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Tu O b r a

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“Si falta Jesús en nuestra comprensión de iglesia, también faltará en nuestra expresión de iglesia”. Página 5

Nr 2 Diciembre 2010

E c l e s i ol og í a

¿Cómo es una iglesia? Neil Cole P ol í t i c a

El Nuevo Desorden Mundial José Nuñez

D e ba t e

¿Qué hacemos con el devocional? Chris Shaw

E di t or i a l

“Quien lee, lidera” José Nuñez

El espíritu de los tiempos


Política

El Nuevo Desorden Mundial José Nuñez Diégu ez

L

as tragedias que afligen a este mundo transido de guerras parecen multiplicarse cada año. Esos horrores nos deben hacer pensar: ¿A dónde se dirige este mundo? ¿dónde estamos en el mapa profético de eventos? ¿Qué sigue?

Nuestro mundo en el precipicio Los profetas seculares de hoy—intelectuales y periodistas—están haciendo sonar la alarma. El educador y autor James Martín fundador del Instituto para la Ciencia y la Civilización en la Universidad de Oxford, nos advierte sobriamente: “Al comienzo del siglo XXI, la humanidad se encuentra a sí misma en un derrotero de inviabilidad—un derrotero que, a no ser que sea cambiado, nos guiará a una catástrofe de grandes magnitudes. Humanamente hablando puede ser el último siglo de la historia, o podría ser el siglo en que la civilización navegue hacia un futuro más espectacular”. (El Significado del siglo XXI, 2007, prefacio). Las elecciones y opciones de la humanidad se estrechan. Los observadores inteligentes de la escena mundial reconocen que debemos alterar nuestros caminos o resignarnos a enfrentar la cruda realidad de un mundo en creciente desorden. De cualquier modo nos quedamos ya sin tiempo o ya hemos pasado el punto de no retorno. El historiador Robert Harvey articuló su advertencia cuando dijo: “A no ser que se tome una rápida acción para reemplazar el creciente calor del sol del siglo XX que fenece, por la pálida luz del siglo XXI, vamos a fijar la vista en un horizonte de horrores globales, como les sucedió a nuestros abuelos, pero esta vez con un hongo nuclear. El mundo es un lugar mucho más peligroso ahora que 50 años atrás”. (Desorden Global, 2003, p. xxxii). El patriarca checo y ex presidente de su país, Vaclav Havel, también poeta de origen protestante declaró “los conflictos culturales están creciendo y son más peligrosos hoy, que en cualquier momento de la historia”. (citado por Samuel Huntington, El Choque de Civilizaciones y el renacimiento de un orden mundial, 1997, p.28).

¿Por qué parece que el mundo sucumbe al caos? ¿Podemos refrenar a la fuerza de la anarquía? ¿Es posible trazar el curso de la civilización y resolver nuestros problemas? Lamentablemente no parecemos comprender las fuerzas espirituales que batallan en nuestra contra, y rechazamos o ignoramos al Dios que ofrece las únicas soluciones viables a los enormes problemas que nos afligen. Euforia esperanzadora prueba ser mera ilusión.

Al caer el Muro de Berlín en 1989, seguido por el desmembramiento de la Unión Soviética y el colapso del comunismo en Europa del Este, líderes mundiales como el ex presidente George H. Bush (1988-1992) alardeaban de un “nuevo orden mundial”. Esa euforia mediática se parecía mucho a la que siguió al fin de la I Guerra Mundial (1914-1918)—supuestamente “la guerra que terminaría con todas las guerras”. Un filósofo de nota como Francis Fukuyama vaticinaba a fines de los años ´90 del siglo XX “el fin de la historia”—y la transición a una utopía liberal. Muchos pensaban que la Organización de las Naciones Unidas (O.N.U.) finalmente asumirían su lugar en el mundo, inaugurando un período de paz y armonía en las naciones. ¡Esa euforia probó ser un espejismo! Ese breve período fue una ventana de oportunidad hecha añicos cuando EUA invadió Kuwait e Irak pasando por alto toda recomendación de la O.N.U. Ya no hubo vuelta atrás después de la tragedia del 11-S (2001), con autoridades gubernamentales debilitadas, creciente intensidad de conflictos religiosos, tribales, y étnicos—exacerbados por radicales islámicos ambiciosos. El fallecido profesor de Harvard y analista político Samuel Huntington (1927-2008) resumió algunos de nuestros problemas una década atrás en su libro El Choque de Civilizaciones y el renacimiento de un orden mundial: “La victoria occidental en la guerra fría no produjo el triunfo, sino el cansancio. Occidente está preocupado por el incremento de sus problemas y necesidades internas, afronta un progreso económico lento [ahora es una recesión mundial], envejecimiento de su población [ baja tasa de natalidad en Europa], desempleo, déficit gubernamental, caída de la ética laboral, bajas tasas de ahorro, y en muchos países, incluyendo EUA, la desintegración social, drogas y crimen” (p.82). Este resumen es certeramente profético ¡y lo peor es que el mundo empeoró desde que fueron escritas esas palabras! El dicho popular nos recuerda, “todavía no viste nada”. Describe las condiciones caóticas—las cuales suenan a lo que Jesús dijo, “Y todo esto será principio de dolores” (Mateo 24.8)


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Las noticias que deseamos que desaparezcan Vea algo más especifico. La recesión actual. El símbolo del capitalismo norteamericano, el gigante General Motors (GM) en su mejor momento aportaba el 10 % a la economía de EUA—el año pasado cerró sus puertas nueve semanas con un número de plantas productoras de automóviles que quizá nunca reabran. Su humillante bancarrota significa la pérdida de 21.000 puestos de trabajo y 2.600 vendedores de autos nuevos. El gobierno federal piensa hacerse cargo del 60 % de la compañía. Algunos republicanos de paladar negro ya hablan de “¡Gobierno Motors”! ¿significaría que la “S” de “USA” un día representará la palabra “Socialista”? Chrysler, la tercera fabricante de autos en EUA también se tuvo que declarar en bancarrota. Casi 800 vendedores enfrentan el cierre. Ford está en la cuerda floja, mejor posicionado que sus contrincantes. La ciudad de Detroit se está convirtiendo en un páramo económico. La plaga de déficits amenaza no solo al gobierno, sino a las provincias o estados. California tiene un déficit de 21.3 mil millones de dólares entre ingresos y gastos. La fiebre del oro es historia. A nivel federal, el déficit presupuesto del presidente Obama trepa a la friolera de 2 trillones—cuatro veces más que el mayor déficit que tuvo la administración de George W. Bush. En un horizonte cercano se ve la inflación y aumentos impositivos. La Biblia es taxativa cuando dice, “El rico se enseñorea de los pobres, y el que toma prestado es siervo del que presta”. (Proverbios 22.7). En algún punto se acerca del día de la rendición de cuentas.

