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Apuntes

■ Suplemento Cultural de La Jornada ■ Domingo 16 de marzo de 2014 ■ Núm. 993 ■ Directora General: Carmen Lira Saade ■ Director Fundador: Carlos Payán Velver

Recetas para acercarse a J osé E milio P acheco : E lena P oniatowska Cruzando fronteras en Mahaual, F abrizio L orusso

sobre la canción

J ohn B erger


“Las canciones son como ríos, cada uno fluye por su propio curso –y no obstante todas fluyen para alcanzar el mar del que vino todo”: no obstante que los llama simplemente apuntes, lo que John Berger hace aquí es un breve, agudo y profundo tratado sobre la canción y el hecho mismo de cantar, sobre los vasos comunicantes, manifiestos o secretos, que vinculan a la danza, la memoria, la cotidianidad y a la vida misma, hecha de variantes infinitas, con ese gesto del alma en el que consiste volver canto la voz. Ofrecemos a nuestros lectores estos “Apuntes sobre la canción”, que se publican por vez primera y antes en español que en inglés, y completamos la invitación a la sonrisa con el recuerdo cálido y cercano que Elena Poniatowska hace de nuestro inolvidable José Emilio Pacheco.

Comentarios y opiniones: jsemanal@jornada.com.mx

de asombros

bazar

L

Hugo Gutiérrez Vega Tomóchic y los milenarismos (ii de vi)

a novela de Heriberto Frías, Tomóchic, se ubica en la última década del siglo xix y puede ser conside­ rada como pionera de la novela de la Revolución Mexicana. Porfirio Díaz gobernaba con mano dura y modernizaba al país, pero los conflictos internos, aca­ llados con violencia, indicaban que el país se movía, se inquietaba y buscaba nuevas formas de pensamien­ to y de acción. La paz porfiriana era aparente y en su seno hervían las ideas que darían paso a un movimien­ to revolucionario, especialmente las provenientes del pensamiento anarquista. El estado de Chihuahua, gobernado por largos años por el juarista Terrazas, era un caso muy especial que reunía aspectos de modernidad con angustiosos reza­ gos sociales. La cercanía con Estados Unidos explica el surgimiento de religiones autónomas y la presencia de varias Iglesias evangélicas. Como reacción en contra de esta “invasión”, la Iglesia católica propició una espe­ cie de catolicismo disidente con hondas raíces popu­ lares. Este fenómeno se desarrolló especialmente en el pequeño poblado de Tomóchic. Don Luis Terrazas, eterno gobernador del estado, fue un juarista impor­ tante, luchó contra los apaches y contó con un gran apoyo popular. Don Porfirio Díaz era enemigo del go­ bernador, pero prefirió negociar con él entregándole importantes empresas financieras y agrícolas. El dicta­ dor esperaba que estos intereses retiraran a Terrazas de la política. Díaz se apoyó en el llamado Grupo Papi­ gochic que encabezaba el nuevo gobernador Carlos Pacheco que, al igual que Lauro Carrillo, tuvo gran­ des dificultades para gobernar un estado en el que reinaba todavía la familia Terrazas. En 1891, Tomóchic sufrió una fuerte crisis agrícola que afectó a todo el dis­ trito de Ciudad Guerrero. Esta crisis y una serie de ma­ niobras políticas fueron las responsables del regreso de los Terrazas al poder, mismo que ejerció Enrique Creel, miembro del clan. La fidelidad de Terrazas a Por­ firio Díaz se manifestó en la aparente pacificación del

José Guadalupe Posada, Tomóchic

es­tado. En 1892 los tomochitecos mostraron su rebel­ día, tanto frente al poder eclesiástico como frente al centralismo porfirista. Ya en 1891 se negaron a partici­ par en un proceso electoral y, en su lugar, organizaron una peregrinación de carácter religioso. La inspiradora de esta rebeldía fue Teresa Urrea, ya conocida con el nombre de la Santa de Cabora. Esta vidente incitó a la rebeldía a los tomochitecos y se convirtió en su conse­ jera. De alguna manera, su influencia desplazó a la del cura local y preocupó a la jerarquía eclesiástica chi­ huahuense. Los tomochitecos, para esa época, poseían ya carabinas Winchester y habían nombrado como ca­ becillas a los hermanos Cruz y Manuel Chávez. Eran católicos pero no obedecían a la jerarquía eclesiástica. La Iglesia, poder fáctico restringido durante el por­ firiato; el ejército federal, preocupado por el arma­ mento de los tomochitecos; el gobierno del estado y una buena parte de la sociedad chihuahense, decidie­ ron cortar de tajo con el movimiento rebelde y atacar con severidad a sus integrantes. El obispado de Chi­ huahua llamaba a los tomochitecos “endemoniados hijos de Lucifer”. Al mando del general Rangel, un con­ tingente sitió Tomóchic, pero fue derrotado por los rebeldes que aprehendieron al general y festejaron su victoria ruidosamente. El general Rosendo Márquez llegó a Ciudad Guerrero para organizar un nuevo reclu­ tamiento y, el 17 de octubre de 1892, sitió de nuevo al pequeño pueblo y emprendió una batalla sin cuartel. En ese momento se inicia la novela del militar Heriber­ to Frías. La lucha era desigual: mil 200 soldados contra un centenar de tomochitecos. Brilló el nombre de Te­ resa Urrea y se prendieron veladoras al Cristo de Cho­ peque. Los Chávez y sus gentes se creían invulnera­ bles, pero fueron derrotados y todo terminó con una masacre clásica del espadón de don Porfirio • (Continuará.) jornadasem@jornada.com.mx

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Portada: Una mirada acústica Foto de Carlos Ramos Mamahua/ archivo La Jornada

La Jornada Semanal, suplemento semanal del periódico La Jornada, editado por Demos, Desarrollo de Medios, S.A. de CV; Av. Cuauh­t émoc núm. 1236, colonia Santa Cruz Atoyac, CP 03310, Delegación Benito Juárez, México, DF, Tel. 9183 0300. Impreso por Imprenta de Medios, SA de CV, Av. Cui­ tláhuac núm. 3353, colonia Ampliación Cosmopolita, Azcapotzalco, México, DF, tel. 5355 6702, 5355 7794. Reserva al uso exclusivo del título La Jor­nada Semanal núm. 04-2003-081318015900-107, del 13 de agosto de 2003, otorgado por la Dirección General de Reserva de Derechos de Autor, INDAUTOR/ SEP. Prohibida la reproducción parcial o total del contenido de esta publicación, por cualquier medio, sin permiso expreso de los editores. La redacción no responde por originales no solicitados ni sostiene correspondencia al respecto. Toda colaboración es responsabilidad de su autor. Títulos y subtítulos de la redacción.

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Apuntes sobre la canción

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John Berger

para Yasmine Ha

Y

asmine, la semana pasada que te observé y escuché en tu presentación, tuve el impulso de dibujarte. Un impulso absurdo porque estaba demasiado oscuro. No podía mirar el cuaderno de apuntes que sostenía en mis rodillas. Por momentos hice garabatos sin mirar abajo, no podía quitarte los ojos de encima. Existe ritmo en estos garabatos –cual si mi pluma acompañara tu voz. Pero una pluma no es una ar­ mónica ni una batería, y ahora en el silencio mis garabatos no significan casi nada.

canción no importan es simplemente estúpido; ellas son las semillas de las que ésta ha nacido. Recibí cada una de las canciones que cantabas al igual que lo hicieron cientos o más personas, muy po­ cas hablaban árabe. Pero pudimos compartir eso que tú cantaste. Cómo explicarlo. No estoy seguro que pueda explicar nada, pero quiero hacer algunas notas.

U na canción que se toca y se canta adquiere un

cuerpo. Y lo hace asumiendo y poseyendo breve­ mente los cuerpos existentes. El cuerpo del contra­

Foto: Cristina Rodríguez/ archivo La Jornada

llenan el presente, las canciones esperan alcanzar el oído de quien escuche en algún futuro, en alguna parte. Y se tienden hacia delante, más y más allá. Sin la persistencia de esa esperanza, creo que las canciones no existirían. Las canciones se tienden adelante, lejos. El tempo, el pulso, el ritmo, los rizos, las repeti­ ciones de una canción, construyen un refugio contra el flujo del tiempo lineal: un refugio donde el futu­ ro, el presente y el pasado pueden consolarse, pro­ vocarse, ironizarse e inspirarse uno al otro. La mayoría de las canciones que se escuchan en este momento por todo el mundo son grabaciones, no son interpretaciones en vivo. Y esto significa que la experiencia física de compartir y de reunirse es menos intensa, pero sigue ahí, en el corazón del in­ tercambio y la comunicación que está ocurriendo. Good mornin,’ blues, Blues, how do you do? I’m doing all right. Good mornin’ How are you? [Bessie Smith]

[Buenos días, tristeza,/ Tristeza, ¿cómo te va?/ Yo ando bien./ Buenos días/ ¿Cómo estás.]

Dibujos de John Berger

Traías puestos unos zapatos rojos con tacones, cal­ zas negras ajustadas, una camiseta oscura tirando a café, medio transparente con hombreras, y un chal naranja, del color de los chabacanos. Era como si pesaras muy poco, te veías seca, casi sin densidad, como quien se maravilla perpetuamente. Cuando empezaste a cantar, esto cambió. Tu cuerpo entero ya no era seco, estaba pleno de soni­ do, como cuando una botella rebosa líquido. Cantabas en árabe, un idioma que no puedo en­ tender, pero recibía cada una de las canciones como una experiencia redonda, no era algo parcial. Eso hay que explicarlo. Sugerir que las palabras en una

bajo que se mantiene vertical mientras se tañe, o el cuerpo de la armónica cubierto por ambas manos que revo­ lotean y pican como un pájaro frente a una boca, o el torso del baterista en su fluir en el ritmo. Una y otra vez se aposenta en el cuerpo del cantante. Y después de un rato, ocupa el cuerpo del círculo de personas que, conforme escuchan y gesticulan an­ te la canción, recuerdan y avizoran. Una canción, tan distinta de los cuerpos que ocu­ pa, no puede fijarse en tiempo y espacio. Las canciones narran experiencias pasadas. Cuando se canta una de ellas, llena el presente. Las historias hacen lo mismo. Pero las canciones tienen otra dimensión que es únicamente suya. Mientras

L a canción con la que más me acuerdo de mi madre es “Shenandoah”. Algunas veces ella la can­ taba al terminar alguna comida cuando había invi­ tados y si ocurría algún momento de plenitud silen­ ciosa. Su voz de contralto era suave, melodiosa y nada dramática. La canción, incluida en el cancio­ nero de mi padre, data de mediados del siglo xix . El valle de Shenandoah era un lugar de asenta­ mientos indios en la mitad de Estados Unidos. Oh Shenandoah I long to see you, away you rolling river Oh Shenandoah I long to see you, Away, I’m bound away ‘cross the wide Missouri.

sigue

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ensayo El río era tributario del Missouri que se une al Mis­ sissippi. Se volvió una canción cantada por negros porque en Estados Unidos el Missouri separaba el sur esclavista, del norte. A los boteros y marinos tam­ bién les gustaba cantarla. En ese entonces, el curso inferior del Missouri tenía mucha navegación. Mi madre me la cantaba cuando yo tenía uno o dos años de edad. No era frecuente, no era un ritual, y no tengo el recuerdo preciso de que me la cantara a mí solo. Pero ahí estaba la canción. Un objeto misterioso entre otros que había en la casa, pero del cual yo es­ taba consciente de que estaba ahí –como una camisa en la cajonera, para ocasiones especiales. ‘Tis seven years since last I’ve seen you and hear your rolling river ‘Tis seven years since last I’ve seen you, Away, we’re bound away. Across the wide Missouri

[Son ya siete años/ de la vez que te vi/ y escuché fluir tu río// Son ya siete años/ de la vez que te vi,/ Lejos, nos vamos lejos./ Cruzando ancho el Missouri] En cada una de las canciones hay distancia. Las can­ ciones no son distantes, pero la distancia es uno de sus ingredientes, al igual que la presencia es uno de los ingredientes de cualquier imagen gráfica. Es­ to es cierto desde el principio de las canciones y el principio de las imágenes. La distancia separa o puede ser cruzada con tal de propiciar una reunión. Implícitamente, todas las can­ ciones (y a veces de forma explícita) se refieren a viajes. I wish I was in Carrickfergus only for nights in Ballygrand I would swim over the deepest ocean –the deepest ocean– for be your side.

[Quisiera estar en Carrickfergus/ unas noches tan sólo en Ballygrand/ Nadaría el océano más profundo/ –el océano más profundo–, con tal de a tu lado estar.] Las canciones se refieren a secuelas y retornos, a re­ cibimientos y despedidas. O para ponerlo de otra manera: las canciones se le cantan a una ausencia. La ausencia es lo que las ha inspirado y es a eso a lo que responden. Al mismo tiempo (y la frase “al mismo tiempo” adquiere aquí un significado especial) al compartir la canción la ausencia también se compar­ te y como tal se torna menos aguda, menos solitaria, menos silenciosa. Y esta “reducción” de la ausencia original que ocurre en el compartir propio del canto, o incluso en la memoria de dicho canto, la experimen­ tamos colectivamente como una victoria. A veces es una victoria leve, a veces está encubierta. “Me podía envolver” –dijo Johnny Cash– “en el cocuyo tibio de una canción e ir a cualquier parte; era invencible.”

Los ejecutantes de flamenco hablan con frecuen­

cia de “el duende”. El duende es una cualidad, una

resonancia que hace de una representación algo inol­ vidable. Ocurre cuando un ejecutante está arrebatado, habitado, por una fuerza o una serie de compulsiones que vienen de fuera de su propio ser. El duende es un fantasma del pasado. Y es inolvidable porque visita el presente para poder confrontar al futuro. En 1933, el poeta español Federico García Lorca dio una conferencia pública en Buenos Aires acerca de la naturaleza de “el duende”. Tres años después, al comienzo de la Guerra civil española, lo fusiló un pelotón de la Guardia Civil del general Franco. Gra­ nada era su pueblo natal. “Todas las artes” –pronunció en su conferencia– “son capaces de duende, pero donde encuentra más campo, como es natural, es en la música, en la danza y en la poesía hablada, ya que éstas necesitan un cuer­ po vivo que interprete, porque son formas que nacen y mueren de modo perpetuo y alzan sus contornos sobre un presente exacto... El duende opera sobre el cuerpo de la bailarina como el aire sobre la arena. Con­ vierte con mágico poder a una muchacha en paralíti­ ca de la luna, o llena de rubores adolescentes a un viejo roto que pide limosna por las tiendas de vino, da con una cabellera olor de puerto nocturno, y en todo momento opera sobre los brazos con expresiones que son madres de la danza de todos los tiempos.”

