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■ Suplemento Cultural de La Jornada ■ Domingo 9 de junio de 2013 ■ Núm. 953 ■ Directora General: Carmen Lira Saade ■ Director Fundador: Carlos Payán Velver

Fascismo a la mexicana Textos de R afael B arajas , el F isgón , y H ugo G utiérrez V ega

Memoria de la ignominia, A ugusto I sla


bazar de asombros

Hugo Gutiérrez Vega

LOS LIBROS Y LA VIDA

El espíritu reaccionario, intolerante, represor y militarista de los recién concluidos doce años del Partido Acción Nacional en el poder tiene raíces: lejos de ser los impolutos campeones de la democracia que sus herederos afirman, son varios los fundadores del PAN vinculados con el pensamiento y la propaganda nazifascista. Así lo sostiene, con pruebas, Rafael Barajas, el Fisgón: el semanario La Reacción (?), donde se elogiaba a Hitler y se festejaban sus victorias, fue dirigido por Aquiles Elorduy, uno de los fundadores de Acción Nacional, y en esas páginas escribió, entre otros, Manuel Gómez Morín. El fascismo a la mexicana tuvo otro momento culminante, del que escribe Hugo Gutiérrez Vega: la instalación –a cargo del sinarquista Salvador Abascal, padre del prominente panista ya fallecido Carlos Abascal– de la Colonia de María Auxiliadora en Baja California, cuyo disparatado propósito era facilitar la entrada de los japoneses a territorio mexicano, en tiempos del llamado Pacto Madrid-Tokio, de corte falangista. Reveladores, estos textos contribuyen al acopio de los necesarios datos para la mejor comprensión tanto del pasado reciente como del momento actual. Comentarios y opiniones: jsemanal@jornada.com.mx

9 de junio de 2013 • Número 953 • Jornada Semanal

Hay libros que se identificaron con una etapa de

roes intachables y villanos imperdonables). Curio-

la realidad, modificaron algunos aspectos de nuestra

ricachones griegos y su pope vociferante, que

nuestra vida. Influyeron en nuestra actitud frente a sensibilidad y, en varios casos, provocaron un cam-

bio en nuestra conducta y en nuestra cosmovisión. Entramos al mundo de esos libros y salimos diferentes y, a veces, mejores. Cada libro significa un me-

samente, el Agá turco sin duda era mejor que los fue capaz de inventar una enfermedad contagiosa

a quienes pedían posada para evitar que se les concediera refugio.

Lord Jim, de Conrad, me provocó una reflexión

joramiento de la inteligencia y una ampliación de

dolorosa sobre el miedo, la desesperación y el he-

de nosotros mismos.

pero me di cuenta de que su sacrificio, como el de

nuestro conocimiento del mundo y de la percepción Tenía quince años cuando llegó a mis manos una

novela de Nikos Kazantzakis, Cristo de nuevo cru-

cificado. Empecé a leerla una tarde de verano y no pude dejarla. La terminé en la madrugada del día siguiente.

roísmo. Lloré cuando lo condujeron al patíbulo, Manolios, era indispensable para la redención del personaje y para evitar que se asomaran las narices

rosáceas del melodrama. Nada de concesiones, la

verdad pura y dura de la existencia. Encontré

esta misma verdad en un poe-

Sufrí, lloré, odié, me divertí y

ma de Pasolini que ignoro

permanecí dentro del mundo

cómo llegó a mis manos, “El

de la novela, la isla de Creta.

canto de la excavadora”. Lo leí

Todo el tiempo, pues durante

y unos años después lo traduje

las comidas y con el disgusto

con más amor que pericia. En

de la abuela, seguí leyendo sin

el poema se palpaban la dureza

saber muy bien qué era lo

de la vida, sus trabajos y sus do-

que masticaba (recuerdo va-

lorosas carencias. Su ámbito era

gamente el sabor de las len-

el de la barriada romana de la

tejas, pero no sé si estaban

postguerra que fue, además, el

en la mesa de la abuela o en

escenario de su película sobre los

la terraza del Agá del pue-

ragazzi di Vita, Accattone.

blo, gobernador o, más bien dicho, corregidor nombra-

do por la Sublime Puerta y

Andreiev me entregó dos mo-

Nikos Kazantzakis

mentos cruciales con la lectura de

Sachka Yegulev y de Liuva o las ti-

acompañado de su pequeño yusufaqui). Todas mis

nieblas. Sachka fue el personaje que presidió la ac-

das y hasta contradictorias– se estremecieron mien-

es otro Cristo de nuevo crucificado; Liuva es la her-

nociones religiosas –que eran muchas, muy variatras me identificaba con el tartamudo Manolios, el

nuevo crucificado, generoso hasta el sacrificio de

su persona, mientras que reprobaba a su avariento padre, comerciante voraz y al pope del pueblo que

se había aliado con los ricos para negar el asilo a los que huían de su hogar destruido por la “disciplina”

otomana. Su líder, un teólogo de la liberación avant

la lettre, se convirtió en mi héroe (recuerden que a los quince años nuestro mundo se divide en dos: hé-

tividad política de los muchachos vasconcelistas y mosa y caritativa prostituta que esconde en su re-

cámara a un militante político perseguido por la policía zarista. Ambos pertenecen, como lord Jim, Manolios y los ragazzi al mundo de los derrotados,

al país misterioso y bellísimo del fracaso que, a la larga, se convierte en semilla de redención.

jornadasem@jornada.com.mx

Directora General: C a r m e n L i r a S a a d e , Director: H u g o G u t i é r r e z V e g a , Jefe de Redacción: L u i s T o va r , E d i c i ó n : F rancisco T orres C órdova , Corrección: A leyda A guirre , Coordinador de arte y diseño: F rancisco G arcía N oriega , Diseño Original: M arga P eña , Diseño: J uan G abriel P uga , Iconografía: A rturo F uerte , Relaciones públicas: V erónica S ilva ; Tel. 5604 5520. Retoque Digital: A lejandro P avón , Publicidad: E va V argas y R ubén H inojosa , 5688 7591, 5688 7913 y 5688 8195. Correo electrónico: jsemanal@jornada.com.mx, Página web: www.jornada.unam.mx La Jornada Semanal, suplemento semanal del periódico La Jornada, editado por Demos, Desarrollo de Medios, S.A. de CV; Av. Cuauh­t émoc núm. 1236, colonia Santa Cruz Atoyac, CP 03310, Delegación Benito Juárez, México, DF, Tel. 9183 0300. Impreso por Imprenta de Medios, SA de CV, Av. Cui­ tláhuac núm. 3353, colonia Ampliación Cosmopolita, Azcapotzalco, México, DF, tel. 5355 6702, 5355 7794. Reserva al uso exclusivo del título La Jor­n ada Semanal núm. 04-2003-081318015900-107, del 13 de agosto de 2003, otorgado por la Dirección General de Reserva de Derechos de Autor, INDAUTOR/ SEP. Prohibida la reproducción parcial o total del contenido de esta publicación, por cualquier medio, sin permiso expreso de los editores. La redacción no responde por originales no solicitados ni sostiene correspondencia al respecto. Toda colaboración es responsabilidad de Portada: Simpatía por el diablo su autor. Títulos y subtítulos de la redacción. Ilustración de Rafael Barajas, el Fisgón

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9 de junio de 2013 • Número 953 • Jornada Semanal

Para volver al PENSAMIENTO FRANCÉS

del siglo XXI

José María Espinasa

Henri Meschonnic. Foto: www.berlol.net

H

ace unos treinta años Michel Foucault, tal vez el último pensador francés con verda­ dera influencia en varios campos del cono­ cimiento, de la filosofía al arte pasando por la historia, la psicología y la sociología, dijo que el pensamiento del siglo xxi sería deleuziano o no se­ ría. Y creo que ya podemos decir que, lamentable­ mente, no lo fue. Sin embargo, el éxito del pronun­ ciamiento vuelto eslogan publicitario nos habla de la necesidad que se tenía de una filosofía diferente, ajena a los maestros pensadores del pasado, pero también a los que ya anunciaban su presencia. Primero el famoso proyecto de “los nuevos fi­ lósofos”, más de índole publicitario que realmen­ te reflexivo, y luego la aparición del postmoder­ nismo, fueron señuelos de distracción para el camino que parecía perfilarse en autores como Jean Luc Nancy, Henri Meschonnic y Paul Virilio, tan distintos entre sí, tan poco complementarios y sin embargo tan relacionados. En esta nota me ocuparé del segundo. El postmodernismo colonizó las mentes del pen­ samiento hispanoamericano con más rapidez de lo que lo hizo con el europeo, pero también se disolvió a gran velocidad, dejando el cascarón de la marque­ sina publicitaria como única huella, como un cine en ruinas. Deleuze había ya anunciado la necesi­ dad de ese pensamiento ya no sólo trans­ versal sino rizomático, fiado a una especie de pensamiento de guerrillas, aunque tal vez habría sido más correcto llamarlo de pandillas –eso es en parte la noción de li­ teratura menor‒, que dejaba de ser grega­ rio pero no pasaba a lo individual ni a lo único, sino a lo social entendido como condición humana. Algo así ya había aso­ mado la cabeza en los textos de la escuela de Frankfurt en Alemania y en Walter Ben­ jamin de manera notable, pero el posterior peso del existencialismo francés desvió ese impulso hacia las semióticas, semio­ logías u lingüísticas que desarrollaron un pensamiento gramatical más que verbal, y de allí a Lacan y a Derrida no hubo sino un paso. En América Latina derivó sobre todo hacia distintos estilos de practicar la historia, pero se le dio la espalda a esas filosofías. Sólo en los últimos años se ha vuelto a prestar atención a nuevos (o no tan nuevos) pensadores en ese idioma. Las consecuencias de las jergas fueron muchas y muy dañinas. Pensamientos que desarrollaban códigos y liturgias vacías, como cualquier esoterismo de consumo. Y

Foto: Europe, 995, marzo 2012: dossier Henri Meschonnic

sin embargo, su apariencia de profundidad les daba incluso un cierto margen ante los lectores. Pensa­ dores como Meschonnic tuvieron que reconstruir el tejido discursivo sin perder lo ganado, y lo gana­ do se refiere a lo que el ensimismamiento en el len­ guaje significó para el pensamiento. En La poé­t ica como crítica del sentido –edición de Isaac Goldem­ berg y Hugo Savinio‒, la mejor introducción al pen­ samiento de Meschonnic para un lector en español (y que ahora el lector mexicano puede conseguir en librerías) surgen dos visiones notables, la que el autor tiene respecto a Humboldt, que lo restituye al mundo de la filosofía y evita que se quede en el de las curiosidades naturalistas o se limite a su fun­ ción de historiador práctico, y la que tiene respecto a Mallarmé. Y las dos en cierta manera restituyen a ambas figuras al pensamiento humano, al que tiene senti­ do (utilizando el término como lo utiliza el propio Meschonnic, desde el título de esta selección). La deriva, a partir de Nietzsche, de la filosofía como filosofía del lenguaje, era un paso necesario, pero en el que el horizonte era el habla, y no el texto co­ mo sucedió después. En ese paso ocurre una for­ malización extrema del lenguaje. En su texto sobre

Humboldt, Meschonnic propone una tercera vía a la disyuntiva planteada en el siglo xix entre el pen­ samiento sistemático, que fácilmente deviene tota­ litario al responder a su necesidad de absoluto, y el fragmentario, encabezado por Nietzsche, que tam­ bién fácilmente deviene gaseoso y trivial. El hecho de que a Humboldt se le haya ignorado o simple­ mente relegado como manifestación de una época es lo que hace que Meschonnic le preste atención ¿Qué dice Humboldt que no le gusta a la moder­ nidad? La respuesta no es fácil. Como no es fácil tratar de entender a Mallarmé desde otra perspec­ tiva que no sea la –fascinante, hay que decirlo‒ de­ rrota de la obra, o el vértigo ante la página en blan­ co y el poema como cielo estrellado. Ya antes de que el ahora famoso giro lingüístico de origen heideggeriano se pusiera de moda, Mes­ chonnic señalaba los riesgos implícitos en “las as­ tucias del verbalismo”, astucias de las que, desde un cierto punto de vista, él es un perfecto represen­ tante. Pero sus críticas van hasta el fondo, incluso cuestionando el que parecía un valor inamovible en el pensamiento filosófico del siglo xx , la lite­ ratura por venir de Maurice Blanchot. Y, cómo no, también Roman Jakobson y Roland Barthes, Levi Strauss y –desde luego‒ Heidegger. El pensamiento de Meschonnic es uno de los más aceradamente críticos de la filosofía de entre siglos. Y a la vez es uno de los más admirados y admirativos. Y esto ocurre porque su norte es la poesía, es ella quien lo orienta –y me refiero tanto a su práctica escritural como a su lectura. A los partici­ pantes en bizantinas discusiones sobre la nueva cultura de la lectura que debemos al internet habría que ponerlos a que leye­ ran a este autor. La noción propuesta por Deleuze del filósofo –el lector‒ como un cartógrafo vuelve a adquirir validez. Y no puedo dejar de relacionar esto con la visión que Mes­ chonnic tiene de Humboldt. El pensamien­ to al avanzar traza un mapa y propone un ritmo –el concepto clave en el pensamiento de Meschonnic es ése: el ritmo‒, estructura la memoria de un viaje posible. Ahora, gra­ cias casi siempre a editoriales argentinas, más interesadas en los nuevos discursos que las españolas y mexicanas, pode­ mos conocer varios títulos de Meschonnic y adentrarnos por ejemplo en ese verdade­ ro abismo que es su teoría de la traducción. Una verdadera oportunidad para olvidar­ nos de los Lacanes y Derridas sin renunciar a seguir leyendo pensadores franceses •