Malas noticias del Este El periódico The Times del 28 de mayo de 2009 ya decía “Corea del Norte anunció ayer que abandona el armisticio que puso fin a la Guerra de Corea 56 años atrás [en 1953], y amenaza iniciar un conflicto bélico si hay intentos de requisar sus naves buscando armas de destrucción masiva”. Las recientes pruebas subterráneas de un arma nuclear del tamaño como la que hizo volar a Hiroshima, el restablecimiento de un reactor que produce material nuclear, las pruebas de nuevos misiles, las amenazas de represalias si alguien los provoca—¿cuál es su próximo paso? Obviamente Corea del Norte ha ido subiendo la apuesta, explicitando sus amenazas a Corea del Sur: el ejército de Corea del Norte cuenta con 950.000 soldados, comparado con los 420.000 efectivos de Corea del Sur. En armamento o en soldados, Corea del Sur es rebasada. No por nada el famoso héroe de la II Guerra Mundial, el General Douglas MacArthur, ya en el transcurso de la Guerra de Corea, proponía terminar de una vez y para siempre con Corea del Norte aunque hubiese que pagar el precio de una opinión internacional negativa. Algunos, amigos de las componendas dividieron el país en dos Coreas a través del paralelo 38. Hoy, después de medio siglo de tensiones, volvemos al casillero uno.

El prestigioso periodista británico Max Hastings, conocido por decir lo que siente sin ambages, tituló el 28 de mayo en el periódico Daily Mail “El mandatario de Corea del Norte probablemente esté demente. Pero sus amenazas dejan a las claras la impotencia de EUA y la amoralidad de China”. Este veterano continúa señalando la triste verdad de que 23 millones de norcoreanos “vivan al borde de la inanición”, y “casi la mitad de su ingreso bruto nacional es despilfarrado en su fuerzas armadas y su programa nuclear”. La República Popular China está en una mejor posición, para refrenar a Corea del Norte, pero no lo hace. Ellos tienen su propio tablero de ajedrez. El líder norcoreano Kim Jong II, rivaliza con Robert Mugabe de Zimbabwe a quién es más perverso. Poco les interesa el bienestar de sus pueblos aunque tengan que hambrearlos para mantener el poder. “León rugiente y oso hambriento es el príncipe impío sobre el pueblo pobre”. (Proverbios 28.15) Hastings continúa diciendo, “El hecho de que él [Kim Jong II] se sienta capaz de hacer sonar la maraca nos habla mucho del cambiante orden global y en particular de la disminución de la autoridad de EUA y sus aliados”.

¿Qué hay detrás de la declinación generalizada en Occidente? Allá por la mitad del 1960 el teórico político James Burnham escribió un libro titulado Suicidio de Occidente. Comenzaba diciendo que entre los años 1900 y 1960 Occidente perdió considerable terreno y población en comparación con el resto del mundo. Burnham se preguntó por qué. Sus conclusiones no sorprenden a aquellos que comprenden la Biblia: “La contracción de Occidente no puede ser explicada por escasez de recursos económicos o poder político-militar... Debemos concluir que las causas primarias de la contracción de Occidente [que continúan en el siglo XXI] ... Han sido internas, y no cuantificables: involucra tanto cambios estructurales o intelectuales,

Tu O b r a Editor: José Nuñez Edicion on line T u O b r @ pídala a josedomingonunez@arnet.com.ar Cel.: 15—3323—3997 No nos hace mos res ponsa bles por la opinión de ca da uno de los a utores.

Martínez, noviembre de 2010


4 factores morales y espirituales ...de una u otra forma... ´la voluntad de sobrevivir´” (1964, pp.22-24). Estamos llegando al corazón del problema. “Factores morales y espirituales” implican la creencia en Dios y estándares como los Diez Mandamientos. La pérdida de un ser divino combinado con la ética situacional jugó un gran rol en la decadente influencia de la autoridad de EUA, Gran Bretaña y otras naciones. La Biblia habla de la existencia de un mundo espiritual donde cientos de millones de ángeles honran y sirven a Dios el Padre y a su Hijo Jesucristo (Apocalipsis 5.11).

El zeitgeist que aflige a la humanidad El libro de Apocalipsis escrito por el apóstol Juan, contiene un importante pasaje, en su capítulo 12 dice “...la serpiente antigua, que se llama diablo y Satanás, el cual engaña al mundo entero” (v.9) Piense un momento en este versículo. La mayoría de los habitantes de este mundo creen cosas que simplemente no son verdaderas. Están imbuidos de filosofías y huecas sutilezas. Otro pasaje también de la mano de Juan expresa el mismo engaño espiritual: “Sabemos que somos de Dios, y el mundo entero está bajo el maligno” (1 Juan 5.19) Muchos culpan a otros seres humanos por sus problemas. Las naciones también. Pero los verdaderos cristianos saben que “no luchamos contra carne y sangre, sino contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes” (Efesios 6.12) Dijimos al comienzo de este artículo que la raza humana no tiene una comprensión real de las fuerzas espirituales. Nos referimos a los poderes invisibles que influencian las mentes humanas. Una palabra que se usa en las ciencias sociales, y que describe el clima intelectual, moral y cultural de una época es zeitgeist, “espíritu de los tiempos” en alemán. Muchos no advierten que la real fuente de poder detrás del espíritu de esta época, la actitud básica de esta edad, está encabezada por el mismísimo Satanás, “el dios de este siglo” (2 Corintios 4.4) Europa Central será el corazón de uno de los grandes engaños de la humanidad. Un nuevo super poder emergerá en esa área geográfica donde se localiza el antiguo Imperio Romano. Los libros de Daniel y Apocalipsis describen el resurgir del Imperio Romano (el cuarto poder geopolítico descrito por Daniel) dirigido por dos líderes carismáticos conocidos en la Biblia como “La Bestia” (líder político) y “el Falso Profeta” (líder religioso). En Apocalipsis 13.4 dice, “y adoraron al dragón que había dado autoridad a la bestia, y adoraron a la bestia, diciendo: ¿Quién como la bestia, quién podrá luchar contra ella?” Tal es la magnitud del engaño que el mundo adorará al diablo y a su instrumento humano, quien blasfema de Dios (v.6). Tan falsa es esta puesta en escena que está apoyada por señales y prodigios (vv. 13.-14), que la vasta mayoría no tendrán forma de saber lo qué les pasa a su

mundo. Las revistas y publicaciones rebosan de vanidades y estúpidas peleas de celebridades, ajenas al mundo espiritual.

