Page 1


Índice Staff

Capítulo 12

Agradecimientos

Capítulo 13

Estimados Lectores

Capítulo 14

Sinopsis

Capítulo 15

Capítulo 1

Capítulo 16

Capítulo 2

Capítulo 17

Capítulo 3

Capítulo 18

Capítulo 4

Capítulo 19

Capítulo 5

Capítulo 20

Capítulo 6

Capítulo 21

Capítulo 7

Capítulo 22

Capítulo 8

Capítulo 23

Capítulo 9

Próximo Libro

Capítulo 10

Sobre la Autora

Capítulo 11


Staff Moderadora de Traducción: ஓ¥anliஓ

Traductoras: ஓ¥anliஓ

Marifj22

Nelshia Nadya Blinda

Curitiba Mokona Malu_12

Moderadoras de Corrección: Viqijb, Amalfii & *Celemg*

Correctoras: Liraz *Celemg* Amalfii

Tamis11 Andrea95 Marta_rg24

Revisión Final: Viqijb & Pily

Diseño: *Celemg*

Pily


Agradecimientos A Patti G. Russell El ADN nos hace hermanas; los corazones nos hacen amigas. El día en que nuestros padres la trajeron a casa del hospital, lloré. Creía que habían ido para conseguirme un gatito y todo lo que trajeron a casa fue otro bebé. Hoy realmente me alegro de que me trajeran una hermana… ¡No sé cómo lo habría hecho para atravesar todas las penas y alegrías sin ti!

1


Estimados Lectores: Hace unos meses, cuatro nuevos vaqueros se presentaron en mi mundo virtual y pidieron, con sus sombreros en mano, que cuente sus historias. Supongo que se propagó la noticia que soy una tonta cuando se trata de vaqueros sexys con una interesante historia de amor. Colton Nelson quiso ser el primero y me invitó a Ambrose, Texas, para echar un vistazo a la ciudad de menos de un centenar de personas y su hacienda, el Círculo 6, la cual era diez veces más grande que la ciudad entera. Me enganchó desde la primera línea de su historia acerca de cómo incluso se habían conocido el uno al otro. Ambrose se encuentra al final de la calle, literalmente, ya que no puedes cruzar el río Rojo en Oklahoma en ese punto. La escuela cerró hace años y los niños viajan en autobús casi diez kilómetros hasta Bells, Texas. El antiguo edificio de la escuela se usa ahora como un centro comunitario. Perdieron su oficina de correos hace un tiempo y el correo proviene de la entrega del correo rural. Pero todavía hay una iglesia y la gente es muy amable quienes cuidan de los suyos. Me enamoré de los pequeños pueblos de esa zona, así como de los vaqueros y sus historias. Lucas es de Savoy, cerca de Bells. Greg ha vivido en un rancho en Ravenna toda su vida, y Mason vive a las afueras de Whitewright con sus hijas gemelas. Así comienza una aventura completamente nueva en un área completamente nueva de Texas. Confíen en mí, los vaqueros son atractivos y las mujeres que capturan sus corazones son muy descaradas. Aquí está la esperanza de que se instalen verdaderamente bien con esta gente y disfruten de leer todo sobre los vaqueros del norte de Texas. Muchas gracias a mi fabulosa editora, Deb Werksman, y todo el personal de Sourcebooks que vuelven mis manuscritos en libros magníficos. Me gustaría dar las gracias una vez más a Sourcebooks por continuar publicando mis libros. También gracias a mi agente Erin Niumata y a la gente de Folio Literary Management. Y a mi marido, el hombre que está siempre dispuesto a dejar caer un sombrero para ir conmigo donde yo quería ir para investigar. Él incluso conduce y toma un montón de fotografías para mí, de esta forma mis manos pueden estar libres para tomar notas. Se necesita una persona especial para ser el esposo de una autora y él tiene mi mayor amor y aprecio. ¡Y un gran, gran agradecimiento a todos ustedes, lectores! ¡Todos son verdaderamente el viento bajo mis alas! Mis mejores deseos, Carolyn Brown

2


Sinopsis UN MULTIMILLONARIO PUEDE COMPRAR CUALQUIER COSA… Colton Nelson tenía veintiocho años cuando ganó la Lotería de Texas y pasó de peón a dueño del rancho de la noche a la mañana. Ahora está desesperado por mantener a los buscadores de oro alejados. No debería ser demasiado difícil encontrar a una muchacha bonita y contratarla para pretender ser su única y verdadera. ¿O PUEDE? Laura Baker consiguió sentimientos encontrados sobre esto, ella está en el rancho para trabajar, no para ser una acompañante. Por otra parte, estar atrapada por un rato en el quinto pino con un magnífico vaquero, no estaba nada mal. Lo que ni Colton, ni Laura esperan son las lecciones sumamente difíciles que tienen que aprender sobre el verdadero coste del amor…

3


1 Traducido por ஓ¥anliஓ Corregido por Liraz

Era sólo una cena, por el amor de Dios; No era la inquisición. No iban a llevarla al patio y matarla a pedradas si comía con el tenedor incorrecto. Andy había dicho que ellos eran como su familia y puesto que ella era su asistente debería conocerlos, pero no quería irse toda amigable con la "familia". Sólo quería pagar su deuda y salir de Ambrose, Texas. Había logrado evitar a la mayoría de ellos durante toda la semana y pensó que podría hacerlo por meses, pero oh, no, Andy decidió que era hora de compartir el pan con ellos esa misma noche. Laura se sentó recta en la silla y se recolocó sus anteojos. Odiaba volver a las gafas después de años y años usando de contactos. Podría usar los de contactos en ocasiones especiales, pero no más que un par de horas. Esta noche no calificaba para eso en su opinión. —Qué bueno que vinieras a cenar, Laura —dijo Maudie. Maudie era alta, delgada, con el cabello encanecido y no suficientes arrugas para ser la abuela de Colton. Ella nunca valdría la pena en una partida de poker porque Laura le podía leer fácilmente a través de sus ojos verdes. Había aparecido de llegada y salida a la oficina por lo menos una vez al día, así que Laura la había conocido, pero un breve saludo y sentarse a la mesa con ella eran dos cosas diferentes. La sonrisa de Laura fue tensa en el mejor de los casos. —Gracias. Andy palmeó sus manos una vez. La conversación se detuvo y todos los ojos estaban en Laura. Sinceramente pensó en arrastrarse debajo de la mesa y ocultarse, pero se negó a permitir que nadie la intimidara. Ni siquiera la gente que vivía en una casa tan grande le quitó el aliento cuando la vio por primera vez. Tenía torrecillas y alas y ventanas altas, un porche pronunciado que la rodeaba y pondría a Tara de Lo que el Viento se Llevo en la absoluta vergüenza. —¡Presentaciones! —dijo Andy con un movimiento de su mano—. Maudie es la única que conoce a Laura, quien ha sido establecida en el apartamento y el trabajo esta semana. Como todos saben, ella es mi prima lejana así que la conozco desde que éramos dos niños. Laura asintió hacia Maudie aunque saludar de detrás de un escritorio y computadora era muy diferente a conocerla.

4


—Y —continuó Andy—, ese tipo de allí con el plato de carne en su mano es Rusty. Es el capataz de la hacienda y la persona que sabe lo que está pasando en cualquier rincón del rancho. La niña a su lado es Roxie, nuestra nueva adolescente residente. Rusty sonrió. —Había empezado a pensar que eras sólo un producto de la imaginación de Andy o que había contratado a un robot. Bienvenida al rancho. Si puedo ayudarte con cualquier cosa, avísame. ¿Te satisface el apartamento? —Sí, señor. Es fantástico —dijo. Roxie alzó la mirada y el corazón de Laura se le salió. Había algo en sus ojos azules que le dijo que ella no estaba muy segura de su lugar en el mundo o donde encajaría si incluso descubriera que tenía un lugar. —Hola —dijo Roxie en un suave acento sureño. Laura se vio a si misma a los dieciséis años cuando alguien nuevo vino a cenar al rancho de la tía Dotty. Tratando de recordar sus modales y no hablar demasiado, pero siendo amistosa. Fue una época difícil en el mejor de los casos. Andy ya había mencionado que Roxie había llegado recientemente al rancho a tiempo completo y era más que un poco tímida. Andy apuntó en la dirección opuesta. —El vaquero en la cabeza de la meza que luce como la mierda es Colton. —Muchas gracias, Andy, por decirle a tus familiares que no manejo mi propio rancho y que me veo como la mierda. Él es un verdadero buen amigo, Laura. Quiero darte las gracias por tomarte el trabajo de trabajar con Andy. No puede ser fácil, sobre todo con lo exigente que es él —gruñó Colton. —Yo también soy muy perfeccionista. Debe correr en la familia, —contestó Laura. Andy recogió una canasta de panecillos calientes y se lo pasó a Rusty. ―Laura es una niña prodigio en las computadoras, así que se ha quemado las pestañas trabajando esta semana. Estamos recuperándonos, sin embargo, así que verás más de ella de ahora en adelante. He tenido que torcerle el brazo para hacer que venga a cenar. Nunca ha sido tímida antes, así que no sé cuál es su problema. Roxie captó su atención y sonrió. La chica tenía el cabello rubio en una cola de caballo, ojos azules cristalinos y una tez impecable. Ella era tan pequeña que parecía frágil, pero Laura diría que había un duro interior escondido dentro de su alma que podría emerger de prisa si alguien la presiona demasiado. —¿Qué pasa contigo, Colton? Parece como si tuvieras una resaca. Nunca dejas pasar los panecillos calientes. ¿Estás enfermo? —Maudie parecía genuinamente preocupada. Colton le paso las judías verdes a Rusty. —Creo que fui drogado anoche. Laura miró hacia el final de la mesa. Había visto a Colton desde su ventana del segundo piso varias veces y con su contoneo, botas y sombrero, creía que era guapo.

5


Sentarse a la mesa con él demostró que estaba más allá de guapo hasta con el tono ligeramente verde alrededor de su boca y ojos inyectados de sangre. Los bíceps se estiraban en las mangas de la camisa que había hecho rodar justo por encima de sus codos. Su cabello castaño oscuro estaba en picos alejado de su rostro en un corte perfecto. Sus claros ojos verdes no dejaron duda que tenía la madre de todas las resacas. Antes de que él se hubiera colocado en su lugar en la mesa, ella había visto la manera que llenaba esos jeans y podía entender bien los problemas que tenía con las mujeres incluso si él fuera solo un pobre y sucio campesino. Agregado a esto una cuenta bancaria que pasmaría al Fort Knox y no era de extrañar que el hombre fuera el más buscado después del soltero más cotizado en todo el norte de Texas. —Por suerte estaba allí —dijo Rusty seriamente. Colton asintió. —Sin mencionar dónde estaría hoy si no me hubieras arrastrado a casa, pero ¡maldita sea! Odio que necesite una niñera a cualquier parte que voy. ¿Por qué las mujeres hacen eso? —No soy tu niñera. Soy tu guardaespaldas —dijo Rusty. —¡Dinero! Por eso las mujeres actúan así. No recuerdas ni una pisca de eso, ¿verdad? —preguntó Maudie. —Recuerdo estar bebiendo una cerveza y mirando la multitud. Luego ordené otra y no la terminé siquiera —dijo Colton—. Voy a mi cuarto. Tal vez más tarde me haré algunas tostadas o tenga ganas de un batido. Ahora mismo mi cabeza duele tanto incluso para masticar. Gusto en conocerte, Laura. Estoy muy contento de que Andy te contratara. Ahora tal vez dejará de llorar como una niña sobre cuánto trabajo tiene que hacer. Laura alzó la mirada de su plato y se volvió a recolocar sus anteojos. —Gracias a ti. Es un placer conocerte. Siento que no te sientas tan bien. Maudie miró hacia Rusty. —¿Dos cervezas? ¿En serio? Él se encogió de hombros. —No habíamos estado allí ni treinta minutos así que probablemente está diciendo la verdad. Una rubia alta y una morena se sentaron en los taburetes de la barra, una a cada lado de él. Ella fue furtiva sobre eso, así que nunca podría demostrarlo, pero creo que la rubia lo puso en su bebida mientras la morena lo distrajo. Maudie meneó la cabeza lentamente de un lado a otro cuando Colton estuvo fuera de la habitación. —¿Ahora están drogándolo? ¿Qué vamos a hacer? Una de ellas está destinada a matarlo si no pensamos en algo. Andy bajó su tenedor y cuchillo y bebió el té dulce. —El dinero seguro saca a relucir a los monstruos.

6


Laura sabía un poco sobre el dinero y los monstruos, pero desde el otro lado de la valla. No estaría sentada en la mesa con Andy esa noche si no lo hiciera, pero lo sentía por Colton. Andy le había dicho que el pobre hombre no había tenido una vida normal desde que se había vuelto millonario y que las cosas iban de mal en peor cada día. Rusty asintió seriamente. Era lo opuesto de Andy. Donde Andy era de mediana estatura, con sobrepeso y apenas de treinta años con una cabeza llena de cabello rubio rizado y ojos azul pálido, Rusty era alto y desgarbado, tenía cabello encanecido y ojos marrones en una cara con una sonrisa lista y bastantes arrugas para testificar un montón de experiencia. —Apenas logré meterlo en la casa y tirarlo en el sofá de la sala. Le quité las botas y le tiré una manta. ¿Así fue que lo encontraste esta mañana, Maudie? —preguntó Rusty. Ella meneó la cabeza. —Estaba en su habitación, desmayado sobre su edredón. Traté de despertarlo para el desayuno, pero no funcionó. Debe haber sido algo poderoso con lo que la mujer lo drogó. Es fuerte como un toro. Laura había sido contratada para ayudar a Andy en la oficina, no para sentarse a la mesa y saber todo sobre los problemas de la familia. Así que el vaquero rico tenía serios problemas con las mujeres queriendo echarle el lazo. Ella tenía problemas con una hermana que no quería o no podía luchar contra su adicción a las apuestas. Todos tenían su triste propia historia de la que afligirse, pero no tenía tiempo ni energía para involucrarse en la de Colton. —Él vivirá. Basta de hablar de nuestros problemas familiares. Laura, por favor únete a nosotros para cualquier comida que desees. Queremos que te sienta como en casa aquí en el rancho. —Maudie a miró a través de la mesa. —Gracias. —Laura se retorcía en su asiento. Seguro que no planeaba comer las tres comidas del día en la casa grande. —Y, ¿qué hacías antes de que Andy te contratara? —preguntó Rusty. —Trabajaba en un invernadero en Amarillo. El dueño lo vendió y los nuevos dueños trajeron su propio personal. Bueno, Roxie, ¿en qué grado estás? —Laura deliberadamente le dio vuelta a la conversación en una dirección diferente. —Entraré al tercer año este otoño —dijo. —Ella está en la escuela de verano para recuperar las clases que se perdió cuando se salto la escuela —dijo Andy. Roxie miró a su plato. El gesto le recordó tanto a su hermana Janet, eso le disparó una punzada de nostalgia en el corazón de Laura. —Y, ¿qué vas a ser cuando crezcas? —preguntó Laura. Roxie levantó los ojos. —Una diseñadora de moda o una decoradora de interiores.

7


—Eso requiere Universidad y para ir tienes que tener buenas notas en la escuela — dijo Laura. —Lo qué tienes que hacer es tomar un montón de clases de computación y trabajar para el rancho. Eres muy buena con la tecnología ―dijo Andy. Roxie le dio una tímida sonrisa. —Eso es lo que dice Dillon. Tal vez cambie de opinión, pero ahora mismo sólo quiero salir de Ambrose. Quiero ir donde nadie me conozca. Laura había sentido lo mismo por Claude, Texas, y hubieron dos veranos que tuvo que hacer trabajos de recuperación en la escuela. No por faltar a clases sino por ser demasiado tímida en esos días para levantar la mano y responder a las preguntas. Janet era quien debía asistir a la escuela de verano por saltárselas, y tía Dotty le había dado sus tareas adicionales como castigo. Hablaron de los cultivos, la iglesia y los horarios de clase de Roxie, pero Laura sólo escuchó con una oreja. Se preguntó qué estaba haciendo Janet esa noche. Había pasado una semana desde que se habían abrazado y despedido. Pasaría mucho tiempo antes de que se vieran o incluso tuvieran el privilegio telefónico otra vez. Si tan sólo hubiera tenido otra forma de conseguir el dinero para rescatar a Janet una vez más, pero no había tenido ningún otro recurso que tragarse su orgullo y recurrir a Andy. Sólo esperaba que Janet estuviera manteniendo su parte del trato. Al principio estaba enojada con Andy por establecer tales normas. Ella y Janet eran hermanas y adultas. No tenía que ser tan duro sobre prestarle el dinero, pero cuanto más había pensado en ello esa semana, más se daba cuenta de que era un genio. Janet nunca dejaría los juegos de azar si podía correr hacia Laura cada vez que se metía en problemas. Las reglas de Andy habían sido simples. Número uno: no podrían tener ningún contacto, ni teléfono, correos electrónicos o mensajes de texto hasta que la deuda estuviera pagada en su totalidad. Número dos: no podrían verse la una a la otra hasta que la deuda fue pagada en su totalidad. Número tres: Janet tenía que quedarse fuera de los casinos, salas de bingo, toda cosa que tuviera que ver con el juego, y tenía que ir a Jugadores Anónimo dos veces por semana. Laura sacudió las reglas de su mente y echó atrás su silla. —Ha sido un placer conocerlos a todos. Gracias por la cena. Regresaré a la oficina ahora para terminar la jornada. —Estamos contentos de tenerte aquí en el rancho. Siéntete libre de tomar cualquiera de tus comidas con nosotros. Hay desayuno buffet y almuerzo y nos sentamos en la mesa para la cena. —Maudie la despidió con un movimiento de su muñeca. —Gracias —dijo Laura, pero seguro que no pretendía comer las tres comidas del día con la familia. ¡No, señor! —No dejes que Andy te encadene a la computadora en la oficina —dijo Rusty. —Estoy segura de que estaré por ahí más seguido en cuanto nos pongamos al corriente —dijo Laura.

8


Ella escapó a través del vestíbulo y el pasillo a la pequeña oficina que compartía con Andy Joe. Se desplomó en su silla de oficina, se inclinó hacia atrás, puso sus gafas en su regazo y presiona sus pulgares en sus sienes. Gracias a Dios por Andy y su oferta para acudir en su rescate, pero estaría condenada si hacia esa cosa de la cena una aventura nocturna. Un sandwich de atún con la paz rodeándola era mucho mejor que todos esos ojos sobre ella. —Hey. —Andy asomó la cabeza en el cuarto. Ella se enderezó tan rápidamente que la sala dio un par de vueltas antes de que tuviera todo bajo control. —Sólo estaba descansando los ojos por un momento. —Ha sido un largo día, Laura. Mañana terminaremos esos informes. Intentamos averiguar algunas cosas en el comedor. Te perdiste el postre así que te he traído una rebanada de pastel de nueces. —Gracias. Tal vez vaya a correr esta noche antes de ir a la cama —dijo. —Si te pierdes en la gran ciudad de Ambrose, llámame y voy a ir a buscarte. Créeme, Claude es una metrópoli en comparación con Ambrose. —Sonrió. Apagó las luces y coloco el pastel de la máquina de fax—. Hasta mañana. Enganchando sus anteojos sobre su cabeza, se comió cada bocado del pastel y se dirigido hacia la cocina para dejar el plato sucio. Pudo escuchar el suave zumbido de voces flotando por el pasillo y se detuvo en seco cuando escuchó su nombre. Se acercó de puntillas a la puerta del comedor abierta y pegó su cuerpo contra la pared. —Eso es una locura. Ella nunca lo hará —dijo Rusty—. Y tampoco Colton. —¿Cómo sabes? Podríamos al menos preguntarles —dijo Maudie. —Mi voto es que no preguntemos. Que lo organicemos y ver qué pasa —dijo Andy. —Creo que es malo —dijo Roxie. Laura estaba asombrada de que la niña hablara, pero de qué diablos estaban hablando. Tenía que ver con ella y Colton y algo que ambos nunca irían a… pero, ¿qué? La profunda voz de Rusty se trasladaba mejor que la de Roxie cuando dijo: —Ella se lanzará a un ataque cuando se entere. Podrás ser su primo, pero vas a estar en serios problemas, Andy. Ella no me engaña ni una pizca escondiéndose detrás de esas gafas. Es una luchadora. —Sí, lo es. Siempre ha tenido que serlo, pero puedo manejarlo —dijo Andy. —Me parece un buen plan, y la única forma que funcione es si tú los sorprendes con él —respondió Rusty. —Mi voto es que por lo menos lo intentemos. Levanten la mano si están conmigo —dijo Andy.

9


No podía ver la votación pero los murmullos le dijeron que habían emitido su voto y estaban saliendo del comedor. Ella se apresuró al vestíbulo y salió por la puerta trasera antes de que quedara atrapada espiando. —¡Maldición! —susurró mientras subía los escalones de su apartamento. Estaban tramando algo que los involucraba a Colton y a ella y seguro que le gustaría saber lo que era antes de que sucediera. Su apartamento era el piso superior del antiguo garaje que ahora tenía tres camionetas de la familia. El sol colgaba sobre las copas de los árboles como si no supiera si quería ponerse esa noche o simplemente mirar al mundo un poco más. Laura miró el reloj cuando abrió la puerta. Si se apresuraba, podría hacer una carrera antes del anochecer. En Amarillo, Laura tenía una agenda que incluía correr tres veces por semana además del ejercicio que tenía en el invernadero. Y no tomaba las tres comidas grandes del día. El desayuno generalmente era yogur en medio de la mañana, el almuerzo, una ensalada o un sándwich que traía desde su casa y la cena era una de esas comidas congeladas que lanzaba en el microondas. Se cambió a su vieja sudadera gris favorita, se puso sus zapatos para correr e hizo algunos estiramientos en su habitación. El aire de la noche era agradable, no demasiado caliente para la primera semana de junio, lo que podría estar calentando cerca de los tres dígitos. Ella había comenzado a trabajar para Andy el sábado por la mañana, el primer día de junio, y ahora estaban a una semana después. El sol se sumergía detrás de los altos árboles de nuez alineados en el camino de grava mientras tomaba un trote fácil de calentamiento. Para cuando llegó a la carretera que conduce a Ambrose, había agarrado una buena velocidad. No vio a nadie, no hasta que alcanzó la T en el camino y se volvió hacia Ambrose, al norte. Luego una camioneta vieja y oxidada redujo la velocidad detrás de ella. El conductor tocó la bocina, sacó la mano por la ventana y saludó mientras pasaba. Llamar a Ambrose un pueblo estaba a un tramo lejos de la imaginación. Tenía una población de menos de un centenar de personas, y la oficina de correos desde hace mucho tiempo había sido cerrada. Ahora el correo salía de Bells en una ruta rural. La vieja escuela era del color de las formaciones de la parte inferior del Cañón Palo Duro no lejos de Amarillo y ahora un centro comunitario. El patio parecía descuidado y divisó unas pocas plantas de lantana y bulbos iris junto con algunos cóleo en la parte de atrás en las esquinas. Estaba a punto de descansar en el porche del centro comunitario cuando vio la iglesia a su izquierda. Parecía de lejos más atractiva con su sombra profunda y el patio recién segado. Seguramente a Dios no le importa si ella descansaba antes de regresar corriendo al rancho. Las rosas eran preciosas, los dulce williams estaban gruesos y lujosos, los setos habían sido cortados y el olor a hierba fresca recién recortada llenaba el aire de la noche. Se sentó en los escalones del porche, inclinada hacia adelante y puso su cabeza sobre sus rodillas.

10


Apenas había tomado tres buenas respiraciones largas cuando las puertas de la iglesia se sacudieron al abrirse. Su primer pensamiento fue que quien se encargara del jardín debería rociar un poco de aceite en las bisagras. Luego alzó la mirada para ver a un hombre bajo en jeans descoloridos, un pañuelo rojo enrollado y atado alrededor de su frente y una gran sonrisa en su rostro. —Hola. ¿Te has perdido o saliste para hacer ejercicio? —Su gran y resonante voz sonó como que debería haber venido de un vaquero de metro ochenta y tres como Colton, no de un jardinero de la iglesia. —Ejercicio —jadeó ella. Se sentó a su lado. —Soy Roger Green, el predicador aquí en esta iglesia. No creo haberte visto por ahí. ¿Eres nueva a Ambrose? Correr bajo este calor debe haberle matado las células cerebrales que correspondían a la vista y el oído. ¿El hombre dijo que era un predicador? Los predicadores no usaban trapos para el sudor como bandas y no llevan pantalones vaqueros descoloridos y un polo rojo con un agujero en la manga. —Soy Laura Baker. Trabajo en el Círculo 6 —dijo. —Bueno, estoy encantado de conocerte. Imagino que, ¿estarás en la iglesia mañana por la mañana con la familia? Laura no quería mentir y decir que estaría sentada en el banco familiar a la mañana siguiente, pero no haría una promesa que no tenía ninguna intención de mantener. —No estoy segura —evadió mientras se levantaba y se estiraba—. Siento la prisa pero tengo que volver al rancho antes de que oscurezca. —Estaré deseando verlos a todos ustedes mañana. —Su voz sonó detrás de ella cuando se alejó. ¡La iglesia! ¡Maldición! ¿Andy iba cada semana? Andy dijo que puesto que estaría en un rancho podría usar sus pantalones vaqueros y botas. Había traído tres o cuatro vestidos para los días cuando los pantalones y botas fueran demasiado caliente para usar en el trabajar, pero no eran ropa para la iglesia. La tía Dotty siempre insistió en que ella y Janet se vistieran apropiadamente los domingos por la mañana y eso significadas mangas, medias pantis y zapatos cerrados. Todavía estaba preocupada por lo qué ponerse cuando dio vuelta a la esquina a la carretera angosta y lentamente bajando el trote rápido a la casa. Apenas se había sentado en el escalón superior del porche para refrescarse cuando Colton salió de la casa y se sentó en la mecedora. —Parece que has estado corriendo. Entonces, ¿qué pensaste de Ambrose? — preguntó.

11


—¿Qué te hace pensar que corrí por el pueblo? Y pensé que estaba enfermo. —El predicador llamó. Dijo que te conoció y te invitó a ir a la iglesia con nosotros mañana por la mañana. Y me siento mejor. —¡Maldición! —Su palabrota favorita se le escapó más suave que un champiñón hervido. —¿Significa eso que no? —Significa que no traje las cosas para la iglesia. Sólo empaqué ropa de trabajo en su mayor parte. —¿Tienes un vestido? —Un par de vestidos de verano. —¿Qué tal son? —Son azules y no tienen mangas y solo me llegan a las rodillas. —Suena bien para mí. Úsalo y te veras genial o usa unos jeans y botas —dijo Colton. Ella miró hacia él. —Debes sentirte mejor. —Sí, pero el pensamiento de comida pesada me da nauseas. Estoy pensando que un cono de nieve podría saber a gloria. ¿Quieres uno? Él estaba siendo amable, pero un cono de nieve arco iris sonaba maravilloso. —¿Qué tan lejos es para conseguir uno? —Como a once kilómetros hacia Bells. Tienen un lugar que hace maravillosos conos de nieve. Te ves acalorada y yo estoy listo para poner algo en mi estómago. Puede que también encuentres interesante pasear conmigo. —Está bien —dijo lentamente. ¿Era esto parte de lo que la familia hablaba en el comedor? ¿Ya lo habían hecho entrar en la proposición y ahora era solo cuestión de ser amable con ella para que consintiera entrar en el asunto? Solamente había una manera de averiguarlo.

Bells estaba a poco más de once kilómetros al sur de Ambrose por una carretera pequeña de dos carriles. Colton fácilmente podría llegar en menos de diez minutos, pero se mantuvo sobre las cuarenta y cinco millas por hora. Laura llevaba el mismo jean y camisa que tuvo en la cena. Se había cambiado los zapatos de deporte por unas botas y había enrollado las perneras de sus pantalones hasta justo debajo de sus rodillas. Incluso con las gafas y el pañuelo atando todo ese rubio cabello hacia atrás, era aún atractiva de una manera adorablemente linda. Le recordaba a alguien, pero no podía poner su dedo en eso. Tal vez fue una mujer que había visto en un bar.

12


Se mordió un gemido. ¿Podría estar planeando su propia estafa sobre él? Andy dijo que ella era su prima y que necesitaba un trabajo y un préstamo para sacar a su hermana de deudas de juego. Ella había trabajado en un invernadero durante ocho años, pero fue despedida cuando se vendió; sin embargo, era una experta en computadoras como él. Andy nunca le mentiría, ni en un millón de años. Habían sido amigos desde el primer día del jardín de infancia y Colton confiaría en Andy con su vida. La prima, ¡no tanto! Al menos no hasta que ella demostrara que no estaba poniéndole una venda sobre sus ojos el pobre viejo Andy. —¡Mira! —El dedo índice le rozó el pecho cuando él señalo a un punto donde un gran ciervo y su harén de poco más de media docena sobre el cercado del pasto. El calor se disparó desde la punta de su dedo a través de su mano entera. La estampó de vuelta al volante. No parecía que la hubiera puesto sobre un fuego, pero estaba malditamente seguro de que se sentía igual. Había estado sin una mujer demasiado tiempo, pero por las campanas del infierno, la confianza no llegaba fácilmente incluso para una relación casual. —¡Guao! —murmuró ella. Apuntando hacia arriba a una bandada de patos llegando para aterrizar en una charca de la granja—. Son tan agraciados. Janet dice que yo nací sin ninguna gracia. —Quien sea esa Janet, no le creas. Eres muy agraciada —dijo. —Janet es mi hermana —dijo firmemente—. Sí, ¡claro! Soy un cerebrito. Lo sé. Lo acepto. Él cambió al tema. —Así que tienes una hermana, trabajabas en un invernadero, y, ¿te gustan los conos de nieve? Ella continuó mirando al último de los patos flotando desde el cielo al estanque. —Sí, a todas las anteriores. —Vamos a jugar a las viejas veinte preguntas —dijo—. Haré cinco y luego tú puedes preguntar cinco. De esa manera llegaré a saber a quién ha contratado mi mejor amigo en el mundo y tu puedes llegar a conocer a tu jefe. Sus cejas se juntaron y un velo cayó sobre sus claros ojos azules. —Creía que Andy era mi jefe. Y además, se tarda demasiado tiempo para jugar a las veinte preguntas, así que solo jugaremos a las cinco preguntas. —Él es tu supervisor inmediato. Yo soy tu jefe —dijo Colton. ¿Por qué no quería responder preguntas simples? ¿Que estaba escondiendo de todos modos? La miró a través de la cabina del camión. —Oye, no son confesiones al desnudo del alma. Contesta con lo primero que venga a tu mente. ¿Flor favorita?

13


—Las margaritas. —¿Ves? No es tan difícil. ¿Comida favorita? —preguntó. Ella sonrió y la tensión entre ellos se alivió. —El desayuno. Me encantan los panqueques, huevos, salsa, salchichas, galletas, panecillos, todo. Él sonrió. —Tres más y luego es tu turno. ¿Color favorito? Ella preguntó: —¿Para qué? Mi color favorito es diferente para pintar mi sala, para lo que compraría para usar o lo que me gusta en la naturaleza. —Naturaleza entonces —dijo. —Verde esmeralda. —¿Por qué? —Porque hace tres años mi hermana y yo fuimos a Florida y pasamos dos días en la playa y ese era el color del agua. Me recuerda a la paz y la eternidad. Sonaba tan melancólica como un niño sin dinero frente al puesto de los conos de nieve. —¿La eternidad? —preguntó. —Sí, y esa es tu cuarta pregunta. —Ella asintió—. Me senté en la playa y miré a través del agua y no había nada más que agua y cielo. Sentí como si Dios vivía allá afuera donde el agua verde esmeralda se reunía con el cielo. Tus ojos son del color de esas aguas, Colton. —¿Eso es un cumplido? —Número cinco, y sí lo es. Mi turno. Ya sé que tu comida favorita es filete, así que no tengo que preguntar eso. —¡No lo es! Es la pizza. Ella dejo escapar una risa. Él golpeó el volante. —Eso fue astuto. —No preguntes, así que todavía tengo cinco, pero puesto que te engañé, puedes tener una más. —¿Cuál es el nombre de tu hermana? —Janet Elizabeth Baker. —¿Es tan bonita como tú? —Esa es la pregunta seis, pero la contestaré. Janet es mucho más bonita que yo. Ahora es mi turno de verdad. ¿Haces pucheros cuando no tienes lo que quieres?

14


Luchó contra las ganas de pisar el freno y preguntarle qué clase de pregunta era esa de todos modos. En su lugar pensó sobre eso y dijo: —No, no soy del tipo de hacer pucheros. —¿Has tenido relaciones serias antes de que te hicieras rico? ¡Misericordia! Estaba saltándose las pequeñeces y llegando al corazón del asunto. —Un par —respondió suavemente. —Si pudieras volver atrás y no comprar un rancho sino viajar y disfrutar de la vida con tu dinero, ¿lo harías? Él sacudió la cabeza. —No, estoy haciendo exactamente lo que quiero hacer. No cambiaría nada, excepto tal vez este problema que tengo con las mujeres. —Bueno, eres sexy y multimillonario. Viene con el territorio. Ahora, ¿qué de la ganadería es lo que te gusta? —¡Completamente todo! Me gusta el arado, las vacas y el olor del heno. Me gusta encontrar una camada de gatitos acurrucados en el granero. Me gusta el becerro recién nacido y las cuatro estaciones en el rancho. ¿Crees que soy sexy? Ella señaló. —Ahí está la señal de Bells. Estamos aquí y solo fueron cuatro preguntas, así que hare la otra en algún momento futuro. Ahora quiero comer mi primer cono de nieve del año y pensar en nada más que en cómo de bien sabe. Y Colton, puedo usar lentes gruesos, pero no soy ciega. Ella había hecho explotar esas preguntas tan rápido que apenas tuvo tiempo para pensar. Si hubieran estado jugando póquer en lugar de a las veinte preguntas ella lo habría dejado completamente limpio. Él se detuvo en la ventana al lado del pequeño puesto de los conos de nieve y estudió la lista de sabores. —¿Ves algo que te guste? —Quiero un arco iris con cereza, banana y uva —dijo sin mirar el menú. Si había una duda en su mente de que ella estaba a punto de desplumarlos a él y a Andy, desapareció cuando ordenó el cono de nieve. —¿Cómo lo sabías? —Estrechó los ojos hacia ella. Ella se inclinó a través del asiento y miró a la cartilla. —¿Saber qué? Es lo que siempre pido. ¿No tienen esos sabores? —Escuché a la dama y, ¿para usted? —le preguntó el adolescente desde el otro lado de la ventana. —Lo mismo —dijo. —Estás bromeando, ¿verdad? —dijo Laura.

15


—Juro que es lo que siempre pido. Cereza por un lado, uva por el otro, y una delgada franja de banana en el medio. Él se le pegaría y ella no se saldría con la suya. Ella y su hermana habían tramado algo y arrastrado al pobre Andy en medio de ello. No había mejor manera de lograr que lo embauquen en una estafa de primera clase que invitarlo a venir a vivir a la casa. —Entonces, ¿ahora dónde? —preguntó él. —Al patio de la escuela para comer mientras nos columpiamos —dijo ella. Sí, señor, esa chica había hecho sus deberes. Laura era una cosita linda y tan poco impresionante como un niño con esos lentes gruesos y grandes ojos azules, pero no había forma de que fuera una coincidencia que comiera los mismos sabores del cono de nieve que él o que le gustaba sentarse en los columpios de patio de la escuela mientras lo hacía. Él condujo a la escuela primaria y paró en el estacionamiento al lado del patio de juegos, salió de la camioneta y estaba rodeando la parte trasera cuando ella abrió su puerta. Ella sorbió un bocado del jarabe de cereza a un lado de la taza de papel en forma de cono y se dirigió hacia los columpios. Sus labios y lengua se tiñeron de rojo brillante del jarabe de cereza. Colton seguía robando miradas hacia su boca llena después de haberse sentado en el columpio. ¿Serían cálidos y acogedores o fríos como el cono de nieve? —Me encanta los conos de nieve arco iris incluso más que el helado, y realmente, realmente amo el helado de plátano casero —dijo. —Ah, y no pregunté siquiera cuál es tu postre favorito. —Eso no es mi postre favorito. Es solo algo que me gusta. —Te lo preguntaría, pero luego querías preguntar una, ¿no? Ella asintió. —Ojo por ojo. —Entonces, trabajaste en un rancho, ¿verdad? —Vivía en uno hasta que tuve los dieciocho años —respondió ella—. Ahora tengo que preguntar una. ¿Por qué lo preguntas? —Solamente pensé eso, cuando Andy se ponga al corriente, que tú podrías conducir un tractor o todo lo que necesita hacerse. Siempre hay espacio para recibir ayuda adicional durante el verano y después de este mes las cosas con las computadoras se realentiza un poco —dijo él. Esperó su reacción, anticipando que ella tartamudeara y balbucear evadiendo el hecho de que ella no sabía nada acerca del verdadero trabajo de rancho. Por supuesto, Andy dijo que vivía en un rancho con su tía abuela, pero eso no significa que había hecho ningún trabajo allí.

16


—Seguro. Haré lo que se deba hacer hasta que consiga pagarle a Andy —dijo—. Es como montar en bicicleta. Todo se reduce a una persona. Soy de la clase que le gusta salir a trabajar. —Su lengua se estaba poniendo morada ahora que estaba por el lado de la uva. —Hablaré a Andy. Ha sido un salvavidas incluso cuando las mujeres comenzaron a acosarme. Supongo que un multimillonario suena mejor para las vampiresas que un simple viejo millonario. —Usando la combinación de pajilla/cuchara, él había llevado un trozo de banana a la boca—. Sólo quiero ir a la tienda sin preocuparme por una demanda de paternidad. Él dijo que estaba trabajando en un plan para ayudarme, pero no quiere decirme los detalles todavía. Sólo espero que no esté enviando a alguien a Rusia para comprarme una esposa de uno de esos lugares que hablan en Internet. Ella sonrió. —¿Es realmente tan malo? —Peor. Ella dejo escapar una risita. —¿Qué harías si él hace eso? —Dispararle a su trasero. Es donde tengo un límite. No se compra la gente y seguro que no quiero a una mujer que no elegí o que no entiendo. —Se rió con ella. Se veía tan malditamente linda con una lengua púrpura y los labios rojos cereza—. Andy no haría eso realmente de todos modos. Solo estaba bromeando —dijo Colton. —Debes sentirte mejor —dijo. Ella salió del columpio y llevó su cono de papel vacío a la papelera. La siguió y juntos caminaron a su camioneta. Abrió la puerta para ella y encaramó la cadera para subirse al asiento. Estiró la mano para sujetar su cinturón como un caballero y miró directo a sus ojos azules hipnotizantes. Se aclaró la garganta y dio un paso atrás rápidamente. Tenía dudas acerca de ella y estaría condenado si jugaba en su estafa por besarla. Estuvieron de vuelta al rancho en menos de una hora. Ella abandonó la camioneta antes de que tuviera tiempo para abrir la puerta y corrió hacia la cochera, lanzando una palabra de agradecimiento sobre su hombro por el cono de nieve.

El sonido de los talones de sus botas en los escalones de madera que conducían a su pequeño apartamento hacía el mismo sonido cuando subía los escalones de su apartamento en Amarillo. Janet vivía allí ahora y esperaba que mantuviera pagada la renta y el lugar limpio.

17


Laura había aprendido a apreciar la rutina en la que había caído en la última semana. Funcionaría realmente bien hasta que estuviera lista para partir. Sin compromisos, excepto mantener su parte del trato con Andy. Sin amistades, excepto con Andy, y había sido su amigo desde que eran niños. Entraba a la oficina a las ocho cada mañana, se comía un sándwich mientras trabajaba al mediodía y luego tomaba una hora de descanso en la cena antes de volver para terminar el día. Andy dijo esa vez que se habían puesto al día, tendría los sábados y el domingo de cada semana, pero habían trabajado todo el día el sábado y el domingo por la tarde cuando llegaron a casa de la iglesia el primer fin de semana. Lo único bueno de tantas horas de trabajo fue que podría pagarle su cuota a Andy más rápido con todas las horas extras. Pasó el interruptor justo al atravesar la puerta y deseó nunca haber aceptado ir a cenar esa noche. Menos de cuatro horas ya habían cambiado su vida. Primero fue la cena con la familia, luego conocer al predicador e ir por un cono de nieve. Y todavía no sabía de lo que Andy había estaba hablando cuando él y el resto de la familia hablaban de ella y de Colton. Realmente creía que el viaje por el cono de nieve había sido una cosa del momento. Ella era muy buena en leer a la gente y él no pudo haber tenido un motivo subyacente o lo habría visto. Una sola lámpara iluminaba el eficientemente pequeño apartamento. Un mueble de gabinetes cubría la pared sur. Un pequeño fregadero, una estufa-pequeña y la nevera de segunda mano tamaño dormitorio en una cocina. La cama tamaño-queen ocupaba una parte del área restante. Una mecedora/reclinable encaraba el televisor a los pies de la cama, y una puerta de entrada al lado de ella que llevaba a un cuarto de baño. Allí era a dónde Laura se dirigía, dejando la ropa y zapatos deportivos a su paso. Abrió el agua en una bañera con patas de hierro vieja y se metió mientras se llenaba. Se inclinó sobre el respaldo y cerró los ojos. ¿Se había perdido un matiz en las acciones de Colton? Había cambiado ligeramente cuando ella ordenó el cono de nieve arco iris, pero eso es lo que siempre pedía. Había ordenado lo mismo, así que, ¿cuál era el problema? Luego tuvo una expresión extraña cuando quiso ir al patio de la escuela, pero una vez más, ese era su lugar favorito para ir. Siempre le recordaba al verano en Amarillo. Cuando tía Dotty terminaba en el almacén y la tienda de comestibles, dejaba que Janet y Laura tuvieran un cono de nieve, si habían sido buenas esa semana. Y las llevaba al patio de la escuela para mecerse mientras se lo comían. Eso fue lo que más destacaba de los sábados por la tarde cuando eran niñas. Envolvió sus dedos alrededor de la manija de la llave y cerró el agua sin enderezarse. Andy dijo que la vieja bañera todavía estaba en el apartamento porque tendrían que quitar una pared para sacarla. Estaba contenta de que nadie hubiera querido quitarla porque se había convertido en su refugio, el lugar donde escapaba cada noche mientras intentaba convencerse de que mantener su promesa a Andy era lo correcto de hacer cuando quería desesperadamente llamar a Janet. Sólo escuchar su voz sería suficiente, pero había acordado ni siquiera hablar con ella.

18


Saber que Andy tenía razón no lo hacía un poco más fácil. Después de todo, Janet era su hermana y Andy era sólo un primo lejano. Es cierto, sin él, podría no tener una hermana. Pero ella siempre se había encargado de Janet. ¿Podría ella realmente, realmente practicar el amor firme, como Andy lo llamó, esta tarde en el juego? Ella se inclinó de nuevo y miró al techo, sus pensamientos a los trozos rotos de conversación que había escuchado y el incidente del cono de nieve. Movió eso al pasado y estaba pensando en un nuevo programa firewall cuando se durmió, despertándose un rato más tarde por los golpes fríos en sus brazos desnudos y una torcedura en el cuello. Rápidamente se sentó y sacó el tapón de goma, dejando que se drenara el agua fría mientras salía y se envolvía el cuerpo con una toalla. Se secó con la toalla y la guindó sobre el lado de la bañera. Acababa de ponerse su vieja bata favorita de franela andrajosa cuando alguien tocó a la puerta. Nunca nadie había venido de visita antes. No era justo tener su primer visitante cuando su ropa estaba derramada desde la puerta al cuarto de baño y una toalla húmeda arrugada en el suelo. Señor, esperaba en que no fuera Colton. —Oye, Laura, ¿estás ahí? —gritó Andy. Tiró de la puerta. —Entra. La sonrisa de Andy iluminó la habitación. Siempre había sido un oso de peluche, con un poco de sobrepeso, vistiendo sus pantalones por debajo de su vientre y adicto a las camisetas de los conciertos de música country. Su cabello rizado que nunca parecía haber sido cortado y su cara redonda, siempre lucía un poco desaliñado pero sus ojos azules eran tan honestos como los de un ángel. Siempre había sabido que Andy haría cualquier cosa por ella. Por eso lo llamó cuando no tenía ningún otro lugar al que volverse. —Bueno —dijo—. Vengo a invitarte a la iglesia conmigo mañana por la mañana. Lo siento, no pensé en ello la semana pasada. Ambrose es un poco pequeño, pero tenemos una congregación muy agradable. Te darán una oportunidad y te integraran a la comunidad. —Conocí al pastor esta noche cuando salí a trotar. Me senté en los escalones de la iglesia para recobrar el aliento. Me pidió que fuera a la iglesia mañana pero esquivé el tema. Ese es mi día para lavar la ropa y ponerme al día en las tareas de mi casa. Se necesita mucho trabajo limpiar un lugar de este tamaño —dijo. Se inclinó contra el marco de la puerta. —Recuerdo la primera vez cuando llegue al rancho y viví aquí. Caramba, me tomó quince minutos completos cada mañana de domingo. Puedes lavar la ropa mañana por la tarde después de la iglesia. El lavadero está disponible en la tarde, así como en la mañana. —Trabajamos el domingo por la tarde —dijo. —No esta semana. Vamos a la iglesia y tú vas a lavar la ropa y luego tal vez un poco de descanso. Te recojo a las diez y media. La iglesia comienza a las once. Oh, y Maude dice que te pida que comas con la familia de ahora en adelante —dijo Andy.

19


La piel en la parte posterior del cuello de Laura se erizó, como cuando Janet la miraba con cara de ciervos-delante-de-los-faros que le decía que estaba en problemas otra vez. Trató de pensar en una excusa para no ir a la iglesia pero nada, ni una cosa le vino a la mente. Sin embargo, esa vocecita en su mente seguía gritando que Andy tenía algo escondido detrás de esa fachada de oso de peluche. Se dijo a sí misma que estaba viendo demonios en las sombras debido a lo que había oído esa noche. Diablos, nada puede suceder en la iglesia. Toda esa gente honesta, el pastor e incluso Dios estarían allí. —Estaré lista —dijo e inmediatamente deseó poder devolver las palabras a su boca. Pero la verdad era, le debía muchísimo a Andy y si quería que fuera a la iglesia, entonces iría. —Eso es genial. El pastor Roger ofrece un buen sermón y te va a encantar el canto. Nos vemos en la mañana. Ella estaba parada en la puerta abierta y lo observó ir al otro lado del patio y entrar por la puerta de atrás de la casa. ¿Iba a intentar engancharla con un predicador? Bueno, él podría despertarse y oler el café. No tenía tiempo para el romance. E incluso si estuviera buscando una relación, no sería con un predicador.

20


2 Traducido por Marijf22 Corregido por Liraz

Ella durmió mal, soñó con Janet y despertó en un sudor frío. Si tan sólo pudiera levantar el teléfono y llamar a su hermana, se sentiría mucho mejor. Pero ella no iría en contra de los requisitos de Andy. Sabía que Janet tampoco lo haría. Janet había tenido tanto miedo de lo que le pasaría a ella. Laura deseó no haber dicho que iría a la iglesia, pero se dijo una vez más que lo que sea que estaban tramando para proteger a Colton de los buscadores de oro en el gran mundo malo no tenía nada que ver con los servicios de la mañana del domingo. Nadie en su sano juicio podría enojar a Dios intencionalmente, y eso es exactamente lo que pasaría si ellos lo usan a Él para sus propios propósitos. Finalmente retiró las mantas a las nueve y media y se preparó una taza de café instantáneo. No era bueno, pero la despertó lo suficiente para quejarse por tener que vestirse. Afortunadamente, duraba sólo una hora. Tal vez después de lavar la ropa, se consentiría a sí misma con una larga caminata por el rancho. Un fuerte trueno la hizo saltar y derramó café sobre su bata y camisón. —¡Bueno, mierda! —dijo en voz alta—. Tanto por una agradable caminata. Otro trueno trajo las primeras grandes gotas de lluvia y en diez minutos estaba lloviendo. Arrojó la bata y el camisón en la dirección de la cesta de ropa y abrió las puertas del armario. Allí de pie, con nada más que bragas de bikini, repasó las perchas, decidiéndose finalmente por un lindo vestido de verano pequeño de colores rosa y blanco, con un suéter de manga corta estilo chaquetilla sobre él. Su teléfono celular sonó a las diez en punto y ella respondió —Buenos días, Andy. ¿Aún iremos a la iglesia? —Sólo me aseguro de que estés despierta. Voy a aparcar justo al final de las escaleras y llevaré un paraguas para recogerte —dijo Andy. —¿Quiénes irán? —preguntó. —Todos nosotros. Colton se está sintiendo humano de nuevo esta mañana. Él es de la opinión de que un cono nevado arreglará cualquier cosa. Y Rusty, Maudie y Roxie. Nos sentamos juntos todos los domingos por la mañana —dijo alegremente—. Estaré allí en media hora. Espero que la lluvia amaine para entonces. Esas dos palabras, sentamos juntos, seguían corriendo por su mente. Se había sentido incómoda sentada alrededor de la mesa de la cena con todo el grupo y ahora tenía que

21


alinearse con ellos en un banco de la iglesia. Suspiró mientras colocaba el vestido sobre la cama y se dirigía al baño para maquillarse y hacer algo con su pelo rubio que le llegaba hasta los hombros. Todavía estaba abrochando la correa de su sandalia cuando oyó el sonido de las botas de Andy Joe subiendo los escalones. Esperaba que el paraguas fuera lo suficientemente grande para que resguardara su pelo de la lluvia. Se lo había recogido en un moño flojo sostenido con un broche grande y usado un montón de fijador para el cabello para mantenerlo allí. Si se mojaba, se vería como hebras amarillas de hilo pegadas juntas con super-pegamento. —Bueno, seguro que te ves hermosa. ¿Todavía tienes problemas con tus lentes de contacto? —preguntó Andy. —Sé que los lentes se ven estúpidos, pero el doctor dijo que ahora, sólo puedo usar los de contacto de vez en cuando, no todos los días —dijo. —No son estúpidos. Bueno, tal vez un poco ñoños, pero me gustan tus ojos azules y ellos están escondidos detrás de esas gafas gruesas —dijo él. —Creo que los gruesos lentes me hacen ver como una extraterrestre. —Ella sonrió. —Bueno, eso es cierto, pero el resto de ti se ve hermoso —dijo Andy. —Cariño, incluso aceptaré un cumplido nada halagador hoy. No te atrevas a dejar que ese paraguas salga volando o regresaré de nuevo a mi apartamento. Me niego a ir a la iglesia con el aspecto de un gatito ahogado. —Ella enlazó su brazo con el de él y se acurrucó bajo el paraguas. —Pensé que era una rata ahogada —bromeó él. —No con el pelo rubio y piel blanca como la mía. Me parezco más a uno de esos lamentables pequeños gatitos amarillos que aún no tiene el suficiente sentido común para encontrar una salida fuera de la lluvia —le dijo ella. Abrió la puerta de la camioneta para ella y sostuvo el paraguas justo para que ni una gota de lluvia cayera sobre su pelo. Unas pocas sí encontraron su camino sobre sus gafas y ella se ocupó de limpiarlas mientras él corría alrededor de la parte delantera de la camioneta, se metía dentro, y cerraba el paraguas. —Supongo que Colton debe estar alegre por ver la lluvia. —Ella se puso sus gafas en la cara y se las acomodó. —No tan contento como Rusty. Estaba casi bailando en el desayuno esta mañana. Ellos acaban de plantar cientos de hectáreas de alfalfa y esta lluvia llega en un momento perfecto —respondió Andy. —¿Tuviste noticias de Janet? —cambió ella de tema. —Así es. Fue a sus reuniones, no ha estado en ningún casino, no ha faltado ni un día de trabajo en toda la semana, y lo está haciendo bien. Dijo que te dijera que ha encontrado un nuevo amor y se llama la biblioteca, donde revisa libros por docenas — respondió Andy. —¿Está diciendo la verdad?

22


—No tengo ni idea. Si no es así, va a caer directamente sobre su propio culo esta vez. Tiene treinta. Es el momento de rendir cuentas. —La extraño, Andy. —Lo sé y me siento horrible de haber establecido esas normas, pero es lo mejor, Laura. Ella tiene que aprender a dejar de apostar y no lo hará siempre y cuando tú sigas pagando sus deudas. Si la tía Dotty aún viviera te habría despellejado por todo lo que ya has hecho —dijo. —Eso es cierto. —Laura esbozó una débil sonrisa. La lluvia había amainado un poco cuando llegaron a la iglesia. No podía conducirla hasta la puerta y la mayoría de los puntos de estacionamiento más cercanos estaban ocupados, pero sí llevó el paraguas alrededor, hasta su lado de la camioneta y la llevó al interior completamente seca y presentable. Él sacudió el agua del paraguas y lo dejó en la esquina con docenas de otros. Una puerta que decía era el baño de hombres estaba a su derecha. El baño de mujeres estaba a su izquierda, y justo por delante estaba la que conducía desde el vestíbulo al santuario. Esa sensación punzante en su cuello estaba de vuelta. Habían pasado años desde que había ido a la iglesia. No desde que se graduó de la escuela secundaria y se mudó a la ciudad con su hermana, Janet. Tía Dotty, quién las había acogido a ella y a Janet cuando murió su madre, les había dado un lugar para vivir, enseñado a trabajar duro en un rancho, los llevaba a la iglesia todos los domingos, y se aseguraba de que estuvieran alimentadas y vestidas. Era su deber velar por que sus parientes de sangre no terminaran en hogares de acogida, decía ella, pero no era su deber consentirlas sólo porque eran niñas. Andy abrió la puerta y guio la marcha. La gente ya estaba sentada, pero había un bajo murmullo de los susurros de las personas mientras esperaban a que los servicios comenzaran. Cuando ella entró detrás de él, toda la iglesia quedó tan silenciosa como el ojo de un tornado. No fue hasta que él se hizo a un lado y la dejó entrar en el banco que los murmullos comenzaron de nuevo. Ella levantó la vista esperando que Andy se deslizara a su lado, pero él siguió caminando por el pasillo, a través de la parte delantera de la iglesia, y bajó por el pasillo lateral para sentarse en el otro extremo del banco junto a Rusty. —Buenos días —susurró Colton. Su cálido aliento acarició la suave piel de su cuello al descubierto, provocando que un escalofrío le hiciera hormiguear su columna vertebral. —Buenos días. —Estaba sorprendida de que pudiera hablar. ¡Maldito fuera ese Andy! Más le valía que disfrutara de visitar a Dios durante la siguiente hora, porque iba a conseguir recibir un golpe de una peleadora infernal después de que hubiera terminado lo de la iglesia. Laura se sentía como un bicho bajo el microscopio, uno de esos que tienen un alfiler empujado a través de su cuerpo para evitar que se arrastre lejos. El anciano al otro lado del pasillo sonrió como si hubiera encontrado algo milagroso bajo la lente de la mira telescópica. La anciana en el banco frente a él se había girado para mirarla con el ceño fruncido, como si quisiera levantar una cruz y colgarla en ella.

23


Laura acercó un libro de himnos de la parte posterior del banco frente a ella y lo examinó. Al principio, cuando se había mudado lejos del rancho de la tía Dotty, había aprendido a amar la lectura y cada sábado por la mañana después de que terminara su media jornada en el invernadero, iba a la biblioteca. Esa mañana le recordó el libro más temible que jamás hubiera leído, titulado Harvest Home, y escrito por Thomas Tryon. Se trataba de un libro viejo, escrito mucho antes de los teléfonos móviles o Internet, pero que había asustado mortalmente a Laura debido a que no era una fantasía. Realmente podría suceder en un pequeño pueblo situado en el medio de la nada... algo así como en Ambrose, Texas. El vello de sus antebrazos se erizó mientras miraba a todas las personas que la miraban fijamente. ¿Estas personas tenían un ritual de la cosecha y estaban pensando en ella para la próxima reina de la cosecha? Se estremeció de pies a cabeza sólo de pensar en ese libro y cómo el entorno era tan parecido a Ambrose. —El predicador tiene el aire acondicionado apagado. Supongo que nos va a dar un sermón caliente —susurró Colton. —Shhh. —Maudie lanzó una mirada en su dirección. Roxie le hizo un guiño tímido a Laura. —Vamos a comenzar con el canto “Quédate conmigo”, y vamos a cantar todos los versos hoy. —El predicador dio el número del himno y Maudie agarró el único libro de himnos que quedaba en el bolsillo del banco. Colton se escabulló lo suficientemente cerca de Laura para que ella captara una explosión de su loción de afeitar que sólo la puso aún más nerviosa. Para Laura, era la primera vez que compartía un libro de himnos con un hombre. Ella no sabía cómo era en Ambrose, pero en la pequeña iglesia donde la tía Dotty la llevó todos aquellos años, era una cosa importante, muy importante. Si una niña compartía un libro de himnos, eso era casi como estar comprometidos. Ella se ruborizó furiosamente. ¿Era por eso que todos ellos se habían dado la vuelta en sus asientos y la miraban? ¿Querían ver qué clase de mujer tenía el privilegio de compartir un libro de himnos con el soltero rico y atractivo, Colton Nelson? Justo cuando las últimas notas del himno se establecieron sobre la congregación, el Predicador Roger se aclaró la garganta y dijo: —Tenemos una visitante esta mañana. Entiendo que Laura Baker ha aceptado el trabajo como asistente en el rancho de Colton Nelson. Nos alegramos de que usted se haya unido a nosotros, Srta. Baker, y esperamos que presente su presencia aquí de forma regular. Ella le sonrió, pero por dentro quería arrastrarse debajo del asiento, a través de todas las brillantes botas de vaquero y tacones altos, hasta llegar a la puerta de atrás donde podría escabullirse y caminar todo el camino de regreso al rancho. Ella no mostraría su presencia de forma regular en la iglesia de Ambrose, sobre todo si descubría que tenían un festival de la cosecha de otoño como Tryon hablaba en aquel libro.

24


—Ahora bien, si todos abren sus libros de himnos, vamos a cantar una canción más antes de que empiece mi sermón. Tan pronto como la última nota del himno se desvaneció, el Predicador Roger fue directamente a la lectura de las Escrituras sobre el Buen Samaritano. Para dejar de pensar en el hombro de Colton en contacto contra el de ella en el banco hacinado, Laura elevó una oración silenciosa de que Janet no hubiera vuelto a caer en el pozo de los juegos de azar. Janet la amaba y se lo había demostrado demasiadas veces para contarlas. Es sólo que Janet no podía mantenerse fuera de lo problemas, sobre todo en los casinos. Siempre estaba buscando dinero rápido y siempre quería más de lo que su sueldo como peluquera podía comprar. El Predicador Roger había estado disertando durante los treinta minutos, pero Laura había estado fuera en sus pensamientos por lo que se sorprendió cuando él terminó su sermón diciendo: —La Auxiliar de las Señoras ha reunido una recepción de olla comunitaria en la sala comunitaria y todos están invitados a quedarse para alimentarse y tener algo de camaradería. Ahora, Hermana Ina Dean, ¿haría el favor de entregar la bendición? La anciana que le había dado el mal de ojo se puso de pie e hizo una reverencia con la cabeza. —Querido Señor —comenzó y continuó tanto tiempo que Laura comenzó a preocuparse de que todos los guisos se derretirían antes de que finalmente dijera—: ¡Amén! —Toda la congregación lo dijo una fracción de segundo después que ella, probablemente porque se morían de hambre, y el nivel de ruido se disparó de cero a diez en dos segundos. —Voy al baño de damas. Dile a Andy que me reuniré con él en la camioneta —le susurró Laura a Colton. —Todos vamos a quedarnos para el almuerzo. Es algo que se espera de nosotros ya que suministramos la carne para la reunión —dijo Colton—. ¿Ves esas puertas justo detrás del púlpito? Conducen a la sala de recepción. Sólo tienes que seguir tu nariz y el ruido. Oh sí, señor, ese despreciable Andy estaba hundido en agua caliente tan profunda que podría nunca salir de ella. Abrió la puerta hacia una habitación empapelada con flores amarillas y vides verdes brillantes arrastrándose desde el suelo al techo. Los puestos, estaban hechos de madera, y los lavabos pintados de color rosa pálido, y pequeñas cestas llenas de pequeñas bolsitas elegantes de encaje habían sido colocados en la parte posterior de los orinales. El aroma de las rosas desde las bolsitas inundaba la habitación y amenazaba con ahogarla hasta la muerte. Las vides parecían como si pudieran alzarse y terminar el trabajo que el falso aroma abrumador de las rosas había comenzado. El ambiente era cada vez más pequeño y su respiración se volvió entrecortada. Se deslizó en un puesto, bajó la tapa, y se dejó caer. Colocando la cabeza entre las rodillas, tomó varias respiraciones largas y profundas. Cuando se enderezó aún estaba lo

25


suficientemente alterada como para comerse las uñas. Andy tenía que haber sabido acerca de la comida de la iglesia y ni siquiera se molestó en decírselo. Si lo hubiera hecho, ella habría llevado su propia camioneta para poder escabullirse. Pasar la tarde del domingo con esa mujer que la miraba con malicia y luego pronunciaba la bendición no era su idea de un día de descanso. Estaba a punto de empujar la puerta del puesto para abrirla cuando varias mujeres se precipitaron dentro de la pequeña habitación y todas empezaron a hablar al mismo tiempo. Cuando escuchó su nombre, lentamente se sentó de nuevo y subió los pies para que no se vieran por debajo de la puerta. —¿Te diste la vuelta y viste a esa mujer sentada al lado de Colton Nelson? Roger dijo que su nombre era Laura algo o algo así —dijo una mujer en voz alta. —Laura Baker. Dijo que su nombre era Laura Baker. ¿Viste esas tetas, Ina Dean? Si eso es lo que se necesita para conseguirlo a él, yo de buen grado habría hecho agrandar las mías. He estado enamorada de él desde el sexto grado y ni siquiera lo sabe —dijo la voz número dos con un suspiro. —Creo que fue sólo una casualidad que ella se sentara a su lado en la iglesia. Andy la dejó sentarse allí en lugar de hacerla caminar todo el camino hasta el otro extremo de la banca —dijo Ina Dean. —Oh, es su novia, sin duda. Compartieron un libro de himnos y Melody, la nieta de Janice Delford que dirige el puesto de conos nevados allá en Bells, bueno, ella le dijo a Janice que estuvieron por allí juntos la última noche. Yo digo que es su novia sin lugar a dudas, Ina Dean. Deberías habernos dicho que tenías un enamoramiento con él, Cynthia. Podríamos haber arreglado algunas cenas —dijo la tercera voz. —Bueno, es demasiado tarde —dijo Cynthia. —Puede que no. Si las cosas no salen bien con esa mujer, todavía podrías hacer un intento con él y terminar con todos esos hermosos dólares —dijo Ina Dean. —Ina Dean Hawkins, ¿cómo puedes decir eso? Me gustaba antes de que fuera un multimillonario —declaró Cynthia. —Dime que tengo razón, Patsy —dijo Ina Dean. —Oigan, no me hagan chumear en la iglesia. Mi sobrina puede decir sus mentiras como quiera para hacer que los rumores fluyan. Pero te diré una cosa: esa chica no está cerca de ser tan bonita como tú, Cynthia. Ella nunca se verá lo suficientemente bien para que él la llevé a todas esas cosas de lujo a las que tiene que ir. ¿Has visto sus uñas? Ni siquiera están limadas, y esas gafas gruesas la hacen lucir como si fuera una vieja maestra de escuela dominical solterona. Él nunca se casará con ella, cariño. Es sólo un capricho pasajero que están encubriendo llamándola una asistente. ¿Asistir a quién, me pregunto? —dijo Patsy. Laura presionó la cara contra la grieta entre la puerta del puesto y el frío metal. Consiguió una clara visión de una mujer alta, un poco delgada que tenía que ser Cynthia porque las otras dos eran demasiado viejas para haber ido a la escuela con Colton. No

26


importa la forma en que Laura volviera la cabeza o lo mucho que aplanara un costado de su mejilla, no podía ver a las otras mujeres. —Bueno, es demasiado tarde, Cynthia. Ese rodeo ha terminado y no lograste los ocho segundos —dijo Ina Dean. —¿De qué lado estás de todos modos? —Cynthia puso mala cara. —Yo no tomo lados —declaró Ina Dean—. Pero si yo fuera una mujer bonita, que no soy, apostaría tus dólares contra el budín de maíz a que algo raro está sucediendo, y tengo la intención de sacárselo a su mamá antes de que termine el día. —Maudie no es su mamá —dijo Cynthia. —Ella lo crio desde que era un niño pequeño. Es la única mamá que ha conocido desde que sus padres murieron en ese accidente de coche, y además, ella es su abuela — dijo Patsy. —Bueno, no vamos a conseguir tomar la cena aquí. ¿Están listas para ir a comportarse agradablemente? Él dice que ella vino desde fuera, del oeste de Texas, pero con ese pelo rubio y los ojos azules no me sorprendería si la compró de Rusia o de uno de esos lugares extranjeros. No la he oído decir una palabra. Sólo recuerden mis palabras, apuesto a que ella tiene un acento extranjero. Y si ella no funciona bien, él acabará enviándola de vuelta y comprando otra. —Cynthia suspiró. —Supongo que no tenemos opción. Pero tú recuerda mis palabras, algo no está bien. Habría mucha más fanfarria si estuviera realmente involucrado con la mujer. Ella no es más que un juguete para él y bien podría terminar con ella muy pronto. Él tiene demasiado dinero para involucrarse con una mujer normal, incluso si tiene los pechos grandes —dijo Ina Dean. —Pero estaba sentada con él, y Maudie parecía como si estuviera sumamente complacida, y Roxie también sonreía. Si Colton no estuviera involucrado con ella tendrían diferentes expresiones, sólo lo sé. Si él se sienta junto a ella en la cena, te juro que está sucediendo algo. —Cynthia suspiró. Laura esperó hasta estar segura de que se habían ido antes de asomarse. Miró su reflejo en el espejo antes de impulsarse hacia el pasillo y se dirigió hacia el ruido que venía de la sala comunitaria. Era eso o caminar hasta su casa y seguía lloviendo. Además, tenía una grande pendiente con Andy. De eso es lo que estaban hablando la noche anterior cuando dijeron que podrían poner todo en movimiento y que saldría bien. Habían planeado que se sentara con Colton y compartiera un libro de himnos con él. ¿Habían complotado el viaje del cono nevado también? Estaba tan enojada, que veía puntos rojos en frente de sus ojos. ¡Maldito fuera ese Andy Joe! Consiguió llegar a la sala comunitaria, justo a tiempo para ver a la alta morena hacer su camino a través del círculo de los vaqueros, bateando sus pestañas, y besar a Colton en la mejilla, dejando que sus labios se deslizan un poco más hasta rozar la comisura de su boca. —Entonces, cuéntanos más acerca de tu asistente.

27


—Ella no es mi asistente. Ella es la asistente de Andy Joe —dijo él. Cynthia le guiñó un ojo. —Claro que lo es. Si fuera la de Andy Joe habría estado compartiendo un libro de himnos con él, no contigo. Me duele que no me hayas dicho que buscabas una asistente. Podría haber cumplido con ese trabajo muy bien para ti.

Colton miró por encima del hombro de Cynthia y allí estaba Laura a no más de un metro de distancia. Por la expresión de su cara, no era una mujer feliz y en un repentino destello de comprensión, cayó en la cuenta de lo que había sucedido esa mañana. ¡Maldito fuera ese Andy Joe! Lo despediría, pero nunca encontraría a otro asesor financiero como él; además, todos ellos tenían que estar en el acuerdo para llevarlo a cabo de manera discreta justo por debajo de sus ojos. Esa era la razón por la que la abuela y Roxie susurraron tanto en todo el camino hacia la iglesia. ¿Entonces cuando habían cocinado este pequeño fiasco de todos modos? ¿Y por qué? La razón era la noche anterior, y debido a cómo se había drogado. Aun quedaba una pregunta: ¿Acaso Laura sabía sobre ello y había instigado el viaje por el cono nevado de alguna manera? No, ella no podía haberlo hecho porque él la invitó, y su expresión le decía que también acababa de descubrir sus travesuras. Todos estarían en un gran problema cuando llegara a casa. No podía recordar la última vez que se había enojado tanto. Si él no hubiera pasado un día entero en la cama después de haber sido drogado, se habría dado cuenta de lo que se estaba tramando. No había nada que hacer en este momento, excepto seguir la corriente. No había manera de que fuera a herir los sentimientos de Laura al causar un gran escándalo en la sala comunitaria de la iglesia, pero tampoco había manera de que Andy y el resto de ellos fueran a salirse con la suya. Cruzó el resto del espacio entre ellos y le preguntó: —¿Dónde está Andy Joe? Cynthia le tendió una mano y miró a Laura. —Soy Cynthia Talley. Colton y yo fuimos a la escuela juntos y hemos sido amigos desde siempre. —Bueno, hola. —Laura puso su mejor acento tejano—. Yo habría jurado que con tu hermosa altura y esos ojos que eras de Suecia. Cynthia agitó las manos con movimientos rápidos azorados y se ruborizó. —Oh, no, pero yo pensé que tú podrías ser de Rusia. —No, señora. Soy del oeste de Texas. Andy es mi primo —dijo Laura.

