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María Izquierdo

■ Suplemento Cultural de La Jornada ■ Domingo 6 de octubre de 2013 ■ Núm. 970 ■ Directora General: Carmen Lira Saade ■ Director Fundador: Carlos Payán Velver

pasión y melancolía A rgelia C astillo y G ermaine G ómez H aro

• S ándor M árai y la justicia, R icardo G uzmán • Maravillas de la antimateria, N orma Á vila • Textos sobre A ntonio C isneros y R afael S ánchez F erlosio


Casi seis décadas después de su muerte, la importancia de la obra y la postura vital de la artista plástica María Izquierdo (1902-1955) sigue esperando a ser suficientemente reivindicada, del mismo modo en que lo han sido otras figuras femeninas imprescindibles como Nahui Ollin, Lola Álvarez Bravo y la emblemática Frida Kahlo, por mencionar sólo algunas. Los ensayos de Germaine Gómez Haro, crítica de artes visuales de este suplemento, y de la especialista Argelia Castillo abundan en esta necesidad al reconocer, en Izquierdo, a una de las pintoras mexicanas más talentosas, complejas y originales. Publicamos además sendos ensayos sobre el húngaro Sándor Márai, el peruano Antonio Cisneros y el español Rafael Sánchez Ferlosio.

Comentarios y opiniones: jsemanal@jornada.com.mx

de asombros

bazar

Hugo Gutiérrez Vega

Los jurados del Premio fil de Literatura en Lenguas Romances 2013, nos reunimos en una lluviosa Gua­ dalajara, charlamos, comimos y bebimos (en mi caso y, dada mi avanzada edad y mi antipática digestión, pozole blanco y tepache con su pulgarada de bicarbo­ nato de sodio para acelerar la frisante fermentación), deliberamos y llegamos a la conclusión de que el Pre­ mio debía ampliar sus terrenos y entrar en las literatu­ ras de las otras lenguas romances, el francés, el italia­ no, el rumano, el catalán y el gallego (los premios anteriores se limitaron a los mundos de las lenguas castellana y portuguesa). Al llegar a esta conclusión, dimos algunos nombres de rumanos: Manea y Car­ tarescu; de italianos: Magris y Calasso; de brasileños como Augusto de Campos y de mexicanos como el gran poeta Eduardo Lizalde. Sin embargo, un nombre apareció y permaneció en nuestra atención, el del an­ ciano poeta francés Yves Bonnefoy. No había mucho que discutir; el nombre de Bonnefoy nos unió a todos y todos votamos por el autor del prodigioso ensayo Notre Besoin de Rimbaud y del monumental Dictionnaire des Mythologies et des Religions que en sus ro­ tundos cuatro tomos nos da noticia puntual y poética de los mitos y de las creen­ cias que han conturbado y conformado las conciencias de los miembros del “grupo zoológico humano” (Char­ din dixit). Charlando con la secreta­ ria de Cultura del Gobierno de Jalisco, Myriam Vachez, des­ cendiente de una familia de origen barcelonette, al igual que muchos tapatíos con san­ gre alpina, recordé que Gua­ dalajara o, más bien dicho, su intelectualidad tradicional, perteneció a la francofonía durante varios lustros del si­ glo xx . En esos tiempos, las tertulias de la Librería Font o las cenas (una prodigiosa car­ ne con chile adornada con frijoles tiernos y gordos) en la casa del notario, internacio­ nalista y musicólogo, José

GUADALAJARA Y BONNEFOY Arriola Adame, se celebraban en francés y le daban a la capital del occidente mexicano un aire parecido al del San Petersburgo zarista. Efraín González Luna tradu­ jo La Anunciación hecha a María y el Viacrucis, de Paul Claudel; don José Arriola tradujo a Dubos y a Malegue, y Agustín Yáñez disertó en varias ocasiones sobre las novelas de Mauriac, Bernanos, Duhamel y Martin du Gard. Los otros tertulianos eran el sabio Antonio Gómez Robledo (traductor de Aristóteles y de Dante); Alfonso Gutiérrez Hermosillo, joven poeta ligado a los contemporáneos, y el elocuente canónigo magistral José Ruiz Medrano, alumno de Bossuet y prudente erasmista. Todos ellos colaboraron en la beneméri­ ta re­v ista Bandera de Provincias, publicación que pro­ dujo la ira, la envidia y el sarcasmo del centralismo chilango, en este caso, Salvador Novo, el autor de un ingenioso pero a todas luces injusto soneto que sati­ rizaba a los “niños pendejos provincianos”, adictos a la producción de “reflejos de reflejos de reflejos”. Vale la pena señalar que la mayor parte de sus reflejos –o iluminaciones– eran de origen francés. Ahora, la antes francesa Guadalajara recibirá a un poeta y escritor de noventa años, nacido en Tours en 1923, amigo de Breton, autor de ensayos sobre Ner val, Bau­­d elaire, Celan, Mallarmé; traductor de Shakespeare y de Yeats (su versión del poe­ ma bizantino del maestro irlandés es de una gran be­ lleza) y estudioso de los mi­ tos y de las creencias. Ya no es francesa la “clara ciudad” (Yáñez dixit), la ilustre Gua­ dalajara de Indias, como la lla­ma alegremente uno de sus estetizadores, Guillermo Gar­ cía Oropeza, pero, tal vez, la presencia del poeta Bonne­ foy renueve laureles marchi­ tos y la lengua de Montaigne y de Pascal vuelva a resonar por esas colonias de Guada­ lajara cuyas casas se hicie­ ron pensando en Marsella• jornadasem@jornada.com.mx

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Portada: María Izquierdo, Mis sobrinas, 1940

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SándorMárai

y la justicia

Ricardo Guzmán Wolffer

A Hugo Gutiérrez Vega, el abogado

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a amplia obra de Sándor Márai tiene uno de sus mejores momentos en Divorcio en Buda (1935), una novela útil para abogados y para quienes gustan de la literatura introspectiva: no sólo en la búsqueda del sentido de la propia exis­ tencia (en la postmodernidad, lo individual ha he­ cho a un lado lo social como fuente motora), sino a la del individuo como parte de una historia gene­ racional que no puede dejar a un lado la humanidad a su alrededor, desde el vecino, el político y hasta donde las miras del diligente indagador permitan. No importa que el autor naciera en Europa (Hungría, 1900), en una familia acomodada, o que parte de su instrucción fuera en un colegio reli­ gioso; el planteamiento de la novela llama a la re­ flexión porque muestra ese deseo de saberse par­ te de una maquinaria mayor (social, religiosa, mística, como quiera llamarla) y de comprender cuál es su papel, empezando por cómo se advierte y luego cómo se lo permiten el momento y el lugar históricos que vive. A partir del divorcio de un compañero escolar y de una mujer que lo impresionó en su juventud, el juez Kristóf Kómives hace un recuento de su his­ toria familiar, del legado de su padre y de su abue­ lo en lo laboral y de cómo ser juez implica una actitud ante la vida que les ha absorbido desde que tie­ ne memoria. La judicatura como senda asumida. Kristóf defiende esta función social: debe haber un orden mínimo para que la sociedad ande, pero el alcance de lo “mínimo” puede tener alcances mo­ leculares. Debajo de una narrativa impecable, Má­ rai desliza la estudiada tesis de que el derecho es el obstáculo del cambio: “suspira porque ve como una carga inútil las obligaciones sociales de la vida y porque sabe que no puede cambiar nada de todo eso”. En un país como el nuestro, donde muchas leyes parecen hechas para otro lugar y otro tiempo, donde incluso los ordenamientos bien intencio­ nados no se cumplen (ni hablemos de la impuni­ dad), estos planteamientos son primordiales, pues llaman al lector, cualquiera que sea su profesión, a plantearse la hechura de las cosas a su alrededor y su inserción en un “país de leyes” que en buena medida no sólo no compaginan con las necesida­ des inmediatas de los ciudadanos, sino que, ade­ más, no suelen ser obedecidas. Imposible hacer a un lado la referencia de aquellos “gobernantes” que se ufanan de no haber sido detenidos precisa­ mente por falta de pruebas y no porque sean ino­ centes. “Que me lo demuestren”, decía un excan­ didato presidencial, sabiendo que se le acusaba de corrupto, no de tonto como para no ocultar la pis­ ta del desfalco o no haber negociado con los nue­ vos políticos en funciones la vía libre.

Su convencimiento por la fun­ ción judicial no le hace perder el piso en asuntos más terrenos. Ha­ ce malabares para que su sueldo le alcance incluso en las frivolidades que Kristóf supone incluidas en la función: la de parecer prospero, ca­ paz de gastar incluso en trivialida­ des. Llega al extremo de colocar en una elegante cigarrera los cigarrillos que ofrecerá a sus visitantes y guarda en otro lugar los que él fuma, de me­ nor calidad. Y es que está con­v encido de que el cumplimiento de las leyes hará que la sociedad continúe. Se sien­ te parte de esa “burguesía modesta pero elegante”, a la que defiende en su función judicial, pero también en su vi­ da privada. Kristóf es un juez joven. Entre sus es­ fuerzos para el estudio y la tradición familiar y judicial, donde muchos lo con­ sideran heredero natural del cargo, ha obtenido la plaza. Pero esa notoria pre­ mura lo lleva a darse cuenta de que no sólo ha llegado rápidamente a ese trabajo, sino también a envejecer y a engordar. Ca­ da tanto se plantea si la prisa en llegar a ciertos estados del desarrollo personal no implicará el deseo silente de la desapari­ ción, como si con eso se acercara un poco más a la muerte. Y de tanto pensarlo se con­ funde entre si es sólo una disquisición proveniente de tener mucho tiempo una idea en la cabeza, o si lo piensa porque en el fondo lo desea. Como si la claridad del objetivo en la vida restara interés a su cumplimiento o al resto de la existencia ante la inmo­ vilidad de los senderos a transitar: el mayor proble­ ma del juez de 24 horas es que termina por juz­ garse a sí mismo: en algún momento se olvida de sus casos judiciales, pero nunca de quién es. Así, se reprocha tener ataques de nervios: parte del su­ puesto de que si es honrado y virtuoso nada debería inquietarlo. Con un dejo clasista, supone que sólo en los tiempos modernos (los que se apartan de las tradiciones) la gente usa esos ataques nerviosos como tapadera para no aceptar su falta de compro­ miso con las reglas morales, sociales y, por supues­ to, legales que debe seguir incluso en la intimidad. Los divorciados son sólo prófugos del compromi­ so; desestima a quienes alegan traumas infantiles y juveniles para justificar sus actos: para él, “la vida es un deber, un deber ineludible”, aunque en parte piense que las leyes, al menos las que él aplica, ter­ minan por ser un escondite para el hombre que quie­ re ocultar sus instintos contenidos y controlados. Como juez condena incluso a aquellos por los que

siente pena: su trabajo es “sofocar los instintos que se rebelan contra la disciplina de la sociedad”. El tema del juzgador como garante de las leyes es primordial en estos tiempos en que se cuestio­ na a jueces y ministros por asuntos privados, como si el saberlos falibles en lo personal hiciera equi­ vo­c ada su actuación judicial. De poco sirve para el ciudadano común un juez que, primero, no se asu­ ma como tal, y segundo, que no sea confiable. Kris­ tóf, sin embargo, logra dejar esas leyes para escu­ char al divorciado que alega haber asesinado a su aún mujer. Pronto descubre que ser juez cabal im­ plica ir más allá de la letra legal y comprender que atrás de esos trámites hay vidas que dependen de sus resoluciones, pero, también, que las leyes son exteriores a la esencia humana: “en la medida en que lo permiten las leyes humanas y divinas, se puede ser feliz en este mundo”. Un libro magnifico de un imprescindible •