Los seres humanos no pueden rescatarse a sí mismos Este artículo hizo citas de fuentes seculares. Muchas escritas por individuos que estudian las tendencias y contribuyen a la comprensión general. Me toca aquí agradecer a un profesor que tuve en Historia de Estados Unidos, Marcelo Pozzi, quien se graduó del M.I.T. Me guió a las cartas que el patriota americano Thomas Jefferson intercambiara con el ex presidente John Adams. Ambos murieron el mismo día, 4 de julio de 1826, 50 años después de la adopción de la Declaración de la Independencia por el Congreso Continental de los Estados Unidos. En una carta datada del 9 de julio de 1813, Adams le cuenta a Jefferson: “Mientras que otras ciencias han avanzado, las que se refieren al gobierno humano esperan aún; poco menos comprendidas; poco menos practicadas hoy que tres o cuatro mil años atrás. ¿cuál es la razón? Creo que los partidos y las facciones no resisten o permiten [,] que se hagan mejoras. “Tan pronto como un partido busca hacer cambios, el otro se opone. No bien un partido descubre algo que mejore la condición del hombre, o el orden de la sociedad, el otro partido ridiculiza la propuesta, la insulta o la persigue”. (citado por Norman Cousins, En Dios confiamos, 1958, p231). Este es el talón de Aquiles de la forma de gobierno democrática—un espíritu partidario endémico. Las oposiciones partidarias enfocan en obtener el poder en lugar de ayudar a gobernar más sabiamente. Los gobiernos humanos (incluyendo la organización de multiestados como la Comunidad Europea) no van a manejar el desorden. Un presidente conservador no va a mejorar el destino al que se dirige Estados Unidos. Un cambio de administración no sacará de la decadencia moral a las naciones. Solamente un gobierno divino puede vencer las imperfecciones humanas. La Biblia nos habla “de los tiempos de restauración de todas las cosas” (Hechos 3.21). Ese será el tiempo de aquellos que tienen sed de justicia. Solamente Dios puede rescatar a la humanidad enviando a Jesús para salvarnos del caos que hemos creado. Apocalipsis 11.5 nos dice “...que los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo; y el reinará por los siglos de los siglos”.

Las fuentes de periódicos y libros consultados fueron extraídos de la red y de Google.books respectivamente.


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Eclesiología

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esafortunadamente, cuando el mundo mira a nuestras iglesias, particularmente en Occidente, solamente ve lo hecho por la gente o los programas que se están llevando a cabo. El mundo no queda impresionado por esto. En respuesta a eso, planeamos y decimos: “¿Qué podemos hacer para que nuestra iglesia sea más agradable para nuestra comunidad?” Otra vez, es la pregunta incorrecta. Es como si tratáramos de que crecieran los ratings de aprobación de Dios. El nombre de Dios está en riesgo, no el nuestro, y no

que capture lo que las Escrituras dicen sobre el cuerpo de Cristo. En uno de los dos lugares donde Jesús menciona a la iglesia en los Evangelios, dice, “Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mat 18.20). Su presencia debe ser un elemento importante de la iglesia. A una iglesia que había perdido su visión del verdadero amor, Jesús le dice estas duras palabras, “El que tiene las siete estrellas en su diestra, dice...recuerda, por tanto, de dónde has caído, y arrepiéntete, y haz las primeras obras; pues si no, vendré pronto a ti, y quitaré tu candelero de su lugar, si no te hubieras arrepentido” (Apo 2.1, 5). A una iglesia desobediente y poco sana, Jesús amenaza con sacarle el candelero de Su presencia (representando la iglesia). La presen-

¿Qué es una iglesia? Neil Cole

somos responsables de proteger su reputación. El puede hacerlo por sí mismo. Una pregunta mejor es, “¿Dónde está Jesús trabajando en nuestro medio?” ¿Dónde estamos viendo vidas cambiadas y comunidades transformándose simplemente por el poder del Evangelio? ¿Dónde estamos viendo padres restaurados a una vida de santidad y responsabilidad? ¿Dónde vemos hijas reconciliándose con sus madres? ¿Dónde vemos adictos que ya no viven bajo la esclavitud de la dependencia química? ¿Dónde están los empresarios que restituyen sus crímenes pasados que pasaron desapercibidos? Estas son las preguntas que llevan a la gente a reconocer la presencia viviente de Jesús amando y gobernando las vidas de su pueblo. Cuando la gente encuentra a Jesús, vivo y presente como Rey, saborean una porción del Reino de Dios así en la tierra como en el cielo. Comprendo la iglesia en este sentido: la presencia de Jesús entre Su pueblo llamado y tomado como familia espiritual para llevar a cabo Su misión en la tierra. Estoy de acuerdo, es una definición amplia, pero me gusta una definición amplia de la iglesia. Las Escrituras no dan una definición precisa, así que no voy hacer lo que Dios no hizo. Quiero algo

cia de Jesús es crucial a lo que es la iglesia. Su presencia es vida; Su ausencia es muerte. Jesús es la porción esencial de quién somos y lo que somos. El debe ser la cosa más importante sobre nosotros, y el aspecto más reconocible que el mundo ve. En muchas de las definiciones de iglesia que encontramos en los tratados teológicos se hace mención a una lista de ingredientes dados incluyendo cosas como ancianos calificados, reuniones regulares de creyentes, práctica de las ordenanzas, y un fundamento doctrinal. Una ausencia notable es la inclusión de Jesús en esas listas. Si falta Jesús en nuestra comprensión de iglesia, también faltará en nuestra expresión de iglesia. Aquí radica un gran problema en nuestras iglesias. Hemos definido a la iglesia por lo que somos y hacemos, en lugar de hacerlo por la presencia y la obra de Cristo entre nosotros. En muchas iglesias occidentales, el ministerio se hace para Jesús, pero no por Jesús—y aquí reside la gran diferencia. Si evaluamos nuestras iglesias no por la asistencia o los edificios sino por lo reconocible de Jesús en nuestro medio, nuestra influencia sería más abarcativa y nues-


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tras estrategias mucho más dinámicas. Desafortunadamente, es posible “ser una iglesia”, pero fracasar en demostrar algo de la persona o la obra de Cristo en nuestro vecindario. Si partimos de una comprensión de la iglesia de Cristo, con su presencia y obra en medio nuestro, esperaríamos ver muchos más cambios radicales, en nosotros en primer lugar, extendiéndose al vecindario y las naciones. Alan Hirsch ha lanzado un desafío de cómo ordenamos nuestro pensamiento de Jesús y la iglesia. Generalmente ponemos la misiología como un subproducto del a eclesiología. Con este paradigma, la misión es una parte de lo que es la totalidad de la iglesia. Creo que Hirsch ordena el proceso de pensamiento en forma más correcta: La Cristología ==> d e t e r m i n a la Misiología ==> determina la Eclesiología

