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portada

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Staff MODERADORA DE TRADUCCION y Correccion Isa’s Coldness

TRADUCTORaS

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Isa’s Coldness

Erianthe

Meri

Karen’s

Bliss

Cande34

Jeniquinterom

Lily

CORRECTORaS Kat Cooper

Karen’s

Lily

Izzy Nessa H

LECTURA FINAL Karen’s

DISENO Mich*


indice

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Sinopsis

Página 5

Capítulo 1

Página 6

Capítulo 2

Página 10

Capítulo 3

Página 14

Capítulo 4

Página 18

Capítulo 5

Página 24

Capítulo 6

Página 31

Capítulo 7

Página 37

Capítulo 8

Página 41

Capítulo 9

Página 47

Capítulo 10

Página 52

Capítulo 11

Página 59

Capítulo 12

Página 64

Capítulo 13

Página 66

The Assassin (Men Who Thrill #2)

Página 70


sinopsis Hace tiempo acepté mi lugar en la sombra. Mi único propósito es hacer orden en el caos del mundo criminal, asegurar que aquellos que rompen las reglas paguen por su infracción con su dinero o con su sangre. No hay un lugar para mí en el mundo “real”. Y aun así… Cuando la miro, su amable sonrisa, su hermosa piel marrón, y las suaves, señaladas curvas de su cuerpo, no puedo más que soñar… Es estúpido; es demasiado inocente, demasiado amable para un monstruo como yo, así que me he conformado con mirarla desde lejos. Y entonces un día me habló, y supe que mi vida -y la suya- nunca sería lo mismo.

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Uno Traducido por Meri & Isa’s Coldness Corregido por Lily

—¡

P

or favor! ¡No lo hagas!

La súplica del hombre cayó en el vacío. Había sido enviado a hacer un trabajo, uno que iba a completar, no importaba lo mucho que me rogara. Miré hacia abajo a él y se apartó, retrocedió aún más cuando di un paso más cerca, sus gritos cada vez más fuertes y de nuevo acompañados por sus desvergonzados ruegos. —¡Por favor! ¡Lo tengo! Metió la mano en el bolsillo y sacó un fajo de billetes, levantándolos hacia mí como si fueran a hacer alguna diferencia.

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No lo harían. El tiempo en el cual el dinero podría haberle ayudado hace mucho que había pasado, pero aun así pagaría, sólo que ahora con su sangre. No me molesté desperdiciar mis palabras explicándole ese hecho. No me habría escuchado de todos modos; su tipo de hombre nunca lo hacía. —¡Te pagaré! ¡El doble! ¡El triple! —exclamó, arrojando los billetes hacia mí. Si todavía hubiera tenido la capacidad, me habría ofendido. La gente como él pensaba que todo el mundo podría ser comprado con tanta facilidad como ellos. En la mayoría de los casos, probablemente era cierto, pero el poco orgullo que me permitía, se basaba únicamente en el hecho de que no estaba en venta. Tal vez una persona como yo, un delincuente, un criminal, no tenía derecho para juzgar, pero lo hice de todos modos. Me consideraba un profesional. Tenía pocos códigos, pero los que tenía, los respetaba con un fervor casi religioso. Por supuesto, tuve que reconocer la ironía del hecho de que estaría sin un trabajo si otras personas tomaran sus palabras tan seriamente como hacía con la mía. Cuando vio que su dinero no tenía valor, tomó un enfoque diferente. Pude ver el cálculo tras sus ojos, la forma frenética de agarrar cualquier camino para salir de eso. Solté una pequeña carcajada. Parecía una minúscula comadreja luchando, a pesar de que claramente no era muy brillante, sino no habría terminado en esta desafortunada situación.


» He visto tu cara. Iré a la policía —dijo, con la voz llena de bravatas sonando hueca, tan falsa y barata como el llamativo anillo de su meñique. Eso era una mierda de principio a fin. El ir a la policía significaría preguntas, preguntas que, sin duda llevarían al sospechoso incendio que había destruido un almacén que él poseía el mes pasado, y preguntas sobre qué le había sucedido a su generoso pago del seguro. Y este hombre, que era un pequeño cerdo llorón, no sería capaz de llegar a una historia creíble, ni aunque su vida dependiera de ello. Y estaba el pequeño hecho de que, si se encontraba con el policía equivocado, se encontraría deseando estar conmigo en su lugar. —No, no lo harás —dije, desmontando su farol después de varios largos y tensos-para-él, momentos pasados. Y al oír el sonido de mi voz, se quedó inmóvil y, afortunadamente, tranquilo, comprensión naciendo en sus ojos. Esa comprensión se convirtió en miedo mientras me erguía sobre él, y luego en terror absoluto mientras cerraba el puño y lo balanceaba sobre él. El ruido sordo de mi puño contra su abdomen me hizo saber que había golpeado el lugar correcto. Estaba dolido, eso estaba claro, pero no lo había herido aún, al menos no tan mal, y no lo suficiente para perder el conocimiento antes de infligirle el castigo que se había ganado.

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Se dobló y se agarró el estómago, dejando el camino libre a su riñón, uno que tomé con mucho gusto, la entrega de dos golpes de fuego rápidos lo dejaron lamentándose de dolor. Me había acostumbrado hace tiempo al sonido de los gritos; me llegaron como la música de fondo en el supermercado, eran casi como otra frecuencia de sonido que rara vez había oído, y mucho menos, prestado atención. Pero que sus gritos no tuvieran efecto, no los detenía. Lloró hasta que su voz se volvió ronca. Yo grité también, golpeando mis puños en su abdomen, brazos y rostro hasta que mis manos estaban entumecidas y mi corazón se había acelerado a causa del esfuerzo. Cuando me detuve, dejó escapar un gemido y luego se desplomó inconsciente sobre el suelo sucio. Otra noche de trabajo se había completado. *** Lo dejé ahí, si era suertudo alguien pasaría y llamaría a una ambulancia, pero si eso pasaba o no, no era de mi problema; y regresé por la esquina, rápidamente poniendo unas cuantas cuadras de distancia entre nosotros, antes de que bajara la velocidad y encontrara un aislado lugar en una esquina. Una vez ahí, busque en mis bolsillos por dos herramientas esénciales de mi particular comercio: desinfectante y toallitas para bebé. Con unos pocos restregones, mis manos quedaron limpias, después de eso, llené mi mano con una generosa porción de desinfectante, amando ese olor familiar a alcohol mientras se secaba contra mi piel. A unos cuantos de mis asociados —no tenía amigos— les parecía extraño que siempre llevara los dos, pensaban que era en secreto un germofóbico o algo. Ese no era el caso;


mis nudillos estaban muy callosos, y en este punto, me encantaría usar un cuchillo para partir esa áspera piel, por lo que la enfermedad no era una preocupación, aunque nunca haya querido explicárselos. Y el hecho era, que las toallitas de bebé eran un regalo para los criminales. Una vez, hace años, cuando acababa de entrar al trabajo, hice algo de trabajo sangriento y para el momento que terminé, mis manos y muñecas estaban llenas de sangre. Así que ahí estaba, viéndome como si acabara de matar a alguien, lo cual hice, y sin ninguna forma de limpiarme. Las manzanas hasta una casa segura fueron las más largas de mi vida; estaba preocupado de que en cualquier momento un policía, un rival o un ciudadano me tiraría. Llegué, pero no fui cogido así de nuevo, cuento la experiencia como una buena clase. Ninguno de mis compañeros pensó lo suficiente para imaginarse qué pasaría si eran pillados llenos de sangre, eso explicaba por qué todos estaban en la cárcel o temprano en la tumba. Yo iría también; no había un retiro en el final de mi carrera, pero estaba jodidamente seguro de que no lo haría fácil. El desinfectante, eso era por otra preocupación. Tenía un propósito y era usable, pero era más un capricho personal. Usarlo era mi único ritual, equivalía a la hora de salida, y mientras lo restregaba en mis manos, dejaba mi mente en blanco, apretando las riendas del ejecutor y dejaba al otro yo, lo poco que quedaba de él, salir.

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Y entonces, para el momento en que el desinfectante estaba seco, tenía mi cara humana puesta y entraba en el mundo. Una última parada, y entonces podría satisfacer el único placer que tenía en la vida. *** Entré en el club, la fiesta en pleno apogeo, los gritos y la risa de los juerguistas haciendo a las paredes palpitar, me dirigí hacia atrás para ver al jefe, saludando a algunos mientras pasaba. —¿Salió bien? —dijo cuando finalmente lo alcancé. —Bien —respondí. Mi jefe asintió; la pregunta era más una formalidad. Yo siempre hacía bien mi trabajo. —Bien. ¿Crees que pagará? —preguntó. —Si sobrevive, lo hará. —No sé cómo ellos no se han dado cuenta de que esto sería mucho más fácil si pagaran y no te molestaran —digo. —Pero los haces ver que están equivocados —respondió, una sombría expresión en su cara.


Casi nadie lo reconocería como una sonrisa, pero era lo más cerca que llegaría a una. Excepto cuando ella estaba cerca. Incluso entonces se retenía, muy preocupado por su seguridad, siendo yo uno de los pocos socios que tenía permitido estar cerca de ella en raras ocasiones. Pero, aun así, precaución a un lado, he visto un cambio en él. No se ha suavizado; eso era imposible, para él y para mí, pero era diferente ahora. Quizás un poco más calmado. Más como un hombre con algo que perder, un hombre con algo por lo que vale la pena pelear. Lo envidiaba. Nunca había considerado cuan vacía era mi vida, pero observándolo, viendo la manera en que era con ella, me mostraba todo lo que no tenía. —¿Has pensado en lo que te pregunté? —dijo, interrumpiendo mis pensamientos. —No lo necesito. No es para mí. Asintió y dejó ir el tema. Probablemente me conocía lo bastante bien como para saber que no cambiaría de opinión, y esa habilidad de saber qué peleas elegir y cuando, le servían bien, era una razón más por la que había mantenido su posición por tanto tiempo. Hizo la oferta antes, y la rechacé casi al instante. No fui creado para dirigir, y no tenía interés en operaciones día-a-día. Incluso ahora, era un poco riesgoso rechazarlo. La oferta revelaba cuán importante me consideraba, podría estar ofendido porque lo rechacé tan rápido como pude. No tenía otra opción. Me conocía, sabía cuáles eran mis limitaciones. Yo era un ejecutador, nada más.

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—Si cambias de opinión… —dijo Sacudí su mano y dije adiós.


Dos Traducido por Bliss Corregido por Karen’s

C

aminé las manzanas que separaban al club de mi destino, un aleteo de lo que casi podría

haber sido llamado excitación bullendo en mi sangre. Esa sensación se intensificaba mientras me acercaba más y más, y permití que la extraña sensación se hiciera cargo. Estaba desacostumbrado a ello, desacostumbrado a sentir algo, en realidad, por lo que la sensación aun así era rara. Pero me gustaba, había venido para tenerlo de hecho.

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Entré en el muy pequeño restaurante cerca de media hora antes de que cerrara y me instalé en mi lugar usual, la misma caseta en la izquierda, el único asiento que me daba vista completa del lugar entero, incluyendo a las puertas delanteras y traseras y a los servicios. Tanto como me gustaba estar aquí, sintiéndome transportado, los viejos hábitos siendo lo que eran, todavía necesitaba estar completamente consciente de mis alrededores en todo el tiempo; mi vida dependía de ello. La única naturaleza de este jueguito nunca fallaba para divertirme. Otros tipos iban a clubes, follaban a amas de casa aburridas quienes estaban buscando excitación, pero durante mi descanso, iba a un restaurante, uno que, de no ser por la tarta, ni siquiera comería allí. No era la manera más popular para perder el tiempo, pero no había nada más que prefiriera hacer. En el segundo después de que me senté, ella puso una taza de café humeante en frente de mí, giró y se dirigió de regreso al mostrador, donde levantó un domo de vidrio y con destreza sirvió un pedazo de tarta, lo llevó a la mesa y se fue, todo sin decir una palabra. Sorbí el café fuerte y luego le di un mordisco a la tarta —hoy de manzana—, emitiendo un aire casual de desinterés. Aunque nada podría estar más lejos de la verdad. La miré mientras se movía alrededor del restaurante, charlando amablemente con los otros pocos clientes, ordenando el bar, preparada para cerrar el lugar. Ella era unos treinta centímetros más pequeña que mis 1.95, su lisa y suave piel de un profundo y rico marrón que me hacías señas para que la tocara; al igual que su cuerpo, la redondeada cuesta de sus suaves pero fuertes hombros contenidos en una simple camisa de botones blanca —el cual aún estaba impecablemente limpio a pesar de ser el final del día— conduciendo a pechos llenos, una abundante pero angosta cintura, todo encima de caderas robustas y muslos


que se tensaban contra los confines de sus pantalones azul marino. Su forma femenina era atractiva, pero cuando se volteó y le sonrió a uno de sus clientes, ella se convirtió en una diosa a mis ojos. Un descarado y descontrolado calor floreció por esa sonrisa y tomó lo que pudieron haber sido características comunes a un plano completamente diferente, uno que la hacía casi irresistible. Nunca entablé una conversación con ella, no me atrevía a arriesgarlo, pero aquellos pequeños vistazos de ella eran alimento para mi alma, brasas de luz en la oscuridad, luz que me encontré buscando más y más. Había pasado por este lugar cientos de veces, un millón, con los años, pero pude recordar la noche que había pasado caminando y atrapé un breve vistazo de ella. Había sido golpeado por ello, y por ella, quedando sin más opción que entrar, la necesidad de ver más de esa sonrisa predominando sobre el sentido común. —Hola, señor. Soy April. ¿Qué puedo hacer para usted? —había dicho ella. April. Un nombre perfecto para ella. La había mirado de cerca, asimilando la profesional y amigable expresión en su rostro, y apresuradamente ordené la primera cosa que había venido a mi mente, café y un pedazo de tarta. Podrían haber sido sobras, y yo la había tomado, diciéndole que el tipo no importaba.

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Y yo había hecho la misma cosa una y otra vez, siempre ordenando tarta y café, y yéndome justo antes de que ella cerrara. Ella nunca había tratado hablar conmigo, pero no parecía particularmente interesada o molesta por mí, o mucho como si no me notara en lo absoluto. Supuse que había encontrado su parte equitativa de excentricidades en este vecindario y, a decir verdad, estaba agradecido. Las sombras eran mi hogar, y me las había arreglado en hacer esto por un largo tiempo sin llamar la atención, mezclándome tan bien como podía dado mi peso y constitución. Y si me hubiera prestado atención especial, dado algún indicio de que pensaba en mi como nada más que un cliente peculiar, habría tenido que terminar estos viajes, algo que no quería hacer en lo absoluto. Los meses siguientes, a partir de esa primera noche, me había encontrado aquí más y más frecuentemente, y había embazado a quedarme por más tiempo. Esta noche no era diferente. Me había entretenido más de lo debido. Lo suficiente para ser el último cliente que quedaba, el tiempo suficiente para preguntarme si ella estaba incómoda. Pero no dio ningún signo externo de que algo estaba mal, mantuvo ese mismo comportamiento agradable y bienvenido, uno del que estaba convencido que usaba para esconder a su persona real, la persona de la cual atrapaba débiles indicios en cada visita, la persona que me atraía cada vez más, sin siquiera intentarlo. —¿Más café? —preguntó cuándo se acercó.


Negué. Sus labios se curvaron en una sonrisa ligera, asintió y luego dijo: ―Está bien. Voy a ordenar un poco, pero por favor quédate tanto como desees. ¿Te importa si bloqueo la puerta? Mientras hablaba en aquella voz con tonos de whiskey, se dirigió hacia la puerta. La profundidad de mi deseo de quedarme sacudió mi centro, y fue ese deseo que finalmente me hizo pararme. Si me quedaba, le daría más razones para que me notase, algo que no era inteligente. Y yo siempre me orgullecía de mis habilidades. Así que resistí. ―Me voy, pero ten una linda noche —dije, mientras caminaba hacia la puerta. ―Tú también —respondió. Di un paso afuera y esperé hasta que bloqueó la puerta antes de rodear el edificio. Esto era estúpido y necesitaba detenerme. Yo no pertenecía aquí, allí, no encajaba con ella. Y mientras más lo pretendiera, más dolería cuando no pudiera regresar. No tenía sentido de todas formas. Ella era amable, nada más. Pero tenía ansias de su presencia. ***

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Deambulé por un largo tiempo, tratando de aclarar mi cabeza, pero era tarde, y solo le peor de lo peor, aquellos como yo, estaban fuera en la calle. Solo problemas iban a ser encontrados, y ya tenía suficiente de ello, así que fui al lugar donde actualmente estaba durmiendo. Siempre me mudaba, nunca permanecía en ningún lugar demasiado tiempo, algo que nunca me molestó. Tenía el dinero para tener un lugar más permanente, pero nunca lo hacía. Instalarme, echar raíces era solo otro sueño dorado, otra faceta de la vida que era para otros y no para mí, un hecho que no lamentaba tanto como lo aceptaba. Aun así, aunque jamás dormí en un lugar por demasiado tiempo, disfrutaba de inevitables comodidades, un agradable colchón y baños limpios junto a ellos. Mi residencia actualmente presentaba ambos, pero no mucho más. Una vez que entré, me quité la ropa mientras caminaba hacia el baño y luego di un paso en la ducha y encendí el agua al máximo. Dejé que el agua caliente diluviara sobre mí, dejando caer mi cabeza bajo el rocío mientras movía mi mano a mi polla, la cual estaba dura y firme como siempre lo hacía después de salir del restaurante. Nunca había tenido problemas en atraer compañía femenina, y tenía algún número de compañeras dispuestas que habrían estado felices de ocuparse de mí. Y en el pasado, habría estado más que feliz en permitírselo. Pero ya no. Solo April, a quien nunca podría tener, lo haría, así que quedé reducido a esto, imaginando que era su mano, con sus ligeros dedos marrones que me habían fascinado desde la primera vez,


envolviéndose alrededor de mi polla en lugar de la mía. Su suave palma frotando mi asta en lugar de mi callosa mano. Dejé que mis ojos se cerraran y liberé mi mente, imaginándola en la espaciosa ducha conmigo, sus redondas curvas desnudas para mí, los pechos levantándose y cayendo con sus respiraciones, tan llenos y pesados que incluso llenarían mis grandes manos a rebosar. Tiré más duro de mi polla, atragantando un gemido mientras tracé mis manos por los costados de mi imaginaria April, poniéndolas en el fulgor de sus amplias caderas, lo suficientemente fuertes para resistir un constante aporreo y lo suficientemente suaves para acunarme mientras embestía sin prisa dentro de ella. Luego, en mi mente, ella se apartó, y solté un gemido mientras se arrodillaba ante mí, sus piernas dobladas de una manera que hacía que sus abundantes muslos se apretaran. Acaricié un dedo a lo largo de mi raja, pretendiendo que era su lengua, que los dedos que envolvía en mi asta eran sus labios. Toqué y acaricié hasta que el tirón delator en mi garganta se intensificó al punto de quiebre. Escuché un sonido débil en mi oreja, y cuando me di cuenta de que era el recuerdo de la risa ronca de April, me dejé ir, disparando mi semen profundo en la imaginaria boca acogedora de April. Mientras la marea cedía, me aflojé contra la pared de la ducha, mi respiración pesada con los restos de mi clímax, y mi corazón punzando con su ausencia.