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Una ciudad para Marco Antonio Campos

José Luis Sierra

A Pina, Dalia, Rodrigo y José María

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onocí a José Luis Sierra en 1978 cuando fui invitado a Querétaro a dar una conferencia de crítica literaria. Yo ya sentía en ese entonces, y lo sentí siempre, que en él la persona y la ciudad se confundían, aunque José Luis se encontra­ ra formal o fantasmalmente de viaje. Era Querétaro una ciudad pequeña, preciosa, en una cuadrícula como de maqueta, una ciudad casi olvidada, que uno podía dibujar en un pañuelo y caminarla como si se viviera en días de finales del siglo xix . No lo sé, no tengo el dato, pero no tendría más de 200 mil habi­ tantes. Cuando leo el espléndido verso de José Luis que dice: “No está mi ciudad para el siglo”, me vie­ ne a la memoria ese Querétaro que conocí hace siete lustros. Coetáneos estrictos, en ese 1978 teníamos José Luis y yo veintinueve años. Había mucho sabor en su plática cuando hablaba de su ciudad y de sus gentes, mirándote de sesgo, casi sin alzar la voz, di­ ciendo frases socarronas con una son­r isa maliciosa, como quien no cree mucho en la inocencia del próji­ mo, pero que por otra parte sabe reconocer a los ver­ daderos amigos y a la gente que vale la pena. Cami­ nar con él ‒lo hicimos docenas de veces‒ era conocer detalles de la ciudad que a la gran mayoría le eran o le son inadvertidos. Nunca tuvo nostalgia por Que­ rétaro, como Ramón López Velarde por Jerez, porque nunca acabó de irse, pese a sus años en Madrid y en Valladolid o en sus estancias en Bélgica o en viajes europeos. Nacido en el barrio popular de La Cruz se sintió siempre orgulloso de su origen. De la casa donde na­ ció y vivió, con sus perros de cantera en la fachada, quedaron la sombra del padre en su difícil soledad y de la Mater Dolorosa, la madre que “cosía ajeno”, esa madre pegada a la máquina Singer para sacar más los centavos que los pesos, con su piedad, su ternura y su quietud de luz. La coincidencia entre la madre y su nombre no puede ser más expresiva en su actitud ante la vida: Consuelo. Esa madre que esperaba el otoño triste para ver entre el ramaje de los plateados eucaliptos el color de fuego del pájaro cardenal. José Luis fue un cronista en prosa y en poesía del Querétaro del hoy y de los que se fueron, de esos Querétaros en el ayer y en el hoy que en su poesía se diversifican y que regaló en un libro a su hijo menor (José María), que es también como habérselos rega­

Foto: poemasdelalma.com

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La ciudad de José Luis Stefaan van den Bremt

Para José Luis Sierra

Vi a los ángeles que la cuidan. Aquel ángel azul sobre la cornisa rosada, bello y mofletudo, como tú de guardia. Desde hace años y benditos días. Hasta que ya no más. José María sale al quicio de la casa, José María– ¿Sierra o Sánchez?– como si anduviera enhebrándose con algún cabo suelto de la historia, como si pidiera clemencia al aire mientras su padre la construye, reconstruye desde los cimientos, y al amaestrar a perros de cantera despierta a sus demonios, los conjura con ángeles hermosos, adulterados. Esta ciudad es de ustedes. La deja vacante la Corregidora. José Luis la dona a sus hijos.

lado a todos los queretanos. Ese Querétaro con su cantera rósea que vive a lo largo del día proteicas transformaciones, con sus plazas habitables, sus es­ quinas y mercados, sus iglesias que conversan entre sí de un pasado cristianamente apacible y mona­ cal, del milagro de la luz en las ventanas, del llamado musical de los pájaros, de las férreas y sonoras alda­ bas en muchas de las puertas del centro histórico… Su último libro, Una ciudad para José María, editado hace unas semanas por la editorial Calygramma, es el libro de Querétaro, pero también, en otras seccio­ nes, lo es de otras ciudades, principalmente Amberes y Valladolid, y contiene asimismo sus discusiones íntimas o secretas con Dios y una breve exposición familiar donde surgen padres y hermanos y esposa e hijos con pasajes amablemente amorosos, a veces no exentos de dolor y de tristeza. En prosa y en poesía Sierra me pareció siempre un dibujante que traza­ ba sus líneas con un lápiz fino. La suya era una escri­ tura de aire. De este libro, además de sus paisajes urbanos de Querétaro, me gustan mucho los poemas de su Cuaderno de Amberes, donde se cruzan, o mejor, se inte­ gran, la ciudad y la mujer amada. La ciudad se mira y se vive durante la mañana y la tarde para que se revele en la noche con el ritmo de sus repeticiones verbales en el cuerpo de la mujer. Aunque fuera del tono del libro hay dos poemas notables de amor si­ nuoso con finales sorpresivos: uno donde se habla del amor de Thomas Mann y Katia, y otro, acerca de Nelly Sachs en el campo de concentración, donde se da el reverso del síndrome de Estocolmo. Hace unas semanas, en el mes de marzo, celebraba participar en el homenaje a José Luis Sierra en su ciu­ dad natal, en esa ciudad a la que tanto conoció y tan­ to amó, y celebraba asimismo treinta y cinco años de amistad. No serán otros treinta y cinco, ni siquiera quince, como propuse, para verlo construir en suce­ sivos libros los nuevos Querétaros. José Luis murió de un cáncer terminal en su casa a la diez y media de la mañana del 18 de mayo. Quería vivir. Daba todo por vivir. Unos días antes de su fallecimiento hablé por teléfono con él, y aun con un enorme decaimiento, me decía: “Vamos jalando. Vamos a salir, mano.” Me será difícil ir de nuevo a Querétaro y pensar que ya no caminaré con José Luis por sus calles y plazas, con él, su poeta y su cronista fervorosamen­ te leal •


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Falange y sinarquismo en Baja California Hugo Gutiérrez Vega

cho con el brazo en escuadra y la mano en posición horizontal, y cantaban su himno y una buena canti­ dad de corridos, pues se trataba de un movimiento campesino con un importante arraigo popular (sus falanges, encabezadas por Salvador Abascal, en­ traron a Morelia a caballo y en son amenazante. Se calcula que las “fuerzas populares” tenían cerca de cuarenta mil miembros), y sus dirigentes mante­ nían contactos con el nazismo, el fascismo y, de ma­ nera especial, con Salvador Abascal, líder sinarquista Para Ángel de la Vega Navarro

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Zacatecas, pero tenía comités en todos los estados. Muchos de sus miembros habían sido cristeros in­ conformes con los tratados de paz que firmaron el gobierno de Portes Gil (“Aquí vive el Presidente. El que manda vive enfrente”, decían los poderosos callistas) y la jerarquía eclesiástica. Todos estaban en desacuerdo con el reparto agrario, al cual consi­ deraban un robo imperdonable, y con la educación laica. Los maestros desorejados fueron las víctimas de ese fundamentalismo campesino inspirado por el clero católico.

DEL BAJÍO A LA PENÍNSULA

y Anne Marie de la Vega Leinert

ace tiempo, el ingeniero Juan de Dios Martínez me prestó un libro sobre la his­ toria de la Unión Nacional Sinarquista escrito por el periodista Mario Gill, compañero de Benita Galeana. Se trata de una bien documentada investigación, realizada con carácter de urgencia ante el avance de la se­ gunda guerra mundial y la entrada de México al conflicto. Gill analiza las características de ese grupo (tal vez el más importante) de la de­ recha mexicana, desde una perspectiva dis­ tinta a la de Jean Meyer, el historiador más acucioso de los movimientos derechistas de nuestro país. Ambas son valiosas y pueden considerarse complementarias. Leyendo el libro de Gill recordé una ma­ nifestación sinarquista en la Plaza de los Un grupo de líderes cristeros flameando su bandera Mártires de León, Guanajuato. Debe haber sido en 1952 y coincidió con la campaña de Efraín la falange española y con algunas insti­ González Luna, candidato del pan y de la uns a la tuciones japonesas, aparentemente interesadas en Presidencia de la República. Las dos organizaciones la cultura hispánica pero, en realidad, obsesionadas nunca se llevaron bien, pues las discrepancias ideo­ con la geografía de Baja California y su posición tan lógicas eran profundas. Para empezar, el pan creía cercana a Estados Unidos. A partir de 1939, algunos en la democracia y, según lo afirmaban algunos miembros de la Sinarquía Nacional y un grupo selec­ miembros de la “Sinarquía Nacional”, tenía menta­ to de jóvenes militantes fueron a estudiar a la Acade­ lidad “pequeñoburguesa”. Recuerdo vagamente los mia de Mandos de Falange Española. He visto foto­ discursos pronunciados por Enrique Morfín, José grafías en las que aparecen vistiendo la camisa azul Valadés, Ignacio González Gollaz y Juan Ignacio Pa­ (“cara al sol con la camisa nueva”, decía el himno del dilla. Todos se refirieron a su triunfo en las elecciones fascismo español) y haciendo el saludo romano de­ municipales de León y a la masacre con la cual el bajo de retratos de Primo de Rivera y de Onésimo gobierno “solucionó el problemita” (palabras tex­ Redondo, el violento líder de las “Juventudes de tuales del coronel que comandaba a los ametrallado­ Ofensiva Nacional Sindicalista”. No olvidemos que ristas). Sangre derramada, mártires a granel, mucha­ uno de los fundadores del sinarquismo (mártir tem­ chas heroicas, caídos presentes (“mil pasos adelante. prano, por cierto), José Antonio Urquiza, estudió Ni uno atrás”, decía su himno de corte falangista), en España y era un buen conocedor de la retórica de martirios fertilizantes... todo esto formaba parte de José Antonio Primo de Rivera. El José Antonio mexi­ una retórica que tenía más muertos que vivos. cano fue muerto por un ejidatario humillado y ofen­ La plaza estaba llena de banderas rojas con un cír­ dido, en las cercanías de una de las haciendas quere­ culo blanco que llevaba dentro el mapa del país en tanas de su señor padre, ilustre autor de jaculatorias verde (los brazaletes eran iguales), y los jerarcas y patentadas en El Vaticano. algunos directivos regionales usaban camisas color La principal fuerza del sinarquismo estaba en caqui y botas federicas. Saludaban tocándose el pe­ Guanajuato, Querétaro, Jalisco, Aguascalientes y Fotos: revistareplicante.com/el-sinarquismo/

La masacre de León, la toma de Morelia, el encapuchamiento del busto de Benito Juárez que les costó el registro de su brazo político, así como la creación de varios partidos (el último fue el del “gallito”), fueron los momentos culminantes de la Sinarquista haciendo el saludo nazi

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Propaganda de la Unión Nacional Sinarquista en 1944, año de su apogeo (más de medio millón de afiliados en más de seiscientos comités)

organización fascista, pero su aventura más intere­ sante fue la de la fundación, breve historia, decaden­ cia y caída de su colonia utópica de María Auxilia­ dora en Baja California Sur. Mario Gill estudió los aspectos sobresalientes de esa aventura presidida por un caudillo iluminado e iracundo, un duce caris­ mático y vociferante, un conducator infatigable, un fundamentalista obnubilado por su proyecto obse­ sivo: Salvador Abascal, líder de ese movimiento so­ cial, religioso y militar que viajó a Baja California con propósitos utópicos, pero también con proyectos muy concretos iluminados por “el sol naciente”. En el libro de Gill hay una fotografía de dicho caudillo de la empresa colonizadora. En ella aparece con los zapatos rotos, un vie­ jo pantalón de mezclilla y un jorongo del cen­ tro del país. Lo rodea la tierra seca y sobre su cabeza se desploma un sol de justicia. No llegó a la colonia con las cuarenta o cin­ cuenta mil personas de su proyecto inicial. Apenas logró reunir cincuenta y cuatro fami­ lias y con ellas echó a andar una “aventura espiritual” que, en el fondo, tenía varios as­ pectos políticos y militares muy alejados del aliento utópico y muy cercanos a lo que estaba sucediendo en Europa y en el Lejano Oriente en los años de 1941 y 1942. Gill asegura que la localización del sitio en el que se estableció la Colonia fue hecha por el in­ geniero Peter Wirgman, persona ligada al movi­ miento nazi en América Latina. El presidente Ávila Camacho permitió que la colonia levantara sus precarias instalaciones en “un lugar tan dis­ tante de los centros poblados”, y el general Mújica, gobernador del Territorio y víctima de la venganza avilacamachista que tomó la forma de bloqueo de recursos y subsidios, aceptó la orden presidencial y se mantuvo alejado de los acontecimientos. Gill cita una declaración de Abascal sobre la se­ lección del lugar que ocupó la colonia: “Efectivamen­ te, escogimos este lugar por su proximidad a la Bahía Magdalena. Cuando estalló la guerra, nosotros com­ prendimos que Baja California corría peligro, que esa Bahía iba a ser vigilada; por lo mismo, se tendría que crear allí una base naval y aérea y que los soldados que allí se establecieran tendrían que alimentarse. Entonces nosotros resolvimos establecer nuestra co­ lonia frente a Magdalena para tener un mercado cer­ ca y a la vez cumplir con un deber patriótico.” Extra­ ño patriotismo el del caudillo que siempre se opuso a la entrada de México a la guerra del lado de los aliados. Además, hay elementos probatorios sufi­ cientes de la intervención de los funcionarios falan­ gistas encargados del llamado Pacto Madrid-Tokio.