S iempre hay demasiadas cosas en mi mesa de

trabajo, siempre demasiados papeles. El otro día, al fondo de la pila me topé con una postal que me había enviado una amiga desde España unos dos meses antes. Se trataba de una postal con la foto en blanco y negro de una bailarina de flamenco, tomada por el fotógrafo español Tato Olivas, famoso por sus retra­ tos de bailarines. Cuando me crucé con esta imagen sentí que algo se disparaba en mi memoria, que no había notado cuan­ do vi la postal por primera vez. Y algo se hizo claro. La foto de la joven a punto de bailar me recordó un dibujo de un iris que yo hice. Un iris de una serie que dibujé unos dos años atrás. Busqué el dibujo y luego lo comparé con la foto.

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Es cierto que tienen algo en común, una equivalencia, una rima, entre la geometría del cuerpo atento de la bailarina y la geometría de la flor que se abre. Tienen por supuesto rasgos diferentes, pero sus energías y el modo en que éstas se expresan en formas, gestos y movimientos sobre la superficie de cada una de las imágenes riman, son semejantes. Escaneé ambas imágenes y las puse juntas para hacer un díptico que luego envié con una carta al fo­ tógrafo Tato Olivas. Me respondió diciendo que había hecho la foto veinte años antes, en la famosa escuela madrileña de Flamenco llamada Amor de Dios. Ahora está ce­ rrada. Nunca volvió a toparse con la bailarina y no sabía su nombre. Añadió que la “coincidencia” de las dos imágenes lo había hecho pensar en otra foto que era todavía más cercana al dibujo del iris. Una foto de la legenda­ ria bailarina Sara Baras cuando era joven. Me envió una impresión de la misma y no podía creer lo que veían mis ojos. La bailarina y el iris era como gemelas, excepto que una era mujer y la otra una planta. Uno podría asumir de inmediato que el fotógrafo o el dibujante se esforzaron en intentar “igualar” la otra imagen. Pero no es el caso. Las dos imágenes nunca habían estado juntas hasta ahora.

(imagen derecha)

Los ricos escuchan canciones. Los pobres se aferran a ellas

[Ah, Shenandoah/ Añoro verte,/ fluyendo lejos, río/ Ah, Shenandoah/Añoro verte/ Me voy, me voy muy lejos/ Cruzando el ancho Missouri.]

16 de marzo de 2014 • Número 993 • Jornada Semanal

y las hacen suyas. La vida,

dijo Évora, consiste de hieles y mieles.


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buscan su seno. Es como si quisieran tocar, apuntar a su propio interior, ése que ha escuchado una señal. Hemos dicho que una canción pide prestados cuerpos existentes en lo físico, de modo que pueda asumir, mientras se canta, un cuerpo propio. El cuer­ po prestado puede ser el de un instrumento, el de uno de los ejecutantes, el de un grupo de ejecutantes o el de un grupo de escuchas. Y la canción salta de un cuerpo al otro, impredecible. Lo que la pintura de Antonello nos recuerda es que en cada caso la canción se asienta en el interior del cuerpo que asume. Halla su lugar en las entrañas de ese cuerpo. En el parche del tambor, en el vientre del violín, en el torso o la espalda de un cantante o de quien escucha. La esencia de las canciones no es ni visceral ni ce­ rebral sino orgánica. Seguimos las canciones para que nos envuelvan. Y por esta cualidad lo que ofrecen es muy diferente de lo que ofrecen otras formas de intercambio o de mensaje. Resulta que nos encontra­ mos dentro del mensaje. El mundo impersonal no cantado permanece afuera, del otro lado de una pla­ centa. Todas las canciones, aun cuando su contenido o su interpretación sean fuertemente masculinos, operan de un modo maternal. (imagen abajo)

Las canciones conectan, colectan y reúnen. Aun cuando no se les cante son puntos concomitantes de ensamblaje, de encuentro. Las letras de las canciones, sus palabras, son diferentes de las palabras que ha­ cemos en prosa. En la prosa las palabras son agentes independientes; en las canciones son primero que nada y sobre todo, los sonidos íntimos de su lengua materna. Significan lo que significan, pero al mismo tiempo responden a todas las palabras que existen en esa lengua y fluyen hacia ellas. Las canciones son como ríos, cada uno fluye por su propio curso –y no obstante todas fluyen para al­ canzar el mar del que vino todo. El hecho de que en muchos lenguajes el lugar donde el río entronca con el mar se le llame la boca del río subraya la compara­ ción. Las aguas que fluyen hacia la boca de un río sigue

La semejanza entre ellas es innata (cual si fuera ge­ nética, lo que en el sentido normal no puede ser). La energía del baile flamenco y la energía de una flor que se abre parecen, sin embargo, obedecer a la mis­ ma formula dinámica; tienen el mismo pulso pese a sus muy diferentes escalas temporales. Rítmicamen­ te se acompañan una a la otra; aunque en términos evolutivos estén a eones de distancia. “Con expresiones que son madres de la danza de todos los tiempos.”

U na A nunciación , pintada por Antonello de Messina en la década de 1470. Es una pequeña pin­ tura al óleo, no mayor que un modesto espejo junto a una palangana para lavarse. En la pintura no hay ángeles, ni Gabriel, ni ramas de olivo, ni lilas ni pa­ lomas. Vemos a la Virgen, en plano cerrado, la cabeza y los hombros, vestida con una túnica azul y un man­ to. En la repisa frente a ella está abierto un libro de salmos o un devocionario. Justo acaba de escuchar el anuncio de que va a dar a luz al hijo de Dios. Sus ojos están muy abiertos pero está mirando adentro. Sus labios también están muy abiertos –podría estar can­ tando. Sus dos manos aprietan ligeramente, pero

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Foto: Víctor Camacho/ archivo La Jornada

están en su camino rumbo a un más allá inmenso. Y algo semejante ocurre con lo que sale de la boca de una canción.

G ran parte de lo que nos ocurre en la vida es in­ nombrable porque nuestro vocabulario es demasia­ do pobre. La mayoría de las historias se cuentan en voz alta porque el narrador confía en que narrar una historia pueda transformar un suceso innombrable en algo familiar, en algo íntimo. Tendemos a asociar intimidad con cercanía y la cercanía con una cierta suma de experiencias com­ partidas. No obstante, en realidad, los extraños tota­ les que nunca se dirán una sola palabra entre sí, pue­ den compartir una intimidad. Una intimidad contenida en el intercambio de una mirada furtiva, un asentimiento con la cabeza, una sonrisa, el enco­ gerse de hombros. Una cercanía que dura por minu­ tos o lo que dura una canción que se canta o que se escucha juntos. Es un acuerdo en torno a la vida. Un acuerdo sin cláusulas. Una conclusión espontánea­ mente compartida entre historias no contadas que se reunieron en torno a la canción presente. L as veinte horas , a la caída de la tarde en un ve­

rano dentro del Metro que va rumbo a un suburbio parisino. No hay asientos desocupados pero los pa­ sajeros que están de pie no van apretujados. Cuatro hombres en sus veinte años se paran en grupo cerca de las puertas corredizas del lado derecho del vagón, puertas que no se abren cuando el vagón va en esta dirección. Uno del grupo es un negro, dos son blancos y el cuarto es tal vez un magrebí. Estoy parado a cierta distancia de ellos. Lo que primero atrapó mi atención fue su muy visible connivencia y la intensidad de su conversación y sus historias. Los cuatro están escrupulosamente vestidos pese a que sus ropas son casuales. Por su apariencia, pa­ rece importarles más cómo se ven que a la mayoría de hombres de su edad. Todo lo relacionado con ellos implica que están alerta, pero nada es culposo o por pena. El magrebí usa unos shorts azules y unos Nike impecables. El negro trae una malla ajustada, del co­ lor del sándalo, sobre su pelo negro y grueso. Los cuatro son viriles y masculinos. El tren se detiene y algunos cuantos pasajeros se bajan. Me puedo mover un poco más cerca del cuarteto. Cada uno interviene con frecuencia en un recital de uno con los otros. No hay monólogos pero de igual mo­ do nada parece ser una interrupción. Sus dedos, bas­ tante móviles, están con frecuencia cerca de sus rostros. De pronto me viene la certeza de que son total­ mente sordos. Es su fluidez lo que me impidió darme cuenta antes. Otra estación. Encuentran cuatro asientos jun­ tos. Se continúan comportando como si estuvieran solos. Y no obstante el modo en que deciden ignorar al resto de nosotros es una forma del tacto o la genti­ leza, no es indiferencia. Miro de un lado al otro del vagón. Me parece que soy la única persona que los ha notado. Ocasional­ mente alguno de los cuatro gruñe con risas. Sus his­ torias, sus comentarios de los eventos, continúan. Ahora los miro con la misma curiosidad que ellos se miran entre sí. Comparten un vocabulario de signos gestuales para reemplazar un vocabulario de palabras pronun­

ciadas, y este vocabulario de ellos tiene su propia sintaxis y gramática, casi toda establecida por la sin­ cronización. Sus signos gestuales los hacen las ma­ nos, los rostros y los cuerpos que asumen la función de lengua y oído, de un órgano que articula y otro que capta. En cualquier diálogo sostenido en cualquier parte ambos son igualmente importantes. Pero en el vagón completo, tal vez en el tren entero, no hay diá­ logo alguno que se compare con el de ellos. Cada uno de los rasgos físicos con los que el cuar­ teto se expresa con el fin de conversar (ojos, labios superior e inferior, dientes, barbilla, cejas, pulgares, dedos, muñecas, hombros), cada rasgo contiene el rango de un instrumento musical, o el de una voz con todas sus notas y acordes específicos, con sus trinos y sus grados de insistencia o duda. No obstante en mis oídos está tan sólo el sonido del tren que disminuye la velocidad para hacer la siguiente parada. Muchos pasajeros se ponen de pie. Podría sentarme pero prefiero quedarme donde es­ toy. Los cuatro, por supuesto, están conscientes de mi persona. Uno de ellos me brinda una sonrisa, no de bienvenida, pero sí de aquiescencia. Interceptar su miríada de intercambios, a los que no puedo dar un nombre, seguir sus respuestas de un lado al otro mientras me mantengo ignorante de lo que quieren decir, bambolearme a su ritmo, de­ jarme llevar por su expectativa, me hace tener la sen­ sación de que estoy dentro de una canción, una can­ ción nacida de sus soledades, una canción en un lenguaje extranjero. Una canción sin sonidos. This train is bound for glory, this train, This train is bound for glory, and if you ride it, it must be holy [Biddeville Quintette. Chicago,1927]

[Este tren viaja rumbo a la gloria, este tren/ Este tren viaja rumbo a la gloria, y si te subes, debe ser sagrado.]

R ecientemente escuché y miré al presidente francés dirigirse a la nación por casi tres horas du­ rante una conferencia de prensa televisada. Y el suyo fue un discurso algebraico. Es decir, lógico y conse­ cuente, pero casi sin referencia alguna a realidades tangibles o experiencias vividas. Tiene sentido del humor, es inteligente, y da la impresión de ser sincero, y de que cree en la alianza con los Grandes Negocios que está proponiendo, pe­ se a haber sido electo como candidato socialista. ¿Por qué es tan vacuo su discurso? ¿Por qué lo registra uno como un monólogo de siglas y acrónimos? Es porque se deshizo de todo sentido de historia, y por tanto no tiene una visión política de largo pla­ zo. Históricamente hablando, vive de la boca a la boca. Ya abandonó la esperanza. Por eso el álgebra. La es­ peranza engendra vocabularios políticos. La desespe­ ranza conduce a la imposibilidad de las palabras. En esto Hollande es típico del período que atrave­ samos. Casi todos los discursos y comentarios oficia­ les son mudos en relación con lo que vive e imagina la vasta mayoría de la gente en su lucha por sobrevivir. Los medios ofrecen distracción trivial inmediata con tal de llenar el silencio que, de otro modo, podría em­ pujar a la gente a preguntarse, una a la otra, cuestiones relacionadas con el injusto mundo en que vivimos. Nuestros líderes y nuestros comentaristas de los medios hablan de lo que vivimos profiriendo guturismos inentendibles que no son la voz de los pavos

sino la de las Altas Finanzas. La prosa, como forma de discurso, depende de un mínimo de continuidades de significación establecidas; la prosa es un inter­ cambio con un círculo envolvente de diferentes pun­ tos de vista y opiniones, expresados en un lenguaje descriptivo compartido. Ese lenguaje compartido no existe más. Esta es una pérdida histórica, aunque sea temporal. Por el contrario, las canciones pueden expresar la experiencia interior de ser y devenir en este mo­ mento histórico –aun cuando se trate de canciones antiguas. ¿Por qué? Porque las canciones están con­ tenidas en sí mismas y porque las canciones envuel­ ven con sus brazos al tiempo histórico. Takes a worried man to sing a worried song Takes a worried man to sing a worried song Takes a worried man to sing a worried song I’m worried nowwww But I wont be worried long. [Woody Guthrie]

[Sólo un hombre atribulado canta su tribulación/ Sólo un hombre atribulado canta su tribulación/ Só­ lo un hombre atribulado canta su tribulación/ Aho­ ra estoy atribuladoooo/ Pronto no lo estaré ya.] Las canciones envuelven con sus brazos al tiempo histórico sin proponer la utopía. La colectivización forzada de la tierra, con la ham­ bruna que causó en la Unión Soviética y luego en el Gulag soviético, con las enciclopedias de sentido engañoso que lo acompañaron, se iniciaron, se pro­ siguieron implacables y se justificaron siempre en nombre de una utopía donde el hombre soviético, nuevo y sin precedentes, pronto habría de vivir. Del mismo modo, la siempre creciente pobreza humana que es creada hoy a nivel global, y el saqueo del planeta que prosigue, son implementados y jus­ tificados en aras de una utopía que será garantizada por las Fuerzas del Mercado, cuando no se les regula y se les deja operar libremente. Esta es una utopía don­ de, en palabras de Milton Friedman, “cada hombre pueda votar por el color de la corbata que desea”. En cualquier visión utópica, la felicidad es obli­ gatoria. Esto significa que en realidad es inalcan­ zable. Dentro de su lógica, la compasión es una de­ bilidad. Las utopías desprecian el presente. Las utopías substituyen la esperanza con dogmas. Los dog­ mas es­­t án grabados en piedra. Por el contrario, las esperanzas vacilan como la llama de una vela.