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Después de unos largos minutos, apagué el agua, me sequé, y descansé en mi cama, mi orgasmo habiendo retrocedido la necesidad un poco, sin embargo, mi deseo no estaba de ninguna manera saciado. Como tan a menudo hacía en la oscuridad de la tardía noche, dejé que los pensamientos que nunca permitía en el día, vagaran libres; imaginé cómo sería tener a April aquí a mi lado, su cálido y suave cuerpo me hacía señas para que la tocara, la fría austeridad de mis alrededores siendo aliviada por su mera presencia. Imaginé cómo sería ser un hombre normal con una mujer normal con un hogar normal. Hogar. La palabra me despertó en seco y extinguió la fantasía. Yo no tenía un hogar, nunca lo tuve. Y nunca lo tendría. Pero ese hecho no facilitó mi deseo de ello, o por ella, ni me detuvo de pensar en ella mientras vagaba en el sueño, su sonrisa suave bailando detrás de mis párpados.


Tres Traducido por Bliss Corregido por Kat Cooper

Q

—¿

ué? —respondí cuando contesté el teléfono.

—Encuéntrame en veinte minutos —pronunció la voz del otro lado y luego la línea murió. Fruncí el ceño y luego me paré, vistiéndome rápidamente para el encuentro. Shaughnessy amaba esta pequeña rutina de intriga y misterio, tenía que mantenerlo feliz y por muy molesto que fuera, lo acepté. Hace mucho tiempo había tratado de averiguar cómo un hombre tan estúpido como él, había llegado a ser asistente del jefe de policía y recordé que era un recurso útil, sin importar el dolor en el trasero que era. Cuando llegué al parque, me senté en el mismo banco en el que siempre lo hacía y pretendí estar sorprendido cuando Shaughnessy emergió de las sombras.

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—No era mi intención asustarte, grandote —dijo, con una empalagosa sonrisa de suficiencia cubriendo su cara mientras se sentaba a mi lado. Tomo un poco de voluntad no darle un puñetazo por el uso del tonto apodo con el que insistía en llamarme e incluso uno más fuerte para no reírme en frente de su cara de comadreja. Lo había visto a él y los tres guardaespaldas que trajo, antes de que hubiese entrado al parque, igual si no lo hacía, sus pasos torpes lo habrían delatado. Pero no le dije nada. —¿Lo tienes? —preguntó. —¿No lo tengo siempre? —respondí. —Eso haces —dijo, extendiendo una mano. Le pasé la maleta y mientras se cernía sobre ella, extendió sus labios en una sonrisa ansiosa, sus dientes frontales demasiado blancos brillando contra su piel bronceada por espray. A pesar de su insistencia en el sigilo, cosa en la que él no era muy bueno. Mi jefe no habría sido capturado o muerto dentro de las veinte millas donde se hace este intercambio, pero Shaughnessy siempre recogía el dinero personalmente. Tal vez no confiaba en sus chicos para entregarlo o tal vez pensaba que tenía una explicación realmente convincente por recibir una maleta con dinero de un criminal conocido en la oscuridad la noche.


Totalmente lo dudé, pero otra vez, no era mi asunto. Shaughnessy manejaba la mayor parte de la protección de los negocios, lo cual habría sido divertido si no fuera tan trágico, sobre todo manteniendo a los vagabundos y delincuentes callejeros bajo control, mientras el jefe manejaba los aspectos más complejos del negocio. El acuerdo mantenía las calles limpias, al menos en la superficie, lo cual ayudaba a Shaughnessy mantener sus estadísticas de baja criminalidad y a cambio el jefe se aseguraba que los negocios corrieran mayormente fuera de la vista del público. Shaughnessy era una basura y un idiota, pero hizo posible para que yo actuara con relativa impunidad —aunque el costo era alto en dólares y la maldita molestia de hacer tratos con él— por lo que era un mal necesario, uno que yo toleraba, apenas. —¿Algún problema del que debería estar consciente? —preguntó. Negué. —¿Entonces es todo? —dijo. —Es todo —respondí, mi voz plana, sin que recibiera el mensaje. Preguntaba eso todo el tiempo y siempre parecía decepcionado por mi respuesta. —Apreciamos hacer negocios contigo como siempre. Permanece fuera de los problemas, grandote —dijo. No respondí.

15

Esperó un momento, parecía esperar algo más, pero después de unos segundos, se levantó y se fue. *** —Tenemos un problema. Había regresado por segunda vez esta semana, más de lo que me había atrevido antes. Volteé mi cara hacia ella, la sana y bienvenida sonrisa haciendo que mi corazón se acelerara. Asentí un poco, indicando que debería seguir y sonrió aún más, algo que no debería haber sido posible. —Siempre te doy el último pedazo —dijo—. Dijiste que no importaba de qué clase, solo tarta y café, ¿cierto? Asentí. La tarta no importaba; el ritual era lo importante, estar con gente normal, estar con ella. —Bueno, no puedo creer que esto nunca ha pasado antes, pero tenemos dos pedazos de sobra y por mi vida no puedo decidir cuál darte. Melocotón o arándano. No puedo decir cuál es perfecto, lo que es raro. Usualmente soy buena en ese tipo de cosas, puedo adivinar el gusto de alguien después de dos segundos. Pero no a ti. ―Se rió, un sonido ligero y musical, luego apartó la mirada.


—¿Entonces cuál será? —dijo. —Elije tu favorito y dame el otro. Pero quiero que te sientes conmigo. Sus ojos se ampliaron por mi petición, no tenía idea qué me había forzado para hacer esa sugerencia. Mientras el momento pasaba, casi cambié de idea y traté de hacer que las palabras salieran, pero cuando miró a la puerta y luego a su reloj, antes de ir a girar la cerradura y apagar el signo de abierto, estuve contento de contener mi lengua. —Cerramos en diez minutos —dijo mientras caminaba hacia mí con dos platos—. No lastimará a nadie. Deslizó la rebanada de arándanos a lo largo de la mesa. —Gracias. Comimos en silencio por unos momentos y luego hablé sin pensar. —Sabía que sería el de melocotón. —Levantó su ceja. —Fue una decisión fácil. Soy más indecisa con mi gusto, como estas caderas pueden decirte — dijo, haciendo señas hacia abajo. —Me gustan tus caderas —dije.

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Pareció impactada pero luego sonrió de vuelta. Sin embargo, aparté la mirada, no puedo creer lo que acabo de decir. No pienso en mí como un hombre estúpido, pero este intercambio de dos oraciones con April me había dejado como un idiota hablador. Un idiota con una fuerte erección. Siempre tuve esta reacción hacia ella, pero esta noche mi polla estaba tan dura que tenía serios problemas en permanecer sentado, pero no estaba dispuesto a pararme, la tienda de campaña en mis pantalones la podía hacer huir y gritar. —Pues sí, me quedé a cargo después de se retiró, he estado manteniendo el lugar desde entonces. —Se fue apagando y me tomó unos momentos procesar lo que había dicho. Algo sobre el dueño anterior, hacerse cargo por él después de haber trabajado aquí por lo que pareció como por siempre. La verdad, había estado demasiado distraído para prestar atención, mi mente demasiada ocupada con imaginar sus labios suaves y llenos envolviéndose alrededor de mi polla en lugar del tenedor que ella sostenía. Debí haber hecho un sonido, porque se sentó un poquito más derecha. Sonreí, o al menos le di lo que esperaba era la mejor impresión de una. No era algo que recurría hacer mucho y estaba muy fuera de práctica. Sin embargo, debía haber funcionado, porque me devolvió la expresión. —¿Entonces, eres de por aquí? —preguntó. —No. Pero viví aquí por un largo tiempo —dije.


El silencio cayó y tomé algunos pedazos de mi tarta, aunque realmente no lo probaba. Estaba demasiado distraído por ella, su aroma naturalmente dulce y sin ningún perfume empalagoso llenando mis sentidos, la manera que las luces bajas del restaurante reflejaban su hermosa piel marrón, la manera que sus ojos marrones brillaban. —No hablas mucho —dijo. Me encogí de hombros. ¿Qué podría decir? ¿No, no lo hago porque no hay mucho tiempo para hacer conversación cuando eres un sicario para la mafia? O mejor aún, ¿No, no lo hago porque estoy demasiado ocupado pensando en follarte hasta que grites tan fuerte y que tu voz se vuelva ronca, hasta que no puedas moverte, llenándote con mi semen y luego hacerlo otra vez? Nada parecía como una buena opción, por lo que permanecí en silencio. —Supongo que más personas deberían ser así. Como yo, por ejemplo. Lo siento por monopolizar tu tiempo. Espero que mi parloteo no te haya espantado —dijo cuándo se levantó—. Buenas noches. Aun así, permanecí quieto y en silencio, después de un latido o dos, se dio la vuelta, caminó por el comedor y desbloqueó la puerta. La seguí y saltó cuando se dio la vuelta, claramente sorprendida de que estuviera demasiado cerca. Algo brilló en su mirada, y por primera vez por el tiempo que pude recordar, no vi miedo en los ojos de otra persona cuando me miraban.

17

Pero esa pequeña chispa de deseo se fue en un destello y abrió la puerta, el débil roce de su mano contra mi brazo envió un hormigueo que fue directamente a mi polla. —Buenas noches —dije. Y luego me fui.


Cuatro Traducido por Jeniquinterom Corregido por Izzy

U

nos días después, mis pies me arrastraron de nuevo hacia el restaurante, y no hice ningún

intento de pretender que no quería seguirlos. No había regresado desde que compartimos una tarta y una incómoda conversación, aunque los pensamientos de ella nunca divagaron lejos de mi mente. Y esa fue la razón por la que me mantuve alejado. No había espacio para ella en mi vida, no había espacio para nadie, ni siquiera para esas partes de mí que anhelaban a April; sólo había espacio para el sicario, mi centro así disfrutaba mi trabajo. Lo amaba, tan vergonzoso e inmoral como era, lo amaba lo suficiente para sacrificar todo y a todos por ello. El sacrificio valía la pena: había sabido eso, lo creí con todo mí ser por más años de los que me importaba contar.

18

Pero ella, ella me hacía pensar, imaginar, me hacía querer pretender, y eso era más peligroso que cualquier enemigo. Aun así, fui hacia ella, implacablemente atraído. Tendría mi tarta y mi café, usaría mi cara y mi complexión intimidante para desalentar la conversación, pero usaría esos breves momentos con ella. Y serían suficientes. Tenían que serlo. Satisfecho con mi pequeño compromiso, aumenté mi paso, ansioso por cada momento que pudiera robar, y cuando vi el restaurante, brillantemente iluminado un pequeño pedazo del cielo que nunca habría puesto en la tierra, mi corazón estaba acelerado con anticipación. Continuó acelerando cuando entré y ella levantó la mirada hacia mí, sus labios curvándose con una ligera sonrisa, pero un destello de lo que parecía como emoción brilló en sus ojos antes de que ella lo extinguiera. Pero sin embargo, lo había visto, y aunque yo no le devolví la sonrisa o la mirada de emoción, sentí alivio y algo como felicidad mientras caminaba hacia mi cabina. Ella entregó el café y la tarta rápidamente y se fue. No hubo ningún cambio en su comportamiento, pero su mirada se quedó en mí por medio segundo más de lo que alguna vez lo había hecho antes, y esa simple mirada encendió un infierno en mi cuerpo.


Me senté y disfruté mi tarta y mi café y disfruté verla, el extraño zumbido de satisfacción que me rasgaba dejándome excitado. Pero cuando la puerta se abrió y dos hombres jóvenes caminaron dentro, la excitación flaqueó y la cautela se instaló. Yo estaba en alerta completa, mi corazón ahora acelerado con una excitación de otro tipo. Ellos eran problemas; podía verlo tan claro como podía ver sus caras. Rogué que por su bien solo estuvieran aquí por comida, pero si no lo estaban, estaba listo. No me moví, pero era consciente de lo que estaba pasando alrededor de mí, podía escuchar la tonta conversación y vi la manera en que April se tensó. Ella podía sentir los problemas también, pero para su crédito, no pareció estar en pánico. Arreglando esa sonrisa profesional en su cara, ella caminó hacia la mesa donde los dos hombres se sentaron. —Hola. ¿Qué van a querer comer? —preguntó ella. Sus palabras amables, pero pude escuchar la tensión subyacente en su voz. Esto no era bueno. —Sí. —dijo el que había nombrado como el cabecilla—. ¿Qué tal todo en la caja registradora?

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Cuando terminó, extendió su mano hacia April, la larga arma que sostenía tambaleándose un poco. April contuvo un suave chillido y entonces comenzó a retroceder, sus manos extendidas hacia el frente. Mientras ella se movía, yo también lo hice, deslizándome fuera de la cabina y haciendo mi camino hacia los otros con un paso metódico que de ninguna forma reflejaba la tensión en mi barriga y el tornillo que parecía estar apretando mis pulmones. Esta cuadra, los negocios en ella, creía que incluía al de April, pagaban un considerable precio para evitar justo este escenario. Era sabido que aquellos quienes pagaban estaban fuera de los límites: había entregado ese mensaje personalmente en varias ocasiones, así que, si estos dos estaban desesperados o eran lo suficientemente estúpidos para arriesgarse a mí ira y la de mi jefe, no teniendo reparo en lastimar a April, tomaría sus vidas. Y el hecho de que no se habían molestado en cubrir sus caras solo confirmó lo que intentaban. Estaban protegidos o planeaban matarla. Ninguna de las circunstancias era buena, pero por lo menos podía manejar una de ellas. Ese pensamiento retorció lo último de aire de mis pulmones y me ayudó a impulsarme los últimos pasos. Alguien podría morir esta noche, pero no sería ella. Ambos se habían levantado, y cuando finalmente me notaron, se giraron lejos de April y se centraron en mí. No reconocí ninguna de sus caras, y ellos no parecieron reconocerme tampoco. Los había ubicado a finales de su adolescencia o los tempranos veintes, y yo era más grande que ambos combinados. Aun así, mi tamaño no pareció asustarlos, especialmente al cabecilla, quien estaba de pie más cerca de mí. Él apuntó el revólver hacia mi cara.


Malditos aficionados. El revólver era un arma grande, usaba una munición de calibre 0.44, probablemente rompería su brazo si jalaba el gatillo, y no podría haber sido más inadecuado para un robo a mano armada. Era una obra de arte, no algo que un profesional usaría. Pero el idiota apuntándola hacia mí no sabía eso, y estaba perdiendo los papeles porque yo no estaba siquiera, marginalmente preocupado por su ridícula arma. No lo estaba; incluso desde esta corta distancia, el cabrón probablemente fallaría, especialmente, dada la manera en que su mano estaba seriamente temblando ahora. Mantuve mi mirada en él después de mirar hacia su compañero, y lancé una breve mirada hacia April. El milisegundo en que la vi, reveló su terror, pero se mantuvo. Sus ojos estaban abiertos ampliamente con miedo, pero no estaba gritando y no hizo ningún movimiento repentino. Si se quedaba de pie quieta, resolvería esto rápidamente. —¡Joder retrocede, hombre! Esto no te concierne —dijo el cabecilla. Caminé más cerca, moviéndome lenta pero establemente hacia él. Él aferró el arma. —A menos que quieras que te concierna. Porque puedo hacerlo. Quería reír en su cara; él sonaba patético, no amenazante. April estaba preocupada, pero este tipo era un farsante, nada más. Podría ser triste para quien lo amara, que perdiera su vida por un intento tan tonto, pero lo haría si no sacaba esa arma de mi cara. Le dije—: Me estoy sintiendo generoso, así que voy a dejar que te vayas.

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—Hombre… —dijo su compañero. —¡Cállense la puta boca! Ambos —respondió el otro, agitando el arma. —Necesitas dejar de agitar eso —dije tranquilamente—. Podrías lastimarte tú mismo. —O podría herirte, ¡hijo de puta! —dijo él, intentando sonar duro, pero sonando como un chico asustado y tímido. Arranqué el arma de su mano y la apunté hacia él. Él miró fijamente su extremidad ahora vacía con incredulidad, y su compañero comenzó a enloquecer. El atracador miró de mí hacia su arma —la cual sostuve casualmente en mi palma apuntando a un punto muerto en el centro de su frente— como si no pudiera creer lo que sus ojos le decían. Por un momento, deseé que April no estuviera aquí, ya que así podría enseñarle a este tipo una lección. Probablemente era un jodido niño rico aspirando a gánster por algo de diversión. Él le daba a la gente como yo un mal nombre, aterrorizaban a inocentes como April sin contemplación. Lo odiaba. Y lo habría matado si ella no estuviera aquí. Pero estaba allí, y después de apretar mi agarre sobre el arma, incliné la cabeza hacia la puerta.


