Y Sloane estaría esperando. Solo unas semanas más. En un instante, los últimos doce años regresaron y Sloane recordó vívidamente a ese hijo de puta corriendo fuera de la casa. Y luego la escena cambió y vio a Sara en el suelo del dormitorio, desnuda y sin vida... No. Sloane bloqueó sus recuerdos, se deslizó junto a Kat y arrojó su chaqueta y corbata en el asiento frente a ellos. Su olor cálido a panadería impregnaba el espacio y ese vestido que se levantaba sobre su muslo izquierdo. Tenía la boca seca y su sangre latía con fuerza. Después de decirle a Ethan que irían al condominio de Kat, alzó la pantalla de privacidad. Se sentó en el asiento marrón oscuro. —Pareces tensa de repente. —No tienes ni idea. Abrió la nevera y se sirvió una copa de vino blanco fresco. —¿Quieres hablar? —No. Quería follar. La necesitaba. Contrólate, imbécil. Kat había entrado lo suficiente en su vida, podía controlarse lo suficiente como para seducirla un poco.

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—Eres lo que necesito. —Dejó la copa a un lado y la tomó en su regazo. Ella echó un vistazo a la pantalla de privacidad. —El conductor. —Ethan no puede oír ni vernos. —Cubrió sus muslos, revisó para asegurarse de que su pierna derecha descansara cómodamente. Sus ojos azul-verdosos estaban bordeados con un toque de gris tormentoso. ¿Preocupación? ¿Ansiedad? —Te lo dije, pastelera, no comparto. Especialmente a ti. Al tocar el lado de su boca, ella dijo: —La cicatriz se blanquea cuando estás en el borde. Por alguna razón, esta noche fue difícil para ti. No entiendo por qué, pero lo fue. Una suave ondulación comenzó a levantar su polla. Pero la sensación física palideció en comparación con el golpe de la emoción en el pecho. Ella lo vio. Durante toda la noche, cuando el cielo frío por la rabia, el odio y la culpa trataba de aspirarle, Kat había estado allí. Se burlaba de él, le sonreía, o simplemente le tocaba. Ella se había preocupado por fallarle por algo tan trivial como meter la pata, sin darse cuenta de que esa noche ella había sostenido su purgatorio personal en su seno. Así como ahora. La adrenalina subió, tallando una necesidad feroz de reclamarla en la forma más primitiva. Tan profundo y duro, que dejaría huella de sí mismo en ella para siempre. No podía tenerla para siempre, pero quería estar absolutamente seguro de que ella no lo olvidara. Esto era todo lo que podía darle. Para distraerla de su cicatriz y nerviosismo, recogió la copa de vino. —Toma un poco de vino. Su mirada se posó en el vidrio y levantó una mano hacia ella. —No de esta manera. Llevó el vaso a sus labios y la inclinó. Luego colocó la copa en un soporte y bajó la cabeza. Los ojos de Kat estaban dilatados. Sus labios se separaron. Cuando se acercó lo suficiente, ella lamió la comisura de sus labios, un golpe de humedad tibia se disparó en su ingle con una onda expansiva de placer.

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Sloane la acunó sobre él y le dio de tomar el vino, olvidándose de su bebida. Compartir el vino con ella encendía la codicia de tener más de ella. Le dolía el pecho con ella. Penetró su boca con la lengua, saboreando las últimas gotas del chardonnay en Kat. Sus dedos se clavaron en sus hombros. Necesitaba tocar su espalda. Demasiado nervioso para ser cuidadoso, rompió el beso. —Súbete el vestido. No quiero romperlo. —Y lo haría. Ella se agachó, corriendo el vestido, dejando al descubierto sus largas piernas tonificadas todo el camino hasta la parte superior de los muslos. Clavó los dedos en sus manos para no tocarla. Todavía. —Continúa. Muéstrame las bragas que llevas. Hundiendo sus dientes en el labio inferior, tiró del vestido hacia arriba, dejando al descubierto el delicado trozo de tela rojo ajustado contra su montículo con diminutas tiras que viajaban en una curva a la cadera. Su sangre saltó a su ingle, hinchando dolorosamente su pene, mientras que su confianza la tenía puesta alrededor de su corazón. Creía que debía proteger a Kat, evitar que otros la vieran. El vestido se quedó donde fácilmente pudiera cubrirla si alguien pasara y surgió la necesidad. Cerrando la mano, trazó el borde superior de su ropa interior. —La voy a sacar. —Sloane pasó a Kat al asiento y cayó de rodillas. Agarrando el material suave, los arrastró fuera, dejándola completamente desnuda para él de cintura para abajo. Sloane se inclinó sobre ella para conseguir su vino. Sus ojos se abrieron. —¿Tienes sed? —Tú has bebido de mí. ¿No debería tener el mismo privilegio? Enroscó sus dedos en el vestido arrugado, y preguntó: —¿Quieres beber de mi boca? Él desplegó una sonrisa de lobo, y respondió: —Soy más original que eso. Sostén ese vestido.

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Inclinó el vaso para derramar el líquido dorado en su ombligo. Kat se estremeció y susurró en un suspiro. Sloane lamió el vino, el sabor fresco mezclado con el sabor de la piel de Kat. Derramó más líquido y lamió una línea desde la cadera de lado a lado. Los músculos de su estómago saltaron y se contrajeron. Oh, pero él quería más. Ansiaba el sabor de su deseo. Maniobrando entre sus muslos, extendió su abertura. Rosa, húmeda e hinchada. Levantando la mirada hacia su rostro, Sloane se quedó sin aliento. Su deseo estaba cargado en sus ojos sin miedo, sin reserva. Ella se entregó a él con fe completa que había cuidado tanto para su intimidad y placer. Debía ser bueno con ella. Tomó de nuevo la copa de cristal y se inclinó de nuevo. —Sloane. —Kat se arqueó cuando el líquido se derramó sobre los pliegues de su coño. Dejó a un lado la copa y se abalanzó, recogiendo el agrio vino y el dulce néctar de Kat en una larga y lenta lamida. La sensación de su calor cremoso en su lengua encendió el hambre de por más. Volvió a lamer, jugando con su clítoris hasta que pudo sentir el latido del brote. Kat, con sus manos en su cabello, lo retorcía mientras lo jalaba. La urgencia disparó un cambio salvaje. La necesidad de hacer que se corriera lo inundó. Llevarla a las alturas que solo él podía. Entonces debería hundir su polla en ella. Se deslizó hacia abajo, trazando su abertura con la lengua hasta que ella se retorció contra él. Sabía exactamente cómo conseguirlo. Usando su dedo pulgar, acarició su clítoris mientras lamía hasta que ella se estremeció y explotó, sujetando sus muslos mientras ella se arqueaba y gemía. Su sabor y aroma lo condujeron a su lado salvaje. La necesidad de poseerla maltrataba cada uno de sus nervios. Elevándose sobre sus brazos, gruñó: —No puedo esperar. —Se desabrochó el pantalón con una mano y lo empujó hacia abajo lo suficiente. Agarrando su polla, colocaba la cabeza contra su entrada húmeda y gimió. Otro regalo que ella le daba, su cuerpo sin barreras. No iba a entrar en ella como un animal. Sloane

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luchó contra el impulso primario y sobre el túnel que recorrería centímetro a centímetro. Ella estaba lubricada, suave y apretada, echó la cabeza hacia atrás y apretó los molares. —Sloane. —Kat agarró los brazos, levantando sus caderas para acomodarse. A mitad de camino en su interior y con el fuego abrasador de su espalda baja y la necesidad desesperada de la verdad y reclamarla, bajó la mirada. Tenía los ojos hinchados por el deseo apuntando hacia él. —Te voy a dar lo que necesites. Todo. La dulzura de sus palabras lo deshizo. Se dejó caer sobre ella y se fundió en su boca mientras empujaba sus bolas profundamente en su calor. Chupando su lengua, ella metió sus manos en su camisa y discurrieron por todas partes. Como si no consiguiera todo lo que necesitaba. Sloane rompió el beso. Se apoyó en los antebrazos y cerró los ojos con ella. Más despacio y delicado, y aún así, Kat tenía el poder de detener ese pozo de soledad tratando de succionarlo. En su desesperación, se puso a gritar: —Te necesito. —Fue arrancada la soledad de ese pozo con él. Ella lo envolvió con sus piernas alrededor de él y le acarició la espalda. —Me tienes a mí. El satén fresco de los zapatos encontró su culo mientras ella estaba bajo sus embestidas. Con cada paso, los sonidos que hicieron juntos los llevaron a lo más alto. Deslizó su mano por debajo de ella, inclinando sus caderas para conseguir más profundidad. —Voy a... —Su cuerpo se inclinó, con la boca jadeante, cara enrojecida, y en medio de todo, sus ojos se quedaron con él. La dejó ver el segundo en el que se entregó totalmente al placer que le dio mientras se convulsionaba alrededor de su pene. Impresionantemente hermosa, esa mirada arrancó lo último de su control inmediatamente. Bombeaba dentro de ella, jadeando y esforzándose mientras perseguía la felicidad que solo ella podía darle.

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Su orgasmo se disparó por su espalda y explotó. Desamparado bajo el poder de su placer, se aferró a su mirada, la conexión entre ellos lo alimentaba, llenando su soledad fría y estéril. Anhelaba ese vínculo aún más que su liberación. Tomó varios minutos para que él pudiera recuperar el aliento. La intensidad lo sacudió y lo capturó al mismo tiempo. Suavemente toma su rostro entre sus manos. —Me quedo contigo esta noche.

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at despertó sobresaltada. Estaba oscuro en su dormitorio a excepción de los números verdes en el despertador, 1:41 a.m. Sloane estaba envuelto alrededor de ella con su pesado brazo anclándola a él. Se sentía como la explosión de un horno en su espalda. ¿Estaba enfermo? Comenzó a girar alrededor, pero se calmó cuando oyó la voz áspera de Sloane murmurar algo. Su brazo se cerró más fuerte alrededor de ella, impidiéndole girarse. ¿Qué dijo? ¿Estaba despierto?

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Sloane gruñó y tiró de vuelta a Kat, acercándola a su cuerpo. Su pecho se contrajo descargando adrenalina en su sistema. Con el corazón golpeando, ella empujó su brazo. No se movió. Atrapada, estaba atrapada. —Sara. Esa única palabra la hizo entrar en pánico. Tomando aire, se obligó a calmarse. —Una pesadilla —susurró. despertarlo—. ¿Sloane?

Todo

lo

que

tenía

que

hacer

era

Él gimió, masculló sonidos más ininteligibles, pero no se despertó. No estaba funcionando. Fragmentos de pánico rasparon sus nervios, lo que le daba ganas de retorcerse y luchar. Pero Sloane estaba atrapado en una pesadilla, por lo que podría defenderse. Eso la asustó lo suficiente para que se le cerrara la voz. Piensa. No entres en pánico. Sloane le había dicho qué hacer si ella no podía hablar cuando estaba con él, golpearlo hacia afuera. Le había dicho que estaba capacitado para reaccionar ante eso. ¿Funcionaría cuando estaba dormido


también? Rápidamente, Kat golpeó tres veces, fuerte, en su antebrazo abultado. Sloane se movió detrás de ella, levantándose en su otro brazo. —¿Kat? Funcionó. Al igual que le había dicho que lo haría. Aliviada, ella se relajó y rodó sobre su espalda. Dado que sus ojos se habían acostumbrado a la oscuridad, pudo distinguir las líneas de su rostro. —Estabas teniendo una pesadilla. —Mierda. —Se alejó de ella, poniendo distancia entre ellos—. Vuelve a dormir. Tienes que levantarte en un par de horas. Poniéndose lado a lado, envueltos en la noche tranquila. Ahora que Sloane estaba despierto, podía pensar. La única palabra que había entendido era Sara. —¿La pesadilla era sobre tu hermana? El colchón se desplazó cuando Sloane se tensó. —Sí. ¿Qué podría hacer para ayudar? Se mantuvo alejado de ella, quieto y en silencio, con la respiración controlada brutalmente. Incapaz de soportarlo, golpeó la palma de su mano sobre la sábana, golpeó el antebrazo abultado y lo siguió hasta abajo donde tenía la mano con fuerza en un puño. Ella acarició con su pulgar sobre sus nudillos hinchados. —¿Puedo hacer algo para ayudar? Apartó su mano y se deslizó fuera de la cama. —Vuelve a dormir. Voy a conseguir un poco de agua —dijo saliendo fuera de su habitación. ¿Debería ella dejarlo solo? Pero ¿cómo podría cuando podía sentir su aislamiento y dolor? Empujó las cubiertas, agarró la camisa de Sloane y tirándola sobre ella. Sin molestarse en abotonarla, camino por el pasillo hacia la cocina. Sloane no estaba allí, sino que se quedó en la puerta corredera de cristal que conduce a su pequeño patio. Suave luz de luna se vertía sobre sus anchos hombros esculpidos que reducían su cintura haciéndola más estrecha. Los globos de su culo desnudo fueron hechos

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por las manos de una mujer para agarrarse cuando se condujera en ella. El tatuaje en su bíceps derecho brillaba, las llamas alrededor de la S casi parecían reales. Pero lo que hizo a Kat acercarse a él, fue la forma en que estaba tan quieto, desnudo y solo. Como si fuera todo lo que sabía, todo lo que se esperaba. Se dirigió hacia él. —Yo la encontré. Kat agarró la parte posterior del sofá por todas las implicaciones inhaló aire a sus pulmones. Había encontrado el cuerpo de Sara. Oh, Dios mío, había encontrado a su hermana asesinada. Sacando su mano del sofá, se apresuró a Sloane y cruzó los brazos a su alrededor. Presionando su cuerpo a su espalda, diciendo en voz baja: —Ven a la cama. No te preguntare nada más. Envolvió una mano alrededor de sus muñecas. —Sara fue a una casa de acogida. Yo me negué. No era un niño, y termine con esa mierda. Me estrelle en cualquier lugar que pude. Cerró sus ojos y apoyó la cara en su piel sobre sus músculos demasiado tensos. ¿Cómo debería ser eso? Kat no tenía idea. Podría mudarse a casa de sus padres mañana. Oh, por supuesto, no solo la juzgarían y tratarían de controlarla, sino que también la amaban lo mejor que ellos podían. Nunca dejarían que pase por algún accidente. —¿Cuántos años tenías? —Dieciséis. ¿Cómo podía su madre haber dejado que eso suceda? Y Sara... La forma en que Sloane actuó, Kat estaba segura de que era más joven que él. —¿Qué edad tenía Sara? —Dieciséis. Ajustando los ojos abiertos, Kat miró hacia la gran oscuridad montada en la esquina. No celebro mi cumpleaños. Todo tenía sentido ahora. —Erais gemelos.

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—Cuatro minutos de diferencia. Yo soy mayor. —Oh, Sloane. —Lo mantuvo apretado, deseando poder absorber su dolor. Marshall era ocho años mayor que ella, y perderlo sería herirla profundamente. ¿Perder al gemelo con el que había compartido un útero? ¿Celebrado cada cumpleaños juntos? Era inimaginable. —Sara siempre me hacía pastel o cupcakes, en nuestro cumpleaños. Pero ese día, tuve la oportunidad de ir a ver una pelea. Ya era tarde para llegar y entrar a verla en la casa de acogida. —Él dio una palmada en la ventana, apoyándose en ella—. Demasiado jodidamente tarde. La verdad la golpeó como una honda en el pecho. —Sara murió en su cumpleaños. —Para el decimosexto cumpleaños de Kat, tenía una fiesta de invierno en el país de las maravillas en un salón de baile y recibió un auto nuevo. Mientras que Sloane quedaba sorprendido por el hallazgo del cadáver de su hermana violada y asesinada. —Tenía un regalo, un puto collar barato que puse alrededor del cuello de un perro de peluche. Pero nunca tuve la oportunidad de dárselo. Negándose a soltar a Sloane, se limpió las lágrimas que corrían por su rostro con el hombro. —No fue tu culpa. —En cierto modo lo era. No podíamos confiar en Olivia, solo nos teníamos el uno al otro. Pensé que un evento de artes marciales mixtas era más importante que Sara en nuestro cumpleaños. Si hubiera aparecido cuando tenía que hacerlo, ese hijo de puta no la hubiera tocado. —¿Quién la mató? ¿Por qué? —Kat no podía imaginarlo. —Lee Foster. Alquiló una habitación a la familia en la que había sido colocada. Más tarde resultó que los servicios sociales no lo sabían, pero hay un montón de mierda que ellos no saben o no les importa. Foster entró, encontró sola Sara. Probablemente intentó algo y ella lo rechazó. Pero ella era pequeña, como nuestra madre y... Mierda. Sin saber qué más hacer, no aguantó y le mostró que no estaba solo. —Una vez que fue capturado, juró que él no la mató. Que habían tenido sexo consensual y él se fue solo para llegar a casa después de que la

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encontré. Dijo que era una pequeña puta, lo que haría cualquiera. — Furia vibraba en su voz. Kat se deslizó bajo su brazo apoyado contra la ventana. La agonía que nadaba en sus ojos arrancó su pecho abierto. Sequedad en sus ojos ensombrecidos con catorce años de pena, culpa y rabia. Agarrando su rostro entre sus manos, no le importaba que él viera sus lágrimas. —Foster la asesinó, Sloane. No tú. —Era su cumpleaños. Ella se entusiasmó con esa mierda. Yo era demasiado difícil de cuidar, pero Sara... —Se pasó una mano por la cara—. Ella ni siquiera sabía que había ahorrado dinero y que le compré ese collar y un perro de peluche. Ella siempre quiso un maldito perro. Debido a que un perro la amaría sin importar qué. —La amabas. Todavía la amas. Eso cuenta. Mucho. —Tenía que—. Pero ¿qué hay de tu madre? ¿Dónde estaba tu madre? ¿No llegó a ver a Sara y a ti en su cumpleaños? La mirada de Sloane se desvió hacia la ventana. —El novio de Olivia no quería hijos adolescentes. Eso es lo que solía ser. Cualquier tipo con el que se juntaba no nos quería, y ella nos dejo en una casa de cuidado. Luego, cuando su último príncipe azul resultaba ser un sapo, nos tomaba de vuelta. Nunca terminó, no hasta esa noche. Le dolía el corazón por dos niños perdidos. Pero ahora entendía por qué sus padres demasiado elitistas no la habían asustado. Había visto cosas peores. Mucho peor. Esperaba, en realidad. ¿Cómo podía un hombre tan generoso como Sloane, un hombre que protegió a Kat de amenazas, creía que no podría amar? Sloane se inclinó, presionando su frente contra la de ella. —Estás llorando. ¿Cómo no iba a hacerlo? —Sí. Le secó las lágrimas con su pulgar. —¿Por Sara?

