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Sinopsis Sam “Solo1” Braun vive sobre todo por una verdad, el Club de Moteros Cavadores de Tumbas. El credo le ha servido bien, dándole a la única familia que había conocido. Moriría por sus hermanos y ellos por él, pero ellos no saben que prefiere a los hombres por encima de las mujeres. Salir del armario ante un grupo de hombres que no teme a nada, no está muy arriba en su lista de prioridades, especialmente porque nunca ha tenido más que rollos de una noche. Todo cambia después de una noche con Eric James. Por primera vez, Solo no puede parar de pensar en una sola noche que hubiera pasado con un hombre. Cuando el destino interviene, Solo se encuentra con su obsesión de ojos azules sólo para descubrir que Eric es un poli. Solo odia a los polis, igual que sus hermanos de la banda. Sin embargo, Solo decide jugárselo todo y pasar más tiempo con Eric fingiendo que quiere conseguir información. Enamorarse de un poli es algo muy peligroso para un hombre en la posición de Solo, entonces ¿por qué no puede alejarse?

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En español en el libro en inglés


Capítulo Uno Sam “Solo” Braun se apoyó en la barra del Lucky's y miró la tienda de dulces que tenía delante de él. No encajaba en el resto de patrones, lo que lo ponía malo de una forma buena. Los hombres que estaban interesados en palabras dulces, largos paseos o acurrucarse no le daban a hombres como él ni la hora. Nop, esos idiotas con jersey miraban a un hombre como él solo por una razón, querían ser follados y follados duro. Dejar que algún “benefactor” corporativo montara su vara por una hora o así era tras lo que iba, y raramente tenía que esperar mucho antes de que a quien eligiera se acercara a él. Buen ejemplo: Solo había notado al pedazo de culo de pelo negro y ojos azul claro en el momento en que entró. Fuera quien fuera, Solo nunca lo había visto en Lucky's antes. Lo recordaría. Mierda, el bastardo que le estaba poniendo dura la polla era un tentempié envuelto en jeans azules y una camiseta negra. Esos jodidos ojos. Sacudió la cabeza. Nunca había visto unos ojos así. Azul claro no era la palabra adecuada para describirlos; eran del color del suave tejano desteñido. Sí, ese era el color exacto. Solo alzó su cerveza a sus labios, pero mantuvo su mirada en su premio. Él no se acercaba a los tipos nunca. Todo lo que tenía que hacer era mirarlos hasta que finalmente se daban cuenta de que alguien los miraba y se giraban para ver quién. Ojos Azules echó la cabeza atrás y rio por algo que dijo su amigo, mostrando unos hoyuelos gemelos. Por un breve momento, Solo consideró follar al tipo más de una vez solo para ver esos jodidos hoyuelos de nuevo. —Cristo —gruñó. Antes de que pudiera pensar más en que una vez podría no ser suficiente, Ojos Azules se levantó. Agarró una jarra vacía de la mesa y se giró hacia la barra. Solo supo el momento en que Ojos Azules lo notó. Un minuto tenía una sonrisa en su rostro, y al siguiente se detuvo y se encontró con la mirada de Solo, su sonrisa


perdida en un instante. Solo siguió esperando. Ojos azules colocó simplemente la jarra en la barra. —Otra, por favor —dijo al camarero mientras sacaba su cartera. Miró a Solo tres veces antes de finalmente hablar—. Hey. Solo bajó su cabeza en respuesta. —Hay mucha gente aquí —dijo Azul. Solo se encogió y finalmente se rindió a sus necesidades. —Podría haber miles de hombres aquí, y aun así te habría visto a ti. Las mejillas de Azul se sonrojaron mientras le pasaba al camarero un billete de veinte. —¿Quieres bailar? Solo sacudió la cabeza. En su lugar, apartó el taburete junto a él con su bota. —No bailo. Azul se mordió su labio inferior y miró a sus amigos por encima del hombro. —¿Esperarías a que lleve esto a la mesa y vaya al baño? —Me parece justo. —Solo observó a Azul irse. Siempre podía seguirlo y encargarse del asunto allí, pero quería una mirada más de cerca a esos malditos ojos, y las luces sobre los urinarios eran una mierda. No, esperaría a ver bien los ojos de Azul antes de follarlo.

Eric James miró su reflejo en el espejo mientras se lavaba las manos. —¿En qué coño estás pensando, James? —se preguntó a sí mismo. «—Un hombre


como ese son problemas y lo sabes», continuó silenciosamente. —¡Joder! —soltó, sabiendo que volvería a la barra a pesar de cuanto intentara convencerse de lo contrario. A pesar de sus dudas, el hombre era demasiado caliente, demasiado peligroso, demasiado tatuado como para explorarlo en solo unas horas. Ese maldito de cabello marrón oscuro hasta los hombros y esos ojos traviesos marrones lo habían atraído, pero ese jodido tatuaje de viuda negra en el lado de su cuello lo había puesto duro en el momento en que lo vio. La puerta se abrió, y el motero entró. —Pensé que habías cambiado de opinión —gruñó, su voz tan baja que hizo vibrar las bolas de Eric. —Había cola —mintió Eric. Se giró para encarar al motero—. Por cierto, soy Eric. —Solo. Eric sabía que la mayoría de moteros tenían nombres callejeros, pero Solo parecía extraño para el duro hijodeputa que lo acorralaba contra la pared. —¿Te gusta la taza2? Solo miró a Eric como si se hubiera vuelto loco. —¿Por qué coño dejaría que la gente me pusiera un mote por una jodida taza roja? Solo porque prefiero estar solo. —Presionó su cuerpo mucho más grande contra Eric—. La mayoría del tiempo. Eric sintió un momento de pánico pero rápidamente se recuperó. Cristo, no se había dado cuenta de lo grande que era Solo. Midiendo cinco con once, sabía que no estaba calificado para jugar al baloncesto profesional, pero nunca antes se había sentido tan malditamente pequeño. Debía de haber al menos seis pulgadas de diferencia entre ellos, y no tenía ni idea de cuantas libras tenía Solo en él. Sin grasa. Por lo que podía ver Eric, el cuerpo de Solo era una perfecta roca dura. Colocó sus manos en el pecho de Solo. Oh, infiernos, sí, ahí había duro músculo bajo sus palmas. Joder. —¿Quieres salir de aquí, Azul? —Solo ahuecó el culo de Eric—. Podemos ir a tu casa o pillar una habitación de hotel calle abajo. 2

Hay una marca de platos desechables y comida que se llama Solo Cup (taza) de ahí la pregunta


Eric no estaba seguro de que le importara cualquier opción. No conocía suficiente a Solo como para llevarlo a casa, pero un hotel parecía tan...sórdido, pero, maldición, le gustaba el mote que Solo le había dado. —¿Y tu casa? Lentamente, Solo sacudió la cabeza. —Mi casa está fuera de los límites. El cuerpo entero de Eric se puso rígido. Joder. Sabía que era demasiado bonito para ser verdad. Había estado en esta situación antes. —¿Estás casado? Solo sonrió. —Nop. Sin mujer, ni novia, ni coño de ningún tipo, pero no es extraño que la gente se pase a todas horas. —Apretó el culo de Eric—. ¿Tu casa o un hotel? Dios, por favor protégeme, rezó Eric. —Vivo a un par de millas de aquí. —Bien —Solo soltó a Eric—. ¿Conduces? Eric sacudió la cabeza. Había estado bebiendo, por supuesto no conduciría. —Taxi. —Puedes montar conmigo —gruñó Solo antes de abrir la puerta del baño. —¿Has estado bebiendo? —preguntó Eric. No tenía duda de que había una gran moto esperando a Solo en el aparcamiento, y no iba a montar con un hombre borracho, a pesar de lo sexy que era. —Dos cervezas, pero nací bebiendo whisky de la teta de mi madre, por lo que estoy bien. —Solo pasó su mano derecha alrededor del cuello de Eric mientras pasaban a través de la multitud. Eric atrapó la mirada de su amigo mientras pasaban la mesa y asintió hacia Solo. Sin


duda sabía que más tarde no podría quitarse a John de encima, pero eso no lo detuvo. Iba a ir a casa con un tipo malo sexy. Todos los años de fantasear finalmente habían acabado. El cálido aire de julio golpeó a Eric tan pronto como salieron afuera. Abrió su boca para comentarlo, pero cerró la boca sin una palabra. No estaban en una cita, y necesitaba recordarlo. Iba a ir a casa con Solo por una razón, y era follar. No es como si fuera nuevo con esto de los polvos de una sola noche, pero siempre había preferido pasar un par de días llenos de relaciones sexuales antes de separarse. Alzó la mirada a Solo. No había forma de que eso pasara. Solo no le parecía el tipo de tío que se quedara a pasar la noche, mucho menos el fin de semana. Solo sacó un llavero de sus jeans antes de montar en la moto. Movió su cabeza, indicándole a Eric que montara detrás de él. Aunque no vivían en un estado con leyes estrictas sobre cascos, Eric estaba incómodo por conducir sin uno. —¿Sin casco? Solo estiró la mano tras él y la metió en una bolsa lateral antes de sacar un casco negro. Se lo pasó a Eric sin decir una palabra. —Gracias. —Eric se puso el casco antes de apretar la tira bajo la mandíbula. Pasó su pierna sobre la moto y se colocó en el asiento tras Solo—. Baja por Wabash y ve a la izquierda. Vivo en el trece veintinueve de Grant Avenue. —Espera, Azul —gruñó Solo. Estiró la mano para acercar más a Eric. Eric envolvió sus brazos alrededor de Solo y apoyó su mejilla en la ancha espalda de Solo mientras su polla se presionaba entre ellos. Esperaba que el viento lo despejara lo suficiente para recordar cada detalle del tiempo que compartirían Solo y él.

—¡Solo! —gritó Switch3. 3

Mote de otro motero, puede significar interruptor, cambiar, cambio...


Solo paró su taco de billar y alzó la mirada al Jefe de la Banda de Moteros Cavadores de Tumbas. —¿Sí? —Horas antes, Solo había llevado la moto modificada que había hecho después de trabajar en la maldita cosa día y noche durante casi un mes. Era la primera oportunidad que había tenido de relajarse, y ponerse cómodo, y Switch lo sabía, por lo que ¿por qué coño interrumpía su partida? Le pasó el palo a su mejor amigo Rowdy4 antes de acercarse al Jefe. Switch alzó una pequeña bolsa de plástico de hierba5. —¡Pensé que te habías ocupado de esta mierda! —gritó. —Lo hice. Machaqué al cabrón que la vendía tanto que no podrá sentarse recto en semanas. —Solo arrebató la bolsa de la mano de Switch—. Esta no es la mierda de Stevie Boy. Siempre pone una marca negra en la esquina de sus bolsas. —Estudió la bolsa antes de pasársela al otro hombre. No tenía duda de que la bolsa contenía más mariguana con metanfetaminas como la que se habían encontrado últimamente—. ¿Dónde la conseguiste? —BlackJack, tirado en el instituto Turner. Dijo que se le cayó a alguien del bolsillo durante una pelea en la entrada esta mañana. La encontró bajó la fuente de beber cuando limpió el lío. —Si hablas con él de nuevo, dile que estoy en ello. —Solo le devolvió la bolsa a Switch, sabiendo que probablemente iría directamente a la cañería del baño que Switch tenía en su oficina. El instituto Turner estaba una sección rica de la ciudad. No había forma de que un traficante ganara dinero con la mariguana en otro sitio, pero esos ricos de institutos cabrones eran estúpidos. Por suerte, tenían a BlackJack. A veces, era bueno tener a un miembro establecido en los institutos locales. Cuando estuvo listo para dejar la banda, BlackJack Stevens había cogido un trabajo de conserje en uno de los institutos locales. Era la forma de la banda. Cuando un hermano se hacía demasiado viejo para luchar, cambiaba su atención a otras cosas de la banda. En el caso de BlackJack, ayudaba con el proyecto Mantenlo Limpio que el MC6 encabezaba. Solo había tenido la idea hacía casi once años después de que su hermanita, Jessica, hubiera tenido una sobredosis en el baño del instituto durante el descanso de la comida. Trabajar para evitar que los imbéciles vendieran drogas en un radio de cuatro manzanas de los 4 5 6

Otro mote de motero, puede significar alborotador o pendenciero Mariguana MC= Banda de moteros


institutos no era fácil, pero la banda había apoyado la idea y todavía lo hacía. —Descubre de dónde viene esa mierda, y ocúpate de ello —ordenó Switch antes de alejarse. Joder. Solo miró a Rowdy. Dudaba que el traficante cabrón todavía estuviera en la calle a las once de la noche, pero merecía la pena intentarlo. Agarró su logo 7. La chaqueta de cuero era como una segunda piel para él la mayoría del tiempo, pero el aire acondicionado del club se había roto la semana pasada. —Vamos a montar. Rowdy dejó los palos del billar en la mesa antes de seguirlo. Llegaron al aparcamiento detrás del MC, pero el lugar de ir hacia sus Harleys, fueron directamente al Noca negra del setenta y tres de Solo. No se necesitaba intercambiar palabras entre ellos para saber qué hacer. Rowdy había llegado a los Cavadores de Tumbas el mismo año que Solo, y los dos se entendieron de inmediato. Sí, Rowdy era su chico, y Solo no podía pensar en un hombre mejor para cubrirle las espaldas. Nervioso y enfadado, Solo salió del aparcamiento. ¿Cómo había podido alguien meterse bajo su radar? Miró los arañazos que se estaban curando en sus nudillos por la paliza que le había dado a Stevie Boy la semana pasada. Giró en Lowell Avenue y mantuvo sus ojos vigilantes. No era un secreto entre los traficantes que los Cavadores de Tumbas vigilaban la zona, que era el motivo por el que Solo optó por el Nova. Un rugido de su Harley y los cabrones huirían como cucarachas. Cuando llegó a Brookline, Solo disminuyó la velocidad del coche. Si alguien estaba fuera vendiendo, sabía que parecería que él quería comprar. —Ahí. Arriba y a la derecha —dijo Rowdy, apuntando con su dedo a dos sombras que estaban juntos bajo una rama baja. —Los tengo —contestó Solo mientras dirigía el Nova hacia los hombres. En el momento que paró, los dos hombres se separaron en direcciones diferentes—. Tengo al de la capucha —le gritó a Rowdy mientras abría la puerta y salía. Sus pesadas botas negras golpearon el pavimento en persecución del loco cabrón. ¿Quién coño llevaba una capucha en agosto? Solo paró de repente cuando la mierda con la chaqueta desapareció entre dos casas. Cuando rodeó la esquina de la casa blanca, disminuyó el paso. Mierda. La rata no 7

El logo que identifica a la banda


estaba a la vista. Un perro del barrio ladró, por lo que sin duda esa escoria todavía estaba cerca, probablemente escondiéndose. Escuchó una puerta trasera abrirse y rápidamente retrocedió a las sombras mientras el propietario del perro empezaba a gritar. Aunque estaba intentando atrapar al jodido traficante, Solo estaba seguro que el propietario de la casa no le creería. Con su tamaño y llevando el logo, la mayoría de la gente con la que se encontraba se asustaba cuando se acercaba. Después de varios momentos, el propietario metió al perro dentro y cerró la puerta. Por desgracia, el traficante probablemente ya estaría lejos. Irritado, Solo soltó el aire y se dirigió de vuelta al Nova. Solo salió a las calles y corrió hacia Rowdy, quien estaba luchando a puñetazos con el segundo hombre. Sabía que Rowdy no necesitaba ayuda, pero Solo disfrutaba observando cómo les sacaban la mierda a esos idiotas por lo que paró a varias yardas de distancia. En la refriega, Rowdy y el segundo hombre se habían movido de debajo del agua mientras se golpeaban. Solo se cruzó de brazos y se puso a observar la pelea, impresionado con la habilidad del bastardo para recibir los puñetazos y mantenerse de pie. Cuando la farola de arriba le permitió ver el rostro del oponente de Rowdy, se tensó. Azul. La respiración de Solo se apretó ante la vista del hombre al que había follado semanas antes. Había sido uno de los mejores que había tenido en mucho tiempo, y en más de una ocasión, había considerado llamar a la puerta de Azul para una repetición. —¡Rowdy! —gritó. Descruzó sus brazos y dio un paso hacia ellos cuando Azul le dio un sólido puñetazo a Rowdy en la mandíbula. Solo se puso entre Rowdy y Azul y envolvió sus brazos alrededor de Azul, parando al hombre más pequeño. —¡Para! La sangre salía de su nariz, y si ojo ya estaba hinchado, Azul miró a Solo y se congeló. —¿Qué coño?


Solo miró a Rowdy por encima de su hombro, estaba doblado con sus manos apoyadas en sus rodillas. —¿Estás bien? —Poca gente podía rivalizar con Rowdy y mantenerse en pie después, pero Azul lo había hecho. Una cierta cantidad de orgullo llenó a Solo. —¿Por qué coño me paraste? —preguntó Rowdy, escupiendo sangre en la acera. Solo devolvió su atención a Azul. —Porque lo conozco —le dijo a Rowdy mientras mantenía su mirada en esos preciosos ojos azules. Normalmente, era un buen juez de carácter, y nunca habría pensado que Azul era otra cosa a parte del típico ejecutivo. ¿Cómo había estado tan equivocado? —¿Vendes o compras? Azul miró al instituto. —Compro. —Tonterías, —dijo Solo. No había forma de que Azul fuera un consumidor. —¿Si no vas a creerme, por qué preguntas? —Azul empujó el pecho de Solo—. Y aparta tus manos de mí. —Quería ver si mentirías. Tengo mi respuesta. —Solo soltó a Azul pero permaneció vigilante. Si Azul decidía huir, Solo iría tras él. Ayudaba que supiera donde vivía Azul, y que tuviera una enorme cama tamaño king con sábanas azul pálido y azul oscuro y una colcha hecha a mano. Azul se puso bien la camiseta. —Podría preguntarte lo mismo. ¿Estás aquí para comprar? —Estoy aquí para asegurarme de que esos estúpidos no vendan su mierda a los niños. —Solo movió su mano alrededor—. Toda esta zona está fuera de los límites para drogas, por lo que voy a preguntártelo de nuevo, ¿estás comprando o vendiendo? Azul miró de Solo a Rowdy antes de devolver su atención a Solo. —No voy a hablar contigo aquí fuera. Necesitas pegarme un poco más y meterme en la parte trasera del coche.


El Detective Eric James se limpió la sangre de la boca. —Dije pegarme un poco más, no intentar arrancarme los jodidos dientes. Solo se puso en el asiento trasero con Eric después de pasarle las llaves a su compañero motero. —No me gusta jugar. —Señaló la boca de Eric—. Ahora lo sabes. —Se inclinó hasta que su boca estuvo a una pulgada de la de Eric—. Habla. —Aquí no. Sal de aquí como si me llevaras a tu club o algo —dijo Eric, tocando con su lengua el corte de su labio inferior. Solo tocó al otro hombre en el hombro. —Conduce. Eric había estado tan cerca de sacarle algo al traficante de bajo rango. Si no hubiera sido por los moteros vigilantes, sin duda tendría un nombre o un momento para conocer al tipo que mandaba. Cuando estuvieron a varias manzanas del instituto, miró a Solo. ¿Quién hubiera pensado que el hombre con el que había tenido un increíble sexo caliente sería miembro de los Cavadores de Tumbas? Mierda. ¿Solo no debería haber llevado esa chaqueta de cuero maltratada o algo? Algo que le hubiera dado una pista. Su capitán iba a estar enfadado si alguna vez lo descubría. Su caminata al lado salvaje podía acabar haciendo que disminuyera de rango. Tendría suerte si conseguía un trabajo de poli de patrullas. Vio años por delante escribiendo multas de aparcamiento. —Habla —Solo prácticamente gruñó. Eric miró al hombre que conducía. —Puedes confiar en Rowdy —dijo Solo como si leyera la mente de Eric.


—No confío en ti, por lo que el hecho de que pueda confiar en tu chico no es reconfortante —contestó Eric. Los ojos de solo se entrecerraron. Joder, el tipo asustaba. —Tienes dos segundos para abrir esa bonita boca tuya y decirme que coño estabas haciendo intentando hacer un trato fuera del instituto. —¿O qué? —preguntó Eric. Terminó con lo de hablar con Solo. Infiernos, el motero probablemente tenía más información que él, pero sabía que si empezaba siendo débil, Solo lo masticaría y lo escupiría. En otras circunstancias, Eric probablemente disfrutaría estando de nuevo en el lado receptor de la boca de Solo, pero no en esta. Solo estiró la mano, agarró la polla de Eric a través de sus jeans, y le dio un firme apretón hasta el punto del dolor. —O me aseguraré de que esto no se vuelva a poner duro de nuevo. Poco probable, pensó Eric. Su polla había estado dura desde que lo miró, listo para presentar batalla, y miró a Solo a sus ojos marrones oscuros. —Mi nombre es Eric James, pero por supuesto eso ya lo sabes. Lo que no sabes es que soy detective del Albuquerque PD8. Solo soltó el agarre que tenía en Eric como si lo hubieran quemado. Se alejó de Eric tanto como pudo y empezó a maldecir. —¡Cabrón hijodeputa! —Sí, algo así —dijo Eric estando de acuerdo con las palabrotas—. Un alumno de Turner fue llevado al hospital hoy. Está en la unidad de cuidados intensivos y no se espera que sobreviva —dijo. Intentaba no dejar que su trabajo le afectara, pero los casos que envolvían niños eran los peores—. Lo único que tenemos es que su novia dijo que compró una bolsa de hierba después de las clases. Estaba comprobando la zona cuando ese pedazo de mierda se me acercó. Antes de que pudiera sacarle algo, ese gran cabrón salió del coche y se me abalanzó —dijo, apuntando a Rowdy. —¡Joder! —Solo sacó un móvil y empezó a marcar números tan fuerte que se extrañó de que el cristal no se rompiera—. No fumes esa mierda —dijo al teléfono. Esperó un poco antes de gruñir— Bueno no fumes más. 8

PD= departamento de policía


Eric sacudió la cabeza. Por un minuto, pensó que podría trabajar con el MC en sacar a la mierda de las calles, pero el problema con los moteros era que no trabajaban dentro de los confines de la ley. Él era un poli, y Solo estaba hablando abiertamente con alguien sobre fumar hierba. Solo colgó el teléfono. —¿Dónde has aparcado? —Detrás de la escuela. —Eric se tocó el labio con la lengua de nuevo para comprobar si sangraba o no. —Dirígete al club, Rowdy —ordenó Solo. —No voy a ir a vuestro club —protestó Eric—. Probablemente no debería estar en este coche. Solo rió. —Nosotros no nos quedamos. Tengo algo más en mente.