—Como dije, me estoy sintiendo generoso. Pero eso podría cambiar en cualquier momento — dije, mi voz bajando—. Váyanse. Olviden que este lugar existe. O se arrepentirán. Me extendí sobre toda mi altura y me moví por el espacio vació así estaba entre April y los matones, quienes habían comenzado a retroceder hacia la puerta. —¡Vámonos, hombre! El segundo ladrón no se repitió, y en su lugar salió disparado por la puerta de enfrente, corriendo por la cuadra. Pero su amigo esperó por un latido y luego otro y entonces pareció considerar la situación antes de correr hacia afuera. La puerta se cerró de golpe detrás de él, y por un momento me quedé de pie en silencio preguntándome si lo volvería a ver otra vez. Pero mi reflexión fue rota por un pequeño sonido que escapó a mi izquierda. Seguí el sonido con mi mirada, la cual descansó sobre April, la cual estaba de pie inmóvil, probablemente en shock. Levantó la mirada hacia mí con sus ojos cafés amplios, y el bajo llanto que había emergido de su garganta se cortó en seco. Quedó en silencio y después de otro momento caminó hacia la puerta. Sus pasos eran temblorosos, desequilibrados, y podía ver el temblor en su cuerpo. Cuando alcanzó la puerta, levantó sus manos hacia el seguro, pero se sacudía tan violentamente que no parecía ser capaz de conseguir agarrarlo. Puse el arma sobre la barra y entonces caminé detrás de ella, y estiré mi brazo, dejando que el instinto me guiara, y descansé una mano sobre su suave hombro. Entonces puse mi otra mano sobre la de ella. Empujé su mano hacia abajo y agarré sus dedos firmemente por un momento, antes de alcanzar y bloquear la puerta.

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El clic del seguro resonó a través de la habitación mucho más fuerte de lo que debió haber sido, y el sonido pareció romperla. Ella liberó otro pequeño llanto y sus temblores se intensificaron. Y entonces fueron seguidos por sollozos y profundos movimientos tensos que tuvieron todo su cuerpo temblando. —Lo siento —dijo ella, su voz llena de lágrimas. Apreté mi agarre sobre su hombro, y ella colapsó ante el toque. —¿Debería llamar a la policía? ¿Importaría? —Si tú quieres —dije. Ella liberó un sonido que fue una mezcla entre un sollozo y un suspiro, y ante el sonido, quise ir a encontrar a esos dos hijos de puta y golpearlos hasta que fueran manchas en el asfalto. —Probablemente les tomará para siempre llegar aquí de todas formas —dijo ella sonando derrotada—. Si es que llegan aquí en absoluto. —Deberías llamar si eso te hará sentir mejor —dije. No quería que hiciera nada de eso, no estaba completamente seguro de cómo sería capaz de salir de allí si decidía hacerlo, pero no podía verla así, tan triste, confundida y aterrada.


Suspiró otra vez, y entonces dijo, esta vez su vos más fuerte—: No hará ninguna diferencia. No harán nada, así que ni siquiera vale el tiempo. No tenía ni idea de cuan en lo cierto estaba. Si era lo suficientemente suertuda para conseguir un buen policía, no es como si ellos fueran a ser capaz de hacer algo. La investigación, la poca que habría, sería impedida por los superiores. No habría recompensa para ella: nunca la hubo para el bien. A menos… Empujé el pensamiento a un lado. Ya había ido demasiado lejos, y no me podía permitir ir más lejos, involucrarme más. De hecho, necesitaba salir como el infierno de allí. Pero mis pies se mantuvieron atornillados al piso, mi mano pegada a su hombro. —No llamaré —dijo ella—. Pero supongo que debería… —ella se calló. Y cuando se giró para mirarme, el miedo en sus ojos causó un agudo dolor en mi pecho. Y mezcló una extraña —e innegable— necesidad de protegerla, aliviar ese dolor, hacerla sentir segura. —Te llevaré a casa —dije, mi voz más severa de lo que había planeado. No habría estado sorprendido si decía que no, pero no lo hizo. Asintió, pero permaneció en silencio y caminó hacia la caja registradora.

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—Hay menos de cincuenta dólares en efectivo aquí. Todos pagan con crédito, excepto por unas cuantas personas que no colaboran como tú. —El fantasma de una sonrisa cruzó sus labios y luego decayó—. Oh Dios, si hubieran sabido eso habrían… —April, ¿cierto? —añadí apresuradamente, la facilidad y la familiaridad con la que dije su nombre sonó sospechosa incluso para mí. —Sí. April. Supongo que nunca nos presentamos oficialmente. Espontáneamente, mi nombre salió de mis labios, y ella me ofreció otra débil sonrisa de regreso. —Encantada de conocerte —dijo ella. —Te llevaré a casa —repetí, todo el rato reprendiéndome por haberle dicho mi nombre. Por un momento, otra vez pareció como si se fuera a oponer, pero después de una pausa de unos cuantos latidos mientras ella me miraba fijamente, su mirada abiertamente evaluadora, asintió. —Gracias —dijo, su apreciación clara. Pareció que había pasado cualquier prueba que había hecho, y me encontré inusualmente encantado. No quería leer mucho en ello; ella había estado traumatizada, y se le había dado la opción de caminar a casa sola, o tener a alguien con ella, era solo lógico que escogería un escolta —incluso a mí, un extraño enorme que la sobrepasaba.


Así que ignoré la débil calidez que se revolvió en mi pecho y esperé, mis ojos vigilando cada pulgada de la calle desierta mientras apagaba las luces y bloqueaba la puerta. —Por este camino. Estoy a unas cuadras de aquí —dijo mientras comenzaba a caminar hacia el este.

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Cinco Traducido por Cande34 Corregido por Nessa H

L

a dejé marcar el paso, y ella se movió con la misma gracia eficaz que era su sello distintivo

en el restaurante. Era silenciosa durante la caminata, su rostro firme y hombros tensos. Por mucho que me desagradara la incomodidad que había dañado su comportamiento generalmente cálido, me agradaba el silencio. Estaba de guardia y necesitaba estar enfocado en nuestro entorno, en las bestias que acechaban en la noche, y no confiaba en mí para hacer eso mientras me preocupaba por ella, como inevitablemente haría.

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Llegamos a su casa sin incidentes, y aunque estaba oscuro, reconocía el vecindario. Era una parte tranquila de la ciudad, las calles bordeaban pequeños bungalows1 que habían sido construidos durante el auge de producción de la ciudad, de algún modo, esta pequeña porción había conservado el sentido de comunidad que había decaído mientras otras partes de la ciudad se habían deteriorado. Subió a su pórtico y abrió la puerta, indicándome que entrara. Dudé. —Está bien, April. Te traje a casa a salvo. No necesitas invitarme a entrar —dije. —Quiero hacerlo. Es lo menos que puedo hacer, y... —Su voz cayó, y luego giró su cabeza bruscamente, sus ojos brillando en la oscuridad—. A menos que, quiero decir, si prefieres no... Que quisiera tanto hacerlo era el origen de mi vacilación, pero ante el temblor amargo en su voz, cedí. —No, lo haré —dije, esperando que mi voz no revelara lo mucho que quería eso, aunque sabía que nada podía pasar, y subí los tres escalones del pórtico para pararme detrás de ella. Sonrió suavemente y entró, y la seguí, cerrando y bloqueando la puerta detrás de mí. Observé mientras se quitaba los zapatos y los alineaba pulcramente en una fila junto a otros pares. Mi mirada se centró en un par de mocasines negros. Zapatos de hombre. Cuando atrapó la dirección de mi mirada, se rió y sacudió su cabeza. Bungaló: Es un estilo de casa, generalmente de un solo piso y con galería o porche en la parte frontal, aunque sus características pueden variar de unos países a otros. 1


—Eran de mi abuelo. Murió hace unos años, pero no he sido capaz de moverlos. No se sentiría como casa sin esos ahí como siempre han estado. Ignoré el alivio que sentí ante su declaración y en su lugar me enfoqué en cómo había detectado tan fácilmente la dirección de mis pensamientos. Mantenía mis pensamientos y emociones ocultos, otro requisito del trabajo, pero ella parecía no tener problema descubriéndolos. Lo había sabido antes, pero me fue recordado de nuevo que esta mujer, la forma en que me desarmaba sin siquiera intentarlo, era peligrosa. —Oh, no necesitas hacer eso —dijo mientras me quitaba los zapatos y los colocaba junto a los de ella. —Está bien —dije, manteniendo mis ojos centrados en mis zapatos y lejos de ella. —De acuerdo. Bueno, por aquí —dijo y comenzó a caminar por la pequeña sala de estar. De nuevo la seguí, dejando que mi mirada se moviera por la pequeña habitación, notando los toques hogareños, fotografías en el manto de ella y una pareja mayor, supuse que sus abuelos, y una vieja fotografía de lo que parecía ser el frente del restaurante hace muchos años, la alfombra azul pálido que cubría los suelos de madera, un estante que tenía esferas de nieve de diferentes ciudades. No me había imaginado cómo sería su casa, pero esto se sentía bien, y fácilmente podía verla aquí, viviendo su vida, justo como demasiado fácil podía verme aquí también.

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Moví mis ojos al frente, esperando cortar la dirección arriesgada e improductiva de mis pensamientos, pero casi gruñí en alto cuando mi mirada aterrizó en su trasero, las curvas llenando sus pantalones de la manera más seductora, el suave balanceo mientras se movía, cautivador. Mi polla estuvo firme al instante, y ajusté mi chaqueta, esperando enmascarar mi respuesta. Ella había pasado por mucho esta noche, y no dejaría que mi incapacidad de controlar mi reacción a ella se agregue a su carga. —Por favor, toma asiento —dijo cuándo alcanzamos la cocina. La luz que había encendido llegaba al espacio sorprendentemente grande en un suave brillo que estaba centrado en una mesa redonda para cuatro personas en el medio de la habitación. El fregadero, estufa y el refrigerador estaban a un lado y una fila de gabinetes, a donde ella se dirigía, en el otro. Sin mirar atrás, comenzó a hurgar en los gabinetes, abriéndolos y cerrándolos al azar. —¿Dónde está? Sé que está por aquí en algún lado —murmuró, volviéndose inquieta mientras los segundos pasaban. Más que sentarme, acorté la distancia entre nosotros y coloqué una mano sobre la suya mientras se estiraba por otra puerta de gabinete. Sus dedos estaban fríos y temblando, y los apreté fuerte, esperando darle calidez y estabilidad, hacerle saber que no estaba sola.


Mi toque rompió algo en ella, y en un sollozo alto, empujó su mano de la mía y encorvó sus hombros, pareciendo intentar y doblarse en sí misma. Los sollozos doblaron su cuerpo, y sólo se intensificaron cuando cubrió su boca con su mano. No lo dudé. Envolví una mano alrededor de su hombro y la atraje a mí, abrazándola. Ella no dudó, tampoco, y presionó su rostro contra mi pecho y soltó un lamento bajo que casi rompió mi corazón. Deslicé mis manos de arriba abajo por su espalda, intentando ignorar el juego de músculo bajo la suavidad mientras ella lloraba. Cuando me devolvió el abrazo y envolvió sus brazos a mi alrededor tan fuerte como pudo, no pude evitar que la dureza de mi erección se clavara en su vientre suave. Pero si lo notó, no lo demostró y en su lugar se aferró a mí como si su vida dependiera de ello. Y yo hice lo mismo. Odiaba que haya pasado por esto, pero quería encontrar a esos malditos tipos y cumplir lo que había prometido. Pero más aún, estaba aliviado de haber estado allí, aliviado de estar aquí ahora y ser capaz de brindarle algo de consuelo. Y que, sin importar las circunstancias, tenía la oportunidad de sostenerla en mis brazos. La pura exactitud de tener a April tan cerca de mí, su cuerpo llenando mis brazos, su espíritu llenando mi alma, como si hubiera sido hecha para mí era increíble. Atesoraré este momento por el tiempo que logre vivir.

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No sé cuánto tiempo nos quedamos así, segundos o minutos u horas, pero de a poco se tranquilizó. Cuando se enderezó y retrocedió, la liberé, y me miró antes de apartar la mirada rápidamente, aunque no me había perdido la hinchazón de sus ojos o la vergüenza que ardía en ellos. —Lo siento —dijo, secando su rostro y todavía sin mirarme. —Siéntate —dije, sujetando su antebrazo y guiándola a la mesa. Obedeció, y una vez que se hubo sentado, fui a los gabinetes y comencé a hurgar en ellos yo mismo. Pronto encontré una botella sin abrir de whisky, la cual rescaté, junto con dos copas, antes de regresar a la mesa. Vertí dos tragos abundantes y deslicé uno hacia ella. —Gracias —dijo y luego tomó un trago. Hice lo mismo, dejando que el sabor suave inundara mi lengua, y luego sólo la miré y esperé. —Mi abuela no estaba tan interesada en los "espíritus" como los llamaba, pero mi abuelo siempre mantenía una botella cerca para emergencias. —Era un hombre inteligente —dije. —Sí que lo era —dijo. El silencio cayó de nuevo, y sus ojos tomaron una calidad lejana que me dijo que volvía a recordar lo que había sucedido, un hecho que fue confirmado cuando habló.


—Solo sigo viendo esa pistola, pensando cómo podríamos haber muerto esta noche. Si no hubieras estado ahí... —No pienses en eso, April —dije tranquilamente—. Estás bien, y eso es todo lo que importa. —¿Cómo volveré? —preguntó, su voz quebrándose en la última palabra. —Lo harás. Será difícil al principio, pero eres fuerte; no dejarás que esa escoria te aparte algo que amas —dije, con mi voz baja pero llena de convicción. —Aún falta determinar qué tan fuerte soy, pero espero que tengas razón —dijo. —La tengo. Sonrió ligeramente ante mis palabras, y luego volvió a guardar silencio, su rostro tomando una expresión pensativa. Finalmente, dijo: —¿Cómo hiciste eso? —¿Qué? —pregunté. —Te enfrentaste a ellos como si fuera nada, alejaste el arma como si no fuera más que un juego de niños.

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No consideré cómo debió verse para ella; había pasado mucho, mucho tiempo desde que un arma me había asustado, pero para gente normal, incluso para tipos duros, o quienes pensaban que eran duros, de cualquier modo, debió haber sido aterrador. —Una habilidad de sobra aprendida durante una juventud malgastada —dije. Era vago, pero verdad, y ella se rió fuerte ante la declaración. —Bueno, fue impresionante, y más que nada, estoy agradecida —dijo, su voz volviéndose seria— . Lo digo en serio; un gracias parece tan poco, pero gracias. Salvaste mi vida. —No necesitas agradecerme. Cualquiera habría hecho lo mismo. —Claro que no —dijo, y cuando lo hizo, se estiró sobre la mesa y pasó un dedo por la áspera elevación de mis nudillos. Su toque, tan suave pero tan atrevido, tenía a mi excitación rugiendo. Ese simple toque era lo más honesto que había sentido en tanto tiempo como pude recordar, dejándome expuesto y en carne viva, tanto que casi quise alejarlo. Casi, pero no lo hice. No podía, no arriesgaría perder el contacto entre nosotros, como sea que me hacía sentir. Observé mi mano, sus dedos mientras la acariciaban, y en cierto punto, aunque


no pude decir cuándo, el aire en la habitación cambió, y si toque pasó de explotación a invitación. Levanté la mirada y vi que sus ojos brillaban con puro deseo imponente y descarado. Giré mi mano y capturé sus dedos en los míos, dejando que mi pulgar trazara la suavidad de sus palmas, distraídamente preguntándome cómo lograba, trabajando tan duro, mantener sus manos suaves. El pensamiento era una distracción, y una pobre. La quería, profundamente, pero una caballerosidad que no sabía que poseía me contenía. Ella estaba vulnerable, probablemente solo necesitaba consuelo, algo que estaría feliz de dar, pero temía que me rechazaría. Cerró sus dedos y me miró, con sus ojos suplicando. Lentamente, lo bastante lento que podría detenerme si lo deseara, levanté mi mano, atrayendo la suya, y cuando alcancé mi boca, presioné mis labios contra su suave carne bronceada, incapaz de sonreír cuando se estremeció, esta vez de placer. Y ante esa simple reacción, empujé mi cautela a un lado. Con la mano aún entrelazada a la suya, me levanté al igual que ella, y sin palabras, salió de la cocina, mi agarre aún firme en el suyo mientras la seguía, igualmente sin hablar. Había anticipado este momento tantas veces, imaginado cómo sería tomarla, pero aunque la excitación y el deseo me recorrían, no estaba desesperado como había esperado. De hecho, era lo opuesto. Estaba tranquilo, por una vez plenamente en paz.