28


Ina Dean dio un paso delante de ellos y levantó los brazos. Colton se inclinó para abrazar a la pequeña mujer de aspecto frágil. Su cabello negro azabache estaba peinado hacia atrás en un pequeño moño en la nuca de su cuello. Llevaba un vestido azul marino abotonado todo el camino hasta el cuello blanco estilo Peter Pan1. El único adorno frívolo era su reloj de oro y apenas asomaba por los puños blancos de sus largas mangas. —Estoy deseando que llegue la fiesta en el rancho en un par de semanas. Toda la comunidad se está preparando para los juegos. Maudie y yo estaremos elaborando un nuevo conjunto de reglas este año. ¿Tu asistente va a estar allí? —Estoy seguro de que Laura estará a disposición. Ella trabaja en el rancho, pero como le dije a Cynthia, Laura es la asistente de Andy Joe, no la mía —dijo. —Ayudo a Andy en la oficina. —Laura esperaba que su explicación enfriara los rumores calientes. —Claro que sí, cariño. —Ella dio un paso atrás y entrecerró los ojos hacia Laura, escrutándola desde sus sandalias hasta el rubio cabello—. ¿Cuánto tiempo has estado en el rancho, de todos modos? —Un poco más de una semana —dijo Laura. —Uh-huh. —Ina Dean asintió—. Bueno, supongo que nos pusiste una venda en nuestros ojos por un momento, Colton, pero soy lo suficientemente mayor como para ver las cosas con la luz adecuada y no era a Andy a quien ella se abrazaba en los servicios de la iglesia. —Ina Dean, te necesitamos aquí —canturreó una señora desde la cocina. —¡Santa mierda! —susurró Laura en voz baja. —Un poco molesta, ¿verdad? —preguntó Colton. —No, cariño, muy enojada —contestó. —Bueno, yo también. Conseguiremos atravesar este almuerzo y luego nos iremos a casa y tendremos un ataque. ¿Trato? —Lo tienes —dijo—. Ahora, ¿dónde está Andy Joe? —Todo el grupo de ellos nos dejó a los lobos. Andy dijo que recibió una llamada telefónica acerca de los impuestos o alguna otra estupidez, y Rusty dijo que Roxie tenía dolor de cabeza por lo que iba a llevar a las damas a casa. Dijo que te llevara después del almuerzo. —Uh-huh. —Ella utilizó la expresión de Ina Dean—. ¿Quién es esa mujer, de todos modos? —¿Cuál? —La anciana que acaba de irse a la cocina. —La odiosa líder de Ambrose. —Colton se rió entre dientes.

1

Peter Pan: Es un cuello redondo con dos solapas.

29


—Andy dijo que ese era el título de Maudie. Me dijo eso cuando me contrató. Tú eres el vaquero más rico en el norte de Texas. Roxie es el nuevo miembro de la familia. Maudie es la odiosa líder de todo el condado, y Rusty es el único que realmente sabe lo que está pasando con el rancho —dijo Laura. —Oh, no, querida. Tendrías que haber nacido en Ambrose y vivido aquí toda tu vida para conseguir el título de odiosa líder. Cynthia probablemente está próximo en fila para él, pero no puede tener la corona o el derecho a la bendición en la mañana del domingo hasta que Ina Dean haya muerto —susurró Colton—. Pero ella no sabe cómo organizar una cena. Tengo que concederle eso. Laura miró a las dos mesas de dos metros y medio, llenas de comida y la que estaba ubicada a un lado repleta de postres. —No he estado en una de estas cosas en años. Había olvidado cuánta comida se logra juntar. —¿No has ido a la iglesia en años o a una olla compartida? —Las dos cosas. Si llego a comer un poco de todo lo que hay en aquellas mesas tendré que correr el doble de distancia esta noche. —¿Sales a correr todas las noches? —Por lo menos tres veces a la semana, pero por lo general siempre en sábados y domingos. ¿Y tú? —No, tengo un gimnasio. Cuando lleguemos a casa te voy a mostrar donde está ubicado. Después de trabajar todo el día fuera, prefiero hacer ejercicio en la comodidad del aire acondicionado y sin mosquitos o personas que se detengan y me pregunten si quiero un aventón. No tienes que salir de la casa para hacer ejercicio, así que come todo lo que quieras. —Vamos a inclinarnos por una palabra de gracia. —El Predicador alzó la voz por encima del ruido. Al instante, la conversación se detuvo, el hielo dejó de chapotear al entrar en los vasos de té, e incluso los bebés dejaron de llorar. Dio las gracias por la comida, por las manos que la prepararon, por el perdón de todos los corazones hacia sus vecinos, y así siguió por unos buenos cinco minutos. Laura dejó de escuchar después de la cosa del perdón... ella no iba a perdonar a Andy Joe. Él no se lo merecía. ¡No, señor! Pero a ella le gustaría una explicación de por qué querría que todos en Ambrose pensaran que era la nueva dama amorosa del rico vaquero. De todas las mujeres del mundo, era evidente que él no querría unir su suerte con una mujer ñoña que usaba gafas gruesas. Y Dios sabía que tomaría mucho más de mil millones de dólares para hacer que ella incluso pensara en una relación en este momento de su vida. A duras penas estaba terminando de poner sus propios asuntos en orden. Seguro que no tenía tiempo para un novio. —¡Amén! Ahora Colton y nuestra visitante puede iniciar la fila —dijo el Predicador Roger. Laura sintió cien ojos en ella mientras ella y Colton llenaban sus bandejas de espuma de poliestireno con divisiones. ¿Habría conversaciones más tarde acerca de que ella no

30


había comido de la cazuela de Ina Dean y tomado una doble ración de pollo y aderezo de otra persona? No había manera de que pudiera comer un poco de todo lo que había en la mesa, así que pasó por alto la cazuela de maíz y la ensalada de atún, pero cuando llegó al final, la bandeja todavía necesitaba extensiones. Tal vez había hecho feliz a las suficientes mujeres para que no se presentaran en el Círculo 6 con una cruz grande de madera de la cual colgarla. Cynthia fue la anfitriona en la mesa de bebidas y fue una muy buena cosa que no fuera una jugadora de póquer porque no pudo ocultar lo que estaba pensando. Ella miró el plato de Laura y su expresión decía, Esa mujer come como un caballo. No es de extrañar que esté tan gorda. Su rostro se suavizó cuando tocó a Colton en el brazo y dijo: —Me alegro de ver que ambos tienen un buen apetito saludable hoy. ¿Té dulce o limonada? —Té, gracias —dijo Colton. —Lo mismo. —Laura sonrió. —Laura, espero que seas feliz aquí en Ambrose —ronroneó Cynthia. Laura logró esbozar una sonrisa, pero ella no la sintió verdadera. —Muchas gracias. Ustedes tienen más árboles y menos mezquites2 que nosotros, pero Texas es Texas. Todos hablamos el mismo idioma. En realidad, esto me recuerda al noreste de Arkansas, donde yo vivía cuando era una niña —dijo Laura. Podía sentir docenas de ojos en ella mientras llevaba su plato a la mesa más cercana. Colton asentó su plato y vaso de té, y retiró una silla para ella. Dos tarros con velas ardían intensamente en el centro de la larga mesa. Un tenedor de plástico, cuchillo y cuchara habían sido envueltos en una servilleta de papel de gran tamaño blanca que marcaba cada lugar. —¿Dónde está Maudie? —Ina Dean se sentó frente a ellos. —Roxie tenía dolor de cabeza por lo que la llevó a casa. Ella tiene alergias y estuvo jugando con los gatos ayer —contestó Colton. —Espero que eso sea todo lo que tiene. Su mamá era un comodín y la sangre se sale con la suya —dijo Ina Dean. Laura se llenó la boca para no contestar una palabra a Ina Dean. Ella había sido esa chica cuando era una adolescente. La que tenía una mamá con una reputación, una mamá que había muerto casi en sus treinta años, ya había vivido con demasiada intensidad, bebía demasiado, y no pudo luchar contra el cáncer de pulmón. —Estoy seguro de que es sólo un dolor de cabeza. La abuela mantiene un verdadero freno en ella —dijo Colton. Mezquites: Cualquier arbusto pequeño leguminoso del género Prosopis, especialmente ubicado en la zona tropical de América, Ej juliflora, cuyas vainas azucaradas (habas de mezquite) se utilizan como forraje para los animales. 2

31


—Bueno, eso espero. Su mamá era problemática y nadie podía domarla. Roxie tiene suerte de tener a Maudie. Laura había tenido la suerte de tener a la tía Dotty también, pero seguro que ella no tomó el lugar de una madre. Janet se acercaba a llenar ese lugar y es por eso que le debía a Janet toda la ayuda que podía darle cuando cometía errores. —Este es realmente una buena ensalada de papas. ¿La hiciste tú? —preguntó Colton. —Sí, la hice yo. Supuse que la reconocerías. Es una antigua receta familiar que no comparto con nadie —dijo Ina Dean con seriedad. Patsy se sentó a un lado de ella y Cynthia en el otro. Muy pronto se encontraban en una acalorada discusión sobre la cantidad de mostaza que poner en la ensalada de papas. Laura pensó que se habían olvidado por completo de ella hasta que captó a Cynthia dándole miradas de reojo desde el otro lado de la mesa. Quería ponerse de pie entre esas dos velas perfumadas y anunciar a toda la congregación que sus tetas eran reales, que no eran compradas, y que Colton no había gastado un centavo en ellas. El Predicador Roger se sentó junto a Cynthia y ella sonrió, bateó sus pestañas, y coqueteó descaradamente con él. Laura observó todo el proceso con una sonrisa en su rostro. Evidentemente, si la mujer no podía ser rica, entonces malditamente que sería santa. O tal vez estaba tratando de poner celoso a Colton. Después de todo, él no había hecho un anuncio sobre estar comprometido con el patito feo con lentes, y todo era válido en el amor y la guerra, sobre todo cuando había mil millones de dólares en juego. —Escuché que habrá una gran fiesta en el rancho en un par de semanas —dijo el predicador. —Oh, sí, la habrá, y estaremos jugando juegos —respondió Cynthia. —Debería hacer el intento de venir este año, Roger. Nos encantaría contar con usted. La Srta. Roxie está a cargo de las parejas de juegos, e Ina Dean y la abuela se encargarán de las reglas. He oído que hay algunos cambios este año —dijo Colton. —¿Los juegos del hambre ? —susurró Laura. Cynthia le respondió a Laura, pero miró directamente a Colton. —No es tan malo. Pero sí tan feroz. ¿Con quién estás esperando que te emparejen este año? —Eso depende de Roxie. Estoy seguro de que va a sorprendernos a todos —dijo Colton. Cynthia se volvió hacia Roger. —Tal vez serás emparejado conmigo. Soy muy buena en los juegos y es probable que podamos ganar. —¿Y qué es lo que implican todos esos juegos? —preguntó él. Colton se rió entre dientes. —Un montón de trabajo arduo y reglas locas.

32


En ese momento, Laura tomó la decisión de que no iba a ser parte de ningún juego. Puede ser que ni siquiera estuviera presente en la fiesta. Se tomaría el día libre y leería un buen libro muy grueso en su apartamento. Con su suerte, conseguiría ser emparejada con el predicador y Cynthia tendría más razón para querer que se fuera de Ambrose. —Estaremos jugando al dominó y a las damas después de que comamos hoy. ¿Están interesados? —preguntó Roger. —Cuenta conmigo —dijo Cynthia. —Nosotros no. Tenemos algunos compromisos previos de los que tenemos que encargarnos esta tarde, ¿verdad, Laura? —Colton volvió ligeramente la cabeza así podría mirarla directamente a los ojos. La profundidad de sus ojos verde oscuro decía que había mucho más para él que facturas en dólares. Ella podría haber explorado su alma por días, pero él parpadeó y miró hacia otro lado. —Oh, sí, los tenemos. Asuntos que no pueden ser pospuestos —accedió ella.

33


3 Traducido por nelshia Corregido SOS por *Celemg*

La lluvia había cesado cuando salieron de la iglesia, pero aún colgaban nubes oscuras en el cielo y algunas gotas salpicaban contra el suelo cada pocos minutos. La cena había terminado y el cabello de Laura no tenía que ser perfecto para que le mostrara a Andy cuan enojada la había puesto. Ella estaba allí para hacer un trabajo y no tenía nada que ver con poner un frente falso con Colton. Colton era un caballero y abrió las puertas para ella, pero su mandíbula angular trabajó como si estuviera mascando chicle y cada pocos segundos apretaba los dientes con tanta fuerza que sus hoyuelos se profundizaban. Él puso en marcha el camión y salió del espacio del estacionamiento. ―¿Estás enojado conmigo? ―dijo. ―¿Por qué estaría enojado contigo? ¿Estabas dentro de ésta conspiración? ―¡Diablos, no! Pero créeme, los rumores ya están rompiendo la velocidad del sonido. Y ellos piensan que estás loco, por incluso mirar a una mujer ñoña como yo. No te preocupes. Se darán cuenta muy rápido que todos son sólo rumores ―dijo. ―¿Y qué hay contigo, Laura? ¿Piensan que soy demasiado ñoño para ti? ―preguntó. ―¿Por qué carajos preguntas algo tan loco como eso? Creen que estoy tras tu dinero, lo que es francamente estúpido. ―Ha habido un montón de mujeres detrás de mi dinero así que ¿por qué es estúpido que piensen que lo estás? ―preguntó. ―No empieces una pelea conmigo. Yo no empecé esto, pero estoy malditamente segura de que voy a terminarlo cuando lleguemos a casa. Le debo mucho a Andy, pero no esto y él ni siquiera me preguntó sobre ello. ¿Habló contigo antes que él y el resto del equipo lo hiciera? ―preguntó. ―No, señora. Ni una palabra. Pensé que estaba siendo amable al permitirte sentarte en el extremo junto a mí, así no tendrías que rodear todo el trayecto o si no hacer que todos nosotros nos movamos a un lado. ―¿Y anoche? ―preguntó ella. ―Me pregunté si ellos te metieron en esto o si tú estabas en una estafa por tu cuenta, pero no respondiste a mi pregunta ―dijo.

34


―Es una estupidez, porque el amor no se compra con dinero. La confianza no se puede pagar con dólares. Y, además, no eres mi tipo ―dijo ella. Él estacionó el auto delante de la casa y ella salió antes de que pudiera decir una palabra más. No llamó a la puerta delantera sino que irrumpió directamente al interior por delante de él y estaba en camino a la oficina cuando Maudie asomó la cabeza por la puerta de la sala de estar en el pasillo. ―Esperaba que los dos estuvieran buscándonos. Estamos aquí ―dijo. Laura se dio la vuelta y tuvo que poner sus manos por delante para no salir corriendo directamente a impactarse en Colton. Ellas aterrizaron en un pecho lleno de músculos duros y sus brazos fueron a su cintura para sostenerla. ―¡Vaya! Tienes que hacer una señal antes de darle la vuelta a un equipo tan rápido ―dijo. ―No te acerques sigilosamente detrás de mí de esa manera ―dijo. ―¿Van a estar ahí afuera y lanzar golpes todo el día o venir aquí y gritarnos? ―gritó Andy. Ella movió las manos y las miró. Se sentían como si las había sostenido contra un voraz incendio durante varios minutos, pero no estaban ni un poco rojas. Colton se hizo a un lado e hizo un movimiento de barrido con su sombrero. ―Las damas primero. Adelante y comienza la lucha. Te cubro la espalda. Maudie miró a Andy Joe. ―¿Quieres hablar primero o lo hago yo? ―Yo lo haré. ―Andy señalo a una silla―. Siéntate, Laura. Ella le lanzó una mirada asesina. ―Estaré parada. Estoy tan enojada, que ni siquiera puedo pensar con claridad. Tuve que estar en esa iglesia y escuchar rumores y comer con aquellas mujeres chismosas y ser amable; tú saliste corriendo y me dejaste. ―Ina Dean, Patsy y Cynthia, ¿verdad? ―rió Maudie. ―¿Cynthia aún no se ha sacado sus pantalones de luto? ―preguntó Roxie. Laura sacudió la cabeza. No podía creer que Roxie había hablado o que hubiera dicho tal cosa. Tal vez no era tan tímida como aparentaba y ese interior duro estaba saliendo a la superficie. ―¿Por qué dices eso? Roxie agachó la cabeza y se ruborizó. ―Es claro como el día para mí que ella tiene su mira puesta en Colton. Coquetea con él todos los domingos. ―¡Ahhh, infierno! ¡También ella, no! ―Colton se dejó caer en una silla mecedora―. Estoy a punto de dar cada centavo que tengo a la caridad y volver a ser un peón.

35


―¿No estás cabreado con nosotros? ―preguntó Rusty. ―¡Sí, lo estoy! ¿Por qué hicieron eso? ¿Comenzar rumores de ese tipo? ―Nosotros no empezamos nada y ayer por la noche no fue nuestra jugada ―dijo Maudie. Colton disparó una mirada por la habitación. ―Sí, lo hiciste, abuela. Todos ustedes sabían exactamente lo que estaban haciendo. ―Bueno, si lo hicimos, es por tu bien. Otra noche como la que tuviste el viernes y vamos a estar asistiendo a tu maldito funeral, Colton ―dijo Andy―. Así que ahora la gente de Ambrose piensa que tienes una novia. ¿Es eso tan malo? ―Sí, lo es, cuando es una mentira ―dijo Laura. ―Y cuando los dos adultos no están de acuerdo ―agregó Colton. ―Sigan la corriente por un tiempo. La noticia saldrá y las mujeres te dejarán en paz. Le va a dar a toda la zona algo para chismorrear y mantendrá a las mujeres fuera de tu cabello ―dijo Andy. ―Si quisiera una novia falsa, podría escoger la mía propia. No necesito la ayuda de todos ustedes ―dijo Colton―. Y además, Laura no se merece ese tipo de chismes. Saben lo que van a decir acerca de ella viviendo en el rancho ahora que Ina Dean y Patsy tienen algo para chismorrear. Laura podría haberlo besado justo entre sus atractivos ojos verdes. ―Y soy bastante capaz de encontrar mis propios novios ―dijo. ―Bien, bien, disminuyan la velocidad ―dijo Rusty―. Tuvimos una charla anoche entre nosotros cuatro. Sabíamos que ninguno de ustedes estaría de acuerdo así que creamos un pequeño escenario que empezaría los rumores a propósito. Parecía la respuesta perfecta. Laura ya está aquí en el rancho así que eso funcionó muy bien. Nadie la conoce lo que lo hace todo intrigante como las cosas buenas de las que se hacen los chismes. Piensa en ello, Colton. Es una respuesta a una oración. Puedes ir a la tienda de alimentos sin tener que preocuparte acerca de una mujer diciendo que te has acostado con ella en un motel en ese día y que te está demandando por la manutención del menor. ―¿Y qué puedo hacer yo? ¿Ir a la tienda de alimentos sin preocuparme de que algún hombre me demande? ¿O tal vez mejor mantenerme alejada de todo los Cafés por temor a que una mujer que tenía su ojo en Colton me envenene por tener otra oportunidad con él? ―preguntó Laura. ―Éste es el trato que hemos armado ―dijo Andy―. Colton consigue un respiro que no implique la intoxicación con cerveza y casi la muerte. Y tú consigues… Laura explotó antes que pudiera terminar. ―¿Qué?, ¿qué puedes darme por mi parte en ésta farsa? ―Hablaré con Janet ésta noche y la invitaré a la fiesta del rancho. Incluso voy a pagar por un billete de avión y un auto de alquiler para que pueda venir a visitarte ―dijo Andy.

36


El corazón de Laura dio un vuelco y luego corrió. Eso cambió toda la escena en un segundo. ¿A quién le importaba lo que era su reputación en Ambrose, Texas, de todos modos? Requeriría tan poco y ella conseguía la oportunidad de ver a su hermana. ―¿Puedo hablar con ella por teléfono? ―preguntó. Andy sacudió la cabeza. ―No. Ella tiene que pararse en sus propios pies. Esto no va a cambiar mucho para nada, Laura. Todavía vienes a trabajar cada mañana a las ocho y te vas cuando hayamos terminado al final del día. Todavía vas a ganar la misma cantidad de dinero y obtener tiempo extra por cualquier cosa más de cuarenta horas a la semana. Es sólo fingir que eres la novia de Colton. No va a requerir mucho de nada. Pretender cuando estés fuera de la casa porque los peones del rancho llevan cuentos a casa. Miró hacia Colton. ―¿Estás bien con esto? Él levantó un hombro. ―Puedo vivir con eso durante unos meses. ¿Y tú? Ella desvió la mirada de nuevo a Andy Joe. ―Todavía estoy enojada. ―Puedo tratar con el enojo. Estoy cansado de lidiar con los problemas. Van a tener que fingir que se gustan. ¿Eso va a ser un problema? ―No la conozco lo suficiente como para que ella me guste o no ―dijo Colton. ―No te conozco tampoco, pero por supuesto puedo armar un buen espectáculo si puedo ver a mi hermana en un par de semanas ―dijo. Era la única manera en la que lograría ver a Janet por un largo, largo tiempo. Colton podía aguantarlo. ¿Qué implicaba de todos modos? Tomarse de la mano, cuando caminaran por el patio un par de veces. Tal vez un par de besos. Demonios, ella se tomaría de la mano con un puercoespín y besaría un sapo para llegar a pasar todo un fin de semana con su hermana. ―Y si mientras tanto conozco a una mujer de la que realmente me enamore fuertemente, ¿entonces qué? ―preguntó Colton. ―Entonces rompes con Laura. Hasta entonces nuestro trabajo es hacer creer que todos estamos muy contentos contigo saliendo con ella y con su trabajo aquí en el rancho ―dijo Maudie. ―¿Y si yo encuentro a un hombre que realmente ame? ―preguntó Laura. ―¿Mientras estás saliendo con Colton? No lo creo ―dijo Maudie. ―Entonces no hay trato ―dijo Laura―. Consigo la misma consideración que él o no lo haré. ―¿Ni siquiera para ver a Janet? ―suplicó Andy.

37


―La veré cuando se pague mi deuda. Voy a mi departamento. ―¡Hecho! ―dijo Maudie―. Pero ninguna travesura de ninguno de ustedes. Durante seis meses ustedes están saliendo cuando estén fuera de ésta casa. ¿Entendido? Laura se acercó a la mecedora y besó Colton en la frente. ―¿No es bueno que el gato esté fuera de la bolsa, cariño? Ahora todo el mundo puede saber que estamos en una relación comprometida. Colton agarró su mano y tiró de ella hacia abajo sobre su regazo. Él acunó su cara entre sus manos y la besó con fuerza justo en la boca. ―Practicando para la escena ―dijo con voz ronca cuando terminó el beso. Ella se levantó y se alejo de él. Cada nervio de su cuerpo zumbaba como esa maldita vieja máquina de coser que la tía Dotty utilizaba para el acolchado. Malditas hormonas volubles de todos modos, sólo porque no había tenido relaciones sexuales en más de un año no significaba que tenían que dispararse justo en éste momento. ―¿Quieres ver el gimnasio? ―preguntó Colton. ―Me encantaría ―dijo―. ¿Cómo lo estamos haciendo? ―Se volvió hacia el juez, jurado y verdugo, todos sin palabras, por primera vez desde que habían entrado en la habitación. Roxie negó con la cabeza lentamente de lado a lado. ―¿Qué? ―preguntó Laura. ―Es mejor que hagan un poco de práctica. Eso parecía falso ―dijo ella. ―Pensé que estuvo bastante malditamente bueno ―dijo Colton. ―¿Exagerado? ―Laura miró a Andy. ―Un poquito ―dijo Andy―. Sean naturales. Hagan que la gente crea que realmente podía estar sucediendo para que Colton pueda tener un poco de tranquilidad. Colton se rió entre dientes. ―Nunca fui muy buen actor. ―Pero siempre has sido un mujeriego ―dijo Rusty desde la esquina. ―Sólo que no con una chica ñoña, ¿verdad? ―preguntó Laura. Colton agarró su mano. ―No he dicho que eras ñoña, así que no vayas culpándome por eso. Te prometí mostrarte el gimnasio. ¿Estás lista? Colton dejó caer su mano hasta que estaban en el patio y luego entrelazó sus dedos en los de ella otra vez. De caliente a frío y luego caliente de nuevo. El cambio de ida y vuelta creó una sensación extraña en lo profundo de sus entrañas que desentonaba como un barco en mares embravecidos. A Laura nunca le había importado si le gustaba o no a la gente. Ella era quien era y podrían aceptarlo o dejarlo. No tenía la capacidad o el deseo de cambiar y no había una

38


persona en el mundo por la que valiera la pena cambiar. Su ex terapeuta escribiría todo tipo de código en su pequeña libreta amarilla si ella le contara lo que acababa de acordar hacer sólo para llegar a ver a su hermana. Él le había dicho varias veces que ella y Janet tenía una relación de amor/odio y que ninguna emoción podría sobrevivir sin la otra. Ellas discutían constantemente cuando estaban juntas. Janet estaba siempre quejándose con Laura porque ella quería que las cosas se mantuvieran ordenadas y Janet era una completa vaga cuando se trataba de las tareas del hogar. Laura quería que Janet aceptara la responsabilidad por sus acciones y madure. Pero debajo de todas las riñas, ellas realmente se amaban. Colton guió el camino alrededor de la casa y al otro lado del patio trasero. El propietario original tenía una buena idea de paisajismo. Lechos de flores habían sido definidos con jardineras de maderas o de roca natural para hacer un laberinto de jardín por el que la gente podía traspasar. Pero todo estaba lleno de maleza y se veía lamentable. Ella amaba absolutamente las flores y el jardín. Trabajar en un invernadero había sido su primer trabajo al salir de la escuela y siempre había mantenido unas pocas plantas en el departamento. Probablemente morirían con nadie más que Janet para regarlas. Con un poco de trabajo, podría transformar éste patio en algo de belleza y gracia. Había flores y arbustos que florecían en el calor de Texas, como la lantana, caléndulas, y claveles. Tendría que preguntarle a Andy si estaba bien que jugara en la tierra en las noches y en sus días libres. Colton golpeó la valla con la palma y ágilmente saltó sobre ella. Ella puso una bota en el último peldaño y se subió dejando pensamientos del patio detrás de ella mientras miraba hacia adelante a las vacas, terneros, y graneros. ―¿No tienes miedo de las vacas? ―preguntó él. ―No, no tengo. Ni de serpientes o arañas, pero odio los ratones. Mi hermana y yo teníamos seis y ocho años cuando murió nuestra madre. Vivíamos en el noroeste de Arkansas, en un pequeño pueblo poca cosa llamado West Fork en aquel entonces. La tía Dotty nos acogió y nos llevó a su casa al sur de Amarillo. Ella era una prima de la abuela de Andy Joe. Vivía en un rancho y aprendimos tanto como ella pudo enseñarnos nos gustara o no ―respondió ella. Miró a través de las colinas y pastos. No había un gimnasio a la vista. Vio dos graneros cerca, uno con las grandes puertas abiertas mostrando pilas de pequeñas balas de heno cuadradas, el otro con un grupo de ganado Angus de pie al lado sur aprovechando las frescas sombras. Entonces, ¿a dónde la llevaba? Él paso por el primer granero y siguió caminando. ―Así que, ¿cuánto tiempo has estado lejos de ello? ―Desde que tenía dieciocho años. La tía Dotty dijo que una vez que tuviéramos dieciocho estábamos por nuestra cuenta. Me gradué de la escuela un día y me mudé con Janet al siguiente, fui a trabajar al día siguiente, y he estado trabajando desde entonces. ¿Estás seguro de que hay un gimnasio aquí?

39


¡Gimnasio, su culo! Probablemente su idea de un buen entrenamiento implicaba reapilar pequeños fardos de heno y hacer flexiones en las vigas del granero. Correr sonaba un montón mejor que eso. ―¿Entonces por qué Andy está usando a tu hermana como moneda de cambio? ¿Por qué no puedes verla en cualquier momento que desees? ―preguntó. ―Teníamos un acuerdo a tres bandas. Él me dio un trabajo y pagó su deuda de juego a un usurero. Trabajo para él hasta que consiga pagarle. Él me da un lugar gratis para vivir encima del antiguo garaje. ―Eso no contestó mis preguntas. ¿Por qué no puedes verla? ―preguntó Colton. ―Porque ―Laura respiró hondo―: Yo soy una facilitadora. La tía Dotty me dijo eso. Mi terapeuta me lo dijo y Andy también lo hizo. Mientras siga rescatándola, ella no va a aprender a aceptar la responsabilidad por sus acciones. Así que la única forma para que Andy me prestara el dinero para evitar que los usureros le hagan daño era si prometía no verla ni hablar con ella durante seis meses. Y ella tiene que ir a las reuniones de Apostadores Anónimos dos veces por semana, mantener su trabajo, y permanecer fuera de los casinos durante ese tiempo. ―Entonces, ¿por qué has tenido que llamar a Andy Joe? Si te has hecho cargo de eso en el pasado, ¿por qué no te has hecho cargo ésta vez? Laura se mordió el interior del labio. ―Perdí mi trabajo y había agotado casi todos mis ahorros. Trato de mantener un par de miles de dólares de reserva todo el tiempo, pero ésta vez no tenía un trabajo y eran diez mil los que debía. Andy lo pagó, pero, bueno, ya sabes el resto. ―Él es un buen hombre, pero tengo que admitir que no creía que haría lo que hizo hoy. Siento que fueras arrastrada a mis problemas ―dijo Colton. Abrió una áspera puerta de madera sin pintar y se hizo a un lado para que ella pudiera entrar antes que él. Una ráfaga de aire fresco incremento la piel de gallina en sus brazos y cuello. Dos puertas estaban justo en frente de ella y podría jurar que oyó agua corriendo. Es más que probable que Rusty estuviera detrás de una de esas puertas llenando un canal galvanizado, ya sea para las vacas o caballos. Nadie ponía un gimnasio dentro de un viejo granero de madera desgastada. ―El gimnasio es el de la izquierda ―dijo él. Ella la abrió con un balanceo y la luz brillante inundó un magnífico gimnasio totalmente decorado con todo tipo de equipamiento imaginable. Las paredes eran de color blanco puro y todo estaba impecablemente limpio. Había cintas de correr, planeadores, y cosas que ella nunca había visto antes, ni siquiera en esas revistas lujosas a un lado de la caja registradora en el supermercado. Se fue directo a la cinta de correr y pasó una mano sobre los controles. Siempre había querido comprar una, pero tomaría demasiado espacio en su pequeño apartamento y había un montón de calles donde podía trotar. Apenas podía esperar para probarla y ver si le daba tan buen entrenamiento como colinas naturales.

40


Colton señaló un botón. ―La televisión a distancia está integrada en la cinta de correr. Justo aquí. ―Él la empujó y un bosque completo con canto de los pájaros y helechos magníficos, clemátides, y bosques de violetas apareció en la gran pantalla justo encima de la cinta de correr―. Está conectado a la televisión normal, pero esto es lo que me gusta cuando corro. Es una pretensión pero es pacífica. ―¡Vaya! ―susurró con asombro. ―Ven, te mostraré el resto ―dijo. ¡Santo y maldito humo! ¿Había más? ―Mi entrenador viene una vez por semana los jueves por la noche, si quieres que él desarrolle un plan contigo. Éste es el sauna. ―Se detuvo ante una puerta con una ventana empañada―. Lo mantenemos fijo en una buena temperatura de sudoración, y las duchas están justo al lado para que puedas refrescarte una vez que hayas sudado el dolor de tus músculos. ―¿Qué otras sorpresas hay aquí en el rancho? ―preguntó. ―Una piscina. ¿Te gusta nadar? Hasta ese momento no sabía que la mudez afectaba la capacidad de asentir. ―¿No? ¿Sí? ―preguntó él. Se las arregló para inclinar la cabeza hacia delante. ―Me encanta nadar, pero no traje un traje de baño ―dijo. ―No hay problema. Mantenemos trajes de cada talla y forma en el cuarto de baño. Y la piscina es calentada a la misma temperatura, en invierno y verano, por lo que podemos nadar siempre que queramos. ―Sonrió. Una imagen de él en uno de esos diminutos trajes de baño Speedo le vino a la mente. ¿Quién necesita un sauna? Ella podía sudar los dolores de los músculos con sólo dejar su imaginación fuera de curso. Salió retozando y coleando como un bronco salvaje en un rodeo y era lo único que podía hacer para mantenerse en la silla durante ocho segundos. Y las imágenes que eso puso en su mente de Colton eran francamente pecaminosas. Se recordó enfáticamente que todo esto era fingir y no había ni una cosa real sobre su nueva relación loca. Se dijo que pateara esas imágenes sexy de él a la acera y las dejara allí. ―¿Por qué tendrías…? ―Se detuvo. No era ni un poco de su incumbencia cuántas mujeres habían sido invitadas a nadar en su piscina o por qué había trajes de baño en la habitación en la cabaña. Sólo había conocido al hombre el día anterior y probablemente nunca lo volvería a ver, no importa lo mucho que él agitaba su imaginación besándola o sosteniendo su mano. Él sonrió. ―Es más fácil mantener trajes de baño en la piscina por si alguien se olvida de traer los suyos. ¿Qué te parece si bajamos un poco la comida de esa cena comunitaria?

41


―¿Hablas en serio? ―Sí, lo hago, pero si queremos privacidad tendremos que hacer nuestras vueltas ahora, porque Dillon y Roxie estarán por ahí muy pronto y ellos se ponen muy ruidosos cuando juegan. Además, a algunos de los peones contratados les encanta una sesión de ejercicios y después nadar en la tarde del domingo. ―Entonces, ¿dejas que otros jueguen con tus juguetes? ¿Y quién es Dillon? ―preguntó. ―El novio de Roxie. Me preocupo por ella a veces. Se aferra a él como si fuera su roca, y él es el único amigo real que ella tiene. No ha sido fácil para ella con su madre siendo tan salvaje ―dijo Colton. ―Está en un buen lugar ahora y tal vez eso le ayudará a superarlo ―dijo Laura. Él asintió con seriedad. ―Espero que sí, y para responder a tu pregunta acerca de mis juguetes, es parte del paquete cuando contrato a alguien. Reciben un salario justo, alojamiento y comida, si quieren vivir en el barracón, y el acceso a mis juguetes. ―Pero tú no me contrataste ―dijo. ―Andy ha necesitado un ayudante durante mucho tiempo. Ha entrevistado a docenas de solicitantes. Si él te contrató, entonces consigues los mismos privilegios que cualquier otra persona en el rancho. Una novia de mentira. Una asalariada. Una facilitadora. Tendría que acordarse de llevar el sombrero correcto en el día correcto para evitar confusiones. Pensó que ya no podía ser sorprendida después del gimnasio, ¡pero estaba totalmente equivocada! Abrió otra puerta y allí estaba. La gloria radiante no se acercaba mucho a la descripción de la habitación de la piscina. Había visto fotos de cascadas en zonas remotas del mundo, con helechos y flores rodeándolas, pero ni en su imaginación más salvaje jamás había pensado ver una en una granja en el norte de Texas. Aguas cristalinas caían sobre las rocas en una piscina rodeada de piedras de color natural. No es extraño que las flores alrededor de la casa fueran una mendicidad; un equipo de tiempo completo tendría que trabajar doce horas al día para mantener la caída de agua en orden tan perfecto. ―¡Oh, mi Dios! ―jadeó. ―Soy de muy bajo mantenimiento, pero el gimnasio y la piscina son mis dos lujos. Nunca tuve mucho anhelo de viajar, pero siempre soñé con nadar en la base de una cascada tropical, así que hice que sucediera. Éste antiguo granero estaba vacío y parecía el lugar perfecto. Desde el exterior, nadie podría imaginar que no está albergando heno y alimento de ganado. Los baños y vestuarios están por éste camino. La piscina era surrealista con azulejos de color verde esmeralda en los lados y el fondo. Casi esperaba ver delfines o al menos destellos de peces pequeños nadando alrededor. Pero no había nada, sino fresca agua limpia recordándole el océano en Florida.

42


Él caminó detrás de la cascada y ella lo siguió, sin importarle si su vestido y el pelo se empapaban, pero una hoja de vidrio la protegió del chapoteo mientras el agua se desplomaba a su destino final. ―Aquí está el cuarto de las damas ―Él balanceó una gruesa puerta de madera―. Nos vemos en la piscina cuando te cambies. ―¡Santa mierda! ―Se sentó en un banco blanco de hierro forjado antes de que sus piernas se volvieran gelatina―. Podría, con suficiente seguridad, acostumbrarme a esto. ¡No, no! Sólo soy personal contratado. Apenas un escalón por encima de una prostituta. Ahora, ese es un pensamiento aleccionador, pero es la verdad. Me pagan para ser su novia. Tal vez no con dinero para ese trabajo, pero si en beneficios, porque si no lo hago, no puedo ver a Janet antes de que los seis meses se terminen. Ella deslizó los finos tirantes de su vestido por sus hombros y se contoneó sacándolo y a su ropa interior. Justo como él le había prometido, trajes de baño de todo tipo y tallas colgaban sobre una rejilla. Prestó atención a las tallas mientras les echaba un vistazo. La talla dos venía en bikinis de todos los colores, pero la media docena de las ochos tallas eran trajes de una pieza de color negro. Había cuatro trajes de baño en su talla. Ella escogió un bikini rosa picante con flecos alrededor de la parte inferior del sujetador, pero luego recordó que le había dicho que los peones y Roxie podían estar allí dentro de poco. Lo colgó de nuevo en el estante y eligió un traje de baño de dos piezas impreso con brillantes plumas de pavo real azul. La parte inferior era corte de bikini y la parte superior tenía un frente como de delantal, dejando la mayor parte de su espalda desnuda excepto por el hilo de vinculación que mantiene la cosa puesta. Él estaba en la piscina cuando salió del vestuario como una cueva y ondeó la mano hacia ella. ―Como la antigua línea dice: "Entra directamente, el agua está muy bien." Él tenía una cerveza en una mano y su pecho estaba desnudo, el agua corriendo por sus marcados abdominales. Alzó la mano y se peinó el cabello marrón con los dedos y se alzó en un costado de la piscina. Se acercó a una mesa y se acomodó el sombrero negro de nuevo en su cabeza y ella estuvo a punto de desmayarse. Olvídate del maldito Speedo. Esa pieza escasa de Spandex no se podía comparar a Colton Nelson, sentado en el borde de la piscina en ese atuendo.

¿Qué pasaba con una mujer en un traje de baño que era mucho más atractiva que una totalmente desnuda? ¿Podría ser que sólo estar cubierta lo justo era suficiente para dejar que la imaginación corriera salvaje? Colton no tenía la respuesta a cualquiera de estas preguntas, pero su imaginación se lanzó en pleno apogeo cuando vio a Laura.

43


Su cabello había sido puesto en libertad y no llevaba esas gafas gruesas. Su cintura ceñida por encima de caderas bien redondeadas y por debajo de un busto que era un poco más grande que la mitad inferior. Ella tenía la constitución de las sexys estrellas de cine del pasado en lugar de las estrellas flacas del presente. Su piel era tan transparente que brillaba cuando los rayos del sol se filtraban a través de la claraboya y la densa vegetación que rodea a la cascada. Se sentó en el borde de la piscina y quedó colgando de sus pies durante unos segundos antes de deslizarse hacia abajo en el agua como una nutria cautelosa. Desapareció y nadó a lo largo de la enorme piscina antes de salir a tomar aire. Sólo duró un momento y ella estaba de nuevo bajo la superficie, dando vuelta al llegar al otro extremo. Su cuerpo rozó su pierna desnuda y el agua de repente se sintió diez grados más caliente. La próxima vez que la vio estaba sentada en el borde de la piscina en el extremo más profundo, la cascada detrás de ella, la luz del sol bailando sobre su pelo rubio mojado. Aspiró una bocanada de aire, se acordó de darle a su sombrero un golpe, e hizo dos vueltas antes de aparecer frente a ella, apoyó los brazos en el borde, y miró hacia arriba. ―Es hermosa ―dijo. ―Sí, lo es. ―Él siguió mirando sin pestañear. ¿Ella estaba sonrojándose? Ya no conocía mujeres que hicieran eso.

44 ―Estoy hablando de la piscina ―dijo. ―Oh, bueno, eso también. Los pulmones de Laura se paralizaron y se olvidó de respirar cuando utilizó sus enormes bíceps para transportarse a sí mismo fuera del agua para sentarse a su lado. Ella tosió para cubrir su jadeo. A diferencia de Janet, Laura no hablaba cuando estaba nerviosa. Por lo menos, nunca había tenido ese problema antes de ese minuto en que las palabras comenzaron a fluir de su boca tan rápido que no tenía poder sobre ellas. ―Éste es un lugar tan hermoso. Siento como que estoy en el medio del paraíso. Todo lo que necesita es pájaros y mariposas, no es que esto no es una maravilla por sí mismo, pero estaba pensando en la cosa en la televisión por encima de la cinta de correr y… ―se detuvo abruptamente. ―Pensaste acerca de por qué no tengo pájaros. ―Él se rió entre dientes. Estaban solos en la casa de la piscina, por lo que ni siquiera podía fingir que besarlo era para el espectáculo, pero eso no le impidió querer ver si un beso real podría ser más caliente que el falso antes, en la casa. Obligó a sus pensamientos a alejarse de besar sus labios húmedos.


―¡Oh! ―Ella golpeó una mano sobre su boca. Tal vez eso le impediría balbucear una y otra vez como una adolescente estupefacta―. Supongo que eso podría causar problemas. ―Y ellos se comerían a las mariposas y eso haría a Roxie llorar. ―¿Cuánto tiempo hace que conoces a Roxie? ―Toda su vida. Su madre estaba un par de grados por encima de mí en la escuela de Bells y Roxie ha sido el proyecto de la abuela desde que era una niña pequeñita. La abuela era una cocinera en la escuela de Bells hasta que me gané la lotería así que conocía a todos los niños, pero tenía una debilidad por la mamá de Roxie. Dijo que nunca tuvo un respiro en la vida. Ella siempre estaba buscando el amor en los lugares equivocados. ―¿Proyecto? ―preguntó Laura. ―La madre de Roxie era una estudiante de segundo año en la escuela secundaria cuando quedó embarazada. Una chica inteligente cuando se trataba de libros, pero no tenía una pizca de sentido común cuando se trataba de chicos. La abuela dice que era como una mariposa que revoloteaba alrededor de todas las lindas rosas y luego aterrizaba en una pila frescas de vacas. El padre de Roxie era un bribón, y terminó en la cárcel. Su madre tuvo demasiadas responsabilidades demasiado joven y le gustaban las fiestas. La abuela se encargó de Roxie mucho desde el momento en que era una bebé. ―¿Entonces Maudie era su niñera? ―Algo así, sólo que más. Más como una abuela sustituta, pero desde que la mamá de Roxie llama a la abuela tía Maudie, Roxie creció haciendo lo mismo. Hace dos semanas, su madre terminó en la sala de emergencias después de mucho alcohol y demasiadas pastillas. Iban a poner a Roxie en el sistema de hogares sustitutos, pero la abuela se fue a la batalla por ella. Va a estar viviendo en el rancho hasta que se gradúe. ―¿Y la madre? ―Ella va a estar en rehabilitación por un largo tiempo. Cuando salga puede visitar a Roxie, pero no puede sacarla del rancho. ―Maudie es una buena mujer ―susurró Laura―. ¿Y éste granero es tu único lujo? ¿No hay coches de lujo, o mansiones, o tu propia isla privada en el trópico? Colton sonrió. ―Tengo un buen camión y esa antigua casa de campo grande es mansión suficiente para mí. Eso es suficiente lujo para cualquier viejo vaquero rudo. Si ganarás un millón de dólares, ¿qué te gustaría? ―Tendría que pensar largo y tendido acerca de eso ―dijo. ―¿Cuáles fueron tus vacaciones favoritas? ―Las de Florida, pero ni de cerca así de bonitas. ―Ella cayó al agua y lo salpicó todo. Se zambulló justo detrás de ella y la venció en el otro extremo por una vuelta. Cuando ella volvió a subir a tomar aire y se agarró por el lado de la piscina, sus manos se

45


posaron en sus brazos. Ella todavía estaba manteniéndose a flote con sus pies cuando abrió los ojos para verlo mirándola fijamente. Sus ojos verdes se volvieron completamente encantadores y suaves. Sus ojos se cerraron lentamente y espesas pestañas marrones se posaron en su mejilla. Realmente quería el beso pero adolescentes ruidosos sacudieron a Laura de vuelta a la realidad. Se alejó de Colton y estaba nadando hacia el otro extremo, cuando Roxie y Dillon llegaron a la orilla de la piscina. ―¿Dónde están tus gafas? ―preguntó Roxie. ―Atrás en el vestuario. Puedo ver lo suficientemente bien para nadar sin ellas ―respondió ella. Dillon no era tan alto como Colton, pero él todavía empequeñecía a Roxie. Él llevaba su rubio cabello cortado encima de las orejas con suficiente largo en la parte superior para peinarlo para el domingo o dejarlo colgar en su frente en cualquier otro momento. Sus ojos marrones rara vez se desviaron de Roxie, y su sonrisa era genuina y honesta. Sus brazos y cuerpo testificaron que él estaba acostumbrado al trabajo duro y sus manos llevaban los callos para probarlo. Laura reconoció los pantalones del domingo, botas y camisa occidental y se preguntó si él estaba en la misma iglesia que habían asistido en la mañana. No recordaba haberlo visto allí, pero había habido un montón de gente. Los chicos apenas habían hecho su camino a la parte trasera de la cascada cuando Andy y Rusty llegaron con dos de los peones. Ellos ya estaban vestidos para nadar con pantalones vaqueros cortados y no perdieron el tiempo trepando por la escalera hasta el trampolín. ―¡Hola! ―saludó Rusty desde el extremo de la tabla. Laura se dirigió al lado de Colton y se apoyó en el borde con los codos. ―El agua está bien ―dijo en voz alta. ―No queremos molestarlos ―gritó Andy. ―Estábamos preparándonos para salir de todos modos. Voy a llevar a Laura a un recorrido por todo el rancho ―dijo Colton. ―¿En una tarde? ―Los ojos de Andy Joe se ampliaron―. Eso va a ser un recorrido rápido. Laura abrió la boca para decir que prefería quedarse y nadar toda la tarde pero la curiosidad la cerró de golpe. ¿Qué tan grande era el rancho de un vaquero billonario, de todos modos? ¿Y qué otras sorpresas podrían estar escondidas en los establos que él ni siquiera consideraba lujos? Estar a solas con él la ponía en un territorio peligroso, pero ella realmente quería ver el rancho.

46


4 Traducido por Nadya Corregido por Amalfii

Colton se sirvió una taza de café y se sentó a la mesa del comedor. Roxie era la única otra persona levantada por los alrededores y ella tenía su nariz en un libro. Por el guapo vaquero en la portada, eso no tenía nada que ver con trabajo escolar. ―¿La abuela sabe que estás leyendo esto? ―preguntó él. ―No, no lo sabe ―dijo Roxie―. Tú debes leerlo antes que ella. Los ancianos puede que necesiten un pequeño curso de actualización sobre la forma de besar y todo eso así la actuación será más convincente. Colton sonrió. ―Yo no soy tan viejo. Creo que puedo recordar cómo besar a una mujer. ¿Y qué te hizo tan descarada hoy? —Yo no soy descarada. Solo estoy declarando hechos. Si tú sabes cómo besar a una mujer, entonces necesitas hacerlo y dejar solamente de mirarla con ojos soñadores. Su sonrisa se desvaneció. ―No la miro con ojos soñadores. Roxie enarcó las cejas y miró sobre la parte superior del libro. ―Acabas de mandar a volar directo al infierno ese mandamiento de no mentir. ―Me alegro de que te tengas que ir a la escuela de verano para compensar por todas esas veces que faltaste a la escuela ―murmuró. ―Yo también. Puedo ver a Dillon y disfrutar de su aspecto soñador. ―Tú utilizas esa palabra una vez más esta mañana y envió a Laura y a la abuela de compras a Tressa sin ti esta tarde. Roxie metió el libro en su mochila, se la echó sobre su espalda mientras se ponía de pie y sacudió las migas de pan de su camisa. ―No creo que me mate. ―Ella bajó la voz mientras caminaba junto a él―. Ella viene por la puerta trasera y se dirige hacia la oficina en este momento. Ahí está tus ojos están soñadores solo con pensar en verla. Recuerda, esto se supone que tiene que ser creíble. ―Te lo advertí.

47


―No he dicho esa palabra que no debía decir. ―Ella se rió―. Buenos días, Laura. ―Buenos días, Roxie. Oigo el autobús escolar. Que tengas un buen lunes ―dijo Laura. ―Voy a estar esperando en la escuela por todos ustedes para que me recojan. ―Roxie ondeo la mano sobre su hombro. Laura llevaba vaqueros ajustados que apretaban una pequeña cintura, una brillante camiseta azul y botas desgastadas. Colton deseaba haberla conocido en una cena de la NTAA –Asociación Angus del Norte de Texas– o incluso una venta de ganado en lugar de ser lanzado junto con ella en un mundo de fantasía. ―Tú estás corriendo hacia atrás esta mañana. Roxie es descarada. Algo me dice que va a ser una semana de locos. Roxie nunca actúa así ―dijo él. Ella se encogió de hombros. ―Tal vez finalmente encontró sus alas rebeldes. Harías bien en esperar que lo haga antes de dejar el rancho. Tú y Maudie igual tendrán un poco de control, mientras que ella esté aquí. Una vez que se haya ido a la universidad, si ella no ha dejado salir su persona interna, va a ser un infierno que pagar. ―¿Estás hablando por la experiencia? ―preguntó. ―Digamos que entiendo a esa chica y deja las cosas así. ¿Dónde está Maudie? —Ella nos acompañara en un rato. Cocina los fines de semana, pero durante la semana tenemos un personal que se ocupa de la casa y la cocina para que ella no se levante tan temprano. ¿Has conocido a Sally? ―¿He oído a alguien mencionar mi nombre? —La puerta de la oficina se abrió y la mujer delante de Laura era por lo menos de un metro ochenta y tres de altura. Tenía los ojos más negros que Laura había visto en una mujer con el pelo rubio lavado. Su cara era redonda y los hombros tan amplios como el apoyador de los Cowboys de Dallas. Podría tener cualquier edad a partir de finales de los veinte hasta los cuarenta años. ―Soy Sally y acabo de limpiar ese chiquero de oficina. Dígale al Sr. Andy que voy a limpiar dos veces por semana a partir de ahora, le guste o no. He oído que trabaja allí también. ¿Hay algo especial que te gustaría que se haga? ―Soy Laura y yo... ―Sé quién es usted, señorita. He oído que estas pasado el tiempo en compañía de Colton y han pasado por el puesto de conos de nieve y se han sentado juntos en la iglesia dos domingos. Yo pensé que iba a cruzarme con usted antes, pero ha estado refugiada en esa oficina con el Sr. Andy todo el tiempo. Solo recuerda una cosa, chica. No puedes ocultar una cosa de Sally, así que no lo intentes. Yo no estaba aquí la semana pasada porque estaba fuera visitando a mi hermana en Whitewright, pero ahora he vuelto y voy a estar aquí todos los días. ―Sí, señora. ―Algo en sus ojos oscuros le dijo que Sally podía oler una mentira a una milla de distancia.

48


Sally miró fijamente hacia ella, desde sus botas y todo el camino hasta la parte superior de su cabeza. ―Lo harás, pero seguro que no es lo que pensé que había llegado arrastrándose a la casa. Hazme saber si quieres algo especial que se haga en esa oficina. ―Ella silbó todo el camino hasta la escalera, pero cuando abrió la puerta el silbido se detuvo y comenzó a refunfuñar. ―Ella está en mi habitación. Tú pensarías que tengo trece años por la forma en que ella y la abuela me tratan ―dijo Colton. ―No fue fácil mentirle a ella ―susurró Laura. ―Es porque lo hemos tenido tan fácil por toda esta semana. Apenas cruzamos nuestros caminos hasta ayer y fue solo una hora en la iglesia ―dijo Colton―. Pero muchas personas son conscientes de eso ahora que la abuela piensa que será mejor que empieces a cenar con la familia todas las noches. ―¡Bueno, mierda! ―murmuró Laura. Colton se erizó. ―Hey, si es tan grande la imposición, siempre puedes llevarte la cena a tu apartamento y puedes comer allí. ―¡Diablos, no! ¿Tengo que ir elegante todas las noches? ―Justo lo que uses para trabajar ese día está muy bien. No estamos parados en la formalidad por aquí ―dijo él. Él pasó un brazo por sus hombros y la besó en la mejilla. Cuando le susurró al oído su aliento era cálido y seductor, incluso si las palabras no eran más que información―. Sally ayuda a Chester en la cocina y ella sabrá si tú no estás aquí para la cena. Ellos ponen la mesa antes de irse y, a veces incluso, la abuela la invita a comer con nosotros antes de que se vaya a su casa. ―¿A partir de esta noche? ―preguntó Laura. ―Eso estaría bien. Ahora tú no trabajes demasiado duro, querida, y te veré en la cena ―dijo él. ―Colton Nelson. ―Sally se inclinó sobre la barandilla y gritó―: Voy a estar limpiando tu habitación dos veces por semana a partir de ahora también. ―¿Ella estaba… ? ―preguntó Laura. ―Oh, sí. Todos ellos están prestando mucha atención ―susurró Colton mientras le dio un beso en sus labios. Laura levantó la voz ligeramente. ―¿Sally ha trabajado aquí mucho tiempo? ―Fue la primera persona que la abuela contrató cuando compramos este rancho. Ella trabajaba en la escuela con la abuela. ―¿Cuánta gente más trabaja en la casa? ―preguntó Laura.

49


―Chester, el cocinero de lunes a viernes, y Molly, una señora que viene cuatro horas al día para ayudar a Sally. Si no te mantienes tan encerrada con Andy Joe, los habrás conocido antes de ahora, pero eso es una de las cosas que me gusta de ti, tu dedicación al trabajo. Laura entrecerró los ojos y lo miró goteando muerte. Amor era una palabra muy fuerte que no tenía espacio en un mundo de cuento de hadas. ―¿Jardineros? ―preguntó Laura. ―Uno viene dos veces a la semana para cuidar de las flores de la piscina ―dijo él. ―¿Podría comenzar a trabajar en el patio en las noches? Sus ojos se encontraron y Colton podía sentir lo soñador, Roxie lo habría visto con certeza. Laura trabajaba duro, se quejaba muy poco, y ella estaba pidiendo más trabajo. Ella podría estar hasta su linda naricita en una estafa, pero sí lo estaba, era muy buena en ello. ―Claro, incluso te pagaré extra si quieres juguetear por ahí. Simplemente mantente al corriente con tus horas y dile a Andy para añadirlos a tu cheque de pago cada semana. ―Gracias. Tú dijiste que tenías que ponerte en marcha. ¿Qué tienes en la agenda de hoy? ―Voy a reunir a los nuevos becerros y vacunarlos. ―¿En cuatro ruedas o los caballos? ―preguntó Ella. ―Cuatro ruedas. Ella hizo una breve inclinación de cabeza. ―Pobres pequeñas criaturas. Probablemente no les gustan las vacunas más que a mí. ¿Eso es todo lo que tienen que sufrir hoy? ¿Sin trabajo para hacer grafitis? ―¿Has hecho eso? ―preguntó él. ―Si tiene que ver con vacas, cerdos, pollos, jardines, tractores, ordeñar, o limpieza, probablemente he tenido una mano haciéndolo ―respondió ella―. Pero en este momento tengo trabajo de todo un día que hacer en tres cuartos de un día porque Maudie dice que Roxie y yo vamos a comprar cosas para llevar a una fiesta que está en marcha. ¿Quieres explicar de qué se trata todo esto? Colton se puso un sombrero de paja en la cabeza y se dirigió hacia la puerta principal. ―Pregúntale a Andy. Él es el productor de esta película de éxito que estamos protagonizando. ―¿De qué estás hablando? ―preguntó Sally desde el último escalón. —Es una broma entre Laura y yo. Una del tipo que Andy nos presentó cuando contrató a Laura para ayudarlo, así que tenemos esta broma interna sobre él creando una historia de amor de nuestras vidas —dijo Colton rápidamente.

50


Laura se metió en la oficina y cubrió su cara de un rojo brillante con las manos. Ella había cerrado la puerta con el pie y algo se precipitó a través de su pie, algo con la piel y los pies suaves como un ratón. Ella levantó las manos en el aire y aterrizó en la silla de oficina de Andy. Una sombra de algo tan grande como una zarigüeya estaba debajo de la mesa enviándola a la parte superior de su escritorio e intento subir a través del aire hasta el techo. Andy escuchó su grito y se precipitó en la oficina con Colton justo detrás de él. Tomaron la escena con una sola mirada y Colton dijo: ―¿Serpiente? ―Un ratón o tal vez una zarigüeya o podría ser King Kong ―dijo ella con voz temblorosa. Él se movió cuidadosamente sobre el escritorio y miró debajo. ―¡Maldita sea! Odio las serpientes. Andy se quedó junto a la puerta. ―Si tú ves una, me voy de aquí. Iré con Rusty para traer algo para acabar con ella. ―Dos hombres grandes y fuertes para protegerme. Mi mundo se ha completado hoy ―murmuró ella. ―¡Hey! ―dijo Andy―. Por lo menos no estamos de pie sobre un escritorio. ―Sólo porque no he encontrado la forma de llegar hasta allí ―dijo Colton. Un gemido lastimero vino de la esquina y un gran gato amarillo se pavoneó hacia Andy. Él se rió entre dientes mientras se inclinaba hacia abajo para acariciar al animal. ―Solo es Daisy. Ella rozó tu pierna. Apuesto a que la has asustado como el diablo cuando te salieron alas y volaste a ese escritorio. ―¿Estás seguro? Ese gato es de color amarillo. Te juro que lo que vi era gris. ―Laura escaneo el suelo y levantó la mirada y debajo de las cortinas. ―Viste una sombra que se movía, probablemente ―dijo Colton. Laura bajó de un salto del escritorio y le dio otro barrido visual a la habitación. ―¿Por qué no la he visto antes? ―Es una casa grande y ella tiene vía libre, tanto dentro como fuera. Ella podría haber estado visitando el barracón. Todos los chicos la adoran. Pero está aquí ahora así que ven aquí y conócela. Probablemente se aparezca en tu apartamento. Cuando vivía allí ella vino a verme una vez a la semana ―dijo Andy. Colton se inclinó y rascó las orejas del gato. Sus ronroneos eran lo suficientemente fuertes que resonaban en las paredes de la oficina.

51


―Tú no dejarías un desagradable ratón viejo en nuestra casa, ¿verdad, dulce niña? ¿Dónde está Donald? No lo he visto en un par de días. ―¿Quién es Donald? ―preguntó Laura. ―Eso sería su mejor amigo y Donald es un pato. ―Andy se echó a reír. Laura frotó las orejas y accidentalmente rozó su mano en el brazo de Colton. Las chispas saltaban alrededor de la habitación que no tenía nada que ver con la electricidad estática de la piel del gato. Ella ni siquiera estaba sorprendida. Colton era un vaquero de buen aspecto y siempre se había sentido atraída por los hombres con los ojos verdes. Demasiada maldita pena que ellos no se hubieran encontrado en diferentes circunstancias, pero por otro lado si ellos lo hubieran hecho, él le habría dado una mirada a ella y pensado que estaba detrás de su dinero. ―Conseguirás todos los fondos para las becas en su sitio antes del fin de semana, ¿no? ―le dijo Colton a Andy cuando él se levantó y se dirigió hacia la puerta. ―Eso es en lo que estoy trabajando ahora. ¿Deseas aumentar la donación de este año o mantenerlo igual? ―Aumentar e incluir uno más alto, pero que sea por dos años en lugar de un viaje de cuatro años. Hemos tenido un par de desertores después del primer año. Vamos a hacerlo durante dos años y luego opcional, dependiendo de los grados para los dos últimos ―dijo Colton. ―Eso parece como un buen plan para mí. ¿Vas a llevar esa idea a la reunión? ―Pensé que podría. Ahora mismo me voy al rancho. Daisy podría quedarse unos días y asustar algún ratón fuera de eso podría vagar por los campos. ―Él inclinó su sombrero hacia Laura―. Nos vemos en la cena. Chester está haciendo costilla esta noche y es mejor que cualquier otra que tú conseguirás incluso en un restaurante. Y creo que Sally está preparando uno de sus pasteles de melocotón fresco. ―Suena delicioso ―dijo Laura. Daisy dejó a Andy y ronroneó hasta Laura que la recogió y la llevó a su escritorio. ―Tú puedes sentarte en mi regazo mientras yo trabajo, pero si consigues retorcerte toda, vas a tener que irte. ¿Qué es eso de una reunión de becas? Pensé que había una fiesta de eso el próximo fin de semana. Andy se sentó detrás de su escritorio, golpeó un par de teclas de la computadora, y esperó hasta que su pantalla se prendió. ―He querido decirte sobre esa fiesta. Tenía que convencer a Colton primero pero está a bordo con la idea. ―¿Qué idea? ―Es hora de que ustedes dos se tomen esta relación hacia el público si eso va a funcionar. Lo hicieron muy bien en la iglesia otra vez el domingo pasado. Después de dos domingos, yo no creo que haya ninguna duda de que en realidad están saliendo. Incluso Ina Dean lo cree ahora. Ese primer domingo fueron capturados por sorpresa, pero me

52


tienes que dar una mano, el pasado domingo fue una actuación estelar. Ahora es el momento de dar un paso más allá. La fiesta es en Dallas en el cuarto fin de semana de junio de cada año. Es un asunto de fin de semana al que siempre asiste Colton. Serás la primera novia que ha llevado allí por lo que será una gran cosa. Ella abrió la boca y el gato saltó de su regazo. ―¡Tienes que estar bromeando! ¿Cuándo pensabas preguntarme? Y ahora que lo haces la respuesta es no. No sólo no, sino infernalmente no y dilo todo en mayúsculas. Fingiendo aquí en Ambrose es una cosa. ¿En Dallas en un asunto formal? ¡Yo no lo creo, Scooter! ―Lo pusieron en una suite en el ático con dos dormitorios por lo que estará bien. Maudie y Roxie se van de compras contigo otra vez a Sherman para comprar un nuevo vestido o traje de algún tipo para el baile de gala y la cena. Maudie es feliz como un borracho en una bodega porque ella no tiene que ir este año. El rancho paga la factura de lo que tú compres para llevar por lo que pásala genial ―dijo él. ―¿No me has oído? ¡Te dije que no! ―gritó ella. Andy se llevó un dedo a los labios. ―¡Shhh! Sally tiene verdadera buena audición y ella está en todas partes. Colton abrió la puerta y Daisy salió corriendo. ―No va tan bien, ¿verdad, Andy? Te dije que ella no iría por eso. No soy su tipo. Ella lo dijo. ―Ella agarró una pluma de tinta de su escritorio y la lanzó por la habitación hacia él. Rebotó en el marco de la puerta y rodó por el suelo. Él se rió en voz alta―. Nuestra primera pelea saca lo peor de ella. Espero que el pastel de Sally te suavice esta noche. Hasta luego y buena suerte en convencerla de que es hora de que nos veamos en público. Ella se inclinó sobre el escritorio de Andy y no paró hasta que su nariz estaba apenas a unos centímetros de la suya. ―Yo no soy el tipo de Colton tampoco. Él no tuvo que decírmelo. Su tipo son las camareras baratas que adulteran su cerveza. Eso no tiene nada que ver con la razón por la que no voy a ir. ―Si vas, llamaré a Janet y le daré tu nuevo número de teléfono celular y tú puedes hablar con ella todo lo que quieras a partir de ahora ―dijo Andy. ―Eres un bastardo ―dijo Laura. Su sonrisa era torcida, inocente y perversa al mismo tiempo. Un diablo que llevaba un halo y alas. ―Mi mamá y papá se casaron por lo que creo que esa es una afirmación falsa. Ella volvió a su silla. ―Desearía no haberte pedido ayuda nunca. ―Cariño, estás pasándola de maravilla. Admítelo. Es la primera vez en toda tu vida que tú has pasado tanto tiempo sin tener que preocuparte, sí y cuando, el teléfono trajera

53


la noticia de que Janet estaba en problemas otra vez. Es la primera vez en tú vida que ella ha tenido que pararse en sus propios pies durante tanto tiempo. Ahora di que vas a ir y voy a dejar un mensaje en su contestador. Está en una reunión en este momento porque es lunes y el salón de belleza está cerrado, pero podrías hablar con ella esta noche después de ir de compras. Le daré tu nuevo número de teléfono celular y las dos pueden hablar, por texto, y alborotarse y discutir todo lo que quieras a partir de ahora. Laura enderezó los papeles sobre su escritorio y se dispuso a ingresar los números que sobresalían de su cerebro. Colton era un multimillonario, pero también era un ranchero inteligente y todo lo que tocaba se convertía en oro. Así que ella no era su tipo y él pensó que ella tenía miedo de él, ¿verdad? Solo había una manera de demostrarle que él tenía fichas de vacas por cerebro simplemente para entretener tales pensamientos insanos. ―Está bien, tú ganas. Pero esta es la última carta que tienes para sacar del soborno. ¿Estás seguro de que esta fiesta es lo suficientemente importante como para usarla? ―preguntó ella. Andy sonrió. ―Oh, sí, es así de importante.

54


5 Traducido por Blinda Corregido SOS por *Celemg*

Tressa tenía canas aclaradas que llevaba retiradas en un moño en la nuca. El lápiz de labios rojo vivo había sangrado entre las arrugas alrededor de su boca, y tenía patas de gallo alrededor de sus hundidos ojos verdes. Pero demandó atención cuando cruzó los brazos sobre su amplio pecho y miró a Laura. ―No eres material de modelo, pero tienes mucho con lo que trabajar. Aprovecharé tus curvas como si fueras la siguiente Marilyn Monroe. Haré una cita con Jimmy para que venga al cuarto del hotel para arreglar tu cabello. ¿Tienes algún problema en cortar unos centímetros de modo que flote sobre tus hombros cuándo te lo arregle? ―Me arreglo mi propio cabello ―dijo Laura. ―No si vas a llevar una de mis creaciones. Roxie, querida, hay un nuevo envío de vaqueros ahí sobre ese estante ―habló Tressa mientras caminaba a través del cuarto. Laura recogió la etiqueta de precio sobre un pequeño vestido lindo de cuello vuelta azul. Seguramente había un error. Ningún vestido en el mundo valía la pena aquella cantidad de dinero. Miró a Maudie y sacudió la cabeza. ―No voy a pagar esto por un vestido. Vayámonos ―dijo ella. ―Colton me dijo que te equiparas y eso es lo que vamos a hacer ―susurró Maudie―. Colton pagará la cuenta. ―Aquí no, no lo haremos. Voy a esperar en la camioneta si tú y Roxie quieren comprar aquí. No me importa si tiene todo el dinero de Texas; no voy a pagar esos precios por algo que voy a usar una sola vez. ―Él y Andy dijeron que te trajera aquí ―dijo Maudie. ―Llévame a ese centro comercial que pasamos por Walmart. Vi una tienda de Ross allí. Me gusta ese lugar. ―Pero las cosas de Tressa son de otra clase. ―Deben serlo. ―Volveremos más tarde en la semana ―gritó Maudie―. Vamos, Roxie. Laura tiene dolor de cabeza y tenemos que ir a casa. Tressa saludó al salir de la tienda.