Cristo viene primero. Luego El nos envía a Su misión. El subproducto de nuestra misión es esparcir Su reino en la tierra a través de la edificación de la iglesia. Aunque valoro muchísimo el plantar iglesias, me doy cuenta que debemos parar de plantar iglesias. Debemos plantar a Jesús, y dejar que Jesús edifique Su iglesia. Debido a que hemos estado confundidos con el orden de las cosas, hemos propagado iglesias un poco menos que fértiles alrededor del mundo. Hemos plantado organizaciones religiosas en lugar de haber plantado la poderosa presencia de Cristo. Esas organizaciones frecuentemente tienen estructuras occidentales y valores ajenos al suelo vernáculo donde son plantadas. El resultado es una prioridad mal colocada. Si sólo plantáramos a Jesús en esas culturas y dejáramos a Su iglesia emerger en esos países. Un movimiento de iglesias auto sustentables y reproductivas crecería sin depender de las iglesias de Estados Unidos y más integrado a las culturas donde florecen. En lugar de un grupo que se esfuerza en separarse y alejarse de la cultura, la iglesia estaría ocupada transformando a la cultura circundante. Me di cuenta un día que la Biblia nunca nos manda que plantemos una iglesia. Cuando los discípulos fueron enviados, lo fueron a llevar el reino de Dios a lugares donde la gente vivía. Cuando Pablo y Bernabé salieron no lo hicieron con la meta de fundar iglesias, sino de hacer nuevos discípulos del Rey. Nuestra orden es conectar a la gente con Jesús como Rey. Extender el reino de Cristo en la tierra.

El subproducto de esta obra es la iglesia. Siempre pensamos hacia atrás sobre estas cosas. Pensamos que si plantamos una iglesia el reino vendrá y Jesús será glorificado. La verdad es lo opuesto. Si glorificamos a Cristo llevando su reino a otro lugar, la iglesia emergerá en ese lugar. No se quedará ahí, sino que será una iglesia con la misión de llevar a Cristo a otra ciudad. No se pretende que la iglesia sea agente de cambio; Jesús lo es. La Biblia no dice, “Porque de tal manera amó Dios al mundo que envió a su Iglesia unigénita”. La Iglesia es el resultado del evangelio, no la causa. En un sentido estoma confundiendo el fruto con la semilla. Debemos plantar la semilla del evangelio del reino, y el fruto será las vidas cambiadas viviendo su fe juntos, o sea, la iglesia. Hirsch comenta: “Frecuentemente decimos ´la iglesia tiene una misión´ y una declaración más correcta sería decir ´la misión tiene una iglesia´” Mientras estaba a haciendo un entrenamiento de la iglesia orgánica en Asia, noté el impacto que había tenido la plantación de iglesias y no el evangelio. Estábamos en el edificio de una iglesia que Ud. podría encontrarla en cualquier ciudad occidental. Una plataforma, un púlpito y filas de bancos. Detrás de mí había cuatro sillas labradas y una cruz en la pared. Un órgano estaba a mi izquierda. La gente tenía los mismos himnarios rojos que recuerdo de mi primer iglesia. La única pista de la cultura nativa de ese lugar era el labrado con motivos autóctonos que evidenciaba el púlpito. Los misioneros, con un corazón muy grande, vinieron a esta isla, cercana a la costa de China y plantaron una iglesia al mejor estilo que supieron. Cincuenta años después, aún parece una “iglesia”, pero el vecindario permanece sin cambios. Tomado de Iglesia 3.0 , San Francisco, Jossey-Bass, 2010, pp 56-59


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Editorial

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n dicho popular en inglés reza, “who reads, leads” (en fonética criolla sería “ju ríds, líds”. Tiene cierta ri-

ma. “Quien lee, lidera”. La historia es fascinante, pero la historia de cómo nos llegó la Biblia es más fascinante. Un viejo libro llamado El Protestantismo en España afirma que si se pudiera calcular el tiempo que tardó Casiodoro de Reina en traducir la Biblia al castellano

Espíritu de verdad” (Juan 14.17). No tenemos que temerle a la verdad, porque toda verdad viene de Dios y nos guía a Dios. “Tu palabra es verdad” (Juan 17.17). Dios escribe su verdad en los cielos (Sal 19.1-6) y en las Escrituras (Sal 19.7-11), y no cabe contradicción. Dios hace que el hombre aprecie y use la verdad. Nos da una mente para pensar, y espera que la usemos. Dios no premia la ignorancia, aún cuando nos advierte a no confiar en la sabiduría de este mundo. En la cubierta de un libro leí, “Aprende todo lo que puedas, ponlo bajo la sangre de Jesús, y úsalo para extender su causa”. He tratado de seguir este consejo. Debemos darnos cuenta que Dios escribió un libro—la

“Q UIEN LEE , LIDERA ” J OSÉ N UÑEZ D IÉGUEZ sin comer ni beber, nos daría un número de 12 años sin que la pluma dejara sus dedos. “Trae, cuando vengas, el capote que dejé en Troas en casa de Carpo, y los libros, mayormente los pergaminos”. 2 Tim 4.13 No tenemos idea de qué libros hablaba Pablo. Es posible que se tratara de porciones del Antiguo Testamento. De todos modos, es valioso el recordar que los libros son vistos como compañeros. El pastor bautista Charles Spurgeon comentando este texto afirma con energía: “¡Pablo es inspirado por Dios, aún así pide libros! ¡Ha predicado 30 años, aún así pide libros! ¡Ha visto al Señor, y aún así quiere libros! ¡Ha tenido más experiencias que otros seres humanos, aún así quiere libros! ¡Ha estado en el tercer cielo y oído cosas inefables, y todavía quiere sus libros! ¡Ha escrito gran parte del Nuevo Testamento y aún así quiere sus libros!” Me encantaría que este anhelo de leer buenos libros lo tuvieran los creyentes hoy. Después de todo, la lectura es a la mente lo que el alimento es al cuerpo: provee energía. En algún lado leí, “la mente crece por lo que toma, el corazón por lo que da”. Mucha gente tiene mentes desnutridas al negarse alimento nutritivo. Tratan de ministrar a otros, pero no tienen nada que ofrecer. Nuestro Dios es un Dios verdadero. “El es la Roca, cuya obra es perfecta, porque todos sus caminos son rectitud; Dios de verdad, y sin ninguna iniquidad en él” (Deut 32.4). Dios puso la verdad en la creación e hizo posible la ciencia y la ingeniería. Su Hijo es llamado “la verdad” (Juan 14.6); el Espíritu Santo es “el

