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Un Amor con Los Hombres Lobos K. Matthew Traducido por Patricia Mรณnica Marcucci


“Un Amor con Los Hombres Lobos” Escrito por K. Matthew Copyright © 2017 K. Matthew Todos los derechos reservados Distribuido por Babelcube, Inc. www.babelcube.com Traducido por Patricia Mónica Marcucci “Babelcube Books” y “Babelcube” son marcas registradas de Babelcube Inc.


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Cuando ellos vinieron por mi, yo estaba comiendo una pobre comida compuesta por dos tiras de carne deshidratada, un tomate del jardín, y una fruta pequeña seca fácil de masticar que tenia sabor a podrido dulce. Los vehículos todo terreno podían ser escuchados de varios cientos de metros, puede ser que hasta de más de un kilómetro dentro del bosque. Yo nunca he sido una buena calculadora de distancia. Ellos venían a llevarme de regreso a la base de la Reserva Blackfoot de Hombres Lobos, y por el momento, yo pensé en cooperar. Había pasado un tiempo desde que yo había tenido una comida decente. ¿Que no daría por una cama apropiada también? Mi momento de desesperación fue muy corto sin embargo. Si yo retornaba con ellos, Emmett tendría su camino conmigo, y probablemente no sería muy amable al respecto. Aquel pensamiento me estimuló para tomar mis retazos de alimentos y esconderme en el armario. Después de unos pocos golpes en la puerta, yo pude escuchar que esta se abría, el personal del complejo entró como si ellos tuvieran todo el derecho de estar allí. Sostuve mi aliento, tratando de permanecer tan silenciosa como una sombra mientras ellos se acercaban. “No piensas que ella está afuera en el bosque, ¿no es así?” la voz de un hombre preguntó, pareciendo irritado. “¿La viste cuando estaba recorriendo el complejo?” la segunda persona, también un macho, preguntó escépticamente. “Ella no duraría un día por sus propios medios en el bosque.” “Bueno, ella tiene que estar en algún lado.” “Mira debajo de la cama.” Hubo un ruido a susurro y luego un suspiro de derrota. “No, nada allí abajo. ¿Dónde podrá estar?” “No supones que haya muerto, ¿no es así?” la voz era dubitativa. “¿Quién sabe?” el otro dijo exasperado. “Le podría servir a la perra estúpida correr fuera de aquí.” “Si. Estos hombres lobos pueden ser un gran dolor en el culo algunas veces.” “Algunas veces yo pienso que sería mejor si ellos fueran puestos todos abajo. Nos harían nuestro trabajo más fácil.” “No, no lo sería, eres idiota. Entonces no tendríamos un empleo.” El otro hombre pensó por un momento. “Oh, bien, creo que tienes razón. Aún así, esto es un gran dolor en el culo. El jefe va a estar molesto si no la encontramos.” “Ella estará de regreso. De una forma u otra. Yo no me voy a preocupar.” “¿No piensas que John va a estar loco?” “No realmente. Ella es una mujer lobo ahora. Realmente no es problema si ella se pierde. Si esto hubiera pasado antes de que ella fuera una mujer lobo, bueno, entonces nosotros hubiéramos estado en un gran aprieto si no la hubiéramos encontrado.” “Espero que tengas razón,” él suspiró. “Bueno, vámonos fuera de aquí. Pienso que debemos dividirnos. Yo seguiré el río, y tú iras de regreso hacia abajo por el sendero.”


“Suena bueno para mi,” el otro contestó, y luego yo escuché como sus pasos se alejaban y la puerta se cerraba detrás de ellos. No fue hasta que el sonido de sus motores habían desaparecido que yo me sentí lo suficientemente segura para salir del escondite. ¿Había hecho una buena elección en no mostrarme? Mi estomago no estaba seguro. Aunque una cosa era cierta. Yo no duraría mucho más tiempo sin algo de alimento en mi barriga. El día siguiente eran los juegos de jerarquía. Yo no podía evitar pensar si los hombres lobos se habían molestado en organizarlos sin estar yo presente. Aquel era el punto de todo esto, después de todo, para ayudarme a encontrar mi lugar dentro de la pandilla. Otros estarían desilusionados si estos se aplazaban, particularmente los omegas, buscando su oportunidad de trepar fuera del hoyo en que habían caído en los anteriores juegos. Este puesto podría haber sido fácilmente mio esta vez, y tan desnutrida y débil como me sentía, estaba segura que aquellos hombre me hubieran capturado y me hubieran llevado de regreso a la base de la reserva. Había hecho la mejor elección escondiéndome. Mientras estaba limpiando la alacena de Rex, yo me tope con un trozo de cuerda con un gancho atado a esta. Desesperada por subsistir, decidí tratar de pescar por mis propios medios. Si los hombres lobos habían decidido proseguir con los juegos de jerarquía, entonces el personal del complejo probablemente no tendría tiempo de venir detrás mio. Era mi mejor oportunidad de tratar de encontrar alimento. Llegue hasta el río con precaución, recordando algo que mi abuelo me había dicho mucho tiempo atrás acerca de asustar a los peces haciendo ruido. Para ser honesta, no estaba segura si era verdad o no, pero no deseaba perder oportunidades. Mientras yo caminaba hacia la orilla del río, masticaba un rollo de charqui hasta que estuviese suave y flexible. Aquello sería mi carnada, ya que no podía pensar en alguna otra cosa para usar. Seguramente, si esto era suficientemente bueno para mi, era suficientemente bueno para los peces. Con mi rollo de charqui masticado en el anzuelo, yo me tire sobre mi estomago y avance lentamente hacia la orilla del agua. La cuerda solo se lanzaría por unos pocos metros, entonces yo tenía que encontrar algún lugar suficientemente profundo para hacer que el esfuerzo valiera la pena. Había cuatro percas juntas donde la línea golpeó el agua. Ellas se alejaron del anzuelo, pero luego se establecieron, mirándolo con sus pequeños ojos redondos. Yo nunca antes había considerado que pescar sería un deporte que generara adrenalina, pero mientras permanecía allí, observando esas cosas con escamas bailar curiosamente alrededor de mi anzuelo, mi corazón latía con una crueldad que hizo que pensara si podría explotar en mi pecho si en realidad atrapara uno. . . . o si no lo hacía. Mi estado de ánimo estaba suspendido en atrapar. Si yo regresaba a la cabaña con las manos vacías, me derretiría. No había preguntas en mi mente. Vamos. Vamos, bastardos.


