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Staff Traducción Bliss Meri Cande34 Izzy

Corrección Karen’s

Diseño

Isa’s Coldness


Índice Sinopsis Capítulo 1 Capítulo 2 Capítulo 3 Capítulo 4 Capítulo 5 Capítulo 6 Capítulo 7 Capítulo 8 Capítulo 9 Capítulo 10 Capítulo 11 Capítulo 12 Capítulo 13 Capítulo 14 Epilogo Autora

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Sinopsis La primera regla del futbol: no jodas con una racha. Mi carrera finalmente está mejorando, y me estoy dirigiendo a un nuevo equipo profesional por el campo cada domingo. De ninguna manera fastidiaré aquello. Pero cuando conozco a la más deslumbrante y cautivante mujer que he visto jamás, me digo que una noche tendrá que ser suficiente. Pero no. Y ahora no puedo salarla de mi mente. Incluso cuando estoy jugando. Incluso cuando necesito enfocarme. Incluso cuando estoy en la más caliente marca de mi vida. Y resultó que ella no es solo una mujer al azar que conocí. Trabaja para el equipo. Mi equipo. *** Solo tengo una meta esta temporada: hacer mi parte como abogada para el equipo para mantenerlos fuera de los problemas. Para ayudar a reconstruir su reputación dentro y fuera del campo. No hay lugar para el error y ciertamente no hay lugar para un encuentro amoroso secreto con un jugador… incluso si él es el mariscal. ¿Cierto?


1 Dani Lo admitiré. He estado mirando lujuriosamente hoy en el océano. He estado revisando a alguien en el agua. Pero, en mi defensa, cualquiera lo haría. Su cuerpo es para morir. Desde mi punto de observación a varias olas de distancia, es una vista intensamente agradable. Especialmente cuando el chico grande y fornido con la sonrisa asesina aparece en su tabla, dobla sus rodillas, y se desliza a lo largo de una cresta en el Océano Pacífico. Como si perteneciera allí. Bueno, esta vez. Lo cierto es que ha caído mucho en las olas esta tarde, pero todos aterrizamos de trasero en el agua de vez en cuando. Permanecer en vertical en una tabla de surf no es la tarea más fácil en el universo. Además, ¿quién está contando? ¿O mirando boquiabierto? Oh espera. Esa sería yo, tumbada sobre mi tabla, riéndome en el agua y gozando del bombón entre mis propias sesiones en las olas. Cuando Chico Surf Bombón se levanta allí, se ve malditamente bien. Calmado. En control. Los músculos ondulando y brillando con el agua del océano. Suspiro feliz. Inclino la cabeza, cuando diviso problemas en forma de otro chico. Un tipo larguirucho sobre una maltratada tabla naranja se deja caer en la ola del Bombón, metiéndose exactamente donde no debería estar. Hay una regla en el océano: no te pegues en la ola de otra persona. Es cuando sucede. La tabla se dispara de debajo del tipo flaco, y en un borrón de piernas delgadas, cae hacia atrás en el agua, su cuerpo golpeando el mar con una sonora bofetada. Su tabla naranja se escurre en el agua en una pista rápida hacia Bombón. La antigua socorrista en mí salta a la vida, y mientras voy más cerca, ahueco una mano sobre mi boca y grito: —¡Cuidado!


Mi advertencia es inútil. La tabla está torciéndose precipitadamente en una misión, —la cabeza de Bombón, y cuando conecta con su nuca, el hermoso rostro del hombre se contorsiona. Un golpe resuena por encima de las olas chocando. Me encojo cuando el tipo con la sonrisa asesina cae. Ya lo viví, he estado allí, ya lo sé, y pica como el infierno. Pobre tipo. Ha chocado en el mar, la correa en su pierna manteniendo su propia tabla a flote. Estamos cerca de la orilla y las olas no son enormes, así que no me preocupa que esté a punto de ser barrido a las profundidades oscuras en una muerte acuosa. Pero no voy a quedarme colgada aquí y montar el próximo oleaje mientras alguien se está ahogando. Remo, pero no porque he estado admirando sus fuertes piernas. O sus brazos grandes y musculosos. O incluso sus abdominales planos, esculpidos y completamente lamibles para el caso. Remo porque no soy una idiota. Cuando llego a la escena de la cabeza golpeada, el autor de la rudeza de surf saca la cabeza y escanea por su tabla. Esta se está balanceando a pocos pies de distancia y él nada hacia ella. Dos segundos más tarde, el golpeado se levanta, pasando una gran mano por su rostro, luego a su cabello mojado. —¿Estás bien? —pregunto sobre el sonido del océano. Venecia Beach es el hogar de surfistas principiantes e intermedios gracias a sus olas suaves en su mayoría. Por lo que parece, Bombón no ha pasado mucho tiempo sosteniéndose. Yo no soy una surfista competitiva, tampoco. Sólo lo hago por diversión, y me dirijo a las otras playas cuando quiero olas más grandes. Parpadeando, el chico se frota la nuca. Su tabla de surf se balancea a su lado, así que pataleo más cerca, extiendo un brazo y la empujo hacia él. Él la sujeta, sus fuertes brazos apoyados en ella ahora. Esos brazos. No son mi Kriptonita. No son mi Kriptonita. No son mi Kriptonita. Bien, bien. Son la Kriptonita de cualquier mujer. —Creo que viviré —dice, y puedo decir que está siendo sarcástico, pero aun así se ve como si debería salir del agua. Aunque soy una mirona de clase mundial, tengo a una cuidadora en mí también. Así que en mi voz más suave pero firme, digo: —Son excelentes noticias. Pero tal vez considera vivir en la orilla por unos minutos. —Inclino la cabeza en dirección a la arena.


—Escuché que la arena tiene objetos menos voladores —dice, sus labios torciéndose en una pequeña sonrisa. Bingo. Tenemos a un sarcástico en nuestras manos. Mi tipo favorito de hombre. —Es una de sus muchas ventajas. Me lanza una pequeña sonrisa, luego sigue mi consejo remando a la orilla. Tira su tabla del agua y se hunde junto a ella en la arena. Salgo del océano también y me tiro a su lado. He visto suficientes accidentes de surf a lo largo de los años, y aunque no conozco a este chico de Adam, quiero asegurarme que esté bien. —La tabla de surf se la traía contigo. Qué cruel —digo, inclinándome hacia atrás para ver si hay sangre derramándose de su cabeza. Buenas noticias: el cráneo no está goteando su contenido—. Creo que podrías haberte enojado. —Hmmm. Ahora que lo pienso, sí que le dije mierdas cuando estaba montando una ola antes —expresa, cuando se frota la parte posterior de la cabeza mientras mira hacia el mar. Su rostro está de perfil, y algo en sus ojos se siente familiar. Cosquillea un punto en mi memoria. Pero no puedo ubicarlo, así que se debe parecer a alguien que conozco. O tal vez a alguien que quiero conocer. Me doy un redoble de tambor mental por eso. Con el chico sentado a mi lado en la arena tibia, sus manos en las rodillas, estoy intensamente consciente de lo grande que es. Es más alto de lo normal. Más ancho que un chico normal. Más grande que el chico promedio. No tiene la complexión como el resto de nosotros, la gente normal. Mientras dejo vagar mis ojos por sus brazos, casi miro dos veces. Porque santo patrono de los antebrazos. Los suyos son un homenaje a los memes de porno de brazos donde sea. Mi boca se hace agua. —La próxima vez, asegúrate de susurrar cosas dulces a todas las otras tablas, y se mantendrán alejadas de tu cabeza —le digo en tono conspirador—. Pero la buena noticia es que no creo que haya sacado sangre. ¿Duele? Él agita una mano en el aire. —Nah, me golpeo todo el tiempo. Frunzo el ceño, confundida. —¿Con tablas de surf enojadas? Se ríe y levanta una gran mano. —Ese sería un nombre divertido para una banda. —Lo sería —digo, sonriendo también mientras protejo mis ojos del sol que brilla intensamente cuando sale de detrás de una nube—. Y supongo que no tienes un traumatismo cerebral por una tabla de surf ahora.


Se ríe. —Esperemos que no, especialmente porque uno de mis mayores objetivos de vida es pasar todos los días evitando traumatismos. —¿Ese es un riesgo en tu línea de trabajo? —Puede ser. Pero oye, para eso son los cascos. Estoy a punto de preguntar si es trabajador de construcción cuando gira hacia mí y destella una sonrisa. Una cegadoramente hermosa que muestra dientes rectos y blancos y el resto de su hermoso rostro. Maldición, es como mirar el sol. Es tan guapo que casi duele. Pero voy a soportar el dolor, oh sí, tomaré el dolor de mirar sus ojos avellana, su mandíbula cuadrada, sus fuertes pómulos, esa pequeña muesca en su barbilla que es tan malditamente seductora. Como el resto de él. Es cuando me golpea. Mierda. Conozco a este tipo. De acuerdo, tal vez no lo conozco personalmente. No es un ex compañero de trabajo, o un ex compañero de clase, o el amigo de un amigo. Y no está en construcción. Está en el mismo negocio que yo, sólo que estoy detrás de escena gestionando contratos de Los Angeles Knights, uno de los dos equipos de fútbol profesional de Los Ángeles, y él está en el campo, guiando a su equipo hacia la zona final. Parte de mí se sorprende de verlo aquí, pero no digo nada. Como abogada, he desarrollado un infierno de cara de póquer, y mi trabajo es rodar con los golpes. Simplemente no esperaba que el bombón chico surfista fuera... el mariscal de campo. Por eso dijo que lo golpeaban todo el tiempo. Porque él es golpeado cuando sus defensas no lo protegen, y por los últimos años, han estado haciendo exactamente eso. Él es Drew Erickson, estrella en ascenso de la liga, y juega para el otro equipo profesional local, los Anaheim Devil Sharks. ¿Cuáles eran las posibilidades de que él estuviera en esta playa? Tan pronto la pregunta cae en mi cabeza, la contesto para mí. Las posibilidades no son así de escasas. Vive en el área de Los Ángeles, es atlético, y la playa es la cosa más maravillosa jamás creada. —Por cierto —dice, señalando a la vasta extensión de agua, a las olas más agitadas mientras la marea de la tarde las tira en la orilla—, te agradezco que te aseguraras que esté bien. Fue genial de tu parte. —Ofrece una mano—. Soy Andrew. Parpadeo, pero no digo nada al principio. Esa es una presentación bastante interesante. Nadie lo llama Andrew. Sólo se le conoce como Drew. Llámame Einstein, pero no voy a meter la pata y suponer que el mariscal surfista no quiere ser reconocido. Bien, puedo jugar ese juego.


—Soy Dani —digo, tomando su mano. Su palma más grande envuelve la mía, y por supuesto que tiene manos grandes. Por supuesto que tiene brazos hermosos. Su brazo derecho daba un trabajo impresionante en los últimos meses. Su calificación de mariscal lo colocó entre los diez primeros de la liga el año pasado, y eso estaba sacándolo del banquillo para reemplazar al abridor de su equipo a medio camino. Tenía una de esas temporadas de “de dónde demonios viniste” que sorprendieron a mucha gente. Especialmente desde que era un seleccionado corriente de quinta ronda y tomó el banquillo en sus primeras temporadas, pero el año pasado tuvo la oportunidad de mostrar su temple para su equipo. Y déjame decirte, este hombre posee un serio temple alrededor por haber tenido una sola intercepción la temporada pasada. Mira, estoy en un romance a largo plazo con las estadísticas. Me he acostado casi todas las noches con números en mi cerebro. Y soy ridículamente buena con los detalles. Pero no soy muy buena en soltar su mano. Todavía lo sostengo. No porque sea estrella, sino porque este hombre tampoco deja caer mi mano. —Gracias, ángel del surf Dani. —Me dispara esa sonrisa otra vez, y es como un arma secreta que puede usar en las mujeres. Un rayo de calor explota dentro de mí. Mi pecho se agita. Y estoy oficialmente débil de las rodillas. Esa sonrisa. Su arma está funcionando. Oh, casi definitivamente está funcionando, y es bueno que ya esté sentada. Porque esa sonrisa me golpearía en el trasero, que vale la maldita pena desmayarse. Suelta mi mano, y casi lloriqueo por el final del mejor apretón de manos que he hecho. —Casi no hice nada —digo, haciendo luz de mi improvisado momento de salvavidas. Sacude la cabeza con firmeza. —Gritaste cuidado. —Bueno, esa era mí idiota alerta, por supuesto —digo secamente—. El tipo que se dejó caer en tu ola fue un idiota por hacer eso. Pero Andrew no tendrá nada de mi desestimación. Intenta felicitarme, parece. —Después nadaste hacia mí y me escoltaste a la orilla. Entonces, llevaste a cabo una inspección visual completa y rigurosa de mi cabeza. Ahora me estás vigilando para asegurarte de que no estoy o, uno, hablando sin sentido, o dos, echando espuma por la boca. —Deja que su mandíbula cuelgue abierta y adopta una mirada enloquecida y rabiosa en sus ojos y me río—. Es como si estuviera en un episodio de Baywatch —dice, con un pequeño brillo en su ojo. Levanto un hombro.


—Ja. Sí, solo piensa en mí como la salvavidas de Venecia Beach. Luego no está tan agradecido. Ni tan bobo. Es completamente otra cosa mientras recorre sus ojos de arriba abajo por mi cuerpo, y esa pequeña agitación en mi pecho se convierte en un golpe completo. Me echa un vistazo, y no es tímido con eso, sus ojos se detienen en mi pecho, luego en mi vientre y ahora en mis piernas. Y no me importa ser el objeto de su atención ocular, incluso en mi bikini azul real con patrones de conchas. —Puede que vuelva al agua y rece para que me golpeen de nuevo —dice, su tono coqueto. Santo cielo. Drew Erickson está coqueteando conmigo. Y no creo que tenga idea de que sé quién es. Si yo fuera una mujer de apuestas, diría que está disfrutando de no ser conocido justo ahora. Está buscando ser solo un chico en una playa. Vamos a darle al hombre lo que quiere entonces, porque esto tiene todos los ingredientes para ser divertido. —Ahora, Andrew —digo, reprendiéndolo—. No queremos tentar al destino y hacer que te golpeen de nuevo por tablas de surf salvajes. Están apareándose esta época del año, por lo que nunca puedes ser demasiado cuidadoso. Arquea una ceja mientras frota su mano contra la parte de atrás de su cabeza otra vez. —¿Apareándose? ¿Las tablas se están arrojando unas sobre otras? Asiento, una expresión seria en mi rostro. —Lo hacen con abandono, follando alegremente otras tablas tan frecuentemente como pueden. Lo mejor es estar a salvo. —Tablas de surf follando —dice él, rompiendo en carcajadas. Luego se encoge. Dejo de bromear. —¿Todavía te duele la cabeza? —pregunto suavemente, la cuidadora volviendo a subir. —No —dice, pero es respuesta de tipo duro. —Déjame echar otro vistazo, ¿está bien? —Seguro. Me arrodillo y me acerco a él, levantando la mano. Cuando toco su cabeza. Es increíble y extraño al mismo tiempo. Estoy tocando el cráneo de un extraño, pero no es completamente un extraño. —¿Cómo está mi cabeza? —Es bastante dispareja. Me echa una mirada.


—¿Lo está? —¿Alguna vez has sentido tu cráneo? —pregunto, mirándolo con los ojos entrecerrados. —Por supuesto. Soy muy consciente de la forma. Froto mi mano por el lugar donde fue golpeado. —Odio ser la que rompa esto, pero tu cabeza tiene una forma fea. —Dios, gracias —dice, riéndose mientras el sol se refugia detrás de una nube dispersa—. Realmente aprecio los cumplidos. —Mira, lo siento. —Corro la palma de arriba abajo en la parte de atrás de su cabeza. Se apoya en mi palma, frotándose como un gato—. Probablemente estás acostumbrado a las mujeres haciendo cumplidos a la forma de tu cráneo. Que le lancen elogios extravagantes, y luego me conoces y te informo que es raro. Lo entiendo. Quieres arrojarme al océano. Mirándome, sonríe. —No quiero arrojarte al océano. —Se relaja un momento. Levanta un dedo—. Como sea, consideraría sumergirte si ya estabas allá. —Ja. Bastante justo —digo, cuando el sol vuelve a emitir, proyectando su resplandor cálido y brillante a través de la inmensa extensión de mar. Cerca de la orilla, una manada de mujeres con bikinis muy reveladores saltan sobre tablas. Drew no parece darse cuenta. Me gusta su falta de interés. Mucho. Me siento de nuevo en la arena. —De todas formas, tienes el cabello muy bonito cabello. Quiero decir, está mojado. Pero sigue siendo bastante lindo. Sacudiendo la cabeza, se ríe. —Eres una auténtica hinchapelotas. Me encojo de hombros como si no fuera gran cosa darle a un hombre un tiempo difícil. —Me han llamado así antes. —¿De verdad? —Sí, pero soy abogada, así que es un gaje del oficio. —¿Daños corporales? Si es así, me gustaría demandar a esa tabla. —No, ejerzo abogacía para... —Estoy a punto de decirle que hago contratos y tratos para los Knights y sus vendedores, leyendo y escribiendo en letras pequeñas casi todo, excepto los contratos con los jugadores. En vez de eso, lo esquivo. Si él ha evitado los detalles, yo también puedo—. Practico derecho corporativo. Pero en mi tiempo libre, llevo a cabo evaluaciones sobre la forma del cráneo, y estoy aquí para hacer un dictamen.


Él barre un brazo grandiosamente. —Por supuesto. Dictamina. Dejo caer mi mano y encuentro su mirada. —Tienes un gran huevo de ganzo, Andrew. Necesitamos hielo. —¿Es tu opinión como abogada, o como ángel del surf? —Ambos —digo, luego me levanto—. Vamos a congelar tu cerebro. Se levanta también, y mi aliento se atasca. Es tan guapo, y me sobrepasa. No soy enana. Soy de estatura media. Pero él tiene altura de atleta, y es intoxicante. Hay algo acerca de un hombre alto y bien constituido que te hace querer quitarte las bragas justo allí, echarlas sobre tu hombro, y decir... Guau. Descansa, imaginación salvaje. Quiero decir, hay algo acerca de un hombre alto y bien constituido que hace que tu corazón lata más rápido. Es todo lo que quise decir. Se acaricia el mentón como si estuviera pensando profundamente. —Me gusta el hielo. A menudo he sentido que es uno de esos grandes inventos del mundo. Reduce la hinchazón y cuando terminas, lo pones en una bebida. —Agita una mano en el aire, como si se le ocurriera la idea—. Como, por ejemplo, una margarita. Levanta una ceja, y la mirada en sus ojos es tan malditamente tentadora. Si fuera insegura, me preguntaría si este hombre está realmente invitándome una copa. Pero no soy ese tipo de chica. Soy el tipo segura, y me gusta la confianza a cambio. —Por supuesto que sí, Andrew —le digo, batiendo las pestañas los ojos—. Puedes comprarme una margarita mientras congelo tu cráneo. —En algún universo, en algún lugar, ese es un código para algo muy sucio —dice, sacudiendo la cabeza mientras se ríe—. En este universo, lo tomaré al pie de la letra. Y te llevaré a tomar una copa. Cuando llevaba mi tabla de surf desde mi casa cerca a la playa este domingo por la tarde, nunca esperaba una cita con un mariscal surfista. Pero suena muy bien para mí. Incluso si está fingiendo que no es un jugador de futbol en este momento. Está jugando a ser un tipo normal. Dejo caer mi tabla de surf en la tienda de Hang Ten, ya que conozco a la dueña, Daisy, una chica de cuarenta y tantos años con una trenza de cola de pez y una brillante personalidad que se adapta a su nombre. Le digo que lo tomaré más tarde. Ella da palmaditas cariñosamente a mi tabla, humanizándolo como hace a menudo.


—Mantendremos a tu chica sana y salva. Luego me dirijo a un bar en la playa para jugar a fingir. Sólo que no hay simulación con la atracción que ya se siente real.


2 Drew La belleza rubia caliente como el pecado señala a través de la tabla al gran paracaídas rojo en el cielo. Una mujer cuelga debajo de ella en un arnés, llevada por un barco delante de ella. —No puedo creer que nunca hayas hecho paravelismo —dice Dani, mientras vuelve su enfoque a mí, sus grandes ojos marrones amplios y brillantes— . Venice Beach tiene un paravelismo increíble. Tienes que intentarlo. Además, no hay tablas de surf en el aire. —Hay una gran ventaja en hacer paravelismo. Y no tenía ni idea de que había paravelismo aquí. Siempre he pensado en Venice Beach como más de una ciudad de surf, o simplemente en una ciudad para pasar el rato —digo, recogiendo mi botella de cerveza e inclinándolo un poco hacia atrás. Ella está sentada a mi lado en la mesa y estamos mirando la playa. Un hombre monta un monociclo, un loro posado en su hombro. Detrás de él, un grupo de patinadores con pantalones cortos haciendo mierda el hormigón. Alguien toca los tambores más abajo en el camino, entonando una melodía hippy. —Es una ciudad de todo. He vivido aquí un par de años —dice ella, y puedo verla encajar en esta vida de luz de sol. Cabello rubio, ojos marrones, piel bronceada. Cuerpo ridículamente caliente, a pesar de que ahora lo cubre con un vestido apretado que tenía en su bolsa de red. Al principio la catalogué como actriz o modelo, y si eso me hace superficial, que así sea. Es jodidamente caliente. Pero la abogacía parece convenirle, ya que es sarcástica y le gusta darme un tiempo difícil. Ambos funcionan para mí. Estoy disfrutando especialmente el hecho de que no tenga ni idea de quién soy. Bien, no soy Tom Brady y no espero que la gente me reconozca todo el tiempo, pero sucede lo suficiente, así que es bueno moverse dentro y fuera de las multitudes sin que nadie se dé cuenta de que podrían verme en la televisión cualquier domingo dado. Es por eso que agarré mi gorra y lentes cuando dejé caer mi tabla en la parte de atrás de la camioneta de mi amigo que tomé prestada hoy, antes de tomar esta mesa con Dani. —Soy una chica de California —añade. —Eres Dani California. Ella sonríe.


—Como la canción. —Excepto que Dani murió en la canción —digo, refiriéndome a la canción de los Red Hot Chili Peppers. Sacudo la cabeza—. Vamos a fingir que no dije eso. Se ríe. —Sí, un poquito decepcionante. Voy a borrar eso de mis bancos de memoria, aunque me encantan los Red Hot Chili Peppers. —¿Tanto como te gusta surfear? Se inclina hacia mi hombro y susurra: —Casi tanto como me encantan las margaritas —dice, alzando su vaso. Mientras toma un sorbo, al parecer no puedo apartar la mirada, porque esta mujer tiene labios espectaculares. Quiero decir, vamos. No es como si no me hubiera dado cuenta cuando empezamos a hablar. Incluso si mi cabeza doliera. Incluso si mi visión era un poco difusa. Ahora, tengo la mano en la parte de atrás de mi cabeza, congelando el bulto con un paquete de hielo que el camarero trajo, y me muero por saber cómo saben sus labios. —¿Surfeas mucho? —me pregunta. —Acabo de empezar recientemente. Hasta ahora me encanta. —El surf es una de las pocas actividades atléticas que no está prohibido en mi contrato, por lo que he estado tratando de subir a las olas tan a menudo como puedo en estos días—. ¿Qué hay de ti? —Lo he estado haciendo por un tiempo. Intento ir siempre que tengo un día libre y está hermoso como hoy. Déjame saber si alguna vez quieres una lección —dice ella, su tono coqueto. —Te tomaré la palabra, sin duda —digo, ajustando la bolsa de hielo—. ¿Alguna vez te ha pegado una tabla? —Unas pocas veces. Pero no en la parte de atrás de la cabeza. ¿Has oído hablar del tipo que dirige Wild Sand Surf Shop por el camino? —No. Pero espera. Déjame adivinar. —Levanto una mano y froto mi frente, como si estuviera pensando duro. Entonces, como si estuviera en un programa de juego, digo la respuesta—. Lo tengo. ¿Fue golpeado por una tabla? —Sí —dice, entrecerrando los ojos—, Señor Sarcasmo. Pero espera hasta que sepas dónde fue golpeado. —Oh hombre, esto va a ser bueno. —Sí. Porque su apodo es… espéralo… Jack Un Ojo. Reflexivamente, ahueco una mano sobre mi ojo. —No. Di que no es así. Asiente.


—Lo es. La punta de la tabla lo golpeó aquí —dice, golpeando la esquina de su ojo—. Tiene un ojo de vidrio. Me estremezco. Se necesita mucho para hacerme estremecer. Pero me gusta mucho el uso de mis ojos. Mucho. Por lo tanto, la perspectiva de no ver es puramente digna para un estremecimiento. —Eso realmente me da ganas de surfear de nuevo. —Tomo un latido, luego agregó fuerte—. No. —Y cada año en Halloween él va con todo. Se pone abundante maquillaje sobre todo el ojo para verse extraño. Algo así como sangre falsa y todo saliendo de ella. —Eso de verdad suena un poco horrible. Sonríe maliciosamente. —Es absolutamente un poco horrible. Pero es un gran disfraz para asustar a la gente. Levanto mi barbilla. —¿Qué pasa contigo? ¿Cuál es tu disfraz más astuto? Ella se encoge de hombros, salvajemente. —Solo voy como yo misma. —¿Cómo es que eso da miedo? —digo, acercándome a ella. Esta mujer es un petardo, y estoy buscando hablar con ella, y mirarla, y llamemos las cosas por su nombre. La única cosa mejor sería hablar, mirar, y tocar. Follar sería probablemente muy agradable también. Sólo digo—: No eres aterradora. Eres dulce. Estrecha los ojos. —Nadie llama dulce a los abogados. —Ah, así que eres un tiburón. Tararea el tema de uno de los villanos más famosos de las películas. —Llámame Mandíbulas. Me encanta que sea sarcástica y divertida. Incluso mejor es el hecho de que no sea una fanática. Algunas veces es bueno aprovechar la actuación para un poco de atención, o tal vez para una noche divertida, ya que hay bastantes mujeres que quieren una noche con el mariscal. ¿Esta chica? No parece tener la menor idea de que juego futbol, y es divertido. No me estoy quejando ni diciendo que no le agrado a nadie por mí. Difícilmente. Simplemente estoy disfrutando que seamos un chico y una chica en la playa. No le he dicho en qué trabajo, sin embargo, y me parece extraño dejar eso fuera, así que decido ofrecerle una pizca de esto. —Solo bromeo sobre la parte del tiburón. Estoy en el negocio del deporte, así que algunos podrían llamarme así también.