Biblia. Debemos enfrentar el hecho que dio maestros a la iglesia (Efesios 4.11), y que “apto para enseñar” es una de las importantes cualidades que debe tener todo pastor (1 Timoteo 3.2). Por supuesto, “apto para enseñar” implica “apto para aprender”. Aún así hay muchos pastores que no leen, consecuentemente, no crecen. Significa que su gente no crece y sus iglesias no prosperan. En apariencias numéricas puede ser, pero no en salud. Una vez le dije a un pastor que me dejó ver su biblioteca que era muy completa, y él me contestó “Sí, y me gustaría tener tiempo para leer esos libros”. Leer no es un tema de tener tiempo, sino de tomarse el tiempo o hacerse el tiempo. Siempre hacemos tiempo para las cosas que creemos importantes. Si tomas 30 minutos diarios a una seria lectura, puedes completar un libro en doce días. Haciendo eso pude leer este año veinticuatro libros. Donde voy, llevo un libro. En los viajes, en las salas de espera de un doctor, en una cita con amigos, mientras espero. Los actuales libros electrónicos son fantásticos porque nos permiten leer a oscuras, pues tienen luz propia, nos permiten aumentar el tipo de letra para leer mejor, se pueden llevar cientos de libros en un aparato y pasar las páginas con ruidito, lo que es una auténtica estupidez. El pastor y ávido lector Warren Wiersbe, autor de hermosos comentarios bíblicos en castellano, dijo en un artículo que manejar la Biblia es más importante que tener educación bíblica en un seminario. El ya citado Spurgeon leía varios libros por semana, sin haber pisado nunca una escuela bíblica. Los testimonios escritos del siglo XVI nos muestran mujeres anabaptistas de pocas luces y mucha lectura bíblica, debatiendo con los doctores de la Iglesia Católica en cuanto a sus creencias, saliendo airosos ante la mirada impávida de sus captores. (Continúa en la página 11)


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DEBATE

¿Qué hacemos con el devocional? C h ri s t op h e r S h aw Muchos piensan que nuestra vida se acomodaría si incorporáramos a nuestra rutina diaria el tiempo para el devocional, ...pero, ¿Por qué no se ven grandes frutos en muchos de los que tienen esta disciplina?

S

i le pidiera a usted que le justificara la práctica del devocional, ¿qué me diría? Cuando menciono el término “devocional”, me refiero a ese tiempo estructurado, programado, que dedicamos para estudiar la Palabra y, a veces, orar. ¿Qué argumentos me presentaría? Los argumentos que típicamente utilizamos para respaldar esta enseñanza descansan sobre algunos textos claves: Josué 1.8, por ejemplo: “Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él..” o Salmos 1.1 y 2 “Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, ni estuvo en camino de pecadores, ni en silla de escarnecedores se ha sentado; sino que en la ley de Jehová está su delicia, y en su ley medita de día y de noche”. También, quizás, citaríamos cualquier versículo de Salmos 119 como, por ejemplo, el 92: “Si tu ley no hubiera sido mi deleite, entonces habría perecido en mi aflicción”. Quizás usted no pensó en estos versículos. Mas bien, me dice: “¿Para qué necesitamos justificativos para hablar del devocional? ¿Acaso hay alguien que no sabe de su importancia?” ¡Y tendría usted razón! No estoy seguro de dónde salió el concepto ni cuándo se hizo popular, pero esto sí se puede afirmar: el concepto del “devocional” está firmemente instalado en la mente de un gran segmento de la iglesia. Pareciera que en los últimos cincuenta años, como resultado de nuestra permanente tendencia a reducir la vida a métodos, la noción ha cobrado una fuerza inusitada. Muchos lo considerarían parte del “ABC” de cualquier cristiano. La evidencia de esto está a la vista. Cualquier librería cristiana tendrá material que describe la estructura y las herramientas necesarias para llevar delante efectivamente esta disciplina. Incluso se nos ofrecen planes específicos para leer la Biblia en forma metódica. El concepto está tan ligado a nuestra idea de lo que significa ser un “buen” discípulo, que con frecuencia vivimos atormentados por nuestra falta de disciplina en “hacer el devocional”. Llegamos a estar convencidos de que las cosas en nuestra vida se acomodarían admirablemente si lográramos incorporar a nuestra rutina diaria el tiempo necesario para nuestro devocional. En más de veinticinco años de ministerio, sin embargo, no he visto grandes frutos como resultado de la práctica del devocional. Al contrario, algunos de quienes más asiduamente lo realizan son también las personas más legalistas o menos espirituales que conozco. Es hora de que re-examinemos esta disciplina a la luz de la Palabra ¡Se sorprenderá de cuán poco sustento hay para su práctica! ¿Y el contexto? Armados con los versículos nos hacemos una imagen de los grandes varones de Dios practicando el devocional. Imaginamos a Josué, movido por la exhortación que había recibido, apartándose cada mañana con la Biblia en la mano para pasar las primeras horas del día con Dios. Seguramente David, el

hombre que escribió con tanta elocuencia acerca de las Escrituras, pasó gran parte de su tiempo, mientras cuidaba las ovejas de su padre, estudiando la Palabra. Jesús mismo, nos dice el Evangelio de Lucas, se apartaba con frecuencia a lugares solitarios (5.14). ¿Cómo no creer que en estos momentos, se dedicaba a estudiar con diligencia la Palabra y a dialogar con su Padre? Posiblemente usted ya haya notado una incongruencia en las escenas que le describo. ¿Se dio cuenta de cuál es la dificultad? Están fuertemente condicionadas por nuestra cultura del siglo XXI. No nos hemos detenido a pensar que ni Josué, ni David, ni Jesús poseían copias de la Biblia. Es más, cuando ellos vivieron, ni siquiera se conocía el término “Biblia”. Si nos referimos a la vida de David y Josué, no solamente no tenían Biblias, sino que la mayoría de los textos que hoy forman parte de las Escrituras no habían sido escritos. David no sabía quiénes eran Isaías, Amós, Oseas, Lucas o Pablo. No tenía una copia de los Salmos; desconocía el libro de Proverbios y nunca había leído los libros de Samuel, Reyes o Crónicas. ¿Cómo practicaban, entonces, estos hombres el “devocional” tan conocido por nosotros? ¿Y las Biblias? Considere, por un momento, la historia del pueblo de Dios, sacando a las grandes figuras que acabamos de mencionar. Desde Abraham hasta poco antes de Lutero, un período en la cual transcurrieron 3.400 años de historia, la gran mayoría de las personas no tenían acceso a copias escritas de la Biblia. Fue alrededor del 1400 a.C. que un alemán de apellido Guttemberg, inventó la imprenta. Recién allí se comenzaron a producir cantidades más importante de libros. Aun así, en una casa típica del siglo XIX, ¡hace apenas 150 años!, prácticamente no había libros. Es solamente en los últimos años del siglo XX que la iglesia ha tenido acceso ilimitado a grandes cantidades de libros. Si entramos hoy en una librería, encontraremos que está surtida de al menos siete versiones diferentes de la Biblia, las cuales vienen presentadas en infinidad de ediciones: para la mujer, para el hombre, para el adolescente, para el niño, para el estudio, par las misiones, etcétera. En mi propia biblioteca personal alcanzo a ver, con simplemente dar vuelta al cabeza desde mi lugar de trabajo, ocho ejemplares diferentes de Escrituras. Es precisamente por este contexto, en el cual tenemos tan amplio surtido de Biblias, que nos es casi imposible imaginar que alguna vez el pueblo de Dios ni siquiera conocía el término “Biblia”. Créame, sin embargo, que los extraños no fueron ellos, sino nosotros. Durante una inmensa parte de su historia, el pueblo de Dios no tuvo acceso a la Palabra impresa. Volvemos, entonces, a nuestra pregunta: ¿Cómo practicaban, estas personas, el “devocional” tan conocido por nosotros? ¿Y el devocional? ¿Sabe cuál es la respuesta a esta pregunta? ¡Durante miles de años el pueblo de Dios vivió sin practicar el devocional! Jesús