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Caminó rápidamente por un pequeño pasillo y luego giró para entrar a la habitación al final de este. Estaba oscuro, unas cuantas luces sutiles en el corredor aportaban la única iluminación, así que no era capaz de ver la decoración. Que no pudiera quitar mis ojos de ella no ayudaba, pero no aparté la mirada, ni siquiera pestañé mientras caminaba hasta el borde de su cama y luego se detenía y volteaba hacia mí, mirándome con el deseo desnudo en sus ojos. Había timidez también, una pista apenas visible de nervios que quería desaparecer. Liberé su mano y arrastré mis dedos por su brazo, causándole piel de gallina en mi estela. Cuando alcancé su rostro, tracé el contorno de sus labios llenos y luego me incliné para besarla. Abrió sus labios en un suspiro y entonces agarró mis hombros por segunda vez esta noche, pero esta vez por pasión y no miedo. Corrí mis manos por su espalda y luego más abajo por la curva de esas caderas con las que había fantaseado tantas veces antes de dejar mis manos en su trasero, apretando y manipulando los globos antes de atraerla a mí, dejando que sienta mi deseo por ella. Un gemido escapó de mi garganta, y entonces devolvió mis toques, dejando que sus manos vagaran por mi pecho antes de alcanzar más lejos y atrapar mi polla, gimiendo de nuevo cuando cerró sus manos alrededor de la dura cresta prominente a través de mi pantalón. Fue mi turno de gemir mientras me acariciaba, con cuidado al principio y luego con creciente fervor. Rompí nuestro beso y la miré, el hambre en su mirada brillante seguro que reflejaba la mía.


Agarré su blusa, levantándola por su cabeza y luego desabrochando y bajando sus pantalones, dejándola en ropa interior. Luego tracé mi camino por sus piernas y enganché mis pulgares en sus bragas y las empujé lentamente, gruñendo mientras su montículo cubierto de vello era revelado, apretado tan hermosamente entre sus muslos fuertes. Acaricié sus piernas, corriendo mis dedos por sus pantorrillas, sus rodillas, y luego sus muslos antes de dejar ahí mis manos, agarrando firmemente la carne generosa. Mi deseo de ver su reacción se enfrentaba con mi deseo de verme tocándola, pero me encontré incapaz de apartar la mirada, especialmente no ante la aguda inhalación de aire que hizo temblar sus muslos. Decidí confiar en lo que sentía y mantuve mi mirada clavada en su cuerpo y mis manos grandes en él, el bronceado de su piel y su suavidad, contrastando con la mía. Aflojé mi agarre y moví mis manos más cerca de su centro trazando sus labios vaginales con mis pulgares y haciéndolo de nuevo cuando gimió. Movió un poco una pierna, abriéndola para mí, y tomé la invitación, moviendo mis pulgares de atrás para adelante, el calor de su núcleo abrasador. Pero no moví mis dedos; estaba disfrutando torturarla, y a mí, demasiado, y sólo lo hice más cuando sentí la humedad que se aferraba a sus labios intensificarse.

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Había removido sus manos de mi polla y ahora recorría mi pecho de arriba abajo, pero quería más, quería sentir sus manos contra mi piel, así que alejé la mía, amando su pequeño gruñido de protesta, y deseché mi camisa. Robé una rápida mirada hacia arriba y sonreí ante el placer en sus ojos. Le gustaba lo que veía de mí, como a mí lo que veía de ella. Cuando se estiró por mí de nuevo, evité sus manos y la empujé a la cama. Aterrizó con un pequeño rebote, sus piernas separándose lo suficiente para que vea una imagen borrosa de su coño. Había tantas cosas que quería con ella, pero ahora, verla de cerca, probarla, era lo único que importaba. Me arrodillé en el borde de la cama y volví a agarrar sus muslos, usándolos para acercarla y luego separándolos para verla. Y era hermosa, su clítoris hinchado asomándose desde su carne cubierta, los vellos oscuros y húmedos que cubrían su piel oscura escondiendo su centro. Usé mis pulgares para provocar sus labios de nuevo, trazando la carne interior como hice con la exterior y repitiendo el movimiento cuando gimoteaba. Estaba tan mojada, mojándose más con cada segundo, y por la manera en que aflojaba sus muslos y los abría más podía ver lo que quería. Pero no se lo di, no aún. En su lugar tracé sus labios una y otra vez, su esencia rica de almizcle subiendo a mí con cada liberación de humedad y solo se intensificaba cuando golpeteaba su raja, dejando que un dedo se hunda en su agujero antes de sacarlo. El calor radiaba de su vagina, atrayéndome, así que me incliné y besé su vientre bajo suavemente, amando cómo los músculos bajo la carne de su abdomen se tensaban cuando lo hacía. Entonces besé más abajo, frotando mis labios por el vello que cubría su montículo y luego más abajo, suavemente acariciando su clítoris endurecido con mis labios. Se retorció bajo mi tacto y


estiró su brazo como buscando algo, sujetando desesperadamente mis bíceps, apretándolos tan fuerte que no podía dudar de su deseo. La besé una y otra vez, y ella gritó. —Por favor —dijo en un susurro roto que casi me tuvo disparando en mis pantalones. No pude negárselo, ni a mí, por más tiempo, así que raspé mi lengua por su clítoris hinchado a la vez que atravesaba su coño con mi dedo. Su sabor, dulce y picante, explotó en mi lengua, y sus paredes apretadas y suaves reprimían mi dedo. Las sensaciones eran más increíbles de lo que podía imaginar, y me hicieron preguntarme si sería capaz de sobrevivir a tener mi polla dentro de ella si mi dedo siendo apretado por su coño se sentía asombroso. Descubrí que, por ahora, la necesidad de probar más de ella, sentirla apretarse alrededor de mis dedos me impulsaba. Golpeé su clítoris mientras metía un dedo, luego otro en ella, el hábil deslizamiento y su respiración jadeante impulsándome. Sumé otro dedo y luego me zambullí, pasando mi lengua por un lado de su coño mientras movía mis dedos dentro de ella. Moví mi lengua de arriba abajo, reuniendo humedad y subiéndola a su clítoris, provocando la pequeña perla incansablemente. April se puso rígida y gritó, su coño apretando fuerte mis dedos y otro chorro de humedad salió de ella. Y aun así continué, queriendo alargar el placer, empujando mis dedos dentro y fuera de ella y lamiendo su clítoris hasta que yació boca abajo contra la cama.

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Se estremeció, y con un último beso a su clítoris, retiré mis dedos y deslicé mi cuerpo sobre el suyo, besando de nuevo su montículo, su estómago, sus tetas cubiertas por el sostén, y luego finalmente, sus labios. Regresó mi beso y se estiró para agarrar mi cabeza, dejando que sus dedos enrollen el cabello corto en la parte de atrás de mi cabeza. Entonces movió su mano por mi pecho, trazando su pulgar alrededor de mi pezón, curvando sus dedos en el vello que cubría mi pecho y abdominales, y luego atrapó mi polla como antes. Rompí el beso y agarré su muñeca, alejando su mano mientras la miraba. A través del placer vidrioso en sus ojos, vi sorpresa. —Déjame... —comenzó en un susurro suave y ronco. —No. Eso fue para ti —dije, interrumpiéndola. Estaba borracho de placer, drogado por su sabor, el sonido de ella gritando su liberación, la sensación de sus manos suaves en mi cuerpo. Y eso fue suficiente para mí, aunque mi polla dura como el acero debió haber discrepado. Pero ignoré la necesidad que me desgarraba, y aunque estaba tan letárgico como debí haberlo estado si hubiera alcanzado mi propio orgasmo, rápidamente removí mis pantalones, quité las sábanas y la metí dentro, y luego me acerqué detrás de ella, presionando su suave cuerpo contra el mío mientras nos dejábamos llevar por el sueño.


Seis Traducido por Lily Corregido por Karen’s

D

esperté cuando la noche acababa de ceder ante el día, y mientras el sol se elevaba sobre

el horizonte, observé a April. Estaba enredada en mí, un brazo tirado por mi cintura, sus dedos contra mi pecho, y una de sus piernas enganchada entre las mías. El peso de su suave muslo contra mi dureza, sus pechos cubiertos por el sostén descansando contra mí, y el calor de su cuerpo pronto tuvo mi excitación despertando, el fuerte tirón de deseo llevándose cualquier vestigio de sueño. ¿Y si fuera mi mujer? ¿Si tuviera la libertad de rodar encima de ella y deslizar mi polla en casa, para ver fluir las emociones sobre su rostro mientras se despierta conmigo follándola con lentos, profundos empujes, o quizás duros y rápidos?

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Quería hacer precisamente eso, tan desesperadamente, pero no era mi mujer y no tenía la libertad para tomarla como quería. Así que me conformé con lo que podía y suavemente ahuequé su rostro con mi mano, dejando a mi pulgar acariciar la suave piel de su rostro, tan apacible y abierto en su reposo. El tirón de deseo se volvió más mordaz, y más doloroso. Todavía no comprendía lo que me atraía a ella, había visto mujeres más hermosas, más sexys, pero nunca nadie me había llamado como lo hizo ella. Y cuando la miré, por primera vez en un largo tiempo, deseé haber escogido un camino diferente, uno que me hubiera permitido estar con ella, ser digno de ella. Y entonces, abrió sus ojos lentamente, aún adormilados por el sueño mientras los elevaba hacia los míos, y sonrió, la expresión parecía iluminarla desde dentro hacia afuera. Había estado equivocado antes. Nunca había visto nada más hermoso que April despertando bajo el tenue resplandor del amanecer. Y supe que ella tenía mi corazón. Incapaz de detenerme, bajé mi cabeza hasta la suya, descansando mis labios sobre su frente en el más pequeños susurro de un beso, el contacto con su piel cálida por el sueño enviando un escalofrío a través de mí. Repetí la acción, dejando besos por sus mejillas, en la punta de su nariz, y luego finalmente en su exuberante boca, que era suave y dócil como si había estado esperando por esto.


Levanté mi cabeza, y sin un momento de pausa, ella hizo lo mismo, reconstruyendo el contacto que habíamos perdido e intensificando el beso. Movió sus labios sobre los míos con una atrevida y demandante resolución, trazando su lengua por las comisuras de mi boca. Su invitación era clara, y no solo por el modo en que me besaba, sino por la manera en que pasaba sus manos hacia arriba y abajo por mi espalda y la forma en que se movió para encajarse debajo de mí. Y, por cómo abrió sus piernas, su calor quemando la parte baja de mi abdomen. Cuando, sin romper el beso, levantó sus caderas así el vello que cubría su montículo raspaba mi piel y las bajó hasta que su coño tocó mi pene, el calor y la humedad que salía de su núcleo, casi robó mi aliento, aunque la sensación fue silenciada por la tela de mi ropa interior. Los desgastados bordes de mi control rompiéndose. Rompí el beso y ahuequé su rostro en mis manos, buscando su mirada intensamente, necesitando ver lo que estaba ofreciendo, y necesitando que viera lo que yo tomaría. Después de un largo tiempo, asintió. No dije nada en absoluto. En su lugar, miré abajo hacia su hambre por un momento antes de inclinarme hacia adelante y besar su clavícula y luego lamí mi camino hacia abajo hasta sus pechos llenos, antes de succionar su pezón en mi boca, sostén y todo, provocando el brote hasta endurecerlo con la punta de mi lengua.

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Tomé su otro pecho en mi mano y acaricié su pezón con mi pulgar, intensificando mis esfuerzos cuando enredó sus dedos en mi cabello corto y luego se sostuvo en mis hombros. Quería probarla, así que liberé su pezón y entonces agarré los tirantes de su sostén y los saqué por sus hombros. Ya dura más allá de lo imaginable, mi polla saltó y después comenzó a palpitar contra los confines de mis bóxers cuando sus pechos quedaron expuestos a mí. Los grandes orbes carnosos estaban cubiertos con pezones marrón oscuro que sobresalían, llamándome. Cedí a mi deseo y puse la punta de su hermoso pecho en mi boca, succionando fuerte, tomando tanta carne como podía. Cuando cerré mis dientes alrededor y pellizqué el brote, se arqueó contra mí. —Por favor —dijo otra vez en un gemido, estrechamente sosteniendo mis amplios hombros. El débil gemido en su voz fue el sonido más dulce, y después de un último roce de mi legua contra su pezón, alcancé mi chaqueta, agradecido cuando encontré el pequeño paquete de aluminio con relativa facilidad. Mientras desenvolvía el paquete, ella bajó mis bóxers, liberando mi polla. Me acarició con ambas manos, deslizando un dedo por el líquido que se filtró de mi hendidura. Agarré sus muñecas con una de mis manos y rápidamente me puse el condón con la otra. Luego, con sus manos aún en una de las mías, empujé la cabeza de mi polla dentro de ella, incapaz de reprimir un gemido a la primera explosión de calor y la sensación de su coño abriéndose ante mi entrada. Me quedé allí, la cabeza de polla apenas penetrándola, dejando que el placer pasara a través de mí. —Por favor —lloró, alcanzándome a pesar de que tenía sus manos apretadas.


Empujé más lejos, moviéndome una pulgada más profundo, y luego otra, y luego otra y otra, jadeando mientras sus paredes se abrían para mí. Cuando estuve completamente asentado, me detuve otra vez y miré abajo hacia ella, sonriendo débilmente cuando me miró, ojos marrones llenos con éxtasis que bordeaba en maravilla. Sus ojos reflejaban lo que yo sentía. Maravilla, comodidad, un placer tan intenso que congelaba el aire en mis pulmones. Las sensaciones corrieron a través de mí, su apretado coño presionando alrededor de mi polla, la presión de su suave abdomen contra el mío, sus pezones ligeramente cepillando contra mi pecho mientras inhalaba y exhalaba en pesadas respiraciones, y entonces, una vez que la liberé, sus manos vagaron por mi cuerpo si tratara de tocarme todo de una vez. Me mecí dentro de ella con gentileza, y cerré mis ojos y apreté mis dientes ante el placer que me llenó. Empujé dentro de ella otra vez y luego salí por completo antes de estrellarme en ella. Repetí el movimiento, saliendo y entrando lentamente, empujando por completo. Como ya sabía que lo serían, sus caderas eran el amortiguador perfecto para mis empujes, la suave pero firme carne rebotando contra mí con cada empuje, sus igualmente llenos muslos sosteniéndome apretadamente cuando envolvió sus piernas alrededor de mi cintura.

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Pellizqué sus pezones y luego me moví hacia abajo por su cuerpo hasta que llegué a su clítoris, haciendo círculos con mi pulgar alrededor de la piel dilatada, y después presioné hacia abajo bruscamente, mi polla sacudiéndose cuando apretó su coño alrededor de mí, su resbaladizo coño mojándose más con cada empuje. Se puso rígida debajo de mí y luego gritó, sus dedos agarrando mis brazos mientras apretaba sus piernas alrededor de mí incluso más, tirándome más cerca y más profundo dentro de ella. Su coño palpitaba a mi alrededor mientras gritaba su orgasmo, viniendo en un suspiro áspero, su cálido alentó cepillando contra mi oreja. Fue una simple acción, una que no debería haberme tocado profundamente, pero una que me envió sobre el borde. Me vine más duro y por más tiempo como nunca lo había hecho, explosión tras explosión de semen disparándose fuera de mí y dentro del condón. Empujé dentro de ella mientras me vine, y en mi último empuje, ella terminó otra vez con un bajo gemido. La besé y la toqué a través de su clímax y cuando nos calmamos sostuve su rostro y la miré a los ojos, sintiendo una conclusión profunda de alma que nunca había conocido. *** Me salí de ella a regañadientes, lamentando la pérdida de la conclusión, pero me quedé inmóvil cuando puso un tierno beso sobre mi brazo, la suavidad de sus labios contra mi piel, despertando un renovado deseo. —¿Puedo hacerte el desayuno? —preguntó tranquilamente. No quería nada más que pasar cada momento que podía con ella. —Eso me gustaría mucho — dije.


Se levantó, y la miré hambrientamente, mi mirada errante sobre ella, deteniéndome en la suave superficie de su espalda, la estrechez de su cintura mientras se acampanaba hacia sus amplias caderas femeninas. La luz del amanecer proyectaba su hermosa piel morena en un tenue resplandor que me hizo querer llegar a ella otra vez. Me volteé, sin querer apartar la vista, pero preocupado de que no sería capaz de detenerme a mí mismo si no lo hacía. Me vestí rápidamente y las seguí a la cocina. Permanecimos en un cómodo silencio mientras se movía alrededor de la cocina con la misma facilidad y gracias con que lo hacía en el restaurante. Unos pocos momentos después, presentó un plato lleno de huevos esponjosos y crujientes tostadas francesas. Murmuré mi aprobación después de la primera mordida, y una expresión de satisfacción apareció sobre su rostro. Tanto como disfrutaba compartir esta comida, había algo que necesitaba resolver. —¿Por qué estabas allí tan tarde? Y sola —dije lo último severamente y sin hacer ningún intento para esconder mi descontento con el hecho de que trabajaba sola. —Normalmente tengo por lo menos a dos personas para abrir y cerrar, pero perdí a mi camarero, y encontrar un reemplazo está siendo difícil, así que he tenido que tomar el lugar. Y además — sonrió brillantemente—, conozco a las personas más interesantes. No le devolví la expresión. —No es seguro. Necesitas tener a alguien contigo.

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Una chispa de enojo iluminó sus ojos. —Preferiría no ser sermoneada —dijo, su voz dura. —Y yo prefiero que no estés vulnerable —le regresé rápidamente. La dureza de mis palabras se debía al miedo. Ningún lugar era seguro, en ningún momento, no realmente, y ella estaba tentando a la suerte. Si no hubiera estado allí… corté la línea de mis pensamientos antes de que pudieran ir demasiado lejos. Había estado allí, estaba aquí ahora, y necesitaba centrarme en eso, y no lo que hubiera sido. Nos miramos fijamente el uno al otro por un largo tiempo, ninguno cediendo un centímetro. Apreciaba la lucha, pero yo estaba en lo correcto y no me rendiría en la cuestión. Aparentemente estuvo de acuerdo, porque aparto la vista luego de unos latidos. —Tiene razón —dijo con un suspiro profundo—. Fui una tonta, de alguna manera pensaba que estaba protegida o era inmune, pero supongo que ese no es el caso. Lo que apesta, porque nunca, jamás había estado asustada allí. Ni siquiera cuando de vez en cuando conseguía a los locos de merodeaban por allí. Pero ahora… —Se quedó en silencio, y odié que su paz hubiera sido destrozada. Pero también estaba un poco agradecido, una pequeña voz egoísta en lo profundo de mi mente recordándome. Si la noche pasada nunca hubiera sucedido, esta mañana tampoco.