Capítulo Dos —¿En qué coño estás pensando? —preguntó Rowdy mientras le daba las llaves a Solo—. Es un jodido poli. Odias a los polis, y si el club lo descubre, ambos estáis jodidamente muertos. —No sabía que era un poli cuando le metí mi jodida polla —Solo contestó. Se aseguró de hablar lo bastante bajo para mantener la conversación entre él y Rowdy. Encontrar a Eric en esa acera lo había traspuesto, algo que raramente, por no decir nunca, pasaba. No tenía ni idea de cuál sería su siguiente movimiento, pero una cosa era segura, quería más de una vez con su pequeño amiguito poli—. Joder, hombre, solo dame algo de tiempo para ver qué pasa antes de decirles nada a Switch y los otros. Rowdy, el único hermano del club que sabía que Solo era gay, asintió lentamente. —¿Tienes alguna idea de lo que me estás pidiendo? Solo sabía que si la banda descubría que Rowdy estaba mintiendo, estaría en la misma mierda que Solo. —Sí. Rowdy exhaló. —La próxima vez, intenta hablar un poco antes de follar a un extraño. —Tocó sus moretones y su mandíbula hinchada—. ¿Qué quieres que le diga a Switch? Solo se pasó los dedos por el pelo. —Dile que fui a casa, pero no le dejes fumar más de esa mierda hasta que sepamos qué coño pasa con ella. Mezclar hierba con metanfetaminas o cocaína no metería a un niño en la UCI. —Se cogió dos puñados de pelo y tiró con frustración, un hábito que había adquirido como niño que tenía poco o nada que decir en la ruinosa casa en la que había crecido—. No toda la hierba mezclada es mala, de otra forma habría muchos más niños en el hospital, por lo que quizá Azul pueda proporcionar algo sobre los antecedentes de las víctimas. Quizá el tipo era un objetivo. —Era


desesperado, lo sabía, pero era la mejor excusa para su necesidad de pasar más tiempo con Azul. —¿Azul? —rió Rowdy. Solo gruñó como respuesta. —Llámame mañana —dijo antes de abrir la puerta del conductor. Entró en el coche y miró al asiento trasero—. Puedes sentarte tan pronto como salgamos del aparcamiento. —Me siento como un adolescente intentando escabullirme para ver una peli desde el coche sin pagar —gruñó Azul. —Obviamente, nunca lo has hecho porque todos saben que la única forma es escondiéndote en el maletero. —Después de girar el Nova, Solo salió del aparcamiento. El MC había comprado una vieja fábrica de ladrillos hacía años. Consistía en tres grandes edificios y unos pocos pequeños, todos hechos con los mejores ladrillos. Uno de los edificios era la zona social de la banda, completa con algunas habitaciones para llevar a chicas cuando el alcohol flotaba y las pollas se endurecían. Los otros dos edificios eran usados como almacenes y las tienda de motos modificadas que la banda tenía. A pesar de lo que la gente pensaba, la banda no estaba metida en cosas realmente duras. Vencían armas en ocasiones cuando el efectivo era bajo, y ofrecía protección por un precio en ciertos envíos ilegales, pero dejaban las mierdas realmente malas para otras bandas de la zona. En su mayoría, solo eran un grupo de hombres que pensaban de forma parecida y que prefería pasar tiempo juntos en lugar de en el mundo exterior. Por no decir que no peleaban entre ellos ni con otras bandas de moteros de la zona. Solo pasó las columnas gemelas enormes de ladrillo y salió a la calle. — Bien. Con un gemido, Azul se sentó y pasó una mano a través de su pelo. —¿Ahora me vas a llevar de vuelta a por mi coche? —No hasta que establezcamos unas cuantas cosas. —Solo giró a la izquierda en el semáforo. Iba a ir en contra de su regla número uno y llevar a Azul a su casa. ¿A dónde más podrían ir? No era como si pudieran compartir una taza de café amistosa en la cafetería local. Eran de dos mundos completamente diferentes y nada más que


follar podía salir de una noche juntos, pero no quería ir a casa de Azul de nuevo. Había algo inquietante en la cabaña blanca con su gran porche de bienvenida. Era una fachada. La vida no era clara y ordenada en el mundo de Solo. Era sangrienta y un lío, y los hombres como él no conseguían el final feliz con el que los demás soñaban. No era amargo sobre su futuro. Cuando descubrió que disfrutaba más de las pollas que de los coños, había aceptado su destino en la vida.

Eric miró la caravana pequeña de delante. Vaya vertedero. No le extrañaba que Solo no hubiera querido ir a su casa la primera noche que se conocieron. El agujero de mierda estaba al final de un pequeño parque de caravanas, solo a yardas de distancia de una concurrida autopista. Había usa sola silla en el pequeño porche hecho a mano junto a una pequeña parrilla. —Sal —dijo Solo desde la puerta abierta. Eric había estado tan sorprendido al ver la casa del motero que no había notado que Solo había salido del Nova. Avergonzado por su reacción, salió del asiento trasero. —¿Por qué estamos aquí? —Miró a la línea de árboles detrás de la caravana de Solo—. ¿Planeas matarme y enterrarme junto a esos árboles de allí? Solo, que ya se dirigía al porche, se paró y miró por encima de su hombro. —No me des ideas, poli. ¿Poli? ¿Qué había pasado con Azul? Aunque a Eric le avergonzara admitirlo, le gustaba el mote que le había puesto Solo. Azul sonaba como el nombre de una mascota. Poli sonaba como un insulto cuando lo decía el hermoso motorista. Siguió a Solo por los escalones, todavía dolido. Una sola butaca reclinable, una mesa, tele y lámpara era todo el mobiliario del salón de la caravana. —Debes de ser muy popular —masculló intentando herir a Solo—. Tienes sitio para que se sienten todo tus amigos.


Los músculos de la mandíbula de Solo vibraron unos momentos. —Te lo dije, no conseguí mi nombre por una maldita taza roja. No estaba en la naturaleza de Eric ser vengativo, y ver reacción de Solo a su comentario le hizo sentir como una mierda. —Lo siento. Lanzarme a la yugular porque mis sentimientos estén heridos no es propio de mí. —Miró a Solo. Podía perderse en la masculinidad de Solo, pero sabía que no llevaría a ningún lado. Sería mejor volver a la razón por la que había accedido a hablar con Solo—. Tengo que hacer mi trabajo y encontrar al hijodeputa que metió a ese chico en el hospital. —Igual que yo —dijo Solo, su mirada bajando por el cuerpo de Eric—. Podemos tener diferentes ideas de cómo tratar con el imbécil, pero esencialmente estamos en el mismo lado en esto. Eric tenía una idea de cómo un hombre como Solo se encargaría del traficante, y, aunque había un lado de él que estaba de acuerdo con los métodos de Solo, no podía formar parte de ellos. —Deja que haga mi trabajo, y será apartado de las calles por intento de asesinato entre otras cosas. Solo se inclinó contra la puerta y se cruzó de brazos, llamando la atención de Eric hacia el cuerpo tatuado que lo había sostenido hacía solo unas semanas. —Si alguien a parte de los Cavadores pilla a este tipo, perderemos nuestra reputación de mantener las calles limpias. He trabajado demasiado duro para ganarme ese respeto para dárselo a otro. —No puedo sentarme y dejar que mates al tipo sin importar cuanto me guste la idea —contestó Eric. ¿Qué coño estaba diciendo? Solo podía usar sus palabras contra él en un latido si quisiera. Solo miró a Eric un largo tiempo antes de bajar su mentón. —Vale. Así es como va a ser. Si yo pillo al cabrón, yo me encargo de él según mi justicia antes de llamarte para que lo recojas y te lo lleves.


—¿No lo matarás? —cuestionó Eric. —No por completo. —Solo se quitó la camiseta—. Es la única forma de que ambos consigamos lo que necesitamos. Eric intentó controlar la reacción de su cuerpo ante el enorme pecho de Solo. Tatuajes negros decoraban la piel de Solo desde las muñecas a los pectorales por ambos lados. No estaba seguro de si Solo tenía más tatuajes bajo el corto pelo negro que cubría su pecho, pero apostaba a que ahí había. Incapaz de resistirse a su atractivo, se movió para pasar sus dedos a través de los rizos. —¿Qué más necesitas? En contestación, Solo se desabrochó los jeans. —Quítame las botas —ordenó. Eric se tocó el labio herido con la punta de su lengua e intentó racionalizar su deseo de pasar unas horas más en la cama de Solo. Trabajarían juntos hasta que atraparan al traficante. No había forma de que fuera capaz de ver a Solo regularmente y no lo tocara, por lo que quizá se necesitaría otro tipo de trato. —Una condición. Disfrutamos el uno del otro hasta que atrapemos al imbécil que daña a niños. Después de eso, vamos por caminos separados. Solo entrecerró sus ojos. —Si la banda lo descubre, soy hombre muerto, por lo que pase lo que pase entre nosotros, pasa en privado. Eric asintió. Trabajaba fuera, pero si los otros polis supieran que estaba follando con un motero de los Cavadores de Tumbas, eso mataría su reputación y posiblemente su carrera. —De acuerdo —dijo antes de hundirse de rodillas. Solo alzó su pie izquierdo de la descolorida alfombra mientras Eric le quitaba la bota junto al calcetín. Repitió el proceso con el pie derecho. Solo se bajó los jeans por sus musculosos muslos. —Sin besos. Nada de chupar pollas hasta que ese labio esté curado —proclamó.


Eric se levantó. —Puedes culpar a tu chico, Rowdy, por eso. La esquina de la boca de Solo se alzó ligeramente. —A Rowdy le encanta una pelea. —Sí, debería. Es bueno. —Eric gentilmente tocó la hinchazón en su mandíbula y ojo—. Todavía no estoy seguro de cómo voy a explicar esto. Solo empezó a desnudar a Eric, empezando con su camiseta manchada de sangre. —No tienes que explicar una mierda. No es asunto de nadie. Eric rió. —Vives en un mundo diferente al mío. La mayoría de los hombres a los que conozco no van por ahí con labios rotos y ojos negros, especialmente los polis. Solo gruñó y bajó la cremallera de Eric mientras Eric se quitaba las bambas con los pies. —Es por eso que no vivo en tu mundo —contestó Solo con disgusto en su tono—. Los polis son idiotas metomentodos que husmean en tus asuntos lo bastante para suscitar problemas pero nunca dan una mierda por las consecuencias que dejan atrás. Eric se detuvo en el proceso de quitarse sus jeans y ropa interior. Había un nivel de odio y desconfianza ahí que necesitaba ser más explorados. —¿Hablas por experiencia? Solo caminó desnudo hacia la pequeña cocina y sacó dos cervezas de la nevera. —Me voy a la cama. Únete a mí si quieres —dijo antes de desaparecer en un pasillo. Eric bajó la mirada a su erección, sería una lástima desperdiciar algo así, por lo que lo siguió. Conseguiría una respuesta a su pregunta pero no tenía por qué ser de inmediato. Caminó hacia la luz al final del pasillo. De camino, pasó un baño y un dormitorio, si se lo podía llamar así. El dormitorio parecía más un garaje con partes


de motos en el suelo y una carcasa de moto en medio de la habitación. No tenía sentido para él, pero muchas cosas sobre Solo no tenían sentido. Eric entró al dormitorio para encontrar a Solo sentado en el colchón con su espalda contra la pared. La cama no tenía mantas, y se preguntó cuan limpias estarían las sábanas. La idea de Solo follando con otros tipos en esa cama sin cambiarlas no le sentó bien. —¿Voy a pillar algo pillar algo de esas, ¿no? —preguntó, apuntando a las sábanas que Solo había pateado a los pies del colchón. —No follo aquí. —Solo bebió de su cerveza y le pasó la otra a Eric—. ¿Quieres? Eric cogió la botella mientras se sentaba en el borde de la cama junto al muslo de Solo. —Si no follas aquí, ¿por qué me traes a mi aquí? —Buena pregunta. —Solo bebió más cerveza—. Solo tengo una almohada, pero puedes usarla. Eric asumió que era lo más cercano que conseguiría a una invitación, por lo que se levantó y fue al otro lado del colchón. Imitó la posición de Solo mientras estudiaba la habitación. Posters de chicas y calendarios de desnudos en motos eran toda la decoración de Solo. —Pensé que dijiste que no tenías coños en tu casa. Solo miró a Eric y sonrió. —No follo coños en el club, por lo que tenía que hacer ver que los conseguía en otra parte. Eric alzó la botella a su boca e hizo una mueca cuando la dura superficie golpeó su labio partido. —Sé que no eres mucho de compartir, pero ¿por qué te uniste a una MC si no puedes vivir de la forma que deseas? Le llevó varios minutos, pero Solo finalmente suspiró.


—Ya era miembro cuando me di cuenta de que prefería las pollas. —Se encogió—. Rowdy, ese cabrón, me convenció para hacer un trío con él y una de las chicas de la banda. —¿Rowdy también es gay? —preguntó Eric. Solo rió. —No. Rowdy es un enfermo cabrón al que le gusta ver a mujeres penetradas por ambos lados. Eric bebió cerveza y pensó en la explicación de Solo. —Entonces, cuando viste a Rowdy follar a esa chica, ¿te diste cuenta de que eras gay? Solo miró a Eric. —¿Por qué coño necesitas saber esto? —Curiosidad, supongo. Yo lo supe cuando estaba en el instituto —contestó Eric—. Un tipo del equipo de fútbol me “desfloró”. Solo encuentro interesante que fueras un adulto antes de que te dieras cuenta. —No he dicho eso. —Solo se acabó su cerveza—. Creciendo, pasé mucho tiempo en reformatorios. Los adolescentes no piensan en nada más que en el sexo, por lo que nos follábamos entre nosotros. Pensé que lo disfruté porque era todo lo que tenía. Estuve un corto periodo de tiempo encerrado en la del condado después de cumplir dieciocho, y pasó lo mismo allí, pero no fue hasta que tuve a ambos, polla y coño, delante de mí que descubrí cual prefería. —Wow. ¿Eso asustó a Rowdy? —Eric le pasó a Solo su cerveza—. Puedes acabártela si quieres. —Rowdy no se asusta por demasiadas cosas. Todavía hace que vuelva a su habitación con él y la mujer que se esté follando en ese momento, pero es más que nada para aparentar. Normalmente acabo sentado en la esquina actuando como si disfrutara mientras él se la folla. Es suficiente para sacarme de encima a los otros hermanos. —Pero tú y Rowdy nunca habéis... —Eric no acabó la pregunta.


—No. —Solo sonrió y envolvió su mano alrededor de la polla de Eric—. ¿Celoso? —¡No! —Eric contestó—. Te lo dije, soy curioso. —He acabado de hablar. —Solo se acabó la botella de cerveza de Eric antes de colocarla en la mesilla de noche. Abrió el cajón y sacó el lubricante y una tira de condones—. ¿Vamos a follar? Una cosa estaba clara. Eric no iba a conseguir sutileza o romance de Solo. El sexy motero era directo hasta la médula, pero no podía evitar preguntarse si había más en el hombre. Se movió para apoyar su cabeza en la almohada prestada. Separando sus piernas, se dio cuenta de que no le importaba la falta de don de gentes. La actitud tajante de Solo le hacía ser quien era. Eric dudaba que alguna vez hubiera un momento aburrido con Solo. Miró a Solo quien no se había movido. —¿Y bien? —dijo. —¿Siempre eres tan fácil? —preguntó Solo, moviéndose para estirarse junto a Eric. —Solo cuando quiero serlo. —Eric alcanzó la polla de Solo—. Y contigo, quiero serlo. Solo empezó a inclinarse para un beso pero se detuvo antes de alcanzar los labios de Eric. —Casi me olvido de tu corte. Tendremos que centrarnos en solo follar esta noche. Eric asintió. Había estado con algunos hombres a los que no les gustaban los besos, pero a Solo parecían encantarle, y era malditamente bueno en ellos. —Sufriré hasta que me cure. Solo derramó lubricante en sus dedos antes de moverse para restregarlo en el agujero de Eric. Gimiendo, Eric se metió las piernas bajo su torso, abriéndose más para el toque de Solo. Colocó su mejilla sobre sus manos y cerró sus ojos mientras el dedo de Solo lentamente se empujaba dentro. —Joder —gimió.


—Pensé en llamar a tu puerta para más de esto —admitió Solo—. Me encanta tu culo. Complacido con el cumplido, Eric sonrió para sí mismo. Todavía no sabía cómo podrían funcionar las cosas entre ellos para nada más que follar, pero, por ahora, follar era suficiente. —Gracioso, porque ya me he aficionado a tus dedos. Solo gruñó y sacó sus dedos. Alcanzó un condón de la mesilla de noche. —Preferiría que te sintieras de esa forma con mi polla. —Dámela, y lo consideraré —contestó Eric, retándolo de forma que sabía que pagaría por ello. Afortunadamente, pagaría de la mejor forma posible, —Oh, harás más que considerarlo —se quejó Solo, palmeando el culo de Eric. Eric saltó por el golpe. No estaba en el rollo de ser pegado por un amante, pero descubrió que el ligero picazón de su nalga se sentía más que placentero. Joder. No sabía lo que Solo le estaba haciendo, pero dudaba que fuera el mismo después de pasar tiempo con el sexy motero. Estiró la mano y se acarició el culo, encontrando la piel caliente. —Eso no fue amable —le regañó. Solo derramó lubricante en la grieta del culo de Eric antes de restregar su enfundada polla arriba y abajo de la grieta. —No estás aquí porque yo sea amable. Cierto, pero Eric no iba a decirlo. Miró a Solo, observando la concentración en su rostro mientras la gruesa polla se presionaba dentro de él. El acoplamiento era tal y como recordaba. La única noche que habían pasado juntos no había sido suficiente, y más tarde se lamentó por no tomar nota de la matrícula de Solo. Aunque intentaba cernirse a las leyes, no estaba por encima de algo como buscar a alguien en el sistema, pero se había preocupado de que el interludio no hubiera sido tan bueno para Solo como lo había sido para él. Su polla se enterró por completo en Eric, Solo se apoyó contra la espalda de Eric para darle un beso en el cuello.


—¿Las costillas están bien? Sé que Rowdy te dio un puñetazo. —Estoy bien —contestó Eric. No le gustaba que le recordara la pelea de antes. Sus talentos de lucha siempre habían sido algo de lo que había estado orgulloso, pero, maldición, los puños de Rowdy se habían sentido como si hubieran estado llenos de cemento. —Bien. —Solo agarró las caderas de Eric y empezó a moverse dentro y fuera de él. La boca de Eric se abrió mientras luchaba por respirar. Joder. Las embestidas de Solo habían pasado de cero a sesenta en un latido. El gran motero podía no ser muy conversador, pero, cristo, el hombre podía follar. —Sí —animó cuando cogió aire. Se movió para atrás para encontrarse con los empujes de Solo, necesitando todo lo que pudiera conseguir. Cuando Solo envolvió su mano alrededor de la polla de Eric, juró que podía sentir cada pelo de su cuerpo ponerse de punta. —¡Joder! Me corro —gritó Eric. Varios gruñidos se escucharon en la oreja de Eric antes de que Solo susurrara. —Estás estrujándome la polla, Azul. Azul. Infiernos, si Eric no se hubiera corrido ya, lo habría hecho con el susurro de su mote. Era mucho mejor que poli. Varios empujes después, Solo gritó su liberación antes de colapsar sobre Eric. Haciendo que ambos cayeran al colchón, Eric no pudo evitar sonreír. Era algo bueno que Rowdy no le hubiera hecho daño en ninguna costilla o se le habría roto con el peso de Solo sobre él. Suspiró satisfecho mientras sus ojos se cerraban, pero antes de que pudiera dormirse, Solo se apartó con un gemido. —Te llevaré de vuelta a tu coche cuando estés listo —dijo Solo antes de salir de la habitación. Eric se dio la vuelta y miró al techo con humedades. ¿Qué coño? Cuando Solo volvió a la habitación, Eric se aclaró la garganta. —¿Entonces es así?


—¿Qué? – preguntó Solo, tirando a la cama la ropa y zapatos de Eric. —Bueno, cuando te fuiste de mi casa de ese modo, intenté decirme que era porque solo era algo de una vez, pero pensé que habíamos estado de acuerdo en vernos hasta que atrapemos a quien vende la mierda contaminada a los niños —explicó Eric. —Sí —contestó Solo. Se puso sus jeans sin preocuparse por la ropa interior—. No puedes quedarte por la noche. —¿Por qué? Solo miró a Eric y suspiró. —No estoy seguro de que entiendas lo peligroso que podría ser si la banda descubre que estoy follando a un poli. —Se puso la camiseta—. No habrá citas. Será follar tras una puerta cerrada por unas horas. —Solo se sentó en el borde de la cama y alcanzó sus botas—. Aceptaste eso, y estamos bien. —Sería más seguro si lo hiciéramos en mi casa —ofreció Eric—. Entonces quizá podrías al menos quedarte en la cama lo suficiente para que mi semen se limpie de las sábanas. —Ciertamente, no se sentía cómodo en casa de Solo incluso sin la amenaza de ser descubiertos. No era la caravana en sí misma lo que le molestaba, era la mentira que representaba su interior. Los posters de desnudos y el calendario, la completa falta de algo personal en las mesas o paredes. No sabía mucho de Solo, pero no había forma de que le hombre no tuviera pasado. En la cama, Solo era increíblemente apasionado, pero tenía que haber más en él que eso. —Preferiría estar aquí. —Solo alcanzó su otra bota—. Tu casa me da escalofríos. Sorprendido, Eric se sentó. Había trabajado muy duro para rehabilitar su casa. Había dedicado años a ese lugar, yendo a subastas del estado para ayudar a amueblar las salas según su presupuesto. —¿Estás llamando a mi casa escalofriante? —Es demasiado perfecta, como un programa de la tele. Nadie vive así realmente. Eric salió de la cama. Su casa no era perfecta. Era bonita, pero lejos de un programa de la tele. Agarró sus jeans y su ropa interior.


—No estaba intentando enfadarte. —Solo estaba completamente vestido y de pie con sus piernas ligeramente separadas y sus brazos cruzados——. Podemos hacer lo del hotel. —¡No! —Eric contestó—. Tengo una bonita casa. He trabajado malditamente duro en esa casa —dijo. —Déjame adivinar, ¿tu casa se parece a la casa en la que creciste? Tu padre probablemente es un friki de la informática e algún tipo y tu madre se queda en casa horneando pasteles y mierdas. Enfadado como nunca, Eric se acercó a Solo y lo miró a los ojos. —Estás equivocado, imbécil. Crecí en una serie de casas de acogida. Ni siquiera sé quién es mi padre, y a mi madre le gustaba más vender su coño que su propio hijo. — Se puso las bambas—. Que te jodan por hacer que me cuestione algo en lo que he trabajado tanto por conseguir. Y, quizá tengas razón. Quizá mi casa sea algo que solo ves en la tele, pero me hace sentir como que tengo un hogar por primera vez en mi vida. Estaba tan enfadado que no veía bien, Eric empujó a Solo y caminó hacia la puerta de la caravana. —Me las arreglaré solo para volver al instituto. —Abrió la puerta y se fue sin una sola palabra de Solo. Eric salió del parque de caravanas antes de que escuchara el retumbar profundo del Nova de Solo tras él. No se molestó en girarse. Con unas pocas palabras frívolas, Solo había echado a perder algo importante para él. ¿Qué coño se suponía que iba a hacer cuando atraparan al traficante y Solo saliera de su vida para siempre? ¡Joder! Solo paró junto a Eric y le indicó que entrara. Eric sacudió la cabeza y siguió caminando. Con un rugido del motor, Solo condujo varias yardas antes de apretar los frenos y abrir la puerta del conductor. —Entra en el maldito coche, Azul. El mote hizo que Eric parara.