Levanta su copa. —Seamos todos buenos tiburones entonces. Tintineo mi botella de cerveza con su vaso y ambos tomamos las bebidas. Eso es todo lo que uno de nosotros dice sobre el trabajo. Ella no pregunta más sobre deportes, y yo no ofrezco, y eso está bien para mí. Baja su vaso, levanta la mano y alcanza la parte de atrás de mi cabeza. Suavemente, empuja el paquete de hielo a un lado, frotando su palma sobre mi cabeza otra vez. Tiene un toque tranquilizador. Un toque cuidadoso también. —Tal vez deberías ir como una enfermera sexy en Halloween —digo suavemente—. Ambas parecen encajar. Una sonrisa dulce se extiende en su rostro bonito. Después de unos segundos, agrega: —Pero ese no es un disfraz que de miedo. Sacudo la cabeza. —No lo es en absoluto. Pero lo harías genial. Su bien de sarcasmo parece escapar de ella mientras susurra gracias. Después de unos segundos, agrega: —Creo que tu huevo de ganso es historia, Andrew. Pongo el paquete en la mesa, pero ella mantiene su mano sobre mí, frotando la parte posterior de mi cabeza distraídamente. Mierda, esto es agradable. Más que agradable. Es excitante. Su tacto agita otras partes. Una otra parte para ser precisos, y silenciosamente maldigo el hecho de que estoy usando pantalones cortos. No ocultan tiendas en absoluto. Pero entonces otra vez, ¿a quién le importa? Si quiere revisar el paquete, la saludo. Me gustan sus manos sobre mí. Me gusta que me toque. Diablos, me gusta lo que sé de ella hasta ahora. Deja caer su mano y los dobla en su regazo. Entonces me golpea, lo que acaba de decir: el huevo se ha ido. El golpe en mi cabeza se ha desvanecido. Solo podría haber venido a tomar una copa para asegurarse de que no estuviera herido. Pero no quiero que este momento con ella termine. Me enderezo en mi silla. —¿Eso significa que necesitas irte o que puedes tener otro? Sonríe e inclina la cabeza en dirección a la calle. —Ya que vivo a pocas cuadras de distancia, absolutamente puedo tomar otra copa. ¿Pero qué hay de ti? ¿Necesitas conducir a alguna parte? No puedo dejarte entrar en un auto si estás borracho —dice en un tono que me dice que está cuidando de mí. Estaría dispuesto a apostar que Dani es una hermana mayor. Ella tiene el "hermana mayor preocupada" escrito por todas partes.


Pero puedo manejar una bebida muy bien, gracias a mi tamaño. Me río mientras apunto mi pecho. —Tengo doscientas cincuenta libras. Puedo tomar dos cervezas y conducir con seguridad. —Tomo un momento, luego me acerco una pulgada—. Pero me gusta tu preocupación —digo, mientras levanto mi mano y meto un mechón de cabello detrás de su oreja. —Simplemente no quiero que te pase nada —dice ella, sus ojos nunca se apartan de los míos, mientras corro mis dedos por la hebra. —No voy a ir a ningún lado en este momento, Dani. Se lame los labios, y un rayo de lujuria se estrella por mi columna. Sólo por el coqueteo. Maldita sea, si tocar su cabello se siente así de bien, sólo puedo imaginar cómo se sentiría hacer mucho más. Besarla. Empujarla contra la pared. Moldear su cuerpo contra el mío. —Vamos a traer esas bebidas —digo antes de que mi mente y mi cuerpo se alejen demasiado en la dirección sucia. Conversamos a través de otra ronda, hablando sobre el surf y las puestas de sol, los méritos de los cereales versus los huevos para desayunar, y los pros y contras de conducir con o sin una aplicación de tráfico en Los Ángeles. Maravillosamente, nada sobre fútbol o mi carrera ha surgido. La conversación es casual y cómoda. Teniendo en cuenta que el año pasado ha sido disparejo y tenso, voy a tomar esta clase de noche, sobre todo con la forma en que la pretemporada ha sido un gran desorden de incertidumbre. Cuando llega el momento de irse, me ofrezco a llevarla a casa. Ella me mira, como si estuviera evaluando mi oferta. —Sí, pero sólo hasta casa. Al porche. —Levanta las manos, casi en disculpa. —Simplemente estoy siendo un caballero, Dani —le digo con una sonrisa, y luego caminamos por el entablado y cortamos en el vecindario—. ¿Volverás mañana para buscar tu tabla? —Daisy de la tienda de surf tendrá buen cuidado de Betty. Me río. —¿De verdad le pusiste nombre a tu tabla de surf? Asiente. —Daisy insistió en ello. Dijo que todas las tablas deberían ser humanizadas. Así que la mía es Betty, y ella es una chica. —Obviamente —digo—. Y el mío es un tipo. Su nombre es Randy. Es una de las tablas de surf salvajes. Ella guiña mientras se ríe. Me acaricio la parte posterior de la cabeza.


—¿Ves? El cerebro está funcionando muy bien después del golpe. —De hecho, sí. Cuando llegamos a su casa, un lindo y pequeño adosado blanco, señala al porche. Está lleno de plantas en macetas y flores, así como cupones de pizza y menús para llevar llenos detrás del buzón junto a la puerta. —Gracias, Andrew. Por las bebidas y el servicio de escolta. Meneo las cejas porque dice escolta de una manera traviesa. —Y gracias a ti por el trabajo de enfermera-ángel del surf. —El gusto es mío. Estaba feliz de salvar a un tipo en peligro. Estrecho los ojos y protesto su descripción. —Ahora. No soy un tipo en peligro. Susurra "solo bromeo" mientras se inclina contra el pasamano del porche. No creo que sea intencional, pero esa pose demuestra todos sus activos. La hinchazón de sus pechos en su vestido apretado, las curvas de sus caderas, sus piernas fuertes. Esta mujer acaba de hacerme algo malo. Me enciende, eso es lo que hace. Me pone duro como el infierno. Aunque ha dejado claro que la noche termina aquí, tengo la intención de sacar el máximo provecho de este adiós. Me acerco a ella y paso mi mano por su brazo. Miro como la piel de gallina sube, despertándose. Mi voz baja de volumen. —¿Sabes en lo que he estado pensando? Ella inclina la cabeza hacia un lado. —¿En qué, Andrew? Todavía suena gracioso escuchar que me llame así. Pero la próxima vez que la vea le diré que todo el mundo me llama Drew. Con la otra mano, cepillo el cabello de su hombro, catalogando su reacción a mi toque. La forma en que se estremece. Cómo se acerca más. La ráfaga de aliento en sus labios. Llevo mi boca a su oído, y susurro: —Cómo sería besarte. Me retiro, queriendo mirarla. Sus labios se separan, luego los lame y traga. Es como si estuviera dando un paso más, diciendo que lo haga. —Absolutamente deberías descubrirlo, entonces —dice, suave y tentadora. Mis dedos viajan desde su hombro hasta su cabello, y envuelvo mi mano en esos mechones rubios. La acerco, saboreando la cálida sensación de su piel besada por el sol y el olor a arena, surf y sol en su cabeza. Hundo mi boca en la suya, sujeto su rostro en mis manos. Cuando mordisqueo su labio inferior, ella jadea. Es un sonido tan seductor, y me enciende jodidamente más. A mi pene le gustaría mucho entrar a su casa esta noche, pero


besar es todo lo que está en el menú, así que la beso de una manera que la dejará queriendo más. Porque quiero mucho más de ella, y también quiero que ella sepa eso. No estoy seguro de cómo fui de irme del campo cuando la práctica terminó esta mañana, a pasar la tarde surfeando para despejar la mente de todos los cambios que estoy seguro están llegando, a besar a esta hermosa extraña fuera de su casa en Venice Beach. Pero infierno si quiero analizar este momento. Paso mis horas de trabajo tomando decisiones, analizando, escogiendo. Luego ejecutando. Ahora mismo, quiero perderme en algo que nadie más controla excepto esta mujer y yo. Dani presiona su sexy cuerpo en el mío mientras reclamo sus labios en un beso más profundo e incontenible. Una sacudida de placer baja por mi columna. El beso se acelera y se intensifica, y pronto estoy devorando sus labios, y le gusta. Ella gime, susurra y me rodea el cuello con las manos, arrastrádome más cerca. Cambiando mi ubicación, dejo un sendero de besos a lo largo de su mandíbula, su mejilla, sobre su cuello. Su piel tiene un sabor tan bueno, que podría pasar horas aquí, mordisqueando, chupando, mordiendo. Y así lo hago, mordiéndole el lóbulo de la oreja. Susurra, un largo, sexy y persistente ruido. —Mmm. Eso se siente tan bien. —Te sientes tan jodidamente fantástica, Dani —le susurro al oído—. Y me encantan los sonidos que haces. Pasando mi lengua por la concha de su oreja, oigo su tono se elevarse, ese jadeo magnífico que hace una mujer cuando se enciende. Es un sonido que puede volver loco de deseo a un hombre. Regreso a sus labios, besándola más fuerte esta vez, atrayendo su labio inferior entre mis dientes. Agarrando sus caderas, la acerco más. —Esos pequeños ruidos sexys me vuelven loco —le digo. —Apruebo esta reacción —dice juguetona cuando siente mi erección. —Siéntete libre de mostrar tu aprobación manualmente —digo, bromeando. Pero, ya sabes, sin bromear. Si ella quería poner sus manos en mis pantalones, no protestaría ni un poco. Lleva su boca a mi oído. —U oralmente. Me quejo. Me encantaría sentir sus labios envueltos bien y apretados alrededor de mí. —Ahora realmente me estás volviendo loco. Decir esas cosas sucias cuando sé que vas a entrar y dejarme aquí. Pero seré un buen tiburón.


Presiona una palma contra mi erección, sintiéndome a través de mis pantalones cortos. —Eres un tiburón muy bueno, Andrew. —¿Tan bueno que me dejarás invitarte a salir otra noche? —pregunto, porque tengo que ver a esta mujer otra vez. —No me quejaría de eso—dice, mientras corre las manos por mi pecho, pasando suavemente sobre mis abdominales. La tomo de las caderas y la estrello contra mí. —Yo tampoco. Quiero verte de nuevo, y tienes que saber cuánto quiero volver a tocarte también. Mordisquea la esquina de su labio. —Yo también quiero eso. Ambos. Es una promesa. De otro tiempo. Otra noche. Saco mi teléfono de mi bolsillo trasero y digo: —Dame tu número. Abro mis contactos y le doy el teléfono. Ella teclea sus dígitos, y cuando termina, mi tono de llamada suena. —Mierda. Déjame tomarla. —Respondo de la llamada y digo—: Hola hombre, dame veinte segundos. Entonces, me inclino y cepillo un beso más en sus labios. —Te enviaré en un mensaje mi número más tarde, ¿bien? —Es mejor que lo hagas. —Agarrando mi camisa, me acerca. Balancea sus caderas contra mí, y casi tiro el teléfono al suelo, pero tengo que tomar esta llamada. Es mi agente, y la mierda ha estado cayendo. —Lo haré, Dani Ángel Surfista —le digo, luego me doy la vuelta, bajo los escalones y le doy una señal de despedida una vez más mientras ella abre la puerta y se dirige adentro. Mientras camino por su calle, llevo el teléfono a mi oído. —¿Cuál es la historia, hombre?

Me lo dice, y mi jodida mandíbula cae.


3 Dani Abro el armario de la cocina en el apartamento de Ally una vez más. Tal vez es la cuarta vez. Bien, es la décima. Sin embargo, se abre tan satisfactoriamente. —¿Cómo puedes no tener té o café? —grito, irritada, mientras observo las estanterías casi desnudas en su pequeña cocina. —Hay una cosa que se llama Starbucks —dice en una voz alta despreocupada. Pero no dejes que te engañe. Aprendió el sarcasmo de los mejores—. Los tienen en todas partes. Entras, pides tu bebida, y listo. El barista sirve —explica, y síp, tenía razón. De tal palo tal astilla. Sus zapatos hacen clac contra las baldosas mientras va a la cocina, su jovial cabello rubio en una coleta alta. Le doy a mi hermana pequeña una mirada fría. —Starbucks es caro. No debes ir allí todos los días. —Tengo un millón de amigos que son baristas. —Convierte su voz a un susurro mientras extiende las manos—. Nuevas noticias. Me dan bebidas gratis. Lanzo mis manos, exasperada. —Todo el mundo te da todo gratis. Porque eres muy bonita —digo en un silbido, señalando a su magnífica figura, su exuberante cabello rubio y ojos azul cielo. Golpeo la puerta del armario. Ya tenía un café en mi propio lugar esta mañana. Pero quiero otro. Quiero algo. Cualquier cosa. Todavía estoy molesta porque ese idiota no ha llamado o enviado mensajes de texto. Ya han pasado cuatro días, y aunque estoy inmensamente feliz de no invitarlo a mi cama, también estoy ridículamente decepcionada. Más de lo que debería estar. Mi reacción está, probablemente, fuera de toda proporción, pero estaba tan segura de volver a ver a Andrew de nuevo. Uf. Por favor, ¿alguien puede pellizcarme y hacer que deje de preocuparme? Ally hace un gesto de arañado. —Miau, gatito gatito. ¿Te despertaste en el lado equivocado de la semana, Dani? Doy un suspiro y arrastro una mano por mi cabello. Inhalo. Exhalo. Me doy cuenta de que estoy actuando como una completa y total idiota. Luego dejo ir


mi ridícula ira. No puedo sacar la molestia por una cita estúpida contra la persona que más quiero. —Lo siento —murmuro—. Creo que me desperté en el lado equivocado de la luna. Tal vez incluso el universo. —Niego, frustrada conmigo misma mientras me apoyo en encimera de la cocina de mi hermana—. Ni siquiera fui terriblemente agradable con la señora Fitzsimmons cuando regó mis plantas ayer. —¿Tu vecina hace eso? —Ally agarra su teléfono desde el mostrador y lo mete en el bolsillo trasero de sus jeans ajustados. Lleva un top de cuello redondo color rosa, el color haciéndola parecer aún más joven que sus veintidós años. Asiento. —Está obsesionada con las plantas. No puedo detenerla. Así que le dejo. Le encanta cuidar de las flores, las plantas y los menús de comida china que terminan en el porche también. Cuando la vi regar esta mañana… —Las plantas, ¿no los menús de comida china? Me las arreglo para sacar una sonrisa. —Sí, las plantas. Y refunfuñé algo sobre ellas necesitando más alimentos de origen vegetal. Cuando se supone que debo... sabes... AGRADECER porque hace las flores en mi porche hermosas. —Frunzo el ceño—. Soy una bruja, Ally. Una bruja total. —No —dice, mientras pone un brazo alrededor mío—. Ni siquiera eres estás cerca de ser una bruja. Pero no puedes dejar que esa polla te preocupe. Me giro para mirarla a los ojos. Esta chica ve a través mío. —¿Cómo supiste que eso me molestó? Se ríe en voz alta. Si una risa pudiera sonar sabionda, ésta lo hace. —Porque te conozco. Y porque me llamaste al segundo la otra noche para decirme qué tiempo tan maravilloso tuviste. Y él no es tan digno de esto —dice, entonces gesticula hacia mi rostro—. ¿También, esa locura que acabas de decir? Iré a buscar el espejo. Parecemos exactamente la misma. Casi podríamos ser gemelas. —Sí, si no fueras ocho años más joven y el bebé de la familia. Me muestra una gran sonrisa inocente. Luego hunde la punta de su dedo índice en su mejilla para adoptar una sonrisa de pastel de manzana. —Soy tan dulce, muahahaha. La abrazo. Porque no puedo resistir. Porque la quiero locamente. Es por eso que estoy aquí en su departamento, para recogerla y llevarla a clase en mi camino hacia el trabajo, ya que su auto está en la tienda. Está trabajando en su maestría como enfermera practicante y no podría estar más orgullosa de mi hermana pequeña. Sobre todo porque ella es mía, y yo pago por su escuela.


Aquí es donde dejo caer la noticia de que somos huérfanas ¿verdad? ¿Cuándo me sumerjo en la sangrienta historia de cómo somos sólo nosotros dos navegando solas por el gran mundo? ¿Decir que ella es la única que he amado y por la cual me ofrezco como tributo? Pero aunque tomaría su lugar en los juegos del hambre, no tengo ese tipo de cuento para contar. Nuestro papá es un entrenador de fútbol de la escuela secundaria en San Diego, nuestra mamá es una cajera, y perdieron todo su dinero para la jubilación en la última crisis económica. No podían permitirse el lujo de pagar la universidad de Ally, así que recibió becas, como yo había hecho. Pero la escuela de posgrado era más dura, y por eso le dije que me haría cargo de sus cuentas para la escuela de enfermería. Dice que me pagará algún día. Dudo que la deje. Me gusta cuidarla. Mantener un ojo en ella es una de mis mayores alegrías en la vida porque es tan malditamente impresionante. Mientras estábamos creciendo, me adoraba, y yo la adoraba. Cocinamos galletas de chispas de chocolate como un equipo para los juegos de nuestro padre y nos alegrábamos desde el banquillo como una unidad de hermanos. Le enseñé cómo identificar la escopeta, la pistola, y las formaciones de la espina dorsal, lo cual anotó sus mayores puntos con papá. Hemos visto cada episodio de las Gilmore Girls por lo menos tres veces, y todavía esperamos en secreto que Stars Hollow sea un lugar real. Si eso no significa amor fraternal, no sé qué lo hace. Además, lo he hecho bien siendo abogado, así que puedo manejar las cuentas de la escuela. Mientras no pierda mi trabajo. Tamborileo los dedos en el mostrador. —Necesito trabajar, cariño. Tengo un montón para hacer hoy, y no quiero que tardes para la clase —digo, mientras recoge sus libros y los atasca en su bolsa de mensajero. Mientras caminamos hacia la puerta, tira suavemente de mi cabello, algo que siempre hacía cuando era pequeña. —No puedo agradecerte lo suficiente por llevarme. Mi vehículo está pidiendo un sándwich de nudillos en estos días. —Sostiene su puño para demostrar qué quiere hacerle a su pequeño Honda. —No estás tan lejos, y tu clase está en mi camino —contesto, no dándole importancia. El hecho es que probablemente haría cualquier cosa por ella. Tiene ese tipo de control sobre mí. De alguna manera siempre se sentía como mi bebé, y definitivamente ayudé a criarla. Bajamos los escalones de su edificio y nos deslizamos en mi vehículo. Me retiro de la porción donde había aparcado hacia el tráfico lento de la mañana. Pero mi aplicación para el tráfico es la cosa más grande desde el pan rebanado, el helado, y el sexo, así consigo evitar las carreteras ocupadas, dando vueltas en calles laterales y esquivando los atascos. Mientras me detengo en un semáforo, Ally tararea.


Lo que significa que tiene algo elaborándose en su gran cerebro. Con mi mano derecha hago un gesto rotundo. —Escúpelo. Levanta la esquina de sus labios, luego me mira, sus ojos azules son intensos. —Podrías llamarlo. Me burlo como medio de respuesta. —Podrías, Dani —dice ella, insistiendo. —Hace un minuto le llamaste una polla —señalo cuando la luz cambia y aprieto el acelerador. Todavía no puedo creer haber leído tan mal a Drew Erickson. Aposté que iba a llamar. Estaba segura que sería un hombre de palabra. Dulce y sarcástico, y gracioso y sexy, y dijo que lo haría... todos aquellos que llaman parecen un trato hecho. Pero más que eso, su erección erguida parecía una garantía. Ese hombre tenía un buen gallo trabajando debajo de esos pantalones cortos, y sólo puedo imaginar lo que sentiría al tener mis manos en él. Oh espera. Lo hago. Esa noche lo había imaginado mientras me deslizaba debajo de las sábanas. Me lo imaginaba deslizándose hacia mí, y enviándome a volar. El hombre me hizo venir duro en mis fantasías después de irse, y estaba condenadamente segura de escuchar sobre él en la vida real esta noche. Luego al día siguiente. Luego el siguiente. Entonces, me di cuenta de que había jugado conmigo. Ally golpea el salpicadero. —Sí, le llamé un término de extremidad masculina, pero viendo cómo me gustan las extremidades, tal vez lo dije como un cumplido. —Menea las cejas, una pequeña mirada traviesa en sus ojos azul bebé Me río. —Oh, eso es bueno. Tu juego de palabras. Pareces la abogada ahora. —Aprendí de los mejores —dice con ironía. Luego da un respiro y añade— : Pero también confío en tus instintos. Realmente te gustaba, y ustedes tenían una buena conexión. Tal vez podrías localizarlo. Podrías encontrar su número en un abrir y cerrar de ojos. Eres una mujer soltera y segura, y no tienes que esperar a que un hombre te llame. Además, tal vez hay una simple explicación para que no lo haya hecho. —Chasquea los dedos—. Como si se le hubiera caído el teléfono en la ducha. Me agito. —¿Por qué diablos estaría usando su teléfono en la ducha?


—Mirando las noticias, obviamente —explica con confianza—. Es tan de mundo y preocupado por el estado de los asuntos globales que ve las noticias en la ducha. —¿Y entonces se resbaló y rompió el teléfono? —Fue una noticia muy intensa. —Sus ojos se ensanchan de emoción mientras teje su gran cuento—. ¡O tal vez el teléfono protegió su caída! —O tal vez has escuchando demasiadas historias locas acerca de caídas en la ducha en la escuela de enfermería —digo secamente. —Mira. Dos tercios de todas las lesiones accidentales ocurren en el baño. Las cosas se resbalan en la ducha. Solo digo que es posible que haya una explicación por no llamar. —Explicaciones como esa sólo suceden en las películas. La vida real consiste en hombres diciendo que harán una cosa y luego hacen otra. Porque la explicación es ésta —digo con fuerza mientras conduzco—, él es un atleta profesional. Está acostumbrado a kilómetros y kilómetros de mujeres ofreciendo sus cuerpos en platos de plata, y yo no ofrecí el mío. Así que la llamada telefónica que recibió en mi porche fue probablemente su “salvar mi culo de una mujer que no voy a llevar a la cama” llamada de un amigo. Ally sacude la cabeza y silba. —Eso fue impresionante. Seriamente impresionante. La forma en que se te ocurrió esa excusa. Doy una sonrisa burlona. —Soy así de talentosa. —Sí, pero ¿es eso incluso una cosa? Literalmente nunca he oído hablar de ese tipo de llamada telefónica, y tengo muchas amigas que usan Tinder. Agarro el volante más fuerte, centrándome en el camino. —Mira. Es mejor así. No tengo tiempo para distracciones como las citas. Va a ser una temporada muy ocupada. Tenemos mucho trabajo por hacer, y cuanto más me enfoque en hacer lo mejor en la oficina y mantener al equipo fuera del centro de atención negativa, mejor estaremos llevándote a través de la escuela de enfermería. La temporada pasada fue dura para el equipo. Algunos de nuestros jugadores se metieron en drogas, y por involucrarse, quiero decir que uno destrozó su Ferrari mientras estaba drogado con cocaína y el otro chocó contra una habitación de hotel haciendo una carrera y está en rehabilitación. Además de eso, nuestro receptor, Chuck Romano, se convirtió en papá por cuarta vez y con una cuarta mujer. Pero espera. No se detiene allí. Chuck Hunde-Su-Palo Romano no extendió su semilla en cualquier parte.


Fue y dejó embarazada a la nueva animadora de diecinueve años de edad de los Knights, una adorable, alegre, ex gimnasta llamada Bambi. Ella ahora es una antigua animadora desde que renunció y se mudó de regreso a Oklahoma para criar al bebé con sus padres. Toda esa situación fue una pesadilla para la oficina de prensa. Solo el Señor sabe que los sitios de chismes deportivos tuvieron un día de campo con los Knights. El equipo puso un buffet de jugosas noticias todo el año, operando como hombres en brillante armadura. Rueda la tabla giratoria y toma un escándalo de drogas o sexo cuando se detenga. Estaba virtualmente garantizado uno o el otro. Estoy feliz de no hacer las relaciones públicas para el equipo. Ally aprieta mi brazo. —Sí, sé que estás enfocada en mí. Pero Drew Erickson tan jodidamente lindo al estilo americano. Un recuerdo de Andrew (Drew), y su hoyuelo parpadean en mi mente. —Es lindo. Lindo, así como joven. Tiene veintiséis, lo que me hace cuatro años mayor. Es un bebé. —Se supone que sea un bebé. Es un sobreviviente. Ellos son jóvenes. Suspiro. —Eres incansable y adorable, pero tampoco vas a ganar, porque no voy a perseguirlo —digo cuando llego al edificio del campus—. Hace unos minutos estabas lista para saltar sobre él y golpearlo por no llamarme. —Tienes razón. Regreso al plan A. Totalmente voy a golpearlo. —Hace la mímica de golpear a alguien. Me desternillo de la risa. —Sal de aquí. Se inclina sobre la consola y me da un descuidado beso en la mejilla, después agarra su mochila y sale. *** Siempre amé el futbol. Ha sido una parte de mi vida desde que puedo recordar gracias a mi papá. Él no es uno de esos padres que estaba decepcionado de tener niñas en lugar de niños. En vez de eso, me levantaba la pelota y me la lanzaba. Tuvimos muy buenas pláticas y conversaciones divertidas tirando una pelota de futbol de adelante hacia atrás en el patio. Me contaba sus planes para los juegos venideros y yo lo acribillaba con preguntas. Mi mente analítica quería entender cada pequeño detalle sobre como se jugaba, peleaba y ganaba el futbol. Me aprendí las formaciones, los tipos de coberturas,


cuando ir por un pase hacia adelante, una pantalla de pase o jugar un pase de acción. Algunas veces él me preguntaba qué hacer en un juego y yo le daba sugerencias basadas en el oponente y su estilo de juego —carreras, pases, mentalidad defensiva, y cosas por el estilo. En realidad, no necesitaba mi consejo. Tenía un récord de vitorias en treinta años como entrenador de preparatoria. Sólo le gustaba escuchar lo que tenía que decir, y quería fomentar el amor por aprender en mí. Tuvo éxito. Ese mismo amor se volvió en afecto por las leyes, las reglas y los tecnicismos. Ser un buen abogado no es tan diferente; el trabajo es todo sobre la estrategia, y me permite aplicar mi mente cuestionadora a algo que amo, el juego. La verdad sea dicha, la mayoría de lo que trabajo son contratos con comerciantes con los que somos compañeros en el estadio, así como la TV y la estación de radio local. Pero Stuart Grayson, el líder de las comunicaciones, últimamente me había pedido revisar todos los comunicados y estatutos, espacialmente con el calor bajo el que el equipo se ha encontrado gracias a todas las metidas de pata del último año. Eso es lo que espero cuando Stuart golpea la puerta y entra en mi oficina más tarde esa mañana. Me preparo para las noticias de que un final apretado dirigió a un ring gallero o que un defensa puso un bollo en el horno de una adolescente que conoció en el centro comercial. —¿Escuchaste lo de Sanders? Mi estómago cae. Por favor no. No el mariscal. Querido Dios, espero que no sea el próximo jugar en convertirse en un asalta cunas. —¿Ahora qué? Stuart golpea su hombro derecho. —Su hombro. Incluso aunque estoy segura de que su hombro no embarazó a una estudiante, he sido entrenada para asumir lo peor, así que mi primer pensamiento es que, accidentalmente se disparó a sí mismo en el hombro. Pero entonces me doy cuenta de que Stuart se refiere al problema que Sanders tuvo con su hombro el otro día. Se lo dislocó durante la práctica. —Cierto. Se encuentra en terapia física, ¿no es cierto? Stuart niega con su cabeza gris. —Estaba en terapia. —Hace la mímica de deslizar un cuchillo sobre su hombro—. Rasgadura labral. Necesita cirugía —dice, metiendo las manos en sus bolsillos y balanceándose de atrás hacia adelante en sus talones. El hombre habla en frases. Tiene una aversión a usar sujetos en las oraciones—. Fuera de comisión por el resto de la temporada.