—¿También trabajas por la noche? —preguntó de repente. —Sí. —No entré en detalles, y ella parecía satisfecha con la respuesta. —Me doy cuenta. La mayoría de la gente luce cansada, pero tú no. Siempre tan concentrado y alerta. ¿Cuándo tiempo has trabajado por las noches? —Años. Estoy acostumbrado a hacerlo ahora, no estoy seguro de que pudiera hacer algo más — dije. Esperaba que mi descontento no se notara, pero ni siquiera había considerado cómo manejar esta conversación. Las personas normales, personas como April, hablan sobre su trabajo, especialmente con aquellos con los que pasan tiempo. Pero yo no era normal, y no tenía ningún marco de referencia para este tipo de interacción. Simplemente tendría que ser vago y esperar que funcionara. —¿Y te gusta, lo que haces? —Tiene sus beneficios —dije honestamente—. Y tiene sus inconvenientes. —Haces trabajo físico ¿cierto? ¿Trabajas con tus manos? —preguntó. —Usualmente. Mi trabajo puede ser extenuante, pero no siempre —dije. Técnicamente no era una mentira, pero sentí una gran oleada de vergüenza.

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—Puedo ver eso también —dijo, sonriendo otra vez—. Tienes esa pinta, te mueves con esa fluidez y comodidad. No puedo imaginarte tras un escritorio todo el día, o noche en este caso —dijo. No respondí, pero su sonrisa se mantuvo mientras me miró tímidamente, y tomé la oportunidad para cambiar de tema. —No lo digas. No es necesario —dije. —Soy demasiado transparente, pero no sé qué más decir. Así que gracias. Ya he terminado — dijo levantando rápidamente sus manos. —Bien. Tengo que irme —dije. Su sonrisa disminuyó la más mínima parte, pero se recuperó rápidamente. —¿Te importaría si vengo algunas veces…? —Era mi turno de balbucear, y me callé, maldiciéndome en silencio por decir las palabras. Necesitaba alejarme, no envolverme más profundamente. Pero no había ninguna parte de mí que podía dejar a April preguntándose si la había usado, ninguna parte de mí que podía soportar la idea de no verla de nuevo. —Por supuesto. Por favor hazlo —dijo sonriendo aún más brillantemente, un tenue atisbo de alivio y emoción en sus ojos.


—¿Harás algo sobre el empleo de la noche? Se quedó quieta, aunque esta vez no me importó. Su seguridad era primordial, y mientras yo tuviera mis propios planes, ella necesitaba tomarlos por sí misma también. —Sí. Tengo llamadas que hacer esta mañana. Estoy turnando, así la apertura y cierre tiene al menos dos personas en todo momento. Y necesito ver un contratista por la puerta. Está desbloqueada la mayoría del tiempo, pero reforzar las cosas no duele. Asentí de acuerdo con su plan, y luego me puse de pie, y ella siguió mi ejemplo. Cerré los dos pasos que nos separaban y entonces la envolví en un abrazo, uno que intenté mantener suave, aunque temía que la ferocidad de mi emoción se dejara ver. —Adiós, April —dije, y después me fui.

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Siete Traducido por Bliss Traducido por Kat Cooper

P

asé el día descansando, ejercitándome, planeando que hacer en la tarde y

decididamente tratando de no pensar en April. Fallé en esa tarea, miserablemente y mientras el día avanzaba me encontré recordando la sensación de su piel contra mis manos, los pequeños gemidos suaves que había soltado cuando la acariciaba en su interior, cuán gentiles eran sus ojos cuando sonreía, cómo habían brillado con placer. En menos de doce horas ya la extrañaba, tenía que contenerme de ir a buscarla. Pero de alguna forma me resistía. Aún no había decidido que hacer, necesitaba estar seguro o menos inseguro antes de verla la próxima vez. Y había trabajo por hacerse.

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Por lo que empujé los recuerdos de April y la decisión que debía tomar y me enfoqué en la tarea entre manos. La persona que buscaba paseaba tranquilamente por la calle, parecía relajada, sin importarle el mundo. Pobre bastardo, no sabía lo que estaba por venir, pero tal vez pensé, mientras me movía hacia él, era mejor de esa manera. Desaceleré mientras me acercaba, saqué mi .252 y cuando estuve a tres pies de distancia, di tres disparos, dos en su pecho y uno en su cuello. Se deslizó hasta el suelo sin hacer ruido, sorpresa grabada en su rostro. Me detuve un poco más, viendo como la vida se drenaba de sus ojos, luego me alejé rápidamente sin mirar atrás, aunque no tanto como para llamar la atención. Matarlo había sido fácil, probablemente demasiado fácil, y por primera vez en años me pregunté qué decía esto de mí. Aparte de la avalancha de excitación y orgullo por un trabajo perfectamente hecho, no sentía nada. Luego mi mente crea una imagen de April viéndome así, la luz de sus ojos reemplazada con terror, su calidez y franqueza reemplazados con frialdad y miedo. Traté de mantener la imagen en mi mente, me dije que necesitaba recordar que ella no me conocía, que nunca podría, que me rechazaría o peor. Pero eso tampoco funcionó. Incluso con la sangre, aún fresca en mis manos de alguna pobre alma que había conocido el lado malo del jefe, 2

.25: Tipo de revolver, calibre 25.


incluso con el completo conocimiento de que esto no terminaría bien, todavía la deseaba y sabía que no sería capaz de alejarme. *** Mi batalla interna aumentó mientras regresaba del trabajo y los pensamientos solo se calmaron cuando encontré a Shaughnessy en nuestro lugar designado. —¿Has atendido esa cosa que discutimos? —preguntó Shaughnessy antes de llevar a cabo su rutina normal. Había manejado un poco sus problemas personales antes, una cortesía profesional que el jefe le extendía cuando lo solicitaba. —Llegaré a eso cuando pueda —dije impacientemente. Los problemas de Shaughnessy estaban al final de mi lista. —¿Lo tienes? —preguntó, cambiando el tema. Entregué el bolso, que él aceptó. —Gracias, grandulón —dijo mientras me palmeaba el hombro jovialmente. Quería romper su jodida mano.

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—No estás ganando tu dinero, Shaughnessy —dije al final, mis palabras recortadas con agitación mientras estrellaba el revólver .443 en su mano. —¿De qué estás hablando? —preguntó, arqueando una ceja con tanta curiosidad como probablemente era capaz de exhibir. —Hay personas rompiendo las reglas, robando aquellos que han pagado, como se supone que deban. Esa ceja espesa subió aún más y Shaughnessy estrechó sus ojos de roedor en mí. —¿Ese problema de anoche eras tú, grandulón? Asustaste bastante a esos niños. —Niños —espeté, sin molestarme en disimular mi disgusto. —¿Cuál es tu interés en ese problema de mierda? Curvé mi labio en disgusto, pero rápidamente me puse bajo control. —Ningún interés, pero si la gente paga y todavía les roban, toda la cosa se cae a pedazos. ¿Y, no es tu trabajo asegurarte que eso no ocurra?

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.44: Tipo de revolver. Calibre 44.


—Sí, pero si las personas no pagan sin consecuencias, la cosa entera todavía cae. Soy un buen tipo, entonces les corté algo por la inactividad después del cambio de propiedad, pero mis chicos dicen que la chica nueva ha sido un poco… reacia con sus pagos y creí que un recordatorio de lo que pasa cuando no pagas el alquiler estaba bajo control. Sabes cómo va esto —dijo, palmeando mi hombro otra vez. Lo sabía, pero eso no me contenía de querer romper cada hueso en su maldito cuerpo. —Llama a tus perros, Shaughnessy. Aquel lugar está fuera de los límites. Las palabras fueron gruñidas y apenas claras, pero captó el mensaje, levantó las manos y las empujó hacia mí. —Bien, lo que digas. Dile que no se preocupe por el dinero; sería una burla a nuestra amistad si yo tomara dinero de tu dama. Me hubiera gustado saberlo, así ella podría haber evitado esa desagradable situación. Se encogió de hombros y luego su expresión se volvió lujuriosa. —Supongo que un tipo de tu tamaño le gusta una chica más grande, lo admitiré, me gusta echar un polvo con una negra de vez en cuando. Me dio un codazo con complicidad y guiñó, mis manos apretaron fuerte alrededor de su garganta antes que lo supiera. Apreté, resistiendo la tentación de aplastar su laringe, pero apenas.

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—Fuera de los límites, Shaughnessy. Olvida que ella incluso existe —dije. Golpeó rápidamente mis muñecas, tratando de sacar mi mano sin dar resultado. Resistí, incrementando la presión mientras esperaba. —Bien —soltó finalmente. —Bien —dije, y luego lo empujé lejos. Los ojos del hombre brillaron con miedo —y rabia— se reajustó la camisa y señalo a los hombres que se acercaron con armas en las manos que se alejaran. —Alguien debería enseñarte algo de modales —dijo suavemente, la máscara de regreso a su lugar en un abrir y cerrar de ojos. —No vas a ser tú —dije, volteé y me fui. Estaba a cinco cuadras de distancia cuando mi teléfono sonó. —¿Ya te llamó Shaughnessy? —pregunté. —Dijo que tenía que mantener a mi perro con correa antes de que saliera lastimado —dijo el jefe.


—Él debería hacer lo mismo —dije. —¿Esto es algo con lo que debería estar preocupado? —preguntó. —No. Está manejado. —Asegúrate de que así sea —dijo y luego colgó. Solté un suspiro de frustración. La jodí, dejé que Shaughnessy y mi preocupación por April nublaran mi juicio, lo cual solo probaba, como si no hubiera una pregunta, que debía permanecer alejado de ella.

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Ocho Traducido por Karen’s Corregido por Izzy

R

esistí tres días.

Se sintieron como tres años. Cada segundo sin ella era una tortura, los minutos parecían interminables. Había estado con ella solo una vez, pero se había metido en mi sangre de todas formas. El conocimiento de que debería dejarla sola, tomar ese día que pasamos juntos y atesorarlo, pero mantener mi distancia, pelear valientemente contra la profunda necesidad casi espiritual de verla una vez más. Pero perdí.

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Así que, a pesar de la advertencia, a pesar del conocimiento de que nunca podría haber algo entre nosotros, e incluso peor, que estar cerca de ella la pondría en peligro eventualmente, aun así, no pude permanecer lejos. Entonces regresé al restaurante, una calma y felicidad tan potentes llenándome, que lo tuve que ignorar. Tomé mi asiento usual, y April caminó hacia mí y dejó el plato con pay, un tenedor y una taza de café en frente de mí. Y después regresó a lo que fuera que estaba haciendo antes de que entrara, subiendo sillas a las mesas, como hacía cada noche al cerrar. Nada acerca de ella revelaba el hecho de que habíamos estado íntimamente conectados recientemente. Parecía que para ella solo era otro día, y, a pesar de que eso era exactamente lo que estaba esperando, me molestaba. Realmente me enojaba. Mi reacción era injusta, pero no me importaba. Sabía que nuestra conexión no había sido de un solo lado, pero si April la había sentido, seguro como la mierda que no estaba mostrándolo. Mis sentimientos alternaban entre sentirme como un tonto, y estar aliviado. De hecho, me estaba haciendo un favor, su despreocupación me salvaba de pretender que no la quería. Pero aún estaba enojado. —Entonces, ¿no te gusta la zarzamora? —preguntó. Miré hacia el pay sin tocar; había estado tan consumido en mis pensamientos, que me había olvidado completamente de que estaba allí.


—Mira, April… —empecé, pero cuando miré hacia ella, y vi la diversión —y el deseo— que tenían sus ojos cafés en llamas, me detuve abruptamente. Fue allí cuando me di cuenta de cuan cerca se había parado, sus pechos presionándose contra mi hombro mientras me sentaba. Sin decir nada, se inclinó y me besó en la mejilla. —Es lindo verte. Estaba preocupada de haberte espantado —comentó tímidamente. Nunca, quise decir, pero en su lugar aseguré—: He estado ocupado con cosas del trabajo. Las orillas de sus labios se elevaron de una manera que me decía que no se creía del todo mi historia. —Eso está bien. Solo estoy contenta de que estés aquí ahora. —April, ¿puedo checar mi salida? —preguntó un hombre desde la parte trasera. —El nuevo ayudante de camarero —contestó a mi pregunta no dicha—. ¿Te importaría esperar mientras termino de cerrar? Sacudí la cabeza y ella sonrió en agradecimiento. —Adelante. Nos vemos mañana —respondió al ayudante. —Gracias. Nos vemos —contestó el hombre. —Tomé tu consejo —comentó un momento después.

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—Bien —respondí, aunque estaba distraído por su suavidad presionada contra mí, la gentil expresión de su rostro, la dureza de mi pene. —Intentaré terminar rápido —dijo. —Tómate tu tiempo —contesté y empecé a comer el pay. Se rio mientras continuaba organizando el comedor, yendo de atrás para adelante entre este y la parte trasera. —¿Te puedo ayudar? —pregunté, dándome cuenta de que estaba siendo grosero, algo que podía no gustarle a April, y que, más importante, al menos para mi pene, entre más rápido terminara, más rápido estaría dentro de ella si me deja, y estoy rezando para que lo haga. —Está bien. Un plato más y he terminado. Con eso, removió mi plato y taza, y se dirigió a la parte trasera, reemergiendo menos de cinco minutos después. —¿Estás listo? —preguntó una vez que apagó las luces y cerró la puerta. —Sí —dije, y nos dirigimos calle abajo, en dirección a su casa.


Cepilló su mano contra mí, sus dedos atrapando los míos por un momento, el toque mandando una ráfaga de deseo a través de mí. Intenté verla furtivamente, pero cuando volteé, mi mirada se encontró con la suya, y destelló una taimada, caliente sonrisa que consiguió ser tímida y llena de promesa. Regresé la sonrisa y apresuré el paso, ganándome una ronca risa de April. Aunque mi mirada estaba en ella, vi algo por el rabillo del ojo y mi corazón empezó a latir. Me volví rápidamente y vi una figura a través de la calle, los pocos carros que pasaban por el camino, no hacían nada por ocultar a la persona. Era Shaughnessy, mirándonos a April y a mí con un interés desenmascarado que ponía su sonrisa patentada en su rostro. Casi inconscientemente, alcancé a April, cerrando mi mano sobre la suya y reduciendo la distancia entre nosotros, dejando que mis piernas se rozaran con las de ella. Mantuve mi mirada en Shaughnessy hasta que lo pasamos, el momento ligero entre April y yo estropeado por su intromisión. Traté de alejarlo de mi mente, pero estaba innegablemente afectado. La fealdad de mi mundo no debería tocarla; no lo permitiría, y tener a Shaughnessy, tan fustigado como estaba, en cualquier lugar cerca de April, era inaceptable. —Aquí estamos —dijo, y me di cuenta de que habíamos llegado a nuestro destino.

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No había soltado su mano en todo ese tiempo, y aun la sostenía apretada mientras caminábamos al porche y entrabamos a la casa. Finalmente la dejé ir cuando pateó sus zapatos y los acomodó en una fila ordenada. Después me sorprendió arrodillándose enfrente de mí. Sacó un zapato de mi pie, después el otro y luego los alineó junto a los de ella, y después agarró mis pantorrillas y descansó la mejilla contra mi entrepierna. Suspiró suavemente y frotó el rostro contra mí, moviendo las manos pantorrillas arriba, por mis musculosos muslos antes de detenerse, su mano cerca de su rostro, y gentilmente cubrió mi pene. Volteándose, empezó a besarme suavemente como pluma a través de mis jeans. Sus manos siguieron a sus labios, y mis rodillas se debilitaron con la magnitud de la sensación. Levanté las manos para agarrar su cabeza, y ella cerró los labios alrededor de la rígida carne, e incluso a través de mis jeans, sentí el calor de su boca contra mí. Con destreza, desabrochó mi cinturón, aflojó mis jeans y los bajó; haciéndome gruñir en descontento por la pérdida de su toque. Desde su posición arrodillada miró hacia mí, sus ojos turbulentos con deseo, y mi corazón y polla palpitaron a la vez. Tracé con el pulgar a través de sus labios, entreteniéndome en la comisura, y aspiré cuando los abrió y probó la punta de mi dedo con su lengua, cerrando los labios alrededor de él, así como haría con mi pene. Gimió bajo en la garganta, la vibración mandando a mi excitación en una espiral fuera de control. Removí el dedo de su boca y los enterré en el elástico de mis bóxers, bajándolos lentamente, observándola mientras me miraba, hambre quemando en sus ojos. Maniobré sobre mi polla erecta, sonriendo mientras sus ojos la seguían cuando golpeó contra mi estómago y después rebotó ligeramente en frente de ella.


Lentamente levantó su mano y me agarró apretadamente, moviendo sus manos arriba y abajo de la dureza de mi hasta, después barriendo un dedo a través de la corona, embadurnando los fluidos que manaban de mi hendidura. Se acercó más, la calidez de su aliento a través de mi pene haciéndome apretar los puños. Los apreté más cuando exhaló bruscamente, besó la punta y después besó toda la longitud de mi mástil. Cuando alcanzó la raíz, circuló la lengua alrededor de la base y después fue subiendo, usando la lengua en lugar de sus labios. A continuación, circuló esa piel sensible en donde el hasta se encontraba con la corona, y gemí en voz alta. Mi voz me dejó cuando acarició la corona hacia arriba con la lengua y la hundía en la hendidura, probando la pequeña entrada, dando lametazos al líquido pre-seminal que fluía de mí. Misericordiosamente, mientras agarraba mi pene más apretado, cerró sus labios alrededor de mí y me tragó profundo. La caverna caliente de su boca me tuvo sacudiendo las caderas, queriendo más, necesitando más. Se abrió y me dejó entrar, y lo hice, bombeando mi polla en su boca. Sus labios se sellaron apretadamente alrededor de mi hasta, y después raspó la lengua sobre mí mientras succionaba con un ritmo firme. Alcancé su cabeza y la mantuve quieta, ella levantó sus ojos a mí; la vista de ella en sus rodillas con mi polla llenando su boca, fue suficiente para mandarme al límite.