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Rodeado por la noche y bañado por la luna, ella no tenía la capacidad de retener o sombrear la verdad. No quería. —Por los dos. La miró, la desolación en sus ojos competía con la confusión. —¿Por qué yo? —Su voz parecía desconcertada—. No me estoy muriendo. Había estado sufriendo. —Creo que parte de ti lo hizo —dijo en voz baja. La parte que confía en el amor. Su madre había sido una especie de ligona en serie de perdedores que ella eligió por encima de sus propios hijos. Entonces Sara lo dejó al morir. Oh, por supuesto, era irracional, pero Kat sabía todo acerca de los miedos irracionales, y estaba dispuesta a apostar que en el fondo, Sloane no quería amar a nadie más y hacer que lo dejen también. Bueno, él quería a Drake, su mentor. Pero Sloane probablemente no lo veía de esa manera. ¿Y no era Drake quien iba a dejar a Sloane? Así que solo unía sus sospechas. Todos esos arreglos con acompañantes de Sloane tenían una especie de triste sentido ahora. Controlaba la situación con un trato, sin confiar en las emociones o el destino. Se le rompió el corazón. Se merecía más. Le acarició la mandíbula, tratando de borrar la soledad austera grabada en sus facciones. —Ven a la cama. A ver si puedes descansar. Puedes dormir después de que vaya a trabajar por la mañana. Te dejo una llave para que cierres. Su rostro se suavizó, y la tomó en sus brazos. —¿Vas a dejar que te abrace? Kat apretó su mejilla contra su pecho, la sensación del ritmo lento y constante de su corazón. Su piel contra la de ella creó un zumbido reconfortante, no sexual, sino algo mucho más poderoso y vulnerable. Cada aliento que tomaron juntos parecía unirlos más fuerte. —Todo el tiempo que quieras.

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at se sentó en el asiento del copiloto de su auto. Era antes de las cinco de la mañana, y Sloane lucía increíblemente sexy en un par de pantalones cortos de entrenamiento y una camiseta, mientras conducía su Hyundai Santa Fe. No tenía derecho a verse así de bien después de tan solo tres o cuatro horas de sueño, como máximo. —Podrías haberte quedado a dormir y que Ethan te recogiera en el apartamento más tarde. —No si el Dr. Imbécil está de vuelta en la ciudad. Te voy a llevar al trabajo, me aseguraré de que entres y cierres con llave la puerta. —Kat se tensó. Se suponía que David tenía que estar de vuelta este fin de semana. ¿Intentaría hablar con ella de nuevo, o la dejaría en paz?—. He puesto los números de Ethan y John en tu teléfono. —¿Cuándo hiciste eso? —Agarrando el teléfono de su bolso, recorrió los números. Sí, allí estaba su chofer, Ethan, y su amigo, John Monroe. —Cuando estabas en el baño. —Le deslizó una mirada—. ¿Eso supone alguna diferencia? ¿El hecho de que estaba invadiendo su vida como una apisonadora? —Es mi teléfono. Yo no hurgo en tu teléfono. Su tatuaje se flexionó sobre sus bíceps. —¿Dije que hurgué en tu teléfono, Gatita? Esa voz suave solo agudizó su ansiedad. Estaba cansada y estaba cabreada, sobre todo porque estaba pensando en él yéndose por la mañana. En no entrenar con él. No dormir con él. No pelear con él. No tener intensos y alucinantes orgasmos con él. No verlo caerse en pedazos por ella. Le molestaba y eso era una mierda. Pero empezar una pelea con él no iba a lograr nada.

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—¿Por qué has guardado los números de tus amigos en mi teléfono? —Si tienes algún problema con el Dr. Imbécil mientras estoy en Sudamérica, llamas a Ethan o a John. ¿Así como así? Aplastando su vida. —No vamos a hacer esto. —Giró la cabeza para enfrentar el parabrisas y apretó los dedos alrededor de la cálida y plateada taza de viaje acunada entre sus muslos—. No voy a depender de ti. David es mi problema. Yo lo manejaré. Su silencio inundó el auto. Kat se negó a dar marcha atrás. Apretando los dedos alrededor del volante, él dijo: —¿Preferirías que te pusiera un equipo de guardaespaldas? La incredulidad corrió a través de ella. —¿Estás tratando de asustarme o de amenazarme? Él le lanzó una mirada fulminante. —Voy a estar fuera del maldito país. Estarás fuera de mi alcance. Y en este momento, no me gusta esa mierda. Ni un poco. Tienes un idiota ex, de quien sospecho que se ha metido con la gente equivocada y ya te viste enredada una vez. Eso no va a suceder de nuevo. No lo hará. — Sus dientes se apretaron, y cada músculo y tendón se hincharon en amenaza. El aire se escapó de sus pulmones. Un débil zumbido hizo temblar su oído. No era un ataque de pánico, pero si un shock. Esa sensación de ser arrojada limpiamente por un precipicio y sin saber lo que estaba debajo de ella. —Yo... uhm... —¿Qué? —Y por encima de eso tengo a los periodistas tras mi culo, derramando más miseria potencial a tu vida. Así que, nena, puedes hacerlo de la manera fácil y decirme que llamarás a Ethan o a John si el imbécil o alguien más te molesta, o pondré un equipo de seguridad encima de ti. Elije. Ella no sabía qué hacer. O decir. O pensar. —Podría simplemente llamar a Diego o a Kellen.

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—Puedes llamarlos después de llamar a Ethan o a John. Tus amigos te quieren, pero mis amigos están mejor entrenados. Así que llama a ambos si es necesario. O si no tendrás protección. —No estás actuando de forma racional. —Tú me haces eso. Vive con ello. —Me estás asustando, Sloane. —No, no lo hago. Nunca tienes miedo de mí. Jamás. Deberías haber estado asustada anoche. Te clavé a la cama en una maldita pesadilla. Deberías haber tenido miedo entonces. —Lo tenía. Un poco. —No lo suficiente como para darme mi espacio cuando deberías. No, viniste trotando por ahí, vistiendo mi camisa. Mi maldita camisa. —Estás actuando como un loco. —Soy plenamente consciente de eso, pastelera. Porque me vuelves loco. Podría darte el mundo. Autos. Barcos. Joyería. Diablos, podría comprarte casas. ¿Quieres que Sugar Dancer sea un éxito? Nena, puedo hacer que suceda. Estaba tan confundida, enojada, casi enferma con la idea de eso. —No quiero esas cosas de ti. —No como Paloma y las demás. Mientras se detenían en el estacionamiento de Sugar Dancer, sintió un sentido de propiedad y orgullo. Quería construir su negocio por sí misma. —Sería mejor si lo hicieras. Entonces tendríamos un acuerdo. —Tenemos un acuerdo. —¿No es así? —¿Ese acuerdo? —Aparcó el auto y volvió la cabeza—. Mandaste a la mierda ese acuerdo anoche. Espera. El dolor arañó sus pulmones, haciéndola jadear. —¿Estás rompiendo conmigo porque usé tu camisa? —Kat, no. Jesucristo. —Contuvo el aliento—. No. No puedo dejarte ir. Sería mejor si lo hiciera. Mejor para ti. Pero no puedo. Viniste a mí vistiendo mi camisa. Lloraste por mi hermana. —Sloane...

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—Dejaste que te abrazara y no voy a dejarte ir. Saber que estás protegida es la única manera en que puedo conseguir subirme a mi avión mañana e ir a hacer lo que tengo que hacer. Algo estaba mal con su corazón. La forma en que estaba latiendo, cortándole el aire, volviéndose demasiado condenadamente grande, no podía estar bien. —No voy a interferir en tu vida. Solo quiero saber que estás a salvo. No puedo respirar a menos que sepa que hay alguien cuidando de ti cuando no estoy ahí. John y Ethan. Necesitas ayuda, llama a uno de ellos. Llama a Diego o a Kellen también. No me importa, esa es tu decisión. Solo prométeme que llamarás a John o Ethan a la primera señal de que podría haber problemas. —Yo... está bien. —Él lo hacía sonar tan razonable. E insano. Y aterrador—. Pero tenemos que atenernos a nuestro trato. Acompañantes. Solo soy tu acompañante. —Su piel se erizó bajo su fuerte mirada. —¿Eso es lo que se siente al estar en mis brazos? No, más bien como enamorarse. Con la mirada fija hacia su mano sosteniendo la de ella, sus largos y gruesos dedos suavemente alrededor de los de ella, no podía mentir. —No. —El susurro dolió porque su corazón estaba condenadamente hinchado. —Para mí tampoco. —Tengo miedo. Esto no puede ser real. —Nunca he tenido nada que se sintiera así de real. Jamás. Ella levantó la cabeza, sus miradas chocaron. Sintió el impacto directo en sus huesos. La conciencia de gran alcance se extendió entre ellos, y Kat realmente se sintió tirando contra ello, tratando de luchar contra la atracción magnética de Sloane. —Entonces, ¿qué hacemos? —Yo voy a Sudamérica. Tú filmas tu video comercial. Hablamos por teléfono, y apuesto a que ambos nos convenceremos de que esto no es real. Una burbuja de alivio apareció, dándole espacio para tomar un respiro. Cierto. Las cosas se habían puesto emocionales cuando Sloane

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compartió lo que le pasó a Sara. Iban a estar separados durante cinco días o una semana y obtendrían perspectiva. —Esto se desvanecerá. Nos pusimos un poco demasiado intensos. —Kat abrió la puerta y bajó. Una vez que probó el peso sobre su pierna, levantó la mirada. Sloane se quedó allí, un metro noventa y cinco de pura carne masculina que sobresalía de esa camiseta y pantalones cortos. —¿Vas al gimnasio ahora? —Era temprano y apenas había dormido. Colocando las manos sobre sus hombros, tocó con las yemas de los pulgares la piel desnuda de su clavícula. —¿Cambiando de tema? —Sí. Él le sonrió. —Una carrera y luego al gimnasio. —Drake dice que entrenas como un demonio. —Me retiré de la lucha competitiva, no de la disciplina. Me gusta entrenar. Me mantiene en forma. Totalmente plausible, pero buscó más profundo. —¿De verdad no quieres hacer esa cosa de la pelea para la televisión de pago que comentó Ronnie T. Devonshire? ¿Venganza Enjaulada? — ¿Extrañaba la lucha de la manera que los otros combatientes retirados parecían hacerlo? Él le pasó un dedo sobre la frente. —¿Eso realmente te molestó? ¿Qué podía decir? Eso hizo que se le revolviera el estómago. Hizo su pecho doler. —Es muy peligroso. —No sabes lo bueno que soy. Quizá sea hora de que te lo enseñe. Tengo DVDs de mis peleas. O puedes venir a verme entrenar. Ella se estremeció.

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—No quiero verte sangrando y herido. No importa lo bueno que eres, siempre hay alguien que podría tener un golpe de suerte, o que podría ser mejor. Tú eres el que dijo que parte de la razón de retirarte es que habías tenido suerte de no sufrir una lesión grave, pero tu suerte podría agotarse. —Levantó la vista hacia el cielo que se rompía con el suave horizonte del amanecer rosado—. A veces los sonidos de los golpes desencadenan algo. —¿Recuerdos? Bajó la barbilla para mirarlo y asintió. —Sí. Recuerdos. —No solo estaba cansada de sus problemas, sino que no tenía derecho a decirle a Sloane qué hacer—. Tengo que ir a trabajar. Él metió su mano alrededor de su nuca, se inclinó y la besó. Kat se fundió en él hasta que gimió y levantó la cabeza. Sus ojos brillaban. —Nos detenemos ahora, o no voy a simplemente acompañarte hasta la puerta, voy a entrar.

Sloane miró el mensaje de texto que confirmaba que su avión estaba listo y que tenía las autorizaciones necesarias mientras se dirigía a la cocina en la madrugada del lunes. —Todavía vas a seguir adelante con esto. Drake se sentó en la isla de granito. La iluminación del techo no suavizaba la manera en que el cáncer asolaba al hombre, lo hacía lucir más cerca de setenta años que de los cincuenta y tantos que tenía. El ex peleador del campeonato de Artes Marciales Mixtas una vez había cargado con 100 kilos de músculo poderoso. Pero el hombre del taburete estaba tan delgado que los huesos probablemente se entrechocarían unos con otros al caminar. Su piel tenía un tono enfermizo. Solo sus ojos no habían cambiado. Todavía eran duros y decididos. Drake había sido la única constante en la vida de Sloane desde que tenía quince años. Ahora Drake se estaba muriendo.

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Sloane llevó una taza y la metió debajo de la máquina de café. Actuaba con normalidad, pero en el interior casi no podía respirar mientras sus tripas se retorcían, y se retorcían de rabia pura y enfado impotente con la enfermedad que estaba matando a Drake. Era más fácil centrarse en lo que podía hacer, en matar al hijo de puta que había violado y asesinado a Sara. —El plan está establecido. Lee Foster será uno de los amateurs elegidos para el evento de la Caged Thunder Pros vs Amateurs Event. Drake negó con la cabeza. —No va a funcionar. —Y una mierda que no. —Sloane no había dejado nada al azar. Incluyendo el estrangulamiento desde atrás que usaría para matar a Foster. Se entrenaba con un hombre reconocido como el mejor en una versión específica de ese estrangulamiento tres o cuatro veces al año en Brasil. Se aseguró de tener negocios allí también para cubrir sus huellas—. Foster va a pagar por lo que le hizo a Sara. Los ojos de Drake se ensombrecieron. —No va a cambiar nada más que a ti. Todavía llevas el recuerdo de la búsqueda, todavía sientes que le fallaste, solo entonces sabrás que tú también eres un asesino. Y eso cambia a un hombre. Sloane echó la cabeza hacia atrás y miró al techo. —No soy tú. —No. Eres mejor que yo. Sloane bajó la barbilla. La sorpresa le dio directo. —¿De qué demonios estás hablando? —Drake había comenzado De Luchadores a Mentores y últimamente había salvado decenas de niños por los que nadie daba una mierda. Los delgados hombros de Drake se hundieron. —Tú te detuviste. Yo no lo hice. Ese día cuando atrapaste a Foster huyendo de la casa y empezaste a golpearlo, te detuviste. Sloane no podía conseguir que su cabeza entendiera esto. —Tú me sacaste de encima. —Si Sara no hubiera invitado a Drake para comer tarta con ellos como una sorpresa para Sloane, nada le habría impedido matar a Foster. Un destello de dolor marcó su pecho con el

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recuerdo de Sara haciendo eso por él, a pesar de que se había burlado y actuado como si fuera algo estúpido. Drake inclinó sus brazos sobre el mostrador. —Evie me pidió que me detuviera. Todavía puedo escuchar sus gritos. Pero después de lo que su padre le había hecho... —Drake cerró los ojos, mirando a su pasado—. Le rompió la mano y perdí el juicio. No me importaba que ella estuviera gritando. Nunca me perdonó. —El arrepentimiento se arrastró sobre la piel seca y floja de la cara del hombre mayor. Sloane se frotó en el lugar donde su nariz había sido rota un par de veces. —No lo lamentas por el hombre que mataste, sino por su hija. —Me llevé a su padre. Sí, él era un imbécil brutal cuando bebía, pero seguía siendo el padre de Evie. Perdí a la mujer que amaba ese día. — Drake se volvió hacia él—. Al igual que tu perderás a Kat si haces esto. Eso lo golpeó como una patada circular en el pecho. Kat había tenido suficiente violencia. Solo la idea de ver sus viejos combates le molestaba. Su chica repostera tenía un corazón blando. No solo eso, lo tocaba donde ninguna otra mujer lo había hecho. La forma en que había llegado a él, vestida solo con su camisa, y lo había convencido para que hablara de Sara. Jesús. ¿Cómo podía un hombre resistirse a una mujer que lo miró de la manera en que Kat lo hizo? Apretó los puños en un gesto, un involuntario instinto de aferrarse a Kat. ¿Esta cosa entre los dos se acabaría? ¿Cuántas veces había jurado su madre que había encontrado el verdadero amor con su último Príncipe Maldito Encantador, tan segura como para incluso dejar a sus propios hijos a un lado, solo para que la relación se rompiera y acabara en semanas o meses? Tenía algunas semanas hasta la pelea. Lo que le daba tiempo para encontrar una manera de... ¿qué? ¿Ocultárselo? No me mientas. Solo no me mientas. Puedo lidiar con esto siempre y cuando me digas la verdad. Las palabras de Kat hicieron eco en su cabeza. El asesinato de Sara lo perseguía. Sloane se sacudió. Había solo una opción. Había pasado años planificándolo, y ahora el plan estaba en marcha. No había vuelta atrás.

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Foster tenĂ­a que morir.

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l miércoles por la tarde Kat se secó el sudor de la cara y el pecho, después bebió de un trago el resto de su botella de agua. Mientras recuperaba el aliento, no podía encontrar la energía para quejarse de que Sherry Moreno no tenía la decencia de parecer tan exhausta como se sentía Kat. Echando un vistazo al reloj de pared, se sorprendió de que la sesión hubiese durado una hora y media. —Estoy bastante segura de que voy a odiarte cuando me levante de la cama por la mañana. —La otra mujer metió la toalla en su bolsa, después se levantó en toda su estatura alrededor de unos centímetros más baja que Kat. —¿Me odiaste el lunes? Ella hizo una mueca de dolor, recordando la sesión de entrenamiento del domingo a última hora de la tarde. Sherry se tomaba las artes marciales en serio. —Planeé tu asesinato. —Kat tiró la botella vacía de agua en la basura. La sala de entrenamiento privada en el gimnasio de Sloane estaba empezando a parecerle tan familiar como su pastelería, salvo que Kat no estaba escondiéndose aquí cómo hizo una vez en la cocina de Sugar Dancer. No, aquí Kat entrenaba para vivir no para esconderse. El dolor era un recordatorio bienvenido del que se volvía cada vez más fuerte—. Pero estaba demasiado dolorida para llevarlo a cabo. Sherry levantó las cejas. —No lo creo. Tú vas a por todas. Le enseñé a John el moretón en mi muslo por tu patada con la rodilla. Estaba impresionado. Arrugó la nariz. —Lo siento.