Los japoneses echaron a andar una curiosa red de institutos de cultura hispánica que tenía una inclina­ ción especial por los países de América Latina y, par­ ticularmente, por México, Baja California Sur y la Bahía Magdalena, que era lo suficientemente grande como para albergar a toda la armada imperial. José Pagés Llergo, quien por aquellos tiempos hizo varias entrevistas a los jerarcas de Tokio, escribió algunos textos sobre la simpatía que ciertos grupos y movi­ mientos sociales mexicanos hicieron patentes a los falangistas que actuaban como agentes del Imperio Nipón. Estos datos produjeron en Gill una serie de reflexiones que debemos revisar. Tal vez la más in­ teresante sea la que aventura una hipótesis nada es­ trambótica, al señalar a Abascal y a los colonizadores como una avanzada dispuesta a recibir a la flota im­ perial en la acogedora Bahía Magdalena, a la que convertirían en base de operaciones. Todo esto, re­ cuerda Gill, sucedía “en los días de Pearl Harbor”. Para mayor abundamiento están las cartas envia­ das por Abascal a los japoneses establecidos en los dos territorios bajacalifornianos. En ellas se ponía a sus órdenes, manifestaba su simpatía por la causa nipona y los invitaba a visitar la colonia. El traslado de los japoneses al reclusorio del Cofre de Perote frustró el plan del caudillo sinarquista. Los colonizadores provenientes de Guanajuato, Querétaro, Jalisco, Colima, Aguascalientes, Zacate­ cas y la capital de la República eran, en

Miembros del Sindicalismo Sinarquista, marchando con la bandera de la Unión Nacional Sinarquista y la bandera nacional. Foto: movimientosinarquista.blogspot.mx/

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su mayoría, campesinos. Había, además, algunos artesanos, mecánicos, albañiles, sastres y electricis­ tas, así como un capellán. El primero fue el padre Zavala, persona moderadamente sensata. El segun­ do, apellidado Campos, era un fundamentalista des­ pendolado que prohibía a los colonos comer ma­ riscos “para evitar el aumento de los deseos carnales”. No tenían los pobres “héroes de la fe y de la esperan­ za” muchas cosas para alimentarse, pues los pocos jitomates, chiles, maíz y frijol que producían las po­ cas hectáreas rescatadas al desierto y a la sequía, te­ nían que enviarse a La Paz para su comercialización. Lo único que podían comer eran descomunales pa­ rrilladas con abulón, almejas gigantes, langostas y toda clase de pescados, incluyendo la regia totoaba; estofados de caguama y aletas rellenas de ostiones y camarones, langostinos, calamares y otras maravi­ llas. Cuando el demente Campos prohibió los maris­ cos, se inició en serie la desbandada y los enfermos y famélicos colonos empezaron a desperdigarse por la península. Rafael Vizcaíno, cronista de Tijuana, recuerda a varios ex colonos que fueron a buscarse la vida a la industriosa y pecaminosa ciudad de los burros pintados de cebra y de los cráneos de Hernán Cortés niño, joven y adulto. La aventura colonizadora tenía múltiples relacio­ nes con el Instituto Iberoamericano que el siniestro Von Faupel dirigía en Berlín. Serrano Suñer y la Falan­ge Española eran los encargados de sacar ade­ lante su programa “cultural”. Los falangistas que colaboraban con Von Faupel tragaron saliva cuan­ do, en la inauguración del Instituto, Hitler afirmó: “Habrá de ser una bendición para los habitantes de las Repúblicas de Sudamérica, cuando pasen de los efectos de la herencia hispano-portuguesa al dominio germánico... Alemania deberá apoderar­ se de la América del Sur...” Por esos años, dice Gill, la Casa Blanca recibió unos planos de la nue­ va distribución de América bajo el dominio nazi. En ellos, la “geopolítica faupeliana” señalaba a cinco grandes estados que dirigirían los cambios estructurales: Argentina, Brasil, la región andi­ na, el Caribe y México. Además, para cerrar la pinza sobre América Latina, se creó el eje Ma­ drid-Tokio. Franco y el coronel Fijurito, ayu­ Documento desclasificado por la cia sobre los sinarquistas mexicanos, documentando el control que los falangistas españoles y los nazis tenían sobre ellos, 31 de octubre de 1941


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ensayo

Jornada Semanal • Número 953 • 9 de junio de 2013

militar obligatorio. Tengo en la memoria una tarde de otoño en la que desfilábamos con nuestros fusiles de madera, tosca copia del máuser reglamentario. Los jesuitas habían acatado la orden de las secretarías de Educación y de la Defensa y nos obligaban a hacer ejercicios militares y a marchar por las calles de Gua­ dalajara con lo fusiles de palo. Al llegar al centro de la ciudad, un grupo de sinarquistas, esgrimiendo ban­ deras, interceptó nuestra columna y nos hizo escuchar a un torpón orador que se oponía a los ejercicios mili­ tares y a la complicidad del gobierno con los gringos. Podía haber pasado por pacifista, pero sus alabanzas a la España católica lo ubicaron del lago del Eje, que ya iniciaba la decadencia y la caída que sus seguidores “FE, SANGRE Y VICTORIA” se negaban a admitir. En 1942, la posición sinarquista se radicalizó y los jefes nacionales hablaron de “rebe­ Todo esto sucedía en los pasillos del poder. Mientras larse contra el gobierno”. El general Cárdenas, secre­ tanto, los colonizadores cantaban una candorosa tario de la Defensa Nacional, no se anduvo por las canción: “Madre, me voy a California,/ vengo a pe­ ramas y, comprendiendo la gravedad de un levanta­ dirte tu santa bendición:/ lucharé por que sea de mi miento que, eventualmente, podría contar con el apo­ patria/ lo que produzca aquel rico girón...” yo de un millón de mexicanos, fue a buscar a los rebel­ En su libro bien documentado, aunque no exen­ des a sus guaridas serranas de Morelos, Puebla, to de algunas exageraciones que tal vez provengan Tlaxcala, Michoacán, Guanajuato, Colima, Durango, de un descuido al escoger o calificar sus fuentes, Zacatecas y Guerrero, y dio órdenes a la Fuerza Aérea Mario Gill estudia el papel para que sobrevolara los desempeñado por el padre reductos sinarquistas. Esta Eduardo Iglesias en la fun­ actitud disuadió a los alza­ dación y el impresionante dos que prefirieron, en lo desarrollo de la Unión Na­ sucesivo, refugiarse en un cional Sinarquista. El po­ tramposo discurso pacifista lítico jesuita fue el princi­ y ordenar a sus ejércitos di­ pal asesor del periódico solverse y ocultar las armas. oficial del movimiento: El Unos meses más tarde, mon­ Sinarquista. Dibujante y señor Fulton J. Sheen, envia­ compositor, publicó cari­ do de la Catholic Welfare Con­ caturas y es autor del be­ ference, convenció a los jefes licoso himno titulado “Fe, de que atenuaran su anti­ sangre y victoria”. yanquismo y su hispanismo El padre Iglesias despla­ rabioso. Estos cambios se zó al nazi Shereiter en las decisiones sobre el desa­ aprobaron en la “junta de los rrollo del sinarquismo, vol­c anes” celebrada por la propiciando un viraje ha­ sinarquía nacional en el Popo cia la doctrina social cris­ Park a fines de 1943. Poco a tiana contenida en varias poco, las directrices del Insti­ encíclicas papales, y aumen­ tuto Iberoamericano que Von La Unión Nacio nal Sinarq uista fue cread a por agent es nazis en Méxic o, uno de los cuale s, Hans Trotte una reuni ón nazi en Méxic o, fue el secret ario perso r (C), aquí en tando considerablemente Faupel dirigía en Berlín fue­ nal del jefe de la Unión , Salvad or Abasc al, usand o un seudó nimo la influencia del clero que ron situadas en un segundo se manifestaba a través de plano y se incrementaron los la Unión Católica Mexicana y de la Acción Católica en los muros de la vieja basílica. Esas fueron las contactos con el catolicismo de la Juventud Mexicana. El padre Bergoend, funda­ palabras inaugurales del sistema modernizador. de Estados Unidos. Los jóvenes sinarcas dejaron de dor de la acjm y los padres Saenz y Vértiz (autor de Cuando lo nombraron miembro de la Academia de acudir a la Academia de Mandos de Falange Espa­ la inefable frase: “En México lo que no huele a in­ la Lengua, uno de sus colegas, pícaro y chinacón, se ñola y la retórica del movimiento empezó a girar en cienso, huele a mierda”) fueron también asesores del acercó al grupo que rodeaba al nuevo académico y torno a las ideas del Orden Social Cristiano. Para esos cambio, del uso más discreto de la parafernalia nazi, empezó a proponer algunas interpretaciones de pa­ años, sólo los Tecos de Guadalajara seguían apoyan­ de la atenuación de la influencia fascista y del nuevo labras y conceptos. De repente, le espetó a don Luis do ciegamente a las fuerzas del Eje y cultivando un tono clerical y social cristiano. Esto acercaba al si­ María la siguiente pregunta: “¿Cómo definiría usted rampante antisemitismo. narquismo a la Falange Española, ya para entonces esa práctica sexual que llaman, en buen latín, cunniMuchas aguas han pasado bajo los puentes del puesta al servicio del franquismo asesino y de la ju­ lingus”? El arzobispo, sin pensar demasiado, acuñó país y muchas transformaciones han tenido los mo­ rásica jerarquía eclesiástica peninsular (estamos ha­ (o debo decir acoñó) una definición realista y religio­ vimientos de la derecha. Por eso es necesario estu­ blando de 1943, fecha en la que ya había fracasado sa: “Es una peregrinación piadosa al lugar de origen, diarlos con minuciosidad para observar sus cambios, la aventura de María Auxiliadora y ya se admitía la pues supongo que se hace de rodillas.” sus constantes, sus estrategias y estratagemas. La posibilidad de la derrota del Eje). El cambio se refle­ El sinarquismo siempre se opuso al reparto agrario, historia, a veces (no siempre, pues el hombre es el jó en los renovados ataques a los liberales que habían circunstancia curiosa si tomamos en cuenta que era único animal capaz de caer varias veces en la misma consolidado, siguiendo los aspectos modernizado­ un movimiento fundamentalmente campesino (y no trampa), nos entrega lecciones valiosas para enten­ res del Código de Napoleón, las instituciones laicas, de pequeños propietarios, como el fascismo, sino de der la génesis de los movimientos sociales. Gill y el registro civil y otros aspectos legales en materia de medieros y de peones). Abominaba también de la Meyer, desde posiciones distintas, nos han hablado propiedad (pensemos en las desamortizaciones de educación laica y del artículo 130 de la Constitución. de ese fascismo criollo que tomó Morelia, fundó una 1833), que acotaban el poder de la Iglesia. Don Va­ A pesar del cambio propiciado por el padre Iglesias, colonia en Baja California, encapuchó el busto de lentín Gómez Farías y los promotores de la Consti­ Torres Bueno y otros miembros de la sinarquía nacio­ Benito Juárez, inició un alzamiento militar y, en su tución de 1857, especialmente don Benito Juárez, nal albergaban la secreta esperanza de que las fuerzas momento, controló a más de un millón de enemigos fueron demonizados por el sinarquismo y sus aseso­ del Eje ganaran la guerra. Por eso se opusieron a que del reparto agrario y partidarios del desorejamien­ res eclesiásticos. México entrara a la contienda y sabotearon el servicio to de los “profesores laicos y socialistas” • dante del mariscal Tojo, celebraron una serie de reu­ niones en las que trataron los temas americanos y filipinos. En todas ellas sonaron los nombres de Mé­ xico, Baja California, Bahía Magdalena, el sinarquis­ mo y Salvador Abascal. La única interferencia fue la representada por los Tecos de la Universidad Autó­ noma de Guadalajara y su líder, Carlos Cuesta Ga­ llardo (al terminar la segunda guerra mundial, este señor publicó un libro que hizo mancuerna con la pavorosa Derrota mundial de Borrego. Se titulaba Traición a Occidente y lo firmaba con el pseudónimo de Traian Romanescu).