Los peces miraban la carnada, que para mi horror estaba rápidamente desanudándose del anzuelo. Quizás yo había masticado el tejido fibroso demasiado, no dejándolo suficientemente intacto para aferrarse apropiadamente. Esperaba que se sostuviera. Necesitaba que se sostuviera. Finalmente, un pez apareció, picoteando en la ondulada cuerda que estaba ondeando desde el anzuelo como un tentáculo en miniatura. Picoteó una vez, probando la carnada. Dos veces, sacando algo desde el anzuelo. A la tercer vez, dejó la carnada completamente libre, dejando mi anzuelo sin vida e ignorado. Todo en mi deseaba gritar y maldecir y golpear mis puños en la mugre, pero sabía que no podía hacerlo. Tenía que tratar otra vez. Esta vez, no mastique el charqui demasiado. Mis esperanzas estaban bien altas mientras trataba otra vez, rogando que el pez no hubiera perdido interés. Gracias a mi horrible puntería, los perdí por varios metros, y ellos no parecían muy curiosos. Después de unos pocos minutos, yo enrollé el carrete y tiré nuevamente. El pez escapó, y ellos no se juntaron otra vez, optando por seguir su camino separados. Esperé con toda la paciencia que pude juntar, con esperanza. La adrenalina murió con la distancia de los peces fuera de mi carnada. Mi estomago borboteaba fuertemente, señalando otra ronda de hambrientas punzadas. Presioné mi cara contra el césped, cerrando mis ojos y tragando mi dolor. Cuando volví a mirar, el pez estaba más lejos que antes, y algo dentro mío se partió en dos. Mi mano quedó floja, colgando sobre la orilla del río, aunque no fui tan estúpida como para dejar que la soga se fuera. Las lágrimas quemaban mis mejillas mientras bajaban hacia el suelo, y después de unos pocos segundos de silenciosas lágrimas, yo rompí en llanto. ¿Cómo la vida pudo haber cambiado tan mal y tan rápido? “¿Por qué estás llorando?” una voz dijo, y mi corazón casi se congela en mi pecho mientras me daba vuelta para ver quien llegaba. Rex permaneció varios pasos atrás, apoyado sobre un árbol con una mirada entretenida en su cara. El sol hizo que su cabello color bronce brillara, sus ojos verdes parecían casi fosforescentes. Él estaba más limpio de lo que nunca lo había visto antes, usando un nuevo mameluco azul. Se lo deberían haber dado en el complejo. “Rex.” Me senté, limpiando mis ojos mientras enrollaba la línea de pescar. “No ha pasado una semana aún. ¿Cómo regresaste tan pronto?” “Bueno, no hagas como que me extrañaste o algo así,” él dijo sarcásticamente, alejándose del árbol para venir a ayudarme a ponerme en pie. Sus manos estaban ásperas contra las mías, callosas por el trabajo duro. “Me dijiste que ellos te encerrarían en solitario por una semana. Fueron solo unos pocos días,” tartamudee, aun peleando contra las lágrimas. Estas lágrimas eran por alegría, no desesperación. “Hicimos un trato. Uno en el cual tú tendrás que ayudarme. Vamos, regresemos a la cabaña. Veamos cuanto alimento me has dejado,” su tono era áspero como siempre, y


yo me acobarde, imaginándome cuán enojado estaría con lo que yo me había comido. Mientras que había tratado de racionarlo para siete días, mi hambre había tomado lo mejor de mí un par de veces. Sin mencionar que yo había incursionado en el jardín un poco. “Veo que haz hecho algunos arreglos,” él dijo una vez que llegaron a la cabaña y entraron. “Asediador.” “Estaba aburrida,” confesé. Rex se sacó la camisa para dejar sus brazos afuera, y un rubor subió por mis mejillas mientras mis ojos se movían hacia los gruesos músculos de su estomago, causando que pensamientos impuros cruzaran mi mente, secretos deseos escondidos que nunca deberían haber estado. “Ve atrás y corta un tallo de aloe vera. Sabes como es, ¿verdad?” Rex me miró por un momento, y mis mejillas brillaron al darme cuenta que el había atrapado mi mirada. Por suerte, él parecía no tenerlo en cuenta, solo preocupado acerca de la tarea que tenía entre manos. Yo asentí, yendo hacia la puerta, imágenes de Rex sin camisa quemaban dentro de mi mente. ¿Qué estaba yo pensando? El hombre me había violado, tomándome contra mi deseo. No había razón lógica para que el me atrajera. Además, él era tan áspero, demasiado rudo, y nada como lo que yo había siempre deseado. Yo necesitaba un príncipe encantado, alguien romántico y amable y amoroso y afectuoso. Alguien como. . . Un pequeño suspiro se escapó de mis labios mientras yo rompía una rama de aloe vera. Chris nunca había sido todas esas cosas. Él era amable y juguetón y afectuoso, pero él tenía sus malos momentos también. Un montón de ellos. Definitivamente no era un príncipe encantado, pero lejos mucho mejor que Rex con respecto a maneras. Pensaba como Chris me había dado la espalda en la base de la reserva. ¿Había en realidad tenido sexo con Sasha la noche que Emmett trató de violarme? ¿Me había extrañado algo? Las posibles respuestas negativas a aquellas dos preguntas eran demasiado depresivas para pensarlas. De cualquier manera que me importaba. Chris me había abandonado cuando había decidido no venir conmigo a lo de Emmett. Cuando yo volví adentro, Rex estaba sentado en una silla con su antebrazo sobre su rodilla. En su otra mano había una caja de cortadores. “¿Qué vas a hacer?” pregunté, confundida absolutamente por sus intenciones. “¿Sabes de aquel acuerdo del que te hable?” El levantó la cabeza para mirarme, sosteniendo la caja de cortantes precariamente sobre su antebrazo. “Si?” “Ellos dijeron que me permitirían estar en solitario si estaba de acuerdo en que me pusieran un microchip. Aparentemente, ellos no pueden hacerlo sin nuestro consentimiento por alguna ley. Estuve de acuerdo en hacerlo, entonces pude regresar a vos más pronto, pero yo no pienso dejar esa cosa adentro mio. Ellos pueden seguirme