55


―Llámame para el hotel y número de habitación y voy a hacerte una cita con Jimmy. ―Realmente me gustaron ese par de jeans con todos esos adornos ostentosos en los bolsillos ―dijo Roxie. ―Es evidente que no comprobaste la etiqueta de precio ―dijo Laura. ―No entiendo cuál es el problema. Así que el material de Tressa es caro. Vas a un lugar lujoso, chica ―dijo Maudie―. Me he estado equipando desde que Colton está en ese comité de becas. Pero tengo que admitir que siento un feliz cosquilleo porque no tengo que ir éste año. ―No me importa si voy a cenar con la Reina de Inglaterra. No voy a pagar tanto por un vestido. Y tampoco enviará a un tipo llamado Jimmy a mi habitación del hotel para cortarme el pelo ―declaró Laura. La risa de Maudie pegó en el tablero, rebotó en el asiento trasero, y golpeó las cuatro ventanas de la cabina de la aporreada camioneta. Salió de la carretera en dirección norte hacia Walmart y siguió riéndose en el camino durante una milla. ―Supongo que no vas a dejar que Ling Chi venga a tu habitación a hacerte las uñas de los pies, y que te den un masaje de aceite caliente, tampoco. ¡No fue divertido! Ni es algo afortunado. Laura miró al frente de la puerta trasera de la vieja camioneta abollada en la parte superior y con puntos oxidados. Roxie suspiró. ―Estoy encantada de conseguir ir a Dallas. Lo más lejos que he estado en toda mi vida fue por Sherman y Bonham. ―Has pasado más de la línea de Durant, Oklahoma. ¡Te llevé hasta allí durante un día de la universidad la primavera pasada! ―Maudie miró por el retrovisor a la adolescente. ―No fuimos de compras ―dijo Roxie. ―¿Has visto el precio de los pantalones vaqueros? ―preguntó Laura. Roxie negó con la cabeza. ―Eran más de doscientos dólares. ―¡Mierda! ―Roxie se quedó sin aliento. ―¡Roxie! ―dijo Maudie. Roxie golpeó una mano sobre su boca. ―Lo siento. No sabía que costaran tanto. ¿Cuánto costaba el vestido? ―Dos mil ―respondió Laura. ―Tía Maudie, ¿realmente tienes cosas que vienen de allí?

56


―Tengo y fue dinero bien gastado. Colton se va a volver loco, déjame decirte. Él podría pretender que ella es su novia en pantalones vaqueros y vestidos de algodón en el rancho, pero en Dallas, va a querer una novia trofeo. Laura se volvió hasta donde el cinturón de seguridad se lo permitía. ―Dos mil dólares por un vestido con sólo un metro y medio de tela es ridículo. No soy ese tipo de mujer ―¿Y si tuvieras tanto dinero como Colton? ¿Gastarías tanto en un vestido de esa clase? ―preguntó Roxie. ―No lo haría. Pero no soy rica. Y nunca voy a ser rica. Y no me impresiona la gente rica o el dinero. Ahí está la tienda de Ross, Maudie. Ahí es donde quiero ir. Salió del camino de acceso y se estacionó frente a la tienda. Roxie sonrió. ―Me encanta ésta tienda. Mamá me llevó allí muchas veces. Y la tía Maudie me llevó cuando me fui a vivir al rancho, pero no puedo creer que tía Maudie te vaya a dejar comprar algo para la gran fiesta aquí. ―Cariño, me la llevaría a la tienda de Goodwill para acabar con éste asunto ―dijo Maudie. Laura se desabrochó el cinturón de seguridad. ―Puede que tenga que hacerlo si no puedo encontrar algo aquí. ¿Por qué es la fiesta tan importante de todos modos? ―Él es un gran contribuyente a un fondo de becas para los chicos que quieren ser ganaderos y ésta es la reunión anual y la cena formal. ¿Vas a tardar mucho tiempo ahí? ―dijo Maudie. ―No, señora. Una hora máximo y voy a tener lo que necesito ―respondió Laura. Roxie gimió. ―Ni siquiera podemos ver una estantería en una hora. Laura pasó un brazo alrededor de los hombros de la joven. ―Te voy a enseñar cómo hacer compras apresuradas y como puedo tener diez pares de pantalones vaqueros en ésta tienda y aun así no pagar lo que cuesta un par de los de Tressa. La tímida sonrisa de Roxie se hizo más grande. ―¿Realmente conseguirás diez pares hoy, tía Maudie? ―Tú puedes tener un par y una camisa de la cuenta del rancho porque Colton te lo prometió así, a menos que desees tomar el dinero de tu próximo cheque de pago del viernes. Voy a esa librería en la esquina allí mientras estén en la tienda. Volveré en una hora con la tarjeta de crédito del rancho para pagar por lo que compren. Si terminan antes de eso, me llaman a mi teléfono celular. Roxie hojeó un exhibidor de pantalones vaqueros en la parte delantera de la tienda.

57


―No tienen tanta cosa brillante en ellos como tenía el par de Tressa. ―¿Será que todo ese brillo te hace una persona mejor? ―preguntó Laura. ―No, pero harían que Rosalee Roche dejara de mirarme como si fuera basura ―dijo―. Oh, mira ese vestido. Lucirías muy bien en él. Están mostrando ese en todas las revistas para la primavera. Rosalee Roche. Dee Darnell. Dee había sido la espina en el costado de Laura durante sus años en el instituto. Tal vez el ser una perra tenía que ver con dobles iniciales. Laura enganchó un carrito y tiró por la borda el vestido de flores azul brillante. ―Se nos permiten ocho prendas a la vez en el vestuario. Elije tus ocho, mientras consigo las mías y luego las vamos a probar. Si nada sirve, empezaremos de nuevo. ―La tía Maudie dice que sólo puedo tener dos cosas, una camisa y un par de jeans. ―Eso no quiere decir que no te puedas probar un montón de cosas. La mujer tiene que ver cuál se ve mejor antes de elegir, ¿verdad?

Maudie escogió cuatro libros de romance, tres nuevos de misterio y un libro de cocina. Apenas había conseguido a travesar la cola de la caja y estaba ansiosa por hojear media hora el libro de cocina en uno de los cómodos sillones de la tienda cuando su teléfono sonó. Lo sacó de su bolso y miró la ID. Roxie podía mendigar hasta que el sol cayese del cielo; no recibiría más de un par de pantalones vaqueros y una camisa ese día. ―La respuesta es no, incluso antes de preguntar ―dijo Maudie. ―No, a que no vas a venir por nosotras o, ¿a que ni siquiera puedo tomar un helado de regreso a casa, ya que va a arruinar mi cena? ―No pueden haber terminado. ¿Es que realmente voy a tener que llevar a Laura a la tienda de Goodwill? A Colton le va a dar un ataque. ―Hemos terminado y no tienes que llevarnos a Goodwill, pero Laura dice que quiere ir por el invernadero que vio de camino aquí. Hay una tienda de Braum justo al lado donde puedo conseguir un cono de helado. Ella promete que no va a tomar demasiado tiempo, porque ya sabe lo que quiere. Estamos paradas al lado de la camioneta. Cuando Maudie salió al cálido día soleado, como era de esperar allí estaba Roxie con una blusa de color amarillo brillante, el rubio cabello recogido con una cinta, pantalones cortos de mezclilla y largos pendientes de aro colgando, pareciéndose más como una pequeña gitana inclinada sobre la defensa trasera de la camioneta. Y Laura a su lado con las botas gastadas, jeans ajustados, camiseta azul brillante y una camisa de trabajo de cambray atada alrededor de su cintura.

58


Ninguna de ellas tenía una sola bolsa en sus manos, lo que significaba que habían estado desperdiciando otra tarde esa semana. Laura tenía que estar lista para el fin de semana. No podía empezar a entender lo importante que era que ella se viera bien para Colton, y no había manera de que hubiera encontrado algo en esa tienda en ese periodo de tiempo. En el pasado, Maudie había visto a Roxie recorrer estantes de ropa durante dos horas y dando muchas vueltas a qué camisa se vería mejor con los pantalones vaqueros. En opinión de Maudie, nada iba con los pantalones vaqueros, así que no importaba cuál comprara la chica. Abrió la puerta de la camioneta desde el otro lado del estacionamiento con el mando a distancia. Roxie y Laura estaban dentro cuando ella tiró sus libros a través de la puerta de al lado del conductor. ―Así que, ¿no encontraron nada ahí dentro? ―Oh, sí lo hicimos ―dijo Roxie alegremente―. Mira. ―Ella hizo un gesto con la mano hacia las varias bolsas que descansaban junto a ella en el asiento trasero de la camioneta. ―Pero… ―Maudie miró a Laura. ―Oh, supongo que no has visto las bolsas. Las habíamos amontonado del otro lado ―dijo Roxie―. Cuando se desbloqueó el auto las metimos todas en el interior. ―Pero… ―comenzó Maudie de nuevo. ―Pero pago por mi propia ropa ―dijo Laura. Maudie miró en el retrovisor hacia Roxie. ―¿Y tú? Laura puso una mano en el hombro de Maudie. ―Yo le compré un par de jeans y una camiseta para la fiesta, y un nuevo par de pantalones cortos y una camisa para la escuela. Y ella me va a pagar. Maudie puso en marcha la camioneta. ―¿Cómo? ―Soy una mujer sobornada ―rió Roxie. El sonido fue música para los oídos de Laura. Ella le habría comprado el doble de eso sólo para ver a Roxie feliz y actuando como una adolescente descarada. Roxie continuó. ―He aceptado hacer las uñas de las manos y las uñas de los pies de Laura y planchar su ropa para el fin de semana en Dallas. Es mi segundo trabajo y no voy a dejar que interfiera con mi primer trabajo, el cual es hacer lo que tú me dices en el rancho. Voy a planchar sus vaqueros y trajes en la noche del jueves y estamos fuera de la escuela para el viernes, así que puedo hacer su mani-pedi por la tarde. ―Parece como que ustedes dos tienen todas las cosas controladas, así que, ¿estamos listas para ir al invernadero? —preguntó Maudie.

59


Laura puso su mano de nuevo en su regazo y le dijo en voz baja: ―Gracias.

Pisos de plantas verdes y flores de colores brillantes junto con los cubos de las plantas más grandes se alineaban junto a la puerta de atrás cuando Colton llegó de los campos esa noche. Se quitó las botas sucias, colgó su sombrero en un gancho, y atrapó la cola de algo que Roxie estaba diciendo. ―Deberías haber visto la cara de Maudie, Sally. Creo que no nos creyó hasta que llegamos a casa. ―Bueno, señorita Roxie, no puedo decir que la culpe. Laura, seguro que tienes ese asunto con ir de compras para hacerlo todo tan rápido. Debes de hacer un montón ―dijo Sally. ―Yo no. No me gusta ir de compras, así que tengo un sistema y funciona. Fue mucho más difícil salir de la tienda de jardinería. Era tres veces del tamaño de en la que solía trabajar y las plantas estaban todas tan hermosas. Colton se apoyó contra el armario. ―Así que Tressa te arreglo todo, ¿verdad? Maudie negó con la cabeza. ―Me temo que no. Laura dice que sus precios son demasiado altos. ―Pero ambas nos arreglamos y ella tiene un bonito vestido para la gran fiesta y ni siquiera parece como si viniera de una tienda barata ―dijo Roxie rápidamente. Colton bajo el mentón y puso los ojos en blanco hacia Maudie. ―¿Quieres explicarme? Laura dio un paso hacia él. ―Mírame a mí, no a ella. Estoy justo aquí. Puedo hablar por mí misma. Tengo todo lo que necesito por una décima parte del precio de lo que cobra Tressa, y para tu información, querido, lo he pagado con mi dinero. ―Y pagó por mis cosas también, y voy a trabajar para ella para pagar la deuda ―dijo Roxie. ―Te dije… ―Colton miró de ella a Maudie. Laura dio otro paso hacia adelante. ―Dije que me mires. Incluso si estamos saliendo no tienes que decirme qué hacer. Estoy lista para tu fiesta y Chester está dando los últimos toques a la cena. Después me

60


voy a plantar todas esas flores al patio. Puedes ayudarme o ir a jugar a tu gimnasio. No hay ninguna diferencia para mí. ―¿Te vuelves una perra cada vez que tienes hambre? ―preguntó Colton. ―Sí, lo hago, y si no te gusta, mantenme alimentada. ―El rancho pago por las flores ―dijo Maudie. ―Parece que ella no está detrás de tu dinero como está diciendo la gente ―dijo Sally en serio. Laura se dio la vuelta. ―¿Es eso lo que dicen? Sally inclinó la barbilla de arriba abajo. ―No importa quién eres, eso es lo que dice la gente, así que o les pruebas que están equivocados un poco más o si no vives con ello. Una sonrisa regresó a los labios de Laura en un mohín travieso. ―¿Cómo sabes lo que dice la gente, Sally? ―Tengo orejas, ¿no? Rusty llegó desde el vestíbulo y dramáticamente se limpió la frente con el dorso de la mano. ―¿Es ésta la primera pelea en el paraíso? ―Creo que podría ser, por lo que tendremos que hacer las paces más tarde, ¿no? ―Colton puso las manos en la cintura de Laura y la levantó como una bolsa de alimento para pollos. Cuando la volvió a colocar sobre sus pies a su derecha, dio un paso alrededor de ella y se dirigió a las escaleras―. Voy a asearme un poco para la cena. Sólo serán un par de minutos. No empiecen sin mí. Él nunca había querido besar a una mujer tanto en toda su vida. Sus ojos azules brillaban bajo la luz del sol que entra desde las ventanas de la cocina. Su barbilla respingona le desafió a decir una palabra más. Si luchando con ella se creaba ésta gran energía sexual, no podía imaginar lo que pasaría si alguna vez tenían relaciones sexuales. Sus manos temblaban cuando las llenó de agua para lavarse la cara. La presión detrás de la cremallera testificó que ella acababa de excitarlo de plano con su descaro. Se enderezó y miró en el espejo sobre el lavabo. Gotas de agua colgaban de sus cejas oscuras y Roxie tenía razón. Tenía una mirada soñadora en sus ojos.

Laura agarró la pala con ambas manos y la fijó en el suelo. Se hundió más fácil de lo que había esperado, ya que la forma del patio se veía como si no hubiera visto un buen labrado en años. Se volvió sobre la tierra, lo cortó con el borde afilado de la pala, y repitió

61


los movimientos hasta que hubo aflojado todo el suelo para una cama de flores de uno con dos por cuatro con ocho metros3. Dado el aspecto del lugar, una vez alguien había pensado en hacer un mini-laberinto en el patio con maderas de paisajismo que definían macizos de flores. Era francamente pecaminoso la manera en que se había descuidado. Incluso había escalones de piedra bajo la hierba entre las flores y los pequeños y hermosos bancos de hierro forjado colocados en lugares adecuados para observar la salida del sol. Un atardecer con una cortadora de césped Weed Eater descubriría las piedras y un buen lavado haría que los bancos brillaran. Colton desenterró el lecho de flores al lado de ella y lo terminó diez minutos más rápido que ella. Se apoyó en la pala y miró los otros ocho. ―Podríamos usar un arado de jardín. Creo que encajaría entre las maderas. ―Perezoso, ¿verdad? ―bromeó―. Excavar toma más tiempo, pero el arado podría estropear la madera si te acercas demasiado a ellas. Podemos tomar un respiro y plantar las flores en estos dos y luego trabajar en los próximos. ―Bueno, gracias, señora jefa ―dijo Colton. ―No seas malicioso conmigo. De todos modos, ¿cuándo fue la última obra en ésta zona? ―Compré el rancho hace dos años. Esto ha estado en situación de vida o muerte desde que lo poseo ―dijo. ―¿Cómo es eso? ―Puede vivir o puede morir. Todo depende de la lluvia y como de resistente salga lo que está en los lechos ―dijo. ―Eso es horrible. Esto podría ser un hermoso jardín en el otoño con sólo un poco de mantenimiento. Y la próxima primavera sería reinicializarlo y lo único que tendrías que hacer es regarlo. ―Anota las instrucciones. Puede ser el trabajo de Roxie si nos dejas. ¡Sí! ¿Sí? Sería mejor que aprendiera a pronunciar cuando. No había ningún sí allí. Ella había firmado para trabajar hasta que consiguiera pagar su deuda. Después iba a llevar su currículo a cada invernadero en Texas hasta que encontrara otro trabajo. ¡Tintineantes campanitas del infierno! No podía quedarse en el rancho, no con la atracción física que sentía por Colton. ―Podrías ser jardinera. Te contrataría para cuidar del jardín, si Andy consigue que el trabajo no necesite ningún ayudante más ―dijo.

De uno con dos por cuatro con ocho metros: Se refiere a un sistema de división en cuadrados para ubicación de las plantas en la creación de un jardín. Al traducir a metros se pierde un poco la estructura ya que habla de cuatro por dieciséis pies que son múltiplos y harían lados de cuadrados perfectos. 3

62


―Entonces Andy puede contratar uno. ―Usando de una pequeña pala, cavó un hoyo en la tierra suelta, golpeó una Lantana4 de un recipiente de plástico negro, y la plantó. Durante varios minutos, ni Laura, ni Colton dijeron una palabra. Pensó en su comentario sobre Andy contratando a un jardinero y recordó cuando le había dicho que iba a contratarla. Todo había sucedido cuando lo llamó después de que ella y Janet se habían ido a almorzar al restaurante. Recordaba cada palabra que se dijo aquel día en que se reunió con Janet. Había sido tan estúpida que había pensado que Janet le había llamado, por primera vez en años, para algo más que dinero. Había llegado a la pequeña cafetería temprano y pedido dos hamburguesas de tocino, aros de cebolla, y un par de vasos de té dulce. La camarera acababa de poner la comida en la mesa cuando Janet se sentó en el asiento frente a la ubicación de Laura. Su rostro estaba de color gris pálido y su cabello rubio colgaba en mechones sueltos. Tenía los ojos hundidos e inyectados en sangre. ―Estás en problemas otra vez. ¿Qué es ésta vez? ―Laura casi había llorado. Janet había tomado inmediatamente una postura defensiva. ―¿Por qué dices eso? ¿No puedo llamar y pedirte que nos encontremos para almorzar sin que pienses que estoy en problemas? ―No cuando te ves como el infierno. ―Bueno, tú tampoco te ves tan caliente. ¿Has ganado cinco kilos más? ―había dicho Janet con frialdad. ―Nunca voy a ser tan delgada como tú, pero estoy muy lejos de ser obesa ―espetó Laura―. Ahora, ¿qué está pasando? Janet había puesto la cabeza entre sus manos. ―Caí en una verdadera tormenta de mierda, hermana. Necesito ayuda y no sé dónde más ir. ―¿Cuánto? ―Laura no tenía ni quinientos dólares en su cuenta bancaria y se encontró con la esperanza de que Janet no tuviera necesidad de todo eso. ―Diez grandes y si no los tengo para mañana habrá un funeral. ―¡Diez mil dólares! Janet asintió enfáticamente. ―¡Mierda! ¿Cómo sucedió eso? ―He ganado un par de veces en las mesas de blackjack. ―Janet se encogió de hombros.

Lantana: Género de plantas de la familia Verbenaceae con más de 160 especies, en su mayoría americanas. 4

63


―No tengo esa cantidad de dinero. Mi camioneta no vale ni la mitad de eso y no tengo nada para empeñar por lo que me dieran tanto. Y me despidieron. No te lo dije porque no quería que te preocuparas y he tenido que usar lo que había ahorrado para mantenerme a flote. He estado echando impresos de solicitud, pero hasta ahora nada. ―Bueno, tu reputación es mejor que la mía. Será mejor que consigas algo a ésta hora mañana, o bien que tomes tú traje negro de la tintorería. Tienes mi número. Estoy viviendo en mi auto. Ni siquiera tengo cinco dólares para una hamburguesa. Voy a llevar esto conmigo. No te culparía si me arrojas a los lobos, pero te doy mi palabra, que si me sacas de ésta, ni siquiera voy a jugar al bingo de nuevo. Y eso es una promesa. Laura sacudió el recuerdo de su cabeza y miró al otro lado del lecho de flores a Colton. ―Háblame de como eras antes de volverte rico. —Era un peón en un rancho, abajo cerca de Ravena. Compraba un billete de lotería a la semana, cuando iba a la ciudad a ingresar mi paga en el banco. Sólo un dólar a la semana. No soy hombre de apuestas, pero pensé una cerveza cuesta más que eso y era divertido especular que haría si alguna vez ganaba. Y un día le pegué a la lotería. Gane un millón de dólares en la Lotería. La primera cosa que hice fue contratar a Andy Joe. La segunda fue comprar éste rancho. Un año más tarde había hecho algunas inversiones y tenía diez veces más que eso, así que compré los tres ranchos que me rodeaban. El año pasado funcionó su magia y me hizo multimillonario. ―¿Y ahora? ―preguntó. ―Sigo siendo el mismo viejo ranchero, sólo que ahora tengo dinero. Sigo trabajando con el tractor hasta que la goma de mascar y el alambrado ya no se puedan mantener juntos, y aprovecho cada centavo hasta que Abe se queja. Supongo que siempre seré ese chico pobre que creció en Bells y cuya abuela era la cocinera. ―Colton volvió a su tarea para conseguir preparar el suelo del próximo lecho de flores. Laura hundió su pequeña pala en el suelo otra vez y plantó otra planta de Lantana en el agujero. Él habló mientras trabajaba―. Mis padres me dejaron con la abuela una noche y se mataron en un accidente de auto de camino a la cena. Un conductor borracho al volante de un semirremolque. Dijeron que la muerte fue instantánea y que no sufrieron. La abuela terminó criándome. Tenía diez años ese verano. Me hizo cortar el césped una vez a la semana para un pago. —Él se rió entre dientes—. Me gusta que estés haciendo que Roxie trabaje para que pague lo que gastaste en ropa el día de hoy. Ella lo apreciará más. ―Es bueno recibir un pago por tus esfuerzos, y Roxie está saliendo de su caparazón un poco ―dijo Laura. ―Me di cuenta y es genial ―dijo. Ella nunca había conseguido remuneración por todo el trabajo que hizo en el rancho de la tía Dotty. Venía con el territorio. Dotty le entregó quinientos dólares la mañana que se fue y dijo que era para ayudarla a empezar. Janet le había conseguido el trabajo en el invernadero y se había mudado del apartamento garaje a uno más grande con su novio

64


del mes. Así que se había mudado al viejo lugar de Janet y caminado a su trabajo hasta que pudo ahorrar el suficiente dinero para comprar una camioneta de segunda mano. Terminó de cavar dos lechos de flores más, mientras que ella plantó las dos primeras. Luego se inclinó sobre la pala y le preguntó: ―¿Vas a regar esas? ―Por supuesto ―respondió ella. ―Voy a buscar un par de mangueras. Si te ayudo, todavía podemos tener tiempo para darnos un baño. No creo que tengamos que hacer ejercicio en el gimnasio después de esto ―dijo. Deslizó dos mangueras verdes fuera a través del patio de la parte trasera de la casa. Él le dio una a ella y comenzó a regar uno de los largos lechos de flores. Puso el accesorio en pulverizador para "rociar" y comenzó a empapar el lecho de flores más cercano a ella. En un mes las flores se extenderían. Para el final del verano habría un impresionante jardín para pasearse temprano por la mañana o a última hora de la tarde. Casi podía imaginar cómo sería todo y sentir las frías piedras cubiertas del rocío de la mañana debajo de sus pies descalzos. Cerró los ojos para obtener una imagen más clara del jardín en plena floración y luego ¡boom! El agua fría la golpeó a la altura de los hombros. Se dio la vuelta y el agua le llegó a la altura del cuello. Ella instintivamente giró la manguera para tirarla directo de vuelta hacia Colton, pero el ajuste del rociador no llegaría tan lejos. Sin embargo, el chorro se iba rápidamente reajustando y la poderosa explosión no tuvo problemas para llegar a su pecho. ―¡Ay! Enciéndelo para rociar. No estás jugando limpio ―gritó él. ―Limpio. Te voy a mostrar lo que es limpio. ―Pasó el dial a rocío y corrió hacia los nogales más próximos por cobertura―. Puedo vencer tu lamentable viejo culo en cualquier posición. Soy una campeona en la guerra de mangueras de jardín. Él se quitó de los setos, hacia el otro extremo del patio. ―Soy un campeón aún mayor. Colton defendió el extremo sur del patio y Laura protegía el extremo norte. Usando dos grandes nogales para esconderse detrás y un par de plantas de tejo como cobertura, ella se abrió paso centímetro a centímetro hacia su fortaleza, el gran seto contra la esquina sur de la casa. Cuando él se asomó ella lo golpeó en la cintura y rápidamente empapó sus pantalones hasta llegar a sus botas. Pero la victoria fue costosa porque él la persiguió mientras se dirigía de regreso a su fuerte en el nogal y no quedó ningún punto seco en ella cuando él se quedó sin manguera. Ella no podía recordar la última vez que había jugado o reído tan fuerte. Jimmy el peluquero fantástico estaría horrorizado con su pelo rubio colgando en mechones húmedos. Si su camisa hubiera sido blanca habría parecido que estaba compitiendo en un concurso de camisetas mojadas. Miró hacia abajo para asegurarse de que el agua no la había hecho transparente de todos modos y tuvo una explosión a nivel de la rodilla que

65


casi la dejó caer en el acto. Sus pies hacían ruidos de chapoteo dentro de sus botas cuando se volvió a refugiar detrás de su fiel y viejo nogal. Ella respiró hondo y se asomó por el lado del árbol. Él se había ido. Tiempo para la estrategia, correr como una gacela, golpearle con fuerza en la cara, y volver al árbol antes de que pudiera sacar el agua de sus ojos. Dos grandes zancadas en su carrera él apareció desde detrás de un arbusto. Ella trató de frenar, pero sus botas estaban resbaladizas y el suelo húmedo de la última embestida. Ella y Colton se encontraron de frente en el medio del patio como una gacela y un toro Angus y lo último que vio fueron dos mangueras bailando alrededor de la hierba como serpientes escupiendo veneno mientras caían hacia adelante sobre el descuidado patio mojado. Cuando abrió los ojos, estaba tumbada en la parte superior de Colton. Sus brazos la sujetaron fuertemente y sus pechos húmedos se apretaron contra su duro pecho. Sus ojos verdes se habían vuelto del todo soñadores y suaves. Una mano salió de su cintura y sus dedos se torcieron avanzando hacia su pelo mojado. Apenas tuvo tiempo para humedecer los labios ya húmedos cuando él atrajo su boca hacia la suya. Ella esperaba que le mostrara que los fingidos primeros besos fueron una casualidad, pero no funcionó de la manera que Laura pensaba que sería. Ella no quería apartarse. Quería que el beso siguiera y siguiera. Su lengua encontró la de ella en un baile de apareamiento que no dejó ninguna duda sobre si estaban en algún lugar que no fuera el patio trasero, esto podría llevar a algo más caliente que las azules llamas del infierno. Roxie se volvió rápidamente al suministro de agua. ―Las personas mayores no tienen que hacer eso delante de los niños. ―Laura se apartó de Colton pero éste la mantuvo contra sí, con un brazo alrededor de ella. Lo más loco es que se sentía bien para Laura estar allí—. Ustedes están todavía sobreactuando, ¿no es así? ―susurró Roxie, sus ojos lanzándose alrededor para ver si alguien estaba mirando. ―Ella cayó encima de mí ―dijo Colton. ―Me pareció como que les ha gustado demasiado ―dijo Roxie. ―¿Dónde está esa niña tímida que solía vivir en tu cuerpo? ―preguntó Colton. ―Le permito salir a veces. ―Roxie se rió y volvió a entrar en la casa. ―¡Adolescentes! El mejor control de la natalidad en el planeta ―dijo Colton. ―Tus besos deben ser potentemente todopoderosos para embarazar a una mujer ―dijo Laura. ―No es el beso, cariño. Es a lo que conducen. ―¿Quién ganó? ―gritó Rusty desde el lateral de la casa. ―Yo ―gritó Colton. ―No lo hizo. Conseguí mojarlo más que él a mí ―dijo Laura.

66


―Bueno, el ganador puede venir al granero y ayudarme a tirar de un ternero. Ese maldito toro tuyo que cruzaste con tu novilla premiada está lanzando un gran becerro y la mamá necesita un poco de ayuda. Laura se movió fuera del abrazo de Colton. ―Dame dos minutos para ponerme ropa seca. ―A mí también ―dijo Colton. ―Yo gané, así que conseguiré traer el bebé al mundo ―argumentó de camino hacia el porche. ―Yo gané y es mi bebé. ―Dejen de reñir ―Rió Rusty―. Son peor que niños de dos años. Me recuerdan a tu mamá y a tu papá. ¿Recuerdas cómo siempre estaban comportándose como adolescentes? Colton asintió. ―Oh, sí, lo recuerdo bien. Nos encontraremos en el granero en diez minutos y ya veremos quién va a reclamar al nuevo bebé.

67


6 Traducido por marijf22 Corregido por SOS *Celemg*

Laura frotó las orejas aterciopeladas de la novilla y le habló en voz baja. ―Vamos, cariño. Tú puedes hacerlo. El primero siempre es el más difícil. Después de esto podrás decirles a todas las demás novillas sobre esa pequeña hija dulce que tienes. Infiernos, dulzura, ella incluso podría ganar la cinta azul en la feria estatal. ―Va a ser un toro de primera, no una ternera, y no hago entrar a mis terneros en la feria ―dijo Colton. ―Ya no. Lo hizo cuando era un niño. Maudie siempre le permitía comprar un ternero y mostrarlo ―dijo Rusty. ―Cambia de lugar conmigo. Mis manos son más pequeñas. Puedo entrar ahí mejor que tú ―dijo Laura. Colton se hizo a un lado, pero ella podía sentir sus ojos observando cada movimiento. Laura caminó sobre sus rodillas de nuevo al extremo de la novilla. Se quitó su camisa de trabajo de cambray y engrasó su mano y brazo con vaselina. Sin ni siquiera el más leve estremecimiento, metió la mano en el útero de la vaca y agarró una pierna. Trabajó sus dedos alrededor hasta que encontró la otra pierna y tiró con fuerza, con la siguiente contracción. ―Se movió un par de centímetros. Vamos, mamá; tú empuja y yo tiro ―dijo ella. La próxima contracción ocurrió y Laura puso todo su peso y energía detrás del tirón. Varios minutos y tres contracciones después pudo ver emerger dos cascos. Mientras ella seguía hablando con la novilla, la novilla trabajaba con ella, pero cuando se detenía, la criatura hacía rodar los ojos y Colton tenía problemas para mantenerla tumbada en el suelo. ―Sigue hablando ―dijo él. ―Habla tú. Estoy haciendo fuerza ―contestó Laura. ―Yo no le agrado ―dijo Colton. ―A mí tampoco me gustarías si me hubieras hecho engendrar con un toro que era demasiado condenadamente grande. Rusty se apoyó en la puerta del establo y se rió entre dientes.

68


―Veo la nariz. Puja, pequeña, puja. Consigues sacar la cabeza y… Antes de que pudiera parpadear un becerro bebé estaba acostado en su regazo y Colton estaba en todas partes a la vez. Limpiando su nariz y boca con una toalla, gritándole que respirara mientras Rusty se hacía cargo de la placenta. La novilla se puso de pie y empezó a lamer el pequeño peludo. Debió haber estado esperando el toque de su mamá, porque después de la segunda lamida al otro lado de su cara, él respiró y dejó escapar un bramido. ―Felicitaciones a los dos. Son los orgullosos padres de un nuevo toro becerro ―dijo Rusty―. Lo hiciste bien, Laura. Ella miró su camisa y pantalones vaqueros sucios. ¿Realmente habían pasado sólo dos horas desde que estuvo despatarrada sobre Colton en el patio trasero? Bueno, definitivamente la había visto en su peor momento. Cada vez que cerraba los ojos, él se estremecía al recordar cómo se veía en ese momento. Incluso podría gustarle mucho más la chica cerebrito de las gafas que el aspecto que tenía en aquel momento. Ella debería ir a la casa y limpiarse, pero no podía obligarse a sí misma a alejarse de ese bebé ternero. Él era tan malditamente adorable al mirar a su mamá con esos grandes ojos oscuros. ―Por favor, dime que no va a ser un ternero alimentador. Dime que lo mantendrás en pie para la cría. Rusty se rió entre dientes. ―Él eligió esa novilla porque proviene de la mejor camada en ésta parte del estado. Ha estado sentado en ascuas sólo esperando que éste becerro fuera un toro. No hay manera de que el nuevo bebé vaya a convertirse en hamburguesa.

El ternero negro se puso de pie sobre sus piernas temblorosas y olfateó la ubre de su mamá. Iba a ser un toro de primera con seguridad. Uno que Colton podría utilizar para hacer un montón de dinero para la reproducción. Y Laura era absolutamente fantástica. Su pelo se había escapado de la cola de caballo y algunas hebras se le pegaban a su rostro sudoroso y no tenía una gota de maquillaje. Quería recogerla, llevarla a la casa, desnudarla lentamente, y luego darle un baño caliente con sus manos desnudas. ―Requirió de ambos traerlo a éste mundo. ¿Quién será el que consiga nombrarlo? ―preguntó Rusty. ―Él va a ser hamburguesa ―dijo Colton. ―¡No! ―Laura bajó de un salto y se inclinó hasta Colton. —Oh, sí que lo será. ―Pero él es un becerro de toro, y querías que fuera un toro criador. ¿Qué pasa contigo? No lo puedes enviar al matadero. Su mamá trabajó muy duro para traerlo al

69


mundo y es tu culpa que pasara un momento tan difícil. No puede ser el filete en la mesa de la cena de alguien, Colton. Simplemente no puede. Luchó contra las lágrimas, pero finalmente una solitaria simplemente escapó y corrió por su mejilla. Colton la limpió con la punta de su dedo sucio, dejando una mancha. —Shhhh, no llores. Sólo estaba tratando de comenzar una pelea por diversión. Su nombre es Hamburguesa. Había planeado ponerle ese nombre durante todo éste tiempo si era un toro. Su papá es Chuletón. Laura le dio una palmada en el brazo. ―Eso no fue divertido. Rusty se echó a reír. ―Lo fue un poco. Laura se dio la vuelta y señaló hacia él. ―Tú, cállate. Sabías lo que él estaba diciendo, porque hablaron sobre ello. Lo habría comprado para mí antes de permitir que fuera a la venta de terneros éste otoño. Rusty asintió. ―Supongo que lo hice. Pero, ¿qué ibas a hacer con un ternero en un apartamento? ―Algo se me hubiera ocurrido. Mira esos dulces ojitos. ―Tú no eres vegetariana, ¿verdad? ―preguntó Colton. ―Me viste comer ese filete y costilla en la cena, ¿no es así? ―respondió ella. ―Podrías estar haciendo eso para ocultarme tu verdadero ser. Como Blake Shelton, cuando canta en esa canción preguntando acerca de quién eres tú cuando yo no estoy mirando. ―Cariño, soy lo que ves. No me voy a echar aires de grandeza o cambiar lo que soy para nadie, ni siquiera para un rico vaquero ―dijo. ―Oye, eso es un golpe bajo ―replicó Colton. ―Ustedes pueden quedarse aquí y discutir hasta la luz del día. Yo voy a dar por terminada la noche. ―Rusty desapareció en la oscuridad. Su silbido se volvió cada vez más débil hasta que el ruido de un par de gatos en desacuerdo sobre el territorio lo ahogó por completo. ―Necesito un baño ―dijo Laura. ―¿Quieres que te lave la espalda? ―preguntó Colton.

70


El corazón de Laura se detuvo, y luego despegó como un murciélago salido del infierno, golpeando con tanta fuerza que hizo que le doliera el pecho. ¿Quería que le lavara su espalda? Diablos, sí, quería. Deseaba más que eso, pero eso no sucedería porque si lo hiciera, simplemente sabría en lo profundo de su alma que dejaría su corazón detrás cuando terminara su trabajo en el rancho. Y no se necesitaba ser un genio para saber que un cuerpo no sobrevive mucho tiempo sin un corazón. ―Puedo arreglármelas ―dijo. En un par de zancadas, Colton estuvo a su lado. Envolvió su mano grande alrededor de la de ella. Se preguntó cómo podía incluso tocar su mano con todo el pegote en la misma. Lo había limpiado lo mejor que podía con una vieja toalla después del nacimiento del becerro, pero no estaba limpia en absoluto. ―Gracias ―dijo él en voz baja cuando alcanzaron la parte inferior de las escaleras que conducían a su apartamento. ―¿Por qué? ―Por ayudar con el becerro y hacer tu parte en esto tan bien que se vio real. ―De nada. Por una fracción de segundo, pensó que él podría darle un beso, pero entonces, él dio un paso hacia atrás y se dio cuenta de que no había nadie alrededor, así que no tenía que seguir manteniendo la artimaña. Cuando él dejó caer su mano, sintió como si algo faltara; algo vital y vivificante. Seguramente a Dios, ella no se estaba enamorando de Colton Nelson. Todo era sólo una actuación y no tenía nada que ver con el amor, la confianza y el compromiso. Ella había encendido la luz en su apartamento y estaba camino a abrir el agua del baño cuando sonó su teléfono móvil. Sacó el teléfono del bolsillo y miró el identificador de llamadas, chilló cuando vio el nombre de su hermana aparecer, y casi dejó caer el teléfono en su prisa por contestar. ―¡Hola! ¿Cómo estás? ¿Has hablado con Andy? Hazte a un lado, Daisy. ¿Cómo entraste en mi apartamento de todos modos? ―¿Y quién es Daisy? ¿Estás metida en algo perverso como un trío? ―Las palabras de Janet salieron en un chillido agudo. ―¿Estás loca? ―dijo Laura―. Daisy es la gata del rancho y yo no sé cómo se metió en el apartamento a menos que ella se colara cuando abrí la puerta. Y sabes muy bien que no soy ese tipo de mujer, Janet. Por el amor de Dios, no empieces una discusión al primer síntoma de abstinencia. No he hablado contigo en lo que parece un siglo a pesar de que sólo ha sido desde el primer día del mes y he estado muy preocupada por ti. Todo lo que puedo sonsacarle a Andy es que estás muy bien y yendo a las reuniones, pero yo sé que… Janet le gritó en el teléfono: ―¡Vaya! Recupera el aliento. ―Luego bajó la voz y dijo―: Estoy bien. Ni siquiera he estado en un casino desde que te llevé al aeropuerto. Creo que voy a conseguir pasar a

71


través de la adicción ésta vez. Apostadores Anónimos es genial. Y estaba bromeando con respecto a las perversiones. Nunca puedes hacer que una broma valga la pena, hermana. Laura suspiró. ―Como dije, Daisy es una gata. Me alegro de que permanezcas fuera de problemas. Pero tenía miedo que sólo estuvieras tirando una venda sobre los ojos de Andy Joe. Dime la verdad absoluta, Janet. ―Promesa de meñique. Ningún casino desde que te fuiste. La última vez me asusté como la mierda. Me di cuenta de que soy una adicta ―dijo Janet―. Ahora, cuéntame sobre éste ranchero de mil millones de dólares con el que te has enganchado. No vas a creer cómo me enteré de que ya tienes un novio. ―¿Cómo? ―susurró Laura. ―Una de mis clientes, Lacy Ann Walker, tiene una abuela que vive en Bonham. La abuela tiene una hermana que vive en Ambrose y asiste a la iglesia con tu novio y su familia. Lacy dijo que trató de hacer un movimiento hacia tu vaquero hace un año cuando estuvo allí de visita, pero no llegó a ninguna parte. ¿Cómo diablos hizo una…? ―¿Una qué? ―preguntó Laura. ―¿Una mojigata como tú para recibir su atención? ―Y yo que pensaba que no íbamos a pelear. ―Laura suspiró de nuevo. ―No es posible con nosotras, pero eso no quiere decir que no ame a mi hermana mojigata. ―Janet se rió. ―Deberías. Ella va a estar trabajando el doble de duro por meses para pagar tu estúpida deuda. ―Pero te prometo, incluso con la promesa del dedo meñique, que es la última vez así que eso debería contar para algo ―dijo Janet. ―Lo creeré cuando lo vea ―dijo Laura―. Prométeme que realmente estás yendo a las reuniones y que no estás yendo a jugar. La línea quedó en silencio por varios segundos antes de que Janet hablara. ―Lo prometo. Y lo siento, Laura. Lo digo en serio. ―Varios segundos transcurrieron antes de que Janet volviera a hablar―. Vi su foto en el sitio web del rancho. Él no es feo. ¿Qué pasa con él? ―Se cansó de las mujeres que lo perseguían por su dinero. A mí me importa un bledo si tiene dinero o no. La risa de Janet fue frágil. ―Bueno, eso es sin duda la verdad del evangelio. Nunca tuviste ningún sentido cuando se trataba de hombres. Siempre te enamorabas de los desvalidos. ¿Ésta relación va a ponerse seria? Laura tuvo que pensar rápidamente. Había prometido que no iba a decirle a nadie que el asunto con Colton era sólo un ardid y eso incluía a Janet.

72


―¿Y bien? ―dijo Janet con impaciencia. ―Diablos, no sé a dónde va. Lo estoy tomando muy despacio ―contestó Laura. ―No te pongas perra ahora. No te conviene. Eres la hermana que generalmente cita la Escritura de autoayuda. Yo soy la hermana mala ―dijo Janet. ―Janet, no eres una mala hermana, pero tienes que superar ésta adicción. Lo digo en serio, así que espero que me estés diciendo la verdad. ―Lo hago. Te he mentido en el pasado, pero ésta vez es diferente. Llamaré a menudo ahora que me he ganado el derecho. Ese Andy tiene un complejo de Dios y puedes decirle que dije eso. Buenas noches, pequeña hermana. ―Buenas noches, Janet. Laura puso el teléfono en la mesilla de noche y se dirigió directamente a la ducha. Daisy la siguió, vagando alrededor de sus piernas y ronroneando como si estuviera contando una historia. El teléfono volvió a sonar. Laura tropezó con el gato y respondió sin comprobar la identificación en ese momento. ―Andy dijo que próximamente habrá una fiesta en el rancho y está haciendo los arreglos para que vuele desde Amarillo a Dallas. Tendrá un coche de alquiler esperando en el aeropuerto. ¿Qué debo llevar? Le dije que tengo el lunes libre. ¿Podría quedarme tanto tiempo? ¿Puedo ir el viernes por la noche después de que salga del trabajo? Te prometo que voy a hacer la reunión de AA5 durante mi hora del mediodía ese día ―preguntó Janet. ―Estoy segura de que no le importará. Sólo tienes que hablar con él y decirle lo que quieres hacer. Él está haciendo los arreglos. No yo. ―¿Formal? ―preguntó Janet. ―Danza de granero. Pantalones vaqueros, camisa elegante, y botas. Tienes todo eso. ―No tengo buenos recuerdos de algún rancho ―dijo Janet. ―A mí me encantaba ―le dijo Laura. ―Te encantaban los animales y las cosas que crecían. Tú no amabas la vida allí ―dijo Janet. ―No fue tan malo. ―Fue un campamento militar sin paga y la tía Dotty era el general de la división ―dijo Janet. ―Desecha los malos recuerdos y aférrate a los buenos. Estábamos juntas y teníamos nuestro propio gato. Si ella hubiera permitido que ellos nos pusieran en el sistema podría haber sido mucho peor. ―Laura se echó a reír. ―Pero el gato se quedó en el rancho cuando nos fuimos.

5

AA: Apostadores anónimos.

73


―No lo podíamos llevar al apartamento de todos modos, y además, él habría muerto si lo hubiéramos encerrado. Le gustaba vagabundear libremente en los graneros y capturar ratas y ratones ―dijo Laura. ―Como demonios es que puedes ser tan positiva siempre me ha sorprendido. Tengo que ir a limpiar la tienda y prepararla para mañana. Nos vemos pronto. Laura tiró el teléfono en la cama y se dirigió al baño una vez más, pero Daisy optó por quedarse acurrucada en su cama. ―Señor, por favor, deja que ella me esté diciendo la verdad acerca de que no ha ido a los juegos de azar ―oró Laura. No era la primera vez que pronunciaba esa oración y probablemente no será la última.

Laura sabía que él no estaba allí cuando entró en el comedor. No hubo mariposas revoloteando en su estómago; sus manos no se pusieron pegajosas y su corazón no se saltó un latido. Roxie levantó la vista del extremo de la mesa y dijo: —Buenos días. Rusty y Colton acaban de irse. Todos están determinados en comprar un tractor allá en Sherman. Estaba decepcionada. Se había tomado el trabajo extra con el maquillaje y su cabello esa mañana y se había vestido con una falda de gasa suelta y una blusa sin mangas. —Ah, y Andy dijo que tenía que ir a la ciudad y hablar con algunas personas de impuestos ésta mañana para que fueras libre de hacer lo que quisieras en el rancho. Entonces, ¿qué va a ser? ―preguntó Roxie. ―Voy a cambiarme de ropa y trabajar en los jardines de flores ―respondió ella. ―Realmente te gusta hacer eso, ¿verdad? Laura asintió. ―Me gusta hacerlo, sí. ―¿Hacer qué? ―Maudie se unió a ellas. ―A ella le gusta jugar en la tierra ―dijo Roxie. ―Tengo que hacer un viaje a Sherman hoy. ¿Quieres ir conmigo y comprar algunas flores más? No conseguiste ni la cuarta parte de lo que va a requerir hacer que el patio trasero esté presentable. ―Maudie fue hacia el bufé. Laura la siguió. ―No, pero si te doy una lista, ¿podrías traer de vuelta lo que quiero? Sólo tendrías que dársela a la señora en el invernadero y ella se encargará de cargarlas en la camioneta para ti.

74


―Por supuesto. Voy a dejar la lista de camino a la peluquería y a recogerlo cuando haya terminado ―dijo Maudie. Laura puso su plato en la mesa y se sentó. Esa primera noche en la mesa de la cena había roto el hielo y muy pronto se había encontrado a sí misma comiendo más y más comidas en la casa grande. Roxie le retiró el plato y dijo: ―La tía Maudie se hace peinar los martes de cada semana. A las diez de la mañana. Necesita cambiar su horario. Alguien va a secuestrarla y retenerla para pedir un rescate. Ella es tan previsible que ni siquiera será un trabajo difícil. ―Tú has estado viendo demasiada televisión criminal. Vivimos en Ambrose, no en Chicago. ―Maudie cortó dos huevos fritos y habló entre bocado y bocado―. Me pregunto si con un viaje se obtendrán suficientes flores para el jardín. Éste año, el dueño del invernadero va a hacerse rico debido a nosotros. ―¿Me estás diciendo que estoy gastando demasiado? ―preguntó Laura. ―Si pensara que estás gastando en forma excesiva, te lo diría directamente. No me voy por las ramas cuando tengo algo que decir, señorita, pero, ¿quién va a hacer el mantenimiento una vez que te hayas ido? ―Yo lo haré ―dijo Roxie―. Prefiero quitar las malas hierbas y regar las flores bonitas a olfatear el polvo del heno y arar los pastos. Maudie echó un vistazo a Roxie, al otro lado de la mesa. ―Te voy a hacer cumplirlo, chica. ―Sí, señora. Me tengo que ir. El autobús escolar pasa por aquí en cinco. Maudie desvió la mirada hacia Laura. ―Voy a estar saliendo a las nueve. Prepara tu lista. Me alegro de haber tenido un minuto para nosotras solas. Quiero una respuesta honesta a una pregunta honesta. ¿Estás dispuesta a darme una? ―Sí, señora, si soy capaz, lo haré. ―No te estás aprovechando de ésta situación para terminar estafando a mi nieto, ¿verdad? Parece que todo esto va demasiado bien para que sea correcto. Sólo quiero saber que no planeaste algo como esto antes de que siquiera hubieras llegado. Andy habría hablado de Colton y eso habría sido fácil de hacer ―dijo Maudie. ―No, señora. No hay estafa alguna ―respondió Laura. ―Está bien, te creo y espero que no me estés mintiendo. Laura recordó su última conversación con Janet cuando ella había deseado lo mismo. Ella nunca, nunca se aprovecharía del trabajo de Andy y del respeto que la familia sentía por él estafando a Colton. Pero si la situación fuera al revés podría haber pensado lo mismo.

75


―Créeme, no estoy mintiendo. El dinero no me impresiona. Me gusta la seguridad que compra pero no soy esa clase de mujer. Sólo estoy aquí por el trabajo, pero me alegro de que todos me estén permitiendo jugar en la tierra, como Roxie lo llama. Me encanta la jardinería. ―Gracias a ti ―dijo Maudie. La mañana transcurrió con rapidez. Volcó la tierra sobre el resto de los canteros. Maudie regresó poco antes de la cena con una camioneta llena de plantas perennes, anuales, tres macetas que contenían árboles de arrayanes de metro veinte, y varias bolsas con mantillo. Se detuvo el tiempo suficiente para un maravilloso plato de sopa de papa de Chester y dos de sus grandes y esponjosos panecillos de levadura y se fue de vuelta al patio. A las cuatro, ella oyó el autobús pasar por el patio delantero y cinco minutos más tarde, Roxie se paraba frente a ella. Las lágrimas corrían por sus mejillas bonitas como pequeños ríos y goteaban desde su delicada barbilla sobre su nueva camisa que Laura había comprado el día anterior. ―¿Qué pasa?, ¿qué sucedió? ―susurró Laura. Todo su cuerpo se puso frío como una piedra y su primer pensamiento fue que Colton estaba muerto. Que se había matado en el camino a casa con ese nuevo maldito tractor y que ella nunca sabría cómo podrían haber sido las cosas entre ellos. El destino era realmente una perra por darle una pequeña muestra de la vida del rancho y poner a Colton en su vida, sólo para arrebatárselo nuevamente. Roxie se sentó y apoyó la cabeza en el hombro de Laura. Sus sollozos rompieron el corazón de Laura y ella lloró con la niña. Roxie había conocido a Colton toda su vida, por lo que el dolor tenía que ser más profundo para ella, pero Laura lo había besado, había sentido lo que sea que hubiera entre ellos cuando él simplemente le tomó la mano. ―Que Rosalee se ha ido y alejado a Dillon de mí ―dijo Roxie y estalló en más lágrimas. ―¿Qué pasó y por qué crees eso? ―preguntó Laura. ―Ella utilizó su brujería para robar a Dillon y alejarlo de mí, espero que ella se muera. ―Roxie arrastró la última palabra en un gemido largo sollozante. ―¿Esto no se trata de Colton? ―preguntó Laura con cautela. ―No, ¿sucede algo malo con Colton? ―preguntó ella. ―No que yo sepa. Es sólo que pensé que podría ser por la forma en que estabas llorando. ―Estoy enojada con Rosalee. Ella es cruel y odiosa e hizo que Dillon y yo peleáramos y ahora lo va a robar ésta noche. Ella lo ha deseado desde que se mudó aquí desde Louisiana y él es algo más que mi novio. Él es mi mejor amigo en el mundo. Él es probablemente mi único amigo de verdad. Laura le dio a Roxie unas palmaditas en la espalda.

76


―Recóbrate y deja de llorar. Ella no vale tus lágrimas. Ahora dime lo que pasó, y yo soy tu amiga de verdad, Roxie, y no lo olvides nunca. Y también lo es tu tía Maudie. ―Fue en la clase de Vida Familiar. Estábamos tomando ese examen de personalidad que el maestro entregó. Y cuando terminamos ella nos dijo qué es en lo que encajaríamos más para hacer durante toda nuestra vida. Era sólo una prueba estúpida. —Roxie se pasó el dorso de la mano por la mejilla. ―¿Y? ―preguntó Laura. —Dillon y Rosalee serían mejores en algo relacionado con el campo de la agricultura. Y yo sería buena en moda o diseño de interiores. Ella hizo trampas. Sé que lo hizo. Ella miró por encima de su hombro y llenó las mismas respuestas así él se fijaría en ella. Laura le dio una palmada en la rodilla. ―Tienes razón. Era sólo una prueba. Deja de preocuparte. Dillon no va a romper contigo. Otra explosión de lágrimas inundó el rostro de Roxie. ―Pero Rosalee se portó mal y dijo que yo sería una esposa horrible para un ranchero. Ella vive en un complejo de apartamentos en la ciudad. Yo vivo en un rancho. Así que tal vez me gusta la ropa y tal vez me gusta bastante mi habitación. Eso no quiere decir que no sepa nada sobre llevar un rancho. Apuesto a que si ella hubiera sido honesta habría dicho que era una bruja cajún. Le dije a Dillon eso y él se puso de parte de ella y me dijo que estaba siendo malvada. Tomó un montón de palmaditas y de garantías antes de que Laura calmara a Roxie. ―Ella es una bruja, porque ella puso… ―Roxie se detuvo a media frase, abrió la cremallera de su mochila y sacó una muñeca de trapo con el pelo de hilo amarillo y ojos azules en color con un rotulador. Estaba vestida con pantalones vaqueros cortos y una camiseta sin mangas y justo donde estaría el corazón de una persona real, había un alfiler pinchado en todo el camino hasta la redonda cabeza roja de alfiler. Se veía como una sola gota de sangre. Había una soga hecha de hilo rojo alrededor de su cuello y sus piernas y brazos estaban atados juntos con más del mismo hilo. ―Lo encontré en mi casillero, al final del día ―susurró Roxie―. Creo que se supone que soy yo y que ella ha puesto una maldición sobre mí. ―Es demasiado crudo para una bruja de verdad, pero es un muñeco de vudú y ella está tratando de asustarte. Tíralo a la basura; no significa nada a menos que permitas que te afecte ―dijo Laura con los dientes apretados. ―Y esto. ―Roxie sacó una pequeña bolsa de tela atada en la parte superior con otra longitud de hilo rojo. Ella lo tiró al suelo—. Eso es un mechón de mi cabello y una de mis pulseras que pensé que había perdido. Laura reconoció la maldición de inmediato.

77


―Vamos a poner una maldición en eso ―dijo ella. ―¿Sabes de estas cosas? ―Trabajé con una mujer que era cajún. He visto ese tipo de cosas antes y sé cómo alejar la maldición. Roxie detuvo su llanto por completo. ―¿Puedo observar? Laura abrazó a Roxie más cerca de su lado. ―Dame la muñeca y la bolsa. Me encargaré de eso mientras tú haces tarea. Para ser eficaz, voy a tener que encargarme de ello en la oscuridad y con discreción. Pero créeme, sé cómo solucionar lo de ésta muñeca vudú. Roxie le entregó la muñeca y la bolsa. ―Lo prometes. ―¡Oh, sí! Confía en mí, cariño. El poder de Rosalee Roche es nada comparado con el mío.

78


7 Traducido por marijf22 Corregido SOS por *Celemg*

―¿

Qué diablos estás haciendo? ―susurró Colton.

Ella lo miró y se preguntó si ese profundo acento salía cuando él murmuraba en su sueño. Indudablemente lo hacía cuando hablaba y cuando susurraba. ―¿Estás plantando flores en la oscuridad? ―Él salió de las sombras y se asomó en el agujero que había cavado. ―¡Shhh! ¿Dónde está Roxie? ―Sentada en la mesa del comedor, trabajando en su álgebra. ―Estoy encargándome de una muñeca vudú. ―Estás bromeando, ¿verdad? ―Se sentó en el borde de la cama de flores crecidas y dio un vistazo más de cerca. ―Una chica en la escuela está detrás de Dillon y se está metiendo con Roxie. Puso una tonta muñeca vudú falsa en su casillero y trató de hacerle creer que había puesto una maldición sobre ella. Estoy deshaciendo la maldición. ―¿En serio? ¿Cómo sabes cómo deshacer una maldición? ―Bueno, no es por medio de enterrar a una tonta muñeca barata de alguna tienda en un cantero. Pero Roxie confió en mí para encargarme de eso, así que lo estoy haciendo ―respondió Laura. ―Pero, ¿cómo sabes la diferencia entre un muñeco vudú falso y uno verdadero? Laura empujó la tierra sobre la muñeca que había desgarrado, miembro por miembro. Ella dibujó un círculo alrededor de la zona con el dedo, y dijo: ―Polvo al polvo. La muñeca está muerta y también lo está la maldición. ―Ella se balanceó sobre sus talones y se sentó en el suelo junto al cantero―. Conocí a una señora que era una verdadera cajún y que ponía maldiciones reales en las personas. Créeme, conozco la diferencia. ―Entonces, ¿por qué dijiste eso y dibujaste un círculo? Ella se rió. ―Se lleva lejos la maldición. No puede salir del círculo por lo que está condenado a permanecer en la tierra para siempre. Es un montón de abracadabra, pero bueno, si hace sentir mejor a Roxie, eso es lo importante.

79


―¿Ya está hecho? ―preguntó Roxie desde la puerta trasera de la casa. ―Ya está hecho. Maldición terminada ―dijo Laura. ―Ya terminé mi tarea. Tía Maudie dice que puedo ir a nadar. ¿Quieren venir conmigo? ―Ya lo creo ―gritó Laura en respuesta―. ¿Estás lista ahora? La puerta se cerró de golpe. ―El último en la piscina es un huevo podrido. Colton saltó para darle un poco de competencia, pero Laura le agarró la rodilla. ―Déjala ganar. Lo necesita hoy. Él salió en un trote fácil. ―Hiciste trampa, chica. Saliste por delante de mí. La voz de Roxie resonó en el aire de la noche. ―Eres viejo y lento. ―Oye ―gritó Laura a unos pasos detrás de él―. ¿A quién llamas viejo? ―A los dos ―exclamó Roxie. Ella se estaba colocando la parte inferior de un bikini azul brillante cuando Laura abrió la puerta a los vestuarios. ―Ves, eres vieja ―bromeó ella. ―Sí, pero la edad sabía cómo alejar esa maldición así que ten cuidado ―dijo Laura. Roxie puso una mano sobre su boca para evitar las risas de nuevo, pero fue inútil. ―Se ha ido. Me siento mejor, pero tú y Colton todavía son viejos. Laura se despojó de sus pantalones vaqueros sucios, se puso un pequeño lindo tankini6, y siguió a Roxie desde el vestuario de mujeres en la cabaña a tiempo para ver a Colton hacer una inmersión estilo bala de cañón, en un lado de la piscina con el agua profunda. Salió a la superficie y se pasó una mano por la cara. ―Parece que las dos son huevos podridos, porque les gané en el agua. Ahora, ¿quién es viejo, Srta. Roxie? Roxie se apartó el pelo detrás de las orejas. ―¿Laura te dijo lo que hizo Rosalee? Gracias a Dios ella sabía exactamente qué hacer. ―¿Supongo que lo podías sentir en tus huesos cuando ella dijo su encantamiento? ―dijo Colton.

Tankini: Es un traje de baño de dos piezas; la inferior es un bikini común, y la parte superior es como un top, o musculosa pequeña, cuya longitud puede variar. 6

80


―Sí, lo hice. Todos los malos sentimientos en mi pecho se fueron. Fue justo antes de abrir la puerta de atrás, ¿no es así? Escuchar a Roxie llorar esa tarde había estado a punto de romper el corazón de Laura. Los recuerdos la inundaron de nuevo del día en que ella se había sentido de esa manera. El trabajador social había llegado al remolque justo después del funeral de su madre. Había dicho que estaban bajo la tutela del Estado y que no podían garantizar que terminaran en la misma casa. Laura había sentido ganas de llorar, pero tenía que ser fuerte por Janet, que sollozaba tan fuerte que no podía respirar. Laura había marchado hasta el trabajador social, colocado sus manos en sus caderas, y dijo: ―Si me llevas lejos de mi hermana, moriré de hambre. ―¿Qué quieres decir? ―No voy a comer. Ni siquiera voy a beber agua. Voy a morir y será su culpa. Eso había hecho que la señora se sintiera incómoda y tratara de razonar con las dos niñas. Pero Laura se limitó a negar con la cabeza y le dijo la misma cosa una y otra vez. Tenían que permanecer juntas o ella moriría. Fue entonces cuando la tía abuela Dotty había venido de la cocina y le dijo a la trabajadora social que nadie iba a llevarse a sus parientes de sangre a cualquier parte. Ella se encargaría de las chicas hasta que estuvieran en edad. Si había papeles que firmar que los llevara a la caravana esa tarde, porque se llevaría a las chicas a casa con ella al día siguiente. Mirando hacia atrás, ese hubiera sido el comienzo de la época en que Laura se convirtió en la hermana mayor. Ese había sido el día en que se había encargado de Janet por primera vez, pero seguro que no había sido la última. ―Seguro que estás tranquila. ¿Eliminar la maldición significa que no debes hablar hasta que salga el sol? ―preguntó Roxie. ―Sólo estoy ensoñada ―dijo Laura. ―¿Qué es eso? ―Pensando ―respondió Colton. ―¡Vaya! ¿Quieres decir que la gente vieja puede pensar? ―bromeó Roxie. Laura salpicó agua hacia ella. ―Cariño, parpadea dos veces y tendrás la edad que tenemos en estos momentos. Roxie hizo un gran espectáculo abriendo y cerrando los ojos dos veces. ―Mira, sigo teniendo sólo dieciséis. No funcionó. ―Ella se hundió en el agua e hizo dos vueltas antes de subir a tomar aire―. Ustedes todavía son viejos. Debe ser la edad que sigue atrayéndolos entre sí. Cuando fui bajo el agua estaban cada uno al otro lado de la piscina y ahora están juntos. ―Ten cuidado con a quién estás llamando vieja, jovencita ―dijo Maudie encaminándose desde la puerta hasta el agua―. Pensé que podría tomar un baño ésta

81


noche, pero si piensas que ellos son viejos entonces tal vez no vas a querer jugar al baloncesto de piscina con un chirriante fósil viejo como yo. Roxie se irguió sobre el borde y se despatarró en una silla de descanso. ―Tía Maudie, tú nunca serás vieja. Apuesto a que puedo vencerte por tres puntos. ―Vamos a ver eso. ―Maudie desapareció en la cabaña. Los adolescentes siempre habían sorprendido a Laura. Sus emociones eran tan inestables como el agua y cambiantes como el clima. Ellos eran o lloriqueo o risitas y los chicos estaban listos para luchar ante la caída de un sombrero. Ella los había observado durante horas mientras se pavoneaban en el centro comercial o en el exterior del estacionamiento de la escuela a través de la calle donde ella había trabajado. Colton nadó hacia donde estaba ella, se sentó en un lado, y dejó colgando sus pies en el agua. ―Realmente estás tranquila ésta noche. ―Yo no querría ser una adolescente otra vez ni por toda la tierra en Texas. ―Eso es un montón de tierra ―dijo. ―Eso es un montón de emociones. Voy a vestirme e iré a ver a Hamburguesa ―dijo ella―. Maudie puede mantener la mente de Roxie fuera de esa pequeña bruja de la escuela. Cumplí con mi deber al quitarle la maldición de encima. ―Voy a ir contigo, pero no tenemos que vestirnos. Podemos ir en nuestros trajes de baño. La noche está cálida. Sally recuperará tus prendas mañana por la mañana cuando limpie aquí abajo. ―Conseguiré mi propia ropa, y además, necesitaré mis botas de trabajo a primera hora de mañana. Pasó a Maudie que salía cuando ella entraba. Con su altura y complexión delgada, Maudie todavía se veía bien en traje de baño. ―Me gustaría tener quince centímetros de tu altura —dijo ella. Maudie sonrió. ―Siempre he odiado ser alta y desgarbada. Cuando era una niña habría robado bancos si hubieran tenido senos como los tuyos en lugar de planos billetes de dólares viejos. Laura se rió. ―Te lo cambio. Tú me das un poco de altura y voy a compartir mis tetas. ―Lo haría en un latido del corazón si fuera posible. Es hora de ir a demostrarle a Roxie que la edad y experiencia, a menudo, triunfan sobre la juventud y la belleza ―dijo Maude. ―Colton y yo vamos de camino a comprobar a ese nuevo ternero ―dijo Laura. ―Escuché que hiciste un buen trabajo trayendo a ese bebé al mundo. Nos vemos mañana ―dijo Maudie.

82


―Él es un ternero hermoso. Va a crecer para ser un toro excelente. El tankini que Laura había elegido esa noche era un remolino de varios colores brillantes sobre un fondo azul. Se puso una camisa de trabajo de cambray sobre él, dejándola desabrochada, metió sus pies en sus botas sin calcetines, dobló el resto de su ropa cuidadosamente, y se la metió bajo el brazo. Colton estaba esperando junto a la puerta cuando ella salió. Llevaba pantalones recortados de mezclilla, botas y la camisa con la que había trabajado ese día, desabrochada y mostrando sus músculos marcados debajo. Unos treinta centímetros los separaban cuando llegaron a la piscina, donde Maudie y Roxie ya estaban en una acalorada discusión sobre las reglas. Él le quitó su ropa de su brazo, la puso sobre un diván, y dijo: ―Oye, Roxie, deja esto en los escalones del apartamento de Laura, ¿de acuerdo? ―Claro que sí, pero estaré encantada de simplemente dejárselas dentro. ―Gracias, eso sería genial. La puerta está abierta ―dijo Laura. Colton pasó un brazo alrededor de los hombros de Laura. Sus piernas eran más largas que las de ella pero acortó sus pasos y mantuvieron un ritmo perfecto. Había unos doscientos metros de un establo a otro. Ella podría haber corrido esa distancia sin siquiera perder su aliento, pero cuando él deslizó la gran puerta del granero para abrirla no había ni rastro de su nuevo ternero o de su madre, ella jadeó. ―¿Murió? ―No, él estaba bien ésta mañana, así que los llevé de vuelta a las pasturas. Él ha estado retozando durante todo el día. Es un pequeño ternero feliz y hay otras terneras de su tamaño para jugar con él. ―Entonces, ¿por qué me has traído aquí? Se sentó en un fardo de heno y palmeó el espacio a su lado. ―Quiero hablar. Quiero respuestas claras y nada más. Y no quería que Roxie o tía Maudie escucharan. ―Entonces, habla ―dijo ella. ―¿Eres auténtica? ―Esa es una pregunta extraña, Colton. ¿Auténtica qué? El color del cabello es real, sí, es todo natural. Mis ojos son de éste tono de azul, incluso cuando utilizo mis lentes de contacto. Mis gafas son realmente así de gruesas porque estoy medio ciega sin ellas. Mis pechos son reales y mis labios no tienen colágeno. Es todo con lo que Dios me bendijo. Sí tengo los oídos perforados, si eso cuenta como falso. ―Está bien, lo voy a poner más claro. ¿Accediste a ésta cosa de la pretensión debido a mi dinero? ―dijo. Ella abrió la boca para darle una respuesta enojada, pero la cerró de golpe y pensó en lo que diría por un largo tiempo.

83


―¿Y bien? ―preguntó él. ―Estoy pensando. ―¿Sobre la manera de irse por las ramas? ―Las palabras son sólo palabras, Colton. Si yo estuviera tratando de estafarte, entonces mentiría tan bien que ni siquiera tú me atraparías, ¿no es cierto? Diría lo que querrías escuchar, tal vez batearía mis pestañas, y te tranquilizaría con besos o sexo. Pero todo sería parte del truco para estafarte. ―¿Entonces admites que viste una oportunidad? ―preguntó. ―No, no admito eso. Soy una persona honesta. No estoy jugando ningún tipo de juego. Si crees eso o no depende de ti. Lo que ves es lo que soy. No hay artimañas. Simplemente la vieja trabajadora Laura Baker. Sin intrigas ni fraudes. El silencio cuando terminó era casi sofocante. Se sentía como lo hacía cuando era una niña y la trabajadora social dijo que ella y Janet irían a diferentes casas. Su pecho dolía y su estómago se sentía revuelto. Pero no podía forzarlo a creerle o a que confiara en ella, tampoco. Había estado huyendo de mujeres y personas con una agenda desde que ganó la lotería. Su mano cubrió la de ella. Sus dedos se entrelazaron entre los de ella con las yemas apoyadas en la palma de su mano. Él se deslizó más cerca hasta que su muslo se presionó contra el de ella y susurró: ―Te creo, pero... ―Pero eres un millonario y la mayoría de la gente ve el dinero cuando te miran, ¿verdad? ―Él estaba asintiendo cuando ella levantó la vista―. Bueno, Colton Nelson, yo no veo el dinero. Veo un vaquero trabajador con sentido del humor, con quien es muy divertido pasar el tiempo. No creo que el dinero sea malo, pero es inútil cuando se trata de las cosas importantes de la vida ―susurró ella. Él desenredó los dedos de los suyos y deslizó su mano alrededor de su espalda. Se sentía caliente sobre su piel fresca, pero no tan caliente como sus labios cuando reclamaron su boca por un largo, largo beso que se sentía muy, muy real y no en lo más mínimo de pretensión. Su lengua se movió a través de sus labios entreabiertos, haciéndole el amor a ella, lenta y metódicamente. Los besos eran tan personales, casi más que el sexo. Las palabras no podían describir los sentimientos que se agitaban en su interior. Las emociones que fueron expuestas, no las había sentido nunca, jamás. Calor líquido hirvió en su interior, creando un deseo de más y más. Ella movió su cuerpo hasta que estuvo sentada en su regazo. Con una mano presionada contra su pecho duro como una piedra, los dedos de la otra mano se enhebraban en su espeso cabello oscuro. Los besos fueron de caliente a abrasadores mientras ella presionaba todo su cuerpo con fuerza contra el de él. Su mano se movió alrededor de su caja torácica y debajo de la parte superior del traje de baño para ahuecar un seno, con cautela al principio, y luego de forma más

84


atrevida mientras jugaba con él. Ella se quedó sin aliento. Dios Todopoderoso, ¿él no se daba cuenta de que sus manos eran más calientes que el infierno? Ella se movió aún más cerca y gimió, sin importarle si se despertaba mañana con quemaduras en todo el cuerpo debido a su toque. Él se apartó de ella lo suficiente como para mover su mano hacia abajo, hacia la parte inferior de su bikini. Si Roxie entraba corriendo por la puerta en ese momento, tenía la intención de excavar esa maldita muñeca de nuevo y crear un verdadero muñeco vudú de ella. Pero no fue Roxie quien detuvo el progreso. Ella estaba bajando la cremallera de sus pantalones vaqueros cortos mojados cuando Daisy subió a su regazo y puso un ratón medio muerto sobre sus muslos desnudos. Hizo un chirrido como un pájaro bebé y se sacudió en su pierna, meneando su cola de un lado a otro hasta que Daisy lo golpeó con su pata, enviándolo volando por el aire para aterrizar en la otra pierna. La mano de Colton permaneció en la parte inferior del bikini cuando ella saltó de su regazo y juntos se cayeron de bruces en el heno. Daisy agarró del ratón y se alejó corriendo con él hacia la parte superior del heno apilado a un lugar más alto. ―¿Qué fue todo eso? ―preguntó Colton. Ella se meneó liberada de su mano y se apartó de él. El temblor se inició en su cuello y viajó hasta sus pies, y luego se disparó atravesando su cuerpo y hacia sus mejillas antes de detenerse. ―Ratón. ―¿Dónde? ―Daisy lo puso en mi regazo. Tocó mis dos piernas. ―Ella se limpió su piel, tratando de borrar la sensación de las piernas de la criatura tratando de conseguir arrastrarse contra su piel desnuda. ―Maldita gata ―murmuró él. ―Odio los ratones. Absolutamente los odio. Él se sentó y se peinó el pelo hacia atrás con los dedos. ―Bien. ―¿Bien? ¿Qué hay de bueno en ellos o en odiarlos? ―Pensé que la reacción era en mi contra. Es bueno que no lo fuera. Ella abrió la boca, pero no salió nada. Nunca, jamás; ni una sola vez en su vida, había llegado tan lejos tan rápido con nadie. Ni siquiera se besaba en las primeras citas, y sus dos relaciones habían requerido de seis meses de noviazgo serio para llegar al dormitorio. Se limpió su pierna desnuda por enésima vez. Le tomó toda su fuerza de voluntad evitar salir huyendo toda la distancia hasta la cochera. Necesitaría una barra de jabón y una hora de refregarse antes de que sintiera limpia de nuevo.