9 no hacía devocional! Pablo no hacía el devocional. David no hacía el devocional. Ni tampoco lo hacían Moisés, Abraham, José, Nehemías, Pedro, Juan ni ninguno de las otras grandes figuras de la Palabra. “Imposible”—me responde usted— Así nacen las herejías— me dice—, ¡Esto es prácticamente una blasfemia!”

podríamos citar)? ¡Prácticamente no hace falta decir nada más! La Palabra ha sido dada por Dios con un claro propósito: producir en nosotros obediencia. Si el devocional no está produciendo en nosotros el cumplimiento de su Palabra, no estamos haciendo más que entretenernos con las Escrituras.

Su reacción no revela lo bíblico de su postura, sino cuán profundamente metido en nosotros está el concepto del devocional. Simplemente no podemos concebir una vida cristiana sin él. ¡Se anima a acompañarme, mientras reevaluamos el sentido de lo que hoy llamamos “devocional”? Creo que le van a interesar algunas de las observaciones que quisiera compartir con usted.

Saturados con la Palabra

Entretenidos con la Palabra Lo primero que me preocupa al tratar el concepto del devocional es que, para muchos, es un pasatiempo. Armados de sus métodos de estudio, se dedican al minucioso análisis del texto. Subrayan, comparan, anotan y consultan. Su pasión, sin embargo, no es más que un ejercicio intelectual. Su espíritu no participa del ejercicio y Dios tampoco, porque es tanto el tiempo dedicado al estudio que no queda nada para orar. Para los que tenemos acceso a los idiomas bíblicos, la tentación se multiplica cien veces. Hay todo un mundo de elementos con los cuales entretenernos: la construcción de las oraciones, los tiempos de los verbos, los significados de las palabras, etcétera. A la luz de este cuadro, considere conmigo algunos de estos textos: “Las cosas secretas pertenecen a Jehová nuestro Dios; mas la reveladas son para nosotros y para nuestros hijos para siempre, para que cumplamos todas las palabras de esta ley” (Deut 29.29) “Solamente esfuérzate y sé muy valiente, para cuidar de hacer conforme a toda la ley que mi siervo Moisés te mandó; no te apartes de ella ni a diestra ni a siniestra, para que seas prosperado en todas las cosas que emprendas. Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien”. (Josué 1. 7,8). “Enséñame, oh Jehová, el camino de tus estatutos. Y lo guardaré hasta el fin. Dame entendimiento, y guardaré tu ley, y la cumpliré de todo corazón”. (Salmos 119.33,34). “Si permanecéis en mi, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho. Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor”. (Juan 15. 7, 10). “Hizo además Jesús muchas otras señales en presencia de sus discípulos, las cuales no están escritas en este libro. Pero estas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su nombre”. (Juan 20. 30, 31). “Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos… el que mira atentamente en la perfecta ley, la de la libertad, y persevera en ella, no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de la obra, este será bienaventurado en lo que hace”. (Santiago 1. 22, 25). ¿Tomó nota del énfasis de estos textos (y decenas de otros que

Hay un segundo problema por agregar, piense en esta situación: el lunes usted leyó Filipenses 4 y Dios le habló acerca de la importancia de las dar gracias. El martes, usted estuvo leyendo en el Evangelio de Mateo, donde aprendió que debe ser sal y luz. El miércoles leyó en 2 Corintios 8 que Dios ama al que da con sacrificio. El jueves usted leyó en Proverbios… ¿Ya se da cuenta de cuál es el problema? Usted no pudo “meditar” sobre la palabra que recibió el lunes (y muchos menos guardarla), porque el martes ya tenía otra palabra que lo hizo olvidar la del lunes y así sucesivamente. Añada a este situación la vida normal de cualquier cristiano. El domingo escuchó la Palabra, en la mañana y por la noche. En la reunión de oración del miércoles le enseñaron otra más. El viernes, en la reunión de su grupo bíblico, recibió otro mensaje adicional. El sábado por la noche, en una reunión especial, también le predicaron la Palabra. Además de todo esto, esta persona acostumbra a escuchar algunos mensajes por la radio. El problema es claro. Estamos saturados de Palabra. Es más, estoy convencido de que podríamos cerrar las Biblias por diez años e igualmente seguiríamos teniendo Palabra de sobra. No es todo lo que hemos escuchado, leído y estudiado lo que produce cambios en nuestras vidas: es la Palabra que hemos llevado al plano de la vida cotidiana. Pero ¿cómo podremos hacer esto, si no nos da tregua nuestro “estilo” de vida cristiana? Piense en ese pueblo de Dios del cual hablaba al principio del artículo. Recibían la Palabra de vez en cuando, quizás una vez por mes o una vez cada seis mese ¿Qué hacían el resto del tiempo? Se dedicaban a recordar y meditar esa palabra que habían recibido, buscando la manera de practicarla. ¿Acaso no sería más productivo para nosotros meditar en un solo mensaje durante toda la semana? ¡Las consecuencias podrían ser dramáticas! Aislados con al Palabra Hay un tercer elemento por considerar en nuestro concepto tradicional del devocional. Durante miles de años, el pueblo de Dios estudiaba la Palabra en comunidad. Se hacían grandes reuniones públicas o, en el caso de la iglesia de los primeros tiempos, se juntaban en las casas y todos—sin excepcion— escuchaban lo mismo. Como volvían a su hogar para estudiar por su propia cuenta, cada uno de los presentes seguía meditando en la misma Palabra. Si se encontraba con otras personas en la semana, hablaban del mismos mensaje de Dios, pues no había sido reemplazado por “otras” palabras. La comunidad, toda junta, buscaba entonces la manera de implementar lo que habían recibido todos juntos. En el concepto moderno del devocional, esto se ha perdido. En lugar del estudio comunitario, tenemos a miles de individuos encerrados cada uno en su lugar de estudio, tratando cada uno de descifrar los misterios de las Escrituras solos. Note lo egocéntrico del enfoque: “yo hago mi devocional, con mi Biblia, a solas con mi Dios, tomando mis apuntes y pidiendo palabra