donde yo quiero que ellos vayan. A ninguna parte más.” “Entonces quieres decir que lo vas a cortar?” el aturdimiento estaba fuerte en mi voz. Rex me miró como si insultara mi inteligencia. Por supuesto, él decía que se lo cortaría. Este era un hombre quien no temía a la mayoría de las cosas que los hombres comunes hacían: dolor, confrontación, estar sólo. “¿Qué necesitas que yo haga?” Yo me arrodillé al lado de él con el aloe vera. “Cuando corte esta cosa, va a sangrar. Necesito que agarres agua y laves la herida. Luego frota el aloe vera sobre esta y véndame. Yo puedo hacerlo solo, pero ya que estas aquí, yo podría también usarte.” Con mis ojos fijos en la hoja del cortante, yo asentí. Aunque era su carne que se iba a desgarrar en vez de la mía, mi corazón latía fieramente con anticipados nervios. Ciertamente esperaba que Rex supiera lo que estaba haciendo. Sus ojos se encendieron hacia los míos, preguntando si yo estaba lista. Después de un momento de silencioso entendimiento, Rex volvió su atención a su antebrazo, colocando la hoja del cortante sobre dónde el microchip había sido implantado. Todo en mi estaba atento para no estremecerme cuando la sangre comenzó a salir, goteando por un lado de su brazo y chorreando sobre el piso de madera por debajo. Rex silbó de dolor mientras sacaba la pequeña cosa, del tamaño de un grano de arroz. Me recordó a mí a algo sacado de una película de ficción, y encontré atrapada mi mirada en esa cosa mientras él descuidadamente la arrojaba al suelo. “Un poco de ayuda aquí,” él dijo exasperado. “Lo siento,” fue todo lo que pude pensar para responder, tomando rápidamente la botella de agua desde la mesa para limpiar la herida. Para mi sorpresa, no estaba sangrando tan mal como yo pensé que estaría. El corte estaba limpio, amañado, y no había pasado mucho tiempo desde que yo lo había untado con aloe vera y atado con un pedazo de la manga del mameluco de Rex. “Vaya. Va mejor,” emití, orgullosa de mis habilidades de enfermera. Él se inclinó para recoger el microchip del suelo, mirándolo con disgusto. “Maldita invención de ciencia ficción.” Mis ojos lo siguieron todo el camino hasta donde Rex lo aplasto dentro de su zapato. “Parecerá sospechoso si no está constantemente moviéndose, imagino. Lo tendré conmigo por hoy, pero cuando me voy a cazar o pescar, tendrás que tenerlo tú. Dios sabe que nosotros no podemos permitirnos tenerlos cogiéndonos asustados fuera del juego.” Como si él se hubiera olvidado de su herida, Rex comenzó a rebuscar en sus alacena y cajas, valorando cuanto alimento había dejado. Una vez que hubo terminado, él me dio una mirada intrigante, y puedo decir que no estaba muy feliz. “Te aseguro que comiste un montón.” “¿Qué se suponía que hiciera?” Mi felicidad por tenerlo a Rex de regreso a mi se convirtió rápidamente en stress. Él no respondió. En vez de eso, se paró, recogiendo su arco y su caja de flechas y


se encaminó hacia la puerta sin una palabra. “¿Donde vas?” le pregunté, aunque yo sabía que era una pregunta estúpida. ¿Me había convertido en una solitaria? “¿Dónde parece que voy?” Rex no se dio vuelta hacia mi cuando habló, y con esto, se fue, dejándome sola con una soledad que estaba empezando a odiar. Yo me sentí extrañamente mas perdida ahora que Rex había regresado de lo que estaba cuando se había ido. Cuando había estado sola, me movía alrededor de la cabaña y los bosques aledaños sin pensarlo demasiado, pero ahora me preocupaba de que él se enojara si yo tocaba algo o vagabundeaba por mi cuenta. Frustración y emociones mezcladas me llenaban como una taza vacía hasta que se desparramaba, goteando de mis ojos. La vida continuaba siendo miserable. Después de llorar en silencio, decidí lavar la sangre de Rex del piso. Era la única cosa que yo sabía hacer que el aprobaría, entonces hice mi tarea con detalles meticulosos, tratando de hacer que esto durara lo más posible. Cuando yo no pude extender la labor más, me tiré a dormir una siesta. Era la única cosa que se me permitía hacer. Cuánto tiempo yo dormí, no lo puedo decir. Sin despertadores o relojes alrededor, el tiempo pasaba sin ningún sentido u orden. Para la hora que me levanté, estaba oscureciendo afuera. Me senté, restregando mis ojos. Aunque me sentía mejor de lo que estaba cuando me fui a dormir, estaba aún deprimida. Parecía ser la emoción dominante desde que había vuelto a la Reserva Blackfoot de Hombres Lobos. ¿Sería feliz nuevamente? Pensé. Una cosa era cierta; yo tenía que parar en sentirme tan intimidada por Rex. Este era mi hogar ahora tanto como era suyo. Con nueva decisión, me pare afuera con valentía, deseando la esencia del aire del bosque. El aroma que golpeo mis narices era algo diferente, fuego y carne rostizada. Mis ojos instintivamente se lanzaron hacia el curso del olor, mi estomago daba vueltas con un hambre tan feroz que casi me arroja de rodillas. Rex estaba varios metros más allá, asando alguna clase de pequeño animal. Lo que no podía decir que era y estaba temerosa de preguntar, asustada de que pudiera perder mi apetito. Lo que fuera, era cierto que era algo que acostumbraba a ser bonito y blando e incomible para mi. Ahora, se veía como alimento. Sus ojos encontraron a los míos, pero el no habló mientras yo me arrimaba a tomar asiento unos pocos pasos más allá del fuego, anhelando compañía, aun cuando yo tendría bastante compañía de nadie mas que de él. Escuchaba el crujir de las llamas, observando la comida con una intensidad que era casi patética. En aquel momento, yo estaba tan hambrienta que probablemente podría haber comido esto crudo. “Agarre este, tu no comerías tan bien sin mi,” Rex dijo mientras sacaba la carne del fuego. Mi mente estaba demasiado fija sobre la comida como para contestar. Además, yo