85


Él le pasó una mano por su brazo. ―Supongo que no podríamos continuarlo donde lo dejamos. ―Ni de casualidad. Necesito un baño para conseguir quitarme la sensación del ratón de encima. ¿Tú? ―Creo que voy a volver a la piscina y ver si el agua fría se hace cargo de mi problema. ―Él se rió entre dientes. Se meció arriba sobre sus rodillas y luego se puso de pie. ―Lamento eso. ―No fue tu culpa, querida. Pero será mejor que esa maldita gata se mantenga fuera de mi vista durante la próxima semana. No usó toda una barra de jabón, pero sí se frotó hasta que sus muslos estuvieron de color rojo. Cuando terminó, se colocó los extremos de una gran toalla esponjosa bajo el brazo y se dirigió al dormitorio. Allí estaba Daisy, sentada en la almohada extra y lamiendo sus patas. ―También me lamería mis patas si hubieran tocado un desagradable y viejo ratón ―dijo Laura. El gato no le hizo caso. ―Por favor, dime que no has traído esa cosa a la cama. Ella levantó la vista y maulló. Laura comprobó cuidadosamente cada centímetro de la cama, pero no encontró nada. Dejó caer la toalla, se puso ropa interior limpia, y se pasó un camisón por la cabeza. ―¿Cómo has entrado aquí a través de puertas cerradas y con llave? Daisy se dio la vuelta dos veces en la almohada y se acurrucó en una bola, poniendo su pata sobre su nariz. ―Bueno, buenas noches a ti también. Voy a descubrir cómo te estás escabullendo dentro y fuera de mi habitación y cuando lo haga, tengo la intención de arreglarlo. Hasta entonces, harías bien en recordar que los gatos que me traen ratones no son mis amigos. ¿Entiendes?

86


8 Traducido por Nadya Corregido por Andrea95

Daisy se había ido a la mañana siguiente, cuando Laura se despertó. Miró debajo de la cama, en el baño, y hasta en la repisa de la ventana. Ella encontró una huella de una pata en el borde de la bacinica y una débil en el suelo de baldosas que conducía de nuevo a la habitación. Ellas terminaron allí y no importa en qué ángulo viera, la alfombra no dio ninguna pista. Pero mientras ella estaba en sus manos y rodillas tratando de averiguar si el gato era mágico, se dio cuenta de un mechón de pelo amarillo pegado en la salida de aire en la parte inferior de la puerta. Se arrastró hasta allí y había una sombra del otro lado directo junto a algún ronroneo grave. Laura se molesto con el gato. ―No mendigues para que abra esa puerta. Ya sabes cómo entrar y salir de cada habitación de esta casa. Tu ronroneo no te hace un encanto. Puedes elegir. Los gatos no deben estar en la casa. Pertenecen al granero, capturando ratas y ratones. ¡Y eso suena igual que la tía Dotty! Un respiradero apareció en el interior. Daisy empujó su cabeza en el interior y su cuerpo la siguió. Ella maulló a Laura y comenzó a entrelazarse alrededor de sus piernas, pidiendo atención. Laura pasó la mano alrededor de la chimenea y encontró que estaba con bisagras en la parte superior, pero el fondo era completamente libre. ―Así que esta es tu magia. Bueno, querida, si alguna vez traes un ratón cerca de mí de nuevo, voy a cerrarla con cinta aislante. Puedes darte de cabezazos hasta romperte el pequeño cerebro y este respiradero no se abrirá. Daisy maulló de nuevo y se abrió camino de vuelta al rellano en la parte superior de la escalera. Laura vestía unos pantalones vaqueros y una camisa de punto, calentó una taza de café en el microondas, y lo bebió de camino a la casa. Daisy siguió tan cerca de sus talones que ella tenía que tener cuidado de no pisar al gato. Cuando abrió la puerta Daisy se precipitó por delante de ella. Laura se asomó al comedor para encontrarlo vacía, enganchó un pedazo de pan tostado, y estaba en el pasillo cuando oyó un choque seguido de Roxie quejándose del gato. Fue una buena cosa que la tía Maudie tenía su propio conjunto de habitaciones al lado del comedor. Y que Daisy no podía chismear porque lo que Roxie llamó a ese gato la habría metido en gran problema. Laura había crecido con una madre que tenía un gran repertorio de malas palabras, a veces encadenadas tan bien juntas que ellas podían ampollar la pintura de un auto, por lo que ella entendía exactamente de donde venía el vocabulario de Roxie. Ella sonrió y

87


esperó a oír su disculpa al gato, pero no fue así. Daisy corrió escaleras abajo, la cola hacia arriba, como si estuviera enojado con el mundo entero. Colton estaba tomando café cuando Laura apareció en el comedor. ―Buenos días. ¿Tuviste problemas de ratones anoche? ―No, pero me di cuenta de cómo ese gato molesto se mete en mi habitación. ―A través de la rejilla de ventilación en la puerta. Te lo habría dicho si me lo hubieras preguntado. La gente que construyó este lugar tenía un pequeño Chihuahua. Si Daisy se vuelve mucho más gorda, va a tener problemas para usar las rejillas de ventilación. Me alegro de que Donald no crea que él pertenezca a la casa también. ―¿Donald? ―Recuerda, Andy te he hablado de él el primer día que conociste a Daisy. Y para que conste, Daisy es el nombre de Daisy Duke, no Daisy Duck. Ella consigue sus sentimientos heridos cuando alguien piensa que ella es un pato. Donald es el nombre de Donald Duck y por eso la mayoría de la gente lo piensa cuando conocen a Daisy. Donald se queda abajo en el estanque de la mayor parte del verano, pero cuando la comida escasea él viene contoneándose hasta aquí a mendigar las sobras o para una taza del grano especial que Rusty obtiene por él. ―Colton sonrió. Ella oyó las palabras, pero sentía la sonrisa. Generó electricidad suficiente para que la sala crepitara. ―Te apuesto a que Sally tendría algo que decir acerca de un pato en la casa. ―Me imagino que lo haría. Al menos Daisy está capacitada para una cama de arena. Sally tendría mi pellejo si tiene que limpiar detrás de Donald. ―Él se rió entre dientes―. Tengo una pregunta. Ella se sirvió una taza de café y se lo llevó a la mesa. ―Si llegas a preguntar una, entonces yo también. Esa es la regla de las veinte preguntas, y creo que todavía tenemos al menos quince para cada uno. ―Me parece bien. ¿Tienes un novio de verdad esperando en los bastidores para cuando salgas de aquí? ―preguntó él. ―¿Tenías tú una mujer que ya estás deseando haber invitado a salir antes de aceptar esta situación? ―No, no ―respondió él rápidamente. Ella bebió un sorbo de café. ―Yo no estoy en una relación con nadie. Lo he estado en el pasado. Dos veces. Tampoco funcionó. Si yo hubiera estado enamorada de otra persona, no habría estado de acuerdo con el acuerdo y yo no te hubiera besado o hacerlo contigo en el granero. ―¿Entonces tú das todo tu corazón cuando lo das? ―preguntó él.

88


―No estoy segura de que sabría cómo darle todo mi corazón a cualquiera. Eso implicaría mucha confianza. La única persona en la que más he confiado en eso es mi hermana. Se pasó la mano por la barbilla. ―¿Tu hermana? ¿Tienes que sacarla de problemas cada vez que te das la vuelta y tú confías tanto en ella? ―Ella siempre está en problemas, pero a pesar de todo sé que me quiere y que nunca, nunca me abandonará. Sus cejas oscuras se juntaron. ―Algo así como la abuelita ha sido para mí, supongo. ―Supongo que sí. ¿Por qué siquiera quieres saber? ―Porque yo nunca violaría el territorio de otro hombre. Ella le creyó. ―¿Nunca lo has hecho? ―No, señora. Podría hacerlo un montón de veces, incluso antes del dinero, pero si tiene la marca de otra persona, no es mío. Parece deshonesto, así como inmoral. Ella tuvo que tragar el trago de café rápido para no arrojarlo sobre la mesa. ―¡Las mujeres no son ganado! ―No, señora, no lo son. Un hombre debe respetarlas mucho más de lo que hace con su ganado y un hombre decente no robaría una novilla de otro hombre. Me vendría bien un poco de ayuda en el campo de heno esta mañana. Le pregunté a Andy si podía pedirte prestada ya que él va a la ciudad por el día para reunirse con la gente de impuestos. ¿Te apetece hacer un poco de embalaje hoy? Ella no estaba segura de si él la había llamado vaca o si le había hecho un elogio o qué había dicho él. Sentada en el interior de la cabina de un tractor le daría tiempo de sobra para pensar en ello y averiguar exactamente sobre qué estaba dando vueltas Colton Nelson. Misericordia, pero el profundo acento del hombre la estaba intoxicando. Él podría describir el método de hacer estiércol y eso sería hipnotizante para ella. ―Voy a estar listo tan pronto coma. Nos vemos en el porche. Bueno, buenos días, Roxie. Vas a llegar tarde ―dijo. ―Estoy enferma. No puedo ir a la escuela ―dijo Roxie. ―Eso es mentira ―le dijo Laura―. Ve al piso de arriba, ponte esa bonita camisa nueva que te compré para la fiesta de la semana que viene y los vaqueros adornados. Y consigue la diadema adornada con el material brillante para tu cabello. ¡Tú vas a la escuela! ―No puedo ir, Laura. Realmente no puedo. ―¿Quieres que Rosalee gane? La maldición no se puede deshacer a menos que la enfrentes dentro de las veinticuatro horas.

89


Roxie masculló todo el camino de vuelta por las escaleras. Cuando llegó a la parte superior ella le gritó de vuelta: ―Si me pongo mis cosas nuevas para la escuela, ¿Qué voy a llevar a la fiesta? ―Te voy a traer algo especial de Dallas o vamos a volver a la tienda. Vístete. Tienes quince minutos. Voy a prepararte un panecillo con salchicha y servirte un poco de jugo para que tomes y comas en el autobús ―gritó Laura de vuelta. La voz de Roxie flotó hasta el comedor. ―Prefiero tener un envase de leche de la nevera. Puedes lograr que te empareje con el predicador en los juegos desde que estás haciendo que me vaya a la escuela cuando estoy enferma. Colton se rió entre dientes. ―No estoy seguro de que me guste esta nueva Roxie rebelde. ―Por supuesto que te gusta, y va a crecer hasta ser una mujer fuerte si le das un par de empujones suaves ―le dijo Laura―. Ahora, dime más sobre estos juegos. ―La fiesta del granero se iniciará en la mañana y durará todo el día. Los juegos son una gran parte de ella. Ella consigue hacer de casamentera por primera vez este año. Tú y yo vamos a ser una pareja, de forma natural, y ella y Dillon serán una. Ella va a emparejar a tu hermana con uno de los chicos de la barraca ―le explicó Colton. ―Pero ella y Dillon rompieron ―argumentó Laura. ―Van a volver y romper un par de veces antes de esa fecha. ¿No te acuerdas de lo que era cuando tenías dieciséis años? ―Él se rió. ―No, si puedo evitarlo ―murmuró en voz baja―. ¿Quieres decirme qué esperar en los juegos? ―Todo es cuestión de trabajo en equipo y tenemos que confiar el uno al otro, si queremos ganar. Y yo realmente, realmente quiero ganar, por lo que espero que trabajes duro. ―Él colocó su sombrero de paja en la cabeza y se dirigió hacia el porche.

Al final del día, ella estaba caliente y sudorosa. Había escuchado el CD de Clearwater Revival Creedence 7que había encontrado en la cabina del tractor por lo menos una docena de veces. El tañido de la guitarra y la letra de "Green River" estaban atascados en su cabeza.

Clearwater Revival Creedence: más conocida como CCR o Creedence fue una banda estadounidense de rock con gran aceptación mediática y muy popular a finales de los años sesenta y comienzos de los setenta. 7

90


Sus botas hicieron pequeños remolinos de polvo en la tierra suelta cuando saltó desde el tractor. Rusty y Colton conducían, dejando nubes de polvo mezcladas detrás de los camiones a su paso. Rusty no perdió ni un poco de tiempo para salir de su gran camión negro y corrió hacia el tractor. ―Solo estoy aquí para recuperar mi CD favorito de Creedence. Conduje ese tractor ayer y lo dejé ahí por error. Lo eche de menos hoy ―dijo. ―¿Así que tú eres un fan de Creedence? ―¡Oh, sí! Corté mis dientes con su música. Mi mamá y mi papá lo escuchaban todo el tiempo. ―Puede ser que lo haya usado un par de horas dignas de escuchar todo el día. ―Eso está bien. Cualquier persona que aprecie la buena vieja CCR puede pedir prestada mi música. ―Él puso un pie en el estribo y agarró el CD―. Incluso te aseguraste de que estaba de vuelta en el estuche. ―¡Oh, sí! Sería un pecado conseguir un rasguño en un CD de Creedence. Colton abrió la puerta de la camioneta para ella. ―¿Realmente te gusta ese tipo de música? ―La escuche todo el día, sin embargo. ―Ella saltó en el asiento―. Me gusta la música country más que nada, pero CCR tiene una vida y pulso propio. A mi hermana le encanta, así que sé las letras de casi todo lo que ellos hicieron. Y antes de que preguntes, sí, ella sabe la letra de cada canción de Marty Stuart, Travis Tritt, y Miranda Lambert8 también. Colton giró el camión y se dirigió hacia la casa. ―¿Blake Shelton? Ella asintió. ―Y G Kings. ―¿Quién o qué son los G Kings? ―¿Tú no lo sabes? ―preguntó ella. Él negó con la cabeza. Ella sonrió. ―Eso sería George Strait y George Jones. ¿Has visto a Roxie todavía? Él negó con la cabeza. ―Espero que se baje del autobús con una sonrisa en su rostro. Quiero estrangular a alguien cuando está infeliz. Esa chica ha sufrido bastante agitación en su vida. ―¿Así que ella ha estado dentro y fuera de la vida de Maudie desde que era una niña? 8

Marty Stuart, Travis Tritt, y Miranda Lambert: Todos cantantes de música country de los años ’90.

91


―No es una niña. Desde que era un bebé de tres meses de edad. Tenía catorce años la primera vez que la abuela la trajo a casa desde la iglesia. Su mamá le preguntó a la abuela si podía quedarse con ella por la tarde y ella no se presentó a recogerla hasta el martes, así que no interfirió con el trabajo de la abuela. ―Maudie es una buena mujer que le dio soporte y estabilidad. Espero que ella le muestre a Rosalee quién es realmente el jefe hoy. Colton dirigió una de sus brillantes sonrisas. ―Oh, estoy seguro de que la niña no se meterá con ella nunca más, y el pobre viejo Dillon mejor que golpee el suelo con disculpas vomitando de su boca. ―Dios la bendiga. No es fácil crecer. Me recuerda mucho a Janet lo que es espeluznante. ¿Con quién crees que va a emparejar a mi hermana en la fiesta? ―Quién sabe, pero es Cynthia quien va a hacerla rica. Juro que ella tiene sangre gitana pura en ella. Puede idear cualquier forma de conseguir un dólar de la nada. Rusty y Andy ambos pagarán mucho dinero para no tener que pasar todo el día con Cynthia. Voy a darle todos los nombres de las personas que van a estar participando en los juegos esta noche. Eso la mantendrá ocupada todo el fin de semana, mientras nos vamos. Roxie se lanzó al porche, colgando sus dos brazos alrededor de Laura, y la abrazó con fuerza. Ella había tomado la pequeña diadema linda de su pelo y la había fijado arriba de su cuello en un moño desordenado. Se había cambiado los vaqueros adornados y la nueva camiseta y llevaba una gran camiseta desgastada del oeste sobre un par de pantalones cortos de jean. ―¡Funcionó! ¡Lo lograste! Tú eres una mejor bruja que Rosalee. Ella llamó a Dillon y admitió que lo había engañado en la prueba de modo que él la notaría. Debe haber pensado que eso lo impresionaría, pero él le dijo que no le gustaban los tramposos y me pidió disculpas. Tú eres un genio ―dijo Roxie. ―Eres un genio ―susurró Colton. ―¿De qué está hablando él? ―preguntó Roxie. ―Nada. Ves, yo tenía razón. Tenías que ir a la escuela hoy. Roxie enlazo su brazo con el de Laura. ―No fue fácil, pero deberías haber visto su cara cuando me bajé del autobús con Dillon esta mañana. No creo que ella vaya a estar jugando conmigo nunca más. ―A veces es difícil querer lo que no es tuyo —dijo Laura. —No lo sé. Ven a mi habitación conmigo y vamos a elegir un esmalte de uñas para tu viaje. ―Soy un desastre. Por qué no consigues el esmalte y lo llevas a mi apartamento. Voy a tomar un baño rápido mientras nos reunimos arriba. Roxie asintió y Laura se abrió paso entre los macizos de flores a su apartamento. Apenas había conseguido salir de la ducha y se metió en sus pantalones de descanso y una camiseta cuando Roxie llamó a la puerta.

92


―Entra ―gritó Laura. Roxie llevó una caja de zapatos al apartamento, la puso sobre la cama, y se encorvo hacia abajo en una mecedora junto a la ventana. Daisy se empujó a través de la rejilla de ventilación en la habitación y saltó sobre la cama. Se acurrucó en la almohada y miró a Roxie con una mirada maligna. ―Mira a ese animal. Ella me odia y yo no le hice nada ―dijo Roxie―. Dicen que a los gatos no les gustan los gitanos. ¿Crees que es cierto? ―No lo sé. ¿Eres realmente una gitana? ―preguntó Laura. —Mamá dice que la mamá de mi papá era una y que me veo y actúo como ella. Ella dijo que la abuela era horrible y probablemente llegaría a ser como ella ―dijo Roxie. ―Tú vas a crecer hasta ser quien quieras ser. Establece tus metas y mantén los ojos derechos sobre ellas. Si te caes, levántate y ve de nuevo y no dejes que nadie te intimide ―dijo Laura. ―¿Tú crees todo eso? ―preguntó Roxie. ―Lo hago porque viví los dieciséis a través de la misma situación en la que estas ―dijo Laura―. Ahora apuesto que Daisy solo está jugando a hacerse la difícil. No hagas caso de ella. Echemos un vistazo a la pintura de uñas. Roxie abrió la caja y agarró una botella. ―Rojo carmesí. Definitivamente tú deberías ponerte un color rojo oscuro con ese vestido y tus uñas de los pies deben coincidir. Vamos a poner diamantes en los dedos gordos. Tengo un poco que sobro de la fiesta de Navidad. Lágrimas colgaban en las pestañas de Laura y ella se las enjugó con el dorso de la mano. Sería maravilloso si por arte de magia una persona podía verter un poco de lejía o algún tipo de droga milagrosa en su acervo genético. Roxie siempre estaría plagada por la genética como Laura lo estaba. Ninguna de ellas tenía mucho que ofrecer cuando se trataba de llegar a la piscina de ADN para modelos de crianza. Pero tal vez, solo tal vez, con la firme mano de Maudie y amor tierno, el medio ambiente podría invalidar el turbio charco gen basta que Roxie sea una mujer completa cuando fuera grande. ―¿Estás llorando? ―preguntó Roxie. ―Me froté los ojos con loción en mis manos y ellos están regando. Déjame ver ese rojo carmesí del que estabas hablando. ―Laura asintió hacia la formación de esmaltes en el tocador. ―Está bien, pero tienes que mirar un montón así sabes que tú tomaste la decisión correcta. A partir de aquí, están valorados a partir del uno al diez. Traté de que coincida con tu vestido de memoria pero el rojo es un color tan voluble. Este es mi favorito. ―Roxie levantó la primera. Laura sacó su vestido del armario y la puso sobre la cama. ―Pon las botellas a la derecha en el vestido y ver cuál es el que combina de verdad ―ella sugirió.

93


Roxie aplaudió. ―Mira eso. Tengo el correcto. ―La pareja perfecta. Tú tienes un buen ojo para la moda. Roxie sonrió. ―¡Nadie dice que una mujer de rancho tiene que mirar todo de mala calidad! Laura se rió. ―No, no lo hacen. Y tú podrías llegar a ser la primera mujer en Texas que puede trabajar en un rancho y en ropa de diseño, también. Mañana después de la escuela, voy a estar lista para una manicura y pedicura. Colton dice que estaremos dejando el rancho a las cinco. ¿Eso te da tiempo suficiente? Roxie frunció el ceño. ―Recuerda que no tenemos escuela mañana. Vamos a iniciar el embellecimiento a la una. Yo tengo todo alineado, paso a paso. ―Estoy en tus capaces manos, pero ahora vamos a mirar a través de las revistas de allá y ver lo que debo hacer con mi cabello ―dijo Laura. El ceño se convirtió en una mueca y durante la siguiente hora volvieron páginas tras páginas, marcando algunos para mirar adelante y reírse de algunos que parecían francamente ridículos. Pasaron algunos minutos hasta las seis, cuando Laura se estiró y dijo que lo mejor sería cambiarse por unos vaqueros y se puso unos zapatos para que pudieran ir a la gran casa para la cena. ―Tengo hambre. No comí mucho en el almuerzo y nos pusimos a hablar y me olvidé por completo de una merienda después de la escuela ―dijo Roxie. Ella siguió parloteando sin cesar sobre lo que había planeado para el día siguiente, cuando salieron del apartamento de Laura y se fueron cogidas del brazo a través del patio. Pero Laura escuchó poco de ello. Algo había desencadenado un vago recuerdo de Janet de pie sobre un taburete, haciendo bocadillos para ellas. Tenía que haber sido antes de que la tía Dotty las llevara a Texas debido a que su madre yacía dormida en el sofá. Laura trató de aferrarse a la visión pero se desvaneció. La señora en el sofá cama tenía pelo largo y rubio, rizado, y las pestañas de color marrón claro que se desplegaban en un rostro delicado. Colton le guiñó un ojo en el buffet. Allí, de pie en jeans demasiado ajustados, una camisa a cuadros vaquera, y recién afeitado, parecía un anuncio de la revista Stetson o tal vez Jack Daniel. Ella respiró hondo y tomó una bocanada de su loción de afeitar. Todo eso, más el guiño sexy, era suficiente para ponerla firmemente a ella en las botas de Rosalee; quería lo que no podía tener.

94


9 Traducido por Marijf22 Corregido por Andrea95

Laura estaba nerviosa pero no entró en pánico hasta que las puertas del ascensor se abrieron. Más adelante había una pared de cristal que les daba una hermosa vista de la puesta de sol detrás del horizonte de Dallas. El botones hizo rodar el portador de equipaje hacia la sala de estar y puso las maletas al lado de una mesa de vidrio y metal con dos sillas empujadas debajo de ésta. Colton le entregó una factura y empujó el portador dentro del ascensor. Ambos miraron a Laura, que todavía estaba en el ascensor. Se las arregló para dar un paso hacia delante, pero no sin un gran esfuerzo. Ella no permitía que las cosas le intimidaran pero la vista de esa habitación hizo un buen trabajo en ello. No pertenecía a ese lugar y la preocupación envolvió sus fríos brazos alrededor de ella como un manto de hielo. El botones sonrió y empujó el portador de nuevo en el ascensor. Las puertas se cerraron a su espalda y ella se dio la vuelta. Sí, habría botones para abrirlo de nuevo si quería huir. ―Se trata de una suite de dos dormitorios. Ambos son exactamente iguales. ―Colton abrió la puerta a la derecha de la pared de cristal―. ¿Tienes alguna preferencia? Laura negó con la cabeza. La tenía, pero no tenía nada que ver con respecto a que habitación sería suya por el fin de semana. ―Entonces puedes tener ésta. ―Agarró su maleta y la cargó dentro de la misma, con ella siguiéndolo por detrás. Era una habitación preciosa, con una cama tamaño extra grande y un baño enorme con jacuzzi, ducha separada, y un enorme espejo sobre un tocador de doble lavabo. No era la habitación, la vista o el baño, que la impactó enmudeciéndola. Fue un caso repentino de ansiedad aguda acerca de lo que estaba en sus maletas. No debería haber sido tan rápida en dejar la Boutique de Tressa con irritación debido a los precios. Ella se vería como la Cenicienta que había ido al baile en sus harapos arrugados. Echó un vistazo a su cabello en el espejo sobre la cómoda y se tragó un gemido. Jimmy probablemente estaba completamente lleno por lo que tendría que arreglárselas por su cuenta. Gracias a Dios, Roxie había ayudado a empacar un rizador y secador de pelo. ―¿Hay algún problema? ―preguntó Colton.

95


―Nada en absoluto. No me esperaba todo esto. ―Abarcó toda la suite con una amplia extensión de sus manos. ―Es un poco abrumador, ¿no es así? Pero como soy el mayor contribuyente en su fondo de becas, me dan la suite del ático cada año. Abue dice que es pecado quedarse en una habitación que cuesta más por una noche de lo que ella ganaba cuando cocinaba en la escuela, y tienes que admitir que no es tan grande como la casa del rancho. ―Él se rió. ―Estoy de acuerdo con ella ―dijo. ―Ya he ordenado que traigan el servicio de habitación a las seis. ―Él miró el reloj al lado de su cama—. Diez minutos a partir de ahora. Luego, tendré una reunión a las siete que durará por lo menos hasta las diez. Estás invitada a ir con las esposas y novias a beber algo en el bar del hotel. Voy a presentarte a Karen. Ella es la que planea el itinerario para las damas. Te gustará. ―¿Cuántas mujeres hay allí? ―preguntó Laura. ―Normalmente siete, pero entiendo que dos no vienen este año. Una está recuperándose de un ataque al corazón y la otra acaba de tener un bebé la semana pasada. Así que eso hace que sean cinco. Hay siete en la junta directiva. Los números tienen que ser impares así que no podemos preocuparnos por un voto. Todos ellos son mayores de cincuenta años, excepto yo. La mayoría de las mujeres son de mediana edad. La que tuvo un ataque al corazón tiene alrededor de setenta. Vas a ser la más joven entre ellas. Sus cejas se alzaron hasta el nacimiento del pelo. ―¿Un nuevo bebé a los cincuenta? ―Ella es la tercera o quizá cuarta esposa. Él es de sesenta. Ella es de unos treinta. ―¿Son todos multimillonarios? ―Yo soy el pobre chico de la cuadra entre ellos. ―Él se rió. ―¿Estás bromeando? ―Ni de cerca. ―¿Cómo lucen sus suites? ―susurró ella. Él se echó a reír con tanta fuerza que no oyeron llegar el servicio de habitaciones. ―Disculpe… ―dijo una señora en voz alta desde las puertas del ascensor. Laura miró alrededor, hacia la sala de estar. ―¿Sí? ―Su cena, señora. Colton pasó junto a ella y sacó un clip de dinero del bolsillo de sus vaqueros. Entregó una propina a la mujer y ella quitó las cúpulas de plata de los platos después de colocar los platos en la mesa pequeña. ―Solo hágame saber si necesita cualquier otra cosa, Sr. Nelson, y lo subiré aquí en unos minutos.

96


―Gracias. ―Él ya estaba retirando la silla de Laura cuando la mujer desapareció en el ascensor. Las mariposas en el estómago tenían que estar alimentándose de pura azúcar, por la forma en que revoloteaban alrededor. Había un filete del tamaño de un plato, papa al horno revestida con crema agria, mantequilla, tocino y queso y brócoli al vapor; y ella no creía que pudiera tragar un solo bocado. ―¿Espero que el filete esté bien? Recordé que te gusta el tuyo medio hecho. ―Se ve delicioso. ―¿Mantequilla? —Él levantó un panecillo. ―Sí, por favor. Dividió el panecillo y untó el interior con mantequilla blanda de un plato de cristal en el centro de la mesa. Ella cortó un pequeño bocado del filete y sorprendentemente, persiguió a las mariposas alejándolas, cuando ella tragó. ―¿Mañana? Dime lo que sucederá mañana. Siento que acabo de entrar en otro mundo. ―Voy a estar en reuniones durante todo el día. Karen planea el día para ustedes, señoras, así que no puedo ayudarte ahí afuera. Pregúntale esta noche. Las reuniones terminan a las cinco y vamos a tomar un aperitivo en la sala, y luego a las ocho tendremos la cena formal. Después de eso, hay un baile. El domingo dormimos hasta tarde y volveremos a casa por la tarde. La salida para desocupar la habitación es al mediodía. Ella jugueteó con su pelo, curvando los extremos y se colocó el maquillaje. Roxie dijo que ella había obtenido conocimiento del cerebro de Maudie y en la primera noche, los pantalones vaqueros y botas eran aceptables. Así que Laura se vistió con vaqueros almidonados, una camisa de corte occidental de seda marrón con aplicaciones de encaje en el canesú, y botas marrones que habían sido pulidas. Colton silbó cuando entró a la sala de estar, que ayudó tanto que ella quería besarlo. ―Bueno, mira si no te ves fabulosa ―dijo. ―Gracias. No estaba segura de lo que tendría que usar tu novia para una de estas cosas ―dijo―. Así que le pedí a Roxie que hablara con Maudie. ―Cariño, vas a llamar la atención, créeme. ―Sonrió. Ella le echó vistazos robados a él en los lados con espejo del ascensor durante su camino en descenso hasta el vestíbulo. Ella no haría girar tantas cabezas como él, con sus pantalones vaqueros negros de vestir, botas de reptil, y camisa blanca rematada con una chaqueta deportiva de corte del oeste. Era el vaquero moderno del presente ataviado para codearse con la élite de Texas. Las puertas se abrieron y él pasó un brazo alrededor de su hombro. Le asombraba lo bien que encajaba allí junto a él mientras cruzaban el piso hasta una mesa donde cuatro mujeres aguardaban.

97


―Bueno, miren esto, chicas ―dijo la más antigua de las mujeres―. Nuestro Colton ha madurado y ha traído a una invitada con él. Esto debería ser interesante. Él dijo sus nombres pero ninguno de ellos permaneció en la cabeza de Laura, y ella era normalmente muy buena para ubicar nombres y caras. Luego dijo: ―Karen, cariño, voy a dejar a Laura en tus manos. No vayan a asustarla ahora. Ella me gusta un poco. Él depositó un dulce beso en los labios de Laura. ―Nos vemos más tarde, cariño. Estaba tan nerviosa que le temblaban las manos y su beso, aunque había sido muy dulce, no ayudó ni un poco cuando volvió sus rodillas de gelatina. Una relación verdadera no podía ser condenadamente ni un poco más caliente de lo que la falsa había sido desde el primer día. Ella lo vio desaparecer detrás de las puertas dobles dentro de una sala de conferencias y luego se volvió hacia las otras mujeres. Karen enlazó un brazo a través del de ella y la guio a la barra. ―Soy Karen y te has quedado a mi cuidado. Tomaremos dos longneck Coors 9―le dijo al camarero que se había detenido en su mesa―. Espero haber acertado al suponer que bebes cerveza. Laura asintió. ―Bien. Entonces tú y yo nos vamos a llevar bien, dulzura. Karen no era en absoluto tan alta como Laura. Su cabello rojo iba recogido en un moño francés y sus cejas estaban pintadas, expertamente arqueadas a medio camino de la línea de su cabello. ―Estas otras son insulsas como sus bebidas Kool-Aid10, pero dame una cerveza o un trago doble de Jim Beam cualquier día de la semana. ―No le prestes ninguna atención a ella. Está llena de mierda. Y tan rápido como dijo Colton nuestros nombres apuesto a que no recuerdas ni uno maldito de ellos. Probablemente me presentó como Barbara pero soy Bunny11 para mis amigas. Camarero, hágame un Ruso Blanco12. Bebida Kool-Aid mi culo. Con su papada y pequeños ojos redondos y brillantes se parecía más a un bulldog que a un conejito. Además, los conejitos nunca apoyan un tacón de bota en el riel de la barra y pedían un Ruso Blanco. ―Y luego envíanos dos margaritas13 ―dijo una tercera mujer antes de volverse a Laura―. Soy Tootsie. Ese no es mi nombre real, pero las únicas personas que saben esa Longneck Coors: Tipo y marca de cerveza. Kool-Aid: Marca de refrescos. 11 Bunny: Diminutivo del nombre, que en español significa conejo. 12 Ruso blanco: Cóctel preparado con vodka, licor con sabor a café (como Kahlúa) y nata líquida (aunque la nata se puede sustituir por leche o leche condensada) 13 Margarita: es un coctel hecho con tequila, jugo de limón y Triple sec, generalmente servido con sal sobre los bordes del vaso. 9

10

98


información es el personal del juzgado donde se registró mi certificado de nacimiento y mis padres, y están muertos. Y esta es Melanie. Toma una silla, dulzura, y dinos cómo hiciste para atrapar a ese vaquero sexy. O tal vez puedas contarnos cómo te consiguió él; esa podría ser una mejor historia. Tootsie era alta y delgada, y tenía el pelo rubio. Las arrugas en su rostro anunciaban que el color de pelo era algo salido de una botella. Junto a Laura, Melanie probablemente era la más joven de las cuatro, y tenía que estar cerca de los cincuenta. Su cabello castaño estaba cortado en capas a la altura del mentón y sus ojos color avellana eran enormes detrás de los gruesos cristales de sus gafas. Laura robó una silla de una mesa cercana. Tootsie se movió a un lado para hacer espacio para ella. ―¿Cómo fue que todo esto ocurrió? Asumimos que no había nadie lo suficientemente rápido como para atrapar a Colton Nelson. Señor, ese chico ha estado rechazando mujeres por tanto tiempo, que había empezado a preguntarme si era heterosexual. ―Es algo así como una larga historia ―tartamudeó Laura. ―Nosotras no iremos a ninguna parte ―dijo Bunny. ―Mi primo es su asesor financiero. Su nombre es Andy y él me contrató para ser su asistente. Conocí a Colton cuando fui a trabajar en el rancho y esto solo sucedió. ―Oh, pensamos que él podría haberte comprado. ―Tootsie se rió de su propia broma. ―Dulzura, no hay suficiente dinero en el mundo para que cualquier hombre me compre ―dijo Laura. Bunny se rió. ―Me gusta un buen sentido del humor. Si un hombre tratara de comprar, ¿cuánto requeriría? ―Cien mil dólares. ―Laura sonrió. ―Trabajas barato. ―Melanie se rió―. Eso no mantendría mi hábito de zapatos durante un año. ―Soy barata de mantener. ―Sí, claro. Cualquier persona construida como tú no puede vender esa marca de mierda, cariño. Si él se ofrece a comprarte, espera un millón de dólares, y eso es sólo por salir contigo ―dijo Karen. ―Bueno, gracias. Entiendo que eres la que ha planeado el día de mañana. ¿Qué estaremos haciendo? ―Laura cambió de tema. Karen tomó su botella de cerveza y bebió un trago largo. ―Nos reuniremos aquí a las diez y nos emborracharemos. El aliento de Tootsie golpeó el brazo de Karen.

99


―Tan bueno como suena, no es algo típico de ti. Ahora, ¿qué estaremos haciendo? Karen sonrió. ―Vamos a tener un día de belleza. Vamos a empezar a las diez con un desayunoalmuerzo aquí en el hotel. Entonces tengo alquilada una limusina para que nos lleve a un spa en el que serán mimadas y consentidas durante todo el día. Masajes, baños calientes de petróleo, cabello y uñas. Volveremos aquí a las cinco, sólo un poco achispadas, pero lo suficiente como para pasar por esa cena aburrida-como-el-diablo. ―¿Y el baile? ―preguntó Laura. ―Esa es la mejor parte ―dijo Tootsie. ―¿Pero solo hay qué, diez de nosotros? ―Oh, no, habrá un par de cientos en la cena. Vamos a tener que sentarnos en la mesa principal con los maridos, ya que son los jefes de los comités, pero tan pronto como la cena haya terminado y la banda empiece a tocar, nos mezclaremos y bailaremos ―respondió Tootsie―. Por lo menos este año no vamos a tener que alejarnos de la estampida hacia Colton. Bunny casi resopló en su Ruso Blanco. ―Karen, es mejor que encargues un camión cargado de pañuelos y lo sitúes junto a todas los plato de las mujeres solteras. Habrá llanto y dientes crujiendo. Laura alzó los hombros en un semi-encogimiento de hombros y preguntó: ―¿Crees que debería pedir algún Kevlar14? ―No estaría de más, cariño. No estaría de más en absoluto. Ya puedo asegurar que Mindy Colbert va a ser la perra número uno con la que tendrás que lidiar. Ella ha tenido puesto sus ojos en Colton durante todo un año. ―¿Cuánto tendría él que pagar por ella? ―preguntó Laura. Melanie colocó una mano en el brazo de Laura. ―Dulzura, él no podía haber comprado su ropa interior por cien de los grandes. Laura se inclinó hacia delante y susurró: ―¿Cuánto por meterse en su ropa interior? Tootsie aulló. ―Me gusta esta chica. Ella es una de nosotras. Bunny asintió con la cabeza en acuerdo.

El Kevlar® o poliparafenileno tereftalamida: es una poliamida. Es muy resistente y su mecanización resulta muy difícil. A finales de los años setenta, la empresa Azko desarrolló una fibra con estructura química similar que posteriormente comercializó con el nombre de Twaron. La ligereza y la resistencia a la rotura excepcional de estas poliaramidas hacen que sean empleadas en neumáticos, velas náuticas o en chalecos antibalas. 14

100


―Cariño, la ropa interior de Mindy baja alrededor de sus tobillos cuando ve más de seis ceros después de un número. El pobre viejo Colton hizo bien en quedarse allá en el fin del mundo o lo habría puesto de espaldas y montado antes de que él supiera lo que pasó. Pero ella odia las vacas y el heno y los tractores, así que mientras él permaneció fuera de la ciudad, se mantuvo en muy buena forma.

Colton escuchó cifras, hechos y el presupuesto para el próximo año. Con las donaciones y la cena la noche siguiente, los fondos les permitirían dar por lo menos veinte becas más de las que habían dado el año anterior. Eso era maravilloso, pero su mente seguía escabulléndose por la puerta hacia el bar donde había dejado a Laura. Parecía como si hubieran estado juntos desde siempre y eso era real, no una farsa. Se preguntó si ella estaba bien por ahí con las gallinas ricas. Se sentía mal por arrojarla en la mezcla sin permanecer cerca para asegurarse que ella se instalaba, pero no podía evitarlo. Willis cerró su portátil. ―Ese es el fin del negocio. ¿Todo el mundo quiere un trago de whisky para celebrar? Los otros seis miembros del comité asintieron. Un camarero que había estado manteniendo llenos sus vasos de agua cargó una bandeja con vasos, una cubeta de hielo y una botella de cristal de whisky. Puso un vaso delante de Willis y vertió hasta que el hombre levantó una mano. Luego, procedió en torno a la mesa haciendo lo mismo en cada silla. Willis levantó su vaso. ―Por otro buen año. Tocaron sus vasos y bebieron el whisky. ―¿Qué hay en la agenda de mañana? ―preguntó Colton. ―Encuentro aquí a las diez con el comité de redacción para las entradas de este año. Vamos a hacer un descanso por una hora al mediodía para comer y luego escucharemos más ensayos. ¿Ustedes nunca se cansan de escuchar por qué los chicos piensan que se merecen nuestras becas? Colton negó con la cabeza. ―Bueno, en el momento en que lo has oído durante cincuenta años, lo harás. Oye, me enteré de que trajiste una novia este año. Felicitaciones. Recibí un mensaje de texto de Bunny hace unos minutos que decía que le gustaba a todas. Ella debe ser especial. Bunny no da grandes elogios a cualquiera. Colton sonrió. ―Gracias.

101


―¿Dónde la encontraste? ¿O es que, finalmente, redujiste la velocidad y quedaste atrapado? ―Afuera, en la península. Ella es una asistente de mi asesor financiero en el rancho. Me has escuchado hablar acerca de Andy. ―De acuerdo con Bunny, es bonita como una pintura. ¿Y ella trabaja y le gusta vivir en un rancho? Chico, ¡mejor te aferras a esa! Colton se rió entre dientes. ―¿Bunny te dijo todo eso en un mensaje de texto? ―Ella se pone un poco locuaz cuando ha bebido un par de copas. ―Tengo un gran consejo. ¡Acuerdo prenupcial! ―dijo Richard. Colton levantó su copa como si estuviera de acuerdo. Era una locura lo fácil que era convencer a la gente que él y Laura realmente estaban juntos sin decir casi nada en absoluto. ―Hombre inteligente. Mi primera esposa casi me destruyó. Hice que Tootsie firmara un acuerdo prenupcial ―dijo Richard. ―Sí, pero ella te hizo firmar uno también, ¿no? ―preguntó Willis. Richard asintió. Willis se puso de pie. ―Bueno, voy a ir a mi habitación y salir de estas botas. Mañana va a ser un largo día. Los veo a todos a las diez aquí.

Laura se estiró en el jacuzzi y dejó que el agua caliente y los chorros trabajaran sobre sus músculos tensos. Ella había conseguido superar el primer ítem en la agenda. Si hubiera tenido una estrella de oro se la habría pegarlo en su frente. Las damas ciertamente no actuaban como mujeres ricas, pero por otro lado, Laura nunca había tratado con un multimillonario antes, así que no tenía una regla con la que comparar. Estas viejas chicas eran divertidas, dulces, y Karen incluso bebía cerveza. Todas eran muy diferentes de Viola Cranston, la mujer rica quisquillosa que entró en el invernadero con sus tacones altos, sombrero flexible y diamantes colgando de cada dedo. El agua finalmente se puso tibia, así que renuentemente se arrastró fuera y envolvió una toalla elegante alrededor de su cuerpo. Roxie había trabajado duro en sus uñas, pero dos de ellas ya estaban desconchadas. Su pelo rubio colgaba en mechones húmedos. ―Gracias, Karen, por planear un día de belleza. Voy a necesitarlo ―habló con su reflejo en el espejo.

102


Caminó descalza desde el baño al dormitorio y sacó su camisón y ropa interior de su maleta. Cuando estuvo vestida se dirigió a la sala de estar. Usando el brazo del sofá como almohada, se acurrucó con una suave y esponjosa manta sobre su cuerpo y encendió la televisión. Aparecieron reestrenos de Friends. Ella se reía de Joey, que acababa de enterarse que Monica y Chandler estaban durmiendo juntos. ¿Los ojos de Janet se le saldrían de esa manera si se enteraba de que Laura y Colton dormían juntos? Maldita sea, ¿de dónde venía ese pensamiento extraño? Esto era tan inventado como jugar con las muñecas de papel en el patio con su hermana cuando vivían en Arkansas. En ese ilusorio mundo, las muñecas de papel se besaban y saltaban por la hierba para vivir felices para siempre. Ellos no se quitaban la ropa de papel y dormían juntas. ―Llegaste a casa antes que yo. ¿Mala noche? ―dijo Colton. Ella se sonrojó y levantó la mirada para verlo inclinándose sobre el sofá. ―No, fue una gran noche. Determinamos todos nuestros planes y bebimos cervezas temprano y yo regresé a la habitación y tomé un largo baño. No oí el ascensor. ―Estabas riéndote demasiado alto para oír nada. ―Se quitó las botas y se trasladó a la parte delantera del sofá―. Me gusta ese episodio también. Los ojos de Joey cuentan la historia, ¿No? Me alegro de que hayas pasado un buen rato. Me preocupé por dejarte. Ella captó el olor de su loción de afeitar y su aliento quedó atrapado en su pecho. Levantó la manta un poco más, pero no alivió la temblorosa masa de nervios intensos. —Me divertí mucho. ¿Así que tú también viste esto? —Oh, sí. Fue la primera comedia de adultos que la abuela me dejó mirar. Yo no podía esperar por las noches en que la transmitían. Era apenas un adolescente cuando comenzó y estaba en mis veinte cuando terminó. Nunca me perdí un episodio. Soy propietario de todas las diez temporadas, por lo que si alguna vez quieres pasar todo un fin de semana viéndolas, simplemente dímelo. Se quitó la chaqueta, la arrojó sobre una silla cercana y se deslizó hacia el centro del sofá. Ella comenzó a levantar los pies para darle espacio para sentarse, pero él los recogió y los puso en su regazo. ―¿Así que lo hiciste bien con las damas? No estaban en público y no había ni siquiera un botones en la habitación. Él no tenía que actuar el juego de las citas, así que, ¿por qué diablos estaba tan cerca de ella? ―Ellas son geniales. No era lo que esperaba, sino mejor ―murmuró. Él desenvolvió uno de sus pies y comenzó a masajearlo. —¿Qué esperabas? ¿Cómo había llegado él a tener treinta años y seguir soltero, con o sin dinero, cuando podía frotar un pie de esa manera? Su piel se estremeció todo el camino hasta su cuero cabelludo. ―Esperaba que fueran todas engreídas ―contestó ella.

103


Él sonrió. ―Asombroso, ¿no es así? Pensé que sería tratado como un hijastro pelirrojo cuando los conocí la primera vez. Pero a la gente de hoy en día no le importa de dónde sacaste el dinero. Ellos solo quieren saber lo que vas a hacer con él. Las personas son personas. A veces la gente adinerada tienen juguetes que son de mayor calidad, pero todos se quitan sus pantalones de la misma manera al final del día. Podría haber masajeado sus pies toda la noche sin mencionar lo de quitarse pantalones. La sensación de sus pulgares trabajando en su arco y una imagen de él quitándose lentamente sus pantalones avivó un fuego caliente y rugiente de deseo. ―Eso se siente maravilloso. ¿Puedo llevar tus manos conmigo cuando vuelva a Amarillo? ―Lo siento, cariño. Voy a donde van ellas y mi rancho está en Ambrose. ¿Por qué simplemente no dejas tus pies conmigo? ―Pero, ¿cómo caminaría yo? ―No lo harías. Tendrías que quedarte con ellos. Ella se apoyó sobre los codos. ―¿Así que me estás ofreciendo un trabajo como asistente permanente en el rancho? Él levantó un hombro en un medio encogimiento de hombros. ―Lo estás haciendo bien en el rancho ahora. Andy no está tan estresado. Ayer, incluso estaba silbando como solía hacerlo todo el tiempo. ―Y, ¿durante cuánto tiempo planeas mantener el ardid de las citas? ―preguntó. Él se encogió de hombros. ―Está funcionando muy bien para mí. Normalmente estoy hasta el cuello de mujeres en este momento, durante esta cosa, pero después que entré contigo y que fuiste vista con las mujeres, nadie ha venido a mí. Andy y la abuela son genios, pero no les digas que dije eso. Le metió su pie de nuevo bajo la manta y se levantó. ―¿Hambrienta? Él podría haberse sentado allí hasta el amanecer, pero ya que se puso de pie, ella también se enderezó. ―No, Karen ordenó un par de bandejas de aperitivos para nosotras mientras estábamos bebiendo. ¿Tú? ―Teníamos aperitivos en la mesa. Ella tenía el presentimiento de que no estaban hablando de comida, pero no tenía ni idea de qué hacer a continuación. No, ella no quería comida. Sí, deseaba algo más, pero el deseo la aterrorizaba. Definitivamente no tenía idea de cómo decirle con palabras lo que sentía. ―¿Con sueño? ―le preguntó.

104


Se quitó la manta de encima y se levantó. ―Estoy demasiado activa para tener sueño. Él se estiró y levanto la mirada. Sus ojos verdes se sentían como si estuvieran disparando ráfagas de calor sobre su piel. Cuando él parpadeó ella se enfrió ligeramente por un nanosegundo, pero luego sus ojos se abrieron y allí estaba el fuego de nuevo. La profundidad de su mirada la atraía como un imán. Le recordaba a una pantera macho elegante cuando se levantaba y estiraba, desvistiéndola a cada minuto con nada más que sus ojos. Señor, si podía hacer que se estremeciera con sólo una mirada larga y persistente, ¿qué pasaría si sus manos estuvieran en su cuerpo? Dio un paso hacia adelante y ella pudo sentir el calor de su aliento en su frente cuando exhaló. Instintivamente, se humedeció los labios con la punta de su lengua. Todo sucedió en cámara lenta. Su boca cubrió la de ella, primero con un beso dulce y luego con uno hambriento y persistente, y las cosas ocurrieron tan rápidamente que su cabeza le dio vueltas. Le pareció oír a Janet gritar desde el interior del ascensor, diciéndole que redujera la velocidad y se asegurara de no estar haciendo algo que fuera a lamentar. Mentalmente apretó el botón y envió a su hermana hasta el vestíbulo. Después de eso todo lo que pudo oír fue el zumbido dentro de su corazón. Él ahuecó su trasero con ambas manos y le dio un pequeño empujón hacia arriba, envolviendo sus piernas alrededor de su cintura y los brazos alrededor de su cuello. Necesitaba sentir su cuerpo contra el suyo, así que se apretó más y más cerca. Él retrocedió dos pasos y se sentó en el sofá con ella en su regazo. ―Dime que me detenga ahora, si es lo que deseas ―susurró él. ―No puedo ―dijo ella con sinceridad. ―Esto no es parte del acuerdo y no es una pretensión ―dijo. Ella se echó hacia atrás y desabrochó su camisa en un solo movimiento. ―No, no lo es. ―Ella extendió los dedos sobre su firme pecho musculoso―. Nunca supe que las zonas eróticas tenían nada que ver con la punta de mis dedos. ―Supongo que todo depende de lo que estés tocando. ―Sonrió él. Sus labios encontraron los de ella antes de que pudiera responder, y sus manos se deslizaron bajo el camisón para masajear su espalda. Dios Todopoderoso, cada centímetro de su piel se había convertido en zonas eróticas. Sus manos eran de hielo y fuego al mismo tiempo. Chisporroteaban calientes por un segundo y luego quedaba helada cuando su mano abandonaba ese lugar y seguía adelante. Ella arqueó la espalda y ronroneó como un gatito. ―¿Se siente bien? ―susurró él. —¡Mmmmm! Él tironeó de la camisa por encima de su cabeza y la arrojó al suelo.

105


Al presionar sus pechos desnudos contra su pecho, ella enmarcó sus mejillas con las manos frías y guio sus labios a los de ella otra vez. Le desabrochó la camisa y se la empujó hacia atrás por sobre sus hombros para poder tocar su piel libremente. Sus manos se movieron de nuevo a sus senos y ella gimió en voz alta. Sus labios siguieron a continuación, y ella pensó que se derretiría en un charco allí mismo, en el sofá. Como si pudiera leer su mente, él reajustó su posición, la levantó en sus brazos como una novia, y la llevó a su dormitorio. ―El sofá es demasiado estrecho. Nos dieron una cama de tamaño extra grande. Él la puso sobre la cama y fiel a la imagen que había tenido, poco a poco se quitó las botas, se desabrochó el cinturón, bajó la cremallera de sus vaqueros, y los empujó hacia el suelo. Sus ojos se desorbitaron cuando se dio cuenta de que no llevaba ropa interior. ―Nunca terminaron de gustarme ―respondió a su pregunta no formulada. —¡Guau! ―Gracias. ―Él la tomó en sus brazos y comenzó una nueva ronda de vaporoso y calientes besos. Su pulgar y dedo índice se engancharon en sus bragas y ella levantó las caderas lo suficiente para que pudiera eliminarlas. Y entonces sus manos estaban por todas partes en su cuerpo, tocando mientras su boca la saboreaba. Ella le pasó las manos por su pecho, a través de la delgada línea de cabello oscuro suave que se extendía desde los pezones tensos hasta el ombligo. La combinación de sus manos sobre ella y sus yemas de los dedos sobre él como zonas sensuales recién descubiertas crearon un fuego que crecía más y más ardiente hasta que pensó que explotaría antes de que alguna vez se decidiera a tener relaciones sexuales. ―Dios mío, eso se siente bien ―susurró él. Ella hizo descender lentamente sus dedos. ―¿Y esto? ―Ella jugueteó con su erección ya dura. ―Eso va a conseguir meterte en un gran problema. ―¿De qué clase? ―susurró. Él la besó con fuerza y rodó encima de ella. Sus manos fueron automáticamente alrededor de su cuello. Ella se preparó para la primera embestida, pero él enterró el rostro en su cuello y la acarició allí hasta que gimió. ―Dime lo que quieres, Laura. ―Se sintió como si su aliento estuviera haciendo el amor con ella. Nada importaba más. Ni si se quedaba o se iba al final del mes o si ella usaba un vestido barato para una cena formal. Ella solo quería que Colton apagara el fuego. Ella envolvió sus piernas alrededor de él. ―Te deseo a ti.

106


Se arqueó contra él y con un empuje firme él comenzó un ritmo oscilante que la disparó directamente al cielo, hacia la luna llena cerniéndose sobre el horizonte de Dallas fuera de la ventana del dormitorio. Ella estaba desesperada en su deseo de encontrar la liberación, y sin embargo, no quería que terminara. Sus manos eran magia y la hicieron flotar en algún lugar entre el cielo y la tierra, donde la gravedad no tenía poder. ―Oh. Dios. Mío ―murmuró ella. ―Lo sé ―dijo. Entonces, su boca cubrió la de ella. Podrían haber estado en un granero lleno de heno o en las orillas del río. No tenía nada que ver con la lujosa habitación de hotel y todo que ver con un fuego al rojo vivo que existía entre ellos. Se movieron al unísono y gimieron al mismo tiempo. Ella gimió su nombre al mismo tiempo que él murmuró el de ella, y luego se acabó. Su cuerpo no tenía huesos y su respiración era entrecortada, rápida. ¿Había muerto en ese momento final? ¿Iba su alma flotando hacia el cielo y su cuerpo no se daba cuenta de que se había ido? Colton rodó hacia un lado y quince centímetros de espacio los separaron. Se sentía perdida hasta que él entrelazó sus dedos entre los suyos y los apretó. Eso la mantuvo viva y su alma se instaló de nuevo en su cuerpo. Ella respiró profundamente varias veces y abrió los ojos. Él estaba a escasos centímetros de su cara y mirándola directamente a los ojos. Él depositó un beso suave en sus labios. ―Ahora tengo hambre ―dijo él. ―¿De qué? ―Yo diría que de una segunda ronda, pero, cariño, después de eso... ―Dejó que la frase colgara. ―Pensé que había muerto. No creo que pueda hacer eso otra vez esta noche ―dijo ella. ―Intenso ―dijo él arrastrando las palabras. ―Eso no comienza a cubrirlo. Tiró de su brazo izquierdo alrededor de ella y la atrajo hacia sí. ―Tú eres... ―¿Qué? ―preguntó ella. ―No puedo encontrar las palabras. Era la frase más hermosa que había oído jamás.

107


10 Traducido por Curitiba Corregido por Andrea95

Laura nunca se había dormido con un hombre en toda su vida. En las dos relaciones que había tenido, ellos se habían reunido en moteles y en sus apartamentos, pero nunca en el suyo. Y ella siempre, siempre había ido a casa mucho antes de que amaneciera el día. Cuando se despertó por la mañana, se tardó más de un minuto en orientarse. Cuando se dio cuenta de lo que había hecho y dónde estaba, ella lanzó una almohada sobre su cabeza y esperó que no se prendiera fuego por el rubor escarlata que le quemaba la cara. ―Buenos días ―dijo Colton alegremente. Ella murmuró algo, pero no movió la almohada. No podía mirarlo y tendría problemas para mirarse en el espejo. Todavía tenía meses y meses de trabajo que hacer en el rancho para pagar a Andy y tenía que sentarse a la mesa de la cena con Colton y… la lista seguía y seguía. ―Despierta, dormilona. Tenemos un día lleno delante de nosotros. Quería meterse dentro de la funda de la almohada y completamente morir, pero se sentó y sonrió débilmente. Mantuvo la almohada cerca por si acaso necesitaba utilizarla de nuevo y miró a todas partes en la habitación, menos a Colton. ―¿Hambre? ―le preguntó. ―Mmmm ―masculló. La comida era la última cosa en su mente. ―¿Estás despierta o todavía durmiendo a pesar de que tus ojos están abiertos? ―le preguntó. Ella echó un vistazo en su dirección. Llevaba pantalones de holgazanear impresos con el logotipo de los Cowboys de Dallas y una camiseta de malla con el faldón colgando hacia fuera. Estaba descalzo y sin duda tenía el cabello desordenado de dormir. ―Desayuno en la cama. Vamos a compartir ―dijo. ―¿Café? ―murmuró. Él asintió y se dirigió hacia la puerta. ―¿La bestia no se despierta sin café?

108


―La bestia es conocida por morder antes del café. ―Ella tiró las mantas sobre su cuerpo desnudo y miró a su alrededor por su ropa interior y camisa, pero no pudo localizarlas en ninguna parte. Colton rodó un pequeño carrito en la habitación con un servicio de café en la parte superior y dos platos de cúpula cubiertas en el segundo estante. ―Tortitas, tocino y huevos, pero primero el café. Yo te habría fijado por bella, no por la bestia. ―Él sirvió dos tazas de café y le dio una a ella antes de añadir un montón de crema y azúcar a la suya. Metió la sábana firmemente debajo de los brazos y sostuvo la taza en sus manos por unos segundos, saboreando el aroma humeante, que subía en espiral. ―Gracias. ―¿Ni crema o azúcar? ―le preguntó. Ella negó con la cabeza y dio un sorbo. ―¿Así que te gusta el café como tus hombres? ―Una malvada sonrisa sexy puso un brillo en sus ojos verdes. —Ella inclinó la cabeza hacia un lado―. Fuerte y caliente ―respondió a la pregunta en su expresión. El color llenó sus mejillas―. ¿Es rubor lo que veo? ―le preguntó. ―No hago… no tengo… quiero decir ―ella tartamudeó. ―Escúpelo de una vez, Laura. ―Él se rió entre dientes. ―Eso no es lo que hago y no soy esa clase de mujer. ―Las palabras salieron atropelladamente. Él le palmeó el hombro desnudo. ―Es lo que es y fue fantástico. ¿Quieres que consiga una bata para ti? Sus ojos se encontraron en medio de la cama y se sostuvieron. ―Por favor ―susurró. Él la besó en la frente. Un susurro de café dulce y caliente, su aliento le dijo que Colton no creía que ella era barata y fácil. Le entregó una bata blanca y espesa con monograma del logotipo del hotel y le dio la espalda mientras ella colgó sus piernas fuera de la cama, dejó caer la sábana, y ató el cinturón firmemente alrededor de su cintura. ―¿Decente? ―le preguntó. ―Sí, y gracias ―dijo. ―Bueno. Ven por aquí y siéntate a mi lado mientras desayunamos. Tenemos alrededor de una hora antes de tener que estar en el vestíbulo. Ella metió la bata entre sus rodillas cuando se sentó. Puso los dos platos en la parte superior del carrito y sacó las tapas. Su estómago gruñó con el olor del tocino y jarabe de arce caliente.

109


―El trabajo abre el apetito, ¿no? ―dijo. Ella se sonrojó de nuevo. ¿No podían pretender que nunca sucedió? En las otras dos relaciones, el hombre llamó al día siguiente, pero ellos no hablaron de lo que habían hecho la noche anterior. Pero por otro lado, en aquellas relaciones no había mucho de qué hablar, no cuando se comparaba con lo que había sucedido con Colton. Nunca había estado tan excitada, tan lasciva, o tan satisfecha cuando todo había terminado. ―¿Qué tienes en tu agenda para hoy? ―le preguntó. ―Haremos un día de belleza ―dijo. ―Entonces puedes llamar a Karen y decirle que la verás en la cena de esta noche, ya que no tiene que hacer un día de belleza. Eres hermosa justo como estás en este momento. La risa tonta apenas estuvo allí, pero alivió un montón de tensión. ―Esa es una línea de mierda. Me desperté y mi cabello es de miedo. Mis ojos tienen bolsas debajo de ellos y están caídos. Tengo que usar mis lentes hoy si tengo la oportunidad de usar lentes de contacto esta noche, y recuerda, que soy la chica nerd, no la sexy. ―Solamente veo a una hermosa y sexy mujer en mi cama desayunando conmigo, y si no vas a tu día de belleza, puedo saltar el almuerzo y podemos pasar una hora entera en la cama al mediodía. En ese momento ella fue capaz de controlar el rubor, pero sus palabras crearon una agitación de deseo que no podía quitar. ―Yo no lo creo. Nunca he tenido un día de belleza y voy a ver lo que me he estado perdiendo. Su boca decía una cosa; su cerebro pensaba otra; su cuerpo pedía a gritos una tercera que sonaba mucho mejor que cualquier otra más. Él se deslizó tan cerca que pudo ahuecar sus manos en sus mejillas. El beso fue uno de esos hambrientos que la hicieran olvidar la comida, la belleza, e incluso la respiración. Terminó tan abruptamente como comenzó y él volvió a comer. ―¿Qué fue todo eso? ―le preguntó ella. ―Mientras estás recibiendo tu día de belleza, quiero que pienses en lo que te estás perdiendo ―dijo. Tomó su último pedazo de tocino y se lo metió en la boca. Hubiera pensado en él durante toda la mañana de todos modos, sin el beso, pero ahora no sería capaz de sacarlo de su mente seguramente. No es de extrañar que muchas mujeres lo hubieran estado persiguiendo. Si supieran lo que le hizo, habrían corrido aún más duro. Demasiado malditamente malo que la suya fuera una relación falsa. Ella podría caer tan fácilmente enamorada de Colton y con la misma facilidad conseguir que su corazón se rompiera en mil millones de pedazos. Ningún vaquero multimillonario jamás se conformaría con una mujer que trabajaba en un invernadero, que vivía en botas y pantalones jeans, y poco le importaba si sus uñas estaban pintadas de color rosa, rojo, ¡o incluso azul!

110


―Realmente no es justo para Laura estar en la misma habitación con nosotras ―se preocupó Bunny. ―Eso es correcto, Karen. Seguro que dejaste caer la pelota en este caso. Todas vamos a tener problemas de autoestima después de hoy ―dijo Tootsie. ―Dios, daría la mitad de mis miles de millones por tener brazos firmes como tú los tienes, Laura ―dijo Melanie. Karen intervino desde el final de la fila de mesas de masaje. ―Si están a la venta, te voy a dar más de lo que ella pueda remover de sus cuentas bancarias. Laura sonrió. ―Todas ustedes son muy divertidas. Se tragó un gemido cuando la masajista excavó en los lugares reducidos de su cuello y hombros. Se sentía casi tan bueno como el sexo que tuvo la noche anterior. No tan bueno por cualquier medio. Nada era tan maravilloso. ―Apuesto a que trajiste aquel desgarbado viejo traje de pantalón negro para esta noche, ¿no es así, Karen? ―preguntó Melanie. ―Jesús, yo vivo en jeans y botas en el rancho. No me gusta ir de compras y ha funcionado muy bien durante cinco años, así que estará más que bien para una cena aburrida y baile. Laura escuchó su conversación con un oído y en la cascada que goteaba sobre la pared del fondo con el otro. Se imaginó nadar desnuda con Colton en la pequeña piscina. Ella tuvo que borrar las imágenes o estaría haciendo ruidos sexuales allí mismo, en la mesa de masaje. ―Jesús no va ayudarte, Karen. No vas a llevar esa cosa de nuevo. Está fuera de moda. Vamos de compras justo después de la peluquería. Hice los arreglos para una hora en una pequeña boutique justo al lado del salón de belleza. Si estamos listas para caer en nuestros nuevos trajes, no nos hará daño volver al hotel treinta minutos más tarde de lo que habíamos planeado ―dijo Melanie. ―¿Dónde Gloria? ―la masajista preguntó a Bunny. ―Exactamente ―dijo Melanie―. Todas podemos comprar algo nuevo, pero Karen definitivamente no llevará esa ropa fea que ha tenido por veinte años. ―Cinco, no veinte ―dijo Karen. ―Bueno, seguro que fue suficientemente feo durante veinte años. ¿Qué trajiste, Bunny? ―preguntó Melanie.

111


―No digo que una mierda. Sólo voy a comprar algo nuevo. No te quiero renegando hacia mí. ¿Y tú, Tootsie? ―Me voy a comprar lo que sea que Melanie y Gloria escojan, siempre y cuando no muestra los brazos de murciélago o mi estómago flácido. Juro que la gravedad solamente aspira las células de grasa hacia abajo y rápidamente. ―¿Laura? ―preguntó Melanie. ―¿Quieres decir que no puedo usar overoles e ir descalza? ―preguntó ella. ―Cariño, probablemente podrías y aún con eso puesto a todos las demás nos avergonzaría, pero no vas hacerlo. ¿Qué trajiste? ―Un lindo y corto vestido rojo, pero yo no tengo miedo de cambiar de opinión. ―Buena chica ―dijo Melanie. Después del profundo masaje, Laura se sentía como un fideo mojado. Estaba sorprendida de que sus piernas la llevaron a la siguiente habitación, donde las cortinas separaban cinco bañeras de hidromasaje profundas. Su personal "señora-del-día", Sarah, hizo un gesto con la mano delante de decenas de contenedores llenos de sales de baño. ―¿Cuál es su fragancia favorita? Miró hacia abajo a la fila y, finalmente, señaló hacia el azúcar de vainilla caliente. La mujer abrió la tapa y puso tres cucharadas llenas en el burbujeante agua caliente. Ella hizo un gesto a Laura para que se metiera, colgó la bata en un gancho cuando ella la dejó caer, y metió una toalla enrollada debajo de su cuello cuando se puso cómoda en la bañera. Luego masajeó el rostro y las sienes durante diez minutos antes de aplicar una máscara de barro. ―Vamos a dejar que eso penetre durante veinte minutos antes de quitarlo. Le dejo relajarse mientras la mascarilla hace su trabajo ―dijo Sarah en voz baja. Laura no podía esperar para compartir lo que significaba tener un día de belleza con su hermana. Janet chillaría cuando se enterara de los treinta minutos sentada en un remolino que olía a vainilla. ―¿Qué sabor elegiste? ―gritó Karen desde el otro lado de la cortina. ―Durazno ―dijo Tootsie―. Si no estuviera ya en la menopausia, juraría que estaba embarazada. He estado anhelando melocotones exactamente como cuando estaba esperando a mis dos niñas. ―Cariño, pasaste la menopausia hace veinte años. Y tienes que estar expuesta para quedar embarazada. ―Bunny rió tontamente. ―¡Hey, oye! He estado expuesta. Tal vez no tan a menudo o tan salvaje como solía exponerme pero no me he secado completamente todavía. La voz de Karen fue más fuerte que la de ellas: ―Ustedes dos van a avergonzar a Laura. Te lo juro, yo veo un resplandor rojo desde detrás de sus cortinas.

