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MALESTAR EN EL PARAÍSO JOSÉ ICARIA


Prólogo

Este libro –bien leído– es un desplegable. Para ello, basta con alzar sus tres planos, a saber: La Picadora, Las Lentes del Revés (en su versión ideal la edición se acompaña de un artificio adecuado, totalmente gratuito: una promoción defectuosa de un todo a sesenta céntimos de euro, qué se yo), y Rayo de Luz, polen o plancton. Con ello se consigue la referida tridimensionalidad.


I

LA PICADORA

-¡Oh, qué máquina tan prodigiosa: por un lado, arrojamos el mundo; por otro, sale éste –casi instantáneamente– cortado en porciones y fajado en flamantes billetes de 100 dólares.


Arranqué de mi pecho el corazón y lo ofrecí al mundo

Con un postrer esfuerzo, arranqué de mi pecho el corazón y lo ofrecí al mundo. Y el mundo era un pez globo que, con indecible indolencia, lo tomó, ajustó convenientemente su lente de joyero y, sin gran interés, lo examinó desde diversos ángulos. Después, meneando negativamente la cabeza, volvió a depositarlo sobre mi pecho sangrante; y se alejó de allí, pensando tal vez en la familia, en el trabajo, o quizá, en esos viajes, esas fiestas, que no están al alcance de cualquiera.


Ausente perforado Ausente perforado en tantos y tantos lugares mudo recorrido por sombras de antiguos pesares Callada la noche viene y gobierna la vastedad de una sombra sin tregua Cano el día restalla y rasga las telas sucesivas (burdo escenario en la cruel tragicomedia) donde pululan espectrales formas vivas Cómo puede la ausencia volverse espacio, volverse materia? Yo camino y paso a través de calles, a través de humanos cuando mis miembros (insoportable lepra) se separan y alzan y estallan unos metros más arriba hasta volverme puramente nada.

Pero, al día siguiente, despierto en mi cama intacto, y con el alma vacía.


El beso de la Muerte Un estremecimiento de gozo -en el dolorsacude entero mi cuerpo, como un campo de trigo mecido por el viento. Es el beso de la Muerte.


Mi cuerpo, como un inmenso continente Mi cuerpo, como un inmenso continente donde se libran todas las tensiones del Mundo. Volcanes. Temblores. Sequías. Monzones. Mi cuerpo, mi cuerpo, mi cuerpo, como una llama inextinguible que arde siempre en algún punto, como una llaga aborrecible sin pudor abierta al mundo, como un oído inmenso abraza el llanto, el sufrimiento. Mi cuerpo, osario de fosas comunes y campos de concentración, vertedero, donde los hombres sepultan sus fétidos escombros, cultivo de virus, olla a presión, donde gritos y gestos de horror son entrevistos, a través de cortinas de humo y destellos de neón. Mi cuerpo, como un juguete viejo y olvidado, las tripas del cerdo que fue -y yace, degolladosecándose al sol, para preparar embutidos que alimenten a cada día más y más cerdos.


Mi vida, un pasadizo angosto y frío Mi vida, un pasadizo angosto y frío, crudamente iluminado, que no lleva a parte alguna. Galerías y corredores -laberínticos y circularesexcavados en la roca, donde sólo transitan fugaces, tenues fantasmas, y sonidos subacuáticos de inframundo: cañerías, muebles, que crujen en la noche. Recuerdo tu rostro -lo he visto en algún frasco-: el verde, el amarillo cadavérico, y las facciones abotargadas, apelmazadas contra el cristal. Estalactitas y estalagmitas de dolor, paredes que rezuman sangre, insectos, parásitos, caen de todas partes, y a nuestros pies, un denso río de vómito y aguas fecales. ...ya pasé por aquí, en otra circunvolución: está mi graffiti -grabado en piedray el de alguien, que me precedió...


