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Índice Staff Sinopsis Capítulo 1 Capítulo 2 Capítulo 3 Capítulo 4 Capítulo 5 Capítulo 6 Capítulo 7 Capítulo 8 Capítulo 9 Capítulo 10 Capítulo 11 Capítulo 12 Capítulo 13 Capítulo 14 Capítulo 15 Capítulo 16 Capítulo 17 Capítulo 18 Capítulo 19 Capítulo 20 Capítulo 21 Próximo libro Sobre la autora


Staff Moderadora de traducción Viqijb & ஓ¥anliஓ

Traductoras ஓ¥anliஓ

Nadya Val_mar Malu_12 Mokona

Viqijb Blinda Mary Jose Marijf22

Moderadora de corrección *elis* & Viqijb

Correctoras *elis* Viqijb Val_mar Marta_rg24

Liraz Meellc GrizeldaDC Pily

Revisión final Viqijb

Diseño Gypsypochi


Sinopsis Lucas Allen y Natalie Clark han sido cyber-citas. Luego ella aparece en el umbral de su rancho en una tormenta de invierno con una pistola rosada en una mano, un coyote muerto en sus pies, tres cachorros lloriqueando detrás de ella y un bebé en sus brazos. Él podría manejar todo esto. Excepto el bebé. Natalie tiene equipaje, pero también lo hace Lucas. ¿Estarán dispuestos a ayudarse el uno al otro a desempacar antes de la Navidad?


Capítulo 1 Traducido por ஓ¥anliஓ Corregido por *elis*

Allí estaba ella, con un coyote muerto a sus pies, una pistola de color rosa en la mano derecha, tres cachorros de bluetick1 agazapados detrás de ella, y acunando a un bebé en su brazo izquierdo. —¿Natalie? —Levantó una ceja y parpadeó por el aguanieve de sus pestañas. El día anterior se había despertado al calor agobiante en Kuwait, y hoy en Texas estaba más frío que el beso de una suegra en el Polo Norte. Tal vez estaba viendo cosas debido al cambio brusco de clima. Ella lucía como la mujer con la que había estado hablando a través de Internet durante los últimos once meses, pero no esperaba que fuera tan alta, y estaba malditamente seguro de que no había esperado que ella sostuviera a un bebé o una pistola. Ella se dio la vuelta y levantó el arma hasta que estuvo dirigida directamente hacia el pecho. —¿Quién demonios...? Oh, Dios mío... llegaste antes, Lucas. Sorpresa. —dijo ella. —Sí, señora —dijo él arrastrando las palabras—. Supongo que sí, pero no se supone que debas estar aquí hasta dentro dos días más. —Estábamos trabajando en una gran sorpresa para tu regreso a casa. Hazel iba a hacer tus comidas favoritas y teníamos una bandera hecha y oí un ruido y el coyote tenía a los cachorros arrinconados y... —Ella se detuvo y lo miró como si esperara que desapareciera. Contuvo la respiración y continuó—. ¿Por qué diablos no nos dijiste que venías a casa antes? Has arruinado todo.

El Bluetick Coonhound (que puede traducirse como "perro de pintas azules cazador de mapaches") es una raza de perro de caza, una de las variedades de coonhound criada en Estados Unidos. 1


—Es mi rancho. Es mi casa y puedo volver a ella cuando me dé la gana —dijo. Lucas miró desde el bebé al coyote muerto, a los cachorros, finalmente encontrándose con los grandes ojos azules de Natalie mirándolo a través de los dos metros que los separan. Había habido más calidez en su rostro, cuando había océanos y desiertos separándolos de lo que sentía con sólo dos metros de distancia entre ellos. Todo el escenario que había interpretado en su mente hasta la saciedad se había ido al infierno y regresado. Ella no daría dos pasos al frente, le daría un abrazo, y luego compartirían un beso íntimo y apasionado que dijera que sí, que se habían convertido en algo más que amigos de Internet. Un gemido salió desde el paquete azul y ella bajó la mirada. —Sé que tienes hambre, hijo. Entraremos en un segundo. ¡Maldita sea! Había pensado que había encontrado a la mujer adecuada. Infierno, él incluso se había entretenido con nociones de que ella era la elegida. Había estado en lo cierto: la gente estaba loca por creer lo que veían en la red o de confiar en cualquiera que conocieran allí, tampoco. —Joshua tiene hambre. ¿Puedes poner estas crías de vuelta en el corral? Las pequeñas criaturas cavaron por debajo de la valla y el coyote los acorraló por el porche —dijo. Ella definitivamente se veía diferente en la vida real con las curvas y las piernas que iban desde la tierra hasta el cielo. Ella estaba impresionante en esos pantalones vaqueros demasiado ajustados, una camisa de franela roja y el grueso cabello marrón flotando en olas suaves hacia abajo más allá de sus hombros. ¿Cómo podría no haber sabido que estaba embarazada? Porque sólo la viste de cintura para arriba y en las fotos que ella publicó. Hombre, lograste ser engañado muy bien esta vez. ¡Idiota! —¿Y bien? —Metió la pistola en la cintura de sus pantalones vaqueros, se pasó al bebé a una posición más cómoda, y se dirigió hacia el porche. Dejó caer su bolso de lona en el suelo helado.


—Me encargaré del coyote y de los cachorros. Luego tenemos algunas conversaciones serias que hacer. ¿Dónde están Grady, el abuelo y papá? —Grady llevó a Henry a casa después de la cena. ¿Tienes hambre? Sí, tenía hambre. Había renunciado a la cena hasta que llegara a su casa, porque no podía esperar a tener la comida hecha en casa de Hazel. Pero la forma en que su estómago se revolvía no sería capaz de tragar. ¡Un bebé, por el amor de Dios! Y nunca lo mencionó ni una vez. —¿Hazel está en la casa? —preguntó con frialdad. Ella se detuvo y se volvió. —No, no lo está. Tengo que llevar a Joshua al interior, sin embargo. Él esta frío. Sólo ten cuidado de los cachorros. —No me mangonees, Natalie —ladró. —Voy a entrar. Puedes quedarte aquí y morirte de frío si quieres, Lucas. Por la forma en que estás actuando, no creo que este mucho más caliente en la casa cuando logres entrar de todas formas —dijo. Cruzó los brazos sobre el pecho. —¿Y eso que se supone que significa? —Averígualo por ti mismo. —¡Mierda! —murmuró en voz baja. Recogió a los tres cachorros de bluetick que se meneaban y pisoteó hacia los corrales para perros. ¿Qué diablos esperaba ella, un gran y apasionado beso con una pistola y un bebé entre ellos? Abrió la puerta y puso a los cachorros en el interior de la valla de tela metálica, donde se dirigieron directo hacia el agujero que habían cavado. Uno por uno se escabulleron del corral hacia el patio y corrieron atropelladamente de vuelta hacia el coyote muerto. Uno le agarró la cola y el otro fue tras las orejas, todo el tiempo gruñendo como salvajes, como los perros de caza. Lucas tomó una pieza de dos por cuatro y lo puso en el agujero, luchó contra ellos para alejarlos del coyote, y los puso de nuevo en el corral. —Todo el grupo y ningún de ustedes consiguió los sesos que uno de ustedes debería tener. Ese coyote podría haberlos matado a


los tres, si no hubiera sido por Natalie. —Podía oír sus lloriqueos todo el camino a través del patio trasero. Pensó en llevar su bolsa de lona a la barraca, conectar su ordenador portátil, y decirle a través de Internet que se largara como el demonio de su rancho. Eso le serviría bien por no decirle que estaba embarazada la mayor parte de los once meses que habían estado siendo ciber-amigos o siquiera mencionar que había tenido un bebé. Demonios, habían compartido todo por Internet, ¿por qué no deberían romper por allí también? Se suponía que él debía estar esperando ansiosamente en el porche por su llegada en un par de días y que cayeran directamente en una relación maravillosa que terminaría en un viaje por el pasillo hasta el altar. Bueno, tan seguro como el infierno que eso no iba a pasar ahora. Había estado en lo cierto. Nunca había creído en toda la mierda que los chicos hablaban de Internet. No hasta que Drew Camp sacó su ordenador portátil en la primera noche y allí había estado Natalie en la pantalla del ordenador con su gran sonrisa y sus ojos brillantes. Siempre había sido un debilucho por los ojos azules, y si tenía los ojos azules, eso no le había traído más que dolores de cabeza en el pasado. Entonces, ¿por qué esperaba alguna cosa diferente con Natalie? Se lanzó su bolsa de lona al hombro y echó a andar hacia el barracón. Casi había llegado a la cerca del patio trasero cuando esa maldita voz persistente en la parte trasera de su cabeza le dijo que era un cobarde. Lucas le dio una patada al tronco de un árbol de pecan con tanta fuerza que sacudió su pierna hasta llegar a la cadera mientras murmuraba malas palabras en voz baja. Él no tenía miedo de enfrentarse a Natalie o dar el asunto finalmente por terminado. Pero seguro como el infierno que no quería hacerlo delante de Hazel. Aún así, había que ser hecho, y Hazel sólo podía sentarse allí y estar callada. —Sí, claro —dijo. Hazel nunca estaba callada. Ella decía lo que pensaba y no escatimaba las maldiciones cuando lo hacía. Él se dio la vuelta y el viento del norte sopló bolitas de aguanieve en su rostro que picaban


igual que una tormenta de arena en Kuwait, tal vez más aún porque su mandíbula estuvo fija muy fuertemente. —Bien podría acabar de una vez —gruñó mientras se entrompaba de vuelta por el patio. Dos cachorros ya habían descubierto la manera de salirse del corral y lo hizo retroceder al patio. Ellos estaban peleándose por el coyote muerto cuando llegó al porche. —¡Bebés! ¡Los cachorros o los niños, no son más que problemas! —Lucas arrojó su bolsa de lona en el suelo y cogió el coyote por la cola—. Quieren mostrarle que son unos grandes y malos perros cazadores, pueden hacerlo más cerca de su corral. Ellos lo siguieron, gruñendo y mordiendo el cadáver mientras él los arrastraba de vuelta a su corral y lo dejó caer justo en frente del nuevo agujero por donde se habían escapado de nuevo. —Si otro coyote viene a husmear, será mejor que tengan el suficiente sentido común para utilizar su agujero como una puerta trasera para proteger sus pequeños y tristes traseros. Dejó grandes huellas de botas en la mezcla de nieve y aguanieve y empezó a abrir la puerta en el cuarto de servicio, pero todavía no estaba listo para la pelea. Se sentó en la escalera de atrás y se quedó mirando la bolsa de lona por tanto tiempo que sus músculos se tensaron por el frío y su mandíbula le dolía por apretarla. Tal vez sólo debería entrar en su camioneta e ir a un motel hasta la mañana, y luego presionar la oficina de reclutamiento y alistarse en el ejército regular. Ellos lo enviarían de regreso a Kuwait mañana por la mañana si él lo pedía, y sólo Dios sabía que él estaba condenadamente seguro que preferiría estar allá que en su rancho en Texas justo en ese minuto. La puerta trasera se abrió y Natalie asomó la cabeza. —¿Pretendes sentarte por ahí toda la noche? —Puede ser —dijo. —Haz lo que quieras. Le diré a Grady que entierre tu viejo cadáver terco con el coyote en la mañana. —Ella cerró la puerta de un golpe. —Vaya que regreso a casa —murmuró.


***

Las manos de Natalie Clark temblaban, más por ira y frustración que de nerviosismo, mientras se abría paso por el cuarto de servicio y a la cocina. ¿Por qué no le había dicho Lucas la noche anterior cuando se hablaron por medio del ciberespacio que venía a casa antes de tiempo? Fue su podrida culpa que se conocieran en una manera tan alocada, de forma confusa, y podía sentarse allí afuera y enfurecerse hasta que le creciera la maldita barba como Santa Claus. Bueno, tú no le dijiste que ya estabas en el rancho. Su conciencia pinchó en su alma. —Silencio —espetó. Caminó de un lado al otro, en un extremo de su recorrido comprobó a Joshua en su cuna portátil junto a la mesa, y se asomó por la ventana de la cocina hacia donde Lucas todavía estaba sentado en el porche al otro extremo. —Lucas, eres tan terco como una mula bizca de Texas — murmuró—. Es sólo un bebé, por el amor de Dios, y se le da muy bien en ser un bebé. Le había prometido a Hazel que se quedaría para impedir que la vieja chica tuviera un ataque al corazón, además de lastimarse su cadera. Ahora que Lucas estaba en casa, podía contratar a otra cocinera y ama de llaves. Sin duda, los chicos podían valerse por sí mismos hasta que pudieran conseguir a alguien para tomar el trabajo. Era evidente que él había cambiado de opinión sobre su deseo de reunirse con ella en persona y llegar a conocerla mejor. Olvídate de los besos, largos y calientes que le había prometido o las escenas reales de dormitorio que había insinuado durante el cibersexo. Ella le preparó a Joshua una botella y trató de recordar el motel más cercano que había pasado en su camino hacia Savoy, Texas. Tenía que estar de vuelta en Sherman, entonces allí es donde aterrizaría para la noche. Ella estaría en la carretera a la mañana


siguiente y llegaría donde su tía Leah para la hora de cenar. Pero no se iría hasta que Lucas entrara en la casa y dieran el asunto por terminado. Eso sería el cierre en más de un sentido. Siempre has tenido una buena dosis de impulsividad, ¿no? Ya le había dicho a su voz interna que se callara. Evidentemente, no se daba cuenta que tenía una pistola. —No estoy de humor para pelear contigo. Tengo que alimentar a este bebé y luego poner mis cosas en mi camioneta —se dijo. Se sentó a la mesa de la cocina con Joshua en el regazo. El único ruido en toda la habitación era los ruidos del bebé al sorber su botella de las seis, pero sus pensamientos machacaban tan fuerte en sus oídos que no podía oír nada más. Esa hendidura en su barbilla, sus ojos de color marrón oscuro, y todo ese glorioso cabello negro procedente de su padre y su mejor amigo, Drew Camp. La primera vez que Drew fue a Kuwait había llorado durante días después de su partida, apenas seguro de que lo enviarían a casa en un ataúd cubierto por la bandera. Al final de un año él llegó a casa y no fue tan duro la próxima vez que se fue. Para la tercera vez, no estaba tan ansiosa; tal vez un poco incómoda después de esa noche de tragos de tequila y despertarse en la cama con él, pero no nerviosa. Había llegado a casa en dos ocasiones y lo haría de nuevo. Cuando llegara a casa, se habrían olvidado de esa loca noche cuando ambos estaban borrachos y enloquecidos, la noche que rompieron la promesa de nunca dejar que el romance interfiriera con su amistad. En Kuwait el sol estaba saliendo cuando habló con Drew, y siempre se despertaba animado y lleno de mierda. Su día estaba terminando y esa noche, cuando Lucas le dijo que odiaba ser el que le informara que Drew había muerto, había pensado que él estaba jugándole una broma horrible. Justo así. Su mejor amigo se había ido de su vida. Su corazón se había roto justo delante de Lucas, que estaba empacando las pertenencias de Drew para enviarlas a casa a su hermana mayor. Después de esa noche, se habían convertido en amigos y luego se convirtieron en algo más.


—¡Mierda! ¡Mierda! ¡Mierda! ¡Cubre tus orejitas, Joshua! Tu mamá merece maldecir —le susurró al bebé. Apretó firmemente la boca cuando escuchó a Lucas entrar en la casa. Arrojó la bolsa de lona en la cocina por delante de él y le dio una patada a un lado después de que cerró la puerta de un golpe. Dentro de la casa, con buena luz y en uniforme, se veía como de tres metros de altura en lugar de uno ochenta y tres. Su cabello negro azulado en corte militar y sus ojos marrones se dispararon de ella a la cuna cubierta con la malla. Inhaló profundamente y se preparó para las preguntas. —¿Dónde está Hazel? —preguntó. Había esperado algo más que eso. Algo sobre qué, dónde, y por qué había un bebé en su casa. —Hazel está en el hospital. Ella se cayó y se lastimó la cadera anoche. Jack está en el hospital en Denison con ella —respondió—. Continúa y escúpelo. También podríamos acabar de una vez antes de que apunte mi camioneta hacia el oeste y me largue endemoniadamente de Dodge y de tu vida. Se dejó caer en una silla de la cocina y cruzó las piernas en los tobillos. Parecía absolutamente miserable, y esa parte de su corazón que quería arreglar todo lo roto, anhelaba estirarse y consolarlo. Cuando ella lo miró por segunda vez parecía más enfadado que incómodo y la ira que hervía en su interior se calentó aún más. —¿Cuánto de lo que compartíamos era real y cuánto eran mentiras? —gruñó. —Todo era real. Soy realmente de Silverton, Texas. Realmente era una entrenadora de baloncesto. De verdad crecí en un rancho, y mi nombre es realmente Natalie Clark. Realmente tuve este bebé hace nueve semanas, y su nombre es Joshua y estoy malditamente segura de que me iré tan pronto como me levante de la mesa. Eres un imbécil, Lucas Allen, para actuar así sobre un bebé. —Deberías habérmelo dicho. ¿Por qué no lo hiciste? Ella se encogió de hombros. —Porque estaba en negación. —Todavía parecía que podía masticar cedros completamente desarrollados y escupir juguetes de maderas. Ella continuó—, Entonces, ¿qué es lo que más te molesta de esto?, ¿Que no te dije o que tu regreso a casa no fuera perfecto?


Disparó una mirada sucia a través de la mesa. —Estoy enojado porque pensé que éramos lo suficientemente cercanos como para que pudieras decirme cualquier cosa. —No creo que tengas ningún secreto del que no me dijeras, ¿verdad? —Preguntó. —Yo no tengo ningún hijo, si eso es lo que estás preguntando. ¿Por qué llegaste antes de todos modos? Había planeado un montón de cosas tremendas. —¡Yo también! Soy parte de la sorpresa. Hazel me llamó la semana pasada y hemos hablado todos los días desde entonces. Ella quería que yo estuviera aquí cuando llegaras a casa y juntas íbamos a cocinar todas tus comidas favoritas y fijar una bandera en los postes del porche de bienvenido a casa. —Yo no te creo. Le hablé sobre ti a Hazel, pero nunca le di tu número de teléfono o dirección de correo electrónico ni nada de eso. —Para tu información, cariño, sólo hay una Natalie Clark en Silverton, Texas, y mi número de teléfono de casa está en el directorio telefónico —Sonó su teléfono y ella lo sacó de un tirón de su bolsillo. Ni siquiera comprobó el ID antes de ponérselo en la oreja y decir—. Hola. —Natalie, suenas como la mierda —dijo Hazel. —¿Tu cadera está rota? —¡Diablos, no! Soy demasiado perversa para romperme la cadera. Mi hija dice que me voy a casa con ella durante un mes para mejorarme. Tienes que prometerme que... —Está en casa, Hazel. Llegó antes de tiempo para sorprender a todos —dijo. —¡Bueno, mierda! Supongo que no se puede evitar. ¿Está molesto por el bebé o feliz? —Infernalmente molesto —dijo Natalie. —Tú vas a quedarte o yo no voy, y si me caigo de nuevo, esta vieja cadera se romperá. Así que, él puede condenadamente superarlo. Si no te quedas, quemará la casa tratando de cocinar y le caerá moho al baño y se arruinará, y yo ni siquiera quiero pensar en la ropa. ¡Prométemelo ahora, maldita sea! —dijo Hazel.


Natalie miró al otro lado de la mesa, sus azules ojos bloqueándose con los marrones de Lucas. Le vendría bien por ser un mojigato hijo de puta. —¡Promételo! —gritó Hazel. —Pensaré sobre eso hasta mañana por la mañana —dijo. —Me parece bien. Se supone que tengo que ir a casa con Willa Ruth mañana por la mañana. Si te vas, me vengo a casa y él no se vería molesto si tengo que volver a casa —dijo—. Ahora dale el teléfono. Natalie lo puso sobre la mesa y le dio un empujón. —Hazel quiere hablar contigo. —Bueno, mierda, Hazel, ¿qué se supone que debo pensar? — dijo después de un minuto de escuchar. —¡Okay, okay! Lo haré, pero no me tiene que gustar. —Él empujó el teléfono de vuelta hacia ella—. Ella dice que te vas a quedar hasta que venga a casa en un mes. —¿Qué dices tú? —No parece que mi opinión sobre algo signifique mucho más por aquí. Ella levantó un hombro. —Eso te enseñará a no irte. —¿Hazel estaba sorprendida cuando apareciste con un bebé? —Le hablé de Joshua antes de venir. Ella dijo que siempre habías adorado a los bebés y que no tendrías problema con él. Supongo que ella no te conocía tan bien como pensaba —dijo Natalie. —¿Cómo se cayó, de todos modos? Le dije que no se montara en ese taburete. Ella se marea. Natalie dejó la botella a un lado y recolocó a Joshua para sacarle los gases. Acarició suavemente su espalda. —No estaba trepando un taburete. Estábamos hablando, y recordó un pastel que tenía en el horno para la cena. Salió corriendo a la cocina, tropezó con una silla y cayó. Llamamos al hospital y nos mandaron a una ambulancia. Se tardaron veinte minutos en llegar aquí y todo el tiempo me rogó que me quedara. Grady se abrió paso por la puerta trasera.


—Hay un coyote muerto por los corrales de los cachorros y los molestos perros están continuando como si lo hubieran matado. —Yo le disparé —dijo Natalie. —Bien por ti. —Grady notó a Lucas y sus ojos azules se agrandaron. Lucas se puso de pie y se encontraron en medio de la cocina, como dos grandes osos pardos en un fuerte abrazo. Por último, Grady retrocedió pero mantuvo las manos sobre los hombros de Lucas y lo miró de pies a cabeza. —No luces demasiado mal por lo que llevas puesto. Llegas antes de tiempo. Teníamos toda una gran bienvenida a casa planeada. ¿Firmaste los papeles diciendo que terminaste con toda esa mierda de soldado? Una gran sonrisa cubrió el rostro de Lucas. Ese era su Lucas. No el melancólico que la había asustado condenadamente en el patio trasero. —Sí, están firmados, sellados y entregados. Mi tiempo de guardia ha terminado oficialmente. No voy a reengancharme esta vez. —dijo Lucas. —¡Bueno por fin! Soy demasiado viejo para llevar este rancho durante todo un año por mí mismo. —Grady era de casi metro ochenta de alto, delgado como los palos de una cerca, y de cabellos grises. Su rostro estaba curtido en arrugas de cada longitud y profundidad con brillantes ojos azules hundidos en una cama de patas de gallo. —Tú no lo has llevado tu solo. Papá y el abuelo ayudaron. Pero podrías llevarlo parado sobre tu cabeza y los ojos cruzados. Grady miró hacia Natalie. —Te sorprendió, ¿verdad? Natalie asintió. —Sí, ciertamente lo hizo. Grady fue al gabinete y se sirvió una taza de café. —¿Qué ha considerado Josh de él? Lucas siempre ha sido bueno con los bebés y los animales. —Está molesto —dijo Natalie. La sonrisa de Grady se hizo más grande.


—¿Lucas o Josh? —Lucas. —Dejen de chismorrear —dijo Lucas. —No estoy chismorreando. Estoy declarando los hechos. Tú estás molesto. Lucas levantó las palmas de ambas manos. —Buen Jesús, tengo derecho a estarlo, ¿no? Vuelvo a casa y nadie está aquí y tienes un bebé del que no me dijiste nada. —Problemas en el paraíso. —Grady se rió entre dientes. —Problemas en el infierno. Ella es una diabla —dijo Lucas. —Bueno, cariño sin duda no eres un ángel —dijo Natalie—. Así que deja de hacer pucheros. —No hago pucheros. —Él acentuó cada palabra con un empuje de su dedo índice hacia ella. Ella palmeó su mano y el calor irradió desde los dedos hasta llegar a la esencia de su ser. ¡Mierda! Fue una muy buena cosa que él no la había besado o todo el rancho se habría vuelto en llamas al instante. —No me palmees —dijo Lucas. —Deja de actuar como un niño —dijo. Grady palmeó sus manos. —Mi turno si ustedes dos pueden dejar de continuar como adolescentes. Jack llamó hace unos minutos. Hazel está dando órdenes a todos en el hospital, por lo que va a venir a casa antes de que la tormenta de nieve golpeara a lo grande. ¿Tienes hambre, Lucas? Él se pone muy delicado cuando tiene hambre, Natalie. Todos los hombres Allen somos así. No somos apropiados con quien vivir si no nos mantiene alimentados. Eso es probablemente el por qué está tan irritable. —Me muero de hambre porque no cené. Quería comida casera del tipo de Hazel —dijo él. —Bueno, no es la comida de Hazel pero esta condenadamente buena. Esta pequeña dama hizo lasaña para la cena y déjame decirte vaquero, que es mejor que esa cosa que compras en un restaurante —le dijo Grady—. Vamos por aquí y echa un vistazo. —Lucas lo siguió. Grady se estiró al gabinete y le entregó un plato—. Tenemos suerte de que ella estaba aquí cuando Hazel se cayó. Agarra una


toalla de allí bajo y consigue un pedazo de pan italiano que preparó desde cero. ¿Te dijo que ha estado cocinando desde que era una niña? —Lo mencionó. —Él sacó un trozo de lasaña de la fuente en la parte de atrás de la estufa. ¡Por supuesto que ella lo había mencionado! Ellos habían compartido todo tipo de información acerca del uno al otro en los últimos meses. Ella sabía qué tipo de comida le gustaba, que se despertaba de mal humor cada mañana, que le gustaban las fresas, pero odiaba los arándanos, y que le encantaba el baloncesto, pero no era un gran aficionado al fútbol. Grady llevó su café a la mesa y se sentó. —Así que ustedes ya se han conocido mutuamente. ¿Vas a ocuparte de esta primera sacudida o qué? *** Lucas no podía decirle a Grady lo decepcionado que estaba. —¿Bueno? —preguntó Grady. —Todavía estamos conmocionados. —Natalie se inclinó para recoger al bebé y hubo un perfectamente redondeado trasero justo frente a Lucas. La forma en que llenaba esos jeans creó una agitación tanto física como emocional. Él podría haber manejado la sorpresa, si no hubiera sido por ese bebé—. Voy a llevar a Joshua de vuelta a la habitación y tranquilizarlo para la noche. Grady dejó la taza de café sobre la mesa y corrió a su lado. —Llevaré la cuna allí para ti. Lucas necesita comer antes de que se enfríe la lasaña. Tengo que admitir, sin embargo, que está lo suficientemente bueno que me lo comería nada más sacarlo de la nevera. Lucas había tomado sólo dos bocados cuando Grady estaba de vuelta al otro lado de la mesa. —¿Qué demonios es lo que te pasa? Yo nunca te he visto tan grosero o visto haciendo malas caras antes en toda tu vida.


—No hago malas caras, Grady. Por once meses esa mujer y yo hemos estado hablando casi todos los días y ella no dijo ni una palabra sobre ese bebé. Ahora dice que estaba en negación, lo que sea que eso signifique. Tal vez ni siquiera sabe a quién le pertenece el niño y es por eso que no me dijo. —Las palabras fueron vomitadas como lava caliente. Uno de los hombros de Grady subió por unos pocos centímetros. —Tendrás que preguntárselo tú mismo. Me imaginé que ustedes dos se contaron todo el uno al otro por la forma en que hablabas de ella todo el tiempo. —Pensé que lo habíamos hecho. Ahora me pregunto si todo era sólo un montón de mentiras. —Ella no me parece que sea del tipo de contar un montón de mentiras, y podría haber una razón por la que no te dijo acerca de Joshua. Pregúntale y detén tu inquietud —dijo Grady. —No pongo mala cara y no puedo pensar en una sola razón por la que ella se guardaría algo tan grande como un bebé. Levantó la vista para verla de pie en el umbral. Un buen machete fuerte no podría haber rebanado la tensión entre ellos. Sus ojos azules brillaban y su mandíbula trabajaba como si estuviera masticando chicle. Él comprobó para ver si aun tenía esa pistola enganchada en su cintura, pero se había ido, gracias a Dios. —Tengo algo que decirte —dijo con los dientes apretados. Él apartó su plato y la siguió a la oscura sala de estar justo más allá de la gran cocina country. Se detuvo en medio del cuarto y se dio la vuelta tan rápido que él se estrelló directo contra ella. Sus manos fueron instintivamente hacia su pecho y la electricidad iluminó la habitación mientras chispas crepitaban a su alrededor como rayitos de luz. Sus manos se envolvieron en su cintura, pero tan pronto como los dos estuvieron estables él dio dos pasos hacia atrás. —¿Entonces? —preguntó. Ella lo calló cuando empujó un dedo bajo la nariz y dijo: —Yo no soy una mentirosa. Todo lo que compartimos fue la verdad, la honesta verdad. El único pecado de omisión por el cual me tengo que arrepentirme es Joshua. Y no te podía decir porque yo


misma no me lo creía. Luego no sabía cómo decírtelo. Allí estaba yo embarazada de seis meses y tu endemoniadamente seguro no me lo creerías cuando te dijera que había estado en negación sobre eso. Habrías pensado que yo era una de esas rubias tontas cibernéticas que miente sobre todo. —¿Y tú no lo eres? —preguntó. A Natalie realmente no le gustaba él en ese momento. Había sido un encanto los últimos once meses. Señor, se habría acurrucado y muerto sin él hablándole en los momentos difíciles. ¿Cómo diablos un hombre tan sensible y amable como Lucas podía cambiar debido a un pequeño bebé? —No lo soy, y sé a quién le pertenece Joshua. Créeme, lo sé muy bien —dijo ella con una voz aguda—. Se necesita un hombre grande para aceptar a una madre soltera y un bebé. Esperaba que fueras así de grande. Estaba equivocada. Voy a llamar a Hazel y le diré que venga a casa en lugar de irse con su hija. No voy a vivir bajo el mismo techo contigo durante todo un mes. Su dedo le molestó mucho más que toda la arena en Kuwait. Él lo apartó. —No seas una niña. No tenemos que gustarnos el uno al otro para que tomes el trabajo de cocinera y ama de llaves. ¿Y quién es el padre? Ella susurró: —Después del comentario que hiciste, no te mereces saberlo. Realmente eres un idiota, pero no podría haberlo hecho estos últimos once meses sin ti. Fuiste mi estabilidad. Incluso cuando los tiempos se pusieron difíciles, podía depender de ti para estar allí justo antes de irme a la cama por la noche. Sin eso no sé si podría incluso haber sobrevivido a la muerte de Drew o perder mi trabajo. Él había sido mi mejor amigo desde que éramos niños y yo todavía lo echo mucho de menos. Buenas noches. —Ella se apartó las lágrimas fluyendo por sus mejillas con el dorso de la mano y salió de la habitación con pasos largos. Él la vio alejarse y sabía exactamente cómo se sentía. Drew había sido su mejor amigo desde el momento en que el hombre se sentó en la litera justo encima de él. La camaradería allí era algo que los civiles no podían entender. Drew habló de Silverton, Texas, una


pequeña ciudad en el borde de Palo Duro Canyon y ser capaz de ver nada más que campos de algodón y el cielo en esa parte del país. Pero sobre todo le había hablado de su mejor amiga, Natalie Clark, esas próximas dos semanas. Él le había contado historias sobre ella que sonaban extravagantes, pero después de la pistola, el coyote, y la forma en que ella no dio marcha atrás unos centímetros de él, Lucas creía cada una de ellas ahora. Lucas se sentó lentamente en su sillón favorito y por primera vez sintió que había llegado a casa. ¿Qué demonios iba a hacer? La atracción estaba allí justo como él había pensado que estaría, pero podía luchar contra eso hasta que Hazel volviera a casa. Cerró los ojos. ¡Maldita sea, esa mujer era una fiera! —¿Abrumado? —preguntó Grady desde la puerta. —Sí —dijo en voz baja. *** Natalie se acurrucó en una bola en la cama y lloró en una almohada. Necesitaba que Drew le dijera qué hacer y él no estaba allí. Estaba enterrado en Arlington y su hermana mayor había conseguido la medalla que le dieron después de su muerte. Lucas había llenado las botas que Drew dejó detrás. Había sido Lucas al que ella le contara sobre su equipo de baloncesto ganando el torneo regional. Había sido él al que ella se quejó esa primavera después de la primera carrera de atletismo, y él se había reído de su quemadura solar como gafas de sol tipo Hollywood. Lucas había estado allí para ella cuando la escuela no renovó su contrato a finales del verano. La había escuchado hablar del cansancio tras largas horas de supervisar al equipo de baloncesto ese otoño. Él había estado en una misión una semana cuando tuvo a Joshua y ella quiso decirle lo del bebé, pero en el fondo debió haber sabido que iba a reaccionar de la manera que lo hizo. Ella había deseado tanto verlo en persona, luego Hazel llamó y juró que estaría bien con el bebé. Ahora todo se había ido.


Su contrato para entrenar y enseñar ciencias en la escuela secundaria en Silverton, no había sido renovado. Habían dicho que era porque estaban combinando las funciones de entrenamiento de las niñas y los niños y contratando un profesor de ciencias de tiempo completo para la escuela secundaria y preparatoria. Eso fue sólo para cubrir sus traseros. Ellos no la contrataban porque estaba embarazada con el bebé de Drew Camp, pero condenadamente seguro ellos no querían una demanda en su contra si lo admitían. Drew Camp había conseguido el título de chico malo residente después de que habían llegado a la escuela secundaria. Ese fue el año en que sus padres hicieron de todo incluyendo decirle que ella no podía salir con él nunca más, pero el vínculo entre ellos era tan fuerte que no había funcionado. Luego, en un abrir y cerrar de ojos, él se había ido. Pero al menos ella tuvo a Lucas para evitar volverse loca y ahora él se había ido, también. Por primera vez en su vida, ella estaba totalmente sola y eso dolía tanto que pensó que moriría. —¿Qué me diría Drew que hiciera? —susurró. Él te diría que te habías quejado suficiente. Levántate y lávate la cara y deja que eso continúe. Él te diría que al llegar la luz del día, las cosas pueden parecer tremendamente diferente, la voz interior le recordó suavemente. Ella tiró la almohada contra la pared del fondo y se secó los ojos con el borde de la camisa. Ella era una mujer fuerte. Había sobrevivido al chisme vicioso en Silverton cuando la gente descubrió que estaba embarazada. Ella había mantenido la cabeza alta cuando les dijo a sus padres y sus tres hermanos menores que el bebé era de Drew y ella lo iba a tener. Se había instalado en la parte trasera de la granja de algodón en su casa rodante simple y trabajó para su padre, tomando sólo el salario mínimo como el resto de los asalariados. Dos semanas después de que Joshua nació ella ayudó en la cosecha de algodón con él instalado en un cabestrillo como un pequeño bebé indio. Podía soportar el rechazo de Lucas, aún si le dolía como el infierno. Pero se necesitaría un milagro para cambiar las cosas que llegan con el amanecer. Algunas cosas no podían ser cambiadas y


Lucas nunca aceptaría a Joshua, lo que significaba que ella no iba a aceptar a Lucas. Joshua hizo ruidos de succión en su sueño. Tocó suavemente sus mejillas regordetas con los dedos. No se podía negar que esos ojos de color marrón oscuro y las pestañas gruesas habían venido del lado de la familia Camp. Quería recogerlo y abrazarlo cerca de su pecho, pero si se despertaba, se necesitaría un ejército de ángeles para que volviera a dormir.


Capítulo 2 Traducido por Viqijb & por ஓ¥anliஓ Corregido por Viqijb

Jack metió el mango en el lado de la silla y se echó hacia atrás. Su cabello color sal y pimienta estaba largo otra vez, pero solo fue una vez a la peluquería sin importar lo peludo que este. Sus ojos eran de color marrón, pero no tan oscuros como los de Lucas. Él fue construido con la misma estructura que Lucas; solo un par de centímetros más corto, hombros altos y amplios, grandes músculos y un rostro anguloso que empezaba a mostrar signos ásperos y rugosos por el trabajo. Grady siguió su ejemplo y reclamó el sillón reclinable junto a la suya. —Ponte cómodo, Lucas. Estás en casa. —Dilo de una vez, hijo. Hay algo insistente en ti —dijo Jack. Lucas se paseaba de un extremo del gran cuarto al otro. Cuatro sillones, dos en cada extremo de un largo sillón de cuero marrón, una fuerte mesa de madera para el café, un sistema de entretenimiento con una larga pantalla de plasma, y mesas auxiliares dispersas entre los sillones, y aun así, la habitación parecía medio vacía. Antes, cuando el abuelo construyó el lugar, se suponía que iba a haber una docena de niños retozando a través de la casa, por lo que se había sobredimensionada la sala de estar, la cocina, el comedor y el cuarto para dar cabida a ellos y a sus amigos. Pero Jack fue el único niño que Henry y Ella Jo pudieron tener, y la casa estuvo sola hasta que trajeron a Grady a vivir con ellos también, luego de que su madre y padre muriesen. Lucas se sentó en el sillón de nuevo, pero no podía encontrar las palabras para escupir nada. Estaba contento de estar en casa, pero deseaba estar de vuelta en Kuwait para no tener que


enfrentarse a las locas emociones de la herida en su interior como luces de Navidad del año pasado. Acababa de terminar lo último de su refrigerio cuando Jack entró disparando a la casa diciendo todo sobre el clima y Hazel en una sola respiración. Se detuvo en seco y dejó de hablar cuando vio a Lucas sentado en la mesa. —Bueno, que me condenen. Llegaste a casa temprano. Es una buena cosa que Hazel esté postrada en el hospital. Ella ha estado planeando tu regreso a casa por un mes. Es todo sobre lo que ha hablado. Qué iba a hacer para que comas, la pancarta que había ordenado para colgar en el porche, si esta tormenta podría mantener a tu avión aterrizando, yo podría seguir y seguir. —Había cruzado el suelo y abrazó a su hijo. Ahora estaban alineados como tres vaqueros viejos y cansados en los sillones que habían usado durante años. Grady y Lucas en un extremo del sofá, Jack y Henry en el otro. —Él está todo molesto porque Natalie no le dijo acerca de Joshua —dijo Grady. Jack miró abajo, a lo largo del sofá. —¿Es eso? Lucas asintió. —¿Incluso con tu problema? Creo que sería una buena cosa. Pero ese es tu llamado. Tú eres el que ha estado haciendo esa mierda de citas por Internet con ella durante casi un año. Pero, oye, no tiene por qué gustarte ella o el bebé. Todo depende de ti, pero le prometí a Hazel que haría todo lo que esté en mi poder para mantenerla aquí, en el rancho, hasta Navidad, así que eso es lo que voy a hacer. ¿Tienes algún problema con eso? —preguntó Jack. Lucas asintió otra vez. —Sí, lo tengo, pero no voy a pelear con Hazel cuando ella está enferma. ¿Por qué querría Hazel que se quede? —Tú lo causaste. Le contaste todo acerca de cómo habías encontrado a una mujer que podría cocinar para el grupo de la cosecha, tener el motor de un tractor pelado hasta los huesos y ponerlo todo junto de vuelta, y cómo ama el baloncesto tanto como tú lo haces. Ha vuelto para morderte de nuevo en el culo, hijo. Hazel


piensa que ella es la mujer ideal para el rancho y si no se hubiese caído y lastimado la cadera, estaría emparejándolos. Gady tomó el control remoto y luego lo volvió a bajar. —Hazel esta pasado los ochenta años, Lucas. Ella estuvo diciéndome a mí y a tu papá todo el año que tan pronto como ella te tenga en casa, se iba a ir a vivir con su hija en Memphis. No, ninguno de nosotros le creía. Se preocupaba por pequeñeces y echaba humo por querer que te cases con la mujer adecuada. Lucas se dio una palmada sobre los ojos. Era demasiado para una sola noche. Primero, Natalie y el bebé, en nombre de Dios, y ahora, Hazel hablando sobre dejar Cedar Hill. Era malditamente seguro de que no era el regresó a casa que había pensado que tendría. Hazel había estado allí cuando nació su padre. Era mayor que Henry y era la fibra misma de la hacienda. Ella no se podía ir. Él contrataría a alguien para hacer el trabajo, pero el rancho necesitaba a Hazel. Esperaría en sus pies y manos hasta que se curará la cadera si tenía que hacerlo. —El humor de ella —dijo Grady—. Es solo hasta Navidad. Infiernos, puedes vivir con cualquier mujer en el mundo ese tiempo y va a hacer la transición de aquí hasta Memphis más fácil que si ella se quedase. Apostaría billetes de cien dólares a monedas de madera que ella está injuriando por volver a casa en menos de una semana. Pero en caso de que no lo haga, pensará que tenía algo que ver con su reemplazo. —Nadie podría nunca reemplazar a Hazel. Ha sido como una madre —dijo Lucas. Jack puso su boca en una firme línea y su cabeza se balanceaba hacia arriba y abajo tanto como le era posible desde su cómoda posición. —Todos sabemos eso y no es como si ella se fuera para siempre. Probablemente se cansará de la mierda de Memphis y volverá al rancho. Le doy seis semanas como máximo. Tan pronto como logre terminar la terapia en esa cadera, se verá que necesita a alguien como el jefe malo tanto como nosotros necesitamos dar órdenes. —¿Cómo va a llegar a Memphis? —preguntó Lucas.


—Willa Ruth tiene un amigo que tiene un avión chárter. Está volando en Denison, para conseguirlos tan pronto como se liberen. El doctor dijo que la dejará ir mañana ya que Willa Ruth es una enfermera jubilada y sabe cómo cuidar de su madre —dijo Jack. Lucas apreciaba a Willa Ruth. Visitaba Cedar Hill dos veces al año, en Pascua y en Navidad. Cuando sus hijas eran pequeñas los traía con ella. Dos chicas un poco más grandes que Lucas, pero siempre tenían ganas para un paseo en cuatrimoto o jugar juegos con él. Esperaba con ansias verlas todos los años hasta que ambas crecieron y se casaron. Hoy en día, habían venido a ver a Hazel y habían traído a sus propios hijos. Grady tocó un botón en el control remoto y el programa del clima apareció en la televisión. Una pequeña linda mujer en una falta corta agitaba sus manos alrededor, diciéndoles qué esperar ya que la tormenta de invierno realmente dio en el norte central de Texas. El aguanieve y hielo podrían causar cortes de energía. Las carreteras podían ser resbaladizas y desalentaba los viajes. —Y ha de ubicarse justo sobre los condados de Grayson y Fannin, así que no busque ningún cambio por, al menos, una semana. Más aguanieve, lluvia helada intermitente y hasta cuatro centímetros de nieve. Es demasiado pronto para decir, pero podríamos estar en una Blanca Navidad, gente —dijo ella. —Mañana voy al hospital. No me importa cuán resbaladizas estén las carreteras —dijo Lucas. —La camioneta tiene tracción en las cuatro ruedas, y tenemos cadenas en el establo si se pone muy profundo —dijo Jack. Lucas se destapó los ojos. —No puedo dejarla ir sin verla. —No voy a pelear contigo —dijo Jack—. Ella nunca dejaría de injuriar si no llegase a verte antes de irse, de todos modos. El teléfono de la casa sonó a su lado y él saltó. Debido a que Hazel dijo que no era saludable ir por ahí con un teléfono pegado a la oreja, mantuvieron el teléfono a disco en la sala de estar para ella. Y cuando su audición pasó a ser mala, levantaron el volumen. Cuando sonaba, podía rivalizar con una sirena de nieve. Lucas llegó por él. —Hola.


—¿Eres tú, Lucas? ¿Hablaste con Natalie para que se quede? No le estarás pagando un salario mínimo. Le das lo que debe tener a una mujer en la casa que te cocina y lava la ropa —dijo Hazel—. Hay pan de jengibre en la gran lata detrás de la despensa. No le dije a Grady y a Jack que lo hice o ellos se comerían cada maldito pedazo tuyo. —Gracias. —¿Cuál es el problema contigo? Suenas como el infierno. No me digas que todavía estás enojado porque Natalie no te dijo acerca del bebé. —Sí, señora, lo estoy y voy a estarlo por un largo tiempo antes de que lo supere. ¿No supones que sentir dolor y conseguir ser dopado es realmente bueno? —No trates de cambiar de tema. Siento dolor, y Willa Ruth fue a decirles que me traigan otra pastilla para el dolor, pero tengo que cuidar de ti antes de que esa mierda me golpeé el culo. Lucas trató de reírse pero le salió una tos. —No te preocupes por mí. Cuida de ti. Hazel gimió. —Si no la convences de que se quede, no voy a ningún lado, y el doctor dice que si no me mantengo alejada de esta cadera por un mes, va a suponer cirugía y no quiero eso a mi edad. Si no hablas con ella para que se quede, entonces voy a morir y va a ser tu culpa. —¡Maldita sea, Hazel! —Soy una mujer vieja recostada aquí en lo que podría ser su lecho de muerte con tan solo dos deseos. Una es verte antes de morir y la única otra cosa es que le hables a Natalie para que se quede en Cedar Hill. He cuidado de tu padre y de ti toda sus vidas, ¿ni siquiera puedes darme mi último deseo de muerte? Vamos, Lucas, me iría al Infierno desde el Cielo para darte tu último deseo. Oh, mierda, el dolor está volviendo. No estoy segura de poder hacerlo a través de la noche. —Hazel volvió a gemir. —Estaré allí en media hora —dijo él. Su vos fue instantáneamente más fuerte. —No te atrevas. Hay agua nieve y te podría destrozar. Tienes que esperar hasta la mañana. —¿Qué si ella no se quiere quedar?


—Convéncela. Lucas se cubrió otra vez los ojos. Dios Todopoderoso, ¿qué, en el infierno, había vuelto a casa para enfrentar? —Prométeme que lo harás —se quejó Hazel. —Está bien, está bien. Todos ustedes ganan. —Su tono estaba llenó hasta el borde con exasperación. La voz de Willa Ruth llego a través de la línea. —¡Lucas! Bienvenido a casa. Tuve que pelear contra esta gran dura vieja para que le pudieran dar una inyección para el dolor. —Dime la verdad. ¿Qué tan malo es? —No está rota, pero se lastimo todo el camino hacía el hueso. No va a ser capaz de caminar en ella durante un par de semanas y sugieren terapia. Me alegro de que no se la haya roto. Hubiese sido duro para ella tener que soportar ese tipo de cirugía a su edad. Ella tiene que reducir la velocidad, Lucas —dijo Willa Ruth. —Trata de frenarla si crees que eres lo suficientemente grande —dijo Lucas. Podía oír a Hazel en el fondo. —No soy vieja, demonios, y si alguno de ustedes piensa que puede decirme qué hacer, los dos tienen excremento de vaca por cerebro. —Lucas se echó a reír. —Supongo que has oído eso —dijo Willa Ruth. —Oh, sí, y es música para mis oídos. Cuida de ella por un par de semanas y luego veremos lo que quiere hacer. —Mamá dice que no va a subir a ningún avión hasta que tenga tu palabra de que Natalie permanecerá en Cedar Hill. —Le he ofrecido trabajo por un mes, si se niega, no será mi culpa. —Me parece bien. —Willa Ruth bajó la voz a un susurro—: Y si no lo hace no se lo digas a mamá, ¿está bien? —Hecho, cariño. ***


A los hombres en la parte del mundo de Natalie les gustaba un gran desayuno servido antes de que salga el sol. Había dormido mal la noche anterior y temía enfrentar a Lucas la mañana siguiente. Aún peor, ella odiaba la idea de conducir hasta Conway con este mal tiempo y un bebé en el camión. Y justo en la cima de la lista del miedo estaban las próximas semanas de abstinencia. Habló con Drew cada día de su vida, o al menos desde que podía recordar, justo hasta que murió, y entonces, Lucas estaba allí. Al igual que un alcohólico, se sentía atraída a la computadora todas las noches, a las diez en punto. En el mundo de Lucas eran las seis de la mañana y justo estaba saliendo de la cama. Iba a pasar un muy largo tiempo para que ella rompa el hábito de decirle buenas noches a alguien. Joshua se había despertado a las dos y ella le dio una botella, acunándolo en sus brazos para que no despertara a toda la casa con su enojada ráfaga. A partir de entonces, se había volteado y dejado caer de un lado de la cama con dosel a la otra. Hizo una bola con la almohada, la ahuecó hacia afuera y la arrugó de nuevo una docenas de veces desde entonces hasta las cinco. Finalmente, se arrastró fuera de la cama, tomó el monitor del bebé y lo llevó a la cocina. Tomó las sartenes de hierro de los gabinetes y las puso en la estufa, encendió el horno para galletas y comenzó el desayuno. Cocinar siempre la calmaba. En ese sentido era más como su tía Leah que como su madre. Las pocas veces que Debra tuvo que cocinar, parecía como si la cocina hubiese sido golpeada por un tornado, y su madre había estado con un terrible humor por una semana. Hazel había instalado la cocina bastante cerca, de la forma en que la cocinera del rancho Clark instaló el suyo. Las sartenes y ollas estaban debajo de los gabinetes, a la derecha de la estufa. Las especias y los libros de cocina estaban en los armarios superior de ese lado. Copas y tazas de todo tipo y tamaño estaban por encima de la cafetera. Los cubiertos estaban en el cajón a la izquierda del fregadero con el lavavajillas a la derecha. Chisporroteaba salchicha para la salsa y estaba cortando galletas con un vaso hundido en la harina cuando Jack llegó a la cocina. Sin decir una palabra se fue directo por el café, se sirvió una taza y la llevó a la mesa al otro lado de la barra.


Tres minutos enteros pasaron y las galletas estaban en el horno antes de que él diga: —Buenos días, señorita Natalie. Ella lo miró y siguió trabajando. —Buenos días, Jack. Grady hizo exactamente lo mismo. Se sirvió una taza de café, se la llevó a la mesa y bebió un cuarto de ella antes de hablar. —Huele bien aquí. Hazel no tiene nada de qué preocuparse, ¿verdad, Jack? —Buenos días a todos —dijo Lucas desde la puerta. Su expresión decía que no le desearía prontamente nada a ella, pero el caballero en él la había incluido en el saludo. Él no podía sentir la sensación de un puñado de gusanos de pesca meneándose en una lata en su estómago como la sentía ella. Natalie miró desde el otro lado de la barra e inhaló profundamente. Esperaba que nadie oyera su repentina inspiración de aire, y si lo oyeron, esperaba que pensaran que estaba olfateando la salchicha. ¿Por qué tenía que ser tan sexy? Sus jeans ajustados estaban descoloridos pero agrupados a la perfección sobre sus botas. Músculos estiraban el tejido de una camisa de franela a cuadros marrón y negra. Sus botas estaban rayadas y muy usadas, prueba de que era más vaquero que soldado. En su rostro se registraba que todavía estaba en el horario de Kuwait. Allí estaría llegando el atardecer. Ella parpadeó y apartó la mirada antes de hacer contacto visual. —Jet lag —respondió, antes de que nadie preguntara. Se sirvió una taza de café y le agregó una cucharadita colmada de granos de café instantáneo a la misma. —Te gusta un poco fuerte, ¿verdad? —preguntó Natalie. —Lo voy a necesitar para atravesar esté día —respondió. Miró a Jack—. ¿Escuchaste del abuelo esta mañana? —Dice que ni los caballos salvajes o las mujeres salvajes podrán arrastrar sus viejos huesos con este clima. Ni siquiera un vistazo a Natalie ni comer su buena comida. Dice que no calcula ir a ninguna parte, así que te vera cuando se derrita o cuando conduzcas hasta su casa. —Jack se rió entre dientes.


Natalie sacó las galletas del horno. —¿Las quieren sobre la mesa o se sirven a sí mismos de la barra? —La barra está bien —dijo Jack. La mandíbula de Lucas se apretó tan fuerte que fue un milagro que no se salga de lugar. Evidentemente no le gustaba desayunar en la barra. Entonces, ella miró a Jack, quien movía sus ojos desde Lucas a ella, y un escalofrío le recorrió la columna. Su padre hacía eso cuando quería que uno de sus hijos hiciera algo sin decirlo. Jack y Grady, los dos estaban esperando, platos en mano, cuando ella puso el cuenco de salsa y galletas en la barra. Cuando ella se volteó para agarrar los huevos revueltos y el tocino, Lucas se aclaró la garganta. —Hazel dijo que se supone que te convenza a que te quedes en el rancho hasta Navidad —dijo. —Tú no tienes que convencerme de una mierda, vaquero. Me quedo. Tomé mi decisión pero no es por ti. Es por los chicos y Hazel. Puedo soportar un mes para hacerlos felices —dijo ella. —Te pagaré bien —dijo Lucas. —Sí, lo harás —dijo ella. La voz de Drew le vino de vuelta a la mente. Un mes no va a matarte, o a Joshua. Y evidentemente estas personas quieren que te quedes. No cierres de golpe la puerta de la oportunidad, Nat... Se paró, 1.75 metros sin zapatos. Muchos de los hombres con los que había salido habían sido más bajos. Inclinó la cabeza hacia un lado y pensó sobre esos magníficos zapatos de tacón alto de 8 centímetros que había comprado la Navidad pasada. —¿Cuánto me va a costar? —preguntó Lucas. —Lo siento. Estaba distraída. El salario mínimo —dijo ella. Una sonrisa cosquilleo las comisuras de su boca. —A las veinticuatro horas del día, siete días a la semana —dijo ella. Él gimió. Jack echó atrás la cabeza y rió. —Bueno, estamos obteniendo una acuerdo, hijo. Regístrala dentro. —¡Dios Todopoderoso, papá! —dijo Lucas.


—Sip, él es Todopoderoso, pero no es tu padre —dijo Grady. —Suena como si has conocido a tu igual, Lucas, hijo mío. —Okay, okay, pero eso costará un ojo de la cara —dijo Lucas. —Infiernos, sí lo hará. —Jack se rió más fuerte—. El único hombre en la parte norte de Texas, que es más rico que tú es Colton Nelson y eso porque se ganó la maldita lotería. Lucas no sería un buen jugador de poker. Su expresión delataba lo que estaba pensando y en ese momento no estaba mostrando cosas buenas. Evidentemente, él pensó que ella salió para darle un paseo en una montaña rusa financiera. Demonios, ella venia de un rancho que era más grande que Cedar Hill, así que sabía el dinero que se necesitaba para dirigir un rancho. —Ninguno de nosotros puede cocinar. Grady quemaría el agua si intentara hacer la harina de avena —dijo Jack. Grady hizo un gesto hacia Jack. —Y Jack ni siquiera puede hacer el café con las instrucciones escritas en la lata. Te digo que todos moriremos de hambre si no te quedas en el rancho y cocinas para nosotros. —No te puedes ir de todos modos por un par de días porque las carreteras están demasiado mal. El hielo no se funde hasta que las temperaturas se eleven sobre la congelación, lo que no va a pasar por un tiempo. La tormenta se ha estancado justo sobre nosotros y pasaran días antes de que los caminos se despejen. En esta parte del mundo, como sabes, la nieve y el aguanieve nos paralizan —dijo Lucas. Pensó en su padre y sus hermanos y no podía decir que no. Señor, no podían ni siquiera hacer un sándwich de mortadela y queso. Y corretearían con sólo Dios sabía que cambio bajo los pantalones si tuvieran que lavar la ropa. —Le dije a Hazel anoche que me quedaría y ya ha llamado cuatro veces esta mañana para asegurarse de que no había cambiado de opinión —dijo. —¡Gracias, dulce Jesús! —Grady miró hacia el techo—. ¡Esta no es nuestra última comida decente, Jack! —Hey, yo sé cómo hacer pan tostado, y Jesús no tenía nada que ver con Natalie yéndose o quedándose —protestó Lucas.


—No sin quemar el mismísimo infierno, y por la forma en que has estado actuando, tomó la intervención del mismo Jesús por conseguir que se quedara —argumentó Grady. Los gemidos de Joshua llegaron por el monitor y los tres hombres dejaron de discutir y miraron el equipo como si fuera un bebé de verdad. Natalie apagó rápidamente todos los quemadores y el horno e hizo a Joshua un biberón. Al salir de la cocina, se enganchó con un bizcocho. Ella se había apuntado para cocinar y limpiar y la última vez que comprobó, el personal contratado no comía con los dueños de los ranchos. Los gemidos se habían convertido en demandas al momento en que llegó a la habitación. Él estaba masticando su puño y pateando sus piernas en señal de protesta. —Mami está aquí, bebé —canturreó Natalie mientras lo agarraba de la cuna portátil—. ¿Te sientes como si estuvieras en la cárcel en esa cosa? Bueno, es sólo por un par de semanas, dulce bebé. —Bajó la cremallera de sus pijamas y le cambió el pañal—. A tu abuela le daría un ataque si supiera que estamos en un rancho con cuatro hombres, por lo que no vamos a decirle. Ahora quédate tranquilo y déjame meter tus pies de vuelta dentro de esta cosa. — Joshua le sonrió por primera vez y su corazón se enterneció dentro de su pecho. —¿Oh mira eso? Me recuerdas a tu papi con una sonrisa como esa. Cogió el teléfono en su camino a la mecedora y llamó a su casa. Cuando su madre, Debra, respondió ella chilló. —Joshua acaba de sonreír y estoy segura de que no fue un gas esta vez. Pude verlo en sus ojos. Le brillaron justo como a Shawn cuando está a punto de meterse en grandes problema. Debra suspiró. —Y me lo perdí. ¿Lo ha visto Leah? Ella va a regodearse y jactarse y seguirá horriblemente si lo vio hacer algo antes que yo. —La tía Leah no lo vio. Estamos en el dormitorio y está tomándose su botella del desayuno en este momento —dijo Natalie—. ¡Ajá! Ahí está otra vez. Él está sonriendo entorno a la mamila. Él va a cautivar las botas de todas las vaqueras en Texas. —Tienes que mantenerlo en el rancho si él va a ser un vaquero. Y una vaquera no se enamorara de ningún otro que no sea


un real y autentico vaquero, así que tráelo a casa, donde pertenece. Él no puede llegar a ser un vaquero en casa de Leah. Señor, ese patio no es más grande que un sello de correos. Si no estás en casa para Navidad, voy a enviar a tus hermanos a recogerte —dijo Debra. Dijeron unas cuantas cosas más sobre el bebé y luego Natalie cerró su teléfono y lo puso a un lado. Crecer en un rancho no necesariamente hacia a un vaquero. Drew era la prueba de ello. Odiaba el cultivo de algodón, odiaba la ganadería, y más que todo odiaba Silverton. Es por eso que se unió al ejército en diciembre al salir de la secundaria. Dos días después de que se hubieran graduado él estaba en un autobús rumbo a Lawton, Oklahoma. Terminó la formación básica la misma semana en que ella comenzó la universidad. Bajó la mirada al bebé de dos meses en sus brazos. —La abuelita dice que vas a ser un vaquero. Espero que sí, Joshua. Yo no quiero que seas un soldado. La guerra se llevó a mi mejor amigo y a tu papi. Yo no podía soportar que eso te alejara de mí. —Ella lo abrazó y tarareó una vieja canción de música country. El reloj dijo que era la hora de la salida del sol, esa era su parte favorita del día, pero la vista desde la ventana del dormitorio presentaba un cielo gris escupiendo granizo, nieve y lluvia helada. No del todo diferente de la sensación en su corazón. Ella lo llevó por el pasillo en un brazo con su silla de bebé en la otra mano. Lucas ignoró al bebé y se abrió paso a través de la cocina al cuarto de servicio. Se puso un abrigo de trabajo, sacó los guantes de los bolsillos, y metió las manos en ellos. —Voy a ver a Hazel —dijo. Abrió la puerta y tres cachorros lo rodearon al entrar en la habitación, con sus narices en el suelo como si estuvieran siguiendo el olor de un coyote o un mapache, y se dirigieron directamente hacia Joshua. El pequeño de la camada incluso echó atrás la cabeza y aulló al techo cuando encontraron al bebé. El mayor de ellos lamió la mejilla del bebé y Joshua sonrió como lo había hecho en el dormitorio. El enano se arrastró hasta el portador con él y se acostó, la cabeza en el regazo del bebé. Joshua movió sus piernas y sonrió aún más. El perro mediano se estableció en un lado del portador como si estuviera custodiando a Joshua.


—Bueno, ¿te das cuenta de eso? Supongo que tienen miedo de que un coyote pueda llegar a él —dijo Jack. —Los Bluetick no pertenecen a la casa. —Lucas los recogió, pero el enano se retorció de sus brazos y salieron corriendo por el pasillo—. Ayúdame —dijo. —Todavía estoy comiendo —dijo Jack—. ¿Fuiste lo suficientemente grande como para luchar en una guerra y no puedes controlar a tres pequeños perros viejos? Con un cachorro debajo de cada brazo, Lucas apretó los dientes y se dirigió por el pasillo. Se detuvo en la puerta de la habitación abierta. Era el espacio privado de Natalie, siempre y cuando se quedara en el rancho, y él no había sido invitado al interior. Todavía, sin embargo allí estaba la cría molesta, masticando uno de los anillos de goma para los dientes del bebé. Natalie pasó junto a él y levantó el cachorro. —Puedes quedártelo, cariño. Necesitas algo a que echarle dientes también. Cuando llegaron a la cocina, Grady extendió los brazos. —Yo lo llevaré y ayudare a Lucas a fijar el corral. Tu no necesitas estar agarrando frío a menos que tengas que. *** Hazel alzo la mirada desde la cama del hospital y le tendió los brazos. Lucas cruzó la habitación en unas pocas y grandes zancadas cómodas y la abrazó. —Te extrañé, sobre todo este último año —susurró. —¡Mentiras! —Hazel rió. Él la besó en la frente y se sentó en una silla junto a su cama. —¡Lo hice! ¿Por qué estas postrada en esa cama de todos modos? Si esa cadera no está quebrada, entonces podrías cojea en la cocina y crujir encima de la comida. Sus ojos negros brillaron.


—Te dije que no te unieras a esa mierda de reserva. Te dije que las guerras seguirían llegando. Ahora tienes tres opciones. Puedes cocinar en mi cocina, lo que significa que los cuatro morirán de hambre. Puedes ir a la barraca y comer con los peones, lo que significa que refunfuñaras hasta la muerte. O puedes mantener a esa mujer con la que has estado coqueteando todo el año. Ella era de poco más que un metro y medio de alto y su cabello oscuro había empezado a rociarse de una pizca de color gris. Sus ojos eran negro como el carbón y puestos en una cara redonda que no se veía como si hubiera estado ladrando órdenes por más de sesenta años. Ella tenía ochenta y cinco en su pasado cumpleaños y había ayudado a criar a Jack y a Grady junto con Willa Ruth y su hijo que había muerto en Vietnam. Cuando llegó el momento de Lucas había una regla y podría recitarlo desde que tenía tres años: lo que el abuelo o Jack decían iba a ser obedecido sin rechistar, pero lo que decía Hazel era la ley. Ese fue el año en que su madre abandonó el rancho sin siquiera un vistazo a su espejo retrovisor y nunca regresó. Hazel se metió en el papel de madre y se había formado un lazo de acero puro. El mundo habría llegado a su fin si ella no lo hubiera esperado en el porche todos los días al salir del autobús escolar. Uniéndose a la unidad de la Reserva del Ejército había sido su compromiso. Había querido un par de años fuera del rancho al salir de la escuela y había hablado con un reclutador. Hazel montó un berrinche. Le había dado un hijo a la maldita guerra y ella no iba a renunciar a otro. Así que se había unido a las reservas y se fue a la escuela de veterinaria. —Entonces, ¿le has hablado para que se quede, o bien le diste una mirada a ese bebé y empezaste a dar marcha atrás? —preguntó Hazel. —¿Sabías que tenía un bebé? —¡Diablos, no! Sólo sabía lo que me contaste. Yo estaba tan feliz cuando llegó trayendo a ese bebé que casi hice una danza allí mismo, delante de Dios y de todos. Era como comprar una vaca de venta y averiguar cuando llegaste a casa que un novillo venía con ella. —Natalie no es una vaca —protestó.


—Yo no he dicho que lo fuera. —Hazel rió. —Ese niño no puede ser muy mayor, lo que significa que ella estaba embarazada la mayoría de las veces que nos estábamos conociendo el uno al otro —dijo. —¿Y? —Tendría que haberme dicho. Hazel se estiró a través de las barras laterales de la cama y le tocó el brazo. —Hábleme de tu primera impresión de ella. ¿Qué sentiste la primera vez que posaste tus ojos en ella de verdad? Su frente delineó un ceño fruncido mientras le contaba a Hazel sobre el coyote muerto, los cachorros, y la pistola de color rosa. —Ella salvó a esas tres crías al dispararle al coyote, estoy seguro, pero allí estaba ella con un bebé en sus brazos. ¿Cuánto de lo que compartimos fue mentira y que era la verdad? —Tú no eres estúpido, Lucas. Has hecho un trabajo de inteligencia para la guardia. —¿Qué tiene que ver eso con Natalie y ese bebé? —¿Puedes decir si uno de esos presos está mintiendo? —Él asintió—. ¿Tengo que explicarlo para ti? No te habrías enamorado de ella si hubiera sido una puta mentirosa, ahora, ¿verdad? La primera reacción instintiva de Lucas fue defender a Natalie y decirle a Hazel que no la llamara puta o vaca. Entonces se dio cuenta de que había caído en las redes justo donde Hazel lo deseaba. —Pero, ¿por qué no me lo dijo? —Ella tiene sus razones. Conócela verdaderamente. Condenadas esas viejas computadoras de todos modos. Van a ser la muerte del país, te juro que lo harán. Algunas cosas son privadas, pero esas malditas cosas han abierto las vidas de todos a todo al maldito mundo. Las citas por Internet. Ni siquiera me hagas hablar de esa mierda. El hombre necesita salir al mundo y encontrar una esposa, no ver alguna foto en Internet y enamorarse. —Yo no estoy enamorado. Sólo quería conocerla en persona — protestó. Willa Ruth asomó la cabeza por la puerta. —Bueno, mira quién está aquí para vernos esta mañana. El doctor acaba de darle de alta a mami y por lo que les lleve terminar


todo el papeleo a las enfermeras, el avión estará aquí para llevarnos a casa. —Estarás lista para traerla de vuelta en dos días. Una cadera herida no le quitara ni un poco lo cascarrabias. —Él se rió entre dientes. Hazel entrecerró los ojos hacia él. —Natalie abandona el rancho y no voy a volver, ni siquiera para Navidad, y tú y yo sólo perdimos una Navidad juntos en tu vida. Y eso fue porque no me escuchaste. Te dije que no te unieras a esa mierda. —No ha cambiado nada, ¿verdad? —bromeó Lucas. —Y yo no planeo cambiar. ¿Te acuerdas de la regla? —Hazel levantó una mano y señaló hacia él. —Lo que Hazel dice es ley —dijo. —¡Eso es cierto! ¿Trajiste todo lo que Willa Ruth te dijo que pusieras en mi maleta? —Sí, señora —dijo Lucas. —Okay, entonces sal de aquí y conduce lento de camino a casa. Las carreteras están resbaladizas. Lucas sacudió las piernas de sus pantalones hacia abajo sobre sus botas cuando se puso de pie. Besó a Hazel en la frente una vez más y abrazó a Willa Ruth. Cuando llegó a la puerta, miró sobre su hombro y dijo: —Nos vemos, cocodrilo. Hazel sonrió. —Más adelante, caimán. Ellos nunca se dijeron adiós en sus vidas. Ni en su primer día de escuela cuando ella lo puso en el autobús y saludó desde el porche. Ni cuando él partió para ir a la universidad o cuando se fue a Kuwait. Hazel odiaba las despedidas. Además, esto no era un adiós. Era sólo hasta Navidad. Hazel no estaría lejos del rancho en los días festivos. Lucas sólo tenía que ser paciente.