T anto las velas como las canciones acompañan con frecuencia a las plegarias. Y las plegarias en casi todas, si no es que en todas las religiones, templos e iglesias, tienen dos rostros. Pueden reiterar incesan­ temente el dogma, o pueden articular la esperanza. Y lo que ocurre no siempre depende del lugar o cir­ cunstancia donde se eleve una plegaria. Depende de las historias de quienes rezan. El pequeño poblado de San Andrés Sacamch’en, en el estado de Chiapas al sur de México. Hay ahí una pequeña iglesia. De la iglesia surge el tenue sonido de voces que cantan. Adentro no hay ningún sacer­ dote. Hay cuatro cantantes de pie. Dos hombres y dos mujeres jóvenes. Los cuatro son indígenas. Los hombres se paran bastante aparte de las mu­ jeres pero los cuatro cantan en polifonía. Las dos mujeres tienen sus bebés amarrados a la espalda.


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ensayo

Jornada Semanal • Número 993 • 16 de marzo de 2014

En una capilla lateral está la estatua de tamaño natural de San Andrés, el apóstol, tallada en madera. Viste una túnica y unos calzones largos que no están tallados, sino que son ropajes de verdad. En el piso de la iglesia tras del altar hay casi mil velas encendi­ das, muchas de ellas dentro de vasitos o frascos de vidrio. Una puerta lateral tras el altar quedó en­ treabierta y por ahí se cuela una brisa que hace titilar las flamas y las inclina a los lados. El ritmo de las voces y el ritmo de las flamas de las velas titilantes. Eventualmente uno de los bebés llora pidiendo comida. El canto se detiene y la madre le da pecho al bebé. La otra mujer, cuyo bebé duerme, recoge la bol­ sa que tiene a sus pies, saca una túnica, la desdobla y camina hasta la estatua de San Andrés. Le cambia la túnica que trae puesta por la que ella trae. Como lo imaginaba, ya necesita una lavada. Las mil llamas de vela, a escasos centímetros del suelo, siguen titilando por la brisa.

Cesaria Évora murió el año pasado. No fue sino

hasta sus cincuenta años que se volvió una estrella mundial. Cantaba música afroportuguesa en un len­ guaje y un acento incomprensibles para casi todas las personas no nacidas en Cabo Verde. Era intransigente, obstinada, reincidente. El tono de su voz era el de una adolescente probando suerte en un bar de marineros, antes de irse a casa a cuidar a su madre enferma. “A todos los perros les llega su viernes”, dijo alguna vez. Cuando iba de gira por el mundo llenaba estadios gigantescos, sin ser exótica. Tenía una cara tan redon­ da como un vientre. Cuando sonreía, lo que hacía con frecuencia, era su sonrisa como aquélla que llega después de asimilar una tragedia. Los ricos escuchan canciones. Los pobres se afe­ rran a ellas y las hacen suyas. La vida, dijo Évora, consiste de hieles y mieles. Pienso en el notable poema de Moya Cannon: It was always those with little else to carry who carried the songs to Babylon, to the Mississippi – some of these last possessed less than nothing did not own their own bodies yet, three centuries later, deep rhythms from Africa, stowed in their hearts, their bones, carry the world’s songs. For those who left my county, girls from Downings and the Rosses who followed herring boats north to Shetland gutting the sea’s silver as they went or boys from Ranafast who took the Derry boat, who slept over a rope in a bothy, songs were their souls’ currency the pure metal of their hearts, to be exchanged for other gold, other songs which rang out true and bright when flung down upon the deal boards of their days. (Moya Cannon, Carrying the songs, Carcanet Press)

[Siempre fueron ésos, los que ya casi no tenían algo que cargar/ quienes cargaban las canciones/ a Babi­ lonia,/ al Mississippi–/ algunos de estos últimos

poseían menos que nada/ ni siquiera poseían sus propios cuerpos/ y tres siglos después, los pro­ fundos ritmos de África, estibados en sus corazo­ nes, en sus huesos,/ son los que cargan las canciones del mundo.// Para quienes abandonaron mi conda­ do/ muchachas de Downings y de Rosses/ que si­ guieron las pesqueras de arenque al norte de Shet­ land/ destripando la plata del mar, como se fueron/ o los niños de Ranafast que tomaron el barco en De­ rry/ que durmieron sobre las cuerdas en una casa­ mata/ con sus canciones como divisa del alma/ co­ mo metal puro de sus corazones,// para cambiarlos por otro oro/ por otras canciones que sonaban ver­ daderas y brillantes/ cuando eran lanzadas sobre las cubiertas de los barcos de sus días.]

E l modo en que los cantantes juegan con la linea­ lidad del tiempo, o la desafían, es algo que guardan en común con lo que los acróbatas y los juglares ha­ cen con la fuerza de la gravedad. Hace poco, en un pueblo francés vi a una familia de maromeros que hacía su representación en una esquina cercana a un supermercado. El papá, tres niños y una niña. Tam­ bién estaba una perrita, una Scot-terrier. La perrita, lo supe después, se llamaba Nola y el padre, Massi­ mo. Todos los niños eran esbeltos y tenían ojos os­ curos. Massimo era grueso e impositivo. El mayor de los muchachos, y principal malaba­ rista y manejador, tenía probablemente diecisiete años, tal vez más (fue difícil calcular sus edades porque para ellos no parecía existir la categoría de niñez). La jovencita de seis o siete años se trepó en él como si fuese un árbol, un árbol que se transfor­ maba en vigas de un techo sobre el que ella se sen­ taba. El padre estaba bastante atrás con un ampli­ ficador y el equipo de sonido sobre el adoquinado. Los observaba con ojos de beagle y rasgueaba una guitarra. Las vigas del techo comenzaron a incli­ narse gentilmente y depositaron a Ariana, la ni­ ña, en el suelo. El muchacho descendió como un ele­ vador, muy lentamente, y la niña dio un paso atrás para posarse en el adoquinado al ritmo de la guita­ rra de su papá. Llega el momento para que David (¿diez, doce años?) haga su número. Únicamente hay media do­ cena de espectadores, es la mitad de la mañana, la gente está ocupada. David se monta en su monociclo, lo lleva por la calle, da la vuelta y lo conduce de re­ greso con el mínimo de esfuerzo. Hace esto para mos­ trarnos sus credenciales. Luego, desmontándose en la acera donde se halla una bola de cuero del tamaño de una gigantesca ca­ labaza con plumas, avienta sus zapatillas y se sube con pies desnudos a la bola. Empujando con sus ta­ lones, y con las plantas de los pies que asumen la curvatura de la bola, la persuade lentamente de que se mueva y ambos avanzan. Mantiene su brazo aba­ jo, al lado. Nada de lo que hace revela la dificultad de mantener el balance de la bola rodante. Se para en ella, con la barbilla en alto, mirando a lo lejos, como estatua en un pedestal. La bola y él avanzan triunfantes al paso de una tortuga muy len­ ta. Y en ese momento de logro comienza a cantar, acompañado por su papá que toca una armónica. David tiene un micrófono miniatura pegado con cin­ ta adhesiva cerca de su mejilla izquierda. La canción proviene de Cerdeña. Él la canta con una voz llana de tenor. Es la voz de un pastor solita­

rio, no la de un niño. Las palabras describen lo que ocurre cuando lanzan sobre ti un mal fario, una his­ toria tan vieja como las colinas. El triunfo y el mal fario. El mal fario y el logro reunidos en un acto que al mirarlo uno espera que siga y siga y siga. Picasso pintó el mismo acto cerca de 1900.

El mal fario y el triunfo. He intentado explicar por qué hoy las canciones pueden referirse, en su modo único e incomparable, a la ex­ periencia que cada quien tiene del mundo en que vivimos. Y esto, Yasmine, es por lo que podemos compartir contigo lo que tú nos estás cantando. Con tu mano derecha sostienes el micrófono cual si fuera a ser barrido por una corriente. Y cuando tu voz alcanza una cierta tonalidad haces un gesto con tu brazo izquierdo. Lo bajas vertical al piso donde los cables se enroscan a un lado de tus zapatos rojos. Y el pulgar de tu mano izquierda baja también verti­ cal para tocar la punta, no de tu índice sino de tu dedo cordial. Tu índice se dobla y apunta hacia arri­ ba para rozar la yema de tu pulgar. No podemos ver su punta. Y este gesto, conforme desciende tu voz, cuando cantas la canción acerca de las noches de Samar, anuncia que el bozal de la canción anida en la palma de tu mano. Los que escuchamos empezamos a batir palmas en tu ritmo. Nuestro batir de palmas nada tiene que ver con el aplauso. Es generar la energía y afilar la atención que compartimos, algo necesario para se­ guir a otra parte. Y de repente, ya que nos atrevimos a confiar, a tener esperanza, esa otra parte viene aquí, a nosotros, a través tuyo • T raducción de R amón V era H errera


Recetas

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José E

S

tra n de l co nv en to se en cu en y qu e ah ora los mu ros ña r da ra pa s y tec hu mb res tod os cla va do s de fie rro tro us cla oso le, “a l má s he rm aú n má s, si fue ra po sib co lon ial ”. de nu est ra arq uit ect ur a de a mu ch o po rqu e ha bla toc Jos é Em ilio a mí me el nu Ma tor té, co mo el pin ge nte qu e co no cí o tra mi de o an rm su lta qu e el he Ro dr ígu ez Lo za no . Re los e, du eñ o de la Ca sa de rb ab ue la, Fr an cis co Itu ce­ me su fue cía n el Co nej o, Az ule jos , a qu ien le de eso r po y co Cl em en te Oroz na s, co mo lo fue de Jos é Lo ­ co no cer lo. Ro dr ígu ez de d tuv e la op ort un ida y mu ro pe a eñ est atu ra pe qu za no era un ho mb re de as Riv a iet ton se en am oró An gu ap o y lo sab ía. De él fu ­ n, y co n co ns ec ue nc ias aú s Me rca do , pe ro má í­ dr Ro e qu ta é Em ilio cu en ne sta s, Na hu i Ol lin . Jos s­ bu en é caf l ba a la me sa de gu ez Lo za no se ace rca se im ien tos . Co mo na die on ca de ha lag os y rec oc ie­ “¿D : os tod pe nd eje ar a los da ba su ve ng an za era co ? Es un pe nd ejo . ¿Ta­ roz ¿O . go ? ¿E s un pe nd ejo ma yo ? Es un pe nd ejo .” a ico es cru el. As í va mo s De cía Mo ns ivá is: “M éx ros .” ter mi na r tam bié n no sot el a Jos é Em ilio có mo pa sa ted us No le preg un te ­ To o. mp tie reilio es el ho mb tie mp o po rqu e Jos é Em se á, ser ra ho é pe ns an do qu do s los de má s viv im os ­ s alc an za rá la vid a, pe rse no si , no s ha he ch o tarde lu­ le, rab pe rd em os lo irrecu gu im os el mi nu tero, pe Jos é ni siq uie ra ve mo s y qu e e qu ch am os co ntr a alg o ­ sim ces ve a o le toma el pelo Emilio conoce a fondo y ión av l de cto mo en el tra ye ple me nte lo de ja ser, co no en to, tom ad o de la ma asi su Mé xic o-M éri da , en de Cr ist ina . no so tro s mi sm os , pe ro To do s no s co me mo s a í va co me su can san cio y ah Jos é Em ilio Pa ch eco se l­ mi Hu . ría idu est a su sab dá nd on os en cad a res pu o­ idi los e sab Pa ch eco se de y so be rbi o, Jos é Em ilio nq ue no los pr on un cie au ce du tra ma s qu e tan bie n en vo z alt a.

xic o lo co ntr ari o. Es qu e Mé pe rie nc ia le de mu est re de s, ite lím pre oc up aci ón sin es pa ra él fue nte de un a co po y r ece cad a am an co ha cia él gu sti a qu e se ren ue va a po an a a co un po y y mu os ce ras an ret av s, lid as, err ata i lo ve de lej os, sob res alt ar­ ud a a sop ort ar cit as fal no ay ra le pa te sen pre se ga y al lle ga r há de má s ba rba rid ad es. rte , de ntro de él ha y un un en tre mé s de los Eje s lo. Au nq ue es alt o y fue l de s do ca ma rzo de 19 79 esc rib ió pe En los pia lim e qu os Di tri nc he ras , los ba ch es, co rd ero de les , las tub erí as rot as, las en una esq uin a o Via arl ord ab a ya va ás os, el cam ell ón arr a­ mu ndo. Jam i. Ta mp oc o ya nc os, los árb ole s tal ad tax ho un los es ted us e qu erá po r los esc ap es y los po rqu e el cre en ad a de s­ el aire let al en ve ne na do ap o, rta sad cie n co á rar mi lo e jam ás pu ed en atr a­ lo elo gie , po rqu e tan to. No le s fec ale s, las av en ida s qu ra lvo pa po es no e qu rá sta do prod uc ido po r los co nfi an za y pr ote se en me dio de l est ru en o, qu e lo sal u­ sar mp ve tie ce ha e sd de oce mazos que acompañan cu en te qu e lo con s, las perforadoras y los qu e lo vio co ­ he o coc tes Ar s lla Be de tas les tia s qu e le cau sa dó en las esc ali na reros de “P erd on e las mo sei s me ses ‒, let mo los a co así o alg ace ‒h ab le, po r no llo rar lág ri­ me r en el Ma tis se a ob ra” . Us ted , lec tor am o. est ad ori em sm de n gú de ris a an te la en u­ po rqu e no es nin arg as aca ba rá llo ran do dir á qu e no am le s él ma n, bie y mu ve se rof es, an tes de qu e do s Si le dic e qu e en tra ba jo ión de tan tís im as cat ást bu l rac de me rá bla ha le ón aci o de un vie jo y un jo­ mi en ta y a co nti nu tes irr um pa n en el diá log en ag s. ote pil uin a pa ra atr av esa r la qu e ha cen los zo rvantes res­ qu e ag ua rd an en un a esq Ce n o ve mi Pre ro est nu ser r y de sp oje n de rel oje s, Si lo felicita po y los ins ult en , go lpe en pa ra pa ga r su lle le ca vir ser a va ero din po nd erá qu e el que plu ma s y car ter as. spitales de Vásquez Raña viv im os en un a ciu da d internamiento en los ho os car s má Mé xic o, los cap ita lin os los En an ult res a y les ge Án Pa ch eco am an ece en un no tie ne n na da de de sfo res tad a. Jos é Em ilio se y to en vim y po r ho y el pa de l mu nd o. ciu da d cu ya tum ba es ho s prov oc ará n su de sco n­ Lo s elo gio s de sm ed ido . ral e­ lla ma Di str ito Fe de r sus ojos detrás de los gru n pe rso na s qu e se cre en fianza y si usted logra ve . nía iro de go pa En ge ne ral , los cu lto s so ám rel un os ell en á tar mu ch as co sas y nin gu ­ sos anteojos cap ina ga rza po rqu e sab en Em ilio lo qu e é div la Jos a e rqu po , nía iro ilio sab e tod o, na da se De mu y fin a les olv ida , pe ro Jos é Em no ofe nd er a se es a na vid la gre mu a est en o un hu mi lde ser vid or de má s le pre oc up a le olv ida y no se cre e sin alg uie n. pa lab ra. d crítica lo hace ver a los tre s, po rqu e cad a día Sin embargo, su capacida es­ el e qu r sab e un pro fet a de de sas rti Se ve ad y a ter cer a rad mi ís de el Chapo Guzmán, de má s co n un a pe rfe cto y la s apocalíptico en este pa en má es ord el nía “te a leg co rco trá fic o. cri tor io de alg ún did ad es qu e est ra y el im pe rio de l na Ma mo la co y s ­ nto me tru ins y su eru dic ión es otro gra ab un da nc ia de Ha bla rle de su ing en io l”. y éri mu est ir a or rit va se esc nd erá qu e él car act eri za n al ve err or, po rqu e res po ve nta rio s” en la rev ist a Si le co me nta qu e su s “In na da . o ch eci s­ pro nto sin ha be r he s Ta bla s de la Le y, su cat las . scu Pro ces o son su Bib lia , su yú ci­ na da . As í, en ma o de la Juv en tud , su en s cal am ida de s la qu e lo su y d mo , su bre via rio , su Te sor da No sól o es la ciu ás en los cie los ”, est e a qu ro est nu re ad ua ció n de Am éri ca La tin clo pe dia , el “P de re y cie rre la ses pe ran , tam bié n la sit de mo se a­ or sem fav s r po tra e a an qu Pr oce so sem le res po nd erá ad e­ so br e la qu e esc rib e en y el e ya esc uc ha rlo , “v erd jun ta mi lita r arg en tin a la bo ca po rqu e él no pu ed ió nc nta rio s” jam ás , así co mo de nu ve na “In tos lfo Es do le. Ro sib mo po co im cio na les ram en te” le es sin ato de ho mb res ex cep s, son un cúmulo ase rlo ibi ­ scr rol ree Ha e de qu la ne Y tie sac re. los publicaría, , el au tor de Op era ció n ma ce vinagre y no lsh ha Wa le se o los mp de tie la el Y . él a an y de Jua n Ge lm de deficiencias las do Co nti . Y la de l hij o de un do a seg un do de en tre Mó na co Fe lip e, sob rin a mi el, po rqu e se le va seg ula Pa dres de la lin da la me no r po sib i­ y pa ha no ” nte me era ad ma no s y “v erd te Lil ian a y Jes us a. sin o co rri gié nd olo s du ran ror ism o, la vio len cia , lid ad de qu e los me jore mb ién lo sab e tod o de l ter Ta os. añ ta en cu qu e en su tie mp o y en el los pr óx im os cin ria s ve ces y su ais lam ien to y la rep res ión va el do ma lla ha lo e qu e . No s ase gu ró qu e el Es ­ Co mu nic arl á po rqu e, a di­ o com en zó con el na zis mo tar mí uie inq lo o sól na cio mi sti fic ac ión mo ral y tel éfo no no fun o en ca rn a el má xim o de , a Jos é Em ili o os tad an xic me los de to o de vio len cia . feren cia de l res ost ur a, la ma la r ell o rep res en ta el má xim mp po sco de la ad rid rba ba s había hablado de cómo le afe cta n un a El 18 de marzo de 2012 no ra ay er co mo lo pa cen en ­ ha se e qu sas co l “se ad ue ña ron de l co nv he ch ur a y las cre er a tod a co sta Na hu i Ol lin y el Dr. At see de s”, e are qu es lad mu No tre os. a en aco stu mb ram La Me rce d, de va sta da joy , au nq ue la ex ­ de cos to bli pú ios vic ser los en la bo nd ad de