112


―Yo no estoy sonrojándome ―protestó Laura―. Bien por ti, Tootsie. No voy a secarme cuando llegue a los cuarenta y poco. ―¡Cuarenta, mi culo! ―exclamó Bunny―. Cuarenta años ha pasado por alto como un tornado silvestre de Texas. Tootsie rió. ―Todas éramos salvajes como los tornados en Texas en nuestros días, ¿no, chicas? Melanie elevó la voz: ―Yo no sé de lo que todas ustedes están hablando. Cambiando de tema antes de realmente avergonzar a Laura, ¿fa qué hora dijiste que servían la merienda por aquí? Tengo hambre. ―Tan pronto como nos laven el barro de la cara, vamos comer ―respondió Karen. El almuerzo fue servido en una mesa de cristal en el borde de una burbujeante cascada. Llevaban sus batas blancas, mientras mordisqueaban sándwiches, pimientos rellenos, fresas y uvas, y bebieron a sorbos vasos de vino frío. Después de esto ellas vistieron sus jeans y botas para ir a la peluquería. Cinco mujeres las esperaban con delantales para que se deslizaran sobre sus ropas, y entonces el siguiente paso comenzó. ―Oh, cariño, me encanta tu cabello y la forma en que se corta; podríamos hacerlo para arriba como Marilyn Monroe en la foto donde ella está de pie junto a la rejilla de ventilación. Los viejos estilos como ese están haciendo una reaparición y tú tienes la figura y el rostro para llevarlo. ―Estoy de acuerdo ―dijo Karen Laura asintió. ―Estoy a tu merced. ―Oh, vamos a encontrar un vestido como ese para el baile de esta noche ―dijo Bunny. ―Hay uno en la ventana donde Gloria ―dijo la peluquera―. Me fijé en él, pero era demasiado pequeño para que me quedara. Apuesto a que quedaría muy bien en ti. Es más corto que el de Marilyn y hay piedras brillantes en la correa, pero tendría el mismo efecto. Sería perfecto con el peinado que tengo en mente. ―Vas a dejar fuera de combate los ojos de Colton ―dijo Bunny. ―No sé… ―comenzó Laura. ―Cariño, en veinte años los brazos van a lucir como la mierda y tus tetas no serán toda alegría. Disfruta de tu tiempo, ya que no va a durar para siempre ―dijo Bunny seriamente.

113


11 Traducido por Mokona Corregido por Andrea95

Colton se cambió a un traje del oeste, sus mejores botas vaqueras negras bien pulidas y brillantes, y se afeitó por segunda vez en el día. Iba a mitad del camino a través de la habitación, dirigiéndose a golpear la puerta de Laura cuando esta se balanceó abriéndose. Y sus botas estuvieron de inmediato pegadas al piso. Su boca cayo como si alguien se la hubiese rellenado con una gran bola de algodón, y su cerebro se hubiera convertido en papilla. La reacción contra su cremallera le dijo que debía controlarse o estaría en una sumamente dura noche. Parpadeó y ella no desapareció. No era la desaparecida Marilyn o Miranda Lambert pero le recordaba una fina mezcla de ambas. Cuando ella disparó una mano a su cadera, fue pura Laura, cambiando de ratón de biblioteca a princesa. No podía quitar sus ojos de ella o limpiar la tonta sonrisa de su rostro. Tragó varias veces y finalmente dijo: ―Luces increíble. ―Tú también te arreglaste muy bien. ―Ella sonrió. ―Mejor pasó por la tienda del hotel y compro todos los baberos que tengan. Los otros hombres en la cena los van a necesitar ―dijo. No estaba solo disparándole un piropo. Su vestido blanco metido en su pequeña cintura y manando sobre sus caderas. Su espalda estaba desnuda y había piedras que destellaban en la parte que rodeaba su cuello. Su cabello estaba acomodado para lucir como el de Marilyn en esa famosa foto donde ella estaba de pie sobre la rejilla de ventilación. Miró hacia abajo esperando ver tacones altos pero ella llevaba flamantes botas blancas de vaquera con un corazón incrustado de brillantes decoraciones rojas con piedras centellantes. ―¿Eso significa que te gusta? ―preguntó―. Tenía mis dudas sobre las botas con el vestido pero Tootside dijo que serían el toque final. ¿Alguna de las otras mujeres llevaran vestidos con botas como estas? ―No me importa lo que lleven. No seré capaz de quitar mis ojos de ti en toda la noche. ¿Vamos? ―Dobló su brazo y ella deslizo el suyo dentro de este. Entraron y él la miró en los espejos de los lados. Primero desde una vista lateral, luego una mirada sobre sus hombros para una visa posterior, y luego una mirada frontal

114


antes de que las puertas se abrieran. No había un solo ángulo desde donde ella no valiera un millón de billetes de los grandes. ¡Infiernos, no! Ella se veía como de un billón de billetes de los grandes esta noche.

Laura había estado llena de confianza en sí misma hasta que atravesaron las puertas de la habitación del banquete y todos fueron de un bajo alboroto a completo silencio. Luego tuvo que confiar en un farol de coraje porque su confianza en sí misma hizo una voltereta hacia atrás para salir por la enorme ventana al final de la habitación. Estaba demasiado arreglada. Las chicas la habían encaminado mal y todos pensaran que Colton había comprado a una fulana para esta cena. Trató de pensar en una razón para retirarse rápidamente pero no la tenía. Su estómago jamás le colaboraba y la hacía sentir nauseas en los momentos de necesidad. ―Te lo dije ―susurró Colton y se inclinó un poco. ―¿Qué cosa? ―Que luces increíble. Todos en el lugar están atónitos. Creen que he reencarnado a Marilyn y la traje a la cena. ―Creen que trajiste a una prostituta a la cena ―susurró Laura. ―Cariño, no hay una prostituta en Texas que sea tan deslumbrante como tú o que tenga tanto estilo. Sus comentario trajeron de regreso un poco de su confianza. Melanie apareció justo a su lado. ―Te dije que podrías sorprenderlos completamente. Apuesto que Karen esta aliviada ahora que no está usando ese horrible traje pantalón negro. La gente empezó a hablar de nuevo pero Laura aun podía sentir sus ojos es ella. Ella miró hacia abajo para asegurarse de que ninguno de sus senos se había salido del top. Gracias a dios, aún estaban cubiertos. ―Ella es hermosa, ¿verdad? ―dijo Colton―. ¿Sabías que es una genio de las computadoras? Puede tirar de un ternero y hacer magia en las flores y luego lucir así para cenar. ―Sep ―dijo Bunny mientras caminaba en su nuevo vestido azul eléctrico―, hiciste bien dando con ella, Colton. No hay suficiente dinero en el mundo como para comprar las cosas de calidad que esta mujer trae a la mesa. Es mejor que te cuelgues a ella porque hay una docena de billonarios en esta habitación esta noche y están resoplando en la verja por la posibilidad de una oportunidad con ella. Ahora vayamos a la barra y consigamos un trago. Quiero un Ruso Blanco y Laura quiere una buena cerveza fría, cierto, ¿querida?

115


Laura se sintió como una reina de nuevo. ―Coors, por favor. De cuello largo si es posible. Colton apretó su mano. ―Que sean dos y estaré justo detrás de ti. Hay algunas personas que quiero presentarle a Laura en el camino. Ella se sentó tensa entre Colton y Tootsie en la mesa. Filetes, panecillos, papas horneadas, y vegetales al vapor fueron servidos. Un carrito de postres ofrecía una variedad de pasteles de queso, pastel de frutas, y tartas. Tootsie le dijo chismes durante la cena y ella disfrutó eso incluso más que la comida. Además, los filetes eran mejores en el rancho, Chester hacia mejores panecillos, y el pastel de queso era comprado, no hecho a mano. ―¿Ves esa mujer de rojo con los brazos como el queso? Laura inclinó la cabeza lo suficiente como para llamarlo un asentimiento. ―Ahora mira al macizo fisicoculturista junto a ella. ―¿Su hijo? ―preguntó Laura. Tootsie susurró: ―¡Hijo, mi trasero! Ese es su quinto esposo. Son cada vez más jóvenes y ella se pone más y más maquillaje cada vez. Juro que el siguiente vendrá justo de la escuela secundaria y ella se pondrá el maquillaje con una espátula. Laura comprobó de nuevo a la pareja y como era de esperarse el hombre tenía sus brazos rudamente alrededor de la dama en un gesto de esposo posesivo. ―¿Qué hay de aquella con el vestido dorado y toda esa joyería brillante? ―preguntó ella. ―Oh, es falsa, cariño. Él probablemente la contrató de una de las uniones locales de prostitutas, pero finalmente está despertando y consiguiendo algo de inteligencia. Las últimas dos esposas casi le costaron su rancho y sus pozos petroleros. Para el momento en que terminó la cena y la banda empezó a tocar, Laura había olvidado lo incomoda que se había sentido cuando llego. Cuando Colton se levantó y le pidió que bailaran, ella puso su mano en la de él y miró a Tootsie. La chica mayor sacudió su dedo hacia Laura. ―No te atrevas a vender ni una sola parte de tu cuerpo sin llamarme primero. Soy más rica que cualquiera de esas otras tres. El cantante principal en la banda de country rasgueó una guitarra y empezó una canción de Blake Shelton, "¿Quién Eres Cuando No Estoy Mirando?" Laura caminó hacia los brazos abiertos de Colton y cuando comenzó la segunda estrofa la multitud se separó. Cuando se dio cuenta que ella y Colton eran los únicos en la pista, se sintió como en el comedor comunitario de la iglesia cuando el predicador les había dicho a ella y a Colton que lideraran la fila del bufet.

116


Esto fue incluso más surrealista cuando Colton miró justo a sus ojos y cantó acompañando al vocalista. Las palabras decían que él no había probado todas sus comidas y se preguntaba que hacia ella cuando él no estaba mirando. Ella podría contestar eso fácilmente diciéndole que lo que veía era lo que obtendría. Si, ella rompía cosas cuando se enojaba y se comía una caja entera de chocolates cuando estaba triste, justo como decía la letra de la canción. Él debía conocer mucho mejor a las mujeres de lo que lo hacían otros hombres porque preguntó si ella dejaba un camino cuando se desvestía y si se hundía hasta la nariz en un baño de burbujas. La canción se terminó y toda la gente aplaudió. El cantante fue directo a un tema de George Strait y Colton mantuvo sus brazos alrededor de Laura. ―¿Quién eres, Laura, cuando no estoy cerca? ―Soy quien soy y dejo un camino de ropa cuando me desvisto tal como decía la canción ―susurró. ―No te he visto romper nada cuando estas enojada ―dijo. ―No me has visto enojada. Y en verdad hago todas las cosas que cantó excepto llamar a mi mamá cuando todo falla. Es ahí cuando llamó a mi hermana, Janet, o mi mejor amiga, Brenda. ―¿Por qué? ―preguntó Colton. ―Porque aun con lo inestable que es, Janet es todo lo que tengo. La he estado sacando de problemas desde que éramos unas niñas y ha sido mi responsabilidad desde entonces. Y Brenda es la única amiga que tuve en la escuela. Ahora vive en california y tiene tres hijos, pero tratamos de llamarnos en cumpleaños y días feriados y ponernos al día.

Colton tenía un millón de preguntas y escasamente sabia donde iniciar o que tan rápido ir. Él la trajo lo suficientemente cerca de su pecho como para escuchar su corazón. Con razón ella y Roxie se estaban llevando tan bien. Estaban cortadas con las mismas tijeras. Alguien le dio unos golpecitos en el hombro y se giró para encontrar a un vaquero sonriente que le preguntó si podía colarse. ―Siempre he sido un gran admirador de Marilyn y mi amigo me va a tomar una foto bailando con ella para mi sitio web ―dijo. ―¿Qué tipo de donación hiciste? ―preguntó Colton. La sonrisa del vaquero se hizo aún más grande. ―Por dos bailes, puedes apostar que mi donación tendrá otro cero en ella. ―Colton Nelson, ¡yo no estoy en venta! ―dijo Laura.

117


―Por supuesto que no, querida. ―Colton se apartó―. Ni siquiera soñaría con venderte. Soy demasiado egoísta. Él se unió a Tootsie y Bunny en la mesa y vio al vaquero bailar con Laura desde lejos. Él era ligero de pies y ella lo siguió en cada paso. ―Eres un idiota ―le dijo Tootsie. ―Un condenado loco ―dijo Bunny. ―¿Por qué se están aliando contra mí? ―No la emperifollamos para nadie más que para ti. Todos la habían visto. Estaba bailando contigo. Ahora no se la des a todos los que están en la habitación. ¿Debemos deletreártelo? ―preguntó Buuny. ―Y pon un anillo en el dedo de esa chica antes de la próxima reunión ―susurró Tootsie. ―¡Sooo! Hasta ahora me estoy acostumbrando a tener una novia ―argumentó. ―Mujeres como esas no llegan todos los días, chico. Ella es una de esas que encabezan las listas de, "lo que el dinero no puede comprar". Es del tipo al que no le importa si todo lo que tienes es dos centavos en tu bolsillo o si tienes el suficiente dinero como para comprar el estado de Texas ―dijo Tootsie. ―Tootsie, tienes mucha razón ―dijo Colton―. Creo que iré a buscar algo más interesante que hacer que bailar. Toda la barbilla de Bunny se contoneó cuando asintió. ―Ella es un tesoro, hijo. Esperamos que la traigas a jugar de nuevo con nosotras el próximo año y sería bueno si trae diamantes en el dedo correcto. Realmente nos gusta y estamos impacientes por que la conozcan Blanche y Dottie. Se despidió de las damas y reclamó a Laura justo cuando terminaba la segunda canción. Los dos caminaron al ritmo de una vieja tonada de Conway Twitty y él se movió hacia la puerta con cada redoble. ―¿Lista para salir de aquí o quieres quedarte y bailar un poco más? ―¿Quieres decir que no tenemos que quedarnos hasta que todos se vayan? ―preguntó ella. ―Cumplí mi deber, escribí el cheque, y puedo irme en cualquier momento ―le contestó.

Laura miró alrededor en el salón de baile una vez más, memorizando todos los detalles para contarle a Janet y Roxie más tarde. Tal vez nunca volvería a ser cenicienta

118


de nuevo. No era media noche y ella podría quedarse, pero ya había capturado al príncipe, al menos por esa noche. Sus botas vaqueras no estaban hechas de cristal y no tenía la intención de perder una saliendo del salón de baile. El vaquero que todas las mujeres se quedaban mirando se iba a ir con ella. Esto no podía ser mejor. Por primera vez en su vida, estaba caminando sobre nubes. ―¿Y bien? ―preguntó el. ―Estoy lista cuando tú lo estés ―le dijo. Las dos lámparas de araña estaban destellando. Las mesas estaban cubiertas de blanco y los centros de mesa eran rosas rojas. El piso era de madera dura, y obras de arte del oeste cubrían los muros. Si, ella podría contarle los detalles a Janet, pero nunca podría explicarle el sentimiento en su corazón o lo que todo ese día había significado para ella. La mano de Colton se sentía tibia en la estreches de su espalda, absolutamente caliente para cuando llegaron al ascensor. La guio al interior y usó la llave electrónica en el bolsillo de su chaqueta para llevarlos a su ático. Luego el giró y envolvió sus brazos alrededor de la cintura de Laura y la dobló hacia atrás para un beso al estilo Hollywood que estuvo cerca de quemar sus botas justo allí frente a las paredes de espejos del ascensor. ―Quiero hacer eso toda la noche ―dijo. La levantó y ella enrolló ambos brazos alrededor de su cuello y lo besó apasionadamente. ―Y yo quiero hacer eso toda la noche. Las puertas se abrieron y él caminó hacia atrás dentro de la habitación, dejando un rastro de ropa al pasar, vestido sofisticado, chaqueta, camisa, botas, calzoncillos todo en una línea desde la puerta del ascensor hasta el borde de la cama donde lo último fueron las botas de ella. ―Eres tan exquisita sin ropa como con ella ―dijo justo antes de tumbarla de espaldas en la cama. ―Apuesto que eso le dices a todas las chicas. ―Nunca había dicho eso en mi vida. ¿Es una buena frase? Ella lo besó y mordisqueó su labio inferior. ―Es una buena frase. Algo en su mente le recordó que mañana en la mañana ella estaría despertando y tirándose una almohada sobre la cabeza de nuevo, que dos veces en su cama era buscarse aún más problemas y dolores de cabeza. Pero en ese momento, ella era la chica rebelde que no le hacía caso al sentido común. Ella quería lo que quería, y ese era Colton. Él le regreso el favor y pronto fueron de besos provocadores a profundos y luego a los muy calientes y húmedos que los dejaban sin aliento. Las manos de ella acariciaban sus músculos y se movieron más abajo. El provocaba su cuerpo llevándolo a arquearse rogando sin decir ni una palabra. ―Solo mirarte toda la tarde me ha excitado ―susurró él.

119


―¿Oh, sí? ―Creí que mi cremallera iba a quebrarse cuando te estiraste y dejaste una mano en mi muslo durante la cena ―dijo él. ―Tuviste tu venganza. ―¿Qué hice? ―Pusiste tu brazo alrededor de mis hombros desnudos e hiciste círculos en mi brazo con tu pulgar. Él incluso tuvo un tono profundo, sexy y arrastró las palabras cuando rió entre dientes. ―¿Eso te puso caliente? ―Solo digamos que perdí un pequeño trozo jugoso del chisme que Tootsie me estaba contando porque todo mi cuerpo estaba tarareando. Él sonrió y el corazón de ella dio un par de volteretas. Sus manos se movieron lentamente desde su cuello hacia sus rodillas. ―¿Esta tarareando ahora? Ella agarró un puñado de cabello y dirigió los labios de él hacia los suyos. Cuando el beso terminó dijo: ―Está cantando a la mayor capacidad de sus pulmones. Nunca había coqueteado así antes. Hablar durante el sexo no había sucedido antes. Pensándolo bien, no estaba segura de alguna vez haber conocido lo que era un verdadero clímax antes de anoche. Con un contoneo ella se liberó, empujándolo de espaldas sobre la cama, y se sentó a horcajadas sobre su cuerpo. ―Mi turno, vaquero. Solo tomó un movimiento y otro contoneo y él estuvo firmemente plantado dentro y ella comenzó con la lenta cabalgata. Cuando el ya no pudo aguantarlo, gimió y rodeó su cintura con sus grandes manos. ―Laura, cariño, esto no va a ser una película de dos horas. ―Él les dio la vuelta colocándola de espaldas sobre la cama y tomó el control, llevándolos a ambos a la cumbre del juego con solo algunos golpes. Ella enterró su rostro en su hombro. ―Esto es mejor que una película. Esto va justo al punto y ahora no puedo respirar. Él se sostuvo en sus codos. ―¿Es esto relajación postcoital? ―No estoy segura. Nunca he tenido relajación postcoital, pero seguro que es grandioso.

120


Se abrazaron bajo cobijas, ocupando solo una pequeña parte de la enorme cama. Laura pretendía descansar sus ojos por un minuto y luego ir a su propia habitación. No era sano dormir dos noches en la cama de él. La primera fue excusable porque estaban muy cansados y habían bebido. Dos y ella podría pensar que ese era el lugar a donde pertenecía. Solos unos cuantos segundos para disfrutar la tibieza rodeándola como una peluda cobija en una tormenta de nieve y luego se escabulliría de su cama e iría a la suya. Su suave respiración le indicó que él ya estaba dormido. Se hizo un ovillo junto a él y rápidamente cayo dormida. Ambos durmieron en ese profundo sueño reservado para los suertudos que acaban de experimental una sesión de sexo espectacular.

121


12 Traducido por Nadya Corregido por Liraz

Ella despertó a la mañana siguiente inclinada para una pelea. Si tenían un buen argumento conmovedor estaría gritando para poner fin a sus sentimientos. La felicidad no duraba para siempre y era inteligente para cortar de raíz antes de que se desvaneciera como lirios viejos. El desayuno fue torpe. Dejando el embalaje apresurado. El viaje en el ascensor estuvo en silencio mientras trataba de dar sentido a todas las emociones mezcladas en el traqueteo del interior de su cuerpo y mente. El viaje desde el vestíbulo al penthouse había terminado en un instante, pero cuando se abrieron las puertas, Melanie, Bunny, Tootsie, y Karen se encontraban allí, discutiendo como siempre. Colton le soltó la mano y dio un beso en sus labios. El fin de semana mágico había terminado. Cuando se había despertado esa mañana, la bata esperaba en el extremo de la cama y Colton cantaba en la ducha. —Buenos días. Todos nos encontramos satisfechos aquí antes de irnos, así que podríamos decir adiós —dijo Karen. —Voy por ayuda del valet. Tienes unos minutos para hablar con las mujeres —dijo él y sonrió a las damas. —Pensé que ustedes habrían desaparecido. Estábamos tan tarde. Tootsie sonrió. —Recuerdo cuando solíamos llegar tarde el día después del baile. Disfrútalo, cariño. Lograras ponerte vieja muy pronto y lo único que querrás hacer después de una comida y un par de bailes es ponerte una bata cómoda e irte a dormir. Karen la abrazó y metió una tarjeta de visita en el bolsillo de su camisa. —Nuestros queridos esposos tienen que conseguir traer nuestros vehículos alrededor y el equipaje cargado. Si eres nueva en Dallas antes de la próxima reunión de la junta, llama a uno de nosotros y vamos a hacer un almuerzo, o mejor aún, un día de belleza. —Tú fuiste la comidilla de la fiesta de anoche —dijo Bunny. —¿En serio? —dijo Laura. —Buena charla. Dice Colton que a todo el mundo le fue bien cuando te encontró.

122


—Espero que tengan razón. Tenemos una gran fiesta en el granero pasando el próximo sábado. Esto va a durar todo el día. Si ustedes están libres, por favor, vengan a Ambrose y únanse a nosotros —dijo Laura. —Yo podría hacer eso —dijo Tootsie. Laura la abrazó. —Llámame si quieres venir en la noche y tú puedes permanecer en el rancho. Me tengo que ir; ahí está nuestro camión. El tráfico de la mañana del domingo era escaso. A las once las personas estaban dormidas por los efectos de la fiesta del sábado por la noche, o bien se encontraban sentadas en la iglesia. De cualquier manera, no estaban en el camino esa mañana. Un relámpago atravesó el cielo y el trueno retumbó. Claro, con tanta fuerza que arrasó el horizonte, fue la última vista que Laura tenía del hotel. —Fin de semana servido para durar para siempre. Esta vez fue demasiado corto — dijo Colton. —Nos lo pasamos muy bien, ¿verdad? Él se inclinó sobre el asiento y le puso una mano en la rodilla. —Tuvimos un tiempo maravilloso, Laura. Gracias por ir conmigo y por todo. ¿Se suponía que tenía que decirle “de nada”? ¿Era eso lo que hacían las falsas novias que quedaban demasiado involucradas en el mundo de fantasía? Ella miró por la ventana lateral hacia la poderosa lluvia y no dijo nada. La letra de la canción de Brad Paisley de hace unos años llegó a su mente. Se dijo que la lluvia dura no duraría. El hombre era un profeta con seguridad porque para el momento en que habían llegado a la carretera de McKinney, la lluvia se había reducido a una llovizna y ella realmente podía ver las líneas blancas en la carretera. Unos pocos kilómetros más lejos y apenas había una gota por acre, pero el agua seguía en pie en los charcos y las zanjas a lo largo de la carretera fluían. —Espero que nos dieran algo de esto —dijo Colton. —¿Todo el heno enfardado? Había llegado el momento de olvidar el sexo caliente y volver a la ganadería, evidentemente. —Rusty estaba terminando con ella ayer por la mañana. Una buena lluvia va a ser muy buena para la próxima cosecha que acaba de pasar en la tierra. Y tus jardines de flores —le recordó. El fin de semana había sido producto de su imaginación. No había realmente sucedido o no estaríamos hablando de heno, la lluvia y macizos de flores. ¿Se sentía como Cenicienta detrás de la pelota cuando volvía a fregar suelos y a vivir en el ático? Laura parpadeó varias veces para evitar que las lágrimas rodaran por sus mejillas. Ella se había sentido hermosa, pero ahora era el momento de volver a casa hacia el rancho y volver al trabajo. Iría a su apartamento al final de la jornada e iría arriba a su

123


dormitorio. Ellos se habían tomado de las manos y hasta rozaron ligeros besos en las mejillas y en la frente, pero el fuego se había ido, dejando nada más que cenizas frías y grises en su lugar. Se dio cuenta de la tienda de Ross, donde había comprado su pequeño vestido rojo barato. Tendría que haberlo usado en lugar de dejar que Melanie la convenciera de usar el vestido blanco de la habitación del hotel. Ella sin duda haría que Andy tomara el precio del mismo de su cheque de pago final. No tenía la intención de deberle nada a nadie cuando se fuera. Le encantaba ese vestido, amaba la forma en que la hizo sentir cuando lo llevó, y en el futuro cuando fuera a sacarlo de la bolsa con cremallera recordaría el más bello fin de semana de su vida. Una lágrima escapó pero rápidamente la apartó. El teléfono de Colton sonó y él golpeó el botón del altavoz. —Estamos a diez minutos del rancho —respondió. —Tú no paraste y comiste, ¿verdad? —preguntó Maudie. —No, no lo hicimos. —Entonces también voy a poner mesa para ustedes. Chester hizo pastel de chocolate antes de irse ayer. No puedo esperar para que llegues aquí y me cuentes todo sobre el fin de semana. —Estamos en camino. Ahora, adiós. —Colton tocó el teléfono y la cabina del camión estaba tranquila de nuevo. ¿Todo sobre el fin de semana? Ella podría decirles sobre el hotel, la cena, el spa, e incluso las damas, pero nunca sobre lo que estaba escondido dentro de su corazón. Era imposible.

Colton había pasado dos días en otro mundo. Se lo había pasado como un rayo de luz penetrando rápidamente en el cielo, pero ahora de vuelta en el círculo parecía que él se había ido un mes. Subió una pierna sobre la cerca de carril y miró hacia un pasto lleno de ganado Angus. El aire era fresco por la lluvia reciente, pero el calor del sol había traído la humedad. Incluso con el clima pegajoso, Colton estaba contento de estar en casa y aún más feliz que esos acontecimientos eran solo un par de veces al año. Rusty apoyó los codos en la valla junto a Colton. —¿Así que lo que hizo ella estuvo bien en la gran ciudad? —Lo hizo bien. —Colton quitó el teléfono celular del bolsillo de su camisa, tocó la pantalla, y trajo una imagen—. ¿Ves?

124


—¿Quién es ese? ¿Hizo que todos parezcan imitaciones de estrellas de cine este año? —preguntó Rusty. —Mira más de cerca. —Esa es una Marilyn de aspecto similar, pero no reconozco el vaquero. ¿Se suponía que ibas a ser Josh Turner? —preguntó Rusty. —No teníamos una cosa de estrella de cine. El tipo es un multimillonario que pagó el culo por un par de bailes con la dama. —¿Cómo lo sabes? Colton sonrió. —Porque le hice pagar y le pregunté al presidente de la comisión a la mañana siguiente lo mucho que había donado. Rusty estudió la foto en el teléfono y luego tocó la pantalla y se concentró en el rostro de la mujer. —¡Mierda! Esa no es... ¿verdad? Es Laura. ¿Qué hiciste cuando la viste vestida así? —Tartamudee. Rusty echó atrás la cabeza y rugió. —No fue divertido. Él se secó los ojos con la manga de la camisa y todavía se estaba riendo cuando dijo—: Oh, sí lo fue. Toda esta idea falsa de la relación ha azotado a tú alrededor para morderte en el culo. Laura es todo lo que quisiste todos estos años y probablemente vas a perder porque ella piensa que todo esto es solo una fachada. Tú estás cayendo por esa mujer, amigo mío. Colton golpeó la dura baranda superior lo suficiente como para sacudirlo. —¿Qué debo hacer al respecto? —Creo que tienes un tiempo para pensar en ello. Va a llevarle mucho tiempo para pagar esa deuda, pero tú tienes su trabajo reducido para ti convenciéndola de que esto ha ido de falso a verdadero. ¿La besaste? Por supuesto que sí. Serías un tonto si no lo hiciste —reflexionó Rusty. Colton asintió. —¿Golpearás fuera? Él asintió con la cabeza otra vez. —Entonces convéncela de quedarse. —Esa mierda del amor da un poco de miedo —dijo Colton. —Sí, lo es, y es un poco de materia grave también. No llevarla adelante. Si te cansas de esta cosa que tenemos, todos nos forzaremos en decirle y luego nos cuentas. —No estoy seguro de que vaya a cansarme de ella —dijo. Rusty se encogió de hombros.

125


—Eso depende de ti, compañero. Tuvimos dos becerros más mientras no estabas. Las vacas fueron de esos dos añojos que criamos para Dandy Six. Las vacas tienen un poco de problemas. —¿Los toros? —No, vaquillas. Buena estirpe porque la gente va a pagar mucho si tú quieres vender. Colton negó. —Cualquier cosa que fuera de Dandy se queda en el rancho a menos que sea un toro. Voy a mantener uno o dos para sustituirlos cuando sean demasiado viejos para usarlo más, pero las novillas pienso tenerlas. Y no estoy vendiendo nada de lo que T-Bone produce tampoco. Rusty miró la foto una vez más y le entregó el teléfono celular. —He oído que tú estás dejando de socia a Roxie en los juegos para la fiesta. Colton sonrió. —Es bueno para ella. ¿Te preocupa que ella pueda arreglarte el día? —¡Diablos, no! Colton se echó a reír. —¿Cuánto te ha costado? Rusty se sonrojó. —Cincuenta dólares para que no me pongan con Cynthia Talley. Prefiero cavar gusanos con Ina Dean. Al menos no sería escrupuloso con ponerlos en una lata y chillar si ella se rompió una uña. —Tienes un buen negocio. Yo he pagado a Roxie cien. ¿Andy habló con ella? —Afortunado. Para mantener las viñas de chismes bien regadas, llega a jugar con Laura y no te costara un centavo. Andy tuvo que renunciar a sus sesenta dólares porque ella ya tenía su nombre al lado de Cynthia y dijo que le costó diez extra para borrarlo. Dijo que era dinero bien gastado. Colton levantó ambas palmas. —Ustedes solo necesitan encontrar una novia y tú nunca tendrás que comprar tu salida de socios de nuevo. —Voy a pagar mis cincuenta en lugar de sentir que lo has hecho hoy. ¿Adivina quién es de Cynthia ahora? —El predicador. Eso es con quien Roxie planeaba ponerla todo el tiempo — respondió Colton. Rusty lo palmo en el muslo. —¡Ese demonio de gitana! —No sabemos que su abuela fuera un gitano de verdad.

126


—Oh, apuesto a que ella lo era y apuesto a que Roxie es como ella. —Rusty se apartó de la valla y se dirigió hacia el establo con la piscina y el gimnasio, murmurando todo el camino. Apenas había conseguido estar fuera de la vista cuando Andy se unió a Colton en la valla. —El proyecto de ley para el hotel vino a través de su tarjeta de crédito. ¿Era consciente de que su nueva esposa compró un vestido muy caro y pasó un fajo en un spa? Espero que no le dé rienda suelta a un monstruo cuando nos ayude a conseguir que esos rumores comiencen. —Sacó un pañuelo rojo del bolsillo babero de su overol a rayas y se enjugó el sudor de su cara redonda. —Estaría dispuesto a apostar que ella insiste en que haya tomado el dinero de su pago final. —Colton retiró el teléfono móvil del bolsillo de nuevo y sacó la foto que había mostrado a Rusty. Andy lo tomó cuando Colton se lo ofreció. —¡Guao! Quién es... ¡santo fumador de mierda! Colton no pudo evitar la sonrisa de su rostro. —Si ella no me devuelve un centavo de lo que pasó, no me quejaré. Deberías haber estado allí, Andy Joe. Fue increíble caminar en esa cena con ella en mi brazo. Lo hiciste bien, compañero, cuando la trajiste al rancho. Andy siguió mirando la imagen. —¿Estás cayendo por ella? Colton miró hacia el pasto por un largo tiempo antes de responder. —Un hombre puede enamorarse de una mujer sin que ella tenga su corazón, puede ¿no? —Si logras hacer eso, tú escribirás un libro sobre el tema y vamos a hacer otros mil millones —dijo Andy.

Roxie chilló cuando vio el vestido. —¿Me lo prestas para la fiesta de graduación el próximo año? ¡Por favor, por favor, por favor! Dillon va a pensar que soy hermosa en ese vestido. —Por supuesto que sí, pero vamos a tener que lograr que lo altere. Y dulce, Dillon cree que eres hermosa, no importa lo que llevas puesto. Roxie se miró el pecho y le susurró—: ¿Crees que Colton me va a comprar algunas tetas? —¡Roxie! —Bueno, vale la pena preguntar. Todo lo que puede decir es que no.

127


—¿Y tienes el valor suficiente para pedirle nuevas tetas? Roxie se sonrojó como el carmesí como el que Laura tenía la mañana que se despertó en la cama de Colton. —Probablemente no, pero estoy segura que me gustaría tenerlas más grandes. Háblame de la danza. ¿Fue fabulosa? —Sí, lo fue. Me hice en un par de fotos con mi teléfono. ¿Quieres verlos? Roxie se arrastró en medio de la cama de Laura y llegó con las dos manos. —Oh, oh, mira a ese candelabro y la habitación. Es como una bola de Cenicienta. ¿Y quién es esta? —Su nombre es Tootsie y ella era un torbellino. Ella y otras señoras me acompañaron durante un día de belleza. Era irreal, Roxie. Realmente me hizo sentir como Cenicienta. Roxie miró hacia arriba. —¿Me llevas a uno de ellos en el día de mi graduación el próximo año? —Si tú no logras una sola C durante todo el año, te prometo que puedes tener un día de spa. La franca sonrisa de Roxie era para todo lo que un día como ese costaría. Si Laura no estaba todavía en el rancho, entonces iba a volver solo para esa ocasión. —¿Él te beso? —preguntó Roxie. Era el turno de Laura para el color en sus mejillas. —¡Lo hizo! —Roxie agarró su corazón y cayó de espaldas sobre las almohadas—. Dime como fue. ¿Tenías tú todo ese jaleo dentro y viste las estrellas y sentiste todo el hormigueo? —Todas las anteriores —dijo Laura. —Lo sabía. Solo sabía que era así en alguna parte al igual que en los libros de romance. —¿Tú no te sientes así cuando Dillon te besa? —preguntó Laura. —No, yo no, pero puede que algún día. La risa de Laura se hizo eco en las paredes. —Entonces, ¿por qué no dejas que Rosalee lo tenga? —Soy la única mujer que siempre le besó y él tiene que aprender, ¿no se hace así? —¿Es él el único chico que alguna vez has besado? Roxie sonrió tímidamente. —Sí, lo es. No voy a tener un bebé a los dieciséis años y repetir los errores de mi mamá. Voy a ir a la universidad y ser alguien, como tú. Laura se movió de la mecedora a la orilla de la cama.

128


—Roxie, yo tenía dieciocho, dos días después de que me gradué de la escuela secundaria. Esa es toda la educación que me dieron. No fui a la universidad. Fui derecho a trabajar en un invernadero y cuando me despidieron vine aquí. Roxie se incorporó y le devolvió el teléfono a Laura. —Pero eres alguien. Fuiste a la gala y fuiste toda emperifollada y eres amiga de las mujeres. Eres inteligente. Andy dice que lo eres y que eres la mejor ayuda que jamás podría tener. Sacó su teléfono de su bolsillo cuando sonó. —Es Dillon. Él llama cuando comienza a venir. Respondió—: :Hola. Sí, estoy lista. Nos vemos en el porche delantero. Ella desapareció de la cama en un movimiento rápido, hablando todo el tiempo. —Vamos a caballo por la tarde y después a nadar y él se va a quedar a cenar y luego nos vamos a trabajar en álgebra. Dios, odio las matemáticas, pero te prometo que obtendré una B si puedo usar ese vestido y lucir como lo hiciste. ¿Has notado que nos vemos lo suficientemente parecidas para pasar por primas? Quién sabe, tal vez incluso obtendré algunas tetas para el próximo año. Tengo que correr, pero tienes que decirme más acerca de esa cosa spa más tarde. Apenas había salido por la puerta cuando el tono de llamada en el teléfono de Laura le hizo saber que su hermana estaba llamando. —Hola —dijo. —¡Dios mío! No podía creer que estabas en la foto que tomé en el espejo del baño. ¡Estabas fabulosa! ¿Vas al baile del próximo fin de semana? Si es así, voy a mirar como una pobre hermanastra. Laura sostuvo el teléfono fuera de su oído. Janet siguió con la voz alta toda emocionada. No podía imaginar lo que ocurrió en el casino cuando su hermana pegó un bote. —No estoy usando eso para el baile. Compré un buen par de pantalones vaqueros y una camisa a Ross. Eso es lo que estoy usando esa noche —dijo. —Bien, ahora dime sobre el spa y la danza. Laura pasó la siguiente hora hablando con su hermana sobre el fin de semana. Cuando la conversación terminó abajo, Janet preguntó sin rodeos: —¿Te has acostado con él? —Yo no beso y lo digo —le dijo Laura. —Lo que significa que lo hiciste. Ten cuidado. Sería fácil caer en ese tipo de seguridad, —dijo Janet—. Hasta la noche del viernes. Mi vuelo llega a las siete, así que debería estar allí sobre la noche.

129


Laura se cambió a un par de pantalones cortos, chanclas y una camiseta holgada desvanecida y se dirigió a sus macizos de flores. Con las manos en la tierra, podía resolver cualquier problema personal, global, o incluso espiritual. Sacó las malezas, mientras que el suelo estaba húmedo por la lluvia, pero cuando entró en la casa había añadido más problemas a la lista sin resolver uno solo. La cena fue sobras del almuerzo y se estableció en el buffet. Roxie y Dillon estaban haciendo sándwiches de jamón cuando Laura entró por la puerta de la cocina y se lavó las manos en el fregadero. Roxie robaba tantas miradas a Dillon que no era de extrañar que no podía obtener las fórmulas de álgebra en su cabeza. —Colton dijo que te dijera que él y Andy van a trabajar sobre las finanzas y que va a ponerse al día contigo más tarde. Él hizo sándwiches y los llevó a la oficina —dijo Roxie—. ¿Deseas tomar tu plato al porche con nosotros? Laura negó. —Creo que voy a tomar la mía a mi apartamento y tener un largo baño después de comer. Tengo un libro grueso de romance que estoy leyendo. —¿Puedo pedirlo prestado cuando hayas terminado con él? No me importa si es contemporáneo o histórico. Me encantan los finales felices —dijo Roxie. —Claro que puedes. Traje una maleta entera de libros conmigo. Vamos arriba y toma lo que desee, pero solo después de que tu tarea este hecha —respondió Laura. —Muchas gracias, Laura. —La sonrisa de Roxie iluminó la habitación. Eran más de las diez cuando alguien llamó suavemente a la puerta de Laura. Pensando que era Roxie viniendo por un libro, se lanzó abriéndola sin parar para poner un manto sobre su camiseta y ropa interior. Colton se apoyó en la jamba de la puerta. Parecía que se había peinado el cabello con los dedos después de una ducha y olía a jabón y colonia Stetson. —Vine a decirte buenas noches, Laura. Sé que este fin de semana fue un poco surrealista y los dos nos quedamos fuera de nuestro elemento. En un mundo muy diferente, me fui a la cama con una princesa y como hombre fui a la cama como un príncipe. Pero si alguna vez quieres dormir con un vaquero viejo y simple, la puerta de mi dormitorio está abierta. Nunca voy a presionarte, pero soy la puerta al final del aterrizaje. Él le pasó un brazo por la cintura, la atrajo hacia su pecho, le levantó la barbilla con los nudillos, y la besó con fuerza. —Buenas noches, señorita Cenicienta. Se dio la vuelta y caminó por las escaleras que salían de allí de pie con sus dedos en sus labios. ¡Príncipe, su culo! Él era el rey cuando se trataba de prender fuego una mujer con sus besos.

130


13 Traducido por Malu_12 Corregido por Marta_rg24

El lunes Laura pasó todo el día en la mesa de comedor con Maudie. Entre ellas, llamaron a varias empresas de catering en Sherman, un par en Denison y una en Bonham antes de encontrar una que tuviera libre para trabajar todo el día con tan poco aviso previo. Apenas habían sacado sus cuadernos de la mesa cuando Andy Joe, Rusty, y Colton vinieron a cenar. Chester había hecho una lasaña que vencía a cualquier que hubiera comido Laura antes. Ni siquiera los restaurantes italianos en Amarillo podrían producir algo que pudiera alcanzarla. Le había puesto rebanadas de pan italiano untadas con salsa roja, cubiertas con queso mozzarella rallado y tomates cortados en cubitos, junto con hierbas que crecían en macetas en su alféizar. Y había tiramisú de postre. Los chicos hablaron de la nueva cosecha de alfalfa que habían plantado y de que si el verano no resultaba ser demasiado caliente podrían al menos conseguir dos cortes de heno más. ¡Gracias a Dios! Porque el verano anterior había sido tan miserablemente caliente que habían tenido una cosecha pobre y habían tenido que comprar heno antes de que el invierno se fuera. —¿Tienen lo de la fiesta listo? —preguntó Colton mientras los tres hacían retroceder sus sillas. —Conseguimos el servicio de catering. Ahora vamos a llamar a gente que traiga las mesas y los platos —respondió Maudie. —¿Ya tienes lo de las carretillas listo? —Está en mi lista. —¿Carretillas? —preguntó Laura. La besó en la parte superior de la cabeza antes de salir. —Para los juegos. Los veré a todos en la cena. Busca algún rato para mí esta tarde. Iremos a conseguir un cono de nieve. Tenía la intención de preguntar acerca de los juegos, pero se ocupó tanto ayudando a Maudie que se olvidó hasta media tarde cuando Janet llamó. Laura le puso al corriente de la jornada, y dijo—: Y hay juegos que se jugarán desde el mediodía hasta la hora de cenar. ¿Tienes a alguien en particular con quien quieras estar emparejada? —¿Tienes algún multimillonario flotando alrededor? —preguntó Janet.

131


—No que yo sepa, pero Roxie es la encargada de ubicar a los socios y ella quiere pedir prestado mi vestido para la fiesta de graduación del próximo año, así que calculo que podría arreglarte con un buen vaquero guapo. —Ya he salido con guapos. Quiero a alguien que camine una milla descalzo en vidrio triturado solo para llegar a besarme el culo —dijo Janet. —Podría ser capaz de arreglarlo. —Laura se echó a reír. Apenas había colgado el teléfono cuando recibió un texto de Colton diciendo que él y los chicos trabajarían hasta la medianoche en los campos de heno. Y si aceptaría una cita para tomar conos de nieve si no llovía. ¡Cita! La palabra la envió en picada de tal manera que los pulgares le temblaban cuando envió un mensaje diciendo que eso estaba bien. Aún intentaba envolver su mente alrededor de él diciéndole que irían a una cita cuando Roxie llamó a la puerta de su oficina. —Adelante —gritó. La chica parecía que iba a estallar en llanto en cualquier momento. —¿Qué está pasando? Por favor, no me digas Rosalee ha hecho otra muñeca vudú —dijo Laura. Roxie lanzó un cuaderno de espiral sobre el escritorio de Laura. —Tengo problemas con esta maldita cosa de los juegos. Pensé que iba a ser muy divertido, pero me está dando un dolor de cabeza. No me gusta jugar a casamentera y nunca voy a hacerlo de nuevo, aunque hice más de cien dólares solo con Rusty y Andy. Tardaron treinta minutos en ordenar los socios y para cuando se fue, se reía. Rusty ahora estaba saliendo con la hermana de Laura. Cynthia tenía al predicador y a los hombres casados trabajando en el rancho con sus esposas. Por supuesto, Roxie estaba con Dillon y Laura estaba con Colton. El resto del día transcurrió en un borrón. Ella y Andy tenían un programa completamente nuevo que instalar y poner en marcha antes del inicio del año fiscal. Después de la cena, ella se disculpó y arrastró su cuerpo cansado por las escaleras. Debería haber pasado dos horas en los macizos de flores, pero estaba con muerte cerebral, tan agotada como cansado estaba su cuerpo. Tomó un largo baño caliente, se llevó un libro, y estaba bien entrada en una escena de sexo jugosa cuando alguien llamó a la puerta de su apartamento. Roxie debía estar teniendo problemas con el maridaje de juego de nuevo. Ella abrió la puerta para encontrar a Colton apoyado en la jamba, por segunda noche consecutiva. —Te extrañé hoy. Sé que vamos por caminos separados hasta la cena, pero me perdí ese poco de tiempo contigo. —Colton, ¿me estás seduciendo? —preguntó sin rodeos. Sus brazos la acercaron a su pecho.

132


—Solo estoy diciendo los hechos y reclamando mi beso de buenas noches. Tómalo de la forma que desees. Ella se puso de puntillas y fue al encuentro de su beso, que envió chispas rebotando todo el camino hasta la luna llena. —Nos vemos mañana, Laura. —Silbó mientras caminaba hacia el otro lado del patio, dejándola de puntillas y deseando poder seguir.

El martes, Maudie tenía los cuadernos en la mesa del desayuno cuando Laura llegó. Andy empujó su plato y le informó que estaría ayudando con los arreglos de los juegos ese día, así que no estaría en la oficina en absoluto. —¿En qué combinación de colores has pensado? Usamos verde el año pasado, pero estaba pensando en algo más brillante esta vez —dijo Maudie. —Rojo, blanco y azul. La fiesta es solo dos días después del Cuatro de Julio. Podríamos usar los fuegos artificiales que encontremos el día después, comprar las sobras a un buen precio y tener un espectáculo de fuegos artificiales a la medianoche —dijo Laura. Maudie inclinó la cabeza hacia un lado y miró sus notas. —Ahora ¿por qué no se me había ocurrido antes? Es una idea maravillosa. Y puedes usar el vestido rojo que habías comprado para el partido de Dallas y no utilizaste. —Pensaba usar pantalones vaqueros como todos los demás. —Esa sensación punzante en la parte posterior de su cuello volvió. ¿Qué tenían estas personas bajo la manga ahora? —Tú eres la novia. Debes destacarte; además, habrá fotógrafos para tomar fotos para los periódicos del área. Será genial. Vamos a cubrir las paredes de color azul marino. Ese será un mejor fondo para tu pelo rubio. Usaremos manteles blancos y haremos que la florería Sherman arme ramos de claveles rojos, blancos y azules. —En tarros de cristal —agregó Laura. —Oh, me gusta eso mejor que los floreros. Y tal vez en lugar de velas podamos utilizar lámparas de aceite. Apuesto a que el servicio de catering puede conseguirlas. — Maudie tomó notas en su libro—. Les diré además que los camareros vistan chalecos rojos. Esta va a ser la mejor fiesta de la historia. Al mediodía terminaron el último de los detalles y Laura fue libre de volver a la oficina, pero Andy dijo que tenía las cosas bajo control. —Podrías preguntarle a Colton si tiene algún tractor que necesite un conductor esta tarde —dijo Andy.

133


Se sentía como un pájaro liberado de una jaula cuando saltó en el asiento del tractor. Giró el interruptor y el zumbido del motor fue música para sus oídos. Tiró de la palanca para soltar el disco que convertiría al rico suelo en solo tierra y deslizó un CD de Shelton Blake en el reproductor antes de mover el engranaje. La vida era buena otra vez. Le gustaba conducir y estar al aire libre. Es por eso que se había quedado en el negocio de efecto invernadero tanto tiempo. Después de sus clases de tecnología en la escuela secundaria, ella podría haber conseguido fácilmente un trabajo como procesadora de entrada de datos en el departamento de informática de una gran empresa. Pero le encantaba el olor de la suciedad y las nuevas plantas. Le gustaba ver algo crecer de una semilla y vender plantas preciosas a los clientes. Había pensado que tal vez la tía Dotty le dejaría el pequeño rancho que poseía a ella y a Janet cuando se fuera. Pero había dejado un testamento diciendo que fuera vendida y que todo lo ganado fuera dado a su iglesia. Al parecer, criar a dos chicas era suficientemente herencia. Blake cantó la misma canción que ella y Colton habían bailado el sábado a la noche y pensó en darle la vuelta. ¿Quién era él cuando ella no estaba mirando? Habían tenido relaciones sexuales, bailado, e incluso dormía con él, pero algo le decía que no había probado toda su forma de ser aún. —¿Escuchas música fuerte o suave, y qué piensas de mí cuando escuchas esta canción? —preguntó cuando Blake hizo preguntas similares en las letras. Nada la había preparado para la agitación que había sacudido su mundo el mes pasado. Recordó el día en que su último recurso fue llamar a Andy. Ella y Janet habían estado una frente a la otra en la cabina. Había imaginado que Janet necesitaba el dinero del alquiler o tal vez cincuenta dólares de adelanto hasta el día de pago, pero nunca había pensado en ella necesitando diez mil dólares. La noticia había sido entregada y Janet había huido de la escena. La única persona en la que podía pensar era en Andy. Habían estado en una reunión familiar en abril y le había dicho luego de un par de cervezas frías que él todavía estaba trabajando para un rico vaquero que había sido su mejor amigo desde siempre. Había establecido las condiciones para el préstamo y le había ofrecido un trabajo para devolverle el dinero de un tirón. Fue el destino y aunque podría ser una perra a veces, había salvado el pellejo de su hermana ese día. Había traído a Laura al Círculo 6 dos días después. ¿Iba a ser una perra voluble y romperle el corazón?

Daisy se acurrucó en el regazo de Laura en el porche después de la cena y un gran pato blanco subió contoneándose por las escaleras para descansar junto a su silla. Tenía

134


que ser el pato del que había oído hablar. Él parecía bastante dócil y actuó como Pedro por su casa; un poco como Daisy. Era una terapia el ver la puesta de sol, frotar la piel amarilla del gato, y escuchar su ronroneo mientras el pato manifestaba su opinión con un charlataneo ocasional. Deseó que eso fuera todo lo que tomara el resolver sus problemas de confianza y compromiso, pero como la tía Dotty solía decir: Si los deseos fueran dulces y frutos secos, todos tendríamos una Feliz Navidad. —Lo que sea —dijo a los animales. Daisy ronroneó un poco más fuerte. Donald dio su mayor charla de la noche. La puerta principal se abrió y Colton se sentó en la mecedora junto a ella. —Supongo que Daisy le dijo a Donald acerca de ti y él vino a ver si ella tiene razón. Creo que le gustas. —¿Por qué no habría de gustarle? No pateo animales —dijo. —No, solo los lanzas hacia el heno cuando ponen un ratón medio muerto en tu pierna desnuda. Ella sonrió. —Bueno, así es la cosa. Pero la perdoné porque soy una fanática de los gatos. —¿Crees que herirías sus sentimientos si la empujaras fuera de tu regazo y salieras al gimnasio conmigo? Necesito un ayudante. Andy está hasta las rodillas en cifras y Rusty se ha ido a la ciudad por lo de las carretillas y las cosas para los juegos. Necesito trabajar la tensión de mis músculos esta noche. Dejó el gato a un lado. —Me vendría bien una buena carrera en la cinta. Buscaré mis zapatos. —Voy a esperar aquí mismo. Veinte minutos después estaba de pie a su lado mientras que él levantaba las pesas hacia arriba y las bajaba en diez repeticiones antes de volver a ponerlas en el bastidor. Por décima vez pensó que tendría que ayudarlo, pero se las arregló sin ella. Se sentó en el banco, se limpió la cara con una toalla, y asintió hacia la maquinaria. Cogió una botella de agua de la nevera en la esquina y se bebió todo el contenido. —Voy a subirme a la bicicleta por unos pocos kilómetros mientras tú corres. Ella subió a la cinta de correr, la puso a un buen trote cómodo para entrar en calor, y después de cinco minutos la disparó a una velocidad de hasta ocho kilómetros por hora. Cinco minutos más y presionó los botones para ir a seis millas por hora. Eso no era lo más rápido que podía correr, pero ya tenía un buen latido. Cuando ya había corrido treinta minutos, aminoró la velocidad dos veces para volver a un trote y luego lo apagó. Mientras él terminaba sus kilómetros en la bicicleta,

135


ella usó el Gazelle, una máquina de tipo esquí que ejercitaba los brazos y la parte superior de su cuerpo, así como sus piernas. Los dos estaban jadeando al final de la sesión y con un gesto de la mano, él dijo: —Bien podríamos tomarnos diez minutos en la sauna para quemar el dolor. Agarra una botella de agua y te veré allí. —¿Quieres que traiga una para ti? —No, acabo de tomarme una entera. Mi estómago no dará para más por ahora. Dejó el agua en una pequeña mesa justo dentro de la puerta y se despojó de su ropa, dejando todo tirado en el suelo. Ella cogió una toalla y la envolvió alrededor de su cuerpo y entró en la habitación con vapor. Bancos anchos contra las paredes rodeaban la habitación. El piso era de mosaico y fresco en sus pies. —Eso no tiene sentido —dijo. Su voz llegó a través de una niebla de vapor al entrar en la habitación. —¿Qué? ¿El suelo frío? —Sí —respondió ella. —No estoy seguro de cómo lo hicieron, pero no quiero que el azulejo sea caliente contra mis pies descalzos, así que les dije que sea fresco. Tiene algo que ver con un sistema bajo el piso. Tuvieron que construirlo con el fin de ponerlo ahí abajo. Se sentó en un banco y él se unió a ella. Humedad salió de su cuerpo peor que cuando levantaba pesas. Trató de escuchar lo que estaba diciendo, pero él era tan condenadamente sexy sentado allí todo húmedo y sedoso. No había nada más que una toalla entre lo que ella quería tocar y sus dedos. Tentada en una sauna con un vaquero sudoroso; ella no tenía un halo o alas. No era un justo. —Quiero tanto besarte que puedo probarlo —dijo Colton abruptamente. —¿Y? —susurró. —Estoy chorreando sudor. Caminó hacia la puerta y pulsó el botón para bloquearla. Ella pasó una pierna sobre la suya y bajó sobre su regazo, teniendo mucho cuidado de que no resbalar hacia los lados. Sujetando su rostro en sus manos, ella llevó su boca a la suya. Sus manos se acercaron a tocar sus mejillas y su lengua se burló de sus labios húmedos abiertos. —Te deseo —dijo. —¿Aquí? —preguntó. —En el suelo fresco con el vapor de agua a nuestro alrededor. Te he deseado desde que llegamos a casa de Dallas. Su pulso se aceleró. —Suena pervertido.

136


—No soy pervertido, cariño. Tener sexo alucinante como el que tuvimos en Dallas está bien conmigo. —Se deslizó hasta el suelo con cuidado, manteniéndola en su regazo y se recostó contra el banco—. Se siente tan bien en un trasero desnudo, como en los pies. Ella se deslizó fuera de su regazo y se sentó en el suelo frío. La sensación era irreal. Baldosa fría, vapor caliente. Él tiró de su toalla, la enrolló como una almohada, y suavemente la depositó en el suelo, colocando la toalla debajo de su cabeza. —Eres adictiva, Laura Baker. Se acurrucó junto a ella y trazó sus labios con la punta del dedo. —Te ves como un dios griego con el pelo oscuro y los ojos verdes. —Ella apartó el pelo de su frente sudorosa. Le besó en la punta de su nariz. —Tus manos en cualquier parte de mi cuerpo me ponen tan condenadamente caliente que es insoportable. —Él se movió hacia abajo y besó cada seno. Ella pasó la punta de su dedo índice por su cuello, por debajo de su hombro, y luego hacia su palma. Tomó su mano y la puso firmemente en sus costillas. —Sujétate de aquí mientras haces el amor conmigo, Colton, o te caerás. Se subió encima de ella, dándole un beso largo, duro y con pasión, y se hundió a sí mismo en su cuerpo. Ella no se había dado cuenta de lo grande que era o lo duro que estaba, y en pocos empujes jadeaba. Su liberación se produjo en una explosión y un gemido. —Ahora, otra vez —le susurró seductoramente al oído. —Oh. ¡Dios! —Ella se quedó sin aliento. Temía que fuera a salirse de su cuerpo, por lo que envolvió sus piernas con fuerza a su alrededor y cuando él dijo su nombre en un acento ronco, ella apretó su agarre. —¡Vaya! —murmuró él después de un tiempo. —Lo sé —susurró con voz ronca. —Tiempo para la fase dos —dijo. —No sé si estoy para la fase dos —le dijo ella. Un segundo estaba en el frío suelo con él encima y al siguiente estaba en sus brazos y él la estaba llevando fuera de la sauna. —Oh, yo creo que sí. —Colton, estoy desnuda. —Se agitaba cuando él desbloqueó y abrió la puerta del sauna. —Sí, señora, puedo asegurar eso. —¿Pero?

137


—Cerré la puerta cuando llegamos al gimnasio. Nadie más puede entrar hasta que la desbloquee. Cuando llegaron a la orilla de la piscina, la tiró en el agua profunda. Cuando salió a la superficie, él estaba allí mismo, delante de ella; sus ojos se encontraron y sus labios estaban cada vez más cerca. Apenas tuvo tiempo de cerrar los ojos antes de que otra cadena abrasadora de besos la prendiera fuego de nuevo. —¿Alguna vez has tenido relaciones sexuales bajo el agua? —le preguntó. Ella negó. —O en una sauna hasta esta noche. Nunca he sido esa clase de chica hasta ahora. —Pobre bebé privada. Vamos a tener que poner remedio a eso, ¿no es así?

138


14 Traducido por ஓ¥anliஓ Corregido por Liraz

Todo era perfecto. Nada estaba bien. Colton no estaba seguro de cómo esas dos declaraciones se podrían aplicar a su vida, pero lo hicieron. Él y una cuadrilla habían trabajado todo el día en la labor del cercado del lado más alejado del rancho. Laura se había pasado todo el día en el patio trasero haciéndolo agradable para el próximo fin de semana. Ella apenas había entrado para la cena antes de volver a salir de inmediato. Después del sexo absolutamente impresionante de la noche anterior, estaba seguro de que lo invitaría a su apartamento para pasar la noche, pero no lo había hecho. Y luego en el desayuno, el almuerzo, e incluso la cena apenas había hablado con él. El anochecer se instaló, llevando una agradable brisa la cual era una rareza para Texas en el verano. Donald se contoneaba por ahí graznando en el patio hacia Daisy, quien se burlaba de él golpeándolo con fuerza en su pico cuando él se acercaba. ¿Estaba Laura burlándose de él? No, no Laura. Ella era tan sencilla y honesta como ninguna mujer que hubiera conocido. —Oye, ¿quieres ir a levantar algunas pesas? —Andy se sentó en una mecedora en el porche junto a Colton—. No he hecho nada de ejercicio excepto con mi cerebro en cuatro días y ese tipo de ejercicio no quema las calorías del pastel de durazno y helado. —Levanté la noche anterior, así que voy a pasar y dejar que mis músculos descansen hasta mañana —dijo Colton. —Alternando los días, ¿eh? Colton asintió. Daisy se subió al árbol de mimosa y volvió a bajar por el lado del porche, rebotó en la barandilla y caminó como en una cuerda floja hasta que pudo saltar al regazo de Colton. Se acercó a su pecho con sus patas delanteras hasta que pudiera descansar la cabeza sobre su hombro. Andy se izó de la mecedora. —Esa gata loca esta mimada casi tanto como el pato. Voy a ir a buscar a Rusty para que me ayude. Te das cuenta que desde que Laura llegó al rancho nada es lo mismo. Esa gata ni siquiera me sisea más. Colton acarició al gato desde la cabeza a la punta de la cola.

139


—Supongo que Laura le está domando para todos. ¿Con quién te puso Roxie para los juegos? —Con Darcy Massey. Ni siquiera conozco a la mujer, excepto para quitarme el sombrero ante ella en la iglesia. Ella es la hija del primo de Ina Dean. Se necesita trabajo en equipo para ganar y no sé si incluso pueda desenterrar un gusano de pescar. Tú y Laura probablemente van a ganar o de lo contrario Cynthia y el predicador —dijo Andy. Andy dio una patada a un pedazo de tierra como un niño pequeño en su frustración. Donald extendió sus alas y flotó por las escaleras para anidar junto a la mecedora de Colton. —Yo podría darle cincuenta dólares para que la ponga con el predicador y te dé a Cynthia. Ella no va a imprimir la copia final hasta mañana por la noche. Después de eso las normas dicen que no se puede cambiar. Andy se estremeció. —Me quedaré con la sobrina de Ina, pero gracias por la oferta. Él se encaminó para el gimnasio y Colton se mantuvo acariciando al gato. Esto no resolvió sus problemas, pero Daisy ronroneó con aprecio. Los últimos rayos brillantes del día fueron escapando cuando Laura se dirigió al porche y apoyó una cadera en el barandal. Se quitó los guantes y se inclinó hacia delante para acariciar a Daisy. Colton consiguió un tufillo de los restos de champú con olor a vainilla y luchó contra el impulso de torcer las hebras de su cabello alrededor de sus dedos. —¿Estás lista para ver a tu hermana? —preguntó. —Sí, lo estoy, pero tal vez deberías saber que no estamos de acuerdo en cosas muy a menudo. Mi terapeuta lo llamó una relación de amor/odio. La quiero porque ella siempre ha sido mi poste inclinado pero puedo enojarme bastante con ella. Ella me quiere, pero me utiliza mucho para sacarla de los problemas. Ni que pensar que lograremos pasar todo el fin de semana. Colton puso una mano sobre la de ella. —¿Estarías más cómoda si se quedara en la casa grande? Infierno, puedes quedarte aquí también por el fin de semana así estarían en el mismo lugar. De esa manera no sería agobiante estar juntas en ese pequeño apartamento. Hay un montón de habitación. Solo tienes que elegir una habitación y la ponemos en una de las otras. Yo nunca habría construido una casa tan grande pero vino con el rancho cuando lo compré. —Pensé que Andy y Rusty tenían habitaciones allí —dijo. —Andy tiene un pequeño apartamento en la planta baja detrás de la oficina. El propietario original construyo un apartamento para la suegra en el otro lado del comedor y ese es el de la abuelita. Rusty duerme en el barracón. Estamos construyendo otra barraca, que debería estar lista y preparada para el otoño. Andy se va a mudar ahí cuando lo tengamos listo —explicó. Ella se movió a la mecedora y la puso en movimiento antes de tirar de las rodillas y abrazarse a ellas.

140


—Gracias. Creo que eso me gustaría mucho. Voy a mover algunas cosas el día que llegue. Quiero saber más sobre estos juegos de los que todo el mundo habla. La idea de no saber lo que se espera de mí me pone bastante nerviosa. Daisy evidentemente había tenido suficientes caricias porque apenas fue un destello de color amarillo cuando se lanzó a través del patio, y desapareció con el graznido del pato y la perseguía por toda la casa. —Allá van. ¿Te has preguntado alguna vez de qué hablan? —preguntó Colton. —¿Ibas a hablarme de los juegos? —Le recordó Laura. —Solo cosas divertidas. Te darás cuenta. Es sobre todo un trabajo en equipo. Para ser totalmente honesto, no sé todo lo que pasará, porque la abuela los cambia de un año al siguiente. Ella siempre tiene un toque de algún tipo en la manga, sin embargo. Roxie tiene que hacer de emparejadora, pero la abuela, Ina Dean, y Patsy son las que maquinan como irán los juegos. ¿Te gusta pescar? Yo sé que vamos a estar pescando porque ella ordenó cañas de pescar y carretes. Ella se encogió de hombros. —No he pescado desde que era una niña y vivía en Arkansas. Pensé que era interesante, pero no toma mucho para divertirme. —¿Por qué no duermes conmigo en mi habitación? Hemos tenido relaciones sexuales y dormiste conmigo en el hotel y en la sauna. —Soltó sin pensar.

La pregunta tomó por sorpresa a Laura. No tanto que él se lo hubiera pedido, sino que estuviera tan abierto al respecto. Ella abrió la boca para dar una respuesta cortante luego la cerró con fuerza. Merecía la honestidad y eso es lo que conseguiría. —Conoces parte de mi pasado, ¿verdad? —Sé que habrías estado en hogares de acogida si tu tía Dotty no las hubiera tomado a ti y a su hermana para educarlas. Ella sacudió la cabeza enfáticamente. —Ella fue buena para nosotras. Teníamos un montón de comida, mucha disciplina, y ropa en nuestra espalda. Ella se aseguró de que termináramos la escuela secundaria y nos llevó a la iglesia cada domingo por la mañana. Pero a veces me he preguntado si simplemente no quería un par de niños para ayudarla a llevar el rancho. A nosotras no nos dolió trabajar y me encantaba el rancho, pero no había un vínculo como con Roxie y Maudie. Cuando me fui, el día después de mi cumpleaños número dieciocho, no hubo lágrimas. Tengo la sensación de que cuando Roxie se vaya a la universidad habrá muchas lágrimas por aquí.

141


Colton se estiró atravesando la distancia, quitó una de sus manos alrededor de sus rodillas, y la sostuvo con fuerza. Ese gesto derritió años de la dureza de su corazón. —Continúa —dijo en voz baja. —He visto a un terapeuta, pero no hizo ni un poco de bien. Admito y me doy cuenta de que tengo problemas de confianza y compromiso, pero tomará más que hablar una hora a la semana para conseguir pasar más allá de ellos —dijo. Hizo una pausa y el silencio colgaba entre ellos como una densa niebla—. Tuve un par de relaciones semi serias. Ambas terminaron porque no quise pasar la noche en sus casas y no los dejé entrar en mi habitación para dormir. No estoy diciendo que fuera virgen antes del hotel, Colton. Estoy diciendo que dejar a alguien en mi espacio personal me asusta como el demonio. Le apretó la mano con suavidad. —Has dormido en mi habitación en el hotel. —Eso fue un gran paso para mí y fue el príncipe y la princesa, no es el ranchero y la rarita de las computadoras. Él tiró de su mano. —Ven aquí. Plantó los pies en el suelo de madera del porche y se puso de pie. En un rápido movimiento la atrajo a su regazo, la envolvió con sus brazos, y arrastró su boca a la suya por un beso tan lleno de emoción que trajo lágrimas a sus ojos. —Soy yo, no tú —murmuró cuando él se separó. —Cariño, tengo problemas de confianza también. Viene con el territorio. Tendremos que trabajar para atravesarlos. —Vi a un terapeuta durante más de un año. Él no me ayudó a trabajar para atravesarlos. ¿Qué te hace pensar que podemos trabajar para atravesar cualquier cosa? Ni siquiera tenemos una relación real aquí. Hemos tenido un buen sexo y disfrutamos de pasar tiempo él uno con él otro, pero… —Dejó colgar la frase. Todo se sentía bien con él meciéndola. El sol poniente atenuando la luz del día y el movimiento suave de la silla la relajaba. Sus brazos se sintieron bien a su alrededor mientras sus corazones latían al unísono. Pero nada era correcto. Todo lo correcto no podía borrar el hecho de que en realidad lo que tenían era solo una cáscara sin nada dentro. Él metió un pulgar bajo la barbilla y la inclinó hacia arriba. Ella podía ver más allá del presente y a la eternidad en sus ojos verdes y quería desesperadamente derramar su equipaje y reunirse con él allí. Cuando sus labios encontraron los de ella se sentía como si estuviera flotando hasta las copas de los árboles de nuez. Ella ni siquiera se había derrumbado cuando terminó el beso y dijo: —Depende de ti decidir si esto es real o falso. En cuanto a mí, estoy listo para declararlo real y decirle a la familia que estamos saliendo. Solo dime cuando quieres que yo haga el anuncio.