10 para mi vida”. No existe en esta persona interés por los demás. Está ausente de su vida el espíritu comunitario que caracteriza, por ejemplo al Padre nuestro: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. El pan nuestro de cada día, danos (a nosotros) hoy. Y perdona (a nosotros) nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas (a nosotros) en tentación, mas líbranos (a nosotros) del mal; porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén. Mateo 6.9-13

bra, pero había en el pueblo una sana dependencia de ellos que ha desaparecido con la llegada del concepto del devocional. Ahora todos son expertos en la Palabra y se ha perdido el espíritu enseñable que es una parte esencial del discípulo de Cristo. ¿Y ahora qué? Con todo lo compartido hasta ahora, ¿qué aplicación podemos darle a todo esto? Si usted me permite, quisiera sugerir varias cosas:

 Medite en el contenido de este artículo. Quizás el proceso El devocional, en este caso, ha servido simplemente para perpetuar el egoísmo natural que cada uno lleva en su propio corazón. Quizás sea tiempo de que volvamos a descubrir lo que significa pertenecer a un cuerpo, ser parte de una comunidad de personas que tienen los mismos objetivos e intereses. Emancipados con la Palabra Hay una última cuestión que creo importante para nuestra consideración en el tema devocional. En el Antiguo Testamento los responsables de conocer y enseñar la Palabra eran los sacerdotes. Observe la descripción de la función del sacerdote que Dios hace en el libro de Malaquías: “Mi pacto con él (Leví) fue de vida y de paz, las cuales cosas yo le di para que me temiera; y tuvo temor de mí, y delante de mi nombre estuvo humillado. La ley de verdad estuvo en su boca, e iniquidad no fue hallada en sus labios; en paz y en justicia anduvo conmigo, y a muchos hizo apartar de la iniquidad. Porque los labios del sacerdote han de guardar la sabiduría , y de su boca el pueblo buscará la ley; porque mensajero es de Jehová de los ejércitos” (Mal 2.5-7) ¡Qué hermosa descripción! El sacerdote había sido llamado a una función especial en el pueblo, la de guardar con sus labios sabiduría. El pueblo debía buscar de él las instrucciones acerca de la manera en que debían vivir, si es que iban a agradar al Señor en todos sus caminos. Su responsabilidad, mediante la proclamación de la Palabra, era apartar al pueblo del pecado. Del mismo modo, en el Nuevo Testamento se encuentra un muy interesante incidente ocurrido al comienzo de la iglesia. Los apóstoles, enredados en otros asuntos de la comunidad, habían descuidado su función principal, que era dedicarse a la Palabra y la oración (Hch 6.3). Para corregir este problema nombraron diáconos, los cuales se hicieron cargo de lo que les distraía de su rol principal. Más adelante, Pablo le escribió a la iglesia en Efeso y le comentaba que, en su soberanía, Cristo había constituido “a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo”. Efesios 4.11-13 De esta manera, durante muchísimo tiempo el pueblo dependía de sus líderes para ser instruidos en la Palabra. Esto no quiere decir que los líderes eran los intérpretes exclusivos de la Pala-

más importante que puede vivir es el de abrirse a repensar el tema del devocional. No lo deseche, pero sepa que es un medio para un fin. El medio no es sagrado. El fin sí.  Acostúmbrese a preguntarse regularmente: “¿Qué Palabra está trayendo Dios a mí vida en ese tiempo?”. “¿Cuáles cambios necesito realizar en mi vida para que se haga realidad en mí esta verdad?” No se distraiga con otras palabras, que no son la que el Espíritu está marcando para su vida ahora.  Cierre la Biblia y pase más tiempo orando. Yo he notado que requiere mucho más disciplina orar que estudiar. La oración es un paso fundamental en todo estudio de la Palabra, por tanto, no permita que su análisis del texto le robe de esta posibilidad.  Busque personas con las cuales estudiar regularmente la Palabra. No hace falta que alguien sea el “líder”. Como peregrinos que comparten un mismo camino, dialoguen, compartan y anímense mutuamente en la meditación de su Palabra.  El devocional nos hace creer que solamente ciertos momentos del día son espirituales. La espiritualidad se vive en todos lados y a toda hora. No deje la Palabra en su casa cuando cierra la Biblia, llévela consigo, en el corazón, todo el día. Medite en ella y manténgase atento a las indicaciones que le puede dar el Espíritu acerca de la manera de vivirla.  No se dedique tanto a analizar lo que otros dicen para determinar si usted está de acuerdo o no. Reciba con mansedumbre la Palabra que otros comparten con usted y cultive un corazón dispuesto a ser corregido.  Recobre el sentido de la meditación. La exhortación de la Palabra es a meditar en las Escrituras, lo que implica “masticar o rumiar” sobre ellas. Trate de entender cómo esta Palabra se traduce en forma práctica, a una vida de mayor devoción y santidad. Solamente cuando comenzamos a vivir la Palabra se produce una transformación en nuestra vida.

Chris Shaw es director de Apuntes Pastorales, es argentino y vive en la localidad de Olivos, pcia de Buenos Aires . Apuntes Pastorales, Volumen XXI, Número 2.


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(Viene de la página 7)