Capítulo 3 Traducido por ஓ¥anliஓ Corregido por *elis*

Los pollos tenían suficiente sentido común en sus cerebros del tamaño de guisantes para permanecer en el interior de la jaula y no aventurarse en el aguanieve y el viento frío. Pero de alguna manera a los huevos no le crecerían piernas y caminaban hasta la puerta de atrás, y Natalie necesitaba incluso una docena para hacer un biscocho para la cena. Había cuatro en la canasta de huevos dentro de la nevera. Podía hacer un pastel de hoja de chocolate en su lugar, pero a Lucas le gustaba el bizcocho de queso crema de almendra. Ella no debería querer hacer su comida favorita después de la forma en que había actuado, pero Hazel había llamado esa mañana y le dijo exactamente lo que iba a cocinar para su cena el primer día en casa. Asado, cocido a fuego lento en el horno, no en una olla de cocido lento. Tallarines hechos en el caldo de carne en lugar de papas. Habas, que estaban en el congelador en el cuarto de servicio. Pan de levadura caliente y biscocho con crema de queso y almendras para el postre. Ella también podría descongelar un contenedor de melocotones congelados para servir con eso. —¿Y cómo se está ajustando, ahora que ha tenido tiempo para dormir, a la idea de un bebé en la casa? —preguntó Hazel. —Lentamente —había contestado Natalie. Se puso el abrigo de trabajo de lona de color mostaza y ató a Joshua en una manta gruesa con una capucha ajustada al cuerpo. Él le dedicó una gran sonrisa desdentada cuando lo metió en el cabestrillo que había sido su hogar lejos de casa desde el día en que nació. —Te gusta salir al exterior, ¿no? Llueva, caiga aguanieve, granice, o un sol que derrita, un ganadero tiene que ocuparse de los negocios, ¿cierto, hijo?


Él arrulló y se metió aún más profundo en los pliegues del cabestrillo. Recogió un cubo de leche galvanizado del porche trasero, arrojó los guijarros de aguanieve al suelo, y se dirigió hacia la caseta de las gallinas. Henry les había dado a ella y a Joshua un recorrido muy corto a pie por el patio trasero, señalando el gallinero, las perreras, y la granja más cercana después de que Jack salió siguiendo a la ambulancia hasta el hospital. No se establecía de manera muy diferente a la granja en la que había crecido en el sur de Silverton. Había más árboles en el norte central de Texas y menos cultivos y más ganado Angus Negro, pero la agricultura y ganadería eran más o menos lo mismo, sin importar dónde se encuentre. —Me daré prisa para que no te conviertas en una paleta de helado —le dijo a Joshua. El viento helado del norte picaba su cara, y sus botas hicieron un sonido crujiente con cada paso. Los árboles estaban cubiertos de una gruesa capa de hielo, y ni había un sólo pío proviniendo de la caseta de pollos. Sí, señor, debería haber hecho la torta de hoja y no llevar a su bebé en un tiempo horrible. Si él caía con un resfriado, iba a culpar a Hazel. La puerta crujió en protesta cuando la abrió y una docena de pequeños ojos redondos y brillantes levantaron la vista para ver quién era el intruso. Gracias a Dios que no todos habían muerto de frío. Dos viejas gallinas moteadas metieron sus cabezas bajo sus alas cuando se dieron cuenta de que era un ser humano y no un coyote. Se quitó un guante de cuero y se lo metió bajo el brazo. La primera gallina ni siquiera chasqueó cuando ella metió la mano bajo las plumas de abrigo y encontró dos huevos. La segunda no apreció una mano fría y dejó escapar un chillido agudo. —Lo siento, señorita, pero gracias por el huevo. —Natalie se rió con nerviosismo. Tenía trece huevos en el cubo cuando salió de la caseta de las gallinas y se apresuró a atravesar el patio. Ella estaba más que a medio camino de la casa cuando Lucas rodeó el extremo de la casa, se detuvo en seco, y cruzó los brazos sobre el pecho. Ella se detuvo tan rápido y casi dejó caer el cubo con los huevos dentro. —Me asustaste a morir —le espetó.


—Bueno, condenadamente seguro de que no hiciste nada por mi presión arterial tampoco —le disparó justo de vuelta. Había sido sexy como el infierno como un soldado, pero como un vaquero, Señor, las mujeres harían cola sólo para llegar a mirarlo boquiabiertas durante cinco minutos. Ellas pagarían un buen dinero por el privilegio de tocar la mercancía. Demonios, ella probablemente podría conseguir mil dólares por noche de cualquier mujer de sangre azul si pudiera quitarse la ropa y meterse en la cama con él. *** Lucas quiso dar otro paso hacia ella, pero sus pies estaban pegados al suelo con tanta seguridad como si cada gota de aguanieve estuviera revestida con súper pegamento. Abrió la boca para decir algo, pero luego la cerró. Podía ver los huevos en el cubo galvanizado, ¿pero que estaba dentro de esa cosa a cuadros alrededor de su cuello? Sin duda de Dios que no llevaba a un bebé en esa cosa. ¿Y por qué diablos iba a ir a recoger los huevos con una pistola de color rosa atada a una de sus largas piernas? —¿Qué? —preguntó ella sin perder el paso. —¿Por qué llevas una pistola a la caseta de las gallinas? —Alimañas. Cosas como los coyotes o serpientes o ratas del tamaño de gatos domésticos. Yo no me la llevo muy bien con ninguna de esas cosas que fastidian por la casa de las gallinas. Señaló el cabestrillo. —¿Qué es esa cosa? —Es un bebé. No es una cosa. Es un pequeño ser humano. Su nombre es Joshua y tiene dos meses de vida. Y antes de que preguntes, hay trece huevos en la cesta, las gallinas lo están haciendo bien, y hay un asado en el horno para la cena. Lo adelantó fácilmente, dejándolo aún pegada al suelo. El aire caliente cargado con el aroma de los alimentos en el horno, el pan reposando en el mostrador, y un resplandor crepitante


en la chimenea se reunió con él cuando abrió la puerta trasera. Golpeó el aguanieve de sus botas, colgó su sombrero y su abrigo en los ganchos, y examinó la cocina. El cubo de huevos estaba en el mostrador, pero Natalie había desaparecido. Se sirvió una taza de café y la sostuvo en sus manos para calentarlas. Él acababa de tomar el primer sorbo cuando ella estuvo de vuelta en la cocina. Llevaba una sudadera con Santa Claus montado un toro al frente, jeans gastados, calcetines, pero sin zapatos o botas, y su cabello estaba trenzado en dos cuerdas que colgaban de sus hombros. Tuvo que tragar rápido para no escupir el café por todo el lugar. El líquido caliente le quemó todo el camino desde la garganta hasta el estómago, pero no fue el humeante café el que lo prendió en fuego. Fue la atracción sexual que había tenido por Natalie desde la primera vez que había puesto los ojos en su cara sonriente en la pantalla de un ordenador. Se había quitado ese cabestrillo ridículo y ahora el bebé estaba en una mochila porta bebé convencional. Él se veía lindo en una sudadera verde con una canasta de baloncesto en el frente de la camisa. Si él llegaba a ser tan alto como su mamá, probablemente sería un buen jugador de baloncesto. Con el inteligente adiestramiento de ella, él incluso podría pasar a jugar algo de baloncesto universitario. —Te agradezco que te quedes hasta que Hazel se establezca en Memphis. Una vez que ella este allí no sabrá si tú estás aquí o no — dijo. —Tienes más agallas que yo si estás planeando mentirle a Hazel. Le dije que me quedaría hasta Navidad. Me ofreciste un trabajo y yo establecí un precio. No puedes despedirme porque si lo haces, voy a llamarla. —Dejó el cubo en la mesa de la cocina y habló con el bebé—. Ahí vas. Tú practica esa nueva sonrisa y llevare el bizcocho al horno. —Ella tocó la mejilla de Joshua y él la honró con su sonrisa aún más brillante. —Es un chico bien parecido. ¿Por qué no me dijiste que estabas embarazada y viéndote con alguien más? —preguntó Lucas. —Yo no podía. No estaba viendo a nadie más —balbuceó.


Él se sentó en una silla de la cocina y miró al bebé. Le parecía vagamente familiar, pero no podía poner el dedo en qué. —¿Quieres explicarme eso? Natalie se ocupó en la barra de la cocina, midiendo la harina y luego el azúcar y poniendo los ingredientes en el gran tazón de Hazel. Él pensó que no lo escuchó y tenía la boca abierta para preguntar de nuevo cuando ella empezó a hablar. —Drew y yo éramos los mejores amigos incluso antes de que pudiéramos recordar. Su padre trabajaba para mi padre en el rancho. Ellos vivían en uno de los remolques en la parte trasera de la propiedad que papá tenía para ayudar a las familias contratadas. Él era el bebé y el único hijo después de cuatro hijas. Todas ellas estaban crecidas, casadas y con hijos propios cuando nació Drew. Mirando hacia atrás, creo que su madre debió haber tenido más de cuarenta años cuando nació. Yo era la mayor con tres hermanos pequeños. Él estaba acostumbrado a que le mangonearan por ahí con todas esas hermanas mayores, su mamá y papá y yo, estábamos acostumbrados a dar órdenes. —Añadió levadura en polvo a las cosas en la taza y luego sacó un colador. Hizo un ruido áspero mientras pasaba todos los ingredientes secos a través de eso varias veces, de un recipiente a otro. —Yo no pedí la historia de tu vida. Te pregunté por qué no me dijiste que estabas durmiendo con alguien mientras estábamos hablando en línea. —Lucas metió el dedo en la palma de la mano de Joshua y el bebé la agarró con fuerza. —Eso es lo que te estoy contando ahora mismo si vas a ser paciente. —Eres una mandona, ¿no? Drew dijo que tú eras dinamita, pero no vi ese lado de ti este pasado año. —¿Quieres oír la historia o no? Y créeme, Drew me conocía mejor de lo que nadie en este mundo lo hizo alguna vez o nunca lo hará. Si él decía que era dinamita, me estaba haciendo un cumplido. Soy más como un cartucho sobrecargado de dinamita. Lucas retiró su dedo de Joshua cuando el bebé trató de llevarlo a su boca. —Continua.


—Drew y yo hicimos un voto en la escuela secundaria de que nunca jamás saldríamos. Éramos los mejores amigos y no queríamos arruinar eso. Lucas asintió. —Nos dijo eso cuando nos burlábamos de él por ser estúpido por no salir contigo. Dejó de tamizar y sus miradas se encontraron en medio de la cocina. —¿Lo hicieron? —Claro que lo hicimos. ¡Maldita sea, Natalie! Te veías como un millón de dólares en ese ordenador y él declaró que sólo eras su mejor amiga. Nos preguntamos por un tiempo allí si era sincero. Su risa no pertenecía a una mujer en la plena madurez, sino a una niña y sonaba tan inocente que él giro la cabeza para ver si había otro niño en la cocina. —¿Por qué es eso tan divertido? —Drew nunca tuvo un poco de problemas para encontrar una mujer. Otro día, recuérdame contarte la historia de la manta que llevaba en el maletero de su auto —dijo. —Averiguamos eso bastante rápido. Ellas acudían a él como las mujeres hambrientas en busca de un buffet de todo-lo-quepuedas-comer. Háblame de la colcha ahora —dijo Lucas. Dejó el colador a un lado y cogió el mezclador. —Hoy no. Tengo otra historia que contarte ahora mismo. Lloré desconsoladamente la primera vez que partió. No fue tan duro la segunda vez, ya que hablábamos cada noche sin importar dónde se encontraba. Por lo menos era de noche en mi mundo. En el de Drew estaba despertando. La tercera vez tuvimos una fiesta y... Él esperó. Y esperó un poco más. —¿Y bien? ¿Tuviste una fiesta y qué? —preguntó. —Bebimos demasiado. Demasiado. Una señora borrachera, la más loca que hemos tenido. Le hice prometer que volvería a casa de nuevo al igual que hizo las dos últimas veces en las que se había ido. Me hizo prometer que no me casaría, mientras él estuviera lejos. —¿Por qué?


—Debido a que Drew era mi quien. En quien acudía en busca de consejos sobre las relaciones y quien me dijo que yo era maliciosa cuando quería y quien me decía cuando un hombre era un bastardo y no debería salir con él. —¿Y lo escuchabas? —La mayor parte del tiempo. Cuando no lo hacía y mis relaciones fueron malas, él cantaba como si fuera un gallo y me decía "te lo dije" hasta que yo quería usar esa pistola en mi habitación y dispararle. —Pero te metiste en una relación sin que él lo supiera, ¿no es así? Y es por eso... Natalie levantó las dos manos. —Déjame terminar. Estábamos echándonos unos tragos de tequila y luego el reloj dio las dos de la mañana y tuvimos que irnos porque el bar estaba cerrando. Él me llevó a casa y le di un beso de despedida. Recuerdo que dije que estábamos muy borrachos. Bueno, él me devolvió el beso y no fue como un beso de mejor amigo. Y a la mañana siguiente nos despertamos en mi cama. Habíamos roto nuestra promesa y los dos éramos miserable. Con resacas. Dolores de cabeza. Y yo me sentía como si acabara de acostarme con mi hermano, lo que era nauseabundo como el infierno. Yo amaba a Drew, pero malditamente seguro no con la intención de tener relaciones sexuales con él. Se disculpó como una docena de veces, se vistió, y apenas se había ido cuando mamá llamó a mi puerta para decirme que me levantara para ir a la iglesia. —Apuesto a que era el último lugar donde querías estar esa mañana —dijo Lucas. —Ellos cantaban más fuerte de lo que nunca habían cantado antes y cada moneda que lanzaban en ese plato de la ofrenda de plata sonaba como una banda de rock en mi cabeza —dijo. Lucas miró a Joshua. Era la hendidura en su mentón lo que se parecía tanto a Drew. —¿Él lo supo? Ella sacudió la cabeza negándolo. —Yo no lo supe hasta dos meses después de su funeral. Pensé que mi cuerpo estaba en mal estado por todo el estrés de perderlo. —Podrías haberme dicho.


—Yo ni siquiera podía decirle a mi madre. Estaba de seis meses de embarazo cuando ella lo descubrió por su cuenta. Cuando la noticia llegó a las reinas de chismes en Silverton, fue horrible. ¿Cómo pude dejar alguna vez que me mezclara con ese horrible chico malo? Mi madre debería haber puesto fin a nuestros años de amistad antes, y así sucesivamente y etcétera. Mantuve mi cabeza en alto, pero incluso ir a la cafetería era una tarea. Gracias a Dios la escuela había terminado para el verano o probablemente me habrían despedido en el acto. —Drew era un buen hombre y un gran soldado. No deberían haber mantenido rencores contra él. Él no estaba allí para proteger sus derechos a chismes —dijo Lucas. —Siento que no te lo contara, pero no siento tener a Joshua. Un pedacito de mi mejor amigo vive en él. Ahora te toca... ¿Qué secretos te guardas de mí? Lucas se sacudió la suciedad imaginaria de las piernas de sus pantalones vaqueros. —¿Qué te hace pensar que tengo algún secreto? Te hablé de que Hazel me crió después de que mi madre se fue, mi papá y Grady siendo primos, y el abuelo. —¿Es esa una foto de su padre y madre en el tocador en la habitación donde me estoy quedando? Él asintió. —Sí, lo es. La única tomada alguna vez, probablemente. Nunca he visto otras. La abuelita murió cuando papá era un niño pequeño. Hazel ya estaba encargada de la casa y el trabajo en el rancho, así que ella terminó ayudando al abuelo a criarlo. Papá esperó hasta que tuvo casi treinta años para casarse, pero la edad no parecía importar mucho. Se casó con mi madre y ella odiaba la vida del campo tanto que cuando yo tenía dos años lo dejó y a dos, por lo que Hazel levantó otro niño para el rancho. Nuestra suerte no es muy buena cuando se trata de las mujeres en esta familia. ***


Natalie agrietó un huevo en un lado del tazón y lo revolvió. Se requirió mezclarlo por un minuto completo fuertemente después de cada huevo o el biscocho sería pesado y empapado. No podía imaginar alejarse de Joshua y ella sólo lo había tenido dos meses. —¿Por qué no te llevó con ella? —Ella tenía aspiraciones sobre ser una actriz y un niño de dos años de edad, no encajaba con esa imagen, y además, papá le dijo que era libre de irse, pero si ella me llevaba de Cedar Hill, la ataría a los tribunales tanto que ella nunca incluso vería un acuerdo. Le hizo una oferta una sola vez muy generosa que me dejara con él y la tomó —dijo Lucas. —¿Se convirtió en actriz? —No, pero sí encontró un ejecutivo de alto poder y se casó con él un par de años después de que dejó el rancho —dijo. —¿Alguna vez la viste otra vez? —Oh, sí. Ella viene en Navidad todos los años. Sus padres viven en Bells y ella llega a casa por un par de días. Cuando yo estaba pequeño, Grady me solía llevar allí a pasar una tarde. Ella no ha puesto un pie de vuelta en el rancho desde que se fue. Hoy en día, solemos reunimos para almorzar en algún lugar de Denison y pasamos una hora incómoda juntos. ¿Qué clase de madre sólo veía a su hijo en Navidad?, ¿Y por qué no venía al rancho? Natalie terminó de batir la mezcla del pastel y la vertió en un molde para pan, la metió en el horno, y rellenó su taza de café antes de sentarse a la mesa. La tensión había disminuido ligeramente y el sentimiento entre ellos vagamente se parecía a lo que habían tenido por Internet. —¿Jack nunca se volvió a casar? ¿Está casado Grady? Él negó con la cabeza. —Ninguno de los dos. Papá dijo que aprendió su lección y Grady jura que aprendió de los errores de papá. Además, él siempre dijo que se necesitaba de dos a jornada completa para criarme. Un hombre Allen sólo da su corazón una vez. El abuelo me dijo hace mucho tiempo junto con la conferencia que fuera mejor que


estuviera absolutamente seguro de que se lo estaba dando a la mujer indicada antes de soltarlo. Su teléfono celular sonó y él lo sacó del bolsillo de su camisa. —Por supuesto. Estaré ahí. —Hizo una pausa y escuchó un poco más, asintiendo cuando él estuvo de acuerdo y negando cuando no lo hacía—. ¡No, señor! Ella me echó y ellos deben estar en el aire a estas alturas, tal vez incluso a medio del camino a Memphis. Dame cinco minutos para conseguir mi abrigo y conducir hasta allí abajo. —Echó la silla hacia atrás—. Defiende la fortaleza, Josh. Tengo que ir a ver un par de vacas que no están actuando bien. Probablemente, sólo necesitan calentarse en el granero, pero si están enfermas, tendremos que separarlas de la manada. Natalie se contuvo de emoción, pero no fue fácil. Realmente había hablado con el bebé. Fue un pequeño paso en la dirección correcta, y eso ni siquiera le había crispado los nervios que él llamara al bebé Josh en lugar de Joshua. Cuando ella lo había tenido, les había declarado a sus padres y sus hermanos que él iba a ser llamado por su nombre completo, no Josh o un apodo como Hombrecito o Compañero. Lucas abrió la puerta trasera y dos vacas estaban ahí. Una de ellas estaba en el porche e inmediatamente metió la cabeza por la puerta y miró a su alrededor hasta que vio a Joshua, entonces, será condenado si ese bicho no sonrió. Natalie la echó con un trapo de cocina. —¿Qué demonios? ¿Dejan que las vacas entren en la casa? —Nunca se ha sabido que hicieran eso antes. —Lucas agarró a la vaca por las orejas y la empujó, pero la otra vaca tenía la cabeza levantada y le decía a todo el mundo que no se movería. —Primeros perros y ahora las vacas. ¿Estás seguro de que estos animales no están acostumbrados a entrar a la casa? —preguntó Natalie. —¡Diablos, no! Mierda, no sé lo que está mal con ellas. Apártate ahora, tu estúpida... —gritó Lucas. No pudo lograr sacar a las vacas, pero de alguna manera tres cachorros corrieron entre sus patas y entraron en la casa, se dirigieron directamente hacia Josh, cayendo sobre sus grandes patas y gruñéndose el uno al otro en el camino.


El bebé pateó y arrulló hacia ellos al igual que la última vez, pero esta vez el pequeñazo cogió los dedos de los pies de uno de sus calcetines y tiró hasta que salió. Joshua movió los dedos de los pies pensando que todo el fiasco era algo gracioso. Natalie cogió al bebé y los cachorros se quedaron tan cerca de ella que tenía que tener cuidado o les habría disparado. —Malditos perros y vacas —gruñó Lucas—. Desearía estar de vuelta en Kuwait. —¡Calma, calma! —regañó Natalie—. ¿Son esas las viejas vacas que tal vez te extrañaron durante tu ausencia? O bien se metieron en el patio y pensaron que este es el granero. Y estos cachorros han estado conmigo desde que estoy aquí. Es por eso que siguen corriendo hacia la casa. Sólo tienes que conseguir fijar mejor su corral. —Sólo son vacas, Natalie. No sé por qué están tratando de entrar en la casa, pero no hay manera de que puedan conseguir meter más que sus cabezas por la puerta. Y puedo regalar a cada uno de esos perritos al vecino más cercano si quieren o no. Natalie finalmente llegó a la puerta. —Mira, bebé. La abuela nunca dejó que una vaca entrara en la casa, pero lo hacen aquí. —Te dije... —comenzó Lucas, pero se detuvo cuando la vaca olfateó a Joshua y luego se retiró de la puerta. Ella intercambio rápidamente lugar con la otra novilla, la cual asomó la cabeza por la puerta, olfatearon el bebé, y luego con satisfacción volvió a bajar por los escalones—. Que me condenen. —Lucas se rascó la cabeza. —Eso hizo sonreír y arrullar a Joshua. Creo que les gustaba a las vacas. Sé que le gusta a los cachorros, pero es mejor sacarlos de aquí, porque están robando los juguetes y calcetines. —Vamos, bribones sarnosos. —Lucas los reunió a todos ellos en sus grandes brazos y desapareció hacia la nieve—. Todavía tengo que ir a ver lo que está pasando en el pasto norte. Estaremos para la cena sino antes. Debe ser la tormenta que los tiene a todos asustados —dijo. Ella estaba doblando una carga de ropa del bebé que había tirado a la lavadora después de que los hombres hubieran limpiado


toda la mañana cuando sonó el teléfono. El tono de llamada le dijo que era su tía Leah, y contestó al segundo timbrazo. —¿Estás de camino? Las carreteras están resbaladizas — preguntó Leah. —No, no estoy en la vía. Las carreteras están resbaladizas y sigue nevando. Él llegó a casa ayer por la noche. —Natalie puso una taza de agua en el horno de microondas para el té caliente mientras hablaba. —¿Y? —Fue muy difícil. —Te dije que le dijeras sobre Joshua. —Lo sé, y él estaba muy enojado, pero hemos hablado hoy y me voy a quedar. Le prometí a Hazel que me quedaría hasta Navidad. ¿Cuánto tiempo puedes mantener a raya al ejército? —No lo sé. Debra llama toda alterada porque Joshua realmente sonrió y ella no llegó a verlo y me preguntó si ya lo había visto y me hizo prometer tomarles fotos de ustedes dos y enviárselas a ella. Ahora, ¿cómo vamos a manejar eso? Si envías fotos, ella será capaz de decir por el trasfondo, que seguro no están en mi casa —dijo Leah. Debra y Leah eran hermanas gemelas, nacidas en Goodnight, Texas, y se veían iguales hasta que Debra tuvo cuatro hijos. Ahora ella tenía veinte kilos más que su hermana, que había optado por una carrera en lugar de un familiar. Leah mantenía su cabello teñido de un rico castaño. Debra dejó la tendencia hacia el brillo por el encarecimiento prematuro justo en medio. Leah trabajaba como profesora de economía en la universidad en Conway y vivía en una comunidad cerrada en el lado sur de la ciudad en un nuevo hogar moderno. Debra aún vivía en el rancho donde Jimmy Clark la llevó como una novia casi treinta años atrás. Y Leah sabía todo acerca de Lucas y de la relación que había brotado por Internet. Debra ni siquiera sabía que existía Lucas. —Yo me encargo de eso —dijo Natalie. —Será mejor que le digas muy pronto, muchacha. Ella va a saber que algo no está bien y voy a ser la que esté en el punto de mira. Natalie se rió.


—Y ella no malgasta munición. —Nunca lo ha hecho antes, así que no espero que comience ahora. Entonces, ahora dime sobre él. ¿Es tan apuesto como pensabas? Natalie tragó saliva. —Sí, lo es. Ella le dijo a Leah toda la historia de su regreso a casa y encontrarla con una pistola en la mano y la forma en que había reaccionado a Joshua. Cuando colgó, parecía que había hablado durante una hora, pero el reloj dijo que sólo había sido un par de minutos. Ella no estaba segura sobre el horario de la cena en Cedar Hill en comparación con la del rancho de su padre, pero a un cuarto para la una del mediodía, todos, Jack, Grady, y Lucas, entraron a la casa. Evidentemente, no hacían las cosas de la misma manera que hacia su familia. Desayuno a las seis de la mañana. Almuerzo al mediodía. Cena a las seis de la tarde. —Hombre, este lugar huele bien —dijo Grady—. ¿Eso es pan de levadura lo que huelo? —El asado no vale mucho si no tienes pan caliente para acompañarlo. —Ella sonrió. —Danos un par de minutos para bañarnos —dijo Jack. Cuando tomaron sus lugares en la mesa, el cabello de Grady y Jack había sido peinados hacia atrás y sus rostros estaban brillantemente limpios. Las grandes manos de Lucas todavía estaban semi-húmedas como si él las había lavado bien y apenas tocó la toalla. Miró a la mesa de la cena, como si casi no pudiera creer toda la comida delante de él. Joshua estaba en el columpio portátil que había establecido cerca de la mesa. Todo le fascinaba y él mostró su gran sonrisa sin dientes cuando oyó voces masculinas. —Si el sonido del balancín es molesto... —comenzó ella. —Hey, eso no es nada de qué quejarse —se entrometió Grady —. Es bueno tener un bebé en la casa de nuevo. No hemos tenido eso desde que Lucas estaba pequeño. Vienen efectivamente con cosas de lujo desde entonces. Cuando él tenía ese tamaño, cenábamos con él sentado sobre Jack o mi rodilla.


—Él va a ser inteligente. —Jack se sirvió en su plato y pasó la fuente a Lucas—. Puedes decirlo por sus ojos brillantes. Apuesto a que caminara mucho antes de que cumpla el año. —Veo un bizcocho allá atrás en el gabinete —dijo Grady. Jack le dio un codazo a Lucas. —¿Tuviste una cena como esta desde que te fuiste de casa? Lucas negó con la cabeza apilando las patatas y las zanahorias en su plato. —No, y tengo hambre. —Come todo eso y no tendrás lugar para bizcocho y melocotones —bromeó Jack. —Eso significa que puedo conseguir su pastel, ¿no? — preguntó Grady. —¿Tienes esa pistola a mano, Natalie? —preguntó Lucas. —Lista —respondió ella. —Cualquiera que toque mi pastel, disparar a matar. Él no tenía idea de que acababa de entregarle la luna, las estrellas, y tal vez incluso el sol. El hombre que la había consolado después de la muerte de Drew y que había llevado adelante una relación por Internet con ella estaba de vuelta. —Mamá me enseñó a no desperdiciar munición. Podría solamente romper sus brazos —dijo. Jack echó atrás la cabeza y soltó una carcajada. —Si eso no suena justo como Hazel. —Bueno, gracias —dijo Natalie—. No llegué a conocerla, pero el poco tiempo de estancia, me dio la impresión de que era una pistola. —Oh, cariño. —Lucas miró a través de la mesa y se encontró con la mirada de ella—. Hazel no es una pistola. Ella es una escopeta de dos cañones. La energía entre ellos crepitó tan fuerte que ella se preguntaba si Jack y Grady podían oírlo también. Tenía la extraña sensación de que se produjo cinco minutos antes de que un tornado golpeara. El ruido era todo lo que les rodea, pero estaban en el vacío, sin ruidos más que el aleteo de sus corazones. Sus ojos se clavaron en los de ella y podía oír la tormenta cada vez más cerca. Nunca había tenido un


hombre que la despojara completamente dejรกndole desnuda con sรณlo mirarla a los ojos. Ella parpadeรณ y mirรณ hacia Joshua. Cuando se arriesgรณ volver a mirar hacia Lucas, estaba cargando su plato con asado y papas.


Capítulo 4 Traducido por Mary Jose, Blinda & ஓ¥anliஓ Corregido por val_mar

El suelo de madera dura en el vestíbulo estaba frío, lo bastante para hacerle desear a Natalie haber sacado un par de calcetines de su maleta. Alcanzó el anticuado pomo de cristal sobre la puerta del cuarto de baño, pero estaba cerrado. Ella se azotó alrededor caminando de puntillas de regreso al cuarto y abrió la puerta con rapidez. —Pasa —habló Lucas arrastrando las palabras. Ella se paró y miro por encima de su hombro. La esencia de jabón para hombre, el almizcle de la loción de afeitado, y el dentífrico de menta todo combinado creo de nuevo ese loco sentimiento de inminente tormenta. El aire húmedo y caliente se derramó del cuarto, pero eso hizo poco para calentar sus congelados pies. Tenía que acordarse de arrastrarse por la mañana y ponerse al menos indistintamente zapatillas o calcetines. —Buenos días —dijo—. Sólo será un minuto. —No importa cuánto tiempo te lleve. Papá ya ha estado aquí y salió fuera con Grady hace un rato para hacer las tareas matutinas. Así que todo es tuyo. Ella empujó su mano en su bolsillo. Tocar el monitor del bebé debería haberla hecho poner los pies de regreso a la realidad y alejar su mente de esa toalla roja oscura colocada alrededor de su cintura y de lo que había debajo. Debería pensar en Joshua y no estar preguntándose cómo sería pasar sus manos sobre aquella área de abultados músculos sobre su pecho. Él apoyó un brazo contra la jamba de la puerta y la miró. —¿Has dormido bien? Su pelo probablemente parecía haber sido peinado con un rastrillo de heno. Ni siquiera se había cepillado los dientes aún y su


camisa de dormir tenía cinco años y estaba descolorida. ¿Realmente estaba siendo amable o le decía que se veía como la mierda? —Joshua se levantó una sola vez en toda la noche, lo que estuvo bien —contestó ella. —Eso es bueno —dijo él. ¡Mierda santa! Bloqueaba la puerta y el vestíbulo. Probablemente parecía un toro encerrado dentro de en un remolque de ganado. Se hizo a un lado para dejarle pasar y su hombro rozo contra sus pechos. Una camisa de dormir de franela separaba la suave piel de sus firmes músculos, sin embargo el aire del vestíbulo todavía crujía y silbaba alrededor de ellos como rescoldos al rojo vivo dentro de una chimenea. La Madre Naturaleza era una zorra. No estaba claro para ella si todas las feromonas del planeta entero de Venus andaban sueltas en los pequeños límites de un vestíbulo en una casa de rancho en Saboya, Texas. O si la Madre Naturaleza había dejado caer allí en el mismo lugar un hombre con justamente toda la testosterona de Marte. Sería indudable una guerra interplanetaria. ¿Se mantendría la casa en pie cuándo hubieran terminado, o le prenderían fuego a las sábanas? En sólo cuatro semanas y podía pasar los días recordándose que cuando la navidad llegará, iba a deberle una magnifica paga. Estaba de espaldas a ella cuando dio el siguiente paso en el cuarto de baño. Su frío pie se enredó en un pedacito de alfombra delante del tocador. Un segundo pensaba en lo que le gustaría besarlo y el siguiente esperaba que la caída no rompiera su nariz cuando golpease el borde de la tina con pies de garra mientras se caía hacía delante. ¡Mierda! Mamá me matará si muero en este lugar. ¡Ni siquiera sabe acerca de Lucas! De repente jalada a una posición vertical. Golpeó su pecho con una fuerza que la recordó la primera vez que disparo el rifle de calibre treinta Argentine Mauser de su papá. Esto expulso la mierda de sus hombros. El acabar de golpe contra el pecho de Lucas tan cerca con su aliento directamente sobre ella fue justo como cuando tuvo el rifle aquella primera vez.


Ella le miró y notó que el oro moteaba sus ojos negros. Sus manos estaban sobre su pecho. Su estómago se retorcía como un pretzel y aquellas malditas feromonas comenzaron a moverse a su alrededor justo como si hubieran hecho una hoguera allí, en medio de su estómago. La madre naturaleza no la redimía en absoluto. Acababa de mostrar a Natalie lo que nunca podría tener. Estuvo a punto de agradecerle por salvarla y liberarse de su abrazo cuando comprendió que sus ojos se nublaban y se cerraban muy despacio, dejando las negras y tupidas pestañas descansar contra sus altos pómulos. ¡Apenas tuvo tiempo para humedecer sus labios y luego estar en la cima! La tierra entera giró alrededor como un tiovivo. No pudo pensar o respirar; sólo pudo sentir. ¡Y la pasión fue abrasadora! Sabía cómo sería. Nunca tuvo duda en todos aquellos meses que cerrada la pantalla del ordenador cada noche que si se encontraban, la atracción sería fuerte y que el calor chisporrotearía. Pero en su mundo imaginario, él se sentiría de la misma forma. Sí, la señora, la madre naturaleza era una zorra insensible. Y el destino era su tacaño hermano mayor. Natalie no quiso abrir sus ojos cuando el beso se terminó. Quería quedarse en aquel falso mundo donde él la recogería y se la llevaría a la cama. Pero el gimoteo en el monitor de su bolsillo la devolvió a la realidad de golpe. —Pondré a hacer el café —habló arrastrando las palabras. Ella apenas asintió. Su cerebro todavía estaba confuso, de cualquier forma las palabras no eran posibles. Si hubiera tenido que hablar o comer tierra, habría ido a la cocina y tomado una cuchara. Apuro la salida del cuarto del baño y se fue. Cerró la puerta, bajo la tapa sobre la taza, y se sentó. Solo había estado a punto de desmayarse una vez en su vida y fue el día que miro la prueba de embarazo y se manifestó positiva. Puso su cabeza entre sus rodillas e inhaló profundamente varias veces. Las paredes dejaron de envolverla y suelo se quedó donde pertenecía. ¡Fuegos del infierno! Si un beso podía hacerle esto, que pasaría si alguna vez… No dejó terminar el pensamiento.


*** Las manos de Lucas temblaban cuando se puso sus vaqueros y la camiseta blanca como la nieve. No iba a reconocer nunca a ese bebé o incluso hablar con él. Pero infierno, era el hijo de Drew, y Drew estaba muerto y le debía a su viejo amigo aún más. Además, era tan apestosamente lindo que nadie podía resistírsele. No del todo a diferencia de su madre, quien acababa volar cada chorro de testosterona suelta en su cuerpo con ese beso. Lucas se había imaginado que sus besos serian malditamente geniales, no había esperado oír campanas y silbatos y ver las estrellas. Sus manos todavía temblaban cuando se abrochaba la camisa de franela a cuadros que había extraído de su armario. El sexo nunca había provocado tanto revuelo en su cuerpo, y mucho menos un simple beso. Por supuesto, había pasado un año desde que había tocado a una mujer. Tal vez ese era el problema. Sólo necesitaba la buena pelea entusiasta del sexo, de manera que un beso no lo convertiría en un caos agitado de nervios. Había nacido y criado en la casa, así que sabía su camino alrededor de cada pieza de mobiliario sin necesidad de encender una luz. El pasillo desembocaba en la sala de estar de ese extremo de la casa. Una puerta a la izquierda lo llevó a la cocina. Rodeó el extremo de la mesa y se tambaleó sobre el columpio para bebés, golpeándolo y casi lo envía en una caída precipitada hacia la estufa. —¡Maldición! —dijo mientras se estabilizaba de nuevo. Tendría que soportar el columpio e incluso aprender a caminar a su alrededor, pero si pisaba una de esas cosas viscosas para la dentición en su camino hacia el cuarto de baño en medio de la noche, despediría a Natalie en el acto. No le importaba lo que dijera la familia o lo mucho que suplicaran. Encendió una luz para asegurarse de que no había ninguna otra cosa entre él y la cafetera. Maldecir debe ser bueno para el alma, porque sus manos eran firmes como una roca cuando abrió el agua para el café y miró por la ventana de la cocina.


El cielo seguía gris, pero no había nada cayendo. El termómetro fuera de la ventana hondeaba cerca de la marca de los veinte grados, lo cual significaba que lo que había en el suelo no estaba derritiéndose ese día. La cafetera gorgoteó a una parada cuando Natalie y Joshua llegaron a la cocina. Ella sofocó la cara del bebé con besos y lo puso en el columpio, lo meció, y lo besó una vez más. —Mira, te dije que si te comías todos los huevos verdes y el jamón, podrás ir al parque de diversiones esta mañana. —¿De qué demonios estás hablando? —Lucas sacó dos tazas del armario y las llenó—. Yo no cocino, pero hago una infame jarra de café. —¿Fuerte? —preguntó. Le tendió una taza humeante. —Oh, sí. Tiene que hacer que tus ojos destellen para ser un buen café. ¿Huevos verdes y jamón? Oh, le has leído al Dr. Seuss, ¿verdad? Y el columpio es como un parque de diversiones. Ahora lo entiendo. —Eso es bastante cercano a lo que papá dice del café bien cargado. Sus dedos se rozaron en la transferencia y su mano estaba más caliente que el café humeante en la taza que sostenía. Su toque no había producido la mayor cantidad de ampollas de fuego, ya que había estado en ese beso abrasador que casi le manda a volar esa toalla de color rojo directo de su cuerpo. Pero iba a ser un largo, largo mes, si cada vez que accidentalmente la tocaba, se excitaba hasta el punto de dolor. Era un vaquero duro y un soldado. Tenía los nervios de acero. Podía hacer su trabajo en el desierto o en un rancho, y era muy bueno en ambos. —¿Tienes una preferencia para el desayuno esta mañana? — Natalie se ocupó consiguiendo cosas de la nevera. —Tortillas y waffles —dijo rápidamente para sacarse de la mente sus labios. Su cabeza se sacudió una vez. —Entonces, ¿te gusta cocinar?


Se detuvo junto al columpio y le tocó la mejilla al bebé. Esperaba una sonrisa, pero Josh aferró su dedo y miró directamente hacia él, como si lo evaluara. ¿Los bebés saben más de lo que los adultos pensaban que hacían? Los ojos del niño no parpadearon durante unos segundos, y Lucas se preguntó que realmente pensaba él de la gente del Rancho Cedar Hill. Natalie tomó cuencos del armario y abrió el horno. —Mamá no sabe ni hervir el agua. Tía Leah, su hermana gemela, es la cocinera de la familia. Estaban sólo las dos, y tía Leah odiaba ensuciarse las manos, por lo que aprendió a cocinar cuando era joven y así poder quedarse fuera de los campos. Sabes lo que dice la gente sobre eso de tener gemelos, son parte de un todo. Yo lo creo. Son tan diferentes como la noche y el día y sin embargo, cuando una de ellas está en problemas o enferma, la otra lo sabe antes de que nadie diga una palabra. Tía Leah nunca se casó, pero es una cocinera gourmet. Mami se casó, tuvo cuatro hijos, y papá contrató a una cocinera y ama de casa en lugar de un peón de campo. Ella puede trabajar todo el día fuera de la casa y supervisar a un grupo dentro y fuera, pero no cocina o limpia. —¿Y tú? Ella conectó la waflera y la luz roja en la parte superior se encendió. —Papá me dijo que tenía que aprender de los dos mundos. —¿Cuál te gusta más? Ella sacó la canasta de huevos de la nevera. —Ninguno cuando era más joven. Todo lo que quería hacer era ser entrenadora de baloncesto y enseñar. Pero después de tres años de eso, decidí que la agricultura no era tan mala. Cuando no fui contratada de nuevo en la escuela, papá me contrató para trabajar en el rancho. Pero mamá me robaba para ayudar a nuestro cocinero bastante a menudo. —¿Y tus hermanos? —Tú les llevas la delantera. Ni siquiera pueden hacer café, pero todos están casados con mujeres que son un infierno sobre ruedas en la cocina. Sonrió. —Aunque eres la mayor, ¿no?


—Sí, lo soy. Mamá me tuvo y dos años más tarde tuvo a Isaac, luego el próximo año llegó Jarrett, y Shawn al año siguiente. Cuatro niños en cinco años. Todos están casados y llevando la ganadería con papá. Shawn se acaba de casar la semana pasada. —Recuerdo que me contaste eso. ¿Cómo estuvo la boda? Ella rompió los huevos en el bol, añadió un chorrito de leche, luego la sal y la pimienta. —Hermosa. Su novia viene de la finca de algodón cercana subiendo la carretera. Tuvo una boda navideña a pesar de que aún faltaba un mes. Jack rodeó el marco de la puerta y se concentró en la cafetera. Se sirvió una taza, tomó varios sorbos, y luego se sentó en el extremo de la mesa cerca del columpio del bebé. —Buenos días, ¡sol! ¿Has dormido bien o mantuviste despierta a tu linda mamá? ¿Sabías que hoy tu tío Grady y yo vamos a sacar el árbol de Navidad del granero y ponerlo? Te van a encantar las luces, apuesto. Y si pudieras alcanzar esos adornos brillantes, estarías tratando de ponerlos en tu boca. —Joshua arrulló y agitó sus manos—. Sí, señor, con esas mismas manos. No pasará mucho tiempo hasta que tus manos sean lo suficientemente grandes como para aferrarse a las riendas de un poni. Para entonces no te importará tanto ver cosas sobre el árbol de navidad. —¿Van a poner el árbol hoy? —preguntó Natalie. —Normalmente lo sacamos de la caja, el día después de Acción de Gracias, pero Hazel dijo que teníamos que esperar hasta que Lucas llegara a casa. Ya llevamos una semana de retraso y este maldito clima nos está impidiendo hacer mucho más, por lo que este es el día. Lucas nunca había compartido el ritual de poner el árbol con nadie más que su padre, Grady, y Hazel. —Pero… —comenzó. Jack levantó una palma y lanzó una mirada que decía suficiente sobre la mesa. —No podemos tener una fiesta sin un árbol, ¿verdad? Un gallo cantó y algo golpeó la ventana de la cocina. Lucas levantó la vista justo a tiempo para ver al gallo tratar de enfocar la carcasa, fallar, y arrojarse de vuelta al suelo.


—¿Qué demonios? —Lucas se dirigió a la puerta—. ¿Has dejado la puerta abierta del gallinero, Natalie? Ella se puso las manos en las caderas. —Soy una mujer de rancho. Chequeo doble las cosas como esas. Abrió la puerta y más de una docena de grandes gallinas Rojas Rhode Island entraron a la casa. Él cerró la puerta, pero no antes de que los tres cachorros se precipitaran al interior con el gallo detrás de ellos, graznando mientras dejaban a su paso algunas plumas. —¡Mierda! —gritó Henry—. ¿Qué has hecho, Lucas? Los pollos estaban por todas partes. Los cachorros los persiguieron, mordiendo las colas y escupiendo las plumas a su paso. Grady y Jack se levantaron y persiguieron a los perros, pero estaban húmedos de la nieve y nadie pudo conseguir un agarre sobre los pequeños diablillos escurridizos. Hombres, pollos y perros, todo en un borrón con Natalie tratando de llegar hasta Joshua antes de que un pollo estúpido volara hacia él y le hiciera daño al bebé. El gallo voló sobre todos y se posó justo allí, en la parte superior del columpio de Joshua, como el rey de la montaña retando a los cachorros a tratar de atraparlo. Ahuecó sus plumas, echó hacia atrás la cabeza, y cantó con su voz más fuerte. Una gallina siguió su ejemplo, se posó en el regazo de Joshua, se removió hasta que estuvo cómoda, metió la cabeza bajo el ala, y cerró los ojos. Lucas estaba más cerca del columpio que Natalie, así que se apresuró a sacar al estúpido pollo del regazo de Josh. Si esa criatura picoteaba sus pequeñas mejillas regordetas o peor aún, en su globo ocular, Natalie dispararía primero y preguntaría después, y estaría apuntando al corazón de Lucas Allen. Agarró a la gallina y Natalie a Josh al mismo tiempo. Un huevo recién puesto rodó del regazo del bebé y se estrelló en el suelo entre ellos. Los tres cachorros corrieron a lamer el caos y Grady recogió a dos, mientras que Jack se apoderó del otro. —Los sacaremos, pero maldición, arreglare yo mismo ese corral —dijo Jack. —¿Y qué se supone que significa eso? —preguntó Lucas.


—Significa que me voy a asegurar de que no se salgan de nuevo. Ahuyenta a los malditos pollos fuera de la casa. Debe ser esta tormenta que puso a todo el mundo loco. Nunca supe que los pollos hicieran eso —dijo Grady. Fue entonces cuando Natalie hundió la cara en el pelo de Josh y se rió como una niña pequeña. Lucas se detuvo en medio de toda una bandada de pollos y la miró fijamente. ¿Se estaba riendo o llorando? Natalie alzo la mirada y negó con la cabeza. —Ese es el espectáculo más gracioso que he visto. Hombres, perros y gallinas. Las plumas volando y el gallo cantando. Ojalá hubiera tenido mi cámara de vídeo aquí. El gallo cantó una vez más y luego voló por el pasillo. —Agarra a Josh y no te muevas. Volveré a buscar ese gallo tan pronto como tenga todas estas malditas gallinas de vuelta en el gallinero. Cuando las gallinas estuvieron fuera de la casa, Lucas levantó una ceja hacia Natalie. —Apuesto a que el muchacho cascarrabias está en tu habitación. ¿Tienes un problema si voy tras él? Ella sacudió la cabeza y sonrió. —Toda la escena habría sido algo divertido para enviar a “Los vídeos caseros más graciosos de América”. Una sonrisa estremeció los bordes de su boca y, finalmente, él simplemente se rindió y la dejó materializarse. —Bueno, esperemos que el gallo salga sin demasiados problemas. El condenado viejo pájaro estaba durmiendo en el borde de la cuna portátil, cacareando como si hubiera encontrado un flamante harén de gallinas. Lucas se acercó y se estiró por él, y el gallo lo azotó, picoteando y rasguñando sus brazos. —Despreciable viejo bastardo, lo juro por Dios, te tendremos con albóndigas esta noche —gritó Lucas. Natalie llegó por el pasillo, todavía con Josh en un brazo. El gallo se alejó volando de Lucas y se posó en el hombro de ella.


—¿Qué eres, un endemoniada encantadora de animales? — preguntó. —Nunca lo he sido antes. Si dejaras de invitarlos a entrar, esto no ocurriría. Cállate. Veré si puedo sólo salir con él al gallinero. —No puedes llevar a ese bebé por ahí así. Le falta uno de los calcetines —dijo Lucas—. Dámelo. El gallo azotó a Lucas de nuevo cuando se estiró hacia Josh. Lucas retrocedió y el viejo muchacho voló de vuelta y se posó en el hombro de Natalie. —Bien, voy a recoger la manta de Josh y envolverlo con ella. Y me daré prisa —dijo Natalie—. ¡No le gustas a este pájaro! —No es demasiado aficionado a ti tampoco, de lo contrario no habría dejado su tarjeta de visita corriendo por tu espalda —dijo Lucas. —Una vez más, granuja, y seré yo la que te retuerza el cuello y te ponga en la olla hirviendo —gruñó Natalie. Lucas pasó por delante de ella y les dijo a Grady y Jack que no hicieran ruido. Grady levantó dos huevos. —Encontramos estos en el porche de atrás. Se siente como que están sólidos probablemente congelados. Natalie llegó a la cocina, el bebé en sus brazos luchando contra la manta, gallo en su hombro, cacareando. Él se montó allí todo el camino hasta el gallinero, saltó, batió sus alas, y se pavoneó como el rey de todo el mundo. Lucas se alineó con Grady y Henry, las narices pegadas contra la ventana mientras observaban su prisa de vuelta a la casa. —Eso tiene que ser la cosa más condenadamente sorprendente que he visto nunca —dijo Grady. —Tu abuelo no va a creer una palabra de eso —dijo Jack. —No estoy seguro de que yo lo haga —dijo Lucas. *** Natalie había planeado pastel de carne para la comida, pero cambió de opinión. Si iban a poner un árbol, entonces haría una


gran olla de sopa de carne vegetal, pan de maíz, y una bandeja de brownies de postre. La cena podría ser sobras con un plato de queso y galletas. Grady vino al interior del frío y se dirigió a la cafetera. —Si los cachorros salen de nuevo, juraré que son mágicos. ¿Cuándo van a poner el árbol? Evidentemente, la gente de Cedar Hill se parecía mucho a las personas mayores en el Círculo de Silverton. La puerta de entrada se utiliza para la empresa, no la familia. —Por lo general dos semanas antes de navidad. Papá y mamá habían tenido su propia tradición desde antes de que tuvieran hijos. Salían a buscar un árbol un sábado por la tarde sólo el cedro correcto, y créanme, eso no es fácil en una tierra donde hay pocos, solo arado de pasto y el cielo. Pero siempre traían uno a casa y luego el domingo todos estábamos ahí para ayudar a decorar después de la iglesia y la cena. Mamá no soportaba excusas ese día. Sus hijos y sus esposas eran esperados en casa. Sólo por enfermedad cercana a la muerte o tal vez el nacimiento de un nieto era razón para no estar en casa. —No hemos puesto un árbol real en años. Henry hizo un alboroto sobre ello al principio, pero todavía corta uno real para la cabaña y finalmente aceptó uno falso en esta casa —dijo Grady—. Pero nosotros conseguimos uno falso, el mayor de aspecto más real que pudimos y a Josh le va a encantar. La Navidad siempre es mejor si hay un niño en la mezcla. Natalie abrió la boca para decir que estaba segura de que Hazel estaría en casa para navidad y que ella ni siquiera estaría allí. Entonces, un silbido de aire frío sopló a Henry en la cocina antes de pudiera sacar nada. Rápidamente dio patadas cerrando con su bota y colgó su sombrero de fieltro negro en un gancho y el abrigo en el perchero. Su pelo gris grueso tenía un anillo a su alrededor donde su sombrero había estado puesto y su nariz afilada era tan roja como la de Rodolfo. —Se hizo solitario como el infierno abajo en mi casa y estoy cansado de esas malditas cosas que pones en una tostadora por la mañana. ¿Dónde está el bebé? Por Dios, que ha crecido unos 30 centímetros desde que Jack estuvo en casa el domingo. ¡Estoy


esperando, Lucas! No eres demasiado grande o demasiado viejo para abrazar a tu abuelo. Si Kuwait te hizo esto, voy a comprar todo el maldito país, lo araré debajo, y extenderé toda la mierda de vaca sobre ella. Lucas encontró a Henry a mitad de camino en el suelo en un fuerte abrazo. —Podría ser una buena idea, ¿pero dónde pondríamos a toda esa gente? —Texas es un estado grande. —Henry le dio una palmada en el hombro—. Buenos días, señorita Natalie. Parece que vamos a tener tortillas. Quiero cebollas en la mía y una fina capa de picante. El resto del equipo no tiene el estómago para jalapeños, pero me gusta. Y veo en la plancha gofres también. Señor, yo sabía que venía al lugar correcto, incluso si el camino hasta mi casa es liso como la gelatina. O sobre un pomo de puerta de cristal. Su voz era ronca, pero él tenía lágrimas en sus ojos cuando abrazó Lucas. —Es una respuesta a las oraciones de un anciano verte sentado en esta cocina. Recé todos los días para que Dios te trajese a casa a salvo. Grady dice que has hecho tu alistamiento y no te matriculas en el otro. Dime que es correcto. —Es correcto. —Lucas pasó un brazo alrededor de los hombros de Henry y se fue con él a la mesa. Henry miró hacia el techo y dijo: —Gracias, dulce Jesús. —Usted me recuerda a mi abuelo —dijo Natalie. Henry tomó el café que ella sirvió para él. —¿Es eso algo bueno? —Oh, sí —respondió ella. Henry tomó un sorbo de café y dejó la taza sobre la mesa. —Entonces, gracias. Ahora tengo que ver a Josh. Me gusta su nombre. Es un buen nombre, fuerte, como Lucas. Hoy en día, las chicas le ponen a sus hijos nombres tan extraños que parece que sólo arrojaron todo el alfabeto al cielo y lo que cae sobre la mesa, es como llaman a su hijo. Agarró el respaldo de una silla y la arrastró oscilándola.


—Ahora tú y yo vamos a charlar. No pasará mucho tiempo hasta que consiga algunos de los huevos con la salsa picante en ellos y yo apostaría que te gustan tanto como a mí. Natalie y Lucas intercambiaron una mirada a través de la parte superior de los tres hombres de distintas tonalidades de pelo gris. En un par de pasos fáciles estaba delante de la nevera. Empujó cosas alrededor y sacó una botella de salsa picante y la puso en el armario junto a la estufa. —Están teniendo un buen tiempo con un bebé en la casa. Es como si tuvieran un nuevo juguete —susurró. Ella asintió con la cabeza. —Ellos están contentos, ¿no es así? —A ellos les gustas tú y hay un par de cosas que no hemos discutido de esto, te pagaré extra. —La cocina, la limpieza, ¿y qué más? —Un par de lugares. Una de organizar, pero Hazel tiene notas. Y otra para asistir conmigo a la Asociación Angus local. —El que más te costará extra —dijo. —Deme una cuenta antes de que te marches. Me lo puedo permitir. Míralos. Señor, ellos están más emocionados acerca de ese niño que yo viniendo a casa. Ella le dio una palmada en el brazo, perdiendo por escasos centímetros. —¿Estás poniendo mala cara? —¡Diablos, no! Yo no pongo mala cara. Solo estoy exponiendo los hechos. —Prometo que cuando nos hayamos ido será una gloría de niño de nuevo. —Sirvió una mezcla de huevo de una sartén de hierro fundido y hábilmente preparó rápidamente una hermosa tortilla para Henry. Ella había calculado perfectamente de manera que la plancha de gofres parpadeó a la luz verde justo después de que la tortilla estuviera en el plato. —Todavía poniendo mala cara —susurró. Ella lo ignoró. —Sirviendo el desayuno para Henry. Poniendo el desayuno para Jack. ¿Qué quieres en tú tortilla?


—Hazla a Lucas primero. No he terminado de hablar con Josh y sería un mal ejemplo hablar con la comida en la boca. De manera que el abuelo ha estado presionando por delante de mí, que ni siquiera conocerá mi voz si no me pongo algún tiempo con él —dijo Jack. —Yo quiero salchichas y queso en la mía. Ninguna cebolla — dijo Lucas. —Jarabe de fresa caliente en los gofres, ¿verdad? —preguntó. Sus ojos castaños brillaban. —Te acordaste. —Por supuesto que lo recordaba. Los ordenadores eran buenos para algo. Nosotros no tuvimos que pagar para hablar contigo y pudimos ver que incluso si su nariz se veía muy grande en la imagen de la pantalla —dijo Grady—. Espero que Natalie se sorprendiese cuando vio que su nariz no se veía como la Jimmy Durante. —O de Pinocho. —Henry se rió—. Este es un buen desayuno. Vale la pena cada pedazo de aguanieve que cayó de ese árbol justo en el cuello de mi camisa cuando me estaba metiendo en mi camión. *** Natalie toleraría Josh en lugar de Joshua, ya que parecía hacer a los viejos felices, ¡pero ella dibujaría la línea en Hoss o Buddy o Jay-Man! Dios, odiaba los apodos. Ni siquiera le gusta cuando la llamaban Nat, y sólo lo hacía cuando discutían. El teléfono sonó mientras estaba cargando los platos del desayuno. Reconoció el tono de llamada y dijo: —Buenos días, tía Leah. —Tu madre está en pie de guerra. La mierda está a punto de golpear el ventilador, chica, y que me aspen si estoy frente a ella cuando lo haga. Si vas a permanecer en ese lugar con tu cybernovio, entonces, cariño, es hora de llamarla. No puedo pararla por más tiempo —dijo Leah. —Pero a ella le va a dar un ataque —se quejó Natalie.


—Sí, lo hará, y tiene derecho a una verdadera rabieta como antaño —le dijo Leah—. Deberías haberle dicho de tu encuentro con Lucas desde el principio. —Lo sé, pero es complicado. Quiero decir con lo de internet. Señor, ella habría tenido un ataque al corazón. Aquí todo el mundo está enamorado de Joshua y todos están entusiasmados acerca de la navidad con un bebé en la casa. Lo llaman Josh y yo ni siquiera me he agitado por ello. Estarían tan decepcionados si me fuera y... —Y tú besaste al cyber vaquero y te gustó, ¿verdad? Natalie se quedó sin aliento. —¿Cómo lo sabes? —Está en tu voz. Es aguda y chirriante como cuando llamaste y me dijiste que estabas embarazada y el bebé pertenecía a Drew. La única cosa que te podría poner la voz estridente es si hubieras besado a Lucas. Eso es todo lo que hizo, ¿no? Quiero decir, sólo has estado allí un par de días. —Cálmate. Heredé mi voz chillona de ti, y yo sólo lo besé hace poco. —Llama a tu madre. Voy a estar fuera de casa todo el día y voy a apagar mi teléfono con la excusa de que mis estudiantes están tomando los exámenes finales hoy. ¡Señor, no quiero tratar con las consecuencias! —Prometo que lo haré. Pero por la noche es mejor que lo vuelvas a encender o ella estará en tu puerta tan pronto como pueda llegar hasta allí. Va a ser más fácil hablar con ella por teléfono que en persona —dijo Natalie—. ¡Me tengo que ir! Estamos poniendo el árbol de Navidad hoy. —¡Que Dios nos ayude! —dijo Leah y la línea se cortó. Cuatro hombres trajeron una caja enorme con una foto de un árbol de navidad en el exterior antes de que pudiera dejar el teléfono en su bolsillo. —Huelo —Henry alzó las cejas—, sopa de verduras, ¿no? —No, no lo haces. Te estás haciendo viejo. Esa es la torta de chocolate, ¿no? — dijo Grady. —No me llames viejo. Yo sé lo que huelo. Ella Jo lo hizo una vez a la semana, incluso en el verano porque es mi favorito — argumentó Henry.


—Son ambos —dijo Natalie. —Ves, te dije que era chocolate —dijo Grady. —Nunca voy a conseguir mejorarlos —susurró Lucas y se dirigió al otro lado de la sala de estudio y comedor hacia la puerta trasera. El frente de la casa era un cuadrado enorme. Dos puertas se abrían desde el amplio porche. Una en la sala de estar que era tan grande como un vestíbulo del hotel. Dos arcos se abrían a la izquierda fuera de la sala de estar. Uno conducía al estudio, y el otro al comedor, con un tercer arco separando a los dos. La cocina estaba en el fondo del comedor con una puerta de tamaño normal que se abría a la sala de estar y otra en el comedor. El efecto creado por tanta apertura era amplio e intimidante a Natalie. Los chicos colocaron la caja más grande que jamás había visto en el piso de la sala de estar, justo a la izquierda de la chimenea. La imagen de la caja le recordaba a la que pusieron en el hotel Opryland en Nashville, Tennessee. Ella había estado fascinada por ese árbol cuando era niña y habían ido allí en diciembre para una semana. —Oye, ven acá, Lucas. Tu trabajo está aquí. Eres el más alto de nosotros y puedes hacer esto sin tener una escalera. Iremos a buscar el resto de las cajas. Puedes poner esto junto —dijo Jack. —¡Señor, sí, señor! —Lucas se volvió y saludó bruscamente. Henry le dio una palmada en el brazo. —Ya basta de esa mierda. No estás en el ejército más. —Nunca sabrías que él es un predicador ordenado por su forma de hablar, ¿verdad, Natalie? —dijo Lucas. —No seas chismoso sobre mí mientras estoy fuera —dijo Henry. Natalie tomó a Joshua del columpio. —Yo lo llevaré de vuelta a la habitación y lo cambiaré. Es hora de su biberón de la mañana. Nos sentamos en el sofá y veremos, ¿cuál es mi trabajo en todo esto? Lucas abrió la caja y cogió la base. —Tu trabajo es hacer a esos viejos felices, y no importa lo que hagas, si Josh les sonríe, son felices. Así que supongo que tu mayor trabajo consiste en asegurarte de que puedan ver al bebé y hablar


con él. Nunca supe que tres perros viejos estarían tan emocionados sobre un nuevo cachorro. *** Lucas se alegró de que se quedase, pero nunca podría funcionar entre ellos, no con un bebé involucrado, sin importar lo mucho que a la familia le gustara tener un niño en la casa. Natalie no había sido honesta con él, pero entonces no había sido sincero con ella, tampoco. Sin embargo, parecía que su secreto era más grande que el suyo... ¿o no? —Bueno, esta caja dice luces y guirnaldas. Jack está trayendo la que dice ornamentos, y estamos dejando llevar a Henry la que dice faldones y la punta del árbol. Él está lanzando un ataque de mierda, así no se burlen de él por no ser capaz de llevar algo más pesado —susurró Grady a Lucas cuando Henry apareció en la sala de estar. Natalie estaba de vuelta en el momento en que Henry dejó la caja y estaba a punto de sentarse en una mecedora cuando Henry llegó por el bebé. —Voy a alimentar al bebé mientras la gente joven decora el árbol. Él y yo ya somos buenos amigos. Ha pasado un tiempo desde que hice eructar a un bebé, sin embargo. ¿Es esto todavía dos palmadas y luego tirarlo sobre el hombro? Ella envolvió una toalla para el eructo encima del hombro de Henry y le entregó el bebé y el biberón. —Es como andar en bicicleta. Esto es exactamente como antes. Creo que usted realmente le gusta. Puso el chupón del biberón en la boca del bebé y la facilitó hacia abajo en su mecedora reclinable favorita. —Los bebés siempre me han gustado. A Jack le gustaba más que su mamá y la utilizaba solo para fastidiarla hasta la mierda. Ahora, Sr. Josh, vamos a estar muy cómodos y te puedes tomar una pequeña siesta después de conseguir tu vientre lleno. No te preocupes de nada, hijo. Te despertaré cuando se conecten las luces.


No te perderás la buena parte, lo prometo. Y usted, señorita, va a ayudar a Lucas a poner las luces y las guirnaldas en el árbol mientras yo lo cuido y asegúrese de que todo está justo allí —dijo Henry a Natalie. —¿Quieres decir mientras el jefe nos domina a todos nosotros por ahí como jornaleros —dijo Lucas. —Es un trabajo duro, pero estoy para ello —bromeó Henry.


Capítulo 5 Traducido por ஓ¥anliஓ & Blinda Corregido por marta_rg24

Lucas sacó cuidadosamente el centro de cartón de la primera cadena de luces y las enroscó sobre sus brazos. Natalie no tenía que decirle qué hacer a continuación. Ella había visto a sus padres hacer esta danza toda su vida. Su padre caminaba lentamente alrededor del árbol y su madre ponía las luces en el sitio adecuado. Cuando era una niña pequeña eso tardaba una eternidad. Junto a sus hermanos rebotaban por la habitación esperando impacientes su turno para poner adornos en las ramas bajas. Podía visualizar a Lucas haciendo lo mismo, mientras que Jack y Hazel colocaban las luces y la guirnalda. Hasta ese momento, nunca había pensado en él como un niño. Había llegado a su mundo destrozado como un completo adulto. ¿Fue melancólico y silencioso, o un concurrido y fuerte muchacho, que mantenía a Hazel de puntillas? —Comienza desde el fondo —dijo. Lucas abrió los brazos. —¿Eso es una pregunta o una demanda? —Es una declaración —le espetó ella. —No seas demasiado dura con él. Es su primer año haciendo este trabajo. Por lo general, Jack y Hazel ponen las luces en el árbol, y él es el que espera impaciente para colgar los adornos —dijo Henry. Así que no fue una persona oscura e introvertida, sino un chico normal, como ella y sus hermanos. Grady señaló a Lucas. —Y no la contradigas. —Hey, no la apoyes. Ella ya es lo bastante impertinente —dijo Lucas.


—Y no lo olvides. —Cogió el extremo de la cadena de luces y se agachó para sujetarla primero en una rama inferior. Cuando terminaron esa hebra y comenzaron la segunda, se dio cuenta de por qué eso tardaba tanto tiempo y por qué sus padres se reían tanto mientras caminaban una y otra vez alrededor del árbol. Cada vez que ella y Lucas se movían se rozaba el uno al otro. Su brazo contra su pecho. Su cadera contra su vientre. Sus manos en los antebrazos mientras desenrollaron otra longitud. Sus ojos tan cerca que podía contar las motas de oro en ellos. Puede que fuera gracioso para un par de personas casadas que habían estado enamorados durante casi treinta años, pero no era ni un poco divertido para Natalie esa mañana. Todo su cuerpo zumbaba como un abejorro cuando recortaban la luz final en la parte superior del árbol. Debería escribir un libro de autoayuda sobre relaciones, y la primera prueba sería la decoración de un árbol de Navidad. Si las dos partes implicadas no querían caer en la cama más cercana después de que hubieran puesto las luces y rasgarse la ropa el uno al otro, entonces deben darse la mano y apartarse. —Y ahora la guirnalda —dijo Henry. —Joshua no está dormido y no presentó alboroto cuando lo sostenías, por lo que es mi turno. —Jack tomó al bebé de Henry antes de que él pudiera protestar. Era normal que las mujeres de edad avanzada se precipitaran por ahí después de la iglesia para tener en sus manos a los bebés, o jóvenes adolescentes dándose prisa a su lado para ser la primera en sostener a Joshua. Pero por lo general, los ancianos los miraban desde lejos y se mantenían a una distancia segura de ellos. Sin embargo, Jack y Henry habían estado peleándose por él y Grady manteniendo una estrecha vigilancia para lanzarse en picado por un cambio en sostener a Joshua. Natalie se agachó de nuevo para comenzar a colocar los cables de la malla de oro.


Era su primera vez para decorar el árbol sin Drew. Maldito sea el ejército. Maldita guerra. Malditos los AEI2 que lo hicieron estallar. Malditos todos ellos. ¿Por qué que ir al ejército de todos modos? Tendría que haber asistido a la universidad. Él debería haber nacido de padres que fueran lo suficiente jóvenes como para mantenerse al día con él, en lugar de una pareja que ya tenía nietos y estaba demasiado cansados como para preocuparse por dónde estaba su hijo y lo que hacía. Tal vez entonces no habría tenido mucha prisa por salir tan rápido del oeste de Texas. Su padre y su madre habían pasado tanto durante su primer período de servicio. Volvió a casa para cada uno de los funerales, pero sólo por un par de días. Cuando él murió, sus hermanas llegaron a la funeraria y una de ellas trató de consolarla diciendo que Natalie había sido más como su hermana y que eran como sus tías. Eso no le había ayudado mucho. —Ese lazo está demasiado caído —dijo Lucas. Su profunda voz cansina la trajo de vuelta a la realidad. Ella lo reajustó y miró a los tres hombres. Jack y Grady se encontraban en extremos opuestos de un sofá de cuero largo y Henry todavía estaba en la mecedora reclinable. A Drew le habría gustado todos los hombres Allen, pero, sobre todo Henry, con sus ojos brillantes y su sentido del humor. —¿Ves eso, chico? La gente va a pensar que es el árbol más bonito de todo el estado la noche del sábado, ¿no es así? —dijo Henry. Natalie se apartó y miró el árbol. —Esta cosa es enorme. El proceso de decorado puede durar hasta el sábado por la noche. Grady se rió entre dientes. —Cariño, lo estás haciendo muy bien. Todos ustedes lo tendrán terminado para la hora de la cena y luego vamos a comer ese pastel de chocolate y comenzar el resto de la decoración. El árbol no es ni la mitad de lo que tenemos que hacer. —¡Oh, Señor mío! ¡El pastel! —Dejó caer la guirnalda y salió corriendo hacia la cocina en un borrón de piernas largas. 2

Artefactos Explosivos Improvisados.