no quería darle el placer de verbalizar lo que él ya sabía. Cuando la carne estaba lo suficientemente fría, Rex cortó el cuerpo por el medio y me dio la porción más grande para mí. Yo no discutí. Codiciosamente, comí, arrojando todas las maneras por la ventana. La carne era escasa y un poco fibrosa, y no muy sabrosa, pero no me importaba demasiado ya que no era charqui. Rex estaba aún mordiendo la pata de su mitad cuando yo había terminado la mía. Como un perro, lambí mis labios, haciendo lo mejor para no mirarlo mientras comía su porción. Mientras los dolores por hambre habían aminorado, yo aún no estaba satisfecha, y mi estomago borboteaba fuerte haciendo eco. “Aquí,” escuché decir a Rex, y el extendió su mano hacia mi con la porción restante de su comida. “No,” yo tartamudeé. “Tú estás con hambre también.” “Estoy bien. Te ves como si estuvieras muriéndote de hambre. Solo tómalo.” Sin más vacilación, me incline para agarrar la porción restante, devorándola mientras permanecía con mis ojos en el piso. Que patética debo parecer. . . y desesperada? Cuando la cena se terminó, Rex se inclinó contra un tronco en frente del fuego, perezosamente alimentándolo mientras el cielo oscurecía alrededor nuestro. No estaba segura si él deseaba mi compañía o no, pero decidí quedarme alrededor suyo de cualquier manera, observándolo con una fascinación que nunca había tenido por otro ser humano antes. “Como. . . aprendiste a cuidar de ti?” pregunté cautelosamente. “Mi hermano me enseño la mayoría de las cosas. Tendrás que aprender como sobrevivir cuando madures como lo hice yo, de otra forma morirás. Probablemente lo tendría si no fuera por mi hermano,” él hizo una pausa. “O no recuerdas mi historia? Entrevistaste demasiados otros hombres lobos antes y después de mi,” el tono de Rex se tornó áspero, y yo traté de no ofenderme, entrenándome para darme cuenta que así era la forma como él era. Él no había conocido mucho la amabilidad en su vida—no había aprendido comportamientos sociales apropiados. Esta era la única forma que Rex conocía como comunicarse. “Lo recuerdo,” contesté. “Tú historia fue única.” “Voy a empezar a enseñarte como hacer esta cosa pronto. . . en caso que yo muera o algo me pase.” “No estoy segura que pueda matar un animal,” confesé. “Te vi pescando. O estabas jugando a atrapar y liberar?” el sarcasmo estaba claro en su voz. Curiosamente, yo en realidad no había pensado acerca de esto antes. Nunca en mi vida había matado algo más grande que un insecto. Aunque yo estaba tan hambrienta, yo no hubiera dudado en matar un pez, tenía que atrapar uno. Esto probablemente no hubiera sido ninguna diferencia con otros animales si yo estaba en la misma situación.


Eran los instintos de supervivencia. Haces lo que tienes que hacer para sobrevivir. “Me gustaría que me enseñaras,” dije finalmente, dándome cuenta que necesitaba saber. “Bueno. Hay un montón de cosas que probablemente no te van a gustar, destripar peces, pelar animales, pero tendrás que acostumbrarte. La primera vez que matas algo es la más dura, se hace más fácil con el tiempo, como la mayoría de las cosas. Pronto, se convierten en costumbre.” Mientras yo sabia que él estaba en lo correcto, era duro de imaginar el momento. Nos sentamos afuera en silencio hasta que estuvo todo oscuro alrededor. Hubo muchas veces que yo desee hablar, bombardear a Rex con preguntas acerca de su forma de vida, pero sabía que estaba cansado, y yo no deseaba ser una molestia. Observaba a Rex a través de la luz del fuego, la forma en que iluminaba su piel bronceada, haciéndola casi brillar. Sus ojos brillaban rojos y verdes mientras ellos miraban intensamente dentro de una llama, y no pude evitar imaginar que estaba pensando. Rex pensaría un montón de cosas, fuera aquí solo en el bosque. “Donde te gustaría que yo durmiera esta noche?” Le pregunté cuando yo vi sus ojos oscurecerse. Ellos se ensancharon con el sonido de mi voz, y su cuerpo se enderezo un poco. “Duerme en la cama. Yo me quedaré aquí afuera esta noche.” Tan egoísta como esto era, yo no discutí. Yo odiaba dormir en el piso. Solo el cansancio excesivo podía obstaculizar que no durmiera cuando yo no estaba cómoda, y estaba lejos de estar exhausta después de haber tenido una siesta más temprano en el día. Además, Rex estaba casi acostumbrado a pasar apuros. Yo no. Probablemente él se sentía como en casa durmiendo afuera debajo de las estrellas. “Buenas noches,” susurre suavemente mientras me preparaba a dejarlo al lado del fuego. Él refunfuñó en respuesta, mandándome por el camino. Aquella noche yo fui asaltada por sueños febriles, fantasías malvadas de Rex y yo entrelazados juntos. Me recordaba la vez que me violó, excepto que esta vez, yo no estaba combatiendo. Esta vez, yo lo deseaba dentro mio. Me desperté sudando en frio, un fresco enrojecimiento en mis mejillas, agradecida que Rex no estuviera en ningún lado a la vista. Parte de mi deseaba estar disgustada por mis pensamientos subconscientes, pero a otra parte de mi no le importaba mucho. Él era el único hombre que yo vería por un largo tiempo. Tenía sentido que él hubiera ocupado mis pensamientos en cualquier dirección que ellos trataran de vagar. Rex estaba cocinando cuando yo salí afuera. Me estiré mientras me acercaba a él, dándome cuenta que había tres huevos sobre el fuego y glotonamente esperaba que dos de ellos fueran para mi. Aunque no estaba de suerte. Él agarró dos, dándome uno a mi sin hacerme ninguna oferta. “¿Qué hay en la agenda para hoy?” le pregunté mientras bostezaba. “Probablemente cuerear, si consigo algo en la cacería de hoy. Aquel conejo no fue


suficiente alimento anoche.” Conejo. Gracias a Dios no fue ardilla, pensé, aunque yo no estaba tan segura porque me preocupaba. Probablemente comería muchísimas cosas a las que tendría que acostumbrarme ahora que vivía con Rex. “Vi algunas huellas de ciervos ayer pero no vi ninguno. Afortunadamente, me siento con suerte hoy. Aun en conseguir un ciervo o un enorme y gordo cerdo,” continuó. “Cualquiera estará bien. Yo puedo alimentarte apropiadamente. Que te pongas fuerte para cosas que vendrán.” “¿Que quieres que yo haga hoy?” Él pensó por un momento. “Cuida el jardín. Cosecha lo que pueda ser cosechado. Riégalos. Busca en el bosque algo de hongos o frutos rojos o algo.” “No pienso que me quieras hurgando,” admití, sintiéndome estúpida. “¿Por qué eso?” “Porque no sé cuales son venenosos y cuales no.” Deseaba encogerme, sabiendo que un condescendiente comentario estaba en camino. “¿No eres buena para nada?” resoplo de furia. “Mujer de ciudad, ¿recuerdas?” mi voz era suave, sin mostrar reacción a su dureza. “Solo cuida el jardín,” Rex gruño antes de pararse para agarrar su lazo y meterse en el bosque. Él tuvo una buena caza aquel día, trayendo a casa un jabalí suficientemente grande para darnos un festín. A pesar de mi indecisión inicial, me encontré mirándolo limpiar el animal con fascinación. Era un trabajo sangriento, pero de alguna manera no tan malo como yo había pensado que sería. Durante los próximos días, Rex me enseño todo lo que sabía, a pescar, a rebuscar comida, a rastrear animales. Él era sorprendentemente paciente conmigo, contestando todas mis preguntas y entrando en más detalles acerca de las cosas que yo no entendía. Parecía que la dureza exterior de Rex estaba empezando a suavizarse mientras pasábamos más tiempo juntos. Nos estábamos acostumbrando el uno al otro, y algunas veces éramos capaces de hacernos reír. Aunque el aún no me había enseñado como cazar, nosotros habíamos establecido una rutina donde yo pescaría o buscaría alimento durante el día, llevando el microchip conmigo mientras el casaba, y a la noche cuando Rex volvía a casa, yo limpiaría la presa, y él cocinaría. Sorprendentemente era un feliz balance, y aún él había confesado que no había comido mejor en un largo tiempo. Rex estaba comenzando a apreciar tenerme alrededor, y aquello me complacía con un sentimiento de logro y merecimiento propio. Una semana y media antes de la luna llena, él se sentía horriblemente enfermo. Como la mayoría de los hombres, Rex trató de disimularlo pero no pudo, apartándome cuando yo me mostraba preocupada. Entonces un día, fui afuera para encontrarlo cerca