a e s r a c r e c a s para

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o c e h c a P o i l i Em Fot o: Gu ille rmo Sol ogu ren

/ arc hiv o La Jor nad a

k s w o t a i n o P a n e l E

os tod as la ob ra de He nry En To ron to, jun tos vim y las las ca lle s ca na die ns es Mo ore qu e do nó pa ra . can ad ien ses efu siv as mi rad as de los ­ tam os los ojo s ha cia la bó an lev tos En Be rlí n, jun ve da de la cat ed ral . fel . Jun tos vim os la To rre Eif na . Se río el ir flu Jun tos vim os y de sd e lo alt o le señ a­ uis Lo St. de Fu im os a la Ile no ch ach a” y él co n su ma lé: “M ira , qu é bo nit a mu “¿C uá l?” co mo vis era pre gu ntó : s ua de l Ri n y los pe sa do ag el os Ta mb ién vim de o ert pu l de s ne y tri sto ba rco s qu e sal ían len tos Ha mb ur go . o ro pr im er Ma rti ni. El mí Jun tos tom am os nu est ­ jar de no ra pa bió se lo be no me gu stó y Jos é Em ilio caro. lo po rqu e co sta ba mu y a sí o co mo si se co mi era id viv ha Jos é Em ili o os . tam en inv e qu de alg o mi sm o. To do s viv im os s tre s mi de , os eñ de mi s su Po r eje mp lo, yo viv o , ilio Em é Jos o. eñ su e son mi hijos y mis diez nietos qu d ida l ­ rea la de e ari os ”, viv si lee mo s su s “In ve nt los lo go lpe a. No só lo so n s na ña ma qu e tod as las o sin n, ela asu lo e ico s los qu ac on tec im ien tos po lít y s do lla mi hu los pc ión , los de l ha mb re, la co rru ri­ eb cel la s, ne sio he ch o ilu ofe nd ido s. Jam ás se ha a cip io de se xe nio . Su en rin “P a: ut da d no lo inm io. en sex de Fin ’. ra na die el tel éfo no . ‘N o est oy pa sil en cio . ‘N o so y pa ra en e ec an rm El tel éfo no pe na die ’.” para José Emilio Pache­ Cuando busco un adjetivo fun da me nta l. co en cu en tro la pa lab ra n Jos é Em ilio au nq ue él Ha blo co n fre cu en cia co n­ co mo si lo tuv ier a en fre no lo sep a. Ha blo co n él en ho uc esc lo o, sm a sí mi te dis pu est o a co nta rse e a y vig ori za nte de la qu san a, ric ón un a co nv ers aci ra pie dr a de toq ue en nu est me nu tro . Su cu ltu ra es l­ sta no n co él en o ne . Pie ns lit era tur a. Na die la tie

a

un e tam bié n na ve ga mo s en bid o. Es esp eci al po rqu n ga ha s no e qu no qu ere mo s ba rco en cim a de l ma r y n­ nte co te, en de sd e el pu ola s. Ve mo s a Jos é Em ilio su la de Yu cat án a pe sar nín pe la to de en co ntr ars e en ­ . To do s los qu e lo qu ere de qu e no so pla el vie nto su ga ten de te r un ins tan mo s ce leb ram os qu e po ­ de su ba rca , mi re co n no las ve plu ma , gu ard e las ra pa e añ mp aco ien te y no s so tro s el cie lo az ul y cal e ate sor am os de él, las re­ qu s nto rec ord ar los mo me vo l­ lle va co n su “Ir ás y no fle xio ne s a las qu e no s ce ha s no do an no s inv ad e cu ve rás ”, la tri ste za qu e os im viv e qu o os de l tie mp ve r qu e no so mo s du eñ sin o al rev és. ­ de Jos é Em ilio , jep , tam La s ini cia les de l no mb re n Jea e: dr pa mi e so n las de bié n so n las mí as, po rqu mi Si po ng o el no mb re de i. sk tow Ev rem on t Po nia o un en mo for ns tos , los tra he rm an o y mi pa dr e jun me eso r Po . os ve int iún añ so lo: Jan , mu ert o a los s mo s viv ido má s o me no he e qu ha go la ilu sió n de ci­ na de ito qu ten ía mu y po lo mi sm o. Cu an do jep ó la en ag os to de 19 45 , est all s, ito do , ap en as sei s añ m­ bo s cha mu n és le tocaro bomba atómica, pero despu las en ó all est s rqu e el ’68 no ba s, mí nim o cu atr o. Po de ico , lue go el ter rem oto an Ju n ma no s, lue go Sa go lue se, do án e va de ter ior 19 85 , lue go la sal ud qu en es ad ved No de la sal ida dis tin tos av ata res co mo ­ ge tra las go lue , do Be nít ez so lid ari da d co n Fe rn an s mo he y os am est rgo , aq uí dia s po líti cas y, sin em ba s, a na dá , a Es tad os Un ido Ca a jes reg res ad o de via ­ reí s mo he s no y Ing lat err a, Al em an ia, a Fra nc ia, a me do tán sen a let rar su ma do y le he ay ud ad o a cer na da le ca bía de tan tos ya ue rq po en cim a de ell a Pa ­ do al bo rd e de l Se na en lib ros , y he mo s cam ina el jo ba s rco ba los os pa sar rís , y rec ue rd o có mo vim Di dy La tó ma se de do nd e Po nt de ’Ie na , mu y cer ca la ye d, hij o de l du eñ o de Fa al di Do co n su am an te m­ co ise qu re mp la qu e sie tie nd a Ol d En gla nd , en y co nv en cí a Jos é Em ilio ble ea rm pr arm e un im pe qu e e po r un rat ito pe ns ara de qu e lo hic ier a pa ra qu era Jam es Joy ce. qu e él es mi Ul ise s. Y yo , po r lo tan to pe ns ara lee rle s do s est rof as de un Pa ra ter mi na r qu isi era e Jos é Em ilio tra du jo: po em a de Ap oll ina ire qu

s lgi a de Jos é Em ilio y má gia , sie mp re ten go no sta . os r y le lle vo oc ho añ ah ora qu e no se de ja ve é Em ilio Pa ch eco es ya , e De scu bri rá us ted qu Jos al de enta, un icono intelectu y mucho antes de los och Mé xic o. e rio s” es mu y po sib le qu A tra vé s de su s “In ve nta es­ un mo s de su tie mp o, có se le rev ele n los cam bio ad ap ta a la co mp uta do ra, se l cri tor de plu ma y pa pe o en lla y comparte su tiemp se sienta fre nte a la panta o mp tie al le da su tie mp o int ern et. As í Jos é Em ilio y va viv ien do . ca de tal les qu e los ojo s de Es un ma est ro qu e ex pli Ex ­ pe ro qu e so n ese nc ial es. los de má s no ret ien en s ño ga en s, pa ís de mi ste rio pli ca el mi ste rio en est e de ia, tor sib les . Sa be de his y mo nó log os inc om pren les lite rat ur a, ind isp en sab po líti ca, de fil os ofí a, de las son ís, aci a, en nu est ro pa a la vid a, qu e po r de sgr ­ pa n ve sir iad as po rqu e “n o má s ign ora da s, de sp rec ra na da ”. ­ s” a los qu e se ha n ido an De dic a su s “In ve nta rio z­ Vá z he nc est ro Ad olf o Sá tes qu e no so tro s, al ma aw To má s Se go via , a Cz esl a qu ez , a Da nie l Sa da , ­ no Do ar Pil Jos é Do no so y a Mi los z, a Oc tav io Pa z, a la ió rib esc la Pil arc ita , qu ien so, su hij a, qu e lla ma ba r­ rafía que pueda imagina iog mejor biografía u autob es dr pa s su so bre la vid a de se, Co rre r el tup ido vel o, os. los cu are nta y cu atro añ a ad op tiv os y se su ici dó ta­ us inj e qu os a esc rit ore s Es ge ne ros o al rec ord arn ol­ os ch Mu Ni can or Pa rra . me nte olv ida mo s, co mo i­ Em é Jos e me mo ria po rqu vid ad os vie ne n a nu est ra ta. lio los rec ue rd a y les can . me Jos é Em ilio no s ali nta ar la ba tal la fre nte a la am ce ha Di sci pli na do , no s sco ­ n av en tur a cu yo fin al de me sa de tra ba jo, esa gra no cem os. nd o Be nít ez ya no po día Al fin al de su vid a, Fe rna bo la bli car y no da ba pie co n esc rib ir pe ro qu erí a pu o­ soc , ito an su ay ud a. “H erm y le pid ió a Jos é Em ilio ri­ esc ilio Em andones.” José rro, hermanito, no me ab o , co tej ó, co mp rob ó e hiz rtó co , bió , añ ad ió, co rri gió los ícu art ros ch o co n nu est tod o lo qu e ya ha bía he de ión tod os los mi érc ole s acc cu an do fue jef e de red los os tod de , os los me ses tod as las sem an as, de tod gina cultural hasta medio pá s tra años y formó página en de No ved ade s, de Mé xic o ma tar se en el su ple me nto de tar s má y sid o su pe rad o) la cul tur a (qu e nu nc a ha o la rev ist a Sie mp re! al lad de o en La Cu ltu ra en Mé xic io­ nc me no e se dio el lujo de de Carlos Monsiváis, qu o había sido la cultura en cóm de narlo en una crónica igí a. el tie mp o en qu e él la dir ”, o de cía “es mo ns tru oso tod ra Si Oc tav io Pa z pa n­ me era ad o la palabra “verd José Emilio repite much era ­ s lo qu e ha ga s, ve rd ad ga ha te” y ase gu ra qu e, ad o. me nte va s a ser co nd en ord a gú n ilu so. Si us ted lo ab nin Jos é Em ilio no es ojos s su , nte lla trayectoria bri con su vida brillante, su bri ­ n bié tam nte , su s lab ios bri lla nte s, su pe lo bri lla ir rib esc a va e , y le dic e qu lla nte s, su bri lla nte fut uro m­ tie el a rd pie nd erá qu e no sob re él, seg uro le res po ­ lla al sol en Ci ud ad de Mé bri e po y qu e lo ún ico qu s ile óv tom au los mi llo ne s de xic o es la car roc erí a de ra vid a. est qu e co ng est ion an nu i­ esp eci al po rqu e Jos é Em es y ho El ho me na je de su y isa nr so su mp art ien do lio est á co n no so tro s, co i­ e na da le pa sa de sap erc qu la a mi rad a pr ofu nd a

Ba jo el pu en te M ira be au Va n el Se na Y nu es tro am or Re cu érd alo mi do lor la pe na sie mp re ha y di ch a tra s Ca e la no ch e, da la ho ra a As í el tie mp o se ev ap or

Foto: Octavio Nava/ Secretaría de Cultura DF (bajo licencia Creative Commons)

mo s Fren te a fre nt e no s mi ra Y las ma no s en laz am os pu en te Nu es tro s br az os so n el te Pe ro el ag ua ete rn am en Se lle va lo qu e de se am os Ca e la no ch e, da la ho ra a As í el tie mp o se ev ap or •


leer El espejo del solitario, Víctor Roberto Carrancá, Ficticia/Gobierno del estado de Puebla, México, 2014.

16 de marzo de 2014 • Número 993 • Jornada Semanal

Cuerpo extraño, Jazmina Barrera Velázquez, Conaculta, México, 2013.