—Bien —gruñó. Se deslizó en el asiento del pasajero y cerró la puerta de un portazo. Solo volvió a subir. —No empieces nunca algo conmigo a menos que vayas a quedarte el suficiente tiempo para acabarlo. —Se dirigió hacia el instituto. Condujeron en silencio varios minutos antes de que Solo hablara—, no quería hacerte daño. —Bien, lo hiciste. —Eric siguió mirando por la puerta del pasajero. —Lo gracioso es que nuestros pasados son parecidos. Tampoco crecí con un padre. Se metió en algún tipo de problema con los polis y empezó a husmear. Lo siguiente que supe, es que se largó, dejándome con la borracha de mi madre. Infiernos, ella ni siquiera paró de beber mientras estaba embarazada si eso te dice algo. Mi casa es un palacio comparado con el apartamento en el que crecí, por lo que puedo entender la necesidad de algo más. Eric miró a Solo, preguntándose si diría algo más. —Tu casa me recuerda a todo lo que no tuve de niño. Solo un punto débil, supongo —añadió Solo—. La banda intentó tomar el relevo de mi padre, pero ni siquiera ellos consiguieron que mi madre dejara la botella. —¿Tú padre era miembro de los Cavadores de Tumbas? —Eric se cruzó de brazos antes de hacer algo estúpido como tocar a Solo. —Sí. Switch, nuestro Jefe sabe dónde está, pero no hablará. Mi padre ni se preocupó lo suficiente como para volver para el funeral de mi hermana pequeña. —Solo se tiró del pelo—. Me uní a la banda esperando conseguir respuestas finalmente sobre dónde está y por qué se fue, pero no he descubierto absolutamente nada. —¿Entonces, por qué quedarte? —preguntó Eric. —¿A dónde más iría? La banda es la única familia que tengo. Eric no estaba seguro de qué decir, por lo que no dijo nada. Condujeron el resto del camino en silencio hasta que Solo aparcó junto al Honda Accord negro de Eric. Antes de salir del Nova, colocó su mano sobre el brazo de Solo. No estaba listo para perdonar y olvidar, pero había cosas más importantes con las que necesitaban tratar.


—¿Todavía trabajamos juntos? Solo agarró la nuca de Eric y lo acercó lo suficiente para darle a Eric un suave beso en el labio partido de Eric. —Solo si dejas que le dé a tu casa otra oportunidad. Quien sabe, quizá la vea de forma diferente la próxima vez. —Pensaré en ello. —Eric sacó su móvil del bolsillo y lo alzó—. ¿Al menos puedo tener tu número en caso de que tenga alguna pista que necesite que compruebes? —Sí, pero apúntame como Sam, ese es mi nombre —dijo Solo antes de recitar su número. —Me gusta el nombre Sam. —Eric añadió a Solo a sus contactos. —Podría ser un bonito nombre, pero no soy yo. —Solo tocó los botones en su móvil—. Te voy a apuntar como Azul. —Miró a Eric—. Si alguien más aparte de Rowdy o yo contesta, cuelga. Eric odiaba la mentira pero sabía que era necesario. —Vale. —Le dio su número a Solo. Armado con una forma de ponerse en contacto con él, Eric pasó su pulgar por los labios de Solo antes de salir del coche. Siempre había sido un mentiroso terrible.


Capítulo Tres Con Rowdy a su lado, Solo llamó con su puño a la puerta de Stevie Boy. —Abre ya. —Cuando nadie contestó, Solo llamó de nuevo. Rowdy rió. —Debe estar todavía postrado en la cama después de la paliza que le diste. —Tienes razón. —ando un paso atrás, Solo usó su pesada bota para patear la puerta del traficante. Por suerte, Stevie vivía en un agujero de mierda, de otra forma la puerta no se habría abierto tan fácilmente. Entró—. ¡Stevie! —¿Qué? —un graznido vino de la sala adyacente. Solo se movió al dormitorio y apoyó su hombro contra el marco de la puerta. Maldición. Pobre Stevie, no se veía bien. — ¿Estás muriendo? —Que te jodan —dijo Stevie, a pesar de los cortes y heridas arruinando su cara. —¿Quién está traficando en Turner ahora? —preguntó Solo. —¿Cómo coño iba a saberlo? He estado en esta cama desde la semana pasada — contestó Stevie. Por los olores del cuerpo, semen y cigarrillos llenando sus fosas nasales, Solo no dudaba de lo que decía el traficante, pero eso no lo ayudaba. —Dime lo que supones —ordenó. Stevie sacudió la cabeza, haciendo una mueca. —¿Qué están vendiendo?


—Hierba mezclada con metanfetaminas. —Solo miró alrededor de la habitación. No solo el apartamento era un vertedero sino que además estaba asqueroso. Evidentemente, traficar no era tan lucrativo para Stevie como Solo había pensado. Eso, o Stevie usaba su propia mierda. Inhaló de nuevo. Sí, definitivamente consumía. No dijo nada sobre el chico en el hospital. Si Stevie sabía que los polis estaban envueltos, se cerraría más que una virgen en la iglesia. Stevie soltó una fuerte respiración. —Podrían ser un par de tipos que conozco. ¿Cuánto vale la información? Solo entró en la habitación y se movió junto a Stevie. —Tu vida. Stevie rompió el contacto visual y miró hacia la puerta donde Rowdy sin duda estaba. —Me matarán si saben que hablé. —Bueno entonces, tienes una opción. Morir ahora o arriesgarte a que pase luego — dijo Rowdy. —Que os jodan, chicos. —Escupió Stevie. —Nombres —dijo Solo. —Podría ser Marco del Devils, Easy Ed o uno de los vuestros —contestó finalmente Stevie. —¿Qué coño estás diciendo? Los Cavadores de Tumbas no venden —discutió Solo, las manos apretándose en puños. Stevie alzó sus manos delante de su rostro. —Roach9. Está traficando para conseguir dinero extra. No es un gran vendedor ni nada, pero sé que le gusta el dinero del polvo, lo mismo que los otros. Solo se inclinó y puso un dedo en el rostro de Stevie.

9

Nombre de otro motero. Significa cucaracha


—Si le dices a alguien que estuvimos aquí estarás muerto en menos de una hora. — Se giró y se dirigió a la puerta. —Hey, ¿qué pasa con mi puerta? —gritó Stevie Boy detrás de ellos. —Llama a un contratista —gritó Rowdy en respuesta mientras dejaban el apartamento. Montando en su moto, Solo miró a su mejor amigo. —¿Qué piensas sobre Roach? ¿Crees que Stevie está diciendo la verdad? Rowdy encendió su Harley. —Solo hay una forma de averiguarlo. —Sí —estuvo de acuerdo Solo. Aunque no era extraño que hubiera peleas en la banda, no se veía con buenos ojos si no era por una buena razón. Solo no podía pensar en una mejor razón que mantener las drogas fuera de las manos de los niños.

—¿Qué has descubierto? —preguntó el capitán Wallace cuando Eric llegó a la comisaría—. ¿Y qué coño te ha pasado? —¿Cómo está el niño? —Eric bostezó mientras metía su comida en el cajón de abajo de su escritorio. Había sido una larga noche de estirarse despierto plagado de pensamientos de Solo. La forma en que dejaron las cosas entre ellos, no estaba del todo seguro de si volvería a ver a Solo de nuevo. —Mejor. Planean mover a Andy a una habitación privada en algún momento del día. —Eso es bueno, ¿verdad? Será capaz de decirnos quien le vendió las drogas. — Aunque Eric estaba feliz por sacar al traficante de las calles, no presagiaba nada bueno para una relación continuada con Solo. El capitán le indicó a Eric que entrara a su oficina.


—Necesito hablar contigo. Mierda. Wallace solo quería ver a uno de ellos en su oficina privada cuando se estaba preparando para masticar el culo de alguien. Eric cerró su cajón y miró anhelante el café Starbucks sobre su escritorio. No era a menudo que se decidía a comprar el brebaje caro, pero había necesitado un poco de expresso después de la noche que había tenido. Por desgracia, Wallace lo mataría si se lo llevaba con él. Con un suspiro de resignación, dejó la cafeína atrás y entró a la oficina del capitán. —¿Qué pasa? Wallace cerró la puerta antes de sentarse en la silla de detrás del desordenado escritorio. —Andy Sparks no habla. No importa con que lo amenacemos, no va a dar el nombre del traficante, por lo que nuestras órdenes son renunciar por ese lado. —Eso no tiene sentido. El chico podría haber muerto. Seguramente quiere que alguien pague por ello. —Eric nunca entendería la negativa de algunas víctimas de nombrar a su atacante. Era lo mismo con algunas víctimas de maltrato doméstico. Simplemente no lo entendía. —Tenga sentido o no, vamos a tener que encontrar al cabrón por nuestro lado porque el padre de Andy está de acuerdo con la decisión de su padre. Supongo que el chico está asustadísimo —explicó Wallace—. Eso significa que depende de ti encontrar al traficante, y para empeorar las cosas, el jefe Brower llamó. Parece que juega al pocker con el padre de Andy y quiere esto solucionado rápido. Eric odiaba la jodida política envuelta en su trabajo. —Entonces quizá el jefe o el padre de Andy podrían hacer que el niño hable — sugirió, sabiendo que no pasaría. —Escucho lo que dices. ¿Necesitas un compañero en esto? —preguntó Wallace. Eric sacudió la cabeza. No había forma de que pudiera mantener sus tratos con Solo en secreto si tenía un compañero asignado al caso. —Estaré bien.


Solo entró en el club, Rowdy justo detrás de él. Escaneó el oscuro interior, pero no vio al hermano que estaba buscando. —Brawny10, ¿Has visto a Roach hoy? Brawny, el hermano parcheado que atendía el bar durante el día, sacudió la cabeza. —No ha venido todavía. ¿Habéis mirado en el garaje? —Todavía no —contestó Solo. Se giró hacia Rowdy—. No quiero hacer esto en el garaje. Vamos a tomar una cerveza y a esperar. Rowdy asintió antes de dirigirse a su lugar favorito. Como los propios miembros, el club estaba hecho de desechos. Reservados rojos junto a verdes aguacate con algunos sofás aquí y allá. El resultado no era bonito, pero Solo siempre lo había considerado un hogar. Solo se deslizó en el reservado delante de Rowdy. —Mierda. Deberíamos haber pillado una jarra antes de sentarnos. Sabes que Brawny no nos va a servir en la mesa. Una de las cejas negras de Rowdy se alzó. —¿Me estás pidiendo que consiga la cerveza? —Sí, supongo que sí —Solo admitió. Quería comprobar como estaba Azul y prefería hacerlo sin audiencia. La visita con Stevie Boy pesaba en su mente. Roach había pertenecido a la banda durante años, mucho más que Solo. Cuestionar al hermano por vender no sería algo fácil, ni apreciado si los otros hermanos lo descubrían. Incluso si Roach estaba traficando, Solo tenía que creer que no envenenaría su mierda. Realmente no tenía sentido para un traficante vender a sus clientes algo que podía matarlos. Las bolsas de mierda que vendían a clientes fijos e intentaban enganchar a niños desde jóvenes. 10

Nombre de otro motero, significa musculoso o fornido


—Eres un idiota —Rowdy mascullo mientras salía del reservado. —Lo sé. —Solo sacó su móvil y le envió un mensaje a Azul. ¿Algo? Un minuto después el teléfono de Solo sonó. La identificación de la llamada le hizo sonreír. —Hey —contestó. —¿Estás solo? —preguntó Azul. —Estoy en el club. Hablé con Stevie Boy y conseguí tres nombres que voy a seguir —dijo Solo—. Y, no, no te voy a dar los nombres, por lo que no preguntes. —Necesito algo. El capitán está sobre mí porque el jefe juega a póker con el padre del niño, y aunque el crío está despierto, no quiere hablar —Azul informó a Solo—. Mientras, estoy aquí sentado con mi pulgar en el culo sin nada que hacer. Planeo ir al Turner después de que acaben las clases y ver si puedo notar algo raro, pero sé que seguro que no conseguiré nada. Mañana, intentaré conseguir permiso para hablar con algunos estudiantes. Solo se giró de lado en el reservado y colocó su espalda contra la pared. Después de su intercambio la noche anterior, no estaba seguro de si Azul le hablaría. Algo en su interior se tensó al darse cuenta de que iba a conseguir otra oportunidad para estar con el poli caliente. —¿Quieres que nos encontremos más tarde? —Pensó en ello durante un segundo antes de añadir — puedo ir a tu casa. —Sí. Tendré que enviarte un mensaje porque no tengo ni idea de que podría encontrar en la escuela. —Rowdy colocó una jarra de cerveza en la mesa, acabando con la conversación de Solo—. Vale, haz eso —le dijo Solo a Azul. —¿Hay alguien ahí? —preguntó Azul. —Sí —contestó Solo.


—Vale. Lo pillo. Te enviaré un mensaje en un par de horas —dijo Azul antes de colgar. Solo acabó la llamada y se metió el móvil en el pequeño bolsillo de la chaqueta. Esperó a que Rowdy dijera algo mientras se llenaba el vaso. Cuando no vino ningún comentario listillo, se apoyó contra la pared. Rowdy lo miró, pero permaneció silencioso. —Solo hasta que atrapemos al tipo —dijo Solo como explicación. Empezó a quitarse un trozo de cinta roja que cubría una raja del reservado de vinilo. No era una mentira, necesariamente. Esperaba que pudiera dejar de pensar en Azul para cuando la investigación acabara. Había follado con gente hasta sacársela de la cabeza, por lo que no estaba fuera de toda cuestión. Rowdy entrecerró sus ojos. —Es un poli. Incluso aunque lo dijo lo bastante silenciosamente para que Solo apenas lo escuchara, no pudo evitar mirar alrededor. Por suerte, todavía era lo bastante pronto como para que solo hubiera un puñado de hermanos en el club, y estaban ocupados con otras cosas. Intentó apartar las preocupaciones de Rowdy. —No lleva su placa cuando está desnudo. Has follado con prostitutas, por lo que no te sientes ahí y me digas que tienes que estar de acuerdo con el trabajo de alguien para follarlo. —No es lo mismo; y lo sabes. Una puta no puede meterme entre rejas, y una puta no destruyó a mi familia. Todo por lo que has pasado cuando niño fue causado por un poli, o has olvidado convenientemente que ese poli se follaba a tu madre antes de que tu padre se fuera? Solo salió del reservado. Miró a Rowdy, intentando mantener su rabia aparte. Si alguien a parte de su mejor amigo se hubiera atrevido a sacar a colación su pasado, estarían en el suelo sobre un baño de su propia sangre. En su lugar, Solo se giró y se dirigió a la puerta. Necesitaba montar para aclararse la cabeza. Solo estaba casi en su moto cuando escuchó pasos corriendo detrás de él. —Vuelve dentro —le dijo a Rowdy sin mirar por encima de su hombro. Pasó su


pierna por encima de la moto y se sentó en el asiento. —No quería decir eso —masculló Rowdy, incapaz de encontrarse con la mirada de Solo. —Sí, lo hiciste. —Solo puso en marcha la Harley—. Habla con Roach. Si yo lo hago ahora, mataré al hijodeputa. —Sacó su móvil y le envió un mensaje a Azul—. Necesito verte. —Solo —empezó Rowdy. Sacudiendo la cabeza, Solo se metió el móvil en el bolsillo trasero mientras salía del aparcamiento. Había ido tres manzanas más allá cuando se dio cuenta de lo que había hecho. Estar enfadado y herido no eran emociones nuevas para él, pero intentar buscar a alguien que lo ayudara con ellas sí. Paró junto a la carretera y comprobó su móvil. Azul había contestado. ¿Algo va mal? Solo se mordió el labio inferior, preguntándose cuanto decirle. Solo necesito verte. ¿Puedes escaquearte? ¿Encontrarnos en tu casa? Treinta minutos. Satisfecho, Solo se guardó el móvil y decidió pasar por dos de los institutos de camino a casa de Azul. Tenía treinta minutos para descubrir porque coño era tan importante ver al poli. Treinta jodidos minutos para aclararse la cabeza. Todavía no entendía porque se sentía atraído por Azul. Claro, el hambre era muy caliente, pero no más que otros hombres con los que había follado a través de los años. Sabiendo lo que Azul hacía para vivir debería enviar a Solo en la dirección opuesta, entonces ¿por qué no era así? ¿Azul valía la pena como para arriesgar su vida? Después de dar la vuelta al instituto Turner dos veces, se dirigió al colegio a ocho manzanas de distancia. La idea de alguien vendiendo drogas a niños de doce años, trece y catorce le ponía enfermo, pero sabía por experiencia que nunca se era demasiado joven para un traficante. Según sus amigos, su hermana, Jessica, solo tenía doce años cuando empezó a consumir. Por desgracia, Solo había estado tan ocupado con su propia mierda que no lo había notado hasta que fue demasiado tarde. Se sacudió la culpa que amenazaba con sofocarle cada vez que pensaba en su hermanita. Era demasiado tarde para Jessica, pero haría lo que fuera necesario para


evitar que le pasara a otro niño. Un movimiento en su visión periférica llamó su atención. Disminuyó la velocidad y giró la cabeza a tiempo para ver a un hombre con una capucha azul oscura desaparecer por la esquina. —Cabrón —gruñó, seguro de que era el hombre que había perseguido desde el Turner. Solo avanzó, esperando que el tío permaneciera en la acera lo suficiente para que lo pillara. Escaneando la zona, rodeó la esquina. —Estúpido cabrón. El hombre de la capucha estaba entrando en un Toyota de mierda oxidado borgoña. Solo se colocó detrás del coche como si fuera a alejarse de la curva. Sacó su móvil y apartó la mirada del coche lo bastante para llamar a Azul. —Casi estoy allí —contestó Azul. —Estoy siguiendo a tu amigo de la otra noche. ¿Tienes un trozo de papel? — preguntó Solo. —Espera. Vale, adelante. Solo recitó el número de la matrícula junto a la descripción del coche. —Voy a ver a dónde va, pero solo por si acaso lo pierdo, tienes la información. —Ten cuidado —dijo Azul—. Llámame. —Sí. —EL coche giró a la derecha en el último minuto, justo cuando Solo estaba intentando guardarse el móvil—. ¡Joder! —Soltando el teléfono, intentó girar pero su neumático posterior derrapó en la grava. Sabía antes de que su cuerpo golpeara la acera que estaba jodido. No era la primera vez que se había caído de la moto. En los segundos antes de que su piel golpeara la acera, se cubrió la cabeza con los brazos.


Vestido solo con un par de jeans desteñidos, Eric miró la pantalla de la televisión. No estaba prestando demasiada atención a la serie. Reír era lo último que le apetecía hacer después del día que había tenido. La matrícula que Solo le había hecho comprobar pertenecía a Harold Sterling. El nombre del tipo no le decía nada a Eric, pero el apellido era demasiado familiar. Todos en el Albuquerque PD sabían quién era Easy Ed Sterling. Evidentemente, Solo había estado siguiendo al hermano de Edward Sterling. Para cuando lo descubrió, Eric había estado más que complacido con el progreso del caso, pero cuando no supo nada de Solo, se preocupó. Después de horas y sin saber nada del motero, Eric se había enfadado. Él y Solo tenían un acuerdo, y parecía que Solo no mantenía su parte. Las repetidas llamadas al teléfono de Solo que había hecho no fueron contestadas, y Eric no podía evitar preguntarse si se enteraría en cualquier minuto de que el cuerpo de Easy Ed se encontraba delante del Turner. El distintivo sonido del Nova llamó la atención de Eric, apartándolo de sus pensamientos. Apagó la televisión antes de levantarse. Abrir la puerta a Solo lo ponía en una muy mala situación. Si Solo admitía que había matado a Eric sabía que no tendría más opción que hacer su trabajo. Apoyó su frente contra la puerta, esperando al sonido de las botas en el porche. Aunque sabía que llamarían pronto, Eric saltó cuando el pesado puño golpeó la puerta. —Piensa, maldición —masculló para sí mismo. —Déjame entrar —gruñó Solo—. Te necesito. Eric respiró profundamente antes de abrir la puerta. —Joder —jadeó. Sin camiseta, pero con la chaqueta de cuero, un vendado Solo entró en la casa tambaleándose. —Quería verte. Sorprendido, Eric no pudo dejar de mirar los brazos de Solo y el arañazo sangriento que bajaba por el costado de su rostro.


—¿Qué coño te ha pasado? Solo hizo una mueca mientras se sentaba en el sofá marrón de piel de Eric. —He destrozado mi moto persiguiendo a ese gilipollas. —Bajó la mirada a sus vendas de los brazos—. Me pasé tres horas en la sala de emergencias sacando jodida tierra y grava de mi cuerpo y otra hora y media asegurando al hospital que no iba a morir por el escozor de la caída. —Colocó su cabeza en el respaldo del sofá—. Estoy jodidamente cansado, pero no quería ir a casa. Eric se levantó y se puso junto a Solo. El hombre que le sonreía no era el gruñón que conocía. —¿Has tomado algo para el dolor? Solo gruñó un sí, sus ojos cerrándose. Con el corazón expandiéndose, Eric se inclinó y le dio a Solo un suave beso en los labios. —Ve a meterte en mi cama, e iré tan pronto como cierre la casa. —No puedo follar esta noche. —No dije nada de follar, pero obviamente no estás en forma para conducir, por lo que ve a meterte en mi cama. —Eric fue a la cocina agarró dos botellas de agua de la nevera. Apagó la luz antes de entrar a la sala una vez más. Solo estaba de pie pero se veía inestable—. Espera un segundo —dijo Eric, cerrando con llave la puerta principal. —Puedo hacerlo —discutió Solo dirigiéndose al pasillo. Poniendo los ojos en blanco, Eric envolvió su brazo alrededor de la cintura de Solo. —No hay forma de que pueda recogerte si te caes. —Llevó a Solo a la habitación y al lado del colchón—. ¿Agua? —ofreció. Solo sacudió la cabeza. Eric colocó las botellas en la mesilla de noche antes de arrodillarse a los pies de Solo.


—¿Cómo está tu moto? —Jodida —masculló Solo, quitándose la chaqueta. —Me preocupé cuando no me volviste a llamar. —Eric le quitó a Solo las botas y calcetines. Odiaba sonar como una esposa gruñona, especialmente cuando los dos solo habían follado dos veces, pero también odiaba la idea de que algo serio le pasara a Solo sin que se le dijera nada. —Se me rompió el teléfono. —Solo se bajó la cremallera de los jeans mientras se dejaba caer en la cama. Eric se levantó y alcanzó la cinturilla del pantalón de Solo. Sintió la venda y empujó a Solo hasta que estuvo de lado. —Mierda —dijo, pasando su dedo por la venda de la parte baja de la espalda de Solo—. ¿Deberías dormir boca abajo? Lentamente, Solo sacudió la cabeza. —No duele —dijo antes de ponerse sobre su espalda de nuevo. Eric asumió que era la medicina para el dolor haciendo efecto. Tiró de los jeans desteñidos hasta que se las arregló para bajarlos. Cuando reveló la polla flácida de Solo, no pudo evitarlo. Chupó la polla en su boca por solo un momento antes de soltarla. —Te lo dije, nada de follar esta noche —gruñó Solo sin abrir sus ojos—. Solo quería estar aquí. —Lo sé, pero necesitaba saborearla rápidamente. —Eric le quitó a Solo los jeans antes de doblarlos. Los colocó junto a las botas de Solo con la chaqueta de cuero—. Tendrás que conseguir una nueva chaqueta. Solo abrió un ojo cuando Eric apartó la colcha y sábanas. —Tendrás que moverte un poco para meterte en la cama —informó Eric a Solo—. Ya te lo he dicho, eres demasiado pesado para que te levante. Con una serie de gruñidos, Solo metió su cuerpo bajo las sábanas hasta que su cabeza estuvo apoyada en una almohada.