*** Corrió con la gracia de una gacela, todo piernas y sin movimientos desperdiciados. Lucas se preguntó cómo sería tener esas piernas envueltas a su alrededor. La habitación ya estaba noventa grados más caliente que el infierno de todos los toques accidentales y los golpes, y el pensamiento de ella en la cama, en un pajar, o incluso en la cabina de su camión la elevó otros diez grados. Su voz flotó de vuelta a la sala de estar. —Ha quedado negro. Voy a abrir una ventana para ventilar esta cocina. Entonces voy a batir otro. Sólo se tarda treinta minutos y pueden comerlo caliente con helado en la cima. —Me pareció ver un pastel de nuez en el mostrador. Nos arreglaremos con ese —dijo Jack. —A Henry le gusta el de chocolate. Estará en un par de minutos. Lucas puso con cuidado la guirnalda en el suelo. Su boca estaba reseca peor de lo que había estado durante una tormenta de arena de Kuwait. —¿Quieren un vaso de té? —preguntó—. Voy a conseguir uno. Esto es un asunto difícil. —Quiero torta y ella está haciendo una sólo para mí. Yo soy especial —dijo Henry. —Evidentemente, pero yo tengo pastel de nuez —le contestó Jack. —Me alegro de que el primero se quemara, porque me gusta la torta de chocolate cuando está todavía caliente y la guinda es toda pegajosa —dijo Henry. —Tú, viejo bribón. Apuesto a que sabías que iba a quemarse, ¿no es así? —dijo Grady. Henry sonrió e inclinó su barbilla en alto. —Josh y yo no decimos todo lo que sabemos. —¿Quieres té o no? —preguntó Lucas. —Sí, gracias. Uno para cada uno —dijo Grady.


Natalie ya estaba poniendo hielo en cinco vasos cuando llegó a la cocina. El aroma de la torta quemada mezclado con el fuego lento de la sopa llenaba la cocina, pero el olor a champú de coco y una especie de perfume floral le llevó a empujar las manos en los bolsillos para evitar rodear su cintura por detrás y hundir la cara en su pelo. Había determinado la primera noche que no le gustaba, pero el corazón quería lo que quería, y el suyo quiso a Natalie desde la primera vez que sus brillantes ojos azules aparecieron en la pantalla del portátil de Drew Camp. Ella alzó la mirada hacia él. —Te escuché pedirlo. Henry debe tener hambre. También voy a poner unas galletas en un plato para ellos. —Estás echando a perder a todo ese manojo. Este asunto de poda de árboles es un trabajo duro, no importa de qué lado estás. Decorando o mirando, cualquiera de los dos —dijo. —Pero es muy divertido. Me encanta la Navidad. Me encanta la decoración, la cocina, las compras, los regalos, todo. Son mis vacaciones favoritas del año —replicó. —El abuelo dice que la abuela también lo hacía. Que su espíritu viene a casa a dormir todos los años durante el mes de diciembre. —Lucas llenó los vasos con té. El hielo se rompió, pero las chispas entre él y Natalie estaban haciendo más ruido que los cubos congelados derritiéndose y fundiéndose entre sí. Quería besarla de nuevo para ver si cada beso lo acercaba más a dejarse caer de rodillas al igual que el primero. Como si pudiera leer la mente, sus manos frías serpentearon alrededor de su cuello y se elevó ligeramente de puntillas. Sus ojos azules se cerraron y los labios se bloquearon entre sí en un beso en llamas que disparó el deseo a través de él como un gotero IV lanzando gotas de alcohol destilado de prueba. Ella dio un paso hacia atrás. —Te prometí un beso al llegar a casa. Mi promesa esta ahora pagada en su totalidad. —¡Oh, no! Me prometiste un beso en el primer día que llegué a casa, a pocos minutos de llegar. El interés se ha acumulado sobre esa


deuda y esta pequeña muestra no va a hacer el trabajo. Tendré otro para cuidar de la ganancia. —Eso sonó como la charla de un usurero —dijo. —El interés va subiendo mientras hablamos. Puede ser que tome dos o más para cubrir tu promesa —bromeó. —Pensé que no teníamos que gustarnos el uno al otro —dijo. —No nos tenemos que gustar para que queramos besarnos, ¿verdad? —No sé tú, pero yo no voy por ahí besando a hombres que no me gustan —contestó. —Yo sinceramente puedo decir que nunca he besado a un hombre que no me guste. —Él se rió entre dientes. Un fuerte ruido de sorber los hizo volverse a ambos al mismo tiempo. Un gran caballo negro había estirado la cabeza por la ventana abierta y estaba ocupado comiéndose su pastel de nuez. La mitad ya se había ido. Ella gritó y sacudió una toalla hacia el caballo, pero él agarró el resto del pastel en un gran bocado, echó la cabeza hacia atrás, y lo masticó. —¿Qué demonios está pasando aquí? Es sólo un pastel quemado, por el amor... ¡Oh, Dios mío! ¿De dónde vino ese caballo? ¡No poseemos uno negro! —dijo Henry. Tenía a Joshua en sus brazos. El caballo dejó de masticar, dejando caer pedazos de relleno del pastel pegajoso en el suelo. Natalie esperaba ver a tres cachorros llegar meneándose por la ventana en cualquier momento y engullir las sobras del suelo. —¿He oído un caballo? —preguntó Grady. —Ese es el caballo del anciano William. ¿Cómo llegó a nuestro rancho? El hombre vive a dos kilómetros de la carretera principal. Será mejor que lo llame y le diga que venga a buscar al animal — dijo Jack. —Podríamos llevarlo a casa —dijo Henry. —¡Diablos, no! Estamos decorando nuestro árbol hoy — recalcó Jack—. Dejó al caballo fuera. Puede venir a buscarlo. El caballo relinchó y estiró el cuello más lejos. —Eres un caballo malo. Podrías haberte comido el pastel quemado —se quejó Natalie.


Joshua dio una patada y se retorcía en los brazos de Henry. Este dio un paso adelante, y fue como si Joshua tuviera el control de sus manos y los movimientos. Él extendió la mano y tocó al caballo entre las orejas y el viejo muchacho bajó la cabeza. —No es que Natalie sea el encantador de animales, es Josh — se rió Lucas. Jack murmuró unas palabras al teléfono y lo guardó. —Tommy Williams dijo que estaría aquí en unos tres minutos. Él estaba transportando al caballo de su casa a la de su hija, y la criatura dio una patada para salir del remolque cuando se detuvo en una señal de stop sobre un cuarto de milla de la carretera. Tommy lo condujo al patio trasero, y el caballo le dejó llevarlo derecho a la camioneta. —No sé qué se le metió. Debe haber sido un ratón en el remolque. Te juro que les tiene más miedo a los ratones que a las serpientes. Espero que no les arruinara nada. —Todo está bien. —Henry gritó—: ¡Él tuvo para sí un pastel de nuez, por lo que si se hincha, esa es la razón! Tommy se rió entre dientes. —Llevaré uno a la fiesta para reemplazarlo. —¡Tenemos un trato! —gritó Henry y luego se volvió a susurrarle a su hijo—. Cierra esa ventana, Jack. Ese maldito animal viene aquí y se come mi pastel, Tommy tendrá un caballo muerto en sus manos. Vamos, Josh, tenemos un árbol que decorar. —Llevaremos el té y luego pondré el segundo pastel al horno. El olor se ha despejado bastante —dijo Natalie. Su tía Leah no iba a creer todas las historias que tenía que contarle la próxima vez que hablaran. —Tu mezcla la torta y yo llevaré el té con los chicos. ¿Quieres que prepare un vaso para ti y te lo lleve allí también? —preguntó Lucas. —Sólo deja el mío en el mostrador, y gracias —contestó. Puso cuatro vasos en una bandeja y se alegró de que no se hubiera escondido la camisa de franela por dentro esa mañana. Incluso después del incidente del caballo, el té helado, probablemente sería mejor utilizado si se lo derramara sobre su regazo en lugar de por su garganta.


*** Natalie había discutido con sus amigas algunas cosas, como las rodillas débiles, mareo y temblorosas manos, eran sólo propaganda generada por el negocio de los libros de romance. Las mujeres las leían y se decepcionaban cuando la vida real no era igual. Claro, ella disfrutaba de los libros de romance y podría caer en el mundo de los “felices para siempre”, sin ningún problema. Pero era lo bastante sabia como para saber que esto no sucedía en la realidad. Por lo menos hasta esa mañana. Las dos veces que se habían besado, sus rodillas se habían debilitado y las mariposas invadieron su estómago. Había algo entre ellos que sacudía el mundo justo fuera del eje. Sus ojos decían que él también lo sintió. Pero, a la vez, había una nube oscura cerniéndose sobre ellos gritando que nunca funcionaría. Lucas recogió la bandeja como un camarero de restaurante y se lo llevó a los chicos en la sala de estar. Natalie miró su reflejo en la puerta del microondas. Los labios no se ven demasiado como picaduras de abeja y su rostro no estaba totalmente escarlata. Equilibró un plato de galletas en la parte superior del vaso de té y lo llevó a la sala de estar. Parecía como si hubieran estado en la cocina media hora, pero el reloj en la pared sobre la cabeza de Henry declaró que sólo había sido un par de minutos desde que había recordado que había un pastel en el horno. —¿Esa es una de las tortas rellenas con glaseado del grosor del pastel? —preguntó Henry. Dejó el plato de galletas en la mesa al lado de la silla reclinable de Henry y su té en la mesa de café. —Sí, lo es. La hermana de mamá me dio la receta. Y tu trabajo es mirar el reloj y decirme cuando hayan pasado los treinta minutos. —La voz de Natalie era sorprendentemente tranquila. Se imaginó que sonaría como si se hubiera chupado todo el aire de un globo de


helio. Sus entrañas seguramente se sentían toda nerviosa al igual que ella. —Puedo hacer eso, pero, ¿por qué es la receta de tu tía? ¿No cocina tu mamá? —Henry inclinó la cabeza hacia un lado. —La tía Leah es la cocinera. ¿Recuerdas que te hablé de ella? —dijo Natalie. —Sí, lo hiciste. Ella Jo solía hacer ese tipo de pastel y, a veces, puedo pedirle a Hazel que haga uno. Ella dice que algo que lleva tres cuartas partes de mantequilla es demasiado rica para mi viejo corazón. —Henry se rió entre dientes. Natalie volvió a poner el adorno en el árbol. —La tía Leah dice lo mismo. Es por eso que no lo conseguimos muy a menudo tampoco. Ella solía vivir cerca de nosotros, pero ahora se encuentra en Conway, Arkansas. Mama se casó con un granjero y nos crió a mí y a mis tres hermanos menores. La tía Leah se casó con una carrera. —Ya veo. Parece que tal vez conseguiste lo mejor de ambos mundos —declaró Henry—. Maldición, este té está bueno. Nada como el té dulce, no importa si es invierno o verano. A menos que sea un trago de Jack Daniel's después de la cena en una noche fría. No me mires así, Lucas. La Biblia dice: “no te emborraches”. No dice que no puedo tener un sorbo de Jack para calentar mis viejos huesos. —Nada como una cerveza helada en verano, cuando el trabajo del día está terminado —dijo Grady. Jack rió entre dientes. —O una botella de vino de sandía enfriada en un arroyo congelado. —¿Supongo que habrá un bar abierto como siempre en la fiesta? —preguntó Lucas. —Oh, sí habrá —intervino Jack—. Incluso pedí unas cuantas botellas de vino de sandía y un par de vino de fresa sólo para ti. —Háblame de esta fiesta —le susurró Natalie a Lucas. —Papá, cuéntale a Natalie de la casa abierta por Navidad — dijo Lucas en voz alta. —Siempre tenemos una pequeña reunión para los vecinos y nuestros amigos de negocios en Navidad. No tienes que hacer


mucho. La empresa del catering vienen con la comida, y el personal contratado mueve los muebles de la sala de estar y ayuda a establecer las mesas y todo. La gente se filtra dentro y fuera como desde las seis hasta la medianoche. La mayoría de ellos se quedan cerca de una hora y pasan a la próxima fiesta y luego algunos más llegan. Por lo general, no más de treinta o cuarenta están aquí al mismo tiempo. Ustedes probablemente tienen algo parecido en Silverton, ¿no? —preguntó Jack. Ella asintió. —Lawton Pierce tiene una gran fiesta de Navidad en Palo Duro Canyon cada año. El año pasado tuvo que ser pospuesta un par de semanas debido a la tormenta de nieve que tuvimos por ahí. Empezamos a pensar que no iba a parar hasta que llenara todo el cañón. Mama tiene una fiesta de Año Nuevo en la gran venta de granero y se invita a todo el mundo en todo el condado. A menos que el tiempo sea malo, tenemos un granero lleno. Ellos terminaron el segundo rollo de malla y el árbol estaba empezando a lucir decorado. Lucas dio un paso atrás y lo miró, caminó completamente hasta la parte trasera antes de asentir. —Yo creo que lo tenemos. Está listo para los adornos. Les toca, chicos, hacer eso ya que hicimos la parte difícil. Nos sentaremos en las sillas y los dirigiremos. —Josh se quedó dormido. Será mejor que me quede justo aquí y lo sostenga —dijo Jack. Natalie sacudió la cabeza. —¡No, señor! Es tu turno, y además, tengo sed. Así que voy a sostener a Joshua y disfrutar de ese vaso de té antes de que este tan aguado que termine insípido. —¿Eres una pícara empaquetada, no? —Jack sonrió. —Ese es el eufemismo del año. Soy atrevida. Soy mandona. Lanzo ataques. Y soy más terca que una mula bizca. Veo que el sol está tratando de asomarse por las nubes por ahí —señaló la ventana—, lo que significa que va a estar descongelado en un par de días. ¿Seguro que quieres que me quede hasta que Hazel regrese? —Sí, él está seguro. No estoy a punto de comer su comida durante todo un mes. Prefiero pasar la eternidad en la parte trasera del infierno sentado en una valla de alambre de púas. Y dulzura,


tienes un largo, largo camino por recorrer antes de que si quiera te vuelvas tan mandona como Hazel —dijo Henry. —¡Abuelo! —protestó Lucas. —Bueno, yo lo haría. Jack apenas puede hacer una taza de café. Su mamá nunca le podría enseñar los caminos de la cocina. Voy a poner los adornos en el medio. Soy demasiado viejo para doblarme y demasiado malo para estirarme —declaró Henry. Jack tendió a Joshua hacia Natalie, y los tres ancianos hablaron de cada ornamento que recogían. Este fue de los primeros años en que Henry se casó con Ella Jo; este fue el que Lucas hizo en la escuela en el segundo grado. Sonaba como en casa, lo que le recordó que tenía que llamar a su madre. Cuando cada uno de los adornos estuvo colgando de una rama del árbol, Henry retrocedió como Lucas había hecho antes y ladeó la cabeza hacia un lado. —Es el momento de poner la parte superior hasta allí. Josh es el más joven, por lo que tiene que hacerlo. —¡Santo cielo! Tiene dos meses de edad y acaba de aprender a sonreír. No hay manera de que pueda poner la parte superior en el árbol —dijo Natalie. —Claro que puede, si lo ayudamos. Lucas, sostén este y yo sostendré al bebé allí arriba. ¿Grady, tienes la cámara? —Justo aquí —dijo Grady. Lucas levantó la mano y situó el ángel en la parte superior del árbol y Jack preparó a Joshua con una mano debajo de su parte inferior y una en la espalda. —Justo ahora, toma la foto mientras él tiene agarrada una de sus alas. —Él piensa que es comestible. —Henry se echó a reír. —Si quiere babear sobre ella, eso está bien. Los ángeles aman a los bebés tanto como nosotros. —Grady rió. Después de hacer la mitad de una docena de fotos, Jack le entregó a Joshua de nuevo a Natalie. —Dale la vuelta al bebé aquí, Natalie. Él tiene que ver su primer árbol de Navidad al minuto en que se ilumine. La culpabilidad aguda golpeó a Natalie en el corazón. Debería haber sido el árbol de su mamá lo que viera primero, o incluso el de


ella, no uno que probablemente nunca verá de nuevo. Dos humeantes besos ardientes no querían decir que había algo permanente en Cedar Hill para ella y Joshua. Simplemente quería decir que sus hormonas estaban fuera de control y que Lucas Allen era un vaquero muy sexy. Ella le dio la vuelta y apoyó los pies en su regazo, Jack mantuvo sus ojos en Joshua mientras que pegaba las luces en el enchufe. —¡Míralo a los ojos! —dijo Henry—. Son grandes como las hamburguesas de vaca. —Él está sonriendo y no es ninguna de esas cosas de gas — dijo Grady. Jack se puso de pie, cruzando los brazos sobre el pecho. Una sonrisa levantó las comisuras de su boca. —Sabía que le gustaría esto. Espera hasta la noche del sábado cuando todos los vecinos vengan. Él va a ser la estrella del espectáculo. *** Natalie calculó que el resto de la decoración serían unas velas, tal vez algunas luces suplementarias que rodearan la ventana detrás del árbol, y una corona sobre la puerta. Chico, ¡se equivocó! Justo cuando pensó que no podían conseguir apilar otra caja en la sala de estar, ellos trajeron una docena más. —Bien, lleva esto para la decoración de la casa —dijo Henry—. Grady, puedes contratar ayuda para llevar muchas de las cosas del patio del granero y ponerlas ahí cerca del pórtico. Lucas puede decidir cómo quiere colocarlo, pero maldita sea, las cosas subirán hasta cerca de la casa así Josh puede verlas cuando lo sostenga sobre la ventana. Lucas le hizo un guiño a Natalie. —¿Quieres que vaya fuera o que ponga primero el chisme dentro, abuelo?


—Quiero colocar el tren alrededor de la parte inferior del árbol. Quiero ver la cara del bebé cuando vea y oiga este tren —dijo Henry. —No hemos colocado esto durante años —replicó Lucas. Jack cortó la cinta de embalar de una caja grande que tenía tren escrito sobre un lateral en letras de tres pulgadas. —No desde que eras un niño. Pero ahora tenemos un bebé en la casa, y le va a gustar esto, justo como te gustó a ti cuando eras pequeño. Era tu parte favorita de la Navidad. Natalie había visto los trenes de Lionel en fotos, pero nunca había visto uno en acción. Le costó trabajo mantener sus ojos fuera de aquellos vaqueros, apretados y estirados a través del culo de Lucas, mientras él avanzaba lentamente alrededor y obedecía las órdenes que los tres mayores le ladraban. Necesitó un largo paseo fuera bajo las frías temperaturas durante el tiempo que a él le llevó montar el tren rodeando del árbol. Joshua los bendijo con la sonrisa más amplia del día, cuando Henry lo apoyó sobre su rodilla y el juguete silbó. —¡Miren! Sabía que le gustaría esto —dijo Henry—. Nos sentaremos aquí exactamente en este viejo y enorme sillón y miraremos como da unas pocas vueltas. —Va a tomar días vaciar todas estas cajas además de lo que han traído dentro —dijo Natalie. —No, dulce. Con tu ayuda lo tendremos hecho antes de acostarnos esta noche —contestó Jack—. Contamos con un sistema. Primero, pondremos las guirnaldas alrededor de las paredes. Tendré que escaparme por la escalera para esto. Ni Lucas puede alcanzar el techo. Para el mediodía las guirnaldas estaban puestas alrededor de los muros con un adorno Navideño colgando en medio de cada lazo. El Belén fue instalado sobre una mesa en el otro extremo de la sala de estar y una escena de Santa, sobre la mesa, al otro extremo. Las fotos de familia habían sido retiradas de la chimenea y substituidas por un surtido de hermosos ángeles en cristal tallado, porcelana China, y hasta uno magnífico tallado en madera.


—Mira a Josh. —Henry rebosaba alegría—. Le gusta el mejor ángel, ese brillante con alas de oro. Era uno de los favoritos de Lucas cuando era un niño. —Me gusta el de madera —dijo Natalie. —Abuelo, cuéntale sobre ese —intervino Lucas. Henry recogió la estatuilla de la chimenea. —Bien, cuando al inicio de nuestro matrimonio, Ella Jo y yo, compramos el rancho, vivíamos en la pequeña cabaña. Fueron difíciles aquellos primeros años hasta que lo pusimos en pie, así que nos hicimos nuestros propios regalos de Navidad. Aquel primer año conseguí una buena bufanda de caliente lana y un sombrero de punto que hizo especialmente para mí. Y yo tallé aquel ángel de un viejo tocón de cedro para ella porque era mi propio ángel especial. Mira esto, Josh. Henry le presentó al ángel. —Cuando seas un hombre, encontraras a alguien que simplemente te cortara la respiración y que parecerá justo como un ángel. Cuando tú lo hagas, la perseguirás hasta que ella te diga que será tuya para siempre. Los ojos de Natalie estaban anegados de lágrimas, pero las contuvo con varios parpadeos para no llorar. —Y ahora para mayor gloria —dijo Jack—. Busqué por todas partes hasta encontrar un manojo lo bastante grande para colgarlo este año. —Él sostuvo una pelota de muérdago tan grande como la cabeza de Lucas—. El gancho está todavía allí desde la última vez, y até una cinta muy roja sobre él. No serían fiestas sin el muérdago. —Demonios, nunca conseguirías un beso si no colocas esto allí durante las fiestas. —Grady se rió. —No lo sé, y sencillamente pienso que el sábado por la noche es la noche. —Jack rió con él. Lucas estaba debajo cuando Jack lo colgó sobre el gancho. Él miró abajo a su hijo e hizo señas hacia Natalie. —Está en el punto exacto, muchacha. —¡Papá! —exclamó Lucas. Natalie camino inmediatamente, planto un beso sobre su mejilla, y alzó la vista hacia Jack. —¿Se hace así?


—Servirá de arranque. —Asintió seriamente, pero su expresión no era nada seria. —Y ahora es tiempo de la siesta de Josh, así que Natalie puede ponerlo a dormir mientras damos cuidado del material en el césped —dijo Henry. Ella y Joshua miraron por la ventana un ratito, pero él se puso quisquilloso, así que le dio un biberón y enseguida se puso a dormir. Ni si quiera se meneó cuando lo puso sobre la cuna. Mientras los hombres discutían sobre las luces exteriores y el lugar correcto para poner las variadas decoraciones, Natalie limpió la cocina y puso una carga en el tambor de la lavadora. Ella nunca había tenido problemas por lanzar sus bragas en el mismo tambor con sus hermanos, pero ese día se ruborizó cuando sus cosas, las de Lucas y todos los demás entraron en el tambor juntas. Parecía de lejos demasiado personal aun cuando hubieran compartido besos y se hubieran encontrado el uno con el otro docenas de veces. Pensó partir y no mirar hacia atrás. Pero decidió quedarse. El trabajo no era ni más ni menos que el que había hecho en el rancho de su gente y la paga era infernalmente mejor. Ella y Joshua ahí solo tenían un gran remolque en un lateral de la granja de algodón; aquí tenían un dormitorio con una mecedora y una vista agradable de los árboles y las vacas en Cedar Hill. El único inconveniente de este sistema era que tenían que compartir un cuarto de baño con todos los demás de la casa mientras que en su pequeño remolque tenían uno propio. Ella sacó el teléfono del bolsillo de su camisa y despacio marco los números más que aporrear la marcación rápida. Apenas terminó el primer toque cuándo Debra dijo: —¿Se me olvido algo más? No pienso que debieras quedarte con Leah toda la semana. El meteorólogo dice que mañana se despejara, y si Joshua hace algo más que Leah consigue ver antes de que yo lo haga, nunca callará sobre ello. —¿Estas sentada, Mamá? —preguntó Natalie. —Sí, he pasado la mañana limpiando el cuarto trastero y justo acabo de preparar una cafetera —repiqueteó Debra.


—Consíguete una taza de café y no digas una palabra hasta que yo haya terminado —propuso Natalie. —Me estas asustando. ¿Estás bien? ¿Le ha pasado algo a Leah o a Joshua? La voz de Debra estaba llena de pánico. —Todos estamos bien. Debería haberte dicho eso primero. Lo siento —dijo ella. —Me estas asustando de miedo. ¿Qué podría ser tan condenadamente importante para que yo me siente? ¿No tomarías un trabajo ahí en Arkansas, verdad? ¡Lo juro, no lo tendrás! Yo no estaba feliz con que tuvieras un bebé sin marido, pero lo acepté y amo a Joshua. Por favor no me digas que has encontrado un trabajo de entrenadora y que te mudas ahí con Leah. Todo lo que tienes que hacer es esperar un par de años hasta que el rumor aquí se extinga y tendrás el trabajo en la escuela otra vez. —¡Mamá! Te dije que no podías decir nada hasta que terminara de contarte lo que tengo que decir. No tomé un trabajo en Arkansas, y no tengo ninguna intención de vivir con la Tía Leah. —¡Bien, jodida mierda! ¡Aleluya! —Pero no iré a casa la semana que viene. —Continuó contándole a su madre la historia entera, desde el primer momento que Lucas apareció en la pantalla de ordenador con Drew y como fue Lucas quien la mantuvo cuerda después de que Drew murió. Terminó con—: Me quedare aquí hasta que Hazel venga a casa. Un silencio largo y embarazoso, le hizo preguntarse si su madre había caído del taburete delante del costurero en el cuarto trastero. Ella podría estar muerta sobre el piso del granero con el teléfono contra su oído y una expresión sobre su cara que ni un director de pompas fúnebres podría borrar. —¿Bien? —preguntó Natalie. —Estarás en casa antes de la medianoche o envío a tu padre y tus tres hermanos para conseguirlo —susurró Debra. Natalie tenía veintiséis años. Era una mujer adulta que podía tomar sus propias decisiones, pero los escalofríos recorrieron su columna como si alguien hubiera llenado su camisa de aguanieve. Debra podía gritar, enfatizar su discurso, o maldecir, pero cuando susurraba, el diablo protegía sus oídos y gimoteaba.


—Madre, he estado hablando con él cada noche durante casi un año. Lo conozco tan bien como conocía a Drew. Y conozco a Hazel, Henry, Jack y Grady tan bien como conozco a Lawton Pierce y a la Viuda Presley. Ellos se han convertido en mis amigos, y no voy a ir a un motel. —¡Infiernos que lo harás! La gente de aquí es real. Esa gente podrían ser embaucadores. Podrían haberte engañado en aquel ordenador maldito. Todos los días leo sobre alguna mujer que conoce a un hombre, tiene una cita y nunca es vista de nuevo. Vas a poner tus cosas de regreso en esa camioneta e irte al motel más cercano ahora mismo. Y llámeme en cuanto te registres. —Mamá, voy a colgar, pero quiero que simplemente mires las fotos que te envié. Verás que Henry Allen no es un asesino en serie y que Lucas Allen es solamente un vaquero de rancho. Son solamente fotos sinceras de ellos mientras nosotros decorábamos el árbol esta mañana. ¡Llámame en cuanto las hayas mirado! —¡Mierda! —gritó Debra cuando Natalie cortó la comunicación. Natalie miró la segunda aguja de su reloj dar la vuelta tres veces antes de que su teléfono sonase. Ella contestó al primer toque. —¿Bien? —¡Mierda! —dijo Debra otra vez. —¿Acaso piensas que van a robar a Joshua y venderme como esclava? —Esto quiere decir que conozco aquella gente. Mi papá y Henry eran amigos, hace mucho tiempo. Ellos estaban en la Asociación Panhandle Angus Association juntos cuando yo era una niña. Él y su esposa vinieron a Goodnight y compraron un toro de mi papá más o menos en la época en que me comprometí. Recuerdo enseñarle mi anillo a su esposa. Más tarde, tu papá y yo nos casamos, nos unimos a Panhandle Angus Association, después no volví a ver a Henry. Lo reconocí por esa mata de pelo blanco. No tengo miedo de esa familia, pero te aseguro que no me gusta la idea de que estés allí. —¿Pequeño mundo, verdad? —¡Diablos, no! Es un mundo enorme y un estado más grande aún, pienso en ti y en Joshua lejos. Muchacha, estarás en casa para la


fiesta de Nochevieja. Puede traer a tu “cyber-novio” contigo, pero maldita sea estarás aquí —dijo Debra—. Debería hacer que se lo contaras a tu papá. —Pero, mamá —lloriqueó. —¡Oh, silencio! Se lo diré porque puedo calmarlo con cuidado. Le daría un infarto si le dijeras como lo hiciste. Joshua todavía dormía profundamente cuando Natalie terminó de hablar con su madre, después llamó a su Tía Leah para decirle que el ventilador estaba conectado a máxima velocidad, y que si ella no quería ser cubierta, debería esquivarlo. —¡Hmmmph! —casi resopló Natalie —. Pensé que apagabas el teléfono, Tía Leah.


Capítulo 6 Traducido por ஓ¥anliஓ

Corregido por marta_rg24

Unos copos de nieve habían sobrevivido a las cálidas y pequeñas mejillas de Joshua, adhiriéndose a sus gruesas y oscuras pestañas a la vez que él se acurrucaba en el cabestrillo alrededor del cuerpo de Natalie. Se había quedado dormido mientras ella había recogido los huevos esa mañana, lo cual era inusual. La mayor parte del tiempo, podría fijar su reloj de cuando quería una botella y cuando tomaba su siesta. Natalie esperaba que él no fuera a derrumbarse con algo. Se acercó de puntillas a la casa, dejó la cesta de huevos en el mostrador, y contuvo la respiración todo el camino hasta el dormitorio. Colocó con cuidado al bebé en medio de la cama, abrió la cremallera de su saquito, y se lo quitó. Su cuerpo estaba caliente sin embargo su rostro aún se encontraba frío por el viaje a la caseta de pollos. No parecía como si tuviera fiebre, pero sólo para estar segura saco el termómetro y suavemente lo hizo rodar por su frente. —Normal —susurró después de un par de segundos. Hizo ruidos de succión en su sueño, pero no abrió los ojos cuando lo trasportó de la cama a la cuna. Le tocó la boca con su chupete favorito y se pegó en seguida a él. Estaba caminando de puntillas por el pasillo cuando escuchó un alboroto en el patio delantero. Corrió hacia la puerta principal, la abrió y salió al porche. Un hombre alto y desgarbado, con un borde de pelo marrón orbitando en una cabeza calva, tenía una escopeta apuntando el pecho de Lucas. —Lo juro por Dios, Lucas, es mejor que no... —Y le juro por Dios, señor Crankston, que yo no quiero a estas malditas cabras. Ellas ya se han comido mi Santa Claus hinchable, y


al abuelo le va a dar un ataque cuando vea lo que han hecho en Frosty, el muñeco de nieve. Así que dispáreles o lléveselas a casa. —Le pegaré un tiro a tu lamentable culo en su lugar. Mi nieto se quejará y se pondrá como una niña pequeña, si una de ellas es herida. Y mi esposa tendrá un ataque y quemará mis galletas para el resto de vida. Yo no sabía que iba a tener que mantener a cada maldita cabra nacida durante cinco años cuando compré a ese viejo carnero y las dos hembras. Así que son tuyos —dijo el Sr. Crankston—. Les diré que huyeron y no pude encontrar a los lamentables bichos. Los cachorros llegaron corriendo alrededor de la casa, cayendo sobre sus pies y aullándose el uno al otro. Natalie suspiró. Debería haber disparado a esos malditos perros y besar al coyote justo en la nariz afilada. Ella silbó a los perros y la miraron, pero sólo momentáneamente. Se fueron tras las cabras, mordisqueando toda la preciosa lana de invierno en sus vientres. Una cabra corrió directo a través de Frosty, enganchando uno de sus cuernos en la fina tela que fue llenado con una bomba de aire caliente dentro de la cosa. El material blanco y negro desgarrado salió volando detrás de la cabra como la capa de Batman. Uno de los cachorros lo agarró y colgaba de los dientes, la cabra lo tiró por la superficie resbaladiza como si el perro de caza estuviera esquiando. La segunda cabra intentó subirse a la señora Claus, golpeando directamente el aire caliente de ella y haciéndola colapsar en un montón en la nieve. —Pashmina, maldita alimañas. Desearía no haber comprado una de esas malditas. Planeaba dispararle a cada uno que había saltado la cerca, pero no pude cuando llegué aquí. Mi esposa me dejaría con certeza. —gritó el señor Crankston mientras perseguía a las cabras por el patio detrás de Lucas que estaba ocupado persiguiendo a los cachorros. El ruido despertó a Joshua y pegó un aullido que Natalie podía escuchar incluso sin el monitor. Ella se apresuró a regresar a la casa, lo cogió y tiró una manta alrededor de su pequeño cuerpecito. Cuando volvió al porche, la escena no había cambiado mucho. Los hombres seguían maldiciendo. Los perros seguían


corriendo detrás de las cabras, y éstas estaban tratando de subirse a cualquier cosa a la vista para escapar de los perros. Pero espera. Había tres cabras y ahora sólo eran dos. Oyó un ruido sobre ella y salió al patio para mirar hacia arriba. Evidentemente las cabras podrían subir escaleras porque esa es la única manera de que la criatura pudiera haber llegado allí y él se estaba deleitando con el banderín de Navidad que Grady colgó. ¿A qué sabía el asado de cabra? ¿Era muy bueno en barbacoa o ella necesitaba cocinarlo en una salsa a base de soja y servir con arroz? —¡Oye, Lucas! —gritó. Cuando se volvió para mirar sobre su hombro, ella señaló hacia arriba. Él levantó las manos y se sentó en el escalón del porche. —Deberías haber disparado a los perros en lugar del coyote — resopló. —Ya he pensado en eso. El Sr. Crankston disparó al aire y los cachorros se detuvieron en sus pistas, orinaron en la nieve, y se escabulleron hacia Lucas. Entonces vieron a Natalie y saltaron por las escaleras, y patearon en sus piernas hasta que esta se agachó. Uno de ellos agarró el borde de la manta del bebé y los otros lamieron las manos de Joshua. La cabra en el techo bajó la escalera en un instante y las tres cabras; una con el banderín rojo y verde todavía colgando de su boca, otra con una capa inerte, y la última con un poco de la tela del delantal de la señora Claus pegado a sus cuernos, se encogieron en el porche con los cachorros. El Sr. Crankston enrolló una cuerda alrededor de cada una de ellas y las llevó a su camión. —Voy a tener que acordarme del fuego la próxima vez antes de que desgarren todo a la vista. Reemplazaré eso antes de la fiesta, pero te juro, Lucas, que voy a guardar rencor contra ti por no tomar estos bichos de mis manos. Es evidente que les gusta estar por aquí. Natalie casi se ofreció a negociar los cachorros por las cabras, pero los cachorros no podían subir las escaleras.


*** Lucas llevó a los cachorros de vuelta, pero no pudo encontrar el lugar donde habían excavado debajo de la cerca. Había tenido un caso agudo de conciencia severa durante todo el día y decidió que era el momento de contarle su secreto. No iba a ser fácil después del ataque que armó allí en un primer momento sobre Joshua, pero mejor decirle a que se escapara de uno de los labios de los viejos en algún momento de la cena. Entró a la cocina y se apresuró a hablar antes de que cambiara de idea. —Oye, tengo una confesión. —¿Qué? ¿Dejaste salir a esos chuchos de nuevo? Si Josh está de mal humor todo el día porque no consiguió una siesta, va a ser tu culpa. —Tengo un secreto, pero es infernalmente mucho más grande que esos malditos cachorros. Creo que podrían abrirse paso arrastrándose desde el infierno si les disparo y los entierro a diez metros de profundidad —dijo. —¡Oh, oh! Así que me ocultaste algo, ¿verdad? No eres tan inocente como pretendías. Bueno, yo no estoy tan segura de querer saber tu secreto. Sus miradas se encontraron en medio de la sala de estar. Chispas golpeaban las paredes y se esfumaron cuando aterrizaron en el piso de madera dura. El chisporroteo sonaba como fuegos artificiales y el calor puso un brillo carmesí en sus mejillas. Se apoyó en los gabinetes de la cocina. —Me voy a explicar, te guste o no. —Pasaron varios segundos antes de hablar, y cuando lo hizo, salió en un acento ronco—. Yo tenía una novia, de hecho una novia muy seria, antes de irme a Kuwait, pero pasado un año finalmente pude aclarar mi mente. — Sacó una silla de la cocina y se sentó—. Nos separamos por varias razones. Una era que me iba a Kuwait. La segunda, que ella estaba decidida a que no viviríamos en el rancho. Y la tercera es mi confesión. Ella tiene un hermano con un trastorno mental y nos


fuimos para las pruebas genéticas antes de fijar una fecha. Ella estaba bien, pero yo... —Hizo una pausa. Dios, era difícil de decir las palabras en voz alta, incluso después de un año. —¿Qué? —preguntó Natalie. —No puedo tener hijos. Bueno, tal vez esa no es la forma que debo decirlo. Hay una posibilidad entre diez millones, según el doctor, yo podría hacer un bebé. Sólo pensé que deberías saber. —Entonces podrías haber adoptado si realmente se amaban — dijo Natalie. —Ella no quería ningún niño en absoluto y eso es lo que realmente nos dividió —dijo. Natalie se mantuvo ocupaba cortando manteca en la harina para la tapa de masa del pastel. Él se metió las manos en los bolsillos—. Su nombre es Sonia y está comprometida ahora con uno de nuestros peones, Noah. Ella es muy cara de mantener y estará en la fiesta. Deberías conocer los antecedentes. Natalie dejó lo que estaba haciendo. —¿Noah estará aquí también? Él suspiró. —Sí, lo hará. —Bueno, entonces creo que nos preocuparemos de eso cuando llegue el momento. Tenemos que decirle a Henry sobre esas cosas que las cabras se comieron antes de que tengamos que preocuparnos por ello también. —Estaba devastado porque yo siempre he querido niños. El abuelo construyó esta casa para una docena. No me importaría si tuviera tantos así. Natalie dejó lo que estaba haciendo y se sentó a la mesa con él. Ella cubrió su mano con la suya. —Lo siento mucho. Eso tenía que haber sido un shock. El sonido de su voz era suave y sus ojos azules flotando en lágrimas. Finalmente, una se soltó y rodó por su mejilla. Él lo apartó con la mano libre. —Lo he aceptado. La línea termina conmigo. No llores. Ella retiró la mano y se limpió el flujo libre de las lágrimas que goteaban de su pómulo.


—Nunca lloro, ni siquiera cuando estoy enojada o triste, pero me pongo emocional desde el nacimiento de Joshua. —Recibí la noticia de Kuwait el mismo día que nos dieron los resultados de las pruebas. Ella dijo que no daría un año de su vida para esperar a que volviera a casa y que no iba nunca a vivir en el quinto pino con vacas berreando, de todos modos —dijo. Natalie se puso de pie y se dirigió de nuevo a la masa de la tarta. —Si ella se va a casar con Noah, entonces creo que podría estar viviendo en un rancho le guste o no. —Tal vez sea así. ¿Están todos nuestros secretos cubiertos ahora? —preguntó. —Yo no tengo nada más. ¿Y tú? Él negó con la cabeza. —No sé si es un secreto, pero un grupo de chicos se mostrarán en la fiesta con los que jugué al baloncesto en la escuela secundaria. Algunos de ellos del tipo atascados en esa época, por lo que te estoy advirtiendo. —¿Y las amigas animadoras de Sonia? —preguntó Natalie. —Todas ellas estarán aquí también. Es una pequeña comunidad. La mayoría de ellos no se alejan mucho del lugar donde fueron criados —respondió con un encogimiento de hombros—. ¿Cómo sabías que era una animadora? —Vengo de un pequeño pueblo también. Apuesto a que ella era la jefa de animadoras, ¿no? Y tú eras la estrella del baloncesto — respondió Natalie. Los sonidos del bebé llegaron desde el monitor situado en el gabinete. Se secó las manos con una toalla y se apresuró por el pasillo. *** Cuando regresó con Joshua, Lucas se había ido. Puso el balancín del bebé en la cocina y lo puso en ella.


—Ahí vamos, vaquero. Ahora tú monta este pony hasta el final de los campos sin arar y de vuelta mientras hago un pastel de nuez y una tarta de melocotón. Esta noche consigues el cereal de arroz. Tu abuela dijo que estás preparado para eso y por eso eres exigente. No estás lleno. Así que ñam ñam. ¡Prepárate para algo completamente nuevo! Joshua la miró fijamente, como si estuviera esperando a que dijera algo más. —Los libros dicen que no se supone que rías en voz alta por un mes más. Estarás trabajando en eso para mí regalo de Navidad. Quiero oír una risa enorme de barriga del bebé en la mañana de Navidad —dijo. Él arrulló y agitó una mano regordeta en el aire. —Ajá, vas a ser un jinete de broncos, ¿verdad? Con una mano en la cuerda y la otra en el aire. —¿Quién va a ser un jinete de broncos? Le dije a Lucas que él es un ranchero, no uno de los vaqueros de rodeo. —Henry colgó el abrigo y el sombrero en el perchero junto a la puerta de atrás y se quitó las botas, dejándolas en la alfombra—. Todavía está nevando, pero no va a durar mucho tiempo. Grandes copos como esos sólo se muestran. Son los más pequeños que no giran alrededor de los que tienes que tener miedo. Va a ser soleado y estará descongelada llegada la mañana. —Escuchaste el tiempo, ¿verdad? —Natalie sacó el relleno para el pastel de nuez, llenó el cascaron, y lo puso en el horno. Henry calentó sus manos con el calor que se escapaba. —No, lo puedo decir mirando al cielo. Y voy a conseguir la pistola de Jack de la caja fuerte de su habitación y le dispararé a cualquier caballo que me robe ese pastel. Natalie cerró el horno y se puso a trabajar en las capas de la tarta de melocotón. —Te echamos de menos en el desayuno. —Fuimos a la tienda de donas y tomamos un café con los chicos esta mañana. Sonia, la antigua novia de Lucas, entró. Ella viene a la fiesta. Sólo pensé en contarte al respecto antes de que llegue aquí. —Henry sopló las manos para terminar el trabajo—.


Tengo que conseguir que se calienten. No puedo tocar las mejillas de Josh si están frías. Natalie terminó la tarta y la metió en el horno con el pastel. —¿Por qué lo llamas así? Su nombre es Joshua —dijo. —Todos los vaqueros tienen apodos. Joshua suena como un predicador, no un vaquero. Ahora Josh, eso suena como un monta toros, ha pasado de ternero a hombre de campo con una arrogancia en su andar. Incluso Lucas tenía un apodo, cariño. —¿Cuál era ese? —preguntó. —Hoss. El chico podía montar ese caballo de palo un millón de kilómetros al día antes de que él lo pusiera en el establo durante la noche. Y digo en el establo. Llevaba al caballo por ahí y lo colocaba en un puesto antes de la hora de cenar, ponía un poco de avena en una bolsa que Hazel hacia especialmente, y justo después del desayuno, él se iba a buscar al caballo de nuevo. —Henry se rió entre dientes. Natalie se mordió el labio para no reír a carcajadas—. ¿Y? —preguntó Henry. —¿Qué? —preguntó Natalie. —Te acabo de decir que la antigua novia de Lucas estaba en la tienda de donuts, y ni siquiera te inmutaste. Pensé que tal vez te gustaba lo suficiente como para ponerte un poco celosa. —Henry sonrió. Natalie le sirvió una taza de café y se la entregó. —Todos tenemos un pasado, Henry. Tengo un hijo y sin esposo o novio, ninguno de ellos. No soy inocente, así que no puedo estar tirando piedras. Él envolvió sus manos alrededor de la taza. —Tú eres una buena mujer, Natalie Clark. Ella se inclinó y le susurró: —Él me habló de ella hoy, y tengo que admitir que estaba un poco celosa. Dejó el café sobre la mesa y extendió la mano para tocar la mejilla del bebé. Consiguió una sonrisa por sus esfuerzos y el resoplido se convirtió rápidamente en una sonrisita. —Y ahora, tal vez será mejor que te diga sobre las cabras de tu vecino y cómo han destruido las decoraciones de aire caliente. Pero el señor Crankston dijo que las reemplazaría para la hora de la fiesta


de la noche del sábado, así que no te preocupes. Aunque espero que Grady mejor encuentre una pieza más de ese banderín alrededor de la casa, porque una subió a la escalera y se la comió —dijo. Henry echó atrás la cabeza y rugió. Joshua arrulló y se rió de él en lugar de llorar al oír el ruido repentino. —Dios, ojalá hubiera estado aquí para verlo. El viejo Crankston odia a las cabras, pero su esposa hace hilados elaborados de la lana y pone los nombres sus nietos en cada uno de ellos. *** El jueves por la mañana, tal como Henry predijo, salió el sol brillante y reluciente. A media mañana el crepitar de la fundición del hielo llenó el campo. Natalie abrigó a Joshua y lo llevó a dar un paseo para poder escuchar los ruidos. —Esta es tu primera tormenta de hielo. No te acordarás de eso, pero quiero que escuches lo que el sol puede hacerle al hielo. Ver lo caliente que está en la cara. Tanto que el hielo se derrite. Lucas dobló la esquina de la casa y le dijo: —Él es muy joven para una lección de ciencias. Se puede decir que eres una maestra. —Un niño nunca es demasiado joven para hablar. Si no empiezas temprano, entonces, ¿cómo esperas que entiendan tus tonos y voz? Lucas se detuvo tan cerca de ella que captó el olor de su colonia. —¿No tienes miedo de hacer que se enferme por sacarlo con este tiempo? Ella sacudió la cabeza ligeramente. —Es bueno para él. Dos furiosos incendios arrasaron en su interior. La maternidad recién adquirida completa con todos los cambios de humor se llevaba el primer lugar. Pero el segundo pertenecía a Lucas, y la idea de exponerlo era a la vez excitante y aterradora.


La luz del sol creaba profundos reflejos azules en el pelo negro como el azabache, y sus jeans amontonados sobre sus viejas botas de trabajo. Llevaba la chaqueta colgada y abierta. Sus dedos anhelaban desabrocharle la camisa como Sonia había hecho, y pasar sus manos por el pecho tonificado y ondulado abajo. Nunca se había sentido atraída físicamente por nadie en toda su vida. Y había muchas posibilidades de que él todavía estuviera enamorado de Sonia, inmaduros o no, el corazón quería lo que quería. No importaba si el de ella quería a Lucas. Si el suyo quería a Sonia, por tanto, ellos nunca podrían ser felices juntos. Señor, qué enmarañada vida podría llegar a ser. —¿Cómo sabes tanto acerca de los bebés? —preguntó. —Yo tenía tres hermanos más jóvenes. —Camina conmigo al granero. Quiero mostrarles a ti y a Josh el nuevo becerro que nació esta mañana. Sus piernas eran largas, pero su paso hacía juego con el suyo, tanto que podían caminar uno al lado del otro sin que uno ralentizara o que el otro acelerara. La brisa había pasado llevando todo el hielo, era fresca a pesar del calor del sol. —¿Ha visto un nuevo ternero ya? —preguntó Lucas. —No. Las crías nacen en la primavera, no en diciembre. —En eso tienes razón, pero un par de nuestras vaquillas tuvieron sus primeras visitas al corral de los toros en la estación equivocada. No teníamos ni idea de que estaban en celo hasta que fue demasiado tarde para hacer algo al respecto. Ni siquiera estamos seguros de que toro los engendró. —Lo que significa que este va con el rebaño de becerros a la venta el próximo otoño, ¿verdad? —preguntó. Él se rió entre dientes—. ¿Qué demonios es tan gracioso? —preguntó. —Nada. Nunca conocí a una mujer que supiera mucho sobre ganadería. Pensé que eras una entrenadora de baloncesto. —Bueno, fui ranchera antes de ser entrenadora. Puedo cultivar algodón o tirar de un ternero tan bien como puedo llevar a un equipo de baloncesto a los play-offs del Estado. Y puedo hacerlo con un bebé en la cadera —dejó salir hábilmente. —¿Algo así como Gretchen Wilson en “Redneck Woman”?


—Eso es correcto. Oh, Joshua, ¿mirarías a ese bonito bebé? Es hermoso, Lucas. ¿Qué toros estaban en el corral? ¿No puedes decir al mirarlo cuál es su padre? —preguntó. Lucas se encogió de hombros. —Estaban los dos Angus. Uno de ellos es mi mejor toro y el otro es un buen toro, pero no el premio de valores. Yo lo uso para la venta de terneros. Tenía el aspecto de un vaquero de una vieja película del oeste con un hombro apoyado contra el marco de la puerta. Podía imaginarlo co-protagonizando en algo sobre cuatreros o tal vez yendo a guerras con Tom Selleck o Sam Elliott. El ternero se acercó a la puerta de la cuadra, y ella se puso en cuclillas para que Joshua pudiera verlo mejor. Lo arrulló y el nuevo bebé sacó la lengua y lamió a Joshua en la mano. Sacudió la cabeza para borrar la visión y dijo: —Quiero comprarte ese becerro, Lucas. —¿Por qué? —Porque es el primer ternero que Joshua ha visto y tiene que poseerlo. En lugar de un cheque de pago por el trabajo de este mes, quiero a ese becerro. Para cuando me vaya estará lo bastante mayor como para que pueda terminar de criarlo alimentándolo con un balde. —Está bien, pero eso es trabajo bastante barato por todo un mes —dijo Lucas. —Depende de cómo lo mires. Podría ser que su linaje es bueno y dará algunos de los mejores terneros que hemos visto en Silverton. Ahora es tiempo de volver a la casa. Henry pidió rollos de canela para la cena y la masa probable esté lista para lanzarla. Lucas se acercó y envolvió sus dedos alrededor de su brazo. Pasó una mano enguantada a lo largo de la mandíbula y pudo sentir el calor erigiéndose de lo más profundo de su interior a través de la piel de sus guantes. Instintivamente, levantó la vista y sus ojos se encontraron por encima del bebé en el cabestrillo entre ellos. Inclinó su ancho pecho alrededor de Joshua y la besó gentilmente, después lo profundizó más y más. Su lengua bordeando el labio superior y entrando cuidadosamente en su boca para hacer un lenta y fácil vals con la de ella.


Joshua se retorció y gimió cuando los brazos de Lucas la arrastraron más cerca. —Vaya. Lo siento, compañero. Me dejé llevar. ¿Te he aplastado demasiado? —preguntó Lucas. —Nos veremos en la cena. —Natalie se sonrojó. Se dio la vuelta y corrió por el patio. Ella esperaba que Drew espetara alguna cosa en su conciencia y se decepcionó cuando él no dijo una sola palabra. —¡Mierda! —replicó cuando estuvo en la cocina—. No repitas esa palabra cuando seas mayor, Joshua.


Capítulo 7 Traducido por ஓ¥anliஓ & Blinda Corregido por Liraz

—Por Dios, Lucas ha sido mi «querido diario», y yo ni siquiera me había dado cuenta de eso —dijo a Joshua mientras le cambiaba de los pijamas a la ropa para el día. El bebé pateó las piernas y movió sus brazos, arrullando todo el tiempo ante la voz de su madre. Tan rápido como él estaba creciendo, no pasaría mucho tiempo hasta que pudiera controlar esos brazos y piernas y su arrullo se convertiría en palabras reales. Se preguntó cuál sería su primera palabra. —Tú eres un niño, por lo que nunca tendrás un pequeño diario de color rosa para escribir todos tus secretos allí. Los chicos no hacen eso. Pero yo lo hice hasta que tenía unos trece años y luego le contaba todo a Drew y me olvidé de mi diario. Cuando se fue, cambié mi modo de diario a Lucas. Me pregunto si se puede incluso comprar más. Necesitaré uno para empezar el año, si estamos de vuelta en Silverton. Joshua levanto la mirada hacia ella y arrastró sus ojos hacia abajo en un ceño fruncido. —Bueno, basta de hablar del futuro. Pero vamos a dejar algo claro sobre esta noche. Habrá extraños entrando y saliendo todo el día en una gran fiesta esta noche. No te pongas demasiado amistoso con ellos, y aparte de Henry, Jack, y Grady, no estés sonriéndoles. Esas son mis sonrisas, y no estoy compartiendo tus preciosas sonrisas con nadie. —Natalie le besó entre los ojos—. Sí, puedes sonreírle a Lucas, pero esa es toda la lista. Ella lo llevó a la cocina, lo sentó en el columpio, y estaba ocupada terminando de arreglarlo antes de darse cuenta de que el olor del café llenaba la cocina. Rápidamente miró a su alrededor y allí estaba Henry, vertiendo dos tazas llenas. —Buenos días —dijo alegremente.


—¿Qué haces levantado tan temprano? —preguntó Natalie. —Es el fin de semana de la fiesta. Ella Jo, que sería mi esposa y la otra mitad de mi corazón, le encantaba la Navidad y su espíritu regresa el mes de diciembre de cada año a visitarme. La gente probablemente piensa que estoy loco, pero puedo oír su voz en mi cabeza y me habla —dijo. —No creo que estés un poco loco. Henry mostró su sonrisa más brillante. —No me quiero perder ni un minuto de tiempo con ella. —Le entregó a Natalie una taza—. Si he llegado hasta aquí temprano hoy y mañana, me pongo a mirar el árbol un poco de tiempo con ella antes de que comience todo el ruido. Ella me dice si tengo que cambiar un adorno, y nos damos una vuelta por los viejos tiempos cuando nos instalamos en este rancho. ¿Es eso un anciano perdiendo la cabeza? Natalie sacudió la cabeza. —Esa es la cosa más dulce que he escuchado. —Ella dijo que yo era un viejo romántico empedernido. Cuando compramos este rancho en los años cuarenta empezamos en una cabaña de una sola habitación. Le prometí una casa decente y un patio lleno de niños. Ella vivió para ver la casa, pero sólo consiguió a Jack antes de morir. La echo de menos, incluso después de cincuenta años. Le hablé de Josh esta mañana y pude sentir su sonrisa. Natalie tragó dos veces antes de bajar el nudo de su garganta. —¿Qué preparaba Ella Jo para el desayuno el día de la fiesta? Henry sonrió. —Salsa de salchichas y galletas. Ella sólo tuvo una fiesta en la casa antes de morir. Recuerdo nuestra primera Navidad juntos aunque en la pequeña cabaña. Salimos al bosque y corté un árbol de cedro. Encadenamos los arándanos y las palomitas de maíz en la noche para poner en el árbol y los adornos estaban hechos de papel y los pocos que pude tallar de madera de desecho. Se veían más cómo huevos de Pascua que adornos, pero nos pareció que eran hermosos. Hice una estrella para la parte superior de un viejo molde para tartas que tenía un agujero en la parte inferior.


Natalie echó las salchichas en una sartén. Cuando eso terminó de dorarse, sacó un recipiente debajo del gabinete y tamizó la harina allí. —Suena hermoso —dijo. —Lo fue. Pensé que iba a echarme al granero por cortar esa bandeja sin embargo. Ella dijo que si hacía la corteza lo suficientemente gruesa el agujero no importaba. —Henry se rió entre dientes—. ¡Mira! A Josh le gusta esa historia. Está sonriendo. Déjame decirte, amigo, un hombre puede saber todo en el mundo sobre la cría y el ganado, pero eso no significan un comino cuando se trata de entender a una mujer. Cuando puse esa estrella en el árbol, Ella Jo se paró allí y lloró. Y nunca escuche una palabra más sobre cortar su bandeja de tarta. —¿Dónde está ahora? —preguntó Natalie. Henry se aclaró la garganta y se sonrojó. —Cuando murió, planté un cedro al pie de su tumba y cada año lo decoro y puse ese molde de tarta en la parte superior. Se está oxidando, pero yo también. —¡Qué tontería! —dijo Lucas desde la puerta—. Tú podrías trabajar en círculos alrededor de cualquier peón joven en el rancho. No hay nada oxidado en ti. —Eso es porque me levanto temprano en la mañana. Yo no duermo hasta el mediodía —dijo Henry. Lucas rozó el muslo de Natalie mientras cruzaba la cocina. —¡Mediodía! El sol no ha salido aún y el gallo no ha comenzado a cantar. —Podrías comprobar el porche trasero. Puede que esté esperando para cacarear dentro de la casa. —Henry se rió entre dientes. Natalie respiró hondo. Lucas era condenadamente más infalible que un «querido diario» porque ella había tenido un pequeño diario de color rosa cuando niña. Incluso tenía una cerradura, y ella escribió todo tipo de cosas sobre sus hermanos y sus amigos. Ni una sola vez ese diario le había dado ganas de tirar sus manos cubiertas de masa alrededor de él y besarlo con tanta pasión que se derretiría toda la nieve en el norte de Texas.


*** Lucas sostuvo la taza de café con fuerza en sus manos para estabilizarlas. Sólo tocar su cadera lo había puesto semi-excitado. Un hombre tendría que estar muerto y frío cómo una piedra para no verse afectado por Natalie Clark. Era algo más que una alta y hermosa mujer. Tanta energía sexual rodeándola cuando ella entraba en una habitación que incluso Sonia, quien había sido siempre la chica más guapa de Savoy, fue relegada al asiento trasero. No era justo comparar a las dos mujeres, pero no podía evitarlo. Sonia había sido el amor de su vida durante tantos años que ella era la vara de medir a todas las mujeres. Bajita, vivaz, siempre lista para pasar un buen rato, el sueño de todo hombre de una esposa trofeo, y Natalie no era ninguna de esas cosas. Ella era hermosa, podría hablar de baloncesto y vacas en la misma tarde, manejar una casa con un bebé en su cadera, y matar a los coyotes con su propia pistola de color rosa. —¿Qué tiene tu mente envuelta en alambre de púas esta mañana? ¿Pensamientos de ver a todos tus viejos amigos? — preguntó Henry. Lucas escuchó la voz de su abuelo, pero no lo registró hasta que Henry gritó—: Lucas, ¿estás despierto? Él asintió. —Apenas. Lo siento. ¿Qué me decías? —Te pregunté qué tenía tu cerebro todo envuelto en alambre de púas. Es claro cómo el día que estabas muy lejos pensando en algo que te puso una mueca en el rostro. ¿Esas cosas de por allá aún encienden tu mente a veces? Lucas llevó una taza de café a la mesa. —Fue un gran choque cultural cuando llegué a Kuwait, pero Drew me ayudó a instalarme. Él había estado allí dos veces ya, por lo que conocía el oficio. —Háblame de eso —dijo Henry. Lucas se encogió de hombros.


—Drew tenido la litera superior y yo tenía la parte inferior en la tienda donde nos asignaron. Él me enseñó cómo colgar sábanas en los lados y mis toallas mojadas sobre el extremo para un poco de intimidad. Me mostró donde estaba el teléfono para que yo pudiera llamarlos a ustedes y hablar cuando no usábamos la computadora. Veinticinco hombres en una tienda de campaña. El baño al aire libre en un inodoro portátil. Duchas en otro edificio. Todo es un lujo aquí y, a veces pienso en los chicos que todavía están por allí. O aquellos en sus recorridos. —Hizo una pausa. Henry esperó. —Sólo estar en casa no saca el lugar de tu cabeza. Te despiertas en un sudor frío sin saber dónde te encuentras y el silencio de muerte es aterrador. Se siente como el centro de un tornado. Al igual que un vacío que va a desaparecer en cualquier momento y ser reemplazado por el caos —dijo Natalie. Henry apartó la mirada de Joshua hacia ella. Lucas levantó una ceja. —¿Cómo lo sabes? Ella continuó mientras ponía una bandeja con galletas en el horno. —Entonces te das cuenta de que estás en casa y te preocupas por esos a los que dejaste allí. Las amistades que haces en esos momentos son aún más profundas que las que has hecho toda tu vida en el hogar. Eso es porque son tan dependientes los unos de los otros por sus vidas. —¿Has estado ahí, Natalie? —preguntó Henry. —No, pero Drew me habló de eso. Estábamos viendo una película en la sala de estar en casa de mis padres y él había vagado sólo acabando de despertar con una sacudida y una mirada enloquecida en sus ojos. Lo hice hablar al respecto, así que sé lo que está diciendo, Lucas —respondió ella—. No puedo imaginar el shock de ese lugar. Sólo el calor físico y la arena en todas partes me habría vuelto loca. Luego llegas a casa en el medio del invierno con la nieve cayendo y absoluta tranquilidad por la noche con ninguno de los ruidos de veinticinco otros hombres en la misma tienda contigo. Tiene que ser duro. —Lo es —dijo Lucas con voz ronca.


—Drew dijo que se tarda un par de semanas antes de ajustarse. ¿Quieres huevos con tu salsa de salchichas y galletas? — preguntó. —¿Omelet? —preguntó. Natalie asintió. —¿Henry? —Cariño, me comería cualquier cosa que pongas en esta mesa. Me encanta un buen desayuno. Ese tipo de alimento se pega a las costillas por lo que un hombre puede trabajar toda la mañana sin escuchar a un estómago rugiendo. ¿Y tú, Josh? ¿Quieres una tortilla esta mañana? —dijo Henry. La suave risa de Natalie sonaba cómo tintineantes campanas de Navidad en los oídos de Lucas. Era honesta y verdadera, totalmente diferente a la aguda risita de Sonia. Allí fue comparando manzanas y naranjas de nuevo. —No creo que Joshua esté listo para una tortilla. Cereal de arroz es su elección de bufé por unas pocas semanas más. Mamá dice que en la mañana de Navidad puede tener un frasco de comida para bebés de banana o peras. Él puede escoger —dijo. Henry volvió su atención de nuevo a Joshua. —Bueno, hijo, la próxima Navidad te prometo que puedes tener una tortilla. Tendrás un año de edad completo para entonces, y nos sentaremos justo aquí en esta mesa y nos haremos una tortilla y trozos de galletas. Para entonces tendrás una boca llena de dientes. Por la forma en que estás babeando yo diría que los dos primeros ya están en camino. —¿En serio? —preguntó Natalie. —Oh, sí. Probablemente los tendrá antes de Navidad. Me recuerda a esa vieja canción sobre todo lo que quiero para Navidad son mis dos dientes delanteros. Josh aquí, podría conseguir dos para entonces. —Henry se rió entre dientes. —¿Qué es tan gracioso? —preguntó Lucas. —Tu abuela siempre decía que cuando a un bebé le salen sus dientes con anticipación, entonces el siguiente está en camino — respondió Henry. —Muérdete la lengua. —Natalie levantó la voz.


Lucas abrió la boca para decirle a su abuelo que antes de la próxima Navidad, Josh volvería a Silverton, pero se la tapo. Discutir con el viejo no lograría nada, y trastornarlo durante las fiestas era sencillamente un mal plan. Él esperaba con impaciencia las Navidades, la estación entera se destapa dentro y alrededor de Savoy. De ninguna maldita forma Lucas arruinaría ni siquiera un pedazo de las fiestas de Henry. Él vivía y respiraba la Navidad porque era cuando se sentía más cercano al espíritu de su preciosa Ella Jo y sentía cómo si ella volviera a visitarle cada año. El tono de su teléfono móvil le comunicó que Hazel le estaba llamando. Lucas lo sacó del bolsillo de su camisa y dijo: —Necesitas estar en casa, no postrada en una cama jugando a la enfermita. —Puedo planificar la fiesta desde aquí, así que no me seas descarado —dijo Hazel. Lucas sacudió su cabeza. —Siempre digo que ladras órdenes cómo un general de cinco estrellas. Te pongo en el altavoz, así todo el mundo puede oírte, incluyendo al bebé, así que cuida tu lengua. —Maldita sea que lo haré —dijo ella—. No cuidé mi lengua con tu papá o contigo y maldita sea si la cuido con otra generación del rancho. —Ahora, Lucas, tú y Jack, se aseguran que todas las luces funcionen correctamente. Si uno de las viejas bombillas estalla, lanzará la línea entera de golpe. —Sí, señora —dijo Lucas. —Grady supervisará el movimiento de los muebles hacia fuera al granero, y será mejor que no haya ningún rasguño en ninguno. Y el trabajo de Henry, debe tener cuidado del equipo que trae la mercancía de la fiesta y las mesas. ¿Conseguiste eso? — preguntó Hazel. —Lo hice —dijo Henry. —¿Quién está además en el cuarto? —preguntó Hazel. —Natalie, el abuelo, el bebé y yo —dijo Lucas. —¿Y cuál es mi trabajo? —preguntó Natalie. —Debes hacer galletas toda la mañana y mantener la cafetera y la jarra de té llena para la gente que trabaja en la fundación.


Prepara emparedados para la cena, y esta noche los hombres te llevaran a cenar fuera porque la cocina pertenece al equipo de catering desde mitad de la tarde —dijo Hazel. —Nieva otra vez —dijo Henry—. Nosotros no podríamos ser capaces de escaparnos para ir a un café, y además, la cocina de Natalie es mejor que lo que ellos nos servirían de todos modos. Los del catering simplemente pueden trasladarse o darle algún espacio, o infiernos, ella puede cocinar en mi sitio y comeremos todos allí. —Si los del catering pueden entrar, tú puedes escaparte. Lucas, haz unas reservas en la Langosta Roja en Sherman —dijo Hazel. —¿Por qué allí? Tal vez queremos ir a un Steak House cómo Texas Roadhouse —dijo Lucas. —No discutas conmigo. Puede comer filete cualquier día de la semana, y además, ellos sirven ahí todo el tiempo filetes y especialidades de langosta. ¿Te gusta el marisco, Natalie? — preguntó ella. —Sí, señora. Me encanta —dijo Natalie. —Entonces ahí es donde vas a ir a la noche después de todo el duro trabajo, cocinando y poniendo en pie viejos pedos cascarrabias mientras estoy ocupada. Tomarás muchas fotos y me los enviarás en esta cosa de ordenador que Willa Ruth ha preparado, ¿de acuerdo? Jack tiene su dirección —dijo Hazel. —Estate segura que tienes alguna antes de mañana —contestó Natalie. —Entonces esta todo cubierto. Todos se divierten. Conseguiré ir. Willa Ruth tiene mi desayuno listo. Sabe cómo la mierda, pero dice que esto no tiene demasiada grasa ni hidratos de carbono, lo que sea el infierno es la última cosa. Le digo que me deje comer lo que quiero y que moriré cuando me toque. Parece en esta casa si sabe cómo mierda, continúa en la mesa y si sabe bien, se queda en el supermercado. ¡Adiós por ahora! La línea se quedó en silencio. Lucas recogió su teléfono y lo empujó de vuelta en el bolsillo de su camisa. —No puedes cambiarla en forma alguna. —Diría que su llamada es cómo es ella —dijo Grady desde la entrada.