142


El jueves por la mañana Laura se despertó, se tocó los labios para ver si aún estaban hinchados por el caliente beso, y saltó de la cama. Maudie dijo que tenían dos días ocupados ante ellos y si Maudie lo dijo, era la palabra de Dios. Además, mantenerse ocupada significaba que el tiempo se iría por la vía rápida y después Janet iba a llegar. Cuando su hermana llegara al rancho todo caería en el lugar correcto, estaba más que segura de ello. Ella entendería lo siguiente que tenía que hacer con Janet a su lado. Maudie estaba en el buffet cuando Laura llegó a la sala de comedor. Roxie estaba haciendo pucheros al final de la mesa. Colton alzó la mirada y le guiñó un ojo. Andy se concentraba en su desayuno y Rusty sorbía una taza de café. Laura llenó una taza de café y se sentó junto a Roxie. —¿Que ha hecho ese novio ahora? —No es él. Tía Maudie es mala conmigo. Has que me deje quedarme en casa hoy y ayude a decorar, Laura. Maudie llevó un plato a la mesa y se sentó. —La respuesta es no, y cuando digo que no, nunca se convierte en un sí, así que deja de quejarte. No tienes que ir a la escuela mañana, porque es el día de los maestros así que puedes entrar en medio de todo entonces. Hoy vas a la escuela y ese es el fin de la conversación. Estarás en casa para las cuatro y créanme, no habremos terminado para entonces. Tienes que hacer todas las clases de modo que en otoño puedas sumarte con la clase junior. ¿Crees que soy mala? —Roxie levantó la cabeza y asintió. Maudie sonrió—. Gracias. Las mamás malas hacen buenos chicos. Espero que algún día en el futuro lejano seas incluso más mala que yo. Roxie miró a Laura. —¿Vas a ser una mamá malvada? La sala quedó tan silenciosa que una pluma flotante desde las vigas habría sonado como un avión despegando. Laura miró a Colton, quien no estaba sonriendo. El tenedor de Andy Joe se detuvo en el aire entre el plato y su boca. La taza de café de Rusty hizo lo mismo. Laura agitó un dedo hacia Roxie. —Dulzura, voy a hacer que Maudie parezca una cobarde. Si ella dice que vas a la escuela, entonces estoy de su lado, tú vas a la escuela. Todas las mamás deberían ser malvadas. Esto significa que ellas aman a sus hijos. Te prometo guardarte un montón de cosas divertidas que puedas hacer cuando llegues a casa. Ella lo había dicho, pero la idea de ser una madre con su pasado en el ADN la aterrorizaba incluso peor que enfrentar el compromiso y los problemas de confianza. Su

143


madre no había sido mala; ella había sido indiferente. No odiaba a sus dos hijas. No eran más que un peso atado alrededor de su cuello, reteniéndola de pasar un buen rato. Y su padre ni siquiera había estado en la foto. No es una muy buena piscina genética para estar metido y esperar a ser una madre decente, ahora ¿verdad? —Será mejor que lo hagas o te pondré con el predicador y a Colton con Cynthia — la amenazó Roxie—. No voy a imprimir la copia final hasta después de la cena de esta noche. —¡Fiuuu! —Laura se limpió la frente con el dorso de la mano—. Eso es una gran cantidad de poder lo que tienes ahí, chica. Roxie agarró su mochila y salió de la habitación. —Bueno, me voy a quedar en su lado bueno hasta esta noche. No sé nada de tu hermana, Laura, pero voy a tomar mis posibilidades con ella en lugar de hacer enloquecer a Roxie. Estaré en la parte del oeste sin labrar con el bulldozer, limpiando los matorrales de roble y mezquite si alguien me necesita. Me llevo diez hombres conmigo —dijo Rusty. Andy terminó su último bocado y empujó su silla hacia atrás. —Me voy a esconder en la oficina. Hay suficiente trabajo allí para mantenerme ocupado todo el día. Me encantaría saber que tal es Darcy, pero supongo que no lo sabré hasta la fiesta. —Aunque conocieras a Darcy, yo no diría una palabra, porque Roxie podría asociarte con el predicador —dijo Laura en serio. Andy rodó sus ojos hacia el techo. —Señor, ten piedad. —Me olvidé de los libros y los dejé en mi apartamento. Ahora vuelvo. —Maudie saltó—. Laura, ¿podría por favor volver a llenar mi taza de café? —Sí, señora —dijo Laura. Colton se estiró cuando se puso de pie, levantando los brazos por encima de su cabeza y estirándose hacia el cielo raso. —Es hora de otra sesión de ejercicios en el gimnasio, pero no veo que esto ocurra esta noche con todo lo que está pasando. Una imagen cruzó por la mente de Laura que involucró suelos frescos, vapor caliente, nadar desnudos, y un montón de sexo abrasador. Su cuerpo ya estaba hormigueando cuando él la agarro de una posición sentada para abrazarla contra su pecho. Tenía los pies a casi quince centímetros del suelo cuando sus labios se encontraron con los de ella y todo el mundo desapareció. —Buenos días. Habría hecho esto antes, pero no quise avergonzarte delante de todos. Pero estoy seguro que no podía pensar en otra cosa —dijo. —Estaba pensando en pisos fríos y vapor caliente —dijo con sinceridad. —Bueno, ahí está eso también. —Él se rió entre dientes—. Que tengan un buen día. Nunca se sabe lo que pasará esta noche.

144


Él se había ido cuando Maudie volvió con los libros. Laura puso más comida en su plato del buffet solo para darse unos minutos más antes de tener que hacer frente a otro día de catering, comida, y toda la cosa del juego. —¿Por qué tiene que ser una cosa tan grande? Quiero decir, todos esos metros y metros de material transparente que cuelga del balcón en el granero de la venta parece un poco como mucho —dijo. Maudie abrió el libro calendario. —Una hora y el primer personal estará aquí. Y deja de lloriquear. Suenas peor que Roxie y es impropio. —Sí, señora —dijo en breve. Maudie alzó la mirada. —Ina Dean puede oler una mentira todo el camino desde el cielo o el infierno o a donde las mentiras van una vez que salen por ahí. Ella estará esperando que la fiesta sea espectacular este año debido a que Colton tiene una novia, y si se hace por lo barato, se saldrá la noticia de lo que está pasando aquí. Él estará plagado de mujeres volviéndolo loco de nuevo. Estas últimas semanas han sido muy agradables y tengo la intención de que siga siendo así. El tono de Maudie puso en mayúsculas la palabra "Él" como si Colton fuera Dios. —¿Te gustó alguna de sus relaciones pasadas? —preguntó Laura. —No, no lo hicieron. El primer par de amigas que tuvo cuando era adolescente les gustaba porque él estaba en el equipo de fútbol y querían el prestigio de colgar de su brazo. La primera novia seria que tuvo fue justo antes de ganar la lotería. Ella quería que él renunciara a la ganadería. Misericordia, él moriría sin la suciedad, las vacas, vallas y heno en su vida. Así que no, no me han gustado sus mujeres —respondió Maudie. —Está bien, ¿qué es lo primero en la lista? —Colton está enviando a seis hombres para barrer el granero. Espero que ya estén ahí fuera terminándolo. A las ocho y media, las primeras personas van a llegar para poner todo ese chifón del que estás tan preocupada. Nosotros no lo compramos. Solamente la estamos rentando. Eso llevará la mayor parte de la mañana y luego justo después de la comida, la gente con las mesas regresarán su camión y las montaran con las sillas a su alrededor. Laura miró a Maudie pasar el dedo por la página. —Y, ¿qué hago yo? —preguntó. —Tu supervisa. Diles dónde poner las mesas, la cantidad de chifón que deseas colgado. ¿Lo quieres realmente lleno o solo un poco allí? Yo puedo ayudar, pero no voy a tomar las decisiones finales por ti. Tienes que ser vista, y todo el día la gente va a estar haciéndote preguntas, y créanme, la noticia saldrá para la noche acerca de lo que tú elegiste y cómo te veías. Así que ponte tus mejores vaqueros y botas y prepárate para dar la impresión como su novia que todos adoramos tanto que le hemos puesto a cargo de las cosas importantes —dijo Maudie.

145


Laura no podía pensar en una sola cosa que decir a eso por lo que terminó su desayuno y subió a ponerse sus mejores pantalones vaqueros y botas. Cuando salió de su habitación, Maudie estaba esperando en la parte inferior de las escaleras. Ella asintió y abrió la marcha a través del vestíbulo, el comedor y la cocina directo a la puerta trasera. Tiró las llaves a través el capó de un camión de color rojo brillante y Laura las atrapó sin siquiera pensar. —Vas a manejar —dijo Maudie—. La camioneta ya está ahí por lo que necesitan verte salir del camión del lado del conductor. Puedes apostar tu dulce culo a que habrá fotos tomadas en los teléfonos con cámara. —¡No soy una celebridad y esto seguro que no es Hollywood! —En eso tienes razón y hay más de un multimillonario en el norte de Texas, pero a la gente les encanta poner todo lo que saben y ven en las malditas computadoras para que todo el mundo lo contemple. Recuerda mis palabras, esas cosas van a ser la ruina del mundo antes de que todo esté dicho y hecho.

146


15 Traducido por Blinda Corregido SOS por *Celesmg*

Laura estuvo a punto de caer muerta cuando las personas que transformaron el granero en la tienda de un jeque le entregaron la factura por lo que habían hecho ese día. —Ésta es mi primera vez con su compañía. ¿Cómo quiere que le paguemos? — preguntó. —Por lo general, solo le damos la factura a la señora Maudie o a Andy y recibimos un cheque por correo la semana siguiente —dijo la mujer. Laura lo guardó en su agenda. —Gracias. Apreciamos todo su duro trabajo. Voy a darle esto a la persona que corresponda. —Uno de mis asistentes ha tomado varias fotos antes y después para nuestra página web y libro de recuerdos mientras trabajábamos. ¿Le importa si las usamos? Solo estoy preguntando porque estás en varias de las tomas. —Cualquier cosa que quieras publicar está bien, estoy segura —dijo. Al menos ellos habían preguntado antes de que su rostro apareciera en sitios de redes sociales. Las mesas estaban dispuestas para la hora de cenar y listas para los revestimientos. Las sillas estaban desplegadas y colocadas exactamente correctas. El escenario para la orquesta y la pista de baile habían salido del almacenamiento y colocados juntos, gracias a los vaqueros que sabían tanto sobre la carpintería y la electricidad como empujar una escoba. Para el final del día el cerebro de Laura estaba hecho papilla y su trasero se arrastraba. Quería un baño largo en vez de cenar, pero también quería ver a Colton y a Roxie. Así que se lavó y se dirigió a la mesa para cenar. —Estoy total y completamente acabada —anunció. —Bueno, es tu propia culpa. Si te hubieras puesto de mi lado y hecho que tía Maudie permitiera que me quedara en casa, podría haber ayudado —dijo Roxie. —Tienes razón. ¿Por qué no dejas del todo la escuela y te olvidas de todos tus sueños? Apuesto a que Dillon no se olvidará del todo de ti si no te acercas en una semana o dos, o si no estás allí todos los días. Con esa vista en un mes ni siquiera recordaría tu nombre. Y puedes apostar tu culo que Rosalee no lanzará todos sus mocos sobre su

147


pequeña y sexy camiseta porque no estés ahí para interferir en su charla con tu novio justo debajo de tu nariz. Ella incluso podría enviarnos unas cuantas y pequeñas tarjetas de felicitación para agradecernos por escrito en tinta púrpura en la parte delantera —dijo Laura. Maudie echó hacia atrás la cabeza y rió. Andy lucía como si hubiera sido sorprendido. Rusty mantuvo sus ojos en su comida. —Eso fue cruel —dijo Roxie—. Si no le acabara de entregar esa lista a Colton, habrías pasado todo el día con el predicador. —En ese caso, ella tiene razón. —sonrió Andy—. Has pasado demasiado tiempo con Dillon. Lo ves todo el día en la escuela y está aquí casi todas las noches y fines de semana. Necesitas diversificarte y hacer más amigos. Roxie alzó las manos. —¿Ésta noche toca conspirar contra Roxie? Rusty miró a Colton. —¿Estás seguro de que tienes esa lista oculta? —Él sonrió y se tocó el bolsillo de la camisa—. Entonces puede ser que sea ésta noche que conspiremos contra Roxie. Nos has estado chantajeando toda la semana, así que te lo mereces —dijo Rusty. Roxie rió. —Tal vez sea así, pero valió la pena cada minuto, por lo que has tu mayor esfuerzo. Y Laura, no estoy a punto de dejar la escuela y dejar ganar a Rosalee. Además, estoy usando ese vestido para el baile de graduación y voy a parecerme a Miranda Lambert con él y Rosalee sencillamente se puede morir de envidia. —Deseas decorar, así que puedes decorar. Mañana te levantarás muy temprano, porque vas a ser mi chica de los recados durante todo el día —dijo Laura. —Te apuesto a que he terminado el desayuno incluso antes de llegues a la sala de comedor —Roxie desafió. —Lo veremos. —Laura le dio un empujoncito en el hombro, como solía hacer con Janet cuando eran niñas.

El viernes llegó en una ráfaga. Laura apagó la alarma y salió disparada de la cama. Hoy llegaría Janet al rancho. Su hermana iba a estar allí antes de la hora de acostarse y no podía contener la emoción. Habían pasado semanas desde que había visto a Janet, pero parecían años.

148


Roxie vagó en el comedor cuando Laura estaba en su segunda taza de café y gruñó mientras llenaba una taza para ella misma. —Supongo que ganaste después de todo. ¿Cuándo llegará aquí la primera ronda de decoradores? —A las ocho. Estará aquí la gente que traerá la mantelería y la vajilla. La barra portátil llegara a las diez y la misma gente la montara —respondió Laura. Colton cruzó la habitación y dio un beso en la frente de Laura. —Buenos días. Supongo que todos ustedes están planeando otro gran día, ¿verdad? Roxie meneó la cabeza. —Ustedes no tienen que jugar como si estuvieran enamorados delante de mí. Sé lo que está pasando. —Me gustabas más cuando eras tímida. La cabeza de Roxie se bamboleó como una de esas muñecas. —Culpa a Laura. Es mi nuevo modelo a seguir. Colton miró a Laura. Ella levantó una palma. —La mujer tiene que defenderse a sí misma. —¡Ves! —Se rió Roxie. —Ustedes dos están atacándome en grupo, así que voy a cambiar de tema. Parece que tenemos diez equipos para los juegos, ¿no? —Así es, pero Dillon y yo vamos a ganar por lo que el resto de ustedes pueden también sentarse en sus sillones y vernos —dijo Roxie. —Mi hermana, Janet, es bastante competitiva. Te dará a ti y a Dillon una carrera por tu dinero, y créeme, que no le gusta perder. Era un viejo oso cuando éramos niñas y jugábamos a las cartas o al Monopoly —dijo. Los ojos de Roxie se tornaron más brillantes con cada sorbo de café. —Eso solo hará nuestra victoria más dulce. Tú y Colton estarán ocupados fingiendo gustarse. Darcy y Andy van a estar tratando de aprender el estilo de cada uno. El resto están casados y van a estar luchando. —Lo tienes todo resuelto, ¿no? —preguntó Colton. —Es fácil entender las cosas, si observas y escuchas —respondió ella, y luego bajó la voz—. Hablando de eso, ellas los van a atacar por el lado ciego a todos, así que prepárense para estar enojados. Y eso significa que Dillon y yo seguro tendremos la oportunidad de ganar. —¿Atrapar por sorpresa? —La sangre de Laura se heló—. ¿Quién? —Rusty, Andy, y la tía Maudie. Esa es toda la advertencia que vas a conseguir porque los oigo venir ahora. Puedes agradecerme más adelante —dijo.

149


—Buenos días —dijo Andy con voz alegre. —Hermosa mañana —rió Rusty. Maudie puso un periódico sobre la mesa. —Echa un vistazo a esto. Había una foto de Laura con el vestido blanco, bailando con Colton. Por la calidad, sin duda no fue tomada con la cámara de un teléfono. El pie de la foto decía algo sobre el vaquero de los mil millones de dólares con el que estaba una de aspecto similar a Marilyn en una fiesta de mucho prestigio para rendir honor a los becarios y había rumores de que estaban comprometidos en secreto. Si lo estaban habían dejado su anillo en casa. Terminaba con una pregunta sobre cómo era de grande y llamativo el diamante. —¿Qué periódico es éste? —Laura se quedó sin aliento. —Uno de chismes y especulaciones de fuera de Dallas —dijo Rusty—. Pero no importa. Probablemente lo lee más gente que los que leen las cosas del mundo real en The Wall Street Journal. Colton se rió entre dientes. —¿Qué es tan gracioso? —Todavía no puedo creer que la gente se refiera a mí de esa forma —dijo. —Las mujeres que no sabían por los chismes locales que tenías novia seguro lo saben ahora —dijo Maudie—. Y ellas estarán quemando los caminos tratando de llegar a ti, incluso con más fuerza que antes, ya que ahora hay competencia. —Así que tendremos que idear un plan —dijo Andy. ¡Atrapada! ¡Atrapada! ¿Qué vas a hacer? Sonaba una y otra vez en la cabeza de Laura con la melodía de la vieja canción que había oído cuando era niña. Solamente decía algo acerca de un chico malo y lo que iba a hacer. —¡Oh, no! —La cabeza de Laura negó enfáticamente—. No tienes más elementos de negociación. —Tengo uno. —Andy metió la mano en el bolsillo y sacó una caja de terciopelo. —¿Qué es eso? Y si es lo que creo que es, la respuesta es no —dijo Laura. —No te emociones. Soy tu pariente, así que no me estoy proponiendo. —Él abrió la caja y el diamante más grande que había visto nunca brillaba bajo las luces de la sala de comedor—. No te desmayes. Es falso. Colton negó con la cabeza. —¿Hasta dónde van a pedirnos que llevemos ésta loca relación? Si las mujeres siguen siendo un problema después de lo que estamos haciendo, entonces que, ¿tendremos una boda falsa? Maudie negó con la cabeza. —No, eso sería ir demasiado lejos. Solo quiero que le hagas la proposición a Laura en la fiesta. Puedes bailar con ella la primera vez…

150


—Pero bailamos en Dallas —dijo Laura. La sopa era cada vez más espesa y ella se hundía más y más rápido. —Eso no cuenta. Es el primer baile en Ambrose ese es el de la suerte —dijo Roxie— . Es el que mostrara a todos que ustedes dos están juntos de verdad. Tomarán fotos y lo pondrán en los periódicos y Andy lo pondrá en el sitio web del rancho para que el mundo entero lo vea. Laura miró a Colton. Seguramente por Dios que el hombre protestaría por los aros que le estaban pidiendo que saltara a su alrededor para mantener alejadas a las mujeres que lo perseguían. Pero no lo hizo. De hecho, estaba sonriendo en vez de maldecir por los codos como si quisiera hacerlo. ¡No podía hacerlo! La mentira era demasiado grande. —Si estás de acuerdo, no me debes ni una moneda de diez centavos a partir de ahora —dijo Andy—. Tienes que permanecer en el rancho un mes más por lo que todo el mundo pensará que ustedes dos están muy involucrados, pero después eres libre de irte. Su cabeza latía. Su pulso se aceleró. Se quedó sin aliento en el pecho. —¿Por qué no? No es gran cosa. —Colton cogió el anillo y se lo metió en el bolsillo— . La gente de Hollywood hace cosas así todo el tiempo solo por la publicidad. —Nosotros no estamos en Hollywood. —Laura se quedó sin aliento. Casi diez mil dólares perdonados por solo asentir cuando se deje caer sobre una rodilla y se propusiera. No tenía que decir una sola palabra. Todo el mundo creería que había estado de acuerdo con que él le pusiera el anillo en su dedo y bailaran. Podía irse en un mes. —¿Y bien? —preguntó Andy. —Un mes —susurró. —Lo tienes y no me debes nada —dijo Andy. —¿Por qué harías eso? —Debido a que Colton es mi mejor amigo y es un hombre rico que incluso me ha hecho rico a mí —respondió Andy. —¿Quieres que te lo proponga ahora y solo tengas que mostrar en la fiesta que llevas el anillo? —preguntó Colton. Ella negó con la cabeza. El mundo de fantasía seguro se estaba enredando en nudos. Justo cuando pensaba que estaba lista para pensar en salir con Colton en la vida real, iba a estar comprometida con él en el mundo de fantasía. —Está bien, voy a decir que sí —dijo ella. —Bien —dijo Maudie—. Ahora vamos a seguir adelante y hacer de ésta la mejor fiesta de verano de todos los tiempos en el Círculo 6. Colton le posó otro beso en la frente y se fue con Rusty. Andy se escapó a su oficina. Maudie sacó los libros de nuevo y Roxie guiñó un ojo a Laura.

151


—¿Llevarás ese vestido blanco al baile? —preguntó Roxie. —No, llevará el vestido rojo que compró en Ross. Y va a usar mis perlas y el cabello como en esa foto de ahí —dijo Maudie. Por diez mil dólares, Laura se pondría un saco con un cinturón de cordel y los pies descalzos. —¿Puede peinar el cabello de Roxie así? —Lo tengo solucionado —dijo Maudie con una sonrisa—. Y es una gran sorpresa para todas ustedes, chicas, así que no pregunten por los detalles. Las lágrimas corrían por el rostro de Roxie. —No quiero que te vayas en un mes, pero quiero que estés libre de deudas y quiero que te quedes porque quieres, no porque tienes que hacerlo. Laura se abrazó a la chica. —Recuerda esto siempre, incluso si estoy al otro lado del estado: Somos amigas y seguiremos de esa forma.

El granero estaba listo justo antes de la cena. Lo que había sido un viejo granero de ventas de aspecto rústico, con un balcón en la parte superior desde donde los compradores podían ver la subasta del ganado era ahora una magnífica sala de fiestas. Todo lo que necesitaba era la orquesta, la gente, y la comida que iban a venir al día siguiente. Al caer la tarde, Janet se detuvo en el patio delantero y Laura abandonó el porche como una niña pequeña. Ella y Janet se reunieron a medio camino en un abrazo que hizo que Colton estuviera más que un poco celoso. En primer lugar, porque nunca había tenido un hermano, y segundo, porque tenía que compartir a Laura durante los próximos tres días. Él no había tenido intención de enamorarse de ella, pero ella le había robado de plano su corazón y le fastidiaba tener que tomar el segundo lugar, mientras que Janet estuviera allí. —Colton, ven a conocer a mi hermana y mi amiga. Ésta es Janet. —Ella abrazó a su hermana otra vez—: te presento a... —Él captó la ligera vacilación, incluso si su hermana no lo hizo. —Soy Colton Nelson y es un verdadero placer darte la bienvenida al Círculo 6. Por favor, siéntete como en casa, y si necesitas cualquier cosa háznoslo saber a cualquiera de nosotros. —Le pasó un brazo por la cintura de Laura y la atrajo a su lado. No, eso se sentía mejor. Ella encajaba pegada a él, no a su hermana. Aún le quedaba un mes para demostrarle que no debía dejar el rancho, y Janet haría mejor en no meter ideas locas en su cabeza, tampoco.

152


—Bonito lugar, incluso si es detrás de las vallas —dijo Janet. Janet era una réplica más pequeña de Laura. Rubia, de ojos azules, menos por las grandes tetas y el culo redondo, pero tenía una mirada dura sobre ella. Como si tal vez hubiera visitado demasiados bares y vivido una gran parte de su vida en el lado demasiado áspero de las pistas. —Esa es de la manera que nos gusta. —Colton le apretó la cintura de Laura.

Ella no sabía lo que estaba pasando, pero las vibraciones no eran buenas. Por lo general, sus manos en cualquier parte de su cuerpo le enardecían, pero ésta noche la irritaban. Ella dio un paso fuera de su alcance, y dijo: —Me encanta esto. Mañana cuando haya luz tienes que ver lo que estoy haciendo con los macizos de flores, Janet. Trae tus maletas al piso de arriba y te voy a mostrar dónde está tu habitación. —Traeré las maletas, cariño. Chicas, sigan y pónganse al día. Sé que tienen mucho que hablar. —Él la besó en la mejilla y miró a Janet—. ¿Asiento trasero o maletero? Pulsó un botón en el llavero y el maletero se abrió. —Gracias. Me temo que he traído mucho, pero no sabía todo lo que iba a necesitar. Y no es todo mío. He traído el resto de las cosas de Laura también. —¿Por qué hiciste eso? —preguntó Laura. —Debido a que estaban en mi camino y porque ahora vives aquí. —No hay problema. Hay un montón de espacio para que guarde tus cosas aquí. — Sonrió Colton. —¡Vaya! —dijo Janet cuando estaban dentro de la casa—. Ese es el condenado sexy vaquero con el que estás saliendo. Deberías haberme dicho que era una estrella de cine muy guapo. Esas fotos en el sitio web del rancho no le hacen ni un poco de justicia, cariño. Sexy y multimillonario. ¿Tiene parientes ricos? Se encontraron a Sally saliendo de la habitación donde Laura había previsto poner a Janet. —Está todo listo. He cambiado el plumón de la cama. Las toallas están bajo el tocador en el baño, y puse ese jabón especial que te gusta, Laura. —Gracias, Sally. Ésta es mi hermana, Janet. No podíamos llevar éste lugar sin Sally. Es un ángel —dijo Laura. Sally sonrió y golpeó el aire con una de sus enormes manos. —Escucha antes de que prosigas. Estamos contentos de que el Sr. Colton sea feliz. Si no necesitan nada, estaré de vuelta mañana y el domingo. No suelo trabajar los fines

153


de semana, pero la señora Maudie, necesita ayuda extra éste fin de semana. ¡No que todas las semanas tenemos una gran fiesta en el rancho! —¡Doble vaya! —dijo Janet cuando Laura abrió la puerta de su habitación—. ¿Todo esto es mío? —Todo tuyo. Y el mío está justo al lado —dijo Laura—. Colton dijo que debía mudarme a la casa grande, mientras que estés aquí para que podamos vernos más. Vamos a tener nuestro propio lugar y, sin embargo ser capaces de ir y venir sin cruzar el césped. Más tarde, puedes ver mi apartamento sobre la cochera. —¿Qué aspecto tiene la suite principal? —preguntó Janet. —No es muy diferente a estas habitaciones —dijo. ¿Cómo se suponía que iba a saber cómo era la suite principal? A pesar de que había sido invitada, nunca había estado en la habitación de Colton. No tenía idea de si era una suite como las que habían tenido en el hotel o si realmente era como los otros dormitorios. —Equipaje en camino —gritó Colton. —No estamos hablando de ti —gritó Laura. —Solamente me aseguro de que sabes que hay un hombre en tu campo de audición —dijo arrastrando las palabras y luego se echó a reír. —Me gusta —dijo Janet. —Lo he oído. —La cabeza de Colton apareció en la parte superior de la escalera y luego el resto de su cuerpo siguió con maletas metidas debajo de ambos brazos y en manos. —Dios mío, Janet, ¿has traído todo lo que tienes? —Sí, y lo que has dejado en el armario, también. —¿Por qué? —Es lo mismo tenerlo aquí que allí y necesito la habitación. —Pero… —Laura comenzó y luego apretó cerrando la boca. —¿Y a dónde van estas? —preguntó Rusty. Janet señaló la habitación contigua a la suya. —Si es una maleta de color rosa, va en la habitación de Laura. —¿Cómo diablos metiste tantas en el avión? —preguntó Laura. —Fácil. He pagado por ellas, o mejor dicho, Andy lo hizo —dijo Janet. —Janet, éste es Rusty. Es mi mano derecha en el rancho. Ni siquiera tengo que decir que ésta es la hermana de Laura, ya que podrían ser gemelas —Colton hizo las presentaciones—. Mi abuelita y Roxie están fuera haciendo algunas compras de última hora. Apuesto a que Roxie se unirá a la sesión de chismes donde quiera que la estén teniendo y puedes conocer a mi abue mañana. Nos alejaremos de su vista ahora y las dejaremos solas. Nos vemos más tarde, cariño. —Le dio una palmadita Laura en el hombro y no se sintió tan mal como su actitud en el porche.

154


—¿Tienes hambre? ¿Quieres una cerveza o un té helado? —Habría tomado una cerveza, pero me detuve y conseguí una hamburguesa en el camino, así que no tengo hambre —dijo Janet. —Ponte cómoda y te traeré una.

Colton y Rusty hicieron una sesión de ejercicios en el gimnasio y después, media hora de natación antes de llegar de nuevo a la casa. Pateó sus botas en la puerta trasera, tomó una cerveza de la nevera en su camino a través de la cocina, y se dirigió a la escalera en calcetines. —¡No lo haré! —La voz de Laura llegó a través de la puerta. Se detuvo y se apoyó contra la pared. —Tienes una agradable instalación aquí, Laura. Serías tonta si dejas que todo se te escurra de entre tus manos. Puedes amar a un hombre rico también como a uno pobre. Contuvo el aliento. —Solamente ves el dinero —dijo Laura. —Oh, veo al vaquero también. No sería demasiado duro meterme en su cama, y solo pensar que estás en medio de éste rancho. Es la mejor oportunidad que alguna vez has tenido. —No, gracias. Lo respeto demasiado a él y a toda ésta familia para lanzar cualquier tipo de estafa. Él exhaló lentamente. Respeto. No era amor, pero era un comienzo. —Estás loca. Es una lástima que Andy te trajo a trabajar aquí para pagar mi deuda en vez de a mí. Yo ya lo tendría envuelto alrededor de mi dedo y luego cuidaría de nosotras por el resto de nuestras vidas —dijo Janet. —Soy una mujer adulta y siempre he cuidado de mí misma. Hablando de eso, ¿has ido a tus reuniones de ésta semana? —Una de ellas. E hice una apuesta de dos dólares en los caballos, pero he perdido. Así que me imagino que me gustaría más hacer dos reuniones la próxima semana —dijo Janet. La voz de Laura se disparó.

155


—¡Maldita sea! No te saqué de problemas solo para que puedas volver a caer en ellos. Se acabó, Janet. Lo digo en serio. Si vas a los usureros de nuevo, no voy a pagarles por ti. —Con todo esto, querida, no dejaras que me hunda ahora, ¿verdad? —La risa de Janet era frágil. —Podría recluirte para siempre —amenazó Laura. —Pero no lo harás. Soy el pequeño necesitado y pegajoso nadie que te hace sentir del todo bien contigo misma. Podrías pensar mejor en tu inestable hermana mayor antes de caminar lejos de éste pequeño negocio redondo en el culo del mundo. Apretó los puños. —Estoy pensando en ti. No voy a volver al oeste de Texas cuando salga de la hacienda. Voy a desaparecer por un largo tiempo y no vas a saber dónde estoy. Mientras te lo permita, nunca dejarás de jugar y meterte en problemas. Te quiero, Janet. Pero he terminado de socorrerte. Buenas noches, hermana —dijo ella. —No te atreverías —dijo Janet. —Dalo ya por hecho. —Pero yo te amo y te necesito. Podemos azotar el mundo, siempre y cuando estamos juntas —rió Janet. —Puedo azotar al mundo por mí misma y tú también puedes. Solo tienes que averiguarlo por tu cuenta. Estamos crecidas. Ya no somos niñas. Nos vemos en la mañana en los juegos. Mi equipo va a vencer a tu equipo —dijo Laura. —Ni en tus sueños más salvajes podrías ganarme. Nunca podrías —dijo Janet. —Ya veremos. Colton se apartó de la pared rápidamente cuando se dio cuenta de que la conversación había terminado. En ese mismo momento, se cerró la puerta de entrada y Roxie subió las escaleras llevando un libro grueso. —¿Qué? Laura me dio permiso para ir a su apartamento y escoger cualquier libro que quisiera leer. No hay nada en la televisión ésta noche y Dillon tiene que ayudar a su papá a interponer el heno o no podrá venir a los juegos mañana. —Pensé que estarías mordiendo aquí al poco de entrar con esas dos mujeres y chismear —dijo Colton. —¿Ella está aquí? ¿La hermana de Laura está aquí? —preguntó Roxie. Laura cerró la puerta del cuarto de Janet detrás de ella. —Ella está aquí y está cansada así que voy a tomar un libro y leer un rato, también. ¿Estás segura de que estás bien con esto mañana por la noche, Colton? Has tenido tiempo para pensar en ello y… Colton tomó la mano de Laura en la suya. —Estoy bien con eso. Buenas noches, Roxie. Nos vemos en la mañana.

156


Roxie fue directamente a su habitación y cerró la puerta. —Ven a mi habitación y voy a prepararme una bebida. No puedo creer que no vayas a hablar con Janet en toda la noche. Estabas tan emocionada durante toda la semana que no podías estar quieta y, ¿ya has terminado de hablar? Algo debe estar mal. —Él la llevó a su habitación y abrió la puerta—. Bienvenida a mi parte de ésta monstruosa gran casa. —Me gustaría un Jack Daniel, dos dedos, solo —dijo ella. Se dirigió a la barra en la esquina de la sala de estar y sirvió dos copas, adicionó un cubito de hielo en el suyo. Ella se dejó caer en la esquina del gran sofá de cuero y cogió el vaso cuando se sentó a su lado. Ella tomó un sorbo y suspiró. —¿Bueno? —preguntó. —Nunca sabrás lo mucho que lo necesitaba. Así que tienes una suite. —Sala de estar y se puede ver el dormitorio a través del arco. Más en ese lado hay otra habitación más pequeña con una bonita ventana grande. —Señaló a la derecha. —¿Para qué es? —Los antiguos dueños lo usaron para cuarto de niños. Tengo entendido que cuatro niños comenzaron sus vidas en esa pequeña habitación —dijo—. ¿Has pensado en niños? —Sería una madre terrible, Colton. —¿Qué te hace pensar eso? —Se movió tan cerca que podía jugar con su pelo. —Mira de dónde vengo. ¿Confiarías en mí para tener a tus hijos? —Sí, lo haría, Laura. Te he visto con Roxie, con Daisy y Donald. Tienes instintos amorosos, amables. Serías una gran madre. —Cualquier persona puede amar a un gato y a un pato. Puedes limitarlos al granero. Es un poco difícil hacer eso con un niño —dijo. —Veo lo que veo y creo que serías una buena madre, Laura.

El peso de la conversación con Janet se levantó de su corazón y ella sonrió. ¿Confiaba en ella lo suficiente como para tener hijos con ella y Janet quería que lo desplumara? Bebió el resto de su whisky y trepó en su regazo. —Por favor, abrázame. Ni siquiera quiero sexo, solo quiero que me abraces y quiero despertar contigo a mi lado mañana por la mañana.

157


16 Traducido por Curitiba Corregido SOS por *Celemg*

Roxie estaba en la parte de atrás de una camioneta y llamó por nombres a los equipos. Una mujer y un hombre, un total de diez equipos. Se acercaron, algunos sonriendo y otros sacudiendo sus cabezas, hasta estar al lado de una de las camionetas alineadas en una fila. —El plano está en el asiento del pasajero. El nombre del juego es ganar, y Dillon y yo planeamos hacer precisamente eso. Tía Maudie tiene el arma. Bajen sus ventanillas para que puedan oír el disparo que da la partida. Ah, y el equipo ganador recibirá un cheque de cinco mil dólares para dividir entre ellos como quieran. Diez motores de camionetas retumbaban como caballos resoplando para salir disparados de la rampa. El sobre tenía “Colton y Laura” escrito en el exterior y solo sostenerlo hizo que sus manos temblaran. Había querido decirle a Janet en medio de la discusión que ella y Colton no estaban saliendo realmente, que era una artimaña para mantenerlo libre de mujeres cazadoras de oro como Janet. Quería sincerarse, pero había prometido a Andy y a la familia y ella no podía romper su palabra. —¡Dios mío! —gritó por encima del ruido de los camiones. —¿Qué? —Colton la miró. —Juegos, mi culo. Vas a tener un montón de tremendo trabajo con estas personas hoy. Él sonrió abiertamente —¿Qué es lo primero en la lista? —El heno, y nuestro campo ha sido marcado con banderas blancas. —Trabajo en equipo, cariño, de eso es lo que se trata. Y alguien va a casa con un pago bastante bueno por el trabajo de hoy —dijo Colton. Maudie levantó la pistola y disparó un tiro al aire y los diez camiones salieron disparados, dejando nada más que una nube de polvo a su paso, y decenas de personas animándolos. —Lee para mí. ¿Cuáles son las indicaciones de nuestro campo? —Ahí, gira a la izquierda —gritó ella y señaló—. Casi lo perdimos. Se supone que debemos seguir las banderas blancas. Pero tú ya lo sabías, Colton, ¿no?

158


Cruzó una mano en su corazón y pulsó levemente el freno. —No lo hice. Ya que soy un competidor, no me metí con los planos de juego o las direcciones. Tía Maudie, Ina Dean, y Patsy lo planearon todo. Ella no tolera engaños de ninguna forma, por lo que no sé más que tú. ¡Maldita sea! —¿Qué? —Ella miró a su alrededor. —Salimos como todos los demás sin pensar. —Dio la vuelta a la camioneta y se dirigió hacia la casa. —No hay banderas blancas en éste camino. No voy a perder solo porque eres el jefe. ¡Dame las llaves! Voy a cargar el camión yo misma. Cinco mil dólares era mucho dinero en su mundo y estaría condenada si dejaba que se le resbalaran entre los dedos porque el cambió de opinión acerca del juego, incluso si jugar fuera realmente funcional. —Necesitamos ganchos de heno y guantes. El tiempo que gastamos regresando para conseguirlos nos pondrá por delante al final. ¿Qué sigue en el juego? —Vallas —dijo ella—. Puedes obtener estas herramientas también y ahorrar tiempo. Ella leyó las instrucciones y se golpeó el muslo. —¡Bueno, mierda! —Apuesto a que dice que si te atrapan con instrumentos para construir cercas en tu camión estás descalificado, ¿verdad? Ella asintió. Un camión de color rojo vivo los pasó y Roxie saludó desde la ventanilla del pasajero. Colton despegó como un cohete y se mantuvo justo al lado de ellos hasta que redujeron la velocidad y se desviaron hacia la izquierda. —¿Por qué hicieron eso? —preguntó Laura. —¡Instrucciones, por favor! —gritó. —El equipo está en el granero con la bandera roja ondeando desde la parte superior. Ellos vieron la bandera primero. Está por allí. —Señaló. Giró el volante en esa dirección y el gran camión negro se sentía como si estuviera volando. Los chicos ya habían agarrado su saco de remolque lleno de herramientas de la mesa que Maudie, Ina Dean, y Patsy dotaron. —Voy a buscar el material. Dele la vuelta al camión. —Ella se desabrochó el cinturón de seguridad y dejó la puerta del camión abierta cuando se deslizó al detenerse. Maudie le entregó una bolsa de estopa con una cinta blanca sujeta a la parte delantera con un alfiler de gancho. Ella esquivó cuando vio a Janet venir en su dirección en una carrera mortal. La disimulada planeaba hacerla tropezar para así conseguir una ligera ventaja. —Eres muy lista, hermana. —Se rió Janet.

159


—Te conozco y no vas a ganar haciendo trampa —Laura lo lanzó por encima del hombro. Colocó el saco en el vagón de la camioneta y se fueron por segunda vez, pasando el resto de los camiones que regresaban por sus herramientas—. Sigue las banderas blancas. Justo aquí, gira a la derecha, ahora a la izquierda, y ahí está. Los tres primeros fardos marcan nuestro espacio y ¿mira eso? Roxie y Dillon están justo al lado de nosotros. —Son jóvenes y fuertes, pero somos expertos. Rápido, recorre la lista. ¿Cuándo es la pesca? —Justo después de la cena. Sonrió. —Ahí es donde nos pondremos al día si nos atrasamos. —Oh, ¿eres un encantador de peces? Él se rió entre dientes. —¡Malditamente correcto! Podría encantar a un viejo gran bagre en un montón de arena. ¿Vas a conducir o cargar la primera vez? —Cargar. Puedes tener la siguiente. ¿Cuatro viajes? —Esa es la forma en que yo lo veo. Apuesto que las reglas dicen que si pierdes una paca en el camino, tienes que renunciar a esa parte del juego, ¿no? Ella pasó un dedo por la lista de reglas. —Dice que cada equipo consigue cien puntos para cada evento. Diez puntos deducidos serán reducidos por la primera paca que caiga; veinte por la segunda; y cincuenta para la tercera. ¡Dios mío!, podríamos perder ochenta puntos de nuestros cien si no somos cuidadosos. —Que sean veinticinco de la carga, entonces. Un poco más sobre éste terreno áspero sería buscar problemas. —Él saltó de la camioneta y vertió la bolsa de herramientas en la parte trasera del camión—: guantes, ganchos de heno, y media docena de botellas de agua. No hay sogas para amarrar. Eso significa que no debemos apilar muy alto. Laura abrió la puerta trasera, cogió un par de guantes, y dijo: —Maneja. Ella corrió a la primera paca, la recogió por el cable que la sujetaba, y la arrojó por la borda de la camioneta. Cuando consiguió cinco fardos se fue a la siguiente y los organizó. No era su primer rodeo en el campo de heno y estaría condenada si Janet y Rusty vencían al equipo blanco. —Hey, acabo de leer las reglas un poco más. El que consigue apilar más rápido sus pacas en el granero consigue cincuenta puntos extra de bonificación. Arrojó otro fardo por la borda. Eran mucho más pesados de lo que habían sido cuando tenía la edad de Roxie. Echó un vistazo a la camioneta roja y Roxie saludó desde el asiento del conductor.

160


—Y —gritó Colton de vuelta—, no se permite que uno de los miembros del equipo conduzca todo el tiempo. Tienen que apagar el motor. —Lee las reglas —gritó tan fuerte como pudo. —Lo hago —dijo Colton. —Voy a hablar con Roxie —dijo Laura. La risa de Colton se hizo eco a través de los campos como profundos repiques de truenos. En la última carga, ella y Colton apilaron el heno con Roxie y Dillon en un lado y Janet y Rusty del otro. El sudor pegó el cabello rubio de Janet a su cara en hebras flojas y ella jadeaba como si acabara de correr una milla. —Ahora recuerdo por qué soy una peluquera en lugar de una ranchera. —Se pasó una mano enguantada sobre la frente—. Pero durante un día realmente me acuerdo de cómo hacer estas cosas y voy a ganar. —Mejor recoge tu cabello en una cola de caballo y te preparas para trabajar duro. Tengo el encantador de peces en mi equipo. Y realmente sé cómo montar una carretilla. —Yo también —dijo Rusty—. Yo soy el rey de carretillas. —Miren. El equipo azul triunfará —dijo Janet. —Solo si machacas al equipo blanco. Última paca. ¡Tiempo, Maudie! Maudie levantó una mano. —Demasiado tarde. El equipo rojo obtuvo los puntos de bonificación por el apilamiento, pero varios equipos consiguieron la totalidad de cien puntos del acarreo lleno. El equipo Azul perdió dos fardos de modo que perdieron treinta puntos por eso. Eso los pone por delante por veinte puntos. Lean sus instrucciones para el cercado, y buena suerte a todos.

Ellos tuvieron que conducir todo el camino hasta la parte trasera de la finca para obtener lo que necesitaban para poner los veinte postes de la cerca y ensartar el alambre de púas para la siguiente parte del juego. Postes metálicos habían sido puestos dentro de los viejos postes de madera pandeando la valla de alambre de púas en la parte de atrás del rancho. Una bandera blanca voló desde el último poste que Rusty y su equipo habían alcanzado cuando estuvieron trabajando el día anterior. Desde ahí al siguiente poste parecía un kilómetro, pero en realidad eran solo noventa metros, lo cual era menos que la longitud de un campo de fútbol. Colton y Laura trabajaron entre el equipo azul, que era Janet y Rusty, y el equipo morado, que era el predicador Roger y Cynthia. La distancia previno las burlas, de modo que fuera probablemente la razón del por qué Maudie lo planeó así. Aun así, Colton no

161


podía dejar de mantener un ojo en el equipo azul. No le importaba si ganaba pero malditamente seguro no quería que Janet golpeara a Laura. —Toma aquella cinta métrica y mide cuatro metros directamente de aquí mientras voy por un puesto —dijo él. Ella enganchó el final de la cinta alrededor del poste que ya estaba allí y caminó cuatro metros con ella y puso su pie donde el poste debería ir. Él trajo el T-post driver15 y dos postes del vagón del camión y dejó el primero donde su pie había señalado. Tiró de los guantes y sostuvo el poste estable mientras él comenzó a aporrear el suelo con el conductor. —¿Sesenta centímetros en el suelo y cuatro hebras? —preguntó ella. —Así es. Gracias a Dios por la última lluvia. La tierra no está tan dura —dijo él. —Quedó bien y estable —dijo ella, y se fue corriendo hacia el camión. Enganchó la cinta métrica a su cinturón, agarró dos postes más de la parte trasera del camión, y corrió hacia el final de su sección. En el momento en que él había terminado, había medido y establecido donde irían los postes, señalizando donde iría el siguiente para que él lo colocara, y lo tenía listo para que él sacara la tierra. Cuando estuvo estable, ella recogió dos postes más y los llevó abajo en la fila. Colton quedó sorprendido por sus habilidades de organización. Pero lo que le asombró aún más fue que trabajar con ella se sentía tan bien. Cuando fijaron todos los postes, él recogió el rollo de alambre de púas y ella consiguió la bolsa con los clips, la cizalla y tenazas. Él estiró el cable. Juntos lo apretaron, cortaron con la cizalla, y utilizaron las tenazas para fijarlo con los clips. Eso progresó más lento que el ajuste de los postes, pero terminaron antes de que el equipo azul consiguiera ensartar el último de sus alambres. —Buen trabajo —exclamó Ina Dean desde el interior de la camioneta que ella y Maudie utilizaban para patrullar la prueba de vallas—. Blanco y púrpura se encuentran en un empate que probablemente los pondrá en igualdad con el equipo rojo para las pruebas de la mañana. Cuando los demás terminen serviremos la cena en el rancho. —Buen trabajo. —El predicador Roger estrechó la mano de Colton. Colton pasó un brazo suelto sobre los hombros de Laura. —Tengo una buena ayudante. —También yo —dijo Roger. —No me gusta ser ranchera pero puedo hacerlo —dijo Cynthia con honestidad. —Nos vemos en el rancho —dijo Colton. Él abrió la puerta a Laura y ella se acomodó en el asiento del pasajero. Él silbó mientras revisaba el vagón de la camioneta para asegurarse de que el T-post, el resto del alambre de púas, los dos pares de guantes y ambas cintas métricas estuvieran allí. Si algo fuera dejado atrás, deducirían puntos. En éste momento el equipo blanco estaba T-post driver: es una maquina a presión que se utiliza para abrir los agujeros en la tierra, y así facilitar el vallado o colocar pósteres y señalizaciones en las vías. 15

162


empatado en el primer lugar. Rusty no cometería un error y olvidaría un clip de cerca, así que tuvo que permanecer y revisar todo. —¿Viste eso? —preguntó Laura. —Vi veinte postes de cerca y una gran cantidad de alambre de púas. Y vi a la mujer más bella del mundo dominando los dos —dijo. —Bueno, gracias por el cumplido, pero no era de lo que estaba hablando. Cynthia se sonrojó cuando Roger dijo eso de ella. Y cuando ella tomó sus guantes, sus uñas estaban tan hermosas como lo eran el domingo. Maldita sea, Colton. Ella puede poner una cerca y ni siquiera romperse una uña. Y aún no tenía marcas de arañazos de alambre de púas de alejar el cable. —Ella sostuvo su brazo para mostrar dos largos rasguños. Él pisó los frenos y apagó el motor antes de que trajera su brazo a los labios y le besó los arañazos. —¿Por qué no me lo dijiste? —Voy vencer a mi hermana. Ésta será la primera vez que le gane. Ella siempre ponía mala cara si perdía un juego, así que dejé que ganara, pero ésta vez va a perder. Solo son rasguños y van a sanar, pero estoy celosa de que Cynthia puede atar sin marcas de mordiscos y mantener sus uñas bonitas. —Tal vez Roger estará tan entusiasmado con ella que le pondrá una marca de mordedura en su cuello ésta noche. —Él desabrochó los dos cinturones de seguridad y la acercó a su lado. Se inclinó y el beso fue duro, hambriento y lleno de pasión—. Me gustó despertarme contigo a mi lado ésta mañana. —A mí también. —¿Qué pasa si ganamos? ¿Cuál es mi recompensa? —bromeó cuando terminó el beso. Ella se puso de puntillas y lo besó de vuelta. —Gane, pierda o empate no hará un poco de diferencia en lo que sucederá después entre nosotros.

Laura quedó sorprendida por la transformación del patio cuando llegaron. Las mesas habían sido instaladas con sillas a su alrededor. Tarros llenos de flores silvestres con jarras vacías al lado de ellos adornaban las mesas. Maudie estaba de pie en la parte trasera de un camión de plataforma con un micrófono y agitando las manos para que se unieran a ella. —¿Tuvieron una llanta pinchada? Estábamos a punto de enviar a un equipo de rescate para encontrarlos. —No, nos detuvimos para tejemanejes —gritó Colton a través del patio.

163


Todos aplaudieron, excepto Janet, quien sonrió y le dio a Laura el pulgar hacia arriba. —Bueno, supongo que era de esperar —dijo Maudie—. Solo quiero presentar a Laura a todos. Algunos de ustedes, amigos, ya la han conocido. Pero para aquellos que no, ésta es la amiga de Colton, Laura Nelson. Y para aquellos de ustedes que llegaron justamente en éste momento, voy a recordarles que los niños tenían un concurso hoy también. —Ella hizo un gesto hacia todos los niños que estaban junto a sus padres—. Ellos han elegido las flores silvestres de las decoraciones de las mesas. Los frascos vacíos al lado de sus ramos de flores son para monedas de diez centavos. Nada de monedas de un centavo, cinco, o veinticinco. Solo de diez centavos. El equipo que consiga la mayor cantidad de dinero gana una tarjeta de regalo de veinticinco dólares de Hastings en Sherman. Supongo que tengo que dejar eso en claro, veinticinco para cada miembro del equipo. El dinero en los frascos va al fondo de la biblioteca de la escuela primaria de Bells. Así que a cavar en sus bolsillos, gente, y depositen sus monedas de diez centavos. —No olviden el concurso de la cazuela —gritó Ina Dean. —Así es. El rancho suministró el pollo frito para la cena de hoy. Pero las bellas damas de la comunidad trajeron las cazuelas. Cualquier persona que quiere la receta de uno de sus platos puede hablar con Patsy Talley. Ella tiene copias por un dólar de cada uno y el dinero se le dará a las Damas del Fondo para Becas Auxiliares para ayudar a pagar a un graduado de la secundaria Bells la universidad. ¿Algo más antes de pedirle al predicador Roger que bendiga ésta comida? Nadie dijo nada, así que Maudie inclinó la cabeza y todos los demás siguieron su ejemplo. Antes de que el predicador dijera tres palabras, la mano de Colton envolvió la suya. Laura se sorprendió de lo bien que se sentía, pero algo estaba mal, terriblemente mal. Ella levantó la vista para ver los ojos azules de Janet clavados en sus manos. Ella tenía una sonrisa maliciosa en su rostro. ¡Mierda! Ella piensa que estoy jugando con su idea de estafa, pensó Laura antes de que cerrara rápidamente los ojos. El predicador dijo: —Amén. Colton se llevó su mano a los labios y le besó los dedos. —Hacemos un buen equipo. —Sí, lo hacen —dijo Rusty—. Ahora ¿podrías por favor ir al inicio de la fila para que podamos comer? Todos estamos hambrientos.

164


17 Traducido por ஓ¥anliஓ Corregido SOS por *Celemg*

A la una y media, Maudie tomó el micrófono e informó a los equipos que ya era hora de que entraran en la siguiente fase de los juegos de ese día. Podrían recoger su equipo en la mesa delante del granero donde habían apilado el heno, y sus lugares de pesca habían sido marcados por los colores del equipo alrededor de la gran laguna en la parte trasera de la propiedad. Ella y Patsy estarían patrullando la zona para asegurarse de que no hubiera engaños y que cada equipo llevara el pez a la línea de meta, vivo y boqueando. Laura y Colton no fueron los primeros en llegar al granero, pero quedaron en segundo lugar detrás de Rusty y Janet. Ella esperaba una caña de bambú y un trozo de cuerda, pero lo que consiguió fue una pala, una lata, y una caja delgada larga que tenía una foto de una caña de pescar y un carrete, en el frente. —¡Requiere algún tipo de ensamblaje! —Gimió mientras ponía las cosas en la parte de atrás de la camioneta. Colton puso en marcha la camioneta y condujo junto a Rusty todo el camino hasta la laguna. —¿Qué es lo que quieres hacer tú? ¿Ensamblar o cavar la carnada? Uno de nosotros se encargará de cada tarea así iremos más rápido. —Primero, voy a leer las reglas —dijo—. Y ellas dicen que tenemos que utilizar gusanos y no se pueden utilizar saltamontes. ¡Maldita sea! Soy capaz de atrapar un saltamontes más rápido de lo que puedo desenterrar gusanos. Y está bien que una persona sostenga la caña, pero ambos tienen que llevar al pez a la línea de meta. ¿Qué significa eso? —Que las manos de ambos tienen que sostener al pez —dijo él—. Sigue leyendo. —No puedes conducir la camioneta. Tienes que caminar a la línea de meta y el pez, que debe tener más de treinta centímetros de largo, tiene que estar en las dos manos. — Ella frunció el ceño—. La meta está aproximadamente a cuatrocientos metros de vuelta a la casa y si hay suciedad o hierba en el pez, conseguimos que nos descuenten puntos. ¡Maudie es el engendro del diablo! Colton se estacionó delante de la enorme laguna de la finca. Diferentes banderas de colores marcaban los lugares de pesca y camionetas se reunían alrededor de la piscina circular como ganado sediento.

165


El equipo blanco tenía un espacio delimitado de unos seis metros de ancho, con el equipo amarillo, Darcy y Andy, por un lado y el equipo azul, Rusty y Janet, en el otro lado. —Ustedes podrían muy bien seguir y revolcarse en la cama un poco más, porque ésta prueba nos pertenece a Rusty y a mí —gritó Janet. —¿Vas a poner tus manos en la tierra? —preguntó Laura. —No, Rusty va a hacer eso. Voy a armar ésta caña con el carrete. No puede ser tan difícil, ¿verdad? —No sabría decirlo. Yo iré por la carnada. Janet abrió la caja y puso todas las piezas en el suelo. —¡Buen Dios Todopoderoso! ¿De dónde sacaron esto? Pensé que iba a ser un trabajo sencillo de fijar la varilla con el carrete y encadenar la línea a través de los pequeños agujeros redondos hasta el extremo. —Nunca hay que subestimar a Maudie. —Andy se rió entre dientes mientras empezaba a sujetar las piezas—. Ella no es de las que hace que un trabajo sea fácil, pero por otro lado, ¿dónde estaría la diversión en eso? —Ustedes no tienen que preocuparse por ganar porque Andy y yo vamos a llegar en primer lugar en ésta ocasión. Conozco la tierra. Tengo los más bellos canteros en Ambrose —gritó Darcy. —¿Has visto mis canteros? —preguntó Laura. —Sí, pero tu tierra no es tan húmeda como la mía. Soy más vieja y he conocido la tierra más tiempo que tú y ésta parte de la laguna es mejor que tu parte —argumentó Darcy. Ella hundió su pala en el suelo al mismo tiempo que Laura y gritó cuando le dio la vuelta—. Tengo tres gusanos aquí, Andy. Andy sonrió. —Acéptalo, Laura. ¡Ella juega sucio! Laura se rió. —Conseguí un gusano y solo se necesita uno para atrapar a un pez, ¿verdad? —Todos ustedes dejen de presumir. Los gusanos no valen una mierda si no tienes un gancho para ponerlos —espetó Janet. La próxima palada de tierra produjo cuatro gusanos para Laura y cinco para Darcy. Los sacaron de la tierra y los dejaron caer en sus latas. —Te apuesto a que Colton logra tener su caña y carrete listo antes que tu —gritó Laura. —¿Cuánto? —preguntó Janet. —Él termina primero y tú tienes que peinar mi cabello para el baile y la fiesta de ésta noche. Si tu terminas primero, entonces Cynthia hará tus uñas.

166


—¿He oído mi nombre? —preguntó Cynthia desde el otro lado de la parcela de Janet. —Sí, lo hiciste. Te alistarás para la fiesta con nosotras, así que estoy asignándote de voluntaria para que hagas las uñas de mi hermana si ella le gana a Colton en lograr armar la caña y el carrete —dijo Laura. —Me encantaría —Cynthia sonrió. —Estás dentro —dijo Janet. —Oye, me olvidé de mis reglas y las dejé en la camioneta. ¿Dice que Roger no me puede ayudar con el montaje después de conseguir los gusanos? —No, no dice eso. Dice que tenemos que trabajar juntos como un equipo y llevar al pez de vuelta en ambas manos —respondió Laura. La cabeza de Janet se alzó. —Estás de broma. ¿Eso es cierto? —Sí, lo es. Tengo una lata llena de gusanos. Hazte a un lado y vamos a trabajar juntos en éste proyecto ahora —respondió Rusty. Laura revolvió una palada más de tierra, la tamizó en busca de gusanos, y no encontró ninguno. Tenía varios retorciéndose en su lata y Colton dijo que era un encantador de peces, por lo que debía de ser suficiente. Ella los llevó cuidadosamente hasta el borde de la laguna, se sentó en la hierba, y tomó el carrete de hilo de la mano de Colton. —Sostendré éste y tú lo enrollas en el carrete. Va a ir más rápido. Roxie y Dillon capturaron los primeros peces, pero eran apenas de veintitrés centímetros de largo cuando Maudie los midió, así que tuvieron que tirarlos de nuevo en la laguna. La pobre Roxie tendría que hacerse crecer una nueva lengua al día siguiente porque no podía maldecir delante de Maudie o sería descalificada, pero el balbuceo no engañó a Laura ni un poco. Laura miró la boya roja y trató de instarla a hundirse bajo la superficie del agua, pero flotaba tan feliz como un niño de dos años en una piscina para niños. Janet no se había quitado el hábito de los juegos de azar en absoluto. Ya de niñas, había apostado en cualquier cosa, si una mosca volaba fuera de la ventana en diez segundos entonces Laura tenía que lavar los platos. Si no lo hacía, entonces Janet tendría que fregar el suelo de la cocina. En aquel entonces, Laura pensó que su hermana tenía poderes especiales, que ella podría desear que una mosca levantara el vuelo o hacer que un gato despertara. Pasó mucho tiempo antes de que descubriera que Janet era muy, muy buena en hacer trampa. Un dolor de cabeza debido a la tensión comenzó detrás de sus ojos. Habían tenido el mismo desacuerdo, menos el tema de la estafa, tantas veces que Laura no podía recordarlas a todas. Lo que sí recordaba era que cuando Janet vino suplicándole, encontró una manera de sacarla del apuro. Ahora ella iba a tener un compromiso ficticio y su hermana podría pensar que ella estaba actuando junto con ella para desplumar a Colton porque ella estaba comprometida con él.

167


Como si pudiera sentir su estrés, una de las manos de Colton dejó la caña de pescar y se posó sobre la suya. La ansiedad se fue y la paz reinó. Bajó la mirada a esa gran mano sobre la suya y se preguntó cómo lo hacía. Cuando ella estaba demasiado estresada que ni siquiera podía ver el final del problema, un solo toque y zas, todos desaparecían. Rusty levantó una lubina de treinta y cinco centímetros de la laguna segundos antes de que Cynthia dejara escapar un chillido y atrapara un pez gato de treinta y tres centímetros. Solo unos minutos más tarde, Darcy y Andy atraparon un arquero y luego Colton repentinamente soltó la mano de Laura y trajo a casa una perca dorada de treinta punto cuatro centímetros. —Apenas lo suficientemente grande, pero cumple con las reglas del juego —declaró Maudie—. Mientras más pequeño sea más difícil es conseguir llevarlos a la línea de meta, así que buena suerte. —Tenemos uno tía Maudie, y es un gran lechón —gritó Roxie. Maudie despegó hacia el otro lado de la laguna. —¿Por qué es más difícil? —Laura miró a Colton buscando una respuesta. —Tienen que estar vivos y boqueando. Y nuestras manos tienen que estar más juntas y eso significa que tenemos que caminar al unísono —explicó Colton. —Entonces caminaremos lento. Engancharé un pulgar en sus branquias y tú lo sostienes por su cola. ¿Qué pasa con estas herramientas? Me olvidé de leer lo que tenemos que hacer con ellas. —Hay que ponerlas en la caja de la camioneta y no puedes dejar de lado al pez al hacerlo. Cada uno de ustedes tiene una mano libre —gritó Darcy. Ella llevó la caja adicional de gusanos y las herramientas que habían sido autorizadas para armar la caña de pesca. Él llevó la caja con el resto del equipo dentro. Su zancada era dos veces más larga que la de ella, pero después de unos pasos se ajustaron. Tiraron las cosas en la caja de la camioneta y muy lentamente se dirigieron hacia la línea de meta con Roxie y Dillon viniendo detrás de ellos a buena velocidad. Condenados pequeños adolescentes de todos modos. Ella agarraba la cola de un bagre que era por lo menos de cuarenta centímetros de largo y él sostenía el extremo de la boca. Lo balanceaban entre ellos como si fuera una bolsa de plástico de patatas. Pero lo hacían demasiado cómodos y muy rápidamente. El pez dio un bandazo y ella dejó caer la cola. Golpeó el suelo y ambos se apresuraron a recogerlo de vuelta. —Ahí se van diez puntos —protestó Roxie. —¿Quieres llevarlo de vuelta a la laguna y lavarlo? Eso no es contra las reglas, pero va a retrasarnos —dijo Dillon. —Aceptaremos la puntuación baja y la compensaremos con la carrera de carretillas. querido, yo voy a empujar.

FYI16,

16

FYI: acrónimos de, for your information, (en español; para tu información)

168


—Como el infierno, quiero decir como el diablo, que lo harás. No voy a ser el hazmerreír de toda la fiesta. El hombre empuja. La mujer monta —dijo Dillon. Laura revisaba cada cinco segundos para asegurarse de que su perca dorada todavía estaba viva. Rusty y Janet estaban llegando justo detrás de ellos y Janet estaba riendo. Laura había oído esa particular risa estridente antes y siempre significaba que Janet estaba tramando alguna cosa. Deliberadamente aminoró el paso. —¿Qué estás haciendo? —preguntó Colton. —Ganar. Solo confía en mí y sígueme —respondió ella. No discutió, pero cuando Rusty y Janet estuvieron delante de ellos, murmuró en voz baja: —Me habría hecho tropezar. —¿En serio? —Conozco esa risa. Cuando lleguemos a unos seis metros de la línea de meta, quiero empezar a trotar. Lograremos llegar con un pez vivo y quedarán en nuestra polvareda. Colton señaló con su mano libre. —Podríamos quedar en segundo lugar de esa manera, pero ahí van el predicador y Cynthia justo hasta la línea ahora. Han dominado ésta competencia y probablemente entraron en primer lugar. —¡No dejes caer el pez! Por lo menos estoy en segundo lugar —declaró Laura. Empataron con Janet y Rusty por el segundo, ambos dejando caer su pez en la mesa al mismo tiempo, con Roxie y Dillon en el tercer lugar. Maudie alineó los diez equipos cuando se hubieron registrado, cuatro sin un pez en absoluto, y los demás con tierra y escombros en el suyo. —Ahora —dijo—: estamos listos para la prueba final de la jornada. Sus carretillas están esperando con sus herramientas en la parte trasera de éste granero. Fuimos lo suficientemente buenos para ponerlos a todos bajo las sombra de los árboles. Una vez que armen la carretilla, las herramientas van en el interior con la dama del equipo y el vaquero o predicador en su caso —Ella asintió hacia Roger y Cynthia—: impulsará a la dama todo el camino de regreso a la casa. Voy a tomar fotos para el libro de recuerdos del rancho como he estado haciendo todo el día, así que no piensen que pueden hacer trampas a estas alturas. Te estoy hablando a ti, Roxie. —Te escucho —dijo Roxie. Laura miró a Janet. —Te escucho —articuló.

169


Colton abrió la caja con la carretilla y Laura dejó escapar un suspiro de alivio. Era una cuestión común y no algo que Maudie había encontrado con cincuenta listones de madera. Era una vieja carretilla roja con un marco para sostener las piernas, las tuercas y tornillos para montarlo, un destornillador y unos alicates para hacer el trabajo. —Esto no tomará mucho tiempo —dijo Laura. —¿Estás lista para terminar los juegos? —preguntó Colton. —En realidad no. Ha sido un día divertido. Solo quiero ganar, así mi hermana tiene que peinar mi cabello. Me gustaría verme guapa ésta noche. —Realmente hicimos un gran equipo, Laura. ¿Considerarías quedarte hasta el final del mes? Realmente te contrataré en cualquier puesto que desees trabajar. Puedes continuar como la asistente de Andy. Puedes ser la jardinera. Puedes trabajar en el rancho como un peón de campo. Nómbralo y a tu tarifa de pago. Su pregunta directa la cogió por sorpresa. Ella lo pensó por un momento. Le gustaba el rancho. Adoraba a Roxie y estaba aprendiendo a apreciar cada vez más a Maudie. Estaba enamorándose de Colton. —¡Oye! —dijo en voz alta. —Solo piensa en eso —dijo él. —No me sorprendí por esa razón —admitió. —Entonces, ¿qué? —Solo algo más. ¡Enamorada! Maldita sea. No podía estar enamorada. Tenía problemas de confianza y de compromiso que podrían llenar una cesta. No podía quedarse en el rancho en una posición permanente, no importa lo que fuera, porque ni siquiera había demostrado que podía decirle que no a Janet. Y si no aprendía cómo hacer eso, sería peligroso siquiera tener acceso a la clase de dinero que tenía Colton. —¿Al menos pensaras en ello? —susurró él. —Lo haré —dijo ella. Pensar en entrar a una tienda y comprar un par de botas de vaquero de quinientos dólares era una historia muy diferente a realmente hacerlo. Pensaría en ello cuando durmiera a su lado, cuando tuvieran glorioso y caliente sexo, y cuando se sentaran a la mesa para desayunar juntos. Pero eso no significaba que realmente fuera a acceder a ello. Él la besó en la mejilla y luego se deslizó unos centímetros y depositó un intenso beso en sus labios, uno que encendió un fuego que no podría ser apagado durante horas y horas. —Gracias —susurró.

170


Roxie dejó escapar un grito penetrante cuando ella y Dillon terminaron con su carretilla primero y se instalaba en ella, agarrándose a los lados. Dillon la empujó por casi un metro y golpeó un agujero de castor. Ella se cayó de culo balanceando su cola de caballo y él se tropezó y cayó encima de ella. —Maudie va a castigarte —le gritó Colton. El color intenso llenó las mejillas de Dillon mientras rodaba a un lado, enderezó la carretilla, y se disculpó una docena de veces con Maudie. —Soy yo la que consiguió ser botada. No le digas a ella que lo sientes. Acomoda esa maldita cosa para que pueda entrar de nuevo —dijo Roxie. Por su parte, Cynthia y Roger lograron terminar con su carretilla y Roger dio varios pasos para conseguir algo de equilibrio. Estaban a un metro y medio delante de Roxie y Dillon, cuando Colton deslizó un brazo bajo las piernas de Laura y uno en torno a sus hombros. La dejó dentro de su carretilla, agarró las dos asas, y se alejaron con Darcy y Andy justo detrás de ellos. Fue una pelea llegar a la línea de meta con Cynthia y Roger entrando en primer lugar por la longitud de la rueda de la carretilla. Roxie y Dillon llegaron a la meta en segundo lugar, y Laura y Colton tuvieron ganado el tercer lugar. Maudie sumó toda la sesión de juego y declaró a Cynthia y Roger los ganadores del premio de cinco mil dólares. Le entregó el sobre con el dinero a Roger y le preguntó si tenía algo que decir. Él tomó el micrófono y dijo: —Por supuesto, soy un predicador. Siempre tengo algo que decir. Todo el mundo en el patio se rió. Incluso los niños dejaron de jugar para ver qué era tan gracioso. —Roxie, gracias por emparejarme con Cynthia. Ella ha sido una compañera maravillosa. No podría haber pedido una mejor. Ya hemos hablado de lo que podríamos hacer con ese dinero si ganábamos hoy. Podríamos dividirlo y cada uno podría hacer algo realmente divertido o agradable con él, pero se nos ocurrió la idea de dejar todo en un montón y comprar un piano nuevo para la iglesia, así que esto será para eso. Y Roxie, si consigues el trabajo de emparejar a los equipos el próximo año, me encantaría tener a Cynthia. —Te costará —gritó Rusty. —Yo pagaría —respondió Roger y le devolvió el teléfono a Maudie. —Los juegos están oficialmente terminados. Dos horas hasta que la cena sea servida. Luego el baile empezará a las ocho y media y continuará hasta la medianoche, —anunció Maudie—. Laura y Colton abrirán el baile antes de que la cena haya terminado. —¿Estás lista para ir a la casa? —preguntó Colton. Laura asintió.

171


La levantó, la puso en la carretilla, y antes de que pudiera moverse, él se apoderó de las asas y empezó a empujar. —No me importa lo que digan los números, yo soy el ganador. Los aplausos asustaron a los cuervos que intentaban posarse en los árboles y volaron en protesta por ese tipo de ruido. Cuando llegaron al porche, paró la flamante carretilla y la cargó hasta el porche. —Buen detalle. Ina Dean debería ciertamente estar convencida —dijo Laura. Nueve mujeres se apilaban en la parte trasera de la camioneta de Rusty antes de que Colton pudiera contestar. Él se tocó el sombrero gesticulando hacia ellas, les dio una de sus brillantes sonrisas, y se metió en la camioneta con Rusty. Laura deseó poder ir con él.

172


18 Traducido por Blinda Corregido SOS por *Celemg*

Bendito el corazón de Maudie!