Otras voces y otros ecos del 68. 45 años después, Salvador Martínez della Rocca (compilador), Fondo de Cultura Económica, México, 2013.

CONTRA EL SILENCIO, OTRAS VOCES EL CUERPO COMO LABORATORIO

MARIANA DOMÍNGUEZ BATIS Este es el número 43 de la Biblioteca de Cuento Contemporáneo que desde hace años, con paciencia y constancia, ha venido conformando la que sin duda es la casa editorial más consciente de dos realidades literarias irrefutables: una, que la novela goza de una preferencia lectora y editora no necesariamente justificada por la calidad de lo leído y editado, y dos, que el cuento mexicano en particular, lo mismo que a nivel internacional, jamás ha dejado de dar muestras de su elevada calidad. Una de ellas es este volumen, cuyas piezas giran en torno a un personaje y un lugar acaso más reales, en su entelequia de papel, que la propia realidad. La Enogea de José el Solitario, que es la de Carrancá, es un mundo que a sí mismo se basta para representar a ese otro en el que estamos instalados, a veces con similar sensación de irrealidad que la sufrida por los habitantes de estos territorios narrativos. El laberinto de los cincuenta, Fernando Iwasaki, Ediciones Cal y Arena, México, 2013.

“Vicios”, “Achaques” y “Manías” son los tres grandes apartados en los que Iwasaki organiza lo que sus ojos miran “desde la plataforma trasera de un coche de ferrocarril, paisaje del cual va uno saliendo”, que es como el enorme Julio Torri describe la sensación que produce ver la vida desde los cincuenta años de edad. “Un típico tono retro, a veces enfurruñado, siempre nostálgico […] de alguien que se hace mayor”, con más o con menos delicadeza –Sabina dixit–, es la marca estilística y discursiva de este novelista, cuentista, ensayista y cronista nacido en Perú hace cinco décadas y tres años. Desencanto socarrón, cinismo autoinflingido, burla en ristre: así las armas de Iwasaki para explorar cómo se enfrentan los grandes temas –el sexo, la política, la muerte–, pero también los de todos los días, los de a pie, desde eso que ciertos optimistas ahora llaman “el quinto piso”.

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Recuerdo, recordamos

RICARDO GUZMÁN WOLFFER

hasta que la justicia se siente con nosotros Rosario Castellanos

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el ’68 ya todo está dicho podría afirmarse al aire y sin mucha reflexión, lo que es refutado por Otras voces y otros ecos..., un conjunto de ensayos que conduce a una relectura del movimiento estudiantil considerado como un parteaguas en la historia sociopolítica y cultural del México moderno, así como a un balance necesario, tamizado y madurado por el paso del tiempo. A cuarenta y cinco años de 1968 y después de la aparición de más de ochenta publicaciones al respecto, resulta necesario continuar hablando del tema, ir más allá de la memoria y del recuento de los hechos, para lograr un análisis y comprender sus implicaciones presentes e incluso futuras, “especialmente ahora que el fantasma de la represión y el autoritarismo parecen asomarse de nuevo” con el regreso del priísmo a la Presidencia, como se asienta en el volumen. Bajo la premisa de que todas las voces son necesarias para esclarecer los acontecimientos ante el silencio, dieciocho especialistas mexicanos, algunos incluso protagonistas del movimiento, ofrecen nuevas vetas de análisis y relectura desde la sociología, la historia, la ciencia política, la economía y la literatura. Salvador Martínez della Roca, Pino, es el compilador de este esfuerzo editorial, continuación del aparecido hace cinco años: Voces y ecos del 68. Es así que Rolando Cordera desenhebra lo acontecido desde un punto de vista económico. Hugo Gutiérrez Vega ofrece un contexto de los antecedentes nacionales y universitarios del conflicto. Guadalupe Loaeza rememora los tiempos en que era una “fresa e inconsciente” edecán de los Juegos Olímpicos, para después realizar un parangón de los sucesos mexicanos con los acaecidos en Francia. Mientras que Carlos Payán reconstruye aquel año a partir de documentos de los Archivos Nacionales de Estados Unidos. Fabrizio Mejía Madrid relata las memorias de su abuelo al lado de Heberto Castillo. Benito Taibo evoca aquella marcha del silencio del 13 de septiembre, de la mano de su padre. Rogelio Ortega reflexiona el momento histórico desde su natal Guerrero y la guerrilla rural de Lucio Cabañas y Genaro Vázquez. Inti Muñoz discurre sobre si el ’68 fue una derrota, al tiempo que Federico Reyes Heroles resalta el proceso como el detonante del nacimiento de la ciudadanía con la que contamos actualmente. El ’68 es también reinterpretado conforme al contexto nacional y global por Agustín Basave, Alejandro Encinas, Carlos Martínez Assad, Luis e . Gómez, Argel Gómez Concheiro, Jesús Martín del Campo y Consuelo Sánchez, quienes nos recuerdan el mayo francés, la primavera de Praga, y las luchas estudiantiles casi simultáneas en más de sesenta países aquel año, así como la guerrilla cubana, las movilizaciones contra la Guerra de Vietnam y la lucha por las libertades democráticas, cristalizada hasta en el rock and roll. Lo cierto es que “el pasado gravita sobre el presente”, en palabras de José Woldenberg. A cuatro décadas y media, el ’68 aparece más vigente que nunca, sobre todo ante la nueva cerrazón global que se cierne sobre las libertades democráticas, por lo que revisitarlo se vuelve imperativo •

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i el ensayo como género requiriera aliciente para los lectores, este texto, ganador del Premio Literal de ensayo 2013, sin duda será uno. Y por mucho tiempo. Mezcla de ensayo y poesía, los textos cortos de Barrera retoman varias afluencias propias del género (la cita de otros autores, su análisis conjunto, etcétera), pero el tino reside en presentar parte del camino deductivo de la autora para llevar al lector no sólo a las fuentes de sus poéticas divagaciones, también a los frutos de ese andar entre lo leído y lo interpretado. Diez glosas sobre el cuerpo y sus actos inmediatos; una sobre los animales, para evidenciar la cercanía con nuestras posesiones, incluso si es otro ser vivo: más si es un alma encarnada, en las capacidades humanas apenas comprendidas. El cuerpo resulta extraño a la autora: parece no llegar a conocerlo, como si la mirada sobre sí fuera una extrapolación indisoluble. Así como la risa es la respuesta a no saberse en el lugar situada, esta “discapacidad menor” tiene como referencia la propia genealogía. Como si los conceptos de tiempo y espacio fueran ajenos al cuerpo que no reconoce la escribana de un período diferente, del que gusta entrar y salir en lugares como Londres o cualquier otro donde la arquitectura o el diseño urbano mezclen los siglos sin pudor. La risa y el cuerpo convulsionado para enfrentar la pequeñez humana ante la inmensidad incomprensible del universo: la materia del cuerpo en movimiento para enfrentar lo inasible en aparente estática. La risa como pretexto para hablar de la búsqueda del propio lugar en una ciudad, la de México, donde muchos mundos (tangibles y conceptuales) se entretejen para dificultar el encuentro con el lugar desde donde veremos al mundo. Una mirada por momentos rozagante para recordarnos cómo lo inmediato a nuestra visión es ese cuerpo que habitamos en la otredad de lo cambiante. Lo literario para hablar de ese organismo vuelto pantalla de las luces de otros tiempos, para establecer la permanencia de la creatividad literaria; especialmente de aquella que anida en cada lector: bastará uno por generación para asegurar la existencia de Eliot, Stevens, Rushdie, Borges, Coetzee y muchos. La autora es esa una y, mediante sus reflexiones, en espejo, lo son los descifradores de la esencia interiorizada del acto de hacer propio lo escrito hace siglos. Una mirada compartida por quienes logran asombrarse, como esos niños ante los misterios de las aventuras literarias, con las conclusiones de esta ensayista capaz de sorprender en su composición y sus referencias, tan divergentes como asimiladas en la pronunciación de palabras viejas con nuevos significados. Ensayos cifrados en una sombra literaria de largo alcance, donde se curan las sierpes misteriosas en el cuerpo auscultado. Este es un ensayo eficaz para llevar al lector a lugares sorpresivos, y la edición bilingüe permite acercamientos a latitudes compartidas •

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Jornada Semanal • Número 993 • 16 de marzo de 2014

Obsesiones de un espectador, Hugo Gutiérrez Vega, Gobierno del estado de Querétaro, México, 2013.

DE LA OBSESIÓN AL ASOMBRO Y VICEVERSA ANTONIO SORIA

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eo a Tancredi –un Alain Delon en plena y arrogante juventud– caracoleando su caballo entre las carrozas. La mirada de Concetta, su prima y enamorada, lo perseguía sin descanso. El Príncipe Salina dirigía con mano fuerte los trabajos del viaje, y esperaba con ansia la llegada a Donna Fugatta, el poblado familiar que presidía el Palacio Salina y que esperaba con toda la parafernalia religiosa y civil a los viejos dueños que, por la astucia del Príncipe (’Principone mío‘, le decía la gordezuela prostituta que visitaba subrepticiamente en un barrio de Palermo), ya se iban adaptando a los nuevos y turineses tiempos.” Así se lee, o mejor dicho así se ve, a través de los ojos del obseso confeso autor de este libro, un fragmento de ese filme irremplazable no sólo en la cinematografía italiana sino mundial, basado en la novela, igualmente insoslayable, que Lampedusa escribiera entre 1954 y 1957, que vio la luz editorial en 1958 y que Luchino Visconti llevara a la gran pantalla cinco escasos años después, para más señas con música de Nino Rota e incluyendo en su reparto, entre otros, a Claudia Cardinale, Burt Lancaster, Terence Hill, Rina Morelli, Paolo Stoppa y, por supuesto y encabezándolos, al mencionado en la cita Alain Delon. El título del filme aludido –que muy adrede permanecerá ausente de estas líneas– no debería ser ningún secreto para quienes, como Gutiérrez Vega, no sólo son capaces de ver cierta, ciertas películas, una vez y otra y otra más, precisamente como todo un obseso, sino consideran como una gozosa obligación tal ejercicio de ver y de re-ver, es decir de re-visar, una obra cinematográfica con el inapagable afán de hacerla propia y, al aprendérsela, aprehenderla, como cuenta el autor que la apre(h)endieron, además de él, otros obsedidos como Sergio Pitol, Carlos Monsiváis, Carlos Fuentes y Manuel Puig. Los veintiséis apartados en los que se dividen estas Obsesiones de un espectador dibujan un amplísimo arco temporal pero, más importante que eso, abarcan un enorme segmento del opus colectivo –y no solamente cinematográfico sino, como verá el lector, también dramatúrgico y teatral– imprescindible para entender las coordenadas culturales que más claramente han dado forma al territorio creativo en el que se inscribe buen número de senderos actuales, tanto en el cine como en teatro. Eso, indiscutiblemente, sucede con creadores como los que Gutiérrez Vega rememora, reseña y refiere, todo a la vez en un ejercicio de síntesis nunca exento de plasticidad verbal, en torno a los cuales reflexiona y hace reflexionar en este volumen, donde se aparejan una saludable brevedad y una envidiable concisión. La lista, incompleta en estas líneas, es impresionante: el referido Visconti acompañado por De Sica, Rossellini, Monicelli, Bertolucci y todos sus colegas neorrealistas; el inagotable Bergman de Fresas

silvestres, Persona, Gritos y susurros, El séptimo sello, La hora del lobo y Sarabanda; Pier Paolo Pasolini con El Evangelio según San Mateo –acerca de la cual el autor hace una deliciosa crónica de quien fungiera como “sombra que pasa en la lejanía”–; y del universo teatral el imprescindible Beckett, de quien atestigua una puesta en escena en el mismísimo corazón de un Broadway felizmente conquistado por Godot, lo mismo que Bergman llevado al teatro por Daniel Giménez Cacho, un Bram Stoker escenificado por Eduardo Ruiz Saviñón; así como Jean Cocteau presente en México gracias a la puesta en escena de Los padres terribles. Se incluyen otras aproximaciones, que se dirían intra o parafílmicas, en las que destacan Carlos Fuentes y una cálida interpretación del conde Alucard, el puertorriqueño Luis Trelles y sus divas de celuloide, verdaderas diosas del olimpo de la educación sentimental tanto de Gutiérrez Vega como del resto de obsesos convocados aquí, así como el novelista y guionista Mauricio Magdaleno, a quien se le debe la escritura de historias bien conocidas y fundamentales de la cinematografía mexicana, como Pueblerina, Flor Silvestre y María Candelaria, por mencionar sólo las de obvia referencia. Después de ellos, deliberadamente el autor ha dejado para el final el ensayo más largo, del donde procede el título del volumen. Para redondear debidamente esta brevísima reseña, que sea el propio autor quien lo explique: “Las obsesiones que al autor de estas notas le produce la obra de Luis Buñuel no sólo se han apoderado del que está escribiendo (y que, por cierto, no es más que un espectador de cine, un diletante o, para hablar con menos vaguedad, un amante, un educando enamorado de su maestra, de su educadora sentimental que tuvo, tiene y tendrá forma de pantalla cinematográfica).” Se han apoderado, dichas obsesiones, de una generación tras otra de cinéfilos y espectadores de teatro, y es a ellos a quienes le habla Gutiérrez Vega, desde una erudición absolutamente desprovista de arrogancia, como quien sencillamente apela al entusiasmo genuino, que es la variante más enriquecedora del asombro •

Políticas sobre el cannabis, Robin Room, Benedikt Fischer, Wayne Hall, Simon Lenton, Meter Reuter, Diana Rossi, Raúl Alejandro Corda, Fondo de Cultura Económica/ Beckley Foundation, México, 2013. Coordinados por Amanda Fielding, este sólido conjunto de académicos entre los que se cuentan reconocidos especialistas en medicina, psicología, economía, política y sociología, aportan algo indispensable al recientísimo debate que, sobre el consumo de estupefacientes, ha venido dándose a nivel internacional: seriedad. Con independencia de cálculos de estrategia política-electoral, o de la administración de la imagen pública que suelen cultivar aquellos encaramados en el poder que detentan, vía sus cargos, decisiones fundamentales al respecto, Room, Fischer, Hall, Lenton, Reuter, Rossi y Corda enfocan el fenómeno, particularizando su análisis en la marihuana en razón de ser ésta la droga ilegal más consumida en todo el mundo, y arrojan luces más que atendibles para encaminar a la sociedad a una solución al respecto que de verdad sea eso, una solución y no un mero paliativo o postergación.

POLONIA, LETRA Y CULTURA Ewa Agata Bałazinska, Fernando Villagómez et al.

Cuentos completos, Sergio Ramírez, Fondo de Cultura Económica, 2013.