—Chupa mi polla de nuevo. Eric se tocó el labio que se estaba curando con la lengua. Podía chupar a Solo estando flácido sin que se reabriera la herida, pero si se ponía duro, el corte se abriría de nuevo. —Espera. —Eric volvió al salón y apagó las luces. Repitió el proceso con la lámpara del dormitorio en el lado de la cama de Solo antes de quitarse los pantalones y saltar junto al hombre herido. —¿Olvidaste algo? —masculló Solo. —Nop, solo quería ocuparme de unas cosas primero. —Eric estiró la mano y subió la colcha y sábanas hasta el medio muslo de Solo antes de inclinarse y quedarse al nivel de la polla de Solo. Se maldijo a sí mismo por apagar la lámpara mientras alcanzaba la flácida polla. Un suave ronquido salió de Solo justo cuando Eric envolvió sus labios alrededor de la cabeza del eje de Solo. Mierda. Si fuera un buen chico, dejaría a Solo tranquilo para que durmiera. Chupó y giró su lengua alrededor de la cabeza, sabiendo que no era un buen chico. Solo gimió en su sueño. Eric sonrió y soltó su polla. Tanto como deseaba continuar, se sintió como un pervertido. Era obvio que Solo estaba demasiado cansado para despertarse. Tirando de la sábana arriba se presionó tan cerca del otro hombre como pudo sin hacerle daño. Ambos brazos de Solo estaban vendados, pero Eric no tenía forma de saber cuan malas eran las heridas. Eric presionó sus labios contra la araña tatuada en el cuello de Solo. Por qué, no lo sabía, pero solo mirar el jodido tatuaje lo ponía cachondo. Le había preguntado a Solo el significado de ese tatuaje y la única respuesta que recibió fue que la araña era guay. Eric se dio cuenta de que era tan buena razón como cualquier otra para tatuarte la piel, pero no podía evitar preguntarse si le había dicho la verdad o solo la razón que Solo daba a los extraños. Apartándose, Eric colocó su cabeza en su propia almohada. Había tanto sobre Solo que no entendía, y se preguntó si alguna vez lo haría.


Capítulo Cuatro Solo se despertó con la mejilla de Azul en su pecho, su brazo vendado alrededor del cuerpo delgado del otro hombre. Sonrió, sintiéndose contento mientras restregaba sus labios contra la cabeza negra de Azul. Se tensó cuando se dio cuenta. Nunca en sus treinta y cuatro años había dormido con alguien más. Cerró sus ojos e intentó recordar la noche anterior. ¿Habían tenido sexo? —Buenas —dijo Azul, besando el pecho de Solo. Solo abrió sus ojos y miró a Azul. —¿Por qué estoy aquí? Azul se deshizo del abrazo de Solo con cuidado. —¿No lo recuerdas? —¿Te follé? —Solo se lamió los labios. Lo último que recordaba era ser llevado al hospital en la parte de atrás de una ambulancia. No, eso no era exactamente verdad, se dio cuenta. Recordaba la conmoción en el hospital entre el personal y sus hermanos de la banda. Cómo descubrieron lo de su accidente, no estaba seguro, pero los escuchó, y pensó que recordaba a Rowdy llevándolo a casa, ¿entonces por qué había ido de su casa a la de Azul? —No. Llegaste a las diez y media, lleno de medicinas para el dolor y tan cansado que no pudiste mantener tus ojos abiertos. Solo no entendía sus acciones. No era típico de él. Se miró, viendo la colcha hecha a mano cubriendo la parte baja de su cuerpo y se sintió como si se fuera a enfermar. Apartó la manta, gruñendo cuando los músculos escocidos protestaron por el movimiento. —Baño —dijo. Apretó su mandíbula contra el dolor mientras salía de la cama. —¿Trajiste las medicinas para el dolor?


—No lo sé. —Solo vio sus jeans bien doblados y se inclinó para recogerlos—. Cristo! —gruñó cuando el dolor se disparó por su espalda. —Déjame a mí. —Azul salió de la cama para coger los jeans de Solo. Los levantó y los sacudió. Era obvio que Solo había traído las pastillas—. ¿Está bien si busco en los bolsillos? —Claro. —Solo siguió hacia el baño. —Tienes que tomártelas con comida. Ocúpate de tus cosas mientras hago el desayuno —sugirió Azul. Solo paró en la puerta el baño. —¿Vas a cocinar? —Joder. Su propia madre no había cocinado para él. —Claro. ¿Está bien? Solo lo pensó por un momento, preguntándose que significaría si dejaba que Azul le hiciera el desayuno. —Ummm, sí, supongo. —Entró en el baño y cerró la puerta tras él. Tan pronto como estuvo solo, se relajó y respiró profundamente. Solamente fue un momento, intentó decirse a sí mismo. La alegría que había sentido despertando con Azul en sus brazos tenía que tener algo que ver con la medicina para el dolor que se había tomado la noche anterior. Tenía que ser así, ¿verdad? Mirándose en el espejo, frunció el ceño. —¿Qué coño estás haciendo aquí? —¿Huevos fritos o revueltos? —preguntó Azul desde el pasillo. Solo miró hacia la puerta cerrada. —Cualquiera —contestó. Cuando se giró para encontrar a un hombre sonriente reflejado en el espejo, gruñó. —Vale, dejé un albornoz para ti en la cama.


Solo se movió al váter y se alivió, sonrojándose antes de acabar de mear. —Debería volver al dormitorio, coger mi mierda y salir de aquí pitando —dijo a los marcos de fotos blancos y negros sobre la cómoda. ¿Quién coño decoró el baño? Azul. La respuesta le vino rápidamente a la cabeza. Pensó en el obvio deseo de Azul de construir una casa para sí mismo. ¿Cómo dos personas con pasados tan similares crecieron de forma tan diferente? No era la primera vez que se hacía esa pregunta, y mientras estuviera alrededor de Azul, no sería la última. Después de mirar alrededor, encontró un montón de toallas suaves en un pequeño armario junto a la ducha. Miró la ducha y sacudió la cabeza, no queriendo nada más que entrar dentro con un Azul desnudo en sus brazos. Por desgracia, pasaría otro día o dos antes de que pudiera acercar a gua a sus rozaduras de la carretera. En su lugar, tendría que lavarse con una toalla mojada y lavarse los dientes con un dedo y pasta prestada. Para cuando se sintió de alguna forma humano de nuevo, decidió que se quedaría el tiempo suficiente para comer antes de volver a la seguridad de su casa.

Eric estaba a punto de llamar a Solo cuando escuchó unos pasos que se dirigían a la cocina. —¿Encontraste el albornoz que te dejé? —Sí —contestó Solo, apareciendo en la puerta—. Gracias. —Bajó la mirada al albornoz negro satinado—. ¿En serio? Eric se encogió mientras colocaba un cuenco de huevos revueltos en el centro de la mesa. —Lo llevo a veces. Dale un tiempo, y sabrás por qué. —Volvió al fuego y colocó diez salchichas en un plato—. ¿Zumo de naranja o leche? —Lo que sea —gruñó Solo, sentándose en la mesa—. No tienes que hacer esto.


—Lo sé. —Eric se habría ofrecido para preparar el desayuno para cualquiera que pasara la noche en su casa, pero por alguna razón, quería cocinar para solo. Normalmente, era por obligación que Eric se ofrecía, pero con Solo, era por el hecho de que quería que quería que se quedara más tiempo. Colocó la leche y el cartón de zumo de naranja en la mesa junto a una jarra de café—. ¿Le pones azúcar al café? —Maldición, Azul, no llevas un restaurante. Siéntate y para de servirme. Si necesito azúcar, me levantaré y lo cogeré. La utilización del mote de Solo era la única cosa que evitó que Eric se enfadara. Era obvio que Solo estaba herido, e igualmente obvio que no era una persona de mañanas. Con un suspiro de resignación, Eric se sentó a la izquierda de Solo en la pequeña mesa cuadrada. Colocó las pastillas para el dolor junto al plato de Solo. —Si quieres, puedo ayudarte a lavar tus heridas y a cambiarte las vendas. —¿Por qué harías eso? —preguntó Solo. —¿Por qué sigues preguntándome eso? —contestó Eric—. ¿Nunca has tenido a alguien que se preocupara lo suficiente para hacer estas cosas por ti? La expresión en el rostro de Solo casi rompe a Eric. —No ese tipo de cosas. Rowdy me guarda las espaldas cuando monto o peleo, pero ni de coña se ofrecería a lavarme la espalda. —Él se lo pierde. —Realmente, Eric estaba feliz de que Rowdy no se ocupara de Solo como se merecía. Era obvio por la reacción de Solo a la pregunta que no había experimentado ninguna relación amorosa de ningún tipo. Era triste, pero hacía a Eric más determinado que nunca a mostrarle a Solo lo que se había perdido. Usó sus dedos para coger una salchicha—. Pasé la matrícula. Solo soltó el tenedor. —Joder, no puedo creer que me olvidara de ello. ¿A nombre de quién está registrada? —Harold Sterling. ¿El nombre te suena? —preguntó Eric. —Sí. ¿Conseguiste la dirección? —preguntó Solo.


Eric pensó en la pregunta mientras mordía su salchicha. Si le daba a Solo la información, no tenía duda de que Solo o Rowdy intentarían ir tras el imbécil. Mierda. No por primera vez se preguntó por qué coño había estado de acuerdo en trabajar con el gran motero. Era más que estúpido. Eric se unió a la policía para darle sentido del orden y estabilidad a su vida. Había funcionado hasta que vio al sexy sueño mojado sentado en la barra del Lucky's. Su mirada se centró en la araña tatuada que subía por el cuello de Solo. —¿Nuestro trato original todavía se mantiene? —No tenemos ningún trato cuando se trata de Harold. Estuvimos de acuerdo que cuando encontráramos al hombre responsable de enfermar a ese chico, yo no lo mataría. —Solo se bebió la leche—. Ahora, ¿tienes una dirección? Eric se pasó los dedos por el pelo. —¡Joder! —Quizá más tarde —masculló Solo con la boca llena de huevos—. Por ahora, solo necesito la dirección. —Mañana te la daré. Dudo que Harold se vaya a ningún sitio entre hoy y entonces. Mientras tanto, te quedas aquí. Tengo que ir a la comisaría, y me gustaría hablar con algunos de los estudiantes del Truman, pero eso no debería llevarme más de unas horas. Mientras estoy fuera, compraré algunas cosas de primeros auxilios y algo para cenar. Puedes pasar el día durmiendo, viendo la tele o lo que sea. —No me voy a quedar aquí —discutió Solo—. Tengo mi propia maldita casa. —Sí, y esas heridas necesitan ser lavadas y vendadas. Además, te acabas de tomar las medicinas, no estás bien para conducir a ningún lado. —Podría llamar a Rowdy para que me recoja —contestó Solo, con el ceño fruncido. —¿Realmente quieres que sepa mi dirección? —preguntó Eric. No estaba asustado de Rowdy, pero las cosas podrían complicarse si los Cavadores de Tumbas descubrían donde vivía—. Escucha, a penas puedes caminar. De todas formas no hay nada que puedas hacer hoy. Sé el tipo duro mañana. Hoy, solo relájate, y déjame cuidarte. —Hablando de Rowdy, necesito llamar. Sin duda se pasará por mi casa para ver como estoy. —Solo se sirvió más huevos y robó las últimas dos salchichas.


—¿Quieres que te consiga un teléfono de prepago mientras estoy fuera? —preguntó Eric. Haría casi cualquier cosa para que Solo se quedara. No podía explicarlo, pero le gustaba el modo en que el otro hombre miraba su casa. La idea de pasar tiempo con Solo le encantaba. —Mi cartera debería estar en mis jeans. Coge lo que necesites —contestó Solo. Miró la cocina—. Realmente te gustan esas fotos en blanco y negro. Vi algunas en el baño también. —Yo las hago —confesó Eric—. No puedo permitirme buenas fotos, por lo que decidí que podía hacer un trabajo tan bueno como los de las tiendas. —La verdad era que realmente se había metido en lo de la fotografía cuando empezó. Su cámara no era cara, pero había estado ahorrando para una buena. La mayoría de sus fotografías eran de paisajes, pero para la cocina, decidió ir a un anticuario y tomar fotos de viejos utensilios de cocina. No estaba seguro en aquel momento de si quedarían bien, pero le encantaron cuando las enmarcó. Eso era algo más que aprendió a hacer por sí mismo. Los precios de las tiendas por los marcos y los bordes eran ridículos. Solo asintió. —Bonitas. Me gustan. —Gracias. —Eric pensó en lo que Solo tenía en sus paredes—. Tengo muchas que no uso. Si estás interesado, podría darte algunas. Solo se encogió, pero no dijo que no. Progreso, supuso Eric.

Después de una corta siesta, Solo se estiró en el sofá y usó el teléfono fijo de Azul para llamar a Rowdy. —¿Sí? —contestó Rowdy. —Soy yo. —Solo cruzó sus tobillos en el brazo del sofá—. Para que veas que estoy bien.


—Estaba preparándome para ir a tu casa. ¿Necesitas algo? —No. —Solo había estado pensando en si decirle o no a Rowdy donde estaba. Al final, decidió que sería más fácil decirle la verdad—. Estoy en casa de Azul —¡Maldición, Solo! —explotó Rowdy—. Tienes que parar con esta mierda antes de que la banda lo descubra. No puedo seguir cubriendo tu culo, cabrón. —Dile a Switch que estoy en casa de alguien lamiendo mis heridas. Lo entenderá. — Solo sabía que Switch sospechaba que no le gustaban los coños, pero nunca le preguntó por ello, y Solo respetaba suficiente al hombre como para ofrecer la información que podía ponerlos a ambos incómodos. —¿Y qué pasa con Roach? —preguntó Rowdy. —¿Qué pasa con él? ¿Hablaste con él ayer? —Solo se movió y el satén del albornoz se restregó contra su polla. Cristo. Estiró la mano y se pasó su palma vendada por su polla. Azul no había estado bromeando sobre el albornoz. —No llegó a venir al club. Planeaba ir a buscarlo cuando Switch recibió una llamada del hospital —explicó Rowdy—. ¿Quieres que lo haga hoy o espero? Solo miró al techo. Podía decir que las medicinas para el dolor estaban haciendo efecto porque encontró difícil concentrarse en la conversación. Se restregó la polla de nuevo, apenas tragándose un gemido. —¿Estás ahí? —preguntó Rowdy. —Sí. Espera. —Solo suspiró—. Quiero mirar a Roach a los ojos cuando hablemos con él. —Después de la información que Azul le había dado antes, no pensaba que Roach fuera culpable de vender la mierda mala, pero el hecho de que estuviera vendiendo mierda necesitaba pararse—. Te llamaré mañana. —No te pongas demasiado cómodo allí —advirtió Rowdy—. Me gusta tenerte cuidando mis espaldas. Apestaría que Switch me ordenara ocuparme de ti. Era una posibilidad muy real. Si la banda descubría que Solo era gay, sería echado, y dependiendo de a cuantos hermanos tuviera en su contra, podría acabar en la UCI. Eso era cosa de niños comparado con lo que pasaría si descubrían que Solo se estaba tirando a un poli.


—Te escucho alto y claro. —Hasta luego —dijo Rowdy antes de colgar. Bostezando, Solo dejó el teléfono en la mesilla del café. Tenía una idea de dónde encontrar a Easy Ed, pero pasarían al menos unos días hasta que pudiera encargarse de él. Si no hubiera hecho el trato con Azul, ya habría encontrado al cabrón y le habría pegado entre los ojos, pero, no, dejó que su polla hiciera el trato. Solo se sentó cuando escuchó pasos en el porche. Su cuerpo se puso rígido, miró alrededor en busca de su cuchillo. Joder. Tenía que estar en sus jeans. El sonido de la llave en la cerradura lo tranquilizó, y exhaló. Hundiéndose en el sofá, observó como un sonriente Azul abría la puerta. —Hey —saludó Solo, intentando que su voz sonara normal. —¿Cómo estás? —Azul dejó algunas bolsas de plástico en el suelo antes de sentarse en la mesa de café junto a Solo. —Me acabo de despertar. —Solo asintió hacia el teléfono—. Llamé a Rowdy. Le dije que estaba aquí. —Intentó no mirar a Azul, pero maldición, el poli era jodidamente sexy. Colocó su mano en el muslo de Azul—. ¿Descubriste algo en la escuela? Azul sacudió la cabeza. —Pasa algo, eso seguro, pero no pude conseguir que nadie hablara. —Se tocó la frente—. Mi sentido arácnido me dice que el niño no es tan inocente con lo que pasó como pretende. Creo que lo visitaré de nuevo mientras esté en el hospital. Cuando lo dejen ir a casa, se sentirá más seguro. Será mejor conseguir que hable antes de que eso pase. Con cuidado con las vendas, Solo se puso de lado y se presionó contra el respaldo del sofá, haciendo sitio para que Azul se uniera a él. No intentó analizar su deseo de tener a azul cerca; solo lo deseaba. Con una sonrisa traviesa, Azul se quitó los zapatos antes de estirarse en el profundo sofá de piel. —Esta es la razón por la que compré este, sabes. —Se inclinó y le dio a Solo un suave beso.


Mirando esos jodidos ojos azules, Solo sabía que podía perderse en el poli. Había algo entre ellos como nunca había sentido antes. —¿Háblame de ese sentido arácnido tuyo? Azul colocó su cabeza en las almohadas que había bajado para Solo. —Bueno, por lo que he podido reunir, Andy es un idiota privilegiado con un enorme chip en su hombro. Sus amigos no hablarán de él por algún sentido de la lealtad, y sus enemigos parecen asustados de hablar. —¿Crees que esto es más que un estúpido niño comprando una bolsa mala de hierba? —preguntó Solo. Había pensado que era extraño cuando la víctima se negó a hablar con la policía, por lo que definitivamente tenía sentido. —Sí —dijo Azul. Pasó su mano por la zona del albornoz que cubría la polla de Solo—. Voy a ir a la comisaría pronto y hablaré con mi capitán. Solo gimió mientras la delicada tela se restregaba contra su polla. —¿Cuán pronto? Azul sonrió. —Eso depende de lo herido que estés. —Demasiado herido para follarte de la forma que deseo, pero a mi polla no le importaría que la chuparan. —Era la verdad. A Solo le habría encantado follar a Azul pero odiaba hacer las cosas a medias. Quizá era un cerdo porque en su mente, lo siguiente mejor después de follar era que le chuparan la polla. Azul envolvió su mano alrededor de la polla de Solo, manteniendo el material entre su palma la sensible piel del duro eje de Solo. Decía mucho que Azul tuviera el poder de poner duro a Solo aunque estuviera un poco ido por la medicina. —¿Por qué no te hundes en un baño caliente primero para que podamos lavarte las heridas? Cuando tus vendas estén cambiadas, te meteré en la cama, y te chuparé hasta dejarte seco, luego iré a hablar con el capitán. —Suena como si tuvieras una tarde ocupada —dijo Solo. Tanto como deseaba una


mamada, tenía sentido que se ocupara primero de su espalda y brazos primero porque tan somnoliento como estaba, cuando disparara su semilla por la garganta de Azul, estría fuera de juego durante unas horas. Azul se inclinó para otro beso, pero Solo no le dejó apartarse con un rápido roce. Con un gemido, Solo separó los labios de Azul y empujó su lengua dentro. Nunca había sido bueno con las palabras, por lo que hacía lo que podía para mostrarle a Azul con un beso cuan agradecido estaba por haber ido allí. Durante el día, Solo empezó a recordar cosas de la noche anterior. Rowdy lo había llevado a casa desde el hospital, incluso le había ayudado a meterse en la cama, pero cuanto más estaba Solo allí, más solo se sentía. Todo en lo que podía pensar era en Azul y en la necesidad de estar con él. Todavía había retazos de tiempo que no recordaba, conducir a casa de Azul era uno de ellos, pero no podía apartarse la sensación, la innegable necesidad de otra persona. ¿Cómo había permitido que un poli se metiera tanto por debajo de su piel? Se apartó del beso y miró esos grandes ojos azules. La verdad lo golpeó como un puño. Cuando miraba a Azul, no veía un poli. —¿Qué ves cuando me miras? —le preguntó a Azul. La expresión de Azul se volvió confusa. —¿Qué quieres decir? Sintiéndose estúpido, Solo sacudió la cabeza. —No importa. ¿Me conseguiste un teléfono? —Sí, pero quiero volver a esa pregunta. —Azul soltó la polla de Solo—. Supongo que la razón por la que lo preguntas es porque crees que somos muy diferentes. —Lo somos —admitió Solo. —¿Por qué te preocupas tanto por mantener las escuelas libres de drogas? —Porque mi hermana, Jessica, tuvo una sobredosis. Tenía solo quince años, y yo estaba demasiado ocupado causando y metiéndome en problemas que no supe que ella estaba consumiendo. —Solo tragó—. No estuve allí para cuidarla, por lo que intento compensarlo un poco intentando mantener a las hermanitas de alguien más a salvo. —Rompió el contacto visual—. Switch, el Jefe de la banda, fue el que me dijo


que ella había muerto. Solo salí del condado y estuve jodido. Switch me encontró, me limpió, y me llevó a la morgue a identificar su cuerpo porque mi madre estaba demasiado borracha. —Cuando sintió lágrimas en sus mejillas, se aclaró la garganta. No era una jodida niña y se negaba a actuar como una—. Después del funeral de Jessica, me aparté de mi madre y me mudé al club hasta que ahorré suficiente dinero para comprarme la caravana. Azul le dio a Solo una sonrisa de comprensión. —Para mí, fue un poli llamado Martin Lee que vivía en la puerta de al lado de la última familia de acogida con la que estuve. Tenía ese Mustang dorado de mil novecientos setenta y dos, ya sabes, ¿los que tienen la tira negra en la parte de arriba? —Su sonrisa se amplió—. Es igual, el Sr. Lee solía sacar ese hermoso bebé del garaje cada sábado y lo lavaba. A la familia con la que vivía yo no les importaba, por lo que salía con el Sr. Lee. Supongo que es lo más cercano que tengo a un padre. Estoy seguro de que si hubiera sido un contable, habría seguido sus pasos, pero él era un poli. —¿Todavía está vivo? —preguntó Solo. —Sí. Está retirado, pero me reúno con él un par de veces al mes para comer. —Azul colocó su frente contra la de Solo—. No conseguí un trabajo en el departamento de policía porque tuviera un gran plan sobre eliminar el crimen del mundo. Fui a la academia porque el Sr. Lee tiró de algunos hilos y me hizo entrar. Podrías no ser capaz de verlo, pero soy mucho más que mi trabajo. Solo lo veía. Parte del problema era que a menudo olvidaba a que se dedicaba Azul. Entendía el punto que Azul quería realzar, pero no se dejaría atraer a una conversación sobre sentimientos. Infiernos, acababa de descubrir que los tenía. Decidió cambiar de tema. —¿Dónde tomaste esa foto? —apuntó a la gran foto en blanco y negro sobre el sofá. —El Bosque Nacional de Olympic en Washington. —Azul alzó la mirada a la foto—. Fui hace unos años. Estaba pasando un mal momento, pero lo que decidí meterme en el coche y conducir hasta que estuviera rodeado de verde. —Miró a Solo—. Sí, lo encontré antes de llegar al parque, pero el verde me atrajo. —Una expresión anhelante adornó su hermoso rostro—. Pensé en venir a casa, venderlo todo y mudarme allí. —¿Y por qué no lo hiciste? —preguntó Solo. Nunca había estado más al norte de


Utah, que tenía bonitos campos, pero no lo suficiente como para mudarse. Azul se sentó y balanceó sus piernas sobre el lado del sofá. —Durante los primeros dieciséis años de mi vida, a nadie le importó si vivía o moría. Entonces conocía al Sr. Lee. —Se encogió—. No dejas algo así tan fácilmente. Solo miró la espalda musculosa de Azul. Quería decirle al hombre que a él le importaba si vivía o moría, pero no podía forzar a las palabras para que salieran de su boca. En su lugar, dio la respuesta fácil. —Sí, así es como me siento con la banda. Podrán no ser de sangre, pero son la única familia que tengo.