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Traté de retirarme, pero ella reaccionó rápidamente y sostuvo mis caderas para detenerme. Y cuando asintió, me deje ir. El primer estallido de semen golpeó su lengua, y lo tragó con voracidad, al igual que al siguiente, y el siguiente. Gimió mientras me vaciaba en su boca. Cuando mi pene se suavizó, lo saqué de su boca, sintiéndome satisfecho mientras miraba a sus labios hinchados. Después de ponerme los bóxers y jeans, puse mis manos bajo sus brazos y la levanté, dejando que su cuerpo se frotara contra el mío, hasta que estaba de pie. Sin ningún estímulo, envolvió sus brazos alrededor de mi cintura y descansó su cabeza contra mi pecho. —Es bueno verte, también —dije y se rio. *** Horas después, April se durmió a mi lado, sus extremidades enredadas con las mías. La acaricié perezosamente, moviendo las manos por su cuerpo y disfrutando de la calma pacífica que me di cuenta, siempre venía con ella. Esa paz se hizo añicos con la vibración de mi teléfono. Maldije y cautelosamente me moví lejos de April, contestando el teléfono inmediatamente. —¿Sí? —respondí. —Encuéntrame en una hora en el club. La línea murió y maldije otra vez.


Regresé a la cama y la besé hasta despertarla. —¿Te vas? —preguntó adormiladamente. —Tengo que trabajar —susurré—, pero regresaré. Y lo haría, tan pronto como pudiera. *** Una hora después, estaba en el club como se me pidió, sin embargo, no estaba feliz al respecto, algo que sabía que proyectaba con mi postura y la expresión mezquina que deformaba mis facciones. Marché hasta mi destino sin pausar, sin poner atención a la música retumbando, las voces elevadas y el crujir de los cuerpos. Sin detenerme, caminé a la oficina donde el jefe manejaba los negocios. Me detuve en frente de la mesa en donde se sentaba con otros tres. Inclinó la cabeza ligeramente y los otros hombres se levantaron y se marcharon sin decir nada. Los conocía a todos, pero no desperdicié una sola mirada en ellos. —¿Has arreglado esa cosa para Shaughnessy? —Lo haré —respondí bruscamente. —Bien. Eres un miembro valioso de esta organización, y confío en tu juicio, pero tienes que dejar ir esta cosa con Shaughnessy. —Jodidamente odio a ese tipo. Es escoria —dije desdeñosamente.

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—Escoria utilizable —dijo el jefe señalando un hecho. No pude rebatir su declaración, así que permanecí en silencio. —¿Esta cosa con Shaughnessy va a ser un problema? Me miró con ojos duros. No estaba asustado; nunca lo estaba, pero no quería probar los límites de su afecto por mí. No era un hombre conocido por su sentimentalismo, y dado el valor de Shaughnessy, dudaba que me eligiera si fuera forzado. No lo culpaba; tomaría la misma decisión si estuviera en sus zapatos. Ese era por qué nunca quise estar en sus zapatos. —Es una mierda que yo tenga que limpiar sus asuntos domésticos. —Lo es, pero piensa en ellos como una muestra de aprecio. Y una vez que hayas manejado eso por él, voy a tener a alguien más involucrándose. Tú y él son problemas, y no puedo tener eso. Pero heriste sus sentimientos, así que necesitas suavizarlo. Asentí, tragando la bilis que quemaba en mi garganta. —¿Algo más? —pregunté. —¿Algo que debas decirme? —replicó.


No podía decir si esto era una expedición final, o si tenía alguna información real de mí y April, pero, a menos que pregunte directamente, no revelaría nada. —No. —Está bien. Encárgate del problema de Shaughnessy y tendré otra cosa viniendo. —Déjame saber los detalles, y lo arreglaré. El jefe asintió y me fui, sin preocuparme en decir adiós en mi prisa por regresar con April.

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Nueve Traducido por Lily Corregido por Karen’s

L

as dos semanas que siguieron fueron las mejores de mi vida, las mejores que sabía que

jamás tendría. Me ocupé de mi trabajo, pero esos momentos eran solo borrones, pequeños baches de tiempo entre las visitas con April, y anhelaba mi tiempo con ella con un hambre que no podía explicar y los atesoraba como si fueran las joyas más preciosas.

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Hoy fue uno de los raros días libres de April, el primero que había tenido desde el intento de robo, y lo había aprovechado al máximo. No la había dejado ir a más que unos cuantos metros de distancia por horas, tomando cada oportunidad que podía para tocarla, follarla, hacerle el amor y simplemente estar con ella. Y parecía no importarle, mirándome con una mezcla de anhelo, aceptación y afecto que nunca había pensado que experimentaría. Atesoraba cada momento con ella más que el último, esperaba con impaciencia cada vez que tuviera el privilegio de estar con ella, y trataba de recordar cada segundo. Y justo ahora, tenía un recuerdo en particular que grabar. —Vas arriba —dije, golpeando su trasero juguetonamente antes de tumbarme sobre la cama. Miró hacia abajo por mi cuerpo, tomándome con ojos ávidos que nunca fallaban en hacer que mi polla despertara, esta vez no fue la excepción. Creció con toda la atención mientras ella veía, y el desnudo calor en sus ojos me hizo cerrar mis puños alrededor de las sabanas para detenerme de tirarla debajo de mí y llevarnos al éxtasis. Mi polla saltó con el pensamiento, y basado en la traviesa sonrisa de April, su mente estaba en un lugar similar. Tal vez después. En este momento la quería arriba, quería verla retorcerse encima de mí, tenerla toda tan su suave y abundante disponible para mi toque mientras la miraba tomar su placer. Agarré mi polla y me acaricié, reí en silencio ante el calor en sus ojos que parecía que iba a quemar el infierno. Me había dicho cuánto disfrutaba verme tocarme a mí mismo, y yo le había dicho cuánto disfrutaba verla mirándome. Moví mi mano sobre mi eje con lentitud, lentos deslizamientos y usé mi otra mano para agarrar su cadera. —Quiero verte montándome. —dije.


El fantasma de una sonrisa seguía jugando en sus labios, pero había inquietud en sus ojos ahora, donde antes solo había habido pasión. Estaba sorprendido, April siempre había sido una ansiosa y ávida participante en nuestros juegos en la cama, dispuesta a intentar todo, así que su vacilación detuvo mi mano y me hizo apretar el agarre en su cintura. —¿No te gusta eso? —pregunté. —No he… no estoy cómoda con eso, tú sabes, estar arriba. —dijo vacilantemente. La luz del sol del atardecer que pasaba a través de las ventadas de su habitación, la iluminaba en casi un resplandor sobrenatural, y esperé a que hablara, conforme con solo verla. —¿Por qué no? —pregunté finalmente, mi tono exigente. No tendría secretos entre nosotros —escogí pasar por alto los míos— y la expresión en su rostro me dijo que había más en su renuencia que una simple preferencia. —No es la gran cosa; simplemente no estoy cómoda con eso —dijo. Moví mi mano hacia arriba de la dulce curva de su cintura, la elevación de sus pechos, para finalmente descansar sobre su mejilla, pero no hablé, en cambio, lentamente dibujé círculos en su mandíbula con mi pulgar, sentándome para poner pequeños besos sobre su rostro y cuello mientras esperaba.

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—Solo me preocupa… quiero decir, soy… más grande. Podría lastimarte —dijo finalmente en voz baja. Reí con todas mis fuerzas, dejando que la plenitud de mi humor tuviera rienda suelta de una forma que no lo había hecho en años. —Vamos, no es gracioso —dijo ella, mientras mi risa continuaba, su voz en algún lugar entre divertida y exasperada. —Te equivocas. Esa es la cosa más graciosa que he escuchado en un largo tiempo. ¿Lastimarme? Comparada conmigo, eres pequeña, y no puedo esperar a sentirte sobre mí mientras ruedas esas increíbles caderas sobre mi polla, no puedo esperar para empujarme dentro de ti mientras lo haces —dije, mi risa desvaneciéndose en una voz ronca, el susurro lleno de deseo. Por su expresión, podía decir que seguía sin estar convencida, entonces, presioné mis labios contra los suyos en lo que esperaba fuera un beso tranquilizador y después rodé hasta que la coloqué debajo de mí, mi polla descansando contra la calidez de su coño mojado. —April, cariño, solo quiero disfrutarte y tenerte disfrutándome, y si no quieres estar arriba, no tienes que hacerlo. Pero voy a follarte —dije, meciéndome en ella ligeramente para enfatizar el punto.


Gimió por lo bajo y besé su clavícula, me permití disfrutar de su toque, en el calor húmedo de su crema cubriendo mi polla. —Podría estar dentro de ti justo ahora que no hay nada entre nosotros. ¿Te gustaría eso, sentir mi polla contra tus paredes sin ninguna barrera? ¿Sentir mi semen profundamente dentro de ti? —susurré en su cabello. He pensado en eso muchas veces, deslizar mi polla dentro de ella, haciéndola completamente mía. Y ella parecía complacida con la idea también, abriendo más sus piernas de modo que bajara aún más cerca, mi polla ahora solamente a un suspiro de distancia de su núcleo. Juntó sus dedos detrás de mi cuello y me miró, sus ojos amplios y brillando claramente en la luz del sol. Estaba ofreciéndose a mí, mostrándome su confianza, y quería tanto tomarla, tomarlo, que no pensé que podría detenerme a mí mismo. Pero lo hice. La quería, desesperadamente, pero no podía tomar este regalo con mentiras entre nosotros. La April que había llegado a conocer era amable, decente y de alguna manera, había logrado hacer que pensara que yo era igual. Pero no lo era, nunca lo sería, y la pequeña pizca de decencia que ella había reavivado, me había contenido. Así que la besé, profunda y apasionadamente, y entonces me apoyé sobre mi lado, mirándola mientras yacía sobre su espalda. Miró hacia mí bruscamente, sorpresa en sus ojos.

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—Eres hermosa —dije, dejando un poco del asombro que sentía fundirse en mi tono. —Y tú eres ciego, pero gracias de todas formas. —¿No crees que eres hermosa? —pregunté. —Ni por asomo. Soy solo una April promedio —dijo con total naturalidad. Ella era todo menos promedio, era mucho más que apenas podía describirlo con palabras. —Tú, por otra parte… —dijo. —Oh, ¿te gusta este feo idiota? —Es exquisito. —Supongo que ambos estamos ciegos entonces —dije—. Pero no necesito la vista para hacer esto. Rápidamente me apoderé de su cintura con ambas manos y la volteé de modo que estuviera boca abajo, su suave espalda y las redondeadas curvas de su trasero completamente expuestas para mí. Chilló cuando la volteé, pero el sonido se convirtió en un gemido cuando pasé un dedo


hacia abajo por su espalda hasta que alcancé el dulce pequeño hoyuelo encima de su culo y luego subí otra vez. Seguí el mismo camino con mis labios amando la sensación de sus músculos bajo el relleno blando mientras se retorcía contra mi toque. Mientras besaba el camino hacia abajo por su espalda, apretaba y tiraba del resto de ella, rozando mis dedos alrededor de sus duros pezones, agarrando la generosa carne en sus costados, y luego curvando una mano bajo su vientre y empujándola hacia arriba hasta que estaba en cuatro, su trasero y las caderas que había admirado por tanto tiempo ofrecidas para mí. Después de que había besado mi camino hasta la base de su columna otra vez, enrosqué mi lengua en los hoyuelos de allí y entonces me moví hacia abajo, succionando la piel de una de sus nalgas en mi boca mientras apretaba la otra. Había dejado mi marca sobre ella antes, pero nunca aquí, me tiré de nuevo hacia atrás, ansioso por ver el rojo floreciendo debajo del café de su piel, satisfecho de saber que incluso cuando me fuera, alguna parte de mí se quedaría. Mi mirada fue capturada por el pliegue profundo que separaba su trasero, corrí mi pulgar por su división, riendo ligeramente cuando se estremeció. Dejé que mi dedo se posicionara sobre su orificio trasero y luego fui más abajo, hundiendo dos dedos dentro de su coño, dejando que su cálida humedad me empapara. Saqué mis dedos hasta que descansaron en el borde de su entrada, girándolos en la humedad que salía de ella.

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Sus músculos se apretaron mientras volvía a hacer mi camino, pero esta vez, me detuve en su orificio trasero, presionando contra él con la más pequeña cantidad de fuerza. Y entonces presioné un poco más fuerte y luego un poco más fuerte, sus tejidos sensibles abriéndose muy lentamente a mi invasión. —¿Alguien te ha tomado de esta forma? —pregunté, mi voz baja, casi áspera con la excitación. Cuando no respondió de inmediato, empujé más hacia adentro. En respuesta, resopló un—: No. —¿Me dejarías enterrar mi polla profundo en tu culo, dejarme follarte aquí tan duro como quiera? —pregunté mientras empujaba un poco más hacia adentro y utilizaba otro dedo para deslizarlo en su clítoris. —Sí —respondió, esta vez casi inmediatamente. Sonreí; estaba casi convencido de que no había dejado que nadie la tomara por allí antes, pero tenerlo confirmado y saber que ella se entregaría a mí de esta manera, tenía mi excitación a toda marcha. Saqué mis dedos y agarré mis pantalones, buscando furiosamente un condón, lo recuperé y usé para cubrirme, agarré una nalga en cada mano y las separé, mirando abajo hacia su fruncido apretado, y luego bajé a los relucientes labios de su coño. Después liberé una de sus nalgas y agarré la base de mi polla, empujando en su apretada entrada. La tomaría por aquí, pero no ahora. No tengo el control para ser gentil, y por mucho que quería


que ese canal estrecho se cerrara alrededor mi polla, ser el primero, el único sujeto en tomarla de esta manera, no me arriesgaría a lastimarla. Así que moví mi polla más abajo, apuntándola a su coño, luego agarré sus caderas, dejando que la suave pero firme plenitud de ellas llenara mis manos. Con un incontrolable impulso, entré en ella, sin detenerme hasta que me había enterrado hasta el fondo, sosteniendo sus caderas apretadamente. Estaba apoyada sobre sus antebrazos, y cuando vi que se había reforzado a sí misma, dejé que mi peso descansara sobre su espalda, deslizando mis brazos alrededor de su cintura hasta que agarré su estómago y entonces me dejé ir, empujando dentro de ella tan fuerte como podía, golpeando dentro una y otra vez. Gimió en voz alta y arqueó su espalda hacia mí hasta que las sostuve aún más apretadamente, manteniéndola quieta mientras bombeaba dentro y fuera, el calor y la humedad de su coño muy evidente incluso a través de la delgada barrera del látex. Mis bolas se prepararon, apretadas a mi cuerpo, señalando mi inminente liberación. Bajé mi mano y rodé su clítoris entre mi dedo índice y mi pulgar, provocando y acariciando el brote, rogando para que alcanzara el clímax pronto. Lo hizo, gritando en voz alta y baja, las paredes de su coño apretando contra mí como una mordaza. Un último empuje y el agarre de su coño, su clítoris entre mis dedos, sus exuberantes curvas llenas apoyadas contra mi cuerpo, me enviaron sobre el borde.

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Resoplé contra su oreja, jadeando mientras mi semen explotaba fuera de mí. Colapsé contra ella, mi piel resbaladiza por el sudor sujetándome a ella mientras respiraba fuerte y rápido, mi corazón latiendo con fuerza al mismo tiempo que el suyo. Después de que pasó un tiempo, segundos o minutos, no podría decirlo, besé su oreja, su hombro, su cuello, y luego, a regañadientes, salí de ella. Gimió su protesta, pero se quedó dónde estaba, ojos cerrados, una expresión de pura felicidad en su rostro, una sonrisa fácil en sus labios. Incapaz de resistirme, me incliné hacia adelante y robé otro beso, y después la tiré entre mis brazos, su frente contra la mía. —Esto es mucho mejor que trabajar —susurró. —No tienes idea. —respondí.


Diez Traducido por Lily & Bliss Corregido por Karen’s

D

esconocido.

Mi celular destelló con la palabra y luego comenzó a vibrar. Y mientras el teléfono puede no supiera quién llama, yo sí lo hacía. —¿Qué? —dije impacientemente cuando contesté. —Que descortés, grandulón —dijo Shaughnessy. Quería colgar, pero no lo hice. Era un profesional después de todo, y además, no le daría a Shaughnessy la satisfacción de pensar que estaba molestándome. —¿Qué? —repetí.

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—¿Ya te encargaste? —Me estoy encargando —contesté. —Bien. Y hazlo rápido. Me estoy impacientando —dijo y entonces colgó. Fruncí el ceño al teléfono antes de impacientemente presionar mi dedo sobre el botón de fin de llamada. Maldito Shaughnessy y su bola mierda. Miré la hora y apresuré mis pasos. April estaba cerrando esta noche, y no la dejaría esperando. Mientras caminaba las veinticinco cuadras hasta mi destino, no podía evitar pensar en ella. Cada momento que pasé con ella, cada vez que la toqué, que estuve dentro de ella, me enamoraba más. Estaba más feliz de lo que había estado en toda mi vida. Y más asustado de lo que había estado en toda mi vida. No había lugar para mí en su mundo, y no había forma de que pudiera estar en el mío. Incluso si le dijera la verdad, incluso si por un milagro ella encontrara la manera de preocuparse por mí, el yo real y no esas partes de mí que le he mostrado, no hay manera de que permita que el mal y la oscuridad de la sangre de mi vida la toque.