—No es razonable que el bebé nos vea comer así y todo lo que él consigue es esa masa que se parece a pasta de papel pintado — dijo Henry. Natalie se rió otra vez. —Cree que sabe justo como Angus T-bone. Me lo dijo así cuando lo empujaba en su boca. El sonido de su voz y risa se quedó con Lucas toda la mañana mientras ayudó a su papá a apretar cada bombilla alrededor de la azotea, fijar el empavesado donde la cabra había tomado su cena, y las luces de cuerda abajo de la valla a todos lados de la vereda que conduce al camino de la casa. La nieve cayó regularmente durante toda la mañana, dejando casi dos pulgadas sobre la tierra y decidiendo rebosar su viejo sombrero de trabajo. Una capa de polvo blanco cubría el hielo que se había acumulado sobre las ramas del árbol, sin embargo el cielo gris no dejaba pasar ni una tenue luz de los rayos de sol. A no ser que algo drástico cambiara, los chicos beberían demasiado y las mujeres coquetearían demasiado y harían entrar allí raudales de nieve antes de que llegara la noche. Esto no sonaba divertido para Lucas. Él preferiría dar un paseo en todoterreno a través del rancho con Natalie acurrucada contra su espalda. ¡Cómo si fuera a suceder! No había una maldita forma de que ella dejase a Joshua para ir de paseo con él. Además, él era un soldado en una casa en una gran y malvada guerra y tenía que quedarse en la fiesta hasta que el último perro se fuera a su casa. Él tocó las placas de identificación. Debería quitárselas, pero no parecía justo, aún no. No cuando Drew había muerto ahí. Tal vez su muerte no habría afectado tanto a Lucas si hubiera tenido otros amigos o si no hubiesen sido tan íntimos, pero hasta que se sintiera correcto, él llevaría las placas de identificación para honrar a su amigo caído. Comprobó el final cuatro hilos de luces alrededor de los postes del pórtico. —Todo hecho —dijo Jack. —Adornamos con luces nuestra tienda y varios de los tipos tenían un pequeño árbol de imitación, pero no era el hogar. Guardábamos nuestros paquetes hasta la mañana Navideña y con aquellos que no los tenían, el resto de nosotros los compartíamos.


Las galletas de Hazel eran el éxito más grande en la tienda —dijo Lucas. —Me alegro que los muchachos disfrutaron de ellas. Disfrutaba preparando las cajas para enviártelas. —¿Estaba Drew allí entonces? —Estaba allí cuando nos llegaros, luego se fue a casa durante aproximadamente seis semanas de las vacaciones y luego regreso. Fue su tercer viaje —contestó Lucas. —Y él era el mejor amigo de Natalie. No hemos pasado mucho tiempo a solas desde que llegaste a casa. Sé que el bebé fue un gran shock, pero pensamos que estarías excitado. Parece a una bendición después de aquellas pruebas —dijo Jack. Lucas se quitó el sombrero y sacudió la capa de nieve en él. —Yo quería mis propios niños, papá. —Todo ocurre por alguna razón. Algunas mujeres no son material de madre. Tú madre, Marilyn, no lo era. »Tú abuelo trató de hacerme ver la luz, pero yo estaba ciego en todo cuanto concernía a esa mujer. Ella era tan bonita y tenía tanta energía. Pensé que canalizaría todo eso en criarte, pero no funcionó así. Sonia se parece mucho a ella. Además, aquel doctor no dijo que fuera imposible. Solo dijo que necesitarías un milagro. Creo en los milagros, sobre todo en Navidad —dijo Jack. Lucas empujó su sombrero de nuevo sobre su cabeza. —No estoy seguro de que ni siquiera Dios tenga un milagro tan grande metido en su manga. Aquí viene el primer camión de material, y huelo procedente desde la casa galletas con trocitos de chocolate. Ve y sal del frío, y agárralas mientras estén recién sacadas del horno. *** Los muebles, excepto la mesa de la cocina, habían sido transportados fuera mientras Natalie se ocupaba de hornear.


Ella sacaba otra docena de galletas de la bandeja para enfriarlas cuando un vaquero alto, de pelo rubio extendido la mano y agarró una. —Soy Noah y estas galletas tienen buena pinta, señora —dijo él. —Soy Natalie Clark y gracias. —Ella se rió. —¿Es ese él bebe del que todo el mundo habla? —Señaló hacia Joshua. —Sí, lo es. Se llama Joshua. Noah alcanzó otra galleta. —Un nombre bueno y fuerte. Mamá dice que un hombre necesita un nombre bueno. Sus ocho chicos son llamados por nombres bíblicos. Noah Cal, Si ella hubiera ido a la escuela con él, él se habría sentado entre ella y Drew Camp cuando los profesores los pusieran en orden alfabético. ¿Cuánto hacía falta para que las cosas tomaran un rumbo diferente? —Así que, ¿eres de aquí? —preguntó ella. —Síp, crecí justo aquí en este rancho. Mi papá estuvo contratado hasta el año pasado, cuando él y mamá se jubilaron, bajó a Waco para estar alrededor de mi hermano mayor y su esposa. Lucas es dos años mayor que yo, pero fuimos a la escuela juntos. Jugábamos al baloncesto en el mismo equipo antes de que él terminara la carrera. Oí que estuviste entrenando una temporada — dijo Noah. ¡Piedad! El enrredante cotilleo seguramente había hecho su trabajo. La explosión de viento frío trajo a Lucas, a Jack, y a más de una docena de personas a la sala de estar antes de que ella pudiera contestar el comentario de Noah. Lucas fue directo hasta la mesa y enganchó dos galletas. —Saben tan buenas como las de Hazel —dijo Noah—. No puedes dejar que se te escape, patéala sobre la valla del pasto y la ocultaremos en el barracón para cocinar para nosotros. Podría ser divertido tener al bebé ahí. Lucas aplaudió una mano sobre el hombro del vaquero.


—Noah, ¿dónde estabas metido? Llevo toda una semana en casa y no te había visto. —Grady nos envió a mí y a Emmett a la vieja cabaña de troncos durante unos días. Tenía miedo que la tormenta fuera a ser peor de lo que fue. »El meteorólogo estaba hablando allí de ventisca y centímetros de nieve por un rato. Estamos simplemente contentos de regresar a las barracas a tiempo para la fiesta. Contentos de que estuvieras en la casa, pero siento oír que Hazel estará postrada durante unas semanas. —Noah cogió dos galletas más—. Me voy corriendo. Los veré a todos mañana por la noche. Natalie, dulce, conseguiste realmente un bonito niño ahí, y ciertamente me gusta su nombre. —Gracias. —Natalie sonrió. Él colocó su sombrero sobre su pelo rubio y desapareció fuera por la puerta de atrás. Miró a través del cuarto hacía Lucas y preguntó. —¿La cabaña de troncos es la choza en la cual Henry y Ella Jo vivieron al principio? —Lucas sacudió la cabeza. —No, es aún más pequeña que la cabaña. Papá y Grady lo construyeron antes de que yo naciera, y esto es en el fondo el lado del rancho. —¿Justo cómo es de grande Cedars Hill? —preguntó. —Aproximadamente son nueve secciones. El abuelo comenzó con una y compró tanta tierra cómo pudo. La cabaña está a seis kilómetros y medio de aquí detrás de los bosques. La única forma de llegar es en todoterreno o a caballo. Ella hizo las matemáticas en su cabeza. Nueve secciones a seiscientos cuarenta acres por sección pasaban los aproximadamente cinco mil acres y medio. Una bastante agradable y pequeña extensión que habían limpiado de robles y matorrales de algarrobo. —¿Y tú rancho? —preguntó él. —Veinte acres —contestó mientras ella tomaba más galletas del horno. —Eso no es un rancho —dijo él. —Preguntaste por mi rancho. Tiene veinte acres. Compré una esquina de la tierra de papá y tengo un remolque en ella. Eso es mi rancho. Si lo quieres saber, el rancho del papá es cómo dos veces el


tamaño de Cedar Hill. Plantamos seis mil acres de algodón al año y el resto lo solemos dejar para pasto de la raza Angus. Su risa era tan brillante que encendía la cocina entera. Diablos, podía haber competido con el sol si hubiera estado fuera. Por su vida, Natalie no podía pensar ni una sola razón por la que encontrar tan divertido el tamaño del sitio de su papá.


Capítulo 8 Traducido por ஓ¥anliஓ & Marijf22 Corregido por Liraz

Natalie vestía sus mejores vaqueros de diseño, camisa estilo del Oeste y botas. Se había torcido su cabello castaño hasta arriba en lo que ella llamaba un toque francés desordenado y lo sostuvo con una pinza con incrustaciones de cristal grande que hacía juego con la hebilla de su cinturón. En la mayoría de los días no se tomaba tiempo para maquillarse, pero esa noche lo hizo. Un poco de delineador negro y pálida sombra de ojos azul, algo de rímel, un toque de rubor, y un poco de brillo de labios. —No sé por qué me molesto con todo esto. Nadie siquiera me ve de todos modos. Tú serás el centro de atención —le dijo a Joshua mientras lo vestía. El padre de Natalie, Jimmy, declaró desde el día en que se enteraron de que Natalie iba a tener un niño que su primer nieto dejaría el hospital con botas y pantalones vaqueros. Los pantalones eran de mezclilla suave y las piernas tuvieron que ser rodadas ese día. Las botas fueron hechas de cuero de cabrito con suela blanda, pero caramba, tenían puntas en los pies y las copas eran detallada. Ahora los pies de Joshua encajaban en las botas cómo deberían y las piernas de sus pantalones no tenían ya que ser rodadas. Dentro de un mes ambos serían demasiado pequeños. Ella ya había comprado la caja de recuerdos para enmarcarlas. Estaba hecha de cedro en bruto y tenía alambre de púas colgado alrededor del borde exterior. —Si los jugadores de baloncesto pueden enmarcar sus camisetas, entonces podemos hacer lo mismo con tus primeros pantalones vaqueros y botas. Algún día vas a ser un famoso jinete de toros, sí, lo eres. —Ella habló en una voz aguda que sacó grandes sonrisas de Joshua.


Cuando él estuvo vestido y su cabello oscuro peinado hacia un lado, ella lo colocó dentro de su asiento del auto. —Todas las damas van a ir en tropel a tu alrededor con ganas de bailar. Ten cuidado y no las lleves a ninguna dentro. Sus ojitos castaños brillaban. —Me encantaría saber lo que estás pensando. —Ella recogió el asiento y lo llevó a la sala de estar. —¿Has visto eso? —exclamó Henry—. Allí hay un ranchero con seguridad. Yo ni siquiera sabía que hacían las botas así de pequeñas. Grady tomó el asiento para el auto de Natalie y los tres hombres mayores acudieron a su alrededor. —Mira ese cabello. Eso sí que es un corte de cabello de un niño. Odio cuando las mujeres ponen esas cosas de jalea en el pelo de un niño y hacen que se vea cómo que metieron los dedos en un enchufe de la luz. Jack le tocó la mano. —Todo lo que necesitas es un sombrero de vaquero y estarás a la altura de los grandes, Josh. Henry se rió entre dientes. —¿Viste? Yo te dije que era un Josh, justo cómo les dije a todos ustedes que Lucas era un Hoss. Natalie se rió. —Odio los apodos —dijo Lucas. —Yo también —murmuró Natalie. —¿Son estas unas ancianas haciendo un escándalo? — preguntó Lucas. —No nos llames ancianas —dijo Jack. —Van a avergonzar a Josh —dijo Lucas. —No, no lo haremos. Nos gusta él —dijo Henry. Natalie se alegró de que estuvieran haciendo toda la charla y no le preguntaran nada que requiriera una respuesta, porque estaba totalmente sin habla. Lucas llevaba vaqueros almidonados que se ceñían justo sobre la parte superior de las brillantes botas negras, un cinturón labrado con una hebilla de plata con lo que debía ser la marca de Cedar Hill grabada, y una camisa marrón de corte estilo del Oeste que hacía juego con sus ojos perfectamente. Los dos


primeros broches estaban deshechos y llevaba sus placas de identificación por dentro. Sostenía un Stetson negro contra su muslo, y sus ojos se desviaron en esa dirección. Ella rápidamente parpadeó y estuvo mirando hacia las placas de identificación cuando abrió los ojos de nuevo. —Te ves muy bien —dijo él. —Gracias. Tú también te has engalanado muy bien. —Ella se sorprendió de que las palabras en realidad salieran cuando abrió la boca. Se figuró que había balbuceado y tartamudeado por ahí cómo los adolescentes en un encuentro de Blake Shelton después de un concierto en la feria estatal. —¿Puede Josh venir con nosotros? —preguntó Henry. —Será mejor que lo lleve yo —dijo Natalie. —La próxima vez nos toca a nosotros, ¿no? —dijo Henry. —Hazel dice que el tiempo aproximado es juego limpio —dijo Jack. —Y nosotros lo mantendríamos tan entretenido que no va a llorar. —Grady puso su granito de arena. —La próxima vez. —Natalie asintió. No había pensado sobre ir todo el camino a Sherman sola en un camión con Lucas. Se había imaginado que ella y Joshua irían en su camioneta doble cabina y los hombres irían todos juntos. De repente, estuvo tan nerviosa cómo una novia virgen en su noche de bodas. Grady le entregó el asiento a Lucas. —Tú lo llevas para la señorita Natalie. Este muchacho ha estado atiborrándose de algunos alimentos. Es demasiado pesado para su mami y cargando con el bolso cuando hay un montón de vaqueros cómo nosotros para ayudar. —No hay cachorros —susurró Lucas cuando estaban en el porche—. Te dije que arreglaría la jaula después de lo de las cabras. En el patio, ella alzó la vista al techo. —No hay cabras y no... ¡eh, oh! La vieja camioneta azul del Sr. Crankston llegó a una deslizante parada en frente de la casa y él saltó, escopeta en mano.


—He tratado de darte las malditas cabras y tú no las tomaste y ahora te robas mi burro. ¿Qué te pasa Lucas Allen? ¿Tu cerebro esta revuelto por allí? Henry señaló a un burro moteado viniendo por el lado de la casa directamente hacia Lucas y Natalie. —¡Mira eso! Me robaste el burro para mantener alejados a los coyotes. Escuché que tu nueva mujer mató a uno justo en el patio trasero. Chester, a él no le gusta nadie más que yo. El único animal en mi rancho que es mío. Ni siquiera puede soportar a mi nieto, y tu estuviste domándolo desde que llegaste a casa así te lo podías robar —dijo Crankston—. Tengo en mente sólo dispararte esta vez de verdad. El burro se detuvo a un par de pasos de Lucas y sacudió la cabeza. Joshua luchó para abrirse paso de la manta y le arrulló al burro. —Nadie le va a disparar a nadie. Estamos de camino a la ciudad para cenar. Tu burro debe estar seguro aquí en el patio cercado hasta que traigas los adornos mañana. Puede llevártelo después —dijo Henry. —Infiernos si lo haré. Para entonces, no me dejara acercarme a él. Es un idiota que se junta solo con una persona a la vez, te lo estoy diciendo. Para mañana podría decidir juntarse con uno de ustedes en mi lugar. Vamos, Chester. —Crankston enrolló una cuerda alrededor de su cuello y lo ató a la parte trasera de la camioneta—. Todos ustedes vayan por delante de mí. Voy a conducir muy despacio y lo llevaré de vuelta a casa. No es más que un poco más de un kilómetro de regreso. *** Joshua escupió su chupete y arrulló a su alrededor cuando Natalie se estiró sobre el asiento y lo puso de nuevo en su boca. Ella le dijo que era un buen chico y esa fue la extensión de su conversación en los veinte minutos en auto desde Savoy a Sherman.


—Me pregunto qué es todo esto con los animales —preguntó Natalie. —Casualidad o coincidencia. O todo este clima raro. Tú escoges —respondió Lucas. Él robó una mirada hacia ella mientras conducía. Llevaba vaqueros y botas, cómo una mujer que se sentía cómoda con la vida del campo. Apenas podía creer que ella había dado a luz a Joshua apenas un par de meses atrás. Su cintura moldeada, caderas redondeadas y unos pechos que llenaban esa camisa muy bien. Se estacionó, salió y abrió la puerta para Natalie y esperó a que desabrochara a Josh de su asiento. —Seguro que te ves muy bonita esta noche. Su sonrisa iluminó por completo el estacionamiento. —Gracias, tú también. —¿Bonito? —Él inclinó la cabeza hacia un lado. —Sabes lo que quiero decir. —¿Qué es exactamente lo que quieres decir? —preguntó. —Quiero decir que estas sexy cómo el infierno, luces bien en esos vaqueros, y me gusta la camisa. Es del mismo color que tus ojos. Ah, y me gusta la forma en que se ve tu trasero también —dijo. La sonrisa se ensancho aún más. —No tienes ningún problema en decir lo que está en tu mente, ¿verdad? —Yo lo llamo como lo veo —dijo. Y todo lo que dijiste fue bonita. ¿Quieres modificar eso? Drew estaba de vuelta visitando a Lucas. —Bueno, querida, no hay suficientes palabras en un diccionario completo para decir lo impresionante que estas esta noche —dijo. —Hay una gran cantidad de palabras en el diccionario que espero no estés pensando. Como gorda, fea, odiosa… —Está bien, está bien. Me dejas sin aliento. Cuando entré en la sala de estar esta noche, mi boca se sentía cómo lo hizo en medio de una tormenta de arena allá en Kuwait. Si hubiera tenido que hablar o caer muerto, solo habría cruzado los brazos sobre mi pecho y caído muerto en el cementerio. —Muy, muy buena frase seductora —dijo.


—Es la pura verdad de Dios —protestó. —Entonces, gracias. —Ella envolvió una manta alrededor de Joshua y no perdió el tiempo para entrar al restaurante. Lucas estaba agradecido de que no sacara esa cosa de trapo que colgaba alrededor de su hombro y lo llevaba por el rancho. Esa cosa era simplemente fea. Henry, Jack, y Grady esperaron por ellos justo dentro de la puerta del restaurante. Jack se estiro por delante de Natalie. —Me quedo con el bebé. Me alegro de que te dejaras esa cosa que parece un balde en el auto. Los bebés necesitan ser sostenidos, no transportados por ahí cómo una cesta llena de huevos. Joshua escupió con prontitud su chupete y arrulló hacia Jack. Grady lo atrapó antes de que cayera al suelo. —Buen intento, hijo. Pero yo soy más rápido que tú. —Él lo enganchó en el dedo meñique y le tocó la mejilla a Joshua—. ¿Tuviste un buen viaje? Apuesto a que esos dos no te dieron casi tanta atención cómo lo haríamos nosotros. —Ustedes realmente son tan malos cómo las viejas en la iglesia cuando un nuevo bebé es traído por primera vez —dijo Lucas. —Nosotros no lo somos. Solo espera hasta mañana por la mañana y verás que no tenemos comparación con aquellas viejas muchachas, si eso te dice algo —dijo Henry. ¡La iglesia! En Savoy toda la familia iba todos los domingos y se sentaban en el mismo banco. Natalie fue a la iglesia con su familia en Silverton, e incluso si no lo hubiera hecho, ella tendría que inventarse una condenada buena excusa, cómo la muerte para librarse de ir. Jack y Henry insistirían en eso. Eso quiere decir que Lucas, Natalie, y Joshua viajarían juntos a la pequeña blanca iglesia en la ciudad. ¡Y todos ellos se sentarían en el mismo banco y las vides de chismes producirían una cosecha abundante esa semana! La camarera les mostró una mesa para seis personas y Jack mantuvo a Joshua en sus brazos. Apoyó al bebé en su regazo y le dijo: —El próximo año puedes comer con nosotros. Vas a tener dientes y yo apuesto a que pedirás un bistec del tamaño de un plato —dijo.


Lucas situó a Natalie y se sentó a su lado. Cogió el menú y luego los vellos de su cuello se levantaron. Alguien estaba definitivamente mirándolo fijamente o acercándose sigilosamente por su lado ciego. Esa sensación nunca le falló y lo mantuvo alejado del lote de problemas del siglo. Miró de reojo a Natalie, pero ella estaba ocupada mirando su menú. Su mirada se dirigió uno por uno alrededor de la mesa. Jack estaba hablando con el bebé, y Henry y Grady estaban discutiendo sobre si elegir el bistec y camarones especiales o ir por la langosta. Jack se detuvo de lo que le estaba diciendo a Josh de cómo no pasaría mucho tiempo hasta que pudiera sentarse en una de esas sillas para niños y le preguntó a Natalie: —Entonces, ¿cómo se compara el condado de Fannin a tu parte de Texas? Ella dejó el menú a un lado y se mordió el labio inferior. Eso llamó la atención de Lucas hacia sus labios y quiso besarlos, lo que provocó un deseo candente por más que un beso. Ahora tenía una excitación a toda regla y el vello en su cuello todavía picaba. —Bueno… —dijo lentamente. La camarera apareció en la mesa antes de que pudiera decir una palabra más. —¿Qué quieren para beber amigos? —Bud Light, por favor —dijo Natalie. —Lo mismo —dijo Lucas. —Yo té dulce, pero también quiero una botella del mejor champán y cinco de esos vasos elegantes —dijo Henry—. Nuestro muchacho ha vuelto a casa desde Kuwait y vamos a celebrar un brindis antes de tomar la cena. —Felicitaciones por lograr llegar a casa en una sola pieza y gracias por servir a nuestro país —dijo la camarera—. Su hijo se parece mucho a usted. Apuesto a que está contento de volver a casa a verlo mientras él sigue siendo pequeño. ¿Listos para ordenar o quieren que les traiga las bebidas primero? —Estamos listos. —Henry sonrió. Algo simplemente de plano no estaba bien. La última vez que Lucas se había asustado tanto fue la última mañana que Drew salió de la tienda. Algo no estaba bien esa mañana tampoco, pero él no


podía poner el dedo en la llaga hasta que oyó la explosión. Miró a Natalie de nuevo, pero ella estaba bebiendo su cerveza. Jack, Henry, y Grady todos lucían cómo el viejo gato proverbial que había encontrado su camino a la crema. ¿Había alguien a punto de bombardear el restaurante? ¿Hubo un terrorista sentado en algún lugar cercano? Algo horrible iba a suceder, porque sus nervios estaban cada vez más tensos a cada segundo. Ordenaron y la camarera se fue y entonces oyó algo así como el roce de una silla en el piso de baldosas. Miró hacia Natalie, y ambos miraron sobre sus hombros, justo a tiempo para ver a Sonia dirigiéndose hacia su mesa. Sus altos tacones sonaban cómo disparos en el piso de baldosas y tuvo que aguantar sus manos con fuerza para no ponerlas sobre sus oídos. Se detuvo entre Lucas y Jack y recostó una cadera contra el hombro de Lucas. —Bueno, ¡hola! Me había olvidado de que ustedes siempre salen a comer la noche antes de la gran fiesta. ¿Tienen todo decorado? ¿Recuerdas ese año en que tú y yo colgamos las luces, Lucas? Estuvo tan cálido que estuvimos allí y sin chaquetas y en nuestros pantalones cortos. Esto es más cómo la Navidad, ¿no? —Sonia, me gustaría presentarles a Natalie Clark. Natalie, esta es Sonia, —dijo Lucas. —Es un placer conocerte. Usted está comprometida con Noah, ¿verdad? —Sí, lo estoy. Estamos planeando una gran hermosa boda Navideña. —Sonia apenas miró en dirección a Natalie—. Oh, ¡allí están mis chicas! —Ella saludó a un grupo de mujeres que venía hacia ella—. Vamos a tener una noche de chicas para hablar sobre lo que vamos a usar para tu fiesta mañana por la noche. Eso es el comienzo de toda la temporada en Savoy, señorita Clampton, e incluso el personal contratado es invitado. Te la pasaras en grande. Natalie sonrió. —Estoy segura de que lo haré, y es Clark, no Clampton. Ella le dio un beso rápido en la mejilla a Lucas. —Guárdame un baile por los viejos tiempos, Lucas.


—No estoy seguro de que sea una buena idea. Noah es mi amigo, —dijo. Ella se echó el pelo sobre su hombro y desfiló de vuelta a la mesa donde estaban reunidas sus chicas. —Bueno, ahora has conocido a Sonia, —susurró Henry. —Sí, lo hice. Ahora, ¿qué quiero ordenar? —Natalie miró el menú. El calor irradiando de la espalda de Natalie hacia su brazo estaba a punto de quemar agujeros en su piel. Su cerebro relampagueó con imágenes de sus largas piernas enredadas con la suya en sábanas suaves. «Blue Christmas/ Navidad Azul» estaba sonando en el restaurante y de repente las sábanas en su mente era del color de sus ojos. Escuchó las palabras sobre ella desaparecer y cómo tendría una Navidad azul sin ella, pero él no quería pensar en eso. —¿Se volvería loco Noah si bailas con ella? —susurró Natalie. —Es só¿olo que no creo que sea correcto. Bailaras la danza de la medianoche conmigo, ¿verdad? —Ese es un baile muy importante en cualquier fiesta en Texas. ¿Seguro que quieres encender esa red de chismes? Lucas dejó caer la mano de la parte posterior de la silla y cerró los dedos alrededor del hombro de Natalie. Se inclinó hacia ella y le susurró en voz baja—: Estoy muy seguro, y gracias. Señor, su aliento era cómo puro fuego sobre su piel y olía cómo el cielo y el infierno mezclados juntos. Si hubo alguna vez un diablo usando tejanos azules, él estaba sentado a su lado y se llamaba Lucas Allen. Él no estaba jugando limpio, tocando su brazo de esa manera y susurrándole seductoramente al oído. Bueno, cómo su madre le dijo una vez: «Lo que es bueno para el ganso es bueno para la gansa». Ella extendió la mano bajo la mesa y la colocó en su muslo. Le sintió su inhalación brusca y supo que él estaba sintiendo cada resquicio de calentura al igual que ella. Ella apretó suavemente y subió la mano otros cinco centímetros. —Ahora, antes de que nos interrumpieran, te estaba preguntando acerca de tu condado en Panhandle —dijo Jack.


—Es un mundo pequeño. Mamá recuerda a Henry y su esposa de cuando fueron a pasar la Noche Buena, cuando ella recién acababa de comprometerse con mi padre —contestó ella. Las cejas grises de Henry bajaron hasta que fueron una línea sólida. —¿Cuál era su nombre de soltera? —Adams. Mis abuelos son Dollie y Walter Adams —agregó Natalie. Las cejas de Henry volvieron a su lugar y se rió entre dientes. —Los conocí bien. Estuve en la misma Asociación Angus con ellos durante años hasta que dividimos el estado así no teníamos que viajar todos tan lejos. No los he visto desde aquella época, probablemente debido a que ese fue el año en que Ella Jo murió. Eso sería en el Condado de Briscoe, ¿verdad? —En Silverton. Solo tenemos dos ciudades en todo el condado —dijo. —Eso se debe a que tu padre es dueño de la mitad del condado —comentó Lucas. Natalie vio un rápido movimiento en la mesa detrás de ellos y miró por encima del hombro. Sería pedir demasiado que Sonia se cayera de la silla y muriera, pero seguramente Dios podía hacer que se ahogara casi hasta la muerte. O incluso darle un mal dolor de estómago así tendría que irse a casa temprano. Pero la expresión de la mujer decía que le gustaría utilizar esa botella de vino en el centro de la mesa cómo un arma contra ella, en lugar de beberla. Natalie sonrió y movió los dedos hacia ella de un modo infantil. —Ciertamente no de la mitad, pero sí de una gran parte. — Natalie se volvió a mirar a los hombres—. Aunque con lo que posee Mamá, podría ser más de la mitad, sin embargo. —¿Y cuál es la otra ciudad? —preguntó Grady. —Quitaque —dijo ella. —Me acuerdo de ese lugar. No es deletreado cómo suena. Gracias a Dios que la forma en que se pronuncia, «kit-a-key», está disponible en el cartel de bienvenida o yo y Ella Jo nunca nos hubiéramos dado cuenta. —¿Cómo se deletrea? —preguntó Lucas. Ella dijo que las cartas lentamente.


—La mayoría de la gente quiere decir «quit-ick» o «quit-ache». Silverton es la capital del condado y la corte judicial está en la plaza. No hay mucho en la ciudad, pero salimos adelante. Tenemos una ferretería, una empresa de granos y ginebra, y un lugar para comprar el gas y la leche. El resto conducimos a la ciudad al igual que lo hacen ustedes. —¿Cuál es la población? —preguntó Grady. —En algún lugar cerca de ochocientos fue la última vez que hicieron la cuenta. No muy diferente de Savoy. Lo suficientemente grande como para ser una ciudad y tener una oficina de correos. Lo suficientemente pequeña para que todo el mundo conozca los asuntos de sus vecinos. —Ella sonrió. La mano de Lucas en su brazo se volvía cada vez más caliente. Ella quería recoger el menú y hacerse aire con él, pero estaban a mediados del invierno y el restaurante no estaba tan cálido. Se alegraría cuando su comida llegara así él tendría que quitar el brazo para cortar el filete que había ordenado. —¿Ustedes tienen coyotes por ahí? Mira, el bebé se ha dormido. Natalie movió su mano más arriba por su muslo otro par de centímetros. ¡Maldita sea! Tocar su pierna la estaba poniendo casi tan caliente cómo él tocándole el brazo. —Yo puedo sostenerlo —dijo Natalie. Eso le daría una razón lógica para ponerse de pie y caminar alrededor de la mesa para aupar al bebé. De esa manera no iba a perder la lucha. Jack negó con la cabeza e hizo una cuna para Joshua cruzando una pierna sobre la otra. —Ves, puedo comer y cuidar de él. Es cómo montar en bicicleta, cariño. Yo solía sostener a Lucas de ésta manera durante los momentos de la comida. —Si se vuelve demasiado pesado, yo lo sostendré y sí, tenemos problemas con coyotes. Pero luchamos con los lobos también. Una manada de ellos acabaría con un ternero en cuestión de segundos —respondió ella. —¿Y es por eso que tienes una pistola de color rosa? —Lucas apretó su hombro con suavidad y luego instaló la mano más cerca


de su cuello. Piel desnuda contra piel desnuda. Sus entrañas estaban hirviendo de calentura. Otro par de centímetros o más que subiera por su muslo y ella sabría a ciencia cierta si él también estaba teniendo problemas. —Tengo una pistola de color rosa porque la quería y tengo una licencia para portarla. Tengo un rifle calibre veintidós que se encarga de los lobos y los coyotes. Mamá me enseñó dos cosas. Dispara directamente y no desperdicies munición. —Tu mamá es una mujer buena —dijo Jack. Sus bebidas y la botella de champán llegaron y Henry le pidió a la camarera si les podía verter el champán frío para ellos. Él se puso en pie y alzó su copa. Lucas tuvo que mover su mano para sostener la copa. Natalie tenía que mover la de ella por la misma razón. Empate, pensó. Ninguno de los dos retrocedió ni un poco, pero gracias a Dios por el champán o quién sabe lo que podría haber sucedido. —Por el regreso de Lucas a casa —dijo Henry. Cinco copas tintinearon juntas y todos bebieron el champán burbujeante. Jack levantó la copa y dijo—: Por mi hijo. No pasó un día sin que me preocupara por ti, y me alegro de que estés en casa. Y por Natalie por estar aquí para ayudarnos a través de este difícil momento sin Hazel. —Gracias —dijo ella, y levantó su copa de nuevo cuando vio Grady ponerse de pie. Grady se paró y sostuvo su copa hacia Lucas y Natalie. —Júntense, chicos. Este es para ustedes, por traer un bebé a nuestras vidas. No nos dimos cuenta de lo mucho que lo extrañábamos. Y estoy muy feliz de que estés en casa también, Lucas. Por la mirada en el rostro de Sonia, ni una sola palabra fue un desperdicio. Si el Condado de Fannin se parecía en algo al Condado de Briscoe, mañana por la mañana todo el lugar podría pensar que Joshua pertenecía a Lucas. Cómo es que eso podría haber ocurrido cuando él se encontraba en Kuwait y ella estaba en Texas, era un misterio. Pero bueno, los rumores pueden hacer milagros y realizar


magia, y tenían alas que les llevaban más rápido que el viento en un tornado.


Capítulo 9 Traducido por Viqijb & ஓ¥anliஓ Corregido por Liraz

Natalie comprobó todo una vez más antes de llevar a Joshua a la habitación para tenerlo listo para la noche. Las mesas de seis se extendían a lo largo de la sala, el estudio y el comedor. Árboles de Navidad en miniatura adornados con luces parpadeantes y pequeños adornos se encontraban en el centro de las mesas cubiertas con manteles a cuadros rojos y verdes. Comida para picar, postres festivos; incluyendo tarta de nuez y pasteles de cereza y queso, estaban en largas mesas contra la pared al fondo del comedor. El bar portátil estaba justo dentro del comedor. Un camarero con pelo gris, camisa blanca, pantalones negros y chaleco rojo esperaba a servir, agitar o mezclar, cualquier cosa que los clientes quisieran. El personal del catering mantendría las mesas refrescando y pasando entre los invitados con bandejas de plata llenas de flautas de champán y canapés. En una escala mucho más pequeña, le recordó a Natalie las fiestas del rancho de víspera de Año Nuevo en el rancho Clark y de pronto se sintió nostálgica. —Probablemente estemos en casa para esa fiesta, Joshua. — Habló con el bebé acostado en medio de la cama—. Tu abuela nos podrá perdonar por Navidad, pero nunca por la fiesta de Año Nuevo. Su teléfono sonó en la melodía que decía que Debra estaba llamando. —Hola, mamá, justo le estaba diciendo a Joshua sobre la fiesta de Año Nuevo. Debes de tener percepción. —Tengo más que percepción, Natalie. ¿Qué está mal con ese vaquero y todos esos hombres? —Mamá, me estoy preparando para esta cosa de fiesta a casa abierta de Navidad en Cedar Hill. ¿De qué estás hablando? —Vamos a empezar por Henry, ¿que está mal con él?


—Nada. Es un dulce abuelo que ama a Joshua y se siente solo por su esposa. Navidad era su fiesta favorita, por lo que se imagina que ella está aquí con él durante todo el mes. No esta desquiciado. Oigo la voz de Drew en mi cabeza, también. —Tú y Drew eran dos guisantes en una vaina. Estuviste casi tan conectada como Leah y yo, así que no me sorprende. Ahora dime acerca de Jack —dijo Debra. —Jack me recuerda a papá. Solo que sin ti. Su esposa lo dejo para criar a Lucas él solo. Bueno, no solo, con la ayuda de Grady, Henry y Hazel. ¿Por qué estás haciendo todas estas preguntas ahora mismo? Debra hizo uno de sus humphhhs. Se prolongó a través de un par de respiraciones y eso irritó como la mierda a Natalie. —Siempre has querido arreglar todo. Si te lo hubiésemos permitido, habrías tomado cada perro callejero en el entero maldito estado. Es como si tuvieras un sexto sentido que te hacía señas. Y no vamos a hablar sobre Drew y cómo lo tomaste bajo tu ala. —Estos no son perros callejeros, mamá. Ninguno de ellos está roto. Soy yo la que está rota esta vez, y todos ellos están tratando de ponerme de vuelta junta —dijo. ¿Era por eso que los animales aparecían todo el tiempo? ¿Estaba, sin saberlo, arrastrándolos a su lado? Bueno, si era así, necesitaba romper el hechizo porque las cabras en el techo y las gallinas en la cocina no eran una buena cosa. —Yo debería estar haciendo eso —dijo Debra. —A veces, dios trabaja de maneras misteriosas, mamá. —Ve y disfruta de tu fiesta, y promete otra vez que estarás en casa para Año Nuevo. —Lo prometo y te amo, mamá —dijo Natalie. Colgó el teléfono y miro su reflejo en el espejo de pie de la cocina. Se había vestido con sus mejores jeans, botas y un suéter azul festivo de Navidad que se hundía hacia abajo en la parte delantera. Añadió un pequeño colgante de zafiro que le había dado Drew cuando volvió la primera vez de Kuwait. —Oh, Drew, si no hubieras estado tan ansioso por volver allí. No tenías que ser voluntario para una tercera gira —dijo. El salón estaba lleno de conversación y nadie notó cuando ella


y Joshua hicieron su aparición. Se quedó en las sombras, junto a la escena de la Natividad, y miro por encima de la multitud. Henry estaba hablando con un compañero de más edad sobre el ángel de madera en el mantel. Jack y Grady, evidentemente hablaban de toros, por los gestos de sus manos. Lucas estaba sentado solo en la mesa, metido en un rincón. Él le llamó la atención y palmeó la silla a su lado. Ella asintió y comenzó a avanzar. Solo había dado dos pasos cuando la puerta principal se abrió y Sonia entro como la reina del baile con un vestido rojo brillante de terciopelo que se detenía a mitad del muslo. Tenía cuello alto, con un muy apretado collar con incrustaciones de grandes piedras con cada color del ornamento del árbol. Las mangas de gasa que fluían en su brazo, se detenían en la muñeca por las mismas piedras. Su cabello rubio estaba recogido en una corona de risos de modo que ni una chispa de sus pendientes brillantes se perdería. Ella envió una sonrisa de labios apretados a Natalie y se dirigió directamente hacia Lucas. Natalie se sintió mal vestida, alta, desgarbada y francamente normal en todo el brillo y glamour que paseaba por la habitación. —¡Mierda! —murmuró Natalie—. Lucas no me dijo que íbamos a tener una fiesta de graduación. Sonia se inclinó y le dio un rápido beso en la frente de Lucas. —Lucas, todo es absolutamente hermoso. Pedí la nieve solo para ti porque sabía que la necesitarías después de tantos meses allí en la arena. —Bueno, gracias por hacer eso. ¿Dónde está Noah? —Lucas arrastró las palabras. —Está en camino. Le dije que las chicas y yo llegaríamos juntas. —Está bien. Bueno, si me disculpan, señoritas, Natalie y Joshua acaban de llegar. —¿Puedes creer la nieve en Savoy? —dijo una de las amigas de ella—. ¿Recuerdan nuestro último año? Nevó para la fiesta, pero no así desde entonces. Otra rió. —Ese fue el año en que todos los chicos nos llevaron afuera en


nuestros bonitos vestidos y nos rodaron por la nieve. Mi mamá tuvo un ataque cuando llegue a casa con el vestido húmedo. —Estoy seguro de que maduramos más allá de eso —dijo Lucas. La puerta principal se abrió y media docena de grandes vaqueros hicieron su camino al interior. Se quitaron los sombreros, los colgaron en un largo y estrecho estante justo dentro de la puerta y se dirigieron directamente hacia Lucas, en circunferencia a él, todos hablando a la vez. Sonia suspiró. —Me gustaría que no tengamos que hacerlo. Chicas, vengan aquí y déjenme presentarles a la señorita Clampett. —Su aguda voz canturreó al otro lado de la habitación. Natalie la oyó y apretó los dientes, pero ella se fue derechito al bar sin siquiera reconocer a la mujer. Pobrecita, ella ni siquiera sabía cómo hacer una pelea de gatas. —Señorita Clampett, quiero que conozca a mis amigas —dijo Sonia a unos pocos metros a su izquierda. Natalie se volvió ligeramente y sonrió. —Bueno, hola. No me había dado cuenta que me estabas hablando a mí. Mi nombre es Natalie Clark. Todas pueden llamarme Natalie, dado que probablemente soy más joven que cualquiera de ustedes. No lucen todos adorables esta noche. Es como el baile, ¿cierto? —Nos gusta vestir elegante para las fiestas. —La mirada de Sonia cayó a las botas de Natalia y viajó desde allí hasta su cabello— . Dios, eres realmente alta. Estabas sentada la otra noche y no me di cuenta de lo alta que eres. —No sé qué tan alto es Dios, pero si estás hablando de mí, probablemente mida 1,80 cm con estas botas puestas. —No seas una listilla —susurró Sonia tan bajo, que solo Natalie pudo oírla. Natalie decidió ignorar el comentario. —¿Qué estás bebiendo? Marvin aquí puede servirte lo que quieras. Sonia gruñó con su nariz ante la cerveza en la mano de Natalie.


—Tenemos champán, chocolate y niñas rosas, no cerveza, cebo y municiones de mujer. Oímos que disparaste a un coyote. Natalie apoyó la cadera en uno de la docena de taburetes que estaban en el bar. —Lo atrapé con una sola bala. Tomaré cerveza siempre por sobre el champán, adoro pescar y armar mi propio cebo, y si sacara mi arma estarías mejor corriendo, o diciendo tus plegarías. Sonia no dio marcha atrás ni un poco. —Debe de ser por eso que eres tan grande. Has hecho cosas de hombre toda tu vida y Dios simplemente te mantuvo creciendo y creciendo. Natalie sonrió dulcemente. —Nunca pensé eso de esa manera. Solo pensaba que Dios me hizo alta porque mis padres lo son y que Él me dio una mamá que me pudiera enseñar a disparar entre los ojos a una serpiente cascabel desde cincuenta metros. Tu seguro tienes grandes ojos, Sonia. Sonia se estremeció. —Cambiemos de tema, ahora, porque quiero hablar de Lucas. ¿Cuándo lo conociste? —Sonia subió una cadera hasta un taburete de la barra y el resto de las chicas siguieron su ejemplo. —Hace unos once meses. ¿Todas se graduaron con Lucas o fueron a la escuela con él? En ese preciso momento, Lucas apareció a su lado. —Veo que Sonia te presenta a la escuadrilla de porristas de la preparatoria Savoy. ¿Quieres que me llevé a Josh por un rato, cariño? Me gustaría presentarlo a los chicos. Tan pronto como saluden a papá, al abuelo y a Grady, se dirigirán al bar. —Él extendió su brazo y deslizó a Joshua de los brazos de ella al suyo. Se preguntó que sentiría cuando llevó al bebé a través de la habitación para presentarlo a sus amigos. Se rumoreaba que Joshua le pertenecía. ¿Pensarían, los tipos de ahí, que se parecía a Lucas? —¿Dónde conociste a Lucas? —preguntó Sonia. —Eso no es importante. Vamos a darle a tus chicas algo para tomar y entonces puedes decirme sus nombres cuando encontremos una mesa. —Natalie hizo un gesto a Marvin—. Las bebidas primero y luego los nombres. De nuevo, yo soy Natalie Clark, no Clampett.


Sonia debe pensar que me parezco a Daisy Mae. Es alta como yo, pero ella es rubia y tiene un cuerpo mucho más magnifico. Señor, mataría por la cintura que ella tiene. Sonia lanzó otra mirada asesina a ella. La mujer estaba loca si creía que asustaría a Natalie con miradas malvadas. Evidentemente, por la forma en que sus “chicas” la adoraban, ella tenía un lado para la gente que le gustaba y otro para los que no. Natalie sonrió. —Sonia no tiene que presentarse, pero al resto de ustedes no las he conocido. Natalie usó la asociación de palabras y puso a un animal con cada mujer. Lisa era el zorro con su nariz inflada. Melody era el cardenal, con todo ese pelo rojo. Cassie le recordaba a un cachorro golden retriever por la forma en que se aferraba a cada palabra de Sonia. Jolene era sin duda un coyote con esa hambrienta mirada en sus ojos. Y Franny era un gato persa con la nariz chata. Cuando llegó al final de la fila, Natalie se dio cuenta que el único animal que se le ocurrió para poner con Sonia era una zarigüeya. Se hizo la dormida cuando toda ella estaba a punto de hacer su próximo movimiento. —Quiero un martini de manzana —dijo Sonia al camarero después de las presentaciones—. Y quiero saber esa historia sobre tú y Lucas. Natalie las llevó a una mesa, levantó su cerveza cuando ellas se sentaron y saludó. —Es un placer conocerlas a todas. Tenemos que reunirnos a almorzar algún día y me cuentan historias sobre Lucas. Y, Sonia, buena suerte en tu boda. Las bodas en Navidad son tan encantadoras y dulces. Oigo un bebé inquieto. Esa es mi señal para retirarme, señoras con sus bebidas. Se encontró con Lucas en el medio de la habitación. Pero él no le entregó a Joshua. Le indicó con un gesto de la cabeza el pasillo. Ella lo siguió, preguntándose en qué demonios estuvo él hasta ahora. Abrió la puerta de la habitación donde ella había estado durmiendo y la cerró cuando estuvo dentro. Sacó el chupete de Joshua del bolsillo de su camisa y lo metió en la boca del bebé. Al instante detuvo su inquietud e hizo ruidos enojados de succión.


Natalie se sentó al borde de la cama. —Él solo quería eso. ¿Por qué dejaste que haga alboroto? Él se dejó caer en una silla mecedora, bajó al bebé a su pecho y puso la silla en movimiento con el tacón de su bota. —Debido a que tenía que salir de allí por unos minutos. Sentí como si las paredes se cerraran hacia mí, y todo ese ruido sacudió mi cabeza. Incluso la música me crispaba los nervios, y me encanta Marty Stuart, pero los tambores sonaban como disparos. Hace apenas poco más de una semana estaba en Kuwait, Natalie. Ajustarse es más difícil de lo que pensé que sería. Drew dijo que volver no era tan fácil como irse. No estaba preparado para una multitud, pero no podía decepcionar a mi padre y a mi abuelo. Ella se sentó en su lado de la cama. —Drew tenía problemas, también. No quería ir al cine o a cualquier lugar que hubiera ruidos fuertes o charlas en exceso. Dijo que incluso el informe no lo tuvo preparado para hacerle frente a casa la primera vez. Pensó que sería más fácil la segunda vez, pero no fue así. Lucas asintió. —Sonia es todo un trabajo —dijo ella. Él inclinó la cabeza hacia atrás y cerró los ojos. —Siempre lo ha sido. Ella se quitó las botas y se tendió en la cama. —¿Quieres hablar? —No, solo quiero disfrutar la paz. Josh fue un gran éxito con los chicos. Todos dijeron que se parece a mí. Increíble cómo un rumor puede crearse y viajar tan rápido, ¿cierto? —bostezó. —¿Estás seguro de dejar que ese rumor siga corriendo? — preguntó. No respondió, porque los dos, él y Joshua, estaban dormidos. *** El trabajo de Drew era conducir el latón por la base. Esa mañana Lucas tenía que acompañarlos y Drew estaba apurándolo.


—¡Vamos, hombre! Saca el plomo de tu culo. Soy el conductor, por lo que es mi culo el que será masticado si no estamos a tiempo. Y a tiempo significa cinco minutos antes del tiempo establecido — había dicho Drew. Entonces el teniente asomó la cabeza por la puerta y gritó que Allen se reportara a la tienda del comandante de inmediato. —Se supone que tengo que salir esta mañana —dijo Lucas. —Ya no más. Hay un gran problema y el comandante dice que te necesita en este momento —dijo el teniente. Drew apretó su hombro y corrió fuera de la tienda. Lucas terminó de atarse las botas y apenas había dado un paso fuera cuando oyó la explosión. Se cubrió los ojos con el dorso de su mano y vio humo negro salir de la arena de color marrón claro para palidecer el cielo azul. En su sueño, Lucas corrió en cámara lenta en esa dirección. Sus pies eran como plomo, pero tenía que llegar a Drew a sacarlo de todo ese humo. Gritó, pero nada salió de su boca. Siguió gritando. —¡No, no! ¡No puedo decirle a Natalie! Se despertó con lágrimas en los ojos y con un bebé en sus brazos en lugar de Drew. —Tu padre era un héroe —le susurró Lucas al bebé durmiendo. Natalie dormía. Su pelo oscuro creando un halo alrededor de su cabeza y pestañas negras se desplegaban en sus altos pómulos. Él puso a Joshua en la cuna, quitó las pequeñas botas, y le cubrió con una manta liviana luego miró a Natalie. Extendió la mano para empujar un mechón de cabello de su mejilla, pero sus ojos se abrieron antes de que él la tocara. Se sentó en un movimiento fluido. —Dios mío, ¿cuánto tiempo he dormido? ¡Vaya anfitriona que soy! —Diez minutos como máximo. Mira el reloj. Llegamos aquí a las nueve y sólo ha pasado un cuarto de hora. Nada mal para conseguir que un bebé inquieto se duerma, ¿verdad? ¿Estás lista para salir de nuevo ahí y enfrentar a los monstruos? Ella levantó las manos por encima de su cabeza y rodó su cuello para desentumecerlo.


—No, pero supongo que no se puede evitar. Me siento un poco como el patito feo, con todo ese glamur y el brillo a mí alrededor. Preferiría quedarme aquí y leer un buen libro, pero eso decepcionaría a los chicos. Se inclinó y rozó un beso en sus labios. —Tú, querida, eres la mujer más bonita que hay aquí. No dejes que te afecte Sonia. Ella es toda plumas y sin corazón. La mayoría de la gente ni siquiera se da cuenta de eso o si lo hacen, como por fin lo hice yo, se tarda mucho tiempo. Se irguió en toda su altura y le tendió una mano. Ella la tomo con una y recogió el monitor de bebé con la otra. —Deja la puerta entreabierta. Tengo el monitor, pero me siento más cómoda si la puerta no está cerrada —dijo ella. Sólo habían dado un paso en la ruidosa fiesta de nuevo cuando Sonia y Noah cruzaron la sala, viniendo directo hacia ellos. Pobre viejo Noah parecía que estaba siendo tirado por una mula. —Tengo una pregunta, querido. ¿Es realmente tu hijo? —¡Santo cielo, Sonia! —Noah rodó los ojos—. Lo siento, Lucas. Ella tiene problemas para aguantar su licor, y ya ha tenido tres martinis. —Quiero saber, querido. —Sonia se tambaleó un poco y se aferró a Noah por apoyo. Lucas desenlazó sus dedos de los de Natalie y tiró su brazo alrededor de su hombro. —Está bien, Noah. Y para responder a tu pregunta, Sonia, eso es un asunto entre Natalie y yo. —Ir por ahí te cambió, Lucas —dijo ella. —Sí, lo hizo —dijo Lucas. —Voy a la mesa de postres. Mis chicas están tratando de decidir entre el pastel de queso y la tarta de nuez. Puedo tener ambas cosas. —Ella le dio un guiño a Lucas y se balanceó en esa dirección en sus tacones de aguja. Lucas frunció el ceño. —Ella es problemas, Noah. Noah asintió. —El corazón quiere lo que quiere y el mío quiere a Sonia. —No va a ser fácil —dijo Lucas.


—Nope, pero eso está bien. Lo fácil nunca es lo mío para tener de todos modos. Papá siempre decía que en nuestra familia un hombre sólo da su corazón una vez. Lucas palmeo una mano sobre el hombro de Noah. —El abuelo dice lo mismo sobre un hombre que da su corazón. Noah asintió con seriedad y salió por la puerta principal. Lucas volvió a mirar a Natalie. —No me gusta el drama. ¿Quieres bailar? —No es la medianoche. —Hay más que un baile en la noche, querida. —Seré dulzura, mejillas dulces, o incluso bebé, pero no soy querida. No después de escuchar a Sonia llamarte así esta noche — dijo Natalie. —Entonces, mejillas dulces, ¿puedo tener este baile? — preguntó. Ella bajó la cerveza y se deslizó del taburete de la barra. Él tomó un largo trago de la que el camarero acababa de destapar antes de tomar su mano entre las suyas. *** Ellos estaban en camino a la pista de baile cuando alguien abrió la puerta para salir al porche por un poco de aire fresco y tres cachorros se precipitaron al interior como un huracán, corriendo debajo de las mesas y alrededor de las patas de la silla. Uno pasó corriendo junto a la silla de Sonia y se detuvo el tiempo suficiente para pasar una lengua desde la rodilla hasta la cadera, luego agarró el borde de su vestido y tiró. Ella golpeó al perro, derramó su martini, y chilló como un gato con la cola atrapada en una sierra circular. Sus chicas corrieron en su ayuda, pero el cachorro había lamido rápidamente el martini y levantado una pata para hacer pis en su zapato.


Natalie reprimió una risita y ayudó a Lucas a acorralarlos en el pasillo. Hasta ahí llego el hermético corral, pero el grupo entero de cachorros se habían redimido a sí mismos por lo de las gallinas y las cabras cuando el más energético de ellos levantó la pierna sobre Sonia. Él acababa de cubrir una multitud de pecados de mascota, y esperaba que el martini no le hiciera mal. Noah salió del cuarto de baño a tiempo para ver lo que estaba pasando y recogió un cachorro en sus brazos. Agarró al segundo, pero se retorció y se le escapó de las manos y se metió directo en la habitación de Natalie. —Me hare cargo de ese bicho, lo sacare. —Grady cogió al cachorro. Noah negó con la cabeza. —Tengo un buen agarre firme en él. Te veré en los corrales cuando captures a los otros dos. Si el mequetrefe ese despertaba a Joshua, Natalie recuperaría toda la redención que le había dado. Y si realmente tenía algún tipo de radar ultrasónico de poder mental que atraía a los animales y perturbaba su vida, ella deseó que alguien activara el interruptor y apagara la maldita cosa. Estaba extrañando un baile sexy con Lucas. Ella y Lucas entraron de puntillas en la habitación para encontrar los últimos dos cachorros sentado al lado de la cuna portátil, meneando sus colas y lloriqueando. Joshua estaba sonriendo a pesar de que estaba profundamente dormido. Ella y Lucas, cada uno recogieron un perrito y se quedaron mirando al bebé durante unos segundos más. La sonrisa se desvaneció y él durmió plácidamente. —¿Crees que él estaba soñando con el futuro, cuando pueda correr en el patio y jugar con los cachorros? Tal vez fue una especie de telepatía de bebé y perrito que los llama aquí —dijo Lucas. —¿Quién sabe? Creo que son sólo perros de caza vivaces que le gusta la gente. Natalie Clark nunca había creído esa cosa que su madre decía sobre los animales. Más todavía, estaba esa cosa loca con los pollos. Grady se estiró por ambos perros cuando estuvieron fuera de la habitación.


—Ustedes regresen y tengan un baile o dos. Noah y yo nos haremos cargo de estas criaturas. Te juro que si pudiera encontrar el camino por el que se escapan del corral, lo cerraría con concreto. Al pasar junto a la puerta del baño, Natalie pudo escuchar a las chicas de Sonia asegurándole que su vestido no estaba incluso roto y que habían lavado toda la baba y el orina de perro de su pierna. —¿Pero mis zapatos? —gritó Sonia. —No es más que uno y ya está seco —dijo Melody. —¿Podríamos probar esto una vez más? —preguntó Lucas—. ¿Puedo tener este baile? Natalie puso la mano en la suya. —Con mucho gusto, señor.


Capítulo 10 Traducido por ஓ¥anliஓ & Marijf22 Corregido por Meellc

Joshua se inquietó y se mordió el puño todo el tiempo mientras Natalie cambiaba su pañal y le ponía su pijama de broches. Cuando se sentó en la mecedora y puso la goma del biberón en sus labios, él se pegó con un suspiro y cerró los ojos. —Vaya vaquero de fiestas que eres. —Ella se echó a reír. Él se acurrucó aún más en sus brazos—. Te quedas dormido antes de que este en pleno apogeo, olvidas tu merienda de las diez, y ahora a las once quieres comer. Él sonrió alrededor de la goma, pero no abrió los ojos. El ruido de la fiesta se filtraba por el pasillo y oyó el timbre profundo de la risa de Lucas. Henry dijo algo, pero ella no pudo distinguir las palabras, sólo distintos y separados tonos. Botas en la madera sonaban como golpes de tambor al comienzo de una canción country. Se detuvieron cerca de su dormitorio y la puerta del baño se abrió. Cómo rayos habían logrado pasar la noche con sólo un cuarto de baño en la casa era un milagro. El granero donde se celebraba la fiesta en Silverton tenía baños para vaqueros y vaqueras y cada uno podía acomodar a tres personas a la vez. Joshua terminó su botella, eructó una última vez, y se relajó en sus brazos. Eso significaba que estaba completamente dormido y ella podría ponerlo de nuevo en la cuna, pero lo sostuvo unos minutos más. *** Lucas escaneaba la habitación cada pocos segundos para ver si Natalie había regresado. No había esperado ser hipnotizado por los ojos marrones de Josh mirando fijamente a los suyos cuando él lo


tomó de los brazos de Natalie esa noche. Diablos, hace una semana, ni siquiera había planeado tener que tocar a ese chico. Ahora, él quería pasar de puntillas al dormitorio y decirle buenas noches. Y eso fue sólo después de que lo cargara por la habitación por un tiempo. ¿Cómo se sentiría en Navidad cuando Hazel volviera y Natalie se fuera? Cuando él la había arrastrado hacia sí para bailar y había enterrado la cara en su pelo, toda la habitación desapareció. Estaban en una nube, con nada más que el sonido de un piano country tintineando en el fondo. Y se había sentido completo por primera vez en su vida. Había tenido su primera cita a los catorce años, cuando él le había pedido a Melody el baile de San Valentín en la escuela. Había habido tres relaciones bastante seria antes de Sonia. Y luego en, los próximos años, había pensado que estaba enamorado de ella. Consultó el reloj de la repisa de la chimenea ardiendo: 11:30. Tantas noches que había cerrado los ojos en el calor insoportable allá y pensando en una fría noche de invierno con el sonido de un crujido de leña al fuego. Podía visualizar todos y cada adorno en el árbol, escuchar todas las historias sobre ellos, y Natalie siempre estaba allí a su lado. Entonces la veo por primera vez con una pistola en una mano y un bebé en la otra. Esa es la realidad, amigos. Echó un vistazo a la sala una vez más. Cada clic en el segundero del reloj duró horas y los minutos eran la eternidad, más de cuatro días. Él había renunciado a volver a verla esa noche, cuando ella le tocó el codo y le dijo: —Yo creo que es la media noche y este es nuestro baile. Apenas escuchó la música ir de una canción country Navideña a un vals lento cuando ella envolvió ambos brazos alrededor de su cuello. El mundo desapareció mientras arrastraba a Natalie más cerca con sus brazos alrededor de su cintura. Ellos encajaban tan bien que ni siquiera tenía que doblarse para susurrar en su oído ni oler la dulce fragancia de su perfume. —Mira a esos tres chicos en la esquina. Están vigilando cada movimiento que hacemos —susurró ella.


—Los dos sabemos que están jugando a los casamenteros, Natalie. Lo que tenemos que hacer es ignorarlos y tomar nuestras propias decisiones acerca de nuestra relación —dijo. —No me sorprendería si no tienen un plan elaborado con el DJ esta noche. —¿Es esa Anne Murray? —preguntó—. Me acuerdo de esta canción. Papá solía tocarla cuando yo estaba pequeño. —Sí, es Anne, y la canción es de principios de los años ochenta. Es la canción de mamá y papá. Ellos han estado bailando esa desde antes de que yo naciera. Cuando le pregunto a mamá sobre eso, ella sólo sonríe y dice que yo la bailare algún día y lo entenderé —dijo Natalie. Anne cantó que ella siempre recordaría la canción que estaban tocando la primera vez que bailaron y sabía que ella se había enamorado. Se preguntó si podía tener este baile y si él iba a ser su compañero para el resto de su vida. —Escucha esas palabras. Ellos se están entrometiendo a lo grande, ¿verdad? —dijo Lucas. —¡Oh, sí! —Están haciendo muecas como un montón de zarigüeyas comiendo uvas a través de una cerca de alambre de púas —susurró Lucas. —Es lindo, ¿no? —¿Qué? ¿Ellos o la imagen de las zarigüeyas? —Él la sostuvo más cerca. —Ambos. Mi abuelo dice cosas como esas sobre las zarigüeyas. A veces consigue un montón más gráficas. —Natalie jugueteó con su cabello—. También podríamos darles algo para sonreír. Él rosó un beso en sus labios cuando estaban bajo el muérdago. —¿Sonriendo como una zarigüeya recogiendo semillas de una tortilla fresca de vaca? Ella se rió y plantó los pies con firmeza. —¿Qué? —preguntó.


Ella presionó su cuerpo tan cerca del suyo que ella podía sentir su pulso acelerado y arrastró sus labios a los de ella para darle un beso más largo. —¿Sabes lo que me estás haciendo? —dijo arrastrando las palabras. —Sé lo que estás haciéndome a mí. Si se trata de la misma cosa, entonces es un milagro que el calor no esté derritiendo esas pequeñas bayas blancas del muérdago —dijo. Él se rió entre dientes. —En eso tienes razón. La canción terminó demasiado pronto. Podría haber sostenido a Natalie en sus brazos toda la noche allí mismo, en medio de la sala de estar. No le importaría si la misma canción sonaba una y otra vez durante horas. Y él bailaría alegremente con ella el resto de su vida. ¡Whao, hoss! Sus pensamientos llegaron a un abrupto fin. No estás listo para ese tipo de compromiso. *** Los invitados se habían ido todos. Los servicios de restauración habían empacado y se fueron. Al igual que los vaqueros en un bar del Salvaje Oeste; Henry, Jack, y Grady cada uno tenía una cerveza en la mano y sus botas apoyadas en la mesa vacía más cercana del árbol de Navidad. —Caray, chicos, creo que eso es la mayor cantidad de gente que hemos tenido en una fiesta. Me alegraré cuando traigan mi sillón reclinable de vuelta en la casa mañana —dijo Grady. Jack asintió. —Toda la comida se acabó. El bar está casi aniquilado. Y tenemos la iglesia mañana por mañana, así que mejor engullamos estas cervezas y tomemos un par de horas de descanso. —Sí, deberíamos o vamos a ser los Reyes Magos de aspecto más desgastados en la obra de la iglesia —dijo Henry. Natalie no quiso gemir pero lo hizo. —Lo siento —dijo ella tímidamente.


—No tenemos que ir. Espero que estos Reyes magos puedan adorar al niño Jesús sin nosotros allí. —Lucas bostezó. —Eso no va a pasar. —Jack movió la cabeza de lado a lado—. Si vamos a ser los Reyes Magos, entonces Joshua va a ir a la iglesia a vernos. El vello en los brazos de Natalie se erizó. De alguna manera ella sabía por la forma en que Henry estaba radiante lo que venía. —¿Quién será el niño Jesús? —dijo Lucas. —La muñeca de alguna niñita. Mary Alice y Jake consiguieron a una chica y ella es una de esas del tipo exigente, por lo que serán María y José, pero el bebé va a la guardería. El nombre de la niña es Ziva y eso no parece adecuado para un niño Jesús de ninguna manera —dijo Grady. —Es un nombre Israelí —dijo Natalie a la defensiva. —No me importa qué clase de nombre es. Es una niña. Dios podría enviar relámpagos a través del techo de la iglesia. Jesús era un niño, un rey, no una reina —dijo Henry. El bostezó y dijo—: Ahora es el momento de que me vaya a casa. Jack, tu puedes llevarme. Es sólo un poco más lejos en el camino de tu casa, y yo no veo nada demasiado bien en la noche. Natalie, cariño, no te molestes con el desayuno. Nos reuniremos todos en la iglesia a las once en punto. —Estoy listo para la cama también. Me alegro de que el barracón no esté a una milla de distancia. Han sido un par de días largos, pero la fiesta ha valido la pena —dijo Grady. Jack tiró sus botas fuera de la mesa, terminó su cerveza y se puso de pie. —Olvidé decirles a todos ustedes que puse a unos obreros a que llevaran mis cosas a mi casa mientras las movían. La casa es toda tuya de nuevo, hijo. Natalie, puedes extenderte por el pasillo si quieres. Todo lo mudé. Natalie cubrió un bostezo con la mano. —Buenas noches. Nos vemos todos mañana por la mañana. Estaba a mitad de camino a su habitación cuando la música empezó a sonar de nuevo y Lucas le dio un golpecito en el hombro. Se dio la vuelta, al mismo tiempo que él dio un paso más y chocaron. Lo único que le impidió caer fueron sus brazos


fuertemente a su alrededor. Caerse o arder de deseo: ambas opciones asegurarían una larga, larga noche. —Parece como si estuviera predestinado que siga cayendo en tus brazos —dijo. —¿Puedo tener este baile, señora? Uno sin público y la música de nuestra elección —dijo arrastrando las palabras. El dio dos pasos hacia atrás con ella entrando a la sala de estar mientras Randy Travis cantaba Honky Tonk Luna. Él cantaba sobre mesa de billar, bolas blancas, y los problemas que parecían derretirse a través de la neblina de humo. Un piano country cosquilleaba las teclas mientras la letra decía que tenía los brazos alrededor de su bebé arrastrando los pies en el suelo con la luna honky tonk brillando y todo estuvo bien. —¿Me estás diciendo que quieres jugar al billar? —bromeó Natalie. —¿Tú juegas? —Oh, sí, yo juego. ¿Tienes una mesa escondida en algún lugar? —No, pero conozco un pequeño bar justo como del que Randy está cantando y apuesto que podríamos encontrar una luna honky tonk. Vamos a tener que ir alguna vez. —¿Por qué, Lucas Allen, me estás pidiendo una cita? —dijo coquetamente. —Lo estoy. Apuesto a que los tres Reyes Magos vigilarán a Joshua para que nosotros podamos ir a lanzar unos cuantos juegos y tomar una cerveza o dos —dijo. Ella se rió. —¿Dónde está el honky tonk? —Entre Savoy y Bells. Vamos a tratar de ir un viernes por la noche ya que es noche de karaoke. ¿Vas a cantar? —Diablos, ¡no! —dijo—. ¿Y tú? —Te apuesto a que puedo patearte el culo en el billar y si lo hago tú tendrás que cantar —susurró. —Si me ganas, lo haré. Si te gano, tienes que cantar tú, así que será mejor que practiques toda la semana en la ducha. Mamá me enseñó como lanzar un malvado juego, y yo soy condenadamente buena, vaquero —dijo.


—Tu mamá debe ser muy astuta —dijo Lucas. —Sí, lo es, pero la abuela es la jefa. Ella puede manejar una cuerda, encargarse del ganado, cocinar una comida digna de un rey, y créeme, ella puede disparar mejor que yo o mamá —dijo Natalie. Ella levantó la vista para ver qué tipo de reacción le había provocado. Él tenía los ojos entrecerrados, sus oscuras pestañas revolotearon contra sus mejillas. Ella se humedeció los labios y se alistó para el beso, pero nada la preparó para el chisporroteo cuando su boca encontró la de ella y la canción comenzó de nuevo. Escuchó las palabras acerca de una nube de humo azul. Se preguntó si el cantante habría experimentado el mismo tipo de montaña rusa emocional en la que ella había estado durante dos semanas. ¿Era el humo el resultado del candor en su beso? ¿Era la luna honky tonk3 quien sacaba a relucir el deseo ardiente de las personas de las que hablaba la canción? El primer beso fue dulce. El segundo fue hambriento y brusco. Su lengua provocó a sus labios para que se separaran y él le hizo el amor con los labios y la lengua, mientras ambos se aferraban el uno al otro en una oscurecida sala de estar. Ella se apoyó en su pecho duro y, que Dios la ayude, pero deseaba que estuvieran acostados en lugar de erguidos. Sus pies dejaron de moverse al ritmo de la música. Su mano le ahuecó la parte posterior de su cuello, y sus dedos masajearon suavemente esa piel delicada justo debajo de la oreja. Ella se inclinó hacia el toque para obtener el efecto completo y su boca abandonó la de ella, dirigiéndose a la parte suave de su cuello largo y delgado. Él podría haber permanecido justo allí por el resto de la noche porque sus labios enviaron ráfagas de calor a través de su cuerpo con cada beso. Pero justo cuando pensó que iba a explotar, él comenzó a dejar un reguero de besos ardientes hasta alcanzar su oreja, luego a través de sus párpados, y regresó a su boca. Él se sentó en una silla y la atrajo hacia su regazo. Travis había comenzado a cantar Forever and Ever, Amen. Sí, oh sí, pensó ella, seguir con esto para siempre jamás. 3

Luna Honky Tonk: Es un estilo musical de blues.