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—No lo sientas. Te subestimé el domingo. No cometo el mismo error dos veces. —Levantando su bolsa, la rubia negó con la cabeza—. Fue entonces cuando supe que estabas dispuesta a aprender. —Lo estoy. —Después de agarrar su bolsa, siguió a Sherry fuera de la sala—. Así que me estaba preguntando, una vez termine ésta relación entré Sloane y yo, él no será capaz de trabajar conmigo por más tiempo. ¿Puedo contratarte? Sherry resopló y se giró en el vestíbulo. La música bombeaba a través de los altavoces ocultos, pero el pasillo estaba vacío. —Me pagarías. —Por supuesto. —Debería estar pagándole ahora, pero cuando Kat lo mencionó en su primera sesión de entrenamiento el domingo, Sherry dijo que Sloane lo tenía cubierto—. Escucha, no me gusta nada que Sloane te pague. Es un poco vulgar. —Lo es, ¿verdad? —Sonrió alegremente. Kat se apoyó contra la pared. —¿Cuánto cobras por una hora? Te pagaré y se lo diré a Sloane. A él no le importará. —Una completa mentira. Le estallaría una vena o algo, pero tendría que encontrar la manera de vivir con ello. —¿Puedo estar presente cuándo se lo digas? Te enseñaré gratis solo para verte enfrentarte a él. Arqueó una ceja. Sherry tenía todo el aspecto de una chica americana; sin maquillaje, la piel enrojecida por el esfuerzo contrastaba con su cabello rubio largo hasta los hombros. Probablemente hacía que todo hombre con pulso quisiera protegerla, sin darse cuenta de que podía patearle el culo y reírse mientras lo hacía. —Sloane no te asusta. —No. Sin embargo, la mayoría de las personas se sienten intimidadas por él. Pero lo que te hace diferente es que tú realmente no quieres que él pague. Una ola de tristeza se asentó en su pecho. Sabía exactamente lo que Sherry quería decir. Sloane hacía del sexo y las relaciones un acuerdo comercial. Aquellos que le conocían probablemente pensaban que era frío e insensible. Ellos no lo entendían. En el fondo, él no creía que una mujer pudiera amarlo a largo plazo. Así que hacía un trato para

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protegerse a sí mismo, comprando vínculos temporales sin sentido. Le dolía pensar en él yendo por la vida de esa manera. Ella se centró de nuevo en Sherry. —¿Lo que Sloane me ha dado? El dinero no lo puede comprar. Era un regalo, uno que ella conservaría para siempre incluso cuando terminara lo que había entre ellos. Y lo haría. Ttenía su interés por ahora. Probablemente por las razones que Sherry señaló, ella era diferente a sus otras acompañantes. Pero, ¿a largo plazo? No sería capaz de mantener el interés de Sloane Michaels permanentemente. Pero tal vez podía ayudarle a curar sus heridas emocionales porque Kat no creía que lo que tenían fuera algo sin sentido. Y cuándo él encuentre a alguien. Se le oprimió el pecho. Sí, era mejor no terminar ese pensamiento. —¿Qué te ha dado? ¿Cómo explicarlo? La forma en que había apoyado sus esfuerzos para convertirse en la mujer que aspiraba a ser. En realidad, solo había un modo. —A mí. Me dio la confianza para ser yo misma. Sherry contuvo el aliento. —Drake tenía razón sobre ti. Kat no podía seguir ese repentino giro a la izquierda en la conversación. —¿Drake, el amigo de Sloane? —Le gustas. Dijo que eras buena para Sloane. Se preocupa por él. Quiere que te lleve a cenar está noche. Más giros a la izquierda. Se estaba mareando. —¿Cena en la casa de Sloane con Drake? Pero Sloane no está allí. No creo que sea una buena idea. —Drake vive allí también. Puede invitar a quien él quiera. Voy a cocinar, será divertido. Negó con la cabeza. —Gracias y dale las gracias a Drake. Pero no puedo hacer eso. —Ellos tenían límites… en cierto modo. Y Kat involucrándose en la vida de sus amigos estaba fuera de lugar. Ella lo sabía. Una cosa era contratar a

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Sherry para que le enseñase auto-defensa, eso eran negocios. Pero ¿cenar con sus amigos, en su casa y él no tenía nada que decir? No—. Gracias por la invitación. Realmente te lo agradezco. —Le enviaría a Drake algunas magdalenas o algo por pensar en ella. Mientras caminaban hacia sus autos, Sherry dijo: —¿Estás segura de que no puedo hacerte cambiar de opinión? Maldita sea, quería ir. Realmente quería. A pesar de que ella y Kellen planeaban pasar el rato está noche. ¿Así eran las cosas, ahora? ¿Iba a abandonar a sus verdaderos amigos? Le gustaban Sherry y Drake, pero eran amigos de Sloane, no de ella. —Estoy segura. Divertíos. Kat no había llegado muy lejos desde el gimnasio cuándo sonó su teléfono. Al comprobar la pantalla, se sorprendió. Respondiendo a través del Bluetooth, dijo: —Sloane ¡eh! Estoy en mi auto, ¿puedes oírme? —Sí. Sherry me llamó. La euforia por el ejercicio físico se desvaneció en una ligera tensión. —¿Ahora? —¡Maldita sea! Esa mujer era rápida. ¿Qué estaba haciendo? ¿Informando sobre el progreso de Kat o algo así? —Kat, si quieres cenar con Drake y Sherry, ve. Si Sherry prepara margaritas6, entonces duerme allí en mi cama. Escalofríos recorrían su piel. —No puedo dormir allí sin ti. —No estaba bien. —¿No me dijiste que podía dormir en tu casa después de que te fueras a trabajar? —Su voz sonó baja. —Yo… —Había hecho exactamente eso—. No te quedaste. —¿Te importaría si lo hiciera? Trampa. Podía verla, aunque no la forma de evitarla. —No. Margarita: es un coctel hecho con tequila, zumo de limón y triple seco (licor a partir de la triple destilación de cáscaras de naranja), generalmente servido con sal sobre los bordes del vaso. 6

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—A mí tampoco. ¿Quieres pasar el rato con Sherry y Drake? Girando en la calle dónde estaba su apartamento, Kat tomó aliento. —Diego tiene trabajo en la clínica esta noche. Kel y yo vamos a pedir algo y ver una película. —Lleva a Kellen contigo. Hizo que sonara tan sencillo. Ella zigzagueó y entró en el garaje. —¿Por qué estás presionando? Ni siquiera estás aquí y… —Se acordó de lo emocionado que había estado Drake por las magdalenas. Y la desolación en los ojos de Sloane mirando al viejo—. Esto es por Drake, ¿verdad? —Bueno, lo entendía—. Lo resolveré e iré. ¿Qué le gusta a Drake? ¿Cuál es su postre favorito? —Con todo lo que Sloane había hecho por ella, estaría encantada de hacerlo. Kellen lo entendería. O una vez que ella volviese podían. Un golpe en la ventanilla del lado del conductor la hizo saltar. Estiró la cabeza, suponiendo que Kellen había oído cómo se abría el garaje y ¡Oh mierda! —.David. —¿Ahí? ¿Ahora? ¿Dónde estás? Las palabras aceleradas de Sloane la ayudaron a calmarse. —En mi garaje, no cerré la puerta. —Quédate en el auto, con las puertas cerradas —ordenó Sloane. —Katie, abre la puerta —David dio unos golpecitos de nuevo—. Tengo el pendrive7. Ella bajó la ventanilla un par de centímetros. —¿Qué pendrive? —El que les pediste a tus padres. Dónde están fotos tuyas estando en el hospital. ¿Para qué las quieres? Kat trató de mantener la calma. Le había pedido las fotos a su padre. Ana quería una o dos para el video, aunque Kat no estaba segura de que fuera una buena idea. Pero ahora mismo, tenía que deshacerse de David. —Bien. Dámelo y márchate.

Flash drive: Es un dispositivo de almacenamiento que utiliza una memoria flash para guardar información. Se llama también memoria USB, unidad flash USB, lápiz USB, minidisco duro, unidad de memoria, llave de memoria, Pen Disk, pendrive. 7

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Él titubeó, arrugando la frente sobre sus gafas. —¿Por qué ahora? Nunca preguntaste por las fotos antes. Cierto. Pero no iba a discutirlo con él. Había intentado conseguir que le contara la verdad sobre aquella noche, y él se había negado. Cada vez que pensaba en ello, se enfurecía todavía más. Le había necesitado para rellenar los espacios en blanco en su cabeza que le estaban causando una ansiedad masiva. —David, dame la memoria y márchate. —Ya la has oído —dijo Kellen, saliendo por la puerta del garaje. David deslizó la memoria USB a través de los dos centímetros de espacio de la ventanilla. La tristeza llenó sus ojos. —No es necesario que Kellen me mire enfurecido. Me marcharé en un minuto. Pero les pregunté a tus padres si podía traerte esto. Quería disculparme. Cuándo te vi en la pastelería esa mañana, estaba estresado y cansado. Los hombres que nos atacaron nunca fueron atrapados, y parece que estás buscando problemas. Es mejor dejarlo así. —¿Parece que estoy buscando problemas? —Harta, Kat se quitó el cinturón de seguridad y abrió de un empujón la puerta del auto. David se tambaleó hacia atrás, golpeando la pared del garaje. —¡Jesús! Katie. ¿Qué te pasa? Su compañero de piso se puso delante de ella. —La estás cabreando, genio. Kat no te quiere aquí. Vete. La camiseta de Kellen no hizo nada para ocultar sus músculos. Una actitud protectora surgió en ella. Kellen todavía estaba recuperándose de una herida de cuchillo. Era hora de que ella librara sus propias batallas. Kat le rodeó para enfrentarse a David. Los ojos verdes de su ex-prometido se abrieron y el ojo izquierdo parpadeó. Anteriormente ese tic solo aparecía cuándo trabajaba demasiado y estaba exhausto. ¿Cuándo se había vuelto crónico? David respiró profundamente, los huesos de sus hombros rígidos debajo de su camisa de vestir.

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—Katie, por favor, ten cuidado. ¿Esas fotos USB de memoria? —Señaló hacia el puño cerrado a su alrededor—. No quiero verte herida otra vez. —Él cerró los ojos—. Eras tan joven y bonita, tan dulce, y te quebraron. La quebraron. Eso es lo que sus padres y David creían. Y durante mucho tiempo, Kat también lo había creído. —Me rompieron el brazo, me destrozaron la pierna y me dejaron con una conmoción cerebral. Eso es lo que le hicieron a mi cuerpo. David abrió los ojos. —Pero no me quebraron, David. Rompieron el caparazón que me mantenía enjaulada. Él se quitó las gafas y se frotó los ojos. —Me preocupaba que veas esas fotos. Pero ahora, creo que debes verlas —Volviendo a ponerse las gafas, dijo—. Mira por lo que pasamos y déjalo estar. Olvídalo. Fue un atraco al azar, se llevaron tu anillo de compromiso y es hora de seguir adelante. Utiliza un poco de sentido común a menos que quieras que te ataquen de nuevo. Kellen se colocó delante de ella. —Lárgate. Kat puso su mano sobre el brazo de Kellen. Sus músculos se tensaron por la furia. Ella sabía que él estaba justo al límite, pero también lo estaba ella. —¿Me estás amenazando? David frotó la nuca con una mano. —No. —El rugido de un motor le interrumpió. Una camioneta derrapó hasta detenerse y John Moreno salió disparado. —Kat, ¿estás bien? John llevaba una camiseta blanca, pantalones vaqueros y una expresión de no-me-jodas. Su repentina aparición la confundía. —Sí, ¿pero cómo…? Oh. Sloane te llamó. —Probablemente en el momento en que supo que David estaba en el garaje de Kat—. ¿Cómo has llegado aquí tan rápido?

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—Estaba en la oficina del gimnasio. Eso tenía tanto sentido cómo cualquier otra cosa que le sucedió a ella desde que había conocido a Sloane. El gimnasio estaba cerca del apartamento de Kat. Él mantuvo su mirada sobre David. —¿Éste es el Dr. Gilipollas? El apodo de Sloane para David se estaba extendiendo. —Sí, Dr. David Burke. Él ya se iba. David movió la cabeza hacia atrás y hacia delante. —Katie, ¿quién es éste? —No es asunto tuyo. Vete a casa. —Su garaje estaba lleno de hombres. Kat se preguntaba quien más aparecería si no conseguía sacar a su ex prometido de allí. David avanzó hacia ella. —¿Estás segura de que es una buena idea? —No. No me toques. —Kat retrocedió de un salto. Su rodilla empezaba a ceder. Ella trastabilló, extendiendo los brazos. Kellen la agarró por la cintura, ayudándola a mantener el equilibrio. El corazón le latía contra las costillas. Parpadeó, tratando de despejar el pánico residual. —Intenta tocarla otra vez y perderás esa mano. No te lo voy a repetir, Burke. Sal de aquí y mantente alejado de Kat. La fría voz de John la liberó de su pánico. Se había puesto delante de ella, con los brazos y el cuello abultados en clara amenaza. David salió del garaje, con los hombros encorvados. La camisa colgaba de él, demostrando el peso que había perdido recientemente. La nostalgia se retorció en su pecho. Todos sus sentimientos románticos hacia él habían muerto, pero todavía quedaba un hilo de preocupación allí. Odiaba ver al científico orgulloso y hecho a sí mismo al que había admirado una vez reducido a un hombre en alguna clase de problema. Pero el dolor en su pierna le recordaba que cualquiera que fuera el problema, él lo había traído a ella. Incluso eso lo podría haber perdonado Kat, pero mentir sobre ello más tarde cuándo ella necesitaba

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que le contara la verdad… eso había matado cualquier amor que hubiera sentido por él. Kellen le rodeó los hombros con el brazo. —¿Estás bien, Kit Kat? —Sí. —Ella apartó su mirada de la figura de David marchándose. John tocó ligeramente su hombro. —¡Eh! Kat, tienes que llamar a Sloane, hace como cinco minutos. Antes de que el SWAT se presente. —Te traeré el teléfono. —Kellen fue a su auto y regresó, tendiéndole el teléfono. Atrapando el teléfono distraídamente, miró a John. —Gracias. Te agradezco que dejaras todo para venir corriendo aquí. — Con su mano sobre ella, le echó un buen vistazo al tatuaje de un intrincado escudo en su antebrazo.

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Él sonrió. —No es necesario que me des las gracias. Rescatar damiselas en apuros hace que me sienta importante. —Señaló con la cabeza hacia Kellen—. Aunque parece que ya tenías refuerzos —rodeó a Kat y extendió la mano—. Soy John Monroe. —Kellen Reynolds. —Eres el fisioterapeuta que Sloane especializado en lesiones deportivas.

mencionó.

Dice

que

estás

Kat encontró el número de Sloane y marcó enviar en su teléfono. Pero su atención estaba fija en John. —¿Sloane te dijo eso? El hombretón asintió y se giró hacia Kellen. —Me gustaría hablar contigo sobre tu experiencia. Entreno a luchadores de artes marciales mixtas y estoy buscando a un fisioterapeuta altamente capacitado para trabajar con él. ¿Estarías interesado? —Mucho. —Los hoyuelos de Kellen se marcaron en su cara.


—¿Tienes tiempo para una cerveza esta noche? Estoy a cargo de los niños, pero si quieres pasarte. La voz de Sloane se interpuso. —Kat. ¿Estás bien? ¿Está John ahí? —Estoy bien. Sí, está aquí. Ahora está hablando con Kellen. ¿Le hablaste de la especialidad de Kellen? —Sí. ¿Qué pasó? ¿David te hizo daño? —No. Solo me traía una memoria USB. Estaba más calmado, no tan nervioso como la última vez. —Kat le dio a Sloane una versión rápida del encuentro. Miró a los dos hombres hablando—. ¿Qué le dijiste a John sobre Kellen? —Que después del trabajo que hizo contigo y con tu pierna tenemos que echarle un vistazo para SLAM. Kellen me dijo que se especializó en lesiones deportivas. Todo lo que hice fue darle a John mi opinión, el resto es entre ellos. Observar a los dos hombres hablar hizo que se le hiciera un nudo en la garganta de ternura hacia Sloane. Entró en su apartamento y se inclinó contra la pared de su pequeña despensa. —Le estás dando a Kellen la oportunidad de su vida. Gracias —sonrió ante su silencio, tratando de adivinar sus pensamientos—. Sé que no lo hiciste por mí. Fue una decisión de negocios. Eso es lo que lo hace tan increíble. Kellen se lo ganó a través de su trabajo conmigo. — Separándose de la pared, ella se dirigió a la cocina—. Ahora Kel va a estar ocupado ésta noche, así que ¿qué puedo hacer para Drake? —No lo había olvidado. —¿Para recompensarme por la oportunidad de trabajo para Kellen? La voz demasiado suave de Sloane la congeló en el sitio al lado de la isla de granito. —Uh, no. —Intentó contener su ira—. Yo, uh… Me pediste que lo hiciera. —¡Y una mierda lo hice! Los cabellos de los brazos se le erizaron. —Te inventaste esa mierda creativa tú sola. Todo lo que te pedí que hicieras fue pasar el rato con Sherry y Drake si querías hacerlo. Oh, y

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ya sabes, si bebes y te diviertes, entonces quédate a dormir allí. Eso es lo que te pedí que hicieras. Dejando caer la cabeza, miró hacia el suelo. Había hecho exactamente lo que él dijo. —Lo siento. Tienes razón. Lo hice sin pensar —contuvo el aliento—. Pero me alegro de saber que fui creativa. —Mucho. Y para tu información, si quiero que hagas algo, te lo pediré directamente. —O me lo ordenarás. —Como había hecho sobre llamar a John o Ethan —. Enviaste a John. —Para protegerla. Tenía que admitir que no apesta completamente sentirse protegida. —¿Le habrías llamado si yo no hubiera estado en el teléfono contigo? Kat consideró decirle lo que él quería oír, pero eso era estúpido. —Todo sucedió tan rápido, no lo sé. Ni siquiera pasó por mi mente —se dejó caer en el taburete. —Me preocupo por ti, gatita. —Su voz se tensó—. Tu pierna y tus ataques de pánico te hacen condenadamente vulnerable. Se le oprimió el pecho. ¿Ves eso? Directo. No hacía juegos de palabras, no la manipulaba. Simplemente le hablaba con rotundidad. —No viviré en una burbuja, pero llamaré a John o Ethan si se presenta David o cualquiera del que no esté segura, ¿de acuerdo? —Puedo vivir con eso. Además, tengo respaldo ahora porque Sherry estará encima de ti si no lo haces. Y ella no es tan amable como yo. Ella resopló y se rio al mismo tiempo. —Noticia de última hora, los dos sois sádicos. —Kat jugueteó con el USB de memoria que había dejado en la encimera—. David está perdiendo peso y su ojo izquierdo tiene un tic. Tiene cambios de humor. Hoy estaba calmado, pero la semana pasada en la pastelería estaba acelerado. —¿Drogas? Kat miró la memoria. —O una crisis nerviosa —giró la pequeña unidad de plástico una y otra vez—. Si tuviera un hábito de drogas cuándo estábamos juntos, eso

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explicaría que David mintiera sobre el atraco para cubrirse. —Pesadas rocas se amontonaron en su estómago. ¿Podría haber estado tomando drogas y ella no se había dado cuenta?—. Si debía dinero a los traficantes de drogas, supongo que podrían haber venido por mí para obligarle a pagar. —Lo que es más importante, ¿cómo te mantenemos a salvo? Estoy a cinco segundos de perder el control sobre mi necesidad de encerrarte. Habla rápido. Ella debería estar enfadada, pero no lo estaba. —Como señaló Marshall, estoy prácticamente fuera del radar. No creo que esté en el mismo peligro ahora que cuándo estaba comprometida con David. Pero cómo Kel está planeando ir a casa de John, iré a tu casa y me quedaré a pasar la noche. Una breve pausa, después él preguntó. —¿Pero? —Voy a ir a trabajar mañana y voy a volver a mi casa después. —Tomó aliento—. Tendré cuidado y llamaré a tus amigos si necesito ayuda, pero voy a vivir mi vida. No puedo volver a vivir con miedo. —Lo entiendo. No me gusta, pero lo entiendo. El calor inundó la ansiedad del tamaño de una roca en su estómago. Eso es lo que hacía a Sloane tan sexy, él realmente entendía que ella quería ser fuerte. —Gracias por eso. —Vamos a hablar de ti durmiendo en mi cama esta noche. ¿Estarás desnuda? ¿Pensando en mí? Mejor aún… —Su voz se volvió más profunda—. ¿…Tocándote mientras piensas en mí? —Respiró hondo—. Voy a fantasear con eso esta noche. Su pulso se disparó. El calor brotó en su pecho y se extendió a través de ella. —¿Esa es tu fantasía? —Oh sí. Una de ellas. Volver a casa después de un viaje, entrar en mi habitación y encontrarte en mi cama, desnuda y masturbándote. Me gustaría hacerte terminar mientras te miro. ¿Lo harías por mí?

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La sangre palpitaba sorprendiéndola.

en

su

cabeza.