del fuego, gimiendo en un inquieto sueño con su frente cubierta en brillante transpiración. La desesperación me embargo mientras trataba de pensar en que hacer. Mi única opción parecía ser ir a la base de la reserva a pedir ayuda, pero pensaba si valía la pena el esfuerzo, sin mencionar si Rex sería capaz de sostenerse sin mí por un tiempo. Aun si yo corriera, probablemente me llevaría mas de un día hacer el viaje. Sintiéndome confundida y sin esperanzas, finalmente decidí permanecer al lado de Rex. Por lo que yo podía decir, la reserva no daba una mierda a los hombres lobos. Podría ser que ellos vinieran. Podría ser que no lo hicieran. Parecía peor el riesgo de dejar a Rex morir solo. Tuve que poner todo mi esfuerzo para ayudarlo a llegar al catre. Él estaba tan débil que apenas podía caminar, atrapado en la pérdida de consciencia y el adormecimiento. Lo tendí lo mejor que pude poniéndole un trapo mojado sobre su frente, limpiando su transpiración, y tratando de mantenerlo hidratado. En el estado de delirio de Rex, fue difícil conseguir que bebiera el agua durante sus ataques de inconsciencia. Rex me pelearía de todas las maneras posibles, y yo no era lo suficientemente fuerte para sostenerlo y forzarlo a beber. Aun, cada sorbo era una pequeña victoria, a pesar de todo lo que yo tenía que atravesar para que esto sucediera. Toda la noche, permanecía despierta, alerta, escuchando la respiración de Rex, asegurándome que él estaba aún conmigo. No había mucho más que yo pudiera hacer, y estaba demasiado asustada de que muriera si yo me dormía profundamente. Después de dos días de permanecer al lado de Rex, estaba comenzando a perder esperanzas. Él no estaba mejorando, pero tampoco estaba empeorando. Yo me sentaba en la oscuridad de la noche, apoyándome contra el catre, sosteniendo la mano de Rex con la mía. Al principio, temblaba. Ahora, gracias a la falta de nutrición y sueño, yo no podía decir cuál de los dos estaba sacudiendo al otro. Alguna vez en el medio de la noche, yo debo haber caído profundamente dormida. Todo lo que podía recordar era estar corriendo a través de un campo. El pasto alto se precipitaba hacia mi cara, lamiéndolo mientras corría sobre cuatro patas, persiguiendo un lobo en frente mio con los colores de piel más extraños que jamás haya visto. Todo bronce. “Rex,” mi voz siseaba, sonando venenosa, aunque yo no estaba segura porque. Algo me estaba empujando a la consciencia. Mis ojos se abrieron, y el verde del pasto perdió su color dentro del tono marrón de la cabaña. Rex estaba tendido en el catre, apoyado sobre su codo con una extraña mirada en su cara. “¿Estás bien?” pregunté, mi voz llena de fastidio. “Por supuesto que estoy bien,” él contestó escépticamente, mirando alrededor de la cabaña. “¿Por qué estoy sobre la cama, y tu sobre el piso?” Yo le parpadeé. “Estuviste enfermo. Inconsciente por días.” “No me siento enfermo,” Rex insistió, pero cuando trató de sentarse, rápidamente


lo re pensó, agarrando los lados de su cabeza y cayendo sobre el catre. “No. . . lo hagas tan fuerte,” corregí a Rex suavemente, gateando a su lado. “Diablos, creo que estuve realmente enfermo,” él sonaba sorprendido. “Lo estuviste.” Fui a humedecer un trapo y limpie su transpiración, pero Rex golpeó mi mano. “Agua,” me ordenó, y yo estuve más que feliz de alcanzársela. Observar a Rex atragantarse con una botella entera de agua era un alivio. Me había preocupado que si la enfermedad no lo mataba, la deshidratación lo hiciera. Cuando hubo terminado de beber, Rex fortuitamente dejó la botella de lado, mirándome. “Adivino que probablemente no tienes nada para comer preparado.?” “Puedo conseguir algo.” Me paré, agarrando tres tomates de la alacena y se los entregué. Rex metió uno en su boca, luego vaciló antes de agregar un segundo tomate, su estómago sonando como un desafío. “Voy a necesitar algo mas que esto,” Rex me dijo, tratando de sentarse nuevamente. Esta vez tuvo éxito, aunque aún se estremecía por el esfuerzo, su cuerpo ahora dolorido por haber estado postrado en cama tanto tiempo. “¿Pescado estaría bien?” pregunté y me fui a buscar mi cuerda y anzuelo. “Algún tipo de proteína estaría bien. Alcánzame algo de charqui, ¿podrías?” Le di a Rex un manojo de lonjas antes de lanzarme hacia la puerta y bajar hasta el rio, suficientemente segura acerca de su salud como para dejarlo solo. Ahora más que nunca, yo estaba contenta que Rex no había dudado en enseñarme como abastecernos. Me llevó cerca de una hora atrapar cuatro pequeñas percas. Destriparlos y cocinarlos en maderas ensartadas sobre el fuego me llevo una hora más. Cuando llevé el pescado dentro para alimentar a Rex, él estaba sentado sobre la orilla de la cama, mirando hacia el piso como si el fuera a vomitar en cualquier momento, su cara bronceada un poco con sombras de palidez mas de lo normal. “¿Todavía tienes hambre?” pregunté, esperando que el olor del pescado no estuviera abusando de los sentidos de Rex. “No podría—” antes de que tuviera oportunidad de terminar su oración, Rex estaba tosiendo y con arcadas, los tomates y el charqui de más temprano amenazando con salir. Cómo un relámpago, yo deje el pescado en la alacena para agarrar un pequeño bol de madera, sosteniéndolo frente a su cara, aunque yo sabia que fácilmente lo rebalsaría. Con sorprendente fuerza, Rex me empujó de su camino hacia la puerta. Una vez que él estuvo varios metros afuera, se dejó llevar, y pude ver que por el lugar que el había elegido no era la primera vez. Mientras yo estaba sorprendida que había fallado en esto cuando regresé dentro de la cabaña, estaba contenta de haberlo hecho. Ver trozos de tomate con bilis sobre la tierra fue suficiente para hacer que mi estomago girara, y tuve que quedarme alejada para no unirme a Rex en el vómito. Cuando terminó, lo ayude a volver adentro, poniéndolo en el catre antes de