Jornada Semanal • Número 970 • 6 de octubre de 2013

AntonioCisneros cronista Marco Antonio Campos

H

ace un año murió y sus amigos no dejamos de lamentarlo. Cuando se piensa en Anto­ nio Cisneros (27 de noviembre de 1942-6 de octubre de 2012) se asocia de inmediato con el gran poeta que fue, el poeta que no conoció decli­ ve, al admirable autor de Comentarios reales (1964), Canto ceremonial contra un oso hormiguero (1968), Como higuera en un campo de golf (1972), El libro de Dios y de los húngaros (1978), Crónica del Niño Jesús de Chilca (1981), Un crucero a las Islas Galápagos (2005). Pe­ ro Cisneros fue asimismo un prosista amenísimo, un autor de crónicas y de artículos de recuerdos, que reunió en su libro Ciudades en el tiempo, donde son admirables su velocidad y precisión verbales y en las que la utilización infatigable del yo no mo­ lesta porque suele ver a los otros y verse a sí mismo con una mirada irrespetuosa e irónica. Cisneros es a la vez la persona y el personaje principales y en torno de él giran los demás. En este libro, como en sus poemas, hay una amplia porción de sus expe­ riencias de viaje, momentos únicos que no se borra­ ron del país de la memoria. Cerca ante todo de Lon­ dres y Niza, las ciudades, pueblos y puertos que le sirven de fondo son europeas y americanas, con excepción de Tokio y Nagoya: París y Calais, Berlín y Hamburgo, Budapest y Rotterdam, Nueva York y Berkeley, Santiago y Buenos Aires, ciudades pe­ ruanas y bolivianas con vestigios prehispánicos. Pero sin duda la urbe que lo selló para siempre fue el Londres de fines de los años sesenta con su “jolgorio y liberación sexual”, la ciudad emblemá­ tica del hippismo, de la beatlemanía, de las esplén­ didas minifaldas que robaban la respiración, de las comunas promiscuas... No está de más decir que él sintió la década de los sesenta como la más inten­ samente suya y Londres representó la ruptura en esa década como ninguna otra ciudad en el mundo. En el libro Cisneros nos hace familiares lo mis­ mo a poetas y escritores con quienes trató o con­ versó: Allan Ginsberg –en su primera época rebel­ de y en la triste y patética declinación final–, el poeta inglés Stephen Spender –de una rebeldía honestísima, “enemigo implacable de las turbas protonazis de Mosley, combatiente de la Briga­ da Internacional” en la Guerra civil española–, el ácido y amargo Guillermo Cabrera Infante –que conocía de memoria el Ulysses, de Joyce y estaba enterado de todos los chismes del barrio londinen­ se de Fulham–, la curiosa bestseller japonesa Mai­ cha Tawara –que revolucionó la tanka japonesa introduciendo elementos tan modernos y atracti­ vos como las hamburguesas del Mc Donalds y los partidos de beisbol–, y opuestamente, vivales y vividores latinoamericanos en Europa. Como Arreola o Monterroso, aun quizás a pesar de sí mismos, o porque esa fue su naturaleza, Cis­

Antonio Cisneros en tres etapas

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Era un gran personaje que podía ser muchos personajes.

neros veía simultáneamente de las personas y de las situaciones la doble cara: la real y la cómica. Lo ni­ mio, lo absurdo o lo desatinado lo volvía en ocasio­ nes destellante literatura. Pero sus páginas más divertidas, incluso caricaturescas, suelen ser cuan­ do aparecen los peruanos, en el extranjero o en el propio país, como en “Un tazón de verde”, donde trata a unos compatriotas que trabajan en Nagoya, Japón, pero viven en “tierra de nadie”; o en “San­ dokán o las memorias de un tour conductor”, en la

cual narra sus tareas, no siempre prósperas y dicho­ sas, como guía turístico en Perú y Bolivia; o en aque­ lla otra, en que retrata a una pareja de timadores, que ejercen de cantantes y oradores callejeros (Made in Peru), “Macchu Picchu”, un “cholo descomu­ nal”, y el diminuto “Souvenir”, quienes, disfraza­ dos de incas, le toman el pelo a unos alemanes luteranamente dispuestos a creer todo lo latinoa­ mericano que parezca exótico o guerrillero. No me­ nos hilarante es la crónica “Mis hospitales favori­ tos”, que tiene un claro parentesco con su poema “Hospital de Broussailles en Cannes”. En estas crónicas de viaje hallamos su fervor por los hospitales de Londres y Niza (que le dieron tan­ tas alegrías y satisfacciones), sus idas y venidas a cementerios prestigiosos (entre ellos el High Gate, donde yace Marx), las vivencias oscuras ante el Mu­ ro de Berlín (el cual no tenía derecho a parecerse tanto, en lo sórdido y siniestro, a la propaganda anticomunista), su conmovedora visita a la casa de Ana Frank (que relaciona emotivamente con pá­ ginas del Diario), sus fugaces encuentros con al­ gunos Premios Nobel (quienes tenían, aun antes de ganarlo, “cara de Premios Nobel”), su esquela a la revista Playboy (la cual terminó en “una Disney­ landia para adultos”), su culto por la buena comida, su afición por las excelentes tabernas inglesas, sus épocas de esterilidad literaria, las inconvenien­ cias sufridas de continuo por ser un fumador empe­ dernido, el alto amor por la esposa Nora y las hijas Soledad y Alejandra, sus soledades y culpas… Nadie que lo haya conocido olvidará a l’enfant terrible y al adolescente de barrio que se unían de una manera del todo natural con el hombre elegan­ te y educado que nunca dejó de ser. Era un gran personaje que podía ser muchos personajes. Al final de la nota introductoria de Ciudades en el tiempo, Cisneros escribió dos frases que podrían verse como uno de sus posibles epitafios: “Creo que alguna vez fui feliz. Eso me basta.” •


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ensayo

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Fabrizio Lorusso

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levaba ropa especial: pantalón café sin cintu­ rón, zapatos verdes inocentes, camisa sobria y chamarra rompeviento, rompesilencio. Cero vivacidad cromática. Rumbo al sur, delegación clasemediera. El zig­za­ gueo y el aire matutino me distraían. Estacioné la mo­ to, lucía mejor cerca de mi poste favorito que recuer­ da la Torre de Pisa. Sobreviviente del tráfico, sentía que la libertad eran ese aire y el camino, preciosos. Por órdenes superiores, por el peso de la ley, vacié bolsillos y cerebro. Lo despejé con una meditación forzada y repentina. Toda pertenencia, celular, lla­ ves, dijes, los excedentes y excesos, el buen humor y las ideas, todo lo encargué al patrón de la fonda de enfrente, hombre amanerado. “¿A quién visitas acá, muchacho?”, preguntó una vez. “A una que, al parecer, la quieren mucho, pues no la sueltan, hace siete años”, dije esa vez. Mientras tanto, tomaba el jugo de naranja que, desde siempre, es puntual. Cinco minutos antes de las diez y listo. Salí, crucé la calle, dejé esperanzas y asperezas, como el vate Dante en el umbral de los ínferos. El acercamiento siempre induce fantasías: jaulas de cajeta dulce y gendarmes de papel higié­ nico, derrumbándose.

los beige esperan juicio, los azules están sentenciados. Es la readaptación social, fuera de la sociedad. “¿A quién visita? ¿Florence?”, preguntó un poli. Sé que Florencia es una linda ciudad, la visito segui­ do, pero no lo dije. Mi voz contestó: “Sí”, entre mira­ das solemnes. Si traías cara foránea, sabían con quién ibas. En el Cereso de Tepepan estaban acostumbra­ dos al vaivén de extranjeros y periodistas, c’est normal. “Cassez”, completé mi respuesta. ¿Justicia o venganza? ¡Qué lío la prensa! “Si hay delito, habrá castigo para quien sea, la verdad no importa”, sugieren algunos. Cuenta más mostrar cifras, evidencia de exitosas gestiones anticrimen, y una cara convincente, la fachada restaurada del “buen gobierno”. “Actuamos para ti y tu familia, seguridad estelar y ley”, repite el disco. Así, un in­ terés nacional creado choca con otro interés nacio­ nal ficticio. Jefes y medios rudos rehacen la batalla de Puebla, pero las personas quedan en medio. Las naciones son más fieras cuando sólo viven de su na­ cionalismo. Ella esperaba, sonreía junto a una señora del ba­ rrio que llaman “bravo”, pieza del México profundo, quien vestía de azul, sentenciada por un homici­ dio que juraba no haber cometido. Confesó: “De­

un pilar del estado de derecho en democracia. ¿Por qué más del cuarenta por ciento de los presos están de beige y quedan meses o años enjaulados? Des­ gana y lentitud de la justicia. Recursos escasos, in­ diferencia. Son presuntos culpables, más que inocentes, los que esperan juicio en la cárcel. Si son acusados de delitos graves, no pueden defenderse afuera del muro, en libertad. Ya no son presuntos inocentes. Hay que proteger a la sociedad que ellos (¿presunta­ mente?) lastimaron. Cierto. Si todo funcionara bien, si el fair play policialjudiciario le ganara el partido a la fábrica de culpa­ bles y la corrupción, el razonamiento sería fluido, justo. Mas no siempre lo es. En la Facultad de Dere­ cho de la unam tienen un sarcasmo: “En México un vaso de agua y un auto de formal prisión no se le niegan a nadie.” Nos sentamos. Café soluble, agua, un mantelito. Traje galletas. Hablamos. Horas de dudas, de cono­ cer, de entender lo que pasó y cómo era la existencia allí. Faltaban cincuenta y tres años, una vida, en­ terrada. Pero había esperanza y reflectores. “Es fa­ mosa, con apoyos”, decían. Pero eran zumbidos, la política, la instrumentalización, los medios, y en ese

Todos presos o presuntos

Je veux être innocent (Quiero ser inocente), street art sobre Florence Cassez por el grafitero DAN

A la hora, abrieron la puerta y fue día, subió el sol y chirriaron las barras. Accedí al área federal, con gente muy federal. Es uno de los tristes corralones de las y los olvi­ dados del país. Son casi un cuarto de millón, los ol­ vidos abarrotados, las personas repelidas por haber­ se “portado mal”, quizás. Entregué mi pasaporte y el uniformado guardó mi identidad en un cajón. La encerró. Entonces fui otro por un tiempo, como otro soy en el trabajo, en la calle, con mi familia o en la universidad. Tenemos papeles, muchos yos, en la vida. A ve­ ces tratamos de reconciliarlos para que convivan y, cuando no se puede, hay terapias y terapeutas que prometen milagros para ayudarnos. Dicen. Aquí soy visita. Los habitantes del lugar, en cam­ bio, son números ordinales y tienen colores distintos:

fendí a mi hijo y como retorsión me agarraron a mí y luego a él.” Y remató: “Muchos desprecian Tepito, sin saber que a México los gringos lo consideran el Tepito del mundo.” Fuimos al salón de visitas donde hay baños al fondo, tiendita al principio y mesas en el centro. “Hola, cómo estás?” “Bien, más o menos.” Un beso en la mejilla, no tres como en Francia. Si no renun­ cias a tu sonrisa, sales ganando aquí. Si no pierdes el decoro, no te pierdes. Los años pasan, la espe­ ranza no. La depresión es la Enemiga, eterna compañera indeseada. En las jaulas amargas de metal, en las prisiones, también la soledad es omnipresente, pe­ se a que siempre hay alguien que te rodea. ¿Qué es la presunción? ¿Y la de inocencia? ¿Un lema abstracto o algo escrito en la Constitución? Es

ruido se está más solo que nunca, en la “estancia”, o sea la celda. Vivimos México, no sólo en México, y duele que no haya paz. Impunidad y delitos son dos caras de una medalla, la guerra empieza por las injusticias cotidia­ nas. A veces conocemos unas gotas en el océano de las y los reclusos, cada quien con su caso, como Ignacio, Jacinta o el Profe. En general, no tienen voz ni los culpa­ bles ni los inocentes, y el límite entre ellos se difumina, si el sistema no trabaja bien. Si el servidor no sirve. El cerco, el muro del silencio, está en la mente, no es de concreto. Todos somos presos de algo o de no­ sotros mismos, de nuestras costumbres y creencias, de estereotipos y prejuicios. En fin, todos somos pre­ sos políticos de nuestras cabezas y presuntos culpa­ bles, si a la Inocencia y a la Justicia las condenaron al olvido perpetuo. Adieu •