Esa

escena

la

excitaba,

—Sí. ¿Qué sentiría al tener sus ojos en ella, observando? Pero sabía que él siempre la hacía sentirse sexy y segura. Lista para dejarse llevar. Solo tienes que pedirlo. Si lo haces, asumiré el control y cuidaré de ti. Pero solo cuando estés lista. Las palabras de Sloane en la limusina liberaron un revoloteo de pequeñas mariposas en su vientre. Solo tenía que pedirlo. —¿Sloane? —¿Sí? Excitación, nervios y miedo se enredaban y agitaban en ella. Una parte de ella quería echarse atrás. Pero una parte más grande estaba cansada de vivir con cuidado, preocupada por quien debería ser en lugar de quien podía ser. Su boca estaba tan seca, fue a la nevera y agarró una botella de agua. El teléfono zumbó con paciencia en su oído. —Quiero dejarme llevar por ti. —Después de beber un trago de agua, bajó la botella—. ¿Me azotarás? Quiero decir azotes sexuales —se quedó mirando las oscuras vetas que atravesaban la encimera de granito. Deseó que él estuviera allí ahora para tocarla, para hacer que fuera aceptable desear eso. Él contuvo el aliento. —He estado esperando que me dijeras que lo querías. Voy a enseñarte lo jodidamente caliente que será cuando estés desnuda y a mi merced. Vas a ponerte en mis manos y rendirte, dejando que me encargue de ti. —Él hizo un ruido que viajó a través de la línea y se clavó en su pecho —. Cuidaré de ti. Todo lo que tienes que hacer es dejarte llevar. Confía en mí —dijo suavemente. —Lo hago.

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an pronto como Sloane abrió la puerta de su casa en la noche del viernes, reconoció los sonidos provenientes de la gran pantalla de televisión en su sala de estar. La última pelea de campeonato de Sloane. Después de dejar su maleta, se fue al refrigerador y tomó una cerveza fría. Tragó rápidamente un cuarto de la botella y echó un vistazo a la pantalla. Era una versión más joven, más dura de él. Vistiendo solo pantalones cortos, sus músculos marcados, mientras el árbitro levantaba la mano en el aire, Sloane —Venganza— Michaels ganó su tercer y último campeonato. Cuando las cámaras se acercaron en un primer plano, los ojos de Sloane ardían en un fuego dorado en represalia. Un sentimiento cansino de nostalgia se retorció a través de él. En momentos en que debería haber acogido el instante, celebrando, todo lo que había pensado era que estaba un paso más cerca de su objetivo final. Venganza. La pantalla se congeló. Sloane desvió su atención a Drake sentado en el sillón que rodeaba su sofá. ¿Cuál era su juego? ¿Mostrar a Sloane que él había sido un luchador no un asesino? —No empieces. —A veces no es acerca de ti.

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Drake se veía muy deteriorado. Tenía los ojos hundidos, y sus omóplatos se destacaban como un recordatorio obsceno de que el cáncer estaba ganando la pelea. Sloane giró la cabeza, tratando de aliviar el estrés en su cuello y la agonía engullendo su fuerza de voluntad ante la idea de perder a Drake. Se acercó a la mesa de café, dejó caer su culo hacia abajo y apoyó los codos sobre sus muslos. Sus rodillas rozaron a Drake. —Dime. La vulnerabilidad como nunca antes había visto nadaba en los ojos azules de Drake. —Tuve algunos problemas de estómago. Sloane había sostenido a Drake mientras éste vomitaba hasta sus entrañas un par de veces. Había arrastrado su culo demasiado flaco un par de veces. Sabía lo que sucedía. —¿Dónde diablos está tu enfermera? Una sonrisa burlona asomó a sus labios. —A tu chica y a Sherry no les gustaba la forma en que ella estaba haciendo su trabajo, la despidieron a ella y a la agencia que la envió. Han estado tomando turnos junto con Kellen, ayudándome. —Sloane maldijo casi dejando caer su cerveza. —¿Mi chica? —Su expresión suave disipó las sombras. —Kat. Ella ha estado cambiando algunas de sus recetas de muffins, tratando de encontrar algo que yo pueda retener en mi estómago. Su amigo Kellen ha estado haciendo batidos y realizando masajes para aliviar algo de mi dolor. Sloane abrió la boca. Luego la cerró. Cristo, ¿todo esto sucedió mientras estaba fuera? —¿Sin palabras? Intentó recomponer su postura. —¿Por qué tuviste que despedir a la enfermera? —Rápidamente, dirigió su mirada hacia la izquierda. —Me enfermé después de la cena la noche del miércoles y no logré llegar al baño. La enfermera dijo que ocuparse de eso no era su trabajo.

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Pensaba que Sherry era la que tenía mal genio. Santa mierda, Sloane, Kat es feroz cuando está enojada. Sus pensamientos hervían violentamente. Su pecho ardía ante el hecho de que Drake estaba enfermo y se enojó porque la enfermera le había tratado de esa manera. Sumado a eso un sentimiento de frustración, había querido que Kat viniese, pasase el rato y se divirtiese y no que acabara ocupándose de Drake. Sherry le había dicho que ella y Kat se habían llevado bien, y ella pensaba que podían ser amigas. ¿Pero la peor parte? Sloane debería haber estado aquí. Ethan era lo suficientemente fuerte como para levantar a Drake, y el chico pudo bañar al hombre sin pestañear. Pero debería haber sido Sloane. Colocando su mano en la pierna huesuda de Drake, dijo: —Ya he terminado de viajar por el momento. Voy a estar aquí. —No importa lo jodido que era tener que ver al hombre que era como un padre para él morir. Drake apagó el televisor y apuntó su mirada fija en Sloane. —¿Qué sucedió en Brasil? ¿Entrenaste con Marcus? Sloane apuró su cerveza. —Sí. Marcus fue uno de los mejores artistas brasileños de artes marciales jiu-jitsu en el mundo. ¿Tu ataque al enemigo por la retaguardia estrangulándolo? —León listo. —Sloane era tan bueno que podría matar a un león con su agarre. Él lo sabía, sus entrenadores lo sabían, pero el público no. Sloane había construido cuidadosamente su imagen de estar en forma tanto para la cámara como para la jaula. Sosteniendo la botella de cerveza vacía entre sus muslos, dijo: —Estuve cerca del límite con un compañero de sparring8. —¿Lo pusiste a dormir? —Tan rápido, que no golpeteó. 8

Sparring: persona que ayuda a entrenarse al luchador.

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Había pagado un montón de dinero para entrenar con un compañero lo suficientemente competente para reconocer cuando estuviesen en peligro. —Se suponía que debía ser entrenado. Tendría que haber golpeteado. El recuerdo de su oponente cojeando ante el agarre de Sloane todavía comía sus entrañas. Esa fue una de las razones por las que había entrenado para reaccionar de manera rápida al golpeteo, segundos significaban un estrangulamiento. Al darse cuenta de que había estado mirando al suelo, levantó la vista y se dio cuenta de la expresión de Drake de conocimiento. Sloane podía leer al hombre como un libro. —No es lo mismo. —Matar a su compañero de entrenamiento habría sido un accidente que habría enfermado a Sloane. Drake arqueó las cejas. —¿Qué has dicho? Poniendo la botella de cerveza a un lado, se obligó a congelar sus venas. —Lee Foster merece morir. —Lo merece. Lo que le hizo a Sara... Debería haberlo matado yo mismo. Pero no lo hice. Drake inclinó la cabeza hacia atrás cerrando los ojos. —Traté de hacer lo correcto ese día. Ya era bastante malo que Sara fuese asesinada. No quería tu vida destruida también. —¿Tú querías matar a Foster? —En todos esos años, Drake nunca había dicho eso. Drake abrió los ojos, el viejo fuego acerado ardiendo en sus profundidades. —En el mismo sitio. Pero yo había pasado por eso, hijo, y es infernal. En cambio, he tratado de darte otro camino. —Sus dedos se apretaron alrededor del control remoto—. Pero si no podía alejarte de tu plan, entonces iba a matar a Foster antes de que tú pudieras.

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Eso se estrelló contra él como un tren. Sloane se dobló sobre sus pies y se quedó mirando al hombre, tratando de procesar las palabras. —No puedes estar hablando en serio. —Mortalmente. No, eso era una locura. —Sara era mi hermana. Yo no estaba allí cuando debería haber estado, le debo esto. Había sostenido su cuerpo junto a él, jurando vengarse por ella. No podía romper esa promesa. Si lo hiciese, entonces sería como su madre. Peor que su madre. Drake asintió lentamente. —Sé que eso es lo que tú crees. Sloane miró por la puerta ventana hacia la estéril noche oscura. Si pudiera ver su propia alma, así es como se vería, oscura y vacía. Basta de esto. —Voy a tomar una ducha, luego te conseguiré algo de comer. Se dirigió hacia las escaleras. —¿Quieres saber por qué estaba viendo la pelea cuando entraste? Hizo una pausa. —¿Por qué? —Eres como un hijo para mí. Nunca iba a permitirte matar a Foster. Yo siempre entraría en esa jaula y lo haría por ti. Siempre. Pero ahora ni siquiera sé si seguiré respirando cuando enfrentes a Foster y tomes tu decisión. La brutal realidad aprisionó a Sloan por la garganta. El una vez enorme y vencedor luchador estaba perdiendo la batalla más grande de su vida. El hombre no se merecía sufrir una viciosa enfermedad que se llevaba todo lo que tenía, sus sueños, esperanza, dignidad; tomaba todo de él, incluso la respiración. Drake había cometido un error, sí, pero habían pasado décadas desde entonces, ocupándose de chicos que nadie más lo hacía.

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Un horrible dolor y una rabia impotente retorcían las entrañas de Sloane. —Vi tus antiguas luchas, observando al hombre que llegué a amar como a un hijo, al hombre que voy a fallar cuando más me necesita. No tenía palabras. Nada. Era jodidamente doloroso. Nunca había sabido que Drake lo sentía de esa manera. Un hijo. ¿Él? Drake tomó el control remoto y apagó el televisor encendido. El rugido de la multitud surgía de los altavoces de sonido envolvente mientras Sloane era declarado tres veces campeón. Entonces, ¿cómo era posible que Sloane sentía todo menos eso?

Después de su ducha, Sloane caminó descalzo con pasos largos a través de su sala de estar cuando oyó la puerta principal abierta. Giró a la izquierda y se detuvo. —Kat. Ella entró, cargada con dos bolsas de la compra y se congeló. —Sloane, oh. Lo siento. —La piel delicada en sus pómulos tomo un color oscuro—. Pensé que no ibas a llegar a casa hasta la noche tarde. Tomó las bolsas de ella. —¿Qué hay aquí? —Miró en una bolsa y vio un par de pollos de rosticería, recipientes de delicatesen —carnes frías— y una botella de ginger ale—. ¿Tú compraste todo esto? —Pensé en ver si Drake podía tolerar algo de arroz con un poco de carne blanca de pollo en él. Estaba tan tensa, sus labios eran casi blancos. —¿Qué sucede? ¿Te está doliendo la pierna? —No más de lo habitual. Es que... Dios, me dirigí directamente a tu casa. Te juro que pensé que no vendrías a casa hasta cerca de la medianoche y no quería que Drake se levantara si se sentía cómodo.

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Sherry, con la ayuda de Diego, ha contratado a algunas enfermeras nuevas que empiezan mañana. Estaba a punto de sentarme con Drake ya que Ethan estaría ocupado buscándote. Pero estás aquí, así que puedo irme. Uh, ¿cómo fue tu viaje? Estaba balbuceando, pero no podía apartar los ojos de ella. Su cabello caía sobre los hombros, las delicadas rayas de color rosa sobre el cabello castaño, y la cara lavada. Olía a jabón y a ese delicioso aroma de Kat, su chica pastelera. Diablos, solo el sonido de su voz calmaba sus entrañas desoladas. Sloane puso las bolsas en la mesa lateral en su hall de entrada, luego tiro de Kat hacia sus brazos. Ella encajaba. Su suavidad hundiéndose en él. Cristo la había echado de menos. Tirando de su cabeza hacia atrás, se perdió en sus ojos. —¿Tú entrando a mi casa? La mejor maldita cosa que me ha pasado en toda la semana. No te vayas. —La necesitaba. Necesitaba esto. —Me quedaré —su voz se suavizó en la dulce y sexy gatita que él había empezado a conocer tan bien. Incapaz de resistirse, la alzó hacia su boca, hambriento de saborearla, para llenar la amarga desesperación con Kat. Cruzó los brazos alrededor de él, enterrando sus dedos en su cabello húmedo mientras ponía su boca cerca. En segundos, el beso se hizo intenso y en llamas. Sloane no quería nada más que llevarla en brazos a su habitación y aislarse del mundo. Pero no podía. Todavía no. Rompiendo el beso, le sonrió. —Vamos a poner esta cena juntos. —Agarró las bolsas y siguió a Kat a la cocina. Ella llevaba unos vaqueros ceñidos a su trasero. Lo cual le hizo recordar su conversación de hacía un par de días atrás. Luchó por contener un gemido. Ella le había pedido que la azotara. Jesús, mejor no pensar en ello. O iba a tener una erección masiva. Maldición, ¿cómo podría no pensar en ello? Kat confiaba en él, y su confianza no fue fácil de lograr. Poniendo las bolsas en el mostrador, echó un vistazo para ver a Kat sentarse en el brazo del sillón de Drake. Puso su mano sobre el brazo del hombre mayor. —¿Cómo te sientes acerca de helados de cereza? —Sus ojos se iluminaron.

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—¿Compraste algunos? —Sip. Si tratas de comer unos pocos bocados de algo de arroz con pollo, son todos tuyos. —Drake se inclinó levemente para hacer una mueca a Sloane. —¿La escuchaste? Las polos son míos. —¿Qué edad tienes, cinco? —Sloane puso las delicias prometidas en el congelador. —Soy el hombre que puede patearte el trasero si tocas mis polos. —Adelante, Vaughn. —Diablos, ¿tenía Kat que comprar todo? Galletas, plátanos, algunos fideos deshidratados que solo necesitan agua caliente, todo tipo de cosas. —Lo haría, pero no quiero avergonzarte, haciéndote llorar delante de tu chica. Kat sacudió la cabeza. —Continúa llamándome su chica y harás que él llore. Ella entró en la cocina y sacó otro elemento de la bolsa de la compra. —¿Te parece bien platos de papel? Él frunció el ceño ante el paquete de platos en la mano. —Compraste toda la maldita tienda. Kat se detuvo a medio paso. —¿Por qué estás de mal humor sobre todo de repente? Ese comentario de “tu chica” era solo una broma. Sí, eso es. Ella hizo algo bonito, algo tan endemoniadamente a la manera Kat y tú estás atacándola. Él cerró la distancia entre ellos, tomando su cabeza con las manos. —Lo siento, lo que quería decir es gracias Gatita. La besó. —Ve a sentarte. Voy a poner la comida en la mesa de café. ¿Quieres vino? Soda? ¿Una cerveza? —Agua. Voy a traer…

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—Ve a sentarte y baja esa pierna. Me encargo de esto. —Ella había trabajado todo el día, su pierna tenía que dolerle. —Vamos, Kat —exclamó Drake—. Dime cómo fue hoy tu grabación. Instalada en el sofá, Kat se volvió para mirar al hombre mayor. —Terminamos el rodaje. Solo necesito un poco de voz en off, y tengo que decidir sobre las imágenes. Sloane colocó el pollo, arroz, puré de patatas, ensalada de col, frutas y panecillos. —¿Te las trajo el idiota las fotos en el dispositivo con memoria flash? — Le entregó una botella de agua. Su boca gesticuló volviéndose más fina. —Sí. Sloane se sentó junto a ella con su plato de comida. —¿Las has visto? Empujando un pedazo de melón con el tenedor, ella negó. Sloane le cubrió la mano. —Olvídate de las imágenes. ¿Sabías que John ofreció a Kellen el trabajo? Ella levantó la cabeza, sus ojos brillaban. —Él está tan emocionado, tan orgulloso. Y Diego rebosante de alegría. Y, ¡oh mi Dios, sus padres! Ellos se llevaron a él y a Diego esta noche para celebrarlo. Habían invitado a Kat y ella había sentido que tenía que permanecer con Drake. ¿O la habían excluido cuando ella y Kellen eran tan íntimos? Estuvo a punto de preguntarle, pero lo dejó pasar. Estaba feliz por Kellen. A Sloane se le hinchó el pecho de saber que tenía un pequeño papel en eso. Él no lo había hecho por esa razón, pero hacerla feliz era un tremendo bonus. Kat se quitó los zapatos y metió la mano en su comida. Entre bocado y bocado, ella le preguntó:

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—¿Cómo estuvo tu viaje? Nunca lo dijiste cuando hablamos por teléfono. —Bien. Trabajo sobre los trámites para traer un luchador brasileño a los EE.UU. Estamos pensando en expandir los gimnasios SLAM a América del Sur. —Más hambriento de lo que pensaba, tomó más pollo. —Abrir un negocio en otro país, es complicado. —Y los abogados y contables me cuentan. La burocracia sola los mantiene despiertos por las noches. Una hora más tarde, Sloane se sorprendió al ver qué pasaba de las 9:00. Tenía las piernas de Kat sobre su regazo, masajeando ambas pero concentrándose más en la derecha. De hecho, ella gimió cuando él trabajó los músculos tensos. Su polla tembló con fuerza ante ese sonido. Era demasiado parecido a los ruidos que hacía en la cama justo antes de que se apartase de él. Forzó su mirada hacia el espectáculo idiota de danza en la televisión, dijo: —Lo único bueno de este programa son los trajes de las mujeres. Kat le dedicó una sonrisa. —Aguafiestas. Estabas en minoría, acéptalo. —Tú sobornaste a Drake con helados de cereza para obtener su voto. Eso es hacer trampa. —Sloane miró hacia el sillón—. Está durmiendo. —Eso es bueno. —Kat apoyó la mano sobre la de él que descansaba sobre su pierna—. Él comió un poco de arroz y pollo. Y la mitad de una paleta. Parece estar apaciguado, en calma. Ella había engatusado, burlado y chantajeado a Drake para hacerle comer pequeños bocados por más de una hora. Observar lo que había hecho hacía que a Sloan le doliese el pecho con una tibieza agridulce. “Su chica”, como Drake la llamó, tenía una bondad respaldada en acero que le quitaba el aliento. —Has hecho tanto por él. Nunca he pedido esto de ti. —Me gusta. Esto no fue una dificultad, es un hombre interesante. —La furia teñía su cara—. Además, la enfermera que contrató era una perra. Trató de hacerle limpiar cuando se descompuso. Lo acusó de estar demasiado entusiasmado con dos chicas guapas alrededor y no

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escucharla. Lo hizo sonar como si fuera una especie de degenerado cabrón. —La voz de Kat era un suave susurro, pero sus piernas estaban tensas con rabia evidente. —Yo no la contraté, la agencia que Sherry contrató la envió. Sin embargo, voy a asegurarme de que no vuelva a trabajar como enfermera privada. A primera hora de la mañana. —Bien. Sorprendido, se inclinó un poco hacia atrás, estudiando su rostro. —Hmm. Pensé que te opondrías a la destrucción de su carrera. —Se lo merece. Drake estaba teniendo un poco de diversión. Disfrutando de sí mismo. Durante unos minutos, fue capaz de olvidar que estaba enfermo, olvidar el dolor que es su compañero constante, ¿y tuvo el descaro de reprenderlo? Ella necesita una nueva carrera, preferiblemente en un cubículo realizando trabajo de oficina todo el día. Su empatía no era de extrañar considerando lo que había soportado. —¿Es eso lo que fue para ti cuando estuviste herida? Ella negó. —No sabía que iba a recuperarme, así que es muy diferente. Y nadie fue malvado conmigo. No de esa manera. —Lo que te hizo el idiota ese fue peor Kat. —Sloane miró a Drake desplomado sobre una silla, con la boca abierta, roncando suavemente. Levantó a Kat y la atrajo a su regazo. —Él te mintió cuando tú eras más vulnerable. —Había hecho investigaciones sobre la lesión de Kat. Por lo menos seis semanas, habría sido incapaz de tocar con su pie el suelo por miedo a colapsar el hueso. Había sido dependiente de los demás para todo. Ella puso la mano sobre su cara. —Pero yo viví para romper con él. Encontré lo que amo. Su corazón dejó de latir. Incluso se le heló la sangre. —Sugar Dancer es todo para mí. Y voy a construir algo más grande. Mejor.