Eric entro en la casa y lanzó sus llaves a la barra que separaba el salón de la cocina. Estaba de mal humor después de hablar con su capitán, y odiaba admitir ante Solo lo jodida que estaba la situación. Se paró cuando notó al sexy hombre sonriéndole desde el fuego. —Hey. —He hecho la cena. Espero que no te importe. Eric se detuvo en la puerta de la cocina, su humor aligerándose lo suficiente para sonreír. Debería ir a darse una ducha e intentar aclararse la cabeza, pero no sin un momento con Solo. —¿Sí? ¿Qué has hecho? Solo realmente hizo una mueca. —Bueno, no soy de cocinar mucho, por lo que he hecho lo que yo llamo Chili de Motero. Cerdo y judías, hamburguesa y salsa barbacoa. —Se encogió—. No estoy seguro de que te vaya a gustar, pero tenías los ingredientes en la nevera.


Aunque no sonaba apetitoso, Eric nunca le diría eso a Solo. Saber que Solo había estado lo bastante cómodo en su casa para cocinar significaba más que la comida que hubiera preparado. —Nunca lo he comido, pero le daré una oportunidad. —Señaló tras él—. ¿Tengo tiempo para una ducha? —Claro. Se mantendrá. —Solo se dirigió hacia Eric—. ¿Va todo bien? —No realmente, pero necesito algo de tiempo para pensar —contestó Eric. Cuando Solo estuvo lo bastante cerca para tocarlo, Eric se rindió a la necesidad y presionó sus palmas contra el pecho de Solo. Pasó sus dedos por los rizos marrón oscuro, pero no podía encontrarse con la mirada de Solo—. Sé en mi interior que Andy está sucio, y creo que mi capitán está de acuerdo, pero me dijo que lo dejara, que me enfocara en el traficante que había vendido a Andy la hierba en primer lugar. Solo envolvió sus vendados brazos alrededor de la cintura de Eric. —El padre del niño es amistoso con el jefe de policía, entonces, ¿por qué te sorprende? ¿Todavía no te has dado cuenta de que el dinero y la posición compran privilegios? Eric se presionó contra Solo, necesitando sostener al hombre más grande, pero asustado de hacerle daño. Solo había sido detective durante seis meses, y era la primera vez que le habían ordenado que mirara para otro lado. Como oficial de patrulla, sabía que los tipos de los coches caros a menudo se libraban de los problemas con el dinero, pero para entonces él ya había hecho su parte. La situación con Andy Sparks no era lo mismo. Cómo podría explicarle a Solo que en quince minutos de conversación con su capitán, había perdido alguna de la fe que tenía en su trabajo. Con un suspiro, se apartó de Solo. —Ahora vuelvo. Solo soltó a Eric, pero era obvio que tuvo que luchar consigo mismo para hacerlo. —Estará bien. Nos enfocaremos en quien sea que mezcló la hierba con la mierda mala, y seguiremos por ahí. —Sí —contestó Eric antes de alejarse.


Solo movió el chili antes de de apagar el fuego. Joder. Odiaba la expresión derrotada que había visto en el rostro de Azul. Había habido momentos en la vida de Solo en los que se había preocupado de no esperar suficiente de sí mismo o de su vida, más recientemente, después de pasar tiempo con Azul esa primera noche. Sin embargo, después de ver la desilusión de Azul, estaba agradecido por no haber deseado nunca nada más de su vida que un lugar caliente en el que dormir y comida suficiente para comer. Solo enjuagó la cuchara y la colocó en la encimera antes de salir hacia la puerta del baño. Se quedó fuera por un momento, escuchando la ducha. Por primera vez en su vida, deseaba saber cómo consolar a alguien. Aparte de cuidar las espaldas de sus hermanos, nunca había pensado verdaderamente en cuidar de nadie además de sí mismo. Llamó a la puerta antes de abrirla. —¿Te importa si entro? Desde detrás del cristal de la ducha, Azul sacudió la cabeza. —Sé que dijiste que querías algo de tiempo para pensar, pero quería ver cómo estabas —dijo Solo lo bastante fuerte como para que se escuchara por encima del ruido de la ducha. Cerró la tapa del váter y se sentó—. No soy bueno con este tipo de cosas, por lo que necesitaré que me digas qué puedo hacer para ayudar. —No hay mucho que puedas hacer. —Azul se aclaró el jabón de su corto pelo negro—. Hoy me han golpeado en la cara con unas cuantas verdades, y necesito tratar con ellas. ¿Varias? Solo observó el perfecto cuerpo de Azul a través del cristal ligeramente empañado. —Sé que la reunión con tu jefe no fue bien, pero ¿qué más ha pasado hoy? Azul se giró y se aclaró el jabón de la mitad delantera de su cuerpo. No contestó a Solo en el momento; en su lugar, siguió de pie bajo la ducha. Finalmente, Azul apagó la ducha y abrió la puerta. Deliciosamente desnudo, Azul miró a Solo a los ojos.


—Creo que me estoy enamorando, y no sé cómo tratar con ello. No es del amor de lo que estoy asustado, infiernos, es todo lo que siempre he deseado. Solo se levantó y le pasó a Azul una gruesa toalla verde. No necesitaba que Azul se explicara más. Lo que había entre ellos dos no podía funcionar, y ambos lo sabían, pero eso no significaba que no quisiera mantener el momento tanto como pudiera. —Switch me dice que mi padre me amaba, pero no lo recuerdo. —¿Cuál es el nombre de tu padre? – preguntó Azul. Solo dio un paso atrás para darle a Azul suficiente espacio para salir de la ducha. —Su verdadero nombre era Samuel, el mismo que el mío, pero era conocido como Widow Maker11. Azul estiró la mano y pasó su dedo por la araña, una viuda negra, del cuello de Solo. —¿Es por eso que tienes esto? Solo asintió. —Todavía no entiendo por qué tuvo que irse. Infiernos, por lo que sé, está muerto y la banda lo está encubriendo. —¿Quieres que investigue? Si estaba huyendo de los polis, seguramente hay algo en el sistema sobre él. —Azul envolvió la toalla alrededor de su cintura. No le pasó por alto a Solo que ninguno de ellos había dicho nada sobre lo que Azul había dicho de enamorarse. Solo asumió que no había mucho que decir porque decir las palabras no cambiaría el hecho de que era demasiado peligroso construir una vida basada en ellos. Consideró la oferta de Azul. Se había dicho a sí mismo durante años que estaba mejor sin saber la verdad. —No quiero que hagas nada que te meta en problemas. —No me meteré en problemas. —Azul rodeó a Solo y apagó el ventilador. Solo aprovechó la oportunidad y salió del baño, manteniendo su mirada en Azul.

11

Significa el creador de Viudas o el productor de viudas, es decir, que dejaba a las mujeres viudas.


—Entonces, claro, mira a ver que puedes encontrar


Capítulo Cinco Solo esperó a que Azul acabara de limpiar los platos de la cena antes de alcanzar su mano. —Vamos. —No había pensado en nada más que en hacerle el amor desde que Azul había confesado cómo se sentía. Solo saber que a su poli le gustaba lo bastante como para decir que se estaba enamorando era algo muy grande, y aunque era prematuro, quería fingir que era verdaderamente amado. Era la primera vez para él, por lo que sentía que tenía que darle a Azul algo que nunca le hubiera dado a otra persona. —¿Te has tomado las pastillas? —preguntó Azul, permitiendo que Solo lo llevara por el pasillo hacia el dormitorio. —Me tomé el antibiótico, pero no más pastillas para el dolor para mí. Estaré bien sin ellas, y necesito recordarlo todo a partir de ahora. —Solo soltó la mano de Azul y dejó que el albornoz de satén cayera de sus hombros—. No sé cuán bueno será porque no estoy en forma, pero quiero follarte. Azul asintió y se bajó los pantalones. —También quiero eso, pero no quiero que te hagas daño. Solo quería decirle a Azul que nada le haría más daño que cuando los dos tuvieran que separarse, pero no podía, por lo que mantuvo su boca cerrada. Antes, durante el día, realmente se había tomado tiempo para hacer la cama de Azul. Era algo raro para él, pero quería que Azul supiera cuanto respetaba su casa. Alcanzó la manta y la sábana y las bajó a los pies del colchón. —Estírate —ordenó Solo. Quería mostrarle a Azul el mismo cuidado y compromiso que Azul le había mostrado antes a él. La mamada que había recibido había sido una de las mejores que recibiera nunca, y quería devolverle el favor. Nunca había sido mucho de chupar pollas, pero la polla de Azul era diferente porque pertenecía al hombre que se preocupó por él a pesar de todo lo que era. Azul subió a la cama y se movió al centro de esta.


Solo se arrodilló en la parte de abajo del colchón entre las piernas separadas de Azul. —Cierra los ojos. —Tocar a alguien tiernamente era nuevo para Solo, y se preocupó por que se viera estúpido haciéndolo—. Piensa en ese lugar de Washington, ese de la foto del salón. Azul suspiró cuando Solo empezó a lamer y besar su muslo interno. —Bueno. Solo restregó sus labios por las bolas de Azul antes de lamer la suave piel con su lengua. —Joder —gimió Azul, separando más sus piernas—. Se supone que yo sea quien cuida de ti. Solo alzó su cabeza, saboreando la base de la polla de Azul con la punta de su lengua. —Y éste soy yo agradeciéndote por ser tan bueno en ello. —La atención que le prestaba a la polla de Azul iba en contra de sus instintos naturales de follar, y follar duro. Los juegos previos eran algo suave, o al menos siempre había pensado en ellos de ese modo. En el pasado, Solo había necesitado la liberación física de estar enterrado dentro del culo de alguien mientras se corría. Tomarse su tiempo para aprenderse cada pulgada del cuerpo de alguien más no había sido una prioridad cuando raramente veía a alguien de nuevo. Azul era diferente. Solo sabía que necesitaría cada recuerdo que pudiera conseguir para las siguientes semanas y años que estaban por venir. Cuando Solo deslizó sus labios por la cabeza de la polla de Azul, Azul soltó una sarta de maldiciones. —Joder, bebé, tu boca es jodidamente perfecta, pero te necesito dentro de mí. Solo soltó la polla de Azul y gateó por el cuerpo del poli, parándose para lamer y morder cada parte de su cuerpo. —¿Bebé? —preguntó. —Sí. —La palabra cariñosa creó un dolor en el pecho de Solo. Estiró la mano hacia el cajón de la mesilla de noche. Sacó un condón y el bote de lubricante y los colocó


en el colchón. Darle a Azul lo que necesitaba no era un problema, pero Solo sintió que necesitaba hacer entender a Azul como se sentía. —¿Sabes lo que dijiste antes, cuando abriste la puerta de la ducha? Yo siento lo mismo —susurró Solo en la oreja de Azul. Ahí. Era lo más cercano que alguna vez había estado de confesar sus sentimientos a nadie. Incluso sus hermanos pensaban que era un bastardo de corazón helado la mayoría del tiempo, y si fuera honesto consigo mismo, Solo tendría que estar de acuerdo de que no estaban muy alejados de la verdad. Azul giró su cabeza y presionó sus labios contra los de Solo. —¿Qué vas a hacer al respecto? Solo sacudió la cabeza. Alcanzó la botella de lubricante. Necesitaban una distracción porque no había forma de que estuviera preparado para hablar sobre separarse. El hecho de que finalmente tendría que hacerse estaba claro. Estirado junto a Azul, Solo se mojó los dedos. Tocó la arrugada apertura del culo de Azul y empezó a restregar sus dedos lubricados por la piel. —Más tarde. Azul miró a Solo varios momentos antes de asentir. Solo rezó para que Azul lo entendiera. Sus momentos juntos se habían convertido en momentos muy especiales para él, y no quería que palabras duras que se necesitaban decir cerca de su Azul. Observando a Azul de cerca, metió un dedo dentro. No estaba asustado de herir a su poli. Era más el cambio de expresiones en el rostro de azul lo que buscaba. Azul empezó enfadado, o quizá estaba frustrado. Sí, Solo pensé que probablemente fuera eso. No podía culpar a Azul por ello, el Señor sabía que se sentía de la misma forma. Mientras seguía estirando los músculos del culo de Azul, la frustración lentamente se convirtió en necesidad. Sí, eso era lo que había estado esperando. Sacó sus dedos y alcanzó el condón. —¿Dónde puedo poner mis manos para no hacerte daño? —preguntó Azul cuando Solo se insinuó entre los muslos de Azul. —Alrededor de mi cuello —contestó Solo. Sería más fácil follar al estilo perrito, pero quería estar de cara con Azul. Aplicó más lubricante al agujero de Azul antes de dejar


la botella—. Solo ten cuidado de no tocar mi espalda. —No lo haré. Hacerte daño es lo último que quiero hacer —añadió Azul. Sí, Solo entendía completamente el sentimiento. Agarró su polla por la base y metió la bulbosa cabeza dentro de Azul. Joder. El cuerpo de Azul apretó la polla de Solo mientras entraba más profundo. —Después de esa primera vez, no puedo sacarte de mi mente. Debería haberlo sabido. —¿Saber qué? ¿Que volverías para una repetición? —preguntó Azul. —Que la primera vez era más que sobre la forma en que mi polla se sentía enterrada dentro de ti. No lo vi porque no quise verlo —admitió Solo. Solo había pensado en su reacción inicial a la casa de Azul después de pasar casi todo el día solo en ella. Los dos dormitorios habían hecho que anhelara algo que siempre había sentido que estaba fuera de su alcance. Cuando Azul había explicado por qué amaba su casa y por qué trabajó tan duro para conseguirla, Solo se sintió aún peor. Los dos venían de situaciones muy similares. Evidentemente, no había sido que algo como la casa de Azul estuviera fuera de su alcance, era más que Solo nunca había intentado alcanzar algo así antes. Le hizo preguntarse qué más se había negado a sí mismo por sus circunstancias. Cuando su polla estuvo enterrada hasta la base, Solo le dio a Azul un suave beso en los labios. —Haces que me lo cuestione todo —admitió— y eso me asusta. Azul bajó la cabeza de Solo para otro profundo beso mientras Solo empezaba a meter y sacar su polla dentro y fuera del agujero de Azul. Rompiendo el beso, Azul lamió sus labios. —Me siento de la misma forma. Solo cerró sus ojos para intentar bloquear la honestidad que se cernía entre ellos. Joder. Necesitaba concentrarse en follar antes de que lamentara que se le desinflara la polla. Fuera. Se recordó mentalmente mientras se movía. Dentro. Sí, el “dentro” era su parte favorita de follar a Azul. Convertirse en uno con el hombre que le había


abierto los ojos a todo lo que no sabía que deseaba y necesitaba. Azul enganchó sus antebrazos bajo sus rodillas antes de atraerlas hacia su pecho. La acción lo abrió más, dándole a Solo sitio para follar, y joder si lo hizo. Metió una almohada debajo de la parte baja de la espalda de Azul, alzando su culo más en el aire. —Sí, eso es —gruñó Solo mientras se metía profundamente. Ya no tenía que concentrarse en qué hacer, su polla, su corazón y su mente finalmente se habían sincronizado en los empujes que eran para darle placer a Azul. —Cristo, te siento tan bien —gruñó Azul, su voz bajando tanto que Solo no lo escuchó. Seis embestidas, siete, oh, joder, Solo rezó para poder seguir al menos hasta que Azul se corriera. —Joder, estoy intentando aguantar, pero la sensación de tu culo lo está dificultando mucho. Azul se lamió sus labios. —Vente en mi polla y me masturbaré. La idea de disparar su semilla en la polla y estomago de Azul era jodidamente caliente. Solo sacó su polla del culo de Azul y se quitó el condón. De rodillas, sobre el sexy cuerpo de Azul, Solo envolvió su polla y empezó a masturbarse mientras se encontraba con la mirada de Azul. —¿Esto es lo que quieres? —Oh, sí —gimió Azul, diciendo cada palabra mientras alcanzaba su polla. Era la primera vez en su vida que follar se había convertido en un escenario de masturbación, pero, infiernos, era Azul. Solo se acarició, usando su presemen para hacer resbaladiza la cabeza. Jadeó cuando el primer chorro salió de su polla, pintando una barra brillante a través de la polla y mano de Azul. —¡Joder! —Uh huh, —estuvo de acuerdo Azul, añadiendo su propio semen en su estómago.


Marcar a Azul con chorros de semilla hizo que Solo se sintiera como un rey, algo que desesperadamente necesitaba después de toda la mierda por la que había pasado su ego desde que se despertó en la cama de Azul esa mañana. Usó su mano libre para restregar los cálidos fluidos en la piel de Azul. —Maldición, estás muy sexy así. Azul bostezó y estiró sus brazos sobre su cabeza. —Estoy para complacer. Solo rió, una rareza en él. —Y lo has hecho.

—¿A dónde vas? —preguntó Eric, cerrando el lavavajillas. Solo luchó para ponerse su bota. —Al club. Necesito ir antes de que me busquen. Eric se secó las manos antes de colocarlas en el suelo junto a los pies de Solo. Cogió la bota de las manos de Solo y la puso en el pie del hombre. No le gustaba la forma en que Solo se negaba a encontrarse con su mirada. —¿Qué pasa con tus heridas? —¿Qué pasa con ellas? Pasarán un par de semanas antes de que estén completamente curadas y no hay forma de que me siente en la casa tanto tiempo. Además, dijiste que me darías la dirección de Harold Sterling si me quedaba ayer. Eric se levantó. —¿Es la única razón por la que te quedaste? —Las cosas entre ellos parecían mal e intentó descubrir esa mañana que había dicho o hecho para enfadar a Solo. Tenía la


sensación de que las cosas se habían vuelto un poco demasiado honestas con el hombre, pero no podía dejar que Solo volviera a alzar ese muro entre ellos. Solo alcanzó su chaqueta. —Sabes que no, pero sentarme aquí no mantendrá a los niños a salvo. Eric quería alcanzar a Solo, pero no estaba seguro de si el toque sería bienvenido. En su lugar, se movió al cajón y sacó un taco de papeles pequeños. Se preguntó si necesitaba recordarle a Solo sobre el trato. —Puse mi número en tu nuevo móvil. —Anotó la dirección de Harold—. ¿Llamarás si descubres algo? —Arrancó el papel antes de extenderlo. Solo cogió la dirección. —Llamaré. —Se giró y empezó a irse, pero se detuvo en la puerta de la cocina, de espaldas a Eric. —Si puedo escaparme, ¿está bien que venga esta noche? —Por supuesto. —Eric se movió para estar delante de Solo—. Sé que no quieres hablar de lo que pasará después de que atrapemos a este tipo, pero necesito que sepas que yo nunca te alejaré. Solo cerró sus ojos y sacudió la cabeza. —No puedo hablar de esto ahora. Eric quería gruñir de frustración. —Lo que sea —dijo resignado—. Si descubres dónde está Easy Ed llámame. Muéstrame el mismo respeto que yo te doy. Solo movió su cabeza a un lado. —¿Dudas de mí, Azul? —En este momento, dudo de todo —confesó Eric. Se había desilusionado con su carrera, y Solo se había cerrado emocionalmente. ¿Cómo podía sentirse de otra forma? Solo suspiró y miró el trozo de papel de su mano.


—¿Esta dirección acaba con nuestro trato? Eric sacudió la cabeza. —No pero apartarte de mí lo haría. —Colocó sus manos en sus caderas—. Necesito a ese traficante lejos de la escuela, y necesito darle algo a mi capitán que le diga que he hecho mi trabajo. Pero, por cómo me siento ahora mismo, no estoy ni seguro de si quiero el trabajo para el que me he entrenado. Quizá sería mejor que me reasignaran. Infiernos, quizá es el momento de que me mude a Washington. —Se pasó los dedos por el pelo, su frustración mucho mayor que nunca—. Entiendo por qué no puedes dejar que tus hermanos sepan que eres gay, pero ellos no están de pie en mi cocina. —No podré vivir después de la paliza que los hermanos me darán. Es el hecho de que seas un poli lo que hará que me maten —contestó Solo—. No eres el único que se cuestiona cosas. Por desgracia, tú no te arriesgas a perder tu vida por cambiar de carrera. Por lo que perdona si no soy todo arco iris y luz del sol esta mañana. Sorprendido, Eric se movió para presionarse contra el pecho de Solo. —¿Te matarían? Solo mantuvo sus brazos a los lados. —Es una posibilidad. —Dio un paso atrás, poniendo distancia entre ellos—. Tengo que aclararme la cabeza, y para que eso pase, necesito irme. —Besó la frente de Eric antes de pasarle el trozo de papel—. Puedes encontrar a Easy Ed. Tengo otra pista sobre un traficante que seguiré. Eric apretó el papel en su pecho. Sabía lo que significaba dejar la dirección para Solo. —Gracias. Te contaré lo que descubra. Solo asintió. —Lo apreciaría. Antes de que Eric pudiera decir algo más, Solo se giró y salió de la cocina. Un momento después, escuchó el inconfundible sonido de la puerta cerrándose. —¡Joder! —Eric pateó una de las sillas de la cocina, haciendo que se deslizara por el


suelo. Después de la mejor noche de su vida, estaba perdiendo todo lo que alguna vez había deseado.

Después de pasar por su casa para un rápido cambio de ropa, Solo entró al club. Había llamado a Rowdy antes e inmediatamente notó que su amigo lo estaba esperando en el reservado habitual. —Café —dijo al candidato de detrás de la barra. —¿Cómo te va? — preguntó Crane12. —Gruñón como siempre —gruñó. El chico era leal y complaciente. Solo no tenía duda de que el candidato se convertiría en un miembro completo de la banda dentro de poco. Solo no estaba de humor para charlar. Alejarse de Azul lo había destrozado, pero no podía una forma de que estuvieran juntos. Por un momento, consideró pedirle a Azul que dejara la policía. Al final, Solo sabía que no tenía derecho a meterse en una decisión como esa más de lo que Azul tenía para pedirle a Solo que dejara a sus hermanos y a la banda. Solo llevó su café al reservado y se sentó, de espaldas a la pared. —Hey. —¿Alguien se ha cagado en tus cereales esta mañana? —preguntó Rowdy, bajando el móvil. —¿Roach trabaja hoy? —Solo se negaba a discutir su vida personal con Rowdy. Sí, Rowdy era su mejor amigo, pero ya sabía que el hombre no aprobaba su relación con Azul. —No —contestó Rowdy—. Está fuera hoy. Estuvo aquí anoche bebiendo y follando, pero se fue sobre las dos. 12

Nombre de otro motero, puede significar grulla o grúa


Sin Harold a quien cazar, solo tenía dos opciones, Roach o Marco. No era un cobarde, pero ir al territorio de los Diablos para interrogar a Marco era una mala idea. Las dos bandas no eran amistosas, y Solo sabía que cualquier cosa que le hiciera a Marco se la devolverían a Los Cavadores multiplicado por diez. Era la forma de actuar de las bandas. Dejó su café y apretó sus manos, comprobando si sus heridas disminuirían su habilidad para luchar. Confrontar a Roach no pasaría sin una respuesta violenta del hombre de una forma u otra, y no era lo bastante estúpido como para meterse en una mierda como ésa si no podía manejarlo. —Te guardo las espaldas —dijo Rowdy, evidentemente leyendo la mente de Solo. El teléfono de prepago de Solo sonó, atrayendo su atención de inmediato. Sólo había una persona que tuviera su número. —Sí —contestó. —No ha habido suerte con Harold. Está muerto y por como huele, diría que lleva así por lo menos un día —informó Azul a Solo—. Acabo de informar. —¿Cómo? —preguntó Solo. El estado del cuerpo le diría quien lo hizo. —Escopetazo en el pecho. Eso o alguien colocó una pequeña bomba dentro del tipo, porque mierda, se ve mal. Solo soltó la respiración que no se había dado cuenta de que estaba aguantando. El arma de elección de Roach era un largo cuchillo de caza que mantenía en su pierna. Lo que significaba que o Easy Ed mató a su propio hermano o lo hizo Marco. —Necesito encontrar a Easy Ed. Solo notó la expresión sombría en el rostro de Rowdy, pero continuó. —¿Está bien? —Pensé que no sabías dónde vivía. Me estás escondiendo información —acusó Azul. —No, no lo hago. Sé por dónde va. —La luz brillante del sol golpeó a Solo cuando la puerta principal se abrió. Roach—. Tengo que irme. Te llamaré más tarde. —Colgó antes de que Azul pudiera decir nada y miró a Rowdy—. Harold murió de un escopetazo en el pecho.