¡

Ella pensó en todo. La sala de estar era ahora un salón de belleza con espejos dispuestos a intervalos a lo largo de los casi dos metros y medio de las dos mesas plegables. Cerveza y refrescos estaban fríos en un refrigerador, en el extremo de una mesa una bandeja de vegetales, una bandeja de frutas y sándwiches. Media docena de mujeres en pantalón negro y camisa blanca en la parte posterior esperaban para hacer la manicura y cabello. —Tenemos dos horas, niñas —dijo Maudie—. Vamos a separarnos. Cabello durante una hora. Uñas durante una hora. Roxie levantó la mano como si estuviera en el salón de clases. Cuando Maudie asintió, ella dijo: —Quiero mi turno en cabello y quiero que se vea como lo que Laura se hizo en la fiesta de la semana pasada. Está en su teléfono. Se sentó en una silla plegable y recogió el cabello por debajo de la cola de caballo. El peluquero cogió un mechón de cabello. —El sudor, la suciedad y el barro no inicia un precioso peinado, cariño. Ve a tomar una ducha y lávate el cabello. Parece que el resto de ustedes puede ser que desee hacer lo mismo. Laura hizo lo mismo y levantó una mano. —Tenemos cinco duchas arriba. Cynthia, puedes venir conmigo. Tengo una bata extra que puedes llevar para bajar. De esa manera vamos a conseguir que nuestro cabello no se estropee todo cuando nos vistamos para la fiesta. —Los albornoces están allá junto a la puerta —dijo la esteticista. Cynthia asintió con seriedad. —Gracias a Dios. La túnica de Laura no cubriría mi trasero. Janet señaló a una dama. —Puedes ducharte en mi habitación. Roxie eligió a otra mujer.

173


—Supongo que eso nos deja en la primera ronda. Hazte con una bata y sígueme. Bien podrías tomar tu maleta, bolsa de ropa, o lo que sea que hayas traído contigo porque así te lo pones arriba después de nuestro cambio de imagen. —Estás en un gran problema —susurró Janet detrás de ella—. ¿Le has dado más vueltas a mi idea? —Eso no va a suceder. La única manera en que voy a casarme es por amor y si me caso con Colton, me gustaría insistir en un acuerdo prenupcial que diga que no puedo quitarle nada de éste rancho que no haya traído conmigo o comprado con mi propio dinero. —Eres una tonta. Te amo porque eres mi hermana, pero eres tonta —siseó Janet. Cinco puertas de dormitorios se abrieron. Laura respiró hondo para no decir otra palabra a Janet. Entró en su habitación con Cynthia justo detrás de ella. —Oh, no había pensado que habría diez de nosotras. Ustedes dos toman ésta habitación. Tú y las demás se dividen las otras dos habitaciones y Cynthia y yo nos encargaremos de la habitación de Colton para ducharnos y prepararnos. No le importará. Siéntete como en tu casa. Nos vemos en el salón de baile pronto. —¿Es ahí donde vamos?— Cynthia señaló la habitación al final del pasillo. —Correcto. Puede tener la primera ducha y subir de nuevo a la sala de baile para que puedan comenzar con tu cabello —respondió Laura. El libro de Laura estaba tirado en el sofá, a la vista, en la parte superior de una manta de felpa. La taza de café que había llevado por las escaleras en la mañana estaba asentada al final de la mesa, y su camisón estaba tirado en el extremo de la cama. Si había duda de que ella era la novia Colton, sería eliminada en cuanto Cynthia pudiera susurrar acerca de lo que había visto. —Perdón por el desorden. Supongo que a Sally no limpió éste dormitorio con toda la emoción —dijo Laura. —No estoy viendo un desastre. Estoy viendo una hermosa suite principal. Gracias por elegirme, Laura. Siempre he querido ver éste dormitorio —dijo Cynthia con un suspiro. A Laura estaba empezando a gustarle Cynthia. Roxie había puesto a Cynthia y al predicador juntos durante los juegos como una broma y el tiro le salió por la culata. Ahora que había visto que eran buenos juntos, podría terminar con los demás. ¡Lo que era asunto enredado! Laura se dejó caer en el sofá, pateó sus botas, y apoyó los pies sobre la mesa de café. Janet estaba loca por pensar que estaba timando a Maudie y Colton. Apenas podía mantenerse al día con el engaño que la familia ejecutaba ante todo el mundo. Condenadamente seguro que no tenía tiempo para poner otra olla a hervir en un segundo plano. En pocos minutos, Cynthia salió del baño vestida con una larga túnica blanca y una toalla blanca alrededor de su cabeza.

174


—Me siento como una mujer nueva. No soy del tipo de actividades al aire libre, pero tampoco lo es Roger. ¿Piensas que realmente quiso decir que me elegiría el año que viene? —Oh, sí, lo creo —dijo Laura. A los predicadores no se les permitía mentir por lo que ni siquiera fue estirar la verdad.

—Atendiendo a una mujer —dijo Andy. —De acuerdo con la canción de Brad Paisley de ese nombre, no es una mala cosa que hacer —dijo Rusty. Roger se inclinó sobre la barandilla. —Dios puso a la mujer en la tierra para ser una ayuda idónea y para enseñar a un hombre paciencia. —Pensé que iba a enseñar a un hombre como correr muy rápido —Rió Rusty entre dientes. Una a una, bajaron las escaleras, Cynthia primero, en un pequeño y lindo vestido de verano y zapatos de tacón alto. Roger dobló el brazo y ella se enganchó en él. —Estás impresionante, Cynthia —dijo Roger. Cynthia sonrió. Un par de minutos más tarde, Darcy apareció en jeans, botas y una blusa verde militar con volantes que hacía juego con sus ojos. Andy siguió los pasos de Roger. —Se ve muy bien ésta noche, señora. —Bueno, todos y cada una de ustedes, esos vaqueros se ven sexys como el demonio. Varios sombreros de vaquero apuntaron en su dirección. Hombros cuadrados y estómagos planos. Como un caballero, Rusty fue galante con Janet, a pesar de que le había dicho a Colton antes que ella no se parecía en nada a su hermana y no le estaba llegando ninguna idea sobre jugar a la casamentera entre los dos. Además, él era demasiado viejo para estar pensando en sentar cabeza y Janet era demasiado joven, incluso si él lo estuviera. Colton y Dillon fueron los dos últimos hombres de pie cuando Roxie flotó en un pequeño y lindo vestido rosado haciendo juego con unas botas de vaquero. Su cabello se había peinado como había estado el de Laura en la fiesta de Dallas. —¿No te sientes un poco como si te hubieras caído de un cuatro por cuatro y hubieses tragado tierra a dos carrillos? —susurró Colton. Dillon asintió.

175


—Sí, señor, lo hago. Eso dejó a Colton como el último hombre en pie. Miró el reloj por lo menos cincuenta veces en los próximos cinco minutos y luego allí estaba ella. Cuando alzó la vista le estaba mirando directamente a los ojos y cuando la distancia se cerró el calor se edificó desde una pequeña llama hasta un incendio forestal de Texas. —Mi Dios, estás hermosa —dijo. —Gracias, pero creo que esa es una frase de una vieja antigua —Rió. —No por ello menos cierta. Quiero besarte, pero me temo que voy a estropear algo. —No puedes tener un pastel y comértelo también, pero puedes. —Ella envolvió sus brazos alrededor de su cuello y se humedeció los labios con la punta de la lengua. En ese momento, Colton Nelson se dio cuenta de que no quería que Laura dejase nunca el rancho. No en un mes. ¡Nunca, jamás! Podría no estar dispuesto a renunciar a su corazón, pero seguro que no quería vivir sin ella. —Estabas impresionante con aquel vestido blanco, pero querida, quitas el aliento en esto —dijo. Ella sonrió. —Gracias. Olvidemos la fiesta y vamos a la cama. Él gimió. —¿Puedo tomar un vale por eso? La abuela nos mataría. —Sí, lo haría —dijo Maudie desde la puerta del comedor. Ella estaba vestida con pantalones vaqueros de diseño, botas y una camisa del oeste de color rojo brillante. Un color intenso inundó las mejillas de Laura, haciéndolas casi tan rojas como el vestido y la camisa de Maudie. —Pensé que ya estarías en la fiesta. —Me voy ahora mismo. Esperé para darte estas perlas para que las lleves ésta noche. Ahora, me das diez minutos y luego los dos llegarán y serán presentados. El predicador Roger dará las gracias y la cena comenzará con ustedes yendo primeros. La orquesta se colocará mientras estamos comiendo y tendrán derecho su primer baile después de comer. Tienes el anillo en el bolsillo, ¿verdad? —Maudie miró a Colton. —Sí, señora. Laura todavía podía sentir sus mejillas quemando. —Y Laura, me alegro de que quisieras desistir de la fiesta para ir a la cama con mi nieto. Los veré a todos más tarde.

176


Las manos de Laura temblaban mientras ella y Colton hacían su gran aparición. Maudie lo anunció al micrófono y surgió el ruido en el granero punteando en el extremo. —Colton y Laura han llegado. Vamos a pedir al Predicador Roger que bendiga la mesa y luego iniciaremos la línea de buffet. Cualquier persona a la que no se le haya presentado a Laura, por favor siéntase libre de pasar y charlar con ellos en cualquier momento. —Le pasó el micrófono al predicador. Todos los jugadores debían haber desarrollado su apetito, debido a eso la oración fue breve. Cuando Laura abrió los ojos, Maudie estaba de pie a su lado. —Voy a estar justo detrás de ti. Queremos que todos puedan ver a la familia como un frente unido apoyando a Colton y su relación —susurró. —Me siento como una impostora —dijo Laura. Maudie le palmeó el brazo. —Cariño, él es feliz en éste momento. Nadie está causando estragos en su vida y, por primera vez desde que se hizo rico no está estresado solo por ir a la ciudad para conseguir una pieza del tractor. —¿Sabías que a Cynthia le gusta? —preguntó Laura. —Todo el mundo lo sabe y todos sabemos que ella nunca viviría en un rancho. Ella podría romperse una uña —susurró Maudie. Laura y Colton se sentaron y habían empezado a comer cuando ella notó la tarjeta a su lado y se sintió culpable. Moviéndose a su derecha Laura levantó la mirada. Un camarero acomodó a Janet. Desplegó una servilleta blanca de gran tamaño, y la puso sobre su regazo. —Pensé que llevabas pantalones vaqueros —susurró. —Así lo hice, pero Maudie pensó que debía llevar el vestido. —¿La escuchas a ella y solo a ella que la has conocido durante un par de semanas, pero no me escuchas a mí que hemos estado juntas toda nuestra vida?— Janet sonrió a Darcy, que se sentó a su lado. —Ella me da buenos consejos —dijo Laura. Darcy se inclinó hacia atrás y estiró la mano para tocar el hombro de Janet. —Esto es increíble. El día fue muy divertido. Andy era un puntazo. Tenía un gran sentido del humor y me recordaba a mi hermano menor. Y ahora esto de la cena y el baile. Estoy tan contenta de mudarme a Ambrose, pero lo que realmente quiero esa información sobre el capataz, Rusty. Es más de mi edad y es un vaquero de buen aspecto. Laura sonrió dulcemente. —Bueno, querida, vienes aquí fuera en algún momento a hablar de flores y estoy segura de conseguirte algo de tiempo con él. Janet la empujó con el codo.

177


—¿Qué hay para mañana? —Dormimos hasta tan tarde como queramos. El desayuno se sirve en el buffet del comedor como ahora. Y luego vamos a tener una cena al aire libre en la piscina. —¿Dónde está la piscina? No vi ninguna piscina —dijo Janet. —Es una sorpresa. Y tenemos un gimnasio, por lo que puedes comer todo lo que quieras. Puedes hacer ejercicio, pasar algún tiempo en el sauna, y luego en la piscina si realmente tienes energía —respondió Laura. —Apuesto a que podría conseguir que uno de estos vaqueros me llevara a casa con él ésta noche —susurró Janet. —No voy a apostar en contra de eso. Perdería con seguridad. Te ves increíble, hermanita. —Laura la abrazó—. Y estuve orgullosa de ti en los juegos. —Dejé que ganara predicador— susurró Janet—. Rusty y yo podríamos haber dado en el clavo pero deliberadamente lo dejamos ganar. Parecía que lo necesitaba. —¿En serio? — Las cejas de Laura se juntaron. —¡Diablos, no! —rió Janet. Laura palmeo el brazo de Janet. —Eres una rata del infierno. —Y tú me quieres, ¿no? —Por supuesto que te amo. —Y harías cualquier cosa por mí, ¿verdad? Laura tenía la boca abierta para hablar, pero la cerró. —No ésta vez. —No eres nada divertida. —Janet hizo un mohín. —No estoy de acuerdo —dijo Darcy—. Ella es genial. Roger y Cynthia eran todo sonrisas cuando se sentaron enfrente de Colton y Laura. Roger no parecía como cuando lo hizo la primera vez que Laura le conoció con un pañuelo de pirata atado alrededor de su frente, pero seguro que no se veía como lo hizo el domingo por la mañana tampoco. Llevaba vaqueros, del tipo holgados en lugar de los ajustados de cowboy, una camisa a cuadros, botones no corchetes, y botas de vaquero, de punta cuadrada, no afilada. Y estaba coqueteando con Cynthia. ¿A los predicadores se les permitía hacer eso, o no? Después de todo, eran humanos y la atención estaba haciendo resplandecer a Cynthia absolutamente. —Felicidades de nuevo —dijo Colton. Roger tocó a Cynthia en el brazo. —Nunca soñé que íbamos a ganar, ¿verdad?

178


—Yo ni siquiera me atreví a tener la esperanza. Pero Roger es muy bueno poniendo las cosas juntas. Nunca tenemos que contratar a reparadores para nada en la iglesia — Sonrío Cynthia. Maudie se sentó junto a Colton. —No hay prisa, pero cuando los dos terminemos, la banda comenzará a tocar y bailaran. La banda se subió al escenario y estaba esperando una señal para iniciar la música. Todo el granero era un hervidero de emoción y conversaciones. La gente vino a la mesa para conocer a Laura y después de los primeros tres o cuatro, dejó de intentar siquiera poner nombres a sus caras. Era simplemente imposible. Dios iba a golpearla mortalmente a sangre fría antes de que terminara la noche. Ina Dean podría ser engañada, pero el Todopoderoso no pensaría que decir estas mentiras flagrantes y jugar con la santidad del amor era un poco divertido. —Me estoy poniendo muy nerviosa por todo esto —se inclinó y le susurró a Colton bajo el ardid de besarle en la mejilla. Él negó con la cabeza. —Si vas a colgar a alguien, ponle la soga alrededor del cuello de Andy, no en el mío. Él lo empezó todo al ponernos juntos en la iglesia ese domingo por la mañana. Andy debería ser enviado a vivir en el desierto en una tienda de campaña, sin electricidad o incluso un generador para sus computadoras durante el resto de su vida. Tal vez con una sola persona para hablar en todo ese tiempo y esa sería Janet, o peor aún, Cynthia. Puede ser que sea el único lugar en el mundo donde Janet no podría jugar y Cynthia no podría preocuparse por su apariencia. Laura frunció el ceño. —¿Ocurre algo? —preguntó el predicador. —Estoy luchando contra la voz del diablo en mi cabeza —respondió Laura. —Tú me quieres. —la abrazó Janet. —No mucho —susurró Laura. —Ustedes dos suenan como mi hermana y yo. No podemos esperar para reunirnos y entonces todo lo que hacemos es picotearnos, luego lloramos cuando hay que separarse —dijo Cynthia. —Y yo siempre pensé que quería una hermana —dijo Colton. Roxie intervino desde el extremo de la mesa. —Así lo quería yo, pero todo lo que conseguí fue a ti y ni siquiera quería un hermano. Colton besó Laura en la mejilla. —Te lo dije. Me gustaba más antes de conocerte.

179


—Ya es hora —dijo Maudie cuando Laura se tragó su último bocado de pastel de nuez. Ella se llevó una mano a la cantante en la banda y él tomó su lugar detrás del micrófono. Laura se puso de pie con las piernas temblorosas y dejó que Colton la condujera hasta el centro de la pista de baile. ¿Cuándo se suponía que todo eso de la proposición tendría lugar de todos modos? ¿Después del baile o antes? ¡Maldita sea! Se había olvidado de preguntarlo y ahora estaba con los nervios de punta. —Y ahora, vaqueros y vaqueras, Colton y su amiga, Laura, iniciarán el baile. Miz Maudie dice para aquellos de ustedes que no han terminado de comer que no se precipiten. Tocaremos hasta la medianoche por lo que habrá un montón de tiempo para trabajar un poco el cuero de las botas. La banda comenzó a tocar “I Cross My Heart” de George Strait, y Colton se quitó el sombrero y mantuvo las dos manos en la parte baja de su espalda. Ella envolvió sus brazos alrededor de su cuello y puso la cara contra su pecho. Escuchar su corazón latir tan firme y real acentuó sus nervios. Ella podía hacer esto si fuera libre de la deuda que tenía. Se decía a sí misma mientras el cantante cantó como George Strait. —Creo que Cynthia y Roger están coqueteando —susurró Colton. —Si ese es el verdadero trato, no la fantasía como la de nuestro mundo. —Ella le sonrió como si estuviera profundamente enamorada. —Éste es el verdadero asunto, Laura. Quizás no sea la propuesta, pero lo que siento cuando estamos juntos. No es fingido nunca más —dijo—. Podría ser que Roger y Cynthia nos batieran por el pasillo. La canción terminó y Laura miró a Colton con una pregunta en su cara. —Confía en mí —dijo—. Ésta no es nuestra canción. La cantante sopló en el micrófono. —Antes que salgan en estampida hacia la pista de baile, Colton nos ha pedido que cante una canción solo para él y Laura. Así que ésta es una canción de Blake Shelton, “God Gave Me You.” Colton la mantenía cerca de su pecho e inicio un paso lento sobre el suelo con ella. —¿Qué coño te decía en la mesa? —Él me recordaba que mi hermana nunca va a cambiar si no me mantengo firme en mi postura y aun así es una situación dudosa. Ella podría ser demasiado vieja para cambiar. —¿Quieres que ella cambie? —preguntó Colton. —Sí, quiero. —Si lo hace, no va depender de ti para sacarla de apuros. —Estoy lista para cortar el cordón umbilical.

180


—¿Quieres que te entregue las tijeras? La canción terminó y ella se había olvidado por completo de la propuesta hasta que se colocó el sombrero en la cabeza y se dejó caer sobre una rodilla delante de ella. —Laura Baker, ¿quieres casarte conmigo? —dijo en voz alta y clara. Los jadeos se escucharon por todo el granero. Se quedó helada. Absolutamente congelada, no podía moverse ni hablar. —Laura, querida, voy a preguntar una vez más, ¿quieres casarte conmigo? —Abrió la caja del anillo y el brillo del gran diamante falso le llamó la atención. Ella asintió con la cabeza. Él puso el anillo en su dedo y se levantó, ella se inclinó hacia atrás en un beso de Hollywood, y luego arrojó su sombrero al aire. —Ella dijo que sí —le gritó por encima del ruido. Decenas de flashes de las cámaras crearon un efecto de luz estroboscópica en el granero y sus ojos se pusieron borrosos. Si solo fuera real, sería una mujer feliz. Pero todo había empezado mal y todo el mundo sabía que una casa construida sin cimientos no podía soportar las tormentas. —No te vayas de mi lado ¿lo prometes? —susurró mientras permanecía erguida. —Querida, ni caballos salvajes podrían separarnos. —Él la besó de nuevo, esa vez más dulce y no tan dramática. Un redoble de tambores llenó el granero y luego el cantante dijo: —Y ahora es el momento para que todos se unan a la pareja de recién comprometidos en un baile. Elijan pareja y vengan a la pista. Roger le tendió la mano a Laura y ella caminó a la derecha en sus brazos. Janet se dio la vuelta para encontrar un vaquero sonriéndole. Era alto y la palabra guapo apenas cubría su descripción. Ella señaló y él se unió a ella en la pista de baile. —¿Quién es ese? —preguntó Laura Colton. —No hay nada de qué preocuparse, créeme. —¿Está casado? —Él es viudo y no en busca de una esposa. Su nombre es Mason Harper y tiene un conjunto de dos niñas gemelas que podrían escalar una pared de cristal en un día lluvioso. No te preocupes por Janet. Ella está a salvo. —Pero, ¿es cierto? —preguntó Laura. Colton empujo a Laura apretándola aún más entre sus brazos cuando el cantante comenzó una balada lenta. —¿Te he dicho que estás hermosa ésta noche? Ella le sonrió. —Un par de veces.

181


Janet se quitó las botas y se dejó caer sobre las almohadas apiladas en su cama. —Buena Fiesta. La mejor en la que he estado en mi vida. Voy a volver a casa y contarles a esos rancheros cómo organizar realmente una fiesta. Los juegos fueron un puntazo y los cambios de imagen una maravilla. Y el granero estaba absolutamente fabuloso y el vaquero con el que bailé fue muy atento. Podría haberle presionado para ir a casa con él, pero me enteré de que tiene hijos. Dios, sería una madre horrible y así lo haría, pero estoy orgullosa de ti por aterrizar sobre el maldito vaquero de mil millones de dólares. Seguramente no hablabas en serio acerca de un acuerdo prenupcial. —¿Otra ronda? —Laura se quitó las botas y se unió a Janet en la cama. Janet sacudió la cabeza. —Tuve champán y una cerveza en la fiesta. Mejor no estar cambiando un vicio por otro. Déjame ver esa piedra un poco más. Señor, chica, eso cuesta tanto como un país del tercer mundo, apuesto. ¿Cuántos quilates tiene? Roxie se asomó por la puerta abierta. —Colton me dijo cinco quilates en la piedra grande y tres más en las más pequeñas que lo rodean. ¿Ustedes, todas señoras mayores todavía no están cansadas? Laura le dio unas palmaditas en el hombro. —Nosotras las ancianas sabemos llevar nuestro ritmo. Podemos correr los cincuenta y cinco durante un par de días antes de estrellarnos. Ustedes niños pequeños empiezan de cero y pasan a noventa en cinco segundos y nunca más despacio, por lo que, ustedes se estrellan al final de seis horas. —Bueno, yo soy vieja como las montañas. Bailé con un hombre que es solo dos años mayor que yo y que tiene hijas gemelas de ocho años de edad. Me estremezco al pensar en criar niños —dijo Janet—. ¿Y dónde está tu novio? ¿Qué demonios estás haciendo con nosotras? Deberías estar con él ésta noche. Laura terminó lo último de su cerveza. —Él va a estar fuera unos pocos minutos. Mis órdenes son esperar aquí en mi habitación hasta que me haga perder la cabeza. Roxie apoyó los pies descalzos en una silla adicional. —Él probablemente se incline sobre el balcón y silbe como si estuviera llamando a las vaquillas. Laura dio un codazo suave a Roxie. —Colton está en lo cierto. Has cambiado. Roxie rió.

182


—Lo sé y me gusta mi nuevo yo. Rosalee ni siquiera se mete más conmigo ahora que digo lo que pasa por mi mente. —No voy a llamar vaquillas —dijo Colton desde la puerta. Los tacones de sus botas tamborileaban mientras cruzaba el piso de madera. Puso su Stetson en la cabeza de Laura y la levantó como una novia entre sus brazos. —Los veré a todos ustedes mañana por la mañana —dijo—. Vamos a dar un paseo de medianoche a mirar las estrellas. Laura se acurrucó contra su pecho. Había sido un día perfecto. Habían hecho un buen equipo y no tenía recuerdos que nadie podría tomar de ella. Pero nada, especialmente las cosas buenas, duraba para siempre.

183


19 Traducido por Blinda & ஓ¥anliஓ Corregido por Liraz

Los calientes, exigentes besos comenzaron a mitad de camino de las escaleras hasta su apartamento. Laura sentía como una de esas grandes bolas de luz que había visto bailando a través de las llanuras de Texas se había establecido en la parte baja de su estómago. El fuego era tan intenso que tomaría a Colton la mitad de la noche ponerlo bajo control. No podía esperar a caer sobre la cama y que él hiciera el amor con ella de forma apasionadamente salvaje. Colton se la llevó dentro, cerró la puerta con el tacón de la bota y se la llevó al cuarto de baño. Después de otro largo beso, persistente, lleno de vapor puso sus pies en el suelo junto a la burbujeante bañera llena. Una mano se deslizó por su espalda para desabrochar el vestido rojo; la otra fue a la nuca para desatar los tirantes del halter. Besó su camino hacia abajo mientras ponía el vestido centímetro a centímetro a sus pies. —He soñado con esto toda la noche —dijo. Se había quitado las botas en el dormitorio de Janet por lo que todo lo que quedaba era la ropa interior de encaje rojo. Enganchó un pulgar bajo el elástico de cada lado, lo llevó al suelo, y la saboreo todo el camino desde los extremos de las puntas de las uñas de color rojo brillante, pasando por su ombligo hasta sus pechos, y finalmente estableciéndose en sus labios. Estaba tan lista para la cosa real, pero no quería que los besos terminasen. Su cuero cabelludo se estremeció cuando comenzó a quitar horquillas, dejando sus rizos rubios libres. Sus labios se deslizaron a ese punto suave, justo debajo de la oreja. No estaba segura de si ella estaba flotando físicamente, a través del aire, o si se sentía de esa manera hasta que la bajo en el agua del baño caliente. —Oh, Dios mío —murmuró. —¿Demasiado caliente? —Lo justo. ¿Te unes a mí? —Ya me di una ducha. Esto es solo para ti. Coloca la cabeza hacia atrás sobre esta toalla y cierra los ojos —dijo. Él tarareó la canción que habían bailado esa noche y ella olió la vainilla. Ella echó un vistazo y él sonrió. —Sabía que no podrías mantenerlos cerrados.

184


—¿Qué estás haciendo? —Darte un baño. Echó un vistazo a sus grandes manos. —¿Hay un paño bajo todas esas burbujas? —Ahora, ¿dónde está la diversión en eso? Las rudas manos del vaquero comenzaron en el cuello y tocaron cada centímetro de su cuerpo desde allí hasta sus pies. El jabón se disolvió muy rápido y le llevó una eternidad enjabonarse las manos de nuevo. Ella no podía mantener los ojos cerrados. Quería ver sus ojos y disfrutar del resplandor cuando él sonreía. —¿Mi cabello? —preguntó. —Se ve hermoso. La levantó del agua cuando estaba terminado y la envolvió en una toalla blanca de gran tamaño y le dio unas palmaditas en seco. Escuchó su corazón a latir mientras la llevaba del baño a la cama. La depositó suavemente en la cama y se quitó la camisa, las botas y los pantalones vaqueros. —Sí —dijo ella. Él estaba tan listo como ella. —Todavía no. Campanas del infierno, ¿qué estaba esperando? Ella estaba a punto de explotar y casi podía sentir su palpitante deseo. Su rostro era un estudio de sexys ángulos a la luz de una docena de velas esparcidas por la habitación y... es que... sí, lo era. Aterciopelados suaves pétalos de rosas rojas cubrían la parte superior de las sabanas. Él la llevó a una posición sentada y frotó la loción con olor a vainilla en su espalda, masajeando la tensión de los hombros y el cuello hasta que ella se sintió como una muñeca de trapo. —Sentirse bien —se preguntó. —¿He muerto y he ido al cielo? Él se rió entre dientes, le dio la vuelta, y con un empuje firme, estaba dentro de ella. Ella envolvió sus piernas alrededor de él y se movieron juntos en perfecta armonía. —¡Oh, yo! No esperaba flotar —se quejó. —Tampoco yo. —Su respiración se tornó entrecortada contra su cuello—. Quería tocar más y probarte otra vez, pero estaba a punto de explotar. —No estoy realmente en la tierra, ¿no? —No, querida, realmente estamos flotando —dijo. La llevó hasta el borde de la liberación, frenado para dejar que las llamas se enfriasen, y luego lo hizo una y otra vez. Cuando la estocada final la llevó a lo más alto que podía alcanzar y seguir estando en la tierra, ni siquiera podía pronunciar su nombre.

185


Lo único que pudo hacer fue soltar el agarre de su pierna y jadear en busca de aire. Tocó la parte superior de la cabeza para asegurarse de que aún estaba allí, y luego su mejilla, plantado firmemente sobre su clavícula. —¿Bueno? —Su voz era aún más profunda. —No. Él levantó la cabeza y la miró a los ojos. —¡Jodidamente alucinante! —Logró decir antes de que sus labios se aceran a los suyos para el aún más dulce y más apasionado beso que nunca habían compartido. —No hay postre —dijo. —Cariño, no puedo ni maniobrar. —No de esa clase. Comida y postre Real. Me di cuenta de que no comiste muy bien en la cena. —Se dio la vuelta hacia un lado, la mantuvo en sus brazos, y subió la sábana por encima de ellos. Su estómago gruñó. Colton estaba en lo cierto. Había estado mucho más a gusto con los juegos que habían jugado y en sus lechos de flores de lo que lo estuvo en la fiesta de Dallas o la recepción. —¿Pusiste sobras en mi nevera? —preguntó. Apoyado sobre un codo. La suficiente luz de la luna se filtraba por las cortinas de encaje sobre la ventana y suavizaba sus rasgos. Ella levantó la mano y trazó el contorno de su mandíbula. —Eres tan condenadamente sexy. —¿Eso es incluso mejor que ser simplemente un viejo sexy? —Mil millones de veces mejor —susurró. Su estómago gruñó de nuevo. —Vamos a asaltar el frigorífico desnudos —dijo. —Voy a concluir esta sabana a mí alrededor, pero tú vas a estar desnudo —dijo. —¿Qué hay de los dos estando desnudos mientras comemos? —Por Dios, Colton! ¿Qué pasa si...? Él puso sus dedos sobre su boca. —Mira esto. Sacó las piernas por un lado de la cama. Los pétalos de rosa se adherían a su espalda y cayó al suelo mientras se descalzaba por el suelo y se aseguró de que la puerta del apartamento estaba cerrada. Los pétalos de rosa se habían deslizado de las sabanas manchando el suelo durante todos los giros y vueltas. Tomó uno de debajo de su pecho y lo puso al final, sobre la mesa. Mañana por la mañana, tendría que acordarse de recogerlo para ponerlo en su caja de recuerdos donde guardaba las cosas preciosas.

186


Colton empujó un carrito desde la esquina detrás del sillón reclinable y lo aparcó junto a la cama. Se movió a su alrededor y se metió de nuevo en la cama con ella. —La cena está servida. —¿De dónde salió eso? —La traje hasta aquí hoy. Yo tenía un motivo ulterior para pedirte que te quedaras en la casa. Había planeado esta noche y quería acceso libre a tu apartamento para que pudiéramos tener un poco de intimidad. Podría vivir en este pequeño lugar y disfrutar de el si estuvieras aquí conmigo. —Abrió una puerta y sacó un enorme plato de alitas de pollo fritas, un surtido de cubos de queso, verduras crudas con salsa de espinacas y frutas alrededor de un pequeño tazón de salsa de fresa. Apoyó las almohadas contra la cabecera de la cama. Llevo una pequeña bandeja y se la dio. —Vas a tener que abrir las patas de la bandeja, cariño. No puedo hacer eso y sostener la comida, también. —Algo así como cavar en busca de gusanos, ¿verdad? —Lo tienes. Somos un equipo. Metió una uva en inmersión y la metió en la boca. Cogió un ala de pollo y la mordisqueó mientras quitaba las chapas de dos botellas de cerveza. —El champagne podría ser más romántico —dijo. —Depende de con quién estés hablando. ¿Es eso de ahí realmente tarta de nuez? —Lo es, pero no hasta acabar con hacer un argumento de eso. —¿Voy a conseguir uno si te pido una vez más que te quedes? —No esta noche. Pero ésta, es una noche mágica, así que no vayas elaborando la documentación por el momento. Voy a pensar en ello, Colton. Puedes cambiar de opinión, así que no te estoy dando mi palabra o tomando tú oferta. Las cosas pueden tomar un giro repentino hacia una dirección muy diferente cuando uno de nosotros contraríe al otro. —No creo que eso suceda —dijo. —Mira, como dije. Una noche mágica. Abre la boca. Él lo hizo y ella le dio de comer una enorme fresa que había sido bañada en chocolate blanco.

Janet, Maudie, y Roxie estaban en la mesa cuando Laura llegó al comedor la mañana siguiente. Ellos o ya habían terminado el desayuno o aún no habían comenzado, porque la único delante de ellos eran humeantes tazas de café.

187


—Hemos estado esperando por lo menos treinta minutos por ustedes aquí —dijo Janet. Roxie sacudió la cabeza y levantó dos dedos. Laura abrazó fuertemente a Janet. —Te amo aun cuando mientes. Huelo burritos y tortitas para el desayuno. Y ahí está Chester trayendo un lote caliente de la cocina. Janet se retorció de los brazos de su hermana, echo hacia atrás la silla y se dirigió hacia el buffet. —Déjame suelta y permíteme levantarme. Ya sabes lo mucho que me encantan las tortitas. Maudie se levantó y señaló a Roxie. —Voy a la iglesia a un almuerzo temprano con las damas esta mañana y luego iremos a la escuela dominical y a los servicios. Roxie, compórtate. —Sí, señora, pero no pasa nada si paso el día con Janet y Laura, ¿verdad? Maudie miró a Laura. —Me encantaría que se uniera a nosotras. —Está bien, entonces, pero sin Dillon. Este es un día para chicas. —Cogió su bolso de una silla del comedor y en un par de minutos cerró la puerta principal. Roxie rió. —Va a la iglesia porque quiere oír todos los chismes sobre la fiesta, y la propuesta de Colton, y quiere ver si Cynthia estaba en persecución de una vida santa. —Roxie —exclamó Laura. —Sabes que tengo razón —dijo Roxie. Roxie llevaba un top azul que hacía juego con sus ojos esa mañana. Iba descalza y sus rizos estaban sueltos. Al igual que Janet también en este caso. El pelo de Janet nunca mantenía rizos muy largo. Janet apiló seis tortitas a lo alto en su plato y se las llevó a la mesa donde la mantequilla derretida y el jarabe caliente esperaban. Laura se preguntó si el albornoz blanco se iría a casa con ella cuando se fuese al día siguiente. Los colores brillantes, del fluido caftán de Laura y las chanclas tenían un destello de color mientras se dirigía hacia el buffet. Ella optó por una pila de panqueques y un burrito de desayuno. —Así que Dillon está realmente proscrito del lugar el domingo. No puedo creer que no vaya a venir hoy. —¿Quién dice que se ha ido? —¡Roxie! Es mejor que te alegrarás de que Maudie no escuchara eso. —Laura se quedó sin aliento.

188


La respuesta impertinente de Roxie demostró que Colton estaba en lo cierto. La chica había cambiado mucho desde que Laura había llegado al rancho. —¡Te pille! No estás siendo tan rápida como normalmente —dijo Roxie—. Pero él no va a venir aquí hoy para nada. Recuerda, vamos a tener un día de chicas con todos ustedes en la piscina por la tarde. —Todavía me estoy preguntando donde está la piscina. Estuvimos por todo el lugar durante los juegos de ayer y no vi el menor rastro de una piscina —dijo Janet. Roxie rió. —Estuviste pescando en ella. Janet casi se atragantó con un bocado de tortita. —¡Tienes que estar bromeando! —Por supuesto que estoy bromeando. Termina tus tortitas y vamos a montar hasta la casa de la piscina. Primero querrás quince minutos en la sauna para conseguir que esos viejos huesos funcionen antes de entrar al agua. Y para tu información, la sauna es una tienda de campaña para dos en el lateral de la laguna. No hemos permitido que las vacas de los pastos lleguen al agua, sin embargo, por lo que toda la mierda debería estar asentada en el fondo —dijo Roxie. —Tú —sonrió Janet—, eres una sabelotodo. —Se necesita una para reconocer a otra —replicó Roxie. Janet cogió el burrito y lo mordió. —¿Qué está haciendo este cocinero en un rancho? Podía abrir su propio restaurante en cualquier parte del mundo. Chester, un corto, redondo vaquero, cuyo sombrero de paja era el toque de su cocinero, estaba comprobando el buffet y respondió a la pregunta—: No me gustaría estar encerrado donde no podría ver las estrellas por la noche o escuchar un aullido de coyote. Me gusta el Círculo 6. Ustedes solo tendrán que volver a menudo si quieren comer mi comida. —¿Es eso una invitación? —Janet miró a Laura. —Mientras yo viva en este rancho, te invitamos a visitarnos en cualquier momento. —No he traído traje de baño —dijo. —No lo necesitas —le dijo Roxie. —Cariño, eres joven y la gravedad no ha atacado tus animadamente pequeños elementos. —Tenemos trajes de baño en todos los tamaños y tipos —dijo Laura—. Solo encárgate de elegir algo con lo que estés cómoda. —No sería ninguna diversión nadar desnuda sin chicos de todos modos —dijo Roxie. El tenedor de Laura se paralizó en el aire.

189


—Deberías haber ido a la iglesia con Maudie, chica. Roxie movió la mano para apartar el comentario como una mosca molesta. —Date prisa y traga los tortitas. Tía Maudie hizo que Chester instalara mesas con comida en la piscina para que no se mueran de hambre. —¿Has visto a Colton? —preguntó Laura. Cuando se despertó por la mañana, él se había ido. Había dejado una nota en la almohada diciendo que la vería en la mesa para cenar, que la abuela había invitado a Roger y Cynthia, y que sería servido a las cinco de manera que Roger pudiera volver a predicar los servicios de la tarde, a las siete. Estaba firmado con un corazón dibujado sin cerrar. ¿El espacio en la parte superior del corazón significa que el suyo estaba abierto al de ella? —Él y los chicos están ayudando con la limpieza abajo en el granero. Dijo que te dejó una nota —respondió Roxie. Ella había deslizado la nota y el pétalo de rosa en un sobre para poner con sus cosas cuando volviera a Hereford. Pero... ella no iba a volver, y además, Janet había empacado sus cosas y se las trajo a Ambrose. Se preguntó en qué maleta estaría alojada la caja de puros. Ahí es donde guardaba sus posesiones más preciadas: la imagen que tenía de su madre, el pequeño y barato collar de corazón que había usado el día que la tía Dotty las llevó a ella y a Janet a Texas. Cosas como que nunca podrían ser reemplazados. —Lo hizo, pero no me dijo lo que estaba haciendo todos los días —respondió Laura. —Mis instrucciones son bloquear las puertas del gimnasio cuando estemos dentro y no dejar que Dillon entre no importa cómo. Llamar a Chester si alguna de ustedes quiere algo que no haya abajo en la piscina. Ah, y la única manera en que puedo llegar a ir a jugar con las niñas grandes es si prometo que ni siquiera tomo una cerveza. —Roxie chasqueó sus órdenes a través de sus dedos contando cada una de ellas.

Laura realmente deseaba tener una cámara o por lo menos su teléfono desenterrado de su bolso cuando condujo el camión hasta el granero y se estacionó. La mandíbula de Janet cayó y por un minuto o dos, ella estaba totalmente sin habla. —De ninguna manera —dijo Janet cuando pudo hablar—. ¿Esto es otra broma Roxie? —Estate preparada para el impacto de tu vida, ¿verdad, Laura? —dijo Roxie. Ella les hizo entrar en el granero, cerró cuidadosamente la puerta detrás de ellas, y abrió el camino hacia el gimnasio. —¿A alguien le gustaría hacer ejercicio durante unos minutos? Seré tu entrenadora si puedo gritarte como los entrenadores lo hacen.

190


—Este es mi tipo de granero. Y, ¿hay una piscina aquí? —susurró Janet. Roxie torcido un dedo. —Sígueme, y yo te la mostraré. ¿Supongo que no deseas parar por la sauna en el camino? —Janet sacudió la cabeza—. Bueno, si cambias de opinión, esta es la puerta y no puede ser bloqueada. —¡Oh, Mi Dios! —Cada palabra se hizo más fuerte cuando Janet las dijo. Laura pasó un brazo alrededor de su hombro. —Fascinante, ¿no es así? —¡Guao! ¡Simplemente el clásico guao! —Te llevaré a la cabina y puedes elegir un traje de baño. ¿A qué hora tenemos que estar de vuelta en la casa del rancho, Laura? —Roxie lideraba el camino detrás de la cascada. —Es mejor salir de aquí a las cuatro, porque la cena es a las cinco y vamos a tener que estar limpias. Y Maudie ha invitado a Cynthia y a Roger —respondió ella. Roxie rodó los ojos. —¿Por qué, Dios? ¿Por qué me dejaste ponerlos juntos? —Yo no creo que fuera Dios. —Laura se echó a reír. No les tomó mucho tiempo elegir trajes de baño y sumergirse en el agua. Janet nadó de un extremo a otro varias veces y luego saltó a sentarse junto a Laura en el lado de la bañera. —Eres una idiota —dijo Janet—. Si no quieres desplumarlo, entonces enamórate de él. Solo prométeme que no vas a hacerle firmar un acuerdo prenupcial. Extiende tu mano y déjame ver ese anillo de nuevo. —El dinero no es tan importante —dijo Laura. —Cariño, lo es cuando no lo tienes. ¿Podrías pensar en el acuerdo prenupcial? Él está tan condenadamente enamorado de ti que ni siquiera pensara en ello si no lo mencionas. Laura se encogió de hombros. —Hay una gran diferencia entre el sexo y el amor. —Has cambiado —dijo Janet. —Sé que sí. —No sé si me gusta la nueva Laura. Laura se encogió de hombros otra vez. —Esa es tu opción. Hey, Roxie, vamos a jugar un partido de baloncesto de piscina y luego Janet va a jugar con la ganadora de esa ronda.

191


Se zambulló en la piscina. Quedarse sería la cosa más fácil del mundo. Colton se lo había pedido varias veces y ella adoraba el rancho. Pero nunca le había dicho que la amaba y hasta que dijera las palabras, ella no se comprometía a nada, ni siquiera a una verdadera cita.

—¿Dónde están Andy y Rusty? —preguntó Maudie cuando Colton se dejó caer en una silla del comedor. —Van a estar por ahí en un minuto. El granero está todo en orden. Espero que Ina Dean y Patsy estén completamente convencidas. Maudie sonrió. —Lo disfrutaste ayer más que nadie, así que deja tu quejadera por hacer medio día de limpieza. No recibirás ni una onza de mi simpatía. ¿Has hablado con Laura para que se quede? Se abanicó la cara con el sombrero de paja. —Se lo he pedido y ella está pensando en ello. —Ella está encajando muy bien. Andy hizo bien cuando la contrató. El abanicado se detuvo. —Se merece más de lo que puedo darle. —¡Dios mío, eres un multimillonario, Colton! Dale lo que quiera. —Eso no es de lo que estoy hablando. El dinero no puede comprar el amor y no estoy tan seguro de estar dispuesto a confiar en nadie lo suficiente como para… —Se detuvo tan rápido que la sentencia quedó colgando allí sobre ellos, como el candelabro en forma de rueda de carreta. —Escúpelo —dijo Maudie. El abanicado comenzó de nuevo, esta vez más lento. —No creo que pueda. —Bueno, dale una oportunidad y llenaré los espacios en blanco. —Estoy listo para sentar cabeza. Me doy cuenta de eso, y Laura es una buena mujer y… —Hizo una pausa. Maudie cruzó los brazos sobre su pecho y esperó—. Papá amaba a mi madre pero peleaban todo el tiempo. Maudie se inclinó hacia adelante y apoyó los codos sobre la mesa. —¿Ese es tu problema? ¿Por qué no me hablaste de eso antes? Colton parecía absolutamente miserable.

192


—Nunca fui bueno para mostrar mis sentimientos. No como mis padres. Señor, ellos mostraban todo lo que pensaban. A veces pienso que el ADN se saltó una generación y yo soy más como tú que como mi papá. —Estás andándote por las ramas, Colton —dijo Maudie. —Cuando yo tenía diez años, era cobarde para hablar de esas cosas. No fue un problema hasta ahora porque no quiero dejar a una mujer entrar en mi corazón. Los vaqueros no van por ahí hablando de sus corazones y de amor. Estoy divagando. Olvida que lo mencioné. —No, no nos olvidaremos de eso. Vamos a reconsiderar esto y sacarlo del camino. Yo no estoy tan segura de que tu mamá y tu papá fueran adecuados él uno para él otro, pero ellos estaban enamorados desde la primera vez que se conocieron. Pelearon cuando comenzaron a salir y se separaron como Roxie y Dillon hacen, cada dos días. Siempre temí que fueras como ellos. —Es un milagro que no lo sea, pero odiaba sus peleaderas —dijo. —Peleaban sobre cual universidad iban a ir, debido a que tu padre quería ir a la Universidad del Estado de Oklahoma y ella quería ir al Medio Oeste a Gainesville. Se amaban, estoy segura de ello, pero nunca podían estar de acuerdo y ambos eran tan obstinados que ni siquiera era divertido. Colton inhaló profundamente. —Me temo que todos los matrimonios terminarán así. Y prefiero estar soltero y dejarle todo lo que tengo a Roxie mientras le damos una oportunidad para atravesar eso. —¿No me has oído? Te dije que tus padres peleaban cuando tenían las citas. ¿Cuántas peleas han tenido Laura y tú? —No creo que estemos saliendo, excepto en un mundo de fantasía. Maudie frunció el ceño. —La noche que tus padres murieron, ¿has oído el argumento? —La gente en el otro extremo de la cuadra lo oyeron —respondió Colton—. Era sobre otro bebé. Papá quería más hijos. Mama no, y ella fue muy a todo pulmón en decirle que todo lo que él tenía que hacer era un niño, pero ella tenía que cuidar de él. Maudie suspiró. —Ellos habían estado peleando por eso durante años. Él siempre quiso una casa llena de niños, pero ella quería algo más que un montón de niños salvajes corriendo alrededor de sus piernas. —¿Y mamá? —preguntó. —Ella quería una carrera y vivir en la ciudad. —¿Por qué siquiera se casaron? —Cariño, eran apasionados. Puede que se hayan peleado como gallitos de pelea pero se amaban con la misma pasión. Nunca dudes de que ambos te amaban.

193


Colton se pasó los dedos por su cabello oscuro. —Ahora estoy más confundido que nunca. Si Laura y yo no discutimos, ¿significa que no somos apasionados? —Piensas demasiado. Deja ir el pasado y escucha tu corazón. Y no es cobardía hablar sobre tus sentimientos. La felicidad comienza contigo, Colton, y para ser feliz, tienes que abrir tu corazón. La felicidad comienza en el fondo de aquí. —Maudie tocó su pecho con el puño—. Cuando encuentres a alguien que realmente te hace feliz, entonces aférrate con todas tus fuerzas. —Eso suena como la experiencia hablando —dijo Colton. Maudie asintió. —Lo es, pero eso está en el pasado que he dejado de lado. Ahora soy feliz con mi vida. Andy siguió a Rusty al comedor y le dijo: —¿Nos dejaron algo de comer? —No hemos ni empezamos todavía y son sobras de la noche anterior —respondió Maudie. —Me comería un armadillo crudo justo ahora, tengo mucha hambre —dijo Rusty— . ¿Las mujeres ya se fueron? —Están teniendo un día para ellas en la piscina —respondió Colton—. Van a estar partiendo mañana por la mañana. Todos vamos a tener la cena esta noche con el predicador y Cynthia. Rusty rodó los ojos. Los ojos azules de Andy Joe brillaban y una sonrisa le cubrió la cara. —No tenemos nada de qué preocuparnos a partir de ahora. Roxie dice que Cynthia ha visto la luz y va por el título de la mujer del predicador. —Bueno, alabado sea el Señor —dijo Rusty. Al salir del comedor, Maudie se inclinó y susurró al oído de Colton: —Mis remordimientos sobre el pasado no tienen nada que ver contigo. Tú eres la mejor parte de mi vida.

Cada una de las nueve sillas estuvo ocupada en la mesa esa noche. Laura estaba sentada a la derecha de Colton con Cynthia a su lado y Roger siguiente en la línea al lado de ella. Durante el postre y el café, Cynthia se inclinó y le susurró:

194


—¿Te tomó mucho tiempo saber que estabas enamorada de Colton o sucedió en la primera cita? —¿Por qué? ¿Crees que estás enamorada de Roger? —Laura bordeó la pregunta. —No lo sé. Es por eso que estoy preguntando. Nunca he creído en el amor a primera vista. Excepto que no sería a primera vista ya que él ha estado predicando en nuestra iglesia durante un año y lo veo todos los domingos —continuó Cynthia manteniendo la voz baja—. Él me dio un beso de buenas noches después del baile. —¿Y? —preguntó Laura. —Hasta las uñas de mis pies se curvaron. Él es un predicador, ¡por el amor de Dios, Laura! —Él también es un hombre que evidentemente sabe cómo besar. —Me pidió una verdadera cita para mañana por la noche. Vamos a cenar y a ver una película en Sherman. —Diviértete. —¿No crees que estoy loca? Laura le dio unas palmaditas en el brazo. —Cariño, tú no le haces esa pregunta a un loco. Cynthia se rió. —¿Sabías que Colton era rico cuando te fuiste a trabajar para él? —Lo hice y no hizo ni la más mínima diferencia para mí cuánto dinero tenía o no tenía. Cynthia asintió. —Es por eso que él se enamoró de ti. Todas las demás mujeres lo estaban persiguiendo por su dinero. —¿Qué están murmurando? —preguntó Roger. —El futuro —dijo Laura rápidamente. Ambas, Janet y Cynthia habían mencionado que Colton estaba enamorado de ella ese mismo día. Al parecer, él estaba jugando su papel mejor que ella, porque nadie le había dicho que estaba locamente enamorada de él. Y, sin embargo, la verdad del asunto es que ella ya no estaba fingiendo. —Y el pasado. —Cynthia entró justo detrás de ella. Roger pasó un brazo por la espalda de la silla de Cynthia. —Bueno, me gusta bastante el presente, justo aquí y justo ahora. —Lástima que ustedes no pueden quedarse por ahí para un juego de Monopoly. Nos estamos asociando y Roxie y yo les daremos una paliza a la recién comprometida pareja —dijo Janet.

195


—Suena divertido, pero tenemos misa a las siete. Roger va a predicar el capítulo del amor en Corintios. —Sonrió Cynthia—. Deberías venir a escucharlo y jugar al Monopoly después. —¿Regresarán los dos para jugar si lo hacemos? —preguntó Roxie. Laura se tragó un gemido. Ella no quería jugar al Monopoly con su hermana la tramposa y seguro que no quería quedarse quieta y escuchar cualquier predicación sobre el amor. Estaba teniendo un momento bastante difícil clasificando su propio corazón y la mente sin escuchar el conocido capítulo sobre que el amor no es egoísta. Además, esa no era la razón. Cuando una persona se enamoraba era egoísta. Querían que la otra persona los amara más de lo que querían otra cosa en el mundo y harían cualquier cosa para obtener y mantener ese amor para sí mismos. Eso era egoísmo servido en bandeja de plata. —Claro que lo haremos —dijo Roger—. Pero solo si Cynthia puede ser mi pareja. —Entonces todos estaremos allí —dijo Roxie. —¿Desde cuándo tomas decisiones por nosotros? —preguntó Andy. —¿Tú le vas a decir al predicador que no quieres oír su sermón sobre el amor? — preguntó Roxie. Andy se sonrojó. —Estaba planeando ir a la iglesia esta noche de todos modos, pero no tienes el derecho a decirme qué hacer. Rusty y yo vamos a formar un equipo y le daremos una paliza a sus traseros en el Monopoly. Los ojos de Roxie brillaron. —Ahora tenemos a los cuatro equipos para jugar, Janet y yo, Colton y Laura, Rusty y Andy, y Cynthia y Roger. —¿Y yo qué? —preguntó Maudie. —Eres la banquera y árbitro —dijo Roxie. —Tienes escuela mañana por la mañana, jovencita. Si el juego no ha terminado a las diez entonces te retiras y yo seré socia de Janet —dijo Maudie. —¡Oh, Janet y yo los azotaremos a todos ustedes mucho antes de las diez! —dijo Roxie.

La pandilla del Circulo 6 tomó un banco completo esa noche y por supuesto Roger predicó de Corintios acerca de las cualidades que el amor introduce en la vida de las personas. Empezó diciendo que después de la fiesta del día anterior y viendo a Laura y a

196


Colton trabajar como un equipo, él había estado inspirado para volver a leer ese capítulo antes de irse a dormir. Laura quería levantarse y estar en desacuerdo con él. Ella y Colton no fueron la inspiración para su sermón. Había leído ese capítulo porque él y Cynthia se habían encontrado el uno al otro y el amor estaba en su mente. ¿Por eso el destino había traído a Laura al Círculo 6? ¿No para encontrar a su verdadero amor, sino para hacer que Cynthia y Roger encontraran la felicidad? Si lo fuera, entonces la Señora Destino realmente, realmente era una perra de primera clase. —¿Está hablando con nosotros o está tratando de transmitirle un mensaje a Cynthia? —le susurró a Colton. Él puso su mano sobre la de ella y la apretó. —¿Tú crees que el amor es todas esas cosas? —Yo creo que el amor es algo en lo que dos personas trabajan todos los días, no es algo que cae del cielo. Colton le apretó la mano de nuevo.

197


20 Traduciddo por ஓ¥anliஓ Corregido por Pily

Janet abrazó a Laura con fuerza y susurró: —Esto es de verdad, hermana. No lo arruines. Y para tu información, no hice trampa anoche en el Monopoly. Roxie y yo ganamos limpiamente y se sintió muy bien. Luego abrazó a Colton. —Cuídala bien, vaquero. Ella podría ser la mejor cosa que Dios haya puesto en esta tierra. Luego estuvo detrás del volante de su auto alquilado y se alejó. Las lágrimas corrían por el rostro de Laura. Por primera vez en su vida, el camino de Janet la estaba llevando en una dirección diferente a la de ella. Esta tenía que ser la forma en que se siente cuando un niño se va a la universidad. Hace mucho tiempo que ya había llegado la hora de que Janet desplegara sus propias alas y aprendiera a cuidar de sí misma, pero dolía ya no ser necesitada. Ustedes siempre se necesitaran mutuamente. Son familia. Simplemente han avanzado hasta un lugar más alto, uno llamado la edad adulta, dijo su conciencia con una voz áspera. Colton abrazó a Laura atrayéndola a su costado y la besó en la frente. —Ella volverá. Tendremos entonces la venta de ganado en el otoño con una fiesta y luego vendrá Navidad. No llores. Antes de que ella pudiera recordarle que probablemente se habría ido mucho antes del otoño, ahora que su deuda estaba pagada, sonó el teléfono de él. Lo sacó del bolsillo de su camisa y escuchó durante unos segundos antes de meterlo de vuelta en el bolsillo. Todo lo que Laura escuchó fue: "Hola" y, "estaré allí". —¿Problemas? —preguntó. —De los grandes. Roxie está en problemas en la escuela. Evidentemente la abuela está en esa zona por Bonham donde el servicio de telefonía celular es irregular y les dije que yo iría. La trabajadora social ya está ahí. La sangre de Laura se congeló, como si tuviera agua helada disparándose a través de sus venas. —¿Qué hizo ella, matar a alguien?

198


Colton se dirigió hacia la camioneta. —Supongo que lo intentó. Ella y Rosalee se pelearon. Laura lo siguió. —Yo también voy. —No es necesario. Trataré de suavizar las cosas, es probable que apenas consiga llegar allí antes que la abuela. Tan pronto como la trabajadora social la encuentre, ella dejará lo que sea que esté haciendo y se dirigirá hacia la escuela. Laura abrió la puerta del pasajero. —No me importa quién está ahí. Si la trabajadora social ha sido llamada, es serio y ella va a necesitar de todos nosotros. Ellos no pueden llevársela del rancho por esto, ¿verdad? Esa despreciable Rosalee ha estado pidiendo esto durante semanas. Colton puso en marcha la camioneta y se dirigió por el camino. —Le dije a la abuela, no le cambias las manchas a un leopardo, ni siquiera con todo el amor del mundo. Roxie es una chica dulce, pero tiene la sangre de su madre y peor aún, el ADN de su padre. No podemos eliminarlo de ella incluso si queremos, y lucharé contra el sistema con mi último dólar para mantener a esa niña en el rancho. Las lágrimas se secaron al instante. Una ira como nunca la había conocido antes se estableció en su lugar y miró por la ventana lateral hacia el mundo que pasaba rápidamente en un borrón. Sabía que era demasiado bueno para ser verdad, pero más tarde pensaría detenidamente en eso. En ese momento Roxie la necesitaba y no importaba de quién tenía la sangre o el ADN, Laura iba a estar ahí para ella. Colton se detuvo en el estacionamiento de la escuela y ella estuvo fuera de la camioneta antes de que pudiera apagar el motor. ¡Y qué importa si él tenía que esforzarse para alcanzarla! Después de ese comentario merecía ser dejado en el polvo. Él agarró su mano. —¿Cuál es la prisa? Ella apartó su mano y la metió en el bolsillo de sus vaqueros. Abrió la puerta para ella y ni siquiera interrumpió su zancada mientras se dirigía por el pasillo. Cuando llegó a la puerta que decía “Director”, la abrió y se precipitó directamente al interior con Colton dos pasos detrás de ella. —Estamos aquí por Roxie —dijo. —¿Dónde está Maudie? —preguntó la secretaria. —Ella llegará pronto, pero quiero ver a Roxie ahora. —¿Y usted es? —Soy Laura Nelson. Colton entró en la oficina y la secretaria de la escuela desvió la mirada para fijarla detrás de Laura, hacia él.

199


—Esta es tu nueva prometida, ¿verdad? Siento haberme perdido la fiesta del sábado. Tuvimos una reunión familiar en Whitewright. Roxie está en el salón con la trabajadora social. Tenemos que llamarla cuando el problema implica peleas, robo, o algo así. Roxie podría no estar en el sistema, pero bueno… ya sabes. Lo entiendes, ¿verdad, Colton? —¿Cuál es el camino al salón? —preguntó Laura. Colton señaló una puerta detrás de ellos. —Probablemente deberíamos esperar a la abuela ya que ella está a cargo de Roxie. —No voy a esperar por nadie —declaró Laura. El director y la asistente social estaban sentados en un lado de una mesa de casi dos metros y medio de largo, con Roxie y otra chica frente a ellos. El corazón de Laura dejó de tronar cuando vio que Roxie no sangraba o tenía un brazo roto. Tenía un rasguño en la mejilla, pero era superficial. Parecía que la otra chica tendría un ojo negro por una semana o dos. Ambas lucían como si hubieran tratado de arrancarse los cabellos la una a la otra. —Soy Laura Nelson —dijo ella. —Colton, ¿dónde está Maudie? —preguntó el director. —En camino, estoy seguro. ¿Qué pasó? —Ella trató de matarme —se quejó la otra chica. —¡Oh, cállate, Rosalee! Tú has estado pidiéndolo desde que llegaste aquí —espetó Roxie. —Roxie —dijo la trabajadora social. Laura se sentó junto a Roxie y puso un brazo alrededor de sus hombros. Se inclinó hacia delante y miró a Rosalee. —¿Quieres contarles o lo hago yo? Rosalee se encogió de hombros. —Yo no hice nada. Ella simplemente vino hacia mí con sus puños y comenzó a golpearme. Estaba defendiéndome cuando la rasguñé y tiré del cabello. —¿La muñeca vudú? —preguntó Laura. Rosalee dejó caer la cabeza y se ruborizó. —Eso fue una broma. —¿Con un alfiler atravesando el corazón? No suena como una broma para mí. ¿Hacer trampa en clases para tratar de robarle a su novio? Rosalee le lanzó una mirada asesina a Laura. —Él no le pertenece. Ella es basura blanca. Él se merece a alguien mejor que eso. Y así se lo dije esta mañana cuando ella se bajó del autobús… —Se puso una mano sobre la boca.

200


—Así que provocaste a Roxie, ¿no? —preguntó la trabajadora social—. ¿Por qué no se lo contaste al director, Roxie? —No soy un soplona —respondió Roxie. —Bueno, mi trabajo está hecho. Este es tu trabajo, Sam. —La trabajadora social miró al director. —Entonces, ¿no me vas a apartar de la tía Maudie? —preguntó Roxie nerviosamente. —No, no lo haré. Pero cualquiera que sea el castigo que imponga el director será mejor que lo sigas al pie de la letra, jovencita. Y Rosalee, la próxima vez que la provoques, recuerda que tiene un infame gancho derecho. —La trabajadora social recogió su archivo y salió por la puerta. —¿Quieres que me la lleve a casa, Sam? —preguntó Colton. Él negó. —Las reglas escolares dicen que pelear pone a una persona en una suspensión dentro de la escuela durante tres semanas. Eso termina la sesión de verano para ella. Estará en un cubículo durante todo el día, todos los días con sus estudios en frente de ella. Si termina antes de que termine el día, mejor que tenga un libro para leer, porque si se queda dormida, ese día no cuenta. Vuelve a clase, Roxie. —¿Qué pasa con Rosalee? —preguntó Laura. —Tenemos una regla de cero tolerancia para el abuso. Ella tendrá seis semanas de suspensión de la escuela. Esto significa que cuando la escuela comience de nuevo el primero de septiembre, nos deberá tres semanas más antes de que llegue a asistir a las clases normales de nuevo. Estamos esperando que su hermana llegue aquí para hablar sobre ello y eso es todo lo que voy a decir. Leyes de privacidad —dijo Sam. —¿Entonces no nos necesita más? —preguntó Colton. —No —dijo Sam. El teléfono de Colton sonó antes de llegar a la camioneta y le contó a Maudie lo que había pasado, riéndose un par de veces, y regresando el teléfono a su lugar. Silbó mientras abría la puerta del acompañante para Laura. Se acomodó en su asiento y encendió el motor. —¿Qué es tan gracioso? —preguntó ella. —La abuela dijo que ella habría derribado de un golpe a esa chica por Roxie si la hubiera escuchado decir eso. También dijo que Roxie iba a estar en problemas cuando llegue a casa —explicó Colton. —¿Por qué iba a estar en problemas? —Por lanzar el primer golpe. Las reglas de la abuela dicen que no puedes iniciar una pelea pero que tampoco puedes huir de una. Roxie debería haber esperado a que Rosalee iniciara la pelea. Ahora le darán un sermón o la confinaran durante una semana por iniciarlo ella.

201


—¡Eso es una mierda! —¿Qué harías diferente? —preguntó Colton. —Nada porque… —Se detuvo y miró por la ventana. —Escúpelo —dijo Colton. —Porque quería una madre como Maudie. Una quien nos amara como ella a Roxie. Así que no haría nada diferente, pero, demonios, no sé cómo explicarlo. Y si te digo la verdad, esa no es la única razón por la que estoy enojada. —La verdadera razón por la que deseas destrozar algo se debe a la partida de Janet, ¿no es así? —Lo fulminó con la mirada. Él golpeó el volante con las dos manos—. ¿Qué? No fui yo quien empezó una pelea y se metió en problemas con el director. Y te dije que Janet estaría de vuelta en mitad del verano. Ella giró la cabeza bruscamente para mirar por la ventanilla y apretó bien la boca. Roxie es más inteligente que tú. Ella se mantendrá firme y luchará por lo que quiere. Tú estás pensando en huir de eso, gritó esa voz odiosa dentro de su cabeza. No estoy huyendo. Me voy porque mi línea de sangre y ADN nunca sería lo suficientemente buena para él, argumentó silenciosamente. Solo tardaron diez minutos en llegar al rancho, pero se sentía como diez horas en el momento en que él estacionó la camioneta. Ella saltó fuera y salió a grandes zancadas rumbo al patio trasero. Recogió sus herramientas de jardinería del cobertizo y las llevó al primer cantero. —¡Maldita sea! —Juró mientras comenzaba el tedioso trabajo de podar los mirtos de la parte inferior. —¿Café? —preguntó Colton unos minutos más tarde. Se dio la vuelta para encontrarlo a un metro detrás de ella con dos tazas de café humeante en las manos. Con cuidado de no tocar su mano, tomó una y se la bebió. —Ahora dime qué es realmente lo que te pasa —dijo él. —No pasa nada conmigo. Es una pena que no lo veas de esa manera. Colton gesticuló con la cabeza hacia un banco del jardín. —Siéntate conmigo, por favor. Puso sus tijeras de podar en el suelo y se sintió como si estuviera en los zapatos de Roxie, sentada a la mesa con la trabajadora social y el director. Al menos Colton tuvo el buen sentido de sentarse al otro extremo del banco y no arrimarse a ella. Una mariposa monarca tan grande como la palma de su mano pasó entre ellos, sus alas moviéndose arriba y abajo. —Yo huyo de las discusiones —dijo él sin rodeos—. Eso ha sido parte de mis problemas de compromiso. Odio las peleas. —¿Cómo conseguiste atravesar la escuela?

202


—No ese tipo de peleas. Hice mi parte de eso y al igual que Roxie, si rompía las reglas, pagaba el precio. Ella bebió un sorbo de café. Tenía el mismo problema. Era como la mariposa. En el momento en que olía el peligro emocional, tomaba el vuelo sin mirar atrás. —¿Por qué? —preguntó. Colton suspiró y miró a la mariposa en lugar de a ella. —Tenía diez años cuando mis padres murieron. Mi abuela dice que se amaban de forma apasionada, y se peleaban de la misma manera. Pero lo último que oí antes de que me dejaran en la casa de la abuela mientras ellos se iban a cenar fue otra pelea. No estaba segura de entender que tenía que ver eso con la actualidad. —Esa noche se trató sobre si tendrían más hijos y mi madre dijo que un niño era suficiente responsabilidad para ella. Mi padre quería una casa llena de ellos y ella no. No estoy tan seguro de poder explicar esto. —Sigue hablando —dijo ella. Eso es lo que el terapeuta dijo cuando ella le había dicho las mismas palabras en la primera visita. Además, Colton parecía absolutamente miserable y su corazón quería reconfortarlo tanto como lo había hecho con Roxie cuando la chica había levantado la vista hacia ella en la sala de profesores. Estiró sus largas piernas y cruzó una bota sobre la otra, se pasó los dedos por el cabello, y finalmente la miró. Sus miradas se encontraron y ella pudo ver el dolor que anidaba en las partes interiores de su alma. —Las peleas significan separación, y ya que no hay dos personas que puedan estar juntas sin pelear entonces es lógico pensar que el compromiso traerá nada más que separación. ¿Eso tiene sentido? —Perfectamente. Pero, ¿por qué me pides que me quede si te sientes así? Colton parpadeó y apartó la mirada. Ella lo entendía de una forma que no podía explicarse. —Hemos sido demasiado lastimados, ¿no? —preguntó ella. Su cabeza se balanceó arriba y abajo. —No sé porque estás enojada, pero créeme, siento cuando hay ira en el aire. Sería más fácil si lo expresaras directamente, pero te encojes en tu concha al igual que yo. Eso no es una buena cosa, Laura. —Bueno, gracias, Doctor Nelson —dijo ella. La mariposa extendió sus alas y se fue volando. Colton comenzó a levantarse, pero ella se acercó y puso una mano sobre su pierna. —No me dejes con todo esto dentro de mí o voy a explotar. Él se acomodó en su rincón del banco. La mariposa regresó y se instaló en su rodilla.

203


Ella tomó un sorbo de su café y dijo: —Nunca conocí a mi padre y nunca escuché a mi madre pelear con nadie. Para mí, cualquier relación se dirige al desastre porque llega un momento en que la otra parte desaparece. ¿Por qué incluso comenzar algo que solo va a terminar con un corazón roto? Si mi madre no pudo siquiera amarme lo suficiente para luchar por su vida y dejar de fumar y beber, entonces, ¿cómo podría hacerlo alguien más?

Eso golpeó a Colton como un tornado de clase cinco. No fue la partida de Janet o la pelea de Roxie lo que la había sacado de quicio sino lo que había dicho él sobre la sangre y el ADN. Si tan solo una persona simplemente tuviera los medios para borrar lo que había dicho como un maestro que removía las cosas de una pizarra. —Supongo que conformamos una pareja ejemplar —dijo. —Tengo problemas de confianza debido a mí pasado —dijo ella—. Tú tienes problemas de compromiso y los relacionas con las discusiones. Eso no da lugar para que exista una relación fuera de las ardientes sabanas del dormitorio. —También tienes problemas para expresar tus problemas y mantienes todo reprimido en tu interior —dijo. —¿Y tú no puedes decir lo que realmente sientes? —Lo que realmente te molesta es lo que dije, de que Roxie no era capaz de cambiar lo que es debido a su nacimiento y naturaleza. No te lanzaste a una rabieta en la camioneta por eso. Simplemente te hinchaste como un sapo. —¡No lo hice! —Entonces, ¿Cuáles son las reglas? —No importa. Como has dicho, Colton, no puedes cambiar de dónde vienes —dijo en voz baja. —No, pero si trabajas con eso, puedes cambiar lo que llegarás a ser. Se preguntó si estaría refiriéndose a él mismo o a ella. Se inclinó atravesando el espacio y le dio un ligero beso en sus labios. —Me voy ahora. Los dos necesitamos pensar antes de seguir hablando. Nos vemos esta noche. Rusty y yo vamos a Sherman esta mañana para recoger una carga de alambre de púas. Después de la cena, ¿tal vez podremos dar un paseo? —Esperaré eso con mucha ilusión.