El arzobispo de México, don Luis María Martínez, empeñado en establecer los términos de un concor­ dato de facto con el gobierno (para lograrlo, su curia ya no insistía demasiado en la reforma de los artícu­ los 3 y 130 y de la Constitución de 1917), simpatizaba muy poco con el integrismo sinarquista. Pequeño, astuto y buen negociador, el pragmático jerarca se había ido ganando poco a poco las simpatías de los gobernantes (no olvidemos que Ávila Camacho se había declarado “creyente” y que la debacle masó­ nica iniciada durante el alemanismo convirtió a las logias más influyentes en una especie de clubes em­ presariales o de infantiloides cuevas de gerentes ru­ gidores), que lo invitaban a sus reuniones. Algunas anécdotas confirmaron su sencillez, su ingenio y su alejamiento de las rígidas pautas de la mochería. Se cuenta que el día de la inauguración del sistema de sonido de la Basílica de Guadalupe, el pintoresco arzobispo subió al púlpito, se colocó el pequeño mi­ crófono que, en el momento en que don Luis María iniciaba su oración, sufrió un desperfecto y empezó a dar toques. El orador sacro, sorprendido por la des­ carga eléctrica, soltó un “¡Ah, chingao!” que retumbó


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entre 1938 y 1942. 4 Esta revista fue pronazi. Los ar­ tículos, las columnas y las caricaturas daban por hecho “la naturalísima admira­ ción” que provocan los “fulmi­ nantes triunfos alemanes” en “toda persona no cegada por la pasión o influenciada por otros motivos menos confesables”. 5 Elogiaban el valor y el liderazgo militar del Führer: “Hitler habla poco, y cuando lo hace es porque las cir­ cunstancias lo obligan a ello. En todo caso, obra militarmente más de lo que habla. Está en el frente de la lucha y como director de ella…”. 6 El semanario era anti­ comunista y veía en los avances nazis la pro­ mesa de un futuro mejor para el hombre: “Ale­ mania, con sorpresa general, le declaró la guerra a Rusia y procedió a invadirla. Seguramente con ello ha señalado nuevos derroteros de progreso a los destinos humanos.” 7 Para justificar las agresio­ nes militares alemanas, los colaboradores de esta revista hacían suyas las versiones más delirantes de Goebbels: “esta faz de la lucha iniciada en 39, es un acto de defensa del Tercer Reich contra la democracia y el comunismo, feudos de la judería internacional”.8 Los colaboradores eran racistas; uno de ellos apro­ bó la incursión alemana en los Balcanes con el argu­ mento de que “¡La Grecia actual no es siquiera helé­ nica de raza, sino una mezcla de eslavonio, albanés, dálmata, turco, veneciano…!”. 9 Por supuesto, la re­ vista justificaba la persecución de los judíos: “Los judíos, con su espíritu de mafia racial se apoderaron, fácilmente de todos los puestos de dirección [de Ale­ mania]… Es natural, pues, que el nacional-socialis­ mo les declarase la guerra más enconada.” 10 Por su­ puesto, el semanario protestó cuando México le dio asilo a 30 mil israelitas que huían del exterminio. 11 A nivel nacional, La Reacción (?) era anticardenis­ ta, anticomunista, antilombardista y veía en los Ca­ misas Doradas la salvación de la patria. 12 Denun­c iaba las

ás que m , e u q o d o De m stas que i n a m u h s o i sab l futuro tenían fe en e México, e d o c i t á r c o dem e de los t r a p a n e u b una itores r c s e y s o c i t í pol l pa n e n e n o r a d n u f que atizantes p m i s n a r e , 9 193 del nazismo.

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urante los sexenios de Vicente Fox y Felipe Calderón, los hombres que fundaron el Partido Acción Nacional ( pan ) ­e n 1939 –Manuel Gómez Mo­ rín, Efraín González Luna, Gustavo Molina Font, Manuel Herrera y Lasso, Aquiles Elor­ duy, Pedro Zuloaga Irigoiti y Luis Calderón Vega, entre otros– fueron retratados como hombres de sacrificado heroísmo que tenían fe en el futuro de­ mocrático de México. Para la derecha mexicana, Gómez Morín, el ideólogo y primer dirigente panis­ ta, es una figura ética y sus biógrafos lo recuerdan como un sabio, un humanista, un defensor de liber­ tades, el heredero espiritual de José Vasconcelos, un creador de instituciones que luchó incansablemente por los valores de la democracia, el Estado de Dere­ cho y la justicia social. 1 Esta imagen idealizada oculta que los fundadores del pan tenían fuertes vínculos políticos e ideoló­ gicos con movimientos de ultraderecha nacionales y extranjeros. No podemos olvidar que en la década de los años treinta del siglo pasado, en especial du­ rante el cardenismo, la derecha radical mexicana creció de manera significativa y fue muy beligerante. La Unión Nacional Sinarquista ( uns ) llegó a tener más de 500 mil afiliados y la Falange cerca de 50 mil.2 En este período se conformó un grupo pronazi, ar­ mado, pequeño, violento, anticomunista, antisemita y antichino llamado los Camisas Doradas, el cual era dirigido por un tal Nicolás Rodríguez. Diversos gru­ pos reaccionarios apoyaron la rebelión de Saturni­ no Cedillo de 1938 y la candidatura de Juan Andrew Almazán en las elecciones presidenciales de 1940. Finalmente, durante la segunda guerra mundial, en nuestro país circularon varios periódicos afines al Eje Berlín-Roma-Tokio, entre ellos, Timón, Revista Continental (dirigida por José Vasconcelos, mentor de Gómez Morín), Omega y El Hombre Libre. La cercanía de los primeros hombres del pan con ideas y personajes de la derecha radical era notoria. De hecho, los servicios de inteligencia estaduniden­ ses de la época sostenían que había una relación muy estrecha entre la uns , el pan , el clero conser­ vador, la Falange Española y los nazis. 3 Sin embargo, esta versión ha sido desdeñada por la derecha con el argumento de que se trata de una interpretación errada, hecha por un fun­ cionario extranjero. En México, como en todo el mundo, es muy difícil probar las ligas de cualquier individuo, grupo o institución con el movimiento internacional que encabezaban Adolfo Hitler y Benito Mussolini. Los involucra­ dos niegan sistemática y vehementemente cual­ quier liga con el fascismo, y los documentos y testimonios directos de este período escasean (muchos fueron destruidos) o resultan tan deli­ rantes que terminan siendo cuestionables. Incluso las publicaciones profascistas, que circularon pro­ fusamente entre 1938 y 1945, hoy son difíciles de encontrar ya que muchas fueron destruidas al tér­ mino de la guerra. Faltan muchas piezas de este rompecabezas histórico, pero cuando alguna apa­ rece, aporta información muy valiosa. Hace unas semanas pude consultar una colección casi completa del semanario de opinión titulado La Reacción (?), un tabloide de doce páginas que circuló

“falsedades” de la prensa “anglófila” monopolizada por las potencias “saxojudías” y se mofaba de quie­ nes denunciaban la existencia de una Quinta columna fascista o una conjura nazi en México (conjura docu­ mentada recientemente por Juan Alberto Cedillo en su reportaje Los nazis en México). En 1941, el sema­ nario le exigió una y otra vez al gobierno de Ávila Camacho que se mantuviera neutral en el conflicto mundial; que no siguiera los pasos de Wa­s hington, que le había declarado la guerra a Alemania. Explotando los sentimientos antiyanquis del pue­ blo mexicano, La Reacción (?) hizo una campaña cons­ tante contra el presidente de Estados Unidos, Franklin Delano Roosvelt, a quien acusaba de entrar en guerra contra Alemania “obedeciendo al impulso de la sangre judía que corre por sus venas y a las in­ fluencias de sus consejeros (semitas)”. 13 De hecho, La Reacción (?) es responsable de la publicación de los tres volúmenes del libro Los judíos sobre América, del Dr. Atl, la obra cumbre del antisemitismo mexicano. Por todo lo anterior, se puede afirmar que La Reacción (?) fue una herramienta de propaganda del Eje en México. Ahora bien, en todo el mundo, el nazismo tuvo aliados estratégicos que esperaban el triunfo del Tercer Reich para tomar el poder en sus respec­ tivos países. La llamada Quinta columna estaba or­ ganizada a varios niveles; entre otras cosas, solía mantener frentes de propaganda que solían estar ligados a partidos o grupos políticos concretos. Mé­ xico no fue la excepción a esta estrategia y en las páginas de La Reacción (?) se puede rastrear fá­ cilmente qué agrupación política estaba detrás de este proyecto propagandístico. Para empezar, entre 1941 y 1942 (los años con­ sultados), ese semanario nazi fue dirigido por el


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La raíz nazi del PAN licenciado Aquiles Elorduy, fundador y líder impor­ tante del pan (fue uno de los primeros diputados federales de ese partido; después, en 1947, fue expul­ sado por declarar contra el clero), pero Elorduy no actuaba de motu proprio. En siete de los sesenta nú­ meros estudiados, la revista ostentaba, en la con­ traportada, con grandes letras –a veces a página entera– un listado de colaboradores que conforma­ ban una suerte de comité de redacción, de aval edi­ torial. Esta lista permaneció prácticamente inaltera­ da durante el tiempo que circuló el semanario y los enlistados jamás se deslindaron de la línea de la re­ vista. Entre los personajes que “daban la cara” por el semanario estaban los más connotados escritores fascistas mexicanos: Nemesio García Naranjo (mi­ nistro de Educación de Victoriano Huerta y abogado de compañías petroleras estadunidenses), el Dr. Atl (seudónimo del pintor Gerardo Murillo, prolífico autor de textos antisemitas y pronazis), Rubén Sala­ zar Mallén (comunista converso al fascismo) y Al­ fonso Junco (representante de la derecha regiomon­ tana). Entremezclados con ellos estaban los nombres del padre fundador del pan , Manuel Gómez Morín

y de otros tres destacados fundadores de ese partido: Gustavo Molina Font, Manuel Herrera Lasso y Pedro Zuloaga. De hecho, Elorduy y Zuloaga colaboraban regularmente en el semanario. Elorduy estaba cons­ ciente del autoritarismo hitleriano, pero justificaba así su posición: …el triunfo de Alemania ha de significar la propaga­ ción de hábitos tan benéficos y de normas tan útiles, ¡cómo no suspirar por el triunfo de una causa que pue­ da influir en México para convertir a su pueblo apáti­ co, vicioso, holgazán, ignorante y degradado en pue­ blo trabajador, técnico, económico, culto, y digno? (...) considero necesario el mal del nazismo alemán para llegar a ser nación y después ser nación libre… 14

Pedro Zuloaga era tan “germanófilo” y pronazi que sus artículos bien podrían haber sido escritos por el ministerio de propaganda alemán. Pero esto no es todo. La revista le daba espacio a organizaciones filopanistas, como la Unión Nacional de Padres de Familia ( unpf ) 15 y sirvió como tribuna y portavoz del pan de manera abierta. El número del

Reprografías: Rafael Barajas, El Fisgón

29 de septiembre de 1941 de La Reacción (?) repro­ duce, íntegro y en exclusiva, el informe de Gómez Morín en el segundo aniversario de la fundación del pan . Este discurso estaba escrito en un lenguaje elíptico y elusivo, pero encajaba con la línea de la revista: criticaba el agrarismo, la educación socia­ lista, los “malos líderes obreros” y campesinos; arre­ metía contra “el crudo y primario materialismo, el marxismo político de última hora” del cardenismo. Para rematar, exigía la neutralidad de México en la segunda guerra mundial y, en un momento en que el triunfo nazi parecía inevitable, concluía con un lla­ mado a reconstruir el mundo a partir de los valores tradicionales: La paz que todos ansiamos y que deseamos justa, hu­ mana y generosa, habrá de celebrarse para dar comien­ zo a la inmensa tarea de reconstrucción (…) Pero en este torbellino de ahora o en el mundo en ruinas que lo sucederá, sólo pueden salvarnos la fé en los valores eternos y la esperanza de que los hombres y los pue­ blos podrán siempre entenderse con lealtad generosa, al amparo de esos claros valores del espíritu. sigue

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ensayo

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Ver María Teresa Gómez Mont. Manuel Gómez Morín, 1915-1939: raíz y simiente de un proyecto nacional, FCE, 2008 y Carlos Castillo Peraza, Discurso en el centenario de Gómez Morín, Nexos, enero de 1997. 2 Datos en Hugh G. Campbell. La derecha radical en México.1929-1949. Méxi­ co, Secretaría de Educación Pública, 1976, p. 104. Apud. El Sinarquista, mayo de 1941, en Juan Ignacio Padilla. Sinaquismo: contrarrevolución. México, Edi­ torial Polis, 1948. 3 Ver Informe de Harold P. Braman, agregado naval de la Embajada de EU, 1

En México, la autoridad debe instaurarse por el sufra­ gio. Por el sufragio universal. Esa es nuestra realidad formal. Más tarde veremos o verán nuestros hijos si se da un voto calificado al jefe de familia, si deben tener representación como tales, los claustros universita­ rios, los intereses económicos, las comunidades pro­ fesionales, las jerarquías eclesiásticas… 17

La derecha mexicana nunca ha practicado la autocrítica; niega y esconde sus horrores y errores. Ha hecho lo imposible por enterrar las pruebas de su pasado nazi.

Por todo lo anterior, se puede afirmar que La Reacción (?), fundada en 1938, y el pan, fundado en 1939, fueron dos órganos de un mismo cuer­ po político, y que en el momento en que Alema­ nia va ganando la guerra, el semanario nazi fue portavoz de Acción Nacional. De modo que, más que sabios humanistas que tenían fe en el futuro democrático de México, una buena parte de los políticos y escritores que fundaron el pan en 1939 –el año en que dio inicio la segunda guerra mun­ dial– eran simpatizantes del nazismo. 16 Cabe su­ poner que el nombre de Acción Nacional pare­ ciera estar inspirado en el de dos importantes partidos fascistas: Action Française (partido de restauración monárquica, fundado por Charles Maurras en 1898) y el Partido Nacional Socialis­ ta de Hitler. Hasta donde sabemos, la vocación democrática es incompatible con el fascismo. Si los panistas in­ vocaban la libertad de expresión y la democracia no era para implantarlos, sino como parte de una es­ trategia para imponer un orden fundado en la reli­ gión y los valores “superiores” de la tradición. Esta cultura política que apela a los valores de la demo­ cracia como mera estrategia formal para tomar el poder e instaurar un nuevo orden estaba muy ex­ pandida en la década de los años treinta, tanto en la derecha como en la izquierda (sólo que los comu­ nistas buscaban imponer el comunismo y la derecha un orden tradicionalista). Con razón, la derecha le ha reclamado a la iz­ quierda mexicana su pasado estalinista, autoritario y sectario, pero si bien es cierto que en México estu­ vieron muy activos grupos estalinistas impresenta­ bles, también lo es que los trotskistas y los anarquis­ tas denunciaron los horrores de la dictadura de Stalin, que en 1968 el Partido Comunista Mexicano criticó la represión soviética en Checoslovaquia, que los estalinistas se hicieron una fuerte autocríti­ ca antes de la caída del muro de Berlín y que la gran mayoría de la izquierda mexicana hoy defiende la vía democrática y los derechos democráticos.