—Auch —digo, haciendo una mueca de dolor, como si pudiera sentir lo que Sanders está pasando—. Eso es terrible. ¿Qué sigue? —GM hizo un intercambio hace unos días. Luce como si lo tuviera todo resulto, así que queremos que le eches un vistazo al comunicado. No sería nada fuera de lo normal, pero es bueno seguir nuestros nuevos procedimientos en todo. Tiene que jugar de acuerdo a las reglas. —Stuart deja algunas hojas de papel en mi escritorio. Aun cálidas. Frescas de la impresora—. ¿Regreso en diez? —Claro —digo mientras tomo las páginas. Este es un escenario fácil. Seriamente dudo de que el comunicado requiera de las leyes, pero cuando necesitas reparar una mala publicidad, no puedes escatimar, incluso en algo tan simple como una declaración sobre un mariscal que requiere cirugía. Cuando Stuart se va comienzo a leer, pero aun sigo pensando sobre el otro mariscal. El que pone mis rodillas débiles. El que manda mariposas volando a mi estómago. El que me enciende. Normalmente, soy bastante sólida cuando se trata de evaluar situaciones. Mi radar finalmente se afinó y yo tenía razón, Drew estará marcando mis números. Quizás Ally tenia razón, tal vez algo le pasó. Dejando la hoja a un lado por un minuto, tomo un aliento rápido para revisar el Bleacher Report y ver como lo está haciendo Drew en la pretemporada. Bien, bien, lo estoy acosando, pero razono que es por trabajo. Es bueno para mi que sepa lo que está pasando en la liga. Una vez que sepa en lo que está Drew, le daré toda mi atención a esta noticia rapidita sobre nuestro mariscal. Veo la pantalla. No hay información del número de Drew hoy. Sin reporte estadístico de su pretemporada con los Anaheim Devil Sharks. No ayer. Eso es raro. Reviso el reloj. Stuart estará de regreso en cinco minutos. Alejándome de la computadora, regreso mi atención al comunicado sobre la lesión. Todo luce bien. Cambio a la siguiente página. El primer párrafo me hace parpadear. Una, dos, tres veces. vivas.

Las palabras se levantan de la página, golpeando como si estuvieran

Los Angeles Knights están complacidos en anunciar al equipo que ha comerciado con Drew Erickson, un mariscal de los Anheim Devil Sharks. Le gustará iniciar en el primer juego de la temporada de los Knights.


4 Drew Los Angeles es intenso. Mejor de lo que esperé dado los problemas del equipo en el último año y todo eso. Pero han sacado a los chicos que estaban hundiéndolos. Creo firmemente que esos tipos de problemas tienen una forma de mantenerse en el campo. Simplemente no puedes joderla, lanzar golpes, drogarte y, bueno, embarazar a una porrista y luego jugar como un profesional cuando es momento de hacer un saque inicial. Hoy se marca el final de mi primera semana con mis nuevos compañeros de equipo. En la mañana corrimos una vez más, así que los receptores y yo estamos en sincronía al momento de las jugadas. El ritmo es ligero en las primeras horas, pero remonta después del mediodía con una larga serie de pases bajo el sol ardiente. Para el momento en que la práctica termina, mis músculos están agotados y estoy cubierto de sudor, pero no me puedo quejar. Este es un buen tipo de agotamiento. El tipo que se mete en mis huesos y presagia una buena noche de sueño. Eso es lo que necesito para mantenerme fuerte esta temporada y libre de heridas. Y es exactamente lo que intento hacer este otoño. Estar en forma y llevar al equipo. Mientras salgo del campo con Tony Elkins, nuestro receptor principal, quien tiene barba y cabello desordenado, me palmea la espalda. —Buen trabajo, Erickson. Ha sido una buena semana. —Gracias, hombre. —Mantente así y llegaremos lejos este año —dice, ofreciendo el puño para chocar. Lo devuelvo. —Esa es la meta. —Racha, hermano. Necesitamos conseguir una racha. —¿Sí? ¿Esa es la clave? —Ya tengo mis calcetines de la suerte. Tan pronto como empieces a usar esa magia guardada, lanzando hermosas bombas a tu receptor favorito —dice con un guiño mientras golpea su pecho con ambas manos. Asiento, algo bromista. —Siempre y cuando las atrapes, amigo. Él extiende sus brazos.


—Siempre, bebé. Estos brazos fueron hechos para acunar el balón —dice, y me gusta su confianza arrogante. Entramos, la ráfaga de aire acondicionado un alivio bienvenido del calor. Miro alrededor del pasillo de concreto, aun acostumbrándome a las vistas y sensación de las comodidades de Los Angeles. Ser transferido no fue del todo inesperado. La señal de advertencia estuvo cuando Anaheim reclutó un ganador de Heisman en la primera ronda la primavera pasada, y pagó mucho dinero por su brazo alrededor de un contrato de cuatro años para el graduado de Georgia. Como una jodida señal de neón iluminando que mis días estaban contados. Ha sido una cuenta regresiva desde entonces, mientras esperaba la llamada en cualquier momento. No importaba cuan buena fue mi última temporada; mi contrato termina en un año y el futuro de Anaheim quedó en los hombros del nuevo chico. Lo entiendo. No estoy molesto. Así es como funciona el fútbol profesional. Solo estoy feliz de ser transferido a cincuenta kilómetros. Empacaría para un montón de franquicias —demonios, para quien sea que venga llamando con una buena oferta—, pero me gusta California del Sur, y tengo una buena carga de buenos amigos en esta ciudad tanto de la universidad como de los primeros tres años en lo profesional. Pero incluso hay una razón mejor por la que estoy agradecido por ser enviado a Los Ángeles. La oportunidad es mía y solo mía de empezar cada juego. Los Ángeles no está tratando de preparar una nueva superestrella, como mi antiguo equipo. Mi nuevo equipo solo está buscando mantener la cabeza a flote, y estar fuera de las noticias. Absolutamente puedo cumplir con ambas. Esa será mi meta esta temporada. Liderar este equipo dentro y fuera del campo. Mientras me dirijo a los vestidores, me recuerdo que es algo bueno que Dani nunca me llamara después de que encontré una forma genial de dejarle mi número al día siguiente. Esa llamada que obtuve la noche que la conocí podría haberme prevenido de darle mi número completo, pero me aseguré de darle mi número el día siguiente. El problema es que no escuché ni una palabra. Ni pío. Quería que me llamara o mandara un mensaje. Demonios, quería verla de nuevo. Esa mujer ocupó una increíble porción de mi cerebro esa tarde hace unas semanas cuando dejé su porche. Y mira, aunque mi agente me llamó para darme las buenas noticias, aún me las arreglé para pasar tiempo en la ducha con ella cuando regresé a casa. Se veía encantadora en mi imaginación con sus manos contra la pared de azulejos, espalda inclinada, trasero arriba, tan linda, resbaladiza, húmeda y lista. En mi vuelo de esa noche, se corrió tan ruidosa y tan fuerte como yo en mi puño. Apuesto a que es de esas eléctricas entre las sábanas, porque Dios, se sintió como fuego en mis brazos.


Y ahí va mi polla. Imitando un mástil mientras entro a un cuarto lleno de chicos. Me gustaría encontrar el interruptor para apagar mis pensamientos sucios. Honestamente, me gustaría apagarlos justo ahora, y afortunadamente, no hay nada como un cuarto lleno de hombres grandes y velludos para hacer eso por mí. Hecho. Ya que Dani nunca regresó a mí, cualquier lujuria latente que siento por ella es irrelevante. Intenté rastrearla. Quería verla de nuevo e hice un gran esfuerzo, uno que pensé que era jodidamente dulce. No molesté a la mujer. Su silencio fue todo lo que necesité saber. No soy del tipo que se obsesiona con una chica, especialmente no alguien con quien pasé unas horas, de todos modos. Unas horas fantásticas. Pero ese tiempo con ella está en el espejo retrovisor. Mi trabajo es sacar a este equipo de la depresión en la que ha estado, y no hay lugar para una mujer que no volveré a ver en esa misión. Además, he sido testigo de lo que ha pasado a mis amigos dentro y fuera del campo cuando se distraen con mujeres. Empiezan a perder su concentración, olvidando lo que importa en el campo. ¿Yo? No soy perfecto, pero creo firmemente en una jugada de maravilla. Mantente fuera de problemas, no te distraigas, y mantén tus ojos en el jodido premio. Excelencia. Eso es lo que me importa, y ahora tengo una oportunidad con un equipo para cumplirlo. Después de ducharme y vestirme, encuentro a Stuart, el principal encargado de prensa del equipo, esperándome en el vestíbulo. —Hola, Drew —dice, aterrizando su mano en mi hombro. Es más bajo, con cabello oscuro salpicado de gris. Sus ojos combinan, son casi plateados—. ¿Están preparados para la recaudación de fondos esta noche? —Completamente —digo, ya que me pidió asistir al evento de caridad para beneficiar a la juventud del centro de la ciudad en L.A. No solo es una buena causa, sino que nuestro apoyo puede ayudar a mejorar la imagen dañada de los Knights. —Maravilloso. Mucha gente de la organización estará ahí, así que me aseguraré de que conozcas a todos y que conozcan a nuestro nuevo mariscal de campo —dice con una amplia sonrisa—. Y sonreirás para las cámaras. Postea algo en Instagram, haz algunos comentarios en los sitios de deportes. Ya conoces la rutina. —No puedo esperar —digo, y es enserio. ***


—Asegúrate de verte lindo esta noche —dice Jason, riendo, mientras giro en el semáforo, de camino al hotel boutique. Hablo por teléfono, instalo el porta celular en el tablero de mandos de mi Tesla. —Me veo diabólicamente atractivo, pero estoy bastante seguro de que esta no es la noche para atrapar chicas. Dime loco, pero no creo que estuviera demasiado emocionado si fuera a su evento de caridad persiguiendo faldas. —Qué pena —dice mi mejor amigo, su voz tranquila y suave—. Estoy aquí sentado en Piccolo's y las opciones son bastantes lindas. Puedo imaginármelo ahí, disfrutando de su escocés y evaluando la escena sentado como un rey. Es su bar hipster favorito, y regularmente consigue a alguien allí, junto con mis otros chicos. —Entonces deberías disfrutarlas. Aunque dudo que puedas hacerlo sin mí —digo, mientras me acerco al hotel. Jason resopla. —Como si tal cosa. Crecimos uno al lado del otro en un barrio desgraciado de San Diego, y jugamos juntos al fútbol de niños. En la secundaria, destacó como corredor, pero luego se cambió al equipo de atletismo después de unos años para aprovechar su velocidad. Obtuvo una beca para la universidad, pero hasta ahí llegó con los deportes. Sin embargo, el tipo es increíble con la administración financiera, y trabaja como asesor para todo tipo de clientes, yo mismo incluido. Es raro que tome decisiones sin él. Se ha convertido en mi gerente. Es sólido como una roca, y cien por ciento confiable. Fue el primero al que llamé después de que mi agente me dijera que era transferido, y se puso como loco. No en menor parte por el hecho de que vive el Los Ángeles. Ya me ayudó a encontrar un dulce apartamento en Santa Mónica para rentar por un año. —Oye —dice Jason, cambiando a su tono de negocios—. Recibí una solicitud para una reunión hoy de una compañía de bebidas isotónicas, Qwench. Un patrocinio potencial. Está en etapa exploratoria, pero haré mi debida diligencia, aceptaré la reunión, y veré si vale la pena continuar. —Excelente. No puedo esperar a escuchar tu opinión. Mientras me detengo hacia el valet, me doy un vistazo en el espejo. Camiseta, camisa fina, afeitado parejo. Miro la parte del atleta que se mantiene bien. Como yo jodidamente debería. —Tengo que irme. Ya estoy aquí. —Compórtate bien, Drew —dice Jason, un tono juguetón en su voz. —Siempre lo hago —respondo, y el hecho es que, es verdad. Presentable es mi apodo.


—Y envíame un mensaje si terminas temprano. —Si termino antes, tendré una cita con el colchón. Él gruñe. —No eres la definición de divertido. Sonrío. —Ese soy yo. Es por eso que Qwench me quiere. Porque sé cómo tener una buena noche de sueño y estar lejos de la línea de fuego. Cuando cuelgo, salgo del auto, le tiendo las llaves al valet y le agradezco. Luego voy hacia dentro, donde Stuart me recibe en la habitación reservada para el evento, palmea mi espalda, y me presenta a varias personas. Un fotógrafo hace tomas todo el tiempo e interpreto un papel que difícilmente lo es —el mariscal de campo extrovertido, no problemático y pacífico que no lanza golpes o alza los puños, como otros antes de mí lo han hecho. No fumo, no me drogo, no tengo sexo desprotegido, y tampoco excedo el límite de velocidad. Limpísimo, de hecho. Ni siquiera una multa en mi registro, y ciertamente no quinceañeras embarazadas con mini Drews creciendo en sus vientres. Stuart me presenta al chico pelirrojo y pecoso que dirige esta caridad. —Y este es Drew Erickson. Es nuestro nuevo entrante. Estamos emocionados de tenerlo en el equipo, especialmente desde que ya es activo con varios empeños caritativos maravillosos —le dice Stuart al chico pelirrojo. Intercambiamos una pequeña charla por unos minutos, luego Stuart deja una mano en mi hombro y me dice que hay alguien más que quiere que conozca. —Me encantaría presentarte a una mujer muy lista quien se asegura de que no cometa torpezas —dice, luego me guiña el ojo en caso de que no me diera cuenta que estaba bromeando. Sonrío para hacerle saber que entendí —bromeando y todo—, luego mi sonrisa se vuelve una línea recta cuando giro sobre mis talones y veo a mi ángel surfista. Santa mierda. Es ardiente como el pecado en esa falda roja, blusa blanca y tacones negros. Su cabello rubio está recogido en su cabeza. Diablos. La sexy vista es casi suficiente para hacerme olvidar que me rechazó. Mi pene, el maldito traidor, ha caído en amnesia. El maldito la quiere. —Esta es Dani Paige. Es la representante legal del equipo —dice, e intento dominar mi expresión mientras me enfrento con la mujer que me abandonó. Y todo lo que quiero es echarla sobre mi hombro, asechar hacia el baño, cerrar de un portazo y preguntarle por qué demonios no llamó. Luego cuando me diga que fue porque estaba demasiado ocupada pensando en mí, la


besaría hasta que se derritiera en mis brazos y me rogaría que la tome. Felizmente cumpliría. La alzaría, engancharía sus piernas alrededor de mis caderas, y la follaría contra la pared hasta que se venga más fuerte de lo que nunca ha hecho antes. En vez de eso, sacudo su mano libre.

—Un placer conocerla. —Luego susurro, solo para ella—. Mandíbulas.


5 Dani Tomo mi Arnold Palmer en un rápido trago. Como si me estuviera por darme el combustible que necesito para manejar esta interacción con Drew. Sabía que esto pasaría eventualmente, pero no tengo idea de qué esperar ahora que él está aquí frente a mí, con Stuart a su lado. Hablando de lo inoportuno. El problema es que no puedo hablar de nada porque he terminado mi bebida demasiado rápido y se está yendo directo a mi cabeza. Como un épico cerebro congelado. Mi frente late con un dolor de cabeza bloquea mentes. Presiono mi palma contra mi sien. El dolor. Oh señor, el ridículo dolor. —¿Estás bien? Me encuentro con la mirada de Drew. —Cerebro congelado —grazno. —Presiona tu lengua contra tu paladar —dice él, y luego lo demuestra. En sí mismo. Abriendo la boca, sacando la lengua y mostrándome. Es el momento más extraño y uno que se extiende en una insinuación, porque… su lengua. Pero mi cabeza duele como un hijo de perra así que hago como él dice, empujando la punta de la mía contra mi paladar. En unos maravillosos segundos, el dolor en mi frente se disipa. Una sonrisa tira de las esquinas de mi boca. —¿Cómo demonios supiste hacer eso? Se encoje de hombros. —Gran fan de los Slurpees. Lo aprendí de la manera dura. Stuart sonríe, aplaude y dice: —Puedo ver que ustedes se llevarán bien. Drew, si necesitas algo, Dani es la intermediaria legal para el departamento de prensa esta temporada. Tiene el deber de ayudarnos a asegurar que presentamos la mejor cara pública y no rompe ninguna regla. O leyes. —Hace una pausa, luego agrega, esta vez con


completa seriedad—. O valor moral. Especialmente aquello. —Asiento en comprensión y Drew hace lo mismo. Luego Stuart destella una gran sonrisa y se ríe—. Necesito ir a hacer las rondas, así que los dejaré a ustedes solos. Stuart se marcha, y yo me quedo en la barra con el hombre que me botó la otra semana. Contrólate. Cálmate. Se una pro. No rompas ninguna regla. Separo los labios para hablar, buscando palabras para romper la tensión que todavía existe entre nosotros. En mi mejor tono casual, digo: —Felicitaciones por unirte al equipo. Todos están emocionados por tenerte. Él levanta una ceja y aunque ese simple gesto es imposiblemente sexy de él. Pero, tiene una injusta ventaja porque está ataviado en un traje de tres piezas —pantalones a medida, una camisa de vestir, y un chaleco que le queda como un guante. Si no fuera ya imponente, el maldito chaleco solo lo llevaría en otra atmósfera, porque hay algo tan ridículamente caliente en un hombre que puede lograr esa vista. Tienes que poseer un cuerpo espectacular para usar ese tipo de traje de tres piezas. Drew parece que ha salido de las páginas de GQ. Lo he visto en shorts y lo he visto con traje. El hombre está bien trajeado cada vez. —¿Todos están emocionados por tenerme? —Extiende arrogantemente su brazo millonario, sus ojos fijos en mí—. Porque no parece como si todos estuvieran emocionados por tenerme. Mi rostro arde y no sé si es por la vergüenza, el deseo o una mezcla. ¿Cómo es que ya está soltando pequeñas pistas obscenas? Especialmente después de no llamar. Asiento, levantando el mentón. No sé a qué quiere llegar, pero no morderé el anzuelo. No voy a soltar que estaba tan decepcionada por el comportamiento silencioso que consideré estrellar mi teléfono con un martillo como un castigo por no traer algún mensaje de él. —Te lo aseguro, todos en la organización están encantados de que estés en el equipo. Uff. Sueno como una portavoz. Da un paso más cerca, se inclina hacia mí, su boca ahora peligrosamente cerca de mi oído. —Corta el acto —susurra, su voz baja y ronca y encendiéndome, aunque deseo que no lo hiciera. —¿Qué acto? —pregunto, mi voz tan temblorosa como mis rodillas. —Sabías que fui comprado. Volteo rápidamente. —¿De qué estás hablando? Golpetea su pecho.


—Y sabías quién era yo. Me burlo. En su cara. —No sabía que estabas siendo comprado —susurro bruscamente, sin querer que nadie escuche nuestra conversación—. Pero obviamente sabía quién eras. No soy estúpida. Si no te reconociera, no debería tener mi trabajo. —Y aun así no dijiste nada. —Y aun así tú no dijiste nada —le devuelvo el tiro. Su expresión es fría. —El tiempo entero sabías lo que estaba pasando, sin embargo, que yo estaba siendo comprado, ¿y no dijiste nada? Sacudo la cabeza. Apenas puedo creer en esta conversación. —No estoy al tanto de las compras antes de que sucedan. Soy la abogada, no la manager general. Además, si realmente lo sabía, lo cual no, ¿creíste que pasaría la tarde contigo? Te habría evitado. Solo quise ayudar y asegurarme de que no te lastimaras. Arrastrando una mano por su espeso cabello marrón, se encoge de hombros. —Bien. —Y tú te presentaste como Andrew. Ni siquiera dijiste qué hacías para trabajar. Asumí que eso significaba que no querías ser reconocido. No me des un tiempo duro por darte lo que querías ese día —digo furiosa, y él suspira pesadamente. Pero no he terminado—. ¿Y por qué me estás acusando cuando ni siquiera me llamaste? Maldición. Quiero abofetearme. Demasiado para estar en control. Demasiado para no soltar aquello. Este hombre me inquieta. Pero a juzgar por la mirada desconcertada en su rostro, lo he inquietado a él también. Se queda mirándome, su frente fruncida. —¿De qué estás hablando? Pasé por tu casa al día siguiente. Traté de enviarte un mensaje, pero no conseguí el último dígito, así que vine al día siguiente para pedirte que saliéramos. No tenía idea de que trabajabas para el equipo. —Y yo no tenía idea… —Me detengo cuando mi cerebro se engancha en lo que acaba de decir. Hago una T con las manos, llamando a un entretiempo— . Espera. ¿Dijiste que pasaste? Asiente varias veces. —Cuando me di cuenta que no tenía tu número completo, escribí una nota, la llevé a tu casa y la dejé en el porche. Lo metí bajo la planta al lado de tu puerta. Las mariposas se precipitan fuera de la nada, aterrizando en mi pecho.


—¿Lo hiciste? —pregunto, y no puedo enmascarar la esperanza en mi tono—. ¿Qué dijiste en ella? Una sonrisa se extiende por su rostro, una sonrisa dulce y sexy. Se lame los labios. Habla suavemente: —Que tuve un buen rato contigo. Que perdí tu número. Que quería saber si tendrías algún interés en darme una lección de surf. La nota debió haberse perdido en todos los menús y cupones. Apuesto a que la señora Fitzsimmons tomó accidentalmente cuando regó las plantas. Probablemente lo arrojó en el reciclaje como hace con los folletos. En un instante mi frustración se escurre. Todo lo que quiero hacer es besarlo hasta el amanecer. Pero no puedo hacer eso. En su lugar, me encuentro con su mirada avellana y digo: —Te habría dicho que sí. —Los temblores se extienden por mi piel por mi propia confesión. Su voz es baja y ronca cuando responde. —Me gusta cuando dices esa palabra. Lo digo otra vez, aunque es demasiado arriesgado usarla con él. Pero me acerco un poco y dejo que caiga de mis labios en un suave susurro. —Sí. Él toma un agudo respiro. Sus ojos se oscurecen. —Eso suena tan jodidamente bien en tus labios. Aquellos temblores vuelven con calor, como si un incendio se propagara en mi pecho, y que se extiende por todos lados. Llenándome de lujuria y deseo todo por esa única palabra. Sí. Sí. Sí. Cómo quiero que digamos que sí. —¿De verdad no conseguiste mi número? Sacude la cabeza. —De verdad no conseguí tu teléfono. —Sus ojos avellana destellan. Se ve feliz, y es una mirada que usa extraordinariamente bien. Veo alrededor del lugar, catalogando el estruendo de todos mis colegas en la oficina frontal tanto como de los chicos del campo, charlando, bebiendo, mordisqueando aperitivos, posando para fotos frente a la pancarta. Estoy contenta de que el ruido y las conversaciones estén manteniendo a todos los demás ocupados—. Confía en mí, Dani. Si tuviera ese último dígito te habría texteado cinco minutos después de que me fui, y otra vez esa noche. Y después de llegar a casa. Y antes de caer dormido. No podía dejar de pensar en ti. Sus palabras me iluminan. Mi cuerpo entero está zumbando.


—Yo no podía dejar de pensar en ti tampoco, y tuve un buen momento hablando contigo en la playa y en el bar. Podría decir que querías ser un Joe común, así que quería que fueras libre de hacer aquello conmigo. Pero juro que no sabía que ibas a ser comprado por Los Angeles. De verdad pienso que es genial tenerte en el equipo. Sé lo que hiciste el año pasado. Dentro del ranking de la lita de los diez mariscales de la liga y solo una interceptación. Eso fue impresionante —digo, y él se sonroja. Maldición. Drew Erickson se sonroja cuando felicito sus estadísticas. —¿Quién habría pensado que estaríamos jugando en el mismo equipo? Pero tal vez más tarde, ¿podemos retomarlo de donde lo dejamos? —sugiere—. O tal vez podemos buscar un Slurpee y probar mi cura de congela cerebro otra vez. El frío parece ser nuestra cosa. Es cuando la sensación de flirteo ardiente se desvanece. Las burbujas estallan. La consciencia del error que esto sería se hunde en mí como un yunque. Chuck. Bambi. Escándalos sexuales como si fueran una rutina diaria regular. —Dispara —digo pesadamente, como si la palabra tuviera veinte sílabas. —¿Dispara? Sacudo la cabeza. —No podemos. Con el problema que el equipo ha pasado el año pasado… no puedo arriesgarme a que nada… —Hago una pausa, buscando la palabra— … inapropiado. Incluso remotamente inapropiado. De ninguna manera la gerencia querría a una abogada tirándose a con un jugador. Puede que no sea la agita pompones en la cancha, y que no tenga tanta experiencia como Bambi, pero conozco una mala idea. Y esta es una mala idea de variedad de clase mundial. Acaricia su mentón. —No queremos poner al equipo en una mala luz. —Y este es tu primer año aquí —agrego porque no quiero parecer como la que arruina todo. Ambos tenemos mucho en juego. Mi trabajo, su trabajo, la reputación del equipo. —Exactamente. Voy a mantener todo de forma abierta. Pero, apuesto que no hay reglas de que no podamos ser amigos —dice él, con un juguetón destello en sus ojos. No puedo evitarlo. Sonrío también. Este hombre puede encantarme hasta bajarme las bragas cualquier día. Quiero decir, los pantalones. Completamente no va a encantarme hasta bajarme la tanga. Ese pequeño número de encaje se queda donde pertenece.