204


La dulzura del beso no la sorprendió tanto como el hecho de que la monarca no se asustó, y permaneció en su pierna hasta que hizo medio camino a través del patio. Evidentemente, Maudie había conseguido las noticias vía telefónica de parte de Colton porque ella estaba hablando por teléfono con la trabajadora social al mediodía cuando Laura terminó el trabajo en el jardín y entró para el almuerzo. Maudie levantó un dedo, dijo unas cuantas palabras más, y luego cerró su teléfono. Miró a Laura y le preguntó: —¿Tienes hambre? —Estoy muerta de hambre —respondió Laura. —Solo somos tú y yo hoy. Andy ha ido al banco. Rusty y Colton siguen babeando por los tractores tratando de decidir cuál comprar. Te juro que ese chico aún exprime los centavos a pesar de que podría comprar diez de esos tractores y no hacerle un hueco a su cuenta bancaria. —¿Y Roxie? —Laura preparó un sándwich y metió un tazón de sopa en la olla eléctrica del buffet. —Obtuve la historia de Colton, del director y de la trabajadora social. Todos estaban impresionados contigo, querían saber si tenías formación de asesora —dijo Maudie. —¡Yo no! Simplemente tuve entrenamiento con la malhumorada hermana que Dios alguna vez ha puesto en la faz de la tierra. La mayor parte del tiempo resultó que independientemente del problema en el que ella estaba, se los había conseguido por sí misma. Pero la pobre de Roxie ya ha tenido suficiente, Maudie. —Gracias por intervenir por ella. Ha salido de su caparazón desde que llegaste al rancho. Significará mucho para ella que la hayas defendido. Todavía va a tener algún castigo cuando llegue a casa porque esas son las reglas, pero aprecio lo que hiciste. Ahora, vamos a hablar del resto de la semana. Mañana por la noche tienes esa cena en Gainesville. Laura gimió. —Pensé que toda la cosa de la fiesta había terminado. —Solo una más este mes. Es la cena de la Asociación Angus del Norte de Texas. Tienen una noche social varias veces al año para los miembros y sus esposas o novias. No es como esa cosa en Dallas. Los hombres usan pantalones vaqueros y no corbatas. Las damas se visten con cualquier cosa, desde vaqueros elegantes y botas a pequeños vestidos lindos, dependiendo de cuánto dinero hayan conseguido. Así que no te preocupes por eso. —Entonces, ¿ya no tengo que ir más donde Tressa o de compras? —preguntó Laura.

205


—Puedes vestir lo que usaste esa primera vez cuando fuiste a la iglesia y lucir muy bien —contestó Maudie—. He oído que tú y Colton tuvieron una pelea. ¿Ya lo resolvieron? —Ninguno de nosotros somos muy de hablar claramente, pero estamos tratando. Yo me guardo las cosas y tengo problemas de confianza. Él se guarda las cosas y tiene problemas de compromiso. Pero ¿qué importa? Todo esto es una farsa de todos modos, ¿no es así? —preguntó Laura. —¿Lo es? Por la forma en que te mira, pensé como que habían llevado las cosas a la vida real. Pero eso es asunto de ustedes. El jardín trasero tiene un aspecto muy agradable. Le dije a Colton cuando nos mudamos a esta casa grande y vieja que el patio tenía potencial. Supongo que estás haciendo destacar eso tanto como lo estás haciendo con el potencial de Roxie. —Gracias —Laura bajó la barbilla y se sonrojó. Janet llamó justo después del almuerzo. Había aterrizado en Amarillo, condujo a casa, desempacado, y he ido a una reunión. —Has sido un chica ocupada, ¿no? —Laura se echó a reír. —Tengo algo que decir y lo digo en serio, con todo mi corazón. Y no quiero que te entrometas en algún momento mientras hablo o empieces a llorar. Hubo una pausa larga y densa. —¿Y bien? —dijo bruscamente Janet. —Me dijiste que no me entrometiera. Estoy escuchando —dijo Laura. —Muy bien, número uno. No te atrevas a tratar de estafar a Colton. Él está enamorado de ti. Puede que no lo sepa y le podría tomar mucho tiempo averiguarlo porque no es un hombre que ama con facilidad, pero dale tiempo. —¿Número dos? —preguntó Laura. —¡Te dije que no te entrometieras! Número dos. No quiero que te mudes de vuelta aquí. Quiero aprender este asunto de tener que pararme sobre mis propios pies y quiero ser tan fuerte y tan valiente como tú. No voy a poder hacerlo si puedo correr a ti con todos los problemas como lo he hecho durante toda mi vida. Y quiero tu promesa, de que si tropiezo, me harás regresar e intentarlo otra vez, que no me vas a ayudar económicamente. Otra pausa. —¿Y bien? —dijo Janet de nuevo. —Estoy llorando. Dame un minuto para sonarme la nariz. —¿Me lo prometes? —Sí, lo prometo —dijo Laura—. ¿Hay un número tres? ¿Tengo que traer la caja de pañuelos del baño o este es el único que me hará llorar?

206


—Hay un número de tres. Conocí a un hombre en las reuniones. Tiene los mismos problemas que yo, pero ha estado limpio desde hace dos años, tres meses y dieciséis días ahora. Es un buen hombre y me ha pedido salir una docena de veces. No tuve el coraje de decir que sí hasta que te vi con Colton. Vamos a cenar esta noche. Laura se quedó sin aliento. —Su nombre es James Radford y es abogado. Vive en Amarillo. Lo perdió todo con sus problemas de adicción pero está lentamente volviendo a levantarse. Tenía un rancho al norte de Hereford. Su esposa lo abandonó y sus dos hijos mayores no quieren hablar con él. Es quince años mayor que yo, y eso es todo lo que sé. Laura respiró hondo. —¿Por qué este hombre? —Porque me mira como Colton te mira a ti y hay un aleteo en mi corazón cuando lo hace y si tú puedes superar nuestro pasado, entonces yo puedo. Estoy aterrada hermana, pero estoy mareada solo de pensar en salir con él. Más lágrimas inundaron el rostro de Laura. —La verdad es que también estoy aterrada. —No oí eso. Mis alas no están exactamente preparadas para volar fuera del nido, y hasta que lo hagan, necesito que tú seas la fuerte solo un poco más. Tuve un fin de semana maravilloso. Incluso me gustó ese servicio de la iglesia en la que Roxie nos engañó para que fuéramos. Fue mejor que cualquier sesión de terapia en la que he estado. Te quiero, Laura. —Yo también —dijo Laura con voz ahogada. Se arrojó de espaldas a la cama, agarró una almohada y sollozó en ella durante varios minutos. ¡Señor, qué mañana!

Laura estaba sentada en el porche cuando el autobús escolar se detuvo frente al jardín y Roxie salió. Caminaba como si sus botas estuvieran llenas de concreto y se dejó caer en la mecedora junto a Laura como si un toro Angus adulto descansara sobre sus hombros. —¿Tiene la horca armada? —susurró. —No vi ninguna cuerda y dejó la guillotina en el granero. —Sonrió Laura. —Gracias por defenderme —dijo Roxie—. Rosalee estaba jugando a ser tan dulce e inocente hasta que llegaste allí. La trabajadora social no creía ni una palabra de lo que dije y sí todo lo que dijo Rosalee. —¿Por qué?

207


—Ya lo sabes. Laura sonrió y le dio unas palmaditas en el hombro a Roxie. —Ella se veía bastante lamentable con esa mirada de perro apaleado y ese ojo negro. ¿Qué dijo Dillon sobre todo esto? —Dijo que debería haber sido él quien se hiciera cargo de eso. Ella ha estado diciendo pestes de mí durante toda la semana y mandándole mensajes de texto a todo el mundo durante el fin de semana, acerca de cómo iba a conseguir que me enviaran lejos para que pudiera tener a Dillon. —Entonces cuéntame, ¿qué hacen Dillon y tu cuando rompen? —preguntó Laura. —¡Ya lo sabes! —Realmente no lo sé. —Nos enviamos mensajes de texto y hablamos por teléfono, nos disculpamos y luego nos besamos mucho —dijo ella—. ¿No es eso lo que hacías cuando rompías con tus novios? —Yo no tenía un teléfono celular —dijo Laura. —¡Lo sabía! ¡Eres una vieja! Maudie salió al porche, se sentó en el columpio, y miró a Roxie. —¿Qué tienes que decir? ¿Eres consciente de que si Laura no hubiera conseguido la historia directamente las cosas podrían ser muy diferentes en estos momentos? Prometiste que si vivías conmigo te mantendrías fuera de problemas. —Me cansé de sus impertinencias. Y empecé la pelea, así que aceptaré cualquier castigo aquí en casa que me corresponda. Tengo tres semanas de suspensión dentro de la escuela por pelear. Pero al menos Rosalee no está en la habitación conmigo. Resultó que ha estado viviendo con su hermana mayor, porque se metió en problemas por andar de busca pleitos en Luisiana. Su hermana fue a la escuela y la retiró. Va de regreso a Louisiana a la casa de su mamá. —¿Cómo te enteraste de eso? ¿No estabas en suspensión? —preguntó Maudie. —Lo escuché en el autobús de camino a casa. —Estas castigada por una semana. No puedes ir a ningún lado el próximo fin de semana, excepto a la iglesia. Eso incluye salir con Dillon. Puedes conservar tu teléfono y la computadora y no me importa si se mandan mensajes o hablas con él, pero no puedes salir con él. Y la próxima vez, bloquea el primer golpe y luego limpia el patio de la escuela con cualquier persona que te intimide. Pero no empieces una pelea. ¿Me entiendes? — preguntó Maudie. —Sí, señora —dijo Roxie. —Bien, entonces es suficiente de hablar de eso. Vamos arriba y déjame limpiar esa herida correctamente. Nunca se sabe lo que una bruja del vudú podría tener bajo sus garras —dijo Maudie.

208


Laura no sabía si reír o llorar de nuevo. Ambas emociones estaban tan cerca de la superficie que tenía miedo de probar cualquiera de ellas. Así que sacó su teléfono del bolsillo de su camisa y envió su primer mensaje de texto a Colton. ¿Hablamos? En segundos su teléfono sonó y bajó la mirada para ver: ¿Cuándo y dónde? Ella tecleó: Los conos de nieve en el patio de la escuela después de la cena. El mensaje de vuelta, dijo: ¡Sí!

209


21 Traducido por Malu_12 Corregido por Pily

Aire nocturno y frío sopló a través de las ventanas abiertas, relámpagos y truenos mezclados en algo tan increíble que Laura no tenía un pensamiento cuerdo en su cabeza. —¿Cómo hemos llegado al asiento trasero? No me acuerdo de venir hasta aquí — dijo sin aliento. Un relámpago iluminó su sudoroso abdomen. Él tiró de sus labios a los suyos para otro beso que los dejó a ambos jadeando aún más. —Donde hay voluntad hay un camino. —Eso fue increíble —susurró. Sus manos dejaron su espalda y tomaron su trasero apretándolo contra su cuerpo desnudo. —¿Qué crees que ponen en esos conos de nieve? —No lo sé, pero será mejor que no lo pongan en los conos de nieve de los adolescentes o habrá muchos nuevos bebés el año que viene —respondió ella. Un relámpago partió el cielo de nuevo y golpeó un árbol de roble en el patio de la escuela con la fuerza suficiente para distorsionar una extremidad como si fuera un machete cortando mantequilla suave. Ella dio un salto y se tapó los ojos. —Será mejor que nos pongamos nuestra ropa y nos vayamos a casa —dijo. —No hasta que hablemos —respondió ella. —Podríamos hablar en nuestro apartamento, Laura. Nuestro apartamento. Él había dicho nuestro, no mí, no él, sino nuestro. Se liberó y alcanzó su sujetador colgando en el espejo retrovisor. Cuando lo tuvo puesto, y a su ropa interior, pasó por encima en el asiento delantero y terminó de vestirse. —¿Tienes que estar vestida para hablar? —preguntó él—. Tenemos sexo desnudos. ¿Por qué no podemos hablar desnudos?

210


—Un relámpago podría caer dos veces en un solo lugar. Es raro que lo haga, pero no voy a arriesgarme. —¿Por qué? —Y no quiero que Maudie y Roxie nos encuentren fritos y desnudos. Apenas habían conseguido vestirse cuando un coche de policía paró a un lado del camión. Un oficial salió con una linterna de la mitad del tamaño de un bate y alumbró su interior. —Colton Nelson, ¿eres tú? —¡Hola, Randall! ¿Qué estás haciendo con este clima? —preguntó Colton. ¿El hombre conocía a todos en toda la parte norte del estado? Tenía nombre de pila con el director de la escuela de Roxie y había hablado con todos en la fiesta del rancho como si fueran viejos amigos. —El anciano Witherly llamó al 911. Dijo que cayó un árbol, que podía ver un camión en el patio de la escuela y que la gente en el había sido asesinada con el rayo. Pensé que lo mejor sería venir a echar un vistazo. —Randall se rió entre dientes. —Laura y yo habíamos salido a buscar un cono de nieve cuando empezaron los relámpagos —dijo Colton. La lluvia comenzó a caer en grandes gotas que enviaron remolinos de polvo flotando en torno al camión. Randall cogió su sombrero y asintió. —Deberían irse a su casa. Parece que estamos en medio de una tormenta mata sapos. —Eso espero. Podremos utilizar la lluvia —le dijo Colton y rápidamente golpeó el botón para subir las ventanas—. Supongo que hablaremos en casa.

Una hora más tarde estaba acurrucada a su lado en la cama. Él jugó con su cabello rubio con una mano. La otra había encontrado un lugar para descansar bajo su camisón entre el pecho y la cintura. —Lo siento —dijo. —¿Qué cosa? —Ya lo sabes. Besó su pezón. —Palabras, Colton. —Lamento haber dicho eso de Roxie y sus antecedentes. Si esa fuera la verdad yo estaría en grandes problemas también. Dejaría que mi temperamento se saliera de de mí

211


y no estaría en condiciones de estar en una relación. ¿Esas son suficientes palabras? — preguntó. —Lamento haberme puesto como loca por eso. Estaba tan preocupada por Roxie Y luego estaba el problema con Janet. Oh, ella me llamó cuando llegó a casa. —Pasó a decirle lo que Janet había dicho y lágrimas fluían por sus mejillas solo por contar la historia. Él se las enjugó con sus dedos y le besó los párpados. —No es que quiera seguir permitiéndoselo pero es como el final de una era y me gusta ser necesaria —dijo. —Yo te necesito —susurró él en voz baja. Se apoyó en un codo. —Colton Nelson, eres un vaquero rico. No necesitas nada. La sostuvo contra la parte superior de su cuerpo y envolvió sus brazos con fuerza alrededor de ella. —Querernos y necesitarnos son dos cosas diferentes. Puedo comprar lo que quiera, pero hay cosas que necesito que, evidentemente, no están a la venta y tú eres una de esas cosas. No dijo que la amaba, pero ella había oído esas palabras antes —sin sentido y acciones que las respaldaran. Acomodó su cara en el hueco de su cuello y se preguntó si la necesidad no era tan importante como el amor cuando el polvo se asentaba.

Colton entrelazó los dedos en Laura y abrió la puerta de la sala de banquetes en el Country Club de Denison. Mesas, cubiertas de manteles blancos, tenían cubiertos y servilletas, pero no vajilla. Evidentemente, las empresas de catering eran las destinadas a llevar la comida a la mesa porque no vieron un buffet en ningún lado. —¿Te he dicho que estás hermosa esta noche? —preguntó. —Tres veces desde que salimos de casa y eso fue hace menos de veinte minutos — respondió. Había pensado que estaba guapísima en Dallas, impresionante en la fiesta del rancho, y francamente hermosa en su vestido de verano y botas en la iglesia ese primer domingo. Pero esa noche llevaba pantalones vaqueros ajustados y una camisa en tonos de azul que hacía juego con sus ojos. Su pelo flotaba sobre sus hombros y tenía ganas de tejerlo alrededor de sus dedos para sentir la suavidad sedosa. Sí, señor, esa noche era la esposa de un ranchero y estaba más hermosa de lo que nunca había estado antes. Un vaquero alto y moreno con una bebida en una mano palmeó a Colton en el hombro y le dijo:

212


—Gran fiesta el sábado. Hombre, ¡nunca habría sabido que un viejo granero podría transformarse así! Les dije a mis niñas al respecto y se quejaron todo el domingo. Lily dijo que no era justo que tuvieras una esposa cuando ella quiere una madre. Gabby dijo que una mamá era todo lo que quería para su cumpleaños a finales de verano. Colton le estrechó la mano. —Cariño, te acordarás de Mason Harper. Es el alma valiente que bailaba con tu hermana. —Muchacha encantadora —dijo Mason—. No sabía que era tu hermana. —No acapares a la novia. No he llegado a conocerla todavía. —Otro vaquero se unió al grupo—. Fui a Wyoming a controlar el ganado durante el fin de semana. Acabo de regresar esta mañana. No creí que llegaría a la cena por un rato. Soy Greg Adams. Mi rancho está más cerca de Rávena, no muy lejos de Ambrosio. —Encantada de conocerte —dijo Laura. —Antes de que termine la noche, tendrás que conocer a mi abuela, Clarice. Ella es mi cita de esta noche. Agradezcamos que Mason no trajera a esas dos princesas demonio suyas de la fiesta —dijo Greg. Mason sonrió. —No me mires, señorita Laura. Greg está siendo amable. Lo que a una de ellas no se le ocurre para meterse en problemas, se le ocurre a la otra, y créeme, no hay fuerza en los números. Ahora mismo es esta cosa de querer una mamá para su cumpleaños. Ninguna mujer viva tomaría bajo su ala a Lily y Gabby. Las das quieren una mamá, pero no hay mamá por ahí que las quiera. —Oh, vamos. —Laura se echó a reír. —Él dice la verdad —dijo Greg—. Las amo como a mis sobrinas, pero las dos podrían romper un tractor John Deere con una pluma. —Y lo arreglarían de nuevo con la misma pluma. —Colton se rió entre dientes. —Hey, pensé que Lucas estaría en casa para ahora. —Mason cambió de tema. Colton abrazó a Laura más fuerte a su lado y le dijo: —Greg, Mason, Lucas y yo nos unimos a la Asociación Red River Angus al mismo tiempo. Lucas posee un diferencial sobre Saboya y Ector. Él está en la Guardia Nacional y su unidad fue enviada a Kuwait —explicó. —Pensé que se suponía que era solo por seis meses —dijo Greg. —Su capataz Wyatt le dijo a Rusty la semana pasada en la tienda de alimentos que habían extendido el tiempo. Estará allí hasta Navidad. —Hombre, eso es duro. No me gustaría estar lejos de mi rancho tanto tiempo —dijo Mason—. Mejor que vayan al bar si quieren una copa antes de la cena. Estarán conduciéndonos a encontrar nuestros lugares dentro de unos diez minutos. —Fue bueno conocerlos a todos —dijo Laura.

213


Con una mano en la parte baja de su espalda, Colton condujo a Laura a la barra. Ella pidió una cerveza de cuello largo y él asintió para ordenar lo mismo. —¿Cuántos son en este club? —preguntó. —¿Te refieres al NTAA o al club de campo? —El primero. ¿Eres un miembro del club de campo? —No. Sin embargo, Greg y Mason sí, y varios de los ganaderos mayores mantienen una membresía. Yo no juego al golf y no puedo ver cómo conducen casi veinte kilómetros para ir a nadar. Hay unos quince en el NTAA. ¿Quieres una membresía en el club de campo? —¡Diablos, no! —dijo sin dudarlo.

Era demasiado bueno para ser verdad. Habían explotado y tenido relaciones sexuales impresionantes después de una larga conversación, y las cosas habían parecido tan bien cuando ella se había ido a dormir en sus brazos la noche anterior. Pero había un ladrillo en su pecho desde esa noche al salir de la fiesta de Angus y eso siempre significaba peligro. La luna colgaba por encima de las copas de los árboles mientras su luz los guiaba a casa. Las estrellas eran diamantes centelleantes y brillantes a su alrededor. El aire de la noche era cálido, pero era no abrasador como el del verano caliente todavía. Todo era perfecto y sin embargo, nada tenía sentido. Laura Baker no pertenecía a este mundo de clubes de campo y días de spa multimillonarios. Como Colton había dicho proféticamente, la sangre no se puede cambiar. —Cuando mi madre se quedaba tan tranquila como tú lo estás ahora, una tormenta venía en camino —dijo Colton. —No soy tu madre. —¿Detecto un poco de rabia en esas palabras? Prometimos ser honestos y no ocultar nuestros sentimientos. ¿Qué te está carcomiendo? —No pertenezco a tu mundo de alto costo. —Yo tampoco, pero es solo un mundo de alto costo unos pocos días al año. El resto del tiempo soy un rudo ranchero vaquero. —Aparcó delante de la casa y se volvió hacia ella—. Es solo la cosa en Dallas y la cena NTAA, la fiesta de verano y la venta de ganado de otoño. Navidad es solo con la familia, lo prometo. Contó con sus dedos. —Cuatro al año y tres de ellas en verano, ¿no?

214


—Eso es correcto. Algo así como comer un elefante. Lo haces de a un bocado a la vez y no es tan abrumador. La fiesta de Angus es una noche, la fiesta del rancho al otro día y por la noche, y el asunto de Dallas un fin de semana. Después de eso, todo ha terminado hasta el otoño, ¡gracias a Dios! —¿Y la venta? —Eso sí que es una gran cosa. Tenemos un baile y una cena después de la venta para agradecer a todos por venir, pero créeme, no cubrimos todo el granero con ese drapeado vaporoso. —Se rió. Su risa estableció todo su mundo de nuevo en su lugar. ¿Podría realmente, realmente quedarse en el rancho y entrar en el mundo real? No había dicho que la amaba. ¿Su necesidad sería suficiente para sostenerla a través de los próximos años y se convertiría en amor algún día? Le levantó la barbilla y la besó apasionadamente. —Todavía me siento fuera de lugar entre tanta gente rica. Pero, cariño, contigo a mi lado todo es más fácil. Me siento como si tuviera algo que ninguno de ellos puede tener alguna vez cuando entro a aquellas fiestas contigo de mi brazo. Siempre y cuando estemos juntos, vamos a mostrarles todos estos gatos ricos cómo se hace. Siempre y cuando estemos juntos. Janet le había dicho eso cuando eran niñas. Janet la necesitaba y ahora ya no. ¿Qué sucedería cuando Colton no la necesitara más? El alma de Laura estuvo a punto de salirse de su cuerpo cuando Rusty llamó a la ventanilla de la camioneta justo sobre el hombro izquierdo de Colton. Saltó hacia arriba del asiento y se golpeó la pierna con el tablero. Colton se dio la vuelta cuando Rusty abrió la puerta. —¿Qué? —Siento interrumpir pero tengo a una vaca caída y necesito a Laura —dijo Rusty. —¿Tengo tiempo para cambiarme de ropa? —preguntó Laura. —No, señora. Si no sacamos a ese becerro pronto, los perderemos a ella y a la cría. —Súbete —dijo Colton—. Conduciré hasta el granero. —No está en el granero. Está fuera en la laguna —dijo Rusty mientras se metía en el asiento trasero. Laura esperaba que él no viera los dos puntos color púrpura en el asiento que habían dejado la noche anterior, cuando ella y Colton habían tenido sexo tormentoso allí. Colton había lamido el jugo del cono de nieve de sus dedos, pero dos tragos habían caído antes de que pudiera sorberlos.

215


El miércoles por la mañana, ella y Colton se quedaron dormidos y no vieron a Roxie antes de que se fuera a la escuela. Laura extrañaba desayunar con Roxie y se aseguró de estar sentada en el porche más tarde cuando el autobús escolar se detuvo en el patio. Jueves por la mañana, se despertó temprano y tuvieron sexo maravilloso de los buenos días antes de compartir la ducha. Laura nunca había compartido una ducha con un hombre antes y le encantó la forma en que sus partes, sus cuerpos mojados con jabón, seguían chocándose entre sí. El viernes, Laura abrió los ojos, miró el reloj para ver que había despertado treinta minutos temprano, y se dio la vuelta para acurrucarse contra la espalda de Colton, pero él no estaba allí. Se frotó los ojos y se incorporó, escuchando el ruido de la ducha. Podía oír a Sally cantando en el pasillo, pero no había sonido de agua corriendo. Colgó sus piernas sobre su lado de la cama y vio la nota en la mesa de noche. Desayuno de trabajo de NTAA en Sherman. Rusty y yo estaremos de vuelta alrededor de las nueve. Un corazón y la letra C seguían las palabras. ¿Significaba eso “con amor, Colton”? Se echó hacia atrás en la cama. Le encantaba el sexo, amaba a su familia, amaba el rancho —infiernos, si era sincera lo amaba a él, pero hasta que dijera las palabras, había tomado la decisión de que no se quedaría un día más de su mes contratado. Podrían decirle al mundo lo que infiernos quisieran cuando ella se hubiera ido. Podrían hacer que Colton pareciera el pobre vaquero millonario que había sido plantado, o podrían decir que él había descubierto que ella lo iba a estafar. No le importa un comino lo que las noticias dijeran; ¡no se quedaría sin escuchar esas palabras ser pronunciadas! Se quedó mirando el anillo en su dedo. No se sentía tan extraño y tenía que ser una imitación muy buena, ya que todavía brillaba maravillosamente, especialmente cuando los rayos del sol lo golpearon. Quería reemplazarlo con una agradable banda de oro. No tenía que ser pronto. No estaba presionando por un matrimonio, pero quería caminar esos nueve metros, y no ser solo un remanente al final del perno. Y después de pensar en ello durante toda la semana, la necesidad no era suficiente. Necesitaba comida para sobrevivir. Necesitaba un techo de algún tipo para protegerla de los elementos de la naturaleza. Pero eso no era lo mismo que el amor y si Colton no estaba dispuesto a darle todo su corazón, se iría por el camino por el que había llegado. Sí, no habría llanto ni crujir de dientes; no iba a asentarse por necesidad. Eso hacía bien de personaje secundario en el libro del amor, pero solo el amor puede tener el título de héroe. Estaba en su camino al baño cuando el tono de llamada de su teléfono celular le dijo que Janet llamaba. Corrió hacia los vaqueros que había tirado al lado de la cama y contestó después del cuarto timbrazo. —¿He interrumpido algo muy bonito? —preguntó Janet.

216


—¡Diablos, no! Se ha ido a una reunión de Angus. ¿Qué haces levantada a estas horas? —Tenía que llamar y decirte todo acerca de mi cita. Te habría llamado anoche, pero me he estado abrazando a mí misma y cantando desde entonces. No sé si eres consciente de eso, pero en el programa de GA, prometí no involucrarme con nadie durante un año, y también James. Vamos a ser adultos e ir muy despacio y lo prometemos ambos, pero sé que es el indicado —canturreó Janet. —Estoy orgullosa de ti por apegarte a las reglas, pero ¿cómo puedes estar tan segura? —Está en mi corazón como está Colton en el tuyo. No estoy diciendo que vaya a precipitarme en nada. Nos damos cuenta de que tenemos que tener cuidado, pero es real, Laura. Y me siento bien al respecto y hay algo responsable en hacer las cosas de la manera correcta. Has descubierto que estabas enamorada de Colton bastante temprano en tu relación, ¿no? Voy a ser feliz, Laura. Tú también serás feliz.

Colton se sentó en medio de una larga mesa y trató de prestar atención a Thomas Corley, presidente de la NTAA y su ex jefe. Estaban discutiendo si debían anexar al Condado de Lamar en su organización. Dos hombres especializados en ganado les habían acercado su deseo de unirse. Colton nunca había oído hablar de ninguno de ellos, pero cuando el voto fue hecho por los miembros, él levantó la mano para permitir que el condado se fusionara con ellos. Solía esperar la reunión de desayuno mensual en la casa de los waffles con los chicos. Le encantaba hablar de ganado, la cría, el heno, la esgrima y pasar tiempo con ellos, pero esa mañana él deseaba estar en el Círculo 6 desayunando con Laura. —Entonces acordamos anexarnos al Condado de Lamar y cualquier ranchero Angus en esa área podrá ser miembro de la NTAA —dijo Thomas—. Si no hay más asuntos nuevos, vamos a levantar la sesión hasta el próximo mes y disfrutemos de nuestra comida. El teléfono de Colton vibró en su bolsillo. Lo sacó para encontrar un texto de Laura que decía: Buenos días. Sostuvo el teléfono en su regazo y envió de vuelta: Lo mismo. Inmediatamente lo siguiente apareció: Vaca en la carretera. Más tarde. Gimió. Rusty le dio un codazo.

217


—¿Qué es lo que te pasa? —Acabo de hablar con Laura. Hay una vaca en la carretera. Debió pasar a través de esa vieja porción de cerca que todavía tenemos que reemplazar. Los mensajes han estado allí desde el segundo día que la pusimos —dijo. —Laura se hará cargo de ella. Devolverá a la vaca y fijará la valla antes de que termines tus panqueques. —Rusty rió. Colton no tenía ninguna duda de que ella se ocuparía de los negocios. Probablemente podría llevar el rancho tan bien como él. Andy no tenía idea de lo que había hecho el día en que había contratado a esa mujer como su asistente. En estos días, sin embargo, ya que el año fiscal terminaba, pasaba cada vez más tiempo en el rancho y menos en la oficina. Colton había estado esperando ligar a través de mensajes de texto. Dado la discusión que trataban este lunes, había usado su teléfono lo suficiente como para hacerlo estallar en llamas. Sus mensajes se habían puesto tan calientes que se alegraba por las buenas cremalleras resistentes en sus pantalones vaqueros. Ahora Laura estaba fuera tratando con una vaca molesta y una valla rota. Ella no tendría tiempo para leer sus mensajes y mucho menos mantener una conversación caliente con él. Volvió su atención a Rusty y Mason Harper, que estaban sentados en la mesa frente a él. —Así que dime, ahora que las mujeres no están presentes, ¿cómo siquiera conseguiste a una mujer como Laura? Todo lo que escucho son cosas buenas de ella — preguntó Mason. —Pura suerte. Es mi asesora financiera y prima de mi mejor amigo. Él la contrató como su asistente. Encontrarás a alguien algún día —dijo Colton. —Realmente no quiero a otra mujer. Tenía una como Laura, una mujer perfecta que era una buena madre y que podría llevar el rancho aún bizca. Son las chicas las que quieren una mamá y ellas vienen con una etiqueta de precio con el nombre de la mujer escrito en ella en vez de signos de dólar —dijo Mason. —Oh, no dejes que el precio de la etiqueta te engañe. —Rusty se rió entre dientes— . Tiene signos de dólar, así como cualquier esposa. Eso trajo varios “amén” de toda la mesa. —Entonces, ¿cómo sabes tanto de las etiquetas de precios? —preguntó Greg a Rusty. —Erase una vez me acerqué lo suficiente para ver una. Me daba miedo ser soltero por el resto de mi vida —respondió él. Desde la gran discusión, Colton tenía la sensación de que Laura estaba esperando a que dijera que la amaba, pero esas palabras del precio lo asustaron tanto como Rusty había dicho. El precio de dar todo su corazón a cualquier mujer, incluyendo a Laura, y la promesa de amarla a través de los malos tiempos y en los buenos tiempos hasta que la muerte los separara... llevaba un montón de fe, y Colton no estaba seguro de tener suficiente.

218


22 Traducido por ஓ¥anliஓ Corregido por Pily

Toda la congregación cantó "Rock of Ages" y Colton se inclinó y susurró suavemente al oído de Laura: —¿De qué color son las bragas que llevas? Casi se le cayó el himnario y un furioso color llenó sus mejillas. —Maudie te crucificará. —Es su día a cantar en el coro. No me puede oír —dijo entre las palabras del antiguo himno del evangelio. —Estamos en la iglesia —le recordó. —¿Y? Lo qué es bueno para el ganso es bueno para la gansa. Eran las palabras de su tía Dotty y era muy probable que ella las robara directamente de los Proverbios debido a lo a menudo que leía la Biblia. A Laura no le importaba si habían venido de esas revistas de historias de amor que la tía Dotty mantenía ocultas bajo las toallas en el armario del baño. Esa mañana coincidían y estaba decidida a enseñarle a Colton Nelson una lección. —¿De qué color son los tuyos? —preguntó. —Sabes que no llevo ropa interior —susurró. Esperó hasta que las últimas palabras de la canción terminaron y dijo: —Yo tampoco. Pudo sentirlo tensarse a su lado y escuchó solo el más pequeño fragmento de un gemido. Roger predicó desde el libro de Ruth, contando la historia de Boaz y Ruth. Por ley no tenía derecho a casarse con Ruth. Había parientes más cercanos que podrían reclamarla después de que su marido había muerto, pero hizo lo que se esperaba de él y terminó con el amor de su vida por sus esfuerzos. Para Laura, Roger trajo vida a la historia. Tal vez fue porque estaba en un estado extraño al igual que Ruth. No físicamente, sino emocionalmente. —Tus dioses serán mis dioses y tu gente será mi gente. Eso es lo que le dijo Ruth a Naomi y al casarse con Boaz, ella selló esa promesa. Con eso es con lo que todos los matrimonios deberían ser sellados, amigos —dijo Roger con su voz profunda.

219


Laura sintió como si alguien hubiera echado agua fría por su espina dorsal. Ya había ocurrido, la gente de él era la suya. ¿Cómo iba a dejarlos atrás? Su Dios —esta iglesia donde estaba sentada en un banco con él— se había convertido en su iglesia, incluso Ina Dean y Patsy. ¿Cómo iba a dejarlos atrás? Sin embargo, ¿cómo podía quedarse si él no la amaba? Boaz amaba a Ruth. Él estaba dispuesto a recorrer el camino para pedir su mano en matrimonio, estar al lado de ella y ser su marido. Ni una sola vez Colton siquiera había insinuado el amor. Es cierto que lo suyo se había vuelto real, y que se sentía como si estuvieran saliendo realmente en estos días, pero Laura pretendía seguir esperando por ello.

Cynthia tiró de Laura a un lado tan pronto como los servicios de la mañana terminaron. —¿Crees que él estaba predicando para mí? ¿Me estaba pidiendo que dejara a mi gente y Ambrose si recibía una llamada a otra parte del mundo para predicar? —susurró frenéticamente—. Necesito hablar con alguien como tú, quien estaba dispuesta a dejar su mundo atrás y encajar en el mundo del hombre que amas. —Invítalo a cenar. Apresúrate. Ábrete paso hasta la parte delantera de la fila antes de que alguien lo invite primero —dijo Laura. —Pero no tengo la cena preparada —dijo Cynthia. —No en tu casa. Al rancho con nosotros. De esa manera podremos hablar —dijo Laura. Cynthia escudriñó la pequeña iglesia y rodeó el borde rápidamente, luego cortó en línea recta justo detrás de Ina Dean, quien siempre era una de las primeras en estrechar la mano de Roger. Cuando llegó su turno, ella sonrió dulcemente y dijo: —Hemos sido invitados a la cena en el Círculo 6. —Qué bueno. Me encantaría ir. Espera por mí y vamos juntos —dijo Roger. Cynthia miró sobre su hombro y le guiñó el ojo. Maudie tocó a Laura en el hombro. —¿Qué fue todo eso? —Los invité a la cena del domingo. Maudie sonrió. —¿Estás jugando a la casamentera? —Podría ser, pero no lo inicié. Lo hizo Roxie.

220


—¿Qué hice yo? —Roxie se animó al oír su nombre—. Tía Maudie, ¿Dillon puede venir a cenar? —Por supuesto que puede. No puedes salir de la casa con él, pero él puede venir a la cena del domingo. Las reglas dicen que puedes recibir visitas en el porche o en la sala de estar, pero no puedes salir en cuatro ruedas o a la piscina. Eso es demasiado parecido a una cita —dijo Maudie. —Suficientemente justo —dijo Roxie. —¿Aún así vale la pena? —preguntó Laura. —Demonios, claro que si —respondió Roxie. —¡Maldición! —masculló Colton entre dientes. —¿Qué dijiste? —preguntó Laura. —Tenía ganas de pasar la tarde contigo, no con el predicador —dijo—. Tú, Cynthia y Roxie desaparecerán y Rusty dará una excusa y yo seré el que se quede atrapado. Laura le dio una palmada en el hombro. —¿Estás haciendo pucheros? —Has dado en el clavo. Y no me refiero al maldito clavo. —¿Por qué no me lo dijiste antes de la iglesia? —preguntó. —Quería que fuera una sorpresa. —No pongas mala cara. No van a quedarse toda la tarde —dijo. —Puedo hacer pucheros si quiero —argumentó. Colton puso una mano en el hombro de Roxie y le susurró a esta al oído—: Si dices una palabra sobre nosotros yendo a la iglesia esta noche, te castigaré por otra semana. Roxie le sacó la lengua. —Tú no eres mi jefe. Lo es la tía Maudie. Maudie la tocó en el otro hombro. —Suficiente discusión en la iglesia. Dices algo de que todos nosotros iremos a la iglesia esta noche, señorita, y te castigo por otras dos semanas. Tengo una película que quiero ver esta noche. ¿Lo has entendido? Roxie saludó a ambos. —¡Señor, sí señor! ¡Señora, sí, señora!

221


La cena fue jamón con todas las guarniciones que lo acompañan en el Sur, papas confitadas, frijoles horneados, ensalada de naranja y arándano, bollos calientes, y tarta de melocotón para el postre. Y duró una eternidad y dos días. Laura no podía quedarse quieta preocupándose por la sorpresa que se estaba perdiendo y se preguntaba si Colton se la presentaría más tarde en la noche. Habían pasado años desde que había tenido una sorpresa incluso para su cumpleaños o Navidad. La mayoría de las veces Janet llamaba y se iban a almorzar durante la semana de su cumpleaños, pero no siempre. Y en Navidad se ofrecía como voluntaria en el comedor de Amarillo para la gente sin hogar. Estaba casi mareada cuando terminó la cena. Con suerte cuando terminara la comida Cynthia y Roger se irían a dar una vuelta, irse al motel más cercano, o incluso irse a la iglesia y hacer el amor apasionado y salvaje en el primer banco. Pero no sucedió así. —Me encantaría que Roxie me haga las uñas —dijo Cynthia. Roxie sonrió dulcemente y dijo: —Por supuesto. Vamos a ir a mi habitación. Laura, ven con nosotras y elige un color. Estoy pensando que el rosa pálido sería tan bonito para la iglesia esta noche. Colton se inclinó hacia su derecha y besó a Laura en la mejilla. —No te tomes toda la tarde —susurró. Roxie se volvió hacia la puerta. —¿Tía Maudie? Ella levantó una mano. —Yo no. Mis uñas no necesitan hacerse casi tanto como necesito una siesta. Que la pasen bien. Roger miró sobre su hombro a Cynthia. —Si puedes conseguir esas uñas hechas en media hora, podríamos pasear por Savoy. Todos los jóvenes solteros de la zona se reúnen para un canto y una fiesta esta tarde. Es una invitación abierta y hay mucho espacio en la camioneta de la iglesia si alguno de ustedes quiere ir. —No hay problema —dijo Roxie—. Pero estoy castigada, por lo que Dillon y yo quedamos fuera. —Y yo tengo planes —dijo Rusty. Roger miró a Andy Joe. —Gracias por la invitación, pero tengo algunas cosas para poner al día esta tarde también. Quizá la próxima vez —dijo Andy. —Qué divertido —dijo Cynthia radiante—. No te vaya sin mí. —No se me ocurriría —sonrió Roger. Cynthia era como una niña de seis años de edad sobre-excitada, que había pasado el día en casa de sus abuelos. Se rió todo el camino por la escalera, hasta la habitación de

222


Roxie. Aterrizó en el taburete del tocador y rápidamente eligió un esmalte de color rosa brillante y miró el pequeño reloj de bronce en la mesita de noche. —Este color cubrirá lo que ya está en las uñas muy bien por lo que no tendrás que remover el esmalte viejo. No quiero tenerlo esperando —dijo Cynthia—. Si él me hubiera dicho que íbamos en un lugar como ese me habría vestido mejor. Ahora habla conmigo, Laura. Tengo que saber si te arrepientes de alejarte de tu familia y de tu hogar. —No fue fácil al principio, pero nunca volvería —dijo Laura honestamente. Cynthia extendió los dedos sobre el tocador. Roxie abrió la botella de esmalte. —¿Por qué siquiera lo preguntas? —Ina Ruth tiene un primo en Bokchito, Oklahoma, quien le dijo que estaban buscando a un pastor para su iglesia. Van a enviar a un miembro del comité aquí el próximo domingo para escuchar a Roger predicar —respondió Cynthia—. Eres muy buena con las uñas, Roxie. No pusiste ni una gota en mi piel. —No es mi primera vez —sonrió Roxie. —¿A qué distancia está Bokchito? —preguntó Laura—. ¿Y qué te hace pensar que Roger dejará Ambrose? Él podría estar muy feliz aquí. —¿Qué clase de nombre es Bokchito? Suena como algo que usarían en la guerra química —dijo Roxie. Cynthia metió un mechón de castaño cabello detrás de su oreja. —En lengua indígena Bok significa grande y chito significa arroyo. Lo busqué anoche después de que Ina Dean me llamó. Y esta a casi setenta y seis kilómetros de aquí. Sería más cerca, pero no hay un puente que atraviese el río Rojo más que el que está cerca de Hendrix. Laura se tragó la risa burbujeando en su pecho. —Eso no es tan lejos de tu familia. —¿Por qué alguien querría ir a ese lugar? —preguntó Roxie. —Es mucho más grande y tienen una escuela secundaria allí mismo en la ciudad. En Ambrose hay menos de un centenar de personas y Bokchito tiene casi seiscientos — dijo Cynthia. —¿Él se te declaró? —preguntó Roxie. Cynthia negó. —¡Señor, no! Solo hemos estado saliendo por poco tiempo. —Bueno, estoy segura de que Dios lo conducirá en la dirección correcta y si se va a Bokchito, los ángeles estarán sentados a tu lado todos los domingos mientras viajes a través de ese decrépito puente de Hendrix para ir hasta allí —dijo Roxie. Laura nunca había querido abrazar a un niño más en su vida.

223


Cynthia puso su mano derecha con su nuevo y brillante esmalte sobre su corazón sin conseguir un poquito de esmalte en su vestido de flores de color rosa. —Ustedes hacen que mi corazón se sienta en paz. Ahora date prisa con esa última uña. No quiero perderme ni un minuto con él. Solo voy a estar perdida cuando se mude y nosotros consigamos otro predicador. ¿Supones que el nuevo tendrá una esposa e hijos? —Roger aún no se ha ido. Podría ser que Dios le diga que se quede aquí en Ambrose porque está enamorado de ti —dijo Roxie. La chica estaba tan llena de cosas falsas como Janet había estado a esa edad. Ambas podrían engatusar a un ángel para que les diera su halo.

Colton, Dillon, y Roger se alineaban en las mecedoras en el porche delantero en un cómodo silencio. Las vacas mugían a lo lejos. Daisy se extendió en el último escalón y cerró los ojos. Donald graznó un par de veces, pero cuando no pudo despertar a Daisy, se instaló rápidamente en la cama de flores y metió la cabeza debajo del ala. Roger finalmente rompió el silencio. —Habrán extraños en la iglesia el próximo domingo. Un comité de Bokchito, Oklahoma, viene para oírme predicar. —¿Te vas? —preguntó Colton. —No, a menos que el buen Dios me dé una señal diferente de la que me está dando en este momento —dijo Roger—. Pero están buscando a un predicador para su iglesia y ellos insistieron en venir aquí y escuchar un sermón. —¿Por qué? —preguntó Dillon. Ina Dean tiene un primo allí que ha estado aquí antes. —No, ¿por qué no te vas? —preguntó Dillon. —Dios no me ha dicho que me vaya. He estado orando y orando y no ha dicho ni una palabra. —¿Cynthia? —preguntó Dillon. —He orado por siete años para que Dios ponga a la mujer correcta en mi vida. Si esta es su respuesta a mi oración, entonces no debo huir de ella. Sabes de lo que estoy hablando, Colton. ¿Te sientes como si Laura es la respuesta a tu oración, no? Colton se echó el sombrero de paja hacia atrás y se limpió el sudor de la frente con un pañuelo blanco que sacó del bolsillo. Él nunca había—ni una sola vez—orado por una esposa. Había maldecido a las mujeres que lo perseguían, realmente se había enojado con la que lo drogó y deseado una vida más simple, pero nunca había orado por nada de eso. Roger continuó:

224


—Por supuesto que te sientes como si ella lo es. Puedo ver el amor en tus ojos por ella. Quiero un hogar y una familia, pero quiero que sea lo más correcto entre nosotros como lo es entre tú y Laura. Si estoy justo aquí en Ambrose donde esta Cynthia, entonces eventualmente Dios hablará y voy a saber que ella es la correcta. —Tal vez Dios la está poniendo a prueba. Si está dispuesta a irse como Rebecca, entonces podría ser la indicada. Si no, entonces la respuesta a tu oración podría estar en Bokchito. Ese es un nombre divertido —dijo Dillon. Roger se rió entre dientes. —Estaba escuchando mi sermón hace unas semanas. —¡Oh, sí! Maudie nos hace preguntas a Roxie y a mí a veces. Si no sé la respuesta, me temo que me dirá que no puedo quedarme a la cena del domingo. Los pensamientos de Colton zumbaron en su cabeza cuando Cynthia lideró la salida al porche con Laura y Roxie justo detrás de ella. Roger le tendió la mano a Cynthia. —Llegas temprano. Puede ser que tengamos tiempo para un cono de nieve en el camino. En ese pequeño lugar en Savoy que abrió la semana pasada. —¡Oh, hombre! —Dillon se palmeó en el muslo—. Podríamos haber ido allí hoy si… —Pero todavía estoy castigada hasta mañana, así que tendremos que esperar —le recordó Roxie—. Sin embargo no tienes un ancla en el trasero si quieres ir por uno. Él se puso de pie y le tendió la mano. —Vamos a dar un paseo a la valla de pastos. El próximo viernes en la noche pasearemos hasta Saboya y conseguiremos un cono de nieve. Cynthia pasó una prueba por estar lista temprano. Roger pasó una diciendo las cosas correctas. Colton se estremeció a pesar del calor del verano solo de pensar en la prueba delante de él. —Gracias por una agradable cena. ¿Están seguros de que no quieren venir con nosotros? —preguntó Cynthia. Dillon y Roxie sacudieron violentamente sus cabezas mientras desaparecían en la casa. Los caballos salvajes no podrían haber arrastrado a Laura lejos del rancho aquella tarde. Colton tenía una sorpresa para ella y ninguna cantidad de cantos o incluso conos de nieve podría ser más importante que eso.

225


23 Traducido por ஓ¥anliஓ Corregido por Pily

Colton perdió los nervios. El dinero no podía comprar el amor y no podía comprar el valor, tampoco. Había planeado la tarde durante tres días y había cubierto todos los ángulos posibles, pero cuando llegó el momento de poner en acción la sorpresa, no podía hacerlo. No porque no quisiera, sino porque su corazón casi se detuvo al pensar en la vida sin Laura. Pero de repente estaba cohibido cuando pensó en decirle que estaba enamorado de ella y que era la dueña de su corazón. Estaba francamente miserable allí sentado en la mecedora. Por la sonrisa en su rostro y el brillo en sus ojos, ella estaba esperando algo y él no tenía nada. —¿Cono de nieve? —preguntó él con voz ronca. —Prefiero pasar la tarde en la piscina. Cynthia había arruinado la sorpresa con sus preocupaciones. Ahora ella nunca sabría lo que Colton había planeado para la tarde, pero sabía que involucraba más que un cono de nieve. —¿Qué tal un paseo por Bell para conseguir un cono de nieve? Luego, si quieres, podemos ir a nadar. —Está bien —dijo lentamente.

El cono de nieve sabía bien. Estaba decepcionada cuando no condujo hacia el patio de la escuela, sino que siguió hacia el sur a través de la ciudad. Tal vez fue debido a que el indicador de temperatura en el panel decía que estaban a 105 grados y temía que pudieran sorber los conos de nieve antes de derretirse. Si esa era la verdadera razón, entonces no lograrían ir al patio de la escuela por más de un mes debido a que agosto era aún más caliente que julio y septiembre muchas veces no siempre traía alivio. El cartel señalando hacia Savoy era el siguiente lugar al que llegarían si se mantenían conduciendo, lo que hicieron.

226


Pasaron junto a un restaurante de hamburguesas a la derecha que no era tan grande como un buen cobertizo de almacenamiento, un puesto de cono de nieve estaba a la izquierda que estaba pintado de color turquesa con rosa fuerte, y más abajo en la carretera a la derecha estaba la escuela. Esperaba que él se detuviera en el estacionamiento de la escuela, pero siguió conduciendo. —Realmente no quiero ir a un canto —dijo. —Yo tampoco. Además, la iglesia donde se lleva a cabo está detrás de nosotros. Si giras por ese camino de grava —asintió a la derecha—, irías directo al rancho de Lucas Allen. Su abuelo comenzó con unas pocas hectáreas y fue construyendo como pudo. Luego, su padre hizo lo mismo. Cuando su madre murió hace unos años, su padre le entregó las riendas a él y construyó una pequeña casa de dos habitaciones en el extremo más alejado del rancho, no lejos de la casa de su abuelo. —¿Lucas es el que se encuentra en Kuwait en este momento? Colton asintió. —¿A dónde vamos? —preguntó. —Solo un poco más lejos. —¿Por qué? Colton sonrió, pero era una sonrisa tensa y eso la asustó. Giró a la derecha por un camino de ripio que se veía igual que el que había señalado, pasó una sección recta de carretera, y luego se volvió a la derecha en un camino que tenía la hierba creciendo en el medio. —Por favor, no me tires aquí y esperes que camine a casa. —Ella se rió nerviosamente. —Te perderías, ¿verdad? —¡Oh, sí! No estoy segura incluso de que pudiera seguir al sol y encontrar mi salida de aquí. ¿La gente realmente vive en este lugar? —Esta es una zona de ganadería y algunas de las granjas cubren miles de acres por lo que parece más remoto de lo que realmente es. Hizo un giro extremos a la izquierda y se detuvo delante de un pequeño edificio blanco con un campanario en la parte superior y una cruz en la puerta. —¿Es una iglesia?

Los conos de nieve habían desaparecido y él todavía no había recuperado su valor. Sabía exactamente lo que quería decir, pero una palabra puede cambiar todo su mundo.

227


Y el miedo de que no fuera a decir que sí, lo aterrorizaba. No le gustaba la imagen que surgía ante él de una vida sin Laura en ella. —¿Recuerdas cuando estábamos hablando de Lucas en la fiesta Angus? —¿El amigo que se encuentra todavía en Kuwait? Colton asintió. Podía hablar con ella sobre cualquier cosa, excepto lo que estaba realmente en su mente. —Es dueño de este rancho. Su abuelo y su abuela lo compraron hace años y esta pequeña iglesia ya estaba aquí. Predicó en ella durante mucho tiempo. Es un paseo agradable mientras tomábamos conos de nieve. —Es pintoresco y me ha encantado, pero echo de menos ir al patio de la escuela a comer nuestros conos de nieve —dijo ella. Déjale a Laura la parte de ser honesto. Bueno, si ella quería el patio de la escuela entonces conseguiría el patio de la escuela. Puso la camioneta en retroceso y salió de la iglesia y se dirigió directamente a los jardines de la escuela en Bells. Había pensado que seguramente si estaba sentado en frente de una iglesia, Dios lo golpearía con todo el valor del mundo, pero eso no había pasado. Por extraño que parezca, cuando apagó el motor en el jardín de la escuela su valentía volvió en toda su fuerza. Se extendió atravesando el asiento y le puso las llaves en la mano. —¿Qué es todo esto? —Esta camioneta es tuya. Te la estoy dando y te libero de permanecer un mes entero justo ahora. Puedes ir a donde quieras. Ella tiró las llaves con la fuerza suficiente para que rebotara en la ventana y aterrizara en el asiento trasero. —No quiero tu camioneta. Y tengo casi otra semana, así que no voy a ninguna parte. No estoy lista para dejar a Roxie y a la tía Maudie o al rancho. —¿Y a mí? Laura pisoteó con tanta fuerza que una nube de polvo flotó hasta sus rodillas. —Sobre todo tú. ¿Por qué estás tratando de que salga corriendo? ¿Apareció algún viejo amor en tu puerta? Lo hizo, ¿verdad? Colton tartamudeó y finalmente escupió: —¡No! —¿Entonces por qué estás tratando de que me vaya? Colton se desabrochó el cinturón de seguridad y se bajó de la camioneta. Era evidente para Laura que él iba a empezar a caminar. Él podía llamar a Andy y abandonaría todo para venir a buscarlo. Bueno, seguro que ella no iba a conducir esa maldita camioneta una sola milla. Si él podía caminar, ella también podría. Saltó de la camioneta y se reunió con él en la puerta trasera.

228


—Te dije que no quiero la camioneta y no me voy. Puedes quedarte aquí y pelear conmigo o ir a casa e inflarte como un sapo, pero no voy a dejar el rancho. —¿Nunca? Ella se detuvo en seco. —Eso depende, pero estoy segura de que me voy a quedar hasta el próximo domingo. —¿Depende de qué? —La presionó Colton. —De si luchas conmigo o no. No me gustan los vaqueros que se enfurruñan. Le puso una mano en el hombro y ella levantó la mirada hacia sus ojos verdes. Poco a poco se cerraron mientras sus labios estaban cada vez más cerca. Ella cerró sus azules ojos una fracción de segundo antes de que el beso llegara. La pasión, la paz y el amor, todo se mezcló en una montaña rusa de emociones en su corazón y alma. Él la abrazó con fuerza contra su pecho. —Laura, te amo. No tenía la intención de enamorarme de ti, pero lo hice. No solamente te amo, estoy perdidamente enamorado de ti. Eso es un doble golpe. No podía soportar la idea de vivir otra semana sabiendo cada día que te ibas al final de la misma. Así que te estoy poniendo en libertad para irte o quedarte. Todo depende de ti. Se echó hacia atrás y lo miró directamente a los ojos de nuevo. —Te amo, Colton. Me da miedo, pero lo hago. Tú eres un buen hombre y te merece una mujer que esté segura de su papel de esposa y madre. No lo soy, pero haré mi mejor esfuerzo. Se dejó caer sobre una rodilla delante de ella y le tendió una caja de terciopelo. —Laura Baker, ¿quieres casarte conmigo? —El anillo en el interior no era tan grande como el diamante falso en su dedo, pero a ella le encantó… casi tanto como amaba al vaquero de rodillas frente a ella—. El zafiro me recordó tus ojos y hay cincuenta pequeños diamantes que lo rodean, uno por cada año hasta nuestro aniversario de oro. Elegí el oro porque la banda es de oro y cuando te quites el anillo de compromiso para jugar en la tierra, todavía puedes usar tu anillo de bodas. Por favor, di algo, Laura. Por favor, di que sí.

—¿Quién eligió eso? —preguntó. —Fui a la joyería la semana pasada. Juro que Andy no lo hizo. Estoy preguntándote de nuevo. Laura, ¿quieres casarte conmigo?

229


—Sí, lo haré. —Se quitó el anillo falso de su dedo y se lo entregó a él—. Mientras siempre, siempre estemos viviendo en un mundo real a partir de ahora, me casaré contigo. Estoy cansada de vivir en un mundo de fantasía. Se levantó y la acercó a su pecho. —Lo tienes, querida. ¿Cuándo? —preguntó. —El próximo domingo, pero no se lo digas a nadie. No quiero una boda de farandola. Quiero una de verdad y no quiero esperar. Haz los arreglos con Roger para que se encargue de eso justo después de la iglesia y luego nos vamos a casa como siempre. —¿Tienes miedo de un largo noviazgo? ¿Tienes miedo de que vaya a cambiar de opinión? No lo haré, Laura. Me tomó un largo tiempo conseguir el valor para decirte lo mucho que te amo. Nunca, nunca cambiaria de opinión. —No, solo quiero estar casada. Y dile a Andy que elabore un acuerdo prenupcial. Sin eso, nunca voy a casarme contigo. Tiene que ser simple. Si alguna vez te abandono, entonces todo lo que me llevo conmigo serán mis posesiones personales. Colton frunció el ceño. —Confío en ti, Laura. —Como dije antes, no estoy interesada en tu dinero. Quiero tu corazón y quiero darte el mío. Eso no tiene una etiqueta de precio.

Para el final de la semana, Laura lamentó no haber insistido en una boda en el juzgado el lunes por la mañana. No podía imaginar un compromiso de seis meses, cuando una semana la puso tan nerviosa como Donald en la temporada de patos. ¿Y si Colton cambiaba de opinión? ¿Y si en seis meses deseaba haber esperado? No era de extrañar que las mujeres se volvieran locas durante los compromisos y perdieran la razón planificando una boda. Todo lo que tenía que hacer era elegir un vestido, ir a la iglesia, escuchar el sermón, y luego casarse. Sin flores, ni cintas, ni bancos en la iglesia, ni siquiera un pastel del que preocuparse. Colton le aseguró que había hablado en privado con Roger, quien estaría dispuesto a casarlos justo después de que Ina Dean pronunciara la bendición. Se acurrucó contra la espalda de Colton y envolvió sus brazos alrededor de su cuerpo. Mañana se despertaría en la habitación principal de la casa grande del rancho. Colton se dio la vuelta y la abrazó con fuerza contra su pecho. —Buenos días, señorita Baker. No puedo creer que mañana por la mañana cuando nos despertamos llegue a decir 'buenos días, señora Nelson'. ¿Estás segura, absolutamente segura, de que no te importa compartir la casa con la familia? Podemos construir otra casa o podemos construir una para la abuela y Roxie.

230


—Shhh. —Puso un dedo sobre sus labios—. Adoro a la familia y la casa es lo suficientemente grande para todos nosotros. Además, los quiero a todos. Me encanta comer con ellos y tenemos nuestra privacidad cuando lo queremos. Y, —sonrió—: siempre podemos escabullirnos hasta aquí si lo deseamos. —Es difícil no besarte esta mañana —se quejó. —Lo sé, pero es el día de nuestra boda. Quiero que el primer beso de hoy sea como tu esposa. No puedo creer que me vaya a casar en el mes más caluroso de todo el año. Me alegro de que no me tenga que preocupar con un gran vestido blanco. Me desmayaría con ese satén caluroso —dijo. Él agarró su mano y le besó cada dedo. —Te amo, Laura. —Yo también te amo. —Ella permaneció en la cama, pero eso no enfrió su mano o su deseo de querer un encuentro de sexo mañanero que los ponía más excitados y apasionados cada vez que ella y Colton caían en la cama. Él encontró su camisa en el suelo junto a la puerta y los vaqueros, a los pies de la cama. Una vez vestido, la abrazó y le dijo: —Voy a vestirme para la iglesia y, ¿nos vemos en el desayuno? —Allí estaré. —Me asusta que vayas a cambiar de opinión. ¿Me prometes que te casarás conmigo? —Sostuvo sus dos manos y la miró a los ojos. Ella no parpadeó. —Seré la única sentada a tu lado en la iglesia. Si todavía quieres casarte conmigo cuando el servicio termine, entonces aprieta mi mano tres veces. Temo que desaparecerás mientras Ina Dean está agradeciéndole a Dios por todo, desde los tomates a Jesús. —No voy a ninguna parte, cariño. —Dejó caer las manos y se fue antes de que pudiera responder. El sol estaba por encima de las copas de los árboles, con la promesa de un día caluroso de agosto mientras cruzaba el patio de la casa del garaje a la casa principal del rancho. Un repentino estallido de indecisión la golpeó. ¿Debía regresar y cambiarse a algo más lujoso? El vestido de verano azul y sus mejores botas vaqueras no se veía muy parecida a un vestido de novia. ¡Señor, estaría contenta cuando todo terminara! Podía oír a Roxie y a Maudie hablando de compras de la escuela cuando entró en la oficina. Colton se puso de pie. Llevaba vaqueros arrugados y apilados justo encima de sus botas y una camisa azul pálido. —Estás impresionante. Por favor, di que has cambiado de opinión y que no haremos esto. Ella negó con la cabeza.

231


—¿Y bien? —preguntó Andy. —No voy a decir ni una sola promesa hasta que firme ese acuerdo prenupcial. Andy sacó otro fajo de papeles. —Este es el acuerdo prenupcial que nuestro grupo de abogados ha elaborado diciendo que en el caso de un divorcio vas a dejar el rancho con solo tus pertenencias personales. —Le tendió una pluma. Lo tomó sin dudarlo un minuto y garabateó su nombre en la línea con una marca roja al lado. —Colton Nelson, nunca planeo divorciarme de ti o dejar el rancho. Si me dejas, todo el dinero del mundo no sanará mi corazón roto. Sin embargo, si alguna vez me engañas, puedes estar seguro que me aseguraré de que los buitres y los coyotes ni siquiera sepan dónde buscar tu cuerpo. Entonces, ¿estás listo para esto? —Eso no va a suceder —le dijo Colton. —Muy bien, chicos, vamos a desayunar y luego a la iglesia —dijo Andy.

Estaban alineados en el banco como siempre. Andy en el otro extremo, Rusty junto a él, luego, Maudie, Roxie, Colton, y Laura. El número para el primer himno fue dado cuando Janet se deslizó por el pasillo y le dio unos golpecitos a Laura en el hombro. Todo el mundo en el banco se rodó para permitir que se sentara junto a Laura. —Feliz día de bodas —susurró. —Cómo… —Andy no puede guardar un secreto y él estaba con el tema del acuerdo prenupcial. ¡Bien por ti! Parecía que Roger predicó por una eternidad, pero cuando le preguntó a Ina Dean para ofrecer la bendición, Laura miró su reloj y él había acortado su sermón por quince minutos. Ina Dean finalmente, después de lo que pareció una eternidad de dar gracias, dijo: —Amén. Roger rápidamente agarró el micrófono y dijo: —Si todo el mundo permanece sentado, tengo un par de cosas para compartir con ustedes. En primer lugar, como todos ustedes saben me han ofrecido el trabajo de predicar en Bokchito, Oklahoma. He orado y orado al respecto y he decidido que Dios no ha terminado con el trabajo que quiere que yo haga aquí en Ambrose. En segundo lugar, ayer por la noche le pedí a Cynthia que se casara conmigo y dijo que sí. Habrá una boda en algún momento durante las vacaciones de Navidad aquí en nuestra iglesia. Y Laura

232


me ha hablado y se unió a la iglesia. Y, a mi me gusta esa noticia, porque significa que hay más por venir, ahorré lo mejor para el final. Laura y Colton se van a casar aquí hoy. Así que si ustedes dos se adelantan, vamos a poner esta ceremonia en marcha. Colton le apretó la mano tres veces y se pusieron de pie juntos. Maudie se sonó la nariz en un pañuelo. —¡Sí! —susurró Roxie. —Te quiero. —Janet sacó un precioso ramillete de margaritas, rosas y orquídeas de su bolso de gran tamaño y se lo entregó a Laura. —Colton, párate aquí —dijo Roger—. Y señorita Laura, aquí. De frente y mírense el uno al otro, no a mí. En diez minutos nunca sería la señorita Laura Baker, otra vez. El pánico apretó su corazón como un pretzel. —Queridos hermanos, estamos reunidos aquí hoy, en la presencia de Dios y estos testigos —comenzó Roger—. ¿Votos tradicionales? —susurró. Colton asintió. Todos los miedos, las dudas y preocupaciones dejaron a Laura cuando Colton dijo sus votos sin tartamudear una vez y terminó con sus propias palabras: —Todo a lo que me comprometo es porque te amo y porque eres la dueña de mi corazón. Maudie lloró en voz alta en un pañuelo detrás de ella. Roxie suspiró. Rusty se aclaró la garganta. —Ahora repite después de mí —le dijo Roger a Laura. Sacó fuerzas de mirar profundamente a los ojos de Colton y bloquear todo lo demás mientras repetía sus votos, terminando con: —Todo esto te lo prometo porque también te quiero Colton, y mi corazón es tuyo para toda la eternidad. —Por la autoridad que me otorga el estado de Texas y por Dios, los declaro marido y mujer —dijo Roger—. Ahora, Colton, puedes besar a la novia. El beso selló los votos y Laura conoció la completa y honesta paz en ese momento cuando los labios de su marido tocaron los suyos. Roger le puso una mano en el hombro de Laura y otra en Colton. —Permítanme ser el primero en presentarles a todos ustedes en esta sala, al señor y a la señora Nelson. Hay una recepción en el rancho con una comida ligera, un espacio donde divertirse, y la torta de bodas para todos los que quieran seguir a la nueva pareja hasta allí. Colton miró a Laura.

233


Ella se encogió de hombros. —No sé de qué está hablando. Colton miró al banco de la familia y Andy le dio un guiño. —¿Andy? —susurró. —Tendría que haberlo supuesto. —Ella asintió con la cabeza. Colton enlazó el brazo de Laura con el suyo y una ovación de pie y aplausos ruidosos los acompañó hasta su camioneta. La enjauló con un brazo a cada lado de ella contra la camioneta y la besó con fuerza, con pasión, y con tanto ardor que estaba jadeando cuando él dio un paso atrás. Andy estaba detrás de Colton cuando ella abrió los ojos. —¡Felicitaciones! Y Laura, yo preparé la recepción. Ni Colton o incluso Maudie y Roxie lo sabían siquiera. Alquilamos un servicio de catering y llame a Janet. Así es que no vayas a enojarte con Colton. Ambos necesitan los recuerdos. —Estoy tan feliz ahora que nunca podría estar enojada con nadie —dijo—. Vamos a casa. Colton dejó una nube de polvo detrás de la camioneta todo el camino a casa y patinó hasta detenerse tan rápido que asustó a Donald y a Daisy, que habían estado durmiendo en el porche delantero. El gato se subió al árbol de mimosa y Donald voló hacia el estanque. —¿Cuál es la prisa? —preguntó. —Quiero terminar algo antes de que todo el mundo llegue aquí —dijo. —¿Estás lista para esto? —preguntó Andy al minuto en que estuvieron fuera de la camioneta. Colton agarró la mano de Laura y siguió a Andy en la casa. —Tráelo —dijo Colton tan pronto como estuvieron en la oficina. Andy sacó una sola hoja de papel del folio. —Este documento anula todo lo que acabas de firmar, Laura. Dice que desde el momento en que te convertiste en la señora de Colton Nelson el rancho es tuyo, así como suyo. —Pero —tartamudeó. —Lo necesitabas para mostrarme lo mucho que confiabas en mí. —Colton firmó en la parte inferior del documento—. Esto te demuestra que confío en ti. Las lágrimas corrían por sus mejillas. —Te amo. Se las enjugó con el dorso de la mano. —No llores, cariño. Lo que es mío es tuyo, y recuerda lo que dijiste sobre el corazón. Bueno, si alguna vez me dejas, moriría y no tendría ninguna necesidad de todo esto de

234


todos modos. Ahora vamos a compartir nuestro dĂ­a de bodas con todos nuestros familiares y amigos.

Fin

235


Próximo Libro: Lucas Allen y Natalie Clark han sido cyber-citas. Luego ella aparece en el umbral de su rancho en una tormenta de invierno con una pistola rosada en una mano, un coyote muerto en sus pies, tres cachorros lloriqueando detrás de ella y un bebé en sus brazos. Él podría manejar todo esto. Excepto el bebé. Natalie tiene equipaje, pero también lo hace Lucas. ¿Estarán dispuestos a ayudarse el uno al otro a desempacar antes de la Navidad?

236


Sobre la Autora Carolyn Brown es una autora de éxito del New York Times y USA Today. Con más de sesenta libros publicados, y le acredita a su hiperactiva familia por su humor y escribir sus ideas. Sus libros incluyen la trilogía de vaquero (Lucky in Love, One Lucky Cowboy, y Getting Lucky), la serie Honky Tonk (I Love This Bar; Hell, Yeah; Honky Tonk Christmas; and My Give a Damn’s Busted), y su serie Spikes & Spurs (Love Drunk Cowboy, Red’s Hot Cowboy, Darn Good Cowboy Christmas, One Hot Cowboy Wedding, Mistletoe Cowboy, and Just a Cowboy and His Baby). Carolyn ha puesto en marcha la ficción para las mujeres también con, la Sociedad de Jubilados The Blue-Ribbon Jalapeño. Nació en Texas, pero se crió en el sur de Oklahoma, donde ella y su marido, Charles, un profesor de inglés retirado, tienen su hogar. Tienen tres hijos adultos y nietos suficientes para mantenerlos jóvenes.

237

Cowboys & Brides #1  
Cowboys & Brides #1  

Billion Dollar Cowboy Carolyn Brown

Advertisement