limpiar su cara con un trapo mojado. Esta vez, Rex no me empujó, simplemente se sentó allí en la miseria mientras yo lo atendía. El día entero fue inseguro, y no fue hasta tarde en la tarde que él pudo resistir algo de alimento. Mientras yo deseaba hacerle algo fresco para que Rex comiera, él insistía que el pescado sobrante estaría bien. Lo vi comer con ojos cansados, recordando todas las precauciones que había aprendido acerca de comer pescado cocinado que había sido dejado. Afortunadamente, nada me daba temor. “Yo pienso que puedo volver a dormir en el piso ahora,” Rex me dijo cuando estábamos listos para acomodarnos para la noche. “No. Quédate en el catre. Yo voy a airear aquellas pieles antes de dormir en ellas nuevamente, por si lo que tuviste era contagioso,” contesté. “Si fue contagioso, pienso que ya te contagiaste lo que sea que tuve. Gran cosa no fue, o ambos hubiéramos terminado como mierda en la barranca sin un remo.” Sonaba como un agradecimiento, pero yo no deseaba desafiar mi suerte. “Necesitas una buena noche de descanso. Una mas y después regresarás a dormir afuera,” yo bromee. “Suena justo,” había una fina señal de sonrisa en su voz. Mientras me acomodaba en el piso para dormir, un sentimiento caluroso me había invadido. Rex podría haberme salvado de Emmett, pero yo lo había salvado posiblemente de morir. Ahora, las cosas finalmente se sentían mejor. Para la hora que yo me desperté la mañana siguiente, él se había ido, a cazar como siempre. El hombre ciertamente no era alguien para estar sentado ociosamente, aun cuando fuera de su mejor interés. Rex permaneció alrededor de la cabaña más de lo normal en los días previos a la luna llena. Usualmente, cuando yo volvía a casa de pescar y recoger, el todavía estaba afuera, cazando hasta la horas anteriores a la noche, aprovechando pequeñas partidas para presas más grandes. Aunque últimamente, él nos había alimentado con cantidad de conejos y pájaros. Y finalmente me vi forzada a probar ardilla, aunque fue con mucho desgano. Probablemente no lo hubiera hecho si Rex no se hubiera vuelto visiblemente molesto acerca de mi obstinación. Finalmente, la noche de la luna llena había llegado. La agitación nerviosa brotaba dentro mio recordando mi última transformación. Había sido tan aterrador, esperando la luna como si fuera mi ejecutor. No había forma de parar el cambio, y por mucho tiempo que yo viviera, tendría que enfrentar aquel mismo sentimiento abrumador cada luna llena. La última vez que yo me había transformado, había sido encerrada, bajo llave dentro de la habitación de transformación en el complejo. Toda la noche, me había comportado violentamente, destrozando todo alrededor mio. Esta vez, yo estaría libre para vagar por la reserva. Aquel pensamiento me asustó aún más. Sin consciencia durante el cambio, quien podría decirme que haría o donde terminaría. Era por muy


poco tan inquietante como mi primera transformación, solo con un nuevo giro. A pesar de sentir que no hacia más que estar contrariada en una aplastante depresión, Rex insistió que siguiéramos con nuestras tareas como cualquier otro día. Él dijo que focalizarnos en la transformación solo hacia las cosas peores, y mientras yo sabia que él estaba en lo correcto, no podía evitar obsesionarme. ¿Cómo podía no pensar en esto? Era solo mi segunda transformación. Cuando regresé a la cabaña con mi dadiva diaria, fui sorprendida al encontrarme a Rex sentado sobre su tronco, faltando un fuego o una presa. Me arrimé a él con una mirada de confusión en mi cara, y él simplemente me miró impasible. “¿Dónde está lo tuyo?” pregunté, sosteniendo las dos percas que había logrado atrapar y un costal lleno de hongos salvajes. “Bien estoy contento que no trajiste a casa un hilo completo,” el contesto con un divertido mal humor. “¿Qué es tan divertido?” Ahora yo estaba fastidiada. ¿Como pudo sentarse sobre su trasero el día entero mientras yo trabajaba? Si esto era una broma, entonces no era divertida. “Ya sabes, probablemente nosotros nos vamos de cacería esta noche. Bien, probablemente no es la palabra correcta. Es un hecho. Los lobos siempre cazan. Cazan y fornican. Eso es lo que hacemos.” Las palabras de Rex fueron tan torpes que hicieron que mis mejillas se sonrojaran. Realmente... ¿tendremos sexo? ¿Tendría sexo con él o con alguno de los otros hombres lobos? Esta falta de libertad me parecería peor cada vez más. “Realmente me gustaría que no me lo hubieras dicho,” dije con el ceño fruncido. “Y si sabias que esta noche íbamos a cazar ¿porque hiciste que me fuera a pescar?” “Para mantenerte alejada de mi pelaje.” Refunfuñe, tirando los pescados al piso. Rex debe haber sabido que yo estaba realmente enojada porque levantó sus manos dándose por vencido antes que yo llegara por detrás de él y le tirara con un arco. “Cálmate. No es que estuve sin hacer nada. Estuve terminando tu regalo.” El arrojo el arco a mis pies, su tono áspero indicando que sentía que yo no apreciaba su regalo. Mis ojos cayeron sobre el arma, hecha a mano y cada pedacito tan bonito como la que Rex usaba. Me arrodillé para agarrarla, corriendo mis dedos sobre la refinada superficie de la madera, hipnotizada por la artesanía. Era hermosa, y para mí. “G-Gracias,” balbucee. “Es primorosa.” “Bueno, ahora yo no tengo que preocuparme por ti estrangulando animales con tus propias manos.” Él me sonrió burlonamente, y supe que estábamos bien otra vez. A pesar de su insistencia que nosotros estaríamos cazando esta noche, yo hice un fuego para cocinar mi pescado. No tenia sentido que este se perdiera. Compartimos la comida, aunque Rex estuvo poco dispuesto al principio, no deseando que se arruine su