De hecho, pasamos los siguientes diez minutos charlando sobre el nuevo lugar que rentó en Santa Mónica, y yo le digo que el Muelle de Santa Mónica es uno de mis puntos favoritos del mundo para mirar la puesta del sol. —Además, allí hay juegos de dale al topo —digo. —¿Y Skee-Ball1? —pregunta, presionando sus palmas juntas como si rezara— . Por favor di que hay Skee-Ball también. —Por supuesto. Dije que este era uno de los lugares más genial del universo. Él ahueca sus manos alrededor de su boca como si estuviera por contarme un secreto. —Siento como si debería dejarte saber esto. Soy jodidamente fantástico en el Skee-Ball Me río. —Bueno, debería esperar que tu brazo mágico pueda hacer milagros. Menea una ceja. —Tengo buenas manos también. Y los hormigueos corren por mi columna. —¿Por qué siento que puedes convertir lo que sea en un comentario obsceno? Sopla sus dedos. —Porque puedo. —Se supone que tenemos que ser amistosos, no coquetos —susurro. No tiene oportunidad de responder, porque el pelirrojo de la caridad marcha hacia nosotros y pide una foto con Drew. La foto se convierte en una larga conversación, y es tiempo de terminar la noche. Ya que el Wi-Fi del cuarto de recepción es un asco, me dirijo al lobby para abrir mi app de Uber. Compartía el carro aquí con una compañera de trabajo, pero ella salió temprano cuando la niñera de su hijo tuvo que irse inesperadamente. Entré mi ubicación en la app, pero antes de que pudiera acabar, dejo de escribir. Me volteo. Drew está a mi lado. —No te vas a ir sin despedirte, ¿verdad? —Por supuesto que no. Solo ordeno un Uber. Estaba por despedirme. Cubre mi mano con la suya. —No tomes un Uber. Yo te llevaré a casa. Es una mala idea, pero no me resisto. 1

Skee-Ball: es un juego de galería. Es similar a los bolos excepto que es jugado en una pista inclinada con bolas del tamaño de un puño.


Cinco minutos despuĂŠs, me adentro en el asiento del frente de su Tesla y me alejo del hotel.


6 Drew Dani estira las piernas en el asiento frontal y yo ya apenas puedo concentrarme en la carretera. Aquellas fuertes pantorrillas. Aquellos tacones negros. Esa apretada cintura. Esta mujer es demasiado jodidamente sexy. Demasiado jodidamente divertida. Una tiradora directa también, y me enciende muchísimo. Ese es el problema. No puedo permitirme estar caliente. Necesito mantener mis anteojeras puestas. Sujeto más firmemente el volante mientras voy en la rampa por la autopista dirigiéndome a Venice Beach. Lo mejor es mantener la conversación cien por ciento amistoso. Así que elijo un tema fácil. —¿Cuál es tu película favorita? —pregunto, porque tengo que tener la mente fuera de su cuerpo. Necesito enfocarme en ella como un colega, no como la mujer que deseé llevar a la cama la última vez que la vi. Gira el rostro hacia mí. —¿Quieres hacer el juego de las cosas favoritas ahora? ¿Es parte de tu acercamiento ‘amistoso, no coqueto’? Sonrío mientras tecleo en la luz de cambio para incorporarme. —Ciertamente lo es. Fan de grandes películas aquí. Así que escupe, mujer. —El Cielo Puede Esperar, por supuesto —dice, giñándome un ojo. Bufo. —No puedes escoger una película de fútbol. —¿Por qué no? —Porque nosotros trabajamos en el fútbol. Las películas de deportes descartadas. —Pero es una película impresionante. Asiento, estando de acuerdo mientras presiono el freno. El tráfico se está desacelerando adelante. La ciudad está loca. Hasta muy noche, hay atascos. —El Cielo Puede Esperar es malditamente buena. También La Bella y El Campeón, y Friday Night Lights y Hoop Dreams. El cine en la caminata de Santa Mónica es mostrar algunas de las mejores pelis de deportes en unas semanas. —¿Ves? Nadie puede resistir la llamada de El Cielo Puede Esperar. Es el tipo de película de deportes que incluso los no fanáticos del fútbol aman.


Fruncí el ceño. —¿Hay gente que no le gusta el futbol? Se encoge de hombros. —He escuchado de su existencia. Pequeños individuos en los suburbios de la sociedad. —Parece terriblemente triste ser tal persona. —Es tristemente devastador, Drew. —Horriblemente deprimente. —Extremadamente preocupante. —Oye, creída —digo, levantando el mentón mientras corto dentro de la siguiente línea cuando un espacio se abre entre un Toyota blanco y un SUV negro—. ¿Tienes un adverbio favorito? —Mmm —dice ella, golpeteando sus uñas rosas contra la ventana. Sus labios se torcieron mientras considera la pregunta. Inclina la cabeza, y dice lentamente, como si estuviera saboreando la palabra—: Felizmente. —¿Cuál es tu adverbio favorito? Levanta una ceja. —Me gusta felicidad. ¿Tienes algo contra felicidad? Que me den ahora. La manera que dice aquello es como una pícara burla. —Se supone que tienes que ser amistosa conmigo, Dani —digo como advertencia. —¿Eso no fue amistoso? —No, eso fue obsceno. Increíblemente obsceno. —Entonces tal vez obscenidad debería ser mi adverbio favorito. Las luces altas del Toyota parpadean. Mientras el carro delante de mí desacelera, presiono más duro el freno. El tráfico llega hasta un alto. Trato de mirar alrededor de los carros para tener una vista de la situación. —¿Qué está pasando allá? —Probablemente construcción. Debería haber encendido mi aplicación de tráficos. Usualmente lo hago, pero estaba distraída —dice, sonando molesta consigo misma. —¿Qué te distrajo? Vaga los ojos sobre mí, como si estuviera enlistando mi rosto, pecho, brazos y piernas. Sacude la cabeza y aprieta los labios. Luego un suave suspiro cae de sus labios, con un indicio de frustración. —Tú —susurra—. Ese es el problema.


Demasiado para el juego de los favoritos. Mis anteojeras caen, y mi enfoque en la amistad vuela por la ventana momentáneamente. Levanto la mano, me estiro por su rostro y ahueco su mejilla. Ella jadea, y antes de que alguno de nosotros pueda decir otra palabra —antes de que yo pueda evaluar o analizar—, hundo la cabeza hacia la de ella y beso esos deliciosos labios. Se abre para mí. Su lengua se dispara afuera, deslizándose entre mis labios. Mordisquea, corriendo los dientes a lo largo de mi labio inferior, y fuera de la nada un rápido beso se convierte en uno caliente y sucio. Un auto toca la bocina por detrás, y nos separamos. Pero el sedán blanco frente a mí se ha movido solo unos veinte pies. Manejo lentamente, corriendo una mano a lo largo de la pierna de Dani bajo el borde de su falda. Mis dedos juegan con el borde y ella murmura mientras nos hundimos. El paso a tortuga en los tráficos a ritmo de caracol. Mis ojos vagan hasta sus piernas, tan bronceadas y fuertes. La vista entera que ella ha presentado esta noche me está matando. Más que eso, la idea entera sobre resistirme me está matando. Me digo a mí mismo que solo un toque, solo una noche no lastimará nada. No voy a dañar al equipo y no va a acabar con mi juego. Muevo lentamente el dedo bajo su falda, y ella deja que su rodilla caiga abierta un poquito más. —Tú no eres tan amistoso, tampoco —dice con un mohín juguetón. —Soy completamente lo opuesto, ahora. —Mis dedos viajan por la suave carne de sus muslos. Mi verga se endurece incluso más, hambrienta por esta mujer. Se retuerce en su asiento de cuero mientras manejo lentamente, tan lentamente. Justo ahora, sin embargo, estoy agradecido por el tráfico. Porque puedo hacerle esto. Mis dedos van sigilosamente más alto, y aún más alto, y Dani apoya la cabeza contra el cuero, su boca cayendo abierta, su respiración atascándose. Mientras asciendo hasta la cima de su muslo, las almohadillas de mis dedos deslizándose sobre su carne suave, ella alcanza su apretada falda, y lo jala más alto. Luego abre las piernas. ***

Dani Podría estar loca.


Podría ser tonta. Podría ser un millón de cosas. Lo que estoy es, con certeza, más allá de cachonda y toda calibrada. Estamos rodeados de carros, y aun así completamente solos en su vehículo eléctrico con aire acondicionado. Lo sé mejor. Entiendo los riesgos. Juro que sí. Pero justo ahora con el tráfico ahogado, y sus manos sobre mí, mi cuerpo está a cargo y está buscando ese adverbio. Quiero ser tocada felizmente. Acariciada tentadoramente. Correrme poderosamente. Además, este es solo una pequeña franja de tiempo. Es un momento acordonado en su automóvil. Esto no va a lastimar a nadie. De hecho, parece lo contrario a lastimar. Su toque hace que mi piel hierva. Hace que mis adentros canten de placer. Drew no necesita ninguna dirección. Está en el juego y sus dedos se deslizan por el húmedo panel de mis bragas. Tiene un ojo en la autopista, pero sigue echando vistazos hacia mí. —Te dije que no me sentía amable hacia ti ahora —susurro. Me destella una sonrisa malvada mientras desliza un dedo bajo el panel, haciéndome gemir. Porque se siente tan bien cuando me toca. Golpetea la almohadilla de su dedo donde lo quiero más, y me arqueo hacia él. —No quiero que te sientas amable ahora. —¿Cómo quieres que me sienta? —pregunto, mi tono elevándose mientras me acaricia. Oh querido señor, sus manos son maravillosas. Su toque es eléctrico. Firme, pero blando, mientras pinta caricias de vértigo arriba abajo por mi centro. Me provoca, luego hace líneas persistentes y suntuosas a lo largo de mi humedad, y muevo las caderas hacia su mano. —Caliente. Molesta. Eufórica —dice, mientras el carro se adelante unos centímetros, con una de sus manos sobre el volante. —Todas esas palabras son perfectas. —Extiendo más las piernas. Un retumbo escapa de sus labios. —Sí, haz eso. Jodidamente me encanta. Amo ver que te pongas tan caliente que tengas que abrir las piernas para mí. Sus palabras sucias con como una carga, como si alguien me conectara a algo, y estoy electrificada. Sus dedos viajan de arriba abajo, de arriba abajo, luego por aquí y por allá. Centra sus caricias en mi clítoris, y el placer se construye, ondeando por mi piel. Como fuegos artificiales dentro de mí, empezando pequeño, trepando más alto, luego disparándose hacia el cielo. —Drew —digo jadeando su nombre mientras levanto las caderas, mi cuerpo buscándolo—. Es tan bueno.


Arrastra un dedo por abajo lentamente, luego lo lleva a sus labios y lo arrastra entre ellos. Mis ojos se amplían mientras lo miro chupar duro, como si estuviera degustando mi sabor. —Jodidamente delicioso —murmura, luego vuelve su dedo en mí. Por poco canto de placer mientras él se reconecta. —Si no estuviéramos atascados en el tráfico, te comería el coño —dice, con su voz ronca—, lamiendo tu dulzura. Probando tu deseo. Mientras hace un dibujo, me deslizo en un reino de pura lujuria. Sus palabras, su toque, mi propia necesidad pura y sin alterar —es todo lo que siento ahora, y tamborilean dentro de mí como una vibración caliente. —Oh Dios, quiero tanto eso —digo con un jadeo roto mientras embisto contra su dedo. Él ni siquiera me está penetrando. No tiene que hacerlo. Simplemente me está acariciando y eso es suficiente ahora. Solo la justa presión, la justa velocidad. Mi cuerpo consiste solamente de terminaciones nerviosas. Todo lo que él tiene que hacer es mantener este ritmo, y me encenderá como un cohete despegando por la estratosfera. Inclina la cabeza más cerca de mi cuello. —Enterraría el rostro entre esas hermosas piernas tuyas. Envolverías tus talones bien apretados alrededor de mi cuello y yo jodidamente te devoraría — dice él con un gruñido bajo y sucio en mi oído. —Oh Dios —gimo, y estoy perdida. Estoy absolutamente perdida en el placer mientras él me acaricia, más rápido e imposiblemente más rápido aún— . Estoy cerca. Tan cerca —digo, jadeando. Soy vagamente consciente del auto avanzando lentamente, y tal vez el tráfico se ha levantado o tal vez no, pero entonces mi cerebro se nubla mientras él mueve un interruptor dentro de mí. Cada musculo se tensa felizmente mientras un orgasmo se recarga por mi cuerpo, mis piernas temblando, el placer temblando en mi cuerpo mientras me muevo en su mano, moliéndome contra sus dedos. Mi mundo se vuelve caliente y blanco. Estallidos de placer eléctrico late en mí, y una sensación salvaje de pura felicidad erótica irradia de mi centro por todo el camino desde mis pies, hasta mi cabello. Demonios, mis parpados incluso podrían estar calientes. Grito mientras me deshago en su auto, corcoveando en su mano, jadeando como una mujer salvaje. En eso me he convertido con este hombre cautivador. Mis ojos se cierran fuertemente, y mientras el orgasmo disminuye, parpadeo, teniendo mis modales otra vez, bajando de la subida. —Supongo que es la primera vez que me alegra estar atrapado en el tráfico —dice él, luego gestos delante de nosotros. El rugido de los autos estancados finalmente se rompe y él golpea el gas. —Sí, fue el mejor uso del tráfico que he experimentado. Me mira con una sonrisa satisfecha en su hermoso rostro.


—Por cierto —menciona, su tono lleno de orgullo y felicidad—, estabas felizmente orgásmica. —Y apuesto a que estás inmensamente duro —digo, y luego mueve la ceja—. ¿Puedo averiguarlo? Mira su entrepierna, luego a mí, luego a la autopista. —Sólo asegúrate de que no choquemos, porque eso sería increíblemente malo para el equipo —dice con un guiño. Cierto. El equipo. La razón por la que no debemos estar jugando. Pero cuando dejo caer mi mano sobre su erección, no estoy pensando en el equipo. Estoy pensando en su polla. Cuánto quiero tocarlo, sentirlo, saborearlo. Me muero por envolver mis labios alrededor de él, pero no sé si hay espacio en el asiento delantero para que vaya sobre él mientras conduce. Además, ya sabes, es un poco peligroso. Pero puedo acariciarlo, incluso mientras conduce. Trabajo en abrir la cremallera, deslizo mi mano adentro y corro mi palma sobre el contorno de su polla dura. Es tan grande y tan duro, y quiero tocarlo, carne a carne. —Mierda, Dani, eso se siente bien —dice con un gruñido gutural mientras corro mi mano sobre el contorno de su erección. Su muy gruesa erección. —Sería mejor que fuera de contacto pleno. —Entonces pon tus manos en mí —dice, mientras conduce. Sumo mi mano dentro de sus calzoncillos, envuelvo mi palma alrededor de la polla de Drew Erickson, y es fabuloso. Se adapta a este hombre. Se ajusta a su complexión, su tamaño, su fuerza, su habilidad. Todo acerca de él es más grande de lo normal, y gracias al Señor, eso incluye a su verga. Corro mi mano de arriba abajo por su longitud mientras él acelera. Tocarlo así envía una emoción deliciosamente sucia en mi cuerpo. Gime, sujetando el volante más fuerte mientras lo acaricio. Mi pulgar se desliza sobre la cabeza, y quito una gota de su excitación, luego la llevo a mi boca. En poco tiempo sus ojos se alejan de la autopista mientras lamo su sabor de mi pulgar. —Oh, mierda, eso es tan jodidamente caliente. —Sabes muy bien —le digo, y empuño su polla durante los siguientes minutos mientras conduce lo tan lentamente como puede arreglárselas. Su mandíbula está tensa, la concentración grabada en sus ojos mientras intenta centrarse en el camino incluso mientras acaricio su verga. Cuando bajo la mano para ahuecar sus bolas, sisea. Luego, antes de que lo sepa, cambia de carril, saltando a la derecha, luego a la derecha una vez más. Como un hombre decidido, se aferra a la rampa de salida, acelera, frena a la derecha en un estacionamiento 7-Eleven y apaga el motor.


Gira para mirarme. Sus ojos son oscuros, brillantes de deseo. Pero soy la primera en hablar. —¿Puedo hacerte acabar así? ¿Sólo con mi mano? —¿Por qué lo preguntarías ahora? Estabas a mitad de camino allá en la autopista, cariño. Hora de hacer a este por todo el camino hasta llegar. —Abre más sus pantalones, empujándolos hacia abajo, y me da acceso completo a su hermosa polla. Lo agarro más fuerte, bombeando y tironeando de su eje, y él gime. Y luego hace la cosa más sexy que he experimentado cuando se trata de masturbaciones. Enhebra una mano en mi cabello y susurra contra mis labios: —Bésame duro. Quiero correrme mientras estés besándome. La electricidad destella en mí. Se extiende por cada vena. Besarnos mientras nos corremos podría ser la petición más caliente. Mi cuerpo está de acuerdo, ya que nunca ha estado más húmedo. Lo cual me doy cuenta es bastante conveniente ya que las masturbaciones requieren lubricación. Afortunadamente, tengo el mejor tipo de lubricante. La variedad toda natural. Mientras lo beso duro, hundo mi mano entre mis piernas, llevando un poco de mi propia humedad a las puntas de mis dedos, y regreso mi mano mojada a su polla. Él gime en mi boca cuando se da cuenta de lo que he hecho. —Tu mano es jodidamente mágica —jadea, y luego lo agarro más duro, mi palma volando de arriba abajo por su longitud, resbaladizo con mi propio orgasmo, hasta que él está embistiendo duro, follando mi mano y besando mis labios como si estuviera por devorarme. Me muerde y se queja duro y sonoramente. Cuando libera mis labios, se queja contra mi boca: —Me voy a correr. Pero no hay necesidad de hacer que sus hermosos pantalones se estropeen o su fabuloso carro. Tampoco mi mano si vamos al caso. En un instante, lo tomo en mi boca mientras se corre, envolviendo mis labios firmemente alrededor de él. Gruñe y sujeta mi cabello, balanceándose en mi boca, y la combinación de sus ruidos y embistes es tan jodidamente sexy que juro que casi me corro otra vez solo porque él llega al clímax. Pulsa en mi boca, su verga caliente y latiendo, y no puedo evitar pensar cuán asombroso sería sentirlo moviéndose dentro de mí. Cuando lo libero de mi boca, él ahueca mi mejilla, me mira a los ojos, y dice: —¿Por qué mierda hay reglas no escritas sobre esto? No puedo evitar sonreír. —Se supone que te gustan las reglas. ¿No es eso lo que es tu trabajo? Eso es lo que el juego es. Reglas.


—Y encontrar una manera para evitarlos. Como deberías saber, señorita Abogada. ¿No es eso lo que es tu trabajo? —Touché —digo con una pequeña sonrisa. Luego presiona un tierno beso en mis labios. —Estúpidas reglas —murmura cuando rompe el beso. —Pero tenemos que seguirlos —digo suavemente, mi voz un poco más triste de lo que esperaba—. Es demasiado arriesgado. Simplemente no quiero ser la persona que traiga más atención escandalosa. El personal de administración de relaciones se mezclaba con el nuevo jugador estrella. Estoy seguro de que la prensa encontraría un millón de maneras de hacer que esto se parezca al siguiente Chuck y Bambi. Probablemente tendrían un día de campo con el hecho de que soy mayor que tú. Él menea las cejas. —Sé que estoy teniendo un día de campo con esto. Me río. —¿Así que tienes algo por esta enorme diferencia de edad de cuatro años? —Absolutamente —dice, con los ojos bajando hasta su entrepierna—. Una cosa enorme. —Se cierra los pantalones. —¿Ese fue nuestro último momento de euforia? Me río. —Más como el primer y último momento de euforia. Técnicamente, necesitaríamos más momento de euforia para que sea el último. También se ríe. —Maldita vergüenza que no tengamos más. De seguro que me gustaron los momentos de euforia contigo. —Lo único que podría haber sido un gran augurio. —Eso habría sido fantástico, apuesto —dice, mientras me enderezo la falda mientras arranca el auto para llevarme a casa. Muy pronto llegamos a mi casa. Apagando el motor, toma un respiro y mira por la ventana a la oscuridad de la noche. Yo no hago un movimiento para ir, aunque sé que debería. Sin mirarme, dice: —No me siento amigable contigo, Dani. —Se vuelve a mirarme a los ojos. Puedo ver el calor en los suyos—. El hecho es que estoy aún más excitado que antes. No pensé que eso fuera posible. —Yo también —digo, mi voz plumosa. Inclina la frente hacia mi casa.


—Mejor ve adentro antes de que trate de hacer que te corras tan jodidamente duro en mis labios que estarás silbando un sonido feliz cuando entres al trabajo mañana. —Solo para que sepas, voy a meterme en la cama y disfrutaré esa imagen que acabas de plantar. Sonríe. —Solo para que sepas, estarás en cuatro patas en mi cama en unos minutos. Y esa imagen hace el truco bastante bien para mí también. Pero alguna parte de mí, la parte cuerda, la parte profesional, sabe que debo borrar aquellos pensamientos de él avancen. Tuvimos nuestro primer y último hurra, y sin importar cuán lejos y fantásticamente las consecuencias del tráfico se extiendan por mi cuerpo, es hora de dejarlo ir.


7 Drew Resistirme a ella es fácil en las siguientes dos semanas. La temporada empieza y estoy concentrado. El primer juego es en casa y jugamos como una máquina bien aceitada. Coloco adelante al equipo en el segundo cuarto con un pase de cuarenta yardas a Elkins, quien convierte aquello en un touchdown absolutamente hermoso. La multitud enloquece y el sonido de sus ovaciones es extremo. Cuando Elkins me golpea el pecho en los laterales, ambos estamos sonriendo como tontos. Es temprano en el juego, pero se siente tan jodidamente bien. —Buen trabajo, hombre —digo, y él hace un bailecito, luego flexiona los brazos. —Te dije que lo conseguiría en la zona final. Me lo pasas a mí, y yo me romperé el culo para poner esa bola donde pertenece. —Suena como un plan. Señala a sus calcetines. —Los calcetines de la suerte. Tal vez él tenga razón sobre el calzado. Pesca otra atrapada en la tercera, y nuestro corredor superior lo hace regresar a casa a la primera bajada. Terminamos con una victoria de veinticuatro a catorce, y es una emoción y un alivio. Después del récord dado vuelta de Los Ángeles del año pasado y su cambio de problemas fuera de la temporada, el apretado juego es todo lo que cualquiera podría pedir, el entrenador incluido. La semana que viene viajamos a Arizona, y estamos en llamas en el desierto también. Cuando ganamos nuestro segundo juego con un touchdown seguido en el cuarto cuarto, el entrenador me lleva a un lado de camino al vestuario. —Te ves bien, Erickson. Mantén las rachas —dice él, con la voz ronca, porque siempre está ronca. —Hago lo mejor, señor. Después de un ligero ejercicio el día siguiente y un poco de revisión del juego grabado, me pongo al día con Jason en Santa Mónica para cenar. Hay un nuevo camión de tacos por el que ha estado delirando, y los tacos suenan jodidamente bien para mí.


—Dos en fila, hombre. Ésa es la manera en que lo haces. —Me palmea la espalda cuando me uno a él en la fila en el camión rojo y amarillo llamado Los Tacos de Flipper. Le doy una mirada de soslayo. —¿Por qué mierda ese es el nombre para un camión de tacos? Jason se quita sus lentes de sol de aviador. Completan la vista que está trabajando —los pantalones apretados, los zapatos pulidos, la camisa blanca a medida. Por contraste, yo estoy con jeans, una camiseta, y un gorro, muchas gracias. Me destella una sonrisa mientras inclina la frente hacia el vehículo. —El chico que opera el camión tiene un Chihuahua llamado Flipper. —Ah, bueno. Perfectamente tiene sentido llamar a un camión como un perro. Jason señala pasando la ventana a la ilustración de dicho canino. —Ahí está el tipo. —Baja la voz—. Por cierto, el dueño de Flipper es un gran fan tuyo. Probablemente querrá una selfie contigo. ¿Estás bien con eso? Asiento, mientras ruedo el cuello de lado a lado, tratando de cuadrar los calambres. —Absolutamente. Soy todo sonrisas para la cámara estos días. —Excelente. Supuse que el equipo estaría feliz también, ya que aman tu imagen de chico bueno de mundo. Lanzaron algunas capturas tuyas de esa cosa de caridad que hiciste hace unas semanas. Arqueo una cena mientras nos movemos en la fila. No sigo esa cosa demasiado de cerca, pero estoy contento de que Jason sí. —¿Lo hicieron? —No te preocupes. Es todo bueno. El equipo te ama. Aman a este rostro feliz y brillante que tienes llevando en público —dice, sujetando mi mentón y apretándome las mejillas como una abuela. Aparto su mano con una bofetada. —Hombre. Se parte de risa. —Pocos sabes que eres un amargado fuera del campo. —No soy amargado. Soy dulce —digo con un guiño. —De todas formas, mantén esta mierda en alto y podemos concluir algunos tratos en todos lados, hacer algo de las donaciones que has querido hacer — dice, ya que parte de mi meta con Jason no es solo seguridad financiera o negocios inteligentes; es además asegurarse de que se lo devuelvo a algunas de las organizaciones donde aprendí cuando era un niño jugando deportes. Es bueno estar en una posición para devolver el amor, y de una gran manera.


—Estupendo. Es lo que quiero escuchar. —Y esa es una buena captura de ti y la chica de la oficina frontal. Mi columna se endereza, y una dosis de preocupación pasa volando por mi cuerpo. Mierda. Una espiral de imágenes de los problemas del equipo corre ante mis ojos —los autos chocados, las adolescentes embarazadas, los jugadores que usan drogas. No quiero mancillar la buena reparación que he tenido por años, o la única que he manejado en solo unas semanas aquí en Los Ángeles. O los de ella. Y ciertamente no quiero arriesgar nada más grande —como mi trabajo. —¿De qué hablas? —Lo vi en línea. A ti y a la rubia. Hay una captura de ustedes dos frente a la pancarta. Es bueno —dice, luego se aleja de mí cuando alcanzamos la ventana. Uf. Arrastro una mano por mi cabello, recordándome que esa pose en una ceremonia de caridad no está en la misma liga como los problemas pasados. Demonios, apenas están en el mismo planeta. Pero es inteligente ser cuidadoso. Y es bueno que no fuera obvio desde la foto que quiero follarla. O que casi lo hice más tarde esa misma noche. Bueno, a su mano, si quieres ser técnico. Ah, demonios. Ahora estoy pensando en follar a Dani, en lugar de ordenar tacos de pescado de la persona de Flipper. Jason deja caer la mano sobre mi hombro y me presenta al tipo detrás de la ventana. Hora de quitar a la fuerza todas las ideas de la mujer que no puedo tener mientras mi amigo dice: —Drew, quiero presentarte a Ramon. Un hombre tatuado y fornido con cara de bebé extiende la mano por detrás de la ventana. —Es bueno conocerte. Soy un gran fan. Lo que sea que quieras. Va por la casa —dice Ramon, haciendo gestos detrás de él hacia la cocina sobre ruedas. Ondeo una mano, desestimando la oferta. —Aprecio eso, pero estoy más que feliz de pagar tu buena comida. Y aprecio los cumplidos. —Y lo apreciaría si puedas llevar un anillo a Los Ángeles —dice él, con una sonrisa burlona. —Absolutamente haré lo mejor —digo, y cuando la comida está lista, Ramon rechaza el dinero, por lo que yo meto uno de cincuenta en la jarra de propina. Ramon toma su teléfono, y sonreímos para la cámara selfie. Comemos, luego Jason y yo vagamos por el camino de la costa. Pasamos por el cine, y me detengo en seco cuando leo la carpa.