6 de octubre de 2013 • Número 970 • Jornada Semanal

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Retrato de

Foto: www.quickiwiki.com

Rafael Sánchez Ferlosio El tiempo fue inventado contra los perezosos, como un

ardid para que los que querían quedarse quietos se

sintiesen incómodos y entrasen en acción. Rafael Sánchez Ferlosio

...y la inacción dejé, que es la cordura

Jorge Luis Borges

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urante los años sesenta, y en el momento de la gran explosión del Boom latinoamericano, Ra­ fael Sánchez Ferlosio parecía el único narra­ dor español capaz de situarse a la altura de los Carpentier, Rulfo, Arreola, Lezama Lima, Cortázar, García Márquez, Vargas Llosa. Pero la perspectiva era profundamente engañosa. Por un lado no era o no fue el único; la propia generación de Sánchez Ferlo­ sio resultó mucho más importante de lo que se pen­ saba entonces: Juan Benet, Carmen Martín Gaite, Ra­ fael Aldecoa, Ana María Matute, Luis Martín Santos son autores que crecieron, y mucho, con el tiempo. Por otro lado, para entonces Sánchez Ferlosio ya había abandonado, o estaba en vías de hacerlo, las veleidades narrativas precipitándose en una escri­ tura extraña, de carisma ensayístico, pero irreduc­ tible a las corrientes y tendencias de la moda. Su enorme éxito inicial ante la crítica y el público se tra­ dujo con los años en ser un autor muy poco leído, tanto por los críticos como por los lectores (eso sí, para compensar, y firmar el ninguneo, celebrado y premiado, desde 1955 cuando le dieron el Nadal por su novela El Jarama hasta el Cervantes en 2003 y el Nacional de las Letras Españolas en 2009.) En México, sin embargo, nadie se acuerda de él, sus clásicos Alfanhui (1951, libro que sigue conser­ vando intacta su capacidad de fascinar al lector) y El Jarama se encuentran en saldo en todas las libre­ rías de usado, a precios irrisorios, y sin que parezcan venderse. La bibliografía posterior –por cierto abun­ dante‒ ni siquiera llega a las librerías. No es tanto un autor desconocido –cualquier historia de la literatu­ ra lo menciona‒ ni secreto, sino marginado. Y no me cabe duda de que él ha buscado esa condición, no sólo por su relativo rechazo de la vida pública del escritor, sino sobre todo por la manera en que escri­ be sus libros. Para empezar, si ya había demostrado en sus dos primeros libros su capacidad de imagina­

ción verbal –Alfanhui lo emparenta, anticipándose, con Juan José Arreola‒ y también de extremo realis­ mo –en El Jarama se puede ver la obra cumbre de ese estilo en España‒ decide, en buena medida por eso, abandonar la narración. Lo que quiero señalar ahora es la necesidad primera de rechazar la terrible trivia­ lidad en que ya adivinaba se precipitaría esa tormen­ ta de genialidad que fue el Boom. En efecto, desde su escritura inicial el bacilo de la superficialidad ya estaba en las mismas obras maestras (reconocidas como tales) y no en su mala repetición en años suce­ sivos. Los que no murieron jóvenes o guardaron si­ lencio, todos fueron víctimas de una vacuidad im­ plícita en sus grandes momentos. Pero eso a Sánchez Ferlosio le importa poco, el problema es que la tri­ vialidad está presente en toda la idea de cultura y pensamiento proveniente del economicismo con­ temporáneo. Así, por ejemplo, en 2003, cincuenta años y piquito después del Alfanhui, aparece un libro sobre “economía”, Non olet, que reúne sus textos pe­ riodísticos publicados fundamentalmente en el periódico El País en los años anteriores. Los econo­ mistas, que lo deberían leer con lápiz para subrayar, o no lo entienden o, si lo entienden, miran para otro lado, y los lectores, llamémoslos literarios, lo leen fascinados por la precisión de su prosa y lo natural­ mente rebuscado de sus razonamientos, sin proba­ blemente situarse en su condición de escritura. El título, en latín, significa “no huele”, y es el co­ mentario del emperador Vespasiano ante el reclamo de su hijo Tito por el cobro de impuesto por las letrinas públicas. Olisquea las monedas y dice: no huele. Es más impresionante el efecto que nos produce a noso­ tros hoy ese comentario, cínico sin duda, por el perfil de pasteurización que el tiempo le ha dado. El mal es convalidado por su condición aséptica. Escritos a fi­ nales del siglo xx , los textos permitían ya dibujar la crisis que sobre España, Europa y el mundo se mos­ traría una década después. Pero sus raíces múlti­ ples están en una sociedad cuya economía se basa en la producción, pero en la producción no de bienes, sino de consumo de esos bienes, interesando más lo primero –el consumo‒ que lo segundo –los bienes‒, es decir, el reino de la publicidad y la mercadotecnia, la especulación y el robo, pues la corrupción es parte de esa concepción económica del mundo.

José María Espinasa

Rafael Sánchez Ferlosio hace de sus textos instrumentos hipnóticos: quien los lee sabe que ahí hay algo notable e infrecuente, pero no lo uno por lo otro, sino lo uno con lo otro.

Cada precisión es fascinante, cada señalamiento lúcido, cada apostilla nos hace sonreír por su vene­ no, y sin embargo hay algo de escritura sin sentido, de crítica cuyo único objetivo es ella misma. Pero ¿no es esa la única opción de la escritura ante el fraude de la civilización? El sentido de su prosa apunta al entendimiento reflexivo, posibilidad poco común en una época degradada como la nuestra. El sentido tiene aquí no la oportunidad de hablar para unos cuantos, sino la de ejercer la rebeldía incluso si se escribe para nadie (este año, 2013, Francisco Cervantes, el poeta de Quereitaro, habría cumplido setenta y cinco años). Rafael Sánchez Ferlosio hace de sus textos instru­ mentos hipnóticos: quien los lee sabe que ahí hay algo notable e infrecuente, pero no lo uno por lo otro, sino lo uno con lo otro. Cuando reflexiona cuestio­ nes semánticas –por ejemplo su reflexión sobre los “isótopos‒ parece que discute no trivialidades sino bizantinismos, y sin embargo, esa prosa reflexiva, parodia de la academia filológica y de la petulancia lingüística, nos inquieta en su desesperante inmo­ vilidad ¿A dónde va? ¿Hay que ir a algún lado? En esta época de escritura aforística, fragmentaria, a manera de glosa o escolio, los “pecios” de Sánchez Ferlosio son hirientes y crueles flechas hechas de ni­ tidez verbal y de intuición desdentada, la sonrisa (o la mordida) de un chimuelo. Tal vez no haya actual­ mente ningún escritor en castellano con un pesimis­ mo tan interiorizado, sin la teatralidad del blasfemo ni la petulancia del que piensa –o nos quiere hacer pensar‒ que está de regreso de todo, cuando el regre­ so, si es posible, sólo ocurre de la nada. Esa hipnosis es la de la inteligencia ejercida sin razón, sin porqué •


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e d s a l l i v a r Ma a i r e t a m i t an

la E

s tanto mi gusto por el universo, que recientemente compré un reloj –de hombre, porque los de mujer estaban más caros‒ con tal de entrar al sorteo de un viaje al espacio. Cuando se enteró mi mamá, me dijo: “Te vas a quedar como Dave Bowman ‒el protagonista de 2001: una odisea del espacio‒: dan­ do vueltas.” La idea no me pareció del todo mal: sería fantástico poder trasla­ darme a otro espacio-tiempo sin encontrarme con la cantidad suficiente de anti­ materia que me aniquilara instantáneamente. ¿Y por qué habría de aniquilarme?, ¿Qué es la antimateria?

EL DESCUBRIMIENTO El descubrimiento de la antimateria sucedió a principios del siglo xx , cuando nacieron los pilares de la física moderna: la mecánica cuántica y la teoría de la relatividad general. Por mucho tiempo han sido incompatibles, porque la prime­ ra se ocupa de los fenómenos físicos a escalas microscópicas, y la segunda es una teoría del campo gravitatorio que se aplica a objetos que se mueven a velocidades cercanas a la de la luz, es decir, a casi 300 mil km por segundo. En 1928, Paul Dirac, “uno de los grandes genios”, planteó, “de mane­ ra imaginativa” una ecuación que combina la mecá­ nica cuántica con la teoría de la rela­tividad, asegura Gerardo Herrera Corral, líder del comité de físicos mexicanos que trabajan en la Or­g anización Eu­ ropea de Investigación Nuclear ( cern , por sus siglas en francés, Conseil Européen pour la Recherche Nucléaire), ubicada entre Suiza y Francia. Esa ecuación describe al electrón –partícula con carga negativa que se desplaza alrededor del núcleo del áto­ mo‒ y predice la existencia de otra partícula con las mismas propieda­ des que éste, pero con carga positi­ va: el antielectrón. En 1932, el físico experimental Carl David Anderson descubrió la existencia de esta antipartícula y la denominó posi­ trón. La publicación de su resultado abrió la puerta a un universo que se acerca a la ciencia ficción, porque no sólo existen los antielec­ trones: toda la materia del cosmos tiene su re­ flexión simétrica –como un reflejo en un espejo‒, o antimateria. Hay antiprotones, antineutrones, antineutrinos, etcétera, que además forman anti­ átomos. ¿Qué sucede cuando se encuentran, por ejemplo, un protón, que tiene carga positiva, con un antiprotón, de carga negativa? Se aniquilan, transformándose en radiación. Entonces, ¿por qué si existe materia y antima­ teria no se ha destruido el universo? Sin duda, algunos de nuestros políticos merecerían encontrarse con su antimateria.

LA MATERIA GANÓ Gerardo Herrera Corral, también investigador del Centro de Investigación y Estudios Avanzados, como muchos científicos, se pregunta por qué el universo “ha privilegiado la materia y no la antimateria, si son simétricos y se crearon en las mismas cantidades. Una respuesta hipotética es que en el origen del cosmos,

No

ila Jim rma Áv

énez

después de la Gran Explosión, coexistieron aproximadamente una billonési­ ma de segundo y después hubo una pequeña violación de la simetría que acabó por favorecer a la materia”. Es como si nos viéramos en el espejo y desaparecie­ ra nuestra imagen o parte de ella (y sin ser vampiros). El físico David Martín Reina, en la revista ¿Cómo ves? de enero 2012, apunta: “Se calcula que por cada mil millones de antipartículas, se formaron mil millones más una partículas de materia”, y eso se multiplicó hasta formar el universo que conocemos. Para resolver ese enigma del cosmos “es necesario producir antiátomos, cap­ turarlos y mantenerlos por un buen tiempo para analizarlos”, subraya Herre­ ra Corral.

ALPHA, ELENA, AEGIS Y ALICE Desde 1995, en el cern se han hecho varios intentos por producir y mantener antiátomos. En ese año, un equipo de especialistas logró producir antiátomos de hidrógeno que vivieron durante 40 millonésimas de segundo. Cin­ co años más tarde, otro grupo de investigadores construyó el Des­ acelerador de Antiprotones ( ad , por sus siglas en inglés), ca­ paz de disminuir la velocidad de los protones en un diez por ciento, lo que facilita su mezcla con los positrones. Hace dos años, físicos que trabajan con el expe­ rimento Anti-hydrogen Laser Physics Appara­ tus ( alpha ), utilizando el ad consiguieron atrapar 309 antiátomos de hidrógeno durante un tiempo considerado todo un récord: 15 minutos antes de ani­ quilarse. Hay quien tarda eso en parar­ se de su cama después de que sonó el despertador. Durante 2013, en el cern se construirá el Extra Low Energy Antiproton Ring (elena ) con el cual se atraparán más átomos de antimateria, ya que aumentará la efi­ ciencia conseguida con el ad “en un factor de 10 a 100”, subraya el doctor Herrera. Y como consecuencia de la antimateria, ¿existirá la antigravedad? ¿Las antipar­ tículas son atraídas hacia arriba en vez de hacia abajo? El Experimento de Antimate­ ria: Gravedad, Interferometría y Espectroscopia (aegis) se encargará de dar la respuesta en 2014. Otra vía para entender a la antimateria es trasladarse al universo temprano. Utilizando el llamado A Large Ion Co­ llider Experiment ( alice ), Gerardo Herrera y un equipo de es­ pecialistas recrearán al plasma y las partículas que nadaban en éste cuando se formó el cosmos primigenio. Por mucho tiempo se ha pensa­ do que ese plasma era un gas, pero las observaciones con alice apuntan a que fue un líquido perfecto, esto es, que fluía sin resistencia alguna. Si se colocara plas­ ma dentro de una botella, sus átomos se moverían al unísono como los bancos de peces en el mar, se colarían por cualquier rendija, y se treparía por las paredes, como si estuvieran contra la gravedad. El estudio de ese plasma y su sopa de partículas ayudará a “decirnos qué ocurrió con la antimateria”. alice guiará a los especialistas entre las maravillas de la antimateria. Retomando el primer párrafo de este ensayo, informo que no gané el sorteo, pero los organizadores me dieron un usb con forma de transbordador espacial •


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Viernes de Dolores, 1944-1945. Foto: foeminas.lugo.es