A lo largo de su historia, Acción Nacional atrajo a ciudadanos que creían en los valores de la demo­ cracia (entre ellos, los miembros del Foro Doctrina­ rio), pero la estrategia de usar la democracia como mera fachada siguió viva en el pan mucho después de la derrota mundial del fascismo. En 1955, en una carta a un correligionario, Gómez Morín escribe:

citado por Juan Alberto Cedillo, Los nazis en México. 4 Por el título del periódico, se puede pensar que pudo ser fundado por el ultra­ conservador Jesús Guisa y Azevedo, au­ tor del libro La Doctrina Política de La Reacción, pero no hemos podido comprobar esta hipótesis. 5 P e d ro Z u l o a g a . E n d e f e n s a d e l a barbarie. La Reacción (?), 28 de abril, 1941, p. 7. 6 Eduardo Pallares. Patrullas y convoyes. La Reacción (?), 5 de mayo, 1941, p. 3. 7 Daniel Jiménez. Tudescos frente a

Esta utilización pragmática de la democracia sigue viva en la derecha mexicana y explica el caso de Los Amigos de Fox en el 2000, los frau­ des electorales de 2006 y 2012, y las redes clien­ telares que el pan le pelea al pri en 2013. Origen es destino. No podemos olvidar que, entre los fundadores del pan , al lado de Elor­ duy y Zuloaga estaba Luis Calderón Vega, el padre de Felipe Calderón. En el pan profascis­ ta de 1939-1942 –el de La Reacción (?)– parecen estar las raíces de la cultura política que impe­ ró en el sexenio calderonista: la promesa democráti­ ca como medio para imponer una visión autoritaria, tradicionalista y clerical, el discurso humanista que encubre la disposición a sacrificar a miles de perso­ nas por un fin superior (ya sea acabar con el comu­ nismo, el populismo o las drogas), el recurso de con­ vertir el odio a un enemigo en una causa sagrada (llámese Stalin, Cárdenas, Lombardo Toledano o López Obrador), la idea de que hay grupos humanos inferiores que no tienen derecho alguno (ya sean judíos, chinos, nacos o delincuentes) y la disposi­ ción a someterse a las lógicas de un imperio (lláme­ se el Tercer Reich o Washington). La derecha mexicana nunca ha practicado la au­ tocrítica; niega y esconde sus horrores y errores. Ha hecho lo imposible por enterrar las pruebas de su pasado nazi, pero conserva su esencia dogmá­ tica y autoritaria. Mientras no se haga una revisión profunda y una autocrítica sincera, no podemos esperar nada mejor de esta derecha que el fanatis­ mo, el atraso, la hipocresía y la crueldad. Esta au­ tocrítica debería de comenzar por una revisión de su pasado nazi •

moscovitas, La Reacción (?), 7 de julio de 1941, p. 5. 8 Dr. Atl. Estupefacción, La Reacción (?), 30 de junio de 1941, p. 5 9 Pedro Zuloaga. Esa dignidad cívica. La Reacción (?), 5 de mayo, 1941, p. 5. 10 E. Márquez Gómez. ¿Son un peligro los judíos? La Reacción (?), 28 de abril, 1941, p. 7. 11 Daniel Jiménez. México y el problema judío. La Reacción (?)9 de marzo de 1942, p. 2 12 Antonio R. Bello, Los Dorados, La Reacción (?), 9 de junio de 1941.

Dr. Atl. Roosvelt, el gángster de Amér i c a , L a R e a c c i ó n ( ? ) 1 d e a g o s t o de 1941, p. 9. 14 Aquiles Elorduy, Criterio simplista, La Reacción (?), 12 de mayo de 1941. 15 Manifiesto de la UNPF, 22 de diciem­ bre de 1941. 16 Esto implica que los informes de los servicios de inteligencia norteameri­ cana no estaban errados y que los his­ toriadores deben tomarlos más en serio y revisarlos exhaustivamente. 17 Gómez Morín. Carta inédita, Letras Libres, agosto de 2000. 13

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leer

Jornada Semanal • Número 953 • 9 de junio de 2013

La lectura. El elogio del libro y alabanza del placer de leer, Juan Domingo Argüelles, Fondo Editorial Estado de México, México. 2012.

ENSAYANDO LA LECTURA OLLIN VELASCO

“L

eer” es uno de los verbos más conjugados en nuestro país. Lo galardonan por tradición en las categorías del lujo, necesidad, placer, bandera política y parámetro de valor individual. Pero también lo azota la contraparte: ahí donde la estadística pone pies en la tierra y embate toda algarabía infundada. El polémico verbo colecciona menciones. En este caso, corren a cargo de uno de los más grandes promotores (tanto teórica, como prácticamente) de la lectura en México: Juan Domingo Argüelles. Así que el también poeta y crítico literario lanza a orbitar ideas en su más reciente obra: La lectura. El elogio del libro y alabanza del placer de leer. Los motivos sobran y se barajean con soltura a través de un ensayo, su especialidad. Esta publicación cobra vida gracias a un buen ensamble. Una parte de la argumentación se espolvorea en párrafos de entrañas suaves; la otra no es letra, pero encarna en ilustraciones que se hermanan elocuentemente con ella. No obstante, la última dosis de responsabilidad es un gesto de congruencia hacia la libertad arengada en el texto y se confía al lector. La preocupación de Argüelles no es infundada. Según la Encuesta Nacional de Lectura 2012, en México sólo el cuarente y seis por ciento de los mexicanos lee, diez por ciento menos que la cifra registrada en 2006. De igual forma, recientes reportes de la Unesco revelan que nuestro país ocupa el penúltimo lugar en una lista de 108 naciones, por su consumo de 2.8 libros al año. Las cifras son récord, mas no honrosas. Sin embargo, el autor no maquilla las cifras negras. Incluso va más allá del dilema eterno sobre si se lee o no y aventura suposiciones sobre causas del problema, visto desde una perspectiva amplia. Tanto así, que el asunto se camufla de pronto en tonos que brincan de la reflexión al lirismo y la recomendación. Este libro abreva en principios universales de lectura; pero también de las vivencias personales de quien recibiera en 1992 el Premio Nacional de Literatura Gilberto Owen, tanto en su faceta de lector profesional, como en la de apasionado insaciable. Si para algo puede servir el antecedente de toda la vida conviviendo bajo el mismo techo con más de 10 mil títulos de una biblioteca personal, es para ganar un derecho legítimo de palabra. Con tal dominio del tema, la imbricación de lo general y particular en La lectura. El elogio del libro y alabanza del placer de leer, se logra. Y se convierte en un

botón de muestra de que los fragmentos de una conferencia magistral dictada en 2000, se vuelvan ventanas a universos de naturalezas similares y latitudes espolvoreadas por el mundo. Bajo la luz y sombra de lo ya mencionado, el multiconjugado verbo adquiere significados que siguen más de una ruta: la del oficio que convive con una adicción bienintencionada; la de ensoñar, abstraerse, vivir otras vidas y ejercer una de las libertades más genuinas; como ejercicio activo de creación y recreación del texto; y para aventurar autopistas inéditas a la felicidad. Aunque también, desde otro ángulo, enseña a hacerse uno solo con los libros para no caer en los errores que prolongan círculos viciosos de abstinencia; a zafarse del peso de trofeos deshonrosos; a no desvirtuar el placer del ejercicio con el categórico de la obligación, ni con la actitud de superioridad intelectual de quienes sopesan la calidad humana en función de los kilómetros de cuartillas leídas y la cantidad de letras devoradas por minuto. Por eso, a pesar de que su título así lo sugiere, este ensayo de quien fuera coordinador de publicaciones periódicas de la Dirección General de Publicaciones de Conaculta, no se estanca en el elogio puro. En dicho compendio de lecciones para lectores principiantes y aventajados también hay autocrítica y buenos juicios. Luego del recorrido salpicado por ideas que contrastan, pero que convergen al final, lo inicial muda de piel. Argüelles reivindica el ludismo de la práctica que ha abanderado siempre, descartando estereotipos y lugares comunes. Así, “leer” deja de ser una voz compulsivamente conjugada y se asume como una voz plural, como una acción múltiple •

Pastora y otras historias del abuelo: seis relatos, Francisco Rebolledo, fce , México, 2012.

A diferencia de otras entregas de la colección Letras Mexicanas, tan variopinta, abarcadora y desconcertante en ocasiones por los volúmenes de autores noveles, rechazados en editoriales comerciales o bien recomendados por cliques de escritores, a pesar del tono abiertamente evocador de la historia familiar, el libro intenta revivir un ambiente humano y lingüístico, el de la Guerra civil española vista desde la perspectiva de una familia de rojos. El simpático borrico en portada corresponde al personaje de Rucho (rucio, al parecer no se quebró mucho la cabeza el autor), una reencarnación de Platero, si bien con mayor desparpajo en la expresión, a veces soez, puesto que el jumento habla valiéndose de un intermitente y significativo golpeteo producido por las pezuñas, y siendo Luis Millán de oficio precisamente telegrafista, ducho en el código Morse, no tiene dificultad en entender. Con españoles del sur no han de estar lejos las alusiones a la fiesta brava, los gitanillos y La Maestranza. Una vena donde descuella en conocimiento el autor respecto de otros colegas nacionales más jóvenes, metidos a querer hacer la gran fiesta con corridas de toros, espectáculo que, por lo sanguinario y subido de tono para ciertas sensibilidades, no deja de ser en España el orgullo nacional, como en Italia il bel canto que, fuera de los arañazos entre divas, excluye la sangre derramada. Las otras tres historias (“El camarada Andrés”, “Con las bombas que tiran…” y “Fue obra del Chepa, en venganza cruel…”) se desarrollan durante los años más oscuros de la guerra. El mimetismo con el ambiente peninsular en ocasiones resulta bastante convincente y logrado, si bien en otros momentos la filiación netamente nacional del español del autor sale a relucir. Entre los números de pocas páginas de Letras Mexicanas no me sucede a menudo poder llegar hasta el final del libro. En esta ocasión lo hice y debo admitir –en justicia– la solvencia narrativa de Francisco Rebolledo, químico de formación, autor del libro de ensayos Malcolm Lowry y México (2004) y de algunas novelas. Un libro que, supongo, disfrutarán enormemente los hijos o más bien nietos de transterrados (como solía decir José Gaos) •

NARRACIÓN E HISTORIA RAÚL OLVERA MIJARES Más que cuentos, los relatos que componen el volumen se complementan con un prólogo del autor firmado como Crisóstomo de Valdiviesa y fechado “en 1612 años de nuestro Señor”, el cual aparece al final –como un acierto– a manera de epílogo, compuesto en un estilo que debe no poco al Quijote, donde se halla entreverada aquella curiosa historia de la pastora Marcela y tiene como protagonista a Tristán de Gredos. Este solo pormenor, amén del lenguaje, particularmente en los diálogos, sin obviar la nación y el período histórico que parecen hermanar estas piezas, constituye una brújula certera que señala hacia el punto de partida o al menos el probable origen, la España republicana.