Así que estaba atascado, demasiado inteligente para pensar por incluso un instante que había un camino delante para nosotros, pero demasiado egoísta, y demasiado débil para dejarla ir. Mientras me acercaba a mi destino, dejo que lo pensamientos de April y el dulce infierno que fue la cosa entre nosotros se desvanezca. El deber llamaba, y durante el último par de cuadras, no hubo remanente del hombre que era con April. Me convertí en mi verdadero yo. Me convertí en el ejecutor. Caminé por los limpios escalones delanteros de una pequeña casa y pateé la puerta. Algunos trabajos pedían sutileza, pero no era el hombre para esos. Shaughnessy quería enviar un mensaje, y mi brusca entrada era la primera parte de ese mensaje. Escuché los gritos de una mujer y los seguí donde mi presa esperaba. Los sonidos me guiaron a una pequeña cocina y eché un vistazo alrededor para confirmar que la bien-vestida mujer que estaba sentada en la mesa, gritando, con su rostro torcido con terror, no vivía aquí. Pero su joven acompañante sí. La cocina, y lo que había visto de la sala me dijo que el dueño de la casa era un hombre, uno soltero, el lugar estaba marcado con la característica desorganización de un hombre joven que vive solo. Él se puso de pie, luciendo menos aterrorizado que su mujer, pero todavía nervioso. Su mano se deslizó hacia su cinturón, y al mismo tiempo, nuestros ojos aterrizaron sobre la funda que había estado casualmente descartada sobre la mesa de café. Cogí el arma fuera de su alcance mientras me aproximé y basado en el acogedor ambiente que había interrumpido, estaba seguro de que no tenía una pistola extra.

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—¿Él te envió? —preguntó el hombre, su voz sorprendentemente tranquila. No dije nada, pero el hombre se paró un poco más recto. —Acaba con esto, pero no la lastimes. Miró a su compañía, quien había parado de llorar, pero su rostro aún estaba afligido, lágrimas haciendo marcas en el maquillaje que cubría su rostro. Fugazmente, se me ocurrió cuánto apreciaba el hecho de que April no llevara maquillaje. Negué mentalmente a mí mismo y me volví hacia el hombre que estaba parado frente a mí. —¡Apresúrate! Pero asegúrate de decirle que incluso cuando esté muerto, solo un recordatorio, que él sepa que ella me amó. Que ella me escogió. —Volvió la mirada a su acompañante—. Y dile que la muerte es un pequeño precio a pagar por mi tiempo con ella. El amor que se arqueaba entre el hombre y la mujer era palpable, y me afectó de una manera que no podía explicar. —No deberías meterte con la mujer de otro hombre. Especialmente si ese hombre es un sucio policía —dije, y entonces giré sobre mis talones y me fui.


No haría el trabajo sucio de Shaughnessy. Habría un precio a pagar, uno tortuoso, pero no me importaba. Trataría con ello luego, después de que hiciera lo que sabía que debería hacer antes de dejar que las cosas vayan demasiado lejos. Después de terminar las cosas con April. Y matar cualquier bien que pudo haber dejado en mí. *** Me preparé para lo que estaba por venir, bloqueé las emociones que amenazaban con romperme, determinado a hacer lo que era correcto. Pero en el instante en que giré en la esquina y la vi a través de la ventana del restaurante, moviéndose de lugar en lugar en la forma en que me atrajo esa primera vez, mi determinación de hizo polvo. Con ella era débil, impotente, y no importa cuán estúpido y egoísta, estaría con ella tanto tiempo como pudiera y mientras ella me quisiera. Me aproximé lentamente, mi mente zumbando con el peso de mi conciencia. ¿Cómo podría mantener mi trabajo, mi vida, lejos de ella? ¿Cómo podría protegerla? Y, ¿qué haría cuando mis vagas respuestas e inexplicables desapariciones se tornaran demasiado para ella? —Hola —susurró con voz ronca cuando entré, el saludo y la fácil sonrisa que lo acompañaron hicieron a mi corazón golpear salvajemente. —Hola —dije, tratando de mantener las emociones fuera de mi voz.

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Nos miramos el uno al otro por un largo momento antes de que yo apartara la mirada y me moviera a mi asiento de siempre. —No nos queda ninguna tarta esta noche —dijo mientras se paraba frente a la cabina—, pero, de hecho, estoy casi lista para irme. —Tomate tu tiempo. No tengo prisa —dije. Con una pequeña sonrisa final, se giró y fue a la parte trasera, y me senté, tratando de absorber cada onza de calma, la normalidad de estar en este lugar con esta mujer, me atrajo. Demasiado pronto, regresó, apagando las luces y caminando por el piso reluciente. Me puse de pie y caminé con ella a la puerta, que bloqueó. Cuando se dio la vuelta, arrastré mis dedos hacia abajo por su brazo y tomé su mano firmemente, nunca rompiendo su mirada. Sonrió suavemente y apretó mi mano, la sostuvo hasta que llegamos a la casa. —¿Estás bien? —preguntó mientras entrabamos a su habitación. —Estoy mejor que bien, April —dije—. Solo… quiero decir, nunca he… El entendimiento iluminó sus ojos.


—Yo también —dijo—. No sé lo que es, pero hay algo sobre ti, sobre nosotros juntos que simplemente… Su voz se apagó y entonces se paró de puntillas, raspando la barba áspera en mi barbilla con sus labios y luego estirándose más arriba para cubrir mis labios con los suyos. El beso me dejó rígido con la necesidad de estar con ella, pero aún más, la pasión en su toque me mostró que ella sentía al menos algo de lo que yo sentía, revelando que esta cosa entre nosotros no era unilateral. Nos movimos hacia la habitación, dejando un rastro de ropa a nuestro paso, y cuando llegamos a su cama, me subí en ella, utilizando mi peso para empujar su espalda. Pero me detuvo y cambió nuestras posiciones, girando, así mi espalda estaba hacia la cama. Y entonces me empujó hacia abajo. Caí, pero cuando ella vino hacia mí, su hermoso y exuberante cuerpo moviéndose con sus pasos, entendí su intención. —No tienes que hacerlo, April —susurré. —Pero quiero —respondió.

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Y entonces se arrastró hacia la cama, deteniéndose cuando llegó a mi cintura, su rostro una combinación de vergüenza y determinación. Observé mientras levantaba una pierna y se montaba a horcajadas sobre mí, el grosor de sus piernas y el contorno de su coño capturando mi atención. Mi mirado se rompió cuando se estiró para alcanzar un condón de su mesa de noche. Descansó sobre sus talones mientras abría el paquete y levantaba mi polla con dos firmes caricias antes de cubrirme, lentamente desenrollando el látex sobre mi dura polla. Cuando terminó, se levantó hasta se cernirse sobre mi polla y entonces, con un firme agarre, bajó sobre mí, gritando cuando mi dureza separó su carne. Apreté mis dientes, combatiendo la urgencia de empujar hacia arriba y permanecer inmóvil, el placer rebotando a través de mí mientras se movía hasta que su cuerpo estaba sobre el mío sin un milímetro de espacio entre nosotros. Su sexo pulsó a mí alrededor, el firme tirón de sus paredes contra mi polla enviando una sobrecarga por mi cuerpo. Luego ella se movió, y la sobrecarga se movió en mí otra vez, esta vez centrándose en mis bolas. Ella se agarró de mi pecho y se movió contra mí más y más rápido, gimiendo su placer. No embestí, pero tomé sus caderas y apreté, moví las manos hacia arriba para ahuecar sus pechos, rodando sus pezones entre mis dedos. En una exhalación, ella embistió hacia abajo con fuerza y entonces gritó su liberación, y el firme agarre de sus paredes a mí alrededor desencadenó en mío. Tomé sus caderas otra vez y la sostuve mientras me corría, jalándola tan cerca cómo podía. Me miró fijamente con sorpresa, y mientras mi corazón se calmaba, le lancé una sonrisa. —¿Ves lo que has estado dejando pasar? —dije, sintiéndome juguetón.


—Parece que necesito recuperar el tiempo perdido. Estás dentro para… La explosión de madera demoliéndose siguió instantáneamente por el ruido seco de incontables pares de botas cortando las palabras de April. En segundos, el recibidor se llenó con una inundación de luz, y las voces gritando volviéndose más y más fuertes. No tuve tiempo de reaccionar, por lo que empujé a April de encima de mí y sobre la cama, haciendo gestos de que debería estar detrás de mí. Ella no había hablado o gritado, pero pude sentir su miedo en el débil temblor de su cuerpo, y en el camino tomó mis bíceps tan fuerte que dolió. En menos de cinco segundos, la luz que había inundado la sala llenó el dormitorio, y seis —no— , siete figuras vestidos con el completo equipamiento de SWAT, las metralletas preparadas sobre mí, entraban en el pequeño espacio. April soltó un débil lloriqueo, pero aun así me sostuvo firme. Quise confortarla, pero no pude arriesgarme a moverme. Aquellos tipos no tendrían escrúpulos en dispararme, y dudé si se preocupaban que ella estuviera atrapada en el fuego cruzado. Así que no me moví, recé que ella tampoco lo hiciera. —¡Manos arriba! —gritó el policía al frente. Obedecí, y cuando la mano de April cayó de mi brazo, giré mis ojos hacia ella y noté que había levantado sus manos también, exponiendo sus pechos y su estómago. La furia, caliente y fuerte, destelló a la vida, pillado un momento después por un ajetreo igualmente intenso de incapacidad. Quise protegerla, salvarla de esto, pero no pude hacer nada.

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—Finalmente lo encontramos. Las palabras emergieron de detrás de las figuras amontonadas en la entrada, y sin siquiera ver al hablante, sabía quién era. Shaughnessy. La identidad del hablante fue confirmada cuando entró por detrás de los otros, aunque estaba vestido en traje y corbata como siempre, pareciéndose un poco a la escurridiza y gorda rata que era. Me miró fijamente con un destello de triunfo en sus ojos. Y luego cambió su mirada hasta April, mirándola lascivamente de una manera que hizo a mi piel dar escalofríos. —¡Arriba! —gritó el hombre más cerca de mí. Aparentemente, había empezado a bajar mis manos, mi necesidad de sacar aquellos ojos, especialmente los de Shaughnessy, fuera de April temporalmente sobrepasando al sentido común. Levanté las manos nuevamente, pero no pude evitar curvarlos en puños, mis uñas romas cavándose en la carne de mis palmas tan profundamente que supe había sacado sangre. —Eso es, grandulón. Mantén aquellas manos arriba —dijo Shaughnessy.


Me miró con fijeza, los ojos brillando con deleite. Luego dio la vuelta hacia April, y después de mirarla de arriba a abajo de nuevo, su mirada persistiendo en sus pechos tanto tiempo que casi me lancé de la cama y con muerte segura, él habló. —Puede levantarse, señora. Ella no se movió, y pude sentir sus ojos sobre mí; también entendía su pregunta muda. —Está bien, April —dije, mi voz calmada—, avanza. —¿Qué hay de ti? —preguntó ella. Mi corazón se retorció por el miedo que animaba su tono, y por el hecho de que incluso con los hombres apuntando metrallas hacia ella, estaba preocupada por mí. —Él está bajo arresto. Cinco cargos de asalto y un cargo de asesinato de primer grado — interrumpió Shaughnessy—. Ahora levántese y aléjese del sospechoso. Habló en un tono amenazante, pero aun así ella no se movió, por el shock de lo que él había dicho o por algo más, no lo sé. —Está bien, April —dije otra vez, rezando que ella escuchara, que no le diera a Shaughnessy una razón.

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El movimiento de la cama me dijo que ella se había levantado, y, por la esquina de mi ojo la miré mientras se doblaba para buscar a tientas su ropa. Lanzó mi camisa sobre su cabeza rápidamente, y la jaló hacia abajo tan rápido como podía. —Venga aquí, señora —dijo Shaughnessy mientras alcanzaba el brazo de April, tocándola gentilmente, con protección, como si la estuviera alejando del peligro. Permanecí quieto como una piedra y apreté mis dientes tan duro que pensé podría quebrarlos, mi furia intensificándose cuando Shaughnessy corrió su mano por el brazo de April y lo apoyó entre sus hombros, sin molestarse en dispararme una mirada. Pero April lo hizo, sus ojos amplios con terror y shock, y por debajo, algo más: ira, decepción. Esa expresión quitó la pelea de mí, y no me resistí cuando uno de los policías chasqueó las esposas en mis muñecas. *** Los policías me botaron en una celda vacía, aunque todavía estaba esposado y sin camisa. Estaba tan furioso que pensé podría quemarme con ella. A Shaughnessy por esta estratagema, uno del cual le haría pagar. Pero más que nada, conmigo mismo. Había jugado con ese fuego, y fue April quien se quemó. Su negocio había sido invadido, y ahora, por mí, también su casa. Ella escasamente había visto un arma antes, y después de semanas con mi familiaridad, había sido apuntada con múltiples, otra vez había sentido el miedo muy real de la muerte.


La miré a través del vidrio arañado que separaba las celdas del piso principal de la estación. Sus ojos estaban amplios pero planos, como estaba el resto de su rostro, sin una pista de la franqueza y la calidez que llegué a ansiar, sin embargo. Era April en cuerpo, pero no en espíritu. Y todo esto era mi culpa. Cuando Shaughnessy puso una mano sobre su hombro y luego la empujó en sus brazos, grité mi rabia. April miró hacia el sonido, sus ojos planos ahora vivos con miedo. Pero él solo sonrió con suficiencia y luego la miró con falsa preocupación antes de voltearla y sacarla de mi vista. Aun así, seguí gritando, continué haciéndolo incluso cuando varios oficiales corrieron hacia la celda y trataron de vencerme a sumisión. Continué incluso después, con la ayuda de otros ocho, me contuvieron así que no pude moverme, ni siquiera pude girar la cabeza. —Te dije que alguien necesitaba enseñarte modales —dijo Shaughnessy cuando entró en la celda—. Tal vez ese pequeño pedazo trasero tuyo necesite un poco también. Solo entonces dejé de gritar.

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Once Traducido por Bliss Corregido por Kat Cooper

E

stuve ahí por una semana, el final que siempre había sabido me esperaba, de alguna

manera se las ingenió para tomarme por sorpresa. No lamentaba mi destino; me lo había ganado y lo merecía. Pero la pérdida de ella me perseguiría hasta que muriera, probablemente hasta después. —Hora de irse. No levante la vista, demasiado preocupado con mis pensamientos sobre April y convencido que el guardia no estaba dirigiéndose a mí de todas formas. Lo cual era raro porque yo era el único en la celda. Por esa comprensión, levante la mirada. El guardia parecía tranquilo, su rostro completamente ilegible.

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—Parece que pagaron tu fianza —dijo burlándose. No tenía derecho a una finanza. Hubiera tenido que ser procesado y detenido hace dos días, enfrentar varios meses antes de ir a un juicio y entonces, después de toda una vida, habría sido condenado. ¿Así que, de que hablaba este hombre? Entrecerré los ojos. —No tengo todo el día —dijo. Me levanté y acerqué a las barras, sin estar seguro de lo que estaba pasando, pero dispuesto a seguirle la corriente, al menos por el momento. Giré y metí mis manos a través de las barras, el chasquido y tirón de las esposas de plástico cortando mi circulación. Con bastante esfuerzo, podría romperlas, pero ahora no era el momento. —Retrocede —dijo el guardia. Obedecí y abrió celda, bruscamente tomó mi antebrazo y me dirigió por el pasillo para el procesamiento. La ansiedad me llenó, pero no había indicio de que algo estuviera fuera de lo normal. La agitación de la cárcel y la ciudad seguía sin cesar, como si esto fuera una liberación estándar. Pero este no era el caso. Shaughnessy nunca me dejaría salir de aquí, también se


encargaría de que nadie lo hiciera. Algo más tenía que estar en juego. Y mientras iba a través del procesamiento, descubrí lo qué era. Reprimí la ola que estaba creciendo en mi pecho. Treinta minutos después, estaba afuera en la calle y treinta minutos más tarde tenia puesta mis manos en un cambio de ropa, dinero y un arma. Y entonces fui por ella. *** No estaba en casa cuando llegué, pero no me fui. No podía. Sabía que era una locura, que tan pronto Shaughnessy se diera cuenta que estaba afuera, este sería el primer o el segundo lugar que miraría, pero tenía que verla de nuevo, arriesgaría cualquier cosa por hacerlo. Así que esperé, cubierto en la oscuridad descendente del día desvaneciéndose. Por suerte, no tuve que esperar demasiado tiempo. Alrededor de una hora después de llegar, escuché el sonido de sus llaves y el giro del seguro en la puerta señalando que había venido a casa. Me levanté en su pequeña sala de estar, justo donde pudiera verme, sin querer asustarla o asustarla más de lo que ya había hecho. Su mirada aterrizó en mí inmediatamente y después de un estremecimiento casi imperceptible, cerró, bloqueó la puerta y se sacó sus zapatos, una vez más, alineándolos contra la pared ordenadamente. Ese pequeño gesto, algo que se sentía familiar, cómodo, revolvía un desorden de emociones dentro de mí.

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Amaba a esta mujer. Y tendría que dejarla. —Pensé que estabas en la cárcel. ¿Cómo llegaste aquí? —preguntó. Su voz era cautelosa, sonando cansada, pero no parecía asustada, hecho por el cual estuve agradecido. —April… —dije, mi tono inusualmente inseguro. Sus ojos brillaron, pequeños puntos duros de ira que me herían. —¡No lo hagas! —dijo—. ¡No te atrevas! Avanzó hacia mí, su ira desvaneciéndose un poco en una expresión de dolor que retorció mi corazón. —Confié en ti. Pensé que tal vez… —Su tono se volvió melancólico, pero luego se enderezó—. ¡Y era todo mentira! —No lo fue, April. No todo. —Eres un criminal. Lastimas a las personas. ¡Pudiste haberme lastimado!