—Entonces no fue Roach —dijo Rowdy. —Cierto, pero me pregunto si Roach sabe algo de ello. —Solo salió del reservado y llevó su taza de café vacía a la barra donde Roach se había sentado. Roach era una ardilla, un término que los hermanos usaban para describir a alguien que era pequeño y delgado pero que te haría daño antes de que tuvieras la oportunidad de herirlo. Estaba loco y era impredecible en un buen día. Por desgracia, por los ojos rojos de Roach y la ropa sucia que obviamente llevaba desde el día anterior, no parecía un buen día. —Hey —Solo saludó a Roach mientras deslizaba su taza hacia Crane—. Otra —le dijo al candidato. Roach se encendió un cigarrillo. —Café con un chupito de Jack13. —Sonrió a Solo pero no se encontró con su mirada—. Pelo de perro. Solo cogió la taza rellenada de Crane antes de devolver su atención a Roach. Había algo raro en el hermano. —Trae eso y ven a sentarte conmigo y Rowdy. —No puedo. Tengo que ver a alguien —dijo Roach, bebiendo café. —¿Quién? —Solo notó la forma en que las manos de Roach temblaron. El idiota estaba alterado o necesitaba más material, por lo que tenía una buena idea de adonde iría Roach. —Solo un amigo. —Roach acabó su café y se bebió el Jack de un trago aunque la mierda tenía que arderle en la garganta mientras bajaba. Asintió a Solo—. Os veo luego. Solo observó a Roach salir del club antes de girarse hacia Crane. —¿Dónde consigue su mierda últimamente? Crane metió la taza de Roach en el fregadero con agua con jabón.

13

Con Jack se refiere a Jack Daniels


—No lo sé. Solo sabía que Crane estaba lleno de mierda. Siempre en el fondo, el candidato era los ojos y orejas dentro de la banda, informando sólo a Switch. Sí, si Solo quería saber lo que Crane sabía, tendría que ir a través del Jefe para conseguir la información. Palmeó la barra—. Gracias. Solo volvió a la mesa. —¿Está Switch en la oficina? —Sí, entró hace un rato. ¿Por qué? —preguntó Rowdy. —Necesito hablar con él. —Solo dejó su café en la mesa y atravesó la gran sala que solía usarse de sala de reuniones importantes y era la oficina de Switch. Llamó a la puerta y esperó. —Sí —contestó la profunda voz de Switch Solo abrió la puerta. —¿Tienes un minuto? Switch dejó un boli y se inclinó hacia atrás en la silla. —¿Cómo están los brazos? —Doloridos. —Solo entró en la sala y cerró la puerta—. Creo que he jodido dos de mis tatuajes y tendré que reparar el roquero de abajo. —Se giró y le mostró a Switch y le mostró el parche de la parte baja de su espalda donde se leía Albuquerque—. ¿Crees que Marlene podrá arreglarlo por mí? —A Solo le encantaba la vieja señora de Switch, y era malditamente buena con la costura. – La llamaré —ofreció Switch. —Gracias. —Solo se sentó en una de las sillas vacías—. Necesito hablar contigo sobre lo que pasa en Turner. —Vale. —Switch colocó sus pies encima del escritorio y cruzó sus tobillos—. ¿Te puedes encargar de ello? – No lo sé. Parece que el traficante que noté fuera del instituto era el hermano de


Easy Ed, —empezó Solo. —¿Era? —Sí. —Solo intentó permanecer calmado. Decirle a Switch que tenía información de la muerte de Harold por su amante poli no era una opción—. Los polis lo encontraron muerto. Su pecho abierto por el disparo de una escopeta. Las cejas grises de Switch se alzaron. —¿Easy? Solo se encogió. —No lo sé. Cuando hablé con Stevie Boy sobre quién vendía la hierba mezclada, me dio tres nombres, y de era uno de ellos. —Se sentó más adelante en la silla y apoyó sus antebrazos en sus muslos—. También el de Roach. Solo había aplazado el hablar con Switch porque primero quería acercarse a Roach. Por desgracia, parecía que Roach consumía su propia mierda. La hierba nunca había sido un problema para la banda. Infiernos, incluso Solo disfrutaba la hierba suave, pero las drogas duras les hacían inconfiables, y todos lo sabían. Switch se pasó una mano por su larga barba pensando unos momentos. —¿Estás acusando a Roach de vender en Turner? —No. —Para acusar a Roach formalmente de una cosa así, Solo necesitaría pruebas para los otros hermanos en una reunión formal. —Vi a Roach hace unos minutos, y le pregunté si podía hablar con él, pero se fue antes de que pudiera hacerlo. A mí me parece que estaba de bajón y que necesitaba una dosis. —Solo dejó que las palabras colgaran en el aire, sabiendo que podría caerle una buena en ese momento—. Me gustaría saber dónde consigue las metanfetaminas. Switch continuó mirando a Solo. Finalmente, después de varios momentos incómodos, suspiró. —Easy Ed —apuntó su dedo hacia Solo—. Roach no usa pistolas y lo sabes, por lo que no estoy seguro de en qué estás pensando, pero él no está involucrado con esa


mierda de la muerte del hermano de Easy. —Espero que no —contestó Solo—. Pero todavía tenemos un traficante ahí fuera que mezcla su producto con veneno, y si descubro que Roach no tiene nada que ver con ello, no pasará nada—. Alzó sus manos antes de que Switch pudiera saltara sobre su garganta—. Lo llevaré a reunión, pero no apartaré la mirada. Sabes cómo me siento sobre las drogas y los niños. Switch movió la cabeza en acuerdo. —Por lo que sé, Roach no está traficando. —¿Entonces por qué Stevie Boy lo nombró? —preguntó Solo. ¿Era posible que hubiera estado mintiendo? ¿Stevie había intentado deshacerse de Solo y Rowdy soltando el nombre de Roach?— Quizá necesite visitar de nuevo a Stevie. Solo se levantó. Quería hablar con Easy también, pero pasaría por casa de Stevie de camino porque sin importar qué, confiaba en los instintos de Switch. —Te llamaré. —Cuidate, hermano —dijo Switch a Solo mientras salía de la oficina. Solo paró en la mesa y miró a su taza fría de café antes de reunirse con Rowdy. —¿Te apetece ir a montar?


Capítulo Seis Mientras la unidad de escenas del crimen procesaba el salón de Harold, Eric fue al dormitorio. Llevando un par de guantes azules de látex, abrió el cajón de la mesilla de noche y empezó a mirar su contenido. Hizo una mueca cuando encontró dos cajas de condones extra grandes. Harold no había sido un hombre atractivo ni siquiera antes de que su pecho fuera disparado por la escopeta, por lo que no podía imaginar a qué tipo de mujeres atraía el canalla. El resto del cajón contenía cosas de drogas, un par de revistas guarras y unos calcetines sin talones tiesos. Desagradable. Eric tragó la bilis antes de que pudiera subir por su garganta. Había tenido razón, no había forma de que Harold fuera una máquina del sexo como las cajas de condones sugerían. Eric cogió una de las cajas y empezó a examinarla más. En lugar de momentos felices del paquete de aluminio, encontró una bolsa de polvo blanco con una X negra en la esquina. —Mierda. —Buscó en la segunda caja y silbó cuando sacó un rollo de efectivo. Eric se giró y se dirigió al salón cuando una canción de rap de pandilleros empezó a sonar. —¿Teléfono? —preguntó a los técnicos. La mujer de treinta señaló al teléfono en una mesa de la mesa de la cocina. —¿Puedo contestarlo? —preguntó Eric. —Déjate los guantes puestos. La música acabó antes de que Eric llegara al teléfono. —Joder. —Dudaba que consiguiera ninguna información del que llamaba de todas formas, pero al menos ahora tenía un registro del número de la persona. Con suerte, la llamada no se habría originado en un teléfono público. Después de sacudir el


teléfono de la bolsa, notó que Harold tenía cinco mensajes, lo cual tenía sentido si el tipo llevaba un tiempo muerto. Por desgracia, el mierdoso teléfono de Harold no era un smartphone, lo que tenía sentido por quien era su propietario, pero significaba que tenía que poner un código de cuatro dígitos antes de escuchar los mensajes. Había técnicos en la estación que probablemente podrían conseguirlo sin el código, pero él no era uno de ellos. Bajó para mirar la lista de llamadas recientes y escribió varios números, notando que la mayoría de llamadas entrantes provenían de tres números diferentes. Usando su propio móvil, llamó a la comisaría. —Sí, soy el detective Eric James. —dijo el número de su placa—. Necesito nombres y direcciones de tres números de teléfono. ASAP14 Un pip sonó en su oreja, y apartó el teléfono el tiempo justo para ver que Solo llamaba. Le dio al oficial los números rápidamente. —Llámame a este número cuando tengas algo para mí. Para cuando acabó la llamada con la comisaría, Solo había colgado sin dejar un mensaje. Su día solo mejoraba y mejoraba. Fue al dormitorio y llamó a Solo. —Hey —contestó Solo, su voz profunda y sexy. —Lo siento. Estaba al teléfono con la comisaría. Están comprobando tres números de teléfono que encontré en el móvil de Harold. —Eric se guardó la información sobre el dinero y las drogas por el momento. —Rowdy y yo vamos a ver a Stevie Boy. Con suerte, conseguiremos la dirección de Easy. Si no, quizá tengamos suerte y uno de esos números nos lleve a él. Por alguna razón, la suposición de Solo de que Eric le pasaría la información le molestó. Eric miró el efectivo y las drogas sentado encima de la mesilla de noche. —Depende de lo que encuentre. No puedo permitir que jodas una investigación policial, o nuestros culos estarán hechos polvos. Eric se encontró con un completo silencio durante unos momentos. —Siento molestarte. Tenía la impresión de que estábamos trabajando juntos. Error 14

As Soon As Possible: tan pronto como sea posible.


mío. —Solo colgó sin darle a Eric la oportunidad de decir nada. Eric intentó volver a llamar a Solo dos veces sin conseguir respuesta. En su tercer intentó, su llamada fue directa al buzón de voz. Antes de guardarse el móvil en el bolsillo, tomó varias fotos de las drogas y del dinero. Satisfecho, volvió al salón. —Cuando acabéis aquí, hay un par de cosas en la mesilla de noche que necesito que pongáis en bolsas y etiquetéis. La misma mujer que le había hablado antes se levantó del suelo. —Después procesaremos esa habitación. Eric asintió. —Necesito saber lo más pronto posible qué es el polvo blanco. —Dejó la casa y se dirigió a su coche para escribir sus notas. La única vez que deseaba tener un compañero era cuando se trataba del papeleo. Para cuando su teléfono sonó, acabó de teclear su declaración. —James —contestó. —¿De dónde sacaste esos números de teléfono? —preguntó el capitán Wallace. —Del teléfono de mi víctima de asesinato. —Eric dejó su portátil en el asiento del pasajero. Podía decir por el tono de voz de su capitán que algo estaba seriamente mal—. ¿Por qué? —Uno de los números está registrado con el nombre de Jim Sparks. Investigué un poco y descubrí que era el teléfono de Andy. —Wallace hizo un ruido de disgusto—. El jefe quiere que entierres el número. Sé que va en contra de todo lo que crees, pero a menos que ambos queramos aterrizar en medio de una investigación de asuntos internos, tendremos que hacer lo que dice. —¡Eso son tonterías! —gritó Eric, golpeando su puño contra el volante. —Te escucho, pero por ahora, concéntrate en los otros dos, un Edward Sterling, el hermano de la víctima, asumo, y Steven Boyd. —Mierda. He escuchado hablar de esos dos tipos. ¿Puedes mandarme las


direcciones? —Eric puso en marcha su sedan de la policía. Antes de que Solo colgara, había mencionado que él y Rowdy iban a visitar a Stevie Boy. Eric apostaría su placa a que Stevie Boy era Steven Boyd. —Sí, ahora te las envío —dijo Wallace—. ¿Quieres refuerzos? Eric no podía pedir refuerzos si Rowdy y Solo ya estaban en casa de Stevie. —Déjame ir primero. Si parece que tiene compañía, llamaré. Eric rezó para que su capitán estuviera de acuerdo porque no tenía duda de que no habría más que problemas si alguien descubría a dos moteros en casa de un traficante de drogas, especialmente uno con relación a una víctima de asesinato. A pesar de lo que le dijo a su capitán, Eric no tenía intención de llamar para pedir refuerzos, al menos no del departamento de policía. —Compruébalo —ordenó Wallace. —Lo haré. —Eric acabó la llamada e intentó llamar inmediatamente a Solo. Cuando le dijeron que dejara un mensaje sin que sonara el teléfono, supo que Solo había apagado el maldito aparato—. Soy yo —dijo cuando pudo dejar el mensaje—. Voy a casa de Stevie Boy por asuntos oficiales. Si estás allí, tienes que irte antes de que yo llegue.

Solo no pudo evitar sonreír ante la reparación de la puerta principal de Stevie Boy. Llamó aunque era perfectamente obvio que podría abrir la puerta con un ligero empujón. —Entra —dijo una voz desde el apartamento. Solo miró a Rowdy. —¿Crees que ese perezoso todavía está en la cama? Rowdy se encogió.


—No te ocupaste de él demasiado bien. Solo abrió la puerta y entró al oscuro interior. El olor era peor que la última vez que fueron. —¡Por dios! Abre una jodida ventana o algo —dijo, moviendo su mano delante de su rostro. Stevie se sentó en el sillón con las piernas estiradas delante de él, cubierto con una manta. —No tengo nada que deciros. —Bueno, verás, ahí es dónde te equivocas —empezó Solo. Necesitaba respuestas de Stevie, y la última vez que amenazó a la comadreja, le habían mentido. En lugar de la intimidación, Solo decidió jugar bien. Se sentó en el sofá—. Necesito hablar contigo de Roach. —¿Roach? —Stevie se limpió la nariz con la mano—. ¿Qué pasa con él? —¿Dónde compra sus cosas? —preguntó Solo, esperando engañar a Stevie. —Easy. Todo el mundo compra a Easy últimamente —dijo Stevie. —Pensé que dijiste que Roach era uno de los grandes traficantes. Si ese es el caso, ¿por qué le compraría a Easy? ¿Por qué no dejar al hombre? —Solo miró a Rowdy, quien se sentó en el brazo del sofá—. ¿Tienes idea de por qué pasaría eso? — preguntó a su amigo. —Nop —contestó Rowdy. Solo devolvió su atención a Stevie Boy. —¿Me has mentido? —Se restregó la mandíbula—. ¿Por qué harías eso? —¿Qué coño estás haciendo aquí. Si es sobre Harold, no sé una mierda—. Dijo Stevie, moviéndose nerviosamente. Solo se tensó.


—¿Ahora, cómo sabrías de Harold? Viendo como su cuerpo fue descubierto hace menos de dos horas, no veo cómo puede eso ser posible. El sonido inconfundible del seguro de un arma llenó el pequeño espacio. —¿Planeas matarnos? —preguntó Solo. Aunque tenía un pequeño cuchillo en sus jeans, dudaba que pudiera sacarlo y tomar a Stevie antes de que el gilipollas apretara el gatillo. —Seguro que no voy a dejar que me toques de nuevo —contestó Stevie. Apartó la manta, descubriendo la Glock 9mm—. Asumo que estás aquí por el trabajo sucio de Easy, y no puedo dejar que pase eso. —Ni siquiera he hablado con Easy —dijo Solo, esperando distraer a Stevie lo suficiente para que Rowdy alcanzara la Smith & Wesson que llevaba en el arnés del hombro bajo la chaqueta. —Esperaba que me dijeras la dirección de Easy. —Es un hombre loco, hombre —dijo Stevie—. Mató a su propio hermano y me envió fotos de ello. —¿Por qué haría eso? —preguntó Solo mientras lentamente se apartaba de Rowdy. Stevie rompió el contacto visual, mirando por la ventana junto a la puerta. Solo se movió en el sofá más cerca de Stevie justo cuando la puerta explotó. Ahí, una silueta en la puerta, era la silueta de la única persona a la que Solo había amado. Por la comisura de sus ojos, vio el arma en la mano de Stevie moverse hacia Azul. —¡No! —gritó Solo, tirándose hacia Stevie. Demasiado tarde, escuchó el sonido del disparo en sus oídos mientras su cuerpo chocaba con Stevie. El sillón se movió al lado por el impacto, enviando a Solo y Stevie al suelo. La Glock se presionó contra la frente de Solo lo bastante fuerte como para romper la piel. A pesar de sus oídos resonantes, miró a los locos ojos de Stevie, sabiendo que iba a morir. Todo en lo que podía pensar era en Azul, y si el disparo había atravesado su perfecto cuerpo o no. Solo escuchó a alguien gritar su nombre un segundo antes de que su rostro fuera salpicado con sangre y tejidos cuando la cabeza de Stevie explotó. Solo retrocedió en un intento de alejarse de la horripilante escena.


Azul cayó al suelo junto al cuerpo sin vida de Stevie. —Tienes que salir de aquí antes de que llamen a los polis —jadeó, sosteniendo su mano sobre la sangre en su camiseta—. Limpia tus huellas de todo lo que hayas tocado y vete. Solo sacudió la cabeza y alcanzó a Azul. —No te voy a dejar. Te han disparado. —La ayuda llegará a tiempo, pero no pueden atraparon aquí. —Azul miró a Rowdy por encima de su hombro—. Sácalo de aquí. —Vamos —dijo Rowdy, extendiendo su mano hacia Solo—. Tiene razón. Los polis no creerán que somos inocentes en todo esto. Solo miró a Azul. Sabía lo que mentir a la policía significaría para Azul si alguna vez se descubría. Sabiendo que Azul estaba dispuesto a sacrificar su carrera para mantenerlo a él y a Rowdy fuera de los problemas lo significaba todo. —Te amo —susurró cuando Rowdy lo levantó. Azul hizo una mueca y empezó a desabrocharse la camisa. —Te amo. Ahora limpia tus huellas y vete. —Se quitó la camisa e hizo una bola con ella para presionarla contra la herida de bala de su costado—. Olvida lo de limpiar. Solo iros —jadeó, moviéndose para apoyar su espalda contra la pared. Solo miró hacia la puerta, odiándose a sí mismo. —Easy mató a Harold. Debería haber una foto de ello en el móvil de Stevie —le dijo a Azul antes de limpiar el pomo de la puerta con la parte baja de su camiseta. Azul asintió pero no dijo nada. Sirenas en la distancia llamaron la atención de Solo. —Mierda. —Con una mirada final a Azul, alcanzó la puerta y cruzó el aparcamiento hacia su Nova. Le pasó las llaves a Rowdy—. Conduce tú. Rowdy salió del aparcamiento.


—¿A casa de Easy? —No. Azul se merece ese arresto. Llévame al club. —Solo apoyó su cabeza contra el asiento. No tenía duda de que alguien los habría visto dejando el apartamento de Stevie. Con suerte, el miedo a las represalia de los Cavadores de Tumbas mantendrían sus bocas cerradas.

Para cuando Rowdy aparcó el Nova en su lugar habitual fuera del club, Solo estaba loco de preocupación. —Deberíamos ir al hospital. Rowdy rápidamente se guardó las llaves en cuanto salió del coche. —No va a pasar. Solo salió y golpeó la puerta del pasajero. —Lo hemos dejado ahí. —Nunca olvidaría el miedo que se lo había tragado entero cuanto escuchó el arma de Stevie dispararse. Empezó a caminar por el aparcamiento, tirándose del pelo—. ¡Cristo! ¡Azul nos ha salvado el culo a los dos, y nosotros lo dejamos allí! —Oh, mierda —dijo Rowdy. Solo se giró para ver a Switch caminar hacia ellos desde la puerta abierta. Joder. Lo último que necesitaba era enfrentarse al Jefe. Se movió hacia el lado opuesto del Nova, intentando mantener su espalda hacia Switch. —¿Qué coño te ha puesto así? —preguntó Switch—. Te escuché por encima de Zeppelin, y eso es decir algo. —Nos encontramos con algunos problemas en casa de Stevie Boy —contestó Rowdy.


Solo apretó su mano en un puño y golpeó el capó del Nova. —¡Rowdy! Rowdy entrecerró sus ojos y alzó sus manos. —Fuimos a hablar con Stevie como pediste, pero apuntó con una pistola a Solo. No estábamos preparados, y no podíamos sacar nuestras armas sin que ninguno de los dos muriera. Por suerte, un poli derribó la puerta. Stevie disparó al poli. —¡Oh joder! —gruñó Switch. Rowdy sacudió la cabeza y continuó. —Estaba alcanzando mi arma cuando Stevie la presionó contra la sien de Solo — miró a Solo—. Al policía le disparó en el costado pero se las arregló para volar la jodida cabeza de Stevie antes de que pudiera disparar a Solo. Entonces nos dijo que limpiáramos nuestras huellas y que saliéramos de allí antes de que otros polis llegaran. —¿Por qué coño haría eso? —preguntó Switch, rodeando el coche para mirar a Solo—. Joder, estás cubierto de sangre. —Eso es lo que pasa cuando la cabeza de un hombre explota delante de ti —dijo Solo, esperando que Switch se olvidara de Azul. No entendía por qué Rowdy se lo estaba contando todo al Jefe, sabiendo que la verdad conseguiría que mataran a Solo. —El poli es un buen tipo. Infiernos, el único decente que he conocido alguna vez. También va tras el traficante que envió al niño al hospital, y nos da información. — Rowdy miró a Solo—. Mi hermano está justo a tu lado ahora por ese poli. Switch asintió. —¿Es una situación para la que debamos reunirnos? Solo sabía lo que Switch preguntaba. También sabía que había sido Rowdy quien había abierto la puerta a la posibilidad, y por eso siempre estaría agradecido. —Sí, quizá. Creo que se ha ganado un lugar como amigo de la banda, pero me gustaría hablar con él primero. —Joder. Se puso las manos en las caderas y miró el


sol del atardecer—. Si sobrevive. Lo dejamos en casa de Stevie, sangrando. —Nos dijo que nos fuéramos —le recordó Rowdy a Solo. —Sí. Eso no hace que sea correcto. —Solo rodeó el coche y extendió la mano—. Llaves. —No puedes ir al hospital —dijo Rowdy. —Estoy cabreado, no soy estúpido. —Solo miró a su mejor amigo—. Me gustaría ir a casa y lavarme la jodida sangre, ¿vale? Rowdy miró a Switch. —Dale las llaves —dijo Switch—. Límpiate y luego trae tu culo aquí. Tenemos que hablar. Aunque Solo no tenía ni idea de que vendría, asintió. Dejar el club no era una opción, pero después de lo que había pasado ese día, tampoco lo era dejar a Azul. —Dame dos horas.