Germaine Gómez Haro

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s un delito ser mujer y tener talento”, ex­ presó María Izquierdo en 1953, 1 dos años antes de su muerte, acaecida a sus cincuen­ ta y tres años de edad, cuando se vislum­ braba que su batalla había sido ganada y ya era considerada una artista cabal que inclusive gozaba de éxito comercial, lo que en aquellos años era un triunfo insólito. Aun así, el camino no fue fácil. Frida Kahlo y María Izquierdo se cuentan entre las primeras artistas que rompieron con las restriccio­ nes impuestas por una sociedad machista en la que las actividades de la mujer estaban tradicionalmente confinadas a los roles de esposa, madre y ama de ca­ sa. 2 Con el tiempo, otras creadoras de su generación han sido revisadas y revaloradas, como es el caso de Lola Álvarez Bravo, Rosa Rolanda, Nahui Ollin, Lo­ la Velázquez Cueto, Olga Costa, Rosario Cabrera, Angelina Beloff, por citar algunas mujeres audaces, comprometidas con su trabajo y con sus ideas, que lucharon por consolidar un lenguaje visual de ca­ rácter individual, espontáneo y ajeno a todo acade­ micismo. A pesar de que la Academia de San Carlos ya contaba con alumnas desde fines del siglo xix , y del criterio de apertura que inauguraron las Escuelas de Pintura al Aire Libre, el establecimiento de una carrera independiente por parte de la mujer fue por mucho tiempo un objetivo difícil de lograr. Una de estas precursoras fue María Izquierdo, hoy en día consolidada como figura emblemática en el concier­ to del arte moderno mexicano. María nace en San Juan de los Lagos, Jalisco, en 1902. Su infancia transcurre entre Aguascalientes, Torreón y Saltillo, donde tiene su primer contacto con el arte en el Ateneo Puente. A los quince años la casan con un militar, Cándido Posadas Sánchez, con quien procrea tres hijos. En 1923, la familia Posadas Izquierdo se instala en Ciudad de México; al poco tiempo María se divorcia de su marido y descubre en la capital una atmósfera de ebullición cultural que la lleva a ingresar a la Escuela Nacional de Be­

llas Artes ( enba ). Su espíritu curioso, inquieto e inconforme le impide adaptarse al conservaduris­ mo de la escuela, la abandona al cabo de un año y se dedica a pintar por su cuenta. Sin embargo, ahí co­ noce a Diego Rivera –entonces director de la enba – y a Rufino Tamayo, pintores antagónicos que, para­ dójicamente, muestran un gran interés por su tra­ bajo y son su primer estímulo. Con Tamayo estable­ ce una relación sentimental entre 1929 y 1933 que fructifica en la creación de ambos, durante esos años estrechamente vinculada temática y formalmente. Su primera exposición individual se lleva a cabo en 1929, sin mayor éxito, en la Galería de Arte Moder­ no del Teatro Nacional. Al año siguiente es invitada por Frances Flynn Payne a mostrar su trabajo en el Art Center de Nueva York, donde poco antes se ha­ bían presentado Tamayo y Orozco, y es la primera artista mexicana que exhibe en Estados Unidos. Ahí conoce su pintura el curador René d’ Harnoncourt –más tarde, flamante director del Museo de Arte Moderno de Nueva York ( moma )‒ y la integra a la importante muestra Mexican Arts que se presenta en el Metropolitan Museum. Ese viaje a Nueva York con Tamayo significa para ambos un importante en­ riquecimiento visual y espiritual, y sus pinturas en esos años se entreveran estéticamente, al punto de llegar a confundirse. María y Rufino se interesan por las calidades matéricas y la exploración del co­ lor en composiciones sencillas apegadas a temas relacionados con la cotidianidad y la cultura popu­ lar. Sus naturalezas muertas, paisajes y retratos re­ velan lo más profundo del alma mexicana, en un léxico totalmente contrario al de la Escuela Mexica­ na. Desarrollan también una veta metafísica que los emparenta con las atmósferas crípticas de Giorgio de Chirico, en las que los personajes aparecen en escenas insólitas o paisajes de ruinas abandonadas y estatuas mutiladas que trasminan aires arcanos. Sus desnudos femeninos son cuerpos sólidos y po­ derosos que, por una parte, remiten a las esculturas

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de barro prehispánicas y, por la otra, a las monu­ mentales siluetas de Picasso en su etapa neoclásica. En sus escenas fantásticas aparecen simpáticos gui­ ños al mundo urbano moderno, como son los avio­ nes, el telégrafo, la electricidad, y el paisaje indus­ trial, temas afines al movimiento estridentista que desarrolló una estética a contracorriente del nacio­ nalismo de los años veinte. Tamayo y María abreva­ ron en las vanguardias europeas, como el cubismo, el futurismo y el surrealismo, y las incorporaron a su creación personal consiguiendo una fascinante fusión de la tradición y la modernidad. Cuando la pareja rompe en 1933, María ya es dueña de un len­ guaje personal que seguirá consolidando por su cuenta y que la colocará entre los creadores más re­ levantes de la pintura moderna mexicana. Su pintura de la década de los treinta está marca­ da por una frescura y una espontaneidad asombro­ sas. Sus óleos y acuarelas son el reflejo de su espíritu libre y plenamente lúdico que da vuelo a una imagi­ nación desbordada y que consigue captar la esencia de la mexicanidad a partir de metáforas poéticas. Sus temas aparentemente ingenuos –bailarinas, desnu­ dos femeninos, circos, caballos, vacas, gallos, perros y otros animales, personajes del pueblo, niños, obje­ tos y tradiciones populares‒ están cargados de una fuerza a un tiempo telúrica y mágica que crea atmós­ feras místicas preñadas de una singular melancolía y, en algunos casos, de un aire de desolación. Si bien utiliza con gran libertad colores brillantes y ale­ gres, la esencia de sus escenas tiene que ver más con la intimidad y el recogimiento que con la celebra­ ción festiva. Otra vertiente de su pintura recoge at­ mósferas sombrías captadas en tonalidades ocres y tierras relacionadas con el paisaje rural mexicano y, en unas y otras, se percibe una cierta sensación de enclaustramiento por lo hermético de sus compo­ siciones. Su prolífica obra de los años treinta es, a mi parecer, técnica, formal y conceptualmente la más bella y poética de su creación.


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ría Izquierdo Sueño y presentimiento, 1947

Naturaleza viva, 1946

pasión y melancolía

LA FUERZA DEL ALMA Paralelamente a su creación plástica, María se des­ empeñó como maestra de dibujo y pintura en diver­ sas instituciones, dictó conferencias, participó ac­ tivamente en la lear (Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios) y se convirtió en una figura icóni­ ca en el medio cultural mexicano. Alegre, vivaracha, inteligente, con una personalidad que combinaba el provincianismo y la sofisticación, María fue muy popular entre los artistas de su generación y los escritores del núcleo Contemporáneos, quienes le dedicaron numerosos escritos. Le encantaba el jolgorio de las carpas, los circos y los cabarets, atmósferas que captó como nadie en sus pinturas. En 1936 llega a México el célebre y contro­ vertido poeta y dramaturgo francés Antonin Artaud, quien se fascina con la pintura de Izquierdo y destaca su visión atávica inspi­ rada por el “espíritu de la raza”: “Incuestio­ nablemente María Izquierdo está en comu­ nicación con las verdaderas fuerzas del alma india”, escribe Artaud y presenta su trabajo en París el año siguiente en la galería Van den Berg. En 1938, María se relaciona con Raúl Uribe, un pintor chileno con quien posterior­ mente se casa y quién se convierte en su prin­ cipal promotor. En gran parte a instancias de Uribe, Izquierdo pinta en esos años una gran cantidad de retratos por encargo, así como importantes autorretratos, y desarrolla el te­ ma de las alacenas y las “naturalezas vivas”, hermosas escenas en las que reúne con gracia Autorretrato, 1946

y desenfado objetos disímbolos en composiciones enigmáticas y ambiguas; también se interesa por te­ mas ligados a la tradición religiosa popular, como los altares dedicados a la Virgen de Dolores. En 1948 y en plena ebullición creativa, María es víctima de una hemiplejia que le paraliza el lado de­ recho del cuerpo y le hace perder el habla. Ahí co­ mienza el declive físico que culminará con su muer­ te en 1955, provocada por una embolia. Sus últimos años son tristes, debido a las limitaciones impuestas

por esa enfermedad degenerativa que la fue consu­ miendo lentamente. Pese a que sus temas tienen como principal fuen­ te de inspiración la cultura popular, no hay nada más alejado del “costumbrismo” que el arte de esta gran figura jalisciense. A contracorriente de los pintores nacionalistas, cuyo lenguaje se basaba en el concep­ to exaltado de la mexicanidad, la poética pictórica de María explora el alma intrínseca del México profun­ do desde una mirada sensible que logra conciliar con gran maestría el espíritu de sordidez y fiesta de nuestro pueblo. Sus pinturas armonizan la tensión entre melancolía y pasión que fue­ ron los rasgos característicos de su persona­ lidad. El arte de María Izquierdo es la sutil simbiosis de drama y ternura, soledad y jol­ gorio, violencia y juego, pri­m itivismo y so­ fisticación: una pintura en­s imismada, pal­ pitante de vida y rebosante de pasión • NOTAS: 1 Manuscrito inédito, archivo Amparo Posadas Izquierdo. 2 Es un hecho ampliamente documentado que a ambas les costó mucho trabajo abrirse brecha y ser reconocidas como pintoras independien­ tes: Frida, en gran medida, por estar siempre a la sombra de la fama de Diego, y en el caso de María, aunque algunos de los propios artistas alabaron su trabajo, cuando se le comisionó la realización de unos murales para el Palacio de Gobierno de Ciudad de México, Rivera y Siquei­ ros emprendieron una campaña de descalifica­ ción argumentando “su falta de experiencia”.


leer Crápula, Evodio Escalante, La Otra-iced, México, 2013.

CRÁPULA O EL OTRO GOLEM JOSÉ ÁNGEL LEYVA

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nte el más reciente libro de poemas de Evodio Escalante, Crápula, emerge curiosa la pregunta: ¿libro de crítico o de poeta? La obra también nos pone ante la disyuntiva de Harold Bloom: ¿Dónde se encuentra la sabiduría? Y esto nos conduce de la mano al conflicto entre un discurso que busca seducir y otro que se propone generar la crisis. Crápula, por principio, es un libro de poemas. Nada tendría de singular, salvo su propia sustancia poética, si éste no hubiese sido escrito por un crítico, y más tratándose de Evodio que, por cierto, tiene una trayectoria de poeta con libros como Un demonial de días (1975), Dominación de Nefertiti (1977), Todo signo es contrario (1988), que reuniría diez años más tarde en Relámpago a la izquierda (1998), publicado por Juan Pablos. La andadura lírica de Evodio ha sido muy pausada, a la vez que perseverante en su clara intención de hacerse visible. Ya desde el título, la obra se nos ofrece con una carga de significados de rudeza y cinismo, de exceso y embriaguez. El conjunto de poemas no responde a cabalidad ni de manera explícita a dicho concepto, menos aún a la ebriedad. Pero hay una fuerte intención satírica, una descarga denostadora e increpadora, incluso procaz en varios de sus textos que llegan a incomodar a las buenas conciencias. Sin duda, el libro de Evodio es poéticamente incorrecto de cabo a rabo si se piensa en la perspectiva de un concurso de poesía, de ésos en que se suelen aplicar patrones de evaluación. Podría afirmarse entonces que es un poemario sin unidad temática, carente de un lenguaje de riesgos o de audacias formales, sin pretensiones de colocarse como paradigma del discurso, pero con la solvencia de quien tiene oficio y esgrime la ambigüedad como virtud filosa o elabora dosis de irreverencia y de antídotos al mismo tiempo. Libro conformado por libros que dialogan entre sí; como los dedos de una mano que difieren entre ellos, pero se juntan para constituirse en puño. Evodio da lugar a homenajes claros: Sor Juana, López Velarde, su padre, Octavio Paz, Ezra Pound, Yeats, cummings. De manera simultánea figuran nombres de poetas a quienes lanza ponzoñosos dardos, o personajes anónimos en quienes uno puede imaginar posibles destinatarios de sus burlas u ofensas. En ese sentido, el poeta-crítico asume la tradición epigramática y de la diatriba para caricaturizar, desmontar de sus falsos pedestales a los arrogantes y sobrevaluados creadores. Un guiño a los goliardos, a Salvador Novo, Marcial, Catulo, Quevedo, por su disposición a la injuria, la blasfemia, el recochineo.

6 de octubre, de 2013 • Número 970 • Jornada Semanal

Si bien Crápula inicia con un hermoso poema de amor y desamor: “Sobre la piedra blanca” y lo suceden otros de la misma estirpe, pronto abre el camino a “El otro Golem”, donde la muerte y el amor, la admiración, se entreveran con la desfachatez y la insolencia de versos expuestos ya en el poema que da título al libro: “He visitado los más turbios hoteles/ Y he ido a la cama con hombres, con mujeres,/ con perros, con gallinas/ Y hasta quizás con niños.” Algo puede uno emparentar con los tonos zoofílicos y obscenos del colombiano Raúl Gómez Jattin. El delirio amoroso se precipita en pulsos de ira y degradación: “Puta gloriosa, así te llaman todos/ porque levantas vergas percudidas/ y bastan cuatro o cinco sacudidas/ para que hagas felices a los beodos.” Evodio echa mano de diversos recursos y formas, desde el soneto hasta el verso libre, para sublimar a sus figuras admiradas o para hundir a las que desprecia. El soneto es quizás el preferido para rendir tributo a sus referentes nacionales, como es el caso de Sor Juana, que encarna la supremacía femenina de la inteligencia, y ante la cual abandona marcas de misoginia exhibidas en algunos de sus versos: “Del cielo intelectual./ Todo lo hiciera/ Con arrebato y genio/ La fulgurante estrella,/ Mas prefirió guardarse en un convento.” Tras una prolongada sequía, Crápula viene a redescubrir al Evodio poeta que, como Bloom, elige de manera transitoria al fingidor que finge fingir (Pessoa) y se deja llevar por la corriente de un discurso donde lo emocional y lo subjetivo, lo mítico y lo íntimo, aspiran a trascender la teoría. No obstante, el crítico parece asomar las narices en los resquicios de este libro que pone contra la pared las poéticas de ciertos poetas en quienes descree •

La última noche, James Salter, Salamandra, España, 2013.