Ejemplos de la influencia de los libros Nunca desestimen el poder de un libro. 1. En el siglo XVIII el escritor alemán W. Goethe escribió un libro cuyo título y personaje principal coincidían: Werther. Era una novela romántica que influyó en cómo llegaron a vestirse los jóvenes de la época, y tal fue su perniciosa influencia que el autor tuvo que cambiar el final del libro, donde Werther, desairado, se suicida, debido a la gran ola de suicidios juveniles en toda Alemania. 2. Alguien dijo que el libro que escribió Hitler, Mi Lucha (Mein Kampft) tuvo tanta influencia en sus lectores que por cada palabra que escribió, se perdieron ciento veinticinco vidas en la Segunda Guerra Mundial. 3. Los libros escritos sobre la libertad de gobierno, la democracia y la política, a fines del siglo XVIII y principios del XIX en Francia y Estados Unidos ejercieron una influencia directa y poderosa en la independencia de todos los países latinoamericanos. 4. El libro La Guerra de las Galias, escrito por el general Julio César, donde cuenta su conquista de la actual Francia por las legiones romanas, tuvo influencia en Napoleón 1800 años después; y los comentarios agregados por Napoleón a ese libro influyeron en el combate que el General Páez diera a los españoles en los llanos de Venezuela, pocos años después de la muerte del corso 5. El comentario al libro de Romanos escrito por Lutero en el siglo XVI influyó en la vida del joven misionero David Brainard a los indios en el siglo siguiente, e influyó al joven Juan Wesley en 1734 para llevarle a la conversión. Wesley tuvo un impacto tremendo en toda la sociedad inglesa de su época. Fundó la iglesia metodista. La Biblia es diferente Para terminar, en forma personal, no leo la Biblia como si fuera otro libro. Personalmente no me sirve leer cuatro capítulos por día para terminarla en un año. No quiero competir contra mí mismo, contra el tiempo o contra otros. Y si te atrasas dos días, ¡¿a quién no le sucedió?!, esos cuatro capítulos se transforman en doce capítulos al día. Leer la Biblia a las corridas a mí no me sirve. Un misionero en la India trabajando con gente muy humilde, algunos iletrados, se propuso enseñar la Biblia a través de preguntas simples (ver apartado) sobre el texto leído con la intención de que cada texto que se enseñe se cumpla en la vida de los hermanos y se aprenda, y no solamente para que se lea mucho, se sepa mucho y se haga poco. ¿Qué tienen en común versículos como Hechos 1.1 y Esdras 7.10?

Esdras 7.10 “Porque Esdras había preparado su corazón para inquirir la ley de Jehová y para cumplirla, y para enseñar en Israel sus estatutos y decretos”. Hechos 1.1 “...hablé acerca de las cosas que Jesús comenzó a hacer y enseñar” ¿Puede verlo? Preste atención en la sucesión de inquirir...cumplir...enseñar. Y lo mismo en Hechos 1: hacer....enseñar. No es enseñar para luego hacer; o enseñar para luego cumplir. Por eso digo siempre que los cristianos, en nuestro afán de saber más, estamos más allá de la obediencia. Los virreyes peninsulares en América, cuando tomaban el poder en nombre de España, siempre decían que las órdenes del rey, estando él tan lejos, “se acatan, pero no se cumplen”. Leemos tanto y sabemos tanto de la Biblia que nos permitimos filosofar, discutir, comparar y teorizar; todas esas tareas son muy dignas de un café bíblico, de un ámbito académico, pero hasta que ese conocimiento no baje a las manos para servir, o a los pies para ir en pos de otros, no sirve mi hermano. Cuando Colosenses 3.16 dice que “la palabra de Cristo more en abundancia” no se está refiriendo a tener atiborrados doscientos versículos o cinco capítulos muy leídos, y poco meditados. No crea que yo estoy desaprobando el leer mucho la Biblia. El escritor argentino Jorge Luis Borges, quien aprendió a hablar inglés antes que castellano, gracias a su abuela materna inglesa, devota metodista, decía que uno podía recitar un versículo de la Biblia y ella podía seguir de memoria el texto. Muy encomiable. Acepto la lectura bíblica en abundancia y lo grafico con una ilustración que siempre que me llamó la atención. El conocido pastor Harry Ironside (1876-1951), se encontraba desayunando con otros pastores y compartían lo que habían leído en sus devocionales esa mañana. Cuando llegó su turno dijo que ese día había leído Isaías. Alguien le interrumpió preguntándole qué capítulo. Ironside dijo simplemente que había leído todo el libro de Isaías. Estoy seguro que no lo hizo a las corridas, sino que tomó todo el contexto y resaltó el tema y esa experiencia le guió en su adoración delante del trono de Dios. ¡Hoy un versículo, mañana un libro—me parece bien— pero carreritas no! Creo que podríamos concluir con la frase del sibarita y escritor gallego, Álvaro Cunqueiro. Cada vez que iba a un restaurante le pedía al mozo, “Dame p oc o y buen o; y d e lo b uen o, ab un dante ”.


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Gladiador

Cine

V

olví a ver Gladiador, y ya van 233 veces. No, por favor. ¿Qué me atrae? Más allá de algunas licencias históricas como por ejemplo, que Cómodo

no precedió la muerte de su hermana Lucila. Sino que él la mató, y no como muestra la película. En otra película, Enrique V, también antes de la batalla de Agincourt contra los franceses en 1415, el rey y sus soldados se agachan y huelen la tierra. Máximo hace lo propio antes de la batalla contra los germanos al comienzo de la película. La historia transcurre en el 180 d.C. Casi todos los personajes están motivados por amor; sacrificándose por amor, o ejerciendo la venganza por la falta de amor. Máximo: motivado por su amor a la familia, a Marco Aurelio, y a los hombres bajo su mando. Cómodo: motivado por un deseo de ser amado por su padre, su hermana y el pueblo de Roma. Siempre percibe que no es amado por

los que lo rodean, eso lo hiere. Tristemente, intenta forzar a que la gente lo ame, lo cual determina su final. Irónicamente, el personaje más destructivo de la película es motivado por un intenso deseo de amar y ser amado. Lucila: aunque tiene muchas oportunidades de matar a su hermano, su amor por su hijo y por Máximo le previene de tomar una acción directa. Está atada por el temor, no por su propia vida, sino por las vidas de los que ama. Próximo: aún el veterano lanista habla sobre las virtudes del amor. Cuando está aconsejando a Máximo en cómo sobrevivir a los juegos en Roma, le dice: “La razón de que yo fuera un gran gladiador era que la gente me amaba. Gánate el amor de la gente, y ganarás tu vida” (cito de memoria). Juba: su motivación es su familia que quedó en África, a la que espera volver a ver. Marco Aurelio: expresa su amor por Máximo, tanto como su remordimiento de no haber amado a su hijo Cómodo. Parece ser que el amor es uno de los temas predominantes en la película. Se enfatiza por spots al comienzo y final cuando se lo ve a Máximo caminando por los Campos Elíseos para reunirse con su familia. A través de la película parece haber un esfuerzo deliberado y consciente de mostrar la importancia del amor. Me hace ver la importancia de permitir que nuestras vidas sean gobernadas por cosas como el amor y la lealtad a principios que emergen de las relaciones. Máximo tiene un claro sentido de la prioridad, basada en el amor y la lealtad. Su misión no es vengarse de Cómodo. Fue restaurar el honor del Imperio para que vuelva a tener las virtudes perdidas de la Republica Romana. Para el cristiano su aplicación es “Para mi el vivir es Cristo, y el morir es ganancia”. José Nuñez

"Aprende a repensar, y aprenderás a cambiar”. Chris Turner


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