Una nota inaugural advierte que “estos cuentos completos reúnen cronológicamente los cuentos publicados en libros del autor, según el orden de cada primera edición, a excepción de De tropeles y tropelías (1972), que sigue el orden de la cuarta edición”. Nominalmente, lo que hallará el lector es el conjunto de los siete títulos que el nicaragüense Ramírez ha dado a la imprenta desde 1963 y hasta 2006: Cuentos (1963), Nuevos cuentos (1969), el ya referido De tropeles y tropelías (1972), Charles Atlas también muere 1976), Clave de sol (1992), Catalina y Catalina (2001), y finalmente El reino animal (2006). En cuanto a contenido, lo que ha de encontrarse es, trazado por una pluma envidiable, un vasto paisaje literario, es decir humano, en el que el autor conocido sobre todo por la novela Margarita, está linda la mar, ha sabido dar el santo y seña de la cotidianidad, las preocupaciones, el modo particular de ser y estar en el mundo desde ese país tan intenso y tan cercano llamado Nicaragua.

Palabras cruzadas. Entrevistas, Elena Poniatowska, Ediciones Era, México, 2013. Seis décadas cumplidas y poco más tiene nuestra querida Elenita ejerciendo ese oficio por el cual no le dieron el Premio Cervantes, pero que ella reivindicó para que se supiera bien qué premiaban cuando la premiaban: al periodismo, a la periodista que, desde 1953 y contando, ha hecho del ejercicio periodístico su sello y su razón de ser, más allá de la enorme cantidad de crónicas, cuentos, biografías y novelas que han salido de su pluma inagotable. En este grueso volumen, de casi setecientas páginas, están reunidas buena parte de las entrevistas, algunas diríanse míticas, que la Poni ha publicado aquí y allá en los últimos sesenta años, y sin las cuales el panorama de la vida cultural en México estaría sencillamen‑ te cojo, incompleto, oscurecido. Entre muchas otras, se hallan las Palabras cruzadas con Cantinflas, el Indio Fernández, José Revueltas, Tongolele, Gabriel Vargas, el padre Chinchachoma, Ricardo Garibay, Jorge Ibargüengoitia, Alfonso Caso, Cri-Crí, Leduc, Guillén…

próximo número La Jornada Semanal

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arte y pensamiento ........

Francisco Torres Córdova

Ricardo Venegas

Leopoldina Según me acuerdo, mi mamá se llama Leopoldina, como yo. Se apellida Cifuentes, como yo. Dicen que tiene los ojos verdes, igual que yo, pero de eso no me acuerdo. De mi papá no sé nada porque nunca lo vi. Sólo sé que se llama Rufino. Mi mamá tenía un retrato donde estaba con él, pero nunca jamás nos dejaba verlo. No sé dónde quedaría. Dicen que se encontró con otra señora y nos dejó. Dizque se fueron al norte. Mi mamá trabajaba, pero no sé qué hacía; no ganaba lo suficiente y nos llevó a vivir con mis abuelos. A mí y a mi hermana Elvira, que es más grande. Ella dice que se acuerda de Rufino; que tenía una guitarra y cantaba. A mí no me gusta cantar. Mi mamá nos dejó a nosotras pero se quedó con Ricardo Antonio porque estaba chiquito. Cuando vi que ya se iban me puse a llorar. Primero venía a vernos los domingos. Nos traía naranjas. A veces sueño con mi hermano porque jugábamos juntos. Pero no me gusta soñarlo porque entonces vuelvo a llorar •

Febronio Zataráin MINIFICCIONES Vigilia Todos dormían, excepto ella. Esa noche le había tocado cuidar el fuego y estar atenta a que ningún animal se atreviera a cruzar el umbral de la cueva. Mientras removía los tizones para reavivar la lumbre, recordó el bisonte gris que los machos habían cazado esa tarde. Ella lo había presenciado todo, y había sentido un gran respeto por el animal porque había peleado hasta el último segundo. Era tanta la admiración que anheló tener al bisonte frente a ella. Miró la danza de las llamas que parecían vivas, y debajo de ellas entrevió un bisonte galopando. Jaló uno de los tizones, lo observó detenidamente, pero no encontró rastro de la bestia. Soltó un soplido y algo de ceniza se dispersó; luego notó que el naranja fulgurante poco a poco se iba tornando al color del bisonte de la tarde. Esto la hizo pensar que el espíritu del animal estaba dentro del tizón, y con su punta empezó a restregar una de las paredes. Se detuvo, y vio que lo que había salido simulaba la cabeza del bisonte. Se movió hacia un extremo del muro e intentó trazar una línea inclinada, y al friccionar el tizón, brotaron chispas y, tras ellas, surgió una raya negra; la estuvo detallando hasta que adquirió el parecido de una cola; después trazó una línea horizontal que ligó la cabeza con el rabo •

El diario de los años muertos, de Ivo Quallenberg

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AY HISTORIAS QUE ENCARNAN nuestra propia fragilidad, derroteros por los que el fenómeno de la existencia nos guía. También están aquéllas en las que la trama es lo de menos, quizá un mero pretexto para desentrañar el alma de los personajes que viven el misterio de no verse a sí mismos, de no poder confrontarse, sino, sencillamente, padecer su historia. Los personajes de Diar io de los años muertos (Ediciones Eternos Malabares/ inba /Conaculta, 2013), de Ivo Quallenberg lo saben y entienden su porqué. Ivo Quallenberg nació en Ciudad de México, es licenciado en Economía por la Universidad Autónoma Metropolitana y cursó la maestría en filosofía en la Universidad de Barcelona y la maestría de sociología en la New School for Social Research. Trabajó en diversas instituciones públicas, tales como el Centro de Educación para Adultos, el Fondo Nacional para Actividades Sociales y el Museo de Culturas Populares, además de haber participado en diversos proyectos de investigación social de la Universidad Nacional Autónoma de México, ha escrito tres novelas y tres libros de cuentos que no han sido aún publicados. Diario de los años muertos contiene un repertorio de cuentos y relatos, además de un ensayo final que linda en el cuento; los géneros, en todo caso, se entrecruzan para hacer patente el sentido de su escritura. Sus textos giran en torno a la obsesión del amor y sus malogros. El sentido de la vida está continuamente en juego, y el azar, cuando interviene, parece decantar estas historias. A pesar de que los personajes buscan a todo trance resolver su existencia, sus insalvables obsesiones los enceguecen a tal punto que se hunden todavía más en la zozobra; esto pareciera insistir en recordarnos al más puro Constantino Kavafis cuando dice: “no hay camino para ti”. El contrasentido se sostiene en un tono donde conviven el humor y el drama. Uno de esos relatos es el que se titula “Si yo fuera Coca Cola, tú serías diabética”, en el cual el narrador omnisciente desmenuza sus filias, su relación amorosa con una mujer que nunca le correspondió;z a tal punto llega la obsesión por una mujer enferma, que el personaje del cuento opta por la acción más radical: “Hice lo que debí haber hecho desde el primer día: curarte lo incurable. Confieso que fue un asunto de niños cortar por lo sano con esas ideas de pájaro que tienes. Pero funcionó. Resultó un éxito rotundo reemplazar tus chochitos de arsénico diluido a la 30, por arsénico letal. El caso es que hoy, 22 de marzo, es el día más feliz de toda mi vida; porque ¿sabes? al fin entraré en ti.” Literatura que no ha buscado adelgazar la realidad para mitificarla, la de Ivo Quallenberg es una escritura que busca la orientación vital de sus personajes. En este diario el lector encontrará a sus amigos y a sus enemigos, el camino al descenso en el que se conocen las aptitudes de cada quien o, ¿en dónde podría ser más genuino el retrato de un hombre? •

ftorrescordova@gmail.com

MONÓLOGOS COMPARTIDOS

MENTIRAS TRANSPARENTES

BITÁCORA BIFRONTE

ricardovenegas_2000@yahoo.com

Felipe Garrido

16 de marzo de 2014 • Número 993 • Jornada Semanal

Un lugar común

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A, VIENE Y CAMBIA, se tarda y se divide y multiplica y pasa. Es sutil y tumultuosa; impone su tiempo de

relámpago al tiempo cotidiano y lo aclara y a la vez lo ciega y lo somete. De la forma, que es el cuerpo del mundo y el nuestro que nos tiene y nos dispersa, se hace flujo y cunde en la conciencia y la atolondra, la afila y encandila. Por el sonido, la línea o el color, el movimiento, el espacio y sus mareas, la piedra y la palabra, pretende el alma un testimonio de sus fibras o el relieve de sus huellas, la luz y sombra que trazan su contorno y su volumen, pero siempre escapa y al cabo deja el silencio tembloroso, suspendido en los umbrales que articulan la certeza de la vida con el más profundo y erizado asombro, el severo borde entre el vuelo y la caída. Inasible aun en la caricia, es tantas y una sola, a nadie pertenece y no perdura y sin embargo continúa y siempre se renueva, y cuando acierta en los sentidos y la mente, los libera y en ese mismo instante los subyuga.“Venía la belleza de quién sabe dónde/ Venía hacia mis ojos/ Con su andar de planeta seguro de su tiempo…/ Es la ley misteriosa que de pronto se encarna/ Y se hace realidad en un instante”, dice Vicente Huidobro (“Estrella hija de estrella”), y a Odysseas Elytis, en el Egeo inmarcesible, en medio del nudoso esfuerzo en la búsqueda de la expresión, asomado a su ventana lo sorprende y lo cuestiona en la figura de una niña que en el patio se mece en un columpio: “¿Qué era? Hoy lo veo. Era el aislamiento de la sensación y su autovaloración en un instante perpetuo, lo perfecto, que no logramos, dado en un relámpago, en la mínima duración que necesita para cancelar la miseria cotidiana. Es cosa cruel, dicen, la Belleza. He ahí un lugar común que aún no se desgasta. Y aquí entre nosotros: el único” (“Las muchachas.”) En medio del tumulto incesante y estéril, desmedido y voraz que en cada hora de los días nos encajan la barbarie con sus múltiples agujas, la mirada contrahecha del consumo y el poder, sus trueques y trucos que fecundan y cunden la miseria de la carne y del espíritu, aún resiste la belleza – “la invicta belleza que salva y enamora”, dice nuestro poeta– , y cuando ya no era, inesperadamente se desprende del polvo y la mugre que la arrastran, se aparta del ruido que embrutece sus tantas resonancias, y suave y poderosa nos convoca al riesgo del sentido de la vida sin fisuras si lo hubiera, nos llama a la duda que oscila en la vasta lejanía que nos llena y nos circunda. A ver si entonces así, para cada uno y acaso con los otros, ahora, tarde, noche o madrugada, se queda quieto ahí su tiempo un parpadeo y el calor que pulsa en sus ingles y su nuca nos alcanza con su aroma. A ver si el cuerpo tiembla todas sus edades cuando ella pasa y se ríe o mira fijamente a quien la mira y lo detiene al filo de sí mismo como al filo de un milagro o de la nada. A ver si entonces el torpe pensamiento no se enreda en los reflejos que desata y sólo deja que ella sea ahí como ella sabe y el vértigo que incita y nutre no cesa y nos acaba o nos redime •

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Jornada Semanal • Número 993 • 16 de marzo de 2014

........ arte y pensamiento Miguel Ángel Quemain

La primavera de Hellwig-Garzynski

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A TEMPORADA TEATRAL DE Primavera 2014, que forma parte de los logros que desde hace doce años se consolidaron en el Colegio de Literatura Dramática y Teatro ( ffyl , unam ), tiene un significado que no es evidente detrás de las funciones de teatro que iniciaron este mes y que concluirán en mayo próximo con El polvo, Inuk, una aventura polar y Abdicaciones. Si bien son resultado de un intenso trabajo de equipo, un compromiso académico e institucional desde 2002, el creador es el polaco Lech Hellwig Gorzynski, quien además instituyó un concurso y un premio desde 2006 a lo mejor de la creación escénica de la Facultad, mismo que desde 2011 lleva su nombre y forma parte de los premios que otorga la ffyl a un conjunto de creadores que funcionan con el rigor artístico de sus homólogos internacionales. Reseñé aquí la bienvenida respetuosa que le dio Gloria Villegas como nueva directora de la Facultad de Filosofía y Letras al premio que fundó Lech-Hellwig Gorzynski y a los proyectos del Colegio de Teatro, así como el inicio del patrocinio y apoyo de la Embajada de Polonia en México. El mérito de Villegas fue consolidar este reconocimiento, que coloca a la ffyl como una entidad capaz de ofrecer creaciones escénicas en el nivel de excelencia metodológica de las escuelas especializadas. El encuentro del rector Narro con el Colegio de Teatro de la ffyl se signó hace dos años con la entrega de la séptima edición de este premio. El rector le dio un reconocimiento al teatro de la Facultad, tan relegado a pesar de que sus creadores, que han demostrado solvencia en todas las áreas del teatro. En esa ocasión, tanto Villegas como el rector reiteraron la construcción de un nuevo Teatro (una hermosa caja ne-

gra) y una biblioteca especializada que también será repositorio de los archivos teatrales de la institución. En los últimos años, la unam se ha sensibilizado en el rescate de los archivos de sus más destacados investigadores. Justo una de las primeras noticias de este año fue la consulta del Fondo Arcadio Poveda, que tiene noventa y siete cajas con proyectos de investigación, publicaciones, manuscritos y fotografías que se pueden consultar en el Instituto de Astronomía. En el caso del teatro no sólo es necesario pugnar por recibir los cerca de quince metros lineales de los que consta su archivo y que deberían de integrarse en esa biblioteca repositorio de la que Narro dio noticia el año pasado. El archivo está prácticamente digitalizado y su descripción muy avanzada. Lo conforman los documentos acumulados a partir del año 1981, así como los del desempeño de Lech Hellwig-Gorzynski como académico adscrito al Colegio de Literatura Dramática y Teatro de la ffyl desde 1987 hasta la fecha.