EL EFECTO SALTER

Cierto es que en el autor se muestra sospechosamente experto en provocar ese efecto cuentístico (lo que evitó sabiamente en libros posteriores, como Anochecer) al meter a personajes comunes en situaciones atípicas –desequilibrando sus pretensiones inocentes con uno o dos motivos perversos– y empujarlos en un declive de acontecimientos que los lleva a un mundo extraño, donde no son el centro y quedan inmersos en sentimientos que aún no tienen nombre. Quizá el lector conozca bien a estos personajes gringos, algo temerosos de entregarse a sus sentimientos o, al menos, de admitirlos, distanciados del presente como si fuera una especie de recuerdo poco manipulable que los demás también pueden ver en momentos estremecedores. Pero no puede darse a Salter por leído así nomás. El ímpetu épico que se espera de quien relata “el sueño colectivo”, en estos cuentos se ahoga en el murmullo íntimo del narrador, la conciencia alienada que los personajes instilan uno en otro, y por supuesto en el lector. Para más, Salter es un artista de las insidiosas fuentes de la melancolía contemporánea y, una vez que las utilizó, deja esparcidos los envases etiquetados: el jazz, Jacques Brel, Stendhal, e.e. cummings, Rilke. También echa mano de las fuentes de la melancolía estadunidense: las casas ajenas o de los primeros matrimonios, los perros viejos, las joyas de familia y la penosa excavación de la memoria en los rostros ancianos en busca de la juventud que nunca fue. Pese a su afinada técnica, La última noche no es, como se dice en un cintillo propagandístico, un “libro perfecto de relatos”; tampoco un libro de relatos perfectos. No es la perfección el material de la prosa ni de relato alguno; es el desequilibrio, el momento de ruptura que astilla la burbuja dizque objetiva del lector, lo que mueve a seguir vidas imaginarias que ya no serán ajenas •

CUAUHTÉMOC ARISTA

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a prosa de James Salter no es eco impreso del habla ni escritura radical, sino un murmullo comparable al de uno de sus personajes, cuya conciencia está dolorosamente separada de su cuerpo y quien se mira existir desde una identidad alterna, impenetrable, de la que un lector sólo puede conocer un estado anímico recién transcurrido: ahí donde estuvo. Ese flujo narrativo se aferra al armazón afectivo del lector, que se asombra con el funcionamiento preciso del mecanismo llamado cuento, pero no se libra de su impacto hasta que comienza a ampliarse su efecto: un persistente dolor que pregunta dónde están sus causas. Sólo empieza a prevenirse dicho lector cuando reconoce los mismos síntomas en el siguiente relato y asociado a otro personaje trastocado por una imagen, una brisa nocturna o una relación incierta que lo hace caer en una trama destructiva, tan implicada en su piel que para librarse de ella tiene que sacrificar su integridad o cualquier expectativa de plenitud. Entonces llega el efecto Salter. A partir de este reconocimiento, con que los lectores enviciados arruinamos los placeres de la lectura, lo divertido es tratar de soltar el libro con el pretexto de que se volvió previsible. No se puede.

Freud: A cien años de Tótem y tabú (1913-2013), Néstor a. Braunstein, Betty b. Fuks y Carina Basualdo (coordinadores), Siglo xxi Editores, México, 2013.

EL TEXTO MÁS IMPORTANTE DEL SIGLO XX JAVIER GALINDO ULLOA

La obra de Sigmund Freud es una caja de sorpresas. Parece que todo está dicho después de haber escrito La interpretación de los sueños (1900); que su teoría ha sido ya superada por otros especialistas y criticada por intelectuales del género. Pero ocurre que existía un material aún desconocido y poco valorado, puesto que hay una obra que plantea otras pistas sobre el pensamiento mítico de la cultura del siglo xx , pero aún vigente en nuestros días. Me refiero a Tótem y tabú, escrita entre 1911 y 1912, aunque publicada en 1913.

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leer

Jornada Semanal • Número 970 • 6 de octubre de 2013

Los psicoanalistas argentinos Néstor a . Braunstein, Betty b . Fuks y la brasileña Carina Basualto, con el interés de conmemorar el centenario de su aparición, han estudiado este texto mítico y han armado un libro donde rescatan la correspondencia que se escribió antes y después de la publicación de Tótem y tabú y su introducción (no incluido aún en las Obras completas, de Freud, e inédito hasta ahora en español). En él presentan diversas colaboraciones de doce especialistas procedentes de Brasil, México, Estados Unidos y Francia. El prólogo del libro conmemorativo abre con un epígrafe de Thomas Mann, el cual explica por qué considera que Tótem y tabú es la obra más atrevida e innovadora de Freud: “Se trata, sin duda, desde un punto de vista puramente artístico, del mejor de los trabajos de Freud: por su construcción y por su forma literaria es una obra señera de la ensayística alemana que se emparienta y se incluye entre sus realizaciones más logradas.” Los tres coordinadores recurren a diversas interpretaciones que han precedido a esta obra del psicoanalista vienés con el fin de valorarla con justicia y abordan el mito del asesinato del padre como un síntoma que define la cultura de nuestra era, “la escena que funda la vida social”. Tótem y tabú es un libro fundamental, una de las más importantes creaciones del siglo xx . Para los autores, este ensayo inaugura “lo que era entonces impensable: un mismo espacio, un espacio común, para aprehender la psicología individual y la psicología colectiva”. Como un pensador que se adelantó a los estudios más modernos sobre la función de los mitos en la cultura como relatos de una creación en un contexto presente, Freud reconoció el mito del asesinato del padre como una narración de profundo valor social e individual, cuya “función consistía en expresar una verdad sobre los orígenes” y la estructura del espíritu humano. Basta señalar algunas palabras del psicoanalista vienés sobre tal leyenda del parricidio que instaura la cultura: “Un día los hijos expulsados de la horda por el padre que gozaba de todas las mujeres, regresaron, lo mataron y devoraron el cadáver, poniendo fin a la existencia de aquella arbitraria figura de poder.” Aunque sea un tema desagradable, este mito sirve como “una herramienta poderosa y precisa para la inteligencia del psiquismo y del orden social: el pasado remoto alcanzará al futuro del sujeto individual y, en su conjunto, a la cultura”. Desde este punto de vista, los tres coordinadores presentan en su libro (que se publica simultáneamente en español, portugués y francés) la correspondencia de Freud; enseguida, los once estudios que abordan los temas del padre primitivo y digitalizado, el mito de la horda parricida, la vigencia de Tótem y tabú después de Auschwitz y en la era de las

catástrofes. Los textos de Anne Dufourmantelle y Paola Mieli han sido traducidos al español por Adolfo Castañón; el de Jaques Nassif, por Néstor a . Braunstein, y el de Betty Bernardo Fuks y Caterina Koltai, por Sonia Radaelli. Vale la pena revisar este libro para acercarnos a una de las obras menos conocidas de Freud, pero indispensable para comprender la cultura del siglo xxi desde la perspectiva del pasado. La historia de nuestra era no se entendería sin el origen de los mitos fundacionales • El libro de las ideas, Ana Franco Ortuño, Ediciones Sin Nombre, México, 2012.

DERRUIDO DERRIDA ENRIQUE HÉCTOR GONZÁLEZ

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a poesía es traslado, transporte, traducción. Crea un mundo en cada texto para refrendarlo como verdadero, dentro de los límites –claro está– que atañen al lenguaje. Cada poema es una construcción, un edificio en la ciudad del libro al que pertenece. Y la materia central, tanto de esa polis como de los medios para moverse en ella (poesía es traslado), es la metáfora, tradicionalmente hablando el tropo característico del género. Ahora bien, todo libro de poemas que se respete debe ser, en algún grado y si aspira a ser significativo, un tanto irrespetuoso con la tradición literaria, pues a la poesía, como a los padres, cuando mejor se los ama es cuando se los niega o combate o abandona. Y entonces boicotear la metáfora es dejarla ser otra cosa; detonar el lenguaje es resucitarlo. Pocos poetas lo consiguen hoy en día y aún menos lo intentan, dado el cálido confort de los prestigios preestablecidos y los privilegios al uso –y la escasa imaginación y la renuncia del lector medio al género y el miedo que da reconstruirse. (¿Y si salta de la lectura un monstruo aún peor? Eso es seguro.) Pero ya que la poesía ha cambiado tanto en el último siglo (como lo pueden comprobar quienes no se acercan a ella y sólo la miran de reojo), digamos, de las vanguardias a la fecha, conviene saber que regresarla a su lugar es un acto sabio y saludable. Es lo que hace El libro de las ideas: una desestructuración del discurso poético, una zancadilla a su predictibilidad, para poder volver a llamar a las cosas por su nombre. Si uno ve cuadritos, pictogramas, llamadas a páginas web entre sus brevísimos versos, haría mal en creer que está frente a una poeta “desconstruida”: de lo que se trata es de re-pensar la relación del poema con el lector, de desarticular los prejuicios sintácticos, las manipulaciones semánticas, la tórrida retórica que nos impide acceder a un indicio, siquiera un asomo de lo que era la palabra antes de perder pie en el basural de la hipercomu-

nicación. Al mismo tiempo, y derruido Derrida –porque ninguna filosofía puede permanecer si lo que la ampara centralmente es el desconcierto ante la espiral de interminables significaciones y posibilidades del discurso–, toca a la verdadera poesía volver a jugar los dados: un nuevo turno para Mallarmé. Con sobriedad y sosiego, sin desmesura ni exhibicionismos histriónicos, la escritura de Ana Franco repele las formas establecidas, los usos aviesos del viejo verso castellano, sabiendo que “el poema como aparato invocador tiene su propia memoria (y la mía)”; es decir, que al final toda ruptura es tradición y de nada sirve embalarse en un afán de destrucción siempre demasiado construido, constreñido, aunque no por ello resignado a significar lo mismo: un poema se encargará siempre de devolvernos al principio, al “poema en desorden”, como lo anaforiza en su libro Ana Franco, que no intenta devastar ni maquillar nada sino retratar, en toda la plenitud de su saturada naturaleza de bastión verbal, lo que le toca decir. La poesía de Ana Franco, desde su peculiar cadencia sincopada, favorece una permanente mudanza de signos, danza muda de voces que no pocas veces dan con el interruptor que enciende y sonoriza los mundos que inventa •

TECNOLOGÍA Y CONSUMO: el futuro enfermo Sergio Gómez Montero

Cárcel y libertad en Brasil

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Lichtenberg: sobre héroes y estatuas


6 de octubre de 2013 • Número 970 • Jornada Semanal

Enrique López Aguilar

Naief Yehya

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naief.yehya@gmail.com

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LANCA LUZ PULIDO (TEOLOYUCAN, Estado de México, 1956), nacida bajo el signo de Escorpión, comenzó su camino literario desde 1977, publicando tres prosas narrativas breves en el volumen colectivo Esta historia pasa de aquí a su comienzo, al que siguieron unas prosas poéticas y narrativas en el también colectivo Ahora las palabras. Sin embargo, su trayectoria definitiva la emprendió desde 1979, con la aparición de una pequeña plaquette de poemas que tuvo el título de Fundaciones, del que Zaid eligió “Del fuego”, para incluirlo en la Asamblea… Pasados cuatro años, publicó Ensayo de un árbol, poemario que luego se sumó a Fundaciones y a nuevos materiales en un primer libro de reunión de lo que habían sido nueve años de trabajo poético: Raíz de sombras (1988), volumen del que, por distracciones de la autora, quedó excluido el poema que dio título a Ensayo de un árbol. El carácter módico de Raíz de sombras y el conteo de sólo tres libros publicados en el lapso de casi una década, exhibió una de las características más notables del trabajo de Pulido: la lentitud con la que va depurando y decantando los sucesivos borradores hasta convertirlos en obra visible para el público. Esta, también, es la razón por la cual su trabajo poético muestra muy pocas caídas o desperdicios. Después de Raíz de sombras, Pulido publicó Estación del alba (1992), en el que, aparte de los nuevos avances realizados, lo inusitado fue la presencia de algunos poemas en prosa, experiencia que parecía haber abandonado desde la publicación de los dos primeros libros colectivos en los que exploró universos prosísticos. Luego siguieron Reino del sueño (1996), Cambiar de cielo (1998), Los días (2002), Pájaros (2005), Al vuelo (2006). Aparte del oficio poético, Pulido ha distribuido su atención entre el ensayo breve, que ha aparecido en publicaciones periódicas como El Nacional Dominical, Los Universitarios y Casa del Tiempo; y en diversas traducciones del francés (Marguerite Yourcenar, Julien Green y Michel Tournier, entre otros), del inglés (e. e. cummings) y del italiano (Italo Calvino y Dino Buzzi). Asimismo, durante más de diez años fue editora en el Fondo de Cultura Económica, El Colegio de México, la Dirección de Difusión Cultural de la uam y el cemca (Centro de Estudios Mexicanos y Centroamericanos, de la Embajada de Francia). No le son ajenos el arte de la conversación, el amor por la música, el embrujo de la naturaleza, el miniaturismo y la pasión cinematográfica, que la convierte en una muy sensible conocedora de las realizaciones del llamado “séptimo arte”: estas cinco actividades han sabido encontrar reflejos relevantes en su obra poética. Fundaciones definiría el camino literario que después seguiría su autora. Constaba de ocho poemas y en él se advertía un lenguaje ceñido que buscaba la precisión del adjetivo y la riqueza de las imágenes, aunque una especie de voluntad conceptista cruzara sus textos. Eso sigue siendo carac-

terístico de su poesía: cada edificación poética gira en torno a una idea central, no alrededor de una imagen, y de la mezcla de ambos elementos surge un tono que se recata: la imagen cede ante el concepto para acabar construyendo los pasos de una voz concentrada que proporciona al lector las pistas necesarias para rastrear al ser oculto tras la inteligencia, tras el distanciamiento de su material poético y la aparente frialdad de la exactitud: “Deshabitado el aire de tu gesto,/ el sitio que poblaba tu figura/ ya en silencio, miro crecer la tarde en el lento color de las ventanas” (“Imagen”). Los disfraces verbales empleados por Blanca Luz Pulido le dieron a su voz una distancia que la hace parecer testigo, contempladora de lo dicho en los poemas: en lugar de ser protagonista, la voz de Pulido queda al margen pues enuncia, como circunstancialmente, algo que le puede ser ajeno pero que debe decirse porque ella “estaba allí: Toda la noche vi crecer el fuego/ y no pude tocarlo/ ni sumarme a su encuentro luminoso.” (“Del fuego”). Sus poemas han dejado ver, entre otras influencias, las de sor Juana y Borges: la voluntad de la inteligencia exige que la voz y las personas de los textos parezcan intocados y afuera de los universos desconfiados de la autora. Uno de sus aciertos ha sido simular e l d e s a p e g o, a u n q u e n o m b ra r a l g o sea una profesión de fe: “El aire está roto./ Se vive tan cerca/ de haber muerto.” (“Aire”) • (Continuará.)