—Es esta noche —sigo, mi mente rondando de vuelta hacia Dani y nuestra conversación en el carro. Jason frunce el ceño en pregunta. —¿El cielo puede esperar? ¿Esa peli vieja? —Esa peli vieja es una buena peli, hombre. —Reviso la hora. Es casi las siete. —Tú y tu amor por las películas viejas —dice, sacudiendo la cabeza, como si le divirtiera. —Entonces yo y mi amor a las películas viejas y nuevas y cualquier película vamos a atrapar esta peli ahora para todavía poder tener mi sueño de belleza. Te veo después. Voy a entrar. Siempre he amado el cine. La pantalla plateada ha sido mi escale del juego. No me malinterpreten, amo el futbol y amo jugar, pero el juego es amor y trabajo. Las películas, no obstante, han sido divertidas. Son puras de esa manera; han servido como un completo y total descanso para mí, y me encuentro perdido dentro de la historia, lo cual disfruto. Es lo que quiero ahora. Le doy a Jason una inclinación de mi gorra y me dirijo a la ventanilla por boletos, cuando él grita: —Voy contigo. Arqueo una ceja. —¿Para ver esa peli vieja? No quiero que lastimes tu nuevo y ostentoso estilo. —Voy a aparentar que no te conozco. Estará bien. —Es demasiado malo que vaya a comportarme. No estoy tan seguro que lo haré ahora —digo mientras abofeteo algunos billetes en la ventanilla y compro los boletos. Adopta una sonrisa cursi. —Aww, sí que te comportaste después de todo. Mira, me amas porque hago que tu dinero se convierta en más dinero. —O porque estar a tu lado me hace ver más atractivo —digo mientras nos dirigimos al lobby, la puerta cerrándose con un balanceo detrás de nosotros. —O tal vez ambos son atractivos. Me detengo en seco, volteo rápidamente la cabeza, y me encuentro mirando un cabello rubio, pómulos altos, y labios llenos. Se ve mucho como Dani, pero no es ella. Luego, la estrella de mis sueños sucios gira de la ventanilla de palomitas, y estoy cara a cara con la mujer que me masturbó y me acabó con su boca hace dos semanas. Maldición, mi jodido cerebro corre directo a la suciedad. Pero, esta mujer. No tengo oportunidad de no pensar en ella de esa manera.


¿Por qué tiene que ser tan pecaminosamente sexy? Dani usa un vestido de verano rosa y sandalias con correas. Su cabello cae libremente sobre sus bronceados hombros. Está junto a una versión ligeramente más joven y de ojos azules de ella misma. —Oye, catorce —dice Dani, usando mi número—. Es bueno verte. —Y a ti también. Dani hace gestos a la hermosa rubia a su lado. —Ella es mi hermana, Ally. —Y ustedes deben ser los dos caballeros discutiendo sobre quién es más atractivo —dice Ally con una expresión de los atrapé en su rostro. Jason se lame los labios mientras mira a la hermana de Dani. —No hay disputa, claramente. Ustedes, damas, son demasiado y nos doblan la mano en el departamento de ser atractivo. Son hermosos ángeles — dice él, luego se quita un sombrero imaginario, jugando al rol de caballero perfecto mientras mira a Ally. Dani y yo hacemos las presentaciones, y hago lo mejor para no pensar en ella desnuda. Pero demonios, lo mejor no es suficiente, y ya he mirado su carne suave y flexible debajo de ese vestido y cómo se siente besar un camino por su cuerpo y enterrar el rostro entre sus piernas. Mantener la mente limpia alrededor de ella es una batalla perdida. Lo bueno es que los pensamientos de ella no me persiguen cuando estoy en el campo. No me distraen cuando estoy concentrado, cuando necesito el enfoque láser. —Ella es Dani de la oficina frontal —digo, aclarándome la garganta y tratando como el infierno de barrer toda la suciedad de las esquinas de mi mente. Jason chasquea los dedos. —Cierto. Pensé que te veías familiar. Te vi en una foto del encuentro de caridad y nos conocimos. Dani asiente, su rostro sin revelar nada. Esta mujer debe arrasar en el póker. —Eso es fantástico. ¿Ustedes van a ver El Cielo Puede Esperar? Jason asiente. —De hecho, sí. —Luego, como si una idea claramente solo se le ocurriera, aunque apuesto a que lo preparó cuando sus ojos deambularon a lo largo de la figura de Ally, dice—: ¿Les gustaría sentarse juntas? Dani traga y gira hacia Ally, levantando sus cejas en pregunta. Su hermana asiente la respuesta. —Funciona para mí.


Jason camina a zancadas hacia la esquina, recoge el precio de las palomitas extra sanas y explotadas en el aire que Dani estaba comprando, y le pasa la cubeta a ella comprando otro también. Jason y Ally parlotean el tiempo entero. Dani y yo no decimos nada, pero nuestro contacto visual parece decirlo todo. Principalmente, que ambos estábamos entretenidos por cuán rápidamente aquellos dos se están llevando bien, parece. Mientras entramos en el cine, retrocedo, dejando que Jason y Ally caminen frente a nosotros. —Eso fue rápido —digo, asintiendo hacia ellos. —Lo fue. Dime que él es un buen chico —dice ella, su tono mortalmente serio, su mandíbula apretada. Levanto la mano en señal de honor de scout. —Es como un hermano. Confío en él con mi vida. —Bien. Porque lastimaré a cualquiera que lastime a mi hermana. No me importa si los dos acaban de conocerse. Si él le hace mal… Apretó su hombro en consuelo. —Es un buen chico. Lo juro. Parece relajarse bajo mi toque, y por mis palabras. Me inclino hacia Dani, atrayendo una rápida aspiración de su aroma a sol y sexy. —Por cierto, te ves increíble —le susurro, mi voz baja y solo para ella. Un pequeño cumplido como ese no lastima. No hay nada malo en eso. Nada que cruce una línea. —Tú también. —¿Cuáles son las oportunidades para que choquemos el uno con el otro aquí? —digo mientras nos dirigimos por el pasillo. —Bastante buenas, técnicamente. Considerando que hablamos de que esta era nuestra película favorita, y esta noche es la única vez que la están pasando. —Bien entonces. Por lo que esos están bien raros. —Diría que son tan buenos como la manera que has estado jugando estos días. —Jason se detiene en medio de una fila y se dirige adentro primero. Ally le sigue, luego Dani, luego yo. No podía ser más feliz con la ubicación espontánea de asientos. —¿Has estado mirándome? —le pregunto en un susurro mientras nos sentamos en los asientos tapizados rojos. Ella me destella una dulce sonrisa. —Por supuesto que he estado mirándote.


La estupidez de mi declaración me llega de lleno. Alguna parte de mí había estado esperando que ella estuviera mirándome… por mí. Pero es su trabajo. Nada más. Además, ¿por qué siquiera quiero que mire mis juegos? No podemos ir a ningún lado con esta… conexión. No podemos tomar una oportunidad de levantar cualquier preocupación por Los Ángeles. No podemos arriesgar ni una jodida cosa. —Cuando escarbaste en el bolso en el primero juego, y pareció como si estuvieras por salir volando como un saco, mis nervios estaban exaltados —dice ella—. Pero entonces esquivaste la defensa y… —… Y lancé un pase en corto a Frayer —digo, nombrando el apretado final, y encontrando que estoy contento que ella mirara a los Knights después de todo. Me gusta escucharla hablar sobre el equipo. Una sonrisa ilumina su rostro, como si estuviera encantada en recordar el juego. —Ese fue un fantástico juego. Como sea, mi juego favorito fue cuando corriste veinte yardas. Meneo las cejas. —¿Te gusta eso? Soy rápido de pies también. No hay ningún hombre de pocos talentos aquí. Aprieta mi brazo derecho. —Tú tienes los brazos y las piernas. —Dani me ofrece un poco de sus palomitas, cambiando las cosas—. ¿Cuán genial es que este cine tenga palomitas reventadas en el aire? Palmeo mi estómago plano. —Sería un fiasco si este cine no los tuviera. —Sería un completo desastre de comida para películas. —Generalmente apunto a evitar todo fiasco de comidas de cine —digo, y es como si regresáramos a nuestro mundo de juegos. La última vez que jugamos con adverbios; ahora son sinónimos. Hago un gesto hacia las palomitas—. Esto es de hecho lo más grande ya que no puedo tocar las cosas normales. —Tienes que cuidar tu linda figura —dice con un guiño. Robo un vistazo a mi amigo. Está ocupado charlando con Ally, así que inclino mi cuello más cerca de Dani, y le susurro suavemente al oído. —Pero preferiría mirar la tuya. —Ella tiembla, y solo así giro bruscamente de vuelta hacia una dirección que no debería ir. Pero estamos en un cine. Nada peligroso puede pasar aquí, así que continúo—. Tocarte. —Un pequeño jadeo cae de su boca—. Besar esos labios. —Una rápida inhalación—. Desvestirte y extenderte en mi cama.


Cierra los ojos, respirando, y se sujeta del reposabrazos entre nosotros. Solo puedo imaginar que su cuerpo está en llamas justo ahora, como el mío. Cuando abre los ojos, se encuentra con mi mirada y dice: —Qué divertido. Yo preferiría hacer eso también. La película empieza y la miro con una maldita y furiosa erección. ***

Dani Mirar la película al lado de Drew no es la cosa más dura que hecho en mi vida. Después de todo, corrí una maratón cuando tenía veinticinco. Me gradué de la escuela de leyes con honores. Además, encontré un fantástico trabajo, ganándoles a muchos candidatos. Aquellos eran bastante duros en la escala de tareas con retos ¿Pero esto? Estoy entada lo bastante cerca a Drew que puedo oler el limpio y masculino aroma suyo que es un reto. Agrega el hecho de que tengo una vista de ave de sus hermosos brazos, y Las Desafiantes montañas. Aunque desesperadamente quiero envolver la mano por su bíceps, luego por su tríceps, luego por sus antebrazos. Maneo sobrevivir a todo ese deseo. Pero entonces él hace lo más dulce. Articula algunas de las líneas junto con la película, incluyendo la que el mayordomo habla sobre pretender darle al protagonista cacao. Y entonces Drew sonríe. A nadie. Solo para sí mismo. Porque es feliz, de verdad feliz, mirando esta película. Cuando Warren Beatty no puede quitar los ojos de Julie Christie en el auto, Drew habla sobre su aliento, diciendo las líneas con la estrella de cine sobre cómo no podía dejar de mirarla. Un pequeño aleteo empieza en mi pecho cuando escucho eso. Hay algo ridículamente adorable en un chico que conozca las líneas de esta película. El aleteo se intensifica cuando él gira el rostro hacia mí y la esquina de su boca se cueva. Mi estómago da volteretas, y deseo que estemos solos en este cine para que pudiera besarme frenéticamente con él ahora. Como estudiantes de preparatoria. Y medio estoy esperando que él pase un brazo sobre mi hombro, o se estire por mi mano como lo hizo ese primer día que nos conocimos. Solo que sé que eso no puede pasar ahora. Y no es porque mi hermana está aquí. No estoy preocupada de que ella nos viera y suelte la lengua a la prensa, o a mi jefe. Dudo que Jason se meta en el camino.


No puede pasar porque estoy bastante segura que Drew y yo sabemos dónde se dirigiría este apretón de manos. El mismo tipo de toque que parece ir entre nosotros dos. Para más. Si me tocara de cualquier manera, me desenredaría. Me derretiría. Querría todas las cosas que no puedo tener. Y. No. Puedo. Tenerlo. Hundo mi mano en el tarro de palomitas, buscando los últimos restos de la comida. Tomo algunos granos, me los como, luego busco más. Esta vez los dedos grandes de Drew se rozan con los míos, y jadeo. Cubro mi boca con mi otra mano a la vez que Drew gira hacia mí y articula shhh. Manejo hacer un pequeño asentimiento mientras él enhebra sus dedos con los míos. Y nos sostenemos las manos dentro de un tarro de palomitas. Es raro, y extraño, pero completamente maravilloso también. Porque este hombre no solo sabe cómo besar, cómo tocarme de maneras íntimas, sino que además sabe cómo sostener manos. Aprieta mis dedos, luego suavemente acaricia con su pulgar el largo de mi palma, rozando círculos pequeños sobre mi piel que no deberían sentirse tan bien como lo hacen. Porque se siente bien, oh Dios que se siente bien. De alguna forma, él ha hecho de sostener mi mano un tipo de erótico juego previo. Y el simple acto de un toque tierno ha hecho que mi corazón se encienda. Al tiempo que los créditos ruedan, no estoy segura de poder levantarme. Mis piernas son como fideos. Mis bragas están mojadas. Mi piel hierve. De alguna manera manejo soltar su mano y me levanto. Parpadeo, como si estuviera reconectándome con el mundo, volviéndome a su atmosfera con normalidad cuando preferiría bastante estar en la esfera extraordinaria de la erótica acción de sujetar las manos junto con este hombre sexy y dulce. Mientras hacíamos nuestro camino por el pasillo, él se aclaró la garganta. —Muy buena película —dice. —Absolutamente la mejor película de futbol. —Tal vez únicamente se le acerca Un Sueño Posible. —O Juego de Campeones como un distante segundo. Pero no por la escena de la crema batida. Levantó sus grandes manos. —Juro que no recuerdo una escena con crema batida. —Claro —digo, provocándolo. —Pero todo eso sabe mejor con palomitas —dice, y sus ojos se detienen sobre mí.


No es solo físico. Es el comienzo de algo más entre nosotros. El destello de sentimientos. Tenemos un secreto, solo que esta vez se hace más profundo que antes.

Y es mucho más peligroso.


8 Drew La mañana siguiente Jason se encuentra conmigo en el equipo del gimnasio para ejercitarnos. Inclina su barbilla a Elkins, quién está en la prensa de piernas. —Oye Elk. ¿Cómo lo está haciendo tu mamá? —Jason pregunta—. ¿Se está sintiendo mejor? Elkins lo saluda y sonríe ampliamente. —Mucho mejor. El doctor la puso en unos nuevos medicamentos de tiroides. Jason le da dos pulgares arriba. —Asombroso. Encantado de escuchar eso. Elkins limpia su frente con el dobladillo de su camiseta. —Gracias por preguntar, hombre. Jason asiente un de nada, luego golpea su barbilla. —¿Estás dejando crecer eso? Elkins se levanta de la máquina. —Me veo bien con pelaje, ¿no lo crees? Palmeo a Jason en la espalda. —Si alguna vez decides afeitarte, sabes que este hombre encontrará una compañía de navajas que podría felizmente respaldarte —dije con un guiño, sabiendo que la apariencia peluda de Elkins era preciada para él. Elkins agarra su barba. —Nunca —dice con un temblor—. Especialmente si estamos ganando. Jason lo señala. —Tú te mantienes sin afeitarte. Yo me mantendré afeitándome. —Trato —Elkins dice con un choque de puños, luego se mueve a la máquina de remo al otro lado del cuarto. Es temprano y solo hay unos pocos chicos aquí. Muchos tienen auriculares mientras se levantan, así que Jason y yo asentimos a algunos, luego armamos el campo en la banca de prensa.


—Tengo el encuentro con Qwench. Están locos sobre ti, así que he estado buscando en la compañía un poco más. Para ver si es un buen ajuste —dice mientras ajusto las pesas. —¿Cuál es el veredicto, Sr. Monopolio? Golpea la barra plateada. —Aún no estoy seguro. Necesito cavar un poco más profundo. Lo miro mientras me acuesto en la banca y envuelvo mis palmas alrededor de la barra. Su expresión es seria. Sus ojos intensos. —Eso suena…ominoso. —Solo haciendo mi investigación. Eso es todo —dice y destella una sonrisa tranquilizadora—. No te preocupes. Sabes que no te dejaré tomar un trato que no sea jodidamente increíble. Levanté la barra mientras él me vigila. —Eso lo sé. —A ellos les gusta tu imagen perfectamente limpia —continua mientras me vigila. Guiña. —Buena cosa que no fuiste a lo de Piccolo con nosotros hace unas semanas. Hombre, las chicas estaban por todos lados. Frunzo el ceño. —Estoy bastante seguro que las mujeres no están específicamente prohibidas en mi contrato. Él baja su voz. —No, pero está bien ser precavido cuando estas tratando de rehabilitar una imagen pública. Algo acerca del comentario me enojó. —Oye, no es mi imagen. Siempre he sido bueno. —La imagen del equipo, hombre, del equipo —dice mientras empujo las pesas de nuevo—. Y tú y el equipo son uno y el mismo. De cualquier forma, me gusta el sonido del trato. Lo quiero para entrenar, es por eso que voy a pasar algo más de tiempo en eso. Porque si podemos hacer que funcione, puedo darte más seguridad financiera, y protegerte si las cosas no funcionan en LA. Arqueo una ceja mientras coloco las pesas en el soporte. —¿Estás tratando de decir que no crees que vaya a durar aquí? Me siento derecho y Jason me dispara con una mirada devastadora. —Sabes que lo hago, hombre —dice, su frente fruncida—. ¿Qué pasa contigo esta mañana? Estas viniendo contra mí con tus armas brillando. ¿Necesitas un polvo? Aprieto mis dientes y tomo un fuerte respiro. Necesito alguna vez un polvo. Con una mujer. Solo, se siente mucho más que eso ahora con Dani. Lo cual es


loco, desde que solo la he estado viendo un puñado de veces. Pero se siente como si pudiese haber algo más entre nosotros. La química es chisporroteante, pero también nos tenemos el uno al otro. Nos gustan las mismas cosas, caemos en un cómodo ritmo, conectamos. —No todos nosotros hombre, no todos nosotros —digo con una risa forzada, tratando de hacer ligero el comentario. Quizás incluso evitarlo. Él no lo deja ir. Mirando alrededor primero, deja caer su voz así soy el único que puede escuchar. —¿Hay algo contigo y la abogada? Me acuesto de nuevo en la banca, mis ojos concentrados en el techo. No miro a Jason. No me gusta mentirle. —Nop. Mientras tanto, me pregunto cómo mierda podía decirlo durante las películas, especialmente cuando él era todo sobre Ally. —Pero seguro parece haber algo contigo y su hermana. Jason sonríe, y él nunca es de sonrisas grandes, así que sé que eso significa que él es todo sobre ella. Como uno de los otros chicos que gruñen mientras levantan las pesadas pesas, Jason dice: —Ella estuvo genial. Voy a escribirle hoy. Quizás ver acerca de tomar un café o un trago. Él puede verla fácilmente. No tiene que preocuparse sobre reglas no escritas, o jugar rápido y perder con la imagen pública del equipo. —Suena como un plan. —Y volviendo a ti ahora —dice, inspeccionando el cuarto de pesas una vez más. Costa despejada—. De quien hablábamos hace un minuto. ¿Estás en ella, no es así? —¿Por qué dices eso? —Solo parece un poco obvio. Supongo de la misma forma que pudiste decir que estaba en su hermana. No hay punto en negarlo ahora. Él ha olido la verdad. Por otro lado, es mi mejor amigo. Manteniendo mi voz baja, digo: —Nos enganchamos antes de que la temporada empezara. Antes de ser negociado. Pero lo enfriamos cuando nos dimos cuenta que jugábamos para el mismo equipo, y eso podía complicar las cosas. Asiente, golpea la barra de las pesas de nuevo. —Movimiento inteligente. Mejor mantenerse enfocado solo en el juego. —¿Eso piensas? Tamborilea sus dedos en sus sienes, nuestra señal para un gran partido.


—Absolutamente. No es momento para distracciones. Es mucho mejor despertar por una foto de ti y el dueño del camión de tacos que por alguna pieza sobre cómo el quarterback se está cogiendo a la manager —dice, y la dura pero realista forma en que lo puso me recuerda una vez más mantener el ojo en el premio. El campo. Solo el campo. Eso es lo que hago. Mi primer y más importante amor es el futbol. Necesita toda mi atención. Mi devoción. Eso es lo que le doy. Cuando pise en el campo ese fin de semana, saboreo el aroma de la grama, el rugido de la multitud, el correr de la adrenalina bombeando en mi sangre. En la reunión, soy todo negocios, y los caballeros son tan tajantes como pueden ser. Ganamos el juego, y de alguna manera haremos esa increíble hazaña de nuevo el próximo domingo también cuando aporreemos a Dallas en su campo. Cuatro por cuatro. —Hablando de una jodida racha —Elkins grita cuando entro al cuarto de casilleros después del juego. Me da cinco, y un grupo de otros chicos también. Sostengo mis brazos hacia afuera. —Todo lo que hago es lanzarlos. Ustedes son los que tienen que atraparlos —digo, porque Elkins está arrasando en ese departamento, y lo hizo al final de la zona dos veces en el juego de hoy. Montamos alto en el jet a casa con puños levantados, pavoneos, y sonrisas come mierda a montones mientras alcanzamos nuestra altitud de crucero. Me hundo en el cómodo asiento de cuero, feliz como una almeja, desde que no me puedo quejar por un récord de cuatro a cero para el primer mes de trabajo. La única cosa que podría hacerlo mejor es una buena mujer. Pero tomaría lo que podía tener.

La próxima semana, es más de lo que espero.


9 Drew —¡Te voy a enseñar de nuevo! La burla viene de Taylor, el chico con el que he estado peleando en whack-a-mole2. —No me cuentes fuera aún. —Levanto el mazo y envío un topo de madera de regreso al olvido. —No puedes alcanzarme —Taylor dice de nuevo, una enorme sonrisa en su delgado pero dichoso rostro, mientras yo persigo los viciosos pequeños topos en el juego. Estoy en el muelle de Santa Mónica por un evento de beneficencia para los chicos del hospital, y la nueva ala que acaba de abrir ahí. El equipo donó una enorme suma para tenerla construida. He jugado juegos de arcade con unos pocos chicos, y estoy yendo cabeza a cabeza en otra ronda de whack-a-mole con este tenaz chico de diez años que ha pateado el culo del cáncer. Me ha vencido cerca de cada vez. Y esta vez también. Mientras mi ronda termina, levanto una mano y le doy cinco. —Taylor, eres el rey del whack-a-mole —digo, empujando su puño alto en el aire. Desde el otro lado del arcade, un fotógrafo toma una foto. No me importa, pero no estaba jugando esta ronda por el bien de la foto. La estaba jugando porque Taylor es un niño divertido y merece tener un buen rato. Choco puños con él, y le cuento como mucho. —Ahora escucha, Taylor. Cuando regreses al quinto grado, quiero que les cuentes a todos que pateaste mi trasero en el whack-a-mole. ¿Puedes hacer eso, hombre? Él sonríe. —Puedo hacer eso, ¿y tú puedes ganar de nuevo el próximo fin de semana contra San Francisco? Me rio y lo palmeo en el hombro. —Haré lo mejor. 2

Whack-a-mole: Juego que consiste en golpear topos con un mazo de juguete antes de que se escondan.