Rowdy estaba esperando junto a la puerta del club cuando Solo salió de su coche. —¿Te sientes mejor? —preguntó Rowdy. —Para nada. —Solo se pasó las manos por su cabello mojado—. ¿Quién está aquí? —Todos los miembros que están en la ciudad. —Rowdy golpeó con su puño el hombro de Solo—. ¿Estás seguro de que esto es lo que quieres? Solo pensó en el dolor que todavía sentía en el pecho después de ver a Azul siendo disparado.


—No tengo opción. Lo amo. —Vale entonces. Vamos a hacerlo. Yo te cubro las espaldas. —Rowdy abrió las piernas. Solo miró a su mejor amigo. —No sé porque estás conmigo, pero gracias. Cuando Rowdy no contestó, Solo entró en el club. La sala estaba vacía a excepción del candidato que atendía la barra. —¿Reunión? —preguntó a Rowdy. —Sí. Tenemos que votar. Sabiendo que una sala llena de sus hermanos votarían sobre si podría o no vivir y mantener sus colores dolía, pero no daría marcha atrás. Rowdy se inclinó y susurró en la oreja de Solo. —Si ayuda, he escuchado a alguno de los chicos decir que siempre sospecharon que eras gay o al menos bi. —No ayuda —contestó Solo. Odiaba el hecho de que sus hermanos se hubieran cuestionado su sexualidad a sus espaldas en lugar de preguntarle. Se limpió el sudor repentino de sus palmas contra la pierna antes de abrir la puerta de la sala de reuniones. La mayoría de sus hermanos estaban sentados alrededor de la mesa y contra las paredes. —Siéntate —ordenó Switch. Solo fue hacia la mesa y se quedó delante de la silla donde normalmente se sentaba. Sentarse era lo último que quería hacer si iban a saltarle encima. Mejor estar de pie. —Con permiso, preferiría decir algo primero. Switch se rascó el mentón pero finalmente asintió. Solo pasó sus manos por la larga mesa de madera y se dirigió a sus hermanos.


—Algunos de vosotros sabéis por qué estáis aquí, pero puedo decir por los rostros amistosos que me dieron la bienvenida cuando entré, que no todos sabéis lo que he hecho. —Observó las expresiones de algunos de sus hermanos volverse confusas—. Hace un tiempo, decidí que prefería a las pollas en lugar de los coños. Esperó a que la declaración penetrara antes de seguir. —Sé que eso es suficiente para perder vuestra confianza, y si eso mejora las cosas, estaré afuera en el aparcamiento después de la reunión. Traed vuestras actitudes enfadadas y vuestros puños y acabaremos esto de una forma u otra. Murmullos entre los hombres llenaron el aire mientras cada hermano se giraba al hombre junto a él para discutir el anuncio. Solo esperó, y Switch golpeó su martillo contra la mesa, pidiendo silencio. —Siéntate —ordenó Switch de nuevo. Sin otra opción, Solo se hundió en la silla y esperó a que el Jefe dirigiera la reunión. —Me importa una mierda a que te guste follar mientras permanezcas apartado de mi perro y mi mujer —dijo Switch—. Sin embargo, en tu caso, las cosas podrían haber sido más fáciles si hubieras intentado montar a mi perro. Varios hermanos rieron, pero Switch los calló con una mirada. Switch giró su atención de vuelta a Solo. —Has estado viendo a un poli —dijo para que toda la sala lo escuchara. —Sí. —Solo se negaba a disculparse por enamorarse de Azul—. Un poli que trabajó conmigo para encontrar al hijo de puta que estaba vendiendo drogas a los niños. —Un poli que fue disparado hoy salvando mi culo y el de Solo —añadió Rowdy—. El mismo poli que nos dijo que nos fuéramos de la escena antes de que otros polis rodearan el lugar. Un poli que ha puesto su trabajo en peligro para protegernos. —¡Un jodido poli! —¡Eres un jodido traidor!


Solo ignoró los gritos de algunos de sus hermanos y miró a su amigo. Una cosa era que Rowdy diera la cara por el frente a Switch, pero hacerlo delante de la banda era algo enorme. —Ya que hemos estado trabajando juntos, he descubierto que hay más en ese poli que solo la placa. No digo que haya cambiado mi actitud hacia la policía, pero este es diferente. Este nos ve por lo que somos y no por los colores que llevamos en nuestra espalda. —Para cuando Rowdy acabó de hablar sus manos estaban apretadas sobre la mesa. —¡Aun así es un poli! —discutió Roach. —Sí, lo es —admitió Solo—. También es uno de los que nos ayudó a demostrar que no tenías nada que ver con envenenar a ese chico después de que el jodido Stevie Boy intentó apuntarnos en tu dirección. —Estudió la sala, haciendo contacto visual con cada uno de sus hermanos—. He arriesgado mi vida por muchos de los que estáis en esta habitación, y seguiré cubriéndoos las espaldas, pero no dejaré a ese hombre. Matadme, echadme o aceptar que moriría por cada uno de vosotros sin importar a quien ame.

Eric abrió sus ojos para encontrar al Sr. Lee sentado junto a su cama de hospital. —Hey, Sr. Lee. El Sr. Lee dejó su periódico a un lado. —¿Cuántas veces te he dicho que me llames Martin? —No puedo hacerlo —confesó Eric—. Y creo que te lo he dicho en varias ocasiones. —La primera lección que Eric aprendió del Sr. Lee era el respeto, y no importaba lo que dijera el hombre más mayor, Eric siempre le mostraría el respeto que se merecía. —El doctor vino hace un rato. Dijo que podrás irte mañana. —Sí. —Eric colocó su palma en la venda—. Fue un disparó bastante limpio. Arañó


mi hígado, y perdí algo de sangre, pero nada que amenazara mi vida. —Tuviste suerte —dijo el Sr. Lee. Eric no se sentía con suerte. Cuando abrió sus ojos después de salir de la cirugía, el capitán Wallace había estado a su lado, esperando su declaración. Sabía que no podía conseguir librarse con una mentira completa, después de todo, tenía que tener una razón para patear la puerta de Stevie, pero tampoco podía decirle la verdad. Todo había sido una gran jodida de proporciones épicas. —¿Hay algo que quieras contarme? —preguntó Martin. Eric miró a la única figura paterna de su vida. El Sr. Lee era un oficial de policía retirado por lo que había una limitada información que Eric podía compartir. —Mejor que no —dijo. Martin miró a su camiseta estampada. —No veo una placa, ¿tú? Eric sonrió. —Le dije al capitán Wallace que no conocía a los hombres que Stevie apuntaba, pero sí los conozco. Las cejas oscuras de Martin se juntaron. —¿Cómo los conoces? —No hicieron nada malo —Eric sintió la necesidad de explicar—. Estaban en casa de Stevie por la misma razón que yo. Todo lo que quieren es alejar las drogas de las escuelas, pero sé que no habrían sido tratados justamente por los polis por quienes son. —¿Y quiénes son? —Cavadores de Tumbas —confesó Eric. Suspiró pesadamente, haciendo una mueca cuando la acción tiró de sus puntos—. Estoy enamorado de uno de ellos. Martin silbó.


—Mierda. —Sí —estuvo de acuerdo Eric—. Me da cosa saber que serán tratados injustamente mientras otras personas son pasadas por encima a propósito por quien es su padre. No puedo aceptarlo. —¿Qué pasa si los polis descubren quién estaba contigo en el apartamento? — preguntó Martin. Eric se encogió. —No lo sé. No se lo diré sea lo que sea que me hagan. —Había pensado mucho en eso y había llegado a la conclusión de que quizá estaba en la profesión equivocada—. He estado pensando en dejarlo de todas formas. Sé que asuntos internos está investigando, pero creo que es bastante obvio quien disparó primero. —¿Lo dejas porque te dispararon? Pensé que estabas hecho de una pasta más dura. —No es el tiroteo. He pensado en esto antes. La verdad es que estoy enamorado, y quiero eso más de lo que quiero ser un poli. —Eric no estaba seguro de cómo él y Solo podrían hacer que funcionara, pero por lo que entendía, era su trabajo lo que ponía en peligro la vida de ambos al estar juntos. Eliminar el trabajo parecía pan comido—. Quien sabe, quizá coja la fotografía como carrera en lugar de solo una afición. El Sr. Lee miró a Eric varios momentos antes de buscar en su bolsillo. Le pasó a Eric su móvil. —Recibí una llamada esta mañana de un hombre que parecía muy preocupado por ti. Dijo que su nombre era Sam. Me peguntó como estabas, y cuando creía que saldrías del hospital. No me preguntes por qué, probablemente algo honesto en la voz del tipo, pero le dije la verdad. No sabía cuándo saldrías, pero le dije que estarías bien. Eric se mordió el interior de la mejilla para evitar sonreír. La idea de Solo rastreando al Sr. Lee y realmente llamarlo, llenó el corazón de Eric hasta casi hacerlo explotar. —Gracias por confiar en él. El Sr. Lee asintió antes de pasarle a Eric el móvil. —Voy a ir abajo y pillar algo para comer. ¿Por qué no llamas a Sam y le dices que


estás bien? Eric apretó el teléfono en su pecho. —Gracias —dijo de nuevo. Martin se levantó y se dirigió a la puerta. —Por cierto —dijo sin girarse— eres un fotógrafo muy bueno. Estoy seguro de que podrías conseguir algo con la fotografía. Eric sonrió, sabiendo que era la forma del Sr. Lee de decirle que estaba de acuerdo con su decisión.

Solo estaba sentado solo en su reservado habitual solo, limpiando la sangre de sus nudillos. Solo había habido tres hermanos que se encontraron con él en el aparcamiento después de la reunión, y las tres quejas fueron resueltas para cuando las peleas acabaron. Switch había decidido que lo mejor para Rowdy y Solo era quedarse cerca del club hasta que supieran seguro si la policía los buscaba o no. —¿Más café? —preguntó Crane. Colocó una bolsa de plástico llena de hielo picado en la mesa y señaló a la cara de Solo. Solo se dio cuenta de que había estado mirando su teléfono. —Sí. Gracias, hombre. —Se puso el hielo en el labio partido. —No es problema. ¿Sabes algo? Solo sacudió la cabeza. —Todavía esperando. —Recordó el nombre del mentor de Azul y lo había buscado en la guía telefónica. No había sido una conversación fácil, pero sí necesaria. Le había explicado todo al hombre mayor, su nombre, su afiliación a los Cavadores de Tumbas y su amor por Azul. Después de que acabara, le preguntó al Sr. Lee si le haría


el favor de ver cómo estaba Azul y pedirle que lo llamara. Todo lo que quería era escuchar la voz de Azul, asegurarse de que Azul estaba bien. Cuando el teléfono finalmente sonó, Solo no pudo contestar lo bastante rápido. —¿Azul? —Hey. La voz de Azul sonaba rasposa, pero era música para los oídos de Solo. —¿Estás bien? —Lo estaré. Mañana me dejarán salir —dijo Azul. —¿Sí? —El corazón de Solo se disparó—. ¿Necesitas un enfermero? Porque conozco a uno que trabaja gratis. —Dios, si Azul dejaba a Solo entrar, sería el hombre más feliz del mundo. —Eso me gustaría. Hay algunas cosas de las que necesito hablar contigo, pero no quiero hacerlo por teléfono. —Azul se aclaró la garganta—. Hay una llave de repuesto pegada en la parte de atrás del postigo de la ventana de la derecha de la puerta. ¿Te importaría llevar suficientes cosas para al menos unos días? —No me importa para nada. —Solo no pudo evitar sonreír. Vio a Crane mirándolo y rápidamente controló su expresión—. Me alegro de que estés bien. —¿Estabas preocupado por mí? —preguntó Azul. Solo tragó alrededor del nudo de su garganta causado por las emociones. —Más de lo que nunca sabrás.


Capítulo Siete Solo se quedó mirando el dormitorio. Había llegado a casa de Azul hacía unas horas, y había pasado el tiempo lavando las sábanas, haciendo la cama de nuevo, aspirando el suelo, y guardando la comida. Con un gruñido de disgusto, Solo sacudió la cabeza y recogió el jarrón de flores. Había comprado un pequeño ramo de margaritas y claveles en la tienda, pero había tenido problemas para encontrar un jarrón en la cocina de Azul. Después de más de veinte minutos buscando, finalmente decidió usar un vaso. La elección vino con sus propios problemas. Las flores eran demasiado largas lo que significaba que pasó otros diez minutos encontrando unas tijeras y cortándolas. Cuando tuvieron la longitud adecuada, hizo lo mejor que pudo para colocar los tallos. Por supuesto, eso acabó con la certeza de que nunca conseguiría trabajar de diseñador floral. Solo hizo lo que pudo para poner las flores, preguntándose si debería tirarlas antes de que Azul llegara a casa y se diera cuenta de lo malo que era con todo eso del romanticismo. Su corazón saltó cuando escuchó la puerta cerrarse. —Joder. —¿Solo? —llamó Azul. —Sí. Ya voy. —Sin tiempo para deshacerse de las flores, Solo las volvió a colocar en la mesa. Se limpió las manos en sus jeans mientras se dirigía al salón. Un hombre hermoso y más mayor tenía una mano en el brazo de Azul mientras lo ayudaba a sentarse en el sofá. Solo luchó contra los repentinos celos. Tenía una idea de quién era el hombre y sabía que no había más que respeto y amor familiar entre los dos, pero quería ser él quien ayudara a Azul. —¿Qué le pasó a tu cara? —preguntó Azul, sentándose. —Solo arreglando algunas mierdas con mis hermanos. —Solo se metió las manos en los bolsillos traseros, sintiéndose inútil—. ¿Puedo traerte algo? —En un minuto. —Azul señaló al hombre hermoso—. Sr. Lee, este es Solo, pero


creo que lo conoces como Sam. Solo estrechó la mano que el Sr. Lee le ofreció. —Encantado de conocerlo, señor. El Sr. Lee sonrió. —Por favor, por el amor de dios, llámame Martin. —Le lanzó una mirada entrecerrada a Azul—. He estado intentando conseguir durante años que Eric me llame Martin. Con suerte, tú serás amable. —Le respeta —dijo Solo, soltando la mano de Martin. —Sí, bueno... —Martin se paró para aclararse la garganta—. Mi última esposa y yo no podíamos tener hijos. —Miró a Azul con lágrimas en los ojos—. Eric ha sido como un hijo. —Y es por eso que no le llama Martin —explicó Solo. Una pequeña parte de él se sentía celoso de la relación que tenían los dos hombres. Switch se preocupaba por lo que le pasara a Solo, pero sabía que el Jefe no pensaba en él como en un hijo. Nadie lo hacía. —Bastante justo. —Martin levantó una bolsa de papel—. Voy a dejar que habléis mientras voy a conseguir un vaso de agua para que pueda tomarse las pastillas. —Gracias —dijo Azul mientras Martin salía de la sala. Solo sacó una manta del armario del pasillo antes de moverse para sentarse en la mesa de café. Estiró la manta sobre Azul y la remetió alrededor del hermoso hombre. —¿Bien? Mordiéndose el labio, Azul asintió. —Pensé que te iba a perder el otro día. Cuando miré a través de la ventana y vi la pistola apuntándote..., —su voz paró—. Dios, no podía pensar en nada más que en entrar. Azul alcanzó la mano de Solo.


—Tenía tanto miedo de no tener la oportunidad de decirte cuanto significas para mí. Cuanto te quiero. La garganta de Solo se sentía demasiado seca. Tragó varias veces mientras levantaba la mano de Azul a sus labios para un beso. —También te amo, y cuando echaste abajo esa puerta y vi la pistola girando hacia ti, dejé de respirar. —Nunca pensé que vería este día —dijo Martin, entrando a la sala. Azul rió. —Para. —Apartó su mano de Solo y la colocó en su costado. La acción le recordó a Solo la condición de Azul. —¿Cuán malo es? —preguntó, asintiendo hacia la herida de Azul. —No es malo. Estaré al cien por cien antes de que te des cuenta. —Azul se ajustó la manta, y Solo se preguntó si estaba siendo completamente honesto. Mierda. Cuando la emoción por ver a Azul empezó a declinar, Solo se dio cuenta de lo pálida que estaba la piel normalmente bronceada de Azul. Extendió la mano y pasó su pulgar por las oscuras zonas debajo de los ojos de Azul. —He cambiado las sábanas y hecho la cama, por lo que está lista si quieres dormir. —Estoy bien por ahora. —Azul cogió el agua de Martin—. Solo dame el antibiótico. Esperaré a que pase un poco antes de tomarme otra pastilla para el dolor. —¿Estás seguro? —preguntó Martin—. No te has tomado ninguna en cuatro horas. —Necesito hablar con Solo con la cabeza clara —contestó Azul. Martin sonrió. —Es esa tu forma amable de echarme? Azul le devolvió la sonrisa.


—Algo así. ¿Te importa? —No, de todas formas estoy cansado de cuidarte. —Martin dejó dos botes de pastillas en la mesa junto a Solo y arrugó el papel de la bolsa de la farmacia—. Llámame mañana para decirme si has sobrevivido a la noche. —Lo haré —dijo Azul. Alzó la mirada al hombre más mayor—. Gracias. Martin asintió antes de extender su mano hacia Solo. —Ha sido un placer conocerte. Cuida de él. Podría necesitarlo para las siguientes semanas que vendrán. Solo estrechó la mano de Martin mientras se preguntaba qué coño iba a pasar en las siguientes semanas. —Lo haré. Gracias. Solo acompañó a Martin a la puerta, esperando conseguir entender que pasaba. Salió al porche y señaló por encima de su hombro. —¿Algo más que debería saber? —Sí, pero él necesita ser el que te lo diga. Supongo que es por eso por lo que no se toma las medicinas para el dolor porque sé de hecho que le duele. Lo dijo de camino aquí. —Vale. —Solo palmeó a Martin en el hombro—. ¿Crees que está cometiendo un error al estar conmigo? —no pudo evitar preguntar. Martin miró la casa varios momentos. —No. Tiene una casa, pero no será un hogar hasta que tenga una familia propia dentro. Era más de lo que Solo esperaba del hombre que había sido como un padre para Azul. —Sólo para que lo sepas, hablé con la banda, y por lo que hizo Azul por mí y Rowdy, no irán tras él. Martin se rascó la nuca.


—Para ser honesto, ni siquiera había pensado en eso, pero es bueno saber que estará a salvo. —Estará a salvo —le aseguró Solo a Martin—. Entre mi mejor amigo Rowdy y yo, Azul tiene dos hombres que morirían para mantenerlo a salvo. Después de un último apretón de manos, Martin salió del porche. Solo observó al hombre más mayor entrar en su coche, sintiéndose como si acabara de pedir la mano de Azul en matrimonio. Supuso que de alguna forma, lo había hecho. Entrando de nuevo en la casa, inmediatamente notó la mueca en el rostro de Azul. —Vamos a meterte en la cama. Puedes hablar y luego tomarte tus pastillas.

Eric estaba exhausto para cuando usó el baño y fue al dormitorio. Lo primero que notó al entrar en su habitación fueron las flores junto al reloj despertador. Nadie en su vida le había dado flores hasta que el gran motero había llegado a su mundo. Se sentó en el borde de la cama. —Son hermosas. Solo se encogió y se arrodilló en el suelo para ayudar a Azul a quitarse los zapatos y calcetines. —Las vi en la tienda. Eric sonrió a Solo. Sabía que había más en el regalo que solo escogerlas, porque estaban allí. Tenía algunos floreros bajo el fregadero de la cocina, pero no se lo dijo a Solo. Había algo increíblemente dulce y reconfortante en el vaso que Solo había usado. Empezó a desabrocharse su camisa, incapaz de apartar sus ojos de las margaritas y claveles. Incluso la elección de flores era perfecta. Rosas habría sido demasiado cliché. La mezcla era simple pero esas flores hablaban de alguien que quería impresionar, pero que no quería que se notara que lo intentaba demasiado. —Tendrás que traerme la cámara más tarde. Me gustaría tomar un par de fotos


después. Solo frunció el ceño. —No están bien colocadas para fotos —discutió. —Son perfectas. —Eric se levantó y dejó que Solo le ayudara a quitarse sus jeans y su camisa. —Para ser honesto, probablemente sean el regalo más bonito que nadie me haya hecho. Solo apartó las sábanas. —Eso es una maldita vergüenza. Supongo que tendré que poner remedio a eso. Eric se metió en la cama. Mirando a Solo. Había tanto que quería decir, pero decidió soltar su gran decisión antes de que Solo se desnudara y arruinara por completo sus pensamientos. —Después de que acabe la investigación de asuntos internos y se solucione todo, dejaré el cuerpo. Solo se detuvo en el proceso de quitarse su camiseta. —¿Qué? Eric asintió. —Tú eres más importante para mí que mi trabajo, y espero que eso haga más seguro el que estemos juntos. Solo dejó caer su camiseta al suelo antes de ponerse con sus jeans. —Tuvimos una reunión importante hace un par de noches. No tienes que preocuparte. La banda no vendrá tras ninguno de nosotros, por lo que no tienes que renunciar. —Sí, lo haré. No puedo hacer mi trabajo bien si tengo que ir en contra de mis principios y contigo y la banda. Nunca seré capaz de hacer nada que os meta en problemas a ti o a tus hermanos, por lo que es mejor que deje el trabajo. —¿Es por el tiroteo? ¿Rowdy y yo jodimos algo de la investigación? —preguntó Solo.


—No. La bolsa que encontré en el dormitorio de Harold era la misma sustancia que puso enfermo a Andy. Harold y Stevie Boy estaban trabajando juntos para sacar a Easy del negocio. Tú eres quién me contó lo del teléfono, por lo que ahora tenemos evidencia fotográfica que relaciona a Easy con el asesinato de su hermano. —Eric miró a Solo—. No le conté a la policía nada de Roach. Por lo que puedo decir, no estaba envuelto en el asesinato o la hierba con polvo, por lo que no había necesidad. —Gracias —dijo Solo—. ¿Qué pasa con el niño que se puso malo? ¿Cuál es su implicación? —Ni idea, y ya que me han ordenado que me mantenga lejos de él, dudo que nada de eso salga a la luz. Solo un idiota peligroso más suelto en el mundo. —Los idiotas peligrosos normalmente acaban muertos eventualmente, especialmente los que creen que se pueden librar de cualquier cosa. —Solo cerró las cortinas—. Odio la idea de que dejes tu trabajo. —Está bien porque tengo suficientes ahorros para que me duren al menos hasta que pueda encontrar algo más. Sé que me quiero concentrar en la fotografía, pero no estoy seguro de cuán lejos podría llegar con ella. Y, si de alguna forma pudiera persuadirte para que te mudaras conmigo, sería capaz de acortar mis gastos. —Eric aguantó la respiración, esperando la reacción de Solo. Era pronto en su relación para hacer ese movimiento, pero no necesitaba más tiempo para saber lo que quería. Solo no dijo nada hasta que se metió bajo las sábanas con Eric. Apoyó su cabeza en la almohada y miró al techo—. ¿Lo dices en serio? —Absolutamente. —Eric era incapaz de ponerse de costado, por lo que observó a Solo a través de su visión periférica—. Aunque preferiría no usar la otra habitación como tienda de motos, por lo que tendremos que pensar en otra cosa. Quizá construir un cobertizo o algo en el patio de atrás para que lo uses como taller. La otra habitación quiero convertirla en un cuarto oscuro. Solo suspiró antes de moverse para quedar de lado. Se inclinó y le dio a Eric un profundo beso. —No tengo que trabajar en las motos aquí. Puedo hacerlo en el club por ahora, y podemos hablar de lo del cobertizo más adelante —Pasó sus dedos ligeramente por la venda en el costado de Eric—. Hablando de la banda, si ya no eres un poli, puedes presentarte candidato si estás interesado. —No, eso realmente no es lo mío. No me importaría ver a algunos de tus hermanos,


pero a menos que sea algo necesario para que estemos juntos, preferiría no hacerlo. —Eric pensó en Solo pasando largas horas en el club trabajando en motos y la idea no le sentó bien—. Podría llamar a alguien el lunes para que me consiga un presupuesto para el cobertizo. De esa forma, si necesito tu polla, no tendré que ir tan lejos. Solo sonrió y envolvió su mano alrededor de la erección de Eric. —¿Me estás pidiendo que me mude para tener acceso más fácil a mi polla? Eric deseó no estar herido porque le encantaría suplicarle a Solo que le hiciera el amor. —Ésa podría ser una de las razones, pero he decidido que te ves muy bien con mi albornoz, y mi albornoz pertenece a mi casa, por lo que sé que es la única forma de que os tendré a los dos al mismo tiempo todo el tiempo. —Bueno, en ese caso, acepto. —Solo besó a Eric de nuevo, más profundamente que antes. Eric intentó envolver su brazo alrededor de Solo y se removió por el dolor que el movimiento le causó. —Mierda. —Solo se apartó y soltó la desinflada polla de Eric—. Necesitas la medicina para el dolor y dormir. Habrá mucho tiempo para todo lo demás. —¿Lo prometes? —preguntó Eric. – Lo juro por mi Nova.