A LÁPIZ

Las fundaciones poéticas de Blanca Luz Pulido (i de ii)

Medio siglo y un año del Festival de Cine de Nueva York La nueva diversidad de un viejo festival La edición número 51 del Festival de Cine de Nueva York (nyff por sus siglas en inglés) sigue siendo el evento cinematográfico más prestigioso de esta ciudad. Históricamente, el nyff ha sido un muestrario de lo más relevante de los grandes festivales (Cannes, Berlín y Venecia, entre otros) y siempre ha estado marcado por ser una celebración del cine y no una oportunidad más para el lucimiento de celebridades. No obstante, podría parecer que en los últimos años ha habido una

La zarza ardiente

inclinación por incluir numerosos filmes estadunidenses considerados de calidad (y sobre todo taquilleros) como será sin duda Capitán Phillips, de Paul Greengrass (el cineasta británico que ha realizado algunas cintas bien logradas y, dentro del contexto comercial, con conciencia política sobre el terrorismo y la guerra contra el “terror”), estelarizada por Tom Hanks, en la que se cuenta el secuestro de un navío comercial por piratas somalíes en 2009. Al rebasar el medio siglo, el festival del Lincoln Center ha ampliado su selección oficial, su muestra de cortos, filmes experimentales y homenaje de cajón (este año toca a la actriz Cate Blanchett y a Ralph Fiennes), al programar secciones como: “Revivals”, “Ciencias aplicadas” (que consiste en proyectos documentales ambiciosos, como el filme sobre la digitalización emprendida por Google de todos los libros del mundo), “Artistas emergentes” (donde participa el mexicano Fernando Eimbcke) y una curiosa recopilación de “Retratos en movimiento”. En buena medida, estas novedades reflejan los cambios en los medios y en las audiencias, así como la influencia de YouTube, el streaming y otros medios audiovisuales cada día más variados y populares que compiten con el cine. Pero también llama la atención que en plena era del síndrome de déficit de atención masivo, se han incluido varios filmes de cuatro horas, que resultan un desafío a la concentración del individuo de la era de internet.

La zarza ardiente, de Agnieska Holland Una de estas obras de cuatro horas es el telefilme checo, hecho para hbo Europa, La zarza ardiente, de la veterana directora polaca Agnieska Holland. Aquí se proyectan en una sola sesión las tres partes de este trabajo fascinante que comienza con imágenes convencionales en blanco y negro de jóvenes checos bailando rock al tiempo en que los tanques avanzan sobre Praga. Poco después Holland, quien se educó en Checoslovaquia y vivió tanto el efí-

mero período de libertad y apertura de 1969 como la invasión de las tropas del Tratado de Varsovia, da un giro para elaborar una obra sensible, inteligente y original. Una vez que las imágenes cambian del blanco y negro al color, vemos a un joven empaparse con gasolina y prenderse fuego en la Plaza Wenceslao. La inmolación del estudiante Jan Palach es la primera etapa de la lucha contra la invasión soviética de un grupo de jóvenes dispuestos a sacrificarse, convirtiéndose en “antorchas humanas”, para conseguir por lo menos el fin de la represión y la desaparición del diario propagandista oficial Zpravy. El gobierno trata de convencer al público de que Palach era un joven inestable y solitario que había tratado de suicidarse en numerosas ocasiones y/o que era un agente de la ultraderecha que trataba de destruir el socialismo checo.

La Verdad y la verdad La muerte de Palach se vuelve una tragedia nacional y, cuando un oficial del partido comunista lo acusa de ser un idiota manipulado por la reacción, su madre y hermano deciden demandarlo por difamación. Así, el drama político se convierte en un tenso thriller legal en el que una valiente abogada arriesga todo en una lucha simbólica contra el poder. La cinta de Holland es un espléndido drama histórico que utiliza diversos puntos de vista y permanece fiel a los testimonios y la documentación existente (gran parte fue destruida por el régimen). Pero también establece paralelos con las invasiones actuales y muestra con agudeza la creciente atmósfera de paranoia, de traiciones y de renuncias ante un poder totalitario. Sin embargo, no hay aquí maniqueísmo alguno y hasta los policías tienen un lado humano. Poco antes de escuchar el veredicto, el funcionario del partido explica con frialdad a la abogada de los Palach: “Para un político la verdad es aquello que beneficia a la nación.” Triste y pragmática lección universal del poder •

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JORNADA VIRTUAL

arte y pensamiento ........


Jornada Semanal • Número 970 • 6 de octubre de 2013

........ arte y pensamiento

Germaine Gómez Haro

Alonso Arreola @LabAlonso

germaine@pegaso.net

Ayuda de 12 a 12, ahora por 12

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N DÍAS PASADOS SE presentó en la Casa Lamm el libro de Xavier Guzmán Urbiola sobre uno de los personajes más notables de nuestra historia contemporánea: Guillermo Tovar de Teresa. Bosquejo biobibliográfico. Historiador, historiador del arte, investigador, bibliógrafo, coleccionista, filántropo, poseedor de una erudición universal, Guillermo Tovar ha incidido de manera crucial en el rescate, revaloración y conservación del patrimonio artístico y de la memoria de nuestro país. El también historiador Guzmán Urbiola consigue sintetizar, en sólo medio centenar de páginas, la intensa trayectoria intelectual de Tovar, que se entrevera indisolublemente con su vida personal pletórica de anécdotas y de experiencias vividas y compartidas con los más destacados personajes de la cultura mexicana de las últimas cuatro décadas. Tovar nació en 1956 y sus recuerdos más remotos están sin duda ligados a la Historia, escrita con esa mayúscula con la que él la ha vivido, documentado y reseñado. Guillermo sostiene que aprendió a leer “mucho antes de ingresar al sistema escolar” y desde ese momento, la Historia se apoderó de él, de su brillante mente precoz y de su corazón. Su padre, el doctor Rafael Tovar y Villa Gordoa, y su abuelo materno, don Guillermo de Teresa y Teresa, fueron las dos columnas sobre las que el niño Guille comenzó a tan temprana edad a edificar su fortaleza intelectual. Piedra clave de esa construcción fue también el tío Ignacio de Teresa y Teresa, quien, con el abuelo Guillermo, formaba una mancuerna de bon vivants de espíritu decimonónico dotada de un vasto conocimiento universal, y que sabía combinar lo más exquisito de la cultura europea con las maravillas de ese México de mediados del siglo xx que ya entraba con gran aliento a la modernidad con el deseo de recuperar un pasado sumido en el olvido. Con estos entrañables y singulares personajes comenzaron sus interminables viajes por todas las épocas y parajes geográficos a través de la primera biblioteca que despertó su curiosidad y pasión en casa del abuelo, los interminables recorridos por el Centro Histórico y las tertulias en las que conoció a los eruditos más connotados de la época. Desde entonces, la trama intelectual de Tovar se fue tejiendo a partir de su pasión por el estudio de las fuentes originales de la Historia y a través de los numerosos acervos bibliográficos que ha tenido la agudeza y la intuición de descubrir, rescatar, conformar y hasta donar. En su juventud temprana ya alternaba con personalidades, como Francisco de la Maza, Luis González y González, Felipe Teixidor, y

su círculo cercano de amigos y maestros espirituales ha contado con figuras tan connotadas como Octavio Paz, Diego Angulo Íñiguez, Juan y Edmundo O´Gorman, Elías Trabulse, Silvio Zavala, Juan José Arreola, George Kubler, Fernando Benítez, José Iturriaga, José Pascual Buxó, Fernando Gamboa, entre muchos otros sabios de todas las disciplinas en cuyas fuentes abrevó y a quienes sorprendió y sedujo con su precocidad intelectual, su mente prodigiosa y su personalidad sagaz, ingeniosa y amena. El libro, editado por dge / Equilibrista, conduce al lector por los entresijos de la ruta del investigador que culmina en la publicación de numerosos libros y ensayos imprescindibles en la historiografía del arte y de la historia de México. Se incluye también una selección de opiniones sobre su obra y su persona, y las portadas de sus libros bellamente impresas. La presentación del libro estuvo a cargo de la historiadora Josefina Zoraida Vázquez, el doctor Juan Ramón de la Fuente y el caricaturista Rafael Barajas el Fisgón, quien cerró el acto con una divertida e ingeniosa semblanza de Tovar en la que, de alguna manera, se vio reflejada una faceta fundamental del historiador, la del sentido del humor agudo y ácido, ingrediente fundamental en todo pensador brillante: “Sería impreciso decir que Guillermo Tovar de Teresa tuvo infancia, adolescencia, juventud, edad adulta y madurez pues, en realidad, tuvo prólogo, introducción, capitulado, conclusiones y una extensa bibliografía”, expresó el caricaturista para concluir que, más que acta de nacimiento, Tovar tiene página legal, y que su vida está constituida por pies de página, más que anécdotas. Por lo tanto, su tumba no tendrá epitafio: en ella se leerá un colofón. Gran homenaje a un hombre sabio e ilustre que ha sabido, como pocos, amar el conocimiento y los libros •

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O ESCUCHAMOS DESDE EL camerino, a pocos minutos de que subamos a participar. Está cantando cada vez mejor. Es Monocordio (Fernando Rivera Calderón), creador de buenas canciones y mejores maneras escénicas (hay que verlo en su nuevo espectáculo de cabaret ¡En la Matria!, donde revisa los fracasos de nuestra historia a la luz del cancionero de José José). Son más de las 12 de la noche. Antes de él sonaron Armando Vega Gil, Astrid Hadad, Eugenia León, Regina Orozco, Ely Guerra, Natalia Lafourcade y muchos músicos más. Del gremio actoral estuvieron “fichando” por bailes Daniel Giménez Cacho, Damián Alcázar, Rodrigo Murray y Ofelia Medina, entre otros. Todos se solidari-