cacería. Podría decir que le gustaba ser un lobo, y esto me hizo pensar en su hermano. Puede ser que algunas personas realmente tuvieran la intención de ser hombres lobos. Aunque yo en realidad no era uno de ellos. Para la hora en que nuestra transformación se aproximaba, Rex me llevó afuera. Sus ojos estaban sobre la luna mientras nosotros avanzábamos hacia la oscuridad. Mi nerviosismo era tan fuerte que tenia nauseas, sabiendo que seria una cuestión de minutos antes que yo estuviera tambaleándome de dolor, la loba llegando, devorando a la mujer. Cuando nosotros estuvimos varios metros alejados de la cabaña, Rex paró, mirándome. Yo lo mire curiosamente mientras se sacaba la camisa, la luz de la luna golpeando su piel color bronce, haciéndolo mas deseable que nunca. ¿Seria Rex el único con el que yo copularía esta noche? Una parte patética mía esperaba que fuera así. “Sácate tu ropa,” me dijo cuando notó mi Mirada. “¿Que?” estaba shockeada por el absurdo pedido. “Si no lo haces, pasarás mañana toda la tarde cociendo para unirlas nuevamente. No creo que quieras eso.” “Oh.” Rex tenía razón. De mala gana, yo agarre el dobladillo de mi camisa. “Date vuelta,” le dije, aunque obviamente no estaba prestándome atención, demasiado ocupado sacándose sus zapatos y medias. Rex paró por un momento, mirándome incrédulo. “Como si nunca hubiera visto una mujer desnuda antes. Te aconsejaría que dejes de lado la modestia. Para mañana por la mañana, no existirá un solo par de ojos en esta reserva que no te hayan visto desnuda.” “No me importa,” dije firmemente, preocupada por el pensamiento. “No quiero que tu me veas ahora.” “Menos hablar, más desnudarse. La luna no te va a esperar a vos.” Era obvio que no tenía intención de darse vuelta, trabajando para sacar mis ropas tan rápido como fuera posible, habiendo perdido demasiado tiempo discutiendo con él. El bosque estaba misteriosamente tranquilo una vez que el murmullo de nuestras ropas hubo parado. Había insectos trinando, pero además de aquello, todo lo que yo podía escuchar era la respiración de Rex. Sabia que me estaba mirando, y aquel pensamiento me enviaba pequeños temblores a través de mi cuerpo, imaginando secretamente si le gustaba lo que estaba viendo. “Es casi tiempo,” la voz de Rex era suave, casi reconfortante. Yo fije mis ojos en la luna. Se veía casi llena, pero no lo debía estar ya que el dolor no era tan fuerte aun. “Confía en mi,” escuche que decía, y entonces sentí su mano sobre mi hombro, gentilmente empujándome para que me girara de cara a él. A pesar de que yo no quería sacar mis ojos de la luna, sabia que si Rex deseaba


que me diera vuelta hacia él, era por una buena razón. Obedientemente, me puse de cara hacia él. Nuestros cuerpos estaban tan cerca y juntos que yo podía casi sentir el calor que venia desde él. Mis ojos miraban dentro de los de Rex, llenos de miedo. Los suyos estaban tan fríos como siempre. “Sólo respira, despacio y focaliza mis ojos. Vas a estar bien,” me dijo, y yo le creí. Finalmente, los temblores comenzaron. El dolor se apodero de mí, aunque no me pareció tan intenso como la última vez. Algo mirando los ojos de Rex había sucedido para que se suavicen. Mi mente estaba ocupada con su reacción. Nunca vaciló o mostró signos de incomodidad. Yo observe fascinada como cambiaron los ojos de Rex. El verde de ellos explotó en una aparición repentina de los rayos del sol, desparramándose, tomándolo. Las pestañas alrededor de sus ojos se engrosaron, la piel se volvió negra mientras su cara comenzaba a transformarse de hombre a animal. Él era aterrador pero aún hermoso al mismo tiempo. Mi ultimo pensamiento antes de perder la consciencia fue que me gustaría que yo pudiera transformarme con mucha mas gracia de lo que Rex lo hacia. La noche no fue menos confusa que la primera vez que me transformé. Hubo ataques de claridad desordenados con pánico. Cada vez que despertaba, estaba en algún lugar diferente: un campo, cerca de un rio, en la ladera de un barranco. Todo alrededor mio eran cuerpos, gente que yo conocía de la reserva. Ellos se veían tan desorientados y asustados como yo estaba. Y luego el dolor volvía otra vez, la luna sobrepasando las nubes, mandándonos dentro de una histeria de gritos y aullidos mientras los lobos nos tomaban otra vez. Cada vez que el bosque le daba la bienvenida a mis ojos, yo temía que el dolor continuara. Esta era la parte de la transformación que en realidad hacia que me quisiera morir, y sabía que no estaba sola con ese sentimiento. Los llantos agonizantes de mis semejantes hombres lobos me lo decían todo. Finalmente, abrí mis ojos para divisar el sol brillando a través de los árboles. Aunque la ansiedad de ser desgarrada otra vez en la forma de hombre lobo estaba aun allí, sabía que había terminado. La luna no podía continuar dentro mio mientras el sol estaba alrededor. Nosotros estábamos tendidos en el bosque, en algún lugar donde no había estado antes. Todo alrededor mio, los cuerpos desnudos de aquellos que yo había conocido en la reserva estaban despertando. A pesar de mi, yo los miraba a cada uno de ellos, tratando de adivinar quien era quien. La mitad de ellos estaban aun inconscientes. Muchos estaban volviendo en el mismo momento que yo. Entonces mis ojos aterrizaron en Chris, su mota de pelo rubio arenoso moviéndose mientras sus ojos se alzaban para encontrar los míos. Mientras yo deseaba irme, no podía. Su mirada estaba en blanco. Inexpresiva. Chris no era tanto que me miraba a mí sino algo de mí, y un cambio de mi cuerpo me dijo que alguien mas estaba