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Su pastelería. Ella amaba a su pastelería. No a él. ¿Qué demonios estaba mal con él? El jet lag. Eso es todo lo que era. Entonces, ¿por qué no estaba más aliviado? —Es por eso que voy a mirar las fotos pronto y elegir una. Si voy a hacer este tráiler, entonces lo hago honestamente. Ese ataque cambió el curso de mi vida y Sugar Dancer, junto con mi creciente ambición, son el resultado. Por un segundo, se preguntó qué sería tener el amor de Kat de esa manera. No sucedería. Especialmente una vez que ella haya descubierto su meta. Dejando de ignorar los problemas a su alrededor, él se movió de nuevo al sofá. —Voy a poner a Drake en la cama. Kat comenzó a levantarse. —Debo irme. Sloane se puso de pie y la envolvió en sus brazos. —No, no debes. Tenemos algunos asuntos pendientes. Su frente se arrugó, y luego se dio cuenta, sus mejillas se tiñeron de color. —¿Esta noche? ¿Aquí? Metió la mano debajo de su camisa y extendió los dedos sobre la espalda. Acercándose a ella, aspirando el aroma de melón pegado a su boca, le dijo la sencilla verdad. —Todo lo que necesito es a ti desnuda en mis brazos. ¿Todo lo demás? Es acerca de lo que tú necesites. Tú decides. Rozó su boca sobre la de ella y luego la soltó para ayudar a Drake a ir a la cama.

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ara. Kat cerró la nevera y se volvió.

Sloane llegó a ella, cerrando la distancia entre ellos rápidamente. Sus pies descalzos fueron silenciosos. El hombre tenía que pesar alrededor de ciento veinticinco kilos o más, y sin embargo se movía con sensual gracia. Incluso en pantalones de ejercicio y una camiseta, se veía increíble. —¿Que pare qué? —De limpiar. —Le agarró la mano y la tiró a un taburete en su isla—. Siéntate. No eres una sirvienta. —Fue a la nevera, sacó una botella de vino blanco, sirvió una copa, y la puso delante de ella—. Toca ese vino, y te quedarás esta noche conmigo. Ella sonrió. —¿Esa es tu forma de pedirlo? —No es negociable. Son casi las diez de la noche. Me preocupa que conduzcas sola a casa cuando estás completamente sobria. Bebes, estás aceptando quedarte. Pero tengo algunas otras opciones para ti. El corazón de ella se agitó. —¿Opciones? —Repentinamente el vino sonaba como una espléndida idea. Kat tomó un sorbo. Los ojos de él se movieron sobre su cara. —Primera opción, vamos al jacuzzi. Tomamos un poco de vino, nos relajamos por el tiempo que pueda aguantar de enterrar mi polla en ti. Eso será bueno para tu pierna.

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Escalofríos corrieron sobre la piel de ella. —No tengo un traje de baño. Él cargó los utensilios que habían utilizado en el lavavajillas. —Perfecto, no vamos a usarlos. Drake está dormido. Estamos solos. ¿Desnudos? Tomó otro sorbo de vino. —¿Cuáles son mis otras opciones? —Saltarnos el jacuzzi e ir directamente al sexo. —Oh. —Cualquier sexo con Sloane era buen sexo. Sexo caliente. Fuera de serie... pero parte de ella quería dejarse llevar y empujar sus límites. Terminando de limpiar, Sloane puso las manos en la isla, mirando a través del granito hacia ella. —Todavía hay otra opción. La boca de ella se secó. —¿Qué? —Subimos a mi cuarto, y tú sigues mis instrucciones que te incluirán desnuda sobre mis muslos, tu culo a mi merced. —Las esquirlas de sus ojos ámbar se fundieron—. ¿Estás usando una tanga? Calor se desató bajo su pelvis. —Sí. La sonrisa de él se transformó en maldad pura. —Puedes dejarte la tanga puesta. —Kat no podía apartar la mirada de él—. ¿Cuál eliges? Los hombros y el pecho de él eran enormes, cubriendo casi la mitad de la impresionante isla central. Sabía lo fuerte que era, pero había sido gentil esta noche ayudando a Drake a ir a la cama, y siempre era cuidadoso con ella. Incluso mientras se conducía dentro de su cuerpo con su cabeza echada hacia atrás, las venas estallando mientras se esforzaba, la abrazó fuerte como lo hizo cuando tuvieron sexo contra la puerta en su habitación. Era una decisión fácil.

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—La tercera. Ni siquiera terminó la frase antes de que Sloane se disparara alrededor de la isla. Movió la copa casi llena a un lado, a continuación la tomó en sus brazos y se dirigió escaleras arriba como si ella no fuera más pesada que las bolsas de comestibles que había llevado antes. Antes de que recuperara el aliento, estaban en la suite principal, y él cerró la puerta de una patada. Después de ponerla de pie, colocó su teléfono en la mesita de noche y se quitó la camisa. Los duros músculos que se movían con gracia por su espalda la paralizaron. Sloane la enfrentó vistiendo solo pantalón de ejercicio y una creciente erección. Se sentó a un lado de la cama, con los ojos intensos. —Desnúdate hasta tu tanga para mí. Burbujas de emoción jugaron en su vientre. Debería estar disgustada consigo misma. Consternada. Pero quería esto, quería experimentar lo más que pudiera con Sloane. Este hombre era una oportunidad única en la vida para ella, aún así se contuvo, repentinamente insegura de su decisión. Le habían dicho tantas veces que estaba haciendo malas elecciones. Su creciente excitación se convirtió en trozos de incertidumbre. —¿Esto es depravado? Bajando su barbilla, él la clavó con los ojos. —No hay una sola cosa depravada en ti. Si no quieres hacer esto, realmente no quieres, no lo hacemos. No me importa, lo único que quiero es a ti. Pero si estás permitiendo a alguien, o algo, fuera de esta habitación tomar una decisión por ti, eso es depravado. El nudo de la duda en su estómago se deshizo. Los ojos de él se suavizaron. —¿Pero confiar en mí para no hacerte daño? Eso es valiente. Y eso es hacerle frente al terror profundo con el que has tenido que vivir durante seis años. Has confiado antes y te lastimaron. Esto, bebé, tiene que ver con lo que quieres. Estoy viendo lo que quiero. Nunca había tenido esto… un hombre que vio su alma y la quería de todos modos. Al darse cuenta que su confianza en Sloane era tan real y

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viva como sus cicatrices, empuño su camisa y se la quitó. Se deshizo de su sujetador y salió de sus pantalones, quedándose desnuda para él a excepción del tanga negro. —Ven aquí. —Le tendió la mano, grande con largos dedos y gruesos nudillos. La que iba a usar en ella. Cintas de lujuria se estiraron y se agitaron en un baile con sus miedos. Dio un paso y luego otro hasta que sus dedos se cerraron alrededor de los suyos. Su franca valoración quemó por su cuerpo. —Tan malditamente hermosa. —Envolviendo su cintura con sus manos, la sostuvo en el lugar mientras la miraba—. ¿Dudaste cuando te pedí que te desnudaras? —Uh... —Cuidaré de ti. Lo único que tienes que hacer es dejarte ir. Confía en mí. El recuerdo de sus palabras en el teléfono la tranquilizó. Podía dejar ir el control y hacer esto. Quería hacer esto. Era un juego basado en la confianza. —Sí. —Cinco azotes por eso. ¿Y decirte a ti misma depravada? —Frotó sus pulgares en su cintura—. Sí, eso va a añadir cinco azotes más a tu culo. Esas cintas de lujuria dieron un tirón en su vientre. La expresión severa de él coincidía con el modo serio con el que la mantuvo en su lugar. El juego de sus músculos ondeando bajo su piel le dijo que escapar era imposible. Su gran fuerza y voluntad ganarían sobre la de ella. Tenía que someterse, y eso la excitó demasiado. —Parece un poco duro. No dije que era una depravada, solo pregunté si esto era depravado. —Acabas de agregar un azote más. ¿Quieres seguir discutiendo? Mantuvo su boca cerrada. —Buena chica. Después de los primeros diez azotes voy a parar y hacerte una simple pregunta que determinara que tan duro será el azote número once. —La tiró más cerca hasta que los dedos de sus pies tocaron los suyos—. La respuesta equivocada y mientras todavía te tenga inclinada sobre mi regazo, te voy a ordenar que separes los muslos más amplio. Estarás hinchada, húmeda, adolorida, necesitando

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correrte. Tu culo va a arder. Y sabrás lo que sucede a continuación. Tensa por ello. Esperando, preguntándote si puedes tomarlo. Ella se aferró a cada palabra. —¿Qué? —Ahí mismo ¿esa dulce tierna carne entre tus muslos? Te voy a azotar. Su cuerpo se tensó y apretó los muslos. El aturdimiento y el deseo chocaron con tanta fuerza, se estremeció. —Eso es... —¿La gente hacía eso? ¿Podría soportarlo? —Tu pulso se agita en tu garganta. Tus pezones son apretados y sensuales capullos. —Rozó su boca sobre su pecho, creando un rastro húmedo. Sin previo aviso, se aferró a su pezón y raspó con los dientes sobre la punta sensible. El jadeo de Kat se volvió gemido mientras la chupaba suavemente, pasando su lengua sobre la mordedura. Se cambió al otro lado, disparando sus nervios. Cuando levantó la cabeza, sus ojos eran intensos con las pupilas dilatadas. —¿Estás mojada? ¿Te duele el coño, gatita? De ninguna manera iba a mentir ahora. Ya estaba arriba de los once azotes. —Sí. —Muéstrame. —Tomándola de la mano, la jaló—. Acuéstate sobre mis muslos. —Se giró ligeramente y la ayudó. Metió almohadas debajo de su pecho y cara. Levantando la mano de ella, la apretó contra la cálida piel de su espalda baja, justo por encima de sus pantalones—. Sostenla ahí, no la quites. Lo sentiré si me pinchas. —Pasó la mano sobre su cabello y espalda en largas, sensuales caricias, sus dedos deslizándose sobre su culo y luego de vuelta—. Entre nosotros, todo está bien, incluso los azotes. Sintiéndose segura y cuidada, se relajó. —Buena chica, estás lista para recibir tu castigo. Separa tus piernas. Las abrió, y el aire frío se precipitó

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—Dios —gruño Sloane—. Tan malditamente caliente. Me encanta tu culo en esta tanga. —Colocó su mano sobre su trasero, su pulgar trazando el material situado entre sus nalgas y más abajo hasta que rozó la seda húmeda aferrada a ella—. Oh, sí. —Metiéndose debajo de la tira de tela, Sloane trazó su hendidura, creando una deliciosa fricción— . Quieres que te azote. Era un juego, un juego sexual. Kat podía hacer esto. Permanecer ahí, la suave almohada contrastando sus duras piernas mientras su mano la recorría y la exploraba, se entregó a su toque. Se apretó contra su mano entre los muslos. Su mano se fue. Se había ido. Entonces cayó sobre su nalga, creando una picazón que se irradiaba a través de su parte baja. Sorprendida, clavó los dedos en la almohada. Maldita sea, tal vez... —Esa es una. A partir de ahora las contarás. —Le dio una palmada al otro lado—. ¿Cuántos? Ella contuvo el aliento. ���Dos. Un ligero golpe más abajo en su trasero. Primero un pinchazo, y luego un calor hormigueante que la mantuvo en el borde. Contuvo la respiración, esperando el siguiente. En su lugar, pasó los nudillos por el pliegue de sus muslos y nalgas, de ida y vuelta, creando abrasadores escalofríos que la hicieron jadear. Estaba más húmeda, más caliente, ¿podía él ver eso? ¿Qué pensaba? La incertidumbre se deslizó, tensándole los músculos. Sus dedos metidos en su pliegue, agarrando la tira de su tanga. Un movimiento brusco tiró del material contra sus pliegues sensibles. —No te escuché contar. Eso choque de presión la hizo jadear. —Tres. Su mano bajó sobre su trasero, más fuerte. —Cuatro.

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—Sin pensar, sin tensar. Estás a mi merced y tomarás tu castigo. ¿Queda claro? Con la mano pegada a la parte baja de la espalda de él, Kat tenía una línea directa de escape. —Sí. —Te mereces esta azotaina. Dilo. Ahora. Sus pezones empujaron contra la almohada ante la demanda. —Merezco ser azotada. —Decir algo malo como eso, algo que debería estar mal, la llenó de una sensación liberadora. —Te mereces todo lo que te doy. —La voz de Sloane fue dura, y puntualizó sus palabras con pequeños toques. Duro, suave, en la parte superior del muslo, luego una nalga, moviendo, cambiando. Una y otra vez. Haciéndole decir cada número. —¡Ocho! —Cada pensamiento que había tenido huyó mientras el calor punzante se hacía cargo. Kat podía solo concentrarse en eso y su mano aferrándose a él. Anclándola. —Buena chica. —Sloane le acarició el trasero—. Me encanta tu culo. Dos azotes más la llevaron al borde. Cada toque de su mano lanzó una necesidad directa entre sus piernas. Su culo ardía, su clítoris palpitaba, y se retorcía, tratando de frotar sus pezones en la almohada. Su piel se volvió tan sensible que hasta el aire la atormentaba. Él se detuvo. La dejó así, necesitada y dependiente de él. Su cuerpo tenso, luchando por la liberación. —Por favor, Sloane, por favor. —Escuchó las palabras, se escuchó rogar. Sus ojos se llenaron de desesperación. Era demasiado. Sloane cogió su tanga y la quitó. —No te muevas. —Deslizó su mano por la cara interna del muslo y más arriba. Escalofríos calientes pasaron por su piel. Sus dedos la acariciaban, deslizándose por su hendidura, partiéndola, tocando su clítoris—. Tan húmeda e hinchada. —Su voz fue tan ronca, sonó como si le doliera—. Ahora, tú pregunta. Kat se retorció, tratando de presionar contra el toque de sus dedos. Necesitando más.

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Él suavemente golpeó su muslo. —No te muevas a menos que yo te lo diga. Un sonido se divulgó de su garganta, tan desesperada que debería estar humillada. Pero esas picaduras de sus azotes la torturaron. Tan cerca pero no lo suficiente. Quería ser buena y mala al mismo tiempo. —Por favor, Sloane. —Suplicar no te conseguirá lo que necesitas. ¿Lista para la pregunta, Kat? Tienes una oportunidad para responder correctamente. Si no lo haces, vas a separar mucho más tus muslos. Y ya sabes lo que sucederá. Oh Dios. —¿Cuál es la pregunta? —Las lágrimas quemaban sus ojos. Frenética tensión hervía más y más fuerte en su interior. —¿Eres mi depravada chica panadera quien necesita su coño azotado? La sangre rugía en sus oídos y la necesidad afianzó su centro. Su clítoris palpitó y suplicó por más. Contra su cadera, la enorme polla de Sloane latía debajo del algodón de sus pantalones. Solo había una respuesta. Porque Kat quería todo lo que tenía para darle. —Sí. Él le acarició los encendidos, sensibles lugares en su trasero y piernas. —Jodida perfecta respuesta equivocada. Abre, tan amplio como puedas. —Con un toque ligero, él facilitó que abriera más las piernas. Aire frío se apoderó de su piel demasiado caliente, haciéndola gemir. Sus dedos se deslizaron sobre ella, rodeando ese brote palpitante. Demasiado suave. Insuficiente. Pero no tenía permitido moverse, frotarse contra él. La frustración la arañó. Él se apartó. Entonces la azotó entre los muslos. Sensaciones al rojo vivo la electrificaron. El cuerpo entero de Kat se inclinó mientras su orgasmo explotaba. Totalmente expuesta y vulnerable, no tenía defensa. Sin control. No tenía nada mientras voló lejos en choques de cálido placer. Simplemente continuaban, llegando a

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la cima y reduciéndose, mezclándose con la sensación de los brazos de Sloane envueltos alrededor de ella, su boca rozándole los labios, mejillas y ojos. —Te tengo. No te dejaré ir. Centrándose en su voz, la sensación de su corazón golpeando contra su cuerpo, flotó y ondeó con cada espasmo. Poco a poco, la conciencia se filtró. Estaba completamente segura en sus brazos. De alguna manera él la giró y la acunó. Todo su cuerpo estaba suelto y lánguido en sus brazos. Como si algo dentro de ella se hubiera liberado. Sloane la cambió de nuevo, acostándola en la cama. Se arrodilló en el suelo, colocando su pierna buena por encima de su hombro y giró hacia su pierna mala. Suavemente besó a lo largo de la cicatriz en el interior, todo el camino hasta ese punto sensible en su rodilla. La dulzura absoluta liberó un torrente de emoción y lágrimas saltaron a los ojos de ella, derramándose por su cara. —Sloane. Sus ojos se volvieron hacia ella, irradiando ternura que hizo que su corazón se encogiera. Posicionando su pierna, se inclinó entre los muslos y la lamió, lamiendo con dulzura en el lugar que había azotado. Gimiendo, le acunó las caderas y cerró la boca sobre su clítoris, llevándola al borde de otro orgasmo. Pero Kat se agachó y tiró de la cabeza. Él levantó la mirada, sus ojos vidriosos, su boca húmeda. En este momento, no había obstáculos entre ellos. —Me duele por ti. Solo tú puedes darme esto. Él se puso de pie y se quitó sus pantalones. Su polla saltó libre, color ciruela, gruesa y larga, bailando mientras bajaba la mirada hacia ella. —Estabas tan condenadamente impresionante que casi me corro viéndote. Sintiéndote. Emoción se concentró en la garganta de ella. Sloane arrastró una almohada a través de la cama y la puso debajo de su pierna mala. Entonces descendió sobre ella, su peso seguro y reconfortante.

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—Necesito esto. —Entrelazando sus dedos con los de ella, levantó sus manos sobre su cabeza. Alineando la cabeza de su polla contra su entrada, empujó hacia dentro. Al instante fue demasiado. Demasiado llena. Sus emociones demasiado crudas. Más lágrimas se reunieron en sus ojos. —No te detengas. Lo siento, yo no… Sloane besó sus lágrimas. —Está bien llorar, cariño. Déjalo ir. Solo lo estás sintiendo, bebé. —Una vez instalado dentro de ella, comenzó a bombear, facilitando la entrada y salida, llenándola, mientras sus ojos brillaban de ardiente deseo—. Me dijiste que querías sentir. Agárrate a mí... —apretó sus manos unidas—, y siente lo que estamos haciendo juntos. El orgasmo de ella se construía con cada deliberada estocada. Kat fue dejada al descubierto, expuesta, no podía detener las lágrimas rodando por su cara. Ella se arqueó, encontrándolo en cada empuje. —¿Lo sientes también? —Si ella no estaba sola, estaba bien. El rostro de él cambió a necesidad cruda, el cuello y los hombros abultados, pero sus dedos envueltos alrededor de los de ella permanecieron suaves. —Malditamente demasiado para ti. Y aún así no es suficiente. —Mostró sus dientes, la mandíbula se puso rígida mientras crecía dentro de ella—. Joder, Kat. Eso la tiró por el acantilado. Pero Kat se obligó a abrir los ojos, aferrándose a sus manos mientras su cuerpo se convulsionaba alrededor de él. Sloane dejó caer su rostro en el de ella. —Eres mía. —Se estrelló contra ella, su cuerpo agitándose mientras su orgasmo lo consumía.