Monocordio

zaron con los damnificados por las lluvias para dar vida al Festival de 12 a 12, ocurrido en el Museo Nacional de las Culturas Populares de Coyoacán, un espacio emblemático del barrio que, según se anunció ese día, será sede de otras doce réplicas con igual propósito, el último domingo de cada mes. Pensamos que, de lograrse esa continuidad con la fuerza y claridad del primer paso, el plan podría instaurarse por más tiempo, incluso permanentemente. Día de verbena y alegría (sí, alegría por saberse unidos, esperanzados en pos de un objetivo común), ese 29 de septiembre representó, en Coyoacán al menos, el renacimiento de un activismo necesario que no se queda en el marchar. Si bien salir a las calles es importante para poner límites a gobierno y autoridades, para expresar lo que por otras vías no encuentra eco, debería ser sólo una parte del proyecto de vida que done tiempo y esfuerzo cotidianamente, que no limite su expresión a la banqueta, que apueste por transformar su entorno inmediato. Todo gran plan se integra con los minúsculos engranes de la incidencia inmediata. En igual sentido, si ya sabemos que somos buenos para reaccionar ante una eventualidad, desde hace tiempo deberíamos estar transformando nuestra incompetencia para prevenir catástrofes (¿evitando las corruptas construcciones en márgenes de ríos, presas y montañas?) y para dar largo aliento a pequeñas acciones altruistas, personales y no en masa, que superen la emoción de un fin de semana (¿asilos, casas hogar, albergues, centros de atención a adictos, hospitales?). Ello es relevante, creemos, porque acercándonos a algunas asociaciones hemos conocido su compleja subsistencia cuando se generan embudos por emergencia o magnetismo mediático. Numerosas instituciones se quedan sin recursos lo mismo cuando llegan huracanes que cuando se anuncia el Teletón. Ninguna de estas situacio-

nes debería negar la solución de otras urgencias, ni suponer que aportando algo en un solo caso se ha cumplido con la cuota anual de generosidad. No se lo tenemos que decir, lectora, lector dominical: las cosas están tan mal que no bastan ni un relámpago de eufórica bondad, ni un concierto de músicos y actores solidarios, ni una tarde llevando víveres al centro de acopio… nada de eso cambiará las cosas de manera definitiva. Estamos en contingencia perenne. Así, mientras Televisa da las gracias al pueblo de México “a nombre de todos los medios de comunicación participantes en la campaña Súmate Ya”; mientras políticos, conductoras de televisión y jefes policiales se toman la foto “con el lodo a la cintura”; mientras algunos roban, usufructúan y revenden la ayuda donada en los centros de acopio; otros menos protagónicos, más silenciosos, dan batalla lejos de los reflectores cambiándole la vida a alguien fuera de su círculo familiar; van más allá de la estridencia y el grito, activando al cuerpo en pos de una causa específica, paralela a la queja de su mente serena. Hacen, no dicen. Haciendo analogías, debemos recordar que la música es un diálogo entre el reposo, la excitación y el clímax. En términos de Armonía Funcional hablamos de los acordes tónicos, subdominantes y dominantes respectivamente. Los primeros dan estabilidad y cordura a un tema, los segundos aportan interés y desarrollo a la vida de la composición, los terceros la llevan al borde para dar sentido, una vez más, al reposo y la reflexión. Es así que no todo puede ser confort, pero tampoco encono eterno, pues se pierden la dinámica, las variedades tímbricas y la tesitura entre quienes comparten la orquesta cotidiana. Hasta en las revueltas y revoluciones más conocidas hubo momentos de calma estratégica para el mejor desarrollo de las ideas. A ello apelamos hoy. Buen domingo. Buenos sonidos. Buena semana •

BEMOL SOSTENIDO

Guillermo Tovar de Teresa. Bosquejo biobibliográfico

ARTES VISUALES

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Jorge Moch

Ana García Bergua

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UBO UNA VEZ UNA generación que vivió en los años sesenta y setenta cosas que la marcaron hasta quedársele grabadas en la personalidad. Una generación joven e ilustrada, llena de esperanza y buena fe, imbuida con la fantasía de que, de alguna manera, estaban transformando el mundo (y sí lo estaban haciendo) para convertirlo en un lugar mejor (eso se volvió muy complicado). Una generación de jóvenes que experimentaban con todo, que vivían en comunas a veces, que iban a estudiar o a perderse en Europa, que viajaban a Nicaragua a hacer la revolución, a Cuba a vivir La Revolución, que acogieron como sus hermanos a los refugiados de las dictaduras chilena y argentina, que estudiaban y admiraban a los pueblos indí-

genas y su pureza, y comían hongos y amargas de la dictadura “socialijta”, pero ascendían a comer peyote con los hui- hay también en estos cuentos una especholes en la Semana Santa. Que vivían cie de homenaje a la buena voluntad de con plenitud y naturalidad la especie de quienes han creído en esas utopías, lejos refundación del mundo que ocurrió en de la sátira descarnada o la burla de la algunos círculos durante los años sesen- inocencia. Los personajes de estos cuenta, que basaban sus relaciones en pactos tos somos, fuimos, nosotros, y el narrade confianza mutua alejados de los con- dor hila finísimo en este empeño por vencionalismos, que no sabían bien de lograr en la vida una coherencia que qué irían sus vidas. Una generación que amparara toda una serie de deseos practicó como pudo la ligereza, la liber- personales y aspiraciones sociales. Petad sexual, la alegría, la experimentación ro quizá el cuento más notable de tode todo tipo de experiencias y sustan- dos, prodigioso en la factura y en el amcias, a veces con resultados desastrosos, biente verdaderamente enrarecido que a veces con una ingenuidad desesperan- construye es el que da título al libro, te, pero de alguna manera sí, es cierto, “Anoche dormí en la montaña”. Se trata de el mundo no fue el mismo después de un relato dividido en seis relatos autónosu llegada. mos pero a la vez hilados, como en una A esa generación pertenece Héctor pequeña novela, que van contando la Manjarrez, uno de nuestros más impor- experiencia de la antropóloga Concha, tantes narradores, quien en su libro más una mujer como Florencia, menos inoreciente –Anoche dormí en la montaña cente quizá, que por primera vez asiste a ( era , 2013)– parece realizar una especie la Semana Santa en la sierra huichola ya de ajuste de cuentas memorioso e inven- no como espectadora, sino como partitivo con estos personajes coetáneos cipante en el ritual. El relato es, entonces, suyos que lo han acompañado en mu- una especie de viaje con diferentes estachos de sus libros, si no es que en todos ciones en las que Concha se pierde y se (pienso, por ejemplo, en Ya casi no tengo reencuentra varias veces en la experienrostro y La maldita pintura, entre los más cia y en los recuerdos, en el espacio del o menos recientes). Libro de relatos que caserío en las alturas de la montaña que reconstruye toda una mentalidad per- habitan los indios pero también una sedida a golpes de real politik, sus habi- rie de visitantes locales y extranjeros –intantes son en su mayoría mujeres entra- cluido un equipo de televisión–, al punto ñables en la búsqueda de ese algo más de que todo, de repente, adquiere la toque está en ellas y en el mundo, más allá nalidad difusa y marciana de una pelícude los cuerpos, las ideologías y las más- la de Werner Herzog. Y mientras tanto caras: la inglesa surgida de la nada que Concha se encuentra con un hombre y se inventa una amistad sin ataduras, los desencuentra con otro, observa una cereamantes que se ligan con nombres fal- monia un poco escalofriante con una sos en la Nicaragua sandinista, Floren- niña, viaja en peyote, lee la carta de un cia la cineasta que viaja a La Habana antiguo amante, busca su nahual, busca llena de ilusiones, Amalia la refugiada su nombre. La voz narrativa va pasando de de la dictadura argentina que nunca un estado a otro, del interior de Concha abandonará su acento, entre otros. El al exterior, trasladando el viaje narrado al cuento de "Florencia en la Habana" es es- viaje leído con la destreza y la naturalidad pecialmente terrible en su construcción que sólo pueden lograr la paciencia y el de una muchacha de izquierda llena de oficio de un gran escritor. Con este libro, fe y el encontronazo con las realidades el lector también duerme en la montaña •

Carroña

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ARA LA TELEVISIÓN LA tragedia pinta perlas. La hemos visto por décadas cebarse en la miseria para mercarla a partir de una premisa lamentable por certera: el morbo vende. Por eso existe escoria televisiva como Laura Bozzo en Televisa o Rocío Sánchez Azuara en tv Azteca, personeras de las más lamentables facetas de los medios masivos. Lamentables sobre todo por inescrupulosas. Tiene que andar muy mal el tabulador psicológico de las jerarquías en alguien que convierte delitos pasionales o simples vicios y taras en espectáculo y lo divulga, lo posproduce, lo empaqueta y lo vende a patrocinadores también inescrupulosos. En realidad poco importa el nombre o la esperpéntica personalidad

de quien sostiene el micrófono y corre a un lodazal –utilizando malamente, muy malamente recursos públicos, y allí sí hay un delito que perseguir– para salir a cuadro simulando rescates o sufridas asistencias: lo realmente destacable acerca de esos morbosos programas basura que se regodean en la estupidez, la violencia, la carencia de herramientas de convivencia digna que aquejan a millones de mexicanos –y de gente en el mundo, recordemos que la Bozzo antes estuvo aireando pleitos de vecindad en Perú–, creo que tiene tres aspectos principales: 1. El público y sus alcances. Es claro indicador de pobreza cultural que porquerías de programas como los de Bozzo y Sánchez tengan un vasto público de gente miserable que se refocila atestiguando el infortunio emocional, moral o material de otros igual o peor de jodidos. El gran público mexicano de programas como los de Bozzo y Sánchez Azuara es el mismo que celebra chistes homofóbicos, el que berrea un gol el mismo día que le propinan el enésimo gasolinazo o el que participa gustoso en un mitin político o un proceso electoral, pero no porque le emocione ideológicamente, sino por la dádiva que ofrezcan los organizadores. De ese público miserable salen los protagonistas de los episodios de esos programas, actuados, además, como ya alguna vez fue revelado, por cierto, con el mayor disimulo posible, porque darle adecuada resonancia al hecho de que quienes participan en esos programas son actores pagados (pésimos, improvisados, pero actores al fin, que a veces salen en un programa y luego en otro) dinamita esa falsa credibilidad de freak-show con que se disfrazan. 2. La empresa y sus intenciones. Nunca se han caracterizado Televisa y tv Azteca por interesarse en enaltecer las luces de su audiencia, ni por aportar programas que enriquezcan la cultura del televidente, ni siquiera, vaya, por ser veraces y oportunas a la hora de informar a la gente. Antes

bien, han sido siempre empresas que se conducen con una lamentable mezquindad –es cosa sabida que quien desaira a la una para irse con la otra es castigado con vetos, prohibiciones y hasta intimidaciones que emplean desde porros hasta oficiosos leguleyos–, aunque ambas comparten una misma característica: han tugurizado el medio. El único motor detrás de cualquier proyecto de las televisoras privadas en México es el máximo lucro posible y una presunta función social sería en realidad un estorbo. 3. Los patrocinadores y su hipocresía. Muchos de los empresarios propietarios o directores de las grandes empresas que contratan espacios publicitarios en esos segmentos lamentables son firmantes de desplegados en otros medios que hablan de educación, o de honestidad, o de ese ramillete de veladas intenciones ultraconservadoras y clericales –enemigas del Estado de bienestar o de la educación laica, por ejemplo– que se ocultan detrás del vocablo “valores”. Como tesis policíaca, simplemente hay que seguir el dinero. Son en realidad los anunciantes y no los televidentes los que mantienen vigente ese tipo de programación. Ante la evidente ausencia regulatoria de la autoridad a la carroña televisiva hay que exhibirla pero no sintonizarla. Hondas son sus raíces de corrupción y politiquería. Uno de esos rizomas podridos es el deplorable maridaje entre medios y poder, porque el intercambio de servicios y cortesanías, además de contrario a la ética más elemental, traslada potestades de manera ilícita para terminar trucando la democrática utopía constitucional por la televicracia de nuestra triste realidad. Y no están ni en los poderosos medios ni en sus contlapaches políticos las herramientas para contrarrestar esa gangrena del pensamiento colectivo, sino en nosotros, los ciudadanos, en nuestra indignación y en nuestra capacidad, a prueba constantemente, de organización y respuesta •

CABEZALCUBO

La buena voluntad

PASO A RETIRARME

tumbaburros@yahoo.com Twitter:@JorgeMoch


Jornada Semanal • Número 970 • 6 de octubre de 2013

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Juan Domingo Argüelles

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N NEZAHUALCÓYOTL, VIDA Y obra ( fce , 1972; 16ª reimpresión, 2012), de José Luis Martínez, publicado con motivo de los quinietos años de la muerte del gobernante y gran poeta del México antiguo, el autor no recoge –ni siquiera en los apéndices del libro– un poema apócrifo (atribuido a Nezahualcóyotl) que, sin embargo, ¡aparece en el billete de cien pesos emitido por el Banco de México! El poema en cuestión (“El cenzontle”) dice así, traducido al español: “Amo el canto del cenzontle,/ pájaro de cuatrocientas voces./ Amo el color del jade/ y el enervante perfume de las flores,/ pero más amo a mi hermano: el hombre.”