Se va y se une a sus padres, y yo regreso al juego para una rápida ronda a solas. Mientras aplasto un topo, una hermosa voz flota en mi oído. —Cuidado. No quieres tener una NFI3. Azotando el acolchado martillo sobre la comadreja de madera, respondo con una sonrisa. —Tienes razón. El siguiente topo se rinde a mi velocidad con el martillo. —¿Puedes siquiera imaginar el ridículo que sufriría por una lesión de whacka-mole? Eso sería un infierno de lesión ajena al futbol. Dani da un paso más cerca y descansa su mano en la parte de atrás de la consola. —Tanto ridículo. Sería la charla de la ciudad —dice con un temblor juguetón. Robo una mirada a ella y mi quijada cae. Demonios, si no luce ardiente esta noche. Tan ardiente, de hecho, que pierdo los siguientes cinco whacks. Quizás diez. Pero la mujer está vistiendo un maldito vestido rojo. Es un ajustado vestido tubo que cae sobre sus rodillas, y ella luce bien para comer. Todo lo que quiero hacer es comerla. —Pensé que eras un profesional del whack-a-mole —dice, una pequeña burlona cadencia en su tono mientras observa el tablero. Los topos saltan y yo los pierdo casi todos. Prefiero mirarla. —Lo era, hasta que Taylor me dio una buena patada a la antigua. —Vi eso —dice suavemente—. Estaba conversando con algunos de mis colegas por el Skee-Ball. Y amo que pasaste tiempo con Taylor y los otros chicos. —Es un buen niño. Nos divertimos. —Ellos te adoran. Todos los chicos aquí lo hacen. Es genial que viniste por esto. Un rubor sube por mis mejillas, y no soy un chico de sonrojarse. Pero me gusta escuchar estos dulces cumplidos de ella. —Ahora, ¿qué clase de hombre sería si no lo hiciera? Es lo correcto, y también es divertido como la mierda. Ella me sonríe y todos mis pensamientos apropiados se desvanecen. Mi cuerpo dice bésala. Mi jodido corazón dice para hacer eso también. Esta mujer hace algo conmigo, y como un hilo invisible que nos conecta, siento un tirón. El deseo toma la mejor de mí. Borra todo lo demás —el juego, las reglas, la imagen 3

NFI: (Non Football Injury) Lesiones de los jugadores por causas ajenas al futbol.


del equipo. Borra todas las razones, personales y profesionales, que necesito para ser precavido. Justo ahora, quiero ser lo contrario. Me acerco una pulgada a ella, y sus ojos se agrandan al tamaño de un plato. Me congelo mientras sube su barbilla, y su boca —sonríe para la cámara. Maldición. Me distrae con su belleza. Me saca de mi frío, calmado centro porque la quiero tan malditamente demasiado. Tengo que ser más cuidadoso. Me giro y le doy una sonrisa al fotógrafo quien ha estado haciendo las rondas. Dani también sonríe, y el chico nos da unos pulgares arriba antes de irse a otro grupo. —Estuvo cerca —digo bajo mi aliento. —¿Estabas tratando de besarme? Asiento. —Podría creer que eso era obvio. —Era obvio. Inclino una cadera en el juego. —Sé que no debería, pero viendo como era un buen chico me detuve a mí mismo, déjame hacer la pregunta, ¿qué habrías hecho si te hubiese besado? Una dulce sonrisa tira de sus labios. —Probablemente regresarte el beso. Contra mi mejor juicio. Ondeo una mano en el aire desestimando. —Que se joda el juicio —digo juguetonamente y ella se ríe. Pero unos segundos después, el buen juicio regresa en forma de Stuart. Él se precipita y sacude mi mano. —Gran noche. Gran evento. No podría estar más complacido. ¿Tú? Asiento. —Todo es fantástico. —Maravilloso. —Toma un latido, mira de Dani hacia mí y de regreso. Por la mitad de un segundo, algo inquisitivo pasa en sus ojos, y una ráfaga de nervios baja por mi columna. Casi como me siento cuando no puedo encontrar al receptor y estoy a punto de ser despedido. Pero eso es estúpido, me digo. Necesito relajarme. Especialmente ya que la siguiente pregunta e Stuart está bien y sencilla—. Tenemos una petición de Hannah de dieciocho años, quien tuvo una cirugía correctiva en su tobillo, por una ronda de Skee-Ball con el mariscal. —No digas más. Estoy ahí. —Es genial en el Skee-Ball. —Dani se mete, y Stuart inclina su cabeza hacia el lado, como si fuese curioso por como ella sabe ese pequeño chisme. Ese


sentimiento empieza de nuevo, pero Dani es una profesional manejando a Stuart. Ella estrecha sus ojos, y sostiene su mano. —Duh. Es el mariscal. Si no puede ganar en el Skee-Ball, deberíamos patearlo fuera del equipo. —Sí, totalmente deberíamos. —El hombre más viejo adopta una mirada severa, sacude su dedo índice hacia mí, y dice—: Hijo, estás fuera si no vences a Dani en Skee-Ball después de tu ronda con Hannah. Exhalo, aliviado como el infierno de que no tuvo una vibra. O peor, empezar a notar en qué hemos estado. Pero entonces, ¿quizás era curiosidad lo que vi en sus ojos? Alejé los pensamientos. Nos dirigimos a los juegos, y una pequeña pelirroja con peca en la nariz me tiende una bola. —Tú vas primero —Hannah dice con un tono serio. —Me encuentro un gran competidor aquí —digo, y luego jugamos. Esta vez, sí gano. Por triunfo aplastante. Y luego de jugar con unos pocos chicos más, juego una ronda con Dani. Ella es buena, pero no soy el quarterback por nada. Sé cómo apuntar. Sé cómo lanzar bolas. Sé cómo golpear blancos. Las habilidades se encargan, y la venzo a ella también. Después, ya que la mayoría de los chicos se han ido, uno de mis receptores me reta, y obviamente no puedo rechazar eso, así que vuelo jugando Skee-Ball con Elkins por otros veinte minutos. Para el momento en que termino, Dani se ha ido. Cuando regreso a casa y reviso mi teléfono, hay un mensaje de texto esperándome. Dani: ¿Destrozaste a Elkins? No le escribo de regreso. Llamo. Porque eso es seguro. Que puedo hacer. Puedo hablar con ella, y no cruzaré una línea que necesito mantener. —Fue una completa aniquilación de mi compañero de equipo —digo—. Lo más impresionante considerando que fui distraído por esta ardiente rubia la mayor parte del tiempo. —¿Dónde estás ahora? —Estaba —digo, mientras me siento en mi sofá—. Ella es hermosa e inteligente, y aparece en lugares dónde no la espero. —¿Cómo la playa, y las películas, y el muelle? —Exactamente. Está en todas partes.


—¿Alguna vez has considerado que ella puede estar acosándote? —Dani pregunta en un tono serio que me hace reír. —Tomaré ese tipo de acoso. Quizás ella me tome todo el camino hacia mi cama, y se desnude para mí —digo, sabiendo bien que no lo hará, pero amando la imagen. —Eso suena como mi tipo de acoso también. —Ella suspira, y es un sonido feliz—. ¿Cómo estuvo tu día? Y luego de repente, no estamos hablando de sexo o coqueteando, o cómo se ve la otra persona. Le cuento sobre la práctica, y el trato que Jason está buscando con Qwench, y cómo pienso que puede posicionarme bien en el futuro si da resultado. —Ohhhhh. —Su voz es pesada. Me siento derecho. —¿Qué pasa, Dani? Ella hizo un sonido de cliqueo. —Así está la cosa. Ellos vinieron a nosotros para suplir en el estadio. Y desde que manejo todos los contratos comerciales, paso mucho tiempo buscando hacer un trato con Qwench. Esto no es terriblemente bien conocido, pero encontré información de que la compañía estaba siendo investigada por fraudes en impuestos. —Mierda. ¿Lo hiciste? —pregunto, soplando una larga oleada de aire. —Sí, solo ten cuidado. Si Jaso quiere saber algo más, dile que me contacte. Pero es mejor tratar con cuidado. —Demonios sí. Definitivamente le dejaré saber ya que está buscando eso justo ahora. —Alcanzando un bolígrafo en mi mesa de café y un pedazo de papel, escribo una nota para mí para mencionarle todo esto a Jason—. Y gracias por el dato. —Cuéntame acerca de este chico —Dani dice, su tono cálido y curioso. Me gusta que ella quiera saber sobre mi mejor amigo—. Especialmente ya que mi hermana está entusiasmada con él. —Y él está entusiasmado por ella también. —Me lanzo en los detalles, cómo crecimos juntos, lo que su amistad significa para mí, cómo me apoyo en él para todo—. Solíamos ir en bicicleta a la escuela juntos empezando desde el tercer grado. Nuestros padres trabajaban su culo y ninguno de nosotros tenía mucho, y los deportes eran todo para nosotros. Éramos esos chicos que veías alrededor del vecindario, lanzando aros y manejando bicicletas. Íbamos en bicicleta a las prácticas juntos, a los cortes de baloncesto al final de temporada, a la piscina comunitaria en verano. Solo nos levantábamos y lo hacíamos. —Porque lo amabas. Porque era tu corazón. No podías no hacerlo —Dani dice, entendiéndolo. Entendiéndonos.


—Exactamente. Y sin embargo jugábamos futbol juntos en la secundaria, Jason sabía entonces que sería profesional. No lo digo para ser arrogante, pero él fue quien lo dijo. Era una locura, pero él podía decirlo. Él creyó en mí, y como que cuidó de mí de regreso en el día. —¿Cómo es eso? —Me ayudó a elegir las diferentes ofertas de equipos de universidades. Fue por ellos uno por uno para realmente encontrar el mejor. Él siempre ha hecho eso por mí. Asegurarse de que estoy considerando todo. Ve tras de mí como un hermano. —Él es tu jinete —dice cálidamente. —Sí. Lo es. Pero solo tengo uno. No necesito cuatro como LeBron —digo, ya que el jugador de baloncesto es famoso por apoyarse en sus cuatro mejores amigos de la infancia para ayudar con todas sus decisiones de negocios—. ¿Qué hay de ti y tu hermana? ¿Son cercanas, cierto? —Muy cercanas. Ella es una de las razones por las que trabajo tan duro. Amo mi trabajo, pero también cuido de ella —dice, y luego me doy cuenta que está llevando a su hermana a través de la escuela de enfermería—. Estaba muy enfocada mis primeros años fuera de la escuela de leyes, trabajando tarde en las noches y adelantándome, pero era tiempo bien empleado ya que podía pagar todos mis préstamos de la escuela. Ahora, estoy en una posición para ayudarla así puede solo concentrarse en la escuela, y luego ser una enfermera practicante cuando se gradúe. —Maldita sea, eso es impresionante —digo con un silbido. —Ella lo vale. Y oye, Tendré a alguien que cuide de mí en mi edad avanzada. —Ah. Es bueno que la familia pueda hacer eso —digo, luego miro el reloj. Nueve p.m. necesito levantarme en nueve horas para correr. —Debería dejar que duermas —dice, como si leyera mi mente. —Espera. No puede irte sin que te diga lo hermosa que te veías esta noche. —Por todo lo que vale. Dime. Paso una mano por mi barbilla mientras recuerdo como lucía. Mi polla se remueve con el recuerdo. —Tan pronto como te vi estaba pensando desabrochar ese vestido que usabas y hacer mi camino con tu cuerpo. Hay una pausa en el teléfono, un susurro de sábanas. —¿Estabas pensando en mí desnuda en la máquina de Skee-Ball? Me rio. —No puedo evitarlo. Te vi y pensé en ti desnuda. Espero que no objetes a la forma como te desvestí mentalmente.


—Espero que no objetes que hice la misma cosa. —¿Me imaginaste en mi traje de nacimiento? —pregunto y mi verga ahora da un completo y apropiado hola cuando ella dice —Seguro que lo hice. Me hundo más profundo en el sofá, mi mano vagando hacia abajo por mi pecho. —¿Cómo me veía? —Drew, tienes un cuerpo hermoso. Me gustaría verlo desnudo. ¿Eso no está claro? Me rio por lo bajo con su forma directa, luego gruño a sus palabras. Me hace reír y me enciende. —Una maldita pena que no me hayas desnudado. —¿Estas desnudo ahora? —No, pero también sé mejor como para enviar una selfie desnudo. Ella parte de risa. —No estaba pidiendo una. Pero por qué no me dices que estás haciendo… —Mi mano está en mi pantalón corto ahora —digo, mientras alcanzo la cinturilla y agarro mi polla. Gruño mientras acaricio. Joder, se siente bien tener algo de liberación, especialmente mientras escucho su vos. Por otro lado, esta es la única forma que podemos tratar con toda esta maldita lujuria. Sexo telefónico —lo necesito ahora. —¿Estás frotando esa fantástica polla tuya? Envuelvo mi puño alrededor de mi dureza y acaricio hacia abajo hasta la base, luego de vuelta a la cabeza, apretando en la punta. Una corriente de placer ondea por mi cuerpo, y empujo mis pantalones cortos a mis rodillas, sintiendo mi polla completamente desde los límites de la ropa. —Lo estoy. Deseando que fuese tu mano, tu boca, tu coño. —Mmmmm —dice, su boca formando un sexy ronroneo—. Quiero eso también. Dime qué es lo que más quieres justo ahora. Bombeo más rápido, más duro, deseo surgiendo por mi cuerpo mientras le respondo. Si estuvieras aquí justo ahora, me arrodillaría. Trabajaría tu cuerpo con mi lengua. Te recostaría en mi sofá. Levantaría tu culo, lamería tu coño de esa forma. Te haría venirte en mi rostro. Gime ruidosamente, y es un largo, duradero sonido.


—Oh Dios, eso suena tan ardiente. Quiero eso tanto —Ella respira, e imagino su mano entre sus piernas justo ahora, sus dedos volando, sus muslos abiertos ampliamente. La imagen me endurece, mientras la lujuria traquetea por mis venas con cada caricia ruda. —Quiero hacer tus piernas temblar, tus rodillas flaquear. Quiero que tiembles mientras te beso entre tus piernas, y te follo con mi lengua. Su respiración se atrapa, y sus gemidos se vuelven un lloriqueo. —¿Te estás follando a ti misma? —Lo estoy —dice en un sonoro jadeo. —¿Y estás imaginando lo que estoy diciendo? —Perfectamente. Agarro más apretadamente, mi puño volando. —¿Quieres que me coma tu pequeño y dulce coño, no es así? —Quiero eso tanto. Mi mano se mueve arriba y abajo por mi longitud, deseo disparándose por mi cuerpo. Golpeo mis caderas, follando mi puño más duro y rápido. —Te haré venir tan jodidamente duro, luego te pondré en cuatro, y me deslizaré en ti. Te tomaré de esa forma, Dani. Te tomaré malditamente duro. Ella lloriqueo, sus sonidos diciéndome que está cerca de la cima. Estoy tan jodidamente cerca también, y no puedo parar de decirle lo que quiero justo ahora. Agarrar tu cabello. Ponerlo en mi puño. Agarrar tus caderas. Entrar en ti. Llenarte todo el camino. Ver tu espalda arquearse mientras te follo. —Oh Dios, por favor fóllame, por favor fóllame, por favor fóllame —ella dice, llamando, lloriqueando, cantando, rogando, mientras se viene desecha en el teléfono con la imagen que pinté. Segundos después, mi visión se nubla, y un orgasmo barre por mi columna, mientras me vengo con una poderosa liberación que me hace querer incluso más. Después de limpiar, me rio ligeramente y digo. —¿Ahora puedo ir? —Desearía. Quiero eso tanto. Me siento derecho en el sofá, pasando una mano por mi cabello. Estoy a la vez satisfecho y frustrado.


—No me malinterpretes. Eso fue asombroso. Pero realmente quiero la forma real justo ahora. Se ríe por lo bajo. —Tienes un apetito voraz. —Lo hago. Pero también soy un hombre físico. Eso significa que me gusta tocarte, y me está matando cuando te veo en público y no tocarte de la forma que quiero. Ni siquiera me refiero a la parte sucia, Dani. Me refiero a darte un beso cuando te presentaste en el juego de whack-a-mole. Poner mi brazo alrededor de ti entre las rondas de Skee-Ball. Tomar tu mano en la mía mientras nos vamos juntos. —Desearía que pudiéramos hacer eso también. Una explosión de adrenalina pasa a través de mí, y estoy listo para correr por el campo ahora. —¿Realmente es una mala idea si estuviéramos juntos? Solo no sé cómo verlo de esa forma —dije, porque no soy un triple padre para tres diferentes madres que embarazó a una cuarta chica. Dani no es una porrista fresca del autobús de diecinueve años. No estoy estrellando autos o destrozando cuartos de hotel. Solo soy un chico de veintiséis años que tiene su mierda junta y quiere salir con una mujer con la que trabaja —una mujer que tiene sus cosas juntas también. Esa adrenalina me llena, me empuja. Quizás es el orgasmo, o quizás solo la realidad. ¿Pero es esto tan malo para mí para al menos buscar algo con ella? Mi juego está bien, hemos jugado como estrellas de rock, y la forma en cómo me siento por ella no me ha molestado en el campo hasta ahora esta temporada. Lo que sea que Dani y yo hemos tenido hasta ahora —clandestino como es— no ha hecho una onza de daño. El único problema que veo es el equipo, y no creo que Dani y yo seamos un problema para los Caballeros—. ¿Viste como Stuart te miró, y luego a mí esta noche? Era casi como si estuviera complacido —digo, y no puedo enmascarar la nota de esperanza en mi voz. No creo estar de acuerdo con evaluación de Jason más sobre los riesgos de estar con Dani. —Sí vi la mirada en su rostro —dice cautelosamente. —Pero no se veía sospechoso. Más como curioso. —Quizás. —Entonces, Señorita Quizás. ¿Qué piensas? ¿Podemos hacer algo con esto? ¿Podemos encontrar una forma de no tener que jodidamente escondernos o solo caer en sexo telefónico? Me gustaría llevarte al cine, y luego llevarte a tu casa. Ella suspira. —También me encantaría eso. Confía en mí. Realmente amaría eso. Solo necesito pensar en si esto realmente va a estar bien. Esto es un riesgo, y tengo


que pensar como llevar el riesgo —dice, cuidadosamente, mientras estoy listo para cargar a toda velocidad contra el peligro—. Todo lo que sé, es que desearía que estuvieras en camino también. Pero no iré, por supuesto. Y estoy empezando a preguntarme cuánto más podemos durar de esta forma.


10 Dani Cuando una hermosa cresta azul crece, caigo en ella, apareciendo sobre mi tabla un segundo después. Mi mente está tan clara como el cielo. En este momento, lo único que importa es la ola y la oportunidad de montarla sin estrellarme. Es controlarme y dejarme ir, y cuando el surf es mejor, son las dos cosas al mismo tiempo. Como ahora, mientras el sol de la mañana calienta mis hombros y el océano me deja tomarlo para un paseo. Cuando termino, voy a la orilla, sacando mi tabla de la arena y me giro para mirar la inmensa extensión del mar. El surf es mi escape, pero también es mi placer. Ha sido mi salida, mi diversión, lo que hago cuando no estoy trabajando. Hoy en día, sin embargo, tiene otro beneficio. Me da claridad, y lo sé mientras camino a casa y lavo la arena, que tengo que tratar de encontrar una manera de tener a ambos. Quiero a Drew. Quiero mi trabajo. Quiero ese equilibrio en mi vida sin caer. Más que eso, también estoy segura de que no somos un problema. Una vez, estuve aterrorizada de cómo se vería un emparejamiento entre nosotros dos. Ahora, con mi tiempo hoy en el agua, el aire libre ha hecho algo por lo que es tan bueno —me dio una calmada y clara sensación de certeza. Es lo que sé de ambas pruebas en el pasado, y de mi propio instinto. El problema de que los jugadores cayeran pesadamente sobre el equipo fue un problema simple. Esos jugadores nunca podrían haber pedido permiso para lo que hicieron porque lo que hicieron estuvo mal. Pero Drew y yo estamos en un lugar diferente. Podemos pedir permiso y esa es la diferencia clave entre los males pasados y mi deseo actual. No estoy segura de cómo llegar. No sé cuándo saltar a la ola o cuando salir. Pero lo sé así cuando entro en el trabajo: necesito probar las aguas. Quiero ponerme allí. Y eso significa que es hora de tener al menos una conversación con Stuart. No estoy segura de si le contaré todo. No estoy segura de que le él diga nada, para el caso. No soy la única involucrada en esta situación, así que no haré nada para comprometer a Drew. Pero Drew dejó claro anoche por teléfono que estaba listo. Quiero encontrar una manera, y aquello comienza con hablar sobre los problemas y los desafíos. Mientras aparco en el aparcamiento del estadio, Ally me llama y hablamos sobre su cita con Jason de anoche.


—¿De verdad te gusta este chico? —le pregunto mientras camino por el asfalto. —Um, sí. ¿No has estado escuchando? —Escuché cada palabra. Solo estoy asegurándome —digo mientras tomo la manija y abro la puerta de la oficina de directivos—. Tengo que vigilar a mi hermana mejor. —Y te agradezco por eso. Pero quédate tranquila, él es un completo caballero, y un dulce, y me hace reír, y también tiene ocho pulgadas de… La corto. —…La la la la. Voy a pretender que no dijiste eso. Se partió de la risa. —¿Qué? ¿Pensaste que era la Virgen María? —No, es solo que no quiero escuchar sobre el escalope vienés del mejor amigo de Drew. —¿Eso significa que Drew y tú van a salir de verdad ahora? ¿Lo cual significaría que estarías en una situación donde estás fuera y alrededor de Drew y de mí, y de Jason y de su escalope vienés? Sacudo la cabeza con diversión. —No, no, y no. Porque él todavía está fuera de los límites. —Me dirijo por el pasillo hacia mi oficina. —Y esa es una verdadera lástima. —Pero tal vez eso pueda cambiar —digo suavemente, dejando flotar la idea. Ally lo capta. —¿De verdad? ¿Qué vas a hacer? —Honestamente no lo sé. Pero creo que debería al menos hablar con Stuart. Tratar de que entienda lo que es posible. No sé cómo preguntarle cosas sin implicar a Drew o a mí. Solo para evaluar la situación. —Deberías. Completamente deberías —dice, su entusiasmo fuerte y claro. Es todo lo que necesito escuchar. Al entrar en mi despacho, le digo adiós, pongo mi teléfono y mi bolso, y me acomodo en mi escritorio. A las diez de la madrugada he conseguido un contrato con un vendedor y, a las diez y media, he respondido a algunos correos electrónicos de colegas que necesitan ojos legales. A las once, me sumerjo en algunas investigaciones sobre relaciones entre empleados y jugadores para ver qué puedo averiguar. No hay mucho por ahí. Con muy poco precedente, estaré volando esto. Pero es lo que tengo que hacer. Tomo una respiración profunda e impulsada, empujo atrás en mi silla y me levanto para poder encontrar a Stuart.


Sólo que no hay necesidad de localizarlo. Está llamando a mi puerta abierta. Mi estómago cae en picada. Estoy apenas lista. No sé qué decir, ni lo que estoy pidiendo. Trago, tratando de resolver las piezas de mi extraña vida amorosa en mi mente. Oye Stu, ¿qué pensarías si saliera con el quarterback? Stuart... ¿estás cien por ciento seguro de que es una horrible idea para la abogada del equipo salir con un jugador? ¿Y si te dijera que quería pedirle al quarterback una cita? Una cita caliente, sexy, sucia, salvaje… Trago. —Entra —digo, contenta de que él no pueda leer mi mente. Palmea sus manos. —Hola, Dani. —Hola, Stuart. Espero a que entre. Le señalo la silla frente a mi escritorio, y se deja caer en ella. —Sobre anoche… Me enderezo en mi asiento, mis nervios intensificándose. —¿El evento del hospital de niños? Asiente y señala. —Bingo. —¿Qué piensas de eso? —pregunto cuidadosamente, la preocupación tamborileando en mí. ¿Escuchó las cosas que Drew me dijo en el Skee-Ball? En ese instante, un miedo frío se cala en mis huesos. Solo porque estaba por desfilar en su oficina por una charla de corazón a corazón no significa que abrazará mis deseos con los brazos abiertos. No en absoluto. De hecho, las chances eran que he calculado mal. Muy mal. Toda mi claridad de antes se escabulle fuera de la puerta, y me quedo son solo hechos duros y fríos. Necesito este trabajo. Cuido a mi hermana. Cuido de mí misma. No puedo arriesgar esto. —El número catorce y tú—dice Stuart. Un peso se aloja en mi pecho mientras su significado se vuelve claro como el cristal. Tanto para que mi plan se enfrente a la temperatura de una posible relación al aire libre. Lo mejor es vacilar en esa pequeña mala idea, y actuar como si nada hubiera pasado. Stuart se aclara la garganta. —¿Sentiste una vibra?


Frunzo el ceño, haciendo lo mejor para parecer completamente confundida. —¿De qué vibra te refieres? Sostiene su teléfono y desliza su pulgar por la pantalla. El peso se hunde en mis intestinos. Oh mierda. Oh demonios. Fotos. Alguien ha tomado fotos de nosotros. Es así como los jugadores son pillados. Los celulares son el diablo. Mi cuerpo es una línea de alta tensión. Cada músculo se aprieta con el miedo de que esté recibiendo la patada. Que estoy echando el escándalo en el equipo. Aunque la parte razonable de mí pregunta, ¿para qué? Pero la parte razonable de mí está aparcada en el asiento trasero. La Dani defensiva, quien puede correr a toda velocidad y esquivar, está manejando el carro ahora. No importa que estuviera esperando pedir permiso. Ahora es tiempo de jugar a escondernos y salvar nuestros traseros. Stuart gira la pantalla en mi dirección y me muestra una foto de anoche. Está en algún sitio de noticias deportivas y chismes. La toma es de Drew y yo jugando a " Skee-Ball". No hay nada inapropiado en eso. —Linda foto —dice, luego desliza la pantalla de nuevo y muestra otra imagen—. Justo como esta otra que encontró el reportero. Me muestra una imagen que he visto antes —tomada en el primer evento en el hotel. Es una toma de nosotros junto al banner de la caridad. —¿Y eso te da una vibra? —pregunto manteniendo el tono plano, sin revelar nada. Stuart rasca su cabeza. —Un poco. Pero luego me encontré con esta toma. —Me tiende el teléfono una vez más, y me echo hacia atrás. La imagen nos muestra a los cuatro saliendo de El cielo puede esperar. Parece que fue tomada a distancia. No tengo idea de dónde vino. No pensé que Drew estuviera al nivel de paparazzis acosándolo. —¿De dónde es eso? —pregunto de pura curiosidad. —El camión de tacos Flipper's lo posteó. El dueño dijo que se encontró a Drew más temprano esa noche. Que Drew disfrutó de un par de tacos de pescado, y luego unas películas con amigos. La esquina de mi boca amenaza con curvarse cuando recuerdo la película, y cómo entrelazamos nuestras manos en un balde de pochoclos. Bajo el rostro mientras el recuerdo me inunda, trayendo una ráfaga de calidez por mi piel. Levantando a mirada, domino mi expresión, poniendo cara de póker otra vez. —Nos encontramos. Estaba con mi hermana, y él estaba con su amigo, así que fuimos juntos a ver una película —explico, sintiendo que he sido llamada a la oficina del director, aunque Stuart no es mi jefe. Pero está a cargo de la imagen del equipo, y eso es lo que está en riesgo.


—Ustedes dos se veían… —se detiene, sopesando sus palabras—. Perdóname por hacer de casamentero, pero se veían como si se gustaran. Trago saliva sin decir nada. Se encoge de hombros y frunce los labios. —Supongo que estaba equivocado. Y eso está completamente bien. Aunque una parte de mí estaba esperando que tuviera razón. Sus palabras no cuadran. Por un momento, estoy segura de que le he oído mal. No puede haber dicho lo que creo. —¿Disculpa? —Tengo que decir, Dani, que se veían como una pareja feliz. Como si hubiera algo desarrollándose. Personalmente, estuve feliz por la posibilidad porque me agradas, y egoístamente, me gusta la idea de esta feliz pareja en el equipo. Ladeo mi cabeza, intentando darle sentido a lo que está diciendo. Y para asegurarme de que no está sugiriendo alguna especie de artimaña publicitaria. Con cuidado, manteniendo mi tono neutral, pregunto: —¿A qué te refieres, Stuart? —Solo que… bueno, seré franco. —Estrecha sus manos—. Con toda la mierda que algunas malas semillas nos hicieron pasar el año pasado, esta aventura parecía ser el detalle estimulante: el mariscal jugando al Skee-ball con niños, y luego con la mujer que le gusta en una actividad de caridad —dice, reclinándose en su silla y riendo, como si fuera la cosa más divertida—. Mientras que nunca te pediría que salieras con él para la prensa o que pretendan estar en una relación, ciertamente esperaba que de verdad estuvieran haciéndolo. Mi mandíbula cae. Cae al suelo con un fuerte sonido metálico. La recojo, la reacomodo, y pestañeo varias veces. —¿En serio esperabas que estuviéramos saliendo? Esto es lo último que esperaba. Incluso si hubiera planeado tener una conversación seria con él, nunca pensé que activamente quisiera que estemos juntos. Simplemente esperaba poder resolver algo. Alguna especie de condición que hiciera aceptable salir con él ya que no soy el jefe directo de Drew, o algo. Una aprobación del tipo perfil bajo. Hasta que pensé que era degradada. Pero de alguna manera, la reacción de Stuart tiene total sentido. Los problemas de imagen del equipo surgieron de chicos drogándose y procreando más bebés de los que podían manejar. De destrozar autos y arrasar con cuartos de hotel. No de entrelazar manos en las películas, o jugar con máquinas tragamonedas en la playa. Stuart golpetea sus dedos en mi escritorio.