LA OTRA ESCENA quemainmx@gmail.com

De acuerdo con su Ley de Archivos, Polonia reclama esos documentos pero están aquí, están en español, son nuestros y pueden compartirse digitalizados. Lech recibió el año pasado la Cruz de Oficial de la Orden del Mérito de la República de Polonia, precisamente por el carácter híbrido de su quehacer en beneficio de ambos países. Esto tiene que pasar con los archivos de nuestros eméritos, de los distinguidos con los premios unam y con investigadores y profesores que, si bien pueden tener comparativamente una trayectoria más modesta, la calidad de su gestión, su participación en la enseñanza y en las labores de Extensión y Difusión hacen imprescindibles sus archivos, su memoria. Lo mismo sucede con grandes maestros como Armando Partida Taizan, que de seguro guarda grandes sorpresas en sus archivos. Pongo un ejemplo notable y no prosigo un recuento afortunadamente muy largo pero inabordable en este espacio. Hay muchas frases cursis que describen el desdén de las instituciones, incluso culturales, hacia la cultura. Una de ellas es “lo cultural siempre es el patito feo”. Es cursi pero es cierta y vigente. En una carta al director general de Comunicación de la unam , que Lech le dirige agradecido por la cobertura en La Gaceta de la ceremonia a la que asistió el rector Narro, le hace notar con sutileza que valdría la pena que formaran parte de la agenda de esa publicación las temporadas teatrales de Primavera y Otoño, que durante doce años han sido ese “patito feo” que refiero. Es usual que las inauguraciones se abarroten y que, una vez concluido el acto, como por arte de magia, el recinto se vacíe y lo que parecía un público resulte no ser más que un séquito. Ojalá y la próxima entrega del premio la celebremos en un nuevo teatro y que su memoria se guarde ya en ese repositorio nuevo •

Arriba: Escena de Abdicación

BEMOL SOSTENIDO Alonso Arreola

Sábado Distrito Federal

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ACE UNOS DÍAS VEÍAMOS el documental New York Doll a propósito, justamente, de los New York Dolls, banda señera del proto punk y del glam rock. En un momento dado, mientras hablaba su vocalista David Johansen, sonó de fondo “London Calling”, de The Clash. “Qué buena rola”, pensamos. Y acto seguido: “Sería interesante identificar más canciones dedicadas a grandes capitales.” Recordamos entonces el tema “Where Are We Now?”, del nuevo disco de David Bowie (The Next Day), así como los álbumes Michigan e Illinois, de Sufjan Stevens (quien desea dedicar uno a cada estado de la Unión Americana). Llegamos luego, como quien cae a un pozo, a “En la ciudad de la furia”, de Soda Stéreo, tema bonaerense, y de ahí “A Passage to Bangkok”, del trío canadiense Rush. Entonces nos dimos cuenta de algo: en geografías distintas a las del rock urbano que fabrica seguidores en la periferia de las urbes mexicanas, en tiempos distintos a los del Tri, Rockdrigo, Botellita de Jerez, Jaime López, Monocordio, Óscar Chávez, Chava Flores y otros iconos citadinos, los compositores más jóvenes no atienden mucho a su contexto físico inmediato. Como que les avergüenza. Al otro lado del Río Bravo, empero, no importa si se trata de “Viva Las Vegas” con el Rey Elvis Presley o de “Waking Up in Vegas” con la popera Katy Perry; si es “Memphis” con pj Harvey o “Memphis, Tennessee” de la leyenda Chuck Berry; si “Sailing to Philadelphia” del virtuoso guitarrista Mark Knopfler o “Streets of Philadelphia”, de el Jefe Bruce Springsteen; en general cantarle a las ciudades es fundamental para el arraigamiento y el orgullo, y también para el chauvinismo más ramplón. De cualquier modo nos parece esencial.

En México se ha dedicado mucho repertorio a ciudades, pero en géneros tradicionales alejados del pop y del rock, a los que nos acercamos hoy. Del “Son de la negra”, dedicado a Guadalajara, al “Caminante del Mayab”, de Cárdenas, son muchos los monumentos aéreos que pueden enfrentar a contrincantes como “La chica de Ipanema”, de Antonio Carlos Jobim o “Mi Buenos Aires querido”, de Gardel y Le Pera. Es curioso, por el contrario, que hayan sido Bill Haley y sus cometas quienes grabaran “Tampico Twist”, o Los Auténticos Decadentes “Distrito Federal”, o Manu Chao “Welcome to Tijuana” (ciudad a la que sí ha enaltecido la electrónica de Nortec Collective). Claro, dirían unos, del otro lado de la cerca el pasto siempre es más verde. Otros que han hecho música y letras notables para ciudades poco comunes son: Falco, quien propuso un eco a The Clash con “Viena Calling”, Gorillaz y su bella “Hong Kong”, Beirut (banda de nombre citadino) con la acústica “Nantes”, los lúdicos Zebda con “Toulouse”, Neil Young inspirado en “Albuquerque”, r. e. m. con la poderosa “Houston” y el exageradísimo Bon Jovi sobre “Santa Fe”. En géneros alejados del rock podemos escuchar al francés Jacques

@LabAlonso

Brel con la cabaretera “Bruxelles”, a Edith Piaf cantando “C’est a Hambourg” (en el fondo dedicada a muchas ciudades), a Bob Marley con “Concrete Jungle” pensada en Kingston, a un joven Tom Zé con “Sao, Sao Paulo” y “Let’s Move to Cleveland” con el enloquecido guitarreo de Frank Zappa. En plan más raro están el dominicano Juan Luis Guerra con “Bachata en Fukuoka”, el dúo francés de electropop Air con su diáfana “Alone in Kyoto” (parte de la banda sonora de Lost In Translation), el emblemático Bob Seger y su boba “Katmandu”, los metaleros de Angra distorsionando a la acuática “Lisbon”, el padre del hip hop Gil Scott-Heron solidarizándose con “Johannesburg” y hasta Freddie Mercury junto a Montserrat Caballé en “Barcelona”. Así las cosas, lectora, lector, piénselo: en algo se parecen las búsquedas piel adentro y fuera de un continente. Ambas son escapes. Cantarle a lo inasible, a lo inefable, a lo lejano, a lo añorado, al pasado y al futuro, todo eso es necesario pero inconcreto. Quien participa de la molienda diaria y enfoca la acera de enfrente o dedica una pieza al parque cercano (allí está “Nostalgia in Times Square”, de Charles Mingus), a veces consigue ser un compositor más completo, pues usa el concreto y la hierba que lo circunda. A veces. Podríamos investigar durante meses las canciones inspiradas en un lugar como París, verbigracia, y no terminaríamos. Sólo mientras pasan los minutos el cancionero que vamos encontrando aumenta. Pero insistimos: ¿están listas las ciudades de México para renovar su piel sonora? Ahora escuchamos a Los Negretes y su México City Blues¸ a Juan Cirerol y su Ofrenda al Mictlán. Bien por ellos. ¿Quién más se animará? Buen domingo. Buen asfalto. Buenos sonidos •


arte y pensamiento ........

16 de marzo de 2014 • Número 993 • Jornada Semanal

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Jorge Moch

Verónica Murguía

H

AY SEMANAS EN LAS que no entiendo nada y voy por la vida con cara de boba. De por sí soy propensa a la perplejidad: ya en este mismo espacio escribí que me gustaría que, cuando muera, en mi lápida se lea “Aquí yace Verónica Murguía, cada día más confusa.” Imagínese el lector. Cada día más confusa. Una enormidad de aturdimiento que aumentará con el paso del tiempo. En el lapso de algunos milenios me convertiría en un universo de desconcierto, una supernova de incertidumbre. Un hoyo negro que absorbería toda certeza y la convertiría en nada. Ja. Esas son las fantasías que infestan el ánimo cuando uno padece el extraño destino de ser mexicano. Si fuera budista pensaría que en mi vida pasada fui una ladrona, una jugadora profesional de póquer, una estafadora que bebía jaiboles todo el día y

engañaba a señores ingenuos en la noche; que por eso me tocó nacer en un país en el que las autoridades le tratan de tomar el pelo a los ciudadanos desde que nacen y hasta que los entierran. Pero no creo en la reencarnación, así que tengo que resignarme. Sólo tengo una vida y me tocó experimentarla aquí, con la irritante certeza de que los que nos representan y sus impresentables familias, compadres y conocidos, nos están tomando el pelo de una forma tan descarada que lo deja a uno mareado. Hoy que escribo estas líneas no se habla más que del fraude colosal de Oceanografía y de los hijos de Martita Sahagún. De las cifras que se mencionan no puedo más que repetir lo dicho por muchos: son inimaginables, estratosféricas. No sé qué se puede comprar con esas cantidades de dinero: países enteros, supongo. También sé lo que no se puede pagar: integridad. Pero no creo que los Bribiesca hayan tenido jamás la idea de procurarse ni tantita decencia. Yo, para más tirria, soy una persona azorada pero con muy buena memoria. Así que recuerdo perfectamente que durante el sucio e ineficiente sexenio de Fox, ya se hablaba del millonario tráfico de influencias de los hermanos Bribiesca. Recuerde el lector: “Vamos México”, “comes y te vas”, la portada de la pareja en el ¡Hola! , los cochupos de los multimencionados juniors con Felipe Calderón, entonces secretario de Energía. Recuerde a su amigo Maciel, el legionario de Cristo que consiguió “audiencia” a los Fox en un pasillo del Vaticano. Maciel, “sapo Iscariote y ladrón […] con la efigie de Cristo prendida del pecho”. (Así retrató a Francisco Franco el poeta León Felipe). Entonces, ¿por qué después de semejante espectáculo no hubo conteo voto por voto y casilla por casilla, como exigimos la mitad –por lo menos– de los mexicanos? A toro pasado: ¿a quién le dio estabilidad económica, seguridad per-

sonal, trabajo y prestaciones el pomposamente autoproclamado “presidente del empleo”? A los sicarios, a sus compadres, a los malos policías, a ciertos delincuentes, a los que negocian con la muerte. A ésos. Y lo que falta todavía por descubrirse, el dinero, los millones que se esfumaron. Otra pregunta: ¿qué pasó con el tesoro de las aguas profundas? Con la lata que daban con eso; la propaganda por radio y tele, a un spot por cada corte. El tesoro que iba a hacer ricos a todos, a sanear las finanzas del país. Según un artículo aparecido el 17 de febrero de 2010 en el periódico El Economista, según la Auditoría Superior de la Federación, los excedentes de Pemex (esa empresa dizque no rentable) fueron, de 2001 a 2008, ni más ni menos, de un billón 281 mil 902 millones de pesos. ¿Dónde andan esos dineros? La verdad es que suena como que alcanzaba, no para hacernos ricos, pero sí para mejorar la situación de México.Y ¿cómo es que se produjeron esos excedentes si Pemex es tan inoperante? Ah, Calderón y su cohorte, su vínculo corrupto con Fox, que ya vemos, salió caro al país. Y los muertos de su guerra. De eso no hablo ahora, porque nomás ando preguntando acerca del dinero. Citaré, sí, el poema de Neruda sobre España para referirme a todos los que hacen como que nos dicen la verdad y fingen que les creemos: “estiércol de siniestras gallinas de sepulcro, pesado esputo, cifra de traición”. En el poema completo hay una maldición tremenda que viene mucho al caso, por aquello de las víctimas y los niños de la guardería abc. Y una última pregunta, no urgente, pero que me atormenta: ¿por qué las luces de las torretas de las patrullas han aumentado de esa forma su intensidad? Es algo horrendo. Será para avisar a los ladrones, ¿no? •

Unos renglones desde la cárcel Un agradecimiento especial al Comité Cerezo México

H

ACE UNAS SEMANAS RECIBÍ un correo electrónico en el que se me hizo llegar la carta de un lector de esta columna. La carta la escribió Ilia Adad Infante Trejo desde el área de ingreso del Reclusorio Norte, donde permanece preso desde el 2 de octubre del año pasado, acusado por el gobierno del prianista Miguel Ángel Mancera de injurias a la autoridad y daños a propiedad pública y privada. Sólo que todo indica –aún las documentales y muy gráficas pruebas de video de la ciudad y de los mismos afectados por los destrozos que causaron algunos manifestantes radicalizados, como el caso del banco Ixe– que Ilia ni estuvo donde los policías dijeron que estaba al momento de los desmanes –Ilia fue “encapsulado” en una operación realizada por policías preventivos sin insignias nominativas, escondidos los uniformes con el equipo de protección antimotines– ni a la hora en que las mismas pruebas de los afectados muestran el momento de los destrozos. Los policías dijeron que Ilia había aventado piedras a la sucursal bancaria mientras en los videos del banco se ve a un joven embozado –asaz más delgado que Infante Trejo, con otra vestimenta– utilizar algo como una barreta para romper los vidrios. Ilia fue paseado en un camión de los granaderos con cuarenta detenidos más y luego, en un acto oscuro, arbitrario, de burda injusticia muy al gusto de los regímenes priístas de ayer y hoy, seleccionado con otros siete hombres, ninguno visiblemente herido (había varios entre los detenidos, que habían sido golpeados salvajemente por los uniformados) por un tipo de aspecto militar pero vestido de civil. Ésos, escogidos a criterio de un anónimo gorila del régimen, fueron acusados y enviados a la cárcel. Sin pruebas. Sin presunción de inocencia. Como Julio Hernández López publicó en su columna Astillero del martes 29 de octubre del año pasado, el mismo Ilia relata: “Desafortunadamente soy, junto con mis compañeros presos, víctima de la campaña por la cual el jefe del Gobierno del Distrito Federal se ha convertido en el encargado de hacer el trabajo sucio al gobierno federal. La acusación se realiza y se quiere fundamentar en el dicho de policías que ni siquiera nos encapsularon en el inmueble de Reforma 93. Vine a dar aquí junto con otras siete personas (entre ellas, un menor de edad ya liberado y un representante de medios ya exonerado) por el dicho de un comandante de la ssp que nos seleccionó arbitrariamente de entre cuarenta personas que éramos transportados en un camión de la policía en el estacionamiento de la Agencia del Ministerio Público g a m -2”. Infante Trejo, de veintiocho

años, estudia Filosofía y Letras en la unam , cubría la marcha de conmemoración de la matanza de Tlatelolco. Hoy sigue esperando resolución a su juicio de amparo radicado en el Juzgado Octavo de Distrito de Amparo en Materia Penal en el Distrito Federal. La Juez de distrito es Luz María Ortega Tlapa y ha estado postergando –recordando el caso Yakiri y el retorcido proceder del juez Santiago Ávila Negrón, al parecer estirar los procesos es común entre ciertos jueces– el fallo. La carta que remitió Ilia a esta columna hablaba de la encarnizada manera en que los mexicanos nos insultamos y despreciamos los unos a los otros. De que en las redes sociales parece respirarse un ambiente de guerra civil, y afirma:“El ambiente de odio, superficialidad, intolerancia e ignorancia que permea las redes sociales no ayuda a la construcción de nuevas alternativas para el país. Por el contrario, está gestando una generación de nativos digitales intolerantes, acríticos y profundamente ignorantes. La cantidad de información de Twitter no genera por ello un ciudadano informado. Sé que no es un fenómeno exclusivo de nuestro país. El problema radica, pienso yo, en que las discusiones ’feisbukeras’ o peor ‘tuiteras’ están desactivando el poder crítico de los usuarios de Tecnologías de la Información y la Comunicación (tic) y su poder y efectividad política. Los calificativos de las identidades culturales a su vez están creando microsociedades aisladas cuyo intercambio e interacción queda subyugada al mercado creando falsas contraculturas igualmente acríticas e intolerantes. Todo ese proceso pone al internauta en contra del internauta y a los jóvenes en contra de sí mismos.” E invariablemente, me permito agregar, en ruta de colisión con los poderes fácticos, lo que se convierte en la oportunidad perfecta para que el régimen aísle y neutralice a jóvenes inconformes. Dígalo, si no, el mismo Ilia desde la cárcel •