¿Por qué el Banco de México estampó esta composición en el billete y se la achacó al Rey Poeta? ¿Quién toma las decisiones para incluir los elementos conmemorativos en nuestra moneda? ¿Se consulta acaso a los especialistas? ¿Por qué en vez de poner en el billete un texto pedestre, no incluyó un poema o un fragmento de un texto emblemático de Nezahualcóyotl (1402-1472) siendo que hay varios extraordinarios que no sólo son, sin duda, de la autoría de Nezahualcóyotl, sino que, además, poseen las características más representativas de la estética del Rey Poeta y, más ampliamente, de la mejor poesía prehispánica en lengua náhuatl? Desinformado, pero también mudo, el Banco de México no ha respondido a estas preguntas pese a que el nahuatlato francés Patrick Johansson, del Instituto de Investigaciones de la unam , ha dicho muy claramente que “el poema en el billete de 100 pesos es falso”, es decir, no lo escribió el señor de Texcoco. Como lo consigna la revista Proceso en su número 1917 (28 de julio de 2013), Johansson afirma que este poema (“Centzontótotl”, “El cenzontle”), ampliamente difundido desde el nivel escolar, es de origen incierto. Para probar que no es de Nezahualcóyotl analiza lo mismo cuestiones lingüísticas que aspectos discursivos e ideológicos de la versión en náhuatl, y relaciona, una a una, las inconsistencias del texto, ajenas por completo al estilo y el lenguaje poéticos del gran texcocano. Explica, por ejemplo: “La expresión verbal nictlazotla, ‘yo amo’, muy común en el náhuatl de hoy, no aparece como tal en textos antiguos. Los antiguos mexicanos empleaban formas metafóricas y perifrásticas para expresar el amor y la admiración que tenían por algo o por alguien.. Y añade: “Aun cuando las palabras tienen mucha movilidad en la frase náhuatl, el hipérbaton nocniuhtzin in tlacatl, nehuatl nictlazotla (‘a mi hermano el hombre amo yo’) no corresponde a la retórica indígena prehispánica.” Por lo demás,“el amor al prójimo es una idea cristiana que no corresponde a la episteme indígena prehispánica.” Todo esto y las muy notorias diferencias lingüísticas y gramaticales entre el náhuatl antiguo y el náhuatl moderno dan fe de que ese texto es apócrifo. Aun sin ser conocedores de la lengua náhuatl, pero sí atentos lectores de poesía y en especial de la obra poética de Nezahualcóyotl (en las traducciones de Miguel León-Portilla y Ángel María Garibay), es posible advertir que esos

cinco versos de “El cenzontle” no son de Nezahualcóyotl ni por asomo. Nezahualcóyotl escribió maravillas como las siguientes:“No acabarán mis flores,/ no acabarán mis cantos:/ yo los elevo: soy un cantor.” “Aunque sea jade: también se quiebra;/ aunque sea oro, también se hiende,/ y aun el plumaje de quetzal se desgarra:/ ¡No por siempre en la tierra:/ sólo breve tiempo aquí!” “Estoy embriagado, lloro, me aflijo,/ pienso, digo,/ en mi interior lo encuentro:/ si yo nunca muriera,/ si nunca desapareciera.” “Este poema, por demás hermoso, es de factura moderna”, concluye Johansson respecto de “El cenzontle”. Y, puesto que así lo cree, en este punto habrá que concederle su lugar al gusto personal, pero Gabriel Zaid no lo incluye en su Ómnibus de poesía mexicana, porque dicho texto está muy lejos de ser antológico. Tampoco lo incluyen Coral Bracho y Marcelo Uribe en la antología de poesía náhuatl La tinta negra y roja (2008). Por mi parte, contradiciendo a Johansson, “El cenzontle” no me parece un poema hermoso, sino tramposo: retórico, afectado y lleno de clichés. Su “estética” es priísta, por lo convenenciera y demagógica: “pero más amo a mi hermano: el hombre”. (¡Sí, cómo no!) Es un texto de político más que de poeta (es un discurso oportunista, más que un poema), y aunque Nezahualcóyotl fue gobernante, queda claro (a partir de su obra poética auténtica) que nunca cultivó la demagogia •

@luistovars

JORNADA DE POESÍA

El falso Nezahualcóyotl

Luis Tovar En la pupila de los que miran La voz del ojo I

Mi defecto como cineasta es ser esencialmente fotógrafo. Invento por medio de imágenes, no por medio del verbo. Rubén Gámez, director

Considerada por muchos teóricos como la más joven de las bellas artes –opinión que este juntapalabras no puede sino compartir–, además de su propia historia la cinematografía tiene, como es claro para algunos y absolutamente desconocido para otros, una especificidad en tanto disciplina profesional, un sustento teórico alimentado por diversas materias –iconología, semiología, psicología, narratología y un largo etcétera–, y un sustrato plástico, visual, iconográfico, del cual los cinefotógrafos son acaso el primero y más dete r m i n a nte p o r t a d o r / d e s a r ro llador/transmisor para las futuras generaciones de mirantes, es decir, tanto quienes elaboran esa mirada como quienes, a golpe de reiteración, irán asimilándola como suya.

La voz del ojo ii

“El fotógrafo va dando una serie de elementos que comienzan a relacionarse con la idea que uno tiene y ese es el punto de partida: encontrar la imagen común del guión. […] Lo peor que puede hacer un director es imponer sin trabajar. Eso no lleva a nada. Hay que concertar con los elementos creativos, porque trabajas con gente que propone.” Armando Casas, director.

Sin lugar a dudas, cuando Emilio Mallé dio inicio a los de seguro ingentes esfuerzos que, a la larga, desembocarían en su más reciente filme, titulado Miradas múltiples, la máquina loca (México, 2012), el documentalista y ficcionalista tuvo bien claro que, no obstante la naturaleza encomiástica a favor del –por supuesto– muy encomiable y mítico cinefotógrafo mexicano Gabriel Figueroa que tendría el filme, éste bien podría terminar siendo, en clave cinematográfica, un pequeño y valioso tratado sobre la luz, la mirada y la imagen.

La voz del ojo III

Godard decía que el cine es una realidad a 24 cuadros por segundo… quizá, pero en realidad es mentir todo el tiempo a 24 cuadros por segundo. Toda historia es una manipulación. Ken Burns, fotógrafo.

Así sucedió: con la brevedad de aquello que se describe bien pero al mismo tiempo con la minuciosidad de aquello que conviene diseccionar hasta el detalle más pequeño; con la intensidad que impregna el relato de aquello que apasiona, por ser la profesión que se ejerce pero también en virtud de una forma personalísima de relacionarse con el mundo; con la profundidad de aquello que, por todo lo anterior, se conoce tanto a nivel teórico

Ken Burns

Gabriel Figueroa

como en la práctica, Miradas múltiples observa de frente, de lleno y sin subterfugios, a la pupila de ésos que, dedicados esencialmente a mirar, a lo largo de los últimos casi ciento veinte años han sido los artífices, inspiradores, causantes o responsables de buena parte del modo en que hoy en día miramos, recordamos e imaginamos esa cosa inaprensible que, por afán de economía ontológica, llamamos realidad.

La voz del ojo iii

No tenemos más remedio que tratar a todas estas imágenes en movimiento que vienen a nosotros como un lenguaje. Tenemos que ser capaces de entender lo que estamos viendo. Martin Scorsese.

De acuerdo con ciertas corrientes filosóficas, el mundo no es sino aquello que miramos, e incluso menos que eso –o más, según se vea–: el mundo resulta ser, apenas, aquello que somos capaces de poner en palabras. Si éstas –y siguiendo a Scorsese– pueden consistir, como de hecho sucede, y en estos tiempos de manera preponderante, en imágenes móviles que se concatenan de modo sintagmático para enunciar un mensaje susceptible de ser entendido, es preciso hacerse de las herramientas que permitan la asimilación completa del discurso icónico cinematográfico.

La voz del ojo iv

No creo que cualquier fotógrafo pueda trabajar con cualquier director. Realizas una especie de selección magnética con tu forma de trabajar; al igual que llevas una trayectoria propia, descubres a otras personas que llevan esa misma dirección. Vittorio Storaro.

Sobre cuestiones así versa ese documental estupendo llamado Miradas múltiples, en el que dice lo que sabe una nómina impresionante de cinefotógrafos. De eso mismo y algunas cosas más habla, por su parte, el magnífico número 30 de la revista Cine Toma –a la que, por cierto, le vendría muy bien una distribución menos clandestina–, de donde provienen las citas aquí vertidas •

CINEXCUSAS

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ensayo

La poesía salvaje de María Izquierdo

8 de septiembre de 2013 • Número 966 • Jornada Semanal

Argelia Castillo

A

fines de noviembre de 2012, los restos de María Izquierdo (19021955) fueron depositados en la Rotonda de las Personas Ilustres del Panteón Civil de Dolores, en Ciudad de México. Una década antes, otro decreto presidencial había declarado Monumento Artístico de la Nación la obra pictórica de la jalisciense, provocando entonces el sonado caso de promoción de un juicio de amparo por parte de varios de sus coleccionistas. Asimismo, allende nuestras fronteras, la Unión Astronómica Internacional bautizó en 2009 uno de los cráteres de Mercurio con el nombre de María Izquierdo. Al respecto, el legado de la creadora de Sueño y presentimiento (1947) es sin duda meritorio de pleno reconocimiento, pero éste no puede sino basarse y traducirse en el más amplio conocimiento, la perentoria localización y la debida divulgación de su producción, que brilla con potente fulgor en el panorama de la plástica mexicana de la primera mitad del siglo xx . La trayectoria de Izquierdo da cuenta del proceso tenaz de construcción de un lenguaje propio y distintivo, en el contexto postrevolucionario instaurador de un nuevo arte expresivo de lo nacional, protagonizado por los muralistas, aunque irreductible a su ruta. Una vez afincada en la capital del país, la joven originaria de San Juan de los Lagos ingresó en 1928 a la Escuela Nacional de Bellas Artes ( e n b a ), donde estudió pintura con Germán Gedovius. Al año siguiente, la enba pasó a ser dirigida por Diego Rivera quien, en el marco de una exposición de los trabajos del alumnado, ponderó los cuadros de Izquierdo, lo cual le ocasionó tanta animadversión de sus condiscípulos que la condujo a desertar del plantel. Entre los profesores que ahí conoció figuraba Rufino Tamayo, con el que estableció entre 1929 y 1933 una apasionada relación no sólo sentimental sino también de experimentación, inspirada

en los hallazgos de las vanguardias europeas, tal como muestran sus naturalezas muertas del período que, lejos de optar por los preceptos académicos, indagan en la ocupación espacial de volúmenes y formas. A partir de su ruptura con Tamayo, quien la abandona tras enamorarse de Olga Flores, Izquierdo plasma una serie de mujeres desnudas, afligidas y maniatadas en escenarios de enorme fuerza telúrica presididos por la luna, que remiten a su situación particular de duelo, pero también, acaso, a una descorazonada concepción más general e intemporal de la condición femenina, en un discurso inédito en nuestra plástica de la época. El sentido alegórico y, en última instancia, inescrutable de tales acuarelas, salpicadas de columnas, arcadas y caballos que abrevan en la pintura metafísica de Giorgio de Chirico, se acentúa con la yuxtaposición de objetos disímbolos y la apertura de ventanas al infinito en obras tan significativas como La raqueta (1938). El arte de Izquierdo consigna entonces la irrupción de un vigoroso cromatismo para abordar el tema del circo, ámbito de la nostalgia, de lo lúdico, del triunfo de la fantasía: pinta los malabares de acróbatas, equilibristas y écuyères inmunes a la ley gravitacional; pinta fieras que han dejado de ser indómitas; pinta los colores pintados en la faz del payaso. Otros rostros asoman en su iconografía donde, teniendo a veces como fondo una espesura con ecos del Aduanero Rousseau, el trazo elocuente y la viva policromía concentran la atención en retratos infantiles, tan entrañables como los del tapatío José María Estrada, al igual que en autorretratos signados por la suntuosidad y un toque de monumentalidad. Una modalidad de autorretrato cobran las colecciones de objetos íntimos y de identidad que pueblan sus cuadros de interiores (El alhajero, 1942; El velo de novia, 1943), mientras que, en los de exteriores, una paisajística de lontananza, sole-

dad y celajes nubosos encuadra una suerte de “mesas servidas” dispuestas en el primer plano (Naturaleza viva con huachinango, 1946). El mantel de papel picado se transforma en cortinaje barroco, banderita y tapete de sus altares de Día de Muertos y de Dolores, y de esos altares profanos que son sus alacenas, las cuales, inscritas en la tradición del maestro mexicano dieciochesco Antonio Pérez de Aguilar, están habitadas no por utillaje culinario y comestibles, sino por piezas del arte popular de nuestro país. Puede afirmarse que la producción de Izquierdo constituye una pintura de género pintada desde una perspectiva de género de su tiempo y lugar, a saber, la conferida por una existencia que transcurre en el dominio de lo privado: el hogar, la familia, la vida cotidiana, el mundo de puertas adentro. Anclajes de la memoria en este teatrino domestico de tutti i giorni, sus cuadros dan cabida al secreto, el símbolo y lo onírico, resultando refractarios a la narrativa de gestas históricas grandilocuentes. Tal vez porque la mexicanidad de Izquierdo se arraiga en el sustento insondable de la cultura mestiza y no en una hueca retórica nacionalista; tal vez por su desencanto hacia la épica revolucionaria, patente en sus recurrentes horizontes yermos y paráfrasis de la ominosa Casa blanca, de José Clemente Orozco; tal vez porque el muralismo era territorio de representación de epopeyas viriles ejercitado por un monopolio patriarcal; tal vez por todo ello, Diego Rivera y David Alfaro Siqueiros, aduciendo la inexperiencia de la artista, la vetaron para que ejecutara los murales del Palacio de Gobierno del Distrito Federal. Ave Fénix capaz de remontar esa y otras adversidades, la musa de Antonin Artaud crea imaginarios de singular intensidad colorística y formas simplificadas, donde la impronta de espontaneidad e ingenuidad es puerto de llegada. Referida por Justino Fernández como “poesía salvaje”, la estética de Izquierdo anida en la magia de lo doméstico, sin ser domesticada •

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