—Cuando se trata de historias deportivas fuera del campo, hay poco que el público ama más que cuando el mariscal gana el corazón de una buena chica. Pero supongo que no está pasando —dice, suspirando pesadamente. Y salgo de mi confusión. —Espera. Se voltea, una mirada expectante en sus ojos. Momento de enfrentarlo. Momento de hacer lo que planeaba hace unos minutos cuando estuve lista para ir a su oficina. Decir la verdad. —Tenías razón —digo. Inclina su cabeza, esperando. —Sobre la vibra. Levanta su barbilla, una sonrisa atravesando su boca. —¿Lo hacía? —Sí. He intentado negarlo porque pensé que podía dañar al equipo, pero he pasado tiempo con él en eventos, lo he conocido mejor, y me gusta —digo, reconociendo mis sentimientos, y dejando los suyos fuera por el momento. Como abogada, sé cómo presentar hechos para proteger a otros. Mi trabajo ahora es arriesgarme por nosotros, y puedo manejar el poner mi corazón en juego. Especialmente con la respuesta de Stuart. Su sonrisa va de una mejilla a la otra. —A Drew le gustas. Eso es obvio —dice, y sonrío. No puedo evitarlo. Me encanta que Stuart pueda decir que Drew siente lo mismo—. Y tiene un gusto excelente. —Gracias —digo, luego frunzo el ceño—. ¿De verdad está bien? Se ríe. —Solo no choques un auto, te drogues, o te embaraces pronto. De otro modo, estamos bien. Oh, y tampoco cintas porno. Mi rostro se vuelve del color de un camión de bomberos. —Puedes contar con eso. Cuando Stuart se va, le escribo a Drew. Dani: Entooonces… esa idea que planteaste anoche… Drew: ¿En la que te aparecías desnuda en mi casa? Di que se vuelve real esta noche, por favor. Dani: Qué bueno que aún estés dispuesto a eso. Drew: Dispuesto para ti es exactamente lo que soy. Pero, por idea, ¿te refieres a la de jugar " Skee-Ball" de nuevo?


Dani: Sí, algo así. Más para lo que se necesitaría para jugar a "darle al topo" contigo. Drew: Me gusta donde está yendo. Especialmente porque suena sucio. Pero también dulce. Continúa. Dani: Dijiste que querías salir adelante. Que pensabas que Stuart estaría encantado. Resulta que tus instintos no son solo buenos en el campo. Drew: Por lo general soy genial, ¿no lo sabes? Pero... sé un poco más específica. ¿Está encantado con qué? ¿La cafetería del estadio? ¿El reciente comunicado de prensa que escribió? ¿O…? Dani: Me dio el visto bueno para… bueno, para salir contigo. Le dije que me gustabas. Drew: Mierda. ¿Lo hiciste por nosotros? ¿Hablaste con Stuart? Le doy una versión rápida de cómo pasó todo, luego le mando un mensaje más. Dani: Por favor dime que no estás molesto. Drew: Estoy jodidamente eufórico. Eres una asombrosa mujer de armas toma, y estoy loco por ti. Y lo que hiciste me vuelve incluso más loco. Dani: Vaya. Tomaré ese tipo de locura. Drew: Te mereces cerca de una docena de orgasmos. Lo bueno es que conozco al hombre que puede enviarlos. Dani: Hazlo una docena y uno más, por favor.

Drew: Considéralo hecho.


11 Dani Hay una cena en un café junto al océano. Hay un camino de la playa hasta mi casa. Hay charlas deliciosas por el camino. Todo eso es parte de esta noche. Pero con la eléctrica química entre nosotros, hay mayormente un bajo zumbido sexual en el aire. Una vibración entre nosotros que cruje y chispea, y ambos sabemos que está por encenderse al segundo que alcancemos mi puerta principal. Porque había aprobación. En algunas maneras, me siento tonta de que fuéramos tan precavidos. Pero en otras maneras, no me siento tonta por haberlo jugado —mayormente— con prudencia. Fuimos capaces de conocernos. Fuimos capaces de hablar y charlar. Seguro, bordeamos la línea en su carro, y jugamos con ello otra vez en el teléfono. Pero mientras nos acercamos a mi porche, sé que es diferente ahora que la última vez que estuvimos aquí, y que la diferencia me hace sentir bien sobre esta elección. Abro la puerta principal verde de mi casa y tropiezo dentro con Drew Erickson. Sus manos están en mi cintura, sus labios están sobre mis hombros, y el hombre no ha sido capaz de mantener alejadas sus manos de mí desde que… bueno, desde que esta cita había empezado hace dos horas. Ahora, ambos sabemos lo que está por venir. Nosotros. La puerta se cierra de golpe. —Quise esto desde hace tanto tiempo —dice él, su voz ronca en mi oído con su voz ronca en mí oído mientras él cubre mi cuello a besos, su toque haciendo que el mundo a mi alrededor brillara. Esta es la definición de embelesarse. Este es el significado de rodillas débiles. Míralo. Es lo que él me está haciendo. Mi cuello es su patio de juegos, y lo cubre con besos lentos y suaves, luego con mordiscos más hambrientos. Nunca lo habría marcado como un hombre tan aficionado a besar. Pero entonces, Drew Erickson me había sorprendido desde el día uno, cuando se golpeó la cabeza con una tabla de surf. Mi estómago hace volteretas mientras él presiona sus labios en el hueco de mi garganta, luego me hace retroceder hasta mi sillón. Yo me hundo en este, y él me sigue, su gran cuerpo presionándose contra el mío.


Mierda. Se siente espectacular cubriéndome así aunque estemos vestidos. Solo puedo imaginar cómo será estar piel a piel con este hombre. Mi mente es una neblina de lujuria y deseo mientras sus labios viajan por mi pecho, y tironea de mi camiseta de seda. Me siento, quitándomelo, luego él abre mi sostén. Se queja cuando mis senos finalmente están libres. —Has estado escondiendo estas bellezas de mí —dice él apreciativamente mientras las ahueca, jugando con mi carne, pellizcando mis pezones. Mis caderas se elevan cuando él hace eso, y un estallido de placer corre directo a mi centro. —Ya no más escondidas ahora —digo. Sus ojos están salvajes con picardía mientras me besa y chupa. Me muerde, volviéndome salvaje, encendiéndome aún más, y ya estoy más allá de cachonda. Luego reconsidero mi cálculo cuando él me quita la falda y arranca mis bragas. Estoy en llamas mientras él arrastra un dedo por mi centro húmedo. —Oh, Dios —gimo. —Estás tan resbaladiza y húmeda en mi mano. Quiero saborear toda esta dulzura con mi lengua. —Jala mis caderas hasta el borde de mi sillón, se arrodilla, y extiende ampliamente mis piernas. Su mirada se arrastra hasta la mía, mientras gruñe—: Me he corrido con esta imagen tantas veces. Ahora, quiero que te corras en mi rostro. No tiene que decírmelo dos veces. Porque al segundo que entierra el rostro entre mis piernas, no quiero hacer nada más excepto cazar un orgasmo. Lame una deliciosa línea por mi centro, y yo me retuerzo más cerca. Las chispas se despiertan en mis venas, y mi piel hierve con cada lametón, cada toque, cada beso en mi clítoris. Él gime y murmura mientras me chupa, y sus sonidos me elevan. Mi cuerpo vibra con deseo, y juro que el placer ha acampado en cada molécula de mi cuerpo. Es todo lo que siento. Es todo lo que soy, mientras Drew me bebe a lengüetazos, y la intensidad se construye con cada toque incontenible. Presionando las manos en mis muslos, él extiende más mis piernas, luego las coloca sobre sus hombros. Mis manos se disparan hacia su cabello, tomando más duro los mechones, tironeándolo hasta más cerca. Mi vientre se aprieta, y me acerco al borde. Mis sonidos se vuelven más fuertes, llenando el aire mientras gimo y gruño su nombre. Luego, estoy jadeando y diciendo oh Dios, oh Dios, oh Dios una y otra vez mientras muevo las caderas en su rostro, curvo las manos firmemente alrededor de su cabeza, y me elevo al cielo por el placer. Pierdo el control sobre sus labios en un frenesí salvaje. Él se aparta y se quita la camisa, mientras yo abro los ojos. Qué chica afortunada soy. El hombre desvistiéndose frente a mí tiene un cuerpo por el que


morir. No es una sorpresa, pero nunca menospreciaría este tipo de belleza masculina. Podría disfrutar de la vista todo el día. —Dios, eres jodidamente hermoso —digo. —Bueno, gracias. Tú eres bastante atractiva. Me desternillo de risa. —¿Atractiva? No he escuchado esa palabra en años. —No lo he usado en años. O jamás. Pero te queda. Me siento y me estiro por sus jeans, desabotonándolos, luego bajándole el cierre, y pronto he desnudado a este hermoso hombre hasta nada. Lo he visto lo bastante cerca a desnudarse antes —sin camisa en la playa, y con el trasero al aire en su carro. Pero ahora, él no está usando nada y la vista le queda. Jadeo. No puedo evitarlo. Es demasiado impresionante. Su cuerpo es irreal, y tengo que jugar con él, usarlo, tenerlo, saborearlo. Sujeto sus caderas, elevo el rostro, y digo: —Quiero que me folles ahora. Sus ojos se oscurecen. —Eso es exactamente lo que voy a hacer. Se estira por un condón de su billetera y se lo rueda, mientras yo yazco en el sillón. Abro las piernas para él, pero él sacude la cabeza. —Tal vez no lo entendí, pero pensé que aquí era donde querías estar. Se ríe mientras se acomoda en el sillón, y palmea sus piernas. —Súbete. Quiero que me montes. Y quiero jugar con tus pechos a la misma vez. Su plan de juego suena bien para mí. Me siento a horcajadas encima y él toma mis caderas, posicionándome sobre su polla. Froto la cabeza contra mi humedad, y toma un agudo respiro, su boca cayendo abierta. —Mierda, quiero estar dentro de ti tan mal. Me bajo sobre su erección, y mientras él me llena pulgada por deliciosa pulgada, yo gimo. Se siente tan bien. Él es grande, pero yo estoy ridículamente húmeda, tomándolo tanto que no es un problema. Pronto, él está profundamente dentro, y la sensación es intensa. La piel de gallina se levanta sobre toda mi piel mientras empiezo a moverse sobre él. Sus fuertes manos se anclan en mis caderas mientras me guía. Temblando por las salvajes sensaciones, me inclino más cerca, mis pechos rozando su pecho. Se queja mientras embiste dentro de mí, elevándose.


Sus grandes manos corren por mi cadera hasta mi estómago y cubre mi vientre con una palma. Hay algo extrañamente posesivo en el gesto, en la manera que me está tocando, y me gusta. Lo monto, saboreando la plenitud, emocionada por la manera que el placer se mete profundamente dentro de mi cuerpo, extendiéndose y hundiéndose en cada esquina. Sus manos suben y ahueca mis tetas, apretándolas. Grito. —Oh Dios, se siente tan bien. —Tan jodidamente bien —dice él mientras juega con ellas. Yo no soy una de esas mujeres que tiene un punto especial —no soy una chica de pechos, o una chica de oído, donde me corro con un lametón o con un beso en cierta zona. Pero aquí con Drew, mi cuerpo entero se siente como una zona erógena mientras me folla y me llena. —Te ves tan hermosa montando mi polla, Dani —dice él con un susurro obsceno. Sus palabras parecen sucias y tiernas. Gimo, dejando que mi cabeza caiga hacia atrás mientras encuentro mi ritmo perfecto, moviéndome de arriba abajo sobre él. —Amo la manera que tu dulce coño me aprieta —gruñe, y yo jadeo por la linda grosería que cae de su boca. Luego, con una mano amasando un seno, deja caer la otra entre mis piernas. Encuentra mi clítoris, y lo frota. Las sensaciones hacen que yo gima. Me hacen quejarme. Me hacen gritar con placer salvaje y electrizante. Y antes de saberlo, mis palabras son tan salvajes como las de él. Tan básicas y tan sucias. Fóllame. Te lo ruego. Más duro. Más profundo. Me encanta tu polla tan dentro de mí. Fóllame más duro. Por favor, fóllame más duro. Sus quejidos se vuelven carnales. Bestiales. Nos convertimos en una cosa caliente y salvaje, un choque de cuerpos sudorosos y ávidos, y yo no soy nada más que deseo y ansias de correrme. Mientras mis músculos se tensan, el placer estalla en todos lados en mi cuerpo. No hay parte de mí que no sea tocada por este clímax que simplemente me consume. —Oh Dios, es tan bueno, tan bueno, tan bueno. Y en mi muy buen momento, él se sale, dándome la vuelta, y me posiciona en cuatro sobre mi sillón. Se pone detrás de mí y se desliza de vuelta adentro. Hablando de profundo.


Este hombre me llena y me estrecha como nunca había sido estrechada antes. Está tan adentro que juro que lo siento en nuevos lugares. Pero todo parece como el cielo mientras azota mi trasero con sus manos y arremete con sus caderas, embistiéndome. Eso es lo que es. Es el latigazo de la lluvia contra una ventana. Como una tormenta salvaje. Como rayos. Como las olas del océano chocando en la costa. Y yo quiero esa ola. Quiero caer bajo ella, sentirla toda ella. —Mierda, Dani. Es tan jodidamente bueno. Me voy a correr muy duro. Sabiendo que él ha alcanzado el borde es todo lo que necesito para encontrarlo otra vez. Otro orgasmo agita mi cuerpo mientras él se corre dentro de mí, y me uno a él en esa tierra dulce de felicidad eufórica, nuestros gemidos y quejidos extendiéndose encima de los del otro en los sonidos de nuestra primera vez. Pronto, colapsamos en un montón sudoroso en mi sillón, y él cubre de besos mi cuello de otra vez. Luego en mi mejilla, luego en mi oído. —Hola. —Hola. —Vamos a hacer eso otra vez pronto, ¿verdad? —Es mejor que sí. —Necesito advertirte. Tengo un gran apetito, así que voy a necesitar mucho sexo. Porque me encanta follarte —dice él, con su voz ronca. Luego, hace una pausa, me mira a los ojos, y dice—: Y también estoy enamorándome completamente de ti. Y está un poquito mejor. El sexo con la persona con quien te enamoras. La sonrisa boba en mi rostro encaja con la de él.

—Yo estoy enamorándome completamente de ti también.


12 Drew Abro la puerta para salir de mi apartamento un sábado por la mañana, y miro de nuevo. Jason está afuera, su puño listo para tocar. —Amigo, ¿qué pasa? Necesito ir al estadio para la guía —digo, ya que hoy es para revisar la estrategia y el libro de jugadas para mañana. Tenemos la oportunidad de hacer cinco seguidos cuando San Francisco viene a la ciudad. —Solo esta pequeña cosa conocida como reunión. —Golpea su reloj—. Estuve en la cafetería al final de la manzana esperándote, hombre. Para hablar de Qwench y otras cosas que estoy revisando. Pero no apareciste. ¿Qué pasa? Paso mi mano por mi cabello. —Cierto. Joder. Perdón. Lo olvidé. Él alza su cabeza y me da una mirada perpleja. —Ese no eres tú. Pero es por eso que te envié un mensaje para ver qué pasaba. ¿No recibiste mis mensajes? —Um —digo, pasando mi mano por mi cabello. La verdad es que estuve intercambiando mensajes con Dani por los últimos veinte minutos—. Debí haberlos perdido. —¿Así como los perdiste algunas noches atrás cuando te dije que estaba trabajando en nuevos contratos para ti? —Arquea una ceja. Jason es un chico tranquilo, y raramente se altera. Pero hay una fina línea de irritación saliendo fuerte y claro en su tono. —Lo siento, hombre. Ha sido una loca semana. Después de contenernos lo que se sintió una eternidad, Dani y yo hemos recuperado el tiempo perdido. La he visto cada noche después de las prácticas, y diablos, cada noche es mejor, más caliente y más larga. —¿Duermes lo suficiente? —pregunta, su lado protector saliendo con fuerza. —Sí, totalmente —digo, porque es verdad. Me conozco. Conozco mi cuerpo. —Bien. Siempre has necesitado unas sólidas ocho horas. Hago los cálculos. Anoche alcancé exactamente ocho. Levanto el pulgar.


—Las tengo, hombre. Las tengo. —Bien. ¿Supongo que perdiste mi mensaje esta mañana porque estabas ocupado enviándote mensajes con la mujer con que apenas despertaste? Bajo la mirada y vuelvo a alzarla. ¿Por qué me siento culpable por perder sus mensajes? Tal vez porque he estado perdiéndome cosas toda la semana. Pero eso es lo que pasa en los primeros días de una relación, ¿cierto? No puedes tener suficiente del otro, y todo lo que he querido hacer en la última semana ha sido jugar en equipo y jugar con ella. Así que eso es todo lo que hecho. —Sí —digo, admitiendo la verdad. Me palmea el hombro. Apretando más fuerte de lo que esperaba. —Me alegra que estés con ella, amigo. Solo… ya sabes. Ladeo mi cabeza. —Ya sabes, ¿qué? Golpea sus sienes. —Solo mantén tu enfoque. Aprieto mis dientes, luego le contesto. —Estoy enfocado. Casi que estoy hecho de enfoque. Y ahora mismo, enfoquémonos en Qwench. Porque aquí está la cosa. No creo que esta compañía sea buena idea. —¿Ah sí? Aún estamos parados en la entrada, pero el tempo pasa y las palabras de Dani suenan en mis oídos. Otra cosa que se me ha pasado decirle. No hay momento como el presente. —Dani me dijo que Qwench se encontró en problemas por fraude fiscal. Jason frunce el ceño en confusión. —¿Estuviste hablando con ella sobre tus asuntos de negocios? Una semilla de culpa se arraiga dentro de mí, como si tal vez no debería haberlo hecho. Pero no parecía incorrecto. Parecía jodidamente útil. —Dani dijo que es feliz de compartir los detalles contigo. Solo estaba tratando de ser útil —agrego, pero las palabras suenan incómodas saliendo de mi boca, y me siento un idiota. Como que estoy defendiendo a mi novia de mi amigo, y no debería tener que hacerlo. Tampoco debería sentir que hice algo malo al hablar con ella. Él arquea una ceja. —Seguro que lo estaba. Me encantaría saber más. Solo estoy sorprendido de que fueras a ella por consejo.


—No fue consejo. Estaba hablándole sobre ti, hombre —digo, golpeando su pecho porque me estaba molestando—. Diciéndole que eres un buen amigo, cómo hacíamos todo juntos de niños, cómo trabajamos juntos ahora. Mencioné que estábamos trabajando en un acuerdo potencial. Y jodidamente ofreció la información, ¿de acuerdo? Él alza las manos en rendición. Una pesadez se instala en mi pecho. Mierda. Soy ese tipo que cuestiona a su amigo por una chica. »Es abogada, sabes. Sabe cosas sobre negocios y tratos —digo, como si tuviera que defender mi razonamiento. Pero maldita sea. Jason ha cuidado mi espalda toda la vida. —Pero apuesto que no te pierdes reuniones con ella. Pongo mis ojos en blanco. —Golpe bajo, hombre. La esquina de sus labios se elevó, como si estuviera diciendo: sí, pero te lo mereces, idiota. Tal vez lo haga. —Pero, de todas formas, investigaré eso. Es lo que hago. —Luego su expresión se relaja—. Lo siento —murmura. No es completamente sincero, pero tampoco lo siento de esa manera. Sacudo mi mano en el aire, borrando la conversación. —Tengo que irme. No puedo llegar tarde. Tengo una racha en juego. Entonces me fui al trabajo. En el estadio, mientras guiábamos nuestro plan de juego, saqué a mi amigo y a la mujer de mi mente. Tengo visión tubular y es todo lo que necesito ahora. No hablo con ninguno de ellos por el resto del día o el domingo. Para el momento en que el equipo entra al campo para la patada inicial, estoy concentrado. *** Y no es suficiente. Perdemos, y perdemos duro. Después de quedarnos atrás al final de la primera mitad, tengo que lanzar incluso más. Soy perseguido por el campo trasero, lanzando pases apresurados, los cuales se convierten en pases bajos, y luego lanzo una jodida intercepción que pone a San Francisco a la cabeza. Siguen su delantera y no miran atrás, terminando con lo que solo puede ser descripto como una paliza. Elkins está tan taciturno como ellos cuando salimos del campo.


—No debí haber dejado mis calcetines de la suerte donde mi perro pudiera alcanzarlos. Volteo rápidamente mi mirada hacia él mientras nos dirigimos al estadio. —¿Tu perro se comió todos tus calcetines? Elkins asiente, su rostro abatido. —Mi pastor alemán masticó uno de mis calcetines de la suerte anoche. Los usé para los primeros cuatro juegos, pero él los encontró y masticó el talón de uno. Palmeo su espalda. —Estoy bastante seguro que fueron mis lanzamientos de mierda, el gusto de tu perro por calzado apestoso. Elkins sacude la cabeza tercamente. —No, hombre. Tú nunca jodes con una racha. Y yo lo hice. —Señala su pecho—. Esto es por mí. —Entonces eso significa que, si atrapas veinte pases como un jodido imbécil, ¿es todo debido a tus calcetines, no a tus talentos? —Es diferente cuando ganas. Ganar es talento. ¿Pero arruinar una racha ganadora? Eso es algo que tú no harías. La conversación me fastidia mientras me ducho, mientras me dirijo al estacionamiento, y mientras camino a casa esa noche, temiendo el primer entrenamiento post-pérdida de la mañana, porque probablemente el entrenador nos arrancará uno nuevo. Todo el tiempo reflexiono sobre lo que dijo Elkins. Tal vez tiene razón. Tal vez no te jodas con una racha. Pero no por las razones que dijo. No por la suerte, ni por la superstición, ni por los dioses del fútbol que brillan a tu favor cuando usas medias malolientes. No jodes con una raya porque arruina su foco. Se ensucia con la cabeza. Y el fútbol no es sólo un juego físico, sino mental. Cuando sus prioridades cambian, cuando usted se estira para caber en más de lo que usted piensa que puede, que es el verdadero atornillar con una racha. Eso es lo que he estado haciendo. Una vez dentro de mi casa, abrí una cerveza y golpeé la televisión. La fuerza del hábito me lleva directamente a SportsCenter. Por qué hago esto, no lo sé. Pero hay algo acerca de poner su dedo en la llama. Sabes que duele, pero lo haces de todos modos. Déjalo arder.


Señalando el mando a distancia en el televisor, subo el volumen. Muy pronto, el anfitrión se lanza en su recapitulación de fútbol, y aterriza en mi equipo. —Drew Erickson ha jugado impecablemente toda la temporada, pero hoy Los Ángeles Knights ganaron su primera Derrota de la temporada. Cavemos en lo que quebró su récord de 4-0. Parte de mí quiere gritar: Fue sólo cuatro juegos. Pero otra parte de mí sabe profundamente que todo maldito juego importa. Silenciando la televisión, me aparco en el sofá, la cabeza en mi mano. ¿Qué salió mal en el juego? ¿Dónde me jodí? ¿Cómo puedo aprender? Cuando levanto mi rostro y tomo un trago largo de la cerveza, la respuesta vuelve a levantar la cabeza una vez más. —Mierda —murmuro cuando bajo la cerveza. Porque sé. Sentí que me regañaba cuando Elkins hablaba. Teníamos una máquina lisa y bien engrasada, una que había dado vuelta después de una temporada infernal la pasada. Entonces pongo mi foco en otra parte. Me quité las gafas y dejé entrar a alguien. Una mujer. Y estoy loco por ella, pero el segundo esta cosa entre nosotros subió un nivel, mi juego se vino abajo. Y no tengo el lujo del tiempo. De averiguar un acto de equilibrio. Tengo una temporada con Los Ángeles, y estamos a más de un cuarto del camino. Si quiero terminar este año preparado para el futuro, tengo que darse cuenta más temprano que tarde que no hay espacio en mi vida tanto para el fútbol como para caer por alguien. Tomando el teléfono, marco el número de Dani. —Hola —dice ella, con su voz suave. No me merezco su dulzura. —Hola. ¿Cómo estás? —Estoy bien. Pero basta de mí. Fue un juego duro el de hoy. ¿Cómo estás tú? Su tono es reconfortante. No está tratando de calmarme, o de decirme que jugué muy bien. Sabe que no lo hice. Estoy contento que no esté mintiendo solo para hacerme sentir mejor. Pero, aun así, sé lo que tengo que hacer. Arrancarme la bandita. —Dani —digo, aclarándome la garganta. Mi tono hace claro mi significado, porque su voz cambia también. Ya no es suave y dulce, como el de una novia. Es toda abogada profesional mientras dice: —¿Sí, Drew?


Suelto un gran y pesado suspiro. —Creo que necesitamos enfriar esto por un tiempo. —Oh —dice secamente. —No eres tú. Es que estoy perdiendo mi ventaja. Necesito enfocarme más en el juego —digo, mi tono con un dejo de arrepentimiento—. Teníamos algo bueno funcionando. Teníamos una gran racha. Y puse esto en juego al permitirme meterme contigo. No puedo tomar una chance. Necesito impresionar al entrenador y al equipo y a la ciudad para que me mantengan, mi contrato está marcado hasta el final de esta temporada. Está callada por un momento. Tengo que preguntarme si debería haber hecho esto en persona. Pero entonces, estoy contento de no poder verla. Si lo hiciera, querría tocarla. Besarla. Tomarla en mis brazos otra vez. Es mejor se esta manera. Sigo cediendo cuando estoy con ella, y ese es el problema. —Entiendo —dice, y su voz es fría. Odio el frío sonido. Odio que haya cambiado tan rápidamente. Pero no consigo odiar su reacción, porque yo soy el que le dio esta noticia que no esperaba. Debió ser como una congelación cerebral para ella. Salió de la nada, y ahora tiene que tratar con eso. Pero yo también tengo que tratar con mis errores. »Buena suerte, Drew —dice ella—. Sé que vas a tener una gran temporada. Cuelga.