CABEZALCUBO

Preguntas sin respuesta

LAS RAYAS DE LA CEBRA

tumbaburros@yahoo.com Twitter: @JorgeMoch


15 Jornada Semanal • Número 993 • 16 de marzo de 2014

........ arte y pensamiento

Rodolfo Alonso

Luis Tovar

“T

ENDREMOS QUE RESIGNARNOS, POR lo visto, a la idea de que la democracia contemporánea no es íntegramente democrática, sino un sistema mixto entre dos elementos democráticos: el voto formal y las encuestas; y un elemento oligárquico: el poder económico.” Estas palabras, que parecen de absoluta y perentoria actualidad para los argentinos, como estrechamente ligadas a los arduos momentos económico-financieros que se nos obliga a vivir, no son sin embargo de un pensador actual. Son un documento. Y es más, una evidencia. Ya que quien las escribió, en su columna dominical del diario La Nación de Buenos Aires, el 29 de octubre del año 2000, fue

Disfraz y decadencia

C

OMO BIEN SABÍAN Y dejaron testimonio literario, entre muchos otros, pero de manera destacada Choderlos de Laclos y Francis Scott Fitzgerald, en Les liaisons dangereuses y The Great Gatsby, respectivamente, la decadencia suele ataviarse con el disfraz de los excesos. Oculto bajo capas a cada tanto más espesas de reiteración taimada y de acumulación con evidentes rasgos patológicos; continuidad crepuscular de todo aquello que en su alba tuvo razón, función y eficaz ejecución, ese descenso a veces al ralentí, otras más bien estrepitoso, de lo que en su momento fuera el esplendor y la eficacia de costumbres y procedimientos, pero también de cometidos y de afanes, halla ilustración contemporánea en un trío de filmes cuyo cometido no pareciera, salvo en uno de los casos, precisamente ése, es decir el de arrancarle los ropajes a una postmodernidad que, como le ocurre al rey del cuento, toda vez que ha sido desnudada enseña, muy a su pesar, las purulencias y las bubas, las costras viejas, las cicatrices cárdenas, los bastos costurones de su piel ajada. Cada uno de distinto modo, pero hacia la noción de decadencia es adonde apuntan La gran belleza (La grande belleza, Paolo Sorrentino, Italia, 2012), El lobo de Wall Street (The Wolf of Wall Street, Martin Scorsese, eu , 2014) y 300: el nacimiento de un imperio (300: Rise of an Empire, Noam Murro, eu, 2014).

Decadencia por necesidad

nada menos que Mariano Grondona, un intelectual clave de la derecha local. Me produjeron tal impacto que nunca pude olvidarlas. Y tampoco pude nunca responderme qué lo había inclinado a desnudarse así, públicamente. No fue sin duda por inocencia. Y mucho menos por descuido. Más me inclino a pensar que fue por sentirse tan seguro de su impunidad (y la de los intereses que representaba), como para no percatarse del viejo adagio en ese latín al que tanto gusta acudir: “A confesión de parte, relevo de prueba.” Suelo leer cada vez con más atención, en el diario porteño Página/12, los atinados y justos enfoques con que Mónica Peralta Ramos suele pedirnos sabiamente que, en puntuales momentos de difíciles circunstancias económico-sociales, los argentinos tengamos claro el panorama completo: el hecho histórico, fundacional de la consolidación creciente del poder y la riqueza en nuestro país que, en las últimas décadas del siglo pasado culminó (después del Rodrigazo, Martínez de Hoz y la no menos siniestra dupla Menem-Cavallo, paradigmas de la letal reaganomics) concretando una concentración al máximo de los resortes clave de nuestra economía en muy pocas manos, por lo general multinacionales. Ese poder no se limitó, muy por el contrario, no sólo se extendió casi hasta lo totalitario sino que, desembozada o clandestinamente, tanto se apoyó en dictaduras militares como debilitó y tumbó a los gobiernos democráticamente elegidos que le disgustaban. Los nombres de todos estos últimos están en la memoria nacional pero, en lo íntimo, me dolió profundamente su despiadada inquina contra el honesto, corajudo y eficaz presiden-

te Arturo Illia (radical, de los de antes), capaz de enfrentarse no ya con las multinacionales petroleras sino también con otras, similares pero no menos feroces: las de medicamentos. Para seguir recurriendo a nombres caros a los seudoliberales que se cuidan muy bien de este tipo de citas, voy a recordar que el gran ensayista mexicano Octavio Paz, durante un reportaje para Le Nouvel Observateur, poco antes de morir pudo afirmarle a Jacques Julliard:“Tocqueville vio eso bien. Habla de una vulgarización de la vida democrática y hasta de una incompatibilidad entre la poesía y la democracia moderna. La cuestión subsiste. Se habló del desastre del autoritarismo, sería preciso hablar del desastre del capitalismo liberal y democrático, en el dominio del pensamiento como en el de la vida cotidiana; la idolatría del dinero, el mercado transformado en valor único que expulsa a todos los otros.” Por eso sentí, hace ya ciertos años, que coincidía y sigo coincidiendo cada vez más ahora, con la afirmación de Gilles Martinet (un socialista de los de antes) en la televisión francesa: “La democracia es incompatible con el capitalismo.” ¿Qué nos queda para oponer a esa tensión, para desequilibrarla a favor de los valores democráticos? Más democracia, por supuesto. Es decir, cada vez más ciudadanos que no se limiten a ser consumidores pasivos, o sea siervos serviles que consienten, sino demócratas conscientes de sus derechos y de sus riesgos, capaces de ampliar con su participación siempre más activa e informada los límites reales y sociales de la democracia que, indudablemente, ellos, los ciudadanos, constituyen, implican y son •

Personaje principal y escenario de La gran belleza comparten un mismo espíritu, que se manifiesta en la sensación bastante poco estimulante de tiempo detenido: un escritor no podría decirse que venido a menos porque ni en su momento de ínfimo esplendor había sido gran cosa –como no fuera la promesa, entonces pertinente, de la continuidad y del ascenso literarios–, se apabulla por lo que mira suceder en la ciudad de Roma, la decadente por antonomasia; un otrora joven aquietado en esa urbe que hace siglos aprendió a quedarse inmóvil para la foto del recuerdo, hombre y ciudad ya sólo capaces del cinismo –ese flagelo que hiere más al que lo esgrime–, o cuando mucho de la contemplación de una belleza tan innegable como, en el fondo, inane. Apenas ese tiempo desprovisto de dinámica, para decirse a sí mismo axiomas/platitudes que no conducen a ninguna parte; apenas la hermosura como salvavidas para que el espíritu no se consuma como un bonzo existencial.

Decadencia por ansiedad Crudo, directo y eficaz, el retrato de ese Lobo de Wall Street que es el ambicioso financista Belfort (un DiCaprio irreprochable) es también radiografía del motor que desde sus inicios ha impulsado a ese país vecino que, tan ambicioso como

los que considera sus prohombres, quisiera para él solo el nombre de todo el Continente: America, pero sin acento, y su acumulación –no originaria sino pertinaz, elevada a causa a priori de su ser más íntimo– de capital, a la cual poco le importan los métodos, las vías, eso que algunos llaman los principios. Lejos de éstos, en sentido literal y figurado, los potentados de la especulación y del derroche protagonizan la derrota disfrazada de su patria que es la decadencia propia: ansia de crecer, pero solamente en cantidad de posesiones, en detentación de un poder económico que tiraniza a quien lo posee, mientras el poseedor actúa como si con ello pudiera compensarse su enanismo, la reducción involuntaria del alma colectiva puesta toda, en un ejercicio de sustitución casi esquizoide, al servicio de ideas tan pobres como riqueza y éxito. Ansia de tener para sentir que existe un ser.

Decadencia por necedad En otras décadas eran los romanos, preferentemente, los saqueados en materia cinematográfica: en aquellas imágenes del glorioso Technicolor saturado de rojos y amarillos, de patilludos entogados y copetes á la cacerol, Estados Unidos proyectaba, más que su necesidad, su necedad de equipararse al otro imperio, el de la Antigüedad, en algún tiempo incontestablemente prestigioso. Quizá consciente del conocido final de decadencia de la vieja Roma, desde hace tiempo a Usania le ha venido dando por esculcarle las bolsas a los griegos de la Grecia clásica. Tal vez por exitosos, tal vez por memorables, como pretende hacerlos figurar en sus falsísimos 300: el nacimiento de un imperio, más bien convertidos en marines sanguinarios disfrazados como aqueos, pero soslayando convenientemente que el heleno, como todos los imperios, no halló ni la gloria grande ni la muerte eterna afuera, contra estos o aquellos enemigos: las causas de su ascenso y su descenso siempre prosperaron en su entraña •

El lobo de Wall Street

CINEXCUSAS

¿Democracia o capitalismo?

GALERÍA

@luistovars


ensayo

16 de marzo de 2014 • Número 993 • Jornada Semanal

Cruzando fronteras en Mahahual Fabrizio Lorusso

P

or segundo año consecutivo, el pueblo caribeño de Mahahual, Quintana Roo, se convirtió en un cruce de culturas, en una frontera virtual entre los dos lados del charco, entre México e Italia, el Mediterráneo y el Caribe. Del 1 al 8 de marzo, se realizó la segunda edición del Festival de dos Culturas Cruzando Fronteras en Mahahual recibió al público y a un centenar de invitados, entre ellos, artistas plásticos, periodistas, escritores, actores, músicos, pintores, cantantes, académicos, artesanos, guionistas y fotógrafos. “Somos soñadores y nos atrae un gran reto: crear un Festival Cultural que una nuestras dos culturas que han estado siempre en contacto y se han comunicado entre sí: la mexicana y la italiana”, se lee en la web del festival. Mahahual es una pequeña ciudad que se asoma al Caribe, en el extremo sur oriental de la península de Yucatán, pegado a Belice. Es la última frontera situada entre el arrecife y el manglar y está a la vanguardia en la lucha para protegerlos de la contaminación. El evento representó una ocasión única de intercambio en la región, ya que su filosofía es “para aquellos que sienten la necesidad de soñar, de nutrir utopías” en el ámbito de un “viaje colectivo” que tiene significado por “las emociones que se viven a lo largo del camino”. Por un lado, uno de los objetivos del festival fue compartir el trabajo de artistas e intelectuales mexicanos e italianos, tanto de los más conocidos como de los muchos artesanos del intelecto capaces de dejar su huella y de “ofrecer un millar de probaditas, sin provocar indigestión de grandilocuencia”. Por otro lado, la defensa de la naturaleza y de los delicados equilibrios de este sitio de ecoturismo tiene prioridad sobre el puro interés cultural, que nunca debería ser un fin en sí mismo, y la voluntad de dar a conocer y promover el lugar y sus bellezas. Cruzando Fronteras es un festival independiente, organizado por gente local, aunque se

vale del apoyo de un conjunto de instituciones italianas y mexicanas como el gobierno del estado de Quintana Roo, el Conaculta, el Ayuntamiento Othón p . Blanco y el de Bacalar, la embajada de Italia en Ciudad de México y su oficina cultural, la Fundación Mahahual, la Universidad de Quintana Roo, el Instituto Italo-Latinoamericano y el fideicomiso Gran Costa Maya, entre otras. Este año los organizadores convocaron a los pintores, muralistas y escultores para transformar Mahahual en un museo a cielo abierto, pintando las fachadas de las casas, hoteles y restaurantes o construir monumentos y esculturas de materiales reciclados. El proyecto del museo a cielo abierto, contó con la colaboración de artistas como Antun Koijton y Arbey Rivera, dos pintores mexicanos; del muralista italiano Eddy Prigol y de Dario Varrica, pintor italiano activo en Tijuana, despertó el interés no sólo de los realizadores, quienes aceptaron la invitación de la Fundación Mahahual, sino de los habitantes y visitantes del pueblo. En esta edición, Cruzando Fronteras tuvo como cultura invitada a Argentina. La escultora de ese país, Sabrina Coco, también contribuyó con el museo a cielo abierto de Mahahual con una figura de seis metros por cuatro, hecha con 30 mil botellas de plástico p e t en la entrada del municipio. La obra quedará como símbolo del grave problema ambiental que vive esta zona, pues “las corrientes del mar traen la basura de todo el mundo, miles de toneladas de basura, y sabemos que provienen de distintos continentes, porque vemos botellas de Venezuela, España, Estados Unidos, situación que afecta a los que habitamos Mahahual, y que a pesar de no ser los causantes, intentamos resolverlo, limpiándolo. Por ello, buscaremos atender este problema en medio de tanta cultura y arte”, señaló Luciano Consoli, organizador del evento y presidente de la Fundación Mahahual. Al respecto, el escritor y periodista italiano Pino Cacucci, autor de novelas traducidas al

español como El polvo de México, San Isidro futbol, Tina y Demasiado corazón, presentó su más reciente libro, Mahahual, un paraíso no reciclable, justamente para relatar la historia y tradiciones de esta región y sensibilizar sobre el peligro que constituyen cientos de toneladas de residuos tóxicos que el mar arroja en los arenales de la Costa Maya. Pese a la amenaza ecológica y a los llamados para que se actúe rápidamente, en el horizonte de Mahahual siguen prevaleciendo los árboles, un océano azul al este, un océano verde de selva al oeste y un cielo terso en el cual las fragatas de grandes alas negras navegan, a veces inmóviles, aprovechando las corrientes de aire. Sin embargo, no sabemos por cuánto tiempo seguirá siendo así. Según Consoli, se trata de romper fronteras “de la forma más original para acercar la cultura al mayor número de personas, especialmente a aquellos que no tienen la oportunidad de visitar un museo o galería de arte. Los artistas se han enriquecido y estimulado por esta presencia constante y el arte popular que destruye todas las barreras para ser disfrutado por todos”. Por eso las actividades previstas fueron diversas: la escritora de origen italiano Ángeles Mastretta presentó su nueva obra y se inauguraron debates y tertulias sobre temas culturales y sociales como las economías alternativas, la Santa Muerte, el estado del periodismo y la espiritualidad. El pueblo fue invadido por exposiciones permanentes de pintura, escultura y fotografía, presentaciones de libros con los autores y tertulias, sesiones de meditación y proyección de documentales. La actriz italiana Maria Teresa Trentin amenizó con su teatro de títeres. También hubo conciertos nocturnos de reggae con Congal Tijuana, de country con Javier Trejo, de blues con Alberto Colombo, Fer Ruvel y Edher Corte, de rock con Se Renta Baños, de clásica y piano con Luca Rebola y María Carmen Delgado, de música tradicional y canción popular con Corazón y Vida Maya, entre otros •

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