Once de Septiembre, año 2001 Han caído las Torres sobre el tablero del mundo: once de septiembre, año dos mil uno. Devoradas por las llamas, ardieron durante horas insoportables. Los gritos demenciales casi destacaban sobre los gritos habituales. Al final, frente a todo pronóstico, se desplomaron a media tarde. Compendio de horrores, compendio de males -harto frecuentes en nuestra historiacaídas, en vez de alzadas -entre humos, entre huesos, entre escoriacomo un aciago monumento, como una cruda advertencia, en los albores de un nuevo siglo, que nace, sin excesiva fe en sí mismo. Han caído reyes, han caído cientos de peones: la sangre mana, sin cesar, a borbotones. Pero, ¿dónde está la solución? La raíz del problema, ¿dónde? Yo me niego a seguir esta comedia, este horror, esta tragedia, de niños consentidos que invariablemente, apoyan siempre al más fuerte. Alfiles enajenados, corroídos por el odio y la ambición, envían caballos alados dispuestos a inmolarse, ansiosos de arrojar excrementos incendiarios sobre la inerme población.

Y, al final, cuando ya no quede nada, nada, -salvo jirones de humo y arcilla seca, derruidos termiteros, esqueletos inciertos-


sobre la yerma cuadrícula del tablero, ¿quién habrá ganado la fenomenal batalla? -¡Gana la banca! ...? -Ni blancas ni negras, ¡Gana la banca! -reirá la muerte, cabalgando jocosa una ilusoria L sobre el tablero desolado: -JAQUE

M ATE.


II

LAS LENTES DEL REVÉS

-Sí, ya sé, pero si usas estas lentes del modo adecuado, verás todo tal como te lo cuento: las virtudes del mercado, la panacea del liberalismo.

”y, mirusté... (bla, bla, bla).


Éramos puros e inocentes, pero ya no Éramos puros e inocentes, pero ya no. En nuestra mirada, refulgía la llama esplendente y blanca de la pureza ilimitada y la inocencia. Nos hablaban de crímenes, atrocidades pasadas, pero el nuestro era un mundo esplendente y blanco de pureza ilimitada. Pero ya no. Ha habido guerras y epidemias adosadas al envés de la espalda y, de ser una carga, pasaron a nutrirnos. Nos estaban esperando: ¡Adelante! Vamos, si está muy rico, toma otra cucharada: zumo de niños muertos, para que crezcan fuertes y sanos los niños buenos. Pero ya no. Hemos vendido a sus hijos, prostituido a sus madres, asesinado a sus padres (fomentando guerras lucrativas), diezmado poblaciones enteras (traficando con recursos básicos), expoliado países, desgarrado naciones, tantas, tantas atrocidades que, de nuestra boca, no cesa de manar sangre. Y, por mucho que querer queramos jugar al juego blanco de la pureza esplendente y blanca y la inocencia,


nuestras manos, torvas y ensangrentadas, no saben ya donde esconderse, y nuestra mirada, criminal, torva y ensangrentada, de niños que se hicieron altos y fuertes bebiendo el zumo de la muerte, no sabe ya donde esconderse, sumida en unos párpados que rezuman oscuridad y muerte: cifras e informes, nichos y simas, avenidas y mares, sobre los que cabalga frenética la muerte. Y, qué queréis que os diga: ya no, mis odiados cómplices, ya no.


Nuestros demonios aúllan fuera Nuestros demonios aúllan fuera, y las ventanas tiemblan pavorosas, en la larga noche corrompida de las verdades temblorosas, hechas al fin verbo, al fin carne, al fin trueno, y, ja, acostumbrados como estábamos al traje cómodo y recién planchado de las cosas que van bien, y de repente, otra vez, con los huesos a la intemperie, y la muerte, socavando nuestros pies.