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Sloane la sintió estremecerse. Temblores profundos. No estaba sorprendido. Kat había dejado ir un miedo profundo esta noche. Confiaba en él. Y vaya si eso no le hizo un maldito agujero en el pecho. La mujer lo había tocado donde nadie lo había hecho. Su valentía y confianza le humillaron como ninguna otra cosa. Después de retirarse de ella, la levantó para que pudiera tirar de la colcha y acostarse contra las sábanas. Sloane arrebató su camiseta del final de la cama, primero limpiando las lágrimas restantes de la cara de ella, luego limpió suavemente entre sus muslos. Arrojando la camisa, se acostó y la tomó en sus brazos. Metió una almohada entre las rodillas de ella para darle apoyo extra a su pierna mala. —Te tengo. Duerme. —¿Por qué fue tan intenso? Sloane estaba muy cansado. El desfase de horario, el viaje, Drake, y luego Kat volándole la mente. Pero su pregunta merecía una respuesta. —Rompiendo barreras, cariño. Soltaste algunos temores para dejarme entrar —le acarició el cabello—. Te dejé entrar también. Los dos lo sentimos. —Estamos demasiado metidos. No me digas. Pero Kat había confiado en él hasta las lágrimas. Su pequeña luchadora tenía un arma secreta… lágrimas honestas que desgarraron a través de todas las defensas que tenían para obtener un estrangulamiento en su corazón. —Tal vez, pero estamos juntos en esto. Y en este momento, eso es lo que importa. —Demasiado. Kat le importaba demasiado. Esto nunca debió haber sucedido.

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a pierna de Kat estaba rígida y dolorida, obligándola a aferrarse a la barandilla mientras se aliviaba bajando las escaleras en la oscuridad de la madrugada. No era aún las cuatro a.m. todavía, y Sloane no se había movido cuando ella salió de la cama, o cuando dejó la nota en su mesita de noche. Casi lo despierta para despedirse, pero estaba agotado, probablemente del jet lag. Y de anoche. El calor recorrió su piel con ese pensamiento. Ellos no habían tenido solo sexo. Ambos dejaron caer la barrera haciendo que sea mucho más. Más profundo. Emocionante. Llegó a la planta baja y silenciosamente salió de la casa. Una vez en el auto, miró el portavasos vacío en la consola central. Realmente quería café, debería haber tomado dos minutos para hacer una taza para llevar con ella. Al final del camino de entrada, miró su reloj. Tres cincuenta y siete. Maldita sea, no conocía un Starbucks que abriera tan temprano. Mala suerte, debía estar pronto en el trabajo. Estallidos de luz brillantes explotaron, quemando sus córneas. Kat clavó los frenos tan fuertes que el cinturón de seguridad se bloqueó. Levantando sus brazos, se cubrió los ojos. ¿Qué paso? Thump. Thump. Giró su cabeza. Oh Dios, un hombre en su ventana. Otro flash.

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Gritando, apretó los ojos. Estrellas estallaron bajo sus párpados. El corazón acelerado, el pulso elevado, no podía tomar aire. El terror se apoderó de su pecho. No entres en pánico. Conduce. Entrecerrando los ojos para filtrar los flashes, agarró el volante. Una furgoneta estaba estacionada en el lado de la carretera. Reporteros. Thump. Thump. Se encogió lejos del hombre golpeando la ventana. Atrapada. El miedo la golpeó sin piedad. Solo conduce. Hazlo. La puerta se abrió de golpe. Un grito salió de su pecho. —Kat, soy yo. Su voz se cortó a través de su terror. Sloane, vistiendo pantalones de chándal y un aire de amenaza. Se inclinó, empujó el auto en el aparcamiento, desabrochó el cinturón de seguridad y me levantó en sus brazos. Instintivamente, me aferró a él. Ethan, vistiendo pantalones cortos y la misma alborotada y enojada expresión, se deslizó dentro de su auto. Sloane acechó a través de las puertas cuando los flashes se fueron. Ella luchó por orientarse. —¿Qué…? —Tranquila. La mañana estaba fría y húmeda, pero la piel de Sloane irradiaba calor. Un músculo palpitó en su mandíbula. Los faros del auto de Kat los reflectaron mientras Ethan sacaba el auto dentro de la línea de propiedad. Podía oír los engranajes del cierre de la puerta. El camino de entrada de Sloane era largo, probablemente de un kilómetro. —Puedo caminar. Ignorándola, siguió su camino, con los pies descalzos casi silenciosos en el cemento.

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Ahora que se había calmado, sabía lo que había sucedido. Los medios de comunicación habían estado esperando y la cogieron por sorpresa. Lo más inteligente hubiera sido seguir conduciendo. Pero los flashes la habían desorientado. Probablemente no quería saber lo que Sloane le había hecho al hombre con la cámara que había estado golpeando en la ventana. Él había estado allí, luego desapareció repentinamente. Sloane entró por la puerta principal que estaba abierta y siguió su camino hasta llegar a la sala de estar. Sentándola en el sillón reclinable que Drake había usado la noche anterior, Sloane apoyó las manos en sus brazos y se inclinó sobre ella. —¿Estás bien? —Estás loco. —Fue un comentario tan ridículo, quería golpearse a sí misma. —Tropezaste con la alarma cuando abriste la puerta principal. Alertó a mi teléfono y los monitores de los dormitorios así como a Ethan en la casa de huéspedes. Jesús, Kat, cuando no estabas a mi lado... — Empujó la silla e irrumpió en la cocina. Su espalda se agitó con fuerza.

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—No sé quién coño se metió en mi casa. Si alguien te hubiera... Se había olvidado de la alarma. Estúpida de ella. Saltando, se acercó a él y puso su mano en su espalda. —No lo pensé, lo siento. Estabas cansado, y tenía que ir a trabajar. — Todavía tenía que ir, pero después de que Sloane se calme. Se dio la vuelta y tiró de ella con fuerza contra su pecho. —No estoy enojado contigo. Es que... Joder, me asusté, Kat. Entonces conseguí salir allí y vi tu cara, tan condenadamente pálida. Solo tenía que conseguir alejarte de ellos. Su admisión hizo que Sosteniéndolo, susurró:

su

corazón

se

hinchara

con

ternura.

—Estoy bien, estoy segura. —Le importaba. La protegía. ¿Puede el corazón de una persona estallar con demasiados sentimientos? Metió su mano debajo de su camisa, extendiendo sus dedos posesivamente sobre su piel desnuda. —Te llevaré a casa, puedes ducharte y te llevaré al trabajo. Ethan me puede recoger allí. —Pero Kat no podía dejar que haga eso—. No.


Ella lo miró a la cara. —Estás agotado, has estado viajando durante toda la semana. Es por eso que no te he despertado. Ahora estoy preparada, puedo soportarlo. Él alzó la mano para acunar su cara. —Podría ser un poco más complicado que eso. Nosotros les dimos un espectáculo. Además del fotógrafo, había un cámara. Si ese material sale en las noticias, mierda. —Sus dedos se clavaron en su espalda. Preocupada enderezó su espalda. —¿Qué no me estás diciendo? —Los medios de comunicación han estado acosándome, tratando de hacerme hablar sobre Foster. —Y traer a tu madre para hablar. —Lo recordaba. Una vena de su sien le palpitaba. —Le pagué para que guarde silencio. —Sloane, simplemente suéltalo. No me gustan los secretos. —El secreto de David casi la había matado. —Yo soy la razón por la que Foster fue a la cárcel. La inquietud se apoderó de sus músculos. —¿Vas a decírmelo? —¿O lo mantendrás en la oscuridad? —Cuando encontré a Sara, Foster se había escondido en la casa y trató de escaparse. Lo atrapé. Lo habría matado, pero Drake llegó allí y me paro. —Hizo una pausa centrándose en ella—. Declaré en su contra. Hizo algunas amenazas. Se hundió lentamente. Amenazas. Sloane nunca había teniendo una novia o esposa, las veces que él le había dicho que sería mejor para ella si él la dejara ir... todo se alineaba en un patrón de protección. —¿Crees que podría venir después por mí? —O a cualquier mujer que a Sloane le preocupara. Las manchas de color ámbar en sus ojos se volvieron hielo. —Han pasado más de trece años, pero no voy a tomar riesgos. No contigo. —Él se relajó y tomó su rostro—. Nunca pretendí hacer esto. Me hice saber que solo haría el asunto de acompañante. Ninguna mujer

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ha pasado la noche en mi casa. Si pasábamos una noche juntos, era en un hotel o resort. Era solo sexo. Nada más. Hasta ella. Sloane había vivido como una isla, negándose a poner en peligro a una mujer. En ese segundo, nada más le importaba sino la sensación posesiva de su mano en su espalda, y la forma en que la miraba como si fuera algo precioso y especial. Nunca nadie le había hecho sentir eso. Con David, se había sentido agradecida. Como que quizás si él la amaba, entonces sus padres la consideraría lo suficientemente buena. ¿Pero Sloane la está mirando fijamente? Eso invocó ardiente energía y demoledora vulnerabilidad. El corazón se le subió hasta la garganta. —No somos solo sexo. —Ayer por la noche cuando entraste en casa, nunca había sentido eso. Nunca. —Tragó saliva, su nuez de Adán deslizándose en su larga garganta. —¿Qué? Los colores en sus ojos se calentaron y se mezclaron con el caramelo. —Siempre y cuando pueda verte, tocarte, entonces podemos cerrar la puerta y dejar fuera toda la otra mierda. Simplemente estar bien juntos. —Tienes el poder de romper mi corazón. —Las palabras salieron de su boca. Lo que asustó a su alma al sentirse de esta manera. Ya se había equivocado una vez. Dejó caer su frente en la de ella. —Te dejaré ir si eso es lo que quieres. ¿Quería? ¿Terminar ahora mientras ella tal vez podría ser capaz de recuperarse? ¿O es que voy ir a por ello y vivir, sentir, experimentar y luego pagar el precio cuando todo termine? La imagen de Sloane anoche la consumió. La forma en que él había tomado sus manos uniendo sus dedos y sus cuerpos, que no había sido solo sexo. Ellos habían estado haciendo el amor, y cuando sus emociones salieron de ella en lágrimas, él la besó y le dijo que se aferrara a él. Había mantenido su corazón a salvo mientras hacía el amor con ella. Eso era más poderoso que las palabras. Poniendo su mano sobre su pecho, sintió el latido regular de su corazón.

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—No dejes que me vaya.

Después de trabajar el domingo, Kat aparcó el auto delante de la casa de Sloane. Ya un poco tarde para la barbacoa, se bajó del auto y entró en la casa. Voces llamaron su atención en la cubierta. Sloane llevaba unas bermudas negras y giraba las hamburguesas mientras que los chicos adolescentes descansaban a su alrededor. —Oh, Kat, ahí estás. —Sherry entró en la casa, vistiendo un bikini negro pequeño—. Estamos a punto de comer. Consigue tu bikini y únete a nosotros. ¿Quieres una cerveza? —No he traído bikini. —Sherry luciendo tan fresca solo enfatizaba el estado cansado y sucio de Kat. Había trabajado desde las cuatro y media y no había tenido tiempo para ir a casa para una ducha y cambiarse. —Sloane tiene una selección de bikinis para ti. Ve a ver, están en su habitación. —¿Qué? ¿Cuándo ha tenido tiempo para ir de compras? ¿O saber mi talla? —¿Y por qué? Kat no quería que comprara sus cosas. La otra mujer se echó a reír. —Sloane no va de compras. Tiene gente cayendo sobre sí mismos llevándole selecciones de lo que sea que quiera. Hay como dos estantes de trajes y bikinis esperando para que elijas lo que quieras. Lo sé porque fui a mirar y cogí este bikini. No encajaría en ti. Soy más grande de pecho que tú. Ella dejó ese comentario ir porque era tristemente cierto. —Él tenía un personal shopper9 llevando bikinis. —¿Quién hace eso? —Y pareos, vestidos de verano, sombreros y zapatos.

Personal Shopper: Literalmente significa comprador personal. Inicialmente, el Personal Shopper es una persona que ayuda a sus clientes a elegir y comprar objetos de diverso tipo (decoración, regalos, etc.) pero sobre todo, artículos de moda. 9

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Por ella. Pero no usaba bikini, no desde que había aterrorizado a una niña con sus cicatrices poco después de su primera cirugía. —¿Kat? ¿No traías el postre? —¿Qué? Oh, sí. Lo dejé en el auto. Tenía dos entregas de camino. Voy a traerlo. —Se volvió, huyendo por la puerta que acababa de entrar. El aire sofocante fue cortado con la brisa fresca del mar. Después de abrir la puerta del auto, comenzó a inclinarse para coger las dos cajas fuera del asiento de atrás cuando unas manos calientes atraparon sus caderas tirando de ella hacia atrás. Sloane. Reconoció su toque y le dejó envolver sus brazos alrededor de ella. Olía a sol caliente, a mar salado y el olor más rico que era Sloane. Apoyándose contra el pecho caliente, alzó la vista hasta su cara, pero sus ojos estaban cubiertos de sombras. —¿Compraste dos estantes de ropa? —Nop. Solo pago lo que guardamos. Y Marla, los servicios de mi personal shopper. —Pasó sus nudillos por el lado de mi cara. —Necesitas algunos bikinis aquí. Y un par más para tu casa si lo deseas. Escoge lo que quieras. —No me pongo bikinis. —Tu elección cuando estamos con otras personas. Hay algunos vestidos de verano largos que cubren la pierna si quieres estar más cómoda. Con ellos van a estar más fresca. —Él besó su cabello y añadió—: Pero elige un par de bikinis para cuando estemos solos y estemos en el jacuzzi. Kat se volvió en sus brazos, se acercó y se quitó las gafas de sol. —Haces que sea tan fácil. —Es una barbacoa, se supone que debe ser fácil y divertido. Te ves caliente no importa lo que lleves. Ve a ponerte cómoda. La soltó, recolocándose sus gafas de sol en el rostro. Después de que él cogiera las cajas de galletas y pastelitos, caminaron juntos. —La cena está casi lista. Ve. —Presionó sus manos entre sus omóplatos, instándola hacia las escaleras. Dos estantes era quedarse corto. La cama estaba cubierta de más ropa, montones de ropa para dormir, algunas batas, sujetadores, bragas y

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equipo de entrenamiento. Chanclas, sandalias y zapatos deportivos descansaban sobre mesas plegables de exposición. Girando en círculos, no sabía qué hacer. Sería más fácil quedarse en su ropa de trabajo. Pero Sloane había terminado con todo ese problema. Kat fue al estante de los vestidos y pareos. Exactamente como había prometido, había una selección de vestidos de verano largos. Tenían tirantes, cortes sin mangas, cuellos de barco, algunos colores sólidos, otros con estampados de islas. Un vestido destacaba, blanco con remolinos rojos. Cubriría su pierna, y aun así se vería de barbacoa veraniega. Lo sacó del estante y se dirigió al cuarto de baño. La barra de color rojo capturo su mirada. Un bikini rojo, recordándole el que había tenido en la universidad. Nostalgia recorrió por su pecho. Acarició la suave tela. Rojo. Un color tan potente. Ella quería más rojo en su vida de nuevo. Ir abajo en un bikini era más para lo que estaba preparada. Incluso con una envoltura. Pero podía usarlo debajo del vestido. Y tal vez después de que todos se fueran, se lo mostraría a Sloane. Decidiendo a intentarlo, entro en el baño. —No hay manera. —Aturdida, Kat observó el baño hecho en ricos colores de chocolate y arena. El segundo tocador tenía lociones, cepillos, pinzas de cabello, rizador, secador de cabello. Incluso desodorante—. Es una locura. —O tal vez lo era. Tal vez sus padres tenían razón y ella había sufrido un daño permanente desde la conmoción cerebral. Ahora vive en una realidad alternativa donde un chico caliente, obscenamente rico compró sus cosas. Un golpe en la puerta la sobresaltó. —¿Kat? —gritó Sherry—. Sloane me envió aquí para sacarte a comer. —Apuesto a que sí. —Se quitó los zapatos y se desnudó. —Me dijo que si venía él mismo, no bajaríais por un tiempo. Rodando los ojos, Kat se puso el traje de baño. El material rojo estaba mantenido por sexys anillos de oro en sus caderas. La camiseta sin mangas tenía un anillo más pequeño entre sus pechos. Se miró en el espejo. —También mencionó que si no bajas ahora, vendría aquí.

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—Las amenazas son una gran manera de seducir a una chica. —¿Estás vestida? —No exactamente. —Se quedó mirando su imagen, agradecida de que no hubiera un espejo de cuerpo entero en el baño. Sin ver su pierna, por unos segundos, podía fingir… La puerta se abrió, y Sherry se acercó: —Oh infierno sí. Rompes con ese bikini. Kat levantó una ceja. —Vamos, entra. —Ella alcanzó el vestido y lo dejó caer sobre su cabeza. —Me haces sentir mal vestida. Después de soltar su cola de caballo, se cepilló el cabello y miró a Sherry en el espejo. —Tienes que trabajar en esa inseguridad. Riendo, Sherry agarró el brazo de Kat. —Te ves muy bien, vamos. —Ella sacó a Kat del cuarto de baño. —¿Los zapatos? —Cariño, hay cinco adolescentes ahí fuera, dos grandes ex-luchadores y mis dos niños. Ellos abrirán paso a través de toda la comida y nos dejaran una hoja de lechuga para dividir si no nos movemos. Olvídate de los zapatos. Y Sherry tenía un maldito agarre fuerte en su brazo. Siguiéndola, Kat vio el tatuaje de un escudo en la parte baja de su espalda. —Tu tatuaje es una versión más pequeña que la de John. Está bien. — Sus manos le picaban por trazarlo, conocer las líneas para poder replicarlo sobre un pastel. Sherry miró hacia atrás, con los ojos llenos de amor. —Él lo tiene en la espalda. No importa donde yo esté, lo que esté haciendo, John me cubrirá. Fue tan conmovedor, que no tenía palabras. Kat se limitó a asentir y reducir sus pasos mientras se acercaban a la cubierta. Las enormes puertas de cristal se abrieron, creando un espacio desde el interior al exterior. Sloane tenía un jacuzzi en uno de los extremos, asientos y

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mesas en el medio, y una zona de cocina barbacoa incorporada y dividida por una barra. En este momento, John y Sloane estaban rodeados por una media docena de niños sosteniendo platos mientras los dos hombres pasaban las hamburguesas y perritos calientes a la parrilla. La mayoría de los niños parecían estar en la adolescencia, pero un chico joven y una chica estaban en la mezcla. —Será mejor que rescate a Kylie. —¿Ese pedazo de chica empujando a los chicos alrededor para llegar a ser la primera? Sherry sonrió. —Esa es mi hija. —Eh, nunca lo habría adivinado. Sin embargo, teniendo en cuenta lo que Sloane y John están acumulando en su plato, va a necesitar algo de ayuda para llevarlo. —Mirando a su alrededor, vio a Drake tendido en una tumbona acolchada. Mientras Sherry fue a ayudar a su hija, Kat se acercó a él. —Hola, Kat. Estás muy guapa. Él se veía mejor en la actualidad. Arrastró una silla y se sentó. —¿Quieres algo de comer? —Quiero una cerveza. Sloane también está siendo un mariquita sobre eso. —¿Si? —Echó un vistazo para ver que la manada de niños estaban adelgazando—. Te diré algo. Come un poco y estaré de acuerdo con eso, voy a compartir una cerveza contigo. Drake se quitó sus gafas de sol. —¿Es un acuerdo? —Sip. A menos que Sloane me atrape, y luego me mate y tire mi cuerpo en el océano. Que pondría fin a nuestro acuerdo. —¿Qué acuerdo? —Una mano cálida se estableció en su hombro. —¿En serio? —Kat espetó a Drake—. ¿No me podías avisar de que estaba acercándose sigilosamente?