Eric apagó el motor y miró la carpeta del asiento del pasajero. Antes de entregar su placa, había usado sus recursos para investigar lo que pudiera del padre de Solo. Por desgracia, la información podría levantar incluso más preguntas. Apoyó su cabeza en el asiento y miró la tapicería del techo. Un golpe en la ventana le hizo saltar.


Solo, sin camiseta y muy sexy, le dio una mirada confusa. Eric sacó sus llaves del motor y agarró la carpeta antes de abrir la puerta. —Hey. —¿Cómo ha ido tu último día? —Solo sacó un trapo de su bolsillo trasero y empezó a limpiarse las manos. —Bien. No hicieron una fiesta ni nada, pero el capitán me dijo que me echaría de menos, por lo que supongo que está bien. —Eric abrió el maletero—. Toda mi carrera ha sido reducida a una caja de archivos. —Ah infiernos. —Solo envolvió sus brazos alrededor de Eric desde atrás—. No es demasiado tarde para cambiar de idea. —Sí, lo es. Soy diferente. Trabajando las últimas semanas con asuntos internos cerrando su investigación fue una tortura. —Eric no estaba seguro de cómo explicarlo, pero le debía a Solo intentarlo. Se giró para mirar al hombre que se había convertido en todo su mundo—. Solía ver el mundo como bueno y malo. No habían tipos buenos que hacían cosas malas o tipos malos que hacían cosas buenas. —Se lamió los labios, rezando para que su motero no se sintiera insultado—. Conocerte lo ha cambiado todo. Eres un motero por el amor de Dios. Se supone que eres un tipo malo, pero no lo eres. Mierda. No estoy explicándome bien. —Te explicas perfectamente, y, sí, estoy de acuerdo. Los polis... —Solo sacudió la cabeza—. Antes de ti odiaba a los jodidos polis. Mierda. Eric cerró sus ojos. Era la oportunidad perfecta para decirle a Solo lo que sabía de su padre, pero estaban en la jodida entrada. Sin embargo, si no lo decía ahora, podría no mostrarle nunca la carpeta. —He descubierto algunas cosas sobre tu padre —empezó. Solo dio un paso atrás y se cruzó de brazos. —¿Y? —Encontré esto. —Eric le pasó la carpeta—. Creo que es la razón por la que odias a los polis.


Le llevó unos momentos, pero Solo finalmente abrió el archivo y pasó varias páginas, su atención finalmente en una serie de fotos fotocopiadas. —Era un oficial de patrulla. —Eric se restregó la nuca, incómodo por sacar los trapos sucios de la familia de Solo—. Evidentemente, tuvo una aventura con tu madre. Tu padre debió descubrirlo y se enfrentó a él. —Señaló la foto—. Fue descubierto muerto en un callejón detrás del edificio de apartamentos donde vivías en ese momento. Solo sacudió la cabeza. —Sí, sé quién es el tipo. Mi madre solía enviarme a la tienda a comprar dulces los martes y los jueves por la tarde en verano. Podía ser joven, pero no era estúpido. — Cerró el archivo—. Mi padre no hizo esto. Eric quería discutir, quería decirle a su compañero que las evidencias decían otra cosa. —Mi padre creció con la vida. Si mató a un poli, no lo habría dejado por ahí para que alguien lo encontrara. —Solo le pasó el archivo a Eric—. Si él lo hizo, nadie habría vuelto a ver a ese poli. Eric se giró y metió el archivo en la caja de mierda de su escritorio. —Está bien. —No, no está bien. —Solo se presionó contra la espalda de Eric, otra vez—. Necesito que me creas. —Lo hago —contestó Eric—. Solo estoy avergonzado por no haber pensado en eso. Tienes razón. Tu padre lo habría hecho de forma diferente. Por desgracia, no creo que pueda hacer nada sobre esto ahora. —¿Y alguno de tus amigos que todavía esté en el cuerpo? —preguntó Solo. El corazón de Eric se rompió ante el tono esperanzado en la voz del motero. Aunque consiguiera que uno de sus ex-colegas investigara la muerte, probablemente llegarían a la misma respuesta, no porque fuera la correcta, sino porque era la esperada. Sin embargo, había una persona que podría estar interesada en el misterio. —Podría hablar con el Sr. Lee si quieres. Está retirado, pero no tiene nada más que


hacer. —Podríamos ayudar —corrigió Solo a Eric—. Ahora somos un equipo, ¿no? —Sí. —Eric apoyó su cabeza contra el pecho de Solo—. Si ayuda, los polis nunca encontraron a tu padre, por lo que probablemente está por ahí fuera en algún lugar viviendo con otro nombre o algo. Solo besó el cuello de Eric. —No sé si eso me hace sentir mejor o no. Él solo se fue y me dejó con la borracha de mi madre. ¿Qué tipo de padre hace eso? —El tipo de padre que huye por su vida y no quería arrastrar a su hijo a través del infierno que probablemente esté viviendo. —Eric se giró y le dio a Solo un beso de verdad, a pesar de lo que los vecinos pudieran pensar—. Un día lo encontraremos y podrás preguntarle tú mismo.


Epílogo Ocho meses después —¿Estás seguro de que voy bien vestido? —preguntó Azul, mirando sus descoloridos jeans y su camiseta nueva de color blanco. —No te preocupes, encajarás bien. —Solo subió a su Harley, dándole la espalda a Azul para esconder su sonrisa. Cuando Azul salió al principio del vestidor del dormitorio para la gran barbacoa de cerdo en el club, llevaba un par de jeans cortados cortos y chanclas. Aunque Azul se veía lo suficientemente bien para lamerlo, Solo tuvo que enviarlo de vuelta al dormitorio para ponerse jeans y las botas que Solo le había regalado para Navidad. Solo esperaba mientras Azul colocaba el equipo de la cámara con cuidado en la bolsa de la moto. Era el primer picnic del club de ese verano, e hizo de todo para conseguirle a Azul una invitación. No estaba preocupado por lo de ser gay aunque sabía que les llevaría un tiempo a sus hermanos acostumbrarse a ello. Era llevar a Azul alrededor de ellos lo que le ponía nervioso. Sintió a Azul subir tras él, y sus músculos se tranquilizaron un poco. Desde que se mudó con Azul hacía casi ocho meses, Solo se había acostumbrado al efecto relajante que Azul tenía en él. No parecía importar cuan mierdoso hubiera sido el día, siempre se sentía mejor solo por atravesar la puerta. —Ve despacio —dijo Azul en el oído de Solo—. Tengo que llevar el estuche pequeño de la cámara, y no quiero que se rompa nada. Solo giró su cabeza para mirar a Azul. —No puedes conducir una Harley lento. Eso está jodidamente mal. Azul miró a Solo. —¿Dijiste o no dijiste a todos que tomaría fotos familiares hoy?


—Lo hice. —Solo puso en marcha la moto, esperando ahogar algunas de las quejas de Azul. Amaba al hombre más que a su propia vida, pero también le gustaba cuando Azul se enfadaba. El fuego en los ojos de Azul cuando estaba enfadado ponía dura la polla de Solo en un instante. Unas pocas discusiones a la semana solían mantener su vida sexual excitante. Mientras Solo salía por la entrada, escuchó un zumbido apenas audible que le hizo sonreír. Oh, sí, Azul iba a ser bien follado antes de que el día acabara.

Después de pasarle a Azul una cerveza, Solo lo dejó con su trabajo. Notó a Rowdy apoyado contra el lateral del edificio del club a la sombra y se unió a él. —Hey. ¿Te vas a hacer la foto? —¿Con quién? No hay nada más deprimente que una foto familiar de uno —Rowdy gruñó, bebiendo el Jack directamente de la botella. Solo imitó la posición de Rowdy contra la pared. Era la primera indicación que había recibido alguna vez de Rowdy de que su estatus de soltero lo molestaba. Solo se preguntó si su aparente felicidad con Azul tenía algo que ver con el humor actual de su amigo. —No me importaría tener una foto de los dos juntos. Rowdy resopló. —Estoy bien donde estoy. Solo notó la dirección de los ojos de Rowdy. Una rubia alta de piernas largas con grandes tetas estaba junto a Joker15, el sargento de armas del club, con la gran mano de Joker cómodamente en su hermoso culo. —¿La conoces? 15

Nombre de otro motero, puede significar comodín o gracioso


—¿A quién? —Rowdy apartó la mirada de la rubia. —No me vengas con mierdas. ¿Qué tetas de por ahí? —preguntó Solo. Sabía de hecho que Joker y Rowdy habían compartido muchas mujeres en el pasado, por lo que su mejor amigo tenía que saber el nombre de la rubia. —Ruby. La hija de King16. Solo silbó. King Jensen era el Jefe de la división de Salt Lake de los Cavadores de Tumbas. —¿Y le deja ir por ahí con Joker? Rowdy rió. —Deberías conocer a Ruby. Tiene a su padre envuelto en su meñique. Joker la conoció cuando fue a Salt Lake el mes pasado. Evidentemente, aseguró a King que sus intenciones eran honorables, y aunque King no se lo creyó al principio, Ruby debió convencerlo porque apareció aquí hace tres días. —¿La has follado? —preguntó Solo un momento antes de que un puño golpeara su mandíbula—. ¡Cabrón! —le dio a Rowdy un empujón—. Todo lo que tenías que decir era un jodido no. Rowdy sacudió la cabeza y se apartó, dejando a Solo preguntarse qué coño acababa de pasar. Él y Rowdy hablaban de las mujeres que compartieron todo el tiempo, y eso nunca había sido un problema. Solo se restregó la mandíbula y devolvió su atención a Ruby y Joker. Quizá Joker no deseaba compartir ese buen pedazo de culo. Eso enfadaría a cualquier hombre, especialmente a un hombre como Rowdy. —Hey —dijo Azul, junto a Solo—. ¿De qué iba todo eso? —Para ser honesto, no estoy del todo seguro. —Solo colocó su mano en la parte baja de la espalda de Azul—. ¿Has acabado? —– Por ahora. —Azul se acercó más a Solo. He escuchado que una de las mujeres dice que no hay suficientes platos de papel, por lo que me ofrecí voluntario para ir a por ellos.

16

Nombre de otro motero, significa rey


—¿Tú qué? Deja que una de las mujeres mayores vaya a por ellos. —Solo no podía creer que Azul se hubiera ofrecido voluntario para esa tarea. Los hombres de la banda estaban a cargo de cocinar la carne, nada más. —Vamos. Me siento mal porque no trajimos nada de comida. Al menos podemos ir a buscar unos malditos platos de papel. Solo no tenía ni idea de dónde venía eso de Azul. —Has pasado las últimas jodidas tres horas tomando fotos. ¿No crees que ya has hecho suficiente? —Quiero gustarles —Azul masculló. Solo respiró profundamente. Significaba todo para él que Azul se sintiera de esa forma, pero si hacía lo que su compañero pedía, estaría estableciendo un precedente. Miró a Azul para decirle que no y se encontró con esos jodidos enormes ojos azules. Infiernos. No podía decir que no cuando Azul lo miraba así. Compromiso, se recordó a sí mismo mientras sacaba las llaves del bolsillo. —¿Qué tal si pillas el Nova y vas a por los platos? Azul cogió las llaves de la mano de Solo. —Gracias. —Ten cuidado —gritó Solo cuando Azul empezó a correr. Sería la primera vez que alguien a parte de Rowdy conducía a su bebé. Había sido un asco que la entrada de Azul no fuera lo bastante larga para poder guardar el Nova y dejar sitio para que Solo trabajara en su moto, por lo que lo dejó aparcado en el lugar habitual del club. Algún día, se prometió a su mismo que extendería la entrada y quizá añadiría un garaje, pero sería dentro de unos seis meses o un año. Solo alzó su mano mientras Azul se iba. Los otros hermanos se giraron para mirar a Solo, obviamente preguntándose si se había vuelto completamente loco. Sí, admitió que sí. Con un gemido, fue a buscar otra cerveza. Necesitaba encontrar a Rowdy y arreglar las cosas.


—Estás lleno de mierda. —Solo no pudo evitar reír con la historia de Crane. Incapaz de encontrar a Rowdy, Solo se había sentado en una de las largas mesas de picnic. —Lo juro por Dios. —Crane alzó una mano—. Ahí estaba yo, intentando hacer una cosa buena ayudando a una vieja a cruzar la calle y la jodida me golpea en la cabeza con el bolso —siguió. Apuntó a una pequeña cicatriz junto a su ojo derecho—. Una jodida hebilla me jodió. Un fuerte choque detuvo las risas, haciendo que todos pararan y miraran hacia la calle. —¡Joder! —gritó Solo mientras iba al final de la entrada. Golpeado por detrás, el Nova salió disparado hacia una de las columnas de madera. Por cómo se veía, el coche que conducía Azul tenía que haber ido por encima de las cuarenta y cinco millas por hora del límite de velocidad. —¡Azul! —Solo llegó al Nova minutos antes que sus hermanos rodearan el otro coche. Tiró de la manilla de la puerta, intentando llegar a su hombre, que se había golpeado la cabeza contra el volante. Tanto como amaba los coches antiguos por su construcción sólida, odiaba que no tuvieran airbags. Incapaz de abrir la puerta del conductor, corrió al lado del pasajero. —Aguanta, Azul. —Solo entró en el coche con la cabeza por delante. Sangre se derramaba de la nariz de Azul y la frente que descansaba sobre el volante. Joder. Las manos de Solo temblaron mientras con cuidado ponía sus dedos contra el cuello de Azul, buscando su pulso. Cuando sintió los latidos contra sus dedos, lágrimas empezaron a caer de sus ojos. —¡Llamad a una ambulancia! —Gritó Solo saliendo por la puerta del pasajero. —Shhh. Solo giró y vio un gran ojo azul mirándolo directamente. —Azul. No te muevas. —Lo siento —masculló Azul—. Estaba intentando tener cuidado con tu coche.


—Que le jodan al coche. —Solo sacó una bandana de su guantera y limpió la sangre de la frente de Azul antes de mirarlo a los ojos—. Necesito que te quedes quiero hasta que llegue la ambulancia. —Estoy bien. Solo un poco atontado. —No estás bien. Te has golpeado la cabeza. —Solo aguantó la bandana contra el corte en la frente de Azul—. ¿Dónde está esa jodida ambulancia? —De camino —dijo Rowdy moviéndose para apoyarse contra la puerta abierta—. ¿Cómo está? Solo sacudió la cabeza. —No lo sé. —Asintió hacia el otro coche—. Diles a los hermanos que vuelvan al edificio si llevan armas encima. No hay necesidad de que nadie se vea envuelto en esta mierda porque sabes que los polis aparecerán antes que la ambulancia. Rowdy rió. —Deberías saberlo mejor que eso, pero enviaré a las mujeres atrás con cualquier herramienta. Solo señaló al otro coche. —¿Alguien está seriamente herido? Rowdy sacudió la cabeza. —Está borracho. Ya sabes que los borrachos nunca se hacen daño. —Asintió hacia Azul—. Tu hombre se ve mejor. Solo se giró hacia Azul. —Te dije que te quedaras quieto. —Estoy bien. Solo me golpeé la cabeza. —Azul levantó la parte de abajo de su camiseta y se limpió la sangre de la nariz—. Cabrón, me rompió la nariz. —Echó su cabeza atrás contra el asiento—. Oh, dios, creo que voy a vomitar. —Empujó contra el pecho de Solo—. ¡Aparta!


Solo salió del coche mientras tranquilizaba a Azul en el asiento del pasajero. —No importa. Solo vomita si lo necesitas. Te lo he dicho, que le jodan al coche. —No. —Con su pecho en el asiento, Azul sacó la cabeza fuera del coche y vació el contenido de su estómago. Solo hizo lo que pudo hasta que llegaron los médicos y lo apartaron del camino. Se echó para atrás, sintiéndose inútil. Fuertes voces llamaron su atención hacia sus hermanos. Dos coches de patrulla entraron con la ambulancia y los oficiales estaban haciendo lo que podían para conseguir apartar a los Cavadores de Tumbas del conductor que había golpeado el Nova. Parecía que el hombre se había encerrado dentro, y se negaba a abrir la puerta para los polis. Mierda. Solo sabía que si no se metía en medio, todos sus hermanos acabarían en la cárcel en lugar de comiendo pastel casero y helado. —Está bien —le dijo a Switch—. Parece que Azul va a estar bien. —Miró a uno de los polis—. Sugiero que saque a ese pedazo de mierda de aquí. El joven policía asintió mientras miraba a la multitud de moteros tatuados. —Sí. —¿Por qué no os apartáis para que puedan llevarse a ese cabrón a la cárcel? —pidió Solo a sus hermanos. Apreciaba la forma en que sus hermanos automáticamente se pudieron en modo protector por el bien de Azul. Le hacía sentir bien saber que lentamente estaba recuperando algo de terreno que había perdido cuando salió del armario por su relación con Azul. Rowdy palmeó el hombro de Solo. —Me encargaré de ello. ¿Por qué no vas a ver cómo está tu hombre? —Gracias. —Solo buscó al Jefe entre los hermanos. Asintió en apreciación hacia Switch. Sus hermanos podían no ser pilares de la comunidad, pero Solo quería a cada uno de ellos. Solamente saber que tenía una familia que siempre le cuidaría las espaldas significaba mucho.


Eric abrió sus ojos para encontrar a Solo mirándolo. —¿No puedes dormir? Solo sacudió la cabeza. —Te has salvado por los pelos dos veces. —Se inclinó y le dio a Eric un suave beso—. Cada vez que sueño, te pierdo. Eric hizo lo que pudo para no hacer una mueca. Toda su jodida cara estaba hinchada, incluyendo su boca, pero valía la pena un poco de dolor por uno de los besos de Solo. La contusión que había sufrido había sido lo bastante mala para que tuviera que pasar la noche en el hospital, y sabía que Solo no había dormido. —No voy a ir a ninguna parte, por lo que estás perdiendo tiempo de sueño por nada. —No. Mirarte siempre es tiempo bien gastado. —Solo pasó su mano por el pecho de Eric—. Nunca he necesitado a nadie de la forma en que te necesito a ti. Eric se sentía de la misma forma, pero se negaba a dejar que Solo volviera a ponerse en modo protector como después del disparo. Durante dos meses después de que Eric fuera disparado en el costado, Solo apenas le había dejado fuera de su vista. Había sido dulce al principio, pero se había vuelto completamente molesto mientras pasaban los días. Conseguir que Solo le diera un poco de espacio no había sido fácil, y Eric no iba a volver a pasar por esa mierda de nuevo. —Estamos hechos para estar juntos —dijo Eric, alcanzando la polla de Solo. A pesar de lo jodida que estaba su cara, necesitaba demostrarle a Solo que estaba bien. Pasó su palma arriba y abajo de la endurecida longitud de la polla de Solo. El gran motero malo respondió a su toque de una forma que a Eric siempre le encantaba—. Hazme el amor —susurró. —Necesitas descansar —discutió Solo. Eric envolvió su mano alrededor de la polla de Solo.


—Dormiría mejor si estuviera bien follado, igual que tú. —Sonrió cuando las palabras perfectas le vinieron a la mente—. A menos que no quieras mirarme porque ahora soy demasiado feo. Con un gruñido, Solo se movió encima de Eric. —No digas tonterías como esa. Eric alcanzó el lubricante que tenían en la mesilla de noche y lo levantó. —Te necesito, y no puedo besar mucho ni chupar tu polla, por lo que, por favor solo deja que te sienta en mi interior. —El doctor dijo que te lo tomaras con calma. —Solo miró a Eric—. Por favor no me hagas hacer algo que te hará daño. —Hacer el amor contigo nunca me haría daño, pero si te hace sentir mejor, me estiraré quieto y dejaré que tú hagas todo el trabajo. —Eric dudaba de pudiera mantener su palabra, pero lo intentaría de verdad. Separó sus piernas y Solo se deslizó entre ellas. Con un suspiro de resignación, Solo extendió su mano, y Eric derramó un generoso chorro de lubricante en los dedos de Solo. —Tienes que prometerme que me dirás si sientes el más ligero dolor. —Lo haré. —Eric dobló sus rodillas y colocó sus rodillas en el colchón. Solo rodeó el agujero de Eric con un dedo lubricado antes de empujarlo dentro. Gimió mientras sus ojos se cerraban. —Todavía estás estirado de ayer. Eric sonrió. Habían follado dos veces antes del accidente de coche, por lo que no lo dudaba. —Entonces olvida los dedos y dame lo que realmente quiero. Solo usó el lubricante de su mano para engrasar su polla antes de alinear la cabeza con el agujero de Eric.


—Envuelve tus piernas a mi alrededor, bebé. Eric lo hizo y gimió cuando Solo empujó la gruesa cabeza de su polla dentro de él. —Siempre me haces sentir mejor. Solo movió sus caderas hasta que estuvo enterrado hasta la base. —Maldición —gruñó en la oreja de Eric—. Nunca tengo suficiente. —Bien. —Eric pasó sus manos por los costados de Solo mientras lamía el nuevo tatuaje del cuello de Solo. Ahí, en el lado derecho, escrito con caligrafía, estaba grabado Azul para siempre. Eric se había ofrecido para hacerse un tatuaje con el nombre de Solo, pero no se habían puesto de acuerdo con la localización. Solo no lo había dicho, pero Eric tenía la sensación de que Solo realmente no quería tatuajes en la piel de Eric. Lo que era una pena porque Eric ya había cogido cita con uno de los miembros del MC que tatuaba. Solo empezó con un ritmo lento dentro y fuera, teniendo cuidado de no empujar a Eric más de lo necesario. Era bueno, diferente de su habitual obscena. Solo nunca para de sorprenderlo. El ritmo lento, los suaves gemidos y besos en su cuello, hicieron sentir a Eric amado más allá de las palabras podían hacer. Solo era un hombre de acción, y por ello, Eric estaría eternamente agradecido. Las palabras bonitas no podían mantenerlo caliente por la noche. Nop, escogería a un motero tatuado por encima de las palabras en cualquier momento.

Fin


Coordinación de Proyectos Pervy

Traducción; Vero-Dawdre

Corrector; Blanca

Diseño y Formato; Pervy

Grave Diggers MC #1  

Solo Carol Lynne

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