13 Dani Desvío la mirada de un paracaídas flotando sobre el océano, volviendo mi atención a mi hermana. Estamos en un bar junto a la playa para celebrar ya que ella acaba de pasar uno de sus principales exámenes de enfermería. Ni siquiera puedo soportar mirar el paracaídas. Lo cual es una respuesta emocional totalmente ridícula. Drew y yo nunca fuimos a hacer paravelismo. Simplemente hablamos de ello. Ni siquiera estoy en el café donde tomamos nuestra primera copa. Estamos a unos cuantos bares de distancia. Ally quería surfear esta tarde, ya que salí de la oficina un par de horas antes, pero no estaba de humor para subirme a la tabla, así que estoy echando mis frustraciones con las margaritas. Me gustaría decir que la margarita es la mejor medicina, y que está induciendo amnesia de Drew. Pero no hay tal suerte. Sin ánimo, remolino la pajilla alrededor de los residuos de mi bebida, deseando que fuera una poción mágica para hacerme olvidarlo. Ya que no hay nada—ni una maldita cosa— que pueda hacer sobre la situación. Es como si él me hubiera esposado con su ruptura. Como si me hubiera silenciado en la corte con una orden de mordaza y yo me fuera con la mandíbula floja, con los ojos abiertos, conmocionada. La única cosa que apartó mi mente de cómo él cortó nuestra aventura amorosa por las rodillas es el trabajo. Dichoso trabajo. Ha sido mi constante durante mis veinte años, y va a hacer lo mismo con mis treinta, estoy segura. Es lo único que puedo controlar, así que he estado haciendo una tonelada de esto esta semana, enterrándome en ella. Incluso hoy, he dedicado diez horas, por lo que estuve en mi escritorio en el amanecer. Todo el trabajo me recuerda lo que más importa en mi vida. Tengo a mi hermana, tengo a mi familia, tengo mi trabajo, y tengo el surf para divertirme. No lo necesito a él para que me complete. Estoy mejor concentrada en las cosas que son firmes y constantes. En las cosas en las que puedo confiar. No en un hombre que cambió de idea por un centavo. Aun así, el paravelismo con Drew habría sido tan divertido. Hablamos de ello la otra noche después de que follamos en el mostrador de la cocina. Una caliente ráfaga de estremecimientos corre por mi pecho por el recuerdo. El hombre era implacable, y me folló con pasión y ternura, y la última vez, con dulzura. La última vez me sentí como… hacer el amor, incluso en mi mostrador de cocina. La forma en que me miró, cómo me sostenía mientras se conducía


profundamente dentro de mí, y luego cómo nunca me quitó los ojos de encima. Después, no sólo me dijo lo mucho que le gustaba follar conmigo. Me dijo todas las cosas que quería hacer conmigo fuera del dormitorio. —Quiero llevarte al cine y quiero tomar esa lección de surf que nunca tuvimos, y quiero ir a hacer paravelismo contigo —había dicho esa noche, luego me besó en el cuello—. Y jugar a Skee-Ball y ganarte. Me había reído y golpeado su pecho. —Eres un bastardo competitivo. Él asintió y me besó más. ti.

—Lo soy, pero quiero hacer todas esas cosas contigo porque estoy loco por

Suspiro pesadamente. Tanto por estar loco por mí. Aquello hizo mucho bien. Levanto mi mentón, tomo un sorbo de lo último de mis restos de margarita, y luego bajo el vaso. —¿Entonces debería teñirme el cabello de verde y conseguir un tatuaje de sirena? Parpadeo y giro hacia atrás. —¿Qué? Ally se ríe y señala. —No estás prestando atención. Suspiro. —Sí lo estaba. Te lo juro. Ella sacude la cabeza, divertida. —No lo estabas. Pero lo entiendo. —Lo siento. Es una semana loca y he estado trabajando a toda hora. —Seguro. —Pero está claro por la forma en que dice la palabra que ella no me cree—. Es exactamente por eso que no te estás enfocando. Le doy una mirada afilada. —He estado trabajando duro. Toma mi mano y la aprieta. —Lo sé, cariño. Pero eso no es lo que quiero decir. ¿Has pensado en hablar con él? Ruedo los ojos. —No hay nada de qué hablar. No hay nada que discutir. Esta es una situación de blanco y negro. —Y aun así eres abogada. Siempre me has dicho que cada situación tiene tonos de gris. ¿Cómo ésta puede ser la única situación en blanco y negro?


—Porque lo es —digo con firmeza—. Él rompió porque estaba perdiendo su enfoque. No puedo hacer que recupere su enfoque. No tuvimos un malentendido. No tuvimos una pelea. No tengo nada para que yo hable con él. Ally arquea una ceja. —Lamento discrepar. No sé de qué es posible que ella pueda lamentar discrepar, pero tengo curiosidad. Paso mi mano, dándole a ella la palabra. —Pues discrepa, entonces. Dime. —Viste el juego del domingo, ¿verdad? —Por supuesto. —¿Y San Francisco no jugó su trasero en ese juego? Asiento con la cabeza. Ambas somos hijas de fútbol. Ally conoce el juego por dentro y por fuera. —Fueron geniales. —Nadie iba a vencerlos. Es un idiota si piensa que perdió por tu culpa. No puedo discutir allí. Pero ese es el problema. No puedo discutir con él sobre esto porque él no me dio otra opción. Así que simplemente estoy de acuerdo con mi hermana. —Definitivamente es un idiota. Pero no es mi lugar convencerlo de eso. —Lo sé. Pero no es como si aceptaras su explicación cuando él está tan claramente equivocado. No estoy diciendo que vuelvas a estar con él. Ni siquiera estoy diciendo que puedas cambiar de opinión. Pero estoy diciendo que deberías hacer tu caso para no tomar la culpa. Si vuelves con él o no, no es el punto. Él no debería pensar que la derrota tuvo algo que ver contigo. Tenía que ver con San Francisco. Mi hermana tiene razón. Drew no sólo perdió el juego. San Francisco lo ganó. El otro equipo estaba empeñado en la victoria, y no tengo que dejar que aquello se quede sobre mis hombros. —Ellos fueron como un tren de carga —digo, agregando al punto de Ally. Ella asiente con la cabeza. —Jodidamente cierto. —No se detuvieron por nadie. Ally hace el sonido como un tren corriendo por las vías. —No sólo un tren de carga. Una bala de plata —dice, acumulando esta metáfora. Me río, pero por dentro me siento más fuerte, más confiada. Podría tomar el peso de todas estas otras cosas —el trabajo, mi hermana, y mi estricta devoción


a cómo quiero manejar las responsabilidades de la vida—, ¿pero una victoria o derrota del equipo para el que trabajo? Eso no es mío. —¿De verdad crees que debo decirle todo eso? La voz de Ally es enfática mientras responde. —Sí, sí, sí. Y si es un consuelo, Jason dijo que esta semana él es muy desgraciado. Sonrío Es cierto que encuentro un pequeño consuelo en ese detalle, pero si es miserable o no, no es el punto. Aunque no estoy de acuerdo con su decisión, respeto el hecho de que él tenga que vivir, trabajar y amar bajo sus propios términos. Y yo tengo que hacer lo mismo. Para mí, eso significa el cierre. Aquello significa lo que necesita ser dicho. No necesito hacerlo cara a cara. No quiero abrir una conversación donde saldré lastimada otra vez. Pero necesito que él escuche mis palabras. Empiezo con una carta. Tomando mi tiempo en la noche, escribo mis pensamientos. Los más importantes. Luego duermo sobre ella. A la mañana siguiente, me dirijo hacia su casa, sabiendo que es más seguro y más privado dejar esta carta aquí que en el estadio. Lo deslizo bajo su puerta. Estoy contenta de que no tenga un vecino que le guste regar las plantas del porche. Cuando me marcho de su puerta, lo hago sintiéndome como que al menos fui capaz de decir mi parte. ***

Drew Me sobresalto cuando veo un sobre blanco en mi piso antes de desbloquear la puerta. Una gota de sudor corre por mi frente por una carrera matutina después de un ejercicio de pesas, y lo seco mientras me agacho para tomar la hoja. —¿Cartas de amor? —pregunta Jason mientras me dice adentro y toma un poco de agua de la jalla en el refrigerador. —No estoy seguro —murmuro tan bruscamente como puedo, mayormente para esconder la condenada agitación que golpea mi corazón inesperadamente por ver mi nombre con la letra a mano de ella. Cierto, nunca lo he visto antes, pero sé que es de ella.


Abriendo el sobre, quito la cubierta de papel y lo desdoblo mientras me subo a un taburete en la encimera. Jason toma el taburete frente a mí y me para un vaso de agua. Tomo un trago codicioso, luego abro la página y leo. Hola Drew, Espero que estés teniendo una buena semana, y que la práctica te esté tratando bien. Estoy escribiéndote para compartirte algo de mi mente. Por favor tienes que saber que no estoy pidiendo que cambies de idea. Respeto tu decisión. Tiene que jugar el partido como tienes que jugar el partido. Pero yo no sería una fan de fútbol afiliada o la hija de un entrenador si te dejo ir por pensar que perdiste por la razón equivocada. La verdad es esta: San Francisco era fuerte. Su defensa era invencible ese día. Tú fuiste forzado a lanzar algunos segundos más antes de lo que te habría gustado. Tus receptores no estaban lanzando en todos los cilindros, y dejaron caer los pases. Tu línea ofensiva no te protegió tan bien como debieron haber hecho. Eso es todo. No estás perdiendo el enfoque. El juego es solo eso, es un juego. Algunas veces ganas, algunas veces pierdes, algunas veces eres increíble, y algunas veces el otro equipo tiene los puntos a su favor. No tengo dudas de que seguirás mostrándole a Los Ángeles lo suertudos que son por tenerte. Sé que así es como me sentí por aquellos breves días cuando eras mío. Te deseo lo mejor, Dani Lo leo otra vez, dejando que sus palabras se hundan, hasta que puedo sentirlas profundamente en mi estómago. Ella no es la primera en decir esto sobre el juego. Algunos de mis compañeros lo hicieron también. El entrenador lo insinuó. Pero ella es la primera en decirlo tan claramente, y tan bien. Y ella es la primera en decirlo de una manera que se entiende por qué me sentí como la mierda por mi performance. Unirme al equipo como el quarterback de arranque ha sido una enorme oportunidad para mí. Es la oportunidad que siempre he ansiado para probarme a mí mismo. Quiero poner feliz a esta franquicia. Quiero quedarme aquí. Quiero tener una carrera aquí. Pero, aun así, tal vez he entendido algo mal. Mi corazón se siente pesado cuando levanto la mirada. —Mierda. Jason eleva una ceja. —¿Todo bien? —Sí, hombre —digo, metiendo la sensación de mierda de vuelta adentro. —¿Estás seguro? —pregunta, escépticamente. —Absolutamente. Es solo una nota de… —Por cierto —dice, inclinando el mentón hacia el papel—. Dani tenía razón. Inclino la cabeza a un lado.


—¿Sobre qué? —Qwench. Esa poca cantidad de información acabó siendo certero —dice él, mirándome a los ojos—. Hice algunas llamadas. Pregunté por ahí. Acabó con que ella estuvo en el blanco. La compañía no tuvo problemas con el fraude fiscal, pero hizo lo mejor para ocultarlo. Si no fuese por ella, no estoy seguro de si habría averiguado algo, de contarte la verdad. —¿De verdad? Asiente varias veces. —Ella nos ayudó, hombre. No fue sabido ampliamente, pero ella estuvo buscándote. Tuvo tus mejores intereses de corazón. Estoy jodidamente agradecido por eso. Una sonrisa tira de las esquinas de mi boca. No puedo evitarlo. Estoy orgulloso de ella por querer ayudar, y agradecido de tener a ellos dos cuidándome. Excepto que… a ella no la tengo. Suspiro pesadamente, luego arrastro una mano por mi cabello. —Estoy contento de que ella fuera útil. Y escucha, lo lamento si soné como un imbécil por dudar de ti en primer lugar. Él se mofó. —Por favor. No te disculpes. Me sorprendió al principio, y honestamente, tal vez aquello agitó mis plumas un poquito también. Le doy una mirada estrecha. —¿Plumas? ¿Tienes plumas? Pretende sacudirse el brazo. —Por todos lados. —Bueno, no te preocupes. Te necesito a ti y a tus jodidas plumas, hombre. —Gracias. Sí me preocupó que tal vez no me necesitaras. Pero entonces me recuperé de eso, porque yo soy yo y soy increíble y siempre me necesitarás —dice él con una gran sonrisa y un meneo de sus cejas. Luego adopta una mirada más seria—. Pero aprecio que digas todo eso. Chocamos los puños y yo le palmeo el hombro. —Siempre, hermano. Siempre te necesito. —De todas formas, estoy contento de que ella nos ayudara a ver que esto no era lo correcto de tu parte. Cuando me dijiste eso, empecé a alinear otras opciones. Arreglé algunas reuniones con una cadena de restaurantes y una compañía de calzado, para que tengamos otras posibilidades viniendo por tu camino. —Eso es fantástico.


El cuarto está en silencio por un momento, y yo no puedo dejar de pensar en Dani, y en su nota, y en el esfuerzo que ella hizo para decirme esto incluso después de que yo la dejé afuera. Giré mi frustración conmigo mismo en una decisión de a todo o nada. Jason rompe el silencio. —Tiene tazón sobre eso también —dice, señalando al papel, aunque no lo ha leído. Frunzo el ceño. —¿Cómo sabes lo que dijo? Se encoge de hombros. —No lo sé. Pero puedo suponerlo. Y supongo que dice exactamente lo que necesitabas escuchar, y lo que los otros han estado tratando de decirte por toda la semana. Que tú no jodiste un juego porque te enamoraste. Era solo un juego, hombre. Uno que no pudiste ganar. No rechaces a la mujer con la letra A. Parpadeo y sacudo la cabeza como un perro sacudiéndose el agua. —¿Qué acabas de decir? Repite la parte sobre el juego, pero ruedo la mano, el signo de retroceder. —¿La otra parte? —Oh —dice él, con una risa—. ¿La parte sobre la que estás enamorado? Sí, Ally y yo estuvimos hablando esta semana, y descubrimos que ese es el por qué eras un saco miserable de mierda. Probablemente piensas que todo está relacionado al fútbol, pero apuesto a que estás extrañando a la mujer de la que estabas enamorándote. Dejo caer la frente en el mostrador. —Estaba enamorándome de ella. Jason palmea mi hombro. —Es bueno que sea una semana de despedida entonces. Apuesto a que puedes encontrarla si lo intentas realmente duro. O tal vez no así de duro. Puedo hacer una llamada y averiguar dónde está ella. Cuando levanto la mirada y veo fuera de la ventana al sol abrasador hermosamente en el cielo y a las olas del océano lamiendo la costa, sé exactamente dónde estaría ella en este tipo de día libre.


14 Drew Puedo ver las olas viniendo, llegando a su punto más álgido por el mar. Ella también. Su enfoque está únicamente en el agua. Rema más cerca, se levanta sobre su tabla, y monta la ola por un completo y glorioso minuto, viéndose sexy como el infierno en la tabla, adueñándose de las olas. Las monta hasta que se alisa. Ella baja, sosteniendo la tabla y mirando hacia atrás, probablemente para ver si otra ola está viniendo. El agua está calmada detrás de ella, y cuando mira en dirección de la arena, toma unos segundos para cazar, pero entonces me divisa. Estoy de pie con mis pantalones cortos, los lentes puestos, mi tabla naranja a mi lado. La saludo con la mano y camino por la arena caliente hasta los cristales húmedos donde el mar se encuentra con la orilla. Rema hacia mi dirección, y pronto, se levanta y sale del agua, la tabla a su lado, viéndose tan deslumbrante como el día que la conocí. Espera. Tacha eso. Más deslumbrante. Más hermosa. Porque la conozco ahora, y estoy loco por ella, en cuerpo, corazón y mente. Corre una mano sobre su cabello húmedo, pero no dice nada. —Cuidado —digo con una sonrisa. Ella frunce el ceño. —¿Cuidado? —Mira hacia atrás al agua, luego de vuelta a mí—. ¿Viene un tiburón? ¿Las olas van a chocar sobre mí? ese?

—No. En realidad, era un cuidado para una alerta de idiota. ¿Recuerdas Levanta la mano sobre sus ojos, protegiéndolos del sol. —Sí. ¿Hay un idiota que va a caer en mi ola? Sacudo la cabeza.

—No, pero otro tipo de idiota justo frente a ti. —Me señalo a mí mismo, y sus labios se curvan en una sonrisa. —¿Entonces es eso? Asiento, grande y largo, poseyéndolo.


—Sí. El tipo frente a ti es un completo idiota. Un gran capullo. Completamente jodió esta situación con una mujer, y está esperando que ella le de otra oportunidad. —¿Lo está ahora? —me pregunta, y su tono ya no es frío como el que sentí la otra noche. Merecí ese estremecimiento. Merecí ese gran tiempo para pensar que mis sentimientos por ella eran la causa de mis problemas en un domingo dado. —Síp —digo secamente—. Y en caso de que no lo sepas, ese idiota soy yo. Dejaré de hablar sobre mí en tercera persona. Bajo mi tabla de surf a la arena, y ella hace lo mismo con el suyo. Me estiro por su mano, esperando que tome el mío. Lo hace. Y estar aquí con su mano en la mía, me hace recordar cuán simple y fácil eran las cosas con nosotros, incluso cuando son complicadas. —Amo sostener tu mano. Tal vez eso suena cursi. Tal vez lo es —digo, pero mientras miro nuestros dedos juntos, entrelazados juntos, solo se siente bien—. Pero estar contigo es como sostener manos. Encajamos. —Drew —dice ella, su voz suave y ligera. —Y pensé, estúpidamente, que no podía tener a ambos. Que hacer bien mi trabajo significaba que no podía estar contigo. Que solo tenía suficiente para dar uno o el otro. Pero como esta mujer increíblemente sorprendente, brillante y hermosa señaló, es posible tener a ambos, porque hay un millón de factores que van dentro del juego. —Los hay, Drew. Realmente los hay. Estoy contenta que sepas eso. Me aclaro la garganta. —Y, mira, tanto como estoy teniendo todo mi sueño de belleza, y sin perder la práctica, y mantener mi cabeza derecha, no es justo para mí pensar que estar contigo es un tipo de maldición. Porque se siente lo opuesto. Se siente correcto y bueno y verdadero. —Doy un paso cerca, apretando más fuerte su mano—. ¿Me perdonarás? —Por supuesto —me dice tan pronto como las palabras salen de mi boca, y amo que no haya necesidad de considerarlo, que no haya necesidad de pensar en ello. Ella está preparada, y yo soy un hijo de puta afortunado de haber resuelto mi mierda más pronto preferiblemente a más tarde. Levanta una mano y ahueca mi mejilla, y se siente tan jodidamente bien ser tocado por ella—. Solo no empieces a enloquecer si pierdes, ¿bien? porque pasará. Tendrás días malos en el trabajo, y también yo. Pero tendremos buenos días también. Simplemente no podemos dejar que los malos días dicten cómo nos sentimos por el otro. Asiento.


—Lo sé. Creo eso. Lo prometo. Es solo que he tenido la mente con una idea fija por el juego, y supongo que no creo que había espacio para el amor y para el fútbol, pero estuve equivocado. Sus ojos se amplían cuando digo esas dos palabras: amor y fútbol. —¿Ambos? —pregunta cuidadosamente, sus ojos nunca dejando los míos. Una sonrisa salvaje se extiende por mi rostro. —Estuve equivocado, porque hay lugar para ambos. —Palmeo mi corazón. —Oh, supongo que este es un buen momento para decirte que te extrañé tan jodidamente tanto esta semana porque estoy enamorada de ti. Su sonrisa se extiende, emparejando la mía ahora. Mi corazón late más rápido mirando su reacción. Cómo sus ojos se iluminan. Cómo ambos parecen brillar. Luego dejo de mirar porque sus labios están sobre los míos y me besa. Cierro los ojos y saboreo el beso de la mujer que estoy enamorado. Me besa profundamente, apasionadamente, y pronto todos van a poder decir cuánto la quiero. Rompo el beso y meneo las cejas. —Oh, y por cierto, quería finalmente darte esa nota que dejé en tu porche. —Pensé que fue desecha. —Sospecho que lo fue, así que empecé de nuevo —digo, y me estiré hacia el bolsillo trasero de mis shorts y le pasé la breve carta que escribí. ¿Alguna chance de que pudieras comenzar esa lección de surf? Y luego podríamos intentarlo todo, otra vez, porque te extraño como un loco. Pone su mano sobre su corazón. Y luego levanta la mirada hacia mí. —Estoy enamorada de ti también, Drew —dice, y aquellas palabras suyas eran mucho mejor que ganar. Porque lo eran. Golpetea sus dedos contra mi pecho y baja la voz. —Pero no quiero darte una lesión de surf ahora. —¿No? Sacude la cabeza. —Preferiría salir de este bikini, si sabes a qué me refiero —dice con un pícaro brillo en sus ojos—. Y creo que sabes qué quiero decir. —Oh, sí. Definitivamente lo sé. No podía estar más feliz que su casa estuviera a cinco minutos de la playa. Antes de que lo supiéramos, estoy dentro de su casa y haciéndole el amor a Dani. Esta es la racha que no quiero romper.


Epilogo Dani Seis meses después… Estamos cubiertos de arena, y sol, y de océano. Y no lo tendría de alguna otra forma. Mi novio se ha convertido en el quarterback surfista. No llegamos a la lección inmediatamente. A menudo parecíamos encontrar otras cosas de que ocupar nuestros días. El trabajo y amarnos el uno al otro tienen una manera de ser incontenibles. Pero íbamos a surfear juntos en sus días libres y yo le daba indicios de sobra. Él era un rápido aprendiz, no sorprendentemente. Además, él pasa a lucir increíblemente ardiente en una tabla de surf. Aunque el hecho no tiene nada que ver con lo rápido que dominó el deporte. Yo solo disfruto de la vista cuando él es la vista. Surfeamos juntos, pero también nos gusta ir al cine, y algunas veces nos sostenemos las manos en el cine, y algunas veces nos besuqueamos como adolescentes. Pero siempre la pasamos bien. Hemos ido a hacer paravelismo también, y tuvimos un vuelo de desmadre por el cielo. Micho de mi tiempo antes de Drew fue trabajo, trabajo, trabajo. Mientras, todavía amo mi trabajo, y todavía lo necesito para cuidar de Ally, también he abrazado las cosas pequeñas de la vida, las cuales se han vuelto las cosas más grandes. Como el tiempo con mi novio. Solo que ahora es mi prometido. Ups. Supongo que se me olvidó mencionar esa parte. Se me propuso el mes pasado, un momentito mientras Los Ángeles ganaban el Súper Bowl. Oh, sí. Eso fue absolutamente increíble también. Un completo y absoluto entusiasmo mientras yo lo miraba dirigir al equipo a la victoria as. Drew no era el MVP4. Esa sería muchísima buena suerte. Elkins pilló el honor con dos recepciones por anotaciones, y a aquellas manos como mágicas. Pero Drew guio al equipo, y los llevó allí. Un líder de verdad. 4

MVP: Most Valuable Player: Jugador Más Valioso.


Ahora, él tiene un anillo, y yo tengo un anillo también. Atesorábamos nuestros anillos por diferentes razones. Él se mudó conmigo después de proponerse un día mientras hacíamos paravelismo. Me gusta vivir con él, especialmente desde que él se quedará en Los Ángeles por más años. El equipo firmó con él un contrato de cinco años, y lo aman, justo como sus fans. Pero no tanto como yo. Él podría pertenecer al equipo, y podría pertenecerle a la ciudad, pero al final del día, y todas y cada una de las noches, él me pertenecía a mí. Mientras paseamos por la playa, le saludo con la mano a Ally, quien está esperando en el bar de la costa donde Drew y yo tuvimos nuestra primera cita inesperada. Ella sostiene en alto su margarita y sonríe detrás de sus anteojos de sol. A su lado está Jason, luciendo genial y relajado y completamente. Su mano yace encima de la de Ally en la mesa. Él siempre la está tocando. Siempre dándola dulces regalitos. Nos sentamos y nos unimos a ellos por una ronda. —¿Te rompiste el cráneo con una tabla de surf perdida esta vez, celebridad? —pregunta Jason. —Sí, y eso violó mi nuevo contrato con los tenis —devuelve el disparo él, y yo me río, sabiendo que Drew silbó a Jason esta vez. Pero dudo de que a Jason le importe, especialmente dado que todo está bien con Drew y su nuevo sponsor, la compañía de calzado. Jason firmó ese trato y me agradeció por ayudarles con el desastre evitado con Qwench. —Auch —dice Jason, pretendiendo estar lastimado. —Si estás lastimado, ella te ayudará —digo, señalando a Ally mientras protejo mis ojos del sol. Ally se inclina más cerca a Jason y hace un mohín. —Lo que sea que duela, lo besaré y haré que se sienta mejor. Sí, todos somos bastante felices ahora, y amo a nuestro pequeño cuarteto. Pero amo especialmente a mi hombre. Después de terminar mi margarita, y de que Jason y Ally se fueran, Drew toma mi mano. —Oye, ángel del surf, ¿hay alguna oportunidad de que quieras ir al muelle y jugar a darle al topo? —Sabes que eso suena vagamente sucio, ¿cierto? Me abofetea en el trasero mientras me paro. —Yo no sé eso. Y si quieres ir a casa y jugar a darle al topo conmigo justo ahora, ni siquiera tendrás que torcerme el brazo.


Le doy una mirada con ojos entrecerrados, como si estuviera sopesando su oferta. Luego asiento. —Juguemos en el muelle primero. Oh, y6 de camino a casa, sería genial si puedes conseguirme un Slurpee. Él me aprieta la mano. —Y si el cerebro se te congela, lo curaré yo mismo —dice, luego me da un beso. Con lengua, por supuesto. Tal vez somos cursis, pero también estamos felices, y si tenía la elección de elegir unas palabras para describir lo feliz que soy con Drew serían suciamente. Increíblemente. Y felizmente.

Fin.


Autora Una escritora de bestsellers, Lauren Blakely es conocida como una escritora de libros contemporรกneos que son calientes, dulces y sexis. Vive en California con su familia y ha creado novelas enteras mientras sacaba a pasear a sus perros. Con sus catorce bestsellers, sus libros han aparecido en el New York Times, USA Today, y en la lista de Wall Street Journal Bestsellers mรกs de ochenta y cinco veces, ha vendido mรกs de 2 millones de libros. En Diciembre sacara THE V CARD, un pecaminoso y sexy libro independiente, escrito con Lili Valente.


Traducido, Corregido Y Diseùado por‌

http://miracle-of-books.foroweb.org

Out of Bounds  

Lauren Blakely

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