50RicardoAÑOS DE RAYUELA Bada, Xabier F. Coronado y Antonio Valle

próximo número

El colo

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9 de junio de 2013 • Número 953 • Jornada Semanal

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Francisco Torres Córdova

Ricardo Venegas ricardovenegas_2000@yahoo.com

Felipe Garrido

Lo mejor que me pasó en aquella casa fue hallar en el desván una canasta vieja con libros. Nadie subía a ese cuarto oscuro donde se habían ido acumulando tiliches y basura: leña, ratoneras, ropa vieja, muebles rotos, un machete en su funda de cuero. Yo subía a la hora de la siesta, cuando apretaba el calor y nadie estaba de pie. Iba sacando aquellos libros, uno a uno, con asombro. Rotos, desencuadernados, manchados, envilecidos por moscas, ratas y palomas, estaban siempre, sin embargo, preñados de maravillas. Leía desordenadamente, no siempre comprendía, me cansaba, volvía a probar, agitado por una ansiedad impaciente. Trabajosamente me iniciaba en la poesía, la aventura, la historia. De vez en cuando una frase brillaba por un instante en mis oídos. Luego suspendía la lectura; con la respiración contenida me aplicaba a intuir, por una rendija –tampoco entendía, apenas descifraba– lo que sucedía en el cuarto de Virginia, la viuda del leñador•

Rogelio Guedea rguedea@hotmail.com

AL VUELO Homenaje a Eliseo Diego Estaba escribiendo el poema de la mañana y, justo a la mitad, apareció mi mujer, al fondo del pasillo, con el pelo resuelto en dos trenzas. No pude continuarlo. Lo intenté, pero no pude. Me vi obligado a salir, de su mano, a la plaza. Ir por una calle larga, interminable, que llevaba a un jardín, luego a otra plaza, una empedrada, otra calle que zigzagueaba: lejísimos. El poema se quedó a la mitad del camino, es cierto, pero algo, al volver del largo paseo con mi mujer, crepitaba en él, algo en él latía, de él algo emergía cierto y siempre invulnerable. Justo a la mitad de su crepitar empecé de nuevo. De las calles que había trazado antes en él surgieron otras, zigzagueantes. También las manos de mi mujer, una plaza, otra empedrada. En el poema ya no aparecía yo. O tal vez sí: era ese hombre que se alejaba repitiendo, una y otra vez, por la vereda que bordeaba la colina, estos versos de Eliseo Diego: “Y sin embargo, ves, me aferro al lunes/ y al día siguiente doy el nombre tuyo/ y con la punta del cigarro escribo/ en plena oscuridad: aquí he vivido” •

Francisco de León, el escultor

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ara escultores como Miguel Ángel, la premeditación de la obra era prácticamente su ejecución; el arte es posibilidad, está en potencia. El artista logra la visualización y se adelanta a la realidad, la piedra enorme que configura un puño en la mirada del creador nos devela una escultura, sólo hay que retirar lo que le sobra. Pero decirlo no es igual a consumarlo, sólo los grandes artistas lo concretan. Francisco de León (México, df , 1946) es un escultor nato avecindado en Cuernavaca y heredero de maestros como Luis Ortiz Monasterio, Francisco Zúñiga, Oliverio Martínez y Alberto de la Vega, quienes a su vez conformaron el grupo Las Piedras Vivas y de quienes recibió gran parte de lo que hoy asume como su patrimonio espiritual. En el dibujo de mandalas, De León preserva el elemento de la búsqueda que lo ha caracterizado como un investigador constante de las formas. Si como narra el Popol Vuh, una versión del hombre fue hecha del barro primigenio, o de la arcilla primordial del Génesis, una forma de realizar al ser es encontrando la almendra que lo anima, y esto lo ha ido macerando Francisco de León a través de la manipulación del barro, de la meditación y de su propia experiencia vital. Las dimensiones de la escultura lo han volcado en sí mismo, en la misma noche de San Juan en la que sólo por la fe que obra se advierte que la luz vendrá en cualquier momento a mostrarnos la continuidad de la vida. De León rememora las palabras de Ricardo Garibay cuando, enérgicamente, decía que “un pueblo sin arte no tiene espíritu”. En sus obras se encuentran conjugadas la tradición de los antiguos mexicanos y la visión del hombre actual; un ejemplo importante es el trabajo monumental que realizó en 2005 en la torre universitaria de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos, el espacio escultórico Raíces, el cual simboliza el árbol Tamoanchan, el árbol que habla, y las siete tribus nahuatlacas, el cual fue inaugurado por el entonces rector René Santoveña. La mitología dice que Cuauhnáhuac era un pueblo de brujos en armonía que fue invadido por brujos oscuros que los comenzaron a dominar, y una manera que utilizaron los antiguos para remover la negatividad y protegerse fue la siembra del árbol Tamoanchan que transforma esa energía. Como árbol generoso, el escultor se asume como espejo de su propio universo. Quizá no imitador de la naturaleza, sino imagen y semejanza de su creador. Hay en la obra de Francisco de León los rasgos de la búsqueda, el insaciable apetito de conocer y ser descubierto. Pese a lo que el mercado nos muestra como ejemplo de virtud, no deja de sorprender una obra como la de Francisco, impregnada de significados y de sentido en un mundo cada vez más grafiteado. Alguna vez Ricardo Garibay le dijo al escultor que “la suya era una escritura táctil”, como una invitación a descubrir la obra de quien tiene algo que decir •

MONÓLOGOS COMPARTIDOS

Virginia

BITÁCORA BIFRONTE

MENTIRAS TRANSPARENTES

ftorrescordova@gmail.com

La casa rota

A

pesar de sus cimientos y el amparo de su techo y la altura de sus muros, sólo basta un parpadeo de violencia, un estruendo de metales o la tenaz y sigilosa mordida que acierta la miseria, para desprender la casa de las manos que la hicieron, para arrancarla de la tierra y echar a la deriva su planta en una distancia ya sin geografía. Ahí donde alguna vez estuvo queda apenas una sombra que flamea a cielo abierto, polvo que destella sordo a las voces que fueron su cocina y sus rincones, y silencio que zumba las moscas que engendraron su saqueo o tirita en sus escombros y cenizas. Sin la casa los caminos se confunden y extravían, y ya no hay más gesto de familia, no más viajes que inaugure, no más regresos que nutran su nostalgia. A sólo un paso del umbral que fue su puerta, donde rasgos consanguíneos del paisaje, un sendero o una calle y un nombre cotidiano y entrañable la llamaban y ella respondía, se abre de golpe, siempre vertical aun en sus planicies y llanuras, una vastedad endurecida y seca que deshoja las rosas de los vientos y quiebra las líneas de los mapas que fueron en el mundo; una lejanía que cierra y sitia los puntos cardinales, que todo lo detiene, lo cancela y lo suspende en la cima de la nada, en eso que yergue y encumbra y es ninguna parte. Con la casa rota, demolidas sus promesas, el cuerpo expulsado, perseguido, mutilado de su espacio, si acaso sobrevive, arrojado a esa intemperie sin aliento ni horizonte se mueve en el vacío cargado de vacío; sobre sus pies titubeantes y deformes pesan sus pasos sin rumbo, y porque son hijos del exilio, pesan también en sus hombros los caminos. Una multitud él solo –43 millones de personas en el mundo según la oficina del Alto Comisionado de la onu para los Refugiados, acnur– el destierro que avanza es largo, profundo y estrecho; la memoria que lleva es a la vez inefable y precisa: su voz expone el crimen y convoca el peligro; su secreto corroe la blancura de los huesos. Sin remedio levanta entonces su tienda en un resquicio entre fronteras y discursos, entre banderas y bandos, en un tiempo frágil, afiebrado y hambriento, con los ojos amarillos de cansancio y miedo, con la vida al filo de sí misma, a pulso y pasos que retumban en la grava de la ausencia. Y sin embargo, en ese amasijo de todas las orillas, tiende su último lecho para la última semilla de la sangre, que es su estirpe, su lenguaje: “¿Adónde iremos después de la última frontera? ¿Dónde volarán los pájaros después del último/ cielo? ¿Dónde dormirán las plantas después del último aire? Escribiremos/ nuestros nombres con vapor/ teñido de carmesí, cortaremos la mano al canto para que lo complete nuestra carne./ Aquí moriremos. Aquí, en el último pasaje. Aquí o ahí… nuestra sangre plantará sus olivos” (“La tierra se estrecha para nosotros”, Mahmud Darwish.) •


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Jornada Semanal • Número 953 • 9 de junio de 2013

........ arte y pensamiento Miguel Ángel Quemain

LA OTRA ESCENA quemainmx@gmail.com

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Una especie de Alaska: el concierto actoral de Lucero Trejo

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NA ESPECIE DE ALASKA vive sus últimos momentos en El Círculo Teatral (Av. Veracruz 107, Condesa), que debió tener la casa llena en cada función, y que en el boca a boca del público vio cumplida la función de recomendar el trabajo intenso y luminoso que, bajo la dirección de José Caballero, realizaron Sergio Cataño, Verónica Merchant y Lucero Trejo. Se trata de una historia que se ha contado en cine (Despertares, 1990, basada en el libro homónimo de Oliver Saks) y que pone en juego los alcances de la comprensión científica frente a una enfermedad que, si bien es anómala, lo que nos enseña de nosotros mismos es la extranjería que nos profesamos; la extrañeza que produce esa insularidad de la patología, aunada a nuestra capacidad de negar nuestro entorno y de encerrarnos en una especie de sarcófago. En Una especie de Alaska no hay un ámbito hospitalario (la escenografía imaginativa de Patricia Gutiérrez Arriaga es de una exquisita extrañeza ficcional). Caballero dosificó la información en el programa de mano que pone en contexto la obra: un brote de encefalitis letárgica, entre 1917 y 1928, que mató a “millones” y dejó en estado catatónico a incontables más. “Oliver Sacks les administró la famosa L-Dopa, sustancia utilizada en ciertos trastornos del mal de Parkinson y muchos de ellos tuvieron despertares milagrosos, pero, por desgracia, no fueron duraderos y volvieron a recaer para nunca regresar.” A mediados de los años ochenta, José Caballero hablaba con gran entusiasmo de ese proyecto, pero parece que el pago de los derechos de autor estuvo fuera de su alcance. En aquellos años, Pinter era un autor muy caro y cotizado en los escenarios londinenses, y sus derechos

eran difíciles de pagar para la inteligencia escénica latinoamericana. No sólo en México, también en Argentina algunos se quedaron con las ganas de montar a ese vanguardista londinense que empresarios teatrales de gran alcance estrenaban en Picadilly Circus, lo mismo que jóvenes directores en garajes. Pinter es un dramaturgo cuyas obras sólo pueden solventar verdaderos actores, es decir, profesionales que cuentan en sus países con escuelas y directores teatrales capaces de hacerles entender que sus personajes están escritos, dictados, construidos desde una exterioridad modelada por la ficción, y que se transforman una vez que entran en contacto con el poder de su rigor y creatividad interior. Ese modelado fino, riguroso y de gran belleza plástica lo ofrece con una intensidad excepcional Lucero Trejo, cuya espera en los años ochenta fructifica hoy con la edad adecuada para trazar sobre su cuerpo experto los dolores de la inmovilidad, el despertar de cada músculo que se

Alonso Arreola

duele de la vida que lo habita de nuevo, con esa exigencia a la que somete ese mundo fronterizo de una danza minimalista del gesto y sus penosas distancias con un discurso que se articula del gemido al sollozo. Eso pasa con el complejo bordado de Lucero Trejo, que es acrobacia envuelta en una blancura de la que poco a poco nace el personaje; una especie de amanecer con el cuerpo en vilo, desobediente, modelado por el tiempo, que todo lo atrofia, que todo lo envejece y oxida. Permanecer en el filo de la cama, en sus peligrosas orillas que están ahí para advertirnos en qué consiste el vacío, una especie de acantilado emocional y precipitarse desde una altura inofensiva pero siempre de aterrador sobresalto. Trejo/Caballero exponen lo que pasa con una persona que despierta de una narcolepsia treinta años después de haber caído en ella. Este letargo es una metáfora conmovedora sobre el producto de las prohibiciones, los olvidos, las renuncias. Cómo ese cuerpo –que nos muestra Lucero Trejo–, con gran prisa por librarse de la calcificación que acosa la anatomía inmóvil, muestra la distancia que lo separa del territorio de la palabra. Verónica Merchant, hermana cuidadora, hermana contenida y testigo, y Sergio Cataño (que se alterna con José Caballero) en el papel de un médico silente que toma nota de un convulso despertar, completan el cuadro con una teatralidad en contrapunto al despertar de Deborah, con silencios de enorme elocuencia, pero también con la tarea de mostrarle al espectador en qué consistió esa sepultura corporal, cómo se desarrollaron en ella la adolescencia, la madurez, y cómo se pudrió en su corazón la semilla de un amor que se quedó estacionado en una adolescencia feliz, llena de recuerdos inmediatos que, para ella, se alejaron infinitamente en un auténtico cerrar y abrir de ojos •

BEMOL SOSTENIDO @LabAlonso

Llegando a Montevideo (ii y última)

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ECÍAMOS QUE RECIENTEMENTE FUIMOS a Uruguay para participar en el festival Llegando a Montevideo, Músicas de Iberoamérica, invitados por la adimi (Asociación para el Desarrollo de la Industria de la Música Iberoamericana), en el marco de su nombramiento como Capital Iberoamericana de la Cultura. Decíamos también que allá pudimos conocer y escuchar a músicos de Panamá, Nicaragua, Argentina, Brasil, México, Uruguay, Honduras, Costa Rica, Colombia, Ecuador, República Dominicana, Venezuela y España. Entre ellos, llamaron nuestra atención algunos nombres que seguiremos compartiendo el día de hoy: Carlos Méndez, Dany López, Perrozompopo, Gaby Kerpel y Espumas y Terciopelo. Carlos Méndez es un cantautor panameño interesante. Su último trabajo discográfico, Mar, es valioso en más de un sentido. Editado e ilustrado lujosamente, contiene diez piezas (la mayoría de su autoría y otras en colaboración) producidas por el reconocido Tweety González (otrora colaborador de Soda Stereo), quien además aporta su buen gusto a los teclados. Es una obra cercana al espíritu del pop-rock argentino, cierto, pero posee una personalidad propia, definida por el timbre vocal de Méndez y por el cariz de sus letras, reflexivas y paisajistas: “Estos son tiempos jodidos, sentimentalmente te lo digo. Una luna en un callejón. De nada sirve una canción.” Así las cosas, si a la lectora o lector le apetece acercarse a un rock inteligente que nunca aturde ni satura el aire, esta es una buena oportunidad. Buenísima, de hecho. El uruguayo Dany López tiene un magnífico uso del lenguaje y un gusto musical que raya en lo exquisito. Es de los que apuestan por la efectividad del vacío antes de caer en la tentación de lo exagerado. Lo mejor, pensamos luego de conocerlo, es que su música lo representa con fidelidad. Es un tipo afable al que le interesan las experiencias crea-

tivas por encima de falsas relaciones. Seguro es por eso que tanta gente lo ha buscado para producir sus discos y que hoy gira acompañando a Daniel Drexler, hermano del famoso Jorge. En su disco Acuario encontramos catorce canciones luminosas ancladas en el rock, el pop y el folk, llenas de inteligencia lírica, de sabiduría cotidiana, de humor reflexivo: “Somos fauna, fauna y fauna. Somos buena fauna infame fauna. Somos fauna tanta fauna. Fauna sola mal se lame. Fauna linda cuando vos estás acá.” Gran descubrimiento en la tierra de Onetti. Ramón Mejía, conocido en Centroamérica como Perrozompopo (lagartija), pertenece a una familia preeminen-