Él tiró de su camisa por fuera de sus pantalones vaqueros y luego sus manos estuvieron en su caja torácica desnuda, acariciándola como alas de mariposa. La rodearon hasta llegar a la parte trasera donde agarraron la banda de su sujetador de encaje y fueron a los ganchos en la parte posterior. Ella se echó hacia atrás y lo miró. La pregunta no necesitaba palabras. Si ella negaba con la cabeza o decía "no", él le daría el beso de las buenas noches. Como un caballero, la acompañaría hasta la puerta de su habitación y la besaría de nuevo. Pero sin siquiera parpadear, ella levantó la mano y desabrochó el primer botón de la camisa de él y fue bajando repitiendo el proceso, un botón a la vez. Entre botones besó ese amplio pecho duro, provocando sus pezones hasta que se convirtieron en pequeños nudos apretados. Cuando se abrió el último botón, ella apoyó la mejilla contra su pecho. —Tu corazón late con fuerza —susurró. —Está manteniendo el mismo ritmo que el tuyo —contestó él. Él la cogió en sus brazos y la llevó por el pasillo, depositándola suavemente en una cama enorme cubierta con un edredón del mismo color marrón suave que sus ojos. —Eres tan condenadamente hermosa —susurró con voz ronca. —Todavía tengo encima dos kilos y medio de grasa de bebé. Él quitó sus manos y dijo: —¡Oh, Dios mío! ¿Es demasiado pronto para esto? Ella negó con la cabeza. —Joshua tiene casi tres meses de edad. Yo podría haber hecho esto hace tres semanas. No es demasiado pronto. Se tendió a su lado y la abrazó de nuevo. Se tomó su tiempo quitándole la camisa y el sujetador, jugueteando con su piel dejando caminos de besos en sus costillas, sus senos, y en esa tierna parte del cuello justo debajo de su oreja. Ella se estremeció y se arqueó hacia él, y él ni siquiera había intentado quitarle el cinturón. —Me siento como si pudiera incendiarme en cualquier momento —dijo ella. —Cariño, quiero decir, “mejillas dulces”, yo ya estoy en llamas —dijo.


Ella se sentó a horcajadas en su cintura y rápidamente le quitó su camisa de su cuerpo y luego saboreó cada centímetro de su piel desde la cintura para arriba. El cinturón no se retiró de los bucles cuando consiguió abrir la hebilla, así que ella lo dejó colgando y le bajó la cremallera a sus pantalones vaqueros. Estaba erecto y listo cuando ella deslizó su mano dentro. —¿Sin ropa interior? —le preguntó. —Es infernalmente mucho más cómodo. Ahora me toca a mí de nuevo. Ha sido un largo, largo tiempo, Natalie. Me gustaría jugar mucho más tiempo, cariño, pero yo ya estoy a punto de explotar — se quejó. —Yo siento lo mismo con respecto a la parte de explotar — susurró ella en voz baja—. Y ha sido un largo tiempo para mí también. Estaba demasiado agotada para siquiera recordar mucho sobre la última vez. Él se movió lo suficiente para terminar de desnudarla, pero no tanto como para tener que retirar la mano. Arrojó los vaqueros de ella a un lado y le bajó la ropa interior un centímetro a la vez, acariciándola y saboreándola a medida que lo hacía. Le besó los dedos de los pies y luego fue avanzando por su cuerpo. En el momento en que llegó a sus labios, ella envolvió sus largas piernas alrededor de su cintura y sus lenguas hicieron una danza de apareamiento. —La primera vez podría no durar mucho tiempo —le advirtió él. —Puedo aguantar hasta diez —jadeó ella. —¿Qué significa eso? —Apuesto a que la décima vez dura mucho, mucho tiempo. — Alguna que otra palabra salió de su boca, intercaladas entre los hambrientos y exigentes besos. Él se deslizó dentro de ella con un empuje largo y fuerte. Ella gimió y trabajó con él, meciéndose en el momento adecuado para proporcionarles a ambos el máximo placer. La condujo a impresionantes alturas media docena de veces y luego retrocedió antes de que sus embestidas finalmente se volvieran más cortas y rápidas. —Dios, eso se siente tan bien —dijo ella.


—Lo sé —jadeó él. —Me voy a caer de este precipicio y moriré —gimió ella. —¿Lista? —jadeó. Señor, el hombre arrastraba las palabras incluso cuando tenía sexo. Ella logró asentir con la cabeza, pero no tenía el aliento para decir una palabra más. Él deslizó sus manos bajo su trasero y con una docena de rápidas y furiosas embestidas, la hizo alcanzar el mayor clímax que había conocido jamás, antes de que él dijera algo que sonaba muy parecido a su nombre y se derrumbara encima de ella. —¡Santo infierno! —Las palabras salieron con un profundo y gutural gruñido cuando él pudo respirar de nuevo. —¡Mmmm! —Ella apretó las piernas, pero no había palabras para describir la ingravidez que se sentía. No quería que él se fuera. Nunca, ni en ninguna experiencia, había sentido tanta pasión, y ella no quería que terminara jamás. —Eso fue... ¡wow! —comentó ella finalmente. —Es porque ha pasado mucho tiempo —dijo él. —No, fue impresionante. Nunca... —jadeó. —¿Nunca qué? —Él jugó con un mechón de pelo que le había caído sobre un ojo. —Nunca sentí como si mi cuerpo y mi alma se separaran y yo flotara. —Ella inhaló profundamente y enderezó sus piernas. Él rodó hacia un lado y la atrajo con fuerza en sus brazos. Ella recordó una escena en un programa de televisión donde la pareja volvía a caer sobre las almohadas, miraban fijamente al techo, y jadeaban. El espectador sabía lo que había pasado antes de ese gran momento, incluso si no lo habían visto. Hasta esa noche ella había imaginado que aquellas escenas en realidad sólo existían en guiones para actrices y actores. Ella se estremeció. Él envolvió el lado de la colcha que les rodeaba y la besó en la frente. —Bueno, mejillas dulces, podría llevarme unos minutos volver a recomponerme para una segunda ronda después de eso. —¿Quién necesita diez cuando una es perfecta? —murmuró adormilada.


Tener relaciones sexuales con un hombre mucho más alto era una experiencia completamente nueva. Ella podía enterrar la cara en su cuello en lugar de mirarlo a los ojos. —Lucas, esto no va a hacer que las cosas se vuelvan incómodas entre nosotros, ¿verdad? Él se apoyó en un codo y estudió su rostro ayudándose por la luz de la luna, que entraba a través de los minúsculos agujeritos de la persiana en la ventana de la habitación. —¿Por qué lo preguntas? —Porque eso sucedió entre Drew y yo. Lo más loco es que los dos estábamos tan borrachos que no estábamos siquiera seguros de lo que había sucedido. —No, no va a ser incómodo. No hicimos un juramento para ser sólo amigos para siempre y después de lo que acabamos de hacer, ni caballos salvajes o el fuego del infierno podría obligarme a realizar uno. —Él se rió entre dientes. Él se dejó caer de espaldas y ella se instaló de nuevo en la curva de su cuerpo musculoso. Los colores parpadeantes de las réplicas se atenuaron mientras cerraba los ojos y se quedaba dormida.


Capítulo 11 Traducido por Nadya Corregido por GrizeldaDC

Natalie para la iglesia vestía en una falda larga de mezclilla, suéter azul brillante y botas. Ella hizo una bandeja de rollos de canela rápidos de una masa dulce de galletas por la mañana ya que ella sólo tenía que cocinar para dos. Ellos estabas a punto de sacarlos del horno cuando una ráfaga de viento invernal sopló a Lucas hacia la puerta de atrás. —Es mejor abrigarse bien antes de ir esta mañana... ¡guau! Te ves preciosa, y, ¿esos son rollos de canela? No tienes que tomarte tantas molestias—él dijo. —No es ningún problema. Sobre lo de anoche… —dijo ella. Ella nunca había sido de las que se sientan en la valla o se preocupan por algo de un día. Como un viejo toro Angus suelto en una tienda de lujo de China, ella se ocupaba de los problemas de frente. Él colgó el abrigo y el sombrero en una percha y levantó una ceja. —¿Lo de anoche? Pensé que fue bastante impresionante teniendo en cuenta que no he tenido sexo en casi un año. —Yo no quiero que nos haga incomodar —dijo ella. Lucas sirvió una taza de café y ella se sentó a la mesa con él. —Te extrañé esta mañana. Pensé que estabas pegada a mi espalda, pero cuando me di la vuelta era la almohada. Si iba a ser raro entre nosotros, yo no habría querido que todavía estés allí en la cama conmigo. —Joshua se despertó a las dos por su biberón —explicó. —Me lo imaginaba. Tú podrías haber vuelto a la cama después. Tienes esa cosa del monitor —dijo él. Ella dejó la bandeja de rollos de canela en la mesa y se sentó frente a él. —Empecé a hacerlo, pero pensé que podría estar empujando mi suerte.


—Pensé que los chicos tuvieron suerte. —Una gran sonrisa sexy dividió la cara de Lucas, y había risa en sus ojos. —Sabes lo que quiero decir. Hemos sido tan buenos amigos y... —Como te dije anoche, no soy Drew. Él me gustaba. Era mi amigo y lo echo de menos. Pero yo no soy solo tú amigo, Natalie. No hemos estado en un largo tiempo. Ahora pásame esos rollos de canela. Mi boca está haciéndose agua —dijo. Joshua se movió e hizo un chasquido. Miró a uno y a otro, como si él tratara de decidir quién lo honraba con su sonrisa de la mañana. Lucas cambió de tema cuando cambió tres rollos en el plato. —Joshua se despertó en un buen estado de ánimo. Natalie lo aprecio más de lo que él nunca se daría cuenta, pero ella tenía que saber dónde estaban ellos. —¿Qué soy yo en este momento, Lucas? ¿Ama de llaves, cocinera, amiga, amante? Lucas echó hacia atrás su silla y rodeó la mesa. Puso una mano en cada uno de sus hombros y se inclinó para darle un beso. Él sabia a café caliente y dulces panecillos de canela. Cuando se retiró, dijo: —Yo quiero más que una amistad contigo, Natalie. —Está bien, puedo vivir con eso —dijo ella. La besó de nuevo y pasó una mano por su brazo. Sus hormonas comenzaron a tararear y pidieron más. —Lucas, Joshua esta... Él puso un dedo sobre sus labios antes de que ella pudiera terminar. —No creo que a él le importa si compartimos un beso. —Eso no es lo que quise decir. —Yo sé lo que quieres decir. —Él se sentó en su lado de la mesa y salió a buscar sus rollos de canela—. Deberías haberme hablado de él, Natalie. Él es un buen chico y me gusta mucho. —Quería conocerte tanto. Tus visitas eran lo único que me mantuvo la mayoría de los días inmediatamente después de que Drew murió. Y luego, cuando empezamos a hablar por teléfono los fines de semana y las cosas estaban yendo de la amistad a algo más,


tenía muchas ganas de decirtelo. Pero tenía miedo de que me dijeras que permaneciera lejos de ti. Así que vine y luego Hazel cayó y, ¿por qué iba ella a hacer que me comprometa a estar aquí de todos modos? Él se inclinó sobre la mesa y cubrió sus manos con las suyas. —Hablé contigo todas las mañanas antes de ir a trabajar. Hablé con Hazel y papá y el que más estaba en la casa todas las noches antes de irme a dormir. Supongo que les hablé de ti, así que sabía lo mucho que significabas para mí. ¿No les dijiste a tus padres acerca de mí? —¡Diablos, no! —Ella lo dijo en voz tan alta que Joshua saltó. Sus cejas oscuras se dispararon tan altas que parecía que habían tocado el techo. —¿No lo hiciste? —No fue sino hasta la semana pasada. —¿Por qué? Ella se encogió de hombros. —Consecuencias. —¿Qué significa eso? ¿Te avergüenzas de mí? —Él frunció el ceño. Ella sacudió su cabeza enfáticamente. —¡Diablos, no! Mis padres y mis hermanos no creen en la cosa de citas por Internet. Ellos tendrían un ataque si supieran que yo te había conocido de esa manera y estaba llegando a la mitad de camino a través de Texas para conocerte. Pensarían que tú debías venir a Silverton si quería conocerme y debería salir con la forma correcta. Y eso significa sin Internet o nocturnas llamadas telefónicas. Y luego estaba la cosa de Drew, y nosotros habíamos hablado de la muerte, pero yo tenía miedo de que tú midas tus pasos y todo eso de todo lo que teníamos. Oh, demonios, Lucas, no tenemos tiempo para desenterrar el esqueleto en este momento. Su sonrisa regresó. —Tal vez esta noche nosotros podemos tomar un paseo a Sherman. Joshua esta probablemente conmocionado y alocado. Y nosotros vamos a elegir la diferencia entonces. ¿Qué piensas tú? —Eso suena bien. Tenemos media hora para llegar a la iglesia. Y todavía tienes que vestirse —respondió ella.


Él se tomó lo último de su café. —Voy a estar listo en diez minutos. Tú puedes seguir adelante y poner a Joshua en su asiento y yo voy a llevarlo al camión. Ah, y realmente te ves hermosa esta mañana. Tal vez no tan hermosa como estabas anoche con nada más que una sábana puesta sobre ti, pero hermosa de todos modos. Natalie se sonrojó de las uñas de los pies a las cejas. Cuando Joshua había comenzado a quejarse en el medio de la noche, ella había estado tan profundamente dormida que ni siquiera había oído el monitor hasta que él se levantó con un aullido real. Ella se había hundido fuera de la habitación de Lucas sin una prenda de ropa en su cuerpo. Cuando salió al pasillo, miró a la puerta del dormitorio de Jack y se alegró de que él se hubiera mudado a su propia casa. Ella había tirado de un camisón que apenas le llegaba a las rodillas y bragas limpias antes de que él hiciera nada. Joshua ya estaba furioso. Treinta segundos más no iba a hacer la más mínima diferencia. Lo llevó a la cocina y preparó un biberón. No había habido sonrisas o arrullos cuando puso el pezón en su boca. Se había aferró a él como si fuera la última cosa que él nunca iba a llegar a comer y la miró. —Eres como tu padre cuando tiene hambre, pequeño. Era un viejo oso también cuando tenía hambre, pero cuando te hagas mayor, tú no vas a conseguir lanzar ataques. —Ella sonrió mientras él se acomodó en su asiento de coche esa mañana—. Con suerte, tú conseguirás todo ese estado de ánimo y estarás bien esta mañana. Vamos a la iglesia, y no quiero ver uno de esos ataques de temperamento. Tú has tenido tu botella e incluso un poco de cereal de arroz, por lo que no debes querer volver a comer hasta el mediodía. La Iglesia debería estar terminando para entonces —le habló mientras sujetaba todas las correas. Las botas de Lucas sobre el piso de madera anunciaron que estaba en camino. —Asegúrate de que él esté bien empaquetado. Hace dieciséis grados por ahí y anuncian aguanieve de nuevo. No solemos conseguir esta cantidad de mal tiempo hasta febrero en estas partes. —Nosotros tampoco, en el Panhandle.


Ella no quería pensar en la nieve o incluso en la Navidad. Quería mirar a Lucas toda la mañana en vez de ir a la iglesia. Era tan sexy en esos pantalones vaqueros negros y camisa ligera de corte occidental bronceado. No era tan sexy mientras él había estado envuelto todo alrededor de ella en la cama la noche anterior, pero aún lo suficientemente para que hable demasiado para encubrir el efecto que tenía sobre ella. —Papá habló de esta tormenta. Él se preparó para que golpee el rancho, pero se debilita y nos pasa por alto en el norte. Oklahoma lo consiguió peor que nosotros. ¿Dónde está tu abrigo? Ella hizo un gesto hacia una silla en la sala de estar donde había cubierto su abrigo antes. El lugar todavía se veía como si tuvieran una fiesta la noche anterior. Las personas que eran dueños de las mesas y sillas estarían de vuelta por la tarde a recogerlos y la tripulación regresaría los muebles a su lugar correcto. Echó un vistazo al gran espacio abierto en medio de la sala de estar y se acordó de los bailes. Luego miró la escena de la Natividad. Desde el baile de la canción honky tonk luna a ir a la iglesia a escuchar la historia de la Navidad, todo en menos de diez horas. ¡Hable acerca choque cultural! Sus dedos rozaron sus brazos mientras la ayudaba a ponerse el abrigo, efectivamente haciendo su deseo realidad, ella todavía estaba bailando honky tonk luna en lugar de ir a la iglesia. Savoy, como Silverton, podrían ser pequeñas, pero mira por dónde, se celebra la Navidad. Ventanas brillaban con las luces de los árboles de Navidad y los patios estaban llenos de decoraciones. El aguanieve y la nieve prestaron el toque perfecto para la temporada. Bueno, eso y el muérdago, pensó Natalie. ¿Podría eso realmente tener magia en ella? Desde aquel primer beso bajo el muérdago, había sido diferente y hubiera sido muy, muy bueno. Pero aun así, Natalie mantuvo la guardia en alto. A veces, cuando el espectáculo de magia había terminado, todo lo que quedaba era el polvo de hadas y un soplo de viento. Lucas aparco en el lado oeste de la iglesia. —Todos soñamos con tener una blanca Navidad, cuando yo era un niño. Esto es realmente tiempo de Navidad, incluso si es una perra para trabajar.


—Recuerdo unas vacaciones que nosotros habíamos jugado al fútbol en el patio sin un abrigo, pero siempre soñé con navidades blancas también. Creo que fue porque pensamos que Santa Claus podría volar mejor en la nieve —dijo ella. —Me merezco este tipo de Navidad después de la última. Tuvimos una tormenta de arena que era la madre de todos ellos. Juro que incluso limitaba nuestra ingesta de líquidos, así que no tenías que ir fuera a los baños —dijo él. Ella se desabrochó el cinturón de seguridad y apretó el cuello de su abrigo alrededor de sus oídos. —Bueno, será mejor mantener la boca cerrada acerca de eso hoy en día. Él inclinó la cabeza hacia un lado. —¿Por qué es eso? —¿Crees que estas pequeñas personas de edad avanzada, como este tipo de clima sucio, o el cartero o las personas quienes están corriendo en todo el país reparando todos los saltos de líneas eléctricas debajo del hielo? Si se enteran de que Dios sólo se congeló hasta esta parte de Texas para ti, van a arrastrar tu culo sexy a la carretera y de la piedra a la muerte —dijo ella. Él se bajó del camión, corrió alrededor de la parte frontal, y abrió la puerta para ella. —Oh, tú piensas que mi culo es sexy, ¿verdad? Todo en él era sexy; desde su sonrisa a sus dedos. Y la forma en que la miraba la hacía sentir sexy. —¿Me vas a responder? —Hoy no. Tengo que ser buena porque los Reyes Magos estarán mirándome si no lo soy —dijo. —Apuesto a que María le dijo a José que su culo era sexy — dijo Lucas. —Si lo hizo, ella estaba hablando sobre el burro que montaba a la ciudad, y no hizo uso de la palabra sexy. Ella dijo que el burro era lindo. —Natalie se deslizó fuera del coche y ayudó a desabrochar el arnés que sostenía a Joshua en el asiento. Ella lo tomó en sus brazos, se colgó la bolsa de pañales por encima del hombro, e inclinó la cabeza contra el viento mientras se dirigía hacia la puerta principal.


Ella levantó la vista hacia el cielo gris justo antes de que subiera los tres escalones del porche. Lucas mantuvo la puerta abierta para ella. —¿Qué estás mirando? —Comprobando para ver si las nubes se han separado lo suficiente para rayos. Tú estabas subiendo derecho sobre un sacrilegio al hablar de la Virgen María como eso —dijo ella. Él la invitó a entrar con su mano en la espalda. Al segundo que caminaba dentro de la iglesia tibia, Sonia y Melody la agarraron del brazo. —Hay que poner al bebé en la guardería. Necesitamos tanto de ustedes para cantar en el coro, y tenemos que conseguir los trajes del coro. El tiempo ha mantenido a algunas personas fuera del país y estamos cortos —dijo Melody. —No, señora. No voy a cantar en un coro porque le prometí a los tres hombres sabios que son Grady, papá y el abuelo que Joshua estaría sentado justo al frente y pudiera verlos —declaró Lucas. Sonia frunció el ceño y golpeó el pie. —Necesitamos los miembros del coro. ¿Estás seguro de que ese chico no puede ir a la guardería? Natalie asintió. —Estoy muy segura. Él se queda conmigo. —Llevé a mis hijos al coro conmigo cuando eran pequeños. Puedo sostener a un bebé y cantar, y apuesto a que Natalie también puede hacerlo —dijo Melody—. Y hay un asiento de primera fila allí por la escena de la Natividad, le dará al bebé mucha mejor vista de los tres reyes magos. —Gracias —susurró Henry a su izquierda. Lucas hizo un guiño mientras seguía a Grady, Jack y Henry a una habitación diferente. —Los niños y niñas no llegan a vestirse en la misma habitación —lanzó ella por encima del hombro. Los trajes del coro de las damas estaban almacenados en un armario en la sala de la escuela dominical destinado a niños en edad preescolar, porque todas las sillas eran pequeñas y las mesas bajas. Ella maldijo y no tenía intención de poner a Joshua en una de esas mesas. Señor, él podía moverse fuera de allí y aterrizar en su cabeza.


El suelo no estaba ni siquiera alfombrado para amortiguar la caída si lo hacía. —Hola, soy Mary Alice —dijo una pequeña mujer de pelo oscuro—. Que niño lindo. Se parece mucho a Lucas. Mi niña, Ziva, se parece a la madre de mi marido. El pelo rojo y ojos azules. Tendremos que reunirnos y tener una cita para jugar cuando sean un poco más grandes. —Eso estaría bien. —Natalie eligió la túnica más larga en el armario. —Aquí, ya estoy vestida. Voy a mantener al bebé mientras consigues la bata —dijo Mary. Natalie dudó. —No lo voy a romper, lo prometo. Ziva es mi primera niña, pero ella es mi tercer hijo. Sé cómo sostener un niño pequeño —dijo Mary. Natalie desplazó al bebé en sus brazos y dejó la bolsa de pañales en una mesa cercana. —Es simplemente adorable con ese pelo oscuro, y me gusta la forma en que lo peinas como el pelo de un vaquero. Apuesto a que los chicos de la hacienda están locos por él —dijo Mary. —No tan locos como él está sobre ellos. —Natalie ajusto el cuello blanco y lo prendió abajo. —Tu túnica es la más larga que tenemos en la iglesia y es todavía demasiado corta. Me alegro de que la barandilla mantenga que todo el mundo vea sus piernas. Vas a estar sentada en la fila de atrás así que... —dijo Sonia. —No, no lo haré. Me sentaré en la primera fila. Me puede poner en el otro extremo y dejar las sillas detrás de mí vacía si mi altura es un gran problema, pero Joshua verá los tres hombres sabios, y él no puede desde la fila de atrás —dijo Natalie. —Suena como un plan factible para mí —dijo Mary. —Oh, está bien, —dijo Sonia con frialdad. Señor, ¿por qué no empaco su pistola en la bolsa de pañales en vez de un cepillo de pelo y espejo compacto? Ella sabía que Sonia estaría allí esa mañana. Esa noche salvaje de sexo le había podrido el cerebro y le impedía usar el buen sentido común con el que había sido bendecida.


Ella se dio la vuelta y allí estaba Sonia como un ángel de túnica blanca. Se mordió en su diminuta cintura con oro oropel de árbol de Navidad que hacía juego con el halo flotando tres centímetros por encima de todo ese gran pelo rubio. Grandes alas blancas mullidas salieron disparadas de su espalda y tomó un ojo entrenado para ver las bandas elásticas que los sostenían a ellos en el cuerpo menudo de Sonia. —¿Y bien? —Sonia hizo un giro de trescientos sesenta grados lentamente. —Estás preciosa al igual que lo estás todos los años —dijo Melody desde la puerta. Sonia miró a Natalie. Natalie sonrió dulcemente. —Tu tirante del sujetador negro está viéndose y puedo ver una línea fina de negro donde tu tanga descansa. Cuando las luces se enciendan, va a brillar. Yo solía decirles a mis chicas de baloncesto que nunca usen ropa interior negra bajo sus uniformes blancos. —¡Mierda! —Sonia se quedó sin aliento—. Melody, cambia conmigo. —Cariño, me pongo las bragas de abuela y mi sostén iría a tu alrededor dos veces. Tú estás por tu cuenta en este momento. — Melody se rió. —No te atrevas a reírte de mí. Ve por ahí y dile a Noah que de prisa vuelva a casa y obtenga un conjunto blanco —silbó Sonia. —Por supuesto. Enseguida vuelvo. Lo bueno es que llegamos aquí temprano, ¿no es así? —Si puedo deshacer el cinturón, creo que puedo hacer el cambio sin tener todo fuera —dijo Sonia—. ¿Cómo es Hawai de todos modos? Natalie frunció el ceño. —¿Por qué lo preguntas? —Ahí es donde quedaste embarazada de ese chico, ¿no es así? Noah dijo que Lucas tiene un par de días de R y R en Hawai. Tú ahí conociste a Lucas, ¿verdad? Así que, ¿cómo se siente en Navidad? He oído nunca nieva allí. —Sonia miró su reflejo en el espejo y aplicó el más pálido lápiz labial de color rosa mientras esperaba.


—Es complicado —dijo Natalie. —Me imagino que lo es. —Sonia rió. —Apuesto a que te dijo que no podía tener hijos, ¿no es así? —Eso es personal —dijo Natalie. Melody se apresuró a entrar y arrojó un sostén blanco y un par de bikinis de seda sobre una mesa. —Noah dice que has dejado esto en la camioneta anoche, así que no tenía que ir todo el camino a casa. Sonia hizo una media risita, pero ella no se sonrojó. Melody se echó el vestido de terciopelo azul sobre el respaldo de una silla y se puso la bata ángel. Ella era una rubia como Sonia, pero su pelo cortado en sacudidas que le rozaba los huesos de la mandíbula. Ella era un par de centímetros más alta y varias libras más pesada que Sonia. —¿Por qué iba a decirme que él no podía tener hijos? Sabes que Lucas siempre ha dicho que me iba a superar a la hora de los niños. — Ella ajustó la túnica, el cinturón, y luego ajusto el halo sobre su cabeza. —Es complicado. —La risa de Sonia era frágil. Golpes de escalofrío jugaron hacia debajo de la columna vertebral de Natalie. —Bueno, yo no tengo tiempo para escuchar una historia de largo aliento en estos momentos. Tengo que ir a cuidar de Tommy. Su padre no conseguirá nunca que se vea derecha. Ese es mi hijo mayor que está jugando al pequeño tamborilero hoy. Tengo cuatro chicos, —ella le explicó a Natalie mientras se deslizaba por la puerta—. Tan mal que odie hacerlo, voy a darte este niño bonito de nuevo. Tengo que ir a prepararme para mi casa. —Mary Alice entregó Joshua y dejó a Sonia y Natalie solas en la habitación. —Yo como que le mentí a él una vez. —Sonia hizo otra vuelta y miró a Natalie—. ¿Puedes ver mi ropa interior ahora? —No, te ves como un ángel, pero las apariencias engañan. ¿Por qué le mentiste a él? No puedo creer que tú seas un ángel, pero eso no tiene nada que ver contigo mintiendo, ¿verdad? Sonia se encogió de hombros y luego tuvo que adaptar una de sus alas.


—Yo no quiero hijos. Mi hermano tiene este problema mental y le dije a Lucas que yo no quería correr el riesgo de traer un bebé al mundo de esa manera. Fuimos a tomar las pruebas sobre la marcha y cuando regresaron, le mentí acerca de los resultados. No preguntó por verlos, así que... —Sonia agitó las manos en el aire mientras hablaba. —¿Qué le dijiste? —preguntó Natalie. —Odiaba la idea de que mi cintura consiga toda la grasa como Melody y mis senos se caigan y las marcas horribles en mi estómago —dijo Sonia. Los ángeles no se suponían que debían ser así. Pero entonces una mujer que tuvo un hijo sin una licencia de matrimonio y que habían tenido relaciones sexuales la noche anterior con un hombre que no era el padre del bebé no tenía mucho espacio para juzgar a los ángeles desobedientes. —Bien podría venir limpio sobre todo desde que tú ya sabes —dijo Sonia. —¿Saber qué? —Eso que puede hacer bebés. Le dije que la prueba dijo que sus nadadores eran débiles y que el médico dijo que sería necesario un milagro para él producir alguna vez un niño. Tenía miedo de que pidiera ver el informe o si quería ir al doctor conmigo, pero tuve suerte en eso —dijo ella. —Dios mío —susurró Natalie. Ella era tan fértil como un conejo si quedó embarazada en aquella época junto a Drew. Y la noche anterior estaba justo en el medio de su ciclo de ovulación, cuando sería al más alto. ¿Era un pecado mortal matar a un ángel en la sala de la escuela dominical? Tal vez Dios incluso le daría una medalla por estrangular a un ángel de la mentira, para que Él no tenga que patear a la perra del cielo. —Supongo que lo has averiguado, ¿verdad? —Sonia miró a Joshua. Natalie ni siquiera pudo asentir. —Escucho la música. Esa es la señal para que el coro tome sus lugares y para mí para entrar en mi escena también. —Sonia desapareció de la habitación en un torbellino de color blanco.


Las complicaciones se dispararon a un nivel completamente nuevo. Seguramente ella no se quede embarazada por segunda vez, como resultado de una aventura de una noche. Sostuvo Joshua fuertemente contra su pecho y levantó la vista para ver a Lucas de pie en el umbral. —Le dije a Sonia que estaba sentado a su lado para que yo pueda ayudar con Joshua. Aquí, voy a llevarlo. Basta de pensar, esta es tu primera vez cantando en el coro de la iglesia —dijo Lucas. Él llevó al bebé con un brazo y tomó la mano de Natalie. Se presentaron en el coro y se sentaron juntos en el otro extremo de la primera fila. Los ojos brillantes de Joshua tomaron todo y sonrió a los dos corderos blancos vivos atados al pesebre de madera. Hubo un momento de tensión cuando Sonia tomó el micrófono y dirigió el coro de "Noche de Paz". La música a todo volumen lo hizo saltar y por un segundo Natalie pensó que se iba a estallar un aullido, pero la música se tranquilizó y se volvió para mirar las luces. ¿Estarían los cuernos de Sonia por salirse de ese pelo rubio si Natalie ahogaba su cuello flaco hasta que se volviera azul? Sabiendo que Lucas podía producir sus propios hijos lo cambió todo. Jack, Grady y Henry no estarían tan empeñados en empujarlos juntos si eran conscientes de que podía llenar Cedar Hill con pequeños niños Allen reales de cabello oscuro o incluso niñas. Cuando terminó la canción, Noah se acercó al púlpito y leyó un versículo de las Escrituras acerca de los hombres sabios que vienen de lejos. Iba vestido con una túnica igual que el resto del coro. Evidentemente en la iglesia, en Saboya, Texas, todos los ángeles reales eran mujeres y había sólo tres de ellos. Su voz era profunda y resonante, y llamaba la atención. Él y Sonia harían bebés bonitos. Ambos eran rubios y tenía los ojos magníficos, pero Natalie se alegraba de que Sonia no quisiera niños. Simplemente sería suerte que Joshua crezca y se enamore de su hija. Sintió un movimiento y miró hacia arriba para ver a Henry guiñándole a ella de debajo de una corona de oropel. Su capa era de color escarlata y no importaba que él trataba de mantenerlos juntos, las botas y los pantalones vaqueros seguían viéndose. Jack llevaba una túnica azul brillante y la de Grady era de oro. Se inclinaron a la


muñeca y pusieron sus regalos envueltos en papel brillante en el pesebre. Noah llevó a los hombres en el coro de "Nosotros los Tres Reyes". Durante toda la canción, Joshua arrulló y le sonrió a los hombres sabios y de las expresiones en sus rostros, no eran sólo sabios, pero muy felices. Los dos corderos vivos se movieron hasta lo que sus cuerdas le permitieron y mantuvieron sus cabezas volviéndose hacia Joshua. Si ellos hubieran pensado en poner un poco de alimentación de cordero en el pesebre, tal vez la congregación habría visto más que sus pequeñas cortas colas meneándose durante toda la producción. Natalie se preguntó cómo María y José manejan el tema de que Jesús en realidad no pertenecía a José cuando tenían otros niños. Ellos deberían haber dejado a una mujer escribir al menos un libro en el Nuevo Testamento para que se hubieran registrado los detalles importantes. Otro hombre del coro leyó más escrituras y luego Sonia y Melody cantaron "¿Qué Niño Es Este?", sin música de fondo y con sólo unos pocos miembros del coro tarareando. Era un sonido impresionante y hermoso, pero Natalie todavía quería dejar calva la cabeza de la mujer y luego darle una bofetada por no tener pelo. Entonces el predicador tomó el púlpito y les recordó a todos que había una cena compartida en el hall de recepción. Aparte de la eliminación de las alas de los ángeles, todos los que habían desempeñado un papel debían quedarse en el vestuario. —Sí, los miembros del coro pueden colgar sus ropas en el respaldo. —Él sonrió. Hizo unos cuantos anuncios. Dos familias diferentes habían añadido a un bebé a sus familias durante la semana pasada. Una anciana de la residencia de ancianos había muerto y su funeral se celebraría el martes. El colgante de la ceremonia Verde se celebraría el próximo domingo por la mañana. —Y estoy recordando a todos una vez más que Sonia y Noah se casaran aquí en esta iglesia el día de Navidad a las ocho de la noche. La mayor parte de las festividades en torno a sus asuntos familiares serán terminadas para entonces, por lo que planifiquen


para cerrar el día por asistir a su boda. Ahora bien, si Henry nos despide con una palabra de la oración, todos vamos a pasar a la sala de la asociación. Natalie decidió que el lugar para decirle a Lucas sobre la gran mentira que Sonia le había dicho no estaba en la iglesia. Lucas habló a Joshua cuando terminó la oración. —Fuiste un buen chico durante una hora entera, pero veo que tú puño está a punto de ser masticado completamente. ¿Crees que mejor nos damos prisa a la sala de la escuela dominical y conseguimos un biberón hecho para ti? La gente los detuvo cada dos pasos para obtener una visión del bebé. Ellos no engañaban a Natalie ni un poco. Silverton no era mucho más grande que la col rizada y la razón por la que acudían a sus lados era más que una bienvenida a Lucas al hogar. Querían ver si Joshua parecía Lucas. Un anciano acribilló a Lucas en las costillas. —Tú te has escabullido un poco de nosotros, ¿no pequeño? Lucas sonrió al viejo. —Supongo que lo hice. Y ahora voy a tener que colarme para salir de aquí o vas a verlo lanzar un verdadero ataque a Allen. Él entrelazó sus dedos con Natalie. Ella no había sido bendecida con diminutas manitas delicadas. No con su altura. Pero se sentía pequeña al salir del santuario. —La verdad saldrá a la luz —susurró ella. —Tal vez no quiero que salga —dijo él desde el lado de su boca. Henry se acercó por detrás de ellos y le puso una mano en el hombro a Natalie. —Ustedes hicieron un muy buen trabajo. —Todo lo que hicimos fue cantar. Fueron ustedes los que hicieron un trabajo fantástico —dijo ella. —Bueno, eso es todo lo que hicimos también, pero Joshua hizo que valiera la pena. Él sonrió hacia mí. ¿Lo has visto? —preguntó Henry. —Joshua pensó que el oro que le dio el niño Jesús era brillante y bonito —bromeó Natalie.


—Chocolates cubiertos de oro. —Henry se rió entre dientes—. Tenía tanta hambre allá arriba como una estatua mientras Noah cantaba esa canción. Señor, eso fue para siempre, ¿no? De todos modos, me puse a echar un par de chocolates y comí allí mismo. Pero yo no quiero ir tentando a "Dios". —Henry tomó aire y continuó—: Ahora podemos ir a comer pechuga y costillas. Si yo hubiera tenido tu gran desayuno en lugar de una de esas cosas de cartón que aparecen fuera de la tostadora, mi estómago no habría pensado que mi garganta había sido cortada. —Bueno, no vayas sin un buen desayuno, de nuevo —dijo Natalie. —No lo haré. Créeme, después de preguntarme si me gustaría, pasaría hambre completamente hasta allí cuando yo era un hombre sabio, tú puedes apostar que no lo haré. Voy a estar allí cada mañana a partir de ahora, cariño. Ahora ustedes consigan todo lo que necesiten para Josh, y nosotros nos vemos allí. —Él los dejó en el pasillo y desapareció en el interior de la puerta, donde todos los buenos olores venían. Natalie cambió el pañal de Joshua mientras Lucas añadió cucharadas de polvo seco para el agua en el biberón. Él puso el tapón y la sacudió bien, entonces hizo una mueca. —¿Qué? —preguntó Natalie. —Pobre muchachito. Lo único que consigue es leche en polvo sacudida en el agua y estamos a punto de cenar la mejor carne de pechuga y costillas que Cedar Hill puede producir. —Piensa que él está haciendo carne y patatas. No le diga lo contrario —susurró. Ella reajusto su traje de punto azul marino con pies construido en él, puso un babero alrededor de su cuello, y lo sostuvo cerca de su cara. —Lo hiciste muy bien en el canto coral, muchacho dulce. Algún día puedes ser el pequeño tamborilero. Me siento mal, Lucas. Yo no sabía que iba a ser una cena o habría hecho algo para traer. ¿Hey, yo no pensaba que niños y niñas podrían estar en la misma sala del coro? Él negó con la cabeza lentamente.


—No, señora. Usted no puede sentirse mal. Suministramos toda la carne de esta fiesta cada año. Los peones fuman unos días antes y se congelan, entonces todas las damas lo calientan en el horno. Podía olerlo mientras estábamos allí en el santuario. Y por estar en la misma sala del coro, yo sólo voy a dejar mi bata esperando en el exterior de la puerta. Todos ellos sabrán que quería ayudar con el bebé. Natalie había captado el olor del humo también, pero se había dado cuenta que era el diablo abrasando alas de Sonia. Natalie haría con mucho gusto avivar las llamas, si él tenía. Noah fue la primera persona que pasó cuando se abrieron las puertas en el largo comedor. Le tendió una mano a Lucas y dijo: —El hombrecillo lo hizo bien en el coro. Recuerdo cuando Melody lo utilizo para mantener a sus bebés mientras ella cantaba. Lo que hace de ellos buenos es crecer en la iglesia. Todos ustedes vendrán a la boda, ¿no? Lucas estrechó la mano. —No me la perdería. —Gracias, Lucas. Eso significa mucho para mí, viniendo "de ustedes" —dijo él. Sonia se unió a él desde el otro lado de la habitación. —Y las chicas están tan entusiasmadas con una boda de Navidad. Noah echó el brazo por sus hombros, pero ella miró a Lucas mientras hablaba. —Todos sus hermanos vuelven a casa por Navidad, por lo que su gran familia entera estará aquí. Y mi hermana y hermano estarán en casa de la abuela, para que estén aquí. Va a ser la boda más bonita que esta ciudad ha visto jamás. Lucas mantuvo sus ojos en Joshua quien sorbió por su cena. —¿Quieres que eructe... Natalie? Ella captó la vacilación antes de decir su nombre. Él le debía una por no usar sus dulces mejillas allí mismo, delante de Noah y Sonia. —Tú sostén el biberón y lo haré. Entonces, ¿cuántos hijos planean tener ustedes dos? —Natalie sonrió a Sonia.


Sonia parecía un conejo acorralado con los ojos saltando de un lado a otro de la habitación y volviendo hacia Noah. Era lo suficientemente bueno para ella después de el truco que había utilizado en Lucas. —¿Qué piensas tú, Noah? —preguntó Sonia finalmente. —Crecí en una familia grande y me encantó —dijo él—. Pero estoy seguro que no quiero que muchos. Tal vez algunos chicos intratables como Melody y Jake tienen. Natalie sonrió a Sonia. —Bueno, cuatro es un buen número redondo. Siempre pensé que me gustaría tener cuatro como mi mamá. —Me parece bien —dijo Sonia. ¿La mujer siempre decía la verdad? Ella había mentido a Lucas y ahora el pobre Noah pensó que estaba recibiendo una familia fuera del matrimonio. —Tengo que ir a ayudar a conseguir las cucharas puestas en la comida. Desde luego que no podemos comer con nuestros dedos. — Sonia se rió nerviosamente—. ¿Por qué ustedes no toman al bebé para que Natalie me pueda ayudar? Voy a presentarle a las señoras de la iglesia. Natalie cambió Joshua a los brazos de Lucas antes de que pudiera llegar a él. La pelea de gatas apenas había comenzado y estaba más que dispuesta a llevarlo al siguiente nivel. Demonios, ella incluso podía agarrarla afuera en la calle. Tomaría prestado dos cuchillos de carnicero de la cocina. Quien viniera después de la pelea podría tener una segunda ración de ese pastel de capa de chocolate en la mesa. —Eso fue algo odioso para decir —silbó Sonia en el camino al otro lado de la habitación. —¿Y lo qué le hiciste a Lucas no fue malintencionado? — preguntó Natalie. —Estaba protegiendo a mi cintura, y además, nadie se queda enamorado de una mujer cuando ella está vomitando sus entrañas todas las mañanas y los tobillos están hinchados como si tuviera la gota —dijo Sonia. —¿Amas a Noah? —preguntó Natalie.


—Por supuesto que lo quiero o yo no estaría por casarme con él. Pero sólo para tu información, siempre voy a sentir algo por Lucas. Estuvimos juntos durante mucho tiempo, pero supongo que lo arruiné fuera de eso, ¿no? Si hubiera sabido que él podía hacer bebés, él habría utilizado protección y tú no estarías aquí hoy, así que no tendrías una oportunidad con él de nuevo, incluso si yo lo quería, que no lo hago. Pero, cariño, puedes estar absolutamente segura cada vez que está en la cama contigo, él está pensando en mí. Natalie se detuvo tan rápido que Sonia había dado dos pasos más antes de que ella se diera cuenta de que estaba sola. Ella se dio la vuelta tan rápido que su halo se cayó al suelo y se tropezó en la cola de su vestido de ángel. Natalie extendió la mano y agarró el hombro para evitar que se cayera. —¡Whoa! No se puede estar toda magullada para la boda — dijo. —Tú me hiciste tropezar —dijo Sonia. —Tú estabas a un metro y medio por delante de mí, muchacha. Yo no te hice tropezar. Noah es un buen hombre. ¿Por qué casarse con él si tú todavía tienes una cosa en tú corazón por otro hombre? —Tengo casi treinta años. Es hora de que yo este casada. — Sonia fue pisoteando hacia las mesas donde las damas estaban poniendo cacerolas tras cacerolas y demasiados postres para contar. Lucas estaba de repente al lado de Natalie. —¿Qué fue todo eso? —Sólo un poco de pelea de gatas amistosa. —Pero vas a decirme antes de la noche, ¿verdad? Ella cruzo su brazo en el suyo. —Las damas no hacen pelea de gatas y luego lo dicen. Sonia acorralado Melody y estaban susurrando y miraban hacia Natalie que parecía un verdadero ángel bajo la nube. Una visión de Sonia golpeando la tierra con un golpe tan duro que golpearía de reojo el halo puso una sonrisa en la cara de Natalie. —Si yo no tuviera tanta hambre, nos vamos ahora —él dijo. —Pero las damitas no llegarían a mimar a Joshua —bromeó Natalie.


No estaba preparada para la larga conversación que ella y Lucas necesitaban tener. En primer lugar, tenían que abordar el sexo. No más del sexo sin protección. Ella necesitaba un poco de tiempo para procesar las últimas veinticuatro horas. Una semana sería maravilloso, pero ni dos horas ayudaría. Su tía Leah siempre había dicho que ella era demasiada buena para su propio bien. Confiar venía fácil, pero ella había averiguado que había gente en la que no se podía confiar. —Y justo en la iglesia —murmuró ella. —¿Qué fue eso? —preguntó Lucas. —Nada. Tengo hambre. ¿Tenemos que esperar mucho más tiempo? Jack saludó desde el otro lado de la habitación y les hizo señas. —Willie aquí quiere echar un vistazo a Joshua. Dice que deberíamos haber dejado que Josh fuera el niño Jesús. Le dije que Josh quería cantar en el coro, él no se quedó allí sin nada que hacer. Lucas dirigió Natalie en esa dirección con la mano en su espalda baja. Un simple toque de la mano de un caballero no debía tener a una mujer pensando en el sexo en la primera fila del santuario. ¡Pero lo hizo!


Capítulo 12 Traducido por ஓ¥anliஓ & Viqijb Corregido por *elis*

—Este pequeño Angus fue al mercado. Este pequeño Angus se quedó en casa. Este pequeño Angus tuvo jamón ahumado. Este pequeño Angus no tuvo ninguno. Y este pequeño Angus, este pequeño Angus, este de aquí, gritó muu, muu, muu todo el camino a casa. —Henry se echó a reír cuando recibió una sonrisa del bebé. —Pensé que eran cerditos —dijo Natalie. —No en la casa de un hacendado de reses —dijo Jack—. Es mi turno para sostenerlo, Henry. Toda esa gente en la iglesia viene esta tarde justo condenadamente para robárnoslo. —Tendrás que esperar hasta más tarde, papá. Voy a darles a Natalie y Josh un recorrido por el rancho antes de que anochezca — dijo Lucas. —No puedes llevar a Josh a la cabaña sin que yo esté allí. Quiero ver su cara cuando la vea por primera vez. Tú y Natalie vayan y miren pero Josh tiene que quedarse con nosotros. Consigue las llaves del bolsillo de mi chaqueta así puedes entrar en la iglesia, mientras estás paseando por ahí —dijo Henry. —Josh prefiere quedarse aquí y jugar con nosotros que regresar a ese asiento de auto de todos modos —dijo Grady. —Eso es correcto —dijo Henry—. El bebé ha estado circulando suficiente por un día. —Eso no significa que lo sostengas todo el tiempo que ellos no estén —dijo Jack. —Sus pequeños huesos le dolerán si mucha gente lo carga — dijo Henry—. Además, tenemos que hablar un poco más sobre el ganado Angus, ¿verdad, Joshua? —¿Los hombres sabios? —murmuró Natalie. —O no tan sabios —susurró Lucas. —Adelante. Fuera de aquí. Tómense su tiempo —dijo Henry.


Lucas ayudó a Natalie con su abrigo. —No puedes luchar contra ellos. —A él le toca un biberón en una hora. Estaremos de vuelta para entonces —dijo. —Podemos leer las instrucciones y encontrar la manera de hacerle otro si tiene hambre —dijo Jack. —Su bolsa de pañales esta abastecido con todo —dijo. —Vayan. ¡Fuera! Salgan de aquí. Nosotros nos ocuparemos de este bebé y disfrutaremos de cada minuto que obtengamos con él — dijo Henry. El aguanieve se había detenido y ahora grandes hermosos copos de nieve flotaban del cielo de una manera perezosa. El viento había cesado por completo, por lo que iban a la deriva hacia abajo desde el cielo y aterrizaban en la sólida capa de aguanieve y el hielo cubriendo el suelo. Las briznas de la hierba, estaban cubiertas con una fina capa de hielo, estirándose para agarrar los copos y sosteniéndolos como una madre que protege a su hijo. Natalie sacudió la nieve de su cabello cuando se metió en el camión de Lucas. —Todavía faltan un par de semanas a partir de ahora, pero si no se levanta el calor, la primera Navidad de Josh podría ser blanca. —Lucas retrocedió el camión y luego empezó a bajar por un camino que no era más que dos surcos que conducen alrededor de la valla y hacia la parte trasera del rancho. —Vamos a tener que tomar fotos, no importa qué tipo de Navidad sea. Mamá la está pasando difícil con nosotros por haber desaparecido así. Ella nunca me perdonaría si no tengo fotos para mostrarle —dijo. —¿Qué tienes en mente? Josh va a estar bien con ellos. Lo único que pueden hacer es mimarlo tanto que vas a tener que cargarlo todo el tiempo —dijo Lucas. —¿Qué te hace pensar que hay algo en mi cabeza? —Te conozco desde hace casi un año y reconozco esa expresión. Estás preocupada por algo. ¿Lamentas lo de anoche? — preguntó.


—No —dijo ella—. Son esos tres hombres sabios de allá atrás. Se están apegando mucho a Joshua. Se les romperá el corazón cuando me lo lleve de vuelta a Silverton. Él se inclinó sobre el asiento y le puso una mano en el muslo. —Tiempo de confesión —dijo. —Yo no soy un sacerdote y este camión no se parece a un confesionario —dijo ella. —Es posible que no lo seas, pero tengo que decirte de todos modos. Realmente hable mucho de ti y yo les mostré fotos de ti y ellos saben que las posibilidades son casi nulas de que pueda tener un hijo alguna vez. —Hizo una pausa. —Y ellos pensaron que íbamos en serio antes de que yo llegara a Savoy, ¿verdad? —terminó ella por él. —¡Oh, sí! Y papá estaba preocupado de que a ti te gustaría tener hijos y que yo no pudiera producirlos y… —Otra pausa—, Joshua es como la guinda del pastel para ellos, y estoy muy de acuerdo con eso rumor que Sonia empezó con sus comentarios pedantes. Los neumáticos del camión crujieron en el césped congelado cuando se detuvo delante de una cabaña. Dos grandes árboles de cedro a ambos lados del pórtico estaban cubiertos de luces parpadeantes y espolvoreados con copos de nieve recién caída. La cabaña había sido construida con troncos labrados y el techo era de chapa metálica ondulada que tenía años y años de oxidación asomándose a través de la capa de luz de asentamiento de la nieve en los valles. Un árbol de Navidad totalmente decorado brillando en la ventana enviaba una variedad de colores asentándose en el suelo blanco. —Sí que lo hizo muy bien este año. Él se asegurará de que Josh lo vea en algún momento durante la temporada. —Lucas bajó del camión y se apresuró a abrirle la puerta a Natalie. —Pero esta tan lejos de todo que nadie lo ve —dijo Natalie. —La abuelita lo hace. El abuelo está convencido de que su espíritu viene al rancho cada diciembre y perdura por todo el mes hasta el Año Nuevo. Ella amaba las fiestas y él hace todo esto sólo para ella. Esa es la razón de que el lugar se llame Rancho Cedar Hill. El abuelo lo habría llamado Christmas Tree Hill, pero la abuela dijo


que no sonaba como el nombre de un rancho. Salieron a conseguir su primer árbol y lo encontraron en una pequeña elevación, por lo que lo llamaron Cedar Hill. Les recordó a los dos los árboles de Navidad. —Lucas pasó un brazo alrededor de los hombros de Natalie. El interior era cálido y acogedor, con el calor de los leños ardiendo brillantemente. Una gran habitación contenía una cama de hierro que había sido pintada de blanco contra la pared lejos del fuego. Una cocina se había establecido contra la otra pared, que consistía en un armario largo y una pequeña cocina con dos hornillas y un pequeño refrigerador. Un mantel tejido cubría una mesa que había sido pintada de color amarillo brillante. Una flor de pascua se situaba en medio de los paños individuales y las dos sillas al lado de la mesa estaban retiradas como si alguien acabara de levantarse. Las dos mecedoras frente a la chimenea estaban pintadas del mismo color. Natalie admiró la cabaña por completo de un vistazo. —¿No le da miedo dejar un fuego ardiendo? —Él dice que la abuela le diría si se prendiera el fuego y que vendría a apagarlo. —Lucas se quitó la chaqueta, la colgó en el respaldo de una silla, y luego ayudó a Natalie quitarse la de ella. Hizo un gesto hacia la mesa—. Toma asiento. Nos prepararé una taza de café. El abuelo dice que este es el mismo mobiliario con el que comenzaron. Pasaron cuatro años antes de que pudiera reunir suficiente dinero para construirle una casa de verdad. E incluso después de que se habían mudado a ella, ella furtivamente andaba por aquí los domingos. El abuelo la llamó su casa de juegos. Natalie se sentó en una silla y observó a Lucas preparar una jarra de café. —Entonces, ¿cuántas chicas has traído aquí? —preguntó. Él palmeó una mano sobre su corazón. —Me hiere que siquiera pienses tal cosa. La abuela no toleraría que trajera mujeres aquí sin supervisión. —Estoy aquí —dijo Natalie. —Pero...


Natalie nunca había visto a un hombre adulto ruborizarse así antes. Algo mucho más que sólo traer a una chica a la cabaña estaba pasando. —¿Y? —dijo ella. —El abuelo tendría mi pellejo si alguna vez traigo a una chica a la cabaña o a la iglesia con intenciones de besuquearme con ellas. Pero está bien si tú estás aquí porque yo le dije que pensaba que eras la indicada y que este mes podría contar la historia. —Y todo explotó en el infierno cuando viste a Joshua, ¿verdad? Sus cejas oscuras se juntaron hasta que se convirtieron en una sola línea. —¡Maldita sea, Natalie! Si la situación fuera al revés, ¿qué habrías pensado? ¿Y no crees que yo podría ser el elegido? ¿Por qué si no harías todo el camino a través del estado para encontrarte conmigo? Ella colapsó y se quedó sin habla. Lucas se pasó los dedos por el pelo. —¿Y bien? —Tú no me dijiste sobre las pruebas que tú y Sonia se habían hecho —susurró. —Eso es un poco diferente a un bebé de carne y hueso. —La tía Leah dijo que estas cosas de relaciones y citas por Internet era el por qué de que tanta gente estuviera desilusionada con las relaciones. Lucas sirvió café en dos tazas y las puso sobre la mesa antes de sentarse. —Nunca he creído en eso tampoco. Algunos de los chicos de por aquí se reunían con mujeres de allí, y yo les dije que estaban locos. —¿Por qué? —preguntó Natalie. —Porque para conocer realmente a alguien, tienes que vivir lo suficientemente cerca de ella para conocer a su familia, su forma de vida, y qué tipo de cono de nieve le gusta —dijo. —Y sin embargo, aquí estoy.


—Tú eres una ranchera. Vienes de una larga línea de rancheros y te gustan los conos de nieve de coco. La nuestra es una circunstancia inusual —argumentó. Ella tomó un sorbo de café. Negro y lo suficientemente fuerte como para abrir los ojos de una mujer. Eso es lo que ella le había dicho cuando él le preguntó si le gustaba su café. Había recordado los pequeños detalles como Drew siempre lo hacía. ¿Era Lucas el indicado para ella? La mano caliente de Lucas cubrió la suya. —Todavía tenemos un poco de tiempo. Nosotros no tenemos que ponerle los puntos a todas las íes y cruzar todas las tés esta noche. El contacto de su mano hizo callar el argumento que pasaba por su cabeza. Él apretó suavemente y cambió bruscamente de tema. —No he hecho nada de las compras de Navidad aún. Después de la cena de mañana por la noche, pensé que podríamos ir a Sherman y trabajar en eso. Santa Claus por lo general está en el centro comercial durante todo el mes. Podríamos llevar a Joshua para que le tomen una foto con él y tal vez tomar un helado en Braum’s después. —Sé dónde estoy ahora. ¿Qué hay de Joshua? —preguntó. —Él podría ser mi mejor amigo algún día. —Lucas sonrió. Ella podría vivir con eso por el momento. —Vamos a tomar nuestro café a las mecedoras. ¿Alguna vez te has sentado en la silla de una mujer alta? Él la llevó al otro lado de la habitación, pero no le soltó la mano. —Yo no sabía que las hacían para altos o bajos. Usando su bota, empujó las sillas lo suficientemente cerca para que él no tuviera que dejar ir su mano. Ella se sentó lentamente y suspiró. —¿Genial, no? La abuela era tan alta como el abuelo, lo que haría ella sobre tu altura. Ella decía que se sentía como si estuviera mordiendo sus rodillas en la mayoría de las sillas, por lo que el abuelo hizo esta pareja de sillas como su regalo de bodas. El asiento y las piernas son más largos de lo normal —explicó Lucas.


—Yo podría mecer a Joshua toda la noche en esta. Pero, ¿por qué no se las llevan a la casa grande cuando se mudaron? —Ella lo hizo, pero cuando murió, el abuelo las trajo de vuelta aquí. Él dijo que su espíritu nunca dejó esta casa y que él quería que ella tuviera sus cosas especiales cuando volvía de visita. Una lágrima se abrió paso por su mejilla. No podía dejar de lado la taza de café o su mano, por lo que hizo todo lo posible para ignorarla. —Esa es la cosa más dulce que jamás he oído. Eso es lo que quiero, Lucas. Una relación como la que tenían —dijo ella con voz ronca. —Yo también —susurró. Él dejó su taza en el suelo y alcanzó la de ella. Sin decir palabra, se la entregó y no protestó cuando el tiró de su mano. Ella se movió de la silla a su regazo y se acurrucó en sus brazos como un niño. Lucas Allen tenía un corazón bueno y fuerte, uno que había dado solo una vez en toda su vida, y ella lo quería para Navidad. Miró a sus ojos justo a tiempo para verlos cerrase en un aleteo. Apenas tuvo tiempo para humedecer sus labios cuando su boca cubrió la de ella en un hambriento y duro beso. Sus manos se deslizaron alrededor de su cuello y se acurrucó más cerca de su cuerpo. —¿Alguna vez has tenido sexo en una silla mecedora? — preguntó. —¡Muerde tu lengua, Lucas! Tu abuela podría estar en esta habitación en este mismo momento —susurró ella. —Si lo estuviera, ya se habría levantado de la silla. Creo que le gustas. Estudió su cara otra vez. Siempre había sido fanática de los vaqueros con ojos marrones, pero ninguno la había afectado como lo hacía Lucas. Las luces del árbol brillaron en sus ojos, creando un efecto suave y soñador. Luego se cerraron y sus labios encontraron los de ella en otro caliente y abrasador beso. En un minuto se mecían, y al siguiente la estaba llevando hasta la cama. Se sentía pequeña en sus brazos, por primera vez para ella porque casi en su 1,80 metros casi ningún hombre tenía la fuerza para levantarla como un saco de plumas y llevarla como a una


novia. La recostó en la parte superior de una hermosa colcha de anillos de boda y se tendió a su lado. —¡Oh, Dios mío! —Se quedó sin aliento. —¿Qué? —preguntó el. Se apoyó en un codo y le acarició con un dedo la mejilla. —¿Qué si tu abuela llega a casa y nos encuentra en su cama? —La abuela se fue, Natalie. El abuelo solo mantiene viva su memoria de esta forma. —No lo creo. Si Henry dice que ella llega a casa por las vacaciones, yo le creo. Lucas le dio un beso en la frente. Ella trazó la línea de la boca de Lucas con su dedo. —Eso me está poniendo condenadamente caliente. —Él metió la mano debajo de su camisa y la dejó sobre sus costillas—. Tu piel se siente como sábanas de satén. Me podría pasar todo el día acá y no hacer más que tocarte. Ella se acercó más cerca de él y cambió de tema antes de que las cosas fueran más allá. —¿Fuiste a la oficina del doctor con Sonia cuando ella trajo los resultados de la prueba? Él se olvidó del sostén, le tomó la mano y besó cada dedo. —No. Una vez en ese lugar fue suficiente para mí. ¿Por qué estamos hablando de esto? Yo más bien diría lo hermosa que eres y hablar de nosotros. —¿Viste los papeles con los resultados impresos en ellos? — preguntó. Él frunció el ceño y dejó caer su mano. —¿A dónde estás yendo con esto, Natalie? —¿Lo hiciste? —No, no lo hice. Ella me dijo lo que eran. Tuvimos una pelea infernal por ello, porque ella actuó feliz por eso y yo estaba con el corazón roto. Rompimos y dos semanas más tarde me fui a Kuwait y no la vi de nuevo hasta la semana pasada —dijo. Ella se apartó de él y se sentó en el borde de la cama. —Podríamos estar en serios problemas, Lucas. Tuvimos sexo sin protección anoche.


—Recuerda lo que dijo el doctor. Un milagro. Una posibilidad entre diez millones. Yo diría que tenemos muchas posibilidades antes de los diez millones. —Tal vez no —dijo ella. Él saltó en la cama. —¿Acaso Sonia me mintió sobre esas pruebas? —Ella dice que lo hizo. ¿Quién sabe con esta mujer? Supongo que pensó que el gato estaba fuera de la bolsa, ya que tenemos a Joshua, así que también podría haber confesado. Ella no acarrea el gen y ninguno de sus hermanos tampoco. Se les dio a los dos un buen proyecto de Salud Genética de acuerdo con lo que me dijo en la Iglesia hoy —dijo Natalie. —Será mejor que vaya por otra prueba, ¿verdad? —preguntó. Ella se encogió de hombros. —O en cualquier momento que tengamos sexo debemos usar protección. ¿Hay bebés que puedan aparecer en tu recorrido por Kuwait? —¡Diablos, no! ¡Podría estrangular a Sonia! Por la mentira y por el hecho de que no llevo más protección en mi billetera. —¿Quieres que te preste mi pistola rosa? Está cargada. —No me tientes. —Maldijo por lo bajo. —Parece como que cambiará todo, ¿cierto? —dijo ella. —El abuelo dice “nunca digas nunca”. Voy a llamar al médico mañana y ver en qué momento ella estuvo mintiendo. ¡Maldita sea! Pensé que conocía a esa mujer. Ella palmeó la cama. —Siéntate. Si la prueba dice que ella estaba mintiéndote desde el principio, entonces eso cambiaría más que solo nosotros teniendo sexo, Lucas. Los viejos pueden tener bebés que compartan su sangre con los que jugar. Se dejó caer con tanta fuerza que los viejos resortes de metal chirriaron en protesta. —Ellos ya adoran a Joshua. Más sería otra capa de cereza en el pastel. Otra lágrima colgaba de la pestaña de Natalie. Diciendo eso no hacía nada. La sangre siempre fue más espesa que el agua. Ella deslizó su mano debajo de la de él y entrelazó sus dedos.


Juntos enfrentaron a sus demonios antes de que alguno de los dos hablase. —Será mejor que nos vayamos —dijo él finalmente—. Tienes que ir a ver la Iglesia antes de que nos vayamos a casa. Por favor, no les digas nada de esto hasta que vaya al médico mañana. Ella negó con la cabeza. —No les voy a decir nada. Ese es tu trabajo, Lucas. Y vimos la Iglesia esta mañana, así que podemos ir a casa, ¿cierto? ¡Casa! ¿De dónde vino eso? Casa no estaba en Cedar Hill. Casa estaba en Silverton. ¿O no? —Eso no es la Iglesia de la que estoy hablando. Cuando el abuelo y la abuela compraron este lugar, también compraron la pequeña Iglesia rural que estaba en estas tierras. No ha sido usada como una Iglesia por años, aunque el abuelo es un ministro ordenado. El predica algunas veces cuando el ministro de nuestra Iglesia no está. Pero de vez en cuando hay una boda en la pequeña Iglesia —explicó Lucas. Las palabras aligeraron la densa niebla que colgaba sobre sus cabezas—. Ahí es donde el abuelo y la abuela se casaron, por lo que la hace un lugar muy especial —siguió Lucas. Ella se levantó y se puso el abrigo sin su ayuda. —No puedo esperar a verla. Estaba dispuesta a ver la nieve caer o la hierba crecer afuera para no hablar de lo que podría haber sucedido en la pasión de la otra noche. La Iglesia era pequeña, con ocho bancos a cada lado del pasillo central y un púlpito viejo de roble al frente. En los días que fue construida toda la congregación cantaba junta y no había coro. No necesitaban un bautismal porque, cuando la primavera llegaba, todos los nuevos conversos podían ser bautizados en el arroyo o el estanque. Hacía frío en el interior pero Natalie notó una vieja estufa barrigona en la esquina. —Entonces, ¿funciona esa cosa? —El abuelo la enciende si va a haber una boda en invierno — respondió Lucas. —¿No se congela el agua?


Lucas se echó a reír. —No hay agua aquí. Los baños estaban afuera en los días en que los servicios se celebraban aquí. Tenían dos. La media luna para los hombres y la estrella para las mujeres. Natalie se sentó en el primer banco. —Nunca pasaría el código para una reunión hoy en día, pero seguro es pacífico. Lucas se sentó a su lado y tomó su mano entre las suyas. —El abuelo dice que si te sientas aquí muy tranquilo en Navidad puedes escuchar a los fantasmas de las personas que solían asistir a cantar villancicos. —Shhh. —Ella cerró los ojos. Lucas comenzó a tararear “Noche de Paz”. Y ella podía imaginar la Iglesia llena de gente cien años atrás, todos cantando esa canción. Las voces inocentes de los pequeños niños mezcladas con las voces temblorosas de los ancianos. Ella abrió los ojos justo cuando Lucas dejó de tararear. —Si esas paredes pudieran hablar, nos contarían algunas historias interesantes, te lo apuesto. Se inclinó y la besó en la mejilla. —Oh, sí, podrían. ¿Estás lista para el resto del recorrido? Condujeron pasando la casa de Henry, una pequeña y blanca casa con un amplio porche. Las sillas mecedoras se establecían en la sombra y plantas viola dispararon pequeñas florecillas púrpuras por sobre la nieve en los macizos de flores al lado de la pasarela. La casa de Jack era más grande, pero el porche no era tan amplio. En la primavera las rosas serían hermosas a cada lado de la casa, pero esa noche no eran más que palos cubiertos de hielo y nieve. —Cuando papá construyó su propio lugar, quería hacer un duplex y mover a Hazel al otro lado, pero ella no quería ninguna parte de eso. Dijo que había vivido en la misma pequeña casa de madera desde que puso un pie en el rancho antes de que Willa Ruth siquiera había nacido y que ella no se movería fuera de ahí. Además, estaba cerca de la casa de papá. Él condujo por un camino hacia una casa blanca con una cerca alrededor.


—¿Ella todavía conduce? —¡Oh, sí! Señor ayuda a la persona que trate de sacarle su licencia. Ese es su camión estacionado en la cochera. Lo lleva a Sovoy y conduce hasta encuentros de mujeres en la Iglesia y cenas funerarias. Nosotros tratamos de asegurarnos de llevarla si es que quiere ir más lejos —dijo. —No es de extrañar que ella esté tan nostálgica. Si yo tuviera un lugar en el bosque como este, estaría también nostálgica —dijo Natalie. Lucas levantó una ceja. —¿Dijo que estaba nostálgica? —No he hablado con ella desde que se fue a Memphis, pero sé que esta nostálgica porque yo lo estuviera si viviera en un solo lugar todos estos años y de repente me alejen lejos de ella. Estará en casa, Lucas. No hay duda de eso. Pero está demasiado grande para encargarse de toda la casa y cocinar, también. Tienes que contratarle algo de ayuda. —Lo hice —dijo él.