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Su boca se torció. —Podía, pero la mirada de asombro en su cara cuando mencionaste atrapándote y matándote, ha valido la pena. —¿Qué estáis tramando? Kat lo miró. —Estamos teniendo una negociación seria. Vete. —Por supuesto que no. La última vez que negociaste con él, terminé viendo un espectáculo de danza. En mi casa, en mi televisor. No se puede confiar en vosotros dos. Encogiéndose de hombros, se puso de pie. —Iré a traer un par de platos de comida. —Te ayudaré. —Sloane la siguió—. Por cierto, gatita, te ves sexy con ese vestido. —Aun así no te lo diré. —Cogió dos platos e inspeccionó la comida. Hamburguesas y perritos calientes pueden ser muy difíciles de digerir. Entonces vio las pechugas de pollo sin hueso. Drake estaba probablemente harto de aves de corral pero era más fácil en un estómago sensible que la carne vacuna. Casi se sentía culpable de tomar una hamburguesa para ella, pero se moría de hambre. Detrás de ella, Sloane acarició la correa del vestido. —Estás usando un bikini debajo de esto. —Temblores corrieron por ella. —Sí. —Kat se sorprendió de lo sexy que se sentía solo por el hecho de saber lo que ella llevaba puesto. Dándose la vuelta, alzo la vista. —Gracias, fue encantador que hicieras esto. Pero no puedo aceptar más. —Lo harás. —Llegó a su alrededor y apiló dos hamburguesas y un perrito caliente en un plato. Kat rodó sus ojos. —¿Hambre? Sloane se acercó más.

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—Hambriento por ver ese bikini en ti, y entonces arrancarlo. Puesto que soy el único que estará destruyendo tu ropa, voy estar comprando para ti. —Cogió su plato y el de ella, dejando el de Drake para que ella lo lleve. Agarrando una cerveza y agua, ella se unió a los otros. Algunos chicos adolescentes vistiendo bermudas al igual que Sloane y John sacaron las sillas. Con el tiempo clasificó a los niños. Ben, el más joven de los chicos, era hijo de John y Sherry. Los otros cinco chicos, que van desde alrededor de los doce a dieciséis, eran niños que Sloane, John y Drake enseñaban. Los chicos estaban hablando sobre estar fuera en el barco de Sloane ese mismo día. Y estaban tratando de conseguir un partido de voleibol después de comer. Kat observó la zona de voleibol creada en la arena justo al final de las escaleras de la cubierta. Arena y un montón de chicos adolescentes tratando de demostrar su valía a un par de ex luchadores de UFC sonaba como una receta para el dolor de ella. ¿Ahora, si solo fuera ella y Sloane? Podría distraerlo con su bikini. Se levantó, encontró un vaso de papel y se sirvió un poco de cerveza en él mientras todos discutían sobre los equipos. Después de regresar a su asiento, se giró para entregar el vaso de Drake, mientras todos estaban ocupados. —Las pálidas cicatrices en tu pierna. ¿Cómo te las has hecho? Drake agarró el vaso cuando Kat casi derramó la cerveza. Sacudiendo su cabeza, miró al chico que había hablado. Ella pensaba que su nombre era Ryan, pero no estaba segura. Todo el mundo dejó de hablar. La mirada de Sloane se asentó en ella, cálida y de apoyo, pero no dijo nada. De repente, no fue un gran problema. El chico había hecho una pregunta. Ella se encogió de hombros y tiró de su vestido, dejando al descubierto su pierna. —Un bate de béisbol rompió mi tibia. Lo que llevó a tener dos placas y un puñado de tornillos para mantenerlo todo junto. —Genial. —Increíble. Kylie se deslizó a su lado, grandes ojos azules. —¿Te dolió mucho?

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Se veía tan preocupada. Kat quería abrazarla. Lamentando que ella había mencionado un bate de béisbol, trató de tranquilizar a la niña. —Estaba en el hospital. Cuidaban de mí y me dieron la medicina, así que estaba bien. —¿Te duele ahora? ¿Puedo tocarla? —Kylie. —Sherry se puso de pie. Kat sacudió la cabeza ante Sherry. —Claro, puedes tocarla. Solo duele un poco cuando lo hago demasiado. Kylie se inclinó, rozando las cicatrices con toques suaves. —Es un poco irregular. Los chicos comenzaron a reunirse. —Podrías conseguir un poco de tinta. Eso sería justo. —Oh. —Kylie se puso de pie—. Flores bonitas creciendo fuera de las cicatrices. Eso estaría bien, ¿verdad, mamá? —Por supuesto, cariño, —estuvo de acuerdo Sherry—. Si eso es lo que quiere Kat. Es su pierna. Sloane dijo: —¡Vamos a limpiar y poner en marcha el juego. El equipo que gane obtiene la primera selección de los pastelitos y galletas que trajo Kat. Cuando el momento había llegado a su fin. Todo el mundo se levantó, limpiando los platos y recogiendo los restos de comida. Kat comenzó a levantarse. Sloane se inclinó sobre ella. —Tu no. Estás en tiempo de espera por colar cerveza a Drake. Ahora tienes que sentarte ahí y relajarte con Drake. —Eso apesta. Él sonrió, se apoderó de su barbilla y la besó. —Eres increíble. Lo manejaste tan bien. ¿Cómo te sientes? Su elogio hizo agitar su corazón.

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—Bastante bien. —Liberada, en realidad. Como si algo dentro de ella se hubiera desbloqueado en los brazos de Sloane la noche del viernes. —Si mi equipo gana, pierdes el vestido y te mostraré el jacuzzi. ¿De acuerdo? Con Sloane tan cerca de ella, la valentía cantaba a través de ella. —De acuerdo.

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loane se relajó en el sofá mientras todo el mundo se dispersaba sobre los muebles o el suelo mirando la película que había puesto. Kat había sonreído cuando el equipo de Sloane había perdido, la pequeña bromista. Ahora estaba sentada en el suelo con Kylie, dibujando diseños de tartas que emocionaban a la niñita. Estaba seguro de que había gastado todo su suministro de papel de la impresora. Los chicos estaban lanzando sugerencias. De alguna manera, ella terminó prometiéndoles a todos una tarta especial en sus cumpleaños. La mujer era ridículamente generosa y sin embargo se resistía cuando le compraba algo de ropa. —La película terminó. —John se puso de pie—. A limpiar. Es hora de llevar los chicos a casa. Sloane apagó el reproductor de DVD, volvió a poner el televisor en el canal que había tenido puesto antes de la película, y cogió el teléfono. Envió a Ethan un mensaje de texto para que trajera la limusina en diez minutos para llevar a todos los niños a casa. —Hey, Sloane, ese eres tú. Y Kat —dijo Kevin, el chico del que era mentor desde hacía dos años. ¿Qué demonios? El vídeo de la mañana de ayer cuando Kat había sido emboscada por los medios de comunicación apareció en la pantalla de su TV. Pulsando el botón de información, gruñó ante lo que vio. “Secuelas”. El pseudo-legítimo show que seguía a las víctimas de crímenes y a sus familias para exponer las secuelas de su dolor. Putos imbéciles. La cinta mostraba la mañana de ayer exactamente como la recordaba. Sloane vistiendo los pantalones de deporte que apenas había pensado en ponerse, saliendo por las puertas a la carrera. El cámara había captado su expresión furiosa cuando Sloane había visto al fotógrafo que

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alternaba los golpes en la ventana del auto de Kat con la toma de fotografías. Y la cara de Kat. Cristo, estaba paralizada y pálida por el terror. El show siguió ampliando la información mientras Sloane tiraba al fotógrafo a un lado y abría la puerta de golpe. Luego levantaba a Kat, todo su cuerpo curvándose alrededor de ella para protegerla de lo que estaba sucediendo. Nadie que viera eso podía confundir sus sentimientos por ella. Sherry dijo: —Eso fue romántico, de un modo tipo cavernícola. La escena fue cortada para mostrar una toma exterior de la Pastelería Sugar Dancer. —Maldita sea. —Poniéndose en pie, miró a Kat—. ¿Los medios de comunicación han estado allí? —Sí, pero no hablé con ellos y se fueron. Quería decírtelo, pero supongo que he estado muy ocupada. —Ella se fijó en la pantalla del televisor. —¿Estás enfadado con Kat? —preguntó Kylie. —No. —Se acercó y recogió Kylie en sus brazos—. Estoy enfadado con la gente que la molesta cuando está ocupada en el trabajo. —No le grites a ella. Dios, esta niña tenía gran parte de su madre en ella. —Te prometo que no voy a gritarle a Kat. —Está bien. Puedes gritarle a la gente que molesta a Kat. No son agradables. Se la veía muy asustada en el auto. —No se acercarán a ella otra vez. —Entregó a Kylie a su madre y puso a Kat contra él—. Me aseguraré de ello. Una parte de su cerebro le gritaba que la dejara ir. Hacer una separación muy pública con ella. Antes de que Lee Foster decidiera seguir adelante con sus amenazas. Pero una mirada al video mientras lo repetían otra vez le dijo a Sloane que era demasiado tarde. Jodidamente tarde.

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La rabia y la posesión de Sloane estaban claramente estampadas en su rostro. Lo que había hecho ni siquiera había tenido sentido. Lo lógico habría sido instalarla en el asiento del copiloto, entrar en el auto y conducir de vuelta a la seguridad privada de su propiedad. Sloane no había pensado racionalmente. Había reaccionado de puro instinto para llegar a ponerla a salvo en sus brazos. Incluso ahora, en este mismo momento, tenía su brazo cerrado alrededor de sus hombros, necesitando sentirla contra él. Ese hijo de puta no se acercaría a Kat. Sloane iba a asegurarse de ello. Aunque le costara perder a Kat, lo haría. Pero al menos ella estaría a salvo.

Kat se apoyó en la barandilla de la cubierta, mirando como el sol comenzaba a hundirse en el océano. El jacuzzi burbujeaba detrás de ella, mientras que enfrente las olas se elevaban y se estrellaban en la playa. Sloane estaba al teléfono y con su ordenador portátil, y su ayudante también preparando la seguridad para ella. La ironía de que pudiera estar en peligro por alguien de la vida de Sloane era como si la historia se repitiera, excepto por un detalle. Cuando llegó el momento, Sloane le había dicho la verdad. No estaba mintiendo, no se escondía. Eso hizo que se sintiera más segura emocionalmente de lo que había hecho desde aquella noche de hace seis años. —Hey. —Los brazos de Sloane llegaron para rodearla—. Tienes a una pequeña campeona en Kylie. Ella sonrió, inclinando su cabeza contra su pecho. —Soy una mujer afortunada. Voy a preguntarle a Sherry si puedo pedir prestada a Kylie durante unas horas para hacer unas galletas. —Dirá que sí. —Hablando de Sherry. Gracias por encontrarla para ayudar a entrenarme. Cuando la necesite, sin embargo, haré los arreglos y le pagaré.

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—Puedes hacer todos los arreglos que desees, siempre y cuando estés protegida. Pero Sherry me facturará a mí. —Tú no puedes… —Puedo, porque me lo puedo permitir. Tú vas a centrarte en Sugar Dancer y en tus planes de expansión. Luego vamos a repasarlos juntos. —Él apretó sus brazos—. No te pongas rígida ni te ofendas. Parte de ello es pura curiosidad, pero parte es que quiero asegurarme de que estás a salvo. Vas a elevar tu perfil público de manera significativa al hacer esto. Estoy preocupado por lo que quiera que sea que está metido el condenado Dr. Imbécil, y por Foster. Así que esto no es negociable. Kat vio otra ola romper, pensando en lo que decía. —¿No estás tratando de detenerme? —No. —Él rozó su boca sobre su cabello—. Si me dejaras, me gustaría hacer que suceda para ti. Su pecho se inundó de amor y ansiedad. —Entonces no sería mi éxito. —Le gustaba trabajar duro y sentir ese destello cansado de satisfacción. Había nacido creativa, pero estaba aprendiendo a ser una mujer de negocios. Volviéndose más fuerte cada día. En muchos sentidos, estaba empezando a gustarle y a respetar a la mujer en la que se estaba convirtiendo. Kat no quería perder eso. —Lo entiendo. Así que lo único que te pido es que me dejes echar un vistazo a tus planes para garantizar tu seguridad. Protección. Probablemente te ofreceré consejo. Puede que discutamos sobre ello. Pero al final, Sugar Dancer es tuya. Tú tomas las decisiones, siempre y cuando estés fuera de peligro. Todos esos años sus padres habían tratado de protegerla obligándola a ser algo que no era. Eso no es lo que estaba haciendo Sloane. Quería protegerla mientras ella iba tras sus sueños. Le estaba dando tanto, inundándola con exuberantes sentimientos y un sentido de sí misma —Durante años, he vivido envuelta en color gris que solo fue roto por los colores de mi pastelería. Sugar Dancer me trajo esos bonitos destellos de color que me mantuvieron siguiendo adelante. Pero pensé que eso era todo lo más que iba a conseguir. Debido a que estaba dañada. Rota. Ya había nacido como una persona del montón, pero después del ataque, era mucho menos. —Siempre fuiste más. Siempre.

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—Es eso mismo, Sloane, esas pequeñas palabras son los colores brillantes que iluminan mi mundo, que hacen que mi sangre cante y mi corazón sienta tanto que me duele de la mejor manera posible. —Ella se apoyó contra él para tomar valor—. Te dije una vez que no me veía a mí misma enamorándome de ti. Pero estaba equivocada. —Lo dejó ahí. Kat no estaba tratando de asustar a Sloane, solo quería que supiera que le tenía cariño. Su silencio hizo que las olas y el burbujeante jacuzzi parecieran demasiado altos. Demasiado mal augurio. Incluso su punzada de decepción fue más aguda, pero lo aceptó. Tenían lo que tenían, y era suficiente. Más de lo que nunca había tenido. Siempre apreciaría este tiempo con Sloane. —Cuando Sara y yo estábamos creciendo, Olivia pasó por todo eso del amor con cualquier hombre que se cruzaba en su camino. Todo lo demás se detenía. Dejábamos de existir en su mundo. Si tenía un trabajo, terminaba siendo despedida porque nada importaba, solo ese tipo. Kat odiaba a la mujer que nunca había conocido. —Era terriblemente egoísta. —Eso es todo lo que he conocido del amor. Eso es todo lo que vi al crecer. Me dirigía a un infierno de un montón de problemas cuando Drake me encontró. —¿Eso fue antes de que Sara... antes de que sucediera? —Sí. Él me dejó entrenar en su gimnasio, trabajó conmigo en las artes marciales mixtas y me ayudó a encontrar trabajos para pagar las clases. Pero estaba tan concentrado en eso, que no estaba allí cuando Sara me necesitaba. Kat se volvió en sus brazos. Con la puesta del sol detrás de ella, sus ojos estaban ensombrecidos por la culpa sin fin. —Tú no la mataste. —No directamente, no. Pero la abandoné con tanta seguridad como Olivia lo hizo. —Tu madre... —Kat entendía ahora por qué no la llamaba mamá, la mujer no tenía derecho al título—, os abandonó a los dos. Él se encogió de hombros y le sostuvo la cara entre sus manos.

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—Me preocupo por ti más de lo que pensaba que fuera posible. Siento cosas que nunca he sentido. Probablemente amor. Pero esto es lo que sé. Voy a joderlo todo y a perderte. Porque aunque quiero negarlo, soy el hijo de mi madre. —Te equivocas. Tú no abandonas a las personas. Al igual que Drake, que está durmiendo en la habitación de invitados que convertiste en una sala de hospital virtual con todas las comodidades que podía soñar, sabiendo que está rodeado por los que lo aman mientras lucha su última pelea. —Las lágrimas ardían en sus ojos, pero a ella no le importaba. La forma en que Sloane cuidaba de Drake, era real y hacía que le doliera el pecho—. No eres para nada como ella. El pecho y los hombros de él se expandieron mientras arrastraba el aliento. Secándole la única lágrima que cayó, dijo: —Me encanta que creas eso. —Lo sé. —No estaba diciendo que no le rompería el corazón. Quizás Kat era lo que Sloane necesitaba en este momento, pero no para siempre. Más tarde, podría querer a una mujer que fuera menos una pastelera chic y estuviera preparada para la sociedad. Eso no hacía que lo que tenían ahora fuera menos real. —Vamos a centrarnos en lo que tenemos ahora. Una especie de relación de acompañantes y no hacerlo más complicado. Las comisuras de los labios de él se elevaron. —Acompañantes. Eso significa que tengo la oportunidad de ver ese bikini con el que has estado provocándome durante horas. —El dolor en sus ojos se desvaneció. A Kat le gustaba la sensación de su mirada sobre ella. Se estiró hacia atrás y desató las tiras del cuello halter del vestido, luego dejó que se deslizaran por su cuerpo hasta que terminaron amontonadas sobre la cubierta. —Maldita sea, mujer. Su voz salió como un gruñido, su mirada caliente subió y bajó a un ritmo lento. Sus shorts negros no hicieron nada por ocultar su creciente reacción. —Date la vuelta.

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Sintiéndose sexy, ella giró para ver en el horizonte del sol hundiéndose en el océano. Una ilusión, pero una preciosa. Kat apoyó los brazos en la barandilla, empujando su trasero hacia fuera. El cabello le caía sobre los hombros. Estaba posando para él, y el gemido que provenía de Sloane le dijo que estaba funcionando. Cubriendo su espalda con su cuerpo, le apartó el cabello a un lado. —Voy a hacerte el amor aquí. Ahora. Mientras vemos juntos la puesta de sol. Kat se entregó a la poderosa caricia de Sloane. Le quitó la parte inferior de su bikini e introdujo lentamente su polla dentro de ella, tocándola donde nadie más lo había hecho. En ese momento, deseó poder congelar este momento en el tiempo para siempre. Este momento perfecto.

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at estaba almacenando en el enorme refrigerador el pastel que había terminado. El primero que había hecho con un tema de ménage a trois. Definitivamente Kat debería unirse al club de lectura que había pedido el pastel. Hablando de pasárselo bien. Cerró la nevera y se puso a trabajar lavando sus herramientas. —Hola. —Kellen. —Cerró el grifo del agua y tomó una toalla—. ¿Qué estás haciendo aquí? —Estoy aburrido. Quiero empezar mi nuevo trabajo ya. Apoyando su cadera contra el mostrador, echó a un lado la toalla. —Quejica. Sólo te queda poco más de una semana antes de que el médico te dé el alta para trabajar para SLAM. —Tenía que admitir que Kellen lucía bien para haber sido apuñalado hacía unas semanas—. ¿Así que estás aquí para quejarte? —Nop. Ana me llamó. Dijo que no le has dado la imagen final para los trailers. —Mierda. Pretendía hacerlo. —¿La idea de ver las fotos te molesta? —No. —Ya no—. Pero no quiero que Sloane las vea. Y he estado pasando tanto tiempo con él, que lo he estado posponiendo. —Kat sirvió un poco de café y lo llevó a la mesa de trabajo de acero inoxidable. Encaramada en su taburete, apoyó la pierna mala en el peldaño más bajo de la mesa. —¿Crees que Sloane reaccionaría mal a ver las fotos? —Kellen agarró su portátil desde el pequeño escritorio, arrastró un taburete y se sentó.