El mejor de los mundos posible Nacer a un mundo donde las suertes han sido ya asignadas. (Partir con desventaja). Pasar por la infancia como un juguete roto. (Sufrir, del adulto, el impune robo). Brillar y arder fugazmente en la rĂĄpida hoguera adolescente. (Llevar bridas y ser salvajemente domado). Acceder al trabajo, perder todo derecho, volver al paro. (Padecer la confabulaciĂłn de ineptos y enchufados). Enmudecer, malvivir atado de pies y manos, mientras otros hablan y toman las decisiones; habitar un gĂŠlido supermercado, erigido sobre los restos de antiguas poblaciones; y saber, que en la trastienda de cada Banco, una oscura trampilla se abre al despacho de inmundos dictadores. Humo, viento, polvo, cenizas, nada. CoĂĄgulos de mentira y falsedad.


La fetidez de la carne, pudriéndose al Sol. Ríos de hambre, ríos de sangre. Reproducirse (reproducir el error). Y morir, y morir. Y remorir. Y: ¿hasta cuándo?


Una sana costumbre Cuando volvĂ­amos de vacaciones, mi padre tenĂ­a la sana costumbre de castigarnos sin motivo, no fuĂŠsemos a pensar que la vida era una fiesta.


Conmovido aún por los hechos

Conmovido aún por los hechos un tenue velo los difumina y nos distancia serena melodía nos mece junto a ellos. Pero arribará el brillo deslumbrante -enceguecedorque hará vibrar los objetos como una lanza en el costado -atravesados de dolorsentiremos la cruda certidumbre de los hechos.


III

RAYO DE LUZ, DE POLEN O PLANCTON

...que yo también quisiera, con tiempo bueno o malo, poder siempre ofrecer algo agradable.

Elegías de Buckow, Bertolt Brecht.


Como un terrorista de Hamás Si yo pudiera estallar, como un terrorista de Hamás -pero sin necesidad de explosivossimplemente fff – fff – fff, hincharme como un sapo, en un hartazgo de tristeza o alegría -eso, a fin de cuentas, importaría bien pocoy fff – fff – fff, boooouuuummm, explotar, explotar, explotar, y llover sobre los demás en forma de petróleo y lluvia ácida, para toda esa miseria autocomplaciente, para todas esas caras recortadas del anverso de un euro que se pasan el día repitiendo por favor y gracias, siéntese, no le atenderé si no se calma; explotar, explotar, explotar, y llover sobre los demás en forma de semen, maná, lluvia dorada, para todas esas miradas lujuriosas que chisporrotean junto a uno al pasar; explotar, explotar, explotar, y llover sobre los demás en forma de estrellas y pétalos de rosas y besos profundos, voluptuosos, para toda esa gente cuyas miradas son como faros para el navegante, cabezas mecidas por una suave brisa de notas ondulantes que jamás perdieron la limpieza de un cielo de agosto y el alegre tintineo de las sonrisas infantiles. Sólo por vosotros, sólo por vosotros, el mundo conserva sus colores,


sus aromas, dos o tres corales no blanqueados, cierto número de árboles que aún mantiene la costumbre de florecer en primavera y la pureza incorruptible de cada nuevo amanecer. Explotar, explotar, explotar, y desgajarme como un higo abierto o un tomate partido por la mitad, para que tú te me untes sobre el pan moreno de tus nalgas, tersas y aromadas. Y vaciarme para siempre en la nada, reverberando sincopadamente en el espacio antes de disolverme en una nube de gas y polvo, acordes, armonía, risas femeninas, tormentas de agosto, cortinas de polen y plancton y aromas de almizcle y ambrosía. Las últimas ondas en el estanque. Y, finalmente, nada.


En el almuerzo hablamos

En el almuerzo hablamos del IPC, del gobierno, el redondeo de pesetas a euros y el estraperlo de la vivienda. Conocidas estafas legales que, sucesivas, nos hundieron en la miseria. Pero, al ir a pagar, descubrĂ­ una tarjeta en mi cartera que decĂ­a TE AMO.


La metamorfosis del poeta Ya se seca y marchita la palabra con el fin de la estaciĂłn; moribunda, languidece lentamente. MĂ­rala: lombriz al sol. Mas el dolor permanece latente, y serĂĄ feliz simiente de otra mĂşsica, de otro son, de otra vida, de otro amor.



Malestar en el Paraíso (Demo)