Espumas y Terciopelo

te para el activismo de Nicaragua. Hablamos de los Mejía Godoy, Luis Enrique y Carlos (autor del himno de la Revolución sandinista). Su disco Canciones populares contestatarias fue nominado al Grammy Americano, lo que entendemos al escuchar la rudeza de sus letras, el bloque de una banda que rockea desde la latinidad, su talento para codificar arreglos de moderna especie. A veces cercano a Calle

13 y Manu Chao, Ramón se les hermana buscando justicia: “Vivo en Managua, la ciudad que tanto duele, tanta miseria que me abrasa el corazón, es la ciudad donde el balazo que asesina, es bendecido y declarado en libertad.” También autor de temas amorosos que se acercan al pop español, lo que más nos conmueve de su obra se halla en el grito y pensamiento rebeldes. Gaby Kerpel es bien conocido, entre otras cosas, por su trabajo con el colectivo performático De la Guarda (teatro, danza, acrobacia, música), al lado del cual ha recorrido el mundo entero. Compositor inclinado a la electrónica, también es un productor atento a los fenómenos de internet. Hermano de Aníbal Kerpel, asociado a varias producciones de Gustavo Santaolalla, Gaby cuenta experiencias con ambas figuras. Su obra más reciente se llama Tira torito, un magnífico dúo que oscila entre su mente matemática y la voz de Balvina Ramos, coplera de Salta que vive en Mar del Plata. Nunca excesivo, Kerpel sorprende urbanizando un cancionero tradicional originalmente interpretado con austeridad acústica: “Soñé que el fuego helaba. Soñé que el fuego ardía… soñé que vos me querías.” Notable. Espumas y Terciopelo es un joven dúo de Guadalajara que inició su andar en bodas y bautizos. Él, Memo Andrés, toca la guitarra y canta. Ella, Maricha, canta y ensaya algunas percusiones (quiere aprender la marimba, dice). Se ven y suenan bien. A base de crecer escénicamente interpretando un repertorio dominado por el mariachi, el norteño y otros géneros mexicanos, supieron hacer inercia con un aura pop que pronto celebrarán mayores audiencias. Su álbum debut está lleno de piezas efectivas, pero definitivamente nos gustan más en dúo acústico, sin tantos arreglos, cuando el menos se hace más; cuando se separan de lo hecho hace años por bandas como La Catrina o El Gran Silencio. A su lado hay gente valiosa y experta. Ojalá florezca lo que han sembrado, así como este domingo que madura desde lo alto. Buena semana •


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Jorge Moch

Verónica Murguía

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OMO TODOS LOS LECTORES del diccionario, me he llevado un montón de sorpresas al descubrir los significados primeros de las palabras. Por ejemplo, la palabra “escuela”. Jamás hubiera pensado que “escuela” viene del griego skolé y pasa por el latín schola, que significa “tiempo libre”. Si uno le pregunta al niño que tenga más cerca qué es la escuela para él, dirá cualquier cosa menos ocio. Si es astuto o ñoño, responderá que la escuela es para aprender y que sus maestros son muy buenos. Si es sincero, dirá que la escuela es aburrida y que hay niños más malos que el diablo. En mi experiencia, la escuela fue un mal necesario, aunque amé a muchos de mis maestros. Ya el gran pedagogo Jan Comenius decía en el siglo xviii que la escuela era más una fábrica de burros en la que imperaba el miedo, que un lugar de aprendizaje. Por eso, cuando conocí el significado original de la palabra, me quedé hecha una mensa imaginando las conversaciones de los filósofos y sus discípulos en los jardines atenienses. Ese dato me ha servido muchísimo. Soy maestra, aunque en este momento no doy clases. Como todos los maestros tengo armas secretas que me sacan de atolladeros. Esa etimología es una de ellas. Ocasionalmente (y con independencia del tema) los alumnos no participaban y, mudos, nomás me miraban. Yo podía caminar entre ellos y tratar de animarlos pero el sopor podía ser casi invencible (la clase era a las cinco de la tarde). Entonces les preguntaba: ¿conocen la etimología de la palabra “escuela”? Invariablemente lo ignoraban, así como lo ignoraba yo hasta la tarde de ocio (¡claro!) en la que di con la palabra en el diccionario. Entonces les explicaba: skolé, tiempo libre, pausa en el trabajo. Tiempo precioso, usado para conversar, para aprender. Casi siempre con eso bastaba para que la clase despertara. Uno de los temas obligatorios era el misterio de cómo la conversación había devenido en aburrido encierro. Todo esto viene a cuento porque últimamente he sido testigo de varios actos de violencia que me han traído a la cabeza la sorprendente etimología de la palabra “policía”. Por fortuna, en estos actos que he visto la amenaza se ha detenido o disipado, pero me han entristecido. Vi un pleito en el que dos hombres golpeaban a otro con una varilla. El gol-

peado, al que le sangraban los brazos, no pedía auxilio, sólo trataba de cubrirse la cabeza. Varios automovilistas nos detuvimos, tocamos el claxon, gritamos que llamaríamos a la patrulla. La golpiza cesó y los tres corrieron ¡en la misma dirección! Los tres… He atestiguado pleitos de coche a coche, una pistola mostrada por una ventanilla; a un hombre pitándole a un anciano que cruzaba la calle; a un pesero chocar con tres coches estacionados y a los pasajeros bajar indignados e insultar al chofer (con razón). Percibo una desilusión general y una sensación de horror por venir. Es tarde, el horror ya llegó y se instaló entre nosotros. Echado a los pies de los políticos, los narcos y los corruptos de toda laya, no quiere largarse. Atraillado por sus dueños, les lame los zapatos. De cuando en cuando, alguno de sus amos se descuida y el horror les arranca un pedazo a mordidas. Entonces lloriquean como hizo Andrés Granier. Y un día, mirando consternada cómo una pareja se abofeteaba en público y al policía que, entre burlón y preocupado, miraba desde la patrulla, recordé el origen de la palabra. Policía, del griego, era “el derecho de ciudadanía, relación de los ciudadanos con el Estado”. Cuando la palabra se acuñó, cuenta Aristóteles, los policías se elegían por sorteo. No era la de Atenas una sociedad de soplones, era una convivencia de iguales –si olvidamos, ay, el pequeño detalle de la esclavitud– en el que la mirada reprobatoria de los demás era una sanción efectiva. Por eso la policía original, el hombre que levantó la mano para silenciar al que tocaba el claxon y ayudó a cruzar al anciano; el patrullero que finalmente se bajó y sugirió a la pareja que arreglara sus diferencias de otra forma y en privado; la mujer que pide “vámonos” al que insulta por la ventanilla, son más necesarios que nunca. Depende de nosotros hacer que la convivencia en esta ciudad conserve su humanidad. Las armas, la corrupción, la mentira y el robo son de ellos. Que a nosotros nos quede, por lo menos, la certeza de no ser unas bestias y la íntima satisfacción de tratar de conducirnos como ciudadanos atenienses •

Tiene que ser una conspiración

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IENE QUE SER CONSPIRACIÓN tanta tontería, tanta mala leche, tanta retorcida manipulación informativa en la televisión, o sea en Televisa y tv Azteca. Tiene que ser, el cúmulo de porquerías, de medias verdades o descaradas mentiras y sus contrapunteadas, deliberadas omisiones de lo importante, el perseguido fruto venenoso de alguna suerte de complot, de connivencia clandestina, de liturgia secreta con guaruras en la puerta y barrido electrónico para detectar micrófonos ocultos. Porque no creo en la generación espontánea y multiplicada hasta un nauseabundo infinito, de iniciativas que no solamente empobrecen o amenazan, sino que directamente dinamitan el ideario cultural colectivo del mexicano, desde la imposición de muletillas estúpidas en el habla coloquial hasta la zafia inoculación masiva de taras sociales como el racismo, el clasismo o el chovinismo feroz, llenecito

de odio, contra determinadas etnias, gremios o nacionalidades. Tiene que ser obra de un pacto secreto que en el medio masivo de mayor penetración social en la historia de este país, hayan existido y existan mentirosos profesionales con una pátina de credibilidad presunta, de utilería, como Jacobo Zabludowsky, Joaquín López Dóriga, Alejandro Villalvazo o Carlos Loret de Mola. Tiene que ser fruto de un supremo cónclave oscuro, por ejemplo, que las primeras notas de los noticieros y portales de t v Azteca, un día después de la represión administrada por parte de la policía del df –que parece desgobernar Miguel Ángel Mancera desde la derecha del orden y el respeto– a una marcha de inconformes en el Metro, sean una declaración insípida del Papa argentino Bergoglio y una nota sobre el volcán Popocatépetl, en la sempiterna estrategia de callar para mentir, del aquí no pasa nada, de sólo fue un incidente aislado, un pequeño grupo de rijosos, y así. Tiene que ser obra de un diseño mezquino y malvado el diálogo de la telenovela donde dos babosas –de bellos rizos y esculturales cuerpos de plastilina, eso sí– repiten como pericas los argumentos más sobados, refutables e idiotas de las supuestas bendiciones que suponen las privatizaciones a lo pendejo; y tiene que ser producto del encono, de la rabia, del rencor y de mucha bajeza, el guión de un intento de sketch cómico donde otras dos taradas retacadas de silicón y maquillaje enderezan una serie vergonzante de improperios racistas y chovinistas, vulgares, ridículos, absurdos en contra del hermano pueblo guatemalteco a unos cuantos meses, por cierto, de que la policía de Guatemala destapara la cloaca maloliente y opaca, demasiado opaca, de presuntas camionetas de Televisa utilizadas por supuestos empleados de esa empresa,

camionetas por cierto negadas por la empresa, pero como vimos en otros medios en repetidas ocasiones, perfectamente avitualladas con equipos de transmisión que valen millones de pesos y difícilmente supondrían meros efectos de disimulo y distracción. Allí los logos de la empresa, el equipo sofisticado, las declaraciones de los presuntos empleados y hasta el involucramiento de altos ejecutivos de esa empresa que simplemente acude a su ahijado presidente y, según parece, consigue que la causa caiga en el olvido acá en México mientras el asunto sigue y trasciende allá, en esa Guatemala hoy vilipendiada en el canal de las estrellas… ¿Quién, quiénes escriben esos guiones?, ¿quién establece esas agendas para tratar de esta manera ese asunto, de esta otra aquel otro, para callar, ladinos, sobre tanto trasiego secreto en las altas esferas, desde asesinatos hasta tráfico de personas y de estupefacientes, de lavado de dinero, de secretas compras ilegales de armamento? ¿Son los juniors superpoderosos que se encueran y emborrachan en un estadio de futbol haciendo desfiguros ridículos? ¿Son los atildados, católicos recalcitrantes como Salinas Pliego y sus parientes alecuijes?, ¿son los segundos nombres en esos emporios, los que se apellidan Gómez o Romagnoli? ¿O se trata de pequeños comités nutridos con hombrecillos pérfidos, inconsecuentes, mercenarios creativos que venden su pluma y su ingenio a las más rastreras causas con las que el poder justifique, al costo que sea, su cancerígena, sempiterna permanencia? Quizá se trata de alguna suerte de esclavo laboral obligado a generar perfidia, mentís, calumnia. Como sea, debe ser alguien con nombre y apellido y compras de supermercado y cenas familiares y cara de todos los días frente al espejo. Pero con la conciencia, diría Juan Marsé, deliciosamente emputecida •

CABEZALCUBO

La policía original

LAS RAYAS DE LA CEBRA

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15 Jornada Semanal • Número 953 • 9 de junio de 2013

........ arte y pensamiento

José Ángel Leyva

Luis Tovar

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L 21 DE MARZO el gobierno de Uruguay le rindió un homenaje o reconocimiento al poeta Saúl Ibargoyen a través de su Embajada en México. Esta carta intenta resumir su condición de ciudadano fronterizo. En el poeta y yo, tu poema “Patria perdida” me hace pensar en tu definición de poeta limítrofe, de poeta fronterizo en el que te localizas. No sólo porque has vivido en el exilio y en el conflicto de las banderas y las filiaciones, sino porque quizás todo poeta de verdad se sitúa, desde su conciencia de creador, en esa circunstancia ambigua de la realidad y el sueño. Nuestra patria, dice Pessoa y lo afirma también Octavio Paz, es la lengua, la poesía, la palabra. Nuestro querido amigo Lêdo Ivo decía que la patria no es la lengua ni el país, sino la infancia. Tú, como Ferreira Gullar, sabes de la imposibilidad física o cronológica del retorno al punto de partida, a ese territorio abandonado por el cuerpo, por la edad, pero no por la emoción ni el pensamiento. Afirmas: “Perdida está mi patria: destrozados / su fresca latitud /de amplias raíces /y su prólogo de sueño /que aún se niega /a la ofensa brutal /de las mentiras.” Para luego revolverte en esa certeza y encontrarte con otra aún más determinante que salva la derrota y el exilio para identificarse en la salvación del hombre: “¿Dónde está mi patria? /No puedo ya volver: / está conmigo.” “El regreso” es otro poema en el que nos persuades una vez que te convences: “Qué seré yo: /qué cosa andante /de pelos y huesos / regresando a decirte /que de algún modo sangriento /tendremos que cantar.” No hay duda, eres un poeta fronterizo porque esa es tu naturaleza lírica, tu posición geoutópica desde donde invocas la esperanza sin cerrar los ojos a la historia, sin clausurar la visión de la infamia y la injusticia, que no es privativa de un país o de una comunidad sino a la especie humana. Has encontrado el hábitat de tu identidad literaria y ciudadana, la frontera. Pero ¿qué auténtico poeta no lleva consigo esa noción limítrofe para conservar activa su capacidad interrogante, su tendencia a la duda y el asombro, al canto? Quizás en ti la condición de fronterizo se acentúa más por esa vocación de grafómano que se despliega con semejante certidumbre y carta de naturalización. Más de 50 títulos publicados contabilizan tus críticos; me parece que se quedan cortos. En ti más que en la mayoría de poetas hay un nomadismo literario que atraviesa linderos sin sentirse extraño o ajeno. A la crónica, al cuento, a la novela, al teatro, a la literatura para niños, a la poesía, hay que sumarle la de artífice de antologías.