cerca. Me di vuelta para encontrar a Rex con su nariz contra mi, su brazo tocándome. Para cuando yo volví a mirar a Chris, él ya se había parado, y mi corazón se hundió con ansiosos deseos de él. ¿Cuán malo esto le había parecido a él? Pero ¿realmente le importaba? No nos habíamos visto en casi un mes. Raramente, ninguna palabra fue dicha mientras los otros hombres lobos comenzaron a despertar. Rex estaba alzando su cabeza, y mientras sus ojos me encontraban, el me sonreía, llenando mi corazón con una extraña calidez, regresándome a donde yo pertenecía. Esta era mi vida. Él era mi vida. Y yo sabia, más allá de toda duda, que mi lugar estaba a su lado. Despacio, cada uno se levanto y se orientaron. Mientras tanto, nadie habló. Puede ser que era el aturdimiento de la situación. Quizá era un silencioso entendimiento que yo no había aprendido todavía. Nosotros simplemente miramos a cada uno, conociéndolos, y luego Rex y yo nos alejamos del resto del grupo, llevando el camino de regreso al bosque. Miré a Chris por última vez con ansiedad sobre mi hombro, y por primera vez, vi emoción en sus ojos. Él estaba asustado que yo pudiera dejarlo, pero era demasiado cobarde para decir nada. Mis ojos atraparon la mirada de Emmett, mirando mi espalda mientras caminábamos. Había algo diferente en la forma en que el me miraba, y después de unos cuantos pasos, me di cuenta que no me estaba mirando a mi del todo. Lo estaba mirando a Rex. Todos los hombres lobos estaban mirando a Rex, y mientras yo me daba vuelta para ver que estaban mirando, un extraño entendimiento vino a mi, un secreto cuchicheo dentro de mi cabeza. Rex era el verdadero alfa. Ellos lo estaban mirando a él con respeto. El pensamiento me llenó de temor mientras nosotros proseguíamos dentro del bosque y fuera de la vista de los otros hombres lobos. Por un momento, pensé hablarle acerca de esto, pero sabia que él estaba tan exhausto como yo estaba y probablemente no estaba interesado en una conversación. Rex raramente le gustaba hablar cuando estaba cansado. Continuamos caminando a través del bosque en silencio. No había duda en mi mente que Rex sabia donde estaba yendo. Yo, por otro lado, estaba completamente perdida. Ahora que era humana otra vez, tenía todas las incomodidades de ser uno. Mis pies desnudos estaban lastimados contra las piedras duras y las ramas sobre la tierra, y yo me sobresaltaba con cada paso, tratando de aguantar. Recordé la corrida desde la base de la reserva otra vez, excepto que en vez de ampollas en el fondo de mis pies, me tenía que preocupar de los cortes. Cómo Rex podía soportar esto, yo no lo sabia. “Reduce la velocidad,” dije finalmente, parando para sacar un abrojo de mi pie.


Mientras yo levantaba mi pie para sacar el abrojo, perdí mi equilibrio, cayendo sobre mi costado. “Ten cuidado,” me corrigió, volviéndose para agarrarme del brazo y ponerme en pie. Mis piernas estaban débiles, y mientras me levantaba, nuestros cuerpos se encontraron, mis pechos empujando firmes contra los duros músculos del pecho de Rex. Si mis mejillas hubieran conseguido algo mas brillante, ellas se hubieran prendido fuego. Todo en mi deseaba alejarme de él—empujarlo de mi, pero no pude. Con vacilación, mire dentro de los ojos de Rex. Eran diferentes — amables. En aquel momento, era solo un hombre, y yo era solo una mujer, y nosotros estábamos solos y juntos, desnudos en el bosque. Yo separé mis labios para hablar, pero él los silenció con un beso, hambriento y primitivo y áspero. Aún a pesar de la agresión de Rex, yo no estaba asustada. Todo en mi lo deseaba—necesitaba esto. Me apoyó contra un árbol, y mis manos se levantaron para envolver su cuello, sosteniéndolo mientras me levantaba. La corteza del árbol cortaba mi espalda, pero la sensación de tener a Rex empujando dentro mio suavizaba aquello. Ambos estábamos hecho un asco, con ramitas y hojas en nuestros cabellos y mugre cubriendo nuestros cuerpos, aunque nunca me había sentido tan sexy en toda mi vida. Rex hacia pequeños ruidos mientras presionaba dentro mio, la única señal de su placer era su respiración pesada. Yo amortiguaba mis dichosos gritos, temerosa que mi voz viajara a través del bosque hasta los otros. Ellos estaban lejos ahora, yo lo sabia, pero estaba todavía paranoica. Después de un rato, Rex me tendió sobre el pasto, y yo acaricie su cara, adorando sus labios con los míos, mis uñas rastreando suavemente sobre sus músculos firmes. Cuando me di cuenta que se estaba cansando, rodé arriba de él, agarrando sus manos y colocándolas sobre mis pechos. Rex sonrió abiertamente como un tonto, viéndose más joven de lo que yo lo había visto antes, y casi no pude contener reírme nerviosamente. Me permitió estar sobre el hasta que no pudo contenerse más, derramando su semen dentro mio. Nos tendimos en el pasto juntos, sin aliento, felices. Mi cuerpo había deseado en secreto esto por mucho tiempo. Yo pienso que el suyo también. Todo lo que yo sabia es que no lamentaría esto, y esperaba que hubiera mucho más en el futuro. “Deberíamos seguir,” Rex murmuró, corriendo sus dedos a través de mi cabello una última vez antes de sentarse. “¿Estamos lejos?” pregunté, pensando que no quería ponerme en pie otra vez. “No demasiado lejos. Pueden ser dos horas.” Gemí, sin importarme si Rex me escuchaba o no. “Te puedo cargar,” se ofreció titubeando, como si se sintiera abochornado por sugerirlo. “No es necesario.” Sonreí cálidamente.


Caminamos de la mano de regreso a la cabaña, sin vergüenza por nuestra desnudez. Yo nunca había esperado encontrar amor en la reserva. Nunca había esperado que un montón de cosas sucedieran. Pero habían sucedido, y mi vida había sido cambiada completamente, nunca seria la misma nuevamente. A pesar de todas las adversidades, yo no era infeliz. La mayoría de las mujeres buscaban sus vidas enteras un hombre como Rex. Uno que las protegiera cuando lo pedían, uno quien nunca se desubicara o engañara, uno que supiera sobrevivir en situaciones extremas. Rex podría ser un poco bruto casi al limite, y ciertamente no era un príncipe encantado, pero que es lo bueno de ser un príncipe encantado cuando eres un hombre lobo. En la Reserva Blackfoot de Hombres Lobos, un alfa se convertía en príncipe encantado todos los días de la semana.


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