Capítulo 13 Traducido por ஓ¥anliஓ Corregido por marta_rg24

Natalie tiró un montón de toallas a la lavadora y comenzaba a preparar el desayuno cuando sonó el teléfono. Lo sacó de su bolsillo y lo acercó a la oreja con una mano para revolver los huevos con la otra. —Hola —dijo con cautela. —Natalie, ¿eres tú? ¿Así que te quedaste? Tenía miedo de que salieras encendida de allí después de la recepción que Lucas te dio la primera vez. El chico debería ser azotado por llegar a casa de esa forma antes de tener toda su sorpresa lista —dijo Hazel. —Todavía estoy aquí —respondió Natalie. —Tenía la intención de llamar todos los días. Hablo con Jack cada noche y me contó esa historia de los pollos y los cachorros, además de esas malditas cabras que Crankston soltó. Te juro que estoy extrañando toda la diversión. Oh, daría mis colmillos por haber visto a ese perrito lamer la pierna de Sonia y subir su pata sobre ella. ¡Mierda! Eso no tiene precio. Los habría dejado salir del corral yo misma para llegar a ver el espectáculo. Tengo tanta envidia que sólo puedo gritar. Todo lo que está pasando allí, y me tengo que quedar aquí hasta la semana de Navidad con impaciencia por llegar a casa. —Natalie esperó que recuperara el aliento—. ¿Y bien? — preguntó la amiga impacientemente. —Lo siento. Colocaba los huevos a un lado. El desayuno está casi listo. Ellos se toman mi comida, pero te extrañan, Hazel. —¡Umppffff! —resopló—. Contigo y Joshua allí apuesto a que ni si quiera recuerdan cómo me veo. Ahora dime lo que sucedió después de la obra en el salón parroquial. Jack dijo que Sonia y tú tuvieron una pequeña pelea de gatas. ¡Maldición! ¿Todo el mundo se ha enterado en Savoy? ¿O había estado Jack lo suficientemente cerca para oír?


—Habla, Natalie —insistió ella. Le contó lo que sucedió en la iglesia y que Lucas estuvo llamando a la clínica donde él y Sonia se hicieron las pruebas. —Pero tienes que jurarme que no le dirás nada a nadie hasta que no sepamos los resultados y él se lo cuente a su padre y a Henry. —No diré ni una palabra. Sabía que la mujer era un problema la primera vez que la conocí. Es una de esas —Hizo una pausa durante unos segundos—, perras que tienen que tener todo en el mundo. Es tan dulce como el azúcar con la gente que le gusta y quiere complacer, pero créeme, debajo de ese azúcar se encuentra una porquería agria. El pobre Noah no tiene ni idea de donde se mete. ¿Cómo es que ustedes los jovenzuelo llaman a eso? ¿Alto algo u otro? —¿De alto mantenimiento? —preguntó Natalie. —Sí, eso es. Tienes que tener una cuenta bancaria especial sólo para mantenerle los zapatos, spray para el cabello y esmalte de uñas —continuó Hazel. —Algo parecido —dijo ella. —Noah tiene una fila difícil que arar si él promete amarla hasta el fin de sus días. Apuesto a que rezará porque el final llegue en cuanto haya cumplido una semana casado con ella. Sacó las galletas del horno y les untó la mantequilla derretida sobre la parte superior. —Se van a casar el día de Navidad. Debes estar aquí para verlo. Tal vez puedes hablar con él de eso. —Solamente estoy agradecida de que deje en paz a mi Lucas. Si se acerca de nuevo tras ese truco, la patearé de camino hasta le infierno. Se rió. —Tu cadera está lastimada, Hazel. No creo que vayas a patear muy fuerte. —Cariño, yo podría patearle el flaco culo hasta el infierno con una cadera rota si causa problemas. Ya que no puedo volver a casa durante un par de semanas más, es tu trabajo mantenerla alejada, y hacer que Noah vea el error al que se dirige. Me importa un bledo cómo lo hagas. Enloquécela, dásela de comer a los coyotes,


simplemente no la dejes que se acerque furtivamente a la vida de Lucas. ¿Me lo prometes? —Pero Hazel, ¿y si Noah realmente la ama? —preguntó Natalie. —¡Uf! —resopló su amiga—. Sólo piensa que la ama. Dale a ese precioso bebé un abrazo de mi parte. Willa tiene mi desayuno listo. Maldita sea, estoy lista para estar en casa. Una ráfaga de aire helado sopló cuando Henry entró en la cocina. Cerró la puerta y se sacudió la nieve de los pies. —¡Maldita tormenta! Ha ido provocándonos por una semana y ahora estaré condenado si no se pone en el verdadero negocio. Demasiado frío para que estos huesos ayuden con las tareas, yo me quedo en esta cálida casa y voy a jugar con Joshua. Tú puedes ayudar con los quehaceres de la mañana. —Dale el teléfono a Henry. Necesito hablar con él —sonó la voz de Hazel por el teléfono. —Lo prometiste —dijo Natalie. —No voy a decir ni una palabra hasta que Lucas lo averigüe, pero todavía tengo que hablar con Henry. O le entregas tu teléfono o lo llamaré al suyo —contestó. Natalie puso el teléfono en el gabinete. —Hazel quiere hablar contigo. —Sólo un minuto. Tengo que quitarme el abrigo y el sombrero. —Henry colgó el abrigo en el perchero junto a la puerta de atrás y el sombrero de un gancho junto a él—. No voy a hablar mucho tiempo. Tengo una historia que quiero leerle a Joshua. Lo cogió y se lo llevó a la sala de estar. —¿Esa cadera se va a reponer algún día? Sonaron unas palabras y luego su tono cambió, se dio cuenta de que estaba hablando con el bebé, no con Hazel. Paseó hacia la puerta y se asomó por la esquina. Había cogido a Joshua del columpio y estaban sentados en una mecedora cerca de la chimenea. Henry tenía un libro en sus manos y le estaba leyendo al pequeño. —Natalie, le gusta El Niño Jesús ha nacido. Y mira lo que encontré en la caja de los viejos juguete de Lucas en el ático de mi casa. —Levantó un pequeño camello cargado—. Es viejo y gastado, ya que era su favorito cuando era pequeño. Lo sostenía cuando le


leía este libro sobre el niño Jesús. Si este maldito tiempo alguna vez remite, tengo que conducir a Sherman y conseguir algunos regalos. El chico tiene que levantarse la mañana de Navidad con algunos debajo del árbol. Voy a buscar un mejor camello para él. —Él sólo tiene tres meses —replicó. —Y cuando sea grande y le mostremos las fotos de su primera Navidad, ¿qué vamos a decirle? ¿No conseguiste ningún regalo porque sólo tenías tres meses y no ibas a saber lo que era? No lo creo, señorita. Este bebé va a tener una gran, gran primera Navidad. Jack incluso está hablando sobre un pony de verdad. Sólo uno de los más pequeños. Para este tiempo, el próximo año caminará y lo sostendrás mientras monta —dijo Henry. —¿Montar?, ¿dónde? —preguntaron al mismo tiempo Lucas y Jack, mientras arrastraban otra ráfaga de aire frío en la cocina. Jack miró a Henry. —No pensé que quisieras salir con este tiempo. —Deseaba ver a Joshua. Natalie va a tomar mi lugar esta mañana con Lucas para darles el alimento a los animales. Yo vigilaré al bebé. Mis huesos están demasiado viejos para estar ahí fuera en una tormenta de nieve. Diablos, me podría romper una cadera como lo hizo Hazel. Lucas le sonrió. —Hazel no se rompió una cadera, y ella es mayor que tú. Malvado e intratable como eres, tus huesos tendrían miedo de romperse, abuelo. Él se encogió de hombros. —No voy a salir a hacer las tareas. Y ella va. Ahora vamos a desayunar. No hay nada en el mundo peor que la salsa fría, y olí el tocino cuando entré por la puerta trasera. Puso a Joshua de vuelta en el columpio y se sentó en el extremo de la mesa. —Que vejestorio tan mandón, ¿no? —bromeó Lucas. Su boca se elevó en una media sonrisa. —Definitivamente acostumbrado a salirse con la suya. —No tienes que salir al frío. Podemos darles la comida sin ti, voy a recoger los huevos en el camino de regreso al mediodía. —No, estoy de acuerdo con Henry.


—Me encuentro sentado justo aquí y puedo escucharlos a los dos, Natalie está en lo cierto. Va a ayudar esta mañana, Josh y yo leeremos libros y le contaré todo sobre Ella Jo y lo mucho que amaba la Navidad. Va a masticar las orejas a ese viejo camello. *** Natalie recogió los ganchos de heno y los hundió profundo en los extremos de un pequeño fardo de heno, lo arrojó sobre el comedero galvanizado, y usó los cortadores de cable conectado a su cinturón para cortar el alambre de embalaje para soltarlo. Las vacas estaban llegando a su alrededor para picotear antes de que pudiera esparcirlo. Le tomó seis intentos antes de que el comedero estuviera completamente lleno, y al caer la noche estaría vacío. La poca hierba de invierno que había crecido estaba cubierta de nieve, por lo que tendrían que utilizar una gran cantidad de heno antes de que el mes terminara. Lucas gritó por encima del aullido del viento. —Vamos a poner las grandes pacas redondas en los lejanos pastos. —A Henry todavía le gusta las pacas pequeñas, ¿no? —gritó de vuelta. —¡Oh, sí! Lo habíamos puesto todo en grandes pacas redondas, pero dice que es un desperdicio. Además, tenemos varios graneros en torno a la propiedad, por lo que podemos almacenar los pequeños fardos sin ningún problema y eso lo hace feliz — respondió Lucas. La nieve se había asentado en el ala del sombrero y los hombros anchos. Incluso sus pestañas estaban espolvoreadas con blanco. Si ellos no hacían las tareas rápido, se vería como el hombre de las nieves. —Deberíamos haber sacado las máscaras de esquí. Tu nariz se parece a la de Rodolfo —dijo él. Natalie enganchó otro fardo y lo llevó al siguiente comedero.


—Odio esas cosas. No puedo respirar en ellas, prefiero estar fría. Entraremos en calor en el camión de camino al próximo comedero. El viento aullaba a través de las ramas desnudas, creando todo tipo de sonidos diferentes. La nieve había comenzado a desplazarse contra los postes de la cerca. Si se mantiene así todo el día, estarían paleando para conseguir que las camionetas vayan a cualquier parte. Cuando terminaron, se metió en el camión, se quitó de un tirón los guantes de cuero, y se frotó las manos con energía frente a las rejillas de ventilación del calentador. Su nariz y las mejillas hormigueaban mientras el frío la abandonaba. —Apuesto a que estás deseando haberte quedado en Kuwait hasta la primavera —dijo cuando Lucas se apresuró al asiento del pasajero. —Se me pasó por la mente esta mañana, cuando alimentábamos a los pollos y los perros. Incluso las crías tuvieron suficiente sentido común para permanecer dentro del corral del perro. Supongo que no quieren perseguir a los coyotes si hace frío. Llamé a la clínica a primera hora de la mañana, pero no estaban abiertos aún. Le dejé un mensaje, pero me imagino que voy a tener que conducir hasta allí si no me pueden decir los resultados por teléfono —dijo Lucas. Natalie se encogió de hombros. —No sé nada de todas esas cosas de la privacidad, pero estoy segura que no me fiaría de Sonia para decir la verdad después de mentirte. Hazel llamó esta mañana y yo no creo que la cadera este casi tan mal como pensábamos. Creo que está jugando a la casamentera junto con los tres hombres sabios. Quería saber cuáles eran los resultados de las pruebas, pero sabiendo sin duda cambiaria las cosas y odiaba el cambio. —Probablemente sí. Pero nosotros vamos a hacer las cosas a nuestra manera —dijo. Se encogió de hombros porque no estaba seguro de cuál era la respuesta. Terminaron una hora más tarde y Lucas condujo el camión de trabajo de vuelta al granero. Él salió y cerró la puerta antes de que


más nieve pudiera estallar al interior. Natalie no necesitaba a nadie para ayudarla a abrir una puerta o sostener su mano mientras ella salía de un camión, así que ella ya estaba fuera y mirando hacia un aro de baloncesto cuando él la alcanzó. —Papá instaló eso para mí cuando yo estaba en la secundaria para que pudiera practicar. —Se metió en el cuarto de los arreos y salió con dos escobas anchas—. Si barremos el rastrojo de heno podríamos lanzar algunos tiros. Ella tomó una de las escobas y comenzó a limpiar el piso de concreto en un largo movimiento fluido que hacía juego con el de él. Dejaron al descubierto el círculo de lanzar tiros libres y luego el otro más ancho, para lanzamientos de tres puntos. Tomó la escoba de ella y asentó ambas contra una casilla. —Los balones de baloncesto están en la caseta junto a la meta. Nos tomaremos diez minutos para entrar en calor y luego voy a patearte el culo en el juego de H.O.R.S.E4 —dijo. —El que consiga dos de tres lava la vajilla de la cena. Y te advierto, estaré friendo pollo, y tú sabes cuánta vajilla implica eso — dijo ella. —Acepto. —Le guiñó un ojo. La pelota estaba en casa en las manos de ella y tenía pleno dominio de la misma. Pero Lucas también lo tenía. Lo vio controlar la pelota, conseguir la sensación del peso, y luego lanzó el tiro de tres puntos más bonito que había visto nunca. Señor, si hubiera podido conseguir que sus chicas hundieran una pelota así, ella habría pensado que había muerto e ido al cielo de los entrenadores. Podría enamorarse de él sólo porque podía hacer que embocar una canasta de tres puntos se viera tan fácil como respirar. Ella disparó y falló. —¿Tus manos todavía están frías? —preguntó Lucas. —¡Diablos, no! Mira allí arriba. —Señaló. Una bola de muérdago estaba atada con una cinta roja colgada en el borde del tablero. —¿De dónde salió eso? —preguntó ella. Es jugado por dos o más jugadores. El primer jugador con la posesión de la pelota, intenta embocar una canasta. 4


—Tres hombres sabios. —Se echó a reír—. ¿Estás lista para jugar a la pelota? Oye, nuevas reglas. No podemos golpear el muérdago y hacerlo caer. Sino es una prenda de ese juego. —Acepto. —Tiró la pelota que había usado hacia un lado. Jugar con un abrigo abultado no era tan fácil como con unas sudaderas holgadas, pero podía azotar un poco el culo sexy de un vaquero cualquier día de la semana cuando se trataba de baloncesto. —Atrápala. —Arrojó la pelota hacia ella. —Podemos lanzarla al aire para ver quién va primero — propuso ella. —Lanza tu mejor tiro. Rebotó el balón en el concreto sobre la línea de tiros libres y embocó en la red sin siquiera mover los hilos de ésta. El muérdago se tambaleó un poco, pero no cayó. —No está mal. —Él atrapó la pelota en el rebote y dribló todo el camino de vuelta hasta donde estaba ella. Natalie se trasladó a su siguiente posición y lo observó igualar su tiro. Iban empatados hasta el último tiro y ella decidió hacer un layup5 corriendo, que terminó en una clavada. Lo hizo muy bien, hasta que golpeó la pelota en la red donde ésta rodó alrededor del aro tres veces y rebotó de vuelta hacia la pista. La sonrisa de él se hizo más amplia cuando imitó su tiro, sólo que su clavada entró a través de la red como si hubiera estado engrasado. Él lanzó los brazos al aire. —¡Yo gano! —Tú ganas la primera ronda —replicó ella. —El primer lugar por lo general es el que importa al final. Pero no lo hizo. Natalie ganó el segundo y el tercero. —Tú lavas la vajilla. —Se rió. Él lanzó la pelota hacia un lado y corrió hacia ella, quien miró por encima del hombro para ver si alguien había entrado en el granero y ni si quiera se dio cuenta de que la había recogido en sus brazos hasta que cayó en una pila de heno encima de él. Es un intento de tiro de dos puntos, saltando desde abajo, y colocando la pelota cerca de la canasta, donde se usa la mano para golpear la pelota y encestarla. 5


—Valió la pena. —Señaló el muérdago—. No podemos desperdiciarlo. Sus labios tocaron los de ella en un beso suave que rápidamente se volvió hambriento y apasionado. Natalie rodó hacia un lado y él se apoyó en un codo, pero los besos no se detuvieron. Sus entrañas se derritieron volviéndose lava y sintió como si estuviera ardiendo dentro del abrigo y la camisa térmica de manga larga. Quería estar desnuda con él, no completamente vestida y besuqueándose como un par de estudiantes de secundaria. —Dios, sabes bien. Como a café, tocino y nieve, todo mezclado —murmuró Lucas, mientras se movía desde sus labios hasta el cuello. Sus manos eran cálidas mientras se movían sobre la piel. Una se deslizó bajo la camisa y le ahuecó un seno, ella se apretó más contra él, tratando de fundir su cuerpo entero en el de Lucas. Lo deseaba allí mismo, en el establo, con el muérdago colgando encima de ellos y el olor a heno a su alrededor. —Te deseo, Natalie —dijo. —¿Aquí? —En cualquier lugar. Pero no podemos porque no tengo protección. Su teléfono sonó y la mano dejó su seno para contestarlo. Más valía que fuera el médico llamando, porque cualquier otra persona iría directamente a la parte superior de su lista negra. La expresión de Lucas cambió en un instante. Sus ojos brillaron de ira y el lenguaje corporal le dijo que no le gustaba lo que estaba oyendo. —No, no te voy a perdonar —gruñó. Quienquiera que fuese, debía haber estado hablando rápido y de forma furiosa porque él empezó a decir algo en varias ocasiones y luego cerró la boca. Finalmente, dijo: —Eso es suficiente. Adiós, Sonia. Colocó el teléfono nuevamente en el bolsillo de su cadera. —Sonia, supongo —dijo Natalie.


—Supones bien. Dice que va a traer los papeles aquí si la perdono por mentirme. Pero debería haberme dado cuenta de todo cuando te embaracé —dijo Lucas. Natalie recogió la paja de su cabello. —Tenemos que poner fin a ese rumor. —Ven, deja que te ayude. —Lucas sacó un peine del bolsillo y se sentó con una pierna a cada lado de Natalie mientras le peinaba el cabello. Trocitos de paja volaron a su alrededor, pero ella ni siquiera los notó. Las manos de él en su pelo hacían que cada terminación nerviosa en su cuerpo cosquilleara. —Ahora sí, estás presentable y la abuela no sospechará que nos hemos estado besuqueando —dijo él con seriedad. —No cuentes con ello. Apuesto a que tiene cámaras de vigilancia por aquí. Ambos levantaron la mirada hacia las vigas al mismo tiempo. Natalie se puso de pie rápidamente. —Es hora de preparar la cena. Le prometí a Grady que hoy haría pollo frito. —Me encanta el pollo frito, pero renunciaría a él para quedarme aquí y besarte todo el día —dijo Lucas. Ella se rió de nuevo. —¿Esa es tu mejor línea de conquista, vaquero? Su cabeza se balanceó. —La mejor que tengo en estos momentos. ¿Qué hay de ti? ¿Cocinar o besar? La puerta lateral se abrió y Grady asomó la cabeza. —Henry pregunta si ustedes dos han terminado de jugar al baloncesto, porque le está dando hambre. Natalie miró las vigas de nuevo en busca de los pequeños puntos rojos que indicarían que una cámara estaba escondida allí. —Parece que la elección se ha hecho y tiene que ver con una estufa en vez de una cama de heno. Lucas saltó poniéndose de pie y pasó un brazo alrededor de sus hombros. —Estábamos lanzando un par de tiros. Gané, así que ella tiene que lavar la vajilla.


—Ganaste la primera ronda. Gané las dos siguientes, así que tú tienes que lavar la vajilla —dijo Natalie. —Por tener pollo frito, yo lavaré la vajilla —dijo Grady. Él no se entretuvo. Corrió desde el establo a la valla del patio, puso una mano en la barandilla y saltó encima con la agilidad de un hombre de la mitad de su edad. —¿Puedes hacer eso? —preguntó Lucas. —¡Oh, sí! —salió disparada en una carrera con él detrás. Alcanzó la valla sólo un escaso segundo antes que él, y de repente la agarró por detrás y le dio la vuelta donde ella aterrizó contra su pecho. El beso fue intenso, hambriento, y prometedor. Todavía podía sentir el vapor elevarse cuando Lucas abrió la puerta de atrás y se hizo a un lado.


Capítulo 14 Traducido por val_mar & ஓ¥anliஓ Corregido por Viqijb

Lucas anunció en la mesa que en la cena él, Joshua, y Natalie iban de compras. Miró a través de la mesa a su abuelo y sacudió su cabeza. —No, abue, ustedes tres no pueden cuidar niños esta noche. Lo llevamos con nosotros. Él necesita ir por la juguetería y elegir lo que quiera así ustedes sabrán que comprarle. Natalie había estado ansiosa todo el día. Ella no preguntaría si Lucas había escuchado del doctor, pero eso había sido la primera cosa en su mente. Ella jugó el viejo juego de “qué si…” todo el día. ¿Qué si ella había en verdad quedado embarazada de nuevo en la primera noche? ¿Qué si ella no lo estaba? Cada posible emoción, de lágrimas a risas, había pasado por su mente mientras preparaba su sopa de fideos casera y sándwiches de ensalada de pollo usando el sobrante de pollo frito. —El chico no necesita juguetes. Necesita un poni y una silla de montar y algunas botas para hacerlo. Eso es lo que Joshua necesita, así que llévalo a la tienda Western y muéstrale las botas —refunfuñó Henry—. Las carreteras esta resbaladizas. Deberían dejarlo aquí por seguridad. ¿Qué si caes en una zanja? —Estará atado en su asiento del auto y ambos tenemos teléfonos celulares. Te llamaremos para traer un tractor y sacarnos si tenemos problemas —dijo Lucas. —No conduzco un tractor en este frío —dijo Henry. —Papá puedes —dijo Lucas. —Eres un aguafiestas. Podríamos no tener un bebé en la casa después de navidad. Y no compartes. —Henry alcanzo su barbilla huesuda unos completos dos centímetros y miró hacia su nariz a Lucas Jack empujo de vuelta su plato.


—Entonces nosotros lo cuidamos el sábado por la noche mientras usted va a la fiesta de navidad de Angus. Y no puedes llamar cada treinta minutos, tampoco. La mandíbula de Henry bajó y miró a Lucas. —¿Trato? —Oye, soy la mamá de Joshua. Soy la que en verdad llama los disparos por aquí —dijo Natalie. Henry frotó su hombro. —Se buena con un hombre viejo. Siempre quise vivir para ver un bebé más en Cedar Hill, y Joshua es mi regalo de Navidad. Solo quiero leerle y pasar un poco de tiempo con el talador antes de que Hazel vuelva y vayas corriendo de vuelta a Silverton. Lo que me recuerda, ¿no piensas que los abuelos tenemos derecho? Lo hemos tenido por una semana, un mes y tal vez seis meses en el verano. Natalie sonrió. —Pero tú no eres su abuelo. —Ese no es el rumor que he escuchado. Esas viejas mujeres abajo en la iglesia es una plomada puesta las ancianas chismosean vides en fuego —contrarrestó Henry—. Puedes llevártelo esta noche pero vienes el sábado en la noche, nos pertenece. Vamos a ver brillar las luces del árbol de navidad y voy a contarle historias sobre Lucas y mi querida Ella y luego incluso podríamos ver uno de esos programas de navidad para niños pequeños en la televisión juntos. Y si a él no le gusta sacaré unos de esas películas de Scooby de la gaveta. Natalie asintió. Algunas veces era simplemente imposible vencer la oposición —¿Scooby? —preguntó ella. —Es una de las viejas películas de Lucas. Aun tenemos un reproductor de VHS, así Joshua puede ver las mismas divertidas historias sobre un perro loco como Lucas vio cuando era un niño — respondió Jack. Grady ladeó su cabeza a un lado y entonces la empujo fuera de su reclinable. —Escucho algo arañando la puerta. Apuesto a que son esos malditos cachorros de nuevo. Estoy empezando a pensar que podríamos también regresarlos a los tres a la casa de perros.


—Los sabueso Bluetick no pertenecen adentro de la casa —dijo Henry. —Es la culpa del hijo pródigo —dijo Jack—. Vas a tener que llevar a los cachorros de vuelta al corral. Grady abrió la puerta, esperando a una ráfaga de cachorros, pero una gran gata mamá amarilla entró bailando. Primero Natalie pensó que la gata llevaba un ratón en su boca y entonces se dio cuenta que era un gatito que aun no tenía los ojos abiertos. La mamá gata fue derecho por Henry, esperando en la silla, y soltó al gatito en el regazó de Joshua, brincando abajo, y fue a la puerta. Grady la abrió y ella salió corriendo hacia el porche, recogió otro gatito, y lo trajo dentro. Repitió el proceso hasta que cinco bebés estaban retorciéndose en el regazo de Joshua, y entonces se echó a través de sus piernas y ronroneó. —Estaré maldito —rió Henry—. Creo que Grady tiene razón. Cada animal en el mundo está viniendo a verte, Lucas. —No es el hijo prodigo —dijo Jack. —No, los gatitos nacieron fuera de estación y la mamá sabe que es cálido en esta casa —dijo Natalie. —La pondremos en el cuarto de servicio en una canasta de lavandería hasta pueda calentarse y entonces regresar al granero — dijo Lucas. ***

Natalie cambió su playera y se puso en un mejor par de botas, pasó un cepillo por su cabello, y se aplicó lápiz labial. Vistió a Joshua con una brillante camisa roja de franela y pantalones tejidos azul marino. Entonces lo empujó dentro de una polar de banderines y extendió una media gorra con una Santa Claus aplicado sobre su cabeza. Lo llevo dentro de la sala y Henry negó. —¿Qué? —preguntó. —Pusiste mucha ropa sobre ese chico. Sudará y luego se resfriará y le dará neumonía. Es mejor que lo dejes con nosotros — respondió Henry. —No está sucediendo, abue —dijo Lucas.


Lucas la ayudó a entrar en su abrigo y la acompaño a la puerta de enfrente con una mano sobre su espalda. —He tenido lista la camioneta cálida así que no se resfriará. —Henry solo está dando una última salida para hacernos cambiar de opinión. Esta realmente atado a Joshua. —Natalie se arrastró en el asiento trasero y quitó la polar antes de que atara al bebé en la silla del asiento. Él destelló su más brillante sonrisa sin dientes a ella y lo besó en la frente—. Se siente todo mejor, ¿lo hace, hijo? Bien, vamos a hacer algunas compras serias esta noche. ¿Qué piensas que debemos comprarle a Henry? —Cinta adhesiva —sugirió Lucas. —¿Por qué eso? —Ella lanzó una pierna en el asiento del pasajero de enfrente y elegantemente se deslizó dentro de una posición sentada. —Maldición, eres flexible —dijo Lucas. —Sí, lo soy. Años de jugar basquetbol y trabajo duro. Ahora dime más sobre esta fiesta de Angus Association el sábado en la noche. —Es la cena anual de navidad de la Red River Angus Association. Tus padres deben pertenecer a algo similar —dijo. Ella asintió. Cada año su madre apuraba sobre la cena de navidad para la asociación por meses. Hacia numerosos viajes a Amarillo solo para encontrar el vestido correcto así el padre de Natalie, Jimmy, pensaría que era la chica más bonita de la fiesta. —Es en el Denison Country Club. La comida es buena, e iras conmigo, ¿verdad? Ella le bateó las pestañas. —Lucas Allen, ¿estás pidiéndome una cita? Sus ojos marrones brillaron. —Sí, señora, lo estoy. Las damas lo llaman semi-formal. Nosotros los chicos solo usamos nuestros mejor jeans arrugados y lustramos nuestras botas muy bien y algunas veces nos ponemos una chaqueta. Pero las damas se emperifollan. ¿Vendrás conmigo? —No tengo mucha elección, ¿o sí? Henry me llevará al jardín y me presentara a la vieja Crankston para dispararme con su escopeta si no le dejo conservar a Joshua esa noche. —Sonrió—. Pero no traje


nada para emperifollarme, así que pasaremos a un par de tiendas de vestidos esta noche. —Sí, señora. Josh y yo no sentaremos afuera no importa cuántos probadores quieras usar. Ni si quiera nos quejaremos, lo haremos, ¿vaquero? —Él miró por el espejo retrovisor—. Bien, de acuerdo, no nos quejaremos si podemos jugar en la tienda de juguetes y un extra de quince minutos. Natalie rió. —¿Y a qué hora debería de estar lista para la fiesta? —Te recogeré a las siete. Los cocteles se sirven a las siete y media y es casi una media hora de viaje hasta allá. Tenemos un asiento para bebé, así que no hay problema —dijo. Natalie no pasó por alto el nosotros y ese enunciado y su corazón dio un salto antes de seguir latiendo. Lucas alcanzó a través del asiento y puso una mano sobre su hombro. —Te ves como si hubieras visto un fantasma. —No vi uno. Peleé con uno, sin embargo —dijo. —¿Quién ganó? —Él lo hizo. —¿Drew? —preguntó lucas. Ella asintió. —Algunas veces me pregunto qué diría sobre todo esto también. Quiero decir, era tu amigo y ahora estas aquí y es una clase de locura la forma en que todo resultó. A todos nosotros en Kuwait, él era el rey de la base. Pero tuvo el sentimiento de que ibas a decir que no era como cuando tú estaba creciendo. Dime sobre él —dijo Lucas. —Drew era ese niño que estaba al final de toda la lista social del condado. Sus padres ya tenían hijos mayores cuando nació y nunca hubo duda de que él era un gran, gran accidente. Entonces era solo un niñito y no tuvo ropa lujosa o botas y los otros niños era viciosos con él. Para ser el rey de la base habría sido como darle una corona real —dijo ella. Lucas ladeo su cabeza.


—Pero creció de ello en la preparatoria, ¿cierto? No era solo un niñito cuando lo conocimos. Media casi uno 1.83 metros y tenía la constitución de un luchador. Natalie sonrió. —Para entonces se había convertido en el residente chico malo del área entera. Era bien parecido, divertido, y tenía un trabajo de verano como empleado de mi padre. Hizo su propia ropa e incluso construyó un carro. No una camioneta pero un carro en un condado donde cada chico adolescente tiene visiones de camionetas pickups. Conducía tan rápido, especialmente cuando bebía, y eso era cada semana. Las madres advertían a sus hijas sobre él y mis padres intentaron malditamente romper nuestra amistad. —No funcionó, ¿eh? —No, ninguno. Las hijas en el condado acudían a él como moscas al sirope de maple y mis padres se imaginaron rápidamente que Drew y yo siempre seríamos amigos sin importar cuál era su reputación —dijo ella. La pickup anduvo en silencio excepto por los ruidos del bebé en el asiento trasero. Natalie recordó el edredón en la parte de atrás de ese viejo trucado auto de Drew surgía alrededor de todo el Noroeste en esos dos veranos después de que obtuviera su licencia de conducir. Si el edredón pudiera hablar, Señor, las historias que se dirían habrían arruinado las vidas de muchas mujeres para contar. Sus madres podrían no dejarlas salir con él, pero eso no significaba que no pudieran encontrarlo en un campo de algodón con un pack de seis cervezas. —Oye, dijiste algo sobre cinta adhesiva antes que llegáramos al tema de Drew y los fantasmas —ella cambio de tema. —Necesitamos agarrar algo para el regalo de navidad del abuelito —rió Lucas. —¿Por qué? —Para pegar su boca —respondió Lucas. —¿Cómo puede leerle a Joshua si su boca está tapada? Lucas olfateó la camioneta dentro de un cajón de estacionamiento en frente de una tienda de ropa Western y se giró en su asiento.


—Oye, talador, apuesto a que mamá pone la manta en la pañalera y te envuelve, no tendrás que llevar ese costal dentro de la tienda. —Es llamado banderín —dijo Natalie. —Luce como una bolsa de remolque con un cierre en el frente. —Es rojo y confuso y los costales son marrones y están hechos de estopa —contrarrestó. Sus ojos marrones bailaron y su boca tembló mientras él peleaba contra una risa. —¿Estamos teniendo nuestra primera pelea sobre una manta o un saco? —Soy su madre. Algunas veces todos ustedes, chicos, olvidan eso. Y tuvimos nuestra primera pelea la noche que llegaste a casa, ¿recuerdas? Lucas se recostó en el asiento, ahuecando su barbilla en su gran mano, y plantó un abrasador beso en sus labios. —Podrías verte bien en un costal amarrado en el medio con un pedazo de cuerda. Demonios, apuesto que incluso podrías jugar algún juego de basquetbol asesino en un atuendo como ese. Y tendría un muy buen tiempo desatando el cinturón y jalando ese costal sobre tu cabeza. Su interior tenía ese loco sentimiento caliente de derretimiento como siempre que él la besaba o incluso si pasaba junto a ella en la cocina o en el pasillo. ¡Mierda! ¡Mierda! ¡Mierda! ¿Por qué tenía que afectarla de esa manera? No era razonable. —¿Vamos a discutir, arreglarnos, o comprar? Si me quieres toda emperifollada para el sábado en la noche, puede que debiera ser este último. —Su voz era incluso ronca en sus propios oídos, pero entonces era un milagro que siquiera pudiera hablar después de un beso así. Él ladeo su cabeza y dijo: —Más bien he tomado la opción de arreglarnos, pero desde que tú necesitas comprar, es mejor que hagamos eso. —No creo que vayamos a encontrar algo en una tienda Western-wear6 para llevar a una fiesta de fantasía —dijo ella. Western wear es una tienda de ropa donde se vende ropa y accesorios vaqueros o del oeste de Estados Unidos. 6


Natalie echó una manta sobre Joshua y fue de prisa a la tienda con él. Lo primero que vio cuando quitó la manta y la tiró sobre su hombro fue un vestido de encaje blanco colgando de un maniquí a su izquierda. De manga larga y con un escote alto victoriano, tenía un revestimiento combinado con tirantes finos que permitía mostrar la piel a través del encaje. Lo mostraban con botas marrones formales que tenían un corte transversal de color marrón en la parte superior de color hueso. —Es el último. Tamaño ocho y las botas son nueve. ¿Quieres probártelos? —le preguntó la señora detrás del mostrador. —Primero voy a mirar por allí un poco —dijo Natalie. —Bueno, ¡hola, Lucas Allen! He oído que llegaste a casa. Yo estaba trabajando o hubiera estado en la fiesta la noche del viernes. —Su voz se animó cuando vio a Lucas. —Natalie, conoce a Diane Larkin. Ella y yo fuimos juntos a la escuela. Diane, ella es Natalie Clark. —El brazo de Lucas fue alrededor de los hombros de Natalie cuando hizo las presentaciones. —Oh, he oído hablar de ti. Déjame ver mejor a ese bebé —dijo Diane—. Oh mi Señor, ese mapache molesto que se la pasa por los contenedores de basura en la parte trasera se acaba de escabullir en la tienda con todos ustedes. Nunca ha hecho eso antes, incluso si es por medio tiempo. Lo alimento de sobras porque me compadezco por él. Natalie bajo la mirada y ese era un gran mapache. Él se sentaba a sus pies y la miraba como si esperara que ella le diera una hamburguesa a medio comer o unas patatas fritas rancias. —Abre la puerta, Diane, y lo espantaré para que salga de aquí —dijo Lucas. Ella agarró un paquete de galletas de queso y las arrojó al abrir la puerta. —Vamos, mapachito, viejo renegado. Vete a conseguir las galletas. Lucas pisoteó los pies y dio una palmada con el sombrero contra su pierna. —Shoo, sal de aquí.


A Natalie se le ocurrió una idea. Ella se puso en cuclillas para que el mapache pudiera ver a Joshua. El animal se asomó a la cara sonriente del bebé y luego deambuló saliendo de la tienda. —Tú eres el encartonador de animales. Juro que nunca he tenido problemas con los animales antes de esto. —Él se rió entre dientes. —Bueno, estoy contenta de que ustedes lo convencieran para irse. Me pondría en un gran problema si mi jefe supiera que le daba de comer. Ahora déjame ver a ese bebé. Natalie reposicionó a Joshua y le quitó la gorra. Diane asintió enfáticamente. —Sí, él tiene el cabello y los ojos oscuros de los Allen. Nos has dado una verdadera sorpresa, Lucas. ¿Estaban en servicio allá en Kuwait también? —Miró a Natalie. —No, señora. —Bueno, vas a tener que contar toda la historia en algún momento. ¿Qué puedo hacer por ustedes hoy? Están haciendo algo de compras. ¿Quieres ver lo que la gente más busca cuando han estado por aquí? —Sus ojos volvieron a Lucas. Lucas negó con la cabeza. —Quiero que envuelvas tres abrigos de trabajo Carhartt. Tú sabe los tamaños. —¿Los mejor forrados? —preguntó. —Eso es correcto. Natalie acunó a Joshua con mayor comodidad y dijo: —Me gustaría ver lo más buscado. —Mientras que tú estás haciendo eso, voy a probarme un nuevo par de botas de trabajo —dijo Lucas. A Natalie le encantaban las tiendas Western-wear. A ella le gustaba la forma en que olía, las filas y filas de botas de vaquero, sombreros, y bastidores de camisas, cinturones y pantalones vaqueros. Diane salió desde el mostrador y apuntó a un estante con camisas de franela cruzado. Tomó varias cosas para los chicos y le preguntó a Diane si podía hacerle el favor de envolverlos. —Y quiero ese vestido. . . —Ella señaló a un maniquí. Quería esas botas. Demonios, ella necesitaba las botas—. Y las botas


también. Es el destino que ellos y el vestido sean de mi tamaño, por lo que debería tenerlos. —Oh, estoy de acuerdo —dijo Diane—. Tengo una capa adornada en la parte de atrás que combina con ese vestido. Es el chal de gamuza más suave que jamás te has puesto alrededor de los hombros y los botones están cubiertos en el mismo encaje. Una dama lo aparto, pero cambió de idea y no he conseguido que vuelva a salir del exhibidor todavía. Ella lo sacó y Natalie se enamoró de ella. —¿Puedes poner todo eso en una bolsa separada de los regalos? —preguntó. Diane le guiñó un ojo. —Estás pensando en sorprender a Lucas, ¿verdad? —Sí, lo estoy. Vamos a la fiesta de Navidad de la Asociación Angus. —Bueno, querida, es mejor que lleves una gran vara contigo para rechazar a todos los demás ganaderos que tratarán de batir su record. ¿Joyería? —No, yo tengo algo que va a ser perfecto, pero me gusta esa peineta de perla ahí para mi cabello. —Continua y mira las botas que Lucas se está probando, y yo iré a envolver todo esto muy bonito para todos ustedes —dijo Diane. Natalie lo encontró en la esquina de atrás sentado en un amplio banco de madera. Señalaba a sus pies. Una bota era marrón y una negra. Ella se sentó junto a él y saltó cuando vio un movimiento a su lado. El mapache había logrado entrar a hurtadillas de nuevo con otro montón de clientes adolescentes. Se irguió sobre sus patas traseras y los miró a los tres luego se paseó sin prisas hacia la puerta de atrás. Diane estaba justo detrás de él con las galletas en la mano. —He creado un lío que va a hacer que me despidan. El mapache la siguió por la puerta trasera ese momento. Ella echó la llave y volvió a sus clientes. Lucas se sacó las botas. —Todavía me queda un mes con las viejas, así que volveré y conseguiré unas después de Navidad. No quiero tener que usar las


nuevas botas en este tipo de clima. ¿Por qué crees que tenemos este problema con los animales de todos modos? —Henry dice que llegan por allí para verte. Mamá dice que siempre he alucinado con los perros callejeros. Tal vez sea una combinación de los dos —dijo. —Bueno, es una completa locura. ¿Qué quieres para Navidad, Natalie? —Yo quiero. . . —Ella se sonrojó. No podía decir que ella quería ser una parte permanente del Rancho Cedar Hill y que quería que él aceptara a Joshua como un verdadero hijo. Señor, eso sería pedir más de lo que Santa Claus podría meter en su trineo. —¿Qué? —presionó—. En serio, ¿qué quieres? —Voy a pensar en ello y te haré saber después. ¿Qué quieres tú? —A ti —dijo sin apartar los ojos de ella—. Llegué a casa de una pieza y tú me estabas esperando. *** La luna colgaba en un cielo cristalino en la parte superior del parabrisas en su camino a casa esa noche. Las estrellas brillaron alrededor como súbditos ante su rey. Natalie recordó lo que Lucas había dicho acerca de Drew siendo el rey en sus tiendas de campaña. Tenía la intención de pintar ese cuadro para Joshua cuando le contara todo sobre su padre. —Pensé que estaría profundamente dormido por la manera en que lo hemos arrastrado de un almacén a otro. —Lucas señaló con la cabeza hacia el asiento de atrás—. Pero él está hablando con su puño y masticándolo como si fuera chocolate. —Es hora de su baño y el biberón de la noche —dijo ella. —Tú lo tienes en un muy buen horario. —Yo no lo hice. Él lo hizo. Desde el día en que nació comía cada cuatro horas y ha sido un buen bebé. Ni cólicos o quejas a menos que no sea cuando tiene hambre —dijo—. No todos son así,


sin embargo. Tengo algunos amigos que han andado de un lado al otro con sus hijos. —El primero de Melody casi dividió su matrimonio. No creo que ella o su marido durmieran el primer año. Ellos se pusieron de tan mal humor que todos estábamos con miedo de que se divorciaran a causa del bebé. Me preguntaba si podrían incluso obtener un divorcio por falta de sueño porque el bebé es tan quisquilloso. Pero después de que él cumplió un año, dio un giro completo y ha sido un buen chico desde entonces. Natalie asintió ligeramente y miró por la ventana lateral. Desde que estaban sobre el tema de los bebés, tal vez sería un buen momento para preguntar acerca de los resultados de las pruebas. Ella abrió la boca, pero las palabras no salieron. Atravesaron Savoy y él hizo un giro a la derecha y luego a la izquierda en un camino de tierra. Unos cuatrocientos metros más tarde, giró a la derecha de nuevo y se dirigió por el camino a la casa. Las luces colgadas alrededor del porche y la casa, estaban encendidas y el árbol de Navidad llenaba la ventana. —Voy a llevar a Joshua y luego volver por las bolsas que no puedas tomar —ofreció Lucas. A veces el destino le daba una mano decente. Ella se había preocupado por llevar al bebé y esa gran bolsa con su vestido, capa y las botas a la casa al mismo tiempo. Realmente quería sorprender a Lucas cuando este toda arreglada para la fiesta. El suelo estaba tan resbaladizo como un cochinillo engrasado, pero se las arregló para mantener el equilibrio del camión al porche y luego entrando a la casa caliente. Corrió a su habitación, arrojó la bolsa sobre la cama, y luego se apresuró a regresar a la sala para tomar a Joshua de Lucas. *** Le entregó el bebé y regresó para traer en el resto de los paquetes que habían comprado. Se deslizó en el último escalón, pero con un montón de equilibrismo para no dejar caer los regalos. Si se


rompía el adorno que decía La Primera Navidad del bebé Natalie nunca se lo perdonaría. Había buscado por cuatro tiendas antes de encontrar el adecuado. Era activado por movimiento y sonaba con "El Pequeño Tamborilero", mientras giraba. —Tenemos que tener esto —había declarado. —¿Por qué ese en particular? —le había preguntado. —Henry le lee eso a Joshua casi todos los días. Él va a tener una auténtica locura por eso. Lucas había conseguido una auténtica locura por las compras con ella y al bebé que por toda una tarde se había olvidado de que no eran una familia. Había sido tan fácil enamorarse de Natalie después de esa primera noche que ni siquiera podía recordar cuándo sucedió. —¡Wow! —dijo. Ella abrió la puerta y se hizo a un lado. —¿Te tropezaste? Me pareció oír un ruido sordo. Me resbalé y casi me caigo en ese escalón. Probablemente necesitemos la sal o hacer algún serio raspado mañana por la mañana. Henry podría romperse la cadera con eso. —No, me acabo de acordar que el abuelo siempre utiliza la puerta de atrás. Yo me encargo de los escalones mañana por si alguien viene a la casa. Tengo todos los presentes en esta carga. Sólo nos fuimos por tres horas. ¿Cómo compramos tanto? —Hemos trabajado duro —dijo ella—. Si tomas los regalos y los pones debajo del árbol, yo llevaré a este muchacho para un baño y darle su biberón para que pueda ir a la cama por esta noche. —Sí, señora. Tus deseos son órdenes para mí —dijo. —Oh, sí. Bueno, ¿quieres hacer los deberes con el pañal? —¡No, señora! —dijo rápidamente. —Entonces, mis deseos no son tus órdenes. Estaremos de vuelta en pocos minutos. —Ella desapareció por el pasillo. Escuchó el agua corriendo en el baño mientras se quitaba las botas y se tendió en su sillón reclinable. Se echó hacia atrás, cerró los ojos, y se visualizó a él y a Natalie tomando una larga ducha caliente juntos: pasando las manos enjabonadas por todo su cuerpo, sintiéndola presionarse contra él, sus labios húmedos en él mientras el agua rociaba y recorría sus cuerpos desnudos. De repente estaba


en un estado de semi-excitación, por lo que sacó la camisa del pantalón y dejó que colgara en el exterior. Las mujeres no tienen que preocuparse porque todo el mundo viera cuando las cosas se estaban despertando. Se pueden enrojecer o incluso tener la mirada vidriosa, pero no tenían un bulto en sus vaqueros. —¿Amor? —Pasó el interruptor para que el tren recorriera por las vías. Últimamente se sentía como ese pequeño tren, corriendo en círculos sin ir a ninguna parte. Él estaba enamorado de Natalie y realmente le gustaba Joshua. ¿Pero le gustaba lo suficiente como para tenerlo igual que a todos los niños propios que pudieran tener? Miró hacia los paquetes en sus manos y se imaginó a su familia en la mañana de Navidad, cuando los rasgaran para abrirlos. —¡Hazel! —dijo—. Tengo que encontrar algo muy especial para Hazel este año, así se quedará en el rancho y no volverá a Memphis. —Colocó los paquetes justo debajo del árbol y se sentó en el suelo y los miró—. ¿Amor? ¿En serio? —susurró. Joshua estaba envuelto en una de esas toallas de bebé que tenían una capucha cuando lo trajo de vuelta a la sala de estar. Lo puso en el sofá y lo secó mientras él se inquietaba y roía su puño. —¿No hay sonrisas para mami esta noche? —le preguntó. —Yo no sonreiría tampoco si me arrastraran por el frío y me dieran un baño cuando lo único que quería era mi bocadillo —dijo Lucas—. ¿Quieres que prepare el biberón mientras lo viste? —Sí, y gracias. El agua y la leche en polvo están en la cocina por encima de la. . . Levantó una mano. —Yo sé dónde los dejas y cómo preparar una botella. Espera, Josh, conseguiremos tu pastel de chocolate y helado en un minuto. ¿Lo calientas en el microondas o en una olla? —Ninguno de los dos. A temperatura habiente está bien. ***


Frotó la loción por todo el cuerpo del bebé y se inclinó para darle un beso en la mejilla. —Así que dime, ¿cómo quieres que la gente te llame? ¿Es Josh un nombre más de vaquero que Joshua? Él le sonrió y le arrulló. Besó la parte inferior de sus pies antes de ponerle el pijama. —Tú eres un traidor. Vivir en este ambiente lleno de testosterona de hombres de las cavernas te ha cambiado. —Y aquí está justo a tiempo. —Lucas le entregó una botella—. Es pastel de chocolate y helado esta vez. Mañana por la mañana será el tocino y huevos, Josh. El bebé le mostró su sonrisa aún más grande a Lucas. Pequeño bribón, era un traidor. Ella apostaba que si él tuviera un padre diría papá incluso mucho antes de que dijera mamá. —¿Quieres que lo alimente mientras envuelves esos paquetes? —preguntó Lucas—. Soy muy torpe cuando se trata de envolver. Yo sólo compro en tiendas que envuelven los regalos para mí —dijo. Joshua se acurrucó contra el pecho de Lucas y se pegó a la botella. Lucas se sentó despacio en un sillón reclinable y sostuvo al bebé y la botella en un brazo mientras él empujaba la palanca en el lateral. —Ah, muchacho, esto es vida, ¿no es así? Un sillón reclinable y comida. Nada mejor que esto. Ese asunto de las compras sacaría completamente todo de un par de duros vaqueros trabajadores. Cómo las mujeres pueden comprar un día entero es pura magia. Natalie les echó un vistazo mientras envolvía los regalos de Grady, Jack, y Henry y los puso bajo el árbol. Todos los chicos tenían ahora los regalos bajo el árbol, pero no había nada para Lucas. Ella tomó una decisión en ese momento, iba a comprar las botas para él y una almohada vibradora que se enrolla en el cuello de parte de Josh. ¡Dios mío! Acababa de acortar el nombre de Joshua en sus pensamientos. Sus hermanos rugirían de risa si supieran que estaba incluso pensando el nombre de Josh después del ataque que había lanzado en el hospital cuando nació. De pronto la música de Navidad llenó la habitación y levantó la mirada tan rápido que rasgó el papel.


—Bueno, ¡mierda! Lucas se echó a reír. —Tienes que dejar de decir palabras como esas cuando Josh tenga edad suficiente para hablar. ¿Rompiste el papel? —No, esa música me asustó a muerte. Y Hazel maldice como un marinero y ella te crió bien —dijo. —¿No te gusta la música de Navidad? —preguntó. —Me encanta. Es mi fiesta favorita del año, pero estaba inmersa en la tierra de las fantasías pensando en otra cosa cuando se encendió. No puedo creer que el bebé ya este dormido. Lucas abrió los brazos. —Soy bueno con los niños. ¿Quieres que lo ponga en su cunita de tu habitación? —Eso sería genial, y tráete el monitor del bebé de la mesita de noche cuando vuelvas aquí —dijo. CMT estaba pasando viejos videos de Navidad cuando miró alrededor del árbol de Navidad a la televisión. Dolly Parton cantaba "Duro Caramelo de Navidad" y cada línea le hablaba a Natalie. La mayoría de las líneas de la canción comenzaban con la palabra "quizás". Natalie podía relacionarse con eso tan bien esa noche. Después de que Hazel volviera quizás conduciría su auto tan rápido que todo el mundo se olvidaría por completo de ella y Joshua. O quizás si había echado un polvo y quedado embarazada otra vez, realmente correría lejos, muy lejos y nunca mirar hacia atrás. Debido a que no había un quizás para eso; ella no iba a decirle a su madre que iba a tener otro bebé sin padre alrededor para ayudarla a criarle a él o a ella. La canción terminó y Rascal Flatts cantó "Vuelve a Casa para Navidad." Las lágrimas brotaron de los ojos de Natalie. ¿Dónde estaba su casa? Ella había pensado que estaba en Silverton, Texas. Ella había nacido allí y moriría allí después de una larga vida con un viejo vaquero que amaba la ganadería tanto como ella lo hacía. Pero últimamente, cuando la palabra vino a la mente ella lo relaciono a Cedar Hill. —Está fuera de combate. Ya sabes cómo suspiran cuando están realmente dormidos. Cuando lo puse en la cuna, lo hizo —


susurró Lucas mientras cruzaba la habitación y se sentó en el suelo junto a ella. —¿Cómo sabes eso? —Yo no tengo sobrinas o sobrinos, pero he estado alrededor de bebés. Muchos de mis amigos tienen familias ya —él contestó. Puso todos los materiales de la envoltura en un saco y lo empujó hacia atrás. —¿Crees que los chicos estarán encantados de ver los regalos? —¡Oh, sí! No son más que pequeños niños en pantalones grandes de vaqueros. —Él se rió. Scotty McCreery acababa de empezar a cantar "La Primera Navidad" con su voz profunda del Sur cuando Lucas la cogió en brazos y la sentó en su regazo. Ella se inclinó para el beso y abrió los labios. Su lengua le hizo el dulce amor a su boca y la temperatura del ambiente aumentó veinte grados. Ella envolvió los brazos alrededor de su cuello y acarició la cadena que todavía colgaba con sus placas de identificación. Él gimió y movió lentamente sus manos debajo de su camisa, viajando hacia sus pechos. Ellos le dolían por su toque, pero se tomó su tiempo, masajeando, provocando, y besando hasta que ella estuvo jadeando. Ella nunca antes se sintió como si sus entrañas estuvieran llenas de lava fundida a punto de explotar en cualquier momento. Metió sus manos por debajo de la camisa y le tocó la piel desnuda. Tensos músculos ondearon desde la cintura hasta los hombros. Ella encontró la cadena de nuevo y se deslizó debajo de ella para tocar su cuello. Él gimió. —Dios, eso se siente tan bien. Me encantan tus manos sobre mi cuerpo. —A mí también. —jadeó ella. Él rompió el beso y se echó hacia atrás. —Puedo ver las luces del árbol de Navidad en tus ojos azules. —Tus ojos marrones centellean dorados con el reflejo de las llamas de la chimenea —susurró. Se alejó la distancia suficiente como para poder desabrochar los botones de su camisa—. Dime


ahora si tenemos que detenernos porque para cuando llegue al botón inferior, vas a estar en serios problemas si lo hacemos. Alzó la mano y sacó un condón del bolsillo de su camisa. —No tengo nada que decir. —¿Necesitamos eso? —preguntó ella. —Lo hacemos —dijo con una gran sonrisa en su rostro. La luna no cayó del cielo. El árbol de Navidad no se prendió en fuego. Mañana pensaría en todos los quizás en su vida. En ese momento ella quiso satisfacción y la única persona que podía ofrecérsela era Lucas Allen. —Puedes desabrocharlo más rápido que eso —le dijo él. —Probablemente, pero yo no voy a hacerlo. Voy a hacer que te excites tanto como lo estoy yo. Sus labios encontraron los de ella en otro sofocante beso que elevo su temperatura interior a la etapa de ebullición. —Oh, cariño, tú ni siquiera sabes lo que es caliente, pero estás a punto de descubrirlo —susurró seductoramente al oído. Ella finalmente desabrochó el último botón de su camisa y la tiró hacia atrás para mirar el relleno de ese amplio pecho, abdomen definido, y los pezones tensos. Le dio un beso a cada uno y luego se estiro a la hebilla del cinturón. —¡Oh, no! —Él agarró su mano y la llevó a sus labios para besar cada dedo. ¡Piedad! ¿Cuándo las yemas de los dedos se convirtieron en una zona erótica? Ellos lavaban los platos. Ellos limpiaban los pisos y lavaban la ropa. Incluso envolvían regalos de Navidad, así que, ¿cómo diablos podía él excitarla besando cada uno? Él se tomó el mismo tiempo deshaciendo sus botones como lo hizo ella. Cuando echó hacia atrás la camisa y vio el sujetador de encaje color rojo brillante, se quedó sin aliento. —¿Te gusta lo que ves? —preguntó. —La Navidad ha llegado temprano en la casa de los Allen — respondió él. Sus manos eran como brasas de fuego cuando se estiró en torno de su caja torácica y le desabrochó el sujetador. Ella tiró de sus labios a los de él para otro duro beso tórrido, esta vez no frenando ni una sola cosa. Ella movió los hombros para ayudarlo a sacar la


camisa y cuando el sujetador se deslizó sobre los hombros, se inclinó hacia atrás para darle un mejor acceso a sus pechos. —¡Oh, Dios mío! —dijo cuando sus labios y lengua jugaron con cada uno, dándoles la misma atención antes de regresar a sus labios. —No creo que Dios tenga mucho que ver con esto —susurró mientras dejaba una estela de besos picantes por su largo y delgado cuello antes de establecerse de vuelta en su boca—. Eres impresionante, Natalie Clark, —dijo. Sus ojos, sus manos, sus besos, todos la hacían sentir como si fuera la mujer más hermosa de todo el planeta. Siendo la alta y desgarbada chica toda su vida, nunca había conocido ese sentimiento. —Escucha —murmuró él. —¿Qué? —La canción que está sonando —dijo. Alan Jackson estaba cantando "Yo Solo Te Deseo A Ti Para Navidad." —¿Hablas en serio? —preguntó. —Sí, señora. ¿Y después de Navidad? La idea era un borrón mientras pasaba por su mente. Ella se preocuparía luego por el después de Navidad. En ese momento sólo deseaba a Lucas. Él cantó el coro en voz baja en su oído mientras desabrochaba la hebilla de su cinturón. Alan decía que debía atar una cinta alrededor de su cuello. ¿Qué parte quería Lucas que se atara una cinta? —¿Mi habitación? —preguntó él. —¡Justo aquí! —Se quitó sus vaqueros y las botas, arrojándolos a un lado. Pasaron de sentados a estirarse sobre la alfombra delante de la chimenea, los dos tan desnudo como el día en que vinieron al mundo. Dios, lo deseaba desesperadamente, pero ella no quería apresurarse. Quería mirarse por completo en sus ojos marrones y tocar su cuerpo hasta que se sintiera de la misma manera que lo


hacía ella. Uno de sus pulgares estaba rodeando su muñeca, volviendo la hoguera en su interior en un incendio forestal de Texas. Su erección empujó contra su vientre, por lo que ella deslizó una mano entre sus cuerpos y lo rodeó, provocándolo hasta el punto de hacerlo gemir. —Estoy tan lista —susurró. Sacó una almohada del sofá y ella levantó su cabeza. Él negó con lentitud. —No para eso, mejillas dulces. Yacía desnuda, jadeando, deseándolo, infiernos, rogándole que tenga relaciones sexuales con ella; así que, ¿por qué estaba sonrojada ante la idea de una almohada debajo de su trasero para evitar que golpear el suelo de madera? Cuando la almohada estuvo en su lugar, Lucas tomó su cara entre las manos. Natalie rodeó con sus largas piernas firmemente alrededor de su cintura. Sin romper el beso, sacó el condón del envoltorio y lo rodó en su lugar. —Sí —dijo cuando descubrió lo que estaba haciendo. En un movimiento firme se sumergió en su interior y se quedó sin aliento. —Dios mío. . . esto es. . . maravilloso —dijo. —Sí, señora, justo eso —dijo, recalcando cada palabra con un golpe más fuerte. Nada raro. Nada sofisticado. Solo sexo caliente al viejo estilo y todo su cuerpo cosquilleaba de los pies a la cabeza. Ella quería que durara, pero quería que fuera más duro y más rápido. La llevó hasta el borde del clímax tres veces antes de que se volviera tan frenética que arañaba su espalda y le rogaba. —Voy a morir si. . . Él aumentó el ritmo. —Oh. Mi. Dulce. Señor. —Ella podría forzar la salida de una palabra a la vez y jadeó con fuerza entre ellas. Natalie no era virgen, pero seguro que estaba condenadamente en territorio extraño, porque cuando él gruñó su nombre y acomodó su cara en su cuello, su cuerpo estaba totalmente satisfecho. Satisfecho de una manera que nunca antes había


conocido, ni siquiera la primera vez que había tenido relaciones sexuales después de una fiesta. Él se movió a un lado y la atrajo hacia sí, levantó la mano y sacó una manta del sofá y la envolvió alrededor de los dos. —¡Eso fue increíble! —Él deslizó la almohada de debajo de ella y la lanzó a través de la habitación—. Quiero abrazarte toda la noche justo aquí. —Hasta que el monitor del bebé nos despierte, eso suena como un plan —dijo adormilada. Él acaricio su cuello con su cara. —He soñado con esto muchas veces cuando estaba por allá. —Yo soñé con esto cuando tú estabas allá. Me pregunto si fue en las mismas noches. Ella le dio un dulce beso en los labios y cerró los ojos.


Capítulo 15 Traducido por ஓ¥anliஓ Corregido por Viqijb

El capitán puso una mano sobre el hombro de Lucas. —Usted no va a salir hoy en la misión de reconocimiento. Tenemos una situación que necesitas controlar. —Sí, señor —saludó Lucas. Drew le dio una señal de aprobación con el pulgar mientras el jeep se retiró de las puertas. Él le saludo con la mano y antes de llegar al edificio donde los ordenadores se establecían, oyó la explosión. —¡No! ¡No! —Sus pies eran como plomo mientras corría hacia la puerta—. No puedo decirle a Natalie —gritó una y otra vez. *** Natalie se sentó tan rápido que sacó el edredón de Lucas y la habitación hizo un par de bruscos giros antes de que lograra tenerlo bajo control. Lucas tenía las manos sobre sus ojos y siguió murmurando: —No puedo decirle a Natalie. De acuerdo con el reloj en la pared eran las cuatro y los sonidos que provenían del monitor del bebé le decían que Joshua estaba inquieto en su sueño. Había dormido de largo saltándose dos de sus biberones por primera vez en su vida. Ella sacudió a Lucas en el hombro. —¿Decirme qué? —Capitán, no puede estar muerto. No puedo decirle a Natalie. Lo sacudió con más fuerza. —Despierta, Lucas. Es una pesadilla.


Él se sentó y sus ojos estaban abiertos, pero el árbol de Navidad no era lo que estaba viendo. Se dio cuenta por la expresión de su rostro y las lágrimas corriendo por sus mejillas que estaba mirando directo a la explosión que mató a Drew. —Salieron dos vehículos. Se suponía que debía estar en el de Drew —dijo con voz hueca. Se acercó de rodillas hasta que estuvo frente a él. —Lucas, mírame. Estás en casa. Estoy justo aquí. Sé que Drew está muerto. No tienes que decirme. Él parpadeó rápidamente media docena de veces. —¿Natalie? ¿Cómo has llegado hasta aquí? ¿Drew está muerto? Lo siento. Ella puso sus brazos alrededor de él y lo abrazó con fuerza. —Estás en casa, Lucas. Fue sólo una pesadilla. ¿Las tienes a menudo? —Casi todas las noches —susurró. Los ruidos en el monitor del bebé pasaron de los gemidos a las demandas con todas las de la ley. —Suena como que será mejor que preparemos un biberón — dijo. —Tú prepara el biberón. Yo lo cambiare. ¿Nos encontramos en el estudio? Se frotó los ojos y asintió. Envolvió la suave manta alrededor de ella como un sari y caminó descalza por el pasillo hacia su dormitorio. Se apresuró a tirarlo sobre la cama, cogió la ropa interior y una larga camisa de dormir de su maleta, y se los puso antes de cargar a Joshua. —Lo siento, hijo. Conseguiremos un pañal limpio y luego iremos a ver las luces del árbol de Navidad. ¿Eso compensara el que sea tan lenta? Él gimió su respuesta, pataleando y agitando los brazos todo el tiempo mientras lo cambiaba. Ella encontró a Lucas en medio del pasillo. Iba vestido con pantalones holgados a cuadros marrón y beige y una camiseta térmica que se extendía sobre sus anchos hombros, luciendo infernalmente sexy. Por extraño que parezca, el biberón en la mano no le quitó ni un poco de la sensualidad. —Suena como si estuviera listo para esto —dijo Lucas.


Ella lo tomó de él y volvieron a la sala, donde se sentó en un sillón reclinable. Joshua chupó con fuerza, con los ojos bien abiertos y la mirada fija en ella. —Hey, muchacho. —Ella se echó a reír—. No me mires de esa forma, jovencito. Eso te serviría como castigo para no tener a Henry leyéndote esta mañana. Lucas se sentó lentamente en la mecedora cerca de ella y se rió entre dientes. —Eso sería un castigo más para Henry que para Josh. —Eso probablemente lo haría. Ahora háblame de este sueño que siempre tienes —dijo. Vaciló por unos completos tres minutos. —Es bueno hablar de las cosas, Lucas —dijo ella. —Es sólo revivir aquel día en que murió Drew. Sólo que ocurre en diferentes maneras. A veces estoy corriendo a la puerta cuando escuché la explosión. A veces estoy sentado en frente de esa computadora sabiendo que vas a aparecer en cualquier momento. Y a veces soy yo con los otros chicos de pie en posición de firmes cuando cargan lo que quedaba de él en el avión para enviarlo a casa. Pero siempre termina de la misma manera conmigo despertándome con un sudor frío, porque no quería decirte que él estaba muerto — dijo Lucas. La televisión se había quedado encendida toda la noche y ahora había un segmento de vídeos cristianos sonando. Alan Jackson cantaba "Quiero Pasear por el Cielo Contigo." —Esa canción fue tocada en su funeral —dijo ella. —Cuéntame de eso. —No hay mucho que contar. Fue a ataúd cerrado. La iglesia estaba llena y yo no era la única mujer que lloraba, a pesar de que llorábamos por diferentes razones cuando esa canción sonó al final. Fue con todos los honores militares. Salté cada vez que los cañones dispararon y me sentí engañada cuando le dieron la bandera a su hermana mayor —dijo con sinceridad. —A él le hubiera gustado que tú la tuvieras —dijo Lucas seriamente—. Tal vez algún día ella se la dará a Josh. Natalie sacudió la cabeza.


—Toda la ciudad de Silverton sabe que Josh es el hijo de Drew, pero sus hermanas no lo creen. Tengo la intención de decirle que su padre fue un héroe. —Él debe saber que su padre fue un héroe —dijo Lucas. Los ojos de Joshua pasaron de Natalie a Lucas, y sonrió alrededor de la mamila de la botella. —Mira ese encanto. Él no quiere estar castigado de las sesiones de lectura de Henry —dijo. Lucas estiró el brazo atravesando el espacio entre ellos y tocó la mano de Joshua. De inmediato envolvió su mano regordeta alrededor del dedo de Lucas y se agarró con fuerza. —Él me está diciendo que siente haberte mirado de esa forma, pero los vaqueros en Cedar Hill están de mal humor cuando tienen hambre. Dice que no volverá a suceder —dijo Lucas. *** El martes por la noche, los chicos se fueron después de las noticias de las seis. Joshua se había quedado dormido en su columpio, y Lucas tiró de Natalie a su regazo en el sillón cuando pasó a su lado. Ella encajaba bien en sus brazos, como si estuviera hecha especialmente sólo para él. Él enredó su mano en su cabello y masajeó el cuero cabelludo. Ella gimió. —Señor, eso se siente bien. —Tengo motivos ulteriores. —Sus labios encontraron los suyos en un beso tórrido y duro. —Me gustan tus motivos —susurró. —Agarra ese monitor y llevaremos nuestras motivaciones a la habitación —dijo. Alargó la mano hacia él y sonó su teléfono. —¡Bueno, mierda! —refunfuñó él. Lo sacó del bolsillo de la camisa y miró el identificador de llamadas. —Tengo que tomarla. Es el abuelo. Hola.