—¡Nunca! —dije, cerrando la distancia entre nosotros, me miró, un brillo de lágrimas nublando sus ojos. No pude contenerme de llegar a ella. Apoyé mis manos en su rostro y sequé cada lágrima mientras caían—. Nunca te lastimaría, April. Jamás. —¿Por qué debería creerte? Ni siquiera te conozco —dijo, con voz fría y dura. Las palabras me desgarraron, más de lo que debió, más de lo que era justo después de todo lo que ella había atravesado. Pero sin embargo lo hicieron y antes de que pudiera detenerme a pensar, había sellado mis labios sobre los suyos. Se puso rígida y luego se calmó, abriendo su boca para mí. Moví mi lengua dentro, tomando ventaja. La besé con toda la emoción que podía exhibir, deseando que siquiera una fracción del sentimiento que sentía por ella, fuera transmitido. —Me conoces, April —dije, mi voz muerta y perdida—. Me conoces —repetí, dejando que mis manos viajaran sobre sus hombros hasta ahuecar sus pechos—. Me conoces. Mientras hablaba, dejé que mis manos se arrastraran por sus pezones, los cuales de levantaron con rígida atención. Lo que sea que haya pasado, cualquier mentira que Shaughnessy y yo podríamos haberle dicho, era innegable. Y si esta era la única manera en que podía mostrarle la verdad de nuestra conexión, de los sentimientos que sentía por ella, lo haría. Así que lo hice.

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Tome sus senos, tirando de sus pezones mientras la hacía retroceder hacia la puerta. Se apoyó contra la sólida estructura de madera y aunque no hablaba, sus ojos se habían vuelto pesados, brillaban con ira o dolor y el más potente deseo. Ella lo sentía también. Un hecho que fue confirmado cuando, después de abrir sus jeans y bajarlos al suelo, pasé mis dedos por su hendidura y la encontré resbaladiza por el deseo. —Me conoces. Jugué con su clítoris, pero no habló y trató con valor suprimir su gemido. Miré las emociones mientras estos se desarrollaban en su cara, su necesidad luchando con su dolor. Y vi el momento exacto cuando la necesidad ganó. Sus músculos se relajaron y se apoyó completamente contra la puerta, abriéndose para mí, pero rehusándose a encontrarse con mi mirada. No podía aceptar eso, no permitiría que pusiera una pared entre nosotros, no la dejaría pretender que lo que estaba pasando entre nosotros no era real. De alguna manera sabía que, si no me miraba, trataría de convencerse a sí misma que las emociones fluyendo entre nosotros eran menos poderosas, menos profundas que este momento. Y no dejaría que eso pasara. La levanté y apretó sus piernas alrededor de mi cintura, jalándome más cerca, y aunque el movimiento era probablemente inconsciente, solo solidificaba mi decisión. Sin más demora, desabroché mis pantalones y liberé mi polla que se paraba con atención, entonces empujé por su resbaladiza hendidura.


—Mira, April —dije, mi voz tan dura como mi polla—. ¡Mira! Sus ojos se abrieron y miro hacia abajo. Una vez que su mirada estaba sobre el lugar donde nuestros cuerpos estaban unidos, empujé dentro con una dura embestida, la vista de mi polla desapareciendo entre sus pliegues logrando que ambos gimiéramos. Pero esta vez no había delicadeza, tampoco cariño, solo el frenesí de necesidad que forzaba para estar con ella una última vez. Lamenté que no hubiera tiempo para alguna técnica, pero sus duros y salvajes gruñidos me hicieron pensar que sentía la intensidad también. Mientras la embestía, ambos mantuvimos nuestros ojos pegados al lugar donde estábamos conectados y miré, igual que ella, mientras mi polla desaparecía y reaparecía, la piel escurridiza, brillante por sus jugos. La tomé bruscamente, sin ceder y después de varias embestidas duras, retrocedí, presionando su cuerpo entre el mío y la puerta. Con cada bombeo de mis caderas, gritaba, ese, el sonido de mis duros y pesados jadeos, el sonido de nuestros huesos pélvicos golpeando el del otro eran los únicos sonidos en la habitación. Su coño, caliente y húmedo, firmemente apretaba mi polla de la misma manera que sus muslos apretaban mi cintura, coloco sus brazos alrededor de mi cuello, sus dedos cavándose en los músculos de mi espalda mientras se entregaba a mí. Sus paredes me presionaron tensamente y tembló mientras se corría en un largo suspiro, su sexo palpitando alrededor de mí, mientras el jugo fluía de ella.

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Aun así continué, todavía no quería que esto acabara y se vino otra vez, su respiración rápida y fuerte, su agarre en mis hombros haciéndose más firmes mientras cada momento pasaba. Pronto, demasiado pronto, sentí la presión de mi inminente liberación, e imaginé que la llenaba con mi semen. Por un breve momento, una imagen de ella embarazada con mi hijo, la única oportunidad que podría tener para dejar un legado en este mundo se filtró a través de mi mente. Pero entonces me pregunté qué sería peor: ¿no tener ese lazo o no estar alrededor para verlo? Y en ese último momento, a pesar de cuánto quería llenarla con mi semen, me salí y me vine, rociando su montículo con chorro tras chorro de semen. A regañadientes, liberé mi agarre de sus caderas y le permití bajar sus piernas al suelo, aunque no me alejé. Se arrodilló ligeramente, su cabeza chocando levemente contra mi pecho mientras bajaba y subía sus pantalones, evitando mi mirada todo el tiempo. No sabía qué hacer, qué decir, era incapaz de detener la pared que podía sentir que construía entre nosotros mientras cada momento pasaba. —Deberías irte —dijo al final, su voz fuerte, aunque podía oír las lágrimas. Levanté las manos y sostuve su rostro inmovilizándola para que me mirara. Mantuve su mirada con la mía, traté de recordar cada pulgada de su rostro. Y luego acaricié mis pulgares a lo largo de sus pómulos. —Te amo, April —dije.


Y luego me fui.

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Doce Traducido por Bliss Corregido por Izzy

U

n hombre prudente, o uno inteligente, ganaría una rápida retirada, pero yo no era

ninguno de los dos, ya no más. Y además, podía correr y esconderme, pero nunca tendría una vida, no sin ella, por lo que ir a la cárcel era un riesgo que estaba dispuesto a tomar. Las cuentas tenían que ser saldadas. Fui a ver a mi jefe. Él estaba ilegible, como siempre. —Gracias. ¿Debería preguntar cómo haces eso? Se encogió de hombros.

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—No sé a qué te refieres. La gente depende mucho de las computadoras estos días. Los errores pueden suceder en cualquier momento. —Parece que puede —dije. Se rió entre dientes levemente, y luego se calló, su exterior profesional regresando. —Tengo que terminar esto —dije. No necesitaba ampliar, él sabía exactamente de qué estábamos hablando. —Asegúrate que no esté desordenado. —Fue su única respuesta. Asentí. Quería ser desordenado, muy desordenado, pero lo respetaba lo suficiente para cumplir con la petición. Él era el único que tenía que lidiar con los efectos secundarios. —¿Y la mujer? Levanté una ceja. Nunca había mencionado a April a nadie. —No sería jefe por mucho tiempo si no conociera los secretos de todos —dijo frontal. —¿Estarás atento a ella? Asintió.


—Podrías tenerla contigo —dijo Sacudí la cabeza. —No todos somos tan afortunados como tú. Fue su turno de asentir. —Estaré atento a ella. Cuídate a ti mismo. Asentí otra vez y luego me fui, dirigiéndome a mi última parada. *** Shaughnessy era bastante inteligente, o estaba bastante asustado, para no regresar a su casa. Probablemente yo no debería hacerlo tampoco, la policía podría haber estado mirando su casa, pero algo me dijo que Shaughnessy estaba más asustado de ser revelado por el bastardo corrupto que era él que de lo que yo le haría. Era un error de cálculo, uno que él pagaría con su vida, pero yo era feliz por ello. Lo sería bastante, una vez que lo encuentre.

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Había tomado todo de mí, la única cosa que importaba, April. Yo había estado jugando con la vida en el pasado, pero tenerlo invadiendo su casa, amenazándola, era algo que no podía tolerar. Conocía los riesgos, había elegido esta vida, pero ella no. Él la había traído dentro, y por eso él pagaría. Busqué arriba y abajo, rugiendo en cada lugar que Shaughnessy podría sentirse lo bastante cómodo para yacer su cabeza, pero no lo encontré. Capté trozos de las noticias donde hablaban del error que había liberado a peligrosos criminales en la calle, por lo que mantuve un perfil bajo, pero la presencia de la policía no se sintió más realzada. Probablemente Shaughnessy lo está haciendo también. Pero la noche siguiente estaba casi sin opciones. Había mirado en todas las partes, y le hablé a cualquiera que podría pensar, pero no estaba más cerca de encontrarlo. Y mientras caminaba velozmente, mi frustración construyéndose, un pensamiento se me ocurrió. Me detuve, parado aún en medio de la acera mientras mi mente rodaba con la posibilidad. Él no podría estar, pero no pondría nada más allá de él. Con una sensación horrenda construyéndose en mi estómago, cambié de dirección y corrí, rezando alcanzarla antes de que él lo hiciera.


Trece Traducido por Bliss Corregido por Izzy

L

legué demasiado tarde.

El restaurante estaba como siempre, y claramente pude ver a Shaughnessy parado allí hablando con April. El rostro de ella estaba tenso, pero Shaughnessy no parecía estar amenazándola. Más probable, le estaba hablando de mí y de mis malvadas hazañas, explicándole que debería llamarlo a él si me veía, que yo tenía amigos en la policía y que él era la única persona en quien podía confiar. Me moví más rápido cuando él tomó su mano, la necesidad de romper el contacto entre ellos me estimuló y me hizo lanzar la precaución al viento. Abrí de golpe la puerta del restaurante, y esta se estrelló contra la pared. Shaughnessy y April saltaron, sorprendidos y mirándome fijamente mientras yo me quedaba en el marco de la puerta.

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Shaughnessy se levantó entre April y yo, y cuando la miré vi el miedo que tenía a sus ojos encendidos. Me recordó al atraco, excepto que era a mí a quien temía ella. —Está bien, April. Te protegeré —dijo Shaughnessy, su tono lleno de bravuconería. El cabrón pensaba que me tenía, y probablemente tenía razón. No podía hacer nada con April aquí, no sabía cómo respondería él. Y la manera que su mano se cernía en la funda de su pistola me puso nervioso. No por mí mismo, sino por ella. Shaughnessy apagaría su vida sin un segundo pensamiento, y no podía hacer nada que la pusiera más en riesgo. —Quédate justo allí, grandulón —dijo, sonriéndome con suficiencia con un destello de satisfacción en sus ojos—. La caballería está en camino —dijo. Sacó su arma, pero no disparó. Sospeché que en su mayoría era para enseñarme que él sabía que no respondería y que iba a tomar ventaja. No era suficiente para él que yo estaría por ir a prisión por el resto de mi vida; él quería refregármelo en las narices. —Nunca pensaste que esto sucedería, ¿verdad? —dijo él. No respondí. No podía. No le daría la satisfacción. Pero eso no lo detuvo.


—Oh sí, es un gran día para la justicia en la ciudad. ¿Cierto, April? —dijo volteándose ligeramente hacia ella—. Estoy limpiando las calles por mi propia cuenta —alardeó con una pequeña risa. La ira estalló en mi sangre en guerra con la desesperanza que sentía. No debería terminar así. Sabía que nunca tendría un buen final, él tenía esperanza para tal cosa, pero así, de la mano de Shaughnessy, mi última vista de April con sus ojos amplios con terror y miedo y no la pasión y el afecto que siempre amaba ver. Y duele como una perra. —Tu jefe va a adorar esto —dijo Shaughnessy, su voz tomando un tono malicioso. April no entendería el subtexto, pero yo lo entendí completamente—. Voy a tener una promoción fuera de esto seguramente —dijo. —Probablemente dos —dije incapaz de mantener las palabras dentro. Eso hizo que Shaughnessy se riera abiertamente. —Probablemente —dijo. Relajó su muñeca un poco, quitando el arma de mí, aparentemente confiado en que yo no haría un movimiento. —He esperado tanto este día —dijo él—. Y estoy feliz de que April esté aquí cerca para ser testigo de esto. Solo piensa, después de todos aquellos años de terror…

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Ella se movió tan rápido que no la había visto. Pero el choque de la cafetera contra la cabeza de Shaughnessy, seguido por los gritos de él mientras el líquido hirviendo corría por su cara y dentro de sus ojos, fueron un shock para mis oídos. Él se dio la vuelta salvajemente hacia April, el arma en su mano. Tomé el momento para golpearlo, corriendo hacia él y derribándolo al suelo. Su cabeza rebotó en el brillante piso duro, y en un instante cayó, su agarre liberando el arma, la cual hizo un sonido metálico contra el suelo a su lado. Levanté la mirada hacia April, sus ojos aún brillantes con el miedo, y estiré un brazo hacia ella. Esperé que retrocediera, pero no dolió menos cuando lo hizo. Probablemente estaba en shock, como lo había sido esa primera vez, pero tan diferente. Había sido una fantasía entonces, y mientras su dolor me había llamado, no era nada comparado con ahora. Conocía a su verdadero yo, no alguna imagen que yo había elaborado en mi mente, y ella era mucho más de lo que podía haber imaginado. La había salvado ese día, cuando no me había conocido y realmente no había importado, pero ahora que sí la conocía, sabía que su realidad era mejor que nada de lo que yo podía haber soñado, el vistazo de miedo en sus ojos era insoportable. —¿Él está…? —No. No aún —dije. Sus palabras me pasmaron en acción. Saqué el teléfono de Shaughnessy de su bolsillo y alejé el arma de sus manos, y luego rápidamente coloqué una llamada.


—La caballería está de camino —dije después de que hiciera la llamada. April me miró fijamente, el miedo que había estado en su rostro alejándose, mucho para mi alivio. —¿Tu caballería? —preguntó, su voz temblando. — Tu caballería —dije. No habló, pero luego miré sus manos y noté que no estaban temblando. Miré de vuelta su rostro y la miré mientras me miraba, ninguno de los dos pareciendo saber qué hacer. —¿Cómo lo sabías? —pregunté finalmente. Giró sus ojos al suelo. —El arma. La reconocería en cualquier lugar. Seguí el camino de su mirada hacia el arma ridícula para la vista. Debería haberlo notado más pronto, pero no lo hice, demasiado preocupado lamentando la pérdida de April y la vida que estúpidamente me había permitido creer que podríamos haber tenido. —¿Shaughnessy está sucio? —preguntó, su voz baja. Asentí. —Pero tú también lo estás.

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Asentí otra vez. Yo estaba más allá de la esperanza, más allá de la redención, pero algo dentro de mí me contenía. —April… Dejé de hablar por el sonido de pesados pasos mientras cuatro hombres fornidos entraban al restaurante. —¿Debería preguntar siquiera? —preguntó ella. —No —respondí. —Rápidamente. Quiero este lugar fregado en tres minutos —dijo el jefe. Miré a April, quien miraba a los hombres mientras trabajaban, uno lanzando la forma boca debajo de Shaughnessy sobre su hombro mientras los otros estaban inquietos sobre poner las cosas de regreso a sus lugares. —¿Están limpiando? —preguntó April. —Sí. Nadie sabrá que algo sucedió aquí. Pero April, no puedes decir nada de esto a nadie. Jamás. —¿Y tú…?


—Fuera. —Y pronto. Tenemos que salir de aquí —interrumpió el jefe. No había esperado que se mostrara personalmente, y aprecié el gesto. Aun así, tenía un favor más que pedir. —Cuídala —dije. El otro hombre asintió. Satisfecho de que alguien estaría mirándola, incluso si este no era yo, me moví hacia la puerta, hacia una vida vacía en el camino y sin ella, sin mirar atrás. Era patético, pero no pude. —¡Espera! —dijo ella, su voz explotando fuerte y alta. Me congelé, pero no me volteé, ni siquiera mientras escuchaba el sonido del arrastre de sus pasos por el suelo, o cuando sentí el calor de su cuerpo detrás de mí, sus dedos apoyados encima de los míos. Por el toque de su mano, levanté la mirada, espié su rostro por la esquina de mi ojo, queriendo que mi corazón se quedara quieto, y tratando de suprimir alguna semilla se esperanza.

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Pero entonces ella envolvió sus dedos alrededor de los míos y los apretó, forzándome a girar. La miré detenidamente con vacilación al principio y luego con audacia mientras entreveía el amor que sentía estar reflejándose de regreso hacia mí a través de sus ojos. Mi corazón aceleró mientras ella me miraba fijamente con parpadear, el amor, la aceptación que vi respirando con nueva vida en mi espíritu, sin dejar dudas de cómo se sentía ella. Apreté su mano con firmeza, y ella me devolvió el apretón. Luego, con los dedos entrelazados, nos adentramos a la noche.


The Assassin (Men Who Thrill #2) La muerte es mi trabajo. ¿Es el amor mí salvación?

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La muerte es mi trabajo. Dame un nombre–y mis honorarios–y eliminare el objetivo, sin hacer preguntas. Cientos han caído por mi mano, y nunca le he dado un pensamiento. Pero este trabajo es diferente. Por ella. Lo sentí la primera vez que la vi, pero lo aleje, determinado a que nada se ponga en mi camino. Pero cuando la tuve en mi mirada, algo que nunca espere que pasara pasó: vacile.


TRADUCIDO, CORREGIDO Y DISENADO EN

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Me Who Thrill #1  

The Enforcer Kaya Blue

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