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—¿Mal? —Puso los ojos en blanco—. ¿Has notado que tengo un nuevo repertorio de guardaespaldas? —Es difícil pasarlo por alto, ya que insisten en revisar el apartamento antes de entrar en el interior. También vi a la chica que está leyendo un libro en la mesa de la parte delantera. —Esa es Whitney, una ex policía tratando de aparentar que es un cliente. —A Kat le gustaba. Ella era muy amable, pero se mantenía fuera de su camino. —Se camufla bastante bien. Me fijé en ella ya que no hay nadie más en la tienda en este momento. La calma de la tarde. Gracias a Dios por eso. —¿Así que Ana de verdad te llamó para chismorrear sobre mí? —La culpa la atosigaba. Ana estaba dejándose el culo trabajando. Kat había accedido a esto y no estaba cumpliendo su palabra. Metió la mano en el bolsillo de su camisa y sacó la unidad flash. —Llamó porque le preocupaba que esté empujándote a hacer algo que no estás dispuesta a hacer. No quería que estuvieras sola cuando vieras las fotos. —Viniste a verlas conmigo. —¿Cuando su vida se había vuelto tan rica con amigos? ¿Tan llena de color? Oh, había sabido que podía contar con Kellen. ¿Pero Ana preocupándose lo suficiente como para llamar a Kellen? Y ahora tenía a Sloane, y él le había presentado a Drake, Sherry, John y sus hijos. En cierto modo, Sloane también la había inspirado a hacer las paces con su hermano. Él le había dado el valor para asumir riesgos y vivir de nuevo. Una nueva alegría dio un tirón a su corazón. —¿Por qué tienes una sonrisa de loca idiota en la cara? Quítatela. Ella se echó a reír. —Gracias, Kel. Él chocó su hombro contra el suyo. —Cuando quieras. —Cargó la unidad flash y luego movió el ordenador hacia ella—. Hagamos esto.

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Ella utilizó el touchpad10 para abrir la primera imagen. Kel se estremeció. —Es duro. Uno de sus ojos estaba cerrado por la hinchazón, su cara era una masa de moretones, y las costras se incrustaban en sus labios. Una oleada de compasión presionaba contra su pecho, al igual que ella sentiría hacia cualquier persona en esa condición. Kat siguió el yeso en su brazo y el aparato ortopédico en su pierna. —La pierna está en tracción, por lo que es de antes de la primera cirugía para estabilizar el hueso. —¿Te acuerdas mucho de ese tiempo? —Parte del tiempo es vago por los medicamentos y la conmoción cerebral. —Principalmente recordaba el dolor y la confusión. —Te dieron una paliza tremenda. —Sus ojos hervían por la ira. —Si esto va a molestarte, ve a tomar un brownie y pasa el rato con Whitney en la parte delantera. Puedo lidiar con esto. —No quería que él reviviera sus recuerdos de una relación abusiva. —Por favor, he estado en una pelea con cuchillos. Soy tan duro como el que más. —Eso sería más impresionante si tú hubieras tenido un cuchillo o, ya sabes, hubieras peleado. —En lugar de eso, había sido atacado por sorpresa... Kat se sacudió ese pensamiento. Kel se estaba recuperando, la vida era buena. Kellen puso su brazo alrededor de ella. —Cállate y haz clic. Después de la primera foto, se hizo más fácil ojear las demás. Una vez que las hubo visto, se frotó los ojos. —No sé si quiero alguna de estas en el video. Lucir como una víctima no inspira confianza. —Estás pasando por alto lo importante. Si muestras una de esas primeras imágenes y luego la contrastas con cómo estás ahora, Touchpad: panel táctil que permite controlar un cursor o facilitar la navegación a través de un menú o de cualquier interfaz gráfica. Generalmente viene integrado en los ordenadores portátiles, para no tener que hacer uso de un ratón. 10

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demostrarás que sobreviviste y triunfaste. Te hará parecer fuerte. Como que pudiste superar la adversidad y los problemas, cosa que todas las empresas quieren. Kat absorbió sus palabras como si tuviera hambre de ellas. —¿Crees que van a verlo de esa manera? Él señalo al portátil. —Vuelve al principio. La primera es bastante potente. Vamos a etiquetar las que crean impacto. Después de etiquetar dos, Kat hizo clic a la siguiente. —Espera. —Retiró la mano del touchpad. Una extraña sensación la desorientó. La imagen fue tomada desde los pies de la cama del hospital. Pero Kat tenía la cabeza vuelta hacia la puerta. ¿Qué había estado mirando? Ahí está. Un hombre estaba de pie en el borde del marco de la imagen. Kat no había prestado atención antes ya que había estado buscando una foto de ella, pero ahora los pelos de la nuca se le erizaron. La bilis le quemaba la garganta. Envolviendo sus brazos alrededor de su estómago, trató de recuperar el control de sí misma. —Ese hombre. —Su voz sonaba muy lejos. Kel se acercó más a la pantalla. —¿Qué pasa con él? No lo reconozco. —No encaja ahí. No debería estar ahí. —El sudor hacía cosquillas por su espalda—. David lo conocía. Yo no. ¿Por qué estaba allí? Kel cerró el portátil y giró su taburete para mirarla. —¿Qué pasa con él? Kat tomó aire y miró alrededor. La cocina de su pastelería era tan familiar y reconfortante como Kellen. En segundos, su pulso se estabilizó y se tranquilizó. Sus pensamientos se aclararon. —Fue antes del supuesto asalto. No estoy segura de cuánto tiempo antes, tal vez una semana más o menos. —Hacía años, su noción del tiempo podía equivocarse—. David trabajaba hasta tarde. Le llevé la cena a Sirix e interrumpí algún tipo de discusión entre David y el tipo de la foto. David perdió el control, arrastrándome hacia fuera y

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sacudiéndome casi con furia. Me dijo que nunca volviera a entrar en su despacho de esa manera otra vez. Kellen asintió. —Estoy contigo hasta el momento. ¿Nunca habías visto este tipo antes de eso? —No. Y David no me dijo su nombre. Sólo dijo que lo conocía de la universidad y que el tipo sólo quería pedirle dinero prestado. —Los recuerdos bailaban fuera de su alcance—. No escuché lo que decían, pero su voz... Consecuencias, Dr. Burke. Kat puso la espalda recta. —¡Oh, Dios mío, su voz! —Agarró el borde de la mesa, al oír esa frase una y otra vez en su cabeza al igual que en sus recuerdos. Era la única cosa clara que recordaba. Kellen le tomó las manos. —¿Qué ocurre con su voz? —Él estaba allí la noche del ataque. Agarró los brazos de David y le dijo: "Consecuencias, Dr. Burke”. —¿Estás segura? Esa voz resonó en su cabeza de nuevo. En todos sus recuerdos, esa voz la había molestado, pero no sabía por qué. Ahora lo sabía. —Completamente. —El alivio fluía a través de años de inseguridad, de no saber si estaba tan dañada y rota como David le hacía pensar. En cuanto a Kellen, le apretó las manos—. No estoy loca. David mintió. —Siempre te creí. Ahora tienes algo concreto. —Kellen frunció el ceño, pensativo—. Pero, ¿cómo saber quién es el tipo? —¿Un vendedor de drogas? —Le había contado a Kellen la posible teoría de Sloane y suya. Kellen abrió el portátil y despertó la pantalla. —Podría ser. —¿Kat? —Whitney asomó la cabeza por la puerta—. Tienes un cliente. No parece ser de ningún medio de comunicación.

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—Gracias. —Todavía sintiéndose aturdida, se puso de pie. —¿Quieres que atienda al cliente por ti? —preguntó Kel. —No, gracias. —Se había pasado suficientes años atrapada por el miedo. Ahora estaba liberándose. Encontrando respuestas—. Mientras lo hago, ¿puedes ojear las otras fotos y ver si ese tipo aparece de nuevo? —¿Qué vas a hacer? ¿Alguna idea? —Hablaré con Marshall. Quizá sepa algo. —Nunca se podía saber con su hermano—. Gracias, Kel. Salió y encontró a la clienta esperando junto a las vitrinas. El pelo negro de la mujer caía en un corte caro alrededor de su cara. Más corto que Kat, llevaba unos pantalones de lino color crema y una camisa de seda. Sus ojos marrones le dieron una sensación de familiaridad. —Hola. ¿Qué puedo hacer por usted? —¿La habría visto en un evento en el que hubiera entregado un pastel? Terminaba por conseguir muchos nuevos negocios de esta manera. Colocando su bolso de mano en el mostrador, la mujer dijo: —¿Eres Kat Thayne? Bueno, tal vez el hombre de la foto la había agitado más de lo que pensaba, porque una inquietud se deslizó por su espalda. No pierdas la calma. Echó un vistazo a Whitney. La guardaespaldas levantó la vista del libro que estaba leyendo, entrecerrando los ojos. Sin reaccionar exageradamente. Volviendo su atención a la mujer, Kat juzgó que tendría alrededor de cincuenta años. Esa sensación molesta de familiaridad se mantenía persistente. Su día parecía haberse subido al tren equivocado. —¿Necesita algo? —Sí. —La mujer se inclinó hacia delante, presionando sus caderas contra el mostrador—. Necesito que te mantengas fuera del camino de mi hijo. Un sonido como de diapasón sonó en la cabeza de Kat y comenzó a propagarse. Sus ojos... Oh sí, ahora ya sabía a quién estaba mirando. Kat caminó alrededor de los mostradores y se enfrentó a la mujer. —¿Quién es su hijo? —Sloane Michaels.

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Whitney se puso de pie. Kat negó con la cabeza hacia la guardaespaldas. Quería saber lo que traía a la madre de Sloane, que vivía en Florida, a su tienda. Frente a la mujer tuvo que cruzarse de brazos para evitar abofetearla por cuestión de principios. —¿Sabe Sloane que estás aquí, Olivia? Ella se estremeció ligeramente. —Sabes mi nombre. —Sloane te mencionó. —Razón por la cual quería golpear a la mujer. Pero, ¿qué estaba haciendo allí? ¿Por qué había venido a ver a Kat? No tenía sentido. La mujer negó con la cabeza. —Si Sloane lo supiera, trataría de impedirme que te contara la verdad sobre él. —Suspiró, dejando caer sus delgados hombros—. Hice lo correcto manteniendo a esos niños, tratando de criarlos sola como madre soltera. Sara era una buena chica, pero Sloane era un ingrato. Lo destruyó todo. —Levantó la barbilla y miró a Kat—. Es hora que él arregle esto. Una vez que la pelea de beneficencia termine, podré vivir en paz. La necesidad de hacer daño a Olivia le subió por el estómago. Kat hundió los dedos en sus brazos. —¿Qué quieres? —¿Y por qué la pelea de beneficencia tenía algo que ver con ello? Olivia alzó las cejas. —Debes de ir tras su dinero. ¿Cuánto hará falta para deshacerse de ti? ¿Eso era lo que quería? ¿A Kat fuera de la vida de Sloane? ¿Por qué? Daba igual, no importaba. —Yo no estoy en venta, a diferencia de ti. —Malicioso sí, pero cierto—. Sloane te paga para guardar silencio, por lo que te sugiero que hagas exactamente eso. Cállate y vete. —Y una mierda que lo haré. Ese chico me arruinó la vida. Me debe esto, y no voy a dejar que una pastelera caza fortunas le impida arreglarlo. Ella había estado dispuesta a hacerle una seña a Whitney y dejarla que sacara a empujones a la mujer por la puerta. Pero una curiosidad

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escalofriante y oscura burbujeó en sus entrañas cuando Olivia repitió por segunda vez que Sloane tenía que arreglarlo. —¿Arreglar qué? ¿Y cómo va a hacer eso exactamente? —Sloane me puso una diana en la espalda por testificar en contra de ese animal que mató a mi bebé. Le dije que no lo hiciera. Ya había hecho suficiente. La policía me miró como si estuviera descuidando a mis hijos cuando yo estaba tratando de darles una vida mejor. La necesidad de hacerle daño tenía a Kat balanceándose sobre los dedos de sus pies. Nunca había sentido este nivel de rabia violenta desollando sus nervios que realmente hacía que se retorciera. Forzando su voz para sonar calmada, dijo: —¿Dejándolos en un hogar de acogida? Ella miró frunciendo la nariz. —Era una madre soltera de dos hijos adolescentes. Sara era tranquila, pero Sloane era un demonio y estaba completamente fuera de control. Era a él al que estaba tratando de salvar buscando una fuerte influencia masculina. —Yo no soy una madre soltera, así que aclárame esto. —Oh mira, su voz se suavizaba mortalmente como lo hacía la de Sloane cuando estaba furioso—. Para conseguir una vida mejor para tus hijos adolescentes, los arrojaste lejos como si fueran basura y metiste en tu casa al hombre. ¿Es eso correcto? Los ojos de Olivia se estrecharon con odio. —Veo que Sloane ha retorcido la verdad de nuevo. ¿Supongo que no te dijo que él no podía ser molestado para que cuidara de su hermana, porque todo lo que a él le importaba era él mismo? Kat había abrazado a Sloane mientras le contaba cómo había encontrado a Sara. Su castigo, la culpa y el dolor habían sido tan reales y vivos, que le habían atravesado el alma. Esta mujer negaba toda responsabilidad, mientras volvía la culpabilidad de Sloane en algo aterrador. Algo que hizo que Kat quisiera correr y esconderse de ello. No quería saberlo. Pero ella ya había estado una vez con un hombre que guardaba secretos. Ese secreto casi la había matado, y la había dejado con una cojera y dolor permanentes.

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Tenía que saberlo. Moviéndose con fría precisión, asegurándose bien de que su pierna no la abandonara ahora, Kat fue directo a la cara de la mujer. —¿Qué se supone que debe hacer Sloane para arreglar esto? Olivia miró a su alrededor en la tienda, vacía a excepción de Whitney. Frente a Kat, bajó la voz. —Matar a Lee Foster. Entonces estaré segura y el mundo sabrá la verdad. No. La palabra golpeó su cerebro una y otra vez hasta que quiso gritar de agonía. —Todos los años, voy a la tumba de Sara para llorarla. Para decirle lo mucho que siento que su hermano la decepcionara. Y para prometerle que él hará las cosas bien. Este año, voy a ser capaz de decirle que lo ha hecho. —Estás loca. No puedes dejar que haga esto. Tienes que detenerlo. Las ventanas de la nariz de la mujer se dilataron. —Me lo debe. Le dijo a los policías que yo los abandoné. A mis propios hijos. Luego declaró, como si fuera el héroe, sin importarle que me pusiera en peligro. Kat luchaba por mantenerse en pie, pero su tienda comenzó a inclinarse y girar. Olivia tomó su bolso. —Él no es capaz de amar. Pero es totalmente capaz de asesinar. Mantente alejada de mi hijo. —Entonces se fue. El estómago de Kat dio un vuelco, y la voz de Sloane explotó en su cabeza. Pero esto es lo que sé. Voy a joderlo todo y a perderte. Porque aunque quiero negarlo, soy el hijo de mi madre. Kat abrió los ojos y no vio nada más que la verdad. Sloane tenía la intención de matar a Lee Foster.

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n la sala de conferencias, Sloane escuchaba el lanzamiento del Vodka SLAM con creciente interés cuando su teléfono vibró sobre la mesa. Un destello de preocupación por Drake golpeó su estómago. Ojeó la pantalla. No era Drake, si no Whitney, una de los guardaespaldas de Kat. Se puso de pie de golpe y salió a zancadas de la habitación, ignorando el asombrado silencio de la sala de juntas. Una vez en el vestíbulo, contestó: —Sloane Michaels. Un frío polar estalló en sus venas mientras escuchaba. La rabia latía en su cabeza. Olivia. Esa jodida zorra. Maldita sea. Había estado tan concentrado en proteger a Kat de Foster, que no había previsto esto. Debió haberse dado cuenta de que una vez que el vídeo de las noticias de él y de Kat saliera a la luz, su madre destruiría la única cosa buena en su vida. Kat. No podía perderla. —Estoy de camino, dile... —Interrumpió sus palabras ante el sonido de un breve forcejeo. —¿Es verdad? —Exigió Kat. Oír su voz lo llevó a un desconocido modo de pánico. —No. No hagas esto. No tiene nada que ver con nosotros, con lo que tenemos. —Ella lo era todo para él. —Respóndeme. Todo este tiempo, mientras me estabas convenciendo para que confiara en ti, para que te amara... —Su voz se quebró.

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Su dolor le abrió el pecho y quemó su corazón como un hierro candente. Nunca quiso hacerle daño, sólo quería amarla. —Todo este tiempo tú tenías este plan secreto que sabías que nos destruiría. —Ella aspiró un agitado y torturado aliento—. ¿Es verdad? Los recuerdos le atacaron, rodando rápidos y furiosos a través de su mente. La primera vez que la vio en esa sala de baile, el primer beso, la forma en que ella confió en él con su cuerpo, y luego con su corazón. Ella le había entregado libremente el regalo incalculable de su amor. Y él lo había jodido. Los había destrozado a ambos. Nunca se la había merecido. Nunca. Pero ella merecía la verdad. —Sí.

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ueridas Lectoras, Muchas gracias por leer POSSESSION, el segundo libro en la historia de Kat y Sloane. ¡Pero no se ha terminado todavía! Esperad por la emocionante conclusión en OBSESSION, cuando Kat y Sloane consiguen su final feliz. Aunque voy a intentar sacar OBSESSION alrededor del 24 de Septiembre, podría haber un retraso debido a mi calendario de escritura. Pero quiero que todas mis adoradas lectoras sepan que estoy trabajando todo lo duro y rápido que puedo para darles a Kat y Sloane el final feliz que verdaderamente se han ganado. – Jennifer Lyon

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Obsession - The Plus-One Chronicles #3 En la explosiva conclusión de la Trilogía The Plus One Chronicles, obscenamente rico, abruptamente guapo y todavía obsesionado con el amor y la venganza, Sloane Michaels debe enfrentarse a una elección imposible: perder a la mujer que ama o traicionar la memoria de su hermana gemela. Viendo como el hombre al que adora se destruye a sí mismo por venganza, Kat Thayne sabe que debería huir y no mirar nunca atrás. Pero huir ya no es su forma de actuar. Kat se ha convertido en una luchadora feroz y el hombre que la ayudó a llegar ahí es el hombre que ahora necesita su fuerza. Pero mientras la crepitante pasión y el vínculo de amor ganado con esfuerzo atan todavía más fuerte a Kat y a Sloane, los viejos secretos y mentiras explotan a su alrededor. El peligro amenaza. Y Kat pronto se da cuenta de que está arriesgando más que su corazón para estar con Sloane... está arriesgando su propia vida.

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La autora de bestseller Jennifer Lyon vive en el sur de California donde continuamente trama maneras de convencer a su marido de que deberían tener un perro. Hasta ahora ha fracasado en su esfuerzo perruno. Se consuela derramando su pasión en escribir libros. Hasta la fecha, Jen ha publicado más de quince libros, incluyendo una divertida y sexy saga de misterio y una variedad de romances contemporáneos bajo el nombre de Jennifer Apodaca, y una oscura y sensual saga paranormal como Jennifer Lyon. Ha ganado premios y tiene sus libros traducidos a múltiples idiomas, pero todavía no ha encontrado la manera de persuadir a su marido de que necesitan un perro. A Jen le encanta contactar con sus fans. Visita su página web en: www.jenniferlyonbooks.com O síguela en: https://www.facebook.com/jenniferlyonbooks.

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The Plus One Chronicles #2