Cuántos lectores no te reconocen por esa labor de antólogo que realizaste con otro compañero en el exilio y también poeta, Jorge Boccanera. El trasiego de palabras no es otra cosa que volver a la matriz de la poética: lírica, épica, dramática. La única moneda de cambio que reconoces es la palabra corriente, la palabra de la calle, la palabra que corre por la lengua y expresa y comunica a la vez, que se duele y bromea de manera simultánea, que emplea todas las voces verbales para hablar del interior al exterior, de la furia, como tú la señalas, al sosiego de la voz y la conciencia. Quizás por ese carácter migratorio de tus letras se afianza el humor en tu poesía, como lo haces en tu libro Graffiti; en éste hallé alguna vez mi propia risa al lado de ese amargo resabio del epigrama y el rayo fulminante de tu ingenio, donde no hay asunto ni figura que se salve del ácido de la ironía y el sarcasmo, sobre todo en dosis pequeñas y justas. Hay que destacar la biodiversidad en tus versos. Un animalario abundante y plural encarna en tu palabrario para comunicar la parte instintiva, terrenal del individuo, de la persona. No sólo Grito de perro nos hace escuchar los ladridos de la carne, el aullar de la soledad y del deseo, también puede hallarse en la dulzura y la sutileza de poemas como “Una mariposa monarca para Itzel”. Si en El Poeta y yo (1956-2000) has trazado las etapas de un ir, un devenir clasificando el contenido en: Primera tierra, Primer exilio, Segunda tierra, Segundo exilio, en Rojo es el silencio (1995-2006), ambas antologías personales, resuelves la cuestión de la pertenencia y asumes que tu risa de montevideano tiene algo de melancolía indispensable en un país, México, donde la carcajada tiene mucho de rencor y de impotencia, y la muerte no es el juguete que sirve para entretener, sino la imagen reflejada de la vida que es, frágil y breve, pasajera •

La Batalla y La Tragedia

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ACE POCO SE HABLÓ aquí del manido recurso con el que suele perpetrarse la mayoría de las películas de tema histórico, consistente en “centrar la trama en uno, un par, quizá tres personajes cuya microhistoria corre, en la línea cronológica, al parejo de los acontecimientos que sí vienen en los libros, microhistoria que en la película es colocada por delante de tales acontecimientos y que, de preferencia para el guionista, en algo o en mucho influye en el decurso de los hechos Históricos con mayúscula”. Guionista, editor y director de 5 de mayo. La batalla, Rafa Lara se apegó a la fórmula de manera tan ceñida que, en términos de crítica, es poco lo que puede añadirse. En terrenos estrictamente cinematográficos, a Lara debe reconocérsele la suficiente pericia en el empleo de sus bártulos: la película no acusa defectos de factura;

es narrativamente correcta en tanto parte de su obvio alfa y remata en su no menos obvio omega y, en consecuencia, cuenta completa la historia que pretende contar; la secuenciación y el ritmo que ésta le imprime lucen balanceados hasta más o menos el minuto setenta y ocho del pietaje, donde “balanceados” significa la fílmicamente muy convencional yuxtaposición de la microhistoria –aquí la de Juan y Citlali, el recurrente par de anónimos históricos/protagonistas cinematográficos– con la Historia –aquí llenecita de los ineludibles Zaragozas, Lemercieres, Primes, Díazes y Alpontes–, minuto después del cual Uno entiende, si no lo hizo desde que leyó el título, que esto se trata de La Batalla, así con mayúsculas, porque a La Batalla le son dedicados alrededor de cuarenta –sí, cuarenta– minutos convertidos en un dilatadísimo homenaje a los excesos: tanta bayoneta hundiéndose en las carnes del enemigo, tanto cañón uno, cañón dos, cañón etcétera haciendo que retiemble en sus centros la tierra; tanto miembro cercenado –comenzando por la escena casi gore pero más bien involuntariamente chistosa del oficial francés arrastrado por su cabalgadura–; tanto zacapoaxtla y tanto masiosare, acaban por aburrir incluso al mayor de los aficionados a ver ese método humano para deshumanizarse llamado guerra. Añádase a lo anterior otro baldamiento que, a propósito de temas históricos, pareciera inevitable: el hórrido patrioterismo que a sí mismo se ve como nacionalismo –aquí tan ad hoc, según esto–, traducido en estampitas como esa de un Ignacio Zaragoza triunfador, tomado en contrapicada quesque para que se vea más impactante, o esa otra, hágame usted el fabrón cabor, de la bandera mexicana ondeando contra un cielo azul y luminoso, y el Popocatépetl al fondo con todo y fumarola. Para cometer tanto bochorno con el pretexto de llevar al cine eso que Mediomundo considera es uno de los pocos,

contadísimos momentos de dignidad y, simultáneamente, de orgullo y sentimiento de victoria para este país vilipendiado, ¿acaso se inspiraron, guionista y asesores, en aquel “poema” horrible que dice “oh santa bandera/ de heroicos jazmines/ suben a la gloria/ de tus tafetanes/ la sangre abnegada/ de nuestros paladines/ el verde pomposo/ de nuestros jardines/ las nieves sin mancha/ de nuestros volcanes”?

Cifras y preguntas A este 5 de mayo le fueron destinados –y es menester decirlo: sin concurso de por medio, por asignación oficialista directa y con participación ulterior de una televisora bastante mal reputada– algo así como 80 millones de pesos, que de seguro alcanzarían para producir unos cuarenta –sí, cuarenta– documentales como abc nunca más, hecho por Pedro Ultreras este mismo año, cuando han transcurrido cuatro desde la tragedia indecible que con quemaduras y asfixia le quitó la vida a cuarenta y nueve niños en una guardería subrogada del imss en Hermosillo, Sonora. Cifras de la historia: ciento cuarenta y siete años y un mes hay de diferencia entre el 5 de mayo de 1862, La Batalla, y el 5 de junio de 2009, La Tragedia. Preguntas para la historia: ¿también tendrá que transcurrir un siglo y medio para que La Tragedia sea llevada a la ficción cinematográfica, y que en el guión aparezcan claritos los nombres de Eduardo Bours –exgobernador sonorense–, Juan Molinar Horcasitas –exdirector del imss– y Marcia Matilde Altagracia Gómez del Campo Tonella –socia de la guardería funesta y prima de Margarita Zavala, esposa de Felipe Calderón–, entre otros? ¿Le pondría harta lana el gobierno de Sonora, como el de Puebla a La batalla, y le entraría con su cuerno Televisa? ¿Para cuándo las cuatrocientas copias de 5 de junio. La tragedia? A fin de cuentas, ambos sucesos son parte de nuestra historia •

CINEXCUSAS

Saúl Ibargoyen, la patria del poeta

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9 de junio de 2013 • Número 953 • Jornada Semanal

ensayo

Memoria de la ignominia Augusto Isla Wladyslaw Szpilman, imagen: /www.chasingthefrog.com

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n el mundo occidental cristiano, la palabra judío nos remite a un ser extraño, sospechoso, fuente de calamidades sociales. Solemos llamar antisemitismo a esa actitud que va del prejuicio pasivo a la voluntad del exterminio, de la discriminación social a una política de Estado que exige el aniquilamiento masivo de los judíos. Como lo plantea Tony Judt, el gran historiador de origen judío, en su libro Pensar el siglo xx . “La mera idea de una historia de los judíos europeos unificada es en sí misma, como mínimo, problemática: estábamos divididos y escindidos por regiones, clases, idiomas, cultura y oportunidades (o ausencia de ellas).” Podríamos decir incluso que, por una razón u otra, no han faltado judíos que reniegan de sus raíces: Simone Weil fue judía y antisemita; ella se sentía francesa y heredera de la cultura griega. Recuerdo también a ese personaje de Itsván Szabo que, en su película Amanecer de un

siglo, nunca admite ser judío, a pesar de la tortura a la que es sometido. Prejuicios de aquélla; instinto de sobrevivencia de éste. Tal vez lo que unifica a ese pueblo admirable es ese recelo que domina el imaginario cristiano, esa falsa creencia de que fue ese pueblo el responsable de la muerte de su mesías y redentor. He aquí una vertiente religiosa que se remonta a la Edad Media. No hay un antisemitismo eterno, como diría Hannah Arendt; por el contrario, hay momentos históricos en los que el odio al judío crece en intensidad. El más trágico: el del llamado Holocausto, perpetrado por los nazis durante la segunda guerra mundial. He aquí otra vertiente: la étnica. Todo empieza con despojos, humillaciones. Se les segrega como animales peligrosos. Una cerca de púas, un muro. Es el ghetto: un espacio de vivienda de esa minoría separada del resto de la población. Destaca de entre todos

el de Varsovia; ahí cunde el hambre, las enfermedades como la fiebre tifoidea. Después, la construcción de campos de concentración: en 1942, en la conferencia de Wannsee, los súbditos de Hitler deciden el exterminio (la solución final): hornos, cámaras de gas. Treblinka es un infierno problemático para los propios asesinos. ¿Cómo deshacerse de tantos cadáveres cuyo hedor se percibe a diez kilómetros de distancia. Cuando, por fin, Herbert Floss diseña una hoguera eficaz, jubiloso se sienta, copa de vino en mano, a contemplar el horrible incendio donde crepitan los cuerpos de las víctimas: “Esta es la vivencia más hermosa de mi vida.” Entre 800 y 900 mil judíos mueren ahí, en Treblinka. Hitler, hijo de una tradición antisemita, sonríe: es el amanecer radiante de un sueño. Pero en aquellos días, la conciencia del Holocausto no permea la conciencia del alma occidental. Solamente unos cuantos se asoman, por una rejilla, a aquel espectáculo de muerte: un asunto provinciano que concierne a los polacos. Las dimensiones del Holocausto estremecen a la humanidad mucho después, a pesar de que mentes lúcidas, como la Stefan Zweig, atienden cuidadosamente el movimiento del reloj de la historia: “He sido testigo de la más terrible derrota de la razón y del más enfervorecido triunfo de la brutalidad de cuantos caben en la crónica del tiempo.” Esto escribe quien logra huir de la hecatombe, pero no del desconsuelo: en 1942 Zweig se suicida en Brasil, como se suicidaron muchos otros judíos. Testimonios recientes sobre el ghetto de Varsovia abundan. Uno me ha convencido como ningún otro, por su fuerza visual, por su incuestionable honestidad: La película El pianista, del director Roman Polanski. Es el relato épico, casi inverosímil, de cómo el pianista y compositor polaco Wladyslaw Szpilman logra salvar la vida en mitad de aquel averno. Una odisea de sobrevivencia, de amor a la música y a la vida. Szpilman ha perdido todo, su familia, su piano, pero no la dignidad ni la esperanza. Polansky no juzga: describe los sucesos sin maniqueísmo alguno: el bien y el mal se entretejen: ni todos los nazis son perversos, ni todos los polacos buenos. El cineasta basa su historia en las memorias de Szpilman, entreveradas con sus propias vivencias infantiles en el ghetto de Cracovia; filma con talento excepcional y con lágrimas. El pianista es una lección de optimismo. Como la logoterapia de Viktor Frankl. En mitad del abismo surge también el sentido de vivir. En el universo de las víctimas unos se suicidan, otros resisten. Mueren o renacen en los ghettos, incluso en los campos de muerte. Justamente hace setenta años, un mes de abril, en el ghetto de Varsovia tiene lugar un levantamiento de ese pueblo agraviado. Entre 5 y 6 mil judíos pierden la vida en los combates. No lo olvidemos. Es la memoria y es la historia, que no son lo mismo, pero aquí coinciden. Como cicatrices del corazón que nos humanizan. Como el pan compartido. Como una balada de Chopin. Como el claro de luna… •

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