—¿He interrumpido algo? —Henry se rió entre dientes—. Hay una vaca en el pasto por la iglesia. A mí me parece que está teniendo problemas para dar a luz un ternero. Te lo juro, esas novillas locas no tienen una pizca de sentido. Sabemos cuándo necesitan reproducirse para lanzar a los terneros en la primavera en lugar de en la peor tormenta que Texas ha visto en años. Pero, ¿las vacas me preguntan antes de ir revolcándose por ahí? ¡No, señor, no lo hacen! —Llamare a Grady y vamos a verla —dijo Lucas. —Tú y Natalie pueden ir. Yo regresaré y vigilare a Joshua. —Tú quédate allí. Nosotros nos ocuparemos de ella —dijo Lucas. —¿De la vaca o de la mujer? —preguntó Natalie. —Novilla, no libertina. —Lucas le dio un beso en la mejilla—. Podría solo dispararle. —¡Ni se te ocurra! —dijo Natalie. —¿Me prestas tu pistola rosa? Ella negó con la cabeza. —¡Diablos, no! Nadie usa esa arma excepto yo. Ella ni siquiera dispara directamente si alguien la usa. Grady estaba viendo reposiciones de NCIS7 en la televisión y se quejó por tener que volver a salir al frío. —Maldita vieja vaca. Igual que una mujer que tenga un bebé en el momento equivocado del año y en una noche como esta. Lucas había estado haciendo algo mucho más divertido que ver las repeticiones, por lo que tenía una excusa más grande para quejarse, pero no dijo una palabra. Los tres sujetos estaban tan profundamente metidos en lo casamenteros que no necesitaban un extra de estímulo. Le gustaba Josh, y realmente, realmente le gustaba Natalie. Infierno, él podía verse a sí mismo pasando el resto de su vida con ella allí mismo, en el rancho. Pero convencerla de que Josh recibiría un trato justo del acuerdo no sería fácil. *** NCIS, abreviatura de Naval Criminal Investigative Service (titulada en España Navy: Investigación criminal y en América Latina Investigación Criminal: NCIS), es una serie de televisión. 7


Natalie se despertó el miércoles por la mañana para encontrar una nota de Lucas sobre la almohada a su lado. Llegamos después de la medianoche. Llevamos un nuevo becerro al granero. Josh tendrá que verlo y decidir cuál ternero quiere reclamar como suyo. No quise despertarte, así que te veré en el desayuno. Estaba firmado con la letra L. Ella sonrió mientras lo leía. Claro, era la L de Lucas, pero, ¿no sería algo si realmente fuera la palabra con L8? La adormilada mañana como una vieja babosa perezosa. En el desayuno Lucas dijo que él y Jack tuvieron que hacer un viaje a Sherman por unas piezas del tractor y que los peones estaban haciendo todo el pastoreo de la mañana. Ella cocinó dos pasteles extras e hizo seis docenas de galletas de mantequilla de maní sólo para tener algo que hacer. La ropa estaba lavada; la casa estaba impecable, Joshua estaba alimentado, y Henry estaba ocupado entreteniéndolo. Cuando las últimas galletas salieron del horno todavía tenía una hora antes de la cena, así que desarmó su pistola y la limpió. Tenía la intención de mostrarle a Lucas que era una condenada tiradora. Su madre no consideraba las prácticas de tiro un desperdicio de munición, así que no era un pecado disparar a algo inmóvil en lugar de algo peligroso o en movimiento. Su teléfono sonó cuando tuvo el arma en piezas. Ella no tenía que mirar el ID para saber que era su madre. —Hola —dijo con cautela. Seguramente Debra no podía saber que ella había tenido relaciones sexuales, relaciones sexuales sin protección, por teléfono, ¿podría? —¿Qué estás haciendo? —Limpiando la pistola —dijo Natalie. —¿Por qué? ¿La disparaste? —preguntó Debra. —Mate a un coyote hace unos días y no he tenido tiempo para limpiarla hasta ahora. Hornee dos pasteles de nuez y un montón de galletas esta mañana. En inglés Amor se escribe Love, que empieza con la misma letra que el nombre de Lucas. La protagonista hace referencia a si en vez de haber firmado con su inicial, lo hubiera hecho refiriéndose al amor. 8


—Háblame de ganadería. Sabes que la cocina no es lo mío. ¿Qué está pasando ahí? —Sólo ganadería —respondió Natalie. —¿Y mi nieto? ¿Me está extrañando? —Sí, señora. Él se queja en la puerta por ti todos los días. Mamá, aún no tiene ni tres meses de edad. Él no sabe. . . Debra se aclaró la garganta. —Mucho más de ese descaro y estaré allí para cuando oscurezca y los arrastraré a ustedes dos de regreso aquí a donde pertenecen. ¿Te has acostado con Lucas? Natalie dejó caer la empuñadura de la pistola y tuvo que hacer una pequeña maniobra para evitar que cayera al suelo. —¿Por qué diablos me lo preguntas? —He oído algo en tu voz que nunca ha estado allí antes. Me asusta, Natalie Joy —dijo Debra. —No me has llamado por mi segundo nombre en años —dijo Natalie. —No he tenido qué. Prométeme que serás cuidadosa —dijo Debra. —Lo prometo. Y recuerda que me traje mi pistola. Debra se rió. —Como te dije cuando empezaste a tener citas, guarda dos palas completamente afiladas. Si alguien te hace daño, nos haremos cargo de los cuerpos y Dios mirara para otro lado. —Te quiero, mamá —dijo Natalie. Después de que ella habló con su madre, terminó de limpiar la pistola, volvió a juntar todo, y tuvo la cena en la mesa cuando los chicos vagaron por la puerta de atrás. Lucas rozo sus dedos cruzando los suyos mientras la pasaba en la cocina. Ella olfateó el aire. ¡Zorrillo! Y no estaba muy lejos. Esperaba que no se fuera a ninguna parte cerca de esos cachorros. Ella cogió su arma y se dirigió hacia el exterior. —Vigila al bebé y cierra la puerta —le gritó. Lucas ignoró sus órdenes y estiro el brazo por su abrigo.


*** —Zorrillo —dijo Henry. —¿Crees que deberíamos ir a ayudarle? —preguntó Grady. —¡Diablos, no! —respondió Jack—. Ella nos dijo que cuidáramos al bebé. Tiene un arma y si son rociados pueden ser miserables juntos. —Los animales de nuevo —dijo Henry. —Te digo que es Lucas. Todos vienen por ahí porque está en casa. Es una locura, pero es la única cosa que tiene sentido —dijo Grady. —No es Lucas. Es Joshua —dijo Jack—. Tenemos este precioso bebé con nosotros. Es una bendición y los animales lo saben. Hazel es la que me puso en la idea antes de que tú dijeras que yo estoy loco y me preguntaste si estoy viendo fantasmas y escuchando voces. Es como si todos ellos tienen que venir a ver lo que está sucediendo desde que Joshua vino al rancho. No me sorprendería si ese coyote que Natalie disparo no estaba tras los cachorros en absoluto, sino que era sólo el primer visitante que llegó para ver a Joshua. Henry se aclaró la garganta y se secó una lágrima de sus ojos. —Estaba contándole a Ella todo lo que había pasado sobre los locos animales de ayer por la noche después de que me metí en la cama y recibí el mismo mensaje de ella. Dijo que debemos contar nuestras bendiciones y que los animales estaban tratando de hacernos ver que Joshua es especial. —¿Suena un poco extraño, verdad? —preguntó Grady. —Es extraño. Pero todos tenemos que admitir que algo está pasando y que este niño estaba destinado a ser criado en este rancho. Lo probaré todo mañana por la mañana —dijo Henry. —¿Cómo es eso? —preguntó Grady. —Sólo espera y veras. Demostraré que mi Ella Jo tiene razón.


*** Los zorrillos son animales nocturnos. Duermen en el día y salen a alimentarse, procrear, y jugar por la noche. Ver a uno durante el día a veces significaba que estaba enfermo o rabioso. Este era un gran viejo compañero y se dirigía directamente a los corrales para perros cuando Natalie lo localizó. Ella apuntó y disparó una vez. Cayó y ni siquiera tembló. —Buen disparo —dijo Lucas detrás de ella. Ella dio un salto y se dio la vuelta. —Me has asustado como la mierda. —Lo siento. Vamos a entrar en la casa. Lo dejaremos en paz hasta después de la cena y luego Grady y yo nos desharemos de él. Creo que algo andaba mal con él si estaba fuera merodeando a la luz del día. —Esto apesta. Eso es lo suficientemente malo para mí —dijo. —Suenas como que estás hablando por experiencia. —Claro que lo estoy. —Ella entrelazó los dedos en los suyos y se dirigieron de vuelta a la casa—. Yo estaba apuntando a uno y otro me agarro la pierna del jean. La tela no mantuvo el olor de penetrar en mi piel y mamá intentó todo en el mundo para sacarlo pero apesté por una semana entera. Gracias a Dios que fue en el verano porque me habría negado a ir a la escuela. Mis hermanos se burlaron, y Drew fue un verdadero hijo de puta. —¿Oh, el querido Drew tuvo un fallo? —preguntó Lucas. —Ese año no sabía cuándo callarse. Yo solía decirle que saber cuándo callar sería la lección más dura que alguna vez aprendería. No estoy segura de que alguna vez lo hizo. Hemos estado aquí entre el olor. Creo que será mejor que tomemos una ducha antes de que sirva la cena. —No es tan malo. Podemos comer y bañarnos juntos más tarde. Pero no tomaron una ducha juntos o hicieron el amor esa noche. Su vecino más cercano, a tres kilómetros de distancia, se salió de la carretera en una zanja. Y los cuatro chicos se fueron antes de


las noticias de las seis para ayudar. Henry condujo la camioneta y Lucas tomo el tractor más grande que poseían. A las diez él la llamó para decirle que el vecino y su esposa tuvieron que ser llevados al hospital en Denison, así que él y Jack siguieron a la ambulancia. Si ellos eran tratados y dados de alta, entonces necesitarían un viaje a casa. —Lo siento —dijo. —Todo esto es parte de la ganadería —dijo. El jueves por la mañana se despertó con otra nota. Los trajimos a casa. Wilbur tiene algunos puntos de sutura en la cabeza. Livvy tiene un tobillo torcido. Pero era medianoche cuando llegamos a casa. Te veré en el desayuno. L. El resto del día fue un verdadero fastidio. El agua de la lavadora se congeló. Estaba ocupada descongelándola con su secador de pelo y casi quema las galletas con chispas de chocolate. Joshua protestó todo el día y quería que lo cargaran. —Henry te ha malcriado por una atención constante. — Rebobinó su columpio, pero él todavía se agitaba—. Oh, está bien — dijo cuando lo sacó y se lo llevó en su cadera mientras doblaba la ropa con una sola mano. Henry había llevado un pastel y dos docenas de galletas con él y se fue justo después del desayuno para ir donde los vecinos y sentarse con ellos durante toda la mañana. Natalie deseaba haber enviado a Joshua con él para cuando el día termino. Lucas llegó esa noche y una mirada hacia él le dijo que su día no había sido ni un poco mejor. Y ahí quedo la ducha y el sexo salvaje esa noche. Estaba agotada de llevar a un bebé quisquilloso todo el día. Estaba cansada hasta los huesos por el trabajo duro. Cenaron en silencio y luego Henry trajo la botella de whisky. —Voy a conseguir una bebida. —Su tono los desafió a discutir con él. —Conseguiré una cerveza. —Grady fue a la nevera—. ¿Jack? ¿Lucas? Ambos asintieron. Nadie le preguntó a ella si quería algo. Tal vez ella todavía olía a zorrillo o tal vez ella era una gran parte de la familia y pensaron


que hablaría si ella quería algo o tal vez Lucas estaba enojado con ella por algo. Incluso las pequeñas notas lindas, que parecían más explicativas que dulce en ese momento, no compensaba el hecho de que él había estado francamente distante desde que ella le disparó al zorrillo. Ella se dio la vuelta para ver donde estaba Lucas para encontrar las cuatro caras agrias de los hombres en la mesa, tres con cervezas y uno con un trago de whisky. —Pon dos dedos de whisky y acompáñanos —dijo Henry. Agarró el Jack Daniel's y se sirvió una buena dosis en un vaso de agua. —Livvy y Wilbur me volvieron loco con su quejadera sobre cuánto tiempo le llevaba al médico verlos en el hospital. Me hubiera gustado incluso no haberles llevado un pastel o las galletas. Incluso les puse una cena congeladas en el horno para que Livvy pudiera sentarse en su mecedora, y ella no se la comió. Apuesto a que Josh me extrañó, ¿no? —dijo Henry—. Ahora estoy en un estado de ánimo enojado. Lucas, quiero que me lleves por el rancho. Ella tomó un sorbo de whisky. Fue caliente en su bajada, pero no ayudó a su estado de ánimo. Tomaría al menos cinco tragos de tequila para ahuyentar a sus demonios esa noche y no había nada más que bourbon y cerveza en la casa. —Maldito viejo tractor nos está haciendo maldecir —dijo Grady. —¿Sobre qué? Estoy listo para dispararle a la maldita cosa como Natalie hizo con el zorrillo —espetó Lucas. —Comprar uno nuevo. Señor, muchacho, tienes suficiente dinero para comprar una maldita flota de tractores —dijo Jack—. Él es un tacaño, Natalie. No va a gastar ni un centavo a menos que sea tan necesario que no pueda sacarle más provecho. —Suena como mi padre. —Ella bebió el resto del whisky. —Vamos, Lucas. Vamos a dar una vuelta. Ninguno de nosotros está apto para la compañía de nadie. Pobre pequeño viejo Josh podría pensar que ambos somos unos viejos osos —declaró Henry. Jack terminó su cerveza con un largo trago. —Hasta mañana, niños.


Grady se sentó allí unos minutos más. —El hombre del tiempo dice que hay una nueva tormenta condensándose en el norte y viene hacia aquí. Puede que se aguante también y se prepare para otra explosión. Dice que esta vez será por lo menos de 8 centímetros. —¡Bueno, mierda! Eso significa que los coyotes se acercarán más porque no pueden encontrar comida, y tendremos que estar atento a los terneros jóvenes, y esos molestos cachorros pueden arrastrarse fuera de la cerca de nuevo. Ellos piensan que son lo suficientemente grandes como para cazar con los perros mayores — dijo Lucas. —Yo también me voy. Nos vemos por la mañana. —Grady se puso el abrigo, el sombrero y se fue. Henry se puso el abrigo y Natalie lo observó a él y a Lucas salir. Encendió la televisión y se instaló en la silla de Henry con Joshua en el regazo. En treinta minutos, la puerta de atrás fue batida. Por los ruidos, oyó a Lucas colgar su abrigo, se detuvo junto a las mascotas y habló con la mamá gata, y luego camino lentamente a la sala de estar en calcetines. —Yo no soy tu padre —dijo Lucas. —No he dicho que lo fueras. Dije que sonaba como él. No gasta dinero cuando no es necesario, tampoco. Su barbilla se disparó tan alto que podía ver por su nariz. —No soy un tacaño. —No he dicho que lo fueras. No te desquites conmigo porque tu tractor te está haciendo dar un ataque. Joshua me volvió loca a mi hoy porque tu abuelo lo ha malcriado, y yo no me desquito contigo —le espetó. —No estoy desquitándome contigo —dijo. —Sí, lo estás, y yo no dije que fueras mi padre —contrarrestó Natalie. —Yo no soy Drew, y no soy tu padre. Soy sólo yo. Tómame o déjame, pero no me estés volviendo en alguien que no soy —dijo. —Necesitas mejorar tu estado de ánimo o me voy de aquí. Yo no tengo que aguantar esta mierda —dijo. Él empujó la silla hacia atrás tan rápido que se estrelló en el piso de madera dura y Joshua empezó a llorar.


—¡No me amenaces, mujer! —No me llames mujer. Tengo un nombre. O lo usas o ni siquiera me hables. —Se levantó, puso a Joshua en su columpio, y le dio cuerda. Él estaba allí de pie, con los brazos colgando inertes y con el enojo en su rostro. Ella dio dos pasos y su pecho rozó contra el suyo. El calor todavía estaba allí cuando ella lo tocaba, incluso cuando estaban peleando. Sí, señora, la madre naturaleza era una verdadera perra. —¡Bueno, eso es lo que eres, una mujer! —dijo. —Cariño, yo no soy sólo una mujer. Soy una gran taza de descaro, cubierta de salsa intratable, con un toque de bruja, y un toque de pura terquedad lanzada para la buena suerte. Acuérdate de eso la próxima vez que pienses que puedes disparar más o discutir más conmigo —dijo. Joshua levantó un aullido, pero ella lo ignoró y siguió mirando a Lucas. —Agarra a tu bebé. Él está llorando —dijo Lucas y salió furioso de la cocina. Escucho la ducha abrirse, pero ella estaría desnudándose y arrojándose a la nieve antes que abrir la puerta del baño. Recogió a Joshua y se sentó en la mecedora. Dejó de llorar y se metió el pulgar en la boca. Ella se lo quitó y le dijo: —Los vaqueros no se chupan el pulgar. Lanzan ataques y ponen malas caras, pero no se chupan el pulgar. Él se lo metió de nuevo en su boca cuando ella lo soltó. —Tal vez vas a ser un artista o un bailarín de ballet en lugar de un vaquero —dijo. —Ni en el infierno —dijo Lucas desde el pasillo. —Él es mi hijo, como tú lo acabas de señalar. Y él puede ser lo que quiera ser. Si quiere usar medias, lindo zapatitos de ballet y danzar, entonces malditamente seguro que lo hará —dijo ella. —No voy a pelear contigo sobre esto esta noche, Natalie. Me voy a la cama. Me cobraré lo de la ducha después. —Y yo me cobraré con el sexo, pero esta noche no quiero ni verte —dijo ella.


—El sentimiento es mutuo. —Se dio la vuelta y regresó a su habitación. Natalie quería reír o llorar, pero no hizo nada. En su lugar puso a su bebé a dormir y tomó una larga ducha. No se dio cuenta de lo estresada que estaba hasta que los chorros de agua caliente golpearon la tensión de sus músculos. Natalie estuvo dormida en cuestión de segundos después de que su cabeza goleara la almohada. A las dos, el bebé se despertó por su biberón y lo cambió, hizo una botella, y se volvió a dormir como una roca. Apenas se había metido en la cama cuando oyó a Lucas gritando. —¡No! ¡No! No puedo decirle a Natalie. Ella salió de la cama y corrió por el pasillo. Abrió la puerta y lo encontró sentado en la cama, con la mirada vidriosa, y temblando de pies a cabeza. Ella se metió en la cama con él, le puso una mano en cada mejilla, y dijo: —Lucas, es una pesadilla. Despierta, cariño. Abre los ojos a la realidad. —¿Natalie? —Él parpadeó. —Estoy justo aquí —dijo. Él la agarró en un fuerte abrazo y enterró la cara en su cuello. —No me dejes nunca, Natalie. Abrázame. —Me quedare, pero sostenme —dijo. Él la levantó y la puso a un lado, la empujó hacia atrás sobre las almohadas, y pasó un brazo por debajo de ella. Él la atrajo a su costado y la abrazó tan cerca que ella pensó que iba a sofocarla. El temblor se detuvo y sus ojos se cerraron.


Capítulo 16 Traducido por Marijf22 Corregido por Viqijb

—¿Cuándo comenzaste a tener estas pesadillas? —le preguntó Natalie a la mañana siguiente mientras trabajaban juntos en la cocina. Ella doraba salchichas en una sartén de hierro fundido, mientras que él ponía en marcha la preparación del café y colocaba los platos en la barra. —Tuve unos cuantas allá, pero desde que volví a casa, las he tenido casi todas las noches. Estoy empezando a dudar de que alguna vez vayan a desaparecer. Henry abrió la puerta de atrás de un empujón y zapateó para quitarse la nieve de las botas. —¿Dudas de qué? —Una sonrisa profundizó las arrugas alrededor de sus ojos cuando los vio abrazados juntos. — ¿Es que alguna vez va a aumentar la temperatura y fundirse todo este hielo y nieve? —preguntó Natalie para conseguir que Henry hablara de otra cosa. —Oh, lo hará uno de estos días. Dentro de unos meses nos olvidaremos de todo lo relacionado a la nieve y el desorden y estaremos despotricando acerca del calor del verano. Oí crujidos en torno a mi casa anoche que sonaban como disparos de escopeta. Eran ramas desprendiéndose y cayendo al suelo. Cuando eso se descongele, tendremos un montón de ramas secas tumbadas en el suelo. Al equipo de trabajo le tomará un mes conseguir que el lugar vuelva a tener algún tipo de orden. ¿Qué hay para el desayuno esta mañana? —Jamón y huevos, croquetas de papa y galletas. ¿Alguna otra cosa que desees? —preguntó Natalie. —Pregúntame a mí lo que deseo. No tendrá nada que ver con alimentos —susurró Lucas. Ella se salió de su abrazo y cogió una sartén de hierro.


—Parece como si deberías sentarte y dejar de burlarte de ella. —Henry se rió entre dientes—. ¿Dónde está Josh? Antes de que ella pudiera contestar el monitor del bebé anunció que él estaba despierto y hambriento. —Supongo que él está despierto ahora —dijo. —Sigue con el desayuno. Yo me ocuparé de él —dijo Lucas. —¿El cambio de pañal? —Ella levantó una ceja. —¿No crees que sepa cómo cambiar a un bebé? Ella sonrió. —Voy a tener una mamadera preparada cuando vuelvas con él. —Y yo voy a sentarme en la mecedora y darle de comer —dijo Henry—. No querría que tú quemaras mi jamón y huevos. *** Lucas levantó a Joshua de la cuna y lo acostó en la cama de Natalie. —Buenos días, vaquero. Santo cielo, amiguito, estás completamente mojado. No es de extrañar que estés tratando de comerte los puños. Toda esa leche que tomaste anoche ha corrido directamente a través de ti. Apuesto a que tu pequeña pobre panza piensa que está muriendo de hambre. Bien, ahora quédate quito y te cambiaré y quedarás pronto para el día. Vamos a mostrarle a tu mami que dos vaqueros pueden hacerse cargo de cualquier cosa. Abrió la cremallera de los pijamas de Josh y los quitó de su cuerpo, luego retiró la cinta del pañal. Apenas había conseguido colocar el nuevo bajo su trasero cuando el bebé soltó un chorro que golpeó a Lucas justo en el pecho antes de que pudiera haberle acomodado el pañal al bebé. —Tienes una gran puntería, vaquero. Cuando consiga tenerte cambiado, yo voy a tener que cambiarme antes de que vayamos en busca de tu desayuno. —Lucas se echó a reír. Eligió un pequeño lindo atuendo con un caballo de palo cosido en el frente y un par de calcetines blancos para que Josh


llevara ese día. A Lucas le molestó que Natalie y Josh siguieran viviendo con el contenido que había en una maleta. Hizo una nota mental para decirle que desempacara sus cosas y las colgara en el armario donde pertenecían. Cuando Josh estuvo completamente vestido, Lucas lo levantó y le dio un beso en la frente. Josh lo miró. Esos ojos marrones oscuros se reunieron con los ojos del mismo color cuando tanto el hombre como el bebé quedaron con sus miradas enlazadas separados desde una habitación a otra. —Ya veo por qué se iniciaron los rumores. Te juro que tienes mis ojos, pero entonces, tu padre los tenía del mismo color que yo. Era un héroe, Josh. Puedes crecer orgulloso de que él fue tu papá. — Lucas puso a Josh en su cama y se cambió la camiseta—. Tu padre fue mi mejor amigo allá en Kuwait. Y él era el mejor amigo de tu mamá también. Le hubiera encantado verte, pero murió antes de que nacieras. Cogió al bebé y lo sostuvo contra su pecho. Cuando llegó a la cocina, Henry estaba sonriendo tan ampliamente que parecía que su cara se dividiría. Los ojos de Natalie estaban empañados y se mordía el labio superior. —¿Qué? —les preguntó. —Supongo que el señorito Josh te roció —dijo Henry—. Recuerdo la primera vez que me hiciste eso a mí. —¿Cómo lo sabes? —Lo escuché todo por ese artilugio ubicado allá en el gabinete —contestó Henry. El rostro de Lucas se volvió caliente al instante. Lo qué le había dicho al bebé no se suponía que fuera a ser transmitido por toda la casa. —Tendremos que tener cuidado cuando estamos contando secretos, vaquero. ¡Tu mamá tiene oídos en la parte posterior de su cabeza! Natalie alcanzó a Josh y lo abrazó con fuerza contra ella. Él se movió, retorció y agitó. —Buenos días, cariño. Henry va a alimentarte con tu desayuno. Pórtate bien y comételo todo. —Seré el abuelo para Josh —dijo Henry.


—Síguele la corriente —dijo Lucas en voz baja. —Entonces, abuelo, aquí está la mamadera y aquí está el bebé —dijo Natalie. Jack entró por la puerta de atrás, pero antes de que pudiera cerrarla, los cachorros se precipitaron dentro de nuevo. La mamá gata siseó y se erizó hasta alcanzar el doble de su tamaño normal. Se puso de pie entre el cesto de la ropa donde sus bebés estaban retorciéndose y los cachorros con un brillo malicioso en los ojos y les gritó a los cachorros en un idioma que Natalie se alegraba de no poder entender. Todos ellos salieron corriendo a través del suelo de la cocina, aullando y chillando, tratando de conseguir ganar fuerza y deslizándose sobre sus vientres hasta llegar a la guarida donde se escondieron bajo el apoyo de las piernas del sillón reclinable de Henry. —Malditos perros —maldijo Jack mientras él y Grady los juntaban de nuevo. Henry se rió entre dientes. —¿Qué es tan gracioso? —protestó Jack. —Probar que mi punto es bueno de verdad. Ustedes podrían desear mirar hacia fuera en el patio delantero. Veo algo por ahí y creo que las cabras del viejo Crankston están de vuelta también. — Henry se rió. —Estaré contento cuando el tiempo se aclare —declaró Grady. —Todo va a estar bien —agregó Henry—. Todo estará bien después de este día. —Ha estado sorbiendo demasiado ese whisky —comentó Lucas. —Ahora, Ella Jo nunca me vio borracho y ella no va a verme en esta ocasión tampoco —declaró Henry—. Y tengo un trabajito para ti hoy; después de que todos vayan afuera y acorralen a las cabras antes de que se coman más de nuestras decoraciones. Vas a tomar a Joshua y permitir que vea a todos los animales en el rancho. Los cachorros y las vacas en el establo, e incluso llevarlo en coche hasta la casa de Crankston y dejen que mire las cabras y el burro desde la valla. —¿Por qué habría de hacer eso? —preguntó Lucas.


—Porque yo estoy viejo y Ella Jo me dijo que eso es lo que ella quiere que hagas para Navidad. Así que vas a hacerlo —dijo Henry. —Sólo hazlo si eso le hará feliz —susurró Natalie. —Está bien, abuelo, si eso es importante para ti. —Lo es y tienes que ir y hacerlo por ti mismo. Nadie más puede ir contigo. Sólo tú y Joshua. Abrígalo muy bien. Hace frío ahí fuera —agregó Henry. —Yo tengo muchas cosas que hacer para mantenerme ocupada. Agradecería tener treinta minutos sin un bebé inquieto esta mañana —dijo Natalie. Esa noche, después de la cena, los muchachos se reunieron alrededor hasta que las noticias de las seis terminaron y luego se demoraron hasta después de las ocho, antes de que finalmente se fueran. —Para ser tres viejos leñadores que fueron bastante insistentes ayer, seguro que se las arreglaron para mantenernos separados hoy —dijo Lucas. —Ellos tienen un as bajo la manga. Puedes apostar por ello. Voy a darle a Josh su baño y alistarlo para acostarlo —concordó Natalie. —¿Josh, no Joshua? —preguntó Lucas. —Se me resbaló —dijo. —Me preguntaba si lo entendías. Él realmente es un Josh, Natalie. Joshua suena como un predicador o un profesor. Josh suena como un ganadero o un jinete de toros. —Eso es lo que Henry me dijo —contestó ella. —¿Dormirás conmigo esta noche? Después de que te metiste en mi cama, conmigo, anoche, el sueño se detuvo. —Él cambió de tema con tanta rapidez que ella fue sorprendida con la guardia baja. Ella vaciló. Él pasó un brazo alrededor de su hombro y la abrazó con fuerza. —Estoy agotado por completo, mejillas dulces. Esos viejos excéntricos me mantuvieron esforzándome durante todo el día después de que llevé a Josh a su viaje al zoológico por la mañana. Le encanta ir a ver a los animales, y verlo sonreír y murmurar con admiración, ciertamente me puso en un mejor estado de ánimo.


Estoy de acuerdo contigo. Los hombres tienen un as bajo la manga. Te estoy pidiendo que me permitas abrazarte y dormir contigo, y eso es todo por esta noche. Ella apenas inclinó la cabeza, pero eso fue suficiente para mantener la sonrisa en su cara. —Cuando termines de bañar al bebé, yo lo sostendré y le daré de comer mientras tú te das una ducha. Entonces, yo tomaré una y nos acurrucaremos aquí en el sofá y veremos la televisión hasta la hora de acostarse. ¿Es un trato? —Me parece bien —dijo—. Pero después de este día podría querer un largo baño de burbujas. Probablemente no tendré tiempo de hacer mucho en cuanto se refiere al embellecimiento mañana. Lucas levantó la vista del sillón reclinable. —¿Qué hay mañana? —Tu fiesta de la Asociación Angus. —Bueno, ¡mierda! Prometí llevarte de compras de nuevo para que te compres un bonito vestido. Lo siento, Natalie. Debimos haber hecho eso esta noche. —No hay necesidad de disculparse. Me pondré algo de mi armario. —Apenas podía mantener la emoción de la sorpresa fuera de su voz. —Bueno, mejillas dulces, podrías usar ese camisón que tenías la noche anterior y lucir mejor que nadie allí —dijo. —Está bien, está bien, puedes llamarme cariño. Mejillas dulces suena tan... —No podía encontrar la palabra correcta. —¿Pueblerino? —Eso sería de clase alta en comparación con lo que estaba pensando. Me llevo a este niño a la bañera y luego me toca a mí — dijo. —Tómate todo el tiempo que quieras en el cuarto de baño. Yo y Josh vamos a estar bien, pero tú siempre serás mejillas dulces para mí. —Él bostezó. Durante todo el baño, Josh gritó como si ella lo estuviera golpeando. Pataleó y gritó mientras ella lo vestía y ninguna cantidad de charlas persuasivas o incluso besos le apaciguaron.


—Parece que tienes el temperamento de tu mamá —dijo Lucas desde la puerta—. Me adelanté y apronté la botella cuando escuché el griterío. Ella le entregó a Lucas el bebé cuando terminó de vestirlo. Josh miró a los ojos de Lucas y dejó de llorar inmediatamente. Lucas le metió la botella en la boca, y el pequeño bribón tuvo el descaro de sonreír alrededor del pezón. *** Las burbujas parecían espuma pesada en un vaso de cerveza fría cuando ella se dejó caer en la bañera con patas. Se recostó sobre una toalla y suspiró. ¿Hazel se sentiría alguna vez como si ella estuviera agotada hasta la extenuación después de pasar un día en la casa? Abrió los ojos cuando las bisagras de la puerta chirriaron. Joshua no estaba llorando, ¿entonces que podría necesitar Lucas? Él bajó la tapa del inodoro y se sentó. —Esos dientes le están preocupando hasta la muerte. Le froté un poco de whisky en ellos. Se estremeció y se fue derecho a dormir. Ella se enderezó. —¿Qué es lo que pusiste en su boca? —Whisky. Llamé al abuelo y me dijo que era mejor que cualquiera de la basura que compras en el mercado. No estoy volviéndolo un alcohólico sólo por rozárselo en las encías, así que no me dispares con la pistola rosada —dijo Lucas. Él cogió la toalla y dijo: —Inclínate hacia adelante y déjame lavarte la espalda. Ella se inclinó. —¿Pistola rosada? —Sonó mejor que tirarme mierda de mono, ¿no? Él le masajeó la espalda con el paño con jabón hasta que las contracturas desaparecieron y ella se sintió como un espagueti mojado. Cuando se enderezó, él sostenía una ramita de muérdago sobre su cabeza.


Ella se estiró y él se inclinó. Sus labios se encontraron en un beso que mezclaba dos almas tan firmemente como si hubieran estado pegadas con un súper-pegamento. —Gracias —dijo ella. —¿Por el masaje de espalda o el beso? —le preguntó. —Ambos —contestó. —¿Los ruidos de la televisión despiertan a Josh? —le preguntó. —Eso salió de la nada, pero no hay mucho que le moleste después de que él está dormido —informó. —Mudé su cuna a mi habitación. Está de tu lado de la cama. Pensé en acurrucarnos y ver una película en mi habitación hasta que nos quedáramos dormidos —dijo él.


Capítulo 17 Traducido por Nadya Corregido por Viqijb

A Natalie le preocupaba que ella pudiera haber exagerado el conjunto sobre el tema mientras se vestía para la fiesta de Navidad de la Asociación Red River Angus esa noche. En su lado de Texas, más emperifollada podía significar algo totalmente diferente de lo que lo hacía en la parte central del norte central del estado. —Pero esto es lo que he comprado y como es todo lo que tengo aparte de los pantalones vaqueros y las botas y dos vestidos de domingo, que es lo que voy a tener que llevar —le dijo a Joshua mientras ponía los toques finales a su cabello y maquillaje. Alguien llamó suavemente a la puerta y luego se abrió una rendija. —Los chicos están a punto de iniciar una estampida de vuelta aquí para obtener a Josh. ¿Te importa si lo llevó adelante? — preguntó Lucas. Ella abrió el resto de la puerta, comenzó en las brillantes botas negras de Lucas y luego dejó que sus ojos lentamente viajen hacia arriba. Jeans plegados y amontonados a lo largo de sus perfectas botas, una camisa blanca de vaquero almidonada y planchada, sin una sola arruga, chaqueta de vestir con una horquilla de corte de Vaquero que abrazaba su cuerpo, recién afeitado y el pelo lo suficientemente hábil de vuelta con un poco de mousse. —Bueno, bueno, seguro que no se visten reamente bien. —Ella se sorprendió de que su voz sonara normal. Sus entrañas zumbaban tan fuerte que pensó que afectaría a su tono seguro. —Y usted, señora, parece que acaba de entrar fuera de la pasarela de un modelo. Dios, Natalie, tú estás absolutamente impresionante —dijo.


Ella se dio la vuelta lentamente. El vestido de encaje tenía un cuello alto y equipada con mangas largas Victorianas, pero la parte de atrás tenía un corte en forma de corazón que iniciaba en el cuello y terminaba con un punto justo por encima de su sujetador. El dobladillo del pañuelo de volantes sobre las copas de sus botas y cuando ella se movía el encaje se balanceaba a los lados mostrando las cruces marrones en sus botas. —No podemos ir —dijo él con voz ronca. —¿¡Qué!? Compré todo esto para la fiesta y no puedo ir. ¿Por qué? Las comisuras de sus labios se aparecieron ligeramente. —Porque voy a perderte. Uno de esos vaqueros bien parecido se precipitará sobre ti y me quedaré sin nada más que un corazón quebrando y un puñado de hermosos recuerdos. Ella envolvió sus brazos alrededor de su cuello y lo besó con fuerza. —Eso sí que es una línea preciosa si alguna vez escuché una. —No hay una línea —él dijo—. Es la sólida honesta verdad de Dios. Prométeme que no me vas a dejar varado y huir con uno de esos vaqueros ricos. —Prométeme que no vas a salir y huir con una de esas animadoras —disparó ella enseguida. Él le tendió la mano. —Que conmovedor. Ella puso su mano en la suya y la atrajo hacia él. Su cuerpo moldeado en contra de él y le tomó suavemente sus mejillas con sus manos, se inclinó ligeramente, y la besó profundamente, explorando sus labios y su boca. —Mantén esto en mente toda la noche —susurró él cuando rompió el beso y dio un paso atrás—. Josh, tu mamá será la mujer más bonita en la fiesta. La única razón por la que volverá a casa con este feo viejo vaquero se debe a que ella no querría dejarte atrás. —Oh, cállate. Feo, mi culo. —Ella se sonrojó. —Ahora tú estás diciendo mentiras. Tu culo no es feo. De hecho, creo que es malditamente lindo —bromeó.


—Y el tuyo se ve tan bien esta noche que tal vez mejor me lleve mi pistola para mantener a las mujeres alejadas de llevarte fuera y hacer cosas muy malas para tú cuerpo —coqueteó ella. Lucas se echó a reír. —Si eso es un cumplido, entonces, gracias. Él cruzó la habitación en un par de zancadas y cogió al bebé. —Huele como tú cuando tienes su baño, Josh. No dejes que esos viejos pedos que te echas se pierdan demasiado, y que les dicen que si te cansas de todo los asfixias. —Él acunó al bebé en un brazo y el otro giro hacia Natalie. Ella deslizó su brazo a través de él y juntos se fueron por el pasillo y hacia el despacho donde Henry, Grady, y Jack todos esperaban. Grady silbó y dijo: —Ustedes dos parece que van a ir a una boda, no un partido. Henry se rió entre dientes. —Y Natalie podría ser la novia en ese vestido. Es mejor que la correa en tu sexta arma de modo que otros chicos sabrán que tú no vas a cumplir ningún negocio divertido, Lucas. Jack se levantó y tomó al bebé de Lucas. —Que tengan un buen tiempo y no se apresuren a casa. Vamos a tener un montón de diversión tomando la atención de Josh. Y Natalie, te ves cómo un millón de dólares. Lucas, será mejor que te adhieras a ella como una lapa, o tú podrías perderla esta noche. —Sí, señor —dijo Lucas. —¿Tu abrigo? —Lucas miró a Natalie. Ella asintió con la cabeza hacia la parte posterior de la silla mecedora. Cogió la capa y la hizo girar alrededor de sus hombros. —¡Oh mi Señor! —Henry se quedó sin aliento—. Ahora ella se ve como una reina. Ella necesita una de esas cosas de diamantes de fantasía en el pelo. —No, ella necesita un bien parecido sombrero de vaquera de color ante —dijo Grady. —Con una cinta de sombrero de diamante. Eso sería un poderoso buen regalo de Navidad para ella. —Henry asintió.


*** —Funcionó —dijo Henry en el minuto que ellos estuvieron fuera de la puerta. —¿Qué funcionó? —preguntó Jack. —Es el bebé como tú pensabas y al igual que Hazel y Ella Jo me lo dijeron. Hice que Lucas me lleve a dar una vuelta y esos perros luchadores salieron de nuevo y vine corriendo aquí y me escondí debajo de mi silla y las cabras de Crankston salieron de su corral, y he venido por aquí. Le hice tomar a Joshua para ver los animales y no salí hoy, y las viejas cabras y el burro de Crankston se quedaron en casa también. Así que Hazel y Ella Jo tenían razón. Es este precioso bebé que reverencia "los animales". —Fue la tormenta —argumentó Grady. —Quieres perseguir a perros y cabras, puedo ir con Lucas mañana y dejar a Joshua en casa. —Henry entrecerró los ojos—. Es una cosa de la Navidad, y era demasiado denso para verlo. Nos dieron este niño especial para vivir en el rancho con nosotros, y ahora tenemos que asegurarnos de que hacemos que dos hijos vean que fueron hechos el uno para el otro. —De eso estoy de acuerdo con él. —Grady asintió. *** Lucas colocó a Natalie en el asiento del pasajero de su camión y silbó “Yo Sólo te quiero para Navidad" mientras rodeaba el portón y abría la puerta del conductor. —Ate una cinta alrededor de sí mismo —él canturreó mientras arrancaba el motor. —¿De qué color y dónde? —preguntó ella. Ellos estaban coqueteando como adolescentes y se sentía incluso mejor que bien; se sintió bien. —En cualquier lugar, pero realmente debe ser de color rojo brillante.


—¿Cuántas personas habrá en esta fiesta? —Tal vez un centenar. Hay alrededor de cincuenta miembros, y la fiesta es para miembros y huéspedes. Superior a cien, un conteo bajo sería de alrededor de noventa años. Conocerás a Colton, Greg, y Mason. Los cuatro se unieron a la asociación, al mismo tiempo. El resto del grupo es un poco mayor que nosotros. Papá es un miembro, pero dejó de ir a las funciones sociales cuando me uní. Los odiaba todos modos. Es una gran voz en la asociación y dirige todas las reuniones, pero no a las partes. De todos modos, nosotros los cuatro chicos formamos una amistad. Greg Adams es de más de alrededor de Ravenna. Colton es el vaquero multimillonario que vive cerca de Ambrosio, y luego Mason Harper es de fuera del este de Whitewright. —¿Todos solteros? —Hasta Colton que se casó en la primavera pasada. Las mujeres eran perseguidas por su dinero, así que sus padres y su mejor amigo cocinaron la idea de que una mujer que trabajaba en el rancho fingiría ser su novia. Incluso fue tan lejos como para conseguir un gran anillo de compromiso llamativo para que se vea real. Eso salió por la culata y él se enamoró de ella. No puedo esperar para conocerla. Hazel dice que ella no le importa un comino el dinero y puede hacer funcionar todo el equipo en el rancho, así como Colton. —¿Y Greg? —Cariño, va a tomar una mujer cojonuda para llevarlo al altar. Ese vaquero es un tipo tímido cuando se trata de mujeres. Él vive, respira y come ganado, y no hay muchas mujeres por ahí que se hayan puesto al día con eso. —Mi mamá lo hace —dijo Natalie. —Y tú también. Es por eso que tengo la intención de mantenerte lo más lejos de Greg esta noche como sea posible. —Él se rió. —¿Y quién era el otro, Matthew? —Mason. Estaba casado y su esposa murió cuando sus hijas tenían apenas un año de edad. Consiguió niñas gemelas, Lily y Gabby. No estoy seguro de que alguna vez encuentre una mujer que asumiría la carrera de los dos. Señor, podría escalar una pared de


cristal en un día lluvioso. Lo que no puede pensar que la otra puede, y nunca es nada bueno. Tú puedes hablar con él todo lo que quieras. Yo no tengo ni un poco de miedo de que ese vaquero te llevase lejos pero nunca te confíes de esas dos pequeñas paganas alrededor de Josh. Natalie se volvió en su asiento. —¿Me estás diciendo qué y con quién hablar esta noche, Lucas Allen? Él sonrió. —No soy tan estúpido. Es posible que tengas esa pistola atada en la parte interior de la pierna. Ella se rió y se volvió. —Voy a hablar con quién yo quiera así que por favor, puedes estar seguro que no habrá uno de ellos que me revuelva las entrañas de una olla hirviendo de hormonas cada vez que tocan mi piel como tú lo haces. Él se inclinó sobre la consola y le puso una mano en el muslo. —Al igual que esto. Ella la recogió y la puso de nuevo en el volante. —Así de fácil, pero manteen los ojos en la carretera y las manos en el volante. Yo no compré este vestido y botas para llegar desagradable por ayudarte a conseguir el camión fuera de la zanja. *** El club de campo ya estaba a tope cuando Lucas y Natalie llegaron. Él le quitó la capa y entregó el abrigo a una dama detrás de un mostrador y camino con Natalie hacia la barra con la mano en la parte baja de su espalda. Ella tenía la mirada al frente y no presto un poco de atención a lo que la rodeaba cuando su mano se deslizó alrededor de su cintura y se detuvo en medio de un grupo de personas. Él les presentó a Mason Harper y Greg Adams. Ambos hicieron una de esas miradas que viajan que comenzaron en sus botas y fueron a su cara, vacilando sólo un segundo más en el nivel del pecho.


—Hemos oído que tú trajiste una mujer y un hijo a casa de la guerra. No esperábamos que fueras tan alta o tan... —Harper hizo una pausa. —¿O al menos tejano? —terminó Lucas por él. —¿De dónde eres, querida? —treguntó Greg. —Silverton. A las afuera, en el Panhandle. —Natalie Clark. ¿Familiar de Isaac Clark? —Ese sería mi hermano. —Natalie sonrió a Greg. Lucas había tenido razón. Él era un vaquero de botas de acento. —Lo conocí en la reunión estatal Angus el pasado en otoño — dijo Greg—. Mundo pequeño. Vas a tener que conocer a mi abuela, Clarice, antes de que acabe la noche. —Me encantaría,—dijo Natalie. —Entonces, qué piensa usted de nuestra parte del Estado — preguntó Mason. —Texas es Texas. Cambia la tierra. La gente, no tanto. Los ganaderos, nunca —respondió ella. —Ellos deberían poner eso en una calcomanía —dijo una mujer mientras ella y otro vaquero se unió al grupo. —Ustedes deben conocer a mi esposa, Laura. Soy Colton Nelson de Ambrose —dijo. Laura le tendió la mano. —He oído que Lucas trajo a casa una novia y un bebé. Natalie sacudió y luchó un rubor. —Los rumores viajan rápido. —Vamos a tener que reunirnos y tener una visita cuando este tiempo mejore. Tú puedes traer a tu hijo. Joshua, ¿verdad? Natalie asintió. —Vamos a tener un bebé en mayo. Ustedes me pueden dar algunos consejos. Nunca he estado alrededor de pequeños bebés en toda mi vida, pero tengo muchas ganas de ser madre —dijo Laura. —Estábamos en nuestro camino hacia el bar. ¿Podemos traerlealgo a alguien? —preguntó Lucas. Mason levantó una cerveza. Greg asintió hacia el vaso de whisky que mantenía sobre la mesa. Colton negó con la cabeza.


—Vamos a estar bebiendo soda esta tarde o té dulce. Dado que Laura no puede beber hasta que nazca el bebé, le he dado demasiado. —Fue un placer conocer todos ustedes —dijo Natalie mientras Lucas se la llevaba. Ambos habían reclamado un taburete de la barra antes de que ella se diera cuenta que se había sentado al lado de Sonia. Esa noche su pelo rubio estaba torcido en una corona de capullos de rosas rojas bebé trabajados en sus rizos. El dobladillo de su ceñido vestido de satén rojo se detenía en el tobillo, pero la hendidura era todo el camino hasta la cadera. El material caía a un lado para revelar una pierna musculosa y su firme plataforma de cuatro pulgadas de altos tacones rojos. —Hola, Lucas, cariño. Noah se acaba de ir a hacer un viaje a la sala de los niños pequeños. Él va a estar de vuelta en un par de minutos. —¿Qué está bebiendo? —preguntó el camarero a Natalie. —Vamos a tomar dos Coors9. Longneck10, en botella, por favor —dijo Lucas. —¿Cómo va la próxima boda? —preguntó Natalie a Sonia. —Sólo bien y maravillosa. Va a ser la cosa más grande que Savoy ha visto jamás. Todas las chicas de mi viejo equipo de porristas son mis damas de honor y habrá seis muchachas de flores y seis niños pequeños para llevar mi tren. Noah va a estar sin palabras —dijo ella—. Camarero, quiero otro Martini de chocolate, pronto. El camarero puso dos cervezas de rosetas de papel delante de Natalie y Lucas luego comenzó a hacer el Martini de Sonia. Natalie tomó un largo trago y le dio la espalda a Sonia. —Sola bien y fría, como a mí me gustan —dijo ella. Lucas lanzó una sonrisa brillante. —Nos tomando cervezas o... Sonia se inclinó hacia delante y miró más allá de Natalie hacia Lucas. Coors marca de cerveza. Longneck hace referencia al diseño de la botella en este caso de cerveza, de cuello largo. 9

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—Escuché un rumor de que ustedes dos estaban ya casados. ¿Es eso cierto? Lucas se encogió de hombros. —¿Cuándo? —preguntó Sonia. Noah se sentó en el banco junto a ella y le preguntó: —¿Cuándo qué? —Nada, Noah. Le estaba diciendo a Lucas y su nueva esposa acerca de nuestra boda y cómo va a ser la comidilla de todo el estado. —¿La esposa? —Noah alzó ambas cejas. Lucas levantó su hombro izquierdo otra vez. —¿Bailas, Natalie? —Me encantaría —dijo ella. La condujo hasta el centro de la pista y la atrajo hacia sí, envolviendo sus brazos libremente alrededor de su cintura. Ellos eran la única pareja, pero Colton y Laura se unieron a ellos cuando Alan Jackson llegó a los primeros toques de guitarra al principio de "When Somebody Loves You". Lucas era tan suave que Natalie se sintió como si sus nuevas botas estuvieran flotando. Alan cantó que deben dejar a un lado su orgullo insensato, porque cuando alguien te ama, es fácil de conseguir a través de estos tiempos difíciles. —Yo, Natalie Clark, te amo —le dijo Lucas al oído cuando Alan pronunció las últimas palabras de la canción. Ella se apartó de él y lo miró a los ojos. Sus ojos decían que él no estaba bromeando. —¿Estás seguro de eso? —Oh, sí. —Él se rió—. Y tú no tienes que decirlo en este momento sólo porque yo lo hice. Cuando estés lista, va a ser el momento adecuado. Puedo esperar. Alguien le dio un golpecito en el hombro y miró a su alrededor para ver a Sonia de pie allí con una gran sonrisa. —¿Puedo cortar para un último baile con mi antiguo novio antes de casarme? Natalie dio un paso atrás y Sonia se metió entre ella y Lucas. —No puedo creer que te casaste con esa mujer sin siquiera decírmelo.


—¿Puedo tener este baile, señora? —preguntó Noah. Ella puso un brazo libremente alrededor de su cuello y puso la mano en la suya. —Por supuesto. La banda comenzó el tempo con otra canción de Alan Jackson llamada "Who’s Cheatin’ Who”. Noah era un buen bailarín con un swing rápido, lanzando a Natalie y luego tirándola de espaldas a él con el ritmo de la música. —Este no es tu primer rodeo, ¿no? —él dijo. —He estado bailando desde que tenía edad suficiente para caminar —dijo ella. —Lucas hizo bien en tenerte. Tú vas a ser buena para el rancho y para él. De alguna manera deseo que Sonia sea más como tú, pero yo sabía en lo que me estaba metiendo cuando me enamoré de ella. No es como si entraras en él a ciegas —dijo él. —¿He oído algunas dudas? —preguntó Natalie. —El corazón quiere lo que quiere. —El niño quiere lo que quiere también, pero mucho chocolate le pudre los dientes y le da dolor de barriga. Sólo estoy diciendo. — Ella sonrió. —Gracias por el baile, señorita Natalie. —Noah asintió. Lucas le rodeó la cintura con el brazo y la condujo hacia la barra de nuevo. —Noah es un muy buen bailarín. —Prefiero estar haciendo un baile lento contigo —dijo. —¿Esa es tú mejor línea? —Lucas, arrastro las palabras. —No, cariño. —Ella encontró su taburete en la barra seguía vacío y se sentó—. Mis mejores líneas no se entregan en público. Sonia saltó sobre un taburete de la barra junto a Natalie. —He oído que ustedes se fugaron. —¿Quién dice que fue una fuga? —preguntó Natalie. —Tal vez se trataba de una boda en la playa y nosotros dijimos nuestros votos con los pies descalzos —dijo Lucas. —O tal vez nosotros atamos el nudo en mi parte de Texas antes de que yo viniera aquí. —Natalie siguió el juego—. ¿Puedo conseguir un tiro doble de Jack Daniels, sin mezcla por favor? —le preguntó Natalie al camarero al pasar por su parte de la barra.


—¡Dios! ¡Whisky! —dijo Sonia. —No lo llamo buen whisky de Kentucky —dijo Natalie. —¿Tienes la pistola rosa atada a la pierna? —preguntó Lucas. —Podría tenerla y podría tener que usarla si alguien empieza a hablar mierda sobre mi whisky —respondió Natalie. Sonia voló con un resoplido, agarró a Noah por el brazo y lo arrastró a la pista de baile. —Eso fue divertido —dijo Lucas. —Me siento mal por ella, Lucas. Ella es una mujer tan bonita y sus amigos le adoran, así que ella tiene que tener algunas cualidades que la rediman. Se colocó sí misma para obtener una gran cantidad de golpes duros, pero esta noche no voy a tener que preocuparme por Sonia. Ella hizo su cama. Ahora se puede poner en la misma. Y siento mucho lo de Noah. Él es un buen hombre sólido. Pero en este momento no estoy preocupada por él tampoco. Estoy aquí con el vaquero mejor parecido en todo el estado y voy a bailar la mitad de la piel de mis botas, beber suficiente whisky para hacerme sentir bien, y luego me voy a casa a dormir con ese vaquero —dijo ella. —Suena como un plan cojonudo para mí, mejillas dulces — dijo arrastrando las palabras. *** Estaban en su camino a casa cuando el teléfono de Natalie sonó. Lo sacó del bolsillo interior de su capa y dijo: —Hola. ¿Está todo bien? Joshua no está enfermo, ¿verdad? —Todo está bien. Acabamos de decidir que lo llevaremos a la casa de Jack por la noche. Ustedes dos están cansados y nosotros tres ya hemos arreglado nuestro horario. Voy a verlo hasta las dos y darle un biberón. Luego, desde las dos y media hasta las cuatro, Grady tiene guardia. Jack se hará cargo, de las cuatro y vamos a llevarlo a casa a tiempo para el desayuno. No cocines. Jack ha hecho recoger dos docenas de donas en la ciudad y vamos a llevarlas con café. Vamos a llevarlo a ver el ganado en la mañana antes de venir


por las donas y el café y mientras comemos todos ustedes nos pueden decir sobre la fiesta —dijo Henry. —¿Qué está pasando?, —preguntó Lucas. Ella sostuvo el teléfono fuera de su oído y le dijo, —Ellos quieren mantener a Josh en la casa de Jack toda la noche. Tienen un horario de guardia establecido. —¿Se llevaron el monitor? —preguntó en voz alta Lucas. —Dile que lo hicimos, pero nosotros hicimos su camita en el sofá para que podamos dormir a su lado. No confío en esa mierda de radio —dijo Henry. —¿Estás seguro de esto? —preguntó Natalie. —Por supuesto que estoy seguro. Todos ustedes están consumidos. Vete a casa y descansa un poco. Nos vemos a eso de las ocho de mañana a la mañana —dijo Henry, y colgó. *** Lucas aparcó delante de la casa, giró hacia a la parte delantera del camión, abrió la puerta, y la tomó en sus brazos como una novia. —Nosotros no queremos que tengas esas botas nuevas todas fangosas —dijo él. No la dejó en el suelo hasta que ellos estaban en su dormitorio. Le apartó unos mechones errantes de pelo hacia atrás con los dedos, pasó una mano por la mandíbula y alrededor de su cuello, luego sus labios encontraron con los de ella en un beso que chisporroteaba secuestrando el calor en el interior de la casa y dentro de ellos por lo menos a veinte grados. Descolgó cuidadosamente el cuello del vestido y luego rozó sus manos por su espalda desnuda hasta el punto de la abertura en forma de corazón en la que se deshizo de la cremallera. La besó de nuevo, saboreando los restos de Jack Daniels y la tarta de queso de bosque negro11 que ellos habían comido para el postre.

Black forest cheesecake es un pastel de queso de chocolate cremoso coronado con crema batida y cerezas agridulces (NdT) 11


Saboreó su cuerpo mientras quitaba el vestido de sus curvas de una pulgada a la vez. Cuando estaba tirado en un charco a sus pies, caminó hacia atrás y con un suave empujón, ella aterrizó de la espalda justo en el medio de la cama. Él sacó sus botas y las arrojó a un lado. Él la amaba, toda ella desde las pocas estrías en su abdomen a sus largas piernas y ojos azules. Pensar en estar enamorado era tan embriagador que apenas podía respirar. Se sentó, vistiendo nada más que un sujetador de encaje blanco roto y la parte de abajo del bikini, y ella dijo: —Bueno, es mi turno. Esa es la forma en que siempre estaría con Natalie. Ella podría conocerlo de punta a punta y daría tanto a la relación como él lo hacía. Él lo sabía en sus huesos y todo el camino hasta el fondo de su corazón. Ella rápidamente desabrochó los botones de su camisa y desabrochó el cinturón. Sus manos estaban frescas en su piel caliente y en todas partes que lo tocaba lo ponía más excitado. Él quería voltearla, tomarla en este momento, y ser dueño de ella para siempre. Pero nadie podría poseer a Natalie. Ella daría todo su corazón algún día y esperaba a Dios que él fuera al que ella se lo entregara. Él gimió. —Todo lo que tienes que hacer es tocarme con el dedo meñique y estoy listo para hacer el amor. —Al igual que esto. —Ella arrastró su dedo desde el hueco de su garganta hasta su pecho y en sus pantalones—. Ajá, ya está listo, está bien. He estado lista desde el primer disparo de Jack Daniels. Me olvidé de decirte que el whisky, el olor del Stetson y bailes lentos me dan vuelta. —Yo lo recordaré. —Él pasó de ella hacia atrás y sacó su ropa interior en un par de movimientos rápidos. En un minuto los vaqueros y las botas estaban en una pila con su ropa y estaban bajo las sábanas, meciéndose juntos mientras hacía el amor con ella. —Es diferente que el sexo, ¿no? —susurró ella. —¿Que es diferente? —preguntó él. —Hacer el amor.


—Sí, señora. Realmente te amo, Natalie —dijo. Ella envolvió sus piernas largas apretadamente a su alrededor y se estremeció de pies a cabeza. —Eso fue fabuloso, pero quiero más. —El número dos en camino. —Él aumentó los empujes tanto en intensidad y velocidad hasta que los dos jadeaban. —Condón —recordó ella. —Demasiado tarde —gimió él cuando los trajo a un clímax alucinante al mismo tiempo—. Lo siento, Natalie. Lo olvidé completamente. Él pensó que iba a lanzar un ataque, pero ella ronroneó. Rodó hacia un lado y respiró profundamente hasta que pudo respirar de nuevo como una persona normal. La vida con Natalie sería igual que el sexo con ella. Salvaje y apasionado. Dulce y cariñoso. La quería para siempre en su mundo, no sólo hasta Navidad. Después de compartir la vida con ella las últimas tres semanas, no podía imaginar la vida sin ella; o Joshua. Él la atrajo a su lado y envolvió el edredón más apretado alrededor de ellos. Sus piernas enredadas con las suyos y su brazo cruzó su pecho. Podía oír su corazón latiendo tan rápido como el de él. —Lucas —susurró ella. Él no respondió. Tenía miedo de que le diga que ella no sentía lo mismo por él y no quería oírlo. La quería para Navidad, cinta o no, vestida o desvestida. Él sólo quería Natalie en su vida. —Yo también te amo —dijo ella.


Capítulo 18 Traducido por Malu_12 Corregido por Viqijb

Varias personas de edad avanzada se volvieron y le sonrieron a Lucas y Natalie cuando llegaron a la iglesia esa mañana de domingo. Él llevaba una bolsa de pañales en un hombro y a Joshua puso en el otro con una manta azul echada sobre él. El brazo de Natalie estaba enrollado a través del suyo y estaba vestida con una larga falda de mezclilla, botas nuevas y una camisa occidental con la capa que había comprado para la fiesta de Angus alrededor de sus hombros. Natalie sonrió a los que llamaron su atención. Señor, los rumores viajaban rápido en las ciudades pequeñas. Sin lugar a dudas, por la expresión de sus rostros, pensaban que Natalie y Lucas se habían fugado. Ella se movió hasta la mitad del banco de la familia y se sentó, tomó la bolsa de pañales de Lucas y la puso a su lado. Los cuatro hombres se alinearon en el mismo orden en que lo hacían todos los domingos: Grady al final del banco, Jack, Henry, y luego Lucas. El predicador tomó su lugar detrás del podio y asintió directo hacia ellos. Que Dios los ayudara a todos si decidía bendecir su matrimonio allí mismo, delante de Dios y todas las porristas de los días pasados. —Voy a contar la historia del nacimiento de nuestro Señor y Salvador esta mañana. —Abrió su Biblia y leyó varios versos— . Ahora piensen en María y la situación en la que estaba. Casada, pero Jesús no era hijo de José. Y piensen en José y la confianza que tenía que tener en María. Luego él acunó a Jesús como su hijo, le enseñó su oficio, y lo amó como un padre amaría a un hijo a pesar de que más niños llegaron después de él. Creemos que tenemos vidas complicadas en estos días, pero gente, déjenme decirles, a lo


que nos enfrentamos no es ni un poco más complicado que lo de esa pequeña familia. Lucas apoyó su rodilla izquierda sobre la derecha, haciendo una cuna para Joshua. El bebé escupió su chupete y arrulló. Natalie lo recogió del interior de los pliegues de la manta y se lo puso de nuevo en la boca, pero no antes de que él la agarrara con su manita regordeta. Lucas le dio un codazo a ella y levantó la otra mano de Joshua para mostrarle que le apretaba la mano con fuerza. Las lágrimas brotaron en los ojos de Natalie, pero las mantuvo a raya. Malditamente seguro que no necesitaba que Sonia la viera con su rímel corrido en rayas negras por sus mejillas esta mañana. No pudo evitar preguntarse si tal vez Jesús le había robado el corazón a José de la misma manera. —Y ahora, algunos anuncios —dijo el predicador cuando hubo terminado su sermón. Natalie inhaló profundamente. Seguramente no anunciaría un matrimonio que ni siquiera había tenido lugar. —No habrá servicio el próximo domingo por la mañana ya que ese día es Navidad y la mayoría de ustedes van a pasar el día con sus familias. No olviden mientras están abriendo presentes y disfrutando del tiempo que es el cumpleaños de Jesús. Y para aquellos de ustedes que no han oído hablar de esto, Sonia ha decidido que la boda en Navidad era demasiado apresurada, por lo que la pospondrá durante un par de semanas para poder tener todo listo. Está diciendo que tal vez para el de Día de San Valentín tenga todo listo. Si no hay más anuncios... —Hizo una pausa y miró a Lucas—. Está bien, entonces —continuó—. ¿Henry Allen, ofrecerías la bendición para nosotros esta mañana? Mientras Henry oraba, el predicador se dirigió a la parte trasera de la iglesia para recibir a los miembros de la congregación cuando salían esa mañana. Dos mujeres que se sentaban en el banco delante de la familia de Allen se dieron la vuelta tan pronto como Henry dijo: —Amén. —Y alcanzaron el bebé. Lucas entregó a Joshua a la más cercana y cogió la bolsa de pañales, se la echó al hombro y agarró la mano de Natalie. Todo un grupo de señoras se reunieron alrededor de la abeja reina que tenía en su posesión a Joshua. Todas ellas hablaban a la vez, pero el tren


general de pensamiento parecía ser que Joshua era la imagen misma de Lucas cuando era un bebé, desde el color de sus ojos al de su cabello. Debía de haber conseguido esa hendidura en la barbilla de Natalie, ya que nunca habían conocido a un hombre Allen que tuviera uno. El encanto venía de Henry con seguridad, y esas orejas eran de Jack sin lugar a dudas. Grady, Henry y Jack se adelantaron y pronto fueron tragados por la multitud que se acercaba a la puerta en la parte posterior de la iglesia. —Deberías haber utilizado ese tiempo para decirles la verdad. Cuanto más esperemos, más difícil va a ser —lo regañó Natalie de camino a casa. —Cariño, no me importaría si nunca conocen la verdad. Josh y yo no planeamos decir nada, ¿verdad? —Se volvió para mirar por el retrovisor hacia el bebé—. ¿Has oído lo que están diciendo los chicos acerca de Josh? —Sólo que él es el pequeño vaquero más inteligente y más lindo desde que tú naciste. —Ella se rió. Le habló de los animales. —Grady me lo dijo ayer por la mañana mientras estábamos haciendo las tareas domésticas. ¿Qué piensas de eso? —preguntó. —Bueno, Josh seguramente robó mi estruendo si eso es lo que está sucediendo. Pensé que tenía una cosa incorporada, como un radar sónico que atraía perros callejeros hacia mí. Mamá dijo que lo tenía cuando era niña. Siempre llevaba a casa algún tipo de bicho. —¿Zorrillos? —¡Oh, diablos, no! Después de oler como uno durante una semana, créeme, no arrastraría ni uno a casa para darle de comer las sobras. —¿Crees que tienen razón? —¿Los zorrillos? —No, los chicos. ¿Tú crees en esas cosas? —Creo en la posibilidad de cualquier cosa. Creo que el destino y la Madre Naturaleza son hermanas. A veces son dulces y a veces son malintencionadas, pero usarán cualquier cosa a su alcance para conseguir lo que quieren. Y créeme, disponen de mucho.


*** Natalie había metido los bollos calientes en el horno cuando el timbre y el teléfono sonaron al mismo tiempo. Ella miró a través de la cocina hacia Lucas, que la había ayudado a poner la mesa. —Ve por el teléfono. Yo me encargaré de la puerta —dijo. —Hola, Hazel —contestó ella el teléfono. —He oído que Sonia no puede hacer el casamiento arreglado a tiempo. Eso es un montón de mierda. Noah impuso su ley y Sonia le dijo que no iba a hacer nada comprometedor. Dijo que no iba a tener un montón de niños mocosos, así que él le dijo que sería mejor repensar la boda hasta Navidad. —Hazel finalmente se detuvo para tomar aliento—. Natalie, ¿sigues ahí? —preguntó Hazel. —¡Oh, sí! Sonia está aquí —susurró Natalie. —¡Bueno, mierda! Ve allí y dispárale —dijo Hazel. —Mi arma está en el dormitorio. —Natalie rió nerviosamente. —Oh, cariño, me gustas. ¿Qué están diciendo? —susurró Hazel. —Sonia está preguntando dónde está Noah. No lo puede encontrar y ha estado llorando. Oh, Hazel, siento lástima por ella. Probablemente se dio cuenta de que ha cometido un error y ahora está diciendo algo acerca de mí y Lucas casándonos en Hawai y que eso es lo que quiere. —¿Están casados? ¿Cuándo iban a decírmelo? —Hazel ya no estaba susurrando. —No lo estamos. Sonia de alguna manera empezó ambos rumores. El de que Joshua pertenece a Lucas y el de que estamos casados. Lucas no los negó. Jack no dijo nada. ¡Eh-oh! —Maldito sea el infierno. Estoy yendo a casa. Ese lugar se va a la ruina sin mí —declaró Hazel. —Jack le dijo que podría buscar a Noah en el barracón, pero que él no estaba aquí, que yo tenía la cena lista, y que tenía hambre. —¿Y? —preguntó Hazel. —Ella se fue —dijo Natalie.


—Bueno. Voy a llamar más tarde para hablar con Jack y Lucas. Vayan a comer la cena. Tomaré un vuelo a casa esta semana. Iba a ir el viernes de todos modos, pero estaré allí tan pronto como pueda conseguir uno de Memphis a Dallas —dijo Hazel. —¿Supongo que has oído eso? —dijo Jack mientras los cuatro hombres se presentaban en la cocina. —Lo hice —dijo ella. —¿Qué quería Hazel? —preguntó Lucas. —Viene a casa —dijo Natalie. —Joe O'Malley me dijo que Noah se puso firme con ella y le dijo que si no quería niños pospondrían la boda, porque él quería una familia. Henry se quejó. —Vamos a olvidar todo acerca de Sonia y comer esta cena maravillosa que Natalie ha arreglado. ¿Qué más dijo Hazel? — preguntó Lucas. —Sólo que volverá a casa, probablemente mañana o al día siguiente. Dijo que llamaría a Jack esta tarde. Comprobaría los vuelos hacia Dallas en cuanto colgara. —Bien. La echo de menos —dijo Jack—. Los bollos calientes se ven muy bien, Natalie. Y esa carne asada está lo suficientemente blanda como para derretirse en la boca. *** Natalie y Joshua fueron a su habitación después de que ella hubiera cargado el lavavajillas. Llamó a su madre y le contó toda su semana, los rumores, las madres y ex novias. Cada parte, sin dejar de lado nada excepto el sexo después de la fiesta y argumentando que ella y Lucas lo habían tenido a principios de semana. —Suena como si tuvieras mucho en tu plato —dijo Debra cuando Natalie terminó—. No puedo soportar verte vivir tan lejos. Si decides seguir con ese hombre, entonces haces bien. Te enseñé


cómo cuidar de ti misma, así que no dejes que esas dos animadoras perras te intimiden. —Lo lamento por Noah y Sonia. Si ella madurara y pensara en algo más que sí misma, podría ser una buena esposa. Noah la ama tanto, y ella podría ser una esposa acariciada y adorada por toda su vida. No puedo imaginar tener la edad de Sonia y ver el mundo entero como una adolescente —dijo Natalie. Debra se rió. —Siempre fuiste un corazón blando como tu padre. —Y tú también —dijo Natalie—. ¿Y si tuviera que quedarme aquí, mamá? ¿Vas a tener un berrinche y llorar? —¡Diablos, sí! Pero entonces te haría prometerme venir a verme cada dos meses, y yo iría a verte cuando no vinieras aquí. Mi nieto no va a crecer sin conocer a sus abuelos. Me tengo que ir. Tu padre llama al teléfono de la casa. Hablamos más tarde. Envía más fotos. Joshua conducirá un tractor antes de que lo vea otra vez. —¿En un mes? Apenas va a ser lo suficientemente grande como para conducir un tractor en tan sólo un mes. Dejó el teléfono a un lado cuando se dio cuenta de que su madre había colgado y levantó las rodillas en la mecedora, echó los brazos a su alrededor y observó el sueño de Joshua. Sus ojos se pusieron pesados y ella casi se había quedado dormida cuando oyó un golpe suave en la puerta del dormitorio. Lucas asomó la cabeza. —Los chicos se han ido a casa. ¿Podemos hablar? Ella le indicó que entrara. Él se sentó en el borde de la cama. —Hablé con Noah. Dice que la ama, pero que tendrían una vida miserable juntos. Él es lo suficientemente sabio como para ver que quieren cosas muy diferentes en la vida. No tiene intenciones de abandonar el rancho. Ella prefiere vivir en una gran ciudad. Él quiere niños. Ella los odia. —Tal vez se comprometan y estarán contentos. —A veces es demasiado tarde para hacer lo que deberían haber estado haciendo todo el tiempo, Natalie. A veces se acaba el tiempo. Natalie puso la mecedora en movimiento.


—¿Se conocían hace mucho tiempo? Lucas se ruborizó. —Desde la escuela primaria. Crecimos juntos. Noah es un año más joven que ella y ella es un año más joven que yo. —Él le dio una patada a sus botas y se estiró sobre la cama—. Siempre pensó que podría hablarme sobre salir de este rancho. Y probablemente pensó lo mismo sobre Noah. Papá dice que le recuerda a mi madre, quién, a propósito, llamo hace un par de días y me dijo muy rápidamente que ella y su marido iban a París este año, así que no vendría a Texas. —Cuéntame sobre tu madre. —¿Quieres la versión larga o la corta? —Tengo toda la tarde. —Natalie dejó la mecedora y se le unió sobre la cama. Su brazo la rodeo y ella puso su cabeza sobre su pecho. —Yo escuche por alto a Hazel y a papá conversando cuando era un niño o ni siquiera sabría la historia. Parece ser que mi madre odiaba el rancho y quiso que Papá lo dejara. Eso no paso, así que ella amenazó con divorciarse y llevarme con ella todas las semanas durante meses, si él no estaba de acuerdo con venderlo o al menos alejarse de él. El abuelo insistió en un acuerdo prenupcial antes de que se casaran, luego no podía hacerse con la mitad del rancho, pero finalmente papá le ofreció un arreglo bastante bueno y ella firmó los papeles y me olvidó —dijo. Natalie tembló. Ella no podía imaginarse vendiendo a Joshua por ninguna cantidad de dinero. —¿No tenía derechos de visita? —Ah, sí. Papá fue muy generoso. Ella podía verme en cualquier momento que quisiera, pero no a solas. Grady o Hazel me llevarían a cualquier parte donde ella estuviera y permanecerían conmigo, pero ella nunca lo pidió, no por un tiempo. —¿Cómo te afectó esto? —preguntó Natalie. —Nunca lo pensé. Yo tenía a Hazel, y ya ves la forma en que idolatran a Joshua. Conmigo era lo mismo. Nunca realmente la conocí, así que no la eché de menos. Vino en Navidad y me trajo un regalo. Yo iba a comer con ella en la ciudad, habitualmente con


Hazel o Grady justo allí a mi lado hasta que conseguí mi permiso de conducir. Él masajeo su cuello mientras hablaba. —Papá estaba tan nervioso la primera vez que fui solo, que Grady dijo que camino de un lado para otro todo el tiempo que estuve fuera. Él nunca me habló de ella. Nunca dijo cosas malas sobre ella ni nada. Es como si simplemente me hubiera abandonado en la puerta y desaparecido de su vida. Y él estaba preocupado de que Sonia y termináramos de la misma forma. Él tenía razón aun cuando yo no lo vi hasta que fui a Kuwait. Natalie lo besó en la mejilla. —Jack es un buen hombre. —No pediste todo mi bagaje —dijo él. —¿Preguntaste tú por el mío? —Manejas el mío mejor de lo que yo lo hice con el tuyo. — Alzo su barbilla y la besó. El primero fue dulce, el segundo anhelante, el tercero devorador. Joshua gimoteó unas veces y luego aulló cuando nadie lo recogió. —El mejor control de natalidad que hay —dijo Natalie. Lucas rió en silencio, abandonó la cama. Recogió al bebé y lo puso entre ellos sobre la cama. —Los chicos lo han estropeado. Esta seco y no se muerde los dedos, luego no tiene hambre. Solamente quiere ser entretenido. —Tan estropeado que ni siquiera los coyotes mordisquearían sobre esos pequeños y preciosos dedos del pie —canturreó ella. Joshua gorjeó y sonrió abiertamente. —Veo porque piensas que no echaste de menos a tu madre. Apuesto a que se peleaban para ver quien te hacía dormir —dijo ella. —Grady dice que lo hicieron. He tenido maravillosos modelos de padre para imitar. El triple de la cuenta. Y tú has tenido maravillosos ejemplos maternales a seguir entre tu madre y tu tía. Realmente deberíamos llegar a ser buenos padres. Natalie se quedó sin habla. ¿Se estaba ofreciendo a ser un padre para Joshua o solo era una manera de hablar?


—¿Te habrías casado con Drew si hubiera vuelto a casa? — preguntó Lucas. —No —dijo Natalie rápidamente. Lucas se inclinó al otro lado del bebé y posó un beso encima de sus labios. —Pero él es el padre de Josh y… Ella puso un dedo sobre sus labios. —Y fuimos unos buenos amigos que se emborracharon una noche. No amé a Drew así. Lo quise como amigo. Nosotros no hubiéramos estado bien casados. Como si Joshua supiera que la atención no estaba sobre él, dio patadas con sus piernas y gimoteó. —De verdad que estas estropeado. —Natalie agarró su pie y le quitó el calcetín—. Este pequeño cerdito fue al mercado, este pequeño cerdito… —Angus, mejillas dulces, Angus. Josh es un pequeño ranchero —le recordó Lucas. Ella comenzó una vez más. —Este pequeño Angus fue al mercado, este pequeño Angus se quedó en casa… Joshua se rió por primera vez. No fue una carcajada como Natalie había pedido para Navidad, pero no había forma de negar que era una risa tonta y no un gorjeo o incluso un ruido gugu. —¿Oíste eso? —Natalie se paró antes de que llegara al dedo meñique del pie. —Él se rió —dijo Lucas—. Primera vez, ¿correcto? Parece que estás a punto de llorar. ¿Reírse es una cosa buena, cierto? —La alcanzó por encima del bebé y borró la primera lágrima de la mejilla de Natalie con su mano. —Él no será un bebé siempre, Lucas —contestó ella. —No, él no lo será, pero no puedes llorar cada vez que haga algo nuevo. Se feliz porque está sano y feliz. Henry va a estar muy decepcionado porque no oyó su primera risa. Ha estado toda la semana haciendo todas clase de cosas estúpidas así él podría jactarse de que consiguió oírlo primero. —dijo Lucas. —Pensarías que es realmente el abuelo de Joshua —dijo Natalie.


—Él cree que lo es. —¿Y qué pasara cuando tengas los niños de tu propio linaje? —preguntó ella. —No habrá ninguna diferencia para el abuelo. —¿Cómo lo sabes? Él recogió el dedo del pie más pequeño de Joshua y dijo: —Y este pequeño becerro de Angus… y este pequeño becerro de Angus… y este pequeño becerro de Angus gritó, mugió, mugió, mugió, todo el camino a casa. Los ojos de Joshua se habían iluminado y se reía de nuevo. —¿Cómo lo sabes? —repitió Natalie la pregunta. —Porque no hay ni una pizca de diferencia para mí. Al estar aquí tumbados con Josh entre nosotros, comprendo que nos hemos convertido una familia. Él no es mi hijo biológico, pero es el hijo de mi corazón, al igual que el verdadero niño Jesús lo era de José —dijo Lucas suavemente. Natalie tragó con fuerza tres veces antes de que el nudo del tamaño de pelota de baloncesto abandonara su garganta. Todo lo que pudo hacer fue asentir y preguntarse a dónde les llevaría el futuro desde allí.


Capítulo 19 Traducido por ஓ¥anliஓ Corregido por Pily

Lucas escuchó un disparo y se sentó en la cama. Seguramente, había estado soñando de nuevo. Miró al otro lado de la cama y Natalie se había ido. Otro disparo y salió de la cama, agarró unos pantalones de algodón, y estaba tratando de meter sus piernas en ellos mientras corría por el pasillo. Cuando llegó a la cocina, ella estaba tirando su abrigo en el lavadero. —Hay una serpiente de cascabel como del tamaño de mi brazo entre el pórtico y el gallinero. La maldita cosa zigzagueaba sobre mí y perdí una bala. No le digas a mamá. Lucas se fundió en una silla de la cocina. —¡Mierda, Natalie! Me has asustado. —Supongo que lo hice. Tus pantalones están del lado equivocado y hacia atrás. ¿El bebé está todavía dormido? Lucas se encogió de hombros. —Me olvidé de agarrar el monitor, pero no lo escucho. Ha desarrollado un buen par de pulmones, por lo que reconozco que lo habríamos oído si estuviera despierto. —Odio las serpientes. —Dejó la cesta de huevos en el gabinete. —¿Tanto como los zorrillos? —Casi. ¿Por qué estaría una fuera en esta época del año? Ellas no salen de la hibernación hasta la primavera. —Bueno, no llevé a Joshua para ver a los animales esta mañana todavía. —Sonrió. —De ahora en adelante, llevas a ese chico cada mañana. Estoy cansada de esta mierda —dijo. —Todo se detendrá después de Navidad. —Él se rió entre dientes. —¿Y eso por qué?


—La abuela Ella Jo se irá. Vamos a... —Se detuvo antes de decir estar casados. —¿Vamos a qué? —preguntó. —Pasaremos por este tiempo tormentoso. Hazel estará en casa y todo volverá a la normalidad, incluyendo el comportamiento loco de los animales —dijo—. Vamos a Sherman después del desayuno. Los chicos pueden vigilar al bebé por nosotros y almorzaremos fuera. Podemos traer comida cuando volvamos. —¿Por qué haríamos eso? —Porque te amo. Y porque quiero pensar en esa palabra de matrimonio solo contigo y no con toda la familia, y quiero pensar en ello antes de que Hazel llegue a casa con su intromisión, pensó él. —Y porque le disparaste a una gran serpiente malvada y te mereces una mañana lejos del rancho, mejillas dulces —dijo. Ella se rió y él sabía que la había conquistado. *** Insistió en que las compras de ese día serían en la tienda de comestibles para abastecerse para la hornada Navideña, y era medio día antes de terminar la compra de todo lo de su lista. Todo el asiento trasero de la camioneta estaba lleno cuando comenzaron a cargar los dos carros llenos de comida. —Solo mirar todo esto me da hambre. ¿Estás ya lista para comer? —preguntó Lucas. —Me muero de hambre —dijo. —Entonces vamos a ir hasta el Catfish King a comer algo. No es lujoso, pero la comida es buena —dijo. —¿Bueno cómo cuando lo pescas y lo fríes en casa? — preguntó Natalie. —No hay nada que pueda compararse con eso. —Se estableció en su asiento, mientras que Natalie se acomodaba en el asiento del pasajero de su camión—. ¿Tú pescas?


—¡Oh, sí! me encanta pescar y tengo mi propia receta secreta para el empanado —dijo. Le asombraba que podían ir del sexo a las compras, de discutir hacer el amor, a hablar de la pesca con tanta facilidad. ¿Significaba eso que eran una familia? O tal vez que podrían ser una en los próximos meses? Él puso en marcha el motor, ajustó la calefacción, y se inclinó sobre el asiento antes de abrocharse el cinturón de seguridad. —No me di cuenta de lo mucho que te amo hasta este minuto. Lástima que Drew no está por ahí para que pudiera sacudirle la mano para presentarnos. El beso comenzó lento y suave, pero antes de que terminara ella tenía las dos manos enredadas en su cabello y apenas podía respirar. *** A la mañana siguiente, ocho días antes de Navidad, Jack fue al aeropuerto y trajo a Hazel a casa. Llegaron al mediodía, justo mientras Natalie estaba poniendo la comida en la mesa. Grady, Henry, y Lucas se apresuraron hacia la puerta al oír el golpe de la puerta de la camioneta y corrieron a ayudarla. Natalie dio un paso atrás y esperó mientras llevaban su maleta y se desvivieron por que usara su bastón en lugar de colgarlo en su brazo como un bolso. —¡Maldita sea, Jack! —maldijo al entrar en la casa—. No soy una inválida. Todavía puedo caminar y si Willa no hubiera lanzado un maldito berrinche, ni siquiera tendría este condenado bastón. Ahora déjame en paz. ¿Dónde diablos está ese bebé? Natalie señaló el balancín. —Ven aquí y dame un abrazo, señora. Me lo merezco después de ese viaje en avión y llegar a casa a paso de tortuga porque Jack tenía miedo de conducir rápido en el hielo. Juro por Dios que podría haber llegado aquí más rápido con un trineo tirado por un par de esos perros chihuahua. —Abrió los brazos y Natalie se inclinó para abrazarla—. Eso está mejor —afirmó—. Ahora vamos a ver al bebé.


¡Oh, Dios mío! Ha crecido unos centímetros y querrías mirarte en esa sonrisa. ¿Ya se ha reído a carcajadas? —El domingo por la tarde. —Lucas sonrió. —No me lo dijiste. Me lo perdí —gimió Henry. —Él va a reír de nuevo. Huelo a lasaña y pan caliente. Willa no cocina nada que no sea bueno para el cuerpo, y estoy tan hambrienta que caigo muerta por comida decente, así que vamos a sentarnos a la mesa y comer —dijo Hazel—. Y después de eso, Natalie y yo vamos en auto a la ciudad. Henry, puedes quedarte con Josh por nosotras para que no se maree por andar de tienda en tienda. No tengo ni un poco de mis compras navideñas, y en las tiendas se está haciendo una locura. —Dejaré que Josh me cuide en cualquier momento. Él y yo nos llevamos muy bien. Pero Natalie ya nos surtió con suficientes suministros para durar hasta la próxima Navidad —dijo Henry. —¿Crees que tal vez deberías preguntarle a Natalie en lugar de mangonearla por ahí? —Lucas miró a Hazel. —¡Diablos, no! Mi trabajo consiste en mandar hasta que... no te importa el tiempo que va a ser mi trabajo. Pero puedes estar seguro Lucas, de que te lo diré cuando le pase mi corona de mandona a otra persona. No tendrás que preguntar. Y no voy a ir al supermercado. Voy por los regalos. Natalie sonrió. —Me encantaría llevarte a la ciudad, Hazel. —Todavía tengo un par de cosas para comprar, así que... — empezó Lucas. Hazel levantó una mano. —¡Así pues, tu no vas con nosotras! Tú puedes irte en su propio camión y hacer tus propias compras. Esto es sólo una fiesta de damas. Voy a comprar para ti y no tienes que estar monitoreándonos. Después del almuerzo Natalie cambió a Josh, preparó su biberón de la tarde, y lo entregó al cuidado de Henry. Dejarlo, incluso en tales manos capaces, todavía no era fácil, pero Hazel tenía razón. Ser arrastrado de tienda en tienda lo desgastaría. Ella ayudó a Hazel con su abrigo, cogió el bastón y se lo entregó a ella, y consiguió una mirada asesina.


—¿Qué? —preguntó Natalie. —No me gusta esa cosa estúpida —dijo. —Bueno, lo necesitas. Todavía esta resbaladizo ahí afuera y estoy segura de que no quiero que te rompas la cadera —dijo Natalie. Lucas se echó a reír. Hazel lo señaló con el dedo. —Eso es suficiente. —¿Estás segura de que tienes esa corona de mandona bien agarrada? Parece que Natalie puede ser la que te la quite —dijo. —Es mía hasta que yo la ceda —declaró Hazel—. Ahora vámonos de aquí antes de que plante este bastón en la cabeza dura de ese chico. Hazel saltó al asiento del copiloto de la camioneta de Natalie tan ágilmente que Natalie se preguntó si aún tenía lastimada la cadera. Podría haber sido una gran maquinación para mantenerla en el rancho cuando Hazel se enteró de lo de Joshua. —La hora de la verdad —dijo Natalie mientras arrancaba el motor. —¿Sobre qué? —Hazel levantó sus oscuras cejas sobre sus igualmente oscuros ojos. Ella metió su cabello encanecido a la altura de su barbilla detrás de las orejas y enderezó la espalda. De pie, apenas llegaba al hombro de Natalie. Sentada, era aún más pequeña. —¿Qué tan mala está esa cadera? —¡Arruinada! —Hazel rió. —¿Estaba siquiera lastimada? —Eres muy lista, Natalie Clark. —Hazel siguió riéndose como una colegiala. —¿Cómo...? —preguntó. —Fue golpeada, así que eso ayudó. —¿Tu hija lo averiguó? —¡Diablos, no! Ella quiere que me mude a esa ciudad olvidada de Dios y deje mi casa. Eso sucederá tres días después de que el infierno se congele completamente. No, voy a dejar el rancho con los pies por delante en una bolsa de plástico y con una sonrisa en mi cara.


—Quiero ser como tú cuando crezca. —Natalie hizo todos los giros a la derecha para llegar a la carretera hacia Savoy. —Tienes un buen comienzo, querida —dijo Hazel—. Vamos a ir a la tienda Western-wear primero. Todos los chicos necesitan nuevas camisas blancas para la iglesia. Luego vamos a la librería. Jack lee novelas de James Lee Burke y a Grady le gusta Randy Wayne White. —Sí, señora —dijo Natalie. —Después de eso tendremos que dar un golpe en la tienda Walmart por embutidos. Todos ellos tienen una marca de caramelos en particular que les gusta, y siempre les doy regalos divertidos para sus medias. —¿Cómo qué? —preguntó Natalie. —Oh, calzoncillos adornados con cosas navideñas en ellos y un juguete de algún tipo. Las películas son siempre buenas. Le voy a comprar a Henry The Bucket List. Lo vi cuando estaba en casa de Willa. Es una buena película. —Hace bastante tiempo que salió —dijo Natalie. —Pero él no la ha visto porque hubiera hablado de ella si lo hubiese hecho —dijo Hazel. —¿Qué quieres para Navidad? —le preguntó Natalie mientras salía a la carretera que conduce a Sherman. —Yo tengo lo que quiero. Habrá un bebé en la casa, y Lucas es feliz —dijo Hazel. —¿Y si él está feliz solo con la idea de ser feliz y en un año se despierta deseando que no hubiera un bebé en la casa? ¿Y si eso sucede? —¿Y si el mundo es golpeado por una tormenta de mierda mañana y el gobierno prohíbe la fabricación de papel higiénico? — espetó Hazel—. Nunca he visto a Lucas tan feliz. Lo lleva escrito en la cara. Ahora dime, ¿qué sucedió cuando Sonia buscó a Noah? —Noah le dijo a Lucas que todo había terminado. Y Jack dijo que escuchó que ella se estaba mudando a Dallas, que obtuvo una oferta de algún tipo de trabajo en una empresa de petróleo —dijo Natalie y pasó a decirle lo que pasó después de eso. —Bueno, maldita sea, ¡aleluya! Que se vaya. Realmente no la quería viviendo en el rancho, ni siquiera en la parte trasera del


mismo —dijo Hazel—. Hay un estacionamiento justo al lado de la parte delantera de la tienda. Agárralo antes de que alguien más pueda hacerlo. Ah, y esta noche tú y Josh van a ir a mi casa para ayudarme a poner mi árbol. Tenemos una tradición aquí. En primer lugar vamos a la casa de Lucas y conseguimos los regalos de Navidad y desayuno. Luego vamos a la de Jack y abrimos lo que él ha comprado para nosotros, y luego a la de Henry y luego a la barraca donde vive Grady. Y entonces terminamos en mi casa para la cena de Navidad y mis regalos. Así que por eso los únicos regalos debajo del árbol eran los que ella y Lucas había comprado. Se había preguntado si los chicos esperaban hasta el último minuto para hacer sus compras. Ahora lo entendía. —Es una cosa de todos contra todos. Henry consigue generalmente su turno a media mañana, y me aseguro de que haya un plato de galletas favoritas de Ella para picar mientras estamos allí. —¿Cómo rayos haces para tener tiempo de hacer la cena de Navidad si estás corriendo por todo el rancho? —preguntó Natalie. —Organización. —Hazel se rió—. Ahora vamos a comprar algunas camisas blancas. —Y unas botas —dijo Natalie—. No he comprado el regalo de Lucas, y él miró un par la última vez que estuvimos aquí. —Eso es tan romántico como un ladrillo —refunfuñó Hazel. —¿Qué sugieres? —Algo mucho más sexy y más privado que las botas —dijo ella. *** Lucas se sentó en el estacionamiento en el centro comercial durante diez minutos. Sin duda, un escaparate saltaría y agarraría su atención si reflexionaba por mucho tiempo. No tenía ni un solo regalo para Josh o para Natalie bajo el árbol y tenía sólo seis días hasta la mañana de Navidad. Josh tenía menos de tres meses de


edad y los chicos ya le habían equipado con un pony, una silla de montar, y juguetes suficientes para mantenerlo ocupado hasta que tuviera edad para el jardín de infantes. Y todos tenían regalos para Natalie bajo sus árboles. Quería hacer algo especial para el bebé y para Natalie, sobre todo la primera Navidad que estaban todos juntos. Debería hablar con Hazel antes de comprar nada. Tendría algunas ideas. Siempre lo hacía. Echó un vistazo a las tiendas de nuevo y vio a Hazel y a Natalie que salían de la librería. ¿Le compraba un libro? ¿Qué le gustaba leer? —Grandes y gruesos libros de romance que se desarrollaban en los días de los castillos —dijo en voz alta mientras recordaba una conversación que había tenido cuando todavía estaba en Kuwait. Esperó a que se hubieran ido a otra tienda y luego abrió la puerta de la camioneta. Una ráfaga de viento invernal le golpeó en plena cara. Se encontraban en un mal tiempo que seguro atravesaba el estado con un viento helado. Se subió el cuello de la chaqueta de trabajo, y sin querer enganchó su dedo meñique en sus placas de identificación. —Oh, sí —dijo con una amplia sonrisa. Se aferró a su Stetson hasta que logró entrar en la librería y luego se lo quitó. La señora detrás del mostrador levantó la vista y preguntó: —¿Misterio? Cogió una cesta. —No, señora, señáleme la sección de romance. —Siguiente pasillo a la derecha —dijo. Lucas no tenía ni idea de que autores eran los favoritos de Natalie, por lo que optó por la cubierta y el título. Cuando le das un Diamante a un Duque le llamó la atención, por lo que lo puso en la cesta junto con Un Caballero Dice "Sí, Acepto". Una muestra de cupones le llamó la atención y se detuvo a mirar un folleto lleno de cupones para besos. Los miró y su sonrisa se hizo más grande con cada cupón. Uno decía que con este cupón, consigues un beso sin escalas por tu cuerpo, desde la parte superior de tu cabeza hasta la punta de tus dedos de los pies. Otro decía que el cupón era bueno


para un largo y maravilloso beso bajo las estrellas. Era un regalo perfecto, pero no estaba seguro de quien podría beneficiarse más con eso, Natalie o él. De allí pasó a los libros de los niños y recogió tres para Josh que tenía colores brillantes y pocas palabras. Y tenía la intención de decirle a Josh todo acerca de ellos. Si Henry quería leer algo nuevo para el niño, entonces podría comprarse sus propios libros. La sección de música de la tienda le llamó la atención después y se compró un CD tonto con todas las canciones de niños que él recordaba de su infancia. Luego se fue a la sección de música country y escogió dos CDs diferentes para Natalie. Uno de ellos era un instrumental de un surtido de canciones de amor lentas que le hizo pensar en largas noches de descanso de hacer el amor lento. —Con velas —dijo en voz alta. Pagó por sus compras, lamentó el hecho de que no ofrecieran envolver los regalos, y puso la bolsa en el camión antes de que ir a la tienda especializada en todo tipo de lociones, velas y artículos de baño. Olio docenas de velas antes de encontrar una que olía sexy para él. Compró baño de burbujas, loción y polvos para el baño en la misma fragancia. Desde allí serpenteó por una tienda de ropa y compró calcetines divertidos con dedos en ellos y pantuflas de peluche de rayas de cebra en blanco y negro para mantener sus pies calientes cuando ella tenía que levantarse por la noche con Joshua. Cuando se enteró de que envolvían por un módico precio, añadió una bufanda azul suave del color de sus ojos y un suéter a juego. —Y ahora, a buscar esos pequeños chocolates extravagantes con envoltura dorada y algunas barras de Snickers en miniatura para su suministro. Después de eso me iré por su gran presente, o, ¿es mi gran presente? Supongo que depende de lo que diga cuando se lo dé. —Cargó dos bolsas más al camión y se dirigió al sur, hacia el Walmart. El pasillo de los juguetes era tan divertido que se compró un móvil con los animales del campo lindos que tocaba "El Viejo MacDonald Tenía una Granja", cuando le daban cuerda. A Josh le encantaría eso sobre su cuna. —Cuna. —Lucas golpeó el muslo.


Condujo su carro hacia la sección de bebés y no pudo encontrar una cosa que le conviniera. Entonces tuvo la brillante idea de tomar su vieja cuna guardada en el establo y repintarla. Grady y los chicos tendrían que ayudar, pero estarían dispuestos. Y podrían sacar todos los muebles de la habitación de invitados y hacer una verdadera guardería para Josh. El caballito-mecedora de Lucas todavía estaba allí y la mecedora donde Hazel lo había mecido para dormir hasta que estuvo en el jardín de infancia. Además, el caballo de palo que Henry había tallado especialmente para él cuando superó al caballito-mecedora. No sería fácil de lograr todo listo, pero con la ayuda de los chicos, podrían hacerle a Josh su propia habitación para la mañana de Navidad. Vio un juego de sabanas para una cuna que tenía los mismos animales de corral que el móvil. La arrojó al carro, pagó, e hizo una parada más en su camino a casa por el gran regalo de Natalie. Al llegar al rancho, siguió conduciendo por el carril que iba a las barracas donde descargó los regalos del bebe. Grady dormitaba en su sillón reclinable en la sala de estar y saltó cuando Lucas dijo su nombre. —Tienes algunas compras hechas, ya veo —dijo. Lucas asintió. —Necesito ayuda. Mucha. ¿Tú y los peones se animan para un trabajo duro? —¿Qué tienes en mente? —preguntó Grady. Cuanto más hablaba Lucas, la sonrisa de Grady se hacía más grande—. Yo diría que eso quiere decir que quieres mantener a Natalie y Josh en el rancho si estás dispuesto a dejarlo dormir en tu cama. Se suponía que iba a ser dado a tu primer hijo. Henry durmió en ella cuando era un bebé, luego Jack, y luego tú. Lucas asintió. —Lo era y lo es, y él es. ¿Crees que ustedes puedan quitar toda la pintura blanca con la que Hazel la pinto cuando estaba pequeño y repintarla en marrón como lo estaba cuando fue de papá? —Creo que podríamos hacer eso, así como poner una capa de barniz fresco en la mecedora y el caballito-mecedora. Tú sólo preocúpate por conseguir una forma de sacar a Natalie y a Josh de la


casa por unas horas el día antes de Navidad y nosotros haremos el resto. Buen detalle para un niño, Lucas. Lo has hecho bien —dijo Grady. —Gracias —dijo Lucas sobre su hombro mientras desaparecía por la puerta y se dirigía a la casa. Quería tener los regalos envueltos y bajo el árbol antes de que Natalie llegara a casa. Todos menos uno, y ese uno lo llevaba en el bolsillo. —Hey, les ganaste a las mujeres en volver a casa —susurró Henry. —¿Josh duerme? —preguntó Lucas. Henry señaló a la cuna portable al lado de su sillón reclinable. —Los dos lo estábamos hasta que tú y todos esos ruidos de bolsas que trajiste aquí me despertaron. —Lo siento, abuelo. Déjame contarte lo que tengo en mente para él mientras está dormido y no puede oír. —Puso las bolsas en el suelo y sacó el papel de regalo del cuarto de Natalie a la sala de estar. Se sentó en el suelo y habló mientras envolvía y maldecía al papel y la cinta adhesiva, todo al mismo tiempo. —Suena como una idea bien poderosa para mí. Tengo algo especial para Natalie y para ti, pero puedes rechazarlos y no me sentiré un poco ofendido. Ella Jo pensó que debería ofrecerlos, y nunca puedo decirle que no. —Los viejos ojos de Henry se humedecieron. —¿Qué es eso, abuelo? —preguntó Lucas. —Sabes que tu abuela era una mujer alta, como Natalie y aproximadamente el mismo tamaño. Bueno, ya que tú estás aceptando a este chico, creo que es hora de desprenderme de estos. —Abrió su mano apretada para revelar dos bandas de bodas de oro. —Abuelo, no puedo. —No los ofrecería si no creyera que has hecho la elección correcta, hijo. Ella Jo me dijo que era lo correcto para hacer justo ahora en Navidad y todo. Dijo que la haría feliz si los llevas y que a ella realmente le gusta Natalie, pero adora a Josh. Lucas le tendió la mano. Henry dejó caer los anillos en su palma. —Amala tanto como yo a tu abuela y nunca dejes que nadie se interponga en el camino de ese amor.


—Ni siquiera sé qué decir —dijo Lucas. —No digas nada, hijo. Me alegro de pasártelos a ti y a Natalie. Ustedes me recuerdan a mí y Ella Jo. Sólo que ella no tenía un bebé. Tú eres más afortunado que yo en ese aspecto. Ponlos en tu bolsillo y envuélvelos. Las mujeres no se quedarán fuera más allá de la hora de cenar.


Capítulo 20 Traducido por Mokona & Blinda Corregido por Pily

Cuatro días antes de navidad, Natalie despertó al sonido de cacerolas y sartenes traqueteando en la cocina. Se sentó en el lado de la cama, agarró sus bragas y pantalones de piyama y saltó en ellos. —¿A dónde vas? —Lucas restregó sus ojos. —Hazel llegó antes. —Ella no nos va a castigar. —Lucas soltó una risita entre dientes. —No, pero estaré tan avergonzada que me prenderé en llamas y moriré si me atrapa en la cama —susurró Natalie. Se puso una camiseta sin mangas y lo besó en la mejilla en su camino fuera del dormitorio. Josh se despertó por su biberón de las seis en punto en el momento que ella llegó a la habitación. Cuando lo levantó, él estaba tan húmedo que su piyama goteaba y había un círculo en su lugar en la cuna. El olor le hizo sentir nauseas, pero tragó saliva duro. Extraño que la molestara ese día ya que pañales sucios, húmedos, o incluso el vómito, nunca había hecho que su estómago se retorciera. En caso de que estuviera cayendo en un resfriado, no le lleno el rostro de besos. En lugar de eso habló con él y le recordó que solo quedaban unos pocos días para navidad y luego una semana después de eso irían a casa en Silverton para la fiesta de año nuevo en el rancho. —Tu abuela no está muy contenta conmigo ahora mismo. Probablemente debería ir a casa en Navidad, pero simplemente no puedo romperles el corazón a los chicos. Le dije que lo amo, Josh, y él dijo que tú eres el hijo de su corazón, pero no ha dijo una palabra desde eso. Tal vez lo pensó mejor. Después de Navidad tendremos una larga charla con él y veremos a donde va esta relación.


Lo levantó y cargó bajando el pasillo. Jack ya estaba en la mesa de la cocina y estiró sus brazos. Ella le pasó a Josh y captó al mismo tiempo el olorcillo a café. Su estómago dio un par de saltos antes de calmarse. ¡Maldición todo el infierno en un plato! No era ni un poco justo enfermarse justo para navidad. Ojala sea solo una cosa de 24 horas y amanezca bien. ¡Oh mi Dios! ¿Podrían ser náuseas matutinas? Nunca las tuve con Josh, así que no tengo idea de cómo se siente, pensó. No esperaba que le llegara su periodo hasta… ¡ups! Debería haberle llegado hace tres días, pero, aun era muy pronto para que su cuerpo sintiera nauseas, ¿verdad? Además, el doctor dijo algo sobre que después de dar a luz se necesitaba un tiempo para que el periodo se regulara, y ella nunca había sido regular de todos modos. No podía estar embarazada. ¡Simplemente no podía! Tomó una nota mental para buscar los síntomas y tiempo de periodo en su laptop tan pronto como terminara el desayuno. —Buenos días. No espero decirte que hacer. Es solo que necesito regresar al ritmo o de lo contrario envejeceré y moriré — dijo Hazel. —Para nada, ¿pero cuál es mi trabajo ahora que has regresado? —Ayudar a Lucas a llevar este rancho, y tal vez te deje algo del trabajo de la casa. Cocinar será algo mío hasta que muera, a menos que este fuera en la iglesia en ese caso podrás entrar y hacer lo que quieras —dijo Hazel. —Pero me gusta cocinar —dijo. —Tal vez te deje hacerlo un par de noches a la semana. — Hazel le guiñó. El aroma de las salchichas y huevos combinado con la esencia fuerte del café debería haber hecho que tuviera hambre, pero en su lugar su estómago se había retorcido en protesta. Se excusó y corrió por el pasillo hacia el baño donde abrazó el inodoro y vomitó. —Dios, si esto son las náuseas matutinas, por favor deja que pasen en solo un día. No puedo cuidar a Josh y hacer esto cada mañana —rezó.


Después de lavar su rostro con agua fría y cepillar sus dientes, esperó otro par de minutos para estar segura de que todo había pasado. Cuando abrió la puerta Lucas estaba de pie frente a ella con una mano en cada lado del quicio. —Te ves un poco pálida. ¿Ese negocio con Hazel aun te asusta? —preguntó. Ella hizo su mejor esfuerzo por sonreír. —Sí, lo hace. El desayuno casi está listo, y obtuve mis órdenes. Se supone que debo ayudarte a llevar el rancho y ayudar un poquito con el arreglo de la casa. Luchas soltó una risa ahogada. —¿Quieres que hablé con ella? —¡Infierno, no! Siempre tuvimos cocinera y señora de la limpieza, así que estoy acostumbrada a ese arreglo. Y no heriría sus sentimientos por toda la mugre de Texas —dijo Natalie. Lucas lanzó sus brazos alrededor de sus hombros y caminaron en perfecta armonía todo el camino a la cocina. Un olorcillo de la comida y su estómago dio otra vuelta. Ella miró a Lucas al tiempo que él le agarraba una mano con su mano libre. Sus botas sonaron como estallidos de cañones mientras corría por el pasillo y no hubo duda de que iba hacia el baño. Natalie quería bailar justo allí en la cocina. Ella y Lucas tenían un virus estomacal, y ella no estaba embarazada. Podía manejar un virus estomacal por unos días. Tres meses de eso podría convertirla en una malvada perra que Lucas patearía fuera del rancho. —Bueno, infierno, no sabía que mi forma de cocinar generaría un problema —dijo Hazel. —No es eso. Yo acabo de hacer lo mismo. Debemos haber cogido un virus. Espero que tú no te contagies, Hazel —dijo Natalie. —Ella es demasiado malvada como para conseguí nada —dijo Jack—. Ve con Lucas a la sala y siéntense en los sillones reclinables. Le llevare algunas tostadas y té caliente. Eso los mantendrá fuertes sin molestarles el estómago. —Gracias —dijo débilmente Natalie. —Me hare cargo de Josh hoy en la sala de estar. No queremos que se enferme y dañé su primera navidad —dijo Henry. Natalie asintió.


Grady la siguió a la sala, señalando un sillón, arropándola cuando ella se recostó. Miró hacia Lucas cuando este regresó del baño y le señaló el sillón junto a Natalie. —Ese es para ti. Nos haremos cargo de las tareas rutinarias hoy. Mejórense para navidad. *** La mañana siguiente, el traqueteo de sartenes y ollas y el aroma de café y tocino despertaron a Natalie de nuevo. Cuando abrió los ojos Lucas estaba apoyado en su codo mirándola fijamente. —¿Te sientes mejor? —preguntó. —Estoy hambrienta —contestó ella. —Yo también. —Debimos tener un virus de veinticuatro horas como creímos —dijo. El monitor led dejo saber que Josh estaba despierto e inquieto por su biberón de la mañana, así que ella se deslizó fuera de la cama, rápidamente se lanzó un abrigo sobre su cuerpo desnudo, así se cobijaba para ir descalza a su habitación, deslizarse dentro, y tomar a Josh de su cama. —Tendremos que conseguirte algo más grande si nos quedamos después de navidad, hijo. Está a punto de quedarte chica esta pequeña cosa. —Abrió su piyama y le cambió el pañal—. ¿Qué deberías usar hoy? Tendremos que ir al pueblo esta mañana y hacer algunas compras de último minuto. Cuando vayamos a Silverton, se supone que tendremos nuestros presentes. Tu abuela dijo que no gastaría millas postales, ya que podemos traerlo con nosotros. Tendrás una gran Navidad y ni siquiera la recordaras. Tomaremos muchas fotos y cuando crezcas podrás verlas. Josh sacó su chupón y metió su pulgar en la boca. —Bueno, eso es un rasgo de tu padre. Chupó dedo hasta los cinco años —dijo ella. Lucas empujó su cabeza por la puerta.


—¿Esta vestido? Lo llevaré al frente de la casa mientras te alistas. Incluso podemos conseguir su biberón antes que bajes a la cocina. ¿Segura que te sientes bien? Aun te veo pálida. —Estoy bien. Después del desayuno Josh y yo iremos a Sherman a hacer algunas compras de último minuto. ¿Quieres ir? — preguntó ella. El ayudó a ponerle las medias a Josh y luego lo tomó en brazos. —Vamos, vaquero. Tu club de fans está esperándote. Quisiera ir contigo, pero tengo mucho que hacer aquí hasta el fin de semana. Me alegra haber hecho todas mis compras. —¿Entonces como haremos con nuestros regalos? Hazel me dijo como todos ustedes hacían los de los demás —preguntó ella. Él se detuvo en la puerta. —Es nuestra primera navidad juntos. Creo que deberíamos abrir nuestros presentes en noche buena así podríamos ser solo nosotros. ¿Te parece? —Me gusta esa idea —dijo ella. Las palabras “nuestra primera Navidad juntos” corrieron por su mente en un continuo serpentear. ¿Eso significaba que está planeando una segunda, tercera, o más? Él le había dicho esa vez que la amaba pero no lo había vuelto a mencionar. Y tampoco había mencionado planes después de navidad. Ella contó los regalos con su nombre bajo el árbol. Debía comprarle dos regalos pequeños a Lucas así tendrían la misma cantidad, y esa era la verdadera razón por la cual ella y Josh irían de compras de nuevo. Hasta ahora, no le había comprado un libro, así que planeaba pasar por la librería primero, y luego de eso, tenía la intención de comprar la botella más grande Stetson que pudiera encontrar. Pasándolo en el pasillo después de que le revolviera las hormonas en algo entre un gimoteo y un zumbido. Tarde en la noche cuando trepaban en la cama juntos, algunas veces para una escena de caluroso sexo, algunas solo para abrazarse, ella podía sentir un olorcillo de los restos de Stetson si olisqueaba su cuello. Y su reacción era siempre la misma.


Hazel había hecho waffles esa mañana con mantequilla derretida y tibio jarabe de arce. Natalie no tocó el tocino o las salchichas pero tomó dos raciones de waffles. Nunca tuvo problemas con ninguna comida cuando estaba embarazada de Josh, así que debían ser las consecuencias del virus estomacal. —El meteorólogo dijo que el norte de Tejas tendrá una blanca Navidad. Esperamos más o menos 12 centímetros de nieve para esta noche buena. Pero entonces supongo que calentará el día después de Navidad y pateara de regreso a los cuarentas para la noche de año nuevo —dijo Henry. —Entonces es bueno que Josh y yo vayamos al pueblo hoy. ¿Cuándo se supone que iniciará? —preguntó Natalie. —Ya es un vertedero en la parte oeste del estado —dijo Grady. —Probablemente iniciará aquí mañana y cuando los levantemos en la mañana de Navidad habrá 12 centímetros —dijo Jack. —Bueno, eso no significa que nuestros planes cambiarán. Tenemos tracción en las cuatro ruedas y cadenas —dijo Hazel—. Creo que estoy ansiosa por ello. No hemos tenido una blanca navidad desde que Lucas tenía como diez años de edad. —Nueve —dijo Lucas—. Noah y yo construimos un hombre de nieve. Él tenía siete años y ambos creímos que eso la cosa más grande de todas. Pensándolo bien, tenía solo como un metro de altura. —Más de veinte años entonces —dijo Hazel—. Natalie, cuidaré del bebé mientras vas de compras. Lo harás en la mitad del tiempo si no tienes que llevarlo. Además, después que Lucas y tú estuvieron enfermos ayer, no creo que sea bueno que este afuera con gente enferma. Estarán tosiendo y estornudando sobre él. No fue sino hasta que estuvo a mitad de camino hacia Sherman que se dio cuenta de lo mucho que había perdido control sobre Joshua desde que había venido a Cedar Hill. Su madre no le decía que hacer de la forma en que Hazel lo hacía. No había un solo vaquero en todo el rancho en Silverton que pudiera moverse campantemente por la habitación y cargar al bebé fuera para el desayuno. Incluso su abuelo no le decía que ella iba a ayudar con los quehaceres mientras le leía libros al bebé.


Golpeó el manubrio. —¡Maldición! Estacionó frente a la librería y se abrazó protegiéndose del viento del norte. El sol estaba brillando pero los rayos no podían hacer nada para calentarla mientras bajaba su cabeza y corría hacia la tienda. La vendedora la miró enderezarse en el pasillo donde evidentemente habían estado los niños y levantó una ceja. —¿Misterios? —Un pasillo sobre romance. —Ella señaló. Tomó el nuevo de James Lee Burke y uno de John Sandford y deambuló dentro de la sección de romance. Varios llamaron su atención pero nunca había comprado para sí misma en Diciembre. Sus hermanos, su tía Leah, y su madre siempre ponían cosas en su calcetín navideño. Tomó uno con una cubierta amarilla y esperó que alguno de ellos lo comprara. Amaba la escritura de Shana Galen y ese lucía muy bien. Luego vio el escaparate con los pequeños libros de cupones y se detuvo. El que era sobre besos sería un regalo perfecto para Lucas. Le gustaba especialmente el que decía que pasarían el día juntos y sin importar lo que estuviesen haciendo o donde estuviesen se detendrían y se besarían cada treinta minutos. —Que magnifica forma de mirar el reloj —murmuró—. Pero eso haría que fuesen demasiados regalos. —Ponlos en la misma bolsa —dijo la vendedora detrás de ella—. Le di uno de esos libros de cupones a mi novio por su cumpleaños hace una semana. No podemos esperar para que pase este mal tiempo y podamos ver las estrellas. Mira la siguiente en el libro. Dice que vale por un largo y maravilloso beso en las estrellas. —Gran idea —dijo Natalie. Hizo un rápido viaje a través de la tienda de ropa del oeste y recogió una gran botella de Stetson y estaba soplando aire tibio en sus manos en su camioneta cuando su teléfono sonó. Ella miró el identificador y tomó una respiración profunda. —¡Hola! Papá —dijo. —¿Estás enamorada de aquel vaquero? ¿Realmente, realmente enamorada? —La profunda voz de Jimmy Clark retumbó. Ella


suspiró—. ¿Sí o no? Esto no es una discusión, solamente una pregunta, Natalie. —Sí, lo estoy —declaro ella. —No me gusta que no nos contaras sobre él, pero puedo vivir con ello. Con toda esta paparrucha de maldita tecnología en estos días… —Papá, si no fuera por la tecnología todavía recogerías el algodón a mano y sembrarías el trigo por difusión —le recordó. —No me interrumpas, señorita —dijo él—. He pensado estos últimos días. Al principio, estaba malditamente loco, pero tu mamá dijo que no podía ir allí y traeros a ti y a Joshua. Tuve que dejarte permanecer o que te dieras de bruces tu misma ya que tomaste la decisión sin hablarnos sobre ello. —Ella esperó—. ¿Bien? — preguntó Jimmy. —Dijiste que no te interrumpiera. —Ahora puedes hablar —dijo él. Ella se rió. —Lo amé incluso antes de que me presentara aquí, pero simplemente no sabía cuánto. Él es mi compañero del alma, papá. —¿Te pidió matrimonio? —Aún no —dijo. —Bien, si él no lo hace antes de Navidad entonces te vienes a casa y te puede cortejar presentándose aquí. ¿Me prometerás que harás esto? —Lo prometo —dijo. —¡Bien, entonces, te veré en Año nuevo, y te echo de menos, nenita! Las lágrimas subieron anegando sus ojos cuando la llamó así. Para él, ella siempre sería su niña justo como para ella Josh siempre sería su bebé. —Te echo de menos, también, papá. —¿Dónde están? No oigo a Joshua. —Sentanda en mi camioneta. Vine a Sherman para terminar algunas compras. Estoy de camino a… —" Walmart " —terminó él por ella—. Las mujeres no van a la ciudad a no ser que vayan a Walmart.


—Has acertado en eso —dijo. No tenía el corazón para decirle que iba a comprar una prueba de embarazo. —Ámalo, nenita —dijo él. —Ámalo también, papá. Y realmente te va a gustar Lucas. Él es un ranchero desde el fondo de su corazón. —Pensaba que era un soldado. —No más. Es todo un ranchero. —Bien, esto me hace sentirme un poquito mejor, pero me ahorraré el juicio hasta que conozca al muchacho. Proviene de una buena cepa, le daré ese tanto. Su abuelo y mi gente eran buenos amigos cuando todos eran jóvenes. Ahora tengo que irme. Tu mamá no sabe que te estoy llamando. Deberíamos mantenerlo así. —¿Por qué? —Cuando tengas una hija, entenderás. —Él se rió—. ¡Ahora, adiós! El aparcamiento estaba tan lleno que tuvo que aparcar a mitad de camino de Dallas. Al menos así se lo pareció cuando agachó su cabeza por el viento del norte que trató de empujarla todo el camino a Houston. Finalmente, entró en la tienda de Walmart y agarró el último carrito de las compras disponible. Empujó entre la muchedumbre y se dirigió directamente al pasillo con los cosméticos, vitaminas, y productos de belleza. Aventó una prueba de embarazo en el carro junto con dos botes de laca para el cabello, un bote de champú, uno de acondicionador, y uno bote grande de loción de bebé para Josh. Cuando alcanzó el final del pasillo vio una demostración de lociones y baño de espuma y recordó que no había conseguido nada para Hazel. Luego eligió un juego completo que olía como azúcar de vainilla caliente y se dirigió a la trasera de la tienda para buscar una hermosa bufanda y tal vez un bonito broche de la sección de joyería. Se decidió por un broche con forma de estrella incrustado con pequeñas semillas de perlas y un diamante diminuto en el medio, pero la bufanda que le entró por la vista era una brillante tela de cuadros verde y rojo navideño. Contempló volver al mostrador de joyería y comprarle a Hazel un broche de inicial con piedras rojas. —Bien, ¡hola! —dijo Melody a su lado.


Natalie miró abajo a la prueba de embarazo brillando justo allí para que el mundo entero la viese y tiró la bufanda sobre ella sin pensarlo un segundo. —¿También estás con compras de última hora? Mi hijo mayor, el pequeño tamborilero del programa Navideño, le contó al Santa en la escuela que quería una camioneta roja para Navidad, pero no me lo dijo hasta esta mañana. —Ella rió. Natalie rió a su vez. —Siempre pienso que tengo todo cubierto para luego recordar uno cosa más. —Yo también. ¡Eh!, las chicas se reúnen para almorzar, algún día entre Navidad y Año nuevo, y celebrar que todavía estamos cuerdas. Nada sofisticado. Tal vez en mi casa con emparedados y sopa. Deberías venir —dijo Melody—. Oh, ¿te enteraste de lo Sonia? Tomó un trabajo en Dallas y ni siquiera viene a casa por Navidad. Dijo que ver a Noah le dolería demasiado, pero… —Melody se sonrió y susurró—, creo que ya tiene un lio con alguien. —Bien, espero que sea feliz en su nuevo lugar —dijo Natalie— . ¿Puedo ir contigo a ese almuerzo? —Seguro. Solamente dame una llamada, y si no puedes hacerlo esta vez, lo haremos otra. Estoy muy contenta de que ella y Noah no se casaran. Amamos a Sonia porque es nuestra amiga, pero ellos eran la pareja más inverosímil de todo el estado —dijo Melody—. Bien, tengo que encontrar una camioneta roja. Santa seguramente me apreciará más por hacer su trabajo. Natalie empujó su carro rodeando la siguiente esquina y comprobó para asegurarse que la caja de la prueba de embarazo estuviera cubierta. *** Lucas aprovechó que Natalie se había ido para ayudar a los chicos a mover todos los muebles del nuevo cuarto de niños. Ellos habían quitado toda la pintura de la cama el día antes y habían tintado el roble de un marrón intenso. Grady trabajó en la puesta de


una cubierta de uretano sobre ella para garantizar que fuera apropiada como mueble de bebé, mientras que Jack retocó el caballo balancín y la silla. Cuando el espacio estuvo totalmente vacío, cerró la puerta exterior. Natalie raras veces había estado allí dentro, pero tenía la excusa perfecta si tratara de abrirlo. Simplemente le diría que su regalo de Navidad era demasiado grande para envolverlo y que él lo ocultaba en el dormitorio hasta Nochebuena. Esto no era realmente una mentira porque no había una caja lo bastante grande en el mundo entero para envolver el futuro. Ella abrió la puerta de atrás exactamente al mediodía y fue directamente a su cuarto con un par de bolsas. Cuando volvió se había cambiado de ropa y llevaba un par de vaqueros descoloridos, una camisa de franela de cuadros escoceses, y sus botas de trabajo. Él pensó que era absolutamente impactante. —¿Conseguiste hacerlo todo? —preguntó Hazel. —Lo hice. —Pondré la mesa y verteré el té. Aquel olor maravilloso a consomé. —¿Qué es? —preguntó Natalie. —Consomé de judías. Esta es un consomé muy contundente con pan crujiente y queso muy curado cortado que va bien durante un día frío —dijo Hazel—. Así que consigue tazones y cucharas. No necesitaremos platos grandes. Lucas se acercó detrás de ella y resbalo sus manos alrededor de su cintura. —Te eché de menos —susurró sólo para sus oídos—. ¿Quieres que nos acostemos y me dejas darte calor? Ella se ruborizó. —Shhh… —Ustedes dos mejor paran de susurrar o voy a pensar que algo está pasando. —Hazel se rió tontamente. —Trato de que me cuente qué te consiguió para Navidad — dijo Lucas. —Muchacho, no compro esa clase de estupideces —dijo Hazel—. Ve a buscar al bebé. Puede que no sea lo suficiente mayor


para comer la comida de adulto, pero me gusta que se una a nosotros a la mesa. —Más tarde —susurró Lucas y luego besó a Natalie directamente debajo de su oreja—. Y, mejillas dulces, seguro que estás hermosa cuando te ruborizas.


Capítulo 21 Traducido por ஓ¥anliஓ Corregido por Viqijb

Mil mariposas revoloteaban en el estómago de Natalie en la mañana de Navidad. Más que la habitual emoción de las vacaciones había llenado la casa los últimos cuatro días. La noche anterior, Hazel había insistido en que ella y Josh fueran a su casa para ver su árbol de Navidad. Cuando llegaron allí, Hazel tenía galletas listas e hizo café, estaba oscuro el camino cuando Natalie volvió a casa. Casa. La palabra creó otro centenar de mariposas. ¿Era esta su casa? ¿O estaba engañándose a sí misma? Ella estaba tan condenadamente enamorada que se revolcaba en el presente en lugar de ser prudente sobre el futuro. Se despertó con un silencio de muerte. Lucas ni siquiera respiraba en la almohada junto a la suya. Se enderezó y se quedó mirando la cama vacía. Ningún ruido venía de la cocina, y ni siquiera podía oler el café. Querido Señor, ¿se había caído Hazel de nuevo y esta vez realmente roto la cadera? Salió de la cama, agarró sus pantalones de pijama y estaba tirando de ellos hacia arriba cuando Lucas apareció en la puerta. —¿Está bien Hazel? —preguntó. —Claro que lo está. Es la víspera de Navidad —dijo. —Yo sé eso, pero... —Se detuvo en medio de la frase. Él estaba sosteniendo a Josh en una mano y una cámara en la otra. El bebé estaba vestido con un traje de color rojo brillante con Rudolph al frente que ella nunca había visto antes. —Es mi primer regalo de Navidad para él —dijo Lucas—. Y Hazel no cocina aquí en la víspera de Navidad. Ella está muy ocupada preparando la cena en su casa para mañana. Por lo general


deja algo para calentar para el almuerzo y la cena o simplemente tenemos sándwiches. —Podrías habérmelo dicho —se quejó Natalie. —Es hora de que Josh vea su gran presente. El año que viene va a tener que esperar hasta la mañana de Navidad por su Santa Claus, pero estoy tan malditamente emocionado, no puedo esperar. —Lucas trató de mantenerse serio para que no adivinara la sorpresa, pero no pudo contener que una sonrisa cubriera su rostro. —Querido Señor, no me digas que trajiste un poni dentro de la casa. —Natalie terminó de vestirse. Lucas hizo un gesto para que lo siguiera. —No pienso en eso, pero no me extrañaría que papá lo hiciera. Algo faltaba. Él estaba sexy como el infierno, incluso con sus pantalones de franela flojos a cuadros rojo y verde y una cálida camisa manga larga roja de punto, pero algo no estaba bien. Lo exploró desde los calcetines a los cordones y pasadores en los pantalones, más arriba a... allí estaba; o no lo estaba. Las placas de identificación habían desaparecido. No se las había quitado ni una vez desde que llegó a casa, ni siquiera para la ducha, y ahora ya no estaban. —¿Puedo, por favor, hacer una excursión al baño antes que Santa Claus? —preguntó. —Claro. Josh y yo iremos a buscar su biberón de la mañana — dijo. Ella se metió en el cuarto de baño, sacó la prueba de embarazo del escondite detrás del papel higiénico en el primer estante del armario detrás del inodoro, y leyó las instrucciones. Simplemente tenía que saber en ese momento. Siguió las instrucciones y se paseó de un extremo del cuarto de baño al otro mientras esperaba. Cada vez que pasaba el bastón que yacía en el gabinete cerraba los ojos. Tal vez sólo debería tirar la maldita cosa en la basura y comprar un segundo después de las vacaciones. ¿Podría pasar dos días más sin saber, no? La segunda manilla del reloj se prolongó como una tortuga torpe, cada tic se tomaba una hora completa. Finalmente, llegó el momento de mirar, y no podía obligarse a hacerlo. Bajó la tapa del orinal y puso la cabeza entre las manos. Ya no estaba enferma. No


podía comer tocino o salchicha en la mañana, pero no tuvo ningún problema con jamón o carne asada para la cena o incluso rigatoni para el almuerzo. —Hey, estamos esperando —llamó Lucas a la puerta del baño—. No tienes que ponerte maquillaje para las fotos. Eres hermosa de la manera que estas, mejillas dulces. "El viejo MacDonald tenía una granja" comenzó a sonar al otro lado de la puerta del baño. Abrió la puerta una rendija y se asomó. Joshua estaba sentado en su silla para bebés en el medio del pasillo, y la puerta de la habitación al otro lado del cuarto de baño estaba abierta de par en par. —Estas pálida. ¿Estás enferma otra vez? —Lucas tenía una expresión de preocupación en su rostro. Bajo la mirada hacia el bastón. ¡Santa María, madre de Jesús! La línea estaba prácticamente gritando la palabra embarazada. —¿Estás bien? Te ves como si estuvieras a punto de desmayarte —dijo Lucas. —Estoy bien. ¿De dónde viene esa música? —preguntó. Lucas señaló al otro lado del pasillo. —Es la Navidad de Josh. Me metí ahí y lo encendí así estaría sonando para él cuando lo llevemos dentro de su propia guardería nueva. Abrió la puerta y vio a Lucas recoger con orgullo al bebé. Enganchó su brazo alrededor de su cintura y juntos entraron en la guardería. —¡Oh, mi! —Se quedó sin aliento. —Es antiguo, pero pertenecía al abuelo y luego a papá y finalmente a mí, hasta hoy. Ahora es la nueva cuna de Josh. La mecedora es donde la abuela meció a papá y donde Hazel me meció hasta que era demasiado grande para sentarme en su regazo, y el resto de ella fue mía. —Él puso al bebé en la cuna. Josh rió a carcajadas con el móvil que giraba lentamente sobre su cabeza. —A él le gusta eso —dijo Lucas—. Y tiene espacio para crecer. Esa pequeña cuna vieja que trajiste estaba retrasando su crecimiento.


—Es hermoso, Lucas. —Lagrimas surcaron sus mejillas—. Estoy embarazada —le espetó. Él se dejó caer sobre una rodilla y le tomó las manos entre las suyas. —¿Te casarías conmigo, Natalie Clark? Nunca conocí o entendí la felicidad hasta que llegaste a mi vida. Las lágrimas goteaban de su mandíbula a la brillante camiseta amarilla. Ella negó con la cabeza. —No, no puedo casarme contigo. —¿Por qué? —jadeó. —Porque sólo estás proponiéndote a mí porque estoy embarazada. No tienes que hacer esto —dijo. Le entregó una hoja de papel doblada. —Eso sería una licencia de matrimonio. Sirve hasta mañana. Lo compré hace unos días con la esperanza de que dijeras que sí cuando me propusiera esta mañana. No te estoy pidiendo que te cases conmigo porque estás embarazada. Te lo pido porque te amo. Y no quiero que digas que sí porque vamos a tener otro bebé. Quiero que digas que sí porque me amas. Ella le echó los brazos al cuello y lloró en su pecho. Él la abrazó y le dijo: —Josh es nuestro primogénito. Mis placas de identificación están en ese pequeño cofre en su cómoda. Se las di a él esta mañana y le dejé masticarlas. Él sabrá de Drew, pero quiero que sea mi hijo. Quiero que él esté orgulloso de mí por servir a mi país y por crecer en este rancho, que será su legado tanto como el resto de los niños que tengamos, Natalie. Ella se echó hacia atrás y lo miró a los ojos castaños. El mensaje fue claro. Podía confiar en él con su corazón, su hijo, y su amor. —Te amo, Lucas, y quiero pasar el resto de mi vida contigo. ¿Significa esto que nos vamos a casar hoy o mañana? —Ese es tu regalo para mí, mejillas dulces, así que tú decides. El abuelo es un predicador ordenado y la pequeña iglesia en el rancho está decorada para la Navidad. Creo que podría ser en media hora o mañana, o si quieres esperar un año, siempre puedo comprar una nueva licencia cada diez días.


*** La iglesia estaba decorada para la Navidad con un pequeño árbol al lado del viejo piano vertical y flores de pascua en cada extremo del altar. Llevaba el vestido de encaje color marfil que había llevado a la fiesta Navideña Angus. Lucas llevaba sus Wrangler negros, una camisa blanca, y a Josh en sus brazos mientras caminaban juntos por el pasillo. Grady, Jack y Hazel se sentaron en el primer banco, Henry esperaba en la parte delantera de la iglesia. Cuando estaban de pie delante de él, extendió la mano y tomó a Josh de Lucas. —Queridos hermanos, estamos reunidos aquí hoy para unir a Natalie... ¿cuál es tu segundo nombre, cariño? —Mi nombre completo es Natalie Joy Clark —susurró. —Muy bien, para unir a Natalie Joy Clark y Justin Lucas Allen en santo matrimonio y para que sean una familia con Josh... ¿cuál es su nombre completo? —preguntó Henry. —Su nombre es Joshua Lucas Clark... Una sonrisa cubrió el rostro de Henry. —Una familia con Joshua Lucas Clark, que pronto será Joshua Lucas Allen. ¿Puedo tener los anillos, por favor, Lucas? —No me dijiste que lo nombraste como a mí —dijo Lucas. —Tú no preguntaste. Lo nombré por mi mejor amigo, Joshua Andrew Camp, y el vaquero quien me ayudó a pasar a través de su muerte, Justin Lucas Allen. Él también tendrá tus iniciales cuando lo adoptes —dijo Natalie. —¿No vas a pelear conmigo en eso? —preguntó Lucas. —¡Diablos, no! Va a dormir en tu cuna y le diste tus placas de identificación. Creo que Drew estaría feliz de que él tenga tu nombre —respondió ella. Grady se rió entre dientes. —¿Es esto una boda o una discusión? —¿Los anillos? —dijo Henry.


Lucas los sacó de su bolsillo. No había esperado que él tuviera anillos, pero entonces el día había estado lleno de sorpresas. —Estos anillos pertenecieron primero a mi amada esposa, Ella Jo y a mí. Estamos contentos de compartirlos con esta pareja hoy y es nuestra esperanza que sean tan felices como lo fuimos nosotros todos estos años —dijo Henry. Natalie tragó saliva mientras Henry bendijo los anillos. Ella ni siquiera había superado la sentimental montaña rusa emocional llorosa del embarazo con Josh y ahora estaba empezando de nuevo. Henry les pidió que repitieran los votos tradicionales. No tartamudeó ni una vez cuando ella se comprometió a amar, honrar y respetar a Lucas hasta que la muerte los separara. Ningún problema, excepto que ni siquiera la muerte podría separarlos más de lo que había separado a Henry y a Ella Jo. Lucas Allen era su alma gemela. —Y ahora puedes besar a la novia —dijo Henry. Lucas inclinó su barbilla en alto, miró a esos ojos azules, y luego la besó con tanto amor y pasión que sus rodillas se debilitaron. Cuando terminaron el beso, se dieron la vuelta y él dijo—: Gente, denle la bienvenida a la Sra. de Lucas Allen al Rancho Cedar Hill. Hazel se secó los ojos. —Y a Josh. Les damos la bienvenida a los dos. Henry le entregó el bebé a Lucas y abrazó a Natalie. —Ella Jo esta tan feliz de tener una nieta ahora y un bisnieto que puede que se quede por aquí hasta después de Navidad. Jack fue el siguiente. —Tú nos has dado la mejor Navidad de todas. Grady fue el último en la fila. —Lucas seguro tiene una buena Navidad. No muchos vaqueros consiguen tanto a una novia como a un bebé para la Navidad. Y el resto de nosotros estamos muy contentos por él. No podría haber encontrado a una mejor mujer con la que viajar en el río de la vida. —Gracias a todos —dijo Natalie—. Mi mamá dice que todos ustedes vengan a Silverton con nosotros en Año Nuevo, donde está planeando una boda. Ella no está nada contenta de no estar aquí hoy, así que se van conmigo. No, no es una opción. Hazel se rió.


—Te paso mi corona de mandona a ti en este momento. Y todos estaremos listos para ir a Silverton en cuanto lo digas. *** La mano de Lucas estuvo alrededor de la cintura de Natalie mientras ponían cuidadosamente Josh en su nueva cama esa noche. Él escupió su chupete y se metió el pulgar en la boca y ambos sonrieron. —¿Estás lista para la cama, señora Allen? Apoyó la cabeza en su hombro. —Tan pronto como haga un viaje al baño. —Estas embarazada, mejillas dulces. Estoy tan feliz por eso que podría gritar desde lo alto del granero. No tienes que comprobarlo de nuevo —dijo. Ella le dio un beso en la mejilla. —Te veré en el dormitorio en un par de minutos. Él se apresuró por el pasillo, agarró el CD y la vela que él le había dado, y las llevó a su habitación. Encendió la vela, apagó las luces y puso el CD en el reproductor. Cuando oyó la puerta del baño cerrarse presionó el botón derecho para iniciar la música. Alan Jackson estaba cantando "Yo Solo Te Deseo A Ti Para Navidad" cuando ella entró por la puerta, pero Lucas no pudo escuchar ni una sola palabra de la canción. Allí estaba ella, completamente desnuda, descalza, el cabello todo revuelto con un gran lazo de terciopelo rojo atado alrededor de la cintura y la pistola de color rosa en la mano. —Feliz Navidad, vaquero —susurró. Tiró del lazo y la llevó a la cama. —Sí, señora, seguramente lo es. ¿Me vas a disparar con esa cosa cuando desate esa cinta? —No, solo la guardo en la mesita de noche al lado de mi cama. Se va conmigo. ¿Tienes algún problema con eso? —Ella ladeó la cadera hacia un lado mientras ponía la pistola en el cajón de la mesita de noche.


Él extendió la mano y tiró de la cinta y el lazo se deshizo justo cuando Alan cantaba que él sólo la quería a ella para Navidad, bebé, él no necesitaba nada más. —Yo no tengo problema con nada de ti, mejillas dulces. Feliz Navidad para mí.

Fin


Próximo Libro Con un bulto de cartas en una caja de botas, Emily Cooper no sabe que esperar cuando llega al rancho Ravenna de Clarice Barton, Texas. Clarice está pasmada por encontrar a la bisnieta de un hombre del cual no había tenido noticias en décadas e insiste en que Emily se quede en el rancho para que le cuente todo sobre él. Greg Adams no está muy emocionado con la idea de una extraña, si bien hermosa, en la compañía de su abuela. Pero cuando éste vaquero obstinado intenta ponerla al descubierto de sus mentiras, se encuentra con la verdad mirándole directamente a la cara: no es una explicación lo que quiere, es simplemente ella.


Sobre la autora Carolyn Brown es una autora de éxito del New York Times y USA Today. Con más de sesenta libros publicados, y le acredita a su hiperactiva familia por su humor y escribir sus ideas. Sus libros incluyen la trilogía de vaquero (Lucky in Love, One Lucky Cowboy, y Getting Lucky), la serie Honky Tonk (I Love This Bar; Hell, Yeah; Honky Tonk Christmas; and My Give a Damn’s Busted), y su serie Spikes & Spurs (Love Drunk Cowboy, Red’s Hot Cowboy, Darn Good Cowboy Christmas, One Hot Cowboy Wedding, Mistletoe Cowboy, and Just a Cowboy and His Baby). Carolyn ha puesto en marcha la ficción para las mujeres también con, la Sociedad de Jubilados The Blue-Ribbon Jalapeño. Nació en Texas, pero se crió en el sur de Oklahoma, donde ella y su marido, Charles, un profesor de inglés retirado, tienen su hogar. Tienen tres hijos adultos y nietos suficientes para mantenerlos jóvenes.

Cowboys & Brides #2  
Cowboys & Brides #2  

The Cowboy's Christmas Baby Carolyn Brown

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